Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Revista Latino-americana de Estudos do Trabalho
Año 21, número 36, Año 2017
Índice
Resultados de Investigación
5 ¿Qué es el trabajo no clásico?
Enrique de la Garza Toledo
45 Fragmentación productiva y regulación del trabajo en la
producción audiovisual argentina. Tendencias sectoriales en
contextos de internacionalización
María Noel Bulloni Yaquinta
65 Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos en la
industria de la construcción del Área Metropolitana
de Buenos Aires
Álvaro Del Águila
Dossier
Educación y trabajo
95 Presentación
Ana Miranda
107 Lo descolonizador en los saberes del trabajo: una
aproximación desde una experiencia de autogestión
Anahí Guelman y María Mercedes Palumbo
135 O trabalho juvenil na agenda pública brasileira: avanços,
tensões, limites
Maria Carla Corrochano, Helena Wendel Abramo y Laís Wendel Abramo
171 Inserción laboral y mercados de trabajo en jóvenes
universitarios en León, Guanajuato
Gustavo Garabito Ballesteros
197 Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): análisis de
la intensidad, calendario y secuencia de eventos de transición
Verónica Filardo
Reseñas bibliográficas
225 Marta Panaia (coordinadora)
Universidades en cambio: ¿generalistas o profesionalizantes?
Eduardo Rodríguez Rocha
Repertorio de Tesis
233 Trabajo y acción colectiva en la maquila informacional de los
call centers
Inés Montarcé
239 Relaciones laborales en Argentina. El caso Camioneros entre
1991-2011
Gabriela Pontoni
247 Control del trabajo ampliado en la empresa trasnacional de
telecomunicaciones móviles Telefónica-Movistar México
Alfonso Cano Robles
253 Políticas socioeducativas y trabajo docente: La gestión
escolar, entre la acumulación de proyectos compensatorios y
la práctica de la inclusión educativa (2000-2010)
Alicia Olmos
Actividades Académicas
271 alas 2017. Montevideo
273 xii Bienal del Coloquio de Transformaciones Territoriales
280 8º Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias
Sociales y 1º Foro Mundial del Pensamiento Crítico
Todos los artículos de este número fueron arbitrados por dos lectores ciegos,
y tres en caso de no acuerdo.
Resultados
de investigación
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 5
Recibido septiembre de 2017 | Publicado: noviembre de 2017
¿Qué es el trabajo no clásico?
Enrique de la Garza Toledo
Resumen
Desde la publicación del libro de Hochschild sobre el trabajo emocional, se ha desata-
do en la Sociología del Trabajo una intensa polémica que ha pasado por el concepto
de trabajo estético, cognitivo, moral, subjetivo, etc., produciéndose una rica imbri-
cación entre teorías del trabajo y teorías sociales, en su sentido amplia, como no se
había conocido en la historia de la disciplina. Por esto, no es exagerado afirmar que el
campo más dinámico conceptualmente y más creativo en reflexiones teóricas de la
Sociología del Trabajo es el que parte del trabajo emocional, aunque, por supuesto,
no se ha quedado en estos términos.
Nuestra propuesta de “trabajo no clásico” busca sintetizar un área como la mencio-
nada, que permanece fragmentaria a pesar de los debates entre las diferentes pers-
pectivas. Por otro lado, creemos importante no desligar los temas de subjetividad y
trabajo de la Economía Política y del concepto de control sobre el trabajo, incluyendo
al cliente, cuando hay interacciones cara a cara entre empleado y usuario del servi-
cio. Esto nos ha llevado a pensar en un concepto ampliado de trabajo –que incluye al
cliente– y de relación laboral.
Enrique de la Garza es Doctor en Sociología, Profesor Iinvestigador del postgrado en Estudios
Laborales de la Universidad Autónoma Metropolitana. Se pueden consultar libremente obras del
autor en <http://sgpwe.izt.uam.mx/pages/egt>.
6 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Palabras clave
Trabajo no clásico. Servicios. Control sobre el trabajo. Subjetividad y trabajo.
Abstract
From publishing of book of Hochschild about emotional work, we have had in the
Sociology of Work a strong polemic that is going through aesthetic, cognitive, mo-
ral, subjective works, with an interesting link between social theories and sociology
of work. For that, is not an exaggeration to say that the more dynamic and creative
field of sociology of work today is that is going from the line of emotional work to non
classical work.
Our concept of “non classical work” tries to synthesize all of these discussions, consi-
dering important to link on this political economy with control of labor process and
subjectivity, including the customer, when there are interactions face to face bet-
ween that customer and employed. For us, this was the way to think a wide concept of
work and labor relations with inclusion of customers.
Key words
Non classical work. Services. Subjectivity and work.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 7
Introducción
La polémica acerca de la naturaleza del trabajo ha reconocido varios
momentos: uno fue el de si solo considerar como trabajo en el capitalismo
al que es asalariado, relacionado con un concepto de mercado de trabajo
por el cual se encuentran los que ofrecen fuerza de trabajo (trabajadores)
con los que desean emplear (capitalistas). Una concepción así dejaba fuera
al trabajo por cuenta propia, al autoempleado, al trabajador no remunera-
do, al trabajo comunitario y al trabajo del ama de casa. De una manera o
de otra, esta disputa se ha ido resolviendo al considerar a todos estos (con
mayor dificultad para el ama de casa) como trabajos. Otra discusión ha
sido entre trabajo formal e informal, pero este último también ya es con-
siderado como trabajo. Sin embargo, las polémicas mencionadas y la
ampliación del concepto de trabajo no profundizaban en el carácter de la
actividad laboral, excepto cuando se distinguía entre trabajo en la indus-
tria, en la agricultura y en los servicios. La falta de profundidad se deriva-
ba de ver al trabajo como un estado de cosas o una situación caracterizable
por variables económicas (salario, ingresos, productividad, horas de tra-
bajo, prestaciones, valores producidos) o sociodemográficas (edad, escola-
ridad, estado civil, educación, tamaño de la familia). Es cierto que el
enfoque económico-sociodemográfico (no siempre se presentan juntos,
pero obedecen a la misma lógica) aporta valiosas descripciones acerca del
trabajo, pero no lo agotan.
Una segunda forma de abordar al mundo laboral es a través del con-
cepto de regulación, aplicado comúnmente solo para el trabajo asalariado,
el trabajo (fuerza de trabajo) que es comprado por un salario. Sin duda
que el anterior es un enfoque importante que ha preocupado a abogados,
expertos en relaciones industriales, administradores y sociólogos. Su
ámbito es el de los contratos colectivos, leyes laborales y otros acuerdos
entre trabajadores y empresas, su conformación, violaciones o cumpli-
miento y las formas de dirimir los conf lictos.
