En un artículo anterior habíamos (Una mirada
filosófica a conceptos fundamentales de la
mitología nórdica) comentado los fundamentos mitológicos de las culturas nórdicas. Entre
estos temas comentamos el origen del universo, el origen del ser humano y el Yggdrasil o
Árbol del Mundo donde todos los seres de este universo viven y evolucionan. En esta
oportunidad profundizaremos en los distintos mundos que están contenidos en el Fresno
Universal y los diferentes seres que habitan en cada uno.
Los nueve mundos de Yggdrasil
El fresno Yggdrasil es el “Árbol del Mundo” de la cosmogonía escandinava; el árbol
del universo, del tiempo y de la vida. En esta cultura, el fresno “Ask” o “Ash” representaba
a su vez, al “Árbol del conocimiento” y junto con “Embla” (el olmo), son los maderos de
los cuales los dioses Odín, Vili y Vé crearon a la primera pareja humana. El Yggdrasil es
siempre fresco y verde, puesto que diariamente es regado por las Nornas -las tres hermanas
tejedoras del destino de los seres vivos, lo Pasado, lo Presente y lo Futuro-, con las aguas de
la vida de la fuente de Urd que fluye en nuestra tierra[1]. Es el Destino, la Ley hindú del
Dharma, lo que mantiene al universo con vida y renovado.
“Nornir” de J. L. Lund (1884)
Las tradiciones nórdicas mencionan nueve mundos comprendidos en tres niveles
dentro del Yggdrasil; un nivel celeste, una especie de inframundo y, de manera intermedia,
un mundo terrestre. Aunque si bien las clasificaciones actuales parecen mostrarlos como
lugares separados entre ellos, es posible que algunos de estos mundos estén dentro de otros;
o que refieran, no a espacios “geográficos” sino a diferentes estados de conocimiento y
conciencia, como comentaremos más adelante.
Ilustración del Yggdrasil con sus nueve mundos y elementos claves
Es curioso destacar que el número nueve es un símbolo fundamental en numerosas
culturas. Por ejemplo, podemos verlo resumido en el artículo El simbolismo de… el
número nueve: “En los escritos homéricos este número tiene un valor ritual: Deméter
recorre el mundo durante nueve días en busca de su hija Perséfone; Leto sufre durante
nueve días y nueve noches los dolores del parto para dar a luz a los gemelos Apolo y
Artemisa; las nueve Musas han nacido de Zeus en nueve noches consecutivas de amor con
Mnemosine. También el nueve interviene frecuentemente en la imagen del mundo descrita
en la Teogonía de Hesíodo. Nueve días y nueve noches son la medida del tiempo que
separa el cielo de la tierra y ésta del infierno. Según Dioniso Areopagita, los ángeles están
jerarquizados en nueve coros, o tres tríadas: la perfección de la perfección, el orden en el
orden, la unidad en la unidad.”
Este número nueve, de muy difícil comprensión lógica, también será de gran
importancia a la hora de medir la duración de los grandes ciclos micro o macrocósmicos.
En antiguas tradiciones de India, se habla de los yugas, o eslabones que representan las
etapas del tiempo en el universo. El Mahayuga o “Gran ciclo” cósmico, entre su comienzo
y su finalización abarcaría un total de 4.320.000 años, cifras que sumadas dan 9. Entre los
mayas, el gran ciclo temporal llamado Alautun duraba 23.040.000.000 días, que sumadas
sus cifras dan 9 nuevamente. Entro los pueblos de Mesopotamia, se dice, por ejemplo, que
el rey-dios Dummuzi gobernó durante 36000 años, manteniendo esta clave numérica.
El número nueve parece simbolizar el proceso de gestación de la vida, tanto en los
embriones humanos, como en diferentes esferas sociales y cósmicas. Es el símbolo del
coronamiento de los esfuerzos, el término de una creación; la finalización de una etapa que
se completa, para dar lugar en el próximo paso, al número 10, o sea, a la unidad
nuevamente; al comienzo de un nuevo ciclo.
Yggdrasil tiene tres raíces que llegan hasta el frío Hel (el
infierno), hasta Jotunheim (mundo de los gigantes) y a Midgard (tierra de los hombres).
Sus ramas superiores se extienden hasta dentro del cielo y su rama más elevada cubre con
su sombra el Walhalla en Asgard (mundo de los dioses). Aunque constantemente sus raíces
inferiores son mordidas por la serpiente Nidhogg, del mal, las pasiones y los deseos, este
árbol se secará y desaparecerá sólo el día en que se libre la postrera batalla entre el bien y el
mal, llamada Ragnarok.
Es interesante mencionar que todos los pueblos antiguos tenían su árbol del mundo,
según explica H.P. Blavatsky: “Los babilonios tenían su “árbol de la vida”, cuyas raíces
penetraban dentro del gran abismo inferior o Hades, cuyo tronco estaban en la tierra, y
cuyas ramas superiores llegaban al Zikum, la más elevada mansión celeste. En lugar
del Walhalla, se colocaban ellos su follaje superior en la santa casa de Davkina, la “gran
madre” de Tammuz, el Salvador del mundo, el Dios Sol condenado a muerte por los
enemigos de la luz.”
Los mundos de los extremos del frío y el calor
Los mundos más profundos y más antiguos son el Muspelheim y el Niflheim y
representan las dos fuerzas primordiales, que, al encontrarse en el Ginnungagap, el vacío
absoluto antes de la creación, darán vida al cosmos.
El Muspelheim es el reino donde se encuentra el fuego creador; el movimiento
continuo, el calor y la luz que dan vida. Este fuego sagrado es el que, en alguna medida
simbolizan Hefesto griego, Vulcano romano, Ptah egipcio, Agni indo o Pachacámac
sudamericano. Es el fuego que permite crear, el movimiento que genera la manifestación,
las chispas de conciencia que en el ser humano despiertan el instinto de eternidad y la
imaginación creativa. Este fuego es opuesto y complementario a la quietud absoluta y fría
del Niflheim.
Ilustración de Muspelheim
Sutr, el gigante de fuego
En este mundo ígneo habitan Sutr y los gigantes de fuego, también llamados “los
hijos de Muspell”, dios del fuego y padre de las llamas. Como se puede encontrar en el
Glosario Teosófico de Helena Blavatsky, “Estos malos hijos del buen Muspel, (…) se
juntaron formando un ejército formidable, y libraron la “última
batalla” (Ragnarok) (…)”. Estos gigantes de fuego tendrán un rol decisivo en la batalla del
fin del mundo en estas tradiciones.
El Niflheim mencionado es el infierno frío de las tradiciones nórdicas. Un lugar de
eterna inconsciencia e inactividad. Representa lo inerte e inmóvil, la quietud de la muerte.
El cero absoluto de escala de Kelvin; el punto donde no existe movimiento de ningún tipo.
Niflheim era el reino helado de oscuridad y niebla.
Según la Edda en prosa, una gran época antes de que se hiciera la tierra, existió
Niflheim. Dentro de este había un pozo hirviente y venenoso llamado Hvergelmer del cual
fluían numerosos arroyos (hasta esta fuente llega una de las raíces del Yggdrasil). El
veneno en el interior de los ríos se endureció y se convirtió en hielo que se fue acumulando
hacia el norte del Ginnungagap, el cual comenzó a llenarse de veneno helado y tormentas se
formaron en su interior. Sin embargo, en la región sur de Ginungagap, chispas
incandescentes salían de Muspelheim. Cuando el calor y las chispas de Muspelheim se
encontraron con el hielo, este comenzó a derretirse. Estas chispas continuarían para crear el
Sol, la Luna y las estrellas y las gotas formarían el ser primitivo: el gigante Ymir, de quien
provendrían las razas de gigantes, al menos los gigantes de la escarcha.
