Kant
Kant
Berlinische Monatschrift
Prohibida su reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial.
Octubre de 1786
1
Título original: “Was heißt: sich im Denken orientieren?”. El artículo apareció en el periódico Berlinische Monatschrift
en el número de octubre de 1786, pp. 304 a 329. Me baso en el texto según la edición de la Academia (AK VIII, pp. 133-
138) e indico entre corchetes la paginación de esa edición. De este texto existe una traducción al castellano de Carlos
Correas: Kant, Immanuel, “¿Qué significa orientarse en el pensamiento?” (traducción e introducción de Carlos Correas),
Buenos Aires, Leviatán, 1992. También una traducción al francés con un excelente Estudio Preliminar de Alexis
Philonenko: Kant, Qu’est-ce que s’orienter dan la pensé?, (traducción, notas e introducción de A. Philonenko), París,
Vrin, 1959. Ambas fueron tenidas en cuenta. [N. de la T.]
2
Esta traducción se encuentra incluida en: La crisis de la Ilustración. Documentos de la Polémica del spinozismo (1785-
1789), Editorial de la Universidad de Quilmes, 2013. En prensa.
1
[AK VIII, 133]
Por más que seamos capaces de extender la aplicación de nuestros conceptos hasta lo más
elevado y, de ese modo, podamos hacer abstracción de la sensiblidad, éstos se encuentran siempre
conectados con representaciones de la imaginación,3 cuya función propia consiste en hacer aptas para
el uso empírico las representaciones que no se derivan de la experiencia. En efecto, ¿cómo
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la percepción contingente de los sentidos y luego la pura intuición sensible en general, obtenemos un
puro concepto del entendimiento, cuya extensión se encuentra ahora ampliada y que contiene una
regla general del pensamiento.5 De esta misma manera se ha constituido la Lógica general. Y quizás
todavía se encuentre oculto en el uso empírico de nuestro entendimiento y de nuestra razón más de
un método heurístico para el pensamiento, el cual, si supiéramos extraerlo cuidadosamente de esa
experiencia, sin duda podría enriquecer la filosofía, inclusive el pensamiento abstracto, con algunas
máximas útiles.
[134] De esta clase es el principio al que adhirió explícitamente el difunto Mendelssohn,
hasta donde yo sé, únicamente en sus últimos escritos, las Horas matinales (pp. 165-166)6 y la carta
A los amigos de Lessing (pp. 33 y 67).7 Me refiero a la máxima de la necesidad de orientarse en el
uso especulativo de la razón –uso al cual, en relación al conocimiento de objetos suprasensibles,
concedió mucho, hasta el punto de elevarlo a la evidencia demostrativa– a través de cierto hilo
conductor que denominó tanto “sentido común” en sus Horas matinales como “sana razón” o
“simple entendimiento humano” en A los amigos de Lessing.8
3
Bildliche Vorstellungen. [N. de la T.]
4
Kant retoma aquí una de las enseñanzas fundamentales de su Crítica de la razón pura: “Nuestra naturaleza conlleva el
que la intuición sólo pueda ser sensible, es decir, que no contenga sino el modo según el cual somos afectados por
objetos. La capacidad de pensar el objeto de la intuición es, en cambio, el entendimiento. Ninguna de estas propiedades
es preferible a la otra: sin sensibilidad ningún objeto no sería dado y, sin entendimiento, ninguno sería pensado. Los
pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptso son ciegas. Por eso es tan necesario hacer sensibles
los conceptos (es decir, añadirles el objeto en la intuición) como hacer inteligibles las intuiciones (es decir, someterlas a
conceptos).” (KrV A 51 / B 75. Traducción castellana: Kant, I., Crítica de la razón pura, op. cit., p. 93). [N. de la T.]
5
Se trata de las categorías en tanto que conceptos puros a priori. Véase Kant, Crítica de la razón pura, “Analítica de los
conceptos”. A 65 / B 91 y ss. [N. de la T.]
6
Cf. Mendelssohn, Horas matinales, cap. 10 en JubA 3.2, pp. 81 y ss.. Acerca de la exposición que hace Kant de su
método de orientación en esta obra, véase el “Estudio preliminar”. [N. de la T.]
7
Cf. Mendelssohn, A los amigos de Lessing, pp. 198 y 211. [N. de la T.]
8
Mendelssohn utiliza la expresión “sentido común” (Gemeinsinn) en sus Horas matinales, pp. 81 y 82; “sana razón”
(gesunde Vernunft) y “simple entendimiento humano” (schlichten Menschenverstand) en A los amigos de Lessing, p. 198
y 211. Además, también hace referencia a esta facultad en las Consideraciones enviadas a Jacobi mediante la
denominación “bon sens” (cf. ibídem., p. 202). [N. de la T.]
2
¿Quién hubiese podido pensar que esta afirmación no sólo resultaría sumamente perniciosa
para la opinión tan elevada que Mendelssohn tenía del uso especulativo de la razón en las cuestiones
teológicas –lo cual, de hecho, era inevitable– sino que incluso pondría a la sana razón común en
peligro de servir como fundamento para el entusiasmo9 y para la total renuncia a la razón, a causa de
la ambigüedad en que dejó el ejercicio de esta facultad, en oposición a la especulación? Y sin
embargo, esto fue lo que sucedió en la polémica entre Mendelssohn y Jacobi, principalmente gracias
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a las conclusiones nada insignificantes del sagaz autor de los Resultados…*. Por mi parte, no quiero
atribuir a ninguno de los dos el designio de introducir un modo de pensar tan pernicioso, sino que
prefiero considerar la empresa de los dos últimos –Jacobi y el autor de los Resultados…10– como un
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argumentum ad hominem, del cual es lícito servirse únicamente en defensa propia, con el fin de
utilizar contra el adversario los puntos débiles que él mismo ofrece. Además, mostraré que, tal como
Mendelssohn lo sostuvo firmemente y con legítimo ardor, de hecho, solamente la verdadera razón
pura humana es aquello mediante lo cual es necesario y recomendable orientarse –no un supuesto
sentido oculto de la verdad ni tampoco una intuición exaltada, escondida bajo el nombre de
“creencia”, en la que pudiera inmiscuirse la tradición o la revelación sin el debido consentimiento de
la razón. Aun si se sigue de allí que la elevada pretensión de la facultad especulativa de la razón,
principalmente su carácter de autoridad imperativa –mediante demostración– debe ser suprimido y
que a ella, en la medida en que es especulativa, no debe reconocérsele más que la función de
purificar de contradicciones los conceptos de la razón y la defensa de las máximas de una sana razón
frente a sus propias ofensivas sofísticas.11 Ampliado y determinado con más precisión, el concepto
9
Schwärmerei. [N. de la T.]
*
Jacobi, Cartas sobre la doctrina de Spinoza, Breslau, 1785. – Jacobi, Respuesta a las acusaciones de Mendelssohn
acerca de las Cartas sobre la doctrina de Spinoza, Leipzig, 1786. – [Anónimo], Los resultados de las filosofías de Jacobi
y de Mendelssohn examinados críticamente por un voluntario, Leipzig, 1786.
