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Leonor Por momentos se olvidaba, escuchaba la música y veía bailar
como si fuera visita.
Cuando Leonor era chica, su mamá hacía albóndigas de La madre en la fiesta estaba tranquila y sosegada:
harina de mandioca. Las albóndigas de harina de mandioca son descansaba. Después que se casó, Leonor fue a visitar a su
duras como si tuvieran plomo, secas como si fueran de arena y mamá, le llevó los aros y un poco de pan blanco. Cuando
malignamente compactas. Si uno las come estando triste, hace estaba por irse, vaciló y dijo:
de cuenta que come un páramo; si uno está contento, esa bola –Mamá...
marrón, sin nada aceitoso, es un alimento merecido y –¿Qué, hijita?
vivificante. –El polaquito es muy bueno, pero yo tengo miedo de él.
Leonor creció y llegó a los dieciocho años. Su mamá le dijo: –¿Te ha faltado, te ha levantado la mano, m’hijita?
–Hija, usted debe casarse. Cuando una se casa le dan una –No, mamá, pero habla un idioma extraño cuando está entre
libreta, el hombre trae pan blanco y zapatos taco alto. Después las plantas y si yo le pregunto alguna cosa cuando él está
que se casa con ese polaco, le trae unos aros a la mamita. hablando así, me mira con furia. A veces entonces no sé
Leonor dijo: cuando hablarle.
–Sí, mamita, pero el polaco muy grande es. La madre pensó y pensó y después dijo:
El polaco medía casi dos metros; todo el día arrancaba –A lo mejor se adueñó un mal espíritu de él. Vamos a ir de
yuyos y los domingos no iba al baile, trabajaba. Isolina.
–¿Qué importa? –dijo la madre. Isolina preguntó:
–Sí, mamita –dijo Leonor–. Yo me caso, pero me da –¿Al lado de qué plantas habla?
vergüenza hablar delante de él. Leonor, turbada por la pregunta, hecha en tono imperioso,
La madre le dijo: no supo responder bien a lo que le preguntaban.
–La vergüenza después se va y él no habla total. Usted le Isolina dijo que de todos modos, no era un espíritu malísimo
dice: “¿Querría un plato de porotos?” Y un día comen porotos, ni peligroso, era un espíritu reacio. Había que tener paciencia
otro día pan de harina blanca y él se pone contento porque mi hasta que se fuera; ella podía mandar un espíritu opuesto para
hijita es muy buena. Usted siempre sonriente, no le lleva la neutralizarlo; pero existía el peligro de que el espíritu reacio se
contraria y él se va a amansar y va a hablar. Eso sí, nunca lo pasmara y eso sería grave. Aconsejaba prudencia y esperar,
provoque, que él maneja muy mucho la azada y la pala. para ver mejor cómo se manifestaba.
La fiesta de casamiento fue hermosa. Él le regaló a Leonor Pero Leonor salió descontenta porque no podía hablar bien,
un par de zapatos de taco alto y un vestido colorado. Leonor no no se había expresado bien, le faltaban las palabras. Le pasaban
caminaba muy bien con esos zapatos, y él notó vagamente que muchas cosas que no podía contar a su mamá; desde su casa,
ella no estaba cómoda y la acompañó a sentarse. Sentados todos los sábados, se oía la música de un baile y ella sentía que
miraron toda la fiesta y la gente los venía a saludar; aunque en los pies se le iban para allá y después que hacía sus trabajos y
realidad, los protagonistas de esa fiesta tan alegre eran los que limpiaba todo, se acercaba caminando un poquito para oír
músicos. Alguien había invitado músicos de otro pueblo; no esa música y para ver de lejos a la gente.
eran personas de la zona. Por momentos Leonor pensaba “Toda Cuando tuvo los chicos se olvidó del marido y hasta de la
esta fiesta es por el casamiento, porque es un día importante”. mamita. A ella los chicos le gustaban mucho; le gustaba mirar
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cómo caminaban, ver qué pies chiquitos tenían y nunca les –Bastante bien te ha salido.
pegó. Pero lo que le encantaba eran los versos que le enseñaban a
Cuando pasaban unos días en los que no iba a ver a la María. A la noche, cuando terminaban de comer, María
madre, ésta decía: recitaba:
–Hijita, no des tanta maña a los chicos.
