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Rct/Ol) : Documento de Trabajo 9 1 O 7 Las Nuevas Estrategias Del Desarrollo Regional

El documento revisa las políticas de desarrollo regional y presenta nuevas estrategias para abordar los desequilibrios territoriales. Se destaca que, a pesar de los esfuerzos realizados, persisten las desigualdades regionales y los resultados de las políticas anteriores no han logrado una convergencia significativa. Además, se analizan los cambios en el enfoque de la política regional a raíz de la crisis económica, enfatizando la necesidad de adaptarse a nuevas realidades cualitativas en lugar de centrarse únicamente en indicadores cuantitativos.

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Rct/Ol) : Documento de Trabajo 9 1 O 7 Las Nuevas Estrategias Del Desarrollo Regional

El documento revisa las políticas de desarrollo regional y presenta nuevas estrategias para abordar los desequilibrios territoriales. Se destaca que, a pesar de los esfuerzos realizados, persisten las desigualdades regionales y los resultados de las políticas anteriores no han logrado una convergencia significativa. Además, se analizan los cambios en el enfoque de la política regional a raíz de la crisis económica, enfatizando la necesidad de adaptarse a nuevas realidades cualitativas en lugar de centrarse únicamente en indicadores cuantitativos.

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-I/J:¿S

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Documento de Trabajo
9 1 O7
LAS NUEVAS ESTRATEGIAS DEL
DESARROLLO REGIONAL

FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMICAS y EMPRESARIALES.- UNIVERSIDAD COMPLUTENSE


Campus de Somosaguas. 28023 - MADRID
Esta publicación de Documentos de Trabajo pretende ser cauce
de expresión y comunicación de los resultados de los proyectos de
investigación que se llevan a cabo en la Facultad de Ciencias Económicas
y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid. No obstante, la
publicación está abierta a investigadores de otras instituciones que de-
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1
1 Envi ar a:
1 Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales
1 Universidad Complutense de Madrid
1 Vicedecano
1 Campus de Somosaguas. 28023 MADRID. ESPA~A.

1------------------------------------------
LAS NUEVAS ESTRATEGIAS DEL DESARROLLO REGIONAL

Alfonso Utrilla de la Hoz


Economista
Universidad Complutense
RESUMEN

El presente articulo tiene por objeto revisar los


planteamientos en los que se ha basado la polttica regional
y destacar las nuevas estrategias del desar,rollo regional,
resaltando los aspectos mAs significativos en el crecimiento
económico y su traslaciÓn al ámbito territorial.

AUTOR

Alfonso Utrilla de la Hoz, Doctor en Ciencias EconÓ-


micas y Empresariales por la Universidad Complutense y Di-
plomado en PlanificaciÓn y Administracidn de Empresas por la
Universidad Politécnica de Madrid, ha trabajado como econo-
mista en el Banco Hipotecario de España y en TelefÓnica.
Profesor del Dpto. de Hacienda Publica y Sistema Fiscal de
'la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la U-
niversidad Complutense y colaborador en trabajos de investi-
gación del Instituto de EstudioS Fiscales y de la FundaciÓn
para la Investigación EconÓmica y Social de la CECA, actual-
mente desarrolla estudioS de investigación en el Dpto. de
Hacienda y Economta Püblica de la Universidad AutÓnoma de
Madrid.
1

LAS NUEVAS ESTRATEGIAS DEL DESARROLLO REGIONAL.

Alfonso Utrilla de la Hoz


Economista
Universidad Complutense

l. CONSIDERACIONES PREVIAS.

La etapa de fuerte crecimiento econ6mico generada en


,los aftos 50, tras la recuperaci6n de la posguerra, constitu-
y6 el marco id6neo para la promoci6n de las políticas regio-
. ' nales, que alcanzaron categoría universal en los aftos poste-
riores al extenderse tanto a los paises desarrollados como
en vi as de desarrollo.

El crecimiento econ6mico acelerado y los procesos de


industrializaci6n y urbanizaci6n crecientes a lo largo del
periodo siguiente consolid6 la esperanza de que las políti-
cas regionales corregirían los desequilibrios territoriales,
identificados como una barrera importante para alcanzar un
desarrollo socioecon6mico arm6nico. A ello, también contri-
buía la filosofía política imperante (Kuklinski, 1987). Así,
la concepci6n del desarrollo dirigido y la idea de la inter-
venci6n y planificaci6n del Estado eran aceptadas en un nú-
mero creciente de paises con diferentes proporciones de eco-
nomía de mercado y economía planificada.

La concepci6n del desarrollo de las economías occi-


2

dentales basado en cuatro ideas fundamentales (Kuklinski,


1989):

- La idea del crecimiento económico como el motor


más importante del progreso.

- La idea de la industrialización como el proceso


fundamental de la transformación estructural.

/
- La idea de la urbanizacion como el proceso funda-
mental del cambio social y el motor principal para
la creación de nuevas organizaciones espaciales.

- La idea de las soluciones a gran escala creada por


el espíritu de la eficacia tecnocrática.

impregnó el disefio de las medidas de política regional. Es-


tas tenían básicamente como objetivo promover la movilidad
de bienes y factores de producción, complementado por la me-
jora de los transportes y redes de comunicación, así como de
las 'transferencias públicas, inversiones en infraestructura
e incentivos de capital para las áreas menos desarrolladas
(st6hr, 1987). Desde otra perspectiva (Curbelo, 1988), la i-
dea básica de la política de desarrollo regional en esta e-
tapa era la generación descentralizada de econom~as de aglo-
meración, para, a partir de ellas, redistribuir parte de ese
crecimiento a las clases y/o zonas no integradas en el pro-
3

ceso de crecimiento". Esta política regional ayudaba activa-


mente al capital a desplazarse a las regiones problemáticas
y, cuando los costes de la movilización de los recursos re-
gionales eran excesivamente altos, incentivaba al factor
trabajo para que éste se desplazase a las regiones avanzadas
produciéndose así cierto grado de convergencia regional.

Independientemente de las características específi-


cas que en los distintos paises han presentado las políticas
regionales en los aftos 60 y primeros 70 (1), éstas se han
caracterizado, en el marco general anteriormente seftalado,
por tener unos rasgos comunes, entre los que se pueden des-
tacar los siguientes:

- Los gObiernos nacionales han destinado al desarro-


~ "
llo regional un volumen de recursos directos e in-
directos creciente aunque no muy significativo. El
desarrollo económico general ha permitido la arti-
culación de medidas de carácter territorial a lar-
go plazo destinadas a corregir los desequilibrios
regionales.

- Por otro lado, las pautas que caracterizan ese


mismo desarrollo económico han estado marcadas
precisamente por su desequilibrio espacial. El mo-
delo demográfico, económico y tecnológico de desa-
rrollo ha incidido, en esta etapa, en el ámbito
espacial al generarse un crecimiento basado en el
4

desarrollo del sector industrial localizado en


unas áreas determinadas.

