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Filosofía Nahuatl

La cultura Nahuatl gobernó en el territorio denominado Mesoamérica, sus fundamentos de una cosmovisión era necesario para establecerse como imperio, esta obra escudriña esa cosmovisión
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La cultura Nahuatl gobernó en el territorio denominado Mesoamérica, sus fundamentos de una cosmovisión era necesario para establecerse como imperio, esta obra escudriña esa cosmovisión
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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 1 20/01/2017 [Link] p.m.

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


Disponible en: [Link]/publicaciones/publicadigital/libros/filosofia/[Link]

LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 2 20/01/2017 [Link] p.m.


Miguel León-Portilla

La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes


Ángel María Garibay K. (prólogo)

Undécima edición
Ciudad de México
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas
2017
526 p.
Ilustraciones
(Serie Cultura Náhuatl: Monografías, 10)
ISBN 978-607-02-8765-7

Formato: PDF
Publicado en línea: 30 de marzo de 2017
Disponible en:
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DR © 2017, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de


Investigaciones Históricas. Se autoriza la reproducción sin fines lucrativos,
siempre y cuando no se mutile o altere; se debe citar la fuente completa y su
dirección electrónica. De otra forma, se requiere permiso previo por escrito
de la institución. Dirección: Circuito Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad
Universitaria, Coyoacán, 04510. Ciudad de México
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS
Serie Cultura Náhuatl: Monografías / 10

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 4 20/01/2017 [Link] p.m.


MIGUEL LEÓN-PORTILLA

LA FILOSOFÍA NÁHUATL
ESTUDIADA EN SUS FUENTES

Prólogo
ÁNGEL MARÍA GARIBAY K.

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO


FIDEICOMISO FELIPE TEIXIDOR Y MONSERRAT ALFAU DE TEIXIDOR
MÉXICO 2017

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 5 20/01/2017 [Link] p.m.


León-Portilla, Miguel, autor.
La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes / Miguel León-Portilla ; prólogo Ángel
María Garibay K.
526 páginas. – (Serie Cultura Náhuatl : Monografías / 10)

ISBN 978-607-02-8765-7

1. Indios de México – Religión y mitología. 2. Nahuas – Religión. I. Garibay K.,


Ángel María (Garibay Kintana), 1892-1967, prologuista. II. Título. III. Serie.
F1219.3R38 L45 2017

Primera edición, Instituto Indigenista Interamericano, México: 1956


Primera edición en ruso, Academia de Ciencias, Moscú: 1961
Primera edición en inglés, University of Oklahoma Press, Oklahoma: 1963
Primera edición en alemán, Mexikanische Studien, Colonia: 1970
Primera edición en francés, Editions du Seuil, París: 1985
Primera edición en checo, Edice Capricorn, Praga: 2002

Ediciones unam
Segunda: 1959, Tercera: 1966, Cuarta: 1974, Quinta: 1979,
Sexta: 1983, Séptima: 1993, Octava: 1997, Novena: 2001, Décima: 2006,
Décima primera: 2017

DR © 2017. Universidad Nacional Autónoma de México


Instituto de Investigaciones Históricas
Circuito Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
Coyoacán, 04510. Ciudad de México

Fideicomiso Felipe Teixidor y Monserrat Alfau de Teixidor


Mercaderes 56, San José Insurgentes
Benito Juárez, 03900. Ciudad de México

ISBN 978-607-02-8765-7

Portada: Ivonne Marlene Gutiérrez Cervantes

Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin la autorización


escrita del titular de los derechos patrimoniales

Impreso y hecho en México

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La filosofía náhuatl
estudiada en sus fuentes

editado por el Instituto de Investigaciones Históricas, unam,


se terminó de imprimir en offset el 2 de enero 2017
en Gráfica Premier, Calle 5 de Febrero 2309,
colonia San Jerónimo Chicahualco, 52170, Metepec, Estado de México.
Su composición y formación tipográfica, en tipo Mendoza
de 11/13.5, 10/12 y 9/11 puntos
estuvo a cargo de Sigma Servicios Editoriales.
La edición, en papel Cultural de 90 gramos,
consta de 400 ejemplares y estuvo al cuidado de
Javier Manríquez

Investigación iconográfica y tratamiento de imágenes


por Luis Correa de la Cruz

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ÍNDICE GENERAL

Prólogo a la undécima edición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7

En los cincuenta años de este libro . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13

Introducción
Cultura y filosofía nahuas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Las fuentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
Los investigadores del pensamiento náhuatl . . . . . . . . . . 52
Aportaciones más recientes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80

Capítulo i
Existencia histórica de un saber filosófico
entre los nahuas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Descubrimiento de los problemas . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
Los sabios o filósofos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
Una cierta diversificación del saber . . . . . . . . . . . . . . . . . 119

Capítulo ii
Imagen náhuatl del universo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
La exigencia náhuatl de una fundamentación
del mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
El acaecer temporal del universo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
Los trece cielos: el espacio vertical . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
Ollintonatiuh: sol de movimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
Integración de la imagen náhuatl del universo . . . . . . . . 169

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522 FILOSOFÍA NÁHUATL

Capítulo iii
Ideas metafísicas y teológicas de los nahuas . . . . . . . . . . . . 173
¿Se puede conocer “sobre la tierra lo que nos
sobrepasa: el más allá”? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 182
Flores y cantos: lo único verdadero en la tierra . . . . . . . . 188
La concepción teológica de los tlamatinime . . . . . . . . . . 194
Otros aspectos fundamentales del principio dual . . . . . . 201
Atributos existenciales de Ometéotl en relación
con el ser de las cosas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 211
Acción y presencia cósmicas de Ometéotl . . . . . . . . . . . . 219

Capítulo iv
El pensamiento náhuatl acerca del hombre . . . . . . . . . . . . . 227
El origen del hombre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
Doctrina náhuatl acerca de la persona . . . . . . . . . . . . . . 238
El problema del albedrío humano . . . . . . . . . . . . . . . . . . 243
El problema de la supervivencia en el más allá . . . . . . . . 253

Capítulo v
El hombre náhuatl como creador de una forma
de vida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 269
La meta de la educación entre los nahuas . . . . . . . . . . . . 271
Los fundamentos de la ética y el derecho nahuas . . . . . . 282
Existencia de una conciencia histórica en el mundo
náhuatl . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 296
Cosmovisión místico-guerrera de Tlacaélel . . . . . . . . . . . 303
Concepción náhuatl del arte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 313

Capítulo vi
El problema de los orígenes y evolución
del pensamiento náhuatl . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 329
Los más antiguos vestigios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331
Los antecedentes culturales de probable origen
teotihuacano (siglos i-ix d. C.) . . . . . . . . . . . . . . . . . 352
La visión tolteca del mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 358
Final florecimiento del pensamiento náhuatl . . . . . . . . . 367

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ÍNDICE GENERAL 523

Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 375

Apéndice i
Los textos citados en su original náhuatl . . . . . . . . . . . . . . 383
Correspondientes al capítulo i . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 383
Correspondientes al capítulo ii . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 389
Correspondientes al capítulo iii . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 394
Correspondientes al capítulo iv . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 404
Correspondientes al capítulo v . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 411
Correspondientes al capítulo vi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 426

Apéndice ii
Breve vocabulario filosófico náhuatl . . . . . . . . . . . . . . . . . . 435

Apéndice iii
¿Nos hemos acercado a la antigua palabra?
Consideraciones críticas en torno a la filosofía
náhuatl . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 457

Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 497
Índice analítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 509
Índice de ilustraciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 517
Relación de láminas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 519

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ÍNDICE ANALÍTICO

Acolman 230 Ayapanco 371, 492


Acosta, Joseph de 21, 47, 54, 272, Ayocuan 8, 104, 188, 368, 370, 399,
303 432, 492
Acosta Saignes, Miguel 235n, 270n Aztecas 14, 70-73, 76, 78, 79, 143-
Aguirre Beltrán, Gonzalo 270n 145, 161, 167, 171, 194, 219,
Alba, Carlos H. 282n, 293 221, 232-233, 234, 251, 267,
Albedrío 243-252; en función del 268, 271, 297-298, 301, 303-
tonalámatl 243-248; en relación 312, 313, 328, 332, 346, 357,
con la educación 248-249; fren- 368, 375, 448, 452
te a la divinidad 249-252, 406
Alma, duda de la supervivencia des- Badiano, Juan 129n
pués de la muerte 99-100; algo Baptista, Juan, ofm 41
queda después de la muerte 264- Barlow, Robert H. 43, 436
267 Barreda, Gabino 62
Alva Ixtlilxóchitl, Fernando de (véa- Berlin, Heinrich 44
se Ixtlilxóchitl) Bernal, Ignacio 345
Anáhuac 68, 75, 158, 196, 378 Betancourt, fray Agustín 54
Anderson, Arthur, J. O. 33, 78n, Beyer, Hermann 66, 67, 138, 198n,
411 208, 211, 219, 220
Antropomorfismo 199-200 Bondad moral, concepto náhuatl de
Aquiauhtzin 371, 492 285-288, 445; aplicaciones éticas
Aristóteles 14, 127, 128, 134, 156 446-447; la antigua regla de vida
Arte (concepto náhuatl del) 377- 286, 293-294; moral sexual 289-
381, 420-425; las obras de arte, 290, 414
un medio para conocer el pensa- Boturini Benaducci, Lorenzo 43, 45,
miento náhuatl 50-51, 78-79; su 54-55
origen 348-351 Brinton, Daniel G. 37
Astronomía y cronología 132, 158-
159; su base matemática 132; Calendario 132, 149-150, 166-167;
observaciones celestes 120-122, la cuenta de los años 123, 132; el
280-281; astros conocidos 159- calendario adivinatorio 132, 243;
160; los cielos 158-162; su ense- factores que entran en él 130n,
ñanza en los Calmécac 278-279 244-247; siglos nahuas 160-161;
Astrónomos 120-121, 132, 159, su origen 337-339
280-281, 386-387, 440 Calmécac 27, 28, 108, 117, 125, 135,
Aubin, Joseph Marius Alexis 45 237, 241-242, 274-281, 437;

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510 FILOSOFÍA NÁHUATL

quiénes asistían 275-276, 411; Coateocalli (panteón náhuatl) 182-


qué estudiaban 277-281; ense- 183, 438
ñanzas morales 283-285; ideal Coatlicue 50-51, 78-79, 162-164,
educativo náhuatl 277-281; allí 222, 478
estudiaban los jueces 290-292 Códices 53-54, 57, 435-436, 458-
Campos, Rubén M. 38 459; de interés para el estudio del
Cantares, su origen 36-40; surge en pensamiento náhuatl 47-50; al
ellos la pregunta filosófica 23, 97, cuidado de los tlamatinime 111,
77-78; obra de los tlamatinime 122-123, 125; de contenido adi-
116-117, 458; eran enseñados en vinatorio 243; se aprendía a in-
los Calmécac 277-278; el sabio, terpretarlos en el Calmécac 278-
“un ladrón de cantares” 378 279; de contenido histórico
Carochi, Horacio, sj 42, 239 (Xiuhámatl) 300
Caso, Alfonso 48, 50, 70-73, 95, Comas, Juan 11, 130n
141, 143-144, 183, 195, 257n, Combate (luchas cósmicas) 58,
301, 311, 337, 338, 342n, 343, 141, 156-157
347 Conocimiento, ¿decimos algo verda-
Ceballos Novelo, Roque 161 dero? 101-102; incertidumbre so-
Centéotl (el maíz) 150-151 bre lo metafísico 235-236; el úni-
Chalchiuhtlicue 151, 152, 208, 210, co conocimiento verdadero, flores
222, 354, 355, 478, 482, 483, 484 y cantos 188-193; conocimiento
Chavero, Alfredo 59-61, 62, 67, experimental 128-130; conoci-
145n, 256 miento de sí mismos 112-113
Chichihuacuauhco 259, 260 Corazón (véase personalidad), Dios
Chichimecas 44, 177, 180, 194, 202, en el corazón, ideal del sabio y el
203, 206, 297, 335 artista 281, 378-379, 381
Chilam Balam 341, 468, 469, 472, Cornyn, John H. 31, 32n
476 Cortés, Hernán 20, 381
Chimalpáin Cuauhtlehuanitzin, Covarrubias, Miguel 349
Domingo Francisco de San An- Cruz, Martín de la 129, 129n
tón Muñón 301-302, 303-304, Cuacuauhtzin 190, 368, 400, 492
305, 416 Cuauhtemallan 336, 350
Chimalpopoca, Faustino Galicia 37, Cuauhtémoc 249, 280
42, 43 Cuauhtencoztli 371, 433
Cielos 158-164, 169, 197-200, 280- Cuicámatl 37, 336, 462, 491
281 Cuitláhuac 280
Cihuacóatl 222, 232, 234-235, 446,
484 Danzel, Theodor W. 68
Cipactónal 140-141, 229-230, 334- Dávalos H., Eusebio 272n
335, 428 Derecho (principios filosóficos im-
Citlalinicue 134-135, 204, 210, 221, plicados) 290-295
483 Díaz del Castillo, Bernal 20, 435
Clavijero, Francisco Javier 55-57, Dibble, Charles E. 33, 78n, 411, 436
61, 63-64, 138-139, 214, 272, Difrasismo náhuatl 189, 192, 214,
435, 451 225-226, 239-240, 442

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ÍNDICE ANALÍTICO 511

Discusiones 34-36, 173-181, 380- Felipe II 21, 30-31, 85


381 Fernández, Justino 11, 50, 51, 78-
Divinidad, el principio supremo se- 79, 92, 95, 162-164, 221-222,
gún Seler 64-66; el problema del 313n
conocimiento de Dios 99-100; la Filosofía, qué se entiende aquí por
búsqueda de la divinidad 135; 22-24, 95-96; delimitación tem-
politeísmo náhuatl 182-183; los poral de la filosofía náhuatl 24-
sabios nahuas afirman conocerla 25; fuentes para su estudio 26-51;
174-181; el Dios verdadero 197- varios estratos en el pensamiento
199; véase Ometéotl náhuatl 71-72; una forma espe-
Domínguez Assiayn, Salvador 76 cial de filosofar 188-193, 376-
Dualidad divina (véase Ometéotl) 377, 380-381
Durán, fray Diego 20, 26, 38, 47, Filósofos, su existencia entre los na-
182-183, 278, 296n, 303, 304, huas 107-118, 252; su discusión
305, 309, 310, 313, 438, 460, con los frailes 34-36, 119-124,
477, 490, 495 173-181, 394-398, 458; su mi-
sión de educadores 111-113; co-
Edman, Irwin 23 nocedor del mundo 113-114;
Educación 111-113, 241-242, 269, metafísico 114-115, 183-184; su
271-281; sus móviles 272; en la humanismo 115-116; poseedores
familia 272-274, 411; ingreso a los de un saber distinto del religioso
centros educativos 274, 411; obli- 119-124, 125-126, 358, 376; su
gatoria 276; el ideal náhuatl del saber teológico 179-180
hombre 279-281, 412, 441-442 Flor y canto 188-193, 225-226,
Eguiara y Eguren, Juan José de 52- 240, 260-262, 277-278, 329,
54 369-373, 377-378, 380-381,
Elementos (los cuatro) 58, 155-157, 399-401, 454
170 Fuentes 26-51
Epicureísmo (reacción náhuatl de Fugacidad universal 100-101, 102-
tipo epicúreo) 185-187, 377, 105, 185-187, 375-376, 384
408-409 Fundamentación, exigencia náhuatl
Escalona Ramos, Alberto 68 de 101-102, 105, 133-141, 148,
Escritura 111, 277-279 (véase códi- 156-157, 389
ces)
Espacio 74-75, 156-157, 158-164, Gamio, Manuel 68-70, 161, 280
169-170; espacialización del Gaos, José 124
tiempo 167-168 García Bacca, Juan D. 193
Estética 378-381; criterio adoptado García Icazbalceta, Joaquín 26n, 46,
por Gamio 68-70; idea náhuatl 64
del arte 378-380 Garibay K., Ángel María 21-22, 23,
Ética 282-295; su enseñanza en los 32-33, 38-40, 77-78, 95, 97,
Calmécac 284-285; norma de 124n, 126n, 139n, 184, 185n,
bondad 285-287; aplicaciones 186n, 189, 190n, 194, 214, 215,
prácticas 288-290; móviles de la 230, 239, 257n, 279, 285, 288n,
acción moral 294-295 307n, 362, 384n, 405, 407, 417,

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512 FILOSOFÍA NÁHUATL

441, 446, 460n, 472n, 483n, Ixtlilxóchitl, Fernando de 21, 26,


491 61, 116, 145n, 185-186, 213-
Garza, Mercedes de la 7, 87-89 214, 292-293, 296, 299-300,
Gemelli Careri, G. F. 52, 54 435-436, 439, 441
Génin, Auguste 205n
Gillmor, Frances 185n Jaeger, Werner 22, 106n, 127, 134,
Gómez de Orozco, Federico 53n 271
Jiménez Moreno, Wigberto 27, 33,
Heidegger, Martin 193, 377n 349n
Hernández, Francisco 21, 47, 85, Johansson K., Patrick 7, 89-92
129 Jonghe, Édouard de 47, 145n
Hernández Luna, Juan 52-53 Jueces, estudiaban en el Calmécac
Hinz, Eike 7, 84-85 291; eran incorruptibles 291-
Historia 296-302; concepto náhuatl 293; seguían un proceso 292-293
299; método histórico de Saha-
gún 27-34; conciencia histórica Katz, Friedrich 270n
de los nahuas 269, 296-302, 415; Kingsborough, Lord 47, 57
historiadores 299-300 Kirchhoff, Paul 44n, 45, 270n
Hombre, como problema 101-102, Kohler, J. 282
227-228, 384-385; como creador
de una forma de vida 269-270, Larroyo, Francisco 271n
411-425; un sentido humanista Lehmann, Walter 35, 43, 64, 66-68,
114-116, 444; su origen 229- 145n, 146n, 148, 173, 174n,
237; su personalidad 238-242; su 179, 181, 297n, 359n, 390, 392,
destino 253-268 394n, 405
Huehuehtlahtolli 40-42, 112, 238, Lengua náhuatl, su riqueza 55; su
277, 284-285, 288, 294, 341, concisión 63-64, 96; extensión
373, 412-413, 439 donde se hablaba 19; documen-
Huehuetéotl 137, 141, 201, 219, 341, tos en esta lengua 27-51; era en-
353, 438-439 señada en los Calmécac 277-278.
Huexotzinco 104-105, 139, 184n, Véase difrasismo
188, 262-263, 314, 368-370 León, Adrián 46, 297n
Huitzilopochtli, identificado con el León-Portilla, Miguel 26n, 33n, 35,
sol 72, 139-141, 298, 301, 306- 39, 40, 41, 54n, 58n, 271n, 369n
309, 313, 416-417; la religión de León y Gama, Antonio 145n
182, 207; origen probable de su Libertad (del querer humano) 243-
exaltación 298 252
Humboldt, Alexander von 57 Lizardi, César 337
Huxley, Aldous 23-24 López Austin, Alfredo 7, 26n, 81-84,
95, 282n
Icxicóhuatl 203-206 López Luján, Leonardo 95
Imbelloni, José 68 Loubat, duque de 47-48, 49, 145
Ipalnemohuani 211-213, 213-215,
441 Macehuales 155, 170, 235, 335,
Itzcóatl 280, 297-299 363, 442

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ÍNDICE ANALÍTICO 513

Marquina, Ignacio 161 Muerte (el problema filosófico de lo


Más allá (el) 99n, 114, 182-187, que hay más allá de la) 261-268,
253-268 384, 407-410
Matemáticas, cálculos exigidos por Mundo físico, concepto náhuatl
los sistemas calendáricos 130- 113-114, 159-161, 170-171, 214-
132; opinión de Parra y Clavijero 215, 437
62-64; de Ramos 76-77; de No- Muñoz Camargo, Diego 21, 47,
riega 132n 145n
Materialismo, interpretación de
Chavero 59-61, 256 Nahual (brujo) 130; como un doble
Matos Moctezuma, Eduardo 95 232, 233-234
Médicos 128-129, 389, 448 Náhuatl, cultura 19-25; lengua 19,
Mendieta, fray Gerónimo de 20, 26, 55, 56, 63-64, 96, 225, 277-278;
202n, 204n, 216-217, 230, 273n término genérico más amplio
Mendieta y Núñez, Lucio 282n que la palabra azteca 19
Mendizábal, Miguel Othón de 68 Nanahuatzin 153-154
Mengin, Ernst 45, 46, 64, 125n, Nezahualcóyotl 54, 61, 100n, 102-
195n, 402 103, 125, 184-186, 192, 213-
Metafísica, orientación del pensa- 214, 249, 280-281, 292-293, 368
miento náhuatl 133-134, 173- Nezahualpilli 280-281, 368
181, 394-398; y poesía 192-193 Nicolau D’Olwer, Luis 27
Mictlan 152-153, 231-235, 254, Noriega, Raúl 132n
256, 360, 387, 439, 442 Nutall, Zelia 35
Mictlantecuhtli 141, 231-234
Mística, de los aztecas 144, 233, Olmos, fray Andrés de 20, 37, 41,
375; afirmación de la inmortali- 46, 112, 288, 295n, 296n, 413
dad 266-267 Ometéotl 65-66, 135-141, 194-226,
Mitos 95; desconfianza de los 99- 340-341, 361-362, 365-366,
100; como ropaje del pensamien- 376-377, 438-439, 440, 444-445;
to cosmológico 127-128 reside en el Omeyocan 135, 164,
Molina, fray Alonso de 96, 198, 170, 196, 208-209; ofrece apoyo
214, 286, 439, 440 al mundo 136-137, 148, 198,
Momachtique (estudiantes) 159, 390; origen de los dioses 137-
278, 443 139; origen de las fuerzas cósmi-
Monzón, Arturo 270n cas 148-150, 153-156, 222, 402;
Moral (véase ética) origen de los hombres 222, 403,
Morales Baranda, Francisco 40 448; el camino que lleva a Ome­
Motecuhzoma Ilhuicamina 249, 280, téotl 195-196, 263-265, 401; sus
416 diversos aspectos 210, 401-402;
Motecuhzoma II 182, 438 otros títulos de Ometéotl 211-218;
Motolinía, fray Toribio 20, 130n, su multipresencia 214-216; se in-
145n venta a sí mismo 216-218; todo
Movimiento 165-168, 444 lo gobierna 249-252, 443
Moyocoyani (que se inventa a sí mis- Origen y evolución del pensamien-
mo) 216-218, 341, 443-444 to náhuatl 329-374; probable

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514 FILOSOFÍA NÁHUATL

origen teotihuacano 352-357; 149-150, 170-171, 274n; identi-


visión tolteca 358-366; final flo- ficado con Venus 161; sabiduría
recimiento 367-374 de Ometéotl 222, 403; creador de
Orozco y Berra, Manuel 58-59 hombres 230-232, 404-405, 448
Oxomoco 140-141, 229, 334-335 Quetzaltehuéyac 203, 205-206

Panteísmo, interpretación de Beyer Ramos, Samuel 76-77, 79


66-68, 219-220; Omeyotización Reencarnación 257-258, 407
del mundo 224-225 Religión 179-181, 376; los varios
Parra, Porfirio 62-64 substratos señalados por Caso
Paso y Troncoso, Francisco del 31, 71-72
34, 42, 44, 64, 145n, 148, 152, Reyes Equiguas, Salvador 40
385-386, 387, 403 Ríos, Pedro 47, 145n, 229n, 259
Peñafiel, Antonio 37, 64 Rojas, Mariano 38
Personalidad (rostro y corazón) 98, Rosa, Agustín de la 96
227-228, 238-242, 261-262, Rostro (véase personalidad)
405; adquisición de 112-113; Rumbos del universo 156-157, 167-
pérdida de 118; la educación 168, 169, 244
como formación del rostro y co-
razón 271-272, 279-281 Sabiduría, formas de sabiduría entre
Pintura, la tinta negra y roja, sím- los nahuas 111-112, 148, 377-
bolo del saber 111, 123-124, 334, 381, 383-388, 449-450
450-451 Sabios (véase tlamatini)
Pláticas de los viejos (véase Huehueh­ Sahagún, fray Bernardino de, 20, 26,
tlahtolli) 27-36, 36-40, 101, 106, 107-110,
Platón 22, 127 112-113, 116-118, 121-122, 127,
Poesía, flor y canto 188-193, 261- 129, 153-155, 159-160, 161, 165,
262, 377, 380-381, 399-401; la 166, 173, 175n, 191-192, 196-
poesía, forma de expresión del 197, 205-207, 211-213, 245-247,
pensamiento 97 249-250, 252, 254, 256, 257-
Pomar, Juan Bautista 21 259, 273, 275-277, 279-281,
Ponce, Pedro 42 282-284, 288-289, 290-292,
Popol Vuh 341 296n, 331-332, 347-348, 352,
Pozo, Efrén C. del 130n 385-386, 407, 435-436, 439
Predestinación al saber 124, 387 Schultze Jena, Leonhard 33, 64,
Problemática 97-106 78n, 243n, 244, 247-248, 406,
443
Quetzalcóatl 28, 31-32, 43, 113, Séjourné, Laurette 7, 79n, 80-81,
139n, 140, 141, 150, 151, 161, 354n
212-213, 330, 345, 347, 353- Seler, Eduard 31, 64-66, 78n, 95,
356, 358, 359n, 360-366, 389- 125n, 156, 158, 214, 223n, 230-
390, 442, 446; como título de los 231, 234, 257, 299, 362, 437,
sumos sacerdotes 121, 281; sím- 441, 446, 474, 477-478
bolo náhuatl del sabio 134-137; Sexo (educación referente al) 289-
sus luchas con Tezcatlipoca 142, 290

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ÍNDICE ANALÍTICO 515

Sigüenza y Góngora, Carlos de 52, Tepantitla 337, 353


53 Tetitla 337
Silva Galeana, Librado 40, 41 Textos (véase fuentes); descubrido-
Siméon, Rémi 96 res y editores de 64; quiénes prin-
Sociedad, la aprobación social como cipalmente los han paleografiado
móvil de la acción moral 294- 78n; de la leyenda de los soles
295, 414-415 145n; en su original náhuatl
Sodi M., Demetrio 345 383-425
Sofistas (sabios falsos entre los na- Tezcatlipoca 141, 149-150, 156-157,
huas) 117-118, 386 170-171, 212, 448; los cuatro
Sol, “El pueblo del Sol” (Caso) 72- Tezcatlipocas 139-140, 141, 142,
73, 298; identificación de los 204-205; Tezcatlipoca-Tezcatla­
dioses con el sol 142, 219, 392; nextia 204-205; protector del Tel­
como astro que alumbra 161, pochcalli 274n
452-453; su movimiento 165, Tezcoco, centro náhuatl del saber
167; la casa del sol 258-259, 439 20, 116, 230, 299, 329, 368
Soles 142-157, 170-171, 339-340, Tezozómoc, F. Alvarado 21, 46,
390-392 297n, 301, 303, 305, 311, 418
Soustelle, Jacques 21, 73-75, 95, Thévet, André 47, 145n, 202n
144, 162, 166-168, 243-244, Tiempo 74-75, 436; espacialización
274n, 276, 280n del tiempo 167-168
Spence, Lewis 68 Tlacaélel 93, 144n, 184n, 280, 297-
Spinden, Herbert J. 68 298, 416; creador de una visión
Sueño, la vida como un sueño 101, místico guerrera del mundo 303-
133, 183-184, 253 312, 313-314, 329, 368, 417-418
Tlacopan 19, 299
Tamoanchan 176, 180, 234, 332- Tlahuicole 249
333, 446 Tlalocan 176, 179, 257-260, 345,
Tecamachalco 202, 370 353, 439
Tecayehuatzin 104, 105, 125, 188, Tlaltetecuin 334
368-373 Tlaltícpac (sobre la tierra) 97-98, 169,
Tecpanecas 297-298, 335 242, 448-449; la acción en tlaltíc­
Tecuciztécatl 153-154 pac 99; aquí todo es como un sue-
Telpochcalli 27, 274-276, 284-285, ño 101, 183-184, 185-187, 253;
447; quiénes asistían 275-276, opuesto a lo metafísico 114-115
412; antagonismo con el Calmé­ Tlamatini (sabio), etimología 110,
cac 274n 437, 450; (véase filósofos); ideal
Tenayuca 160-161 supremo del sabio náhuatl 377-
Tenochtitlan (México) 20, 27-29, 381, 385-388, 454-455
119-120, 143-144, 182, 297- Tlatelolco 27-31, 35-36, 173
298, 301-302, 357, 368, 373- Tlaxcala 19, 21, 299, 343, 370
374, 418 Tlilan Tlapalan 360-361, 363-366
Teotihuacan 153, 176, 180, 231, Tloque Nahuaque (Señor del cerca y
257n, 297, 330, 332, 336, 338- del junto) 174-175, 178, 185n,
339, 345, 346-350, 352-355 211, 213-215, 249-250, 333-

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516 FILOSOFÍA NÁHUATL

334, 336, 339-341, 361, 365- Verdad, concepto náhuatl 101-102,


366, 368, 373, 451 105-106, 133, 185-187, 444;
Tochihuitzin Coyolchiuhqui 103-104, ¿puede conocerse sobre la tierra?
184, 368 183-184, 186-187, 376-377; lo
Toltecas 19, 125, 132, 171-172, 177, único verdadero en la tierra 188-
180, 194-197, 297, 335, 367, 193, 224-225, 241-242, 385, 437-
418-419 438, 441; el Dios verdadero 198-
Toltecáyotl 194, 281, 302, 348, 350, 199; la verdad del hombre 101-102,
363-366, 451-452 227-228, 238, 378, 380-381
Tonacatecuhtli 201-202, 259-260, Viesca, Carlos 7, 85-87
452 Vigil, José María 38n
Tonalámatl 166-168, 243-247, 452 Visión huitzilopóchtlica del mundo
Tonalpohualli 123, 132, 243, 337, 171, 188, 261-262
338-339, 346, 354-355, 452
Topan, mictlan (lo metafísico) 98, Walcott, E. Emmart 129n
114, 453 Westheim, Paul 50, 68
Torquemada, fray Juan de 21, 26,
54, 202, 204n, 223, 276n, 280- Xayacámach 368, 371-372
281 Ximoayan 99n, 256, 265, 383-384,
Toscano, Salvador 50, 68, 282n 453
Tovar, Juan de, sj 47, 296n Xiuhámatl 278-279, 296, 300, 453
Tradición 111, 116-117, 174, 178- Xiuhpohualli 123, 132, 336, 337-
180, 441-442 339, 346, 354, 453
Tula 176, 180n, 297, 342-343, 346- Xiuhtecuhtli 138-139, 219-220,
348, 351, 357, 358-359, 364, 367 438-439, 454
Xochicahuaca 334
Vaillant, George C. 68, 161n
Valeriano, Antonio 36 Yohualli-ehécatl 139, 211-213, 333-
Valor, concepto náhuatl de lo valio- 334, 336, 339, 454
so 97, 227 Yoyotzin 185
Valverde Téllez, Emeterio 61-62
Van Zantwijk, Rudolf A. M. 79n Zimmermann, Günter 46, 84
Velázquez, Primo F. 43-44, 148-150 Zorita, Alonso de 21, 282n, 291-292

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ÍNDICE DE ILUSTRACIONES

El tlamatini en su papel de educador. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113


Tlamatini observando las estrellas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
Los rumbos del universo y sus divinidades. . . . . . . . . . . . . . . . 143
El sol de viento, segundo periodo cósmico. . . . . . . . . . . . . . . . 151
Los cielos superpuestos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163
Una representación de Tonacatecuhtli en el xiii cielo. . . . . . . . 209
Una forma de la dualidad: Mictlantecuhtli-Quetzalcóatl. . . . . . 217
Los veinte signos del tonalámatl. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 246
Los infiernos nahuas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 255
Artistas del mundo náhuatl. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 321

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RELACIÓN DE LÁMINAS DEL APÉNDICE III

MONUMENTOS ARQUEOLÓGICOS CON INSCRIPCIONES ACERCA


DE LAS EDADES CÓSMICAS Y LA IMAGEN HORIZONTAL DEL ESPACIO

1. Disco solar
2. Piedra de los soles
3. Piedra del Sol
4. Lápida con el registro de los soles
5. Sol de Agua y Sol de Viento
6. Sol de Lluvia de Fuego y Sol de Tierra
7. La imagen horizontal del espacio cósmico
8. Otra de las varias representaciones de la imagen horizontal
del universo

MONUMENTOS Y PÁGINAS DE CÓDICES EN RELACIÓN


CON LA IMAGEN VERTICAL DEL UNIVERSO

9. La imagen vertical del espacio cósmico con los nueve


estratos o pisos celestes
10. Otra representación de la imagen vertical del universo
11. Imagen tardía de los pisos o estratos del universo. Códice
Vaticano a, p. 1v
12. Imagen tardía de los pisos o estratos del universo. Códice
Vaticano a, p. 2v
13. Maqueta de un templo, conocida como Teocalli de la Guerra
Sagrada
14. Piedra cilíndrica con una doble banda con connotaciones
celestes
15. El conejo en la luna
16. Tonatiuh, el Sol, ricamente ataviado como un guerrero

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520 FILOSOFÍA NÁHUATL

MONUMENTOS Y PÁGINAS DE CÓDICES RELACIONADOS


CON LA DUALIDAD DIVINA

17. Rostro en barro, dualidad vida y muerte


18. Tezcatlipoca, rojo y negro
19. Dualidad muerte-vida, representada por Mictlantecuhtli,
Dios de la Región de los Muertos, y Ehécatl, Dios del Viento
20. Otra representación de Mictlantecuhtli y Ehécatl,
simbolizando la dualidad vida-muerte
21. Numerosas imágenes de la muerte
22. Representaciones de la dualidad divina: Ometéotl-
Tonacatecuhtli, el dios dual, Señor de Nuestra Carne
23. “Parejas divinas” que se representan en el Códice Borgia:
Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, Xochiquétzal y Xochipilli,
Cintéotl y Chicomecóatl, Tláloc y Chalchiuhtlicue, Pahtécatl y
Mayahuel, Tonacacíhuatl y Tonacatecuhtli
24. Parejas divinas en el Tonalámatl de los pochtecas (Códice
Fejérváry-Mayer)

PÁGINAS DE CÓDICES EN LAS QUE SE REGISTRAN


DIVERSAS SECCIONES DEL TONALPOHUALLI,
LA CUENTA DE LOS DÍAS Y LOS DESTINOS

25. Décima cuarta trecena del tonalpohualli, cuenta de los días


y los destinos, incluida en el Códice borbónico
26. El tonalpohualli
27. Otra forma de presentación de un tonalpohualli del
Tonalámatl de Aubin
28. Tláloc, Dios de la Lluvia

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PRÓLOGO A LA UNDÉCIMA EDICIÓN

Al conmemorarse en 2006 los cincuenta años de la primera edición


de este libro, hice sumaria recordación sobre los motivos que me
llevaron a escribirlo. Dicho prólogo vuelve a incluirse en esta edición.
Recordaré ahora cuáles han sido las principales adiciones que
he incluido a lo largo de sus sucesivas apariciones.
En la segunda y tercera ediciones, en 1959 y 1966, di entrada a
varias páginas acerca de la concepción náhuatl del arte y asimismo
a la visión del mundo concebida por el consejero de varios soberanos
mexicas: Tlacaélel. En ese mismo volumen incluí un nuevo capítulo,
el sexto, intitulado “El problema de los orígenes y evolución del
pensamiento náhuatl”.
Otras adiciones he hecho. Aquí me referiré ya únicamente a la
que aparece como apéndice 3 en la séptima edición en 1993 y que
tiene como título “¿Nos hemos acercado a la antigua palabra?”
Según se señala en el subtítulo dicho apéndice ofrece varias consi-
deraciones críticas en torno a la filosofía náhuatl.
En esta undécima edición he revisado el texto y he hecho algu-
nas modificaciones en la Introducción y en el primer capítulo. En
cuanto a la Introducción, amplié la información sobre algunas de
las fuentes a las que acudí desde un principio y a otras que, ulterior-
mente, se han dado a conocer. También en la Introducción he aña-
dido al elenco de los investigadores, que de un modo o de otro se han
ocupado del tema de la filosofía náhuatl, un breve comentario de
las obras de algunos colegas de tiempos más recientes. Son ellos
Laurette Séjourné, Alfredo López Austin, Eike Hinz, Carlos Viesca,
Mercedes de la Garza y Patrick Johansson.
Además, en el primer capítulo de esta edición, donde se habla
del descubrimiento de los problemas, he añadido los enunciados de
otros cuestionamientos y, como muestra, he citado algunos textos

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8 FILOSOFÍA NÁHUATL

atribuidos a Nezahualcóyotl de Tezcoco, Tochihuitzin de Tenoch­


titlan y Ayocuan de Tecamachalco, que merecen mención especial
por haberse propuesto problemas o cuestiones que pueden califi-
carse de filosóficas. Con estos dos añadidos y la revisión total del
texto de este libro vuelvo a entregarlo a mis amigos lectores.
Y añadiré sólo que, si la palabra de mi maestro Ángel María
Garibay K. continúa realizándose, este libro continuará vivo, al
servicio de quienes se interesan por la cultura náhuatl y, en general,
la civilización originaria de Mesoamérica. La palabra de Garibay
incluida en su prólogo a las varias ediciones de este libro es ésta: “Un
hecho es indudable: este libro no caerá en el olvido como tantos
otros”, y añade que, si originalmente fue una tesis de doctorado,
esperaba y deseaba que llegara a ser un amplio tratado acerca de la
filosofía de los pueblos de la antigua Mesoamérica. Teniendo esto
presente, he incluido las varias adiciones que aquí he recordado.
Sólo me resta expresar que esta undécima edición aparece en
dos formatos. Uno es el de las publicaciones sobre lengua y cultura
nahuas que saca a luz el Instituto de Investigaciones Históricas de
la unam y el otro corresponde al volumen 12 de la serie de mis
Obras editadas conjuntamente por la unam y El Colegio Nacional.
A ambas instituciones, de las que desde hace muchos años soy
miembro, reitero aquí mi agradecimiento.

Miguel León-Portilla
Ciudad Universitaria, junio de 2016

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EN LOS CINCUENTA AÑOS DE ESTE LIBRO

Concebí este libro como una tesis para optar al doctorado en la Fa-
cultad de Filosofía y Letras de la unam. Años antes había estudiado
filosofía en la Loyola University de Los Angeles, California. Allí obtuve
una maestría en 1951. Mi tesis versó entonces sobre Las dos fuentes
de la moral y la religión, de Henri Bergson. Por ese tiempo tuve la
suerte de que cayeran en mis manos dos obras de quien luego fue mi
maestro, el doctor Ángel María Garibay K. Fueron ellas Poesía indíge­
na de la altiplanicie y Épica náhuatl, ambas incluidas en la Biblioteca
del Estudiante Universitario de la unam. Su lectura fue para mí una
revelación. Al estudiar la filosofía de Bergson me había desintoxicado
de los malabarismos lógicos del sistema que hube de estudiar en la
Universidad de Loyola; me refiero a la escolástica tomista. El pensa-
miento de Bergson contrastaba radicalmente con ella y me había
abierto puertas y ventanas a un universo henchido de luz y aire fresco.
Obra en verdad atractiva, bellamente escrita, no exenta de poesía y
portadora a la vez de penetrantes atisbos es la de Bergson.
Cuando leí los trabajos de Garibay quedé hondamente sorpren-
dido. En particular me impresionaron varios de los poemas tradu-
cidos por él del náhuatl. Palpitaban allí ideas y cuestionamientos
que me recordaban en ocasiones lo que habían expresado algunos
de los presocráticos y también Platón, San Agustín, Miguel de Una-
muno y, asimismo, Bergson. Algunos de los poemas traducidos por
Garibay podrían situarse al lado de las expresiones de quienes, como
los que he mencionado, merecen llamarse filósofos-poetas.
A mediados de 1952 visité a Garibay. Le manifesté mi admira-
ción por sus traducciones del náhuatl y añadí que deseaba adentrar-
me en el pensamiento trasmitido en esa lengua. Mi intención era ir
en busca de su filosofía. Su respuesta fue sumaria: “¿Sabe usted
náhuatl?” Al responderle que no, añadió: “Es cierto que en México

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10 FILOSOFÍA NÁHUATL

hay quienes se dicen helenistas aunque desconocen el griego y tam-


bién supuestos estudiosos de Kant o Hegel que no saben alemán.
Usted no puede acercarse al pensamiento náhuatl si ignora la lengua
en que está expresado.”
Convine con él en que, con su auxilio, iba a estudiarlo. Su res-
puesta volvió a ser contundente: “Le daré la oportunidad pero, si
veo que no avanza, lo despacharé porque yo no pierdo el tiempo con
gente torpe o floja.”
A pesar de que tenía bastante trabajo, dando algunas clases en
el Mexico City College y laborando en un despacho de abogados,
acepté el reto y creo que salí adelante. El mismo Garibay, con quien
me reunía dos veces a la semana, me fue mostrando el camino.
Revalidé en la unam los estudios de maestría y, no sin dificultades,
me inscribí en la Facultad de Filosofía y Letras, teniendo como tutor
a don Ángel María Garibay K.
Transcurrieron así más de tres años. Tenía reunido y traducido
un conjunto de textos nahuas en que se plantean algunas preguntas
parecidas a las que se han hecho otros que vivieron en tiempos y
lugares muy diferentes y que son considerados como filósofos. Reuní
y estudié también testimonios con ideas acerca de lo que pensaban
los nahuas sobre el mundo, su origen y naturaleza; también sobre los
seres humanos, su destino y lo que tenían por bueno y por malo. Sus
creencias religiosas me interesaron sobremanera y, de modo especial,
las dudas que, en relación con ellas, habían manifestado los que
recibían el nombre de tlamatini, “el que sabe algo”.
Todo esto y mucho más lo fui reuniendo y distribuyendo en torno
a temas que iban dando cierta estructura a lo que era mi interés cen-
tral: el pensamiento náhuatl. Encontré algo que me atrajo mucho. En
ese pensamiento abundaban las metáforas. Además, muchas de sus
expresiones se habían trasmitido en forma de poesía y canto. Podría
decirse que con frecuencia los antiguos sabios nahuas dejaban que su
pensamiento no sólo se comunicara sino que también se entonara al
aire libre. Ello ocurría en las fiestas al son de la música o en otras cere-
monias cerca de los templos y las escuelas. Diríase que el filosofar de
los nahuas se trasmitía muchas veces a la luz del sol.
Hacia mediados de 1956 puse término a una primera versión de
mi tesis. Tuve el atrevimiento de titularla Filosofía náhuatl estudiada en

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EN LOS CINCUENTA AÑOS DE ESTE LIBRO 11

sus fuentes. Así la presenté en el examen profesional. Estuvo él presidido


por el director de la facultad, el doctor Francisco Larroyo, ¡nada menos
que un filósofo neokantiano! Fueron también sinodales los doctores
Garibay, Justino Fernández y Juan Comas, así como el maestro Juan
Hernández Luna. Era él secretario de la facultad y quiero expresar que
en todo momento me apoyó en mi trabajo. Concluido el examen, se
me acercó Garibay y me dijo: “Lo felicito por sus respuestas al doctor
Larroyo, porque yo no entendí sus preguntas.” Para mi sorpresa y gozo,
se me concedió la mención Summa cum Laude.
La tesis, revisada y convertida en libro, fue publicada en el mis-
mo año de 1956 por el Instituto Indigenista Interamericano. Allí
trabajaba yo entonces teniendo como director al iniciador de la
moderna antropología en México, doctor Manuel Gamio. Fue él un
hombre extraordinario y abierto. Había asistido al examen y, al
terminar el mismo, me susurró: “Me ha interesado mucho tu tesis;
revísala y la publicará el Instituto. Yo te haré un prólogo.” Con él y
con otro escrito por Garibay el libro comenzó a circular en 1956.
Tres años después, nuevamente revisado y con otros textos, apareció
editado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la unam al
que había yo ingresado como miembro.
Este libro ha corrido con suerte. Hasta donde sé, ha sido bien
recibido. La unam lo ha reeditado varias veces. La presente es la dé-
cima edición. Además ha sido traducido a varias lenguas: ruso, inglés,
alemán, francés y checo. La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes
ha sido tomada en cuenta muchas veces. De ello dan testimonio las
miles de citas que se han hecho de ella. Si se me preguntara cuál ha
sido la mayor satisfacción que me ha traído este libro, respondería
que es haber mostrado con él, al menos en parte, que en el México
antiguo hubo sabios que nos legaron una original visión del mundo
y que se plantearon problemas de interés en verdad universal. Esto
obliga a reconocer que, si ya admirábamos a los antiguos mexicanos
por su arte y otras muchas creaciones, también hay testimonios que
nos llevan a apreciarlos por lo elevado y rico de su pensamiento, lo
que ellos llamaron tlamatiliztli y nosotros filosofía.

Miguel León-Portilla
Ciudad Universitaria, 2006

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PRÓLOGO

Suelen ser los prólogos el medio más eficaz para retraer a los lectores del
conocimiento del libro. No quisiera incurrir en este delito y me voy a limi­
tar a unas ligeras observaciones sobre la obra que se toma en las manos.

1
Hay un fenómeno cultural no suficientemente estudiado en México. La
inmensa mayoría sonríe cuando lee un título como el que designa este es­
tudio. Es la pesadumbre del prejuicio sobre las mentes, por ignorancia, o
por desdén irracional. Y es un prejuicio ilógico, mucho más que en otros
campos. Porque se admiran, los mismos que sonríen, de los monumentos
que la arqueología descubre, de los hechos que la historia trasmite, pero
cuando se llega al campo de las ideas, emociones y sentimientos de la vieja
cultura, se relega al país de las leyendas y fantasías germinadoras de no­
vela todo lo que se ofrece como vestigio de cultura en la etapa prehispánica.
Ilógico, porque es natural admitir que quien pudo esculpir la llama­
da Piedra del sol, gala de nuestro Museo de Arqueología, y quien pudo
elevar construcciones como las pirámides podía ciertamente enlazar sus
pensamientos y dar a conocer sus emociones. Pero en ese campo, o se
niega capacidad a los antiguos, o se define que no podemos saber qué pen­
saron, qué sintieron, qué ideales rigieron sus actos y normaron su marcha
en el mundo durante los milenios en que floreció su cultura.
Lentamente se va abriendo el camino a la futura síntesis. Primero
hay que ostentar hechos y poner ante los ojos realidades. Vendrá la hora
en que el negador calle, el que ríe piense, y el deturpador de todos los
antiguos moldes, aunque tenga de indio la sangre, se humille ante la
realidad que se le entra por los ojos hasta el fondo de la conciencia.
“Filosofía de los pueblos que hablaron lengua náhuatl.” Éste es el
tema abarcado por el estudio presente. Cada término pide una declaración.

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14 FILOSOFÍA NÁHUATL

Hemos llegado a la etapa en que por “filosofía” se entiende una serie de


consideraciones, cuanto más abstrusas, mejor. Y, aunque el nombre con
que la disciplina más humana corre está mal puesto, la filosofía no es
sino el conato de explicar los sumos problemas de la existencia y la com­
prensión de ella. Todo hombre de necesidad filosofa, sin necesidad de ajus­
tarse a los moldes de Platón y Aristóteles, ni de Buda o Vivekananda.
Tantas cabezas, otras tantas sentencias, dijo el latino. Y cada cultura
tiene su modo particular, propio e incomunicable de ver el mundo, de
verse a sí mismo y de ver lo que trasciende al mundo y a sí mismo.
Tiene especial interés y atractivo ver qué pensaron sobre tales temas
los hombres de hace siglos que nos precedieron en este suelo. Esa siste­
matización de pensamientos, emociones, enfoques y visiones íntimas
será su filosofía. Existe un modo de comprensión y de solución de pro­
blemas humanos dado por gente que vivió bajo la luz, o la sombra, de
la cultura antigua y se nos trasmite en lengua náhuatl. El autor de este
libro se propuso indagarlo. Y fue hasta el fondo para hallar las raíces.
Nunca están las raíces a la vista, si no es en los árboles caducos. El autor
llegó a las raíces, como veremos luego.
“Pueblos que hablaron náhuatl.” En la etapa de recogerse los docu­
mentos. Qué hablaron antes no sabemos. Y tampoco podemos fantasear.
De una fuente o de otra, en lengua náhuatl se recogieron los datos. So­
bre esos datos elabora su construcción el autor. Perfecto. No importa
que Demócrito, diré al azar, haya tomado sus nociones de peregrinantes
de la India. Su doctrina está expresada en griego. Es filosofía griega. El
autor recoge sus datos de documentos que dieron los que hablaban ná­
huatl. Su filosofía es náhuatl. Y, ¿por qué no azteca?
Los apresurados, aunque haga ya decenios, confunden lo azteca con
lo náhuatl. No es lo mismo. Los aztecas son los fundadores de Tenoch­
titlan, diremos con simpleza, para no hacer más confusas las cosas. Y
hay muchos que nada tuvieron que ver, ni en la fundación, ni en el auge
de este señorío central, al cual honraron con el epíteto de imperio otros
apresurados, y esos extraños también pensaron y se expresaron en lengua
náhuatl. Tlaxcala, Chalco, Acolhuacan no son aztecas. Y de estas regio­
nes tenemos documentos que nos dan el hilo para entrar al recinto men­
tal de aquellos pueblos. La palabra “náhuatl” es más amplia y genérica
y con ella señalamos lo que nos llegó en la lengua de Tenochtitlan, aun
cuando no fuera de origen tenochca.

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PRÓLOGO 15

El autor recoge documentos de todo rumbo y de toda zona en que se


hablara la lengua náhuatl y sobre ellos elabora su visión del mundo.
Con esta armónica documentación podemos saber qué pensaron los que
en esa lengua hablaban, acerca del mundo, del hombre y de lo que tras­
ciende al mundo y al hombre. En otros términos, su filosofía.

2
El método es lo más importante en las investigaciones. De uno viciado
resultan esperpentos. De un recto método pueden salir obras maestras.
Hay dos métodos. Uno encerrarse en su interior y sacar de sí —como el
gusano de seda su capullo— todo lo que uno cree y quiere que sea la visión
de un mundo ido. Es el que siguieron los hombres del xix. Y no excluyo
a nadie. Hablo de los nuestros. Que de fuera vinieron los que comenza­
ron a darnos la orientación hacia el recto método. Éste es el de ir al docu­
mento y dar lo que da el documento, con un poco de orden. Nada más.
Vaya, entonces, el lector a las páginas finales de este libro y hallará más de
noventa textos en su lengua indiana. Son flores de un vergel, y no son
todos los que pueden aducirse. Para los fines de este estudio son suficien­
tes. Están tomados de todos los rumbos de la región en que se habló la
lengua náhuatl. La zona central de los lagos, al lado de la región hoy
día poblana, y la vieja cultura de los pueblos toltecas, trasmitida por
textos que se recogieron en regiones septentrionales del Valle de México.
También los tiempos tienen su gradación. Hallamos algunos textos muy
arcaicos, como los poemas de la Historia tolteca-chichimeca, o los
himnos a los dioses, recogidos en Tepepulco, tan antiguos en su expresión,
que los indios más sabios no pudieron explicar a Sahagún. Y tenemos
textos de los contemporáneos de la Conquista, como son los del libro de
los Coloquios de los doce, que tanto valor tiene y que tan poco es co­
nocido. De esta manera, tiempo y espacio, las necesarias coordenadas
de todo lo humano, están perfectamente representados.
Pero no es una pura colección de textos, más o menos clasificados. Si
tal fuera la obra, ya tendría valor sumo. Es una interpretación de esos
textos y su coordenación, para deducir la idea que en ellos se entrañaba
y concordarla con otras, para dar el concepto de lo que se pensaba en las
remotas épocas y quedó cristalizado en poemas, o en discursos, pero es
testimonio de la mente antigua que va en pos del misterio perpetuo.

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16 FILOSOFÍA NÁHUATL

No debe olvidar el lector que este estudio es una tesis de doctorado


y debe ajustarse a las normas que imponen trabajos de esta índole. No
se trata de abrumar a los lectores con todo lo que pudo hallarse en la
zona de la investigación. Ni en una obra de total investigación es po­
sible esto. El fin es hacer ver que el estudiante conoce sus minas, saca
su metal precioso, lo elabora paciente y lo convierte en joya. Queda
mucho oro fuera, quedan muchas posibilidades de nuevas obras de
arte, queda en el mismo artífice la capacidad para dar cosas mejores.
Pero se trata de poner a prueba esa capacidad exigiendo una prueba
inicial. Esta comparación explica y da la clave de lo que a muchos aca­
so pueda parecer deficiencia. Habrá tiempo —y con toda el alma deseo
que se realice— en que el autor nos dé una obra más amplia. Aun en­
tonces, ésta quedará como la piedra inicial de la investigación seria en
este campo. Es la primera vez en que se nos dice qué pensaron los
antiguos mexicanos, no a través de rumores, ni haciendo deducciones,
sino presentando sus propias palabras, en su propia lengua. El que
conoce ésta podrá dar fallo de la recta versión, y el que la ignore aca­
tará la fuerza del testimonio de quien se introdujo a la oscuridad de las
cavernas para sacar los diamantes de su valor.
No se hacen cotejos con filosofías de ningún otro género. Fuera in­
oportuno y extemporáneo. Ya pasó el tiempo en que se creía en una filo­
sofía única para la humanidad. Si las normas son idénticas en el fondo,
la libertad de pensar y la originalidad en el ver son de escala sin límite.
El valor de cada filosofía radica en su propia construcción.
Habrá acaso temas que el lector quisiera ver tratados y que están
ausentes. La razón es obvia. O no se halla testimonio en qué apoyar la
indagación, o no llegaron a plantear el problema los antiguos mexicanos.
Necedad fuera pedir una teoría acerca de la relatividad, o una discusión
acerca de la distinción real entre la esencia y la existencia. Ni son las
cuestiones de mayor importancia, ni era tiempo de que en una sociedad
y una cultura en cierne aparecieran tales asuntos al debate.

3
La realización de estos métodos, aplicados a la indagación en esta ma­
teria, va a juzgarla el lector. Podrá gozar la claridad y el orden del es­
crito, prueba de la formación sólidamente humanística del autor. Podrá

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PRÓLOGO 17

hallar hilos de indagación, si estas materias le tientan, para ir por regio­


nes del pensamiento no visitadas aún.
La mejor prenda de este trabajo es su originalidad. Cuando otros
tienen fija la mirada en especulaciones germánicas, griegas, o de cualquie­
ra otra región del mundo del pensamiento, place que haya mexicanos que
se ponen a indagar sobre lo mexicano. Eso sí, no con fáciles panfletos, en
que en un haz de páginas se tratan los más trascendentales problemas.
De necesidad lo breve es defectuoso, aun viniendo de genios.
La presente obra está destinada a provocar emulaciones. No porque
se la combata por falsa o por haber inventado, que para ello pone a la
vista los originales en su lengua nativa, sino porque se le contrapon­
drá otra manera de ver y ello provocará una indagación más amplia y
una discusión más honda y alquitarada. Con lo cual ganará la historia
de la cultura entre nosotros, tocante a temas nuestros.
Un hecho es indudable: este libro no caerá en el olvido como tantos
otros. Hoy es una tesis; mañana, tengo la esperanza y el deseo de que
sea un tratado completo y amplio acerca de la filosofía de los pueblos
antiguos de Mesoamérica. Buena falta está haciendo.

Ángel María Garibay K.

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INTRODUCCIÓN

CULTURA Y FILOSOFÍA NAHUAS

Gente de variadas actividades en el campo de la cultura eran los na-


huas (mexicas, tezcocanos, cholultecas, tlaxcaltecas...), a principios
del siglo xvi. Establecidos en diversas fechas en el gran Valle de México
y sus alrededores —unidos por el vínculo de la lengua náhuatl o mexi-
cana— habían heredado no sólo muchas de las ideas y tradiciones,
sino también algo del espíritu creador de los antiguos toltecas.
Mas conviene recalcar que los mexicas, tan afamados por su
grandeza militar y económica, no eran los únicos representantes de
la cultura náhuatl durante los siglos xv y xvi. Los mexicas habían
sometido a su obediencia a pueblos lejanos, de un mar a otro, lle-
gando hasta Chiapas y Guatemala. Pero a su lado coexistían otros
nahuas, independientes de ellos en distinto grado. Unos eran aliados:
los de Tlacopan y Tezcoco, donde reinó el célebre Nezahualcóyotl.
Otros, aunque también nahuas, eran enemigos; en particular, los
señoríos tlaxcaltecas y huexotzincas.
Todos ellos, a pesar de sus diferencias, eran partícipes de una misma
cultura. Estaban en deuda con los creadores de Teotihuacan y de Tula.
Por sus obvias semejanzas culturales y por hablar una misma lengua,
conocida como náhuatl, verdadera lingua franca de Mesoamérica,
hemos optado por designarlos a todos genéricamente como los nahuas.
Así, se hablará aquí del pensamiento, el arte, la educación, la historia
y, en una palabra, la cultura náhuatl como existía en las principales
ciudades del mundo náhuatl prehispánico de los siglos xv y xvi.1

1
 No creemos introducir con esto innovación alguna, sino solamente preci-
samos cuál es el alcance de nuestras afirmaciones. Parece aún imposible —sobre

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20 FILOSOFÍA NÁHUATL

Numerosas eran las manifestaciones de arte y cultura en los


grandes centros del renacimiento náhuatl, principalmente en Tezcoco
y Tenochtitlan. Los mismos conquistadores, gente ruda en su mayor
parte, se quedaron asombrados, como lo atestiguan los relatos de
Hernán Cortés y Bernal Díaz, al contemplar la maravillosa arqui-
tectura de la ciudad lacustre con su gran plaza y sus edificios de
cantera, así como al caer en la cuenta de la rígida organización mi-
litar, social y religiosa de los mexicas.
Pero otros aspectos menos exteriores de la vida cultural de los
nahuas escaparon a la vista de los conquistadores y sólo fueron
descubiertos por los primeros frailes misioneros. Principalmente,
Andrés de Olmos, Toribio Motolinía, Bernardino de Sahagún, Diego
Durán y Jerónimo de Mendieta, movidos por su afán de investigar,
penetraron más hondo, hasta encontrarse entre otras muchas cosas
con la obra maestra del genio indígena: su cronología. Ayudados por
sus conocimientos acerca de ésta, pudieron luego precisar los gran-
des mitos cosmológicos, base de la religiosidad y del pensamiento
náhuatl. Interrogando a los indios viejos, conocieron y pusieron por
escrito los discursos y arengas clásicas, los cantares que decían a
honra de sus dioses, las antiguas sentencias dadas por los jueces, los
dichos y refranes aprendidos en las escuelas: en el Calmécac o en el
Telpochcalli.
Especialmente fray Bernardino de Sahagún, aprovechando los
datos allegados por Olmos y los doce primeros frailes venidos a la
Nueva España, y creando por sí mismo un nuevo método de inves-
tigación histórica, logró reunir en centenares de folios información
muy grande recibida de labios de los indios y en lengua náhuatl,
que le sirvió de base documental para redactar su Historia general
de las cosas de Nueva España, genuina enciclopedia del saber náhuatl.

la base de la evidencia documental y arqueológica de que se dispone en la actua-


lidad— intentar un estudio pormenorizado del pensamiento o ideas filosóficas de
cada uno de los grupos nahuas en particular. Más tarde, estando ya siquiera me-
dianamente estudiado el pensamiento común a los varios pueblos nahuas a prin-
cipios del siglo xvi, podrá ensayarse una investigación de la génesis histórica del
mismo, desde el tiempo de los toltecas hasta llegar a lo más notorio de cada una
de sus últimas formulaciones específicas: tezcocana, tlaxcalteca, mexica, etcétera.
En el capítulo vi del presente libro, incluido desde la tercera edición, se ensaya
un primer esclarecimiento de lo que pudiera describirse como “evolución del pen-
samiento náhuatl”.

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CULTURA Y FILOSOFÍA NAHUAS 21

Después, algunos otros completaron aún más la imagen del


mundo náhuatl lograda por Sahagún. Fray Juan de Torquemada,
basándose en Mendieta, la enriquece, no obstante sus tediosas di-
gresiones. Juan Bautista Pomar y don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl
nos hablan más ampliamente en sus relaciones e historias de la
grandeza de Tezcoco; Diego Muñoz Camargo de la historia de Tlax-
cala y don Hernando Alvarado Tezozómoc, en sus dos crónicas, la
Mexicana y la Mexicáyotl, de las glorias de México-Tenochtitlan, sus
respectivas patrias.
El doctor Alonso de Zorita, oidor de la Real Audiencia, reunió
más datos sobre la extraordinaria forma de justicia y derecho rei-
nantes entre los nahuas. Francisco Hernández, médico de Felipe II,
complementó la obra de Sahagún por lo que a la antigua botánica
y medicina se refiere, y el jesuita José de Acosta allegó, entre otras
cosas, interesante información sobre algunas de las características
y riquezas naturales del territorio poblado por los nahuas.2
Mucho se ha escrito sobre la base de lo que estos cronistas e in-
vestigadores nos dejaron. Por otra parte, los modernos descubri-
mientos arqueológicos han arrojado también nueva luz. El resultado
de todo esto es que hoy nadie duda que hubo entre los pueblos nahuas
una maravillosa arquitectura, un arte de la escultura y de la pintura
de códices, una ciencia del tiempo expresada en sus dos calendarios,
una complicada religión y un derecho justo y severo, un comercio
organizado, un poderoso grupo guerrero y un sistema educativo, un
conocimiento de la botánica con fines curativos y, en resumen, una
cultura de aquellas pocas de las que, como dice Jacques Soustelle,
“puede estar orgullosa la humanidad de ser creadora”.3
Hay, sin embargo, dos puntos en la cultura náhuatl que por
mucho tiempo quedaron del todo olvidados, no obstante su funda-
mental importancia. Nos referimos a la existencia de una literatura
y de un pensamiento filosófico entre los nahuas.
La existencia de genuinas obras literarias en lengua náhuatl
es actualmente un hecho comprobado y conocido, gracias princi-

2
 En la bibliografía que va al final de este trabajo se indican los títulos comple-
tos de las obras de cada uno de los cronistas y primeros historiadores mencionados.
3
 Jacques Soustelle, La vie quotidienne des aztèques à la veille de la conquête es­
pagnole, Paris, Librairie Hachette, 1955, p. 275.

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22 FILOSOFÍA NÁHUATL

palmente a los pacientes estudios del sabio nahuatlato doctor Ángel


María Garibay K., quien ha dado a conocer algunos de los mejores
y más representativos ejemplos de esta literatura. Y no es necesario
exponer aquí la forma como dichas composiciones llegaron hasta
nosotros en su idioma y forma original, ya que el mismo doctor
Garibay se ocupa detenidamente de esto en su Historia de la litera­
tura náhuatl, obra fundamental y punto de partida para toda inves-
tigación sobre este tema.4 A las aportaciones de Garibay han seguido
otras, cada vez más numerosas, publicadas con versiones a otras
lenguas. Asimismo son objeto de atención las creaciones literarias
en náhuatl de tiempos posteriores, incluso las que se producen en
la época colonial y en la del México independiente.
Resuelta así afirmativamente la cuestión acerca de la literatura,
quedaba aún por dilucidarse el otro punto: ¿hubo un saber filosó-
fico entre los nahuas? o, dicho en otras palabras, ¿hubo entre ellos,
además de su cosmovisión mítico-religiosa, ese tipo de inquietud
humana, fruto de la admiración y de la duda, que mueve a pregun-
tar e inquirir racionalmente sobre el origen, el ser y el destino del
mundo y del hombre?
Sabemos por los estudios que se han hecho sobre el origen de la
filosofía griega que bien puede afirmarse que la historia de ésta no es
sino “el proceso de progresiva racionalización de la concepción reli-
giosa del mundo implícita en los mitos”.5 Y nótese que para que exis-
ta la filosofía no es necesario que hayan desaparecido los mitos, pues,
como afirma el mismo Jaeger, “auténtica mitogonía hallamos todavía
en el centro de la filosofía de Platón o en la concepción aristotélica del
amor de las cosas por el motor inmóvil del mundo”.6
Cabe pues interrogarnos, poniendo nuestra pregunta en los tér-
minos empleados por Jaeger: ¿había comenzado entre los nahuas
del periodo anterior a la Conquista ese proceso de progresiva racio-
nalización de su concepción mítico-religiosa del mundo? ¿Ha-
bía hecho su aparición entre ellos ese tipo de inquietud que lleva,

4
 Ángel María Garibay K., Historia de la literatura náhuatl, 2 v., México, Edi-
torial Porrúa, 1953-1954.
5
 Werner Jaeger, Paideia. Los ideales de la cultura griega, 3 v., México, Fondo de
Cultura Económica, 1942-1945, t. i., p. 173.
6
 Ibid., p. 172-173.

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CULTURA Y FILOSOFÍA NAHUAS 23

a través de la admiración y la duda, al inquirir estrictamente racio-


nal que llamamos filosofía?
Quien haya leído los himnos y cantares nahuas presentados por
Garibay en los capítulos que dedica a la poesía lírica y religiosa en
su Historia de la literatura náhuatl tendrá que aceptar que en varios
de ellos aparecen atisbos e inquietudes acerca de los temas y pro-
blemas que más hondamente pueden preocupar al hombre. Podría-
mos decir que allí, como acertadamente ha escrito a otro respecto
Irwin Edman, “el poeta es un comentador de la vida y la existencia;
en su manera inmediata e imaginativa es un filósofo”.7
Sucedió con los nahuas algo semejante a lo acontecido entre los
griegos, donde fueron precisamente los poetas líricos los que em-
pezaron a tomar conciencia de los grandes problemas que rodean
la comprensión del mundo y del hombre. Ahora bien, si hubo entre
los nahuas quienes vieron problemas en aquello que los demás ob-
viamente vivían y aceptaban, puede decirse que esos “descubridores
de problemas” acerca del mundo y del hombre habían encontrado
el camino del saber filosófico, lo cual no es querer atribuir anacró-
nicamente a los antiguos mexicanos clara conciencia de la diferencia
entre los objetivos formales de la filosofía y de las otras formas del
saber científico, religioso y de intuición artística. Tal delimitación de
campos es, en sentido estricto, obra del pensamiento occidental mo-
derno. No la conocieron ciertamente los filósofos jonios, ni los sabios
indostánicos, ni siquiera muchos de los doctores medievales para
quienes ciencia, filosofía y aun teología se unificaban.
Sin pretender por tanto hallar tampoco entre los nahuas una
radical diversificación en sus varias formas de saber, pero atraídos
por esos que hemos llamado atisbos racionales e inquietudes mani-
fiestos en la poesía náhuatl, tanto lírica como religiosa, decidimos
continuar la búsqueda en pos de más claros vestigios de lo que hoy
podemos llamar un saber filosófico, con el mismo fundamento con
que Aldous Huxley designó como filosofía perenne y auténtica a todos
esos textos en los que los más penetrantes atisbos del pensamiento
humano han encontrado su expresión:

7
 Irwin Edman, Arts and the man, New York, The New American Library, 1949,
p. 113.

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24 FILOSOFÍA NÁHUATL

En los Vedanta, en los profetas hebreos, en el Tao Teh King, en los


diálogos platónicos, en el Evangelio según San Juan, en la teología
Mahayana, en Plotino y el Areopagita, en los Sufitas persas, en los
místicos cristianos de la Edad Media y del Renacimiento, la Filosofía
perenne ha hablado casi todas las lenguas de Asia y Europa y se ha
servido de la terminología y de las tradiciones de cada una de las reli-
giones más elevadas. Mas por debajo de toda esta confusión de lenguas
y mitos, de historias locales y doctrinas particularistas, queda un fac-
tor común más elevado que constituye la Filosofía perenne en lo que
pudiera llamarse su estado químicamente puro.8

Pues bien, si ese tipo de filosofar profundamente humano de


que habla Huxley existió también entre los antiguos mexicanos, es
indudable que sus ideas no podrán reconstruirse a base de hipótesis
o fantasías. En una materia tan delicada como la filosofía, en la que,
aun contando con abundancia de textos, suelen quedar no pocas
oscuridades de interpretación y sentido, sería pueril penetrar sin
contar con fuentes directas de auténtico valor histórico. Por fortu-
na, la búsqueda y la consulta nos han revelado que las fuentes para
estudiar el pensamiento náhuatl existen, si no en la abundancia
que todos quisiéramos, sí por lo menos en una proporción suficien-
te para lo que aquí se pretende. A continuación las presentamos
tomando en cuenta la importancia de cada una, tanto por razón de
su antigüedad, como por su valor informativo.
Sólo queremos recalcar, para obviar desde luego un posible mal
entendido, que estas fuentes muestran básicamente cuál fue el pen-
samiento de los nahuas del periodo inmediatamente anterior a la
Conquista. O sea, sus varias doctrinas, tal como debieron ser ense-
ñadas en sus centros de educación superior (Calmécac), hacia me-
diados del siglo xv y principios del xvi.
En este sentido podemos afirmar que la presentación que hare-
mos de los problemas concebidos por los sabios prehispánicos, así
como sus ideas acerca del universo, de la divinidad y del hombre,
reflejan lo que fue su pensamiento filosófico en vigencia al menos
durante los 50 o 60 años que precedieron a la llegada de los con-

8
 Aldous Huxley, Introduction to The Song of God, Bhagavad-Gita, The New
American Library, 1954, p. 11-12.

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CULTURA Y FILOSOFÍA NAHUAS 25

quistadores españoles. Pero, como en los mismos textos que se


conservan se alude frecuentemente al origen mucho más antiguo
de determinadas doctrinas, hemos creído conveniente ocuparnos del
que puede llamarse “problema de los orígenes y la evolución del pen-
samiento náhuatl prehispánico”. De esto trataremos en el capítulo vi
de este libro.
De cualquier manera, dejaremos asentado que, si las cronologías
y monumentos arqueológicos pueden llevarnos a épocas bastan-
te alejadas en lo que toca a hechos históricos y aun religiosos, sólo
parcialmente pueden hacerlo por lo que se refiere a preocupaciones
e ideas meramente abstractas. De allí que es menester repetir que las
fuentes que a continuación se valoran abrirán principalmente el ca-
mino para el estudio de las formas de pensamiento que florecieron
en los días de los mexicas.

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2

LAS FUENTES

Encontramos ante todo repetidas alusiones sobre la existencia de


sabios o filósofos nahuas en varias de las primeras crónicas e his-
torias. Así, por ejemplo, en Origen de los mexicanos se afirma que
“escritores o letrados o como les diremos que entienden bien esto…
son muchos… los más y otros no osan mostrarse…”9 Hay igualmen-
te menciones en las historias y relaciones de Sahagún, Durán, Ixtlil­
xóchitl, Mendieta, Torquemada y otros cronistas.10
Sin embargo, aun cuando estos testimonios son de gran impor-
tancia histórica, no pueden considerarse propiamente como fuen-
te para el estudio de lo que llamamos filosofía náhuatl, ya que no
contienen siempre las teorías o doctrinas de quienes son presentados
como sabios o filósofos. Es menester, por consiguiente, acudir a
fuentes más inmediatas en las que encontremos las opiniones de

 9
 Origen de los mexicanos, en Nueva colección de documentos para la historia de
México (publicada por Joaquín García Icazbalceta), iii, Pomar-Zurita, Relaciones
antiguas (siglo xvi), México, 1891, p. 283.
10
 Véase fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva
España, edición de Miguel Acosta Saignes, México, Editorial Nueva España, 1946:
introducción al libro i; todo el libro vi; del libro x, p. 144, 242-246, 276-280. Hay
asimismo edición de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, 3 v., Mé-
xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2000. Fray Diego de Durán,
Historia de las Indias de Nueva España y islas de tierra firme, publicada por José F.
Ramírez, México, 1867-1880, t. ii, p. 6. Existe edición preparada por Ángel Ma-
ría Garibay K., 2 v., México, Editorial Porrúa, 1966-1967. Fernando de Alva
Ixtlilxóchitl, Obras históricas, publicadas y anotadas por Alfredo Chavero, Méxi-
co, 1892, t. ii, p. 18, 178, etcétera. Fray Gerónimo de Mendieta, Historia eclesiás­
tica indiana, México, Salvador Chávez Hayhoe, 1945, t. i., p. 89. Fray Juan de
Torquemada, Monarquía indiana, 3a. ed., fotocopia de la segunda edición (Madrid,
1723), t. ii, p. 146-147, 174, etcétera. Existe nueva edición, 7 v., bajo la dirección
de Miguel León-Portilla, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas, 1975-1983.

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LAS FUENTES 27

los sabios nahuas expresadas en su propia lengua y por ellos mismos.


Tales son las fuentes que a continuación brevemente enumeramos
y valoramos.

I) Testimonios en náhuatl de los informantes


de Sahagún

Nos referimos a los textos nahuas recogidos por Sahagún a partir


de 1547 en Tlatelolco, de labios de los indios viejos que repetían lo
que habían aprendido de memoria en sus escuelas: el Calmécac o el
Telpochcalli. En el cúmulo de datos recopilados hay secciones ente-
ras que se refieren a la cosmovisión mítico-religiosa náhuatl, así
como a los sabios o philosophos y a sus opiniones y doctrinas. La
forma en que Sahagún llevó a cabo la recolección de este material
concisamente la describe así Luis Nicolau D’Olwer:

Después de madura reflexión y análisis minucioso, Sahagún formula


un cuestionario “minuta” —como él dice— de todos los tópicos refe-
rentes a la cultura material y espiritual del pueblo náhuatl, como base
de la encuesta que se propone realizar. Selecciona luego a los más
seguros informadores: ancianos que se formaron bajo el antiguo im-
perio y vivieron en él sus mejores años —capacitados, por tanto, para
conocer la tradición— y hombres probos, para no desfigurarla. Les pide
sus respuestas en la forma para ellos más fácil y asequible, a la que
están acostumbrados: con sus pinturas indígenas; se esfuerza en pro-
vocar una repetición de los mismos conceptos, pero con diferentes
giros y vocablos. Por fin, contrasta y depura las informaciones, de una
parte con los tres cedazos de Tepepulco, Tlaltelolco y México; de otra,
con los “trilingües” del Colegio de Santa Cruz, que fijan por escrito
en náhuatl el significado de las pinturas y que, en romance o en
latín, lo pueden precisar. De esta manera nuestro autor, como ob-
serva Jiménez Moreno, “seguía, sin saberlo, el más riguroso y exigente
método de la ciencia antropológica”.11

11
 Luis Nicolau D’Olwer, Fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), México,
Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1952, p. 136-137 (Colección de
Historiadores de América).

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28 FILOSOFÍA NÁHUATL

Adoptando tal método, Sahagún reunió una enorme cantidad


de testimonios acerca de la antigua cultura. Para nuestro intento
son de grande importancia los referentes a la educación, tal como
la concebían los nahuas; su pensamiento acerca del más allá; la
sabiduría que atribuían a Quetzalcóatl; sus conocimientos astroló-
gicos y calendáricos; los discursos de la antigua palabra o huehueh-
­tlahtolli, portadores de su filosofía moral y ética; las formas de
gobierno, la justicia, la actuación de sus gobernantes, en fin, todo
cuanto aportan los testimonios acerca del ser humano, la divinidad
y la naturaleza.
Se ha objetado alguna vez el conocimiento que de sus ideas y
tradiciones pudieran poseer los indígenas informantes de Sahagún,
así como la veracidad de los mismos, que, bien sea por temor o por
resentimiento ante el vencedor, pudieron optar acaso por ocultar
la verdad. Respecto de lo primero, o sea de la existencia de indígenas
conocedores de sus antiguallas, conviene recordar que Sahagún dio
principio a sus investigaciones a partir de 1547. Habían transcurri-
do entonces sólo 26 años desde la toma de Tenochtitlan. Era, pues,
fácil encontrar, no sólo en la capital mexica, sino en Tezcoco, Te-
pepulco, Tlatelolco y México, no pocos hombres maduros, de 50 a
70 años, que habían vivido en sus pueblos y ciudades, desde unos
24 hasta casi 50 años antes de la venida de los españoles.
Algunos de ellos —aun cuando no hubiesen sido sacerdotes, sino
meramente hijos de principales— fueron sin duda estudiantes en los
Calmécac, centros de educación superior. Ahora bien, hay que añadir
que la forma como allí se enseñaban las varias doctrinas y tradicio-
nes era, a falta de una escritura alfabética, por medio del aprendiza-
je de memoria, que servía para entender las ilustraciones y glifos de
los códices. En este sentido, no puede caber duda de que entre las doc-
trinas que se enseñaban a lo más selecto de la juventud náhuatl
debió hallarse lo más elevado de su pensamiento, incluido muchas
veces en los cantares y discursos aprendidos de memoria.
Estando, pues, en contacto con la tradición viviente de los Cal­
mécac y habiendo aprendido de memoria sus doctrinas, no es posi-
ble negar en buena crítica que por lo menos algunos de los hombres
maduros y de los viejos que informaron a Sahagún poseían cier-
tamente un conocimiento suficiente de sus ideas y tradiciones.

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LAS FUENTES 29

Pero, ¿fueron veraces al informar? Tal es la segunda parte del


problema. Para responder a él, es necesario recordar que Sahagún,
a más de inquirir siempre sobre la ciencia o conocimiento de sus
informantes, no se fio jamás de lo que uno de ellos pudiera decirle,
sino que después de haber reunido algunos testimonios en Tlatelolco,
fue interrogando en Tepepulco “hasta diez o doce principales an­
cia­nos”,12 contando siempre con el auxilio de sus “colegiales” indí-
genas de Tlatelolco que le merecían entera confianza. Y no paró aquí
la investigación, sino que se hizo luego un cotejo de los datos obte-
nidos con lo proporcionado por los “nuevos escrutinios” de regreso
en Tlatelolco, donde le

señalaron hasta ocho o diez principales escogidos entre todos muy


hábiles en su lengua y en las cosas de sus antiguallas, con los cuales y
con cuatro o cinco colegiales trilingües, encerrados en el colegio,13

se hizo un escrutinio o examen de los datos recogidos en Tepepulco.


Y por fin, más tarde, como si la comprobación hecha en Tlatelolco
no fuese bastante, en San Francisco de México hizo Sahagún nuevo
análisis de lo que sus anteriores informantes de Tepepulco y Tlate-
lolco le habían dicho. El mismo Sahagún resume así este triple
proceso de revisión crítica a que sometió los datos obtenidos:

De manera que el primer cedazo por donde mis obras se cernieron


fueron los de Tepepulco, el segundo los de Tlatelolco, el tercero los de
México.14

Ahora bien, habiendo encontrado unidad y coherencia en los


informes recogidos en tan diversos lugares y fechas, Sahagún queda
persuadido, con razón, de la autenticidad y veracidad de lo que los
varios indios le han dicho. Por esto, él mismo respondiendo “a al-
gunos émulos” que ya en su tiempo lo atacaron dice:

En este libro verá muy a buena luz, que lo que algunos émulos han
afirmado, que todo lo escrito en estos libros antes de éste y después de

12
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., v. i, p. 2.
13
 Loc. cit.
14
 Ibid., p. 3.

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30 FILOSOFÍA NÁHUATL

éste, son ficciones y mentiras, hablan como apasionados y mentirosos,


porque lo que en este volumen está escrito, no cabe en entendimiento
de hombre humano el fingirlo, ni hombre viviente pudiera contrade-
cir el lenguaje que en él está; de modo que, si todos los indios enten-
didos fueran preguntados, afirmarían que este lenguaje es propio de
sus antepasados y obras que ellos hacían.15

Tomando esto en cuenta, sólo nos resta dar una última contra-
prueba. Tan es cierto que reflejan fielmente sus textos la cultura
intelectual de los nahuas, que algunos frailes empezaron a ver en
ello un nuevo peligro de revivir las viejas creencias, por lo que, ha-
ciendo llegar sus quejas a Madrid, lograron una real cédula de Feli-
pe II de fecha 22 de abril de 1577, en la que textualmente se dice:

Por algunas cartas que se nos han escripto desas provincias habemos
entendido que Fray Bernardino de Sahagún de la Orden de San Fran-
cisco ha compuesto una Historia Universal de las cosas más señaladas
desa Nueva España, la cual es una computación muy copiosa de todos
los ritos, y ceremonias é idolatrías que los indios usaban en su infideli-
dad, repartida en doce libros y en lengua mexicana; y aunque se entiende
que el celo del dicho Fray Bernardino había sido bueno, y con deseo que
su trabajo sea de fruto, ha parecido que no conviene que este libro se
imprima ni ande de ninguna manera en esas partes, por algunas causas
de consideración; y así os mandamos que luego que recibáis esta nues-
tra cédula, con mucho cuidado y diligencia procuréis haber estos libros,
y sin que dellos quede original ni traslado alguno, los enviéis a buen
recaudo en la primera ocasión a nuestro Consejo de las Indias, para que
en él se vean; y estaréis advertido de no consentir que por ninguna ma-
nera persona alguna escriba cosas que toquen a supersticiones y mane-
ra de vivir que estos indios tenían, en ninguna lengua, porque así con-
viene al servicio de Dios Nuestro Señor y nuestro.16

Mas, por fortuna, habiendo guardado Sahagún copia de sus


textos, éstos se salvaron de una final destrucción. Lo que se conser-
va de la documentación recogida por él se encuentra en la actuali-
dad en Madrid y Florencia. Los textos más antiguos, fruto de sus

 Ibid., p. 445-446.
15

 Códice franciscano, siglo xvi, en Joaquín García Icazbalceta, Nueva colección


16

de documentos para la historia de México, México, Salvador Chávez Hayhoe, 1941,


p. 249-250.

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LAS FUENTES 31

investigaciones en Tepepulco y Tlatelolco, se hallan en los dos Có­


dices matritenses, uno en la Biblioteca del Real Palacio de Madrid y
el otro en la de la Real Academia de la Historia. En la Biblioteca
Medicea Laurenziana de Florencia existe a su vez una copia bilingüe
originalmente en tres volúmenes con numerosas ilustraciones y
que, si es más completa, es de fecha posterior.
Don Francisco del Paso y Troncoso hizo en 1905-1907 una mag-
nífica edición facsimilar que contiene íntegramente los dos men-
cionados Códices matritenses. De los manuscritos de Florencia tan
sólo logró publicar las ilustraciones, quedando incompleta su edi-
ción fototípica, ya que sólo salieron a luz los volúmenes v, vi (2a.
parte), vii y viii. Los tomos anteriores, reservados por Paso y Tron-
coso para el texto del Códice florentino, no fueron entonces editados.
Así y todo, la reproducción fototípica de los Códices matritenses, de
los que se publicaron 420 ejemplares en Madrid (1905-1907), foto-
tipia de Hauser y Menet, puso por vez primera al alcance de los
investigadores lo más antiguo del caudal de información recogida
por Sahagún. Del Códice florentino hay una reproducción facsimilar
en tres volúmenes, publicada en 1979 por el gobierno de México a
través del Archivo General de la Nación.
Existen además otras ediciones de secciones particulares de al-
gunos textos de los informantes indígenas de Sahagún paleografia-
dos y con su traducción adjunta. El primero en hacer esta clase de
estudios fue Eduard Seler, que tradujo al alemán con amplios y muy
eruditos comentarios los veinte himnos transcritos por Sahagún en
náhuatl en el libro ii de su Historia.17 Posteriormente, su viuda pu-
blicó en edición póstuma la traducción al alemán del material en
náhuatl correspondiente al libro xii de la Historia de Sahagún, así
como otros varios capítulos traducidos por Seler.18
Bastantes años después, un norteamericano, el señor John
Hubert Cornyn, tradujo del náhuatl al inglés la leyenda de Quetzal­

17
 Eduard Seler, Gesammelte Abhandlungen zur amerikanischen Sprach- und Al­
tertumskunde, Berlín, 1904, ii Band, p. 420 y siguientes, 959 y siguientes.
18
 Eduard Seler, Einige Kapitel aus dem Geschichtswerk des fray Bernardino de
Sahagún, aus dem Aztekischen übersetzt von Eduard Seler, Herausgegeben von C.
Seler-Sachs in Gemeinschaft mit Prof. Dr. Walter Lehmann und Dr. Walter Kri­
ckeberg, Stuttgart, 1927.

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32 FILOSOFÍA NÁHUATL

cóatl, tomada del material correspondiente al libro iii de Sahagún.19


Su obra, de positivo mérito, iba a ser prenuncio de nuevas inves-
tigaciones.
En 1940, el doctor Ángel María Garibay K. publicó, en su Llave
del náhuatl, algunos textos del material coleccionado por Sahagún,
paleografiados cuidadosamente por él, con la idea de ofrecer trozos
clásicos a quienes estudiaran esa lengua.20 Continuando esta clase
de trabajos, publicó una versión poética de trece de los veinte him-
nos copiados por Sahagún en náhuatl en el libro ii de su Historia.21
Más tarde, con el título de “Paralipómenos de Sahagún”, dio a co-
nocer otros textos de la documentación recogida en Tepepulco, tra-
ducidos por primera vez al castellano.22 Finalmente, en su ya citada
obra fundamental, Historia de la literatura náhuatl,23 ofrece la tra-
ducción directa de numerosos textos de los recogidos por Sahagún,
con objeto de presentarlos como ejemplos literarios. En su edición
de la Historia de Sahagún (México, Editorial Porrúa, 1956, 4 volú-
menes), preparada y revisada sobre la base de los textos nahuas por
el doctor Garibay, incluyó éste su traducción original del libro xii
del Códice florentino acerca de la Conquista.
El Seminario de Cultura Náhuatl, en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad Nacional de México, ha iniciado la publi-
cación bilingüe náhuatl-español de los textos de los informantes de
Sahagún, según los Códices matritenses. Se han editado tres volúme-
nes con textos acerca de los Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses
(preparado por Miguel León-Portilla), los Veinte himnos sacros de

19
 John H. Cornyn, The Song of Quetzalcoatl, Yellow Springs, Ohio, The Antioch
Press, 1930.
20
 Ángel María Garibay K., Llave del náhuatl. Colección de trozos clásicos, con
gramática y vocabulario, para utilidad de los principiantes, Otumba, México, 1940.
21
 Ángel María Garibay K., Poesía indígena de la altiplanicie, México, Uni-
versidad Nacional Autónoma de México, 1940 (Biblioteca del Estudiante Univer-
sitario, 11). Véase también Épica náhuatl. Divulgación literaria, México,
Universidad Nacional Autónoma de México, 1945 (Biblioteca del Estudiante
Universitario, 51).
22
 Ángel María Garibay K., “Paralipómenos de Sahagún”, Tlalocan, México, v. i,
1943-1944, p. 307-313; v. ii, 1946, p. 167-174 y 249-254, y “Relación breve de las
fiestas de los dioses de fray Bernardino de Sahagún”, Tlalocan, México, v. ii, 1948,
p. 289-320.
23
 Véanse especialmente: t. i, capítulos ii, v, vi, vii, ix y x; t. ii, capítulos ii y iii.

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LAS FUENTES 33

los nahuas y la Vida económica de Tenochtitlan (ediciones de Ángel


María Garibay K.).24
Mencionamos también las traducciones y los estudios hechos
por el profesor Wigberto Jiménez Moreno, de los que ha publicado
sólo una mínima parte.25
Especial mérito tiene la versión paleográfica de numerosos tex-
tos nahuas de los Códices matritenses hecha por Leonhard Schutze
Jena con traducción adjunta al alemán y que corresponden a parte
del material que sirvió de base a Sahagún para redactar los libros ii,
iii, iv, v y vii de su Historia. El título dado a dichos textos fue Augu­
rios, astrología y calendario de los antiguos aztecas.26 Posteriormente
publicó el mismo Schultze Jena algunos textos correspondientes a
los libros viii y ix de la Historia, bajo el título de Organización fami­
liar, social y profesional del antiguo pueblo azteca.27
Empresa muy meritoria ha sido la edición del Códice florentino
con traducción al inglés, emprendida por los doctores Charles E.
Dibble y Arthur J. O. Anderson de la Universidad de Utah: Florentine
Codex, en 12 volúmenes que incluyen varios estudios introductorios.28

24
 Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses, introducción, paleografía, versión y
notas de Miguel León-Portilla, México, Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1958 (Fuentes In-
dígenas de la Cultura Náhuatl. Textos de los Informantes de Sahagún, 1. Publica-
ción del Instituto de Historia, 42); Veinte himnos sacros de los nahuas, introducción,
paleografía, versión y comentarios de Ángel María Garibay K., México, Universidad
Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Seminario de Cultura Ná-
huatl, 1958 (Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl. Informantes de Sahagún,
2); Vida económica de Tenochtitlan, introducción, paleografía y versión de Ángel
María Garibay K., México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto
de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1961 (Fuentes Indígenas de la Cultura
Náhuatl. Informantes de Sahagún, 3).
25
 Véase fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva
España, 5 v., México, Robredo, 1938, t. i, p. xiii y siguientes.
26
 Leonhard Schultze Jena, Wahrsagerei, Himmelskunde und Kalender der alten
Azteken, aus dem aztekischen Urtext Bernardino de Sahagun’s, Übresetzt und erläutert
von Dr. Leonhard Schultze Jena, Stuttgart, W. Kohlhammer Verlag, 1950.
27
 Leonhard Schultze Jena, Gliederung des Alt-Aztekischen Volks in Familie, Stand
und Beruf, aus dem aztekischen Urtext Bernardino de Sahagun’s, Übresetzt und erläu-
tert von Dr. Leonhard Schultze Jena, Stuttgart, W. Kohlhammer Verlag, 1952.
28
 La edición ha sido hecha por The School of American Research, Monographs
of the School of American Research, Santa Fe, New Mexico, 12 volúmenes (1950-
1982).

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34 FILOSOFÍA NÁHUATL

Respecto de los textos que reunió Sahagún en Tepepulco, debe


mencionarse la edición facsimilar con traducción al inglés realizada
por Thelma D. Sullivan, antigua participante en el Seminario de Cul-
tura Náhuatl. Tal edición acerca a los interesados a la más antigua
información allegada por fray Bernardino. En ella, como en el libro vi
del Códice florentino, se incluyen algunos huehuehtlahtolli, testimonios de
la antigua palabra, de particular interés para el conocimiento de la
filosofía moral de los nahuas.29
Para nuestro estudio sobre el pensamiento filosófico náhuatl,
es de especial interés el volumen viii de la mencionada edición fac-
similar hecha por don Francisco del Paso y Troncoso, el libro vi del
Códice florentino, así como lo publicado por Schultze Jena, cuyo
trabajo, si bien dista de la perfección, es no obstante fruto de cuida-
dosa investigación, como lo atestigua su casi siempre correcta lectura
paleográfica de los textos.
Como ya lo hemos dicho, en el libro vi del Códice florentino se
incluye un conjunto de cuarenta huehuehtlahtolli, testimonios de la
antigua palabra que, juntamente con las colecciones de la poesía
náhuatl, es fuente muy importante para el estudio del pensamiento
filosófico en náhuatl.

II) El libro de los Coloquios de los doce

Obra de considerable importancia cuyo título completo es: Colloquios


y doctrina christiana con que los doze frayles de San Francisco enbiados
por el papa Adriano Sesto y por el emperador Carlos Quinto convertieron
a los indios de la Nueva Espanya, en lengua mexicana y española.
El valor de esta obra reside en el hecho de presentarnos la últi-
ma actuación pública de los sabios nahuas, en el año de 1524, de-
fendiendo sus opiniones y creencias ante la impugnación de los
doce primeros frailes.
El manuscrito original mutilado (sólo 14 capítulos de los 30
primitivos) fue descubierto en el Archivo Secreto del Vaticano, en
1924, por el padre Pascual Saura. Fue publicado por vez primera

29
 Primeros memoriales.

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LAS FUENTES 35

por el padre Pou y Martí en el volumen iii de Miscelanea Fr. Ehrle,


p. 281-333, bajo los auspicios del célebre duque de Loubat. En 1927,
Zelia Nutall publicó una edición xilográfica de los Coloquios en la
Revista Mexicana de Estudios Históricos, apéndice al tomo i, p. 101
y siguientes.
En 1944 se hizo una edición de la parte en español: Coloquios y
doctrina cristiana..., México, Biblioteca Aportación Histórica, 1944.
En 1949, continuándose la serie de publicaciones de la Biblio-
teca Iberoamericana de Berlín sobre fuentes básicas para la historia
antigua de América, se hizo una cuidadosa edición de los textos origi-
nales paleografiados por el doctor Walter Lehmann, a la que se acom-
pañó una versión literal del náhuatl al alemán, que puso de manifiesto
la riqueza de datos contenida en el texto náhuatl y ausentes de lo que
podríamos llamar “resumen” en español. A esta edición dio Lehmann
el significativo título de Dioses que mueren y Mensaje cristiano, pláticas
entre indios y misioneros españoles en México, 1524.30
Existe versión del náhuatl al castellano y reproducción facsimi-
lar del manuscrito preparadas por Miguel León-Portilla: México,
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investiga-
ciones Históricas y Fundación de Ciencias Sociales, 1986.
Respecto del origen, valor histórico y participación tomada por
Sahagún en la redacción de los Coloquios, él mismo nos da a co-
nocer los siguientes datos en una nota preliminar dirigida al pru-
dente lector:

Hará a el propósito de bien entender la presente obra, prudente lector,


el saber que esta doctrina con que aquellos doze apostólicos predica-
dores —de quien en el prólogo hablamos— a esta gente desta Nueva
España començaron a couertir, [h]a estado en papeles y memorias
hasta este año de mil quinientos y sesenta y quatro, porque antes no
vuo oportunidad de ponerse en orden ni conuertirse en lengua mexi-
cana bien congrua y limada: la qual se boluió y limó en este Colegio
de Santa Cruz del Tlatilulco este sobredicho año con los colegiales
más hábiles y entendidos en la lengua latina que hasta agora se an en

30
 Walter Lehmann, Sterbende Götter und Christliche Heilsbotschaft, Wechselreden
Indianischer Vornehmer und Spanischer Glaubensapostel in Mexiko 1524, Spani­
scher und mexikanischer Text mit deutscher Übersetzung von Walter Lehmann,
Stuttgart, W. Kohlhammer Verlag, 1949.

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36 FILOSOFÍA NÁHUATL

el dicho colegio criado; de los quales uno se llama Antonio Valeriano,


vezino de Azcapuçalco, otro Alonso Vegerano, vezino de Quauhtitlan,
otro Martín Iacobita, vezino deste Tlatilulco y Andrés Leonardo, tam-
bién de Tlatilulco. Limóse asimismo con quatro viejos muy prácticos
entendidos ansí en su lengua como en todas sus antigüedades.
Va este tractado distincto en dos libros: el primero tiene treinta
capítulos que contienen todas las pláticas, confabulaciones y sermones
que vuo entre los doze religiosos y los principales y señores y sátrapas.31

La importancia de esta obra para nuestro estudio del pensamien-


to filosófico náhuatl es doble. Por una parte da testimonio de la
existencia de varias clases de sabios entre los antiguos nahuas. Por
otra, contiene en forma original y hasta dramática algo que es muy
poco conocido: las discusiones y alegatos de los nahuas que defien-
den su manera de ver el mundo ante los frailes predicadores.
Y aunque debe reconocerse que estos diálogos constituyen una
recreación prototípica de lo sucedido, según lo afirma Sahagún, ello
no disminuye su interés, pues en la reconstrucción participaron
esos cuatro viejos conocedores del antiguo pensamiento y también
los mencionados discípulos de fray Bernardino que lo habían acom-
pañado desde sus pesquisas en Tepepulco y luego en Tlatelolco.
Además, lo que expresan los sabios y antiguos sacerdotes indígenas
concuerda sustancialmente con lo que por otros testimonios cono-
cemos sobre la religión y visión del mundo de los nahuas.

III) Manuscritos portadores de poemas y cantos

Dos son los manuscritos en los que se incluyen numerosos poemas


y cantos en náhuatl de la antigua tradición. Si bien muchas de esas
composiciones versan sobre temas relacionados con la guerra o son
evocación de gobernantes famosos, hay también algunas de interés
para el conocimiento del pensamiento indígena de contenido reli-
gioso, lírico y del que puede describirse como filosófico. En algunos
poemas aparece éste con una gama de cuestionamientos y otras
formas de expresión relacionadas con la divinidad, el destino del

31
 Op. cit. (edición de 1986), p. 75.

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LAS FUENTES 37

hombre, la posibilidad de decir palabras verdaderas, el valor de lo


que existe en la tierra, la amistad, la vida misma y la muerte.
Estos temas afloran una y otra vez en las composiciones incluidas
en los dos manuscritos que se conocen como Cantares mexicanos
(conservado en la Biblioteca Nacional de México) y con el curioso
título de Romances de los señores de la Nueva España (preservado en
la Nettie Lee Benson Colección Latinoamericana de la Biblioteca de la
Universidad de Texas en Austin). Ambos manuscritos provienen del
siglo xvi y parecen ser recopilación de varios conjuntos de composi-
ciones trasmitidas por la oralidad. Es interesante notar que hay
referencias a la existencia de antiguos cuicámatl, “papeles de cantos”.
De este género de códices y de otros en los que investigadores como
fray Andrés de Olmos afirmaron que con sus glifos o “caracteres” se
registraban o enunciaban textos como los huehuehtlahtolli (antigua
palabra) no se ha conservado muestra alguna.
Unos y otros de los manuscritos cuyos títulos se han ofrecido
dejan ver que las composiciones que en ellos se transvasaron al al-
fabeto latino se expresaban en voz alta, bien sea a modo de discur-
sos o como cantos. Así, su contenido conceptual se trasmitía de viva
voz e incluso, en el caso de los cantares, en determinadas fiestas y
ceremonias.
Del manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional pue-
de decirse que data de fines del siglo xvi y que permaneció inédito
y casi olvidado, hasta que José María Vigil lo redescubrió en medio
de un conjunto de volúmenes.
Mérito fue del americanista Daniel G. Brinton fijarse por pri-
mera vez en estos Cantares. Habiendo obtenido una versión al cas-
tellano de 28 de ellos, hecha por don Faustino Galicia Chimalpopo-
ca, los puso en inglés en una obra que publicó con el título de Ancient
Nahuatl Poetry.32 No obstante sus defectos, que se deben con fre-
cuencia a errores de paleografía y a una mala traducción original al
castellano, deben mencionarse aquí los trabajos de Brinton por
tener el indiscutible mérito de ser los de un iniciador.
En 1904 fueron dados a conocer íntegramente estos poemas por
don Antonio Peñafiel, que hizo una edición fototípica de ellos. Dicho
32
 Daniel G. Brinton, Ancient Nahuatl Poetry, Philadelphia, 1887; Daniel G.
Brinton, Rig Veda Americanus, Philadelphia, 1890.

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38 FILOSOFÍA NÁHUATL

trabajo, que puso al alcance de todos el texto náhuatl de los Canta­


res, es el que usaremos en este estudio.33
En 1936, Rubén M. Campos dio a la imprenta la traducción que
de la primera parte de los Cantares había hecho don Mariano Rojas.34
Por lo que al origen y autenticidad de los Cantares se refiere,
citaremos la autorizada opinión del doctor Garibay, que ha sido el
primero en traducir y estudiar críticamente la mayor parte de ellos:

No está averiguada con exactitud la procedencia de este valioso libro.


Por indicios internos puede admitirse que es copia de una colección
más antigua, o quizá mejor, de varios codicilos que guardaban viejos
poemas. El hecho de incluir dos y aun tres veces el mismo canto, indica
que el copista, con linda y clara letra, no tuvo ninguna atención dis-
tinta que la de recoger aquellos documentos. La copia es casi con seguri-
dad del último tercio del siglo xvi.
Que el colector era un indio, se ve claramente por ciertos errores
de gramática castellana que aparecen en las escasas frases en esta
lengua escritas. Que se destinaban a un religioso, también queda
claro por la indicación que hay en una de estas anotaciones. Quién
haya sido éste no puede decirse con certeza, porque aunque algunos
se inclinan a creer que se reunían para el padre Sahagún, pudo tam-
bién serlo para el padre Durán, que asimismo anduvo entretenido en
menesteres semejantes, como lo demuestra su Historia de las Indias,
que no es sino una traducción de viejos manuscritos mexicanos. Pudo,
en fin, ser algún otro religioso de aquellos cuya obra pereció.
No ha faltado quien, con ligereza a la verdad, por hallar en el
mismo repertorio cantos de origen postcortesiano y de carácter cris-
tiano, así como por ciertas correcciones y adiciones en que se men-
cionan personajes de esta religión, haya creído que se trataba de
obra posterior a la Conquista y que carece de valor documental para
el conocimiento de la poesía anterior. El tenor y carácter de estos
poemas, como podrá juzgar el lector, está en perfecta armonía con

33
 Antonio Peñafiel, Cantares mexicanos, Ms. de la Biblioteca Nacional. Copia
fotográfica. México, 1904. Transcribe Peñafiel en su prólogo las palabras de don
José María Vigil, publicadas en la Revista Nacional de Letras y Ciencias, México, t. i,
1889, p. 365, donde se duele éste amargamente de que por tanto tiempo nadie se
hubiera ocupado de tan importante manuscrito, imprescindible para conocer el
espíritu de la cultura náhuatl.
34
 Rubén M. Campos, La producción literaria de los aztecas, México, Talleres
Gráficos del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, 1936.

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LAS FUENTES 39

las ideas de las tribus nahuatlacas y las correcciones mismas son tan
aberrantes que ellas denuncian la autenticidad de estos poemas.35

Se repite en estas composiciones un fenómeno paralelo al del


pensamiento filosófico-religioso de la India y aun de algunos griegos
como Parménides: el sabio se expresa poéticamente; se sirve de la
metáfora y de la poesía, para traducir así lo que ha descubierto en
su meditación solitaria. Son por esto, como lo iremos comprobando
en nuestro estudio, una vena riquísima para reconstruir la visión
filosófica de los nahuas.36
Del texto de Cantares mexicanos ha habido varias traducciones
al castellano, hasta hace algunos años todas ellas parciales. Sobre-
salen las debidas a Ángel María Garibay K.: Poesía náhuatl, 2a. ed.,
2 v., México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto
de Investigaciones Históricas, 1992. Puede acudirse asimismo a Quin­
ce poetas del mundo náhuatl, edición, texto náhuatl, traducción cas-
tellana y notas de Miguel León-Portilla, México, Editorial Diana,
1999 (existen varias reimpresiones).
Debe mencionarse la edición facsimilar de Cantares mexicanos,
publicada por Miguel León-Portilla y José G. Moreno de Alba,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de
Investigaciones Bibliográficas, 1993.
Hay asimismo versión al inglés de John Bierhorst, Cantares mexi­
canos. Songs of the Aztecs, 2 v., Stanford, California, Stanford Uni-
versity Press, 1985. Sin embargo, como lo han mostrado en sus
comentarios varios investigadores, el trabajo de Bierhorst, acucioso
en cuanto a la paleografía del texto náhuatl, se desvirtúa, en cambio,
35
 Ángel María Garibay K., Poesía indígena de la altiplanicie, p. x-xi. En el pá-
rrafo que hemos citado, señala Garibay como probable origen del manuscrito de
los Cantares el que hubieran sido reunidos por encargo de Sahagún o de Durán.
Posteriormente, el mismo autor ha dilucidado en forma definitiva este punto: “es
ciertamente [el manuscrito] de la documentación que se elaboró para Sahagún y
bajo su mirada y su pensamiento”. Las abundantes pruebas aducidas por Garibay
pueden verse en su Historia de la literatura náhuatl, t. i, p. 153-156.
36
 El Instituto Iberoamericano de Berlín ha publicado la paleografía y versión
fragmentaria al alemán (sólo 57 de los 85 folios del manuscrito) del libro de los
Cantares mexicanos, por el desaparecido doctor Leonhard Schultze Jena: Alt-az­
tekische Gesänge, nach einer in der Biblioteca Nacional von Mexiko aufbewahr-
ten Handschrift, übersetz und erlaütert von Leonhard Schultze Jena, Stuttgart,
W. Kohlhammer Verlag, 1957 (Quellenwerke zur alten Geschichte Amerikas, vi).

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40 FILOSOFÍA NÁHUATL

en su traducción al suponer que las composiciones son un conjunto


de “gohst songs”, es decir cantos para invocar espíritus en el con-
texto de supuestos movimientos nativistas y reivindicativos después
de la Conquista. En función de este postulado, carente de base crí-
tica, la traducción se distorsiona en innumerables casos.
Existe publicación reciente y completa con estudios introducto-
rios, paleografía, traducción y notas de este importante manuscrito:
Cantares mexicanos, edición preparada por Miguel León-Portilla,
Librado Silva Galeana, Francisco Morales Baranda y Salvador Reyes
Equiguas, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Coordinación de Humanidades, Instituto de Investigaciones Biblio-
gráficas, Instituto de Investigaciones Filológicas, Instituto de Inves-
tigaciones Históricas y Fideicomiso Teixidor, 2011.
Además del manuscrito de Cantares mexicanos de la Biblioteca
Nacional de México, cabe mencionar el que preserva la Colección
Latinoamericana de la Biblioteca de la Universidad de Texas. Este
último manuscrito, que se conoce bajo el título de Romances de los
señores de la Nueva España y que presenta semejanzas respecto de la
Colección de la Biblioteca Nacional de México, es también fuente
importante para nuestro estudio. El doctor Ángel María Garibay K. ha
publicado en 1963 una edición con el texto náhuatl y la corres-
pondiente versión castellana bajo el título de Poesía náhuatl i.
Romances de los señores de la Nueva España, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Seminario de
Cultura Náhuatl, 1964 (Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl, 5).
El autor de este libro ha publicado asimismo varios textos proceden-
tes de este manuscrito con sus correspondientes comentarios en la
obra Las literaturas precolombinas de México, por Miguel León-Portilla,
Editorial Pormaca, México, 1964.

IV) Huehuehtlahtolli, testimonios de la antigua palabra

Además de los huehuehtlahtolli ya mencionados que están incluidos


en el libro vi del Códice florentino de fray Bernardino de Sahagún,
se conservan otros tres conjuntos de textos del mismo género. Son
ellos fuente inapreciable para el estudio del pensamiento náhuatl

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LAS FUENTES 41

de la antigua tradición. Revelan aspectos del pensamiento religioso


e iluminan lo que el mismo Sahagún llamó su filosofía moral. Pa-
ralelamente muestran sus ideas políticas, de organización social y
acerca de la educación.
Una de las colecciones, integrada por 29 textos, fue reunida por
fray Andrés de Olmos que, en 1533, recibió la orden de su supe-
rior fray Martín de Valencia y del presidente de la segunda audien-
cia, Sebastián Ramírez de Fuenleal, de inquirir sobre la cultura ná-
huatl. De ese conjunto el propio Olmos escogió un huehuehtlahtolli
como muestra literaria y lo incluyó a modo de apéndice en su Arte de
la lengua mexicana que terminó de preparar en 1547.
Respecto de la forma como Olmos los obtuvo, el oidor Alonso
de Zorita —también muy interesado en la antigua cultura indígena—
notó que

los indios principales [los tienen] por memoria en sus pinturas [códi-
ces] y un religioso muy antiguo [...] los tradujo de su lengua, y dice que
hizo a unos principales que los escribiesen [...] y que los escribieron y
ordenaron en su lengua sin estar él presente, y los sacaron de sus pin-
turas, que son como escritura y se entienden muy bien por ellas; y que
no mudó letra de lo que le dieron, más que dividirlo en párrafos.37

Este conjunto de huehuehtlahtolli se conserva inédito en la Biblio-


teca del Congreso, en Washington, D. C. Conociendo estos textos,
otro franciscano, fray Juan Baptista, publicó una versión con inter-
polaciones cristianas. Su trabajo lo intituló Huehueh­tlah­tolli, que
contiene las pláticas que los padres y madres hicieron a sus hijos, y los
señores a sus vasallos, todas llenas de doctrina moral y política, México,
en El Convento de Santiago Tlatelolco, 1600.
De esta obra, de la que sólo se conservaban dos ejemplares, se
publicó una edición facsimilar con traducción completa al cas-
tellano de Librado Silva Galeana y estudio introductorio de Mi-
guel León-Portilla, México, Comisión Nacional Conmemorativa
del V Centenario del Encuentro de Dos Mundos, 1988.

37
 Alonso de Zorita, Breve y sumaria relación de los señores de la Nueva España,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1942, p. 69 (Biblioteca del
Estudiante Universitario, 32).

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42 FILOSOFÍA NÁHUATL

Posteriormente, el Fondo de Cultura Económica y la Secreta-


ría de Educación Pública reeditaron dicho libro con un tiraje en
varias reproducciones de cerca de setecientos mil ejemplares. Así,
estos testimonios del saber náhuatl se han vuelto ampliamente
asequibles.
Otro conjunto, aunque relativamente pequeño, ya que com-
prende sólo tres huehuehtlahtolli, se conserva en la Biblioteca Na-
cional de México, Fondo Reservado, Miscelánea, Ms. 1477.38
El tercer corpus de huehuehtlahtolli incluye discursos y expresio-
nes de cortesía, así como exposiciones de carácter moral. Conservado
en la Biblioteca Bancroft, de Berkeley, California, ha sido publica-
do con traducción al castellano por Ángel María Garibay K.39
De este texto, que probablemente fue rescatado por el jesuita
Horacio Carochi, existe también traducción al inglés preparada por
Frances Karttunen y James Lockhart con el título de: The Art of
Nahuatl Speech. The Bancroft Dialogues, Los Angeles, University
of California, 1987 (ucla Latin American Center Publications, 65).

V) Códice Chimalpopoca (Anales de Cuauhtitlán


y Leyenda de los soles)

El llamado por el abate Brasseur de Bourbourg Códice Chimalpopoca


consta en realidad de tres documentos de muy distinta procedencia:
el primero es los Anales de Cuauhtitlán, en lengua náhuatl y de au-
tor desconocido; el segundo, una Breve relación de los dioses y ritos
de la gentilidad, escrita en español por el bachiller don Pedro Ponce,
y el tercero, el manuscrito anónimo de 1558, en náhuatl, llamado
por Del Paso y Troncoso Leyenda de los soles. Interesan aquí espe-
cialmente el primero y el tercero de dichos documentos.
Los Anales de Cuauhtitlán —formados por textos nahuas recogi-
dos antes de 1570— son uno de los más valiosos documentos de la

38
 Véase Roberto Moreno de los Arcos, “Guía de las obras en lengua mexicana
existentes en la Biblioteca Nacional”, Boletín de la Biblioteca Nacional, México,
v. xvii, n. 1 y 2, enero-junio de 1966, p. 75-77.
39
 Ángel María Garibay K., “Huehuetlatolli, documento a”, Tlalocan, México,
v. i, n. 1, 1943, p. 31-53, y n. 2, 1943, p. 81-107.

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LAS FUENTES 43

colección de Boturini, quien, en el apéndice a su Idea de una nueva


historia general de la América Septentrional (Madrid, 1746), lo men-
ciona entre los libros y manuscritos que logró reunir. Dicho ma-
nuscrito perteneció a don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Aun
cuando por haber sido compilados en Cuauhtitlán son conocidos
como los Anales de ese pueblo, contienen relaciones diversas
sobre Tezcoco, Tenochtitlan, Chalco, Tlaxcala, Cuauhtitlán, et-
cétera, como lo hizo ver cuidadosamente Robert H. Barlow.40
Desde nuestro punto de vista, son de particular interés algunos
textos relacionados con la figura de Quetzalcóatl, su búsqueda del
principio supremo, la vida y pensamiento de Nezahualcóyotl, y
la relación de los soles, distinta de la del Ms. de 1558. Estos Ana­
les para el estudio del pensamiento náhuatl son documento de
máxima importancia.
Una primera versión al español de una parte de los Anales fue
hecha por don Faustino Galicia Chimalpopoca y por encargo de
don José Fernando Ramírez. Dicha versión, junto con la de los se-
ñores Mendoza y Sánchez Solís, dirigida a mejorar la de Chimalpo-
poca, fue publicada en un apéndice al tomo ii de los Anales del
Museo Nacional, México, 1885.
Posteriormente, en 1906, Walter Lehmann publicó a su vez otra
versión del Ms. de 1558 y de otros textos que fueron incluidos después
en los Anales, en Journal de la Société des Américanistes de Paris, tomo iii,
p. 239-297, bajo el título de Traditions des anciens mexicains, texte
inédit et original en langue nahuatl avec traduction en latin.
El mismo Lehmann, en 1938, ofreció a los investigadores una
nueva edición en la que incluía el texto original náhuatl cuidado-
samente paleografiado, con versión al alemán, de los Anales en su
integridad, así como del Ms. de 1558.41
Finalmente, con el título de Códice Chimalpopoca (Anales de Cuauh­
titlán y la Leyenda de los soles), hay una edición fototípica y una
traducción del licenciado Primo Feliciano Velázquez, publicada en

40
 Véase su recensión a la traducción de don Primo F. Velázquez, en The His­
panic American Historical Review, v. xxvii, p. 520-526.
41
 Walter Lehmann, Die Geschichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico,
en Quellenwerke zur alten Geschichte Amerikas, Bd. i, Text mit Übersetzung von
Walter Lehmann, Stuttgart und Berlin, 1938.

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44 FILOSOFÍA NÁHUATL

México por el Instituto de Historia de la Universidad Nacional Au-


tónoma de México en 1945 y reeditada en 1995.
Por lo que se refiere a la llamada Leyenda de los soles, o Manuscrito
de 1558, siendo la lectura y explicación de un códice indígena desapa-
recido, en el que se conservaba pictóricamente la historia de los soles,
es también documento fundamental para el estudio de la cosmovisión
náhuatl. La filosofía envuelta aún en el mito de los soles condiciona
todo el ulterior desarrollo del pensamiento de los nahuas.
La leyenda de los soles fue paleografiada, traducida y publicada
primero por don Francisco del Paso y Troncoso en Florencia, 1903.
Fue también incluida, como ya se ha mencionado, en las ediciones
de Lehmann y Velázquez.
En este trabajo nos serviremos, cuando otra cosa no se indique,
de la versión paleográfica del texto náhuatl hecha por Lehmann,
tanto respecto de los Anales, como del Ms. de 1558, ya que, de hecho,
a él debemos la única paleografía existente de los Anales y cierta-
mente la mejor de las traducciones.
Debe mencionarse también la versión al inglés de estos textos,
preparada por John Bierhorst, History and Mythology of the Aztecs.
The Codex Chimalpopoca, 2 v., Tucson, The University of Arizona
Press, 1992.

VI) Algunos textos de la Historia tolteca-chichimeca

Obra anónima —compilada hacia 1545— y cuyo contenido como


dice Heinrich Berlin:

No deja de aportar datos valiosísimos para aclarar mejor muchos pro-


blemas de la historia de México como son: el abandono y destrucción
de Tula, las olas de migraciones consecutivas en los valles de México y
Puebla, el origen y la naturaleza de los chichimecas, la situación del
famoso Chicomóztoc, la historia de los olmeca-xicalancas y su relación
con Cholula, la expansión del imperio de los mexicas, etcétera.42

42
 Historia tolteca-chichimeca, Anales de Quauhtinchan, versión del alemán prepa-
rada y anotada por Heinrich Berlin en colaboración con Silvia Rendón, prólogo de
Paul Kirchhoff, en Fuentes para la historia de México, México, Robredo, 1947, p. ix.

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LAS FUENTES 45

Hay en ella pequeños poemas, de hondo sabor arcaico, en los


que se encierra toda una concepción filosófica acerca de la divinidad
y del mundo en relación con ella. La primera noticia de tan impor-
tante obra se debe también a Lorenzo Boturini. Más tarde el colec-
cionista francés M. Aubin la tuvo en su poder, hasta que al fin fue
adquirida por la Biblioteca Nacional de París, donde hoy está (Ma­
nuscrit Mexicain, 46-58 bis).
En 1937 Konrad Th. Preuss y Ernst Mengin publicaron la pa-
leografía y versión al alemán de dicho manuscrito en el Baessler
Archiv, Band xxi, Beiheft ix, Die Mexikanische Bilderhandschrift, His­
toria Tolteca-Chichimeca, parte i, introducción, paleografía y versión
alemana; parte ii, comentarios, Berlín, 1937-1938.
En 1942 el mismo Ernst Mengin hizo una monumental edición
facsimilar de la Historia tolteca-chichimeca, dando principio con esta
publicación a su valiosísima serie titulada Corpus Codicum Ameri­
canorum Medii Aevi, Sumptibus Einar Munksgaard Havniae, Copen-
haguen, 1942.
La edición más completa de esta obra es: Historia tolteca-
chichimeca, edición preparada por Paul Kirchhoff, Luis Reyes García
y Lina Odena Güemes, México, Instituto Nacional de Antropología
e Historia y Fondo de Cultura Económica, 1976.

VII) Otros escritos en náhuatl

Las fuentes que a continuación enumeramos, todas ellas también en


náhuatl, siendo asimismo de gran antigüedad e importancia general,
son en relación con nuestro estudio de la filosofía náhuatl de menor
utilidad, ya que sólo obtendremos en ellas referencias y datos infor-
mativos que podríamos calificar de “secundarios”. Por este motivo,
simplemente hacemos un catálogo de las dichas fuentes:
Unos anales históricos de la nación mexicana (Los anales de Tla-
telolco). Edición facsimilar en: volumen ii del Corpus Codicum Ame­
ricanorum Medii Aevi, Copenhagen, 1945.
Diferentes historias originales de los reynos de Culhuacan, y
México, y de otras provincias. El autor de ellas dicho don Domingo
Chimalpáin (Das Ms. Mexicain Nr. 78 der Bibl. Nat. de Paris).

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46 FILOSOFÍA NÁHUATL

Übersetzt und Erläutert von Ernst Mengin, Hamburg, 1950 (Mit-


teilungen aus dem Museum für Völkerkunde in Hamburg, xii).
La Sexta y séptima relaciones de Chimalpáin. Véase Domingo
Francisco de San Antón Muñón Chimalpáin Cuauhtlehuanitzin,
Annales. Sixième et septième relations (1258-1612), publiées et tra-
duites par Rémi Siméon, Paris, Maisonneuve et Ch. Leclerc, 1889.
Las relaciones de Chimalpáin han sido publicadas en reproduc-
ción facsimilar por Ernst Mengin, en el volumen iii (1, 2, 3) de la
colección Corpus Codicum Americanorum Medii Aevi, editado en
Copenhagen.
Crónica mexicáyotl de Fernando Alvarado Tezozómoc, paleogra-
fía y versión al español de Adrián León, publicada por el Instituto
de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de México en
colaboración con el Instituto de Antropología e Historia, México,
1949 (existen varias reediciones).
La versión paleográfica del Memorial breve acerca de la fundación
de Culhuacan, de los Anales de 1064 a 1521, de la Octava relación, del
Diario de Chimalpáin y de otros varios fragmentos escritos por este
autor en idioma náhuatl ha sido publicada por Günter Zimmer-
mann en Die Relationen Chimalpahin’s zur Geschichte Mexico’s, Ham-
burg, Universität Hamburg, 1963 y 1965 (Abhandlungen aus dem
Gebiet der Auslandskund, 38 y 39).
Una edición completa de la obra de Chimalpáin ha sido prepa-
rada por Rafael Tena, Las ocho relaciones y el Memorial de Culhuacan,
2 v., México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998.

VIII) Documentos en otras lenguas

A estas fuentes en lengua náhuatl hay que añadir otros escritos en


español y francés con datos de importancia para completar la cos-
movisión mítica de los antiguos nahuas:
Fray Andrés de Olmos (?), Historia de los mexicanos por sus pin­
turas, en Nueva colección de documentos para la historia de México
(publicada por Joaquín García Icazbalceta), iii, Pomar-Zurita, Re-
laciones antiguas, México, 1891, p. 228-263 (y Editorial Salvador
Chávez Hayhoe, México, 1942).

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LAS FUENTES 47

Manuscrito anónimo, Origen de los mexicanos, ibid., p. 281-308.


Manuscrito anónimo, Éstas son las leyes que tenían los indios de
la Nueva España, ibid., p. 308-315.
Manuscrito anónimo, Histoyre du Mechique, en traducción al
francés antiguo de André Thévet. (Publicado por Édouard de Jonghe
en Journal de la Société des Américanistes de Paris, tomo ii, páginas
1-41.) Ángel María Garibay K. ha publicado con comentarios el
texto de Thévet, la Historia de los mexicanos por sus pinturas y otros
manuscritos en Teogonía e historia de los mexicanos, México, Editorial
Porrúa, 1965 (hay varias reediciones).
Igualmente las obras de los ya varias veces mencionados: Moto-
linía, Durán, Pomar, Muñoz Camargo, Tovar, Ixtlilxóchitl, Alvarado
Tezozómoc, Mendieta, Zorita, Hernández, Acosta y Torquemada,
cuyas referencias bibliográficas aparecen al final de este libro.

IX) Códices

En lo que a códices propiamente dichos se refiere, atenderemos sólo


aquellos que, siendo ciertamente de origen náhuatl, aportan al mis-
mo tiempo datos de interés para el estudio del pensamiento filo-
sófico náhuatl.
Desde este punto de vista, es importante el Códice Vaticano a
3738, conocido también bajo el título de Códice Ríos. Consta de tres
partes principales: la primera describe los orígenes cósmicos, los
trece cielos, los dioses, los soles cosmogónicos, etcétera; la segunda
es calendárica y la tercera contiene datos posteriores a la Conquista
hasta 1563.
La parte que habremos de aprovechar especialmente es la pri-
mera, que, si bien fue pintada después de la Conquista, es ciertamen-
te copia de un códice prehispánico. Los comentarios del padre Ríos
que la acompañan en un italiano saturado de hispanismos, aun
cuando son con frecuencia fruto de su fantasía, encierran también
alguna vez datos de importancia.
El Códice Vaticano fue reproducido primero en el volumen ii de
la monumental obra de Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico,
Londres, 1831. Posteriormente (1900), fue editado en fotocromo-

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48 FILOSOFÍA NÁHUATL

grafía a expensas del duque de Loubat.43 Existe una edición más


reciente: Codex Vaticanus a, con breve comentario de Ferdinand
Anders, Graz, Akademische Druck und Verlaganstalt, 1979. En
México, el Fondo de Cultura Económica lo ha reeditado en su
colección de códices.
Complemento importante del anterior es el Códice telleriano-
remensis, que deriva su nombre del hecho de haber pertenecido a la
colección del arzobispo de Reims, M. Le Tellier.
De modo semejante al Vaticano a, contiene también una parte
mitológica y otra calendárica. La primera parece ser copia del mis-
mo original prehispánico del que son reproducción las pinturas del
Vaticano a. Aun cuando es menos completo el Telleriano-remensis,
ofrece algunos datos ausentes en el Vaticano a. La edición del Telle­
riano-remensis se debe asimismo al benemérito duque de Loubat.44
Véase además Codex telleriano-remensis editado por Eloise Quiñones
Keber, Austin, University of Texas Press, 1995.
Conserva también pinturas de sumo interés el llamado Códice
Borgia de la Biblioteca Vaticana. No poco se ha dicho acerca de su
origen. Así, Seler opinó en diversas ocasiones que era de proceden-
cia zapoteca, no obstante lo cual insinuó alguna vez su posible
origen náhuatl. Por nuestra parte, seguimos la autorizada opinión
del doctor Alfonso Caso, quien, después de un estudio directo de
las pinturas de Tizatlán, Tlaxcala, afirma que:

La analogía es tan extraordinaria que podemos pensar que fue una


misma la cultura que produjo los Tezcatlipocas del Borgia y las pinturas
de Tizatlán.45

Siendo Tizatlán un centro tlaxcalteca, puede con razón soste-


nerse su origen náhuatl.

43
 Codex Vaticanus a (Ríos). Il manoscritto messicano Vaticano 3738, detto il
codice Rios. Riprodotto in fotocromografia a spese di S. E. il Duca di Loubat per
cura della Biblioteca Vaticana, Roma, 1900.
44
 Codex telleriano-remensis. Manuscrit Mexicain du cabinet de Ar. M. Le Tellier,
archevêque de Reims, aujourd’hui à la Bibliothèque Nationale (Ms. Mex. 385).
Ed. E. T. Hamy, Paris, 1899.
45
 Alfonso Caso, “Las ruinas de Tizatlán”, Revista Mexicana de Estudios Histó­
ricos, t. i, n. 4, 1927, p. 139.

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LAS FUENTES 49

El Códice Borgia es uno de los más bellos, tanto por su rico co-
lorido como por la artística concepción de sus pinturas. Al lado de
su contenido, también calendárico, encontramos entre otras cosas
una hermosa estilización de la concepción náhuatl del universo,
con su centro y sus cuatro rumbos cardinales. Igual que en los otros
casos, costeó el duque de Loubat la magnífica edición en fotocro-
mografía del Códice Borgia.46
Guarda también no pocas pinturas valiosas para el estudio del
pensamiento y cultura de los antiguos mexicanos el libro de ilus-
traciones del Códice florentino de Sahagún, publicado en el volu-
men v de la edición facsimilar de Paso y Troncoso. Si bien se des-
cubre en la forma de dibujar y pintar las ilustraciones de los varios
oficios, plantas y animales, tablas calendáricas, etcétera, una mar-
cada influencia española, se refleja también allí, no obstante, mucho
de la auténtica vida cultural de los nahuas.
Puede mencionarse también, por su texto e ilustraciones, la
parte de los Códices matritenses que incluye los Primeros memoriales
recogidos por fray Bernardino de Sahagún: Primeros memoriales, 2 v.,
facsimile edition, paleography and English version by Thelma D.
Sullivan, Norman, University of Oklahoma Press, 1997.
Tan importantes como los anteriores —en lo que se refiere al
estudio del pensamiento náhuatl—, pero de particular interés por
otras razones afines, son los códices Borbónico y Mendocino.
Brevemente diremos acerca del primero que posiblemente es
prehispánico (elaborado hacia 1507), ya que entre sus últimas pin-
turas está la que representa la fiesta del fuego nuevo, que se celebró
en dicho año, según el cómputo occidental. El códice mismo inclu-
ye un tonalámatl o libro adivinatorio y, en cuanto tal, es de inapre-
ciable valor para un estudio pormenorizado de sus ideas calendáricas
y astrológicas. La edición que de él existe la debemos a E. T. Hamy.47

46
 Codex Borgia. Il manoscrito messicano borgiano del Museo Etnografico
della S. Congr. di Prop. Fide. Riprodotto in fotocromografia a spese di S. E. il Duca
di Loubat a cura della Bibl. Vaticana, Roma, 1898. También se ha publicado en
México una nueva edición del Códice Borgia con versión castellana de los comen-
tarios de Eduard Seler: Códice Borgia, 3 v., edición facsimilar y comentarios,
México, Fondo de Cultura Económica, 1963.
47
 Codex borbonicus, le manuscrit mexicain de la Bibliothèque du Palais Bour-
bon. Publié en facsimile avec un commentaire explicatif par E. T. Hamy, Paris,

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50 FILOSOFÍA NÁHUATL

El Códice mendocino, así llamado por contener una serie de datos


recopilados hacia 1541 por orden del virrey don Antonio de Men-
doza, conserva información histórica sobre la fundación de Te­
nochtitlan, el imperio mexica, los tributos que imponía, su sistema
educativo, su derecho, etcétera. En relación con nuestro tema es
importante su última parte, en la que se describen muchas de las
costumbres y la organización jurídica de los antiguos mexicanos. El
Codex Mendoza, conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford,
fue editado primero en México, 1925 (Museo Nacional de Arqueo-
logía, Historia y Etnografía), y después en Londres, 1938, por James
C. Clark.48 Véase asimismo la edición preparada por Frances F. Ber-
dam y Patricia Rieff Anawalt, The essential Codex Mendoza, 4 v., Los
Angeles y Berkeley, University of California Press, 1992.

X) Obras de arte

Es necesario mencionar algunas obras de arte náhuatl en las que


investigadores como Salvador Toscano, Alfonso Caso, Paul Westheim
y Justino Fernández han encontrado un rico contenido ideológico
simbólicamente expresado.49
Son de interés, desde nuestro punto de vista, la Piedra del sol
(llamada también Calendario azteca) y la escultura de Coatlicue
(la del faldellín de serpientes). Sobre el primero de estos monu-
mentos son incontables los estudios a partir de los de Antonio
León y Gama.50

1899. Véase también Códice borbónico, con descripción, historia y exposición de


Francisco del Paso y Troncoso, 2 v., México, Siglo xxi, 1979.
48
 Codex Mendoza, The Mexican manuscript known as the Collection Mendoza
preserved in the Bodleian Library, Oxford, Edited and translated by James Cooper
Clark, London, 1938.
49
 Para una vista general del arte antiguo de México, véase la magnífica obra,
no superada aún, de Salvador Toscano, Arte precolombino de México y de la América
Central, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Inves-
tigaciones Estéticas, 1952. En este libro podrá encontrarse además una buena bi-
bliografía sobre el arte náhuatl, p. 57-65.
50
 Antonio León y Gama, Descripción histórica y cronológica de dos misteriosas pie­
dras que el año 1790 se desenterraron en la plaza mayor de México, 2a. ed., México, 1832.

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LAS FUENTES 51

Por lo que a Coatlicue se refiere —y a reserva de tratar esto más


adelante con mayor detenimiento—, citamos aquí tan sólo el estu-
dio de Justino Fernández, quien ha leído en ella la cosmovisión
náhuatl.51
Existe una muy valiosa serie de volúmenes, fruto de las investi-
gaciones dirigidas por la doctora Beatriz de la Fuente, antigua par-
ticipante en el Seminario de Cultura Náhuatl, sobre pinturas mu-
rales prehispánicas. La serie abarca las pinturas que se conservan
en diversos monumentos de Teotihuacan, Oaxaca, el área Maya y
Cacaxtla. Se trata de una magna aportación en la que han parti-
cipado investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de
México y del Instituto Nacional de Antropología e Historia. La serie,
que continúa en curso de publicación, ha sido editada por el Insti-
tuto de Investigaciones Estéticas de la unam a partir de 1995. El
estudio de no pocas de esas pinturas revela aspectos importantes
del pensamiento náhuatl prehispánico.
Tales son las fuentes en las que, unas veces directa y otras implí-
citamente, se conservan las ideas de carácter filosófico concebidas
por los nahuas. Entre todo ese material de documentos, códices,
pinturas murales y esculturas, conviene repetirlo, son de máxima
importancia los textos en náhuatl recogidos por Sahagún de sus
informantes indígenas, la colección de Cantares mexicanos, los hue­
huehtlahtolli y el original en náhuatl de los Anales de Cuauhtitlán.
Mas, a pesar de ser esta rica documentación el mejor camino
para el estudio, no sólo de la filosofía, sino de la cultura náhuatl en
general, por contener en forma objetiva las opiniones de los nahuas
expresadas por ellos mismos en su propia lengua, desgraciadamente
este último hecho —el encontrarse en náhuatl— ha sido causa de
que tal acervo de información continuara siendo hasta ahora para
la gran mayoría una mina cerrada o casi ignorada.

51
 Justino Fernández, Coatlicue. Estética del arte indígena antiguo, prólogo de
Samuel Ramos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Es-
tudios Filosóficos, 1954. (Segunda edición, México, 1959, y ediciones posteriores.)

