Infografia X
Infografia X
saludablesy el desarrollo
socioeducativo en niños
y niñas a través del ocio
y el tiempo libre
Introducción
Hoy en día sabemos de la importancia que tiene una buena ali- mentación para la salud, pero no
por ello nos alimentamos co- rrectamente. La salud ya no se considera simplemente como la
ausencia de enfermedad, sino que se entiende que una persona está sana cuando goza de un
estado de bienestar general y es consciente de ello.
La Organización Mundial de la Salud define la Educación para la Salud como “el proceso educativo
dirigido a dotar a las personas y a la comunidad de la capacidad de aumentar su control sobre los
factores que tienen influencia sobre su salud”.
La familia es el motor más importante para que nuestros niños y niñas sepan, pero también que
quieran y que puedan compor- tarse de forma saludable, mediante el desarrollo de todas sus
capacidades y a través de la reflexión, la creatividad, la motiva- ción, el espíritu crítico, la
autoestima y la autonomía. Muchos de los hábitos y costumbres que se adquieren desde la familia
acompañan a las personas a lo largo de toda la vida. Como pa- dres y madres tenemos la
obligación de inculcar a nuestros hijos e hijas unos valores necesarios para que desarrollen estilos
de vida saludables y favorecer así su desarrollo integral.
Por todo ello, el objetivo de esta guía es el de promover una ali- mentación sana, vinculada al
deporte y al tiempo de ocio salu- dable en familia así como fomentar estilos de vida responsables
que servirán para facilitar la toma de decisiones y la autonomía en la prevención de otros
consumos (drogas, alcohol…) que pue- dan suponer situaciones de riesgo a nuestros hijos.
Para conseguir incorporar esos hábitos saludables a las rutinas diarias hay que ser constantes y
pacientes e insistir para que así el proceso educativo se vaya instaurando y pueda dar fruto.
Muchos de los hábitos saludables comienzan siendo un juego de imitación de las conductas de las
personas mayores.
La alimentación equilibrada
Un alimento es cualquier sustancia o productos que sirve para la nutrición humana. Los alimentos
nos aportan nutrientes y ener- gía. Algunos nutrientes se encuentran en grandes cantidades en la
comida, por eso se les denomina macronutrientes (proteínas, carbohidratos y grasas) y otros en
pequeña cantidad o micronu- trientes (vitaminas y minerales).
• Grupo 5: Frutas.
• Grupo 6: Grasas, aceite y mantequilla.
Las necesidades nutritivas se cubrirán a lo largo del día y se recomienda repartirlas en 5 comidas:
desayuno (25%), almuerzo (10 o 15%), comida (30 o 40%), merienda (10 o 15%) y cena
(20 o 30%) para que nuestras digestiones sean mejores y que en ningún momento nos falte
energía para afrontar las activida- des diarias.
Todas las comidas son importantes, pero especialmente el de- sayuno que en demasiadas
ocasiones se hace mal o no se hace. Después de dormir, nuestros niveles de energía por la mañana
son bajos, y hay que reponerlos. Lo más adecuado es que los niños se levanten con tiempo
suficiente y proponerles un de- sayuno variado, incluso diferente para los distintos días de la
semana. Un desayuno completo y equilibrado es el que se com- pone de un lácteo, cereales y fruta
o zumo.
A la hora del almuerzo, un tentempié a media mañana es un complemento energético, como una
pieza de fruta o un peque- ño bocadillo.
En la comida principal, hay que procurar tomar más pescado y menos carne. Los pescados azules
aportan ácidos grasos muy beneficiosos para la salud.
El arroz y la pasta también son saludables y muy bien aceptados en la dieta infantil, pero si además
son integrales mucho mejor.
La cena debe ser ligera, pues hay que tener en cuenta que des- pués de cenar no haremos
ejercicio y una digestión pesada pue- de no dejarles conciliar el sueño, y debería ser complemento
de la comida principal.
Es aconsejable saber lo que han comido en el cole para no re- petir y variar.
Para inculcar hábitos de alimentación saludables en los meno- res es bueno dejarlos colaborar en
la compra y convertirlos en colaboradores eficaces en la elaboración de las comidas adjudi-
cándoles tareas acordes con la edad.
La alimentación está estrechamente relacionada con las emo- ciones y los problemas con la
comida expresan cómo está nues- tro mundo interno.
