001 - Ética y Psicometría
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_ Consideraciones éticas
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y sociales de la evaluacion
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536 Aplicaciones de las pruebas
(Code of Fair Testing Practices in Education; JCTP, 1988) y otros trabajos cuyo propósi-
to es mejorar la forma en que se aplican las pruebas y prevenir su abuso (véase, por
ejemplo, Eyde et al. , 1988, 1993). Actualmente, la JCTP prepara una declaración sobre
los "Derechos y responsabilidades de los examinados".
En el primer capítulo considerarnos el punto de vira del examinado y ciertos as -
pectos de la función de los usuarios de las pruebas; en éste, dirigiremos la atención a
los aspectos éticos y sociales que influyen en cal uso de las pruebas en diversos contex-
tos. Además, para los temas que atañen a la competencia profesional, analizaremos
brevemente las responsabilidades de las editoriales, el derecho del examinado a la pri-
vada, el tema de la confidencialidad y la evaluación de personas con diversos antece -
dentes y niveles de capacidad. Aunque ya antes se ha hablado del impacto de la
legislación, la consideración detallada de la multiplicidad de aspectos legales que
afectan la práctica evaluativa va más allá de nuestro propósito, por lo que se reco-
mienda al lector interesado que consulte las diversas fuentes mencionadas en éste y en
otros capítulos del texto (especialmente, los capítulos 9 y 17).
ASPECTOS ÉTICOS EN LA EVALUACIÓN
TF`
1
Y E A M I N A C I Ó PSICOLÓGICA
Desde la década de los setenta ha aumentado la preocupación no sólo por los problemas
éticos, sino por otras cuestiones relacionadas con los valores en todos los campos de la
psicología teórica y aplicada (Bersoff, 1995; Diener y Crandall, 1978; Jacob y Hartshor-
ne, 1991; Pope y Vásquez, 1991). En el área de la evaluación, Eyde y Quaintance
(1988) y Messick (1980b, 1989, 1995) han presentado análisis minuciosos y provocati-
vos sobre la función de los valores y de la ética racional que fundamenta diversas prac-
ticas. A nivel más especifico, el Código Ético de la APA contiene muchos elementos
que pueden aplicarse a la evaluación psicológica. Una de las normas —de evaluación e
intervención— contiene una sección dedicada específicamente a las evaluaciones en
contextos legales; además, la norma ética sobre la privada y la confidencialidad,
aunque de gran alcance, también resulta relevante para la evaluación, como lo son la
mayor parte de los otros principios generales y varias de las normas éticas (APA,
1992). Algunos de los asuntos analizados en el Código Ético se relacionan con los puntos
cubiertos en los Estándares de. Examinación que citamos en el primer capitulo, cuyo
contenido de hecho ayuda a definir el uso responsable y profesional de las pruebas.
Además de la APA, otros grupos y asociaciones profesionales afines han desarrolla-
do sus propios códigos y normas éticos, entre los que destacan, desde el punto de vista
de la evaluación, la declaración titulada Responsibilities of Users of Standardized Tests
("Responsabilidades de los Usuarios de las Pruebas Estandarizadas"), la "declaración
RUST" adoptada en 1989 por la AA. Otro documento útil son los Principles for che
Validation and Use of Personnel Selection Procedures ("Principios para la Validación y
Uso de Procedimientos de Selección de Personal"), redactado por la Sociedad para la
Psicología Industrial y Organizacional (Society for Industrial and Organizational Psycho-
log , SIOP, 1987) para un propósito más especializado (véase el capitulo 17).
La publicación de Ability Testing: Uses, Consequences, and Controversies ("Evalua-
ción de Habilidades: Usos, Consecuencias y Controversias", Wigdor y Gamer, 1982)
constituyó un acontecimiento importante para aclarar el lugar de la evaluación en la
538 Aplicaciones de las pruebas
sociedad moderna; la obra, que consta de dos volúmenes, es el informe final de un pro-
yecto que durante cuatro años examinó el uso de pruebas estandarizadas de habilidad
en la escuela, la admisión a la educación superior y el empleo. El proyecto, que empezó
cuando el debate público sobre lo conveniente de la evaluación era generalizado, fue
dirigido por una comisión muttidisciplinaria bajo los auspicios del Consejo Nacional
Estadounidense para la Investigación. Desde la década de los ochenta se han publicado
otros estudios e informes importantes que tienen que ver con las áreas problemáticas de
la evaluación (véase, por ejemplo, Hartigan y Wigdor, 1989; Office of Technology As-
sessment, 1992). En general, los descubrimientos de esos diversos grupos han apoyado
y aumentado la credibilidad de las bien establecidas y a menudo reiteradas conclusio -
nes sobre las contribuciones y los abusos potenciales de las pruebas de habilidad.
La creciente participación del gobierno estadounidense en la aplicación de las
pruebas psicológicas y otras herramientas de evaluación dio lugar a la creación de la
Comisión para la Examinación y Evaluación (Board on Testing and Assessment, Bo-
TA), establecida en 1993 con el apoyo de los departamentos de Defensa, Educación y
Trabajo de los Estados Unidos (véase el apéndice B). La BoTA supone una actividad
en marcha del Consejo Nacional Estadounidense para la Investigación, que tiene en tre
sus objetivos principales ayudar a los políticos a comprender y evaluar las pruebas y otros
instrumentos de evaluación que se emplean como herramientas de política pú blica. La
comisión se concentra en los ternas que influyen en la examinación y evaluación en
diversos contextos y ha publicado informes al respecto como las Metas del 2000, una
iniciativa legislativa para la educación (Feuer y Kober, 1995) y un plan pa ra mejorar la
Batería de Pruebas de Aptitudes Generales (BoTA, 1995), así como las implicaciones
evaluativas y educacionales de los cambios que tienen lugar en la naturaleza del trabajo
(Black, Feuer, Guidroz y Lesgold, 1996) .
2 Véase el capitulo 1 para una revisión de la función del usuario y de los proyectos sobre la capacitación y la for -
mación del usuario de las pruebas, conducidos por grupos de trabajo del JC:TP (Eyde et al., 1988, 1993; Moreland
et al., 1995). La Asociación Psicológica de Canadá y la Sociedad Psicológica Britanica también han dado pasos
hacia el desarrollo de sistemas para establecer la capacitación de los usuarios (O. C. Browns, 1995).
Consideraciones éticas y sociales de lo evaluación 539
Los evaluadores bien capacitados eligen los instrumentos apropiados tanto para el
propósito particular de evaluación como para las personas que serán examinadas. Están
al tanto de la investigación bibliográfica disponible sobre la prueba elegida y pueden
evaluar sus méritos técnicos con respecto a características como las normas, la confia -
bilidad y la validez. Al aplicar el instrumento, son servibles a las diversas condiciones
que pueden afectar el desempeño en el mismo, como las que se ilustran en el capitulo
1, extraen conclusiones o hacen recomendaciones únicamente después de considerar
la puntuación (o puntuaciones) de la prueba a la luz de otra información relevante so bre
el individuo. Por encima de todo, deben contar los conocimientos suficientes sobre la
ciencia del comportamiento humano para prevenir las inferencias injustificadas en su
interpretación de las puntuaciones. Cuando técnicos o asistentes aplican las prue bas, o
bien personas que carecen de formación profesional en los principios psicométri cos y las
prácticas adecuadas de evaluación, resulta indispensable que tengan acceso a un
psicólogo calificado, al menos como asesor, que les proporcione la perspectiva nece saria
para hacer una interpretación adecuada de la ejecución en la prueba.
¿Quién es un psicólogo calificado? Como es evidente, y dada la diversificación de la
disciplina y la consecuente especialización de la formación, no todos los psicólogos están
igualmente calificados en todas las áreas, ni siquiera en el campo más restringido de
las pruebas y la evaluación psicológica (véase el capitulo 17). En reconocimiento de este
hecho, el Código Mico exige a los psicólogos que "acepten los límites de su competencia
particular y las limitaciones de su experiencia" (APA, 1992, pág. 1599), Las
implicaciones de esta obligación ética se explican claramente en el principio de com -
petencia que mencionamos.