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3

LOS INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL

a) Juan José de Eguiara y Eguren

Siendo hasta hace algunas décadas poco conocidas las fuentes, no


será de extrañar que sea escaso lo que sobre el pensamiento filosó-
fico de los nahuas se ha escrito. A modo de notas bibliográficas, nos
referiremos a continuación a aquellos investigadores que más de
cerca han tocado nuestro tema.
Comenzando en el siglo xviii, ya que durante los dos anteriores
tan sólo los citados frailes y cronistas hicieron alusión al tema de
los filósofos nahuas, es de justicia principiar nuestra lista con el
nombre del sabio bibliógrafo mexicano y catedrático de la Real y
Pontificia Universidad de México, Juan José de Eguiara y Eguren
(1696-1763), a quien con razón llamó Juan Hernández Luna “ini-
ciador de la historia de las ideas en México”.52
Es cierto que, antes de Eguiara y Eguren, escribieron ya sobre las
viejas culturas indígenas Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700)
y el célebre viajero italiano Giovanni F. Gemelli Careri (1651-1725).
Sin embargo, por lo que al primero se refiere, las obras que escribió
a este respecto, entre otras su Historia del imperio de los chichimecas,
se hallan desgraciadamente perdidas. Por esto, sólo conocemos de
Sigüenza su fama de gran investigador y coleccionista de las an-
tigüedades mexicanas, así como algunos datos que comunicó a
Careri y que éste incluyó en su Giro del mondo, publicado en 1700.

52
 Véase el interesante trabajo de Juan Hernández Luna, “El iniciador de la
historia de las ideas en México”, Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autóno-
ma de México, Facultad de Filosofía y Letras, México, n. 51-52, julio-diciembre de
1953, p. 55-80.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 53

Pero, si bien encierra este libro noticias de interés, no puede com-


pararse en modo alguno con el trabajo de Eguiara y Eguren, mere-
cedor con pleno derecho del título de “iniciador de la historia de las
ideas en México”, que le ha dado Hernández Luna. Fue en las varias
secciones de su prólogo o Anteloquia a su principal obra, Biblioteca
mexicana (1755), donde, acumulando pruebas, refuta Eguiara al deán
de Alicante, Manuel Martí, que atribuía la más grande barbarie e
incultura a todos los pobladores antiguos y modernos del Nuevo
Mundo en general y de la Nueva España en particular.
Explicando Eguiara en el primero de los Anteloquia sus motivos
para responder al deán, dedica luego las seis secciones siguientes de
su prólogo a presentar, apoyado en el testimonio de los cronistas e
historiadores de Indias, la que considera auténtica cultura de los
antiguos mexicanos. Admite que:

No conocieron los indios ciertamente el empleo de las letras... mas,


no por esto debe decirse que eran rudos e incultos, carentes de toda
ciencia, sin códices ni libros…53

Afirma luego Eguiara con igual fundamento de verdad que

los mexicanos cultivaron la historia y la poesía, las artes retóricas, la


aritmética, la astronomía y todas esas ciencias de las que han quedado
pruebas tan evidentes…54

Corroborando lo anteriormente dicho, menciona luego los có-


dices indígenas coleccionados por Sigüenza y Góngora, en los que
se contienen los anales indígenas, sus leyes, cronología, ritos y cere-
monias y ordenanzas sobre el pago de tributos. Acumula también
citas de quienes han mencionado o aprovechado el rico contenido

53
 Juan José de Eguiara y Eguren, Prólogos a la Biblioteca mexicana, nota preli-
minar por Federico Gómez de Orozco, versión española anotada con un estudio
biográfico y la bibliografía del autor por Agustín Millares Carlo, México, Fondo de
Cultura Económica, 1944, p. 61-62. La Biblioteca mexicana, de la que son prólogo
los Anteloquia, comenzó a publicarse en 1755. Desgraciadamente quedó inédita
en su mayor parte. Tiene el gran mérito de haber sido el primer intento de biblio-
grafía publicada en América.
54
 Loc. cit. Existe nueva edición preparada por Ernesto de la Torre Villar, 4 v.,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986.

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54 FILOSOFÍA NÁHUATL

de los códices: Torquemada, Betancourt, Gómara, Solís, Acosta,


Enrico Martínez, Gemelli y otros.
Estudia pormenorizadamente su sistema educativo. Habla de Ne­
zahualcóyotl, de quien elogia su sabiduría, e incluso cita las primeras
palabras en idioma mexicano de uno de los cantares que tradicional-
mente se le atribuyen. Se ocupa finalmente de los conocimientos
físicos, medicinales y aun teológicos poseídos por los nahuas:

No juzgamos a los antiguos indios alejados del estudio de la física...


y si nos ponemos a examinar sus códices redactados en figuras je-
roglíficas, encontraremos que no pocos de ellos merecen ser llama-
dos tratados teológicos... Siendo todo esto así, nada falta por tanto
a los indios mexicanos para que, con igual razón que a los egipcios, los
llamemos versados en un género superior de sabiduría…55

Tan interesante y poco conocido estudio de Eguiara que ofrece


por primera vez sistemáticamente toda una exposición de la cultura
intelectual de los antiguos mexicanos, mencionando expresamente
a sus sabios y teólogos, creemos que con razón debe ser considerado
como el primer intento de síntesis de lo más valioso de la cultura y
el pensamiento náhuatl.

b) Lorenzo Boturini Benaduci

Contemporáneo y conocido de Eguiara fue el sabio viajero italiano


Lorenzo Boturini Benaduci. Venido a la Nueva España en 1736,
logró reunir una rica colección de manuscritos y códices, como lo
atestigua el catálogo de su Museo Histórico Indiano que acompaña
a su obra fundamental: Idea de una nueva historia general de la Amé­
rica Septentrional.56

 Juan José de Eguiara y Eguren, op. cit., p. 95-96.


55

 Lorenzo Boturini Benaduci, Idea de una nueva historia general de la América


56

Septentrional, Madrid, 1746. Boturini enmarcó su exposición histórico-filosófica


en función de la concepción de la historia de Gianbattista Vico, Principi d’una
scienza nuova. Sobre esto trata Álvaro Matute, Lorenzo Boturini y el pensamien­
to histórico de Vico, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Insti-
tuto de Investigaciones Históricas, 1976. Véase la edición preparada por Miguel
León-Portilla que incluye un amplio estudio introductorio: Lorenzo Boturini

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 55

Si bien en la Idea no trata directamente el tema de la filosofía de


los nahuas, sí encontramos allí varias alusiones sobre el carácter
del pensamiento y cultura nahuas, así como un nuevo método ob-
jetivo para abordar su estudio: “con ocasión de escribir esta Idea
histórica —dice en su ‘protesta preliminar’— me ha sido forzoso
meditar en los Arcanos y Relaciones científicas de los indios y usar
especialmente en la primera y segunda Edad, de sus mismos con-
ceptos para explicarlos…”
Con este criterio estudia entre otras cosas los símbolos nahuas
de las cuatro estaciones, el calendario, la astronomía, las metáforas
implicadas en la lengua náhuatl “que a mi parecer excede en primo-
res a la latina”,57 así como los cantares y poemas de los que afirma
que “quien se pusiere a reflexionarlos con atención hallará en ellos
unas sutilísimas fábulas texidas con elevadas metáforas y alegorías”.58
Desgracia grande fue que Boturini no pudiera aprovechar el
arsenal de documentos, de que fue desposeído.59 Esto no obstante,
su nombre quedará como un símbolo para quienes se afanan por
comprender los aspectos más humanos de la cultura náhuatl.

c) Francisco Xavier Clavijero

Tras haber mencionado a Boturini, nos encontramos ahora con una


figura de mucho mayor significado aun en el estudio de la cultura

Benaduci, Idea de una nueva historia general de la América Septentrional, México,


Editorial Porrúa, 1974.
57
 Lorenzo Boturini, op. cit., p. 162.
58
 Ibid., p. 87-88.
59
 Como es sabido, sólo pudo redactar Boturini la primera parte de la que debía
ser su obra definitiva: Historia general de la América Septentrional, en la que pensaba
exponer in extenso lo apuntado en su Idea. El doctor Manuel Ballesteros Gaibrois
ha publicado por vez primera la sección de la Historia que redactó Boturini en “Do-
cumentos Inéditos para la Historia de España”, tomo iv, Madrid, Imprenta y Edi-
torial Maestre, 1949. En 1948 Manuel Ballesteros Gaibrois publicó la parte que se
conserva de la que Boturini intituló Historia general de la América septentrional que,
aunque trunca, deja ver lo que se proponía realizar acerca de las ideas de los anti-
guos nahuas. Véase: Boturini, Historia general de la América septentrional, Madrid,
1948. En 1990 el mismo editor sacó a luz esta obra de Boturini pero con más am-
plios comentarios: Historia general de la América septentrional, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1990.

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56 FILOSOFÍA NÁHUATL

y antiguas tradiciones de los nahuas: el jesuita Francisco Xavier


Clavijero (1731-1787). Su obra principal, Historia antigua de
México, concebida e iniciada en México, tuvo que ser publicada en
Italia, durante su destierro en Bolonia, a raíz de la expulsión de los
jesuitas en 1767.60
En lo que al pensamiento y cultura de los antiguos mexicanos
se refiere, es mérito grande de Clavijero el haber resumido y orde-
nado, tanto en su Historia como en sus Disertaciones, lo que los
primeros cronistas e historiadores nos relatan acerca de las ideas
religiosas de los nahuas, su concepción de un ser supremo, su cro-
nología, sus mitos cosmogónicos, sus fábulas y discursos, materias
a las que dedica todo el libro vi de su Historia. En el vii se ocupa
además de su sistema educativo, sus leyes, su organización, idioma,
poesía, música, medicina, pintura, etcétera.
Es asimismo de especial interés lo que escribe Clavijero en su
sexta disertación al tratar de la naturaleza de la lengua mexicana:

Aseguro —dice— que no es tan fácil encontrar una lengua más apta
que la mexicana para tratar las materias de la metafísica, pues es di-
fícil de encontrar otra que abunde tanto como ella de nombres abs-
tractos... Pues para dar alguna muestra de esta lengua y por complacer
a la curiosidad de los lectores, pondré aquí a su vista algunas voces
que significan conceptos metafísicos y morales y que las entienden
aun los indios más rudos.61

Mas, no obstante estos acertados comentarios, hay que recono-


cer que la filosofía de los nahuas, en sentido estricto, no fue estu-

60
 El título de la versión italiana es: Storia Antica / del Messico / Cavata
Da’Manoscritti E Dalle Pitture Antiche degl’Indiani: Divisa in Dieci Libri... Opera
Dell’Abate / D. Francesco Saverio / Clavigero. In Cecena mdcclxxx. (4 volúme-
nes.) Sólo hasta fecha reciente se logró hacer una edición sobre el texto original
castellano de Clavijero: Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México, 4 v.,
México, Editorial Porrúa, 1945 (Colección de Escritores Mexicanos).
61
 Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México. Disertaciones, t. iv,
p. 328-329. La “muestra de voces mexicanas que significan conceptos metafísicos
y morales” presentada por Clavijero en su disertación tiene el mérito de ser lo que
nos atrevemos a llamar “primer léxico filosófico náhuatl”. (Véanse las p. 329-330
del t. iv de la mencionada edición de las obras de Clavijero donde aparece la “mues-
tra”, viciada por desgracia con muchas erratas en lo que se refiere a los términos
nahuas.)

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 57

diada por Clavijero. Sin embargo, del conjunto de los datos que
presenta sobre mitos, religión, arte y cultura en general, surge una
viva y sintética imagen del mundo, tal como debió ser visto por los
antiguos mexicanos. La objetividad y el no disimulado “mexicanis-
mo” de Clavijero hacen de su Historia y sus disertaciones el primer
intento serio de aprovechar la mayor parte de las fuentes con el fin
de reconstruir integralmente la vida cultural de los pueblos nahuas.
Clavijero fue criticado duramente por el historiador inglés Wi-
lliam Robertson en su History of America. Al contestar a los reproches
que aquél le había formulado, Robertson expresó que Clavijero no
pudo consultar en Italia los testimonios en náhuatl que, según es-
cribió, eran la base de su obra. Consta, sin embargo, que la lectura
de la Monarquía indiana, escrita por fray Juan de Torquemada, la
cual tuvo a su alcance en Italia, le permitió recordar las fuentes
indígenas que el mismo Clavijero había estudiado en México y que
eran las que el propio Torquemada había citado. De este modo el
antiguo jesuita pudo aludir con certeza a esas fuentes que fueron
básicas para su Historia.
El interés por conocer la antigua cultura mexicana pronto iba
a tener continuadores, algunos de ellos extranjeros, como Alexander
von Humboldt, quien, especialmente en su Vista de las cordilleras y
de los monumentos de los pueblos indígenas de América, muestra repe-
tidas veces su afán humanista de comprender plenamente la forma
náhuatl de vivir y de ver el mundo.62
Después de Humboldt, es de justicia nombrar siquiera al infor-
tunado Lord Kingsborough, quien, en sus Antiquities of Mexico (Lon-
dres, 1830-1848), puso al alcance de las principales bibliotecas del
mundo muchos de los códices indígenas reproducidos con la mejor
técnica de su tiempo.
Sin embargo, nos es forzoso admitir que, no obstante tales tra-
bajos y publicaciones, hay que aguardar hasta casi fines del siglo xix
para encontrar los primeros intentos de estudiar específicamente lo
que constituye nuestro tema: la filosofía de los nahuas.

62
 Véase Alexander von Humboldt, Vues des cordillères et monuments des peuples
indigènes de l’Amérique, Paris, 1813.

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58 FILOSOFÍA NÁHUATL

d) Manuel Orozco y Berra

Fue Manuel Orozco y Berra quien, por vez primera en su monu-


mental Historia antigua y de la Conquista de México, consagró el
primer libro de ella al estudio de sus mitos y pensamiento, inclu-
yendo una exposición de las ideas filosóficas nahuas.63
Partiendo fundamentalmente de las ideas cosmogónicas expre-
sadas en el Códice Vaticano a 3738, presenta el mito de los soles, el
origen de los astros y los dioses, la creencia en el Tloque Nahuaque y
en la Oméyotl o dualidad divina. Se ocupa luego de las ideas que sobre
la tierra, los cielos, la luna y el sol profesaban los nahuas. Y llega a
afirmar que “los mexicanos además de los cuerpos celestes adoraban
a los cuatro elementos”. En cuanto al origen de los varios pueblos
comprendidos en el imperio mexícatl, atribuye Orozco a sus filósofos
una concepción monogenista expresada platónicamente en forma
de mitos. Narrando a este propósito las leyendas de Iztacmixcóatl
(culebra de nubes blancas) y de sus seis hijos, escribe luego: “es la
expresión de los filósofos mexicanos reconociendo a todos los pue-
blos del imperio, fueran cuales fuesen sus diferencias etnográficas,
como provenidos de un solo tronco”.64 Comparando luego la men-
talidad mexica con la pitagórica, dice que para una y otra

el mundo sublunar era teatro de un combate sin fin entre la vida y la


muerte... era la región de los cuatro elementos, tierra, aire, agua y
fuego, los cuales por sus uniones, divorcios y transformaciones ince-
santes producían todos los fenómenos accidentales que aparecen a
nuestra vista.65

Sin adentrarnos a discutir lo acertado o no que es comparar el


pensamiento náhuatl con la filosofía pitagórica, o con el pensamien-
to de la India, como lo hace también Orozco y Berra, sí podemos
afirmar que hay al menos en estos intentos el propósito de mostrar

63
 Manuel Orozco y Berra, Historia antigua y de la Conquista de México, 4 v. y
atlas, México, 1880. Véase especialmente el libro i.
64
 Ibid., v. i, p. 31.
65
 Ibid., v. i, p. 41. De la Historia antigua… de Orozco y Berra hay edición con
estudio introductorio y notas por Ángel María Garibay K. y Miguel León-Portilla,
4 v., México, Editorial Porrúa, 1964 (y reimpresiones).

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 59

el valor y sentido universalmente humano de las ideas nahuas. Des-


graciadamente Orozco y Berra no conoció los textos y poemas nahuas
recogidos por Sahagún, del todo inéditos por ese tiempo. Y es lástima
que esto así fuera, porque, tomando en cuenta la competencia y pre-
paración histórica de Orozco, es verosímil suponer que podría haber-
nos legado la primera síntesis del auténtico filosofar náhuatl, en vez
de los tanteos y aproximaciones que únicamente escribió.

e) Alfredo Chavero

Muy pocos años después de publicada la Historia de Orozco y Berra,


aparece otra obra de gran importancia escrita por Alfredo Chavero,
en la que más expresamente aun se estudia el tema de la filosofía
náhuatl. La obra a que nos referimos, de título muy parecido a la de
Orozco y Berra, es la Historia antigua y de la Conquista, redactada por
Chavero para constituir el tomo i de México a través de los siglos (1887).66
Allí, después de dedicar Chavero los capítulos ii y iii de su libro i
a la exposición de los mitos e ideas religiosas de los pueblos nahuas,
consagra el capítulo iv a la que él llama “filosofía nahoa”. Para dar
una idea de la interpretación que hace Chavero del pensamiento
náhuatl, transcribiremos algunos párrafos en los que aparecerán
claramente sus opiniones:

Bastante nos indica la teogonía nahoa a este respecto y sin embargo


escritores de mucha nota se han extraviado por querer atribuir a la
raza náhuatl todas las perfecciones posibles. Así no dudan en afirmar
que las primeras tribus, los mismos toltecas, fueron deístas. Pero su
cosmogonía nos dice lo contrario. Comprendieron un ser, el Omete­
cuhtli; pero ese creador era el elemento material fuego y la creación se
producía por el hecho material del omeycualiztli. El ser creador era el
eterno, el Ayamictlan; pero lo imperecedero continuaba siendo la ma-
teria fuego. Los dioses son los cuatro seres materiales, los cuatro as-
tros... Para explicarse la aparición del hombre recurrieron a la acción
material del fuego sobre la tierra, al matrimonio simbólico de Tona­

66
 Alfredo Chavero, Historia antigua y de la Conquista, en Vicente Riva Palacio
y otros, México a través de los siglos, México y Barcelona, Espasa-J. Ballescá, s. f.
[1887], t. i.

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60 FILOSOFÍA NÁHUATL

catecuhtli y Tonacacíhuatl. Jamás se percibe siquiera la idea de un ser


espiritual. Los nahoas no fueron deístas, ni puede decirse que su filo-
sofía fue el panteísmo asiático; fue tan sólo un materialismo basado
en la eternidad de la materia. Su religión fue el sabeísmo de cuatro
astros, y como su filosofía, fue también materialista.67

Y añade algo más abajo, refiriéndose a la concepción náhuatl


del más allá:

Por más que queramos idealizar a la raza nahoa, tenemos que conve-
nir en que el camino de los muertos y su fenecimiento en el Mictlan
revelan un claro materialismo.68

Finalmente, como resumen de la apreciación de Chavero, pue-


de aducirse el siguiente párrafo de carácter más bien pesimista y
negativo:

Por más que quisiéramos sostener que los nahoas habían alcanzado
una gran filosofía, que eran deístas y que profesaban la inmortalidad
del alma, lo que también creíamos antes, tenemos sin embargo que
confesar que su civilización, consecuente con el medio social en que se
desarrollaba, no alcanzó a tales alturas. Sus dioses eran materiales; el
fuego eterno era la materia eterna; los hombres eran hijos y habían
sido creados por su padre el sol y por su madre la tierra; el fatalismo
era la filosofía de la vida.69

Tal es la interpretación que da Chavero de la filosofía náhuatl.


Afirma explícitamente su existencia, pero aplicando luego quizá a los
nahuas algo de sus propias convicciones positivistas, los declara ma-
terialistas, sin fijarse que se está poniendo en abierta contradicción
con la tesis positivista de los tres estadios y con la historia misma que
nos muestra que la concepción del mundo propia de los pueblos de la
antigüedad ha tendido siempre hacia el animismo, la teología y la me-
tafísica. Por esto, no obstante que reconocemos los méritos de la obra
de Chavero, no podemos menos de calificar de ligera y poco fundada
su interpretación del pensamiento náhuatl. Y es que las fuentes a que

67
 Alfredo Chavero, op. cit., p. 105.
68
 Ibid., p. 106.
69
 Loc. cit.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 61

acudió son incompletas. No estaban al alcance de Chavero, como ni


de Orozco y Berra, los documentos en náhuatl dictados por los in-
formantes de Sahagún, en los que, como veremos detenidamente, se
encierra hondo pensamiento filosófico que no puede ser calificado en
modo alguno de “materialista”. Más que otra cosa queda a Chavero
el mérito de haber señalado un tema que debía estudiarse, ya que él
mismo, desviado por su positivismo y su fantasía, tan sólo logró dar
una exposición incompleta y poco fundada.

f) Emeterio Valverde Téllez

Mucho más cauto que Chavero y ciñéndose a los pocos datos que le
eran conocidos con certeza, dedica el primer historiador de la filoso-
fía en México, Emeterio Valverde Téllez, tres breves páginas de sus
Apuntaciones históricas a la que él llama “filosofía antes de la Con­
quista”. Afirma allí, matizando cuidadosamente su pensamiento,
la existencia de filósofos entre los antiguos mexicanos:

No dudamos —dice— de que los mexicanos anteriores a la conquista,


como hombres racionales, hayan tenido sus filósofos. Era difícil que
su filosofía se distinguiera perfectamente de sus ideas religiosas por
una parte, y por otra, de sus ideas astronómicas y físicas.70

Presenta luego Valverde, en prueba de lo dicho, una cita que


toma de Clavijero, en donde éste, basado en las afirmaciones de
Ixtlilxóchitl, habla de los conocimientos astronómicos, naturales y
filosóficos del rey Nezahualcóyotl, a quien se atribuye haber descu-
bierto la idea de un dios único, creador de todas las cosas. Confirma
así Valverde Téllez en la figura del sabio rey de Tezcoco, que fue a la
vez —según testimonio de Ixtlilxóchitl— observador de los astros, in-
vestigador de la naturaleza, hombre religioso y pensador profundo, lo
que ha dicho sobre la dificultad de “tirar una línea divisoria de los
objetos formales de las diversas ciencias”, por lo que a los antiguos
mexicanos se refiere. Lo cual, añadimos nosotros, no sólo es verdadero

70
 Emeterio Valverde Téllez, Apuntaciones históricas sobre la filosofía en México,
México, Herrero Hermanos Editores, 1896, p. 36.

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62 FILOSOFÍA NÁHUATL

respecto de los antiguos pobladores de México, sino aun de los pri-


meros sabios griegos, como Tales, Anaximandro, Anaxímenes, He-
ráclito, etcétera, quienes recibieron a la vez y con igual justicia los
títulos de filósofos, físicos y astrónomos. Y es que hay que aguardar
hasta plena edad moderna para encontrar una cabal diversificación
en los objetos formales de las diversas ciencias. Precisamente por
haber fijado con claridad su propio campo de investigación se llamó
a Copérnico padre de la astronomía, a Newton de la física y a Lavoi-
sier de la química. Anteriormente todas estas ciencias eran parte
indiscutible de la filosofía.
Siendo pues del todo acertadas las consideraciones hechas por
Valverde Téllez, es sólo de lamentar que las verdaderas fuentes del
pensamiento filosófico náhuatl le fueran desconocidas. Lo cual no
es un reproche, ya que, como vamos a ver, fue precisamente unos
cuantos años después de la publicación de sus Apuntamientos cuando
dichas fuentes comenzaron a ser descubiertas y publicadas.
Habiendo mencionado los principales estudios íntimamente
ligados con nuestro tema que se llevaron a cabo durante el siglo xix,
es necesario pasar a ocuparnos brevemente de aquellos que han
investigado y escrito en nuestro propio siglo sobre materias relacio-
nadas con el pensamiento náhuatl.

g) Porfirio Parra

Con el fin de no dejar suelto, en cuanto sea posible, ningún cabo


relacionado con nuestro estudio, vamos a mencionar un trabajo del
conocido pensador y maestro de lógica, doctor Porfirio Parra.
Discípulo de Gabino Barreda, e imbuido más aún que Chavero
en las ideas del positivismo en boga, escribió Parra a principios de
siglo la historia del que llamó “reinado luminoso de la Ciencia” en
México.71 Dedica Parra al principio de dicho estudio escasas páginas
a un rápido y, nos atrevemos a decir, apriorístico examen de la antigua

71
 Porfirio Parra, “La ciencia en México”, en México, su evolución social. Sínte­
sis de la historia política..., bajo la dirección del Lic. Don Justo Sierra, México, 1902,
t. i, v. 2, p. 417-466. Hay edición facsimilar de los tres volúmenes que integran
esta obra: México, su evolución social, 3 v., introducción de Angélica Moya López,

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 63

cultura náhuatl. Partiendo de la idea de que “el movimiento cientí-


fico en nuestro país es de origen exclusivamente español”,72 comienza
por afirmar que, supuesto lo imperfecto de la escritura náhuatl, no
pudieron los indígenas “consignar las ideas abstractas de espacio, de
tiempo, de divisibilidad, bases necesarias de la matemática, que a su
vez es base de toda ciencia...”,73 y como para confirmar lo que ha dicho
menciona luego Parra el que juzga ser el modo náhuatl de contar:

igual, si no mayor obstáculo para el cultivo de las ciencias puras, en-


contraban las tribus nahuas en su imperfecto sistema de numeración,
si es que a llamarlo sistema nos atrevemos... el examen directo del
medio que para tal fin usaban los aborígenes, el testimonio de auto-
ridades respetables... nos enseña que los indígenas sólo contaban sin
equivocarse hasta veinte.74

Y continúa su examen de la cultura náhuatl, negando todo va-


lor científico a su cronología y astronomía, sin mencionar siquiera
cuáles son esas “autoridades respetables” que le informaron que los
indios “sólo contaban sin equivocarse hasta veinte” y que le hicie-
ron saber que los nahuas “no poseían medio alguno para medir los
ángulos, ni los cortos periodos de tiempo”.
Ninguna refutación se merecen tan equivocadas apreciaciones
de Parra, sólo comparables a las del filósofo prusiano señor Paw, de
quien nos habla Clavijero que sostenía que la numeración náhuatl
sólo llegaba a tres y a quien graciosamente respondió así en una de
sus disertaciones:

Yo aprendí la lengua mexicana y la oí hablar a los mexicanos muchos


años, y sin embargo, no sabía que fuera tan escasa de voces numera-
les y de términos significativos de ideas universales, hasta que no vino
a ilustrarme Paw. Yo sabía que los mexicanos pusieron el nombre
centzontli (400), o más bien el de centzontlatole (el que tiene 400 vo-
ces), a aquel pájaro tan celebrado por su singular dulzura y por la
incomparable variedad de su canto... Yo sabía, finalmente, que los

México, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y Miguel Ángel


Porrúa, librero-editor, 2005.
72
 Ibid., p. 424.
73
 Loc. cit.
74
 Ibid., p. 424-425.

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64 FILOSOFÍA NÁHUATL

mexicanos tenían voces numerales para significar cuantos millares y


millones querían.75

Después de esta contestación de Clavijero, causa admiración


que un mexicano, profesor de lógica y gran positivista por añadi-
dura, venga a opinar en tal forma sobre los nahuas que a su juicio
“sólo contaban sin equivocarse hasta veinte”.
Contrastando con tan ligeras apreciaciones de Parra están los tra-
bajos de investigación directa que por este tiempo llevaban a cabo
Francisco del Paso y Troncoso, Antonio Peñafiel y Joaquín García Icaz-
balceta, eximios en la búsqueda y publicación de textos inéditos, muchos
de ellos en náhuatl, referentes a la antigua cultura mexicana. No vamos
a detenernos de nuevo en señalar cuáles fueron las obras y documentos
que, en relación con nuestro asunto, publicaron estos investigadores,
ya que de esto hemos tratado al hablar de las fuentes. Tan sólo hacemos
constar aquí cuál es su mérito al hacer asequible por vez primera la
documentación necesaria para poder estudiar, no ya a base de hipóte-
sis y conjeturas, sino directamente, el pensamiento náhuatl.

h) Eduard Seler

Toca ahora referirnos a la que podríamos llamar “escuela alemana”


de investigadores de la antigua cultura mexicana. Su fundador fue
Eduard Seler (1849-1922). Ya hemos hablado de sus trabajos como
traductor y editor de algunos de los textos en náhuatl recogidos por
Sahagún y de otras procedencias, tarea en la que encontró seguidores
también alemanes como Lehmann, Schultze-Jena y Mengin.
Brevemente vamos a exponer aquí sus opiniones relativas al pen-
samiento filosófico náhuatl. Aun cuando originalmente se encuen-
tran esparcidas en varias revistas y publicaciones, fueron reunidas
finalmente en esa enciclopedia de las culturas mesoamericanas que
son sus Gesammelte Abhandlungen.76
75
 Francisco Javier Clavijero, Disertación vi, en Historia antigua de México,
t. iv, p. 324.
76
 Eduard Seler, Gesammelte Abhandlungen zur Amerikanischen Sprach- und Al­
tertumskunde, 5 v., Berlin, Ascher und Co. y Behrend und Co., 1902-1923. Con-
viene señalar que existe traducción al inglés de estos volúmenes en que se reunió

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 65

Del inmenso material nos fijamos tan sólo en aquellos estu-


dios que más interés tienen desde nuestro punto de vista. Nos
encontramos así en un trabajo titulado Algo sobre los fundamen­
tos naturales de los mitos mexicanos un magnífico ensayo dirigido
a determinar cuáles son los elementos estrictamente toltecas en la
mitología náhuatl del siglo xvi.77
Sus escritos sobre varios de los antiguos códices encierran tam-
bién ideas muy importantes para la comprensión de la cosmovisión
náhuatl. Pero hay especialmente cuatro trabajos de Seler de particu-
lar interés: La imagen mexicana del mundo, Aparición del mundo y de
los hombres, nacimiento del sol y de la luna, Los primeros hombres y el
mundo celeste y El mito principal de las tribus mexicanas.78
En todos estos trabajos aparece la reconstrucción de la cosmo-
visión náhuatl establecida sobre la firme base de los cronistas, los
códices y la documentación náhuatl. Como un ejemplo de la forma
en que elaboraba Seler sus trabajos, citaremos un trozo del mencio-
nado estudio La imagen mexicana del mundo, en el que sintetiza sus
ideas acerca del principio cósmico. Tras hacer mención de sus fuen-
tes, que son aquí los códices Vaticano a 3738 (f. 1) y Telleriano
remensis (f. 8), habla Seler de:

Los dos dioses cuyo nombre es Tonacatecuhtli, Tonacacíhuatl, “Señor y


Señora de nuestro sustento”, u Ometecuhtli, Omecíhuatl, “Señor y Se-
ñora de la dualidad”. La diosa también se llama Xochiquetzal, “flores y
adornos de plumas”. Estos dioses, que eran para los mexicanos los
dioses del amor, de la generación, del nacimiento y, en forma corres-
pondiente, de lo que mantiene la vida, del sustento, del maíz, etcétera,
habitaban el decimotercer cielo. Correspondiendo en todo a lo repre-
sentado por el Códice Vaticano está lo expresado por Sahagún (lib. x,
cap. 29), donde dice que en este lugar está concentrado el principio de
la vida y por razón de estos dioses es llamado Omeyocan, lugar de la

gran parte de las aportaciones de Seler: Collected Works in Mesoamerican Linguistics


and Archaeology, 6 v. and Index, Lancaster California, 1998.
77
 Ibid., v. iii, p. 305-354. El título original de este trabajo es Einiges über die
natürlichen Grundlagen mexikanischer Myten.
78
 Ibid., v. iv, p. 3-155. (Los títulos originales de estos estudios son: Das Welt­
bild der alten Mexikaner; Entstehung der Welt und der Menschen, Geburt von Sonne
und Mond; Die ersten Menschen und die Sternewelt, y Der Hauptmythus der mexika­
nische Stämme.)

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66 FILOSOFÍA NÁHUATL

dualidad. De allí, según creían los mexicanos, eran enviados los niños
al mundo (Sahagún, lib. vi, cap. 32). Por este motivo se llamaba tam-
bién a este cielo supremo Tamoanchan, lugar de donde se procede, esto
es, lugar del nacimiento. Un nombre que, como lo he mostrado, era
por esto como un lugar mítico del origen de los nahuas, puesto que
estando allí el principio de la vida individual, era natural que fuera
también el sitio de donde procedían los pueblos.79

En esta forma, apoyándose siempre en códices, textos nahuas,


cronistas y hallazgos arqueológicos, es como escribió Seler sus pro-
fundos trabajos sobre la cosmovisión náhuatl, que tan firme base
ofrecen para lo que podríamos llamar continuación de su obra,
pasando ya a ese estadio en el que el mito comienza a racionalizarse,
convirtiéndose en filosofía.

i) Walter Lehmann y Hermann Beyer

Discípulo de Seler y, como él, estudioso de los viejos textos nahuas


fue Walter Lehmann (muerto en 1939), a quien, como hemos visto,
debemos, entre otras cosas, la primera traducción del original ná-
huatl de los Coloquios de los doce, así como una excelente versión
paleográfica de los Anales de Cuauhtitlán. Sus preocupaciones acer-
ca del significado filosófico de las culturas maya y náhuatl quedaron
esbozadas en un interesante estudio que fue dado a conocer después
de su muerte y en el que señala la necesidad de no quedarse en los
meros datos arqueológicos, sino antes bien de aprovecharlos para
integrar la imagen completa de las viejas culturas, hasta desembocar
en lo que fue su alma: la filosofía.80
Dentro de las tendencias humanistas de la que hemos llamado
“escuela alemana” estuvo asimismo Hermann Beyer, de quien he-
mos encontrado dos interesantes y poco conocidos trabajos publi-
cados en un libro de homenaje a Humboldt con motivo del descu-
brimiento de su estatua en el jardín de la antigua Biblioteca Nacional

 Ibid., v. iv, Das Weltbild der alten Mexikaner, p. 25-26.


79

 Véase Walter Lehmann, “Die Bedeutung der Altamerikanischen Hochkul-


80

turen für die allgemeine Geschichte der Menschheit”, Ibero-Amerikanisches Archiv,


April-Juli 1943, p. 65-71.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 67

de México.81 De interés es el estudio titulado Imagen de la religión


azteca, según Alexander von Humboldt. Afirma allí Beyer que si

nos adentramos más en el lenguaje simbólico de los mitos y de las


representaciones figuradas de los códices, veremos que el craso poli-
teísmo que nos sale al paso en el antiguo México es la mera referencia
simbólica a los fenómenos naturales, ya que el pensamiento de los
sacerdotes había concebido ideas religioso-filosóficas de mayores al-
cances. Los dos mil dioses de la gran multitud de que habla Gómara
eran para los sabios e iniciados tan sólo otras tantas manifestaciones
de lo Uno. En la figura del dios Tonacatecuhtli encontramos un susti-
tuto del monoteísmo. Es él el viejo dios creador que reina en el deci-
motercer cielo y desde allí envía su influjo y calor gracias al cual los
niños son concebidos en el seno materno. Para expresar la idea de que
las fuerzas cósmicas eran emanaciones del principio divino (Ur­
gottheit) se designaba a los dioses de la naturaleza como hijos de To­
nacatecuhtli... Y el que el antiguo dios aparezca (a veces) en forma
femenina contradice tanto y tan poco al principio monoteístico como
la Trinidad cristiana. Encontramos en el panteón mexicano una pa-
reja divina como fundamento único e idéntico del universo. El que
también fuera para los mexicanos el sol la fuente de toda la vida terres-
tre desempeña la misma función que el viejo dios creador con el cual
por este motivo estaba identificado. El fuego, el calor, es para los pri-
mitivos filósofos la fuerza vital que lo pervade todo.82

Tan interesante análisis que apunta a expresar la opinión de


Beyer de que la cosmovisión náhuatl era de tipo monista-panteísta
contrasta con la opinión de Chavero, para quien el pensamiento
náhuatl era de tipo materialista. Mas, sin pretender dilucidar ahora
esta cuestión, ya que preferimos que los textos hablen por sí mismos
en nuestra parte expositiva, tan sólo llamamos la atención sobre
este estudio de Beyer que concluye con las siguientes palabras:

81
 Ernest Wittich, Hermann Beyer, et al., Wissenschaftliche Festschrift zur
Enthüllung des von Seiten Seiner Majestät Kaiser Wilhelm II dem Mexikanischen Volke
zum Jubiläum seiner Unabhängigkeit gestifteten Humboldt-Denkmals, Mexiko, Müller
Hnos., 1910. (Véanse especialmente: Hermann Beyer, “Über eine Namenshiero-
glyphe des Kodex Humboldt”, p. 95-105, y, del mismo autor, “Das aztekische
Götterbild Alexander von Humboldt’s”, p. 109-119.)
82
 Hermann Beyer, “Das aztekische Götterbild Alexander von Humboldt’s”,
p. 116.

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68 FILOSOFÍA NÁHUATL

Y podemos decir que ya no está lejano el día en que —al menos en sus
líneas fundamentales— pueda ser comprendido el sistema mitológico
de los pensadores de Anáhuac.83

Tras habernos ocupado de la “escuela alemana”, y ante la im-


posibilidad de detenernos en autores —desde otros puntos de vista
imprescindibles— como Herbert J. Spinden, Miguel Othón de Men-
dizábal, Theodor W. Danzel, George C. Vaillant, Salvador Toscano,
Paul Westheim y otros, cuyas obras mencionaremos únicamente
en la bibliografía final, ya que menos directamente se relacionan
con nuestro tema, sí queremos referirnos ahora a algunos eminen-
tes maestros contemporáneos, cuyas aportaciones para el estudio
de la filosofía náhuatl son de positivo valor.84
Citaremos al menos la serie de estudios del notable antropólo-
go argentino doctor José Imbelloni, publicados con el título de “El
génesis de los pueblos protohistóricos de América”, en el Boletín de
la Academia Argentina de Ciencias Naturales, t. viii (1942) y siguien-
tes, así como el trabajo del ingeniero Alberto Escalona Ramos: “Una
interpretación de la cultura maya y mexica”, en el Boletín de la So­
ciedad Mexicana de Geografía y Estadística, t. lxix, n. 1-2, p. 57-189.
No nos detendremos en el análisis de estas obras por juzgar que su
ambicioso propósito de comparar las culturas náhuatl y maya con
otras de América, del cercano Oriente, de Grecia, de la India y
China, etcétera, es algo que rebasa por completo los límites más
modestos de nuestro intento: estudiar el pensamiento náhuatl a
través de sus fuentes auténticas.

j) Manuel Gamio

Por expresar la importancia metodológica de los estudios sobre el


pensamiento indígena, mencionaremos aquí una idea fundamental

 Ibid., p. 119.
83

 Antes queremos señalar tan sólo que el primero en ofrecer nueva síntesis
84

del pensamiento religioso de los nahuas fue Lewis Spence, quien, sin llegar a des-
cubrir aún en The Civilization of Ancient Mexico (Cambridge, 1912) o en The Gods
of Mexico (London, 1923) el meollo mismo de la concepción religiosa de Anáhuac,
logró sin embargo presentar un bien documentado trabajo de introducción, que
aun actualmente sigue siendo de utilidad.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 69

expuesta por el doctor Manuel Gamio en su obra Forjando patria.85


Tratando del arte indígena, y aceptando el abismo que existe entre
el criterio estético occidental y el propio de los indios, señaló la
razón por la que ordinariamente el arte indígena no despierta en el
observador occidental emoción estética alguna. Acontece esto

porque no se puede calificar en ningún sentido aquello de que no se


tiene conocimiento, y lo que por primera vez se contempla no puede
ser apreciado ni estimado suficientemente para calificarlo.86

Para comprender el arte indígena es pues necesario empaparse


de la mentalidad indígena, conocer sus antecedentes, sus mitos, su
cosmografía, su filosofía, en una palabra, hay que adquirir los mol-
des genéricos del pensamiento indígena. Tal idea expresada por Ga-
mio, en relación con el arte, tiene implícitamente un alcance más
universal aún: para comprender a fondo, integralmente, cualquier
aspecto o manifestación de la cultura, es menester reconstruir
humanísticamente todos los aspectos de su cosmovisión y de ser
posible de lo más elaborado de ésta, su filosofía. Tal es el criterio
metodológico de Gamio.
Importa mencionar la que fue aportación monumental de Ma-
nuel Gamio: La población del valle de Teotihuacan, en tres volúmenes,
con la participación de varios especialistas en distintas disciplinas:
arqueólogos, etnólogos, lingüistas, historiadores, arquitectos, eco-
nomistas, sociólogos y otros.
El propósito de Gamio fue lograr una comprensión integral de la
cultura teotihuacana a través de los tiempos. Ello incluyó llegar a su
propio presente. Tan amplio propósito implicó, como era de esperarse,
varias aproximaciones al pensamiento religioso y a la cosmovisión de
los teotihuacanos. También abarcó lo tocante a la lengua náhuatl, que
aún se hablaba en varios lugares al tiempo en que Gamio realizaba
su investigación. Acercarse a los capítulos que versan sobre todo esto
permite apreciar cuál había sido un antiguo discurrir filosófico que,

85
 Manuel, Gamio, Forjando patria (pro-nacionalismo), México, Librería de
Porrúa, 1916. (Véase especialmente “El concepto del arte prehispánico”, p. 69-79.)
Hay reedición de esta obra, con prólogo de Justino Fernández en que valora su
concepto del arte prehispánico: Forjando patria, México, Editorial Porrúa, 1960.
86
 Op. cit., p. 74.

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70 FILOSOFÍA NÁHUATL

a partir de la Conquista, dio lugar, como opinó Gamio, a un sincre-


tismo de ideas prehispánicas e hispano-católicas. Gamio fue así
pionero en destacar la importancia de un pensamiento religioso y
filosófico en el desarrollo cultural de los habitantes de Teotihuacan.87

k) Alfonso Caso

Entre los modernos arqueólogos y antropólogos, ninguno quizás ha


logrado embeberse tan profundamente de un semejante criterio
humanista como Alfonso Caso. Varios son los estudios escritos
por él acerca de las ideas y cosmovisión de los nahuas. Pero, es-
pecialmente, en las tres obras siguientes se expresan como en
síntesis los resultados de sus investigaciones: La religión de los azte­
cas (1936 y 1945), “El águila y el nopal” (1946) y El pueblo del sol
(1953).88 Comienza Caso su exposición de la religión náhuatl seña-
lando el hecho de que entre

las clases incultas había una tendencia a exagerar el politeísmo, con-


cibiendo como varios dioses lo que en la mente de los sacerdotes sólo
eran manifestaciones o advocaciones del mismo dios.89

Contrasta, por tanto, la que podríamos llamar actitud religiosa del


pueblo con el anhelo de unidad existente en los medios sacerdotales:

por otra parte son patentes los esfuerzos de los sacerdotes aztecas por
reducir las divinidades múltiples a aspectos diversos de una misma
divinidad, y al adoptar los dioses de los pueblos conquistados, o al
recibirlos de otros pueblos de cultura más avanzada, trataron siempre
de incorporarlos, como hicieron los romanos, a su panteón nacional,
considerándolos como manifestaciones diversas de los dioses que

87
 Manuel Gamio, et al., La población del Valle de Teotihuacan, 3 v., México,
Secretaría de Educación Pública, Dirección de Talleres Gráficos, 1922.
88
 Alfonso Caso, La religión de los aztecas, México, Enciclopedia Ilustrada Mexi-
cana, 1936; “El águila y el nopal”, en Memorias de la Academia Mexicana de la Histo­
ria, México, t. v, n. 2, 1946, y El pueblo del sol, México, Fondo de Cultura
Económica, 1953.
89
 Alfonso Caso, La religión de los aztecas, p. 7. Véase también: El pueblo del sol,
p. 16-17.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 71

habían heredado de las grandes civilizaciones que les habían precedi-


do y de las que derivaban su cultura.90

Finalmente se refiere Caso a

una escuela filosófica muy antigua [que] sostenía que el origen de


todas las cosas es un solo principio dual, masculino y femenino, que
había engendrado a los dioses, al mundo y a los hombres y, superando
todavía esta actitud en ciertos hombres excepcionales, como el rey
de Tezcoco, Nezahualcóyotl, aparece ya la idea de la adoración prefe-
rente a un dios invisible que no se puede representar, llamado Tloque
Nahuaque o Ipalnemohuani, “el dios de la inmediata vecindad”, “Aquel
por quien todos viven”.91

Mas, como “nunca han tenido gran popularidad los dioses de


los filósofos”, la cosmovisión religiosa del pueblo náhuatl siguió
desarrollándose por su propia cuenta.
Si reflexionamos ahora sobre los datos aportados por Caso, vere-
mos que distingue en ellos tres capas o substratos en la cosmovisión
religiosa de los nahuas:

1. El substrato popular: politeísta.


2. El substrato sacerdotal: trata de reducir lo múltiple a meros aspectos
de una divinidad.
3. El substrato filosófico: había una escuela filosófica muy antigua que
afirmaba el principio cósmico dual y aun pensadores aislados que se
acercaban al monoteísmo.

Habiendo señalado así por vez primera en forma nítida la com-


plejidad de elementos del pensamiento náhuatl, consagra Caso prin-
cipalmente su atención al estudio de los dos primeros substratos: el
popular y el sacerdotal, refiriéndose secundariamente al estricta-
mente filosófico, ya que el fin de sus trabajos es estudiar la religión
náhuatl. Expone luego ordenadamente los mitos de la creación de
los dioses, la distribución cósmica según los cuatro puntos cardina-
les, la creación del hombre, los cuatro soles, la misión de Quetzalcóatl

90
 Op. cit., p. 8 y 17.
91
 Ibid., p. 8 y 18.

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72 FILOSOFÍA NÁHUATL

y sus luchas con Tezcatlipoca, los atributos de los dioses del fuego,
del agua, de la vegetación, de la tierra y de la muerte.
Pero, hurgando en la cosmovisión religiosa, no se detiene Caso
en la mera exposición de los grandes mitos, sino que descubre la
clave, o leit-motiv, del pensamiento náhuatl: el hombre concebido
como colaborador de los dioses, particularmente el sol, Huitzilo­
pochtli:

el joven guerrero que nace todas las mañanas del vientre de la vieja
diosa de la tierra y muere todas las tardes para alumbrar con su luz
apagada el mundo de los muertos. Pero al nacer el dios tiene que
entablar combate con sus hermanos, las estrellas, y con su hermana,
la luna, y armado de la serpiente de fuego, el rayo solar, todos los
días los pone en fuga y su victoria significa un nuevo día de vida para
los hombres. Al consumar su victoria es llevado en triunfo hasta el
medio del cielo por las almas de los guerreros que han muerto en la
guerra o en la piedra de los sacrificios, y cuando empieza la tarde,
es recogido por las almas de las mujeres muertas en parto, que se
equiparan a los guerreros porque murieron al tomar prisionero a un
hombre, el recién nacido... Todos los días se entabla este divino com-
bate; pero para que triunfe el sol, es menester que sea fuerte y vigoro-
so, pues tiene que luchar contra las innumerables estrellas... Por eso
el hombre debe alimentar al sol, pero como dios que es, desdeña los
alimentos groseros de los hombres y sólo puede ser mantenido con la
vida misma, con la substancia mágica que se encuentra en la sangre
del hombre, el chalchíhuatl, el “líquido precioso”, el terrible néctar de
que se alimentan los dioses.
El azteca, el pueblo de Huitzilopochtli, es el pueblo elegido por el
sol; es el encargado de proporcionarle su alimento; por eso para él la
guerra es una forma de culto y una actividad necesaria.92

Tal concepción que viene a hacer de los mexicas “el pueblo del
Sol”, como acertadamente los ha designado Caso, aparece asimis-
mo confirmada en los cuidadosos análisis hechos, por el mismo
autor, del viejo símbolo mexica del águila y el nopal. Aunando en
su estudio las aportaciones de la arqueología con los datos ofreci-
dos por los cronistas y las fuentes nahuas directas, concluye Caso
afirmando que

92
 Alfonso Caso, La religión de los aztecas, p. 10-11.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 73

el águila sobre el nopal significa entonces que el sol está posado en el


lugar en que recibía su aliento. El nopal, el árbol espinoso que produ-
ce la tuna roja, es el árbol del sacrificio; y según la mitología, sólo el
sacrificio de los hombres podrá alimentar al sol; sólo ofreciéndole la
tuna colorada podrá el ave solar continuar su vuelo.93

De esta idea fundamental, de ser “un pueblo con misión”, se deri-


va, como lo hace ver Caso, el sentido mismo de la vida y del obrar
de los mexicas: hasta cierto punto de ellos depende que el universo
siga existiendo, ya que si el sol no se alimenta no podrá continuar su
lucha sin fin. Y al estar el mexícatl al lado del sol, se considera al lado
del bien en un combate moral contra los poderes del mal. Tal es, en
resumen, el meollo mismo de la cosmovisión mítico religiosa de los
mexicas y el resorte secreto que hizo de ellos los creadores del impe-
rio mexicano y de la gran ciudad lacustre centro del mundo tenochca.
Las investigaciones y trabajos de Caso sobre lo que constituye el núcleo
dinámico de la principal porción de los nahuas al tiempo de la Con-
quista servirán de base insustituible para la ulterior búsqueda de las
ideas estrictamente filosóficas de “esa escuela muy antigua” de que
nos habla también el mismo Caso.
Además de las aportaciones de Caso sobre genealogías de gober-
nantes mixtecas y de sus ediciones de códices de esa misma cultura,
importa mencionar sus trabajos en torno al calendario mesoame-
ricano y sus relaciones con el pensamiento mexica del tiempo y el
universo en la cosmovisión mesoamericana: Los calendarios prehis­
pánicos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Ins-
tituto de Investigaciones Históricas, 1967.

l) Jacques Soustelle

Existe otro importante estudio, complemento de los trabajos de Caso:


El pensamiento cosmológico de los antiguos mexicanos, de Jacques Sous-
telle, antropólogo e historiador, varias veces residente en México.94

 Alfonso Caso, “El águila y el nopal”, en op. cit., p. 102.


93

 Jacques Soustelle, La pensée cosmologique des anciens mexicains, Paris, Her-


94

mann et Cie., Éditeurs, 1940.

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74 FILOSOFÍA NÁHUATL

Puede describirse su mencionada obra como una apretada sín-


tesis en la que van presentándose con claridad, y siempre sobre una
firme base documental, las concepciones fundamentales de los na-
huas sobre el origen del mundo, los cuatro soles, el sol, los astros y
cielos, la tierra y la vegetación, las moradas de los muertos, los
puntos cardinales, el espacio y el tiempo.
Mas no sólo está el valor de esta obra en ser una bien lograda
síntesis de la cosmología náhuatl, ya que además con frecuencia
nos encontramos en ella acertadas consideraciones que ponen de
manifiesto lo bien meditado del estudio de Soustelle. Así, por ejem-
plo, refiriéndose a la naturaleza de la lengua náhuatl, dice:

puede ser caracterizada como un instrumento de trasmisión de aso-


ciaciones tradicionales, de bloques, si se quiere, de enjambres de
imágenes...
Ahora bien, lo que caracteriza el pensamiento cosmológico mexi-
cano es precisamente la ligazón de imágenes tradicionalmente asocia-
das. El mundo es un sistema de símbolos que se reflejan mutuamente:
colores, tiempos, espacios orientados, astros, dioses, hechos históricos,
todos encuentran una cierta correspondencia. No nos encontramos
en presencia de “largas cadenas de raciocinios”, sino de una implica-
ción recíproca y continua de los diversos aspectos de un todo.95

Tras exponer y comentar las principales ideas cosmológicas na-


huas, da Soustelle una interpretación final de su mundo espacio-
temporal:

Así, el pensamiento cosmológico mexicano no distingue radicalmente


el espacio y el tiempo; se rehúsa sobre todo a concebir al espacio como
un medio neutro y homogéneo independiente del desenvolvimiento
de la duración. Ésta se mueve a través de medios heterogéneos y sin-
gulares, cuyas características particulares se suceden de acuerdo con
un ritmo determinado y de una manera cíclica. Para el pensamiento
mexicano no hay un espacio y un tiempo, sino espacios-tiempos don-
de se hunden y se impregnan continuamente de cualidades propias los
fenómenos naturales y los actos humanos. Cada “lugar-instante”, com-
plejo de sitio y acontecimiento, determina de manera irresistible todo
lo que se encuentra en él. El mundo puede compararse a una decoración

95
 Ibid., p. 9.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 75

de fondo sobre la cual varios filtros de luz de diversos colores, movidos


por una máquina incansable, proyectarán reflejos que se suceden y
superponen, siguiendo indefinidamente un orden inalterable. En
un mundo semejante, no se concibe al cambio como el resultado de un
devenir más o menos desplegado en la duración, sino como una mu-
tación brusca y total: hoy es el Este quien domina, mañana será el
Norte; hoy vivimos todavía en un día fasto y pasaremos sin transición
a los días nefastos nemontemi. La ley del mundo es la alternancia de
cualidades distintas, radicalmente separadas, que dominan, se desva-
necen y reaparecen eternamente.96

Al lado de El pensamiento cosmológico de los antiguos mexicanos,


mencionaremos otro libro también fundamental de Soustelle: La
vida cotidiana de los aztecas.97 Destinada esta obra a un público más
amplio, al igual que otros artículos publicados por Soustelle en va-
rias revistas, encierra, no obstante, valiosas exposiciones y comen-
tarios sobre la concepción mexica del mundo. Son especialmente
importantes los capítulos iii, v y vii, en los que se refiere expresa-
mente a la cosmovisión y religión mexicas, a su sistema educativo,
a su ética y orden social, así como a sus artes. Resumiendo su juicio
sobre la cultura y el pensamiento mexicas, termina Soustelle este
libro con el siguiente párrafo que transcribimos íntegramente:

La cultura de los antiguos mexicanos, tan súbitamente aniquilada, es


una de aquellas de las que puede enorgullecerse la humanidad de ser
creadora. Esa cultura debe tener su sitio en el espíritu y en el corazón
de aquellos para quienes nuestro común patrimonio está formado
por todos los valores concebidos por nuestra especie, en todo tiempo
y lugar, entre nuestros tesoros de más valor, por ser poco frecuentes.
De tarde en tarde, en lo infinito del tiempo y en medio de la enorme
indiferencia del mundo, algunos hombres reunidos en sociedad crean
algo que los sobrepasa, una civilización. Son los creadores de culturas.
Y los indios de Anáhuac, al pie de sus volcanes, a la orilla de sus lagos,
pueden ser contados entre esos hombres.98

 Ibid., p. 85.
96

 Jacques Soustelle, La vie quotidienne des aztèques à la veille de la conquête es­


97

pagnole, Paris, Librairie Hachette, 1955.


98
 Op. cit., p. 275.

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76 FILOSOFÍA NÁHUATL

m) Samuel Ramos

En estrecha relación con el pensamiento cosmológico de los mexicas


y con esa “escuela filosófica muy antigua” de que nos habla Caso,
debemos aludir aquí al capítulo inicial de la Historia de la filosofía en
México de Samuel Ramos, iniciador de las investigaciones filosóficas
sobre lo mexicano.99 En dicho capítulo, titulado “¿Hubo filosofía
entre los antiguos mexicanos?”, señala Ramos con verdadero sentido
crítico el meollo de la cuestión: es necesario contar con fuentes au-
ténticas para poder responder en forma definitiva. Admite que
La astronomía de los aztecas y de los mayas, aun cuando se encuentre
vinculada con ideas religiosas, constituye sin duda alguna un esfuer-
zo racional por conocer el universo…
Las concepciones astronómicas muestran su parte racional en aque-
llos puntos que tenían que servir como sistemas de referencia para la
cronología. La astronomía está, pues, forzosamente ligada con la aritmé-
tica para formar el Calendario y en éste se expresa de un modo claro la
concepción temporal que estos pueblos se hacían del Universo.100

Con la mira siempre puesta en la necesidad de conocer las fuen-


tes, se refiere Ramos a un pequeño estudio de Salvador Domínguez
Assiayn, publicado en la desaparecida revista Contemporáneos como
extracto de una obra en preparación sobre la civilización de los anti-
guos mexicanos.101 Desgraciadamente, en dicho estudio Domínguez
Assiayn, no obstante sus magníficas intenciones que le hacen atribuir
fantásticamente a los nahuas un conocimiento de la “inmortalidad
de la energía y de la materia, reconociendo la contemporaneidad de
ambas”, no señala la existencia de fuentes directas, en las que pu-
dieran estar auténticamente expresadas por lo menos algunas de las
opiniones de los antiguos sabios o filósofos mexicanos.
Tan sólo los textos filosóficos nahuas, recogidos principalmente
por Sahagún de labios de los indios viejos y pasados luego “por triple

 99
 Samuel Ramos, Historia de la filosofía en México, México, Universidad Na-
cional Autónoma de México, Imprenta Universitaria, 1943. (El mismo trabajo de
Ramos: “¿Hubo filosofía entre los antiguos mexicanos?”, fue publicado en Cua­
dernos Americanos, año i, v. ii, p. 132-145.)
100
 Ibid., p. 11 y 13.
101
 Salvador Domínguez Assiayn, “Filosofía de los antiguos mexicanos”, Con­
temporáneos, n. 42-43, p. 209-225 (citado por Ramos, op. cit., p. 14).

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 77

cedazo” de comprobación histórica, podrán responder en forma


cierta y definitiva a la pregunta de Ramos. Por esto juzgamos que es
mérito de éste el haber planteado así la cuestión: ¿hubo filosofía
entre los antiguos mexicanos?, dejando pendiente la respuesta de
la existencia de fuentes auténticas.

n) Ángel María Garibay K.

Fue precisamente Ángel María Garibay K., conocedor mejor que


nadie de los muchos textos nahuas que él mismo paleografió y tra-
dujo, quien por vez primera nos señaló sin vacilaciones la existencia
de fuentes auténticas para el estudio de la filosofía náhuatl. Todo el
que haya leído sus antologías de poesía lírica y épica nahuas, o su más
amplia obra sobre literatura náhuatl, habrá encontrado ya no pocos
textos en verso o en prosa, en los que surgen dudas o se plantean pro-
blemas de hondo sentido filosófico. Así, para aducir sólo un ejemplo,
nos encontramos en su Historia de la literatura náhuatl un viejo poema
en el que, meditando en Ipalnemoani (el Dador de la vida), se des-
pierta de pronto la inquietud metafísica, expresada en angustiosa
pregunta sobre la realidad y el valor de la vida presente:

Pero, ¿algo verdadero digo?


Aquí, oh tú por quien se vive,
solamente estamos soñando,
solamente somos como quien despierta a medias
y se levanta.102

O aquella otra serie de preguntas sobre el más allá, del que im-
plícitamente se confiesa no saber nada con certeza:

¿Son llevadas las flores al reino de la muerte?


¡Es verdad que nos vamos, es verdad que nos vamos!
¿A dónde vamos, ay, a dónde vamos?
¿Estamos allá muertos o vivimos aún?
¿Otra vez viene allí el existir?103

102
 Ángel Ma. Garibay K., Historia de la literatura náhuatl, t. i, p. 147.
103
 Ibid., p. 186.

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78 FILOSOFÍA NÁHUATL

Y así como éstos, nos salen al paso en incontables ocasiones


discursos y poemas que, con igual derecho que las sentencias de
Heráclito, el poema de Parménides o los himnos védicos, merecen
ser tenidos por reflexiones filosóficas.
Pero aún hay más. Cuando, atraídos por los muchos textos seme-
jantes a los citados nos propusimos investigar seriamente las fuentes
del pensamiento náhuatl, nos encontramos con que el mismo Garibay
había ido seleccionando ya con fino sentido crítico varios textos de
contenido estrictamente filosófico, del vasto material paleografiado y
traducido por él. Dichos textos, amablemente puestos a nuestra dis-
posición por Garibay, así como otros que encontramos por nuestra
cuenta, como aquel en el que se describen expresamente los atributos
y funciones de los “sabios o philosophos”, como anotó Sahagún al
margen del manuscrito, constituyen precisamente las fuentes busca-
das, cuyo origen y valoración crítica hemos dado ya anteriormente.104

ñ) Justino Fernández

Junto con el aprovechamiento de estas fuentes escritas, existe tam-


bién la posibilidad de leer el pensamiento náhuatl en sus expresio-
nes artísticas como la escultura. Y nadie que sepamos ha logrado
esto con tanto acierto como el doctor Justino Fernández, quien, en
su magnífica obra Coatlicue. Estética del arte indígena antiguo, des-
cubre el hondo simbolismo implicado en la estatua de Coatlicue, la
diosa de la tierra. Así, proponiendo claramente el fin de su investi-
gación, nos dice el mismo Justino Fernández:

lo importante ahora es encontrar el ser histórico de la mundivisión


azteca, es decir: el ser de los dioses y el ser de la existencia humana,
ambos en relación esencial, para llegar a comprender el ser histórico
de la belleza de Coatlicue, que es nuestro objetivo final.
Los aztecas vivieron el principio del movimiento en los dioses, en
la vida, en el hombre y en todo ser generado por ellos, por eso su cul-

104
 De grande ayuda nos han sido asimismo las versiones paleográficas de
Seler, Lehmann, Schultze-Jena, Anderson y Dibble, que se han hecho beneméritos
de la cultura mexicana al publicar los textos recopilados por Sahagún, menciona-
dos ya al tratar de las fuentes.

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INVESTIGADORES DEL PENSAMIENTO NÁHUATL 79

tura y su arte tienen un sentido dinámico, tras de un aparente esta-


tismo. El ser de su mundivisión es dinámico. Mas hay que aprehender
el sentido profundo de ese dinamismo, hay que comprender cómo lo
sintieron, pensaron e imaginaron, y para eso hay que volver a Coatli­
cue, para no apartarnos de nuestro punto de partida y de llegada.105

Que Justino Fernández logró cabalmente su cometido, es decir,


que supo leer en la piedra la mundivisión azteca, nos lo prueba su
obra y nos lo confirma Samuel Ramos en su prólogo a Coatlicue:
“arroja una luz inesperada para fijar con precisión la visión cósmica
de los aztecas”.106

 Justino Fernández, Coatlicue. Estética del arte indígena antiguo, p. 249-250.


105

 Ibid., p. 12. Casi simultáneamente con la aparición de la primera edición


106

del presente libro (1956), la arqueóloga Laurette Séjourné publicó en Londres una
obra titulada Burning Water: Thought and Religion in Ancient Mexico, London-New
York, Thames and Hudson, 1956. Publicada en castellano: Pensamiento y religión en
el México Antiguo, versión de A. Orfila Reynal, México, Fondo de Cultura Económi-
ca, 1957 (Breviarios, 128). En dicho libro, su autora, partiendo principalmente del
estudio interpretativo de numerosos glifos y pinturas, entre otros de los importan-
tes murales descubiertos por ella misma en Zacuala (Teotihuacan), muestra lo más
elevado del pensamiento religioso y espiritualista prehispánico y de su dios y héroe
cultural Quetzalcóatl, como creador de una de las grandes concepciones religiosas
de la humanidad, en contraposición con las ideas del grupo azteca acerca de la
guerra y los sacrificios humanos.
En otra obra suya, Un palacio en la ciudad de los dioses, México, Instituto Na-
cional de Antropología e Historia, 1959, confrontando numerosos textos de pro-
cedencia náhuatl prehispánica con las pinturas teotihuacanas de Zacuala, muestra
la antigüedad de varias doctrinas y conceptos que, vigentes aún en el tiempo de la
Conquista, parecen tener sus raíces en el periodo clásico de la ciudad de los dioses.
Para apreciar la importancia de este trabajo bastará con notar que las pinturas es-
tudiadas en él por la señora Séjourné constituyen algo así como un gran “códice
mural”, el más antiguo que se conoce del mundo náhuatl prehispánico.
El profesor holandés Rudolph A. M. van Zantwijk publicó en 1957 un breve
estudio titulado “Aztec Hymns, as the Expression of the Mexican Philosophy of
Life” en la revista Internationales Archiv für Etnographie, Leiden, v. xlviii, n. 1, 1957,
p. 67-118. En dicho trabajo muestra su autor la posibilidad de estudiar, sobre la
base de los himnos y poesías recogidos a raíz de la Conquista, conceptos funda-
mentales como son, entre otros, el de la divinidad suprema, el politeísmo azteca,
el significado de la guerra florida, las ideas de la vida y la muerte. Es particular-
mente importante subrayar que Van Zantwijk apoya siempre sus conclusiones
sobre un análisis de los varios textos cuyo original en náhuatl ofrece en todos los
casos. Se trata, pues, de un estudio que, aunque breve, está muy lejos de ser una
mera copia y repetición de trabajos anteriores, como resultado que es de una in-
vestigación de primera mano.

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4

APORTACIONES MÁS RECIENTES

Como era de esperarse, en los años que han seguido a la primera


publicación del presente libro en 1956, ha aparecido buen número
de estudios relacionados de diversas formas con el pensamiento
religioso, la cosmovisión y las que insistiré en calificar de ideas fi-
losóficas de los antiguos nahuas. En la imposibilidad de ofrecer aquí
una descripción y valoración de todos estos trabajos, he optado por
fijarme en algunos, principalmente de investigadores con los que
he mantenido relación, varios de ellos antiguos discípulos en el
Seminario de Cultura Náhuatl.
Atenderé así a las aportaciones de Laurette Séjourné, Alfredo
López Austin, Eike Hinz, Mercedes de la Garza, Carlos Viesca y
Patrick Johansson.

a) Laurette Séjourné

Como arqueóloga y estudiosa de la cultura náhuatl, Laurette Sé-


journé (1918-2005) dedicó buena parte de su vida a mostrar lo que,
a su parecer, fue un extraordinario espiritualismo que floreció en
torno a la figura de Quetzalcóatl.
Formada en la Escuela Nacional de Antropología e Historia,
desde joven se estableció en México a partir de su llegada de Europa.
Trabajó con asiduidad y publicó varias obras, algunas como resul-
tado de los trabajos arqueológicos que llevó a cabo.
En su libro Pensamiento y religión en el México Antiguo (1957),
estudiando imágenes y glifos en códices, así como pinturas murales
—algunas descubiertas por ella en sitios como Zacuala (Teotihuacan)—,
expone lo que a su juicio fue el meollo del pensamiento espiritualista

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 81

de Quetzalcóatl.107 Postula así una continuidad cultural entre la reli-


gión y el pensamiento provenientes del periodo clásico y aquello que
puede conocerse de la última fase del posclásico entre los nahuas.
En su obra Un palacio en la ciudad de los dioses (1959) reitera lo
expresado antes y exhibe otros argumentos en su apoyo derivados del
análisis de pinturas y otros vestigios descubiertos en Teotihuacan.108
Más tarde acometió un acercamiento distinto a su tesis sobre
el espiritualismo centrado en Quetzalcóatl desde el punto de vista
de un análisis de carácter calendárico. A esto dedicó su libro El
pensamiento náhuatl cifrado por los calendarios.109 En él sostiene que
la cuenta conocida como tonalpohualli, es decir el cómputo as-
trológico de 260 días, estructurado sobre la base de 20 signos, es
una de las claves para comprender los alcances de una concepción
filosófico-teológica que aprehende el tiempo y el espacio, así como
todo lo concerniente a las festividades y rituales a lo largo del año.
En ese contexto reaparece, a su juicio, como figura central, Tlahuiz-
calpantecuhtli, el señor de la estrella del alba, es decir Quetzalcóatl.
Aunque las ideas de Séjourné varias veces han sido objeto de crí-
ticas adversas, es innegable que en su trabajo, primeramente como
arqueóloga y asimismo como estudiosa de códices y otras fuentes,
logró atisbos que enriquecen lo que se conoce sobre el pensamiento
náhuatl.

b) Alfredo López Austin

Se inició él con una doble formación en la Facultad de Derecho y en


el Seminario de Cultura Náhuatl, en la Universidad Nacional Autó-
noma de México. En su primera aportación, La constitución real de
México-Tenochtitlan (1961), se aboca a estudiar lo que entiende como
suma de factores de poder que, en constante movimiento, determi-
naron la estructura y las actuaciones de los diversos órganos estatales

107
 Laurette Séjourné, Pensamiento y religión en el México Antiguo, versión de
A. Orfila Reynal, México, Fondo de Cultura Económica, 1957 (Breviarios, 128).
108
 Un palacio en la ciudad de los dioses, México, Instituto Nacional de Antro-
pología e Historia, 1959.
109
 El pensamiento náhuatl cifrado por los calendarios, México, Siglo xxi, 1981.

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82 FILOSOFÍA NÁHUATL

y la posición de los individuos dentro del Estado.110 Ello bien sea que
exista o no un cuerpo sistemático de normas jurídicas.
A ese enfoque teórico aunó una metodología que le permitió
acercarse a fuentes antes no tomadas en cuenta por quienes habían
estudiado el derecho de los pueblos nahuas. Las fuentes son testi-
monios derivados de la tradición indígena en su propia lengua. El
método consistió en una forma de proceder semejante a la que he
seguido en el estudio de la filosofía náhuatl. Dicho método implica
la presentación de los textos en náhuatl con versión castellana
acompañados de análisis y comentarios.
Partiendo de una presentación de lo que entiende por filosofía,
religión y derecho de los nahuas prehispánicos, se concentra López
Austin en el estudio de la evolución política del Estado que tuvo
como metrópoli a México-Tenochtitlan. Se fija luego en la estrati-
ficación social y la división funcional de sus habitantes. Esto lo
conduce a valorar el funcionamiento estatal en los diversos aspec-
tos de su organización. El trabajo concluye con una exposición de
lo que identifica como los derechos de familia, propiedad y transac-
ciones mercantiles.
Este trabajo pionero es valiosa contribución en el ámbito de las
ideas políticas y sociales nahuas. Presagió él las que serían sus nu-
merosas aportaciones ulteriores. Entre ellas sobresalen sus acerca-
mientos a textos indígenas referentes a la mitología, la cosmovisión,
las ideas médicas y las enfermedades, la educación, la religión y la
magia, así como los referentes a las partes del cuerpo humano. Es-
tos trabajos propiciaron la elaboración de obras sistemáticas sobre
varios aspectos del antiguo pensamiento náhuatl.
Merecen especial mención tres de esas aportaciones. Una es
Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl (1971). Siguien-
do el mismo método adoptado en su primer trabajo, analiza allí los
procesos que llevaron a los nahuas a la deificación de determinados
individuos.111 Caso particular es el de Quetzalcóatl. En este libro
110
 Alfredo López Austin, La constitución real de México-Tenochtitlan, México,
prólogo de Miguel León-Portilla, Universidad Nacional Autónoma de México, Ins-
tituto de Historia, 1961 (Cultura Náhuatl. Monografías, 2).
111
 Alfredo López Austin, Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones
Históricas, 1971 (Cultura Náhuatl. Monografías, 15).

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 83

queda patente un interés por formular concepciones o marcos de


comprensión teórica para enmarcar fenómenos culturales, políticos,
sociales y religiosos.
Otro libro de López Austin es Cuerpo humano e ideología. Las
concepciones de los antiguos nahuas (1980).112 Manteniendo en él la
misma metodología, dedica el primer volumen a analizar la concep-
ción náhuatl del cuerpo humano en sus interrelaciones conceptua-
les con el cosmos y cuanto ello implica: las partes del cuerpo y la
estructura del cosmos, los que llama centros y entidades anímicas;
la vida en la tierra; equilibrio y desequilibrio del cuerpo; edad y sexo;
cuerpo y muerte, así como cuerpo y estratificación social.
Grande es la riqueza conceptual de esta parte de la obra. A su
vez, en el segundo volumen se aporta la paleografía de los textos
nahuas citados en la presentación conceptual. La correlación esta-
blecida entre cuerpo humano, que incluye todos sus atributos, con
lo tocante al cosmos y la estratificación social, lleva al autor a ela-
borar conceptos con los que quiere abarcar los que son a su juicio
principales componentes del cuerpo.
Lugar especial ocupan en esto sus identificaciones y descripcio-
nes de las que llama entidades anímicas: el tonalli, el teyolia y el
ihiyotl. Esta identificación ha venido a enriquecer aspectos de lo que
conocemos en torno al pensamiento náhuatl. Esta obra de López
Austin, concebida con enfoques estructuralistas, se sitúa como la
anteriormente mencionada en el marco de las conceptuaciones
histórico-antropológicas.
Una tercera aportación cabe mencionar de entre la copiosa pro-
ducción de López Austin: Tamoanchan y Tlalocan (1994).113 Busca
en ella esclarecer los significados de ambos conceptos, uno referido
al lugar de origen y otro al de destino de los escogidos por el dios de la
lluvia. Puede decirse que esta obra se sitúa en el campo de la concep-
ción cosmológica y a la vez religiosa desarrollada por el pensamiento
náhuatl. Asunto paralelo es comparar tal forma de pensamiento con
las creencias bíblicas acerca del paraíso.

112
 Cuerpo humano e ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, México,
Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antro-
pológicas, 1980.
113
 Tamoanchan y Tlalocan, México, Fondo de Cultura Económica, 1994.

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84 FILOSOFÍA NÁHUATL

Por sus múltiples contribuciones al conocimiento de la historia


y la cultura náhuatl, que incluyen importantes aspectos del pensa-
miento que se desarrolló en ella, López Austin ocupa lugar de dis-
tinción en el elenco de quienes han investigado en este campo.

c) Eike Hinz

El análisis de estructuras en el pensamiento náhuatl, tal como puede


realizarse en diversos textos, ha sido objeto de las investigaciones
de Eike Hinz. Formado él en la Universidad de Hamburgo, de modo
especial bajo la dirección del doctor Günter Zimmermann, ha pu-
blicado libros y artículos en los que el tema central lo constituyen
los sistemas conceptuales que pueden identificarse y analizarse en
diversos campos semánticos. Entre éstos se hallan los referentes a
los pronósticos astrológicos —en particular con base en el tonalpo­
hualli o cómputo de 260 días— y asimismo en los textos relacionados
con la educación y las normas de conducta.
Para investigar las estructuras conceptuales que pueden identi-
ficarse en campos como los mencionados, ha acudido a teorías cog-
nitivas desarrolladas por estudiosos entre los cuales están Robert P.
Abelson, autor de Theories of Cognitive Consistency (Chicago, Rand
McNally, 1969); Benjamin Colby, autor de trabajos como “The
Description of Narrative Structures”, incluido en Cognition: A Mul­
tiple View (McMillan, New York, 1970); John Ladd, The Structure
of a Moral Code. A Philosophical Analysis of Ethical Discourse Applied
to the Ethics of the Navajo Indians (Harvard University Press, 1957),
y John R. Searle, Speech Acts. An Essay in the Philosophy of Language
(Cambridge University Press, 1969).
Eike Hinz había escrito en 1976 un artículo que tituló “Soziale
Aspekte des 260 tätigen Kalenders in Mesoamerika” que, traducido
por mí al español, apareció en Estudios de Cultura Náhuatl, v. 14, 1980,
p. 203-224, con el título de “Aspectos sociales del calendario de 260
días en Mesoamérica. Información de procedencia mexica, siglo xvi”.
Obra mucho más extensa ha sido Analyse Aztekischer Gedanken­
systeme. Wahrsageglaube und Erziehungsnormen als Alltagstheorie des
Sozialen Handelsn (Análisis de sistemas aztecas de pensamiento: creencias

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 85

astrológicas y normas educativas como teoría en el trato social cotidiano).


Este libro puede tenerse como un conjunto de análisis conceptuales
de textos en náhuatl incluidos en los libros iv y vi del Códice floren­
tino de fray Bernardino de Sahagún. Se ofrecen en él penetrantes
descripciones y análisis de las formas de pensamiento desarrollado
en esos dos libros, el iv sobre la astrología y el vi con los discursos del
género del huehuehtlahtolli, en particular de los referentes a la edu-
cación. El propio Hinz manifiesta acerca de esta obra que “me he
esforzado por llevar a cabo este trabajo de forma tan sencilla como
me fue posible y tan complicada como fue necesario” (p. xii).
Sin entrar aquí en una elucidación de lo que en él logra Eike
Hinz, hay que reconocer que su aportación arroja luz en un plano
filosófico en cuanto a que en ella se esfuerza por mostrar la natu-
raleza de los modelos conceptuales estructurados de varias formas
en lo que puede describirse como una teoría del conocimiento. En
esto se halla precisamente el interés de esta aportación concebida
en torno al pensamiento náhuatl.

d) Carlos Viesca

Investigador de la historia y la filosofía de la medicina, ha laborado


en este campo a lo largo de muchos años en la Universidad Nacional
Autónoma de México. En su amplia bibliografía hay una obra ti-
tulada Ticiotl, conceptos médicos de los antiguos mexicanos, publicada
por la unam en 1997. Este libro constituye la primera parte de un
ambicioso proyecto dirigido a captar el pensamiento náhuatl en tor-
no a la medicina, no ya de forma meramente descriptiva —o, como
él lo dice, desde el punto de vista positivista e histórico— sino a par-
tir de la antigua visión mesoamericana del mundo. Significa esto
que busca entender el antiguo saber médico en función de la cultura
en la que se desarrolló hasta identificar no sólo las prácticas empí-
ricas de esa medicina sino su trasfondo conceptual.
Puede decirse de este enfoque que contradice la idea que tu-
vieron, entre otros, el célebre protomédico de Felipe II, el doctor
Francisco Hernández, según la cual la medicina náhuatl poseía
abundantes remedios pero carecía de un marco conceptual como

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86 FILOSOFÍA NÁHUATL

el de la teoría de los humores en la medicina hipocrática vigente en


la Europa de su tiempo.
Para encontrar el trasfondo conceptual de la medicina náhuatl,
después de citar las fuentes de que se dispone para su estudio, Car-
los Viesca se adentra en la visión del mundo prehispánico, aten-
diendo a aspectos como los que conciernen a la cosmogonía y el
ámbito de lo mítico. También describe lo que fue la conceptualiza-
ción de la estructura del universo, sus diversos planos, las vías cós-
micas de comunicación, “los soles”, los rumbos y los días.
Considera lo que se pensó sobre el ser humano y su cuerpo; los
seres que existieron en las primeras edades o “soles” y los del tiempo
presente. Un paso adelante lo constituye identificar cómo se conce-
bían las partes del cuerpo, sus campos energéticos, sus entidades
anímicas, así como el cuerpo y la polaridad “frío-calor”, y éste como
receptor y trasmisor de influencias cósmicas.
Culmina su acercamiento inquiriendo en los conceptos nahuas
de salud y enfermedad, especialmente en las varias creencias acerca de
los padecimientos. Respecto de las causas de los mismos establece
una tipología: las que provocan los seres de los pisos superiores
del mundo o los que habitan sobre la superficie terrestre o en el in-
framundo, o algunos de ese inframundo que residen en la superficie
terrestre. Finalmente atiende a lo que se creía sobre enfermedades
causadas por otros seres humanos.
La búsqueda de la etiología de la enfermedad lleva a Viesca a
relacionar a ésta con el concepto de equilibrio del cuerpo, siempre
en peligro por sus interrelaciones con otros seres de su circunmun-
do. Éstos pueden alterar ese equilibrio, en tanto que la ticiotl, la
medicina, debe preservarlo o restaurarlo. En función de todo esto,
Carlos busca la estructura, el saber médico náhuatl.
Al final de su exposición, expresa que existen los que él califica
como “ejes clasificadores” de las varias enfermedades. Añade que,
sin embargo, no es posible introducir una diferencia absoluta entre
influencias patógenas y otras benéficas. Además reitera que también
son factores determinantes los que se derivan de ese otro eje “frío-
calor”. Entiende la enfermedad como un desequilibrio derivado de
alteraciones debidas a las causas mencionadas y a las afecciones que
pueden presentarse en las entidades anímicas. Ello en una especie

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 87

de clasificación de los padecimientos no ya descritos al modo posi-


tivista sino en el marco de comprensión derivado de la visión del
mundo nahua, y ofrece dedicar a esto un segundo volumen con el
cual se integraría cabalmente su investigación en torno a la ticiotl.

e) Mercedes de la Garza

Investigadora de diversos aspectos de la cultura maya, la doctora De


la Garza, formada en la Universidad Nacional Autónoma de México,
ha incursionado también en temas del mundo náhuatl. Muestra de
ello la ofrece su libro El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y
maya (unam, 1977). En este libro no sólo toca la cuestión acerca de
la posible existencia de una religión básicamente una en el contexto
mesoamericano, sino que, al establecer comparaciones entre lo
náhuatl y lo maya, busca esclarecimientos que conduzcan a una más
honda comprensión de lo que se pensó sobre el ser humano, en sí
mismo y en sus relaciones con la naturaleza y los dioses.
Por ello la aportación de Mercedes se sitúa en el contexto de la
cosmovisión y el pensamiento náhuatl y, más ampliamente, en el
mesoamericano. Esto, aun cuando la investigación podría ampliar-
se a otras variantes regionales de la civilización mesoamericana.
Entre las conclusiones alcanzadas, sobresalen las siguientes: el
ser humano no sólo aparece como un ente que es capaz de perca-
tarse de sus limitaciones sino que se da cuenta de que posee una
capacidad creadora que es requerida por los dioses. Es cierto que de
ellos depende el ser de todo cuanto existe pero también es verdad
que los dioses requieren que el ser humano aporte su fuerza vital,
el líquido precioso que alimenta a los seres divinos.
Expresado esto en los mitos cosmogónicos —según lo hace ver
la autora— es la concepción básica para comprender la significación
que poseen las principales creencias y rituales en la religión preva-
lente de Mesoamérica. Para el ser humano de aquí provienen las
obligaciones que conlleva su propio tonalli o destino. Ello no im-
plica un fatalismo determinista, puesto que a cada ser humano
corresponde decidir y escoger los momentos, en el ciclo del tiempo,
más propicios para realizar lo que es su destino.

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88 FILOSOFÍA NÁHUATL

Si el ser humano cumple en sus acciones conformándolas a la


misión para la que ha sido creado en el cemanahuac o mundo, se
estará comportando de acuerdo con las reglas morales y éticas de-
sarrolladas dentro de su propia comunidad.
De tal comportamiento, y de los aconteceres cósmicos determi-
nados por los dioses, provendrá su destino después de su muerte y
de ello mismo dependerá la muerte del universo al concluir una
edad cósmica. Es decir, de esto dependerá la relación del ser humano
y la naturaleza, entendiéndola como sagrada.
Incluso al morir los seres humanos continúan cumpliendo su
destino, lo que ocurre de varias formas: quienes mueren en la guerra
serán compañeros del sol; las mujeres que pierden la vida en el par-
to también serán compañeras del sol; los elegidos por el dios de la
lluvia irán al Tlalocan y los que fallecen de forma natural irán al
Mictlan y allí entregarán su energía vital.
La autora da entrada al final de su trabajo a la postura de algu-
nos a los que llama “los poetas”. De ellos dice que se apartan del
dogma religioso pero, sin embargo, se mantienen en cierto modo
ligados a él, ya que se plantean sus dudas existenciales en función
de su relación con el universo de los dioses.
Todo esto es analizado con detalle por Mercedes de la Garza,
que apoya su trabajo en fuentes de primera mano. Así, los grandes
temas a los que atiende en los contextos náhuatl y maya se entre-
tejen en un discurrir en torno a la arraigada visión mesoamericana
del mundo.
Continuando en su interés de realizar trabajos comparativos
entre aspectos de las culturas náhuatl y maya, Mercedes de la Garza
ha aportado recientemente, en 2012, otra obra cuyo tema guarda
relación con el campo semántico del pensamiento. En éste, si bien
el objeto del libro no es el de carácter filosófico, sino el chamánico
referido en particular a los sueños y el éxtasis, puede afirmarse que
da entrada a aspectos de enorme interés en los procesos cognitivos.114
Procediendo con rigor metodológico, la autora atiende respec-
to de cada grupo a dos géneros de fuentes. En cuanto a los grupos

114
 Mercedes de la Garza, Sueño y éxtasis. Visión chamánica de los nahuas y los
mayas, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fondo de Cultura
Económica, 2012.

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 89

prehispánicos y coloniales toma en cuenta lo que aporta la arqueolo-


gía y acerca de los actuales acude a entrevistas directas con chamanes
contemporáneos y a testimonios documentales. Toma asimismo en
cuenta lo que al respecto aportan los conocimientos de plantas y di-
versas sustancias psicoactivas así como investigaciones neurológicas.
Todo ello le permite adentrarse en un universo estrechamente
relacionado con las creencias y las vivencias religiosas en situaciones
en las que se han producido estados alterados de la conciencia. Esto
confiere a su aporte diversas formas de significación, algunas re-
lacionadas con la visión del mundo y la religión prehispánica y
contemporánea de estos grupos.
Temas concurrentes son asimismo los de la adivinación, la in-
terpretación de los sueños, las enfermedades del alma, los diversos
géneros de sueños: los premonitorios, los relacionados con expe-
riencias actuales, y también, en lo que llama “el mundo del espíritu
externado”, los que implican la vivencia de quienes asumen que
pueden ir más allá de su propio cuerpo.

f) Patrick Johansson

Los procesos cognoscitivos y de trasmisión del saber, lo tocante a la


muerte en muchos aspectos y los campos expresivos de la palabra
náhuatl han constituido los focos integradores en las investigacio-
nes de Patrick Johansson en torno a la cultura náhuatl.
Participante en los trabajos del Seminario de Cultura Náhuatl
de la Universidad Nacional Autónoma de México, primero como
estudiante y luego como director adjunto del mismo, en su copio-
sa obra se vuelve patente su interés por cuanto se refiere al pensa-
miento o filosofía desarrollada por los tlamatinime nahuas. En el
conjunto de sus aportaciones hay varios libros y artículos que ver-
san sobre uno u otro de estos focos que no pocas veces aparecen
interrelacionados.
Así, en su libro sobre los Ritos mortuorios nahuas precolombinos,
publicado en 1998, hay una amplia exposición acerca de las formas
del conocimiento desarrollado por los nahuas, aunque referidas a
lo que se pensaba en torno a la muerte, desde la toma de conciencia

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90 FILOSOFÍA NÁHUATL

de ella hasta los ritos mortuorios en sus varias etapas y ligados a los
posibles destinos en el más allá.115
A diferencia de las formas que asumen los procesos cognosciti-
vos de quienes viven en el contexto del mundo occidental, los na-
huas no parcelaban su saber en compartimentos diferentes. El sabio
tlamatini y cuantos se veían influidos por él desarrollaron lo que
puede describirse como un continuum cognoscitivo dirigido a com-
prender de varias formas aquello que habían percibido para darlo a
conocer de igual manera:

El saber indígena —expresa Johansson— no sufre fragmentación especia-


lizada. Es una realidad sintética resultado de una cuidadosa observación
del mundo y de sentimientos profundos que la colectividad concentra
en sus sabios, los cuales, después de haber dejado germinar en ellos las
semillas que son los datos reales y sensibles, establecen redes de relación
analógica y destilan la palabra y el aliento que debe de ubicar al indígena
en el mundo y dar un “rumbo” a su andar existencial.116

Y abundando en esta idea, añade Johansson que, para la mente


náhuatl, “lo sensible somático y lo inteligible psíquico resulta en
una percepción del ser total. Esto mismo se hace patente en la do-
ble connotación del verbo tla-mati, que significa conocer y sentir”.
En estrecha relación con esto se halla el concepto de verdad, nelti­
liztli, relacionado con nelhuáyotl, que significa raíz, lo que vale tanto
como insistir en que:

Ningún pensamiento humano puede pretender veracidad alguna si


no está entrañablemente arraigado en un subsuelo sensible. La verdad
sube de lo más hondo del ser hacia las esferas intelectuales, como la
savia se eleva de la raíz hacia las esferas intelectuales, hasta la corola
de las flores.117

Las inquietudes tanatológicas de Patrick Johansson lo han lle-


vado a indagar en el pensamiento náhuatl acerca de la muerte des-
de muchas perspectivas. De ello dan testimonio varios de sus libros
115
 Patrick Johansson, Ritos mortuorios nahuas precolombinos, Puebla, Secreta-
ría de Cultura, 1998. Segunda edición: 2002.
116
 Op. cit., p. 24.
117
 Ibid., p. 20.

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 91

y ensayos como el ya citado sobre los Ritos mortuorios y otros, entre


ellos Xochimiquiztli, la muerte florida, que abarca temas como los
del sacrificio humano, la deuda de sangre y sus ritos correspondien-
tes. En estas y en otras aportaciones suyas, la que podría describirse
como “filosofía de la muerte” entre los nahuas es tema central.
Otro eje en las investigaciones de Johansson ha sido el de los
procesos que acompañan a la elocución de la palabra en el mundo
náhuatl. De considerable interés en esto son sus libros titulados La
palabra de los aztecas (1973) y Voces distantes de los aztecas (1994).
En ellos se concentra en lo que concierne a las varias formas de
comunicación entre los nahuas prehispánicos. De sus varios ángu-
los de acercamiento, sobresalen éstos: las formas como han llegado
hasta el presente los distintos géneros de expresión en náhuatl, el
tema de la oralidad, las pérdidas que sufrieron las varias composi-
ciones al ser transcritas con el alfabeto y, dado que en la trasmisión
del pensamiento náhuatl jugaban un papel fundamental las cir-
cunstancias y acompañamiento en que ello ocurría, concede par-
ticular atención a lo que describe como “la sustancia de la expresión
oral”. Abarca ella —según lo expone— desde lo concerniente a la
voz, las sonoridades, las diversas particularidades gramaticales, los
binomios léxicos, los diversos géneros de gestos, las pinturas facia-
les y el ritmo del cuerpo, los atavíos, la música con sus diversos
instrumentos y, en general, el ritmo y la danza.
Todo esto se muestra extremadamente significativo, ya que en
no pocas enunciaciones del pensamiento, como las que son expre-
siones de duda, las aseveraciones morales y éticas, las recordaciones
históricas, los cantares y discursos, es donde afloran los textos que
pueden calificarse de filosóficos o tocantes directamente a la visión
del mundo. Son no pocos los textos que, en formas de cantos, poe-
mas y discursos al modo de los huehuehtlahtolli, aparecen intercala-
dos en el contexto de expresiones más extensas entonadas o de otras
maneras enunciadas al son de la música, con bailes y varias formas
de escenografía. De esta suerte, el filosofar de los nahuas trans-
curría muchas veces al aire libre y se trasmitía no sólo en las escue-
las sino también a la gente del pueblo. En este sentido, lo que expone
Johansson resulta de grande importancia para acercarse al pensa-
miento que desarrollan los tlamatinime o sabios nahuas.

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92 FILOSOFÍA NÁHUATL

Reconoce Patrick Johansson que con la Conquista mucho fue


lo que se perdió en la elocución de la palabra indígena. No se pro-
nuncia ya en su propia lengua ni en los momentos de las fiestas
en honor de los dioses. Quienes se acercan hoy a esa antigua pa-
labra no la escuchan acompañada de la música de los huehuetl, los
teponaztli y los tlapitzalli o flautas. El universo fulgurante de la
fiesta prehispánica no existe ya. Pero al menos, como lo hace notar
Johansson,

[si] la flor expresiva náhuatl perdió su brillo precolombino, adquirien-


do en el tiempo novohispano nuevos e híbridos matices, […] su raíz
entraña todavía una savia con sabor indígena y bien podría enervar
espiritualmente al empobrecido mundo de hoy que errático busca, en
los espejismos […] del futuro, un sentido a la vida.118

Por mi parte coincido con él cuando sostiene que en el antiguo


pensamiento de flor y canto hay atisbos y vislumbres que pueden
iluminarnos y favorecer al hombre contemporáneo. En resumen,
diré que las contribuciones de Patrick Johansson no sólo guardan
diversas formas de relación con lo que hemos designado filosofía
náhuatl sino que contribuyen a una comprensión más aproximada
de lo que realmente fue y significa.

Encontrándonos pues ante estos trabajos de investigación sobre la


cultura náhuatl, acerca de su literatura, de su estética y religión, y
conociendo las maravillas descubiertas en dichos campos por Ga-
ribay y Justino Fernández, intentaremos penetrar avanzando sobre
la firme base de nuestras fuentes en el terreno de lo que fue en
sentido propio la filosofía náhuatl. Con este fin dividiremos nuestro
trabajo en la siguiente forma: mostraremos en primer término la
existencia de inquietudes y problemas de carácter filosófico, así
como de hombres dedicados a buscar el saber racional, es decir, la
existencia de filósofos (capítulo i).
Posteriormente analizaremos los textos en que aparecen sus
concepciones e ideas cosmológicas (capítulo ii); sus ideas metafí-

118
 Patrick Johansson, Voces distantes de los aztecas. Estudio sobre la expresión
náhuatl prehispánica, México, Fernández Editores, 1994, p. 311.

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APORTACIONES MÁS RECIENTES 93

sicas y teológicas (capítulo iii); su pensamiento acerca del origen,


situación y destino humanos (capítulo iv), así como su imagen del
hombre en cuanto creador de una forma de vida: los principios de sus
sistemas educativo, ético y jurídico, el pensamiento místico-guerrero
de Tlacaélel y la concepción náhuatl del arte (capítulo v), para termi-
nar con una búsqueda acerca de los posibles orígenes del pensamien-
to náhuatl (capítulo vi). Y expresamente aclaramos que los textos
filosóficos que aquí van a estudiarse constituyen sólo una mues-
tra de los muchos que podrían aducirse. Nuestro trabajo será en
este sentido un mero abrir brecha en el campo virgen de la filosofía
de los nahuas.
A manera de apéndices a este estudio, añadiremos el original
náhuatl de todos los textos citados, al igual que un “vocabulario
filosófico náhuatl”, en el que se explicará el significado preciso de
varios de los términos filosóficos nahuas que hayamos ido encon-
trando en los textos.
En esta forma, haciendo rigurosa labor de ex-égesis y huyendo
siempre de la que llamaríamos eis-égesis, o atribución de un sen-
tido ajeno a los textos, procuraremos poner de manifiesto la insos-
pechada riqueza de los principales aspectos de un pensamiento que
supo descubrir y abordar muchos de los grandes temas que han
preocupado a los filósofos de todos los tiempos.

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Capítulo i
EXISTENCIA HISTÓRICA DE UN SABER FILOSÓFICO
ENTRE LOS NAHUAS

La cosmovisión religiosa de los nahuas de principios del siglo xvi


nos es hoy conocida gracias a investigadores como Eduard Seler,
Alfonso Caso, Jacques Soustelle, Ángel María Garibay K., Justino
Fernández, Eduardo Matos Moctezuma, Alfredo López Austin y Leo-
nardo López Luján, que han logrado reconstruirla sobre la base de
las fuentes directas y desde diversos puntos de vista. Particularmente
Alfonso Caso ha mostrado cuál era la estructuración interna de esa
visión del mundo, en la que los diversos mitos cósmicos y las creen-
cias sobre un más allá giraban alrededor del gran mito solar, que
hacía específicamente de la nación mexica “el pueblo del Sol”.
Mas, no obstante el afán de unidad y los penetrantes atisbos
presentes en la compleja cosmovisión náhuatl, hay que reconocer
que, si el pensamiento de sus sabios no hubiera llegado más lejos,
entonces una cierta forma de filosofía no habría aparecido entre
ellos. Porque, aun cuando los mitos y creencias son la primera res-
puesta implícita al misterio latente del universo, en realidad filoso-
far es algo más que ver el mundo a través de los mitos.
Dar una definición de filosofía que sea aceptada por las varias
escuelas es muy difícil. Sin embargo, es probable que todos podrían
admitir que, para filosofar en sentido estricto, se requiere la percep-
ción explícita de problemas en el ser de las cosas. Es menester ad-
mirarse y dudar de las soluciones ya hechas —fruto de la tradición
o la costumbre— para poder preguntarse racionalmente sobre el
origen, ser y destino del universo y del hombre. Son filósofos quie-
nes experimentan la necesidad de explicarse el acontecer de las
cosas, o se preguntan formalmente cuál es su sentido y valor, o,
yendo aún más lejos, inquieren sobre la verdad de la vida, el existir

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96 FILOSOFÍA NÁHUATL

después de la muerte, o la posibilidad misma de conocer todo ese


trasmundo —más allá de lo físico— donde los mitos y las creencias
habían situado sus respuestas. Inquietarse y afanarse por esto es
filosofar en sentido estricto.
Ahora bien, ¿tenemos pruebas ciertas de que tal inquietud y afán
hayan aparecido entre los nahuas? ¿Hubo entre ellos quienes em-
pezaran a dudar de los mitos, tratando de racionalizarlos, hasta
llegar a plantearse en forma abstracta y universal cuestiones referi-
das a la posibilidad de “decir palabras verdaderas en la tierra”, in-
quirir acerca de la divinidad y el más allá, así como el destino de los
seres humanos?
Con base en la evidencia de los documentos nahuas examinados
al tratar de las fuentes, nuestra respuesta es decididamente afirma-
tiva. Los textos originales, libres de toda interpretación que pudiera
falsear o desviar fantásticamente su sentido, irán apareciendo a lo
largo de este estudio, hablando por sí mismos. Confesamos, desde
luego, que la versión castellana que de dichos textos daremos, no
obstante ser escrupulosamente fiel, difícilmente alcanzará a mostrar
la concisión y lo matizado de la lengua náhuatl. Por esto, en un
apéndice se ofrecerán también los textos en su lengua original, así
como un “vocabulario filosófico náhuatl” en el que se analizarán
varias palabras compuestas, de las que únicamente se hallan sus
elementos en los diccionarios clásicos, pero no filosóficos, de Moli-
na y Rémi Siméon. Y es que el náhuatl, así como el griego y el alemán,
son lenguas que no oponen resistencia a la formación de largos
compuestos a base de la incorporación de varios radicales, de prefi-
jos, sufijos e infijos, para expresar así una compleja relación concep-
tual con una sola palabra, que llega a ser con frecuencia verdadero
prodigio de “ingeniería lingüística”.1 Es pues en este sentido el idioma
náhuatl un adecuado instrumento para la expresión del pensamien-
to filosófico que, como veremos, se refleja a veces aun en la misma
estructura interna de los términos.

1
 Sobre la filosofía implicada en el idioma náhuatl, véase el interesante traba-
jo del doctor Agustín de la Rosa: Estudio de la filosofía y riqueza de la lengua mexi­
cana, Guadalajara, 1889. La parte más interesante del estudio del doctor De la Rosa
fue reimpresa en un suplemento de la revista Et Caetera, Guadalajara, Jalisco, n. 1,
marzo de 1950, p. 1-15.

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DESCUBRIMIENTO DE LOS PROBLEMAS

Las dudas e inquietudes que agitaron al pensamiento náhuatl y que


a continuación presentamos traducidas, tomando en cuenta lo an-
teriormente dicho, se conservan bajo la forma de lo que hoy llama-
ríamos “pequeños poemas”. Al lado de cantares religiosos, poemas
épicos, eróticos y de circunstancia, nos encontramos en la rica co-
lección de Cantares mexicanos, de la Biblioteca Nacional de México,
esos pequeños trozos en los que aparecen en toda su fuerza —hasta
diríamos que lírica y dramáticamente a la vez— las más apremian-
tes preguntas de la filosofía de todos los tiempos. Ya hemos tratado,
al presentar nuestras fuentes, de la autenticidad y antigüedad pre-
hispánica de no pocos cantares. Sólo precisaremos ahora —siguien-
do en esto a Garibay— que dichos textos proceden del periodo com-
prendido entre 1430 y 1519. Lo cual no quiere decir que se excluyan
influencias mucho más antiguas, así como ideas y tradiciones tol-
tecas y de otros orígenes. Se señalan únicamente esas fechas como
puntos ciertos de referencia cronológica.2 No afirmamos tampoco
que todos los textos aducidos sean obra de un mismo autor. Lo que
sí sostenemos es que contienen auténticos problemas descubiertos
por el pensamiento náhuatl antes de la Conquista. Así, el primero
que vamos a presentar puede describirse como una serie de preguntas
sobre el valor de lo que existe, en relación con el afán humano de
encontrar satisfacción en las cosas que están sobre la tierra:

¿Qué era lo que acaso recordabas?


¿Dónde andaba tu corazón?
Por esto das tu corazón a cada cosa;

2
 Las razones históricas que presenta Garibay para adoptar esas fechas pueden
verse en su Historia de la literatura náhuatl, t. i, p. 22-24.

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98 FILOSOFÍA NÁHUATL

sin rumbo lo llevas: vas destruyendo tu corazón.


Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo?3

Un breve comentario de tres conceptos fundamentales expresa-


dos en este pequeño poema nos revelará, desde luego, la hondura de
pensamiento de la que estamos llamando problemática náhuatl.
El primero aparece en las dos líneas iniciales. Se pregunta en
ellas qué es lo que memoria y corazón pueden encontrar de verda-
deramente valioso. Dice el texto: ¿qué era lo que tu mente y corazón
hallaban? Tu corazón: moyollo. Como lo veremos más detenidamen-
te, el complejo idiomático náhuatl mix, moyollo (tu rostro, tu cora-
zón) significa “tu persona, tu propio ser”. Apareciendo aquí tan
sólo la segunda parte de dicho modismo, obviamente se está aludien-
do a la persona en su sentido dinámico, en cuanto busca y desea.
Como comprobación de esto puede añadirse que yóllotl (corazón)
es un derivado de la misma raíz que ollin (movimiento), lo que deja
entrever la más primitiva concepción náhuatl de la vida: yoliliztli;
y del corazón: yóllotl, como movimiento, tendencia.
Otra idea de suma importancia surge también en la tercera y
cuarta líneas del poema: el hombre es un ser sin reposo, da su co-
razón a cada cosa (timóyol cecenmana), y andando sin rumbo (ahuic­
pa), perdiendo su corazón, se pierde a sí mismo.
Apremiante aparece así la pregunta de la línea final: Sobre la
tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo? (¿In tlaltícpac can mach ti
itlatiuh?), que traducida literalmente plantea el problema de la po-
sibilidad de dar con algo capaz de satisfacer al corazón (al ser todo)
del hombre, aquí, “sobre la tierra” (in tlaltícpac). Término que,
como veremos, se contrapone con frecuencia al complejo idiomá-
tico topan, mictlan, “lo (que está) sobre nosotros, en la región de
los muertos”, es decir, el más allá. Tlaltícpac (lo sobre la tierra) es
por consiguiente lo que está aquí, lo que cambia, lo que todos ve-
mos, lo manifiesto. Siendo prematuro querer penetrar más en el

3
 Ms. Cantares mexicanos. Original en la Biblioteca Nacional de México. Edi-
ción fototípica de Antonio Peñafiel, México, 1904, f. 2v.
En el Apéndice i a este trabajo se ofrecerán todos los textos citados en su ori-
ginal náhuatl. Para facilitar su localización, añadiremos en cada caso a la respec-
tiva cita la sigla ap i (apéndice i), seguida del número asignado a cada texto en el
apéndice. Así, este primer texto tiene su original náhuatl en ap i, 1.

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DESCUBRIMIENTO DE LOS PROBLEMAS 99

significado de este par de conceptos opuestos, sólo hacemos notar


ahora cuál es el verdadero sentido del problema descubierto por la
mente náhuatl acerca del valor de las cosas en el mundo cambiante
de tlaltícpac.
Un poco más abajo, en otros textos de la misma colección,
ahondando aún más en la pregunta sobre la urgencia de encontrar
algo verdaderamente valioso en tlaltícpac (sobre la tierra), se plan-
tea abiertamente el problema de la finalidad de la acción humana:

¿A dónde iremos?
Sólo a nacer vinimos.
Que allá es nuestra casa:
donde es el lugar de los descarnados.4

Sufro:
nunca llegó a mí alegría, dicha.
¿Aquí he venido sólo a obrar en vano?
No es ésta la región donde se hacen las cosas.
Ciertamente nada verdea aquí:
abre sus flores la desdicha.5

Como lo muestran las líneas citadas, y otras semejantes que


pudieran también aducirse, los pensadores nahuas se vieron impe-
lidos a la búsqueda racional ante la realidad estrujante del sufri-
miento y la urgencia de encontrar una explicación a su vida y a sus
obras amenazadas de exterminio por el anunciado fin del quinto
sol, que había de poner término a todo lo existente.6 Y a la persua-
sión de que todas las cosas tendrán que perecer fatalmente se sumaba
una duda profunda sobre lo que pudiera haber más allá, que hace
plantearse cuestiones como éstas:

4
 Ibid., f. 3r; ap i, 2. El lugar de los descarnados: Ximoayan. Era ésta una de las
formas de concebir el más allá. De ella habremos de ocuparnos más adelante al
tratar del problema de la supervivencia humana después de la muerte.
5
 Ibid., f. 4v; ap i, 3.
6
 Recuérdese el mito cosmogónico de los soles, según el cual, tras la destruc-
ción de los soles de tigre, de viento, de fuego y de agua, era la época actual la del
sol de movimiento, Ollintonatiuh, que, “como andan diciendo los viejos, en él ha-
brá movimientos de tierra, habrá hambre y con esto pereceremos”. Anales de Cuauh­
titlán (edición de W. Lehmann), p. 62.

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100 FILOSOFÍA NÁHUATL

¿Se llevan las flores a la región de la muerte?


¿Estamos allá muertos o vivimos aún?7
¿Dónde está el lugar de la luz pues se oculta el que da la vida?8

Preguntas que implican ya abiertamente una desconfianza res-


pecto de los mitos sobre el más allá. Quienes se las plantean no están
satisfechos con las respuestas dadas por el saber religioso. Por eso
dudan y admiten que hay un problema. Quieren ver con mayor cla-
ridad cuál es el destino de nuestras vidas y, consiguientemente, qué
importancia tiene el afanarse en el mundo. Porque, si sobre la tierra
nada florece y verdea, a excepción de la desdicha, y si el más allá es
un misterio, cabe entonces una pregunta sobre la realidad de nuestra
vida, en la que todo se asoma por un momento a la existencia, para
luego desgarrarse, hacerse pedazos y marcharse para siempre:

¿Acaso de verdad se vive en la tierra?


No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Aunque sea jade se quiebra,


aunque sea oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.9

Preguntas parecidas afloran también en los poemas de la otra


compilación que se conserva y se conoce con el título de Romances
de los señores de la Nueva España. Las dudas acerca de la existencia
en el más allá reaparecen allí:

¿A dónde vamos, a dónde vamos?


¿Estamos allá muertos
o aún vivimos allí?

 Ibid., f. 61r; ap i, 4.
7

 Ibid., f. 62r; ap i, 4.
8
9
 Ms. Cantares mexicanos, f. 17r; ap i, 5. Este texto es atribuido por el compi-
lador de los cantares al rey Nezahualcóyotl (1402-1472), sobre quien tanto se ha
fantaseado. Excediendo nuestros límites el adentrarnos aquí en un examen crítico
de lo que llamaríamos las fuentes para el estudio de la vida y el pensamiento de
Nezahualcóyotl —los Anales de Cuauhtitlán, Ixtlilxóchitl y el Ms. de los Cantares—,
señalaremos siquiera los puntos fundamentales de este tema en el capítulo en el
que estudiaremos las concepciones nahuas sobre la divinidad.

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DESCUBRIMIENTO DE LOS PROBLEMAS 101

¿Es allá donde acabó el tiempo?


¿Hay allá tiempo?10

La vida en tlaltícpac, sobre la tierra, es transitoria. Al fin todo


habrá de desaparecer. Hasta las piedras y metales preciosos serán
destruidos. ¿No queda entonces algo que sea realmente firme o
verdadero en este mundo? Tal es la nueva pregunta que se hace el
pensador náhuatl, dirigiéndola en forma de diálogo a quien tradi-
cionalmente se cree que da la vida, a Ipalnemohua:

¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, Dador de la vida?


Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño.
Sólo es un sueño...
Nadie habla aquí de verdad...11

Arraigada persuasión que hace afirmar que la vida es un sueño,


no ya sólo en los cantares recogidos por Sahagún, sino también en
las exhortaciones morales de los huehuehtlahtolli o discursos de los
viejos. Negándose todo cimiento y permanencia a lo que existe en
tlaltícpac (sobre la tierra), surge una de las interrogaciones más hon-
das y angustiosas: ¿hay alguna esperanza de que el hombre pueda
escaparse, por tener un ser más verdadero, de la ficción de los sueños,
del mundo de lo que se va para siempre?

¿Acaso son verdad los hombres?


Por tanto ya no es verdad nuestro canto.
¿Qué está por ventura en pie?
¿Qué es lo que viene a salir bien?12

Para la mejor comprensión de este texto diremos sólo que verdad


—en náhuatl, neltiliztli— es término derivado del mismo radical que
tla-nél-huatl: raíz, del que a su vez directamente se deriva nelhuáyotl:
cimiento, fundamento. No es por tanto mera hipótesis el afirmar que
la sílaba temática nel- connota originalmente la idea de “fijación só-
lida, o enraizamiento profundo”. En relación con esto, puede pues

10
 Romances de los señores de la Nueva España, f. 12r.
11
 Ibid., f. 5v y 13r; ap i, 6.
12
 Ibid., f. 10v; ap i, 7.

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102 FILOSOFÍA NÁHUATL

decirse que etimológicamente, entre los nahuas, verdad era en su for-


ma abstracta (neltiliztli) la cualidad de estar firme, bien cimentado o
enraizado. Así se comprenderá mejor la pregunta del texto citado:
¿Acaso son verdad los hombres?, que debe entenderse como: ¿acaso
poseen los hombres la cualidad de ser algo firme, bien enraizado? Y
esto mismo puede corroborarse con la interrogación que aparece dos
líneas después, en la que expresamente se pregunta: ¿Qué está por
ventura en pie?, lo cual, puesto en relación con las afirmaciones hechas
sobre la transitoriedad de las cosas, adquiere su más completo sentido.
Estos cantos, entonados al son del huéhuetl y del teponaztli,
acompañados de danzas, en el escenario de las fiestas del mundo
náhuatl, venían a ser lo que, como experiencia tal vez única, podría
calificarse de invitación al pueblo a reflexionar. Eran algo así como
un filosofar al aire libre.
Pero además de estas composiciones, de las que no se expresa
en los manuscritos quiénes en particular eran sus autores, se con-
servan otras que expresamente se atribuyen a determinadas perso-
nas. Interesa mencionar al menos tres casos en que los cuestiona-
mientos y reflexiones se transcribieron con indicación del nombre
de sus autores.
Varios son los poemas de este género que se atribuyen al sabio
señor Nezahualcóyotl, nacido en un año 1 conejo, 1402, y muerto
en 6 pedernal, 1472. El tema de la fugacidad de cuanto existe apa-
rece muchas veces en su pensamiento. Se conserva un poema en el
que Nezahualcóyotl cuestiona la posible verdad y raíz de la divinidad
y de todo cuanto existe:

¿Eres tú verdadero (tienes raíz)?


Alguien sólo ha venido a desvariar.
Sólo quien todas las cosas domina,
el Dador de la vida.
¿Es esto verdad?
¿Acaso no lo es, como dicen?
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Todo lo que es verdadero


(lo que tiene raíz)

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DESCUBRIMIENTO DE LOS PROBLEMAS 103

dicen que no es verdadero


(que no tiene raíz).
El Dador de la vida
sólo se muestra arbitrario.

¡Que nuestros corazones


no tengan tormento!13

La primera pregunta, ¿Zan ye tle yenelli?, “¿Eres tú verdadero?”,


aparece seguida de una especie de comentario: Aca zan tlahuanco,
“Alguien sólo ha venido a desvariar”. Y en seguida, tras mencionar
a Ipalnemohuani, la duda se amplía: ¿In cuix nelli, cuix amo nelli?,
“¿Es esto verdad? ¿Acaso no lo es, como dicen?” Y después, un in-
tento de apaciguar a quien duda, la pregunta se reitera: Quexquich
in ye nelli quilhuia in amo nell’on, “Todo lo que es verdadero dicen
que no es verdadero”. Y cabe añadir que en el manuscrito se leen
arriba de este canto, de otra mano, estas palabras a modo de co-
mentario: “A lo divino gentílico”.
Tochihuitzin Coyolchiuhqui es el nombre de otro poeta nahua
de quien lo poco que se conoce deja ver algo de su pensamiento.
Nacido en Tenochtitlan a fines del siglo xiv, se desconoce la fecha
de su muerte. Se sabe al menos, según los Anales de Cuauhtitlán,
que fue hijo de Itzcóatl, soberano mexica. Además, la Crónica mexi­
cáyotl refiere que en un año 5 caña, 1419, Tochihuitzin ayudó a
salvar al príncipe Nezahualcóyotl después de que éste, siendo muy
joven, escondido, pudo presenciar la muerte de su padre a manos
de los tepanecas de Azcapotzalco.
La citada Crónica mexicáyotl refiere también que Tochihuitzin
casó con una hija del célebre Tlacaélel, consejero de los supremos
gobernantes mexicas. La misma fuente nos dice que Coyolchiuhqui
más tarde fue señor del pueblo de Teotlaltzinco, en las estribaciones
orientales del Iztaccíhuatl. La composición suya que ha llegado hasta
nosotros es expresión náhuatl del tema universal de comparar la
vida con el sueño y es asimismo reiteración de la brevedad de la vida.
El canto y la flor son al menos paliativos de quien se apesadumbra
al tomar conciencia de lo que es el existir en la tierra:

13
 Ms. Romances de los señores de la Nueva España, f. 19v y 20r.

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104 FILOSOFÍA NÁHUATL

Así lo dejó dicho Tochihuitzin,


así lo dejó dicho Coyolchiuhqui:
de pronto salimos del sueño,
sólo vinimos a soñar,
no es cierto, no es cierto
que vinimos a vivir sobre la tierra.
Como yerba en primavera
es nuestro ser.
Nuestro corazón hace nacer,
germinan flores de nuestra carne.
Algunas abren sus corolas,
luego se secan.
Así lo dejó dicho Tochihuitzin.14

Poeta y sabio —filósofo— fue también Ayocuan Cuetzpaltzin. Noble


de Tecamachalco, nació en la segunda mitad del siglo xv y murió a
principios de la siguiente centuria. Acerca de él hay composiciones que
lo recuerdan y alaban. La Historia tolteca-chichimeca refiere que fue
hijo del chichimeca Cuetzpalzin, gobernante de varios pueblos cerca-
nos a Tecamachalco. Destronado por enemigos, huyó con sus hijos,
entre ellos Ayocuan, a un lugar llamado Quimixtlan, al noreste del
Citlaltépetl. En un canto se dice de él que fue “sacerdote águila blanca”.
En el manuscrito de Cantares se le atribuyen ideas que, según
se decía, iba expresando por los caminos de Tlaxcala y Huexotzinco.
Éste es el texto de un poema que se refiere a ello:

¡Qué permanezca la tierra!


¡Qué estén en pie los montes!
Así venía hablando Ayocuan Cuetzpaltzin.
En Tlaxcala, en Huexotzinco.
Que se repartan
flores de maíz tostado, flores de cacao.
¡Qué permanezca la tierra!15

También en el mismo manuscrito se le atribuyen palabras que


pronunció en alabanza del señor Tecayehuatzin de Huexotzinco. Sus
palabras son condenación de la guerra y exaltación de la música:

14
 Cantares mexicanos, f. 14v-15r.
15
 Cantares mexicanos, f. 14v.

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DESCUBRIMIENTO DE LOS PROBLEMAS 105

Asediada, odiada
sería la ciudad de Huexotzinco,
si estuviera rodeada de dardos.
Huexotzinco circunda de espinosas flechas.

El timbal, la concha de tortuga


repercuten en vuestra casa,
permanecen en Huexotzinco.
Allí vigila Tecayehuatzin,
el señor Quecéhuatl,
allí tañe la flauta, canta,
en su casa de Huexotzinco.16

Lo aquí evocado saca del anonimato lo que pensaban y dejaron


dicho estos tres sabios y poetas. Nos acerca al pensamiento de estos
sabios y forjadores de cantos.
Podemos, pues, concluir que la preocupación náhuatl, al inqui-
rir si algo “era verdad” o “estaba en pie”, se dirigía a saber si había
algo fijo, bien cimentado, que escapara al “sólo un poco aquí”, a
la vanidad de las cosas que están sobre la tierra (tlaltícpac), que
parecen un sueño. Toca al lector juzgar si es que esta cuestión náhuatl
del estar algo en pie tiene o no relación con el problema filosófi-
co del pensamiento occidental de la subsistencia de los seres, que
han sido concebidos como “sostenidos por un principio trascen-
dente” (escolásticos), o como apoyados en una realidad inmanen-
te de la que son manifestaciones (Hegel, panteísmo), o sin apoyo
alguno, “existiendo allí”, como quiere el existencialismo. Pero lo
que aquí nos interesa es haber constatado que preocupó a los na-
huas, ante la honda experiencia de la fugacidad universal de las
cosas, la idea de encontrar una fundamentación del mundo y del
hombre, como lo expresan sus citadas preguntas: “¿qué está por
ventura en pie?, ¿acaso son verdad los hombres?”
Y para apreciar el desarrollo mental que significa el preguntarse
explícitamente acerca de la verdad de los seres humanos, es necesa-
rio que recordemos tan sólo el hecho de que entre los griegos este
mismo problema —planteado así, racional y universalmente— sólo
surgió hasta la época de Sócrates y de los sofistas, es decir, después
16
 Cantares mexicanos, f. 12r.

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106 FILOSOFÍA NÁHUATL

de casi dos siglos de pensar filosófico.17 Podemos, pues, sostener que,


aun desconociendo todavía las respuestas dadas por los pensadores
nahuas, basta con la sola enunciación de sus problemas (¿sobre la
tierra se puede ir en pos de algo? ¿Acaso son verdad los hombres?
¿Qué está por ventura en pie?) para afirmar que había entre ellos
no sólo mitos y aproximaciones, sino antes bien un pensamiento
capaz de reflexionar sobre lo que se percibe, preguntándose sobre su
firmeza o evanescencia (¿son acaso un sueño?), hasta llegar por fin
a ver racionalmente al hombre —a sí mismo— como problema.
Esto es lo que nos dicen los pocos textos presentados, escogidos
de entre otros muchos que tratan de problemas semejantes. Queda,
pues, establecido el hecho de una serie de inquietudes y preguntas
de tipo filosófico —una problemática, como diríamos ahora— entre
los nahuas anteriores a la venida de los conquistadores.
Sin embargo, creemos que el solo haber probado la existencia
de preguntas e inquietudes relacionadas con el ser de las cosas y del
hombre no basta para poder afirmar sin distingos la existencia de
individuos dedicados al quehacer intelectual de plantearse esas pre-
guntas y sobre todo de tratar de contestarlas. Es decir, la aparición
de esas cuestiones pudo ser algo esporádico, sin que sea necesario
dar por supuesta la existencia de filósofos. Cabe, pues, preguntarse
explícitamente: ¿tenemos pruebas históricas de que haya habido
entre los nahuas quienes se ocuparan de investigar el ser de las cosas
y del hombre, con miras a encontrar soluciones a preguntas como
las descubiertas en los textos?
Por fortuna tenemos la respuesta a esta cuestión entre los datos
proporcionados a Bernardino de Sahagún por sus informantes in-
dígenas al mediar el siglo xvi. Pasamos, pues, a examinar el material
en náhuatl recogido por él.

17
 Sabemos por los estudios de Jaeger, Mondolfo, etcétera, que ya antes del
pensamiento cosmológico griego había habido reflexiones e inquietudes sobre el
sentido de la vida humana; pero, como el mismo Jaeger expresamente lo afirma,
dichas preocupaciones no fueron aún filosóficas en sentido estricto, sino su nece-
sario antecedente histórico. Sigue, pues, siendo exacto afirmar que Sócrates y los
sofistas fueron los primeros en aplicar el pensamiento filosófico al tema del hom-
bre, aproximadamente dos siglos después de Tales de Mileto.

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LOS SABIOS O FILÓSOFOS

Ya hemos dicho que la información en náhuatl obtenida por Sa-


hagún en Tepepulco, Tlatelolco y México constituyó la base prin-
cipal sobre la que redactó su Historia general de las cosas de Nueva
España. Y aun cuando esta obra no es en modo alguno una mera
versión castellana de los textos nahuas, pueden descubrirse en
ella, no obstante, secciones enteras que traducen casi al pie de la
letra o resumen lo que en varios textos de los informantes indí-
genas se dice.
Será, pues, una especie de guía y comprobación el buscar pri-
mero en la Historia algo de lo que puede referirse a la existencia de
sabios o filósofos entre los antiguos mexicanos, antes de pasar a
exponer lo que se contiene en los textos nahuas originales. Así, ya
desde la introducción al libro primero, nos dice Sahagún que:

Del saber o ciencia de esta gente, hay fama que fue mucho como pare-
ce en el libro décimo, donde en el capítulo xxix se habla de los primeros
pobladores de esta tierra y se afirma que tuvieron perfectos filósofos y
astrólogos...18

Pasando ahora al prólogo del libro vi, dedicado por entero a la


exposición de “la Retórica y Filosofía Moral y Teología de la gente
mexicana”, y que es todo un riquísimo repertorio de sus opiniones
y doctrinas, nos encontramos con que el mismo Sahagún certifica
allí una vez más la autenticidad de toda esa mina de datos, ya que:

En este libro se verá muy a buena luz, que lo que algunos émulos han
afirmado, que todo lo escrito en estos libros antes de éste y después de
éste, son ficciones y mentiras, hablan como apasionados y mentirosos,

18
 Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España,
edición de Miguel Acosta Saignes, México, Editorial Nueva España, 1946, t. i, p. 13.

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108 FILOSOFÍA NÁHUATL

porque lo que en este volumen está escrito, no cabe en entendimiento


de hombre humano el fingirlo ni hombre viviente pudiera contradecir
el lenguaje que en él está; de modo que, si todos los indios entendidos
fueran preguntados, afirmarían que este lenguaje es propio de sus
antepasados y obras que ellos hacían.19

Finalmente, para no recargar este capítulo con demasiadas citas,


tan sólo aduciremos otro texto tomado del libro x de la Historia, en
el que precisamente se resume un documento náhuatl de los infor-
mantes que trata especialmente sobre nuestro asunto:

El sabio —escribe Sahagún hablando de las varias profesiones existentes


entre los indios— es como lumbre o hacha grande, espejo luciente y
pulido de ambas partes, buen dechado de los otros, entendido y leído;
también es como camino y guía para los demás. El buen sabio, como
buen médico, remedia bien las cosas, y da buenos consejos y doctrinas,
con que guía y alumbra a los demás, por ser él de confianza y de crédi-
to, y por ser cabal y fiel en todo; y para que se hagan bien las cosas, da
orden y concierto con lo cual satisface y contenta a todos respondiendo
al deseo y esperanza de los que se llegan a él, a todos favorece y ayuda
con su saber.20

Pero tiempo es ya de acudir a los textos originales en náhuatl.


Y conviene repetirlo una vez más: no es aquí Sahagún el que habla;
son los viejos informantes indígenas de Tepepulco y Tlatelolco que
refieren lo que de jóvenes vieron y aprendieron en el Calmécac o
escuela superior, antes de la venida de los conquistadores. Consta
por tanto que hablaban de cosas que les eran bien conocidas. Y sa-
bemos también que decían la verdad, porque Sahagún se informó
cuidadosamente sobre sus antecedentes morales y sobre todo porque
cirnió “a través de triple cedazo”, en Tepepulco, Tlatelolco y México,
la información recibida, para ver si había o no concordancia en las
varias versiones.
Habiéndose rechazado lo incierto o dudoso, tenemos por con-
siguiente genuina certeza histórica de la validez y veracidad de
los dichos textos. Y constándonos también que Sahagún se fijó

19
 Ibid., t. i, p. 445-446.
20
 Ibid., t. ii, p. 194.

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LOS SABIOS O FILÓSOFOS 109

especialmente en el que vamos a presentar, ya que lo resumió ex-


presamente en su Historia, damos ahora su traducción castellana,
hecha con la mayor fidelidad y exactitud posibles. Tomando en
cuenta su especial importancia, ofrecemos en el apéndice su ori-
ginal náhuatl. En el folio correspondiente del Códice matritense de
la Real Academia de donde procede, puede verse claramente una
anotación al margen que dice sabios o philosophos. La letra es como
puede comprobarse sin género de duda del mismo fray Bernardino.
Sabemos por tanto que juzgó él que la descripción que en esas lí-
neas del texto náhuatl se hace era precisamente de las funciones
y actividades de quienes merecían el título de filósofos. Toca ahora
al lector, leyendo y analizando cuidadosamente el texto, juzgar si
fue o no un acierto de Sahagún el hacer la anotación marginal de
sabios o philosophos:

  1 El sabio: una luz, una tea, una gruesa tea que no ahúma.
  2 Un espejo horadado, un espejo pulido por ambos lados.
  3 Suya es la tinta negra y roja, de él son los códices, de él son los
códices.
  4 Él mismo es escritura y sabiduría.
  5 Es camino, guía veraz para otros.
  6 Conduce a las personas y a las cosas, es guía en los negocios hu-
manos.
  7 El sabio verdadero es cuidadoso (como un médico) y guarda la
tradición.
  8 Suya es la sabiduría trasmitida, él es quien la enseña, sigue la
verdad.
  9 Maestro de la verdad, no deja de amonestar.
10 Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una cara
(una personalidad), los hace desarrollarla.
11 Les abre los oídos, los ilumina.
12 Es maestro de guías, les da su camino,
13 de él uno depende.
14 Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos;
hace que en ellos aparezca una cara (una personalidad).
15 Se fija en las cosas, regula su camino, dispone y ordena.
16 Aplica su luz sobre el mundo.
17 Conoce lo (que está) sobre nosotros (y) la región de los muertos.
18 (Es hombre serio).
19 Cualquiera es confortado por él, es corregido, es enseñado.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 109 20/01/2017 [Link] p.m.


110 FILOSOFÍA NÁHUATL

20 Gracias a él la gente humaniza su querer y recibe una estricta


enseñanza.
21 Conforta el corazón, conforta a la gente, ayuda, remedia, a todos
cura.21

Comentario del texto:

Línea 1. El sabio: una luz, una tea, una gruesa tea que no ahúma.
El sabio: tal es la forma usual de traducir la palabra náhuatl
tlamatini (véase Vocabulario, de fray Alonso de Molina, f. 126r). Por
juzgarla de especial interés en nuestro estudio, damos aquí su aná-
lisis etimológico. Dicha voz se deriva del verbo mati (él sabe) y el
sufijo -ni, que le da el carácter sustantivado o participial de “el que
sabe” (lat. sapiens). Finalmente, el prefijo tla es un correlato que,
antepuesto al sustantivo o verbo, significa cosas o algo. De todo lo
cual se concluye que la palabra tla-mati-ni etimológicamente signi-
fica “el que sabe cosas” o “el que sabe algo”.
En esta línea con bella metáfora se introduce la figura del tla­
matini comparándolo con la luz de una gruesa tea que, iluminando,
no ahúma.

Línea 2. Un espejo horadado, un espejo pulido por ambos lados.


Un espejo pulido por ambos lados: tezcatl necuc xapo. Se alude aquí
claramente al tlachialoni: una especie de cetro con un espejo pulido,
que formaba parte del atavío de algunos dioses y les servía para
mirar a través de él la tierra y las cosas humanas. Literalmente tla­
chialoni, como nota Sahagún en su Historia, “quiere decir miradero
o mirador... porque con él se miraba por el agujero de en medio”.22
Al aplicarse al sabio, diciendo que es un espejo pulido, se afirma que
el tlamatini es en sí mismo una especie de órgano de contemplación:
“una visión concentrada del mundo y de las cosas humanas”.

21
 Códice matritense de la Real Academia, edición facsimilar de don Francisco
del Paso y Troncoso, v. viii, últimas líneas de la f. 118r y primera mitad de la 118v;
ap i, 8. La traducción de este texto, así como las de los otros aquí presentados,
cuando no se indique expresamente otra cosa, han sido hechas por el autor de
este trabajo, bajo el asesoramiento lingüístico del eximio nahuatlato doctor Ángel
María Garibay K.
22
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 40.

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LOS SABIOS O FILÓSOFOS 111

Línea 3. Suya es la tinta negra y roja, de él son los códices, de él son los
códices.
Aparece aquí el sabio como poseedor de los códices: amoxtli, los
libros nahuas hechos de tiras de “papel” de amate (ficus petiolaris),
dobladas como biombos, y de los que sólo unos pocos se salvaron
de la destrucción que acompañó a la Conquista. Que en dichos
códices se conservaban importantes ideas filosóficas nos lo prueba,
entre otros, el Códice Vaticano a 3738, en cuyas primeras “páginas”
perduran muy estilizadas sus concepciones acerca del principio su-
premo, los rumbos del universo, etcétera.

Línea 4. Él mismo es escritura y sabiduría.


Tlilli tlapalli, a la letra, significa que el sabio es tinta negra y roja.
Pero como la yuxtaposición de dichos colores en la expresión li-
teraria náhuatl significa la representación y el saber de las cosas de
difícil comprensión y del más allá, hemos creído conveniente dar
aquí este su obvio sentido metafórico: escritura y sabiduría.

Línea 8. Suya es la sabiduría trasmitida, él es quien la enseña, sigue la


verdad.
Suya es la sabiduría trasmitida, dicho en náhuatl con una sola
palabra: machize, derivada de machiztli y del sufijo -e indicador de
posesión (de él es...), que hace perder la terminación al sustan-
tivo machiz-(tli). Conviene notar el sentido preciso de esta pala-
bra, que aparece aquí como derivada de la forma pasiva de mati
(saber) que es macho (ser sabido). Tenemos por consiguiente lo que
podríamos llamar “un sustantivo pasivo”: sabiduría-sabida (o
trasmitida por tradición). Su correlato es (tla)matiliztli: sabidu-
ría adquirida por sí mismo. Es éste un ejemplo de lo matizado del
pensamiento náhuatl y de la flexibilidad de la lengua que tan con-
cisamente lo expresa.

Línea 10. Hace sabios los rostros ajenos, hace a los otros tomar una
cara (una personalidad), los hace desarrollarla.
En tres sustantivos nahuas de una riqueza insospechada se en-
cierra todo lo expresado en esta línea: teixtlamachtiani, teixcuitiani, teix­
tomani. Un análisis lingüístico mostrará su sentido: la voz tlamachtiani

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112 FILOSOFÍA NÁHUATL

significa “el que enriquece o comunica algo a otro”. La partícula ix- es


el radical de ixtli: la cara, el rostro. Y el prefijo te- es un correlato per-
sonal indefinido, término de la acción del verbo o sustantivo a que se
antepone: “a los otros”. Por tanto, te-ix-tlamachtiani significa, al pie
de la letra, “el que enriquece o comunica algo a los rostros de los
otros”. Y lo que les comunica es sabiduría, como por todo el contexto
obviamente se deduce, ya que ha estado afirmándose que es “maestro
de la verdad”, que “él es quien la enseña”, etcétera.
Las otras dos palabras —te-ix-cuitiani: “a-los-otros-una-cara-
hace-tomar”, y te-ix-tomani: “a-los-otros-una-cara-hace-desarro-
llar”— son aún más interesantes, pues en ellas se descubre que el
tlamatini, o sabio, tenía verdaderas funciones de pedagogo y psicó-
logo. Por el sentido de estos textos, así como por lo que se afirma
en las líneas 11 y 12, podrá constatarse claramente que existe un
notable paralelismo entre la palabra ixtli: rostro, cuyo radical ix-
hemos encontrado en estos tres compuestos, y la voz griega prósopon
(cara), tanto en su significado primitivo de carácter anatómico
como en su aplicación metafórica de personalidad. Tal sentido me-
tafórico de ixtli aparece con mucha frecuencia en las arengas y
discursos conservados de memoria por los nahuas informantes de
Sahagún, así como entre las frases y modismos nahuas de la colec-
ción del padre Olmos. Véase el siguiente ejemplo: in te-ix in teyolo
nonan nota nicchihua, “al rostro y corazón de otro (a tal persona)
la hago mi madre y mi padre”. (La tomo por guía o consejero.)23
No insistiremos más sobre este punto ya que habremos de ocu-
parnos de él en el capítulo sobre el concepto náhuatl del hombre.
Por ahora, cotéjese tan sólo la línea 10 del texto con lo que se afir-
ma en las 11 y 14. Esto ayudará a juzgar si es o no exacto lo que
hemos dicho.

