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Cuestiones Ontológicas Básicas

El documento presenta una introducción a la unidad sobre cuestiones ontológicas. Se discuten diferentes tipos de categorías ontológicas como objetos, eventos, estados mentales y sus relaciones. La profesora plantea preguntas sobre qué tipos de entidades hacen verdaderas diferentes oraciones y si ciertas categorías como acciones y estados mentales son eventos u otros tipos de cosas. El objetivo es explorar las diferentes respuestas a la pregunta sobre qué tipos de cosas existen en el mundo.
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Cuestiones Ontológicas Básicas

El documento presenta una introducción a la unidad sobre cuestiones ontológicas. Se discuten diferentes tipos de categorías ontológicas como objetos, eventos, estados mentales y sus relaciones. La profesora plantea preguntas sobre qué tipos de entidades hacen verdaderas diferentes oraciones y si ciertas categorías como acciones y estados mentales son eventos u otros tipos de cosas. El objetivo es explorar las diferentes respuestas a la pregunta sobre qué tipos de cosas existen en el mundo.
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Materia: Metafísica

Cátedra: Pérez, Diana.

Objetos y eventos1
.

Introducción. Revisión de tipos de categorías ontológicas y sus problemas.

Hoy empezamos la unidad 3: “Cuestiones ontológicas.” Sería demasiado decir que es el


tema más importante del curso, pero sin duda es el más básico. En estas clases
trataremos algunas respuestas a la pregunta de Quine en “Acerca de lo que hay”,2 texto
que – como han visto en clases anteriores- no busca dar una respuesta a esta pregunta
sino plantear qué hacer para responderla. En esta unidad trataremos de responder a la
pregunta sobre lo que hay pero les pido que tengan siempre presente lo que vimos en la
unidad anterior. Ya no podemos responder ingenuamente a esta pregunta, como se
hubiera podido en otro momento de la historia de la metafísica. Sabemos que responder
“¿qué hay?” no es del todo independiente de qué es lo que podemos decir en nuestro
lenguaje y de qué somos capaces de pensar. Ya en el s. XX era imposible intentar
responder a la pregunta sobre lo que hay sin, de alguna manera, entretejer en la
respuesta cuestiones acerca de cómo hablamos y pensamos acerca de lo que hay. Por lo
tanto, al encarar esta pregunta aparecerán en el medio cuestiones relacionadas con lo
que decimos o pensamos.
Formulada un poco más técnica o precisamente, la pregunta sería: ¿qué tipos de
categorías ontológicas hay? La pregunta no es acerca de qué cosas hay (a lo que se
puede responder cosas tales como: “en esta sala hay 105 sillas, 45 personas, etc.”), sino
acerca de qué tipos de cosas hay. Con esta pregunta las respuestas empiezan a ser
diferentes. Podríamos decir, usando terminología técnica, que en esta habitación hay

1 Esta clase fue dictada por Diana Pérez el 17 de abril de 2017, desgrabada por Alejandro Basile para el
CEFyL, y está corregida por Diana Pérez
2 “Un rasgo curioso del problema ontológico es su simplicidad. Puede formularse en dos monosílabos
castellanos: '¿Qué hay?' Puede además responderse a él con una sola palabra: 'Todo',” Quine, W.V.O.
(1948/1962) "Acerca de lo que hay" en Quine, W.V.O. (1953/1962) Desde un punto de vista lógico.
Barcelona: Ariel.

1
sustancias, accidentes, espacio, propiedades, eventos, hechos, situaciones posibles,
individuos imaginarios, pensamientos, etc. La respuesta ya no pasa por cuántas cosas
particulares hay sino cuántos tipos de cosas distintas hay, metafísicamente hablando.
Una manera de pensar la respuesta a esta pregunta es formularla en estos términos: ¿qué
tipos de entidades hacen verdaderas las oraciones verdaderas que afirmamos acerca del
mundo? Parece que la oración “La mesa es gris” habla de objetos físicos: mesas, cosas
que ocupan un lugar espacio-temporal. Si digo “Juan es un buen amigo,” podría decir
que ya no estamos hablando de objetos físicos: podríamos pensar que Juan es algo
distinto de un mero objeto físico. Seguramente tendremos la intuición de que Juan es, en
algún sentido, un objeto físico, porque ocupa un lugar en el espacio-tiempo, como la
mesa; pero, en otro sentido, Juan no es un simple objeto físico, es algo más, una
persona, un sujeto de derechos, etc. Hay una cantidad de maneras de pensar acerca de
qué es Juan que van más allá de pensarlo como un mero objeto físico. Y, para hacer
verdadera la oración “Dios es la suma de todas las perfecciones”, parece que tendría que
existir algo que ya no sea un objeto físico ni una persona (al menos no en el mismo
sentido en el que Juan lo es) sino otro tipo de entidad o cosa, tal vez un ser
sobrenatural. Lo mismo pasaría si habláramos de Zeus o cualquier entidad
sobrenatural; parece que hablamos de algo que, desde el punto de vista metafísico, es
distinto a una mesa o a uno de nosotros.
El ejemplo de Thomas Simpson, acerca del rey de la Argentina ilustra la idea de que uno
puede decir cosas acerca de seres inexistentes. “El rey de la Argentina no existe” es una
oración verdadera: no estamos en una monarquía. Parece que somos capaces de hablar
de objetos, seres, o entidades que sabemos que no existen. Podríamos pensar que son
entidades posibles. Si se cambia la Constitución podríamos vivir en una monarquía.
Podría haber un rey de la Argentina. Es posible que lo haya pero no lo hay. Por lo tanto,
uno puede hablar de particulares posibles. También se puede hablar de cosas
imposibles, e.g. la “redonda cúpula cuadrada” del texto de Quine. También podemos
hacer afirmaciones, incluso verdaderas, acerca de particulares, cosas o entidades que no
se dan en el espacio y en el tiempo a diferencia de la mesa y Juan.
Estos ejemplos, a los que nos referimos como “entidades” o “cosas”, son el tipo de
cosas que técnicamente en filosofía se llaman sustancias: cosas que pueden tener
existencia independiente de otras y que son sustrato de predicación, i.e. aquellas de las
cuales se dicen otras cosas (decimos de la mesa que es gris, de Juan que es un buen
amigo, etc.).