Pero el enfoque que ha caracterizado a la Sociología del Trabajo –sin
negar que haya sociólogos de esta área que siguen cualquiera de los otros
dos enfoques o su combinación– ha sido, de manera clásica, el del análisis
del trabajo en el proceso de trabajo en forma diferente a como lo haría un
economista neoclásico. La diferencia parte de Marx –quien, además de
filósofo, economista, politólogo, haya sido tal vez el primer sociólogo del
trabajo– en la sección IV de El Capital (1974), en donde analiza las etapas
de la producción capitalista –de la cooperación simple a la gran
8 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
industria–. Desde el punto de vista del proceso de trabajo, descubre la
diferencia entre valor de la fuerza de trabajo y trabajo (indistinguibles en
la teoría neoclásica). El valor de la fuerza de trabajo no tendría que ver con
el valor generado por el asalariado durante la jornada laboral, sino con el
valor de las mercancías necesarias para la reproducción del trabajador y
su familia. En cambio, el valor del trabajo sería el incorporado por la fuer-
za de trabajo a los medios de producción para generar la mercancía
durante el proceso de trabajo. Como estos dos conceptos no tienen por
qué igualarse, el capitalista hará trabajar al obrero más de lo que vale su
fuerza de trabajo; de ahí surge el concepto de plusvalía (ganancia en tér-
minos no de valores sino de precios). De tal forma, el trabajador, al contra-
tarse durante cierto tiempo y por determinado salario, no tendría
predeterminado el valor que generará para el capitalista, sino que este
estaría sujeto a presiones y contrapresiones entre capital y trabajo cotidia-
namente en el proceso de trabajo. Edwards le llamó la “negociación coti-
diana del orden” (Edwards, 1986), que puede implicar también no
negociación sino imposición. Marx resumió lo anterior en una frase de
esa sección IV de El Capital: el capital para cumplir su función de explota-
ción (extracción de plusvalía) tiene que dominar (controlar) al trabajador
dentro del proceso de trabajo. De estas consideraciones, la Sociología del
Trabajo académica derivó el concepto de “control sobre el proceso de tra-
bajo”, como concepto central de esta rama de la sociología, que la distin-
gue de la perspectiva económica-sociodemográfica, pero también de la de
la regulación.
Sin embargo, la Sociología del Trabajo académica, que se puede dis-
tinguir de la Sociología Industrial, aunque haya interfaces, primero sur-
gió en Francia con la escuela de Friedmannn, Naville y Touraine (1970),
luego de la Segunda Guerra Mundial. La inf luencia marxista era eviden-
te, primero por la centralidad del concepto de control y segundo porque
fue una sociología eminentemente crítica del taylorismo que se introdu-
cía en Europa. La segunda gran oleada vino de Inglaterra y parcialmente
de los Estados Unidos.1 Braverman (alemán radicado en los Estados
Unidos) (1974) fue el encargado de retomar la perspectiva marxista de
manera más rigurosa que los autores franceses mencionados, pero su
1 La escuela de Panzieri en Italia fue anterior (desde inicios de los sesenta), pero no la incluimos
porque su influencia académica fue menos conocida en comparación con Braverman y los
ingleses. Veáse R. Panzier (2017), El Obrerismo Italiano (antología preparada por Enrique de la
Garza), en <http://www.sgpwe.izt.ua,.mx/pages/egt> (ventana de ensayos teóricos).
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 9
impacto mayor fue en Inglaterra, en donde la escuela de Warwick, con
Hyman (Frege et al., 2011) a la cabeza, conformó una red de numerosos
investigadores de excelente nivel teórico y empírico. Este ha sido de los
períodos más ricos de los estudios laborales, el llamado “debate sobre el
proceso de trabajo”. Por supuesto que en este debate participaron impor-
tantes pensadores de otros países europeos, pero es difícil encontrar una
escuela tan sólida como la británica de esos tiempos. Es decir, en general,
la Sociología del Trabajo ha sido una perspectiva crítica de la explotación
y el control capitalista del proceso de trabajo, para la que las variables
sociodemográficas o bien referidas a la regulación o normatividad del
trabajo son importantes, pero el eje central lo constituye la acción de tra-
bajar, sin suponer que el valor generado está predeterminado por el sala-
rio sino que se resuelve cotidianamente en el proceso de trabajo; de tal
forma que este, además de relación del obrero con medios de producción,
implica interacciones entre obreros, mandos medios y supervisores hasta
la gerencia. Estas interacciones implican relaciones de fuerza, control,
cooperación o conf licto. En estas relaciones intervienen la tecnología, la
organización, las relaciones laborales con su normatividad, los acuerdos
o conf lictos de la gerencia con los sindicatos cuando los haya, así como las
culturas laborales, sindicales y gerenciales con respecto al trabajo y de la
empresa.
Sin embargo, hasta los años setenta del siglo xx, el referente empírico
principal de la Sociología del Trabajo seguía siendo la industria y en espe-
cial la manufactura, resultado del industrialismo del siglo xix y primera
parte del xx, cuando muchos pensadores identificaron a la industrializa-
ción con la modernidad y, en particular en la Sociología del Trabajo, al
trabajador asalariado de la industria como la categoría ocupacional por
excelencia. No obstante, desde mediados del siglo anterior, en algunas de
las economías más desarrolladas se empezó a dar el cambio en importan-
cia económica hacia los servicios, y en estos momentos es el sector de la
economía mundial que más contribuye al producto y al empleo.2
2 Actualmente en la mayoría de los países del mundo, más del 50% del pib corresponde a los
servicios: en los EE.UU. el 78%, en Alemania el 69%, en Japón el 75%; en América Latina el 65%.
10 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Hubo, por supuesto, antecedentes en el estudio de los servicios, pero
también la tentación de tratarlos como fábrica de servicios.3 La época
“fabriquista” de la Sociología del Trabajo también llegó a incorporar a la
cultura, pero sin mayor profundidad, frente a las concepciones de tipo
funcionalista que la veían como sistema de normas y valores. De cual-
quier manera, lo que se producía era un producto material, separado de
quien lo producía, y la sofisticación en el proceso de trabajo iba más por el
tema del poder dentro del mismo, a veces matizado por la cultura. De tal
forma que la discusión acerca del carácter del producto o del trabajo no
presentaba mayores sofisticaciones. Un precursor del cambio de énfasis
que ha llevado a profundizar en los servicios y, eventualmente, retroali-
mentar hacia la industria, fue el planteamiento de Hochschild (1980)
acerca del trabajo emocional (Martínez, 2001). Es decir, el generar emo-
ciones es parte del trabajo, no solo para la transformación de objetos físi-
cos; también puede ser parte de lo que se vende. Más aún, la emoción
puede ser el producto principal que se venda.
Lo anterior fue posible porque una parte de las teorías sobre la cultu-
ra habían dado el paso de verla como sistema de normas y valores a con-
siderarla como la construcción de significados en la interacción. No fue
difícil conectar esta transformación con las teorías de la cognición, pero
vistas ahora como trabajo cognitivo, así como hacia fines del siglo xx se
pudo hablar de trabajo estético. De tal forma que, analizar el trabajo con
sus componentes subjetivos o bien como intercambio de significados pasó
a ser el plato fuerte de la Sociología del Trabajo en lo que va del siglo xxi.
