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Solemnidad de Todos los Santos

La Iglesia conmemora a todos los santos el 1 de noviembre y honra la memoria de los fieles difuntos el 2 de noviembre. La solemnidad de Todos los Santos recuerda a los hombres y mujeres que siguieron radicalmente a Cristo y son reconocidos como santos después de un riguroso proceso que incluye investigaciones a nivel diocesano y de la Santa Sede. La conmemoración de los fieles difuntos invita a orar por aquellos que han fallecido pero aún pueden ser purificados en el purgatorio antes de
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Solemnidad de Todos los Santos

La Iglesia conmemora a todos los santos el 1 de noviembre y honra la memoria de los fieles difuntos el 2 de noviembre. La solemnidad de Todos los Santos recuerda a los hombres y mujeres que siguieron radicalmente a Cristo y son reconocidos como santos después de un riguroso proceso que incluye investigaciones a nivel diocesano y de la Santa Sede. La conmemoración de los fieles difuntos invita a orar por aquellos que han fallecido pero aún pueden ser purificados en el purgatorio antes de
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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

El 1° de Noviembre de cada año, la Iglesia


recuerda a todos aquellos hombres y mujeres que
siguieron de forma más radical a Cristo, que han
dejado un ejemplo de vida, de la Iglesia
actualmente reconoce a más de 10, 000 santos,
que han pasado por un proceso exhaustivo, que
contiene los siguientes pasos:
Fase diocesana: Cuando, tras una
investigación exhaustiva, el obispo, designa un
postulador, que presenta un informe de esta
causa a la santa sede, en la congregación para las
causas de los santos.
Siervo de Dios: Cuando la congregación ha
analizado el informe, expide el decreto Nihil
Obstat, que es la respuesta, con la cual el obispo
expide a su vez un decreto, que introduce la
causa del ahora Siervo de Dios.
Venerable: Contiene estas etapas: a) Proceso
sobre la vida y las virtudes del siervo de Dios; b)
Proceso de los escritos; c) Terminados los dos
anteriores, se elabora el documento “Positivo; d)
Discusión entre teólogos y postuladores; y e)
Decreto sobre la heroicidad y virtudes, por parte
del santo Padre.
Beato: Consta de cinco etapas: a) Mostrar al
venerable como modelo de vida e intercesor ante
Dios; b) Analizar la fama de santidad del
venerable y un posible milagro atribuido a su
intercesión en la diócesis donde sucede el hecho;
c) Analizado el suceso prodigioso, el Santo Padre
aprueba el decreto de beatificación; d) Se fija la
fecha de la ceremonia litúrgica; y e) La Ceremonia
de Beatificación.
Canonización: Consta de cinco etapas: a)
Aprobación de un segundo milagro; b) Se analiza
el segundo milagro, que debía suceder posterior a
la beatificación; c) El Santo Padre, aprueba el
decreto de canonización; d) El Consistorio
Ordinario Público, que es informar a todos los
cardenales de la Iglesia, y fijar la fecha para la
ceremonia litúrgica, y e) Ceremonia de
Canonización.
Pidamos su intercesión e imitemos su
ejemplo, pues esta solemnidad nos permite
reconocer que si se puede gozar de la gloria del
Cielo, porque ellos ya gozan de esta gloria y
pueden interceder por nosotros, todos podemos
aspirar a la santidad, pero es cuestión de cada
uno el cómo luchamos en esta tierra.
¡Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros!
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES
DIFUNTOS
El 2 de noviembre la Iglesia nos invita a
honrar la memoria de todos aquellos
hombres y mujeres que han partido al
encuentro del Padre, sobre todo, que la
Iglesia no ha reconocido con fama de
santidad, pero que por el hecho de ser hijos
de Dios, la Iglesia los recuerda, y dedica este
día a orar por ellos.
En esta conmemoración de los fieles
difuntos la Iglesia nos invita a orar por
aquellos que han muerto y que se
encuentran en el Purgatorio, es decir, todos
aquellos que mueren en gracia y amistad de
Dios pero que tienen alguna que otra
“mancha” en su túnica blanca.
La Iglesia nos enseña que con nuestras
oraciones podemos ayudar a ese proceso de
“purificación” que tienen que pasar antes de
poder pasar a formar parte de aquella
“muchedumbre inmensa, que nadie podría
contar, de toda nación, razas, pueblos y
lenguas, de pie delante del trono y el
Cordero, vestidos con vestiduras blancas y
con palmas en sus manos”, que nos
presentaba la liturgia de ayer (Ap 7,9).
Esta tradición de orar por los difuntos la
deriva la Iglesia del segundo libro de los
Macabeos, en el que Judas Macabeo “mandó
ofrecer sacrificios por los muertos, para que
quedaran libres de sus pecados” (2 Mac. 12,
46).
Hoy, elevemos una plegaria por todos los
seres queridos que nos ha precedido, para
que el Señor en su infinita misericordia
perdone aquellas faltas que por su fragilidad
humana puedan haber cometido, pero que
no les hacen merecedores del castigo eterno,
de manera que puedan comenzar a ocupar
esa “estancia” que Jesús les tiene preparada
en la Casa del Padre.
Que la oración por nuestros fieles
difuntos nos recuerde la vida eterna que
podemos alcanzar a través de nuestras
obras, pues el cielo se puede ganar aquí.

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