2
Pero también podemos hablar, y acá empiezan las complicaciones metafísicas, de cosas
que no son cosas en el sentido de la sustancias primeras sino que parecen ser de otra
naturaleza metafísica. Si decimos “la guerra de Troya duró muchos años” no estamos
hablando de un objeto como la mesa ni de una persona como Juan ni de un posible rey
de la Argentina. Hablamos de otra cosa, de algo que dura en el tiempo. Diríamos que
una guerra dura. Es más dudoso decir que existe o que ocurre espacialmente. No está en
un lugar del espacio, como diríamos de la mesa, aunque seguramente los soldados y las
espadas están en el espacio. Las guerras no tiene exactamente la misma relación con el
espacio y el tiempo que tienen objetos como una mesa. Podemos preguntarnos qué es lo
que, en el mundo, hace verdadera a esta oración. De esto trata el texto de Davidson3, de
lo que en la literatura filosófica contemporánea se llaman “eventos” o “sucesos”.4
Un evento puede ser cualquier cosa. La guerra de Troya fue algo fuera de lo común pero
también llamamos eventos a muchas otras cosas de las que diríamos que son algo
común: e.g. “Diana está dando clase en este aula”, “bailar es divertido,” etc. En estos
casos particulares parece que hablamos de un tipo de cosas distintas de sucesos como la
guerra de Troya porque son acciones humanas. Cabría preguntarse: ¿las acciones son
eventos u otro tipo de cosas? Dejamos la pregunta pendiente. Muchos ejemplos de
Davidson son de acciones, que él trata como eventos, pero tengan en mente la pregunta
acerca de si lo son o no porque más adelante veremos un texto de Von Wright5, en el que
no se las consideran eventos. Allí se hace un tratamiento de las acciones muy distinto al
que hace Davidson.
También podríamos preguntarnos qué hay en el mundo que hace que una oración como
“el dolor de muelas me está matando” sea verdadera. Parece que hablamos de nuestros
estados mentales o psicológicos. En las Meditaciones Metafísicas de Descartes se
presentan razones (discutibles) para pensar que los estados mentales o psicológicos no
son estados de nuestro cuerpo sino de nuestro yo o de nuestra alma. Cabría preguntarse
si hay un alma o un yo con existencia independiente de nuestro cuerpo. Es parte de lo
que nos podemos preguntar cuando indagamos qué tipo de cosas somos Juan, Diana,
etc. También nos podemos preguntar qué tipo de cosas son los específicos o particulares

3 Davidson, D. “La individuación de los sucesos” en Davidson, D. Ensayos sobre acciones y sucesos,
pp. 207-229. Crítica, UNAM, México, 1995
4 En la edición de Crítica se traduce la palabra inglesa “event” por la palabra “suceso.” Yo prefiero
usar la palabra “evento,” simplemente porque “suceso,” en castellano, a diferencia del término
“event” en inglés, tiene la connotación de ser algo extraordinario (e.g. un “suceso deportivo”) o fuera
de lo común. [Aclaración de la profesora]
5 Von Wright, G.H. Explicación y Comprensión, Alianza, Madrid, 1979, Cap. 2.

3
estados psicológicos en los que un yo o una persona está atravesando en un cierto
momento. La opción que toma Davidson es pensar que los estados psicológicos también
son un tipo de evento, aunque distinto al tipo de evento que son las guerras o las
acciones. Tenemos ahora otro tipo de cosas que parece haber en el mundo: eventos
mentales (psicológicos). Pero así como tenemos razones para dudar de que el cuerpo y
la mente (o el alma, el yo, etc.) sean una única y misma cosa, también podemos tener
razones para dudar de que los estados mentales sean simplemente estados físicos, e.g.
estados cerebrales. Este también es un problema metafísico. Veremos este tipo de
cuestiones en la unidad siguiente: cuando hablamos, por ej., de estados de conciencia,
¿se trata simplemente de actividad cerebral o de otra cosa? Esta también es una pregunta
metafísica u ontológica básica acerca de qué tipo de cosas hay: ¿hay solo estados
cerebrales o también, además, estados de conciencia con un tipo de existencia distinta,
tal vez independiente, de aquella que tienen los estados físicos o cerebrales/biológicos?
Pensemos ahora en otros ejemplos. Si decimos “los agujeros son esenciales para un
buen queso gruyère,” en mi opinión, es verdadero. Pero, ¿de qué hablamos cuando
hablamos de tales agujeros? Esta también es una pregunta metafísica: parece ser que los
agujeros del queso gruyère no existirían sin el resto del queso. Sin embargo no son
queso. Por otro lado, son tipos de cosas que puedo contar, así como puedo contar cuánto
quesos tengo. Parece que estas cosas (también puede pensarse por ej. en la superficie de
la mesa, o su borde, la punta, etc.), si bien parecen ser particulares, en el sentido de que
podemos contarlas y están ubicadas espacio-temporalmente, no tienen una existencia
independiente: no son sustancias en el sentido en que la mesa lo es, dado que el borde
de la mesa no existiría sin la mesa, ni el agujero sin el queso. Son lo que en metafísica
contemporánea se denominan particulares dependientes. Son particulares de otro tipo.
Si bien hay diferencias, estos tipos de entidades comparten ciertas características con los
particulares: son, en principio, ubicables en el espacio-tiempo. También mencionamos
el rasgo de que las podemos contar, averiguar cuántas hay. Con terminología más
precisa: podemos individuarlos, decir dónde hay uno, donde empieza y donde termina
uno y empieza otro. Si eventualmente se dedicaran a la metafísica podrían tener
preocupación por discutir en qué consiste la existencia o la naturaleza del tipo de
particulares, aunque no nos vamos a detener en esta cuestión en este curso.
También podrían hacerse afirmaciones verdaderas de otro tipo de cosas, que no son
particulares, e.g. “el blanco es un color”. Parece que no se habla ya de cada particular
mancha de blanco que hay en algún lugar sino del color blanco como universal o algo

