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Un 

agujero negro1 es una región finita del espacio en cuyo interior existe una
concentración de masa lo suficientemente elevada como para generar un campo
gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella. (En
2021 se observaron reflejos de luz en la parte más lejana del agujero negro). 2 Los
agujeros negros pueden ser capaces de emitir un tipo de radiación, la radiación de
Hawking, conjeturada por Stephen Hawking en la década de 1970. La radiación emitida
por agujeros negros como Cygnus X-1 no procede del propio agujero negro sino de
su disco de acreción.3
La gravedad de un agujero negro, o «curvatura del espacio-tiempo», provoca
una singularidad envuelta por una superficie cerrada, llamada horizonte de sucesos. Esto
es previsto por las ecuaciones del campo de Einstein. El horizonte de sucesos separa la
región del agujero negro del resto del universo, y a partir de él ninguna partícula puede
salir, incluidos los fotones. Dicha curvatura es estudiada por la relatividad general, la que
predijo la existencia de los agujeros negros y fue su primer indicio. En la década de
1970, Stephen Hawking, Ellis y Penrose demostraron varios teoremas importantes sobre la
ocurrencia y geometría de los agujeros negros.4 Previamente, en 1963, Roy Kerr había
demostrado que en un espacio-tiempo de cuatro dimensiones todos los agujeros negros
debían tener una geometría cuasiesférica determinada por tres parámetros: su masa M, su
carga eléctrica total e y su momento angular L.
Se conjetura que en el centro de la mayoría de las galaxias, entre ellas la Vía Láctea,
hay agujeros negros supermasivos.5
El 11 de febrero de 2016, las colaboraciones LIGO, Virgo y GEO600 anunciaron la primera
detección de ondas gravitacionales, producidas por la fusión de dos agujeros negros a
unos 410 millones de pársecs, megapársecs o Mpc, es decir, a unos 1337 millones de
años luz, mega-años luz o Mal de la Tierra.6 Las observaciones demostraron la existencia
de un sistema binario de agujeros negros de masa estelar y la primera observación de una
fusión de dos agujeros negros de un sistema binario. Anteriormente, la existencia de
agujeros negros estaba apoyada en observaciones astronómicas de forma indirecta, a
través de la emisión de rayos X por estrellas binarias y galaxias activas.
La gravedad de un agujero negro puede atraer el gas que se encuentra a su alrededor,
que se arremolina y calienta a temperaturas de hasta 12 000 000 °C, esto es, 2000 veces
mayor temperatura que la de la superficie del Sol.7
El 10 de abril de 2019, el consorcio internacional Telescopio del Horizonte de
Sucesos presentó la primera imagen jamás capturada de un agujero negro
supermasivo ubicado en el centro de la galaxia M87.89
Digamos que un agujero negro podría ser el motor de la galaxia en la que habita y con su
gran fuerza gravitacional y el arrastre que eso provoca podría poner en movimiento una
galaxia y generar el mismo movimiento de órbita que la representa

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