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Cuento - Las Hojas

El documento describe cómo las hojas no caen del árbol, sino que se sueltan en una danza maravillosa del otoño. Al soltarse, cada hoja invita a desprenderse y aceptar el cambio, comprendiendo que deja espacio para que brote una nueva hoja. Al moverse con el viento, las hojas trazan un canto de libertad que interpela a los seres humanos a soltarse de sus hábitos para confiar en el renovación.

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Vicky Tarasido
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Cuento - Las Hojas

El documento describe cómo las hojas no caen del árbol, sino que se sueltan en una danza maravillosa del otoño. Al soltarse, cada hoja invita a desprenderse y aceptar el cambio, comprendiendo que deja espacio para que brote una nueva hoja. Al moverse con el viento, las hojas trazan un canto de libertad que interpela a los seres humanos a soltarse de sus hábitos para confiar en el renovación.

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LAS HOJAS NO SE CAEN, SE SUELTAN

Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.


Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario
del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse.
Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.
Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de
sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire sabe del latido
profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella
es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.
La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un
indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y
cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.
Cada hoja al aire que me está susurrando al oído del alma ¡suéltate!, ¡entrégate!,
¡abandónate! y ¡confía!.
Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y
libertad. Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad
ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.
Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del
aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas. Tengo
miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.
¡Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes,
con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados,
con este entorno ya conocido… Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría,
generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”.
Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe,
confianza, esplendidez y donación.
Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el
desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.
Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un
viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor.

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