LOS 10 MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS
Un joven rico habla con Jesús
Un joven fue a ver a Jesús, y le preguntó:
16
—Maestro, ¿qué cosa buena debo hacer para tener vida eterna?
Jesús le contestó:
17
—¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Bueno solamente hay uno.
Pero si quieres entrar en la vida, obedece los mandamientos.
—¿Cuáles? —preguntó el joven.
18
Y Jesús le dijo:
—“No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de
nadie, 19 honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.”
FUENTE:
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BIBLIA DIOS HABLA HOY, EVANGELIO DE SAN MATEO CAPÍTULO 19,
VERSÍCULOS 16 AL 19
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Los Diez Mandamientos: un breve
resumen
1-AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
2-NO JURAR SU SANTO NOMBRE EN VANO
3-SANTIFICAR LAS FIESTAS
4-HONRAR A PADRE Y MADRE
5-NO MATAR
6-NO FORNICAR NI ADULTERAR
7-NO ROBAR
8-NO LEVANTAR FALSOS TESTIMONIOS NI MENTIR
9-NO DESEAR LA MUJER DEL PRÓJIMO
10-NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS
BREVE EXPLICACIÓN DE LOS 10 MANDAMIENTOS
EL DIÁCONO DOUGLAS MCMANAMAN
Los Diez Mandamientos en la Torá (Éxodo 20) son la formulación de los
preceptos (principios) básicos de la moral.
Los judíos y cristianos creen que Dios se los reveló a Moisés, a
pesar de que para entender el contenido de estos preceptos no se requiere una virtud
sobrenatural de fe como tal, sino que se entienden a través de la luz natural de la razón
humana. Veamos cada uno de ellos:
1. No tendrás otros dioses delante de mí: Como ya saben, es muy importante leer las
Sagradas Escrituras en su contexto histórico. Así, tengamos en mente que los judíos pasaron
años en Egipto y que cuando Moisés descendió del Monte Sinaí, los encontró en pleno
jolgorio; habían caído en la adoración de un dios egipcio, Apis, que está representado en el
panteón egipcio como un toro (Ex 32, 1ff). Apis era el dios de la fortaleza y fertilidad, es decir,
del poder y la riqueza.
Adorar algo es hacer que eso sea el centro alrededor del cual gira la vida. Hay muchas cosas
posibles en las que una persona puede centrar su vida. A pesar de que no encontramos hoy
en día a tantas personas que se inclinen frente a ídolos de oro, son pocas las que no tienen al
poder y la riqueza como su principal objetivo en la vida. Sin importar la forma que tome, la
violación del primer mandamiento, que es el pecado de la idolatría, no es más que egolatría;
dado que la búsqueda del poder y del dinero como meta principal es, en definitiva, la
búsqueda de uno mismo como centro de la propia vida.
2. No pronunciarás en vano el nombre del Señor: La forma principal de violar este
mandamiento es jurar utilizando el nombre de Dios: "... y que Dios me ayude" — invocando a
Dios como testigo de que estás diciendo la verdad — y luego mentir. Eso es jurar en falso. El
mandamiento también se viola cuando se utiliza el nombre de Dios como insulto,
habitualmente en respuesta a un enojo o simplemente mencionando el nombre de Dios en
forma frívola, sin ningún tipo de reverencia. Esto es "insultar" en el verdadero sentido de la
palabra. Decir palabrotas que no incluyen el nombre de Dios (por ejemplo, la palabra que
empieza con "m") no es lo mismo que insultar. Esto último es ciertamente desconsiderado y
un signo de falta de autocontrol, pero es mucho menos grave que insultar en el verdadero
sentido de la palabra.
3. Acuérdate del día sábado para santificarlo: Para los judíos, el Sabbath comienza el viernes
a la tarde y continúa a lo largo de todo el sábado. Para los cristianos, como Cristo resucitó de
entre los muertos un domingo, el Sabbath comienza el sábado por la tarde y continúa a lo
largo de todo el domingo. Para los judíos, la palabra 'sagrado' significa 'apartado'. El Sabbath
está apartado de los demás días como el día de adoración y contemplación. La vida consiste
en prepararnos para la vida eterna y la vida eterna es una vida de adoración y contemplación
eterna de Dios, tal como Él es en sí mismo. Ello se representa en la semana de trabajo de 7
días, que es un microcosmos siempre recurrente de la vida humana para recordarnos hacia
dónde estamos yendo. Cada día de la semana es un día de trabajo, pero nuestro trabajo está
ordenado hacia el 'descanso', que es el Sabbath (saba en hebreo es 'siete' y 'juramento' por el
cual nos comprometemos). El ocio es una actividad santa y la vía más elevada para el ocio es
la contemplación. La forma de contemplación más elevada es la que se dirige al ser superior,
que es Dios. En inglés, el término 'holiday', que equivale a feriado o día festivo, significa 'holy
day' o día santo. La cultura occidental ha perdido el sentido de esta noción de feriado como
día santo, que es el motivo por el cual durante esos días la gente se dedica más a consumir
que a adorar. El consumismo se ha transformado en la nueva religión y los centros
comerciales se han convertido en nuevas iglesias.
Sin importar la forma que tome, la violación del primer mandamiento, que es el pecado
de la idolatría, no es más que egolatría; …
4. Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu
Dios, te da: Tenemos una deuda para con nuestros padres, una deuda que no podremos
cancelar por completo. Sin embargo, estamos obligados a pagar esa deuda en la mayor
medida que podamos y eso se logra honrándolos. Honrar, para los judíos, significa 'glorificar'.
Estamos llamados a glorificar a nuestros padres, que se sentirán glorificados por nuestros
éxitos, porque nuestros éxitos se proyectan en ellos. Sin embargo, debemos tener cuidado en
la manera de definir el éxito, ya que este término ha pasado a significar una cantidad de cosas
diferentes para personas diferentes. Las buenas calificaciones, un trabajo bien pagado y la
prosperidad material son "éxitos" hablando en forma relativa, pero uno puede alcanzar
muchos logros en estas áreas y terminar siendo un fracaso moral. Eso sí que deshonra a los
padres. El éxito humano tiene más que ver con la integridad del hombre, que es un logro
moral. Los santos son un ejemplo de lo que significa tener un éxito genuino.
5. No matarás: La persona humana se crea a imagen y semejanza de Dios, es decir, a
imagen del "conocimiento y amor" o de la "mente y corazón". En otras palabras, un ser
humano es como Dios en la medida que es una persona que tiene la facultad de pensar y
elegir libremente. Todo lo demás que se encuentra en la creación, es decir, las plantas, los
animales, los minerales, existen para satisfacer sus necesidades. Por otro lado, Dios quiso
que la persona humana existiera por su propio bien y no como un instrumento del estado o
para que la usen los demás (por ejemplo, mediante la esclavitud en todas sus diversas
formas). Nos deshacemos de los instrumentos cuando ya no son necesarios (tiramos viejos
ordenadores, televisores, bolígrafos, relojes, etc. a la basura). Sin embargo, el valor de la
persona humana no puede calcularse en base a su utilidad, ya que ello implicaría reducirla a
un mero instrumento. La diseminación de esta mentalidad utilitaria en la cultura trae
aparejado un aumento en el número de asesinatos directos e indirectos (aborto, infanticidio,
eutanasia, fraude, asesinato de reputaciones, indiferencia hacia los enfermos, los que sufren y
los pobres, etc.).
En la medida que el mentiroso continúa mintiendo -dado que somos creaturas de
hábitos- se va perdiendo a sí mismo y, en algún punto, su pérdida termina siendo
prácticamente irreparable.
6. No cometerás adulterio: La comunidad primera e inmediata en la que nacemos es la
familia, que es la unidad fundamental de la sociedad, muchas veces comparada con la célula
del cuerpo humano. La familia comienza con el matrimonio y el matrimonio es santo. Es una
institución, o sea, una organización que existe para el bien público. En otras palabras, es más
que una amistad privada. Además, lo estableció Dios (ver Gn 2, 24). El matrimonio es la
entrega completa y mutua de dos personas, un hombre y una mujer. Como tal, es la unión de
dos en una sola carne, en un sólo cuerpo, ya que esta entrega es total, física, hasta la muerte,
exclusiva e indivisa y está ordenada a la generación de nuevas vidas. El acto de la unión
sexual es una expresión de esta unión en una sola carne. El adulterio es un acto de infidelidad
a las promesas matrimoniales y reduce el acto sexual a una mentira (uno se está uniendo a
alguien que no es su cónyuge). El precepto contra el adulterio incluye, dentro de su alcance,
a toda otra actividad sexual que se practique fuera del matrimonio.
7. No robarás: Un derecho siempre se corresponde con un deber, entonces si tienes el deber
de criar a tus hijos, de protegerlos, alimentarlos y educarlos, etc., tienes el derecho de contar
con los medios necesarios para cumplir con ese fin. Esto significa que tienes derecho a los
bienes que necesitas para cumplir con tu obligación, pero esos bienes deben comprarse y la
primera medida que debemos tomar para comprar esos bienes consiste en desarrollar nuestra
capacidad para generar riquezas (es decir, bienes y/o servicios). Para adquirir bienes, debes
hacer una operación convenida de mutuo acuerdo con terceros. Entonces, produces algo que
otra persona desea y por la que quiere pagar un precio (el dinero es simplemente un medio
artificial de intercambio). De este modo, por ejemplo, acuerdas fabricar una mesa (dado que
tienes la capacidad para hacerlo) con alguien que acepta pagar el costo de los materiales y la
mano de obra. Entonces, robar es tomar un bien que por legítimo derecho le pertenece a otra
persona. De este modo, si yo te robo, lo que estoy haciendo en definitiva es modificar los
términos de tus acuerdos con otras personas. Por ejemplo, ganaste $100 como resultado de
una operación convenida de mutuo acuerdo relacionada con tu oficio (por ej. carpintería,
contaduría o enseñanza, etc.), pero yo tomo ese dinero cuando no estás mirando. En
esencia, lo que hice es que he decidido, sin tu permiso o conocimiento, que tú fabricarás esa
mesa para él, pero que él me pagará a mí por ella. Esa conducta viola la justicia.
8. No levantarás falso testimonio: Un mentiroso es una persona en la que no se puede
confiar. Es alguien que lleva una división dentro de él es decir, un grado de desintegración.
La mentira es una violación inmediata de la "integridad"; dado que existe una separación entre
lo que aparece en las palabras del mentiroso y lo que está en su mente. A pesar de que la
verdad está en su mente, no lo está en sus palabras. Sin embargo, el hombre fue creado a
imagen y semejanza de Dios, quien está absolutamente unido a sus Palabras y es por ese
motivo que todo comienza a existir a través del poder de su Palabra: "Dios dijo: «Haya luz», y
hubo luz...". Por consiguiente, debo estar cada vez más unido a mis palabras y no separarme
de ellas. Si nuestras palabras están cada vez más unidas al contenido de verdad que está
dentro de nosotros y cada vez más llenas de dicha verdad, nos pareceremos cada vez más a
Dios. Cuanto más vacías de ese contenido estén nuestras palabras y cuanto más se utilicen
para expresar una falsedad en vez de lo que tenemos dentro (como sucede con las mentiras),
seremos cada vez más diferentes a Dios.
La mentira implica meditación. Consideren una mentira pobremente armada: "No pude
devolverte la llamada con la urgencia que querías porque estuve fuera todo el fin de semana
cazando elefantes." Nos resultará fácil ver a través de semejante mentira - no la han pensado
demasiado. Una mentira elaborada con más cuidado requiere más de pensamiento y
meditación.
¿Por qué meditación? El motivo es que la mente piensa, pero el espíritu medita y cuando un
mentiroso piensa cual es la mejor manera de modelar su mentira, su espíritu está abierto a las
mejores sugerencias. Sin embargo, el espíritu está abierto al espíritu y no a la carne. El
espíritu del mentiroso no está abierto a Dios, quien es Espíritu y Verdad, sino que al espíritu a
quien Cristo se refiere como el "padre de la mentira" (Jn 8, 44), a quien las Sagradas
Escrituras se refieren como a la más astuta de todas las creaturas de Dios (Gn 3, 1). El
mentiroso astuto se involucra en una suerte de anti-oración. Y la "división" que el mentiroso
lleva dentro suyo por mentir es una fisura a través de la cual la influencia de la oscuridad va
penetrando hasta lo más profundo.
