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Identidad Bonaerense en el Bicentenario

El documento presenta el primer módulo de una propuesta formativa sobre el Bicentenario de la provincia de Buenos Aires. Se analiza la construcción de la identidad bonaerense, un proceso siempre en disputa. Se define a las identidades como fragmentadas y en constante cambio. Finalmente, se discuten tres momentos clave en la historia de Buenos Aires y la necesidad de redefinir su identidad de manera autónoma dentro de la federación argentina.
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Identidad Bonaerense en el Bicentenario

El documento presenta el primer módulo de una propuesta formativa sobre el Bicentenario de la provincia de Buenos Aires. Se analiza la construcción de la identidad bonaerense, un proceso siempre en disputa. Se define a las identidades como fragmentadas y en constante cambio. Finalmente, se discuten tres momentos clave en la historia de Buenos Aires y la necesidad de redefinir su identidad de manera autónoma dentro de la federación argentina.
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El Bicentenario de la provincia de Buenos Aires.

Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.

Módulo 1: Definiendo la identidad bonaerense

Introducción
Bienvenidos y bienvenidas a nuestro primer módulo de la propuesta formativa “El Bicentenario
de la provincia de Buenos Aires. Identidades, pasados territorios, sociedades y culturas”.

En esta clase trabajaremos aspectos referidos a la construcción de la identidad bonaerense. Si


bien ya presentamos brevemente los contenidos, lo que queremos destacar es el carácter
siempre provisorio de las identidades a partir de un proceso de construcción y también de
disputa de sentidos acerca de la pertenencia a un colectivo común. Ser de Buenos Aires implica
compartir un territorio, una cultura y unas tradiciones que definen nos definen, pero si vamos
más allá y problematizamos la cuestión aparecen tensiones y conflictos no resueltos que en
esta clase analizaremos.

Juan Manuel Palacio es Doctor en Historia por la Universidad de


Berkeley, Investigador del CONICET y profesor de las Universidad de
San Martín. Además, fue director de la “Historia de la provincia de
Buenos Aires”, publicada en seis tomos entre 2012 y 2015.

En el video aborda las dificultades históricas que tuvo y tiene la


provincia de Buenos Aires para consolidar su identidad.

[Link]

Objetivo de la clase
- Explicar a qué denominamos identidades y analizar las tensiones históricas en la escala
provincial, nacional y local.

- Describir el proceso de origen y consolidación de los símbolos provinciales como modo


de pedagogía cívica.

- Analizar hábitos, prácticas y consumos culturales que refuerzan la identidad provincial.

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
Contenidos de la clase
La presente clase trabaja, en primer lugar, con los momentos históricos que definen la escena
actual del Bicentenario. Se analiza la compleja construcción de las identidades, el caso particular
de Buenos Aires y la imbricada historia con el desarrollo de la Nación, lo que impide concebir un
pasado distinto entre ambas jurisdicciones que diferencie lo provincial de lo nacional. En
segundo lugar, se analiza el modo en que el Estado provincial produce una serie de símbolos
cívicos que delimitan una identidad propia, a través de la oficialización de un escudo, una
bandera y una escarapela. Para finalizar, sostenemos que la construcción de una identidad
también se nutre de hábitos, prácticas y consumos sociales. Analizamos íconos como los
manuales escolares, los hábitos de descanso y tiempo libre y el aporte que realiza el cine a la
construcción de las identidades bonaerenses.

Tres coordenadas para pensar el bicentenario


Hace doscientos años, la vida política e institucional de las Provincias Unidas del Río de la Plata
se conmovía con la derrota de las fuerzas de Buenos Aires y el fin del proyecto unitario
encarnado en la Constitución del año 1819. El intento de conformar un Estado heredero del
virreinal caía y se iniciaba el tiempo de las autonomías provinciales.

Pensando en el bicentenario y el caso específico de la provincia de Buenos Aires, tres momentos


definen el escenario actual:

A. El 1° de febrero de 1820, en la cañada de Cepeda, los ejércitos federales al mando del


Gobernador de Santa Fe, Estanislao López y del gobernador de Entre Ríos, Francisco
Ramírez derrotan a las fuerzas del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de
la Plata, José Rondeau. La también llamada “batalla de los diez minutos” (por la
brevedad de las acciones bélicas) señala el fin del proyecto directorial, centralista y
porteño con Constitución unitaria incluida, y el inicio de las autonomías provinciales1. En
el caso de Buenos Aires, la situación se resuelve con la intervención de los caudillos del
litoral (López y Ramírez) y la renuncia de Rondeau el 11 de febrero. El poder queda en
manos del Cabildo, quien designa gobernador de Buenos Aires a Manuel de Sarratea
(con el apoyo de los caudillos del litoral) el 18 de febrero de 1820.