10
Kant desconoce aún la identidad del autor de este texto, que será revelada en la carta que Wizenmann escribe a Kant en
respuesta a este texto y que apareció en el Deutsches Museum de febrero de 1787. Véase más adelante. [N. de la T.]
11
Aquí queda establecido el punto de acuerdo y el punto de desacuerdo con Mendelssohn. Según Kant, Mendelssohn
estuvo en lo correcto al defender a la razón frente a los ataques por parte de Jacobi, que reivindicaba la creencia
inmediata, y de Wizenmann, que defendía una fe en la historia y la tradición. La razón constituye la única vía de acceso a
la verdad que poseen los seres humanos. En este sentido, ambos aparecen como aliados en la defensa de la Ilustración.
Sin embargo, a diferencia de Mendelssohn, Kant no reconoce a la razón en su uso especulativo el poder de demostrar la
existencia del ser supremo, ni de ningún otro objeto que se encuentre más allá de la experiencia posible. Así pues, Kant
reivindica una nueva concepción de la facultad racional, que implica, por un lado, una limitación, pues ésta encuentra un
límite para su aplicación allí donde los objetos no puedan darse en la experiencia; pero, por otro lado, la razón kantiana se
reafirma como la facultad suprema, pues es la encargada de velar por la corrección de su propio funcionamiento, al
asegurarse de la ausencia de contradicciones en sus conceptos y al ser ella misma la encargada de poner trabas a sus
propios impulsos sofísticos, esto es, a su propia inclinación a ir más allá de los límites de su uso legítimo. [N. de la T.]
3
de orientarse12 puede sernos de utilidad para exponer con claridad las máximas de la sana razón en
su aplicación al conocimiento de objetos suprasensibles.13
En sentido literal, orientarse significa encontrar a partir de una región celeste dada –una de
las cuatro, en tanto que dividimos el horizonte en cuatro regiones– las demás regiones, esto es,
encontrar el oriente. Si veo el sol en el cielo y sé que en este momento es mediodía, entonces sé
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encontrar el sur, el oeste, el norte y el este. Pero para ello me es indispensable el sentimiento14 de una
diferencia en mi propio sujeto, esto es, el sentimiento de la diferencia entre mi mano derecha y mi
mano izquierda. [135] Lo denomino sentimiento porque exteriormente, en la intuición, estos dos
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aspectos no presentan ninguna diferencia perceptible. Si al trazar un círculo no contara con esta
capacidad de distinguir entre el movimiento de izquierda a derecha y el movimiento en sentido
opuesto sin requerir de una diferencia de objetos en el mismo círculo y, así, de determinar a priori
una diferencia en la situación de los objetos, no sabría si debo situar el oeste a la derecha o a la
izquierda del punto sur del horizonte o si debo completar el círculo pasando por el norte y el este
hasta llegar nuevamente al sur. Así pues, teniendo en cuenta todos los datos objetivos del cielo, me
oriento geográficamente únicamente gracias a un principio de diferenciación subjetivo.15 Y si un día,
por algún milagro, todas las constelaciones conservaran exactamente tanto su forma como su
posición respecto de las otras, pero cambiara únicamente la dirección de las mismas –lo que antes se
encontraba en el este, ahora se encontraría en el oeste– ningún ojo humano notaría la más mínima
diferencia la siguiente noche estrellada, incluso un astrónomo estaría desorientado si prestara
atención únicamente a lo que ve y no, al mismo tiempo, a lo que siente. Sin embargo, viene en su
auxilio esta facultad de diferenciación gracias al sentimiento de la mano derecha y la izquierda, que
existe en él de un modo completamente natural, pero que la frecuente ejercitación ha transformado
en habitual. Así, le bastará con observar la estrella polar y no sólo se dará cuenta del cambio que ha
ocurrido, sino que también, a pesar de ello, podrá orientarse.
Pues bien, puedo ampliar este concepto geográfico del procedimiento para orientarse y
entender por él la capacidad en general de orientarse en un espacio dado, por consiguiente, desde un
12
Sich-Orientieren. [N. de la T.]
13
Kant comienza aquí su análisis del concepto de orientarse. Esta investigación se divide en dos momentos. En primer
lugar, aborda la orientación en el espacio, que se subdivide a su vez en la orientación geográfica, física (astronómica) y
matemática. En segundo lugar, Kant aborda la orientación lógica, esto es, en el pensamiento, basándose en las
conclusiones obtenidas en el primer momento de su investigación. De modo que el análisis del concepto de orientación
en el espacio cumple una función estrictamente preparatoria, permitiendo al lector comprender más fácilmente en qué
consiste, según Kant, la orientación en el pensamiento. La analogía entre ambos conceptos –la orientación en el espacio y
la orientación en el pensamiento– presenta, sin embargo, ciertos problemas. Wizenmann señalará algunos de ellos en su
carta a Kant, publicada en el Deutsches Museum en febrero de 1787. Véase este texto, más adelante. [N. de la T.]
14
Gefühl. [N. de la T.]
15
El sentimiento subjetivo de la mano derecha y de la izquierda. [N. de la T.]
4
punto de vista puramente matemático. En la oscuridad, puedo orientarme en una habitación conocida
con solo tocar un objeto cuyo lugar conservo en la memoria. Evidentemente, no me ayuda en este
caso nada más que la facultad de determinar una situación16 según un fundamento subjetivo de
diferenciación. Pues, en efecto, no veo en absoluto los objetos cuya ubicación debo descubrir. Y si en
una habitación en la cual todas las paredes fueran absolutamente iguales alguien, para hacerme una
broma, hubiese puesto a la izquierda lo que antes estaba a la derecha procurando que todos los
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objetos conservaran el mismo orden entre sí, jamás lograría ubicarme. Sin embargo, pronto podría
orientarme gracias al simple sentimiento de una diferencia entre mis dos lados, el derecho y el
izquierdo. Esto es exactamente lo que sucede cuando es de noche, y camino y giro correctamente por
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calles que me son conocidas pero en las que, en ese momento, no logro distinguir ninguna casa.17
[136] Finalmente, puedo ampliar aún más este concepto, de modo que éste no se refiera a la
facultad de orientarse únicamente en el espacio, es decir, matemáticamente, sino en el pensamiento
en general, es decir, lógicamente. Es fácil adivinar por analogía que será una función de la razón pura
la de dirigir su uso cuando, alejándose de los objetos conocidos –de la experiencia– ella desee
extenderse más allá de todos los límites de la experiencia y no encuentre absolutamente ningún
objeto de la intuición, sino meramente espacio para ellos. Pues en la determinación de su propia
capacidad de juzgar, la razón no es ya capaz de someter sus juicios a una máxima determinada según
principios objetivos del conocimiento, sino únicamente según un principio subjetivo de
diferenciación.* (2). Este medio subjetivo, lo único que le queda, no es otro que el sentimiento de la
exigencia propia de la razón.18 Es posible permanecer fuera de todo peligro de error, si no nos
arriesgamos a juzgar allí donde no sabemos tanto como es requerido para emitir un juicio
determinante. Así pues, la ignorancia en sí misma es la causa de los límites19 en nuestro
conocimiento, y no los errores. Pero cuando no es una cuestión arbitraria el que se quiera juzgar
16
Das Bestimmungsvermögen der Lagen. [N. de la T.]
17
Luego de la definición de la orientación en el espacio en sentido geográfico, Kant ofrece tres ejemplos. Primero, el
ejemplo del astrónomo (orientación física), luego el ejemplo de la habitación oscura y el de la calle oscura (orientación
matemática). La conclusión de este primer momento del análisis del concepto de orientarse, consiste en el
descubrimiento de que el principio de toda orientación es un sentimiento subjetivo a priori, el sentimiento de la
diferencia entre la derecha y la izquierda. Kant se había ocupado de este asunto en su escrito titulado “Acerca de los
primeros fundamentos de la diferencia de las regiones en el espacio” [Von dem ersten Grunde des Unterschiedes der
Gegenden im Raume], de 1768 (AK II, 377-383). Philonenko señala que esta distinción entre derecha e izquierda
constituye un principio de orientación subjetivo en un doble sentido. Primero, porque este sentimiento se origina en la
sensibilidad y no en un objeto. Segundo, porque esta distinción entre derecha e izquierda no es lógica, ya que no se
fundamenta en relaciones simplemente conceptuales (Philonenko, A., “Introduction” en Kant, Qu’est-ce que s’orienter
dans la pensée?, op. cit., p 73). [N. de la T.]
*
Orientarse en el pensamiento en general significa, por lo tanto, determinarse en el tener por verdadero [Fürwahrhalten]
según un principio subjetivo de la razón, en caso de que los principios objetivos de la misma sean insuficientes.
18
Des der Vernunft eigenen Bedürfnisses. Así como el sentimiento subjetivo de la diferencia entre la derecha y la
izquierda funciona como el principio de orientación en el espacio, en el ámbito del pensamiento, el ámbito de lo
suprasensible, es posible orientarse gracias al sentimiento de una exigencia propia de la razón. [N. de la T.]
19
Schranken. [N. de la T.]
5
acerca de algo o no, cuando se trata de una exigencia efectiva, una exigencia en la que la razón pende
de sí misma, la que vuelve necesario juzgar y cuando no obstante la carencia de conocimiento nos
limita respecto de los elementos indispensables para el juicio, entonces se requiere una máxima
según la cual emitir nuestro juicio.20 Pues la razón quiere ser satisfecha.21 Dado que ya hemos
establecidos que en este punto no puede haber ninguna intuición de un objeto ni de nada que se le
asimile, por medio de la cual podríamos exponer a nuestros conceptos ampliados su objeto adecuado
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y, de este modo, garantizarles su posibilidad real,22 no nos resta nada más para hacer que lo
siguiente. Primero, examinar exhaustivamente el concepto con el cual queremos aventurarnos más
allá de toda experiencia posible, con el fin de establecer si él también se encuentra libre de toda
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contradicción. Luego, debemos al menos someter la relación23 de un objeto tal con los objetos de la
experiencia a los conceptos puros del entendimiento. De este modo, ese objeto no se vuelve en
absoluto sensible, pero nos permite pensar24 un objeto suprasensible que al menos es compatible con
el uso empírico [137] de nuestra razón. Pues sin esta precaución, no podríamos hacer ningún uso de
un concepto tal y en vez de pensar, nos entusiasmaríamos.25
Ahora bien, con esto, es decir, con el mero concepto, no se ha logrado establecer nada en
relación con la existencia26 de este objeto y su efectiva conexión con el mundo –el conjunto de todos
los objetos de la experiencia posible. Pero es en este punto que interviene el derecho de la exigencia
de la razón, en tanto que principio subjetivo, permitiéndole suponer y aceptar aquello que ella no
puede pretender conocer mediante principios objetivos. Se trata, pues, del derecho de orientarse en
el pensamiento simplemente por medio de su propia exigencia, en el ámbito inconmensurable y para
nosotros colmado de tinieblas de lo suprasensible.27
20
Kant necesita distinguir aquí lo que efectivamente es una necesidad o una exigencia de la razón con lo que puede
aparentar serlo, cuando en realidad no sería más que una mera inclinación subjetiva. [N. de la T.]
21
Denn die Vernunft will einmal befriedigt sein. [N. de la T.]
22
Realen Möglichkeit. [N. de la T.]
23
Verhältnis. [N. de la T.]
24
Kant presupone aquí su distinción entre pensar y conocer. En una nota al Prólogo de la segunda edición de la Crítica
de la razón pura dice: “El conocimiento de un objeto implica el poder demostrar su posibilidad, sea porque la
experiencia testimonie su realidad, sea a priori, mediante la razón. Puedo, en cambio, pensar lo que quiera, siempre que
no me contradiga, es decir, siempre que mi concepto sea un pensamiento posible, aunque no pueda responder de si, en el
conjunto de todas las posibilidades, le corresponde o no un objeto.” (KrV B XXVI, nota. Traducción castellana: Kant, I.,
Crítica de la razón pura, op. cit., p. 25.). Mientras que el ser humano únicamente puede conocer los objetos que se le dan
en la experiencia o que pueden darse en ella, es capaz de de pensar aquello que se encuentra más allá de los límites de la
experiencia, siempre que su concepto no presente una contradicción. [N. de la T.]
25
Schwärmen würden. [N. de la T.]
26
Existenz. [N. de la T.]
27
La razón tiene el derecho de orientarse en el pensamiento por medio de su sola exigencia, así como el astrónomo se
orientaba en el espacio astronómico por medio del sentimiento de la diferencia de la derecha y la izquierda. Sin embargo,
tal como lo señala Philonenko, el valor de ambos principios es muy diferente. Mientras que el principio de orientación
en el espacio posee un valor constitutivo, el principio de orientación en el pensamiento posee un valor regulativo. En
efecto, no hay posibilidad de intuir los objetos suprasensibles y por lo tanto, es imposible asegurar la realidad objetiva de
sus conceptos. Por lo tanto, la orientación en el pensamiento jamás logrará disipar las tinieblas en el ámbito de lo
6
Es posible pensar algunos objetos suprasensibles –pues los objetos sensibles no agotan todo
el campo de lo posible– frente a los cuales la razón no siente ninguna exigencia de ampliarse hasta
ellos y mucho menos de suponer su existencia.28 La razón se encuentra suficientemente ocupada con
las causas en el mundo, las cuales se revelan a los sentidos –o al menos son de la misma clase que
aquello que se revela de esta manera– como para preocuparse además de la influencia de seres
puramente espirituales en la naturaleza. Suponer la existencia de estos seres sería más bien
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desventajoso para su uso. En efecto, dado que no conocemos nada acerca de las leyes según las
cuales actuarían semejantes seres y, en cambio, conocemos mucho acerca de los objetos de los
sentidos, o al menos podemos aspirar todavía a que se nos presenten en la experiencia, admitir
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aquella hipótesis implicaría más bien un obstáculo para el uso de nuestra razón. Investigar en esta
dirección o jugar con quimeras de ese tipo no es, pues, una exigencia sino una mera impertinencia,
que no conduce sino a la ensoñación.29 Sucede algo completamente distinto con el concepto de un
primer ser originario,30 considerado a la vez como inteligencia suprema y como máximo bien. Pues
nuestra razón siente la exigencia de poner el concepto del ser sin límites como el fundamento del
concepto de todos los seres limitados, esto es, de todas las otras cosas.* [138] Pero esta exigencia se
suprasensible. En este sentido, es siempre hipótesis o postulado. (Philonenko, “Introduction” en Kant, Qu’est-ce que
s’orienter dans la pensée?, op. cit., p. 74). [N. de la T.]
28
Dasein. [N. de la T.]
29
El hecho de que la suposición de seres espirituales que puedan tener alguna influencia en la naturaleza sea desventajosa
para el uso especulativo de la razón, que avanza en su conocimiento de la naturaleza a partir de lo que se da o puede
darse en la experiencia sensible, es lo que indicaría que no se trata de una auténtica exigencia de la razón. En efecto, la
razón atentaría contra sí misma mediante una suposición semejante. [N. de la T.]
30
Einem ersten Urwesen. [N. de la T.]
*
Dado que la razón exige presuponer una realidad [Realität (N. de la T.)] como dada respecto de la posibilidad de todas
las cosas, y que considera la diversidad de las cosas debido a sus negaciones inherentes únicamente como limitaciones
[Schranken], se ve obligada a colocar una única posibilidad, esto es, la posibilidad del ser ilimitado en tanto que
originario, como fundamento, y a considerar todos los otros seres como sus derivados. Además, ya que la posibilidad
general de toda cosa singular debe ser encontrada en el todo de las existencias –pues sólo de este modo el principio de
determinación general vuelve posible para nuestra razón la diferenciación entre lo posible y lo efectivamente real–,
encontramos un fundamento subjetivo de la necesidad, es decir, una exigencia de nuestra razón misma de poner como
fundamento de toda posibilidad, la existencia [Dasein (N. de la T.)] de un ser absolutamente real [allerrealesten (N. de la
T.)] –un ser supremo. En efecto, de esta manera surge la prueba cartesiana de la existencia de Dios, en la que
fundamentos subjetivos para presuponer algo en relación con el uso de la razón –que, en el fondo, es siempre un uso
solamente empírico– son tenidos por objetivos y, en esta medida, la exigencia es tomada como intuición intelectual
[Einsicht]. Esto se aplica a esta prueba y se aplica también a todas las pruebas que el respetable Mendelssohn expone en
sus Horas matinales. No aportan nada en el sentido de una demostración. Sin embargo, esto no significa en absoluto que
sean inútiles. Basta señalar qué bella ocasión brindan estos desarrollos extremadamente sagaces de las condiciones
subjetivas del uso de nuestra razón, para el conocimiento completo de esta, nuestra facultad racional, y hasta qué punto
constituyen sus ejemplos perdurables. Así pues, continúa siendo de gran importancia el tener por verdadero a partir de
fundamentos subjetivos del uso de la razón, cuando carecemos de fundamentos objetivos y no obstante nos vemos
obligados a juzgar. Sólo debemos preocuparnos por no hacer pasar lo que es únicamente una suposición obligada, por
una libre intuición intelectual, con el fin de no ofrecer sin necesidad a nuestro adversario, con el cual nos hemos puesto a
dogmatizar, alguna debilidad que éste pueda utilizar contra nosotros. Mendelssohn no tuvo en cuenta que el dogmatizar
con la pura razón en el ámbito de lo suprasensible es el camino seguro al entusiasmo filosófico, y que únicamente la
crítica de la propia facultad racional podría erradicar definitivamente a este mal. Es cierto que la disciplina del método
escolástico –el wolffiano, por ejemplo, que él también recomendaba por este mismo motivo– puede frenar efectivamente
por algún tiempo estos disparates, [138] ya que todos los conceptos deben ser determinados mediante definiciones y
7
extiende hasta la afirmación de la existencia31 de ese ser ilimitado. Sin esta existencia, la razón no
puede darse ningún fundamento satisfactorio para la contingencia de la existencia 32 de las cosas en el
mundo, y mucho menos para el arreglo a fines33 y el orden que se encuentra por todas partes en un
grado tan admirable, especialmente en lo pequeño –pues nos es más cercano– que en lo grande. Sin
admitir un autor inteligente, es imposible indicar al menos un fundamento inteligible de aquello, sin
caer en una franca inconsistencia. Y si bien no podemos demostrar la imposibilidad de una
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conveniencia tal sin una causa primera inteligente –pues entonces tendríamos fundamentos objetivos
suficientes para esta afirmación y no necesitaríamos recurrir a los fundamentos subjetivos– es en esa
carencia de comprensión donde se encuentra un fundamento subjetivo suficiente para aceptar esa
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primera causa. [139] Pues la razón exige presuponer algo que le sea inteligible, con el fin de explicar
este fenómeno dado; y todo aquello con lo que la razón pueda unir un concepto, no pone remedio a
esta exigencia.34
Ahora bien, la exigencia de la razón puede ser considerada como doble. En primer lugar,
según su uso teórico y en segundo lugar, según su uso práctico. A la primera exigencia acabo de
hacer referencia, pero es fácil observar que ésta se encuentra sometida a una condición. Es decir,
debemos aceptar la existencia de Dios, si queremos juzgar acerca de la primera causa de todo lo
contingente, especialmente acerca del orden de los fines efectivamente puestos en el mundo.35
Mucho más importante es la exigencia de la razón en su uso práctico, porque ésta es incondicionada.
En este caso, no solamente nos vemos obligados a presuponer la existencia 36 de Dios si queremos
juzgar, sino porque debemos juzgar. Pues el uso puro práctico de la razón consiste en la prescripción
de las leyes morales. Y ellas conducen todas a la idea de un bien supremo, el cual es posible en el
mundo, pero únicamente en la medida en que es posible mediante la libertad, es decir, conducen a la
moral.37 Por otra parte, estas leyes también conducen a aquello que no depende simplemente de la
todos los pasos deben ser justificados mediante principios. Pero de ningún modo puede este método impedirlos por
completo. Pues en efecto, ¿con qué derecho se pretende prohibir a la razón continuar su avance en un ámbito en el cual,
según ella misma reconoce, tanto éxito ha tenido? ¿Y dónde se encuentra entonces el límite [Grenze (N. de la T.)], en el
que debe detenerse?
31
Daseyn. [N. de la T.]
32
Existenz. [N. de la T.]
33
Zweckmäßigkeit. [N. de la T.]
34
Es una exigencia de la razón humana la que conduce a la postulación del concepto de un primer ser originario, pues
requiere la noción de lo ilimitado como fundamento del concepto de todo lo limitado y de la existencia de ese ser, pues
únicamente suponiendo la existencia de un primer ser originario la razón puede encontrar un fundamento para la
existencia de las cosas contingentes de este mundo así como para el orden y la finalidad que encontramos en él. [N. de la
T.]
