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El documento plantea la necesidad de un modelo de enseñanza-aprendizaje transversal entre la escuela y la universidad para formar de manera integral a los estudiantes, desarrollando sus habilidades cognitivas e interpersonales. Actualmente, predomina un modelo pedagógico tradicional que limita la participación activa de los estudiantes. Se requiere establecer políticas educativas interinstitucionales que incorporen una visión holística entre los diferentes niveles educativos.

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El documento plantea la necesidad de un modelo de enseñanza-aprendizaje transversal entre la escuela y la universidad para formar de manera integral a los estudiantes, desarrollando sus habilidades cognitivas e interpersonales. Actualmente, predomina un modelo pedagógico tradicional que limita la participación activa de los estudiantes. Se requiere establecer políticas educativas interinstitucionales que incorporen una visión holística entre los diferentes niveles educativos.

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Texto 05:

ESCUELA Y UNIVERSIDAD FRENTE A LA URGENCIA DE UN MODELO DE ENSEÑANZA - APRENDIZAJE TRANSVERSAL


Por. Gabriela Pérez Ordóñez
En los últimos años la educación superior ha tomado relevancia como parte de la formación profesional, misma
que luego es demandada por el mercado laboral, donde en ocasiones ésta no logra cubrir las necesidades de los
empleadores, y más aún estar acorde con la volatilidad del mercado. En el contexto de la educación universitaria
pública, docentes, nos vemos enfrentados a escenarios que muestran la precaria e insuficiente formación de los
estudiantes, en su mayoría condicionado por la calidad de educación que recibieron en el nivel primario y
secundario.

La carencia de un modelo de enseñanza aprendizaje para el estudiante universitario, donde ésta considere las
características a nivel cognitivo como interpersonal, de forma que no se tracen puntos de inicio y partida, en la
formación de ciertas competencias del alumno; más sí de una formación que involucra un progresivo y secuencial
proceso de creación de valor para el estudiante, mismo que será en un futuro un individuo con el deber y derecho
de tomar decisiones para con su vida y la de los demás, radicando allí el imperativo de establecer un modelo
pedagógico transversal.

En esa línea es sabido la participación que a la fecha tiene el modelo pedagógico tradicional, ya sea en la
educación básica como superior; donde a decir verdad no se observa diferencia alguna, salvo en el contenido de
lo enseñado, pero absoluta igualdad en la fórmula que se aplica, y que Ia Francesco (2015) denomina TTS: tiza,
tablero y saliva, teniendo en ambos niveles educativos, un papel de receptor del “alumno” quien debe solamente
escuchar, en tanto el “profesor” solo decir o hablar. No obstante, a pesar de este mismo escenario, se tiene una
ruptura entre escuela y universidad, misma que parte de los objetivos que guían las prácticas académicas. Por un
lado, se tiene que la
educación básica contribuye a la planificación del proceso enseñanza – aprendizaje (PE-A); mientras que la
universidad a producir conocimiento científico, de forma que la teoría y práctica se presentan diferentes, y peor
aún de espaldas una con la otra (Álvarez, 2015); sin embargo, desde ambos lados lo que se observa es la mera
participación inerte del alumno, con lo que se complica efectuar dichos objetivos.

Tanto la educación básica como superior en el Perú, de acuerdo a la Ley general de educación N°28044 se plantea
como fin último el “alcanzar aprendizajes que le permitan enfrentar los retos del desarrollo humano, ejercer su
ciudadanía y continuar aprendiendo a lo largo de toda la vida” (Ministerio de Educación, 2012 – Decreto Supremo
011-2012-ED); pero a pesar que legalmente e institucionalmente se tiene trazado un fin deseable, dentro del
sistema educativo se tiene a estudiantes carentes de habilidades duras como blandas; donde al tener la
educación básica como pilar inicial, al cual la calidad es escasamente garantizada, se pasa al grado superior
universitario con condicionamientos difícilmente de moldear por el docente de pregrado, teniendo éste que lidiar
con un salón de clase altamente heterogéneo, pues son pocos los estudiantes quienes cuentan con las debidas
herramientas intelectuales y personales para continuar su formación. Este contexto se agudiza con la palpable
desvinculación y ausencia de comunicación entre escuela y universidad, y con ello la inexistencia, pero imperativo
“acuerdo institucional” denominado por Huberman & Levinson (1988), mismo que de darse contribuiría a
estrechar relaciones con resultados efectivos entre la escuela y universidad.

En la mayoría de países Latinoamericanos, como el Perú, el individuo pasa más de 10 años formándose dentro del
PE-A, donde en las etapas tempranas es el Estado quien a determinado su concurrencia a las aulas como
manifestación de un derecho; pero llegado los estudios superiores como el universitario, es la sociedad quien
demanda la preparación profesional. Ambos casos, aunque en diferentes tiempos, no exime las interrogantes que
el niño, adolescente o joven se plantea en cuanto al ¿para qué? o ¿por qué estudiar? Lo anterior de ser abordado
podría mediar la fundamentación de conducir a la elaboración del proyecto de vida del estudiante, donde se le
presente a éste claras orientaciones con sentido y aspiración de hacia dónde desea llevar su vida, el propósito de
ésta; construyéndose a la par que se va instruyendo, lo cual contribuirá no solo con beneficios para sí mismo sino
también para su entorno.

En esta línea el Modelo Pedagógico Holístico (MPH) representa una herramienta de valor, ya que tiene como
propósito (Iafrancesco, s.f.): Formar integralmente al educando, desde su singularidad y la madurez integral de
sus procesos y dimensiones, para que construya el conocimiento y transforme su realidad socio – cultural, con
liderazgo y emprendimiento desde la investigación y la innovación educativa, pedagógica, didáctica y curricular
(pp.6-8).

De esta forma la propuesta de este modelo señala la visión y misión de una escuela (en su amplio concepto:
escuela y universidad, pues si bien se orienta a la educación básica, perfectamente ésta puede ser extrapolada al
pregrado) que contribuya a mermar las brechas educativas causadas por la globalización, el desarrollo científico y
la evolución de nuevas tecnologías de la información y la comunicación; y que en el caso del Perú oscilaría en los
100 mil millones de soles (El Comercio, 2018), lo cual se suma al imperativo de que tanto el profesor como
alumno, se vean inmersos en un PE-A que involucre saberes con habilidades que vayan más allá de la rutina
educativa, y con ello dar paso a la participación de escuela - universidad; la capacidad de sumergirse en una
autorreflexión que implique el accionar inmediato de ambos actores; y así dar paso al líder transformacional y
mediador, de una realidad posible de ser mejorada, y así lograr el bienestar general, manifestado en la equidad
de la comunidad (Sen, 2000).

El Estado se presenta como el creador de los lineamientos a seguir respecto a la educación, teniendo al gobierno
de turno como el precursor, por medio de las prioridades que establece en la generación de políticas públicas. En
consecuencia, dentro de la vinculación observada entre escuela y universidad como móvil social, en el Perú, se
tiene que en primera instancia las políticas públicas educativas estuvieron orientadas al acceso, sin embargo,
posteriormente se manifestó la insuficiencia de ésta, ya que por un lado se tuvo la masificación; pero por otro las
bajas calificaciones en evaluaciones internacionales indicaban las precarias habilidades de los estudiantes,
principalmente en la educación básica. En tanto en la educación superior se ha observado la perspectiva corto
placista y limitada entorno al contexto y género de la población estudiantil (por mencionar los principales), donde
en su mayoría ésta se interesa por proporcionar diferentes programas para acceder a una preparación
universitaria, dejando de lado la otra parte del proceso, tan o más importante, como lo es el garantizar la
inserción laboral; mismo que presenta aristas propias cuando de referirse al escenario rural o urbano se trata, o
en el sentido de que a la fecha se presentan discriminaciones salariales entre un varón respecto a una mujer
(Ministerio de Educación , 2015).

Se tiene la necesidad de a un largo plazo idear políticas educativas interinstitucionales (escuela – universidad),
pero para ello debe primero conformarse modelos pedagógicos transversales que incorporen una visión integral
de todos los participantes en el proceso de enseñanza – aprendizaje, tanto desde la perspectiva de los diferentes
grados, así como desde la alineación y consecución de los objetivos que guían las prácticas académicas, con lo
cual se logre formar individuos capaces de contar con las respectivas habilidades que demanda el nivel educativo
en el que se encuentre, de forma que el sistema educativo y con ello el PE-A, se presente como un proceso
continuo, que potencia y forma paso a paso al individuo, con miras a lograr un producto
de valor, como lo es un ciudadano que se comprende, con análisis crítico, sentido de pertenencia, y orientado a
bienestar común.

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