De esta manera, la definición económica convencional de ver a los
servicios como generadores de intangibles es imprecisa y parcial: lo tan-
gible es lo perceptible por medio del tacto, pero el tacto es solo uno de los
cinco sentidos que permiten percibir; de tal forma que intangible no es lo
mismo que no físico. La música es física y no tangible; puede haber pro-
ductos tangibles con partes intangibles en su generación, como el servicio
de restaurante –que incluye el trato del mesero–; puede haber productos
tangibles, como los automóviles, que impliquen fases intangibles, como el
3 El concepto de fábrica de servicios puede ser interesante; significaría que tecnologías, formas
de organización, calificaciones, relaciones laborales experimentadas por el capital en la indus-
tria se han llevado a los servicios, en una convergencia entre agricultura, industria y servicios,
lo cual tiene fundamentos. Sin embargo, cabe destacar también las especificidades de los ser-
vicios, sobre todo en aquellos en donde hay interacción simbólica entre el empleado y el cliente
y que implican el trabajo del cliente.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 11
diseño. Tampoco intangible es sinónimo de que no existe independiente
del productor; el software es intangible y se objetiva en un programa de
computadora que puede almacenarse y revenderse. De hecho, los produc-
tos tangibles (automóviles, salchichas) implican intangibles relacionados
con lo estético, y esto tiene un costo, se incorpora al valor de la mercancía
y es parte de lo que se vende (el bello automóvil).
El trabajo clásico y el no clásico
Cuando propusimos el concepto de trabajo no clásico (De la Garza, 2011),
estaba de moda hablar de “trabajo atípico” como aquel en el que no se
cumplen los estándares laborales contenidos en la regulación de un país
determinado –por ejemplo, si se pagaba al menos el salario mínimo, si
había derecho a la contratación colectiva o a la huelga, etc.–. Se trataba de
un concepto dentro de la familia de los conceptos de trabajo informal, no
estructurado, inseguro, atípico, no decente, etc. que se generaron en los
noventa. Pero el enfoque de casi toda ésta era sociodemográfico, es decir,
medir qué tan o tanto informal era a partir de indicadores cuantitativos.
Pero esta preocupación de cumplimiento de estándares mínimos no era
nuestro énfasis, aunque se podría vincular con aquel enfoque. Ni tampo-
co las fuentes de datos podían ser las mismas. Es decir, nuestro punto de
partida no era si se cumplían o no ciertas normatividades laborales, tam-
poco si el tipo de trabajo no clásico era mayoritario o no en una sociedad,
menos si era todo novedoso o si existía desde hacía mucho tiempo, tam-
poco si era formal o informal. Lo no clásico era pertinente porque en la
Sociología del Trabajo, también en la economía, el prototipo de trabajo era
el industrial, en el que se generaba un producto material separado del
trabajador y de su subjetividad. Este producto podía almacenarse, reven-
derse, y en su producción no participaba el cliente. La imagen de este tipo
de trabajo y sus conceptos seguían pesando conceptualmente en la
Sociología del Trabajo, a pesar del ascenso de los servicios. Por ejemplo,
no quedaba claro si el concepto de taylorismo (trabajo cronometrado,
medido, simplificado, repetitivo, estandarizado) creado para la industria
igual servía para los servicios o qué otro concepto podría sustituirlo.
El trabajo clásico, además de productos físico-materiales, implicaba
en la fábrica la definición del tiempo (jornada de trabajo) y espacio (las
paredes de la fábrica) en los cuales se producía, claramente diferenciados
del tiempo y espacio de la reproducción de la fuerza de trabajo en la fami-
lia o del tiempo libre. Se trata eminentemente de trabajo maquinizado y
12 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
asalariado al mando del capital (relación entre dos partes, capital y traba-
jo). Sobre esta base, se erigieron la mayoría de los conceptos de la
Sociología del Trabajo, del derecho laboral, de la economía, de las relacio-
nes industriales.
En cambio, había muchos trabajos que no se ajustaban a las caracte-
rísticas del trabajo no clásico: primero, los trabajadores por su cuenta, los
autoempleados o no remunerados; segundo, el de muchos servicios, que
los economistas caracterizaban simplificadamente como de producción
de intangibles, pero que no profundizaban en sí. Es decir, no considera-
ban lo que mencionamos anteriormente: si los intangibles estaban tam-
bién presentes en la producción y el producto tangible (el bello automóvil),
si había mezcla en el producto entre tangible e intangible y si tangible
(que remite al tacto) era lo más correcto para caracterizar lo que es físico
–como mencionamos, la música como producto sería intangible y física.
En nuestro auxilio vino Marx, el mismo que teorizó casi siempre sobre
la producción material producto de la revolución industrial. Pero con la
clarividencia que le caracterizó en pasajes de El Capital (1974a), los Grundrisse
(1974c), la Historia crítica de las teorías sobre la plusvalía (1972). En el Capítulo VI
inédito (1974b) acuñó el concepto de “producción inmaterial” para referirse a
aquella en la que la producción, la circulación y el consumo están compri-
midos en un solo acto, como –en su ejemplo– en la obra de teatro en vivo.
De este ejemplo, se pueden extraer más conclusiones: primero, que los pro-
ductos inmateriales no se pueden almacenar y que no existen fuera de la
subjetividad de los participantes en la producción, la circulación y el consu-
mo; segundo, que se trabaja, como en el caso de los actores de teatro, no
necesariamente cuando se transforma una materia prima material, sino
que puede haber producción de emociones o sentidos estéticos; que el pro-
ducto como símbolo puede ser el que se venda y, por lo tanto, tenga un valor;
que el público pague por este producto subjetivo, pero que este no pueda
revenderse y finalice en la subjetividad del público.
Además, para la producción del espectáculo se necesita la participa-
ción del público, al menos como receptor no pasivo de los códigos subjeti-
vos generados por los actores. Es decir, que sin presencia directa de los
espectadores no se produce el espectáculo. Tampoco se genera con éxito
si el espectador no resignifica los símbolos producidos por los actores, de
tal forma que la obra no fracase. En la incertidumbre acerca del éxito
de la producción está imbricado el propio cliente en el momento de la
producción, no a posteriori como en cualquier producto capitalista.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 13
Pero, estrictamente, “producción inmaterial” debería reservarse para
casos como los que refiere Marx (producción circulación y consumo se
dan en un solo acto) y no aplicarse a la producción de símbolos en los que
no interviene el consumidor en el acto de la producción y que sí pueden
almacenarse y revenderse, como es el caso del diseño de software. Estas
son formas de lo que hemos llamado el “trabajo no clásico”, que ha existi-
do en paralelo con el clásico y que hoy es posiblemente mayoritario, aun-
que no siempre lo ha sido en todos los países (en los años 50 del siglo xx
en Suecia el 80% de los ocupados eran obreros de fábricas).
Hemos considerado tres formas del trabajo no clásico, que pueden
presentarse por separado o combinadas, incluso con el clásico:
a) Trabajo interactivo. Todo trabajo es interactivo, pero aquí de lo que
se trata es de aquellos trabajos en que lo que se genera y eventualmente
se vende es la interacción misma, como es el cuidado de bebés en la guar-
dería. Este supone gastos en edificio, instalaciones, materiales de cuida-
do, fuerza de trabajo, pero lo que se vende no es la suma simple de todo
esto, sino la interacción amable de los empleados de la guardería con el
bebé. Este es el componente principal de lo que se genera o lo que se
vende; conlleva significados pero embebidos en la propia interacción.