B. El 6 de septiembre de 1991 el gobernador de Buenos Aires, Antonio Cafiero, por medio


del decreto 2931, anuncia que el 11 de febrero de 1820 fue el día del “nacimiento” de la
provincia de Buenos Aires. La determinación de una fecha de origen, sumada a la
intención (fallida) de crear una bandera provincial, muestra la decisión del gobierno de
ese entonces de intervenir en la esfera pública reforzando la identidad bonaerense.

C. El decreto 27 publicado en el boletín oficial del Gobierno bonaerense el 22 de enero,


dispone que se declara el 2020 como el "Año del Bicentenario de la Provincia de Buenos
Aires". Nuevamente, desde el Ejecutivo provincial se decide inscribir en el presente un

1
Es notable observar la manera en que la historiografía liberal define a los acontecimientos que provocan
el fin del directorio como un fenómeno catastrófico. “El fatídico año 20” o “la anarquía del año 20” son los
modos en que se titula al proceso de derrumbe del poder central y la emergencia de las autonomías
provinciales, entre ellas la de Buenos Aires.

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
gesto de reafirmación del pasado, que lo diferencia de otros pasados, y lo refuerza y le
da una identidad a partir de una conmemoración y otros símbolos significativos, como
es el caso de la escarapela del Bicentenario.

Doscientos años de historia nos convocan al esfuerzo compartido de imaginar cuáles son las
características que definen a nuestra provincia, a su pasado, sus paisajes, sus sociedades y sus
culturas. E intentar ensayar una explicación acerca de los motivos por los que, para muchos, la
identidad bonaerense continúa siendo un proyecto inacabado y en construcción.

Definiendo nuestro objeto: ¿de qué hablamos cuando hablamos de identidades?

La problemática de las identidades2 fue adquiriendo un tono polémico en los últimos tiempos y
generó múltiples debates en el campo académico, en los estudios culturales, en la antropología
y en la historia. Actualmente, existe un renovado interés en al análisis de los discursos
identitarios en sus diferentes registros.

Los tiempos de la actual globalización son muy distintos a los de la consolidación de los Estados
nación a fines del siglo XIX y principios de siglo XX. Por ende, aquellas identidades nacionales
eran diferentes a las actuales. El sociólogo y teórico social Stuart Hall describe de manera
apropiada las características actuales de las identidades:

“…las identidades nunca se unifican y, en los tiempos de la modernidad tardía,


están cada vez más fragmentadas y fracturadas; nunca son singulares, sino
construidas de múltiples maneras a través de discursos, prácticas y
posiciones diferentes, a menudo cruzados y antagónicos. Están sujetas a una
historización radical, y en un constante proceso de cambio y transformación”
(Hall, 1996, p. 17)

Entendemos que el bicentenario es una oportunidad de pensar y pensarnos en las múltiples


dimensiones de nuestras identidades bonaerenses, de los modos en que se proyecta una
imagen de la provincia y la misma identifica a más de 16 millones de argentinos. Justamente, la
condición de provincianos y la construcción de discursos identitarios provinciales es parte del
problema que analizamos y que merece un desarrollo particular.

En términos históricos, el análisis de la identidad bonaerense no puede ignorar el proceso de


construcción de la identidad nacional en Argentina.

2
La opción epistemológica de hablar de identidades en plural obedece al reconocimiento de las
diferencias que toda comunidad posee y al intento de evitar posicionamientos esencialistas (y en muchos
casos excluyentes) que plantean identidades uniformes y homogéneas.

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
En un interesante artículo, el profesor de la Universidad de la Plata Julián
Portela se alerta por la falta de definición de una identidad provincial:
“…ante este tibio renacimiento del cíclico debate acerca de si es viable la
Provincia de Buenos Aires tal como subsiste desde hace 200 años, cabe
alertar sobre la trascendencia de redefinir nuestra identidad de una buena
vez, para posicionarnos federalmente como un ente político autónomo y
consolidado, lo cual habla de una cuestión de maduración de la provincia,
pero también axiológicamente una decisión de dignidad”

Para consultar el artículo completo:


[Link]
d-bonaerense/

Para ser más claros, algunos debates en el campo de los estudios sociales postulan la existencia
de modalidades débiles y fuertes de identidades culturales y políticas, las cuales muchas veces
conviven de manera conflictiva. En el tema que nos convoca, entendemos que es lo que sucede
con una historia y un sentimiento bonaerense que convive con la historia nacional y la identidad
argentina.