–Está bien, mamá –decía Leonor. “La casita del hornero
Pero pensaba: “La mamá está un poco celosa, a lo mejor”. tiene sala y tiene alcoba,
Cuando Hugo tuvo cinco años, la acompañaba a buscar leña limpia está con todo esmero
y él le decía: aunque en ella no hay escoba”
–No pise por ahí, mamita.
Y quería llevar él solo un montón de leña. Cuando se Y mandó pronto a la escuela a la tercera, porque a ella la
dormían los más chiquitos, ella le decía a Hugo: instrucción le encantaba.
–¿Vamos hasta el camino, Hugo? El padre se fue apartando cada vez más, como si no le
Y Hugo la acompañaba hasta el camino; cerca del camino importara nada. Venía a la hora de comer solamente.
pasaba algún auto y a veces, algún conocido. Se quedaban un Cuando Hugo tuvo quince años, le dijo a Leonor:
rato y Hugo decía: –Mamita, quiero ir a trabajar a Buenos Aires, aquí no hay
–Volvemos, mamita, hace frío. trabajo.
–Sí hijo –decía ella. –Bueno, hijito, si es por tu bien y por el bien de nosotros,
Cuando Hugo tuvo ocho años y María seis, Leonor los está bien.
quiso mandar a la escuela. Antes no se podía porque mandar a El padre no dijo nada de la ida de Hugo. La abuela se
Hugo solamente no era redituable; Hugo trabajaba con el asustó un poco de que se fuera y le dijo a Leonor:
padre, mientras María no hacía nada. Pero si Hugo y María –Mucha maña a ese chico, hija.
iban juntos se cumplían dos funciones: Hugo aprendía y Leonor se impacientó y respondió:
acompañaba a su hermana. Pero el padre tenía otra teoría: –No es mucha maña, mamita, el Hugo va a trabajar allá; él
esperar un poco más, hasta que fuera la tercera. Cuando expuso es serio.
su teoría, Leonor levantó la voz, lo miró con furia y dijo: Y antes de que se fuera, Leonor le lavó y le planchó bien la
–¡La escuela es instrucción! ropa que tenía, consiguió una valija prestada y le regalaron un
Hugo dijo: pañuelito rojo para que Hugo se abrigara el cuello. Después le
–Quiero ir a la escuela. dijo:
El padre se puso muy nervioso, le brillaban los ojos y fue a –Hijito, usted se va por su bien y por nosotros. No ande con
buscar la azada farfullando cosas incomprensibles; dio afuera malas juntas, usted siempre trabajando y de buenas maneras,
unos cuantos golpes con la azada y cuando volvió, se puso a sin pordelantear a nadie. ¿Me entendió, hijo?
tomar vino. Desde entonces, a la noche, después de trabajar, –Ya lo sé, mamita –dijo Hugo.
tomaba unos vasos de vino. Hugo dibujaba una vaca en su Como un hombre agarró su valija y no quiso que nadie lo
cuaderno y se esmeraba para que se pareciera a la vaca acompañara a la estación. Nadie lloró porque él se iba;
verdadera. Leonor la miraba y le decía: seguramente iba a volver o ellos iban a ir donde él estuviera.
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Hugo pensó que mejor que no hubiera ido nadie a despedirlo;
quién sabe si no hubiera llorado. Los primeros días que llegó a Querida madre y hermanos:
la ciudad estaba siempre mareado, pero se dijo: “Tengo que Espero que estén bien para allá, yo estoy bien en Buenos
aguantar unos seis meses y me voy a acostumbrar”. Un Aires. Mamita, le diré una cosa, déle la frazada marrón a la
compañero del trabajo le enseñó el portero eléctrico; una abuela porque ya hay otra que la mando para allá, otra cosa
señora, el ascensor. Un sábado a la noche salió con otro diré, mando también un vestido, para la Pili, que lo use para ir
muchacho y viajaron en subte por primera vez, por lo oscuro. al centro, después de la María no sé acertar las medidas, ya
Era terrible pero emocionante al mismo tiempo. veré. Que escriba María si el nene va a la escuela y que lo
Unos días después que Hugo se fue, pasó por lo de Leonor tenga corto. Yo voy a ir para diciembre pero quiero estar
un turco con una valija vendiendo pañuelos, peines, cajitas y enterado de las cosas de allá. Un saludo para papá.
estatuitas. Ese turco no iba a pie, iba en auto y del auto iba
sacando todo y mostrando: tazas, vasitos, floreros, servilletas. Hugo Bilik
Había unas tacitas floreadas, muy lindas.
