Liceo Politécnico “Antonio Varas de la Barra”
Departamento de Lengua y Literatura
Nivel: Primero Medio
GUÍA N4 DE LENGUA Y LITERATURA 1° MEDIO
Unidad: “Héroes y Villanos”
OA: 1, 2 y 3
Indicadores de evaluación: OA 1: 2 / OA 2: 1 / OA 3: 1, 2, 5 y 10
Objetivo: Al leer se integrará la dimensión socio-cultural y ciudadana al presentar a
los y las estudiantes textos de los cuales se desprenden temas que los harán
conocer y valorar historias que hablan de las relaciones entre personas y el bien
común para la sociedad.
Saludo para todos los y las estudiantes de Primero Medio
Para poder transmitir y orientar en este nuevo modelo de educación on line, nos vemos
comprometidos de entregar contenidos y estrategias adecuadas para el propósito de
lograr sus aprendizajes.
Por lo tanto, de acuerdo a esto los orientamos a continuar mejorando sus hábitos de
estudios, considerando lo inesperado a esta situación mundial, buscamos entregar un
material para ser elaborado en sus hogares y así asegurar un aprendizaje sano y seguro.
INSTRUCCIONES:
1.- Leer el ámbito histórico de la obra “Edipo Rey” (Resumen)
2.- Leer una breve biografía de Sófocles (Resumen)
3.- Leer la obra completa de “Edipo Rey” de Sófocles.
Luego de haber seguido los pasos anteriores.
4.- Realizar la siguiente guía, contestada y reenviada a los correos señalados.
Puedes ayudarte, con Audio libro o videos en Youtube, incluso usar diccionarios.
5.- Finalmente, el día Martes 05 de Mayo podrás conectarte conmigo a través de una
video llamada o zoom, para interactuar sobre dudas o comentar lo leído. A través de la
plataforma les daré las instrucciones para descargar Zoom por celular.
Atte. Profesora Ana María Rojas
GUÍA DE TRABAJO
Lee este fragmento de EDIPO REY y responde las actividades formuladas.
Edipo Rey
[Fragmento.]
Sófocles
PERSONAJES:
EDIPO
SACERDOTE
CREONTE
CORO DE ANCIANOS TEBANOS
TIRESIAS
YOCASTA
MENSAJERO
SERVIDOR DE LAYO
OTRO MENSAJERO
(Delante del palacio de Edipo, en Tebas. Un grupo de ancianos y de jóvenes está sentado
en las gradas del altar, en actitud suplicante, portando ramas de olivo. El Sacerdote de
Zeus se adelanta solo hacia el palacio. Edipo sale seguido de dos ayudantes y contempla
al grupo en silencio. Después les dirige la palabra.)
EDIPO.- ¡Oh hijos, descendencia nueva del antiguo Cadmo ¿Por qué están en actitud
sedente ante mí, coronados con ramos de suplicantes? La ciudad está llena de incienso,
a la vez que de cantos, de súplicas y de gemidos, y yo, porque considero justo no
enterarme por otros mensajeros, he venido en persona, yo, el llamado Edipo, famoso
entre todos. Así que, oh anciano, ya que eres por tu condición a quien corresponde
hablar, dime en nombre de todos: ¿cuál es la causa de que estén así ante mí? ¿El temor
o el ruego? Piensa que yo querría ayudarlos en todo. Sería insensible si no me
compadeciera ante semejante actitud.
SACERDOTE.- ¡Oh Edipo, que reinas en mi país! Ves de qué edad somos los que nos
sentamos cerca de tus altares: unos, sin fuerzas aún para volar lejos; otros, torpes por la
vejez, somos Sacerdotes -yo lo soy de Zeus-, y otros, escogidos entre los aún jóvenes. El
resto del pueblo con sus ramos permanece sentado en las plazas en actitud de súplica,
junto a los dos templos de Palas y junto a la ceniza profética de Ismeno.
La ciudad, como tú mismo puedes ver, está ya demasiado agitada y no es capaz todavía
de levantar la cabeza de las profundidades por la sangrienta sacudida. Se debilita en las
plantas fructíferas de la tierra, en los rebaños de bueyes que pacen y en los partos
infecundos de las mujeres. Además, la divinidad que produce la peste, precipitándose,
aflige la ciudad. ¡Odiosa epidemia, bajo cuyos efectos está despoblada la morada
Cadmea, mientras el negro Hades se enriquece entre suspiros y lamentos! Ni yo ni estos
jóvenes estamos sentados como suplicantes por considerarte igual a los dioses, pero sí el
primero de los hombres en los sucesos de la vida y en las intervenciones de los dioses.
Tú que, al llegar, liberaste la ciudad Cadmea del tributo que ofrecíamos a la cruel cantora
y, además, sin haber visto nada más ni haber sido informado por nosotros, sino con la
ayuda de un dios, se dice y se cree que enderezaste nuestra vida.
Pero ahora, ¡oh Edipo, el más sabio entre todos!, te imploramos todos los que estamos
aquí como suplicantes que nos consigas alguna ayuda, bien sea tras oír el mensaje de
algún dios, o bien lo conozcas de un mortal. Pues veo que son efectivos, sobre todo, los
hechos llevados a cabo por los consejos de los que tienen experiencia. ¡Ea, oh el mejor
de los mortales!, endereza la ciudad. ¡Ea!, apresta tu guardia, porque esta tierra ahora te
celebra como su salvador por el favor de antaño. Que de ninguna manera recordemos de
tu reinado que vivimos, primero, en la prosperidad, pero caímos después; antes bien,
levanta con firmeza la ciudad. Con favorable augurio, nos procuraste entonces la fortuna.
Senos también igual en esta ocasión. Pues, si vas a gobernar esta tierra, como lo haces,
es mejor reinar con hombres en ella que vacía, que nada es una fortaleza ni una nave
privadas de hombres que las pueblen.
EDIPO.- ¡Oh hijos dignos de lástima! Vienen a hablarme porque anhelan algo conocido y
no ignorado por mí. Sé bien que todos están sufriendo y, al sufrir, no hay ninguno de
ustedes que padezca tanto como yo. En efecto, el dolor de ustedes llega sólo a cada uno
en sí mismo y a ningún otro, mientras que mi ánimo se duele, al tiempo, por la ciudad y
por mí y por ti. De modo que no me despiertan de un sueño en el que estuviera sumido,
sino que estén seguros de que muchas lágrimas he derramado yo y muchos caminos he
recorrido en el curso de mis pensamientos. El único remedio que he encontrado, después
de reflexionar a fondo, es el que he tomado: envié a Creonte, hijo de Meneceo, mi propio
cuñado, a la morada Pítica de Febo, a fin de que se enterara de lo que tengo que hacer o
decir para proteger esta ciudad. Y ya hoy mismo, si lo calculo en comparación con el
tiempo pasado, me inquieta qué estará haciendo, pues, contra lo que es razonable, lleva
ausente más tiempo del fijado. Sería yo malvado si, cuando llegue, no cumplo todo cuanto
el dios manifieste.
SACERDOTE.- Con oportunidad has hablado. Precisamente éstos me están indicando
por señas que Creonte se acerca.
EDIPO.- ¡Oh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con suerte liberadora, del mismo modo que
viene con rostro radiante!
SACERDOTE.- Por lo que se puede adivinar, viene complacido. En otro caso no vendría
así, con la cabeza coronada de frondosas ramas de laurel.
EDIPO.- Pronto lo sabremos, pues ya está lo suficientemente cerca para que nos
escuche. ¡Oh príncipe, mi pariente, hijo de Meneceo! ¿Con qué respuesta del oráculo nos
llegas?
(Entra Creonte en escena.)
CREONTE.- Con una buena. Afirmo que incluso las aflicciones, si llegan felizmente a
término, todas pueden resultar bien.
EDIPO.- ¿Cuál es la respuesta? Por lo que acabas de decir, no estoy ni tranquilo ni
tampoco preocupado.
CREONTE.- Si deseas oírlo estando éstos aquí cerca, estoy dispuesto a hablar y también,
si lo deseas, a ir dentro.
EDIPO.- Habla ante todos, ya que por ellos sufro una aflicción mayor, incluso, que por mi
propia vida.
CREONTE.- Diré las palabras que escuché de parte del dios. El soberano Febo nos
ordenó, claramente, arrojar de la región una mancilla que existe en esta tierra y no
mantenerla para que llegue a ser irremediable.
EDIPO.- ¿Con qué expiación? ¿Cuál es la naturaleza de la desgracia?
CREONTE.- Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta
sangre es la que está sacudiendo la ciudad.
EDIPO.- ¿De qué hombre denuncia tal desdicha?
CREONTE.- Teníamos nosotros, señor, en otro tiempo a Layo como soberano de esta
tierra, antes de que tú rigieras rectamente esta ciudad.
EDIPO.- Lo sé por haberlo oído, pero nunca lo vi.
CREONTE.- Él murió y ahora el dios nos prescribe claramente que tomemos venganza de
los culpables con violencia.
EDIPO.- ¿En qué país pueden estar? ¿Dónde podrá encontrarse la huella de una antigua
culpa, difícil de investigar?
CREONTE.- Afirmó que en esta tierra. Lo que es buscado puede ser cogido, pero se
escapa lo que pasamos por alto.
EDIPO.- ¿Se encontró Layo con esta muerte en casa, o en el campo, o en algún otro
país?
CREONTE.- Tras haber marchado, según dijo, a consultar al oráculo, y una vez fuera, ya
no volvió más a casa.
EDIPO.- ¿Y ningún mensajero ni compañero de viaje lo vio, de quien, informándose,
pudiera sacarse alguna ventaja?
CREONTE.- Murieron, excepto uno, que huyó despavorido y sólo una cosa pudo decir
con seguridad de lo que vio.
EDIPO.- ¿Cuál? Porque una sola podría proporcionarnos el conocimiento de muchas, si
consiguiéramos un pequeño principio de esperanza.
CREONTE.- Decía que unos ladrones con los que se tropezaron le dieron muerte, no con
el rigor de una sola mano, sino de muchas.
EDIPO.- ¿Cómo habría llegado el ladrón a semejante audacia, si no se hubiera
proyectado desde aquí con dinero?
CREONTE.- Eso era lo que se creía. Pero, después que murió Layo, nadie surgía como
su vengador en medio de las desgracias.
EDIPO.- ¿Qué tipo de desgracia se presentó que impedía, caída así la soberanía,
averiguarlo?
CREONTE.- La Esfinge, de enigmáticos cantos, nos determinaba a atender a lo que nos
estaba saliendo al paso, dejando de lado lo que no teníamos a la vista.
EDIPO.- Yo lo volveré a sacar a la luz desde el principio, ya que Febo, merecidamente, y
tú, de manera digna, pusieron tal solicitud en favor del muerto; de manera que verán
también en mí, con razón, a un aliado para vengar a esta tierra al mismo tiempo que al
dios. Pues no para defensa de lejanos amigos sino de mí mismo alejaré yo en persona
esta mancha. El que fuera el asesino de aquél tal vez también de mí podría querer
vengarse con violencia semejante. Así, pues, auxiliando a aquél me ayudo a mí mismo.
Ustedes, hijos, levántense de las gradas lo más pronto que puedan y recojan estos ramos
de suplicantes. Que otro congregue aquí al pueblo de Cadmo sabiendo que yo voy a
disponerlo todo. Y con la ayuda de la divinidad apareceré triunfante o fracasado.
(Entran Edipo y Creonte en el palacio.)
SACERDOTE.- Hijos, levantémonos. Pues con vistas a lo que él nos promete hemos
venido aquí. ¡Ojalá que Febo, el que ha enviado estos oráculos, llegue como salvador y
ponga fin a la epidemia!
(Salen de la escena y, seguidamente, entra en ella el Coro de ancianos tebanos.)
I.- Ejercicios de Vocabulario Contextual
Busca el siguiente listado de palabras en el texto, donde están subrayadas. Reemplaza
estas palabras subrayadas por el término más apropiado, según su significado y
adecuación al contexto, aunque se produzca diferencias en la concordancia de género.
1.- DESCENDENCIA 2.- FRUCTÍFERAS 3.- PROCURASTE 4.- CORONADO
A) familia A) beneficiosas A) ofreciste A) investida
B) progenie B) útiles B) proporcionaste B) erigida
C) especie C) exuberante C) propusiste C) premiada
D) linaje D) productivas D) administraste D) terminada
5.- RIGIERAS 6.- RIGOR
A) imperaras A) solidez
B) ordenaras B) frialdad
C) gobernaras C) fuerza
D) decretaras D) crueldad
II.- Ejercicios de Comprensión Lectora
7.- ¿En qué estado se encuentra la ciudad de Tebas, según lo que señala el sacerdote?
A) De alegría, por la llegada de Edipo, su rey.
B) De fascinación, por el modo en que Edipo se coronó rey.
C) De lamento, por las pestes que la asolan.
D) De tristeza, por la muerte de su rey, Edipo.
8.- ¿Cuál es la respuesta que da Edipo a los requerimientos que ha manifestado el sacerdote en
nombre del pueblo de Tebas?
A) Ha enviado a Creonte a Delfos, para que el oráculo le señale cómo actuar.
B) Se ha lamentado con todo el pueblo, sin saber qué hacer.
C) Ha indicado a Tiresias cómo actuar, de acuerdo a una visión que ha tenido.
D) Se ha lamentado de no saber qué hacer.
9.- ¿Cómo podemos caracterizar a Edipo?
A) Un rey despreocupado e indolente frente a lo que sucede con su pueblo.
B) Un tirano al que le importa su propia satisfacción.
C) Un rey atento a los pesares de su pueblo.
D) Un rey que siente por su pueblo un amor más fuerte que por su familia.
10.- ¿Cómo es la relación que se establece entre Edipo y su pueblo?
A) De lejanía B) De indiferencia C) De indolencia D) De dependencia
11.- ¿Cómo nos enteramos de lo sucedido a Tebas y de la respuesta de Edipo?
A) A través del relato de un narrador.
B) Gracias al diálogo de los personajes.
C) A través de la expresión de los sentimientos de los personajes.
D) Gracias a la narración de un personaje.
12.- ¿Cuál es la causa de la desgracia según el oráculo?
A) El nacimiento de un hijo ilegítimo.
B) La muerte de una madre al tener a su hijo.
C) El dolor de perder a un padre a temprana edad.
D) El asesinato sin condena del rey anterior.
13.- ¿Por qué es importante el oráculo en el fragmento anterior?
A) Porque aconseja a Edipo sobre cómo gobernar.
B) Ya que permite que se conozca el destino de los personajes.
C) Puesto que es una gran ayuda para los gobernantes.
D) Debido a que gracias a él se conoce la razón de los problemas de Tebas.
14.- ¿Por qué podemos señalar que el fragmento anterior no corresponde a una discusión?
A) Porque los interlocutores no resuelven ninguna diferencia.
B) Ya que se intercambian opiniones contrarias sobre un tema contingente.
C) Puesto que hay dos posturas distintas de una misma situación.
D) Debido a que se nos relata la calamidad de una ciudad.
15.- ¿Qué sucede una vez muerto Layo?
A) La ciudad es asolada por pestes y calamidades.
B) El asesino del rey se vanagloria de su horrendo crimen.
C) Una esfinge ataca la ciudad de Tebas.
D) Creonte se hace rey de Tebas.