INTRODUCCIÓN
Desde los inicios de la civilización, la humanidad ha venido utilizando la energía
eólica para producir potencia mecánica, anteriormente lo hacían activando un
sistema de propulsión de acción como lo es la vela y hace dos milenios lo hacían
activando turbinas de acción como lo son los molinos de vientos. La vela como
sistema propulsivo de embarcaciones y el molino de viento como motor industrial
se desarrollaron sobre bases netamente empíricas y se perfeccionaron en
numerosas variantes, pero se dejaron de utilizar para la mayoría de las
aplicaciones productivas cuando el desarrollo de las máquinas térmicas permitió al
hombre aprovechar las grandes reservas de energía química almacenada en los
combustibles fósiles, convirtiéndolo a fuerza motriz y energía eléctrica, el problema
empezó cuando se descubre que estas fuentes de energía se encuentra en una
cantidad limitada y una vez se consuma en su totalidad, no se puede sustituir, ya
que no existe una forma de producción o una extracción viable.
Por este motivo se empieza a estudiar y a comparar las ventajas de utilizar los
diferentes tipos de energías alternativas en el mundo, Europa por ejemplo es uno
de los continentes que más esfuerzos tanto económicos como de recurso humano
han gastado para asumir este tipo de reto, Colombia de lo contrario a realizado
algunos estudios sobre la energía eólica a pequeña escala pero se ha encontrado
con grandes dificultades puesto que hace falta compromiso de parte de las
políticas gubernamentales y el comportamiento de los vientos no son constantes a
lo largo del tiempo, por este motivo se identificará las ventajas y desventajas tanto
económicas, sociales y ambientales al desarrollar un proyecto de energía eólica.
ENERGÍA, SOSTENIBILIDAD Y PAISAJE
La irrupción de las energías renovables, esto es las (energía que puede ser
definida como la capacidad potencial que tienen los cuerpos de producir trabajo o
calor, manifestada mediante un cambio en su estado físico) reclamada desde la
ecología y desde planteamientos racionalizadores en la carrera del consumo
energético que lleva a la sociedad mundial a un modelo de desarrollo insostenible,
desde el punto de vista ambiental. Reclamo necesario tal y como quedara
claramente de manifiesto en la Cumbre de Johannesburgo, en la cual se planteó
como uno de los retos esenciales para el logro del desarrollo sostenible el
aumento de producción de energía mediante el empleo de fuentes de producción
renovables. Este tema es de gran trascendencia, especialmente desde el punto de
vista práctico, tanto desde la perspectiva ambiental como desde la económica,
incluso social y política y de las relaciones internacionales, cual es el fomento de
las fuentes de energía renovables. Un aspecto hoy de vital importancia que habrá
de hacerse compatible con otro elemento, esta vez más puramente ambiental, que
de igual forma, si bien de un modo más gradual y lento si se quiere, está ganando
protagonismo; es decir hacer compatible aquél desarrollo y progreso en el ámbito
de las energías renovables con la protección y conservación del paisaje.
La energía eólica que es considerada como la más limpia de entre las renovables,
pues no deja casi residuos, no precisa combustible, ocupa relativamente poco
suelo y la instalación y desinstalación de los parques eólicos no resulta compleja.
Haciendo nuestro el concepto, más o menos unánimemente aceptado, de parque
eólico como el conjunto de instalaciones utilizadas para generar energía eléctrica
mediante el viento, constituidos por un aerogenerador o una agrupación de éstos.
