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1959 El Eclipse

El eclipse solar de 1959 atrajo a numerosos científicos a Canarias y despertó el interés por establecer un observatorio astronómico permanente. Este eclipse coincidió con la búsqueda de nuevos lugares con mejores condiciones de observación. José María Torroja propuso construir un observatorio en Izaña, Tenerife, el cual se inauguró formalmente en 1960 luego de que Francisco Sánchez realizara estudios que confirmaron la alta calidad del cielo en esta ubicación.
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1959 El Eclipse

El eclipse solar de 1959 atrajo a numerosos científicos a Canarias y despertó el interés por establecer un observatorio astronómico permanente. Este eclipse coincidió con la búsqueda de nuevos lugares con mejores condiciones de observación. José María Torroja propuso construir un observatorio en Izaña, Tenerife, el cual se inauguró formalmente en 1960 luego de que Francisco Sánchez realizara estudios que confirmaron la alta calidad del cielo en esta ubicación.
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EL ECLIPSE DE 1959

Pero la historia definitiva, no interrumpida ya nun-


ca más, de la astrofísica en Canarias tiene un punto de
partida muy preciso: el 2 de octubre de 1959. El eclipse
total de sol, previsto para aquel día, atrajo al Archipiéla-
go a numerosos científicos europeos y americanos, que
recordaron las antiguas expediciones a Tenerife y las
excepcionales condiciones que éstas habían puesto de
manifiesto. Cabe preguntarse por qué desde 1910 hasta
ese momento, hasta 1959, no había sucedido nada más
en ese sentido. La respuesta es sencilla y tiene que ver
con dos factores. Uno es el contexto histórico: las dos
guerras mundiales, que cortaron de raíz aquella corres-
pondencia de alemanes y franceses, y la situación en
España, con la guerra civil y la postguerra. Se vivía una
época de penuria económica, donde la investigación no
era prioritaria en absoluto, y los sueños y proyectos de
aquellos científicos pioneros habían quedado, por lo tan-
to, adormecidos durante años.
El otro factor, incluso más decisivo, fueron los avan-
ces tecnológicos de la Segunda Guerra Mundial. Los nue-
vos instrumentos pusieron de manifiesto que los sitios
clásicos donde se emplazaban los telescopios no reunían

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las condiciones que requería la astronomía moderna. Ya
no servían los observatorios de las grandes capitales
como París, Londres, Madrid, Washington... Hacían fal-
ta nuevos lugares con mayor calidad astronómica. Y
precisamente aquel eclipse de 1959 coincidió con la época
de búsqueda de estos lugares por parte de las institu-
ciones científicas de Europa y América.
La prensa local canaria dio cuenta de la trascen-
dencia y la grandiosidad del acontecimiento con profu-
sión. Los diferentes medios relataron la visita de nume-
rosos científicos, así como los experimentos que reali-
zaron: desde un equipo británico que estudiaría los efec-
tos del eclipse en el comportamiento de las aves, hasta
la observación del fenómeno a bordo de un reactor F-
101 B de las Fuerzas Aéreas norteamericanas, que vola-
ría a 1.800 km/h y a 20.000 m de altura.
Curiosamente, el Teide no entraba en la zona de
oscuridad total del eclipse, a pesar de lo cual también
hubo científicos que se desplazaron a la zona de Izaña
(a 2.400 m de altitud) para hacer estudios que no preci-
saban de la observación directa de la corona solar; como
Stonchocker, que hizo estudios de la ionosfera. Así lo
explicaba el periódico El Día el 2 de octubre de 1959:
“Desde Tenerife los científicos españoles no harán ob-
servación alguna, puesto que el Observatorio Astronó-
mico del Teide –único equipado para ello– queda fuera
de la franja de percepción del eclipse total. Además,
está el peligro de nubosidad, que no existe en Jandía. Y
por eso, en dicha península y en El Aiún, en África Occi-
dental española, es donde se han establecido centros de
observación”1.
Sin embargo, en Jandía (Fuerteventura) “cirros y
cúmulos nubosos impidieron totalmente la observación
del grandioso fenómeno astronómico”, mientras que en

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Página 3 de El Día del 2 de octubre de 1959. En ella aparece
la imagen del que sería el primer telescopio del Observatorio del
Teide, un esquema con la zona de oscuridad total del eclipse, y el
«avión de las Fuerzas Aéreas Norteamericanas que llegó al
aeropuerto de Los Rodeos conduciendo a varios técnicos que
observarán el eclipse de sol». (Foto 10)

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Tenerife el eclipse fue observado “de forma
perfectísima”2. “El espectáculo fue verdaderamente im-
presionante, tanto en Santa Cruz como en toda la zona
del nordeste, por la irisación polícroma de la corona de
los astros superpuestos y la oscuridad nocturna que en-
volvió a la Tierra”3.

«En torno a la luna, el incendio de la corona solar, tratando


de alumbrar un cielo herido y más misterioso que nunca». Recorte
de la portada de El Día del jueves 8 de octubre de 1959. (Foto 11)

Durante aquellos días, previos y posteriores al eclip-


se, fue cuando se gestó definitivamente el Observatorio
Astronómico del Teide. José María Torroja, catedrático
de Astronomía de la Facultad de Ciencias (Matemáticas)
de la Universidad Complutense de Madrid, fue su pri-
mer director. En septiembre de 1959 visitó Tenerife, en
ruta hacia el África Occidental española, para inspeccio-
nar el montaje de los aparatos del Observatorio y la
puesta a punto de la instalación. El periódico El Día, en

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su edición del 24 de septiembre de 1959, recoge las
declaraciones de José María Torroja al respecto:
“Este Observatorio del Teide es una inquietud mía
que data del año 1952. Pasaba yo entonces por aquí
en viaje a la Guinea, con objeto de estudiar un eclipse
de Sol. Cuando visité esta zona se me ocurrió que en
ella podía montarse un observatorio de extraordinarias
posibilidades. He venido laborando en este afán hasta
que, hace cerca de un año, ha sido creado por decreto
del Ministerio de Educación Nacional. Es éste, en princi-
pio, uno de los mejores sitios del mundo para la obser-
vación astronómica. El doctor Redman, jefe del Obser-
vatorio Astronómico de Cambridge, que estuvo conmi-
go aquí hace poco más de un año, confirmó mis opi-
niones. En España existen picos de esta altura, pero
zonas ideales tan altas como Izaña, ninguna.”

La idea era que este observatorio funcionara de


manera provisional durante dos años, tiempo en el que
se comprobaría si el cielo de Izaña servía para las ob-
servaciones astronómicas. En ese caso, uno mayor y de
carácter estable lo sustituiría. Aquel eclipse de 1959 ha-
bía despertado el interés por instalar un observatorio
permanente. José María Torroja y el padre Antonio
Romaña, miembro del Consejo Superior de Investiga-
ciones Científicas (CSIC) y director del Observatorio del
Ebro, fueron los impulsores de la idea y los que consi-
guieron que se iniciara el estudio de las condiciones
astronómicas de la zona de Izaña, bajo el patrocinio de
la Universidad de La Laguna (ULL) y el Cabildo de
Tenerife.
El Observatorio del Teide nació el 10 de febrero de
1959 en el Ministerio de Educación Nacional, “bajo la
inmediata dependencia del rector de la Universidad de
La Laguna”4. El 14 de marzo de 1960 se constituyó en la

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ULL el Patronato del Observatorio Astronómico del Teide,
presidido por el rector de esta universidad e integrado
por los siguientes miembros: un representante de la
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
de Madrid; un representante del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas; dos catedráticos de Astro-
nomía de universidad; los directores de los observato-
rios astronómicos de San Fernando y Madrid; un direc-
tor del observatorio astronómico oficial o privado; un
representante del Cabildo Insular de Tenerife; un repre-
sentante del Ayuntamiento de La Laguna; un represen-
tante del Ayuntamiento de La Orotava; y el director del
observatorio que se creaba.
José María Torroja y Alberto Navarro González,
rector de la ULL, propusieron a Francisco Sánchez, re-
cién licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad
Complutense y profesor ayudante de la cátedra de Ópti-
ca, llevar a cabo la prospección astronómica de la zona.
En octubre de 1960, un joven físico como él debía ele-
gir entre aquella oferta y otra mucho más jugosa eco-
nómicamente que tenía que ver con la creación de unos
laboratorios de control para la industria del cobre espa-
ñol, en la época en que España quería entrar en el inci-
piente Mercado Común Europeo.
“Poco se sabía al principio de los sesenta sobre los
parámetros concretos que había que medir para saber
si un emplazamiento era bueno o malo para la observa-
ción astronómica. El reto era tentador. Antes de tomar
la decisión reconozco que me enfrenté a un enorme
dilema. Económicamente no había duda de que tenía
que decir ‘no’. Pero mi espíritu aventurero y mi gusto
por la investigación vencieron a la oferta tecnológica”,
comenta Francisco Sánchez. Cuando llegó a Tenerife,
descubrió que tenía que vivir en una vieja casa destarta-

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lada –tanto que por las ventanas entraba la nieve y el
granizo– del Observatorio Meteorológico en Izaña, a más
de 2.300 m de altitud. Él, su mujer y los hijos que
fueron viniendo pasaron allí cinco años.
El telescopio con el que se realizó la prospección
astronómica –la primera en España– aparece “retrata-
do” en El Día del 2 de octubre de 1959 [Foto 10], pero la
foto corresponde realmente al telescopio tal como lo
tenía su dueño en su casa, y no al Observatorio del
Teide. Lo había comprado la Universidad Complutense
a un aficionado de Barcelona, de apellido Calbet, y al
llegar Francisco Sánchez descubrió que ni siquiera esta-
ba bien orientado de acuerdo con el polo norte celeste.
Tampoco existía apenas bibliografía acerca de los
parámetros atmosféricos que servían para establecer la
calidad del lugar. “Tuve que determinar qué había que
medir, y diseñar los instrumentos correspondientes, al-
gunos de los cuales construí personalmente. Era una
labor polifacética, muy instructiva. Tenía que observar
de día y de noche; y era necesario, además, estudiar y
estar dispuesto a cualquier actividad extra por imprevis-
ta que fuera. Como cavar una zanja, sacar agua del
pozo, partir leña...”. Francisco Sánchez consiguió actua-
lizar con habilidad los viejos instrumentos que tenía a
su alcance y midió con ellos la cobertura nubosa, el
viento, la transparencia atmosférica y la turbulencia que
deteriora las imágenes telescópicas.
Se convenció pronto de dos cosas: que la astrofísi-
ca le gustaba de verdad, y que la zona reunía condicio-
nes excepcionales para la observación. Su principal ob-
sesión, a partir de entonces, fue promocionar el cielo de
Canarias y crear un centro de investigación moderno.
Pero siempre se encontró con la oposición de personas
que sostenían que aquellas supuestas maravillas sobre

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el cielo de las Islas no eran posibles, porque en Cana-
rias había polvo en suspensión procedente del Sáhara,
la llamada “calima”. Fueron conocidos astrónomos los
que no se molestaron en hacer una estadística fiable, es
decir, de al menos un año.
Una referencia a las primeras campañas de pros-
pección astronómica aparece en las publicaciones de

Imágenes de la expedición de Dietrich Labs y Heinz Neckel


a Izaña en la primavera de 1959 para comprobar la calidad del
cielo, organizada por el Observatorio de Heidelberg, bajo la
dirección de Hans Kienle. Les sorprendió una tormenta de polvo
sahariano, y su dictamen desfavorable contribuyó a la decisión
de instalar finalmente el observa-torio alemán en Calar Alto
(Almería):

El objetivo
de la expedición era
la medida de la
distribución de la
intensidad espectral
absoluta (irradia-
ción) del Sol. Esto
requiere muy buenas
condiciones atmos-
féricas. (Foto 12)

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Rinklef (técnico de Heidelberg) y Labs con miembros del
Ejército y la Guardia Civil en la biblioteca, el 23 de junio. Entre
abril y julio de 1959 había 15 personas, además de algunos
guardias civiles, viviendo –al menos en parte– en las instalaciones
del Instituto Meteorológico en Izaña. (Foto 13)

Fiesta de despedida con Isabel (cocinera), Alejandro


(carpintero), Maruka (cocinera), Dietrich Labs, la esposa de Nicolás
Zalote y el propio Zalote (del Meteorológico, que hacía de
intérprete). Labs y Neckel volvieron a Frankfurt el 25 de julio a las
ocho y media de la tarde. (Foto 14)

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Francisco
Sánchez, junto a las
instalaciones del
Observatorio Meteo-
rológico de Izaña, en
1961, observando el
Sol con un pirohe-
liómetro para medir
la transparencia at-
mosférica. (Foto 15)

Torroja y Sánchez (1967) y Sánchez (1968). A partir de


una estadística realizada por Francisco Sánchez (1970)
con datos del Observatorio Meteorológico de Izaña de
1944 a 1966, se afirma que “las condiciones atmosféri-
cas locales son muy favorables para un emplazamiento
astrofísico: gran número de días al año en que se puede
observar, transparencia generalmente cercana a la at-
mósfera teórica pura y seca, y también la calidad de las
imágenes astronómicas parece buena”.
En la década de los 60 se inicia la formación del
primer grupo de investigación astrofísica de nuestro país,
dentro de la Universidad de La Laguna. Francisco Sánchez
ocuparía la “Adjuntía de Física adscrita al Observatorio
del Teide”, que creó en 1965 la ULL, y que fue el preám-

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bulo de las enseñanzas de astrofísica en la Universidad
española.

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