Otro tanto sucede con el concierto de música en vivo.
b) La otra forma es la producción de símbolos sin intervención del cliente,
como en el ejemplo que mencionamos del diseño de software. Estos sím-
bolos se pueden almacenar, revender. Un ejemplo adicional es la produc-
ción de música que se vende en cd.
c) El tercer tipo serían los trabajos que requieren del trabajo del cliente
para que este reciba el servicio. Por ejemplo, en el restaurante de hamburgue-
sas, en el supermercado, una parte del proceso lo tiene que efectuar el
cliente (hacer el pedido en mostrador, recoger su charola, llevarla a la
mesa, descargar los desperdicios en un contenedor; en un supermercado,
tomar un carrito, seleccionar mercancías de los anaqueles, hacer fila en la
caja, poner su compra en la banda de la caja) (De la Garza, 2011).
Estos trabajos no clásicos implican que las interacciones, la genera-
ción de símbolos o el trabajo del cliente pueden generar o ser productos
útiles al hombre, que se pueden volver mercancías en ciertas condiciones
de producción. Estos símbolos pueden ser subjetivados –depositarse en la
subjetividad del público en la obra de teatro sin posibilidad de reventa– o
bien objetivados (existen como producto al margen de la subjetividad del
14 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
diseñador o del cliente). Por esta razón, en este último caso, no cabe
hablar de producción inmaterial, considerando por material no solo lo
físico material sino también lo producido por el hombre que se objetiva,
que existe como producto final al margen de su conciencia y voluntad.4
Todos los trabajos no clásicos (capitalistas)5 ponen en el centro de la
actividad la subjetividad6 de los actores laborales, que en sus tres dimen-
siones incluyen a tres sujetos y no a dos como en el trabajo clásico (empre-
sario o manager, trabajador asalariado y cliente). En cuanto a la
subjetividad, resulta muy esquemático decir que hay, por un lado, trabajo
emocional, por el otro estético, por otro cognitivo.
En esta temática recurrimos a la noción de Gramsci de que toda rela-
ción social es caleidoscópica (De la Garza, 2010a) es decir, a la vez econó-
mica, política, cultural, pero con énfasis diversos. Por ejemplo, la relación
económica supone las tres, pero con énfasis en la primera. Extendiendo
esta forma de razonar los códigos de los significados, podríamos decir
que en toda relación social hay códigos cognitivos, emocionales, estéticos,
morales y que la relación entre estos es a través de la lógica formal o el
concepto científico, pero también a través de formas de razonamiento
cotidiano –por ejemplo, la metáfora, la analogía, la regla práctica, la hiper-
generalización, etc. (De la Garza, 2010a)–. Por este camino, se trata de
4 Si bien Marx habla de la posibilidad de la producción inmaterial (compresión entre producción,
circulación y consumo), hemos dicho que no todo el trabajo no clásico implica produc-
ción inmaterial. Desde el punto de vista no de la producción sino del trabajo, hemos propuesto
el concepto de no clásico que implica trabajo simbólico, sea en interacción entre empleado y
consumidor, cuando lo que se vende es la interacción, pero también cuando el cliente trabaja o
bien cuando lo que se generan son símbolos sin intervención del cliente. Trabajo simbólico no
es lo mismo que trabajo inmaterial; tampoco es siempre interactivo, puesto que los símbolos
pueden o no objetivarse. Además, el desgaste de la fuerza de trabajo al trabajar -y, con ello, su
capacidad de incorporar valor- depende, en parte, de sus cualidades físicas pero también sim-
bólicas (concepto de mayor actualidad que “capacidades intelectuales”), que influyen en ma-
yor o menor grado en toda producción. Por ello, el concepto de “trabajo inmaterial” (diferente
de “producción inmaterial”) puede ser ambiguo; preferimos el de “no clásico” o en su defecto
el de “trabajo simbólico”. El trabajo simbólico implica trabajar el trabajador sobre su propia
subjetividad pero para generar símbolos comunicables de manera inmediata o mediata al
usuario. En esta medida, el trabajo simbólico debe objetivarse en símbolos compartidos. Esta
generación de símbolos puede ser consciente, pero también puede incluir códigos implícitos
de la cultura formando una configuración a partir de signos auditivos, visuales, semióticos,
con una performance, en un “escenario” y utilizando ciertos medios técnicos.
5 La teoría de los trabajos no clásicos se puede también aplicar para lo que realiza el trabajador
por su cuenta, el autoempleado, el no remunerado o el ama de casa (¿trabajo doméstico?).
6 No solo ponen en juego la subjetividad en forma central, sino que crean nuevas subjetividades
tanto en el trabajador como en el consumidor.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 15
arribar a una teoría generalizada del trabajo: la relación de trabajo es una
forma de relación social, con dimensiones económicas, políticas y cultu-
rales; implica acciones e interacciones; las interacciones suponen inter-
cambio de significados; estos pueden ser negociados, impuestos o
rechazados, generar cooperación o conf licto.
Figura 1. Las configuraciones del trabajo no clásico
C
B
A.- Producción de símbolos
sin intervención del cliente.
B.- Interacción simbólica
como parte fundamental
del producto.
C.- Intervención del cliente.
en el trabajo pero el producto
A
no es fundamentalmente
la interacción.
Fuente: Elaboración propia.
Un producto es generado por los hombres para satisfacer necesida-
des humanas. Estas necesidades pueden ser físico-materiales o bien sim-
bólicas (cognitivas, estéticas, éticas), además de que los objetos materiales
que satisfacen necesidades humanas siempre están embebidos de signifi-
cados por los hombres, que cambian histórica y culturalmente. Por ejem-
plo, un alimento implica determinadas proteínas, carbohidratos o
minerales, pero este alimento será culturalmente apreciado en forma
diferenciada temporal, espacial, clasistamente. Es una traducción del
planteamiento de Marx respecto de que hay que insistir en la cara subje-
tiva del objeto.
Dice Marx que un producto y la mercancía no tienen que ver con su
carácter físico o no: “Nos referimos a la mercancía en su existencia ficti-
cia, exclusivamente social de mercado, totalmente distante de su realidad
física”; “... la ilusión surge del hecho de que una relación social reviste la
forma de objeto” (Marx, 1974a; Tomo I: 146 y 147). Además, “El valor es algo
inmaterial, indiferente de su existencia material” (Marx, 1972; Tomo I). Es
decir, una mercancía puede ser una interacción o un símbolo, que en el
16 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
capitalismo ha adquirido valor de cambio, y se requiere cierta fuerza de
trabajo para su producción. Por otro lado, no todo trabajo en los servicios
es improductivo, ni tampoco forma parte de la circulación, en el sentido
marxista de que no genera plusvalía. Al respecto señala Marx que “es
erróneo diferenciar entre trabajo productivo e improductivo por el conte-
nido material de producto” (Marx, 1974b: 36), o bien “que el carácter con-
creto del trabajo y de sus productos no guardan de por sí la menor
relación con la división entre trabajo productivo e improductivo” (Marx,
1972, Tomo I). La fuerza de trabajo, entendida como potencialidad para
generar productos, implica capacidades físicas, pero también relacionales
y subjetivas (obrero colectivo): “el producto existe dos veces, primero en la
subjetividad del trabajador y luego en su materialidad” (Marx, 1974a;
Tomo I). En el trabajo interactivo y simbólico se requiere cierta califica-
ción, pero diferente de la calificación de la producción material. En la
primera se puede hablar de capacidades relacionales o de intercambio y
de generación de símbolos aceptados por el cliente.