–Estas son de Japón –dijo el turco. La abuela no entendía más nada. Nadie la consultaba; en esa
–¿De dónde? –dijo Leonor casa había movimientos y hechos que no comprendía, en esa
–De Japón –dijo el turco con naturalidad–. Traídas de allí. casa las cosas no eran como deben ser. No, no se debe dar a
–Claro, de Japón, mamá –dijo María, irritada porque su los hijos más instrucción que la que uno recibió; después los
madre no sabía de dónde eran. hijos la pordelantean a una. Sin ir más allá, el hijo de Isolina
Y Leonor se enloqueció y compró tacitas, pañuelos y todo compra el diario y lo lee delante de su propia madre. Y las
lo que le gustó. niñas, peor. Las niñas, con toda esa instrucción, se
–No compre tanto, mamita, que papá se va a enojar. acostumbran a mirar a los varones cara a cara, se acostumbran
–No le decimos nada –dijo Leonor que estaba feliz. a hablar con ellos, así nomás, y después dicen cosas que no son
María en ese momento le tomó fastidio a su madre; era de niña, se oye cada cosa en boca de una niña ahora que antes
difuso el motivo o los motivos, pero había varios; el turco sabía no se sabía qué era.
más que Leonor; era como más sabio y respetable; ella Leonor empezó a criar pollos para vender en el camino; el
compraba precipitadamente, sin detenerse a pensar todo lo que más chico la acompañaba. Por el camino ahora pasaban más
el turco le quería vender y finalmente, gran parte del fastidio se personas y más coches; ella se acostumbró a tratar con esa
debía a que la vio feliz, contenta de modo insoportable para su gente de los coches y a veces le pagaban bien.
gusto. Entonces le contó al padre lo que había comprado Cuando juntó un poco de dinero, le dijo al marido:
Leonor; el padre empezó a mirar con cara amenazante. –Me voy unos días a Buenos Aires donde el Hugo; vuelvo
Leonor, que no se dio cuenta de nada, lo miró y pensó: pronto.
–¡Bah! Él dijo:
Y él se tomó unos cuantos vasos de vino y se fue a dormir. –Haga lo que quiera. Yo me quedo acá.
Esa semana estuvieron de novedades: vino el turco y vino Lo vio tan amargado, tan triste, tan cerrado que le dijo:
carta de Hugo. El siempre supo escribir bien. La carta decía –Pero voy y vuelvo nomás.
así: –Haga lo que quiera –dijo él.
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Y no dijo más nada. aparatos de hierro, autos que se cruzaban ignorándose, enormes
El más chico quedó con la abuela; María y la Pili tenían carteles de propaganda de cigarrillos y cerveza.
zapatillas flamantes para el viaje. Llevaron algunos platos, Cuando se hizo totalmente de día, casi todos estaban
alguna ropa y mucha comida para comer en el tren. ocupados. Cambiaban cosas de las valijas, bajaban bolsos,
Si a Leonor la instrucción le encantaba, el viaje le encantó todos entraron en movimiento. Leonor no sabía a quién
aún más: todo el tren era una fiesta; uno tocaba el acordeón; en preguntarle cómo podía llegar donde vivía Hugo, “El Zorzal y
otro asiento, varios tomaban mate y contaban chistes. Más allá Jorge Newbery, Paso del Rey”. El único que caminaba por todo
unos hombres jugaban a las cartas sobre una valija. el tren era el hombre que había tocado a Pili; él parecía no
Cuando llegó la noche empezó a sentir frío, hacía mucho tener para arreglar ninguna valija. Leonor le preguntó; no
frío en ese tren. La señora que estaba sentada frente a ellas, que sabía, pero caminó por todo el tren, preguntó y le explicó.
las había convidado con mate, le dijo: Llegó después de preguntar unas diez veces.