Los discursos provinciales forman parte de un campo compartido con discursos nacionales y
locales. Esas diferencias de escalas producen sentidos que muchas veces legitiman un orden y
otras lo contradicen, en donde esos discursos refuerzan o pierden la capacidad de transmitir
sentidos a partir de la preeminencia o la subordinación a otras discursividades. Las identidades
provinciales se configuran a partir de prácticas discursivas diversas (desde una declaración
pública del gobernador a una obra literaria, una pieza musical, etc.) que deben ser analizadas a
partir del modo en que se deciden y producen, las funciones que cumplen reforzando o
contrariando procesos hegemónicos. Y también es muy importante comprender su relación con
otros niveles de producción de discursos y sentidos identitarios.

“Los Estados, nacional y provinciales, tienen en estos procesos un rol


fundamental que ha sido más que señalado, no solo en la literatura sobre
la producción de los Estados-nación modernos, sino también en los
análisis específicos sobre la Argentina, donde la nacionalidad ha sido
producto en buena medida de la estatalidad, se ha desarrollado
integrando poblaciones inmigrantes y contra etnicidades preexistentes, en
complejos procesos que fueron del simple exterminio físico a la
cooptación, la seducción, la integración selectiva, pero también el juego de
sucesivas reemergencias y luchas por el reconocimiento o la mejora de las
condiciones de vida.” (Martínez, 2019, p. 28).

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
A modo de hipótesis, podemos sostener que el despliegue de la identidad bonaerense se ve
limitado tanto por la fuerte presencia material y simbólica del Estado nacional como por la
persistencia y fuerte pregnancia de sentimientos identitarios locales, lo que provoca el
borramiento de la identidad provincial.

En un tono más coloquial, diremos que la identidad bonaerense está inhibida por “arriba” por
las prácticas discursivas que consolidan al Estado nación, y por “abajo” por las identidades
locales, las que se refuncionalizan y asumen funciones de identificación en oposición a los
discursos nacionales.

La identidad nacional hegemónica y la imposibilidad del sentimiento


provinciano (en Buenos Aires)
Volvamos a 1820. El siglo XIX en Argentina y Latinoamérica, desde las revoluciones de
independencia, está atravesado por el conflicto entre los proyectos políticos centralistas y
federalistas. En nuestro país, unitarios y federales pujan por imponer sus modelos de país. Y las
identidades provinciales se conforman a lo largo del siglo por oposición a los porteños. Buenos
Aires, a través de Bernardino Rivadavia (unitario), Juan Manuel de Rosas (federal) y Bartolomé
Mitre (liberal) siempre fue vista como la ciudad que defiende los intereses del puerto, de los
comerciantes extranjeros, de los estancieros. Las identidades provincianas se forjan a partir de
la amenaza de un contrincante que galvaniza el sentido de unidad. Más allá de circunstanciales
coyunturas y alianzas políticas, el interior siempre observó en Buenos Aires al enemigo y el
invasor. En este contexto, la identidad bonaerense que se fue forjando a lo largo del siglo XIX
siempre se confundió con la nacional, dejando un mínimo espacio para una identidad
provinciana. Y para colmo de males, el fatídico año 1880 (para la provincia de Buenos Aires)
significa su descabezamiento al federalizarse la ciudad puerto, nacionalizarse la renta de la
aduana y subordinar la provincia al proyecto de consolidación estatal del Partido Autonomista
Nacional, liderado por Julio Argentino Roca. A partir de 1880, la provincia comienza un lento
proceso de definición identitaria con el costo de ser una provincia subordinada al poder central,
con las dificultades de convivir con un vigoroso Estado nacional que en sus actos y discursos la
posterga y la invisibiliza, a la vez que la mira con desconfianza por su tamaño y potencial. Y es a
partir de sus historias imbricadas (nación y provincia) y sus fuertes vínculos, que no termina de
definir su identidad.

Los pueblos de Buenos Aires, una identidad que persiste


Si la identidad nacional inhibe “por arriba” la consolidación de una identidad bonaerense, es
interesante observar cómo por abajo hay un fuerte proceso de identificación con el pueblo o la
ciudad, identificación de fuerte raigambre local que no se traduce en el mismo sentimiento por
la provincia que lo aloja.

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
El senador provincial Francisco Durañona sostiene que definir la identidad
bonaerense es un problema muy complejo, y que un posible modo de
configurarla es a través del sentimiento de arraigo por los pueblos y las
tradiciones de los bonaerenses: “¿Existe el Bonaerense o existe el marplatense,
el bahiense, el chivilcoyano o el nicoleño? La fuerza de las Comunidades es tan
poderosa que sobrepasa la propia identidad de la Provincia. Cada miembro de
las 135 Comunidades, principalmente en el interior, se identifica con su
Municipio antes que con la Provincia."

