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INSATISFACCION

Larry Goranov, de 57 años, soltero y en paro, sufre de un trastorno distímico y ha estado recibiendo psicoterapia psicodinámica durante 7 años sin mejoría. Se queja de la falta de progreso en su tratamiento y expresa insatisfacción con los diferentes profesionales que lo han atendido a lo largo de los años. Manifiesta una alta opinión de sí mismo y de sus capacidades, pero su historial muestra dificultades para mantener empleos y relaciones interpersonales estables.

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INSATISFACCION

Larry Goranov, de 57 años, soltero y en paro, sufre de un trastorno distímico y ha estado recibiendo psicoterapia psicodinámica durante 7 años sin mejoría. Se queja de la falta de progreso en su tratamiento y expresa insatisfacción con los diferentes profesionales que lo han atendido a lo largo de los años. Manifiesta una alta opinión de sí mismo y de sus capacidades, pero su historial muestra dificultades para mantener empleos y relaciones interpersonales estables.

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Insatisfacción

Larry Goranov es un varón blanco de 57 años, soltero y en paro, que solicita revisar su
tratamiento en la consulta de psiquiatría. Llevaba 7 años acudiendo a sesiones semanales
de psicoterapia psicodinámica y diagnosticado de trastorno distímico. Se quejaba de que
el tratamiento le había servido de poco y quería asegurarse de que los médicos
estuvieran en lo cierto.
El Sr. Goranov tenía un largo historial de ánimo depresivo de baja intensidad y falta de
energía. Tenía que “salir a rastras” de la cama por las mañanas y rara vez tenía algo que
hacer. Había perdido el último trabajo 3 años antes, había roto con su novia algo después
y dudaba de que pudiera volver a trabajar o salir con alguien. Se sentía avergonzado por
vivir con su madre, que tenía ochenta y muchos años. Negó que tuviera intenciones o
planes inmediatos de quitarse la vida, pero creía que su vida no tendría ningún aliciente si
no había mejorado para cuando la madre muriera.
El historial clínico indicó que el Sr. Goranov había tomado ciclos suficientes de fluoxetina,
escitalopram, sertralina, duloxetina, venlafaxina y bupropión, incluso potenciados con
quetiapina, aripiprazol, litio y levotiroxina. Su ánimo mejoró algo con el escitalopram, pero
sin que los síntomas remitieran. También había recibido un ciclo de terapia cognitivo-
conductual al principio del tratamiento; había acogido con desdén al terapeuta y la terapia,
no hacía los deberes para casa y parecía no hacer ningún esfuerzo por aplicar la terapia
entre las sesiones. Cambió de terapeuta por insatisfacción y entro a la terapia
psicodinámica actual.
El Sr. Goranov expresó al psiquiatra su descontento también con el terapeuta actual, por
la falta de mejoría, la naturaleza del tratamiento y su tratamiento en sí. El Sr. Goranov
tampoco ha estado contento con el tratamiento psiquiátrico que ha recibido a través de los
años, Le comenta al psiquiatra actual que le parecía “humillante” que le obligaran a ver a
personas en formación que rotaban y dejaban su caso al cabo de 1 o 2 años. A menudo le
parecía que los residentes de psiquiatría no eran ni muy educados, ni muy cultos, ni
sofisticados y que sabían de psicoterapia menos que él. Prefería colaborar con terapeutas
femeninas porque los hombres eran “demasiado competitivos y envidiosos”.
El Sr. Goranov había trabajado de agente de seguros. “Es ridículo” dijo, “Yo era el mejor
agente de seguros que habían tenido nunca y no quieren volver a contratarme. Creo que
el problema está en que la profesión esta llena de grandes egos y no puedo callarme al
respecto”. Después de ser rechazado por las empresas de seguros, el Sr. Goranov no
trabajó durante 5 años, hasta que lo contrató un concesionario de automóviles. Dijo que,
aunque vender coches le quedaba pequeño, había tenido éxito y “en nada de tiempo era
yo quien llevaba el negocio”. Se fue a los pocos meses tras discutir con el dueño “yo
entendía mejor su negocio, le faltaba capacidad”. A pesar de que lo había animado varios
terapeutas, el Sr. Goranov no había buscado empleo, ni se había apuntado a cursos de
reciclado, ni había ejercido de voluntario; todas estas opciones aunque viables, le
parecían muy poca cosa para él “yo sé lo que valgo y no me voy a rebajar a un puesto
que no esté a mi altura” le relata al terapeuta. El psiquiatra explora la educación e
historial academico del Sr. Goranov y no encuentra nada excepcional o por arriba del
promedio.
El Sr. Goranov se había “dado por vencido con las mujeres”. Había tenido muchas parejas
de joven, pero, en general, le habían parecido desagradecidas y que “solo buscaban
comer gratis”. Las notas de los residentes indicaban que respondía con suspicacia a las
demostraciones de interés. Esta tendencia era cierta con respecto a las mujeres que
habían tratado de acercarse a él y con respecto a los residentes que se había interesado
por su tratamiento. El Sr. Goranov se describió a sí mismo como una persona que tenía
mucho amor que dar, pero añadió que el mundo estaba lleno de manipuladores. Dijo que
tenía algunas amigas con derecho, pero que la madre era la única persona que a él le
importaba de verdad. Le gustaban los buenos restaurantes y los “hoteles de cinco
estrellas”, pero explicó que ya no podía permitírselos. Hacía ejercicio a diario y le
preocupaba su físico. La mayor parte del tiempo lo pasaba en casa viendo la televisión o
leyendo novelas o biografías.
Durante la exploración, el paciente iba muy arreglado, con el pelo engominado y con ropa
que parecía de uno de esos diseñadores hip-hop que suelen gustar a los jóvenes de 20
años. Se mostró coherente, pragmático y normalmente colaborador. Dijo que estaba triste
y enfadado.
El afecto era constreñido y displicente. Dijo que no tenía intención de matarse, pero que
tenía esperanza y pensaba a menudo en la muerte. Estaba cognitivamente intacto.

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