Nif
lheim
El Jötunheim, el hogar de los gigantes
Sintetizadas en el ancestro Ymir, en estas tradiciones los gigantes representan las
fuerzas antiguas y caóticas de la naturaleza; la primitiva y ruda materia orgánica que en un
primer momento de la creación daría vida a los elementos, para que luego, nuevas
generaciones vivieran en el universo.
Una gigante de hielo, descendiente de Ymir, sería la madre de los primeros dioses y
estos últimos, de la humanidad. Como menciona H. P. Blavatsky: son “(…) los gigantes, o
las Fuerzas Titánicas precósmicas de la Naturaleza que se rebelan, y que, al paso que
viven en la región de la Materia (el mundo manifestado de Platón), se resisten a ser
dominadas por los Dioses, los agentes de la Armonía Universal (…).
El gigante Ymir frente a los dioses Odín, Vili y Vé
Grandes y poderosos magos, increíblemente viejos, llevan la sabiduría de otros
tiempos, por ejemplo, Odín buscará al gigante Mimir para obtener la sabiduría completa y
por la cual deberá entregar un ojo. Perversos y versados en la magia, los gigantes,
equivalentes a los titanes griegos, serían los principales de los dioses, encabezada esta lucha
por Thor. Mientras los jotun simbolizan la quietud, la inercia titánica propia de la materia
que se resiste, Thor es el dios del trueno y el rayo, símbolo de la voluntad en práctica. Es la
voluntad lo único que puede dominar y vencer a la inercia material, poniendo orden sobre
el caos, civilizando aquello que no tiene forma y esto aplica a las culturas humanas y al
hombre también.
Jötunheim era la tierra de los gigantes (también conocidos como jotuns). Este era un
mundo caótico y salvaje que fue representado como un lugar oscuro con densos bosques y
montañas cubiertas de nieve; un mundo frío y de hielo. Desde allí amenazan a los humanos
en el Midgard y a los dioses que habitan en Asgard. La ciudad principal de Jötunheim es
Utgard. Esta última contiene el sufijo –gard, que hace referencia a “guarda” o
“cerca”; Utgard significaría “más allá de la cerca”, lo que nos recuerda a los seres de
hielo que habitan “más allá del muro” en Game of Thrones.
Utgard, en el Jotünheim
Asgard y los dioses
Los dioses principales de la mitología nórdica son conocidos como los Ases, Asios o
Aesir y son los descendientes de Odín. Son las personificaciones de las fuerzas creadoras
de la naturaleza y por este motivo, enemigos eternos de los caóticos y destructores
gigantes.
El reino y residencia de los dioses escandinavos es el Asgard, el Olimpo nórdico;
situado, según H. P. Blavatsky, “más alto que la casa de los Elfos de Luz”, pero en el
mismo plano que el Jotunheim. Es gobernado por Odín y su esposa Frigg. El ancho río que
separa la mansión de los dioses, de la de los jotuns es el Ifing. Dentro de Asgard hay un
templo para los 12 dioses, Glaðsheimr, y otro para las 12 diosas, Vingólf y el llano de
Iðavöllr es el centro. Esta nación celeste está compuesta por 12 reinos menores.
Snorri Sturluson describe que Asgard es una tierra más fértil que ninguna otra,
bendecida con una gran abundancia de oro y joyas. Correspondientemente, los Æsir
sobresalían entre todos los demás seres por su fuerza, belleza y virtudes. Además de la
creación del ser humano, a los aesir se les atribuye la creación de los enanos y elfos.
Asgard
Odín
Los elfos y sus moradas
“Allí [en el cielo] hay un lugar que es llamado Hogar de los elfos (Álfheimr). Las personas
que viven allí son llamadas elfos de la luz (Ljósálfar). Pero los elfos oscuros (Dökkálfar)
viven bajo la tierra, y no se asemejan en apariencia a ellos – y tampoco se asemejan en la
realidad. Los elfos de la luz son más brillantes que la apariencia del sol, pero los elfos
oscuros son más negros que la oscuridad en sí.” (Snorri, Gylfaginning 17, Edda prosaica)
Alfheim es el mundo de la armonía donde todo convive en paz, una especie de
paraíso. Es el reino de la luz, lugar del equilibrio perfecto, donde habitan los elfos de la luz.
Según el Glosario Teosófico, “Debajo del Asgard estaba el Midgard, donde en el radiante
éter estaba erigida la morada de los Elfos de Luz. En su disposición y orden de localidad,
todas estas mansiones se corresponden al Devaloka y a otras regiones de los indos
habitadas por las diversas clases de dioses y de asuras (equivalente a los gigantes en las
tradiciones hindúes)”. De alguna manera también nos recuerdan a los genios de medio
oriente o los ángeles del cristianismo.
Ilustración del Alfheim
Originalmente estaban relacionados con la fertilidad, el culto a los ancestros y
representados como hombres y mujeres jóvenes, de gran belleza, que viven en bosques,
cuevas o fuentes. Se los consideraba como seres de larga vida o inmortales y con poderes
mágicos, liberados de las ataduras del mundo físico.
Los elfos luminosos tienen relación directa con los elfos oscuros, pues son “parientes
de sangre compartida”, pero con diferentes objetivos. Los elfos oscuros, elfos de las
tinieblas o enanos negros se arrastran de un lado a otro en las obscuras cavernas de la tierra
y fabrican armas y utensilios para sus padres divinos, los aesir.
El Svatalfheim, es el mundo subterráneo donde habitan estos elfos oscuros. En una
clave de interpretación este es el plano de lo oculto, lo que habita entre la superficie y el
inframundo; lo que permanece en el mundo subconsciente y desde allí construye para el
mundo sobre la superficie.
Reino de Svatalfheim
Estos seres ocultos y con grandes poderes constructores, podrían relacionarse con los
cábiros, ayudantes de Hefesto en el mundo griego. Se dice que los hijos del enano Iwaldi
fueron quienes fabricaron para Odín la lanza mágica y estos personajes también habrían
forjado el famoso martillo de Thor para enfrentar a los jotun, el Miolnir. Son grandes
artífices, inteligentes e industriosos, y entre otras maravillas, crearon el martillo Mjolnir
para Thor, la lanza Gungnir para Odín, el anillo mágico Draupnir, y el navío Skíðblaðnir.
El collar Brisingamen de Freyja, la cadena Gleipnir, que ata al lobo Fenrir, y el jabalí
dorado de Freyr, Gullinbursti, son otras obras suyas.
Es curioso destacar que esta dualidad y familiaridad entre elfos y enanos puede verse
en obras más recientes, como las J. R. R. Tolkien. Por ejemplo, en “El Señor de los
Anillos”, el enano Gimli competirá constantemente contra Legolas, el elfo. En la trilogía de
películas llamadas “El Hobbit” el rey de los enanos deberá ingresar al interior de la
montaña, para rescatar un poderoso cristal protegido por un dragón; en este intento deberá
enfrentar a su propia personalidad y liberarse de todos sus egoístas deseos para utilizar esta
arma en contra de las tinieblas.
El vanaheim y los vanires
En esta zona intermedia entre los mundos extremos también encontramos
el Vanaheim, el mundo de la naturaleza pura habitada por los vanires o wanes. Estos eran
una raza de dioses de gran antigüedad, adorados en la aurora de los tiempos por los
antiguos escandinavos y más tarde por las razas teutónicas[2].
Los vanir son deidades que representan a las fuerzas e inteligencias naturales, como
el viento, el mar y la fertilidad en las siembras. Se relacionan con la tierra, el agua, la
magia, la paz, el amor y la riqueza. Tenían un profundo conocimiento de las artes mágicas,
por lo que eran capaces de predecir el futuro. En el Vanaheim se encuentran las manzanas
sagradas que los aesir deben buscar para alimentarse y mantener intacta su inmortalidad.
Hubo un tiempo que Odín convocó a los dioses en asamblea en Asgard, y decidieron
que nunca habría una guerra dentro del reino de Asgard, que siempre habría paz mientras
los aesir gobernasen. Durante un período existió la paz entre todos los seres, pero la
decisión de los ases de asesinar a una poderosa bruja, tan apasionada por el oro que causaba
repugnancia entre los dioses, hizo enfurecer a los vanir. La poderosa bruja, luego de haber
sido muerta tres veces, se convirtió en la diosa de la maldad.
La guerra entre ambos grupos de deidades fue encarnizada durante mucho tiempo y
ningún bando consiguió aventajar al otro. Se hizo evidente a los ojos de las dos partes que
no podía haber ningún ganador, por lo que acordaron una tregua. Decidieron
que aesir y vanir vivirían en paz. Para asentar este acuerdo, ambas partes intercambiaron
sus jefes. Así encontramos vanir viviendo en Asgard y ases conviviendo en Vanaheim.
Idun entrega las manzanas de la inmortalidad del Vanaheim a los aesir
La humanidad, habitantes del Midgard
Luego encontramos el Midgard, el plano estrictamente intermedio, donde habita el
ser humano. Este estado intermedio es la esencia del ser humano, pues será visto como un
ser intermediario y unificador de los mundos superiores con los inferiores; como un árbol,
que se nutre desde sus raíces invisibles, desarrolla su tronco en la superficie y así se
extiende hacia lo celeste.
Midgard, nuestro mundo
La mentalidad escandinava estaba gobernada por los valores de la lucha interior-
exterior, que llevaba al ser humano a asemejarse a los dioses, siendo guerreros y
constructores. Los valientes guerreros muertos en batalla tenían su lugar al lado de Odín en
el Asgard, este paraíso perseguido por mujeres y hombres era conocido como Valhalla.
Aquellos que dedicaron su vida a las virtudes, a los valores atemporales y no temieron a la
muerte del cuerpo enfrentándose en batallas (que no siempre eran externas), al morir eran
escoltados por las Valkirias hacia este gran salón. Estos héroes pasarían el resto de sus
vidas desencarnadas en el comedor que Odín ha preparado para ellos; de día entrenarían
para enfrentarse a los gigantes en el Ragnarok y de noche habría festines. El resto de
muertos acompañarían a Freya y descansarían en el Folkvang, el verde prado en el que vive
la diosa.
Según la poesía popular de los escandinavos, las valkirias eran bellas mujeres, cuyas
armaduras de brillo particular, provocaban las auroras boreales. Montadas en caballos
alados, escogían a los más valientes guerreros y santificaban con un beso a los héroes que
sucumbían en la pelea conduciéndolos a la “morada de los héroes bienaventurados”, el
Walhalla (equivalente al Devachan en India). Estos héroes, según las tradiciones, debían
morir con la espada en su mano para poder ser escogidos.
Además, los dioses pueden comunicarse con el mundo de los humanos gracias a un
puente-arcoiris, construido para defender el Asgard, llamado Bifrost. Este puente tiene
implícito en sí el símbolo del siete, pues está construido por los siete colores del arcoíris.
Conocemos siete colores, siete notas musicales, siete días de la semana, siete planetas
clásicos; este número es símbolo de completitud, de unidad. Así los nórdicos parecen
decirnos en sus mitos que los dioses descienden a este mundo llamado Midgard, a través de
la ley del siete.
El Bifrost conecta Midgard con Asgard
Heimdall es
su protector
Hellheim, el infierno nórdico
El noveno mundo es el Hellheim, del cual deriva posiblemente la palabra “hell” en
inglés, para nombrar al infierno. Este es el reino de los muertos en la mitología
escandinava. En el Edda, Helheim rodea al Niflheim.
La reina-diosa de la región de los muertos era Hel o Hela. Este ser mencionado como
inescrutable y horrendo, era hija de Loki y hermana de la serpiente Midgard y del lobo
Fenrir, ambas bestias tendrán un rol protagónico en el fin del mundo. Hela es una especie
de Hades femenina, tenebrosa reina del imperio de las sombras, la que introdujo la muerte
en este mundo y el dolor después. Frente a su morada habitaba Gnypa, el perro protector de
este mundo infernal, semejante a Cerbero griego.
A este mundo descendían aquellos seres humanos que, por astutos, mentirosos,
egoístas, por violar las leyes de la naturaleza, tuvieron una vida poco digna; no fueron
dignos humanos. Este es el mundo del olvido.
Comentarios finales
En la mitología nórdica son nueve los mundos comprendidos dentro del gran árbol
Yggdrasil: Muspelheim, Niflheim, Jotunheim, Asgrad, Alfheim, Svatalfheim, Vanaheim,
Midgard y Hellheim. Y son siete los principales seres vivos que entre sus ramas se
desenvuelven: los gigantes de hielo y los de fuego, que representan a las fuerzas
precósmicas y destructivas, aquellas que gobernaban antes de que el universo se
manifestara y que obtendrán nuevamente el poder al fin del mundo. Los aesir, que
personifican las potencias creadoras de la naturaleza; los vanir y elfos de la luz
estrechamente relacionados con las fuerzas y fenómenos naturales; los elfos oscuros,
poderosos constructores que moran en las entrañas de la tierra y finalmente el ser humano.
Los caóticos e indomables gigantes estarán enfrentados en una larguísima lucha. Las
victorias de los dioses simbolizan el triunfo de la cultura y la civilización frente a la
naturaleza salvaje; el orden por sobre el caos, la luz por sobre la oscuridad, aunque por el
costo de la eterna vigilancia.
El final del mundo es conocido como el Ragnarok. En esta terrible batalla los aesir,
los vanir y los valientes guerreros que habían llegado al Valhalla, junto con otros
personajes, enfrentarán al bando de la destrucción. Este ejército de gigantes, liderado por
Loki, con la participación del lobo Fenrir y la sepiente Midgard, serán los vencedores.
Desde el sur vendrán los gigantes de fuego y desde el norte los de hielo; el encuentro de
estas fuerzas titánicas, será el momento del caos, donde solo unos pocos, los más
destacados en virtud, se salvarán para dar vida a un nuevo mundo.
Thor enfrenta a la serpiente hija de Loki en el Ragnarok
La humanidad era la esperanza de los dioses para crear según las leyes divinas en
este plano manifestado, pues los ases no podían trabajar aquí. Los seres humanos,
inspirados por ideales de lucha, de construcción y de hermandad, serían los representantes
de los dioses y del mundo invisible en Midgard. Vivir siguiendo el instinto de eternidad y
los valores atemporales, imitando las fuerzas civilizadoras de los moradores del Asgard les
ofrecía un lugar en el cielo, donde podrían seguir luchando eternamente. Oponerse a estos
principios, dejarse llevar por los deseos, las pasiones y el egoísmo les aseguraba un lugar en
el Hellheim, acompañando a Hela en un mundo de sufrimientos, inconciencia y olvido. Tal
vez el ser humano, siguiendo su destino se convierta en ayudante de las Nornas y sus
labores mantendrán fresco y vivo al Árbol Cósmico, para que pueda dar sus frutos. Y,
aunque la ley de los ciclos afectará al cosmos y llegará su fin en un momento determinado,
nada valía más que mantenerlo con vida el mayor tiempo posible.
Franco Soffietti
Referencias:
– Doctrina Secreta de Helena P. Blavatsky.
– H.P.Blavatsky: notas de simbología vikinga, de José Carlos
Fernández: https://josecarlosfernandezromero.com/2018/05/31/h-p-blavatsky-notas-de-
simbologia-vikinga
– Yggdrasil y los nueve mundos de la mitología nórdica, de Juan Pérez
Ventura: https://vaventura.com/cultura/literatura/yggdrasil-y-los-nueve-mundos-de-la-
mitologia-nordica/ Estas nociones fueron extraídas del Glosario Teosófico de Helena P.
Blavatsky.Según lo descrito en el Glosario Teosófico.