Profundizando más en el problema de si los servicios pueden ser
analizados como generadores de valores y de plusvalía en el capitalismo,
es decir, si estos pueden ser trabajos productivos, señalemos que directa-
mente Marx lo estableció así para servicios educativos privados, de teatro,
para el transporte (Marx, 1972; Tomo I). Es decir, la ganancia capitalista en
servicios como los mencionados no surge de la redistribución de la plus-
valía que parte de la producción material, a diferencia de lo que consideró
Marx para el comercio y la banca –aunque en todos los servicios hay pro-
cesos de trabajo, control sobre el trabajo, relación laboral y mercado de
trabajo, es decir pueden y son analizables con las categorías de la
Sociología del Trabajo no clásico, sean productivos o improductivos desde
el punto de vista marxista.
Pongamos un ejemplo concreto: el concierto de rock en vivo. En este
proceso de producción del espectáculo, hay capital constante (deprecia-
ción del teatro, asientos, iluminación, aparatos de sonido), pero el público
asiste no por esta parte del costo de producción, sino para emocionarse y
gozar colectivamente de sentimientos y valores estéticos, posiblemente
también para crear en acto identidad colectiva. Es decir, la parte principal
del producto espectáculo y del trabajo, resultado en parte de los músicos,
sería ejemplo de lo que Marx llama producto y trabajo inmaterial. Pero es
un trabajo no clásico no solo por la inmaterialidad del producto y del tipo
de trabajo que lo genera, sino porque requiere de la presencia del público
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 17
para generarse –si no hay público no hay espectáculo– y también por su
participación con muestras de entusiasmo, euforia colectiva, premiando
simbólicamente a los músicos o abucheándolos. El público no es pasivo, es
coproductor del espectáculo; una parte del espectáculo lo hace el público
con su euforia colectiva. El producto espectáculo tiene un valor que es la
suma del capital constante consumido (depreciación del teatro, instala-
ciones) más un capital variable (salarios de los músicos). Habría que con-
siderar que el público también “trabaja” con su entusiasmo para recrear el
espectáculo. Su trabajo sería un tercer factor de costo, además de los dos
primeros. Este trabajo es necesario para que haya un buen espectáculo,
pero es un trabajo no pagado, a pesar de que el público no es un asalariado
de los empresarios del espectáculo. Por otro lado, el tema del control sobre
el trabajo es fundamental: controla el empresario que organiza el espectá-
culo para obtener una ganancia, pero, como se trata de trabajo inmaterial,
también los músicos pueden improvisar y salirse del guión; asimismo el
público controla a los músicos con su entusiasmo o su abulia. En cuanto a
la relación laboral, si esta la retomamos en su definición fundamental
(relación social entre quienes participan en el proceso de producción),
estas relaciones son interacciones simbólicas –imposiciones, acuerdos,
cooperaciones o conf lictos– en el espectáculo de música en vivo, que no
solo se dan entre empleados (músicos, personal complementario de venta
de boletos, limpieza, vigilancia) y el empleador, sino también con el públi-
co, que no es un empleado sino un consumidor. De tal forma que la rela-
ción de trabajo es entre tres en lugar de entre dos, como en la producción
capitalista clásica.
Finalmente, tendríamos que subrayar que el producto no existe antes
del consumo, sino que se produce en acto, se circula y se consume, sin que
se almacene o se revenda (excepto si se graba). La fugacidad de un pro-
ducto en cuanto a su existencia, siguiendo la lógica de Marx, no tiene
nada que ver con que sea producto, con que tenga un valor y que al calor
de su producción se genere una plusvalía. Finalmente, todos los produc-
tos degradan su valor en el consumo, o, mejor dicho, incorporan su valor
al de la fuerza de trabajo del consumidor.
El trabajo no clásico es un trabajo que no se confunde con el de repro-
ducción, porque la reproducción, para darse, requiere de productos que
sirvan para ella, y estos productos no son solamente del orden físico mate-
rial (alimentos, habitación, etc.) sino que la producción de interacción y
símbolos también sirve para dicha reproducción. Cuando esta producción
18 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
no clásica se genera con el cliente enfrente, lo único que significa es que se
da al mismo tiempo la producción por el lado del empleado o trabajador
(con apoyo del cliente) y el consumo reproductivo del cliente.
Trabajo no clásico, emocional, estético,
inmaterial, cognitivo, relación de servicio
Trataremos de diferenciar el planteamiento acerca del trabajo no clásico
de la noción de trabajo emocional (Hochschild, 1980), estético (Witz et al.,
2003; Martínez, 2001), trabajo inmaterial de Gorz (2005) y de Negri
(Hardt y Negri, 2000; Lazarato y Negri, 2001) así como de trabajo cogni-
tivo y de relación de servicio de Durand (2010).
El trabajo emocional
Hay quien distingue entre emociones y sentimientos (Turner, 2007),
reservando el primer concepto para las reacciones instintivas y el segundo
para las construidas socialmente. Por supuesto que la psicología tienes
decenios ref lexionado acerca de ambas. Sin embargo, en el ámbito de la
Sociología, y en particular en la Sociología del Trabajo (Grecvo y Stenner,
2008), la irrupción de las emociones parte del año 80 del siglo xx con el
importante trabajo de Hochschild (1980). Esta autora es la primera en
introducir las emociones, sin entrar a las discusiones de sí son instintivas
o construidas socialmente, y estas aparecen relacionadas con el trabajo en
dos formas. La primera serían las emociones inducidas por las gerencias,
en cuanto al trato entre empleado y cliente en los contactos cara a cara.
Señala que estas emociones se compran y se venden y que las gerencias
amoldan esa emoción en sus empleados a través de regulaciones (emotio-
nal management) y conformando propiamente un emotional work.
Hochschild habla de un “proletariado emocional”. En esta perspectiva,
fue la primera que remitió a la tradición de la Sociología del Trabajo –lle-
vada al trabajo emocional– de incluir en este la rutinización, el control y
el poder. Se trataría de una primera intervención de las emociones en el
trabajo, en el que las reglas gobernarían dichas emociones. Sin embargo,
añade que hay otras emociones que vienen del self de los empleados (emo-
tional labor), semejante a lo que Schutz llama el significado profundo ver-
sus el primero superficial. Es decir, el enfoque de Hochschild es en parte
interaccionista, al recuperar la dramatúrgica de Goffman en el primer
caso, y en parte fenomenológico, a la manera de Schütz en el segundo
(García et al., 2014). Es de destacar que Hochschild considera que las
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 19
emociones, en un caso y en el otro, se construyen y que el trabajo emocio-
nal propiamente dicho sería el de creación de emociones por el propio
trabajador, de tal forma que este no se reduce a un fingir inducido por la
gerencia, sino que “maneja las emociones” forzándose a sentir y no sim-
plemente a simular. Sin embargo, habría que establecer las siguientes
críticas:
1) que no solo hay trabajo emocional en ciertos trabajos de servi-
cios, sino que es una dimensión de todo trabajo como relación social y con
los medios de producción, sean estas emociones presionadas por las
gerencias o profundas del self (Scheler, 2003);
2) Hochschild discute poco en esta construcción emocional la rela-
ción con el cliente: el cliente no es simple receptor de emociones, sino que
hay una construcción conjunta entre cliente y empleado (Hansen, 2012);
3) relaciona poco la construcción de emociones con aspectos clá-
sicos del trabajo como la tecnología, la organización del trabajo, las rela-
ciones laborales, la cultura del trabajo, el perfil de la mano de obra, de tal
forma que esta creación pareciera sobre todo transcurrir en la conciencia
del empleado;
4) aunque establece que el trabajo emocional implica la relación
cara a cara, como no maneja una teoría más amplia de construcción de
significados, ignora que las emociones pueden transmitirse sin la existen-
cia del cara a cara, como a través de la televisión y que el trabajo de los
actores sea igualmente emocional;
5) si bien afirma que el trabajo emocional es una mercancía, no
incluye el trabajo del cliente en la interacción, cuando sea el caso, en la
construcción emocional
Trabajo estético
Este plenamente no surgió como complemento del trabajo emocional
sino como alternativa, al poner el acento en el lenguaje del cuerpo, que
incluye discurso, vestido, gestos (Heinich, 2001). El enfoque más inf lu-
yente parte de Bourdieu (1997) y enfrenta al concepto de “embodied” al de
interacción, de tal forma que no hay propiamente una construcción
social del sentido estético sino una disposición que está contenida en el
habitus; y el habitus es inconsciente, no se construye ref lexivamente en
la interacción sino que se forma a través de las prácticas interiorizadas
20 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
desde pequeños. En esta medida, ese habitus no puede ser inducido por
la gerencia, sino que la gerencia aprovecha habitus ya presentes en indivi-
duos diferentes. Es decir, lo que opone el enfoque del trabajo emocional al
enfoque del trabajo estético no son dimensiones diferentes de los signifi-
cados de la interacción, sino fundamentos diversos en la explicación de
cómo puede intervenir lo emocional o lo estético en el trabajo.
Como crítica podríamos decir que lo inconsciente puede tener un
papel en lo estético, pero también en lo emocional (Crain, 2016). Además,
el significado no es reductivo al cuerpo, aunque el cuerpo puede suscitar
significados; los significados no surgen como algo natural de los cuerpos,
sino que estos, en sus lenguajes, gestos, vestidos, adquieren significado
por la cultura, la interacción (Wolkowitz, 2006). Por otra parte, resulta
muy reductivo remitir toda disposición y explicación de la acción al
inconsciente; hay una parte ref lexiva en cómo mostrase estética o emo-
cionalmente, sea ello inducido por la gerencia o por el propio self. Al igual
que el enfoque del trabajo emocional, quienes sostienen esta perspectiva
no entienden lo estético como una dimensión de toda relación social o
todo tipo de trabajo, ni tampoco lo relacionan con aspectos clásicos del
trabajo como los ya mencionados. Tampoco resuelven la visión estructu-
ralista de Bourdieu al concebir el espacio social como posiciones de ocu-
paciones en una estructura, muy semejante a los status de roles de
Parsons, en lugar de hablar de espacio de relaciones sociales concretas
de los diferentes agentes sociales. Lo estético no es solo lo corporal; tam-
bién lo son las ideas, los recuerdos, los colores, las secuencias, los ritmos,
las simetrías, las proporciones. Es decir, los sostenedores del trabajo esté-
tico como reducción al cuerpo de todo significado tampoco ref lexionan
suficientemente sobre este concepto tan elusivo.
Trabajo cognitivo
Se considera como tal a aquel que genera conocimientos como significa-
dos útiles para posteriores trabajos (ciencia o tecnología, por ejemplo),
aunque también hay que incluir los conocimientos tácitos en el trabajo
(North, 2005). Como el tema del trabajo cognitivo ha sido muy tratado a
raíz de las nuevas teorías de la innovación, nos detendremos un poco más
en el mismo.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 21
Neoinstitucionalismo, innovación y teoría cognitiva7
A veces se ha argumentado que el neoinstitucionalismo y las teorías de la
innovación, desde el punto de vista de su enfoque acerca de la cognición,
relacionada con la innovación, son un nuevo paradigma (Aboites y
Corona, 2011). La mayoría de las teorías sobre innovación no pasan de
diferenciar entre conocimiento tácito y conocimiento codificado sin pro-
fundizar en cómo se da cada uno de estos –tácito en la práctica y codifi-
cado en la enseñanza-–y que, a partir de esto, se asume que el tácito es el
más importante para la innovación. Posiblemente, sea Douglas North
(2005) el que más ha profundizado en el problema de la construcción del
conocimiento en relación con la innovación, por esta razón centraremos
nuestro análisis en dicho autor.
North, como muchos neoinstitucionalistas de última generación,
explícitamente es un crítico del racionalismo, aunque empezó siéndolo
–actor racional, optimizador–, y es quien señala en su obra reciente que el
racionalismo no llega a explicar las decisiones de los actores económicos
porque estas son resultado de procesos cognitivos que incluyen a la incer-
tidumbre. Sin embargo, añade que no es que el supuesto de racionalidad
esté equivocado, sino que es insuficiente para explicar las acciones porque
nunca hay información completa para los actores, porque las decisiones
se dan en interacción con otros actores y por la inf luencia del contexto.
Tampoco coincide con el enfoque individualista metodológico porque,
según él, la cognición no es una decisión individual sino social e institu-
cional. En esta medida, opta por adoptar el enfoque de las ciencias cogni-
tivas (Von Eckardt, 1995), bajo el supuesto de que el proceso cognitivo es
un proceso de aprendizaje. De las ciencias cognitivas, incorpora en espe-
cial el enfoque conectivista (Turner, 2002) –que explicaremos más ade-
lante– y lo combina con una perspectiva constructivista (Pakman, 1996).
North afirma que lo fundamental del proceso cognitivo está condicionado
por la genética (red neuronal) y, con este basamento, a través de la
7 Si bien las teorías neoinstitucionalistas conectadas con el cambio tecnológico se iniciaron
como evolucionistas (Williamson y Winter, 1996), en los noventa dieron un giro hacia el cog-
nitivismo, que es lo que aquí nos interesan. Es cierto que hay una epistemología evolucionis-
ta que asimila analógicamente los problemas de construcción del conocimiento a la teoría
darwiniana de la evolución, con su lucha entre débiles y fuertes y predominio del mejor; pero
no tiene caso comentarla en este apartado. En cambio, el origen del cognitivismo, epistemoló-
gicamente, no son las teorías psicológicas del aprendizaje -que serían incorporadas posterior-
mente a la discusión- sino las propuestas de Quine de sustituir la epistemología por la ciencia
cognitiva, frente a las grandes insuficiencias del positivismo lógico (Martínez y Olivé, 1997)
22 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
experiencia, los hombres construyen categorías (entendidas por él en
forma muy restrictiva como clasificaciones) con las cuales se forman
modelos que sirven para interpretar los signos. Este proceso, a su vez,
admitiría la retroalimentación.
Como dijimos, de las ciencias cognitivas adopta el modelo conecti-
vista, que ha superado al computacional. Este último suponía que la
mente es como una computadora cuyos chips serían redes neuronales
más o menos fijas por genética. Este modelo fracasó para explicar los
comportamientos y simbolizaciones y ha tendido a ser sustituido por el
conectivista. Este último implica que la red neuronal es maleable de
acuerdo con inputs del medio ambiente y, en esta medida, se estaría reco-
nectando permanentemente (Bokman, 2013). Este nivel básico de conecti-
vismo no sería simbólico o representacional sino neuronal. Esta primera
adopción teórica le sirve para fundamentar el conocimiento tácito que,
según el mismo autor, no sería razonado o, muy pobremente, y operaría
por analogías (North, 2007). Pero estas analogías serán plausibles sola-
mente cuando no se encuentren muy lejos de las normas sociales. En esta
parte el conectivismo se conjuga con el institucionalismo, pero un institu-
cionalismo ahora constructivista. Es decir, el pensamiento no ref leja la
realidad sino que la construye. Pero, como las instituciones y la cultura
aportan creencias y percepciones comunes en la gente, luego la operación
tácita de las analogías en el conocimiento tácito estaría guiada por nor-
mas y valores de dicha cultura y sus instituciones. Es decir, la cultura guía
e impide la divergencia en modelos mentales, base del isomorfismo.
Sin embargo, como no resuelve teóricamente la relación entre cono-
cimiento tácito y codificado, hace afirmaciones no muy coherentes con la
síntesis anterior de su teoría cognitiva. Tal el caso de su aserción de que el
conocimiento en la práctica funciona con ejemplos y usa la estadística
(además de la analogía). Frente a esta afirmación, habría que preguntarse
si las operaciones anteriores escapan a la ref lexión o a la combinación con
aprendizajes codificados anteriores, de tal forma que la distinción tajante
entre tácito y explícito puede resultar muy artificiosa. No obstante, el
problema principal es si la adopción de la teoría cognitiva del conectivis-
mo resulta satisfactoria para explicar las decisiones y los aprendizajes. Es
decir, ¿es posible derivar de la red neuronal –independientemente de que
se pueda reconectar-– y de sus propiedades el carácter de los significados
y representaciones? ¿O se trata de un supuesto en apariencia plausible
para quitar metafísica a la psicología, pero que es incapaz de explicar
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 23
nada de esos comportamientos y significados y, en todo caso, sus explica-
ciones resultan tautológicas: “cambió el significado porque cambió la red
neuronal”? Cuando recupera afirmaciones de autores como Searle (1998),
North adopta aquel punto de vista con toda claridad: “El problema de la
cognición es cómo explicar de qué modo de los procesos neurobiológicos
se derivan estados subjetivos”. El problema general de estas ciencias cog-
nitivas que piensan que hay que encontrar la explicación de acciones y
significados en la red neuronal no es que estas posibles redes no pudieran
intervenir en el proceso de cognición, sino si el nivel de realidad de la
neurona sería el adecuado para lograr explicaciones sociales del
aprendizaje.
En otras palabras, se trata del antiguo problema epistemológico del
reduccionismo, que es muy fácil de ejemplificar a partir de la ciencia más
dura, la física: a pesar del enorme desarrollo de la física de las partículas
subatómicas, no todo problema terrestre tiene que recurrir a la física ató-
mica o subatómica, como serían los cálculos del ingeniero civil en el dise-
ño de un edificio. Es decir, la realidad acepta análisis por niveles; y
tampoco existe el nivel último (la neurona no lo es: consta de átomos,
y estos de protones, neutrones, etc.); y es posible analizar cada nivel con
categorías no estrictamente reducibles a ese supuesto “nivel más básico”,
que tampoco lo es. En todo caso, la ciencia actual del cerebro es incapaz
de definir la composición de una red específica para un pensamiento, sus
propiedades eléctricas, conectivas, bioquímicas, etc., y de deducir un sig-
nificado como la lealtad. A lo sumo, se queda como un supuesto que no
explica nada, al igual que el concepto de átomo en los griegos que no tenía
capacidades explicativas y se quedaba como una afirmación filosófica
(Silvestre y Blanck, 1993).
Sin embargo, la conjunción que hace North entre conectivismo y
constructivismo amerita un análisis de la parte social de la construcción
de conocimiento, a pesar de que, según North, la cultura y las institucio-
nes guían las prácticas hacia la convergencia y a partir de estos tres ele-
mentos se impacta en las conexiones neuronales. Por instituciones North
está entendiendo las reglas formales e informales que le dicen a la gente
“cómo jugar el juego” (North, 2007) –una definición muy propia del fun-
cionalismo parsoniano, cuando las teorías de la cultura han seguido más
bien el camino de las significaciones–. Asimismo, sería el contexto el que
moldea las interacciones. El autor entiende por contexto dos elementos
principales: el capital físico y el capital humano, que no es
24 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
sino conocimiento acumulado, objetivado en creencias e instituciones. Se
reafirma, pues, que su enfoque es muy funcionalista y no incluye el tema
del poder en las relaciones sociales; todo pareciera resultado de un gran
consenso –la “conciencia colectiva” de Durkheim–. Por otro lado, tampoco
introduce las diferencias en significaciones que pueden relacionarse con
clase, género, etnia, nacionalidad, edades, etc., además de hacer un uso
excesivamente amplio del concepto de conocimiento, que al parecer no es
solo cognitivo, sino que incluye las normas, valores y las emociones.
North recupera el concepto de intención (Dennet, 1991), pero este se
expresa en normas y valores sociales, a través de instituciones que guían
la acción. En este aspecto, habría una tensión en el actor entre determina-
ción o presión de estructuras normativas sobre actos y significaciones y
libre albedrío. En esta tensión recurre nuevamente al constructivismo:
inconscientemente pueden llegar a modificarse reglas formales y aunque
los deseos son subjetivos se prueban en la práctica.
Analizaremos nuestra tesis de que la supuesta teoría cognitiva de
North no es sino la conjunción entre conectivismo y constructivismo
social:
1) hay una clara reivindicación del conectivismo, sobre todo para
explicar el conocimiento tácito, sin que se llegue realmente a dicha expli-
cación sino que aparece como un supuesto sin causaciones empíricas
demostrables;
2) la construcción inconsciente (tácita) de conocimiento es el nivel
de la red neuronal;
3) no hay elaboración teórica de cómo una red neuronal específica
genera un significado o una decisión;
4) incorpora en su “teoría cognitiva” a la cultura y las instituciones,
a los que da un gran peso para guiar interacciones y significados. No
queda claro si esta cultura, sus normas y valores son también inconscien-
tes y cómo se conectan con redes neuronales. Podría uno suponer que una
norma corresponde a una red y, por tanto, la explicación, más que incor-
porar a la cultura la subsume nuevamente en la red neuronal;
5) el uso de tipos ideales tiene los mismos defectos que en Weber:
no es posible separar tajantemente conocimiento tácito de codificado,
más bien habría que explorar sus relaciones –cuestión que no hacen las
teorías de la innovación;
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 25
6) aunque habla de que hay verificación de conocimientos en la
práctica, su aceptación del constructivismo subjetivista relativiza la prue-
ba práctica, cuando dice que, aunque hay prueba de los significados y
decisiones, estas también son subjetivas, es decir, transcurren solamente
en el pensamiento del actor (léase en la red neuronal).
