TEMA 04
COMPUTACIÓN I – MÓDULO 1
PRODUCTO ACADÉMICO 03 (EN EQUIPO)
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capacidad de elaborar un documento personalizado en Word. Verifiquemos este proceso,
para lo cual es preciso abrir un nuevo archivo en Word y copiar el siguiente contenido:
Tormentas solares
¿Qué es una tormenta solar?
Una tormenta solar, también llamada tormenta geomagnética, es una perturbación temporal de
la magnetosfera terrestre como consecuencia de la actividad solar. En este proceso interviene
la interacción del magnetismo de la tierra con el viento solar.
Existen varios fenómenos del clima espacial asociados a este tipo de tormentas, como, por
ejemplo, eventos de Partículas Energéticas Solares producidos por una liberación intensa de
energía electromagnética o disturbios en la ionosfera que causan problemas en la radio y los
radares.
La tormenta solar más grave, conocida como evento de Carrington, se produjo en el año 1859,
y causó problemas electromagnéticos en todo el mundo, auroras boreales y problemas en los
aparatos electromagnéticos.
Nos acompaña desde que tenemos uso de razón como especie y, de hecho, podemos contarlo
gracias a su influjo. Al levantar la vista, es posible verlo con nuestros propios ojos: el Sol es
necesario y cotidiano en nuestras vidas.
Y, aun así, la estrella sobre la que orbita todo el Sistema Solar encierra muchísimos secretos
que el hombre aún no ha conseguido desentrañar.
Desde por qué su atmósfera está a millones de grados y su superficie «tan solo» a escasos
5.000; a cómo su complejo campo magnético cambia cada once años, siendo responsable de
las temidas tormentas solares, esas que no podemos ver, pero sin duda podemos sentir.
El Sol es una enorme bola de fuego que podemos ver a simple vista. Es el causante de nuestra
existencia. Es nuestra estrella y la necesitamos, pero, por otro lado, tiene secretos escondidos,
explica para ABC Günther Hasinger, director de Ciencia de la Agencia Espacial Europea
(ESA).
Él mismo relata que, a veces, se producen unas impresionantes explosiones que disparan algo
parecido a chorros de partículas energéticas al espacio. Y, en ocasiones, esas partículas van en
dirección a la Tierra y así es como experimentamos las tormentas solares.
Descargas eléctricas
A pesar de su nombre, las tormentas solares son totalmente diferentes a las que ocurren en la
Tierra.
La intensa actividad magnética del Sol provoca violentas erupciones de plasma que viajan por
el espacio a increíbles velocidades.
«La atmósfera solar está compuesta por unos gases que están totalmente ionizados por las altas
temperaturas a las que están.
¿Qué significa eso? Que son perfectamente conductores de las corrientes eléctricas», afirma
por su parte Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares
(UAH) experto en astrofísica solar.
«A veces hay descargas, que conocemos como tormentas solares.
Pueden manifestarse como fulguraciones, como eyecciones coronales de masa o las dos a la
vez; y esas manifestaciones pueden tener consecuencias sobre el entorno del Sistema Solar».
De forma natural, nuestro campo magnético nos protege de las tormentas solares.
Así, las auroras boreales son la vistosa consecuencia de que este escudo se deforme al recibir
el impacto de estas partículas energéticas.
«Sin embargo, hay procesos que no conseguimos entender del todo», continúa Anik de Groof,
científica de operaciones de instrumentos de la sonda Solar Orbiter de la ESA, que ha sido
lanzada en la madrugada de este lunes precisamente con el objetivo de conocer un poco más
sobre nuestra estrella madre.
«El problema es que, aunque, podemos ver las cosas que ocurren en el Sol y también sentimos
sus efectos en la Tierra, realmente no sabemos qué ocurre entre medias», señala.
¿Por qué se produce?
Las tormentas solares ocurren cuando el viento solar, generado por erupciones solares y
eyecciones de masa coronal, interfieren en el campo magnético de la Tierra.
En un primer momento de este fenómeno, se produce una erupción solar, durante la cual se
libera una gran cantidad de radiación electromagnética en todo el espectro, desde rayos
gamma hasta ondas de radio.
En este punto, la radicación choca con la Tierra en unos 8 minutos aproximadamente.
Tras esto, ocurre una eyección de masa coronal, que es una onda hecha de radiación y viento
solar que se desprende del Sol.
Si llega a la Tierra, puede dañar los circuitos eléctricos, los transformadores y los sistemas de
comunicación, además de reducir el campo magnético de la Tierra por un período.
Manchas sobre la superficie del sol
Galileo fue el primero en observar unas manchas en la superficie de la estrella. Estos puntos
en realidad señalan zonas en las que la temperatura de la superficie es más baja que en el resto
del Sol y van cambiando en forma y número a lo largo del ciclo solar.
Cuando más tormentas solares hay es en el pico del ciclo; pero también en la fase
descendente» explica Luis Sánchez, jefe de desarrollo de operaciones de Ciencia de Solar
Orbiter (ESA).
«Cuando cambias de ciclo, aunque haya muy pocas manchas, las nuevas tienen una polaridad
inversa respecto al ciclo anterior, por lo que se puede ver muy bien si corresponde al nuevo o
al antiguo».
Y todo esto tiene que ver con el campo magnético del Sol. «Cuando el campo magnético del
Sol se mueve, puede lanzar energía muy rápido en forma de radiación, que llamamos 'llamas
solares', o en forma de materia, lo que llamamos eyecciones de masa coronal», afirma al
respecto De Groof.
Así, la radiación y el material viajan por todo el espacio a través del viento solar, que se
acelera hasta velocidades increíbles que no pueden predecir nuestros modelos matemáticos.
En palabras de Yannis Zouganelis, responsable Científico Adjunto Solar Orbiter (ESA): «Hay
dos tipos de viento solar: uno que llamamos 'lento', pero que en realidad viaja a 400 kilómetros
por segundo; y otro más rápido que alcanza los 800 kilómetros por segundo.
Todas las teorías que tenemos en la actualidad pueden predecir velocidades de 200 o 300
kilómetros por segundo, como mucho 400, pero nunca 800 kilómetros por segundo».
¿Qué consecuencias puede tener para la tierra?
Una tormenta solar de grandes proporciones puede interrumpir la electricidad en todo el
mundo, llegando incluso a tener que cambiar el sistema de cableado para volver a tener luz.
También puede afectar a la comunicación y dañar los satélites, y causar estragos en los
equipos electrónicos, además de ser potencialmente peligrosas para los astronautas en misión
espacial y para los pasajeros de aviones de alto vuelo.
Y la pregunta que sigue es: ¿influyen todos estos mecanismos en la vida en la Tierra? Sí, y de
hecho ya hemos notado más de una vez sus efectos.
A lo largo de la historia, las tormentas solares han dibujado auroras boreales en Madrid,
interrumpido el telégrafo en Norteamérica y Europa y apagado Broadway durante horas.
La tormenta solar más potente jamás registrada se conoce como el evento Carrington,
descubierto por Richard Carrington en 1859.
El campo magnético terrestre se deformó por completo, permitiendo la entrada de una
llamarada solar que provocó inmensas auroras boreales y cortes en la incipiente red de
telégrafo transoceánica. Pero, ¿podría volver a ocurrir un evento similar al de Carrington?
Todos los expertos coinciden en que, si bien es un fenómeno poco habitual, sí podría volver a
ocurrir.
Y en un mundo tan dependiente de la tecnología, sus consecuencias serían mucho más graves.
«Podrían caer los generadores eléctricos además de afectar gravemente a las comunicaciones y
los satélites», explica De Groof.
Para ello, muchos países han elaborado protocolos de actuación y toman medidas con respecto
a sus naves en el espacio. Incluso la Estación Espacial Internacional tiene su propio modelo de
actuación ante un evento de estas características.
Todavía no podemos predecir las tormentas solares, pero cada vez podemos medirlas más y
mejor. Ocurre algo similar con los terremotos, por lo que esperamos entenderlos cada vez
mejor para poder predecirlos.
Misiones espaciales para comprender más allá
Y aquí entran misiones espaciales como Solar Orbiter, que además de mirar por primera vez a
los polos tomará muestras y datos necesarios para completar el puzle solar; cerca del Sol se
encuentra Parker Solar Probe (de la NASA), la nave humana que más se ha acercado a nuestra
estrella jamás; o el telescopio espacial Daniel K.
Inouye, que entrará a trabajar a máxima potencia el próximo mes de junio pero que ya en
pruebas está revelando imágenes increíbles de nuestro astro.
Entender a nuestra estrella nos permite descubrir cómo funcionan otras estrellas de la galaxia y
anticipar qué consecuencias tendrá la actividad solar sobre el futuro de nuestro planeta.
«Como especie inteligente que pretendemos ser tenemos que conocer cómo funciona el Sol,
qué variaciones tiene, predecirlas y también anticiparnos a posibles influencias que nos
afecten», sentencia Rodríguez Pacheco, quien es también investigador principal del EPD, un
sensor que medirá cómo son las partículas energéticas que amenazan nuestro planeta y
posibles misiones tripuladas a la Luna o Marte.
Porque comprender el mecanismo de nuestra estrella es entender una pequeña gran parte de
nuestro Universo.
Cuando nos tocan los aparatos
Tormentas solares de alta magnitud ha habido de manera histórica, pero el grado en el que nos
repercute es en cierto modo directamente proporcional a lo tecnificada que está la sociedad.
De hecho, la NASA parte de esto para explicar cómo notamos estas tormentas solares, siendo
en realidad los efectos secundarios de las consecuencias directas sobre determinadas
tecnologías. Lo que en la práctica percibimos son los efectos secundarios de las consecuencias
directas sobre determinadas tecnologías
Desde la agencia espacial explican que la ionosfera se ve afectada durante las tormentas
geomagnéticas, y dichos cambios interfieren en las comunicaciones.
Concretamente en las ondas de radio de alta frecuencia y en los sistemas GPS, y que las
comunicaciones de radio de vuelos comerciales o cruceros pueden tener problemas durante los
eventos de absorción en los polos causados por los protones solares.
Llamarada solar
Además de la Tierra no hay que olvidar todo lo que nos rodea y que nosotros mismos hemos
ido enviando ahí: los satélites artificiales, la Estación Espacial Internacional y el resto de
vehículos y dispositivos espaciales, hablando de anomalías operacionales, daños en la
electrónica e inhabilitación de los sistemas ópticos.
No obstante, con motivo de esas grandes llamaradas o fulguraciones solares que el Astro Rey
nos enviaba el pasado mes de septiembre, la NASA comunicaba que la Estación Espacial
Internacional no se vería afectada, según hacían público en Space.com.
Y a los humanos, ¿qué?
Las consecuencias sobre lo que no es silicio y cables parecen de momento ser menos drásticas,
pero sí es cierto que se han registrado algunas consecuencias en astronautas, como una
sensación de quemazón en los ojos al afectar a las retinas de los astronautas de la nave Atlantis
en 1989, como recordaban en ABC News.
Incluso se llegó a relacionar con los derrames cerebrales, pero no hubo nada concluyente más
allá de unas observaciones en 2014.
Lo que si vieron en la NASA (y añadían en las consecuencias de las tormentas que antes
citábamos) es que los astronautas han de ir con cuidado con estas tormentas, ya que según se
ha llegado a registrar en salvadas ocasiones, cuando ha habido una radiación de gran
intensidad éstos han llegado a alcanzar el límite de exposición a partículas solares en sólo unas
horas.
Las cosas buenas (que las hay)
Sonando quizás muy optimistas, al final todo tiene su lado bueno y las fulguraciones solares
también. En la era en la que los seres humanos somos un pedazo de carne a un(os)
dispositivo(s) electrónico(s) pegado lo que podemos hacer mientras éstos se colapsan o dejan
de funcionar es mirar al cielo. Eso sí, si tenemos la suerte de estar en ciertas latitudes del globo
terráqueo, ya que como nos recuerdan en Space.com la tormenta solar de hoy hará que las
auroras boreales se puedan ver en un área mayor de lo habitual, siendo observables desde
regiones como Michigan y Maine (Estados Unidos). Fenómeno que se produce cuando los
vientos solares interactúan con la ionosfera terrestre, pero que aún esconde algunos misterios
que poco a poco podremos ir desvelando.
Un gran apagón que (por suerte) aún no ha llegado
Por el momento no hemos registrado ningún caos socio-económico-político como el que se
plantea para esa supuesta situación de Gran Apagón de la que hablamos aquí también por
aquellas llamaradas de septiembre de 2017.
Pero sí nos hicimos eco de que no estamos preparados para lo que puede ocurrir, porque
precedentes hay. Por ejemplo, los eventos del 2 de septiembre de 1859, cuando los telégrafos
quedaron inutilizados debidos a una gran tormenta solar conocida como el evento Carrington
(cuya historia os explicábamos en el artículo que enlazábamos antes).
También está lo ocurrido en 1967, ya en un momento mucho más avanzado de la tecnificación
del mundo, pero siendo una tormenta más leve y que ya tuvo sus consecuencias globales.
Sin olvidar lo sucedido el 13 de marzo de 1989 que recordaba la NASA también: el apagón
durante 9 horas que afectó a 6 millones de personas al colapsarse la estación hidroeléctrica de
Quebec.
¿Podría una tormenta solar acabar con nuestra civilización?
La energía generada en el núcleo del Sol es transportada hacia al exterior y las capas más
exteriores y menos densas, cuando reciben el calor desde abajo, comienzan a bullir.
Esto crea enormes corrientes de gas caliente que viajan cientos de miles de kilómetros,
llevando el calor generado en el centro hacia la superficie, del mismo modo que cuando
hervimos agua en un cazo encima de un fuego.
Debido a la alta temperatura, los electrones de los átomos están separados de su núcleo, por lo
que el gas del Sol es una sopa de partículas cargadas, lo que llamamos un plasma.
Cuando una partícula cargada está en movimiento genera un campo magnético, así que estas
corrientes de plasma funcionan como una dinamo y llevan también el campo magnético a la
superficie. Los campos magnéticos solares no son tan ordenados como en la Tierra debido a
que la rotación del Sol es más rápida en el ecuador (25 días) que a latitudes medias (28 días).
Sí, el Sol no es como una peonza, cuya rotación es uniforme, sino que según nos alejamos del
ecuador el material se va “quedando rezagado”, va más lento.
Como consecuencia, las líneas de campo magnético se retuercen y se enredan unas con otras,
impidiendo en algunos casos los movimientos del gas, que queda confinado (una palabra muy
de moda y que se usa mucho en física).
Como resultado visible del fenómeno magnético, en la superficie del Sol aparecen regiones
más frías y oscuras que llamamos manchas, que serían las zonas donde los tubos de flujo
magnético afloran a la superficie. Las manchas siempre aparecen en pares, tal y como sucede
con los polos de un imán.
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