Consultar el artículo en:

[Link]
provincia-de-buenos-aires/

Probablemente, esa indefinición de la identidad provincial haga que las fuerzas de las
identidades comunales cumplan con las tareas de contraponer, a la omnipresencia de la
identidad argentina, el origen lugareño. Si acordamos que las identidades se definen en
oposición a una alteridad, a un otro distinto, en el caso de Buenos Aires, a lo nacional no se
opondría lo provinciano sino lo local. En la historia del federalismo argentino, el porteño es el
opuesto al provinciano. El tucumano, el cordobés, el correntino son identidades provinciales
consolidadas y muy fuertes en la afirmación de los intereses regionales. Y esas identidades se
fueron forjando a lo largo de los siglos XIX y XX en oposición o diferenciación con el porteño, en
una relación que asume una dinámica centro-periferia. No sucede lo mismo con el bonaerense,
al cual resulta más dificultoso oponerlo o diferenciarlo del porteño. De hecho, una investigación
de la Academia Nacional de Historia destaca que cuando Juan Manuel de Rosas realiza su
expedición militar para ordenar el problema de la relación conflictiva con los pueblos Pampas,
Ranqueles, Tehuelches y Araucanos, rescató a muchos y muchas cautivas que trajo de vuelta a
la campaña bonaerense. El documento que testimonia la liberación de los cautivos habla del
rescate de “porteños de Lobos”, “porteños de Dolores”, “porteños de Salto” y una “porteña de
Saladillo”. Como podemos ver, sin gentilicio para definir a los que posteriormente serían
bonaerenses, la confusión con lo porteño tiene un peso histórico significativo y constituye un
problema para la definición de la identidad provincial.

La construcción de la identidad bonaerense. Un proceso inacabado.


Aún con los obstáculos indicados, en doscientos años de historia se fueron perfilando aspectos
simbólicos y materiales que definieron formas de identidad. Discursos y prácticas destacaron
tradiciones diferenciadas de la marca porteña tan fuertemente instalada. Y con la originalidad
que tampoco son las identidades provincianas típicas del interior profundo. Quizás sea la forma
posible de un sentimiento propio tan cerca del puerto hegemónico. Rasgos propios de una
identidad múltiple, que son innumerables y, por tanto, imposibles de resumir en esta clase. Los
trenes surcando la pampa, las espigas de trigo, las chimeneas de Avellaneda, los rebaños
vacunos y ovinos, la piedra movediza, los fortines de frontera, Samborombón donde se mezcla
el río y el mar. Segundo Sombra en Areco, Fierro en Ayacucho, Moreira en Lobos, la china Iron
en el desierto, Mansilla con los Ranqueles. El loco Dorrego y Rosas; Alsina y José Hernández;

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
Honorio Pueyrredón, Fresco y Mercante; el bisonte Alende, Marini y Cafiero; Estela, Hebe y Eva.
También Buenos Aires tiene su panteón de héroes y heroínas, sus personajes míticos, sus
paisajes característicos. Quizás la pregunta pase por pensar cómo se integran a un relato
identitario lo suficientemente democrático y plural como para posibilitar la convivencia entre lo
diverso y lo común.

Para finalizar, presentamos un segundo recorrido para nuestra clase. Un camino posible (entre
muchos otros) nos llevará a detenernos en la producción de símbolos por parte del Estado
provincial, como señal de la construcción de una identidad cívica por fuera de la nacional (sin
negar a esta última). Y, por otro lado, analizaremos brevemente ciertos símbolos, prácticas y
consumos culturales que definen, de maneras muy diversas, rasgos propios de la provincia y sus
bonaerenses.

A. La producción política de la identidad bonaerense.

El politólogo Oscar Oszlak señala que uno de los atributos de autoridad que adquieren los
Estados es la capacidad de “emitir símbolos que refuerzan sentimientos de pertenencia y
solidaridad social.” Una encuesta del año 2019 destaca la particular relación que tenemos los
argentinos con los símbolos patrios:

“La mayor parte de la gente sigue siendo muy afecta a sus símbolos patrios y
los considera un mecanismo de unión entre los argentinos. Esto descarta a las
minorías, quienes por más figuras famosas que se adhieran, no representan el
sentir generalizado. La mayoría coloca una bandera, canta el himno y quisiera
que el resto lo haga, aun sabiendo que no lo hará con la frecuencia que les
gustaría. Alrededor de seis de cada diez personas en el país y en la provincia de
Buenos Aires dicen que colocan banderas argentinas en las fechas patrias.”
(Revista Noticias, 25 de mayo de 2019)

La provincia de Buenos Aires tiene sus propios símbolos. Analizar el contexto de su creación
puede servir para entender cómo los gobiernos fueron inscribiendo una simbología identitaria
en distintos momentos de la historia. La presentación de los símbolos seguirá un orden
cronológico, entendiendo que surgen en contextos diversos, aunque con gobiernos que más allá
de su signo ideológico, sostienen un fuerte discurso asociado a la necesidad de defender los
intereses y la identidad de los bonaerenses.