Línea 14. Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuida­
dosos; hace que en ellos aparezca una cara (una personalidad).
Aparece aquí el tlamatini o sabio en su calidad de moralista.
Analizamos la palabra tetezcaviani: “que pone un espejo delante de

23
 Fray Andrés de Olmos, Arte para aprender la lengua mexicana, París, 1875,
p. 247. Véase asimismo el “Huehuetlatolli, documento a”, publicado por Garibay
en Tlalocan, v. i, n. 1, p. 45.

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LOS SABIOS O FILÓSOFOS 113

los otros”. El elemento central del compuesto es tézcatl: espejo, he-


cho de piedras labradas y pulidas, que, como dice Sahagún, “hacían
(reproducían) la cara muy al propio”.24 De tézcatl se deriva el verbo
tezcavia que, con el prefijo te, significa “poner un espejo a otros”.
Finalmente, la desinencia ni da al compuesto el carácter participial
de te-tezca-via-ni: “El que a los otros pone un espejo”. Y aparece
luego lo que se busca al poner ante los otros un espejo: “hacerlos
cuerdos y cuidadosos”. Una vez más encontramos aquí paralelismo
con un pensamiento moral común entre los griegos y los pueblos
de la India: la necesidad de conocerse a sí mismo: el gnóthi seautón,
“conócete a ti mismo”, de Sócrates.
En estrecha relación con esta idea hay un pasaje del relato acer-
ca de Quetzalcóatl en una de sus versiones originales en náhuatl.
Los hechiceros que lo visitan en Tula se empeñan en mostrarle un
espejo para que él descubra quién es. Pero de esto nos ocuparemos
más adelante al tratar de las ideas nahuas acerca del hombre.

El tlamatini en su papel de educador (Códice mendocino)

Línea 16. Aplica su luz sobre el mundo.


El concepto náhuatl del mundo era expresado por la palabra
cemanáhuac que, analizada en sus componentes, significa: cem-,
“enteramente, del todo”, y a-náhuac: “lo que está rodeado por el

24
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 464.

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114 FILOSOFÍA NÁHUATL

agua” (a modo de anillo). El mundo era, pues, “lo que enteramente


está circundado por el agua”. Idea que encontraba una cierta veri-
ficación en lo que se conocía del llamado imperio mexica, que ter-
minaba por el occidente en el Pacífico y por el oriente en el golfo,
verdadero mare ignotum, más allá del cual sólo estaba el mítico
“lugar del saber”: Tlilan, Tlapalan. Con la palabra cemanáhuac y el
verbo tlahuia: “iluminar”, “aplicar una luz”, se forma el compues-
to: “aplica una luz sobre el mundo”. Esta idea atribuida al tlamatini,
o sabio, da a éste el carácter de investigador del mundo físico.
La línea 17 que viene a continuación nos hablará, a modo de
contraposición, de sus preocupaciones metafísicas.

Línea 17. Conoce lo (que) está sobre nosotros (y), la región de los
muertos.
Nos encontramos aquí con otro rasgo fundamental del tlama­
tini (sabio): “conoce lo (que está) sobre nosotros”, topan, “lo que
nos sobrepasa”, y mictlan, “la región de los muertos”, es decir, “el
más allá”.
El complejo idiomático topan, mictlan, que aparece citado por
los viejos informantes de Sahagún, no sólo en este lugar sino en
otras muchas ocasiones, siempre lleva consigo el significado de “lo
que nos sobrepasa, lo que está más allá”. Tal era la forma como
concebía la mente náhuatl lo que hoy llamamos “el orden meta-
físico” o “del noúmenon”. Su contraparte es el mundo: cemanáhuac,
“lo que está enteramente rodeado por el agua”.
En otros casos, como lo hemos ya insinuado en una nota, se
contrapone también lo que está “sobre nosotros, el más allá” con
“lo que está sobre la superficie de la tierra” (tlaltícpac). Y es tal la
persistencia y lo manifiesto de esta oposición, que no dudamos en
afirmar que también los nahuas habían descubierto a su manera la
dualidad o ambivalencia del mundo, que tanto ha preocupado al
pensamiento occidental desde el tiempo de los presocráticos: por
una parte, lo visible, lo múltiple, lo fenoménico, que para los nahuas
era lo que está sobre la tierra: tlaltícpac, y, por la otra, lo permanente,
lo metafísico, lo trascendente, que en la mentalidad náhuatl apa-
rece como topan, mictlan (lo sobre nosotros, lo que se refiere al más
allá, a la región de los muertos).

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 114 20/01/2017 [Link] p.m.


LOS SABIOS O FILÓSOFOS 115

Cuando más adelante estudiemos los problemas estrictamente


metafísicos del pensamiento náhuatl, así como sus anhelos por
escaparse de la transitoriedad de tlaltícpac, acabaremos de constatar
el hondo sentido de estos conceptos.

Línea 20. Gracias a él, la gente humaniza su querer y recibe una estric­
ta enseñanza.
Itech netlacaneco, “gracias a él, la gente humaniza su querer”. Es
ésta una forma de expresar la idea implicada en la voz náhuatl:
ne-tlaca-neco. Un análisis de sus elementos nos lo mostrará: -neco
constituye la voz pasiva de nequi (él quiere: él es querido); tlaca es
el radical de tlácatl: hombre, ser humano; ne- es un prefijo perso-
nal, indefinido. Uniendo estos elementos se forma el compuesto
ne-tlaca-neco que significa “es querida humanamente la gente”, ítech:
gracias a él (al sabio).
Es éste un nuevo aspecto del tlamatini que apunta a una cierta
idea de “lo humano”, como calidad moral. Se encuentra aquí como
en embrión un descubrimiento de tipo humanista entre los nahuas.
¿Era esta humanización del querer una de las ideas básicas en su edu-
cación? Así parece indicarlo el texto. Tanto esto, como sus posibles
implicaciones respecto de la moral y el derecho nahuas, serán objeto
de nuestro estudio cuando expresamente presentemos una serie de
textos de carácter ético-jurídico en el capítulo v de este trabajo.
Haciendo ahora un breve resumen del texto ya comentado, se
acabará de comprender su contenido. En sus cuatro primeras líneas
se describe simbólicamente la esencia del filósofo —no por una defi-
nición a base de género y diferencia específica, sino por un engarce
de los rasgos o aspectos más significativos del ser del filósofo—: ilu-
mina la realidad como “una gruesa tea que no ahúma”; es una visión
concentrada del mundo: un tlachialoni, instrumento de contem-
plación; “de él son los códices”; “es escritura y sabiduría”. Tal es el
“enjambre de rasgos e imágenes” que evoca en la mente náhuatl la
figura del sabio. Aparece luego éste en su relación con los seres hu-
manos. Primero —líneas 5 a 9— es presentado como maestro (temach­
tiani). Se dice de él que “es camino”, “suya es la sabiduría trasmiti-
da”, “es maestro de la verdad y no deja de amonestar”. Aparece
luego —líneas 10 a 13— como un genuino psicólogo (teixcuitiani)

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116 FILOSOFÍA NÁHUATL

que “hace a los otros tomar una cara y los hace desarrollarla”; “les
abre los oídos... es maestro de guías…” En la línea 14 se describe su
función de moralista (tetezcahuiani): “pone un espejo delante de los
otros, los hace cuerdos, cuidadosos...” Se refleja en seguida su interés
por examinar el mundo físico —líneas 15 y 16— (cemanahuac tlahuia­
ni): “se fija en las cosas, aplica su luz sobre el mundo”. Con una sola
frase —línea 17— se indica que es un metafísico, ya que estudia “lo
que nos sobrepasa, la región de los muertos”, el más allá. Finalmen-
te, como resumiendo sus atributos y misión principal, se dice —líneas
19 a 21— que “gracias a él la gente humaniza su querer y recibe una
estricta enseñanza”.
En pocas palabras, aplicando anacrónica y análogamente al sa-
bio o tlamatini los términos con que hoy se designa a quienes tienen
muy semejantes funciones, diremos que es un maestro, un psicó-
logo, un moralista, un cosmólogo, un metafísico y un humanista.
Léase el texto una vez más y júzguese imparcialmente si es o no
acertado este análisis.
Una valiosa comprobación de esto podrá encontrarse en el pró-
logo de Ixtlilxóchitl a su Historia de la nación chichimeca, en donde
resume su información acerca de las diversas especies de sabios que
había en Tezcoco. Después de referirse a quienes ponían “por su or-
den las cosas que acaecían en cada año”, a los que “tenían a su cargo
las genealogías”, a los que “tenían cuidado de las pinturas de los
términos, límites y mojoneras de las ciudades… y de los reparti-
mientos de tierras”, y tras de mencionar a los conocedores de las
leyes y a sus diversos sacerdotes, dice:

Y finalmente, los filósofos y sabios que tenían entre ellos, estaba a su


cargo pintar todas las ciencias que sabían y alcanzaban y enseñar de
memoria todos los cantos que conservaban sus ciencias e historias;
todo lo cual mudó el tiempo con la caída de Reyes y Señores y con los
trabajos y persecuciones de sus descendientes...25

Y conviene recalcar —aunque sea de paso— lo que nota aquí


Ixtlilxóchitl: que eran precisamente los tlamatinime, o filósofos na-
huas, quienes tenían a su cargo componer, pintar, saber y enseñar

25
 Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, t. ii, p. 18.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 116 20/01/2017 [Link] p.m.


LOS SABIOS O FILÓSOFOS 117

los cantares y poemas donde conservaban sus ciencias. No es, por


consiguiente, arbitrario buscar allí sus problemas filosóficos, como
ya lo hemos hecho y continuaremos haciéndolo. Y es que sucedió
con los nahuas lo que con casi todos los pueblos antiguos, que en-
contraron en la expresión rítmica de los poemas un medio que les
permitía retener en la memoria más fácil y fielmente lo que recitaban
o cantaban. Pudiera decirse en este sentido que, grabando las pala-
bras por medio de los versos enseñados en el Calmécac, imprimían
los nahuas sus ideas, no ya sobre el papel, sino más íntimamente
en el substrato animado de la memoria, de donde a su vez pasaron
—como se ha mostrado— posteriormente a los textos manuscritos
de los informantes de Sahagún.
Comprobada por tanto la existencia de sabios cuyos atributos
les merecen la denominación griega de filósofos, en vez de acumular
aquí las referencias a los lugares de algunas crónicas de los antiguos
misioneros que aluden a ellos, parece mejor presentar ahora lo que
podría llamarse una contraprueba histórica.26 Así como habían ha-
blado los informantes de Sahagún acerca de los verdaderos sabios,
no dejaron tampoco de mencionar a los sabios falsos, a quienes
podemos designar anacrónicamente con el nombre de sofistas, si-
guiendo el ejemplo de Sahagún que llama philosophos a los primeros.
La contraposición de sus características con las del sabio ver-
dadero permitirá llegar a conocer cuál era el ideal náhuatl del saber
enseñado en el Calmécac. He aquí, por tanto, en fiel versión, la
descripción del pseudosabio:

1 El falso sabio: como médico ignorante, hombre sin sentido, dizque


sabe acerca de Dios.
2 Tiene sus tradiciones, las guarda.
3 Es vanagloria, suya es la vanidad.
4 Dificulta las cosas, es jactancia e inflación.
5 Es un río, un peñascal.27
6 Amante de la obscuridad y el rincón,

26
 En la Introducción, en la sección destinada al estudio de las fuentes, se
encontrarán las citas precisas de varias crónicas y relaciones donde se menciona
a los tlamatinime o sabios.
27
 Un río, un peñascal: atóyatl, tepexitli. Es éste un complejo idiomático náhuatl
que significa metafóricamente “desgracia, infortunio”.

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118 FILOSOFÍA NÁHUATL

  7 sabio misterioso, hechicero, curandero,


  8 ladrón público, toma las cosas.
  9 Hechicero que hace volver el rostro,28
10 extravía a la gente,
11 hace perder a los otros el rostro.
12 Encubre las cosas, las hace difíciles,
13 las mete en dificultades, las destruye,
14 hace perecer a la gente, misteriosamente acaba con todo.29

En la descripción que aquí se da del amo qualli tlamatini, “sabio


no bueno”, conviene destacar siquiera la contraposición de sus ras-
gos y atributos con los del auténtico sabio o tlamatini náhuatl. Así
como de éste se dijo que “a-los-otros-un-rostro-hace-tomar” (teix­
cuitiani), así del falso sabio se afirma ahora que es quien “a-los-
otros-hace-perder-su-rostro” (teixpoloa). Y si el sabio genuino se fija
en las cosas, regula su camino, dispone y ordena, de manera contraria
el que hemos designado como sofista náhuatl “misteriosamente
acaba con todo”: tlanahualpoloa. Término interesante que literal-
mente quiere decir: “a-las-cosas-misteriosamente-destruye”.
Ambos pretenden influir activamente en la gente, enseñando:
uno, la verdad, “que hace sabios los rostros ajenos”; el otro, cual
hechicero, “encubriendo las cosas”, “hace perecer a la gente y miste-
riosamente acaba con todo”. Tal es el testimonio trasmitido a Sa-
hagún por sus informantes indígenas que prueban tener clara con-
ciencia de que había también entre ellos pseudosabios, cuya
“jactancia e inflación” se ponían de manifiesto al compararlos con
la figura del genuino tlamatini.

28
 Teixcuepani: hace-que-los-otros-vuelvan-el-rostro, es decir, como lo indican
claramente las siguientes palabras del texto: “extravía a la gente, la desorienta”.
29
 Códice matritense de la Real Academia, v. viii, f. 118v; ap i, 9. Se encuentra
este texto, como lo muestra la cita, a continuación del ya ofrecido sobre los sabios
o philosophos.

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UNA CIERTA DIVERSIFICACIÓN DEL SABER

Conocida así positiva y negativamente la figura de los sabios na-


huas, la mejor manera de terminar este primer capítulo compro-
batorio de la existencia de un saber filosófico náhuatl será presen-
tando un último texto que ahora por vez primera se traduce
íntegramente al castellano. Su importancia está en el hecho de que
se menciona en él la existencia de sabios al lado de sacerdotes, asig-
nándose a ambos grupos diversas funciones. En otras palabras, se
pone de manifiesto que se tenía conciencia de que, además del saber
estrictamente religioso, había otra clase de saber, fruto de observa-
ciones, cálculos y reflexiones puramente racionales que, aun cuando
podían relacionarse con los ritos y prácticas religiosas, eran en sí
de un género distinto.
Precisamente los problemas descubiertos por los sabios nahuas,
expuestos al principio de este capítulo, son resultado de tales me-
ditaciones; son la expresión de sus dudas acerca del sentido de la
vida y del más allá. Y que no se trata ya del saber religioso lo de-
muestra el hecho de la duda: el sacerdote, en cuanto tal, cree. Puede
sistematizar y estudiar sus creencias, pero nunca aceptará problemas
sobre aquello mismo que su religión profesa. Por esto, puede decirse
que, aun cuando originariamente los tlamatinime pertenecieran a
la clase sacerdotal, en su papel de investigadores eran algo más que
sacerdotes.
Pues bien, es del libro de los Coloquios de los doce de donde pro-
cede el texto que habrá de mostrarnos esta diversificación de cono-
cimientos y preocupaciones. Como ya se ha estudiado el origen y
valor histórico de esta obra al hablar de las fuentes, podemos entrar
ahora directamente en materia.30 Nos encontramos aquí a los frailes

30
 Véase la Introducción. El interés principal de este libro está, como ya se ha
indicado, en el hecho de que aparecen allí en abierta discusión los sabios nahuas,

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120 FILOSOFÍA NÁHUATL

adoctrinando a un grupo de señores principales en la recién con-


quistada Tenochtitlan. Con la instrucción se ha mezclado la conde-
nación de las antiguas creencias indígenas. Los indios escuchan en
silencio. Tan sólo cuando los frailes dan por terminada su lección,
lo inesperado sucede. Se pone de pie uno de aquellos principales y
“con toda cortesía y urbanidad” manifiesta cautelosamente su dis-
gusto al ver así atacadas esas costumbres y creencias “tan estimadas
por sus abuelos y abuelas” y, confesando no ser él gente sabia, afir-
ma en seguida tener sus maestros, entre los que enumera a las varias
clases de sacerdotes, a los astrónomos y a los sabios, quienes sí podrán
responder a lo que los frailes han dicho:

  1 Mas, señores nuestros (dice),


  2 hay quienes nos guían,
  3 nos gobiernan, nos llevan a cuestas,
  4 en razón de cómo deben ser venerados nuestros dioses,
  5 cuyos servidores somos como la cola y el ala,
  6 quienes hacen las ofrendas, quienes inciensan,
  7 y los llamados Quequetzalcoa.

  8 Los sabedores de discursos,


  9 es de ellos obligación,
10 se ocupan día y noche,
11 de poner el copal,
12 de su ofrecimiento,
13 de las espinas para sangrarse.

14 Los que ven, los que se dedican a observar


15 el curso y el proceder ordenado del cielo,
16 cómo se divide la noche.

17 Los que están mirando (leyendo), los que cuentan (o refieren lo


que leen).
18 Los que vuelven ruidosamente las hojas de los códices.
19 Los que tienen en su poder la tinta negra y roja (la sabiduría) y
lo pintado,
20 ellos nos llevan, nos guían, nos dicen el camino.

defendiendo su manera de ver el mundo ante la impugnación de los frailes. Más


adelante nos serviremos también de esta misma obra para el estudio de la concep-
ción náhuatl de la divinidad.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 120 20/01/2017 [Link] p.m.


UNA CIERTA DIVERSIFICACIÓN DEL SABER 121

21 Quienes ordenan cómo cae un año,


22 cómo sigue su camino la cuenta de los destinos y los días y cada
una de las veintenas (los meses).
23 De esto se ocupan, a ellos les toca hablar de los dioses.31

Comentario del texto:

Líneas 2-7. hay quienes nos guían, nos gobiernan, nos llevan a cuestas,
en razón de cómo deben ser venerados nuestros dioses, cuyos servidores
somos como la cola y el ala, quienes hacen las ofrendas, quienes incien­
san, y los llamados Quequetzalcoa.
En el Códice matritense de la Real Academia, f. 119r y siguientes,
se mencionan —después de haber hablado de los sabios— más de
30 clases distintas de sacerdotes. Aquí, en el texto de los Coloquios,
se termina esta breve enumeración de las diversas especies de sacer-
dotes refiriéndose a los Quequetzalcoa o pontífices. Sahagún mismo
señala claramente en varias ocasiones que el título de Quetzalcóatl se
daba a los sumos sacerdotes o pontífices; así nos dice hablando de
uno de ellos que ha dirigido un discurso al nuevo rey: “el orador que
hacía esta oración era alguno de los sacerdotes muy entendido y
gran retórico, alguno de los tres sumos sacerdotes, que como en
otra parte se dijo, el uno se llamaba Quetzalcóatl”.32

Línea 8. Los sabedores de discursos.


Tlatolmatinime, cuyo significado literal es “sabios de la palabra”.
Sin duda se trata aquí también de los sacerdotes, ya que a continua-
ción en las líneas siguientes se señalan varios de los quehaceres
principales de estos sabedores de discursos.

31
 Colloquios y Doctrina Christiana... (Sterbende Götter und Christliche Heils­
botschaft…) Edición de W. Lehmann, Stuttgart, 1949, p. 96-97; ap i, 10.
Al principio del capítulo iii de este trabajo —donde se expone el pensamiento
náhuatl acerca de la divinidad— ofreceremos la respuesta íntegra dada por los sa-
bios a los frailes en la discusión principal que con ellos sostuvieron.
32
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 498.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 121 20/01/2017 [Link] p.m.


122 FILOSOFÍA NÁHUATL

Líneas 14-15. Los que ven, los que se dedican a observar el curso y el
proceder ordenado del cielo.
El curso y el proceder ordenado del cielo: in iohtlatoquíliz in inema­
tacachóliz in ilhuícatl. Dado el rico contenido ideológico de estos
términos se hace aquí un breve análisis de ellos. I-oh-tlatoquíliz:
es ésta una palabra compuesta del prefijo i- (su...) que se refiere a
ilhuícatl: el cielo; oh- es el radical de ohtli: camino, y finalmente tla­
toquiliztli (corrimiento), sustantivo derivado del verbo tlatoquilia:
correr. Uniendo estos elementos puede darse esta versión más com-
pleta de i-oh-tlatoquíliz: el corrimiento por el camino del cielo, o sea el
curso de los astros, que siguen su camino. El otro término: inema­
tacachóliz, está formado por el mismo prefijo i- (su...) que se refie-
re también al cielo; ne- es otro prefijo personal indefinido: algunos;
ma-: radical de máitl, mano; taca: poner, colocar; y chóliz(tli), sus-
tantivo derivado del verbo choloa: huir. Uniendo estos elementos,
la voz i-ne-ma-taca-chóliz puede traducirse así: coloca la mano so­
bre la huida del cielo, o sea que va midiendo, con su mano, la huida
o recorrimiento de los astros. Esta idea de que los astrónomos
nahuas no sólo observaban sino medían encuentra doble compro-
bación en el calendario, que supone rigurosos cálculos matemáticos,
y en el más obvio hecho de que la máitl (mano) era precisamente
una medida entre ellos.

Líneas 17-19. Los que están mirando (leyendo), los que cuentan (o
refieren lo que leen). Los que vuelven ruidosamente las hojas de los có­
dices. Los que tienen en su poder la tinta negra y roja (la sabiduría) y
lo pintado.
Se alude aquí a otra de las ocupaciones principales de los tlama­
tinime o sabios nahuas: leen y comentan la doctrina contenida en
los códices. Con una viveza y un realismo maravillosos, se los mues-
tra “volviendo ruidosamente las hojas de los códices”, cosa inevi-
table ya que, siendo éstos largas tiras de papel hechas con cortezas
de amate (ficus petiolaris) secas y endurecidas, al irse desdoblando
necesariamente producían un ruido característico que evocaba la
figura del sabio.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 122 20/01/2017 [Link] p.m.


UNA CIERTA DIVERSIFICACIÓN DEL SABER 123

Líneas 21-22. Quienes ordenan cómo cae un año, cómo sigue su ca­
mino la cuenta de los destinos y los días y cada una de las veintenas
(los meses).
Son éstos los conocedores de los calendarios: el tonalpohualli o
cuenta de los destinos, calendario adivinatorio, en función del cual
se leían, desde el nacimiento hasta la muerte, los sinos que influían
en la vida de los hombres y en el acaecer del mundo; y el xiuhpo­
hualli o cuenta de los años, formada de 18 veintenas (o meses), a
los que se añadían 5 días más —los nefastos nemontemi— para com-
pletar el año solar de 365 días. Exigiendo estos calendarios compli-
cados cálculos matemáticos, de rigurosa exactitud y universalidad,
puede con razón afirmarse que su conocimiento y manejo constituía
algo muy semejante a una ciencia.

Notable paralelismo guarda la descripción que aquí se hace de los


tlamatinime o sabios nahuas con la dada por los viejos informantes
de Sahagún: tanto aquí como allá se dice que ellos son los que po-
seen e interpretan los códices, los que guardan la tinta negra y roja,
in tlilli in tlapalli, expresión idiomática náhuatl que, como vimos,
significa escritura y sabiduría. Aparece también aquí el sabio como
guía, como persona que muestra el camino a los otros: expresiones
casi idénticas se encuentran en el texto ya anteriormente ofrecido.
Tan interesante concordancia, no buscada, ni artificial, pone de
manifiesto una vez más la existencia de auténticos sabios o tlama­
tinime entre los nahuas.
Es más: la clara distinción hecha entre sacerdotes —líneas 2 a
13— y sabios (astrónomos, poseedores de códices y del saber, cono-
cedores del calendario y la cronología) —líneas 14 a 23— confirma
lo que se ha venido diciendo: tanto los indios informantes de Sa-
hagún, como los que respondieron a los doce frailes, tenían con-
ciencia de que había algo más que el mero saber acerca de sus dio-
ses y sus ritos.
Había hombres capaces de percibir problemas en el “sólo un
poco aquí” de todo lo que existe “sobre la tierra”; en la fugacidad
de la vida que es como un sueño; en el ser del hombre, acerca de
cuya verdad —de su estar o no en pie— poco es lo que se sabe, y fi-
nalmente en el misterio del más allá, donde quién sabe si hay o no

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 123 20/01/2017 [Link] p.m.


124 FILOSOFÍA NÁHUATL

un nuevo existir con cantos y flores. Por otra parte, esos hombres
capaces de oír dentro de sí la voz del problema son los mismos que
componen los cantares donde están las respuestas; de ellos es la
tinta negra y roja: escritura y sabiduría. Escriben y leen en sus có-
dices. Son maestros de la verdad, tratan de hacer tomar una cara a
los otros; se empeñan en ponerles un espejo delante para hacerlos
cuerdos y cuidadosos. Y sobre todo investigan con curiosidad insa-
ciable. Aplican su luz sobre el mundo, sobre lo que existe en tlaltíc­
pac, y osadamente tratan de inquirir también acerca de “lo que nos
sobrepasa, la región de los muertos”.
Y aún hay más. Reflexionando sobre su propia condición de
sabios y constatando en sí mismos un anhelo irresistible de inves-
tigar y conocer el más allá —lo que está por encima del hombre—
certeramente llegan a expresar, engastada en un símbolo, la que
podríamos llamar versión náhuatl del “nacer condenado a filoso-
far”, de que habla el doctor José Gaos:

1 Dicen que para nacer (el tlamatini): cuatro veces desaparecía del
seno de su madre, como si ya no estuviera encinta y luego aparecía.
2 Cuando había crecido y era ya mancebillo, luego se manifestaba
cuál era su arte y manera de acción.
3 Decíase conocedor del reino de los muertos (Mictlan-matini), co-
nocedor del cielo (Ilhuícac-matini).33

Y a estos “predestinados a saber”, a los tlamatinime, que en ná-


huatl quiere decir los conocedores de cosas: del cielo y de la región de
los muertos, Sahagún los llamó filósofos, parangonándolos con los
sabios griegos. Por nuestra parte opinamos que lo hizo sobre una base
de evidencia histórica. Los textos nahuas presentados —que no son
los únicos que pudieran aducirse— constituyen nuestras pruebas.
Toca al lector valorizarlas, en función de lo expuesto al tratar de las
fuentes, para formarse por sí mismo un criterio en esta materia.
Conocida ya la figura histórica del tlamatini o filósofo náhuatl,
pasaremos en los siguientes capítulos —siempre sobre la base de los

33
 Textos de los informantes de Sahagún: Códice matritense del Real Palacio, en
edición facsimilar de Paso y Troncoso, v. vi, f. 126; ap i, 11. Véase asimismo: Ángel
María Garibay K., “Paralipómenos de Sahagún”, Tlalocan, v. ii, p. 167, lugar de
donde tomamos la traducción del citado texto.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 124 20/01/2017 [Link] p.m.


UNA CIERTA DIVERSIFICACIÓN DEL SABER 125

textos— al estudio directo de su pensamiento y doctrinas. Y no que-


remos ocultar el hecho de que, a excepción de Nezahualcóyotl, de
Tecayehuatzin, de Tlacaélel y de algún otro sabio rey o poeta, poco
es lo que podremos decir respecto del nombre y rasgos biográficos
de los varios pensadores cuyas ideas se estudiarán.
Una doble explicación puede darse a este hecho. Por una parte,
quienes trasmitieron las doctrinas filosóficas nahuas fueron, en su
mayoría, no los sabios mismos, sino los antiguos estudiantes de los
varios Calmécac que, habiendo recibido en su época las ideas en
boga, no se cuidaron por lo general de dar el nombre de sus maes-
tros. Por otra parte, la elaboración de la filosofía náhuatl no puede
atribuirse —al igual que en el caso de los orígenes de la filosofía
hindú contenida en los Upanishadas— a pensadores aislados, sino
más bien a las antiguas escuelas de sabios. Y es que no hay que juzgar
puerilmente con el criterio individualista de la cultura occidental
moderna las agrupaciones más socializadas de los sabios de otros
tiempos y latitudes.
Así, en el mundo náhuatl hay que atribuir el origen último de su
filosofía, desde los tiempos toltecas, a toda una serie de generaciones
de sabios, conocidos por la más antigua tradición como los que

llevaban consigo
la tinta negra y roja,
los códices y pinturas,
la sabiduría (tlamatiliztli).
Llevaban todo consigo:
los libros de canto y la música de las flautas.34

34
 Textos de los informantes de Sahagún: Códice matritense de la Real Academia
(edición facsimilar de Del Paso), v. viii, f. 192r, ap i, 12. Este mismo texto fue
citado por Seler en su trabajo Das Ende der Toltekenzeit (en Gesammelte Abhandlun­
gen…, t. iv, p. 352), quien indica allí que procede del Catalogue des Manuscrits
Mexicains de la Biblioteca Nacional de París, n. 46-58. Dichos documentos forman
la llamada por Boturini Historia tolteca-chichimeca.
Con el fin de aclarar esta divergencia en las citas, buscamos el texto cuidado-
samente en la edición facsimilar que de dichos manuscritos hizo Mengin (volumen
i del Corpus Codicum Americanorum Medii Aevi) sin encontrarlo. Como hallamos
por otra parte dos versiones de él en los textos nahuas de los informantes de Sa-
hagún, parece que se trata de un mero error de Seler al citar. A no ser que, respe-
tando el parecer del notable maestro alemán, supongamos que las líneas citadas
se hallen incluidas en algunas de las secciones de los manuscritos 46-58 de la

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126 FILOSOFÍA NÁHUATL

Éstos fueron tal vez quienes crearon en fecha remota el símbolo


maravilloso del saber náhuatl, personificado legendariamente en la
figura de Quetzacóatl.
Mas de lo que se ha dicho sobre la falta de datos biográficos de
la gran mayoría de los tlamatinime no debe concluirse que descono-
cieran éstos el concepto y el valor de la persona humana. Sus opi-
niones sobre este punto, que expondremos al tratar de sus ideas
acerca del hombre, prueban radicalmente lo contrario. Y aun el
mismo texto ya citado, donde se describe la figura del sabio o “phi-
losopho” náhuatl, que tiene por misión enseñar a los hombres para
“hacer que aparezca y se desarrolle en ellos un rostro”, así como
“poner delante de sus semejantes un espejo”, para que conociéndo-
se se hagan cuerdos y cuidadosos,35 muestra el gran interés de los
tlamatinime por acabar con el anonimato humano tan plásticamente
descrito por ellos como “carencia de rostro” en los seres humanos.
Y si el rostro es —como se ha probado y se estudiará aún más—
el símbolo náhuatl de la personalidad, complementan los sabios
nahuas este concepto desde un punto de vista dinámico, añadiendo
la mención expresa del corazón —fuente del querer— que, según
hemos visto en el mismo texto, “debe ser humanizado” por el tla­
matini, que da así un carácter genuinamente humanista a su misión
de formar hombres en el Calmécac y el Telpochcalli.

Biblioteca Nacional de París no publicadas en la edición de Mengin. Pues, como


lo expresó el señor Barlow al doctor Garibay, habiendo examinado los mencionados
documentos de la Biblioteca Nacional de París, pudo verificar que, no obstante los
méritos de la edición facsimilar de Mengin, ésta es incompleta. En este caso, ten-
dríamos aquí un nuevo ejemplo de lo bien arraigado de la enseñanza oral impartida
a los indios, que les permitió conservar el mismo texto en regiones tan distintas
como son aquéllas de donde proceden la Historia tolteca-chichimeca (Tecamachalco,
Puebla) y los testimonios de los informantes de Sahagún (Tepepulco, Tezcoco y
México).
35
 Véase el texto completo ofrecido ya en este mismo capítulo, donde se men-
cionan estos rasgos profundamente “humanistas” del tlamatini.

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Capítulo ii
IMAGEN NÁHUATL DEL UNIVERSO

Hemos comprobado en el capítulo anterior la existencia histórica


de los tlamatinime o filósofos nahuas. Aun cuando no hubiera forma
alguna de estudiar su pensamiento, nos constaría por los textos
aducidos que hubo entre los antiguos mexicanos hombres dedica-
dos a quehaceres intelectuales que con razón merecieron —por su
analogía con los sabios griegos— el calificativo de filósofos. Sin em-
bargo, para fortuna nuestra, quienes nos trasmitieron datos acerca
de su existencia, particularmente Sahagún y sus informantes, nos
hablan también con algún detalle sobre sus ideas y doctrinas. Gracias
a esto podremos estudiar ahora directamente, sobre la base de las
fuentes ya valoradas, el pensamiento de los tlamatinime.
Sus preocupaciones —como lo muestran los textos— versaron
sobre el origen y naturaleza del mundo, del hombre, del más allá y de
la divinidad. Y siendo precisamente estas ideas los centros funda-
mentales de referencia del pensamiento humano, creemos conve-
niente tratarlas por separado, siguiendo la división tradicional de
las varias ramas de la filosofía. Este capítulo estudiará su pensa-
miento acerca del origen, ser y destino del mundo.
Conviene notar desde un principio que la primera formulación
de las ideas cosmológicas de los nahuas —al igual que las de los de-
más pueblos cultos, incluyendo a los griegos— se llevó a cabo a base
de metáforas y con los ropajes del mito. Sin embargo, la presen-
cia de mitos no debe desorientarnos. Ya hemos citado a Werner
Jaeger, quien sostiene que hay auténtica mitogonía en las filosofías
de Platón y Aristóteles. Lo que sucede es que en los primeros estadios
del pensamiento racional comienza éste a formular sus atisbos a
base de símbolos capaces de cautivar su atención. La elaboración
racional es el andamiaje; los mitos ofrecen el contenido simbólico

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128 FILOSOFÍA NÁHUATL

que hace posible la comprensión. De hecho, aún hoy día nos que-
daríamos asombrados al analizar nuestras más bien cimentadas
verdades científicas y descubrir todo el simbolismo, las metáforas e
incluso los auténticos mitos implicados en ellas.
En el pensamiento cosmológico náhuatl encontraremos, más
todavía que en sus ideas acerca del hombre, innumerables mitos.
Pero hallaremos también en él profundos atisbos de validez univer-
sal. De igual manera que Heráclito con sus mitos del fuego inex-
tinguible y de la guerra, “padre de todas las cosas”, o que Aristóte-
les con su afirmación del motor inmóvil que atrae, despertando el
amor en todo lo que existe, así también los tlamatinime, tratando
de comprender el origen temporal del mundo y su posición cardinal
en el espacio, forjaron toda una serie de concepciones de rico sim-
bolismo que cada vez iban depurando y racionalizando más.
Porque es indudable, como se comprobará en seguida documen-
talmente, que el pensamiento cosmológico náhuatl había llegado a
distinguir claramente entre lo que era explicación verdadera —sobre
bases firmes— y lo que no rebasaba aún el estadio de la mera cre-
dulidad mágico-religiosa. En otras palabras, valiéndonos de nuevo
anacrónicamente de un término occidental, el más aproximado
para expresar la distinción percibida por los sabios nahuas, diremos
que sabían separar lo verdadero —lo científico— de lo que no era tal.
Y esto no es una hipótesis. Los textos nahuas lo demuestran.
Véase, por ejemplo, el siguiente texto en el que, tratando de sus mé-
dicos o curanderos, hacen clara distinción entre los auténticos —los
que conocen experimentalmente sus remedios y siguen un método
apropiado— y los falsos que recurren a la brujería y a los hechizos:

1 El médico verdadero: un sabio (tlamatini), da vida;


2 conocedor experimental de las cosas: que conoce experimental-
mente las hierbas, las piedras, los árboles, las raíces.
3 Tiene ensayados sus remedios, examina, experimenta, alivia las
enfermedades.
4 Da masaje, concierta los huesos.
5 Purga a la gente, la hace sentirse bien, le da brebajes, la sangra,
corta, cose, hace reaccionar, cubre con ceniza (las heridas).
6 El médico falso: se burla de la gente, hace su burla, mata a la gen-
te con sus medicinas, provoca indigestión, empeora las enferme-
dades y a la gente.

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IMAGEN NÁHUATL DEL UNIVERSO 129

7 Tiene sus secretos, los guarda, es un hechicero (nahualli), posee


semillas y conoce hierbas maléficas, brujo, adivina con cordeles.
8 Mata con sus remedios, empeora, ensemilla, enyerba.1

Un breve análisis de la primera parte del texto, que se refiere al


médico genuino, pone de manifiesto que es un sabio: tlamatini;
que conoce experimentalmente las cosas: tlaiximatini, palabra com-
puesta que significa el que directamente conoce (-imatini) el rostro
o naturaleza (ix-) de las cosas (tla-). Así, conoce sus remedios:
hierbas, piedras, raíces, etcétera. Sigue un método: prueba primero
el valor de sus medicinas antes de aplicarlas, examina y experimen-
ta. Se mencionan por fin las varias formas que tiene para devolver
la salud: dando masaje, concertando los huesos, purgando, san-
grando, cortando, cosiendo, haciendo reaccionar a sus pacientes.
Forma tan cuidadosa de proceder merece ciertamente un nombre
muy semejante al moderno de ciencia. Quien quisiera penetrar
más en el estudio de la medicina náhuatl tiene a su disposición el
libro x de la Historia de Sahagún, los textos nahuas de sus infor-
mantes y los interesantísimos trabajos del médico indígena Martín
de la Cruz, que terminó su tratado de botánica medicinal en 1552,
así como los datos recogidos por el doctor Hernández en los años
siguientes hasta el de 1577.2

1
 Textos de los informantes de Sahagún, Códice matritense de la Real Academia
de la Historia, edición facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 119r; ap i, 13.
2
 El tratado de Martín de la Cruz fue traducido del náhuatl al latín por Juan
Badiano, indígena de Xochimilco, con el título de Libellus de medicinalibus indorum
herbis. Esta obra, descubierta en 1929 en la Biblioteca Vaticana, fue publicada en
edición facsimilar por E. Walcott Emmart con el título de The Badianus Manuscript,
Baltimore, John Hopkins Press, 1940.
Esta misma obra ha vuelto a ser editada en espléndida reproducción facsimi-
lar: Martín de la Cruz, Libellus de medicinalibus indorum herbis, manuscrito azteca
de 1552, según traducción latina de Juan Badiano. Versión española con estudios
y comentarios por diversos autores (Efrén C. del Pozo, Ángel María Garibay K.,
Justino Fernández, Faustino Miranda, Rafael Martín del Campo, Germán Somo-
linos y otros), México, Instituto Mexicano del Seguro Social, 1964.
Dos son las ediciones principales que existen de la obra que acerca de plantas
terapéuticas y animales de la Nueva España escribió el doctor Francisco Hernández:
la llamada edición “romana” de mediados del siglo xvii y la “matritense” de 1790.
(Véase la cuidadosa “Bibliografía del Dr. Francisco Hernández, humanista del
siglo xvi”, publicada por el doctor Germán Somolinos D’Ardois, en Revista Inte­
ramericana de Bibliografía, v. vii, n. 1, enero-marzo de 1957, p. 1-76.)

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130 FILOSOFÍA NÁHUATL

Por otra parte, la figura del falso médico, brujo o nahual, burla-
dor de la gente, conocedor de hierbas maléficas, hechicero que adi-
vina con cordeles,3 muestra claramente lo que ya se ha dicho: uno
era el saber basado en el conocimiento y el método y otro el de la
magia y hechicerías. Referirse pues a todos los curanderos nahuas
como brujos sería fruto de la más completa ignorancia histórica.
Pues bien, esta clara distinción ofrecida por el texto citado de los
informantes indígenas, quienes debieron memorizarla sin duda en
el Calmécac, pone de manifiesto cuál era el tipo de saber, resultado

El Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México pu-


blicó (1942-1946) una parte de la obra de Hernández en versión castellana de José
Rojo: Historia de las plantas de Nueva España, 3 v., México, Imprenta Universitaria,
1942-1946.
A partir de 1959, la Universidad Nacional Autónoma de México ha comen-
zado a editar las Obras completas de Hernández. Hasta el presente (1965) han
aparecido tres volúmenes; el primero de ellos con estudios introductorios de José
Miranda y Germán Somolinos. En los volúmenes ii y iii se incluyen íntegros los
veinticuatro libros de la Historia natural de Nueva España, así como la Historia
de los animales y de los minerales de Nueva España, que no se habían reunido an-
tes en una sola obra con el resto de los trabajos de Hernández acerca de la natu-
raleza mexicana.
Escribió también el mismo Hernández, entre otras cosas, un trabajo acerca
de las antigüedades de Nueva España, en el que, siguiendo de cerca la Historia de
Sahagún, ofrece en ocasiones datos allegados directamente por él mismo. Véase la
reproducción facsimilar de este trabajo: De antiquitatibus Novae Hispaniae, authore
Francisco Hernando, medico et historico Philippi II et indiarum omnium medico
primario, en “Códice de la Real Academia de la Historia de Madrid”, México, Ta-
lleres del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, 1926. Existe
versión castellana: Antigüedades de la Nueva España, traducción del latín y notas
por Joaquín García Pimentel, México, Robredo, 1945.
En relación con los conocimientos sobre anatomía y medicina en general de
los nahuas, mencionaremos tan sólo otros tres trabajos de particular importancia:
“Estudios farmacológicos de algunas plantas usadas en la medicina azteca”, por el
doctor Efrén C. del Pozo, en Boletín Indigenista, v. vi, p. 350-364; “Influencia in-
dígena en la medicina hipocrática”, por el doctor Juan Comas, en América Indíge­
na, v. xiv, p. 327-361, en los que se destaca el hecho de la supervivencia, tanto en
el plano científico como en el popular, de no pocos conocimientos médicos de los
antiguos nahuas; “La anatomía entre los mexicas”, por el doctor Rafael Martín del
Campo, en Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural, t. xvii, n. 1-4, di-
ciembre de 1956, p. 145-167.
3
 Motolinía describe así brevemente la forma como adivinaban los hechiceros
con cordeles: “También tenían aquellos hechiceros unos cordeles como llavero de
donde las mujeres traen colgando las llaves e lanzábanles, e si quedaban revueltos
decían que era señal de muerte e si salía alguno o salían extendidos era señal de
vida...” Fray Toribio Motolinía, O. F. M., Memoriales, París, 1903, p. 126.

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IMAGEN NÁHUATL DEL UNIVERSO 131

Tlamatini observando las estrellas (Códice mendocino)

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132 FILOSOFÍA NÁHUATL

de observación directa, buscado por los sabios nahuas. Y no es esto de


extrañar, si se toma en cuenta el hondo sedimento racionalizante que
debían dejar en ellos sus observaciones astronómicas y los cálculos
matemáticos relacionados con sus dos calendarios.  
Porque, como ya lo hemos oído de labios de los mismos indios
hablando con los frailes, sus tlamatinime se dedicaban a observar y
medir el curso de los astros. Sus astrónomos —como se lee en los
Colloquios— medían con la mano, a modo de sextante, el recorri-
miento de los astros por los caminos del cielo.4 Determinaban el
comienzo de la cuenta de los años (xiuhpohualli), el orden de la
cuenta de los destinos (tonalpohualli) y de cada una de las veinte-
nas; sabían precisar las divisiones del día y de la noche y, en una
palabra, poseían amplios conocimientos matemáticos para poder
entender, aplicar y aun perfeccionar el calendario heredado de los
toltecas. Existiendo bien documentados estudios acerca de esto y de
la cronología náhuatl en general, no vamos a detenernos aquí en
ulteriores consideraciones sobre este punto.5 Es suficiente haberlo
mencionado como una prueba más de que nada tiene de extraño
encontrar un genuino pensamiento cosmológico entre quienes tan
familiarizados estaban con los cálculos matemáticos exigidos por
su astronomía y cronología. Un análisis de algunos de los textos
que contienen la expresión mítico-simbólica de las ideas nahuas
acerca de la fundamentación del universo, su acaecer temporal y su
orientación espacial, pondrá de manifiesto cuáles eran los temas
principales de su concepción cosmológica.

 Colloquios y Doctrina Christiana..., f. 3r; ap i, 13. (Edición de Lehmann, p. 97.)


4

 Entre los trabajos sobre este tema puede mencionarse la interesante obra del
5

licenciado Raúl Noriega, La Piedra del sol y 16 monumentos astronómicos del Mé­
xico antiguo, 2a. ed., preliminar, México, 1955, en la que, sobre la base de inter-
pretaciones de carácter matemático, descubre no sólo en la Piedra del sol, sino en
otros varios monumentos prehispánicos, toda una serie de “relojes cósmicos” de
asombrosa precisión. Su desciframiento de signos algébricos, factores, multiplica-
dores, etcétera, en la Piedra del sol, merece un detenido estudio de parte de quienes
se interesan por el aspecto científico de las antiguas culturas de Mesoamérica.

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LA EXIGENCIA NÁHUATL DE UNA FUNDAMENTACIÓN
DEL MUNDO

Hemos encontrado al tratar de los problemas descubiertos por el


pensamiento náhuatl un texto en el que, después de proponerse la
pregunta sobre cuál es la verdad del hombre y de sacar la conclusión
de que, si éste carece de verdad, nada de lo que se piensa o se afirma
en los cantos podrá ser verdadero, abruptamente pasa a plantearse en
forma universal y abstracta las dos cuestiones siguientes:

¿Qué está por ventura en pie?


¿Qué es lo que viene a salir bien?6

Y ya se ha visto también, por medio de un análisis lingüístico,


que fue precisamente esa preocupación por el “estar en pie” (tener
cimiento o raíz) respecto de las cosas y del mundo lo que, por un
cambio semántico, llevó al concepto de verdad.7
Era, pues, precisamente la verdad del mundo y su destino, o sa­
lir bien, lo que preocupaba a los tlamatinime que se plantearon esas
preguntas. Juzgando sin duda que este mundo en el que hasta “el
oro y el jade se quiebran” más bien parece un sueño, y no tiene
en sí mismo el buscado fundamento, inquirieron acerca de su
verdad, en el plano metafísico: topan, en el mundo de “lo que está por
encima de nosotros”.
Tal orientación metafísica, tomada desde un principio por la
cosmología náhuatl, no debe extrañarnos en manera alguna, ya que,
si recordamos la historia del pensamiento griego, nos encontrare-
mos con que le es también característico este mismo sesgo metafí-
sico, no exento de un cierto tinte de religiosidad que, comenzando

 Ms. Cantares mexicanos, f. 10v; ap i, 14.


6

 Véase lo dicho al comentar en el capítulo i el último de los textos aducidos


7

al tratar la problemática náhuatl, p. 61.

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134 FILOSOFÍA NÁHUATL

con Tales, lo hace afirmar que “todo está lleno de dioses” y, con-
cluyendo con Aristóteles, lo lleva a sostener que el motor inmóvil
del universo es precisamente la divinidad. Y la razón de esto es que,
como ya lo hemos dicho, citando a W. Jaeger, la historia de la filo-
sofía no parece ser sino “el proceso de progresiva racionalización
de la concepción religiosa del mundo implícita en los mitos”.8
Siendo, pues, nuestro empeño descubrir precisamente los co-
mienzos de este proceso entre los nahuas, analizaremos aquellos
textos que por primera vez ofrecen la respuesta a las preguntas
planteadas por ellos mismos sobre qué es lo que explica el origen y
la fundamentación del mundo y de las cosas. Y aun cuando en no
pocos textos y narraciones de los primeros cronistas misioneros
hallamos mención de la respuesta forjada por los tlamatinime o
sabios, creemos que en ningún otro lugar podría tal vez encontrar-
se tan clara y adecuadamente expresada como en una vieja narra-
ción conservada en los Anales de Cuauhtitlán. En ella se atribuye
simbólicamente a Quetzalcóatl —dios, héroe cultural de los toltecas—
el hallazgo de la solución buscada. Se señala, con la vestidura del
mito, que este descubrimiento es precisamente fruto de la sabiduría,
representada por Quetzalcóatl:

1 Y se refiere, se dice
2 que Quetzalcóatl rogaba, invocaba, hacía su dios a algo (que está)
en el interior del cielo.
3 A la del faldellín de estrellas, al que hace lucir las cosas;
4 Señora de nuestra carne, Señor de nuestra carne;
5 la que está vestida de negro, el que está vestido de rojo;
6 la que ofrece suelo (o sostiene en pie) a la tierra, el que la cubre
de algodón.
7 Y hacia allá dirigía sus voces, así se sabía, hacia el lugar de la Dua-
lidad, el de los nueve travesaños con que consiste el Cielo... 9

 Werner Jaeger, op. cit., t. i, p. 172-173.


8

 Anales de Cuauhtitlán, en Códice Chimalpopoca, publicado en fotocopia y con


9

versión al español por el licenciado Primo Feliciano Velázquez, f. 4. La versión que


ofrecemos ha sido hecha ex profeso, ya que la publicada por el licenciado Velázquez
se aleja demasiado del texto náhuatl. ap i, 15.

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EXIGENCIA NÁHUATL DE UNA FUNDAMENTACIÓN 135

Comentario del texto:

Línea 1. Y se refiere, se dice.


Claramente se indica con estas palabras que se trata de algo
conocido por tradición. Muy probablemente “se refería y se decía”,
lo que a continuación sigue, en el Calmécac o escuela de estudios
superiores, en donde la enseñanza se llevaba a cabo “contando”
(pohua), como decían en náhuatl, lo descrito en los códices.

Línea 2. que Quetzalcóatl rogaba, invocaba, hacía su dios a algo (que


está) en el interior del cielo.
“Hacía su dios a algo…”, mo-teo-tiaya, palabra que literalmente
significa deificaba algo para sí, o sea, “buscaba para sí a ese dios” que
vivía en el interior del cielo.

Línea 3. A la del faldellín de estrellas, al que hace lucir las cosas.


No siendo nuestro tema en este capítulo analizar la idea náhuatl
de la divinidad, solamente señalaremos que son estos títulos parea-
dos las formas más usuales con que se designa en su doble aspecto
a Ometéotl: dios de la dualidad o del dúo que, como en seguida se
indica, vive en “el lugar de la dualidad” (Omeyocan).10 Los dos pri-
meros nombres con que se designa al principio dual: La del faldellín
de estrellas (Citlalinicue) y Astro que hace lucir las cosas (Citlallató­
nac), se refieren obviamente a la doble acción de Ometéotl, cuan-
do por la noche hace brillar las estrellas, y cuando de día, identifi-
cado con el sol, es el astro que da vida a las cosas y las hace lucir.

Línea 4. Señora de nuestra carne, Señor de nuestra carne.


Más claramente aún aparece aquí la ambivalencia de Ometéotl:
es a un tiempo Señora y Señor de nuestra carne (de nuestro sustento):
To-naca-cíhuatl, To-naca-tecuhtli.

10
 El designar al principio ambivalente que mora en Omeyocan (lugar de la
dualidad) con el título de Ometéotl (dios dual) no es invención nuestra. Existen
varios textos nahuas en los que nos encontramos con que se le da este nombre
especialmente cuando se le está designando como principio generador universal.
Véanse, por ejemplo, los lugares siguientes: Ms. Cantares mexicanos, f. 35v;
Historia tolteca-chichimeca (Anales de Cuauhtinchan), edición facsimilar de E.
Mengin, p. 33.

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136 FILOSOFÍA NÁHUATL

Línea 5. la que está vestida de negro, el que está vestido de rojo.


La que está vestida de negro: tecolliquenqui; el que está vestido de
rojo: yeztlaquenqui. Literalmente quiere decir: vestido de (color)
de sangre. De nuevo los mismos aspectos del dios de la dualidad:
la noche y el día, negro y rojo, colores que yuxtapuestos evocan
asimismo la idea de sabiduría, como ya se ha indicado al describir
la figura del tlamatini.

Línea 6. la que ofrece suelo (o sostiene en pie) a la tierra, el que la cu­


bre de algodón.
En esta línea se encierra la respuesta al problema de qué es lo
que sostiene en pie a la tierra. Es el principio dual, descubierto por
la larga meditación simbolizada en la figura de Quetzalcóatl. Es
Ometéotl (dios de la dualidad) quien en su doble forma femenino-
masculina: tlallamánac, ofrece suelo a la tierra, y tlallíchcatl: viste
de algodón a la tierra. Cuando en el capítulo siguiente se estudien
directamente los rasgos característicos de Ometéotl, dios de la dua-
lidad (Señor y Señora de nuestro sustento), se verá cómo no obs-
tante ser claramente un solo principio, una sola realidad, por poseer
simultáneamente dos aspectos: el masculino y el femenino, es con-
cebido como núcleo generativo y sostén universal de la vida y de
todo lo que existe. Pero de esto nos ocuparemos después. Aquí nos
basta haber mostrado que en él se descubre el apoyo que mantiene
en pie a la tierra, así como la fuerza que produce los cambios en el
cielo y las nubes, tan plásticamente descritas como “lo que cubre
de algodón a la tierra”.

Línea 7. Y hacia allá dirigía sus voces, así se sabía, hacia el lugar de la
Dualidad, el de los nueve travesaños con que consiste el cielo.
Expresamente se menciona aquí el lugar del origen cósmico: el
Omeyocan, “sitio de la dualidad”, que se afirma está arriba de los
“nueve travesaños” que forman los cielos. Notamos de paso que en
otros textos, en vez de nueve, se afirma que son doce o, más común-
mente, trece los dichos cielos.
Nadie mejor que Quetzalcóatl podría simbolizar entre los na-
huas el ansia de explicación metafísica. Su figura, evocadora de
mitos, hace pensar en su sabiduría, en su búsqueda de un más allá,

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EXIGENCIA NÁHUATL DE UNA FUNDAMENTACIÓN 137

cuando, cayendo en la cuenta de que en esta vida existe el pecado


y se hacen viejos los rostros, trató de irse al oriente, hacia la tierra
del color negro y rojo, a la región del saber. Aquí lo encontramos
todavía en Tula, en su casa de ayunos, lugar de penitencia y ora-
ción, a donde se retiraba a meditar. Invocaba, como dice el texto,
y buscaba la solución deseada, inquiriendo acerca de lo que está
en el interior del cielo. Allí, como hemos visto, descubrió su res-
puesta: es el principio dual, el que a “la tierra hace estar en pie y la
cubre de algodón”.
Mas Quetzalcóatl no sólo halló en su meditación a Ometéotl
ofreciendo sostén a la tierra, sino que lo vio vestido de negro y de
rojo, identificado con la noche y el día. Descubrió en el cielo estre-
llado el faldellín luminoso con que se cubre el aspecto femenino de
Ometéotl y, en el astro que de día hace resplandecer a las cosas,
encontró su rostro masculino y el símbolo maravilloso de su poten-
cia generativa. El mundo, el sol y las estrellas reciben su ser de
Ometéotl; en última instancia todo depende de él. Pero hay que
notar, no obstante, que este principio radical, este dios viejo (Hue­
huetéotl), como a veces también se le llama, no existe él solo, fren-
te al universo. Es en su función primordial generativa “madre y
padre de los dioses”,11 o sea que es origen de las demás fuerzas na-
turales divinizadas por la religión náhuatl. Dando apoyo al mundo,
está Ometéotl (dios de la dualidad):

1 Madre de los dioses, padre de los dioses, el dios viejo,


2 tendido en el ombligo de la tierra,
3 metido en un encierro de turquesas.
4 El que está en las aguas color de pájaro azul, el que está encerrado
en nubes,
5 el dios viejo, el que habita en las sombras de la región de los muertos,
6 el señor del fuego y del año.12

11
 Madre de los dioses, padre de los dioses: el dios viejo, in teteu inan in teteu ita,
in Huehuetéutl. Así es designado expresamente por los informantes de Sahagún.
Fotocopia del libro vi del Códice florentino, en poder del doctor Garibay, f. 34r y su
paralelo en f. 71v (material náhuatl correspondiente al capítulo xvii del libro vi
de la Historia de Sahagún).
12
 Códice florentino, loc. cit.; ap i, 16.

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138 FILOSOFÍA NÁHUATL

Comentario del texto:

Línea 1. Madre de los dioses, padre de los dioses, el dios viejo.


Se enuncia, desde luego, el doble aspecto del principio cósmico
(el dios viejo), sostén universal: es madre y padre. Generando y
concibiendo en sí mismo, da origen a cuanto existe y, primero que
nada, a los dioses.

Línea 2. tendido en el ombligo de la tierra.


Tendido en el ombligo de la tierra: in tlalxicco ónoc. Analizando el
interesante locativo tlal-xic-co, se ve que está formado por la desi-
nencia de lugar -co (en); el radical de xic-tli (ombligo); y tlal-(li)
(tierra) que, sin glosa alguna, significa “en el ombligo de la tierra”.
Señalado dicho sitio como punto donde está tendido (ónoc) Ome­
téotl, se está indicando que sustenta al mundo, viviendo precisamente
en lo que es su centro, entre los cuatro rumbos cardinales que, como
veremos, se asignan a los otros dioses engendrados por él.

Líneas 3-5. metido en un encierro de turquesas. El que está en las aguas


color de pájaro azul, el que está encerrado en nubes, el dios viejo, el que
habita en las sombras de la región de los muertos.
Se afirma en estas líneas la omnipresencia de Ometéotl: está en
Omeyocan, en el ombligo de la tierra, en su encierro de turquesas,
en medio de las aguas, entre las nubes, en la región de los muertos.
¿Puede esta afirmación, que encuentra eco en otros textos, inducir-
nos a afirmar, como lo hace Hermann Beyer en su trabajo citado
en la Introducción, que la tendencia más fuerte del pensamiento
náhuatl se dirigía hacia el panteísmo?13 En el capítulo siguiente, al
ocuparnos más directamente de la divinidad como la concibieron
los tlamatinime, trataremos de dilucidar este punto.

Línea 6. el señor del fuego y del año.


El señor del fuego y del año: Xiuhtecuhtli. Es éste otro título de Ome­
téotl. Brevemente resume así Clavijero los varios aspectos de Xiuhte­

13
 Hermann Beyer, “Das aztekische Götterbild Alexander von Humboldt’s”,
en Wissenschaftliche..., p. 109-119.

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EXIGENCIA NÁHUATL DE UNA FUNDAMENTACIÓN 139

cuhtli: “señor del año o de la hierba, era el dios del fuego, al cual lla-
maban también Ixcozauhqui que significa semblante amarillo”.14

Dando así apoyo a la tierra, desde su ombligo o centro, deja luego


Ometéotl actuar a los dioses —a las fuerzas cósmicas que ha gene-
rado— siendo su madre y su padre, como dice el texto citado. De
acuerdo con la antigua relación de la Historia de los mexicanos por
sus pinturas,15 cuatro fueron los primeros dioses, desdoblamiento
inmediato del principio dual:

1 Este dios y diosa engendraron cuatro hijos:


2 al mayor llamaron Taclauque Teztzatlipuca (Tlatlauhqui Tezcatlipoca),
y los de Guaxocingo (Huexotzinco) y Tascala (Tlaxcala), los cuales
tenían a éste por su dios principal, le llamaban Camastle (Ca­
maxtle): éste nació todo colorado.
3 Tuvieron el segundo hijo, al cual dijeron Yayanque (Yayauqui)
Tezcatlipuca, el cual fue el mayor y peor, y el que más mandó y
pudo que los otros tres, porque nació en medio de todos: éste na-
ció negro.
4 Al tercero llamaron Quizalcoatl (Quetzalcóatl), y por otro nombre
Yagualiecatl (Yoalli Ehécatl).16
5 Al cuarto y más pequeño llamaban Omitecitl (Omitéotl), y por otro
nombre Maquezcoatl (Maquizcóatl), y los mexicanos le decían
Uchilobi (Huitzilopochtli), porque fue izquierdo, al cual tovieron
los de México por dios principal, porque en la tierra de do vinieron
le tenían por más principal...17

14
 Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México, t. ii, p. 79.
15
 Es éste, como ya se indicó en las fuentes, un manuscrito cuyo probable
autor —en opinión de Garibay y otros varios— es fray Andrés de Olmos. De cual-
quier manera, su antigüedad no puede ponerse en duda, así como tampoco el
hecho de haber sido redactado tomando como base pinturas o códices antiguos y
primitivos textos en náhuatl.
16
 El color característico de Quetzalcóatl, Yoalli-ehécatl, noche-viento, en cuan-
to dios del occidente es el blanco. Huitzilopochtli, a su vez, ocupa aquí el lugar del
primitivo Tezcatlipoca azul por una trasposición azteca, al tiempo de la quema de
los antiguos códices ordenada por Itzcóatl y Tlacaélel, y de la que se tratará en el
capítulo v de este libro.
17
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en Nueva colección de documentos
para la historia de México (publicada por Joaquín García Icazbalceta), iii, Pomar-
Zurita, Relaciones antiguas, p. 228-229.

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140 FILOSOFÍA NÁHUATL

Estos cuatro dioses constituyen, como vamos a verlo, las fuerzas


primordiales que ponen en marcha la historia del mundo. Desde un
principio, el simbolismo de sus colores —rojo, negro, blanco y azul—
nos permitirá seguirlos a través de sus varias identificaciones con los
elementos naturales, con los rumbos del espacio y con los periodos
de tiempo que estarán bajo su influencia. Porque con los cuatro hi-
jos de Ometéotl entrarán de lleno en el mundo el espacio y el tiempo,
concebidos no como un escenario vacío —unas meras coordenadas—
sino como factores dinámicos, que se entrelazan y se implican para
regir al acaecer cósmico.
La misma Historia de los mexicanos nos ilustra acerca de sus pri-
meras actividades como creadores del fuego, del sol, de la región de
los muertos, del lugar de las aguas, allende los cielos, de la tierra y los
hombres, de los días y los meses y, en una palabra, del tiempo. Y
esto que a primera vista parece contradecir la versión dada por los
informantes de Sahagún arriba citada, donde se dice que Ometéotl
mismo es quien vivifica y da cimiento a todas esas realidades, de
hecho, si se examina mejor, más bien podrá decirse que los nuevos
datos la clarifican y completan.
Porque los informantes, hablando del mundo ya existente, di-
jeron tan sólo que Ometéotl le daba apoyo hallándose en su ombli-
go o centro. Refiriéndose a las aguas, a las nubes y a la región de los
muertos, sostuvieron también que en todos esos lugares estaba pre-
sente Ometéotl, pero no precisaron si fue el principio dual por sí
mismo o por medio de las cuatro fuerzas cósmicas (sus hijos) como
produjo el mundo de la realidad. Esto es lo que precisamente explica
la Historia de los mexicanos:

1 Pasados seiscientos años del nacimiento de los cuatro dioses her-


manos, y hijos de Tonacatecli (Tonacatecuhtli), se juntaron todos
cuatro y dijeron que era bien que ordenasen lo que habían de hacer,
y la ley que habían de tener,
2 y todos cometieron a Quetzalcóatl y a Uchilobi (Huitzilopochtli),
que ellos dos lo ordenasen,
3 y estos dos, por comisión y parecer de los otros dos, hicieron luego
el fuego, y fecho, hicieron medio sol, el cual por no ser entero no
relumbraba mucho sino poco.
4 Luego hicieron a un hombre y a una mujer: el hombre dijeron Uxu-
muco (Oxomoco), y a ella Cipastonal (Cipactónal), y mandáronles

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EXIGENCIA NÁHUATL DE UNA FUNDAMENTACIÓN 141

que labrasen la tierra, y que ella hilase y tejese, y que dellos nacerían
los macehuales, y que no holgasen sino que siempre trabajasen,
5 y a ella le dieron los dioses ciertos granos de maíz, para que con
ellos ella curase y usase de adevinanzas y hechicerías, y ansí lo usan
hoy día a facer las mujeres.
6 Luego hicieron los días y los partieron en meses, dando a cada mes
veinte días, y ansí tenía diez y ocho, y trescientos y sesenta días en
el año, como se dirá adelante.
7 Hicieron luego a Mitlitlatteclet (Mictlantecuhtli) y a Michitecaciglat
(Mictecacíhuatl), marido y mujer, y éstos eran dioses del infierno,
y los pusieron en él;
8 y luego criaron los cielos, allende del treceno, y hicieron el agua,
9 y en ella criaron a un peje grande que se dice cipoa quacli (Cipactli),
que es como caimán, y deste peje hicieron la tierra, como se dirá...18

Creados ya el fuego y el sol —línea 3—, los hombres y el maíz


—líneas 4 y 5—, los días, meses y años —línea 6—, el lugar de los
muertos, el de las aguas y el mundo —líneas 7, 8 y 9—, los dioses
ponen en marcha la historia del universo.
Identificándose muy pronto el Tezcatlipoca rojo con el lugar del
oriente, Tlapalan, la región del color rojo; el Tezcatlipoca negro con
la noche y la región de los muertos, situada en el norte; Quetzalcóatl,
noche y viento, con el oeste, la región de la fecundidad y la vida, y
por fin el Tezcatlipoca azul —personificado por el Huitzilopochtli
azteca en Tenochtitlan— ligado con el sur, la región que se halla a
la izquierda del sol, cada uno comenzará a actuar desde su centro
de acción, situado en uno de los cuatro rumbos del mundo. Hue­
huetéotl, el dios viejo, el principio supremo, observará desde el Ome­
yocan y desde el ombligo de la tierra la acción de los dioses.
Pero la actuación de éstos —como vamos a verlo acudiendo a
textos nahuas— es violenta: “los dioses combaten —dice Alfonso
Caso— y su lucha es la historia del universo; sus triunfos alternati-
vos son otras tantas creaciones”.19

18
 Ibid., p. 229-230.
19
 Alfonso Caso, La religión de los aztecas, p. 11.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO

La idea de la lucha aplicada antropomórficamente a las fuerzas cós-


micas es precisamente la forma encontrada por el pensamiento
náhuatl para explicarse el acaecer del universo. Éste ha existido
en diversos periodos de tiempo. Al principio, recién creado, hubo un
equilibrio de fuerzas: “los cuatro dioses hijos de Tonacatecuhtli se
juntaron y dijeron que era bien que ordenasen lo que habían de
hacer y la ley que habían de tener”.20
Mas este primer equilibrio no fue algo estable; las luchas míticas
de Quetzalcóatl y los varios Tezcatlipocas habrán de romperlo. Porque
como ninguno de los cuatro dioses existe por sí mismo ni es en
realidad el sostén del universo, ya que esto es obra de Ometéotl, su
condición es también precaria e inestable. Sólo Ometéotl —dualidad
generadora y sostén universal— está en pie por sí mismo. Sus hijos,
los cuatro primeros dioses, son fuerzas en tensión y sin reposo.
Llevan en sí mismos el germen de la lucha. En un afán de predo-
minio, cada uno tratará de identificarse con el sol, para regir en-
tonces la vida de los hombres y el destino del mundo. En cada edad
de la tierra —en cada sol— predomina uno de ellos, simbolizando a
la vez un elemento —tierra, aire, fuego y agua— y uno de los cuatro
rumbos del mundo. El breve lapso de tiempo en que logra mantener
a raya el influjo de las fuerzas rivales constituye una de las edades
del mundo, que a los mortales parecen tan largas. Mas, al fin, so-
brevienen la lucha y la destrucción. Tezcatlipoca y Quetzalcóatl com-
baten, se eliminan uno a otro y reaparecen de nuevo en el campo
de batalla del universo. Los monstruos de la tierra, el viento, el
fuego y el agua son las fuerzas que chocan, viniendo con ímpetu
desde los cuatro rumbos del mundo.   

20
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 229.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 143

Los rumbos del universo y sus divinidades (Códice Fejérváry-Mayer)

Y así —de acuerdo con una velada dialéctica que en vano pre-
tende armonizar el dinamismo de fuerzas contrarias— se van suce-
diendo las varias edades del mundo —los soles—, como decían sim-
plemente los nahuas. De entre ellos, los aztecas concibieron el
ambicioso proyecto de impedir, o al menos aplazar, el cataclismo
que habría de poner fin a su sol, el quinto de la serie. Esta idea, que
llegó a convertirse en obsesión, fue precisamente la que dio aliento
y poderío a los habitantes de Tenochtitlan, haciendo de ellos como
ha escrito Caso:

un pueblo con una misión. Un pueblo elegido. Él cree que su misión


es estar al lado del Sol en la lucha cósmica, estar al lado del bien,

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144 FILOSOFÍA NÁHUATL

hacer que el bien triunfe sobre el mal, proporcionar a toda la huma-


nidad los beneficios del triunfo de los poderes luminosos sobre los
poderes tenebrosos de la noche.
Es claro que el azteca, como todo pueblo que se cree con una mi-
sión, está mejor dispuesto a cumplirla si de su cumplimiento se deriva
el dominio sobre los otros pueblos...
La idea de que el azteca era un colaborador de los dioses; la concep-
ción de que cumplían con un deber trascendental y que en su acción
radicaba la posibilidad de que el mundo continuara viviendo, permitió
al pueblo azteca sufrir las penalidades de su peregrinación, radicarse
en un sitio que los pueblos más ricos y más cultos no habían aceptado,
e imponerse a sus vecinos ensanchando constantemente su dominio,
hasta que las huestes aztecas llevaron el poder de Tenochtitlán a las
costas del Atlántico y del Pacífico...21

Tal fue la viviente conclusión descubierta por los aztecas, que


pronto pasó a ser una verdadera inspiración mística, unificadora
de sus actividades personales y sociales alrededor de la idea de la
colaboración con el sol. Como hipnotizados místicamente por el
que Soustelle llama “misterio de la sangre”,22 dirigían sin reposo
su esfuerzo vital a proporcionar a los dioses el chalchíhuatl o agua
preciosa de los sacrificios, único alimento capaz de conservar la
vida del sol.23
Mas esto, que sin duda constituyó uno de los puntos fundamen-
tales de su religión y aun de su concepción imperialista del mundo,
no debe hacernos olvidar su base estrictamente filosófica. Porque si
los aztecas sacaron esa conclusión místico-religiosa del antiquísimo
mito náhuatl de los soles, en realidad dicho mito en sí —indepen-
dientemente de sus aplicaciones religiosas— encierra la explicación
náhuatl del acaecer cósmico.

21
 Alfonso Caso, “El águila y el nopal”, en Memorias de la Academia Mexicana
de la Historia, t. v, n. 2, p. 103.
22
 Jacques Soustelle, La vie quotidienne des aztèques…, p. 275.
23
 Más adelante, al tratar en el capítulo v de este libro acerca del hombre
náhuatl como creador de formas de vida, se expondrán con algún detenimiento
algunas de las ideas del célebre consejero de los gobernantes mexicas, Tlacaélel,
quien parece haber sido el verdadero creador de la “visión místico-guerrera” de
los aztecas.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 145

Pasan de diez las crónicas y anales donde se encuentra esta


narración, aunque con diversas variantes por lo que al número y
orden de los soles se refiere.24
La narración que aquí se da, traducida del náhuatl, es la que
juzgamos más completa y de mayor interés: la contenida en el manus-
crito de 1558. Las razones que nos mueven a preferirla brevemente
24
 Las versiones más conocidas y antiguas son las siguientes:
 1) La del Códice Vaticano a 3738, con su explicación adjunta en italiano sa-
turado de hispanismos, por el padre Pedro Ríos. Codex Vaticanus a (Ríos). Il ma-
noscritto messicano Vaticano 3738, detto il codice Rios. Riprodotto in
fotocromografia a spese di S. E. il Duca di Loubat per cura della Biblioteca Vaticana,
Roma, 1900, f. 4v-7r.
 2) La de la Historia de los mexicanos por sus pinturas (anterior a 1540). Escri-
ta probablemente por Olmos sobre la base de textos nahuas. En Nueva colección de
documentos para la historia de México, iii, p. 231-236.
 3) La de la Histoyre du Mechique, manuscrito traducido por Thévet (1543), pu-
blicado por De Jonghe, en Journal de la Société des Américanistes de Paris, t. ii, p. 1-141.
 4) La que aparece en los Memoriales de Motolinía (anterior a 1545). Fray
Toribio Motolinía, O. F. M., Memoriales, edición de Luis García Pimentel, México-
París, 1903, p. 346-348.
 5) La llamada por Paso y Troncoso Leyenda de los soles, o también Manuscri-
to Náhuatl de 1558. Edición de Walter Lehmann (texto náhuatl y versión alema-
na), Die Geschichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico, Stuttgart und Berlin,
1938, p. 322-327.
 6) La que se incluye en el texto náhuatl de los Anales de Cuauhtitlán (recogi-
da antes de 1570). Edición de Walter Lehmann (texto náhuatl y versión alemana),
op. cit., p. 60-62.
 7) La que ofrece Muñoz Camargo en su Historia de Tlaxcala (recogida a fines del
siglo xvi). Diego Muñoz Camargo, Historia de Tlaxcala, México, 1892, p. 153-154.
 8) La incluida por Ixtlilxóchitl en su Sumaria relación (principios del siglo
xvii). Obras históricas de don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, publicadas y anotadas
por Alfredo Chavero, 1891-1892, t. i, p. 11-14.
 9) La ofrecida por él mismo en su Historia chichimeca, ibid., t. i, p. 19-21.
10) La que aparece en su Historia de la nación chichimeca, ibid., t. ii, p. 21-25.
11) La que puede leerse en la Piedra del sol, tal como lo hizo ver don Antonio
León y Gama, quien asimismo incluye en su obra Descripción histórica y cronoló­
gica de dos misteriosas piedras que el año 1790 se desenterraron en la plaza mayor de
México, 2a. ed., México, 1832, una versión casi idéntica a la del Ms. de 1558. Según
testimonio del mismo León y Gama, se trata de “una historia anónima, en la len-
gua mexicana, que se halla al fin de la que copió don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl,
que cita Boturini en el párrafo viii, número 13 del Catálogo de su Museo”. (Op.
cit., p. 94-95.)
Sigue echándose de menos un estudio comparativo y pormenorizado de todas
estas versiones de la llamada leyenda de los soles. Su análisis y comparación sobre
la base de los conocimientos cronológicos nahuas indudablemente arrojará nueva
luz acerca de sus ideas cosmológicas. Desgraciadamente no podemos adentrarnos
aquí en semejante investigación, tema ya de por sí de una obra aparte.

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146 FILOSOFÍA NÁHUATL

pueden reducirse a tres: 1) Su antigüedad, pues aun cuando fue es-


crita en 1558, la forma de redacción, en la que continuamente se
repiten expresiones como “aquí está...”, al lado de fechas yuxtapuestas,
claramente indican que se trata de la explicación de un viejo códice
indígena. Por otra parte —como opina Lehmann—, es más que pro-
bable que dicha narración de los soles formó parte de los documentos
recogidos por Olmos. 2) El hecho de que concuerden con ella el mo-
numento prehispánico conocido como Piedra del sol y la Historia de
los mexicanos por sus pinturas, tanto en lo que se refiere al número
como al orden en que van sucediéndose los diversos soles. 3) Es el
texto náhuatl de los soles que más detalles de interés nos conserva.25
La versión castellana que damos a continuación del documento
de 1558, siendo lo más apegada posible al texto náhuatl, pretende
reflejar hasta donde se pueda el carácter de descripción de un viejo
códice azteca que se trasluce en el texto original:

  1 Aquí está la relación oral de lo que se sabe acerca del modo como
hace ya mucho tiempo la tierra fue cimentada.
  2 Una por una, he aquí sus varias fundamentaciones (edades).
  3 En qué forma comenzó, en qué forma dio principio cada Sol hace
2513 años —así se sabe— hoy día 22 de mayo de 1558 años.
  4 Este Sol, 4 tigre, duró 676 años.
  5 Los que en este primer Sol habitaron, fueron comidos por ocelotes
(tigres), al tiempo del Sol, 4 tigre.
  6 Y lo que comían era nuestro sustento —7 grama— y vivieron 676
años.
  7 Y el tiempo en que fueron comidos fue el año 13.
  8 Con esto perecieron y se acabó (todo) y fue cuando se destruyó
el Sol.
  9 Y su año era 1 caña; comenzaron a ser devorados en un día —4
tigre— y sólo con esto terminó y todos perecieron.

10 Este Sol se llama 4 viento.


11 Estos, que en segundo lugar habitaron en este segundo (Sol), fue-
ron llevados por el viento al tiempo del Sol 4 viento y perecieron.

25
 Tomado esto en cuenta, remitimos a quien pretenda un estudio más por-
menorizado del texto en cuestión a la introducción escrita por Walter Lehmann
en su versión paleográfica náhuatl con traducción al alemán de los documentos
que publicó bajo el título de Die Geschichte der Königreiche von Colhuacan und
Mexico. Text mit Übersetzung von Walter Lehmann, en Quellenwerke zur alten
Geschichte Amerikas, Bd. i, Stuttgart und Berlin, 1938, p. 1-37.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 147

12 Fueron arrebatados (por el viento), se volvieron monos;


13 sus casas, sus árboles todo fue arrebatado por el viento,
14 y este Sol fue también llevado por el viento.
15 Y lo que comían era nuestro sustento.
16 12 serpiente; el tiempo en que estuvieron viviendo fue 364 años.
17 Así perecieron en un solo día llevados por el viento, en el signo
4 viento perecieron.

18 Su año era 1 pedernal.


19 Este Sol 4 lluvia era el tercero.
20 Los que vivieron en la tercera (edad) al tiempo del Sol 4 lluvia
también perecieron, llovió sobre ellos fuego y se volvieron guajo-
lotes (pavos),
21 y también ardió el Sol, todas sus casas ardieron,
22 y con esto vivieron 312 años.
23 Así, perecieron, por un día entero llovió fuego.
24 Y lo que comían era nuestro sustento.
25 7 pedernal; su año era 1 pedernal y su día 4 lluvia.
26 Los que perecieron eran los (que se habían convertido en) gua-
jolotes (pipiltin),
27 y así ahora se llama a las crías de los guajolotes pipil-pipil.

28 Este Sol se llama 4 agua, el tiempo que duró el agua fue 52 años.
29 Y estos que vivieron en esta cuarta edad estuvieron en el tiempo
del Sol 4 agua.
30 El tiempo que duró fue de 676 años.
31 Y cómo perecieron: fueron oprimidos por el agua y se volvieron
peces.
32 Se vino abajo el cielo en un solo día y perecieron.
33 Y lo que comían era nuestro sustento.
34 4 flor; su año era 1 casa y su signo 4 agua.
35 Perecieron, todo monte pereció,
36 el agua estuvo extendida 52 años y con esto terminaron sus años.

37 Este Sol, su nombre 4 movimiento, éste es nuestro Sol, en el que


vivimos ahora,
38 y aquí está su señal, cómo cayó en el fuego el Sol, en el fogón
divino, allá en Teotihuacán.
39 Igualmente fue éste el Sol de nuestro príncipe, en Tula, o sea de
Quetzalcóatl.26

26
 Documento de 1558, en la edición bilingüe (náhuatl-alemán) de W. Lehmann,
op. cit., p. 322-327; ap i, 17.

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148 FILOSOFÍA NÁHUATL

40 El quinto Sol, 4 movimiento su signo,


41 se llama Sol de movimiento porque se mueve, sigue su camino.
42 Y como andan diciendo los viejos, en él habrá movimientos de
tierra, habrá hambre y con esto pereceremos.27

Comentario del texto:

Línea 1. Aquí está la relación oral de lo que se sabe acerca del modo como
hace ya mucho tiempo la tierra fue cimentada.
“La relación oral de lo que se sabe”: tlamachilliz-tlatolzazanilli. Es
éste un compuesto en el que nos volvemos a encontrar la palabra tla­
machilliztli que, como se ha indicado en el capítulo anterior, significa
“sabiduría” en sentido pasivo: sabiduría sabida, o sea, la tradición. Se
expresa aquí claramente lo que es característico de todo saber de la
antigüedad. Es un conocimiento recibido de palabra —en el Calmécac,
lugar donde se daban “las relaciones orales de lo que se sabe”.

Línea 2. Una por una, he aquí sus varias fundamentaciones (edades).


Para expresar lo que hemos traducido como “fundamentacio-
nes”, se usa en el texto náhuatl la palabra i-tlamamanca, compuesta
del prefijo i- (de ella, de la tierra) y del sustantivo verbal tlamamanca
derivado del verbo mani: permanecer, estar permanentemente. A la
letra, pues, la voz tlamamanca significa el resultado de las acciones
por las que queda hecha permanentemente la tierra, o sea, sus fun­
damentaciones.
Con mayor precisión que Del Paso y que don Primo F. Velázquez,
tradujo así Walter Lehmann la mencionada frase: in einzelnen (Wel­
taltern) ihtere Gründungen (erfolgten): “en sendas edades ocurrieron
sus fundamentaciones”.28 Lo cual está en perfecta armonía con la idea
náhuatl que hemos encontrado anteriormente de la necesidad “de
sostener en pie” o cimentar al universo, ya que como vimos se aplicó
precisamente a Ometéotl (dios de la dualidad) el título de Tlallámanac
que a la letra significa “el que da cimiento o sostén a la tierra”.

27
 Las líneas 40 a 42 están tomadas del texto de los Anales de Cuauhtitlán
(edición de W. Lehmann), p. 62; ap i, 17.
28
 Walter Lehmann, Die Geschichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico,
p. 322.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 148 20/01/2017 [Link] p.m.


EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 149

Línea 3. En qué forma comenzó, en qué forma dio principio cada Sol
hace 2513 años —así se sabe— hoy día 22 de mayo de 1558 años.
Es ciertamente indicio del afán náhuatl de precisión, adquirido
por el manejo constante de sus dos calendarios, la presencia aquí de
fechas. Junto a la del día en que se narra la historia —22 de mayo
de 1558—, se señala el año en que se cree tuvo lugar el comienzo de
las varias edades cósmicas.
Con frecuencia nos iremos encontrando fechas, dadas en fun-
ción del xiuhpohualli o cuenta de los años. Igualmente se indica,
haciéndose referencia a sus cálculos astrológicos, el signo del tonalá­
matl que corresponde a las varias edades y cataclismos. Todo esto
pone de manifiesto que, aun cuando la dialéctica de la evolución de
los soles está revestida del mito, se sigue en su exposición un cui-
dadoso método cronológico, lo que supone un auténtico pensa-
miento racionalizante y sistematizador.29

Línea 4. Este Sol, 4 tigre, duró 676 años.


Como se verá, cada sol o edad recibe el nombre de aquello que
causó su destrucción. Y ésta tiene igualmente lugar en la fecha
que corresponde al día 4 del signo en el que irrumpe la fuerza des-
tructora. Así, en este primer sol de tigre, el final llegó precisamente
en un día “4 tigre”. Los tigres, como “devoradores de gente”, que esto
significa uno de sus nombres en náhuatl (te-cuani), son monstruos
de la tierra y simbolizan por tanto la acción de este primer elemento.
Según la versión de la Historia de los mexicanos que nos conser-
va el mito simbólico de las luchas cósmicas, habiéndose hecho sol
Tezcatlipoca y estando bajo su égida el mundo y sus primeros habi-
tantes, actuó Quetzalcóatl por primera vez en su contra: “Porque le
dio con un grande bastón y lo derribó en el agua y allí se hizo tigre
y salió a matar gigantes…”30

29
 Fijándose en la acción de los elementos en las varias edades, se ha sosteni-
do con frecuencia que la narración de los soles refleja la historia hecha mito de
varios cataclismos naturales ocurridos en fechas remotas. Así, por ejemplo, se
considera la erupción del Xitle (en la serranía del Ajusco, Distrito Federal) como
ocurrida al tiempo del sol de fuego. Siendo esto posible, aunque difícil de compro-
bar, sigue en pie el hecho de que la leyenda de los soles constituye la versión mito-
lógica náhuatl de la evolución temporal del universo.
30
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 233.

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150 FILOSOFÍA NÁHUATL

Línea 6. Y lo que comían era nuestro sustento —7 grama— y vivieron


676 años.
La Historia de los mexicanos señala claramente cuál era el alimento
peculiar de cada época. En este primer sol dice que los macehuales
(los hombres) “comían bellotas de encinas y no otra cosa”.31
La fecha del tonalámatl 7 malinalli (grama), que algunos como
Primo F. Velázquez erróneamente han pensado que indicaba la cla-
se de alimento consumido en este sol, señala solamente un día del
calendario adivinatorio que estaba bajo el influjo de Tezcatlipoca,
quien como hemos visto era la fuerza que gobernaba al universo
durante esta primera época.

Línea 10. Este Sol se llama 4 viento.


Interviene aquí el segundo elemento: el viento. Con el ropaje
del mito nos describe así la Historia de los mexicanos lo que pasó en
este sol:

duró Quetzalcóatl seyendo sol otras trece veces cincuenta y dos, que
son seiscientos y setenta y seis años, los cuales acabados, Tezcatlipuca,
por ser dios se hacía tigre como los otros sus hermanos lo querían y
ansí andaba fecho tigre y dio una coz a Quetzalcóatl, que lo derribó
y quitó de ser sol y levantó tan grande aire, que lo llevó y a todos los
macehuales (los hombres) y éstos se volvieron en monos y ximias, y
quedó por sol Tlalocatecli dios del infierno...32

Línea 15. Y lo que comían era nuestro sustento.


Respecto del alimento que tomaban en esta segunda edad, en-
contramos en la Historia de los mexicanos que “no comían sino
aciciutli, que es una simiente como de trigo, que nace en el agua”.33
Nótese el principio de una cierta evolución en la naturaleza de los

31
 Loc. cit.
32
 Ibid., p. 233. El autor de la Historia, o tal vez el copista, parece haber confun-
dido aquí a Tláloc con Mictlantecuhtli. Este último sí era ciertamente dios del infier-
no, divinidad del rumbo del norte y encarnación del Tezcatlipoca negro. Sin embargo,
al escribir Tlalocatecli, y al decir más adelante que su comparte era Chalchiuhtlicue,
se está afirmando claramente que se trata no ya del “dios del infierno”, sino de Tlá­
loc, dios del oriente y de la lluvia, que ocupa el lugar del primitivo Tezcatlipoca rojo.
El error está, pues, en decir que Tlalocatecli (Tláloc) era dios del infierno.
33
 Loc. cit.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 151

El sol de viento, segundo periodo cósmico (Códice Vaticano a 3738, f. 6)

alimentos, ya que ahora, en vez de bellotas de encinas, comían ace­


centli o maíz de agua. El maíz (centéotl), el cereal americano por
excelencia, obsequio de la hormiga a Quetzalcóatl, será la culmina-
ción de esta evolución de los alimentos al llegar la quinta edad.

Línea 19. Este Sol 4 lluvia es el tercero.


Es ésta la edad en que actúa el tercero de los elementos: el fuego.
La Historia de los mexicanos, continuando su narración de las luchas
míticas de los dioses, dice:

Pasados estos años, Quetzalcóatl llovió fuego del cielo y quitó que no
fuese sol a Tlalocatecli (Tláloc) y puso por sol a su mujer Chalchiuttlique
(Chalchiuhtlicue), la cual fue sol seis veces cincuenta y dos años, que
son trescientos y doce años…34

34
 Ibid., p. 233.

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152 FILOSOFÍA NÁHUATL

Línea 24. Y lo que comían era nuestro sustento.


“Los macehuales comían en este tiempo de una simiente como
de maíz que se dice cincocopi…”35 El alimento se acerca cada vez más
a lo que llegará a ser “nuestro sustento” (tonácatl) por antonoma-
sia: el maíz.

Líneas 26-27. Los que perecieron eran los (que se habían convertido en)
guajolotes (pipiltin), y así ahora se llama a las crías de los guajolotes
pipil-pipil.
Extrañas a primera vista podrán parecer estas dos líneas. Sin em-
bargo, si se recuerda que —como dice la línea 20— los macehuales se
habían convertido en guajolotes (pipiltin), no causará admiración
que todavía, en la época del que narra el mito de los soles, quedara
como una supervivencia la creencia popular de que las crías de los
guajolotes eran descendientes de los pobladores de la tercera edad del
mundo. Por eso al llamar a dichas crías se usaba repetir la misma voz
náhuatl pipil-pipil, que significa también infante, príncipe, etcétera.

Línea 28. Este Sol se llama 4 agua, el tiempo que duró el agua fue 52 años.
Es ésta la época del cuarto sol: el de agua. La Historia de los mexi­
canos refiere así lo sucedido:

En el año postrero que fue sol Chalchiuttlique (Chalchiuhtlicue), como


está dicho, llovió tanta agua y en tanta abundancia, que se cayeron
los cielos y las aguas llevaron todos los macehuales que iban y dellos
se hicieron todos los géneros de pescados que hay y ansí cesaron de
haber macehuales y el cielo cesó porque cayó sobre la tierra…36

Línea 36. el agua estuvo extendida 52 años.


Concluye aquí el relato de las cuatro primeras edades del mun-
do. El manuscrito publicado por Paso y Troncoso narra todos los
preliminares de la creación del quinto sol, incluyendo el viaje de
Quetzalcóatl al Mictlan (región de los muertos) para obtener huesos
de hombres y llevar a cabo su nueva formación. Encontramos tam-
bién otro mito de hondo simbolismo en el que se narra el hallazgo

35
 Loc. cit.
36
 Ibid., p. 233-234.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 153

del maíz, el cereal básico de América, que es dado a Quetzalcóatl por


la hormiga que lo tenía escondido en el monte de nuestro sustento.
Los informantes de Sahagún (Códice matritense del Real Palacio,
v. vi, f. 180 y siguientes) refieren también la creación del quinto sol
en Teotihuacan, donde Nanahuatzin, “el bubosillo”, en competen-
cia con el arrogante Tecuciztécatl, se arrojó valerosamente a la ho-
guera y se convirtió en sol. Todos estos mitos —de profundo interés
humano y filosófico—, desgraciadamente, sólo podemos mencio-
narlos, ya que su exposición y comentario alargaría fuera de toda
proporción este capítulo. Señalaremos únicamente que hay en ellos
un riquísimo filón muy poco aprovechado aún, especialmente si se
toman como base los textos nahuas originales.

Línea 37. Este Sol, su nombre 4 movimiento, éste es nuestro Sol, en el


que vivimos ahora.
Tal como lo dice el texto, puede también verse esto mismo en
la maravillosa Piedra del sol, donde la figura central representa el
rostro de Tonatiuh (Sol), dentro del signo 4 movimiento (Nahui
ollin) del tonalámatl.
Con este quinto sol hace su entrada en el pensamiento cosmo-
lógico náhuatl la idea de movimiento, como un concepto de suma
importancia en la imagen y destino del mundo.

Línea 38. y aquí está su señal, cómo cayó en el fuego el Sol, en el fogón
divino, allá en Teotihuacán.
Se alude al ya mencionado mito de la creación del quinto sol en
Teotihuacan, cuando los dioses (fuerzas cósmicas, hijos de Ometéotl),
logrando una cierta armonía, deciden crear una vez más un sol.
La figura de Nanahuatzin —el bubosillo—, que atrevidamente se
arroja al fuego para convertirse en sol, implica ya desde un princi-
pio la raíz más oculta del futuro misticismo azteca: por el sacrificio
existen el sol y la vida; sólo por el mismo sacrificio podrán conser-
varse. Copiamos aquí tan sólo los momentos culminantes del drama
de la creación del quinto sol tal como los trasmite Sahagún:

Llegada la media noche, todos los dioses se pusieron en derredor del


hogar que se llamaba teotexcalli. En este lugar ardió el fuego cuatro
días... y luego hablaron y dijeron a Tecuciztécatl: “¡Ea, pues, Tecuciztécatl,

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154 FILOSOFÍA NÁHUATL

entra tú en el fuego!” Y él luego acometió para echarse en él y como el


fuego era grande y estaba muy encendido, sintió gran calor, hubo miedo,
y no osó echarse en él, volvióse atrás... De que hubo probado cuatro
veces, los dioses luego hablaron a Nanauatzin, y dijéronle: ¡Ea, pues,
Nanauatzin, prueba tú!; y como le hubieron hablado los dioses, esfor-
zóse y, cerrando los ojos, arremetió, y echóse en el fuego, y luego co-
menzó a rechinar y respendar en el fuego como quien se asa. Como vio
Tecuciztécatl que se había echado en el fuego y ardía, arremetió y echóse
en la hoguera... Después que ambos se hubieron arrojado en el fuego,
y que se habían quemado, luego los dioses se sentaron a esperar a qué
parte vendría a salir el Nanauatzin. Habiendo estado gran rato espe-
rando, comenzóse a poner colorado el cielo, y en todas partes apare-
ció la luz del alba. Dicen que después de esto los dioses se hincaron
de rodillas para esperar por dónde saldría Nanahuatzin hecho sol;
miraron a todas partes volviéndose en derredor, mas nunca acertaron
a pensar ni a decir a qué parte saldría, en ninguna cosa se determina-
ron; algunos pensaron que saldría de la parte norte, y paráronse a
mirar hacia él: otros hacia medio día, a todas partes sospecharon que
había de salir; porque por todas partes había resplandor del alba; otros
se pusieron a mirar hacia el oriente, y dijeron aquí de esta parte ha de
salir el sol. El dicho de éstos fue verdadero; dicen que los que miraron
hacia el oriente fueron Quetzalcóatl, que también se llama Écatl, y otro
que se llama Tótec... y cuando vino a salir el sol, pareció muy colorado,
y que se contoneaba de una parte a otra, y nadie lo podía mirar, por-
que quitaba la vista de los ojos, resplandecía, y echaba rayos de sí en
gran manera, y sus rayos se derramaron por todas partes…37

Líneas 40-42. El quinto Sol, 4 movimiento su signo, se llama Sol de


movimiento porque se mueve, sigue su camino. Y como andan diciendo
los viejos, en él habrá movimientos de tierra, habrá hambre y con esto
pereceremos.
Se alude en la línea 41 a lo que nos refieren también los infor-
mantes de Sahagún (Códice matritense del Real Palacio, edición fac-
similar, v. vi, f. 187), que al principio el quinto sol no se movía:
“entonces, dijeron los dioses, ¿cómo viviremos? ¡No se mueve el Sol!”
Para darle fuerzas se sacrificaron los dioses y le ofrecieron su sangre.
Por fin sopló el viento y, “moviéndose, siguió el Sol su camino”.

37
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 14-15.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 155

En la línea 42 se anuncia el fin de la época actual por un terre-


moto que, según lo muestra la fecha esculpida en la Piedra del sol,
tendrá precisamente lugar en un día 4 movimiento.

Tal era la antigua concepción náhuatl de las varias edades o tiempos


en que fue cimentada la tierra. Una rápida mirada retrospectiva nos
permitirá descubrir en ella, haciendo a un lado lo puramente mi-
tológico, las que llamaremos categorías cosmológicas nahuas.
La primera y más importante es la exigencia lógica de fundamen-
tación de los mundos, idea que responde a la pregunta concebida por
los tlamatinime sobre qué es lo que hace estar a las cosas “en pie”. El
pensamiento náhuatl sólo tiene por verdadero (nelli) aquello que
está cimentado en algo firme y permanente: con raíz (nel-huá-yotl).
Y lo único verdaderamente cimentado en sí mismo es Ometéotl, el
principio ambivalente, origen y sostén de las fuerzas cósmicas (sus
hijos, los dioses). Por esto, aunque Ometéotl existe originalmente en
la dimensión superior del Omeyocan, en el decimotercer cielo, para
dar sustento al mundo, está también en su ombligo o centro. Las
cosas, particularmente el mundo, son entonces tlamamanca: resul-
tado de la acción fundamentadora de Ometéotl.
Otra categoría, igualmente clave, es la que enmarca estas funda-
mentaciones del mundo en una serie de ciclos. La tierra cimentada
por Ometéotl no es algo estático. Sometida al influjo de las fuerzas
cósmicas, viene a ser el campo donde éstas actúan. Cuando se equi-
libran, existe una edad, un sol. Entonces es cuando viven los macehua­
les. Mas pronto, en un tiempo determinado, desaparece el equilibrio
y sobreviene un cataclismo. Parece como si Ometéotl retirara su apoyo
a la tierra. Y, sin embargo, como una prueba de que en el fondo su
acción permanece, se descubre a través de los varios ciclos o edades
un principio latente de evolución, que culmina, en el caso particular
de las plantas alimenticias, con la aparición del maíz.
Ligada con esta idea de los ciclos del mundo está la concepción
de los cuatro elementos, simbolizados en la Historia de los mexicanos
por los hijos de Ometéotl. Los tigres, monstruos de la tierra, el viento,
el fuego y el agua, por sorprendente paralelismo, vienen a coincidir
con las cuatro raíces o elementos (ritsómata) de todas las cosas,
hipótesis ideada por el filósofo griego Empédocles y comunicada al

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156 FILOSOFÍA NÁHUATL

pensamiento occidental a través de Aristóteles. Atinadamente se-


ñaló así Seler las relaciones existentes entre los periodos cósmicos
y los cuatro elementos:

Estas cuatro diferentes edades prehistóricas o precósmicas de los mexi-


canos, orientadas cada una hacia un distinto rumbo del cielo, se hallan
maravillosamente ligadas con los cuatro elementos conocidos por la
antigüedad clásica y que constituyen hasta ahora la base del modo de
ver la naturaleza de los pueblos cultos del oriente asiático, o sea, agua,
tierra, aire y fuego.38

Sólo que entre los nahuas estos elementos no son principios


estáticos que se descubren por un análisis teórico o por la alquimia,
sino que aparecen por sí mismos como las fuerzas cósmicas funda-
mentales que irrumpen violentamente, desde los cuatro rumbos del
universo, en el marco del mundo.
Y con esto encontramos otras dos categorías del pensamiento
náhuatl: la de los rumbos del universo y la de la lucha. El universo
está dividido en cuatro rumbos bien definidos que, coincidiendo con
los puntos cardinales, abarcan mucho más que éstos, ya que incluyen
todo un cuadrante del espacio universal: el oriente, país del color
rojo, región de la luz, cuyo símbolo es una caña que representa la
fertilidad y la vida; el norte, región de los muertos y del color negro,
lugar frío y desierto que se simboliza por un pedernal; el poniente,
región del color blanco, país de las mujeres, cuyo signo es la casa del
sol; y por fin el sur, designado como la región azul, a la izquierda
del sol, rumbo de carácter incierto que tiene por símbolo al conejo
que, como decían los nahuas, “nadie sabe por dónde salta”.39
En este universo, así dividido en cuadrantes, es donde se desa-
rrolla una lucha que parece interminable entre las cuatro fuerzas

38
 Eduard Seler, “Entstehung der Welt und der Menschen, Geburt von Sonne
und Mond”, en Gesammelte Abhandlungen, t. iv, p. 38-39.
39
 Hay que notar que aun cuando esta distribución de colores —oriente-rojo,
norte-negro, poniente-blanco y sur-azul— es la que más frecuentemente se repite
en los códices y textos nahuas, había asimismo otros ordenamientos secundarios
de los colores cósmicos, expresión de diferente simbolismo. Así, por ejemplo, si
encontramos en el Códice Borgia, 27, al oriente pintado de rojo, en otro lugar del
mismo códice, 72, lo vemos también caracterizado por el color verde, símbolo de
la fertilidad.

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EL ACAECER TEMPORAL DEL UNIVERSO 157

cósmicas. Cada uno de los cuatro elementos (los hijos de Ometéotl)


tiende a prevalecer. Bellamente, con el lenguaje del mito, expresa
esto la Historia de los mexicanos diciendo que “Tezcatlipoca por ser
dios se hacía tigre, como los otros sus hermanos (también) lo que-
rían”. Y así, en un combate que se desarrolla en cada uno de los
soles, desde los cuatro rumbos del mundo y por medio de una opo-
sición de elementos, se va desenvolviendo por ciclos la historia del
cosmos tal como la vieron los nahuas.
Cinco son, pues, las principales categorías cosmológicas que se
implican en la narración de los soles: 1) necesidad lógica de fun-
damentación universal; 2) temporalización del mundo en edades o
ciclos; 3) idea de elementos primordiales; 4) espacialización del
universo por rumbos o cuadrantes, y 5) concepto de lucha como
molde para pensar el acaecer cósmico.

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LOS TRECE CIELOS: EL ESPACIO VERTICAL

Al lado de esta interpretación del acaecer cíclico del mundo llegaron


también los sabios nahuas a una coherente visión espacial del uni-
verso. Completando su división en el plano horizontal, hacia los
cuatro rumbos del mundo, concibieron a éste como un gran disco
de tierra rodeado por las aguas. Nadie mejor que Seler resume así
este punto:

Al igual que otros pueblos, se representaban los mexicanos la tierra


como una gran rueda rodeada completamente por las aguas. Llamaban
a esta plataforma o más propiamente al anillo de agua circundante
Anáhuatl, “anillo”, o Cem-anáhuatl, el anillo completo. Debido a una
incorrecta interpretación, algunos historiadores posteriores introdu-
jeron la costumbre de designar a la sección central de la actual Repú-
blica Mexicana como la meseta del Anáhuac, en tanto que los antiguos
mexicanos entendían indefectiblemente por esto la tierra situada “a
la orilla del agua”, o sea todo lo que se extendía entre los dos mares,
y llamaban a esa agua que circundaba a la tierra, al océano, teoatl,
agua divina, o ilhuica-atl, agua celeste, porque se juntaba en el hori-
zonte con el cielo.40

Y relacionando luego esto con sus ideas acerca del sol, de los cua-
tro rumbos del universo y del origen étnico de los nahuas, continúa
Seler resumiendo así el pensamiento náhuatl:

De ese mar (que circunda al mundo) surge en la mañana por el orien-


te el Sol y se hunde también en el mar por la tarde hacia el occidente.
Igualmente pensaban los mexicanos que su pueblo había venido del
mar, del rumbo de la luz (oriente), y que había por fin arribado a la
costa del Atlántico. Por otra parte, creían también que los muertos en

40
 Eduard Seler, “Das Weltbild der alten Mexikaner”, en Gesammelte Abhand­
lungen, t. iv, p. 3.

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EL ESPACIO VERTICAL 159

su viaje al infierno tenían que cruzar un amplio mar, que se decía


chicunauh-apan, “el extendido nueve veces”, o “agua que se difunde
en todas las direcciones”.41

Pero junto con esta concepción que completa sus ideas sobre el
que llamaríamos “espacio horizontal”, habían forjado también los
tlamatinime, particularmente “aquellos que se dedicaban a observar
el curso y el acaecer ordenado del cielo”,42 una visión astronómica
del universo. Idearon así un mundo vertical con trece cielos hacia
arriba y nueve infiernos hacia abajo. Estando estos últimos princi-
palmente ligados con la región de los muertos y el más allá, sólo
vamos a ocuparnos aquí, brevemente, de describir los 13 cielos en
relación con sus conocimientos astronómicos.43
Conviene decir que concebían los nahuas estos cielos a modo
de regiones cósmicas superpuestas y separadas entre sí por una es-
pecie de travesaños, que constituían al mismo tiempo lo que pudié-
ramos llamar pisos o caminos sobre los cuales se movían los varios
cuerpos celestes. En relación con esto, decían los indios, hablando
de sus astrónomos, que se dedicaban a contemplar “el corrimiento de
los astros por los caminos del cielo” (ilhuícatl i-oh-tlatoquíliz).44
Sintetizando las varias versiones que se conservan y siguiendo
de preferencia la representación pictórica del Códice Vaticano a,45
comenzaremos por describir el cielo inferior, el que todos vemos:
es éste aquel por donde avanza la luna (llhuícatl Metztli) y en el que
se sostienen las nubes. Sobre lo que pensaban de la luna y sus fases,
desde un punto de vista astronómico, transcribiremos aquí tan sólo
algo de lo que se enseñaba a los estudiantes (momachtique) en el
Calmécac, tal como lo resume Sahagún:

1 Cuando la luna nuevamente nace, parece como un arquito de


alambre delgado, aún no resplandece, y poco a poco va creciendo;

 Loc. cit.
41
42
 Colloquios y Doctrina Christiana..., f. 3v (edición de W. Lehmann, p. 93).
43
 Ya hemos señalado, al comentar un texto de los Anales de Cuauhtitlán
(f. 4), en donde se habla de los “nueve travesaños con que consiste el cielo”, que
no había unidad de pareceres respecto del número de cielos. Aquí nos atenemos
preferentemente a las pinturas del Códice Vaticano a 3738, f. 1v y 2r.
44
 Loc. cit.
45
 Codex Vaticanus a (Ríos), f. 1v y 2r.

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160 FILOSOFÍA NÁHUATL

2 a los quince días es llena, y cuando ya lo es, sale por el oriente.


3 A la puesta del sol parece como una rueda de molino grande, muy
redonda y muy colorada,
4 y cuando va subiendo se para blanca o resplandeciente; aparece
como un conejo en medio de ella, y si no hay nubes, resplandece
casi como el sol a medio día;
5 y después de llena cumplidamente, poco a poco se va menguando
hasta que se va a hacer como cuando comenzó;
6 dicen entonces, ya se muere la luna, ya se duerme mucho.
7 Esto es cuando sale ya con el alba, y al tiempo de la conjunción
dicen: “ya es muerta la luna”.46

El segundo cielo era el lugar de las estrellas: Citlalco, como cla-


ramente lo muestra la bella ilustración del Códice Vaticano a. Las
estrellas que, como hemos visto, eran concebidas como el faldellín
luminoso con que se cubría el aspecto femenino de Ometéotl, se
dividían en dos grandes grupos: las 400 (innumerables) estrellas
del norte, Centzon Mimixcoa, y las 400 (innumerables) estrellas del
sur, Centzon Huitznahua.
Además de esta clasificación general, distinguían los astrónomos
nahuas, entre otras, a la Osa Mayor, que era el tigre Tezcatlipoca; a
la constelación de la Osa Menor, llamada por ellos Citlalxonecuilli,
“porque —como dice Sahagún— (sus estrellas) tienen semejanza
con cierta manera de pan que hacen a modo de s, al cual llaman
xonecuilli...”;47 a la constelación del Escorpión, que por una coinci-
dencia llamaban con el mismo nombre: Cólotl (alacrán); a las tres
estrellas que forman la cabeza del Toro, designadas por la palabra
Mamalhuaztli que, como anota también Sahagún, era el nombre de
los palos de que se servían para encender el fuego nuevo. Especial
importancia tenía para los nahuas su movimiento, así como el de
las Pléyades, nombradas Tianquiztli, ya que de él dependía cada 52
años la supervivencia del mundo. Al continuar su movimiento estas
estrellas en la media noche del día en que terminaba una atadura
de años (un siglo), se encendía el fuego nuevo y se celebraba esto
como presagio de 52 años más de vida. La vieja pirámide de Tena-

46
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 12.
47
 Ibid., t. ii, p. 18.

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EL ESPACIO VERTICAL 161

yuca, a la que acolhuas, tecpanecas y aztecas superpusieron nuevos


cuerpos en tiempos determinados, correspondiendo, como indica
Ignacio Marquina, “a la terminación de un ciclo de 52 años”, prue-
ba mejor que cualquiera larga disertación el hondo significado que
atribuían los nahuas a la entrada de un nuevo siglo.48
El nombre de la tercera región de los cielos era cielo del sol (Il­
huícatl Tonatiuh), ya que por él avanzaba Tonatiuh en su diaria
carrera desde el país de la luz hasta su casa de occidente. Acerca del
sol, en su aspecto astronómico, Sahagún nos conserva algo de lo
que se enseñaba en el Calmécac:

1 El Sol, águila con saetas de fuego,


2 príncipe del año, dios.
3 Ilumina, hace resplandecer las cosas, las alumbra con sus rayos.
4 Es caliente, quema a la gente, la hace sudar, vuelve morenos los
rostros de la gente, los ennegrece, los hace negros como el humo. 49

Viene luego el cuarto cielo (Ilhuícatl huitztlan) en que se mira


Venus, llamada en náhuatl Citlálpol o Hueycitlalin, estrella grande,
que era de todos los planetas el mejor estudiado por los astrónomos
nahuas. Relacionándose ya, desde la época de los teotihuacanos, a
Venus con Quetzalcóatl, puede verse —como lo nota Gamio—, en el
templo conocido vulgarmente como la ciudadela, “a la serpiente
emplumada rodeada de caracoles marinos”,50 y es que, “al ponerse
Venus en las movientes aguas del Pacífico, su reflejo semejaba una
serpiente de escamas y plumas brillantes: de ahí su nombre de Quet­
zal-cóatl”.51

48
 Ignacio Marquina, “Estudio arquitectónico de la pirámide”, en Tenayuca.
Estudio arqueológico de la pirámide de este lugar, hecho por el Departamento de Monu­
mentos de la Secretaría de Educación Pública, México, 1935, p. 101. George C. Vaillant
en su libro The Aztecs of México (p. 92) señala pormenorizadamente las fechas de
las varias reconstrucciones de la pirámide de Tenayuca en 1507, 1455, 1403, 1351,
1299...
49
 Textos de los informantes de Sahagún, Códice matritense del Real Palacio,
edición facsimilar de Paso y Troncoso, v. vi, f. 177; ap i, 18.
50
 Manuel Gamio y otros, La población del Valle de Teotihuacán, 3 v., México,
1922, t. i, p. xlvi.
51
 Roque Ceballos Novelo, “Manifestaciones intelectuales de cultura…”, en
Manuel Gamio, op. cit., v. i, p. 326.

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162 FILOSOFÍA NÁHUATL

Acertadamente dice Soustelle:

La observación de los movimientos de Venus había cobrado una gran-


de importancia en la astronomía y la cronología indígena. Sesenta y
cinco años venusinos equivalían a ciento cuatro años solares, gran
periodo, llamado huehueliztli, “una vejez”; al cabo de este tiempo, el
ciclo solar y el ciclo venusino volvían a empezar en la misma fecha
del calendario adivinatorio…52

En el quinto cielo estaban los cometas: estrellas humeantes


(citlalin popoca).
El sexto y el séptimo son dos cielos en que se ven tan sólo los
colores verde y azul o, según otra versión, negro (yayauhco) y azul
(xoxouhco): los cielos de la noche y el día.
El octavo parece que era el lugar de las tempestades.
Los tres cielos siguientes: el blanco, amarillo y rojo, se reserva-
ban para morada de los dioses: teteocan, lugar donde ellos viven.  
Por fin, los dos últimos cielos constituían el Omeyocan: mansión
de la dualidad, fuente de la generación y la vida, región metafísica
por excelencia, donde está primordialmente Ometéotl.
Forma tan original de contemplar el espacio en todas sus dimen-
siones, dio a los nahuas un punto de vista peculiar y exclusivo, ante
la que hoy llamamos realidad objetiva del universo. Este punto de
vista, o manera náhuatl de concebir el cosmos, se refleja en todas sus
obras: en su literatura, en su cronología, en sus pinturas y, en general,
en todo su arte. Mas, tal vez, en ninguna parte podría comprobarse
esto con mayor facilidad que en el enjambre de formas y relaciones
cosmológicas que viene a ser la imponente estatua de Coatlicue, cui-
dadosamente estudiada por Justino Fernández. Porque, como clara-
mente lo muestra su interesante análisis, “leyó” dicho autor en la
piedra lo mismo que nosotros hemos encontrado en los textos:

No es una mentalidad “pre-lógica” —nos dice— la que concibió a


Coatlicue, por el contrario, sus estructuras son de una clara lógica y
sus formas de una sensibilidad vigorosa y altamente imaginativas…53

52
 Jacques Soustelle, La pensée cosmologique des anciens mexicains, p. 29.
53
 Justino Fernández, op. cit., p. 215.

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EL ESPACIO VERTICAL 163

Los cielos superpuestos (Códice Vaticano a 3738, f. 1v)

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164 FILOSOFÍA NÁHUATL

Y mostrando luego cuáles son esas estructuras fundamentales de


Coatlicue, piramidal, cruciforme y humana a la vez, va descubriendo
en la impresionante escultura “la concepción azteca del espacio
cósmico, con todas sus dimensiones”. Así:

Por último, o por principio, en lo más alto llegamos a Omeyocan, el


lugar en que mora la pareja divina: Ometecuhtli y Omecíhuatl, crea-
dora por excelencia, origen de la generación, de los dioses y de los
hombres. Si esta masa bicéfala toma el lugar de la cabeza y parece
surgir de las entrañas mismas del todo, también hay un sentido de
decapitación que alude a Coyolxauhqui, la Luna, con lo cual se com-
pleta el sistema astral.
Todavía hay que agregar las cuatro direcciones cardinales que se
expresan en forma de cruz y la quinta dirección, de arriba a abajo, en
cuyo centro estará Xiuhtecuhtli, “el señor viejo”, el dios del fuego. Y,
por último, la forma piramidal, de ascenso y descenso, y que va desde
el fondo de la tierra, el mundo de los muertos, hasta el más alto sitio:
Omeyocan. Así, la escultura no sólo está concebida exteriormente sino
que los cuerpos de las serpientes cuyas cabezas asoman en lo más alto
provienen de sus entrañas, y hay que recordar que bajo sus plantas
se extiende el mundo de los muertos. Toda ella, pues, vibra, vive, por
dentro y por fuera, toda ella es vida y muerte; sus significaciones abar-
can todas las direcciones posibles y se prolongan en ellas. En resumen,
Coatlicue es, in nuce, la fuerza cósmico-dinámica que da la vida y que
se mantiene por la muerte en lucha de contrarios tan necesaria que su
sentido último y radical es la guerra…54

O sea que en Coatlicue se muestran incorporadas a la piedra las


ideas del principio cósmico generador y sostén universal, la orien-
tación cruciforme de los rumbos del universo, así como el dinamis-
mo del tiempo que crea y destruye por medio de la lucha, categoría
central en el pensamiento cosmológico náhuatl. Por esto, tal vez el
más maravilloso de todos los símbolos de su pensar cosmológico es
la plástica figura trágicamente bella de Coatlicue.

54
 Ibid., p. 265-266.

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OLLINTONATIUH: SOL DE MOVIMIENTO

De entre los puntos principales de la cosmología náhuatl que nos hemos


propuesto estudiar aquí —teniendo que dejar por fuerza otros muchos—
queda sólo por analizar uno de verdadera importancia: ¿cuál era para
los tlamatinime la naturaleza del movimiento? Su original posición
frente a este tema —que el pensamiento occidental no ha logrado es-
clarecer por completo— quedará manifiesta haciendo un breve análisis
de sus ideas relativas al quinto sol o “edad en que vivimos”.
Como en las cuatro edades anteriores actuó cada uno de los cuatro
elementos, proviniendo de los cuatro rumbos del universo, así ahora
esta quinta edad —resultado, como dice el mito, de una cierta armo-
nía entre los dioses que aceptaron sacrificarse en Teotihuacan— es la
época del ombligo o centro del universo, la del sol de movimiento.
Nahui ollin (4 movimiento) fue su signo. Se refiere en los mitos
que, como un resultado de la armonía de los dioses (fuerzas cósmi-
cas) que aceptaron el sacrificio, “se movió el sol, siguió su camino”.55
Mas el movimiento del sol sólo pudo lograrse concediendo a
cada uno de los cuatro principios fundamentales, a cada uno de los
cuatro rumbos, un tiempo determinado de predominio y de receso.
Surgieron entonces los años del rumbo del oriente, del norte, del
poniente y del sur. Dicho esto mismo en términos abstractos: apa-
reció el movimiento al espacializarse el tiempo, al orientarse los
años y los días hacia uno de los cuatro rumbos del universo. Así es
como hablan los viejos informantes de Sahagún, explicando la tabla
de la cuenta de los años orientados espacialmente cada uno de ellos:
1 Uno conejo se llama el signo anual, la cuenta de años del rumbo
del sur.
2 Trece años porta, encamina, lleva a cuestas siempre, cada uno de
los años.

55
 Anales de Cuauhtitlán, edición de W. Lehmann, p. 62.

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166 FILOSOFÍA NÁHUATL

  3 Y él va por delante, guía, comienza, se hace su principio, intro-


duce todos los signos del año: caña, pedernal, casa.
  4 Caña se dice al día del rumbo de la luz (oriente), así como tam-
bién se dice al signo anual del rumbo de la luz, porque de allá
aparece la luz, el resplandor.
  5 Y el tercer grupo de años: pedernal. Se dice el día del rumbo de
los muertos.
  6 Porque hacia allá se decía, la región de los muertos, como decían
los viejos:
  7 dizque cuando se mueren, hacia allá se van, hacia allá van dere-
cho, hacia allá se encaminan los muertos...
  8 Y el cuarto signo anual, casa, se dice el día del rumbo de las mujeres,
porque como se decía (está orientado) hacia las mujeres (al oeste).
  9 Dizque sólo siempre las mujeres allá moran y ningunos hombres.
10 Estos cuatro signos anuales, cuentas de años, tantos cuantos son,
de uno en uno surgen, días principios se hacen.
11 Cuando todos los trece años terminaban, se acercaban, concluían,
cuatro veces daban vueltas, se apartaban, iban entrando cada uno
de año en año.56

Un examen de la tabla del siglo, conservada por Sahagún para


incluirla al final de su libro iv —tomando en cuenta el citado tex-
to de los informantes indígenas—, claramente muestra que, en
un siglo náhuatl de 52 años, cada uno de los cuatro rumbos teñía
con su influjo trece años. E igualmente dentro de cada año —como
lo atestiguan las pinturas de los códices Vaticano b y Borgia— los días
del tonalámatl, divididos en series de cinco “semanas” de trece días
cada una (5 × 13 = 65 días), formaban precisamente cuatro grupos
(65 × 4 = 260 días), en cada uno de los cuales se incluía el signo que
lo refería a uno de los cuatro rumbos cardinales. Estudiando por-
menorizadamente este punto, dice Soustelle:57

Los más importantes manuscritos indígenas ofrecen una reparti-


ción muy clara de veinte signos de días entre las cuatro direcciones.
Hela aquí:

56
 Textos de los informantes de Sahagún, Códice matritense del Real Palacio,
edición facsimilar de Paso y Troncoso, v. vii, f. 269r; ap i, 19. En adelante se cita-
rán en este trabajo los Códices matritenses bajo el título de “Textos de los infor-
mantes de Sahagún”.
57
 Jacques Soustelle, La pensée cosmologique des anciens mexicains, p. 82.

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OLLINTONATIUH: SOL DE MOVIMIENTO 167

Oriente Norte Poniente Sur


Cipactli, lagarto Océlotl, tigre Mázatl, venado Xóchitl, flor
Ácatl, caña Miquiztli, muerte Quiauitl, lluvia Malinalli, grama
Cóatl, serpiente Técpatl, pedernal Ozomatli, mono Cuetzpalin, lagartija
Ollin, movimiento Itzcuintli, perro Calli, casa Cozcaquauhtli, buitre
Atl, agua Eécatl, viento Quauhtli, águila Tochtli, conejo

Así, no sólo en cada uno de los años, sino también en todos y cada
uno de los días, existía la influencia y predominio de alguno de los
cuatro rumbos del espacio. En esta forma, el espacio y el tiempo, unién-
dose y compenetrándose, hicieron posible la armonía de los dioses (las
cuatro fuerzas) y, con esto, el movimiento del sol y la vida. Y como ya
se ha indicado anteriormente, uno mismo es el origen de las palabras
nahuas movimiento, corazón y alma. Lo cual prueba que para los an-
tiguos mexicanos era inconcebible la vida —simbolizada por el corazón
(y-óllo-tl)— sin lo que es su explicación: el movimiento (y-olli).
Puede pues afirmarse, sin fantasear, que el movimiento y la vida
eran para los nahuas el resultado de esa armonía cósmica lograda por
la orientación espacial de los años y los días, o más brevemente, por la
espacialización del tiempo. Mientras éste continúe, mientras en
cada siglo haya cuatro grupos de trece años dominados por el in-
flujo de uno de los rumbos del espacio, el quinto sol seguirá exis-
tiendo, seguirá moviéndose. Pero, si algún día esto faltare, quiere
decir que entonces habrá de comenzar una vez más la lucha cósmica.
Habrá un último movimiento de tierra, pero tan fuerte, que “con
esto —como dicen los Anales de Cuauhtitlán— pereceremos”.58
Entre tanto, mientras llegaba el fatal Nahui ollin (día cuatro
movimiento) que habría de cerrar el ciclo del quinto sol —a quien
tan tenazmente alimentaban día a día los aztecas con el chalchíhuatl,
o agua preciosa de los sacrificios— los tlamatinime continuaban
mirando el mundo a través de su original categoría de un tiempo
espacializado, en el que, como dice Soustelle:

los fenómenos naturales y los actos humanos se hunden y se impregnan


de las cualidades propias de cada lugar y de cada instante. Cada “lugar-
instante”, complejo de situación y tiempo, determina de un modo irresistible
y previsible (por medio del Tonalámatl) todo lo que en él se encuentra

58
 Anales de Cuauhtitlán, en op. cit., p. 62.

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168 FILOSOFÍA NÁHUATL

existiendo. El mundo puede compararse a una decoración de fondo so-


bre la cual varios filtros de luz de diversos colores, movidos por una
máquina incansable, proyectan reflejos que se suceden y superponen,
siguiendo indefinidamente un orden inalterable. En un mundo semejan-
te, no se concibe el cambio como el resultado de un devenir más o menos
desplegado en la duración, sino como una mutación brusca y total: hoy
es el Este el que domina, mañana será el Norte; hoy vivimos todavía en
un día fasto y pasaremos sin transición a los días nefastos nemontemi. La
ley del mundo es la alternancia de cualidades distintas, radicalmente
separadas, que dominan, se desvanecen y reaparecen eternamente.59

En esta forma, relacionando las varias categorías ya estudiadas


del pensamiento cosmológico náhuatl, con su compleja idea de
fenómenos hundidos en un espacio-tiempo humanizado, es como
tal vez podrán entreverse mejor los contornos fundamentales de su
original visión del universo físico.60

 Jacques Soustelle, La pensée cosmologique des anciens mexicains, p. 85.


59

 Al estudiar las ideas nahuas de espacio y tiempo, nos hemos encontrado con
60

que forman un complejo que tiende a homogeneizarse y a concebirse no como algo


vacío, sino como un todo donde se proyectan y entrecruzan los fenómenos naturales
y los actos humanos. Quien esté algo familiarizado, por otra parte, con los rasgos
fundamentales de la imagen de la naturaleza ofrecida por la física actual, no podrá
menos de sorprenderse al constatar que precisamente la moderna estructura espacio-
temporal, en sus relaciones con el pensamiento humano, guarda asombroso parale-
lismo con la concepción náhuatl. La explicación de esto puede ser el hecho de que,
a partir de Einstein, la física se ha orientado hacia una verdadera síntesis, en la que
se van unificando conceptos tan básicos como el de la relación espacio-tiempo.
Heisemberg especialmente, al introducir su hipótesis del indeterminismo físico, rom-
pió el frío fatalismo “objetivo” e introdujo en la realidad un cierto humanismo que
deja abiertas las puertas a la libertad y a un acontecer más lleno de sorpresas. Léase,
por ejemplo, el siguiente párrafo, escrito por el mismo Heisemberg en 1955 en su obra
La imagen de la naturaleza en la física actual, de la que varios de los conceptos expre-
sados podrían aplicarse análogamente al pensamiento cosmológico náhuatl: “Si se
puede hablar de una imagen del mundo lograda por las ciencias de la Naturaleza en
nuestro tiempo, ya no se trata más de una mera imagen de la Naturaleza, sino de una
imagen de nuestras relaciones con la Naturaleza. La antigua parcelación del mundo en
un acontecer objetivo en el espacio y el tiempo, por una parte, y por otra el alma, en la
que se representa como en un espejo ese acontecer..., no vale ya como punto de par-
tida para la comprensión de las modernas ciencias de la Naturaleza. En el campo de
observación de estas ciencias se destacan sobre todo las relaciones entre el hombre y
la Naturaleza, la interdependencia por la cual nosotros, en cuanto seres corpóreos,
somos porciones dependientes de ella y, al mismo tiempo, en cuanto hombres, la
hacemos objeto de nuestro pensamiento y control. Las ciencias de la Naturaleza no
se hallan ya como meros puntos de contemplación, sino que se reconocen a sí mismas
como parte de ese intercambio incesante entre el hombre y la Naturaleza.” (Werner
Heisemberg, Das Naturbild der heutigen Physik, Rowohlt, Hamburg, 1955, p. 21.)

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INTEGRACIÓN DE LA IMAGEN NÁHUATL DEL UNIVERSO

Ensayando ahora una especie de síntesis de los varios puntos estu-


diados se podría describir así la visión cosmológica náhuatl:
La superficie de la tierra (tlaltícpac) es un gran disco situado en
el centro de un universo que se prolonga horizontal y verticalmente.
Alrededor de la tierra está el agua inmensa (teo-atl) que, extendién-
dose por todas partes como un anillo, hace del mundo “lo-entera-
mente-rodeado-por-agua” (cem-a-náhuac). Pero, tanto la tierra como
su anillo inmenso de agua, no son algo amorfo e indiferenciado.
Porque el universo se distribuye en cuatro grandes cuadrantes o rum-
bos, que se abren en el ombligo de la tierra y se prolongan hasta
donde las aguas que rodean al mundo se juntan con el cielo y reciben
el nombre de agua celeste (Ilhuica-atl). Los cuatro rumbos del mundo
implican enjambres de símbolos. Los nahuas los describían colo-
cándose frente al poniente y contemplando la marcha del sol: allá
por donde éste se pone se halla su casa, es el país del color rojo; luego,
a la izquierda del camino del sol, está el sur, el rumbo del color azul;
frente a la región de la casa del sol está el rumbo de la luz, de la fer-
tilidad y la vida, simbolizadas por el color blanco; finalmente, a la
derecha de la ruta del sol se extiende el cuadrante negro del universo,
el rumbo del país de los muertos.
Tal era el aspecto horizontal de la imagen náhuatl del universo.
Verticalmente, arriba y abajo de este mundo o cem-a-náhuac, había
13 cielos y 9 infiernos. Estos últimos son planos cada vez más pro-
fundos, donde existen las pruebas que deben afrontar durante cuatro
años los descarnados (los muertos) antes de descansar por completo.
Arriba se extienden los cielos que, juntándose en un límite casi
metafísico con las aguas que rodean por todas partes al mundo,
forman una especie de bóveda azul surcada de caminos que corren
en distintos planos, separados entre sí por lo que describen los na-
huas como travesaños celestes. En los cinco primeros planos están

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170 FILOSOFÍA NÁHUATL

los caminos de la Luna, las estrellas, el Sol, Venus y los cometas.


Luego están los cielos de los varios colores y, por fin, el más allá
metafísico: la región de los dioses y, por encima de todo, el Omeyo­
can (lugar de la dualidad), donde existe el principio dual generador
y conservador del universo.
Ésta era la que podríamos llamar, empleando anacrónicamente
un concepto occidental y moderno, cosmología estática de los na-
huas. Para completar la imagen es menester introducir ahora en
ella los rasgos dinámicos que hemos estudiado ya en este capítulo.
Volvamos de nuevo a fijarnos en el centro del mundo, en su ombli-
go, como decían los nahuas. Allí es donde primordialmente ejerce
su acción sustentadora el principio dual que mora en lo más alto de
todos los cielos. Ometéotl, actuando en el ombligo del mundo, da fun-
damento a la tierra (tlallamánac); desde allí también “la viste de
algodón” (tlallíchcatl).
Dando vida y moviendo a todo lo que existe, es Ipalnemohuani;
haciendo llegar su presencia a “las aguas color de pájaro azul”, des-
de su “encierro de nubes” gobierna el movimiento de la luna, de las
estrellas que son simbólicamente el faldellín con que se cubre el
aspecto femenino de su ser generador, y, por fin, dando vida al astro
que hace lucir y vivir a las cosas, pone al descubierto su rasgo prin-
cipal masculino de creador dotado de maravillosa fuerza generativa.
Al lado de este primer principio dual, generador constante del
universo, existen las otras fuerzas que, en el pensamiento popular,
son los dioses innumerables, pero que en lo más abstracto de la
cosmología náhuatl son las cuatro fuerzas en que se desdobla Ome­
téotl —sus hijos—, los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua,
que actuando desde uno de los cuatro rumbos del universo intro-
ducen en éste los conceptos de lucha, edades, cataclismos, evolución
y orientación espacial de los tiempos.
En un afán de prevalecer y dominar, cada elemento trata de
dirigir por sí mismo la acción vivificadora del sol. Comienzan en-
tonces las grandes luchas cósmicas, simbolizadas por los odios entre
Tezcatlipoca y Quetzalcóatl. Cada periodo de predominio es un sol,
una edad. Luego viene la destrucción y el surgir de un nuevo mun-
do, en el que las plantas alimenticias y los macehuales (la gente)
parecen ir evolucionando hacia formas mejores. Han terminado así

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INTEGRACIÓN DE LA IMAGEN NÁHUATL DEL UNIVERSO 171

cuatro soles. El nuestro es el quinto, el de movimiento. En él se ha


logrado una cierta armonía entre los varios principios cósmicos que
han aceptado dividir el tiempo de su predominio, orientándolo su-
cesivamente hacia cada uno de los cuatro rumbos del universo des-
de donde actúan las fuerzas cósmicas fundamentales. Nuestra edad
es, pues, la de los años espacializados: años del rumbo de la luz o
años de la región de los muertos, años del rumbo de la casa del sol
o de la zona azul a la izquierda del sol. Y la influencia de cada rumbo
se deja sentir no sólo en el universo físico, sino también en la vida
de todos los mortales. El tonalámatl es el libro que permite señalar
los varios influjos que sin cesar se van sucediendo, de acuerdo con
una oculta armonía de tensiones que los astrólogos nahuas —como
los de todos los demás pueblos y tiempos— en vano se esfuerzan por
conocer y dominar.
El destino final de nuestra edad será también un cataclismo: la
ruptura de la armonía lograda. “Habrá movimientos de tierra, habrá
hambre y con esto pereceremos.” Pero tal conclusión cósmica de
carácter pesimista no sólo no hizo perder a los nahuas su entusias-
mo vital, sino que fue precisamente el móvil último que los llevó a
superarse en dos formas por completo distintas: los aztecas se orien-
taron por el camino de lo que hoy llamaríamos misticismo impe-
rialista. Persuadidos de que para evitar el cataclismo final era nece-
sario fortalecer al sol, tomaron como misión proporcionarle la
energía vital encerrada en el líquido precioso que mantiene vivos a
los hombres. El sacrificio y la guerra florida, que es el medio prin-
cipal de obtener víctimas para mantener la vida del sol, fueron sus
ocupaciones centrales, el eje de su vida personal, social, militar y
nacional. Su desviación mística, condensada en la que podríamos
llamar “visión huitzilopóchtlica del mundo”, hizo de ellos el pueblo
guerrero por excelencia, “el pueblo del Sol”. Tal fue la actitud sus-
citada en lo más representativo de los aztecas por la amenaza del
cataclismo final del quinto sol. Mas ésta, como ya se ha indicado,
no fue la única forma náhuatl de reaccionar.
Hubo también, ya desde el tiempo de los toltecas, pensadores
profundos que se afanaron por hacer frente a la temida destrucción
en el marco espacio-temporal del universo, forjando una concep-
ción estrictamente metafísica acerca de la divinidad y de una cierta

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172 FILOSOFÍA NÁHUATL

supervivencia más allá de este mundo, sobre lo cual se encuentran


especulaciones e hipótesis en numerosos poemas nahuas.
Y aunque es indudable que no pocas veces se busca la salvación
en las antiguas concepciones religiosas, es también cierto que con
frecuencia se expresa abiertamente la duda acerca de ellas, y se
plantea el problema de la divinidad y de la supervivencia y destino
del hombre en forma claramente racional, prescindiendo hasta
donde es posible de los mitos y tradiciones. De tales especulaciones
acerca de la divinidad y del hombre, que constituyen lo más elevado
del que llamamos pensamiento filosófico náhuatl, es de lo que va-
mos a ocuparnos en los siguientes capítulos, después de haber puesto
ya al descubierto los que parecen haber sido rasgos característicos
de la concepción cosmológica de los nahuas.