Las dificultades con la alimentación son una manera de expresar sentimientos que no pueden ser
dichos, o emociones que no pueden ser reconocidas o que vienen de nuestro inconsciente, por lo
que el hecho de alimentarnos a veces puede resultar poco saludable.
La comida no debe usarse como consuelo, recompensa, ni castigo. utilizar la comida para premiar
o consolar hará que los niños apren- dan a utilizarla cuando se sientan tristes, infelices,
enfadados...
El gusto por la comida se desarrolla con el tiempo, por lo que no hay que obligarles, y muchas
veces resulta difícil distinguir si no les gusta un alimento o su rechazo está provocado por un cam-
bio de humor. Nunca hay que ceder a darles sólo aquello que les
gusta porque no sería saludable. También como padres hay que tener cierta flexibilidad y dejarles
escoger algunas veces lo que quieren comer.
Asociamos la comida a muchas emociones, buenas y malas. Con la boca nos relajamos o nos
activamos, pero la alimentación emocional debe ser controlada, pues no siempre podemos co-
mer cuando estamos cansados, enfadados, tristes o alegres, de lo contrario, acabaríamos con la
comida y no todo se soluciona comiendo.
2. Ocio y tiempo libre en familia
El ámbito familiar debe generar alternativas de ocio e incluso la familia puede ser en sí misma una
alternativa de ocio. En una familia donde el ocio y el tiempo libre se consideran un bien necesario
y como tal se vive, es muy posible que esa familia sea más sensible a la generación de alternativas
flexibles y adapta- das a cada momento del grupo familiar.
Las principales claves del éxito para disfrutar y superar el reto de sacar partido al tiempo libre que
compartimos con nuestros hijos es implicarles en la preparación y organización de las ac- tividades
atractivas y beneficiosas con actitud positiva: apren- der a pasarlo bien todos juntos es, al fin y al
cabo, establecer unos vínculos y relaciones de complicidad y comunicación que les servirán como
base para su futuro. Ofrecerles propuesta que sirvan para educar, divertir, relajar y sobre disfrutar
en familia.
Para poder inculcar buenos hábitos de ocio es imprescindible que analicemos la manera en la que
nosotros empleamos y dis- frutamos del ocio y en qué lo empleamos, puesto que somos modelos
para nuestros hijos y hay que generar espacios de tiem- po para disfrutar de un ocio de calidad. Si
como padres somos capaces de divertirnos en nuestro tiempo libre lo más normal será que
nuestros hijos generen hábitos parecidos y disfrutar de aficiones comunes que proporcionen
cohesión, comunicación y convivencia.
A medida que van creciendo, ya no es la familia la encargada de buscar el ocio adecuado para sus
hijos, puesto que entraran a formar parte los amigos o compañeros de clase… por ese motivo es
importante que desde pequeños sepan gestionar su ocio y su espacio de manera saludable.
Actividades en plena naturaleza
• Aprovechar el buen tiempo para hacer salidas a la naturale- za, enseñarles la riqueza del
mundo animal y vegetal.
• Los días fríos visitar fundaciones, museos u observatorios que promueven el respeto por la
naturaleza.
3. El deporte y la salud
La cita Mens sana in corpore sano del poeta latino Juvenal en su sentido original es el de la
necesidad de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. Hace referencia a la unidad
cuerpo- mente y a la necesidad de que ambos estén equilibrados. El de- porte es vehículo
imprescindible para el bienestar y la salud de las personas. Por eso las familias deben tratar de
educar a los niños y niñas para que se impliquen en la práctica de ejercicio.
Son muchos los beneficios físicos y psíquicos que puede aportar el deporte en la salud de los niños
y niñas: prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares o de lesiones musculares, por lo
que el deporte contribuye a una adecuada maduración del sis- tema músculo-esquelético y de sus
habilidades psicomotoras, au- menta la flexibilidad, facilita el conocimiento del cuerpo, favorece el
desarrollo motriz y la coordinación. Los niños y niñas ganan seguridad en sí mismos, aumentan su
autoestima y favorecen su autonomía. Resulta también beneficioso para sus relaciones per-
sonales y en el grupo social que les rodea, aprendiendo a inte- grarse y obteniendo bienestar físico
y psicológico; y es una buena manera de canalizar su energía y a aprender a relajarse.
El ejercicio físico continuado, acompañado de una dieta equili- brada, va a mantener a los
menores en un peso corporal adecua- do y evitar la obesidad. También va a ayudar a la prevención
de las enfermedades degenerativas como la arteriosclerosis, estre- chamente relacionada con las
enfermedades cardiovasculares.
Hay un deporte para cada edad: de esta manera, para los niños de entre 3 y 6 años se
recomiendan disciplinas con las que los más pequeños adquieran soltura, agilidad, equilibrio,
fuerza y se diviertan. Es en esta etapa cuando la familia debe fomentar el compañerismo e insistir
en que lo importante es practicar un deporte. Es entre los 8 y 12 años, cuando los niños empiezan
a destacar en el deporte elegido.
En el caso de que los jóvenes ya hayan dado el primer paso en el mundo del deporte y disfruten
con él, corresponde a sus proge- nitores ayudarles en lo que necesiten para lograr sus objetivos.
Los padres y madres deben reforzar las actitudes positivas de sus hijos y enseñarles a que tengan
confianza en sí mismos, sin importar si ganan o pierden, haciendo hincapié en que lo impor- tante
es haberse esforzado.
Hay factores que reducen la práctica del ejercicio entre los me- nores, como la falta de tiempo
libre, la creciente competencia de los videojuegos en las actividades de ocio, la reducción de espa-
cios al aire libre para niños, ir a todas partes en coche en vez de andando y la proliferación de
actividades sedentarias. Las fami- lias deben hacer todo lo que esté en sus manos para que los me-
nores lleven un modo de vida relacionado con la actividad física.
La práctica del deporte en los escolares
La práctica deportiva fomenta en los escolares valores de amis- tad, compañerismo, respeto,
solidaridad o tolerancia, entre otras muchas cualidades, es decir, contribuye a su desarrollo como
personas.
En este sentido, es importante que el deporte se incorpore al ámbito escolar adquiriendo un matiz
educativo. Los centros do- centes ofrecen al alumnado un amplio repertorio de activida- des
deportivas que abarcan a todos los grupos de edad y que permiten la práctica de diversas
modalidades y especialidades deportivas.
La iniciación deportiva del niño debe entenderse como una ac- ción pedagógica mediante la cual el
escolar irá evolucionando física y psíquicamente. Así que lo más importante en estas eta- pas será
la estimulación del niño, facilitándole unas bases que le permitan situarse en unas óptimas
condiciones para cualquier aprendizaje inicial.
La práctica deportiva es, además, un proceso de socialización e integración que conlleva una serie
de obligaciones y, al mismo tiempo, es un proceso de enseñanza y aprendizaje progresivo. En esa
etapa, educadores y familias juegan un papel importante. Ellos son los que acompañarán al niño
en ese proceso de adqui- sición de capacidades, habilidades, destrezas, conocimientos y actitudes
que le permitirán desenvolverse lo mejor posible en las actividades deportivas.
Ante todo, el deporte debe ser valorado y asumido con actitudes y comportamientos basados en
criterios ético-deportivos, algo que según la Asociación Amigos del Deporte debe darse tanto
entre los deportistas practicantes como entre los distintos agen- tes sociales que participen directa
o indirectamente en el mis- mo. En este sentido, dicha asociación señala y recoge en un de- cálogo
del deportista una serie de principios a tener en cuenta:
1. Sé dueño de ti mismo.
2. Que te conozcan más por tu comportamiento que por las vic- torias que consigas.
9 Que predomine en ti el sentido de equipo, sus intereses es- tán por encima del lucimiento
personal.
Con el comienzo de las clases los niños retoman a su vez la asis- tencia a las diversas actividades
extraescolares (idiomas, músi- ca, clases de repaso, actividades culturales, deportes), por lo que
cuando acaban el horario escolar a la mayoría les queda aún una larga jornada por delante, y
cuando llegan a casa tienen que ha- cer los deberes, ducharse, cenar y por fin descansar.
Entre todos -padres, madres, hijos e hijas- eligen con diferen- tes objetivos las actividades a las
que quieren asistir durante el curso escolar. Los primeros para estimular al niño y enriquecerlo
pensando en su futuro, y los segundos para divertirse.
Alrededor de las actividades extraescolares surgen una serie de dudas que la familia tiene que
plantearse antes de apuntar al niño a ninguna actividad, pues, un exceso de actividades ex-
traescolares supone privar al niño del tiempo necesario para hacer los deberes, jugar, estar con la
familia y amigos y descan- sar. Pero estas actividades también lo estimulan física y psico-
lógicamente y constituyen un complemento adecuado para su formación.
Como padres y madres no tenemos que cometer el error de ele- girles una actividad que nos gusta
a nosotros, o que nos hubiese gustado hacer, pero que no pudimos, pues sería forzarles y frus-
trarles en un futuro.
Desde hace varios años hemos visto que las actividades se han incrementado y existe una amplia y
variadísima gama de ellas, pero también hemos visto que proporcionalmente se ha reduci- do el
tiempo libre de los menores para jugar, estar con los ami- gos, en familia, leer…
Son indudables y numerosas las ventajas de estas actividades, clases de refuerzo o propuestas
culturales y deportivas. Así, ade- más de complementar la formación del niño, son un lugar idó-
neo para socializarse y en la mayoría de los casos para aprender o disfrutar con una actividad que
les gusta, como puede ser el fútbol o la música y con la que pueden desarrollar sus aptitudes.
Pero cuando lo que se hace es rellenar todas las horas libres de los pequeños, cuando se
convierten en una continuidad del horario lectivo, se obliga al niño a seguir una jornada excesiva y
se llega a una situación que puede ser estresante, además de quitar tiempo para otras actividades
igualmente necesarias en su desarrollo.
Apuntar a un hijo a una actividad extraescolar no puede hacerse solo pensando en aprovechar
todo su tiempo libre o en ocupar las horas para que no estén solos en casa mientras los padres
trabajan, sino que debe hacerse pensando en el niño: si es una persona tranquila o activa, si al
llegar a casa tiene muchos o po- cos deberes…La comunicación es muy importante para saber sus
gustos y preferencias y además la observación como padres, pues no podremos permitir que el
niño vuelva a casa muy can- sado y sin ganas de hacer nada más. Si esto pasa, tendremos que
plantearnos en reducir las extraescolares y ver si sus motivos de cansancio tenían que ver con las
largas jornadas diarias. Hay que
intentar evitar sobrecargar al menor y limitar no sólo el número de actividades, sino también las
horas semanales que le dedica- rá, saturarlos sería contraproducente.
Y no debemos olvidar que cada niño tiene derecho a jugar libre- mente en su tiempo libre sin
pensar en nada más y sin tener nin- guna responsabilidad más que la de divertirse, relajarse y
disfrutar.
Las actividades extraescolares no pueden convertirse en una obligación y los niños tienen que ir
contentos, ilusionados y mo- tivados a estas clases sin sentirse presionados. Además, no hay que
olvidar que las actividades extraescolares deben favorecer el desarrollo personal y tener un cierto
componente lúdico que las diferencie de las clases convencionales.
La familia tiene que ayudar al niño a desarrollar actitudes po- sitivas a la hora de hacer los
deberes, a la vez que incidir espe- cialmente en la organización de la agenda escolar, el espacio
y el tiempo en el momento de programar las tareas a realizar. También es interesante reforzar las
técnicas de estudio.
Pero, ¿cómo lograr que los deberes sean una experiencia más positiva para los hijos e hijas?
En primer lugar es importante que los menores entiendan por qué es importante que hagan los
deberes diarios: deben ser par- te de su rutina y es una tarea de la familia explicar a sus hijos que
nada que realmente merezca la pena se consigue sin esfuerzo y que, por ello, es necesario seguir
trabajando después de clase. La familia debe recordar al niño que hace falta que practiquen
mucho con los conocimientos que aprenden a diario para llegar a poder dominarlos con facilidad.
Es importante que la familia fije una hora y un lugar para que los pequeños hagan sus deberes. El
lugar escogido puede ser cualquiera donde se pueda trabajar cómodamente y donde no
encuentren demasiadas distracciones, aunque es preferible que cuenten con un área, aunque sea
pequeña, especialmente destinada al estudio, porque así cuentan con un rincón donde mantener
sus libros y herramientas de aprendizaje siempre en un mismo lugar. Además, según los psicólogos
especializados, el estar en un área especial evoca un sentido de propósito en los escolares y los
ayuda a concentrarse en las tareas que tienen. Eso sí, nunca deben hacer los deberes con la
televisión encendi- da, porque esto fomenta malos hábitos de estudio.
Para ayudar al niño a planificarse es importante saber cuánto tiempo tendrá que dedicar cada día
a los deberes, y ver cuál es la mejor hora. Es recomendable establecer un tiempo limitado, y
pasado ese tiem- po, deberán dejar la tarea. Si en la familia hay varios hijos se deberán
escoger tiempos de estudio simultáneos, ya que si no se hace así, es muy probable que acaben
molestándose unos a otros.
Los escolares deberían acabar sus deberes, como muy tarde, unos cuarenta y cinco minutos antes
de irse a dormir, para que puedan disfrutar un poco de tiempo libre y de relax.
Otro tema es cuánto ayudar al niño a hacer los deberes. Es im- portante que la familia dé aliento al
escolar, pero eso no significa tener que resolverle todas las dudas. Es buena idea sentarse cerca
del niño mientras hace sus tareas para que sienta tu apoyo. Tam- bién es importante ayudar en
ciertas partes de la tarea y participar escuchándole cuando lee en voz alta o explicándole algún
punto que no entienda bien pero ¡nunca hay que hacerles los deberes!
Si el niño se resiste a hacer los deberes hay que explicarle las consecuencias y si hay que
suspender sus privilegios, hay que hacerlo con firmeza, sin enfados pero consecuentemente.
Los padres deben revisar los deberes cuando terminen, así les demostramos que estamos
interesados en sus cosas, no en que esté correcto.
El descanso
El descanso y el ejercicio juegan un papel crucial tanto en la sa- lud como en el bienestar del
menor. Las cantidades adecuadas de descanso son esenciales para la salud física y emocional. El
aprendizaje y memoria son mejores en niños bien descansados, mejorando el rendimiento
académico. Uno de los aspectos fun- damentales para el descanso y común a todas las personas es
el sueño, por lo que es muy importante respetar las horas de des- canso. Esto permitirá a nuestros
hijos estar en disposición de en- frentarse a un largo día de trabajo en la escuela y fuera de ella.
¿Cuántas horas debe dormir un niño? La respuesta es variable por- que todo depende de las
necesidades de cada niño. Lo recomen- dable en un recién nacido sería unas 16 horas a lo largo del
día, pero a partir del primer año de vida, las horas de sueño se reducen considerablemente hasta
12 horas. En edad escolar dormir 10 ho- ras sería suficiente para que las necesidades de descanso
de un niño estén cubiertas. Como norma y utilizando el sentido común, podríamos considerar que
un menor habrá descansado, si durante el día no percibimos ninguna señal que demuestre
cansancio.
Para conciliar bien el sueño los niños deben tomar una cena li- gera, rica en verduras, alimentos a
la plancha y durante el día limitar la ingesta de azúcar.
Es importante que mantengan unas rutinas diarias como irse a la cama a la misma hora, controlar
la temperatura de la habita- ción y generar una atmosfera de descanso adecuada. Además, no es
conveniente que en la habitación haya televisión.
Hoy por hoy, los medios de comunicación junto con la familia y la escuela intervienen en la
formación humana. Hace unos años las únicas pantallas que conocíamos eran la televisión y el cine
y actualmente, en prácticamente todos los hogares hay ordena- dor, televisor, consola, móvil…,
por lo que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se han convertido en algo
habitual en la cotidianidad de las personas y los menores con- viven con ellas desde que nacen.
Por un lado, de manera con- trolada aportan información, diversión y por otro lado, pueden llegar
a controlar nuestras mentes, provocando en los progeni- tores una sensación de vértigo,
desconocimiento e impotencia. La familia ha de estar alerta ante la posibilidad de que aparezcan
comportamientos adictivos que puedan perjudicar el desarrollo personal y social de los menores.
Tanto la escuela como la familia tenemos la obligación de en- señar a nuestros hijos e hijas el buen
funcionamiento de estos nuevos sistemas, que aprovechen sus posibilidades pero que no
interfieran en su vida cotidiana, ya que todo lo que escuchan y ven influye en su conducta. Y bien
utilizadas podrían ser un ca- nal de comunicación entre los miembros de la familia.
La televisión
La televisión se ha convertido en una de las formas de entrete- nimiento más habitual entre los
niños. Debería ser un entreteni- miento más y nunca tener encendido el televisor durante todo el
día, ya que en ocasiones se convierte en la única compañía de los menores y puede llegar a limitar
la comunicación entre los miembros de la familia.
La televisión bien utilizada, puede servir para: vencer la timi- dez, aumentar la autoestima,
potenciar la imaginación, apren- der a ser creativo, satisfacer necesidades afectivas, aprender a
compartir, desarrollar la atención selectiva (visual y auditiva) o aprender a concentrarse. Y su
función psicosocial facilita la inte- racción comunicativa.
No hay que prohibir ver la televisión, pero sí seleccionar bien la programación, las horas que van a
pasar frente al televisor y me- jor si están acompañados de adultos. Hay que enseñarles a te- ner
una actitud crítica frente a los contenidos de los programas.
Entre sus efectos sobre la salud, fomenta la pasividad y la falta de análisis y puede causar apatía y
falta de ilusión. Se ha eviden- ciado una pérdida no recuperada de sueño y un incremento en las
alteraciones de éste y, si vemos mucha tele, hacemos menos ejercicio, como consecuencia,
podemos padecer sobrepeso y problemas de salud.
Cuanta más televisión ve un niño más riesgo tiene de sufrir tras- tornos anímicos y emocionales y
puede desencadenar proble- mas de rendimiento académico.
Ordenador con internet
Con internet parece que tenemos todo a golpe de click: ha veni- do a facilitarnos la vida, podemos
chatear con amigos, resolver problemas administrativos, navegar, jugar, leer…pero a su vez es una
de las fuentes que más dudas genera a las familias debido a que los menores se acercan a la
pantalla a edades cada vez más tempranas y acceden a la red sin una supervisión y un ase-
soramiento adecuados pudiendo acabar visitando páginas para adultos, contactando con extraños
y visualizando contenidos restringidos como páginas de carácter violento, sexista, etc.
• Recibir informes semanales con las actividades que los me- nores han realizado.
• Informarse y advertir sobre cómo proteger los datos perso- nales y sobre el peligro del
correo no deseado (spam) o los virus.
Pero sobre todo, además de todos los controles parentales y protecciones que podamos instalar
en el ordenador, lo más efec- tivo como padres y madres es educar e informar a nuestros hijos e
hijas acerca de su correcta utilización.
Las familias también pueden acceder a cursos de formación específica que ofrecen los telecentros,
las AMPAS o los ayunta- mientos, lo que les ayudará a sentirse más seguras en el uso de estas
nuevas tecnologías.
Los videojuegos
Los videojuegos también han entrado a formar parte de la vida de los más pequeños en diferente
formato, dinámicos y temáti- cos. Aunque las escenas de los videojuegos no sean reales, los niños
pueden verse influenciados por ellas, y por eso los adultos deben escoger muy bien qué tipo de
juegos son los más adecua- dos teniendo en cuenta la edad y el contenido de los mismos. Es
conveniente seleccionar juegos que favorezcan la participación, la interacción de varias personas y
que refuercen valores positi- vos y la adquisición de destrezas.
Tampoco es conveniente que los padres tengan miedo a unirse al juego. Al contrario, con esta
práctica evitarán que el menor se aísle en su mundo. Y todo ello sin olvidar regular el tiempo que
los más pequeños dedican a este tipo de entretenimiento.
Los móviles
La tecnología actual permite utilizar los terminales no sólo para conversar, sino también para
enviar mensajes cortos, chatear, ju- gar, hacer y enviar fotografías, descargar archivos musicales o
ví- deos. Así el móvil ha cambiado nuestra forma de relacionarnos. Los jóvenes no son ajenos a
este hecho y son usuarios muy acti- vos y adelantados de esta tecnología, que permite la
comunica- ción en tiempo real, con lo que esto supone de influencia sobre las relaciones. Tal
dependencia ha producido en los jóvenes que en los colegios han tenido que prohibir su
utilización.
Pero no todo son desventajas, puesto que favorece la capacidad de contacto frente al aislamiento
y la comunicación. Los men- sajes (SMS, WhatsApp…) pueden utilizarse como mediadores de las
relaciones y durante la adolescencia puede ser un aprendi- zaje de responsabilidad y autocontrol
económico.
Consejos:
1. Los adultos deben enseñar a los menores a aprovechar las posibilidades y beneficios que
ofrecen las nuevas tecnolo- gías haciendo un buen uso de ellas.
3. Las familias deben participar con los niños en todas las activi- dades que se generan a
partir de estos medios.
4. Seleccionar contenidos adecuados y limitar el tiempo que los más pequeños dedican a
esta forma de ocio.
5. Formar un espíritu crítico ante los contenidos presentados por estos medios.
7. Participar de forma activa y crítica, junto a sus hijos e hijas, en las actividades derivadas del
uso de las TICs mostrando una actitud de respeto y diálogo.
El consumo de drogas provoca en la sociedad y en las personas grandes problemas que afectan en
gran medida a los jóvenes y a sus familias, y no sólo desde el punto de vista de la salud. Es
necesario que la familia y la escuela colaboren estrechamente y aúnen esfuerzos para actuar de
forma coherente y sean ambas fuentes promotoras de salud y de modelos saludables. Poten- ciar
una educación que facilite el diálogo, ayudar a organizar el tiempo libre, facilitar que los menores
se aficionen a un deporte, pueden ser herramientas eficaces para lograr tales objetivos.
Uno de los principales temores a los que se enfrentan todas las familias cuando sus hijos
comienzan a hacerse mayores es el consumo de sustancias tóxicas. Estos miedos cobran aún más
fuerza cuando comprobamos que no se trata de un problema relacionado exclusivamente con las
clases marginales.
Los jóvenes en edad escolar constituyen uno de los grupos con mayor riesgo a caer en el consumo
de sustancias tóxicas, ya sea tabaco, alcohol u otro tipo de drogas. Esto es debido a que la
creciente necesidad de autonomía que experimentan los ado- lescentes les lleva a rechazar la
protección de los adultos y a enfrentarse a situaciones y conductas de riesgo que pueden re-
presentar una grave amenaza para su desarrollo. Según los estu- dios, la mitad de los jóvenes se
inician en el hábito del tabaco y del alcohol antes de cumplir los 16 años. A partir de esa edad, el
consumo puede aumentar hasta niveles muy altos.
Para que esto no llegue a suceder, familia y escuela deben co- laborar para promover en los
jóvenes los hábitos saludables a seguir, aunque la responsabilidad de la familia es orientar a sus
hijos para que éstos sepan cómo evitar las situaciones en las que alguien les incita al consumo de
sustancias tóxicas. No hay que olvidar que los progenitores juegan el papel de mediadores en la
conducta de sus hijos, y que tienen que participar e impli- carse activamente. En muchas
ocasiones, los jóvenes saben más acerca de las sustancias tóxicas, el tabaco o el alcohol que sus
padres. En estos casos es conveniente que la familia que no está en situación de orientar a sus
hijos, intente buscar más informa- ción sobre las drogas, sus efectos y consecuencias.
En la salud es siempre más rentable la prevención que el trata- miento, tanto en costes
económicos como personales. Por ese motivo, algunas de las medidas que las familias deben
tomar pasan por potenciar una educación que facilite el diálogo con los adolescentes, ayudarles a
organizar el tiempo libre y facilitar que los menores se aficionen a la práctica de algún deporte o
actividad de ocio dirigida especialmente a los jóvenes. De esta forma, los adolescentes verán el
consumo de sustancias tóxicas como algo innecesario en sus vidas para pasarlo bien.
La familia debe saber que no basta con limitarse a dar una charla puntual, sino que debe educar a
sus hijos de forma continuada, adecuando la información a la edad y nivel de conocimiento de los
menores. Si los progenitores escuchan los problemas de sus
hijos disminuyen las probabilidades de que éstos tomen deci- siones erróneas. Por su parte, es
importante que la familia confíe y crea en los jóvenes, puesto que es frecuente que los adoles-
centes deseen mostrar a sus padres que pueden confiar en las decisiones que tomen.
No está de más que los familiares supervisen la conducta de los menores. Precisamente la falta de
control es uno de los factores de riesgo junto con la escasa presencia de normas, las pautas de
disciplina muy severas, unos vínculos afectivos débiles entre padres e hijos o la falta de
comunicación. Todo ello sin olvidar ser un buen modelo de conducta.
Medidas preventivas:
• La familia deben informar a los jóvenes acerca de las conse- cuencias del consumo de
sustancias tóxicas.
• Los progenitores deben tener conversaciones periódicas con sus hijos y escuchar sus
problemas.
• La familia debe resaltar los aspectos positivos de no consu- mir sustancias tóxicas.
• Es recomendable conocer el círculo de amistades de los hi- jos. Una manera sencilla es
invitar a los amigos en alguna ocasión a casa.
7. Animación a la lectura
La lectura es la llave que nos abre a un mundo infinito de fantasías que nos transportan a mundos
posibles en que no sólo aprendemos sobre la visa, sino que nos estimula a pensar.
Juan Delval
Sabemos que leer es importante y provechoso, que mejora el rendimiento académico de los niños
y que tiene muchos benefi- cios en la vida cotidiana.
La lectura favorece un mejor desarrollo afectivo y psicológico en los niños, les da la oportunidad
de experimentar sensaciones y sentimientos con los que disfrutan, maduran y aprenden; con los
libros ríen, sueñan y viajan a otros mundos; comparten momen- tos gratos en familia reforzando
así el vínculo con los padres.
Está comprobado que los niños lectores ganan en agilidad men- tal, se concentran más y
acostumbran a sacar buenas notas. Leer es crecer, viajar, soñar…. en definitiva, con la lectura los
niños crecen en todos los sentidos.
A leer suelen enseñar en la escuela, pero los verdaderos lectores, aquellos que disfrutan
realmente con la lectura, se forman en el ámbito familiar. Los padres y las madres son los
responsables de crear el clima adecuado para fomentar el hábito de la lectura entre sus hijos e
hijas implicándose a fondo en el proceso.
Es fundamental que los niños y niñas vean que en casa se lee, de padres y madres lectores, surgen
hijas e hijos lectores. Y es precisamente en la primera década de la vida cuando las perso- nas
pueden adquirir este hábito. Enseñar a leer es la asignatura que las familias deben transmitir a sus
hijos, teniendo en cuenta siempre su carácter, motivación, gustos e intereses.
Hay que ser conscientes de que cada edad tiene una lectura adecuada. Hasta los tres años, los
llamados ‘prelectores’, deben comenzar con grandes láminas de imágenes, para pasar pau-
latinamente a los libros de letra grande y muchos dibujos. Los padres deben sacar sus dotes de
actores y actrices para repre- sentar los cuentos que le explican a sus hijos e hijas y es muy
importante que fijen una “hora del cuento” para compartir cada día un rato leyendo con los
pequeños. Hay que elegir bien los temas de los libros, que deben coincidir con el momento de de-
sarrollo del lector.
Nunca se debe obligar una lectura concreta. A un menor de doce años, por ejemplo, le gustarán
los libros de aventuras que le en- ganchen… y no una novela histórica, porque se le puede atra-
vesar, puede que no lo entienda y quizás no se acerque a ellas nunca más. Las cifras son claras:
hoy en día, hasta los doce años aproximadamente, se lee más que nunca. Y es porque, en gene-
ral, en los colegios se potencia la lectura de obras agradables acordes con la edad. Pero después
las cifras decaen y muchos chicos y chicas mayores de trece años se alejan de la literatura porque
las lecturas que les recomiendan están muy alejadas de sus circunstancias vitales. Hay muchos
más factores que favore- cen el fomento de la lectura, pero en cada entorno familiar debe
encontrar sus fórmulas.
Pequeños trucos:
Prelectores:
• Regalarles libros.
Empiezan a leer:
• Leerles cuentos.
• Regalarles cuentos.
Ya leen:
• Regalarles libros.
A modo de conclusión, merece la pena hablar de los valores como normas de conducta y actitudes
para un buen comporta- miento. Hay valores fundamentales que todas las personas de- ben
asumir para poder convivir unos con otros, por lo que es imperativo tenerlos siempre presentes y
cumplirlos sin perjudi- car a nadie.
El objetivo de esta guía, no es más ni menos que el de educar en valores. Para poder promocionar
hábitos saludables a través de la alimentación, el ocio o el deporte, hay una serie de valores
intrínsecos como la comunicación, la cooperación, o el respeto, por nombrar algunos,
fundamentales para crear ciudadanos y ciudadanas libres, que sean participativos y con espíritu
crítico a la hora de construir una sociedad basada en el respeto mutuo.
Si la formación de los hijos en las virtudes humanas va a ser algo operativo, los padres tendrán que
poner intencionalidad en su desarrollo. Para ello hace falta estar convencido de su impor- tancia.
Hay que aprovechar la cotidianidad de la vida en familia, pero se necesita aumentar la
intencionalidad respecto del desa- rrollo y reflexionar sobre dos aspectos: la intensidad con la que
se vive y rectitud de los motivos al vivirla.