4
general que se da en muchos lugares y tiempos. De nuevo cabría preguntarse si tiene o
no existencia independiente de las cosas particulares en las cuales inhiere (en las cuales
se da). De este tema nos ocuparemos en la clase siguiente.
También podríamos hablar no ya del color en general sino del particular matiz de color
de algo: “el peculiar azul de sus ojos me deslumbra.” Podría pensarse que, además o en
lugar de los universales hay todavía otro tipo diferente de particulares, peculiares
matices de azul, blanco, etc., lo que en la literatura contemporánea se llama tropos.
Porque ¿qué es lo que hay en el mundo? ¿el blanco que se instancia idénticamente en
cada una de las cosas que decimos que son blancas o, más bien, una infinidad de
particulares matices de blanco que son semejantes entre sí? Tal vez, simplemente porque
para poder hablar y pensar sin ser Funes (el personaje del cuento “Funes el memorioso”
de Borges) usamos una palabra general –“blanco”- para referirnos a cosas que, en el
fondo, no son ellas mismas generales sino que son particulares. Esto es parte de la
pregunta que la cuestión acerca de los universales debería poder responder.
Pensemos más ejemplos. Podemos afirmar que “amar es difícil”. En este enunciado
parece que hablamos de algo general (“amar”, de todas las relaciones amorosas) pero
“amar” ya no es, como “blanco”, una propiedad que inhiere en un particular sino que es
otro tipo de cosa. Parece que se trata de una relación entre varios particulares,
canónicamente entre dos (si une no es poliamorose). Pero es algo distinto, algo que se
da entre particulares y no algo que le ocurre a un único particular. Una pregunta
metafísica interesante es si resulta necesario aceptar que, además de haber universales
que inhieren en cada particular, hay universales que se dan entre particulares. Dicho de
otra manera: si amar a alguien significa que, si A ama a B, a A le pasan ciertas cosas y a
B le pasan ciertas cosas, de modo tal que “amar” no es más que aquello que le pasa a A
más aquello que le pasa a B; o si tenemos que pensar que entre A y B hay algo que no se
da solo en A y solo en B ni en la suma de lo que le pasa a ambos. Esta pregunta
metafísica es acerca de si las relaciones son o no reducibles a universales monádicos,
i.e. universales que se instancian o inhieren en un único particular. Trataremos esto la
clase que viene. Dejo las cuestiones planteadas para cuando lean el texto.
También cabría preguntarse si las entidades matemáticas son objetos (dado que todos
pensamos que e.g. “el número 2 es par”, “un triángulo tiene tres lados” son
verdaderas… ¿qué las hace verdaderas?). Parece que no lo son en el mismo sentido que
la mesa lo es. Claramente parece que los números no están en el espacio-tiempo. Parece
que son particulares porque predicamos cosas de ellos. La existencia independiente es

5
una de las cuestiones a discutir. ¿Había números antes que hubiera seres humanos que
pensaran acerca de los números? Los llamados platonistas acerca de las entidades
matemáticas dirán que sí, que los números existen con independencia de que pensemos
o no en ellos. Otros consideran que no, que los números solo existen en la medida que
hay seres humanos que piensan y hablan de ellos, y que si desaparecieran los humanos,
dejaría de haber números, en algún sentido relevante. Este es otro ejemplo de categorías
o tipos de cosas acerca de las cuales las metafísicas pueden llegar a tener discrepancias.
También podemos considerar el status metafísico de las leyes naturales. Pensemos en
el enunciado “las leyes de Newton son falsas.” Parece ser verdadero, dada la teoría de la
relatividad de Einstein. Así cabría preguntarse por el estatus metafísico de las leyes
naturales. ¿Qué tipo de entidad son las leyes que rigen el mundo físico? Consideremos
por ej. la caída de todas las manzanas que en la historia han caído desde algún árbol.
¿Es la totalidad de los casos particulares en los cuales la ley de gravitación universal se
hizo efectiva en el mundo lo que constituye la ley o se trata de algo más? Cabría
preguntarse si hablar de leyes de la naturaleza no es más que hablar de todas las
ocasiones en las cuales se efectivizaron de una u otra manera. Se podría pensar que no,
que la ley natural es algo más que eso, por ej. que no aplican solo en nuestro mundo
sino también en otros mundos posibles, en los cuales valen las mismas leyes pero
ocurren cosas distintas, por ej., que no haya seres humanos o árboles de manzanas: un
mundo exactamente como el nuestro pero en el que no se desarrolló ninguna especie de
árbol ni cayó nunca manzana alguna, pero en el que, sin embargo, las leyes naturales
sean las mismas. Entonces diríamos que las mismas leyes valen para ambos mundos.
Paralelamente podríamos preguntarnos por las leyes positivas, el enunciado “la ley del
talión todavía rige en algunos países.” ¿Qué tipo de cosas son las normatividades que
rigen a los seres humanos y nos permiten o prohíben ciertas cosas? Decirles “leyes
positivas” ya es tomar una cierta posición respecto de qué son. Digamos, entonces, las
leyes en general que los seres humanos se las dan a sí mismos y tienen un rol para
determinar qué hacemos o no, ¿qué tipo de cosas son?
También podemos considerar cosas tales como los valores: la bondad, la belleza, etc.,
¿qué tipo de cosas son? Si alguien ayuda a un ciego a cruzar la calle, ¿está haciendo eso
(ayudando a cruzar a un ciego en la calle) y además está realizando una acción buena?
Si miramos un cuadro, además de ver manchas de pintura en un lienzo, ¿vemos una
bella obra de arte? El cuadro es un objeto físico como la mesa: ocupa un lugar en el
espacio-tiempo, tiene una historia, propiedades físico-químicas (pigmentos, etc.), sus

