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Justificación: Gracia y Soberanía Divina

El documento habla sobre la justificación como un acto soberano de Dios mediante el cual declara justo al pecador que cree en Cristo, a pesar de su condición de pecador. Explica que la justificación ocurre por gracia y no por obras, y que la ley fue dada para mostrar la necesidad de salvación debido a la naturaleza pecaminosa del hombre, la cual es cubierta por la gracia de Dios a través de la fe en Cristo.

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Justificación: Gracia y Soberanía Divina

El documento habla sobre la justificación como un acto soberano de Dios mediante el cual declara justo al pecador que cree en Cristo, a pesar de su condición de pecador. Explica que la justificación ocurre por gracia y no por obras, y que la ley fue dada para mostrar la necesidad de salvación debido a la naturaleza pecaminosa del hombre, la cual es cubierta por la gracia de Dios a través de la fe en Cristo.

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«Justificación como acto soberano de Dios»

Justificación, es el acto soberano de Dios por medio del cual, declara justo al pecador
que cree, aun cuando todavía está en su condición de pecador. Dios declaró justo a
Abraham, aun cuando sabía que le iba a fallar. Una cosa era pecar antes de la gracia, y
otra, pecar después de ser declarado justo. El que pecaba antes de la gracia, no
padecía de remordimiento de pecado porque no tenía relación con Dios. Pero cuando
usted peca, y seguramente tiene en mente no hacerlo, hay gracia suficiente para
cubrirlo, porque Dios ya lo justificó, porque usted creyó en Cristo.

Cada día que se levanta por la mañana y va a trabajar, sabe que al final de la semana o
del mes, recibirá su paga por lo que ha trabajado. Cuando llega el día de cobro, ¿se
acerca usted a la oficina del jefe y le dice: «Gracias. ¡Mil gracias por este pago! ¡No sé
qué haría si no fuera por usted!»? No, usted simplemente le agradece con amabilidad,
pero en su interior sabe que su paga es lo que merece por el esfuerzo de su trabajo y
que si no le pagan, debe accionar judicialmente.

En Dios, no funciona así. Todo lo que hemos trabajado y nos hemos esforzado, nos
trajo muerte y separación de Dios. No importa cuán difícil haya sido la obra ni cuántas
buenas intenciones haya tenido. No importa sus buenas acciones, ni las velas que haya
encendido. No importa los rosarios que haya rezado, ni la cantidad de veces que fue a
misa. No importa lo poco o lo mucho que haya hecho, porque cuando usted se
presenta ante Dios, Él le dice: «Eres un reo de muerte. Esa es tu paga. Eso es lo que
mereces. Ese es el castigo por causa de tu pecado». Pero, cuando acepta lo que Jesús
hizo en la cruz del Calvario, se da cuenta que no puede pagar lo que Él hizo. Eso es
gracia, que me atribuye a mí lo que otro hizo, para que yo pueda estar delante de Dios,
sin merecerlo. Cristo pagó la deuda, y yo recibo el beneficio solamente por creer.

El pueblo hispano ha trabajado mucho para obtener logros, recompensas económicas


y reconocimiento. Por esa razón es muy difícil de comprender, ya que ha trabajado
mucho para tener, han sudado para alcanzarlo, por eso les cuesta comprender que la
gracia es un don inmerecido. La experiencia resultado del trabajo diario, se transfiere a
nuestra experiencia con Dios.
Lectura Bíblica
Romanos 5:1-2
«¿Cómo le pagaré a Dios?»

Hay quienes dicen: «Tengo que hacer algo para Dios. Tengo que trabajar para Él,
porque ¿cómo voy a pagarle mis deudas?». Usted debe entender que nunca podremos
pagarle nada, porque Jesús ya pagó el precio de nuestro pecado, de nuestra condición,
por nosotros; ya no hay cuenta pendiente que pagar. Cristo justificó nuestras faltas
delante de su Padre para que nos acepte, porque de otra manera era imposible.
Justificación, entonces, es el acto soberano de Dios por medio del cual, nos declara
justos. Él pagó la deuda y yo recibo el beneficio por creer en lo que Él hizo a mi favor.

Hay una barrera que se llama pecado, de la cual nadie es inmune. No hay educación,
logros, lectura, dinero, religiosidad que la quite. El mundo está contaminado con el
pecado y todos necesitamos ayuda, perdón, y salvación.

Cualquiera que haya alcanzado logros, puede gloriarse ante la gente, porque los seres
humanos nos impresionan con sus logros. Nos impresionan las cosas que se han hecho,
por eso ponemos su nombre a calles, pueblos y ciudades. Levantamos estatuas en su
honor, y nombramos edificios de gobierno y escuelas públicas. Una persona que ha
trabajado mucho y que logró algo en la vida, tiene de qué gloriarse ante otros seres
humanos, pero ante Dios no importa el logro humano. Ni aún Abraham pudo alcanzar
la bendición y el favor de Dios en sus propios méritos. No fue lo que tenía ni lo que
logró, sino lo que Dios hizo por medio de su gracia.

Abraham era un hombre vacío, espiritualmente muerto, criado por una idólatra. De
acuerdo al capítulo 24 del libro de Josué, Abraham se casó con una mujer que vivía en
una región idólatra por nacimiento, por naturaleza y por decisión. Él era un pecador,
sin embargo Dios traspasó toda esa idolatría, toda esa muerte espiritual, todo lo que lo
separaba de Él, y por gracia se acercó a Abraham. Cuando creyó todo lo que Dios había
dicho le fue contado por justicia, eso en la Biblia se llama: «Justificación».
Lectura Bíblica
Josue 14:2-3
«El problema del pecado»

Romanos 5:12 comienza con el enunciado: «Por cuanto todos pecaron», esto significa
que nadie es inmune, y atañe a toda la humanidad. El problema del pecado no se
maneja con mejor educación, ni con altos logros. El problema del pecado no se
soluciona con más lectura, con dinero, ni con religiosidad. Nada de eso sirve. Todos
fuimos contaminados con el pecado. Todos necesitábamos ayuda. Todos
necesitábamos perdón. Todos necesitábamos al Salvador.

La salvación es un regalo de parte de Dios, por lo tanto es gratuito para nosotros,


aunque a Él le costó muy caro; por eso no se puede atribuir a méritos humanos. Usted
no es más salvo después de cuarenta días de ayuno, ni más salvo después de haber
dado mucho dinero a la iglesia ni a los pobres. No es más salvo porque ora tres horas al
día ni por colaborar con el ministerio de los desamparados y enfermos. Sus buenas
obras, no le añaden una pizca a su salvación. Usted hace las buenas obras, porque Dios
las hizo de antemano, para que usted las lleve a cabo.

En otras palabras, usted no está haciendo nada que Dios no quiere que haga. Por lo
tanto, lo que hace es una demostración que por gracia, Dios se ha inclinado hacia
usted y lo dirige hacia el camino que Él quiere que usted vaya.

No es porque usted es más espiritual que otra persona, ni porque tiene más gracia,
simplemente esa era la obra que Él había preparado desde antes de la fundación del
mundo para que nosotros caminemos en ella. Es por eso que Cristo mientras hablaba
de esto en un contexto de gracia dijo: «¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que
se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo
lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer,
hicimos», (Lucas 17:9-11).

Declaró esto porque en verdad, solamente hicimos lo que se nos dijo. Por lo tanto, yo
no puedo gloriarme de lo que hago hoy, ni creer que soy más que usted, simplemente
estoy haciendo lo que por gracia se me encomendó. Oro, para que se le ilumine esta
preciosa gracia, y su vida comience a dar fruto abundante en gratitud al Padre.
Lectura Bíblica
Romanos 5:12-13
«El propósito de la ley»

La gracia es un regalo, sin costo para el que la recibe, por lo tanto es gratuito y, para
que pudiera ser manifiesta, tenía que ser enviada primero la ley, por eso, el texto
bíblico dice: «Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el
pecado abundó, sobreabundó la gracia», (Romanos 5:20).

El primer propósito de la ley fue identificar el pecado y confrontarlo. Luego lo acusaría


de tal manera, que usted tendría que buscar a quien pudiera darle libertad. El segundo
propósito de la ley, fue intensificar la culpa, porque todo lo que decía la ley era «no».
Declaraba lo que se necesitaba para cumplir con los requisitos de la justicia de Dios,
pero no tenía provisión para poder cumplirlos, porque en sí misma, la ley es incapaz de
justificar al pecador.La ley demandaba perfección, pero no ofrecía ayuda para lograrla.
Lo único que hacía, era identificar el pecado para que se diera cuenta de lo terrible que
era delante de Dios y buscase la provisión para manejar la culpa. Todavía es igual. La
ley nos hace conscientes de nuestra falta, nada más.

¿Se ha detenido frente a una pared con el cartel de advertencia: «No toque, pintura
fresca»? Nunca antes había visto ese muro, ni hubiera notado la pintura. Tal vez pasó
por ese lugar, pero cuando pusieron el cartel de advertencia y lo leyó, algo se le
despertó, la curiosidad. Algunas personas más controladas, pasaron, leyeron el cartel,
sintieron la tentación de tocar la pared recién pintada, pero no lo hicieron.

La ley no ayuda con relación al pecado, porque el propósito de la ley es señalar.


Cuando sabe acerca de la ley, se descubre el pecado que está en usted, entonces
comprende lo perverso y malo que es. Aun haciéndole tanto bien a la gente, está lleno
de odio, rencor, amargura, envidia, celo, contienda. Aunque se congregue los siete días
de la semana, cuando trate de vivir por la ley, jamás podrá satisfacer la demanda de
una santidad perfecta, de un Dios excelente, que no juega con el pecado. Él tiene
demandas y exigencias divinas. La ley decía: «Esto es santidad: honren mi nombre
obedeciendo mi ley», pero nadie lo podía hacer. La ley se introdujo para que el pecado
se manifieste. Entonces, cuando el pecado abundó, la esperanza era que la gracia
sobreabundara. Aunque el pecado se podía medir, la gracia no. Cuando el pecado era
mucho, la gracia era infinita. Cuando el pecado juzgaba, la gracia decía: «Eres
justificado porque creíste en lo que Dios proveyó a través la persona de Jesucristo».
Cuando el pecado condenaba, la ley juzgaba. Cuando el pecado acusaba, la gracia
bendecía.
Lectura Bíblica
Romanos 5:10-11
«El propósito de la gracia»

La gracia excedió las expectativas naturales. Hasta que usted no entienda el


significado y propósito de la gracia, será un juguete del mismo infierno. El diablo va a
jugar con su mente, con su pasado, con lo que usted hizo hace más de veinte años
atrás. El enemigo lo acusará, lo culpará. Pero si entiende el propósito de la gracia, dirá
ante la acusación: «Está equivocado. En verdad yo era un pecador, un adúltero, un
borracho. En verdad hice cosas de las cuales me avergüenzan aún hablar de ellas, pero
la gracia cubrió cada una de mis faltas. La gracia cubrió cada uno de mis pecados.
Porque cuando el pecado abundó, la gracia sobreabundó».

Un día, miré a la cruz del calvario y comprendí, que el que tendría que estar colgando
en ese madreo, era yo. Él tomó mi lugar y por gracia soy salvo, no por las obras de la
carne, sino por la justicia de mi Dios. La ley reveló cuán malos éramos, pero la gracia
nos revela cuán bueno es Dios.

Dios nos ha dado el Espíritu de su Hijo por el cuál clamamos: «¡Abba Padre!». Moisés
no pudo decirlo. Isaías y José tampoco, ya que el término más cercano y afectuoso que
pudieron decirle a Dios fue: «Jehová».

Moisés, Abraham y Adán, desearían estar en la dimensión que estamos viviendo. Ellos
tenían que ir a un lugar para encontrarse con Dios, usted camina con Dios donde
quiera que vaya. Ellos necesitaban ofrecer sacrificio para poder ser aceptado, pero hoy
no tiene que esperar por el sacrificio, porque Cristo murió una vez y para siempre, y en
aquella muerte perfeccionó a todos los que creen en su justicia para siempre. Usted es
justificado. La perfección que Él demostró, es la misma que nos han imputado a
nosotros. Cuando Dios mira su vida no lo ve a usted, sino a Jesús. Las debilidades que
usted tiene, se las resalta la ley, pero si le aplica gracia, la mirada de Dios sobre su vida
es otra.

La ley cumplió con su trabajo: exponer el pecado. Pero la gracia nos habilita para
agradar a Dios, porque no me dejó solo y no tengo que inventar cómo agradar a Dios,
sino que el Espíritu del Hijo está en mí. Así como Jesús pudo agradar al Padre a plena
perfección, la gracia me motiva a acercarme a Él.
Lectura Bíblica
Gálatas 4:4-6
«No es por mérito humano»

Es maravilloso pensar que «justificación» es declararnos justos y santos, aun cuando


todavía estamos muertos en delitos y pecados. Este es el resultado de que Dios nos
haya dado vida juntamente con Cristo.

Somos salvos por gracia. Cuando estemos ante Él en ese glorioso día, usted sabrá que
no está ante la presencia de Dios por sus obras ni por haber nacido en un hogar
cristiano. La única respuesta del por qué estamos ahí, es: «Por pura gracia». Cristo lo
hizo por usted y por mí. Nosotros solo recibimos los beneficios, agradecidos por la
maravillosa gracia del Evangelio. En esa gracia hemos sido sostenidos.

La gracia vivifica, fortalece, levanta, y elimina la conciencia de la ley y nos lleva a vivir
en la cruz. Por eso Pablo decía: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo
yo, mas vive Cristo en mí», (Gálatas 2:20). Porque lo que para la ley era imposible, la
gracia lo logró. En la gracia no hay logros humanos, no puede atribuirse nada propio.

Solemos repetir la típica frase: «Buscar a Dios». Pero no puede buscar lo que ya está
dentro de usted. No podemos buscarlo porque Él ya nos encontró. No busque a Dios,
relaciónese en intimidad con Él. La palabra dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo;
si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo»,
(Apocalipsis 3:20).

Cuando nos sentamos a la mesa con alguien, estamos intimando con esa persona, nos
relacionamos con ella. Esa es la forma y la expresión bíblica más profunda de tener una
relación. Cuando usted invita a alguien a su casa, y lo hace con el propósito de
venderle algo, eso no es gracia, es manipulación. La gracia me lleva a intimar con Dios.
Pero hay personas encargadas de que usted no logre esa relación especial con Dios. A
ellos decidí llamarlos: «Asesinos de la gracia». Los encontramos en cada generación.
Sus argumentos son: «Tienes que seguir intentando y esforzándote para ser salvo.
Antes que puedas hacer esto en tu vida, tienes que dejar algunas cosas para luego
ganártelo». Pero la gracia ofrece perdón a través de la fe, después que usted lo recibe,
el Señor le dará fortaleza para dejar, poner, quitarse cosas de encima, y empezar otra
vez. Después de recibirlo comprenderá que es por gracia. Él le dará el poder para
eliminar de usted lo que no le agrada.
Lectura Bíblica
Efesios 2:4-7
«En sus fuerzas, no hubiera podido»

Él le dará el poder para eliminar de usted lo que no le agrada. Cuando eso ocurra, no
diga: «Yo dejé esto porque hice aquello». Declare que dejó eso por gracia, porque en
sus fuerzas, no hubiera podido abandonarlo. Por gracia de Dios, recibió la habilidad
para quebrar con todo lo que lo alejaba, separaba, obstruía y contaminaba en su
relación de intimidad con Él. ¿Es la gracia la licencia para pecar? ¿Pecaremos para que
la gracia abunde? En ninguna manera, porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo
viviremos aún en Él? Es por gracia para que nadie se gloríe. No se olvide que su
salvación, no es lo que usted hace por Dios, sino lo que Dios hizo por usted. Él dio su
provisión. Su matrimonio se restaura por gracia, se fortalece por gracia. Su vida se
sostiene por gracia.

Tal vez, convive con un sentido de culpa violento, porque de acuerdo a las reglas
religiosas que le habían estipulado, no cumplía ninguna o solo unas pocas. Cuando vive
por la ley, con un mandamiento que no cumpla, es culpable de todos los restantes
también. Una ley violada, crea la misma intensidad de pecado de cien leyes no
cumplidas, porque el castigo de cada una es la muerte.

A medida que comprende el verdadero sentido y propósito de la gracia, puede


expresar, vivir y disfrutar lo glorioso de esta salvación tan grande. Cuando Dios dice:
«¡Cuídala!». No es caminar con temor a perderla, sino apreciarla en gran manera por el
alto costo, el precio que se pagó. Si realmente entiende la salvación, no tendrá deseos
de pecar. Si vive en un sistema legalista religioso, seguramente sentirá culpa y no
disfrutará la salvación. Se alegra durante el servicio, pero no puede adorar con
libertad. A una iglesia que ha sido inundada por la gracia, no hay que decirle cuándo
adorar. No es necesario animarlos a hacer ejercicios religiosos: «Levanten las manos o
bajen las manos». Cuando entiende esto, hay un agradecimiento continuo en su
interior que se expresa en alabanza y adoración.

Si tiene temor a apartarse y volver atrás, le aseguro que al conocer la gracia de Dios,
no disfrutará más del pecado del mundo. Descubrirá entonces que el pecado es un
estado miserable. Dios asegura que su fe puesta en Él, le será contada por justicia.
Cuando el Juez del cielo levante su martillo y golpee su escritorio, dirá: «
_____________ (ponga su nombre en la línea), exonerado de todas sus culpas, de
todas sus faltas, de todos sus pecados. Queda libre por mi gracia, porque puso toda tu
confianza en lo que mi Hijo hizo en la cruz del Calvario».
Lectura Bíblica
Romanos 6:1-2, 2 corintios 4:15, romanos 5:20-21

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