35
La exigencia de la razón que conduce a la postulación de un Dios inteligente y bueno como causa del mundo es
condicional, pues hay que postularlo si se quiere juzgar acerca del fundamento lo contingente y del orden que se
evidencia en la naturaleza. Ahora bien, si no quisiésemos juzgar acerca de nada de eso, entonces no tendríamos por qué
suponer la existencia de ese creador. [N. de la T.]
36
Existenz. [N. de la T.]
37
Sittlichkeit. [N. de la T.]
8
libertad humana, sino también de la naturaleza, esto es, a la máxima felicidad,38 en la medida en que
ésta se encuentra repartida proporcionalmente en relación a aquella primera. La razón exige,
entonces, admitir un bien supremo dependiente y, como su garantía, una inteligencia superior en
tanto que bien supremo independiente. Pero no lo admite para derivar de allí la imperativa autoridad
de las leyes morales ni los móviles para su observancia –pues ellas no tendrían ningún valor moral, si
el móvil de la acción fuese derivado de otra cosa que no sea la sola ley, la cual es por sí misma
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apodícticamente cierta–, sino sólo para darle al concepto de bien supremo una realidad objetiva. 39 Es
decir, con el fin de evitar que éste sea sencillamente considerado, junto con la moralidad entera,
como un mero ideal, si no existiera en ninguna parte aquello cuya idea se encuentra
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38
Glückseligkeit. [N. de la T.]
39
En su uso práctico, la razón exige absolutamente la postulación de Dios como bien supremo independiente, pues es la
única manera de garantizar que el reino de los fines –el ámbito de las acciones morales de los seres libres– puede
realizarse en la naturaleza –el ámbito de la necesidad mecánica–. Sólo mediante esta postulación de un ser supremo
existente, el concepto de un bien supremo adquiere realidad objetiva. En este sentido, se trata de una exigencia no
condicional, sino que nos vemos obligados a juzgar acerca de este asunto. Sin embargo, es importante notar que Kant
insiste en la autonomía de la ley moral, cuya fuerza no depende de la existencia de Dios sino de la autoridad de la razón
misma. [N. de la T.]
40
Moralität. [N. de la T.]
*
La razón no siente. Reconoce su carencia y produce a través del impulso de conocimiento [Erkenntnistrieb (N. de la
T.)], el sentimiento de la exigencia. Sucede aquí lo mismo que con el sentimiento moral, que no es en sí mismo el origen
de la ley moral –la cual depende enteramente de la razón– sino que, por el contrario, es él mismo causado o producido
por las leyes morales, y por lo tanto por la razón, en la medida en que la voluntad activa y libre exige móviles
determinados.
41
Schranken. [N. de la T.]
9
en el desarrollo de las ciencias.42 Sin embargo, le corresponde el mérito de haber reconocido que en
esto, como en todo, la última piedra de toque de la validez de un juicio no debe ser buscada sino
únicamente en la razón, aunque ésta se guíe en la elección de sus principios ya por el discernimiento
o por la mera exigencia y las máximas de su propia conveniencia. 43 Él llamaba a la razón en su uso
supremo “la razón humana común”. Pues, en efecto, ella tiene siempre ante sus ojos, en primer lugar,
su propio interés. Mientras que es necesario haber salido de la vía natural para olvidar ese interés y
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husmear ociosamente entre conceptos adoptando una perspectiva objetiva con el simple fin de
aumentar su conocimiento, sea que se trate de algo necesario o no.44
Ahora bien, la expresión “sentencia de la sana razón” continúa siendo siempre ambigua en la
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cuestión que estamos examinando. Puede ser entendida como un juicio basado en la intuición
racional,45 tal como Mendelssohn mismo lo malinterpretó, o puede ser tomada como un juicio
basado en una inspiración de la razón,46 tal como el autor de Los resultados parece considerarla.47
Por eso, es necesario denominar de otra manera esta fuente del juicio y ningún nombre es más
adecuado que el de creencia racional.48 [141] Por cierto, toda creencia, incluso la histórica, debe ser
racional, pues la última piedra de toque de la verdad es siempre la razón. Pero sólo es creencia
racional aquella que no se fundamenta en más datos que los que se encuentran contenidos en la razón
pura. Así, toda creencia es un tener por verdadero subjetivamente suficiente, con conciencia de que
objetivamente es insuficiente. En este sentido, la creencia se opone al conocimiento. Por otro lado,
cuando algo es tenido por verdadero a partir de fundamentos objetivos, pero se tiene conciencia de
que éstos son insuficientes, entonces se tiene una mera opinión. Esta opinión puede, sin embargo,
transformarse finalmente en saber mediante la paulatina adición de fundamentos de esa misma clase.
En cambio, cuando los fundamentos del tener por verdadero son de una clase tal, que no son en
absoluto objetivamente válidos, entonces ningún uso de la razón podrá hacer jamás que esa creencia
42
“Hace ya entre doce y quince años que me encuentro completamente incapaz de ampliar mis conocimientos”, declara
Mendelssohn en el Prólogo a sus Horas matinales (p. 3). [N. de la T.]
43
Este pasaje puede leerse como un contrapunto a la afirmación de Wizenmann, según quien corresponde a Jacobi el
mérito de haber revivido la cuestión de la fe y la filosofía y de haberla establecido de un modo tal, que su consideración
sea fecunda (cf. Wizenmann, Los resultados…, p. 7). Kant, por su parte, a pesar de no coincidir con su posición,
reconoce a Mendelssohn como meritorio por el hecho de haber mantenido, frente a los ataques de los partidarios de la fe,
que la razón es siempre la última autoridad en lo que atañe a la verdad. [N. de la T.]
44
Kant opone aquí al filósofo honesto que sigue el interés propio de la razón, a la figura del filósofo ocioso, que
únicamente busca, sin orden y caprichosamente, ampliar sus conocimientos, sin atender a la razón misma y a lo que ella
exige. Esta segunda actitud podría ser identificada con la especulación tal como Mendelssohn la entendía, pues mientras
ella podía elevarse a las sutilezas del pensamiento, el sano entendimiento humano se encargaba de acceder a las verdades
necesarias para la felicidad de los individuos, a los principios fundamentales para la religión y, por lo tanto, para el orden
político. [N. de la T.]
45
Vernunfteinsicht. [N. de la T.]
46
Vernunfteingebung. [N. de la T.]
47
Véase Wizenmann, Los resultados…, pp. 39 y ss. [N. de la T.]
48
Vernunftglaubens. [N. de la T.]
10
se transforme en saber. La creencia histórica, por ejemplo, la creencia en la muerte de un gran
hombre informada en alguna carta, puede transformarse en saber, si la autoridad del lugar notifica
además acerca de su entierro, su testamento, etcétera. Por lo tanto, algo histórico puede ser tenido por
verdadero, es decir, puede ser creído, únicamente a partir de testimonios. Por ejemplo, que existe una
ciudad en el mundo llamada Roma. Sin embargo, aquél que jamás ha estado allí puede decir “sé que
Roma existe” y no meramente “creo que Roma existe”, y ambas cosas son perfectamente
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compatibles. Por el contrario, todos los datos naturales de la razón y de la experiencia jamás pueden
transformar la pura creencia racional en un saber, pues el fundamento del tener por verdadero es
aquí meramente subjetivo, o sea, es por una exigencia necesaria de la razón –y siempre lo será en la
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medida en que continuemos siendo humanos– que únicamente suponemos la existencia de un ser
supremo, no la demostramos.49 Esta exigencia de la razón respecto de un uso teórico que le dé
satisfacción no sería más que una pura hipótesis racional,50 es decir, una opinión que sería suficiente
para el tener por verdadero a partir de fundamentos subjetivos. Esto es así, porque no puede
esperarse otra clase de fundamentos para explicar ciertos efectos dados y, sin embargo, la razón
exige un fundamento explicativo. Por el contrario, la creencia racional que se basa en la exigencia
de su uso en el aspecto práctico, podría ser denominada un postulado de la razón.51 No en el sentido
de ser un discernimiento que cumpliera con todos los requerimientos lógicos de la certeza, sino
porque este tener por verdadero –cuando en los seres humanos especialmente todo lo moral se
encuentra bien cultivado– no es inferior a ningún saber según el grado,* si bien según la especie son
completamente diferentes. 52
[142] Una pura creencia racional es, por lo tanto, el indicador del camino o la brújula con que
el pensador especulativo puede orientarse en sus expediciones racionales en el ámbito de los objetos
suprasensibles. Esta guía permite que el hombre de razón común, aunque –moralmente– sana, pueda
trazarse un camino perfectamente adecuado en relación al objetivo total de su destinación, tanto en el
49
La distinción entre creencia, opinión y saber o conocimiento puede encontrarse también en la tercera sección del
“Canon de la razón pura”, en la Crítica de la razón pura (KrV A 820 / B 848 y ss.). [N. de la T.]
50
Vernunfthypothese. [N. de la T.]
51
Ein Postulat der Vernunft. [N. de la T.]
*
La firmeza de la creencia requiere necesariamente de la consciencia de su inmutabilidad. Puedo tener la absoluta certeza
de que nadie podrá refutar la afirmación “existe un Dios”. Pues, ¿de dónde extraería él este discernimiento? Por lo tanto,
no sucede lo mismo con la creencia racional que con la histórica, en la que siempre es todavía posible que se encueten
pruebas en contra y donde hay que considerar siempre la posibilidad de cambiar de opinión, en caso de que nuestro
conocimiento acerca del asunto se viera ampliado.
52
La creencia racional que se basa en el uso práctico de la razón no es, a diferencia de la que se basa en la exigencia de
su uso teórico, una hipótesis, sino un postulado y tiene la misma fuerza que un conocimiento bien fundado, a pesar de
que su naturaleza es totalmente diferente.
11
aspecto teórico como en el práctico.53 Además, esta creencia racional debe ser considerada como el
fundamento de toda otra creencia, así como de toda revelación.
El concepto de Dios –e incluso la convicción de su existencia– puede encontrarse únicamente
en la razón, únicamente puede originarse de ella y no puede venir a nosotros por inspiración54 ni
mediante una comunicación exterior, por grande que sea su autoridad. Si me ocurriese una intuición
inmediata de semejante clase, que la naturaleza –hasta donde yo sé– es absolutamente incapaz de
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suministrar, debe haber no obstante un concepto de Dios que funcione como la pauta para determinar
si este fenómeno armoniza con todo aquello que lo característico de una divinidad requiere. A pesar
de que yo no pueda comprender cómo sería posible que un fenómeno cualquiera me represente de
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alguna manera –aunque sólo sea según la cualidad– aquello que únicamente se deja pensar y que
jamás se da en la intuición, al menos resulta claro que para juzgar si Dios es aquello que se me
aparece, aquello que afecta mi sensibilidad interior o exteriormente, debo contrastar ese fenómeno
con mi concepto racional de Dios y examinar, no si se adecúa a él, sino sencillamente si no lo
contradice. Asimismo, aún si en todo aquello que este fenómeno me descubriera de manera
inmediata no se encontrase nada que contradijera aquél concepto, este fenómeno, esta intuición, esta
revelación inmediata o como quiera que se desee denominar semejante representación, jamás podría
demostrar la existencia de un ser cuyo concepto, para diferenciarlo de toda otra creatura, [143] exige
el concepto de la infinitud según la magnitud55 –si éste no ha de estar determinado de modo dudoso,
y por consiguiente, sometido a la mezcla con toda ilusión posible–. Sin embargo, no puede haber
ninguna experiencia ni intuición que sean adecuadas a este concepto, por lo que la existencia de un
ser semejante no puede ser probada jamás inequívocamente. Así pues, nadie puede estar en primer
lugar convencido de la existencia del ser supremo por medio de alguna intuición cualquiera. La
creencia racional debe preceder y en el mejor de los casos, ciertos fenómenos o testimonios podrían
luego dar ocasión para investigar si aquello que nos habla o que se nos presenta puede ser
considerado legítimamente como una divinidad y, de este modo, eventualmente confirmar esa
creencia.56
53
La razón se afirma como la última autoridad tanto en el ámbito de lo práctico como en el ámbito de lo teórico. No se
trata, sin embargo, de una razón especulativa que, mediante sus demostraciones, construye un edificio de conocimientos.
Se trata, por el contrario, de una razón que tiene principalmente un uso negativo. El planteo es similar al modo en que
Kant justifica la necesidad de la crítica en su Crítica de la razón pura. La razón aparece allí como el tribunal ante el cual
debe comparecer ella misma, para conocer sus límites y sus usos legítimos. El resultado es lo que Kant denomina la
utilidad negativa de la crítica: limitar la razón especulativa al ámbito de la experiencia. Sólo la razón puede, sin embargo,
realizar la crítica, descubrir sus propios límites e imponerlos sobre sí misma (véase Kant, Crítica de la razón pura,
Prólogo a la segunda edición. KrV B XXIV-XXV). [N. de la T.]
54
Eingebung. [N. de la T.]
55
Unendlichkeit der Größe nach. [N. de la T.]
56
Al establecer la creencia racional en Dios como el fundamento de cualquier otra fe y de cualquier revelación, Kant
reafirma la superioridad de la razón frente a cualquier otra vía que pretenda arrogarse el derecho de descubrir la verdad.
12
Por lo tanto, cuando se le niega a la razón su derecho legítimo de hablar primero en asuntos
que incumben a los objetos suprasensibles, como la existencia de Dios y del mundo futuro, se abre
una ancha puerta al delirio, a la superstición e incluso al ateísmo. No obstante parece que todo en la
polémica entre Jacobi y Mendelssohn ha sido preparado para el derrocamiento –no lo sé con
precisión– o bien meramente del discernimiento racional y el saber mediante una supuesta potencia
en la especulación, o también incluso de la creencia racional, para instaurar en cambio otra creencia,
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que cada uno podría adquirir según su gusto. Casi habría que suponer esto último, cuando se constata
que el concepto spinozista de Dios es proclamado el único concepto que coincide con todos los
principios de la razón* y sin embargo inmediatamente se lo declara un concepto abominable. Pues es
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totalmente compatible con la creencia [144] racional admitir que la razón especulativa por sí misma
no es capaz de discernir la posibilidad de un ser tal como nos vemos obligados a pensar a Dios, pero
no puede ser compatible con ninguna creencia ni tampoco con ningún tener por verdadero acerca de
la existencia de un ser, que la razón pueda discernir la imposibilidad de un objeto y sin embargo, a
partir de otras fuentes, sea capaz de reconocer la realidad efectiva del mismo.
¡Hombres de gran espíritu y de amplio pensamiento! Venero vuestros talentos y vuestro
entrañable sentimiento de humanidad. ¿Pero habéis reflexionado también acerca de lo que hacéis y
de las consecuencias que vuestros ataques tendrán para la razón? Sin duda queréis que la libertad de
Según él, tanto la fe inmediata defendida por Jacobi como la fe en la historia y la tradición postulada por Wizenmann,
jamás pueden ser medios que conduzcan a ninguna certeza acerca de la existencia de Dios. [N. de la T.]
*
Es difícil comprender cómo ciertos intelectuales han podido encontrar en la Crítica de la razón pura un apoyo para el
spinozismo. La Crítica ha cortado por completo las alas al dogmatismo con respecto al conocimiento de los objetos
suprasensibles y el spinozismo es en este punto tan dogmático, que incluso compite con el matemático en el rigor de las
pruebas. La Crítica prueba que la tabla de los conceptos del entendimiento puro debe contener todos los materiales del
pensar puro. El spinozismo habla de pensamientos que a su vez piensan, y por lo tanto, habla de un accidente que sin
embargo existe para sí como un sujeto, que es un concepto que no se encuentra en absoluto en el entendimiento humano
y que tampoco puede ser introducido en él. La Crítica muestra que no es suficiente para afirmar la posibilidad de un ser,
incluso de un ser pensado, el hecho de que en su concepto no se encuentre nada contradictorio –aunque en caso de ser
necesario esté totalmente permitido admitir esta posibilidad. El spinozismo en cambio pretende discernir la imposibilidad
de un ser, cuya idea consta de puros conceptos del entendimiento, de la cual se han excluido todas las condiciones de la
sensibilidad y en la cual jamás se podrá hallar una contradicción, y por lo tanto no puede sostener esta presunción, que va
más allá de todos los límites, en nada. Es por esto que el spinozismo conduce directamente al entusiasmo [Schwärmerei].
Por el contrario, no existe ningún medio más seguro para extirpar de raíz el entusiasmo, que el de determinar de los
límites del poder de la razón pura. Asimismo, otro sabio pretende encontrar en la Crítica de la razón pura un
escepticismo, a pesar de que la Crítica se propone, precisamente, establecer algo cierto y determinado en relación a la
extensión de nuestro conocimiento a priori. Al mismo tiempo, descubre una dialéctica en las investigaciones críticas,
cuyo objetivo es, precisamente, disolver y aniquilar para siempre la inevitable dialéctica con al que se enreda y se
complica la razón pura, cuando es conducida dogmáticamente. Del mismo modo procedían los neoplatónicos, que se
denominaban eclécticos porque eran capaces de encontrar por doquier en los autores antiguos sus propias fantasías, las
cuales ellos mismos habían puesto previamente allí. En este sentido, no hay nada nuevo bajo el sol. [La acusación de
spinozismo contra Kant se encuentra en una reseña anónima de los “Comentarios sobre la Crítica de la razón pura del
Profesor Kant por John Schulze”, publicada en la Allgemeine Deutsche Bibliothek en marzo de 1786. Esta nota al pie, de
difícil lectura, apunta a señalar cuáles son las diferencias entre la doctrina spinoziana y el sistema de la Crítica de la
razón pura. Para una interpretación del texto, véase Philonenko, “Introduction” en Kant, Qu’est-ce que s’orienter dans la
pensée?, op. cit., pp. 36 a 38 y Allison, “Lessing’s Spinozistic Exercises”, [Link]., pp. 201 a 209. Mi interpretación de esta
nota en el contexto de la Polémica del spinozismo se encuentra en Solé, M. J., Spinoza en Alemania, op. cit., pp. 308 y
ss.. (N. de la T.)].
13
pensar sea conservada intacta; pues sin ella incluso vuestros libres arrebatos de genio pronto llegarán
a su fin. Veamos qué hay que esperar que suceda con esta liberad de pensamiento, si el
procedimiento que habéis iniciado se lleva al extremo.57
[145] A la libertad de pensamiento se opone, en primer lugar, la coacción civil.58
Ciertamente, se dice que la libertad de hablar o de escribir puede sernos quitada por un poder
superior, pero que éste jamás puede quitarnos la libertad de pensar. Pero, ¡cuánto y cuán
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comunicar públicamente sus pensamientos, también les quita la libertad de pensar, la única joya que
todavía nos queda a pesar de todas las cargas civiles y el único medio para combatir los males de esta
situación.59
En segundo lugar, la libertad de pensamiento es considerada también en el sentido en que se
opone a la presión sobre la consciencia,60 en la que, sin ninguna autoridad exterior, algunos
ciudadanos asumen el papel de tutores de otros en materia de religión y en vez de ofrecer
argumentos, procuran desterrar toda inspección de la razón basada en la impresión producida
anteriormente sobre el espíritu mediante fórmulas de fe obligatorias acompañadas de un profundo
temor frente a los peligros de una investigación propia.61
En tercer lugar, libertad de pensamiento significa que la razón no se someta a ninguna otra
ley, más que a aquella que ella se da a sí misma. A esto se opone la máxima de un uso sin ley de la
razón –lo cual le permitiría, según supone el genio, ver más allá que bajo la restricción de las leyes.
Evidentemente, de esto se sigue que, cuando la razón no quiere obedecer la ley que ella misma se da,
entonces debe someterse al yugo de las leyes que algún otro le impone. Pues sin alguna clase de ley
57
Los párrafos siguientes, en los que Kant aborda el problema de la libertad de pensamiento y realiza una defensa de la
Ilustración tal como él la comprende, pueden leerse en conjunto con el otro artículo publicado en el mismo periódico que
el presente, en el que Kant había abordado estas cuestiones apenas dos años antes. Véase Kant, Immanuel. “Respuesta a
la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?”, op. cit.. AK VIII, pp. 35-42. [N. de la T.]
58
Bürgerliche Zwang. [N. de la T.]
59
Se trata de una nueva justificación de la necesidad de permitir una plena libertad de expresión en el uso público de la
razón, esto es, en la medida en que los hombres, en tanto que doctos, pueden hablar con sus conciudadanos o publicar sus
ideas. Véase Kant, “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?”, op. cit.. Lo interesante es que en este texto Kant
establece una conexión explícita entre la liberta de pensar, que no puede ser jamás directamente prohibida por las
autoridades políticas, y la libertad de expresión, que aseguraría que la capacidad de pensar se ejerza correcta y
fructíferamente. [N. de la T.]
60
Gewissenszwang. [N. de la T.]
61
Acerca de la función perniciosa de estos tutores para el desarrollo del pensamiento propio y el ejercicio de la propia
razón, véase el artículo de Kant, “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?”, op. cit.. Allí, sin embargo, Kant no
culpa a los tutores de mantener a los hombres en un estado no ilustrado –que él identifica con la minoría de edad– sino a
los hombres mismos que no se atreven a pensar de manera autónoma y buscan la comodidad de que sea otro quien les
diga qué deben pensar. [N. de la T.]
14
nada, ni siquiera el mayor absurdo, puede sostenerse en el tiempo. De este modo, la inevitable
consecuencia de esta desobediencia a las leyes en el pensamiento –esta emancipación de las
restricciones impuestas por la razón– es que ella misma conduce a la pérdida de la libertad de pensar.
Y dado que no es por culpa de algún infortunio, sino de una auténtica arrogancia, la libertad de
pensamiento es así perdida por necedad, en el sentido estricto de la palabra. 62
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parece haberse sentado en un trono mal adornado por una razón lenta y pesada, a lo cual siempre
conduce el lenguaje de la misma. A esa máxima de la invalidez de una razón soberanamente
legisladora, admitida a partir de entonces, nosotros los hombres comunes, la denominamos
entusiasmo.63 Pero estos favorecidos por la bondadosa naturaleza la denominan iluminación.64 Sin
embargo, como pronto debe surgir entre ellos una confusión de lenguaje –ya que únicamente la razón
puede mandar válidamente sobre todos y en cambio ahora cada uno sigue su propia inspiración–,
esas inspiraciones interiores tienen que surgir, finalmente, de hechos acreditados por testimonios
exteriores, de tradiciones que primeramente eran ellas mismas elegidas pero que con el tiempo han
devenido documentos obligatorios. En una palabra, se trata del total sometimiento de la razón a los
hechos, es decir, se trata de la superstición, pues ésta al menos se deja reducir a una forma de
legalidad y, de este modo, permite alcanzar un estado de equilibrio.
Dado que la razón humana aspira siempre a la libertad, si alguna vez logra romper sus
cadenas, su primer uso de una libertad [146] largamente inactiva necesariamente degenerará en
abuso y en una confianza temeraria en la independencia de su poder respecto de toda limitación,
degenerará en la persuasión del poder absoluto de la razón especulativa que admite únicamente
aquello que pueda justificarse mediante fundamentos objetivos y convicciones dogmáticas y niega
audazmente todo lo demás. La máxima de la independencia de la razón respecto de su propia
exigencia –la renuncia a la creencia racional– se llama, pues, incredulidad. No se trata, claro está, de
62
Esta definición de la libertad de pensamiento como el ejercicio de la razón de acuerdo con su ley propia es lo que
anima todo el proyecto crítico kantiano. En este sentido, la Crítica de la razón pura es una investigación acerca del uso
legítimo de esta facultad, que determina su alcance y sus límites. Únicamente el conocimiento y el respeto de estos
límites garantiza un uso correcto. La libertad de pensamiento en el ámbito político, concedida por las autoridades y
conquistada frente a los tutores religiosos, no sirve de nada si la razón no reconoce y obedece su propia ley. En este
sentido, el principal obstáculo para el pensamiento libre es la necedad. Los párrafos siguientes relatan “el curso de los
acontecimientos”, mediante el cual Kant intenta mostrar cómo han surgido y a dónde conducen las diferentes posiciones
asumidas por Jacobi, Wizenmann y Mendelssohn en la polémica. [N. de la T.]
63
Schwärmerei. [N. de la T.]
64
Erleuchtung. [N. de la T.]
15
una incredulidad histórica, pues ésta no puede ser considerada como deliberada y, por lo tanto,
tampoco como imputable –ya que es necesario creer en un hecho suficientemente probado tanto
como en una demostración matemática, independientemente de que se quiera o no. Se trata, por el
contrario, de una incredulidad racional,65 un estado desagradable del ánimo humano, que comienza
por despojar a las leyes morales de su poder para movilizar el corazón y que con el tiempo les quita
incluso toda su autoridad, que motiva esa forma de pensar que se denomina libertinaje,66 es decir, el
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somete este asunto, como todos los otros, a los decretos del país. Y así la libertad de pensamiento,
cuando quiere proceder independientemente de las leyes de la razón, se destruye a sí misma.
¡Amigos del género humano y de lo más sagrado en este género! Aceptad aquello que os
parezca más digno de crédito luego de un análisis cuidadoso y sincero, ya se trate únicamente de
facta, ya de principios racionales, pero no disputéis a la razón aquello que la hace ser el mayor bien
sobre la Tierra, esto es, el privilegio de ser la última piedra de toque de la verdad.* [147] De lo
contrario, indignos de esta libertad, seguramente la perderéis y arrastraréis en esta desgracia a
aquellos inocentes que, de lo contrario, hubiesen estado totalmente dispuestos a servirse de su
libertad dentro de los límites de la ley y, de esta manera, a utilizarla en vistas al bien universal.
Königsberg
I. Kant
65
Vernunftunglaube. [N. de la T.]
66
Kant utiliza el término Freigeisterei. Prefiero traducir este término por la palabra “libertinaje”, a diferencia de
Philonenko que se inclina por “tolerance” y Correas por “tolerancia”. Creo que se adecúa mejor al sentido que Kant
quiere expresar, o sea, aquella persona que adopta como único principio el de no reconocer ninguna obligación (Pflicht).
[N. de la T.]
*
Pensar por sí mismo [Selbstdenken (N. de la T.)] significa buscar en uno mismo –esto es, en la propia razón– la
suprema piedra de toque de la verdad. Y la máxima de pensar siempre por sí mismo es la Ilustración. Esto supone mucho
menos de lo que se imaginan aquellos que identifican a la Ilustración con los conocimientos [Mendelssohn (N. de la T.)],
pues ésta consiste más bien en un principio negativo para el uso de la propia facultad del conocimiento y es muy
frecuente que aquél que posee muchos conocimientos sea el menos ilustrado en el uso de los mismos. Servirse de la
propia razón no significa más que preguntarse, frente a todo aquello que ha de aceptarse, si es posible transformar en un
principio universal del uso de la razón el fundamento en virtud del cual se admite alguna cosa o incluso la regla que se
deriva de aquello que se admite. Cada uno puede ensayar esto consigo mismo y verá que con esta prueba desaparecen
inmediatamente la superstición y el entusiasmo [Schwärmerei], aunque se encuentre lejos de poseer los conocimientos
necesarios para refutarlos mediante fundamentos objetivos. Pues, en efecto, se sirve únicamente de la máxima de
autoconservación de la razón. Así pues, instaurar la Ilustración en sujetos singulares por medio de la educación es una
tarea fácil, basta con acostumbrar a las jóvenes cabezas desde temprano a realizar esta clase de reflexión. Sin embargo,
ilustrar a una época es muy arduo, pues existen muchos obstáculos externos que en parte prohíben y en parte dificultan
este tipo de educación.
16