La promulgación de leyes para el otorgamiento de licencias estatales y de las leyes
de certificación para los psicólogos no sólo contribuyeron al mejoramiento de los es-
tándares profesionales, sino que también ayudan al público a identificar a los psicólo-
gos calificados. Estas leyes tienen vigencia en los Estados Unidos, y en casi todas las
provincias del Canadá también se han promulgado leyes que regulan la práctica de la
psicología (el lector puede encontrar un resumen de esas leyes en APA, 1993, pp. xlii-
clv). Aunque es común el uso indistinto de los términos "licencia" y "certificación", en
psicología la certificación suele referirse a la protección legal del titulo de "psicólogo",
mientras que la licencia controla la práctica de la psicología independientemente del
titulo que identifique al profesional. En consecuencia, las leyes sobre la licencia nece sitan
incluir una definición de la práctica de la psicología. Por su parte, en las leyes de
certificación, aunque al principio eran casi siempre simples, hoy se observa una ten -
dencia continua hacia la regulación de la licencia. Cualquiera que sea la ley, por lo co -
mún se exige un doctorado en psicología, cierta cantidad de práctica supervisada y el
desempeño satisfactorio en un examen de calificación. Los estatutos para el otorga -
miento de la licencia suelen establecer las condiciones disciplinarias para imponer ac -
ciones contra los psicólogos, que pueden ir de multas y reprimendas a la suspensión y
revocación de la licencia. Muchas jurisdicciones han incorporado en sus estatutos, di-
f o indirectamente, los requisitos de la APA, por lo que las violaciones al Código
recta
Erica a menudo constituyen la base para alguna acción disciplinaria. La APA también
ha desarrollado una Ley Modelo para el Otorgamiento de la Licencia a los Psicólogos
(Model Act for State Licensure of Psychologists, APA, 1987b), que sirve corno prototipo
de las legislaciones estatales que regulan la práctica de la psicología.
540 Aplicaciones de las pruebas
R E S P O N S A B IL I DA D E S D E LO S E D IT O R E S DE LAS P RU E B A S
Por lo general, la venta de las pruebas se restringe a quienes cumplen con ciertas con -
diciones mínimas de capacitación. Los catálogos de las principales editoriales especifi-
can los requisitos que deben satisfacer los compradores, que por lo general consisten
en un grado de maestría en psicología o su equivalente. Algunos editores clasifican sus
pruebas en niveles, de acuerdo con la capacitación que requieren del usuario, que van
de las pruebas de aprovechamiento educativo y destreza vocacional a los tests colecti -
vos de inteligencia, y los inventarios de intereses, los instrumentos clínicos como las
pruebas individuales de inteligencia y la mayor parte de los tests de personalidad.
También se hacen distinciones entre los compradores particulares y las instituciones
autorizadas en la adquisición de las pruebas adecuadas. En el caso de los estudiantes
graduados que necesiten determinada prueba para una materia o para una investiga-
ción, su profesor debe firmar la orden de compra, con lo que asume la responsabilidad
por el uso adecuado del instrumento. 3
Los esfuerzos por restringir la distribución de las pruebas tienen un objetivo doble:
garantizar la seguridad de los materiales del instrumento y prevenir el abuso; sin em-
La Comisión sobre Pruebas Psicológicas y Evaluación (Committee on Psychol gical Tests and Assessment, 1995)
.
de la APA preparó una declaración que orienta sobre el uso seguro de las pruebas psicológicas en la educación de
estudiantes graduados y no graduados en psicología.
Consideraciones éticas y sociales de la evaluaci ón 541
bargo, debe advertirse que aunque los distribuidores se esfuerzan por cumplir estos ob-
jetivos, el control que ejercen es por fuerza limitado. En algunos casos, no pueden in-
vestigar y verificar las supuestas capacidades y acreditación de los compradores (véase,
por ejemplo, Dles y Davis, 1977), pero, aunque pudieran hacerlo, las capacidades y
acreditación formales sólo constituyen un dispositiva general de identificación; por
ejemplo, es evidente que un grado de maestría en psicología —o incluso un doctorar
do, una licencia estatal o un diploma de la ABPP— no necesariamente significa que
el individuo está calificado para utilizar una prueba particular o que su formación es
relevante para la interpretación apropiada de los resultados obtenidos con el instru -
mento. La principal responsabilidad por el uso adecuado de las pruebas recae final -
mente en el usuario o la institución interesada.
