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Orovilca

(1) El cuento describe la amistad entre Salcedo y el narrador y la tensa rivalidad entre Salcedo y Wilster en un internado en Ica, Perú en la década de 1920. (2) Salcedo reta a Wilster a una pelea luego de constantes hostigamientos, la cual Salcedo pierde, resultando en que abandone el internado. (3) El narrador también describe un paseo a la laguna de Orovilca con Salcedo, donde este le cuenta historias sobre la región.
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Orovilca

(1) El cuento describe la amistad entre Salcedo y el narrador y la tensa rivalidad entre Salcedo y Wilster en un internado en Ica, Perú en la década de 1920. (2) Salcedo reta a Wilster a una pelea luego de constantes hostigamientos, la cual Salcedo pierde, resultando en que abandone el internado. (3) El narrador también describe un paseo a la laguna de Orovilca con Salcedo, donde este le cuenta historias sobre la región.
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Orovilca

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Orovilca

de José María Arguedas 

Género Cuento 

Idioma Castellano

Editorial Juan Mejía Baca y P. L. Villanueva, editores


(Formando parte del libro Diamantes y
pedernales. Agua)

Ciudad Lima

País Perú

Fecha de publicación 1954

Formato Libro

[editar datos en Wikidata]

Orovilca es un cuento del escritor peruano José María Arguedas publicado


en 1954 formando parte de la colección Diamantes y pedernales. Agua.
En 1967 apareció incluido en la recopilación Amor mundo y todos los
cuentos (edición de Francisco de Moncloa Editores).
Es uno de los pocos cuentos de Arguedas ambientados en la costa peruana, más
específicamente en Ica, una ciudad en medio del desierto. El autor relata en
primera persona una experiencia vivida en dicho lugar, cuando era un adolescente
que cursaba el primer año de secundaria en un colegio internado. Su título evoca
a una laguna cercana a Ica, uno de los escenarios del cuento.

Índice
 1Contexto
 2Escenarios
 3El narrador
 4Argumento
 5Personajes
o 5.1Principales
o 5.2Secundarios
 6Resumen
 7Análisis
 8Vocabulario
 9Referencias
 10Bibliografía
 11Enlaces externos

Contexto[editar]
La publicación de «Orovilca» marcó la reaparición de Arguedas como cuentista
después de casi 20 años, pues desde la publicación de su primer libro de
cuentos, Agua (libro), en 1935 no había dado a la luz ningún relato de ese género
(si exceptuamos el relato titulado «El zumbayllu»).
Este relato nació de una experiencia biográfica del autor: su paso por el entonces
colegio internado San Luis Gonzaga de Ica, donde cursó el 1° y 2° año de
secundaria, entre 1926 y 1927. Esa fue su primera experiencia larga viviendo en la
costa peruana, donde sufrió en carne propia el desprecio de los costeños hacia la
gente de la sierra aindiada. Fue allí donde tuvo su primer romance apasionado,
hacia una muchacha iqueña llamada Pompeya, a quien le dedicó unos acrósticos,
pero ella lo rechazó diciéndole que no quería tener amores con serranos. 1

Escenarios[editar]
Los escenarios de este cuento son:

 La ciudad de Ica, con su plaza de frondosos ficus y su colegio internado.


 La comarca que rodea a Ica: el valle, las dunas y la laguna de Orovilca.
Orovilca (en quechua: roro willka ‘gusano sagrado’) es una laguna u oasis situada
en el desierto, rodeada de yerbas y árboles nativos, como el huarango. Es la
laguna más alejada de la ciudad; otras lagunas son La Huacachina, Saraja y La
Huega.

El narrador[editar]
El que rememora la historia es un adulto que no actúa pero comenta y predice los
acontecimientos. El niño que habla en primera persona es el narrador en su
infancia, quien presencia los hechos descritos e interviene como un auxiliar moral
de su amigo Salcedo.
Argumento[editar]
Los recuerdos de infancia del narrador se ordenan y dan vida a este argumento: el
personaje principal, Salcedo, es un alumno distinguido e inteligente, de habla
sosegada y culta, que provoca la envidia de Wilster, un alumno más extrovertido y
deportista, aficionado del canto y la música. Salcedo se ve obligado a retar a
Wilster a una pelea. Se agarran a golpes en el corral de silos del colegio. Salcedo
pierde y se marcha para nunca más volver.

Personajes[editar]
Principales[editar]

 Salcedo, es un estudiante interno que cursa el 5º año de secundaria. Tenía


la frente alta, la nariz recta y los cabellos ondulados. Era oriundo de la
provincia de Nazca. Solitario, noble, bondadoso. Muy dado al estudio y la
reflexión, gustaba de los debates en clase y exponía sus argumentos de
manera extensa e ilustrada, por lo que era respetado por los profesores y
compañeros. No acostumbraba a vestirse a la moda, sino usaba siempre un
traje sencillo de dril. Solía pasear y reposar bajo la sombra protectora de los
ficus de la plaza de Ica.
 Wilster, es otro estudiante interno del 5º año de secundaria. De ojos
saltones, alto y fornido, extrovertido y deportista. Era el más fuerte de todos
sus compañeros. Vestía siempre elegante. Cantaba y bailaba alegremente los
ritmos de moda, por lo que era muy festejado por sus compañeros. Pero
cuando principió a hostigar incesantemente a Salcedo, muchos empezaron a
odiarlo y dejaron de celebrarle sus ocurrencias.
 El narrador, que se describe como recién llegado de los Andes. Es un
alumno de primer año de secundaria, que debe soportar el desprecio de los
costeños hacia los serranos. Se hace amigo de Salcedo, a quien empieza a
admirar.
Secundarios[editar]

 Muñante, el amigo de Wilster.


 Gómez, apodado el cetrino, era un alumno que destacaba en las
competencias atléticas. Tenía ojos negrísimos e infantiles, y su faz era similar
a la de un ave de rapiña.
 El resto de los internos del colegio, que sumaban en total 28 alumnos.
 Hortensia Mazzoni, que es descrita como la muchacha más bella de Ica.
 El profesor de historia, apodado “Camión” por su corpulencia. Era un
hacendado, doctor en letras y taurófilo.
 El inspector jefe del colegio, un viejo calvo y enérgico. Era un antiguo
montonero pierolista.
 El portero del internado, un negro joven.
Resumen[editar]
El cuento empieza con una especie de introducción en la cual se describe al ave
chaucato. Cierta tarde, una de estas aves se posa en uno de los grandes ficus que
dan sombra al claustro del colegio de Ica. Dos alumnos internos prestan atención
al canto del chaucato: uno es Salcedo, natural de Nasca, tenido como el más
distinguido e inteligente de todos los alumnos; el otro es el narrador, que se
describe como un niño recién llegado de los Andes, y a quien llamaremos José
María.
Salcedo entabló conversación con José María, quien le comentó que el canto del
chaucato era similar al zorzal que abundaba en su tierra. Salcedo le explicó que el
chaucato era un genio benefactor que encarnaba el agua fértil y fresca del
subsuelo, o bien podría ser un príncipe o un genio antiguo del valle iqueño. Ambos
seguían charlando cuando de pronto irrumpió Wilster, quien prepotentemente hizo
callar a Salcedo, llamándolo charlatán. Entre ambos ya existía una tensa disputa,
alimentada por la disimilitud de sus caracteres: Salcedo era un estudiante muy
dado al estudio y la reflexión; solía exponer larga y tendidamente sus puntos de
vista en el aula, por lo que era muy respetado por el resto de alumnos y hasta por
los mismos profesores. Mientras que Wilster era más extrovertido y deportista,
aficionado al canto y baile de los ritmos de moda. Fue Wilster quien empezó a
odiar a Salcedo, a raíz de un comentario que éste hizo sobre Hortensia Mazzoni,
descrita como la muchacha más bella de Ica. Decía que de noche ella bailaba sola
en el salón de su casa, al ritmo de un jazz titulado «Cuando el indio llora»; todos la
podían ver desde los balcones que daban a la plaza de armas y que ella no se
daba cuenta que la miraban pues la calle estaba a oscuras mientras que su salón
se hallaba bien iluminado. Wilster dijo que eso no era posible pues una rama de
un ficus se extendía frente a los balcones, a lo que Salcedo respondió
irónicamente: «Es el privilegio de los árboles. Crezca como él, Wilster». Unos días
después, Wilster odiaba a Salcedo y andaba acosándolo.
Hasta que ese día del canto del chaucato, Salcedo no soportó más y retó a Wilster
a una pelea, que debía realizarse detrás del corral de los silos. Wilster aceptó
mientras comentaba con su amigo Muñante que acabaría con Salcedo. El
narrador y el resto de alumnos se alarmaron, porque Wilster era mucho más fuerte
que Salcedo y no era necesaria mucha imaginación para saber el desenlace de
esa lucha. Otro estudiante, Gómez, que era campeón de atletismo, se ofreció
como juez, lo que tranquilizó al resto. Contaban con que Gómez evitara cualquier
exceso de parte de Wilster.
José María cuenta después su amistad con Salcedo, a quien acompaña a la
laguna de Orovilca, situado más allá de las dunas, en pleno desierto, a la que
llegaron tras una larga caminata, llevando sendas sandías para saciar la sed.
Salcedo se bañaba en la laguna y luego le contaba a su amigo muchas historias
reales y fantásticas de aquella región. Le habló de
unos dromedarios y camellos que llegaron de África hacía siglos, pero que solo
sobrevivieron unos años; le contó también de una corvina de oro que viajaba
desde el mar hasta la laguna de Orovilca, nadando sobre las dunas, animal
fantástico que debía ser diez veces más grande que una corvina de mar, pues se
le distinguía claramente desde lejos, y que en primavera llevaba sentada sobre su
lomo a Hortensia Mazzoni, tras una aleta encrespada. Naturalmente, José María
se mostró escéptico ante tal historia, pero recordó que los indios eran también
dados a contar ese tipo de relatos. Le llamó la atención que siendo Salcedo un
mestizo costeño y acriollado, tuviera una mentalidad mágica como la de los indios.
Para terminar, José María le preguntó a Salcedo si insistiría en pelear con Wilster,
recibiendo una respuesta afirmativa: no podía echarse atrás pues él había lanzado
el reto.
Llegado el momento de la pelea, los tres involucrados, Salcedo, Wilster y Gómez
fueron al corral de los silos y se encerraron, mientras que los demás internos se
agruparon afuera. Desde allí se escuchaba el rumor de la pelea; podía sentirse
que Salcedo llevaba la peor parte. En un momento divisaron a Gómez arrastrando
del cuello a Wilster, llevándolo hacia afuera, como para evitar que se excediera
sobre Salcedo, y en ese momento sonó la campana del Colegio. Todos los
alumnos se dispersaron, mientras que Gómez dejó a Wilster en el suelo. Después
de un rato Wilster se levantó y se sumó al resto de los alumnos, mientras que
Salcedo se quedó dentro del corral; a decir de Gómez, necesitaba arreglarse y no
convenía que el inspector le viera en tal traza. José María le preguntó qué daño
había sufrido y Gómez le respondió que nada fuerte, que solo le manaba un poco
de sangre. Era ya de noche y los alumnos internos solían ser reunidos a esa hora
por el inspector, quien no se dio cuenta de la ausencia de Salcedo.
Cuando el portero fue a cerrar el corral de los silos, encontró a Salcedo, recostado
en un ficus, con la cara cubierta por un trapo y con la camisa ensangrentada.
Salcedo le rogó que le dejara salir del colegio, que solo iría a la botica y volvería
enseguida. El portero lo dejó ir y lo esperó hasta la medianoche; como no volvía,
salió a la calle a buscarlo, sin hallarlo. Desde entonces no se supo nada de
Salcedo. A la mañana siguiente el inspector fue informado de la desaparición del
joven, organizándose entonces su búsqueda, pero sin resultado. José María
intentó convencer al inspector que buscara a Salcedo en el camino del mar a
Orovilca, pero no fue tomado en serio. Para todos era evidente que Salcedo se
había marchado para siempre.

Análisis[editar]
“Orovilca” es un cuento de tema y paisaje distintos a los acostumbrados por Arguedas en sus habituales
narraciones andinas. Aquí hay una mayor preocupación por el lenguaje, una conquista más visible por
alcanzar la prosa que asimilara el castellano sin deformarlo demasiado. Aquí se ve la tendencia hacia la
frase española no quechuizada, y siempre dentro de la oralidad mestiza que él buscaba. En “Orovilca”
hay inclusive una retórica más pulida y menos agreste que en Agua. En cierto sentido, puede decirse
que en “Orovilca” la intención poética se da mejor que en textos previos. La prosa de Agua fue un
diamante en bruto; en “Orovilca” ya está pulido. Y debido a este pulimento no vemos quechuismos ni
“traducciones” del quechua, sin que tampoco se necesiten “glosarios”. En una palabra, hay soltura de
lenguaje y las frases se encadenan mejor que antes para lograr el ritmo de los párrafos. De otro lado,
hay una buena pintura de retratos, especialmente de Salcedo, de Wilster y del narrador. Las figuras
están precisas, nítidas, los rasgos físicos y morales bien dados, y sobre todo hay una atmósfera lírica
que va dibujando la fantasía, la cual brota del paisaje, cuyo tratamiento merece una mención aparte.
(Carlos Eduardo Zavaleta)2
Vocabulario[editar]
 Chaucato, ave perteneciente a la familia de los Mímidos. Es del tamaño de
una paloma pequeña, de plumaje marrón grisáceo, alas cortas y redondeadas
y una cola larga terminada en puntas blancas. (Enciclopedia Tauro del Pino,
2001).
 Duna, colina de arena movediza que en los desiertos y en las playas forma
y empuja el viento (DRAE).
 Ficus, planta de clima subtropical, de porte arbóreo o arbustivo, con hojas
grandes, lanceoladas y de haz brillante (DRAE).
 Huarango, árbol de la familia de las Mimosáceas. Forma extensos bosques
a lo largo de los ríos costeños del Perú. Se caracteriza por sus grandes
espinas blancas. En la costa sur se llama huarango al algarrobo (Enciclopedia
Tauro del Pino, 2001).

Referencias[editar]
1. ↑ Vargas Llosa 1996, p. 55-54.
2. ↑ Zavaleta, Carlos Eduardo: «Arguedas cuentista». Publicado en el El Peruano, Lima,
12 de enero de 1994. Tomado del libro: El gozo de las letras.

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