El habla en situación:
conversaciones y pasiones
La vida social en un mercado
Ramfis,4yús Reyes
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F"*VJI casa d¡sla
El Colegio de la Frontera Sur
al riarpo
IAIFOINICA\
Universidad Juárez Autónoma de basco
Unive¡sidad Autónona Metropolitana, Unidad Iztapalapa
Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
F,uO^'f
>-ota
r EI Colegio de la Frontera Sur
Dr. José Pablo Liedo Fe¡nández
Dfuector Generul
Universidad Juárez Autónoma de Thbasco
M. en A. Candita Victoria Gil Jiménez
Rectora
Unive¡sidad Autónoma Met¡opolitana, Unidad Iztapalapa
Dr. José Lema Labadie
Rector de la Unídad
Dr Rodrigo Díaz Cruz
Director d.e Ia Díoisíón de Ciencias Socíales y Humanidades
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
Sad Bermúdez -fé-"¡'F
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F.¡o"P;&u _1-.S-
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no,t"ad\9<))uc.'a
rorraa\
V¡sta externa lel Mercado centrai "José María Pino Suárez",
antes de su ¡emodelación en 1999
P¡ime¡a edición: febre¡o de 2005
DR O El Colegio de la F¡ontera Sur
DR O Univetsidad Juá¡ez Autónoma de Tabasco
DR O Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa
DR O Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
ISBN: 970-9712-11-X
Edición: mc editores / Alejandro López Morcillo
Texcaltitla 2Z 01830 Ciudad de México
TeIs. 2650-3422 / 2650 -09 6 4
mceditores@[Link]
Impreso en México . Printed in Mexico
Indice
Agradecimientos
PróIogo
lntroducción
PRIMERA PARTE
El habla: teoría Y metodología
La vida ordinaria del lenguaje:
mercados como escenarios socioculturales y discursivos
Di scur s o y sociabili dad
Rutas teóricas y empíricas
Mercados: travesías urbanas,
"lugar" y noción antropológica
Mercados y traz:esías urbanas
Mercados y "lugar" antropológico
Mercados y noción antropológica
Mercados: sistemas de significación
y comunidades de habla 43
Sistemas de significación 43
Comunídades de habla: sociabilidades e identidades 46
Mercados: compra-aenta e interucciones aerbales 48
Mercados: de la articulación social a la sociabilidad 51
Literatura sobre acción, interacción, redes y socialización DL
Redes y sociabilidades 58
El habla en contextos institucionales 6L
Excurso: algunos estudios sobre sociabilidad 62
El habla en perspectiva: coordenadas teóricas 66
iPor qué eI habla?: brezte itínerario sobre los estudios del discurso 66
Algunas categorías básicas del anáIisis discursiz;o:
comunidad de habla y sit4ación comunicatizta 75
Modelo de análisis de la interacción aerbal 78
Sobre el análisis de la conoersación 86
Acerca del análisis narratiao 92
Sobre eI anáIisis de la argumentaaón 101.
El hnbla en Tabasn: "así e'tá pue'j" 1.07
Meto dolo gia y bricol age 112
Ent'oque, métodos y datos 1.12
Cuestioncs técnicas y problemas prácticos 777
Tr anscripción como interpretación 120
SECUNDA PARTE
La situación: historia y etnografía
Mercado de Villahermosa: etnomemoria 125
La historia: contexto ampliado de una situación social 126
Desde los tiempos precortesianos: cont'iguración del eclén 128
Ll comercio durantc la Colonia,
Ia fundación de Ia uil[n y el acecho de los piralas 129
El comercio y ls ciudad 133
EI primer mercado 135
Comerciantes, mercaderes y oiandantes 136
Comercio, ríos y mar 137
La construcción del primer mercado: donación de terrenos,
uicisi t u dcs li na nc ieras y posposic ioncs 1.41.
Mercado y aida social 1.43
Comerciantes y mercancía extranjeros: la t'uerza de Díaz y Bandala
sobre los comerciantes pudientes y eI deterioro del primer
mercad.o público L46
Siglo XX 747
El mercado Porfirio Díaz 1.48
Tomás Garrido Ccnabal y el mercaclo Atastade 150
Mercados rebautizados, remodelaciones y el eterno
'
problema del ambulantaje "r52
El mercado Sánchez Mármol 153
Modernizitción y cambio cultural:
Ios mercados públicos y las plazcs comerciales "154
Lo "no aritmético" o"eso es un submundo": etnografia L6L
"Mercado de Villahermosa...
sabe a conserva de torno largo" L61.
La ciudad: una [Link]ñeta geográJica 1.61.
La ciudad y sus mercados 1.62
Mercados: el reglnmento, discurso normatiao y transgresiones 1.63
Mercados: datos censales y espaciales L64
EI mercado De La Sierra: Coronel Gregorio Méndez Magaña 165
La ciudad y su mercad.o central "]osé María Pino Suárez" 767
Primer día de trabajo de campo: imagen de mí mismo
y del primer int'ormante en una página del diario de campo 171,
La saln de juntas de la [Link]ón de Uniones:
discursos formal e int'ormal 174
Organízación social, estructura de autoridad y relaciones de poder
en eI mercad.o central 176
EI sucedido del gas: un incidente claae 178
"Si atacamos a la delincuencia en el 'Pino Suárez', atacamos
a la delincuencin en bttena parte de la ciudad" L84
Las claues del "submundo" o "morirse en Ia raya": estrategias
interaccionales en las operaciones mercantiles 189
"Víenen de todas las clases sociales, hasta un senador,
licenciados y doctores" 189
"áQué quería?, lEéle damosT, iqué buscaba?" 190
"Eso nos está matando, el abarrote en el 'Píno Suárez'
ya desapareció, ya": Ia Uníón de Abarrotes 191
"Vuelta y oira". La Unión de Pescados y Mariscos:
estrategias interaccionales y dit'erencíación social 192
Final jornada en pescados y mariscos: de las bromas al "chupe".
de
campo
Una página del diario de 794
locatario
Fiestas: el día del 195
Deuociones 197
Pasíones ordinarias: " dentro de un mercado
toda la uida hay conflictos" 199
La enaídia, el egoísmo, la maldatl
o "cada quien quiere hacer su santa uoluntad" 201,
'Aquí somos muy chismosos": entre Ia solidaridad gremial,
Ia descont'ianza y Ia incredulidad 202
. TERCEM PARTE
Conversaciones y pasiones
El discurso de las pasiones o las pasiones del discurso 207
Las pasiones del alma:
sobre la teoría discursiva de las pasiones 208
Pasiones ordinarias: el proceso emocional de la envidia 217
Narrar la envidia o el poder simbólico de una metáfora 221,
La parábola de los cangrejos:
inercias pasionales del comercio popular 221,
Las pasiones y eI etnógrat'o: una muestla autorreflexiaa 224
227
Carpeta gráfica
CUARIh PARTE
El habla en situación:
conversaciones, narrativas, atgumentación
Conversaciones
Construcción de sociabilidades entte consumidores
y comerciantes
Asambleas y juntas: cle las uniones a la coordinación'
El "sucedido del gas" o "'ta cabrón":
269
una junta es interrumPida
277
Narrativas
La "nuca del pavo", un relato otdinario:
incursión al análisis narrativo
De inundaciones, incendios y el mercado en manos
29s
de Dios: conversación, narraüva y memoria colectiva
JAJ
Argumentación
" ilJn abnzo {raterno, amigos de los mercados de Thbasco!"
El discurso oficial del liabla popular: argumentos rituales 323
339
Epílogo: en busca de la autorreftexión
Anexos
348
l. Mapas:
348
1. Tabasco y Villahermosa
2. Mercados urbanos de Villahsrmosa, Tabasco:
349
escenarios del trabajo etnográt'ico
J)U
ll. Docurnentos Y censos
e intenciones de entrez¡ista 354
Ill. Guía de tLnildades de obserz;ación
aD./
lY, Tabln sinóplica de los registros de eaenlos comunicatíaos
359
Biblioqrafía
La vida ordinaria del lenguaje:
mercados como escenarios socioculturales y discursivos
Las formas de la sociedad
son la sustancia de la cultura.
Clifford Geertz
...Ia ehrografía comienza por el estudio
de las variedades de sociabilidad humana,
valiéndose de la sociabilidad humana misma.
Michael Carrithers
Disrrso y sociabilidad
De manera general, el problema de esta investigación puede plantearse
desde dos miradas que se intersecan. La primera, parte del análisis del
discurso e intenta mostrar cómo el habla partícipa en 1a configuración de
sifuaciones y encuentros sociales que resuelven tareas cotidianas. La se-
gunda, se proyecta desde la antropología y la sociología, por medio de la
práctica etnógráfica y de la teoría de la interacción social, mostrando cómo
b contextos sociales moldean las prácticas discursivas que caracterizan
la vida asociativa de una institución y sus actores. Las noiiones de dlscur-
n y sociabilidad designan respectivamente los propósitos cruzados de
obas miradas.
I-as preguntas de invesügación que orientan dicho problema giran en
brno a icómo el discurso instituye y reproduce la diversidad de la vida
social y cultural, al mismo tiempo que esa diversidad configura las pro-
lias prácticas discursivas? Ello implica, también, preguntarse Zcómo do-
q¡menta¡ e1 funcionamiento de 1os procesos sociales a partir de 1os meca-
nisuros discursivos por medio de loi cuales éstos se reá[zan?
EL H,\BL"{ EN SITUAC¡óN: CONVERSACIONESY PASIONES
Para resolver este problema general y estas preguntas, parece necesa-
rio elegir un Iugar específico o un conjunto de prácticas en el que pueda
desplegarse una búsqueda enfocada a partir de la reconstrucción etno-
*ráfica de 1o que acontece y donde, además, el lenguaie se Presente en su
naturalidad cotidiana y sea documentado mediante los recursos del aná-
Lisis de1 discurso.
EI escenario elegido es un mercado público urbano de una ciudad del
sursureste mexicano. Las prácticas más bien se remiten a una variedad de
actividades sociales que ahí se llevan a cabo para resolver los asuntos
cotidianos: desde las interacciones de compra-venta hasta los discursos ofi-
ciales en la conmemoración de efemérides gremiales y días festivos, pa-
sando por juntas y convetsaciones ordinarias informales.
Una conjunción de factores que van de los teórico-metodológicos a
los personales explicarían el interés por este problema de investigación.
Entie 1os primeros puedo referirme a la escasez relativa de estudios sobre
el habla en interacción que encontré tanto en Ia región -inexistentes-,
como a escala nacional. Fundamentalmente, los estudios de esta natura-
leza prevalecen en los ámbitos de la educación (Cande1a, 1999; }l4:[Link]'
1001), Ia salud (Villars y Jo, 1989) y los conftctos lingüísticos en diversos
espacios en comunidades indígenas (Flores, 1984; H arnel, 1987 , 1995,1996;
Hamel y Muñoz, 1988a; Sierra, 1987 y 1992), en menor medida en espa-
cios o procesos urbanos diversos y en fenómenos comunicativos de nue-
vo tipo como podrían ser las terapias conyugales (Sankey, 1999) o la co-
municación en Internet. También, entre los primeros, agregaría el interés
por incursionar en diversos enfoques de los estudios del discurso, espe-
áalmente la etnografía de la comunicación, la sociolingüística interaccional
v el análisis de la conversación. Además, ensayar con enfoqrres analíticos
como el narrativo, el argumental y el retórico.
Entre los factores personales, los cuales se confunden en más de un
punto con los teórico-metodológicos, Podría citar la atracción por los
mercados populares y la intención de adentrarme en el estudio de aspec-
tos de Ia c;ltura local en la cual me desenvuelvo desde hace poco más de
una década en mi calidad de inmigrante voluntario. La cultura tabasqueña,
desde el ángulo antropológico y discursivo, ha sido escasamente estudia-
da en comparación con otros estados de la región en la que se inscribe.
\{e centré en el mercado por considerarlo un nicho donde aún podría
prevalecer un conjunto de prácticas culturales -entre éstas las discursivas-
i'tareas comunicativas por medio de las cuales accedería a algún plano
del espectro de esa cultura local.
EI HABI TEORIA Y MEIODOLOCIA
^:
El problema que ocupa a la presente investigación puede, arbitraria-
:.:nte, situar sus comienzos antropológicos hacta 1929, cuando el
-.tropólogo lingüista Edward Sapir sostuvo: "la verdad del asunto es
:-ie el'mundo real' en gran medida se construye inconscientemente so-
::e los hábitos lingüísticos del grupo" (en Boon, 1993:44). El estudio de
---s "hábitos lingüísticos" se convirtió en un recurso para reconocer Ia va-
::abilidad de las constituciones socioculturales, al mismo tiempo que se
-rstiiuía la idea -ya contenida en las contribuciones de la filología y el
:¡lldorismo de fines del siglo XVIII y princiPios del XIX- de que el "mun-
':o real" es una construcción lingüística, singularmente discursiva.
En la actualidad prevalece un relativo consenso en torno a comPartir
-: r'isión de que el lenguaje no es só1o un vehículo de transmisión de
:epresentaciones cognitivas y afectivas, es, al mismo tiempo, un articulador
de Ia vida social. Un actuar que en su despüegue pone en acción al mundo
social desde el mismo momento en que lo enuncia.l Ello supone, desde
:rna perspectiva crítica, considerar también al lenguaje como un Poder
simbólico donde se actualizan las relaciones de fuerza entre los locutores
..' sus respectivos glupos sociales (Bourdieu, 1985:11). La constitución de
-a vida sociocultural se cuece en los flujos interaccionales del discurso.
A continuación se precisa la noción de sociabilidod, por la relevancia
que representa para este trabajo, aunque no se agota aquí la exploración
del término, pues se aborda convenientemente en otras partes de1 texto.
La sociabilidad es de interés porque representa el fundanento, es de-
ciq, 1a realidad primaria que constituye la sociedad y la cultura. Georg
Simmel fue el primero que esgrimió y desarrolló la sociabilidad como un
concepto central en la gestación de una nueva ciencia: la sociología. Tam-
bién fue el primero que intentó dotar al concepto de algún interés para el
programa de investigaciones empíricas de la novel ciencia, al argüir que
i Me refiero implícitamente a la concepcjón del discurso como acción, idea que P¡ocede de la
:.oría de los actos de habla ai¡ibuida al filósofo John L. Austin (1962) y desarrollada Por John Sea¡le
:969). Esta concepción resulta vital pa¡a el trabajo que aquí presento. De manera sintética, esta teo¡ía
:l¿ntea que las proposiciones con las cuales nos comunicarnos no sólo iienen una función cle rePre-
ieniación de la realidad, sino, además, que con ellas hacemos cosas (Promesas, cornPromisos, ¡Pues-
::s, quejas, peticiones, saludos, etcétera). De reduci¡se a la Prime¡a función rePresentacionaL, eI
:siudio enfatizaría el inierés veritativo (teo¡ía de la verdad) o la coherencia lógica. Sin embargo,
::te fipo de proposiciones o "actos de habla", como los denominan, frccuentes en la vida oidina¡ia,
:.c pueden serjuzgados apelando a su validez ¡eferencialo a su congruencia lógica, sino recu¡rien-
:c a reglas pragnráticas, de pertinencia cuitural y procedimeniales. Son sunan1ente dePendienies
.rel contexto y cle códi8os culiurales específicos para su realización. identifican estas acciones de
r:blaa partirde tresmomentos: elloc firo,que equivale a la acciónde decir; el ilocrfioo, que cor¡es-
:cnde a la acción dichay elpellacutil)a, qlre remite al pocler de realización de la acción y a su eficacia
EL HABLA EN SITUACIONT CONVERSACIONES y PASIONES
la sociología sería el estudio de las formas empíricas de estar-con-otros.
Cuando definió que la sociedad "existe allí donde varios individuos en-
tan en acción re cíptoca" (Simmel, 1986:15), sentaba las bases de la tradi-
ción sociológica que explica la constitución de la realidad social a partir
de las interacciones y los significados construidos entre sus miembros.
Va-le Ia pena recordar que el sociólogo y filósofo berlinés propuso
qre xt sociología pura o t'ormal -complementada conla sociología general o
hL<tórica y la t'ilosófica- fuera aquella que se encargara de estudiar 1a uni-
dad --el sentido- de la vida social, a la cual llamó socializacióiq, como un
modo de superar la condición abstracta inherente a1 término sociedad..
Siguiendo su singular método de dividir los conceptos en su contenido y
srt iorma,la socialización, según lo primero, contiene los componentes
capaces de originar las acciones entre los miembros de la sociedad, és-
tos pueden ser el instinto, el interés, la finalidad o el "movirniento psí-
quico". Por su forma, la socialización só1o se presenta cuando las accio-
nes recíprocas de los individuos adquieren formas determinadas de
cooperación y colaboración, motivadas por cualesquiera de los compo-
nentes antes mencionados, los cuales por sí mismos no explican la vida
social sin las formas sociales que propiiian Ia conexión entie individuos
v que son articuladas merced al "impulso de sociabilidad" (Simmel,
19l#:16-17 y 2002:78 y 82-83).
Esta breve digresión sobre las ideas simmelianas me gustaría concluir-
la con el aporte que considero más sustancial para resolver parte de1 pro-
blema de investigación propuesto. Tá1vez corresponda a Simmel (2002:93-
96) el mérito de haber declarado ala conaersación como "el soporte más
ampüo de toda comunidad humana", y haber pergeñado las primeras
¡eflexiones en torno a la conversación como forma pura de sociabilidad:
-la sociabilidad es tal vez el único caso en oue el hablar es un fin en sí
mismo legítimo". Es menester puntualizar que se kata de un tipo espe-
cial -y al mismo tiempo el más común- de conversación, aquella que se
entabla para establecer y mantener una "conciencia de comunidad", por
fanto, que no üene fin en sí mismo salvo el de la comunión.
Paradójicamente, ese sustrato que representa la sociabilidad -"residuo",
en la terminología del sociólogo Vilfredo Pareto (en Maffesoli, 1993)-, y
que subyace a toda presencia ordinaria en el mundo, ha sido en cierto
sentido poco atendido por las ciencias sociales y humanas. Sabemos que
el programa simmeliano para estudiar las formas básicas de sociabilidad
(la cortesía, la coquetería, el amoq, la amistad, la hostilidad y la gratitud,
los juegos sociales, las hermandades y sociedades secretas, etcétera) pa-
deció demasiado desdén por parte de la burocracia académica de su épo-
ILHABTA: TEORIA Y METODOLOGiA
ca y aún continúa relegada como un epifenómeno en la agenda de inves-
fgaciones de ia vida social.
Precisamente una de las formas de interrelación entre los contextos y el
discurso que aquí se exploran se encuentra en los discursos pasionales. Las
interacciones emocional y afecüva entre las y los miembros de una institu-
ción social determinada es uno de los modos más conspicuos
-pero menos
utilizado por 1os analistas- para hablar sobre el funcionamiento de cual-
quier institución o grupo social; también una de las maneras básicas y
espontáneas de producción del discurso y de movilización de sus recui_
sos, además de generación de sociabilidad, en el sentido que lo concibió
Simmel.
En síntesis, por sociabilidad se entiende aquí la creación de contextos
interaccionales de menor o mayor complejidad formal, en los cuales se
realiza 1a vida social de una institución, así como las tareas y actuaclones
cotidianas de sus miembros. Estos contextos discursivos só1o pueden
reconstruirse en y por medio de las interacciones verbales y no verbales
que sus miembros heredan, recrean y despüegan como prácticas discur-
sivas habituales, que nutren de sentido a una cultura microlocal. En el si-
guiente apartado, las tesis de trabajo llevarán estas ideas teóricas a un
plano operativo más accesible.
Rutas teóricas y empíricas
Aquí trazo una serie de rutas teóricas y empíricas que podúan denomi-
narse f¿sls de trabajo; éstas cumplen la tarea de guiar la resolución del
problema de investigación. Puesto que pretendo mostrar más que de,
mostrat 1as tesis trazan las principales coordenadas teórico-metodoiógicas
y las_ rutas que [Link] la pesquisa. Se presentan a guisa de proposiciónes
que han de acomodarse siguiendo un criterio de relevancia tanto teórico
como empírico. Teóricamente, me muevo de manera iniciai en un dete¡_
minado nivel de abstracción, descendiendo en forma paulatina a niveles
específicos de operacionalidad empírica, los cuales espécifico en la Tabla 1.
. La sociabilidad implica crear y rec¡ear no sólo los espacios, sino las
maneras de conducirse e intercambiar significados socialmente. Ésta
es la forma básica de constitución de la vida social y cultural, por
tanto., representa una pieza clave en la reconstrucción de los próce_
sos de constitución de una sociedad y una cultura.
PASIONES
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONESY
e intercambiar significados
' Estos espacios y maneras de conducirse
.; b qtj" denóminé contextos ittteraccionnlqu" y discursiao (situaciones
ton este trabajo pletende
sociales) en la nocion de so;iabilidnd tu
;;#;ru ;;;';i son
""ua
o' por las v ics actores
-'-o:11':
los marcos
"n
que ^'*
esta-
ililiá;e?, óe 1a actividaicreadóra genera
üi"*"i" p"tii":"ncia de la actuación de lasdty 1os Ptgpio: u"t:t::-,^ socra-
. iu *"r-t".*iOt-t telativamente espontánea :tt"tcon:iliit::nes
"t.i?;;;;;; ;^ relación de códeterminación los signi{icados
que clichos contextos, y .sus prácticas .gi*::tiY ^i.t""i-tilt:l:?
de sus operacrones
revisten para las y to, uttu'"' u'-' Ia realización
básicas,del interac-
;;ffi""t. iil ;ár-t",'"tdu con las tres plemisasde los [Link] se
.io"itÁo sm¡Olico, a saber: r) que 1a acción (entiéndase por ello'
i"[Link] los sig"ificáios que Ias cosas
".i"t* "
prácticas, palabras, gestos, objetosjtienen para las y^1os-actores so-
ciales; ii) que estos slgnln"uáJ' consttuyen y se desarrollan en la
'"
inrpr:r¡ción v. iii) en los encuentros sociales con 1as cosas'
las y los
,.i"."r"rá.rái", áesarrollan un proceso intefpretativo Para recrear'
en usó (Blumer;1986:2)'
;"t;üg;;t;;"rar con los sieni?icados estas sociabilidades se carac-
. La identificaciÓ.t y pt'""u de
""""'"ena verbal v cinésicos'
;.i;;;;i;;;áricia de patrones de interacción tit"111tl.::
los cuales asumen tormas singulares y culturalmente su propra
poseen
J;;;;;ú" se pueden-captai "'-t tt' t"t"ttet-tcia'
de unaiultura a otra' de
especificidad, 1o que expncáia variabilidad'
a otro' pese a la aparen-
una situación a otra, de un comportamiento
te seme]anza.
. Lo anteiior implica que las y los actores,[Link] someten a proce-
se
socializa-
i., a" "p-.""aitaie áocial 1íespecto d: r.a disliic]:[Link] el acápite
.iá" y ,á"i"uifiaád "t' "t versión postsimmeliana' 'vease incorPo-
"Mercados: de 1a articulación social a la sociabilidad").para
1es permite o les impide ha-
rar estos modos de estar-Á-otros' Ello
cerse merecedores de una específica
[Link]"::::t*': :
y actuación1os idenlthca como mrcm'
¡rrtrrn [Link]"senvolvimiento
tácita o implícita que los
bros de un [Link], u pu'ut áu 1a áprobación
de esta competencla
miembros entre sí se concedan ia articulación
fuerza y poder simbóIicas'
,"^"".t""tu patm"uau pot t"tu"iones de
también de solidaridad Y'arraiSo
. Una de las exPresiones de iones sociales plenamente discur-
y to qr1," la cuestión
sivas que entablan entre 9:.1:T:t
"llus "tlot "t
[Link]
34
EL llABL,A: TEORIA YMITODOLOCIA
para reconstruir este tipo de contextos interaccionales, pues remiten
de manera directa a la construcción de las identidades, es decir, a la
imagen que construyen de sí mismos. Además de las identidades,
las pasiones afectan también las dinámicas operativas de la organi-
zación institucional por medio del trato interpersonal que se dan
sus miembros. En este caso, las pasiones son tratadas a partir de los
recursos comunicativos que emplean para ello: narraciones y metá-
foras, fundamentalmente.
. En términos empíricos, la reconstrucción de estos contextos
intelaccionales y sus prácticas discursivas se hace [Link] al tra-
bajo descriptivo y analítico de la etnografía, en cuanto estrategia para
registrar encuentros culturales. La caracterización de las prácticas
discursivas exige una cooperación entre una etnografía de "momen-
tos significativos" o "incidentes clave" (cf. apartado metodológico) y
el despliegue de todo un aparato conceptual procedente de diver-
sos enfoques del análisis del discurso (cf. el apartado "El habla en
perspectiva: coordenadas teóricas").
. La elección de las dimensiones del discurso que se privilegian para
dar cuenta de las relaciones sociales cotidianas, partiría de la premi-
sa de que estas dimensiones deben determinarse a partir de la rele-
vancia que los propios actores otorgan a sus eventos o actividades
discursivas, amén de la licencia que el analista se conceda para ele-
gir las rutas analíticas y encontrar 1os estilos apropiados para mos-
trar los hallazsos.
. Las prácticas dlscursivas relevantes (interacción compra-ventai con-
versación ocupacional,/laboral; conversación sociable, asambleas y
juntas, etcétera) se analizan a partir de un modelo que revele tanto
las cuestiones concernientes ala organización t'ormal de estos even-
tos, como \a constittLción de las acciones uerbales que en ellos se reali-
zan; los esquemas comunicatiztos e [Link] que se articulan
interactivamente para proveerles de sentido social, constituyéndo-
se, por tanto, en patrones de interacción aerbal, los cuales funcionan
como pautas para el análisis cultural de las prácticas comunicativas;
los procesos narrafiaos que intervie nen y las t'ormas ylos estilos singula-
res de hnbla (bromas, albures, metáforas, hablas vernáculas y estilos
personales), así como las contextualizaciones básicas que enmarcan
estos usos y acciones verbales, para dar cuenta en 1o posible de las
condiciones sociales de producción del discurso (Harnel, 1.982:35-36;
Bourdieu. 1985:12).
35
EL HABLA EN SITUACIóN: CONVERSACIONESY PASIONES
. De manera general, Ia conoersación prevalece como la práctica discur-
siva por excelencia. Sin embargo, dentro de ésta distinguimos: a) la
conversación ocupacional, referida a la ejecución de acciones concer-
nientes a la vida laboraf b) la conversación sociable, entendida como
la que no persigue un fin práctico específico o evidente por sí mismo,
a excepción del de entretene9 pasar el üempo, consumir e1 ocio.z Es
importante apuntar que en cualquier contexto conversacional, formal
o informal, pueden coexisür ambos tipos; incluso en determinadas
circunstancias puede ocurrir un desplazamiento de un tipo a otro.
. En el caso de encuentros conversacionales en los cuales interesaría
destacar la predominancia del recurso narrativo para dar cuenta de
los propósitos del encue4tro, el trabajo analítico se basa en el princi-
pio de relevancia o predominancia (saliency), eI cual grosso modo im-
plica destacar los esquemas comunicativos predominantes o rele-
vantes. A1 final del apartado "El habla en perspectiva: coordenadas
teóricas", desarrollamos con a1gún detenimiento dicho principio.
. Se seleccionaron eventos comunicativos no estrictamente conversa-
cionales, por ejemplo el de un discurso oficial en un acto público
para inaugurar una festividad. En este caso se aplicó un enfoque
específico de análisis: el argumental y retórico (cf. el apartado co-
rrespondiente).
En la Tabla 1 se muestran las conexiones entre:
a) el contexto global de la institución elegida para el trabajo, dividido
arbitrariamente en los ámbitos laboral y mundano;
b) las prácticas discursivas características de acuerdo con las situacio-
nes y 1os encuentros sociales que parecen prevalecer en la vida so-
cial de1 rnercado popular estudiado;
c) las acciones verbales relevantes, según 1a muestra de eventos comu-
nicativos analizados;
d) los esquemas comunicativos que predominaron en las prácticas dis-
cursivas realizadas, y
e) la alternancia de modalidades interaccionales que caracterizaron
los eventos comunicativos analizados, 1as cuales reduzco a formal e
informal.
: En alemán existe la ent¡etene$e o
Palabra ttcft unterhalten q're imPlica ios significados de
distraerse convercando; fue emPleada Por Georg Simmel en s':t Pequeña sociología, publicada en
i917, cüando se refi¡ió a la conversación y al "rnila$e mutuamente" como las formas más Puras y
süblimes de la sociabilidad en cuanto fenómeno sociológico p mordial.
3ó
Thbla 1
Sociabilidad y discutso en el mercado público
¡L HABLA EN SITUACIóN: CONVERSACIONESY PASIONES
Las fi1as sombreadas en un gris más tenue representan los casos de
eventos de habla que privilegió el análisis. Las no sombreadas fueron
detectadas por el trabajo de campo, pero se careció de datos suficientes y
registros en buen estado técnico para someterlos a análisis. Aun así, des-
criben la diversidad de prácticas discursivas y de situaciones interac-
cionales que caracterizan 1a reproducción de la vida social del mercado
público.
A modo de conclusión de estas rutas, conviene sintetizar una serie de
objeüvos propuestos en este trabajo. En primer lugar; detectar y comen-
tar algunos estudios que fijan su interés en los mercados populares como
objeto del análisis cultural. Especialmente cifra la atención en aquellas
contribuciones que exploran las interrelaciones entre estos enclaves co-
rnerciales y ciertas visiones antropológicas de la vida urbana.
En segundo luga¡, revisa una serie de nociones ("lugar" antropológico,
sistemas de significación, comunidades de habla, sociabilidades, acción,
interaccióry redes sociales, entre otras) procedentes tanto de la teoría so-
cial y sociológica, como de 1a antropología y la etnografía del hab14 la
sociolingüística interaccional y el análisis de1 discurso que pueden resul-
tar útiles para aclarar los eventos comunicativos y sus situaciones.
En tercer lugar, reconstruye el itinerario de los estudios del discurso
para ubicar aquellas perspectivas que resulten referentes vitales para 1a
investigación. Esto conduce a recorrer brevemente los principales enfo-
ques (etnografía del hab14 sociolingüística interaccional e interpretativa,
análisis de la conversación, análisis de narrativas y análisis retórico y de
la argumentación) y modelos (modelo integrado de análisis de la
interacción verbal y modelos narrativos), así como nociones (análisis
secuencial, toma y/o distribución de turnos, pares adyacentes, esquemas
comunicativos, discurso epidíctico, entimemas, lógica de la argumenta-
ción, etcétera) y algunas estrategias metodológicas clave que contribuyen
al análisis de los eventos de habla.
En cuarto luga¡, e1 trabajo despüega un ejercicio de contextu akzación
ampüada de la situación sociocultural en la que se realizan los eventos
comunicativos registrados. El modo de llevarlo a cabo se produce me-
diante uná reconstrucción histórica del mercado, intentando destacar los
aspectos propiamente socioculturales (mercado y vida urbana, coti-
dianidad y sociabilidad, referencia a ciertos detalles discursivos que han
podido documentarse, etcétera). La historia constituye un preludio de la
descripción etnográfica del principal escenario y algunas escenas signifi-
cativas que conducen a contextualizar en un grado más próximo 1a mues-
38
EL HABLA: TEQRIA Y METODOLOCIA
tra de eventos de habla de la cual se ocupa el análisis discursivo. Este
objetivo permite comprender grosso modo lo que denominamos silzación
a partir de la cooperación entre historia y etnografía.
En quinto lugar, como un obietivo específico, se ensaya una revisión
soble la teoría de las pasiones o los comportamientos emocionales a par-
tir de1 énfasis en su tratamiento discursivo que desemboca en e1 análisis
de una muestra narrativa basada en una metáfora acerca de la envidia
recogida durante el trabajo de campo. Este objetivo también Pretende
contribuir con un fresco sobre la vida sociocultural (en este caso emoclo-
nal) de la institución mercantil, sus actores e interacciones objeto de estu-
dio. Por último, en sexto lugari se desarrolla el análisis de seis eventos
cornunicativos que rePresentan una modesta muestra de materiales
discursivos registrados, los cuales intentan dar cuenta de la variabilidad
de situaciones en las que el habla se desarrolla en dicho contexto: el mer-
cado y sus escenas singulares. El aná1isis de estos eventos comunicativos
recorre parte del espectro en el cual el habla se encuentra culturalmente
situada. Se hace hincapié enla conaersación, en 1a cual subyacen diversos
patrones de interacción verbal; además, se analizan un par de conversa-
ciones (ur-ra de éstas colectiva) en las que resulta relevante la función na-
rratioa delhablat finalmente, un discurso en una celebración pública en
1a que se pretende destacar la importancia de estas {orrnas discursivas
para la reafirmación de identidades gremiales, amén de la capacidad
argumental y retórica del discurso popular'.