6
figuras son pasibles de ser descritas geométricamente o reproducidas digitalmente con
píxeles. Podemos dar una descripción física de hasta el último detalle del cuadro. Sin
embargo parece que, además, decimos que es bello o armonioso. Podríamos pensar que
la belleza también es algo en el cuadro. Ahora bien, ¿es la belleza lo mismo que la
disposición de los colores en el lienzo u otra cosa? Y si es otra cosa, ¿qué tipo de cosa
es? Lo mismo cabe preguntarse acerca de la bondad de las acciones: ¿qué plus agrega a
una acción el ser considerada buena, si es que es algo más que la mera acción realizada?
Estas preguntas tienen que ver con el status metafísico de los valores éticos, estéticos,
etc., y de esto hablaremos en la última de estas cuatro clases.
Pensamos ahora en el enunciado “Argentina es un país complicado” que es, sin duda,
verdadero. ¿Qué clase en entidad es “Argentina”? ¿qué tipo de cosa es un país? Más en
general, pensemos en las instituciones. ¿Qué es la UBA? Todos diríamos que estamos
en la UBA ahora. Pero la UBA no es simplemente el espacio físico en el que estamos. Si
así fuera, no estarían haciendo la carrera para tener un título, hecho que es posible
porque hay una institución gobernada por cierta normativa, reconocida por otras
instituciones, etc. (no meramente porque están pisando el suelo de Puán, o entrando al
campus virtual de filo) ¿Qué son las instituciones en general? No son el conjunto de los
espacios físicos que ocupan y tampoco parecen ser el conjunto de las personas que las
integran. No desaparece un país cada vez que muere alguien. Tampoco desaparece la
UBA cuando cambia el rector. Parece que las instituciones son alguna otra cosa. Pero,
¿exactamente en qué consisten, si tenemos que aceptar que hay algo más? La Argentina,
aparte del conjunto de cosas físicas, ¿qué es? Esto por supuesto se liga con la cuestión
de los valores y la normatividad de un conjunto de normas. Pero, ¿cuáles? ¿dadas por
quién?
Consideremos un enunciado sartreano: “La ausencia de Juan me puso triste.” ¿Qué pasa
cuando hablamos ahora de hechos negativos, como la ausencia de Juan en el café en El
Ser y la Nada? Y también podemos hablar del espacio y del tiempo: “el tiempo es
dinero” y “el espacio es infinito”. Uno también puede preguntarse qué status metafísico
tienen ambos. ¿Cuál es su naturaleza? ¿existe un espacio independiente de los objetos
que lo ocupan? ¿es algo más que la relación entre los objetos? Lo mismo podemos
preguntar del tiempo.
Este pequeño listado es muestra de la enorme cantidad de oraciones que consideramos
verdaderas, acerca de las que podríamos preguntarnos: ¿qué las hace verdaderas?

7
La idea de la metafísica como una empresa reductiva. Sentidos de la distinción
básico vs. derivado.

Podríamos pensar acerca del proyecto metafísico en términos más clásicos, como la
cuestión de conectar las apariencias con la realidad. Dado un enunciado verdadero,
parece que hay todo lo que es sujeto de predicación, todo aquellos acerca de lo que se
dice algo en dicha oración. Pero tal vez no sea necesario postular la existencia de tantas
cosas y podríamos explicar cómo es que nos parecen verdaderas ciertas cosas apelando
a ciertas realidades que no son las que la oración, considerada superficialmente, deja
entrever. Esta es la estrategia de Quine en el texto que vieron. Cuando nos preguntamos
por el hecho de que podemos hablar verdaderamente del rey de la argentina (por ej.
cuando decimos que no existe o que es narigudo), podemos pensar que ese enunciado
verdadero parece hacer referencia a un objeto particular (rey de la Argentina) pero que,
en realidad, se trate de una afirmación general acerca de cómo ciertas propiedades se
instancian o no en nuestro mundo; o sea si bien este enunciado parece hacer referencia a
un objeto particular, en realidad está haciendo una afirmación general. La respuesta de
Quine (en realidad, la de Russell6) sería que las descripciones definidas no son el tipo de
giro lingüístico que se usa para referir. No tenemos que pensar que tienen una función
referencial (que hablan acerca de particulares en el mundo) sino que se debe hacer una
maniobra reductiva o de traducción para transformar las oraciones que parecen hablar
del rey de la Argentina en oraciones en las que no se hable de nada en particular sino
que se hable en general del mundo. Así traduciríamos “el rey de la Argentina no existe”
por un enunciado general del tipo “no existe un x tal que x sea rey de la Argentina y
para todo y...”, etc. Es la estrategia fue propuesta por Russell: transformar lo que
decimos de tal manera que en la nueva oración se vea más claramente con qué cosas nos
estamos comprometiendo, a qué realidades nos estamos refiriendo.
En general, gran parte de la metafísica pasa por este tipo de preguntas y paráfrasis. Hay
enunciados de nuestra vida cotidiana que consideraríamos verdaderos, que parecen
comprometernos a hablar de ciertas cosas pero que, si los pensamos metafísicamente y
tratamos de sistematizar nuestras creencias acerca de qué es lo que efectivamente hay en

