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Jutito - Antonio Gálvez Ronceros

El relato cuenta la historia de Jutito, un niño negro que insulta a su padrino llamándolo "Don Mítey Cuca". Cuando el padrino se queja con el padre de Jutito, este último se niega a repetir el insulto. Más tarde, cuando finalmente lo repite, su padre se enoja pero Jutito logra escapar trepando rápidamente a un árbol. Ni su padre ni el padrino pueden hacerlo bajar.
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Jutito - Antonio Gálvez Ronceros

El relato cuenta la historia de Jutito, un niño negro que insulta a su padrino llamándolo "Don Mítey Cuca". Cuando el padrino se queja con el padre de Jutito, este último se niega a repetir el insulto. Más tarde, cuando finalmente lo repite, su padre se enoja pero Jutito logra escapar trepando rápidamente a un árbol. Ni su padre ni el padrino pueden hacerlo bajar.
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Jutito

El día en que el negro Vallumbrosio fue insultado por su propio ahi-


jado, un negrito llamado Jutito, casi se le desploma la jeta. Puso los ojos
de vaca, la nariz de toro y, mascando dientes, se fue a la casa de su
compadre.
—Compaire Juto, he venío hacero quejá.
—fflaceme quejá a mí, compaire?
—He venío a dade la queja de su hijo Jutito, que mia insurtrao.
—¡Qué!
—Mia dicho una temenda lisura.
—Qué lisura esesa, compaire.
—Una temenda palaibra.
—Pero cuál esesa palaibra, compaire. Poque yo quiedo sabé el
tamaño y la dimensión de la palaibra, pa según eso catigá a ese mu-
chacho.
—Uté, compaire, quiede que yorepita esa palaibra, que yo
mimo me jora.
—Pero yo quiedo sabé qué cóoosa hia dicho ese muchacho.
—Mia dicho una temenda lisura.
—Güeno —dijo Juto; torció el cuello, apuntó los dientes hacia
el fondo de la casa y llamó a su mujer:
—Juuuta, Juuuta...
—Juto?
—Llámame acá a ese Jutito, que quiedo hablá con él.
Juta llamó a su hija, que estaba más al fondo:
—Jutiliiicia, Jutiliiicia...
—¿Mama?
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—Llama a ese Jutito. Dile que su tata lo ta eperando ajuera. —Je... Je... Poi jorelo.
—Jutiiito, Jutiiito... —Hora tú va ve cómo yo te vuagará y te vuacé desaparecé.
—Qué quiedes —dijo Jutito; estaba escondido en el corral. Pero, ¡fuit!, Jutito pasó por debajo de su padre y de su padrino,
—Te llama mi tata. tomó el frondoso y altísimo árbol que sombreaba la casa y con elás-
Y queriendo y no queriendo, Jutito fue llevado ante la presencia tica facilidad trepó velozmente hasta la rama más alta, como una la-
de su padre y de su padrino. Y el padre le dijo: gartija que hubiera pasado corriendo a lo largo del tronco. Luego todo
—Oooye, neriiito, túuu me váaas a decí qué cóoosa lías dicho a quedó en silencio.
mi compaire. Juto y Vallumbrosio se miraron a la cara. Inmóviles del cuello ha-
—Je... Je... Pendeijo mi tata. Quiede que yo le vuerva a joré a cia abajo, levantaron de costado lentamente la cabeza y miraron
mi parino. hacia arriba: las ramas de ese lado estaban quietas y en la penumbra
—Horita mimo túuu me váaas a decí qué cóoosa has dicho. del follaje era imposible distinguir a nadie. Bajaron la cabeza y la fueron
—Je... Je... —dudaba Jutito, pues el ánimo de diversión que le levantando poco a poco por el otro lado: la quietud y la penumbra
provocaba ser sincero se le enfriaba con un sentimiento de temor al se extendían a toda la copa del árbol. Entonces Juto, manteniendo
castigo. Finalmente se decidió a confesar—: Yore dije a mi parino la mirada en lo alto, llamó:
—y soltó el siguiente remoquete, que se aplicaba a todo el que tu- —Jutito, baja diay.
viera fama de mujeriego—: don Mítey Cuca. El árbol ni se movió.
A Vallumbrosio se le bajó la color: se puso cenizo. —¡Oye, muchacho, baja te digo!
—Y túuu, nerito deriabro, nerito e too lo demonio, po qué lías El árbol siguió en silencio, como si arriba no hubiera nadie y
dicho esa lisura a mi compaire. Juto le estuviera hablando al árbol.

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—¿Me oíte?
Todo siguió igual. Era como para creer que ahí no había ningún
árbol y Juto le estuviera hablando al aire.
Desconcertado, interrogó a Vallumbrosio: Ya ta dicho
—Yue vito que aquí se subió. Uté, compaire, ¿tamién vio lo que
yo vi?
Vallumbrosio, que se hallaba con el ceño endurecido, apretó la
jeta en señal de afirmación. Entonces Juto enfiló nuevamente la voz
hacia lo alto del árbol:
—Ahi mimo tas. Horita te bajas. En cualquier momento llegaría al caserío el diputado de la provin-
La voz de Jutito se descolgó: cia. Y el negro Froilán, que en nombre del pueblo debía pedirle que
—Pa qué. se asfaltara el camino principal, estaba malhumorado: le habían ad-
—Maja te digo! vertido que no hablara mucho porque los diputados pensaban que
—Pa qué. los negros hablaban mal.
—¿No quiedes obedecé? Cuando llegó el diputado con su comitiva, Froilán le salió al paso
—Aquí toy bien. y le dijo:
—Maja, muchacho e miedta! —Como verá uté, señó diputra, ete camino e güeno. Pero como
—Ta jorío. lo camione se golpean con tanto güeco que tiene, necesita su afartrao.
Vallumbrosio hizo un gesto como para matar una culebra y se —2Cómo, cómo?
marchó sin despedirse. Juto, que lo vio alejarse, miró el cielo y ob- —Ya ta dicho.
servó que el sol se resbalaba del centro. Entonces lanzó un escupi-
tajo contra el tronco del árbol y rápidamente se metió en la casa.
Reapareció con una segadora en la mano, jalando de una soga a un
burro de serones vacíos. Trepó en el animal y se alejó de prisa.

Jutito fue asomando cautelosamente la cabeza por encima del árbol


y observó el campo a la redonda. Su padre, lejano, se acercaba a un
sembrado.
—Allá va mi tata —dijo—. Sia ido a cotá yerba.
En otro lado avistó a Vallumbrosio que avanzaba hacia una casa,
empequeñecido por la distancia.
—Ve, allá va mi parino, don Mítey Cuca —Y sin dejar de mirar-
lo se puso a vocear—: Míiiitey... Míiiitey... Mítey Cuuuuca...

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¿Diónde, pue, salió esa noche una bulla como dice la gente? Dede
esa mentira la lenguas sian etirao como la del sapo pa decí otas men-
tiras má mentirosas: que Goyo Corrale e un diabro; su casa, la man-
sión diun diabro; su mujé, una diabra; susijos, losijos diuna pareja Monólogo para Jutito
e diabros; y los que etuvimo en su fieta, susayudantes, e decí diabros
tamién. Y si Goyo Corrale y los demá juéramo brancos, ¿esa gente
e miera, jijuna grammputa, cadajo, diría que somo diabros?

A tu edá, Jutito, ditingues lo pájaros po su canto y sabes quiárbole


anidan. Decubres po su güella o po su guito lo animale venenosos
que se econden entre la yerba. Sabes cómo traete abajo un gavilán,
de qué modo acallá perro embravecío, cómo sujetá mula terca, qué
hacé con un poíno movedizo, cómo aparejá bura preñá, de qué modo
cargá lo serones, en qtté sitio sentase en un buro a pelo, qué yerbas
ventean a las bestias, cómo apurá buro tardo, ónde ponele la pedrá
a la víbora, cómo quemá paja al borde diun sembrao, con qué yerba se
cura el maldiojo, cómo matá sabandija, qué hacé fente a un perro
que bota epuma, cómo aclará agua turbia, qué hojas se queman con-
tra lo zancudos, cómo enfriá buro alunao, ónde poné lo pies en un
cerco e brotes, de qué modo limpiá un arbo cargao de arañas, qué hacé
con la mancha e pericos que llegan con el verano, cómo se tuece el
pecuezo a un gallo, de qué modo pelá un conejo, cómo decuatizá un
cerdo, a quiora toman agua las bestias, qué palaibras se dicen contra
un pájaro malagüero, pa qué sirve la yerba de matagusano, cómo qui-
tale el dijuerzo a un animá machiembrao, de qué modo ditinguí el
güevo e paloma del güevo e culeirba, cómo hacé un collá con chiqui-
titas flore de ~partía... Miras pariba y sabes, Jutito, el tiempo o si
va a llové. Sabes pónde cruzá el río, cómo cazá camarone, ónde en-
contrá la leña má seca, con qué ramas se techa una casa, cómo se hace
un epantapájaro, qué yerbas comen lo cuyes, de qué modo curá ani-
male güenos pal hombe, cómo hacé diun calabazo una cabeza e
muñeco, de qué modo cotá cañabrava, ónde hay jruta juera e su tiem-
po, cómo engafiá a un chaucato imitando su canto, ónde encontrá
pierecita e colore, cómo se hace un pitito con hoja de ficu, qué hacé
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ir
con un nío e polluelo quia caído diun arbo en el camino... Pero ta- años, comuel viento se lleva las cosas que naa pesan. Entonce com-
mién has aprendío, Jutito, a asutate con cosas de la noche. Sioye en prenderás que ras solo y pasarás lo días consumiéndote en silencio
la ocuridá el guito diuna lechuza y crees quiun animá malagüero le ta sobe una piera dialgún camino. O tal vez haya pa que arrees una yun-
anunciando a alguien la muete. Un coquito suelta en la noche su can- ta de bueye que jalen una carreta, unos bueye casi ciegos y tan viejos
to inteminable y piensas que te ta llamando pa llevate a un lugá de- quiabrán tenlo que dejá igual que tú lo surcos. Con unos cubos sobe
conocío onde vive el miedo. Crees quiun aleteo o un trustrus en la la carreta, irás al pozo diagua hondo y ocuro y regresarás a la casa del
madrugá es diuna burja que llega a sembrá un daño incurable y de dueño de la carreta y los bueye: esa podrá sé una ocupación pa un
burla. Entonce tiemblas con ese suto tan gande que sienten lo niños hombe envejecío. Y llevando elagua, enderezándole el paso a los bue-
po too lo que brota e la ocuridá... A tu edá tan chiquita sabes cosas ye o agarrándote dellos pa enderezátelo tú, irás depacio po lo viejos
que tialegran y cosas de miedo que tiacen sufrí. Pero te farra aprendé caminos sin que nadie te apure, poque a la muete le da lo mimo que
mucho má. Cuando seas un hombe tendrás que enderezá elagua en vaya depacio o ligero un hombe que ya ta mueto.
lo surcos, darle tu juerza a la tiera, aventá con cuidao la semía, etarte •
atento al depuntá de lo brotes, perseguí duramente la rnalayerba,
llevá como de la mano a las plantas pa que anieguen de jrutos la vida...
Pero un día, Jutito, ya no podrás inclinate sobe la tiera y tendrás que
dejá a los má juertes tu lugá de plantas, semías y surcos. Lo que tiabrán
ido entregando día a día po tu tabajo, se luabrán llevá fácilmente los

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