Es decir, dentro de los planteamientos de North, posiblemente el
neoinstitucionalista sea el más ref lexivo en cuanto a teoría cognitiva
(Brinton y Nee, 1998), pero sus planteos no son originales y, en cambio,
presentan muchas contradicciones e inconsistencias, debido posiblemen-
te a que, sin ser un especialista, se introduce en discusiones acerca de la
conciencia, la mente, el cerebro, los significados, las percepciones –que si
en muchas disciplinas son antiguas y complejas, no lo son en el campo de
la Economía– que lo llevan a la adopción de teorías de moda, sin ref lexio-
nar suficientemente en este campo. Es decir, para profundizar ahora en el
constructivismo tenemos que dejar a los neoinstitucionalistas e ir a auto-
res importantes en esta perspectiva que sí pretenden ser un paradigma
superador del positivismo (Geertz y Clifford, 1991).
El constructivismo
El constructivismo incluye teorías recientes y otras antiguas que no eran
denominadas de esta manera (Lock y Strong, 2010). Tiene antecedentes
lejanos en Kant –con su distinción entre fenómeno y noúmeno (la reali-
dad es construida por el aparato cognitivo)–, pero sobre todo en Berkeley
y Hume. Para Berkeley no se podría distinguir entre lo que la realidad es y
lo que agrega el pensamiento del sujeto en la percepción. Asimismo,
Husserl podría incluirse en esta perspectiva cuando plantea que el objeto
es tal como aparece al sujeto, que no habría distinción entre ciencias natu-
rales y sociales, que la esencia es el sentido que el ser tiene para el ego, que
los hechos no son realidades sino objetos ideales, definidos por conceptos,
son actos de conciencia, que el objeto no es el mundo sino la propia
conciencia.
Con la fusión entre teorías del discurso y teorías sociales, se le dio en
esta perspectiva un lugar central al lenguaje: lo que se conoce no es inde-
pendiente del lenguaje. La realidad es una suma de significados, o bien la
realidad es interna al sujeto. Con el giro lingüístico, se afianza la idea de
que el lenguaje construye la realidad –no la ref leja, ni la representa–. Y
con el interaccionismo se piensa que el conocimiento deriva de la
26 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
interacción social –la realidad es tal cual la percibe el sujeto–. Habría un
constructivismo radical (Watzlawiie, Forester, Prigoyine, Maturana,
Morin) (Potter, 1998) para el cual el conocimiento es construido a partir de
experiencias subjetivas y la realidad no es sino los fenómenos tal cual
aparecen en la subjetividad. En esta línea habría que añadir a: Castoriadis
(1975), en su alegato en contra del materialismo con su concepto de imagi-
nario; Foucault, porque el poder genera saber y la episteme fija los órdenes
empíricos; los postempiristas, para los cuales la verdad no es sino el con-
senso en una comunidad (Retamozo, 2010).
En síntesis, hay muchas versiones de constructivismo, pero tienen en
común la negación de la correspondencia entre pensamiento y realidad,
la asunción de que la subjetividad, el lenguaje o el texto median en la
construcción de conocimiento y que no es posible diferenciar lo que se
afirma acerca del objeto de lo que realmente es (Ricoeur, 2008). Es decir,
la tentación del agnosticismo siempre ronda al constructivismo, aunque
algunos plantean supuestas soluciones no agnósticas al problema de la
objetividad del conocimiento, soluciones que van desde pensar objetivi-
dad como consensos en comunidad, a la objetividad del lenguaje o bien
del texto supuestamente desubjetivado (Wertsch, 1988). Una polémica
muy importante es si puede haber método para interpretar los significa-
dos, y en esto los constructivistas se dividen entre los que, a la manera de
Heidegger, piensan que se trata solamente de una manera de ser en el
mundo, y aquellos que plantean el método como aproximaciones argu-
mentativas (Ricoeur, 2008). Otra manera de diferenciar entre constructi-
vismos es, por un lado, el centrado en el lenguaje (Gadamer no reconoce
nada fuera del lenguaje) y, por otro, el centrado en las acciones (Berger y
Luckman, 1979), para el cual no se identifican acción y lenguaje. Para este
constructivismo la sociedad no es un conjunto de significados sino de
interacciones, pero esa interacción es solo comunicativa (en cambio, para
Archer la realidad puede tener propiedades separables de las interaccio-
nes). Sin embargo, el constructivismo no puede responder a objeciones
como las siguientes:
1) el postpositivismo no ha dado cuenta del éxito de las ciencias natu-
rales actuales (Alexander, 1995) versus el planteo de que términos por los
que describimos el mundo no están determinados por los objetos
descritos;
2) nuestra subjetividad sí puede conocerse objetivamente (Habermas,
1990);
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 27
3) hay realidades que rebasan a la conciencia; se trata de objetivacio-
nes que escapan a los imaginarios, significaciones, lenguaje de los sujetos
(Baskhar, 2002);
4) ¿qué relación hay entre inconsciente (como no consciente) y crea-
ción de significados?;
5) el constructivismo es relativista respecto de la verdad.
Frente a los supuestos asumidos por North, tendríamos que decir que:
a) existe la posibilidad de realidades transubjetivas y, por lo tanto, de
un orden que va más allá de la conciencia de los sujetos y sus significados,
al que se puede seguir llamando estructura, y que nace del concepto de
objetivación. Es decir, las múltiples interacciones, como plantea el cons-
tructivismo de la acción, se traducen en objetos que escapan a los signifi-
cados y control de sus creadores –por ejemplo, el mercado capitalista–.
Estos objetos no son reducibles a actos de conciencia porque pueden no
ser percibidos por sus propios creadores y, en cambio, presionarlos y hasta
controlarlos, como en las crisis económicas. Es decir, la realidad social no
se reduce a los significados, pero tampoco a las interacciones con signifi-
cado. La realidad social, por tanto, implica configuraciones entre estruc-
turas, subjetividades y acciones (acciones como concepto más amplio que
interacciones). Es cierto que toda percepción o conceptualización está
mediada por el lenguaje, pero no toda relación con la realidad implica
simbolizaciones –pueden ser presiones de estructuras que no suscitan
significados sino estados vagos de conciencia, o bien, a partir de estados
no conscientes, acciones sin ref lexiones, al menos no claras en cuanto a
identificación con un lenguaje–. En esta medida, no toda acción es inte-
racción simbólica (Leyva, 2010);
b) si bien el dato empírico también está mediado por el lenguaje, no es
solo lenguaje sino experiencia. A su vez, las verificaciones están mediadas
por poder, ideologías, intereses, pero no son solo eso. