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Adoración Eucarística

Este documento guía una oración eucarística para las vocaciones. Incluye lecturas bíblicas, reflexiones, y peticiones para diferentes intenciones, como la Iglesia, sacerdotes, familias, y aquellos discerniendo una vocación. La oración enfoca en adorar a Jesús en la Eucaristía y pedir su guía y fortaleza para servirlo.

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Adoración Eucarística

Este documento guía una oración eucarística para las vocaciones. Incluye lecturas bíblicas, reflexiones, y peticiones para diferentes intenciones, como la Iglesia, sacerdotes, familias, y aquellos discerniendo una vocación. La oración enfoca en adorar a Jesús en la Eucaristía y pedir su guía y fortaleza para servirlo.

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Adoración eucarística: Al corazón de Jesús, por las vocaciones

1. Preparación.
Te invitamos a prepararnos para este momento de oración frente al Señor. Para eso, podes cerrar los
ojos, hacer silencio interior y exterior, y pedirle al Señor que disponga tu corazón y el de todos los
que estamos unidos en esta oración, para que nos encontremos con Él.

Canción de entrada: Hay un corazón que late (partecita)

Queridos hermanos/as, reunidos en comunidad somos invitados a adorar al Señor resucitado en el


Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Él quiso quedarse en el Pan vivo y celestial para darse por
completo como alimento verdadero, que sacia y que fortalece. Todos unidos formamos un solo
Cuerpo en la Iglesia, por la fuerza pascual de este Sacramento de salvación que celebramos en cada
Misa.

Adoremos a Jesús en el Pan vivo bajado del Cielo.


V. Bendito y alabado sea Jesús, en el Santísimo Sacramento del Altar.
R. Sea por siempre, bendito y alabado, Jesús sacramentado.

“Hay un corazón que late” (un pedacito más)

2. Oración introductoria
Señor nuestro Jesucristo, que con amor sincero te entregaste por nosotros y, elevado sobre la cruz,
hiciste brotar de tu costado traspasado, con el agua y la sangre, los sacramentos de tu Iglesia;
concédenos adentrarnos en el misterio de tu Corazón para que comprendamos lo que trasciende
toda filosofía: la grandeza y la gratuidad de tu amor.
Permítenos, Señor, acercarnos a tu corazón abierto y ser, en medio del mundo, signos vivos y
eficaces de tu salvación. Que por intercesión de tu Madre, la Virgen María, lleguemos a ser templos
dignos de la gloria de Dios y constructores de la civilización del amor.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canción: Eucaristía - Pablo Martinez

3. Lectura de la primera carta del apóstol San Juan (I Jn 4, 9-15)

“En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para
que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si
Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha
visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en
nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha
dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo
como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él
en Dios”.

Palabra de Dios.
(podemos poner unos minutitos de una canción que sea solo instrumental para hacer silencio y
reflexionar)

4. Reflexión

“En efecto, nadie ha visto a Dios tal como es en sí mismo. Y, sin embargo, Dios no es del todo
invisible para nosotros, no ha quedado fuera de nuestro alcance. Dios nos ha amado primero, dice la
citada Carta de Juan (cf. 4, 10), y este amor de Dios ha aparecido entre nosotros, se ha hecho
visible, pues « Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él » (1 Jn 4, 9).
Dios se ha hecho visible: en Jesús podemos ver al Padre (cf. Jn 14, 9). De hecho, Dios es visible de
muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de
atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las
apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles,
ha guiado el caminar de la Iglesia naciente.

El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro
encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los
Sacramentos, especialmente la Eucaristía. En la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad
viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo,
aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue
amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor. Dios no nos
impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. Él nos ama y nos hace ver y
experimentar su amor, y de este « antes » de Dios puede nacer también en nosotros el amor como
respuesta” (BENEDICTO XVI, Encíclica Deus caritas est, 17).

Ratito de silencio con música instrumental // El cielo para ti- Athenas.