Otra responsabilidad profesional tiene que ver con la venta de instrumentos psico -
lógicos por autores y editoriales. Las pruebas no deben salir prematuramente a la cir-
culación para uso general y no deben hacerse afirmaciones sobre sus posibles méritos
si no se cuenta con evidencias objetivas suficientes. Cuando una prueba se distribuye
con propósitos exclusivos de investigación, esta condición debe especificarse con cla -
ridad y su distribución debe ser restringida. El manual no sólo tiene que incluir datos
adecuados que permitan una evaluación del propio instrumento, sino también infor -
mación completa sobre su aplicación, calificación y normas. Más que una estratagema
de ventas diseñada para mejorar la imagen del instrumento, el manual debe ser una
exposición fáctica de lo que se sabe sobre la prueba. Es responsabilidad del autor y del
editor revisar las pruebas y normas con la frecuencia suficiente para evitar su obsoles-
cencia; desde luego, la rapidez con que una prueba queda rezagada varía con la natura -
leza del propio instrumento.
Por razones obvias, no deben publicarse en los medios masivos de comunicación,
en parte o del todo, las pruebas cuya seguridad debe garantizarse porque se utilizan p a, ra
tomar decisiones de selección, colocación o diagnóstico. Cualquier publicidad que se
dé a reactives específicos de la prueba tenderá a invalidar el uso futuro del instru mento
con otras personas; además, la publicación de instrumentos en los medios de
comunicación puede dar lugar a que la gente haga una autoevaluación que pueda cau,
sar daños psicológicos. Otra práctica que casi siempre se considera poco profesional
consiste en enviar las pruebas por correo, pues semejante procedimiento no sólo impide
controlar las condiciones de la evaluación, sino que en general supone que las pun-
tuaciones se interpreten sin contar con otra información importante del individuo.
Salvo muy contadas excepciones, como el uso de inventarios de intereses o valores
con individuos medianamente conocedores y motivados, los resultados obtenidos en
esas condiciones suelen ser más que inútiles.
Es digno de mención que desde la década de los ochenta las editoriales empezaron
a tornar medidas para asegurar que los instrumentos que publican y distribuyen se em-
pleen en forma adecuada y que sus calificaciones se interpreten correctamente. Con
este fin han hecho esfuerzos por ampliar y mejorar la comunicación con sus clientes
acerca de pruebas específicas y por mejorar la comprensión del público sobre la eva-
luación en general. Los editores de pruebas psicológicas participaron con la APA y
4
La Comisión de Ética de la APA preparó recientemente una declaración sobre el hecho de "llevar [as pruebas a
casa" en respuesta a una investigación concerniente a lo adecuado de enviar a casa el MMPI para su aplicación
(APA, Ethics Committee, 1994, pp. 665-666).
542 Aplicaciones de las pruebas
dente, no se trata de un problema sencillo, por lo que ha sido objeto de amplias deli -
beraciones. No pueden formularse reglas universales para salvaguardar la privacidad
personal, sólo ofrecerse orientaciones generales. Las soluciones deben plantearse en
términos de las circunstancias particulares de cada caso y a la luz de la conciencia ética
y la responsabilidad profesional del psicólogo. ,,
poco deben mostrarse los reactivos a los padres, ya que dicha información invalidaría
la prueba. En el capitulo correspondiente a los derechos de los examinados, los Están-
dares de E a . i n i o n consideran todos los aspectos especiales que pueden surgir res -
pecto al consentimiento informado y otros temas relacionados con las situaciones de
evaluación.
CO NF IDE NC I ALI DA D
Al igual que la protección de la privaccidad, con la que se relaciona, el problema de la
confidencialidad de los datos tiene también muchos aspectos. En respuesta a la inte-
rrogante de quién debe tener acceso a los resultados de una prueba pueden influir va-
rias consideraciones, como la seguridad del contenido del instrumento, el riesgo de
que se malinterpreten sus resultados y la necesidad de que varias personas los conoz-
can.
Cada vez se tiene más conciencia del derecho de los indil iduos a conocer los des-
cubrimientos en los informes de sus tests, a tener la oportunidad de comentar sus con-
tenidos y, de ser necesario, aclarar o corregir la información fáctica. Por su parte, los
consejeros intentan que sus clientes participen de manera activa en su propia evalua -
ción. Lo anterior implica la necesidad de presentar los resultados de la prueba de una
forma fácilmente comprensible, libre de jerga o etiquetas técnicas y orientada al obje-
tivo inmediato de la evaluación; pero también indica la necesidad de tomar las pre-
cauciones adecuadas contra el abuso y la mala interpretación de los resultados del
instrumento.
En general, las discusiones sobre la confidencialidad de los registros de las pruebas
tratan sobre el acceso de terceras personas, distintas del individuo evaluado ( o el padre
de un menor) y el examinador. El principio del que se parte es que los registros no de-
berían abrirse sin el conocimiento y el consentimiento del examinado, a menos que se
tratara de un mandato legal o que fuera permitido por la ley para un propósito válido.
Cuando las pruebas se aplican en un contexto institucional, corno el sistema escolar,
el tribunal o el medio laboral, en el momento de la evaluación debería informarse al
individuo sobre el propósito de la prueba, la forma en que se utilizarán sus resultados y
su disponibilidad para el personal de la institución que tenga una necesidad legítima
de los mismos. Cuando un extraño solicita los resultados (como sucede cuando un po -
sible empleador o una universidad piden los resultados de la prueba al sistema esco -
lar), se requiere un consentimiento expreso para entregar los datos. Los mismos
requisitos se aplican a las pruebas aplicadas en los contextos clínicos y de consejería o
cuando se realizan con propósitos de investigación. En la Declaración sobre la revela-
ción de datos de pruebas (Statement on the Disclosure of Test Data, APA, 1996) prepa-
rada por la CPTA para ayudar a los psicólogos a manejar las cuestiones concernientes
a la revelación de los registros de las pruebas, puede encontrarse mayor orientación al
respecto. Además, la Comisión sobre Asuntos Legales de la APA (Committee on Legal
Issues, COL') ha establecido ciertas estrategias para psicólogos que deben enfrentar
emplazamientos o que en el curso de su práctica profesional se vean obligados a pres tar
testimonio concerniente a los registros o los datos de la evaluación psicológica de algún
cliente (APA, COLI, 1996).
Consideraciones éticas y sociales de !a evaluación 5~~
Otro problema tiene que ver con la conservación de los registros en las instituciones.
Por un lado, los registros longitudinales de los individuos pueden resultar muy valiosos,
no sólo para propósitos de investigación, sino también para comprenderlos y
aconsejarlos, lo que desde luego presupone el uso y la interpretación adecuados de los
resultados de la prueba. Pero, por otro lado, la disponiilidad de registros antiguos ha ce
posible que se cometan abusos como las inferencias incorrectas de datos obsoletos y el
acceso no autorizado para propósitos diferentes a los de la evaluación original; por
ejemplo, seria absurdo citar el CI o la puntuación obtenida por un niño de tercer gra do
en una prueba de lectura cuando se lo evalúa para su admisión a la universidad. De modo
similar, cuando los registros se conservan durante muchos años, existe el riesgo de que
puedan utilizarse para propósitos que el examinado (o sus padres) nunca anticiparon y
que podrían no haber aprobado. Para evitar tales abusos, cuando los registros se
conservan ya sea para un uso longitudinal legitimo del interés del individuo o por
propósitos aceptables de investigación, el acceso a los mismos debe estar sujeto a
controles estrictos. Cada institución debe formular políticas explícitas respecto a la
destrucción, conservación y acceso a los registros personales. La declaración al respecto
de las Directrices para el mantenimiento de los registros (Record Keeping Guidelines;
APA, COPPS, 1993), contiene más información sobre este tema.
8 El número de septiembre de 1992 de Psychological Assessment contiene una sección especial sobre el tema de
proporcionar a los clientes realimentación sobre las pruebas psicológicas. En un articulo particularmente útil, K.
S. Pope analiza diez aspectos fundamentales de la realimentación que, según afirma, "puede ser el aspecto más
descuidado de la evaluación" (1992, p. 265).
9
Aunque las mujeres representan una mayoría estadística en la población de las Estados Unidos, Legal y ocupa-
c'ionaltnente, entre otras formas, han compartido muchos de los problemas de las minorías; de ahí que al usar el
término "minoría" se entiende la inclusión de las mujeres.
Consideraciones éticas y sociales de la evaluación 547
io El lector puede encontrar en Ayers, Day y Rotatori (1990) y en Reschly (1988) las revisiones de algunas deci-
siones legales importantes en el campo de la evaluación psicoeducativa.
548 Aplicaciones de !as pruebas
El papel que los tribunales desempeñan en el campo laboral es cada vez más destaca-
do en la interpretación y aplicación de las leyes sobre los derechos civiles, cuyas irnpli-
caciones han sido analizadas en la bibliografía correspondiente por personas con
formación en psicología, leyes o ambas (véase, por ejemplo, APA, OPTA, 1988; Fer-
soff, 1983, 1984; Bruyére y O'Keeffe, 1994; I-lollander, 1982; Merenda, 1995; Meyers,
1992; Wigdor, 1982). La legislación federal más relevante la proporciona el titulo VII
de la Ley de Derechos Civiles de 1964 (P.L. 8 - 352), conocida también como la Ley
de Igualdad de Oportunidades en el Empleo (Equal Employment Opportunity Act) con
sus enmiendas subsecuentes: la Ley de Derechos Civiles de 1991 (PL. 102-166) y la
Ley de Estadounidenses con Discapacidades de 1990 (PL. 101--336). La responsabili -
dad por la implantación y el cumplimiento de estas leyes corresponde principalmente a
la EEOC, que con ese propósito establece y distribuye directrices. En aras de simplificar
el procedimiento y mejorar la coordinación entre instituciones, la EEOC, la Comisión
de Servicio Civil (ahora conocida como La Oficina de Manejo de Personal de los Esta -
dos Unidos, Office of Personnel Management) y los departament6s de Justicia, de Traba-
jo y del Tesoro11 adoptaron en 1978 las Directrices Uniformes para los Procedimientos
de Selección de Empleados ( Uniform Guidelines on Employee Selection Procedures) .
La Ley de Igualdad de Oportunidades para el Empleo prohibe la discriminación por
raza, color, religión, sexo y origen nacional en los procedimientos de selección que
conducen a las decisiones de empleo. Estas regulaciones se aplican a los empleadores
(privados o gubernamentales), organizaciones laborales, oficinas de empleo y comisiones
para el otorgamiento de licencias y certificación. Cuando el uso de una prueba u otro
procedimiento de selección da por resultado una tasa de rechazo sustancialmente más
alta para los candidatos de la minoría que para los candidatos de grupos no minoritarios
("impacto adverso"), 1' es necesario justificar su utilidad mediante evidencias de su
validez para el trabajo en cuestión.
Históricamente, los requisitos para la validación de pruebas aceptables fueron esta-
blecidos mediante los Estándares de Examinación, los "Principios para la validación y
uso de los procedimientos de selección de personal" (Principles for the Validation and
Use of Personnel Selection Procedures, SIGP, 1987) y algunos otros documentos de la
profesión; sin embargo, en las dos últimas décadas tuvieron lugar varios casos en los
que consideraciones legales extrañas irrumpieron en las prácticas psicométricas, espe-
cialmente en relación con los derechos civiles. Uno de estos casos se conoce como la
"Regla de Oro" (véase también el capitulo 7) y surgió de una disputa entre la compa ñia
de seguros Golden Rule y el Servicio de Evaluación Educativa (Educational Testing
Service, ETS) concerniente a los exámenes preparados por el ETS para otorgar licen-
cias a los agentes de seguros. El arreglo establecía que cuando se encontraran tasas dife-
renciales de respuestas correctas entre los grupos minoritarios y mayoritarios, debería
darse prioridad al uso de reactives que dieran lugar a las menores diferencias entre
grupos; aunque la medida pretendía promover la equidad y disminuir al mínimo el
11
Las Directrices Uniformes (Uniform Guideiines) han quedado rezagadas y es evidente que necesitan revisarse.