Como podrá apreciarse, los objetivos expuestos siguen 1a lógica de
exposición del trabajo y se van resolviendo en la medida en que avanza
la lectura. A continuación se Procede a comentar algunos trabajos que se
acercan al mercado desde diversas perspectivas. Al mismo tiempo, se in-
tenta detectar nociones que puedan contribuir a caracterizar estas insti-
tuciones y sus prácticas discursivas desde el ángulo del análisis cultural y
del discurso.
Mercados: travesías urbanas, "lugar" y noción antropológica
Mcrcados q traaesíns urbanas
Como viajero, e1 escritor francés André Gide, en sus travesías urbanas,
privilegiaba como lugares de atracción cuatro cosas: los jardines públi-
cos, Tos mercados, los cementerios y los palacios de justicia. El poeta mexi-
EL HABLA EN SJTUACIÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
cano Salvador Novo, en un texto de 193& aludiendo a 1as preferencias
del escritor francés, construía hermosas imágenes sobre los mercados tra-
dicionales de la Ciudad de México. El histo¡iador Edmundo O'Gorman,
en una de las últimas entrevistas concedidas antes de su deceso,3 aludía a
la vida organizacional, técnica y vernacular de los mercados mexicanos
como una conjunción de raíces culturales muy profundas que resaltaban
la singularidad de eso que ha dado en llamarse lo mexicano. Uno de los
escasos pasajes de tono agradable que pueden leerse en la crónica que
Graham Greene realizó en e1 Thbasco garridista, hacia 1938, es aquel en
que degustó una espumosa taza de chocolate -calificándola de "1a única
bebida aceptable de Thbasco"- en el único mercado, punto de concurren-
cia inevitable, que por entonces tenía 1a ciudad.a La descripción de un
hat, mercado campesino, como una ciudad-mercado de un sólo día, ha
devenido en una interesante muestra de narrativa etnosráfica ofrecida
por Lévi-Strauss en Tristes trópicos. Los mercados han cónsfituido para
Clifford Geertz enclaves significativos para articular inferencias en torno
a los cambios y las variaciones culturales que una comunidad o núc1eo
urbano experimenta, especialmente resaltados en suTras los hechos (1996),
donde reflexiona retrospectivamente sobre sus incursiones antuopológicas
en las ciudades de Sefrou, Marruecos y Pare, Indonesia. Poetas, historia-
dores, cronistas y antropólogos funden intereses y escritura en torno a
estos escenarios de la vida ordinaria.
Mercados y "lugar" antropológico
El antropólogo francés Marc Augé (1994:62) subraya que el "lugar antro-
pológico" puede describirse en términos geométricos como líneas, inter-
sección de líneas.y puntos de intersección. Las etnografías se han dedica-
do durante mucho tiempo a reconstruir "itinerarios, encrucijadas y
centros". Esta cualidad que asiste al trabajo antropológico en torno al es-
pacio, aI "lugar", pone a este saber en una disposición privilegiada para
comprender los procesos contemporáneos de desterritorialización y
reterritorialización, ya sean macrorregionales o locales, interurbanos o
3"Edmundo O'Gorman. Entrevista", en ¡¡ol¡ terus (Rmista de diáIogo cultural entre las
fronteras de
M¿xico) a^o1,vol.7,rhm. 1, primave¡a de 1996, CNCA, México, pp.4-6.
a El pasaje
de Craham Greene se encuentm en 6u libro Tre ¿a?ul¿ss Roads, publicado en 1939,
cuyos capíhrlos relativos a su paso por tieüas tabasqueñas aparecen enla compilación del fusto¡ia-
dor Cip¡ián Aurelio CabrenBer atviajeros en Tabasco: Teúos,1987. El pasaje en cuestión aparece en
la página 765 de la edición citada.
40
ELHABLA: TEORT\ Y METODOLOCIA
intraurbanos. Ello afecta directamente los modos en que se vive y se re-
plesentan 1as ciudades a sí mismas y las prácticas que las distinguen y las
configuran como procesos culturales.
Los mercados que aquí se trabajan, emergen -ya como instituciones
nuevas o refundaciones- como unidades del comercio urbano en los años
sesenta y setenta, en medio de una "modernización forzada" -:ludela dixit-,
manifestada en el acelerado proceso de convertit de la noche a 1a ma-
ñana, una pequeña comarca provinciana en urbe estratégica en la cuen-
ca sursureste del Golfo de México, como testigo activo de la inserción
en procesos -la conversión en microrregión petrolera- que ta1 vez mu-
chos no imaginaban ni comprendían, 1o cual encierra más de una clave
para comprender los procesos de inercia y crecimiento descontrolado que
el comercio urbano villahermosino experimentó desde fines de Ios años
sesenta y con mayor fuerza en la dos décadas siguientes. Más de un testi-
monio registrado por el trabajo etnográfico da cuenta, por medio de una
retrospectiva anclada en la memoria individual y colectiva, de estas valo-
¡aciones formuladas a 1a distancia histórica en torno a cómo cambió la
vida social y cultural de la ciudad y con ésta sus prácticas y espacios co-
merciales.
Los escenarios ulbanos contemporáneos, sujetos a la dinámica de la
vida pública urbana, se encuentran inmersos en procesos de reconfigu-
ración, diferenciación e intersección. La vida del "ciudadano como re-
presentante de una opinión pública", según la representación construi-
da desde los siglos XVII y XVIII, donde el café, la tribuna, la prensa y la
plaza fungían como los espacios públicos por excelencia, se encuentran
ahora conque tales escenarios deben compartir sus ámbitos de influen-
cia simbólica con otros "espacios" o, más bien, "neolugares" (Augé), ca-
racterizados por flujos massmediáticos (García-Canclini, L995:24-25) y
juegos de lenguajes que hunden a más de uno en un sopor de voces e
intencionalidades complejas. Pese a ello, estos lugares aún continúan sien-
do -y en ellos incluyo a los mercados y sus espacios de interacción social-
importantes y significativos escenarios donde la vida urbana tÍanscurre
articulando y reconstruyendo procesos de conformación de opinión; ge-
neradores de dispositivos simbólicos: humorísticos, albures, representa-
ciones e imaginarios, fabulaciones y relatos populares sobre personalida-
des y coyunturas políticas y sociales del país, el estado, la ciudad o sobre
sí mismos como coprotagonistas de tales sucesos. Como reveló un infor-
rnante en una de tantas entrevistas: Aquí se habla desde Salinas de Gortari
hasta de1 oue apuñalaron en Tamulté".
41
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
trlercados y noción antropológica
La antropología ha privilegiado ei estudio de los mercados como escena-
rios donde pueden encontrarse y articularse más de un problema de es-
tudio. No se enumerará aquí de manera exhaustiva 1a amplia cobertura
de temas que la antropología y la etnohistoria conformaron en el estu-
dio de los mercados, 1as redes comerciales o 1os rituales de intercambio. A
modo de ilustración, podría consultarse la "Bibliografía sobre mercados
con especial referencia a la comercialización de productos agríco1as" que
registró la antropóloga Verónica Veerkamp (1982:189-213), así como Ia com-
pilación de Juan Carlos Grosso y Jorge Silva Riquer (1994).5
Los mercados, por una cuestión de adscripción temática y/o subdisci-
plinar, han sido trabajados usualmente por 1a antropología económica (o
h. -economía antropológica", como gustaba decir Marshall Sahlins). Sin
embargo,los antropó1ogos economistas reconocen que la economía es un
-aspecio" de 1a vida social, más que un "segmento" de la sociedad' Todas
l,as economías están "incrustadas" , i.e ., están determinadas y determinan
otros factores o dimensiones sociales: culturales, psicológicos, discursivos
(Plattner, 1991b; Dannhae user, 1991; Castaingts, 1995).
Sahlins (1983:10) afirma: "La 'economía' se convierte en una categoria
de la cultura... Ya no se trata de actividades que sirvan a las necesidades
[Link], sino del proceso vital esencial de la sociedad". Ta1 alusión a1
-proceso vital esencial de la sociedad" supone explorar los dispositivos
v procesos ordinarios de habla que construyen y configuran diariamen-
te la clase de escenarios y prácticas que nos ocupa. Parafraseando a
\\'ittgenstein, en los lenguajes ahí construidos y usados, encontÍarÍa-
mos los "límites" de ese mundo y las unidades de sentido para com-
prenderlo.
Según una definición ya clásica, proporcionada por el etnólogo Sydney
t\r Mintz (1959), Los mercados
--.son mecanismos para facilitar el intercambio de mercancías y servicios. (...)
las plazas de mercado son los loci donde se realizan intercambios concretos'
(...) Cuando una sociedad posee un armazón organizado para el conducto de
los intercambios económicos -por lo general centros de intercambio, con sus
agregados de compradores y vendedores, un calendario de días de mercados
:Yéase también la revisión que realizo en el ensayo "El mercado: un enfoque interdisciPlina o'
.{¡tropología económica y semiótica en el estudio de un mercado Prlblico urbano" (Ayús,1997b:89-
119),en el cualse conirastan sintéticamente las Posiciones de la socioloSía yla antroPología econó-
I:rka, asícomo de la etnohistoria, resPecto de los nercados como problemas de estudio
ELHABTA: TEORíA Y METODOLOCíA
y demás rasgos que dan los intercambios una regularidad y una forma pre-
a
vista- posee un sistema de mercados internos (Mintz, 1982:11)
La idea destacable en Mintz que da título a su célebre ensayo- es la
-y
de considerar a los mercados como sistemas que actúan como mecanis-
mos de articulación social'. "eI sistema de mercados se encuentra suieto a
una asi8nación de posición habitual, ritual, hereditaria, a la regulación
de precios, y a consideraciones análogas, que puede representar un pa-
pel importante articulando a diferentes grupos sociales y económicos"
(Minrz,1982:12).
El etnólogo estadounidense sugiere que la existencia de los merca-
dos está firmemente relacionada con diversas y variadas dimensiones
de la vida sociocultural de comunidades o centros urbanos de pequeña,
mediana o gran escala, desde 1as posiciones, prácücas y rutinas sociales
cotidianas, hasta los acontecimientos ritualizados -religiosos o seculares-
que sustentan la armazón vivencial de una sociedad cualqurera.
Aun venidos a menos -como acontece con la crisis que atraviesan más
de uno de los mercados públicos que aquí se describen-, constituyen
marcas urbanas insoslayables o puntos de encuentro social, económica y
cuituralmente significativos. En algún sentido, desde esta perspectiva, la
frase "el mercado es e1 ombligo de 1a ciudad",6 parece adquirir consisten-
cia descriptiva, si no es ya suficientemente obvia para quien hace de los
mercados un espacio crucial de sus travesías urbanas.
Mercados: sistemas de significación y comunidades de habla
Sistemas de signifícación
Jesús Martín Barbero, en una investigación realizada entre 1974 y 1977,7
muestra la inquietud por comprender ciertas prácticas populares de comu-
nicación (las tramas de sentido cultural conformadas por mercados y ce-
ó Frase ext¡aída
del diario de campo del auto¡, resultado de una de las primeras incuNiones
desi¡iptivas en mayo de 1995, usada posteriormente como ltulo de un arlcülo püblicado en ¡/or1-
teras (Reoista dé diálogo culhÍal entr¿ las fronteras de México), pp.38-45.
7"Prácticas de comunicación en la culfum popular", fue una investigación llevada a cabo con
alumnos de los cursos de semiología en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Tadeo
Lozano de Bogotá, entre 1974-1975 y aor. el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la
Universidad del V¿lle, en Caii, Colomb¡¿, en lre lq76 y )977. Cl., Procesos de comunicación y matriees
de cultura. ltinerurio para salir de Ia razón dualista,1979.
FL HAEL FN 5ITUA'IÓN: COVVERSACIO\FC Y IASlON!S
mente¡ios) desde la perspectiva de los estudios culturales. Esta investisa-
ción puso en juego ciertos recursos metodológicos del anáfisis semióüco"en
aras de comprender tales escenarios y práctiias culturales de los sectores
populares como sistemas de significacibn: "La plaza de mercado y el ce-
menteno son para las masas populares un espacio fundamental de activi_
dad de producción de discuiso propio, de ptá"ti"us en las que estalla un
cierto imaginario -el mercantil- y la memoriá popular se hacé sujeto cons_
tituido desde otro imaginario y otra lengua,, (}larfin,1979:9g-99j.
Para el comunicólogo colombiano,la plaza de mercado urbano se sitúa a
medio camino entre la plaza de mercado campesino y el supermercado
(maII). Este carácter de institución configuradá como mediaáora, lo con_
dujo [Link] su estudio por medio de una comparación semiótica entre
Q6 actantes -en cuanto actores institucionales_ que articulan una de 1as
contradicciones de lo u¡bano en cu anto texto, a saber: el,,lugar,, discursivo
v sociocomunícativo del mercado público urbano y el ,heólugar,, (Augé)
del cent¡o comercial.
. Los ejes estructurantes que dispuso para desplegar la trama compara-
tiva son la topografía y la topología. La primera, constituye el ,,espacio-con_
figurado por las señales delas dos matrices culturales (mercadoi y centros
comerciales), señales que al ser rastreadas se convierten en señas de identi-
dalde las economías apuntadas". La segunda, figura como la,,lectura de
las señales (...) que hará explícito el discurso de lás dos economías ahora
va como discu¡so de los sujetos". En otras palabr as,Ia topograt'ía funciona
como una suerte de ejercicio de descripción-ttansüipción sociosemiótica.
For su parte, la topología funciona como 1a puesta en escena de la activi-
dad que posibilita y rcaltza el discu¡so de 1os actores sociales que hacen
de estos escenarios nichos recurrentes de su actividad mundana. Se pone
un especial énfasis en articular la categoría de actor en sus interrelaciones
con las cosas (bienes, objetos, servicios), así corno en las prácticas y 1os
procesos interaccionales que constituyen a las actividades sociales en con-
diciones de mercado.
Una topografia destaca como señales fundamentales aquellas que tie-
nen que ver con:
a) Elnombre del mercado; "1as plazas de mercado nombran lugares con
historia, fechas memorables, figuras religiosas" o políticas. Todos los
me¡cados objeto del estudio etnográfico son designados con nom-
bres de personajes de la historia política o militar nacional y loca1 o
consignas políticas testimoniales de una determinada etapa históri-
EL I-IABLA: TEOR¡A Y METODOLOCIA
ca de la entidad en la cual se encuentran inscritos (tal es el caso del
mercado del barrio de Atasta, denominado "Tábasco avanza");
b) Ios modos de comercialización como formas de intercambio comunicatiao;
en los mercados públicos la relación de compra-venta es [Link],
cara a cara, hay intercambios lingüísticos y una amplia gama de re-
gistros comunicativos y significativos no verbales (gestos, movimien-
tos, disposición física del esPacio, arquitectura de los objetos-mer-
cancías, etcétera);
c) los registros aisuales y sonoros; eI descentramiento, 1a desorganiza-
ción aparente, el "amontonamiento" y la "redundancia", la no arti-
culación. el barullo, la "antifuncionalidad", Ios rostros, las voces, en
fin, el "espacio expresivo" en toda su exuberancia e inmediatez ca-
racterizan e1 sentido social y cultural de estos escenarios. Es, en un
determinado momento, una generalidad de enclaves que se perci-
be por el extlaño tono de su singularidad;
d) por último, el entorno; el mercado no es sólo su límite físico o arqui-
tectónico, sino toda la onda expansiva de su influencia: el comercio
ambulante, las travesías urbanas que 1o intersecan y asumen como
punto de referencia apreciable en las arterias viales que llevan o salen
de él y por medio de las rutas del transporte público que lo toman
como punto de llegada o parfda. En todos 1os mercados públicos
objeto de nuestro interés, la existencia de terminales de tuansporte
local o interestatal, paradas de taxis o arribo y salida de ómnibus,
camiones y "combis" urbanos, es una constante. Explica en buena
medida 1a posición estratégica que aún conservan en la cartografía
urbana. A esto se suma que son enclaves que atraen una red conside-
rable de pequeños comercios y dependencias de servicios que no
pocas veces, dada su condición de adyacencia, ofrecen las claves de
la fisonomía sociocultural preponderantemente comercial y de servi-
s
cios que caracteriza a 1os centros urbanos tradicionales
3Cl el trabajo de Jéróme MonneL "Espacio Púbiico, comercio y urbanidad en Francia, México y
'17-25' d ortde enfatiza la imPortancia que en
Esiados Unidos", ¿lfe rirlades, aÍ.o 6, núm.71,1996, PP
la relación púbiico-privado en los contextos urbanos adquiere la Posición y tensiones (Políticas y
culturales) ent¡e sus redes comerciales, Afi¡ma: "el comercio (tanto sus folmas como su organiza-
ción económica, los comportamientos de los clientes o de los comerciantes, etcétera) es significativo
delas modaüdades de relación social en u na ciudad o en el marco de una urbanidad, Porque es uno de
los elementos reguladores de las relaciones enire lo Público y Io Pdvado (o coleciividad/individua-
lidad, sociedad/intiml dad)" (op. cit., p.'12). Esto es relevante Para comPrender las intimidades am-
pliamente socializadas, en tanto códigos o¡ganizativos, iaboraies, de Poder y discursivos que se
ponen en juego en estos escenalios de Ia vida urlrana.
EL IIABLA EN SITUACIóNI CONVERSACIONES Y PASIONES
La lectura de estas señales (topología) conduce a una comprensión
a-urplia de1a interacción económicá y discursiva peculiar que diitingue
a
este "lugar" de 1a economía popular y evidenciá algo que hace noiar el
comunicólogo colombiano: "vender o comprar en la plaia de mercado es
algo más que una operación comercial,,.
Fl trueque, el regateo, el pregón, la simple compra y consumo de al_
- bien
gún o servicio está ampliamente mediáda poribigarradas formas y
modalidades de intercambio discursivo, contextualizaáas por un enror_
nop¡esente y activo ampliamente expresivo. En el mercado público, como
parte del intercambio económico y ajeno a é1, se p¡oduce un intercambio
simbólico (sociocomunicativo) que a diferencia de 1o acontecido en los
entros comerciales, donde prevalece un intercambio int'ormatioo y me,
no6 comunicativ o (Ayús,1,999b), permite construir índices identitarios de
la economía y el comercio de los [Link] populares.
Comunidades de habla: [Link] e identidades
A la interrogante de cómo e1 lenguaje cristaliza y reproduce represenra-
ci_ ones identitarias y cómo funge como sustrato y vehículo,
a un üempo,
de relaciones sociales, se avoca un [Link] contemporáneo situado en
mercados públicos europeos. Se trata del iexto de Jaiqueline Lindenfeld
ll9XJ) Speech and Sociability at French llrban Marketplace, investigación rea-
lizada en la primera mitad de los ochenta, como investigadora visitante
aociada en el Laboratorio de Antropología Social del Co-hgio de Francia
y de la Escuela de Altos Estudios en Cióncias Sociales de parís, baio el
estimulante apoyo intelectual del antropólogo francés Claude iévi-
Strauss.
Esta investigadora se interesó por mercados públicos franceses de las
ciudades de París, Grenoble y Rouen. Dedicó su estudio a analizar cómo
las interacciones verbales entre vendedores y compradores configurar¡
denbo de un contexto más o menos homogéneo, una ¡ica variedad de
klentidades sociales y cultu¡ales, por mediJ de la interacción simbólica
singular anclada en los tipos y rutinas de acüvidades discursivas y prácti-
oas que realizan.
Su habajo se mueve en dos planos de análisis. Por un lado, se interesa
por las plazas de mercados urbanos en cuanto sistemas de comunicación
a partir del análisis empírico de sus patrones de sociabilidad. por otro
lado, en un plano más teórico, intenta mostrar las relaciones entre etno-
gra6a de la comunicacióry antropología urbana e interaccionismo simbó-
t5
¡I- HABLA: TEOI{JA Y ¡4ETODOI-OCIA
-rco. La "plaza de rnercado es un lugar de encuentro social en la ciudad",
:onde "el intercarnbío verbal, en tales plazas, está inextricablemente liga-
do al intercambio económico" -enfatiza-, constituyendo ";'uegos de loles
muy importantes a nivel simbólico" (Lindenfeld, 1990:1).
Al continuar la línea de ciertos antropó1ogos urbanos, la autora en-
cuentra en la vida social y cultural de los mercados un nicho aplopiado
para comprende¡ las subculturas urbanas, entendiéndolas como peque-
ños mundos del mosaico cultural que las ciudades contemPoráneas re-
presentan. Para ello, se centra en el "estudio de las interacciones verbales
como parte esencial de la conducta social en las plazas de mercados"
(Lindenf eld, 1990 :24).
La categor'ía clave -speech commrLnlfies- que emplea la antropóloga ci-
tada para enmarcar teórica y metodológicamente Ia vida interactiva ver-
bal de los mercados, fue establecida por Dell Hymes en sus Primeros tra-
bajos de la etnografía del habla y la comunicación en los años sesenta.
Só1o diría por ahora que se trata de aquellas reglas comPartidas Por los
hablantes en la interpretación del funcionamiento de sus propias accio-
nes de habla.
Justamente, 1os mercados se constituyen en gruPos más o menos gran-
des de hablantes que construyen códigos de comprensión mutua esta-
blecidos de manera singular a partir de sus ProPias actividades laborales
específicas y modos simbólicos de interpretar sus actividades y posicio-
nes sociales desde el marco institucional en que se mueven. El habla en
tales circunstancias se asume como una unidad de observación crucial
para comprender -por parte del observador profesional (el antropó1ogo)-
estos "submundos" de la vida urbana.
En el despliegue del problema de investigación se intenta mostrar cÓmo
e1 intercambio comunicativo en el mercado público constribuye a esta-
blecer importantes redes de sociabilidades que van rnás allá de las opera-
ciones verbales de compra-venta entre comerciantes y consumidores, pues
Ia vida en 1os mercados no se reduce exclusivamente a la acción de com-
pra-venta, y cómo estas sociabilidades, manifestadas como interacciones
verbales, reconstruyen e instituyen roles simbólico-representacionales de
los participantes a partir de los componentes que median e intervienen
en la interacción.
Asimismo, cómo -siguiendo ciertas proposiciones etnometodológicas
y de la etnografía de 1a comunicación- el contexto de realización de una
diversidad de ez¡entos de habla (rutinas de compra-venta, conversaciones
cotidianas, juntas y asambleas, estilos y hablas vernáculas: bromas, albu-
res, metáforas, amén de relatos personales idiosincrásicos y narrativas
EL HAALA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
conversacioxales, etcétera) enmarcan las formas de producción y repro_
ducción de las prácticas interaccionales y comunicatiiras, revelanáo cémo
se reconstruyen 1os procesos interactivos de comprensión o cómo se re_
producen códigos socioculturales identitarios que configuran los roles de
los interactantes en medio de los procesos sociocomunicativos. Lindenfeld,
por medio de su investigación, construyó la posibilidad de identificar
ebeográficamente categorías identitarias de cómerclantes-vendedores-
consumidores a partir de los modos de interacción verbal efímeros,
semiprolongados y sistemáticos que éstos establecen entre sí. El tipo de
hansacciones que se entablan en los mercados públicos son de naturale_
za más "personal e incrustada" que,,impersonál o atomizada,,. En estas
últimas, las partes que intervienen en litransacción ,ho establecen nin_
guna relación más aIlá del corto üempo del int¿rcambio,,. Sin embargo,
en las primeras el trato di¡ecto entre lcs sujetos de la transacción se sós_
tiene- asidua o esporádicamente incluso después que el intercambio ha
concluido, por tanto, son "t¡ansaccion es inciustadis en redes de relacio_
nes sociales" (P1attne4 199Ib:287).
A estas conclusiones han llegado los antropólogos a partir de
subdisciplinas distintas: la antropología Jingüístióa, la-sociolingüística
interpretativa, la einografía del habla y 1a economía antropológicá, cuan_
do se han aplicado al estudio y reconstrucción etnográfiia dJcontextos
mercantiles, por lo que resulta válido apreciar a los mé¡cados como situa_
ciones y sistemas de eventos comunicativos en 1os cuales se construyen
srciabilidades desde tramas interactivas ve¡bales y no verbales que reial,
ian la singularidad cultural de las prácticas y agentes que ahí concurren.
Ilercados: compra-aenta e interacciones oerbales
Ln estudio publicado porJosé Antonio Flores Farfá n en19g4, La inter acción
cerbal de compra-ztenta en mercados otomíes, contiene una aproximación
etnográfica al mercado regionalotomí en el Valle del Mezquital. Se pro-
puso caracterizar sociolingüísticamente algunos conceptos significativos
que mostraban una cara de los conflictos lingüísticos bilingües y, por tan_
to, de contacto cultural. La unidad de atención escogida piara dai cuenta
de tales conflictos fueron las operaciones de compra--venia en los merca_
dos indígenas y los dispositivoi interaccionales puestos en práctica en las
transacciones y negociaciones entre vendedores, compradoies e interme-
oranos.
íi
EL HABLA: TEORiA Y METODOLOCiA
Este autor se dedicó a explorar 1a situación de diglosia como una rela-
:,:n de conflicto lingüístico entre una lengua dominante (e1 españoi) y
'::ra dominada (el otomí) y bajo esta tensión lingüística centró el análisis
-,' aso de los referentes teórico-metodológicos: e1 enfoque etnometodoló-
(Garfinkel), el análisis de la conversación en su versión ampüada por
=:o
-: teoría alemana de Werner Kallmeyer y Fritz Schütze y reinterpretadas
:-cr Hamel (1980 ,1982,1,984) y la reüsión de1 concepto de conaersación de la
-,'ertiente del análisis conversacional de la etnometodología estadouniden-
- lSacks, Schegloff Jefferson).
La pregunta de investigación que intentó responder se expresó en los
:rsuientes términos: "iCómo las interacciones de compra-venta repro-
:'rcen y constituyen parte del desarrollo del conflicto lingüístico hñaahñu-
:spañol?" Planteó como hipótesis que el mercado, en cuanto situación
comunicativa, incidía en la distribución social asimétrica de 1as lenguas
'-a través de una rutina del contacto permanente" (Flores, 1984:25).
Como resultado de su pesquisa propuso una "tipología básica" de
interacciones de compra-venta, basándose en el criterio "de la lucha ob-
jetiva entre distintas posiciones de fuerzas en el mercado" y su "corres-
pondencia a nivel de la organización formal de la interacción verbal de
compra-venta". Aphcó el modelo integrado de análisis rJe Ia interacción aerbal
(Hamel, 1980, 1982), al menos en la articulación de sus tres primeros nive-
les: condiciones básicas de la comunicación, organización formal de 1a
conversación y constitucíón de la acción verbal.
El primer tipo de interacciones de compra-venta se caracteriza por
una lucha entre fuerzas desiguales, esto significa que condiciones básicas
de 1a comunicación como las idealizaciones de la "intercambiabilidad de
los puntos de vista" y 1a "congruencia del sistema de significatividades"
(Schüta 1.995:42; Cicoure| 1974:52-58) se neutralicen como condiciones
en sí mismas, dando paso en el nivel de la organización formal de la con-
versación á que la "máquina de toma de turnos" se constituya en un re-
curso para mantener la asimetría de poder en la relación entre los hablantes
y en la constitución de la acción verbal se produzca de facto un ejercicio
de violencia simbólica (Bourdieu, 1977,1995) por parte de "los interme-
diarios profesionales (que) tienden a negar la posibilidad de los vende-
dores otomíes de recurrir al nivel de 1as idealizaciones donde en princi-
pio se supone que los interactuantes podrían fundamentar el compromiso
mutuo de realizar una compra-venta" (Flores, 1984:138).
En las interacciones conversacionales donde se presenta una situa-
ción asimétrica de poder entre los hablantes, 1os dispositivos interaccio-
49
EL H BLA EN SITUACION: CONVERSACIONES Y PASIONES
nales de la propia conversación, como la "máquina de toma de turnos",
suelen emplearse por los que ocupan la posición dominante como un
recurso para marcar la distancia social y mantener la gesüón de dominio
en la relación social.
A t¡avés del ejercicio verbal de la violencia simbólica que caracteriza al se-
gundo nivel en el primer tipo de interacción, los intermediarios consolidan
determinada posición discursiva de una manera sumamente económica y
unilateral, que impide que tengan la necesidad de legitimizar su actuación
t
coercitiva sob¡e los vendedores otomíes po¡ lo tanto, les niega Ia posibili-
dad de requerir información con respecto al por qué tal precio y no tal otro
(op. cít.:139).
La "manera sumamente económica y unilateral" se refiere a que los
pasos lógicos de un patrón de interacción verbal de compra-venta son
deüberadamente contraídos en su realización fáctica por quienes mantie-
nen el dominio en la conversación, controlando con esto el inicio, el man-
tenimiento y la clausura de los turnos de habla. Control al cual se pliegan
los vendedores otomíes, quienes se ven apabullados por estos mecanis-
mos verbales de ejercer el poder en una relación social asimétrica, en 1a
que además se exige reglamentariamente el uso del español como lengua
oficial en las transacciones comerciales, 10 cual los pone de antemano en
desventaja.
El segundo tipo de interacción compra-venta se caracteriza por la lu-
cha entre fuerzas iguales. La relativa igualdad permite la legitimación y
justificación de categorías y conceptos en juego en la compra-venta (pre-
cios, condiciones del producto, etcétera), "lo cual puede en principio,
poner en marcha una estructura cuasiargumentafiva" para acordar las
escalas mínima y máxima del precio de la mercancía. Estos acuerdos per-
miten rescatar las idealizaciones recíprocas neutralizadas en el tipo
asimétrico de interacción verbal de comBra-venta visto anteriormente.
La disposición a las negociaciones verbalei en un plano de equidad social
permite conseguir una suerte de "idenüficaciones posiüvas de las identi-
dades sociales de los compradores" en eljuego escénico del mercado como
situación [Link].
El autor sostiene que en este tipo de interactividad pueden darse va-
riaciones, a partir, por ejemplo, de la mayor o menor recurrencia a la ne-
cesidad de argumentar respecto del precio, las condiciones del producto
o las posiciones sociales de los hablantes en la acción del regateo.
50
EL I-|,{BLA: TEORIA Y METODOLOCIA
Teniendo en cuenta estos rasgos, éste parece corresponder al tipo o
modalidad de interacción compra-venta que observé en los mercados
públicos urbanos de Villahermósa. Las asimetrías son menos evidentes.
La relación suele darse por medio de un relativo y circunstancial equili-
brio interactivo de posiciones entre comerciantes y clientes. Una muestra
lo constituye e1 primero de los eventos analizados en la última parte de
este trabajo.
Mercados: de la articulación social a la sociabilidad
Los mercados no son exclusivamente "lugares", si por esto sólo se entiende
coordenadas espaciales. También pueden apreciarse como procesos deh-
nidos por ciertas prácticas: económicas, religiosas, festivas, asociativas;
en general éstas suelen darse al observador ¡eflexivo como una suerte de
intercambios y vivencias sociosimbólicas, 1os cuales acontecen en ciuda-
des o en parajes rurales urbanizados. Las prácticas mercantiles son pro-
cesos de intercambio ritualizados,e rutinas sistemáticas o asistemáticas,
institucionalizadas o no, pero en los que siempre intervienen ciertas es-
tructuras elementales: oferentes/demandantes (vendedores y consumi-
dores) y objetos (cosas, mercancías, productos, servicios) y los procesos
prácücos sociodiscursivos que hacen posible las inter¡elaciones entre di-
chas estructuras y que a su vez constituyen en sí mismos una estructura
autónoma, es deciq, aislable de aiguna manera para su reconstrucción
descripüva y analítica.
En cuanto articulado¡es sociales, los escenarios mercantiles se encuen-
tran ampliamente constituidos por redes de relaciones sociales, no sólo
en el interior *que son las que privilegia este trabajo-, sino también extra-
muros. Estas se constituyen como conductas plurales, entendidas como
reciprocidades consistentes en la probabilidad de que las actuaciones so-
ciales sean construidas sobre la base de procesos de significación cornpar-
tidos que remiten, cual indicadores -exp1ícitos o subyacentes-, a las situa-
ciones sociales que enmarcan tales juegos de articulaciones (Weber,
197'1,:21). La noción weberiana de relaciones sociales, funciona aquí como
eLa tualización escasuística. Enciertas cultu¡aslas prácticas mercantiles,y actividades colate-
mles asociadas a éstas (fe¡ias, festividades, d evociones, etcétera), son elco¡olario, o elpretexto,para
la realización de ceremonias, celebraciones reügiosas ojuegos públicos que se encargan de marcat
ciclos o periodos significativos para la comunidad o la región. Aquí se emplea la noción de /if¡¿alen
un sentido laxo, alusivo a la rutinización de los protocolos interaccionales que se observan en los
merc¿dos públicos.
.. L-
!L I1ABLA EN SITUACIÓNi CONVERSACIONLS YPASIONLS
una suerte de marco conceptual entre cuyas coordenadas se mueven las
nociones a1 uso de sociabilidad y socialización, distinción que preciso más
adelante.
Los procesos prácticos característicos de las situaciones de mercado,
sólo pueden ser viables merced a sus propios procedimientos sociodis-
cursivos. Por poner un ejemplo, una transacción o acción de compra-venta,
evento recurrente en este tipo de escenarios, no es más que un patrón
sociocultural de negociación en el que se actualizan cosas (productos,
mercancías, servicios); oalores (el precio, como su expresión tangible) e
interacciones entre los actores que encarnan los personajes definidores de
la situación, el comerciante o vendedor y el consumidor o comprador
Una transacción no es un evento probable ni concluido si alguno de estos
elementos está ausente o desaparece en medio del proceso. De ocurrir; se
desplazaría, entonces, a un patrón sociodiscursivo diferente.l0
Literatura sobre acción, interacción, redes y socialización
La mayor parte de los trabajos sociológicos, antropológicos, sociolin-
gúísticos e historiográficos, consultados sobre procesos de socialización
y sociabilidad (Burton, 19771Whinng, 7977¡ Bortoni y Guimaraes, 1988;
Lindenfeld, 1990; Lehalleur, 1992; Mendoza R., '1994; Agulhon, 1,994;
Chartier, 1996; Pradelle, 1996; Monnet, 1996) -exceptuando los dos pri-
meros-, sólo usan el vocablo, empeñándose menos en su aclaración con-
ceptual. Incluso, algunos estudios emplean indistintamente términos
co¡no socialización, socialidad. o sociabilid"ad. El concepto más acreditado en
la teoría social es el d.e socíalización Los dos últimos -a mi juicio- corres-
ponden a ias derivaciones castellanas y galas de1 vocabio, pero aluden a
un estatuto y especificidad conceptual algo diferente. Es preciso aclarar
con algún detenimiento esta distinción semántica. Por ahora se ofrece
una breve incursión teórica en torno a1 tratamiento dado a los procesos
de socialización y su articulación con las teoías de la acción, 1a interacción
y las redes sociales.
El término socialización se generalizó en las ciencias sociales hacia los
años treinta del siglo XX: en 1935 el vocablo fue consagrado por un artícu-
1o del mismo ltulo firmado por Irvin Childe (Whiting, 1977). Siempre
asociado -desde el ángulo antropológico- al estudio de los procesos de
transrnisión cultural de una generación a otr4 se constituyó en uno de los
:r \¡éase el pímero de los casos anaüzados en la última parte.
EL HABLA: TEORIA YMETODOLoCIA
::=des temas de la investigación antropológica entre los años treinta y
Las fronteras semánticas originales del conceplo de socializsción se re-
::'eron a la explicación de los procesos de aprendizaie de ciertas funcio-
:.:s sociales elementales. Esta restricción conceptual llevó a que algunos
:riropólogos propusieran otros términos que incluyeran cuestiones ex-
:-uidas (por ejemplo la transmisión de creencias y aspectos cognitivos de
-: cultura), como un modo de expandir el significado o sustituir el voca-
:ro por otros con mayor pertinencia: Kluckhohn (1939) y Herskovits (1948),
:ropusieron los de "culturalización" y "enculturación", respectivamente,
-L¡s cuales tuvieron algún éxito en la teoría antropológica, pero no domi-
raron el escenario de los consensos lexicales en las ciencias sociales de
nodo decisivo (tN h1nng, 1977).
Los estudios rnás reconocidos en esas décadas aportaron valiosos re-
suitados a las teorías del aprendizaje social y la socialización. Los trabajos
de Margaret Mead y Gregory Bateson (1942) sobre el carácter balinés y
las relaciones emocionales que se transmiten de madre a hijo en la ejecu-
ción de tareas como el amamantar o e1 cuidado cotidiano, revelaron la
importancia de este campo de problemas que pasó a integrarse al gran
terna de "cultura y personalidad" que orientó buena parte de1 trabajo
etnográfico y teórico de la antropología cultural estadounidense de ins-
piración boasiana.
Con eI enfoque de la antropología cultural estadounidense, los estu-
dios sobre socialización se vieron también influenciados por el enfoque
psicoanalítico, el cual fue introducido con relativa fuerza por Edward Sapir
y desarrollado con mayor o menor fortuna por los trabajos de Géza
Róheim, Erik Erikson, el mismo Sapir y John Dollard, Abram Kardiner y
Ralph Linton (Whiting, 1977). Esto también repercutió en el campo de lo
que se llamó "etnografía de la infancia" y fue clave en la constitución de
Ia antropología educacional estadounidense y británica. El estudio
etnográfico de la socialización se centró en ámbitos culturales como la
vida doméstica, la escuela y las organizaciones productivas. Los proce-
sos de socialización del lenguaje se asumieron como eventos constituti-
vos del aprendizaje social y cultural, pero no se les prestó una atención
especial por parte de la antropología.
Desde el ángulo sociológico, según tradiciones que van desde la
weberiana hasta la fenomenológica y la etnometodología, 1os procesos
sociaüzadores comprenden en esencia dos grandes fases ancladas a remi-
siones espacio-temporales culturalmente concretas, a saber: socialización
primaria y socializaciones secundarins (Berger y Luckmann, 1994:165-227).
EL IIABT-A EN SITUACIÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
En términos parsonianos -los cuales actúan como contraste crítico con
los que dialogan las posturas de Berger y Luckmann- la socialización se
asocia a los mecanismos del sistema de 1a personalidad que tienen que
ver con las categorías del aprendizaje. Se trata de las acciones e in-
te¡acciones asociadas al "aprendizaje de toda clase de orientaciones de
significación funcional para el funcionamiento de un sistema de expecta-
ür-as de ¡o1 complementarias" (Parsons, 1988:195-199).
I-os mecanismos de aprendizaje muchas veces encierran o se confun-
den con otros mecanismos de la personalidad dentro de un sistema
sociocuitural cualquiera, como son los mecanismos de defensa y de
ajustamiento, como dispositivos de control y autocontrol de cara a situa-
ciones sociales que pretenden cambia¡ o transgredir las no¡mas cultura-
les que permiten operar equilibradamente a la pe¡sonalidad dentro del
sistema social. Es por esto que las socializaciones., en tanto procesos de
adquisición o reconskuccióry por vía del aprendizaje, de valores, normas,
códigos, roies e idenüdades, estrategiás interaccionales y de resistencia,
discursos e imaginarios, no se reducen a 1as etapas infantiles -aunque en
ésta üanscurran las socializaciones básicas, las cuales generan matrices
referenciales de índole afectivo, cogniüvo e interaccional que estarán siem-
pre presentes en la asunción de mundos experienciales posteriores-, sino
que constituyen un proceso que se extiende a 1o largo de toda la vida
sociocultural del individuo y de su endogrupo.
La teoría convencional de 1os roles sociales, estudiada por Talcott
Parsonsll (1937, 1960,1975,1988; Parsons y Shils, 1960) a partir de los años
r¡ Para este autor el sistema social sé
coñforma por tres diferentes sistemas de acción, a 6aber:
sbtemas de la personalidad, social y cultural. Los sistemas son interdependientes, pero autónomos.
El p¡imero se ¡efie¡e a las necesidades orgánicas y emocionales de la persona individual y se orga-
niza en una identidad individual resultado de los procesos de sociaüzacióo es deci¡, de aprendizaje
ftltural.lá personalidad es un resultado difereirciado y singular producto de la intera cción social.
El sistema social, por su parte, implica la inter¿cción entre diversas personalidadés,la cual puede
ser de cooperación o aniagónica; debido a esto el sistema social se ocupa de la organización y distri-
buaón de los bienes con que cuenta una sociedad para reproducirse,lo que supone la constitución
de una red de instituciones y est¡ucturas, además de dispositivos normativos para regularlas cues-
tiones asociadas a la legitimidad y la justicia. En síntesis, el sistema social se ocupa de regular las
interacciones reales entre las personalidades sociales. Finalmente, elsistema cultu¡al dota de patro-
nes simtólicos de sentido y valor que son institucionalizados o ¡ecreados de fo¡ma diferenciada
tanto por la sociedad como por ia pe¡sonalidad (Alexandet 1992:40-41). De ahí que no resulte fácil
dl<<emir los comportamientos sociales concretos po¡ el estudio abstracto de los 6istemas valorativos
v simbücos, como tampoco por las normativas insti!ücionales que caracte¡izan los sistemas socia-
ies- Sólo po¡ medio de un esquema teórico y emplrico integrado esto se¡ía posible. En eI sistema
socül la inte¡acción organiza las acciones recíprocas entre los acto¡es o personalidades concretas.
L¿ unidad conceptual elemental de esta organización interaccional es el "ro1", por tanto, éste cons-
litu!'e la fo¡ma elemental del sistema social. Los ¡oles implican personalidades individuales; sin
-]
EL HABLA: TEORIA Y METODOLOCIA
treinta, monopoüzó el ámbito que usualmente se empleó para explicar
las teoías de la socialización, omitiendo el problema de cómo dar cuenta
de La adquisición de la propia competencia de roles. La teoría convencio-
nal del rol social se limitó a suponer oue 1os valores institucionales eran
internaüzados por las estructuras de la personalidad, por medio de los
procesos biográficos y el desarrollo de necesidades -aludiendo implícita-
mente a una versión refinada de la teoía de las necesidades de Bronislaw
Malinowski-, como simples reflejos de las estructuras instituidas.
Esto arraigó en la teoría social -y sus correlaciones con las teorías del
análisis culturai y lingüístico- la visión objetivista de un sujeto de la ac-
ción y con e1lo una imagen compleja, pero estática, de 1a estructura social
en sus juegos con las estructuras de la. personalidad y de la cultura y de
éstas entre sí. Las reacciones socializadas de los individuos fueron redu-
cidas a explicaciones donde se ponían en juego mecanismos moti-
vacionales que se constifuían en 1a única instancia plausible para dar cuen-
ta de las intencionalidades de los actores sociales, en cuanto individuos
capaces de acción, conocimiento y lenguaje.12
Las réplicas, provenientes de1 interaccionismo simbólico (Blumer, 1986),
de la teoría del intercambio (Homans), de la sociología fenomenológica
(Schüta 1995; Berger y Luckmanry 1994), de 1a filosofía del lenguaje ordi-
nario de inspiración wittgensteinian4 de la sociología figuracional e his-
tórica (Elias,1994), de la etnometodología (Garfinkel,1967; Cicourel,1974,
embargo,la accióndel¡olds distinta de las acciones individuales. Son los elementos implícitos en la
acción lo que permite la diferenciación entre estos distintos tipos de acción social: la individual y
la de rol (Savage, 1999:108, 128 y 163). EI sistema social no debe concePtua¡se como estructuras
matedales e institucionales, sino como una complicada serie de roles sociales. Éstos son nichos
impersonales que co¡sisten en obligaciones específicas que deben ejecutarse (Alexander, 1992:42).
Enohas palabras,las pe¡sonalidades se organüan entomo a las disposiciones de necesidadesy los
niveles de acciónse organizan entorno a las expectativas de ro1. Esto Podría exPlicarPorqué ciertas
perso¡alidades no se adecüan a deterñinadas expectativas de ¡ol y viceversa, porqué ciertos roles
sólo son funcionales, es decir, procedentes para ciertas peNonalidades. Pero también exPlica la au-
tonomía y la falta de correspondencia necesaúa ent¡e los sistemas social, cultural y de la personali-
dad. De no desplegarel sistema social expectativas de rol diversificadas, el sistema de la personalidad,
eI cual es resultado de la evolución dentrc de un sistema social determinado, verá limitadas u obs-
taculizadas las formas de organizaciónde susacciones reclprocas (Savage, 1999:108, 128 y 163). Esta
ve¡sión pa$oniana de la teoría de roles comenzó a recibir importantes ¡eacciones c ticas funda-
mentalmente a partir de los alos setenta por parte de posturas Procedentes del feminismo crítico
(Lopata y Thome, 1999), la etnométodología (West y Zimmerman, 1999) y las tendencias microin-
teraccionistas sobre la acción social 0oas, 1998) que disputaron la escena teó ca al estructural-
funcionalismo. Pero esto sería tema para otro texto.
r? Véase la síntesis crítica de la teoría convencional de roles, atribuida a Parsons, que
Jürgen
Habermas (1993) realiza en su artículo de 1974, "Notas sobre el desarrollo de la comPetencia
interactiva" , enTeoría de Ia occión comunícatiz.n: complementos V estudios ryexíos, pp.761'792.
EL }üBLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONIs Y PASIONIS
2O0O Sacks, 1989a,1992,2000a,2000b) y de 1a sociolingüística interpretativa
v la etnografía de la comunicación (Hymes, 1962, 1976, 7984, 1989;
Crumperz, L989,1994), así como de la teoría crítica (Habermas, 1,989,1993)
v de los esfuerzos por integrar acción y estructura (Giddens, 1,986, 1992;
Bourdieu, 1991,1,997; Archer,1.992, entre otros), enfatizaron -cada quien
desde sus propios ángulos de visión teórica y metodológica, empleando
o no muestras empíricas en diversos niveles macro o microsocioantro-
pológicos- las conexiones sistémicas entre lenguaje, interpretación e
interacciór9 privilegiando a1 lenguaje (la actividad discursiva) y los pro-
cesos de decodificación y lectura de la realidad (la interpretación), como
reguiadores de la acción y la interacción social, con cierta oposición tanto
a las estructuras "invisibles" del estructuralismo y de la gramática gene-
rativa (Chomslg), como al modo en que Parsons explicó las estructuras
de la personalidad en tanto reflejo estático, condicionado por las estruc-
turas institucionales.
Este giro hacia una visión más dinámica de la acción sociai y con é1 de
las teorías de la socialización implicó, al mismo tiempo, un marcado énfa-
sis en reconocer y estudiar cómo 1as relaciones de poder se enmascaran y
ocultan, se posicionan e incorporan a los sistemas de acción por medio de
los procesos interaccionales y cómo los discursos son portadores de rela-
ciones tanto identitarias como asimétricas entre los actores sociales.
El problema cardinal de la posición parsoniana respecto de la teoría
de la socialización, es la ausencia de énfasis en el hecho de lo que el len-
guaje significa para el proceso de internalización de la realidad social
mediante los procesos socializadores, ya sean primarios o secundarios.
TaI ausencia de énfasis se revierte, en sentido fenomenológico, en ia pos-
tura de Berger y Luckmann.
A1 referirse a la socialización primaria, comprendida como procesos
de aprendizajes cognitivo y afectivo que transcurren como internali-
zaciones dadas a partir de identificación emocional, los autores citados
destacan:
La sociedad la identidad y la realidad se cristalizan subjetivamente en el mis-
mo proceso de internallzación. Esta cristalización se corresponde con la
internalización del lenguaje. (...), éste constituye, por cierto, el contenido más
importante de la socialización. (...) Es, por sobre todo, el lenguaje lo que debe
internalizarse. Con el lenguaje, y por su intermedio, diversos esquemas
motivacionales e interpretativos se internalizan como definidos institucio-
nalrnente (Berger y Luckmanry 1994:1,69 y 171).
5ó
EL HABLA: T¡ORIA Y METODOLOGIA
En la escala de la socialización secundaria, la cual representa para
este estudio el mayor interés, los sociólogos citados sostienen que la
dave de estas socializaciones posprimarias descansa en 1a internalización
de submundos institucionales, encontrándose determinado su carácter
y alcance por procesos vinculados a la división del trabajo y a la distri-
bución social del conocimiento que va aparejada con aquéi1a. El papel
del lenguaje y las competencias discursivas en esta fase de encuentro y
realización en la vida social, no se vuelve nada secundario. Vale la pena,
alrespecto, reproducir a la 1et¡a las propias ideas de los autoles, Por su
interés intrínseco para lo que sigue:
La socialización secundaria requiere Ia adquisición de vocabularios especí-
ficos de "roles",lo que significa, por lo pronto,la internalización de campos
semánticos que estructuran interpretaciones y comPortamientos de rutina
dentro de un área institucional. Al mismo tiempo, también se adquieren
"comprensiones tácitas", evaluaciones y coloraciones afectivas de estos cam-
pos semánticos. Los "submundos" internalizados en la socialización secun-
daria son generalmente realidades parciales que contrastan con el "mundo
de base" adquirido en la socialización primaria. Sin embargo, también ellos
constituyen realidades más o menos coherentes, caracterizados Por comPo-
nentes normativos y afectivos a la vez que cognoscitivos (Berger y Luckmanry
1994:175).
El único modo de mantener la realidad social y todo lo que ella
invoiucra (referencias espacio-temporales, contextos, situaciones, prácti-
cas, agentes) como un referente instituido en la conciencia y en las bio-
grafías de 1os actores sociales, es por medio de la inte¡actividad inter-
subjetiva que suponen los encuentros sociales cotidianos. Estos encuentros
se producen exclusivamente en y mediante los "lenguajes comunes" que
los grupos sociales comparten de manera diferenciada según Ia acüvidad
y la escena sociocultural en que se encuentren inscritos de manera
situacional. Es el diá1ogo eI vefuculo más imPortante para el manteni-
miento de 1a realidad (Berger y Luckmann, L994:191). En otlas palabras,
la realidad adquiere sentido, lo manüene, 1o modifica y leconstruye a
cada segundo, gracias a un "aparato conversacional" comPaltido, Por
medio del cual es posible permutat de manera intersubjeüva las expe-
riencias propias y ajenas y compartir comprehensivamente los códigos
culturales y prácücos que insütuyen y Permiten operar en la realidad.
Según Berger y Luckmann (1994:204), toda "socialización siempre se
efectúa en el contexto de una estructura social esPecífica". Para el Proble-
EL HABI-A EN SITUACIÓNI CONVERSACIONESY PASIONES
ma de este estudio, esto supone que las sociabilidades (relaciones sociales
Y sus escenados) actúan como condición de existencia de eventos de dis-
curso coasociados, a su vez, éstos actúan como condición de realización
de aquéllas, ambos son verificados empíricamente en el contexto de una
estuuctura institucional determinada. En los mercados, los usos discursi-
','os están circunscritos en alguna medida al tipo de actividades que ahí se
despüegar¡ así como a las rutinas y los códigos de habla que generan y
ieproducen las prácücas y orientaciones de vída afines a los sectores po-
:uiares predominantes sociodiscursiva y culturalmente en estos contex-
:os. La adquisición de tal competencia comunicativa (discursivo-cultu-
i:1) se {unda y transcurre como procesos de socialización de larga duración
:r términos generacionales. Lo anterior es palpable por la evidente pre-
::ncia en estos escenarios de fuertes lazos de parentesco y de distribucio-
:.es de espacios (locales) y tareas laborales, organizacionales y políticas,
.¡b¡e la base de relaciones de familia o de afiliación grernial o de intereses
nenos evidentes, pero situacional y casuísticamente reconstrulbles.
-',: ti e s y s ociabili d ade s
Ciras de las perspectivas teóricas que han resultado interesantes en e1
:esarrollo de 1a pesquisa son las concernientes a la llamadaTeoría de redes
'. a los modelos reticulares con 1os cuales sociólogos, antropólogos y
::cioLinguistas han enfocado recientemente algunos ptoblemas y casos
; Jncretos de investisación.
En cuanto a 1a primera, permitió detectar la pertinencia del tratamien-
:: Ce las relaciones entre los actores sociales en este tipo de contextos
:licro, y tener a mano tipologías de las tramas de lazos socioculturales
:-ue construyen para sostener la singularidad de sus tareas diarias. Una
'.':z más, en estas tramas de lazos sociales, el discurso desempeñó un rol
;:s¡.iticativo e inocultable. Ni se ha querido asumir exclusivamente el
::rrto de vista de la'brientación atomista", la cual se centra en las orien-
:::ones decisorias y de sentido que los actores toman y ejercen por sí
::-:smos sin contar con las correlaciones e interdependencias con 1os de-
::.:= ni el "normativista", que se refiere a los procesos de sociaüzación y
::it'.rrales que internalizan los actores a partir de 1a asunción de notmas
'. '. a1ores en grupos, instituciones o sociedades, en los que se encuentran
r:--!cfiios. Se asume más bien una posición intermedia que se sustenta en
-: :':servado he inferido por el trabajo etnográfico de campo y los aná1i
c.e las disposiciones interaccionales (Wellman, 1983 en Ritzer, 1993).
'::
'=:
EL H^BLA: TEORIA YMeTODOLOCIA
Las teorías de redes, en sentido general, se interesan por reconstruir
las pautas objeüvas (observables) de los lazos que intervinculan a los
miembros, individuales y colectivos, que nutren 1as prácticas de un con-
texto social determinado (Rttzer, L993:448). La pertinencia de estas teo-
rías -que aún se encuentran en una fase de sistematización- radica en
que permiten describir las sociabilidades en télminos de tipos de lazos
sociales y posibilitan tanto un tratamiento macro como micro del universo
cultural en estudio. Las teorías de redes (Soclal Networks) contribuyen a
las descripciones y estudios de la organización y 1a estructura sociales.
Estudios sobre el uso ordinario del lenguaje en contextos comunita-
rios urbanos, trabajaron a partir de derivados de estas teorías de redes,
aplicando modelos reticulares para comprender cómo el lenguaje participa
en 1a estructuración de lazos sociales en medio de comunidades que com-
parten códigos discursivos y culturales comunes (speech community).
Un caso lo representa el texto clásico de Lesley Mhoy (1980) Language
and SocialNetznorks que se enfoca sustancialnente al estudio de estas cues-
tiones en barrios obreros de Belfast, Irlanda. En este texto, la autora se
empeña en mostrar que el concepto de red puede ir más allá de sus fun-
ciones metafóricas y convertirse en una herramienta analítica para des-
cribir 1as relaciones sociales (Mi1ro y,1980:45). Para ello, el modelo reticular
se centra en la reconstrucción de aquellas interconexiones que Permiten
visualizar los contactos sociales como configurados por estlucturas
reticulares: las partes estructuradas de una institución, como las relacio-
nes de clase, casta, género, ocupación, funciones sociales, estatus y activi-
dades socioeconómicas, así como relaciones de parentesco, incluidos los
patrones conductuales y los comportamientos lingüísticos que entrela-
zan 1os reconocimientos recíprocos en la experimentación de estas activi-
dades en locaciones comunes (ya sea una ciudad, un barrio, una institu-
ción urbana, un grupo). En más de un sentido, las determinaciones
territoriales son relevantes para cornprender el carácter cercano de estas
experiencias sociales conformadas por redes socioculturales.
Las redes son, a un tiempo, condición de los códigos compartidos de
producción social del lenguaje, de su interPretación y oPeración prácti-
ca con los mismos, como el resultado de tales procesos. No son las redes
una condición a priori, sino el proceso que sirve de sustrato a ciertas cla-
ses de vínculos; armazón de "circuitos comunicativos" que explican, y al
mismo tiempo producen, las relaciones próximas entre actores sociales y
sus condiciones sociales de existencia.
Por su parte, John Gumperz dedica un capítulo, "Social network and
language shift", en Discourse Strategies (1982), en el que se ocupa de ana-
!LHABIA EN SITUACION: CONV¡RSACIONES Y PASIONES
lizar cómo los procesos modernizadores tienden a "uniformar los proce-
sos lingüísticos" y cómo se establecen relaciones entre diferencias
dialectales (dialect swamping) y normas de interacción. E1 cambio del len-
guaje refleja 1os cambios básicos en la estructura de las relaciones
interpersonales, en vez de las macroalteraciones producidas por el me-
dio extualingüístico.
En grupos cerrados, como el de los inmigrantes, 1as asociaciones entre
ias redes de hablantes permiten preservar, a1 mismo tiempo que se
adecuan y cambian bajo la interacción con ot¡os lenguajes, marcas signi-
ficativas como la prosodia que garantiza las relaciones identitarias entre
el g¡upo y de éste hacia la sociedad en la que se inscriben. Frente a nue-
vas condiciones socioculturales a las que la red grupal se adapta, las mu-
taciones que el grupo experimenta se aprecian por medio de la asunción
pragmática de nuevos recursos comunicativos y estrategias discursivas
que el grupo social intercala entre sus prácticas lingüísticas heredadas,
las cuales se transforman lentamente v permiten observar el cambio cul-
tura| mediante el cambio sociolingU?siico. Las diferencias de lenguaje
sirven para marcar la identidad social, pero es menester que la socio-
Iingifstica y la etnografía de1 habla cifren su divisa indagatoria en deter-
minar qué condiciones sociales y culturales garanttzan la estabilidad de
las normas y las tradiciones en que los discursos anclan sus persistencias
(Gumperz, 1,994:39 y 57).
Especialmente en 1os mercados públicos, donde 1as relaciones de in-
tercambio de bienes y servicios, así como la participación en tareas ocu-
pacionales comunes construyen interacciones prolongadas -tanto entre
los propios comerciantes y sus proveedores como entre los vendedores y
sectores más o menos amplios de consumidores-, estas redes son cruciales
incluso para sobrevivir -literalmente hablando- en términos económi-
cos. Dicha sobrevivencia también implica los procesos de arüculación de
identidades y su arraigo. Estas relaciónes sociáles ¡eticulares se materiali-
zan en complejos sistemas de obliigaciones, grahtudes, solidaridades, agru-
Paciones y "contactos personales de primer y segundo orden" (Boissevain,
1974, enM1lroy,1980:47) o "lazos fuertes" y "débiles", según la terminolo-
gía de Granovetter (1973, 1983, en Ritzer, 1993).
En los mercados objeto de estudio sobresalen ejemplos para dar cuen-
ta de manera etnográfica de este asunto. Así, para el caso de las concesio-
nes de nuevos locales y espacios de ventas, la mayoría de los entevista-
dos admitió que la concesión está normada por los reglamentos
murricipales: éstos constituyen 1a normatividad institucional. Uno de los
óc
EL HABLA: TIORIA Y METODOLOGIA
puntos que establecen los reglamentos es que un mismo locatario no debe
poseer en arrendamiento más de un local o espacio de venta.
Ante preguntas directas, durante el trabajo con entrevistas a profun-
didad o grupales, las respuestas nunca fueron afirmativas. Siempre ne-
garon que un mismo concesionario {uera dueño de más de un local. Pero
cuando se profundizó en la convivencia, en las conversaciones espontá-
neas uno se percataba que si bien con diferentes nombres, pero bajo el
control de un solo dueño, varios locales (a veces hasta cuatro) estaban
concesionados realmente a una sola persona, quien para eludir las res-
tuicciones reglamentarias los ponía a nombre de hermano(a)s, hijo(a)s,
sobrino(a)s, primo(a)s, etcétera, incluso de amigos cercanos, casi siempre
unidos en compadrazgo o por relaciones de colaboración más o menos
prolongadas.
Como parte del análisis de1 reporte etnográfico, lo anterior puede
corroborarse tanto por medio de ias entrevistas como por la observación.
El miércoles 4 de junio de 1992 en entrevista con Mario Hernández Gue-
rra, uno de 1os sublíderes de la Unión de Pescados y Mariscos, éste negó
en principio que la concesión de nuevos espacios o el traspaso de los ya
existentes constituyera una relación viciada por mecanismos ajenos a
la normatividad. Más adelante, en la propia conversación, afirmó que la
organización familiar era la clave para el éxito de este tipo de comercios.
Al gremio entraba quien cumpüera con estos lazos o fuera aceptado, dada
una larga relación de trabajo o colaboración, por el resto de los miembros
de la unión. La normatividad está sesgada por este tipo de controles in-
ternos, informales, de la organización gremial. Todos los miembros, tal
vez, no tengan control sobre tales mecanismos. Hay diferencias sociales
relativamente acentuadas y, por tanto, de poder.
LI habla en contextos tnstttuuonales
Uno de 1os campos más recientes donde el análisis del discurso ha encon-
trado un terreno fértil y casi inexplorado, lo constituyen los estudios en-
focados a 1a descripción de los procesos interaccionales de habla en con-
textos institucionales de diverso tipo: "el habla-en-interacción es el
principal medio a través del cual las personas persiguen varios objeti-
vos prácticos y e1 medio central a través del cual son conducidas mu-
chas actividades profesionales u organizaciondes representativas" (Drew
y Heritage,1992:3).
67
-L-
EL HABLA EN SITUACIóN: CONVERSACÍONESy pASIONES
Especialmente los habaios contentdos enTalk at Work intentan reonen-
tar hacia su convergencia dos tendencias centrales en la sociolingüística
interpretativa, destacando por iguat el interés que el desarrollo de esta
disciplina ha propiciado en torno a la "sensibilidad contextual,, que ca-
racteriza al uso del lenguaje y la emergencia del marco analítico que reco-
noce la naturaleza del lenguaje como acción, la cual interseca laJcaracte-
rísticas dinámicas de la acción y ia interacción social.
Los estudios reunidos en este texto se centran en la acción del habla
en espacios institucionales como consultas psiquiátricas, procesos de en-
trevistas (ocupacionales, censales, televisivas, etcétera) que cohabitan en
los enclaves urbanos contemporáneos como recursos sumamente recu-
rrentes para resolver cuestiones operacionales de 1as propias institucio-
nes y de la vida social: procedimientos discursivos en las cortes de justi-
cia, clínicas y hospitales, instituciones del seguro social y de atención a
casos de emergencia, así como los educacionales.
La pertinencia de tales investigaciones para el perfil de nuestro objeti-
vo de investigación, se centra en que los casos presentados se inscriben
dentro de la tradición del análisis de la conversación; además, trazan el
objetivo de describir cómo una institución particular es vivida y repre-
sentada por medio de patrones explicables, describibles (accountablel, de
significados, enfocándose ésencialmente en registrar las conductas que
intersecan problemas básicos asociados con la discrepancia entre creen-
cias y acciones y entre lo que se dice y se hace (Dre w y Hentage, 1992:5-6) .
Excurso: algunos estudios sobre sociabilidad
Si a la socialización se Ie dedicó algo de espacio y se insiste en su significa-
do como proceso de aprendizaje sociocultural, se debe a lo que represen-
ta para la comprensión de 1a internalización e interiorización de las es-
tucturas sociales y las lógicas de las prácticas ordinarias de los mundos
de vida. En las socializaciones, los actores sociales aprenden a configurar
las sifuaciones comunicativas y las acciones verbales que les permiten
operar y reconocerse en sus mundos vitales.
La sociabilidad respecto de la sociaiización es un fenómeno que tiene
más que ver con la configuración de relaciones sociales y los espacios
para desarrollarlas que con el aprendizaje social y 1a internalización
de patrones y normas conductuales. Aunque estos últimos transcurren
me¡ced a esos espacios y a las acciones sociáles que conllevan 1as relacio-
nes sociales. Me permito recordar al lector el tratamiento preliminar que
EL tl,{BLA: TEORfA YMETODOLOCiA
se hizo del tema, cuando comenté la sociología pura o formal de Georg
Simmel (1986 y 2002); para él la sociabilidad es 1a forma lúdicá de la socie-
dad, en el sentido que es la que conduce al "estar-juntos porque sí". El
nexo entre sociabilidad y socialización es de interdependencia, es decir,
se aprende a vivir en sociedad y a enfrentar situaciones sociales específicas
por medio de contextos interaccionales y espacios de significación propi-
cios. Dichos espacios no necesariamente aluden a lugares físicos, puede
tratarse también de "espacios mentales" (Fauconnier).r3 A continuación
se examinan algunos usos de 1a noción de sociabilidad procedentes de di-
versos campos en las ciencias sociales y humanas: 1a sociolingüística
interpretativa así como la historia social y de las prácticas culturales.
En el estudio de la sociolingúista Jacqueline Lindenfeld (1990) cons-
truye una tipología de las sociabilidades que pudo apreciar de manera
observacional en la dinámica urbana francesa, inte¡esándose en la espe-
cificidad que 1es correspondía a los mercados como lugares de encuentro
social en la ciudad. A partir de ahí se intenta reconstruir 1a noción de so-
ciabilidad con que ella opera.
Lindenfeld (1990:726-133) construye tres grandes categorías de lugares
donde se articulan las sociabilidades urbanas. Primero ,1os lugares con so-
ciabilidad selectiua, en 1os que ubica los parques públicos y las calles habili-
tadas para transeúntes o paseantes. Segundo, ios lugares caracterizados por
sociabilidades extremas, a las cuales clasifica como "particularmente baja" y
"particularmente alta". Por último, los lugares de sociabilidad generalizada.
Al parecer los mercados poseen características de las tres categorías, es
decir, se constituyen en lugares de sociabilidad selectiva, extrema y gene-
ralizada, aunque las interacciones sociaies que ahí abundan son más
proclives a considerarse dentro de la última categoría.
Entre la tienda de comestibles delbario (neighborhood grocery store), el
mercado público (marketplaces) y el supermercado (supermarket) se apre-
cian diferencias en cuanto a 1a naturaleza e intensidad de 1as sociabilidades,
es decir, de los encuentros sociales y de habla que en estos lugares urba-
nos se producen.
La atmósfera de la tienda de barrio y de los mercados públicos es algo
semeiante, en cuanto refleja un alto grado de sociabilidad. Entre el ten-
dero (storekeeper) y el cliente, o e1 locatario-vendedor y el consumidor, se
establecen más o menos prolongados intercambios verbales de naturale-
za más o menos ínüma que lejos de interferir en las actividades come¡cia-
les las refuerzan; esto trae como resultado -concluye Lindenfeld- que un
13
Comunicación oe¡sonal, Rainer E. Hamel.
EL IüBLA EN S¡TUACiÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
estos lu-
e(traño, sea o no extlanlero/ Puede sentirse totalmente ajeno a
*r"r. Éru sensación de extrañamiento confirma por negación 1a densi- en
áad de relaciones sociales y las fuerzas identitarias que prevalecen
estos esPaclos, pero que son fácilmente incluyentes' Son comunidades
u¡i".tur'¿" t'tu¡iu.,t"t, sociabilidades proclives a1 contacto, acostumbra-
y pro-
das al ir y venir de consumidores. Aprenden a construir patrones
tablar relaciones socla-
cesos fle*ibles y versátiles, Pero ru tinarios, Para en
en admitir que
les. AI menos, íos ínformantes de Lindenfeid coincidieron
el ambiente interaccional de los mercados públicos es más übre'
fluido y
f,*u.,o que la impersonalidad de los supermercados o la "monotonía"
de las tiendas de lós barrios. En resumenl Para esta autora, las sociabili-
dadessonunaformadedenominarlosencuentrossocialeSj'nteractivosy-
serbales, además de un modo en que éstos se distribuyen en ciertos
luga-
e hibridez de
res de 1a vida urbana contemporánea, dada 1a coexistencia
tas modalidades de lelacionaise y vivir en sociedad'
Por su parte, los historiadores franceses Roger Chartier (1996) y
Maurice
[Link] itefa¡, emplearon en su trabajo hiitoriográfico el concepto,de
,áoUtidñ.Ulp,rimeio, en un escrito de 1985 sobre"Ocioy sociabilidad" la
lectu¡a en voz-a1ta en la Europa moderna", se ocupa de1 acontecimiento
XVI y
social e íntimo que en los círcúlos letrados de la Europa de- los siglos
xfu constituyóia acción de leer La lectura colectiva o individual se con-
rierte, en los albores de la modernidad, en un espacio autónomo de en-
cuentro social:
...leer en los siglos XVI y XVII no es siempre ni en todos lados un
gesto de
también un lazo social' reunir
intimidad en réclusión. La lectura puede crear
alrededordeunlibro,cimentarunarelacióndeconvivenciaperobajolacon-
dición de no sel ni solitario ni silencioso ( ) Diez oyentes reunidos
ahede-
le-
dor de un lector: el libro se encuentra aquí en medio de una sociabilidad
trada y amistosa, mundana y cultivada (Chattlet,7996:122-123)'
Este acto social de la lectura que se enviste de una marca de distinción
para los sectores que 1o cultivaniintroduce en la "sociabilidad domésüca"
io que e1 autor caifica como "las diversas formas de la sociabilidad inte-
i".,""f", entre 1as que se hal1a la lectura colectiva o íntima que rehuye el
de comu-
silencio como algo^que clausura el sentido social, de encuentro'
nidad que 1a lectura convoca.
Esta'suerte de sociabilidad intelectual se expande, además
del domés-
de
tico, a los ámbitos de 1as academias oficiales, l'os cuarteles' "iectura
la
medio de la
*'l4u-, "lu t".t".a de la taberna", la "velada campesina" o en
61
EL HABLA: TEOR¡A Y METODOLOGiA
"comunidad efímera que permanece anónima" en cualquier rincón de
ciudades o pueblos. de ios suburbios o la campiña, en 1os cuales la lectura
comienza a constituirse en J.a preferencia del ocio. La lectura también es
un pretexto de encuentro, de enlace, de comunión.
Para Chartier, 1a sociabilidad representa tanto la acüvidad que convoca
como el espacio que configura la nueva relación social que se establece.
Las sociabilidades tienen contenidos diversos v responden a aconteci-
mientos históricos específicos. La popularizacién dej libro (la imprenta
aparece en el siglo XVI) conlleva 1a articulación de nuevas formas sociales
de apropiación de este artefacto y de su empleo social: surgen nuevos .
lenguajes para organizar las actividades asociadas a la lectura y el comen-
l
tario colectivo.
EI trabajo de Maurice Agulhon se enfoca explícitamente a entender
las sociabilidades como un término que se refiere a 1as modalidades his- I
tóricas de la "vida asociativa". Remite a la acepción que le confiere al vo- i
cablo su colega Fernand Benoit: "...la sociabilidad [...] entendida como 1a
t.
aptitud de vivir en grupos y consolidar los grupos mediante 1a constitu-
ción de asociaciones voluntarias" (Agulhon, 1994:55). t
Su ihnerario intelectual da cuenta del ampiio uso político que le brinda
al término sociabilidnd como aquellas formas de asociación que alcanzaron
fisonomía propia hacia la segunda mitad del siglo XVIII y qüe tanto en las
Í
clases superiores (cofradías religiosas, francmasonería, círculos burgueses,
sociedades populares jacobinas) como en las populares (chambrée, círculos il
obreros, el cabaret o fond4 la guinguette, el café, el talleq, sociedades secre- il
rl
tas y las mutualidades) conformaron la "geografía" y 1a cartografía de la
r vida asociativa previa, durante y después de la Revolución Francesa y de $
i¡
las instauraciones, caídas y reinstauraciones de Ia República.
:1
t-
El historiador galo llega a construir una tipología de la sociabilidad tr
obrera, la cual divide en "lugares de sociabilidad formal" y "lugares de
sociabilidad informal". Los lugares y sus prácticas: el taller (sociabilidad
formal),la chambrée, eI cabaret, el guinguette (sociabilidad informal), guar- ¡
n dan también una ¡elación flexibie entre estructuras privadas y púbücas:
L
la chambrée y el círculo burgués son privadas, íntimas, segregan a mujeres
I
)-
y agentes extraños, espacios de conspiración y confabulaciones; el café y
?l
el expendio de vino, el cabaret, son públicos, bulliciosos, proclives a la
sociabilidad subversiva. La privacidad y el comportamiento público son
simples distinciones arbitrarias de acciones y locl que conviven y cohabi-
S.
tan: el café encubre una chambrée, el cabaret guarda un espacio en la tras-
le
tienda para la reunión del círculo obrero.
la
EL HA¡t,\ EN s¡TUACJÓÑ CONVERSACIONES Y PASION¿S
las sociabilidades de Agulhon describen tanto la estructura y organi-
zación interna del lugar como el tipo de cosas que ahí se llevan a cabo. No
omite confesar que la reconstrucción de estas sociabiüdades exige una
imprescindible cooperación entre el trabajo histórico y el etnológico: do-
ble motivo para leerlo con avidez.
Cabía la pregunta, iqué son los mercados públicos que aquí se estu-
dia¡ en términos de las sociabilidades que 1os habitan? Lugares de socia-
bilidad generalizada, abiertos; pero, al mismo tiempo, de sociabilidad res-
iringida, de encuentros sociales que funcionan como conciliábulos de su
propia vida interna. Más adelante, en la descripción de 1a sala de juntas
como parte del ejercicio etnográfico., el lector podrá apreciar cómo este
habitáculo constituye tanto un espacio de relaciones formales como in-
formales. En ia misma medida, muchas áreas del mercado cumplen con
esta característica donde la línea entre lo público y 1o privado se desdibuja,
c se traza de acuerdo con la situación.
El habla en perspectiva: coordenadas teóricas
La verdadera realidad del discurso
del lenguaje no es el sistema abstracto
de las formas lingüísticas, ni el enunciado
monológico aislado, y tamPoco el acto
psicofisiológico de su realización,
sino el hecho social de la interacción verbal
que se realiza en uno o varios enunciados;
por tanto, la interacción verbal es la realidad
fundamental del lenguaje
Valentin N. Volosinov
iPor qué el habla?: brezse itinerario sobre los estudios del discurso
I-os estudios del discurso comienzan en el punto donde se desvanece e1
programa de la Lingüística moderna. Este ú1fimo parte de una serie de
supuestos: el primero se basa en la creencia de considerar el lenguaje
como un fenómeno natural e histórico, deslizando la idea de que éste
puede desconectarse del flujo natural de ias cosas y estudiarse en símismo,
!-omo se hada con una muestra en botánica o con un fósil en paleología.
óó
ELFIABL^: TIORIA Y METODOLOCIA
:- ;:gundo lugar, para llevar a cabo dicho programa, se pensó que el
-: ::c, el lenguaje en cuanto hecho social (Saussure, 1993:31), podría ser
. :::ado a partir de una serie de leyes, cual invariantes universales, y en
-:--.i; de esto subdividirse en dominios (o dimensiones), a los
cuales se
:; ::bía encontrar sus propiedades y funciones subyacentes, y expücar
: -::ierdependencia entre las dimensiones de un hecho lingüístico. por
-=1o, para operar con estos dominios debían considerarse unas cuan-
:::eglas, a saber: a) trabajar (o especializarse) en un solo dominio; b)
::::ribir cada dominio como la correspondencia entre un sistema de
-::lades teóricas y sus respectivas unidades prácticas registradas en los
:::cs; c) el principio de descripción de las unidades descansa en desta-
::: los rasgos que las distinguen claramente de las otras y d) la investi-
.-=jón debe consisth en registrar las expresiones de un hablante o reco-
::-ar textos, transcribirlos, segmentarlos en unidades y clasificar dichas
-:::dades.1a
Los dominios por los cuales se concibe 1a estructura universal del len-
::aje, sirvieron también para constituir una suerte de división intelec-
::aJ del trabajo en el interior del campo de la lingüística. Con estos ele-
::.entos, ésta estuvo en condiciones de reclamar en lo esencial su estatuto
::mo ciencia por derecho propio, especialmente a partir de la publica-
:ón en 1916 del Curso dc lingüística general de Ferdinand de Saussure.
Al programa de la lingüística moderna le antecedieron los estudios
:-ásicos sobre gramática, filología y lenguas comparadas, los cuales se
:estaron desde los griegos y 1a época alejandrina y entue los siglos XVII y
:.:\'III, pasando por la contribución de la exegética y la lógica medieval.
,os supuestos antes descritos fueron una consecuencia de este itinerario
::ásico, aunque se articularon con mayor nitidez desde el siglo XVIII. Pero
i-re en el XIX en el que se generaron -con sus estilos de pensamiento en
:sencia basados en la obsesión por la iaxonomía y el orden, y sus metáfo-
:as argurnentales de la flecha evolutiva y la imagen de estratos claramen-
ie diferenciados- las versiones clásicas sobre el comportamiento natural
e histórico del lenguaje. Sobre tales cimientos se edificó en el siglo XX la
consolidación del campo de 1as ciencias del lenguaje, y a partk de éstos
iambién marcó su diferencia.
Los principales dominios en que se subdividió la vida de1 lenguaje
para su estudio fueron en principio la fonología, la morfología, la lexico-
logía y la sintaxis. El primero se ocupó de describir los sonidos a partir de
ra
Para la elaboración de este apartado mebasé fundamentalmente en Saussu¡e (1993), Schiffrin
(1994), García Marcos (1999), Van Dijk (2000c, 2000d) y Beaugrande (2000).
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONESY PASIONES
un sistema ideal de unidades sonoras (fonemas) concebidas abstrac-
tamente,las cuales se pbdían representar por medio de las propias grafías
del alfabeto, creándose el alfabeto fonéüco internacional. El segundo se
interesó por estudiar las formas más elementales que constituían el signi-
ficado (morfemas), concebidas también como formas teóricas que se co-
rresponden con partes prácticas de 1as palabras, 1as cuales pueden
segmentarse y corroborar cómo funcionan estas unidades elementales
del sentido. Un tercer dominio fue necesario para el estudio de 1as pala-
bras como unidades teóricas y prácticas, pues 1as unidades básicas pro-
vistas de sentido resultaron relativamente más complejas y diversas de lo
esperado; se podían encontrar unidades con significados tácitos y otras
con mayor potencialidad semántica, por tanto, se pensó en llamarle a
estos últimos lexemas. Finalmente, 1a necesidad de comprender cómo se
relacionan los signos lingüísticos (las unidades) entre sí, generó la sin-
taxis; a los componentes de las relaciones sintácticas se les llamó slnfag-
memas, aunque éste fue un término poco usado.
Si bien la dificultad para cumplir con las reglas básicas del trabajo lin-
güístico ya se había manifestado en la morfología y en el paso de ésta a 1a
lexicología (la cual estuvo marginada y en algunos momentos relativa-
mente omitida al crearse el dominio compuesto de 1a morfosintaxis), esto
se hizo en especial evidente con el tiempo en la sintaxis, pese al esfuerzo
intelectual invertido. La estructura relacional de las unidades entre sí en
una expresión cualquiera era, por su variabilidad y ante el espectro de la
diversidad de las lenguas naturales, difícil de clasificar y expiicar con
1a misma certeza con que 1a fonología había logrado realizar su trabajo.
Estas dificultades inherentes a la complejidad del universo lingüístico e
inkínsecas a los supuestos y a las reglas con los cuales éste se abordó, reve-
laron dos cuestiones cruciales para entender la fuerza con la que
irrumpieron en el campo de las ciencias del lenguaje los estudios del dis-
curso. La primera se refiere a la imposibilidad de la sintaxis Para dar cuenta
por sí misma de la organización de las palabras en oraciones, frases y com-
posiciones complejas; fue imprescindible reconocer el papel que desempe-
ña la capacidad de los hablantes para articular el discurso a partir del cono-
cimiento que poseían de su sociedad y cultura, asícomo eljuego interactivo
que desempeñaban los contextos de enunciación en los procesos de emi-
sión discursiva, lo cual era otro modo de expresar el valor cultural de las
interacciones sociales para poder decir y operar en un mundo discursiva y
razonablemente común. La segunda cuestión tuvo que ver con el inconve-
niente de estudiar e1 lenguaje recurriendo de manera exclusiva a experi-
mentos mentales (al estilo de los filósofos del lenguaje) o a muestras desco-
63
EL rtABLA. T¡ORrA y METODOLOCjA
mtadas de los flujos naturales e interaccionales de enunciación. A ello se
b puede sumar una tercera cuesüón, a saber, la imposibilidad de reducir el
krguaje a su dimensión Iingüística.
En este punto comienza a proliferar el vocablo dlsczrso, concibiéndolo
omo un ecosistema interaccional de intercambio de significados, con el
anal podemos no sólo desarrollarnos como especie, sino autoconocernos
eri cuanto ta1 y operar en ia coüdianidad, merced a la plasticidad de ta1
disposiüvo.
Este ecosistema, especialmente a parür de los años sesenta, quedó in-
@.grado grosso modo por las siguientes dimensiones, definidas por el tipo
de actividades que reaüzan: a) la producción de sonidos (el c1áiico ámbi-
to de la fonología); b) la gestualización (estudiado por la cinésica); c) 1a
construcción de representaciones semánticas (incluye tanto 1os dominios
dásicos de la morfósintaús y la lexicología, como los estudios de semán-
tica y semiótica de la significación y la comunicación, así como de 1a psi-
cología social, cognitiva y discursiva); d) Ia realtzación de actos de habla
(originalmente genérada por la teoría de los actos de habla en la filosofía
del lenguaje y desarrollada por la pragmática, el anáüsis de la conversa-
ción y ia sociolingüística interaccional) y, por último, e) las formas de
interacción, en la cual se involucran una serie de enfoques de esüipe so-
cioiógica (incluida la psicología social) y antropológica, fundamentalmente
[Van Dijk, 2000c:40 y Schiffrin, 1994).
Un modo más sintético y técnico de reflejar dicho espectro -sin alu-
sión a los campos o enfoques interdisciplinarios interesados- es el que se
refie¡e a los niveles de articulación de 1a comunicación que propone Hamel
(1995:81, y 1996:1,55), a partir del reconocimiento de estructuras y
t'ormas
lingüísticas (EL)las cuales incluirían análisis fonológico, morfosintáctico y
semántico, así como alternancia de códigos, préstamos y variación social
(sociolectos) y regional (dialectos); estructuras discursiztas (ED) quó com-
prenderían categorías conversacionales (toma de turnos y secuencialidad)
y pragmáticas (actos de hab1a, patrones de interacción verbal y estrate-
gias discursivas), así como técnicas de narración y argumentación, inclui-
das las variaciones situacionales. Por último, los e squemas y modelos cultu-
rales (MC) que incluitían la organización social de actividades y eventos,
y sus concepciones, tales corno procedimientos de resoluciór¡ cortesía y
respeto, derecho, ütigios, y estilos discursivos formal e informal.
A partir de estas dimensiones de actividades discursivas y/o niveles
de articulación de la comunicacióry apreciados como retos teóricos y
metodológicos, el estudio del discurso se diversificó en una serie de enfo-
ques o campos de análisis, cuyo espectro ha sido reconstruido pot varios
t
t
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONIS Y PASIONES
?'.:tores.l5 Me apoyo especialmente en la visión de Schiffrin (1994), pues
::rnite apreciár óon al-guna claridad 1as sutilezas entre los diversos enfo-
:.,:s, *ás allá de sus piocedencias disciplinarias, y visualizar una posi-
-5" -1, trs posibles dlsplazamientos- para e1 tipo de
estudio que aquí
=r-Prendo.
La mencionada autora enumera seis enfoques con sus resPectlvos y
:.ás notables exponentes: 1. la teoría de los actos de habla (John L' Austin
','Jrhn Searle); á. la sociolingüística interaccional (John Gumperz, Erv-ing
l:¡irnan, Delorah Schiffrin, Deborah Tannen, Pené1ope Brown y S'C'
rer-inson); 3. la etnografía de la comunicación (Dell Hymes y J Gumperz);
1- ia pragmática (Stephen C. Levinson); 5. e1 aná[Link] la. conversación
U Sacñ, E.A. Schegloff y G. Jefferson) y 6. el análisis de variación o
'. : ri¿cionista (William Labov).
Este estudio se desplaza fundamentalmente entre los enfoqu es 2,3 y
j. pues, en lo fundamental, coinciden en la preocupación por el proble-
:¡.á del orden social y cómo el lenguaje crea y es creado por el contexto
s:dal. Además, se incorporaiL t"[Link] analíticos del análisis metafórico
Lakoff y Johnson, 1998 i Schmitt, 2000), narrativo (Koh1e1,^1993; Mumby,
; Denzin,1997, Liebücb Tuval-Mashiach y Zilber, 1998), argumental
--99,
''' :etórico (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1994; van Em-eren, Grootendorst'
i:c.<son y Jacobs, 2000; Liakopoulos, 2000; Leach, 2000)' Conviene apor-
:- Agutlos datos sobre 1os dós primeros enfoques, pues el quinto mere-
;:rá ser tratado con algún detenimiento.
La etnograJía rle la cimunicación fue creada por De1l Hymes (1961,1962'
1t t2,1978j entrna serie de trabajos fechados a 1o largo de los años sesenta
', seienta. 3e interesó esencialménte por el descubrimiento de regularida-
ies en ei uso de1 lenguaje, a1 analizar 1a comunicación verbal en el con-
:¿\to de situaciones dé comunicación e interacción (Harnel, 1980:21) Mien-
:ras ios sociolingüistas c1ásicos se orientaron al análisis de la variabilidad
,j.e las formas d-e pronunciación y gramaticales, los etnógrafos de la co-
nunicación (o dei habta; se inteieJaron en cómo las unidades comuni-
:ativas y sus Patrones de uso son organizados en sentido amplio como
-iormaé de hibla"; asimismo, cómo eitos Patrones se interrelacionan de
un modo sistemático con significados deiivados de -e interconectados
con- otros aspectos culturales.
:: Me ¡efiero fundamentalmente a Fishman (1988) para la sociología dellenguaje; Hudson (1981)
rrra la suül distinción entre sociolingúística y sociologra del lenguaje, según el.énfasis que se Ponga'
r a sea en el anáüsis de Ia estructura lingüjstica o en el de las estructuras sociales;
Hymes (1976) y
lntre las di¡ecciones de la socioüngüística' el enfoque de la
3rmperz y Hymes (1989) para resaltar,
elPrograma analítico de la Pragmática'
.=[Link] d" iu .o^I'rnicación, y Levinson (1989) que destaca
!L FTABIA: TEORIA Y METODOLOCIA
Un principio básico que orienta el programa de investigación de la
einografía del habla es la consideración de que el lenguaje no puede ser
separado del cómo y por qué es usado socialmente, y las consideraciones
de su uso con frecuencia son empleadas como p¡errequisitos en los pro-
cesos de comprensión y reconocimiento de muchas formas lingüísticas
,Saville-Troike, 1982:L-3 y 11-12). La etnogtafia de Ia comunicación com-
rrende una diversidad de intereses: a) el estudio de patrones y funciones
de la comunicación; b) naturaleza y definición de la comunicación; c)
nedios de comunicación; d) componentes de la competencia comu-
nicativa; e) relaciones del lenguaje con e1 mundo de vida y la organiza-
dón social y,/) desigualdades lingüístico-sociales universales, frecuente-
rrente abordadas como estudios de procesos de lucha y resistencia
Iingrístico-cultural.
Hymes (1961) propuso que estos intereses debían estudiarse a partir
de comportamientos pautados (patrones) que se manifiestan en diversos
niveles de la comunicación, a saber: el societal, el cual debía comprender
patrones de comunicación y sus funciones, categorías de habla, actitudes
r concepciones acerca del lenguaje y 1os hablantes; el grupal, el cual esl:t-
diaría los patrones de acuerdo con roles particulares y de grupo, como eI
-xo, la edad, el estatus social, la ocupación, el grado educativo, los iuga-
res de residencia rural o urbana, la región geográfica o la adscripción
insütucional, etcétera. Por último, el indioidual, que se concentratía en
ómo los patrones actúan en el nivel de la expresión e interpretación de
la personalidad (Saville-Troike, 1982:"!1y 13). Denko del universo de in-
tereses y niveles en que se mueve la etnografía de la comunicación, este
estudio privilegia la atención en las relaciones entre el lenguaje con el
mundo de la vida y la organización social y cómo esto se produce al rea-
lizar un corte observacional e interpretativo en la interrelación entre los
fes niveles.
En un trabajo reiativamente reciente, uno de los más imPortantes con-
tinuadores del programa de la etnografía de la comunicación -y también
de la sociolingüística interaccional-, John Gumperz (1996:M), fue incisi-
r-o al afirmar que "lo social se consütuye en Parte del análisis del discur-
so, de forma tal que ya no distinguimos entre Io social y lo lingúístico
como dos fenómenos separados: lo social es una parte integtal de nues-
t¡o análisis discursivo". Esta afirmación la sustenta en dos pensadores
que han hecho de sus incursiones conceptuales en e1 terreno de la teoría
social y 1a filosofía una puntual ponderación de la dimensión discursiva
como inherente al análisis social: Pierre Bourdieu con su referencia a las
lógicas de la "práctica social" y sus hábitos lingüísticos inhínsecos y; Michel
EL HÁBLA EN SITUACIóN: CONVERSACIONES Y PASIONES
Foucault con e1 énfasis en las tramas de relaciones que constituyen al
poder como directa e inherentemente constituido por dispoiitivos
discursivos. Pese a su importancia, estos autores -continúa Gumperz- no
muestran de manera empírica ni interpretativa cómo dichas prácticas so-
ciales se concretizan en el lenguaje. Lo que falta *a su juicio- es precrsa-
mente 1a visión de cómo el discu¡so instituye, flja y reproduce las diver-
sas dinámicas de la vida social y cultural, y cómo estas últimas reconfiguran
las prácticas discursivas. En jus propias palabras: ,,explicar el funciona-
miento de los procesos sociales desde el punto de vista lingüístico,,.
. La sociolingüística interaccional, por su parte, es un enfoque que combina
las ideas del antropólogo John Gumperz y del sociólogo Erving Goffman.
De manera fundamental analiza e1 uso del ienguaje áu¡ante 1a comuni,
cación interpersonal, a partfu de la dialéctica entre el macronivel social
del significado y el micronivel del significado interpersonaf los cuales
equivalen respectivamente a la función social de la contextualización, por
rn lado, yr los signos de estatus y poder, por otro. La contribución espe-
cífica de Goffman a este enfoque se centra en proveer de un marco o
esquema anaftico e interpretativo (véase Figura 1) que permite estudiar
la actividad interactiva organizada de maneia social en múltiples niveles
donde las expresiones son situadas en un gradiente contextuál que reali-
za una suerte de efecto de envolvimiento a partir de identificar ,bcasio-
nes", "situaciones" o "encuentros". En pocas palabras, extraer de la orga-
nización social de la experiencia coiidiana el propio marco interpretativo
que le da sentido a dicho orden interaccional. La idea básica de la
sociolingüística interaccional estriba en que el lenguaje contextualiza y es
contextualizado (Goffman, 1986, 1991,c; Schiffrin, 1994:97 -136).
El esquema propuesto por Goffman y esta última idea es posible, por-
que los materiales discursivos se constituyen de un doble estatus: son,
Por una parte, objetos propiamente del análisis lingüístico e interaccional
y, por otra, funcionan como fuentes para reconstruir las ,,descripciones y
explicaciones" de los miembros usuarios (hter, L992). En otras palabraá,
los registros son fuentes descriptivas (etnográficas o sociográficai), al mis-
mo tlempo que recursos pata desplegar el propio análisis formal del dis-
curso. Los términos y las construcciones discursivas que a ios miembros
les sirven para hablar de sus mundos vitales, permitén ¡evela¡ también
1as características y propiedades culturales, esio es, contextuales, de su
habla. Esto último tiene que ver con la noción de ref exioidad que Garfinkel
(7,967:7-9; Heritage, 1984:1,06-110) atribuye a los etnométoáos que des-
pliegan los usuarios de una cultura para operar en la vida cotiáiana, al
mismo tiempo que dan cuenta de manera discursiva de ella
2
EL TiABLA: TEORÍA Y M¡TODOIOGíA
FiSura 1
Entidades básicas de interacción
"Representaciones de tribuna"
o
"situaciones convenidas ritualizadas"
o
É,
"encuentros conversacionales"
€
U
o o "ürddades deambulatorias
hunanas":
o " Single" /"withs"
Habría que concederle a 1a etnometodología el articular un cierto con-
senso que parece dominar 1as explicaciones más sólidas y recientes que
dan cuenta de 1a estructura de la acción social y de los comPortamientos
humanos en general. Refiriéndose a e1lo, el filósofo John Searle (2001:66-
E0) argumenta que "1os principios mediante 1os cuales identificamos y
explicamos 1a acción son ellos mismos parte de las acciones (...), son par-
cialmente constitutivos de 1as acciones" y enfattza que la noción clave
para articular una teoría de la acción esla de intencionalidad, entendiendo
por ello tanto un contenido que trata sobre algo, como el modo psicológico
i'creencia, deseo, intención) con e1 cual ese contenido se expresa de ma-
nera significativa y produce una actitud (acción) que se satisface o no en
dependencia del acople con el mundo. Lo que más me interesa destacar de
esta incursión de Searle al te¡reno de 1a teoría de la acción es lo que revela
en 1os párrafos finales: la acción social ordinaria depende del sentido co-
mún como sistema explicativo.
Como colofón a este recorrido por los estudios de1 discurso y los su-
puestos epistémicos que 1o acompañary intentaré ha11ar la ubicación de
esta pesquisa en el plexo de dichos estudios. En síntesis, ésta asume una
posición teórica y metodológica ambigua y polisémica -en los senüdos que
le atribuye'Iannen (1996:35) de uno z otro, y 1o uno ylo otro, respectiva-
mente-. Esta posición es relativamente comPrensible si se tiene en cuenta
¡L IIABIA EN SITUACIÓN: CONV¡RSAC]ONES Y PASIONIS
un par de principios que explican, entre otras cuestiones/ la complejidad
intrínseca a tales estudios. Me [Link] a los principios de relatiaidad y de
rcir¿nncia del discurso. El primero hace alusión a un fenómeno tratado pre-
\iamente acerca de 1a superposición e interdependencia relativa entre los
dominios y niveles de lenguaje (por ejemplo, la comprensión dei senüdo
de una proposición está igualmente atada a 1a precedencia lógica de ele-
mentos contextuales necesarios para dicha comprensibilidad, como a la
correcta eshuctura gramatical de dicha proposición; ambos asuntos son
competencia de [Link] disüntos, la pragmática por un lado, la gramáti-
ca por otro), así como al hecho de que cada nivel exige conceptos exPlicati-
los propios (Van Dij( 2000c:32). Esto, en algún sentido, no sólo expone la
complejidad de cualquier análisis, sino también la dificultad inherente al
dominio que se pueda alcanzar de los léxicos técnicos (metalenguaje) apro-
piados para llevar a cabo el análisis con alguna pertinencia.
El segundo principio acerca de 1a relevancia o predominancia(saliency),
remite a la posibilidad analítica de que en cada evento pueda priviiegiarse
algún componente específico de la organización discursiva, sin olvidar
ios otros, 1os cuales siempre se encuentran presentes, pero queda a dis-
c¡eción del analista el poner el énfasis en dicho componente y no en otro,
según los propósitos de la investigación.
Una vez revisado el itinerario de los estudios del discurso, a continua-
ción se expresa, por medio de una gráfica. la posición por la que intenta
desplazarse este ejercicio.
Figura 2
Enfoques en los estudios del discurso: posición de esta investigación
r)El Discurso
!) Discurso y comunicación : c) Discurso, estructüra
.ñm^.^dni.iÁn social y cultura
I
EL HAALA: TEONA Y METODOLOCIA
>i, según VanDijk (2000c:52), éstos son 1os ejes que definen la triada
:: :nJoques que organizan 1os estudios del discurso, y el punto dei cen-
:: Cel triángu1o representa una posición equidistante que implica mo-
. :: con competencia hacia cualquiera de 1os vértices, la flecha que osci-
;:rtre el centro y uno de los ejes (el de la derecha), trata de representar
= :¡sicionamiento relativo que intenta lograr esta investigación. Como
:::de apreciarse, ésta se desplaza entre el análisis de1 discurso y la pre-
:L--:pación por la interrelación de éste con las relaciones sociales como
:r:¡esión de 1a estructura social, amén del contexto que hace empírica y
::-lricamente inteligible las formas simbólicas de la cultura.
:-1tnns categoríns básicas del nnálisis discursiuo:
: -=;tnidad de habla y situación comunicatiua
[Link] se reabza una breve incursión a algunas categorías descripti-
'.'=. básicas (comunidad de habla y situación comunicatioa), formuladas por
-r mes (1972) como parte del esfuerzo conceptual desarrollado por el
:rioque de la etnografía de la comunicación dentro de los estudios del
iscuiso. En acápites anteriores se sostuvo que el estudio de las interac-
:cnes sociodiscursivas en los mercados podría comprenderse como se-
:uencias de enunciaciones típicas de una comunidad de habla (speech
-:mmunity), y sobre esta idea reconstrui.r la situación comunicatiaa que eI
nercado configura. Una comunidad de habla, en cuanto concePto, agru-
pa una serie de rasgos recurrentes en las definiciones que vados autores
io¡mulan sobre e á @Ioomfield, 1933; Hockett, L958; Gvmpetz, 7962;
Lvons, 1970; Hymes, 1972; Labov, 1972; Shetzet, 1975): a) cultura y len-
guajes compartidos; b) patrones y modelos de interpretación comparti-
áosj c) identidades, recursos lingüísücos e interacciones construidos a
partir del contacto propiciado por 1a articulación de redes sociales pro-
16
iongadas, dependientes de un modo común de comunicación
Los intentos de definición del concePto de sPeech coñmuníty se refieren a John Lyons (ed )
16
(1970), Nez, Hoizons ín Linguistis: "uso comPartido del lenguaje"; Leonard Bloomfield (1933),
LanSuge;CharlesEHockett(1958),.4Co,'s¿inModemLínguistica;lohnGumperz(1962),"Typesof
ling"uisiics communi [Link]" , e Anfhropological Linguístics. ésta es definida por "la frecuencia
intéraccional [que establece] un gruPo de gentes"; Dell Hymes (1972), "Models of the interactionof
language and iocial life", en Gumperz y Hymes (eds ) (1989): afirma qu€ son 'teglas comPariidas
poilosiablantes en la interPretaci¿n del funcionamiento delhabla"; william Labov (1972), "On the
i,4echanism of Linguistic Change", en Gumperz y Hyrnes (1989): "actitudes y valores comPa¡tidos
respecto a las formis y usos dellenguaje" y, por último, Joel Sherzer (1975), ELhnagtaphy of Speaking:
lasionsidera como ,,presuposiciones y comprensiones socioculturales compartidas con relación al
habla". Cf el¡esumen de estas definiciones en saville-Troike (1982:16)
EL FI,ABL\ EN SITUACIóN: CONVERSACIONES Y PASIONES
Cabría preguntarse si 1os mercados aquí trabajados, y sus hablantes,
son comunidades de habla. Si así fuera, iqué tipo de [Link] se-
rían? En primer lugar, parece evidente desáe el punto de vista empírico
que se comparte una serie de condiciones de producción social de sus
prácücas y lógicas habituales de interacción y résolucíón de tareas de di-
versa especie y densidad: no sólo podría mencionar ias referidas a las
acüvidades laborales, sino tambien á las organizativas y las mundanas en
general en el entendido de que buena parte de sus vidas sociales las pa,
san en sus lugares de trabajo, en los que convíven con miembros de la
fa¡rüa como parte de su propia organización laboral. En segundo lugaq,
a dichas micrológicas ordinarias y tareas vitales diarias se asocia una serie
de pafuones interactivos que, en los casos de algunas uniones comerciales
(pescados y mariscos, miscelánea, detailistas, taquerías o productos místi-
cos y plantas medicinales), se convierten en estrategias habituales de co-
municación para entablar víniulos de compra-venta, o de otro tipo, con 1os
consumidores. En este kabajo no se pretende corroborar esta afirmación
en ei nivel lexicográfico o de los vocabularios cotidianos caracteísticos, sino
plantearlo en una visión discu¡sivo-interaccional. Tanto en las formas lin-
güsticas como cinésicas, hay una coparticipación recíproca de significa-
dos que se distinguen por su singularidad o tipicidad: estamos en pre-
sencia de construcciones idenütarias singularmente constituidas.
la tipología que Hymes (1989) propon-e para distinguir üpos de comu-
nidades de habla, ayuda en algún sentido a enmarcar 1a clase singular de
comunidad de hablantes en la que se realizó el trabajo. por una parte, exis-
ten comunidades de habla de "débil constitución" (soft-shelleQ: son casi
siempre aquellas que conocen una segunda lengr-ra y la interacción en sus
fronteras es relativamente fácil en ambas direcciones; esto hace que las pe-
culia¡idades interactivas y lingüísticas de sus miembros sean de constitu-
ción variable, expuestas relativamente a nuevas influencias, tanto lexico-
gráfcas (vocabularios) como de sus comportamientos comunicativos. por
otra parte, se encuentran comunidades de habla de "fuerte constitución,,
1-iard-shellel): son aquellas en que a pesar de exponerse a 1a interacción de
sus miembros con extranjetos o agentes ajenos al grupo, 1a interacción es
mínima, manteniendo al máximo su lenguaje y cultura.
El caso que nos ocupa presenta -a mi juicio- una constitución de tipo
intermedio. En el interior de la institución mercantil, ésta se muestra como
una comunidad "fuerte".. se ponen en práctica hablas -vocabularios, pa-
kones comunicativos., modos interaccionales, modalidades narrativas y
argumentales- cuyos significados revisten para ellos un esfuerzo de
decodificación mucho más próximo que para el extraño. Al rnismo tiem-
5
EL IIABT¡: TEORÍA Y METODOLOCÍA
:o, al constituirse como una institución inscrita en una ciudad moderna,
-: propia cultura de estos grupos se encuentra en contacto con otros usos
'. hábitos, lenguajes y ritmos interactivos, amén de que sus prácticas no
¡-,n "endogámicas", sino que intelactúan con otros sectores externos: re-
Jes de proveedores, asociaciones y organizaciones sociales, personajes
:¡líticos, consumidores de diversos estatus sociales y su propia vida se
:ncuentra perrneada por el contacto con otros mundos significantes: los
::redios maiivos cle comunicación, por ejemplo. Sus tiempos y cotidia-
:jdacles revisten una constitución "híbrida" (García-Canclini, 1990), como
:aseo cultural del México moderno.
La cateeoría de situación comunicatiz¡rt se emplea indistintamente para
refe¡irse al mercado como marco instittlcional donde se produce un evento
ie habla específico como Ia compra-venta que distingue a dicha institu-
¡ión de otras situaciones. Pero también se insiste que en el melcado,
discursivamente, suceden otros acontecimientos que rebasan la remisión
general que se hace aI hecho de que sea la compra-venta 1a tarea discursiva
óue 1o caracterice. Hamel (1984:47) sostiene que "es evidente que el mer-
ádo tiene otras funciones además de la compla-venta, como son el inter-
cambio de información y 1a reproducción de identidades sociales en la
interacción, pero la prirnera fuñción es 1a principal, es la que distingue al
mercado cle otras siluaciones comunicativas y sin la cual no existiría la
institución mercado" .
El autor deja una salida:1a compra-venta no monopoliza las funcio-
nes comunicativas que cohabitan en una institución de este tipo, aunque
la distinea como función comunicativa fundamental' Si me atengo a 1a
definicién de situación comunicativa que el propio Hamel ofrece
(1996:154), ésta se asocia con "los lugares donde las tareas de organiza-
ción y las necesidades de 1a reproducción social y simbólica de las comu-
nidades se resuelven con medios comunicativos"'
Para que el mercado público urbano pueda-operar como institución
cornerciai y de servicios debe resolver una serie de tareas y objetivos prác-
ticos que suelen ser algo semejantes a los que se ejecutan en otros contex-
tos urbanos, como loJ centros de trabajo o las instituciones públicas en
general. El mercado es una institución que se artlcula como un esPaclo
iaboral, de servicios y de vida pública Esta condición social d e su existen-
cia operativa lo llevá a incorpórar otros eventos: asambleas, juntas, redes
de cómunicación internas entre los gremios (uniones) y 1as organizacio-
nes sociales a las que pertenecen, amén de 1as estrategias comunicativas
que construyen para tejer relaciones con los consurnidores y entre ellos
-ir-or, mái a[á de tré Í*itet corporativos o meramente comerciales'
-----
!L HABI¡ EN SITUACIóN: COI\IVERSACIONES Y PASIONIs
l-a caracte¡ización etnográfica de la organización social de esta insütu-
ción y sus prácticas servirá para ofrecer elementos que sustenten esto
último. Asimismo, la elección de los eventos discursivos analizados en la
parte final de este estudio ofrece una variedad de formas comunicativas
que son parte de la vida diaria del mercado y que desbordan el patrón de
compra-venta como fu nción principal.
Fara sanjar la cuestión: coincidimos en que la compra-venta es Ia fun-
ción comunicativa principal, o más bien úpica, en 1a situación comunicativa
de mercado. Esto puede asumirse como una convención formal para ca-
mcteriza¡ discu¡sivamente tal situación. Pero en condiciones de institucio-
nes de me¡cado urbanas contemporáneas, adscritas a reglas burocráticas,
disposiciones legales y normativas, organizaciones participativas y de
control así como atada a redes de influencia partidaria o de asociaciones
gremiales, y constituyendo formas históricas de desempeño de activida-
desyprácticas cotidianas, conviene caracterizar su vida social y discursiva
en una variedad de opciones y esto es 1o que se trata de mostrar. Por lo
anterior he extendido é1análisis a otras situaciones de habla que den cuen-
ta del universo comunicacional cotidiano de estos escenariós.
ltlodelo de análisis de Ia interacción aerbal
A continuación despliego una revi sión del modelo integrado de análisis de Ia
ínteracíón zserbal propuesto pol Hamel (1980, 1982). El modelo organiza
buena parte del trabajo de interpretación en al menos los dos primeros
eventos comunicativos que se analizan en 1a última pafte. Es importante
precisar que siguiendo el principio de relevancia o predominancia
(saltency) comentado antes, sólo se tienen en cuenta aquellos elementos
del modelo que son empleables en los análisis discursivos (fundamental-
mente conversaciones) que se reaüzan. Otros eventos como narraciones
y discursos argumentativos demandan estrategias de análisis específicas,
aunque inspiradas en el análisis del discurso en interacción.
E) modelo integrado de análisis de la interacción aerbal se compone de seis
niveles. El primero corresponde a las condiciones básicas de ln comunicación.
En Cognitiae Sociobgy (1974), Aaron Víctor Cicourel afirma que el conoci-
miento actual de la naturaleza de los procedimientos interpretativos que
emplean los actores en las interacciones ordinaria s es frelatizsamente, agre-
gado de R.A.R] escaso. Propone someter a discusión estas propiedades
de los procedimientos a partir de un listado de principios que subyacen
en las acciones comunicativas. Estos permiürían tener una idea {on al-
EL I_IABLA: TEORIA YMETODOLOCIA
:--:- Erado de aplicabilidad universal- de cómo se producen 1os sucesos
::.--lr nicativos generados por ia gente en la solución de tareas ordinarias.
::--: nrincinios lo reqlas). los cuales se asumen como "horizontes
\v -!ó-,"//.
:- ::-retativos" que todo proceso cognitivo-comunicativo conlleva interna
: :-'.::rnamente¡ ya habían sido trazados en sus rasgos más generales Por
:: :adre de1 enfoque fenomenológico en la teoría social contemPoránea,
'-::d Schütz, en sendos artículos publicados en 1953 y 1955.17
?ara el sociólogo vienés, 1as reglas por medio de las cuales el pensa-
::¿nto de sentido común supera las diferencias de perspecüvas indivi-
::jes en medio de encuentros sociales permitiendo el intercambio com-
r:nsivo-comunicacional, se reducen a 1o que é1denominó "idealizaciones":
corresponde a la "idealización de la intercambiabilidad de 1os pun-
--:a.
::s de vista" y otra, a la "idealización de la congruencia del sistema de
r:nificatividades". En conjunto, estas dos idealizaciones conforman la
:::ís general de las perspectiaas recíprocas, 1a cual explica las presuposiciones
rutuas de los puntos de vista y de las situaciones en el mundo vital que
;cn compartidas e intercambiables por los interactuantes en una escena
;cciocultural. Estas presuposiciones en las que descansa la reciprocidad
ie perspectivas, conducen a teier sistemas de "significatividades de la
:cpiesencia" más o menos observables que se incrustan tipificando 1os
universos naturales que comparten los miembros del grup<-r.
Ambas idealizaciones son construcciones tipificadoras,ls es decig su-
puestos sobre los que se instituye la comprensión común inicial, Ias cua-
ies son construidas durante los procesos de aprendizaje cultural (sociaii-
zaciones) estructurados por 1as condiciones singulares de la cultura y las
relaciones sociales endogrupales en que se encuentran inscritos los interac-
tuantes.
La naturalidad de estas reciprocidades, PresuPuestas como obvias y
correctas, explicarían el carácter de sustrato que he atribuido a las socia-
bilidades, pues las configuraciones endogrupales estarían fundamenta-
rTAmbos trabajos de Alfred Schütz aparecen conlos títulos de "El sentido comrln y la interP¡e-
tación cienlfica de la acción humana" y "Símbolo, realidad y sociedad" , enEl prablema de Ia tealidad
social, 1995; pp. 35-70 y 260-316, ¡espectivamente.
ts Las tipicidades son para Schütz (1995:39) experiencias percibidas que son incorPoradas
aperceptivamente, las cual€s se constihryen a su vez en tíPicas. Lo lPercePtioo -tat como 1o com-
prendó pare.e se. Ia capacidad de otorgar sentido a una acción o suceso, e incluir y buscarle un
lugar en los esquemas mentales con los que oPero, sin necesa¡iamente enconüarme fiente a esa
aciión o suceso. Creo que la teoría del¡aúirrs de Bourdieu (1991,1992 Bourdieu y Wacquant,1995)
como eskuctura estrucfufante y estrucfurada de esquemas mentales de sentimiento, Pensamiento
y accióL mediadora entre la estruchrla social y las ló8icas de las Prácticas, da buena cuenta teórica
de este proceso de a¡tiodación y generación de las llamadas "exPe encias típicas" de Schütz'
EL T]ÁBLA ¡Ns]TUAC¡óN: CONVERSAC1ONES Y PASIONES
das y expresadas en ellas. Es decir, con y en ellas operan y actúan,
más o
menos (in)concientemente, los actorej sociales, arrurrto demiurgos,
herederos y reproductores de estos sedimentos "r, simbólicos dá la
cotidianidad que se constituyen en el espacio y el tiempo, el aquí
y el
ahora, cttlturalmente situados.
Cicourel, parte de estas reglas idealizadas que el sociólogo vienés pro_
puso_y las complementa. La primera coincide con la ¡eseñida ,,recipioci_
rl¡d_ de perspectivas", la cual, én
ohas palabras, parte de1 supuesto recono_
cimiento de que hay perspecüvas difeientes en ia construcción del sentido
en ra vrda social y_que los significados se construyen permanentemente
en
cada contexto, sobre la base de experiencias compartidas.
eue en cada si-
tuación concreta los hablantes ponen enke paréntesis su biografía perso_
nal como buscando ubicarse ensituación de;teciprocidad,,. Los hablantes
esta 'reriprocidad. existier4 superando en algún grado
:]ice1 :c:mo .sí'
Ias posibles asimetnas inherentes a ros encuentroi sociales
-existentei aun
ent¡e conocidos- y a sus condiciones sociales de producción.
l"a segunda regla, es denominada eI supuesio del etcétera:,,cumple
.importante función
la
de dejarpasar cosas pese a su ambigüedad o vague_
dad,_o permitir que se traten instancias particulares comó suficiente¡ñen_
te_relevantes o incomprensibles para pirmitir visualizar elementos
.dqlygr..gto apropiados',. La comunicación no puede existirdes_ sin
amDlguedad. Las secuencias de acción comunicaüva no tienen que
estar
de información para ser comprensibles. No siempre ?ray que
T*t3d1
deci¡[Link]. Esto, lejos de constituir una imperfección ael tenguale y
la
comunicación ordinaria, es una muestra de 1áeficacia de la comumcación
\,la interacción linguística y p_araüngüísüca humana. Uno dice lo que le
conuene y puede deci¡, con los recu¡sos interaccionales, lingüísticos y
argumentales a mano. El proceso de decodificación del rnensáje se pro_
duce más o menos de forma semejante: uno interpreta mediante loi
re-
cursos de su propio sistema de significaciones y coir ellos llena los
vacíos
probables que conlleva el mensajé del otro, satisfaciendo con ello las
fun-
cron€s comprensrvas/ aunque arrastren sesgos que puedan conducir
a
equívocos. Mientras éstos no sean fatales, toáo puedé repararse. A veces
--como más de una vez ocurrió durante el trabiio con lós informantes_
l? entiend.e nada, o muy poco, pero sonrÍe pese a todo, y asrenle en
un_o
s€nal de entendimiento. Después de todo,lo que uno trata es de no
rom_
per la interacción, sostener el encuentro, ,,salvar la cara,,, diúaGoffman
i199_4): la comprensión se to¡na a veces en una tarea rcftospectiva, post hoc.
Las formas normales o eI supuesto de la reducción de difirencias i
normnles, constittrye 1a tercera de las reglas propuest as. Girhnkel
¡or*r,
egá7:2ZZ,
ELHABLA: TEORTA y rvtETODotOGi^
238) considera el supuesto de que toda comunicación es
0 integrada dentro
il tte un cuerpo de conocimiento común o,,que todos conocen,,: los
miem_
a bros competentes reconocen y emplean formas normales en la interacción
t diaria. Según Cicourel, cuando la escena sociodiscursiva es precaria dada
cierta disonancia, ésta es restaurada hacia algún sentido dá normalidad.
F Los hablantes ponen en operación mecanis.ñros de reparación cuando la
l- reciprocidad de perspectioas se qtsiebra por instantes o se introducen ruidos
)- o incorrecciones en el flujo comunicativo de la interacción. La reparación
o constituye un mecanismo de corrección, como una reconstrucción conti-
n nua de_la estrategia verbal. Son tácticas constantes para reorrenrar y con-
firmar la conversación, entre las cuales los recursos fáticos -se alude aouí
a Ia función fátba del lenguaje descrita por Roman Jakobso.,- ron .r.a
)S muestra. Los dispositivos de reparación son partes constitutivas del ,,sis-
o tema de intercambio de habla" (Schegloff,1994). Constituyen una forma
n de verificar cómo 1a organización cultural de la comunicación es una
expresión a otro nivel de la 'brganización socia1", como ,,la organización
.a social de la repa ración".
t- La cuarta regla inventariada por el sociólogo estadounidense, corres-
ponde aI sentido retrospectiao-prospectioo de la ocurrencia: algo que ocurre
j- en la ¡utina de la conversación adquiere sentido restrospéctiva o pros-
n pecüvamente. La estrategia conversacional contiene recursos mnémicos:
ü la memoria que actúa "hacia adelante" (prospectiva) y ,'hacta atrás,' (re-
.e trospectiva) que coadyuva -como ya se advirtió- a los procesos de
.a decodificación hermenéutica de las significatividades conversacionales
n mundanas. Es 1a manera de retomar cuestiones que han quedado y no se
.e han agotado de manera satisfactoria en la conversación ó contribuyen a
v construir pasos entre secuencias verbales.
)- Las dos últimas reglas se enfocan en la reflexivida d del habla (eI habla
t- en sí misma como reflexioa) y a 1a condición indexical (los aocabularios des-
)S crtptiaos como expresiones indexicales), informadora, del habla. En la prime-
t- ra, el habla es reflexiva para los participantes porque es vista co¡no fun-
a damental en la conducción de las escenas normales de interacción. Eisten
}S mecanismos autorreflexivos permanentes en la conversación, como las
correcciones o los juicios emitidos en torno a la conversación misma.
n La última se refiere a que "los vocabularios en sí mismos son caracte-
I. rísticas constituyentes de las experiencias descritas. Los vocabularios son
n un índice (deíxis) -un informador- de la [Link] pero las expenen_
c. , Del:ris, proviene de la palab¡a griega que significa señalaro indicar. q¡ama'cates
Los
recursos
más comunes para indicar o señala¡ aspectos del contexto de enunciación son los d;ostrativos,
7_ los pronomb¡es pe(sonales,los tiempos ve¡bales y los adverbios de tiempo y luga¡, entre otros. En
EL H,{BT.\ EN SITUACIóN: CONVERSACIONES Y PASIONES
cias, en el curso que están siendo generadas y transformadas, adquieren
elementos de los vocabularios como parte de procesos genefahvos y Per-
miten reparar la información indexada por los elementos seleccionados
de los voiabularios originales" (Ci cowel, ig7 4'.52-56). John Gumperz (1994)
conkibuye en este último punto al mostrar en Discourse Strategies qtelas
variables sociolingüísticas son constitutivas de la realidad social y pue-
den, por ello, ser tratadas como parte de una clase más generai de signos
indexicales, los cuaies guían y canalizan los intentos de interpretación.
El nivel II del modelo se ocupa de la organización formal de Ia conz.;ersa-
ció[Link] un arúcuio ya clásico de los fundadores del análisis de la conver-
sación (en un acápité específico, más adelante., daré algunos datos sobre
esta vertiente sociológica) en la tradición etnometodológica estadouni-
dense, Harvey Sacks, Emanuel A. Schegloff y GailJefferson (1978), sostie-
nen que un modelo formal básico de organización de la conversación
implicaría tener en cuenta a las partes y variantes que constituyen las
formas que participan en la construcción de la conversación como "ubi-
cadas sin cambios en el sistema", estando sólo "selectiva y local¡nente
aJectadas por (ciertos) aspectos sociales del contexto". Segrln este argu-
mento, gran parte del mecanismo regulador básico de la conversación
resulta poco afectado o permanece independientemente del contexto en
que se pone en operación. Con ello, es posible asociar la microestructura
del habla ordinaria y la interacción que la realiza a la mactoestructuta so-
cial de la acción en la cual aquélla interviene para resolver de manera
ilocucionaria funciones de comunicación y con esto objeüvos sociales.
La organización formal de la interacción cotidiana, en la que se in-
duye la conversación mundana, aparece entonces como un subsistema
esencial para comprender el conjunto de la organización estructural de
la i¡teracción social humana. A continuación se enumeran catorce "he-
chos" básicos que deben tenerse en cuenta para conformar un modelo
que se proponga dar cuenta de las pautas inherentes al comPortamien-
to conve¡sacional:
el texto de Stephen C. Levinson (1989:47-87), Pragmática, aparcce una excelente int¡oducción al
fenómeno de la d¿íx¡: eI cual "se ocupa de cómo las lenguas codifican o gramaticalizan ¡as8os del
conteío de enunciacíón o eoento de habla, úafa¡do así también de cómo dePende la interPretación de
los enunciados del análisis del contexto de enunciación" (op. cít.:47). Segú¡ la Postu¡a Prag-
malingiística de Levinson, és¡e sitl¡a al fenómeno de la deíjris en los límites entre la dirnensión
semántica y pragmática del lenguaje. De ahlque pueda hablarse de deíxis del discurso y deíxís socíal:
b prime¡a, ya explicada en sus rasgos esenciales, es acompañada por la segunda que se encarga de
codificar las distinciones y rangos sociales relativos a los PaPeles de los ParticiPantes en los inter-
cambios verbales,
E2
EL ¡iABLA. TEOtuA y METODOTOCi\
1. El cambio de hablante es recurrente, o cuando menos ocurre.
2. Generalmente, sólo un hablante habla al mismo tiempo.
3. Que más de un hablante hable al mismo tiempo es iomún, pero
breve.
4. Las transiciones de un turno a otro, sin pausa
[Link]) y sin traslape
(oaerlap), son comunes; ello, junto a los puntos de hansición carác-
terizados por ügeras pausas o ligeros traslapes, caracterizan la rna-
yor pafie de las transiciones.
5. El orden de los turnos no está fijado, sino que varía.
6. La medida (sze) o duración de los turnos no está fijada, sino que
varía.
7, La duración (lengfh) de la conversación no está fijada ni especifica-
da de antemano.
8. Lo que dicen los participantes no está especificado de antemano.
9. La distribución relativa de los turnos no está fijada ni especificada
de antemano.
10. El número de participantes puede variar.
11. El habla puede ser continua o discontinua.
12. Para 1a distribución de los turnos existen técnicas ampliamente usa-
das: el hablante en turno puede elegir al siguiente hablante o los
otros interlocutores autoseleccionarse para dar continuidad a la
pláüca.
13. Se emplean varias unidades de construcción de los turnos; éstos
pueden proyectarse como una palabra, una frase, una sentencia u
oraclon.
14. Para eI tratamiento [Link] en la toma de turnos y violaciones
en el acceso a e1los, existen mecanismos de reparación; por ejem-
plo, si dos participantes hablan al mismo tiempo, uno de ellos pa-
rará de hablar y de esta forma repara el problema (Sacks, Scheglof{,
Jefferson, 1978:1,0-11). La unidad mínima de la organización for-
mal de la conversación o¡dinaria descansa en el irlno;los cambios de
turnos (code switching) , Ias transiciones , los mecanismos distribucionnlu
y de reparación, constituyen una arrnadura formal de orden interno
de la conversación que consuma la esfuctura organizacional.
El nivel III versa sobre \a constitución de la acción aerbal; opera funda-
mentalmente con una categoría extraída de 1a propuesta construida por
Hamel (1982) que se¡á de utilidad para desplegar las tareas interpretativas
que contiene la útima parte del estudio: Patrón de Interacción Verbal (PIV),
son "unidades recurrentes y sistemáticas como 'celebrar un contrato', 'rea-
EL HABLA ENSITUAClON: CONVERSACIONIS Y P SIONES
jza¡unactodecompra-venta,,,enunciaryaceptar-rechazaruna::
:ón'. 'fo¡mular y refutar una acusación', 'solicitar-entregar informe:: -
soirre el camino', etcétera, que se producen en los procesos de consti¡--
,jón e interpretación de la significación social" (Hamel, 1982:37).
Los PIV constituyen formas que subyacen a la cooperación social en
lna sociedad determinada y reproducen en cierta medida las estructuras
ie organización social. Pueden analizarse como una categoría deposita-
ria que manifiesta una 1ógica interaccional consftutiva de las interacciones
sociales en el mundo cotidiano, funcionando como marco organizador
del entramado interactivo práctico-ordinario. En tal sentido, se les debe
concebir como "formas histórico-culturales en que se estructura la interac-
ción verbal en cada sociedad". Un PIV equivale a un marco de orientación
discursivo-cultural que se construye como estructura histórica interaccio-
nal en la vida coüdiana recreándose en cada situación interactiva.
A propósito, la investigadora María Teresa Sierra, quien ernpleó la ca-
tegoría en el análisis de las acciones verbales con las cuales se resolvían
tareas comunicativas en asambleas comunitarias entre los otomíes del Valle
del Mezquital, en el estado de Hidalgo, apunta:
EI patrón de interacción verbal es una unidad discursiva básica -como cate-
goría rectora- que orienta la acción comunicativa de los actores sociales. Co-
rresponde a los marcos de referencia subyacentes a la interacción verbal que
la estructuran y guían de acuerdo con las tareas comunicativas planteadas
por una situación. En este sentido,los patrones, como unidades recurrentes y
sistemáticas, nos permiten relacionar el contexto extraverbal, dado en la si-
tuación de comunicación, con los procedimientos discursivos que se movili-
zan; se genera así una tensión en Ia que se crea y se recrea la significación
social. Los patrones de interacción poseen una forma abstracta, determinada
por la lógica interaccional, y formas normales de realización, de acuerdo con
un determinado contexto cultural (Hamel, 1982). Funcionan como estructu-
ras referenciales, ya que constituyen caminos histó¡icos, ensayados y repeti-
dos -cristalizadores de la experiencia social-, y como estructuras estruc-
turantes, internalizadas (Rebhein, 7977). En este sentido, constituyen una
categoría normativa para la gente, una pauta implícita de acción e interpreta-
ción, cuya violación puede ser la causa de malentendidos y crisis en la comu-
nicación. Seguir un patrón significa entonces realizar una secuencia de accio-
nes o actos verbales, guiados por una lógica interaccional para alcanzar fines
materiales o simbólicos determinados (Sierra, 1992;89-90).
EL HABLAj TEORiA Y METODOLOGIA
Fara constituir un PIV -continúa Hamel*, 1os actores deben resolver
:=tro tareas básicas: l) de aparecer el patrón en el curso de una interacción
el iniciador de1 patrón debe marcar la aPertura del mis-
=nversacional,
r' delimitarlo de otras actividades; ll) el iniciador del patrón debe acla-
=¡
para que pueda
=¡ al resto de los interactuantes en qué consiste el patrón
-: aceptado o rechazado y configurar la particiPación; ill) los participan-
E deben confirmar el patrón en juego, para que pueda proseguir la
nÉracción por 10 que implica en cuanto a la asignación de roies y com-
-amisos con el tema y secuencialidad formal de la interacción y, lzr) rati-
icado el patróry éste debe desarrollarse acorde a las etapas y los compo-
(Hamel, 1982:62-63).
=ntes que 1o constituyen
Los últimos tres niveles corresponden a los esquemas de comunicación,
'e modalidades de interacción y las relaciones sociales, institucionales y de dis-
:.rso. El primero comprende como esquemas de comunicación las cons-
narrativas y las argumentaciones que se teien Para resolver
=ucciones
:bjetivos prácticos de la cotidianidad insertos en acciones verbales como
:edamos, quejas, promesas, etcétera, que son frecuentes en estos escena-
:os del comercio urbano. Un ejemplo registrado lo constituye ]a queia
¡re externa el responsable de los trabajos del gas en el evento conver-
junta de locatarios. Puede
=cional que se produce al interrumpir una
:preciarse cómo articula espontáneamente segmentos narrativos -resuel-
¡s conversacionalmente- de supuestas resPuestas o Probables peticio-
:es de cuentas que sus superiores o sus propios trabajadores Ie podrían
::mar ante el hecho del trabajo incumplido, dado los retardos ocaslona-
ios por los propios locatarios. En este caso 1o interesante es cómo los ar-
iumentos empleados pueden abandonar la intención de 1a queja propia-
[Link] para convertirse en negociación de la intermediación de1 líder.
las estrategias narrativas y argumentales en la vida cotidiana Pueden
:roducirse, y de hecho se producery en medio de la ¿mbigüedad y lapolisemia,
-¡r cuanto diversidad y excedente de sentidos: son al mismo tiempo una u
-rira o una cosa y 1a otra (Tánnen, 1996). Los esquemas de comunicación
dependen tanto del conocimiento lingüístico como cultural, así como de
as técnicas o mañas (skills) interaccionales: son densamente Performativos/
d¡amatizados. Sus reconstrucciones son prof undamente contextualizadas.
Por su parte, las m odalidades de interacción se proponen inventariar y al
nismo tiempo "separar analíticamente 1as formas de habla como la iro-
nía, metáfora, lítote y otras -por ejemplo, los registros vernáculos con los
cuales se comunican algunos hablantes- que se relacionan con una di-
versidad de universos discursivos" (Hamel, 1982:36).
EL TIABLA EN SITUACIÓN: CONV¡RSACIONESY PASIONES
Figura 3
Modelo integrado de análisis de la interacción verbal
TÑt""' vll y de discurso
t
{Nt'"tfl Modalidades de interacción Form¿-r 5i Id
f-iii----i;:;-l
I Narraciones
lr\rverrv Esquernas de
I
Ar8!rnentac¡ones
Pat¡ón de
Interacción
Ftvdiirl Constitución de la acción
+ Verbal
(PIv)
I "Hechos básicos"
[Ñi"-a¡-l fo¡mal de la conversación comportamiento
) conversacional
i
t Reglas básicas/
I
L fNi*lrl Condiciones básicas de
) Idealizaciones
Por último, el sexto nivel se ocupa deira interrelación entre Ia organiza-
i,ón y la organización social del discurso,lo cual incorpora la imbrica-
social
ción con la teoría de las instituciones y de los roles sociales. La Figura 3 da
cuenta de los niveles del esquema integrado del análisis de la interacción
verbal.
S':bre eI análísis de Ia conuersación
En las páginas precedentes se adelantaron algunos elementos para la re-
iisión de 1as contribuciones del anáüsis de ia conversación a nuestro inte-
rés de estudio; sin embargo, conviene ahondar aún más y aPortar algu-
nos datos sobre esta perspectiva, vital para continuar la ubicación de las
coordenadas teóricas y metodológicas.
Primero, se ofrece un breve panotama histórico y valorativo sobre el
lugar del análisis de la conversación en los estudios del discurso y en el
marco de1 desarrollo de las corrientes de la sociología contemporánea. En
segundo lugar, se recorren 1os presupuestos básicos de esta persPectiva
::ralítica y se examinan algunas nociones de su aparato de categorías que
hL IIAbLA: TIORiA Y METODOLOGÍA
serán útiles al estudio. Finalmente, se reseñan algunas estrategias de re-
gistro e interpretación de datos conversacionales que sugieren trabajos
recientes de etnometodóloeos v analistas de la conversaciórr.
El análisis de la converácián constituye sin lugar a dudas la cont¡i-
bución más conspicua de la corriente etnometodológica en la sociología
estadounidense de 1a segunda mitad del siglo XX (Heritage, 7984:233;
\laynard y Clayman, 199L:396; Caballero, 1991:102; Alexande4 1992:224).
Sus aportes han sido fundamentales para el desarrollo de otras discipli-
nas como la lingüística, e1 análisis del discurso, la socioüngüísüca, la Psi-
cología social y discursiva, la antropología y las ciencias cogniüvas.
La fundación del análisis de la conversación se atribuye a Harvey Sacks
17936-1975), ryien 1egó, pese a su prematuro deceso/ una Profusa y suge-
rente obra de análisis empírico, teórico y meiodológico sobre eventos
conversacionales, formada fu ndamentalmente por sus conferencias dic-
tadas entre 1964 y 1.972, 1as cuales alcanzaron unas dos mil páginas
mimeografiadas, y fueron reunidas y pubücadas en un Par de volúme-
nes (Sacks, 1992), así como p,or sus trabajos Pioneros en el Centro de Pre-
vención del Suicidio de Los Angeles en 1963, registrando y transcribiendo
los llamados teiefónicos a 1a línea de emergencia con la finalidad de ana-
lizar los términos con los cuales se referían a sí mismos y a los otros las
personas que llamaban, y analizando 1a organización de las secuencias
en este tipo de comunicaciones (Pomerantz y Fehr, 2000:106-107). La ex-
pansión de este campo analíüco se incrementó rápidamente a partir de la
colabo¡aciórL como alumnos de Erving Goffman, de sus condiscípulos
de estudios posgraduados, Emanuel Schegloff y David Sudnow, en la
Universidad de Berkeley.
El campo del análisis de la conversación se perfiló desde fines de los
cincuenta y principios d.e los sesenta, mientrai Sacks participaba en un
seminario informal de etnometodología con Harold Ga¡finkel (Coulor¡
L988:24 y Psathas, 1995:6), organizado por Aaron V. Cicourel en su ver-
sión de 1965. Pero el artículo definitorio sobre el análisis de la conversa-
ción -al cual me referí en páginas anteriores- no aparecería hasta 1974 en
e1 número 50 de larevistaLanguage, en coautoría entre Sacks, Schegloff y
GailJefferson,'A Simplest Systematics for the Organizaüon of Turn Taking
for Conversation". En dicho escrito ponían énfasis en la organización
secuenciai y los mecanismos de toma de furnos en la interacción conver'
sacional.