5. Peticiones: (podemos ponernos todos de rodillas y contemplar a Jesús)

- Al celebrar la Solemnidad del Corazón de tu Hijo Unigénito, recordamos los beneficios de su


amor para con nosotros; concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia
de gracia.

Yo creo, adoro, espero y te amo.


Te pido perdón por los que no creen,
no adoran, no esperan no te aman.

- Oh, Dios, que en el Corazón de tu Hijo, herido por nuestros pecados, has depositado infinitos
tesoros de caridad; te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestro amor, le ofrezcamos
una cumplida reparación.

Yo creo…

- Jesucristo, con amor admirable, se entregó por nosotros, y elevado sobre la Cruz hizo que de
la Herida de su Costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para
que así, acercándose al Corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de la
fuente de la salvación.

Yo creo…

- El Corazón de Jesús en el Sagrario me mira.


Me mira siempre.
Me mira en todas partes…
Me mira como si no tuviera que mirar a nadie más que a mí
¿Por qué?
Porque me quiere, y los que se quieren ansían mirarse.
Alma, detente un momento en saborear esta palabra:
el Corazón de Jesús está siempre mirándote.

Yo creo…

- En Belén, aun a través de los pañales y las pajas de la pobreza, se veían unos ojos de cielo y
se besaban unas manos tiernas y blancas…En el Calvario, por entre los labios cárdenos y la
lengua seca por la calentura, se escapaba un aliento. Debajo del pecho lastimado y
desgarrado, se sentía palpitar un Corazón.
En la Sagrada Eucaristía, ni se ven ojos, ni se besan manos, ni se perciben alientos ni
palpitaciones… Y, sin embargo, el verbo, el Poder, el Amor, está allí, como estaba tiritando
de frío en Belén, como estaba sediento de amores en la Cruz…
Sí, me lo dice mi fe, mi conciencia, hasta este mismo silencio del Sagrario me dice que está
ahí Jesús, transfigurado por la humildad.

Yo creo…

Canción al Corazón de Jesús - Cristobal Fones

6. Hermanos, roguemos al Señor, para que en la Eucaristía encontremos siempre la fortaleza para la
misión, permaneciendo junto a Él para ser enviados a evangelizar.
Respondemos: Te rogamos Señor

Por la santa Iglesia, por el Papa y nuestros Obispos: para que, fortalecidos con el Pan de Vida,
anuncien con palabras y obras el Evangelio. Oremos.

Por los sacerdotes y los diáconos, ministros del altar, por los jóvenes seminaristas y los consagrados:
para que conformen sus vidas con el Misterio que celebran para alabanza de Dios y santificación de
los hombres. Oremos.

Por los matrimonios y por las familias, especialmente por aquellos que pasan malos momentos, para
que unidos al Señor superen juntos las dificultades. Oremos.
Por todos nosotros, Señor, te pedimos que nos des un corazón confiado, que no tenga miedo ante los
desafíos que conlleva tu llamado, sino que se sienta en paz, con la certeza de que nunca abandonas a
tus hijos. Haz que podamos experimentar tu fidelidad, que nos invita a ser fieles. Oremos.

Que todos aquellos que están siendo llamados a la vida consagrada sientan tu voz que los invita a no
tener miedo, y sigan el deseo de entregarte su vida. Oremos.

Por todos los hombres, para que viviendo en este mundo según el Mandato de Cristo heredemos la
Vida eterna, ya anticipada en cada Eucaristía. Oremos.

Por los enfermos, por los que sufren, pasan necesidad o están impedidos, para que el Señor los
reconforte con la Eucaristía que adelanta el consuelo de estar junto a Dios, en el Cielo donde no habrá
llanto ni dolor.

Por nuestra Comunidad parroquial: que animados por la entrega generosa de nuestro Señor en el
Santísimo Sacramento seamos también pan de solidaridad, de caridad y de cercanía para con todos.
Oremos.

Confío en ti - Jesed

Concluyamos nuestra Oración uniéndonos a las palabras de Jesús: Padrenuestro…

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