- La corrección de los desequilibrios regionales se


ha basado fundamentalmente en una estrategia de
creación de centros de crecimiento industrial en
regiones específicas con el fin de favorecer los
efectos difusores del desarrollo. Esta estrategia
de política regional ha conducido a una especiali-
zación industrial en determinadas zonas que, si
bien favorecía la convergencia económica, exponía
el nivel de desarrollo a los cambios en la estruc-
tura productiva.

- La proliferación de los instrumentos de política


regional, fundamentalmente en lo que hace referen-
cia a los incentivos, que incluían (CCDE, 1975)
desde los créditos con interés subvencionado y las
ayudas a fondo perdido, en relación con la inver-
sión efectuada por las empresas, hasta los siste-
mas de amortización acelerada, los recortes y e-
xenciones en los impuestos directos, ayudas en
función del empleo generado, subvenciones en los
alquileres y en el coste de la energía utilizada,
subsidios al transporte, ayudas para la formación
de la mano de obra, subvenciones al traslado de
empresas, rebajas arancelarias para las importa-
5

ciones de bienes de equipo y materias primas y un


conjunto de medidas tendentes a incentivar la 10-
,calización .industrial. La superposición de medidas
incentivadoras y la potenciación de una política
·sectorial paralela con indudables repercusiones
regionales contribuyó a restar efectividad a la
política territorial y a encarecer el coste de sus
acciones.
l."

-c; -f..
- La política regional en esos'fios se ha caracteri-
zado en general por una potenciación del ámbito
nacional en la planificación del desarrollo terri-
torial, '. relegando a un segundo plano al ámbito re-
gional, tanto en el disefio de las acciones a em-
prender como en la adopción de las medidas aproba-
das, y careciendo de una concepción supranacional
de los desequilibrios territoriales y de las res-
puestas en el marco de una concepción global de la
articulación del desarrollo regional.

Los efectos de las políticas regionales desarrolla-


das con anterioridad a la crisis económica no constituyen un
elemento fácil de determinar, ni en sus resultados generales
ni en los componentes individuales de las acciones regiona-
les (Nicol, 1982). '.

Es evidente que los desequilibrios regionales per-


sisten cuando no han aumentado en algunos paises. Sin embar-
6

go, la valoración de la pOlítica regional en los paises oc-


cidentales ha de estar fundamentada en la adecuación de las
acciones e instrumentos utilizados con la naturaleza de los
problemas a los que ha de atender en el marco de un desarro-
llo económico estable.

Las valoraciones más negativas de la revisión de las


políticas adoptadas (st6hr y T6dt1ing, 1976) (2) consideran
que en la mayoría de los paises analizados no hay indicacio-
nes claras de una mayor convergencia de las disparidades re-
gionales de renta u otros indicadores de los niveles de vi-
da. Para los paises con grandes problemas regionales las po-
líticas de desarrollo espacial no han podido alterar, en ge-
neral, las desigualdades espaciales en los niveles materia-
les de vida. En los casos en que ha sido posible reducir las
disparidades en la escala interregiona1, se ha producido un
incremento en las desigualdades intrarregiona1es o interper-
sona1es y cuando se han obtenido logros al conseguir mayores
niveles de equilibrio, las desigualdades regionales inicia-
les eran menores o se han atribuido a distintas causas (ac-
tuación de los mecanismos de mercado, circunstancias geográ-
ficas determinadas o condicionamientos históricos).

Por 10 que se refiere a los efectos de los centros


de desarrollo sobre su área de influencia las conclusiones
de St6hr y T6dt1ing no permiten un mayor optimismo. según su
revisión de los estudios sobre un conjunto de paises, en ge-
7

neral, los efectos difusores de los centros de desarrollo


han sido más pequefios de los esperados, o menores de los e-
fectos de absorción, por lo que el resultado neto ha sido
negativo sobre su área de influencia, limitada a una exten-
sión geográfica que se circunscribe al área metropolitana.
En definitiva, la estrategia de los centros de desarrollo en
áreas atrasadas no parece encontrar justificación debido a
la falta de efectos difusores en la jerarquía urbana descen-
dente o. de los propios centros de desarrollo sobre una zona
de influencia lo suficientemente amplia.

Una perspectiva más favorable sobre el impacto de


las políticas regionales en algunos paises europeos es la
,. proporcionada por Ashcroft (1982) en su revisión de un con-
junto de trabajos referidos a seis paises comunitarios. La
estimación cuantitativa de los efectos sobre la inversión y
el empleo de las pOlíticas regionales en las áreas asistidas
permite valorar positivamente su acción, aunque no facilita
una plena comparación internacional. Sin embargo, las dife-
rentes aproximaciones metodológicas que se han realizado en
la estimación de los efectos de los distintos instrumentos
de la acción regional no presentan argumentos concluyentes
sobre el impacto de cada medida (Bartels, Nicol y Duijn,
1982), avanzando resultados globales del conjunto de la po-
lítica regional.

Análisis más recientes (Marelli, 1985) concluyen en


que la mayoría de las investigaciones empíricas muestran co-
8

mo la pOlítica regional llevada a cabo ha contribuido al


proceso de convergencia de las economías regionales de mu-
chos paises, sin pérdidas en término de crecimiento agrega-
do, aunque las dificultades estadísticas y metodológicas im-
piden una estimación cuantitativa de las acciones territo-
riales.

La atención preferente que la acción regional repre-


sentaba en el disefio de las políticas económicas occidenta-
-'" /'
les dejó de orientar las líneas básicaS de las medidas eco-
nómicas de los distintos gobiernos a finales de los afio s 70.
El surgimiento de la crisis económica alteró sustancialmente
_t.<

las prioridades de la pOlítica económica, centrando sus es-


fuerzos en las medidas de ajuste y estabilización a corto
plazo de los desequilibrios de las variables macroeconómicas
ocasionados por el fuerte impacto de la crisis. Así, la es-
trategia de redistribución espacial con crecimiento agregado
que había dominado el análisis regional convencional eliminó
la posibilidad de una planificación regional sin crecimiento
(Curbe10, 1988).

Junto con el cambio en la jerarquización de los ob-


jetivos de la política económica como consecuencia de la
crisis, que forzó la disciplina fiscal y la necesidad de o-
rientar los recursos públicos a la reestructurac~ón indus-
trial, con elevados costes económicos y sociales, Kuk1inski
(1987) considera otras razones en la pérdida paulatina de la
9

importancia de la política regional. Así, las debilidades de


las políticas regionales disefiadas y puestas en práctica
contribuyeron a poner de manifiesto la fuerte inercia de las
estructuras regionales en el mantenimiento y reproducción de
los desequilibrios territoriales (Bueno y Ramos, 1984). Por
otro lado, el cambio en el sustrato ideológico basado en la
eficacia de los poderes públicos para intervenir con garan-
tias de éxito en la corrección de los desequilibrios econó-
micos sirvió para relegar las acciones públicas en la plani-
ficación regional.

El nuevo contexto económico que genera la crisis ha


condicionado el planteamiento de la política regional ante-
".
riormente vigente. StBhr (1987) sintetiza este proceso de
cambiO"en el ámbi to regional en cuatro grandes transforma-
ciones que modifican la concepción precedente:

l. El cambio de las consideraciones cuantitativas a


las cualitativas en las disparidades regionales.
Las recientes disparidades estructurales están
centradas en una serie de variables cualitativas,
tales como la tasa de innovación económica regio-
nal, la estructura cualitativa del empleo, la lo-
calización de las funciones de investigación y
desarrollo y de toma de decisiones en las empre-
sas, así como sobre otras disparidades estructu-
rales relacionadas con la nueva división espacial
del trabajo, que hace más compleja la determina-
10

ción del conjunto de objetivos de la politica re-


-gional.

2. La transformación del carácter bipolar del pro-


blema del desarrollo regional a la tripolaridad.
La crisis económica incidió en el ámbito espacial
alterando la dicotomia entre las áreas altamente
desarrolladas y las zonas de bajo crecimiento es-
casamente industrializadas y creando una nueva
estructura regional con zonas altamente innovado-
ras, basadas principalmente en un desarrollo en-
dógeno de alta tecnologia, áreas industriales o-
rientadas a la producción de recursos minerales y
, , , -materias primas, y regiones subdesarrolladas con
escasa industrialización, dependientes del exte-
rior y con baja tecnologia de producción.

3. Un cambio en las condiciones externas que habian


- dominado las politicas tradicionales de desarro-
llo regional. La progresiva desaparición de espa-
cios libres en términos ecológicos, económicos y

también politicos a escala mundial y nacional


significa, según este planteamiento, que el desa-
rrollo de continentes, naciones y regiones puede
darse cada vez menos a través del desplazamiento
de los estrangulamientos y de los costes de desa-
rrollo a otras áreas. Por el contrario, cada vez
11

más se requiere una internalizaci6n de los costes


y efectos laterales del desarrollo, acompañado
por la necesaria transformaci6n estructural de
cada unidad territorial específica.

4. Una transformaci6n en el planteamiento del desa-


rrollo regional basado en la transferencia exter-
na hacia la movilizaci6n e innovaci6n de recursos
internos. Los modelos tradicionales de desarrollo
"
regional basados en las-"tranS'f:erencias externas a
las áreas menos desarrolladas, según la teoría de
la difusi6n, sirvieron para debilitar aún más la
capacidad end6gena de innovaci6n y de adaptaci6n
de las regiones, volviéndolas incluso más depen-
dientes de los inputs exteriores. La promoci6n y

movilizaci6n end6gena de los recursos y las capa-


cidades de innovaci6n y de adaptaci6n regionales
están en el centro de esta transformaci6n.

Este conjunto de transformaciones en el planteamien-


to de las políticas regionales refleja el cambio que la cri-
sis econ6mica y la propia actitud ante la acci6n regional ha
introducido en la concepci6n del desarrollo territorial.

El nuevo contexto en el que se desarrolla la actual


política regional se caracteriza por un cambio sustancial en
el objetivo a alcanzar: la consecuci6n de una estructura e-
con6mica y social integrada espacialmente. Así, a la correc-
12

ci6n de los desequilibrios econ6micos se une un conjunto de


aspectos cualitativos que inciden de forma especial en el
logro de un desarrollo territorial integral y condiciona el
propio disefio de la política a seguir.

Por otro lado, la crisis econ6mica ha aumentado la


magnitud del problema regional al incidir de forma especial
en una serie de zonas que no habían presentado anteriormente
grandes desequilibrios y que, tras el cambio en la estructu-
/'
ra productiva industrial, han manifestado una problemática
territorial específica.

La limitaci6n de recursos destinados al desarrollo


regional que ha caracterizado la actuaci6n de la mayoría de
los paises de la oeDE en la presente década (Wadley, 1986),
condiciona igualmente la orientaci6n de la política regional
que ha de actuar con una mayor eficacia para abordar proble-
mas más complejos con menores recursos.

Igualmente, la nueva divisi6n espacial del trabajo


que se está produciendo como consecuencia de los cambios a-
caecidos en la estructura productiva y la evoluci6n de de-
terminados factores, como la incorporaci6n de nuevas tecno-
logias de producci6n que permiten la segmentaci6n y distri-
buci6n espacial del proceso productivo, la reducci6n de los
costes en los transportes y en las comunicaciones, la cre-
ciente integraci6n de los mercados financieros y de capital,
13

condicionan la orientación de una política regional que haga


frente a la incertidumbre que generan los cambios tecnológi-
cos y productivos.

La internaciona1ización creciente de las economías


occidentales condiciona igualmente el planteamiento global
de la política regional, que ha de perfilarse en el marco de
los procesos económicos y políticos de integración actual-
mente existentes. Por otro lado, el proceso paralelo de cre-
ciente pOder de los gobiernos regionales en el ámbito del
desarrollo regional permite la adecuación de las medidas de
carácter territorial con las funciones otorgadas a la plani-
ficación regional: asignación, compensación y activación
(Boisier, 1984) (3); modificando, igualmente, el disefio de
la pOlítica regional.

Finalmente, las repercusiones regionales de las po-


líticas económicas nacionales y supranaciona1es son eviden-
tes y pueden modificar e, incluso, compensar los efectos de
las acciones con una orientación regional definida. La cri-
sis económica ha venido a reforzar las políticas de ajuste
macroeconómico y, por otro lado, las estrategias microeco-
nómicas de recuperación de la actividad productiva basadas
fundamentalmente en la actuación sobre los factores de la o-
ferta de la economía pueden condicionar los planteamientos
de las políticas de desarrollo regional. Esta interrelación
existente se pone especialmente de manifiesto en la articu-
lación de la política sectorial, cuyas repercusiones terri-
14

toriales hacen imprescindible la coordinación de la pOlítica


económica general.

1I. LA NUEVA ORIENTACION DE LAS POLITICAS DE DESA-


RROLLO REGIONAL.

Estas consideraciones sobre el contexto global en el


que se enmarca la'política regional en la actualidad permi-
ten aproximar los nuevos planteamientos vigentes en el enfo-
~ /
que y orientación de las estrategias dél desarrollo territo-
rial. Planteamientos que han de manifestarse en una situa-
ción económica cambiante, tras la recuperación de las econo-
mías occidentales y los nuevos factores de dinamismo que
configuran el desarrollo emergente.

Estas consideraciones previas ponen de relieve el


grado de complejidad que adquiere la política regional en el
nuevo contexto económico. Los cambios en la orientación de
los sectores productivos y la incorporación del progreso
tecnológico como elemento fundamental en el desarrollo eco-
nómico han alterado sustancialmente el marco de referencia
de la actuación regional, en función de la nueva tipología
territorial que las innovaciones tecnológicas, económicas,
sociales, gerenciales y políticas configuran. Al enfoque
prevalente de las políticas regionales características de
los aftos 60 y 70 basadas en la disminución de la diversidad
interregional en el marco nacional, se une y se contrapone
15

(Kuklinski, 1989) (4), en un proceso creciente de interna-


cionalización económica y tecnológica, la competencia regio-
nal internacional y la potenciación de las regiones innova-
doras.

Un enfoque integrador que permfte garantizar el de-


sarrollode las zonas más avanzadas y potenciar de forma e-
ficiente a las regiones más atrasadas es el basado en el es-
timulo del potencial de desarrollo endógeno.

Las políticas regionales orientadas a la explotación


del potencial de desarrollo endógeno han encontrado una pro-
gresiva aceptación por parte de los paises de la O.C.D.E.
" ,~
(Wadley, 1988). Su diseno se centra en el logro de un alto
grado de. coordinación de los factores que pueden contribuir
al desarrollo regional, tales como los recursos naturales y
los que ofrece el entorno, las infraestructuras de transpor-
te y comunicaciones, las estructuras urbanas y el capital
físico y humano y ponerlos al servicio de actividades pro-
ductivas. Su reciente desarrollo apunta a la superación del
plano estrictamente económico para englobar en el futuro un
conjunto de funciones sociales, políticas y culturales.

La viabilidad de las políticas regionales basadas en


este planteamiento para favorecer el desarrollo territorial
se fundamenta en el conocimiento de las potencialidades y
carencias regionales y en la delimitación adecuada de las
distintas áreas en función de sus características y capaci-
16

dad de desarrollo.

Este enfoque global de política regional que promue-


ve la movilizaci6n e interacci6n de los recursos territoria-
les y, a su vez, establece diferencias según las caracterís-
ticas econ6micas, sociales y medioambientales de cada re-
gi6n, facilita la participaci6n descentralizada en su arti-
culaci6n y permite un uso racional de los recursos financie-
ros exteriores, se fundamenta en la potenciaci6n de una se-
rie de elementos esenciales para el desarrollo.

El impacto industrial de la crisis econ6mica y la


propia evolución de la estructura productiva en las econo-
mías occidentales han introducido cambios sustanciales en la
orientaci6n del proceso productivo hacia la terciarización
de la economía. La importancia del sector servicios como mo-
tor del desarrollo económico forzosamente ha de provocar la
reorientaci6n de las estrategias de política regional.

Las pOlíticas regionales practicadas hasta finales


de los afios 70 otorgaron la máxima atenci6n a la industria,
relegando al sector servicios a una posici6n marginal. Tanto
en el caso de las regiones subdesarrolladas como en el de
las catalogadas en declive, las estrategias de desarrollo
pasaban siempre por la industrializaci6n o reindustrializa-
ción de la zona, y a este objetivo iban destinados los in-
centivos fiscales y financieros, la preparaci6n de terrenos
17

y nuevos pOlígonos industriales y las inversiones públicas,


tanto en infraestructuras como en actividades empresariales
directamente productivas (Cuadrado, 1988a). Marquand (1980)
en un estudio para la Comunidad Econ6mica Europea clasifica
los principales tipos de pOlítica regional de los entonces
nueve paises miembros en cuatro categorías, según la impor-
tancia que se concede al sector servicios:

1. Las políticas regionales exclusivamente dedicadas


J; ,
a las actividades terci"at'ias/;>

2. Las que incluyen el sector terciario en condicio-


nes similares al sector secundario.

"3. Las políticas que excluyen explícitamente las ac-


tividades terciarias, que se ven así relegadas de
la acci6n regional.

4. Las políticas que, de hecho, tienen un alcance


nacional, pero influyen notablemente en la loca-
lizaci6n y distribuci6n de los servicios entre
las regiones.

Su estudio confirma, con pequeftas diferencias según


los distintos paises, la prevalencia de las ayudas a las in-
dustrias manufactureras. Este planteamiento empieza a modi-
ficarse en los aftos siguientes, como consecuencia del mayor
dinamismo del sector servicios, fundamentalmente de los ser-
18

vicios a las empresas, generándose una nueva estrategia de


desarrollo regional, al ser más escasas las posibilidades de
contribuir al desarrollo regional a través del apoyo a la
industria manufacturera.

Se han sefia1ado (Cuadrado, 1988a) al menos tres ob-


jetivos para una política regional basada en la potenciación
del sector servicios:

l. utilizar el papel dinámico de los servicios en el


desarrollo de las regiones periféricas y en las
zonas urbanas de tamafio mediano y pequefio .

-.,. ..,. ¡. -t' . '>,2. Activar la creación de empleos dentro del sector

'.'.
terciario avanzado.

3. Desarrollar una cierta centralización y raciona-


lización de servicios dentro de la propia región,
para no originar pérdidas de economías de escala
y de aglomeración.

Estos objetivos constituyen una orientación alcanza-


ble en función de la estrategia disefiada. Así, el propio di-
namismo del sector hace necesaria la flexibilidad y capaci-
dad de adaptación de las medidas establecidas a la estructu-
ra cambiante del terciario. Ello conduce a la conveniencia
de adoptar una cierta discriminación entre los distintos ti-
19

pos de servicios, siendo los destinados a las empresas, es-


pecialmente los de la gama alta, donde pueden dar mejores
resultados las políticas regionales (Wad1ey, 1988).

sin embargo, es preciso recordar la estrecha vincu-


lación existente entre la demanda de servicios y el grado de
desarrollo de la economía nacional y regional. Resulta evi-
dente que el proceso de desarrollo aumenta la complejidad de
la estructura sectorial de una economía y determina una cre-
ciente interdependencia entre los distintos sectores. Desde
está perspectiva (Capellin, 1989), los servicios parecen te-
ner la función específica de regular los flujos de mercan-
cías, capitales, mano de obra e informaciones entre las dis-
tintas empresas, según el grado de desarrollo económico en
·élque nos encontremos.' Asi, en la fase preindustria1 los
servicios necesarios son los relacionados principalmente con
las funciones comerciales, que regulan las relaciones con
mercados y suministradores locales. En la fase industrial,
los servicios, que son parte de la organización interna de
cada empresa, tienen un papel estratégico en la regulación
de los flujos de factores productivos intermedios entre em-
presas. Finalmente, en una fase de desarrollo postindustria1
los servicios demandados canalizan los flujos inmateriales
de recursos financieros o los de informaciones sobre nuevas
oportunidades tecnológicas y sobre la evolución de los mer-
cados. Consecuentemente, la orientación de la política re-
gional hacia el sector terciario de la economía ha de cubrir
20

las funciones sefialadas para cada etapa y complementarse con


el manufacturero, según las caracteristicas económicas de
cada área, sin perjuicio de la especial atención al desarro-
llo territorial del terciario avanzado.

En definitiva, la conveniencia de una mayor atención


al desarrollo del sector servicios como estrategia de poli-
tica regional ha de articularse en función de la variabili-
dad del sector y de los cambios que la introducción de las
nuevas tecnologias van a originar ~n los . ." niveles de empleo y
", /
en su composición, otorgando a las acciones emprendidas una
gran flexibilidad y capacidad de adaptación. Finalmente, la
estructura sectorial resultante como consecuencia de la ac-
tuación regional requiere su adecuación con las necesidades
territoriales especificas y el potencial de desarrollo de la
zona; disefiando, en función de los niveles de desarrollo al-
canzados y la problemática de cada región, la orientación
del sector servicios y su composición interna.

La configuración de una politica regional efectiva a


trav.és de la orientación adecuada del sistema productivo ha
de prestar una atención prioritaria a la incorporación de
las nuevas tecnologiasen los procesos productivos y al de-
sarrollo de los factores de producción, fundamentalmente a
la capacitación de la mano de obra. El grado de adecuación
de ambos elementos a la evolución experimentada en los nive-
les de más alto desarrollo va a determinar, en una gran me-
dida, la incorporación de las áreas y sectores asistidos al
21

conjunto de regiones con mayor dinamismo económico.

La importancia de la capacidad tecnológica en el de-


sarrollo regional se ha acentuado con la reestructuración
productiva derivada de la crisis económica, que ha provocado
la obsolescencia de muchos de los planteamientos vigentes en
la configuración de las políticas regionales (Brotchie, Hall
y Newtos, 1987). Ello es debido a que las nuevas tecnologías
presentan unas características que las configuran como un
componente esencial del conjunto de procesos económicos y
sociales. De ahí que su principal impacto regional sea el
que se deriva del imperativo de la modernización tecnológica
del conjunto de la estructura productica (Castells, 1989b).
Desde este planteamiento, a medio plazo, ningún sector pro-
" ;

ductivo tradicional puede ser considerado como elemento de


desarrollo sin su profunda modernización tecnológica. Así,
el nuevo desarrollo desigual ya no se da entre productos
primarios y productos manufacturados sino entre productos dé
diferente nivel tecnológico, cualquiera que sea su sector de
actividad (Dosi, 1984).

En definitiva, .la innovación tecnológica está deter-


minando el grado de desarrollo regional por encima de la es-
tructura sectorial del sistema productivo. En este sentido,
la dicotomía espacial no se daría entre las regiones de vie-
ja industrialización y las nuevas regiones basadas en la in-
dustria de alta tecnología y en los servicios avanzados, si-
22

no entre las regiones que no se han modernizado y aquéllas


que han sido capaces de incorporar los nuevos métodos de
gesti6n y las nuevas tecnologías de producci6n y comunica-
ci6n (Aydalot, 1986); independientemente de la distinta ca-
pacidad innovadora y de adaptaci6n al cambio tecno16gico de
cada sector.

El conjunto de innovaciones tecno16gicas, básicamen-


te integrado por las tecnologías de informaci6n y una serie
de procesos de investigaci6n y desarrollo cuyos campos se
encuentran principalmente en los nuevos materiales, la bio-
tecnología y las energías renovables (Castells et al. 1986),
proporciona nuevas características en la configuraci6n espa-
cial de la divisi6n internacional del trabajo. La flexibili-
dad que las nuevas tecnologías de la informaci6n introducen
en los procesos de producci6n, distribuci6n y gesti6n pro-
porciona un nuevo marco de actuaci6n en los grandes procesos
de transformaci6n econ6mica y organizativa en los niveles
interregional e internacional. Así, la capacidad de variar
la 10calizaci6n de la actividad econ6mica, a través de la
mayor facilidad de la movilidad del capital y de los medios
de gesti6n empresarial, con respecto a la rigidez relativa
de la fuerza de trabajo y del contexto social e institucio-
nal, constituyen un elemento determinante en el proceso de
reestructuración derivado del mayor desarrollo tecnológico,
que puede traducirse en una relocalizaci6n territorial de la
actividad o, incluso, en la obtenci6n de nuevas condiciones
de operaci6n en la misma localidad por la imitaci6n de con-
23

diciones potenciales en otra localización posible cuya fac-


tibilidad pudiese ser tecnológicamente determinada. Asisti-
mos así a la emergencia de un sistema económico de geometria
variable, en donde la actividad empresarial tiene mayores
posibilidades de redefinir su propio entorno, dada la mayor
flexibilidad territorial que le permiten las nuevas tecnolo-
gías (Castells, 1989a).

De acuerdo con este planteamientco, el nuevo sistema


-". //
tecnológico no conduce a la difusi6n espacial generalizada
de las distintas actividades económicas y sociales sino a
una descentralización espacial de las actividades subordina-
das, tanto en los servicios avanzados como en la industria
de_. alta tecnología, siguiendo una estricta jerarquía tecno-
lógica y de gestión, encontrándonos ante un proceso simultá-
neo de concentración y descentralización del nuevo sistema
de producción y de gestión empresarial.

Las características específicas de las industrias de


.alta tecnología condicionan su difusión espacial y las es-
trategias para lograr una adecuada orientación regional. Su
especificidad está determinada por la dependencia de la pro-
ductividad y rentabilidad de la industria de su capacidad
continua de generar innovación tecnológica. Esta dependencia
hace que los factores productivos utilizados por.este tipo
de empresas presenten, igualmente, una serie de caracterís-
ticas distintivas (Castells, 1989a):
---------

24

La materia prima esencial es la información tecno-


lógico-científica, incluyendo en la misma la tec-
nología de fabricación.

- La especificidad de la fuerza de trabajo utiliza-


da, con una alta proporción de personal técnico y
científico y, por lo tanto, con la necesidad de
tener acceso a un mercado de trabajo altamente
cualificado.

- El capital de estas empresas es un capital de alto


riesgo, en la medida en que la innovación es poco
predecible y ha de ser capaz de asumir el coste de
los posibles fracasos con una perspectiva tecnoló-
gica a largo plazo.

La ambigüedad del desarrollo regional basado en las


nuevas industrias viene derivada de los modelos de localiza-
ción de este tipo de industrias, configurados siguiendo las
características sefialadas (5): una fuente de información
centrada en la innovación tecnológica, un mercado de trabajo I

científico y técnico yun acceso a capital capaz de invertir


en operaciones de alto riesgo. Estos modelos se basan en una
segmentación muy pronunciada de las distintas fases del pro-
ceso productivo y en una estricta división espaci'al del tra-
bajo entre sus distintas funciones. Así, se diferencian fun-
cional y espacialmente la investigación, desarrollo, disefio
25

y producción de prototipos, los procesos complejos de fabri-


cación, el montaje de las piezas, el trabajo en cadena de
escasa cualificación, y la prueba final de control de cali-
dad, realizada normalmente a través de un proceso automati-
zado. Cada fase requiere unos niveles muy distintos de cua-
lificación del trabajo y, por tanto, un espacio muy diferen-
te de producción y de residencia de la fuerza de trabajo.

Consecuentemente, la descentralización de las fases


en los procesos productivos de las industrias tecnológica-
men'te innovadoras no garantiza una absorción regional de las
potencialidades derivadas de la investigación tecnológica.
La capacidad de innovación tecnológica implica necesariamen-
te la constitución de complejos de investigación y produc-
ciónque dispongan de todas las fases del proceso productivo
de las industrias de alta tecnología, sin que la simple lo-
calización de fases de montaje de este tipo de industrias
garantice una elevación de la capacidad de desarrollo regio-
nal en el ámbito tecnológico. Por otro lado, el grado de de-
sarrollo económico y tecnológico que el medio de innovación
proporciona en el espacio territorial está determinado por
su interacción con el tejido productivo (Cohen y zysman,
1986). La incorporación de los procesos innovadores por par-
te de los sectores productivos constituye, pues, un elemento
esencial en el desarrollo tecnológico y en la articulación
territorial.

El análisis planteado sobre la innovación tecnológi-


26

ca en el desarrollo regional resalta la importancia de los


procesos de modernización científico-técnicos sobre el con-
junto del sistema productivo y la necesidad de 'su incorpora-
ción a cada sector económico. Desde la perspectiva regional,
la asimilación de los procesos de innovación en el tejido
productivo se revela como condición necesaria para garanti-
zar la viabilidad económica del territorio. Es en la capaci-
dad de generar la propia innovación tecnológica donde los
"
planteamientos actuales de polítiC<:! reg}onal pueden encon-
trar una diversidad a la hora de orientar las prioridades
·estratégicas en el marco de una limitación de los recursos
destinados al desarrollo territorial •

. La orientación de la política regional en esta mate-


ria estará en función de la consideración que hagamos sobre
si la necesaria modernización tecnológica puede darse con
independencia de la capacidad de innovación y producción de
nuevas tecnologías en el propio ámbito regional. Obviamente,
las respuestas a esta cuestión deben enmarcarse en la impo-
'sibilidad de que todas las regiones sean tecnológicamente
autónomas. Sin embargo, parece evidente que un planteamiento
a largo plazo de la política regional ha de incorporar la
conveniencia de establecer vínculos permanentes entre la es-
tructura productiva regional y las fuentes de innovación
tecnológica que garanticen un alto grado de adaptabilidad a
los cambios tecnológicos con un coste oportunidad razonable.
Este elemento diferenciador, en todo caso, debería estar su-
, ., ... ...-.
'

27

peditado en su generalización a la modernización tecnológica


del conjunto de la estructura productiva regional, a través
de la adaptación de las nuevas tecnologias a las necesidades
y caracteristicas de cada territorio.

La orientación de una politica regional de desarro-


llo tecnológico precisa la adecuada delimitación de los dis-
tintos problemas existentes que configuran una tipologia va-
riable de zonas en función de sus caracteristicas especifi-
cas ante la innovación tecnológica. Ewers y Wettman (1980)
distinguen tres tipos de regiones que precisan estrategias y
procedimientos diferentes, de acuerdo con sus propias espe-
cificidades.

1. Regiones altamente urbanizadas, caracterizadas


por la implantación de industrias pesadas. Su
problemática ante las innovaciones tecnológicas
se deriva de la rigidez de su sistema socioeconó-
mico y de la tendencia a la homogeneidad de su o-
ferta de capital humano y de la información sobre
los nuevos desarrollos tecnológicos. La no diver-
sificación y rigidez es la consecuencia de su ca-
rácter monoestructural tradicional.

2. Regiones externamente controladas, cuyo problema


ante la innovación se deriva de tres caracteris-
ticas: distancia fisica por su situación geográ-
fica, falta de diversidad en su mercado de traba-
28

jo y falta de potencial decrecimiento endógeno


debido al control externo de su estructura pro-
ductiva.

3. Regiones caracterizadas por el predominio de em-


presas locales de pequefia dimensión y de empresas
medianas independientes o subcontratistas, con
posibilidades decatalizar la innovación a través
del desarrollo de su potencial endógeno.

Esta clasificación regional que otorga distintas po-


sibilidades a las zonas en función de su posicionamiento an-
te las innovaciones se ha desarrollado recientemente ampli-
ando la tipología existente (Sweeney, 1988), distinguiendo
entre:

1. Regiones innovadoras y empresariales. Poseen ca-


pacidad para generar sus propias actividades eco-
nómicas, contando con una sólida infraestructura
de investigación además de otras características:
como su capacidad empresarial, su diversificación
sectorial, álta cualificación de la mano de obra
y una autonomía de información.

2. Regiones técnicamnte avanzadas y empresariales.


Caracterizadas por su orientación tecnológica más
que científica, que les permite un alto grado de
- '\. .. ~ - ,. - .... - -- . ~_., ,

29

adaptabilidad a las innovaciones producidas. Su


actividad innovadora se deriva frecuentemente de
su tradición de diseno y de sus potencialidades
empresariales.

3. Regiones cíclico-tecnológicas. Se caracterizan


por su fuerte especialización en un tipo de acti-
vidad y la creación de industrias proveedoras del
sector predominante. su capaci'dad innovadora está
'\ /'
en función de su ciclo de desarrollo, mostrando
una potencialidad para la innovación en la cuali-
ficación de su mano de obra y en su infraestruc-
tura de investigación.

4. Regiones empresariales y especializadas. Su prin-


cipal factor de desarrollo de un proceso de pros-
peridad auto generada es el dinamismo de su cultu-
ra empresarial.

5. Regiones técnicamente aisladas. Se caracterizan


por una industrialización basada en la instala-
ción de plantas filiales de grandes empresas na-
cionales y multinacionales con bajo potencial de
innovación, aunque con capacidad empresarial.

6. Regiones con bajo potencial empresarial y de in-


novación. Se caracterizan por el predominio de
30

organizaciones administrativas y de servicios,


dotadas de una minima orientación tecnológica y
~.

dependen de la creación de riqueza en otras zonas


que comercian a través de ellas.

La caracterización regional de la estructura produc-


tiva y empresarial ante el proceso de innovación tecnológica
determina un conjunto de actuaciones que configuran las es-
trategias de desarrollo territorial en este campo. Las actu-
aciones emprendidas en las economias occidentales (sweeney,
19BB, Cuadrado, 19BBa) ofrecen un amplio abanico de estrate-
gias que se pueden sintetizar en:

- Creación de una cultura técnica y de información a


las empresas para potenciar al empresariado como
elemento clave del desarrollo endógeno.

- Atención prioritaria a la transferencia de tecno-


logia a las empresas, mediante la estimulación de
una orientación de la infraestructura tecnológica
y de investigación hacia la demanda.

- Coordinación entre los distintos niveles adminis-


trativos y de innovación regionales, nacionales y
supranacionales.

- Atención prioritaria a la difusión tecnológica


31

frente a la creación de industrias de alta tecno-


logía, optando así por una orientación difusora y

puntualmente creadora de los procesos innovadores.

Las estrategias seftaladas plantean la discusión so-


bre las formas más idóneas para articular las medidas de po-
lítica regional destinadas a garantizar la innovación y di-
fusión tecnológica. st6hr (1988) ,distingue cuatro enfoques
para llevar a cabo una acción regional que favorezca la mo-
dernización tecnológica de los distintos territorios:

l. La innovación regional impulsada desde el exte-


rior por el gobierno central o las grandes empre-
sas.

2. La innovación impulsada por las administraciones


y universidades locales.

3. La innovación "espontánea" impulsada por empresas


o comunidades locales.

4. Los "semilleros" e "incubadoras" impulsados por


investigadores locales y empresarios en potencia.

La viabilidad de los distintos enfoques planteados


depende, lógicamente, de las propias características del te-
rritorio y de su encuadramiento en la tipología regional an-
32

teriormente sefialada.

En definitiva, dadas las características del proceso


de innovación tecnológica y la creciente apertura de las e-
conomías, cuyo dinamismo viene determinado por su grado de
integración competitiva a nivel mundial, y la necesidad de
alcanzar un desarrollo equilibradO territorialmente, poten-
ciando los recursos endógenos, parece razonable establecer
una política regional en este ámbito qUe" " combine adecuada-
",/

mente la generación de innovación tecnológica en aquellas


zonas especialmente dotadas y la difusión y capacidad de ab-
sorción del progreso tecnológico, maKimizando los factores
específicos locales en el desarrollo de los sectores estra-
tégicos.

Uno de los elementos determinantes y recurrentes en


las posibilidades de generar un crecimiento regional auto-
sostenido es el relativo a la capacitación de la fuerza la-
boral y su grado de adaptabilidad a los nuevos requerimien-
tos ,de las innovaciones introducidas en los procesos produc-
tivos como consecuencia del desarrollo tecnológico.

La evolución del mercado de trabajo como consecuen-


cia del impacto de las nuevas tecnologías en el sistema eco-
nómico y los cambios producidos en la estructura sectorial
presenta un marcado desplazamiento del empleo hacia el sec-
tor servicios. Este cambio se produce como consecuencia de
33

una serie de hechos, entre los que destacan (Miles, 1986):

- Un aumento sostenido de la demanda de servicios no


de mercado suministrados fundamentalmente por el
Estado, corno consecuencia de la adopción de deci-
siones políticas derivadas de la consolidación del
"Estado del Bienestar".

- Un aumento de los servicios a la producción.

- Un aumento de los servicios de mercado al consumi-


dor orientados a la distribución de bienes manu-
facturados en el lugar de consumo.

En general, la causa del aumento relativo y absoluto


del empleo en los servicios está no sólo en el mayor gasto
de los consumidores y de los gobiernos en este sector, sino
también en su baja productividad laboral en comparación con
la del sector manufacturero (Wood, 1986).

Es evidente que los cambios estructurales producidos


en el mercado de trabajo en los últimos afios, corno conse-
cuencia de la reconversión sectorial y de los cambios socio-
demográficos y tecno16gicos, han ocasionado distorsiones
profundas en la fuerza laboral. El aumento de las tasas de
desempleo y su dispersi6n regional, la desigual distribuci6n
de las oportunidades de empleo entre regiones, sectores y
34

clases socioeconómicas, la escasa movilidad laboral, la fal-


ta de capacitación e información adecuada y el aumento de la
vulnerabilidad de segmentos concretos del mercado de trabajo
son algunos de los elementos más característicos de la pro-
blemática laboral desde una perspectiva espacial.

En este sentido, la profundización en las pOlíticas


de mercado regional de trabajo desde su doble vertiente de
incidencia en la oferta y la demanda de trabajo constituye
un requisito esencial en la articulación de una política re-
gional, a pesar de sus incipientes resultados (Fischer y
Nijkamp, 1989). Las medidas más importantes aplicadas a los
mercados de trabajo regionales (Fischer y Nijkamp, 1988) re-
flejan algunas iniciativas en este camino, aunque la genera-
lidad de los planteamientos se centran excesivamente en ac-
ciones globales, sin atender específicamente a las caracte-
rísticas propias de las zonas en las que se adoptan.

El nuevo contexto económico en el que se desarrolla


la política regional hace necesario el replanteamiento de
los instrumentos a su servicio para alcanzar más eficazmente
sus objetivos, dado el proceso paralelo de creciente inter-
dependencia e internalización y de desarrollo endógeno de
los distintos territorios.

La política de incentivos ha sido, como hemos sefia-


lado, uno de los instrumentos más utilizados en la articula-
35

ci6n de la acci6n regional. La diversificaci6n de sus medi-


das y el automatismo en la concesi6n de ayudas, junto con la
orientaci6n industrial de las mismas han sido los elementos
que han suscitado más críticas en el disefio tradicional de
los incentivos de carácter regional.

Resulta evidente que la vinculaci6n de la política


de incentivos al sector industrial no parece, desde una
perspectiva global, una orientaci6n adecu'ada de cara al fu-
-o" //
turo, dada la evoluci6n sectorial de la estructura econ6mica
hacia la terciarizaci6n. sin embargo, la eficacia en la uti-
lizaci6n de los recursos plantea la necesidad de desarrollar
la política de incentivos en funci6n de la viabilidad empre-
sarial de los proyectos más que en su diferenciaci6n indus-
trial, adecuando ese incentivo empresarial, no obstante, a
las características diferenciadoras del tejido productivo de
cada territorio.

La introducci6n de elementos de incertidumbre sobre


la viabilidad sectorial de la actividad econ6mica que genera
el cambio tecno16gico y la reorientaci6n del proceso produc-
tivo hace imprescindible el desarrollo de incentivos para
favorecer la informaci6n, el asesoramiento, la consulta y el
estímulo a las pequefias y medianas empresas, junto con la
revisi6n de los incentivos regionales de capital,' a la vista
de estas nuevas condiciones de cambio y de riesgo empresa-
rial.
36

La reducción y concentración de los incentivos exis-


tentes en un número limitado de instrumentos ha constituido
una estrategia apoyada en los últimos años. Sin embargo, a
los argumentos que justifican esta reducción de acuerdo con
criterios de racionalidad y coherencia en la acción regional
además de economicidad, cabe oponer una estrategia 'basada en
los efectos multiplicadores que una gama amplia y variada de
incentivos puede originar (Allen, 1989), dada la falta de u-
, '

niformidad de las estructuras empre~ari~les. Bajo esta pers-


pectiva, una limitación de los instrumentos al alcance de la
política de incentivos regionales restringe sus efectos al
no considerar las especificidades de las empresas y desarro-
llar una estrategia común.

Asímismo, la discrecionalidad de los incentivos re-


gionales se ha defendido como el medio más eficaz en la ar-
ticulación de las ayudas por ajustar su concesión a las ne-
cesidades y características de la empresa o proyecto benefi-
ciario. Sin embargo su elevado grado de rigidez y los pro-
blemas burocráticos que conlleva en la práctica esta opción
ha provocado la decantación por la introdución de un cierto
automatismo en la concesión de incentivos, justificado por
las facilidades de gestión que esta orientación conlleva (A-
llen, 1987). Precisamente son los elementos de gestión, ad-
ministración y control los que determinan, en buena medida,
los efectos reales de una pOlítica de incentivos regionales.
El creciente carácter supranacional que está adquiriendo la
37

política regional y, paralelamente, la conveniencia de un


elevado grado de descentralización en su articulación para
lograr un mayor grado de aprovechamiento ,de los recursos en-
dógenos hace de la coordinación y la correcta canalización
de los incentivos regionales el elemento imprescindible que
"
garantice su eficacia.

Por otro lado, la proliferación de incentivos secto-


riales en un contexto de cambio estructural y tecnológico
convierte a la política de incentivos regionales, por su me-
nor dimensión, en un instrumento con una capacidad limitada
e, incluso, contrarrestada para alterar las decisiones de
localización de la actividad económica. En este sentido, y
desde una perspectiva de desarrollo territorial, sería dese-
able reforzar una mayor dimensión regional de los incentivos
sectoriales.

Entre los elementos determinantes del desarrollo re-


gional la política de inversión en infraestructuras desempe-
fia un papel fundamental. Si utilizamos el término infraes-
tructura para designar aquella parte del capital social de
una economía de un marcado carácter público (Biehl, 1989),
esta se convierte en un factor determinante o limitador del
crecimiento, ya que no será suministrado por las transaccio-
nes privadas en el transcurso del crecimiento económico. En
consecuencia, y dadas sus características, corresponde a las
autoridades públicas la provisión del nivel de infraestruc-
38

turas más adecuado al desarrollo de cada territorio. Lógica-


-mente, su provisión no determina por si sola el nivel de de-
. esarrollo regional, pero contribuye de forma significativa al
mismo.

La política de infraestructura regional se enfrenta


actualmente a una doble problemática que condiciona el grado
de aprovechamiento del equipamie~to público y el potencial
de desarrollo derivado de su provisión. "

Por una parte, la provisi6n de infraestructuras como


elemento dinamizador del desarrollo regional requiere el co-
nocimiento previo de la dotación existente en los distintos
territorios. Este hecho, que parece derivarse de una cohe-
rencia trivial constituye, sin embargo, un elemento a menudo
no suficientemente analizado desde la perspectiva de los re-
querimientos del potencial endógeno de cada zona y de la in-
terconexión de los distintos territorios para evitar estran-
gulamientos. El excesivo énfasis en uno u otro enfoque puede
originar una sobreutilización o infrautilización de este
tipo de inversiones, actuando en este caso la pOlítica de
infraestructuras sin un aprovechamiento óptimo de los recur-
sos. Los incipientes estudios generales en este campo (Biehl
1986) ofrecen una catalogación significativa del grado de u-

tilización regional de las infraestructuras.

Por otro lado, el desarrollo del proceso de innova-


39

ciones tecno16gicas y los cambios en la estructura producti-


va afectan considerablemente a la configuraci6n de la poli-
tica de infraestructuras, modificando los requerimientos de
las mismas, siendo necesaria su adecuaci6n a la nueva orien-
taci6n de los procesos productivos. La catalogaci6n tradi-
cional de la infraestructura que incluye las redes de trans-
porte, las redes de abastecimiento de energía, los sistemas
de suministro de agua y alcantarillado, los equipamientos
docentes y sanitarios y las instalaciones sociales, deporti-
vas y culturales (Biehl, 1988), ha de contemplar un nuevo
conjunto de inversiones públicas, no directamente producti-
vas, que están contribuyendo ya decisivamente en el desarro-
llo regional. El desarrollo tecno16gico y el proceso de ter-
ciarizaci6n de la economía precisan de una infraestructura
cualitativamente distinta basada en las telecomunicaciones y
en los soportes de canalizaci6n de informaci6n, que puede
decidir el destino de muchas regiones. Ello, obviamente, no
excluye la continuidad y profundizaci6n en la provisi6n de
una infraestructura convencional, pero abre su campo de ac-
tuaci6n tradicional.

En definitiva, .la política de desarrollo regional


ante una situaci6n econ6mica cambiante, un proceso acelerado
de innovaciones tecnológicas y un alto grado de interdepen-
dencia ha de adoptar una estrategia basada en un plantea-
miento flexible al utilizar los instrumentos a)u alcance y
enfocar su acción hacia la maximización del desarrollo endó-
,,
,
40

geno sin perder la perspectiva global que el marco suprana-


cional ofrece en la orientación territorial.
41

NOTAS

* Este artículo es un extracto del capítulo 1 de la


Tesis Doctoral del autor "La corrección de los desequili-
brios regionales en Espafia: el Fondo de Compensación Inter-
territorial como instrumento de política regional. Análisis
y valoración" financiada por el F.I.E.S ..

(1) La revisión de las políticas regionales reali-


zadas en los paises occidentales ha generado una amplia li-
teratura comparada. Revisiones globales pueden encontrarse,
entre otros, en la obra colectiva de CLOUT (1975), O.C.D.E.
(1975), MARTINEZ CORTI~A (1975), O.C.D.E. (1976) y en DEMKO,
(1984). ','.
-....
, /)
-;/

(2) En los trabajos generales de ST~HR y T~DTLING


(1976), NICOL (1982), ASHCROFT (1982), BARTELS, NICOL y
DUIJN (1982) y MARELLI (1985) se recoge una amplia biblio-
grafía de estudios empíricos que tratan de estimar el impac-
to de las medidas regionales adoptadas en un amplio conjunto
de paises.

(3) BOISIER (1984) distingue en la planificación


regional la función de asignación de recursos entre las re-
giones, una función de compensación para contrarrestar los
efectos depresores regionales de las políticas macroeconó-
micas y una función de activación para organizar socialmente
a las regiones. Cada una de estas funciones incorpora un
grado distinto de centralización, diferenciándose los proce-
sos de centralización, descentralización, desconcentración y
deslocalización.

(4) KUKLINSKI (1989) considera que la nueva tipolo-


gía 'de regiones en Europa: regiones innovadoras, regiones a-
daptables y regiones retrasadas, debe marcar la orientación
de la futura política regional en un contexto mundial. Así,
el carácter social de las pOlíticas regionales anteriores,
cuya finalidad era mejorar la situación de las regiones re-
trasadas, debe transformarse hacia una potenciación de las
regiones más innovadoras europeas, limitando los esfuerzos
hacia una acción selectiva sobre las regiones retrasadas en
las que puede encontrarse cierto potencial para el éxito.

(5) seguimos el trabajo de CASTELLS (1989a) donde se


recogen las referencias de un conjunto de investigaciones
recientes sobre estos modelos.
42

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