Tanto Harold Garfinkel como Erving Goffman son considerados en
grados dlstintos como precursores de lo que sería el Programa del análi-
iis de la conversación. En grados distintos Porque tal vez sea Goffman a
EL ti Br,^ EN SITUACIÓN: CONVERSACIONESYP S¡ONES
quien corresponda la primera mención de la necesidad de considerar las
interacciones sociales en la vida cotidiana como legítimo objeto de inte-
rés para la investigación sociológica y 1a antropología social. Ya desde el
segundo capítulo de su tesis docforal Communication Conduct in an lsland
Communicaty, presentada en la Universidad de Chicago en 1953, titulado
"Social Order and Social Interaction", y en textos posteriores como La
Vesmtación de la persona en la aida cotidiana (1956), Encounters: Two Essays
ot the Sociology of lnteraction (1961), Behat:ior in Public Places (1963) y espe-
cialmente Ritual de la interacción (1967), así como en su alocución ("The
lnteraction Order") como presidente de la American Sociological Asso-
ciation en 1982. Meses antes de su fallecimiento, en noviembre del mis-
mo año, se perfila y desarrolla el progtama goffmaniano y ia insistencia
en la definición de 1a estructura de la interacción en cuanto unidad fun-
damental de la vida social (Winkin, 1991; Burns, L992;Wo1|,1994:19-1.05;
Joseph, 1999). Sin embargo, el sociólogo canadiense dispuso de enfoques
metodológicos (frame analysis), tropos, estilos narrativos y términos (por
ejemplo, prefirió emplear couplets, pares, y adjacency pairs, pares adya-
centes) para dar cuenta de sus investigaciones ^o que difirieron en varios
sentidos de 1os que empleó con mayor recurrencia el análisis de Ia con-
versación, más cercano a los postulados básicos de la etnometodología,
expuestos por Garfinkel en su texto clave de1967.
Prestemos atención ahora al evento comunicativo básico que repre-
senta la conversación. De revisarse algunas definiciones, ésta suele carac-
terizarse como "una actioidad interactiaa qte exhlbe propiedades estables y
ordenadas que constituyen logros analizables de los conversadores"
(Zimerman, 1988); o como "una actividad verbal oral de carácter interactivo
(o estructurada) en turnos de palabra" (Cost et al.,'1990.59). En palabras
de Marc y Picard
el término conversación remite a los intercambios lingüísticos cotidianos tal
como se desenvuelven en la situación de copresencía de los que hablan. Se
trata de una forma dialógica de comunicación (que se diferencia de otras for-
mas como la comunicación mediática, didáctica o técnlca...). No delimita en-
teramente el concepto de discurso en la medida en que subraya la dimensión
interaccional del intercambio (...) la conversación aparece como una col¿sf,,¿lc-
ción tanto referente a la relación como a las significaciones (Marc y Picard,
7992:123-125).
La conversación en cuanto interacción es una acüvidad tan natural y
obvia que suele pasar inadvertida como fenómeno estructurante y es-
ES
ELHABL^: TEORÍA Y N4ETODOLOGiA
:-:--::ado que posibilita el orden social. Según Schiffrin (1994:232), el
:,-:-.is de la conversación, más que analizar el orden social per se, permite
::.--:brir los métodos por 1os cuales los miembros de una sociedad pro-
:-::n el sentido del orden social. Este punto representa el gozne con e1
- -= el análisis de la conversación se articula con la idea clave que soporta
:-:rograma de la etnometodología, a sabe{, "que las actividades poi me-
:r: ie las cuales los miembros producen y manejan las situaciones de su
--:: cotidiana organizada son idénticas a los procedimientos [o méto-
:-:] que utilizan para hace¡ describibles dichas situaciones" (Garfinkel,
-::. :1 [Traducción RAR]).
En escritos recientes, los analistas de la conversación prefieren definir
.- :-ue hacen, como el estudio del habla en interacción (Psathas, 1995:2).
: --. embargo, debe reconocerse que en la práctica el estudio de la interac-
::r se reduce a develar el microorden del intercambio oral y la relación
-:rcional que éste guarda con la estructura social en cuanto macroorden,
- - :->iderando sólo de manera epifenoménica, los paralenguajes y 1a "con-
::::ón física del lugar", así como el "instante", incurriendo en lo que
l::{man (1991b) calificó como el'blvido de la situación"; a propósito el
:: iólogo canadiense, sostenía:
...el investigador que se interese por las propiedades del lenguaje hablado
puede verse estudiando la condición física del lugar en que el locutor hace
sus gestos, simplemente porque no se puede describir por completo un gesto
sin aludir al medio extracorporal en que ocurre. Por otro lado, quien se inte-
I,
resa por los correlatos lingüísticos de la estructura social puede descubrir que
l ha de entrar a analizar el instante en que aparece ante otros alguien que po-
S see tales atdbutos sociales. Por tanto, estos dos tipos de investigadores deben
prestar atención a 1o que vagamente Ilamamos la situación social. Y esto es lo
que se ha olvidado (Goffman, 1991b:131).
II
e Pese a este contrapunto entre la versión goffmaniana del estudio de la
-:,teracción social y la versión etnometodológica y del análisis de la con-
t '. ersación, procedo a reseñar los presupuestos básicos de esta última para
n :onhnuar con una revisión de sus estrategias metodológicas.
)- Los presupuestos básicos del análisis de la conversación pueden
1, .intetizarse en un conjunto de enunciados formulados por Psathas (1995:23):
1. El orden es producido secuencialmente.
v 2. E1 orden es producido por los participantes in situ, esto es, circuns-
;- tancial y situado.
89
¡r---
EL TIABL"{ EN SITUACION: CONV¡RSACIOMS Y PASIONES
3. Los participantes orientan el orden a partir de sí mismos, esto es, el
orden no es una concepción del analista, no es resultado de alguna
concepción teórica preformada o preformulada concerniente a la
acción que debió/debe/debería ser, o basada en declaraciones gene-
ralizadas o resumidas acerca de ia acción generalmente/frecuente-
mente/o que a menudo es.
4. El orden es repetible y recurrente.
5. Es tarea del analista descubri¡, describir v analizar las secuencias
producidas.
6. Cuestiones de cómo fenómenos particulares ocurren frecuente o
extensivamente, son ubicadas apaite en el interés de descubri¡, des-
cribir, y analizar las estructuras,la maquinaria,las prácticas organiza-
das,y los procedimientos t'ormales, como modos por medio de los cua-
les se produce el orden.
7. Las estructuras de la acción social siempre que sean discernibles,
pueden ser descritas y formalmente anahzadas en términos abs-
tractos, esto es, desde el punto de vista estructural, organizacional,
1ógico, contenido temático y coherencia.
En suma, el análisis de la conversación en la versión más difundida
de Sacks, Schegloff y Jefferson (1974), legó esencialmente un conjunto de
reglas que gobernaban las interacciones conversacionales -¡eseñadas en
eI apartado precedente-, y destacaron ia importancia de desplegar el aná-
lisis en forma s¿cuencial dadala disposición temporal de las conversacio-
nes y del lenguaje en generaf además, enfatizaron el mecanismo de la
distribución y toma de turnos y la unidad básica del análisis se cif¡ó en el
par adyacente, ambas como expresión de la estructura social en el plano de
la conversación como actividad interaccional socialmente básica.
Autores posteriores (Psathas, 1995; Silverman, 1999; Pomerantz y Fehr,
2000) han estandarizado la eskategia analítica del análisis de la conversa-
ción en una serie de pasos. Aquí destaco ia propuesta de Pomerantz y
Feh¡ con aiusiones puntuales a la de Silverman.
En un primer paso, se sugiere seleccionar una secuencia de un mate-
rial discursivo cualquiera registrado en condiciones naturales de enun-
ciación. También puede analizarse el matetial o evento completo, esto
dependerá tanto de su extensión como del problema que quiera ilustrar
el anaüsta.
Un segundo paso implica caracterizar las acciones dentro de la secuen-
cia seleccionada. La descripción de las acciones permite comprender el
90
LL TI,{BLA: TIORíA Y METODOLOCIA
srtido que 1os interactuantes atribuyen a su conducta al mismo tiempo
.re la realizan. Para detectar las acciones e1 analista Puede formular una
¡regunta relativamente simple, a sabeq, áqué hace cada quien en su furno
d¿ habla? Las acciones, como lo sugirió 1a teolía de los actos de habla,
ictr- por ejemplo, saludaq, preguntar, resPonder, quejarse, asentir ante
ura nueva información, corregir o confirmar, etcétera. Las acciones sue-
h manifestar una estructura de antecedente-consecuente, es deciq, "se
e!furtúan con 1a expectativa de recibir una respuesta" (Pomerantz y Fehr,
Jüil-}l12). Las caracterizaciones de una acción son siempre provisionales;
es=s deben apreciarse como aproximaciones inferenciaies paulatinas a
ra comprensión del evento en su conjunto como un rnicroproceso social
:[Link].
El tercer paso consiste en examinar e1 empaquetamiento (Packaging)
ó: ia-. acciones, incluyendo léxicos y términos de referencia. Por "empa-
@etamiento" debe entenderse los modos en que los hablantes configu-
trr r transmiten sus acciones. En otras palabras, los modos en que los
jnipractuantes se refieren a personas, objetos, Iugares, sucesos. Ello permi-
x srtender 1as consecuencias de las acciones realizadas en la secuencia.
El cuarto paso se destina a explorar 1os üempos y la toma de furnos
Í$mo un modo de facilitar la descripción e interpretación de acciones.
Rro, además, 1o que es más importante, reconstruir ia estructura del in-
gcambio conversacional. En la distribución y toma de turnos conviene
e"res-tar atención en los siguientes aspectos: a) la obtención del turno; b) el
tranpo de inicio del turno; c) su finalización y d) la selección del hablante
slEuiente.
For último, e1 quinto paso consiste en considerar las consecuencias del
epaquetamiento y 1a toma de turnos respecto de las identidades, los ro-
]¿s l- las relaciones en juego. Dicho de otro modo, examinar cómo ios
Eblantes asumen ciertos roles e identidades por medio del habl4 por
rierrplo, cuando fungen como cuestionadores o como respondentes, o
¡=ndo asumen el papel de clientes o de vendedores. Tambiéry eI estatus
srial de los hablantes (si son líderes o subordinados, hombre o mujer,
.E-i puede inferirse en la conversación por el modo en que conducen la
,i;-.nibución y toma de los turnos de habla (Silve rman,1999:354).
l-a siguiente figura permite mostrar esquemáticamente 1a secuencia
óe la estrategia analítica comentada.
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONISY PASIONES
Figura 4
Secuencias en el análisis de Ia conversación
3.
Examina¡
emPaquetamiento
de las acciones
5.
Considera¡ las consecuencias del
emPaquetamiento yla toma
de turnos respecto de:
identidades/roles^elaciones
Pa¡a cerrar este apartado, expondré la crítica al análisis de la conversa-
ió:r que a mi juicio parece más acertada. Esta crítica proviene de John
Guperz (1989) y consiste, en pocas palabras, en hacer notar que el aná-
ü--.is de la conve¡sación prescinde de
-o ignora- cualquier condicio-
r¿miento social de los hechos conversacionale s. Por condícionamiento so-
u:--. debe entenderse aquí no sólo la insistencia de Goffman en e1 olvido
d¿ ia situación, sino también la omisión de 1as relaciones de poder como
c.¡stitutivas de 1os eventos de habla y 1as interacciones sociáles. por me-
üc del análisis del habla en interacción pueden documentarse las suüles
[Link]ías que permean 1as relaciones sóciales y las distancias que los en-
L-i:ntros sociales permiten detectar entre los interactuantes, ya sea de
Esiztus de clase, o de posición ventaiosa que alguno ostente en cuanto
[Link] de capital cultural, social, o lingüístico específico que le posibili-
i¿ marcar ante los otros su singular distinción. En algunos de los eventos
[Link]¡icativos y sus respectivas situaciones, que analizo en 1a ú1tima par-
ie de este trabajo, esas sutiles distinciones se hacen patentes. E1 probléma
?s rerelarlo como parte de la dinámica interaccional y no sólo suponerlo
ru{ a priori te6rico.
i:zrca del anáIisis narratiao
ñ continuación desarrollo una revisión en torno al anáüsis de narracio-
[Link]. Será útil para entender los eventos de habla que se analizan en 1a
parte final de este estudio, y comptender ciertas ideas que se formulan
:r el capítulo sobre el pequeño fragmento nar¡ativo que seleccioné con
EL Fl Bl-A: TEORIA Y METODOLOG¡A
t. ::- je señalar algo sobre la envidia en cuanto relación pasional entre
r,:: -r:€tarios de uno de los mercados urbanos en estudio.
-
' :roducción y el registro de relatos e historias tanto cotidianas como
:::;:iicnales, mediáticas y literarias, se convirtió en 1as últimas décadas
-,: :'oco de atención y una de las estrategias más interesantes del aná-
-:.
:.r,. ::dal. Con e1 vocablo nnrratiaa se quiere aSrupar en una noción no
, : ::
=- iipo de operación social que conduce a la producción
de un relato,
r.r.- : : iestacar la clase de análisis que puede explorar la estructura y las
.::r-:::ones sociales de producción de estas historias.
:- ¿studio de narraciones describe un confinuum que va desde su em-
: É: :or la filosofía posestructuralista y posmoderna (Lyotard, 1993;
: :'-
-':1i, 2002) hasta la sociología, la antropología lingüística, 1a psicolo-
:= :: mitiva y las prácticas terapéuticas. Lo atraviesa no sólo un eje epis-
::::., sino también metodológico y empírico. El uso de1 vocablo dado
:':r i¡ucault o Lyotard en el sentido de dispositivos de poder incrusta-
: :-. =: las prácticas y relaciones sociales y como metarrelatos normativos
;'-: :--ndujeron a la modernidad a prescribir sus horizontes, dista en algo
::::tripleo que se le ha dado en las disciplinas citadas, más proclives a
'i-i.: 'iios metodológicos y empíricos. Sin embargo, existe -o es preciso
-: :,;r- una conexión entre esta diversidad de atenciones respecto de la
---:s:ón de 1as narrativas. La idea que a mi juicio puede articular la cues-
:,:i- :s comprender las narrativas no como intermediarias en los proce-
l:É :e representación de la realidad, sino como acciones que construyen,
r::iizan y mantienen la realidad (Cabruja, Iñigtez y Yázquez,2000).
--.: revisión que propongo la organizo en cuatro partes detectables en
r r=--:Jra atenta de este apartado. Primero, trazo sintéticamente el itine-
-:.: lel análisis narrativo, menciono los referentes imprescindibles pro-
:j-::::ies del análisis filológico y semiótico, y destaco la constitución en
:- del fenómeno narrativo, lo cual me conduce a las perspectivas
i-: "-es
:rás me interesan: psicológicas, sociológicas y antropológicas. Segun-
:: re detengo en la caracterización de 1as proPiedades de la narración
;*i:e los enfoques de la psicología cultural y discursiva. Enseguida, hur-
i: ::úe las posibilidades del análisis narrativo desde el punto de vista
-:,-:lingüístico e interaccional, enfatizando el papel de las narracrones
:: ::anto esquemas comunicativos y su integración como secuencias de
:::-r:res de interacción verbal.
lrcio recordando lo señalado por Elinor Ochs: la conversación co-
---=.:e es 1a forma más universal e importante de la narrativa. Las narra-
:'.::.es son una manera de usar el lenguaje -advierte Jerome Bruner-, por
93
IL TTABL"\ ENS¡TUACIóN: CONVERSACIOMSY PASIONES
tanto, constituyen "un medio discursivo para la exploración y resolución
colectiva de problemas, también (...) para instanciar identidades sociab
v personales" (O chs, 2000 :297).
A1 hablar de narrativa, inmediatamente sobreviene la imagen del gÉ
nero literario. Lo primero que suele reconocerse en torno al tema, üenÉ
de los intentos fundacionales del formalismo ¡uso (Todorov, 1991) por
a¡ticular una morfología del cuento (Propp, ftn7l L999), delos modelos
de análisis literario y estructural de los relatos (Barthes et aI.,199\;Barthes,
1993) y de la semiótica del texto de Greimas (1983). El enfoque literario
del análisis narrativo -al cual agrego la hermenéutica crítica de Paul
Ricoeur (1989, 1998), especialmente enfocada a la narración histórica y de
ficción- se inspiró en \a Poética de Aristóteles (1987), en su teoría de los
elementos constitutivos de la tragedia y en su énfasis en el entramado de
la acción (la trama) como el más importante de esos elementos.
Para el Estagidta son seis, por orden de importancia, 1os elementos
constitutivos de toda tragedia.. el argumento; los caracteres,los cuales de-
terminan si los discursos, las acciones o los personajes conllevan algún
ProPósito o inten ción [Link], uerosímil y unit'orme; el pensamiento, alcual
le corresponde revelar lo que implica la acción por medio del tenguaje
cono exposición verbal y/o textualizada del pensamiento y a1 que sólo se
le exige una relación de adecuación, es deciq, de p ertinencia;la músicay el
espectáculo añaden atractivo, pero en el caso de la representación escénica
son imprescindibles, y no sólo como elementos deco¡ativos. La trama se
fija en el argumento, el cüal no puede ser ot¡a cosa que una articulación
de acciones, pues la tragedia no trata de hombres, sino de las acciones
que éstos despliegan y por las cuales conducen sus vidas: "La tragedia es
la imitación de una acción, y, por tanto y básicamente, de personas que
actúan" (Aristóteles, 1987:31).
Otros enfoques provenientes del análisis de 1a conversación (Sacks,
1992), de ia antropología de la exp enenciay elperformance (Bruner,1986b),
de la antropología posmoderna y dialógica (Tylea 1991,; Chfford,1,995), de
la etnografía interpretativa y de las metodologías cualitaüvas (Kohle¡, 1993;
Manning y Cullum-Swan, 1.99 4; Denzin, 7997 ; Lieblich, Tuval-Mashiach
y Zúber,1998); de la psicología cultural y discursiva (Brune¡, 1998; Edwards,
7997) y del análisis del discurso y de la narrativa como estrategia de con-
trol social (Hamef 1980; Ochs, 2000; Mumby, 1997), comenzaron en las
últimas dos décadas (años ochenta y noventa) a valorar el análisis nar¡a-
tivo no sólo como un fenómeno de comunicación, sino, además, como
una estrategia para el análisis social. Desde esta perspectiva general fijo
9:
EL HAELA: TEORÍA YMETODOLOGiA
:- : --:ición respecto de la narrativa y al tipo de análisis sociocultural que
; -=:¿ derivar de esto.
:- :náüsis narrativo opera en dos niveles. Por un lado -como se afir-
: :- lá narrativa es un fenómeno de comunicacióry un modo de usar el
= --.
i:iaje, por tanto, una forma de construcción de hablas y textos, es de-
:,- ie situaciones sociales; por ello merece un tratamiento diferenciado,
-: ::mpo autónomo de reflexión intelectual. Por otro lado, parece repre-
r:l---ir una tendencia particular en cuanto al estudio de 1os fenómenos
':,:Jes (Mumby, 1997 :13).
:J mismo tiempo, 1a narrativa interviene en un doble juego, en cuan-
:: ::ción socialmente simbólica, a saber: sólo adquiere sentido como par-
:: :el contexto social de enunciación y, de manera simultánea, participa
": ,a construcción de ese contexto social en cuanto actividad de significa-
:: r en la que los actores sociales inscriben sus acciones, quienes la gene-
:= como conarradores y/o coaudiencias, comprendiendo y transfor-
:.=¡do su mundo por medio de ella (Mumby, 1997:16). En ese sentido,la
:=rativa interviene en 1a construcción del mundo social, al constituir los
:JJigos culturales y los sistemas simbólicos que articulan y dan sentido a
-: sociedad, la cultura y 1a vida cotidiana. No puede afirmarse, sin embar-
::. que la narrativa posea una fuerza cognitiva, persuasiva y realizativa
--'-le por sí misma produzca el orden en la vida social. Más bien, se trata
:-- una dimensión con la capacidad suficiente para participar en dicho
::oceso/ con mayor o menor grado de protagonismo y pertinencia, se-
¡-ln el fenómeno y campo social en cuestión.
La psicología cultural y discursiva valora las narrativas por su parüci-
:ación activa en la constitución del tejido de la acción y la intencionalidad
[Link]; por su carácter mediador entre el mundo de los valo¡es estable-
idos por la cultura hegemónica y el universo más versátil y flexible de
-:s creencias personales;20 constituyen interesantes instrumentos de ne-
:ociación social; permiten hacer comprensible lo exótico, lo excepcional,
-o extraño y compensa los riesgos que entraña lo siniestro, usándolo en
:aso de que socialmente sea necesario; despliegan una imprescindible
;unción reafirmadora de normas y reglas sociales; se ofrecen como recur-
sos retóricos para construir consensos, orgarrizar Ia experiencia personal
5 En palabras de
Jerome Bruner (1998:63), las narrativas meclian entre "el mundo canónico de
-r cultura y el mundo más idiosincrático de Ias creencias,los deseos y las esperanzas". Pretendo, al
::liroducir mi propia forma de decirlo, hacer énfasis en que esa mediación no se encueitra carente
ie una relación asimétrica, de poder Se trata de mediarentre y contra los marcos narrativos doni-
:ranies u oficiales, articulando procesos narraüvos de resistencia e interpretación pragmática de
iias narrativas preelaboradas que se inculcan al individuo por medio de los ci¡cuitos de socializa-
.ión, institucionalizados o no.
EL IiABLA EN SITÚACIóN: CONV¡RSACIONESY PAS]ONES
y comunitaria, articular identidades individuales y colectivas, invocar
recuerdos o desvirtuar el pasado; consolidan o diferencian comunidades
sociales y, por medio de éstas, hablan el yo y los otros mediante biografías
e historias, etnografías y relatos ordinarios (Bruneg 1998:63; Edwards,
1.997 :263 -29 4; O chs, 2000 :297).
Para ser capaces de desarrollar todo 1o anteriol las narraciones se ca-
racterizan por un conjunto de propiedades que Jerome Bruner (1998:56-
62) ha sinfetizado en cuatro, a saber: 1. secuencialidad, 2. "indiferencia"
fácttca,3. especialización en elaborar vínculos entre lo excepcional y lo
corriente y, 4. su constitución inherentemente dramática.
La secuencialidad tiene que ver con que toda narración es siempte una
secuencia propia de acontecimientos, sucesos, estados mentales, perso-
najes o actores que adquieren su propia especificidad o singularidad no
por sí mismos, sino por el lugar y la relación que ocupen y establezcan en
la configuración total de 1a secuencia: ésta equivale a la trama o al argu-
mento aristotélico. Según Brune4 la comprensión de una narración de-
pende tanto de la captación de la trama y el desciframiento y de cómo
merced a ésta se colocan sus componentes, como del hecho que la trama
depende de la composición secuencial. De lo anterior se colige que tanto
en 1a articulación narrativa como en el análisis narrativo la noción de
construcción -en el sentido de entramado o montaje secuencial que res-
ponde a la lógica argumental del propio relato y no a la correspondencia
de representación entre lo que se cuenta y la realidad observada o escu-
chada- es el núc1eo del éxito, tanto del creador como del lector-oyente-
analista.
La " indiferencia" t'áctica se refiere a que 1os relatos, sean reales o imagi-
narios, nunca disminuyen su podeg, su eficacia persuasiva. Entre el senti-
do y la referencia de un relato se establece, según Bruner, una relación
"anómala":
La indiferencia del relato a la realidad extralingüísiica subraya el hecho de
que posee una estÍuctura interna respecto al discurso mismo. (...), lo que de-
termina su configuración global o trama es la secuencia de sus oraciones, no
la verdad o falsedad de sus oraciones. Es esta peculiar secuencialidad la que
resulta indispensable para el signíficado de un relato y para la forma de orga-
nización mental mediante la cual es captado (Bruner, 1998:56).
Esto se comprende si coincidimos en que muchos relatos poseen una
fuerza ilocucionaria y perlocutiva que muchas veces no guarda relación
alguna con el estatuto ontológico u óntico de lo narrado. sino con facto-
96
EL !L{BLA: TEORIA YMETODOLOCIA
::i .omo Ia autenticidad o la eficacia narrativa de la trama y el modo de
:::.:ar del narrado4 además de la capacidad cle la audienciá para partici-
:.: de la internalización narrativa.
-\hora bien, si admitimos que hay una diversidad bastante amplia de
::-?ios, no puede descor-locerse que resulta problemático que la dirnen-
'- -:r
ontológica ocupe siempre un lugar subordinado. Los relatos crimi-
..lsticos, periodísticos, históricos, etnográficos, clínicos y terapéuticos,
-.:uidas las narraciones cotidianas, exigen verosimilitud -<uando no cier-
,:-.'eracidad- para contar con algún giado de eficacia social, lo cual tal
:: no se le exija en igual magnitud a los relatos de ficción o a los cuen-
: r : :antásticos (quizá J.R.R. Tolkien, el filólogo y narrador de "cuentos de
. :ias" no estaría de acuerdo). Sin embargo, hay que reconocer que los
:--*ugios narrativos pueden distorsionar esa dimensión sin que nos
:::.atemos del socavamiento de la verdad, es deci4, de 1a erosión de1
: :::elato referencial. Ello confirma la fuerza inmanente a la construcción
i
..::ratlva.
.a iercera propiedad de las narraciones tiene que ver con su especiali-
l
-:ón en elaborar z¡ínculos entre 1o excepcional y lo corriente, entre lo
:,.-rico y lo común, entre lo raro y lo establecido, entre lo extraordinario y
. : -.rdinario. Por ello, es frecuente que cuando ocurre un acontecimiento
,:=ra de 1o común (un descubrimiento cientrfico, un viejo hecho que hay
::: r'o1ver a activar en la memoria, una casualidad cotidiana que se apar-
= ie la rutina esperada o el remedio para restituir la virginidad), se récu-
::a a un relato que casi siempre adopta la forma de comunicar el suceso
--=iendo un repaso rearticulado de 1a cuestión, desde el ángulo narrati-
: del narrador
Según esta propiedad, las narraciones constituyen el dispositivo al cual
::.u¡ren con mayor asiduidad las culturas para renegociar sus significa-
: ¡s. inculcar nuevos valores o socavar tramas argumentales que resultan
:.sadas de moda o molestas en ciertas coyunturas. Lo llevan a cabo me-
:r:nte múltiples recursos: por medio de la ironía y el sarcasmo como pro-
:::os ridiculizadores, la ceremonialidad, la reiteración y el énfasis, o la
:-:nvención de nuevos modos de contar la historia.
Esto, es deci{, los modos de conta4 reactualizar u omitir partes de las
:.arrativas o narraciones completas, va ligado con la cuarta propiedad, la
:¿:, dramatismo. Cualquier narración siempre conlleva una lectura moral,
i:a intencionalidad para la acción (aun cuando el fin sea 1a pasividad).
-: narrativa contiene un elemento performativo merced a su consütu-
:,in dramática.
EL ÍIABLA EN SITUACIóN: CONVERSACIONES Y PASIONES
La visión sociológica y sociolingüística del análisis narrativo es desa-
rrollada por Martin Cortazzi (1999) en "Sociological and Sociolinguistic
Models of Narrative". Según este autot existen cuat¡o acercamientos desde
esta visión al estudio de 1as narrativas. Estos ;lcercamientos se han desa-
rrollado desde los años sesenta. E1 primero es el desarrollado por el aná-
Iisis de la conversación, al cual le interesa revelar los patrones de in-
teracción que articulan las narrativas coüdianas recogidas en contextos
interaccionales naturales. El segundo es el propuesto por el sociólogo
Erving Goffman; se le conoce como el modelo dramatúrgico de interacción
cara-a-cara y lo desarrolla en el t exto Frame Analysls (1981). Los Jrames son
realidades socialmente definidas y principios de organización que go-
biernan los eventos sociales y sus temas. El tercer acercamiento es el de-
sarrollado por e1 sociolingüista Wilüam Labov, quien estudió los modelos
narrativos y su estructura interna en contextos sociolingüísticos, es deci'
en escenarios donde se comparten perspectivas culturales tanto cercanas
como diferentes. Por último, se encuentra e1 acercamiento de N. Wolfson
y L. Polanyi, el cual hace hincapié en cómo la narrativa se vincula con la
culturay elperformance, es decir,la actuación social cotidiana o institucional.
En los análisis destaco expresiones u oraciones narraüvas (clauses narratiae)
que remiten a formas de relatar que pueden ser características de las rela-
ciones societales y culturales entre 1os miembros de una institución como
1o es el mercado.
Desde el punto de vista del análisis del discurso, de adscripción socio-
lingiÍstica e interpretativa, tanto la narración como la argumentación (cf.
inJra) son esquemas comunicatiaos que se encuentran mediando entre pa-
trones de inte¡acción verbal y eventos conversacionales rnás amplios:
pueden estar contenidos en un patrón de interacción verbal, como en un
nivel superior Tá1es esquemas comunicaüvos resuelven tareas sociales y
conversacionales específicas, como parte de, o transgrediendo, patrones
de interacción verbal, y merecen un tratamiento analítico diferenciado,
pues tanto las narraciones como las argumentaciones se pliegan a princi-
pios de organización propios que exceden la función específica de una
acción de habla (Hamel, 1980:72-73). A continuación, exPonSo cómo se
ha katado este asunto en alguna literatura y [Link] esbozo ele-
mentos básicos del análisis narrativo que emplearé en la última parte de
este estudio.
En los casos que seleccioné para ser analizados,la narración desempe-
ña un papel importante en el interior del PIV, por ello se sugiere su análi-
sis como nivel diferenciado, siguiendo e1 principio de relevancia o
predorrLinancia (saliency), ya comentado. Podría describirse dicho papel a
:lS
EL HABLA: TEORiA YMETODOLOGÍA
:,¡iir de 1as fo¡mas básicas de la comunicación verbal que Uta
euasthoff
ii3, en Hamef 1980:85) describe, a saber: las funcionés comunicativa e
¡:::ractiva. La primera es un medio de representación de contenidos y
:crrdece a regulaciones semánticas; la seguñda, es un medio para establé-
sociales a partir de 1a identidad entre e1 hablante y el oyen-
r=::elaciones
-¡
- ¡elaciona con el nivel pragmático.
l,as funciones Sociales de la narración pueden comprenderse como
':es.::ipción de un estado de cosas" (Kallmiyer/Schü¡z;1977 enHamel,
,
I lt!l-r2), como apoyo de un argumento, una justificación, una acusación,
t.
.n:tumentar una aserción o persuadir a un interlocuto¡ o a un auditorio
5:,;:rel, 1980:85); agregaria, además, que todo lo anterior puede formar ll
¡-':::¿ de la simple situación social de participar en un suceso con-
1;
¡ ¿-acional cotidiano,
como los que escuché a diario durante los dos años
-::bajo de campo en el mercaáo. Las narraciones constituyen accrones
¡;r:-tiscursivas en sí mismas. En otras palab¡as, formas de realizar el 11
¡=:¡o ordinario del cual se nutre la vidá cotidiana, los quehaceres dia- lr
ir:s. los cuales muchas veces se consumen contando histórias, articulan-
1!
it.- :tlatos efímeros, recuerdos, pasajes, sucedidos que coadyuvan a orde-
ti
:.:: b vida y emitfu referentes morales, posiciones personales y pautas de
c:5n, procederes y congruencias, desvaríos e inconsistencias, memo- {;
:'; olvidos.
la composición y objetivo de las narraciones ordinarias son dive¡sas.
\: ¿riste una clasificación operacional que dé cuenta de la compleja di-
t,=-:sldad de los tipos de relatos que se arüculan en la vida cotidiana. En la
i!="tura destacan aquellos modelos que se han ocupado de analizar na- i
de ficción e históricas, experienciales y (auto)biográficas, así como
=¡=-as
¡¡ ": reación de mundos hipotéticos y narraciones cienlficas.
I tipo de relatos que aquí se trae a colación puede identificarse como
E[:'r cercano a narraciones que no se encuentran orientadas a una finali-
.d- Se afirma esto en el entendido que fueron producto de conversacio-
..¡
:n:s rrupales espontáneas para"matar" e1üempo en medio de las tareas
sc;dianas de la vida del mercado. Sólo en el caso del registro grabado de la
¡z-.a--iica de larestitución de1 himen o la "nuca del pavo", se puede consi-
i¡:-r un relato solicitado, el cual sucedió a un registro poiescrito en el
aerio de campo.
\-. Stein y C.G. Glenn (1979, en Ochs,2000:286-287), en su texto ,An
a:;-.eis of story comprehension in elementary school children,,, trabaja-
::r-- historias que persiguen a1gún objetivo desde el enfoque de una sin-
anrs del relato a partir del reconocimiento de constituyentes internos que
le f,cuent¡an contenidos en constituyentes gramaticales, cuya recons-
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
trucción permite revelar la estructura del relato' Proponen como princi-
pales constituyentes: 1, 2 y 3) un marco, un suceso inicial o una respuesta
internu, 4¡ uná tentativa atierta y 5) una consecuencia; en oÍo texto, Stein
y M. Policastro (1984), agregan un sexto constituyente, a saber: una reac-
ción que puede darse a lá respuesta (3), a la tentativa (4) o [Link] consecuen-
cia (5i. Por su parte, Jean H. Mandler y Nancy S. Johnson (1977, en Ochs,
2000:287), en su texto "Rémembrance of things parsed: story structure
and recall", publicado en Cognitiae Psychology, se ocuParon de la estruc-
tura de los relatos sin objetivo manifiesto, y propusieron: 1) un marco
-referido al contexto físico, social y temporal de la conducta de los prota-
gonistas-, 2) un inicio, 3) una reacción simple -respuesta emocional o
ácción no planeada- y 4) un final. Estos constituyentes -con excepción
del marco- conforman un episodio de un relato y parecen mantenel un
o¡den invariable de una narración a otra.