A.1. El escudo

El escudo tiene una larga historia como símbolo de identidad y en el caso americano, más allá de
su uso desde los inicios de la conquista española, adquiere una vital importancia en las
revoluciones de independencia y en la conformación de los ejércitos patrios. Oficialmente, el
escudo nacional nace como escudo de armas legitimado por la Asamblea del año 1813. Símbolo
característico de la soberanía, es el “sello”, la certificación simbólica del Estado. Muchas
provincias adoptaron su uso desde la época colonial y continuaron haciéndolo a lo largo del
siglo XIX. El diseño de los escudos en nuestro país responde al modelo republicano originado en
la Francia revolucionaria. Soles, brazos estrechados, gorros frigios, coronas de laureles,
simbología republicana que, como muchos elementos de la política moderna, tienen su origen

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
en la Revolución Francesa.
En el caso bonaerense, nos interesa destacar el contexto donde se declara el escudo oficial de la
provincia de Buenos Aires. El símbolo (muy similar al nacional) es importante, pero la
circunstancia lo es aún más. La oficialización del escudo consolida un estilo de gobierno que
promueve discursos asociados a la identidad provincial, a los símbolos patrios y a la religión.
“Altares y banderas” es el modo en que titula la historiadora María Dolores Béjar lo sucedido en
la provincia de Buenos Aires.

Escudo en un salvoconducto Escudo de armas de la El Escudo la Provincia de


usado por miembros de un República Argentina aceptado Buenos Aires (Argentina) fue
club revolucionario francés oficialmente por la Asamblea declarado como Escudo oficial
para acceder a la Asamblea del Año XIII (1813) de dicha provincia el 19 de
Legislativa entre 1790 y 1793. octubre de 1935 mediante la
Ley 4351.

A.2. Tres banderas

“Estamos en la tarea de crear nuestra bandera. La bandera de la Provincia de


Buenos Aires. La bandera bonaerense. Muchos preguntarán por qué razón
estamos buscando tener un símbolo que nos identifique como provincia. Yo
siempre refiero una anécdota que ocurrió en una escuela de Monte Hermoso,
y que confirma nuestra falta de identidad. Les pregunté a los chicos de un
grado, cómo se llamaban los compatriotas de Córdoba. Después de un
instante, me respondieron: cordobeses. Continué preguntando el nombre de
otros provincianos, y escuchaba un coro diciendo: entrerrianos, correntinos,
catamarqueños, etc. De pronto, les pregunté: ¿Cómo nos llamamos nosotros?
La respuesta fue el silencio total. Nadie sabía cómo nos llamamos. Creo que la
bandera es necesaria porque los bonaerenses no tenemos muy en claro cuál
es nuestra identidad” (Eduardo Duhalde, Gobernador de la Provincia de
Buenos Aires entre 1991 y 1999, en ocasión de convocar a un concurso para
crear la bandera bonaerense).

Sin lugar a dudas, la bandera el símbolo más popular y el que más nos identifica como nación.
La historia de nuestra enseña patria se enlaza con la revolución y la independencia y con

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
nuestros grandes hombres. No vamos a repetir aquí lo que significan las banderas, aunque sí
dedicaremos algunas líneas a su importancia como parte de los procesos de construcción
identitarios.

Bandera que flameaba en el Bandera creada por el Bandera oficial de la provincia


mástil del fuerte de Buenos gobierno Cafiero en el año 1991 de Buenos Aires adoptada el 1°
Aires en la década de 1850. que no llegó a ser reconocida de enero de 1997.
como oficial.

A partir del año 1820, caído el Directorio, muchas de las provincias se ven envueltas en un
fervor simbólico y comienzan a crear sus propias banderas u oficializan el uso de enseñas
creadas años antes (como el caso de Entre Ríos). Buenos Aires no es ajena a esta tendencia y
durante las gobernaciones de Juan Manuel de Rosas, una bandera azul y blanca con gorros
frigios colorados flamea en todos los mástiles de los edificios públicos y los cuarteles. Con el
proceso de consolidación del Estado Nacional las enseñas provinciales caen en desuso.