–¿Usted no trajo frazadas? Cuando Hugo vio venir a Leonor y a las dos hermanas, las
–No, señora, ¿por qué? –dijo Leonor dos grandulonas en zapatillas, no se asombró. Sintió pena y
–Porque en el tren hace frío y hay que abrigarse. vergüenza, qué iban a decir los vecinos que las vieran; también
–Ah... –dijo Leonor desconcertada. estaba avergonzado de su propia vergüenza. Las encontró en la
–Espere un momento, señora –dijo. Abrió la valija y le dio calle, medio perdidas, y Leonor se avalanzó sobre él como si
un pulóver a cada chica y para ella una especie de frazada hubiera encontrado el cielo. Él dijo, con voz neutra:
tejida, muy abrigada, de color violeta. Pili se durmió –Hola mamá, ¿recién llegaron?
enseguida; María miraba a Leonor y a la señora con cara de –Sí, hijo –dijo Leonor desconcertada, porque pensó que
estar empacada. Finalmente, las dos chicas se durmieron estaba raro Hugo. Este volvió a preguntar:
profundamente, una recostada en la otra. Después de ese –¿Y con esa valijita, nomás?
primer sueño profundo quedaron entredormidas. Entonces pasó –Vinimos para verte, nomás, hijo–, Echó una mirada
un hombre que andaba caminando de noche por el tren alrededor y sonrió–. Y para ver Buenos Aires, que es tan lindo.
mientras los otros dormían o charlaban bajito, y la tocó a Pili. Donde estaba Hugo no era exactamente Buenos Aires; era
Pili se sobresaltó; le pareció que era un hombre, pero no sabía un lugar de casitas bajas con baldíos, por aquí una huerta, más
si había estado soñando, si era un gato o ella misma que se allá un carro con su caballo y con una ruta llena de autos y de
apoyaba contra el asiento; se asustó un poco y se fue a dormir grandes camiones que decían: Transporte “Goya”, Ómnibus
en la falda de Leonor. “Expreso Goya Buenos Aires”, “Transporte de Sustancias
A la mañana temprano cuando empezaba a aclarar, muchos Alimenticias”.
se habían despertado y estaban preparando el mate; dentro del Cuando entraron a la pieza, Hugo cambió. Se puso más
tren parecía una casa, pero fuera, la luz no era como en le cariñoso, más simpático, el Hugo de siempre. Las chicas
Chaco. Allá el sol salía e inmediatamente se llenaba todo de estaban torpes, quietas con sus zapatillas nuevas; no atinaban a
sus reflejos; aquí, desde la ventanilla se veía un sol grande en sentarse. Ahí estaba su madre, con apenas una valija, sin plata
el horizonte, que prudentemente iba iluminando la llanura. seguramente y las chicas como dos gorriones esperando que les
Cuando fue aclarando, aunque todo fuera campo todavía, den de comer. Se quedó callado. No sabía si retarla a la madre,
había señales de algo distinto: puentes por todos lados, grandes decirle por qué había llegado así, abrazarla, besarla. Leonor
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dijo enseguida, mirando por la ventana un terreno con palos y –Sí, mamá –protestó Pili–, pero los muchachos de acá dicen
tubos sueltos amontonados: una cosa y piensan otra. Allá una los miraba y sabía qué
–¿Este terreno es de la casa, hijo? pensaban.
–No, mamá. Yo alquilo solamente esta pieza. A Leonor le dio mucha risa lo que ella dijo y se la sentó
Leonor quiso cocinar enseguida. Había traído un calentador, encima, a esa grandota.
pero Hugo le dijo: María dijo:
–No, mamá, acá está la cocina. –Son iguales acá y allá y en todos lados. Claro –añadió con
Uno prendía un fósforo en esa cocina y la cocina se sorna–, vos te acordás del Roque...
encendía. Era una maravilla esa casa del Hugo. Había esponja, Pili no dijo nada. Leonor, con ella sentada en la falda, le
polvo jabonoso, camas marineras en las que uno estaba arriba preguntó:
de otro y se sube por una escalerita, y una linterna y una –¿Y Antonio no te gusta?
bicicleta. Pili dijo:
–¡Ay, hijo, qué lindo! –dijo Leonor. –Sí, mamá, pero...
–Sí, mamá –dijo Hugo pero no muy efusivo. Entonces Leonor la peinó con los dedos, le fue tirando el
Las chicas estaban como en la casa de un pasa. Hugo salió; pelo para atrás y le dijo:
otra vez parecía preocupado. Volvió con un muchacho y lo –Es bueno Antonio, yo te digo que es bueno.
presentó; se llamaba Antonio. Leonor notó que Antonio tenía Entonces Pili se quedó quieta y callada un ratito y salió
una voz un poco raspada y un acento raro. Dijo: como tranquila y descansada.
–Encantado señora, encantado, piba. María volvió a decir:
Pero cuando terminaba la palabra “señora”, la frase no se –Son iguales en todos lados.
cerraba, como si esperara algo. Hugo, con voz aparentemente María se puso de novia, pero en forma extraña. Ese
tranquila pero de ira contenida, le dijo: muchacho empezó a cortejarla así:
–¿Me podrías prestar un colchón? –Está gorda. El saco no le entra.
–Pero por favor, pibe –dijo Antonio–. ¡Faltaba más! Y ella respondió:
En tono de reproche melodramático, con esa voz raspada. –¿Y usted por qué no se mira el pelo que parece un cepillo
–Gracias –dijo Hugo. Sonrió un poquito, se repuso, hizo de alambre?
chistes con Antonio mientras traía el colchón. Cada vez que él decía algo, María respondía:
Leonor estaba admirada ante Antonio. ¡Qué bien hablaba el –Sí, sí, porque vos lo digas.
porteño! ¿Sería porteño? De vez en cuando él decía:
–Hugo, ¿tu amigo es porteño? –No hinchés tanto que el día menos pensado te largo y...
–No –dijo Hugo–. Pero vino de muy chico. Y ella contestaba:
–¡Con razón habla tan bien el porteño! –dijo Leonor. –Sí, hablá, hablá nomás, que te va a costar caro.
Buenos Aires era fascinante. Al principio cuando los veían pelear así, todos creían que
estaban embrujados; después les daba risa y por último se
Un día estaba Leonor con las dos chicas y les dijo: acostumbraron a eso como a algo perfectamente natural. Eran
–Hijitas, tienen que casarse. una pareja indestructible.
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Leonor salió a comprar un vestido en uno de esos días en era de pordelantear a nadie; era gastronómico. Cuando le
que los astros son favorables para comprar ropa. En esos días, preguntó si bailaba con muchachitos, lo hizo con cierta sorna
uno mira la vidriera y dice: prudente, como si se tratara de algo levemente gracioso, pero
–Esto es para mí. también como si fuera factible, sin demasiado asombro pero a
Y uno sabe que le va a quedar bien; más todavía, sabe que la vez como si tuviera algún derecho sobre ella. Un derecho
fue hecho pensando en uno y presiente que a ese vestido lo va a prudente, digamos.
querer. Cuando los astros nos mandan vacilaciones, Él le contó que su familia era rica y poderosa; claro, pensó
comparamos la textura, el color, la forma y miramos todo de Leonor, tratándose de franceses, no cabía otra cosa. Pero él se
reojo. había enemistado con ellos, algún día iría al sur, a reclamar la
Volvió con el vestido puesto a la casa. Comparado con el parte de la herencia. Mientras tanto, era gastronómico. Leonor
nuevo, el vestido viejo, mustio y triste parecía decir: “Nunca preguntó:
más me vas a querer”. –¿Qué es gastronómico?
Era sábado a la noche. María se había ido al Chaco por unos –Gremio de restaurante, pizzería y todo así.
días. Hugo estaba peinado, cambiado, afeitado. Era realmente importante. Y bailó toda la noche con él. No
–Voy a bailar un poco, mamá –dijo seriamente Hugo. podía decir “no” a esa voz que sin gritarle, ejercía algún
–Ah... –dijo Leonor. dominio sobre ella. No era como la voz del Hugo, que ella
Estaba sola. Pili se había ido a bailar con Antonio a otro escuchaba como si fuera parte de sí misma; era algo que venía
lado. Ella se iba a casar con él. de afuera. Al principio pensó en por qué la eligió, pero cuando
–Está bien, claro –dijo Leonor–, te vas a bailar. se puso a bailar con él, todo era natural.
Pero era triste quedarse con el vestido nuevo en casa. Hugo, Hugo se acercó a la mesa con una chica que no era del
en un ataque de decisión y ejecutividad, le dijo: barrio y le dijo:
–Bueno, vamos al baile, ya, ya. –Mamá, hoy no voy a casa yo porque de acá vamos a otro
Y ella se puso contenta y fue al baile. Primero bailó una baile. ¿Querés que te acompañe a casa?
cumbia con Hugo. Después pensó: “Ahora voy a mirar”. –No, hijo, está bien, andá nomás.