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Capítulo iii
IDEAS METAFÍSICAS Y TEOLÓGICAS
DE LOS NAHUAS

Entre los varios textos nahuas que hablan acerca de la concepción


que los tlamatinime tenían sobre la divinidad, hay uno de particular
interés que contiene la respuesta dada por los sabios nahuas a los
doce primeros frailes impugnadores de su religión y tradiciones. Se
trata de toda una sección del ya antes mencionado libro de los Co­
lloquios, que no es sino la recopilación hecha por Sahagún sobre la
documentación que halló en Tlatelolco, de las pláticas y discusiones
tenidas por los doce primeros frailes, llegados en 1524, con los in-
dios principales y sus sabios acerca de temas religiosos.1
Los párrafos que vamos a presentar, traducidos por vez primera
al castellano, constituyen los puntos culminantes de la respuesta de
los tlamatinime, que lejos de someterse servilmente —como algunos
han creído— ante la nueva doctrina enseñada por los frailes, prefie-
ren discutir con ellos. Al hablar los tlamatinime ante los frailes y ante
el pueblo es quizás ésta su última y más dramática actuación públi-
ca. A través de sus palabras, extremadamente respetuosas y llenas de
cautela, se ve que tienen conciencia de que, por ser ellos los vencidos,
no puede existir de hecho un plano de igualdad en la discusión. Sin
embargo, no por esto dejan de oponerse con valentía a los que con-
sideran injustificados ataques contra su manera de pensar.
Como vamos a verlo, claramente se descubre que las razones
que dan a los frailes proceden de un saber organizado acerca de la
1
 Véase lo dicho en la Introducción, al analizar las fuentes, donde se trató del
valor y contenido de este libro. Lo que aquí traducimos ahora es la mayor parte
del capítulo vii (inic chicome Cap.) del texto náhuatl, tomado de la versión paleo-
gráfica publicada por W. Lehmann en su Sterbende Götter und Christliche Heilsbot­
schaft, Stuttgart, 1949, p. 100-107.

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174 FILOSOFÍA NÁHUATL

divinidad. Hablando ante numerosa gente y tal vez prefiriendo no


ir demasiado lejos a la vista de los frailes, sólo esgrimen los argu-
mentos que juzgan más apropiados para mostrar simplemente que
el modo náhuatl de pensar en relación con la divinidad puede y
debe ser respetado, por poseer ciertamente un rico y elevado con-
cepto acerca del Dador de la vida y por ser igualmente sólido
fundamento de sus estrictas reglas de conducta y de su tradición
inmemorial. He aquí la forma como hablaron los tlamatinime:

872 Señores nuestros, muy estimados señores:2


habéis padecido trabajos para llegar a esta tierra.
875 Aquí, ante vosotros,
os contemplamos, nosotros gente ignorante...

902 Y ahora ¿qué es lo que diremos?,


¿qué es lo que debemos dirigir
a vuestros oídos?
¿Somos acaso algo?
Somos tan sólo gente vulgar...

913 Por medio del intérprete respondemos,


devolvemos el aliento y la palabra
915 del Señor del cerca y del junto.
Por razón de él nos arriesgamos,
por esto nos metemos en peligro...

920 Tal vez a nuestra perdición, tal vez a nuestra destrucción,


es sólo a donde seremos llevados.
(Mas) ¿a dónde deberemos ir aún?
Somos gente vulgar,
somos perecederos, somos mortales,
925 déjennos pues ya morir,
déjennos ya perecer,
puesto que ya nuestros dioses han muerto.
(Pero) Tranquilícese vuestro corazón y vuestra carne,
¡señores nuestros!,

2
 Los números que se anteponen a las varias líneas se refieren a la división
hecha del texto náhuatl por W. Lehmann en su edición de los Colloquios y Doctri­
na Christiana..., op. cit., p. 100 y siguientes.

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IDEAS METAFÍSICAS Y TEOLÓGICAS 175

930 porque romperemos un poco,


ahora un poquito abriremos
el secreto, el arca del Señor, nuestro (dios).

Vosotros dijisteis
que nosotros no conocemos
935 al Señor del cerca y del junto,
a aquel de quien son los cielos y la tierra.
Dijisteis
que no eran verdaderos nuestros dioses.
Nueva palabra es ésta
940 la que habláis,
por ella estamos perturbados,
por ella estamos molestos.
Porque nuestros progenitores,
los que han sido, los que han vivido sobre la tierra,
945 no solían hablar así.
Ellos nos dieron
sus normas de vida,
ellos tenían por verdaderos,
daban culto,
950 honraban a los dioses.
Ellos nos estuvieron enseñando
todas sus formas de culto,
todos sus modos de honrar (a los dioses).
Así, ante ellos acercamos la tierra a la boca,3
955 (por ellos) nos sangramos,
cumplimos las promesas,
quemamos copal (incienso)
y ofrecemos sacrificios.

Era doctrina de nuestros mayores


960 que son los dioses por quien se vive,
ellos nos merecieron (con su sacrificio nos dieron vida).
¿En qué forma, cuándo, dónde?
Cuando aún era de noche.

3
 Se refiere claramente esta línea a la ceremonia que hacían en los juramentos
descrita así por Sahagún: “y luego tocaba con los dedos en la tierra, llevábalos a la
boca y lamíalos y así comía tierra haciendo juramento”.

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176 FILOSOFÍA NÁHUATL

Era su doctrina
965 que ellos nos dan nuestro sustento,
todo cuanto se bebe y se come,
lo que conserva la vida, el maíz, el frijol,
los bledos, la chía.
Ellos son a quienes pedimos
970 agua, lluvia,
por las que se producen las cosas en la tierra.

Ellos mismos son ricos,


son felices,
poseen las cosas,
975 de manera que siempre, y por siempre,
las cosas están germinando y verdean en su casa...
allá “donde de algún modo se existe”, en el lugar de Tlalocan.
Nunca hay allí hambre,
980 no hay enfermedad,
no hay pobreza.
Ellos dan a la gente
el valor y el mando...

Y ¿en qué forma, cuándo, dónde, fueron los dioses invoca-


dos,
990 fueron suplicados, fueron tenidos por tales,
fueron reverenciados?

De esto hace ya muchísimo tiempo,


fue allá en Tula,
fue allá en Huapalcalco,
995 fue allá en Xuchatlapan,
fue allá en Tlamohuanchan,
fue allá en Yohuallichan,
fue allá en Teotihuacan.

Ellos sobre todo el mundo


1000 habían fundado
su dominio.
Ellos dieron
el mando, el poder,
la gloria, la fama.

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IDEAS METAFÍSICAS Y TEOLÓGICAS 177

1005 Y ahora, nosotros


¿destruiremos
la antigua regla de vida?
¿La de los chichimecas,
de los toltecas,
1010 de los acolhuas,
de los tecpanecas?

Nosotros sabemos
a quién se debe la vida,
a quién se debe el nacer,
1015 a quién se debe el ser engendrado,
a quién se debe el crecer,
cómo hay que invocar,
cómo hay que rogar.

Oíd, señores nuestros,


no hagáis algo
1020 a vuestro pueblo
que le acarree la desgracia,
que lo haga perecer...

1036 Tranquila y amistosamente


considerad, señores nuestros,
lo que es necesario.
No podemos estar tranquilos,
1040 y ciertamente no creemos aún,
no lo tomamos por verdad,
(aun cuando) os ofendamos.

Aquí están
1045 los señores, los que gobiernan,
los que llevan, tienen a su cargo
el mundo entero.
Es ya bastante que hayamos perdido,
que se nos haya quitado,
1050 que se nos haya impedido
nuestro gobierno.

Si en el mismo lugar
permanecemos,

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178 FILOSOFÍA NÁHUATL

sólo seremos prisioneros.


Haced con nosotros
1055 lo que queráis.

Esto es todo lo que respondemos,


lo que contestamos,
a vuestro aliento,
a vuestra palabra,
1060 ¡oh, señores nuestros!4

Parece superfluo cualquier largo comentario a un texto que tan


clara y dramáticamente habla por sí mismo. Tan sólo quizá conven-
drá destacar expresamente, a modo de resumen, cuáles fueron las
principales razones dadas por los tlamatinime, ya que así podrá va-
lorarse mejor su original manera de argumentar.
Hábilmente comienzan su discurso, humillándose ante los frai-
les y alabando a éstos como venidos de más allá del mar, “entre
nubes y nieblas”. Mas pronto, contrastando con sus palabras ante-
riores, muestran su resolución de responder y contradecir, a sabien-
das de que, como dicen, “nos metemos en peligro”. Confiesan que no
dejarán de hablar por temor a la muerte, que es más bien lo que bus-
can, ya que, según dicen los frailes, “los dioses han muerto”.
Después de este preámbulo, citan los tlamatinime las objeciones
mismas de los frailes: “Vosotros dijisteis que no conocemos al Señor
del cerca y del junto, a aquel de quien son los cielos y la tierra”, y
responden admirándose primero y dando las razones más obvias,
las que cualquier seguidor culto de una fe religiosa daría todavía en la
actualidad: “Nuestros progenitores nos dieron estas normas de
vida... ellos tenían por verdaderos a los dioses, nos enseñaron todas
sus formas de culto, todos sus modos de honrarlos...”
En seguida —tras haber así relacionado sus creencias con la an-
tigua enseñanza recibida de generación en generación— pasan a dar
toda una serie de variados y profundos argumentos. El primero, que
es tal vez el más hondo, debió ser no obstante comprensible a la
gran mayoría del pueblo, al ser presentado por los tlamatinime en

 Colloquios y Doctrina Christiana... (Edición de W. Lehmann, p. 100-106);


4

ap i, 20.

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IDEAS METAFÍSICAS Y TEOLÓGICAS 179

relación con el viejo mito de la creación de los astros y del hombre


en Teotihuacan, cuando se juntaron allí los dioses para dar princi-
pio al quinto sol (nuestra edad).
“Era doctrina de nuestros progenitores —dicen los sabios na-
huas— que son los dioses a quienes se debe la vida...” Pero lo más
importante es la explicación que añaden acerca del tiempo y el modo
como aconteció esto: “aún era de noche” (in oc iohuaya). Palabras
que, como acertadamente comenta Lehmann en una nota, signifi-
can: “En los tiempos anteriores a toda edad, cuando no existía aún
nada determinado.”5 Por consiguiente, implícitamente están seña-
lando los tlamatinime el origen de cuanto existe en un periodo en
el que, ausente toda forma o determinación, sólo reinaba la noche.
En ese oscuro lapso pre-cósmico, más allá de cualquier tiempo y
espacio determinados, fue cuando comenzaron a actuar las fuerzas
divinas. Tal es la antigüedad del existir y la acción de los dioses.
Otras razones más añaden los sabios nahuas en favor de sus
creencias y tradiciones. No sólo fueron los dioses el origen de la
vida “cuando aún era de noche”, sino que, en todo tiempo, son
quienes la conservan: “ellos nos dan nuestro sustento, todo cuanto
se bebe y se come, lo que conserva la vida, el maíz, el frijol...” Y hay
más: a los dioses —que son, como hemos visto en el capítulo ante-
rior, las fuerzas cósmicas fundamentales— es “a quienes se debe el
que se produzcan las cosas”, ya que ellos dan el agua y la lluvia.
Como símbolo maravilloso de su poder fecundador se alude expre-
samente a la morada divina “allá donde de algún modo se existe”,
en Tlalocan (morada de Tláloc, dios de la lluvia), lugar “donde las
cosas siempre germinan y verdean”.
Después de todas estas razones de hondo contenido filosófico,
puestas al alcance del pueblo que escucha, gracias a los mitos bien

5
 W. Lehmann, op. cit., p. 103 (nota 2). Conviene añadir como dato de in-
terés que las palabras nahuas citadas aquí por los tlamatinime: in oc iohuaya (“aún
era de noche”) son precisamente las mismas con las que los indígenas informan-
tes de Sahagún, muchos años más tarde (hacia 1560), comenzaron a relatar el
mismo mito de la creación del quinto sol en Teotihuacan (véase Textos de los in­
formantes, edición facsimilar de Del Paso, v. vi, f. 180). Esto prueba una vez más
lo que ya se ha hecho ver: que los indios tenían notable capacidad para retener, a la
letra, las tradiciones y leyendas que aprendían de memoria en el Calmécac o en
el Telpochcalli (centros de educación).

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180 FILOSOFÍA NÁHUATL

conocidos, a los que de continuo se alude, pasan los tlamatinime al


campo de la historia y ofrecen otro argumento que hoy llamaríamos
de autoridad. Comienzan por preguntarse “¿en qué forma, cuándo
fueron los dioses invocados, suplicados, tenidos por tales, reveren-
ciados?” La respuesta es clara y precisa: “hace ya de esto muchísimo
tiempo”, y enumeran luego los más antiguos centros religiosos y de
cultura, donde —como lo atestigua la tradición— se tenía por ver-
daderos a los dioses: en Tula, en Huapalcalco, en Xuchatlapan, en
Tlamohuanchan, en Yohuallichan, en Teotihuacan.6 Sobre todo el
mundo (nohuian cemanáhuac) imperaban los dioses.
La conclusión —reforzada todavía con un nuevo argumento
implícito— se impone: “¿cómo vamos a destruir nosotros unas normas
de vida tan antiguas, aceptadas ya por los toltecas, los chichimecas,
los acolhuas, los tecpanecas...” No es posible suprimir un sistema
de vida y de pensamiento que tiene hundidas sus raíces en la tradición
más antigua de la vieja estirpe náhuatl.
Después de esta importante consideración histórica, que mues-
tra claramente que los tlamatinime eran conscientes de lo que pu-
diera llamarse “continuidad cultural de los nahuas”, vuelven de
nuevo al campo metafísico, para enunciar, sólo a modo de resumen,
proposiciones como las siguientes, que parecen indicar los grandes
capítulos de su saber teológico: “Nosotros sabemos —dicen— a quién
se debe la vida, a quién se debe el nacer, el ser engendrado, el crecer...”
Si esto es así, si se alude abiertamente a un saber teológico bien
meditado, “tenemos en el corazón”, que explica cuestiones tan hon-
das como las que se han enumerado, no será ya de extrañar que la
conclusión de los sabios nahuas sea la de exhortar a los frailes a que
respeten el modo náhuatl de creer y pensar: “No hagáis algo a vues-
tro pueblo que le acarree la desgracia”... Porque lo que los frailes
enseñan “no lo tomamos por verdad”, y esto aun cuando “os ofen-
damos y disgustemos”.

6
 Se señalan todos estos sitios, algunos fácilmente localizables en la actualidad
como Tula y Teotihuacan, y otros tal vez míticos como Xuchatlapan y Tlamohuanchan
(o Tamoanchan), etcétera, que —como lo hace ver Sahagún en su versión resumida
en castellano de este texto— eran tenidos por “célebres y sagrados lugares”. (En
Colloquios y Doctrina Christiana..., edición de Lehmann, p. 63.)

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IDEAS METAFÍSICAS Y TEOLÓGICAS 181

Bien saben los tlamatinime que su pueblo ha perdido ya su li-


bertad y su forma de gobierno. Los conquistadores han dado muer-
te a sus dioses —es decir, a sus tradiciones, a su arte y, en una palabra,
a toda su cultura—; “haced pues con nosotros lo que queráis. Esto es
lo que respondemos, lo que contestamos...” Tal fue, en resumen, la
última actuación pública de los pocos tlamatinime que sobrevivieron
a la Conquista y de la que tenemos noticia histórica cierta. A través
de las palabras de los sabios nahuas hemos visto reflejado —como
dice Lehmann— “el choque del pensamiento y la fe de los europeos
con el mundo espiritual de los antiguos mexicanos”.7 Y, juntamen-
te con esto, hemos podido constatar en acción la existencia de un
saber teológico entre los tlamatinime. Aquí han aparecido tan sólo
algunos rasgos fundamentales. En los textos que vamos ahora a
examinar encontraremos los elementos necesarios para ensayar su
reconstrucción lo más integralmente que se pueda. Mas, antes de
pasar al estudio directo de los textos que nos muestran con algún
detalle el modo como concebían racionalmente los sabios nahuas a
la divinidad, nos ocuparemos de otra documentación, cuyo análisis
preliminar juzgamos indispensable, por encontrarse en ella toda una
especie de problemática acerca del conocimiento metafísico y de la
divinidad. O sea que los filósofos nahuas no sólo hicieron afirma-
ciones acerca de lo que tenían por principio supremo y divino, sino
que —como lo demuestran los textos que vamos a ver— también
dudaron y se plantearon problemas sobre la existencia y naturaleza
de la divinidad y el más allá.

7
 W. Lehmann, op. cit., p. 11.

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¿SE PUEDE CONOCER “SOBRE LA TIERRA
LO QUE NOS SOBREPASA: EL MÁS ALLÁ?”

Es un fenómeno humano que se repite en casi todas las culturas el


de la existencia de un saber teológico más hondo —esotérico, o como
se prefiera llamarlo— al lado de la fe religiosa del pueblo. Así, coexis-
ten de ordinario esos dos mundos, magistralmente caracterizados
por el viejo filósofo eleatense, Parménides, quien por vez primera
habló de un camino de “la opinión” y otro del “Ser”, o realidad
auténtica. Esto mismo, aunque como es evidente en forma análoga,
sucedió también en el ambiente intelectual de los nahuas.
Por una parte, tanto los monumentos arqueológicos como los
códices y las crónicas de los antiguos misioneros e historiadores nos
hablan de incontables dioses, entre los que sobresalen los númenes
protectores del grupo, Huitzilopochtli, Camaxtli, etcétera, que sien-
do a veces una misma divinidad, pero recibiendo diversos nombres,
suscitan no poca confusión en quien trata de ordenar y de trazar
genealogías en el complejo panteón náhuatl, en el que los mitos se
entrelazan, se mezclan y se tiñen de colorido local.
La religión popular de los nahuas no sólo era politeísta, sino
que en tiempos del último rey Motecuhzoma llegó a admitir, con
amplio sentido de tolerancia, a muchos dioses de los demás pueblos
y provincias, para los que se edificó un templo especial llamado
Coateocalli (casa de diversos dioses), incluido en el gran Teocalli de
Tenochtitlan, con lo que se enriqueció así cada día más el número
de divinidades que en una forma u otra eran allí adoradas. El padre
Durán en su Historia habla pormenorizadamente acerca de esto:

Parecióle al Rey Montezuma que faltaua un templo que fuese conme-


moración de todos los ydolos que en esta tierra adorauan, y movido
con celo de religión mandó que se edeficase, el qual se edificó conte-
nido en el de Vitzilopuchtli, en el lugar que son agora las casas de

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¿se puede conocer el más allá? 183

Acevedo: llámanle Coateocalli, que quiere decir Casa de diversos dioses,


a causa que toda la diversidad de dioses que auía en todos los pueblos
y prouincias, los tenían allí allegados dentro de una sala, y era tanto
el número dellos y de tantas maneras y visajes y hechuras, como los
habrán considerado los que por esas calles y casas los ven caydos...8

Mas al lado de esta religiosidad popular que, como dice Caso,


poseía una “tendencia a exagerar el politeísmo”,9 existió también
entre los nahuas la otra forma de saber esotérico, o mejor filosófico,
que, buscando racionalmente, llegó a descubrir problemas en aque-
llo mismo que el pueblo aceptaba y creía. Varios textos nahuas ex-
presan, sirviéndose de la forma poética, algunas de las primeras
dificultades y cuestiones que racionalmente se plantearon los tla­
matinime. Conscientes de que pretendían lograr un saber “acerca
de lo que nos sobrepasa, acerca del más allá”,10 al comparar sus
conocimientos, que hoy llamaríamos metafísicos, con el ideal del
saber verdadero, tal como puede el hombre vislumbrarlo, llegaron
a experimentar una de las dudas más hondas que pueden aquejar
al pensador de todos los tiempos:

¿Acaso algo de verdad hablamos aquí...?


Sólo es como un sueño, sólo nos levantamos de dormir,
sólo lo decimos aquí sobre la tierra...11

Porque lo que “sobre la tierra” (in tlaltícpac) se dice es algo


transitorio, fugaz, ya que, “¿sobre la tierra (in tlaltícpac) se puede
ir en pos de algo?”12 Pregunta que claramente está implicando la
duda acerca del valor de todo saber terrenal, que pretenda escaparse
de este mundo de ensueño, para ir en pos de una ciencia acerca de
“lo que nos sobrepasa, de lo que está más allá”. Por esto, el sesgo de la

 Fray Diego de Durán, Historia de las Indias de Nueva España, t. i, p. 465.


 8

 Alfonso Caso, La religión de los aztecas, p. 7.


 9
10
 “El sabio conoce acerca de lo que nos sobrepasa, acerca de la región de los
muertos (el más allá)” (topan, mictlan, quimati). Tal es el saber que específicamen-
te asignan al tlamatini, o “philosopho” náhuatl, los indígenas informantes de
Sahagún, en Textos de los informantes, edición facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii,
f. 118v.
11
 Ms. Cantares mexicanos, f. 5v; ap i, 6.
12
 Ibid., f. 2v; ap i, 1.

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184 FILOSOFÍA NÁHUATL

búsqueda parece ser ya desde un principio más bien negativo: “aquí


sólo es como un sueño —afirman—, sólo nos levantamos de dor­
mir”.13 Idea ésta que se repite con insistencia en composiciones de
pensadores nahuas desconocidos y en poemas de los que sí sabemos
el nombre de su autor:

Lo dejó dicho Tochihuitzin,


lo dejó dicho Coyolchiuhqui:
sólo venimos a dormir,
sólo venimos a soñar,
no es verdad, no es verdad que venimos a vivir sobre la tierra:
cual cada primavera de la hierba, así es nuestra hechura:
viene y brota, viene y abre corolas nuestro corazón,
algunas flores echa nuestro cuerpo: ¡se marchita!
Lo dejó dicho Tochihuitzin.14

Y entre los poemas que “con fundamento”, como anota Garibay,


pueden atribuirse al célebre rey Nezahualcóyotl, hay también varios
en los que se comprueba que la meditación sobre la transitoriedad
de lo que sobre la tierra existe fue asimismo tema fundamental y
punto de partida de ulteriores elucubraciones del rey tezcocano.
Citaremos aquí dos de estos poemas filosóficos de Nezahualcóyotl:

¿Es verdad que se vive sobre la tierra?


No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.

Aunque sea jade se quiebra,


aunque sea oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.15

13
 Ibid., f. 5v; ap i, 6.
14
 Ibid., f. 14v; ap i, 21. La traducción de este poema es de Garibay (Historia
de la literatura náhuatl, t. i, p. 191). A propósito de Tochihuitzin Coyolchiuhqui,
indica el mismo Garibay (op. cit., t. ii, p. 385) que fue “un rey de la región de
Huexotzinco, el cual casó con una hija de Tlacaélel, Cihuacóatl de Tenochtitlan,
en tiempo de Itzcóatl”.
15
 Ibid., f. 17r; ap i, 5. Es Nezahualcóyotl (1402-1472) el rey-filósofo y poeta
tezcocano que, cayendo en la cuenta de la vanidad (la fragilidad o “rupturibilidad”)
de las cosas sobre la tierra (in tlaltícpac), se echó a buscar en su forma más pura al
Dios, dador de la vida; el pensador náhuatl de cuya azarosa vida se tienen numero-

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¿se puede conocer el más allá? 185

La misma idea constituye también el tema central de este otro


poema de Nezahualcóyotl, conservado por Ixtlilxóchitl en su Histo­
ria de la nación chichimeca y que mucho se asemeja a otro de la co-
lección de Cantares mexicanos, atribuido asimismo al rey tezcocano:

...ido que seas de esta presente vida a la otra, oh rey Yoyontzin,


vendrá tiempo en que serán deshechos y destrozados tus vasallos,
quedando todas tus cosas en las tinieblas del olvido...

Porque en esto vienen a parar los mandos, imperios y señoríos,


que duran poco y son de poca estabilidad.
Lo de esta vida es prestado,
que en un instante lo hemos de dejar...16

Habiendo llegado así —tanto Nezahualcóyotl como los demás


tlamatinime— al convencimiento más hondo de que en esta vida,
aquí sobre la tierra, no hay nada durable, ni tal vez verdadero en el
sentido náhuatl de esta palabra: nelli (relacionada con nel-huá-yotl:
raíz, cimiento, base), el problema de encontrar un auténtico senti-
do fundamentador de la acción y el pensamiento humanos se hace

sos datos históricos ciertos. Nadie, que sepamos, ha aprovechado mejor las fuentes
para el estudio de la vida de Nezahualcóyotl que Frances Gillmor en su libro Flute of
the Smoking Mirror: A Portrait of Nezahualcoyotl, Poet-King of the Aztecs, The Uni-
versity of New Mexico Press, 1949. La forma novelizada que dio la señorita Gilmor
a su libro no debe inducir a considerarlo como una mera composición literaria, ya
que un análisis más atento muestra que acudió siempre a las fuentes: especialmente
a la Historia chichimeca de Ixtlilxóchitl y a los Anales de Cuauhtitlán. En dicho tra-
bajo podrán encontrarse pormenorizadamente los más importantes episodios de la
vida de Nezahualcóyotl, asunto en el que nos es imposible detenernos aquí, ya que
nos alejaría del tema principal de nuestro estudio.
16
 Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, t. ii, p. 235-236. Por lo que
refiere a las composiciones filosófico-poéticas que con razón pueden atribuirse a
Nezahualcóyotl, seguimos aquí el parecer de Garibay, quien, en su Historia, t. ii, p. 381,
admite las siguientes: los poemas conservados fragmentariamente por Ixtlilxóchitl
en Obras históricas, t. ii, p. 155 y 235-236; así como otros siete del Ms. Cantares
mexicanos, de los que hemos presentado aquí algunos aludiendo a su origen. Res-
pecto del tantas veces citado Madre mía, cuando muera... ampliamente ofrece el
mismo Garibay, op. cit., t. i, p. 247-250, las razones que prueban que no puede ser
obra de Nezahualcóyotl. Por otra parte, conviene añadir que, si bien la figura de
Nezahualcóyotl es como un símbolo en el pensamiento náhuatl, las ideas que co-
múnmente se le atribuyen acerca de la inestabilidad de la vida humana y del Señor
del cerca y del junto (in Tloque in Nahuaque) aparecen también en las composi-
ciones de la gran mayoría de los tlamatinime.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 185 20/01/2017 [Link] p.m.


186 FILOSOFÍA NÁHUATL

aún más apremiante. Si la vida humana existe sólo en la transito-


riedad de tlaltícpac, ¿cómo podrá decirse algo verdadero sobre lo que
está más allá de toda experiencia: sobre el Dador de la vida? Por-
que hay indudablemente el peligro de que, siendo esta vida un mero
ensueño, todas nuestras palabras “sean de la tierra”, sin posibilidad
alguna de ser referidas a “lo que nos sobrepasa, al más allá”. En ese
caso, sólo quedará al hombre, como una especie de consuelo, el “em-
briagarse con vino de hongos”, para tratar de olvidar que: “En un
día nos vamos, en una noche baja uno a la región del misterio...”17
La conclusión sería entonces —como debieron verlo algunos de
los sabios y poetas nahuas— tratar de gozar en esta vida, aquí en
tlaltícpac, de todos los deleites lo más que se pueda:

(Si) en un día nos vamos,


en una noche baja uno a la región del misterio,
aquí sólo venimos a conocernos,
sólo estamos de paso sobre la tierra.
En paz y placer pasemos la vida: venid y gocemos.
Que no lo hagan los que viven airados: ¡la tierra es muy ancha!
¡Ojalá siempre se viviera, ojalá no hubiera uno de morir!18

Mas esta manera de reaccionar frente al problema de la posibilidad


de llegar, al menos con el pensamiento, hasta lo que es verdadero,
lo que nos sobrepasa, no fue ni la única ni la que más hondamente
se arraigó en el espíritu de los nahuas. Porque, acosados por el pro-
blema, se empeñaron en la búsqueda de una nueva forma de saber,
capaz de llevar al hombre al conocimiento seguro del punto de
apoyo inmutable, cimentado en sí mismo, sobre el cual debía des-
cansar toda consideración verdadera. Aplicando esperanzadamente
a ese fundamento universal de cuanto puede existir y ser conocido
el calificativo de “Dador de la vida”, con que se designaba princi-
palmente en el plano religioso a la divinidad superior, o sea a lo
más alto que puede concebirse, se preguntaron los tlamatinime si

 Ms. Cantares mexicanos, f. 25v; ap i, 22.


17

 Ibid., f. 26r; ap i, 22. La traducción de este poema es del doctor Garibay,


18

quien lo dio a conocer por vez primera en su Poesía indígena de la altiplanicie,


p. 103-104.

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¿se puede conocer el más allá? 187

había algún modo de alejarse de todo ensueño y fantasía, para decir


algo verdadero acerca de ese principio supremo:

¿Acaso de veras hablamos aquí, Dador de la vida...?


Aun si esmeraldas, si ungüentos finos,
damos al Dador de la vida,
si con collares eres invocado, con la fuerza del águila, del tigre,
puede que nadie diga la verdad en la tierra.19

He aquí el primer intento de solución. Tratar de inquirir la verdad


sobre el Dador de la vida por el camino de los ofrecimientos de tipo
religioso: “aun si esmeraldas, si ungüentos finos le damos… puede
que nadie diga la verdad en la tierra”. La respuesta es otra vez nega-
tiva: las dádivas al principio supremo no abren el camino de la verdad.
Porque, como se dice en otro poema, dirigido a la divinidad:

¿Cuántos dicen si es o no verdad allí?


Tú sólo te muestras inexorable, Dador de la vida...20

19
 Ms. Cantares mexicanos, f. 13r; ap i, 23.
20
 Ibid., f. 62r; ap i, 24.

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FLORES Y CANTOS:
LO ÚNICO VERDADERO EN LA TIERRA

Dejando pues los dones innumerables y los sacrificios para el culto


público y popular de los dioses, los tlamatinime —en oposición con la
que hemos llamado en el capítulo anterior “visión huitzilopóchtlica del
universo”— ensayan un nuevo método para encontrar la forma de de-
cir “palabras verdaderas”, sobre lo que “está por encima de nosotros”,
sobre el más allá. Su teoría acerca del conocimiento metafísico, que
así debe llamarse con justicia —valiéndose de un concepto filosófico
occidental— el primer punto de llegada de esta su búsqueda, encontró
al cabo una formulación adecuada en varios de sus poemas.
Hay en particular uno en el cual encontramos expresada ma-
gistralmente la respuesta náhuatl al problema. Se trata de un poema
que se dice fue recitado en la casa de Tecayehuatzin, señor de Huexot­
zinco, con ocasión de una junta de sabios y poetas:

Así habla Ayocuan Cuetzpaltzin


que ciertamente conoce al Dador de la vida...
Allí oigo su palabra, ciertamente de él,
al Dador de la vida responde el pájaro cascabel.
Anda cantando, ofrece flores, ofrece flores.
Como esmeraldas y plumas de quetzal,
están lloviendo sus palabras.

¿Allá se satisface tal vez el Dador de la vida?


¿Es esto lo único verdadero sobre la tierra?21

En la última pregunta está indicado el sentido de todo el poema:


“¿Es esto lo único verdadero sobre la tierra?” Una lectura atenta de
las líneas anteriores mostrará claramente que lo que se piensa puede

21
 Ibid., f. 9v; ap i, 25.

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FLORES Y CANTOS 189

ser “lo único verdadero sobre la tierra” (azo tle nelli in tlaltícpac); es
precisamente lo que tal vez “satisface al Dador de la vida”: los cantos
y las flores. A primera vista quizás causará esto alguna extrañeza. Sin
embargo, un análisis del modismo o complejo idiomático náhuatl
“flores y cantos” posiblemente logrará aclarar el genuino significado
del texto citado. El doctor Garibay, estudiando en su Llave del náhuatl
algunos de los principales caracteres estilísticos de dicho idioma, se
detiene en el análisis de lo que acertadamente llama difrasismo,
característico de esta lengua:

(es) un procedimiento que consiste en expresar una misma idea por


medio de dos vocablos que se completan en el sentido, ya por ser si-
nónimos, ya por ser adyacentes. Varios ejemplos del castellano expli-
carán mejor: “a tontas y a locas; a sangre y fuego; contra viento y marea;
a pan y agua”, etc. Esta modalidad de expresión es rara en nuestras
lenguas, pero es normal en el náhuatl. Pongo una serie de ejemplos,
tomados de este repertorio de textos, como de otros lugares. Casi todas
estas frases son de sentido metafórico, por lo cual hay que entender
su aplicación, ya que si se tomaran a la letra, torcerían el sentido, o
no lo tendrían adecuado al caso...22

Ahora bien, entre los ejemplos de difrasismo ofrecidos por Ga-


ribay está precisamente éste: in xóchitl, in cuícatl, al que se asigna
como significado literal: flor y canto, y como sentido metafórico el
de poema. Relacionando ahora esto con el texto que acabamos de
presentar, es necesario concluir que “lo único que puede ser verda-
dero sobre la tierra” —en opinión de los tlamatinime— son los poe-
mas, o si se prefiere, la poesía: “flor y canto”.
Y es que, persuadidos como estaban los pensadores nahuas de
la fugacidad de todo cuanto viene a existir sobre la tierra y consi-
derando a esta vida como un sueño, su posición ante el problema
de “qué es lo verdadero” no pudo ser en modo alguno la aristotéli-
ca de una “adecuación de la mente de quien conoce, con lo que
existe”. Este tipo de saber era para los tlamatinime casi del todo
imposible: “puede que nadie diga la verdad en la tierra” (ach ayac
nelli in tiquitohua nican).23

22
 Ángel María Garibay K., Llave del náhuatl, Otumba, México, 1940, p. 112.
23
 Ms. Cantares mexicanos, f. 13r.

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190 FILOSOFÍA NÁHUATL

Mas su respuesta: “lo único verdadero en la tierra” es la poesía,


“flor y canto”, no lleva tampoco a lo que hoy llamaríamos un es-
cepticismo universal y absoluto. Porque, en cualquier forma, la ver-
dadera poesía implica un peculiar modo de conocimiento, fruto de
una auténtica experiencia interior, o si se prefiere, resultado de una
intuición. La poesía viene a ser entonces la expresión oculta y velada
que, con las alas del símbolo y la metáfora, lleva al hombre a balbu-
cir y a sacar de sí mismo lo que en una forma, misteriosa y súbita, ha
alcanzado a percibir. Sufre el poeta porque siente que nunca alcan-
zará a decir lo que anhela; pero, a pesar de esto, sus palabras pueden
llegar a ser una auténtica revelación. Maravillosamente expresa esto
mismo la siguiente composición náhuatl, en la que hablando de
“flores y cantos” se señala el alma de la poesía:

Flores con ansia mi corazón desea,


sufro con el canto, y sólo ensayo cantos en la tierra,
yo Cuacuauhtzin:
¡quiero flores que duren en mis manos...!
¿Yo dónde tomaré hermosas flores, hermosos cantos?
Jamás los produce aquí la primavera:
yo sólo me atormento, yo Cuacuauhtzin.
¿Podréis gozar acaso, podrán tener placer nuestros amigos?
¿Yo dónde tomaré hermosas flores, hermosos cantos?24

Este anhelo de encontrar la verdadera expresión de la poesía


—“Flores con ansia mi corazón desea”, “¿yo dónde tomaré hermo-
sas flores, hermosos cantos?”— atormenta al pensador náhuatl: “yo
sufro con el canto” al ver que con frecuencia “sólo ensayo cantos
en la tierra”. O sea que sus palabras rara vez logran decir “lo único
verdadero”, porque la auténtica poesía —flor y canto— “no la pro-
duce aquí la primavera”. ¿De dónde pues procede la poesía? He aquí
una nueva cuestión que vivamente interesó a los tlamatinime, como
lo prueba, entre otros, el siguiente texto, en el que dirigiéndose a
los sacerdotes les plantea así el problema:

24
 Ibid., f. 26r; ap i, 26. La traducción de este poema y de otros que se presen-
tan en esta sección está tomada casi literalmente de la obra de Garibay, Historia
de la literatura náhuatl, aun cuando se ha tenido siempre a la vista asimismo el
texto náhuatl original, que incluimos en el apéndice i, al final de este trabajo.

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FLORES Y CANTOS 191

Sacerdotes, yo os pregunto:
¿de dónde provienen las flores que embriagan al hombre?
¿El canto que embriaga, el hermoso canto?25

Las preguntas se refieren al origen de la poesía: flor y canto, a


la que aquí se atribuye un rasgo que acaba de caracterizarla: se dice que
“embriaga al hombre”, esto es, que lo saca fuera de sí y le hace ver
lo que no perciben los otros: “lo único verdadero en la tierra”. Pero,
oigamos ahora cuál fue la respuesta que se supone dieron los sacer-
dotes respecto del origen de la poesía (flor y canto):

Sólo provienen de su casa, del interior del cielo,


sólo de allá vienen las variadas flores...
Donde el agua de flores se extiende,
la fragante belleza de la flor se refina con negras, verdecientes
flores y se entrelaza, se entreteje:
dentro de ellas canta, dentro de ellas gorjea el ave quetzal.26

Tal es el origen divino de la poesía: especie de inspiración que,


proveniente del más allá, “de lo que está por encima de nosotros”,
pone al hombre en la posibilidad de decir “lo único verdadero en la
tierra”. Oigamos otro poema en el que se expresan también bella-
mente estas ideas:

Brotan las flores, están frescas, se van perfeccionando,


abren las corolas:
de su interior salen las flores del canto:
sobre los hombres las derramas, las esparces:
¡tú eres el cantor!27

Quien logra obtener este influjo divino que hace descender so-
bre los hombres las flores y los cantos es el único que puede decir
“lo verdadero en la tierra”. Posee entonces el sabio un “corazón
endiosado” (yoltéotl), como expresamente se dice en un texto de
los informantes indígenas de Sahagún, al describir la personalidad

25
 Ms. Cantares mexicanos, f. 34r; ap i, 27.
26
 Loc. cit.; ap i, 27.
27
 Ibid., f. 35v; ap i, 28.

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192 FILOSOFÍA NÁHUATL

del artista y formular lo que hoy llamaríamos una concepción es-


tética náhuatl.28
En estrecha relación con lo anterior, nos encontramos con la
idea de que la poesía, flor y canto, es algo que se escapa de algún modo
a la destrucción final. Es cierto que las flores, tomadas aisladamente,
son símbolo de la belleza que al fin se marchita, pero formando
parte del difrasismo “flor y canto” (in xóchitl, in cuícatl), considera-
das como poesía venida del interior del cielo, entonces, siendo “lo
único verdadero en la tierra”, se dice que nunca perecerán. Así
habla Nezahualcóyotl en un breve poema que con fundamento puede
atribuírsele:

No acabarán mis flores, no cesarán mis cantos:


Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen...29

Y aun cuando añade luego algo que parece contradecir lo ante-


rior: “son flores que se marchitan y amarillean”, esto es sólo aquí
“sobre la tierra”, ya que como afirma en seguida el mismo Neza­
hualcóyotl: “son llevadas allá, a la dorada casa de plumas”, es decir,
a donde mora la divinidad que es el lugar de su origen. Y al mismo
tiempo, en un sentido profundamente humano —referible a la mez-
quina inmortalidad que se puede alcanzar en la tierra—, es también
la poesía: flor y canto, lo único de valor que acaso podremos dejar:

¿Se irá tan sólo mi corazón,


como las flores que fueron pereciendo?
¿Cómo lo hará mi corazón?
¡Al menos flores, al menos cantos!30

Resumiendo ya los pensamientos que hemos venido analizando,


creemos poder afirmar, libres de fantasía, que los tlamatinime llegaron

28
 Véase Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y
Troncoso, v. viii, f. 117v. Más adelante, al ocuparnos de las ideas de los nahuas
acerca del hombre, trataremos de su modo de calificar al artista y a sus obras de
arte, así como de lo que era, según ellos, el alma de su inspiración.
29
 Ms. Cantares mexicanos, f. 16v; ap i, 29.
30
 Ibid., f. 10r; ap i, 30.

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FLORES Y CANTOS 193

a formular en sus poemas una auténtica teoría acerca del conocer


metafísico. No obstante la transitoriedad universal, hay un modo
de conocer lo verdadero: la poesía (flor y canto). Ahora bien, la
poesía es simbolismo y metáfora. Y como atinadamente nota García
Bacca, comentando el libro de Heidegger, La esencia de la poesía:

Metá-fora y Meta-física son en el fondo y raíz una sola función: poner


las cosas más allá (meta), plus ultra...31

Es pues la poesía como forma de expresión metafísica —a base de


metáforas— un intento de superar la transitoriedad, el ensueño
de tlaltícpac (lo sobre la tierra). No creen los tlamatinime poder de-
cir por vía de adecuación lo que está más allá: “lo que nos sobrepasa”.
Pero afirman que yendo metafóricamente —por la poesía: flor y canto—
sí podrán alcanzar lo verdadero. Y confirman esto, señalando que la
poesía tiene precisamente un origen divino: “viene de arriba”. O, si
se prefiere, en términos modernos, es fruto de una intuición que
conmueve el interior mismo del hombre y lo hace pronunciar pala-
bras que llegan hasta el meollo de lo que sobrepasa toda experiencia
vulgar. Es por tanto, en este sentido, flor y canto, el lenguaje en el
que se establece el diálogo entre la divinidad y los hombres:

Allí oigo su palabra, ciertamente de él,


al Dador de la vida responde el pájaro cascabel:
anda cantando, ofrece flores...
¿Allá se satisface tal vez el Dador de la vida?
¿Es esto lo único verdadero sobre la tierra?32

Por esto, valiéndose de las mejores galas del rico y preciso idioma
náhuatl, para hablar de “lo que está por encima de nosotros, de
la región de los muertos” (topan mictlan), los tlamatinime, como el
pájaro cascabel, ofrecen flores y cantos: se valen de la metáfora y la
poesía para decir algo verdadero acerca de la divinidad. Es pues tiempo
de analizar cuál fue precisamente la imagen de lo divino, que lograron
formular los sabios nahuas a través de sus “flores y cantos”.
31
 Juan D. García Bacca, “Comentarios a La esencia de la poesía de Heidegger”,
Revista Nacional de Cultura, Caracas, n. 112-113, p. 226.
32
 Ms. Cantares mexicanos, f. 9v; ap i, 25.

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LA CONCEPCIÓN TEOLÓGICA DE LOS TLAMATINIME

Conviene advertir desde un principio algo que sin duda tiene im-
portancia en el estudio de los textos nahuas en que se conserva lo
más elevado del pensamiento teológico de los tlamatinime. El pun-
to en cuestión es que, tanto en los Anales de Cuauhtitlán como en
los textos de los informantes de Sahagún, nos encontramos con que
se atribuye siempre un origen tolteca a las más hondas y abstractas
especulaciones acerca de la divinidad.
¿Se trata de un mero símbolo con el que se pretende subrayar
lo antiguo y estimable de este saber acerca de lo divino? Porque es
cierto que para los nahuas del periodo inmediatamente anterior a
la Conquista —aztecas, tezcocanos, etcétera— la toltecáyotl (toltequi­
dad) llegó a implicar lo más elevado y perfecto en todas las artes y
ciencias, hasta hacer que la palabra toltécatl se convirtiera en sinó-
nimo de sabio y artista.33
Mas, aun siendo esto cierto, creemos, no obstante, que la res-
puesta al problema de la antigüedad y origen del meollo de las ideas
teológicas nahuas nos la puede dar un viejo poema que aparece
intercalado en el texto conocido como Historia tolteca-chichimeca.
Un análisis lingüístico de dicho poema revela, como lo indicó ya
Garibay en su Historia, su “carácter de mayor primitivismo”.34 Y el
contexto en que aparece muestra a las claras, por lo menos en este
caso, que se trata de un poema de origen muy anterior al tiempo de
los aztecas, ya que era conocido y cantado por algunas tribus erran-
tes (chichimecas), esparcidas probablemente al sobrevenir la ruina

33
 Así, por ejemplo, en los Textos de los informantes de Sahagún, v. viii, f. 117v.,
al hablar del pintor (tlacuilo) vemos que se dice que es tlílatl toltécatl (tolteca de
la tinta negra); al referirse al orador (ibid., f. 122), se afirma que es tentoltécatl
(tolteca del labio, o de la palabra), etcétera.
34
 Véase la autorizada opinión de Garibay acerca de este punto en Historia de
la literatura náhuatl, t. i, p. 128-130.

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CONCEPCIÓN TEOLÓGICA DE LOS TLAMATINIME 195

del último imperio tolteca. Ahora bien —y aquí está el punto que
nos interesa—, en este poema se habla ya del mismo principio dual
supremo, cuyo descubrimiento los otros textos posteriores atribuyen
a los sabios toltecas.35 Cabe pues sostener sobre esta base de eviden-
cia histórica que es del todo cierto afirmar, como lo hace Caso, que:

una escuela filosófica muy antigua (al menos desde la época tolteca,
añadimos), sostenía que el origen de todas las cosas es un solo principio
dual, masculino y femenino, que había engendrado a los dioses, al
mundo y a los hombres...36

Mas conviene aclarar —como lo prueban los textos que vamos


a aducir— que esas ideas de antiguo origen tolteca no constituían
una muerta herencia intelectual en el mundo náhuatl, sino que se-
guían siendo objeto de apasionada especulación por parte de los
tlamatinime del periodo inmediatamente anterior a la Conquista.
Porque tomando ellos dicho núcleo de ideas como objeto de su cono-
cimiento metafísico-poético (flor y canto), en vez de aceptar simple-
mente toda esa antigua concepción teológica, se plantearon problemas
acerca de ella, como el que ejemplifica esta pregunta:

¿dónde está el lugar de la luz,


pues se oculta el que da la vida?37

Y luego, refiriéndose más expresamente al que podríamos llamar


modo tolteca de concebir el principio supremo, se proponen las
siguientes preguntas:

¿A dónde iré?,
¿a dónde iré?
El camino del dios de la dualidad.
¿Por ventura es tu casa en el lugar de los descarnados?
¿Acaso en el interior del cielo?,

35
 El poema en cuestión que más adelante, en este mismo capítulo, daremos
traducido íntegramente al castellano puede verse en la edición facsimilar de la
Historia tolteca-chichimeca, publicada por Ernst Mengin, en el Corpus Codicum
Americanorum Medii Aevi, Copenhagen, 1942, en la p. 33.
36
 Alfonso Caso, La religión de los aztecas, p. 8.
37
 Ms. Cantares mexicanos, f. 62r; ap i, 4 (última línea).

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196 FILOSOFÍA NÁHUATL

¿o solamente aquí en la tierra


es el lugar de los descarnados?38

Pretenden saber los tlamatinime cuál es el camino que lleva a


Ometéotl (dios de la dualidad), como aquí explícitamente es desig-
nado. Para encontrar la respuesta se formula una triple interroga-
ción que menciona tres posibilidades distintas: ¿vive en el cielo, o
abajo en el lugar de los descarnados, o solamente aquí en la tierra?
La solución hallada por los tlamatinime nos la han dado ya los
textos cosmológicos que hablan de la acción sustentadora de Ome­
téotl en el ombligo de la tierra, y de su multipresencia en las aguas
color de pájaro azul, en las nubes, en Omeyocan, más allá de los cie-
los, y aun en la misma región de los muertos.39
Y también en los Cantares hay uno en el que por el camino de
la poesía —flor y canto— señalan los tlamatinime una vez más la que
hemos llamado multipresencia del Dador de la vida:

En el cielo tú vives;
la montaña tú sostienes,
el Anáhuac en tu mano está.
Por todas partes siempre eres esperado,
eres invocado, eres suplicado,
se busca tu gloria, tu fama.
En el cielo tú vives:
el Anáhuac en tu mano está.40

Tal es la forma como concebían los tlamatinime al Dador de la


vida, presente en los rumbos más importantes del universo, sin que
falte siempre la idea de que su morada por antonomasia está en los
cielos, en lo más elevado de ellos, como lo indica expresamente el
Códice Vaticano a 3738. Y, junto con esto, menciona también el poe-
ma, en bella metáfora, la acción cimentadora del Dador de la vida,
que a la montaña sostiene y coloca en su mano el Anáhuac.
Resuelta así satisfactoriamente la pregunta de los tlamatinime
acerca del sitio físico y del más allá metafísico (el Omeyocan) donde

38
 Ibid., f. 35v; ap i, 31.
39
 Véase Códice florentino, f. 34r, y Anales de Cuauhtitlán, f. 4.
40
 Ms. Cantares mexicanos, f. 21v; ap i, 32.

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CONCEPCIÓN TEOLÓGICA DE LOS TLAMATINIME 197

mora el Dador de la vida, es ya conveniente pasar a ocuparnos de


la idea filosófica náhuatl del principio supremo considerado en sí
mismo. Oigamos lo que refirieron a Sahagún sus informantes a este
respecto:

1 Y sabían los toltecas


2 que muchos son los cielos,
3 decían que son doce divisiones superpuestas.
4 Allá vive el verdadero dios y su comparte.
5 El dios celestial se llama Señor de la dualidad;
6 y su comparte se llama Señora de la dualidad, Señora celeste;
7 quiere decir:
8 sobre los doce cielos es rey, es señor.41

Por contener este texto ideas de particular interés para la com-


prensión del tema que estudiamos, vamos a analizarlo con mayor
detenimiento.

Comentario del texto:

Línea 1. Y sabían los toltecas.


Indicando su antigüedad, y tal vez para subrayar también lo
profundo de esta doctrina, comienzan los informantes indígenas
por señalar el origen tolteca de lo que a continuación exponen.

Líneas 2 y 3. que muchos son los cielos, decían que son doce divisiones
superpuestas.
Se está aludiendo aquí obviamente a la concepción cosmológi-
ca náhuatl que consideraba al universo vertical formado por una
especie de “pisos celestes”, por encima de los cuales avanzaban los
distintos astros.42

41
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 175v; ap i, 33.
42
 Tal vez cause extrañeza ver que aquí se dice que son doce los cielos, cuando
ya hemos encontrado en el Códice Vaticano a 3738 y en el Ms. de Thévet la enu-
meración de trece. La variante puede explicarse de varios modos. Puede tratarse
de un error del informante. O bien pudiera ser que haya habido diferencia de
opiniones, ya que en otro texto de los Anales de Cuauhtitlán hemos visto que sólo
se mencionan nueve divisiones o travesaños del cielo.

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198 FILOSOFÍA NÁHUATL

Línea 4. Allá vive el verdadero dios y su comparte.


Son ésta y las dos siguientes las líneas más importantes del texto
que analizamos. Se nombra aquí expresamente al principio supre-
mo descubierto por el pensamiento náhuatl. Es, como con claridad
lo dice el texto, in nelli téotl (el verdadero dios). Mas, para compren-
der realmente el significado de esta frase, es necesario que recor-
demos la connotación de la palabra nelli: verdadero, cimentado,
firme. Se dice por tanto que quien allá en el decimosegundo cielo
vive es el dios bien cimentado, el fundado en sí mismo: nelli. Y
conviene recalcar que se habla de un dios (téotl) y no de dos o varios,
ya que entonces tendría que encontrarse la palabra teteo (dioses),
plural de téotl.
Pero, siendo uno este nelli téotl, se añade en seguida, por medio
de una forma verbal sustantivada, que tiene “su comparte”: i-námic.
Esta última palabra, derivada del verbo namiqui (encontrar, ayudar)
y del prefijo posesivo i- (de él), según el diccionario de Molina, sig-
nifica literalmente “su igual, o cosa que viene bien y cuadra con
otra”.43 Aquí, apegándonos a éste, su sentido estricto, hemos tra-
ducido i-námic como su comparte, para indicar así la relación en que
se halla el nelli téotl con “su igual o lo que con él embona”. No se
trata de otro principio distinto, sino de lo que llamaríamos algo que
se aúna con el principio supremo, o que comparte con él la condición
de ser el nelli téotl: dios cimentado en sí mismo.44

Líneas 5 y 6. El dios celestial se llama Señor de la dualidad; y su com­


parte se llama Señora de la dualidad, Señora celeste.
Nos ofrece aquí el texto la clave para comprender a fondo el
sentido de la idea de “un dios verdadero y su comparte”: “el dios
celestial (ilhuicatéotl) se llama Señor dual (Ometecuhtli)”. Siendo

 Fray Alonso de Molina, Vocabulario en lengua castellana y mexicana, f. 38v.


43

 Ya hemos visto en la Introducción el parecer de H. Beyer que, respondiendo


44

a una posible objeción sobre la unidad del nelli téotl, dice: “Y el que el antiguo dios
aparezca (a veces) en forma femenina, contradice tanto y tan poco al principio
monoteístico, como la Trinidad cristiana.” (H. Beyer, “Das aztekische Götterbild
Alexander von Humboldt’s”, en op. cit., p. 116.) Sin adentrarnos aquí en una difí-
cil comparación de la ambivalencia del concepto del nelli téotl con la idea cristiana
de un Dios trino y uno, sí podemos afirmar, como lo hace Beyer, que la atribución de
más de un rostro a la divinidad no destruye necesariamente su unidad.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 198 20/01/2017 [Link] p.m.


CONCEPCIÓN TEOLÓGICA DE LOS TLAMATINIME 199

uno —como ya se ha visto—, posee al mismo tiempo una naturale-


za dual. Por este motivo, al lugar metafísico donde él mora se le
nombra Omeyocan: lugar de la dualidad, y por esto también es de-
signado en otros textos con el nombre más abstracto aun de Ome­
téotl (dios de la dualidad). En función de esto, el nombre de su
comparte, “de su igual” (i-námic), es, como lo dice el texto: “Seño-
ra dual” (Omecíhuatl).
Vemos, por tanto, que el pensamiento náhuatl, tratando de ex-
plicar el origen universal de cuanto existe, llegó, metafóricamente,
por el camino de las flores y el canto, al descubrimiento de un ser
ambivalente: principio activo, generador y, simultáneamente,
receptor pasivo, capaz de concebir. Aunando así, en un solo ser,
generación y concepción —lo que hace falta en nuestro mundo
para que surja la vida—, se está afirmando, primero implícitamen-
te y después en otros textos explícitamente, que el nelli téotl o, por
otro nombre, Ometéotl, es el principio cósmico en el que se gene-
ra y concibe cuanto existe en el universo. Y ante la posible objeción
de que se trata sólo de una proyección antropomórfica del proceso
generativo humano sobre el trasfondo del más allá, “de lo que está
por encima de nosotros”, cabe contestar que ya los mismos tla­
matinime cautamente dijeron que acerca del Dador de la vida
“puede que nadie diga la verdad en la tierra”.45 Pero al mismo tiem-
po, escapándose al escepticismo universal, añadieron que para
conocer lo verdadero sólo existía tal vez el camino de la poesía: flor
y canto. Ahora bien, podemos preguntarnos, ¿no es ciertamente
una metáfora maravillosa esta proyección que personifica, y aúna
en la divinidad, más allá de toda limitación temporal, el acto ge-
nerativo que produce a los hombres lo más elevado que con “flo-
res y cantos” se puede imaginar? Y no sólo se trata de una mera
imaginación, ya que la idea de Ométeotl, considerada en su ambi­
valencia dinámica, permite a la mente náhuatl encontrar en la ac-
ción generativa de Ométeotl, más allá del tiempo y el espacio, el
principio supremo, origen y fundamento de lo que existe y vive en
el Cem-a-náhuac (el mundo). Tal es el meollo de la profunda con-
cepción náhuatl de la divinidad.

45
 Ms. Cantares mexicanos, f. 13r.

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200 FILOSOFÍA NÁHUATL

Línea 8. sobre los doce cielos es rey, es señor.


A modo de conclusión de lo que anteriormente se ha dicho, se
afirma, por una parte, lo que hoy llamaríamos trascendencia de la
divinidad: “está sobre los doce cielos”, y por otra, el dominio que
tiene sobre las cosas que existen, respecto de las que es señor (tecuh-
­tli) y rey (tlatocati). Ideas ambas que resumen admirablemente dos
aspectos fundamentales de Ometéotl, considerado como supremo
principio metafísico, que está “por encima de nosotros” y que es
dueño de todo cuanto existe, gracias a su no interrumpida acción
generadora universal.

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OTROS ASPECTOS FUNDAMENTALES
DEL PRINCIPIO DUAL

Existen varios textos que confirman y enriquecen las ideas teológicas


expresadas en el que acabamos de comentar. Matizando variada-
mente la concepción fundamental del principio supremo dual, se
le menciona unas veces con su nombre más abstracto de Ometéotl
(dios de la dualidad);46 otras con los ya bien conocidos de Omete­
cuhtli, Omecíhuatl (Señor y Señora de la dualidad)47. Se le llama
también Tonacatecuhtli, Tonacacíhuatl (Señor y Señora de nuestra
carne)48 y se alude a él asimismo con frecuencia como a in Tonan,
in Tota, Huehuetéotl (nuestra madre, nuestro padre, el dios viejo).49
Y por si alguna duda hubiera acerca de la unidad e identidad del
dios supremo al que se refieren todas estas denominaciones, encon-
tramos en varios lugares de las historias y crónicas de los primeros
misioneros la aclaración expresa de que con los citados nombres
—y con otros que hemos omitido aquí— se está designando siempre
al mismo principio dual. Véase, por ejemplo, lo que se dice en la
Historia de los mexicanos por sus pinturas:

parece que tenían un dios al que decían Tonacatecli (Tonacatecuhtli),


el cual tuvo por mujer a Tonacaciguatl (Tonacacíhuatl)... los cuales se
criaron y estuvieron siempre en el treceno cielo, de cuyo principio no
se supo jamás...50

46
 Véase, por ejemplo, Ms. Cantares mexicanos, f. 35v; ap i, 31.
47
 Códice florentino, lib. vi, f. 120v y 148r; Códice matritense: Textos de los in­
formantes de Sahagún, v. viii, f. 175v.
48
 Anales de Cuauhtitlán, f. 4; Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op.
cit., p. 228.
49
 Códice florentino, lib. vi, f. 34r, 71v, 142v, etcétera. “Huehuetlatolli, docu-
mento a”, Tlalocan, v. i, p. 85.
50
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 228.

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202 FILOSOFÍA NÁHUATL

Como claramente se indica —al señalarse su morada en el últi-


mo de los cielos, “el treceno”, y al afirmarse que de su “principio
no se supo jamás”—, Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl (Señor y Señora
de nuestra carne) no son otros sino Ometecuhtli y Omecíhuatl (Señor
y Señora de la Dualidad). Por consiguiente, como afirma Torquema-
da a modo de resumen, después de haber hablado de Ometecuhtli,
Omecíhuatl y de señalar su identidad con Citlalatónac, Citlalicue:

podemos decir, que estos indios quisieron entender en esto haber Na-
turaleza Divina repartida en dos dioses (dos personas), conviene saber
Hombre y Mujer...51

Y es que probablemente, en su afán de describir mejor la natu-


raleza ambivalente de Ometéotl, fueron introduciendo los tlamatini­
me, de acuerdo con su concepción metafísico-poética, estas diversas
formas de nombrarlo, para revivir así con nueva fuerza su inspira-
ción o intuición original.
A modo de ilustración vamos a ofrecer aquí tan sólo dos textos
de distinta procedencia y antigüedad, que nos mostrarán dos modos
diferentes —ambos hondamente expresivos y poéticos— de referirse
al principio dual. Al primero de estos textos ya hemos aludido an-
teriormente. Se trata de un poema de la Historia tolteca-chichimeca,
redactada sobre la base de los informes dados por los indígenas de
Tecamachalco (en el actual estado de Puebla) hacia 1540 y que,
como todos admiten, es una de las mejores fuentes para el estudio
de las antiguas tradiciones tolteca-chichimecas, ya que los indios de
Tecamachalco conservaban en su poder algunos códices, en los que
“leyeron” los datos de la Historia.
Pues bien, el poema a que nos estamos refiriendo y que es la
versión más antigua que conocemos de las ideas acerca del principio

51
 Fray Juan de Torquemada, Monarquía indiana, t. ii, p. 37. Se podrían acu-
mular más textos de Sahagún, de Mendieta, del padre Ríos, comentador del Códice
Vaticano a 3738, y del Ms. de Thévet para reforzar aún más las pruebas dadas sobre
la unidad del principio supremo designado de tan variadas maneras. Mas, para no
hacer tediosa esta sección con innumerables citas, indicamos tan sólo los princi-
pales lugares que pueden consultarse: Sahagún, Historia general de las cosas de
Nueva España, t. i, p. 575, 605, 630; t. ii, p. 280; Mendieta, Historia eclesiástica
indiana, t. i, p. 83; padre Ríos, Códice Vaticano, f. 1v; Ms. de Thévet (Histoyre du
Mechique), en Journal de la Société des Américanistes de Paris, t. ii, p. 1-41.

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aspectos del principio dual 203

dual, contiene asimismo varios puntos de suma importancia para


acabar de comprender el meollo del pensamiento teológico náhuatl.
Traducimos el poema con la mayor fidelidad posible:

1 —“En el lugar del mando, en el lugar del mando gobernamos:


2 es el mandato de mi Señor principal.
3 Espejo que hace aparecer las cosas.”
4 —“Ya van, ya están preparados.
5 ¡Embriágate, embriágate!,
6 obra el dios de la dualidad,
7 el inventor de hombres,
8 el espejo que hace aparecer las cosas.” 52

Comentario del texto:

Líneas 1-2. En el lugar del mando, en el lugar del mando gobernamos:


es el mandato de mi Señor principal.
Para darnos cuenta del alcance de este poema es necesario re-
ferirse brevemente a las legendarias circunstancias en que, según
la Historia tolteca-chichimeca, fue cantado. Dos jefes de origen tol-
teca, Icxicóhuatl y Quetzaltehuéyac, llegan ante la cueva del cerro
encorvado para invitar a un grupo de chichimecas a unirse con
ellos: “venimos —dicen— a apartaros de vuestra vida cavernaria y
montañesca...” Los chichimecas, que se hallan en el interior de la
cueva, exigen que los visitantes se den a conocer con un cantar que
los identifique.
Se entabla entonces animado diálogo entre Icxicóhuatl y Quetzal­
tehuéyac, por una parte, y los chichimecas por otra. Después de ento-
nar un poema que para nuestro asunto no encierra especial interés,
y de cambiarse otras frases con los chichimecas que están en la cueva,
estos últimos dan principio al canto que estamos comentando.
Dicen gobernar allí en el lugar del mando (Teuhcan), donde han
conocido la orden de su señor principal. Y en seguida, con el claro
propósito de ver si son comprendidos por los que se dicen jefes de
origen tolteca, aluden a su antigua doctrina acerca del principio
supremo.

52
 Historia tolteca-chichimeca (edición facsimilar de E. Mengin), p. 33; ap i, 34.

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204 FILOSOFÍA NÁHUATL

Línea 3. Espejo que hace aparecer las cosas: tezcatlanextia.


Es ésta otra denominación del dios de la dualidad, como lo
prueban las líneas 6-8 del poema, en las que el “espejo que hace
aparecer las cosas” y Ometéotl se identifican. Se afirma, en otras
palabras, que el dios de la dualidad con su luz hace brillar lo que
existe. Y es necesario notar que el término tezca-tlanextia claramen-
te se contrapone al más conocido de Tezca(tli)poca (espejo que ahú-
ma) y que fue precisamente —como ya vimos— el nombre de los
cuatro hijos (o primeros desdoblamientos) de Ometéotl: el Tezcatli­
poca rojo del oriente, el negro del norte, el blanco del poniente y el
azul del sur.
Tal vez pudiera decirse que, en un principio, Tezcatlanextia y
Tezcatlipoca no eran sino las dos fases del mismo Ometéotl, consi-
derado en cuanto señor del día y de la noche. Ya en un texto de los
Anales de Cuauhtitlán, que presentamos en el capítulo anterior, vi-
mos que en el plano cosmológico se afirmaba expresamente que el
rostro masculino de Ometéotl se identificaba con el astro que “hace
lucir las cosas” (Citlallatónac), en tanto que su aspecto femenino
se cubría con el faldellín de estrellas de la noche (Citlalinicue).53
Ahora bien, fue precisamente al tiempo de la creación —cuando
aún era de noche: in oc iohuaya— cuando la faz nocturna de Ometéotl
(Tezcatlipoca) se desdobló en las cuatro fuerzas cósmicas funda-
mentales, los cuatro primeros dioses, sus hijos, según los mitos de
la religión popular:

parece —dice la Historia de los mexicanos— que tenían un dios a que


decían Tonacatecli (Tonacatecuhtli), el cual tuvo por mujer a Tonacaci­
guatl (Tonacacíhuatl)..., los cuales se criaron y estuvieron siempre en
el treceno cielo... (y)... engendraron cuatro hijos: al mayor llamaron
Tlalauque Tezcatlipuca (Tlatlauqui Tezcatlipoca)..., éste nació todo co-
lorado. Tuvieron el segundo hijo al cual dijeron Yayanque (Yayauqui)
Tezcatlipuca..., éste nació negro...54

53
 Por su parte, Mendieta nos certifica de la identidad de Citlallatónac y Citlali­
nicue con el principio supremo Ometecuhtli, Omecíhuatl (véase su Historia eclesiás­
tica indiana, t. i, p. 83). Habla también en este sentido Torquemada en su
Monarquía indiana, ampliando lo que dice Mendieta. Véase, op. cit., t. ii, p. 37.
54
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 228.

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aspectos del principio dual 205

Idea que nos confirman también los informantes de Sahagún


cuando, refiriéndose al principio supremo, dicen que es:

Madre de los dioses, padre de los dioses, el dios viejo,


el que está en el ombligo del fuego,
el que está en su encierro de turquesas...55

Puede, pues, sostenerse —sobre la evidencia de los textos citados—


que los títulos de Tezcatlipoca y Tezcatlanextia (espejo doble que ahú-
ma las cosas por la noche y las hace brillar durante el día) no son
sino otros dos títulos pareados con que se designó en los más antiguos
tiempos de la cultura náhuatl a Ometéotl. Y, tal vez, toda la serie de
oraciones que nos conserva Sahagún en el libro vi de su Historia, y
que como él dice muestran “el lenguaje y afectos que usaban cuando
oraban al principal de los dioses, llamado Tezcatlipoca”, están con-
firmando una vez más lo que ya hemos visto: que Tezcatlipoca, como
título correlativo de Tezcatlanextia, fue en su origen una de las varias
denominaciones de Ometéotl, quien, al crear a sus cuatro hijos “cuan-
do aún era de noche”, les comunicó este nombre suyo, que más re-
lación decía con el tiempo en que fueron creados.

Líneas 4-5. Ya van, ya están preparados. Embriágate, embriágate.


Volviendo a las circunstancias exteriores en que se entona el
poema, nos encontramos en esta línea el principio de la respuesta
de Icxicóhuatl y Quetzaltehuéyac. Claramente se ve en ella que la
alusión al “espejo que hace aparecer las cosas” ha sido comprendida
por los dos jefes de origen tolteca, que muestran así su conocimiento
de las antiguas tradiciones.

55
 Códice florentino, lib. vi, f. 34r; ap i, 35. Auguste Génin, el inspirado poeta
mexicano-fránces, autor de Légendes et récits du Mexique ancien, interpretó bella-
mente algunas de estas ideas en la estrofa siguiente de su “Genèse aztèque”:
Or, le Principe était une dualité:
Un pour vouloir et deux pour créer, homme et femme
A la fois, et s’aimant dans sa double entité,
Son amour engendra la chaleur et la flamme.
(Auguste Génin, Légendes et récits du Mexique ancien, Paris, Les Éditions G.
Crès & Cie., 1923, p. 30.)

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206 FILOSOFÍA NÁHUATL

Con entusiasmo responden: “Ya van, ya están preparados”, ma-


nifestando que lo que han dicho los de la cueva es señal evidente
de que van a aceptar su invitación. Por esto añaden en son de júbi-
lo: “embriágate, embriágate”, al encontrar igualdad de tradiciones
y pensamientos con los chichimecas, que manifiestan así ser tribu-
tarios de la vieja cultura tolteca.

Línea 6. obra el dios de la dualidad (ai Ometéotl).


Tal vez el sentido de esta línea deba referirse a las circunstancias
mismas en que es cantado el poema. El hecho del reconocimiento de
ambos grupos de dialogantes, que ha provocado el entusiasmo
de Icxicóhuatl y Quetzaltehuéyac, es considerado como una interven-
ción de Ometéotl, el principio supremo que ha sido reconocido como
“espejo que hace aparecer las cosas”. Por eso, jubilosamente excla-
man: “¡obra el dios de la dualidad!”

Líneas 7-8. el inventor de hombres, el espejo que hace aparecer las cosas.
Y luego —a manera de alabanza, que muestra algo de lo que
saben acerca de Ometéotl— terminan el poema los jefes de origen
tolteca, mencionando expresamente dos de los atributos de Ome­
téotl. Es inventor de hombres (in teyocoyani), palabra compuesta del
verbo yocoya: “fabricar o componer algo”; del sufijo -ni, participial:
“el que fabrica o compone algo”, y del prefijo personal te-, “a la
gente, a los hombres”. Reuniendo, pues, todos estos elementos nos
encontramos con que la palabra te-yocoyani significa literalmente
“el que fabrica o compone hombres”.
El segundo atributo que añaden Icxicóhuatl y Quetzaltehuéyac es
el ya conocido de Tezcatlanextia: “espejo que hace aparecer las co-
sas”, y que fue el título de Ometéotl que sirvió a los chichimecas de
la cueva para identificar a los jefes de origen tolteca.
Éstas son, en resumen, las ideas contenidas en el antiguo poema
de la Historia tolteca-chichimeca. Su importancia está principalmente
en el hecho de mostrar: 1) la remota antigüedad de la concepción
náhuatl de Ométeotl y 2) otra variedad de títulos con que era también
designado Ometéotl: Tezcatlanextia (y su correlativo Tezcatlipoca), Te­
yocoyani (inventor de hombres), junto con la mención expresa de ser
el supremo principio activo: ai Ometéotl (obra el dios de la dualidad).

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aspectos del principio dual 207

Vamos a dar ahora —como ya se indicó anteriormente— un segundo


texto dirigido a acabar de clarificar la idea náhuatl del principio su-
premo considerado en sí mismo. A diferencia del antiguo texto de
la Historia tolteca-chichimeca, el que ofrecemos a continuación pro-
cede de los informantes de Sahagún y muestra lo que se pensaba
acerca de Ometéotl en el periodo inmediatamente anterior a la Con-
quista. Es de especial interés porque pone de manifiesto que la in-
fluencia de esta concepción teológica era tan grande que llegó a
dejarse sentir —al lado de la religión de Huitzilopochtli— en las cere-
monias que practicaban los nahuas con ocasión del nacimiento.
Entonces, como dice Sahagún en su Historia:
Acabando la partera su principal operación, cortaba el ombligo a la
criatura, luego lavaba y lavándole hablaba con ella y decía si era
varón...56

Y aquí es donde se pronunciaban las palabras que traducimos


del texto náhuatl original:
1 Señor, amo nuestro:
2 la de la falda de jade,
3 el de brillo solar de jade.
4 Llegó el hombre
5 y lo envió acá nuestra madre, nuestro padre,
6 el Señor dual, la Señora dual,
7 el del sitio de las nueve divisiones,
8 el del lugar de la dualidad.57

Comentario del texto:

Líneas 1-3. Señor, amo nuestro: la de la falda de jade, el de brillo solar


de jade.
Nos encontramos aquí con dos nuevos títulos que se atribuyen
al “Señor, amo nuestro”; se le llama primero Chalchiuhtli-cue (la
de la falda de jade) y luego Chalchiuh-tlatónac (el de brillo solar de
jade). Y conviene notar que este par de nombres con que se designa

56
 Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España,
t. i, p. 604.
57
 Códice florentino, lib. vi, f. 148v; ap i, 36.

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208 FILOSOFÍA NÁHUATL

a Ometéotl, en cuanto señor de las aguas, guarda profunda semejanza


con los dos títulos dados al mismo dios de la dualidad, en cuanto
señor de los astros de la noche y del día: Citlalin-icue (la de la falda
de estrellas) y Citlalla-tónac (el que da brillo solar a las cosas).
Ya en otro texto de los informantes de Sahagún, que ofrecimos
en el capítulo anterior, habíamos visto que Ometéotl era el señor
que “está encerrado en aguas de color de pájaro azul” (in xiuhto­
toatica), pero una mención expresa de su doble aspecto en cuanto
señor de las aguas no la habíamos hallado, sino hasta dar con el
texto que comentamos. Mas esta nueva designación doble de Ome­
téotl suscita una nueva cuestión: ¿en el pensamiento de los tlama­
tinime, el dios de la lluvia, Tláloc, y su consorte, Chalchiuhtlicue, eran
sólo dos aspectos diferentes del supremo principio dual?
Hace ya bastantes años H. Beyer formuló una opinión a este
respecto:
(si) nos adentramos más en el lenguaje simbólico de los mitos... vere-
mos que el craso politeísmo que nos sale al paso en el antiguo México
es la mera referencia simbólica a los fenómenos naturales, ya que el
pensamiento de los sacerdotes (los sabios) había concebido ideas re-
ligioso-filosóficas de mayores alcances. Los dos mil dioses de la gran
multitud de que habla Gómara eran para los sabios e iniciados tan sólo
otras tantas manifestaciones de lo Uno. (Waren nur ebensoviele Mani­
festationen des Einen.)58

Por nuestra parte, creemos que las identificaciones que hemos


ido encontrando en los varios textos presentados son por lo menos
una confirmación parcial de la opinión de Beyer. Así, por lo que a
Tláloc y Chalchiuhtlicue se refiere, el texto que estamos examinando
parece ser lo suficientemente expresivo como para hacernos admi-
tir su identificación como dos nuevas fases de Ometéotl. Y sería
sumamente interesante un estudio integral de este punto —sobre la
base de las fuentes— para poder ver si hay o no elementos suficien-
tes para universalizar como lo hace Beyer y decir que la multitud
innumerable de dioses nahuas era “para los sabios e iniciados tan
sólo otras tantas manifestaciones de lo Uno”.59
58
 Hermann Beyer, “Das aztekische Götterbild Alexander von Humboldt’s”,
en op. cit., p. 116.
59
 Loc. cit.

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aspectos del principio dual 209

Una representación de Tonacatecuhtli en el xiii cielo


(Códice Vaticano a 3738, f. 1)

Líneas 4-5. Llegó el hombre y lo envió acá nuestra madre, nuestro padre.
Se corrobora una vez más en estas líneas uno de los principales
atributos ya vistos de Ometéotl: en cuanto “madre y padre nuestro”
(in Tonan in Tota), es quien envía a los hombres al mundo. Es el
“inventor de hombres” (teyocoyani).

Líneas 6-8. El Señor dual, la Señora dual, el del sitio de las nueve divi­
siones, el del lugar de la dualidad.
He aquí una última alusión a la naturaleza de Ometéotl conside-
rado en sí mismo: es Ometecuhtli, Omecíhuatl, que mora allá, más arriba
de las divisiones del cielo, en Omeyocan (el lugar de la dualidad).

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210 FILOSOFÍA NÁHUATL

Como detalle de interés, nos encontramos ahora con la opinión de


que son sólo nueve las divisiones del cielo. Como ya se ha señalado,
hay en los textos numerosas variantes acerca de este punto, que
bien pueden ser síntoma de una diferencia de pareceres o escuelas
nahuas a este respecto.  
Resumiendo ya la doctrina encontrada en los textos analizados
acerca del principio dual, podemos decir que hay pruebas suficien-
tes para sostener, como anota Torquemada,
que estos indios quisieron entender en esto haber Naturaleza Divina
(sic) repartida en dos dioses (dos personas) conviene saber Hombre
y Mujer...60

Y muestran además los textos que esta ambivalente naturale-


za divina (Ome-téotl) va tomando diversos aspectos al actuar en el
universo:

1) Es Señor y Señora de la dualidad (Ometecuhtli, Omecíhuatl).


2) Es Señor y Señora de nuestro sustento (Tonacatecuhtli, Tonaca­
cíhuatl).
3) Es madre y padre de los dioses, el dios viejo (in teteu inan, in teteu
ita, Huehuetéotl).
4) Es al mismo tiempo el dios del fuego (in Xiuhtecuhtli), ya que mora
en su ombligo (tle-xic-co: en el lugar del ombligo del fuego).
5) Es el espejo del día y de la noche (Tezcatlanextia, Tezcatlipoca).
6) Es astro que hace lucir las cosas y faldellín luminoso de estrellas
(Citlallatónac, Citlalinicue).
7) Es señor de las aguas, el de brillo solar de jade y la de falda de jade
(Chalchiuhtlatónac, Chalchiuhtlicue).
8) Es nuestra madre, nuestro padre (in Tonan, in Tota).
9) Es, en una palabra, Ometéotl, que vive en el lugar de la dualidad
(Omeyocan).

La lectura atenta de los textos que hemos aducido, junto con una
actitud crítica objetiva, servirán para juzgar si hay o no base docu-
mental para llegar a estas conclusiones respecto de la doble natura-
leza del principio supremo, afirmado por los tlamatinime, valiéndose
de su doctrina del conocimiento metafísico a base de flores y cantos.

60
 Fray Juan de Torquemada, op. cit., t. ii, p. 37.

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ATRIBUTOS EXISTENCIALES DE OMETÉOTL
EN RELACIÓN CON EL SER DE LAS COSAS

Habiéndose ya constatado la multipresencia de Ometéotl, así como


su función de madre y padre de los dioses —o más abstractamente,
origen de las fuerzas cósmicas—, junto con su acción sustentadora
de la tierra (tlallamánac), su identificación con los astros, con el
fuego y con el agua, la cuestión planteada por H. Beyer acerca de
un cierto sentido panteísta en el pensamiento náhuatl parece cobrar
ahora nueva fuerza.61 Sin embargo, antes de emitir cualquier juicio
acerca de la hipótesis propuesta tentativamente por Beyer, preferi-
mos adentrarnos en el examen de varios títulos dados por los tla­
matinime al principio supremo en su relación con lo que llamaremos
“el ser de las cosas”. Porque las denominaciones de Ometéotl a que
nos estamos refiriendo tienen de particular ser precisamente un
intento de expresar las peculiares relaciones del Señor de la dualidad
con todo lo que existe en tlaltícpac (sobre la tierra). Los nombres
de Ometéotl que analizaremos son los siguientes, que comenzamos
por enumerar: Yohualli-ehécatl (que Sahagún traduce como “invi-
sible e impalpable”); in Tloque in Nahuaque (“El Dueño del cerca y
del junto”); Ipalnemohuani (“Aquel por quien se vive”); Totecuio in
ilhuicahua in tlaltipacque in mictlane (“Nuestro Señor, dueño del
cielo, de la tierra y de la región de los muertos”), y, por fin, Moyo­
coyani, “el que a sí mismo se inventa”.
Principiando por el difrasismo Yohualli-ehécatl, diremos que se
encuentra innumerables veces a todo lo largo del texto náhuatl co-
rrespondiente al libro vi de la Historia de Sahagún. La primera im-
presión de quien lee dicho libro es que se trata más bien de un

61
 Véase lo dicho por H. Beyer en “Das aztekische Götterbild Alexander von
Humboldt’s”, en op. cit., p. 116. Sobre la opinión de Beyer, que habla sólo en tér-
minos bastante generales, tratamos brevemente en la Introducción al exponer sus
ideas sobre la filosofía náhuatl.

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212 FILOSOFÍA NÁHUATL

atributo de Tezcatlipoca. Así, por ejemplo, ya desde el título del ca-


pítulo ii, dice Sahagún que va a hablar “del lenguaje y afectos que
usaban cuando oraban al principal de los dioses llamado Tezcatli-
poca y Yoalli-e­hécatl...”62
Mas, frente a tal afirmación, nos encontramos otra, no menos
autorizada, en el antiguo texto de la Historia de los mexicanos por
sus pinturas, en donde, hablando de los hijos de Ometecuhtli, Ome­
cíhuatl, se dice que “al tercero llamaron Quizalcóatl y por otro nom-
bre Yagualiécatl (o sea Yohualliehécatl)”.63
Y, finalmente, en oposición con los dos textos anteriores, en los
que se identificó a Yohualli-ehécatl primero con Tezcatlipoca y después
con Quetzalcóatl, nos encontramos con la siguiente afirmación de
Sahagún que, al tratar del origen y tradiciones de los pueblos nahuas
en general, dice que:

tenían dios, a quien adoraban, invocaban y rogaban, pidiendo lo que


les convenía y le llamaban Yoalliehécatl, que quiere decir noche y aire,
o invisible y le eran devotos...64

Y así, como este lugar, hay otros en los que el mismo Sahagún
claramente parece indicar que Yohualli-ehécatl era el dios supremo
de los nahuas.65 Sin embargo, tal vez la prueba definitiva la cons-
tituye el siguiente texto náhuatl, en el que se atribuyen claramente
al dios supremo tres de los títulos que vamos a analizar en esta
sección y entre los que está Yohualli-ehécatl. He aquí la línea en
cuestión:

Tlacatlé, tloquee nahuaquee, Ipalnemoani, yoale-ehcatle…

cuya traducción es “Señor, Dueño del cerca y del junto, Dador de


la vida, noche-viento...”66
Al parangonarse así el título de Yohualli-ehécatl con los de Tloque
Nahuaque e Ipalnemohuani, acerca de los que no cabe la menor duda

62
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 450.
63
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 228.
64
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 289.
65
 Véase, por ejemplo, su Historia, t. i, p. 570.
66
 Códice florentino, lib. vi, f. 5r y passim.

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ATRIBUTOS EXISTENCIALES DE OMETÉOTL 213

que se refieren al principio supremo, podemos concluir, libres de


temor a equivocarnos, que Yohualli-ehécatl es también un atributo
del dios dual.
Mas, aclarado este punto, queda ahora por resolver la aparente
contradicción implicada por los dos primeros textos de Sahagún y
de la Historia de los mexicanos. Para esto recordaremos que por una
parte, como ya vimos, Tezcatlipoca en su origen no es sino la faz
nocturna de Ometéotl, y por otra Quetzalcóatl, en su calidad de uno
de los cuatro hijos del dios dual, está ocupando en la narración de
la Historia de los mexicanos el sitio del Tezcatlipoca rojo, como se in-
dicó al estudiar las ideas cosmológicas nahuas. Identificándose así
Quetzalcóatl con Tezcatlipoca y éste con una faz de Ometéotl, el mis-
mo título de Yohualli-ehécatl, que parecía engendrar tanta confusión,
nos sirve ahora como una contraprueba de lo que hemos afirmado
anteriormente: Tezcatlipoca (espejo que ahúma) y Tezcatlanextia (es-
pejo que hace mostrarse a las cosas) son originalmente dos de las
varias máscaras con que encubre su ser dual Ometéotl.
Habiéndose ya desvanecido, según parece, esta dificultad inicial,
vamos a estudiar ahora el significado más hondo de este primer
atributo de Ometéotl: Yohualli-ehécatl. Nos hallamos ante un difrasis-
mo, como el de “flor y canto”. Su significado literal es “noche-viento”.
Mas su sentido es, como lo indica Sahagún, “invisible (como la
noche) y no palpable (como el viento)”.67
Es, por tanto, algo que corrobora lo que ya se ha insinuado. Al
afirmarse que el principio supremo es una realidad invisible y no
palpable, se está sosteniendo de manera implícita su naturaleza
trascendente, metafísicamente hablando. O puesto en otras palabras:
se está diciendo que Ometéotl rebasa el mundo de la experiencia,
tan plásticamente concebida por los nahuas como “lo que se ve y
se palpa”. Yohualli-ehécatl es, pues, en resumen, la determinación
del carácter trascendente de Ometéotl.
Pasemos ahora al estudio de otro de los nombres dados al dios
supremo por los tlamatinime: in Tloque in Nahuaque, designación que
se halla generalizada, al igual que la de Ipalnemohuani, en la mayoría
de los textos nahuas. Ixtlilxóchitl nos refiere, como dato de interés

67
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 450-451.

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214 FILOSOFÍA NÁHUATL

sobre estos dos nombres del principio supremo, que Nezahualcóyotl


los empleaba indefectiblemente al hablar acerca de Dios:

Nunca jamás (aunque había muchos ídolos que representaban dife-


rentes dioses) cuando se ofrecía tratar de deidad, los nombraba, ni en
general, ni en particular, sino que decía In Tloque yn Nahuaque,
Ypalnemoani...68

Comenzando por el difrasismo In Tloque in Nahuaque, diremos


que es una sustantivación de dos formas adverbiales: tloc y náhuac.
La primera (tloc) significa cerca, como lo prueban los varios com-
puestos que de ella existen; por ejemplo, notloc-pa: hacia mi cerca-
nía... El segundo término (náhuac) quiere decir literalmente en el
circuito de o, si se prefiere, “en el anillo”, como lo nota Seler en un
interesante trabajo acerca de esta palabra.69 Sobre la base de estos
elementos, añadiremos ahora que el sufijo posesivo personal -e, que
se agrega a ambas formas adverbiales Tloqu(-e) y nahuaqu(-e), da a
ambos términos la connotación de que el estar cerca, así como el
“circuito”, son “de él”. Podría, pues, traducirse in Tloque in Nahua­
que como “el dueño de lo que está cerca y de lo que está en el anillo
o circuito”. Fray Alonso de Molina en su diccionario vierte este
difrasismo náhuatl, que es auténtica “flor y canto”, en la siguiente
forma: “Cabe quien está el ser de todas las cosas, conservándolas y
sustentándolas.”70 Clavijero, por su parte, al tratar en su Historia
de la idea que tenían los antiguos mexicanos acerca del ser supremo,
traduce Tloque Nahuaque como “aquel que tiene todo en sí”.71 Y
Garibay, a su vez, poniendo el pensamiento náhuatl en términos
más cercanos a nuestra mentalidad, traduce: “el que está junto a
todo, y junto al cual está todo”.72
De lo dicho podrá concluirse que el atributo que específicamen-
te se atribuye a Ometéotl, al designarlo como Tloque Nahuaque, se
relaciona íntimamente con lo que ya hemos encontrado en varios

 Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, t. ii, p. 243-244.


68

 Eduard Seler, “Ueber die Worte Anauac und Nauatl”, en Gesammelte


69

Abhandlungen…, t. ii, p. 49-77.


70
 Fray Alonso de Molina, op. cit., f. 148r.
71
 Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México, t. ii, p. 62.
72
 Ángel María Garibay K., Historia de la literatura náhuatl, t. ii, p. 408.

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ATRIBUTOS EXISTENCIALES DE OMETÉOTL 215

textos al estudiar las ideas cosmológicas nahuas, o sea, su multipre­


sencia, no meramente estática, sino dando fundamento primero al
universo, que es el circuito rodeado de agua (cem-a-náhuac), en cada
una de sus cinco “cimentaciones” o edades, y después prestando
apoyo a la tierra (tlallamánac) desde su ombligo o centro. En este
sentido podrá comprenderse plenamente la traducción dada por
Molina al difrasismo que estamos estudiando: él es “cabe quien está
el ser de todas las cosas, conservándolas y sustentándolas”. Todo es
posesión suya: desde lo que está más cerca, hasta lo más remoto del
anillo de agua que circunda al mundo. Y siendo de él, es todo un
efecto de su acción generativa (Señor y Señora de la dualidad), que
da sin cesar “verdad”: cimiento, a cuanto existe.
Pero así como in Tloque in Nahuaque apunta a la soberanía y a
la acción sustentadora de Ometéotl, así Ipalnemohuani se refiere a lo
que llamaríamos su función vivificante o, si se prefiere, de “prin-
cipio vital”. El análisis de los varios elementos de este título del
dios dual pondrá de manifiesto su significado. Ipalnemohuani es,
desde el punto de vista de nuestras gramáticas indoeuropeas, una
forma participial de un verbo impersonal: nemohua (o nemoa), se
vive, todos viven. A dicha forma se antepone un prefijo que con-
nota causa: ipal-, por él, o mediante él. Finalmente, al verbo nemo­
hua (se vive) se le añade el sufijo participial -ni, con lo que el com-
puesto resultante ipal-nemohua-ni significa literalmente “aquel por
quien se vive”.
Garibay —dando un sesgo poético a esta palabra— la suele tra-
ducir en sus versiones de los Cantares como “Dador de la vida”, idea
que concuerda en todo con la de “aquel por quien se vive”. Pene-
trando ahora —hasta donde la evidencia de los textos lo permite—
en el sentido más hondo de este término, puede afirmarse que está
atribuyendo el origen de todo cuanto significa el verbo nemi: mo-
verse, vivir, a Ometéotl. Completa, por consiguiente, el pensamiento
apuntado por el difrasismo In Tloque in Nahuaque. Allí se signifi-
caba que Ometéotl es cimiento del universo, que todo está en él.
Aquí se añade ahora que por su virtud (ipal-) hay movimiento y
hay vida (nemoa). Una vez más aparece la función generadora de
Ometéotl que, concibiendo en sí mismo al universo, lo sustenta y
produce en él la vida.

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216 FILOSOFÍA NÁHUATL

Por esto era también llamado —especialmente en varios de los


huehuehtlahtolli— Totecuiyo in ilhuicahua in Tlalticpaque in mictlane
(Señor nuestro, dueño de los cielos, de la tierra y de la región de los
muertos).73 Así se agrupan bellamente, en forma por demás gráfica,
los tres rumbos verticales del universo de los que es dueño y señor
Ometéotl. Existiendo en lo más elevado de los cielos, en el Omeyocan,
en el ombligo de la tierra, y en la región de los muertos, abarca con
su influencia al universo, que se muestra a los ojos de los hombres
“como un sueño maravilloso” y que es en realidad el fruto de la
concepción de Omecíhuatl, gracias a la acción generadora de Ome­
tecuhtli. Y si ahora relacionamos esto con lo que hemos comproba-
do acerca de los varios aspectos de Ometecuhtli, Omecíhuatl, como
“espejos de la noche y el día”, como “astro que hace aparecer a las
cosas y faldellín luminoso de estrellas”, como “señor del agua y
falda de jade”, como “nuestro padre y nuestra madre”, veremos que
la acción de Ometéotl, desarrollándose siempre en unión con su
comparte (i-námic), hace del universo un escenario maravilloso,
donde todo ocurre gracias a una misteriosa generación-concepción
cósmica que principió más allá de los cielos, en Omeyocan: Lugar
de la dualidad.
Y aquí es precisamente donde cobra su pleno sentido el último
de los títulos de Ometéotl que nos hemos propuesto analizar: Mo­
yocoyani. En él encontraremos la explicación suprema de la “gene-
ración-concepción” cósmica que dio origen al universo y que cons-
tituye el ser mismo de Ometéotl. Hallaremos en una palabra, en una
de las más maravillosas metáforas del pensamiento náhuatl, flor y
canto, la explicación suprema del existir mismo de Ometéotl.
Entre otros nos ha conservado Mendieta en su Historia eclesiás­
tica indiana el título del dios de la dualidad que vamos a analizar.
Después de referirse al significado de Ipalnemohuani, escribe:

Y también le decían Moyucoyatzin ayac oquiyocux, ayac oquipic, que


quiere decir que nadie lo creó o formó, sino que él solo por su autori-
dad y su voluntad lo hace todo...74

73
 “Huehuetlatolli, documento a”, traducido y publicado por Ángel María
Garibay K. en la revista Tlalocan, v. i, n. 1, p. 31-53, y n. 2, p. 81-107.
74
 Fray Gerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, t. i, p. 95.

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ATRIBUTOS EXISTENCIALES DE OMETÉOTL 217

Una forma de la dualidad: Mictlantecuhtli-Quetzalcóatl unidos


por la espalda (Códice Vaticano b, 3773, f. 76)

Con el fin de comprender mejor el breve texto náhuatl conser-


vado por Mendieta, daremos aquí una nueva traducción del mismo,
lo más exacta posible: Mo-yocuya-tzin es palabra compuesta del
verbo ya conocido yucuya (o yocoya: inventar, forjar con el pensa-
miento); del sufijo reverencial -tzin, que se acerca a nuestro “Señor
mío”; del prefijo reflexivo mo- (se, a sí mismo). Reuniendo estos
elementos, encontramos que la palabra mo-yocoya-tzin significa “Se-
ñor que a sí mismo se piensa o se inventa”.75 El sentido de las otras

75
 Reflexiónese sobre el concepto expresado por la palabra mo-yocoya-tzin:
“Señor que a sí mismo se piensa o se inventa”, y júzguese si tiene o no alguna
semejanza con el clásico Ens-a-se (o ser que existe por sí mismo) de la filosofía
escolástica, o con el “yo soy el que soy” del pensamiento bíblico.

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218 FILOSOFÍA NÁHUATL

palabras del texto es realmente una explicación del concepto impli-


cado en la voz moyocoyatzin: ayac oquiyocux: “nadie lo hizo o inventó
a él”; ayac oquipic: “nadie le dio ser o forma”.  
La profunda concepción implícita en este último título dado al
dios de la dualidad expresa el origen metafísico de dicho principio:
a él nadie lo inventó ni le dio forma; existe más allá de todo tiempo
y lugar, porque en una acción misteriosa, que sólo con flores y cantos
puede vislumbrarse, se concibió y se sigue concibiendo a sí mismo,
siendo a la vez agente (Señor dual) y paciente (Señora dual). O
aplicando un concepto occidental, siendo sujeto y objeto, en rela-
ción dinámica incesante que fundamenta cuanto puede haber de
verdadero en todos los órdenes.
Tal es, según parece, el sentido más hondo del término Moyo­
coyatzin, analizado y entendido en función de lo que los textos na-
huas han dicho acerca de Ometéotl. Éste fue el clímax supremo del
pensamiento filosófico náhuatl que, según creemos, bastaría para
justificar el título de filósofos, dado a quienes tan alto supieron
llegar en sus especulaciones acerca de la divinidad.

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ACCIÓN Y PRESENCIA CÓSMICAS DE OMETÉOTL

Es ahora cuando —sobre la base de las varias ideas y atributos estu-


diados acerca de Ometéotl— responderemos al problema planteado
por H. Beyer acerca de un posible panteísmo en la concepción ná-
huatl de la divinidad y del mundo. Según Beyer:

El dios del fuego, Xiuhtecuhtli, llegó a convertirse en una divinidad


panteísta que todo lo compenetra e invade y que recibe también los
nombres de Huehuetéotl, “dios viejo”, Tota, “nuestro padre”, y Teteu
inan, teteu ita, “madre y padre de los dioses”. Originalmente es, como
lo indica su nombre, “Señor azul”, el dios del cielo diurno, un dios
solar. Y como también era el Sol para los mexicanos la fuente original
de toda la vida terrestre, desempeña también la misma función que el
viejo dios creador con el que se identificó por esta causa...76

Es cierto que Xiuhtecuhtli (Señor del fuego y del tiempo) se


identifica en varios de los textos que hemos citado con Huehuetéotl
(el dios viejo), con in Tonan, in Tota (nuestra madre, nuestro pa-
dre), que son igualmente in Teteu inan in Teteu ita (madre y padre
de los dioses), y que esta pareja se iguala también en otros textos
con Ometecuhtli, Omecíhuatl y, en una palabra, con Ometéotl.77 Por
otra parte, es asimismo cierto que, especialmente entre los aztecas,

76
 Hermann Beyer, “Das aztekische Götterbild Alexander von Humboldt’s”,
en op. cit., p. 116.
77
 Aun cuando ya se han presentado, tanto en éste como en el capítulo an-
terior, los textos a que estamos aludiendo, sin embargo, para facilitar la compro-
bación de la afirmación global que ahora se hace, damos una lista de los lugares
donde ocurren las identificaciones mencionadas: Xiuhtecuhtli es identificado con
Huehuetéotl en Códice florentino, lib. vi, f. 34r y f. 71v; Huehuetéotl se identifica
con in Tonan, in Tota y con in Teteu inan, in Teteu ita en loc. cit. del Códice floren­
tino; In Teteu inan in Teteu ita (madre y padre de los dioses) se identifica con Ome­
tecuhtli, Omecíhuatl en Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 228;
en el Códice florentino, lib. vi, f. 148v, etcétera.

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220 FILOSOFÍA NÁHUATL

considerándose al sol como principio supremo, se le invocaba tam-


bién con los nombres de “nuestra madre, nuestro padre”, como lo
prueba, entre otros, el siguiente texto en el que, hablando ante el
cadáver de la mujer muerta de parto, le decían:

Levántate, atavíate, ponte de pie,


goza del hermoso lugar:
la casa de tu madre, tu padre, el Sol.
Allí hay dicha, hay placer, hay felicidad.
Condúcete, sigue a tu madre, a tu padre, el Sol...78

No puede, pues, negarse a Beyer lo bien fundado de las identi-


ficaciones propuestas en su breve ensayo a que nos hemos estado
refiriendo. Lo que tal vez sí puede discutirse es su rápida afirmación
de que Xiuhtecuhtli, o si se prefiere, habiéndose demostrado ya su
identidad, Ometéotl, “llegó a convertirse en una divinidad panteís-
ta que todo lo compenetra e invade”.79 En primer término hay que
decir que, filosóficamente hablando, el término panteísmo implica
sentidos tan diversos —como lo muestran, entre otros, los conocidos
diccionarios filosóficos de Lalande o de Eisler— que su empleo, en
vez de aclararnos cuál era la naturaleza del pensar teológico de los
tlamatinime, se presta más bien para introducir vaguedad y aun
confusión. Por esto, en lugar de hablar simplemente de panteísmo,
preferimos esbozar una interpretación específica del pensamiento
náhuatl, sin apartarnos un momento de los datos ciertos aportados
por los textos ya estudiados.
Se ha visto que, en su afán de encontrar “lo único verdadero”,
llegaron los tlamatinime hasta la más abstracta concepción de Ome­
téotl Moyocoyatzin, el dios dual que “se piensa o inventa a sí mis-
mo”, en ese “lugar” metafísico llamado de la dualidad (Omeyocan).
Y esto, más allá de los cielos y de los tiempos, ya que el mismo
Ometéotl es quien impera sobre ambos, como lo prueba su nombre
de Xiuhtecuhtli (Señor del tiempo y del fuego). En Omeyocan, “en
el treceno cielo, de cuyo principio no se supo jamás...”,80 como

78
 Códice florentino, lib. vi, f. 141v; ap i, 37.
79
 Hermann Beyer, loc. cit.
80
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 228.

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ACCIÓN Y PRESENCIA CÓSMICAS DE OMETÉOTL 221

nota la Historia de los mexicanos, existía in nelli téotl, el dios verda-


dero: fundado, cimentado en sí mismo. Pero, por su naturaleza
misma generadora y capaz de concebir (Ometecuhtli, Omecíhuatl),
comenzó a actuar. Engendró cuatro hijos, como un primer desdo-
blamiento de su ser dual. Fue desde ese momento “madre y padre
de los dioses”. Y como la creación de esos hijos tuvo lugar “cuando
aún era de noche”, en un principio, las cuatro nuevas fuerzas reci-
bieron el nombre de Tezcatlipocas (espejos que ahúman). Ometéotl
siguió actuando por sí mismo y a través de sus cuatro hijos: “se
tendió” (ónoc) en lo que iba a ser ombligo del universo (tlalxicco)
para “darle verdad”, sostenerlo, y permitir a sus hijos comenzar las
varias edades del mundo. En cuanto “espejo que hace mostrarse a
las cosas” (Tezcatlanextia), hizo posibles las varias creaciones del sol.
En las cuatro edades o soles que nos han precedido dio siempre
“verdad” (cimiento) a lo que sus hijos hacían. Quizá dirigió tam-
bién la oculta dialéctica implicada en las luchas y cataclismos que
tuvieron lugar en el mundo.
En nuestra edad, que es la del sol de movimiento (Ollintona­
tiuh), logra la armonía de los cuatro elementos y da “verdad” a un
mundo en el que el tiempo se orienta y espacializa en razón de los
cuatro rumbos del universo. Aparentemente —a los ojos de los ma­
cehuales— los hijos de Ométeotl se han multiplicado en número
creciente. Sin embargo, si bien se mira, todos los dioses, que apa-
recen siempre por parejas (marido y mujer), son únicamente nue-
vas fases o máscaras con que se encubre el rostro dual de Ometéotl.
De día su fuerza se concentra y da vida por medio del sol; entonces
se le llama Tona-tiuh (el que va haciendo el día), Ipalnemohuani
(aquel por quien se vive), Tezcatlanextia (espejo que hace mostrarse
a las cosas), Citlallatónac (astro que hace lucir a las cosas), Yeztla­
quenqui (el que está vestido de rojo), que para los aztecas vino a ser
el dios guerrero Huitzilopochtli. Por la noche se hace invisible e im-
palpable, Yohualli-ehécatl; es Tezcatlipoca, en relación con la luna,
espejo que ahúma las cosas; es también Citlalinicue, faldellín lumi-
noso de estrellas con que se cubre el aspecto femenino de Ometéotl;
es finalmente Tecolliquenqui (la que está vestida de negro).
Respecto de la tierra, a la que ofrece apoyo, es Tlallamánac (la
que sostiene a la tierra); en cuanto hace aparecer sobre ella las nubes

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222 FILOSOFÍA NÁHUATL

y los cielos es Tlallíchcatl (el que la cubre de algodón). Estando en


el ombligo de la tierra es Tlaltecuhtli y, en su función de madre que
concibe la vida, es Coatlicue o Cihuacóatl (la del faldellín de serpien-
tes o mujer serpiente) que, como se mostró en la sección cosmoló-
gica, siguiendo a Justino Fernández, es símbolo maravilloso de la
tensión creadora de Ometéotl.
Como un aspecto del principio vivificador —Ipalnemohuani— es
Chalchiuhtlatónac (el que hace brillar a las cosas como jade). Bajo
el nombre de Tláloc hace su ingreso al lado de los cuatro primeros
hijos de Ometéotl y es señor de las lluvias y fecundador de la tierra.
Su comparte es Chalchiuhtlicue (la del faldellín de jade), señora de
las aguas que corren, del mar y de los lagos.81 En relación con los
hombres Ometéotl es “nuestra madre, nuestro padre”, Tonacatecuhtli,
Tonacacíhuatl (Señor y Señora de nuestra carne y nuestro sustento),
“el Dador de la vida”, que envía a los hombres al mundo y les mete
su destino en el seno materno:

Se decía que desde el doceavo cielo


a nosotros los hombres nos viene el destino.
Cuando se escurre el niñito
de allá viene su suerte y destino,
en el vientre se mete,
lo manda el Señor de la dualidad.82

Finalmente, como símbolo de lo impalpable y señor del saber y


las artes —de lo único verdadero en la tierra—, se personifica Ome­
téotl en la figura legendaria de Quetzalcóatl, que en la Historia de los
mexicanos ocupa ya el sitio del Tezcatlipoca rojo y que en un viejo
texto del Códice florentino aparece como sinónimo de Ometéotl, re-
cibiendo los títulos de inventor y creador de hombres (in teyocoyani,
in techihuani):

81
 Literalmente se dice en un texto del Códice florentino, lib. vi, f. 34r, que “la
madre y padre de los dioses... es la que está en las aguas color de pájaro azul, el
que está encerrado en las nubes...”
82
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 175v; ap i, 38.

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ACCIÓN Y PRESENCIA CÓSMICAS DE OMETÉOTL 223

¿Es verdad acaso? ¿Lo mereció el señor, nuestro príncipe,


Quetzalcóatl, el que inventa hombres, el que los hace?
¿Acaso lo determinó el Señor, la Señora de la dualidad?
¿Acaso fue trasmitida la palabra?83

Por lo que se refiere a la misteriosa región de los muertos


(Mictlan), sabemos también que expresamente se afirma de Ome­
téotl que “habita en las sombras” de ese lugar, encubriendo su doble
faz con las máscaras de Mictlantecuhtli, Mictecacíhuatl (Señor y Se-
ñora de la región de los muertos).
Se ha comprobado así —sobre la evidencia de los textos nahuas—
que, de hecho, toda la oscura complejidad del panteón náhuatl
comienza a desvanecerse al descubrirse, siempre bajo la máscara
de las numerosas parejas de dioses, el rostro dual de Ometéotl. No
negamos que en la religión popular se tuvieron por dioses, en nú-
mero siempre creciente, a los muchos principios o “señores” de la
lluvia, del viento, del fuego, de la región de los muertos, etcétera.
Mas, como ya se ha visto, los tlamatinime, superando un tal poli-
teísmo, como tan acertadamente escribió Torquemada,

quisieron entender en esto haber Naturaleza Divina (sic) repartida en


dos dioses (dos personas), conviene saber Hombre y Mujer...84

Y es que en su búsqueda de un símbolo, para mostrar “con flores


y cantos” el origen de todas las cosas y la misteriosa naturaleza de
su creador “invisible como la noche e impalpable como el viento”
(Yohualli-ehécatl), acuñaron el más profundo de todos sus difrasismos:
Ometecuhtli, Omecíhuatl (Señor y Señora de la dualidad). Indicaron
así lo que sólo con metáforas puede vislumbrarse. Más allá de todo
tiempo, cuando aún era de noche; más allá de los cielos, en el Ome­
yocan, en un plano a-temporal, Ometéotl Moyocoyani, el dios dual,
existe porque se concibe a sí mismo, porque se está concibiendo

83
 Códice florentino, lib. vi, f. 120r; ap i, 39. Es interesante notar que Seler, en
un estudio titulado “De Hauptmythus der mexikanische Stämme”, en Gesammelte
Abhandlungen…, v. iv, p. 98-156, ensaya la unificación de varias divinidades nahuas
en la figura de Quetzalcóatl, que aparece como el símbolo tolteca del saber ines-
crutable del principio dual.
84
 Fray Juan de Torquemada, op. cit., t. ii, p. 37.

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224 FILOSOFÍA NÁHUATL

siempre en virtud de su perenne acción ambivalente: Ometecuhtli


Omecíhuatl. Y continuando luego la proyección metafórica: flor y
canto, fueron señalando con diversos nombres el influjo y la acción
de Ometéotl en todo el Cem-a-náhuac (el mundo).
El panteísmo que en esto pudiera haber lo describiríamos, en
todo caso, sirviéndonos de una voz híbrida, pero lo suficientemen-
te expresiva, como una omeyotización (dualificación) dinámica del
universo. O sea que, para el pensamiento náhuatl, dondequiera que
hay acción, ésta tiene lugar gracias a la intervención del supremo
principio dual. Se necesita siempre un rostro masculino que actúe y
uno femenino que conciba. Tal es —según parece— el origen de las
numerosas parejas de dioses: simbolizan en todos los campos la ac-
tividad de Ometéotl. Generación-concepción son los dos momentos
aunados en el dios dual, que hacen posible su propia existencia y
la de todas las cosas. Desde un punto de vista dinámico, es cierto
que todo lo que existe recibe su verdad: su cimiento, de esa gene-
ración-concepción a-temporal que es Ometéotl. En este sentido es
exacto decir que “lo único verdadero es Ometéotl”; todo lo demás
“es como un sueño”. Pero frente a esto, que pudiera describirse
tal vez como una peculiar especie de “panteísmo dinámico”, está
la afirmación expresa del hombre que, no obstante descubrirse
cimentado en el Señor de la dualidad, reconoce la trascendencia de
éste, afirmando que es invisible como la noche e impalpable como
el viento (Yohualli-ehécatl). Existe, asimismo, la distinción de per-
sonalidades que hace preguntarse al hombre si algún día podrá
vivir con el Dador de la vida, en su casa de donde provienen flores
y cantos, o si es que, por desgracia, al fin todos “perecemos en ella”
(tipolihui ye Ichan).85
No es, por consiguiente, adecuado aplicar meramente una eti-
queta de “panteísmo” a la concepción teológica de los tlamatinime.
Es más exacto afirmar que, en su afán de decir “lo único verdadero
en la tierra” con flores y cantos, trataron de aprisionar en una me-
táfora el más hondo sentido del manantial eterno de potencia
creadora que es Dios. Por esto pudieron decir con flores y cantos
que Ometéotl era “nuestra madre, nuestro padre”, dador de la vida,

85
 Ms. Cantares mexicanos, f. 5v.

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ACCIÓN Y PRESENCIA CÓSMICAS DE OMETÉOTL 225

“cabe quien está el ser de todas las cosas”, invisible e impalpable.


Y es que, dando verdad a cuanto existe, actúa en todas partes: es
Tloque Nahuaque. Pero, considerado en sí mismo, no puede perci-
birse: es noche y viento, Yohualli-ehécatl. Tal es, en resumen, el alma
del pensamiento teológico náhuatl, forjado no a base de categorías
abstractas, sino con el impulso vital que lleva a la intuición de la
poesía: flor y canto, lo único capaz de hacer decir al hombre “lo
verdadero en la tierra”.
Sólo resta añadir una última consideración. Quizá como una
resonancia de un pensamiento anclado en la dualidad de Ometéotl
nos encontramos en la lengua náhuatl, como una especie de necesi-
dad, el difrasismo. Los nahuas, cuando quieren describir más cabal-
mente cualquier cosa, mencionan siempre dos aspectos principales
de ella, como para lograr que de su unión salte la chispa que per-
mita comprender. Su tendencia intuitiva los llevó así a forjar desig-
naciones especiales para suscitar en la mente humana la visión no
abstracta y fría —como la idea aristotélica— sino rica en contenido,
viviente, dinámica y, al mismo tiempo, de valor universal. Los si-
guientes ejemplos —clásicos difrasismos—, flor y canto, hablarán
por sí mismos:

in cuéitl in huipilli: la falda, la camisa: la mujer vista en su aspecto


sexual.
in ahuéhuetl in póchotl: el sabino, la ceiba: la autoridad, en cuanto
ofrece protección.
in chalchíhuitl in quetzalli: el jade y las plumas finas: la belleza.
in atl in tépetl: agua y cerro: el pueblo.
topco petlacalco: en morral y en caja: en secreto.
tlilli tlapalli: tinta negra y roja: escritura o sabiduría.

Se podrían dar otros muchos ejemplos, como los que nos han
ido saliendo al paso: in topan in mictlan: lo que nos sobrepasa, la
región de los muertos (el más allá metafísico); Yohualli-ehécatl:
noche-viento (la trascendencia de Dios), y, por último, in xóchitl in
cuícatl: flor y canto (la poesía), que como lo hemos visto es “lo
único verdadero en la tierra”.
Ésta es quizá una de las más obvias resonancias de la concepción
dualista y ambivalente de Ometéotl. Es posible que haya otros campos

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226 FILOSOFÍA NÁHUATL

donde el dualismo resuene también, mas los límites de este trabajo


nos impiden adentrarnos en su estudio. Por ahora, después de haber
atisbado un poco los secretos de la teología náhuatl, y sospechando
que lo que conocemos es sólo una parte, tal vez insignificante, de
las profundas especulaciones de los tlamatinime acerca de la divini-
dad, pasaremos al estudio de los textos que nos presentan la imagen
filosófica náhuatl del hombre.

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Capítulo iv
EL PENSAMIENTO NÁHUATL ACERCA DEL HOMBRE

Contándose entre los atributos de los tlamatinime —como ya se


mostró en el capítulo i— “poner un espejo delante de la gente para
hacerla cuerda y cuidadosa”, “hacer sabios los rostros ajenos, hacer-
los tomar y desarrollar una cara”, así como “humanizar el querer
de la gente”,1 tuvieron que irse encontrando en esta su misión de
pedagogos innumerables dificultades, debidas no sólo a las circuns-
tancias de tiempo y lugar, sino también al misterioso ser del hombre,
cuyas reacciones e inclinaciones parecen siempre imprevisibles. El
hecho de ser necesario enseñar al hombre “a tomar una cara” estaba
ya indicando que los mortales que vienen al mundo son algo así
como seres “sin rostro”, deficientes, casi diríamos anónimos.
Conocían por otra parte los tlamatinime que el hombre, en su
afán de adquirir por sí mismo “un rostro”, se lanza a la acción so-
bre la realidad evanescente de tlaltícpac. Y allí, “dando su corazón
a cada cosa, yendo sin rumbo (ahuicpa), lo va perdiendo”, porque
sobre la tierra es difícil ir en pos de algo verdaderamente valioso.2
Así, era un nuevo problema el encontrar un sentido para la acción
misma del hombre: “¿sobre la tierra se puede ir acaso en pos de
algo?”3 Y si esto es difícil aquí, sobre la tierra, acerca de las rela-
ciones del hombre con “lo que nos sobrepasa”, con el más allá, es
menos aun lo que en verdad puede decirse.
Hallándose de este modo los tlamatinime ante la precaria reali-
dad de los seres humanos que nacen faltos de un rostro, llenos de

1
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 118v; ap i, 8.
2
 Ms. Cantares mexicanos, f. 2v; ap i, 1.
3
 Loc. cit.

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228 FILOSOFÍA NÁHUATL

anhelos no satisfechos, sin una meta clara en tlaltícpac y con un


enigma respecto del más allá: topan, mictlan, fue apareciendo ante
ellos el problema del hombre en toda su amplitud. Por fin, un día
—sin que sepamos la fecha, ni el nombre del tlamatini que hizo el
descubrimiento completo— surgió la pregunta de alcance universal:
“¿son acaso verdad los hombres?”4
En este momento el pensamiento náhuatl, gracias a la reflexión
sobre sí mismo, entró de lleno en el campo de lo que hoy llamamos
antropología filosófica y comenzó a elaborar toda una serie de doc-
trinas que constituyen su respuesta a los varios aspectos implicados
en el gran problema acerca de la verdad de los seres humanos. Y
conviene recordar, con el fin de hacer plenamente comprensible el
planteo náhuatl del problema del hombre, que la palabra verdad
(neltiliztli) posee entre los nahuas el sentido de apoyo o fundamento
existencial. Por tanto, la pregunta citada equivaldría así a la siguien-
te: ¿tienen acaso algún cimiento los hombres, o son ellos también
un mero ensueño?
Varios son los caminos recorridos por los tlamatinime para po-
der responder. Con el fin de seguir sus especulaciones acerca del
hombre con la mayor claridad posible, vamos a distribuirlas en dos
capítulos íntimamente relacionados. Primero: lo que pensaron sobre
el hombre considerado como una realidad existente —un objeto— que
se supone tiene un origen, una cierta constitución y facultades, así
como un problemático destino más allá de la muerte. Segundo: su
doctrina acerca del hombre visto ahora como sujeto actuante en el
mundo, inventor de una forma de vida (sus principios educativos,
éticos jurídicos y estéticos), para concluir nuestro estudio hurgan-
do en lo que fue su ideal supremo, personal y social; el móvil de su
pensamiento y acción, cuando la divinidad se mete en su corazón
(yoltéotl) y hace de él un artista: “un corazón endiosador de las
cosas”, tlayolteuviani, como dice literalmente un texto.5 Siguiendo
este esquema y dejando hablar como siempre a los textos nahuas
por sí mismos, vamos a estudiar la respuesta de los tlamatinime a
la pregunta sobre la posible verdad de los hombres.

4
 Ibid., f. 10v; ap i, 7.
5
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 117v.

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EL ORIGEN DEL HOMBRE

Al igual que en otros aspectos de la cultura intelectual de los nahuas,


nos encontramos también ahora, respecto de la explicación del
origen del hombre, con un doble plano, mítico-religioso por una
parte y filosófico por otra. En el campo de los mitos mencionaremos
brevemente dos de los más conocidos que hablan acerca de “la
creación de los primeros hombres”.
Hallamos una de las más antiguas versiones en la Historia de los
mexicanos, que concuerda en lo general con lo que gráficamente
ilustra el Códice Vaticano a 3738. Nos refiere la mencionada Histo­
ria que los cuatro primeros dioses, hijos de Ometecuhtli, Omecíhuatl,
habiendo hecho ya el fuego y el sol:

Luego hicieron a un hombre y a una mujer: el hombre dijeron Uxu­


muco y a ella Cipastonal (Cipactónal), y mandáronles que labrasen la
tierra y que ella hilase y tejese y que dellos nacerían los macehuales
(la gente) y que no holgasen sino que siempre trabajasen...6

Representando a esta primera pareja, hay en el citado Códice


Vaticano a una curiosa ilustración, comentada así por el padre Ríos
en su italiano hispanizante, que aquí traducimos:

El cual (Ometecuhtli), según la opinión de muchos viejos generó con


su palabra a Cipatenal (Cipactónal) y a una Señora que se llama Xu­
meco (Oxomoco), que son los dos que existieron antes del diluvio, los
cuales engendraron, como adelante diremos.7

 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 299-230.


6

 Códice Vaticano a 3738, f. 1v. Atribuye el padre Ríos el nombre de Oxomoco a


7

la primera mujer y el de Cipactónal al primer hombre, en contra del parecer de la


Historia de los mexicanos, de Mendieta, etcétera. Por lo que se refiere a Sahagún y
sus informantes indígenas, hay asimismo variantes, que evidencian tal vez la an-
tigüedad del mito.

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230 FILOSOFÍA NÁHUATL

Mas junto al mito de Oxomoco, Cipactónal, que de variadas ma-


neras relaciona el origen del hombre con los cuatro primeros dioses
o más directamente con Ometecuhtli (Señor de la dualidad), halla-
mos otra narración por completo distinta, conservada entre otros
por Mendieta, que la atribuye a “los de Tezcuco”:

Dicen que estando el sol a la hora de las nueve, echó una flecha en el
dicho término (Acolman: que está en término de Tezcuco dos leguas
y de México cinco) e hizo un hoyo, del cual salió un hombre, que fue
el primero, no teniendo más cuerpo que de los sobacos arriba, y que
después salió de allí la mujer entera; y preguntados cómo había en-
gendrado aquel hombre, pues él no tenía cuerpo entero, dijeron un
desatino y suciedad que no es para aquí…8

Lo que Mendieta llama “desatino”, rehusándose a transcribirlo,


veladamente lo dejan ver otros textos, como el que publicó Garibay
en su Épica náhuatl, que dice lo siguiente:

Un día muy de mañana lanzó el Sol una flecha desde el cielo. Fue a
dar en la casa de los espejos y del hueco que abrió en la roca, nacieron
un hombre y una mujer. Ambos eran incompletos, sólo del tórax ha-
cia arriba, e iban y venían por los campos saltando cual los gorriones.
Pero unidos en un beso estrecho engendraron a un hijo que fue raíz
de los hombres.9

Tales son los más antiguos mitos nahuas acerca de la aparición


del hombre. En ellos se apunta legendariamente a su origen como
resultado de la acción divina. Mas, si continuamos la búsqueda de
otros textos en los que comienza ya a destacarse el proceso de ra-
cionalización del mito que conduce al pensar filosófico, nos encon-
tramos con el valioso documento náhuatl de 1558. Hay en él una
narración de hondo contenido simbólico en la que se atribuye a
Quetzalcóatl la nueva creación de los hombres. Comentando este
texto, relaciona Seler el tema de la creación del hombre con la le-
yenda de los soles, según la cual fue destruida la humanidad cuatro
veces consecutivas. Porque, si los mitos a los que hemos aludido

8
 Fray Gerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, v. i, p. 87-88.
9
 Ángel María Garibay K., Épica náhuatl, p. 7-8.

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ORIGEN DEL HOMBRE 231

explican el origen del hombre en la primera edad del mundo, res-


pecto de los otros periodos cósmicos, particularmente del actual,
subsiste la cuestión principal:

Era —dice Seler— un apremiante problema para los antiguos filóso-


fos explicar el origen y el modo como aparecieron los hombres del
periodo cósmico actual, los progenitores de los hombres que viven
hoy día...10

Pues bien, en la narración del viaje de Quetzalcóatl al Mictlan,


contenida en el Manuscrito de 1558, aparece la primera respuesta
al problema. Comienza aquí la racionalización del mito que con-
duce en este caso al filosofar estricto acerca del hombre, como se
verá en otro texto, en el que se presenta la misma idea, expresada
ya filosóficamente.
Por el camino de la poesía: flor y canto, se narra el viaje de Quetzal­
cóatl al Mictlan en busca de los huesos preciosos para crear de nuevo
a los hombres. Después que los dioses reunidos en Teotihuacan
crearon el sol, refiere el texto, cuya traducción damos, que se pre-
guntaron y consultaron quién había de habitar la tierra:

  1 Y luego fue Quetzalcóatl al Mictlan: se acercó a Mictlantecuhtli y


a Mictlancíhuatl y en seguida les dijo:
  2 vengo en busca de los huesos preciosos que tú guardas, vengo a
tomarlos.
  3 Y le dijo Mictlantecuhtli: ¿qué harás con ellos Quetzalcóatl?
  4 Y una vez más dijo (Quetzalcóatl): los dioses se preocupan porque
alguien viva en la tierra.
  5 Y respondió Mictlantecuhtli: está bien, haz sonar mi caracol y da
vueltas cuatro veces alrededor de mi círculo precioso.

  6 Pero su caracol no tiene agujeros; llama entonces (Quetzalcóatl) a


los gusanos; éstos le hicieron los agujeros y luego entran allí los
abejones y las abejas y lo hacen sonar.
  7 Al oírlo Mictlantecuhtli dice de nuevo: está bien, tómalos.
  8 Pero, dice Mictlantecuhtli a sus servidores: ¡gente del Mictlan! Dio-
ses, decid a Quetzalcóatl que los tiene que dejar.

10
 Eduard Seler, “Entstehung der Welt und der Menschen, Geburt von Sonne
und Mond”, en Gesammelte Abhandlungen, v. iv, p. 53.

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232 FILOSOFÍA NÁHUATL

 9 Quetzalcóatl repuso: pues no, de una vez me apodero de ellos.


10 Y dijo a su nahual: ve a decirles que vendré a dejarlos.
11 Y éste dijo a voces: vendré a dejarlos.

12 Pero, luego subió, cogió los huesos preciosos: estaban juntos de


un lado los huesos de hombre y juntos de otro lado los de mujer
y los tomó e hizo con ellos un hato Quetzalcóatl.
13 Y una vez más Mictlantecuhtli dijo a sus servidores: dioses, ¿de
veras se lleva Quetzalcóatl los huesos preciosos? Dioses, id a hacer
un hoyo.
14 Luego fueron a hacerlo y Quetzalcóatl se cayó en el hoyo, se tro-
pezó y lo espantaron las codornices. Cayó muerto y se esparcieron
allí los huesos preciosos que mordieron y royeron las codornices.
15 Resucita después Quetzalcóatl, se aflige y dice a su nahual: ¿qué
haré nahual mío?
16 Y éste le respondió: puesto que la cosa salió mal, que resulte como
sea.
17 Los recoge, los junta, hace un lío con ellos, que luego llevó a Ta­
moanchan.

18 Y tan pronto llegó, la que se llama Quilaztli, que es Cihuacóatl, los


molió y los puso después en un barreño precioso.
19 Quetzalcóatl sobre él se sangró su miembro. Y luego hicieron me-
recimiento los dioses que se han nombrado: Apantecuhtli, Huictlo­
linqui, Tepanquizqui, Tlallamánac, Tzontémoc y el sexto de ellos,
Quetzalcóatl.
20 Y dijeron: han nacido, oh dioses, los macehuales (los merecidos
por la penitencia).
21 Porque, por nosotros hicieron penitencia (los dioses).11

Comentario del texto:

Línea 1. Y luego fue Quetzalcóatl al Mictlan: se acercó a Mictlantecuhtli


y a Mictlancíhuatl y en seguida les dijo.
Señalando sólo los momentos culminantes del mito, comenza-
mos por notar la presencia de uno de los varios aspectos de la dua-
lidad: Quetzalcóatl —símbolo náhuatl de la sabiduría— principia su
diálogo con la doble faz de Ometéotl que mora en “los infiernos”:

11
 Ms. de 1558 (Leyenda de los soles), en la edición de W. Lehmann: Die Ge­
schichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico, p. 330-338; ap i, 40.

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ORIGEN DEL HOMBRE 233

Mictlantecuhtli, Mictlancíhuatl (Señor y Señora de la región de los


muertos).

Línea 4. Y una vez más dijo (Quetzalcóatl): los dioses se preocupan


porque alguien viva en la tierra.
Aparece aquí expresada la razón última del viaje de Quetzalcóatl
al Mictlan. Si viene en busca de los huesos preciosos (chalchiuhómitl),
se debe a que “los dioses se preocupan”, o se afligen (nentlamati),
porque alguien viva en la tierra (tlaltícpac). Algo así como si fuera
misteriosamente necesaria a la divinidad la existencia del hombre.
De esta idea fundamental del hombre, concebido como un “ser ne-
cesario a los dioses”, se derivaron dos corrientes distintas de pensa-
miento. Por un lado, la concepción místico-guerrera de los aztecas
que afirman la necesidad de sangre que tiene el sol para seguir alum-
brando, y, por otro, una doctrina más abstracta y estrictamente filo-
sófica que señala el oculto motivo por el cual crea Dios seres distintos
a él, tema que estudiaremos detenidamente un poco más adelante
al tratar de la relación del hombre frente a la divinidad.

Líneas 5-6. Y respondió Mictlantecuhtli: está bien, haz sonar mi caracol


y da vueltas cuatro veces alrededor de mi círculo precioso. Pero su ca­
racol no tiene agujeros; llama entonces Quetzalcóatl a los gusanos; éstos
le hicieron agujeros y luego entran allí los abejones y las abejas y lo
hacen sonar.
Las condiciones puestas a Quetzalcóatl por Mictlantecuhtli son
un reflejo de la velada dialéctica que se despliega en el seno de la
divinidad ante la idea de la creación de los hombres: pudiera decir-
se que hay en el principio supremo una lucha de fuerzas en pro y en
contra de la aparición de nuevos hombres. Varias son las pruebas
que tiene que superar Quetzalcóatl. Primero hace resonar un caracol
sin agujeros, después se burla de la gente del Mictlan y por fin cae,
es espantado por las codornices y transitoriamente muere.

Línea 15. Resucita después Quetzalcóatl, se aflige y dice a su nahual:


¿qué haré nahual mío?
El motivo dual surge una vez más en la concepción del nahual,
que aparece aquí a modo de un doble de Quetzalcóatl, que primero

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234 FILOSOFÍA NÁHUATL

le sirvió para responder a Mictlantecuhtli (línea 10) y ahora actúa


como consultor a quien pide consejo.

Línea 17. Los recoge, los junta, hace un lío con ellos, que luego llevó a
Tamoanchan.
Obscura es sin duda la etimología de Tamoanchan, pero, como
dice Seler, es ciertamente otro nombre para designar el lugar del
origen de cuanto existe:

en este lugar está concentrado el principio de la vida y por razón de


estos dioses es llamado Omeyocan, lugar de la dualidad. De allí, según
creían los mexicanos, eran enviados los niños al mundo. Por este mo-
tivo se llamaba también a este cielo supremo Tamoanchan, lugar de
donde se procede…12

Por tanto, el sentido del mito es expresar veladamente la idea


de que los huesos recogidos por Quetzalcóatl sólo en el lugar de la
dualidad y de nuestro origen podrían ser vivificados.

Línea 18. Y tan pronto llegó, la que se llama Quilaztli, que es Cihua­
cóatl, los molió y los puso después en un barreño precioso.
Quilaztli, que como el texto lo indica es la misma que Cihuacóatl,
se presenta aquí como comparte de Quetzalcóatl. Conviene notar,
como una comprobación más de lo que llamamos omeyotización
(dualificación universal), que la pareja Quetzalcóatl, Cihuacóatl,
inventando al hombre en Tamoanchan, no es sino un nuevo ropaje
con que se viste Ometecuhtli, Omecíhuatl, a quien, como se ha visto,
corresponde el título de inventor de hombres (Teyocayani).
Y por otra parte, como un indicio más de que Quetzalcóatl, Ci­
huacóatl actúan como principio dual de la vida y del poder que rige
a los hombres, nos encontramos un reflejo de esto en la organiza-
ción política de los aztecas. Su Tlacatecuhtli o rey es el representante
de Quetzalcóatl, en tanto que su lugarteniente o “coadjutor”, como lo
nombran los cronistas, recibe el título de Cihuacóatl, que, como
vimos en el texto analizado, es comparte de Quetzalcóatl. No es,

12
 Eduard Seler, “Das Weltbild der alten Mexikaner”, en op. cit., v. iv, p. 26.

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ORIGEN DEL HOMBRE 235

pues, mera suposición el identificar aquí a Quetzalcóatl, Cihuacóatl


con la fuente del poder que rige y con la sabiduría inventora de
hombres del principio supremo Ometéotl.13

Línea 19. Quetzalcóatl sobre él se sangró su miembro. Y luego hicieron


merecimiento los dioses que se han nombrado: Apantecuhtli, Huictlolin­
qui, Tepanquizqui, Tlallamánac, Tzontémoc y el sexto de ellos, Quetzal­
cóatl.
La sangre de Quetzalcóatl y la penitencia de los dioses (mochin­
tin tlamacehua in teteo) hacen entrar de nuevo la vida en los huesos
preciosos traídos del Mictlan. Son por consiguiente los hombres
fruto de la penitencia de los dioses. Con su sacrificio “los merecieron”.
Por esto los hombres fueron llamados macehuales, palabra que sig-
nifica “los merecidos por la penitencia”.
Tales son las ideas principales encerradas en el mito del viaje de
Quetzalcóatl al Mictlan en busca de huesos para la nueva creación.
En resumen, puede decirse que hemos encontrado poéticamente
indicado el origen del hombre relacionado con el principio supremo
Ometéotl en Tamoanchan, donde la acción de Cihuacóatl dispone la
materia que luego fecunda con su sangre Quetzalcóatl. Más abstrac-
tamente expresada aparece esta misma doctrina en varios textos del
Códice florentino, en los que la identificación de la figura mítica de
Quetzalcóatl con la sabiduría de Ometéotl es manifiesta. Así, encon-
tramos esto en un discurso clásico de enhorabuena a la preñada,
en el cual, proponiendo una serie de preguntas, se señala a quién
hay que atribuir la invención de los hombres:

1 ¿Es verdad acaso?


2 ¿Lo mereció por ventura el Señor, nuestro príncipe, Quetzalcóatl,
el que inventa hombres, el que hace hombres?
3 ¿Acaso lo determinó el Señor y la Señora de la dualidad?
4 ¿Acaso fue trasmitida la palabra?14

13
 Véase a este respecto la interesante nota de Miguel Acosta Saignes, en su
edición de la Historia general de las cosas de Nueva España de Sahagún, México,
1949, t. i, p. 468 n., donde habla de las funciones y modo de elección del Cihua­
cóatl.
14
 Códice florentino, lib. vi, f. 120r; ap i, 39.

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236 FILOSOFÍA NÁHUATL

Comentario del texto:

Línea 1. ¿Es verdad acaso?


Desde un principio aparece claramente la que llamaríamos
“cautela intelectual” de los nahuas. Antes que lanzarse a afirmar
algo que trasciende lo que “sobre la tierra” se palpa y se ve, se for-
mula la duda, que da a las frases que siguen la fuerza inherente a
un pensamiento en el que directa y conscientemente se ha descu-
bierto un problema.

Línea 2. ¿Lo mereció por ventura el Señor, nuestro príncipe, Quetzal­


cóatl, el que inventa hombres, el que hace hombres?
En una serie de nuevas preguntas, relacionadas todas íntima-
mente con lo más elevado que conocemos de su pensamiento teo-
lógico-metafísico, se señala, valiéndose del método de “flor y canto”,
la respuesta. Para comprenderla conviene recordar un antiguo texto
ya citado en el capítulo anterior en el que se afirma del dios de la dua-
lidad que es “el inventor de hombres”.15Aquí expresamente se dice
otro tanto de Quetzalcóatl. Esto y lo que ya vimos en el mito del
viaje de Quetzalcóatl al Mictlan acaban de confirmar lo que se ha
dicho: siendo Ometéotl generación-concepción universal, es “nuestra
madre, nuestro padre”, nuestro origen. Pero, para representarlo en
esta su función más elevada de inventar y hacer hombres, ideó la
mente náhuatl, en su afán metafísico, cubrir el rostro de Ometéotl
con el viejo símbolo tolteca del saber: Quetzalcóatl. Tal es, según
parece, la explicación descubierta intuitivamente por los tlamatinime.

Línea 3. ¿Acaso lo determinó el Señor y la Señora de la dualidad?


La concepción del nuevo ser humano, inventado por el saber de
Ometéotl, se pregunta el sabio náhuatl, ¿no se debió también a la
determinación del mismo Señor y Señora de la dualidad? Y nótese
que, al decir que el principio dual determinó o afirmó (oquito) al
hombre, se está repitiendo una vez más la misma doctrina que nos
encontramos al estudiar la idea náhuatl de la divinidad: Ometéotl

15
 Se trata del texto de la Historia tolteca-chichimeca (edición de Mengin), p. 33,
en el que se lee: “Obra el dios de la dualidad, el inventor de hombres...”

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ORIGEN DEL HOMBRE 237

es el origen de todo, porque generando-concibiendo determina las


cosas —aquí, los hombres— a existir.
Así es como —según concluye el texto citado— debió ser “tras-
mitida la palabra”. O sea, que la tradición oral, enseñada de
memoria con la ayuda de los códices en los Calmécac, conservando
una profunda coherencia, “trasmitió la palabra” que relaciona la
generación-concepción cósmica de Ometéotl con el origen del hombre.
Éste es —como más concisamente aún lo repite otro texto— el pen-
samiento náhuatl acerca de la procedencia del género humano:

Llegó el hombre
y lo envió acá nuestra madre, nuestro padre,
el Señor y la Señora de la dualidad.16

16
 Códice florentino, lib. iv, f. 148r; ap i, 36.

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DOCTRINA NÁHUATL ACERCA DE LA PERSONA

Conocido ya el pensamiento de los tlamatinime sobre el origen de


los seres humanos, toca analizar ahora sus ideas acerca de la natu-
raleza y existir del hombre sobre la tierra (in tlaltícpac). Varios son
los problemas que en este punto se planteó la mente náhuatl. En
primer término está el ya aludido de la verdad misma del hombre.
Luego el de su concepción de la persona humana, el de su querer o
albedrío y por fin el no menos apremiante del destino del hombre,
así como de su eventual supervivencia más allá de la muerte. En
esta sección comenzaremos por tratar de los dos primeros temas
íntimamente relacionados entre sí: la doctrina náhuatl acerca de la
personalidad y la verdad del hombre.
Se ha mencionado varias veces a lo largo de este trabajo la pregun-
ta formulada explícitamente por los tlamatinime acerca de la verdad
de los hombres. En principio, podemos decir que, al haberse relacio-
nado el origen del hombre con Ometéotl, se encontró ya la primera
raíz fundamentadora de la verdad de los seres humanos. Mas, si se
enfoca ahora el problema, no ya desde el punto de vista del origen,
sino desde el de la existencia temporal del hombre sobre la tierra, en-
tonces su verdad toma una connotación que se refiere a la constitución
o “esencia” misma del ser humano. Cabe, por consiguiente, poner al
descubierto su íntima relación con lo que en el pensamiento náhuatl
vino a ser el constitutivo verdadero del hombre: su peculiar concep-
ción de lo que llamamos persona.
Innumerables son los textos nahuas donde en una forma o en
otra se menciona expresamente el difrasismo náhuatl que encierra
la idea que estudiaremos. De preferencia analizaremos algunos lu-
gares de los llamados huehuehtlahtolli, o pláticas de viejos, en los
que, como se ha dicho, se conservan importantes ideas acerca del
hombre y su vida moral.

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DOCTRINA ACERCA DE LA PERSONA 239

En el huehuehtlahtolli a, publicado por Garibay, nos encontra-


mos con un discurso clásico de parabién a unos recién casados, en
el que, no obstante algunas manifiestas interpolaciones de tipo
cristiano, hechas tal vez por el padre Carochi, se conserva funda-
mentalmente el pensamiento náhuatl original. Después de hacer
mención expresa del rito náhuatl del matrimonio, consistente en
atar la tilma o capa del hombre con el huipilli o camisa de la mujer,
tal como se ilustra en el Códice mendocino, y en medio de una larga
serie de recomendaciones, aparece varias veces el siguiente difrasis-
mo, dirigido aquí a los recién casados y empleado como término
personal para referirse a aquellos con quienes se habla:

Daré pena a vuestros rostros, a vuestros corazones...17

Hago reverencia a vuestros rostros, a vuestros corazones...18

Hallándonos aquí ante un difrasismo del tipo de “flor y canto”,


es necesario que descubramos cuál es su sentido más hondo. El solo
hecho de que, como hemos visto, haya servido para señalar a aque-
llos con quienes se habla, muestra claramente que se trata de un
modo de designar los “yos” de los interlocutores. Recordando aho-
ra dos textos citados en el capítulo primero, tal vez lograremos
precisar este punto. Se nos dice en el primero de ellos que el filóso-
fo náhuatl es “quien enseña a la gente a adquirir y desarrollar un
rostro” (te-ix-cuitiani, te-ix-tomani).19 Por tanto, el sentido de la
palabra rostro (ix-tli), aplicado al yo de la gente, obviamente no
debe entenderse aquí anatómica, sino metafóricamente, como lo
más característico, lo que saca del anonimato a un ser humano.
Rostro es, pues, para los tlamatinime la manifestación de un yo que
se ha ido adquiriendo y desarrollando por la educación. Y como nue-
va comprobación de esto encontramos que cuando se describe al
engañador o sofista se dice que es “quien pierde a los rostros ajenos”

17
 “Huehuetlatolli, documento a”, publicado por Ángel María Garibay K., en
Tlalocan, México, v. i, n. 1, 1943, p. 38; ap i, 41.
18
 Ibid., p. 39; ap i, 41.
19
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 118v.

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240 FILOSOFÍA NÁHUATL

(te-ix-poloa), así como “quien los hace desviarse” (te-ix-cuepani).20


Puede, por consiguiente, concluirse que rostro connota aquí lo que
caracteriza la naturaleza más íntima del yo peculiar de cada hombre.
Un segundo texto nos aclarará ahora el sentido de yóllotl: cora-
zón, que forma también parte del difrasismo que estudiamos:

Por esto das tu corazón a cada cosa,


sin rumbo lo llevas:
vas destruyendo tu corazón.
Sobre la tierra, ¿puedes ir en pos de algo?21

El “dar su corazón a alguna cosa” equivale en el texto a “ir en


pos de algo”. El corazón (yollotl) —voz derivada de yoli, “él vive”—
significa literalmente “vitalidad”, es decir aquello que confiere di-
namismo al yo. El yollotl entre otras funciones posee la de anhelar
algo. Aquí aparece buscando la poesía y el saber. La misma idea la
expresa este otro canto:

Ladrón de cantares, corazón mío,


¿dónde los hallarás?
Eres menesteroso,
como de una pintura, toma bien lo negro y rojo (el saber).
Y así tal vez dejes de ser un indigente.22

Pintando este poema al corazón del sabio como “un meneste-


roso” y “ladrón de cantares”, deja ver simultáneamente que el sen-
tido de corazón es señalar el dinamismo del yo, que, tratando de
llenar su propio vacío, busca, anhela y roba los cantos. Puede, pues,
concluirse sobre la evidencia de los textos aducidos que in ixtli, in
yóllotl (cara, corazón) es un clásico difrasismo náhuatl forjado para
connotar lo que es exclusivo del hombre: un yo bien definido, con
rasgos peculiares (ixtli: rostro) y con un dinamismo (yóllotl: cora-
zón) que lo hace ir en pos de las cosas, en busca de algo que lo col-
me, a veces sin rumbo (a-huicpa) y a veces hasta dar con “lo único
verdadero, en la tierra”, la poesía, flor y canto.

20
 Loc. cit.
21
 Ms. Cantares mexicanos, f. 2v; ap i, 1.
22
 Ibid., f. 68r; ap i, 42.

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DOCTRINA ACERCA DE LA PERSONA 241

Y así como hay rostros bien definidos y corazones que laten con
fuerza, hay así también caras borrosas y corazones que se han per-
dido a sí mismos. Por esto, tu cara, tu corazón, en el pensamiento
náhuatl define a la gente. Es el equivalente de lo que, según nuestro
modo occidental de pensar, llamamos personalidad. Sólo que, con-
viene repetirlo, valiéndose del difrasismo los tlamatinime que acu-
ñaron esta idea, aunando metafóricamente dos aspectos fundamen-
tales del yo: su fisonomía interior y su fuente de energía, hicieron
saltar la chispa de la comprensión, que lleva a vislumbrar lo que es
la persona.
Y hay que añadir, para juzgar en todo su valor la concepción
náhuatl de la persona, que ésta se nos presenta en estrecha armonía
con lo que se ha ido descubriendo acerca del carácter intuitivo del
pensamiento de los tlamatinime. No es una definición a base de
género y diferencia específica. Es una mirada viviente que, a través
del rostro, apunta a la fisonomía interna del hombre y que en el pal-
pitar del corazón descubre simbólicamente el manantial del dina-
mismo y el querer humanos. Y como una consecuencia de esto,
encontramos que la idea náhuatl del hombre, en vez de ser cerrada
y estrecha, deja abierto el camino a la educación concebida como
formación del rostro de los seres humanos y como humanización
de su querer. Y tan llegó a ser esto una idea hondamente arraigada
en el educador náhuatl, que se le vino a llamar te-ix-tlamachtiani,
“el-que-enseña-a-los-rostros-de-la-gente”:

El que hace sabios los rostros ajenos,


hace a los otros tomar una cara,
los hace desarrollarla...
Pone un espejo delante de los otros, los hace
cuerdos, cuidadosos,
hace que en ellos aparezca una cara...
Gracias a él la gente humaniza su querer
y recibe una estricta enseñanza…23

23
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 118v; ap i, 8. Un comentario detallado de este texto podrá hallarse en el
capítulo i de este trabajo.

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242 FILOSOFÍA NÁHUATL

En este sentido, enseñar a “tomar rostro” y “humanizar el que-


rer” de sus educandos parecen haber sido la meta buscada por los
maestros en los Calmécac. Y es que sólo formando un auténtico
rostro y corazón en cada hombre podría éste escaparse del sueño de
tlaltícpac, para llegar a dar con su propia verdad. Únicamente así
encontraría al fin la senda que lleva a “lo verdadero en la tierra”, a
la respuesta con flores y cantos que ofrece un velado sentido al mis-
terio de vivir y sufrir en tlaltícpac (sobre la tierra).

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EL PROBLEMA DEL ALBEDRÍO HUMANO

Al lado de las consecuencias más bien optimistas de la concepción


náhuatl de la persona: rostro y corazón, nos hallamos ahora con uno
de los más serios problemas que pueden presentarse al hombre de
todos los tiempos: el de su libertad o destino fatal. Aquí, como ya se
ha hecho en otros lugares de nuestro estudio, cabe distinguir un
doble plano mágico-religioso por una parte y filosófico por otra.
Desde el punto de vista de la religión, nos encontramos con la
antigua concepción náhuatl del destino humano predecible en fun-
ción del tonalámatl o libro adivinatorio. Numerosas son las investi-
gaciones llevadas a cabo sobre el tonalpohualli o cuenta de los días:
calendario adivinatorio de 20 grupos de trece días (20 trecenas), 260
días en total. De hecho se conservan varios códices como el Borbó­
nico, el Borgia, el Vaticano a y el Telleriano-remensis, que constituyen
precisamente o incluyen al menos un tonalámatl. Es igualmente
valiosa a este respecto la documentación en náhuatl de los informan-
tes de Sahagún, sobre la que éste escribió el libro iv de su Historia
acerca de la “astrología judiciaria, o arte de adivinar” de los indios.24
Resumiendo admirablemente el meollo de la concepción mágico-
religiosa implícita en el tonalpohualli, dice Soustelle:

Cuando el hombre nace o “desciende” (temo) por decisión de la duali-


dad suprema, se encuentra automáticamente insertado en este orden,

24
 La única edición del texto náhuatl correspondiente, según el Códice de
Madrid, paleografiado y con traducción adjunta al alemán, la debemos a Leonard
Schultze Jena, que lo publicó en la ya citada colección de Fuentes para la Historia
Antigua de América, de la Biblioteca Latinoamericana de Berlín, con el título de
Wahrsagerei, Himmelskunde und Kalender der alten Azteken, Stuttgart, 1950. El ma-
terial indispensable para un estudio a fondo del tonalpohualli se halla en las pági-
nas 84-232. Posteriormente (1957) Dibble y Anderson han publicado el mismo
texto náhuatl según el Códice de Florencia con versión al inglés: Florentine Codex,
Books iv and v, Santa Fe, Nuevo México, 1957.

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244 FILOSOFÍA NÁHUATL

aprisionado por esta máquina omnipotente. El signo del día de su naci-


miento lo dominará hasta su muerte; determinará incluso ésta y por
consiguiente su destino ulterior, según que haya sido escogido para mo-
rir sacrificado —se unirá entonces al cortejo resplandeciente del Sol— o
ahogado, en el cual caso conocerá las delicias sin término del Tlalocan,
o en fin, destinado a la aniquilación en el más allá tenebroso del Mic­tlan.
Toda su suerte se halla sometida a una predestinación rigurosa.25

Para poder precisar todo esto se valían los sacerdotes y adivinos


de sus tonalámatl, en los que leían los varios caracteres fastos o ne-
fastos del día en que un niño nacía, o en el que debía ejecutarse
alguna acción de importancia. Por vía de ejemplo —ya que sobre la
base de los textos nahuas podría escribirse todo un libro— mencio-
naremos algunos de los casos comentados por Schultze Jena en un
apéndice a su obra. Podrán vislumbrarse varios de los complicados
factores que debían tomarse en cuenta para hacer lo que pudiéramos
llamar el “diagnóstico calendárico” de una fecha determinada.
Era necesario atender antes que nada al carácter propio del año
en cuestión. Éste dependía fundamentalmente de lo que hemos lla-
mado en el capítulo ii su “orientación espacial”. O sea que, en cada
cuenta de 52 años (un siglo náhuatl) había cuatro grupos de trece
años orientados hacia cada uno de los cuatro rumbos del universo.
Así, los años guiados por 1 ácatl (1 caña) participan todos de la
fertilidad y la vida del oriente; aquellos que empezaban con 1 técpatl
(1 pedernal) llevaban consigo la idea de aridez y muerte del rumbo
del norte; los que con 1 calli (1 casa) miraban al poniente se te-
ñían del carácter de ocaso y decadencia propio del rumbo donde
está la casa del sol; y por fin la trecena de años que siguen a 1 tochtli
(1 conejo), espacializados hacia el sur, eran tenidos por indiferentes.
Pero junto con esto, era menester tomar en cuenta el carácter
propio de los varios números de cada trecena, tanto de años como de
días. Así, por varias razones que nos desviarían de nuestro propósito
si pretendiéramos analizarlas aquí, puede afirmarse en principio que
eran fastos los 3, 7, 10, 11, 12 y 13 y nefastos los 4, 5, 6, 8 y 9. Por
lo que a los números 1 y 2 se refiere, diremos que 1, como acompa-
ñante del signo del tonalámatl que introduce a una trecena, era tenido

25
 Jacques Soustelle, La vie quotidienne des aztèques…, p. 140.

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PROBLEMA DEL ALBEDRÍO HUMANO 245

por indiferente. El 2 en relación con el signo tochtli (conejo) era te-


nido por nefasto; en otros casos podía llegar a ser propicio.
Pero, junto con la influencia propia de los años y los números,
había que atender asimismo al carácter inherente a cada uno de los
20 signos del tonalámatl. Así, refiriéndonos sólo a unos cuantos de
ellos diremos, por ejemplo, que el signo águila (quauhtli) connota
un aspecto guerrero; el del buitre (cozcaquauhtli) implica ventura y
esperanza de longevidad. El signo conejo (tochtli) se relaciona con
la inclinación a la embriaguez, el de la lluvia es benéfico y así pu-
diera continuarse con los otros signos del tonalámatl.
Para poder pronunciar sus presagios, los tonalpouhque o sacer-
dotes adivinos debían combinar e interpretar la resultante de todos
los varios factores que podrían influir en un día determinado. O
sea, tenían que tomar en cuenta el carácter espacial del año, cons-
tituido por su propia orientación y número; el carácter de la trecena
indicado asimismo por su número y signo introductor; y finalmente
el del propio día, determinado también por la combinación particu-
lar de número y signo, así como su consagración a alguna divinidad
en especial. Y como podía suceder que en un día determinado, en
un año favorable por su número y signo, concurrieran no obstante
factores nefastos, tocaba al adivino contrapesar los varios influjos
para dar al fin su “diagnóstico calendárico”.
Y es de especial interés decir que cuando tocaba a alguien des­
cender a este mundo (nacer) en un día francamente nefasto, enton-
ces, para mitigar este destino o aun cambiarlo, los tonalpouhque
debían señalar para la ceremonia del “bautismo e imposición de
nombre” una fecha lo suficientemente propicia como para contra-
rrestar los augurios funestos del nacimiento. Así, dice Sahagún en
su Historia que:

Después de haberse dado a luz la criatura luego procuraban saber el


signo en que había nacido para saber la ventura que había de tener; a
este propósito iban luego a buscar y a hablar al adivino que se llama
Tonalpouhqui…
Después que el adivino era informado de la hora en que nació la
criatura, miraba luego en sus libros el signo en que nació y todas las
casas del signo o carácter que son trece, y... por ventura les decía: No
nació en buen signo el niño, en signo desastrado; pero hay alguna

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246 FILOSOFÍA NÁHUATL

Los veinte signos del tonalámatl (Códice Vaticano)

razonable casa que os dé la cuenta de este signo, la cual templa y abo-


na la maldad de su principal, y luego les señalaba el día en que se
había de bautizar..., o les decía: mirad, que está su signo indiferente,
medio bueno y medio malo, luego buscaba un día que fuese favorable,
y no le bautizaban al cuarto día; hecho todo esto se hacía el bautismo,

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PROBLEMA DEL ALBEDRÍO HUMANO 247

en algún día que fuese favorable, o en uno de los doce que se cuentan
con el primer carácter…26

En esta forma contrapesando los influjos de días opuestos —fas-


to y nefasto— es como creían los tonalpouhque poder librar al hom-
bre, en la mayoría de los casos, de un destino fatal. Y es que, aun
cuando indudablemente el tonalpohualli, o cuenta de los días, im-
plicaba un cierto determinismo, éste no era tan absoluto como para
condenar indefectiblemente al hombre a una forma de comporta-
miento necesario. Los textos nahuas recogidos por Sahagún nos
dicen expresamente lo contrario. O sea que dejan abierto el campo
—supuesta, es claro, la influencia de los días del nacimiento y bau-
tismo— a una cierta intervención libre del querer humano. Véase,
si no, el siguiente texto referente al comportamiento de quien había
nacido en un día 7 flor:

Hacía merecimientos, se amonestaba a sí mismo: le iba bien...


Estaba fuera de sí, nada llevaba a cabo, de nada se hacía digno:
sólo su humillación y destrucción merecía.27

Y es importante recalcar que, según este texto, la explicación


del “irle a uno bien” o de “merecer sólo humillación y destrucción”
está precisamente en “amonestarse a sí mismo” (mo-notza). Schult-
ze Jena en el vocabulario adjunto a su versión paleográfica, en la
que se halla el texto que comentamos, traduce así la palabra mo-
notza: “se llama a sí mismo”; “entra dentro de sí”; “se sobrepone a

26
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 626-627. A propósito del bau-
tismo o “bateo”, como le llama Sahagún, practicado por los pueblos nahuas, hay
que notar que desde un principio admiró mucho a los frailes el encontrarlo, por
la manifiesta semejanza que encierra respecto del rito cristiano. Soustelle describe
así sucintamente las ceremonias del bautismo náhuatl: “Los ritos del bautismo
eran ejecutados no por el adivino, ni por un sacerdote, sino por la comadrona. La
ceremonia comprendía dos partes: el lavatorio ritual del niño y la imposición del
nombre... Con sus dedos mojados depositaba algunas gotas sobre la boca del niño…
luego, sobre su pecho…, levantaba por fin a la criatura, pronunciado la fórmula
destinada a ahuyentar los males… Después de los cuatro ritos del agua, cuatro
veces presentaba el niño al cielo invocando al Sol y a las divinidades astrales…
Terminados estos ritos se hacía la elección del nombre del niño que luego era dado
a conocer…” (Jacques Soustelle, La vie quotidienne des aztèques…, p. 195-197.)
27
 Textos de los informantes de Sahagún. Véase la versión paleográfica de Schultze
Jena en Wahrsagerei, Himmelskunde und Kalender der alten Azteken, p. 104, ap i, 43.

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248 FILOSOFÍA NÁHUATL

sí mismo”; “llega el dominio de sí mismo…”28 De lo que parece


seguirse que atribuían los nahuas la posibilidad de modificar su
propio destino a un cierto control personal, resultado de llamarse
a sí mismo en el interior de la conciencia.
Y no es éste un texto aislado. Pudiéramos aducir aquí otros en
los que se subraya también expresamente la importancia del querer
humano, que puede llegar incluso a desaprovechar un destino pro-
picio. Así, por ejemplo, dicen los informantes:

Y algunos obraban con pereza aunque era bueno el signo en que habían
nacido: éstos vivían miserables.29

Aceptaba, por tanto, el mismo pensamiento mágico-religioso de


los nahuas la modificación del destino del día en que se nace, ate-
nuándolo o neutralizándolo con la elección de una fecha favorable
para el bautismo. Y, por otra parte, tomando ya la resultante del sino
(tonalli) de cada hombre, se reconocía que con su querer y su amo-
nestarse a sí mismo (mo-notza) podría lograr que le fuera bien en
la vida, del mismo modo que podía perderse, aun a pesar de haber
nacido en un día propicio.
Esta idea —formulada sobre la base de los textos— debe hacernos
analizar con mayor cuidado el más o menos generalizado juicio so-
bre un “fatalismo náhuatl”. Es cierto que los nahuas creían en un
particular influjo inherente a los varios signos y fechas del tonalpo­
hualli. Mas es igualmente verdad que, a excepción de algunos pocos
casos mencionados en los textos, de ordinario se admite que por el
control de sí mismo (mo-notza) se puede superar un destino fatal,
así como por negligencia es posible arruinarse. Una tal concepción
dista ciertamente de lo que suele entenderse por fatalismo absoluto.
Habiendo constatado esto en el plano mágico-religioso, es con-
veniente pasar ahora al estudio de las ideas más elevadas de los
tlamatinime, preocupados directamente, en su calidad de maestros,
del problema del albedrío humano. Repetiremos para esto, una vez

28
 Ibid., p. 303. Damos aquí los términos alemanes empleados por Schultze
Jena para traducir la palabra mo-notza: er ruft, nennt sich; geht in sich, wird ge­
nnant; überlegt es sich, kommt zur Selbstüberlegung.
29
 Ibid., p. 94; ap i, 44.

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PROBLEMA DEL ALBEDRÍO HUMANO 249

más, que entre sus varias misiones se menciona expresamente la de


“humanizar el querer de la gente”.30 Esto solo nos habla ya de que
juzgaban los tlamatinime que era posible influir por la educación en
el querer o albedrío del hombre. De otra manera resultaría absurdo
pretender humanizarlo. Se admite, por tanto, que la educación que
lleva, como hemos visto, a la formación de un rostro y un corazón,
se dirige asimismo a dar un sentido humano al querer, liberándolo
de cualquier ciego fatalismo. Y para esto, en completo acuerdo con
lo que hemos ya encontrado, se señala la forma de lograrlo: ense-
ñando a la gente a amonestarse o controlarse a sí misma. He aquí
lo que transcribimos ya al ocuparnos de la figura del sabio:

Maestro de la verdad, no deja de amonestar…


les abre los oídos, los ilumina…
gracias a él la gente humaniza su querer
y recibe una estricta enseñanza…31

Tal es la afirmación implícita de un libre albedrío modificable


por la educación. Ignoramos cuáles hayan sido las razones últimas
que pudieron engendrar en los tlamatinime una semejante confianza
en el poder de la educación, creadora de rostros y humanizadora de
voluntades. Quizá, más que argumentos abstractos, fueron los re-
sultados mismos de su sistema educativo la mejor prueba de carácter
intuitivo. O sea, el hecho innegable de la formación de hombres de
rasgos morales bien definidos, de los que la historia nos ha conser-
vado algunos nombres: Nezahualcóyotl, Tlahuicole, Motecuhzoma
Ilhuicamina y Cuauhtémoc, para no citar otros más.
Pero, al lado de ésta, que llamaremos con justicia doctrina huma-
nista del albedrío, llegaron los tlamatinime simultáneamente a descu-
brir uno de los más hondos problemas para quien admite la existen-
cia de un principio supremo, origen y fundamento universal. Se trata
de la versión filosófica náhuatl del viejo tema de las relaciones del
hombre que se juzga libre, con la divinidad que todo lo gobierna, ya
que “tiene cabe sí el ser de todas las cosas” (Tloque Nahuaque).

30
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 118v; ap i, 8.
31
 Loc. cit.

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250 FILOSOFÍA NÁHUATL

Y conviene recalcar que no se trata más del problema mágico-


religioso de superar el destino determinado por el tonalpohualli o
cuenta de los días. Es la cuestión filosófica, tal vez insoluble, de lo
que puede ser la llamada acción libre del hombre a los ojos de Dios.
En un texto náhuatl recogido por Sahagún e incorporado a lo que
recibió el nombre de Códice florentino, hallamos expresado magis-
tralmente el pensamiento náhuatl a este respecto:

1 Nuestro Señor, el dueño del cerca y del junto,


2 piensa lo que quiere, determina, se divierte.
3 Como él quisiere, así querrá.
4 En el centro de la palma de su mano nos tiene colocados, nos está
moviendo a su antojo.
5 Nos estamos moviendo, como canicas estamos dando vueltas, sin
rumbo nos remece.
6 Le somos objeto de diversión: de nosotros se ríe.32

Comentario del texto:

Línea 1. Nuestro Señor, el dueño del cerca y del junto.


Desvaneciendo cualquier duda sobre quién es el sujeto al que se
refiere el texto, comienza por mencionarse a la divinidad con uno
de sus nombres nahuas más característicos y que mejor expresan
su dominio universal sobre el ser de las cosas: Nuestro Señor (To­
tecuyo), el dueño del cerca y del junto (in Tloque in Nahuaque).

Línea 2. piensa lo que quiere, determina, se divierte.


De manera lapidaria, empleando siempre una forma verbal re-
flexiva, se mencionan los que podríamos llamar aspectos funda-
mentales de la acción divina. El primero se refiere a los planes de
Dios como inventor de cuanto existe (moyocoia). En seguida se men-
ciona con un matizado compuesto náhuatl la plena independencia
de su querer, mo-nenequi: que literalmente significa “hace por sí o para
sí lo que se le antoja”. Finalmente, la tercera idea expresada se re-
fiere a lo que pudiera describirse como un atisbo acerca del móvil de
la acción de Dios, mo-quequeloa: “hace diversión para sí”. O sea, que

32
 Códice florentino, lib. vi, f. 43v; ap i, 45.

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PROBLEMA DEL ALBEDRÍO HUMANO 251

en lo más elevado del pensamiento náhuatl se concebía que la razón


última por la cual la generación-concepción de Ometéotl se difundía
fuera de sí misma, dando lugar a una creación, era el deseo de Dios
de “divertirse” o complacerse con el espectáculo de los seres transi-
torios pobladores de tlaltícpac (la superficie de la tierra). Esta idea,
como ya se indicó antes, difiere por completo de la concepción mís-
tico-guerrera de los jerarcas aztecas, según la cual el fin de la creación
del hombre es encontrar cooperadores que mantengan con sangre la
vida del sol.
Y tal vez el pensamiento de los tlamatinime que no deja de ser
nunca poesía, flor y canto, esté más cerca de la verdad de lo que pu-
diera suponerse. Porque, si es cierto que parece imposible que el
hombre, desde tlaltícpac, logre vislumbrar el secreto motivo de la “crea-
ción”, es también justo añadir que atribuirla a un deseo divino de
tener un espectáculo, en el que seres distintos actúen en un mundo
de ensueño, si no es acaso la explicación suprema, es al menos una
hermosa flor y canto con que se apunta hacia uno de los muchos
misterios de topan, mictlan (lo que nos sobrepasa, el más allá).

Línea 3. Como él quisiere, así querrá.


Nueva afirmación, la más tajante, de la independencia absoluta
del Señor del cerca y del junto. A la luz de esta idea y de lo que se
ha señalado en la línea 2, podrá comprenderse mejor el cuadro que
aparece en las líneas siguientes.

Líneas 4-5. En el centro de la palma de su mano nos tiene colocados,


nos está moviendo a su antojo. Nos estamos moviendo, como canicas
estamos dando vueltas, sin rumbo nos remece.
Tal es —admitido el dominio universal de Ometéotl— la situación
del hombre sobre la tierra, magistralmente pintada por los tlama­
tinime. Es éste un cuadro tan plástico y de una fuerza expresiva tan
grande, que podría llegar a ser inspiración de un mural auténtica-
mente mexicanista. Ometéotl tiene a los hombres en el centro mis-
mo de su mano (imácpal iyoloco) y allí, sosteniendo y dominando
a los pobres macehuales (los hombres), introduce la acción en el
mundo: “nos está moviendo a su antojo”. Y nosotros, sin reposo
posible, hemos nacido, vivimos, sufrimos, buscamos un rostro y con

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252 FILOSOFÍA NÁHUATL

un corazón inquieto anhelamos poseer lo verdadero en la tierra, lo


que acabaría con la inquietud y nos daría cimiento perfecto en no-
sotros mismos. Por esto “nos estamos moviendo (timimiloa), como
canicas o bolas de piedra damos vueltas” (ti-te-tololoa). Y lo más
trágico de nuestro existir está en que, no obstante que nos pensamos
libres, ignoramos cuál es nuestro destino final. Por eso —concluyen
los tlamatinime— decimos que “sin rumbo (ahuic) él nos remece”.

Línea 6. Le somos objeto de diversión: de nosotros se ríe.


He aquí la conclusión de lo que se ha dicho acerca de la condición
del hombre frente a la divinidad. Se tiene conciencia, gracias a la
visión lograda con flores y cantos, de que, en una forma o en otra,
Ometéotl nos observa. Tal vez por esto no pocas de las divinidades del
panteón náhuatl —que como hemos visto son las varias máscaras con
que se encubre el rostro dual de Ometéotl— son representadas con un
tlachialoni o “miradero”, a través del cual observan al mundo.
Y la razón por la que Ometéotl contempla a los hombres es por-
que parece que “le somos objeto de diversión”. Y termina el texto
con una frase de hondo sentido, que apunta a la relativa importan-
cia del hombre ante Dios: “él de nosotros se ríe”.

Es éste el cuadro en que se describen filosóficamente las relaciones del


hombre y su albedrío con la divinidad “en cuya mano estamos”. Como
este texto, hay otros que pudieran aducirse en una monografía desti-
nada exclusivamente a estudiar este tema en el pensamiento náhuatl.
Aquí, creemos suficiente lo que se ha dicho para mostrar cómo, a
pesar del aparente fatalismo del tonalpohualli, tuvieron conciencia los
tlamatinime de la importancia del albedrío de la gente que puede y
debe humanizarse. Y cómo, no obstante esto último, planteándose al
fin el problema en un plano más elevado, apuntaron metafó­ricamente
a la menesterosa condición del hombre, que sintiéndose libre y tal vez
siéndolo hasta cierto grado, existiendo en la mano de Ometéotl, se
mueve sin cesar como una canica que va sin rumbo de aquí para allá.
Y de nuevo, ante la hondura del pensamiento analizado, nos atre-
vemos a repetir la pregunta hecha ya anteriormente: quienes llegaron
a una especulación semejante, los tlamatinime, ¿no merecen con ple-
no derecho el calificativo de filósofos con que los designó Sahagún?

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA EN EL MÁS ALLÁ

Estudiadas ya las principales ideas de los tlamatinime sobre el origen,


personalidad y albedrío del hombre, vamos a ocuparnos ahora de
su pensamiento acerca de la supervivencia después de la muerte. En
este punto, como en los anteriores, presentaremos sólo algunos de
los textos nahuas más importantes, teniendo que dejar para ulteriores
estudios monográficos una gran parte de la documentación existente.
Sin embargo, el material náhuatl que vamos a ofrecer reflejará al
menos los rasgos más sobresalientes de las dudas y meditaciones de
los tlamatinime acerca del tema de la muerte y la inmortalidad.
Y conviene recordar, para apreciar mejor las especulaciones na-
huas a este respecto, lo que se ha dicho ya acerca del restringido
valor e importancia que se debe dar a la vida humana en tlaltícpac
(sobre la tierra). Se repite en numerosos poemas que:

sólo venimos a soñar, sólo venimos a dormir:


no es verdad, no es verdad
que venimos a vivir en la tierra.33

Y siendo la realidad de esta vida como un sueño, hay que caer


en la cuenta de que “ni es aquí donde se hacen las cosas”,34 ni
tampoco es en la tierra donde está lo verdadero. Por esto, a modo de
un consejo, fruto de la sabiduría de quien ha meditado sobre la tran-
sitoriedad del hombre en la tierra, hallamos un poema en el que
surge, como una reacción, la orientación del pensamiento náhuatl
hacia el tema del más allá:

Por prestadas tengamos las cosas, oh amigos,


sólo de paso aquí en la tierra:

33
 Ms. Cantares mexicanos, f. 17r; ap i, 6.
34
 Ibid., f. 4v; ap i, 3.

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254 FILOSOFÍA NÁHUATL

mañana o pasado,
como lo desee tu corazón, Dador de la vida,
iremos, amigos, a su casa…35

Tal era la honda persuasión náhuatl de un existir humano de


paso en tlaltícpac. Frente a esto, no parecerá ya extraño que surja el
tema de la muerte como una especie de despertar del ensueño pre-
sente para penetrar al fin en el mundo de “lo que nos sobrepasa, en
la región de los muertos”.
Mas, como ante el misterio de “lo que está por encima de noso-
tros” no es fácil dar una respuesta que todos acepten, por eso, aquí,
más que en otros campos, encontraremos una notable variedad de
opiniones y doctrinas. Primero las varias creencias religiosas sobre
los “sitios” a donde van los que mueren. Luego, las dudas y especu-
laciones filosóficas que, prescindiendo de la doctrina religiosa, se
plantean problemas e inquieren por cuenta propia.
Respecto de las creencias religiosas acerca de los lugares a don-
de marchan los muertos, bastante se ha escrito desde los cronistas
hasta la fecha. Para un estudio más pormenorizado, nos referimos
especialmente a los tres primeros capítulos del apéndice al libro
tercero de la Historia de Sahagún. A continuación, daremos sólo un
breve resumen de esta doctrina religiosa, para ocuparnos luego de
las especulaciones propiamente filosóficas de los tlamatinime. Esto
nos mostrará los varios caminos ideados por la mente náhuatl para
dar así con un destino verdadero, más allá del ensueño de tlaltícpac.
La primera de las moradas de los muertos que menciona Sahagún
es el Mictlan (lugar de los muertos), que existía en nueve planos
extendidos bajo tierra, así como también hacia el rumbo del norte.36
Este lugar era conocido igualmente por otros nombres que dejan
entrever sus varios aspectos.37 Allí iban todos los que morían de
35
 Ibid., f. 62r; ap i, 46.
36
 No hay que sepamos ningún estudio completo acerca del Mictlan, sobre los
datos proporcionados por los textos nahuas, cronistas y códices. Una investigación
a fondo de todas esas fuentes establecerá puntos que a primera vista parecen oscuros,
como el que aquí se menciona acerca de la localización de la región de los muertos.
37
 Garibay, en su Historia de la literatura náhuatl (t. i, p. 195-196), explica varios
de estos nombres con los que era también designada la región de los muertos. Da-
mos aquí solamente su enumeración y traducción: Tocenchan, tocenpopolihuiyan:
“nuestra casa común, nuestra común región de perderse”; Atlecalocan: “sin salida

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 255

Los infiernos nahuas (Códice Vaticano a 3738, f. 2)

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256 FILOSOFÍA NÁHUATL

muerte natural sin distinción de personas. Como debían superar


una larga serie de pruebas, se les daba en compañía un perrillo que
era incinerado junto con el cadáver. Pasados cuatro años, suponían
los nahuas que las pruebas habían concluido y con ellas la vida
errante de los difuntos.   

Así —dice Sahagún— en este lugar del infierno que se llama Chicona­
mictlan (noveno lugar de los muertos) se acababan y fenecían los
difuntos.38

Y fue precisamente esta idea, de la final desaparición de los muer-


tos en el Mictlan al cabo de cuatro años, una de las principales ra-
zones que movieron a Chavero a sostener su interpretación mate-
rialista del pensamiento náhuatl.39 Sólo que si hubiera atendido
Chavero a los datos en forma integral, podría haber caído en la
cuenta de que el solo hecho de afirmarse la supervivencia, aun cuan-
do fuese por un tiempo menor de cuatro años, implicaba una fe en
la existencia de algo más que el mero cuerpo material. Lo cual se
comprueba asimismo recordando que uno de los nombres con que
también se designaba al Mictlan expresa precisamente esta idea: Xi­
moayan, que significa “lugar donde están los descarnados”, o sea,
donde existen los hombres libres ya de su cuerpo. Así, creemos que
puede decirse que la concepción del Mictlan no sólo no milita en
favor de la interpretación materialista de Chavero, sino que propor-
ciona argumentos en sentido contrario. Por otra parte, en el punto
en que nos hallamos de nuestro estudio tenemos elementos más que
suficientes para valorizar por cuenta propia la fantasía materialista
de Chavero.

ni calle”; Huilohuayan: “sitio a donde todos van”; Quenamican: “donde están los así
llamados”; Ximoan (o Ximoayan): “donde están los despojados (los descarnados)”.
Véase igualmente el erudito comentario de Eduard Seler al Tláloc ícuic (canto
de Tláloc), tercero de los incluidos en náhuatl en la Historia de Sahagún (al final del
libro ii), en “Die religiösen Gesänge der alten Mexikaner”, Gesammelte Abhand­
lungen, t. ii, p. 928-993. En dicho comentario analiza Seler lingüísticamente varias
de las designaciones del Mictlan: Quenamica (el lugar de algún modo: der Ort des
wie), Ximovaya, etcétera.
38
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 316.
39
 Véase Alfredo Chavero, Historia antigua y de la Conquista (v. i de México a
través de los siglos), p. 106.

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 257

El segundo lugar al que iban algunos de los muertos era el Tlalo­


can (lugar de Tláloc), descrito por Sahagún como “el paraíso terrenal”:

jamás faltan allí las mazorcas de maíz verdes, calabazas, ramitas de


bledos, axí verde, tomates, frijoles verdes en vaina y flores, y allí viven
unos dioses que se llaman Tlaloques, los cuales parecen a los ministros
de los ídolos que traen los cabellos largos…40

Y respecto de quiénes eran los que iban al Tlalocan, el mismo


Sahagún y otros cronistas, así como numerosos textos nahuas, nos
certifican que tocaba este feliz destino a los elegidos de Tláloc, que
los sacaba de tlaltícpac con una muerte que claramente indicaba su
intervención personal: los que morían ahogados, o fulminados por
el rayo, los hidrópicos y gotosos. A estos escogidos por el dios de la
lluvia no se les incineraba, sino que sus cuerpos recibían sepultura.
En relación con el destino de quienes iban al Tlalocan, encon-
tramos en el ya citado Tláloc ícuic una estrofa que, como lo nota
Seler, parece implicar un “ulterior desarrollo del alma del que mu-
rió por intervención de Tláloc”.41Algo así como una velada doctrina
acerca de otra posible existencia en la tierra, para quienes han ido
al Tlalocan. El texto al que aquí nos referimos hablará por sí mismo:

En cuatro años, en el más allá hay resurgimiento,


ya no se fija la gente, ya perdió la cuenta,
en el lugar de los descarnados, en la casa de plumas de Quetzal,
hay transformación de lo que pertenece al que resucita a las gentes.42

40
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 317-318. Respecto de la anti-
güedad de la creencia en el Tlalocan, conviene recordar que, como lo muestra el
fresco de Tepantitla, en Teotihuacan, puede ésta remontarse hasta los tiempos de
la cultura teotihuacana. Acertadamente dice Caso: “debieron concebir la vida fu-
tura los constructores de las grandes pirámides como lugar de descanso y abun-
dancia, un lugar de eterna juventud y eterna primavera”. Alfonso Caso, “El
Paraíso Terrenal en Teotihuacán”, Cuadernos Americanos, año i, v. vi, noviembre-
diciembre de 1942, p. 133.
41
 Eduard Seler, op. cit., t. ii, p. 993. El doctor Garibay coincide en esta misma
interpretación de la que llama una “doctrina de la reencarnación” entre los nahuas
al comentar el “Himno de Tláloc” en su libro Veinte himnos sacros de los nahuas,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, Semi-
nario de Cultura Náhuatl, 1958, p. 61-62.
42
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 276; ap i, 47.

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258 FILOSOFÍA NÁHUATL

Sin embargo, es necesario decir que esta oscura alusión a una


especie de “metempsicosis náhuatl” es sólo una de las formas me-
nos frecuentes de responder al misterio del más allá. Frente a esta
doctrina poco estudiada, encontramos innumerables textos en los
que expresamente se sostiene el carácter de experiencia única propio
de la vida en tlaltícpac:

¿Acaso por segunda vez hemos de vivir?


Tu corazón lo sabe:
¡una sola vez hemos venido a vivir!43

Tal era, nótese una vez más, la notable variedad de opiniones


que acerca del problema de la supervivencia después de la muerte
floreció en el mundo náhuatl.
El tercer lugar “adonde se iban las almas de los difuntos —dice
Sahagún— es el cielo, donde vive el Sol”.44 Y en seguida explica quié-
nes eran los que recibían este destino, reputado como un premio
por la fe religiosa náhuatl:

Los que iban al cielo son los que mataban en las guerras, y los cautivos
que habían muerto en poder de sus enemigos (sacrificados)…45

Y equiparándolas a los guerreros que aprisionan un hombre en


el combate, asignaban igual destino a las mujeres que morían de
parto con un prisionero en su vientre:

Lo que acerca de esto dijeran los antiguos de las mujeres…, que del
primer parto fallecían que se llamaban mocihuaquetzque, que también
se cuentan con los que mueren en la guerra; todas ellas van a la casa
del Sol y residen en la parte occidental del cielo…46

Por esto el occidente, además de ser “la casa del Sol”, era tam-
bién para los nahuas Cihuatlampa, “hacia el rumbo de las mujeres”.
La región de la tarde, desde donde salían al encuentro del sol las

43
 Ms. Cantares mexicanos, f. 12r; ap i, 48.
44
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 318.
45
 Loc. cit.
46
 Ibid., p. 596.

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 259

que habían muerto de parto, las llamadas también “mujeres divi-


nas” (cihuateteo). Los guerreros, en cambio, acompañaban al sol
desde su salida hasta el cenit. Iban a su lado triunfantes, entonando
cantares de guerra. Tan sólo

después de cuatro años... se tornaban en diversos géneros de aves de


pluma rica y de color y andaban chupando todas las flores así en el
cielo, como en este mundo…47

Finalmente, después de habernos referido a los que van a la casa


del sol y a Tlalocan, que eran para los nahuas los dos lugares de deleite
y de triunfo más allá de esta vida, toca tratar brevemente de un
último sitio no mencionado en el citado libro iii de la Historia de
Sahagún, pero sí representado entre otros en el Códice Vaticano a
3738, o sea, el llamado Chichihuacuauhco, voz compuesta de Chi­
chihua (nodriza), cuáhuitl (árbol) y la desinencia de lugar -co que
da al compuesto el significado de “en el árbol nodriza”.48 Según el
comentario del padre Ríos, que acompaña a la ilustración del códice,
iban a este lugar los niños que morían sin haber alcanzado el uso
de la razón. Allí eran alimentados por ese árbol, de cuyas ramas
goteaba leche. Semejante destino, asignado a los niños, debió evocar
en los frailes la imagen cristiana del limbo.
Mas, si atendemos a un texto del Códice florentino, veremos que,
de acuerdo con una antigua tradición religiosa, se localizaba tam-
bién al Chichihuacuauhco en la casa de Tonacatecuhtli (Señor de
nuestra carne), o sea uno de los rostros del principio supremo:

Se dice que los niñitos que mueren, como jades, turquesas, joyeles, no
van a la espantosa y fría región de los muertos (al Mictlan). Van allá
a la casa de Tonacatecuhtli; viven a la vera del “árbol de nuestra carne”.
Chupan las flores de nuestro sustento: viven junto al árbol de nuestra
carne, junto a él están chupando.49

Ahora bien, como la casa de Tonacatecuhtli es Tamoanchan, “el


lugar de nuestro origen”, parece, según esto, que se apunta aquí

47
 Ibid., p. 319.
48
 Códice Vaticano a 3738, f. 3v.
49
 Códice florentino, lib. vi, f. 96r; ap i, 49.

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260 FILOSOFÍA NÁHUATL

también la idea señalada anteriormente de una especie de retorno


de dichos niños, que se alimentaban en el Chichihuacuauhco, mien-
tras descendían de nuevo a tlaltícpac. Sin embargo, conviene repetir
que estos brotes ideológicos acerca de una posible re-encarnación
no lograron prevalecer en el pensamiento religioso náhuatl que,
orientado hacia “lo visible y palpable”, persistió aferrado a la idea
de que esta vida es una experiencia única ya que “no he de sembrar
otra vez mi carne en mi madre y en mi padre”.50
Tales eran las ideas que constituían el núcleo de la fe religiosa
de los nahuas en lo que se refiere a una vida más allá de la muerte.
Y conviene notar que en su pensamiento religioso el destino final
está determinado, no precisamente por la conducta moral desarro-
llada en la vida, sino por el género de muerte con el que se aban-
dona este mundo. Así, los que mueren de rayo, ahogados, o de
hidropesía, van al Tlalocan; los sacrificados, las que mueren de parto,
los que perecen en el combate se convierten en compañeros del
sol; los que mueren siendo niños van al Chichihuacuauhco y, por fin,
los que acaban sus días de otro modo cualquiera llegan al Mictlan,
que parece ser el menos codiciado de los destinos.
Esto que quizá suscite extrañeza ante nuestro modo usual de pen-
sar, que influenciado por el cristianismo liga conducta moral y desti-
no después de la muerte, debió ser en la mentalidad religiosa náhuatl
el origen de una concepción ética por completo distinta, en la que la
idea de un castigo en el más allá carecía por completo de influjo. Pue-
de afirmarse en este sentido que la religión náhuatl no implicaba una
doctrina de salvación, sino, más bien, la exigencia de una forma de
vida que, de acuerdo con sus cánones éticos, tendría por resultado
garantizar el beneplácito de los dioses con su consecuencia inmedia-
ta: la felicidad que puede lograrse sobre la tierra. Porque, acerca del
destino después de la muerte, tocaba decidir a los dioses.
Pues bien, frente a esta concepción religiosa, cuyo sentido hu-
mano no nos toca discutir aquí, sabemos que comenzaron a surgir
dudas e inquietudes en el ánimo de los tlamatinime. Porque, si en
algún punto de la cosmovisión náhuatl es evidente la separación
entre el hombre creyente y el pensamiento que duda e inquiere, es

50
 Ms. Cantares mexicanos, f. 13v.

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 261

aquí, a propósito del tema de la supervivencia. Léase si no, el si-


guiente texto, como ejemplo de otros varios semejantes. Comienza
por una afirmación resuelta de la muerte como algo inevitable:

Muy cierto es: de verdad nos vamos, de verdad nos vamos;


dejamos las flores y los cantos y la tierra.
¡Es verdad que nos vamos, es verdad que nos vamos!51

Y en seguida, ante el hecho desnudo de la muerte que no puede


suprimirse, surge la duda, que prescinde por completo de toda fe
religiosa:

¿A dónde vamos, ay, a dónde vamos?


¿Estamos allá muertos, o vivimos aún?
¿Otra vez viene allí el existir?
¿Otra vez el gozar del Dador de la vida?52

En angustioso contraste aparecen, por una parte, la afirmación


de la muerte por la que tendremos que dejar “las flores, los cantos
y la tierra”, y por otra la incertidumbre acerca del destino final.
Porque —en un plano estrictamente racional—, dicen los tlamatini­
me, ni sabemos a dónde vamos, ni si estamos allá muertos o vivimos
aún, y, en caso de que esto último fuera verdad, ignoramos todavía
si en ese más allá hay sufrimiento o goce del Dador de la vida.
Habiendo comprendido y sentido en esta forma la incógnita del
destino humano fuera de la realidad cambiante de tlaltícpac, no será
ya de extrañar que el tema de la muerte y el más allá aparezcan por
todas partes en los textos nahuas que nos conservan el pensamiento
de los tlamatinime. Y no es que los nahuas —como se ha dicho a ve-
ces— fueran un pueblo predominantemente pesimista. Ya hemos
visto su idea de la persona humana, rostro y corazón, considerada
como algo perfectible, en posesión de un albedrío que esforzada y
libremente puede llevar a la superación de sí mismo. Y todavía en-
contraremos una mayor comprobación de este aspecto dinámico de
afirmación y sentido creador del yo al estudiar sus ideales educativos,
éticos y estéticos. Lo que pasa es que, precisamente por ese gran

51
 Ms. Cantares mexicanos, f. 61v; ap i, 50.
52
 Loc. cit.

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262 FILOSOFÍA NÁHUATL

enamoramiento náhuatl de lo que se palpa y se mira en tlaltícpac, en


especial de sus flores y cantos, símbolo de “lo único verdadero”, surge
ante ellos el fantasma de una total destrucción, predicha en el plano
cosmológico como un trágico final del quinto sol y como la muerte
inescapable en el orden más inmediato de la propia persona.
Pues bien, movido por el afán de encontrar una respuesta que
mostrara el camino cierto para superar la destrucción, el pensa-
miento náhuatl, que en el plano religioso ideó resolver el problema
conservando con sangre la vida del sol, en el orden filosófico de la
persona buscó por la vía de las flores y el canto una solución de au-
téntico sentido humano.
Oigamos esta invitación de los tlamatinime a inquirir, formula-
da tal vez, como parecen indicarlo sus últimas líneas, en una reunión
de sabios y poetas tenida en Huexotzinco:

Meditad, recordad la región del misterio:


allá Su Casa es; en verdad todos nos vamos
adonde están los descarnados, todos nosotros los hombres,
nuestros corazones irán a conocer su rostro.53

Pero, luego, bruscamente se interrumpe la idea. Parece como


si hubiera surgido la desconfianza sobre eso mismo que acaba de
afirmarse. El tlamatini que habla interpela a quienes han seguido
su pensamiento:

¿Qué meditáis, qué recordáis, amigos míos?


¡Ya nada meditéis!
A nuestro lado brotan las bellas flores:
sólo así da placer a los hombres el Dador de vida.
Todos, si meditamos, si recordamos,
nos entristecemos aquí.
Todos, oh príncipes, todos con dolor y angustia
queden adoctrinados.54

La terrible convicción de que somos impotentes para develar


el misterio es la que habla ahora por boca del filósofo náhuatl.

53
 Ms. Cantares mexicanos, f. 14r; ap i, 51.
54
 Loc. cit.

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 263

Mirando las flores que “brotan a nuestro lado” y sintiendo honda-


mente, como en contraste siniestro, que no hay manera de atisbar
el más allá, a modo de conclusión dirigida a reconciliar al hombre
con su propia ignorancia, hay que confesar que “si meditamos, si
recordamos, nos entristecemos aquí…”
Mas, a pesar de esto, y como aguijoneado por una especie de com-
placencia frente al misterio, surge en la mente del sabio una última
invocación de la muerte, de la que tal vez se espera que nazca la flor
y canto que haga posible comprender:

Meditadlo, oh príncipes de Huexotzinco:


¡aunque fuera de jade, aunque fuera de oro,
también habrá de ir adonde están los descarnados,
también habrá de ir a la región del misterio:
todos pereceremos, no quedará ninguno!55

Esta insistencia en meditar sobre el tema de la muerte no fue


en manera alguna estéril. Uno de sus primeros frutos lo hallamos en
otro poema citado ya anteriormente, pero que acabará de compren-
derse en el actual contexto. Su importancia es grande porque cons-
tituye un certero planeamiento del problema. Valiéndose de ideas
filosóficas que nos son ya conocidas, así como de algunos conceptos
tomados del pensamiento religioso, se pregunta el sabio cuáles son
las posibilidades que se presentan al hombre desde el punto de vista
de su destino forzoso de “tener que irse”:

¿a dónde iré?,
¿a dónde iré?
El camino del dios de la dualidad.
¿Acaso es tu casa en el sitio
de los descarnados?,
¿en el interior del cielo?,
¿o solamente aquí en la tierra
es el sitio de los descarnados?56

Analizando brevemente el poema, se verá que su planteo de la


cuestión es perfecto: sabiendo que “hay que irse” se busca el camino

55
 Loc. cit.; ap i, 51.
56
 Ms. Cantares mexicanos, f. 35v; ap i, 31.

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264 FILOSOFÍA NÁHUATL

que pueda llevar a la vida, a Ometéotl. Y las posibilidades, desde


el punto de vista humano, del que no podremos escapar, son éstas:
1) el camino que siguen “los descarnados” (quienes mueren) está
sólo aquí en la tierra, o 2) está más allá del mundo. En ese caso
lleva: a) al Mictlan, lugar donde padecen los muertos, o b) “al inte-
rior del cielo”, sitio de dicha y placer.
Reduciendo esto a forma esquemática, podrá verse mejor el plan-
teo náhuatl del problema:

Posibles destinos del hombre después de la muerte


1) “Solamente aquí en la tierra
(donde son incinerados o
enterrados los muertos) es
el sitio de los descarnados”
a) En un lugar de sufrimiento
2) O su sitio está fuera de la (Ximoayan, Mictlan…)
superficie de la tierra
b) O en un lugar de felicidad: el
interior del cielo (Omeyocan...)

Tan acertado planteo, que según parece presenta fundamental-


mente y por vía de exclusión las posibilidades que se abren a quien
medita seriamente en el tema de la muerte, dio origen a las que hoy
llamaríamos varias “escuelas de pensamiento”. La doctrina de cada
una de ellas tendrá precisamente como núcleo la aceptación de
alguna de las tres posibilidades previstas.
Comenzando con la primera de las indicadas en el esquema:
“Solamente aquí en la tierra (donde son incinerados o enterrados
los hombres) es el sitio de los descarnados”, nos encontramos va-
rios poemas en los que, aceptándose esto resueltamente, se saca en
seguida la conclusión más lógica:

Por tanto, sólo acá en la tierra


es donde perduran las fragantes flores
y los cantos que son nuestra felicidad.
¡Gozad, pues, de ellos!57

57
 Ms. Cantares mexicanos, f. 61v; ap i, 52.

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 265

O aquellos otros poemas en los que más claramente aún se es-


boza la consecuencia de sesgo “epicúreo” sacada de la triste afirma-
ción de que no hay más vida que ésta, ya que con la muerte todo
termina:

Lloro, me siento desolado:


recuerdo que hemos de dejar las bellas flores y cantos.
¡Deleitémonos entonces, cantemos ahora!,
pues que totalmente nos vamos y nos perdemos.58

No se aflijan vuestros corazones, amigos míos;


como yo lo sé, también ellos lo saben,
una sola vez se va nuestra vida.
Así en paz y en placer pasemos la vida,
¡venid y gocemos!
Que no lo hagan los que viven airados,
la tierra es muy ancha.
¡Ojalá siempre se viviera,
ojalá nunca tuviera uno que morir!59

Al lado de esta primera “escuela”, coexistió entre los sabios na-


huas el pensamiento de quienes con mayor apego a las ideas reli-
giosas tradicionales aceptan la segunda posibilidad: nuestro destino
está en el Mictlan o Ximoayan (lugar de los descarnados), donde tal
vez sólo hay sufrimiento. Se trata, como lo muestran los textos, de
una posición no exenta de dudas, que no logra librarse de las viejas
creencias, pero que tampoco las acepta con firmeza.
Las dos líneas siguientes, que constituyen el pensamiento central
de un poema, encierran el núcleo de esta segunda posición frente
al problema de la muerte:

Tendré que dejar las bellas flores,


tendré que bajar al lugar donde están los que de algún modo viven.60

La forma misma como se designa al sitio a donde van los muer-


tos: Quenamican: “donde están los que de algún modo viven”, pone

58
 Ibid., f. 35r; ap i, 53.
59
 Ibid., f. 25v y 26r; ap i, 54.
60
 Ibid., f. 5v; ap i, 55.

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266 FILOSOFÍA NÁHUATL

de manifiesto la profunda incertidumbre que tiñe su pensamiento.


Y es que, desde el punto de vista de la verdad (lo bien fundado), cabe
preguntarse si:

¿Acaso allá somos verdaderos?


¿Vivimos donde sólo hay tristeza?
¿Acaso es verdad, acaso no es verdad como dicen?
No se aflijan nuestros corazones.
¿Cuántos de cierto dicen
qué es verdad o qué no es verdad allí?
Tú sólo te muestras inexorable, Dador de la vida.
No se aflijan nuestros corazones.61

Resonando así, una vez más, la duda y la falta completa de cer-


teza respecto de la llamada “región de misterio”, parece convertirse
esta “segunda escuela” que mira con temor el destino humano
después de la muerte en una particular especie de escepticismo que,
sin abandonar la búsqueda, no logra tampoco superar la incerti-
dumbre, como lo muestran las palabras que hemos citado: “¿cuán-
tos de cierto dicen qué es verdad o qué no es verdad allí?”
Finalmente, hubo también entre los tlamatinime una tercera
tendencia que, aceptando el carácter de experiencia única que im-
plica esta vida, así como el misterio que rodea al más allá, se enca-
minó no obstante por la vía de la afirmación con el lenguaje de las
flores y los cantos. No es que sus seguidores piensen haber llegado a
una demostración de la necesidad de su doctrina: hay vida en un
más allá donde existe la felicidad. En realidad se trata de lo que, to-
mando el concepto de Pascal, llamaremos “una verdad del corazón”.
Veamos la forma como la expresan los tlamatinime:

De verdad no es el lugar del bien aquí en la tierra;


de verdad hay que ir a otra parte:
allá está la felicidad.
¿O es que sólo en vano venimos a la tierra?
Ciertamente otro sitio es el de la vida.62

61
 Ibid., f. 62r; ap i, 56.
62
 Ibid., f. 1v; ap i, 57.

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EL PROBLEMA DE LA SUPERVIVENCIA 267

Partiendo del hecho innegable de que “no es el lugar del bien


(Qualcan) aquí en la tierra”, se saca luego la conclusión de que para
lograr la felicidad “hay que ir a otra parte”. A no ser que —como se
insinúa en el poema— se aceptara “que sólo en vano venimos a la
tierra”. Pero esta hipótesis, de una existencia absurda y sin meta,
que habría que admitir si no se acepta un más allá donde reina la
felicidad, es pronto desechada por el tlamatini. Su afirmación final
es resuelta: “ciertamente otro es el sitio de la vida”.
Resumiendo este género de pensamiento que sostiene la exis-
tencia de la felicidad en el más allá, damos un último poema en el
que se rechazan las posiciones contrarias y se formula una invoca-
ción a Ometéotl, que supera la exaltación mística de la que hemos
llamado “visión huitzilopóchtlica” de la religión de los aztecas. Por-
que aquí encontramos vivientes y aunados el hondo pensar filo-
sófico, la poesía y la inspiración mística:

Verdaderamente allá es el lugar donde se vive.

Me engaño si digo: tal vez todo


está terminado en esta tierra
y aquí acaban nuestras vidas.

No, antes bien, Dueño del universo,


que allá con los que habitan en tu casa
te entone yo cantos dentro del cielo.

¡Mi corazón se alza,


allá la vista fijo,
junto a ti y a tu lado, Dador de la vida!63

Así, con un supremo acto de confianza en el Dador de la vida,


de quien se espera que no envió a los hombres a la tierra para vivir
en vano y sufrir, se sostiene que rostro y corazón: la persona huma-
na, elevándose al fin, logrará escapar del mundo transitorio de tlal­
tícpac, para encontrar la felicidad buscada allá “en el lugar donde
de verdad se vive”.

63
 Ibid., f. 2r; ap i, 58.

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268 FILOSOFÍA NÁHUATL

Tal es, presentado en sus tres variantes fundamentales, el pen-


samiento de los tlamatinime acerca del problema de la supervivencia
humana. Con esto concluye nuestro análisis del primer aspecto de
las ideas filosóficas nahuas acerca del hombre, considerado en sí
mismo: su origen, personalidad, albedrío y destino final.
Nos toca ahora estudiar las normas nahuas de la acción humana.
O sea, la presentación de sus ideales, considerando al hombre en
cuanto sujeto creador de lo que hoy llamamos valores. Para esto,
espigando tan sólo entre los muchos textos aducibles, trataremos
de hacer ver cuál fue la meta buscada por ellos en su sistema edu-
cativo, el fundamento de su ética y derecho, su concepción de la
historia, el meollo de la cosmovisión místico-guerrera de los aztecas
y, por fin, el supremo ideal náhuatl del arte que tan hondamente
tiñó toda su vida cultural.

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Capítulo v
EL HOMBRE NÁHUATL COMO CREADOR
DE UNA FORMA DE VIDA

Sería erróneo sostener que los tlamatinime tuvieron conciencia re-


fleja de haber ido creando y consolidando a través de los siglos lo
que hoy llamamos un sistema educativo, una concepción de la his-
toria, una ética, un derecho y una organización económico-social
específica. Esto equivaldría atribuirles haber llegado a formar cien-
cias de la educación, del derecho y de la historia, lo que ocurrió tan
sólo en fechas relativamente recientes y gracias a la tendencia sis-
tematizadora y racionalizante del pensamiento occidental moderno.
Mas lo que sí puede afirmarse, porque hay base documental para
ello, es que, llevados de hecho los nahuas por su preocupación de
“forjar rostros ajenos” y de “humanizar el querer de la gente”, lle-
garon espontáneamente —al igual que otras de las grandes culturas
clásicas— a la creación directa y no diferenciada aún de lo que el
pensamiento occidental moderno designa hoy como un “sistema
educativo, ético, jurídico, social, etcétera”.
Esto que, tomado integralmente —tal como existía en el mundo
náhuatl—, constituye los puntales básicos sobre los que descansa
toda forma verdaderamente humana de vida, fue perfeccionándose
y, aun si se quiere, haciéndose cada vez más consciente en el pen-
samiento de los nahuas. Su estudio es de máxima importancia, ya
que nos muestra las ideas filosóficas nahuas en acción dirigidas a
la más noble empresa de formar “rostros y corazones” y, consiguien-
temente, una colectividad de seres humanos con rasgos y aspira-
ciones bien definidos.
Pero hay que confesar una vez más que un estudio completo de
la creación cultural de los nahuas en relación con el hombre y la
sociedad rebasa los límites de este trabajo, porque hay incontables

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270 FILOSOFÍA NÁHUATL

elementos que deberían examinarse sobre la base de las fuentes,


hasta constituir el objeto de varios estudios monográficos, algunos
de los cuales se han ya intentado con menor o mayor éxito.1 Por
esto, aquí nos fijaremos únicamente en esos aspectos fundamenta-
les, en los que aparece el filósofo náhuatl como creador de los mol-
des culturales que deberán trasmitirse y consolidarse en los nuevos
seres humanos, por medio de lo que llamamos educación, moral,
derecho, conciencia histórica y arte. Los principios fundamentales de
cada una de estas instituciones culturales nahuas habrán de mos-
trarnos si hubo o no entre los tlamatinime una auténtica actitud
creadora con resonancias sociales.

1
 Por vía de ejemplo, se citan sólo unos cuantos de los trabajos en los que se
estudia algún aspecto particular de las creaciones culturales de los nahuas en re-
lación con el hombre y la sociedad: Miguel Acosta Saignes, “Los pochteca”, Acta
Anthropologica, México, t. i, n. 1, 1945; Arturo Monzón, El calpulli en la organización
social de los tenochca, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Insti-
tuto de Historia, 1949; Gonzalo Aguirre Beltrán, Formas de gobierno indígena,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, Imprenta Universitaria, 1953;
Paul Kirchhoff, “Land Tenure in Ancient Mexico”, Revista Mexicana de Estudios
Antropológicos, México, t. xiv (1a. parte), 1954-1955, p. 351-361; Friedrich Katz,
“Die sozialökonomischen Verhältnisse bei den Azteken im 15, und 16, Jahrhun-
dert”, Ethnographisch-Archäologische Forschungen, Berlin, 3, teil 2, 1956. No men-
cionamos aquí trabajos sobre educación y derecho, ya que se citarán
oportunamente al tratar dichos temas.

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LA META DE LA EDUCACIÓN ENTRE LOS NAHUAS

Abundantes son ciertamente las fuentes de primera mano que nos


hablan acerca de la Tlacahuapahualiztli o “arte de criar y educar a
los hombres” en el mundo náhuatl prehispánico.2 Tanto es así que
pudiera escribirse un libro aparte, en el que con auténtico sen-
tido humanista podría reconstruirse —como lo hizo Jaeger res-
pecto de la Paideia griega— la rica y profunda concepción del
hombre implicada por la Tlacahuapahualiztli (arte de criar y educar
a los hombres).3
Mas, ahora, nuestro fin es sólo analizar algunos de los princi-
pales aspectos de este arte náhuatl de educar seres humanos para
descubrir así uno de los más elevados objetivos del hombre náhuatl,
considerado dinámicamente como sujeto creador.
Es cierto que, en todos los pueblos cultos, la educación es el
medio de comunicar a los nuevos seres humanos la experiencia y
la herencia intelectual de las generaciones anteriores, con el doble

2
 La voz misma Tlacahuapahualiztli, formada de tlaca: “hombres”, y hua­
pahualiztli, término abstracto que significa: “crianza o educación”, refleja ya la
conciencia que tenían los nahuas de poseer lo que hoy llamaríamos “un arte de
educar”. En el mismo “Huehuetlatolli, documento a” (Tlalocan, v. i, n. 2, p. 99),
donde encontramos el término Tlacahuapahualiztli, se halla también otro término
sumamente expresivo con el que se designa la idea de educación: Ixtlamachiliztli,
compuesto de la voz ya analizada en el capítulo i: tlamachiliztli, sabiduría en sen-
tido pasivo: “sabiduría sabida”, y del radical de ix(tli): rostro. De lo que resulta
que Ix-tlamachiliztli equivale a “sabiduría que se trasmite a los rostros ajenos”
(véase Tlalocan, v. i, n. 2, p. 97). Acerca del concepto de la Ixtlamachiliztli, véase:
“El concepto náhuatl de la educación”, en Siete ensayos sobre cultura náhuatl, de
Miguel León-Portilla, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facul-
tad de Filosofía y Letras, 1958, p. 57-81.
3
 El doctor Francisco Larroyo ha logrado una acertada reconstrucción de los
métodos e ideales de las principales formas de educación prehispánica. Es de es-
pecial interés, desde el punto de vista de nuestro tema, el bien documentado
capítulo que consagra a la educación entre los aztecas en su Historia comparada de
la educación en México, 3a. ed., México, Editorial Porrúa, 1952, p. 56-67.

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272 FILOSOFÍA NÁHUATL

fin de capacitarlos y formarlos en el plano personal e incorporarlos


eficazmente a la vida de la comunidad. Pues bien, así como en la
Paideia de los griegos se acentuaba probablemente más el carácter
personalista, así entre los nahuas, especialmente en el imperio az-
teca, se atendía de preferencia al segundo aspecto de la educación:
el de la incorporación de los nuevos seres humanos a la vida y ob-
jetivos supremos de la comunidad. Esta idea, que pone de relieve el
carácter comunitario de la Tlacahuapahualiztli, no debe, sin embar-
go, hacernos pensar en una absorción de la personalidad: rostro y
corazón, por parte del grupo. Porque, en contra de esto, encontra-
remos el testimonio de los textos que vamos a estudiar y que expre-
samente hablan de una cabal formación del rostro y el corazón.
Lo único, pues, que debe destacarse, para comprender desde un
principio los móviles nahuas en la educación, es el interés demos-
trado por los dirigentes de la comunidad en incorporar desde luego
al ser humano a la vida del grupo, en la que en adelante siempre
tendrá que desempeñar un papel especial. Acertadamente expresa
esta misma idea el padre José de Acosta, cuyo parecer aduce ya Cla-
vijero en su Historia:

Ninguna cosa —dice el padre Acosta— me ha admirado más ni pare-


cido más digna de alabanza y memoria que el cuidado y orden que en
criar a sus hijos tenían los mexicanos. En efecto, difícilmente se ha-
llará nación que en tiempo de su gentilidad haya puesto mayor dili-
gencia en este artículo de la mayor importancia para el estado.4

Tomando esto en cuenta, empezaremos por tratar de la primera


educación dada a los niños en la casa paterna. Giraba ésta, ya des-
de sus comienzos, alrededor de la idea de fortaleza y control de sí
mismos, que de manera práctica y por vía de consejos se inculcaba
en los niños. Así, el Códice mendocino nos ilustra acerca de lo redu-
cido de la ración alimenticia que se les daba, para enseñarles a
controlar su apetito,5 al igual que sobre los primeros quehaceres
de tipo doméstico, como los de acarrear agua o leña, en que eran

 Apud Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de México, t. iii, p. 196.


4

 Respecto de la educación impartida tocante al comer, nota acertadamente


5

el doctor Eusebio Dávalos: “desde pequeños se les enseñaba a no abusar ni de los


alimentos ni de cosa alguna. El auto-control parecía ser la característica funda-

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LA EDUCACIÓN ENTRE LOS NAHUAS 273

ejercitados. Por lo que toca a los consejos paternos, es elocuente el


siguiente texto de los informantes indígenas de Sahagún, en el que
se describe la primera misión educadora del padre:

1 El padre de gentes: raíz y principio de linaje de hombres.


2 Bueno es su corazón, recibe las cosas, compasivo, se preocupa, de
él es la previsión, es apoyo, con sus manos protege.
3 Cría, educa a los niños, los enseña, los amonesta, les enseña a
vivir.
4 Les pone delante un gran espejo, un espejo agujereado por ambos
lados, una gruesa tea que no ahúma…6

Como podrá comprobarse, varias de las funciones que se asignan


aquí al “padre de gentes” (te-ta) guardan una estrecha semejanza
con algunos de los rasgos del tlamatini en su misión de educador.
Ya en la línea 2 del texto que ahora citamos es descrito como un
hombre de buen corazón (in qualli iyollo), previsión, sostén y pro-
tección de sus hijos. Pero es sobre todo en las líneas 3 y 4 donde
aparece claramente la forma como desempeña su papel de educador
en el hogar: no sólo cría a sus hijos, atendiendo al aspecto mera-
mente biológico; su misión principal está en enseñarlos y amones-
tarlos. Y esta idea, que evoca la de largos discursos paternos dirigi-
dos al hijo en diversas ocasiones, la encontramos repetida por la
gran mayoría de los cronistas, que incluso han conservado en ver-
sión castellana varias de las que hoy llamaríamos exhortaciones
morales.7 Y como para dar mayor fuerza a la idea de que el padre es
quien primero amonesta y enseña a sus hijos a conocerse y gober-
narse a sí mismos, encontramos aquí la misma metáfora aplicada
al tlamatini: el padre también “les pone delante un gran espejo” para
que aprendan a conocerse y a hacerse dueños de sí mismos.
Son, pues, dos principios fundamentales los que guían la edu-
cación náhuatl impartida ya desde el hogar: el del auto-control por

mental del Mexica”. (E. Dávalos, “La alimentación entre los mexica”, Revista
Mexicana de Estudios Antropológicos, t. xiv, 1a. parte, p. 107.)
6
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. vi (2), f. 199; ap i, 59.
7
 Citamos sólo por vía de ejemplo las que conservan Sahagún (op. cit., t. i,
p. 523-555), y Mendieta (op. cit., t. i, p. 121-136), etcétera.

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274 FILOSOFÍA NÁHUATL

medio de una serie de privaciones a que debe acostumbrarse el niño


y el del conocimiento de sí mismo y de lo que debe llegar a ser, in-
culcado a base de repetidas exhortaciones paternas.
Una segunda etapa en el proceso de la Tlacahuapahualiztli (“arte
de criar y educar a los hombres”) se abría con la entrada del niño
a los centros de educación que hoy llamaríamos públicos. De acuer-
do con el Códice mendocino, a los quince años ingresaban los jóvenes
nahuas, bien sea al Telpochcalli (casa de jóvenes) o al Calmécac,
escuela de tipo superior en donde se educaban los nobles y los fu-
turos sacerdotes.8 Sin embargo, como lo hace notar Soustelle:

este documento (el Códice mendocino) está en desacuerdo con los tex-
tos más seguros. Parece que la educación puramente familiar cesaba
mucho antes. Algunos padres llevaban a sus hijos al Calmécac, desde
el momento en que eran capaces de andar y, en todo caso, los niños
ingresaban a la escuela entre los seis y nueve años.9

De cualquier manera, es un hecho cierto que se atribuía una


gran importancia al momento en que, ingresando en cualquiera de
las escuelas, se incorporaba así plenamente el niño o joven náhuatl
a los moldes de vida y cultura de la comunidad. Sahagún nos ha
conservado en su Historia la versión resumida de los discursos cam-
biados entre el padre del educando y los sacerdotes y directores de
las escuelas, al confiarse a éstos la ulterior educación del niño.10
Ante la imposibilidad de adentrarnos en un estudio pormeno-
rizado de los múltiples aspectos destacados por la educación ná-
huatl, nos concretaremos a exponer cuál fue el ideal supremo que
se buscaba en los Telpochcalli y en los Calmécac.11

8
 Calmécac, voz compuesta de calli: casa, y mécatl: cordón; literalmente signi-
fica “en la hilera de casas”. Connota, pues, una imagen de la forma como se ali-
neaban las habitaciones en estos a modo de monasterios, donde se enseñaban y
trasmitían los aspectos más elevados de la cultura náhuatl.
9
 Jacques Soustelle, La vie quotidienne des aztèques…, p. 199.
10
 Lo que decían los padres al llevar sus hijos al Telpochcalli puede verse en
Sahagún, op. cit., t. i, p. 319-320; los discursos de quienes los presentaban al Cal­
mécac, ibid., p. 325-327.
11
 Soustelle ha creído (La vie quotidienne des aztèques…, p. 201-202) que exis-
tió entre ambos tipos de escuelas un cierto antagonismo y oposición ideológica,
simbolizados ya por las luchas míticas entre las dos divinidades, Quetzalcóatl y
Tezcatlipoca, protectores respectivamente del Calmécac y el Telpochcalli. Sin embar-

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LA EDUCACIÓN ENTRE LOS NAHUAS 275

Contrariamente a lo que muchos han creído, los dos tipos de


escuela entre los nahuas no implicaban un criterio discriminatorio
desde el punto de vista de lo que llamamos clases sociales. O sea
que no es exacto que por ser hijo de macehuales (gente del pueblo)
tenía necesariamente que ingresar un niño al Telpochcalli o, por
descender de nobles, al Calmécac. Claramente habla a este respecto
el Códice florentino, según el cual la entrada a uno u otro de los
centros educativos dependía originalmente de la elección y consa-
gración de los padres del niño a la divinidad protectora del Telpoch­
calli o del Calmécac:

Cuando un niño nacía, lo ponían sus padres o en el Calmécac o en el


Telpochcalli. Es decir, prometían al niño como un don, y lo llevaban o
al Calmécac para que llegara a ser sacerdote, o al Telpochcalli para que
fuera un guerrero.12

Es cierto que la educación dada en los Calmécac era superior, ya


que se fijaba más en el aspecto de la formación intelectual del es-
tudiante. En este sentido, puede afirmarse que los Calmécac eran los
centros donde los tlamatinime comunicaban lo más elevado de la
cultura náhuatl. Por esto no es de extrañar que de ordinario estuvie-
ran en ellos los hijos de los reyes, nobles y gente rica. Pero que no
había un exclusivismo de clase lo prueba, entre otros, el testimonio
de los informantes de Sahagún:

Los jefes, los nobles y además otros buenos padres y madres tomaban
a sus hijos y los prometían al Calmécac; y también todos cuantos así
lo querían.13

Sabemos ciertamente que de hecho la gran mayoría de la gente,


siguiendo tal vez una arraigada tradición, consagraba a sus hijos al
Telpochcalli, de donde saldrían convertidos en guerreros: “la gente

go, ni esto ni los lugares de Sahagún que aduce Soustelle parecen ofrecer sólida
base histórica para suponer una pugna de doctrinas y tendencias educativas entre
ambas escuelas.
12
 Códice florentino, lib. iii, p. 49 (edición bilingüe: Florentine Codex, Part. iv,
translated from Aztec into English by A. J. O. Anderson and Ch. E. Dibble); ap i, 60.
13
 Ibid., p. 59; ap i, 61.

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276 FILOSOFÍA NÁHUATL

(in macehualtin) —dice el mencionado Códice florentino— dejaba a


sus hijos en el Telpochcalli”.14
Mas el punto fundamental es que todos los niños y jóvenes na-
huas, sin excepción, acudían a una u otra forma de escuela. Y como
bien nota Soustelle:

Es admirable que en esa época y en ese continente un pueblo indígena


de América haya practicado la educación obligatoria para todos y que
no hubiera un solo niño mexicano del siglo xvi, cualquiera que fuese
su origen social, que estuviera privado de escuela.15

Tomando esto en cuenta y partiendo del hecho de que la forma


más elevada de educación se trasmitía en el Calmécac, vamos a pre-
sentar los textos que nos informan acerca del género de vida que
allí se llevaba, así como del supremo ideal buscado. En quince pun-
tos divide Sahagún las que designa como “costumbres que se guar-
daban en la casa que se llamaba Calmécac”.16 Entre la serie de actos
más importantes que formaban lo que hoy llamaríamos su “regla-
mento”, y que iban dirigidos a la formación y autocontrol del pro-
pio yo de los educandos, mencionaremos los siguientes:

Barrían y limpiaban la casa todos a las cuatro de la mañana…


Los muchachos ya grandecillos iban a buscar puntas de maguey…
Iban a traer a cuestas la leña del monte que era necesaria para
quemar en la casa cada noche…
Cesaban del trabajo un poco tempranillo y luego iban derechos a
su monasterio a entender en el servicio de los dioses y ejercicios de
penitencia, y a bañarse primero…
La comida que hacían la guisaban en la casa de Calmécac…
A la puesta del Sol comenzaban a aparejar las cosas necesarias…
Cada media noche todos se levantaban a hacer oración y al que
no se levantaba y despertaba castigábanle punzándole las orejas, el
pecho, muslos y piernas…17

14
 Ibid., p. 49; ap i, 62.
 Jacques Soustelle, op. cit., p. 203. Aduce Soustelle en el lugar citado el testimo-
15

nio de Torquemada, quien afirma textualmente: “todos los padres en general tenían
cuidado, según se dice, de enviar a sus hijos a estas escuelas o Generales... y eran
obligados a ello...” (Monarquía indiana, ed. facsimilar, México, 1943, t. ii, p. 187.)
16
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. i, p. 327.
17
 Loc. cit.

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LA EDUCACIÓN ENTRE LOS NAHUAS 277

Y siguiendo con el capítulo de los castigos que se imponían a


los soberbios, borrachos o amancebados, así como a los que incu-
rrían en lo que Sahagún llama “culpa venial”, continúa la descrip-
ción de las prácticas llevadas a cabo en el Calmécac con la mención
de los ayunos, para concluir con lo más importante de todo, la
referencia expresa a la educación intelectual que allí se daba:

Les enseñaban a los muchachos a hablar bien y a saludar y a hacer


reverencia…
Les enseñaban todos los versos de cantos para cantar, que se lla-
maban cantos divinos, los cuales versos estaban escritos en sus libros
por caracteres…
Y más, les enseñaban la astrología indiana y las interpretaciones
de los sueños y la cuenta de los años…18

Tres son los puntos mencionados en lo tocante a la enseñanza


de tipo intelectual. Se trata ante todo de la forma de hablar y de ex-
presarse. El Códice florentino menciona esto diciendo que “se les en-
señaba cuidadosamente un buen lenguaje” (vel nemachtiloia in qualli
tlatolli).19 O sea que en el plano intelectual comenzaba la educación
por lo que hoy llamamos, siguiendo la terminología clásica, estudios
de retórica. Y una prueba de que en esto salían aprovechados los
jóvenes que acudían al Calmécac la tenemos en los múltiples discur-
sos conservados en los huehuehtlahtolli y en los textos de los indíge-
nas informantes. De hecho, todo el libro vi de la Historia de Sahagún
es el mejor testimonio del in qualli tlatolli (buen lenguaje) apren-
dido por los antiguos alumnos del Calmécac. Y como otra confir-
mación de la notable diferencia que había entre esta forma culta o
“noble” de hablar y la ordinaria del pueblo, nos encontramos tam-
bién con que existían dos términos para designar estos distintos
modos de expresión: macehuallatolli (forma de hablar del pueblo)
y tepillatolli (lenguaje noble o cultivado).
El segundo aspecto de la educación intelectual mencionado por
Sahagún y corroborado por la mayoría de los cronistas es el de la
enseñanza de los cantares (cuícatl), así como especialmente de sus

18
 Ibid., p. 329.
19
 Códice florentino, lib. iii, p. 64.

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278 FILOSOFÍA NÁHUATL

“cantos divinos” (teucuícatl) que, según nota el Códice florentino,


“estaban inscritos en los códices (amoxxotoca)”.20 Contribuía esto,
quizá más que ninguna otra cosa, a imbuir a los momachtique (es-
tudiantes) en las doctrinas religiosas y filosóficas nahuas que, como
hemos visto, se expresaban siempre por el camino de la poesía: “flor
y canto”. En relación con la enseñanza del aspecto intelectual de la
cultura náhuatl, escribió Durán, conocedor de primera mano de las
antiguallas de los antiguos mexicanos:

Tenían ayos maestros prelados que les enseñaban y ejercitaban en todo


género de artes militares, eclesiásticas y mecánicas y de astrología por
el conocimiento de las estrellas, de todo lo cual tenían grandes y her-
mosos libros de pinturas y caracteres de todas estas artes por donde
las enseñaban. Tenían también los libros de su ley y doctrina a su modo
por donde los enseñaban, de donde, hasta que doctos y hábiles no los
dejasen salir sino ya hombres…21

Junto con los cantares en los que se encerraba lo más elevado


del pensamiento de los tlamatinime, eran instruidos los momachtique
(estudiantes) en las artes de la cronología y astrología:

Se les enseñaba el tonalpohualli —dice el Códice florentino—, el libro de


los sueños (temicámatl) y el libro de los años (xiuhámatl).22

Y para entrever siquiera los alcances de este último aspecto de


la educación del Calmécac, es necesario recordar la variedad y com-
plejidad de elementos que debían tomarse en cuenta para el ma-
nejo del solo tonalámatl. Esto, al igual que los complicados cálculos
matemáticos exigidos por sus concepciones astronómicas, pone de
manifiesto una vez más lo que ya se ha dicho: que el pensamiento
náhuatl había alcanzado el supremo grado de la abstracción racional.23
Por esto, enseñando a los estudiantes los cantares, se les comunicaba
“la flor y el canto” de su pensamiento filosófico, y adiestrándolos en

20
 Loc. cit.
 Fray Diego de Durán, Historia de las Indias de Nueva España, t. ii, p. 229.
21
22
 Códice florentino, lib. iii, p. 65; ap i, 63.
23
 Acerca de la antigüedad que puede atribuirse a estas formas de calendario,
el tonalpohualli y el xiuhpohualli, véase la primera parte del capítulo vi de este libro.

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LA EDUCACIÓN ENTRE LOS NAHUAS 279

el conocimiento y manejo de sus sistemas cronológico-astronómi-


cos, eran familiarizados con la rigidez del pensamiento matemático.
Y a esta doble formación del pensar se añadía —como lo señala
expresamente el texto citado del Códice florentino— la enseñanza de
la historia contenida en sus Xiuhámatl (libros o códices de años),
en los que, como nota Garibay, “se anotaban la fecha, el hecho y
las circunstancias de él”, a base de pinturas y signos numéricos.24
Como sobre la concepción náhuatl de la historia vamos a tratar con
mayor amplitud en este mismo capítulo, aquí destacamos tan sólo
el hecho de que la enseñanza de los acontecimientos pasados, con-
tenidos en los Xiuhámatl, formaba parte de la educación intelectual
de los nahuas.
En esta forma es como los tlamatinime cumplían su misión de
“hacer sabios los rostros ajenos”.25 Y si recordamos lo dicho acerca
de la serie de actos o “costumbres” exteriores guardadas en el Calmé­
cac, veremos que su inflexible rigidez, lo que pudiera llegar a descri-
birse como dureza, iba precisamente dirigida a dar reciedumbre al
aspecto dinámico de la personalidad: al corazón. Por medio de esa
serie de actos y penitencias disciplinadas se forjaba el “querer hu-
mano”, capaz de controlarse a sí mismo. Parece, pues, que lo que
buscaban los tlamatinime con su educación en los Calmécac era per-
feccionar la personalidad de sus discípulos en sus dos aspectos fun-
damentales: dando sabiduría a los rostros y firmeza a los corazones.26
Y esto no es una mera suposición. Nos lo confirman, entre otros,
dos textos nahuas de auténtico valor histórico. El primero —de los
informantes de Sahagún—, refiriéndose al ideal del hombre maduro
(omácic oquichtli), dice:

El hombre maduro:
un corazón firme como la piedra,
un rostro sabio,

24
 Ángel María Garibay K., Historia de la literatura náhuatl, t. i, p. 453.
25
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 118v.
26
 Aun cuando el “dar firmeza a los corazones”, al que se dirigían todas las
rígidas prácticas del Calmécac, implicaba un hondo sentido moral, dejamos para
la sección siguiente el estudio expreso de lo que llamaremos aquí principios fun-
damentales ético-jurídicos de los nahuas.

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280 FILOSOFÍA NÁHUATL

dueño de una cara, un corazón,


hábil y comprensivo.27

Tal era la meta, profundamente humanista, a la que pretendían


llegar los tlamatinime con su educación. Y que con frecuencia lle-
gaban a alcanzarla nos lo prueban todas esas figuras históricas,
bastantes para hacer a cualquier pueblo sentirse orgulloso de sí
mismo, como las de Itzcóatl, Tlacaélel, Motecuhzoma Ilhuicamina,
Cuitláhuac, Cuauhtémoc, ejemplos de corazón recio; y las que se
distinguen sobre todo por su “rostro sabio”, como Nezahualcóyotl
y su hijo Nezahualpilli, acerca del cual puede aducirse, por vía de
ejemplo, lo que escribió Torquemada:

Llegado a la edad de discreción, comenzó a dar olor de sí, de lo que


después vino a ser en sus reinos, mostrando mucha prudencia, y uni-
formidad de voluntad, conque hacía igual rostro a todas las cosas,
mostrando en lo adverso, ánimo invencible, y en lo próspero, y pujan-
te, poca alteración de gozo, y alegría. Dicen que fue grande astrólogo,
y que se preciaba mucho de entender los movimientos de los astros
celestes; y con esta inclinación, que a estas cosas tenía, hacía inquisi-
ción por todas las partes de sus reinos, de todos los que sabían algo de
esto, y los traía a su corte, y comunicaba con ellos todo lo que sabía,
y de noche se subía a las azoteas de su palacio, y desde allí considera-
ba las estrellas, y argüía con todos lo que de ellas dificultaban. Al me-
nos, yo sé decir, haber visto un lugar, en sus casas, encima de las
azoteas, de cuatro paredes, no más altas que una vara, ni más ancho
el lugar que lo que puede ocupar un hombre acostado, y en cada es-
quina tenía un hoyo o agujero, donde se ponía una asta, en las cuales
colgaban un cielo. Y preguntando yo, que de qué servía aquel cuadro?,
me respondió un nieto suyo (que me iba mostrando la casa) que era

27
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. vi, f. 215; ap i, 64. En un ensayo titulado “Apuntes sobre la psicología colectiva
y el sistema de valores en México antes de la Conquista”, incluido en la obra Es­
tudios antropológicos publicados en homenaje al Dr. Manuel Gamio, México, Univer-
sidad Nacional Autónoma de México, 1956, p. 497-502, llega Soustelle a una
parecida conclusión, destacando el control de sí mismos como una de las metas
buscadas por la educación en los Calmécac: “un ideal de moderación, del justo
medio, algo que hace pensar en la condenación de la violencia (hybris) por los
antiguos Griegos”. (Op. cit., p. 500.)

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LA EDUCACIÓN ENTRE LOS NAHUAS 281

del señor Nezahualpilli, para cuando de noche iba con sus astrólogos
a considerar los cielos, y sus estrellas…28

El segundo texto a que se aludió antes, para confirmar lo dicho


acerca del ideal educativo de los nahuas, proviene del Códice floren­
tino y se refiere a las cualidades que debían tener los que iban a ser
elegidos como sumos pontífices, “Sacerdote de nuestro Señor” (Tó­
tec tlamacazqui) Quetzalcóatl y “Sacerdote de Tláloc” (Tláloc tlama­
cazqui) Quetzalcóatl:

aun cuando fuera pobre o miserable,


aun cuando su madre y su padre fueran los pobres de los pobres…
no se veía su linaje,
sólo se atendía a su género de vida…
a la pureza de su corazón,
a su corazón bueno y humano…
a su corazón firme…
se decía que tenía a Dios en su corazón,
que era sabio en las cosas de Dios…29

Éste era el supremo ideal humano al que se dirigía la Tlacahua­


pahualiztli (“arte náhuatl de criar y educar hombres”). Pasando por
encima de toda diferencia social: “no se veía su linaje” (amo tlaca­
mecáiotl motta), se fijaban en lo más elevado del hombre, su perso-
na: “su corazón bueno, humano y firme” (in qualli yiollo, in tlapa­
ccaihioviani, in iollótetl); y si se traslucía que “tenía a Dios en su
corazón” (téutl yiollo) y que era “sabio en las cosas divinas” (in
tlateumatini), era elegido por sacerdote supremo y recibía el título
de Quetzalcóatl, símbolo náhuatl del saber y del origen de todo lo
bueno que abarca el término toltecáyotl, entendido abstracta y colec-
tivamente a la vez: la toltequidad.

28
 Fray Juan de Torquemada, op. cit., t. i, p. 188.
29
 Códice florentino, lib. iii, p. 67; ap i, 65.

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LOS FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO NAHUAS30

Habiendo comprobado cuáles eran los ideales y género de vida que


llevaban los estudiantes en los centros nahuas de educación, no
podrá ya extrañarnos una especial “relación” que incluye Sahagún
en el libro x de su Historia. Comparando allí las costumbres de la
juventud náhuatl de antes y después de la Conquista, llega a la con-
clusión de que:

30
 Es el derecho azteca o náhuatl uno de los sectores mejor conocidos de la
cultura intelectual de los nahuas. Tomando esto en cuenta, en vez de adentrarnos
aquí en una exposición de sus varios ordenamientos y preceptos, creemos de ma-
yor importancia, en relación con nuestro fin, ocuparnos del estudio de los con-
ceptos filosóficos fundamentadores tanto de su acción moral como de su orden
jurídico. Quien deseare conocer de primera mano y en detalle las leyes y forma de
administrar justicia de los nahuas podrá acudir a los capítulos xiv y xvii del libro
viii de la Historia de Sahagún, al Códice mendocino y a la Breve y sumaria relación
de los señores... del doctor Alonso de Zorita.
De entre los numerosos estudios escritos sobre este tema, destacamos el del
licenciado Lucio Mendieta y Núñez, “El derecho mexicano antes de la Conquista”
(en Ethnos, t. i, p. 168-186); el de J. Kohler, El derecho de los aztecas (edición de la
Revista Jurídica), México, 1924; el de Salvador Toscano, Derecho y organización
social de los aztecas, México, 1937, así como el sumamente interesante trabajo del
licenciado Carlos H. Alba, Estudio comparado entre el derecho azteca y el derecho po­
sitivo mexicano, México, Ediciones Especiales del Instituto Indigenista Interameri-
cano, 1949. Puede decirse en particular acerca de este último trabajo que es de
especial utilidad, ya que muestra por una parte la notable semejanza existente
entre no pocas de las actuales leyes mexicanas y las de los nahuas, así como tam-
bién permite localizar desde el punto de vista de la legislación mexicana vigente
las varias leyes y disposiciones de los antiguos mexicanos.
Alfredo López Austin ha preparado un estudio sobre la base de los textos en
idioma indígena, acerca de la Constitución real de México-Tenochtitlán, México, Uni-
versidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Historia, 1961. En este libro
realmente importante, estudia su autor los diversos factores sociales, económicos,
religiosos, etcétera, que a través de diversos cambios y modificaciones originan la
organización estatal de los aztecas. Mérito asimismo de esta obra es la búsqueda
que en ella se hace de las categorías jurídicas propias del mundo azteca, en vez de
incurrir, como lo han hecho otros investigadores, en el escollo de aplicar forzada-
mente a la cultura del México antiguo módulos mentales que le fueron ajenos.

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FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 283

En lo que toca, que eran (los indios) para más en los tiempos pasados,
así para el regimiento de la república como para el servicio de los dio-
ses, es la causa porque tenían el negocio de su regimiento (educación)
conforme a la necesidad de la gente, y por esto los muchachos y mu-
chachas, criábanlos con gran rigor hasta que eran adultos, y esto no
en casa de sus padres porque no eran poderosos para criarlos como
convenía cada uno en su casa, sino que por esto los criaban de comu-
nidad, debajo de maestros muy solícitos y rigurosos, los hombres a su
parte, y las mujeres a la suya. Allí los enseñaban cómo debían honrar
a sus dioses, y cómo habían de acatar y obedecer a la república y a los
regidores de ella; tenían bravos castigos para penar a los que no eran
obedientes y reverentes a sus maestros, y en especial se ponía gran dili-
gencia en que no bebiesen octli (pulque), la gente que era de cincuenta
años abajo; poníanlos en muchos ejercicios de noche y de día, y criá-
banlos en grande austeridad; de manera que los vicios e inclinaciones
carnales, no tenían señorío en ellos, así en los hombres como mujeres.
Los que vivían en los templos tenían tantos trabajos de noche y de día,
y eran tan abstinentes que no se les acordaba de las cosas sensuales. Los
que eran del ejercicio militar, eran tan continuas las guerras que tenían
los unos con los otros, que muy poco tiempo cesaban de ellas y sus tra-
bajos. Era esta manera de regir muy conforme a la filosofía natural y
moral... (que) enseñó por experiencia a estos naturales, que para vivir
moral y virtuosamente, era necesario el rigor, austeridad y ocupaciones
continuas, en cosas provechosas a la república. Como esto cesó por la
venida de los españoles, y porque ellos derrocaron y echaron por tierra
todas las costumbres y maneras de regir que tenían estos naturales, y
quisieron reducirlos a la manera de vivir de España, así en las cosas
divinas como en las humanas, teniendo entendido que eran idólatras
y bárbaros; perdiose todo el regimiento que tenían…31

Y viendo luego —como dice el mismo Sahagún— que la nueva


“manera de policía (introducida por los españoles) cría gente muy
viciosa, de muy malas inclinaciones y muy malas obras”,32 se ve
forzado a confesar honradamente que

es gran vergüenza nuestra que los indios naturales, cuerdos y sabios


antiguos, supieran dar remedio a los daños que esta tierra imprime en
los que en ella viven, obviando a las cosas naturales con contrarios

31
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 242-243.
32
 Loc. cit.

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284 FILOSOFÍA NÁHUATL

ejercicios, y nosotros nos vamos al agua abajo con nuestras malas


inclinaciones…33

Semejante conclusión deducida por Sahagún, además de poner


de manifiesto su notable amplitud de criterio, que lo lleva a sostener
que al menos para los indios era mejor su propia manera de educa-
ción que la traída de España, destaca asimismo el hecho importan-
tísimo de que era en los Calmécac y Telpochcalli donde en forma acti-
va y directa se echaban los cimientos de la vida moral y jurídica entre
los nahuas. Así encontramos en las palabras citadas la afirmación de
que “allí los enseñaban cómo habían de acatar y obedecer a la repú-
blica y a los regidores de ella”, inculcándose en los educandos desde
temprana edad el respeto a los ordenamientos jurídicos como a algo
que debe ser obedecido. Y en el plano de la moral, afirma Sahagún que
“se ponía gran diligencia en que no bebiese octli (pulque) la gente
que era de cincuenta años abajo”, buscándose siempre que “los vicios
e inclinaciones carnales no tuvieran señorío en ellos”. La forma como
lograban esto era por demás sabia y fruto de un auténtico conoci-
miento de la naturaleza humana: “la filosofía moral enseñó por ex-
periencia a estos naturales que para vivir moral y virtuosamente era
necesario el rigor, austeridad y ocupaciones continuas en cosas pro-
vechosas a la república”. Tal forma de vida, en la que eran adiestrados
por varios años los jóvenes nahuas hasta salir ya para casarse, dejaba
en ellos esa honda formación tan plásticamente descrita como la
adquisición de un “corazón robusto y firme como la piedra”.
Confirmando esto mismo y detallando aún más los puntos fun-
damentales de la moral inculcada en los Calmécac y Telpochcalli,
encontramos en el huehuehtlahtolli a un testimonio de suma im-
portancia. Hablando de la manera “como se criaban los hijos anti-
guamente”, se dice que de mañana, tras haber tomado su reducido
alimento:

1 Comenzaban a enseñarles:
2 cómo han de vivir,
3 cómo han de respetar a las personas,
4 cómo se han de entregar a lo conveniente y recto,

33
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 245.

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FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 285

5 han de evitar lo malo,


6 huyendo con fuerza de la maldad,
7 la perversión y la avidez.34

Comentario del texto:

Líneas 1-2. Comenzaban a enseñarles: cómo han de vivir.


Claramente se señala desde un principio el sentido moral que
se daba a la enseñanza. Estaban hondamente persuadidos los sabios
nahuas de la dificultad de encontrar en esta vida “lo único verda-
dero”, pues como afirman en un poema ya citado:

¿Qué era lo que acaso tu mente hallaba?


¿Dónde andaba tu corazón?
Por esto das tu corazón a cada cosa.
Sin rumbo lo llevas: vas perdiendo tu corazón.
Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de algo?35

Juzgaron por tanto que era necesario mostrar desde luego a los
nuevos seres humanos una regla de vida: “cómo han de vivir” (in iuh
nemizque), o sea, una serie de normas de conducta, para que, “entre-
gándose a lo conveniente y a lo recto”, lograran orientarse, librán-
dose así de la peor de las desgracias: la de perder el propio corazón.

Línea 3. cómo han de respetar a las personas.


La primera obligación de tipo ético-jurídico es la del respeto y
obediencia a quienes están investidos de autoridad. Esta idea de
moderación y consideración frente a “los rostros y corazones” aje-
nos llegó a ser tan característica entre los nahuas, que encontramos
de ella innumerables ejemplos a través de todos los huehuehtlahtolli.
Y el mismo texto de los Colloquios de los doce, en el que vimos a los
tlamatinime respondiendo a las palabras de los frailes, no deja de ser
una extraordinaria confirmación de esto mismo. La forma respetuo-
sa y mesurada como discuten allí los sabios supone un maravilloso

34
 “Huehuetlatolli, documento a”, publicado por Ángel María Garibay K., en
Tlalocan, México, v. i, n. 2, 1943, p. 97; ap i, 66.
35
 Ms. Cantares mexicanos, f. 2v; ap i, 1.

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286 FILOSOFÍA NÁHUATL

control de sí mismos, así como un hábito arraigado de considerar


siempre lo que significa tratar con seres humanos.

Líneas 4-5. cómo se han de entregar a lo conveniente y recto, han de


evitar lo malo.
Se expresa en estas dos líneas el concepto ético fundamental de
los nahuas: ¿en qué está la bondad o la maldad de nuestros actos?
A la antigua regla de vida, en función de la cual podía hablarse de
bondad y maldad, llamaron sus sabios: tlamanitiliztli, interesante
palabra formada de los siguientes elementos: tla: cosas, y mani: “per-
manecen o están permanentemente”. Añadiéndose a dichos elemen-
tos el sufijo propio de los sustantivos abstractos: -liztli, todo el com-
puesto tlamani-ti-liztli viene a significar “conjunto de las cosas que
deben permanecer”, o como traduce Molina en su Diccionario: “uso
o costumbre del pueblo, o ordenanzas que en él se guardan”.36
Era, pues, la tlamanitiliztli el supremo criterio para juzgar de la
bondad o maldad de un acto. Ahora bien, la forma más abstracta de
expresar el contenido ético-jurídico de la tlamanitiliztli está en sus
conceptos morales de bien y mal. En este sentido, el texto que esta-
mos comentando nos informa que en el Calmécac se enseñaba en
su aspecto abstracto y en su aplicación concreta una doctrina moral
acerca de lo bueno y lo malo. Lo bueno era, para los tlamatinime, in
quállotl in yécyotl (la conveniencia, la rectitud). Claramente nos ha-
llamos ante otro difrasismo náhuatl, auténtica “flor y canto”. Un
breve examen pondrá de manifiesto su contenido: in quállotl es un
sustantivo colectivo y abstracto a la vez (lo son todos los terminados
en -llotl o -yotl), derivado del verbo qua: “comer”. Al unirse esta for-
ma verbal con el sufijo -llotl toma el concepto un sentido abstracto
y universal: “la cualidad de todo aquello que es comible”, o sea, más
abstractamente aún, “de lo que puede ser asimilado por el propio
yo, o le es conveniente”. Y al lado de ese primer término que meta-
fóricamente señala la exigencia de que lo bueno sea “comible” (asi-
milable, conveniente), se añade en seguida algo que apunta más a

36
 Fray Alonso de Molina, op. cit., f. 125v. La palabra aparece con el sentido
manifiesto de “conjunto de reglas y costumbres morales” en el ya citado texto de
los Colloquios de los doce (edición de W. Lehmann, p. 105). Se habla allí de la hue­
huetlamanitiliztli: “antigua regla de la vida”.

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FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 287

la constitución de lo bueno en sí mismo: in yécyotl (la rectitud).


Derivada a su vez esta palabra de yectli (recto) y hecha abstracta
gracias al sufijo -yotl, viene a connotar la cualidad inherente a cual-
quier objeto o sujeto de ser algo no torcido o desviado, sino precisa-
mente recto, de acuerdo con su propia regla o modo de existir.
Aunando ahora ambos términos del difrasismo analizado in
quállotl in yécyotl (lo conveniente, lo recto), podremos afirmar que
están indicando que lo bueno es tal por convenir al ser humano ya
que puede ser apetecido y asimilado por éste. Y luego, a modo de
explicación, que algo es asimilable o conveniente precisamente por-
que es en sí recto o “como debe ser”. Tal es el significado del difra-
sismo de que se sirvieron los tlamatinime para expresar la idea de
bondad moral.
Correlativamente, si lo bueno es “lo conveniente, lo recto”, lo
malo moralmente es como se indica en la línea del texto: in a-
quállotl in a-yécyotl (lo no conveniente, lo no recto). O sea, que al
mismo difrasismo ya conocido se le antepone a manera de prefijo
la letra a-, apócope de la negación amo: “no”, como lo confirma
Molina: “a en composición et per sincopam, quiere decir no”.37
Por tanto, para saber si una acción está o no de acuerdo con la
suprema norma moral de conducta, la tlamanitiliztli, es menester
atender a dos cosas: 1) ¿el resultado de esa acción será conveniente,
se “asimilará”?, o sea, ¿enriquecerá o empobrecerá al ser del hom-
bre? y 2) ¿es en sí mismo lo resultante algo recto o algo torcido? Si
actuando nos enriquecemos, “tomamos cara y desarrollamos el
corazón”, puede sostenerse que se trata de algo bueno moralmente.
Si, por el contrario, “el rostro y el corazón se pierden”, habrá que
admitir que lo hecho no fue bueno, sino moralmente malo.

Líneas 6-7. huyendo con fuerza de la maldad, la perversión y la avidez.


Se mencionan aquí dos de las formas concretas de encaminar-
se hacia el mal: por la perversión (tlahuelilocáyotl) y la avidez (tla­
cazólyotl). La primera de éstas engendra el mal porque priva de
rectitud (yécyotl) a la acción humana, y la segunda, ejemplificando
el abuso y el exceso en la posesión de lo que es bueno en sí, desvirtúa

37
 Fray Alonso de Molina, op. cit., f. 1v.

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288 FILOSOFÍA NÁHUATL

por falta de auto-control lo que pueden tener de apetecibles las co-


sas. Es por tanto necesario, para la realización de la bondad, un tipo
de acción conveniente y recta, libre de excesos y desviaciones.
Numerosos poemas y sentencias de los tlamatinime ofrecen una
serie de preceptos dirigidos a señalar concretamente el camino del
bien en tlaltícpac (sobre la tierra). Así, Olmos nos conserva la si-
guiente serie de recomendaciones morales de un antiguo huehueh­-
tlahtolli, en el que expresamente se aclara que va a enumerarse algo
de lo que es bueno: “conveniente, recto” en la tierra. Se alude a la
necesidad que tiene el hombre de trabajar para alcanzar una relati-
va felicidad en tlaltícpac:

Es conveniente, es recto:
ten cuidado de las cosas de la tierra:
haz algo, corta leña, labra la tierra,
planta nopales, planta magueyes:
tendrás qué beber, qué comer, qué vestir.

Con eso estarás en pie (serás verdadero),


con eso andarás.
Con eso se hablará de ti, se te alabará.
Con eso te darás a conocer a tus padres y parientes.

Alguna vez quizás te enlazarás con la falda y la camisa.


¿Qué beberá?, ¿qué comerá?
¿Chupará aire acaso?
Tú eres quien mantiene, quien cura:
el águila, el tigre.38

Al lado de tan bien ponderada recomendación, que presenta el


aspecto moral del trabajo como la razón misma que justifica “el estar
en pie sobre la tierra”, encontramos otros numerosos textos en los
huehuehtlahtolli, así como en el material de los informantes de Sa-
hagún. Ante la imposibilidad de presentar aquí toda esa abundante
documentación de contenido ético, vamos a ofrecer sólo otros dos

38
 Fray Andrés de Olmos, Ms. en náhuatl, f. 116r. El original en la Biblioteca
del Congreso de Washington. La 1a. parte publicada en su Arte (París, 1875). El
texto citado aquí apareció publicado y traducido por Garibay en su Historia, t. i,
p. 434; ap i, 67.

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FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 289

textos, el primero de los cuales se refiere a la necesidad del control


de sí mismo, como reacción moral frente a la tendencia humana a
engreírse y a querer adueñarse de la mayor cantidad posible de bie-
nes. Dice el padre de familia hablando con su hijo:

Recibe, escucha:
ojalá un poquito sigas a Nuestro Señor (el Dueño del cerca y del junto),
vive en la tierra,
ojalá dures un poco.
¿Tú qué sabes?
Con cordura, detenidamente, mira las cosas.
Dicen que es éste un lugar de dificultades,
de mucha suciedad, de turbación,
lugar sin placer, temible, que trae desolación.
Nada hay verdadero…

Aquí está lo que has de obrar y hacer:


en reserva, en encierro y caja
al irse nos lo dejaron los viejos,
los de cabello blanco, los de cara arrugada
nuestros antepasados…:

No vinieron a ser soberbios,


no vinieron a andar buscando con ansia,
no vinieron a tener voracidad.

Fueron tales
que se les estimó sobre la tierra:
llegaron al grado de águilas y tigres.39

Y así como el consejo anterior se refiere a la necesidad de “no


ser soberbio y de no andar buscando con ansia las cosas”, así en
otro discurso moral dirigido por el padre, señor principal, a su hijo,
le inculca otro aspecto de la moderación y dominio de sí mismo de
especial importancia durante la juventud:

No te arrojes a la mujer
como el perro se arroja a lo que le dan de comer;

39
 Códice florentino, lib. vi, f. 85v; ap i, 68.

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290 FILOSOFÍA NÁHUATL

no te hagas a manera de perro


en comer y tragar lo que le dan,
dándote a las mujeres antes de tiempo.

Aunque tengas apetito de mujer


resístete, resiste a tu corazón
hasta que ya seas hombre perfecto y recio;
mira que el maguey, si lo abren de pequeño
para quitarle la miel,
ni tiene substancia,
ni da miel, sino piérdese.

Antes de que lo abran


para sacarle la miel,
le dejan crecer y venir a su perfección
y entonces se saca la miel
en sazón oportuna.

De esta manera debes hacer tú,


que antes que te llegues a mujer
crezcas y embarnezcas
y entonces estarás hábil para el casamiento
y engendrarás hijos de buena estatura,
recios, ligeros y hermosos…40

Ésta era la forma, rica en vivos ejemplos —como el del maguey


que debe alcanzar primero madurez antes de dar miel—, de que se
valían los sabios nahuas para ir presentando de manera accesible
su doctrina de “lo conveniente, lo recto”, aplicada a las variadas
circunstancias de la vida. Realizaban así los tlamatinime su impor-
tante función de moralistas, forjadores de “un corazón firme como
la piedra”, dueño de sí mismo.
Y por lo que toca al plano más propiamente jurídico —remitién-
donos aquí a los ya citados estudios monográficos sobre este tema—,
tan sólo diremos que tanto el derecho náhuatl, como su aplicación,
estaban inspirados por la misma doctrina acerca de la persona

40
 Seguimos aquí la traducción del texto náhualt dada por el mismo Sahagún
en su Historia, t. i, p. 554; en Códice florentino, lib. vi, f. 97r; ap i, 69.

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FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 291

humana: “rostro, corazón”, enseñada en los Calmécac. Porque, como


escribe Sahagún:

También los señores tenían cuidado de la pacificación del pueblo y de


sentenciar los litigios y pleitos que había en la gente popular, y para
esto elegían jueces..., personas de buenas costumbres que fueran cria-
das en los monasterios de Calmécac, prudentes y sabios…41

Acerca de la integridad de los jueces y de los principios sobre


los que basaban la aplicación de las leyes hablan, entre otros, los
indígenas informantes de Sahagún, así como el célebre oidor y
doctor Alonso de Zorita. Este último, en su Breve y sumaria relación
afirma, respecto de la forma indígena de administrar justicia, algo
que nos recuerda el testimonio de Sahagún sobre las desafortunadas
consecuencias que trajo consigo la supresión del sistema educativo
de los indios:

Preguntando a un indio principal de México qué era la causa porque


ahora se habían dado tanto los indios a pleitos y andaban tan viciosos
dijo: “Porque ni vosotros nos entendéis, ni nosotros os entendemos,
ni sabemos qué queréis. Habéisnos quitado nuestra buena orden y
manera de gobierno; y la que nos habéis puesto no la entendemos, e
ansí anda todo confuso y sin orden y concierto. Los indios hanse dado
a pleitos porque los habéis vosotros impuesto en ellos, y síguense por
lo que les decís, e ansí nunca alcanzan lo que pretenden, porque vo-
sotros sois la ley y los jueces y las partes y cortáis en nosotros por
donde queréis, y cuándo y como se os antoja. Los que están apartados
que no tratan con vosotros, no traen pleitos y viven en paz; y si en
tiempo de nuestra gentilidad había pleitos, eran muy pocos, y se tra-
taba mucha verdad e se acababan en breve porque no había dificultad
para averiguar cuál de las partes tenía justicia, ni sabían poner las
dilaciones y trampas de ahora.”42

Y luego refiriéndose a la forma de justicia practicada antes de la


llegada de los españoles, nota el mismo Zorita:

 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 81.


41

 Alonso de Zorita, Breve y sumaria relación…, en Icazbalceta, Nueva colección


42

de documentos para la historia de México, siglo xvi, México, 1891, p. 110.

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292 FILOSOFÍA NÁHUATL

Los jueces que se ha dicho, en amaneciendo estaban sentados en sus


estrados de esteras; y luego acudía la gente con sus demandas, e algo
temprano les traían la comida de palacio. Después de comer repo-
saban un poco, e tornaban a oír los que habían quedado, y estaban
hasta dos horas antes que se pusiese el sol. E las apelaciones de éstos
iban ante otros doce jueces que presidían sobre todos los demás y
sentenciaban con parecer del Señor.
Cada doce días el Señor tenía acuerdo o consulta o junta con to-
dos los jueces sobre los casos arduos e criminales de calidad. Todo lo
que con él se había de tratar iba muy examinado e averiguado. Los
testigos decían verdad, ansí por el juramento que les tomaban, como
por temor de los jueces, que se daban muy buena maña en averiguar-
la, e tenían gran sagacidad con las preguntas e repreguntas que les
hacían, e castigaban con gran rigor al que no la decía.
Los jueces ninguna cosa recibían en poca ni en mucha cantidad,
ni hacían acepción de personas, entre grandes ni pequeñas, ricos ni
pobres, e usaban en su judicatura con todos gran rectitud; y lo mesmo
era en los demás ministros de justicia.
Si se hallaba que alguno recibía alguna cosa o se desmandaba algo
en beber, o sentían algún descuido en él, si eran estas pocas cosas, los
otros jueces lo reprendían entre sí ásperamente, e si no se enmendaba,
a la tercera vez lo hacían trasquilar, e con gran confusión e afrenta lo
privaban del oficio, que era tenido entre ellos por gran ignominia…, e
porque un juez favoreció en un pleito a un principal contra un plebe-
yo, y la relación que hizo al Señor de Tezcuco no fue verdadera, lo
mandó ahorcar, e que se tornase a rever el pleito, e se sentenció por
el plebeyo.43

Tan rígida forma de administrar justicia entre los nahuas mues-


tra una vez más que la enseñanza y los principios jurídicos recibidos
en el Calmécac formaban, como dice Sahagún, “jueces prudentes y
sabios”.44 Mas no sólo en la aplicación práctica de las leyes eviden-
ciaban los nahuas un “rostro sabio y un corazón firme”, sino tam-
bién en lo que es igualmente importante: en la creación misma de
sus leyes u ordenamiento jurídico. Es cierto que, al igual que en la
gran mayoría de los pueblos antiguos, el derecho náhuatl tuvo su
principal origen en la costumbre. Mas tenemos también noticia
cierta de conjuntos de leyes particulares formuladas por algunos
43
 Ibid., p. 111.
44
 Fray Bernardino de Sahagún, op. cit., t. ii, p. 81.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 292 20/01/2017 [Link] p.m.


FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 293

reyes o señores como Nezahualcóyotl, de quien Ixtlilxóchitl nos con-


serva sus célebres ordenanzas.45
Pero lo que más puede admirar a quien se adentra en el estudio
del derecho de los nahuas —acudiendo a las fuentes que ya hemos
mencionado, así como a los varios cronistas que ofrecen también
información de carácter jurídico— es el hecho, certeramente de-
mostrado por Carlos H. Alba, de la existencia de numerosas dispo-
siciones y leyes que corresponden de algún modo a las principales
ramas del actual derecho positivo.46
Esto deja entrever no sólo la amplitud y riqueza de un derecho
que cubre los aspectos más importantes de las relaciones humanas
en los planos civil, mercantil, penal, procesal y aun hasta cierto
punto interestatal (lo referente a alianzas, embajadas y guerras),
sino sobre todo la reciedumbre de los bien cimentados principios
jurídicos nahuas. Porque, a través de los mencionados sectores del
derecho, encontramos siempre la misma idea fundamental inculca-
da en el Calmécac de “cómo hay que respetar a las personas” y “cómo
hay que entregarse a lo conveniente y recto”.47
Puede, pues, afirmarse que uniendo derecho y moral a la luz de
un solo principio supremo, que alcanzó su más elevada expresión
en la Huehuetlamanitiliztli (antigua regla de vida), llegaron los tla­
matinime a elaborar una doctrina unitaria acerca del sentido de la
acción humana, personal y social. Lo cual puede corroborarse aun

45
 Fernado de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, t. i, p. 237-239.
46
 Véase el citado trabajo del licenciado Carlos H. Alba, Estudio comparado
entre el derecho azteca y el derecho positivo mexicano, México, Instituto Indigenista
Interamericano, 1949. Debe notarse, acerca del valioso estudio de Carlos H. Alba,
que la sistematización que hace de los preceptos jurídicos de los nahuas, ordenán-
dolos por artículos y redactándalos según el esquema de los modernos códigos, no
implica la idea de que las leyes y ordenamientos nahuas hayan sido formulados
originalmente en forma semejante. Es necesario repetir que se trata de una com-
paración con el derecho positivo mexicano. Para facilitarla se da a las múltiples
disposiciones legales esparcidas aquí y allá en los textos y cronistas la forma arti-
ficial de artículos insertos en códigos. Pero como lo muestran las 929 citas del
libro de Alba, cada uno de los preceptos nahuas transcritos no es fruto de suposi-
ciones, sino que está apoyado en el testimonio histórico de autores, tales como
Sahagún, Zorita, Ixtlilxóchitl, Mendieta, Torquemada, etcétera. Se trata por tanto
de una obra de auténtico valor, que nos introduce en el mundo del derecho ná-
huatl, facilitando la localización de sus preceptos y leyes desde el punto de vista
de la legislación mexicana vigente.
47
 Véase el ya citado “Huehuetlatolli, documento a”, Tlalocan, v. i, n. 2, p. 97.

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294 FILOSOFÍA NÁHUATL

atendiendo al móvil mismo del bien obrar moral y jurídico. No fue


éste, como ya se indicó al tratar de la supervivencia después de la
muerte, la esperanza de una retribución proporcional a las acciones
realizadas en esta vida. Porque en el pensamiento náhuatl el desti-
no del hombre en el más allá depende sólo de la voluntad inexora-
ble de Ometéotl. Lejos, pues, de lo que llamaríamos un “utilitarismo
metafísico”, el móvil náhuatl del obrar rectamente parece estar
situado en un doble plano personal y social. En primer lugar, hay
que buscar “lo conveniente, lo recto”, porque sólo así se logrará
poseer un “rostro y un corazón verdadero”, o como con frecuencia
se repite en los huehuehtlahtolli: realizando “lo conveniente, lo recto”,
“con esto estarás en pie, serás verdadero”.48
Y al lado de este primer ideal de perfeccionamiento personal,
aparece también el móvil de la necesaria convivencia y la legítima
aprobación social. Tratando así de la forma como debe uno com-
portarse al hablar con sus semejantes, se hace la siguiente conside-
ración que pone de manifiesto el segundo de los móviles que hemos
mencionado:

No con envidia,
ni con tu corazón torcido,
vendrás engreído, vendrás hablando.
Sino que harás bueno
tu canto y tu palabra.
Con lo cual serás bien estimado
y podrás convivir con la gente.49

Y como una prueba de que no se trata de una mera opinión ais-


lada y sin resonancia en el pensamiento náhuatl, damos otro breve
texto en el que en forma más universal aun se expresa la misma idea:

Si obras bien,
serás estimado por ello,
se dirá de ti
lo conveniente, lo recto.50

48
 Fray Andrés de Olmos, Ms. en náhuatl, f. 112r.
49
 Ibid., f. 118r; ap i, 70.
50
 Ibid., f. 112r; ap i, 71.

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FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO 295

Tal era el profundo sentido de autoperfección y genuina aproba-


ción social de lo “conveniente, lo recto”, que daban los nahuas a su
obrar. Y este doble motivo es uno en el fondo, ya que la verdadera
estima y aprobación de la sociedad debe corresponder tan sólo al
“rostro y corazón” bien formado que practica en la tierra “lo con-
veniente, lo recto”. Así es como en función de su ideal de control y
perfeccionamiento humano concibieron los sabios nahuas esta rica
doctrina, que con razón podemos llamar ético-jurídica, no obstante
haber presentado tan sólo los puntos más sobresalientes de ella.51

51
 Abrigamos la esperanza de poder exponer alguna vez, con la amplitud que
se merece, la filosofía moral de los nahuas, aprovechando plenamente todo el
material en náhuatl correspondiente al libro vi de la Historia de Sahagún, así como
los numerosos textos morales de los varios huehuehtlahtolli, recogidos principal-
mente por Olmos.

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EXISTENCIA DE UNA CONCIENCIA HISTÓRICA
EN EL MUNDO NÁHUATL

Si, como hemos visto, fue grande la preocupación de los sabios na-
huas por orientar a su pueblo en los aspectos moral y jurídico, corre-
lativamente encontramos en ellos un profundo interés por conser-
var el recuerdo del origen y especialmente de los triunfos y fracasos
de su gente. Porque, teniendo por misión aceptada y pregonada “el
poner un espejo delante de la gente para que se conozca a sí misma
y se haga cuerda”, debió irse consolidando en su pensamiento la
convicción de que la memoria de los hechos pasados era el mejor
de los espejos que podían ponerse ante los hombres para que se
conocieran como grupo o sociedad.
El hecho indudable es que, como vamos a comprobarlo acudien-
do a las fuentes, el pueblo náhuatl poseyó lo que hoy llamaríamos
una bien arraigada conciencia histórica. Hablan claramente en fa-
vor de esta afirmación los preceptos del Calmécac a que hemos ya
aludido, entre los que se menciona el estudio de los Xiuhámatl o
“libros de los años”, llamados “Anales” por Ixtlilxóchitl, quien aña-
de que ponían en ellos “por su orden las cosas que acaecían en cada
un año, con día, mes y hora”.52
Y si bien es cierto que la casi totalidad de estos códices históri-
cos fue destruida durante y a raíz de la Conquista, poseemos unos
pocos originales o reproducciones posteriores, así como sobre todo,
en mayor número, lo que llamaremos “alfabetización” o reducción
a escritura del contenido de los Xiuhámatl. Ejemplos de esto son los
Anales de Cuauhtitlán, el Manuscrito de 1558 (leyenda de los soles),
la Historia tolteca-chichimeca, etcétera.53

 Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas, t. ii, p. 17.


52

 Que en tiempos de los primeros frailes venidos a México había aún algunos
53

Xiuhámatl auténticos nos lo prueban los testimonios de Sahagún, Olmos, Tovar,


Durán, etcétera, quienes certifican que recibieron información de los indios sobre

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CONCIENCIA HISTÓRICA EN EL MUNDO NÁHUATL 297

Otra prueba de esta conciencia histórica del pueblo náhuatl, la


encontramos en la respuesta ya citada de los tlamatinime a los doce
primeros frailes recién llegados a Tenochtitlan. Allí se alude varias
veces a la antigüedad y bien conservada memoria de sus tradiciones
y hechos. Y aun se presenta esto como un argumento que deben
tomar en cuenta los frailes. Porque, como dicen los tlamatinime:

Ahora nosotros,
¿destruiremos
la antigua regla de vida?
La de los chichimecas,
de los toltecas,
de los acolhuas,
de los tecpanecas…54

Y así como ésta hay por lo menos otras dos alusiones históricas
igualmente significativas, primero a los reyes y señores que desde
tiempos remotos guardaron su antigua regla de vida, y luego a los
antiquísimos lugares, entre los que se mencionan Teotihuacan y
Tula, donde asimismo ésta fue observada. Pero, si esta serie de re-
ferencias históricas presentadas por los tlamatinime, en circunstan-
cias por demás dramáticas, ponen de manifiesto su hondo sentido
histórico, que espontáneamente los llevó a buscar argumentos en
los hechos pasados, hay todavía otro texto de los informantes de
Sahagún que parece ofrecer la prueba más completa de la existencia
de una arraigada conciencia histórica entre los nahuas. Porque el
texto en cuestión viene a corroborar esto de muy peculiar manera.
Se narra en él cómo a raíz de la consolidación del grupo azteca, gra-
cias a los triunfos de Itzcóatl (rey de Tenochtitlan —según la Cróni­
ca mexicáyotl— hacia el año 13 caña: 1427),55 y del que habría de ser
supremo consejero de los gobernantes mexicas, Tlacaélel, se ordenó

la base de sus pinturas. Por vía de ejemplo, citamos las palabras textuales de Sa-
hagún: “Todos las cosas que conferimos me las dieron por sus pinturas, que aqué-
lla era la escritura que ellos antiguamente usaban: los gramáticos los declararon
en su lengua, escribiendo la declaración al pie de la pintura…” (Op. cit., t. i, p. 2.)
54
 Colloquios y Doctrina Christiana… (edición de W. Lehmann), p. 105; ap i, 72.
55
 Fernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicáyotl, traducción directa del
náhuatl por Adrián León, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
1949, p. 108.

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298 FILOSOFÍA NÁHUATL

la quema de los antiguos códices en que se guardaban las tradicio-


nes, con el fin de establecer su versión oficial de la historia mexícatl.
Y esto que superficialmente pudiera ser tomado como falta de con-
ciencia histórica en Itzcóatl y Tlacaélel prueba en realidad su saga-
cidad, porque conocedores de la importancia de las tradiciones, en
las que hasta entonces ocupaban los aztecas un lugar secundario,
decidieron suprimirlas para poder echar las bases de un nuevo sen-
timiento de grupo, ordenando la enseñanza de su versión azteca de
la historia. Se satisfacían así por otra parte de lleno los anhelos de los
nuevos señores mexicas que habían obtenido su primer gran triunfo
al someter a los tecpanecas de Azcapotzalco. He aquí el texto mismo
que nos refiere las preocupaciones de Itzcóatl acerca de la concien-
cia histórica de su pueblo:

Se guardaba su historia.
Pero entonces fue quemada:
cuando reinó Itzcóatl, en México.
Se tomó una resolución,
los señores mexicas dijeron:
no conviene que toda la gente
conozca las pinturas.
Los que están sujetos (el pueblo)
se echarán a perder
y andará torcida la tierra,
porque allí se guarda mucha mentira,
y muchos en ellas han sido tenidos por dioses.56

Tratando, pues, de suprimir de la historia lo que a su juicio era


“mucha mentira”, como el aludido endiosamiento de muchos, di-
rigieron luego Itzcóatl y Tlacaélel su atención a crear una nueva
tradición enaltecedora del pueblo mexícatl. Aquí es donde posible-
mente tuvieron su origen, gracias a la educación que supo encauzar
el naciente sentimiento “nacionalista”, los mitos peculiares del
“pueblo del Sol” y de Huitzilopochtli, su dios protector.

56
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 192v; ap i, 73. Un poco más abajo volveremos a ocuparnos de este mismo
texto, en función de la cosmovisión místico-guerrera impuesta principalmente por
Tlacaélel a los aztecas.

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CONCIENCIA HISTÓRICA EN EL MUNDO NÁHUATL 299

Y si bien es cierto que Itzcóatl y Tlacaélel no lograron suprimir


la totalidad de las antiguas tradiciones, ya que muchas siguieron
trasmitiéndose de palabra y sobre todo continuaron vivientes en los
grupos nahuas vecinos de Tezcoco, Tlacopan, Tlaxcala, etcétera, sin
embargo el solo intento de querer modificar la tradición histórica
muestra que ésta era considerada como un factor de gran impor-
tancia en el mundo náhuatl. Tan es así que pensaron los señores
mexicas que de ello dependía fundamentalmente “el que anduviera
o no torcida la tierra”.
Constándonos ya por los varios testimonios presentados que
existió entre los nahuas lo que llamamos hoy una profunda con-
ciencia histórica, es menester que examinemos ahora cuál fue su
manera de concebir la historia. En la primera línea del texto recién
citado encontramos una mención expresa de la historia: “se guar-
daba su historia” (ca mopiaya in iitoloca). Un análisis del último
término, iitoloca, nos mostrará un primer aspecto de la idea náhuatl
que pretendemos conocer. Se trata de un compuesto de los siguien-
tes elementos: i-ito-lo-ca. La raíz principal es ito(a): decir, que unida
al infijo -lo- toma carácter pasivo y, seguida del sufijo instrumental
-ca, significa “lo que se dice”. Anteponiéndose a estos elementos el
prefijo personal i- (de alguno), todo el compuesto vale tanto como:
“lo que se dice de alguno”. Es, pues, la historia náhuatl (Geschichte,
como no duda en traducir Seler),57 el conjunto de lo que se dice
acerca de quienes han vivido en la tierra. Mas no se trata en la his-
toria náhuatl de un mero decir sin fundamento, como lo hace ver
otro texto de los Anales de Cuauhtitlán, en el que se afirma que se
“oirá decir lo que se puso en papel y se pintó”.58
O sea que, como lo certifican también los testimonios ya aducidos
de los cronistas, los indios teniendo delante sus códices y pinturas
“decían” o declaraban lo que allí estaba representado. De donde se
infiere que, si bien la palabra declaratoria era fundamental para
la trasmisión de la historia entre los nahuas, ésta suponía siempre la
documentación a base de signos numéricos y pinturas. Tomando

57
 Eduard Seler, Einige Kapitel aus dem Geschichtswerk des fray Bernardino de
Sahagún, p. 435.
58
 Anales de Cuauhtitlán (edición de W. Lehmann), p. 104; ap i, 74.

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300 FILOSOFÍA NÁHUATL

esto en cuenta no extraña oír que Ixtlilxóchitl, en el prólogo de su


Historia de la nación chichimeca, nos hable de que para redactar ésta:

me aproveché de las pinturas y caracteres que son con que aquéllas


están escritas y memorizadas sus historias, por haberse pintado al
tiempo y cuando sucedieron las cosas acaecidas y de los cantos con
que las conservaban autores muy graves en su modo de ciencia y
facultad.59

Y es que, preocupados como estaban los nahuas por conservar


la memoria del pasado, llegaron a contar con toda una serie de
personas que hoy designaríamos como “especialistas” en las prin-
cipales ramas de la historia. Nota en este sentido el mismo Ixtlil­
xóchitl:

tenían para cada género sus escritores, unos que trataban de los Ana-
les (Xiuhámatl), poniendo por su orden las cosas que acaecían en
cada un año, con día, mes y hora.
Otros tenían a su cargo las genealogías y descendencias de los
Reyes y Señores y personas de linaje, asentando por cuenta y razón
los que nacían y borraban los que morían con la misma cuenta.
Unos tenían cuidado de las pinturas de los términos, límites y
mojoneras de las ciudades, provincias, pueblos y lugares, y de las suer-
tes y repartimientos de tierras, cuyos eran y a quién pertenecían…60

Tan extraordinaria enumeración de las profesiones de quienes


se ocupaban de ir dejando testimonio de los acontecimientos pasa-
dos no es fruto de la imaginación de Ixtlilxóchitl, pues si recordamos
lo dicho al comentar en el capítulo i un texto de los Colloquios, en
el que se habla de la diversificación del saber entre los nahuas, así
como lo que se refiere al principio de la Historia de los mexicanos por
sus pinturas, se verá que hay plena concordancia entre estas fuentes
de tan distinta procedencia respecto de la existencia de “escuelas”
o grupos de historiadores entre los nahuas.
Como una última prueba de la universal difusión de la itoloca
o historia náhuatl que, cultivada por los sabios, alcanzaba luego

59
 Fernado de Alva Ixtlilxóchitl, op. cit., t. ii, p. 17.
60
 Loc. cit.

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CONCIENCIA HISTÓRICA EN EL MUNDO NÁHUATL 301

amplia resonancia social, presentamos un cantar conservado por


Alvarado Tezozómoc, en el que todo el pueblo que lo entona —como
“recordación de los principales mexicanos muertos en la guerra de
Chalco”— afirma que el imperio mexícatl sabe guardar la memoria
de sus guerreros:

La muerte
que nuestros padres, hermanos e hijos recibieron
no les sucedió porque debieran nada,
ni por robar, ni por mentir,
ni por alguna vileza,
sino por valor y honra
de nuestra patria y nación
y por valor de nuestro imperio mexicano,
y honra y gloria
de nuestro dios y señor Huitzilopochtli,
y recordación de perpetua memoria,
honra y gloria de ellos.61

Un pueblo que así sabía conservar el recuerdo de sus héroes y que


tan pormenorizadamente rememoraba sus mitos y hechos pasados
era, en todo el rigor de la palabra, un pueblo con conciencia histórica.
Lo cual creemos que equivale a decir que así como en el plano indi-
vidual habían encontrado los tlamatinime la idea de persona: “rostro
y corazón”, así en el terreno social se habían descubierto como un
grupo con una fisonomía y una trayectoria particulares en el tiempo.
Un descubrimiento semejante es también filosofía, y, lo que es más
importante, es filosofía con resonancias sociales.
En el caso concreto de los aztecas no es fantasía sostener que la
más inmediata consecuencia deducida por ellos de su historia fue
su persuasión de ser —como lo ha notado Caso— “un pueblo con
misión”. Por esto, no dejan de cautivar nuestra atención las profé-
ticas palabras de Chimalpáin, que en sus Anales proyectó hacia el
futuro la presencia histórica de la gran Tenochtitlan, tal como latía
en su propia conciencia:

61
 Hernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicana, notas de M. Orozco y
Berra, México, Editorial Leyenda, 1994, cap. xxv, p. 94.

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302 FILOSOFÍA NÁHUATL

En tanto que permanezca el mundo,


no acabará la fama y la gloria
de México-Tenochtitlan.62

Es ésta sólo una muestra de la confianza que la conciencia de


su pasado supo inspirar en el ánimo de los pueblos nahuas. Porque,
gracias a la historia que respondía a la pregunta sobre su origen
remoto y que aun se aventuraba a hacer predicciones sobre el por-
venir, pudieron sentirse los nahuas centrados en su mundo, no ya
como forasteros, sino como creadores y herederos de una cultura
—la toltecáyotl—, palabra que abarca todo lo elevado y noble del
mundo náhuatl.

62
 Domingo Chimalpáin Cuauhtlehuanitzin, Memorial breve de la fundacion
de la ciudad de Culhuacan, apud W. Lehmann, Die Geschichte der Königreiche von
Colhuacan und Mexico, p. iii; ap i, 75.

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COSMOVISIÓN MÍSTICO-GUERRERA DE TLACAÉLEL

Habiendo tratado de esas creaciones culturales, educación, moral,


derecho e historia, comunes a los varios grupos nahuas de los siglos
xv y xvi, parece oportuno aludir aquí al pensamiento y actuación
casi increíbles de un extraordinario personaje azteca. Su obra, en
cuanto creador de una forma de vida, que llegó a ser característica
de los aztecas, dentro del mundo náhuatl resulta fundamental. El
hombre a que nos referimos es Tlacaélel, consejero de los gobernantes
mexicas. Pero, aunque parezca inverosímil, Tlacaélel, cuya obra se
sintetiza en la consolidación de la supremacía azteca resulta casi un
desconocido para la gran mayoría. Y no se debe esto a carencia de
datos acerca de la figura de Tlacaélel.
Aun cuando fray Juan de Torquemada, al leer en la Historia del
jesuita José de Acosta las proezas de Tlacaélel, afirma que se trata sólo
de un “personaje fingido e imaginario”,63 hay numerosas fuentes
indígenas, independientes entre sí, que hablan acerca del gran con-
sejero de los reyes Itzcóatl, Motecuhzoma Ilhuicamina y Axayácatl. En-
tre esas fuentes están: la Crónica mexicáyotl, escrita en náhuatl por
Tezozómoc, en la que se ofrece la genealogía de Tlacaélel; la Séptima
relación de Chimalpáin, que nos da la fecha exacta de su nacimiento
y datos valiosos sobre su actuación; los Anales tepanecas de Azcapotzal­
co; las tres relaciones dependientes de la llamada Crónica x, o sea, el
Códice Ramírez, la Crónica mexicana y la Historia de Durán; las alusio-
nes que se encuentran en el Códice Cozcatzin, en un cantar mexicano
del Manuscrito de la Biblioteca Nacional, así como verosímilmente dos
representaciones pictográficas de los Códices Xólotl y Azcatitlan.64
Chimalpáin en su Séptima relación ofrece concretamente los
siguientes datos acerca del nacimiento de Tlacaélel:

 Fray Juan de Torquemada, op. cit., t. i, p. 171.


63

 Respecto del valor y origen de estos documentos e historias, véase la sección


64

que se consagra a su estudio en la Introducción de este libro.

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304 FILOSOFÍA NÁHUATL

Año 10 Conejo (1398),


entonces, como lo sabían por tradición los ancianos mexicanos,
nacieron Motecuhzoma el viejo, Ilhuicamina,
el que brilla con resplandor de jade,
que vino al mundo al momento en que el sol estaba ya elevado.
Su madre era una princesa de Cuauhnáhuac (Cuernavaca),
su nombre Miyahuaxiuhtzin.
Y Tlacaélel, que nació el mismo día por la mañana,
cuando el sol, como decimos, iba a elevarse.
De suerte que se dice que (Tlacaélel) era el mayor.
Su madre, llamada Cacamacihuatzin,
era una princesa de Teocalhuiyacan.
Cada uno tuvo madre distinta,
pero tuvieron el mismo padre, Huitzilíhuitl II,
rey de Tenochtitlan.65

La primera actuación de Tlacaélel en la vida pública de México-


Tenochtitlan la describe la Historia de Durán. Hecha la elección
del rey Itzcóatl, hacia 1424, los mexicas se vieron en la trágica disyun-
tiva de tener que aceptar servilmente las continuas vejaciones de
que los hacía objeto el tirano Maxtla de Azcapotzalco, o reaccionar
contra él, iniciando la guerra. Ante el peligro de ser aniquilados,
Itzcóatl y los señores mexicas habían optado por someterse de la
manera más completa a los tepanecas de Azcapotzalco. Decían que
lo mejor era

que tomasen a su dios Huitzilopochtli y se fuesen a Azcaputzalco a po-


ner en las manos del Rey todos con toda humildad para que hiciese
dellos lo que fuese su voluntad, y que quizá los perdonarían y darían
en Azcapultzalco lugar donde viviesen y los entretejerían entre los
vecinos, ofreciéndose por esclavos de los de Azcaputzalco…66

Fue entonces cuando el joven Tlacaélel habló por primera vez en


público, incitando a los mexicas a una lucha, que iba a ser el princi-
pio de la grandeza de Tenochtitlan. He aquí las palabras de Tlacaélel:

65
 Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpáin Cuauhtlehuanitzin,
Annales. Sixième et septième relations (1258-1612), publiées et traduites par Rémi
Siméon, Paris, Maisonneuve et Ch. Leclerc, 1889, p. 85; ap i, 76.
66
 Fray Diego de Durán, op. cit., t. i, p. 70.

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COSMOVISIÓN DE TLACAÉLEL 305

¿Qué es esto, mexicanos?, ¿qué hacéis? Vosotros estáis sin juicio:


aguardad, estaos quedos, dejadnos tomar más acuerdo sobre este
negocio: ¿tanta cobardía ha de haber que nos habemos de ir a entre-
tejer con los de Azcaputzalco? Y llegándose al rey, le dijo: Señor, ¿qué
es esto?, ¿cómo permites tal cosa? Hablad a ese pueblo; búsquese un
medio para nuestra defensa y honor, y no nos ofrezcamos así tan
afrentosamente entre nuestros enemigos.67

Largo y fuera de lugar sería relatar aquí el modo como vencieron


los mexicas a los de Azcapotzalco. Baste repetir que, según el testi-
monio de Durán, Tezozómoc, Chimalpáin, los Anales tepanecas de
Azcapotzalco y los códices Ramírez y Cozcatzin, a Tlacaélel se debió
principalmente esa primera victoria de tan grandes consecuencias.
Restablecida la paz, los textos nos refieren cuáles fueron los diver-
sos actos y medidas tomadas por Tlacaélel. Constituido implícitamen-
te en consejero de Itzcóatl, de quien afirma categóricamente el Códice
Ramírez que “no hacía más que lo que Tlacaélel le aconsejaba”, lo
primero que emprendió fue una doble reforma: la concesión de títu-
los a los guerreros mexicas que se habían distinguido en la lucha y la
distribución de tierras al rey, a los señores, o nobleza recién constituida,
y a cada uno de los barrios de la ciudad de México-Tenochtitlan.
En relación con este afán de engrandecer con títulos y tierras a
los mexicanos, los informantes de Sahagún se refieren a otro hecho
de suma importancia al que ya se aludió a propósito de la conciencia
histórica existente en el mundo náhuatl. Relata el documento indí-
gena que, terminada la guerra de Azcapotzalco, se reunieron Itzcóatl
y los principales señores mexicas. Entre ellos, como es obvio, estaba
Tlacaélel. Reunidos, determinaron quemar los códices y libros de pin-
turas de los vencidos tepanecas y aun los propios de los mexicas,
porque en esos libros de pinturas la figura del pueblo azteca carecía
de importancia. En realidad se había concebido la idea de imponer
una nueva versión de su historia. Transcribimos de nuevo, por su
importancia en relación con Tlacaélel, parte del texto indígena que
habla acerca de esta primera quema de códices, llevada a cabo mucho
tiempo antes de las destrucciones ordenadas por los españoles:

67
 Loc. cit.

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306 FILOSOFÍA NÁHUATL

Se guardaba su historia.
Pero, entonces, fue quemada…
Los señores mexicas dijeron:
no conviene que toda la gente
conozca las pinturas.
Los que están sujetos (el pueblo)
se echarán a perder
y andará torcida la tierra,
porque allí se guarda mucha mentira,
y muchos en ellas han sido tenidos por dioses.68

La nueva visión de la historia mexícatl introducida entonces se con-


serva en los textos de procedencia azteca que hoy día se conocen. En
ellos, los mexicas aparecen frecuentemente emparentados con la noble-
za tolteca. Las divinidades mexicas, especialmente Huitzilopochtli, se si-
túan en un mismo plano con los dioses creadores de las diversas edades
o “soles”, es decir con Tezcatlipoca y con Quetzalcóatl, como puede verse,
por ejemplo, en la Historia de los mexicanos por sus pinturas. Pero, sobre
todo, se trasluce en la documentación azteca ese espíritu místico-gue-
rrero, del “pueblo del Sol”, o sea de Huitzilopochtli, que tiene por misión
someter a todas las naciones de la tierra, para hacer cautivos, con cuya
sangre habrá de conservarse la vida del astro que va haciendo el día.
Y a propósito del rango principal que desde entonces asignaron
los mexicas a su numen tutelar, Huitzilopochtli, dentro del antiguo
panteón náhuatl, hay en la Séptima relación de Chimalpáin un bre-
ve pero expresivo pasaje:

El primero en la guerra, el varón fuerte, Tlacaélel, como se verá en los


libros de años, fue quien anduvo haciendo, quien anduvo siempre
persuadiendo a los mexicas de que su dios era Huitzilopóchtil.69

La figura de Huitzilopochtli dejó de ser el numen tutelar de una


pobre tribu perseguida y se fue agigantando cada vez más, gracias a
la acción de Tlacaélel. La nueva versión de la historia mexícatl, tras la
mencionada quema de códices, fue el camino para inculcar en el
pueblo las ideas de Tlacaélel.

68
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 192v; ap i, 73.
69
 D. F. Chimalpáin Cuauhtlehuanitzin, op. cit., p. 106; ap i, 77.

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COSMOVISIÓN DE TLACAÉLEL 307

Huitzilopochtli aparece como el dios más poderoso. A él le dirigen


las antiguas plegarias de la religión náhuatl y los sacerdotes com-
ponen también nuevos himnos en su honor, como los que ya
existían a honra de Quetzalcóatl principalmente. Identificado con
el sol, Huitzilopochtli es al mismo tiempo quien da vida y conserva,
alentando la guerra, esta quinta edad en que vivimos. He aquí uno
de los himnos prehispánicos que alude a estas ideas, recogido por
los informantes de Sahagún:

¡Huitzilopochtli, el joven guerrero,


el que obra arriba, va andando su camino!

—“No en vano tomé el ropaje de plumas amarillas:


porque yo soy el que ha hecho salir al sol.”

El Portentoso, el que habita en la región de las nubes:


¡uno es tu pie!

El habitador de la fría región de las alas:


¡se abrió tu mano!

Junto al muro de la región de ardores,


se dieron plumas, se van disgregando,
se dio grito de guerra... ¡Ea, ea, ho, ho!
Mi dios se llama Defensor de hombres.

Oh, ya prosigue, va muy vestido de papel,


el que habita en la región de ardores, en el polvo,
en el polvo se revuelve en giros.

Los de Amantla son nuestros enemigos:


¡ven a unirte a mí!
Con combate se hace la guerra:
¡ven a unirte a mí!

Los de Pipiltlan son nuestros enemigos:


¡ven a unirte a mí!
Con combate se hace la guerra:
¡ven a unirte a mí!70

70
 “Canto a Huitzilopochtli”, en Veinte himnos sacros de los nahuas, versión
de Ángel María Garibay K., México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1958, p. 31; ap i, 78.

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308 FILOSOFÍA NÁHUATL

Tlacaélel mismo insistió en la idea, si no es que la introdujo, de


la necesidad de mantener la vida del Sol-Huitzilopochtli con el agua
preciosa de los sacrificios.
Es cierto que ya antes de los mexicas había sacrificios humanos.
Sin embargo, no se sabe que se practicaran con tanta frecuencia
como entre ellos. La explicación de esto es tal vez que Tlacaélel supo
inculcar a los varios reyes mexicas, de quienes fue consejero, la idea
de que su misión era extender los dominios de Huitzilopochtli, para
obtener víctimas con cuya sangre pudiera preservarse la vida del sol.
De un breve discurso de Itzcóatl, de quien se dice, como ya vimos,
que “no hacía más que lo que Tlacaélel le aconsejaba”, transcribimos
las siguientes palabras:

éste es —dice— el oficio de Huitzilopochtli, nuestro dios, y a esto fue


venido: para recoger y atraer a sí y a su servicio todas las naciones con
la fuerza de su pecho y de su cabeza…71

En honor de Huitzilopochtli, se empezó a edificar luego —por


consejo también de Tlacaélel— un templo mayor, rico y suntuoso.
En él se iban a sacrificar numerosas víctimas al Sol-Huitzilopochtli,
que había llevado a los mexicas a realizar grandes conquistas: pri-
mero de los señoríos vecinos, y luego de los más lejanos de Oaxaca,
Chiapas y Guatemala. Hablando con el rey Motecuhzoma Ilhuicami­
na, a propósito de la dedicación del templo mayor de Tenochtitlan,
se expresó así Tlacaélel:

Sacrifíquense esos hijos del Sol, que no faltarán hombres para estrenar
el templo cuando estuviese del todo acabado. Porque yo he pensado
lo que de hoy más se ha de hacer; y lo que se ha de venir a hacer tarde,
vale más que se haga desde luego, porque no ha de estar atenido nues-
tro dios a que se ofrezca ocasión de algún agravio para ir a la guerra.
Sino que se busque un cómodo y un mercado donde, como a tal mer-
cado, acuda nuestro dios con su ejército a comprar víctimas y gente
que coma; y que bien, así como a boca de comal de por aquí cerca
halle sus tortillas calientes cuando quisiera y se le antojase comer, y
que nuestras gentes y ejércitos acudan a estas ferias a comprar con su
sangre y con la cabeza y con su corazón y vida las piedras preciosas y

71
 Fray Diego de Durán, op. cit., t. i, p. 95.

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COSMOVISIÓN DE TLACAÉLEL 309

esmeraldas y rubíes y las plumas anchas y relumbrantes, largas y bien


puestas, para el servicio del admirable Huitzilopochtli.72

Y precisando luego en dónde podría estar ese tianguis o merca-


do, en el cual el Sol-Huitzilopochtli “compraría” por medio de la
guerra su alimento, continúa:

Este tinguez y mercado, digo yo Tlacaélel, que se ponga en Tlaxcala y


en Huejotzinco, y en Cholula y en Atlixco, y en Tliliuhquitépec y en
Técoac, porque si le ponemos más lejos como en Yopitzinco o en Mi-
choacán o en la Huasteca o junto a esas costas, que ya nos son todas
sujetas, son provincias muy remotas y no lo podrían sufrir nuestros
ejércitos. Es cosa muy lejana, y es de advertir que a nuestro dios no le
son gratas las carnes de esas gentes bárbaras. Tiénelas en lugar de pan
blanco y duro, y como pan desabrido y sin razón, porque como digo,
son de extraña lengua y bárbaros, y así será muy acertado que nuestro
mercado y feria sea en estas seis ciudades que he nombrado; conviene
a saber, Tlaxcala, Huejotzinco, Cholula, Atlixco, Tliuhquitépec y Té-
coac, la gente de los cuales pueblos tendrá nuestro dios por pan ca-
liente que acaba de salir del horno, blando y sabroso... Y ha de ser esta
guerra de tal suerte, que no pretendamos destruirlos, sino que siempre
se esté en pie, para que cada y cuando quiera que queramos, y nuestro
dios quiera comer y holgarse, acudamos allí como quien va al mercado
a mercar de comer…73

Tal fue en el pensamiento de Tlacaélel el origen de las “guerras


floridas”, organizadas para obtener víctimas que ofrecer a su dios
Huitzilopochtli. Y así como introdujo reformas en el pensamiento y
culto religioso, así también transformó, como pormenorizadamen-
te lo refiere el mismo Durán, el orden jurídico, el servicio de la casa
real de Motecuhzoma, el ejército, la organización de los pochtecas o
comerciantes, y aun, por no dejar, llevó a cabo la creación de un
verdadero jardín botánico en Oaxtepec, en las cercanías de Cuautla,
en el actual estado de Morelos.74

 Ibid., t. i, p. 241.
72

 Ibid., t. i, p. 242.
73
74
 Todavía en la actualidad quedan algunos vestigios arqueológicos del “jardín
botánico” de Oaxtepec, Morelos.

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310 FILOSOFÍA NÁHUATL

Tal fue el modo como consolidó Tlacaélel la grandeza mexícatl.


Sin aceptar jamás la suprema dignidad de rey o tlatoani que insis-
tentemente le ofrecieron, al morir Itzcóatl y Motecuhzoma Ilhuica­
mina, de hecho fue él quien inspiró siempre los designios del pueblo
del sol. Significativas son en este sentido las palabras que pronunció
cuando, después de la muerte de Motecuhzoma, se empeñaron los
nobles mexicas, acompañados del rey de Tezcoco, en ofrecerle el
supremo título de tlatoani. Las siguientes palabras de Tlacaélel, con-
servadas por el mismo Durán, muestran claramente la actitud del
gran consejero de los señores mexicas:

Por cierto, hijos míos, yo os lo agradezco


y al rey de Tezcuco,
pero venid acá:
yo os quiero que me digáis,
de ochenta años a esta parte,
o noventa que ha que pasó la guerra de Azcaputzalco,
¿qué he sido?, ¿en qué lugar he estado?

¿Luego no he sido nada?


¿Pues para qué me he puesto corona en la cabeza,
ni he usado de las insignias reales que los reyes usan?
¿Luego no ha valido nada todo cuanto he juzgado y mandado?
¿Luego injustamente he muerto al delincuente
y he perdonado al inocente?
¿Luego no he podido hacer señores,
ni quitar señores como he puesto y compuesto?...

Mal he hecho en vestirme las vestiduras


y semejanzas de los dioses
y mostrarme sus semejanzas,
y como tal dios tomar el cuchillo y matar y sacrificar hombres;
y si lo pude hacer
y lo he hecho ochenta o noventa años ha,
luego rey soy y por tal me habéis tenido;
¿pues qué más rey queréis que sea?...75

75
 Fray Diego de Durán, op. cit., t. i, p. 326. Parece indudable que las palabras
de Tlacaélel, afirmando haber influido 80 o 90 años, desde que pasó la guerra de
Azcapotzalco, son una mera exageración retórica, ya que, según las cronologías
de ordinario aceptadas, Motecuhzoma Ilhuicamina murió hacia 1469, después de

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COSMOVISIÓN DE TLACAÉLEL 311

El mejor comentario de tan expresivo discurso de Tlacaélel, en


el que el paralelismo de sus frases deja traslucir claramente su pro-
cedencia náhuatl, nos lo ofrece el Códice Ramírez:

Y no le faltaba razón —se afirma allí— porque con su industria, no


siendo rey, hacía más que si lo fuera... porque no se hacía en todo el
reino más que lo que él mandaba.76

Siendo pues Tlacaélel el verdadero creador de la grandeza del


pueblo mexícatl, no es de extrañar que en la Crónica mexicáyotl de
Tezozómoc reciba un título que no hemos visto atribuido a ningún
otro señor o capitán del mundo náhuatl prehispánico. Textualmen-
te dice así el texto indígena, al hablar de la derrota de los tlatelolcas,
en tiempos de Axayácatl:

Ya se dijo que cuando fueron vencidos los tlatelolcas, esto lo llevó a


cabo Axayácatl. Y esto sucedió cuando aún vivía aquel varón llamado
Tlacaélel, el Cihuacóatl, conquistador del mundo (in cemanáhuac
Tepehuan).77

Los textos aducidos han puesto de manifiesto la importancia


del pensamiento y la acción de Tlacaélel como organizador de la que
hemos llamado “visión místico-guerrera” de los aztecas. Sin embar-
go, lo dicho acerca de Tlacaélel no ha sido en modo alguno una
exposición completa de su pensamiento y acción. Semejante estudio
sigue haciendo falta. Porque sólo presentando, en función de las
fuentes, los más diversos aspectos del pensamiento de Tlacaélel po-
drá llegarse a comprender el meollo más profundo de la que acer-
tadamente llamó el doctor Alfonso Caso “filosofía del pueblo del
Sol”, o sea de la cosmovisión específicamente azteca.
Resulta significativo que, ya a principios del siglo xvii, un hom-
bre no directamente dedicado al estudio de nuestra historia antigua,

haber gobernado 29 años. En todo caso, habían transcurrido aproximadamente


43 años desde que fueron vencidos los tepanecas de Azcapotzalco.
76
 Códice Ramírez, en op. cit., p. 85.
77
 Fernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicáyotl, traducción del náhuatl
por Adrián León, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto
de Historia, 1949, p. 121; ap i, 79.

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312 FILOSOFÍA NÁHUATL

como lo fue el célebre científico, según parece de origen alemán,


Henrico Martínez, escribiera acerca de Tlacaélel, afirmando que era
el famoso Cihuacóatl “a quien se debía casi toda la gloria del Impe-
rio Mexicano”.78
Gracias a Tlacaélel, esa visión del mundo, fundada en el concepto
y en la realidad de la lucha, llegó a identificarse como la actitud
propia de los aztecas. Dos pequeños cantares mexicanos en los que
se afirma que la raíz y fundamento de México-Tenochtitlan está en
la lucha, simbolizada por sus dardos y sus escudos, son quizás la
más afortunada síntesis del pensamiento místico-guerrero iniciado
por Tlacaélel:

Con nuestros dardos,


con nuestros escudos,
está existiendo la ciudad.79

Allí donde se tiñen los dardos,


donde se tiñen los escudos,
están las blancas flores perfumadas,
las flores del corazón:
abren sus corolas las flores del que da la vida,
cuyo perfume aspiran en el mundo los príncipes:
es Tenochtitlan.80

78
 Henrico Martínez, Reportorio de los tiempos e Historia natural de Nueva
España, México, Secretaría de Educación Pública, 1948, p. 129.
79
 Ms. Cantares mexicanos, f. 20v; ap i, 80.
80
 Ibid., f. 18r; ap i, 81.

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CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE

Los ideales místico-guerreros de Tlacaélel, además de tener las ya


mencionadas consecuencias en el terreno de la historia, de la reli-
gión con sus ritos y sacrificios, y en la grandeza militar, comercial
y política de los aztecas, resonaron también en la esfera del arte. Ya
Itzcóatl, poco antes de morir, como lo refiere Durán apoyado en una
“vieja relación y pintura”, expresó el deseo de que se edificaran
templos y se labraran en piedra las efigies de su dios Huitzilopochtli,
de Coatlicue y de los otros dioses y reyes, sus antepasados.81 Sus de-
seos y los de Motecuhzoma Ilhuicamina y los demás gobernantes
mexicas se volvieron realidad.
El arte netamente azteca, inspirado en el pensamiento entusias-
ta y dominador del pueblo del sol, hizo su aparición y llegó a ser
extraordinario, particularmente en su escultura, no ya sólo en obras
maestras de proporciones colosales —la impresionante Coatlicue, la
cabeza de Coyolxauhqui, la Piedra del sol—, sino también en multitud
de obras menores como la cabeza del hombre muerto del Museo
Nacional, el Xólotl del Museo de Stuttgart, el cráneo en cristal de
roca del Museo Británico, y otras más.82
Pero esas creaciones en toda su grandeza y complejidad, inspi-
radas en la concepción místico-guerrera de Tlacaélel, como verda-
deros enjambres de símbolos que son, resultan a veces para el hombre
moderno de difícil comprensión. Numerosos han sido los empeños
por acercarse a ellas para comprenderlas, gustarlas y “leer su men-
saje”. Sin embargo, pocos han tomado en cuenta, que sepamos, la

 Fray Diego de Durán, op. cit., t. i, p. 123.


81

 Justino Fernández, en su obra Arte mexicano, de sus orígenes a nuestros días,


82

México, Editorial Porrúa, 1958, se expresa así al hablar de la escultura azteca (p. 49):
“El arte azteca no tiene rival en su escultura; resumió tanto las posibilidades de
las formas ideales geométricas, como los suaves refinamientos de antiguas tradi-
ciones, pero a todo le dio nuevo aliento y vigor, y sobrepasó el dramatismo para
alcanzar una original belleza trágica, a la que dio un sentido esplendente.”

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314 FILOSOFÍA NÁHUATL

existencia de textos indígenas portadores de una reflexión conscien-


te y madura acerca del posible significado de esas formas de creación
artística. Los textos en cuestión conservan una vez más el testimo-
nio de los tlamatinime que llegaron a forjarse una verdadera con-
cepción náhuatl de su arte.
Dicha concepción, aplicable no sólo al arte azteca, sino más
ampliamente al de los varios grupos nahuas, es consecuencia de su
forma de pensar a base de “flores y cantos”. Es tal vez la semilla de
una de las más extraordinarias maneras de responder a la antigua
pregunta ¿qué es el arte?, restringida aquí específicamente al arte
náhuatl prehispánico.
Mas debe advertirse, expresamente, que las reflexiones que cul-
minaron con esta suprema creación del hombre náhuatl: su con-
cepción del arte, aplicable simbólicamente al universo y a la vida
entera, no son propiamente consecuencia del pensamiento de Tla­
caélel. Aquí la visión místico-guerrera se restringe y limita. Nos acer-
camos en cambio a las flores y los cantos, al pensamiento que tuvo
su raíz en los tiempos toltecas, pero que se cultivaba aún en ciudades
como Tezcoco, Chalco y Huexotzinco en pleno siglo xv y principios
del xvi. Los textos que sobre esta concepción náhuatl del arte aquí
se aducen tratan acerca de tres aspectos principales: a) el origen his-
tórico del arte náhuatl, según la opinión de los informantes de
Sahagún; b) la predestinación y características personales del artista
náhuatl, y c) las diversas clases de artistas.

a) Origen histórico del arte náhuatl.

Los informantes indígenas de Sahagún dan una versión del origen


histórico de sus creaciones artísticas. Como es obvio, su versión es,
más que nada, un testimonio de lo que creían y pensaban los indios
viejos, por lo menos desde fines del siglo xv y principios del xvi,
acerca del origen de su arte. Como en casi todas las grandes cultu-
ras, hablan de sus maravillosos tiempos pasados, en los cuales todo
fue bueno y hermoso: en ellos nació la toltecáyotl, el conjunto de
las artes y los ideales de los toltecas.
La descripción que de la cultura tolteca nos ofrecen los infor-
mantes indígenas de Sahagún es muy expresiva. Después de hablar

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CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 315

de los varios sitios en que moraron antes los toltecas, narran lo que
saben acerca de Tula. Es interesante que los datos que desde luego
proporcionan son fruto de un conocimiento directo, casi experi-
mental, de los restos dejados en Tula por los toltecas:

De verdad allí estuvieron juntos,


estuvieron viviendo.
Muchas huellas de lo que hicieron
y que allí dejaron todavía están allí, se ven,
las no terminadas, las llamadas columnas de serpientes.
Eran columnas redondas de serpientes,
su cabeza se apoya en la tierra,
su cola, sus cascabeles están arriba.
Y también se ve el monte de los toltecas
y allí están las pirámides toltecas,
las construcciones de tierra y piedra, los muros estucados.
Allí están, se ven también restos de la cerámica de los toltecas,
se sacan de la tierra tazas y ollas de los toltecas
y muchas veces se sacan de la tierra collares de los toltecas,
pulseras maravillosas, piedras verdes, turquesas, esmeraldas…83

A continuación, explicando el origen de todas esas creaciones


de los toltecas, nos ofrecen los tlamatinime la visión ideal de la an-
tigua cultura, de la que los nahuas posteriores afirmaban ser sus
herederos:

Los toltecas eran gente experimentada,


todas sus obras eran buenas, todas rectas,
todas bien hechas, todas admirables.

Sus casas eran hermosas,


sus casas con incrustaciones de mosaicos de turquesa,
pulidas, cubiertas de estuco, maravillosas.
Lo que se dice una casa tolteca,
muy bien hecha, obra en todos sus aspectos hermosa…
Pintores, escultores y labradores de piedras,
artistas de la pluma, alfareros, hilanderos, tejedores,
profundamente experimentados en todo,

83
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 172r-172v; ap i, 82.

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316 FILOSOFÍA NÁHUATL

descubrieron, se hicieron capaces


de trabajar las piedras verdes, las turquesas.
Conocían las turquesas, sus minas,
encontraron las minas y el monte de la plata,
del oro, del cobre, del estaño, del metal de la luna…

Estos toltecas eran ciertamente sabios,


solían dialogar con su propio corazón…
Hacían resonar el tambor, las sonajas,
eran cantores, componían cantos,
los daban a conocer,
los retenían en su memoria,
divinizaban con su corazón
los cantos maravillosos que componían…84

Después de haber descrito así los informantes de Sahagún las


extraordinarias dotes artísticas de los toltecas, resulta superfluo
acumular citas de otros textos indígenas y de cronistas en apoyo de
la elevada estimación en que tenían los nahuas de los siglos xv y
xvi a sus antecesores toltecas. Tal vez la más radical comprobación
de esto puede hallarse en el hecho de que la palabra toltécatl vino a
significar en la lengua náhuatl lo mismo que “artista”. En todos los
textos en los que se describen la figura y los rasgos característicos de
los cantores, pintores, orfebres, etcétera, se dice siempre de ellos
que son “toltecas”, que obran como “toltecas”, que sus creaciones
son fruto de la toltecáyotl. Y hay incluso un texto en el cual, en for-
ma general, se describe la figura del artista, refiriéndose precisamen-
te a él como a un toltécatl. Transcribimos el mencionado texto,
testimonio elocuente de la atribución que hacían los nahuas del
origen de su arte a la cultura tolteca:

Toltécatl: el artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto.


El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil;
dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.

El verdadero artista todo lo saca de su corazón;


obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,

84
 Ibid., secciones tomadas de los folios 172v a 176r; ap i, 83.

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CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 317

obra como tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea;


arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.85

Vista así brevemente la que pudiéramos llamar conciencia his-


tórica náhuatl acerca del origen de su arte, pasamos a considerar el
segundo punto: la predestinación que presuponía el llegar a ser un
artista dentro del mundo náhuatl.

b) Predestinación y características personales del artista náhuatl.

No sólo en el mundo náhuatl, sino aun en nuestra propia cultura,


es verdad aceptada que se requieren numerosas cualidades para llegar
a ser artista. En la ciencia y en el arte no deja de ser verdadero el
refrán latino que dice: Quod natura non dat, Salmantica non praestat
(lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo suple). Pues bien, esto
mismo, pero en función de su mitología y su pensamiento astroló-
gico, lo repiten también los tlamatinime respecto de los artistas.
Para llegar a ser como los toltecas, hacía falta estar predestinado
a ello. Esa predestinación se manifestaba de doble manera. Por una
parte era necesario poseer una serie de cualidades: ante todo ser
“dueño de un rostro y un corazón”, es decir, tener una personalidad
bien definida. Además, como lo veremos en el texto que a continua-
ción se transcribe, convenía haber nacido en una de las varias fechas
que, según los conocedores del calendario adivinatorio, eran favo-
rables a los artistas y a la producción de sus obras. Pero esto último
estaba necesariamente condicionado a que el artista tomara en cuen-
ta su destino, se hiciera digno de él y aprendiera a “dialogar con su
propio corazón”. De otra suerte, él mismo acabaría con su felicidad,
perdería su condición de artista y se convertiría en un farsante necio
y disoluto. He aquí el pensamiento de los tlamatinime:

El que nacía en esas fechas (Ce Xóchitl: Uno Flor...),


fuese noble o puro plebeyo,
llegaba a ser amante del canto, divertidor, comediante, artista.
Tomaba esto en cuenta, merecía su bienestar y su dicha,
vivía alegremente, estaba contento

85
 Ibid., v. viii, f. 115v-116r; ap i, 84.

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318 FILOSOFÍA NÁHUATL

en tanto que tomaba en cuenta su destino,


o sea, en tanto que se amonestaba a sí mismo y se hacía digno de ello.
Pero el que no se percataba de esto,
si lo tenía en nada,
despreciaba su destino, como dicen,
aun cuando fuera cantor
o artista, forjador de cosas,
por esto acaba con su felicidad, la pierde.
(No la merece.) Se coloca por encima de los rostros ajenos,
desperdicia totalmente su destino.
A saber, con esto se engríe, se vuelve petulante.
Anda despreciando los rostros ajenos,
se vuelve necio y disoluto su rostro y su corazón,
su canto y su pensamiento,
¡poeta que imagina y crea cantos, artista del canto necio y disoluto!86

Corroborando esa necesidad de tomar en cuenta su propio des-


tino, existe otro texto en el que se presenta lo que pudiera llamarse
el fundamento moral del artista. Se señalan en él las consecuencias
que podía tener para el artista obrar con cordura, haciéndose ob-
servante de las tradiciones religiosas de su pueblo. Como en otros
casos, se indica también en este texto en forma positiva y negativa
lo que sucedía al artista que celebraba las diversas fiestas en honor
de los dioses protectores del arte. En este caso se trata de la solem-
nidad que caía en el día calendárico “Siete Flor”:

Y el signo Siete Flor


se decía que era bueno y malo.

En cuanto bueno: mucho lo festejaban,


lo tomaban muy en cuenta los pintores,
le hacían la representación de su imagen,
le hacían ofrendas.

En cuanto a las bordadoras,


se alegraban también con este signo.
Primero ayunaban en su honor,
unas por ochenta días, o por cuarenta,
o por veinte ayunaban.

86
 Ibid., v. vii, f. 300; ap i, 85.

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CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 319

Y he aquí por qué hacían estas súplicas y ritos:


para poder hacer algo bien,
para ser diestros,
para ser artistas, como los toltecas,
para disponer bien sus obras,
para poder pintar bien,
sea en su bordado o en su pintura.

Por esto todos hacían incensaciones.


Hacían ofrendas de codornices.
Y todos se bañaban, se rociaban
cuando llegaba la fiesta,
cuando se celebraba el signo Siete Flor.

Y en cuanto malo (este signo),


decían que cuando alguna bordadora
quebrantaba su ayuno
dizque merecía
volverse mujer pública,
ésta era su fama y su manera de vida,
obrar como mujer pública…

Pero la que hacía verdaderos merecimientos,


la que se amonestaba a sí misma,
le resultaba bien:
era estimada,
se hacía estimable,
donde quiera que estuviese,
estaría bien al lado de todos,
sobre la tierra.
Como se decía también,
quien nacía en ese día,
por esto será experto
en las variadas artes de los toltecas,
como tolteca obrará.
Dará vida a las cosas,
será muy entendido en su corazón,
todo esto, si se amonesta bien a sí mismo.87

87
 Ibid., v. vii, f. 285-286; ap i, 86.

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320 FILOSOFÍA NÁHUATL

Al igual que los textos anteriores pudieran aducirse otros varios


en los que se habla de la educación especial que recibían los distin-
tos artistas: la severidad y los métodos de enseñanza de las cuicacalli
o casas de canto. La forma como se proponían los maestros dar a
los bisoños artistas “un rostro y un corazón firme como la piedra”.
Sin embargo, ante la imposibilidad de tratar todos estos temas, op-
tamos por presentar en seguida las principales clases de artistas, tal
como las describen los mismos nahuas. Al aparecer sus distintas fi-
guras, se irán precisando otras varias características fundamentales
del artista en el mundo náhuatl.

c) Diversas clases de artistas.

En la colección de Cantares mexicanos hay varios textos en los que


se describen reuniones de poetas, cantores y danzantes. En su His­
toria chichimeca, Ixtlilxóchitl habla también de algo muy semejante
a lo que hoy llamaríamos academias literarias y musicales. Y en
general, en casi todos los cronistas e historiadores antiguos, se re-
pite que en el mundo náhuatl prehispánico había numerosas clases
de artistas. Pero, tal vez el testimonio más interesante lo encontra-
remos de nuevo en los textos de los informantes de Sahagún.
Existe en la documentación náhuatl recogida por fray Bernar-
dino toda una sección referente a las diversas categorías de artistas.
Una vez más repetimos que no es posible presentar aquí toda esa
sección. Únicamente daremos los textos que se refieren a algunas
clases de artistas: el artista de las plumas, el pintor, el alfarero, el or-
febre y el platero.
Comenzando por el amantécatl, artista de las plumas, veremos
que el texto que describe su figura señala ya dos cualidades funda-
mentales del artista náhuatl: poseer una personalidad bien definida
o, como decían los sabios, “ser dueño de un rostro y un corazón”,
y además de esto la que debe ser suprema finalidad de su arte:
“humanizar el querer de la gente”. Y después de presentar el lado
positivo del amantécatl que, como se sabe, trabajaba penachos, aba-
nicos, mantos y cortinajes maravillosos hechos de plumas finas, se
traza luego en el mismo texto el lado negativo, aplicable a los torpes
artistas de las plumas:

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CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 321

Tlahcuilo o pintor Teucuitlapitzqui u orfebre


(Códice mendocino) (Códice florentino)

Tlatecqui o gematista Amantécatl o artista de las plumas


(Códice florentino) (Códice mendocino)

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322 FILOSOFÍA NÁHUATL

Amantécatl: el artista de las plumas.


Integro: dueño de un rostro, dueño de un corazón.

El buen artista de las plumas:


hábil, dueño de sí,
de él es humanizar el querer de la gente.

Hace trabajos de plumas,


las escoge, las ordena,
las pinta de diversos colores,
las junta unas con otras.

El torpe artista de las plumas:


no se fija en el rostro de las cosas,
devorador, tiene en poco a los otros.
Como un guajolote de corazón amortajado,
en su interior adormecido,
burdo, mortecino,
nada hace bien.
No trabaja bien las cosas,
echa a perder en vano cuanto toca.88

La figura del tlahcuilo, pintor, era de máxima importancia den-


tro de la cultura náhuatl. Él era quien pintaba los códices y los
murales. Conocía las diversas formas de escritura náhuatl, así como
todos los símbolos de la mitología y la tradición. Era dueño del
simbolismo, capaz de ser expresado por la tinta negra y roja. Antes
de pintar, debía haber aprendido a dialogar con su propio corazón.
Debía convertirse en un yoltéotl, “corazón endiosado”, en el que
había entrado todo el simbolismo y la fuerza creadora de la religión
náhuatl. Teniendo a Dios en su corazón, trataría entonces de tras-
mitir el simbolismo de la divinidad a las pinturas, los códices y los
murales. Y, para lograr esto, debía conocer mejor que nadie, como
si fuera un tolteca, los colores de todas las flores:

El buen pintor:
tolteca (artista) de la tinta negra y roja,
creador de cosas con el agua negra...

88
 Ibid., v. viii, f. 116r; ap i, 87.

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 323

El buen pintor: entendido,


Dios en su corazón,
que diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón.

Conoce los colores, los aplica, sombrea.


Dibuja los pies, las caras,
traza las sombras, logra un perfecto acabado.
Como si fuera un tolteca,
pinta los colores de todas las flores.89

La descripción del pintor y del artista de las plumas nos han


ofrecido ya varios rasgos del artista en el mundo náhuatl. La figura
del alfarero, zuquichiuhqui, “el que da forma al barro”, “el que lo
enseña a mentir”, para que aprenda a tomar figuras innumerables,
aparece en seguida. Sin ser un perrillo, la figura de barro semejará
un perrillo; no siendo una calabaza, parecerá serlo. El alfarero, dia-
logando con su propio corazón, “hace vivir a las cosas”. Su acción
da vida a lo que parece más muerto. “Enseñando a mentir a la tierra”,
tomará forma en ella y parecerá vivir toda clase de figuras:

El que da un ser al barro:


de mirada aguda, moldea,
amasa el barro.

El buen alfarero:
pone esmero en las cosas,
enseña al barro a mentir,
dialoga con su propio corazón,
hace vivir a las cosas, las crea,
todo lo conoce como si fuera un tolteca,
hace hábiles sus manos.

El mal alfarero:
torpe, cojo en su arte,
mortecino.90

89
 Ibid., f. 117v; ap i, 88.
90
 Ibid., f. 124r; ap i, 89.

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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324 FILOSOFÍA NÁHUATL

Concluiremos con un último texto en el que se presentan las


figuras de orfebres y plateros. La nota fundamental de este texto es
su realismo. La idea de que en el arte náhuatl se buscaba la repre-
sentación, no por simbólica, menos dinámica de la vida. Al crear en
el oro o en la plata la figura de un huasteco, o de una tortuga, o de
un pájaro, o de una lagartija, se iba en pos de una imagen de la vida
en movimiento. El texto que a continuación se transcribe, debido
también a los informantes de Sahagún, es elocuente por sí mismo:

Aquí se dice
cómo hacían algo
los fundidores de metales preciosos.
Con carbón, con cera diseñaban,
creaban, dibujaban algo,
para fundir el metal precioso,
bien sea amarillo, bien sea blanco.
Así daban principio a su obra de arte…

Si comenzaban a hacer la figura de un ser vivo,


si comenzaban la figura de un animal,
grababan, sólo seguían su semejanza,
imitaban lo vivo,
para que saliera en el metal
lo que se quisiera hacer.

Tal vez un huasteco,


tal vez un vecino,
tiene su nariguera,
su nariz perforada, su flecha en la cara,
su cuerpo tatuado con navajillas de obsidiana.
Así se preparaba al carbón,
al irse raspando, al irlo labrando.

Se toma cualquier cosa


que se quiera ejecutar,
tal como es su realidad y su apariencia,
así se dispondrá.

Por ejemplo una tortuga,


así se dispone del carbón,
su caparazón como que se irá moviendo,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 324 20/01/2017 [Link] p.m.


CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 325

su cabeza que sale de dentro de él,


que parece moverse,
su pescuezo y sus manos,
que las está como extendiendo.

Si tal vez un pájaro,


el que va a salir del metal precioso,
así se tallará,
así se raspará el carbón,
de suerte que adquiera sus plumas, sus alas,
su cola, sus patas.

O tal vez cualquier cosa que se trate de hacer,


así se raspa luego el carbón,
de manera que adquiera sus escamas y sus aletas,
así se termina,
así está parada su cola bifurcada.
Tal vez es una langosta, o una lagartija,
se le forman sus manos,
de este modo se labra el carbón.

O tal vez cualquier cosa que se trate de hacer,


un animalillo o un collar de oro,
que se ha de hacer con cuentas como semillas,
que se mueven al borde,
obra maravillosa pintada,
con flores.91

La presentación de textos indígenas acerca del origen histórico


del arte náhuatl, la predestinación y características personales del
artista y, finalmente, la descripción de los artistas de la pluma, los
pintores, los alfareros, los orfebres y plateros, dan al menos una
idea de la riqueza documental de que se dispone para un estudio
especializado acerca de la concepción náhuatl del arte. Ese estudio
podría aprovechar los textos aducidos y otros muchos más que he-
mos omitido. Se podría asimismo acudir a códices en los que se
ilustra pictográficamente mucho de lo que encontramos en los textos.

91
 Ibid., v. viii, f. 44v; ap i, 90.

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326 FILOSOFÍA NÁHUATL

Resultan fundamentales a este respecto los códices Mendocino y


Florentino, para no citar otros más.
Después de estudiar en códices, textos indígenas y cronistas lo
que podríamos llamar el pensamiento estético de los nahuas, el paso
definitivo consistiría en tratar de descubrir la aplicación que hacían
de estas ideas los artistas nativos en sus obras de arte descubiertas
por la arqueología. Solamente así, relacionando códices, textos,
cronistas y hallazgos arqueológicos, será posible penetrar por lo
menos un poco en las modalidades y simbolismo propios del arte
de la cultura náhuatl.
Quien haya leído con detenimiento los varios textos citados
podrá entrever la posibilidad que ofrecen para ir precisando poco a
poco el sentido y las categorías propias del arte indígena. No apli-
cando a priori los cánones occidentales, sino descubriendo sus mol-
des e implicaciones propias, gracias a la lingüística, la filología, la
arqueología y el estudio integral de la cultura es como podrá uno
acercarse al arte maravilloso de los nahuas.
Podrá verse entonces al artista náhuatl, heredero de la gran tra-
dición tolteca, al predestinado en función del tonalámatl, converti-
do en un ser que “dialoga con su propio corazón”, moyolnonotzani,
que rumia, por así decirlo, los viejos mitos, las tradiciones, las gran-
des doctrinas de su religión y filosofía. Dialogando con su corazón,
podrá atraer al fin sobre sí mismo la divina inspiración. Se conver-
tirá entonces en un yoltéotl, “corazón endiosado”, que equivale a
decir visionario, anhelante de comunicar a las cosas la inspiración
recibida. Podrá ser el papel de amante de los códices, el lienzo de
un muro, la piedra, los metales preciosos, las plumas o el barro.
El proceso psicológico que ha precedido a la creación artística
logrará entonces su culminación. El artista, yoltéotl, “corazón en-
diosado”, se esfuerza y se angustia por introducir a la divinidad en
las cosas. Al fin, como se ha visto en los textos, llega a ser un tla­
yolteuhuiani, “aquel que introduce el simbolismo de la divinidad en
las cosas”. “Enseñando a mentir”, no ya sólo al barro, sino también
a la piedra, al oro y a todas las cosas, crea entonces enjambres de
símbolos, incorpora al mundo de lo que no tiene alma la metáfora
de la flor y el canto, y permite que la gente del pueblo, los macehua­
les, viendo y “leyendo” en las piedras, en los murales y en todas sus

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 326 20/01/2017 [Link] p.m.


CONCEPCIÓN NÁHUATL DEL ARTE 327

obras de arte esos enjambres de símbolos, encuentren la inspiración


y el sentido de sus vidas aquí en tlaltícpac, sobre la tierra. Tal es
quizás el meollo de esa concepción náhuatl del arte, humana y de
posibles consecuencias de validez universal.
Para concluir, puede apuntarse siquiera otra idea: conocer el
alma del artista y el sentido del arte en el mundo náhuatl no es algo
estático y muerto. Puede constituir una verdadera lección de sor-
prendente novedad dentro del pensamiento estético contemporá-
neo. En la concepción náhuatl del arte hay atisbos e ideas de una
profundidad apenas sospechada. Recuérdese solamente que para los
sabios nahuas la única manera de decir palabras verdaderas en la
tierra era encontrando “la flor y el canto de las cosas”, o sea, el sim-
bolismo que se expresa por el arte.

Hemos presentado en los dos últimos capítulos las principales ideas


nahuas acerca del tema del hombre, considerado como un objeto
hechura de Ometéotl, que nace en tlaltícpac para aprender a desa-
rrollar una cara y fortalecer su corazón; que tiene que actuar en este
mundo de ensueño, hecho verdad por “hallarse en la mano” del
Dueño del cerca y del junto; y que tiene frente a sí el enigma del más
allá: “de lo que nos sobrepasa, la región de los muertos”.
Se vio luego al hombre como un sujeto creador de un sistema
educativo que capacita a los nuevos seres humanos para cumplir su
destino: Calmécac y Telpochcalli, donde se hacen sabios los rostros
ajenos y se humaniza el corazón de la gente. Y esto siempre en función
de una norma de conducta ético-jurídica, la Huehuetlamanitiliztli
(la antigua regla de vida), que lleva a buscar “lo conveniente, lo
recto en sí mismo”, para lo cual ayuda conocer el pasado histórico
rico en enseñanzas de tipo moral y de toda índole, así como el más
profundo sentido humano de su arte. De este modo, por la educa-
ción, la moral, el derecho, la historia y el arte —creaciones del hom-
bre— es como trataron los tlamatinime de guiar su acción sobre la
tierra, lugar de ensueño, “que se mueve de aquí para allá como una
canica, en la palma de la mano de Ometéotl”.
Al hombre náhuatl de los siglos xv y xvi, sobre todo a los célebres
tlamatinime, hay que atribuir sin duda el postrer florecimiento alcan-
zado en lo que se refiere a estos valores e instituciones culturales.

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328 FILOSOFÍA NÁHUATL

Sin embargo, los mismos sabios prehispánicos de la época azteca


tuvieron conciencia de que en realidad eran ellos herederos y suce-
sores de etapas culturales mucho más antiguas. Ya lo hemos visto
en forma parcial, cuando en los textos citados atribuyen el origen
de sus artes al esplendor tolteca.
Otro testimonio, elocuente por cierto, de esta misma actitud
suya nos lo ofrecen las palabras pronunciadas por algunos tlamati­
nime sobrevivientes a la Conquista, al responder a los frailes en los
célebres “Coloquios” de 1524. Aludiendo entonces al origen de sus
creencias, afirmaron sin vacilación que había que situar el origen
de éstas en tiempos remotos y mencionaron los grandes centros
ceremoniales de periodos muy anteriores:

De esto, dicen, hace ya muchísimo tiempo,


fue allá en Tula,
fue allá en Huapalcalco,
fue allá en Xuchatlapan,
fue allá en Tlamohuanchan,
fue allá en Yohuallichan,
fue allá en Teotihuacan…92

La reiterada aparición de este sentido histórico aquí y en otros


textos y el deseo de inquirir, hasta donde es posible, acerca de los
orígenes del pensamiento náhuatl que hemos estudiado como parece
haber florecido en los días de los aztecas, nos ha movido a ofrecer
en un nuevo capítulo los indicios e información que hemos allega-
do sobre los antecedentes y evolución de estas formas de ver y con-
cebir al mundo, al hombre y a la divinidad. Nuestro propósito es
dar al menos en bosquejo algo de lo que verosímilmente pudo ser
la milenaria secuencia que permitió el postrer filosofar de los tla­
matinime. A pesar de innumerables obscuridades, el estudio de los
orígenes y evolución del pensamiento náhuatl ayudará a soslayar
cuáles parecen haber sido las raíces, bien hondas, de una nueva
forma de cultura que, como todo lo que es de verdad valioso y sig-
nificativo, supone extraordinarios florecimientos anteriores, los
cuales de un modo o de otro hicieron posible su gestación.

92
 Colloquios y Doctrina Christiana… (edición de W. Lehmann), p. 104; ap i, 20.

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Capítulo vi
EL PROBLEMA DE LOS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN
DEL PENSAMIENTO NÁHUATL

Varias veces a lo largo de este libro hemos señalado las dificultades


que implica pretender encontrar el origen y posible evolución de las
ideas sobre las cuales se concentró y lucubró el pensamiento de los
tlamatinime del siglo xv y principios del xvi. Obviamente los textos
que se conservan, varios de los cuales se han analizado aquí, pro-
ceden en su mayor parte del periodo inmediatamente anterior a la
Conquista. Son fruto de las reflexiones y planteamientos de proble-
mas de los tlamatinime de Tezcoco, México-Tenochtitlan y de otros
centros contemporáneos acerca de la divinidad, el universo, la
muerte y el destino del hombre en la tierra.
En esos textos hemos encontrado diferencias de opinión y en
algunos casos actitudes opuestas. Bastaría con recordar las diversas
posiciones de que hemos hablado en el capítulo iv, respecto del
problema de la supervivencia después de la muerte o las tendencias
de los seguidores del pensamiento místico-militarista de Tlacaélel
en contraposición con la actitud espiritualista de quienes cultivaron
la que hemos descrito como “filosofía de flor y canto”.
Mas, a pesar de los manifiestos antagonismos y diferencias, sal-
ta a la vista que existe también un sustrato común de ideas y doc-
trinas que constituyen algo así como un marco de referencia dentro
del cual los antiguos sabios piensan y plantean los problemas. Entre
esas doctrinas están la idea o imagen del universo con sus rumbos
cósmicos y sus estratos celestes e inferiores, los “soles” o edades del
mundo que acaban de manera violenta, la idea del rostro masculino
y femenino de Dios, la cuenta de los destinos a través de la cual co-
rren el tiempo y la vida, las metáforas del “rostro y el corazón”, de
“la flor y el canto”, y otros elementos culturales más.

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330 FILOSOFÍA NÁHUATL

Cuando los tlamatinime del siglo xv se refieren a estas y otras


concepciones, implícita o expresamente aceptan que se trata de un
legado de etapas mucho más antiguas. En ocasiones piensan que
provienen de los tiempos toltecas, que son fruto de las meditaciones
del sabio sacerdote Quetzalcóatl. Y aun en casos más bien aislados
llegan a situar su origen en épocas más remotas, relacionándolas
con el pensamiento de los misteriosos fundadores de Teotihuacan,
la ciudad de los dioses, o con las creencias de antiguos inmigrantes
aparecidos por las costas del golfo de México que vivieron “en un
tiempo del cual ya se ha perdido ahora la cuenta”.
En otras palabras, como nosotros tenemos actualmente con-
ciencia de que somos herederos de ideas y concepciones grecorro-
manas, judaicas y cristianas, para no recordar otras, y nos vemos
condicionados consciente o inconscientemente por ellas, así también
los tlamatinime parecen haber tenido cierta noticia, en el grado que
se quiera, de algunos de sus propios antecedentes culturales, sobre
todo en lo tocante a su visión del mundo, en función de la cual
inevitablemente tuvieron que circunscribir sus reflexiones y su plan-
teamiento de problemas. Creían que en esos antecedentes, mitos y
doctrinas de tiempos más antiguos se hallaban las raíces de la ulterior
evolución de su cultura.
Para el moderno investigador de la filosofía de los tlamatinime,
que no ha de contentarse con estudiar las formas prehispánicas de
pensamiento como algo fuera del tiempo, sin orígenes ni evolución,
el problema de esclarecer esos posibles antecedentes posee funda-
mental importancia.
Dejamos asentado desde luego que en esta búsqueda toda cau-
tela parece poca. Para atribuir a una determinada doctrina un ori-
gen que se sitúa en una etapa cultural anterior es necesario encon-
trar evidencia suficiente en el campo de los testimonios históricos
o de la arqueología. Con este enfoque crítico ensayaremos la bús-
queda de cualquier indicio que nos permita aventurar al menos
hasta cierto punto la presencia en etapas anteriores de lo que lle-
garía a ser sustrato de las doctrinas y concepciones fundamentales
acerca de la divinidad, del hombre y del universo en el posterior
pensamiento de los tlamatinime.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 330 20/01/2017 [Link] p.m.


LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS

Antecedentes para la comprensión de ulteriores lucubraciones en


el pensamiento náhuatl prehispánico son los viejos mitos cosmo-
gónicos y otras antiguas creaciones de cultura intelectual, entre ellas
distintas formas de ritos y varios sistemas para medir el tiempo.
Originados al parecer esos mitos, ritos y calendarios en etapas cul-
turales muy antiguas, podría decirse de ellos que constituyen algo
así como el sustrato, en función del cual florecieron más tarde dis-
tintas formas de pensamiento. Aunque es difícil, y tal vez imposible,
precisar el origen más remoto de esas creaciones que habrían de dar
marco al pensamiento prehispánico, cabe afirmar que los hallazgos
de la arqueología y unas cuantas referencias, más bien aisladas, en
los textos indígenas permitan ya atribuirles considerable antigüedad.
Es cierto que las afirmaciones que se hacen en algunas fuentes
indígenas acerca de los orígenes de mitos y creencias no son por sí
solas prueba y testimonio indubitables. Pero no podrá negarse al
menos que son reflejo de una cierta manera de conciencia histórica
que busca el origen, no ya sólo de hechos, sino también de ideas que,
se piensa, tuvieron vigencia en etapas antiguas. Precisamente res-
pecto de esas etapas anteriores, en las que hay total ausencia de otras
formas de testimonio, toca a la arqueología esclarecer o desmentir
lo que vagamente se expresa en algunos textos indígenas tardíos.
Con este criterio intentaremos aquí una primera búsqueda. Nos
valdremos para ello de un texto conservado en náhuatl, con el rit-
mo y la estructura de un viejo poema, en el que se habla de los
más remotos orígenes culturales de los pueblos de la región central
de México. El texto fue trasmitido por los informantes indígenas de
Sahagún y se conserva en el Códice matritense de la Real Academia.
Constituye de hecho la respuesta dada por los nahuas de principios
del siglo xvi acerca de sus orígenes, no sólo étnicos y lingüísticos,
sino sobre todo culturales.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 331 20/01/2017 [Link] p.m.


332 FILOSOFÍA NÁHUATL

Formulada por Sahagún la pregunta acerca de quiénes eran los


aztecas o mexicas, responden los ancianos informantes elaborando
una posible etimología para esclarecer su propio nombre. A conti-
nuación, en vez de referirse únicamente a la famosa peregrinación
de las siete tribus nahuas procedentes de Chicomóztoc, o más con-
cretamente a la venida de los aztecas desde las llanuras del norte,
comienzan por dar cuenta de la llegada de pobladores mucho más
antiguos, a quienes atribuyen no pocas de las creaciones culturales
que más tarde habrían de ser patrimonio común de los pueblos
nahuas y de otros dentro del ámbito del México antiguo.
Al evocar los viejos cantares, la respuesta de los informantes
deja traslucir su empeño por situar dentro de un contexto cultural
más amplio a los pueblos nahuas de reciente aparición. Entreveran-
do mitos y tradiciones, recuerdan no ya sólo a los toltecas, sino
también a los fundadores de Teotihuacan y, por fin, a hombres aún
más alejados en el tiempo, como fueron los pobladores de la mítica
Tamoanchan, gentes venidas de las costas del golfo de México a las
que atribuyen la invención del calendario y la posesión de libros
sagrados con antiguas doctrinas religiosas.
Al comentar y dar aquí en versión castellana los pasajes más
pertinentes de este antiguo texto para ahondar en las raíces sobre
las que tal vez descansa la ulterior evolución del pensamiento ná-
huatl, tomaremos en cuenta asimismo aquellos hallazgos de la ar-
queología que puedan desmentir o confirmar lo asentado por el
testimonio tradicional de los ancianos informantes de Sahagún.
El texto, que conserva a las claras su carácter de antiguo cantar o
poema, dice así:

He aquí la relación
que solían pronunciar los ancianos:
en un cierto tiempo
que ya nadie puede contar,
del que ya nadie ahora puede acordarse,
quienes aquí vinieron a sembrar
a los abuelos, a las abuelas,
éstos, se dice,
llegaron, vinieron,
siguieron el camino,
los que vinieron a barrerlo,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 332 20/01/2017 [Link] p.m.


LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 333

vinieron a terminarlo,
vinieron a gobernar aquí en esta tierra,
que con un solo nombre era mencionada,
como si se hubiera hecho esto un mundo pequeño.
Por el agua en sus barcas vinieron,
en muchos grupos,
y allí arribaron a la orilla del agua,
a la costa del norte,
y allí donde fueron quedando sus barcas,
se llama Panutla,
quiere decir, por donde se pasa encima del agua,
ahora se dice Pantla (Pánuco).
En seguida siguieron la orilla del agua,
iban buscando los montes,
algunos los montes blancos
y los montes que humean…
Además no iban por su propio gusto,
sino que sus sacerdotes los guiaban,
y les iba hablando su dios.
Después vinieron,
allá llegaron,
al lugar que se llama Tamoanchan,
que quiere decir “nosotros buscamos nuestra casa”.
Y allí permanecieron algún tiempo.
Y los que allí estaban eran los sabios,
los llamados poseedores de códices.
Pero no permanecieron mucho tiempo,
los sabios luego se fueron,
una vez más entraron en sus barcas
y se llevaron la tinta negra y roja,
los códices y las pinturas,
se llevaron todas las artes,
la música de las flautas.
Y cuando iban a partir
convocaron a todos los que iban a dejar,
les dijeron:
“Dice el Señor nuestro,
Tloque Nahuaque,
que es Noche y Viento,
aquí habréis de vivir,
aquí os hemos venido a sembrar,
esta tierra os ha dado el Señor nuestro,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 333 20/01/2017 [Link] p.m.


334 FILOSOFÍA NÁHUATL

es vuestro merecimiento, vuestro don.


Ahora lentamente se va más allá
el Señor nuestro, Tloque Nahuaque.
Y ahora también nosotros nos vamos,
porque lo acompañamos
a donde él va,
al Señor, Noche, Viento,
al Señor nuestro, Tloque Nahuaque
porque se va, habrá de volver,
volverá a aparecer,
vendrá a visitaros,
cuando esté para terminar su camino la tierra,
cuando sea ya el fin de la tierra,
cuando esté para acabarse,
él saldrá para ponerle fin.
Pero vosotros aquí habréis de vivir,
aquí guardaréis vuestro don, vuestro favor,
lo que aquí hay, lo que aquí brota,
lo que se encuentra en la tierra,
lo que hizo merecimiento vuestro
aquel a quien habéis seguido.
Y ahora ya nos vamos,
le seguimos,
adonde él va.”
En seguida se fueron los portadores de los dioses,
los que llevaban a cuestas los envoltorios,
dicen que les iba hablando su dios.
Y cuando se fueron,
se dirigieron hacia el rumbo del rostro del sol,
se llevaron la tinta negra y roja,
los códices y las pinturas,
se llevaron la sabiduría,
todo se lo llevaron,
los libros de cantos y las flautas.
Pero se quedaron
cuatro viejos sabios,
el nombre de uno era Oxomoco,
el de otro Cipactónal,
los otros se llaman Tlaltetecuin y Xochicahuaca.
Y cuando se habían marchado los sabios,
se llamaron y reunieron
los cuatro ancianos y dijeron:

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 334 20/01/2017 [Link] p.m.


LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 335

“¿Brillará el Sol, amanecerá?


¿Cómo vivirán, cómo se establecerán los macehuales (el pueblo)?
Porque se ha ido, porque se han llevado
la tinta negra y roja (los códices).
¿Cómo existirán los macehuales?
¿Cómo permanecerá la tierra, la ciudad?
¿Cómo habrá estabilidad?
¿Qué es lo que va a gobernarnos?
¿Qué es lo que nos guiará?
¿Qué es lo que nos mostrará el camino?
¿Cuál será nuestra norma?
¿Cuál será nuestra medida?
¿Cuál será el dechado?
¿De dónde habrá que partir?
¿Qué podrá llegar a ser la tea y la luz?”
Entonces inventaron la cuenta de los destinos,
los anales y la cuenta de los años,
el libro de los sueños,
lo ordenaron como se ha guardado,
y como se ha seguido
el tiempo que duró
el señorío de los toltecas,
el señorío de los tepanecas,
el señorío de los mexicas
y todos los señoríos chichimecas.1

La antigua relación por medio de la cual querían vincularse los


nahuas con gentes poseedoras de cultura desde tiempos remotos es
elocuente, y, en su última parte, se vuelve dramática al narrar el
modo como fueron redescubiertas las antiguas instituciones de los
anales y las diversas formas de calendario. En el relato hay muchos
elementos netamente míticos. La sola evocación de las figuras de
Oxomoco y Cipactónal, que en otros textos aparecen como los
progenitores de la especie humana, es ya prueba de ello. Sin em-
bargo, en la fusión de elementos míticos con la antigua tradición
histórica existe un propósito bien definido: tratar de dar una ex-
plicación acerca del origen de importantes instituciones culturales,

 Informantes de Sahagún, Códice matritense de la Real Academia, f. 191r-192v;


1

ap i, 92.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 335 20/01/2017 [Link] p.m.


336 FILOSOFÍA NÁHUATL

como son el calendario, los anales, los cantares y otras más, vincu-
ladas estrechamente con su pensamiento religioso.
La relación se refiere a tiempos muy antiguos “que ya nadie
puede contar, de los que ya nadie ahora puede acordarse”. De hecho
se sitúan esos tiempos en una época anterior al esplendor teotihua-
cano, ya que precisamente la relación, al hablar más adelante de la
ulterior dispersión de aquellas gentes poseedoras del calendario y
de los anales, mencionará que, en tanto que algunos habrían de
marchar hacia el sur siguiendo la orilla del agua hasta llegar a lo que
el texto llama la región de Cuauhtemallan, otros habrían de ir a esta-
blecerse precisamente a Teotihuacan.
De cualquier manera que quiera analizarse este texto debemos
reconocer que en él se ofrece el testimonio de la conciencia que
tenían los nahuas acerca de una supuesta o tal vez real antigüedad
de elementos culturales que más tarde habrían de ser también po-
sesión suya. Entre esos elementos o antiguas creaciones culturales,
cuyo origen se sitúa en tiempos que anteceden al mismo esplendor
de Teotihuacan, están los siguientes:
a) La existencia de sistemas para medir el tiempo, concretamen-
te el tonalpohualli, o cuenta de los días, y el xiuhpohualli, o cuenta
de los años, así como de otras formas de representación o escritura,
ya que se habla de cuicámatl o “libros de canto”.
b) La creencia en una suprema divinidad, invocada más tarde
con los títulos de Tloque Nahuaque, Dueño del cerca y del junto, y
de Yohualli, Ehécatl, Noche, Viento, así como en los ciclos cósmicos,
manifiesta en el convencimiento de un inevitable fin de la edad en
la que vive la humanidad presente.
c) La persuasión de que los orígenes de algunas de las artes que
habrían de conocerse posteriormente como artes de los toltecas,
tanto como de lo que se llamaría más tarde en náhuatl tlamatiliztli
o sabiduría, deben situarse en tiempos muy antiguos.
A primera vista puede pensarse que las afirmaciones anteriores
son fruto del afán de los informantes indígenas por atribuir una
grande antigüedad a instituciones culturales que, sin duda, habían
recibido ellos de otros pueblos. Sin embargo, si nuestro propósito
en este capítulo es tratar de esclarecer hasta donde sea posible las
más antiguas raíces de la ulterior evolución del pensamiento del

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 337

México antiguo, debemos tomar en cuenta cualquier indicio o ha-


llazgo que permita valorar al menos en parte estas afirmaciones de
los informantes de Sahagún. Tan ingenuo sería aceptarlas como
testimonio estrictamente histórico, como desecharlas a la ligera,
pensando que se trata de puras fantasías. Obviamente el camino
para poder aquilatar hasta un cierto grado el valor de lo afirmado por
los informantes es el de los hallazgos de la arqueología.

Los orígenes del calendario y la escritura

Comencemos por la primera de las afirmaciones, la que se refiere a


la posible existencia de antiguas formas de escritura y de sistemas
para medir el tiempo, concretamente el tonalpohualli o cuenta de los
días y el xiuhpohualli o calendario solar de 365 días, en una época
anterior al periodo tolteca de los siglos ix a xi d. C. Una primera bús-
queda acerca de la antigüedad de estas formas de calendario y escri-
tura en la época que designan los arqueólogos como horizonte clá-
sico (siglos i-ix d. C.) permite esbozar un principio de respuesta. En
Teotihuacan se han encontrado inscripciones, identificadas por los
arqueólogos Alfonso Caso y César Lizardi como de carácter calendá-
rico. Según la opinión de estos investigadores puede sostenerse que
los teotihuacanos tuvieron ya conocimiento tanto del xiuhpohualli
como del tonalpohualli.2 No pretendiendo aducir por ahora hallazgos
procedentes de otras zonas arqueológicas, añadiremos tan sólo que
el estudio de los glifos calendáricos del mundo maya clásico permite
expresar igual afir­mación respecto de esa cultura que tantas seme-
janzas guarda con la del Altiplano Central de México. Desde otro
punto de vista, deben también mencionarse algunas pinturas mu-
rales que se conservan en palacios teotihuacanos, como los de Tetitla
y Tepantitla, en los que hay representaciones de carácter pictográ-
fico e ideográfico (por ejemplo, la voluta florida que indica el canto),
algunas de las cuales habrían de emplearse también más tarde por
los mismos nahuas de los siglos xv y xvi.

2
 Alfonso Caso, “¿Tenían los teotihuacanos conocimiento del tonalpohualli?”,
El México Antiguo, México, 1937, v. iv, n. 3-4, p. 131-143; César Lizardi Ramos,
“¿Conocían el xíhuitl los teotihuacanos?”, El México Antiguo, México, 1955, v. viii,
p. 220-223.

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338 FILOSOFÍA NÁHUATL

Pero, si sabemos que ya en el horizonte clásico había estas for-


mas de representación, en particular las de carácter calendárico,
cabe preguntarnos ahora, dando un paso más en la búsqueda: ¿hay
alguna evidencia arqueológica que permita afirmar su existencia
en tiempos anteriores a dicho horizonte, o lo que es lo mismo, en
tiempos anteriores a la era cristiana? La respuesta a este problema
nos la da la arqueología y la encontramos formulada con precisión
por el mismo Caso que ha consagrado detenidamente su atención
al tema de los orígenes de los calendarios prehispánicos. Como nos
llevaría mucho tiempo presentar aquí de manera directa los testi-
monios que ofrece a este respecto la arqueología, nos limitamos a
transcribir las propias palabras de Caso:

Podemos ahora tratar de un aspecto que corresponde a una cultura


superior, aquella que ya tiene escritura y calendario. Los datos que ha
entregado el Carbón 14 en las muestras que mandamos a Libby, de-
muestran que ya existía en Mesoamérica una escritura y un calenda-
rio con el tonalpohualli y el año, en una época que podemos fijar por
lo menos 600 años a. C.; pero este calendario aparece ya tan forma-
lizado y tan unido a otros aspectos muy avanzados de la cultura me-
soamericana (cerámica, esculturas en piedra, jades, pirámides, pala-
cios, etcétera) que indudablemente es el resultado de una larga
elaboración que arranca de varios siglos antes de la Era Cristiana.3

Queda claro que la arqueología ha logrado establecer la existen-


cia de sistemas calendáricos y de otras formas de representación
pictográfica e ideográfica en el ámbito del México antiguo desde
tiempos considerablemente anteriores al esplendor teotihuacano.
Lo que es más, en función de antiguos hallazgos, cabe pensar que
el origen del calendario ocurrió precisamente en algún lugar de las
costas del golfo de México. Así, sorprendentemente encontramos
que la confrontación del testimonio de los informantes de Saha-
gún en este punto con los hallazgos de la arqueología ha tenido
un resultado positivo. No fue producto de fantasía afirmar, como
ellos lo hicieron, que desde tiempos anteriores a Teotihuacan “se

3
 Alfonso Caso, “Relaciones entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Una observa-
ción metodológica”, Cuadernos Americanos, México, año xxi, v. cxxv, noviembre-
diciembre de 1962, p. 167-168.

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 339

inventaron la cuenta de los días (el tonalpohualli), los anales y la


cuenta de los años (el xiuhpohualli)”.
Grande es la importancia que tiene para la comprensión de la
ulterior evolución del pensamiento náhuatl saber que la existencia
de estos sistemas calendáricos y de escritura se remonta a cerca de
un milenio antes de Cristo. El calendario entre los mayas, como
entre los nahuas, zapotecas, mixtecas y otros varios pueblos del
México antiguo, era como la espina dorsal que les permitía moverse,
actuar y pensar dentro del tiempo. No ya sólo desde un punto de
vista utilitario, en relación principalmente con la agricultura, sino
también estrechamente ligado a las fiestas religiosas, a las conme-
moraciones, a los mitos cosmogónicos y en una palabra a su vida
social y religiosa, el calendario ocupó siempre lugar principalísimo
y casi diríamos omnipresente. Desde otro punto de vista, su exis-
tencia pone de manifiesto que ya desde varios siglos antes de la era
cristiana hubo hombres dedicados a la especulación y a los cálculos
matemáticos, ligados como es obvio con las observaciones astronó-
micas, todo ello principio y raíz de otras formas de pensamiento
que no parece exagerado describir como primer fruto de una larga
evolución en el ámbito de la cultura intelectual prehispánica.

La atribución de antiguas creencias

Establecida así una cierta manera de concordancia entre el testimo-


nio de los informantes de Sahagún y los descubrimientos de la ar-
queología por lo que se refiere a la antigüedad del calendario prehis-
pánico y de otras formas de representación escrita, pasamos ahora a
examinar las otras afirmaciones formuladas en el texto que estamos
estudiando. Se dice en él que aquellos poseedores del calendario eran
seguidores de un dios a quien llamaban “el Señor nuestro, Dueño
del cerca y del junto (Tloque Nahuaque), que es Noche y Viento”.
Y al parecer aluden igualmente los informantes al viejo mito de las
edades y soles cosmogónicos cuando dicen que ese dios que se marcha
“habrá de volver… cuando esté para terminar su camino la tierra…
cuando sea ya el fin de la tierra… cuando esté para acabarse…”4
4
 Informantes de Sahagún, Códice matritense de la Real Academia, loc. cit.

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340 FILOSOFÍA NÁHUATL

Al pasar a considerar estas afirmaciones de los informantes,


repetimos que somos conscientes de que es más que problemático
poder comprobar la atribución de creencias determinadas a gentes
que vivieron en los tiempos teotihuacanos y más aún en el horizon-
te preclásico que los antecedió. Es evidente que, en el orden de las
creencias e ideas, los hallazgos arqueológicos tan sólo en grado muy
limitado podrán desmentir o confirmar lo expresado por un texto
de origen tan tardío. Por otra parte, lejos estamos de pretender de-
mostrar que las afirmaciones de los informantes, especialmente
cuando quieren atribuir un antiquísimo origen a sus propias creen-
cias, sean en todo punto ciertas. Por ello nos circunscribimos ahora
a buscar aquellos indicios que nos permitan fijar un cierto grado de
antigüedad que verosímilmente pueda concederse a las creencias
religiosas de que se habla en este texto.
Con este fin examinaremos la documentación que se conserva
en algunos códices de origen prehispánico y en otros textos de pro-
cedencia indígena. Respecto del ámbito de la cultura náhuatl del
Altiplano cabe afirmar con base en estas fuentes que, al menos
desde los tiempos toltecas, tuvo vigencia el mito o creencia de las
edades o soles cosmogónicos al que constantemente se alude y res-
pecto del cual la misma arqueología ofrece varios testimonios. Otro
tanto puede decirse acerca de la fe en la divinidad suprema que,
como hemos visto en los capítulos anteriores, es invocada con di-
versos títulos, entre ellos el de Tloque Nahuaque. Al lado de otros
muchos dioses o númenes tutelares, creían ya los antiguos toltecas
en la suprema divinidad una y dual a la vez, conocida también con
el nombre de Ometéotl, dios de la dualidad.
Como prueba de lo dicho bastará con recordar un antiguo him-
no conservado en la Historia tolteca-chichimeca, redactada, como se
ha dicho, sobre la base de los informes proporcionados por indíge-
nas de Tecamachalco, Puebla, hacia 1540. Las circunstancias en
que, según la Historia tolteca-chichimeca, fue cantado este himno,
ponen de manifiesto su considerable antigüedad. En resumen pue-
de decirse que las palabras del himno sirvieron a dos grupos de
origen tolteca para identificarse y poder afirmar que pertenecían a
una misma estirpe. El himno, que transcribimos aquí una vez más,
corrobora la hipótesis de una antigua creencia tolteca en el supremo
dios de la dualidad:

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 341

En el lugar del mando, en el lugar del mando gobernamos:


es el mandato de mi señor principal.
Espejo que hace aparecer las cosas.
Ya van, ya están preparados.
Embriágate, embriágate,
obra el dios de la dualidad,
el inventor de los hombres,
el espejo que hace aparecer las cosas.5

A lo largo de este libro, y especialmente en el capítulo iii, se ha


mostrado aduciendo otros antiguos testimonios, entre ellos varios
fragmentos de algunos huehuehtlahtolli o discursos de los ancianos,
así como otros himnos y cantares, que la divinidad dual, Ometéotl,
era en el pensamiento náhuatl el mismo dios supremo que se invo-
caba también con otros títulos como el de Moyocoyani, “Inventor
de sí mismo”, Huehuetéotl, dios viejo, y también Tloque Nahuaque,
“Dueño del cerca y del junto”.
Ahora bien, si analizarnos otras fuentes de origen no náhuatl,
pero provenientes todas del ámbito cultural de la América Media,
podrá tal vez ensayarse una cierta forma de inferencia capaz de
acercarnos a una verosímil respuesta sobre la antigüedad de estas
creencias. Encontramos justamente que en algunos textos indígenas
del área maya, tan importantes como el celebérrimo Popol Vuh de
los quichés, y en algunos de los libros de Chilam Balam de los mayas
de Yucatán, se hace frecuente mención a la misma suprema divinidad.
Aunque es cierto que los títulos con los que es invocada no son
idénticos a los que conocemos del mundo náhuatl, hay clara equi-
valencia en los atributos, principalmente en aquellos que se refieren
a su ser uno y dual a la vez. Así, si el Tloque Nahuaque de los nahuas
es in Tonan, in Totah, “nuestra madre”, “nuestro padre”, en el mun-
do mayance es Alom, Qaholom, “la que concibe, el que engendra”.
Y si en náhuatl de manera abstracta se le nombra Ometéotl, “Señor
de la dualidad”, en el quiché del Popol Vuh se le invoca como Ca­
bauil, “el de dos collares”, que es al mismo tiempo Quxcah y Quxuleu,
“Corazón del cielo y Corazón de la tierra”.6

 Historia tolteca-chichimeca, edición facsimilar de E. Mengin, p. 33; ap i, 34.


5

 Véase Popol Vuh, Las antiguas historias del quiché, 2a. ed., traducción, intro-
6

ducción y notas de Adrián Recinos, México, Fondo de Cultura Económica, 1953,

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342 FILOSOFÍA NÁHUATL

Y tratando de otras culturas que florecieron dentro del mismo


marco geográfico de la América Media, hallamos también en el caso
particular de los mixtecas el testimonio pictográfico que se conser-
va en los códices Selden i, Vindobonense y Gómez Orozco, así como
en una antigua tradición recogida en la región de Cuilapa acerca de
parecida creencia en la suprema dualidad creadora, masculina y
femenina a la vez.7
Y es importante notar que en las fuentes que hemos menciona-
do, tanto de origen mayance como mixteca, la creencia en ese su-
premo dios dual aparece justamente ligada al mito de las edades o
soles cosmogónicos y a la antigua visión del mundo con sus diver-
sas orientaciones y planos superiores e inferiores, de la que hemos
tratado ampliamente a propósito del pensamiento náhuatl, en el
capítulo ii del presente libro.
El hecho de la presencia de estas creencias y mitos desde los tiem-
pos del horizonte postclásico (siglos ix-xi d. C.), no ya sólo entre los
toltecas sino en el área maya y al menos también entre los mixtecas
de Oaxaca, nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: ¿cuál puede
ser el origen de este conjunto de mitos y concepciones que había lo-
grado ya tan considerable difusión y aceptación por parte de pueblos
apartados entre sí y de lenguas tan distintas como son las de los mix-
tecas, los mayas y quichés y las gentes de idioma náhuatl?
En busca de una respuesta a la pregunta anterior, no creemos
aventurar novedad alguna si afirmamos que semejanzas tan mani-
fiestas en el horizonte postclásico entre los nahuas, mayas y pueblos
de Oaxaca, en cuanto a esa visión del mundo, parecen apuntar a un
origen común, relacionado estrechamente con un más antiguo foco
de cultura. El problema está precisamente en precisar cuál puede ser
el antiguo foco del que partió la difusión de esas ideas y creencias.

p. 83-88, y Libro de Chilam Balam de Chumayel, versión de Antonio Mediz Bolio,


San José, Costa Rica, Ediciones del “Repertorio Americano”, 1930, p. 53-60.
7
 Véase Codex Selden i, en Lord Kingsborough, Antiquities of Mexico, London,
1831, v. 1, especialmente la página 1 del códice. Alfonso Caso, Interpretación del
Códice Gómez de Orozco (y reproducción facsimilar del mismo), México, Talleres
de Impresión de Estampillas y Valores, s. f. Respecto del Códice Vindobonense, véa-
se lo dicho acerca de la representación en él de la divinidad dual en Interpretación
del Códice Gómez de Orozco, p. 13. “La relación de Cuilapa”, a la que también alude
Caso en dicho trabajo, se conserva en fray Gregorio García, Origen de los indios del
Nuevo Mundo e Indias Occidentales, Madrid, 1729.

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 343

¿Fue alguno de los que florecieron a raíz de la ruina de Tula hacia el


siglo xi d. C.? ¿O uno de los estados, señoríos o “zonas-núcleos” de
alta cultura del horizonte clásico de los siglos i a ix d. C.? ¿O posi-
blemente aquella “cultura madre” originada en las costas del golfo
de la cual, como ya vimos, parecen provenir el calendario, la escri-
tura y otras diversas formas de creación en el campo del arte?
Tratando de esa “cultura madre”, cuyo foco original sitúa Al-
fonso Caso en la que llama “zona mesopotámica de Veracruz y
Tabasco”, indica él justamente que, quien desee acercarse al cono-
cimiento de sus creaciones originales deberá buscar las semejanzas
existentes en culturas que se vieron influidas por ella para poder
decantar así lo que parece haber sido herencia común:

Para reconstruir esta cultura madre, escribe Caso, debemos seguir un


método semejante al que usan los lingüistas para la reconstrucción de
las lenguas madres. Partiendo de semejanzas entre las culturas diferentes,
llegar a la conclusión del rasgo original del que derivan las semejanzas.8

Se sabe por los descubrimientos de la arqueología que, en el


campo de las creaciones artísticas y en el sumamente importante
de los objetos hallados con inscripciones de carácter calendárico de
procedencia olmeca, la influencia de esta antigua cultura se dejó
sentir en no pocos sitios de la América Media. Para citar sólo los
principales, mencionaremos La Venta (Tabasco), Tres Zapotes, Cerro
de las Mesas, San Andrés Tuxtla, Piedra Labrada (Veracruz), así como
diversos lugares de Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, México, Morelos,
Guerrero, Chiapas, Guatemala y El Salvador.9 Y no estará de más
destacar que, justamente la abundancia de inscripciones calendá-
ricas en los hallazgos efectuados en la amplia zona que abarcó esa
cultura, pone ya de manifiesto que su difusión comprendió también
conocimientos de carácter estrictamente racional.
En este punto de nuestra búsqueda sobre los orígenes de estos
mitos y creencias acerca de la divinidad, de los soles cosmogónicos
y de la imagen del universo, nos encontramos por consiguiente ante

8
 Alfonso Caso, “¿Existió un imperio olmeca?”, sobretiro de Memoria de El
Colegio Nacional, México, t. v, n. 3, 1964, p. 46.
9
 Ibid., p. 13-21.

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344 FILOSOFÍA NÁHUATL

dos hechos confirmados por la arqueología y las fuentes históricas.


Por una parte, sabemos que esas creencias y mitos, a pesar de dife-
rencias y variantes de matiz, eran patrimonio común de no pocos
pueblos de la América Media a partir del horizonte postclásico, entre
ellos principalmente de quienes se conservan fuentes escritas, como
son los de habla náhuatl, mayance y mixteca. Por otra, conocemos
también por los hallazgos arqueológicos que en las zonas en que
vivieron estos grupos se dejó sentir antes la influencia directa de la
antigua cultura madre, no sólo en lo que a sus estilos artísticos se
refiere, sino también en aspectos de cultura intelectual tan impor-
tantes como la escritura y el calendario.
Y justamente como la formulación y expresión de mitos, como
el de “los soles cosmogónicos”, se halla estrechamente ligada con
los cálculos calendáricos y las antiguas formas de escritura, princi-
palmente de carácter ideográfico, no creemos que sea absurdo fijar
la atención en la última de las posibilidades que señalamos antes:
¿cabe afirmar que, así como recibieron los grupos de la región cen-
tral de México, los del área maya y de Oaxaca la escritura y el ca-
lendario provenientes de la antigua cultura madre, así también se
deriva de ella, al menos en germen, el núcleo de esos mitos y creen-
cias? De ser esto así, podrían situarse en una época varios siglos
anterior a la era cristiana los orígenes de la evolución de las diversas
formas de pensamiento, estrechamente ligadas con el calendario,
que florecieron en el ámbito de la América Media. Por lo que a
nuestro particular interés se refiere, podría afirmarse también que
la posterior trayectoria del pensamiento que muchos siglos más
tarde habrían de cultivar las gentes de idioma náhuatl encontraría
sus raíces últimas en ese horizonte cultural, cerca de dos milenios
anterior a los días de la Conquista.
Para aceptar o rechazar esta hipótesis parece necesario esclare-
cer en este punto si es que hubo una relación más directa, sin solución
de continuidad, a través de las diversas etapas y aun de distintos
grupos, entre “los pueblos herederos” de esas formas de pensamien-
to y la antigua cultura madre, como sucedió en el caso del calenda-
rio y la escritura. Sólo así podría afirmarse que la semejanza de
creencias y mitos deriva, no de la trasmisión o eventual imposición
del pensamiento propio de uno solo de los grupos mencionados

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 345

respecto de los demás en una época más tardía, sino más bien como
herencia en común de esas ideas que provendrían por consiguiente
de la llamada cultura olmeca.
Al parecer, de entre los varios complejos culturales que florecían
en la América Media durante el horizonte clásico, aquel que dejó sen-
tir en mayor grado su influencia en otras áreas es precisamente el que
tuvo su origen en Teotihuacan. Esto es a tal grado verdadero que, como
lo ha notado ya Ignacio Bernal al tratar de la cultura zapoteca, en el
caso de la etapa conocida como Monte Albán iii-a, comienza ésta a
definirse esencialmente “por el tipo de vida que Teotihuacán exporta”.10
Respecto del área maya pueden recordarse igualmente ejemplos
de influencia teotihuacana, entre otros sitios, en Kaminaljuyú y en
Tikal, señalados asimismo por arqueólogos como Kidder, Jennings
y Shook. Analizando justamente estas influencias teotihuacanas en
el campo de la arquitectura, la cerámica y la pintura, más manifies-
tas aun entre los pueblos nahuas de la etapa postclásica, nota De-
metrio Sodi en un reciente estudio:

En el ámbito geográfico náhuatl, esta influencia teotihuacana arqui-


tectónica es más notoria todavía. El sistema de construcción teoti-
huacana es copiado en todas partes, y en ocasiones superpuesto a
construcciones más antiguas... En Teotihuacán aparecen por primera
vez símbolos tan importantes como los relacionados con la peniten-
cia, con el complejo serpiente emplumada, el hombre-tigre, pájaro-
serpiente; símbolos planetarios, la cruz de cinco puntos, la cruz de
Quetzalcóatl o cruz de Kan, el jeroglífico de ollin, el signo de la flor y
el canto, la mariposa, signos acuáticos, águilas y tigres, corazones, cu-
chillos para el sacrificio; huellas de pies representando caminos, etcé-
tera, todo esto acompañado de una inmensa cantidad de símbolos
relacionados con los dioses, ya que en Teotihuacán se complica sobre-
manera el panteón indígena y son por primera vez identificados muchos
de los dioses que perduran hasta la época azteca. Recordemos, respec-
to a esta última afirmación, la maravillosa representación pictórica del
Tlalocan o paraíso de Tláloc.11

10
 Ignacio Bernal, “Monte Albán and The Zapotecs”, Boletín de Estudios Oa­
xaqueños, Oaxaca, n. 1, 1958, p. 6.
11
 Demetrio Sodi, “Consideraciones sobre el origen de la toltecáyotl”, Estudios
de Cultura Náhuatl, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de
Investigaciones Históricas, México, v. iii, 1962, p. 71-72.

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346 FILOSOFÍA NÁHUATL

Siendo, como lo es, indudable la influencia teotihuacana en


numerosos sitios de la América Media, queda claro que se dejó sen-
tir con mucha mayor fuerza y profundidad en el ámbito de la región
central de México que, como lo muestra el autor ya citado, fue sin
duda tributaria de quienes pensaron y vivieron en ese gran centro
que fue la ciudad de los dioses.
En este sentido el periodo clásico teotihuacano fue, como lo
habremos de comprobar más detenidamente, momento importan-
tísimo dentro de la secuencia que parece haberse originado con la
“cultura madre” de las costas del golfo y que habría de alcanzar en
el Altiplano diversas etapas de florecimiento, desde el mismo de la
ciudad de los dioses, hasta el de los toltecas de la Tula histórica y el
más tardío de los tiempos aztecas.
Paralelamente en el área maya y en Oaxaca hubo también una
secuencia semejante, a partir de la temprana aparición de la escri-
tura, relacionada sobre todo con los cómputos calendáricos y con
la representación de los mitos y atributos de los dioses. Siendo
fundamentalmente iguales los sistemas de calendario que poseye-
ron estas culturas desde la época clásica: el solar de 365 días (xiuh­
pohualli en el Altiplano y haab entre los mayas), así como el mági-
co-adivinatorio de 260 días (conocido como tonalpohualli, tzolkin,
pije, etcétera), no es inverosímil suponer que los correspondientes
ciclos de fiestas y prácticas religiosas de esos distintos pueblos, al
estar normados por idénticos sistemas de medir el tiempo, guar-
daran también, aun cuando fuera en distintos grados, no pocas
semejanzas.
Más aún, la misma concepción de los grandes centros ceremo-
niales de mayas, zapotecas, mixtecas y gentes del Altiplano, que
siguieron patrones muy parecidos desde la época clásica con sus
templos, pirámides truncadas superpuestas, símbolo de los pisos
celestes y de la distribución cósmica hacia los cuatro rumbos del
mundo; los recintos para el juego ritual de pelota, evocación tam-
bién de antiguos mitos, parecen confirmar la existencia de una
evolución paralela en el ámbito cultural de la América Media.
Finalmente los contactos e influencias, como las ya mencionadas
de Teotihuacan en Monte Albán, en Xochicalco, en Cholula y en el
área maya; como las que parecen estar implicadas por las figuras

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 347

humanas de rasgos mayances, relacionadas precisamente con cálcu-


los y posibles correcciones calendáricas en la célebre pirámide de
Xochicalco, y, más tarde, la presencia de gentes de la región central
entre los mayas, con consecuencias tan visibles en la misma ar-
quitectura como son las semejanzas de la pirámide de Quetzalcóatl
en Tula con el llamado “templo de los guerreros” en Chichén Itzá,
están mostrando que en realidad, a pesar de las incontables va-
riantes y diferencias locales, estas formas recíprocas de intercam-
bio fueron fácilmente asimilables precisamente por provenir de
pueblos con instituciones culturales verosímilmente casi idénticas
en sus orígenes.
Así, habiendo partido en este análisis sumario, como lo apun-
taba ya Alfonso Caso, “de semejanzas entre culturas diferentes para
llegar a la conclusión del rasgo original del que derivan las semejan­
zas”,12 cabría afirmar, por lo que toca más directamente a la recor-
dación de mitos y creencias semejantes en los códices y textos in-
dígenas de procedencia nahua, mayance y mixteca, que no parece
absurdo ni imposible atribuirlas, al menos básicamente, al origen
común de estas culturas. De ser esto así, tendríamos que, por lo
menos el núcleo básico de la temática de antiguos mitos, como el
de los soles cosmogónicos, los que tratan del dios viejo, del dios de
la lluvia, y posible­mente de la suprema deidad dual, al igual que los
calendarios, las primeras formas de escritura y los criterios que re-
gulaban la erección y la planta en general de los centros ceremo-
niales, se derivan todos de una inspiración común, patente ya por
lo menos desde la etapa clásica, o sea desde unos quince siglos
antes de la llegada de los conquistadores.
Somos conscientes de que la anterior afirmación se encuentra
sólo en el campo de lo verosímil y no deja de ser una hipótesis. Sin
embargo, hasta donde nos lo ha permitido el análisis de fuentes y
hallazgos arqueológicos, nos parece que se trata de una hipótesis dig-
na posiblemente de ulterior comprobación. La hipótesis cuenta ade-
más en su favor con el testimonio de los antiguos himnos aducidos
por los informantes de Sahagún. En esos textos como ya hemos vis-
to, así como con fundamento se atribuyen orígenes pre-teotihuacanos

12
 Alfonso Caso, “¿Existió un imperio olmeca?”, en op. cit., p. 46.

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348 FILOSOFÍA NÁHUATL

al calendario y a la escritura, también se concede parecida antigüe-


dad a los mitos y creencias, sustrato de esa visión del mundo que
llegó a ser posesión común de las naciones mesoamericanas por lo
menos desde el horizonte postclásico.

El origen de algunas de las artes

Daremos ahora un último paso en lo que concierne a la búsqueda


de los orígenes de esas formas de pensamiento que habrían de con-
dicionar, muchos siglos más tarde, la evolución de la cultura inte-
lectual de los pueblos prehispánicos y, en nuestro caso particular,
de las gentes de idioma náhuatl. Nos ocuparemos para ello de la
última de las afirmaciones implicadas por las palabras de los infor-
mantes de Sahagún en el texto que citamos al principio de este
capítulo. Sostienen los informantes que aquellos sabios, oriundos
de las costas del golfo, eran también poseedores de la toltecáyotl
(conjunto de las artes toltecas) y de la tlamatilizitli o sabiduría.
El término toltecáyotl connotaba en la lengua de los nahuas el
conjunto de las artes, artesanías e ideales más elevados de la cultu-
ra tolteca. Al atribuir los informantes las creaciones de la toltecáyotl
a esa etapa cultural que claramente reconocen es muy anterior a
Teotihuacan y a la Tula histórica, en realidad se valen de este bien
conocido término para afirmar que, como en el caso de la antigua
sabiduría o tlamatiliztli, los orígenes de algunas de esas artes que
después cultivarían los toltecas debían también situarse en los mis-
mos tiempos en que vivieron los primeros poseedores del calendario.
No es nuestra intención ofrecer aquí un catálogo de las diversas
formas de creación artística que, según los hallazgos arqueológicos,
parecen derivarse, al menos en su inspiración, del foco original de
cultura que comenzó a florecer en la región del golfo. Ya hemos
visto que su difusión se dejó sentir en una muy amplia región de la
América Media. Por ello nos limitaremos a señalar que, más quizás
que en tipos de creaciones determinadas, la antigua cultura habría de
influir como fermento que, a través de la etapa formativa, habría
de fructificar plenamente en el horizonte clásico mayance, de Oa-
xaca y de Teotihuacan. Esto parece especialmente válido en lo que
concierne no ya sólo a la cerámica, sino también a la escultura, las

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 349

inscripciones y las grandes edificaciones sagradas, de las que parecen


ser anticipo los centros ceremoniales de La Venta, Tres Zapotes y el
Cerro de las Mesas. Para no dar sino un ejemplo en la escultura,
recordaremos las representaciones del motivo básico “máscara de
tigre”, probable anticipo del dios de la lluvia, Tláloc entre los na-
huas, Cocijo en Monte Albán y Chaac para los mayas.13
Refiriéndose precisamente a la difusión e influencia que alcan-
zaron las manifestaciones artísticas de esta cultura conocida como
“olmeca”, uno de sus más entusiastas investigadores, el desapare-
cido Miguel Covarrubias, escribió:

Se trata de un arte que no tiene nada de primitivo, y que no es uno de


tantos estilos locales, sino una cultura madre muy antigua que ejerció
una influencia definitiva en los artes del horizonte arcaico y del perio-
do de transición a la época de las culturas clásicas, como por ejemplo
las épocas de Oaxaca llamadas Monte Albán i y ii; la época Chicanel
de la zona maya que precede al llamado Viejo Imperio, la segunda
época de Teotihuacán, y sobre todo a las culturas de la costa del Golfo:
Tres Zapotes, Cerro de las Mesas y El Tajín…14

En resumen, puede afirmarse que la arqueología ofrece suficien-


tes pruebas de una difusión de elementos y motivos en el campo de
la creación artística, provenientes al parecer de ese mismo foco en
que nacieron la escritura y el calendario. Por ello puede también
decirse que, cuando los informantes indígenas atribuyen a los mis-
teriosos pobladores de las costas del golfo las que al menos en germen
habrían de ser “artes de los toltecas”, no parecen hacerlo impulsados
por su fantasía, sino más bien como poseedores de antigua tradición.
Llegados a este punto en nuestra investigación acerca del origen
de las instituciones de cultura intelectual que habrían de enmarcar y

13
 Véase a este respecto el trabajo de Wigberto Jiménez Moreno, “El enigma
de los olmecas”, Cuadernos Americanos, México, v. 5, n. 1, 1942, p. 113-145. En
este importante artículo trata precisamente su autor del problema de los orígenes
e influencia que ejerció esta cultura. En la p. 118 muestra de manera gráfica la
evolución de la “máscara de tigre” en relación con las representaciones del dios
de la lluvia, deidad que llegó a ser venerada en casi todo el ámbito de las culturas de
la América Media.
14
 Miguel Covarrubias, “El arte olmeca o de La Venta”, Cuadernos Americanos,
México, v. 4, 1946, p. 177-178.

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350 FILOSOFÍA NÁHUATL

hasta cierto punto determinar el nacimiento y la evolución del mucho


más tardío pensamiento náhuatl, creemos conveniente destacar los
que parecen resultados obtenidos. El texto de los informantes, que ha
servido de introducción a nuestra búsqueda, afirma la presencia en
las costas del golfo, en tiempos anteriores a Teotihuacan, de gentes
poseedoras de la escritura y el calendario, de mitos y creencias en
cierto grado semejantes a las que tuvieron más tarde los nahuas y,
finalmente, de formas de creación artística que parecen anticipo de
la que habría de ser la toltecáyotl o conjunto de las artes toltecas. Por
otra parte, la arqueología nos confirma que varios siglos antes del ho-
rizonte clásico floreció una cultura que se ha designado como “olme-
ca” y que tuvo como foco más antiguo “el de la región mesopotámica”
de las costas del golfo, entre Veracruz y Tabasco. Los mismos hallazgos
arqueológicos muestran que al parecer se trata de la que habría de ser
“cultura madre”, en el ámbito de la América Media.
A ella debe atribuirse, en virtud de numerosos descubrimientos,
la más antigua invención de la escritura y del calendario dentro de
este marco geográfico. De ella parecen provenir asimismo elemen-
tos y concepciones que habrían de fructificar y desarrollarse más
tarde en el campo del arte, a partir del horizonte clásico. Y respecto
de la antigüedad de algunos de los mitos y creencias que después se
difunden por la América Media, las inferencias que hemos formu-
lado parecen arrojar también alguna luz. La estrecha vinculación
que guardan esos mitos con el calendario, la escritura, y la con-
cepción original de los centros ceremoniales con una arquitectu-
ra que evoca la antigua visión del mundo, inclina a tener por
válidas las palabras de los informantes que atribuyen también su
origen a los misteriosos sabios “poseedores de libros de pinturas”
aparecidos por las costas de oriente, algunos de los cuales marcha-
ron “buscando los montes blancos, los montes que humean”, en
tanto que otros se dirigieron hacia la región de Cuauhtemallan.
De comprobarse plenamente esta hipótesis, tendríamos en ella
una respuesta a la pregunta sobre los orígenes del pensamiento que
habría de difundirse y florecer más tarde entre las diversas culturas
del México antiguo. Además nos encontraríamos con dos hechos
ciertamente impresionantes: el primero de ellos sería el de una lar-
ga continuidad de desarrollo y evolución del pensamiento a través

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LOS MÁS ANTIGUOS VESTIGIOS 351

de cerca de dos milenios antes de la Conquista. Esto ayudaría a


comprender cómo pueblos habituados ya a la especulación mate-
mática implicada por sus calendarios pudieron elaborar diversas
formas de pensamiento, sin excluir las que en otras culturas han
recibido el nombre de filosofía. El otro hecho igualmente impor-
tante que cabe derivar es lo que llamaremos sentido de la tradición
y profunda conciencia histórica del hombre prehispánico. Porque,
si es cierta la correlación formulada entre los hallazgos de la ar-
queología y el dicho de los informantes, estamos ante un testimonio
acerca no sólo de hechos, sino también de ideas que se pensa­ron
aproximadamente dos milenios antes.
Y no es que se pretenda desvanecer lo que tienen de mítico las
palabras citadas de los informantes. Aceptando que hay en ellas
elementos de carácter mitológico, no por esto deberá menospreciar-
se su valor de testimonio sobre el antiguo origen del calendario, la
escritura y otras instituciones. Si en el área maya hay estelas con
inscripciones que hacen referencia a muchos siglos anteriores a la
Conquista y si en los códices mixtecas existe una cronología que se
remonta hasta mediados del siglo vii d. C., también entre los pue-
blos nahuas existen vestigios de ese mismo afán por preservar el
recuerdo del pasado. El testimonio de los informantes de Sahagún
acerca de sus más remotos orígenes culturales viene a ser otra prue-
ba de esto mismo.
Tras haber intentado esta búsqueda acerca de las que parecen más
profundas raíces sobre las que iba a descansar el pensamiento de los
tlamatinime o sabios nahuas, pasaremos ahora a ocuparnos brevemente
de la muy escasa información de que disponemos para el estudio de
la ulterior evolución de ese pensamiento durante el horizonte clásico
teotihuacano y después, con una relativa abundancia de fuentes, dentro
ya de la etapa de florecimiento de la Tula histórica.

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LOS ANTECEDENTES CULTURALES DE PROBABLE
ORIGEN TEOTIHUACANO (SIGLOS I-IX D. C.)

Examinaremos ahora los posibles antecedentes durante el horizon-


te teotihuacano de lo que llegaría a ser el pensamiento náhuatl.
Confesamos antes que nada que, como en el caso de la “cultura
madre” también respecto de lo más elevado de las instituciones
teotihuacanas, entre ellas su pensamiento, nos encontramos fren-
te a enigmas y oscuridades.
Por algunas de las pinturas murales teotihuacanas sabemos de
la existencia de sacerdotes y sabios que verosímilmente se dedicaron
a diversas formas de especulación, relacionadas tal vez con las ob-
servaciones astronómicas, los cálculos calendáricos, los conoci-
mientos acerca de la divinidad y la reflexión sobre los antiguos
mitos. Y es interesante notar que el mismo testimonio de los infor-
mantes de Sahagún, que habla de sus orígenes culturales, al tratar
de Teotihuacan se refiere también a la presencia y actuación en ella de
sacerdotes y sabios:

Allí vinieron a reunirse en Teotihuacán,


allí se dieron las órdenes,
allí se estableció el señorío.
Los que se hicieron señores
fueron los sabios,
los conocedores de las cosas ocultas,
los poseedores de la tradición...15

Desgraciadamente no disponemos de fuente alguna que nos


permita conocer en detalle las especulaciones de estos sabios ni
menos aún seguir la evolución de su pensamiento a través de las
varias etapas de Teotihuacan. Por ello nos restringimos a señalar

15
 Informantes de Sahagún, op. cit., f. 195r; ap i, 93.

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ANTECEDENTES DE PROBABLE ORIGEN TEOTIHUACANO 353

algo de lo que puede inferirse en virtud principalmente de los ha-


llazgos de la arqueología.
Ya hemos dicho que en Teotihuacan se han encontrado inscrip-
ciones que dan testimonio de que en ella tenían vigencia las dos
formas de calendario: el tonalpohualli, o cuenta de los días, y el xiuh­
pohualli, o cuenta de los años. El calendario había llegado a Teoti-
huacan como resultado de la difusión proveniente de las costas del
golfo. Otros elementos culturales parecen provenir también, al me-
nos en su modelo conceptual, de la antigua cultura madre. Entre
ellos se cuentan algunos motivos y técnicas más perfeccionadas en
la cerámica y la escultura, así como probablemente la idea de la
planificación y edificación de templos y recintos ceremoniales.
Pero es justamente la ciudad de los dioses, en donde se conti-
núan las excavaciones, la que podrá revelarnos de manera implíci-
ta algo de lo que fue la concepción que le dio origen. Sus dos gran-
des pirámides, edificadas dentro de una gran planta concebida con
sentido religioso pero también urbanístico, son modelo de lo que
será la arquitectura sagrada en la América Media. Las terrazas su-
perpuestas con taludes inclinados y con una escalera central con
alfardas, coronado todo por un santuario en la parte más alta, pa-
recen ser la imagen plástica de los varios pisos celestes por encima
de los cuales se encuentra la morada de la divinidad. La orienta-
ción de las pirámides hacia los cuatro rumbos del universo corro-
bora esta interpretación. Hace pensar que quienes las edificaron
quisieron hacer visible y tangible su antigua concepción del univer-
so. Y no falta la idea de las moradas de los muertos, complemento
indispensable en la concepción trascendente del mundo. Testimonio
de ello es la representación mural del Tlalocan, o paraíso de Tláloc,
en el palacio de Tepantitla dentro del mismo recinto teotihuacano.
Algo es también lo que sabemos acerca de los dioses que adoraban
los teotihuacanos. El dios que en los días de la cultura madre apa-
rece con la máscara de tigre alcanza su más completa evolución y se
representa en pinturas y esculturas teotihuacanas con los atributos
de quien llamarán Tláloc los nahuas posteriores. El antiguo dios vie-
jo, Huehuetéotl, el Señor del fuego y del tiempo, venerado también
en la época anterior a la ciudad de los dioses, continúa siendo objeto
de culto. Pero, además de estas representaciones sagradas, y de otras

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354 FILOSOFÍA NÁHUATL

como la que parece ser Chalchiuhtlicue, rostro femenino de Tláloc,


constantemente se reitera el símbolo de la serpiente emplumada,
conocida en los textos posteriores como Quetzalcóatl.
En relación con la serpiente emplumada, hay en Teotihuacan
una rica simbología: la cruz de Quetzalcóatl, los símbolos planeta-
rios y los acuáticos, el hombre-tigre, pájaro-serpiente, la mariposa,
el jeroglífico de ollin y la representación de la flor y el canto. Todo
esto se conserva y puede verse en las numerosas pinturas murales
de los palacios teotihuacanos y, por lo que a esculturas se refiere,
en la extraordinaria pirámide conocida como templo de Quetzal-
cóatl y Tláloc.
Ya se ha notado en numerosas ocasiones que esta simbología,
originada en Teotihuacan, se conservará a través de más de un mi-
lenio y será la misma que encontraremos en los códices y en el arte
de los pueblos nahuas posteriores. Por esto no es aventurado afirmar
que el mundo de los símbolos nahuas alcanza su formulación pri-
mera y más plena en Teotihuacan. De aquí que probablemente los
textos indígenas que ayudarán a elucidar esos símbolos en la época
postclásica podrán también arrojar alguna luz para acercarse a la
comprensión del pensamiento de quienes vivieron en la ciudad de
los dioses.16 No parece esto arbitrario si se acepta que, siendo una
la simbología, al menos en su raíz debió de ser una misma la ins-
piración original.
Si admitimos esto, podríamos formular una especie de catálo-
go con los principales elementos, símbolos y aun concepciones que
parecen haber constituido el núcleo del pensamiento de aquellos
sabios, “conocedores de las cosas ocultas, poseedores de la tradi-
ción”, que, como dice el texto de los informantes, vinieron a ser
los señores de Teotihuacan. Entre esos elementos están los siguien-
tes: el empleo de los calendarios, el tonalpohualli y el xiuhpohualli;
la antigua imagen del mundo, con sus orientaciones cósmicas, sus

16
 Véase a este respecto el libro de Laurette Séjourné, Un palacio en la ciudad
de los dioses, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1959, en el
que se intenta la confrontación de la simbología teotihuacana, presente sobre todo
en las pinturas murales y en la cerámica, con los textos nahuas y otras represen-
taciones de códices con miras a esclarecer su probable significación en virtud de
una no interrumpida secuencia cultural.

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ANTECEDENTES DE PROBABLE ORIGEN TEOTIHUACANO 355

pisos celestes y las moradas de los muertos; la idea de una suprema


divinidad que reside más allá de todos los travesaños celestes; el
carácter dual de lo divino manifiesto en la representación de pare-
jas de dioses: Tláloc y Chalchiuhtlicue, Tláloc y Quetzalcóatl; par-
ticularmente el culto a la serpiente emplumada, que en los textos
posteriores es símbolo de la sabiduría divina y del supremo dios de
la dualidad.
A esto hay que añadir la presencia de signos que parecen ser
anticipo de la concepción y la práctica de la penitencia que purifica,
de la preeminencia del arte que es flor y canto, sin olvidar la orga-
nización de grupos dedicados a cultos y prácticas especiales como
son los hombres tigres, preludio de los llamados “caballeros tigres”
del mundo azteca.
Los elementos que hemos destacado, presentes todos en Teoti-
huacan, son raíz de lo que más tarde habría de creerse y pensarse
en el ámbito del mundo náhuatl. En cierto modo son también
continuación de lo que, como ya vimos, floreció en los tiempos de
la cultura madre. Como por desgracia no disponemos de otras
fuentes para conocer siquiera con sombra de detalle las especula-
ciones de los sabios teotihuacanos en relación con este marco de
ideas y de símbolos, hemos de contentarnos con lo que nos ha
revelado la arqueología. Añadiremos sólo que los nahuas posterio-
res relacionaron a Teotihuacan, donde aparece ya el glifo del movi-
miento, con los grandes mitos cosmogónicos y situaron en ella el
origen del quinto sol, el principio de la edad en que vivimos.
Otras formas de testimonio, más cercanas a lo que hoy consi-
deramos historia, son casi inexistentes. Ya vimos que en los antiguos
himnos trasmitidos por los informantes se habla de la presencia de
sabios. Se alude también allí al modo como fueron edificadas las
pirámides e incluso se da una explicación del significado de la pa-
labra Teotihuacan. Integrada ésta por la raíz de teutl, dios, la par-
tícula que indica causa, ti, y los sufijos -hua de posesión y -can de
lugar, Teotihuacan valdría tanto como “lugar que tiene por propio
transformar a uno en dios”. Un solo texto se conserva en relación
con esto mismo. Es un poema que atribuyen los informantes a los
mismos teotihuacanos y que pone al menos de manifiesto su opi-
nión acerca del elevado espiritualismo de esa cultura:

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356 FILOSOFÍA NÁHUATL

Según decían:
“Cuando morimos,
no en verdad morimos,
porque vivimos, resucitamos.
Alégrate por esto.”
Así se dirigían al muerto,
cuando moría.
Si era hombre, le hablaban,
lo invocaban como ser divino,
con el nombre de faisán.
Si era mujer, con el nombre de lechuza.
Les decían:
“Despierta, ya el cielo se enrojece,
ya se presentó la aurora,
ya cantan los faisanes color de llama,
las golondrinas color de fuego.
Ya vuelan las mariposas.”
Por esto, decían los viejos,
quien ha muerto se ha vuelto un dios.
Decían: “se hizo allí dios,
quiere decir que murió”.17

Esto parece ser lo que conocemos acerca de las creencias y pen-


samiento de los teotihuacanos. Es poco ciertamente, pero nos per-
mite al menos sacar dos conclusiones importantes:
La primera se refiere a la existencia en la ciudad de los dioses
de grupos de sacerdotes y sabios, tributarios culturalmente de los
más antiguos pobladores de las costas del golfo. A esos tlamatinime
teotihuacanos se debe la concepción y la creación de la más sun-
tuosa y grande metrópoli que existiera en el ámbito del México
antiguo. Fueron ellos poseedores del calendario e inventores de
una rica simbología. A pesar de lo limitado de los testimonios, sa-
bemos que, gracias a sus logros a través de los siglos del esplendor
clásico, pudieron arraigar para siempre en la conciencia de los pueblos
prehispánicos concepciones y creencias tan llenas de significación
como las referentes a Quetzalcóatl, símbolo de la sabiduría, y las de
la flor y el canto, como expresión de un sentido estético de la vida.

17
 Informantes de Sahagún, op. cit., f. 195r; ap i, 94.

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ANTECEDENTES DE PROBABLE ORIGEN TEOTIHUACANO 357

La segunda conclusión, corolario de la anterior, lleva a afirmar


que el pensamiento del hombre teotihuacano es antecedente im-
portantísimo de las lucubraciones de los sabios nahuas de tiempos
posteriores. Así como los teotihuacanos derivaron el calendario y
otras instituciones de la cultura madre, así también los nahuas de
la etapa postclásica recibieron de ellos elementos e ideas fundamen-
tales con las cuales dieron cimiento a su cultura. Gracias sobre todo
a los testimonios que se conservan acerca de los toltecas de Tula, que
entran ya en un horizonte histórico y que parecen ser los más direc-
tos herederos de la cultura teotihuacana, podremos esclarecer mejor
la secuencia que lleva a la final aparición de las doctrinas de los
tlamatinime del periodo azteca. Es cierto que los aztecas fueron en
sus orígenes grupos de nómadas procedentes del norte. Pero, al
entrar en contacto con las formas de cultura superior de la Améri-
ca Media, principalmente al hacerse herederos de los toltecas, su
pensamiento habría de alcanzar raíces muy hondas. Su herencia
cultural implicó el legado de los siglos teotihuacanos y el más an-
tiguo aun de los creadores del calendario. Sólo así parece posible
explicar el postrer florecimiento azteca que, si es rostro el más co-
nocido y aparente del México antiguo, es también continuación y
reinvención dentro de un mismo contexto cultural cerca de dos
veces milenario.

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LA VISIÓN TOLTECA DEL MUNDO

Los tlamatinime de los siglos xiii a xvi tenían, como hemos visto,
vagas noticias sobre la cultura madre y el esplendor teotihuacano.
Poseían en cambio una mayor conciencia del legado cultural del
antiguo mundo tolteca. Llegados los pueblos nahuas en diversos
momentos a la región de los lagos del Valle de México, tuvieron
varias formas de contacto con algunos de los toltecas de Tula y
de otros estados, especialmente con los culhuacanos, también de
cultura tolteca. Más tarde, entre otros, los tezcocanos harían venir
sabios y maestros poseedores del antiguo pensamiento y de las ar-
tes para ser enseñados por ellos. Así, unas veces de manera espon-
tánea por procesos inevitables de aculturación, y otras buscándolo
de intento, llegaron a hacerse dueños de las antiguas instituciones
culturales.
Para comprender las formas de pensamiento de esos sabios de
los siglos xiii a xvi, de las que hemos tratado a lo largo de este libro,
mucho ayudará conocer la idea que ellos mismos tuvieron de la
antigua visión del mundo atribuida a los toltecas. En función de
ella habrían de concebir precisamente sus nuevas doctrinas. Para
los tlamatinime esa visión del mundo aparece como creación del
sabio y sacerdote Quetzalcóatl. Alrededor de esta figura, histórica y
mítica a la vez, gira asimismo la explicación que dan de la toltecáyotl,
conjunto de creaciones toltecas. Y es precisamente en función de
las ideas que se atribuyen a Quetzalcóatl como intentaremos aquí
acercarnos a la antigua visión del mundo, antecedente el más in-
mediato de lo que conocemos acerca del pensamiento náhuatl.
Historias y mitos nahuas hablan de Quetzalcóatl, conocido tam-
bién en los textos como Ce Ácatl Topiltzin, “aquel que nació en un
día 1-Caña, Nuestro Príncipe”. Quetzalcóatl (¿siglo ix? d. C.), siendo
aún muy joven, se retiró a vivir solitario a la región de Tulancingo,
para consagrarse a la meditación y al estudio. A los veintitantos

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LA VISIÓN TOLTECA DEL MUNDO 359

años de su edad fue buscado por las gentes de Tula para que viniera
a ser su gobernante y guía.18
Quetzalcóatl edificó en Tula cuatro grandes palacios. Desde ellos
comenzó a gobernar a los toltecas, a enseñarles las artes que él mis-
mo había aprendido y, sobre todo, las doctrinas religiosas a que
había llegado en sus meditaciones. Su pensamiento, tal como hoy
podemos conocerlo, iba a dar nuevo sentido a esa antigua visión
del mundo, de la que tenemos noticia por la simbología principal-
mente de origen teotihuacano.
En los mitos aparece el mundo como una gran isla dividida ho-
rizontalmente en cuatro grandes cuadrantes o rumbos, más allá de
los cuales sólo existen las aguas inmensas. Esos cuatro rumbos con-
vergen en el ombligo de la tierra e implican cada uno enjambres de
símbolos. Lo que llamamos el oriente es la región de la luz, de la
fertilidad y la vida, simbolizadas por el color blanco; el norte es el
cuadrante negro del universo, donde quedaron sepultados los muer-
tos; en el poniente está la casa del sol, el país del color rojo; final-
mente, el sur es la región de las sementeras, el rumbo del color azul.19

18
 Al hablar de Quetzalcóatl, deben distinguirse varios sentidos en la aplica-
ción de este término. Por una parte es el nombre del sacerdote, héroe cultural de
Tula, nacido, al parecer, a mediados del siglo ix d. C., según la correlación de Walter
Lehmann en Die Geschichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico, en Quellen-
werke zur alten Geschichte Amerikas, Bd. i, Text mit Ubersetzung von Walter
Lehmann, Stuttgart und Berlin, 1938.
La advocación de Quetzalcóatl se aplicó asimismo al supremo dios dual, ve-
nerado probablemente desde los tiempos teotihuacanos. Finalmente, los sumos
sacerdotes de la religión azteca adoptaron también este título.
Para el estudio de la vida de Quetzalcóatl, el sacerdote de Tula, existen dos
fuentes principales en idioma náhuatl, además de abundantes referencias de ca-
rácter legendario en las obras de cronistas indígenas y españoles del siglo xvi. Las
fuentes en náhuatl son: Anales de Cuauhtitlán, en Códice Chimalpopoca, edición
fototípica y traducción de Primo F. Velázquez, México, Imprenta Universitaria,
1945, y Códice matritense de la Real Academia, edición facsimilar de Paso y Tronco-
so, Madrid, fototipia de Hauser y Menet, v. viii, 1906.
19
 La distribución del mundo en sus cuatro rumbos, así como los colores y
símbolos de éstos, pueden estudiarse principalmente en varios códices, algunos de
ellos de origen prehispánico. Véanse principalmente los códices Borgia y Vaticano
b. Debe añadirse que en estos y otros códices los colores cósmicos no son siempre
los mismos. Las variantes obedecen probablemente a simbologías propias de las
que llamaremos distintas escuelas de pensamiento.
El simbolismo de los colores en los varios rumbos del universo es frecuente en
la mayor parte de las culturas del México antiguo y de otras del Asia y del Cercano

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360 FILOSOFÍA NÁHUATL

Verticalmente, el universo tiene una serie de pisos o divisiones


superpuestas, arriba de la tierra y debajo de ella. Por encima, están
los cielos que, juntándose con las aguas que rodean por todas par-
tes del mundo, forman una especie de bóveda azul surcada de ca-
minos por donde se mueven la luna, los astros, el sol, la estrella de
la mañana y los cometas. Vienen luego los cielos de los varios co-
lores y por fin el más allá metafísico: la región de los dioses. Deba-
jo de la tierra se encuentran los pisos inferiores, los caminos que
deben cruzar los que mueren hasta llegar a lo más profundo, donde
está el Mictlan, la región de los muertos.
Este mundo, lleno de dioses y fuerzas invisibles, había existido,
cual realidad intermitente, varias veces consecutivas. A través de
años sin número, los dioses creadores habían sostenido entre sí las
grandes luchas cósmicas descritas en los mitos, de los cuales hemos
ya tratado en el capítulo ii de este libro. El periodo de predominio
de cada uno de esos dioses había sido una edad del mundo, o un
sol, como lo llamaban los pueblos prehispánicos. En cada caso ha-
bía llegado la destrucción por medio de un cataclismo y después el
surgir de una nueva edad. Cuatro eran los soles que habían existido
y concluido por obra de los dioses: las edades de tierra, aire, agua y
fuego. La época actual era la del sol de movimiento, el quinto de la
serie, que había tenido principio, cuando aún era de noche, gracias
a un misterioso sacrificio de los dioses, que con su sangre lo habían
creado y lo habían vuelto a poblar.
Ésta parece haber sido la antigua imagen tolteca del universo.
Entre las categorías cosmológicas más o menos latentes en ella, están
la necesidad de explicación universal, la periodificación del mundo
en edades o ciclos, la espacialización del universo por rumbos y cua-
drantes, y el concepto de lucha como molde para pensar el acaecer
cósmico. En este universo, donde los dioses crean y destruyen, han
nacido los hombres con la amenaza de la muerte y de un cataclismo
que puede poner fin a la edad presente, al actual sol de movimiento.
El objeto de la reflexión y meditación de Quetzalcóatl, según lo
que nos dicen los textos, fue precisamente esta imagen del mundo.

Oriente. Véase el estudio comparativo de Carrol L. Riley, “Color-Direction Symbo-


lism, an Example of Mexican-South-Western Contacts”, América Indígena, Instituto
Indigenista Interamericano, México, v. xxiii, n. 1, enero de 1963, p. 49-60.

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LA VISIÓN TOLTECA DEL MUNDO 361

Lo que en ella no pudo entender se convirtió tal vez en motivo que


habría de llevarlo a inventar una nueva doctrina acerca del dios su-
premo y de una “Tierra del color negro y rojo” (Tlilan, Tlapalan), el
lugar del saber, más allá de la muerte y de la destrucción de los soles
y los mundos.
Repensando las viejas creencias, Quetzalcóatl pudo expresar su
mensaje. Se afirma en un texto que, en su meditación, trataba de
acercarse al misterio de la divinidad: moteotía, “buscaba un dios
para sí”. Quetzalcóatl lo encontró al fin. Concibió a la divinidad,
recordando más antiguas tradiciones, como un ser uno y dual a la
vez, que, engendrando y concibiendo, había dado origen y realidad
a todo cuanto existe.
El principio supremo es Ometéotl, dios de la dualidad. Metafóri-
camente es concebido con un rostro masculino, Ometecuhtli, Señor
de la dualidad, y al mismo tiempo con una fisonomía femenina, Ome­
cíhuatl, Señora de la dualidad. Él es también Tloque Nahuaque, Dueño
de la cercanía y la proximidad, el que en todas partes ejerce su acción.
El siguiente texto habla precisamente de esta doctrina predicada por
Quetzalcóatl. Se mencionan en él además algunos de los atributos
que creyó descubrir el sabio sacerdote en la suprema divinidad dual:

Y se refiere, se dice,
que Quetzalcóatl invocaba,
hacía dios para sí
a alguien que está en el interior del cielo.
Invocaba
a la del faldellín de estrellas,
al que hace lucir las cosas;
Señora de nuestra carne, Señor de nuestra carne;
La que se viste de negro,
El que se viste de rojo;
La que da estabilidad a la tierra,
El que es actividad en la tierra.
Hacia allá dirigía sus voces,
así se sabía,
hacia el lugar de la Dualidad,
el de los nueve travesaños
con que consiste el cielo.
Y como se sabía,
invocaba a quien allí moraba,

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362 FILOSOFÍA NÁHUATL

le hacía súplicas,
viviendo en meditación y retiro.20

El dios dual, Ometéotl, que por la noche cubre su aspecto feme-


nino con un faldellín de estrellas, en tanto que de día es el astro que
resplandece e ilumina, aparece también como Señor y Señora de
nuestra carne, como aquel que se viste de negro y de rojo, los colores
símbolo del saber, y es al mismo tiempo quien da estabilidad a la tierra
y es origen de toda actividad en la misma. Pero ese dios que mora en
el lugar de la dualidad, más allá de los nueve travesaños celestes, era
invocado también con el título de “mellizo precioso”, nombre que
como lo han mostrado, entre otros, Seler y Garibay, significa también,
además de serpiente de plumas de quetzal, la voz Quetzalcóatl. Pro-
bablemente el mismo sabio sacerdote había derivado su nombre de
este título de la divinidad suprema. El sacerdote enseñaba así a los
toltecas la forma de acercarse a Ometéotl-Quetzalcóatl.

Eran cuidadosos de las cosas de dios,


sólo un dios tenían,
lo tenían por único dios,
lo invocaban,
le hacían súplicas,
su nombre era Quetzalcóatl.
El guardián de su dios,
su sacerdote,
su nombre era también Quetzalcóatl.
Y eran tan respetuosos de las cosas de dios,
que todo lo que les decía el sacerdote Quetzalcóatl
lo cumplían, no lo deformaban.
Él les decía, les inculcaba:
—Ese dios único,
Quetzalcóatl es su nombre.
Nada exige,
sino serpientes, sino mariposas,
que vosotros debéis ofrecerle,
que vosotros debéis sacrificarle.21

 Anales de Cuauhtitlán (Códice Chimalpopoca), f. 4; ap i, 15.


20

 Informantes de Sahagún, Códice matritense de la Real Academia de la Historia,


21

f. 176r; ap i, 95.

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LA VISIÓN TOLTECA DEL MUNDO 363

El pueblo tolteca comprendió la doctrina de Quetzalcóatl. Guiado


por él, pudo relacionar así la idea del dios dual con la antigua ima-
gen del mundo y el destino del hombre en la tierra:

Y sabían los toltecas que muchos son los cielos,


decían que son doce divisiones superpuestas.
Allí está,
allí vive el verdadero dios y su comparte.
El dios celestial se llama Señor de la dualidad
y su comparte se llama Señora de la dualidad, señora celeste.
Quiere decir:
sobre los doce cielos es rey, es señor.
De allí recibimos la vida
nosotros los macehuales (los hombres).
De allá cae nuestro destino,
cuando es puesto,
cuando se escurre el niñito.
De allá vienen su ser y destino,
en su interior se mete,
lo manda el Señor de la dualidad.22

El sabio sacerdote insistía en que el supremo dios dual era el


creador de todo cuanto existe y el responsable de los destinos del hom-
bre. Era necesario acercarse a la divinidad, esforzándose por alcanzar
lo más elevado de ella, su sabiduría. Los sacrificios y la abstinencia
eran sólo un medio para llegar. Más importante era la meditación
dirigida a buscar el verdadero sentido del hombre y del mundo. Ha-
cerse dueño de lo negro y lo rojo, las tintas que daban forma a los
símbolos y pinturas de los códices. Quetzalcóatl sabía que en el
oriente, en la región de la luz, más allá de las aguas inmensas, esta-
ba precisamente el país del color negro y Tlilan, Tlapalan, la región
de la sabiduría. Escapando por la región de la luz, podría tal vez su-
perarse el mundo de lo transitorio, amenazado siempre por la muer-
te y la destrucción. Quetzalcóatl y algunos de los toltecas marcharían
algún día a esa región del saber, a Tlilan, Tlapalan.
Pero en tanto que el hombre podía llegar al país de la luz, debía con-
sagrarse en la tierra, imitando la sabiduría del dios dual, a la creación

22
 Ibid., f. 175v; ap i, 33 y 38.

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364 FILOSOFÍA NÁHUATL

de la toltecáyotl, las artes e instituciones de los toltecas. Entregarse a


la toltecáyotl era en el fondo repetir en pequeño la acción que engen-
dra y concibe, atributo supremo del dios de la dualidad, que es también
Tloque Nahuaque, Dueño de la cercanía y la proximidad.
Precisamente la imagen que tuvieron los sabios nahuas poste-
riores de Quetzalcóatl y de la toltecáyotl ofrece, con los más vivos
colores, cual si fuera un antiguo poema épico, la relación de los
hallazgos y creaciones de Quetzalcóatl:

Los toltecas eran sabios,


sus obras todas eran buenas, todas rectas,
todas bien planeadas, todas maravillosas…
Conocían experimentalmente las estrellas,
les dieron sus nombres.
Conocían su influjo,
sabían bien cómo marcha el cielo,
cómo da vueltas…23

El cuadro maravilloso del mundo tolteca en el que todo era


abundancia y creación artística, gracias a la sabiduría del sacerdote
Quetzalcóatl, no llegó a confundirse, sin embargo, con el más ele-
vado ideal del antiguo sabio y héroe cultural. La grandeza de la
toltecáyotl seguía siendo, a pesar de todo, una creación en el tiempo,
en un mundo amenazado por una final destrucción. El verdadero
ideal era la sabiduría, que sólo podría alcanzarse, superando la rea-
lidad presente, más allá de las aguas inmensas que circundan al
mundo en Tlilan, Tlapalan, el país del color negro y rojo.
La historia o leyenda náhuatl acerca de Quetzalcóatl concluye,
transformado ya en mito el gran sacerdote, pasando a narrar su
huida de Tula, su abandono de la toltecáyotl y su marcha definitiva
a Tlilan, Tlapalan. Quetzalcóatl tuvo que irse forzado por hechiceros
venidos de lejos con el empeño de introducir en Tula el rito de los
sacrificios humanos. El sacerdote tuvo un momento de debilidad.
Rompió su vida de abstinencia y castidad. Pero, arrepentido luego,
volvió a erguirse para afirmar de nuevo las ideas a las que había
consagrado su vida. Quetzalcóatl se entregó entonces de lleno a su

23
 Ibid., f. 175r-175v; ap i, 96.

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LA VISIÓN TOLTECA DEL MUNDO 365

propia concepción religiosa y decidió hacer realidad la búsqueda de


Tlilan, Tlapalan:

Se dice que cuando vivió allí Quetzalcóatl


muchas veces los hechiceros quisieron engañarlo
para que hiciera sacrificios humanos,
para que sacrificara hombres.
Pero él nunca quiso, porque quería mucho a su pueblo,
que eran los toltecas…
Y se dice, se refiere,
que esto enojó a los magos;
así éstos empezaron a escarnecerlo,
a burlarse de él.
Decían
que querían afligir a Quetzalcóatl
para que éste al fin se fuera,
como en verdad sucedió.
En el año 1-Caña murió Quetzalcóatl.
Se dice en verdad
que se fue a morir allá,
a la Tierra del Color Negro y Rojo.24

Éstos son los rasgos principales de la imagen que, al parecer, se


forjaron los tlamatinime acerca de Quetzalcóatl y de la antigua visión
tolteca del mundo. Resumiendo, pueden distinguirse en ella cuatro
puntos fundamentales:
Primero. Su aceptación de la antigua concepción del universo con
sus cuadrantes, sus pisos celestes e inferiores y su existir intermiten-
te en las varias edades o soles, con la amenaza siempre presente de
un fin violento. Y nótese la peculiaridad de la visión tolteca de los
ciclos cósmicos, la cual, a diferencia de otras formas de pensamien-
to fatalista, abre la puerta a diversas posibilidades. Cada edad o sol
puede concluir en forma súbita, pero también es posible que siga
existiendo, ya que en realidad su ser depende de los dioses y la volun-
tad de los dioses permanece desconocida para los hombres.
Segundo. La reiteración de la creencia en la suprema divinidad
dual, principio que engendra y concibe (Ometéotl), Dueño de la

24
 Anales de Cuauhtitlán (Códice Chimalpopoca), f. 5; ap i, 97.

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366 FILOSOFÍA NÁHUATL

cercanía y la proximidad (Tloque Nahuaque), respecto del cual las


numerosas parejas de dioses parecen ser meras manifestaciones,
símbolo de su omnipresencia.
Tercero. El descubrimiento de un sentido y misión del hombre
en la tierra, siguiendo el pensamiento de Quetzalcóatl: participar en
la creación de la toltecáyotl, el conjunto de las artes de los toltecas,
imitando así la actividad del dios dual, hasta encontrar en lo que
hoy llamamos arte un primer sentido para la existencia del hombre
en la tierra.
Cuarto. La convicción de que para encontrar una raíz más pro-
funda es menester superar la misma toltecáyotl, en busca de Tlilan,
Tlapalan, la región del color negro y rojo, el mundo de la sabiduría.
La idea, transformada en símbolo y mito, de que es necesario tras-
poner, gracias a la meditación que busca el saber, la realidad pre-
sente en la que todo es como un plumaje de quetzal que se desgarra,
para alcanzar una especie de salvación personal en el acercamiento
al dios dual cuyo ser se encuentra, más allá de las aguas inmensas,
en el misterioso Tlilan, Tlapalan.
Estas ideas, atribuidas a los toltecas, fueron herencia de los pue-
blos nahuas posteriores. Incorporadas al pensamiento religioso de
los diversos grupos venidos de las llanuras del norte, habrían de so-
brevivir para ser repensadas y aun vividas con plenitud por algunos
de los tlamatinime. De este modo, la visión tolteca del mundo volvió
a hacerse presente. El estudio de la misma en tradiciones y códices
permitió a los sabios nahuas hacer suyas las antiguas categorías
mentales enriquecidas probablemente con otros nuevos módulos o
maneras de pensamiento enraizados también, casi siempre, en el
legado cultural de los toltecas. Esas categorías, expresadas de mane-
ra inconfundible en la propia lengua náhuatl, habrían de determinar
en buena parte la dirección y sentido de elaboraciones posteriores:
los problemas y dudas, doctrinas y respuestas de los tlamatinime.

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FINAL FLORECIMIENTO DEL PENSAMIENTO NÁHUATL

Los pueblos nahuas que hicieron su entrada en el escenario del Va-


lle de México y regiones cercanas fueron asimilando las doctrinas
y creencias que eran legado de los toltecas. Innumerables procesos
de aculturación, plenamente documentables, tuvieron lugar por lo
menos desde los días del abandono de Tula.25 Entre las consecuen-
cias de esos procesos de contacto están las distintas formas de sin-
cretismo que aparecieron en el pensamiento religioso de esos pue-
blos. Se conservó la antigua visión del mundo, pero interpretada
muchas veces a la luz de nuevas ideas.
En los centros, cabezas de los señoríos que se fueron formando,
comenzaron a aparecer los grupos de sacerdotes y sabios de cuyo
pensamiento y doctrinas nos hablan los textos. Como en todo lo
demás, también en el mundo del pensamiento hubo un periodo de
asimilación y formación. Según parece hay que aguardar hasta el
siglo xv para encontrar nuevas y originales formas de florecimiento.
Nacen entonces distintas interpretaciones de los antiguos mitos,
nuevas doctrinas e ideas.
Actuaron primero los grupos o escuelas de sacerdotes dedicados
a estudiar la ciencia del calendario, las doctrinas preservadas en los
códices, los discursos y las pláticas de los ancianos. A ellos corres-
pondió la elaboración de diversas síntesis en el pensamiento reli-
gioso. Más tarde aparecen los tlamatinime, “los que saben algo”, que
formulan preguntas y dudas y comienzan a manifestar su pensa-
miento valiéndose principalmente de la expresión poética. Algunos
de estos tlamatinime eran sacerdotes, otros príncipes o gobernantes

25
 Nos hemos ocupado ya con relativa amplitud de este tema en el ensayo
titulado “Algunos procesos de intercomunicación cultural en el México prehispá-
nico”, publicado en el volumen i de Homenaje a Juan Comas en su 65 aniversario,
México, 1965, p. 3-14.

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368 FILOSOFÍA NÁHUATL

y aun algunos de condición poco menos elevada, quizá meros cui­


capicque, “forjadores de cantos”.
Entre los tlamatinime de Tezcoco podemos recordar a Nezahual-
cóyotl, y a su hijo Nezahualpilli, así como al forjador de cantos
Cuacuauhtzin. Figuras prominentes de la región poblano-tlaxcal­
teca fueron Ayocuan Cuetzpaltzin, Xayacámach, Tochihuitzin y el
sabio señor de Huexotzinco, Tecayehuatzin. De México-Tenoch­
titlan, por encima de otros varios que podrían mencionarse, des-
taca el gran reformador Tlacaélel, quien, dando un sesgo distinto
a la antigua tradición, echó los cimientos del misticismo guerrero
de los aztecas.
En los primeros capítulos de este libro hemos tratado más bien
del pensamiento que fue patrimonio en común de las escuelas y
grupos de sabios. Sólo ocasionalmente nos ocupamos de las ideas
propias de algunos tlamatinime en particular. De Nezahualcóyotl se
han mencionado sus preocupaciones acerca de la fugacidad de lo
que existe y sus ideas en relación con Tloque Nahuaque, el Dueño del
cerca y del junto. Analizamos también las distintas actitudes de
algunos tlamatinime frente al problema de la supervivencia después
de la muerte. Con más detenimiento expusimos finalmente el meo-
llo del pensamiento de Tlacaélel, principal forjador de la nueva
actitud místico­-militarista.
Somos conscientes de que hace falta un estudio amplio y direc-
to de los textos que, con fundamento crítico, pueden atribuirse a
cada uno de los principales tlamatinime de los siglos xv y xvi. Así
podrán conocerse también, además de las doctrinas elaboradas por
las escuelas de sabios y sacerdotes, las actitudes e ideas propias de
los distintos pensadores. La radical diferencia —en algunos aspectos,
casi antagonismo— prevalente entre el pensamiento de flor y canto
y el misticismo guerrero de Tlacaélel, como se ha mostrado en este
libro, anticipa algo de lo que fue la variedad de posturas dentro del
mundo náhuatl prehispánico.
Como esperamos ocuparnos en otra ocasión con la amplitud
requerida del pensamiento particular de varios de los tlamatinime,
concluiremos este capítulo recordando, por vía de ejemplo, un tes-
timonio que confirma esta variedad de opiniones y actitudes en el
México antiguo. Nos referimos al diálogo que tuvo lugar en el palacio

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FINAL FLORECIMIENTO DEL PENSAMIENTO 369

de Tecayehuatzin, señor de Huexotzinco, probablemente hacia las


postrimerías del siglo xv.26
Varios son los textos que con fundamento pueden atribuirse a
Tecayehuatzin. A través de ellos puede conocerse su preocupación
principal: la de encontrar la forma de pensar y decir “palabras ver-
daderas”, capaces de dar raíz al hombre en la tierra. Conocedor de
las posibilidades de expresión abiertas al hombre, elaboró Tecaye-
huatzin su propia versión acerca del significado, alcances y origen
de “flor y canto”. Como el resto de los tlamatinime, sabía él que “flor
y canto” es expresión que connota el mundo del arte y del símbolo.
Sin escapar de la duda, Tecayehuatzin quiso confrontar su pensa-
miento con otras posibles respuestas. Para esto nada mejor que
escuchar las palabras de quienes se referían también con frecuencia
a “flor y canto”. El manuscrito de Cantares mexicanos, de la Biblio-
teca Nacional de México, incluye el diálogo, real o imaginario, que
tuvo lugar en Huexotzinco, y en el que aparecen como participantes
Tecayehuatzin y varios tlamatinime, amigos suyos. En el diálogo se
expresan, en un lenguaje literario, las diversas opiniones de los sabios
prehispánicos que participan en él, acerca de la poesía, el arte y el
símbolo: “flor y canto”.
La conversación se inicia con una salutación de Tecayehuatzin,
seguida de un elogio de “flor y canto”. Tecayehuatzin se pregunta
luego si “flor y canto” es tal vez lo único verdadero, lo que puede
dar raíz al hombre en la tierra:

¿Es esto quizás lo único verdadero en la tierra…?


Sólo con flores circundo a los nobles,
con mis cantos los reúno
en el lugar de los atabales.
Aquí en Huexotzinco he convocado a esta reunión.
Yo, el señor Tecayehuatzin,
he reunido a los príncipes:

26
 Ya antes nos hemos ocupado ampliamente de este texto, designado como
“diálogo de flor y canto”. Véase Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y
cantares, por Miguel León-Portilla, México, Fondo de Cultura Económica, 1961,
p. 126-137. Por ello ofrecemos aquí tan sólo los que nos parecen ser momentos
culminantes de este diálogo con la finalidad precisa de destacar algunas de las
diferentes actitudes de los sabios prehispánicos.

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370 FILOSOFÍA NÁHUATL

piedras preciosas, plumajes de quetzal.


Sólo con flores circundo a los nobles.27

A Tecayehuatzin interesa además conocer el origen de “flor y


canto”. Quiere saber si es posible encontrar flores y cantos con raíz
o si tal vez es destino del hombre emprender búsquedas sin término,
pensar que ha hallado lo que anhela y al fin tener que marcharse,
dejando aquí sólo el recuerdo de su vida fugaz.
Las preguntas de Tecayehuatzin reciben muy distintas respuestas.
Una a una, los varios invitados las van formulando. El primero en
hablar es Ayocuan Cuetzpaltzin, señor de Tecamachalco, a quien
conocemos por otros varios textos, entre ellos uno particularmente
interesante, que nos lo pinta repitiendo por todas partes las siguientes
palabras:

¡Que permanezca la tierra!


¡Que estén en pie los montes!
Así venía hablando Ayocuan Cuetzpaltzin
en Tlaxcala, en Huexotzinco.
En vano se reparten olorosas flores de cacao...
¡Que permanezca la tierra!28

La respuesta de Ayocuan en el diálogo se refiere al origen y po-


sible permanencia de “flor y canto”. Para él arte y símbolo son un
don de los dioses. Y es posible también que flores y cantos sean al
menos un recuerdo del hombre en la tierra:

Del interior del cielo vienen


las bellas flores, los bellos cantos.
Los afea nuestro anhelo,
nuestra inventiva los echa a perder...
¿He de irme como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi fama aquí en la tierra?
Al menos mis flores, al menos mis cantos.
Aquí en la tierra es la región del momento fugaz.
¿También es así en Quenonamican,

27
 Ms. Cantares mexicanos, Biblioteca Nacional de México, f. 9v; ap i, 98.
28
 Ibid., f. 14v; ap i, 99.

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FINAL FLORECIMIENTO DEL PENSAMIENTO 371

el lugar donde de algún modo se vive?


¿Hay allá alegría, hay amistad?
¿O sólo aquí en la tierra
hemos venido a conocer nuestros rostros?29

Por su parte, Aquiauhtzin, sabio de Ayapanco, da al arte y al


símbolo un sentido distinto. Para él flores y cantos son la forma de
invocar al supremo Dador de la vida. Éste tal vez se hace presente
a través del mundo del símbolo. Puede decirse que lo buscamos
como quien, entre las flores, va en pos de un amigo.
Con un pensamiento más hondo, otro de los participantes,
Cuauhtencoztli, responde con la expresión de su duda sobre la ver-
dad de “flor y canto”, porque duda asimismo acerca de la posible
raíz que pueda tener el hombre en la tierra:

Yo, Cuauhtencoztli —exclama—, aquí estoy sufriendo...


¿Tienen verdad, raíz, los hombres?
¿Mañana tendrá todavía raíz y verdad nuestro canto?
¿Qué está por ventura en pie?
¿Qué es lo que viene a salir bien?
Aquí vivimos, aquí estamos,
pero somos indigentes,
¡oh amigos nuestros!30

A Cuauhtencoztli le responden el mismo Tecayehuatzin y otro


tlamatini amigo. Con sus palabras quieren disipar lo que consideran
actitud pesimista. Flores y cantos son lo único que puede ahuyentar
la tristeza; son riqueza y alegría de los hombres en la tierra.
El diálogo acerca del arte y el símbolo, descritos ya como don
de los dioses, posible recuerdo del hombre en la tierra, camino para
encontrar a la divinidad y riqueza de los humanos, toma luego un
sesgo distinto. Un nuevo participante, Xayacámach, afirma que “flor
y canto” son, al igual que los hongos alucinantes, el medio mejor
para embriagar los corazones y olvidarse aquí de la tristeza. Cuando
en las reuniones sagradas se consumen los hongos, uno mira visio-
nes maravillosas, formas evanescentes de diversos colores, todo más

29
 Ibid., f. 10r; ap i, 100.
30
 Ibid., f. 10v; ap i, 101.

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372 FILOSOFÍA NÁHUATL

real que la realidad misma. Pero, después, ese mundo fantástico se


desvanece como un sueño, deja al hombre cansado y no existe más.
Para Xayacámach esto es el arte y el símbolo, las flores y los cantos:

Las flores que trastornan a la gente,


las flores que hacen girar los corazones
han venido a esparcirse.
Han venido a hacer llover
guirnaldas de flores,
flores que embriagan.
¿Quién está sobre la estera de flores?
Ciertamente aquí es tu casa:
en medio de las pinturas, habla Xayacámach...31

Otras varias opiniones se formulan acerca del mismo tema. Al-


guien dice que sólo recoge flores para techar con ellas su cabaña,
junto a la casa de las pinturas. El diálogo se acerca a su fin. Poco
antes de terminar, el mismo huésped de la reunión, el señor Tecaye-
huatzin, vuelve a tomar la palabra. Su corazón sigue abierto a la duda.
Su propósito sigue siendo saber si “flor y canto” es tal vez la única
manera de decir palabras verdaderas en la tierra. Muy distintas han
sido las respuestas que se han ofrecido. Está seguro, no obstante, de
que, al expresar como conclusión del diálogo una última idea, con
ella estarán todos de acuerdo: “flor y canto” es, al menos, lo que hace
posible nuestra amistad. Oigamos sus palabras:

Ahora, ¡oh, amigos!,


escuchad el sueño de una palabra:
cada primavera nos hace vivir,
la dorada mazorca nos refrigera,
la mazorca rojiza se nos torna en collar.
¡Sabemos al menos que son verdaderos
los corazones de nuestros amigos!32

Tal vez no sea exagerado decir que las palabras de Tecayehuatzin


y los otros tlamatinime implican en el fondo atisbos desde los más

31
 Ibid., f. 11r; ap i, 102.
32
 Ibid., f. 11v; ap i, 103.

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FINAL FLORECIMIENTO DEL PENSAMIENTO 373

variados puntos de vista, dirigidos a comprender el mundo mara-


villoso de su propio arte prehispánico. En otro sentido, son también,
como lo dejó dicho Tecayehuatzin, “el sueño de una palabra”, el
afán de pronunciar en la tierra la misteriosa respuesta capaz de dar
raíz a rostros y corazones.
Si nos fuera posible presentar aquí en forma mucho más amplia
las elaboraciones a que llegaron por el camino de “flor y canto”
varios de los tlamatinime mencionados y otros más cuyo pensamien-
to puede también estudiarse, lograríamos tal vez una imagen mucho
más cabal de la riqueza y profundidad de lo que llamamos filosofía
náhuatl prehispánica. Entre los muchos textos que cabría aducir,
están las incontables meditaciones acerca del hombre y acerca de la
muerte; acerca de los rostros humanos y Tloque Nahuaque, el Due-
ño de la cercanía y la proximidad, que es como la noche y el viento;
sobre el tema de “lo asimilable” (lo que conviene) y “lo que sigue
el camino recto” (lo que está completo), norma de acción que da
sabiduría a los rostros y firmeza a los corazones. Baste con decir que
se conservan centenares de textos, no publicados aún, entre ellos
las varias colecciones de huehuehtlahtolli, “discursos de los ancianos”,
en los que quedó expuesta la antigua sabiduría de origen tolteca, re-
pensada más tarde por los sacerdotes y los tlamatinime.
Lo que aquí hemos presentado es una muestra de la variedad de
ideas y doctrinas a las que hay que acercarse para aprehender lo más
característico del pensamiento náhuatl. En nuestro estudio del pro-
blema de los orígenes y evolución de este pensamiento quedan aún
muchos puntos por resolver. Hemos afirmado, y ahora lo repetimos,
que, sobre todo respecto de las etapas más antiguas, sólo hemos lo-
grado formular hipótesis. Pero, a pesar de esto, podemos sacar una
conclusión.
El pensamiento náhuatl, que conocemos principalmente a tra-
vés de los textos que nos hablan de su florecimiento en los siglos
xv y xvi, es consecuencia de una muy larga evolución cultural. De
una manera o de otra ese pensamiento es heredero de lo que mucho
antes elaboraron los toltecas, los teotihuacanos y aun los más anti-
guos inventores del calendario, los creadores de lo que con verosi-
militud se ha designado como “cultura madre”. Al tomar conciencia
de que en él parecen resumirse y recrearse por lo menos dos milenios

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374 FILOSOFÍA NÁHUATL

de actividad intelectual se vuelve más fácil explicar y comprender


su extraordinaria riqueza.
En ningún campo, pero menos en el orden de las ideas, puede
darse la generación espontánea. La visión del mundo, las dudas y las
doctrinas de los tlamatinime fueron posibles porque desde tiempos
muy anteriores hubo en el México antiguo hombres empeñados en
conocer el movimiento de los astros, la marcha del tiempo, el enigma
de la divinidad y el destino del hombre sobre la tierra. Posiblemente
otros hallazgos e investigaciones en el campo de la arqueología y en
el de los códices y textos indígenas arrojarán nueva luz y permitirán
esclarecer mejor este largo proceso de evolución de las ideas en el
contexto cultural del México antiguo.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 374 20/01/2017 [Link] p.m.


CONCLUSIÓN

Se ha señalado varias veces que en el plano místico-militarista la


religiosidad de los aztecas se orientó por el camino de la guerra flo-
rida y los sacrificios sangrientos, destinados a conservar la vida
del sol amenazado por un quinto cataclismo final. En este sentido,
el ideal supremo de los guerreros aztecas fue el cumplir su misión
como elegidos de Tonatiuh (el Sol), que necesitaba de la sangre, el
líquido precioso, para continuar alumbrando en todo el cemanáhuac
(el mundo). Mas, frente a quienes así pensaban y actuaban, ya he-
mos visto también, a través de todo este trabajo, la diferente actitud
de numerosos tlamatinime que a la sombra de Quetzalcóatl —sím-
bolo del saber náhuatl— prefirieron encontrar el sentido de su vida
en un plano intelectual. Coexistieron así —como lo demuestran los
textos— dos concepciones distintas, y aun tal vez opuestas, del uni-
verso y la vida. Lo cual no debe provocar extrañeza, ya que, si se
mira un poco la historia, pueden encontrarse varias situaciones
semejantes aun en nuestros propios tiempos. Recuérdese, sólo por
vía de ejemplo, el caso de la Alemania nazi en la que también, al
lado de una cosmovisión místico-militarista, coexistió un pensa-
miento filosófico y literario auténticamente humanista, cuyos idea-
les divergían por completo de los del partido nazi.
Tomando, pues, en cuenta, que una tal convivencia de huma-
nismo y barbarie parece inherente a la mísera condición del llama-
do animal racional —y sobre la base de lo que hemos ido hallando en
esta investigación del pensamiento filosófico náhuatl—, creemos
llegado el momento de destacar el valor fundamental que dio color
y orientó definitivamente la concepción de los tlamatinime.
Partamos para esto de la que parece haber sido la experiencia
original de los tlamatinime: la transitoriedad y fragilidad de todo
cuanto existe. “Aunque sea jade se quiebra, aunque sea oro se rompe,

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376 FILOSOFÍA NÁHUATL

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra…” Y es que “ciertamen-


te no es ésta la región donde se hacen las cosas: aquí nada verdea…”
“Sólo soñamos, sólo es como un sueño…”
Semejante experiencia suscitó bien pronto en la mente náhuatl
una doble pregunta, la primera de sentido práctico y especulativa
la segunda: “¿Sobre la tierra, vale la pena ir en pos de algo?” y “¿aca-
so hablamos algo verdadero aquí?” Y como la verdad es lo que da
cimiento a las cosas, la última pregunta pronto se desdobló en otras
dos más precisas y apremiantes aún: “¿Qué está por ventura en
pie?” y “¿son acaso verdad los hombres?” O sea, en otras palabras,
¿tienen cimiento y verdad cosas y hombres o sólo son como un
sueño: como lo que se piensa mientras uno despierta?
En el plano cosmológico, la pregunta se formula frecuentemen-
te con el lenguaje de los antiguos mitos cósmicos y con el sentido
de apremio que se deriva del posible cataclismo del quinto sol.
Desde el punto de vista del hombre, que parece venir a la tierra sin
“un rostro y un corazón bien formados”, el problema de su propia
verdad surge aún más imperioso ya que abarca su origen, su persona
y destino final.
Largas y profundas fueron las meditaciones de los sabios nahuas
acerca de la posible verdad del universo y del hombre. Y lo más ad-
mirable de todo es que, en vez de lanzarse a crear un sinnúmero de
hipótesis, llegaron antes a preguntarse —frente a las creencias de su
religión— si era posible “decir la verdad en la tierra”. Porque, dando
a su pensamiento una clara orientación metafísica, comprendieron
que si en la tierra todo perece y es como un sueño, entonces “no es
aquí donde está la verdad”. Parecía, por tanto, necesario ir más allá
“de lo palpable, lo visible”, en pos de “lo que nos sobrepasa, la re-
gión de los muertos y de los dioses”.
Pero, ¿cuál era el camino para llegar hasta allá y poder encontrar
así “lo verdadero”? Comenzó entonces un intento de dar con el
camino que lleva a decir palabras verdaderas en la tierra. La vía re-
ligiosa de los sacrificios y ofrendas es desechada porque el Dador de
la vida se muestra siempre inexorable. No era tampoco el raciocinio,
o la pretendida adecuación del pensamiento con la realidad de las
cosas, la forma como se podía responder al problema. Y esto porque
si aquí “todo cambia, perece y es como un sueño”, siempre quedará

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CONCLUSIÓN 377

sin una respuesta segura la eterna pregunta de los nahuas sobre el


más allá: “¿Cuántos dicen si es o no verdad allí?”
Llegaron así los tlamatinime al borde mismo de la duda univer-
sal, que condujo a algunos de ellos a una cierta posición de resignado
“epicureísmo”, en la que se afirma que lo único valioso es gozar y
alegrarse un poco en la tierra.
Mas, frente a esta actitud de desesperanza intelectual apareció
al fin conscientemente la que llegó a ser respuesta característica de
los tlamatinime al problema del conocimiento metafísico. Se trata
de una especie de intuición salvadora. Hay un modo único de bal-
bucir de tarde en tarde “lo verdadero” en la tierra. Éste es el camino
de la inspiración poética: “flor y canto”. A base de metáforas, con-
cebidas en lo más hondo del ser, o tal vez “provenientes del interior
del cielo”, con flores y cantos, es como puede apuntarse de algún
modo a la verdad.1
Comenzó entonces a elaborarse —sin pretensiones ni arrogan-
cias, sino con la clara conciencia de ser un atisbo—: “flor y canto”,
el aspecto constructivo de la filosofía náhuatl. Surgió en el plano
filosófico la metáfora suprema de Ometéotl, el dios de la dualidad,
el inventor de sí mismo, generación-concepción cósmica, dueño del
cerca y del junto, invisible como la noche e impalpable como el vien-
to, origen, sostén y meta de cosas y hombres. Porque ¿qué “flor y
canto” más elevado pudiera pensarse para expresar el origen del
universo que el verlo como el resultado exterior de una misteriosa
y continua fecundación en el seno mismo del principio dual?
Él es simultáneamente “madre y padre de los dioses”; allá “en
su encierro de turquesas, en las aguas color de pájaro azul, es el que
mora en las nubes, en la tierra y en la región de los muertos, el señor

1
 Extraordinario parece encontrar esta misma afirmación en uno de los tra-
bajos del filósofo alemán Martín Heidegger. Dice éste en Aus der Erfahrung des
Denkens (1954): “Tres posibilidades se ciernen sobre el pensar: una buena y pro-
vechosa, la proximidad de volverse cantante o poeta. Otra mala y, por esto, sutil:
el mismo pensamiento, que lleva a pensar contra sí mismo, cosa a la que rara vez
se atreve. Pero la posibilidad más peligrosa es precisamente la de filosofar...” (o sea,
la del pensar frío y abstracto). (Op. cit., p. 15.) Y es que, como afirma más abajo:
“hasta ahora ha estado oculto el carácter poético del pensar...” (ibid., p. 23).
Lo cual, añadimos —tomando en cuenta lo mostrado por los textos—, no
estuvo precisamente oculto para los tlamatinime, para quienes el único tipo de
conocimiento verdadero fue el de la poesía, “flor y canto”.

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378 FILOSOFÍA NÁHUATL

del fuego y del año”, aquél “en cuya mano está el Anáhuac”. El es-
pejo de la noche y el día, que ahúma e ilumina a las cosas: que les da
verdad y las hace desvanecerse “en la región del olvido”. “El inventor
de hombres; el que los mete como gotas en el vientre materno; aquel
que tiene a los hombres y al mundo en la palma de su mano y reme-
ciéndolos se divierte y se ríe”: Ometéotl, concepción metafórica de
Dios, a base de lo más elevado y bello, las flores y el canto.
Y de manera semejante a lo dicho acerca de Ometéotl, fundamen-
to y verdad de todo cuanto existe, continuaron los tlamatinime ela-
borando una doctrina acerca del hombre: “rostro y corazón”, acerca
de su albedrío y destino, de la bondad moral: “lo conveniente, lo
recto”, para culminar con sus ideas sobre la formación de “un rostro
sabio y un corazón firme como la piedra”. Y es que, viviendo lo que
llamaríamos la indigencia existencial del ser humano, sintieron la
necesidad de poner una luz en su vida, de enriquecerla con lo único
que da fundamento: la verdad concebida como poesía: flor y canto.
El corazón del hombre aparece entonces como un empedernido

ladrón de cantares, corazón mío,


¿dónde los hallarás?
Eres menesteroso.
Como de una pintura, toma bien lo negro y rojo (el saber),
y así tal vez dejes de ser un indigente.2

Precisamente con el fin de escapar a esta indigencia y de sentir-


se centrados en su mundo, se echaron a pensar los sabios nahuas.
Y su respuesta suprema fue que la “flor y el canto”, que mete a Dios
en el corazón del hombre y lo hace verdadero, nace y verdea prin-
cipalmente en lo que hoy llamamos arte. Significativo es a este res-
pecto el ya citado texto en que aparece la figura del pintor (tlacuilo)
como el hombre que ha alcanzado la plenitud anhelada: ha logrado
que entre Dios en su corazón (yoltéotl), que es tanto como decir que
tiene la verdad y el fundamento mismo de su ser. Y, siendo entonces
un “corazón endiosado”, dialoga con su propio corazón para ir “di-
vinizando a las cosas”, o ir creando arte, como más prosaicamente
decimos ahora:

2
 Ms. Cantares mexicanos, f. 68r; ap i, 91.

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CONCLUSIÓN 379

El buen pintor: entendido,


Dios en su corazón,
que diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón...
Como si fuera un tolteca
pinta los colores de todas las flores.3

Es, pues, el pintor —y, como él, los cantores, escultores, poetas
y todos cuantos por su arte merecen el título de toltecas (artistas)—
“un corazón endiosado”, casi diríamos un visionario, que, por tener
en sí su verdad, es asimismo creador de cosas divinas, tlayolteuviani:
“que diviniza con su corazón a las cosas”. Un hombre semejante,
realizando el supremo ideal de los sabios nahuas, era llamado tam-
bién con frecuencia a ocupar las más elevadas dignidades de direc-
tor en los Calmécac y sumo sacerdote Quetzalcóatl.
No será por tanto de extrañar que, inculcándose en lo más se-
lecto de la juventud náhuatl este anhelo de verdad, como funda-
mento del propio ser, y como conocimiento de “lo que nos sobre-
pasa”, se despertara en sus corazones el afán de introducir en sí la
firmeza y la luz de Ometéotl. Aprendiendo los cantares divinos, con-
templando los cielos y “el movimiento ordenado de los astros”,
admirando pinturas y esculturas evocaban en sí la inspiración crea-
dora. Entonces, en forma activa comenzaban a ver al mundo y al
hombre a través de las flores y el canto. Llegaban a persuadirse de
que “sólo esto aquieta y deleita a los hombres”.
Creando su propio marco maravilloso para contemplar el mundo,
describe su ser el joven tlamatini como una fuente de donde mana
la inspiración:

¿Yo quién soy?


Volando me vivo, cantor de flores,
compongo cantares,
mariposas de canto:
¡broten de mi alma,
saboréelos mi corazón!4

3
 Textos de los informantes de Sahagún, edición facsimilar de Paso y Troncoso,
v. viii, f. 117v; ap i, 88.
4
 Ms. Cantares mexicanos, f. 11v.; ap i, 77.

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380 FILOSOFÍA NÁHUATL

Dejando nacer en sí mismo “las mariposas de canto”, comien-


za a decir el tlamatini “lo verdadero” en la tierra. Y el pintor, “ar-
tista de la tinta negra y roja”, va por su parte “endiosando”, dando
verdad a las cosas. Y lo mismo el escultor que graba en la piedra los
signos que miden la marcha del tiempo, o los ricos enjambres de
imágenes que representan dioses y mitos. Todos: filósofos, pintores,
músicos, escultores, arquitectos y astrólogos, buscan en el fondo lo
mismo, su propia verdad, la del universo, que sólo es expresable con
flores y cantos.
Por esto en todos los órdenes de la cultura náhuatl hallamos
siempre presente el arte: “la divinización de las cosas”, como el
factor decisivo. Comprendemos ahora que siendo la belleza lo divi-
no, y, esto a su vez, lo verdadero, lo auténticamente enraizado, todo
el pensamiento filosófico náhuatl giró alrededor de una concepción
estética del universo y la vida. Conocer la verdad fue para los tla­
matinime expresar con flores y cantos el sentido oculto de las cosas,
tal como su propio corazón endiosado les permitía intuir.
Cultura y filosofía de metáforas, no aspiró a develar por comple-
to el misterio, pero hizo sentir al hombre que lo bello es tal vez lo
único real. Y como pensamiento y tendencia a la vez, pretendió dar
un rostro sabio a los seres humanos, suscitando en ellos el ansia de
robar cantares y belleza. En su impulso en pos de lo bello, vislumbró
el hombre náhuatl que, embelleciendo por un momento siquiera a
las cosas que se quiebran, se desgarran y perecen, tal vez se logra ir
metiendo la verdad en el propio corazón y en el mundo.
Tal fue, según parece, el alma del pensamiento filosófico ná-
huatl. Una concepción valedera quizá en su esencia para un mundo
atormentado como el nuestro. “Flor y canto”, camino del hombre
que, consciente de su propia limitación, no se resigna a callar sobre
lo que puede dar sentido a su vida.
En función de esto, vieron los tlamatinime su mundo y estruc-
turaron su cultura. Al lado de una técnica embrionaria, su espíritu
supo elevarse a las alturas del pensamiento matemático, a través
del cual contemplaron “el recorrimiento de los astros por los cami-
nos del cielo” y a una de las más altas cumbres del pensar filosófico,
que les permitió ver y comprender su vida con flores y cantos. Pero
su condición misma de cautivos, enamorados de los astros y lo bello,

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CONCLUSIÓN 381

fue la ocasión principal de su ruina al tiempo de la Conquista. Algo


así como si el mundo cambiante de tlaltícpac —en misteriosa dialéc-
tica— hubiese urdido un desquite. La cultura de metáforas y núme-
ros fue destruida con las armas de hierro y de fuego. Se desvaneció
como un sueño: “sus plumajes de quetzal se rasgaron, sus obras de
jade se hicieron pedazos…” y sólo quedó su recuerdo. La memoria
de un mundo bello: endiosado y verdadero, hasta el día en que la
belleza tuvo que huir al lugar de su origen, al mundo de “lo que nos
sobrepasa”, cuando fueron abatidos los sabios, quemados los códi-
ces y convertidos en montones de piedras sin forma las esculturas
y los palacios.
Mas cabe afirmar que, en medio de la desgracia venida de afue-
ra, la formación humana de los nahuas, “rostros sabios y corazones
firmes”, conservó su grandeza hasta lo último. En su postrera ac-
tuación ante Cortés y los doce primeros frailes, después de expresar
sus razones, no vacilaron en afirmar los tlamatinime, frente a la
imagen de su cultura destruida: “Si, como sostenéis, nuestros dioses
han muerto, dejadnos mejor ya morir…”5
Así amaron los tlamatinime su propia cultura, viviendo en su
mundo y sabiendo morir en él. Enseñanza final de un pueblo mara-
villoso que descubrió para pensar el camino de las flores y el canto.

5
 Colloquios y Doctrina Christiana… (edición de W. Lehmann), p. 102, líneas
925-927; ap i, 20.

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Apéndice I

LOS TEXTOS CITADOS EN SU ORIGINAL NÁHUATL1

(Los números corresponden a los que acompañan a las siglas ap i en las


notas al calce, referentes a la versión castellana de cada texto.)

Capítulo i

EXISTENCIA HISTÓRICA DE UN SABER FILOSÓFICO


ENTRE LOS NAHUAS

1. El problema de lo que existe.


¿Tle in mach tiquilnamiquia?
¿Can mach in nemia’n moyollo?
Ic timoyol cecenmana Aya.
Ahuicpa tic huica: timoyolpopoloa Aya.
¿In tlalticpac can mach ti itlatiuh?
  (Ms. Cantares mexicanos, f. 2v.)

2. El problema de la finalidad de la acción humana.


¿Campa nel tiazque?

1
 Para evitar posibles adulteraciones, se conserva en la transcripción de los tex-
tos nahuas la grafía propia de cada uno de los originales, con contadas excepciones,
como la de cambiar la ç por una z. Una misma palabra podrá aparecer escrita de
maneras distintas, según la fuente de donde procede. Por ejemplo, huehuetéotl (el
dios viejo) se encuentra en algunos textos escrita así: veveteotl. Esto, que puede ser
causa de cierta dificultad inicial en la lectura, tiene en cambio la ventaja de repro-
ducir los textos fielmente, tal como fueron transcritos al reducirse a escritura el
testimonio oral de los indígenas, dado sobre la base de sus códices y pinturas.

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384 FILOSOFÍA NÁHUATL

Ca zan titlacatico.
Ca ompa huel tochan.
In canin Ximoayan:
In oncapa in Yolihuayan aic tlamian.
  (Ibid., f. 3r.)

3. El problema de la felicidad en la tierra.


Ninotolinia:
in aic notech acic in pactli in necuiltonolli.
¿Ye nican tle zan nen naico?
¡Ca ahmo imochiuyan!
Tlacahzo ahtle nican xotla
Cueponi in nentlamachtilli.
  (Ibid., f. 4v.)

4. El problema del más allá.


¿Ohua huicalo in xochitl can on ye mictlan?
¿on timiqui oc nel on tinemi?
  (Ibid., f. 61r.)

¿Canin tlahuicalli?
Ica ya motlatiliz, ipal nemohuani.
  (Ibid., f. 62r.)2

5. Fugacidad universal.
¿Cuix oc nelli nemohua oa in tlalticpac Yhui ohuaye?
An nochipa tlalticpac: zan achica ye nican. Ohuaye ohuaye.
Tel ca chalchihuitl no xamani
no teocuitlatl in tlapani
no quetzalli poztequi Ya hui ohuaya
An nochipa tlalticpac: zan achica ye nican.
  (Ibid., f. 17r.)

2
 El texto citado aquí se encuentra también en el f. 5v del mismo Ms. de los
Cantares. Al parecer, con fundamento, hizo Garibay una ligera modificación en él,
añadiendo la terminación -lli a la palabra tlahuica(lli), para aclarar su sentido de
“casa o lugar de la luz”.

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los textos en náhuatl 385

6. ¿Puede decirse aquí algo verdadero?


¿Azo tla nel o tic itohua nican, ipal nemohua?
Zan tontemiqui in zan toncochitlehuaco
Zan iuhqui temictli...
Ayac nelli in quilhuia nican…
  (Ibid., f. 5v y 13r.)

7. ¿Qué es el hombre?
¿Cuix oc nelli’n tlaca?
Ye yuh ca ayoc nelli in tocuic.
¿Tlen o zo ihca?
¿Tle hual quiza?
  (Ibid., f. 10v.)

8. Tlamatini. Anotado al margen por Sahagún: “sabios o


philosophos”.
a) La Tlamatiniyotl,   1. In tlamatini: tlavilli ocutl, tomavac
o esencia del ocutl hapocyo;
filósofo.   2. tezcatl coyavac, tezcatl necuc xapo;
  3. tlile, tlapale, amuxva, amoxe.
  4. Tlilli, tlapalli.
b) Es temachtiani,   5. Hutli, teyacanqui, tlanelo;
maestro.   6. tevicani, tlavicani, tlayacanqui.
  7. In qualli tlamatini, ticitl, piale,
  8. machize, temachtli, temachiloni,
neltocani.
  9. Neltiliztli temachtiani, tenonotzani;
c) teixcuitiani, 10. teixtlamachtiani, teixcuitiani,
psicólogo. teixtomani;
11. tenacaztlapoani, tetlaviliani,
d) teyacayani, 12. teyacayani, tehutequiani,
pedagogo. 13. itech pipilcotiuh.
e) tetezcaviani, 14. Tetezcaviani, teyolcuitiani,
moralista. neticiviloni, neixcuitiloni.

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386 FILOSOFÍA NÁHUATL

f) cemanavactlaviani 15. Tlavica, tlahutlatoctia, tlatlalia,


conocedor de la tlatecpana.
naturaleza. 16. Cemanavactlavia,
g) mictlanmatini, 17. topan, mictlan quimati.
metafísico.
h) Netlacanecoviani: 18. Haquehquelti, haxihxicti,
“el que humaniza 19. itech nechicavalo, itech
al querer de la nenetzahtzililo, temachilo,
gente”. 20. itech netlacaneco, itech
netlaquauhtlamacho,
21. tlayolpachivitia, tepachivitia,
tlapalevia, ticiti, tepatia.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 118r y 118v.)

9. El falso sabio.
  1. In amo qualli tlamatini xolopihticitl, xolopihtli, teupilpul,
  2. piale, nonotzale, nonotzqui.
  3. Tlanitz, tlanitze,
  4. motlamachitocani, pancotl, chamatl,
  5. atoyatl, tepexitli,
  6. xomolli, caltechtlayoualli:
  7. navalli, tlapouhqui ticitl,
  8. tetlacuhcuili, tlahpouhqui,
 9. teixcuepani,
10. teca mocayavani.
11. teixpoloa,
12. tlaixpoloa, tlaovihtilia,
13. tlaovihcanaquia, tlamictia;
14. tepoloa, tlalpoloa, tlanavalpoloa.
  (Ibid., v. viii, f. 118v.)

10. Sacerdotes, astrónomos y sabios.


  1. Auh inhin totecuiyoane,
  2. ca onacate in ocno techiacana,

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los textos en náhuatl 387

  3. in techitqui in techmama
  4. ynipampa in tlaiecultilo, ca in toteoua
  5. ynintlamaceuhcava cuitlapilli ahtlapalli,
  6. in tlamacazque, in tlemanacaque.
  7. auh in quequetzalcova mitoa.

  8. in tlatolmatinime,
  9. auh in intequiuh in quimocuitlauia
10. in ioalli in cemilhuitl,
11. in copaltemaliztli,
12. in tlenamaquiliztli
13. in vitztli in acxoiatl, in necoliztli,

14. in quitta in quimocuitlauia


15. yn iohtlatoquiliz in inematacacholiz in ilhuicatl,
16. in iuh iovalli xelivi.

17. Auh in quitzticate, in quipouhticate,


18. in quitlatlazticate in amoxtli.
19. In tlilli, in tlapalli in tlacuilolli quitquiticate.
20. Ca iehoantin techitquiticate, techiacana, techotlatoltia:

21. iehoantin quitecpana iniuh vetzi ce xivitl,


22. iniuh otlatoca in tonalpoalli auh in cecempoallapoalli,
23. quimocuitlauia, iehoantin ynteniz incocol, i mamal in
teutlatolli.
(Colloquios y Doctrina Christiana…, f. 3r y 3v; edición
de W. Lehmann, p. 96-97.)

11. Predestinación del sabio.


  1. Mitoa inic tlacatia napa polivia in iten in inantzin in
iuhqui aocmo utztli inic necia.
  2. In iquac omozcali, yie telpuchtli, quin icuac vel necia in
tlein itequiuh.
  3. Mitoaya Mictlan matini, ilhuicac matini.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. vi, f. 126r.)

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388 FILOSOFÍA NÁHUATL

12. Descripción tolteca del sabio.


Yn tlilli, yn tlapalli
yn amoxtli yn tlacuilolli
quitquique yn tlamatiliztli,
mochi quitquique
in cuicaamatl, yn tlapitzalli.
  (Ibid., v. viii, f. 192r.)

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Miguel León-Portilla

La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes


Ángel María Garibay K. (prólogo)

Undécima edición
Ciudad de México
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas
2017
526 p.
Ilustraciones
(Serie Cultura Náhuatl: Monografías, 10)
ISBN 978-607-02-8765-7

Formato: PDF
Publicado en línea: 30 de marzo de 2017
Disponible en:
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Investigaciones Históricas. Se autoriza la reproducción sin fines lucrativos,
siempre y cuando no se mutile o altere; se debe citar la fuente completa y su
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de la institución. Dirección: Circuito Mtro. Mario de la Cueva s/n, Ciudad
Universitaria, Coyoacán, 04510. Ciudad de México
Capítulo ii

IMAGEN NÁHUATL DEL UNIVERSO

13. El verdadero y el falso médico: “un criterio científico”.


1. In qualli ticitl tlamatini, tlanemiliani,
2. tlaiximatini; xiuhximatqui, teiximati, quaviximatqui,
tlanelvayoiximatqui.
3. tlayehyecole, tlaztlacole, iztlacole, tlayxyeyecoani
4. tlapalevia, tepahtia, tepahpachoa, tezaloa.
5. Tetlanoquilia, tlahzotlaltia, tetlatia; tlaitzmina texotla,
tehitzoma, teeuatiquetza, nextli, teololoa.
6. In tlaveliloc ticitl yc tlaqueloani, y tlaquelquichivani,
tepahmictiani, tepahixvitiani. Tlaovihtiliani, teovihtiliani,
tlatlanalviani, tetlanalviani; nonotzale, nonotzqui;
7. pixe, xochiva, navalli, tlapouhqui, tlahpoani,
mecatlahpouhqui.
8. tepahmictia, tlaovihtilia, tepixpia, texochivia.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 119r.)

14. Enunciación del problema de la fundamentación del mundo.


¿Tlen o zo ihca?
¿Tle hual quiza?
(Ms. Cantares mexicanos, f. 10v.)

15. El descubrimiento de la respuesta.


1. Auh motenehua mitoa
2. (Quetzalcóatl) ca ilhuicatl iitic in tlatlatlautiaya in
moteotiaya auh in quinotzaya,
3. Citlalin icue Citlallatonac,
4. Tonacacihuatl Tonacatecuhtli,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 389 20/01/2017 [Link] p.m.


390 FILOSOFÍA NÁHUATL

5. Tecolliquenqui Yeztlaquenqui,
6. Tlallamanac Tlallichcatl,
7. Auh ompa on tzatzia yuh quimatia Omeyocan Chicu­nauh­
ne­paniuhcan in ic mani in ilhuicatl.
(Anales de Cuauhtitlán, edición de W. Lehmann, p. 76-77.)

16. Ometéotl, apoyo del mundo.


1. In teteu man in teteu ita, in Huehue teutl,
2. in tlalxicco onoc,
3. in xiuhtetzacualco in maquitoc,
4. in xiuhtotoatica in mixtzatzacualiuhtica,
5. in Huehue teutl in ayamictlan,
6. in Xiuhtecuhtli.
(Códice florentino, lib. vi, f. 71v.)

17. El acaecer temporal del universo: los cinco soles.


1. In nican ca tlamachilliztlatolzazanilli ye huecauh mochiuh
inic mamanca tlalli,
2. cecentetl in itlamamamanca
3. inic peuh in zan iuh macho iniquin tzintic in izquitetl
in omanca tonatiuh chiquacentzonxihuitl ipan
macuilpohualxihuitl ipan matlacxihuitl omei axcan ipan
mayo, ic 22 ilhuitica de 1558 años
4. inin tonatiuh nahui ocelotl ocatca 676 años.
5. inique in izcepan onocca ocelloqualloqui ipan nahui
ocellotl in tonatiuh.
6. auh in quiquaya chicome malinalli in in tonacayouh
catca, auh inic nenque centzonxihuitl ipan
matlacpohualxihuitl ipan yepohual xihuitl ypan ye no
caxtolxihuitl ozze.
7. auh inic tequanqualloque matlacxihuitl ipan ye xihuitl
8. inic popoliuhque inic tlamito auh iquac polliuh in
tonatiuh
9. auh in inxiuh catca ce acatl auh inic peuhque in
qualloque in cemilhuitonalli nahui ocelotl, zan no ye inic
tlamito inic popoliuhque
10. Inin tonatiuh nauhui ecatl ytoca.

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los textos en náhuatl 391

11. iniqui in inic oppa onocca. yecatocoque ipan nahuecatl


in tonatiuh catca.
12. auh inic poliuhque yecatocoque, ozomatin mocuepque
13. in incal in inquauh mochecatococ
14. auh inin tonatiuh zan no yecatococ.
15. auh in quiquaya matlactlonome cohuatl, in
intonacayouh catca.
16. auh inic nenca, caxtolpohualxihuitl ipan yepohualxihuitl
ye no ipan nahui xihuitl
17. inic popolliuhque zan cemilhuitl in ecatoque, nauhcatl
ipan, cemilhuitonalli inic polliuhque.
18. auh in inxiuh catca ce tecpatl.
19. Inin tonatiuh nahui quiyahuitl, inic ei
20. inic etlamantli nenca nahui quiyahuitl in tonatiuh
ipan, auh inic polliuhque tlequiahuilloque totolme
mocuepque.
21. auh no tlatlac in tonatuih moch tlatlac in incal.
22. auh inic nenca caxtolpohualxihuitl ipan matlacxihuitl
omome
23. auh inic popolliuhque za cemilhuitl in tlequiyauh
24. auh in quiquaya chicome tecpatl in intonacayouh catca.
25. auh in inxiuh ce tecpatl. auh izcemilhuitonalli nahui
quiahuitl
26. inic polliuhque pipiltin catca
27. ye ica in axcan ic monotza cocone pipilpipil.
28. Inin tonatiuh nahui atl itoca. auh inic manca atl
ompohualxihuitl on matlactli omome.
29. iniquei in ic nauhtlamantinenca ipan nahui atl in
tonatiuh catca.
30. auh inic nenca centzonxihuitl ipan matlacpohualxihuitl
ipan epohualxihuitl ye no ipan caxtol pohualxihuitl ozçe
31. auh inic popoliuhque, apachiuhque mocuepque
mimichtin.
32. hualpachiuh in ilhuicatl za cemilhuitl in polliuhque.
33. auh in quiquaya nahui xochitl in intonacayouh catca.
34. auh in inxiuh catca ce calli auh izcemilhuitonalli nahui atl
35. inic polliuhque, moch polliuh in tepetl

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 391 20/01/2017 [Link] p.m.


392 FILOSOFÍA NÁHUATL

36. auh inic manca atl ompohualxihuitl on matlactli omome


auh inic tzonquiza in inxiuh
37. inin tonatiuh itoca naollin inin ye tehuantin totonatiuh
in tonnemi axcan
38. auh inin inezca in nican ca inic tlepanhuetz in tonatiuh
in teotexcalco in oncan in teotihuacan.
39. ye no ye itonatiuh catca in topiltzin in tolla in
quetzalcohuatl.
40. Y ynic macuilli tonatiuh 4 ollin yn itonal
41. mitoa olintonatuih ypampa molini yn otlatoca.
42. auh yn yuh conitotihui yn huehuetque, ypan inyn
mochihuaz tlalloliniz mayanaloz ynic tipolihuizque.
(Líneas 1-39, Ms. de 1558 —Leyenda de los soles—, en
edición de W. Lehmann, p. 322-327 y 340-341; líneas
40-42, Anales de Cuauhtitlán, en op. cit., p. 62.)

18. El sol.
1. Tonatiuh quautlevanitl,
2. xippilli, teutl.
3. tona, tlanextia, motonameyotia,
4. totonqui, tetlati, tetlatlati, teytoni; teixtlileuh, teixtlilo,
teixcaputzo, teixtlecaleuh.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. vi, f. 177.

19. Orientación espacial de los años.


1. Ce tochtli moteneua vitztlampa xiuhtonalli, xiuhtlapoalli.
2. matlacxiuitl omey tlauica, taotlatoctia, tlatqui tlamama yn
muchipa cecexiuhtica.
3. auh yehoatl, vellayacatia, tlayacana, quipeualtia ypeuhca
muchia, quitzintia yn izquitetl xiuhtonalli: yn acatl, yn
tecpatl, yn calli.
4. In yehuatl acatl mitoa tlaupcopa tonalli yuhquinna q.
n. tlahuilcopa xiuhtonalli, ypampa ca vmpa valneci yn
tlauilli, yn tlanextli.
5. Auh ynic ey xiuhtonalli yehuatl yn tecpatl. moteneua
mictlampa tonalli
6. ypampa yn mitoa mictlampa, iuh quitoaya yn veuetque:

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los textos en náhuatl 393

  7. quilmach, yniquac micoa, vmpa ytztiui, vmpa tlamelaua,


vmpa tlatotoca yn mimicque…
  8. Auh ynic navi, tlanauhcayotia xiuhtonalli yehcatl yn
calli, moteneua civatlampa tonalli,
  9. ypampa, yuh quitoaya, ciutlampa: quilmach, ca muchi
ciua, yn vmpa onoque, aoc aque toquicti.
10. Ynhin nauhteme xiuhtonaltin, xiuhtlapoaltin
yzquitemececeppa moquetztiui, tonalpeuhcayome
mochiuhtiui.
11. ynic muchi matlatlacxiuitl omeey quitlamia, conaxitlia,
quitzonquiztia nauhteixtin, ynic tlayavalotiui,
quimocaviliyiui yntequiuh cecexiuhtica.
(Ibid., v. vii, f. 269r.)

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Miguel León-Portilla

La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes


Ángel María Garibay K. (prólogo)

Undécima edición
Ciudad de México
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas
2017
526 p.
Ilustraciones
(Serie Cultura Náhuatl: Monografías, 10)
ISBN 978-607-02-8765-7

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Investigaciones Históricas. Se autoriza la reproducción sin fines lucrativos,
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Capítulo iii

IDEAS METAFÍSICAS Y TEOLÓGICAS


DE LOS NAHUAS

20. La réplica de los tlamatinime a la impugnación de los frailes.3


872 Totecuiovane, tlatoquee, tlazotitlacae,
oanquimihiyouiltique,
875 ca nican amitzinco amocpactzinco
titlachia in timacevalti…

902 Auh in axcan tlein, quenami,


ca tlehuatl in tiquitozque
in tiquevazque amonacazpantzinco:
mach titlatin,
ca zan timacevaltotonti…
913 Ca cententli, otentli ic tococuepa
ic toconilochtia yn ihiio yn itlatol
915 in tloque, navaque:
ic iqua tla ytzontla tiquiza,
ic tontotlaza in atoiac, in tepexic…

920 ace taquian ace topoliuian,


azo titlatlatziuitique:
ieh campa nel nozoc tiazque
ca timacevalti
tipoliuini timiquini,

 Los números de este texto se refieren a la edición de W. Lehmann, op. cit.,


3

p. 100-106.

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los textos en náhuatl 395

925 ieh mah ca timiquican,


ieh mah ca tipoliuican,
tel ca tetu in omicque.
Ma motlali in amoiollotzin amonacaiotzin
(totecuyovane)
930 ca achitzin ic tontlaxeloa
in axcan achitzin ic tictlapoa
in itop in ipetlacal in tlacatl totecuio.
Anquimitalhuia
ca amo tictiximachilia

935 in tloque navaque,


in ilhuicava in tlalticpaque:
anquimitlahuia
ca amo nelli teteu in toteuvan.
Ca yancuic tlatolli

940 in anquimitalhuia,
auh ic titotlapololtia,
ic titotetzauia.
Ca in totechiuhcava
yn oieco, yn onemico tlalticpac

945 amo iuh quitotiui:


ca iehoantin techmacatiui
yn intlamanitiliz,
iehoantin quineltocatiui,
quintlaiecultitiui,

950 quin maviztilitiui in teteu:


iehoantin techmachtitiaque
in ixquich in tlaiecoltiloca,
in immaviztililoca:
inic imixpa titlalqua

955 inic titizo,


inic titoxtlava,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 395 20/01/2017 [Link] p.m.


396 FILOSOFÍA NÁHUATL

inic ticopaltema,
auh inic titlamictia.
Quitotiui

960 ca iehoantin teteu impalnemoa,


iehoantin techmaceuhque
in iquin in canin, ynoc iovaya.
Auh quitotiui,
ca iehoantin techmaca.

965 in tocochca in toneuhca.


auh in ixquich yn ioani, in qualoni,
in tonacaiotl, in tlaolli, in etl,
in oauhtli, in chie:
iehoantin tiquimitlanilia
970 yn atl, in quiavitl
inic tlamochiva tlalticpac.

No iehoantin mocuiltonoa,
motlamachtia,
axcavaque iehoantin tlalquivaque.

975 inic muchipa cemicac


tlatzmolintoc, tlaxoxouixtoc
in inchan,
in canin in quenamica tlaloca,
aic tle maianaliztli umpa muchiva,

980 atle cocoliztli,


atle netoliniliztli.
auh no iehoa quitemaca
moquichchotl in tiacauhiotl…

989 Auh iquin, canin in ie notzalo,

990 in ie tlatlauhtilo, in ie neteutilo,


in ie mauiztililo.

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los textos en náhuatl 397

Ca cenca ie vehcauh,
¿yquin ie tolla?
¿yquin ie vapalcalco?

  995 ¿yquin ie xuchatlappa?


yquin ie tlamovanchan,
in ie ioalli ychan,
¿yquin ie teutivacan?

Ca iehoantin novian cemanavac


1000 quitetecatiaque
in ipetl in imicpal,
iehoantin quitemaca
in tecuiotl in tlatocaiotl,
in tleiotl in mauizzotl,

1005 Auh cuix ie tehoantin


toconitlacozque
¿in veve tlamanitiliztli?
¿in chichimeca tlamanitiliztli?
¿in tolteca tlamanitiliztli?
1010 ¿in colhuaca tlamanitiliztli,
in tepaneca tlamanitiliztli?

Ca ie iuhca toiollo,
ypan ioliva,
ypan tlacatiua
1015 ypal nezcatilo,
ypal nevapavalo
ynin nonotzaloca,
inin tlatlauhtiloca.

Hui, totecuioane,
1020 ma itla anquichiualtihtin
in amo cuitlapiltzin, yn amatlapaltzin,
quenoc quilcavaz,
quenoc quipoloz…

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 397 20/01/2017 [Link] p.m.


398 FILOSOFÍA NÁHUATL

1036 Ma oc yvian yocuxca


xicmottilican totecuiyoane
in tlein monequi.
Ca amo vel toiollopachiui,
1040 auh ca za ayamo tontocaqui
ayamo titonelchiua:
tamechtoiolitlacalvizque
ca nican onoque
in avaque in tepevaque
1045 in tetecuti in tlatoque
in quitqui in quimama
in cemanauatl.

Mazanozoc ye inio yn oticcauhque


in oticpoloque in otoncuililoque,
1050 in otocavaltiloque
in petlatl in icpalli:
ca za oncan tonotiazque,
za tictzaccutiazque,
ma topa xicmochiuilica
1055 in tlein anquimonequiltizque.

Ca ixquich ic ticcuepa
ic ticnaquilia
yn amihiyotzin
in omotlatoltzin,
1060 tetecuyoane.
(Colloquios y Doctrina Christiana…, edición de W.
Lehmann, p. 100-106.)

21. Vanidad de lo que existe en tlaltícpac.


in ic conitotehuac in Tochihuitzin;
In ic conitotehuac in Coyolchiuhque:
Zan toconchitlehuaco,
zan tontemiquico:
ah nelli ah nelli tinemico in tlalticpac
Xoxopan xihuitl ipan tochihuaca:

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los textos en náhuatl 399

hual cecelia hual itzmolini in toyollo:


xochitl in tonacayo, cequi cueponi: on cuetlahuia.
In conitotehuac in Tochihuitzin.
(Ms. Cantares mexicanos, f. 14v.)

22. Una conclusión pesimista.


Cemilhuitl on tiyahui, ceyohual on ximoanican.
Zan tontiximatico,
zan tontictlanehuico ye nican tlalticpac.
Ma ihuian ma ic cemelle in man tonemican.
Xi hualla ma tonahahahuican
man conchiuhtinemi in on cuacualantinemi: in tlatlahue ye
nican. Huiyan.
Ma cemicac on nemi, ma ca aic on miquia.
(Ibid., f. 26r.)

23. Las ofrendas religiosas no son el camino que lleva al Dador de la


vida.
¿Azo tla nel o tic itohua nican, ipal nemohua…?
In ma nel chalchihuitl ma’n tlamatilolli
Tla nel ye chalchihuitl tlamateoi timaco ipalnemoani,
xochicozcatica tontatlanilo tonitlanililo
ach in tecpillotl in cuauhyotl in oceloyotl;
ach ayec nelli in tiquitohua nican.
(Loc. cit.)

24. La divinidad es inexorable.


¿Qezquich in ye nelli quihuiya in amo nell’on?
Zan tonmonenequi in Ipalnemohuani.
(Ibid., f. 62r.)

25. Flor y canto: lo único verdadero en la tierra.


Noyuh yequitoa in Ayocuan yehuan yan in Quetzpal.
Anqui nelli yequimati in Ipalnemoa…
In canon in noconcaqui itlatol aya, tlacazo yehuatl.
Ipalnemohua qui-ya-nanquilia incoyoltototl
On cuicatinemi Xochimana, mana, aya.

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400 FILOSOFÍA NÁHUATL

In chalchihuitl ohuaye onquetzal


Pipixauhtimani in motlatol
¿Atach canon azo tle nelli in tlalticpac?
(Ibid., f. 9v.)

26. Flores y cantos: el alma de la poesía.


Quihnenequi xochitl zan noyollo.
zan noncuicanentlamati o zan nocuicayyecoa in tlalticpac, ye
ni Cuacuauhtzin:
¡Noconequi xochitl: ma nomac on maniqui!
¿Can niccuiz in yectli xochitl, in yectli ya’n cuicatl?
Aic in o xopan in quichihua ye nican:
in ninotolinia in ni Cuacuahtzin.
¿At am on ahuiezque, at anhuel tlamatizque tocnihuan,
ayahue?
¿Can niccuiz in yectli xochitl, in yectli ya’n cuicatl?
(Ibid., f. 26r.)

27. El origen de la poesía: flor y canto.


Anteopixque in man namechtlatlani:
¿Can ompa ye huitz teihuinti xochitl?
¿teihuinti cuicatl, in yectl’on cuicatl?
In zan ca ompa ye huitz in Ichan, in ilhuicatl itic;
In zan Ichampa ye huitz nepapan xochitl…
Xochatl imanca
chalchiuhxochicalitic quetzalpoyoncuica zan tzinitzcan
ye xochitica ihuan malintoc nepaniuhtoc:
itec on cuica itec on tlatoa zan quetzaltotol.
(Ibid., f. 34r.)

28. Misión del poeta.


Itzmolini xochitl celia milihui,
cueponi:
Mitecpa on quiza in cuicaxochitl,
in tepan tictzetzeloa tic ya moyahua:
¡ti cuicanitl!
(Ibid., f. 35v.)

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los textos en náhuatl 401

29. Permanencia de flores y cantos.


Ah tlamiz noxochiuh ah tlamiz nocuic,
in noconehua,
xexelihui ya moyahua.
(Ibid., f. 16v.)

30. Flores y cantos, el único recuerdo valioso.


Zan ca iuhqui noyaz
in compopoiuh xochitl
¿Quen conchihuaz noyollo?
ma nel xochitl ma nel cuicatl.
(Ibid., f. 10r.)

31. El camino hacia el Dios de la dualidad.


¿Can ompa nonyaz?
¿Can ompa nonyaz?
Icac iohui iohui Ome Teotl
¿A mach te mochian ompa Ximoayan?
¿A ilhuicatl itec?
¿In zan nican yehuaya yece Ximoayan in tlalticpac? Ohuaya.
(Ibid., f. 35v.)

32. Multipresencia de Ometéotl.


Ilhuicac in tinemi:
tepetl in tocan ya napaloa,
yehua Anahuatl in momac on mani,
Nohuian tichialo cemicac in
tontzatzililo ya in tonihtlalilo,
zan titemolilo in momahuizo motleyo.
Ilhuicac in tinemi:
Anahuatl in momac mani,
(Ibid., f. 21v.)

33. Concepción náhuatl de la divinidad.


1. Auh quimatia (tolteca)
2. Ca miec tlamantli in ilhuicatl.
3. Quitoaya ca matlac nepanolli om ome.

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402 FILOSOFÍA NÁHUATL

4. Umpa ca nemi in nelli teutl ihua in inamic


5. in ilhuicateutl itoca Ome-Tecuhtli
6. auh in inamic itoca Ome-Ciuatl ilhuicaciuatl
7. Quitoz nequi:
8. Matlactlomomepan ilhuicac tecuti tlatocati.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 175v.)

34. Ometéotl: espejo que hace aparecer las cosas.


1. Teuhcan, teuhcan titlahuica:
2. in nahuatiloca notequihuacayo
3. Tezcatlanextia.

4. Ya vi ya motlacavani.
5. xi viti, xi viti,
6. ai Ometeotl
7. in teyocoyani,
8. Tezcatlanextia.
(Historia tolteca-chichimeca, edición facsimilar de E.
Mengin, p. 33.)

35. Origen de las fuerzas cósmicas.


In teteu inan in teteu ita, veveteutl,
in tlexicco
in xiuhtetzacualco…
(Códice florentino, lib. vi, f. 34r.)

36. Dualidad de Dios.


1. Tlacatl totecuio
2. chalchivitl icue.
3. Chalchiuh tlatonac.
4. Ca oyecoc in macehualli
5. ac ca oquihualmihuali in Tonan in Tota,
6. in Ume Tecutli in Ume cioatl.
7. in chicuauhnepaniuhcan,
8. in Omeyocan.
(Ibid., f. 148v.)

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los textos en náhuatl 403

37. El sol, símbolo de Ometéotl.


Ma xi meoa, ma xi moquetza, ma xi mochichiua,
ma xon tlamati in cualcan in yeccan:
in monan in mota in Tonatiuh ichan,
In umpa aviialo in umpa vellamacho in pacoa in
netlamachtilo.
Ma xon movica, ma xocon motoquili in tonan in tota
Tonatiuh…
  (Ibid., f. 141v.)

38. Ometéotl: origen del hombre.


Mitoaya ompa tiyocolo,
in ti macehualtin ompa vitz in totonal.
In icuac motlalia in icuac chipini piltzintli,
ompa huallauh in itonal,
imitic calaqui,
quihualihua in Ometecuhtli.
  (Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
   facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 175v.)

39. Quetzalcóatl, sabiduría de Ometéotl.


¿Cuix ye nelli? ¿Cuix oquimaceuh in tlacatl in topiltzin,
in Quetzalcoatl, in teyocoyani, in techihuani?
¿Auh cuix oquito in Ume tecutli in Ume cioatl?
¿Cuix omocuepane in tlatolli?
  (Códice florentino, lib. vi, f. 120r.)

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Capítulo iv

EL PENSAMIENTO NÁHUATL ACERCA DEL HOMBRE

40. Quetzalcóatl: creador de hombres.


1. Auh niman ye yauh in quetzalcohuatl in mictlan: itech
azito in mictlanteuctli in mictlanzihuatl niman quilhui:
2. ca yehuatl ic nihualla in chalchiuhomitl in ticmopiellia,
ca niccuico.
3. auh niman quilhui: tle tichihuaz quetzalcohuatle.
4. auh ye no zeppa quilhui ca yehuatl ic nentlamati in teteo
aquin onoz in tlalticpac.
5. auh ye no ceppa quito in mictlanteuctli: ca ye qualli
tlaxoconpitza in motecziz auh nauhpa xictlayahualochti
in nochalchiuhteyahualco
6. auh amoma coyonqui in itecziz; niman ye quinnotza in
ocuilme quicocoyonique niman ye ic ompa callaqui in
xicotin in pipiolme niman ye quipitza quihualcac.
7. auh ye no zeppa quilhuia in mictlanteuctli: ca ye qualli
xoconcui.
8. auh niman ye quimilhuia in ititlanhuan in mictlanteuctli
in micteca, xoconilhuitin teteoe zan quicahuaquiuh.
9. auh in quetzalcohuatl niman quihuallito, camo ca ye
iczen nicitqui.
10. auh nima quilhuia in inahual za xiquimonilhui zan
niccahuaquiuh
11. niman quihualilhui yn quin tzatzilitiuh ca zan
niccahuaquiuh
12. auh ic uel ontlecoc niman ye ic concui in chalchiuhomitl
zecni temi in oquichtli in iyomio no zecni temi in zihuatl
iyomio niman ic concuic niman ye ic quimilloa in
quetzalcoatl niman ye ic quitquitz

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los textos en náhuatl 405

13. auh ye no ceppa quimilhui in mictlanteuctli in


ititlanhuan teteoye ye nelli quitqui in quetzalcohuatl in
chalchiuhomitl. teteoye xiquallalilitin tlaxapochtli.
14. niman contlallilito inic oncan motlaxapochui
motlahuitec. ihuan quimauhtique zozoltin mictihuetz.
auh in chalchiuhomitl niman ic quizenmantihuetz
niman quiquaquaque in zozooltin quiteteitzque.
15. auh niman ic hualmozcalli in quetzalcohuatl, niman
ye ic choca niman ye quilhuia in inahual. nonahuale
quenyezi
16. auh niman ye quilhuia quenin yez ca nel otlatlacauh
mazo nel yuhqui yauh.
17. auh niman ye connechicoa compepen conquimillo
18. niman ic quitquic in tamoanchan. auh in oconaxiti
niman ye quiteci itoca quilachtli yehuatl iz zihuacohuatl
niman ye ic quitema in chalhiuhapazco.
19. auh niman ye ipan motepolizo in quetzalcoatl, niman
mochintin tlamazehua in teteo in nipa omoteneuhque,
in apanteuctli, in huictlollinqui, tepanquiz qui.
tlallamanac. Tzontemoc. techiquazeca in quetzalcohuatl.
20. auh niman quitoque otlacatque in teteo in mazehualtin
21. ye ica in itopantlamazeuhque.
(Ms. de 1558, en edición de W. Lehmann, Die
Geschichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico, p.
330-338.)

41. La idea náhuatl de persona.


Nictequipachoz in amixtzin in amoyollotzin…
Nictlatlauhtia in amixtzin in amoyollotzin…
   (“Huehuetlatolli, documento a”, publicado por Á. M.
    Garibay K., en Tlalocan, v. i, n. 1, p. 38 y 39.)

42. El hombre: ladrón de cantares.


Cuica ichtequini,
¿quen ticcuiz noyol?

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406 FILOSOFÍA NÁHUATL

Timotolinia.
iuhqui in tlacuilolli, huel xic tlilanqui, huel xic tlapalanqui,
ya at ah ihuetzin timotolinia.
  (Ms. Cantares mexicanos, f. 68r.)

43. El hombre dueño de su acción.


Auh in aquin vel ontlamaceva, in vel monotza: ca uncan
quizaya…
Auh in tlacamo vel monotza, tle onquizaya, atle icnopil: zan
yavil quizca, iquequeloloca in quimomaceviaya.
   (Textos de los informantes indígenas de Sahagún,
    en L. Schultze Jena, Wahrsagerei, Himmelskunde und
    Kalender der Alten Azteken, p. 104.)

44. La posibilidad de desaprovechar un destino favorable.


Auh macivi in qualli tonalli, ipan tlacatia,
cequintin zan quitlatziuhcavaya, quicochcavaya, motoliniaya,
atle quicanime catca.
  (Ibid., p. 94.)

45. El hombre ante la omnipotencia de Dios.


1. In totecuyo in tloque nahuaque,
2. ca moiocoia, ca monequi, ca moquequeloa.
3. In quenin connequiz, yuh connequiz.
4. Ca imacpal iyoloco tech tlatlalitica, momimilvitica,
5. timimiloa, titeloloa, avic tech tlaztica.
6. Tic tlavevetzquitia: toca vetzcatica.
  (Códice florentino, lib. vi, f. 43v.)

46. El hombre “de paso” en la tierra.


Ma oc netlataneuh o nican in antocnihuan,
in zanyio nican a in tlalticpac:
in moztla, huiptla,
quen conequi moyollo, ipalnemohuani,
tonyazque ye Ichan, antocnihuan…
  (Ms. Cantares mexicanos, f. 62r.)

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los textos en náhuatl 407

47. La posibilidad de una reencarnación.


Ahuia, nauh xiutica in topan necahuiloc,
ayoc inematian, amo in tlapoalli,
Ximoayan ye Quetzalcalli,
nepanahuia iaxca inteizcaltiquetl.
(Conservado por Sahagún en su Historia, t. i, p. 276; el
texto ha sido depurado de numerosas erratas por el doctor
Garibay.)

48. Tesis contraria: la vida como experiencia única.


¿Cuix oc ceppa ye tonemiquiuh?
In yuh quimati moyol:
¡Zan cen tinemico!
  (Ms. Cantares mexicanos, f. 12r.)

49. El destino de los niños.


Mitoa in coconetzintin momiquilia chalchiuhtin, maquitzin
in miqui,
amo umpan vi in temamauhtica in itzeehacahia in Mictlan.
Umpa vi in Tonanacatecuhtli ichan Tonacauhtitlan, in nemi.
Quichichina in Tonacaxuchitl itech nemi in Tonacacuauhuitl
itech tlachichina.
  (Códice florentino, lib. vi, f. 96r.)

50. Certidumbre de la muerte.


Tla ca nelli ye nel tihui;
ye nel yic ya cahua in xochitl ihuan in cuicatl ihuan
tlalticpac.
¡Ye nelli ye nel tihui!
¿Canin tihui, yeehuaya, canin tihui?
¿Oc timiqui, oc nel on tinemi?
¿Oc ahuiyelo ya?
¿Oc ahuiltilo a on ipalnemoani?
  (Ms. Cantares mexicanos, f. 61v.)

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408 FILOSOFÍA NÁHUATL

51. La incógnita acerca del más allá.


Oc xocon yocoyacan xi quilnamiquican Quenonamican:
ompa ye Ichan; nelli tonyahui
in ompa Ximoayan zan timacehualtin,
anca toyolia ixpan ye onyaz quiximatiz.
¿Tle in anquiyocoya? ¿Tle in anquilnamiqui, antocnihuan?
¡Mac atle xi yocoyacan!
Totech on quiza in yectli yan xochitl:
zan yuhqui iellel in Ipalnemoa,
Zan mochi tic yocoya, mochi tic elnamiqui,
ticnotlamati ye nican.
Mochi ihui tepilhuan, mochi ihui in cococ
teupouhtica nezcaltilo…
Xicyocoyacan, antepilhuan, huexotzinca,
ma nel ye chalchihuitl, ma nel teocuitlatl,
no ye ompa yaz, in canin ximohua,
quenonamican,
ayac mohuaz.
  (Ibid., f. 14r.)

52. Si hay que morir, gocemos al menos ahora (1a. posición ante el
problema del más allá).
Anca zanio nican ni tlalticpac
huelic xochitl in cuicatl
man ya tonecuiltonol in ma ya tonequimilol,
¡ic a xon ahuican!
  (Ibid., f. 61v.)

53. Lo inescapable de la muerte


Nichoca, yehua, nicnotlamatia:
zan niquelmaniqui ticcauhtehuazque yectli in xochitl, yectli
  in cuicatl.
¡In ma oc tonahuican, ma oc toncuicacan!
cen tiyahui, tipolihui.
  (Ibid., f. 35r.)

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los textos en náhuatl 409

54. Otro poema de sentido epicúreo.


Maca cocoya amoyollo, yehua amotlatoltzin, antocnihuan,
no iuhqui in nicmati, no iuhqui in quimati,
ceppa yauh in tonemiz.
Cemilhuitl on tiyahui on ximoa nican.
Zan tontiximatico, zan tontictlanehuico o ye nican tlalticpac.
¡Xi hualla ma tonahahahuican!
Man conchiuhtinemi in on cuacualtinemi,
in tlatlahue ye nican.
¡Ma cemicac on nemi,
ma ca aic on miquia!
  Ibid., f. 25v y 26r.)

55. Nueva duda sobre el más allá (2a. posición).


O aya nic ya cahuaz yectli ya xochitl,
aya nic temohuiz Quenonamican.
  (Ibid., f. 5v.)

56. Un destino incierto: ¿qué es verdad o qué no es verdad allí?


¿Zan on ti nelli?
¿Tinemi anca zan tlaocoya?
¿In cuix nelli, cuix no amo nelli, quenin conitohua?
In ma oc nentlamati in toyollo.
¿Quexquich in ye nelli quihuiya
in amo nell’on?
Zan tonmonenequi, in Ipalnemohuani.
In ma oc nentlamati in toyollo.
  (Ibid., f. 62r.)

57. Afirmación de un más allá feliz (3a. posición).


Tlacazo amo cualcan in tlalticpac ye nican;
tlacazo occeni in huilohuayan:
in oncan ca in netlamachtili.
¿Tle zan nen in tlalticpac?
Tlacazo occeni yoliliz…
  (Ibid., f. 1v.)

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410 FILOSOFÍA NÁHUATL

58. Mística unión con la divinidad.


Tlacazo oncan nemoayan.
Ninoztlacahuia nic itoa:
azo zan ye izquich in nican in tlalticpac.
on tlami a in toyolia.
Ma cuele ehuatl, in Tloque Nahuaque,
ma ompa inhuan ni mitz no cuicatili
in ilhuicac mochanecahuan.
Zan noyollo ehua,
ompa nontlachia,
in monahuac in motloc ti Ipalnemohuani.
  (Ibid., f. 2r.)

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Capítulo v

EL HOMBRE NÁHUATL COMO CREADOR


DE UNA FORMA DE VIDA

59. La educación paterna.


1. In teta: tlacamecayonelhuayotl, tlacamecayopeuhcayotl.
2. In qualli iyollo, teta piel, tlaceliani, moyolitlacoani,
motequipachoani, cuexane, teputze, macuche.
3. Tlacazcaltia, tlacauapaua, teizcaltia, tenonotza, tenotza,
tenemiliztia.
4. Coyauac tezcatl quitemanilia, in necocxapo quitechilia, in
tomauac ocutl in hapocyo…
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. vi, f. 199.)

60. El ingreso al Calmécac o al Telpochcalli.


   In iquac otlacat piltontli niman caquia in calmecac,
in anozo telpuchcali, quitoznequi, quinetoltia, umpa
quivenchioa, quivenmana in teupan in calmecac ini
tlamacazqui iez, in anozo telpuchtli.
(Códice florentino, edición bilingüe, Florentine Codex,
Part iv, translated from Aztec into English by A. J. O.
Anderson and Ch. E. Dibble, lib. iii, p. 49.)

61. Quiénes iban al Calmécac.


   In tlatoque, in pipilti, yoan in oc cequintin vel nanti vel
tati, zan ien umpa in quimaquia in quinnetoltia in inpilhoan,
in calmecac: yoan in oc cequintin in aquin quinequi.
(Ibid., p. 59.)

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412 FILOSOFÍA NÁHUATL

62. Quiénes iban al Telpochcalli.


   Uncan mitoa in quenin macehoaltin quimoncaoaia in
inpilhoan in umpa telpuchcalli.
(Ibid., p. 49.)

63. La enseñanza de tipo intelectual.


   Yoan vel nemachtiloia in tonalpoalli, in temicamatl, yoan
in xiuhamatl.
(Ibid., p. 65.)

64. El ideal de la educación náhuatl.


In omacic oquichtli:
yollotetl, yollotlaquavac,
ixtlamati,
ixehyollo,
mozcalia.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. vi, f. 215.)

65. Cualidades humanas más apreciadas por los nahuas.


Auh in manel motolinia, in manel icnotlacatl,
in manel quicentzacui icnotlacatzintli, inantzin, itatzin…
amo tlacamecaiotl motta,
za qualnemiliztli, vel ie motta…
in chipaoac yiollo,
in qualli yiollo, in icnoioyiollo…
in iollotetl…
in mitoa teutl yiollo,
in tlateumatini…
(Códice florentino, lib. iii, p. 67.)

66. Educación moral.


1. Ic pehua in quinmachtia:
2. in iuh nemizque,
3. in iuh tlatlacamatizque, in iuh temahuiztilizque,
4. in quimomacazque in quallotl in yecyotl,
5. auh inic quitlalcahuizque in ixpampa

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los textos en náhuatl 413

6. ehuazque in aquallotl in ayecyotl,


7. in tlahuelilocayotl, in tlacazolyotl.
(“Huehuetlatolli, documento a”, publicado por Á. M.
Garibay K., en Tlalocan, v. i, n. 2, p. 97.)

67. El trabajo como justificación del existir humano.


(In teixpan) yeh cualli yeh yectli:
xicmocuitlaui in itlahticpacayutl:
xi tlai, cuacuaui, x’elimiqui,
xi nopalhtoca, xi metoca:
yeh tiquiz, yeh ticuaz, yeh ticmoquentiz.

Yeh ic ticaz,
yeh ic tinemiz.
Ic tihtoloz, titeneualoz.
Ic mitziximatiz in maui in motla in mooanyolque.

Azo quenmanian cueitl uipilliitech timopiloz,


¿Tlein quicuaz? ¿tlein quiz?
¿Cuix ehcachichinaz?
Ca ticeuhti ca tipahti:
in ticuauhti, in tocelo (ti).
(Huehuehtlahtolli de Olmos, Ms. en náhuatl, f. 116r.
Original en la Biblioteca del Congreso de Washington.
El doctor Garibay nos proporcionó copia de él.)

68. Otros consejos morales.


Tla xic mocuili, tla xic mocaquiti:
ma achi tictoquili in totecuio,
ma tinen in tlalticpac,
ma zan tiveca.
¿Tle ticmati?
Cenca moyolic, cenca titlachia.
Mach tetzauouican,
mach vellaititla, aiviayocan,
hacemellecan, temamauhtican, auh tellelaxitican…
Amo tle nelli…

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414 FILOSOFÍA NÁHUATL

Iz catqui in taiz in tic chiuaz:


in pialli, in nelpilli in toptli in petlacalli
in concautehuaque in vevetque in ilamatque,
in tzonitztativi, in cuaiztativi, in pipinixtivi,
in totechiuhcauan…
Amo oixtomauaco,
amo ohicicatinemico,
amo oneneciuhtinemico;
Macihui in yuhque muchiuhtivi on tlalchivic:
in acoivic oittoque
in cuappetlapan in ocelopetlapan oieco.
(Códice florentino, lib. vi, f. 85v.)

69. La moral náhuatl ante el problema sexual.


Amo yuhqui tichichi,
ticcuativetziz, ticquetzontiveziz in tlalticpacaiotl;
Oc cenca timoyollotechihuaz,
oc ticchicaoaz oc timaciz.

In ma yuhqui ti metl
tiquiyotiz, titetezaviz,
uncan on ic ipan tichicahuaz,
in tlapaliuhcayotl, in nenamictiliztli.

In mopilhuan yezque tzontzonoctique,


tetecuicitique,
auh tetetzcaltique chichipactique chichipacaltique iezque.
(Códice florentino, lib. vi, f. 97r.)

70. Móvil social de la conducta moral.


Amo monexicolizpan,
amo moyolhcuculpan,
ticualeuhtaz, ticualitotaz.
Zan ticcualhtiliz
in mocuic in motlatol.
Ic cenca tlapa nauia in ic tlitlazotlaloz,
ic uelh tetloc tenauac tinemiz.
(Huehuehtlahtolli de Olmos, Ms. en náhuatl, f. 118r.)

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 414 20/01/2017 [Link] p.m.


los textos en náhuatl 415

71. La estimación y aprobación social.


Intla uelh ticcihuaz
in ic titlacamachoz,
tic yec itoloz
tic cual itoloz.
(Ibid., f. 112r.)

72. La antigüedad de la regla náhuatl de vida.


Auh cuix ie tehoantin
¿toconitlacozque?
in vevetlamanitiliztli?
in tolteca tlamanitiliztli?
in colhuaca tlamanitiliztli?
in tepaneca tlamanitiliztli?
(Colloquios y Doctrina Christiana…, edición de W.
Lehmann, p. 105; líneas 1005-1011.)

73. La conciencia histórica de Itzcóatl.


Ca mopiaya in iitoloca.
Ca iquac tlatlac:
in tlatocat Itzcouatl in Mexico.
Innenonotzal mochiuh,
in mexica tlatoque quitoque:
amo monequi mochi tlacatl
quimatiz in tlilli in tlapalli.
In tlatconi in tlamamamaloni,
auilquizaz
auh in in zan navalmaniz in tlalli,
ic miec mopie in iztlacayotl,
yoan miequintin neteutiloque.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 192v.)

74. El fundamento documental de la historia.


Tel cecni omamayoti omicuillo
ompa mocaquiz…
(Anales de Cuauhtitlán, edición de W. Lehmann, p. 104.)

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


Disponible en: [Link]/publicaciones/publicadigital/libros/filosofia/[Link]

LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 415 20/01/2017 [Link] p.m.


416 FILOSOFÍA NÁHUATL

75. El destino histórico de México-Tenochtitlan.


In quexquichcauh maniz cemanahuatl,
ayc pollihuiz yn itenyo yn itauhca
in Mexico Tenochtitlan.
(Chimalpáin, Memorial breve, apud W. Lehmann, Die
Geschichte der Königreiche von Colhuacan und Mexico,
p. 111.)

76. El nacimiento de Tlacaélel.


X tochtli xihuitl, 1398 años.
ipan in, yn iuh quimachiyotia huehuetque Mexica.
yn tlacatque huehue Moteuhczoma Ylhuicaminatzin
Chalchiuhtlatonac
motzcallohua ye omnopillohua tonatiuh tlacat
Cuauhnahuac cihuapilli yn inantzin ytoca Miyahuaxiuhtzin.
auh y Tlacaelleltzin motlacatilli yohuatzinco hual momana
tonatiuh
yn tiquihtohua hualquiza tonatiuh.
Ynic mitoa tetiachcauh tlacat
Teocalhuiyacan cihuapilli yn inantzin ytoca Cacamacihuatzin.
cecen nanti
auh za centatli yehuatl yn teomeca Huitzillihuitl, tlahtohuani
Tenuchtitlan.
(Domingo Francisco de San Antón Muñón Chimalpáin
Cuauhtlehuanitzin, Séptima relación, en Annales. Sixième
et septième relations (1258-1612), publiées et traduites
par Rémi Siméon, Paris, 1889, p. 85.)

77. Importancia atribuida por Tlacaélel a su dios Huitzilopochtli.


   Ca yehuatl yhuey yaotachcauh, yhuey oquichtli
Tlacayeleltzin, yn iuh niman ye onneciz yn ipan in
xiuhpohualli. Yhuan huel no yehuatl oquichiuhtinen
yn tlacatecolotl Huitzilopochtli yn inteouh Mexica, yn
oquinnotztinen.
(Ibid., v. viii, p. 106.)

78. Himno sacro en honor de Huitzilopochtli.


Vitzilopuchtli yaquetl,

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 416 20/01/2017 [Link] p.m.


los textos en náhuatl 417

aco in ai in ohvihvihvia.
—Anen niccuic tozquemitl:
quen ya noca o ya tonac.

Tetzaviztli iya mixtecatl


ce ichavaztecatl
Pichavaztecatl
tlapo moma.

Tlaxotlan tenamitl,
ivitl in macoc, mupupuxotiuh,
yauhtlato… aya ayya yyo,
noteouh aya topanquizqui mitoa.

O ya yeva, vel mamavia,


in tlaxotecatl, teuhtlan,
teuhtlan milacatzoa.

Amanteca toyaovan:
xi nech on centlalizqui,
icalipan yauhtiva:
xi nech on centlalizqui.

Pipilteca toyaovan:
xi nech on centlalizqui,
icalipan yauhtiva:
vi nech on centlalizqui.
(Textos de los informantes de Sahagún, en Veinte himnos
sacros de los nahuas, versión de Ángel María Garibay K.,
México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1958
(Fuentes Indígenas de la Cultura Náhuatl. Informantes de
Sahagún, 2), p. 29-32.)

79. Tlacaélel, conquistador del mundo.


   Inic polliuhque Tlatilolca ye omito, yehuatl quichiuh
in Axayacatzin. Oquipan oquimatian mochiuh in tlacatl

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 417 20/01/2017 [Link] p.m.


418 FILOSOFÍA NÁHUATL

catca in itoca Tlacayelleltzin Cihuacohuatl, in cemanahuac


tepehuan.
(Crónica mexicáyotl, por F. Alvarado Tezozómoc, edición de
Adrián León, México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Instituto de Historia, 1949, p. 121.)

80. Tenochtitlan existe gracias a dardos y escudos.


Tomiuh ica,
ihuan tochimal ica,
ica mani in atl in tepetl…
(Ms. Cantares mexicanos, f. 20v.)

81. Visión guerrera de México-Tenochtitlan.


Ontlacochicuiliuhyan,
chimalicuilihuican,
in Tenochtitlan,
in oncan ya mani in cacahuaxochitl,
yolloxochitl;
in cuepontican in ixochiuh in Ipalnemoani,
cemanahuac ic onchichinalo in tepilhuan.
(Ibid., f. 18r.)

82. Los vestigios de los toltecas.


In ca nelli umpa cemonoca,
umpa nenque,
Za no miec in innezca in quichiuhque
auh in quicauhteoaque, in axcan ca, onoc ca itto,
in amo quitzonquixtiaque, in mitoa coatlaquetzalli,
In temimilli coati mochiva,
itzontecon tlalpan tlaczaticac,
icuitlapil, in icuech in aco ca.
Auh ca itto in toltecatepetl
auh ca onoc in toltecatzaqualli, in tlatilli auh in toltecatlaquilli.
Auh onoc in toltecatapalcatl itto
auh ano in tlalla in toltecacaxitl, in toltecacomitl

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los textos en náhuatl 419

auh miecpa ano in tlallan in toltecacozcatl,


in macuextli, in maviztic in chalchiuitl, in teuxivitl, in
quetzalitztli…
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 172r-172v.)

83. Visión ideal de la cultura tolteca.


Inic tolteca mimatini,
mochi qualli, mochi iectli,
mochi mimati, mochimaviztic in intlachioal.

Qualli in incal,
tlaxiuhzalolli.
Tlatlachictli, tlatlaquilli, vel maviztic.
Can mach mito in toltecacalli,
vel tlatlamachtlalilli vella toltecavilli… a)

Tlacuiloque, tlatecque, tlaxicque, tetzotzonque,


tlaquilque, amanteca tlazoloque, zoquichiuhque, tzauhque
iquitque,
vel tlaiximatini catca,
quinextique, quiximatque
in chalchivitl, in teuxivitl.
In zan xivitl, in xiuhtlalli quiximattivi,
quitztivi in ioztoio in iteoeio in iztac teocuitlatl… b)

In iehuantin in tolteca vellamatini catca,


vel moiolnonotzani catca... c)

Quititlantivi in vevetl in aiacachtli,


cuicanime catca, quipicuia,
quizalvaia,
quilnamiquia,
quiiioltevuiaia
in cuicatl maviztic in quipiquia... d)
(Ibid., a) f. 172v; b) 174v-175r; c) 175r; d) 175v-176r.)

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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420 FILOSOFÍA NÁHUATL

84. Toltécatl: el artista.


In toltecatl: tlamachtilli, tolih centzon, aman.
in qualli toltecatl: mozcaliani, mozcalia, mihmati;
moyolnonotzani, tlalnamiquini.

In qualli toltecatl tlayollocopaviani;


tlapaccachivani, tlaiviyanchivani, tlamauhcachiva,
toltecati, tlatlalia, tlahimati, tlayocoya;
tlavipana, tlapoppotia, tlananamictia.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. viii, f. 115v-116r.)

85. Predestinación del artista.


In aquin ypan tlacatia
pilli, yn anozo zan macevalli:
cuicuicani, papaquini, tlatlaquetzani, totoltecatl mochiuaya,
auh quittaya, quimacevaya yn ineyollaliliz yn inetlamachtil,
pactinenca vellamatia,
yniquac ypan mimatia ytonal,
quitoz nequi yniquac vel monotzaya, yn vel ontlamaceva.
Auh yn aquin amo ypan mimatia,
yn atle quipan quittaya,
zan quitlaveliaya yn itonal, za yuh mitoa,
ynyquac aquin cuicani
anozo aca toltecatl, tlachichiuhqui
yntla ye onca, quiquani ynecuiltonol. auh ye compopoa,
yxco icpac ye quimana; contepopoaltia.
yz yc moquetza, yz ic moquixtia,
yc teixco, teicpac nemi,
yc atlamattinemi, yc cuecuenoti yn ix, yn, iyollo,
yn icuicaniyo, yn inemach, ynic tlatlaliani,
ynic tlayohuiani, ynic cuicapiquini, ynic cuicatoltecatl!
(Ibid., v. vii, f. 300.)

86. El fundamento moral del artista.


Auh yn 7 Xochitl
mitoaya qualli yoan ahqualli.
inic qualli, cenca uncan tlamahuiztiliaya,

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los textos en náhuatl 421

motemachiaya yn tlacuiloque.
quitlaliliaya yxiptla,
quitlamaniliaya,
no yehoan yn ciuatlamachchiuhque
yc pachiuhque.
achtopa quinezahuiliaya,
nappoaltica, aca ompoaltica,
cempoaltica yn mozahuaya.

yc quitlaitlaniliaya,
ynic ytla huel aizque,
mimatizque,
toltecatizque,
huellalalizque,
huellacuilozque,
yn ipan intlamach, intlacuilol.

yc muchintin tlenamacaya,
tlacotonaya,
auh muchintin maaltiaya. mahuiuixoaya,
yniquac nehualco,
yn uncan ylhuiquixtililoya chicome xochitl.
Auh ynic amo qualli,
mitoaya: yquac yntla aca tlamachchiuhqui
ynezahualiz quitlacoaya,
mitoa, uncan quimomahcehuia
ahuilquizcayotl,
ahuiltocaitl, ynic zan aahuilnemiz,
aahuiyenitiz…

Auh yn aquin huel ontlamacehua,
yn huel monotza,
ca uncan quizaya:
mahuiztia,
momahuizzotiaya;
cana motztica,
huel moyetztica tepaltzinco
yn tlalticpac.

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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422 FILOSOFÍA NÁHUATL

No yuhqui ypan mitoaya,


yn aquin ypan tlacati,
ca much huel quichiuaz
yn toltecayotl,
huel totoltecatiz,
tlatlanemiliz,
yoyolizmatqui yez,
yntla huel monotzaz.
(Textos de los informantes indígenas de Sahagún, edición
facsimilar de Paso y Troncoso, v. vii, f. 285-286.)

87. El artista de las plumas.


Amantécatl. Hacic: ixeh, yollo.
In qualli amantecatl:
tlanemiliani, yyel,
itech netlacanecani,
netlacahuiloni.
Amantecati,
tlazaloa, tlahuipana,
tlatlatlapalpoa, tlatlapalpoa,
tlanamictia.
In tlaveliloc amantecatl:
tlaixpaniani,
tlapahpanquani, motexictiani.
yolloquimilitotoli,
iitic cochtihcac
tenitzintli, miccatzintli,
hatle veli,
tlahtlacoa, tlahitlacoa,
tlanenpoloa.
  (Ibid., v. viii, f. 116r.)

88. El pintor: corazón endiosado.


In tlahcuilo:
tlilli tlapalli,
tlilatl yalvil toltecatl, tlachichiuhqui…

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los textos en náhuatl 423

In qualli tlahcuilo: mihmati,


yolteutl,
tlayolteuiani,
moyolnonotzani.

Tlatlapalpoani, tlatlapalaquiani, tlacevallotiani,
tlacxitiani, tlaxayacatiani, tlatzontiani.
Xochitlahcuiloa,
tlaxochiicuiloa toltecati.
  (Ibid., v. viii, f. 117v.)

89. El alfarero.
In zuquichiuhqui:
ichtic, popuxtic,
popuxtli zuquitl.
In qualli zuquichiuhqui:
tlahiximati, tlaliztlacoani,
moyolnonotzani,
tlanemiliani, tlatlaliani,
tlatlaman toltecatl,
momaihmati.
In amo qualli zuquichiuhqui:
xolopitli, nexotecuili,
miccatzintli.
  (Ibid., f. 124r.)

90. Orfebres y plateros.


Nican moteneua
in iuhqui ic tlachichiua
in yehoantin teocuitlapitzque.
In tecultica yoan xico cuitlatica,
tlatalia, tlacuilona,
inic quipitza teocuitlatl,
in coztic, in iztac.
In conpeutitica in tultecayo…

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 423 20/01/2017 [Link] p.m.


424 FILOSOFÍA NÁHUATL

Can in ixnen peualtia,


moyolca peualtia,
in mocuicui zan ixtiuia,
moyoltiuia,
in iquipan quizaz,
in azo tlehin mochivaz.

In azo cuextecatl,
azo toueyo,
yacahuicole,
yacaco yonqui, ixtlamiua,
motlaquicuilo, itzcoautica.
Niman yoh motlatlalia in teculli,
ynic moxixima, ynic motlatlamachia.

Itech mana in ca tleuatl,
motlayah yscalhuia,
in quen ami yyeliz ytlachieliz,
motlaliz.
Yn azo ayotl,
niman yuh motlalia yn teculli,
yn icacallo ynic molinitiez,
ytic paualitztica yn itzontecon,
molinitica,
yn iquech yoan yu ima,
yn iuhqui yc mamazontitica.
Yn anozo tototl,
ypan quizaz teocuitlatl,
niman yuh mocuicui,
yuh moxima yn teculli,
ynic mihuiyotia, matlapaltia,
mocuitlapiltia, mocxitia.
Anozo michin yn mochiuaz,
niman yuh moxima yn teculli,
ynic moximacayotia yoan motlatlalitia,
yn patlama,
y yn motlan yoan yn iuhqui oc ycuitlaplil maxaltica.

DR© 2017. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas


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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 424 20/01/2017 [Link] p.m.


los textos en náhuatl 425

Anozo chacalin, anozo cuetzpalin,


mochiuh motlalia yn ima
ynic moxima teculli.
In anozo ca tleuatl motlayeyecalhuia
yoyoli, anozo teocuitlacozcatl,
yecahuiz chayauacayo
tenco yollo,
tlatlatlamachilli tlaxochiycuilolli.
  (Ibid., f. 44v.)

91. Las mariposas de canto brotan del corazón.


¿Aquin nehua?
Nipapatlantinemi,
nontlatlalia, nixochincuica,
cuicapapalotl:
¡ma nelelquiza,
ma noyolquimati!
  (Ms. Cantares mexicanos, f. 11v.)

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Capítulo vi

EL PROBLEMA DE LOS ORÍGENES Y EVOLUCIÓN


DEL PENSAMIENTO NÁHUATL

92. Los más antiguos orígenes.


Izca in tlatolli
in quitotivi in veuetque:
in iquin in cani,
in aocac vel compoa,
in aocac uel conilnamqui,
in aquique nican quinchaiaoaco
in coltin, in zitin,
in aquique, in mitoa,
in acique, in ecoque,
in ochpanaco,
in tlatzonilpico,
in tlatepachoco in nican tlalpan,
in zan ic mocenteneoa,
in iuhquima centetl cemanaoatontli mochiuhticatca.
Atlan, acaltica, in oallaque,
miec tlamanti,
auh vncan atenquizaco,
in mictlampa Atenco,
auh in vncan cacanaco imacal,
motocaioti Panutla,
quitoznequi, panuoaia,
axcan mitoa Pantla.
Niman ic atentli quitocatiaque,
quitztiui in tepetl,
oc cenca iehoan in iztac tetepe,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 426 20/01/2017 [Link] p.m.


los textos en náhuatl 427

ioan in popocatetepe…
Auh inin amo zan moiocoia in vi,
ca quiniacana in intlamacazcaoan,
auh quinotztivi in inteouh.
Niman ic oallaque,
vncan azico,
in intocaiocan Tamooanchan,
q. n. temooa tocha.
Auh vncan vecaoaque.
Auh inique y vneatca in tlamatinime,
in mitoa amoxoaque.
Auh amo cenca vecaoaque,
in tlamatinime niman iaque,
oc ceppa macalaquique,
auh quitquique in tlilli, in tlapalli,
in amoxtli, in tlacuilolli,
quitquique in ixquich tultecaiotl,
in tlapitzalli.
Auh in iquac vnpeuhque,
quinnonotztiaque in ixquichtin quincauhtiaque,
quimilhuique:
Quimitalhuia in Totecuio,
in Tloque, Naoaque,
in iooalli, in ehecatl,
nican anmonemitizque,
nican tamechtocauilico,
inin tlalli amechmomaquilia in Totecuio,
amomaceoalti, amolhuilti.
Oc nachca in motlamachititiuh
in Totecuio, in Tloque Naoaque.
Auh in ica oc ietivi,
ca tictoviquilitivi,
in canin motlamachititiuh,
in Tlacatl, in iooalli, in ehecatl,
in Totecuio, in Tloque Naoaque
ca movica, ca mocueptzinoa,
tel vitz moquixtiquiuh,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 427 20/01/2017 [Link] p.m.


428 FILOSOFÍA NÁHUATL

amechmatiquiuh,
in oiziuh tlalli,
in ie tlaltzompa,
in ie itlamian,
iehoatl tlatzonquixtiquiuh.
Auh in amehoan nican annemizque,
nican antlapiazque amolhuil, amonemac,
y in nican onoc, in ixoatoc,
auh in tlallan onoc,
amechmomaceoaltilia,
iehoatl in anquioaltocaque.
Auh in inca oc ie toniativi,
tictouiquilitiui,
in canin motlamachititiuh.
Niman ic iaque in teumamaque,
in quimilli, in tlaquimilolli quitqui,
quil quinnotztiuh in inteouh.
Auh inic iaque,
ie tonatiuh yixcopa itztiaque,
quitquique in tlilli, in tlapalli,
in amoxtli, in tlacuilolli,
quitquique in tlamatiliztli,
mochi quitquique,
in cuicaamatl, in tlapizalli.
Auh in mocauhtiaque
in veuetque in tlamatinime navintin,
ce itoca Oxomoco,
ce itoca Cipactonal,
ce itoca Tlaltetecui, ce itoca Xuchicaoaca
Auh in iquac oiaque y in tlamatinime
niman mononotzque, mocentlalique,
y in navintin veuetque quitoque:
—¿Tonaz, tlatviz?
¿quen nemiz, quen onoz in maceoalli?
Ca oia, ca oquitquique,
in tlilli, in tlapalli.
¿Auh que onoz in maceoalli?

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 428 20/01/2017 [Link] p.m.


los textos en náhuatl 429

¿quen maniz in tlalli, tepetl?


¿quen onoaz?
¿tle tlatquiz, tle tlamamaz?
¿tleh tlavicaz?
¿tle tlaotlatoctiz?
¿tle machiotl?
¿tle octacatl iez?
¿tle neixcuitilli iez?
¿tle itech peoaloz?
¿tle ocutl, tle tlauilli mochioaz?
Niman ic quiiocuxque in tonalpoalli,
in xioamatl, in xippoalli,
in temic amatl,
quitecpanque in iuh omopix,
auh ic otlaotlatoctiloc
in ixquich cauitl omanca
Tolteca tlatocaiotl,
Tepaneca tlatocaiotl,
Mexica tlatocaiotl
ioan in ixquich chichimeca tlatocaiotl.
(Códice matritense de la Real Academia, f. 191r-192v.)

93. Los sabios en Teotihuacan.


Vncan mocentecaco in Teotioaca,
vncan nenaoatiloc,
vncan netlatocatlaliloc.
Iehoantin in motlatocatlalique,
in tlamatini,
in nanaoalti,
in nenonotzaleque,
vel netachcauhtlaliloc…
(Códice matritense de la Real Academia, f. 195r.)

94. El poema atribuido a los teotihuacanos.


Ca iuh mitoaia:
in iquac timiqui,
ca amo nelli in timiqui,

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 429 20/01/2017 [Link] p.m.


430 FILOSOFÍA NÁHUATL

ca ie tiioli, ca ie titozcalia,
ca ie tinemi, ca tiza.
Itech xicmauili.
Inic quinotzaia micqui,
in iquac oonmic.
Intla oquichtli ca, quilhuia,
in quiteunotza,
Cuecuextzin,
auh intla cioatl, ca quilhuia Chamotzi,
ma xiza, ca otlacuezaleoac,
ca otlauizcalli moquetz,
ca ie tlatoa in cuezalpaxitl,
in cuezalcuicuitzcatl,
ca ie nemi in cuezalpapalutl.
Ic quitoque in vevetque
in aquin oonmic, oteut.
Quitoaia: ca oonteut,
q. n. ca oonmic.
(Códice matritense de la Real Academia, f. 195r.)

95. Las enseñanzas de Quetzalcóatl.


Vellatevmatini catca,
ca za ce in inteouh,
quicemmatia,
in quinotzaia,
in quitlatlauhtiaia
in itoca Quetzalcoatl.
In intlamacazcauh catca,
in inteupixcaun,
zan no itoca Quetzalcoatl.
Auh inin cenca vellateumatini catca,
in tlein quimilhuiaia in teupixque in Quetzalcoatl
vel quichioaia, amo quitlacoaia.
Ca quimilhui, quinnonotz:
—Ca za cen teutl,
itoca Quetzalcoatl.
Atle quinequi,

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los textos en náhuatl 431

zan coatl, zan papalotl,


in anquimacazque,
in ixpan anquimictizque.
(Códice matritense de la Real Academia, f. 176r.)

96. El esplendor tolteca.


Inic tolteca mimatini,
mochi qualli, mochi iectli,
mochi mimati, mochi maviztic in intlachioal…
Quimiximatia in ilhuicac onoque cicitlalti,
quitocamacaque.
Auh quimatia in imihiio,
auh vel quimatia in quen iauh in ilhuicatl,
in quenin momalacachoa…
(Códice matritense de la Real Academia, f. 175r.)

97. La búsqueda de Tlilan Tlapalan.


Auh mitoa, motenehua, yniquac nenca Quetzalcoatl,
miecpa yca mocayahuaznequia yn tlatlacatecollo,
ynic tlacatica moxtlahuaz,
yn tlacamictiz.
Auh ayc quinec amaciz ca cenca quintlazotlaya in
imacehualhuan,
yn tolteca catca…
Auh motenehua, mitoa,
yeehuatl yc quinxiuhtlati yn tlatlacatecolo;
yn oncan quipehualtique ynic yca mocacayauhque,
ynic quiquequeloque.
Yn oquitoque yn oquinecque yn tlatlacatecollo,
ynic quitollinizque yn Quetzalcoatl
auh ynic quichololtizque,
yuh neltic mochiuh yn.
1 acatl yn ipan in xihuitl yn mic Quetzalcoatl.
Auh mitoa zan ya yn tlillan tlapallan
ynic ompa miquito.
(Anales de Cuauhtitlán, f. 5.)

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432 FILOSOFÍA NÁHUATL

 98. Palabras de Tecayehuatzin.


¿Ach canon azo tle nel in tlalticpac…?
Zan nicxochimalina in tecpillotl,
zan can ica nocuic, yca ya noconilacatzohua
a in huehuetitlan.
Oc noncohuati nican Huexotzinco,
y nitlahtohuani, ni Tecaehuatzin,
chalchiuhti, zan quetzalitztin,
y niquincenquixtia in tepilhuan.
Zan nicxochimalina in tecpillotl.
(Ms. Cantares mexicanos, f. 9v.)

 99. Palabras de Ayocuan.


¡Ma huel manin tlalli!
¡Ma huel ica tepetl!
Quihualitoa Ayoquan, zan yehuan Cuetzpaltzin
Tlaxacallan, Huexotzinco.
In a izquixochitl, cacahuaxochitl ma onnemahmaco,
¡ma huel mani tlalla!
(Ms. Cantares mexicanos, f. 14v.)

100. Flor y canto, recuerdo en la tierra.


Ayn ilhuicac itic,
ompa ye ya huitz in yectli yan xochitl, yectli yan cuicatl.
Conpoloan tellel,
conpoloan totlayocol…
¿Zan ca iuhquin o yaz
in o ompopoliuhxochitla?
¿An tle notleyo yez in quenmanian?
¿an tle nitauhca yez in tlalticpac?
Manel xochitl, manel cuicatl,
Yn zan cuel achitzincan tlalticpac,
¿oc no iuhcan quenonamican?
¿cuix oc pacohua?
¿icniuhti huay?
¿auh yn amo zanio nican
tontiximatico in tlalticpac?
(Ms. Cantares mexicanos, f. 10r.)

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los textos en náhuatl 433

101. Palabras de Cuauhtencoztli.


Zan ninentlamatia, zan ni Quauhtencoz…
¿Cuix oc nellin tlaca?
¿Yiciuh, ca yoc nellin tocuic?
¿Tle nozo yca ya?
¿Tle hualquiza ai?
Yn oncan tinemi,
yn oncan ticate
timotolinian,
¡tinocniuh!
(Ms. Cantares mexicanos, f. 10v.)

102. Palabras de Xayacamach.


Tecuecuepalxochitl,
in teyollomamalacachoa
tzoyehuan.
Conmoyauhtihuitze.
Contzetzelotihuitze
in xochitlamalin,
xochipoyon.
¿Xochinpetlatl onaca?
Cenca ye mochan:
ye amoxcalitec cuica yehua
ontlatoa yehua Xayacamach.
(Ms. Cantares mexicanos, f. 11r.)

103. Flor y canto y la amistad.


Auh, ¡tocnihuane!,
tla xoconcaquican yn itlatol temictli:
xoxopantla technemitia,
in teocuitlaxilotl, techonythuitia
tlauhquecholelotl, techoncozcatia,
¡in ticmati ye ontlaneltoca toyiollo, tocnihuan!
(Ms. Cantares mexicanos, f. 11r.)

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APÉNDICE II

BREVE VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL

La mayoría de los términos que se traducen y analizan aquí han


aparecido ya al estudiar los textos nahuas. Se juzga no obstante
oportuno recogerlos y ordenarlos alfabéticamente para facilitar su
consulta. Si bien se incluirán algunos vocablos no estrictamente
filosóficos, esto se debe a su estrecha relación con temas cercanos
al pensamiento náhuatl.
Finalmente, es necesario aclarar que no se pretende dar un vo-
cabulario filosófico exhaustivo, ya que esto requeriría otro libro,
sino sólo una “muestra”, algo más pormenorizada que la presenta-
da por Clavijero en su “Disertación vi”, publicada en el t. iv, p.
328-329, Disertaciones, que acompaña a su Historia antigua de Mé­
xico, México, Porrúa, 1945.

Ahuicpa: sin rumbo, falto de meta. Compuesto del apócope de amo


(a): “no”, la raíz del verbo huic (a): “llevar” y el sufijo -pa: “ha-
cia”. Literalmente, significa “llevar algo sin un hacia”, sin rum-
bo. Se encuentra esta forma adverbial aplicada al posible senti-
do de la acción humana: ahuicpa tic huica: “sin llevarlo, lo llevas”
(a tu corazón), ap i, 1. O sea, que sin una meta se lleva a sí
mismo el hombre de aquí para allá. Lo cual se expresa también
en el Códice florentino, ap i, 45, donde se lee que Ometéotl: ahuic
tech tlaztica, “sin rumbo nos remece”.

Amoxcalli: casa de libros o códices. De amoxtli: códice hecho a modo


de biombo con tiras de “papel” de amate (ficus petiolaris) y calli:
casa. Los Cantares, Sahagún, Ixtlilxóchitl, y aun el mismo Bernal
Díaz del Castillo (Historia verdadera…, cap. xliv), certifican la

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436 FILOSOFÍA NÁHUATL

existencia de “archivos o bibliotecas”, anexos a los templos y al


calmécac, donde se conservaban los códices. Como una prueba
de la importancia que se daba a la documentación escrita (o
pintada) en los diversos órdenes del saber náhuatl, es significa-
tivo el hecho de que a los sabios o tlamatinime se les llama con
frecuencia los amoxoaque: poseedores de códices.

Amoxpohua: contar o leer el códice (también: amoxitoa, decir el có-


dice o libro). Indican estos verbos la forma como leían o refe-
rían, sobre la base de sus pinturas, el contenido ideológico de
los códices. Se suele decir apodícticamente que los nahuas ca-
recían de escritura; sin embargo, los pocos estudios serios lle-
vados a cabo, sobre la base de los poquísimos códices salvados
de la destrucción, ponen de manifiesto la existencia en ellos de
elementos no sólo ideográficos sino también fonéticos. Véanse
a este respecto los trabajos de Ch. E. Dibble, “El antiguo sistema
de escritura en México”, en Revista Mexicana de Estudios Antro­
pológicos, t. iv, n. 4, 1940, así como el Diccionario de elementos
fonéticos en escritura jeroglífica (Códice mendocino), México,
1949, de Byron McAfee y R. H. Barlow.

(in) Aquallotl in ayecyoctl: lo no conveniente, lo no recto. Idea


náhuatl de la maldad moral. Es malo lo que no puede asimilar-
se al propio yo: a-quállotl, precisamente por ser en sí algo torci-
do, no recto: a-yécyotl. En realidad se trata de una forma nega-
tiva, antepuesta la a- (de amo), “no”, al difrasismo in quállotl
in yécyotl, “lo conveniente, lo recto”, en el que de manera abs-
tracta se expresa la idea de bondad. Véase en su lugar corres-
pondiente dicho difrasismo: (in) Quallotl, in yecyotl.

Cahuitl: tiempo. Derivado del verbo cahuia, “ir dejando”, forma


aplicativa de cahua: “dejar”. Puede, pues, traducirse la idea más
honda expresada por cáhuitl (tiempo) como “lo que va dejando
algo, una huella”. Se relaciona así el concepto de tiempo con el
cambio, que, como se vio al estudiar la problemática náhuatl,
constituye una de las experiencias fundamentales de los tlama­
tinime.

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 437

Calmecac: centro náhuatl de educación superior. Su etimología alude


a la forma como se hallaban dispuestos los varios aposentos y
salones: cal(li) y méca(tl), “en el cordón o hilera de casas”. So-
bre lo que se enseñaba en los calmécac, así como acerca de su
disciplina, etcétera, trata ampliamente Sahagún (op. cit., t. i, p.
325-331). Véase asimismo lo dicho en el capítulo v de este tra-
bajo, donde se estudia el sistema educativo náhuatl.

Cemanahuac: el mundo. La idea náhuatl del mundo se halla expre-


sada concisamente por esta palabra compuesta de los siguientes
elementos: cem- “enteramente, del todo”, a(tl) “agua” y náhuac
“en la cercanía” o “en el anillo”. Atendiendo, pues, a su etimo-
logía, la voz cem-a-náhuac significa “en el anillo completo del
agua”. Explicando esta concepción del mundo, dice Seler: “se
representaban los mexicanos a la tierra como una gran rueda
rodeada completamente por las aguas... y llamaban a esa agua
que circundaba a la tierra, al océano, teóatl, agua divina, o il­
huicaatl, agua celeste, porque se juntaba en el horizonte con el
cielo” (E. Seler, Gesammelte Abhandlungen, v. iv, p. 3). Sahagún
nota acerca de esto mismo: “Pensaban que el cielo se juntaba
con el agua en la mar, como si fuese una casa; que el agua son
las paredes y el cielo está sobre ellas y por esto llaman a la mar
ilhuicaatl, como si dijeren agua que se juntó con el cielo…” (Op.
cit., t. ii, p. 472.)

Cemanahuac-Tlahuia: aplica su luz sobre el mundo. Se dice del sabio


o tlamatini, que aparece así como un investigador del mundo y
de lo que hoy llamamos realidad física o experimental. Más
expresamente aún se señala esta idea cuando se afirma que el
sabio náhuatl conoce “por su rostro” o apariencia a las cosas,
siendo un tla-ix-imatini, “que-por-su-aspecto-conoce-a-las-co-
sas”. Véase el texto completo, ap i, 13.

Cemicac: siempre (o como traduce Molina, op. cit., f. 16r, “para


siempre jamás”). Compuesto de cem: “enteramente” e icac: “es-
tar de pie”. Así, literalmente significa “lo enteramente en pie”.
Aparece aquí, una vez más, la idea náhuatl de que lo verdadero

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438 FILOSOFÍA NÁHUATL

es “lo que está en pie, bien cimentado”. En este sentido, lo que


“es siempre” existe así porque “enteramente está en pie”. Véase,
en relación con este término hondamente filosófico, la palabra
Neltiliztli.

Cuicamatini: sabio conocedor de los cantares. (Compuesto de cuícatl:


“canto” y matini: “que conoce”.) En una antigua descripción de
los sabios nahuas (tlamatinime), se indica expresamente que eran
ellos los que guardaban los libros o códices de canto: “llevaban
consigo los libros de canto” (quitquique in cuicaámatl), ap i, 12.

Cuicapeuhcayotl: raíz u origen del canto. Término con el que en


forma abstracta se designa el fundamento y la procedencia de los
cantares. Preocupados por encontrar la fundamentación de cuan-
to existe, inquirieron también los sabios nahuas acerca del origen
de las “flores y cantos”, con los que tal vez se dice “lo único
verdadero en la tierra”. Encontrando su respuesta en un poema,
exclaman: “sólo provienen de su casa, del interior del cielo”, ap
i, 27.

Coateocalli: casa de diversos dioses. Especie de pantheón náhuatl,


mandado construir por Motecuhzoma en el gran Teocalli de Te-
nochtitlan. Su existencia muestra la tolerancia y amplitud de
criterio del emperador azteca, de quien dice Durán: “Parecióle
al rey Montezuma que faltaba un templo que fuese conmemo-
ración de todos los ídolos que en esta tierra adoraban y movido
con celo de religión mandó que se edificase, el cual se edificó
contenido en el de Huitzilopochtli, en el lugar que son agora las
casas de Acevedo: llámanle Coateocalli, que quiere decir Casa de
diversos dioses…” (Durán, Historia de las Indias de Nueva España,
t. i, p. 476.)

Huehueteotl: dios antiguo o viejo. Uno de los nombres con que


designaban también a Ometéotl los sabios nahuas. Desde un
punto de vista arqueológico consta la presencia de este “dios
viejo”, desde tiempos anteriores a la misma cultura teotihuaca-
na. Tal vez, para hacer explícita simbólicamente la antigüedad

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 439

de Ometéotl, “de cuyo origen —como dice la Historia de los mexi­


canos por sus pinturas— no se supo jamás”, aparece identificado
en los textos con Huehuetéotl, conocido también como Xiuhte­
cuhtli: señor del año y del fuego.

Huehuehtlahtolli: conversación de los viejos (de huehue: viejo(s) y


tlahtolli: charla, conversación). Se designa con esta palabra a los
razonamientos y pláticas doctrinales con las que educaban los na-
huas a los niños y jóvenes, tanto en los calmécac y telpochcalli,
como en el seno de la familia y con ocasión del matrimonio, la
muerte de alguien, etcétera. Son con frecuencia los huehuetlah­tolli
discursos de hondo contenido moral, acerca del saber y la feli-
cidad que se pueden alcanzar sobre la tierra. Tanto Sahagún (en
el material náhuatl correspondiente al libro vi de su Historia),
como Olmos, nos conservan numerosos de éstos que con pleno
derecho podemos llamar “tratados filosóficos nahuas”.

Huilohuayan: lugar a donde todos van. Molina (op. cit., f. 157v)


traduce: “término o paradero de todos los viandantes”. Es éste
uno de los nombres con que se designa al más allá, a la región
de los muertos. Se implica en él la afirmación de que todos de-
bemos trasponer el umbral de la muerte que lleva a “lo que nos
sobrepasa, la región de los muertos”. Desde el punto de vista de
la religión tradicional ya se sabe cuáles eran los posibles destinos
del hombre: el Tlalocan, la casa del sol, o el Mictlan. Filosófica-
mente, en cambio, surgieron la duda y la variedad de opiniones
expuestas en el capítulo iv.

Icniuhyotl: amistad, sociedad de poetas y sabios. Es la forma abstrac-


ta y colectiva a la vez de icniuhtli, “amigo”. Ixtlilxóchitl habla a
este respecto de la existencia de reuniones o juntas de poetas y
filósofos en el palacio real de Tezcoco. (Obras históricas, v. ii, p.
178.) Concuerda con esto el testimonio de los Cantares, en los
que se mencionan con frecuencia estas juntas de las Icniúhyotl,
amistad o sociedad de sabios. (Véanse f. 3v, 25v, etcétera.)

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440 FILOSOFÍA NÁHUATL

Ilhuicacmatini: sabio conocedor de los cielos. Compuesto de ilhuícac,


“el lugar del cielo”, y matini, “que conoce”. Se alude al conoci-
miento de los astros “que avanzan por los caminos celestes”.
Pormenorizada es la descripción que se da de los astrónomos
nahuas en el libro de los Colloquios, ap i, 10, donde se afirma
que son ellos “los que ven, los que se dedican a observar el cur-
so y el proceder ordenado del cielo, cómo se divide la noche…”

Ilnamiqui: acordarse, buscar en lo interior. Interesante término em-


pleado con frecuencia en los poemas para expresar una intensa
búsqueda intelectual en lo más interior de uno mismo. Se trata
etimológicamente de una metáfora. Compuesto de elli, hígado,
y namiqui, encontrar, vale tanto como “hallar en el hígado”, que
junto con el corazón (yóllotl) parecen haber sido, entre no po-
cos pueblos antiguos, órganos a los que se atribuía la virtud de
intervenir en el conocer y querer.

Inamic: su igual, o cosa que viene bien y cuadra con otra (Molina, op.
cit., f. 38v). Se aplica en los poemas teológicos a Omecíhuatl en
relación con Ometecuhtli (Señor y Señora de la dualidad). Como
puede verse en el capítulo iii de este estudio, Omecíhuatl, Ome­
tecuhtli son sólo los dos aspectos, femenino y masculino, del
Dios dual: Ometéotl. Es, pues, sumamente afortunado el empleo
del término inámic, que hemos traducido en el texto como “su
comparte” (de Ometecuhtli), para designar su doble naturaleza.

Ipalnemohuani: aquel por quien todos viven. Uno de los títulos más
frecuentes de Ometéotl. Compuesto de ipal-, “por él” o “median-
te él”; nemohua, “se vive o todos viven” (forma impersonal de
nemi: vivir), y el sufijo participial -ni, que da al compuesto ipal-
nemohua-ni el significado de “aquel-por-quien-se-vive”. En el tex-
to de los Colloquios (ap i, 20, líneas 112-117) donde se refiere la
discusión de los sabios nahuas con los doce primeros frailes, se
dan otras formas que explican más aún el significado de ipalne­
mohuani. Es él ipan iolihua: “a quien se debe la vida”; ypan tlaca­
tiva: a “quien se debe el nacer”; ipan nezcatilo: “a quien se debe
el ser engendrado”; ipan nehuapahualo: “a quien se debe el crecer”.

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 441

Iohtlatoquiliz (in ilhuicatl): el avance por los caminos del cielo.


Voz compuesta del prefijo i- (de él, del cielo, in ilhuícatl); oh- de
ohtli, camino, y finalmente tlatoquiliz(tli), avance o corrimien-
to. Así, en un solo término, i-oh-tlatoquiliz, se señala uno de los
objetivos fundamentales de los astrónomos nahuas: observar el
avance de los astros, con el fin de medir sus mutaciones, como
claramente lo indica la idea expresada por matacacholiz (colo-
cación de la mano sobre el “huir” de los cielos), ya que a modo
de sextante medían con la mano el avance de los astros.

Itlatiuh: ir en pos de las cosas. Literalmente, “andar coseando”. Apa-


rece este verbo como una de las características de la acción hu-
mana, que, como vimos, va ahuicpa, “sin rumbo”. Se repite con
frecuencia que el corazón del hombre es un menesteroso: Timo­
tolinia nóyol, “eres un pobre, corazón mío”. Por esto, sólo le
queda o perderse a sí mismo: timoyolpoloa, yendo sin rumbo en
pos de las cosas, o librarse de esto, buscando el saber: “lo negro
y lo rojo”, “las flores y el canto”, que son tal vez lo verdadero en
la tierra.

Itoloca: lo que se dice de alguien o de algo. Siguiendo a Seler y a Ga-


ribay, puede traducirse este término como historia, “la relación
oral de lo que ha sucedido a alguien”. Mas, como se mostró en
el capítulo v, no se trata de un mero decir sin fundamento, como
lo hace ver un texto de los Anales de Cuauhtitlán, donde se afir-
ma: “se oirá decir (relatar), lo que se puso en papel y se pintó”,
ap i, 74; o sea, que la itoloca náhuatl presuponía una genuina
base documental de la que también habla Ixtlilxóchitl (op. cit.,
t. ii. p. 17).

Ixtlamachtiliztli: precedido del prefijo te-, que registra Molina (f.


96r) con esta acepción: “instrucción o doctrina que se da a
otros”. En este vocablo el elemento morfémico ix (raíz de ix-tli)
puede entenderse con la connotación descrita por Frances
Karttunen en su Analytical Dictionary of Nahuatl (Austin,
Texas, 1983, p. 121), como “uno de los sentidos de ix-tlami [y
de su forma aplicativa ix-tlamachtia] que denota la superficie,

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442 FILOSOFÍA NÁHUATL

apariencia [rostro] de lo que conlleva información”. Se relacio-


na esta acepción con lo que se dice acerca del ideal de la educa-
ción nahua: “hacer sabios los rostros ajenos y firmes los cora-
zones” (ap i, 64).

(in) Ixtli, in Yollotl: cara, corazón: persona. Es éste uno de los más
interesantes difrasismos nahuas. Se ha analizado ampliamente
en el capítulo iv, al tratar de la idea náhuatl de persona. En re-
sumen, puede decirse que ixtli, cara, apunta al aspecto consti-
tutivo del yo, del que es símbolo el rostro. Yóllotl (corazón)
implica el dinamismo del ser humano que busca y anhela. Este
difrasismo, encontrado innumerables veces para designar a las
personas, aparece también al tratar del ideal educativo náhuatl:
rostros sabios y corazones firmes como la piedra (ixtlamati, yo­
llótetl). Culminando la perfección humana cuando, entrando
Dios en el corazón del hombre (Yoltéutl), pasa a ser éste un
artista, “un corazón divinizador de las cosas”: tlayolteuviani.

Macehualli: 1) el hombre del pueblo; 2) el hombre en cuanto mereci­


do por el sacrificio de los dioses. En su segunda acepción implica
un hondo concepto filosófico-religioso, referente al origen del
hombre. Así, en el citado mito del viaje de Quetzalcóatl al Mictlan,
ap i, 40, se dice que sólo con la sangre del dios fueron vivificados
los huesos humanos. Tuvo éste que merecer con su sacrificio a los
hombres; por esto son ellos “los merecidos”: in macehualtin.

Machiliztli: sabiduría sabida; tradición. Sustantivo abstracto deri-


vado de la voz pasiva de mati (saber), que es macho (ser sabido).
Se indica claramente la existencia de dos formas de saber: una,
fruto de la inquisición personal: tla-matiliz-tli; otra, en cambio,
pasiva, un saber recibido por la tradición: machiliztli.

Mictlan: la región de los muertos. 1) el sitio de las nueve divisiones


a donde van quienes mueren de muerte ordinaria; 2) el más
allá, designado en forma genérica. Véanse: topan, mictlan;
quenamican, tocenpopolihuayan, ximoayan.

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 443

Mictlanmatini: sabio, conocedor de la región de los muertos. Se se-


ñala en esta palabra lo que llamaríamos preocupación metafí-
sica de los sabios nahuas. Así como se ha dicho que “aplica su
luz sobre el mundo” (cemanáhuac-tlavia) y que es “conocedor
de los cielos” (ilhuícac-matini), se afirma que “conoce lo que
nos sobrepasa, la región de los muertos” (topan, mictlan quimati),
ap i, 8. O sea, que se ocupa también de buscar un sentido acer-
ca del más allá.

Momachtique: estudiantes. Los que reciben la machiliztli o “sabi-


duría sabida”, principalmente en los calmécac.

Monenequi: obra como se le antoja. Dícese de Ometéotl que “nos tie-


ne colocados en el centro de la palma de su mano”, ap i, 45. Y
nos “mueve a su antojo”. La forma verbal aquí usada reflexiva-
mente (mo-) implica la plena independencia en el querer de Ome­
téotl, para quien los hombres son sólo “un objeto de diversión”.

Monotza: llamarse a sí mismo. Compuesto de mo- “a sí mismo” y


notza “llamar, invocar”. Aparece este término para indicar la
acción interior de quien reflexiona dentro de sí, para lograr
controlar su propio corazón. Schultze Jena lo traduce al alemán
con las siguientes palabras: er ruft sich, “se llama a sí mismo”;
geht in sich, “entra dentro de sí...” (Wahrsagerei…, p. 302).

Moteotia: hacía dios para sí. Compuesto de mo- (reflexivo), “para


sí”; téo(tl), “dios”, y la desinencia verbal de acción -tia, que da
al compuesto la connotación de “divinizar, hacer dios”. Se en-
cuentra este término aplicado al saber náhuatl simbolizado por
la figura de Quetzalcóatl, de quien se dice que buscaba el sostén
del mundo y el apoyo de sí mismo, hasta que al fin “descubrió
su dios”; “hizo dios para sí” a Ometéotl, ap i, 15.

Moyocoyani: el que se inventa a sí mismo. Compuesto de mo-, “a sí


mismo”; yocoyani, “el que inventa”. Se expresa el origen meta-
físico de Ometéotl, “el dios que se inventa y piensa a sí mismo”.

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444 FILOSOFÍA NÁHUATL

Por esto puede decir la Historia de los mexicanos por sus pinturas
que “acerca de su origen (en el tiempo) no se supo jamás”.

Moyolnonotzani: el que está dialogando con su propio corazón. Pa-


labra semejante a monotza, analizada anteriormente. Mo-yol-
no-notza-ni, añadiendo la idea del corazón (yól-lotl) y redupli-
cando la primera sílaba del verbo notza, “llamar”, connota un
“estarse llamando a sí mismo una y otra vez en lo más íntimo
del corazón”. Es éste un término con que se caracteriza en varios
textos al artista náhuatl.

Neltiliztli: verdad. Derivado de la misma raíz que nelhuáyotl, “ci-


miento, fundamento”. Etimológicamente, verdad; entre los na-
huas connota la cualidad de estar firme, bien cimentado o en-
raizado. Esto se corrobora al encontrar la pregunta “¿qué está
por ventura en pie?”, ap i, 7, dirigida a inquirir sobre la verdad
de cosas y hombres.

Netlacaneco (Itech): gracias a él se humaniza el querer de la gente.


Se aplica al tlamatini, diciendo que itech (gracias a él) ne- “la
gente” (prefijo personal indefinido), tlacaneco: “es querida hu-
manamente” (compuesto de neco, voz pasiva de nequi “querer”
y tláca[tl] “hombre”). En este sentido es el sabio náhuatl un
auténtico humanista que dirige su acción a suavizar las relacio-
nes entre los hombres.

Notza (véase mo-notza).

Ollin: movimiento. Concepto de suma importancia en el pensa-


miento náhuatl. Originalmente significa “cierta goma en árbo-
les medicinales, de que hacen pelotas para jugar” (Molina, op.
cit., p. 76r). Con esta palabra se designó a uno de los veinte
signos de los días. El día Nahui ollin, “4-Movimiento”, dio nom-
bre al quinto sol, la edad en que vivimos.

Ometeotl: Dios dual o de la dualidad. Palabra compuesta de Ome,


“dos” (u Oméyotl, dualidad), y téotl, “dios”. Es éste el título dado

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 445

al principio supremo que habita en Omeyocan: lugar de la dua-


lidad. Se le concibe como un solo principio que engendra: Ome-
tecuhtli (Señor dual) y concibe: Ome-cíhuatl (Señora dual). Es
“madre y padre de los dioses y los hombres”, dador de la vida,
Dueño del cerca y del junto, etcétera. En él se resumen todos
los atributos de la divinidad, a tal grado que el mundo aparece
como una omeyotización universal. Siendo el inventor de sí mis-
mo, no necesita ulterior explicación ontológica; generando y
concibiendo a los dioses, al mundo y a los vivientes, es la razón
y apoyo de cuanto existe. Puede afirmarse que el solo concepto
de Ometéotl implica ya una concepción del universo, que no es
ni un panteísmo, ni tampoco un monismo estático. En el capí-
tulo iii se ofrece un estudio de este concepto, con el fin de mos-
trar al menos algo de su riqueza y hondura.

Omeyocan: lugar de la dualidad (véase Ometéotl).

(in) Quallotl, in yecyotl: la conveniencia, la rectitud. Idea náhuatl


de la bondad moral. Quállotl, derivado del verbo qua, comer, sig-
nifica originalmente “la comibilidad” o “capacidad asimilativa
de algo”. Se indica así que lo bueno es ante todo lo asimilable, lo
que puede enriquecer al propio yo, y nada parece más asimila-
ble que el alimento. De aquí que hayan tomado abstractamente
esta idea los nahuas para señalar el primer aspecto de la bondad.
El segundo rasgo que la define se refiere a lo bueno en sí mismo:
algo es conveniente porque es recto (yectli), forma concreta de
yécyotl. Así, lo bueno moralmente presupone dos elementos: rec-
titud en sí y conveniencia en relación con el hombre. Tan hondo
pensamiento, expresado en un difrasismo, pone de manifiesto la
concisión de la lengua náhuatl, que destaca en sus difrasismos
dos rasgos fundamentales que, yuxtapuestos, dejan entrever lo
que los griegos llamaron ousia, o esencia de la realidad. Como
derivado del difrasismo anterior se halla la forma concreta in
qualli, in yectli, a modo de adjetivo que califica de buena una con-
ducta o hecho. Puede también mencionarse una forma locativa:
Qualcan, yeccan, “lugar conveniente, recto”, o sea, bueno, que los
filósofos nahuas buscaban en sus meditaciones sobre el más allá.

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446 FILOSOFÍA NÁHUATL

Quenamican (o Quenonamican): el lugar del cómo (der Ort des


wie, traduce Seler). O donde se vive de algún modo. Designación
dada al más allá en algunos poemas filosóficos. Como se ve, el
solo nombre implica ya una serie de dudas: si hay vida más allá,
¿cómo es esa vida? Véase el texto ap i, 55.

Quetzalcoatl: Serpiente de plumas de Quetzal. Se trata, como nota


Garibay (Historia de la literatura náhuatl, t. ii, p. 406), de “un
complejo cultural que representa: 1) Un numen celeste; 2) Un
personaje histórico; 3) Una dignidad en el sacerdocio de Tenoch­
titlan”. En los textos filosóficos aparece con frecuencia como
símbolo del saber náhuatl. Así se dice de él que es quien en una
profunda meditación descubrió la existencia de Ometéotl, “más
allá de los cielos” y “como sostén del mundo”. Siendo divinidad
protectora del Calmécac, donde se trasmitía lo más elevado de
la cultura náhuatl, se ha designado el meollo del pensamiento
de los tlamatinime como “visión quetzalcoátlica del mundo”, en
contraposición de la actitud místico-militarista simbolizada por
el culto sangriento de Huitzilopochtli. Se atribuye asimismo a
Quetzalcóatl el ser “inventor de los hombres” con su inámic
(comparte o igual) Cihuacóatl, ya que ambos dieron origen a los
hombres en Tamoanchan, ap i, 40. En este sentido, recibiendo
títulos semejantes a los dados a Ometéotl, parece que Quetzal­
cóatl-Cihuacóatl representaban el saber del dios dual, ap i, 39.

Tamoanchan: voz de procedencia incierta. Se identifica en algunas


ocasiones con el Omeyocan, lugar de la dualidad, ap i, 40; otras
veces es equivalente del Tlalocan, desde donde regresan, según
un texto citado, quienes han muerto siendo niños para reen-
carnar sobre la tierra, ap i, 47. Desde un punto de vista geográ-
fico, como nota Seler, Tamoanchan era también “un lugar míti-
co del origen de los nahuas, puesto que estando allí el principio
de la vida individual, era natural que fuera también el sitio de
donde procedían los pueblos” (op. cit., v. iv, p. 26).

Teixcuitiani: que-a-los-otros-una-cara-hace-tomar. Interesante tér-


mino, ejemplo de “ingeniería lingüística náhuatl”. Formado de

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 447

los siguientes elementos: te- (a los otros), ix- (tli) (una cara),
cuitiani (que hace tomar). Dícese del sabio en su función de
maestro y, aun pudiera decirse, de psicólogo. Recuérdese que
ixtli (cara) está significando aquí personalidad.

Teixtlamachtiani: que-a-los-rostros-de-los-otros-comunica-la-sabidu­
ría-sabida. Otro de los aspectos del maestro náhuatl, cuyo ideal
era formar “rostros sabios y corazones firmes”, ap i, 64.

Teixtomani: que-desarrolla-los-rostros-ajenos. Un último término


compuesto que clarifica aún más la misión forjadora de perso-
nalidades, propia de los tlamatinime. Viniendo los hombres “sin
un rostro y un corazón definidos”, era necesario “hacerlos tomar
cara, humanizar su corazón; enriquecer o desarrollar el rostro
y dar firmeza al corazón”.

Telpochcalli: casa de jóvenes (centro náhuatl de educación). De


telpochtli: joven y calli: casa. La educación impartida en los tel­
pochcalli se dirigía menos al plano intelectual que a la formación
del futuro guerrero. Por lo general iban a los telpochcalli los
muchachos de la clase inferior, sin que esto implicara, como se
hizo ver en el capítulo v, discriminación de clase.

Tetezcahuiani: que-a-los-otros-un-espejo-pone-delante. Compuesto


de te- (a los otros) y tézcatl (espejo), palabra de la que se forma
el participio verbal tetezcahuiani: “que pone un espejo delante
de los otros, para que se hagan cuerdos, cuidadosos”, ap i, 8. Se
trata, por tanto, de la misión de moralista propia del sabio ná-
huatl, preocupado aquí de lograr que cada uno se conozca a sí
mismo.

Teutlahtolli: discurso acerca de Dios. De teutl: “Dios” y tlahtolli:


“plática, discurso”. Así designan los indígenas a los “coloquios”
tenidos entre los sabios nahuas y los doce primeros frailes ve-
nidos a México, en 1524. Véase texto, ap i, 20. En general, se
aplicaba este término a toda disertación acerca de lo que hoy
llamaríamos especulaciones metafísicas y teológicas.

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448 FILOSOFÍA NÁHUATL

Teyocoyani: inventor de gente, de hombres. Compuesto de te- (a los


otros, la gente) y yocoyani: participio de yocoya: inventar, forjar
con el pensamiento. Se aplica a Ometéotl en cuanto origen de
los seres humanos. Se atribuye también a Quetzalcóatl, quien
como ya se dijo simboliza el saber creador del dios dual. Véase
Quetzalcoatl.

Tezcatlipoca-Tezcatlanextia: espejo que ahúma, espejo que hace


aparecer las cosas. Pareja de títulos atribuidos originalmente a
Ometéotl, en cuanto a su actividad diurna y nocturna. Después,
por un primer desdoblamiento, aparecen los cuatro Tezcatlipocas
como hijos de Ometéotl (véase Historia de los mexicanos por sus
pinturas, citada en el capítulo ii de este trabajo). Las razones que
apoyan esta interpretación del origen de Tezcatlipoca, así como
de la evolución de este concepto, se encuentran en el capítulo iii,
donde se aducen los textos nahuas, sobre los que se fundamen-
ta. Tezcatlipoca aparece en los tiempos aztecas como una de las
varias divinidades principales. Sin embargo, como un indicio de
su primera identificación con la divinidad suprema, están los
discursos del libro vi de la Historia de Sahagún, en los que se
nombra “el principal de los dioses”.

Tlaiximatini: que conoce experimentalmente las cosas. Compuesto de


los siguientes elementos: tla- (a las cosas), ix (tli) (por su rostro
o aspecto), imatini (las conoce). Se aplica al médico (tícitl) ná-
huatl de quien se dice que “conoce experimentalmente las hier-
bas, las piedras, los árboles y las raíces”, ap i, 13. Este conocer
empíricamente, y lo que se añade acerca de cómo “tiene ensa-
yados sus remedios, experimenta, etc.”, muestra la genuina ac-
titud científica de los sabios nahuas.

Tlalticpac: sobre la tierra. Importante concepto empleado nume-


rosas veces para indicar la realidad cambiante y perecedera del
mundo. Todo lo que existe en tlaltícpac “es como un sueño”, ap
i, 6. “Aquí nadie puede decir algo verdadero”, ap i, 5. Todo se
desgarra y termina en tlaltícpac. Llega a tal grado la insistente
afirmación de la fugacidad universal de lo que existe “sobre la

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 449

tierra”, que puede tenerse ésta por una de las experiencias fun-
damentales de donde parte el pensamiento náhuatl en su filo-
sofar. Surge el afán de dar con “lo único verdadero en tlaltícpac”.
Contraponiendo este término al difrasismo topan, mictlan (lo
que nos sobrepasa, la región de los muertos), o sea, el plano de
lo metafísico, puede decirse que, en términos filosóficos moder-
nos, tlaltícpac equivale al orden de lo fenoménico, lo que no está
fundado en sí mismo, es transitorio y deberá terminar.

Tlalxicco: en el ombligo de la tierra. Compuesto de tlal(li): tierra,


xic(tli): ombligo y la desinencia de lugar -co. Se señala al “om-
bligo del mundo” como el punto donde está tendido (ónoc)
Ometéotl para sustentarlo y darle así verdad.

Tlallamanac: que sostiene a la tierra. Compuesto de tlalli: tierra y


mánac: derivado verbal de mani: permanecer, sostener. Se aplica
a Ometéotl en cuanto principio activo que con su acción sostie-
ne o da verdad al mundo.

Tlamamanca: resultado de la fundamentación. Otro derivado de


mani: permanecer. Literalmente significa tla-ma-manca: “el re-
sultado de las varias fundamentaciones”. Se aplica a las sucesi-
vas creaciones en las varias edades o soles en que fue cimentada
la tierra. Véase la leyenda de los soles, ap i, 17.

Tlamanitiliztli: lo que debe permanecer, o debe ser observado. Térmi-


no que expresa la regla náhuatl de vida. Es un compuesto de los
siguientes elementos: tla- “cosas”, mani “permanecen” y el su-
fijo -liztli, que da al conjunto el sentido de “lo que permanece”.
Acerca de la antigüedad de la regla náhuatl de vida, hablan los
mismos indígenas en su discusión con los doce frailes, donde
se refieren a la Huehuetlamanitiliztli (vieja regla de vida), desde
los tiempos toltecas, ap i, 20.

Tlamatiliztli: sabiduría. De tla- “cosas” y matiliztli, sustantivo abs-


tracto derivado de mati: saber. Se trata de una sabiduría en sen-
tido activo, contrapuesta a la expresada por machiliztli, que,

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450 FILOSOFÍA NÁHUATL

como se ha analizado, significa “sabiduría sabida”, o adquirida


por tradición.

Tlamatini: sabio o filósofo. Literalmente, “el que sabe cosas”. Saha-


gún, en una nota al margen del f. 118r del Códice matritense de
la Real Academia, ap i, 8, tradujo esta palabra por las de “sabio
o philosopho”. El plural de tlamatini es tlamatinime: los sabios.
Sobre la palabra (tla)matini formaron los nahuas numerosos
compuestos para designar lo que llamaríamos especialidad de
los varios sabios. Así, tla-teu-matini es “sabio en las cosas de Dios”;
ilhuícac-matini: “sabio, conocedor de los cielos”; mictlan-matini:
“conocedor del más allá”; tla-ix-imatini: “conocedor experimen-
tal de las cosas”, etcétera.

Tlateumatini: sabio en las cosas de Dios. Uno de los varios compues-


tos formados sobre la base de -matini: “que conoce”, en este
caso tla- “las cosas”, téu(tl) tocantes a la divinidad.

Tlatolmatini: sabio en la palabra. Otro compuesto de -matini. Se


alude en él a las dotes oratorias de los sabios nahuas, que, como
se ha visto en el capítulo v, recibían en los calmécac una forma-
ción retórica que daba a su manera de expresarse las caracterís-
ticas de un auténtico qualli tlahtolli, buen lenguaje.

Tlayolteuiani: que diviniza a las cosas con su corazón. Se aplica al ar-


tista, “tolteca de la tinta negra”, de quien se dice que, “teniendo a
Dios en su corazón” (yoltéutl), trasmite este endiosamiento
(teuiani) de su corazón a las cosas (tla), ap i, 76. En este sentido
puede afirmarse que el concepto náhuatl de lo que llamamos arte
se expresó como “el endiosamiento de la realidad, logrado por
obra de un corazón en el que ha entrado la divinidad”.

(in) Tlilli in Tlapalli: el color negro y rojo, el saber. A través de toda


la mitología y el simbolismo náhuatl, la yuxtaposición de estos
colores, negro y rojo, obscuridad y luz, evoca la idea del saber
que sobrepasa la comprensión ordinaria. Así, se atribuye por
excelencia al tlamatini la posesión de esta sabiduría, cuando expre-

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 451

samente se afirma que “de él son el color negro y rojo” (tlile,


tlapale), y, más simbólicamente aún, se añade que él mismo es
“tinta negra y roja, escritura y sabiduría”, ap i, 8.

(in) Tloque in Nahuaque: el dueño del cerca y del junto. Es ésta una
sustantivación, en forma de difrasismo, de dos adverbios: tloc y
náhuac. El primero significa “cerca”, como lo prueban los varios
compuestos que existen de él; por ejemplo, no-tloc-pa: “hacia mi
cercanía”. El segundo término (náhuac) significa “en el circuito
de”, o “en el anillo de”. Añadiéndose a ambos radicales el sufijo
personal de posesión -e, Tloqu-e, Nahuaqu-e, se expresa la idea de
que “la cercanía” y “el circuito” son “de él”. Puede, pues, tradu-
cirse Tloque, Nahuaque como “el dueño del cerca y lo que está en
el anillo o circuito”. Esto último se aclara recordando que preci-
samente lo que está en “el anillo de agua” es el mundo: cemaná­
huac: “lo completamente rodeado por el anillo de agua”. Expre-
sando esta misma idea, traduce Clavijero Tloque Nahuaque como
“Aquel que tiene todo en sí” (op. cit., t. ii, p. 62). O sea, muestra
que el contenido más hondo de este difrasismo es señalar el do-
minio y presencia universal de Ometéotl en todo cuanto existe.

Tocenpopolihuiyan: el común lugar de perdernos. Otro término que


connota, con un giro más bien pesimista, el destino que aguar-
da a los hombres después de la muerte. Compárese con Quena­
mican, palabra que expresa un lugar de vida “de algún modo”
o, finalmente, con Qualcan, Yeccan, “lugar de bien”, que sería
la afirmación de la más optimista de las “escuelas” filosóficas
nahuas ante el problema del más allá.

Toltecayotl: toltequidad. Conjunto de tradiciones y descubrimien-


tos debidos a los toltecas. Conviene destacar el hecho de que los
nahuas del periodo inmediatamente anterior a la Conquista
atribuían a todo lo más elevado de su cultura un origen tolteca.
Así hablan del artista como de un toltécatl; del orador como un
ten-toltécatl (tolteca del labio, o de la palabra). Esto prueba por
una parte la que se ha llamado “conciencia histórica” de los
nahuas, así como su afán de superación y cultura que los lleva

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452 FILOSOFÍA NÁHUATL

a comparar a sus sabios y artistas con lo que era para ellos el


símbolo del saber. Por esto también a sus sumos sacerdotes, a
los directores supremos de los calmécac, dieron el título de Quet­
zalcóatl, evocando así al genio tolteca por excelencia.

Tonacatecuhtli, Tonacacihuatl: Señor y señora de nuestra carne


o nuestro sustento. Dos títulos más, atribuidos al dios dual en su
relación con los hombres.

Tonalamatl: libro o códice de los destinos. Las tiras de papel de ama­


te (ficus petiolaris), en las que se pintaban los diversos signos
del calendario adivinatorio de 260 días. Se conservan algunos
tonalámatl: códices Borbónico, Borgia, etcétera.

Tonalpohualli: cuenta de los destinos. Compuesto de pohualli:


“cuenta” y tonal(li): “día”, o también “destino”. Era éste el ca-
lendario adivinatorio de 260 días (20 grupos de 13 días). Se ha
creído que su origen se debió a la observación de los movimien-
tos de Venus. Como puede verse en el capítulo iv de este trabajo,
su manejo requería complicados cálculos matemáticos de parte
de los tonalpouhque o sacerdotes encargados de su “lectura”.
Acudiendo a los textos nahuas que sirvieron de base a Sahagún
para redactar el libro iv de su Historia, puede lograrse una por-
menorizada idea de lo que era el tonalpohualli.

(in) Tonan, in Tota: nuestra madre, nuestro padre. Otra forma de


referirse al principio dual Ometéotl. Nótese la que pudiera lla-
marse “caballerosidad” náhuatl, que antepone siempre el sector
femenino: “nuestra madre”.

Tonatiuh: el que hace el día: 1) Compuesto de tona: “dar calor” y el


sufijo verbal -tiuh que connota “acción extroversa”. Puede, pues,
traducirse tona-tiuh como “el que produce el calor y la luz, o
sea, el día”. 2) En la leyenda de los soles, Tonatiuh equivale a
edad o periodo cósmico; 3) en la mentalidad de los aztecas, el
sol, como divinidad suprema, fue el centro de su vida religiosa,
ya que tomaron por misión alimentarlo con la sangre de los

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 453

sacrificios. Su actividad como “pueblo del Sol” ha sido estudia-


da ampliamente por Caso. Véase Bibliografía.

(in) Topan in Mictlan: lo que nos sobrepasa, la región de los muertos.


Importante difrasismo empleado para designar el más allá, lo
que hoy llamamos “orden metafísico”. La primera parte de él,
to-pan, está formada por el sufijo -pan que modifica a to- (no-
sotros) dando al compuesto el sentido de “lo-sobre-nosotros”.
El segundo elemento, Mictlan, es ya bien conocido: “la región
de los muertos”. Se connota así el mundo de lo que rebasa toda
experiencia. El término opuesto es tlaltícpac, “sobre la tierra”,
que designa al mundo de la experiencia. Acerca del sabio náhuatl
se dice que “conoce lo que nos sobrepasa, la región de los muertos”
(topan mictlan quimati), ap i, 8, que, como se ha dicho, equiva-
le a designarlo como un metafísico.

Ximoayan: el lugar de los descarnados. Derivado del verbo xima: “raer,


descarnar”. Aparece aquí su forma impersonal ximoa, a la que
se añade un sufijo que connota lugar: -an. Era éste otro de los
nombres con los que se designaba “la región de los muertos”.
Su interés está en implicar la afirmación náhuatl de ser el hom-
bre algo más que un cuerpo material. En el más allá existe lo
que queda después del “descarnamiento”. Por eso, dicho sitio
se llama “lugar de los descarnados”.

Xiuhamatl: libro de años. Así se llamaban los registros de los años,


en los que anotaban los acontecimientos ocurridos en ellos. Los
cronistas suelen traducir xiuhámatl por “anales”.

Xiuhpohualli: cuenta del año. Calendario solar de 365 días. Diecio-


cho grupos de veinte días a los que se añadían los cinco días
nemontemi que traduce Sahagún como “valdíos” o inútiles. Acer-
ca del conocimiento del bisiesto entre los nahuas, escribe Saha-
gún: “Hay conjetura, que cuando agujereaban las orejas a los
niños y niñas, que era de cuatro en cuatro años, echaban seis
días de nemontemi, y es lo mismo del bisiesto que nosotros ha-
cemos de cuatro en cuatro años” (op. cit., t. i, p. 124).

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454 FILOSOFÍA NÁHUATL

Xiuhtecuhtli: Señor del fuego y del año. Compuesto de Xíhuitl: yer-


ba; de aquí: 1 herbación, un año. Era éste otro de los títulos
dados a Ometéotl, relacionado especialmente con su aspecto del
“dios viejo” Huehuetéotl.

(in) Xochitl in Cuicatl: flor y canto: la poesía. Uno de los difrasis-


mos nahuas de más hondo contenido. Incontables veces se re-
pite en los poemas nahuas que “flores y cantos” es lo más ele-
vado que hay en la tierra. Concretamente se afirma también, ap
i, 25, que “las flores y cantos” es el único camino para decir lo
verdadero en la tierra. Y llega a tanto esta afirmación de que el
“conocer poético, venido del interior del cielo”, es la clave para
penetrar en el ámbito de la Verdad, que puede sostenerse que
todo el pensamiento náhuatl se tiñó del más puro matiz de la
poesía. Fueron los tlamatinime ciertamente los descubridores del
carácter poético del pensamiento: flor y canto.

Yohualli-Ehecatl: Noche, viento: invisible, impalpable. Difrasismo


aplicado a la divinidad suprema. Indica lo que hoy llamaríamos
su trascendencia. Siendo como la noche no puede percibirse y,
al ser también como el viento, resulta impalpable. Rebasa, por
tanto, el campo de la experiencia, plásticamente descrita por los
nahuas como “lo visible, lo palpable”.

Yoliliztli: derivado de yoli, “él vive”, significa el acto o ejercicio de


lo que connota el verbo, es decir, la vida. De la misma raíz de yoli
procede el vocablo de sentido transitivo te-yolia, “lo que confiere
vida a alguien”. Los primeros frailes lo emplearon para expresar
la idea de “alma, ánima” (Molina, op. cit., f. 95r).

Yolteotl: Dios en el corazón: corazón endiosado. Así designaban los


nahuas el supremo ideal humano del sabio y artista, ap i, 65 y
76. Teniendo a Dios (téotl) en su corazón (yól-lotl), su pensa-
miento y su acción lo llevarían a “endiosar a las cosas” (tlayol­
teviani), o sea, a crear, en cuanto toltécatl (artista), lo que hoy
llamamos obras de arte, y, en cuanto sabio (tlamatini yoltéutl),
a penetrar por la vía de las flores y el canto en los secretos del

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VOCABULARIO FILOSÓFICO NÁHUATL 455

saber, que luego debía trasmitirse a los jóvenes nahuas en los


calmécac.

Yollotl: derivado también de yoli, “él vive”, significa, en su forma


abstracta, “vitalidad”, o sea aquello que, como un núcleo diná-
mico, mantiene al ser vivo. Yóllotl, unido a ixtli, “rostro”, inte-
gra el difrasismo que connota la idea de “persona”. Ofrecer el
corazón al sol o a otros dioses era, por tanto, entregarles aque-
llo que mantiene la vida.

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APÉNDICE III

¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA?


CONSIDERACIONES CRÍTICAS EN TORNO
A LA FILOSOFÍA NÁHUATL

La idea y la elaboración de este libro implicaron la convicción de la


existencia de genuinas fuentes indígenas que aportaran testimonios
para investigar acerca de la visión del mundo y el pensamiento de
los antiguos mexicanos. En el transcurso de los años, con igual
persuasión, el libro ha sido objeto de revisiones y ampliaciones,
tanto en sus varias reediciones como al ser traducido al ruso, inglés,
alemán y francés.
Ahora bien, en tiempos recientes ha habido quienes han cues-
tionado la validez si no de todas por lo menos de algunas de las
fuentes indígenas en lengua náhuatl a las que otros y yo acudimos
en nuestras respectivas investigaciones. Adoptando en esto plantea-
mientos críticos formulados acerca de la autenticidad de transcrip-
ciones escritas de textos de la antigua tradición clásica, griegos,
hebraicos y otros, como los formulados por Werner H. Kelber y Eric
A. Havelock,1 se ha puesto también en tela de juicio el valor tes-
timonial atribuido a no pocas fuentes nahuas.
Se ha argumentado así que dichos textos, en el mejor de los
casos, constituyen tardías transposiciones o reducciones al alfabeto
latino de palabras que se entonaban o pronunciaban solemnemen-
te en determinadas circunstancias. Esas palabras —cantos, himnos,
plegarias, discursos, relatos y evocaciones sobre aconteceres divinos

1
 De sus varias obras pueden consultarse: Werner H. Kelber, The Oral and
the Written Gospel, Philadelphia, Fortress Press, 1983, y Eric A. Havelock, The Muse
Learns to Write. Reflections on Orality and Literacy from Antiquity to the Present,
New Haven, Yale University Press, 1986.

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458 FILOSOFÍA NÁHUATL

y humanos— se trasmitían en sus propios contextos culturales a


través de la tradición oral.
Quienes en los años que siguieron a la conquista española los
redujeron a escritura lineal alfabética los obtuvieron a base de in-
terrogatorios en relación asimétrica de intercomunicación con “sus
informantes”, en grave riesgo de estar forzándolos a proporcionar-
les lo que pudieran pensar que sería de su agrado. Además, al ser
arrancados esos textos del ámbito de su trasmisión propia, es decir
de la tradición oral que se actualizaba con música y danzas en fies-
tas y diversas ceremonias, sufrieron otras alteraciones hasta quedar
como mariposas muertas clavadas con un alfiler, fijadas con un
alfabeto que nada tenía que ver con ellas.
El cuestionamiento crítico señala asimismo el hecho de que, al
ser recogidos y transcritos tales testimonios en su gran mayoría por
misioneros españoles o por indígenas ya catequizados, se vuelven
aún más sospechosos de alteraciones, derivadas de manipulaciones
con manifiesto enfoque europeo-cristiano.
Estos y otros planteamientos afines conllevan diversas posibles
consecuencias. La más grave sería la de tener que aceptar que quienes
en nuestras investigaciones hemos tenido como fuentes genuinas
los tales textos transcritos alfabéticamente en náhuatl hemos estado
trabajando con “materiales profundamente contaminados”. Según
esto, creyendo que nos habíamos acercado a “la antigua palabra
indígena”, para esclarecer su significación, nuestro trabajo habría
sido un mero bordar en el aire.

¿Un nuevo acercamiento e interpretación crítica


de las fuentes en náhuatl?

En vista de los dichos cuestionamientos y objeciones, considero


necesario, al publicar de nuevo este libro, ofrecer aquí una apologia
fontium, es decir, una reevaluación crítica de las fuentes que han
sido apoyo de la investigación. Para esto no entraré en un nuevo
análisis de cada uno de los testimonios que he aducido y me han
permitido estructurar este trabajo. Ya en el libro, desde su primera
edición, lo he hecho.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 459

Creo pertinente, en cambio, concentrar la atención en los prin-


cipales temas que abarca el libro, y que considero son constitutivos
de la antigua visión del mundo y del pensamiento nahuas. Al hacer
esto, tendré presente de manera más explícita una realidad que no
debe soslayarse y que a veces parecen no tomar en cuenta o minus-
valúan quienes ponen en tela de juicio el valor testimonial de los
textos nahuas reducidos al alfabeto. Dicha realidad es la existencia
en el ámbito cultural de Mesoamérica de libros o códices (amoxtli),
portadores de pinturas ricas en simbolismos, acompañadas de sig-
nos glíficos, así como también de inscripciones en monumentos y
diversos objetos descubiertos y estudiados por la arqueología.
En tanto que sabemos ya que los mayas poseyeron una escritu-
ra en sentido estricto, calificable de logo-silábica, consta también
que los pueblos nahuas, mixtecas y otros, aunque no alcanzaron
igual desarrollo, tuvieron al menos un sistema glífico que compren-
día un gran conjunto de grafemas, algunos ideográficos y otros que
representaban sílabas. Por medio de tales grafemas podían consig-
nar fechas, nombres de lugar y de personas, accidentes geográficos,
cuerpos celestes, fenómenos meteorológicos y geológicos como tem-
blores, conceptos y prácticas religiosas, y una amplia gama de ob-
jetos como variadas flores, plantas, árboles, animales, piedras, me-
tales, campos de cultivo, casas, palacios, templos, mercados, al igual
que múltiples atributos de sus dioses, dignatarios y gente del pueblo,
celebraciones de ceremonias, incluyendo las relacionadas con el
nacimiento, ingreso a la escuela, matrimonio y muerte. También
les era posible, valiéndose de sus glifos e imágenes, expresar deter-
minadas acciones como caminar, nacer, morir, oler, hablar, cantar,
gritar, combatir, conquistar, empujar, quemar y otras.
A esto debe añadirse, como algo muy importante, el papel se-
mántico que desempeñaban las “pinturas” incluidas en las páginas
de los códices, de modo particular los colores que ostentaban. En
el caso de los monumentos en piedra, madera, barro, metal…, glifos
como los que se han mencionado se registraban casi siempre acom-
pañados de diversos elementos iconográficos en bajorrelieve, o es-
culpidos y en ocasiones pintados.
Esta sumaria descripción de los más conocidos atributos de la
escritura empleada por los nahuas, mixtecas y otros, no pretende

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460 FILOSOFÍA NÁHUATL

responder a la cuestión de cuáles eran plenamente sus potenciali-


dades y recursos. Sin embargo, bastará, según creo, para mostrar
que no es adecuado calificar a tal sistema de mero “recurso nemo-
técnico”, que servía de apoyo para facilitar el recuerdo de la tradi-
ción oral. Existen también no pocos testimonios de frailes y otros
del siglo xvi que afirman que los indígenas “sacaban de sus libros”
sus relatos acerca del pasado, himnos, cantares y discursos como
los huehuehtlahtolli.2
Lo que llamaríamos proceso de acercamiento al contenido se-
mántico de pinturas y glifos, para enterarse de su significación, se
enunciaba por medio del vocablo amoxohtoca, “seguir el camino del
libro”. Con tal palabra se expresa que precisamente hay que con-
centrar la mirada e irla moviendo, de acuerdo con las rayas y otras
indicaciones que marcan cuáles son las secuencias del códice. Prac-
ticando la acción implicada por amoxohtoca, los sacerdotes y sabios,
los dignatarios y los jóvenes estudiantes, sobre todo de los calmécac,
se acercaban a una gran variedad de composiciones y, cuando era
necesario, las aprendían de memoria, desde himnos sacros hasta
anales históricos.
Sahagún y otros, como fray Andrés de Olmos y los ya citados
Motolinía y Durán, sostienen que, acudiendo a tal género de libros,
hicieron el transvase de numerosos textos en náhuatl, pasándolos
a escritura lineal alfabética. Se conservan algunos textos —como la
Leyenda de los soles y los Anales de Cuauhtitlán— en los que, según
veremos, es patente que fueron obtenidos a través de la “lectura” o
amoxohtoca de uno o varios códices.
He recordado esto con cierto detenimiento porque lo considero
indispensable al entrar en un proceso de valoración crítica de textos
nahuas que se presentan expresa o implícitamente como “ancla-
dos”, en última instancia, en lo que se consigna en los libros pic-

2
 Tal es el caso, para dar tres ejemplos de Toribio de Benavente Motolinía,
en Memoriales o Libro de las cosas de Nueva España y de los naturales de ella, edición
de Edmundo O’Gorman, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas, 1971, p. 52-53; fray Diego Durán, Historia
de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, 2 v., edición de Ángel María
Garibay K., México Editorial Porrúa, 1967-1968, v. ii, p. 191, y Alonso de Zorita,
Breve y sumaria relación de los señores de la Nueva España, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 1963, p. 67-68.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 461

toglíficos y también en inscripciones en monumentos y objetos


arqueológicos. Esto mismo explica por qué, al reeditar este libro
sobre el pensamiento y la cosmovisión nahuas, me interesa poner
en relación mucho más estrecha que en trabajos anteriores los tex-
tos nahuas que se presentan como fuentes con este otro género de
testimonios inobjetablemente prehispánicos: los códices y las ins-
cripciones descubiertas por la arqueología. En pocas palabras, el
propósito es detectar, en confrontación con dicho género de testi-
monios, cuáles de las fuentes textuales que he aducido pueden te-
nerse o no como hilos que pertenecen a la trama y la urdimbre del
rico tejido cultural indígena y en particular de su pensamiento que
he calificado de filosófico.
Tres son los temas principales a los que atenderé, de los que
puede afirmarse que constituyen el núcleo de este pensamiento: los
testimonios acerca de la concepción del tiempo y el espacio; las ideas
acerca de la dualidad en el ámbito divino y terrenal, y la significa-
ción de los destinos humanos, en lo que concierne al origen, exis-
tencia, muerte y vida en un más allá de los hombres.

El orden con que aquí procederé

Cuando escribí este libro, tomé como punto de partida varios textos
nahuas que analicé, en los que afloran preguntas y planteamientos
acerca de los destinos del hombre en la tierra y después de la muer-
te, así como sobre su relación con la divinidad. Dichos textos —que
incluí en el capítulo i— provienen principalmente de los manuscri-
tos de Cantares mexicanos (Biblioteca Nacional de México) y de los
huehuehtlahtolli, que forman parte de las compilaciones debidas a
fray Bernardino de Sahagún.
De estas fuentes obtuve también, y aduje en el mismo capítulo,
otros textos nahuas que describen las figuras del tlamatini, “el que
sabe algo”, y del cuicapicqui, “el forjador de cantos”. A ellos se atri-
buye allí la preocupación por inquirir acerca de lo que correspon-
de al hombre en la tierra y sobre su destino en la región de los
muertos. También se dice de éstos que son poseedores de los libros
(amoxhua), maestros que preservan la antigua palabra, componen

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462 FILOSOFÍA NÁHUATL

cantos y discursos. El mismo Sahagún anotó al margen del folio en


que se habla del tlamatini las palabras “los philosophos”.
Estos textos, que fueron transcritos por indígenas que escucha-
ron la relación oral de quienes se los comunicaron, se nos presentan
hoy como expresión que difícilmente puede ser confrontada con el
contenido de los códices prehispánicos que se conservan o con lo
que aportan inscripciones y otros testimonios arqueológicos. Sin
embargo, tanto Sahagún como fray Andrés de Olmos que hizo trans-
cribir un conjunto de huehuehtlahtolli, testimonios de la antigua
palabra, hacia 1533-1536, afirman que, en la última instancia, esa
oralidad la obtuvieron sus informantes de sus libros, entre los que
estaban los cuicámatl, “papeles de cantos”.3
He mencionado que hay tres temas principales en los textos en
náhuatl cuya confrontación con el contenido de códices prehispá-
nicos y testimonios arqueológicos interesa de modo particular. En
dichos temas se cifra el meollo de lo que se expone en este libro. Si
bien es en el capítulo i, y complementariamente en los capítulos iv
y v, donde se trata de las cuestiones que conciernen a los destinos
humanos, he optado por adentrarme en la propuesta confrontación
atendiendo antes a los otros dos temas. La razón de esto se deriva
de que la concepción del tiempo y del espacio, así como lo que se
refiere a la dualidad, se muestran como puntos de referencia en los
cuestionamientos acerca de los destinos del hombre en la tierra y
después de la muerte. Además, como vamos a verlo, la confronta-
ción de los textos que versan sobre el espacio y tiempo, y la dualidad,
con el contenido de códices prehispánicos y otros testimonios ar-
queológicos puede realizarse más fácilmente. Llevarla a cabo antes
ayudará a intentar luego la que concierne al tema de los destinos.
Comenzaré, por tanto, con lo que toca a la concepción del tiem-
po y el espacio, materia a la que se dedica el capítulo ii de este libro.

3
 Fray Bernardino de Sahagún, en Códice florentino. Manuscrito 218-220 de
la Colección Palatina de la Biblioteca Medicea Laurenziana, 3 v., reproducción
facsimilar dispuesta por el gobierno mexicano, México, v. iii, lib. x, f. 141v; fray
Andrés de Olmos, apud fray Juan Bautista, Huehuehtlahtolli. Testimonios de la an­
tigua palabra, estudio introductorio de Miguel León-Portilla, versión del náhuatl
de Librado Silva Galeana, México, Comisión Nacional Conmemorativa del V Cen-
tenario del Encuentro de Dos Mundos, 1988, p. 15.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 463

La concepción del tiempo

Son relativamente abundantes los textos en náhuatl, transcritos


con el alfabeto después de la Conquista, que ofrecen información
sobre la concepción nahua del tiempo y el espacio. En este libro he
aducido y comentado algunos y citado más sucintamente otros.
También ofrecí ya en el mismo capítulo ii algunas referencias a có-
dices prehispánicos. Ahora, con un enfoque crítico y de manera más
específica, realizaré la confrontación propuesta.
Comenzaré por la concepción del tiempo, fijándome en su ca-
rácter cósmico-cíclico. Diré en primer lugar que dicha concepción
se trasmite en los textos no como un mero relato aislado sino rigu-
rosamente enmarcada en el sistema de cómputos calendáricos que
se desarrolló en Mesoamérica desde bastantes siglos antes de la era
cristiana. Todo cómputo del tiempo en este ámbito cultural, además
de su precisión, conlleva múltiples y complejas significaciones. És-
tas aparecen vinculadas estrechamente al universo de las realidades
divinas y humanas y, en general, a todo cuanto se considera que
existe sobre la tierra y en los estratos superiores e inferiores del
mundo. Nada hay en los distintos rumbos del espacio que no esté
permeado por las secuencias del tiempo, portadoras de significacio-
nes y destinos, objeto precisamente de los cómputos calendáricos.
Existe así una estructura conceptual no estática sino armoniza-
da plenamente con los ritmos del tiempo que todo lo abarca, inclu-
yendo los orígenes y secuencias de los que llamamos aconteceres
cósmicos. Así como los dioses y los seres humanos poseen un nom-
bre calendárico que los ubica en el devenir temporal, también las
distintas duraciones en que se periodiza el tiempo tienen sus corres-
pondientes designaciones. Comprenden ellas diversos lapsos como
son las trecenas y veintenas de días, los ciclos de 260 y de 365 días,
las trecenas de años, las “ataduras” (xiuhmopilli) de 52 y las “veje-
ces” (huehuehtiliztli) de 104 años. Múltiplos de estos ciclos son las
edades o soles que, asimismo con sus nombres calendáricos y sus
atributos cósmicos, se piensa que han existido a lo largo de milenios.
En esas edades o soles ha habido sucesivas fundamentaciones
de la tierra (tlalli cecentetl itlamamanca), durante las cuales ocurrie-
ron florecimientos de la vida, las plantas, los animales y los seres
humanos. En por lo menos una decena de textos de la tradición

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464 FILOSOFÍA NÁHUATL

nahua (véase el capítulo ii de este libro) se refiere cómo comenzó y


terminó cada una de esas edades hasta llegar a la quinta, que es la
presente, del Sol 4-Ollin (4-Movimiento). Ahora bien, interesa ver
si lo que expresan sobre esto los textos en náhuatl de la tradición
que se transvasó a escritura lineal puede confrontarse con inscrip-
ciones en monumentos y con representaciones pictoglíficas en al-
gunos códices o libros indígenas.
Del ámbito de los nahuas se conservan cinco monumentos en
piedra en los que se registra con signos glíficos la serie de los soles
o edades cósmicas que han existido. Describiré en forma sumaria
lo que ofrecen dichos monumentos.
Uno es el que se conoce como “Disco solar”, conservado en el
Museo Peabody, de la Universidad de Harvard. En él aparecen los
glifos de las edades cósmicas que han existido; en este orden, arriba,
de derecha a izquierda: 4-Océlotl (4-Ocelote), 4-Ehécatl (4-Viento),
4-Quiáhuitl (4-Lluvia de fuego) y 4-Atl (4-Agua). En el centro, mu-
cho mayor, se halla la figura del Sol con ocho rayos y varias bandas
con jades y plumas. En medio del disco solar está el glifo de la edad
presente 4-Ollin (4-Movimiento) (figura 1).
Otros dos monumentos, relativamente sencillos, presentan pa-
recidos registros que coinciden, con algunas variantes, con lo ex-
presado por los textos nahuas. Uno es la llamada “Piedra de los
soles”, conservada en el Museo Nacional de Antropología de Mé-
xico, que en sus cuatro caras ostenta los cuatro glifos calendáricos
correspondientes a las edades que han precedido a la actual. Para-
lela es la representación que ofrecen las caras del monumento en
piedra que preserva el Museo Grassi, de Leipzig. En él, una vez más,
se registran los soles cosmogónicos (figura 2).
Sin duda el monumento más extraordinario es la “Piedra del
sol”, también nombrada “Calendario azteca”, ahora en el Museo
Nacional de Antropología. En ella, junto con otros glifos, se ven, al
centro, la efigie del Sol de la edad presente 4-Ollin (4-Movimiento),
y en los cuatro rectángulos los signos jeroglíficos de las otras tantas
edades o soles. Arriba, al centro, se lee asimismo 13-Ácatl (13-Caña),
que corresponde a 1479, es decir a dos años antes de la muerte de
Axayácatl, que fue quien ordenó esculpir este monumento. El
conjunto de los diversos glifos está circundado por dos enormes

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 465

serpientes cuyas cabezas reposan en la parte inferior y cuyos extre-


mos cierran el círculo donde está la fecha 13-Caña. En las fauces
de las serpientes se ven dos rostros divinos, símbolos de la suprema
dualidad (figura 3).
Del reinado de Motecuhzoma Xocoyotzin proviene el quinto
monumento con las inscripciones que aquí interesan. Conservada
esta lápida en el Museo Time, de Rockford, en Illinois, procede
también de la ciudad de México. En su centro, como en la Piedra
del Sol, se mira el siglo de 4-Ollin (4-Movimiento), para señalar así
la edad presente. En los cuatro extremos se hallan los glifos de los
soles o edades anteriores: 4-Lluvia (de fuego), 4-Agua, 4-Ocelote y
4-Viento. Además hay otros dos glifos; el de arriba del 4-Movimien-
to es 1-Cipactli, día 1-Lagarto, y el de abajo es el del año 11-Ácatl
(11-Caña). En éste —concordando entre otros con los testimonios
en náhuatl de los Anales de Cuauhtitlán (1975, 208)— fue entroni-
zado Motecuhzoma Xocoyotzin, y precisamente en un día 1-Lagar-
to. De este modo, como en otras inscripciones de la época clásica,
sobre todo entre los mayas, se establece aquí una relación entre el
acontecer de un personaje y la secuencia de los ciclos cósmicos. La
fecha de entronización de Motecuhzoma queda inscrita en el gran
marco del devenir cósmico. Han transcurrido cuatro edades y soles,
y ahora en el quinto sol el supremo gobernante Motecuhzoma as-
ciende al poder (figura 4).
La estrecha relación del nuevo huey tlahtoani con Tonatiuh, el
Sol, 4-Movimiento, registrada en la inscripción de esta lápida con-
memorativa, la reitera a su vez un texto en náhuatl incluido en el
Códice florentino que trasmite las palabras que dirige un tecuhtlahto,
un juez, al nuevo supremo gobernante:

Tocontocaz in monan, in mohta, in Tonatiuh, in Tlaltecuhtli; at intech


tonaciz in quauhtin, in oceloh, in tiacaoan, in cahuiltia, in coiohuia in
Tonatiuh, in tiacauh in quauhtleoanitl…

Seguirás a quien es Madre tuya, Padre tuyo, el Sol, el Señor de la Tie-


rra; por ventura te acercarás a las águilas, los tigres, los esforzados, los
que alegran, invocan al Sol, animoso, águila que asciende.4

4
 Códice florentino, v. ii, lib. vi, f. 48r.

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466 FILOSOFÍA NÁHUATL

La mención conjunta en este texto de Tonatiuh, el Sol, y Tlalte­


cuhtli, Señor de la Tierra, permite establecer otra relación precisa-
mente con la efigie esculpida en el centro de la ya mencionada
Piedra del Sol. Como lo han mostrado con detalle C. Navarrete y
D. Heyden,5 los atributos del rostro que allí aparece permiten su
identificación como Sol-Señor-de-la Tierra. Esto mismo puede com-
probarse en el Códice Borgia (p. 18, 23, 71), en el Borbónico (p. 16),
en el Laud (p. 14), así como en otros manuscritos, esculturas y
bajorrelieves, algunos aducidos por los mismos investigadores.6
Mostrando ellos también la convergencia con los textos en náhuatl,
citan catorce en los que se habla expresamente de la dualidad To­
natiuh-Tlaltecuhtli.
El nombre calendárico del Sol en la quinta edad, 4-Ollin, que
se interpreta en su forma más amplia como 4-Movimiento de Tierra,
es otro elemento al que debe atenderse. En innumerables cuauh­
xicalli, recipientes de empleo frecuente en el culto de Tonatiuh, apa-
rece el glifo de 4-Ollin. En paralelo, hay varias fuentes en náhuatl
(Códice florentino, Anales de Cuauhtitlán, Leyenda de los soles, Histo­
ria chichimeca...) que ilustran más ampliamente la gama de signi-
ficaciones de dicho nombre y glifo calendáricos.
El texto nahua de la Leyenda de los soles, que se transcribió alfa-
béticamente en 1558 y que se traduce y comenta en este libro, me-
rece particular atención. Ante todo hay que notar acerca de él que,
en medio de las variantes que presentan otros textos, en especial
acerca del orden de los soles, coincide él con el relato, fundamen-
tado en la “lectura” de varios códices, que dio apoyo a la Historia
de los mexicanos por sus pinturas, según en la misma se hace notar.
Dicho manuscrito, como se ha mostrado, se concluyó antes de
1537.7
5
 Carlos Navarrete y Doris Heyden, “La cara central de la Piedra del sol. Una
hipótesis”, Estudios de Cultura Náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. xi, 1974, p. 355-376.
6
 Códice Borgia, 3 v., comentario de Eduard Seler, México, Fondo de Cultura
Económica, 1964; Códice borbónico, comentario de Karl Anton Nowotny, Graz,
Akademische Druck-und Verlaganstalt, 1974, p. 16; Códice Laud, introducción de
C. A. Burland, Graz, Akademische Druck-und Verlaganstalt, 1966, p. 14.
7
 Miguel León-Portilla, “Ramírez de Fuenleal y las antigüedades mexicanas”,
Estudios de Cultura Náhuatl, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas, v. viii, 1969, p. 40-49.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 467

Además, el análisis de las expresiones nahuas de la Leyenda de


los soles pone al descubierto que ella es también otra “lectura” de un
códice portador de imágenes y glifos. Prueba de ello la dan varias
expresiones que se intercalan y repiten, como inezca in nican ca, “su
apariencia de esto, aquí está”; izcatqui, “he aquí, aquí se ve”; inin...,
“éste”; iniqueh in... “estos”. Estas palabras, acompañadas con fre-
cuencia por otras como niman ic, niman ye, niman ye ic, “entonces,
enseguida, a continuación...”, son indicio de que el texto está sien-
do “leído”, de acuerdo con las secuencias de un manuscrito picto-
glífico, y redactado luego con escritura lineal alfabética.
Tales expresiones, que tienen un carácter deíctico, es decir, de
apuntamiento a lo que se está contemplando, muestran como en
vivo lo que significa el vocablo amoxohtoca, “seguir el camino del
códice”, en el proceso de “descodificar” su contenido y darlo a co-
nocer a otros. En las antiguas escuelas sacerdotales, con glifos y
pinturas, se “codificaba” el saber de que eran portadores los libros
o “códices”. Y, también en ellas, “se descodificaban” sus secuencias
narrativas (en los códices de contenido histórico), o especulativas
(en los referentes a creencias, ritos y otras materias). Al realizarse
el amoxohtoca, “seguir el camino del libro”, oralmente se efectuaba
dicha “descodificación”, trasmitiendo lo que en él se contenía. Un
proceso paralelo tuvo lugar en el caso de la “descodificación” del
libro acerca de la secuencia de las edades cósmicas. Con palabras
un sabio indígena fue trasmitiendo su contenido. Sólo que, ya en
1558, dichas palabras nahuas se “recodificaron” en escritura lineal
alfabética.
Existe —como se indica también en el presente libro— un códice,
el Vaticano a 3738, en cuyas páginas 4v-7r se registran con pinturas
y glifos calendáricos los cuatro soles o edades que han existido an-
tes de la actual. Este códice es un documento relativamente tardío,
con variantes y otros añadidos que denotan manifiesta influencia
europea. En opinión de varios investigadores, el Vaticano a y el Có­
dice telleriano remense, que en varias de sus secciones ostentan gran
semejanza, se derivan, uno y otro, de uno o varios manuscritos más
antiguos. De cualquier forma y reconociendo que debe procederse
con cautela en el estudio y consulta del Vaticano a, no habrá que
disminuir por ello su importancia como testimonio en el que se

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468 FILOSOFÍA NÁHUATL

trasmite la concepción nahua acerca del espacio y el tiempo cósmi-


cos (figuras 5 y 6).
Las convergencias entre contenido de textos en náhuatl, códices
pictoglíficos y representaciones e inscripciones en objetos y monu-
mentos arqueológicos del ámbito nahua pueden ponerse además
en parangón con un considerable conjunto de testimonios prove-
nientes de otras subáreas de Mesoamérica. Aquí me limitaré a citar
el relato de las edades cósmicas en el Popol Vuh de los quichés, así
como diversas alusiones en algunos de los libros de Chilam Balam
del ámbito yucateco y, de manera muy especial, varias representa-
ciones de cataclismos cósmicos en el Códice Dresde (74) y en el Tro-
cortesiano (31 b). Finalmente, si en la lápida que registra la entro-
nización de Motecuhzoma Xocoyotzin se hace referencia a los soles
que marcan los grandes ciclos del tiempo, también hay apuntamien-
tos en cierto modo afines en algunas estelas del periodo clásico
maya. Tal es el caso de dos lápidas procedentes del Templo 14 de
Palenque. En ellas, para exaltar la memoria del señor Chan-Bahlum,
se relaciona a éste con una manifestación del dios Ah Bolom Tzacab,
ocurrida en otra edad cósmica, miles de años antes.8

La concepción acerca del espacio

Los textos nahuas que hablan de los distintos planos y rumbos del
espacio se sitúan con frecuencia en relación con el pensamiento
acerca del devenir temporal. Así, por ejemplo, en el presente libro
aduzco un testimonio del Códice matritense en el que, al explicar
cómo se desarrolla la cuenta de 52 años, se señala que los años de
signo tochtli (conejo) pertenecen al rumbo del sur; los de ácatl
(caña) al de “la luz”, el oriente; los de técpatl (pedernal) al norte,
y los de calli al poniente o “rumbo de las mujeres”. Idéntica con-
ceptualización aparece en los registros pictoglíficos de la primera
página del Tonalámatl de los pochtecas o Códice Fejérváry-Mayer y en
las 75-76 del códice maya de Madrid o Tro-cortesiano. De la perdu-
ración de tales ideas entre los mayas de tiempos posteriores da
8
 Linda Schele y M. Ellen Miller, The Blood of Kings. Dinasty and Ritual in Maya
Art, Forth Worth, Kimbell Art Museum, 1986, p. 272-273.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 469

cuenta a su vez el Chilam Balam de Ixil. Se habla en él de los años


kan que miran hacia Lakin (el oriente); los años muluc al Xaman
(norte); los ix hacia Chik’in (el poniente), y los cauac a Nohol (el
sur)9 (figura 7).
Tanto en los códices mayas prehispánicos, preservados en Dres-
de y Madrid, como en no pocos monumentos en piedra y pinturas
se corrobora esta conceptuación espacio-temporal a través de los
glifos de los “años orientados” a los distintos cuadrantes del mundo.
Además de inscripciones como las de Palenque inscrip. M, Naran-
jo 24, Copán T, Quiriguá M, pueden mencionarse las pinturas de
estos glifos direccionales en la tumba 12 de Río Azul, en el Petén,
descubierta en 1985. Allí, en hermosas pinturas, se ven los dichos
glifos correspondiendo correctamente a las direcciones reales.10
En relación con los atributos cósmicos de cada cuadrante del
mundo, mencionados en textos nahuas como al principio de los
Anales de Cuauhtitlán,11 en la Crónica mexicáyotl12 y en el Códice
florentino,13 o en varios lugares de los libros mayas yucatecos de los
Chilam Balam de Chumayel, Tizimín, Ixil..., en el Ritual de los Baca­
bob y en el Popol Vuh de los quichés, existen testimonios paralelos,
a veces idénticos, en códices prehispánicos y monumentos y objetos
arqueológicos. Tal es el caso en relación con los árboles, aves, deida-
des y colores cósmicos en los ya citados códices Tro-cortesiano, To­
nalámatl de los pochtecas y en el Borgia (p. 49-53), en el Vaticano b
(p. 17-18) y, de tiempos posteriores, el Tudela (p. 97r)14 (figura 8).
Entre los monumentos arqueológicos que dan fe de idéntica
conceptuación mencionaré tan sólo los árboles y aves cósmicas que
se contemplan en la lápida del sarcófago y en los tableros de la Cruz
y de la Cruz Foliada de Palenque, al igual que los bajorrelieves del
Templo de los Tableros en Chichén Itzá, en que aparecen los árboles

 9
 El Chilam Balam de Ixil está incluido en Códice Pérez, edición y versión de
Emilio Solís Alcalá, Mérida, Yucatán, Liga de Acción Social, 1949, p. 340-341.
10
 Richard E. W. Adams, “Archaeologists explore Guatemala’s Lost City of the
Maya, Río Azul”, National Geographic Magazine, Washington, D. C., v. 169, n. 4,
1986, p. 442.
11
 Anales de Cuauhtitlán, p. 3.
12
 Crónica mexicáyotl, p. 74-75.
13
 Códice florentino, v. ii, lib. vii, f. 14r-14v.
14
 En la Bibliografía se registran las más recientes ediciones de estos códices.

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470 FILOSOFÍA NÁHUATL

y aves distribuidos en función de los rumbos del mundo. Del ám-


bito de los nahuas pueden citarse las representaciones de los árbo-
les cósmicos que surgen de las aguas del inframundo en la superficie
de la base de un Chac Mool localizado en Santa Cecilia Acatitlan,
así como los bajorrelieves tallados en una caja de piedra conservada
en el Museo Nacional de Antropología.
Más allá de estas referencias, debe destacarse como género de
testimonio arqueológico en extremo significativo el de la arquitec-
tura de los templos en que se incorpora la concepción del espacio
cósmico no ya sólo horizontal sino también vertical. Los numerosos
estudios que incluyen observaciones astronómicas para determinar
la orientación de incontables templos, “pirámides”, en el ámbito
mesoamericano muestran que su edificación se concibió tomando
como norma los rumbos cósmicos en función del “camino del Sol”,
de suerte que el adoratorio en lo más alto (generalmente doble)
viera hacia el poniente, apuntando hacia la región en la que, después
de haber llegado al cenit, se halla la casa de Tonatiuh, el que va ha-
ciendo la luz y el calor, rumbo que precisamente entre los nahuas
tiene por signo a calli, casa.
Las ideas que acerca del espacio vertical expresan varios textos
en náhuatl de los Códices matritenses y Florentino, los Anales de
Cuauhtitlan y otros manuscritos del siglo xvi, como la Histoyre du
Mechique (versión al francés del siglo xvi de un texto indígena re-
cogido probablemente por fray Andrés de Olmos), aparecen en
ocasiones como “lecturas” de lo que se representa en algunos có-
dices y hallazgos arqueológicos. Una muestra la proporciona el lla-
mado Rollo Selden, manuscrito de estilo prehispánico que confirma
la relación cultural entre mixtecas y nahuas. Comienza con una
imagen de los nueve estratos celestes del universo, así como de la
superficie de la tierra, simbolizada por las fauces de un Cipactli, el
saurio primigenio tantas veces representado en la iconografía de los
nahuas, mixtecas y mayas.
Simbolizados los distintos estratos o “pisos” celestes por franjas
de estrellas, en ellos se ven, en la parte más baja, el sol y la luna y,
en la más alta, tres figuras. En el centro se halla una con atributos que
corresponden a Ehécatl-Quetzalcóatl. De un lado y otro de él, res-
pectivamente, se ven una figura masculina y otra femenina, ambas

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 471

con los nombres calendáricos 1-Venado. El testimonio del cronista


fray Gregorio García en su obra Origen de los indios del Nuevo
Mundo… esclarece lo que esto significa:

En un pueblo de indios, llamado Cuilapa [en la Mixteca], tenemos un


insigne convento de mi orden, cuyo vicario que a la sazón era cuando
yo llegué allí, tenía un libro de mano que él había compuesto y escrito
con sus figuras como los indios de aquel reino mixteco las tenían en
sus libros o pergaminos enrollados, con la declaración de lo que sig-
nificaban las figuras en que constaba su origen... Y así le supliqué
me diese licencia para sacar lo que hacía a mi propósito e intento que es
el origen de estos indios..., el cual refiere de esta manera.
En el año y en el día de la oscuridad y tinieblas... fingen los indios
que aparecieron visiblemente un dios que tuvo por nombre un ciervo
[1-Venado] y por sobrenombre Culebra de León, y una diosa muy
linda que su nombre fue un ciervo [1-Venado] y por sobrenombre
Culebra de Tigre. Estos dos dioses dicen haber sido principio de los
demás dioses…15

Esta suprema pareja divina, de idéntico nombre calendárico,


aparece también con dicha designación en el Códice vindobonense
(extremo inferior derecho de p. 51), y tiene entre sus hijos a Ehécatl
Quetzalcóatl que, como en el Rollo Selden, baja de lo más alto de los
estratos celestes (columna izquierda, p. 48 del Vindobonense)16 (fi-
gura 9).
Quetzalcóatl, que en ambos códices aparece descendiendo a la
tierra que se representa con la mandíbula del Cipactli, actúa como
manifestación creadora de la suprema divinidad dual. Esto mismo
se representó en el llamado Códice Gómez de Orozco, en el que ya
sólo se conserva el trazo de los nueve estratos celestes y las huellas
de quien baja hacia el Cipactli terrestre. Una especie de “lectura” de
esto la ofrecen dos textos nahuas del Códice florentino que se aducen
al final del capítulo iii del presente libro. En ellos se dice: “Llegó el
hombre y lo envió acá Nuestra Madre, Nuestro Padre, el Señor Dual,

15
 Gregorio García, Origen de los indios del Nuevo Mundo, México, Fondo de
Cultura Económica, 1981.
16
 Véase la Bibliografía en la que se registran las más recientes ediciones de
éstos y de los códices que a continuación se citan.

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472 FILOSOFÍA NÁHUATL

la Señora Dual, el del sitio de los nueve estratos, el del lugar de la


Dualidad... ¿Es verdad? ¿Lo mereció el señor, nuestro príncipe Quet-
zalcóatl el que inventa a los seres humanos, el que los hace? ¿Acaso
lo determinó el Señor, la Señora de la Dualidad?”17 (figura 10).
Otra estrecha correlación puede también establecerse entre los
estratos celestes e inferiores que plásticamente se delinean en la p.
1r-1v del Códice Vaticano a, y lo que refieren el texto náhuatl del
mismo Florentino,18 así como los Anales de Cuauhtitlán,19 la His­
toyre du Mechique y la Historia de los mexicanos por sus pinturas.20
Estos testimonios no sólo coinciden en lo esencial con los que se
han citado del ámbito mixteco, sino que amplían la información
acerca de lo que se pensaba era propio de cada uno de los estratos
o pisos superiores e inferiores. Es de notarse que en ellos se expone
la que parece ser una antigua variante que habla de trece pisos ce-
lestes en vez de nueve (figuras 11 y 12).
Tal variante aparece asimismo en varios textos mayas de los
libros de Chilam Balam que mencionan trece dioses de los pisos o
divisiones celestes, los Oxlahun-ti-ku, y nueve de los inferiores, los
Bolon-ti-ku. Mencionaré finalmente algunos monumentos arqueo-
lógicos que aluden a esta misma conceptualización del espacio.
De modo general se refleja ella en los templos con sus estruc-
turas piramidales truncadas que se superponen y dan lugar en lo
más alto a un doble adoratorio donde reciben culto quienes parecen
constituir diversas manifestaciones de una dualidad. En el ámbito
mayense se representan en estelas y otros monumentos las deidades
de los planos superiores en contraposición con el saurio, símbolo de
la Tierra. El ave moan, acompañada del glifo del número 13 y los
que corresponden al Sol, la Luna, la “estrella grande” (Venus), con
otros símbolos identificados como “planetarios”, integran la imagen
del mundo de arriba. Esto ocurre en las fachadas del templo 22 de
Copán, de la “Casa del Adivino” en Uxmal y del anexo oriental
de “Las Monjas” en Chichén Itzá, y en inscripciones como las de
17
 Códice florentino, v. ii, lib. vi, f. 120r y 148v.
18
 Códice florentino, v. i, lib. iii, f. 25r-25v.
19
 Anales de Cuauhtitlán, p. 8.
20
 La Histoyre du Mechique, traducida al castellano, así como la Historia de los
mexicanos por sus pinturas, las ha editado Ángel María Garibay K. en Teogonía e
historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo xvi, México, Editorial Porrúa, 1973.

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1. Disco solar. En el centro, el glifo del Nahui ollin, Sol 4-Movimiento. En
los extremos, en sentido contrario a las agujas del reloj, los otros soles
cosmogónicos, arriba, izquierda: 4-Océlotl, 4-Ehécatl, 4-Quiáhuitl y 4-Atl. La
secuencia de los soles mantiene un orden semejante al de los otros
monumentos que aquí se ilustran (figuras 2, 3 y 4), con la salvedad de que
la lectura debería iniciarse en este disco solar en el extremo inferior izquierdo.
Conservado en el Museo Peabody, Universidad de Yale

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2. Piedra de los soles. De izquierda a derecha: 4-Ehécatl, 4-Quiáhuitl (lluvia
de fuego), 4-Atl y 4-Océlotl. Museo Nacional de Antropología, México

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3. Piedra del Sol. En el centro, el rostro de Tonatiuh-Tlaltecuhtli y el glifo de
Nahui ollin, en cada uno de cuyos extremos rectangulares se ven los glifos
de los cuatro soles anteriores. En sentido contrario al movimiento de las
agujas del reloj: 4-Ehécatl, 4-Quiáhuitl, 4-Atl y 4-Océlotl. Museo Nacional de
Antropología, México

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4. Lápida con el registro de los soles. Al contrario del movimiento de las
manecillas del reloj: 4-Quiáhuitl, 4-Atl, 4-Océlotl y 4-Ehécatl. En el centro, el
glifo del quinto sol: 4-Ollin. En realidad, los diversos soles siguen la misma
secuencia que en los otros monumentos, con la salvedad de que en éste la
lectura se inicia en el extremo superior izquierdo. Arriba, entre los glifos de
los dos soles, la fecha del día 1-Cipactli; abajo, el año 11-Ácatl. Fue entonces
cuando, según varios textos nahuas, se entronizó Motecuhzoma Xocoyotzin
como gobernante supremo. De este modo ese hecho se sitúa en el contexto
de la secuencia de los soles o edades cosmogónicas. Se conserva esta lápida
en el Museo Time en Rockford Illinois, eua

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5. Arriba: Sol de Agua. Abajo: Sol de Viento. Códice Vaticano a, f. 4v y 6r

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6. Arriba: Sol de Lluvia de Fuego. Abajo: Sol de Tierra (equivalente a Sol de
Ocelote). Códice Vaticano a, f. 6v y 7r

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7. La imagen horizontal del espacio cósmico, en la que se integran las cuentas
de los días que recorren los cuadrantes cósmicos y la región del centro.
Incluida esta imagen en el códice maya Tro-cortesiano (o de Madrid), p. 75-
76, guarda estrecha relación con la que aparece en la p. 1 del Tonalámatl
de los pochtecas (Códice Fejérváry­Mayer), que se reproduce en la página 143 de
este libro. En el centro, a un lado y otro del árbol cósmico, se contempla la
Dualidad Suprema. En cada rumbo cósmico aparecen dos deidades. Arriba
de cada pareja se hallan los glifos de los años con su referencia al oriente,
norte, poniente y sur, de modo paralelo a lo que expresa el texto nahua citado
en las páginas 165-166 de este libro

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8. Otra de las varias representaciones de la imagen horizontal del universo
que se registran en códices como el Borgia y Vaticano b. En ésta, la región del
centro se relaciona con el inframundo, cual si en ella estuviera una entrada
al mismo. Los veinte signos de los días la circundan. Cuatro deidades,
envueltas en sus mantas mortuorias y con banderas de papel, presiden los
otros tantos cuadrantes cósmicos. A la derecha, Chalchiuhtlicue; arriba, en
el rumbo del norte, aparece Mixcóatl; a la izquierda, Tláloc en el poniente;
abajo, verosímilmente, Tezcatlipoca en el sur. Códice Borgia, p. 26

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9. La imagen vertical del espacio cósmico con los nueve estratos o pisos
celestes. En lo más alto aparece la dualidad suprema y, entre las dos figuras,
el Dios del Viento, advocación de Quetzalcóatl, que hace descender la vida a
la tierra. Rollo Selden (comienzo del mismo)

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10. Otra representación de la imagen vertical del universo. Guarda estrecha
semejanza con la de la figura 9, incluida en el Rollo Selden. Ésta, que se halla
en el Códice Gómez de Orozco, es más tardía y está mutilada en su parte
superior

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11. Imagen tardía de los pisos o estratos del universo, pero que explicita qué
cuerpos celestes y deidades se hallan en cada uno. Aparece comentada en las
páginas 159-164 de este libro. Códice Vaticano a, p. 1v

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12. Imagen tardía de los pisos o estratos del universo. Complementa la
reproducida en la figura 11, ya que registra los dos estratos celestes más
cercanos a la superficie de la tierra, tlaltícpac. Debajo de ésta se ven los estratos
del inframundo. Ostentan ellos estrecha semejanza con lo que expresan textos
de la tradición indígena, según se muestra en las páginas 254-257 de este
libro. Códice Vaticano a, p. 2v

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13. Maqueta de un templo, conocida como Teocalli de la Guerra Sagrada. En
ella se representa la imagen del universo. Trece son los escalones que llevan
al adoratorio donde se contempla la imagen del Nahui ollin. La dualidad
divina se evoca en las figuras que aparecen de cada lado, a la izquierda
Huitzilopochtli y a la derecha Tezcatlipoca. Debe recordarse que en varios
textos nahuas y mayas, que reflejan otra escuela o forma de pensamiento, los
estratos celestes son trece —como los escalones del templo— y no nueve, según
se ve en las representaciones del Rollo Selden y de los códices Gómez de Orozco
y Vaticano a. Museo Nacional de Antropología, México

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14. Piedra cilíndrica en la que aparecen, en su superficie superior, un disco
solar, y, en su pared exterior, una doble banda con connotaciones celestes.
En la banda superior, los círculos simbolizan las estrellas. En la inferior,
separada por un doble anillo liso, parece estar representado el signo de la
Estrella Grande (Venus), acompañado de ojos con colmillos que asemejan
garras, como en el bajorrelieve de Coyolxauhqui y en otras esculturas mexicas.
Puede considerarse como representaciones estilizadas de la imagen vertical
del universo. Museo de Arte de Filadelfia, eua

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15. El conejo en la luna. En forma idéntica como aparece en las páginas 10,
55 y 71 del Códice Borgia y en otros manuscritos prehispánicos, se evoca aquí
la creencia de la que da testimonio el relato en náhuatl conservado en el libro
del Códice florentino. Cuando tuvo lugar la restauración del sol en la quinta
edad, dado que ni éste ni la luna se movían y se mantenían juntos, uno de
los dioses reunidos en un Teotihuacan primigenio lanzó un conejo a la luna.
Ésta inició entonces su movimiento y se alejó del sol. Así, en la imagen
cósmica del espacio celeste se representaba a la luna con un conejo en su
interior. Ello lo muestra también esta vasija con la figura de la luna y el conejo
en bajorrelieve. Museo Nacional de Antropología, México

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16. Circundado, en tres lados, por los glifos de los trece volátiles con sus
numerales, que connotan las horas o divisiones del día, aparece a la izquierda
Tonatiuh, el Sol, ricamente ataviado como un guerrero. Bajo su sitial se ve el
glifo de 4-Ollin. Frente a él se halla un mono que ha sacrificado dos codornices,
cortándoles el cuello. Un chorro de sangre sale del cuerpo de una de ellas y
va a dar a la boca del sol. La cabeza de esa codorniz la levanta el mono con
su otra mano. Abajo, en las fauces del monstruo de la tierra, se ve otra cabeza
de codorniz. Arriba, junto al sol, el glifo 1-Caña, que denota el alba, con el
cielo estrellado a la derecha, y la luna con su conejo. Esta escena tiene su
correspondiente “lectura” en un texto en náhuatl del Códice matritense, según
se muestra en este apéndice. Códice Borgia, p. 71

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 473

Piedras Negras 25 y 36 con los glifos de los dioses de la noche y de


la región de las tinieblas, a veces una mano que aprisiona una
cabeza con rasgos de simio, precedido del numeral 9.
En la célebre estela 10 de Yaxchilán se integra una extraordina-
ria imagen de las realidades celestes. Por encima de la cruz de Kan,
símbolo de agua-jade, y de otros signos de connotación celeste,
aparece enmarcada en sendos cuadretes una pareja divina, Señor y
Señora, y en medio de ella el dios creador, en este caso K’in, el Sol.
Las imágenes recuerdan las representadas en lo más alto de los pi-
sos celestes en el ya descrito Rollo Selden. Abajo de los cuadretes y
como unidos al conjunto de los símbolos celestes, se ven de cada
lado tres rostros, todos ellos variantes de la misma efigie de K’in.
Los que se hallan en los extremos laterales se encuentran en las
fauces estilizadas del saurio terrestre. K’in desciende de los pisos
celestes y penetra en el ocaso a través de dichas fauces, en el infra-
mundo. De él vuelve a surgir triunfante en el nuevo día.
Del ámbito nahua proviene el que se conoce como Teocalli de la
guerra sagrada, que ostenta una forma piramidal. Hay en él trece
escalones que conducen a lo más alto, donde aparece el Sol 4-Mo-
vimiento. A sus lados están Huitzilopochtli, a la izquierda, con su
tocado de colibrí, y, a la derecha, Tezcatlipoca, con un atuendo de
piel de jaguar. La yuxtaposición dual reaparece aquí con el simbolis-
mo mexica. En los costados de este adoratorio situado en lo más alto
se registran las fechas 1-Técpatl (1-Pedernal) y 1-Miquiztli (1-Muer-
te) que, según numerosos textos en náhuatl, eran días vinculados
con Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Encima de ambos glifos calendá-
ricos se ve el del espejo humeante, propio de Tezcatlipoca.
Reforzando el significado de imagen cósmica que conlleva este
monumento, en la base del mismo aparece el Cipactli, símbolo de
la Tierra, situado justamente debajo del disco solar que se halla en lo
más alto del templo. El Cipactli, como lo muestra el cráneo que
aparece con él de cabeza, es la entrada al inframundo, al que pene-
tra asimismo el Sol por la noche. El mismo Sol, llevando consigo la
luz y el calor, reaparece en lo más alto, de modo semejante a lo que
se representa en la estela 10 de Yaxchilán (figura 13).
También de procedencia mexica es la llamada “Lápida de los
cielos”. En ella se esculpieron varias bandas horizontales con el

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474 FILOSOFÍA NÁHUATL

glifo de la Estrella Grande, Huey citlalin (Venus), así como los sím-
bolos de la noche, que aparecen en el Rollo Selden y el Códice Gómez
de Orozco denotando los diversos estratos celestes. En lo más alto
se ve un águila, símbolo del Sol, con sus alas extendidas en actitud
de atrapar lo que parece ser un colibrí estilizado. Varios textos na-
huas hablan de los guerreros que morían y se convertían en colibríes
cuyo destino era acompañar al Sol del alba al cenit (figura 14).
Una correlación más aduciré entre una fuente inobjetablemen-
te prehispánica y un texto náhuatl vaciado a escritura alfabética,
ambos acerca del Sol en su cometido cósmico de águila que ascien-
de y crea el día y el calor. El testimonio prehispánico se halla en el
Códice Borgia (p. 71). La página entera comprende una gran imagen
de Tonatiuh, enmarcado en tres lados, arriba, a la derecha y abajo,
por los glifos de los trece volátiles que, con sus numerales, se consi-
dera que connotan las horas o divisiones del día. Tonatiuh aparece
en un sitial, circundado por el disco solar. Su atavío incluye un xiuh­
totocalli, casquete de pájaro turquesa, propio del Dios del Fuego,
Xiuhtecuhtli, con el que aquí se relaciona, pero enriquecido con cua-
tro tiras cubiertas con plumas de águila que corresponden a la deidad
solar. Del disco del Sol salen, hacia arriba, una gran flor y cinco
banderas que, Eduard Seler, en su comentario al Borgia, piensa que
pueden corresponder a las cinco regiones del mundo. Tonatiuh apa-
rece como un guerrero con un haz de dardos en una mano y un átlatl
o lanzadera en la otra. De uno y otro lado fluyen dos corrientes: una
de agua que lleva pequeños discos amarillos y otra de plumas tam-
bién amarillas con bolas de fino plumaje, evocación de atl-tlachinolli,
la guerra. Debajo del sitial se contempla el glifo de 4-Ollin, 4-Movi-
miento, nombre calendárico del Sol en la edad cósmica actual.
Frente a Tonatiuh se ve un animal, cubierto o vestido de hierba
de color verde. Parece ser un mono que simboliza aquí a un ofren-
dador. Ha sacrificado codornices decapitándolas, practicando el rito
que se nombraba tlaquechcotonaliztli, “cortamiento del pescuezo”.
Una cabeza de codorniz reposa sobre las fauces del Cipactli, símbolo
de la Tierra. La otra la sostiene en su mano derecha. Con la izquierda
mantiene en alto el cuerpo de la codorniz decapitada, de cuyo cuello
brota un chorro de sangre que va a dar a la boca de Tonatiuh que se
alimenta con ella.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 475

Toda la escena se desarrolla en el marco de las divisiones del día


representadas por los trece volátiles y, más en particular, cuando
está ya amaneciendo. A ello parecen referirse el glifo 1-Ácatl, 1-Caña,
que corresponde a la estrella del alba, y la representación de un
cielo en el que todavía se contempla la luna (figura 16).
Veamos ahora la que puede considerarse como “descodificación”
de esta página del Borgia. El texto en náhuatl fue recogido por Sa-
hagún hacia 1558, en Tepepulco, de labios de quienes, como él lo
dice, expresaron sus testimonios llevando consigo sus libros de pin-
turas. Éste es el texto, incluido en los Primeros memoriales:

Así servían al Sol a diversas horas del día y de la noche. Cada día, al
salir el Sol, era hecho el sacrificio de codornices y ofrecimiento de
copal. Y así se sacrificaba a las codornices, les cortaban el cuello, las
levantaban en ofrenda al Sol, lo saludaban, le decían:
Ha salido el Sol, el que hace el calor, el niño precioso, águila que
asciende. ¿Cómo seguirá su camino? ¿Cómo hará el día? ¿Acaso algo
sucederá en nosotros, su cola, su ala?
Le decían:
Dígnate hacer tu oficio, cumple con tu misión, Señor Nuestro.
Y esto se decía cada día, cuando salía el Sol.21

Al igual que este texto, que puede considerarse una “lectura” o


“descodificación” de la página 71 del Borgia, hay otros que se aducen
en el presente libro que, como vimos, guardan estrecho paralelo con
el contenido de otros códices, o de hallazgos arqueológicos, en los
que se hace referencia directa a la concepción del espacio y el tiempo
cósmicos. No quiere decir esto, desde luego, que no haya en deter-
minados casos interpolaciones u otros géneros de supresiones o al-
teraciones en los textos que se derivaron de la tradición oral, incluso
de aquella que estuvo “anclada” o estrechamente vinculada con lo
que expresaban los libros portadores de expresiones pictoglíficas. Es
obvio que, con un sentido crítico, histórico y filológico, ha de pon-
derarse en cada caso lo que aportan los textos en náhuatl transcritos
después de la conquista española. Lo hasta aquí presentado, referen-
te a la conceptuación espacio-temporal, estableciendo comparaciones

21
 Primeros memoriales, en Códice matritense del Real Palacio, f. 237v.

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476 FILOSOFÍA NÁHUATL

entre textos nahuas de varias procedencias con códices prehispánicos


y hallazgos arqueológicos, muestra que hay una coincidencia sustan-
cial entre estos géneros de testimonios. Incluso haber ido más allá
del ámbito de los pueblos nahuas, estableciendo comparaciones con
otras fuentes maya-yucatecas, quichés y mixtecas, pone de manifies-
to que, en no pocos aspectos, esta cosmovisión espacio-temporal tuvo
alcances mesoamericanos, aun cuando sea con algunas variantes.

La dualidad en lo divino y lo terrenal

Vimos, al examinar las convergencias entre los textos nahuas trans­


critos alfabéticamente y el contenido de algunos códices prehispá-
nicos y hallazgos arqueológicos en lo que concierne a la antigua
concepción del tiempo y el espacio cósmicos, que ya allí aparece en
varias ocasiones la presencia de una dualidad, sobre todo en el ám-
bito de las realidades divinas. Ahora atenderé en forma directa a
este tema con la amplitud que se enuncia en el subtítulo.
Sobre todo en el capítulo iii de este libro aduzco textos en náhuatl
acerca de una dualidad en el contexto de lo divino. Esos textos pro-
ceden de los huehuehtlahtolli incluidos en el libro vi del Códice flo­
rentino; asimismo de Cantares mexicanos, la Historia tolteca-chichi­
meca y los Anales de Cuauhtitlán. Cabe añadir que existen otros que
entonces no comenté y proceden del manuscrito conocido como
Romances de los señores de la Nueva España, de los huehuehtlahtolli
que recogió fray Andrés de Olmos, así como de los testimonios de
los pipiles-nicaraos, obtenidos por fray Francisco de Bobadilla en
1528. Además, rebasando el ámbito de los pueblos nahuas, pueden
mencionarse otros textos paralelos en distintas lenguas mesoame-
ricanas que se obtuvieron en forma independiente y se redujeron
también al alfabeto. Hablan de una suprema pareja divina o de sus
manifestaciones en diversos tiempos y lugares el Popol Vuh, algunos
de los libros de Chilam Balam, el relato procedente de Cuilapa, entre
los mixtecas, así como varios testimonios en lengua otomí.
Ahora, como lo hice ya al concentrar críticamente la atención en
el tema espacio-tiempo cósmico, procederé a analizar lo que códices
prehispánicos y hallazgos arqueológicos pueden aportar sobre dicha

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 477

dualidad. En este libro —como es dado comprobarlo— ya había pre-


sentado algunos testimonios de códices, entre ellos del Borgia, acerca
de esta materia. La búsqueda y confrontación será aquí más amplia.
Como un antecedente comenzaré haciendo referencia a un con-
junto de esculturas en barro y piedra, procedentes de distintas su-
báreas mesoamericanas, de diversos periodos de su desarrollo cul-
tural, en las que aparecen los primeros indicios de una concepción
dual de la realidad. En primer lugar pueden mencionarse numero-
sas figuras en barro, del preclásico, tanto del occidente de México,
como de la región central (Tlatilco...), en las que se representa un
cuerpo humano, generalmente de mujer, con dos cabezas. También
de ese mismo periodo, y luego a lo largo del clásico y el postclásico,
son frecuentes las cabezas en barro y piedra, en las que la dualidad
de la vida y la muerte se torna presente: una mitad es un rostro
humano con todas sus facciones y la otra es un cráneo descarnado
(figura 17). Otra de éstas la ofrece la muchas veces reproducida
escultura en barro de la cara vida-muerte, procedente del periodo
postclásico en la región de Soyaltepec. Esta misma idea, que reapa-
recerá en varios códices, de la dualidad vida-muerte, la encontramos
en la espléndida efigie de un joven huaxteco, ataviado con un gorro
cónico y orejeras de conchas torcidas en forma de gancho, propias
de Quetzalcóatl. En el anverso luce su bien formado cuerpo y, en
su reverso, su rostro ya descarnado evoca a la muerte.
Importa señalar que, además de estas y otras varias representa-
ciones de connotación dual, hay otra forma de expresión de esta
idea, que se torna presente en incontables producciones. En ella, la
dualidad se manifiesta como una doble serpiente. Debe recordarse
que, en náhuatl, el vocablo que significa serpiente es cóatl, el cual
tiene como homófono al que a su vez denota gemelo. De este modo
la representación de la doble serpiente —plasmada en muy variadas
formas—, además de su carácter dual en sí misma, puede conside-
rarse evocación del concepto de gemelo o doble.
Ya fray Diego Durán22 y más tarde Eduard Seler23 mostraron
ampliamente en relación con Tláloc, deidad omnipresente en toda

 Durán, op. cit., v. i, p. 81.


22

 Eduard Seler, Comentario al Códice Borgia, 2 v., México, Fondo de Cultura


23

Económica, 1964, t. i, p. 86-87.

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478 FILOSOFÍA NÁHUATL

Mesoamérica cuyo complemento femenino es Chalchiuhtlicue, la


Señora de la falda de jade, símbolo de las aguas terrestres, que en
su rostro hay dos serpientes que convergen y, a la vez que configu-
ran su nariz y boca con sus colmillos, delinean las cuencas de sus
ojos y, en suma, estructuran su rostro. De este modo, en la cara
misma de Tláloc —a partir del preclásico y hasta los días del en-
cuentro con los españoles— el concepto de la dualidad adquiere
universal presencia.
Otras manifestaciones de la doble serpiente pueden citarse en
el contexto nahua, como las que se ven en la parte superior de la
escultura conocida como Coatlicue, y en la Piedra del Sol, cuyos
símbolos astronómico-cósmicos están circundados, como ya se ha
dicho, por dos serpientes en cuyas fauces están dos rostros, reitera-
ción de la dualidad.
En la sala mexica del Museo Nacional de Antropología hay otras
esculturas que son también manifestaciones de diversos aspectos
de la dualidad, sobre todo en el contexto de lo divino: Mictlantecuh­tli-
Mictlancíhuatl, Señor y Señora de la región de los muertos; Xochi­
pilli-Xochiquétzal, Príncipe-flor y Flor-preciosa, deidades del canto,
la danza y el amor; Tláloc-Chalchiuhtlicue, Dios y Diosa de las aguas;
Cintéotl-Chicomecóatl, Dios y Diosa de los mantenimientos; Tlalte­
cuhtli, que es a la vez Señor-Señora de la Tierra...
A este impresionante conjunto de referencias a la dualidad di-
vina, hay que sumar otras que corroboran lo que ya vimos expresa-
do en algunos códices y textos. Mencioné ya que, en lo más alto de
los templos pirámides-truncadas-superpuestas, se construyó con
gran frecuencia un doble adoratorio. Un ejemplo lo ofrece el Tem-
plo Mayor de México-Tenochtitlan. Concebido como una doble
edificación, ya desde sus primeras etapas constructivas —como lo
muestra lo que aún se conserva de la segunda de ellas—, se erigió
en él un recinto dual dedicado a Huitzilopochtli y Tláloc.
Tal forma de dualidad confirma lo que enuncian varios textos
en náhuatl. La suprema deidad, que es Madre y Padre de todo lo
que existe en el universo divino, humano y terrenal, asume múlti-
ples aspectos en diferentes tiempos y lugares. Al representarse en el
Templo Mayor a Huitzilopochtli y Tláloc se está connotando el as-
pecto celeste, solar, de la divinidad y su realidad vinculada con la

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 479

Tierra, Tlal-oc, el que yace en ella y la fecunda. Huitzilopochtli, cuya


iconografía lo revela como manifestación entre los mexicas de Tez-
catlipoca, además de ser “el que hace el día y el calor” (Tonatiuh),
es según lo hemos visto en el análisis hecho por Navarrete y Heyden,
de la figura central de la Piedra del Sol, deidad dual Sol-Tierra, To­
natiuh-Tlaltecuhtli, este último Señor-Señora de la Tierra.
Además del Templo Mayor de Tenochtitlan, podrían mencio-
narse muchas edificaciones sagradas existentes en diversos lugares
de Mesoamérica con un doble adoratorio en lo más alto de ellas.
Otro tanto ocurre en la riqueza iconográfica de múltiples esculturas,
bajorrelieves y pinturas en las que, según vimos, se percibe la dua-
lidad. Todo esto daba lugar a una especie de entorno que llevaba al
pueblo a tomar conciencia de que el ser de lo divino no es realidad
solitaria, sino conjunción fecunda, “Nuestra Madre, Nuestro Pa-
dre”, que de innumerables formas se torna presente en todos los
rumbos y en todos los tiempos.
Precisamente, en los textos en náhuatl que se citan en el capí-
tulo iii de este libro, la deidad que se invoca como Nuestra Madre,
Nuestro Padre se vincula de muchas formas con las otras diosas y
dioses adorados por los nahuas y más en general por los mesoame-
ricanos. De modo especial, tal vinculación es patente respecto de
Tezcatlipoca que, como lo muestran varios códices prehispánicos,
tiene un ser dual y está presente en todos los sectores del universo.
En el Códice Borgia (p. 21) se contemplan dos representaciones
de Tezcatlipoca en su ser dual, como Tlatlauhqui Tezcatlipoca, el de
color rojo, y Yayauhqui Tezcatlipoca, el de color negro. En las que
se hallan en la mitad inferior de dicha página, los dos tezcatlipocas se
enfrentan en un juego de pelota. Los símbolos asociados denotan
que se está aludiendo a la presencia de esta deidad doble en los
cuadrantes del sur y del norte (figura 18).
En la doble imagen del mismo Tezcatlipoca rojo y negro, en la
mitad superior de la página, el primero de éstos semeja un mercader
que marcha hacia el oriente, según lo indican las huellas de pies, y
de modo particular un ave con la corona de plumas que son atri-
buto de Tlahuizcalpantecuhtli, Señor de la aurora. Estos dos tezcatli-
pocas denotan la presencia del dios en los otros dos cuadrantes
cósmicos, oriente y poniente.

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480 FILOSOFÍA NÁHUATL

Por su parte, en la ya citada primera página del Tonalámatl de


los pochtecas (Códice Fejérváry-Mayer) se ven cuatro chorros de san-
gre que parten de la figura central, Xiuhtecuhtli, Señor del fuego, del
que un texto náhuatl que se cita en este libro dice que es “Madre,
Padre, de los dioses, el que está en el ombligo de la tierra”, es decir
en la región del centro del universo. Tales chorros de sangre se di-
rigen a cada uno de los cuadrantes cósmicos. En todos ellos se se-
ñala la presencia de Tezcatlipoca, con su cabeza (en el sur); su
brazo y mano (oriente); el hueso descarnado de uno de sus pies
(norte), y los huesos de su dorso también descarnado (poniente).
En esta forma se expresa asimismo la omnipresencia del dios dual
Tezcatlipoca. Como lo repiten otros textos aducidos en el tercer
capítulo de este libro, él es también Tloqueh, Nahuaqueh, Dueño de
la cercanía y la proximidad, o sea, el omnipresente.
En lo que concierne al tiempo, la página 17 (mitad inferior) del
Códice Borgia y la última del Tonalámatl de los pochtecas lo represen-
tan circundado por los signos de los días y, en el caso del segundo
de los códices citados, acompañados los dichos signos por los pun-
tos que integran las correspondientes trecenas, es decir la suma de
las combinaciones glíficas de connotación temporal. El dios dual
Tezcatlipoca se nos muestra como señor no sólo del espacio univer-
sal sino también de la plenitud del tiempo.
Hay en los códices Borgia, Vaticano b y Laud representaciones
pictóricas acompañadas de glifos que, de manera explícita, mues-
tran otros aspectos de la dualidad en el universo de lo divino. Un
conjunto de representaciones, en concordancia con lo que expre-
san varias esculturas en barro y piedra con imágenes de la dua-
lidad vida-muerte (los rostros una mitad cráneo y otro aspecto
viviente), es en sí evocación de lo que expresa el difrasismo To­
hualli, Ehécatl, Noche, Viento, aplicado a la dualidad divina. En el
Borgia (p. 56 y 73), el Vaticano b (p. 75 y 76) y el Laud (p. 11 y 27
mitad inferior, izquierda), con variantes cuyo estudio inició Eduard
Seler, se ven Mictlantecuhtli y Ehécatl, el Dios que mora en la oscu-
ridad (Yohualli) de la región de los muertos y el Dios del Viento y
la Vida, Quetzalcóatl, en su advocación de Ehécatl. En cuatro de
esas representaciones (dos en cada uno de los códices Borgia y Va­
ticano b), ambas deidades están como unidas, dorso con dorso,

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17. Rostro en barro, dualidad vida y muerte. Procede de Tlatlilco, Estado de
México, periodo preclásico, hacia 1000 a. C., y es una de las más antiguas
alusiones a este concepto. Museo Nacional de Antropología, México

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18. Tezcatlipoca, rojo y negro, en la doble escena que aparece en el Códice
Borgia, p. 21. Arriba, Tlatlauhqui Tezcatlipoca, el rojo, como un mercader,
marcha hacia el oriente. El Yayauhqui Tezcatlipoca, el negro, le sale al encuentro,
armado y en actitud desafiante. Abajo, en una especie de continuación de la
dialéctica divina, Tlatlauhqui Tezcatlipoca, el Tezcatlipoca Rojo, Tezcatlanextia,
“El que hace brillar a las cosas”, se enfrenta en un juego de pelota con
Yayauhqui Tezcatlipoca, el de color negro, “El que las oculta con su humo”

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19. Dualidad muerte-vida, representada por Mictlantecuhtli, Dios de la Región
de los Muertos, y Ehécatl, Dios del Viento, rodeados de los signos de los días
y dos series de doce puntos, arriba y abajo, que fungen como multiplicadores
en la cuenta del tonalpohualli, sistema de 260 días. Vida y muerte están
siempre presentes en los destinos humanos. Códice Borgia, p. 56, reproducción
del comentario de Eduard Seler

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20. Otra representación de Mictlantecuhtli y Ehécatl, simbolizando la dualidad
vida-muerte, con los glifos de los días. Códice Vaticano b, p. 75

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21. Numerosas imágenes de la muerte aparecen en el Códice Laud, p. 17v-22v.
Aquí, página 3v, en el ángulo inferior derecho, Mictlantecuhtli y Ehécatl, en
compleja interacción en la que se involucran dos serpiente que se integran
respectivamente al cuerpo de cada deidad, parecen atrapar a un ser en parte
descarnado. Podría interpretarse la escena como evocación de la lucha entre
la vida y la muerte en la que se ven envueltos los seres humanos

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22. Representaciones de la dualidad divina: Ometéotl-Tonacatecuhtli, el dios
dual, Señor de Nuestra Carne, frente al monstruo de la tierra, Cipactli. Encima
se ve a la primera pareja humana en su lecho. Códice Borgia, p. 9

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23. Entre los varios conjuntos de “parejas divinas” que se representan en el
Códice Borgia se hallan estas seis. De arriba a abajo y de izquierda a derecha
son: Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, Señor y Señora de la Región de los
Muertos; Xochiquétzal y Xochipilli, dioses preciosos del Amor y las Artes;
Cintéotl y Chicomecóatl, Señor y Señora del Maíz; Tláloc y Chalchiuhtlicue,
Señor y Señora de las Aguas Celestes y Terrestres; Pahtécatl y Mayahuel, Diosa
y Dios del Pulque; Tonacacíhuatl y Tonacatecuhtli, Señora y Señor de Nuestra
Carne. Códice Borgia, p. 57

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24. En esta página, la 37 del Tonalámatl de los pochtecas (Códice Fejérváry-
Mayer), se ven en su mitad inferior dos parejas divinas. Forman ellas parte
de un conjunto de seis parejas, incluidas en las páginas 35-37, que presiden
el desarrollo completo de un tonalpohualli o cuenta de los 260 días. Así se
denota la presencia de la dualidad divina en todos los momentos del tiempo.
A la derecha aparecen, unidos por la espalda, Piltzintecuhtli-Tonatiuh, dios
solar joven, con Xochiquétzal, la diosa preciosa del Amor y las Artes. A la
izquierda: Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, Señor y Señora de la Región de los
Muertos

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Filosofía Nahuatl--FUERA DE [Link] 24 19/01/2017 [Link] p.m.


¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 481

integrando la realidad contrastante pero al fin esencial —tantas


veces evocada en los huehuehtlahtolli y los cantares— de la vida y
la muerte (figuras 19 y 20).
En el Laud (p. 11), la dualidad, subrayándose más el aspecto
oscuro de la muerte, aparece, espalda con espalda, Mictlantecuhtli
con otra figura que es la de un mono, en parte también descarnado,
pero que es evocación de la vida. A su vez, en la p. 3v del mismo
códice se contempla una escena en la que reaparece el mismo mono,
también en parte descarnado, con el que se entrelazan —en com-
pleja interacción con dos serpientes— Ehécatl y Mictlantecuhtli. Di-
ríase que la escena es evocación de la lucha que en su ser conllevan
los humanos entre la vida y la muerte (figura 21).
Como en ningún otro códice prehispánico, el Laud ofrece en
sus páginas varias secuencias en las que Mictlantecuhtli, en compa-
ñía varias veces de Mictlancíhuatl, actúa en relación con los vivien-
tes. En el considerable número de textos en náhuatl en los que de
tantas formas se evoca a la muerte, hay algunos que pueden adu-
cirse como “descodificaciones” de lo que pictoglíficamente se repre-
senta. Mucho es lo que podrá ahondarse atendiendo a la relación
de monumentos en piedra o barro, códices y textos en náhuatl, a
propósito del tema de vida-muerte.
Hay textos, como el que se cita en este libro (capítulo ii) toma-
do de los Anales de Cuauhtitlán o el que procede de la Historia tol­
teca-chichimeca (capítulo iii), en los que se establece de manera
explícita otro género de relaciones, las que existen entre la dualidad
divina y las que podrían tenerse como “parejas” de dioses conside-
rados como seres aparte.
Ofrecen varias páginas del Códice Borgia (57-60) dos importan-
tes y complejos conjuntos de representaciones de parejas divinas,
el primero de seis y el segundo de veinticinco. Pueden ellas consi-
derarse como una especie de “letanía” en la que —según lo enuncian
en forma más breve los textos en náhuatl a que he aludido— apa-
recen diversos atributos de la dualidad. Importa notar que este con-
junto de parejas, con señalamientos glíficos de sus relaciones espacio-
temporales, se incluye en el Borgia inmediatamente después de la
ya citada doble efigie Mictlantecuhtli-Ehécatl, símbolo de la dualidad
en cuanto vida y muerte.

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LA FILOSOFÍA NÁHUATL_3as-[Link] 481 20/01/2017 [Link] p.m.


482 FILOSOFÍA NÁHUATL

El primer conjunto de seis parejas se inicia en el ángulo inferior


derecho de la página 57. Allí aparecen Tonacacíhuatl y Tonacatecuhtli,
Señor y Señora de Nuestra Carne y de los Mantenimientos, mani-
festación por excelencia de la dualidad que engendra, concibe y crea.
El glifo de Cipactli, lagarto, primero del tonalpohualli, la cuenta de
los días y los destinos, la relaciona con el origen e inicio de todas
las cosas. Tonacacíhuatl lleva a cuestas una figura que representa a
Quetzalcóatl; Tonacatecuhtli otra con rasgos de un mono. En el Laud,
según vimos, un mono ocupa el lugar de Ehécatl. Varios textos se
incluyen en este libro (capítulos II y III) en los que se habla de la
relación primordial de Quetzalcóatl-Ehécatl con la suprema dualidad.
Esto lo corroboran, como se mostró ya, el Rollo Selden y el Códice
Gómez de Orozco, del ámbito mixteco (figura 23).
No corresponde a este lugar la descripción detallada de cada
una de las parejas que integran este primer conjunto de seis; diré
sólo, tomando en cuenta lo expuesto por Seler,24 que constituyen
ellas otras tantas presencias de la dualidad en los cuatro cuadrantes
cósmicos y en las regiones superior y del inframundo: Tonacatecuh­tli-
Tonacacíhuatl, según vimos, en el oriente; Patécatl-Tlazoltéotl en el
norte; Cintéotl, en cuanto dios y diosa del maíz, en el poniente;
Tláloc-Chalchiuhtlicue al sur; Mictlantecuhtli-Mictlancíhuatl en el
inframundo, y Xochipilli-Xochiquétzal, en cuanto jóvenes dioses,
solar y lunar, en la región de los estratos celestes.
Con algunas variantes, este mismo conjunto de parejas, con sus
correspondientes glifos calendáricos y señalamientos espaciales se
presenta en el Tonalámatl de los pochtecas (p. 35-37) y, con más
acentuadas diferencias, en el reverso del Códice Porfirio Díaz, pro-
cedente del ámbito cultural cuicateco de Oaxaca (figura 24).
Entre los textos nahuas, de variadas compilaciones, que son
asimismo evocación de parejas divinas que pertenecen al conjunto
de manifestaciones de la dualidad, recordaré uno, comentado en el
presente libro, en el que se nos muestra al sacerdote Quetzalcóatl
haciendo imploración:

24
 Eduard Seler, op. cit., t. ii, p. 141.148.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 483

Quetzalcóatl invocaba,
tenía como dios, imploraba
a quien está en el interior del cielo,
a Citlalinicue, Citlallatónac,
La del faldellín de estrellas, El que hace lucir las cosas;
Tonacíhuatl, Tonacatecuhtli,
Señora de Nuestra carne, Señor de Nuestra carne;
Tecolliquenqui, Yeztlaquenqui,
La que está vestida de negro, El que está vestido de rojo;
Tlallamánac, Tlalíchcatl,
La que ofrece sostén a la tierra, El que es algodón de ella.
Y hacia allá dirigía sus voces,
así se sabía,
hacia el Omeyocan, Lugar de la Dualidad.25

Entre las advocaciones coincidentes están la primordial de To­


nacatecuhtli-Tonacacíhuatl; la que apunta a la noche, Citlalinicue, y
al Sol, Citlallatónac, que se equiparó con los jóvenes dioses lunar
y solar, así como la mención, expresa en el texto, de la dualidad,
reiterada de tantas formas en el Códice Borgia. Otros textos nahuas,
que también se citan en el presente libro, correlacionan a su vez a
la dualidad con las otras parejas, que aparecen en los conjuntos de
seis y veinticinco parejas divinas así como en otros agrupamientos
de los Códice Vaticano b y Laud. Las parejas que así se correlacionan
son: Tláloc-Chalchiuhtlicue (en Historia de los mexicanos por sus pin­
turas); 26 Cintéotl, como dios-diosa del maíz (Veinte himnos sacros),27
y Mictlantecuhtli-Mictlancíhuatl (Códice florentino).28
Así como en el segundo conjunto, el de las veinticinco parejas
divinas, que registra el Borgia (p. 58-60), se reiteran varias que apa-
recieron antes y se presentan otras, algo muy semejante ocurre en
los textos nahuas. En ellos las interrelaciones con la Dualidad su-

25
 Anales de Cuauhtitlán. Véanse la versión y el comentario de este texto en el
capítulo ii, p. 134-137, del presente libro.
26
 Historia de los mexicanos por sus pinturas, en op. cit., p. 233.
27
 Veinte himnos sacros de los nahuas, introducción, paleografía, versión y co-
mentarios de Ángel María Garibay K., México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Instituto de Historia, Seminario de Cultura Náhuatl, 1958, p. 134-137.
28
 Códice florentino, v. ii, lib. vi, f. 14v.

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484 FILOSOFÍA NÁHUATL

prema son muy variadas. Por ejemplo, acudiendo a los textos nahuas
citados en el presente libro, vemos que expresamente se dice que
Ometéotl, el Dios dual, es Tezcatlipoca-Tezcatlanextia, Espejo que ahúma-
Espejo que ilumina (Historia tolteca-chichimeca); es también Hue­
huetéotl-Xiuhtecuhtli, Dios Viejo-Señor del Fuego, “tendido en el
ombligo de la Tierra”, como en la primera página del Tonalámatl de
los pochtecas (texto del Códice florentino), y “el que habita en las
sombras de la Región de los muertos”, Mictlantecuhtli-Mictlancíhuatl
(Códice florentino).
Otro importante elemento, en el que hay convergencia entre lo
aportado por esculturas, pinturas, códices y textos en náhuatl, es el
de la coparticipación en atributos, en el sentido de que una deidad
ostenta con frecuencia, en nueva forma de dualidad, con sus rasgos
más característicos, algunos que corresponden a otra. Numerosos
análisis iconográficos, a partir sobre todo de los trabajos de Seler,
ponen esto de manifiesto. En lo que concierne a los textos, la lec-
tura y análisis de los Veinte himnos sacros, incluidos en los Códices
matritenses y Florentino, será suficiente para convencerse de que en
ellos se expresa algo muy semejante. Daré unas muestras. En el
himno iv, Teteu innan, la Madre de los dioses, es a la vez Itzpapalotl,
Mariposa de obsidiana; es moquizican Tamoanchan, la que viene de
Tamoanchan, es decir, la compañera de Tláloc, Chalchiuhtlicue, y
también Tlaltecuhtli, Señora-Señor de la Tierra.
En el himno viii, Xochipilli, Príncipe flor, es Cintéotl, Diosa-dios
del maíz; y es también Tlamacazqui in Tlalocan, el Ofrendador de
Tlalocan, es decir Tláloc.
A su vez en el himno xiii, Cihuacóatl, Serpiente femenina o Me-
llizo femenino, es Cuauhtli y Yaocíhuatl, Águila y Mujer guerrera;
Quilaztli, la que fomenta las plantas comestibles, y Tonan, Nuestra
Madre, Chalmecatecuhtli, Señora-Señor de Chalma.
Un último ejemplo. En el himno xx, Macuilxóchitl, el dios de
nombre calendárico 5-Flor, se describe a sí mismo como proceden-
te de Xóchitl ihcacan, “Donde se yerguen las flores”, o Xochitlalpan,
Tierra Florida, Tlalocan, y se identifica enseguida como tlamacaz(qui),
Ofrendador, título de Tláloc; Ehécatl, Deidad del Viento, y Tlapco­
yoale, Dueño de la noche que se va enrojeciendo, es decir, del alba.
Este Macuilxóchitl, poseedor de tantos atributos, dialoga con la Diosa

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 485

Madre, en cuanto abuela de los dioses, y la llama Noci, Abuela mía.


Como encontrando en ella el complemento que requiere su ser dual,
la nombra Tlahuizcocale, Dueña de la casa del alba, Señora del ama-
necer, y establece enseguida una especie de diálogo paralelo entre
Tetzauhtéotl, Totecuyo, Tezcatlipoca, El dios portentoso, señor nuestro,
Tezcatlipoca, y Cintéotl, diosa-dios del maíz.
Lo que he presentado acerca de la dualidad confirma la conver-
gencia de expresiones en las que con sentido crítico podemos tener
como fuentes. Los textos en náhuatl, recogidos y transcritos alfa-
béticamente, conllevan a veces interpolaciones u otras modificacio-
nes de influencia europeo-cristiana, que el examen crítico debe
identificar; pero en su mayoría concuerdan con el núcleo de lo que
aparece en los códices y en la iconografía de los monumentos
que llamamos arqueológicos. Las reiteradas afirmaciones en los
hue­hueh­tlahtolli, en los cuícatl y aun en algunas formas de ihtoloca,
“lo que se dice” del pasado, acerca de Nuestra Madre, Nuestro Pa-
dre, y la pluralidad de sus atributos y formas de invocación, se des-
prenden, como de su propia raíz, de lo que nos muestran pictoglí-
ficamente los códices prehispánicos que se conservan.
Los antiguos nahuas —podríamos decir los mesoamericanos—
concebían los cuadrantes de su espacio cósmico, el ombligo del
universo, los estratos superiores y los del inframundo, así como las
secuencias del tiempo, permeados, o mejor, sin cesar vivificados,
por la omnipresencia de la Dualidad que, de incontables formas,
actúa siendo Tloqueh, Nahuaqueh, Ella-Él cuyo atributo es estar cer-
ca, estar junto.
No resulta, por esto, extraño encontrar en otro género de testi-
monios, los tocantes a la organización sociopolítica prehispánica,
una nueva manera de convergencia. Es cierto que no disponemos
acerca de esto testimonios anteriores a la Conquista, pero, en cam-
bio, contamos con algunos textos en náhuatl que hablan de ello y
de lo que afirman haber visto e inquirido, como materia que mucho
les interesó, algunos cronistas españoles y funcionarios reales como
Alonso de Zorita. Concuerdan ellos en afirmar que al supremo go-
bernante asistía un Cihuacóatl, “Mellizo femenino”, funcionario en
el que se reproducía el aspecto complementario de la dualidad re-
ferido aquí a la administración estatal. Otro tanto puede decirse de

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486 FILOSOFÍA NÁHUATL

la existencia de dos supremos sacerdotes, los Quequetzalcóah. Y, para


no alargarnos, bastará con recordar las múltiples referencias que
hay a la estratificación social básica, asimismo dual: la de los mace­
hualtin, gente del pueblo, y la de los pipiltin, “los de linaje” (píllotl).
De las atribuciones de unos y otros —y de las variantes que había
dentro de esos dos estratos básicos— existe abundante documenta-
ción, derivada de lo que contemplaron los que inquirieron para im-
poner un nuevo orden jurídico. De hecho, no pocos pipiltin, ya
entrada la etapa colonial, produjeron papeles en abundancia para
hacer valer ante la Corona prerrogativas que afirmaban correspon-
dían en exclusiva a sus antepasados. De entre esos pipiltin hubo
algunos que denunciaron a comunidades de macehualtin que, a su
juicio, pretendían arrogarse lo que no les correspondía. Los pipiltin
—en paralelo a la divinidad— se describen a sí mismos en varios
textos como nantli, tahtli, madre, padre, del pueblo; póchotl, ahuéhuetl,
árboles frondosos como la ceiba y el sabino, a cuya sombra viven los
macehualtin. Éstos, por su parte, son presentados como cuitlapilli,
atlapilli, cola, ala; quauhqui, leñador, elemicqui, labrador de la tierra.
Estas expresiones provienen de los huehuehtlahtolli, de los que
hay tres recopilaciones diferentes. Una de ellas —según lo afirmó el
oidor Alonso de Zorita, “que unos indios principales... los escribie-
ron e ordenaron en su lengua..., y los sacaron de sus pinturas que
son como escritura e se entienden muy bien por ellas”—,29 conver-
giendo en sus testimonios con las otras recogidas en tiempos y lu-
gares diferentes, proporcionan a la vez otro argumento en apoyo de
su autenticidad. Con esta sumaria recordación de cómo la dualidad
llegó a reflejarse en las formas de organización social y política con-
cluyo lo referente a este segundo tema o punto de interés funda-
mental para el conocimiento del pensamiento nahua.

Significación de los destinos humanos

Sabido es que, entre los libros o códices prehispánicos de Me­


soamérica, había unos, de constante consulta, que se nombraban

29
 Zorita, op. cit., p. 68.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 487

tonalámatl, “papeles de los días-destinos”. Mucho llamaron ellos la


atención de los frailes misioneros, que se propusieron ahondar en
su conocimiento, pues veían que los indígenas normaban sus vidas
en función de la “lectura” e interpretación de lo que allí se contenía.
El meollo de tales libros lo constituía el tonalpohualli, cuenta de
los días-destinos, es decir un sistema de cómputo del tiempo sobre
la base de 260 días. Ese cómputo, sobre cuyo origen hasta hoy se
sigue especulando, guardaba estrecha relación con el calendario
solar de 365 días. Integrado el tonalpohualli por veinte trecenas de
días (20 x 13 = 260), se estructuraba en función de las combina-
ciones de veinte signos y trece numerales. Las mismas combinacio-
nes numeral-signo eran las que daban nombres a los días a lo largo
del año y a los años mismos. Siendo obvio que en un mismo año de
365 días habrían de repetirse 105 de las 260 combinaciones posibles
de los numerales y signos, para establecer la requerida distinción,
los nahuas, mixtecos y otros añadían siempre el nombre de otra
división temporal, el metztli o veintena de días (18 metztli de 20
días + 5 días nemontemi al final = 365 días).
La posibilidad de que se repitieran las posiciones de las distintas
combinaciones numeral-signo del día, dentro de una misma vein-
tena o metztli en el transcurso de los años, sólo ocurría concluido
un ciclo de 52, al que llamaban Xiuhmolpilli, “atadura de años”.
El tonalpohualli, cuenta de los días-destino, dando nombre a
todos los días del año y a los años mismos que se designaban por
medio de cuatro de esos signos de los días-destino precedidos de los
numerales 1 a 13, permeaba con sus significaciones, que llamaremos
“astrológicas”, la plenitud del transcurrir temporal. El examen de los
tonalámatl o “papeles de los días-destinos”, según la cuenta de 260,
es el camino para enterarse de lo que son o pueden ser esas signifi-
caciones.
En los tonalámatl que se incluyen en códices como el Borgia,
Laud, Vaticano b, Cospi, de los Pochtecas, Borbónico, de Aubin y otros
varios de tiempos posteriores, se presentan diversas formas de de-
sarrollo del tonalpohualli o cuenta de los 260 días-destinos. Dichos
desarrollos, registrados por medio de glifos, aparecen a veces acom-
pañados de pinturas que representan diversas deidades protectoras,
ritos, objetos de culto y sacrificio, y, en algunos casos, “los trece

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488 FILOSOFÍA NÁHUATL

volátiles” y las nueve aves nocturnas, que se han relacionado con


las horas del día y de la noche, y otros “acompañantes”, incluyen-
do las representaciones de escenas que evocan determinadas cir-
cunstancias en que ha de hacerse la lectura o consulta de la cuenta
de los días-destinos (figuras 25-28).
Las consultas o lecturas en los libros (tonalámatl) en los que se
registraba de muy diversas formas el desarrollo del tonalpohualli, la
cuenta de los días-destinos, se llevaban a cabo para conocer cuáles
eran los atributos, buenos, malos o indiferentes, de una fecha de-
terminada. En la búsqueda de ello, los sacerdotes tonalpouhque, los
que dicen o esclarecen los destinos de los días, debían tomar en
consideración numerosos factores, tales como cuál era la trecena
en que se situaba el día en cuestión, qué orientación cósmica tenía,
qué signos entraban en combinación, bajo la influencia de cuál o
cuáles deidades se hallaba y otros muchos elementos más.
Las connotaciones del vocablo tonalli —clave en la suma de con-
ceptuaciones que han de “descodificar” en cada caso los tonalpouh­
que— son en sí mismas extremadamente complejas. Además de sig-
nificar “día” con los sentidos de “luz y calor”, derivados del verbo
tona que Alonso de Molina traduce en su Vocabulario como “hacer
calor o sol”, tonalli denota también el concepto de “signo del día”
y, derivado de ello, el destino que le es propio. Aplicado esto a los
seres humanos, te-tónal, es “lo que corresponde a alguien”. Lo mis-
mo se expresa en esta frase de un huehuehtlahtolli citado por Rémi
Siméon en su Diccionario, no-tónal ipan in nitlácat, “el signo [del
día] en el cual ha nacido”.30
Apuntando a la íntima relación del tonalli con el destino y el
ser mismo de cada ser humano, un texto incluido en el Códice ma­
tritense dice que: “Desde el treceavo cielo a nosotros los humanos,
de allá nos viene to-tónal, nuestro tonalli, destino. Cuando se aco-
moda, cae cual llovizna [en el vientre materno] el niñito, de allá
viene i-tónal, su destino, lo envía el Señor de la dualidad.”31
La importancia de los tonal-ámatl, en los que los tonalpouhque
buscaban esclarecer los atributos del tonalli que correspondía a cada

30
 Rémi Siméon, Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana, versión de Jose-
fina Oliva de Coll, México, Siglo xxi, 1977, p. 716.
31
 Códice matritense de la Real Academia, f. 175v.

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25. Décima cuarta trecena del tonalpohualli, cuenta de los días y los destinos,
incluida en el Códice borbónico. La figura principal representa a quien la
preside, el dios Xippe Tótec, Nuestro Señor el Cubierto con la Piel de la Víctima
Desollada, que a la vez ostenta rasgos comunes con Tezcatlipoca. Denota esto
que los dioses se van trasmutando de acuerdo con el transcurrir de los días
y los destinos. En este códice los signos de los días, acompañados de sus
numerales, principian en la franja inferior y continúan en la que está contigua
a la figura del dios y la serpiente. La otra hilera de signos, arriba de los días
y a la derecha de la columna vertical con los otros días, corresponde a los
trece volátiles, señores de las horas y divisiones del día, cuya influencia debe
correlacionarse con la de los destinos de que son portadores los días. Códice
borbónico, p. 14

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26. El tonalpohualli, cuenta de los días y los destinos, puede interpretarse y
desarrollarse de muchas formas, como lo muestran los códices que se
conservan. Aquí aparece el tercer cuarto de un tonalpohualli que se inicia con
el día 1-Venado que se halla en el extremo inferior de la columna de la
derecha. Los pies que aparecen indican el amoxohtoca, es decir cómo hay que
“seguir el camino del códice”. Las imágenes en las franjas más anchas, arriba
y abajo, muestran deidades, ofrendas y formas de aconteceres con los que
guardan relación los correspondientes días-destinos. Códice Borgia, p. 5

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27. Otra forma de presentación de un tonalpohualli la ofrece esta página del
Tonalámatl de Aubin. En su ángulo superior izquierdo, como en el Códice
borbónico, está la deidad que preside la trecena de días, aquí la diosa Itzpapálotl,
Mariposa de Obsidiana. Se halla frente a un árbol que se ha interpretado
como de Tamoanchan. Se ven varias ofrendas y una figura humana con dos
cabezas de serpiente, una alusión a la dualidad. Los cuadretes del borde
exterior de la página, tanto arriba como abajo, registran los signos de los días,
el primero de ellos 1-Casa, en el extremo superior derecho. Los cuadretes
intermedios, en la columna de arriba y en la hilera de abajo, incluyen los
trece señores de las divisiones del día, y los que se hallan inmediatos a la
figura de Itzpapálotl, los trece volátiles, que se completan con cuatro que se
continúan en la misma hilera hasta el extremo de la hoja. Sus influencias se
han de combinar con las de los días-destinos en la “lectura” de esta hoja del
tonalpohualli. Tonalámatl de Aubin, p. 15

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28. Escena en que aparece Tláloc, Dios de la Lluvia, circundado por los veinte
signos de los días, indicándose así que en todos ellos ejerce su influencia.
Otras deidades aparecen en el mismo códice y en otros como el Borgia, el
Vaticano b y el Tonalámatl de los pochtecas, representadas en su relación
intrínseca con los destinos de los diversos periodos de tiempo y abarcando
todos los signos de los días. Así, por ejemplo, en la última página del Tonalámatl
de los pochtecas aparece Tezcatlipoca en efigie de hechicero, circundado por
una cuenta completa de los días, sus veinte signos y sus correspondientes
numerales. Tal conceptualización muestra la idea de la omnipresente
vinculación del ser humano con el universo divino del que provienen los
destinos. Códice Laud, p. 3v

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 489

ser humano, desde su nacimiento hasta su muerte, se torna cierta-


mente comprensiva a la luz del texto citado. En función de to-tónal,
nuestros tonallis, el que corresponde a cada uno, los seres humanos
se interrelacionan existencialmente con cuanto existe en el universo
de las fuerzas divinas que se tornan presentes de múltiples formas
en la tierra en la que viven y actúan mujeres y hombres.
Precisamente por esto las consultas en los tonalámatl interesan
a todos de manera vital. A través de esas consultas se busca encon-
trar respuestas a preguntas que conciernen al destino del hombre
en la tierra y en el más allá. Tales consultas con los tonalpouhque se
hacían sobre todo en relación con momentos y aconteceres tenidos
como primordiales a lo largo del ciclo vital. Ello abarcaba tanto el
existir de las personas como los momentos considerados trascen-
dentales en el acontecer de la comunidad y el funcionamiento del
Estado. Se consultaba así sobre el destino del que nacía; del que
luego recibía un nombre con connotaciones calendáricas; de los
que ingresaban en las escuelas; de aquellos que, ya como jóvenes
formados, emprendían su primera acción formal en sus vidas, como
guerreros, mercaderes, artesanos, labradores, sacerdotes, magistra-
dos...; o para conocer qué destino podía augurarse a quienes iban a
contraer matrimonio. En el contexto social y político se inquiría
para saber cuándo debía procederse a la elección de un funcionario
o de un supremo gobernante; o al envío de una embajada; la ini-
ciación de una guerra..., la ubicación del momento propicio para
apaciguar a la divinidad en ocasión de una hambruna o una peste;
la celebración de una fiesta para dar gracias por una victoria o ha-
cer las exequias de quienes perdieron la vida en la lucha...
En casos como estos y en otros muchos, la consulta para escu-
driñar acerca del destino o destinos de que eran portadores las car-
gas del tiempo se llevaba a cabo como un requerimiento vital e
imprescindible que respondía a una urgencia de alcances metafísi-
cos. Era, por así decirlo, la realización de un anhelo por asomarse
al universo de lo divino, del que procede cuanto determina el exis-
tir de los seres humanos en la tierra.
Así como se conservan los ya mencionados códices prehispáni-
cos, portadores de diversos desarrollos del tonalpohualli, existen
varios textos en náhuatl y en castellano que se presentan como

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490 FILOSOFÍA NÁHUATL

“lecturas” del contenido de algún o algunos tonalámatl. A este gé-


nero de textos pertenecen los que reunió Bernardino de Sahagún y
le permitieron integrar el libro iv del Códice florentino, que intituló
De la arte adivinatoria. Asimismo deben citarse los capítulos que
dedican fray Toribio de Benavente Motolinía al tonalpohualli en sus
Memoriales,32 fray Diego Durán en su Historia de las Indias de Nue­
va España,33 el doctor Jacinto de la Serna en su Manual de ministros
de indios,34 y Hernando Ruiz de Alarcón en su Tratado.35
La confrontación de los referidos textos en náhuatl del Códice
florentino con secuencias pictoglíficas de varios tonalámatl muestra
que entre unos y otros existe una relación que puede describirse
como la de una “lectura” o descodificación, por medio de la palabra,
de aquello que expresan los signos glíficos y las pinturas del códice.
Como ejemplo de esto citaré la edición que he publicado del Tona­
lámatl de los pochtecas (Códice Fejérváry-Mayer, 1985) en la que
aduzco numerosos textos del libro iv del Florentino que pueden te-
nerse como comentarios de lo que se ofrece pictoglíficamente en
determinadas páginas del manuscrito prehispánico.
En lecturas o comentarios que se conservan en náhuatl acerca
de determinados días-destinos es patente el propósito, por no decir
anhelo, de adentrarse en el universo misterioso como la Noche y
el Viento, del que se deriva todo cuanto determina, bueno o malo, el
existir de mujeres y hombres en la tierra.
Concentrándonos en esta preocupación existencial entre los
nahuas, conocida sobre todo por los códices del género de los to­
nalámatl, cabe demandarse si han llegado hasta nosotros algunos
otros testimonios que nos hablen de ella. Además de las “lecturas”
y comentarios del contenido de los tonalámatl, como los aludidos
del Códice florentino y otros textos del siglo xvi, se conservan dos

32
 Fray Toribio de Benavente Motolinía, Memoriales, editados por Luis García
Pimentel, México, 1903, p. 35-58.
33
 Durán, op. cit., t. ii, p. 215-293.
34
 Jacinto de la Serna, “Manual de ministros de indios, para el conocimiento
de sus idolatrías y extirpación de ellas”, en Anales del Museo Nacional de México,
México, Imprenta del Museo Nacional de México, 1900, t. vi, p. 261-476.
35
 Hernando Ruiz de Alarcón, Tratado de las supersticiones y costumbres gentí­
licas que hoy viven entre los indios naturales desta Nueva España, introducción de
María Elena de la Garza, México, Secretaría de Educación Pública, 1988.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 491

grandes conjuntos documentales en los que, de muchas formas,


afloran de continuo las preguntas acerca del propio destino en la
tierra y después de la muerte. Me refiero a las colecciones que exis-
ten de huehuehtlahtolli, testimonios de la antigua palabra, y de cuí­
catl o cantares.
Aunque no disponemos de códice alguno, tal como un cuicámatl
u otros de los que hablan al oidor Zorita y Sahagún en que picto-
glíficamente se contenía el meollo de los cantares o de los huehueh-
tlahtolli, hay varios criterios que pueden aplicarse para valorar la
posible autenticidad de las transcripciones que se conservan de
textos de estos géneros. Uno, que acabo de enunciar, es el de si guar-
dan o no afinidad con el género de preocupaciones de que dan
amplio testimonio los tonalámatl, “libros de los días y sus destinos”.
Otro se deriva de la existencia de varios manuscritos elaborados
independientemente como compilaciones de tales huehuehtlahtolli
y cantares. De poder comprobarse coincidencias o al menos grandes
semejanzas en algunas de las composiciones que en ellos se trans-
criben, habría en ello otro argumento de peso en favor de la auten-
ticidad prehispánica de las mismas.
Comenzaré atendiendo a los manuscritos en los que se recopi-
laron cuícatl en náhuatl. Sabido es que los dos principales son Can­
tares mexicanos, conservado en la Biblioteca Nacional de México, y
Romances de los señores de la Nueva España, en la Nettie Lee Benson,
Latin American Collection, de la Biblioteca de la Universidad de
Texas en Austin. Un examen detenido muestra que constituyen dos
recopilaciones, aunque afines, diferentes, llevadas a cabo en distin-
tos lugares de la región central, en su mayor parte, si no es que en
su totalidad, por indígenas. En el caso de Cantares mexicanos, quien
o quienes los reunieron y transcribieron estaban en relación con
algún religioso misionero, según lo hacen constar. En un lugar,
quien está transcribiendo un otoncuícatl (f. 6r) añade una nota di-
rigida a quien llama V. Rª. (Vuestra reverencia), al que califica ade-
más de “buen maestro”.
Respecto del otro manuscrito, quien lo ha publicado, Ángel Ma-
ría Garibay, aduce varias razones en apoyo de que su compilador
fue el cronista mestizo tezcocano Juan Bautista Pomar. Aunque no
es éste el lugar para adentrarnos en la compleja suma de temas y

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492 FILOSOFÍA NÁHUATL

cuestiones que plantean estos manuscritos, importa notar los si-


guientes puntos:
1) La mayoría de los cantos se ofrecen como anónimos, en sus
respectivas categorías xochicuícatl, xapancuícatl, yaocuícatl, icnocuí­
catl..., de casi todas las cuales habla asimismo Bernardino de Saha-
gún en el Códice florentino.36
2) Hay en ambos manuscritos algunos cantos que se atribuyen
a autores determinados, unos que vivieron en la época prehispáni-
ca y otros después de la Conquista. Dichas atribuciones —como lo
he mostrado con mayor detenimiento en el libro Fifteen Poets of the
Aztec World—37 pueden documentarse en varios casos como los de
Nezahualcóyotl, Nezahualpilli, Cuacuauhtzin, Aquiauhtzin de Aya-
panco, Ayocuan y Chichicuepon de Chalco... con apoyo en fuentes
de orígenes independientes.
3) En varios de estos cantares hay frases y palabras aisladas, bien
sea en castellano o en náhuatl, que denotan conceptos europeo-
cristianos. El examen crítico ha permitido identificarlas como in-
terpolaciones, algunas introducidas haciendo manifiesta violencia
al texto del respectivo cantar.
4) Aunque es verdad que es considerablemente variada la temá-
tica de estos cantares, hay en ellos no pocas recurrencias sobre cues-
tiones referidas al destino del hombre en la tierra, lo que puede ser
su merecimiento ante la divinidad, su misión en la tierra, vivir en
sufrimiento, alcanzar la amistad, posibles relaciones con el uni-
verso de las realidades divinas, la fugacidad de lo que existe, el poder
pronunciar palabras verdaderas, la inescapabilidad de la muerte, los
posibles destinos en el más allá y el no retornar jamás al lado de
los amigos una vez muerto.
5) Hay cantares anónimos o de autores conocidos en los que
una o varias de las cuestiones mencionadas son precisamente el
meollo de su temática. Otros hay, en cambio, en los que, en tanto
que se expresan palabras que connotan diversos sentimientos que
pueden ser de alegría, admiración o dolor, incluyen asimismo, a

 Códice florentino, v. i, lib. iv, f. 18r.


36

 Miguel León-Portilla, Fifteen Poets of the Aztec World, Norman, Oklahoma


37

University Pres, 1992.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 493

veces casi como una reflexión aparte, alguna de las preguntas o


cuestiones tocantes al destino o destinos del hombre en la tierra.
En tales casos podría decirse que el cuicapicqui, poeta que los
forjó, quiso con tales palabras de honda reflexión provocar la aten-
ción de los otros sobre temas que a todo ser humano conciernen.
Dichos temas son los que —según lo señalan varios testimonios de
orígenes distintos— eran objeto del discurrir de los sabios, los tla­
matinime. Y también esos mismos temas se hallan en el trasfondo
de las preocupaciones que, según hemos visto, movían a inquirir
sobre el propio destino, consultando a quien conocía el saber de
que eran portadores los tonalámatl, papeles de los días-destinos.
Por otra parte, el acercamiento a los huehuehtlahtolli, testimo-
nios de la antigua palabra, de los que se conservan varios conjuntos,
en particular los recopilados por Olmos hacia 1533-1536 y por
Sahagún hacia 1545, revela que, como meollo de su temática, rea-
parecen muy semejantes cuestiones que conciernen, de un modo o
de otro, a los destinos del hombre en la tierra y en Topan, Mictlan,
“Lo que nos sobrepasa y la Región de los muertos”.
Se expresa en ellos, por ejemplo, cómo han de obrar los jóvenes,
los maestros, médicos, parteras, funcionarios públicos y gobernan-
tes supremos si es que han de cumplir con el destino que a cada
uno de ellos corresponde. Se describe qué es lo bueno y lo recto y
aquello que hace perder su rumbo al corazón. Preocupación recu-
rrente es la de no acertar con lo que hará posible la realización del
propio destino. Se alude incluso en algunos huehuehtlahtolli a los
libros en los que se hallaba registrado el recuerdo de los antepasados
que cumplieron con lo que les fue asignado por Nuestra Madre,
Nuestro Padre, cuando su destino penetró en el vientre materno y
marcó para siempre lo que habrían de ser sus respectivas existencias.
Tal suma de preocupaciones convergentes, de las que dan testi-
monio los tonalámatl, e incluso algunos monumentos arqueológicos
en los que se representan seres humanos practicando diversos ri-
tuales de merecimiento ante la divinidad, así como no pocos cuícatl
y huehuehtlahtolli de procedencias distintas, muestra que dichos
textos pertenecen al mismo tejido cultural de Mesoamérica. El
que pueda haber en algunos de ellos interpolaciones o cualquier
otra forma de alteraciones no invalida su valor testimonial de la

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494 FILOSOFÍA NÁHUATL

tradición prehispánica. Exige, eso sí, la aplicación, en cada caso, de


la requerida crítica textual. Ya fray Bernardino de Sahagún respon-
dió a quienes, en su propio tiempo, sin entrar en precisiones, me-
nospreciaron tales testimonios:

En este libro se verá claro que lo que algunos émulos han afirmado,
que todo lo escripto en estos libros, antes deste y después deste son
fictiones y mentiras, hablan como apassionados y mentirosos, porque
lo que en este libro está escripto no cabe en entendimiento de hom-
bre humano el fingirlo, ni hombre viviente pudiera fingir el lenguaje
que en él está.
Y todos los indios entendidos, si fueran preguntados, afirmarían
que este lenguaje es el propio de sus antepasados y obras que ellos
hacían.38

Meollo del argumento esgrimido por Sahagún es que “no cabe


en entendimiento humano el fingirlo [es decir inventarlo]”, precisa-
mente “lo que en este libro está escripto” [la suma de los textos en
náhuatl que abarcan el Códice florentino y los Matritenses], así como
tampoco “pudiera fingir el lenguaje que en él está”. Al decir que
“hombre viviente” no podría inventar ni el contenido ni el lengua-
je de tales testimonios, obviamente se refiere a cualquiera que no
tuviera como propia a la cultura nahua. En otras palabras, Sahagún
reafirma así que los textos recogidos por él son tan característicos
del pensamiento nahua que fingirlos o inventarlos equivaldría a
forjar una cultura. Ello obviamente “no cabe en entendimiento hu-
mano”. La contraprueba la ofrece el hecho de que pertenecen a la
trama y la urdidumbre del tejido cultural en el que vivían “todos los
indios entendidos [que], si fueran preguntados, afirmarían que este
lenguaje es propio de sus antepasados y obras que ellos hacían”.

A modo de conclusión

Hemos atendido a tres temas principales en el pensamiento prehis-


pánico de los nahuas: su concepción del espacio-tiempo, la dualidad

38
 Códice florentino, v. ii, lib. vi, folio preliminar.

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¿NOS HEMOS ACERCADO A LA ANTIGUA PALABRA? 495

y sus preocupaciones acerca del destino de los seres humanos. Cons-


tituyen ellos el núcleo de la temática de este libro.
La confrontación más amplia que he hecho ahora de los textos
que aquí presento y comento —desde que apareció por primera vez
la Filosofía náhuatl en 1956— con los testimonios paralelos de mo-
numentos arqueológicos y códices prehispánicos muestra la rela-
ción estrecha que existe entre todas estas expresiones. Es cierto que
los textos en náhuatl, recogidos y transcritos alfabéticamente des-
pués de la Conquista, fueron obtenidos a través de un proceso de
registro de la oralidad. Pero también es verdad —según lo hemos
comprobado— que la oralidad no sólo náhuatl, sino en general me-
soamericana, estuvo enraizada o afincada en las inscripciones y los
códices pictoglíficos.
Si damos fe a los testimonios de Olmos, Motolinía, Durán, Sa-
hagún, Landa, Burgoa —y no hay razón para negársela, al menos en
esto— los mesoamericanos preservaban y trasmitían oralmente sus
conocimientos acudiendo al contenido de sus libros. Amoxohtoca,
“seguir el camino del libro”, era la forma de proceder en la desco-
dificación. No fue, por tanto, un mero transvasar la oralidad en
escritura lineal alfabética. Existían libros e inscripciones en Meso-
américa. La comparación que aquí he realizado, en forma más es-
pecífica, entre algunos textos que versan sobre los temas enunciados,
con el contenido de varios códices y otras inscripciones y elementos
iconográficos, revela que es posible afirmar en buena crítica que
esos testimonios en náhuatl provienen de una oralidad derivada
siempre del amoxohtoca, “seguir el camino del libro”, enunciar el
contenido del códice. Y conviene no olvidar que en el caso de los
mayas —cuyos monumentos con inscripciones así como sus códices
que también se han aducido— existió una escritura en toda la acep-
ción de la palabra.
Afinar un auténtico sentido crítico —filológico, lingüístico, his-
tórico…— debe ser la más importante consecuencia de las preocu-
paciones que han surgido en torno a la autenticidad de los textos
mesoamericanos transcritos con el alfabeto. Negar genéricamente
a priori su carácter testimonial equivaldría a imitar con veladas
pretensiones críticas, pero con parecida ingenuidad, a los émulos a
quienes Bernardino de Sahagún dio ya una respuesta contundente.

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496 FILOSOFÍA NÁHUATL

Tenemos textos que se derivan de los viejos amoxtli de los nahuas


y que son muestra del “lenguaje propio de sus antepasados y obras
que ellos hacían”. En cada caso, para valorar la autenticidad de su
relación con el pasado prehispánico, será necesaria su confronta-
ción con testimonios inobjetables: las inscripciones e imágenes en
monumentos arqueológicos y en los códices o amoxtli, únicos y
maravillosos libros del Cemanáhuac, “el conjunto de las tierras ro-
deadas por las aguas”, antes de que, con todos sus traumas, ocu-
rriera el encuentro con quienes venían de más allá de teóatl, “las
aguas inmensas”.

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