Casi al final del siglo XX se vuelve a plantear la necesidad de contar con una bandera propia.
Este proceso se da en el contexto del retorno democrático de 1983. Entre 1986 (Corrientes, La
Rioja y Santa Fe) y 2011 (Catamarca) todas las provincias oficializan por ley sus banderas como
símbolos oficiales. En el caso de Buenos Aires, el gobierno de Antonio Cafiero, el mismo que
define la fecha de “nacimiento de la provincia”, decide intervenir en la construcción de identidad
a partir de la adopción de una bandera, la que, sin embargo, nunca llegó a ser oficializada y no
fue utilizada.

Así llegamos al año 1995, cuando el gobierno provincial decide crear una bandera a través de un
concurso en el que participaron alumnos de las escuelas de Buenos Aires. La bandera
bonaerense fue creada por Ley provincial 11.997 el 12 de agosto de 1997 y jurada el 14 de
noviembre de ese año en la Basílica de Luján. Cinco alumnos de una escuela de Capitán
Sarmiento fueron quienes realizaron el diseño de la insignia, que resultó ganador en un
concurso votado por más de 8 mil escuelas de la Provincia del Nivel Primario. Los colores tienen
un sentido. El verde representa a los campos y llanuras de la Provincia y a la producción agrícola
y ganadera. En el azul, encontramos a los ríos de la Provincia, el Mar Argentino que baña sus
costas y el cielo que la cubre. La línea roja nos remite al siglo XIX y representa al federalismo
argentino. El amarillo simboliza la fecundidad de la producción. El sol hace referencia al
resplandor y al vínculo con el pabellón nacional y el laurel, a la gloria de la Provincia de Buenos
Aires (el laurel también está en el escudo bonaerense). La rueda dentada es una alegoría de la
producción industrial, mientras que la media flor de girasol lo es de la producción agropecuaria.
Como dato curioso, debemos destacar la falta de color blanco, presente en todas las banderas

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
históricas vinculadas a las repúblicas. Después de muchos años, la provincia consagra una
bandera que nos identifica y se va consolidando como parte de la identidad bonaerense.

A.3. La escarapela

Llegamos al último símbolo cívico que presentaremos y oficialmente el más antiguo en términos
de reconocimiento (a nivel nacional). A principios de 1812, el 1° Triunvirato decreta que las
Provincias Unidas tendrán una escarapela de colores azul-celeste y blanco. La costumbre de
usar un distintivo, como vemos, viene desde los tiempos de la revolución.

Para celebrar sus primeros 200 años de historia, el Gobierno de Buenos Aires creó una
escarapela bonaerense. La misma será la insignia que acompañará las actividades a
desarrollarse a lo largo del 2020 con motivo del bicentenario.

A decir de los creadores, los tres valores que se intenta representar son la diversidad, la
producción y la integración. La escarapela integra elementos del escudo nacional y provincial,
resaltando una doble pertenencia. Celeste, blanco, rojo y amarillo representan los colores
nacionales, el federalismo bonaerense y el sol omnipresente en todos nuestros símbolos. Un
nuevo símbolo para reforzar la identidad bonaerense y conmemorar el bicentenario.

El repaso por los símbolos cívicos creados por el Estado provincial nos permite problematizar la
cuestión de las efemérides y poner en acto los modos en que los Estados producen sentido e
identidad. Pero también entendemos que hay otros modos de producirla, modos que a
continuación analizaremos.

B. La identidad social y cultural de los bonaerenses

En el apartado anterior, detallamos algunas iniciativas que se promovieron desde el Estado


provincial para reforzar los vínculos a través de la creación de símbolos que remiten a una
identidad cívica que se expresa en el posible reconocimiento y la identificación con la bandera, el
escudo y la escarapela.

Los y las invitamos a considerar otro plano posible de configuración identitaria, menos formal
en sus postulados, aunque muy eficaz en sus alcances. Nos referimos a algunas prácticas
sociales y culturales que explican una identidad provincial. Lugares, prácticas, hábitos,

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
consumos son componentes necesarios de un modo de concebir al mundo que galvaniza
sentimientos de pertenencia que nos distingue ante otros. Sin pretender realizar un abordaje
integral del tema, sólo señalaremos algunos elementos que atraviesan nuestra historia y
nuestro presente y que suponen otros modos de concebir lo bonaerense.

B.1. La identidad en las aulas. El Manual del alumno bonaerense

Les proponemos eludir, por un momento, los estudios tradicionales (y aún vigentes) acerca de la
capacidad que tiene el sistema educativo de construir subjetividades, desde la referida
“invención de las tradiciones” (Hobsbawm) a los “aparatos ideológicos de Estado” (Althusser).
No es en ese campo de análisis en donde queremos inscribir esa tradición.

Apelaremos al campo de los estudios sociales de la memoria y la capacidad que tienen ciertas
imágenes para producir recuerdos que perduran y definen identidades. El historiador Pierre
Nora destaca ciertos lugares en donde se cristaliza la memoria colectiva. En su original y
polémico trabajo, nos sugiere que la memoria colectiva de los franceses se construye con la
“Marsellesa” y la bandera tricolor, pero también con la Torre Eiffel y el champagne.

En nuestro caso, nos remitiremos a la imagen de las escuelas primarias y el uso de manuales de
estudio. Más allá del papel activo que desempeñó el Estado nacional para expandir el sistema
educativo desde fines del siglo XIX, la educación primaria en Argentina queda en manos de los
Estados provinciales. En sus pupitres y pizarrones, también se juega la construcción de la
identidad. Y queremos compartir una imagen que puede ser familiar para muchos, que sin
dudas fue una de las primeras estampas escolares que remiten de manera icónica a lo
bonaerense y constituye una marca identitaria.

Martín Colombo, gerente general de la casa editora en Argentina y Chile, comentó en una
entrevista con Télam que

"Kapelusz es un clásico argentinos.¿Quién no estudió con el 'Manual


del alumno bonaerense'?", se preguntó. "Si hasta fue reconocido en una letra Charly García",
remarcó: 'es un rock, es un blues, es una mesa de luz, es un mambo de Xuxú, un manual de
Kapelusz', del tema "'No se va a llamar mi amor". (16-12-2015. “La editorial Kapelusz festejó sus
110 años al servicio de la educación argentina”, Télam)

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
Sin profundizar en los contenidos del manual, el ícono de tapa que acompañó la mayor parte de
las ediciones es una marca de identidad, el modo en que probablemente varias generaciones se
enfrentaron por primera vez de manera concreta al concepto “bonaerense” en sus aulas y
debieron descifrar su sentido.

A modo de ejemplo, señalaremos la manera en que la historiadora del arte Laura Malosetti
Costa recuerda cómo quedó grabada en su memoria la tapa del cuaderno “Tabaré”, la versión
uruguaya de nuestros cuadernos “Tamborcito” o “Rivadavia”, típicos de la experiencia escolar.
Tabaré es el poema nacional de los uruguayos y el nombre de su protagonista, un indio charrúa
que se enamora de una mujer blanca y es muerto cuando intentaba defenderla del ataque de
otros nativos. Más allá del fuerte discurso racista de la obra escrita en 1884, lo que aquí
destacamos es la ilustración del cuaderno escolar, que mostraba a Tabaré herido de muerte,
víctima de un amor prohibido, rodeado de un paisaje selvático. Varias generaciones de
estudiantes del país vecino contemplaron esa escena e imaginaron a los pueblos originarios en
clave trágica y se conmovieron con su historia. Aún hoy, el nombre Tabaré es muy popular y
para la autora, la presencia en las tapas de los cuadernos permite explicar (en parte) su
persistencia en la memoria de los uruguayos. Quizás la conciencia de ser alumnos bonaerenses
se la debamos, en cierta medida, a los icónicos manuales.

B.2: Mar del Plata. La democratización del bienestar

“Qué lindo es estar en Mar del Plata


en alpargatas, en alpargatas
felices y bailando en una pata
en Mar del Plata soy feliz…”

La canción del popular dúo “Juan y Juan” sonaba a fines de la década de 1960 y expresaba lo
que la ciudad costera representaba para buena parte del país. Sin contar con estadísticas
ciertas, podemos inferir, sin embargo, que Mar del Plata es la ciudad bonaerense más conocida
y visitada por los argentinos. Si bien sus características socio ambientales serán trabajadas en la
clase 3, queremos plantear en el presente apartado que la ciudad es un enorme prisma que
replica las múltiples transformaciones de la sociedad argentina a través de las épocas. De aquel
balneario aristocrático forjado en tiempos de la república oligárquica al presente, muchos
argentinos la visitan para pasar su descanso estival, o en cualquier momento del año. “La perla
del Atlántico” o “La feliz” son los apodos que recibe la ciudad y que ejemplifican el lugar que
ocupa en el imaginario popular.

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
“Hoja de Almanaque Alpargatas” correspondiente a marzo de 1947, ilustración titulada “Tren de
excursión” por Luis Medrano. La ilustración es de la Playa Bristol y destaca la popularidad que para esa
época había adquirido el balneario bonaerense.

Mar del Plata representa, de acuerdo a lo señalado por Elisa Pastoriza, “la conquista de las
vacaciones” para vastos sectores sociales que a través del acceso al mundo del trabajo y a las
oportunidades brindadas por la ampliación de los derechos sociales, pudieron gozar del
beneficio de las vacaciones pagas. Símbolo del ascenso social, muchos argentinos imaginaron e
imaginan un período de descanso visitando su puerto, la peatonal San Martín, los espectáculos
teatrales, los torneos de fútbol del verano, Playa Grande, el puerto, el casino, los alfajores, los
lobos marinos, el faro de Punta Mogotes y tantos otros tantos lugares característicos que nos
hablan de una ciudad que identifica a nuestra provincia.

B.3. “El Bonaerense” o cómo el cine construye una posible imagen

“¿Constituye el cine una experiencia pedagógica? A mano está la tentación


de parafrasear a Badiou y contestar positivamente, o parafrasear a Jorge
Larrosa y afirmar que hay una experiencia del cine, análoga a la
experiencia de la lectura, y que es una experiencia del orden de la
formación. Menos sencillo resulta dar cuenta de dónde reside esa
experiencia, qué es lo que la hace pedagógica, cuáles son los parámetros
para ubicarla como tal, cómo opera sobre nosotros, qué capacidad de
inscribir marcas en nosotros tiene. ¿Es su capacidad de transmitir la
cultura, de formatear identidades, de inscribir “estructuras de
sentimientos” lo que hace del ver cine una práctica que debe ser tenida en
cuenta por la pedagogía?” (Serra, 2006, p. 146)

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
La historia de “Zapa” es la de un humilde joven de un poblado rural del interior de la provincia
que se traslada al conurbano e ingresa a la policía bonaerense como agente. El film expresa a
través de historias e imágenes la compleja realidad de la sociedad bonaerense y define la
identidad provincial en el contexto de una crisis económica y un deterioro social que posibilita,
aún hoy, comprender las múltiples tramas de la realidad provincial. De manera pausada y
vertiginosa, se suceden las imágenes del campo y los conglomerados urbanos precarios, las
instituciones y los colores provinciales, la vigencia de Buenos Aires como una sociedad de
fronteras, que en este caso se traduce en la vida de un destacamento que controla el paso de la
provincia a la ciudad de Buenos Aires a un costado de la Avenida General Paz. Sin dudas, una
película que más allá de su título, aporta muchos elementos para comprender la identidad
provincial.

Para finalizar
En nuestra primera clase, definimos a qué denominamos identidad y por qué hablamos de
identidades, trabajamos la compleja construcción de los sentidos identitarios provinciales y
específicamente, el bonaerense. También analizamos el modo en que los Estados construyen, a
través de símbolos cívicos, identidades comunes, y el modo en que los hábitos y los consumos
culturales producen sentido acerca de lo común provincial.

En las próximas clases, profundizaremos el análisis histórico, territorial, social y cultural de


nuestra provincia.

Los y las invitamos a participar del foro de nuestra primera clase.


Hasta la semana que viene.

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Identidades, pasados, territorios, sociedades y culturas.
Referencias

Béjar, M. (1992). Altares y banderas en una educación popular: La


propuesta del gobierno de Manuel Fresco en la provincia de Buenos Aires,
1936-1940. EN: Mitos, altares y fantasmas: Aspectos ideológicos en la
historia del nacionalismo argentino. La Plata: UNLP. FAHCE.

Hall, S. y du Gay, P. (comp.) (2003) Cuestiones de identidad cultural.


Buenos Aires. Amorrortu.

Martínez, A (2019) Discursos de identidad y geopolítica interior. Indios,


gauchos, descamisados, intelectuales y brujos. Buenos Aires. Editorial
Biblos.

Serra, M (2006) El cine en la escuela. ¿Política o pedagogía de la mirada?


En: Dussel, I. y Gutiérrez, D. Educar la mirada. Politicas y pedagogías de la
imagen. Buenos Aires. Manantial.

Malosetti Costa, L (2006) Algunas reflexiones sobre el lugar de las


imágenes en el ámbito escolar. En Dussel, I. y Gutiérrez, D. Educar la
mirada. Políticas y pedagogías de la imagen. Buenos Aires. Manatial.

Pastoriza, Elisa. “El turismo social en la Argentina durante el primer


peronismo. Mar del Plata, la conquista de las vacaciones y los nuevos
rituales obreros, 1943-1955.”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea],
Debates, 2008, Puesto en línea el 16 junio 2008. URL:
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Autor(es): Equipo de la Dirección de Formación Docente Permanente. Dirección


Provincial de Educación Superior, DGCyE. Provincia de Buenos Aires (2020)

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