Otro modelo úiil para mi pesquisa lo encuentro en e1 trabajo de1 lin-
güista William L abov (1972), Language in the Inner City: Studies in the Black
English Vernacular, sobre las narrativas de experiencias personales, cuya
primera versión apareció en un trabajo escrito cinco años antes con Joshua
Waletzky (1967), "Narrative Anaiysis: Orai Versions of Personal Experi-
ence". Este modelo se inscribe dentro de un enfoque sociolingüísüco. El
propósito del estudio de Labov y Waletzlg era identificar variaciones es-
trucfurales entre 1os modos de contar historias sobre experiencias Perso-
nales límites (por ejemplo, situaciones en las que se ponía en riesgo Ia
vida) entre individuos de clases sociales diferentes. Reunieron 600 histo-
rias personales, pero no encontraton variaciones significativas.
En cambio, 1a investigación Permiüó inferit a Partir de una nutrida
información, un cierto patrón de estructuración de las narrativas cotidia-
nas. Este patrón puede deducirse partiendo de la distinción entre la his-
ioria (orden real de los sucesos) y el argumento (orden de los sucesos tal
como los relata la historia).21 Al tener esto en cuenta, queda una estructu-
ra general de relatos de experiencias personales cotidianas, como siSue:
1) un resumen (al estilo de1 lead periodístico), seguido de 2) una orienta-
cióry la cual conduce a 3) un nudo o complejización de la acción y, a
continuación, 4) una evaluación, seguida de 5) una solución, resultado o
resolución y, 6) una coda o repetición final. La orientación ofrece infor-
mación sobre personajes, 1ugar, tiempo y situación. El nudo o complica-
u Siguiendo esta distinción, en "La 'nuca del
Pavo' o'PreParar virguito' . " distinSo entre la
secuencia u oiden narrativo del narrador y la del analista. Equivalen al algumento y la histoda,
respectivamente, de Labov y Waletzky. Más adelante me extiendo sobre esto.
1m
EL H,ABIA: TEORIA Y METODOLOCIA
aón de la acción representa la parte crucial del relato, 1a cual no es siem-
ire fácil de discernir. La evaluación puede coincidir con la solución o
:er:ltado, o darse ambas por separado. La coda o repetición final son
¡oqro oraciones de cierre, en las cuales parece que el narrador vuelve a1
:nicio, como en una operación de circularidad narrativa (Labov, 1972;
Fenkema, 1999:1,55-157 y Ochs, 2000:286).
L-na estrategia fecunda de análisis [Link] debería privilegiar de
*anera fundamental 1as narraciones como unidades diferenciadas del
ibcurso conversacional. Como esquemas de comunicación dentro de
sr-¿ntos sociodiscursivos e interaccionales conünentes, pero pedectamente
para su análisis. En especial se concentrará en el análisis temá-
=parables
¡co o de tópicos (Jovchelovitch y Baue4 2000:70) y sus nexos con la es-
[Link] del relato y 6us recursos discursivos interaccionales (narrador y
:onarradores, en e1 caso de 1a conversación grupal) como constituyentes
ie la interacción verbal.
íi,re eI análisis de la argumentación
Desde los escritos precursores de Aristóteles (1998,1'975),Ia retóica fue
ieti¡rida como "la facultad de considerar en cada caso lo que puede ser
¡cnvincente" (Aristóteles, 1998:52). Lóg¡ca y dialéctica fueron concebi-
i¿s como distintas de aquéIla. La prime¡a se limitó al examen de propo-
{ciones demostrativas, es decir, recurrir a las demostraciones de proposi-
,iones apodícticas -comprendiendo por esto tanto el sentido tradicional
.fu dmtostración, como e1 introducido por Kant, que a$egó el de necesa-
-,c-; e1 1ógico construye para sí e1 lenguaje arüficial con que operará eI
i:-tema sin que entre ese lenguaje y una situación natural se exija alguna
,i,ase de nexo; al lógico no 1e interesan las condiciones naturales de enun-
iación de un sistema de signos, sólo le interesa que entre esos signos se
*:iablezca una coherencia suficiente que posibiüte 1a operaüvidad 1ógica.
En la lógica moderna, el 1ógico articula las ptopias reglas de transforma-
dón con que opera e1 sistema y elige aquellos suPuestos axiomáticos (no
demostrables) que garanücen 1a ausencia de ambigüedades en el sistema.
La dialéctica, por su parte, es el arte de razonar sobre algún problema
¡eneralmente admitido y que se proponga en común; es dialéctico, por-
Jue trata de razonamientos que se dirimen en una disputa o contuoversia,
::-, un razonami ento erístico (Aristóteles,1975:323); es decir, un arte siste-
nático -que no alcanza, según Aristótele s en los Tópicos,las alturas atri-
[Link] a la certeza científica- sobre la probabilidad y la opinión en cuan-
i ElÉJ
rL LTABLA !N SITUACIóN: CONVERSACIONES Y ?ASIONES
canon
to grados de acercamiento a la verdad (de la ciencia)'-Siguiendo el
deiEstaglrita -1ógica (demostrar, probar), dialéctica. (disputu4 y l"t::t:u
(persuaáir, conve-ncer)-, tanto la retórica como 1a dialéctica no son cren-
üur, p.l", no se refieren a algo determinado (un objeto)^"sino que
son
En pocas
mera's facultades puru pro.,rñt tazones" (Aristóteles, 1998:55) '
palabras, no s" o*patt del objeto, sino de sus objetivaciones'
' A contracorriente de la opinión aristotélica, tanto la lógica' la retórica'
y niveles
como 1a erística, son taleas consustanciales al trabajo científico
á" dá sus hallazgos, pues si la ciencia asume la forma de una
"*pt"tio"
clase de discurso, entonces seríáimprocedente dejar fuera de 1a ciencia
el
[Link] uquelios disposiüvos y iormaciones discursivas que hace tan
pec,,liares sui .r,odos dó expresión. En la actualidad son concebidas como
partes del campo de la téoría de 1a argumentación [Link] en el
;etacampo de ios estudios de1 discurso y/o de las ciencias del lenguaje,
amén de ius puntos de contacto históricos con 1a filosofía'
Coincido ion Reygadas y H atdar (2007:107) en que la argumentación
puede comprenderiJcomo una macrooperación discursiva, un fenóme-
no universá1y un proceso sociocultural fundamental. De un modo espe-
dfico, me ocupo de emplear la retórica como herramienta analíüca, vista
desde el ángulo de algunas tendencias dent¡o de la teoría de la argumen-
tación. Eludo un recorrido por la constitución de1 campo de la teoría de la
argrrmentación.2z Só1o traio de fincar qué movimientos teóricos son más
útiles dentro del campo para desplegar el análisis del evento comunicati-
Yo que analizo en la última parte de este trabajo.
Pese a lo anterio¡, conviene hacer algunas precisiones sobre las ten-
dencias recientes en teoría de la argumentación, más con un afán de po-
ner algunas cuestiones en perspecüva y delimitar ciertos nexos con la
antropología, que de pretendet una sistematización crítica' La mayoría
de los textos consultados (manuales,libros y artículos especializados), coin-
ciden en que el análisis de la argumentación dio un giro hacia el lenguaje
ordinario, es decit hacia el análisis de la argumentación en la lengua co-
tidiana a partir de Stephen E. Toulmin con su texto de 1958, The Uses of
Argument, y con el de Chaim Perelman y L. Oibrechts-Tyteca, Traité de
l'argumentation. La Nouuelle Rhétorique, cuya primera versión se pubtcó
ese rnismo año. Ambos esfuerzos se enmarcan en 1a revaluación de una
racionalidad informal dependiente de los contextos naturales en que se
z Cf. el artículo de Ped¡o Reygadas R. y Julieta Haidar E., "Hacia una teoría inteS¡ada de la
argumentación", Estudias sabrc las culturas contempo/áneas, éPocaII, vol. VII, núm. 13, junio de 2001,
pp, 107-139. 'Iambién el trabajo de Christian Plannn, La argumentaeión,2002.
t02
EL tlA¡LA: TEORI^ Y METODOLOGIA
F. :::Cuce el discurso. Amén de ello, pueden leerse como parte de las ten-
z :::lcias intelectuales que a partir dó la segunda mitad del siglo XX gira-
L. --::: hacia el estudio del lenguaje ordinario como dimensión ontológica y
r- :=:¡ladora de los mundos de vida en las sociedades de posguerra. Tal
LS ::¡ se verificó con la filosofía del lenguaje ordinario y se afianzó con la
:,.:ansión de las ciencias del lenguaje y las diversas posiciones del análi-
.- ,jel discurso -incluido el auge de la semiótica- en los años sesenta y
,a .=:¿nta. Notorio fue en la antropología el relanzamiento de 1a antropolo-
la :-: Ilngüística, el reposicionamiento de la antropología simbóüca23 y la
-:.ergencia de la etnografía del habla y la comunicación, esta última ha-
m :: tines de los sesenta.
to Toulr¡in introdujo la tendencia hacia los estudios funcionales y contex-
el ::dzadores de la argumentación. La cuestión se desplazó de la preocu-
::dón por el análisis de la forma 1ógica de la inferencia argumentativa,
-:,iependiente de su contenido, hacia cómo la argumentación se estruc-
ln ::¡a en función d e un campo de argumentación (Habermas, 1989:62); es decir,
.e- :,'mo 1as distintas formas de argumentación se guían por las funciones y
'e- :-:jetivos de las empresas racionales que las ponen en escena, arnén de la
:.:gacidad argumental del orador o argumentador. Incluso, e1clásico tema
'n- :e las pretensiones de validez de 1os argumentos se decidió en favor de
rla -: robusta influencia del contexto en el tipo de pretensiones de validez y
LAS :e las decisiones consensuadas producidas por un grupo o comunidad
rti- :.rlturalmente situada. Esto implicó un giro hacia "una actitud estricta-
::,ente empírica", distinta de los usos frecuentes a que se habían acos-
:n- :,rmbrado los lógicos formales convencionales (Klein, 1980, en Habermas,
)o- :989; Renkema, 1999 y van Eemeren, Grootendorst, Jackson yJacobs,2000).
1^
isia atención al contexto y a 1as funciones de los procesos argumentales
,ría acercó y puso en contacto a los analistas de la argumentación con la an-
'in- la sociología del lenguaje y la psicología social.
=opología,
aie
co- 1'Entre los enfoques de la anhopología simbólica se disiingue el retó co o exPresivo, el cuai
sof ..ncibe elsímbolo (p¡ocesos simbólicos)como un troPo expresivo. Considera el coniexio simbólico
ide .-.mo texto y a la acción simbólica como drama- Privilegia en el análisis culiural los recu¡sos del
licó r¡álisis metafórico y conside¡a la metonimia no sólo como figura exPresiva y asPecto constitlltivo
:e1símbolo y sus procesos, sino como estrategia interpretativa. Enfaiiza que la dimensión retóri-
lna :: puede constituirse en un fin en sí misrna, como parte de ePisodios litera¡ios, Procesos rituales
tse r dramas sociales. Kenneth Burke, Victor Turner, Dan Sperber, James Fernández, Renato Rosaldo y
¡.ijcheile Zimbalist Rosaldo son los practicantes más reconocidos dentro de esie enfoque En el
:3mpo contiguo de la sociología destaca Eruing Coffman. El análisis metafórico del caPítulo "El
le la :Lcurso de las pasiones o las pasiones deldiscurso" seinsPira e¡ estas Posiciones, aunque no alcan-
2001, :: un alto grado de refinamiento. Este enfoque tal vez constituya un Punto de contacto fértil Para
..timular el análisis retórico que desarrollo en Ia última Parte del t¡abajo (cf Reynoso, 1987:39-54).
EL HABLA EN SITUACIóN: CONVERSACIONES Y PAS1ONES
Ahora biery el énfasis del modelo de Toulmin se Puso en el discurso
erísüco (dialéctica): en la disputa argumental. Determinados datos o bases
(aserciones) producen una aserción o calificatiuo (pretensión), la cual debe
iustit'icarse (por medio de otra aserción); dicha justificación se respalda o se
soporta con una aserción o argumento causal o explicativo Este proceso de
construir argumentos que cumplen funciones diferenciadas en un Pro-
ceso estructurado es lo que deno mirtamos proceso argumentatiao. Con esto
estarían dadas las condiciones estructurales ideales para entablar un
contrapunteo, una disputa argumental. La evaluación del proceso argu-
mentativo, su consistencia y despliegue, dependería de las condiciones
del campo de argumentación. Habermas identifica esta noción con ámbi-
tos de actividad social como la medicina la dirección de empresas, la polí-
üca -agregaría la acüvidad pedagó$ca, las actividades de organización
social, las discusiones científicas, etcétera-; en fin, campos sociales delimi-
tados que producen tipos de discursos específicos y diferenciados según
sus dases de actividades y situaciones sociocultu¡ales de funcionamiento.
Por su parte, la nueva retó¡ica de Perelman y Olbrechts-Tyteca rein-
corporó 1a relevancia de 1a audiencia o el auditorio y la interacción con el
orador, así como el desarrollo de un inventario de técnicas argumentativas
(cuasilógicas: iny'compatibilidad, ridiculización, metonimia, símil, recipro-
cidad, transiüvidad, argumentación por sacrificio; los argumentos basa-
dos en la estructura de lo real: causales, pragmáticos, fin y medios, argu-
mento del despilfarro, de 1a dirección, de autoridad; 1os argumentos que
ftmdamentan por enlaces la estructura de lo real: argumentación "por ejem-
plo", Ios modelos y la argumentación por modelos, así como la argumen-
tación por analogía), enfatizando sus aspectos persuasivos y efectivos, así
como los papeles de1 orador y el auditorio como agentes sociales en con-
tuoversia y tensión ritual.
Más recientemente, se aprecia una tendencia a 1a dialectización y al
estudio de las falacias argumentales en el análisis de la argumentación.
Ta.l tendencia está representada en especial por 1a teoría pragmadialéctica
de Frans H. van Eemeren et al. (1996 y 2000),la cual comprende por argu-
mentación "una actividad verbal o escrita consistente en una serie de decla-
raciones que apuntan a iustificar o refutar una determinada opinión y/o a
persuadir una audiencia" (Van Eemeren et al., 1,987, en Liakopoulos.,
2000:153). La teoría pragmadialéctica parte del supuesto que 1a argumen-
tación resuelve diferencias de opinión, en 1as que el argumento se con-
\ierte en una clase de interacción social y eI modelo argumentativo en
arquetipo de procedimientos de discusión. Toda organización argumental
depende de la existencia de papeles opuestos y de la comprensión por
i al!
ELH^BL-A, TEoRíA y METoDoLocíA
rso del argumentador de los puntos que deben ser resueltos y los re-
ts¿s
--:i,-r que deben emplearse para superar la oposición. La argumenta-
:be por esta teoía, además, como un dispositivo discursivo
-: : :. es concebida
rse :=,-: regular el propio discurso (van Eemeren, Grootendorst, Jackson y
'::-^¡s,2000:318
de y 319). Pero la clave de mi atención en esta tendencia es
ro- :::-sistencia de van Eeemeren y sus colaboradores en que la organi-
sto ::-:ón social de la argumentación debe expresarse en términos inte-
un
Considero que lo primero es definir el género de discurso retórico
1es :_-: se muestra en el evento que se analiza. El género de discurso me
rbi- :::nitirá hablar del tipo de versión de análisis argumental que convie-
olí- := reconstruir, así como del esquema de análisis a poner en práctica.
ión Retorno nuevamente a Aristóteles (1998:63-64), quien clasificó los gé-
-::os de discursos retóricos en delíberatiuo, t'orense y de exhibición. El pri-
;un :.:ro se estructura en torno a la exhortación y la disuasión; se refiere al
rto. ::npo futuro, pues se exhorta o se disuade en torno a algo que va a
)ln- :::eder El segundo se emplea para proyectar una acusación o una de-
nel :=:sa y se refiere al pasado, pues siempre se acusa o se defiende respecto
vas :: algo que ya aconteció. El tercero se expresa como alabanza o reproba-
rro- :--i:r v se refiere al tiempo presente, pues quien alaba o reprueba siempre :l
lSa- .,- :race en torno a algo que está aconteciendo, aunque se remita al pasa-
gu- :: en la ejecución del discurso. En todo tipo de discurso, y especialmente
111e
.:: retóricos, se implican tres factores: quién habla, de qué habla y para
:rién. El oyente, la audiencia, el participante, es quien determina el obje-
ren- --'.'o del discurso. Todo discurso retórico se compone de unidades básicas
::e son los argumentos'. estos son lecursos para persuadir (el alma de 1a
.:Eumentación en cuanto persuasión), no son necesariamente demostra-
:¡nes científicas, sino que ilustran sobre 1o probable, buscando encami-
yal :a¡ la decisión o inclinación del oyente. Junto a los argumentos cooperan
ión. :=as unidades como los entimemds que constituyen el "cuerpo de Ia per-
rtica -.:asión", no son precisamente el tema de la cuestión expresada, sino afec-
:gu- :cnes que acompañan la acción retórico-discursiva: la predisposición, la
:cla- ::a, Ia compasión, la vehemencia, la ecuanimidad; dispositivos pasionales
'/o a :rpresados en figuras retóricas que se funden con los paralenguajes que
r1os, -:s revisten de fuerza performativa (Aristóteles, 1,998:46).
len- El discurso retórico que registré, transcribí y analizo parece ser carac-
:on- ,:ístico del tercer tipo. El discurso de "exhibición" es conocido en elléxi-
)en :J técnico de la teoría de la argumentación como el género epidíctico. En
:ntal éste es característica la figura del orador solitario. Versa fundamentalmen-
Por :e sobre el elogio y la censura. Constituye un componente esencial del
105
EL TiABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONESY PASIONES
arte de la persuasión. Se encuentra orientado a fortalecer una disPosición
a la acción y a la adhesión a un valor o conjunto de ellos:
---laargumentación del discurso epidíctico se Propone acrecenta¡ la intensi-
dad de la adhesión a ciertos valores, de los que quizás no se duda cuando se
los analiza aisladamente, pero que podrían no prevalecer sobre otros valores
que entrarían en conflicto con ellos, E1 orador procura crear una comunión
en torno a ciertos valores reconocidos por el auditorio, sirviéndose de los
medios de que dispone la retórica para amplificar y valorar (Perelman y
Olbrechts-Tyteca, 1994:99).
En sus Escrlfos s obre retórica, Nietzsche (2000:150-154) asocia el género
epidíctico con una veriedad de objetos: dioses, héroes, hombres, anima-
ieg plantas, montañas, países, ciudades , ríos, clases de prot'esión flas cursi-
ras son míasl, artes, virtudes, periodos y también muchas cosas que en e1
iondo no son elogiosas. A esta categoría de discurso pertenecen los e1o-
gios, los discursos de gratitud, los t'estiaos flas cursivas son mías], 1os de
inyitación, Ias alocuciones de saludo, discursos inaugurales y de despedi-
da, discursos de cumpleaños, oraciones fúnebres, discursos nupciales, de
condolencia y exhortaciones. El género epidíctico también es conocido co-
mo discurso laudatorio y fue muy frecuente en la oratoria grecolatina de
donde extrajo su historia y sus principales características estructurales.
Con esa caracterización e identificación discursiva como referente, el
análisis se conducirá por medio de la descripción de las condiciones
interaccionales del caso; la identificación de Ia questio (como aquello que
está en duda o discusión o sobre lo que versa el esfuerzo retórico-persua,
sivo); la exploración y descripción de la lógica argumental a partir de las
tareas que propone Wolfgang Klein (1978 en Hame1, 7980:78), a saber: a)
la iustít'icación de las aserciones, b) \a coherenci¿ de 1a relación entre las
aserciones y c) 1a coordinación enlre el despliegue de las aserciones; la rela-
ción con las características pragmáücas que despliega la argumentación,
enfaüzando las acciones verbales y 1os dispositivos entimemáticos que se
Ponen en juego, teniendo en cuenta las condiciones del contexto
extraverba! por último -y en relación con lo anterior-, hacer alusión a la
situación culfuralmente específica en que este caso se desenvuelve, ha-
ciendo énfasis en el tipo de escena social en que acontece y en la típica
interación entre orador y/o maestro de ceremonia y auditorio en la clase
de acto público en que transcurre. Por ello, apoyo el análisis en varias
alusiones de1 tratamiento de1 discurso epidíctico oue desarrollaron
Ferelman y Olbrechts-Tyteca.
itE
I
ELHABLA: TEORIA Y METODOLOCIA
:- ::¡bls en Tabasco: "así e'tá pue'j"
-: experiencia discursiva que aquí se registra estaría incompleta sin reali-
::: una revisión breve de algunos estudios significativos sobre el habla
::. Tabasco.a De alguna manera, la reconstrucción de algunos rasgos fo-
. .=icos y lexicográficos característicos de la geolingüística tabasqueña, en
.;:ecífico de sus manifestaciones populares y peculiarmente provincia-
. :,r. puede contribuir a configurar el contexto para cornprender el habla
.: su situación cultural.
Entre los años treinta y cuarenta del siglo XX, Tabasco vivió uno de sus
::J-s en sus esfuerzos de exploración y autodefinición intelectual, quizá
.-:rás intenso de todos. En esos años vieron la luz una media docena de
estudios sobre el habla en esta zona del país v un ensavo aún
:¿i--rnante que esbozaba -todavía pleno de positivismo y deudor de vie-
:! iesis ilustradas y del sentido dramático de Ia vida occidental propia de
: :-losofía ibérica aue impactó a la intelectualidad mexicana de esas dé-
:=ias- algunos rasgos sociológicos de lo que el autor denominó la "psico-
., ía del pantano", característica del gran dilema simbólico a que se en-
::ntaba la tabasqueñidad: la tensión entre eI mito y e\ progreso. Añe1a
:::mula iluminista, pero que entonces contaba con prestigio argumental
:etórico. Me refiero al Ensayo sociológico de Tabasco, de Manuel R. Mora,
::rblicado por primera vez en 1.947. Los argumentos de dicho ensayo es-
=ban orientados a reconstruir la psicología colectiva del tabasqueño por
-:.:dio de un análisis "desapasionado" de dos componentes simbólicos:
:- oaisaje y las consecuencias po1íticas del periodo garridista y neoga-
=dista; según el autor, encrucijada nodal para entender los usos del pa-
.=Co y la prospectiva del "alma" tabasqueña ante el porvenir Algunas
::eas, más de contexto histórico-político-cultural que aquellas que el au-
::: establece como sus "lineamientos generales", me ayudaron a com-
::¿nder muchas acciones de los hornbres y mujeres que son protagonis-
-s de las condiciones culturales que he tratado de describir y analizar,
:'Al menos los consultados para este trabajo han sido por orden de relevancia: Rodney
:--[Link]í, El habla de Tabasco. Estudia li gíiís¿ico, 19B6; de Rosario María Gutiérrez Eskildsen, P/o-
.: ::: y
fonética tabasqueñas,1978, Substnta y superestrato deL españoL en Tabasco ,1944, Crtno hablsnos en
-::::ca y otros trsbijos (i^cluye Prcsodia y
Jonética tabasqueña\, 1981; de Francisco J. Santamaría, ¡l
:' , tcíalismo tabasqueña, 1921. ('1981), D iccionario de mejicanismas , L959 (1983) , D otníngos acadénicos,
::i, (1980); de Francisco J. Santamaría y Rafael Domínguez, ¿nsayos críticos del bnguaje,1940 (1980);
:: ficardo Alonso Sarabia ("El Ma¡qués de Villahermosa") lo 4le oÍen Tráds.o (sin referencia ediio-
_:,r, 1942. Todos consultados en el Fondo 'Iábasco de la Biblioteca Central del Estado "José Ma¡ía
l::c Suárez", a cuya atención de sus bibliotecarios, personai técnico y de dirección les agradezco
:: aacilidades dadas al auto¡ entre 1997 v 1998.
f L u,ABt A F\ S|TL^CtÓN CONVLRSACION[) ! fA<lO\E5
I
::rio en la parte etnográfica, incluido especialmente 10 rei¿:--::
=- : cl
:íir:lo de las pasiones, como en la de los análisis discursivos. I
Las décadas mencionadas fueron, además,las de la exhibición cr- i:r- \
guardismo poético tabasqueño, de su bohemia, expresado en un refina-
do modernismo taldío, que no por su desfase, dejó de merecer ante otros
movimientos y estilos poéticos nacionales y continentales: anos en que
comenzó a cimentarse el pelliceri anismo. Por pellicerianismo aludo no só7o
a la obra del poeta Carlos Pellicer (1899-1977), sino a una suerte de estilo o
patrón poético (tropos, temas, composiciones, etcétera) que han calado
también en el modo de hacer prosa, y el cual ha marcado la producción
litera¡ia de muchas generaciones posteriores. En algunos, como una reen-
carnación creativa; en otros, como una copia infiel y superficial. Aquí no
es el lugar para desarrollar esta idea, pero no es superflua si se piensa
cuánto de pellicerianismo -que no tiene nada que ver con la obra y el
estilo del poeta, la cual fue vasta, variada y de complejos registros- incon-
cientemente asumido se encuentra en los textos de semblanzas reqlona-
les, historias, periodismo y composiciones üterarias marginales que se
producen en los talleres literarios, diarios y otras instancias expresivas
locales que revisé para este estudio.
En cuanto a los estudios lingüísticos sobre Tabasco, e1 ímpetu de esos
años contribuyó a lo que puede llamarse una escuela o tradición de in-
yestigación Iingüística (sobre todo de fonética, lexicografía y dialectología)
tabasqueña; éste disminuyó de manera progresiva en los cincuenta y prác-
ticamente desapareció en los sesenta y setenta. Só1o hasta 1986 apareció
un texto de un lingüista estadounidense, Rodney Williamson, quien vino
a darle continuidad a dicha tradición, peto ya no desarrollada por ha-
blantes y especialistas "nativos". El texto de Williamson constituye un
contrapunto con 1os resultados dialectológicos del proyecto del Atl(ls lin-
güístico de México, auspiciado por el Centro de Estudios Lingüísticos y
Literarios de El Colegio de México y dirigido por el lingüista Juan M.
Lope Blanch. Estas investigaciones se levantaron en la segunda mitad de
los sesenta y sus resultados salieron a la 1uz en la década siguiente.
El estudio de Williamson se propuso describir las características foné-
ücas, morfológicas y léxicas ael ná¡ta de Tabasco. Intentó responder a
una pregunta de invesügación adelantada por Lope Blanch: si Tábasco
podía considerarse una zona de transición lingüística entre la variedad
costeña o "caribe" del español mexicano, caracteiística del sur de Veracruz
1' el español peninsular de Yucatán, influido por el adstrato maya, o una
zona con características originales que permitiera distinguirla como zona
dialectal independiente.
EL TIABLA: TEORiA Y METODOLOCiA
,a conclusión de Lope Blanch estuvo más cerca de 1a primera hipóte-
: : :unque reconocienáo cierta "personalidad propia" Los resultados de
, ,-:amion matizaron y confirmáron en ciertos aspectos esta afirmación,
énfásis en OIOrgaIlc
:, ---:Cef Un mayof enIaSlS rducr>Lu una condición de auto-
otorgarle a Tábasco
'r
- : ia lineüística -al menos dialectológica y entonacional, apoyándose
: r: -,'; estu"dios de Gutiérrez Eskildsen- mucho más frecuente que la con-
: :,: jn de zona de transición entre los estados meúcanos y los grupos de
: -::-antes del sur-sureste de la república, al menos Veracruz, Campeche y
t
f- \o obstante, para algunos asPectos de las diversas dimensiones del
L- :-.[Link] dialectol3gico, iabasco cumplía con 1os [Link] una zona de
J :::.sición y -urau'bu diferencias entre su porción occidental y oriental'
la relajación vocálica o el cie-
- :: ejemplo, en 1as cuestiones fonológicas,
?i .,'ácáIico al final de palabra, la abertura de vocales y el ensordecimiento
1-
-:::álico, entre otras, constituyeron indicadores fonológicos que' compa-
:::\'amente entre Veracruz y Campeche, hacía parecer a Tábasco como
!e :: ra de transición, de confluencia, áe contacto En la dimensión lexical o
:: r-ocabulario, se pusieron a prueba estadística 40 conceptos léxicos' sie-
::- de los cuales piesentaron Ln los hablantes tabasqueños formas abso-
del estado Dieci
-'-:amente originales, nunca antes documentadas fuera
::r. de esos conceptos (equivalentes a 4O%) se exPresaron €n una forma
colindantes con
ia) -jüca diferente de 1a q.l.e predominaba en las zonas
de1 estado este-porcentaje de
-:rasco (Veracruz y Campeit e;; en el oeste
ió ::cuüarüad léxica crecía á 21 vocablos,lo que representaba 52 5 por ciento'
no :, autor concluía que 1a clasíficación como zona de transiciÓn correspon-
fonética que a la 1éxica No obstante' en un juicio
-:a más a la dimensión y lexical'
un :enera1, teniendo en cuenta 1os niveles fonético, gramatical
-:'oasco cumplía 1as condiciones de una
zona de transición lingüística
sy ::-termedia entre el yucateco-campechana y el veracruzano meridional'
M. :3ro con personalidad propia, siendo compatible con el juicio de Lope
de 3lanch asántado en 197i." Üna prueba contundente era el polimorfismo
-,\'illiamson, 1986:195) que caraiterizaba el español tabasqueño' es decir'
-a presencia en varias zonas del estado de
formas distintas de usar y enun-
)ta :ár conceptos (vocablos) semejantes,lo que era evidencia de confluencia
LSCO
lad
tlfz :'Estosfueroncric¡ar'/d,gurusapo-segúnGutierrezEskrldsen1197846)'sonlarvasdemosquito
una . -. ui""It .f og"u- , chucñtmo y cltibal"-abultamien to Prod ucido Pot ln .lalPe (ibid t42)-' eL nás
"r', ¡rio,p"tnrsc,'nll,ün y brircnltln /o¡n /o¡a C¡ Willram'on(l986:182)
,.].tr¡¡nr¡tol,
";;;';;i;;,.i;;ii.,to
,ona ':Et t""i.o ¿" lu,ona mava en el marco de la dialectoloSía mexicana"'
México' PP 1 63'
:n N ueia Reuísia de F itotoSía HisPánic¡t, ílurl" 20, Bl Colegio de
109
EL HABLA EN SITUACION: CONVERSACIONESy pASIONES
'.'ccexistencia de distintos orígenes migratorios internos, los cuales se
-.;¿ron asentando en Tábasco.27
Quien insistió con mayor énfasis en la'briginalidad auténtica" de gi-
:is v expresiones de Tabasco, fue la lingüista y educadora Rosario María
Gutiérrez Eskildsen. En su texto Cómo hablamos enTabasco (1934) y en uno
: J -<terior EI habla popular y campesina de Tabasco (1941) -el primero de ellos
:ecogido posteriormente en Prosodic y t'onética tabasqueñas (1978)- la auto-
:a ofrece una serie de hipótesis, datos y caracterizaciones del habla popu-
-ar tabasqueña que reseño a continuación.
El acento provinciano tabasqueño guarda cierta semejanza con el de
-os cubanos, andaluces, argentinos y veracruzanos. Difiere en ciertos pro-
:unciamientos de consonantes y vocales con 1os andaluces; no prolon-
san las vocales como los gauchos argentinos, aunque similar a éstos vuel-
'u-en agudos algunos verbos cuando son graves; la exageración del acento
:especto de los cubanos es más discreta entre 1os sectores populares ta-
basqueños y, además, aquél1os suelen generar muchos más modismos. E1
acento provinciano tabasqueño viene a ser un intermedio entre el de los
cuoanos y los velacruzanos.
Los defectos del habla de Tábasco suelen ser prosódicos: a) suprimen
1'z "
s" y la " /' al final de las sílabas, por 1o que se les hace imposible la
oluralización de las palabras, y la segunda persona del singular de los
verbos siempre la dicen igual que la tercera persona de1 singular [Dicen:
:¡senrá con tu mamá/I)eberian decir: pasearás con tú mamál; b) la" s" hnal de
sílabas intermedias la suprimen o la transforman en un sonido especial
semejante a Ia "j" aspirada fasí e(h)'tá pue'j o Taba(h/j)co por Tabasco],
fonéticamente resulta un sonido sordo, fricativo, siendo palatal y laríngeo.