Se espera contar con una nueva versión de las mismas después de la publicación de los nuevos Estándares de Exu-
minación, cuya publicación se anticipa para finales de la década de los noventa (véase el capitulo 1).
2 B. Lerner (1980a) analice las inconsistencias en la forma de evaluar el impacto adverso en diferentes casos le-
gales (véase también Ironson, Guion y Ostrander, 1982).
Consideraciones éticas y sociales de 1a evaluación 549
recelos más frecuentes relacionados con la aplicación de estos instrumentos a los gru -
pos minoritarios surgen de la mala interpretación de las puntuaciones. Si un miembro
de un grupo minoritario obtiene una baja puntuación en un test de aptitud o una pun -
tuación desviada en uno de personalidad, es esencial investigar a qué se debe. Una
puntuación baja en una prueba de aritmética podrí , digamos ser resultado, entre ,
otras razones de una pobre motivación, de poca habilidad en la lectura o del conoci -
,
m i e n t o P
miento inadecuado de la aritmética. Pero también debería considerarse el tipo de nor-
mas que deben emplearse al evaluar las puntuaciones individuales. °
Las pruebas están diseñadas para demostrar lo que un individuo puede hacer en un
momento determinado, pero no nos pueden decir por qué se desempeña como lo hace.
Debemos buscar la respuesta a esa pregunta en sus antecedentes, motivaciones y otras
circunstancias relevantes. Las pruebas tampoco pueden decirnos lo capaz que podría
haber sido un niño criado con desventajas culturales o educacionales si hubiera con -
tado con un ambiente más favorable; tampoco pueden compensar la privación cultu -
ral, eliminando sus efectos de las puntuaciones. Por el contrario, las pruebas deberían
revelar esos efectos de forma que pudieran tomarse las medidas de remedio conve -
nientes. Tratar de ocultar los efectos de las desventajas culturales, rechazando las
pruebas o tratando de elaborar otras que no sean susceptibles a esos efectos, sólo pue de
retardar el progreso hacia una genuina solución de los problemas sociales.
Todavía es muy común la tendencia a categorizar y etiquetar, como sustituto de la
comprensión. Un ejemplo bien conocido se encuentra en las categorías de diagnóstico
de la psiquiatría clásica, en la que se etiquetaba a los pacientes como "esquizofrénico pa-
ranoide" o "maniaco-depresivo". Conscientes de las muchas deficiencias de ese sistema
de clasificación, los autores de los más recientes manuales de diagnóstico psiquiátrico
describen trastornos de varios tipos y asignan las etiquetas a las condiciones más que a
los individuos que los padecen (véase, por ejemplo, American Psychiatric Association,
1994). Más aún, cada vez son más los psicólogos que hacen descripciones de personali-
dad que, a diferencia de las etiquetas de diagnóstico, se concentran en los orígenes y el
significado individual de la conducta desviada y proporcionan una base más efectiva para
la terapia; sin embargo, no resulta sencillo deshacerse de las etiquetas tradicionales.
Otro ejemplo de la tendencia a la categorización se encuentra en las interpretacio nes
erróneas del CI, que según las creencias populares, es un indicador del potencial
intelectual innato y representa una propiedad fija del organismo. Como vimos en el
capítulo 12, esta visión no es teóricamente defendible ni la respaldan datos empíricos.
Cuando se interpretan adecuadamente, las puntuaciones de los tests de inteligencia
no deben fomentar una categorización rígida de las personas, por el contrario, este ti po
de pruebas (como cualquier otro instrumento) pueden considerarse como un mapa en
el que es posible localizar la posición actual del individuo. Cuando se combinan con la
información sobre los antecedentes de su experiencia, las puntuaciones de las pruebas
deberían facilitar la planeación adecuada para el desarrollo óptimo del individuo.