ASPECTOS AMBIENTALES
Como el resto de energías renovables, la eólica es una fuente de electricidad
“limpia”, inagotable y autóctona, lo cual representa importantes ventajas
ambientales y socioeconómicas. Esto no quita que, como cualquier otro sistema
de generación eléctrica, esta fuente de energía tenga impactos
negativos sobre el medio ambiente. No obstante, hoy en día el balance resulta
mucho más que positivo en comparación con las energías tradicionales que
emplean combustibles fósiles o radiactivos. Proporcionalmente, y según un
estudio español basado en un sistema de “ecopuntos” en el que se valoraban los
efectos ambientales sobre los medios atmosférico, hídrico y terrestre asociados a
la generación de un kWh desde el principio hasta el final del proceso que lleva a
su obtención, producir un kilovatio-hora con aerogeneradores tiene un impacto
ambiental:
• 4 veces menor que con gas natural
• 10 veces menor que con plantas nucleares
• 20 veces menor que con carbón o petróleo
Estos valores, excepción hecha de la generación fotovoltaica, serían
indudablemente superiores
si se tuvieran en cuenta otros efectos no considerados en el estudio, como la
ocupación efectiva del territorio, el desmantelamiento de las instalaciones y la
restitución de los terrenos a su estado original, la protección de la biodiversidad, la
seguridad y salud laboral, el calor residual…
A diferencia de los sistemas de generación tradicionales, la energía eólica no
genera residuos peligrosos radiactivos ni vierte a la atmósfera dióxido de carbono
(CO2), dióxido de azufre (SO2), óxidos de nitrógeno (NOx) o partículas sólidas. El
SO2, el NOx y los metales pesados son sustancias contaminantes con una
importante incidencia en la salud de los ciudadanos y el medio ambiente, mientras
que el CO2 es uno de los principales gases de efecto invernadero causantes del
calentamiento de la Tierra, cuya reducción y control es uno de los mayores
desafíos actuales de la Humanidad.
Este sistema de generación solo requiere de un recurso gratuito e inagotable
como es el viento, por lo que nunca tendrá nada que ver con impactantes
explotaciones mineras, enfermedades profesionales, complicados y delicados
procesos de transformación, mareas negras, construcción de gasoductos,
problemas de transporte, accidentes radiactivos o almacenamientos subterráneos
donde guardar peligrosos isótopos durante miles de años.
Aun así, los parques eólicos no dejan de causar unos impactos medioambientales
que deben
tenerse en cuenta para ser mitigados en la medida de lo posible:
PAISAJE
El mayor impacto provocado por la energía eólica es de tipo visual. No en vano,
los emplazamientos más ventosos donde suelen colocarse los aerogeneradores
corresponden por lo general a entornos naturales poco humanizados y, por lo
tanto, con preciados valores paisajísticos. Este es un impacto muy subjetivo, pues
depende de la apreciación estética de cada persona. Además, si lo justo es que
las cargas de la producción de energía se repartan entre toda la población en
función del consumo, todo el mundo debería preguntarse qué prefiere tener junto a
su casa para abastecerse de electricidad, si una planta térmica, una central
nuclear o un parque eólico. En cualquier caso, es evidente que hay muchos
lugares del país en los que por su especial interés paisajístico, ambiental,
histórico, cultural o turístico nunca se deberían instalar turbinas. Además, es de
esperar que este impacto aumente cada vez más, según vaya creciendo el parque
eólico español, por lo que requiere de mucha atención. Aunque esto podría
mitigarse con el reemplazo de máquinas más potentes en los parques existentes
(“Repotenciación” o repowering).
En zonas con altitud sobre el nivel del mar superior a los 1.500 metros, el análisis
ambiental deberá extremarse. En estas áreas se producen frecuentemente
tormentas con abundante aparato eléctrico. Los aerogeneradores son puntos de
atracción de rayos y las pendientes pronunciadas acentúan más el alto riesgo de
impacto en estos espacios alejados generalmente de los medios de protección
contra incendios; igualmente, el rigor invernal influye en las actuaciones de las
aeroturbinas, que algunas veces al iniciar su operación pueden ocasionar serios
percances por el desprendimiento de hielo acumulado en las palas. Todos estos
factores sugieren que se estudie meticulosamente, tanto por parte de las
autoridades ambientales como de los promotores eólicos, la instalación de
parques en estas zonas, en su mayor parte de alto valor natural.
EFECTOS SOBRE LAS AVES
La colisión de las aves con los aerogeneradores o las molestias causadas a la
avifauna por la construcción y funcionamiento de un parque eólico constituyen en
realidad impactos bastante limitados. Sin embargo, suelen tener cierta importancia
en lugares especialmente valiosos para el paso o la nidificación de las aves.
OCUPACIÓN DEL TERRITORIO
La energía eólica necesita instalar muchos aerogeneradores por todo el territorio
para acercarse a la producción de las centrales térmicas tradicionales. Aun así, las
turbinas ocupan solo entre un 1% y un 3% de estos terrenos, que pueden seguir
aprovechándose para la agricultura o la ganadería. Por otro lado, también se
deben abrir o mejorar los accesos y trazar líneas de evacuación de la energía (que
en ocasiones llegan a soterrarse).