En la medida que el mentiroso continúa mintiendo –dado que somos creaturas de hábitos– se
va perdiendo a sí mismo y, en algún punto, su pérdida termina siendo prácticamente
irreparable. Pronto comenzará a deleitarse con sus mentiras porque a través de sus éxitos se
demuestra a sí mismo que tiene una aparente superioridad intelectual por sobre todos
aquellos que han sido engañados, cada uno de los cuales se ha convertido en un medio para
los propios fines del mentiroso, títeres dentro de un entorno que él arma para sí mismo.
La mentira es la antítesis absoluta de la oración y sus efectos se oponen del mismo modo a
los de la oración genuina, tales como la integración, luz, comunidad y salvación. El único
remedio contra la mentira es un compromiso que la excluya por completo, para siempre, en
todo lugar y bajo cualquier circunstancia.
9 y 10. No codiciarás a la mujer de tu prójimo; no codiciarás los bienes ajenos: Codiciar, tal
como se utiliza aquí, significa tener un deseo desordenado de algo o alguien. Quién codicia
está insatisfecho con lo que tiene; o más específicamente, con lo que es. Todo está sujeto a
la providencia de Dios y todo lo que sucede está contenido dentro del plan de mayor
envergadura de la divina providencia. Esta es una verdad incluso a la luz del hecho de que
los seres humanos hacen elecciones libres. Pues bien, todos nosotros tenemos un lugar en el
plan de la divina providencia. Todos tenemos nuestro lugar en este mundo, del mismo modo
que un artista asigna un lugar específico a una gota de pintura de un color en particular.
Nuestro lugar contribuye con el esplendor del plan total de la providencia plenamente
realizado. El problema es que nos amamos demasiado a nosotros mismos y por eso
debemos pasar el resto de nuestras vidas trabajando para ir disminuyendo la intensidad de
ese amor desmesurado hacia nosotros mismos con el objeto de ir aumentando cada vez más
el amor a Dios y al plan de la providencia. Codiciar es un signo de que tenemos mucho que
hacer, es un indicio de que aún deseamos superar nuestras limitaciones naturales, ser más de
lo que somos. Y esa es la raíz de los problemas en este mundo; nos amamos demasiado a
nosotros mismos y no tanto a los demás. Este mandamiento nos llama a que aprendamos a
amar a los demás como a 'otro ser', a regocijarnos con sus bendiciones como si fueran
nuestras. Cuanto más avancemos en estas líneas, seremos más felices porque la felicidad de
los demás termina siendo la nuestra.
Una reflexión final. Existe un motivo por el que los primeros tres mandamientos tienen que ver
con nuestra relación con Dios, mientras que los últimos siete rigen nuestra relación con el
prójimo. El motivo es que simplemente no podemos amar a nuestro prójimo ni no amamos a
Dios en primer lugar. Una correcta relación con nuestro prójimo es tan solo el resultado de
una correcta relación con Dios. Si no veo al otro en relación con Dios, es decir, como
perteneciente a Él, no pasará mucho tiempo antes de que comience a amarlo principalmente
por lo que él hace por mí. Sólo cuando lo veo desde el punto de vista de Dios puedo amar a
mi prójimo por su bien, y no por mi propio bien, porque Dios amó a cada una de las personas
que existen por su bien. El amor que le tenemos al prójimo es meramente una extensión o
una expresión de nuestro amor a Dios. Si un ateo ama verdadera y genuinamente a su
prójimo por su bien -algo que yo no puedo juzgar con ninguna certeza, de uno u otro modo-,
podría decirse que ese "ateo" ama a Dios sin saberlo explícitamente, del mismo modo que "el
que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a
Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve?" (1 Jn 4, 20).
FUENTE:
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AUTOR:
Douglas McManaman es diácono y profesor de religión y filosofía en la Father Michael
McGivney Catholic Academy en Markham, Ontario, Canadá. Fue presidente de la
Canadian Fellowship of Catholic Scholars. Administra la siguiente página de Internet
para su alumnos: A Catholic Philosophy and Theology Resource Page. Estudió filosofía
en el St. Jerome's College en Waterloo y teología en la Universidad de Montreal. Es
autor de Basic Catholicism, Introduction to Philosophy for Young People, y A Treatise
on the Four Cardinal Virtues. El diácono McManaman forma parte del comité asesor de
Catholic Education Resource Center.
Copyright © 2014 El Diácono Douglas McManaman