Objetividad de las pruebas. Cuando los estereotipos sociales y los prejuicios pue-
den distorsionar las evaluaciones interpersonales, las pruebas proporcionan un amparo
13
Una sección especial del nximero de diciembre de 1994 de Psychological Assessment se dedicó a proporcionar
información y orientación sobre diversos aspectos de la evaluación normativa.
552 Aplicaciones de las pruebas
contra el favoritismo y las decisiones arbitrarias y caprichosas. A medida que los mo-
vimientos por los derechos civiles ganaron impulso, diversos observadores llamaron la
atención sobre la función positiva que podía cumplir la evaluación estandarizada. Al
comentar sobre el uso de las pruebas en las escuelas, J. W. Gardner (1961, pp. 48-49)
escribía: "Las pruebas no pueden ver si el joven vestía harapos o paño, ni pueden escu-
char el acento de los barrios bajos. Las pruebas revelan las dotes intelectuales en cada
nivel de la población".
Aunque las pruebas fueran eliminadas permanecería la necesidad de que indivi -
duos e instituciones tomen decisiones, por lo cual tendrían que retroceder a las cono-
cidas alternativas de las cartas de recomendación, entrevistas y promedios de
calificación. En la actualidad, es común que estas otras fuentes de información se uti -
licen junto con las puntuaciones de las pruebas, pero no en su lugar. De hecho, las
pruebas estandarizadas se introdujeron como una forma de compensar la poca confia-
bilidad, la subjetividad y los posibles sesgos de los procedimientos tradicionales. Las
alternativas de evaluación generalmente han demostrado r menos exactas que las
pruebas para predecir el desempeño en la escuela o el trabajo (Wigdor y Garner, 1982;
pto. I, capítulo 1). Otros procedimientos desarrollados más recientemente, como las
técnicas de evaluación del desempeño y los llamados portafolios, quizá demuestren
ciertas ventajas cuando se los compare con los instrumentos tradicionales; sin embar-
go, hasta ahora la investigación realizada con estas técnicas indica que no son más vá-
lidas ni más imparciales con las diversas poblaciones que las pruebas estandarizadas a
las que podrían complementar o reemplazar (véase el capitulo 17).
Con frecuencia, los ataques a las pruebas no logran diferenciar entre las contribu-
ciones positivas de la evaluación y la imparcialidad en la toma de decisiones y los usos
inadecuados de tales instrumentas coma sustitutos del juicio cuidadosamente conside-
rado. Al examinar la evaluación en su contexto social, la Comisión para la Evaluación
de la Habilidad (Committee on Ability Testing; Wigdor y Garner, 1982, pto. I) advertía
que las pruebas no deberían considerarse como panaceas ni como chivos expiatorios
para los problemas de la sociedad, y que las metas sociales de aumentar las oportunida-
des para los miembros de los grupos minoritarios no deberían confundirse con la vali-
dez del proceso de evaluación. En una de las conclusiones, la comisión observó: "La
búsqueda de una sociedad más equitativa ha colocado a la evaluación de la habilidad
en el centro de la controversia y le ha dado una reputación exagerada para bien y pa ra
mal" (p. 239). Esta declaración sigue siendo válida y, a la luz de la escasez de alter -
nativas viables, es de creer que seguirá siéndolo durante mucho tiempo.
En suma, es indudable que las pruebas pueden utilizarse mal con las minorías, como
con cualquiera; empero, cuando se utilizan adecuadamente, cumplen una función
importante al impedir la discriminación irrelevante e injusta. Cuando se evalúan las
consecuencias sociales de la examinación es necesario considerar con cuidado las con-
secuencias sociales de no realizarla y de tener que confiar en otros procedimientos me-
nos equitativos que la evaluación para tomar decisiones; más aún, al determinar sus
consecuencias es preciso diferenciar las repercusiones del uso adecuado de las pruebas
de las que pueden resultar de una inadecuada utilización y separar las consecuencias di-
rectas de la evaluación de las que son mediadas por factores ajenos al instrumento (Te-
nopyr, 1995). De otro modo, es probable que descartemos, por razones equivocadas, un
instrumento que, aunque siempre es perfectible, puede resultar irremplazable.