RUIDO
A 200 metros de un aerogenerador se puede percibir un ruido moderado de unos
50 decibelios, algo así como el ruido existente en una oficina. Cuando las
velocidades de viento son altas el propio ruido ambiente enmascara el originado
aerodinámicamente por las palas del aerogenerador. Para velocidades de viento
bajas el ruido que se percibe con más intensidad es el mecánico provocado por
los componentes de la góndola en rotación. Sin embargo, hoy en día, es en gran
parte atenuado por las mejoras en la calidad de los mecanizados y en los
tratamientos superficiales de las piezas que constituyen el tren de potencia del
aerogenerador.
IMPACTO EN EL MAR
En el caso de las instalaciones marinas, la separación de la costa determinará el
impacto visual o el ruido, pudiendo disminuir o desaparecer alguna de estas
afecciones. Por otro lado, puede que el impacto para las aves y otras especies
marinas sea importante, lo que deberá ser evaluado a la hora de elegir el
emplazamiento para el parque.
CONSUMO EN LA FABRICACIÓN DE LAS TURBINAS
Los modernos aerogeneradores recuperan rápidamente la energía invertida en su
fabricación, instalación, operación, mantenimiento y desmantelamiento. Según los
resultados de un estudio del análisis del ciclo de vida llevado a cabo por la Danish
Wind Industry Association, para un aerogenerador de 600 kW que funcione al año
2.400 horas equivalentes, el período de retorno energético (o pay-back) es de
unos 3 meses. Es decir, el aerogenerador genera unas 80 veces más energías de
la que ha consumido a lo largo de su vida.
Un parque eólico puede generar otros impactos que, sin ser de carácter ambiental,
también deben ser tenidos en consideración. Estos son:
• La interferencia electromagnética en la recepción de señales de
telecomunicaciones que, exceptuando en áreas de uso militar donde existen
zonas donde se prohíbe expresamente la ubicación de aerogeneradores por
razones de seguridad nacional debido a las incertidumbres ocasionadas en las
pantallas de los radares de vigilancia, en general son fácilmente remediables,
sobre todo en las de TV, mediante la instalación de discriminadores de
frecuencias.
• La afección en la navegación aérea, ya sea por el obstáculo que representan en
sí mismos los aerogeneradores o por su influencia sobre las instalaciones
radioeléctricas de ayudas a la navegación. En España se establece que deberán
considerarse como obstáculos los que se eleven a una altura superior de 100
metros sobre planicies o partes prominentes del terreno o nivel del mar dentro de
aguas jurisdiccionales, y que las construcciones que sobrepasen tal altura, al igual
que para todas las situadas en las zonas de Servidumbres Aeronáuticas (definidas
para cada aeropuerto o instalación radioeléctrica), deberán ser comunicadas a la
Dirección General de Aviación Civil, para que por ésta se adopten las medidas
oportunas a fin de garantizar la seguridad en la navegación aérea.
ASPECTOS SOCIOECONOMICOS
Mientras las encuestas de opinión pública demuestran que grandes mayorías
apoyan a las energías renovables, muchos proyectos encuentran resistencias de
las comunidades locales y organizaciones ambientalistas a nivel mundial (IEA
Wind; 2010). Esta realidad es analizada desde las más variadas perspectivas.
Parte de la literatura ha generalizado el término, “not in my back yard” (NIMBY),
para reflejar la idea de que en muchas ocasiones, los individuos se manifiestan a
favor de ciertos cambios o tecnologías a nivel general, y sin embargo emergen
resistencias al momento de implementar proyectos en los alrededores de sus
hogares, debido a que las externalidades negativas emergentes les afectarían
directamente. De acuerdo con la lógica NIMBY, los residentes locales se oponen a
los proyectos en su intento de maximizar su utilidad individual (Wolsink; 2000). Por
tanto, desde esta forma explicativa, las resistencias no surgirían como una
contraposición a la energía eólica en sí misma, sino a los parques localizados en
territorios específicos. Sin embargo, y tal como se demuestra en el presente
documento, NIMBY no resulta el único motivo para la resistencia social. Muchos
autores han analizado este enfoque explicativo y han criticado sus raíces,
planteando que el concepto de NIMBY es muy pobre e insuficiente para explicar
las resistencias en contra del desarrollo de la energía eólica.
Desde otras perspectivas, se analiza la importancia de las condiciones socio-
institucionales en el proceso de aplicación de proyectos eólicos. Las formas en
que los diferentes formadores de opinión y tomadores de decisión
(emprendedores de la energía eólica, autoridades del gobierno, propietarios de la
tierra, organizaciones ambientalistas y residentes locales) transan con las
condiciones institucionales prevalecientes, resulta fundamental.
Otros factores han sido fundamentales para explicar las resistencias sociales a la
implementación de parques eólicos en el terreno teórico-ideológico. Dentro de esta
dimensión se encuentra la creencia de que la implantación de aerogeneradores
tendrá impactos negativos sobre la diversidad biológica, presentando en muchos
casos a la energía eólica como incompatible con la vida de las aves, centralmente
con las rapaces y especies migratorias, dado que suelen chocar con estos nuevos
obstáculos (Morrón; et al; 2005). Al mismo tiempo, otro argumento posible de
catalogar como ideológico se origina en la creencia de que se deteriorarían los
ecosistemas, y se degradaría el hábitat natural, por la implantación de parques
eólicos de gran porte.
Nuevamente, suele coincidir, que áreas atractivas para el desarrollo de la energía
del viento, suelen ser áreas ecológicamente sensibles (Wolsink; 2000). El trabajo
con estos desarrollos teóricos, permite diagramar el siguiente conjunto de
elementos convergentes en un cuadro, a modo de organizar las bases de las
resistencias sociales a la energía eólica:
EXPERIENCIAS
Para el caso de Estados Unidos, la “industria del viento” aumento 20% su
capacidad en 2006 y 45% en 2007. Mediante créditos fiscales se fomenta el
desarrollo eólico permitiendo convertirse en una fuente de energía competitiva e
importante en los Estados Unidos hoy en día. Este primer caso de estudio,
evidencia cómo la aceptación local resulta central para el desarrollo exitoso de la
energía eólica (Mendoca et al; 2009). El mismo, ha traído controversias en
muchos territorios y proyectos específicos por varias razones. Además, regiones
específicas de EEUU enfrentan niveles mayores de oposición social que otros, y la
transmisión de gran escala presenta desafíos de aceptación social mayores (IEA
wind; case of United States). ‘The Los Angeles Times’ evidencia esta situación
informando que se está generando crecientemente una oposición entre los
residentes locales.
En Alemania, cerca de 200.000 ciudadanos conviven con turbinas eólicas
(Mendoca et al; 2009). Este país, también aplicó políticas efectivas para el impulso
de las energías renovables, entre ellas la eólica (Regueiro; s/d). Tan rápido como
los planes son materializados en masivas turbinas eólicas cerca de zonas
residenciales, los propietarios de los hogares y locales se han organizado
rápidamente en campañas para detener la construcción (Fischer et al; 2011) Las
resistencias sociales a la energía eólica en el caso de Alemania, han convergido
en una compleja organización, que se materializa en el sitio web
www.windkraftgegner.de, donde se desarrollan más de setenta campañas de
protesta en contra del desarrollo de dicha fuente energética. Al igual que en
Estados Unidos, mientras que el público apoya en gran medida la eólica en el nivel
abstracto, la situación en el contexto local es generalmente distinta. Por ejemplo,
el ruido, las sombras, el impacto en el ambiente y otros aspectos son
negativamente considerados por la resistencia local (Musall y Kuik; 2011).
También se han temido los impactos sobre la industria turística, y esto ha sido un
argumento importante en la oposición de las comunidades.
España, un caso vigente de polémica medioambiental, se relaciona con el auge de
la energía eólica y su resistencia social. El crecimiento de esta fuente energética,
es la concreción de una vieja demanda de las organizaciones ecologistas en favor
de la promoción de fuentes renovables. Sin embargo, su desarrollo no está exento
de conflictos de intereses (González & Estévez; 2005). Por un lado se encuentran
aquellos que mantienen posturas aliadófilas, tales como políticos, representantes
de la industria y grandes organizaciones ecologistas; por otro los ciudadanos
afectados directamente por la implantación de parques eólicos y los
conservacionistas, que temen la expansión de los mismos. Existen grupos
ecologistas que si bien se manifiestan a favor de las energías renovables, exigen
controles más estrictos para determinar las localizaciones territoriales de los
parques. Sin embargo, al consultar a organizaciones ecologistas locales, las
opiniones cambian. Se incorporan los argumentos de que la energía eólica causa
impactos paisajísticos y problemas a la biodiversidad (s/d; 2006). Existe un
elemento central a la resistencia española y es la denuncia de la poca y casi nula
participación social en la toma de decisiones respecto de los parques eólicos, que
se centra en aspectos económicos y físicos de los territorios. La participación
regulada suele ser una participación reactiva como respuesta a los planteos de los
promotores, en vez de ser una participación activa en un plan estratégico de
desarrollo eólico general.
El gobierno de Australia, ha consistentemente apoyado el desarrollo de la energía
eólica, que ha aumentado vertiginosamente en los últimos años. Esta rápida
proliferación ha generado oposición de una minoría significativa, y la creación de
organizaciones en contra del desarrollo de los parques eólicos (Dorobantu; 2011).
De forma similar a lo observado en los casos anteriores, los ciudadanos
australianos basan su descontento en la poca inclusión de sus perspectivas y
opiniones en el proceso de desarrollo de los parques eólicos. Sin embargo, más
allá de las similitudes, el caso australiano demuestra actitudes distintivas por parte
de las comunidades, comparado con el resto de Europa y Estados Unidos
(Dorobantu; 2011). El principal argumento que explica la resistencia de estos
grupos sociales frente a la instalación de parques eólicos se basa en lo que
denominan “impactos en la salud por ruidos de los aerogeneradores” tales como
problemas en el equilibrio, problemas para dormir y dolores de cabeza generados
por las vibraciones sonoras. Incluso organizaciones médicas manifiestan en contra
de la eólica por este motivo, llegando a publicar libros tales como: “Wind Turbine
Syndrome” por la Dra. Nina Pierpont (Dorobantu; 2011). Otro argumento de peso
para los australianos que resisten el desarrollo eólico, refiere al prolongado tiempo
que transcurre entre que se firman los contratos y se les comunica a los
ciudadanos. Una variable central que determina esta realidad refiere al poco
vínculo entre los mencionados ciudadanos y los desarrolladores de proyectos, lo
que lleva a que los primeros consideren que los segundos son entidades
irresponsables y orientadas únicamente por intereses económicos y ganancias
(Dorobantu; 2011).
Acercándonos ya a la experiencia latinoamericana, México es un caso de larga
experiencia en términos de energía eólica. En este caso, el conflicto adquiere una
nueva dimensión, y refiere a que si bien la instalación de la eólica permite formas
de generación de energía menos contaminantes, la mayor parte de la electricidad
que producen se dirige principalmente a los usos de las empresas privadas
extranjeras y nacionales en México (Castillo; s/d). Esta situación ha vuelto más
compleja la experiencia mexicana respecto al desarrollo de la energía del viento,
lo que ha provocado altos niveles de conflictividad entre las empresas eólicas, el
gobierno de México y comunidades indígenas, por la generación de impactos
sociales y ambientales que modifican la calidad de vida de la población. Todo
esto, ha generado un clima de alta conflictividad respecto de varias dimensiones.
En primer lugar, la implementación de parques eólicos en México ha generado un
rechazo y oposición social por parte de grupos como: ‘Grupo Solidario’, ‘La Venta’
y ‘Asamblea en Defensa de la Tierra’. En concordancia con los casos anteriores,
existe un ‘temor’ a la degradación visual y la generación de ruidos, y por tanto
estos aspectos se tornan en argumentos fuertes en contra de la energía eólica en
México.
En definitiva, los planteos anteriores reflejan diversas formas de reacción social
frente a la instalación de parques eólicos, representando un amplio abanico que
incluye desde los intereses individuales más particulares como pueden ser los
económicos, aquellos que responden a las externalidades de los proyectos eólicos
en los territorios, tales como sombras y ruidos; hasta los planteos teórico-
ideológicos más genéricos orientados por creencias conservacionistas, entre
otras. Resalta, entre las anteriores, una argumentación que suele englobar a
muchas de las restantes: la importancia del sentido de pertenencia de las
poblaciones locales en el proceso de desarrollo de los proyectos eólicos. Se
completa este cuadro incorporando el relacionamiento de las comunidades locales
con los desarrolladores de proyectos y el Estado, y los espacios de participación
efectivos que se generen. Al incorporar todas las variables determinantes para el
análisis de un conflicto específico, se comprende que cada país cuenta con
especificidades que lo transforman en único. Por tanto el tratamiento de los
conflictos que se desaten en el proceso, debe ser realizado con dedicación,
otorgando importancia tanto a la teoría del conflicto social como a los aspectos
específicos que deberán conocerse caso por caso en cada país.