Sugiere la autora que quizás tal peculiar sonido haya quedado del maya;
c) suprimen la"r" y la "n" al final de palabras, Ia de la',r" se vuelve más
evidente en el infinitivo de los verbos; d) muchas palabras sufren apóco-
per de sílabas o letras; e) prevalece una supresión de la preposición "de"
fDicen: compra en pue'to Benitofl)eberían decir: compra en el puesto de Beni-
:ol; f ) en el uso de algunas palabras se comete afé¡esis2e lDicen: ahí tá/
Deberían decir: ahí está1, en el caso de la palabra "usted" se comete afére-
sis y apócope; g) el sonido "j" resulta miügado cuando es intermedio; L)
pronunciamiento acentuado y fuerte de la "j" al inicio de palabras como
'Esta apreciación coincide con lo afirmado sobre el comercio y los me¡cados urbanos expuesto
:n el ensayo histó¡ico que se p¡esenta en la segunda parte.
j Apócope, vieúe del. gtiego apokope," anpvtación", y es un té¡mino técnico que alude a la caída
:e un fonema o de una o más sílabas al final de una palab¡a.
: áfá¡esis, término técnico que indica la supresión de una sflaba o sonido al p¡incipio de palabra.
::0
EL HABLA: TEORiA Y METQDOLOGiA
;"::.,_larra, laripeo, jícara, este sonido se denomina ,'tartajeo,,;
i la"d"
; i)
. de las palabras sueJe suprimirse (Gutiérrez Eskildsen,
l97g:3_g).
-a autora precisa que estos defectos prosódicos sólo se presentan en
:-: :ersonas netamente tabasqueñas, nacidas o criadas en übasco. Ade_
Io ;:.= una hipótesis interesante, a sabeg que tales rasgos de la pronuncta-
fs :::: encuentran explicación en la "ley de1 menor esfuerzo", tendencia
o- =-.--lente en la prolifer-ación de diminutivos y en e1 empequeñecimiento
u- :: r'ocablos de uso cotidiano. Además, en la "influencia de las lenguas
, =:r'as", lo cual verifica en la frecuencia con que los indígenas tabasqueños
le ::pecialmente en Ia zona de la Chontalpa) achican las palabras lcompé
,i
:',: compadre, oí por oyel. Uno de los rasgos más fácilmente detectable es ll
n- -'ota aspirada que suele abundar en el habla popular de Tábasco. Cuan-
:l- :r se imita a un tabasqueño es esta característica la que suele emplearse
:to ::Íto recurso performativo del habla para mostrar que se es de ahí o se
---: estado ahí un tiempo prolongado. Gutiérrez Eskildsen (1978:9-11) atri-
EI :i:ve esta jota aspirada a residuos vigentes y activos de 1a influencia de
:os :¡nidos chontales. Sus escuetas conclusiones en siete puntos dan cuenta
je la anatomía del habla tabasqueña: una prosodia defectuosa plena de
en .¡nidos característicos que ubican el acento provinciano en un tipo inter-
1a nedio entre el veracruzano y el cubano, usando muchos mexicanismos,
los :nayismos y arcaísmos españoles, cuya construcción, pese a todo, es per-
ln: iecta, guardando gran similitud en su prosodia y fonética con 1os gau-
de :hos argentinos y empleando giros y expresiones de una auténtica origi-
ial nalidad.
)o), EI habla tabasqueña, especialmente en los espacios urbanos, ha cam-
eo. biado. Aunque no contamos con datos suficientes, desde los años cuaren-
'
ta hasta nuestros días varios procesos permiten afirmar esto, al menos de
Yai
manera intuitiva. Los medios de comunicación de masas nacieron v pro-
co- liferaron apenas una década después de que la lingüista escribiera io que
l
t^, acabamos de reseña¡, poniendo en contacto variaciones diferentes de habla I
,nt- a lo largo y ancho del país y de otros lugares de América Latina. Las fuer- l
' tes migraciones internas que trajo el auge petrolero, el creciente contacto
tá/
:re- por vía terrestre que enlazó al estado con el centro de la república a partir l
h) de los años cincuenta e internamente en los ochenta, acrecentó la migra-
';
mo ción intraestatal y extraestatal, a otros lugares del país o a1 extranjero.
Muchos extranjeros y mexicanos no tabasqueños viven hoy en Tabasco
resto por motivos laborales o lazos de parentesco. Todo esto ha contribuido de
algún modo a refigurar el habla popular y los diversos registros que se
:aída
emplean en las diferentes actividades ordinarias.
abm-
EL [Link]. tN 5t | | ACtóN: aoi\VLFS\\ |ONE5 \ fAstONtS
^
Esta reseña sobre los estudios del habla en Tabasco comprende el len_
gua;e en su uso social. Para esto, es importante reconocer que el habla
no
cuenta con ningún modelo ideal contra el cual puedan cóntrastarse sus
usos "correctos". Aun cuando pueda ejercerse alguna ,,vigilancia,, lingüís-
uca para contener el supuesto ,,dete¡ioro,, del habla, el desarrollo
dé los
usos sociales populares de 1as lenguas naturales sigue su propia lógica
in_
manente. Lógica que no es antedoral uso natural de la lengua. Lógj.-ca que
es el resultado del contacto multicultural entre las hablas;
q"ue es, en pocas
palabras, heteróglota.
Metodología y brícolage
Enfoque, métodos y datos
Este ejercicio se apega esencialmente a un enfoque construccionista
icergen, 1996; Ayús y Mendoza, 1999) de investigación. En pocas pala_
bras, constituye un metaenfoque epistemoló*gico que enfatizá tres
.éste
cueshones: primero, toda actividad humana se produce por medio de
de construcción cognitiva, afectiva y de ácción coiectrva, nunca
!rgcesgs
ndividual; segundo, Ia búsqueda de la verdad y la objetividad son pro_
oucto de construcciones sociales que no descansan en la política de la
[Link]ón, en cualtto algo que es reflejado por los órganós
de los sen_
noos tal cuat, slno que son siempre articulaciones histórico_culturales y
situacionales que perduran o se vuelven efímeras según las condiciones
sociale: y culturales que las producen; y tercero, el leiguaje es el escena_
[Link] la construcción social y el instrumento de la misma. Me apego a
[Link] por la importancia que concede al lenguaje errla"edi_
flcaclon del mundo social.
El trabajo con interaccciones sociales cotidianas exige una ext¡aordi_
na¡ia flexibilidad a la hora de proceder metodológicaniente. Si a esto se
agrega la tarea de \a " caceúa" a guisa de ubicaciones y registros_ de las
situaciones. comiinicativas y los eventos discursivos, ü lexlblliaad y la
improvisación devienen en en condición ineludible durante el trabaió de
cam-po. Por esto, emplea una variedad de métodos y estilos de iisuip_
crón{ textual reconocidos dentro del campo de 1as mótodolo$as cuaiita_
ür'as. Por tanto, se enfoca a la reconstrucción interpretativa en medio
de
J Me sirvo de la noción
de rrscripcrór desarrollada por Latour y Woolga. (1995),la cual retomó
,
racques Derricla en De la granatolo|ia,1998.
'L1Z
EL FIABLA: TEORIA Y METODOLOCIA
:: ----:rstancias naturales de actuación y enunciación.
Los materiales
, : :: Jscursivos registrados y 1as atmósferas microinteraccionales y cul-
---.-:s captadas, atestiguan los significados que los actores socialej asig-
-.:--. ',- emplean en la realización de
sus tareas comunicativas cotidianaj.
-:- -: metodología cualitativa se asocia una serie de métodos (Denzin v
----::.n,1,994; Silverman, 1995; Ruiz e Isptzua,1989) como son: estudioi
: = -=:o, experiencias personales, introspección, biografías personales o
'-.:::ias de vida, entrevista a profundidad (grupales o individuales), ob-
'.,- ::ión participante (en sus diversos grados de comprometimiento
::j:jpativo), métodos históricos (historia oral, por ejemplo), interaccio-
-::-. r'aquellos asociados a la realización y lectura de textos visuales -que
:. ¡:::os llaman "técnicas no reacüvas de investigación"- empleadas por
tr
-.iropología visual o el sociovideo (Schwartz y Jacobs,1995), así como
,. :.nálisis narrativos (Rosaldo, 1991; Kohler, 1993; Lieblich, Tuval-
"-.iriach I Z1lbe91998; Ochs, 2000) y de contenido (Bardin, 1986).
le este inventario de métodos, aquí se han puesto en práctica con
:,r::cial relevancia la obse¡vación participante, las entrevistas a profun-
:-::d, grupales y de conversación (Werner y Schoepfle,1987) y e1 regis-
:: ie eventos y situaciones de significativo contenido interaccional. Esto,
embargo, no ha impedido que en e1 transcurso del propio trabajo se
'---
: - rplementen segmentos de introspección y fragmentos de biografías
:::sonales de algunos comelciantes con un trabajo fotográfico y con el
::,-ceso interpretativo de documentos (recortes periodísticos) y archivos,
:.:: como la lectura de censos y reglamentos administraüvos.
En la mayoría de las ocasiones, lo que eI argot lécnico denomina entre-
-".-.:¡ grupal, no ha sido otra cosa que largas o breves conversaciones, don-
:-. la naturaleza semiestandarizada de la entrevista se diluyó, trocándose
::- los patrones habituales que subyacen a las pláticas ordinarias. Esto -lo
--.:al ocurrió con frecuencia- garanlizí en cierta medida el ambiente na-
--iral de lo registrado, pero también implicó que en medio de un suceso
::alquiera la grabadora tuviera que encontrar sucedáneo en los registros
:: las notas de campo, con la consiguiente mutación en la fidelidaá de lo
::gistrado y el desplazamiento hacia otro formato discursivo (1a escritu-
::¡. El uso alternado o simultáneo de la grabadora y el diario de campo,
;.: convierte en una negociación entre: 1os momentos precisos, el accio-
:.a¡ del artefacto técnico y la intuición de que el discurso puesto en esce-
:-a pueda o no resultar relevante, no sólo en términos de contenido, sino
=mbién interaccional.
Es ahí donde ancla la idea de la flexibilidad e improvisación de un
:abajo metodológico de este caráctet pues al mismo tiempo que se gra-
EL HABL¡ EN SITUAC)óN: CONV¡RSACION¡S Y PASIONES
ba, se observa, se participa, se intercambian puntos de vista y se matizan
los propios, se actúa e interacciona no sólo con personas, sino con cosas,
ambientes, circunstancias -relevantes o no-, estados de ánimo propios y
ajenos y perspecüvas suspicaces o inocuas, en medio de tensiones sociales,
de poder e idiosincrásicas, de intereses, grados e intensidades diversas. El
tuabajo de campo, y la faena etnográfica propiamente, conforman todo
un micromundo interactivo donde las sociabilidades que el1a mrsma tra-
ta de develaq, la intersecan y la constituyen (Carrirhers,1990; Ayús,1997).
Desde esta lógica, el operar con un estilo de investigación en el que se
pone en juego una visión cualitativa de la realidad y el etnógrafo se en-
cuentra a merced de la nafuraüdad de los contextos y tribulaciones de la
rida ordinaria, supone considerar este estilo como un bricolage y alinves-
ügador como un bricoleur (Denzln y Lincoln, 1994). Uno opera tanto con
la reserva de conocimientos, como con los conocimientos que se van cons-
truyendo en 1a misma medida en que son exigidos por los impondera-
bles que se suscitan en 1os encuentros dados en el escenari.o y en 1as situa-
ciones en estudio. A fin de cuentas, de alguna manera se termina
prescindiendo de los manuales. Más bien se recrean (o reinventan) lectu-
ras y consejos, alecciones y experiencias propias y ajenas en el trabajo
etnográfico.
l,a investigación trazó una reconstrucción etnográfica preliminar de
los mercados urbanos. La propia etnografía contribuyó a delimita¡ uni-
dades interaccionales de observación, situaciones y eventos de habla que
interesaba regist¡ar. Creo, también, que se dio el proceso inverso; es deci¡,
eI registro espontáneo o planeado de sucesos y tareas comunicativas, con-
fribuyó igualmente a focalizar la descripción etnográfica de 1os escena-
¡ios en estudio. La Figura 5 describe el modo en que traté de enmarca4
como en un movimiento de acercamiento, el trabajo de observación
etnográfica y el registro de los eventos discursivos.
Para controlar este ejercicio, se diseñó una guía de unidades de obser-
vación e intenciones de entrevista (cf. Anexo III), la cual fue dividida en
dos niveles de organización que apuntaban a su vez a dos clases de inte-
ractuantes (vendedores y consumidores). Las unidades de observación,
preferentemente se enfocaron a las configuraciones espaciaies y orga-
nizacionales de1 objeto de estudio y a los posibles eventos interaccionales,
a la ubicación de aquellos espacios y temporalidades que parecían más
propicios para el registro de 1as interacciones sociodiscu¡sivas y la des-
cripción de las relaciones sociales. Por su parte, la intención de las entrevis-
tas se orientó de manera fundamental a reconstruir los "puntos de vista
nativos" sobre sus actividades, operaciones y rutinas; así como a intentar
i1+
EL MBLA: TEoRíA y METoDoLoci^
1 Figura 5
Encuadre y focalización del trabajo etnográfico
!-
-l
Escenarios
:l
o
t-
).
a,
:l-
l¡l
,S-
)r1
ts-
'a- "incidentes claves"o
"momentos signif icativos"
La-
na
hducir a 1a autorreflexión sobre las estrategias y tácticas discursivas que
ljo :uelen emplearse en tales actividades.
También se pretendió que la entrevista, al unísono con la observación,
de Jermitie¡a conocer otras condiciones y datos de la existencia sociocultural
ni- Je los sujetos que participan en estos contextos mercantiles. E1 interés
lue
jf¡ado en dos clases de actores (vendedores o comerciantes, locatarios, y
cr4 :onsumido¡es o clientes), terminó centrando la atención más en los co-
ln- rierciantes que en los consumidores. Estos últimos fueron más reacios a
;ostener conversaciones prolongadas. Su presencia en este tipo de esce-
caf/ rarios es más bien efímera y marcadamente funcional. En los locatarios
ión :ueden percibirse y reconstruirse con mayor niüdez las redes de socia-
rilidades, aun cuando en muchas de éstas intervengan actores y circuns-
ser- "externas" a la institución.
=¡cias
len La observación participante y el trabajo con entrevistas transcurrió
Jternando las áreas en las que se desarrollan las diversas actividades co-
ión, :rerciales, como la sala de iuntas de la Coordinación de Uniones (en el
-aso del mercado central "José María Pino Suárez") o en las oficinas de los
es, administradores (los casos de los mercados "Diana Córdoba" , de Teapa;
más Gregorio Méndez Magaña" o "de La Sierra", pues constituyen subes-
des- :enarios dentro de los mercados urbanos donde se obtiene información
3VIS- Je primera mano sobre conflictos internos, valoraciones personales o
vista *upales (gremiales, por ejemplo), sobre coyunturas y módos de vida
rntar :ocioeconómica, cultural y biográfica que cada cual encara.
115
EL HABLA EN SITUACIÓN: CONVERSACIONES Y PASIONES
La fase de ubicación observacional -orientada por medio de la guía de
marras- permitió detectar zonas o puntos específicos en los cuales se pro-l
ducen con asiduidad dinámicas y rutinas interactivas de interés para los
objetivos del trabajo. Asimismo, acontecimientos, horarios y fechas en los
que son más intensas y relevantes las tareas cotidianas, algunas de signi-
ficativa constitución ritualizada, entendiendo lo ritual en su sentido más
ampüo, por ejemplo: días festivos (como el día nacional del locatario, el
primero de agosto de cada año), las asambleas generales o gremiales (con-
vocadas periódicamente por las diferentes uniones), ia cuaresma (de densa
actividad en las áreas de pescados y mariscos), la celebración de 1os san-'
tos patronos (como eI día de la Virgen del Carmen, el 16 de julio) o la
peregrinación (en 1997 la reaLzaron e1 4 de diciembre, saliendo del mer-
cado hasta 1a parroquia de la Santa Cruz y de ahí a la iglesia de La Lupita)
por la santa patrona de los mercados de Tabasco, la Virgen de Guadalupe;
la üsita de personalidades del mundo po1ítico local (diputados, dirigen-
tes parüdistas, presidentes municipales y funcionarios de1 ayuntamien-
to, etcétera).
La referencia a los "momentos significativos" o "incidentes clave" -no-
ciones que remiten a sendas reflexiones sobre el trabajo etnogtáfico, las
de John Fiske (1988) y la de Ana Y ázquez e Isabel Martíne z (1,996:79),
respectivamente-, permiten comprender en algún sentido el estilo de
reconstrucción etnográfica que empleé. Implica también reconocer que
no desplegué un trabajo etnográfico sistemático, sino selectivo o episódi-
co. Algunos de estos momentos significativos se describen en la parte
etnográfica cual contextos de las situaciones que envuelven algunos de
los eventos comunicaüvos analizados en la última Darte del estudio. A
modo de ejemplo, el sucedido del gas constituye unó de estos incidentes
dave que describe de manera narrativa la acción verbal de la queja que a
su vez se analiza bajo e1 enfoque del análisis de la conve¡sación. Lo mis-
mo puede señalarse de la escena de la fiesta por el día nacional del locata-
rio, la cuai incluye el discurso que se analiza posteriormente con las pers-
pectivas del análisis argumental y retórico.
En cuanto aI proceso de recolección de datos que integran propia- r
mente el material discursivo que se somete a interpretación, es menester l
apuntar algunas cuestiones tanto metodológicas como técnicas que inter-
rinieron en e1 proceso. En primer lugar, lo registrado se reduce a conver-
saciones ordinarias, una que otra transacción de compra-venta, entrevis-
tas e intervenciones individuales y grupales en eventos como juntas o
asambleas; también se captaron locuciones individuales que de a1gún
modo singularizan estilos personales de habla de interlocutores que fun-
EL ¡IABLA: TEORI^ Y METODOLOCIA
:::l:1 comc informantes clave de la investigación. Por ejemplo, Liévano
: -:ios 4 y 11) usualmente culminaba alguna intervención o su corres-
;::.jiente turno al habla con frases o versos rimados, donde ceñía a1 al-
-' rás de un problema y su correspondiente moraleja. Plagados de sig-
--
--=tivas expresiones, léxicos y conductas interaccionales y verbales que
que la atención se desplazara más de una vez hacia lo que los
--.
¡-risias llaman lenguajes aernaculares (Labov,1,972, en Stubbs, 1987:216);
::::ciados -en este caso- como rasgos identitarios de ciertas prácticas
:::.unicativas habituales que a mi juicio también inciden en la articula-
: ::'L v el reconocimiento de sociabilidades microlocalizadas.
:n los casos en que fue posible, las interacciones habladas se comple-
:::-ta¡on con la descripción de 1as conductas verbales y no verbales que
=::sisten como plano contextual próximo. Esto, con la explícita inten-
::r de eludir la ausencia de estas descripciones en 1os datos que otros
.-.-:dios sociolingüísticos omiten o relegan a una función secundaria.
!¡ael Stubbs (1,987:21,4-21,5\, alerta sobre esta cuestión.
técnicas y problemas prácticos
--:-ora, es necesario abordar las cuestiones técnicas o prácücas del regis-
::- -\ mi juicio, no es una cuestión que pueda relegarse a un lugar secun-
::io. En este tipo de investigaciones tales problemas pueden incluso
:-:gar la pesquisa (Stubbs, 1,987:21,6-220) y obstaculizar el proceso
---:erpretativo que se inicia, desde la toma de notas de campo, hasta las
:-es de transcripción.
Etnometodólogos y analistas de la conversación son sumamente rece-
.:sos en cuanto al riesgo constante que suponen las interferencias del in-
.:stigador y de los equipamientos técnicos que emplean (grabadoras, mi- l
:5fonos, cuadernos) desde el momento de 1a recolección del material
=::.pírico y que puedan llegar a quebrar 1a "naturalidad" de la interacción
i
:.::ndana. Aun cuando algunos autores (Wolfson, 1976, en Stubbs, 1987)
;:stienen que la naturalidad es una idealización y que el carácter situacional rl
::1 habla desplazaría e1 interés hacia la descripción de las situaciones en
-::e ésta se ernplea y cómo se adecua a la diversidad situacional, coinci-
:¡ con Stubbs (1987:21,8-219) en que la presencia de artefactos o extra-
::--rs -como son la grabadora, el cuaderno y el etnógrafo- hace varia¡, inclu-
*r de manera imperceptible, la actitud natural de 1os interactuantes.
Uno de los principales problemas de la investigación se centra en cómo
:--rperar este riesgo, sabiendo de antemano el cambio de actitud que ex-
177
EL TTABLA EN SITUACIÓN: CONV¡RSACION¡S Y PASIONES
pedmenta un informante ante la Presencia de una- gtabadora Lo ante
rior de alguna manera se ilustra eñ la siguiente anécdota recogida en e
diario de campo:
...en una iunta de abarrote¡os el viernes 11 de julio de 1997, en medio de I
discusión de los problemas que trataron/ emPezaron a soltar "palabrotas" L
grabadora había estado prendida y colocada más o menos hacia el centro d'
la mesa desde el inicio de la ¡eunión. Uno de los locatarios puso los brazos et
alto y casi susur¡ando, pero en voz alta, gesticulaba indicando la urgencia dr
discreción, recordando a los demás que se estaba grabando La situación I¿
salvó otro de los presentes a quien le había referido el interés por registrat
todo, buenas y malas palabras, cuando dijo, imperturbable: "Déjate de
pendejadas que así hablamos todos los dias". La reacción de los presenter
volvió a Ia normalidad, o al menos eso creí percibir.
El principal inconveniente que enfrentaron las tareas de acopio del
material discursivo resultó, por una Parte, de las limitaciones técnicas
del equipo t por otra, de la propia disonancia provocada por el ruidc
ambiental de un mercado público en plena actividad. Para lograr una
grabación con las condiciones de naturalidad que prescriben las me-
todologías sociolingüísticas y etnometodológicas, es preciso no dejar de
ver en lo posible el equipo de grabación. En las condiciones descritas estc
es casi imposible. Apenas en los dos últimos eventos registrados, corres'
pondientes a noviembre de 1997, se comenzó a experimentar con un mi'
crófono de solapa (marca Sony, usado y omnidireccional), e1 cual me per-
mitió ocultar la grabadora y llevar por debajo de la playera o camisa el
cable del micrófono, quedando a 1a altura de la clavícula, poco más abajc
de donde cae el cuello de la camisa; visible aPenas, adherido a 1a ropa que
usaba. Aun así, algunos informantes se daban cuenta. Según mi aprecia'
ción, no se suscitaron reacciones significativas que generaran quiebras c
rupturas en 1as interacciones que entablé con ellos, pero de algún modc
persisüeron rostros de extrañamiento, duda y susPicacia.
AI parecer este asunto de los inconvenientes técnicos en los registrot
grabados de eventos discursivos e interacciones verbales es algo que le
pasa a muchos. Lindenfeld (1990) Io menciona reiteradas veces. PrestÉ
atención a algunos de sus consejos y sugerencias, Pero en cierto modo.
también, resultaron insuficientes. Por ejemplo, el problema del ruido am'
biental, según Lindenfeld (1990:48) 1a compulsó a ir meiorando sus técni'
cas de trabajo de campo: Lqué hizo?, pues "persistir en las etapas o faset
de transcripción, posibilitando con ello la acumulación de datos factibles'
118
EL HABTA: T¡ORIA Y METODOLOC¡A
de ser utilizados en otras fases de la investigación (interpretación y anáJisis,
por ejemplo). EI problema que aprecio es que la persistencia deja de ser
solución si 1o registrado es técnicamente ilegible a la hora de transcribirlo.
En otro lugar, Lindenfeld (1,990:22) expuso una sugerencia sencilla,
pero a mi modo de ver muy interesante, a saber: para registrar la espon-
taneidad verbal en la interacción entre vendedores y consumidores, mien-
tras entrevistaba a algún comerciante en su lugar de trabajo y la entrevis-
ta era interrumpida por la interacción con a1gún consumidor, dejaba la
grabadora accionando, registrando así la conversación-transacción (com-
pra-venta) espontánea, procurando la menor interferencia posible. Esto
ú1timo me permitió corregir algunos procedimientos de registro que ha-
bía desarroilado.
Por su parte, 1os "problemas prácticos" que plantea Michael Stubbs
(1987 :21,6-217) resultaron ilustraüvos, imprimiéndome un cierto consue-
1o, nada más. A fin de cuentas, estos problemas dependen más de 1as
circunstancias y sus lugares, del tipo de estudios y de 1as habilidades que
uno haya consolidado o adquiera en el transcurso de la investigación,
que de un entrenamiento exhaustivo de tipo übresco.
En cuanto a los eventos registrados de manera escrita (los cuales no
aparecen consignados en el Anexo correspondiente), se fue consciente
de la precariedad de este recurso. Pero aun así, en algunas situaciones
resultó el único posible. Por ejemplo, algunas pláücas toman por sorpre-
sa al etnógrafo, es decir, con 1a grabadora guardada o con el casete termi-
nado. En estos casos, se trató de hacer un esfuerzo por captar tanto lo
dicho de la manera más fidedigna, como el contexto situacional que pro-
; piciaba 1a conducta verbal y no verbal. Lo redacté, desde 1uego, después
l de acontecido, pero traté siempre -autorreflexivamente- de ser fiel a los
e sucedidos interaccionales y a lo fo¡mulado de manera discursiva. Cuan-
t- do no fue posible recordar todos 1os detalles, se dejaron las f¡ases o las
o secuencias inconclusas, como si en una probable grabación hubiera sido
o inaudible. Esto resulta más serio que inventar o haier pasar po¡ ficción lo
no recordado; aun cuando algunos lingüistas y sociolingüistas han suge-
}S rido la creación de eventos discursivos siguiendo técnicas narrativas de
ficción o [Link]ándolas de obras literarias o de discursos periodísticos
:e (Stubbs, 1987).
), Desde un punto de vista teórico-metodológico más riguroso, resulta
pertinente hacer alusión a io que John Heritage (1991.:332) exPone como
1- una serie de autorrestricciones que los etnometodólogos se imponen en el
hatamiento de los materiales empíricos objeto de anáiisis: a) intentan evi-
tar experimentos o situaciones investigativas en que eI observador tenga
119
EL LIABL.{ EN S]TUACIÓN: CONVERSAC¡ONES Y PASIONES
que dirigir o manipular la conducta; b) eluden e1 empleo de programas
precodificados para categorizar directamente la conducta en el estudio de
campo o en las grabaciones. Esto se hace explícito en el hecho de que no
existe un formato único ni prefijado para realizar transcripciones de entre-
vistas o conversaciones, sino que el investigador lo desarrolla según los
requerimientos de su anáIisis, su entrenamiento y habilidad; c) atenúan el
uso de entrevistas como sucedáneos de 1a observación directa. Observa-
ción y entrevistas actúan como recursos complementarios; y d) techazan
toda creación de datos a partir de situaciones imaginadas, simulacros o
invenciones, algunas de éstas frecuentes en los estudios lingüísücos para
idealizar circunstancias-tiPo que actúen como prototiPos de análisis.
A continuación me exiiendo con mayores detalles en la cuestión de la
transcripción, la cual constituye un componente fundamental en la cons-
bucción de1 dato en los estudios sobre el discurso en interacción.
Transcrioción como interpretacíón
Los dos sistemas más usados de transcripción o de rePresentación escrita
de registros conversacionales son conocidos como notación en partitura y
notación dramática. El primero, fue desarrollado en 1981 por 1os investiga-
dores alemanes Konrad Ehüch y Jochem Rehbein; hicieron hincapié en
que la transcripción es ya una interpretación (siquiera preliminal, pero
interpretación al fin). Consistía en intentar recuPerar la rePresentación
de la escritura musical en la cual la disposición de los registros imita el
formato de los pentagramas musicales: cada línea se reserva para la inter-
vención de uno de los hablantes, pero intentando que el parlamento ocu-
pe espacialmente el lugar correspondiente al turno de habla y a la pro-
gresión del flujo conversacional; 1o anterior, permite ubicar gráficamente
e1 mecanismo de la toma de turnos, los traslapes (ouerlaps), o suPerposi-
ciones, y las breves secuencias de silencios.
El segundo -el sistema de transcripción más empleado-, fue desarro-
llado en 1978 por la analista de 1a conversación Gail Jefferson- Intenta
imitar el formato del guión teatral: las emisiones se ordenan una debajo
de la otra, según el orden de intervención de los hablantes. En ambos
sistemas de transcripción se pueden incluir anotaciones contextuales como
aclaraciones de las acciones de habla, preferentemente enmarcadas entre
corchetes. La limitación más frecuente que se les achaca es que 1as anota-
ciones referentes a los lenguajes cinésicos y proxémicos suelen quedar
120
EL HABLA: TEoRiA YMETODOLoGI,A
:-uera, aun cuando influyan en el devenir de la interacción (Renkema,
'-999:139-140).
En los casos de las conversaciones que aquí se analizan, se emPlean
:mbos sistemas de transcripción, respectivamente. El Proceso de trans-
:ipción fue muy útil a la hora de identificar 1as secuencias de interacción,
.cs turnos de habla (para el análisis de la toma de turnos), así como para
--ticular las primeras inferencias en torno a 1as intencionalidades
-,strcionarias de los hablantes y la realización de sus acciones sociales.
Considero oportuno aclarar aquí los criterios que intenté seguir para
-leccionar los casos. Me basé esencialmente en la teoría del estudio de
.a.o de Robert Stake (1994,1999). Este autor sostiene que Pueden identifi-
tres tipos de estudios de caso: el caso intrínseco (intrinsic case study), el
=Lse
-[Link] (instrumental case study) y e1 colectivo (collectiae case study).
i diferencia entre éstos estriba en que al Primero Ie interesa el caso en sí;
:.:ra el segundo, el caso es un instrumento con el fin de ilustrar o resolver
riereses teóricos, metodológicos o prácticos que trascienden el caso en sí
[Link], éste sólo reviste un interés secundario; por úitimo, en e1 estudio
i: un caso particulaq, los investigadores pueden analizar un número de-
de casos conjuntamente, pues se trata de1 estudio de un caso
=r¡ninado
e{tendido a diversos casos.
Considero que la selección y el trabaio con los eventos discursivos, se
más por el caso instrumental. Como advertí en la introducción,
=-clina
:¡"ácticamente es imposible abarcar todas ias modalidades conversa-
Jonales y de acciones discursivas que se puedan dar en una institución o
:¡munidad de habla determinada. La Tabla 1, en este mismo capítulo,
::ta de abstraer de las acciones sociales posibles en el contexto institucio-
:;l del mercado, el tipo de evento comunicativo que fue común asociarle'
a.o permite que los eventos registrados funcionen más como un instru-
:ento para hablar de la articulación entre sociabiüdades y discursividades,
que el hecho de que
=tre relaciones sociales y 1as hablas que las sitúan,
--¿oresenten casos de inlerés en si mismo.
Támpoco creo sorprender a nadie con 1a idea de que el análisis del
i:-.curso que presento más bien intenta ser una exploración personal de
y metodológico, pues dada su versatilidad y compleji-
=ie campo teórico
::d es poco probable que se pueda llegar a dominar en toda su exten-
:5n. Por esto, 1os eventos aquí analizados sirven como pretextos útiles
::ra revisitar diversas zonas de debates en la bibliografía teórica y
:-eiodológica que me interesa conocer dentro del vasto campo en dispu-
de las ciencias sociales y humanas.
=
121.
EL HABL'\ EN SITUACION: CoNVERSACION¡S Y PASION¡S
Los casos seleccionados corresponden a una acción verbal de compra-
venta que se transmuta en una acción de procuración de información,
actividad verbal y social común a este escenario; una asamblea o junta de
la cual, en su realización, se aisló un segmento que constituyó un relato
que expresa la queja de un funcionario de una empresa que ofrece servi-
cio a ia institución mercantil y la negociación que se da con el 1íder inter-
pelado; una narrativa conversacional registrada en sendos encuentros
con el narrador: e1 primero absolutamente casual, el segundo, pactado.
Este caso permitió acceder a ciertos vocabularios vernáculos e ilustrar el
dramatismo y el humor inherente a ciertas historias exóticas que de al-
gún modo tienen que ver con la vida social en el mercado; una conversa-
ción colectiva sobre ciertos acontecimientos en la historia social del mer-
cado, 1a cual da cuenta de 1as negociaciones entre la memoria y el olvido,
amén de constituirse en un esfuerzo de narrativa grupal y habla vernácula;
por último, un discurso pronunciado durante el acto cívico por el día
nacional del locatario que puso en juego 1os recursos argumentales y
retóricos del habla popular en el formato habitual de1 discurso oficial de
un orador ante su áudiencia.
En síntesis, los casos se han escogido por su riqueza y por cubrir en
algún sentido la diversidad de acciones discursivas que permiten cons-
truir las relaciones sociales en un mercado público:la compra-venta y la
circulación de información, 1a asamblea y los conflictos laborales e ins-
titucionales y las narraciones como conversaciones ordinarias; asimismo
por desplegar tanto e1 análisis de 1a conversación, como el análisis na-
rrativo y argumental. Todos como dimensiones del modelo integrado
de análisis de la interacción verbal revisado anteriormente. Ahora pro-
cede entrar al escenario, tanto histórico como socioantropológico, en
que el habla se realiza.
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