6
Véase Russell, B. (1905) “Sobre el denotar”, en Simpson, T.M. (1973) Semántica Filosófica, Siglo XXI,
Buenos Aires.

8
el mundo, tal vez nos demos cuenta que muchas de las cosas que decimos acerca del
mundo deberíamos decirlas de otra manera, para ser más precisos acerca de con qué tipo
de entidades nos estamos comprometiendo.
Gran parte de la metafísica se condensa en este proyecto reductivo consistente en pensar
cuáles serían las entidades básicas de nuestra ontología. ¿Qué quiere decir “entidades
básicas”? Entidades básicas son aquellas cuya existencia o realidad nos parece
indiscutible, y a partir de las cuales tratamos de dar cuenta de todas las otras cosas que,
en principio, parece haber o que, en nuestra vida cotidiana, creemos que hay, y que
serían desde el punto de vista metafísico, lo que podemos llamar categorías derivadas.
La pregunta que surge entonces es: ¿Qué tipo de entidades y por qué vamos a considerar
básicas? ¿Qué entidades y por qué vamos a considerar derivadas? Por ejemplo,
podríamos preguntarnos acerca de la UBA o de la Argentina ¿son entidades básicas o
derivadas? ¿Acaso es más que el conjunto de personas que viven en el territorio
nacional o que el conjunto de leyes que nos rigen? ¿En términos de qué otras entidades
puedo entender una entidad como una institución? Estas serían el tipo de preguntas
básicas de la metafísica: ¿qué categorías ontológicas son básicas? ¿Cuáles son
derivadas? ¿qué relaciones se establecen entre ambos tipos para poder “cubrir las
apariencias”, para poder entender por qué creo verdaderas todas las cosas que creo
verdaderas aun cuando no esté dispuesto a comprometerme con tanta variedad de cosas
en el mundo? Esta pregunta por qué es lo básico se puede ver de distintas maneras. Hay
por lo menos cuatro sentidos distintos.
(1) Veamos, brevemente, la propuesta de Peter Strawson en Individuos: Ensayo de
metafísica descriptiva. Recordemos que para Strawson, la metafísica consiste en
describir las categorías con las que pensamos acerca del mundo. En este libro se
pregunta qué particulares son los particulares básicos. Dado que entiende la metafísica
como una reflexión o elucidación conceptual, el sentido en el que Strawson habla de
“básico “ en su libro es un sentido conceptual: lo más básico es lo que es primero
conceptualmente; lo más básico es aquello sin lo cual no puedo pensar el resto de las
cosas. Strawson dirá que los objetos físicos son los particulares básicos en el sentido de
que cualquier otro particular acerca del cual yo quiera pensar depende de la posibilidad
de pensar en los objetos físicos: si quiero pensar en los agujeros del gruyère, no puedo
hacerlo sino pensando en el gruyère. Si quiero pensar en la caída de la manzana como
un evento, no puedo sino pensarlo teniendo en claro primero qué es el objeto físico
manzana. Después entenderé qué quiere decir que “cayó”, pero la posibilidad de

9
identificar qué es un objeto físico es anterior conceptualmente. Para Strawson, los
particulares básicos son los objetos físicos, es decir, las cosas que ocupan un lugar en el
espacio y en el tiempo y que lo ocupan de una manera “propietaria”, i.e. son los únicos
ocupantes de esa porción de espacio-tiempo. Esta expresión recoge la idea muy básica
(con la que, supongo, todos estaríamos de acuerdo) de que no puede haber dos objetos
físicos que ocupen la misma porción del espacio-tiempo. La idea de objeto físico es la
idea de algo impenetrable. En el mismo espacio que ocupa la mesa no puede haber otro
objeto físico. Puedo correr la mesa y poner otro objeto físico en su lugar, pero no puede
haber dos objetos físicos en el mismo momento en el mismo espacio. Esta idea de la
ocupación propietaria de una porción de espacio-tiempo es, para Strawson, lo básico.
Cualquier otro particular del que hable es dependiente del objeto físico. Incluso dirá que
las personas son particulares que no se pueden identificar con los objetos físicos pero
que, en algún sentido, dependen, para su existencia, de un objeto físico: el cuerpo de
cada uno de nosotros. Entonces hay un sentido en el cual podemos hablar de básico y
derivado en términos conceptuales.
(2) Hay otro sentido, más bien epistemológico, en el cual uno podría hablar de básico: el
sentido que menciona Quine en la última parte de “Acerca de lo que hay”. Hacia el final
del texto se menciona la discusión entre fisicalistas y fenomenistas. Fisicalista es quien
sostiene que hay objetos físicos y fenomenista aquel que sostiente que los objetos
físicos no son sino construcciones lógicas a partir de datos de los sentidos. Quine
plantea esta polémica metafísica, aunque la conclusión que él propone no es relevante
ahora. Lo que me interesa es la discusión acerca de qué es más básico: ¿los datos de los
sentidos o los objetos físicos? Podría decirse que no es una discusión conceptual (como
plantea Strawson) sino epistémológica, y que se decide en función de cómo se entiende
el conocimiento, cómo entendemos que conocemos el mundo. Si pensamos que
conocemos el mundo a partir de nuestras experiencias particulares (los datos de los
sentidos que surgen a partir de nuestra experiencia del mundo) y tenemos una visión
empirista de conocimiento (pensamos que nuestras experiencias son el fundamento del
conocimiento y que a partir de ellas podemos llegar a conocer el resto de las cosas del
mundo), entonces uno puede decir que lo básico son los datos de los sentidos. Dado que
allí empieza mi conocimiento del mundo, allí estaría lo más básico a la hora de decir
qué es lo que hay y a qué tenemos acceso. Pero si uno piensa que no hay por qué
comprometerse con esa visión del conocimiento sino que el paradigma de conocimiento
es más bien, por ej., el del conocimiento científico, entonces simplemente hay que

10
aceptar la realidad de ciertos objetos macroscópicos físicos que ocupan un lugar en el
espacio-tiempo. Lo más básico, si pensamos acerca del conocimiento científico del
mundo, serán los objetos físicos y no los datos de los sentidos. Pero en esa discusión
(también metafísica) parece que qué es lo básico o no está relacionado con algún
compromiso acerca de qué es conocer y cómo conocemos, y no con una cuestión acerca
de cómo es nuestro esquema conceptual, o de cómo pensamos en general.
(3) Hay una tercera manera de pensar la cuestión desde una perspectiva ontológica o
metafísica, o sea podríamos intentar dar una respuesta a qué es básico o no sin atender
(en principio) a cuestiones acerca del conocimiento o de cómo pensamos.
Personalmente me resulta difícil pensar en qué medida esto es posible, pero cabría
intentar hacer preguntas como las que hicimos al comenzar la clase, que parecen no ser
ni epistémicas ni conceptuales. Pensemos en ejemplos como la guerra de Troya y
preguntémonos ¿es la guerra de Troya algo más que el conjunto de las particulares
acciones que realizaron los individuos que estuvieron involucrados? Esta parece una
pregunta que no es ni epistémica ni conceptual, que parece ser claramente metafísica y
tiene que ver con qué es básico y qué derivado. El caso más genérico es el de la relación
parte-todo, preguntas del tipo “¿el todo se reduce a las partes o el todo es algo más que
la suma de las partes?” es una clara pregunta metafísica. O bien el todo se reduce a sus
partes, y en ese caso es un derivado de las partes, o bien en algún sentido el todo tiene
que ser considerado tan básico como las partes porque no se puede reducir a ellas. Enb
el texto de Aune7 se presenta el famoso ejemplo del barco de Teseo, que va rompiéndose
a medida que navega y cada pieza rota es reemplazada en sucesivos puertos para que el
barco siga navegando. Pasado un tiempo, ninguna de las piezas que constituye ese barco
es la original, dado que todas se fueron reemplazando sucesivamente. Suponiendo que
las piezas originales fueron reunidas y se volvió a fabricar un barco con las partes
viejas, un poco rotoso ahora, podríamos preguntarnos ¿cuál de los dos es el barco de
Teseo? ¿Hay dos barcos de Teseo, o solo uno? ¿El que fue cambiando parte a parte
sigue siendo el mismo? ¿Si la respuesta es negativa, cuándo dejó de ser el barco de
Teseo para ser otro? Las respuestas a estas preguntas metafísicas en parte tienen que ver
con cómo identificamos al objeto físico “barco de Teseo”. Si pensamos que se reduce al
conjunto de partes que lo forman o no. Si se reduce a un conjunto de partes tal vez
tendríamos que pensar que cada vez que reemplazamos una parte dejamos de tener ante

7
Aune, B. “Cosas cambiantes” (traducción de la cátedra)

11
nosotros el barco de Teseo y tenemos sucesivos barcos: el Barco de Teseo 1, Barco de
Teseo 2, Barco de Teseo 3, … etc. Nos parece bastante poco intuitivo pensar que por
reemplazarle una parte a una cosa dejamos de tener la misma cosa. Pero también nos
parece obvio que, si reemplazamos todas las piezas, ya no tenemos la misma cosa.
Aunque, en otro sentido, tal vez institucional/funcional, sí tengo la misma cosa, hay un
objeto que fue bautizado de cierta manera, sigue teniendo el mismo dueño, sirvió y
sigue sirviendo a los mismos propósitos (para navegar por los mares), etc.
Este es un sentido en el que podemos preguntarnos si una entidad es básica o derivada
que parece no tener que ver con lo conceptual ni con lo epistémico sino con algo
genuinamente metafísico. Se trata de relaciones de dependencia metafísica entre las
cosas. La relación parte-todo es una de estas relaciones. La relación de constitución
suele ser otra de las que se suele usar en estas discusiones metafísicas. La idea es que las
partes o los constituyentes son básicos en relación a los todos o a las cosas constituidas
por esos ellos. La relación básico-derivado metafísica se traduce como la relación
constituyente-constituido o parte-todo. Es otra maneras de entender la relación básico-
derivado en metafísica.
(4) Finalmente hay otra manera, en algún sentido también quineana. En su texto La
naturalización de la epistemología, Quine dice que, en realidad, tendríamos que pensar
a la filosofía en continuo con la ciencia. Así, tal vez la pregunta por qué es lo más básico
no tenga que responderla la metafísica ni la teoría del conocimiento ni una reflexión
conceptual, sino la ciencia. Uno podría entonces pensar que, cuando nos preguntamos
por las relaciones de dependencia entre de objetos físicos, dado que se trata de cosas que
existen en el espacio-tiempo, lo que tenemos que hacer es preguntarle a la física cuáles
son los elementos básicos de los que está constituida la materia o la realidad física. Es la
física, en última instancia, la disciplina encargada de darnos conocimiento de la realidad
física, i.e. de los objetos físicos y sus relaciones físicas. Los básicos serán los quarks o
lo que fuera que quienes se dedican a la física digan que constituye en última instancia
la materia, y esas cosas básicas generarían la apariencia de lo que hay de una manera
que la física también explicará. Entonces, ante la pregunta de qué es básico y qué
derivado no tenemos que hacer reflexiones filosóficas sino averiguar qué me dice la
disciplina científica correspondiente, en este caso, la física. Lo mismo si me pregunto
por el tiempo o por la realidad del espacio: tengo que ir y preguntarle “a quien sabe”, a
quien estudia el fenómeno científicamente. Esta es otra manera posible de entender lo
básico y lo derivado metafísicamente, la manera que adoptaría quien se embarca en un

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proyecto de filosofía naturalista, que considera que las preguntas filosóficas no son
independientes de las preguntas científicas sino que hay una relación de continuidad,
como dice Quine: que nuestro conocimiento es un todo continuo y toca la experiencia
por uno de sus puntos.8 Esa experiencia puede hacer que reordenemos el conocimiento
que tenemos agregando o rechazando cosas, cambiando nuestras creencias, etc., pero
ese conocimiento estará siempre apoyado en la experiencia. Si lo pensamos como
Quine, en términos de un continuo entre filosofía y ciencia, podemos sostener que hay
proposiciones empíricas acerca del mundo (“la silla es gris”) y proposiciones
metafísicas (“las mesas son objetos físicos” o “los objetos físicos ocupan de manera
propietaria el espacio tiempo”), pero todas ellas son susceptibles de ser revisadas ante el
“Tribunal de la experiencia”. Podría ocurrir que ante nueva experiencia cambiemos
nuestras creencias metafísicas, nuestras creencias acerca del mundo físico o incluso las
verdades lógicas, porque todo eso forma parte de un continuo. Qué sea lo que hay que
cambiar cuando el mundo se nos resiste y el tribunal de la experiencia nos dice que lo
que creemos es falso, puede ser cualquiera de estas cosas. Pensado así, qué sea básico
está determinado por la totalidad de nuestro conocimiento, dado que en él están
entretejidos conocimientos físicos, metafísicos, lógicos, etc.
Podríamos considerar que la cuestión de las categorías ontológicas en el fondo es una
discusión sobre qué tipos de categorías ontológicas son básicas y cuáles derivadas, y
qué sea básico o derivado puede entenderse de distintas maneras.

Principios metodológicos para dirimir cuestiones ontológicas.

En general, alguien que se dedica a la metafísica intenta responder esta pregunta de


manera organizada u orgánica, guiándose, en general, por una serie de principios. Uno
de estos, directamente mencionado en el texto de Quine, es el principio de parsimonia o
la “navaja de Ockham”, que supone no aceptar más entidades de las que sea necesario.
Recordemos algunos de los principios metodológicos que adoptan los metafísicos más
allá de (i) el principio de economía o parsimonia, la navaja de Ockham: postular la
menor cantidades de entidades posible. Otro principio metodológico que adoptan
quienes se dedican a la metafísica es (ii) la cuestión del criterio de compromiso
ontológico que vieron con el texto de Quine. ¿En qué medida el lenguaje me

8 Quine, W.V.O., “Dos dogmas del empirismo”, Desde un punto de vista lógico, Orbis, Barcelona,
1985, pp. 49-81.

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compromete a qué? ¿y en qué medida puedo hacer transformaciones equivalentes en
significado en el lenguaje para hablar menos comprometidamente? Esta cuestión es
importante para comprender la polémica entre Strawson y Davidson acerca de si los
eventos son o no entidades básicas. En tanto discípulo de Quine, Davidson comparte
ciertos presupuestos con Quine, e.g. que si tengo un enunciado existencial (“existe
alguien que es rey de la Argentina”) no me estoy comprometiendo con la existencia de
un objeto (“rey de la Argentina”) porque ese enunciado es existencial y, por lo tanto,
general: no habla de ningún particular. Solo dice que hay uno individuo indeterminado
(x) que tiene esta característica. Por otra parte, al igual que Russell, ambos están
pensando que sólo afirmamos la existencia y, por lo tanto, nos comprometemos
ontológicamente con las cosas que ocupan el lugar de los sujetos lógicos o, en términos
lógicos, el dominio de objetos que constituyen el rango de las variables de individuo (x,
y, etc.). No nos comprometemos con nada que esté en función predicativa: no nos
comprometemos con la existencia de universales o la propiedad ser rey de la Argentina.
Es importante tener esto en cuenta para comprender la polémica que mencionamos.
Otro principio metodológico que está en el texto de Quine, y que adopta Davidson, es
(iii) el principio “no hay entidad sin identidad”. Recordemos el ejemplo de Quine: el
hombres flaco posible y el hombre gordo posible en la puerta. Quine se pregunta: ¿es el
mismo hombre posible o son distintos? Si no puedo contarlos, i.e. decir si es el mismo o
es uno distinto, entonces esa entidad no existe, no tiene sentido que me comprometa con
la existencia de cosas para las cuales no puedo dar criterios de identidad. De ahí la
famosa frase “no hay entidad sin identidad.” La propuesta de Davidson para aceptar que
los eventos son particulares básicos empieza con esta cuestión. Davidson se pregunta
¿qué criterios de identidad podemos proponer para los eventos de manera tal que se
cumpla la idea de poder contarlos para poder considerarlos como entidades en el
mundo? (i.e. decir cuándo estamos ante el mismo evento o ante uno diferente.) El texto
de Davidson es una discusión acerca de qué criterio de identidad plausible podemos
proponer para los eventos, de manera que sea viable, en términos metafísicos, aceptar
que, además de haber objetos físicos, hay eventos en el mundo y, tal como quiere
defender Davidson, ambos son igualmente básicos.

La distinción entre objetos y eventos

Tratemos ahora la distinción entre objetos y eventos. Tanto objetos como eventos son el

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tipo de cosas que, en principio, ocupan una porción del espacio-tiempo. Pero, de alguna
manera, la relación que hay entre los objetos y el espacio-tiempo, y los eventos y el
espacio-tiempo, no es la misma. Consideremos el objeto físico “marcador” y el evento
“la caída del marcador”. Tanto el marcador como su caída, por ser particulares, deben
estar ubicados en un lugar espacio-temporal preciso. Cuando hablo de la caída del
marcador, en realidad tengo que hablar de la caída del marcador a las 12:31 del
mediodía de hoy. Si vuelvo a soltar el marcador, habrá otro evento, la caída de las
12:33. En tanto que entidades particulares, cada una de estas caídas tiene que anclarse
en un momento específico tanto del tiempo como del espacio. En principio, el tiempo
está claro: tenemos la caída de las 12:31, la de las 12:33, etc. Pero el espacio que ocupa
el evento depende del espacio que ocupa el objeto físico: la caída del marcador parece
ocupar el espacio que ocupa el marcador cayendo. Si lo dejo caer en otro lugar, no solo
es otro tiempo sino que también es otro espacio, y, por lo tanto, es otra caída del
marcador. Parece que, en ambos casos, tanto para los objetos como para los eventos
(cuando se trata de objetos y eventos particulares) es muy específica la ubicación
espacio-temporal.
Ahora bien, los objetos -dijimos más arriba- ocupan el espacio de manera propietaria,
no podría haber otro objeto ocupando exactamente el mismo lugar al mismo tiempo.
Pero, en el caso de los eventos, parece que esto no es así. Supongamos que hago girar el
marcador y al mismo tiempo que gira, se cae. Incluso suponiendo que tanto el evento
que consiste en el girar del marcador y el evento que consiste en su caída empiezan y
terminan en el mismo momento (i.e. ocupan el mismo lugar y el mismo tiempo), ambos
no parecen ser el mismo evento. Intuitivamente nos parece que el marcador podría girar
sin calentarse y calentarse sin girar, por lo que cuando ocurren ambas cosas, ocurren dos
eventos, no sólo uno: calentarse y girar parecen ser dos eventos distintos por más que
empiecen y terminen en el mismo momento y le ocurran al mismo objeto físico, i.e. que
ocupen el mismo espacio-tiempo. En general decimos que los objetos existen y los
eventos ocurren. Ocurren en el espacio-tiempo, no existen en el espacio tiempo. Esta
terminología, sin embargo, es discutible. Davidson, por ejemplo, usa el término “existir”
tanto para eventos como para objetos; sin embargo otres filósofes distinguen las formas
en los que los objetos y eventos se relacionan con el espacio tiempo usando palabras
distintas (existir y ocurrir).
Los objetos físicos, puesto que ocupan un lugar en el espacio tiempo, son, en general, el
tipo de cosas a las cuales accedemos con nuestros sentidos. Con los eventos es más

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complicado. En algún sentido podemos decir que vemos al marcador caer, pero en otro
sentido también podríamos decir que, en realidad, vemos al marcador cambiando de
lugar, no cayendo: ¿qué quiere decir que “veo la caída”? Pero en otro sentido puede
decirse que se ve la caída. Tenemos entonces una cuestión adicional que es la discusión
acerca de qué tipo de acceso sensible tenemos a los eventos. Claramente no vemos los
eventos psicológicos en la cabeza de otro, y tampoco vemos la guerra de Troya, vemos
las acciones que despliegan las personas (no sus estados mentales, al menos esta idea
nos legó la modernidad) y también vemos soldados peleando, no la guerra. Para algunes
filósofes esto tiene que ver con otra distinción que no mencionamos hasta ahora: el
hecho de que los objetos son particulares concretos, mientras que los eventos son
particulares abstractos.
Parece que, cuando hablamos de objetos y de eventos, hay un sentido en el cual estas
dos cosas se relacionan, porque las uno la idea de cambio: algo que es de una manera y
después de otra, o que está en un lugar y después en otro, etc. Parece que la categoría de
evento está relacionado con la metafísica del cambio, con la posibilidad de entender qué
quiere decir que algo (un objeto/ una sustancia) cambie.
En la literatura metafísica hay muchas nociones en juego para pensar el cambio: evento,
proceso, o simplemente cambio, también se puede hablar de un pasaje de un estado de
cosas a otro (e.g. del vaso lleno al vaso vacío). En todos los casos, el tiempo está
involucrado en el cambio, aunque también puede haber cambios instantáneos. En
general, el término evento se usa como término básico para dar cuenta del cambio,
justamente porque es lo que ocurre en el tiempo, algo que ocupa un intervalo de tiempo
que, en general, no es instantáneo. Puede serlo pero en general no lo es.
Un evento es siempre un contraste entre el tiempo -t1- y un tiempo posterior -t2- o
anterior – t0. Podría decirse que un evento también puede ser simple permanencia de
algo, e.g. dejé de tomar el café así que sigue ahí. Podríamos decir que este es el evento
de la permanencia del café en la taza. Ahí hay un contraste entre un estado de cosas
entre un tiempo t y otro t+n, sólo que los estados de cosas inicial y final son los mismos
y por lo tanto no hubo cambio. Pensar esto es útil si uno, por ej., quiere pensar que las
acciones son eventos, como hace Davidson. Porque de esta manera las omisiones, el no
hacer algo, también son eventos y por lo tanto acciones. Supongamos que alguien se
está ahogando y en lugar de ayudarlo me quedo en el borde del agua mirando como se
ahoga. Evidentemente hice algo: omití salvarlo. ¿Qué pasó? Uno puede decir: nada, me
quedé quieta, sentada, pero eso también es una acción: al evento de haberme quedado

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sentada mirando como se ahogaba esa persona se le aplican las mismas propiedades que
se aplican a cualquier acción mía: soy responsable de lo que hice, puedo ser culpada por
lo que hice, era libre de hacer lo que hice, podría haber hecho otra cosa, etc. Es cierto
que hay un caso límite en el que uno podría pensar que un evento es que las cosas sigan
como están. Podría incluso pensarse toda la realidad en términos de eventos: que los
objetos físicos no son más que una sucesión de eventos en una porción continua de
espacio-tiempo, como una especie de, si quieren, gusano de espacio-tiempo en el que
puedo rastrear todos los eventos particulares que fueron constituyendo la historia de un
objeto, y así sostener que este objeto físico no es más que su historia, i.e. la suma de los
eventos que lo constituyeron (así se consideraría a los eventos como particulares
básicos, y a los objetos como entidades derivadas). O uno podría hacer lo contrario:
Strawson considera que “objeto físico” es el particular básico y da argumentos para
sostener que los eventos son particulares derivados y dependientes de los objetos
físicos. Para Strawson, lo básico son los objetos físicos y los eventos son derivados.
Pero uno podría también sostener que son los eventos lo básico porque lo básico es el
cambio, y llamamos permanencia, sustancia, objeto físico a una sucesión determinada
de cambios en una continuidad espacio-temporal. O uno podría pensar que ambas
categorías ontológicas son igualmente básicas y no tiene sentido pensar que hay objetos
físicos sin cambio o cambio sin objetos físicos. Esto es lo que sostiene Davidson. Ahí
están las tres alternativas metafísicas.

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