Cuando estaba mirando todo, encantada, se acercó un rubio, de Si total todo lo que hacía Hugo estaba bien.
ojos celestes, más joven que ella, tendría unos treinta y cuatro Cuando lo vio caminar unos cuantos pasos, recién se dio
años. ¿Por qué la habría sacado a bailar? Hacía mucho tiempo cuenta de que estaba con una chica desconocida y que los dos
que ella no bailaba. iban con aire muy decidido, pero tuvo un registro remoto de
Él le preguntó: todo eso y le dijo, con voz rara, medio destemplada que ella
–¿Bailás con los muchachitos? habitualmente no tenía:
–No –dijo Leonor sonriendo, orgullosa–, es mi hijo. –Abrigáte.
Él parecía porteño, pero con una voz más tersa, no raspada Hugo se dio vuelta, desconcertado primero, como si no se
como la de Antonio. Le contó que era hijo de franceses. Leonor dirigiera a él, y cuando captó el mensaje, se fue sonriendo. El
pensaba que los franceses tienen mucho dinero. rubio miraba todo esto, tranquilo. Cuando terminó el baile,
No era porteño, era de Neuquen, pero realmente hablaba Leonor lo llevó a la casa. Y así se fue quedando; vivía un poco
muy bien el porteño. Se veía que era un muchacho prudente, no ahí y otro poco en su casa.
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Los domingos, cuando ella dormía, la buscaba y la llamaba. –Bueno –dijo–, pero ahora tengo que ir al fútbol. Voy a ver
Le decía: a Perfumo. ¿Ves? Es este –dijo. Y se lo mostró–. Perfumo
–¡Loli! shotea de penal y siempre va al gol.
Porque él la llamaba así; después él cocinaba y preparaba –¡Ah! –dijo Leonor.
cócteles porque era gastronómico. Después empezó a ir al fútbol todos los sábados y ella le
Un día le dijo, por María: dijo, en broma y riéndose:
–¡Qué mala es tu hija mayor! –Siempre vas al fútbol y no venís a verme!
Y Leonor no le dijo nada. Quién sabe por qué lo diría. Él abrió el diario y le mostró:
Él tomaba un poco de vino pero no hacía mal a nadie. Un –Mirá cuánta gente va al fútbol.
día María dijo a Leonor: Era cierto. Había una cantidad impresionante de gente que
–Toma vino y es muy joven para vos. iba al fútbol. Si iba tanta gente, cómo no iba a ir él. La semana
Con el Hugo se llevaba bien. Hugo se había casado. Con él siguiente dijo:
hacían chistes, y hacía de cuenta que tenía otro hijo en la casa. –Este fin de semana me voy a Rosario, porque juega
Una vez María lo encaró al rubio y le dijo: Perfumo.
–Andáte. No podés estar molestando a mi mamá. Ella escuchó el partido que se trasmitió desde Rosario, por
El no le dijo nada. Volvió a decirle a Leonor radio, y pensaba: “Allá está él”.
–¡Qué mala es tu hija mayor! Cuando volvió de Rosario, se lo pasó una tarde hablando
Leonor pensó, sin hacer caso: “quién sabe por qué le con Hugo de penales, wing izquierdo y shoteo.
parecerá que es mala”. Un día, en que estaban bromeando como siempre, él de
Y no daba importancia a lo que él decía. Ella estaba repente dijo:
contenta y todo le parecía normal. Con él tuvo una nena, que –Por si me voy.
salió criolla rubia, con la piel color aserrín. Todos los grandes Y Leonor dijo:
se habían casado, y a ella la mimaron mucho. –Qué te vas a ir –siguiéndole el tren, como si fuese una
Cuando estaba el novio de Leonor, todo era chistes y broma.
alegría. Él preparaba comidas ricas, hacía cócteles y cuando Pero sintió un sobresalto, como un sentimiento de
todos se reunían, los domingos, eso era una fiesta. Pero cuando anticipación; no hizo caso de eso. Al día siguiente él no vino;
los hijos se iban, los domingos por la mañana estaban solos; al otro, tampoco. Ella lo buscaba por la casa y no estaba.
Leonor se quedaba en la cama y él le iba a hacer las compras. Cuando venía María la miraba como si ella supiese algo; María
Ella se dormía, confiadamente y cuando se empezaba a tenía una cara impecable, de no tener nada que ver. Ahora la
despertar, él había traído todo y se ponía a cocinar. Le hablaba peleaba un poco a María sin saber por qué y María no ofrecía
desde la cocina y ella seguía un buen rato en la cama. ningún frente, aguantaba, tranquila, paciente.
Un sábado le dijo él: Leonor siempre pensaba:
–Mañana no vengo porque voy al fútbol. –Esta noche va a venir–. Y lo esperaba. Ella no lloró porque
Leonor dijo, asombrada: él se fue, pero lo buscaba por la casa todo el día; lo buscaba en
–Si no ibas al fútbol antes. el baño y a la noche lo buscaba en la cama. A veces le parecía
que venía; pero no, no era él. A veces decía:
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–Alguna vez ha de volver. “Fiesta, qué fantástica, fantástica la fiesta”, con una energía
También le parecía que si pensaba mucho en él, él iba a rayana en la ferocidad.
volver. Pero él no volvía. Cuando pasaron tres años desde que Sandra sabe imitar perfectamente todos los movimientos de
él se fue, ella dijo: Rafaela Carrá; pero al no tener su energía sus movimientos se
–Yo me tengo que olvidar, aunque sea a la fuerza. rarifican y lentifican; todo el baile de Sandra se vuelve un
Entonces se empleó para hacer trabajos domésticos en capricho curioso, sin destinatario. Canta, también. Cuando
muchas casas; trabajaba desde las ocho de la mañana hasta las canta “fiesta, qué fantástica es la fiesta” lo hace con una voz
ocho de la noche, sin parar. Eso le venía bien porque así se agradable pero sin matices, preocupándose por conciliar su
cansaba bien y a la noche se quedaba dormida enseguida, sin canto con su baile. Aparte de eso, su vocecita suena mortecina,
tener en qué pensar. Quedaba tan cansada que no pensaba en como si no creyera en los signos de exclamación, ni en los
nada. A una señora que le limpiaba la casa le contó la historia y procesos, que implican comienzo, medio y fin.
la señora le dijo: Leonor la mira enternecida, mira las hermosas botas que
–Pero si su hija no lo quería, usted lo tendría que haber tiene que gracias a Dios ella le pudo comprar, el bonito
tenido por separado, en otro lugar. pullover y el pelo rubio que Sandra aprendió a cuidarse.
–Ah... –dijo Leonor. Ya tiene once años y dentro de poco no le va a bastar que
Pero no comprendió bien cómo podría haber hecho eso. Leonor la mire enternecida; va a querer que su baile sea para
Después la señora le dijo: otros. Tal vez a ella le falta convicción para abrigar sus propios
–¿No tenía la dirección de él? sueños; porque los sueños, como la expresión lo indica,
–No –dijo Leonor–. El debe haber ido a Neuquen, a necesitan de alguien que los abrigue, que los cuide. Y ojalá
reclamar su parte de la casa, quién sabe dónde andará. Sandra encuentre quién le ayude a hacerlo.
No, ya no iba a volver. Ella lo tiene presente igual, pero
trabajando se siente mejor que sin hacer nada. Ahora tiene
cinco nietos y la nena menor. La nena, que es criolla rubia es
absolutamente mimada. Un fotógrafo ambulante le sacó diez Hebe Uhart
fotos en color al lado de la casa nueva, de material, que Leonor
está construyendo. Sandra, que así se llama, es loca por el
baile; quiere llegar a ser una gran bailarina, como Rafaela
Carrá. Un día Sandra le preguntó a su mamá si no había una
escuela donde se estudiara para ser artista, para ser como
Rafaela Carrá. Leonor le preguntó a esa señora con quien tiene
confianza y la señora le dijo:
–Pero para ser vedette también tiene que ser instruida, debe
hacer el colegio secundario y estudiar idiomas.
Entonces Leonor le compró un manual nuevo, para que se
instruya; pero también las botas para bailar a lo Rafaela Carrá.
Porque esta cantante es italiana, baila con botas y canta: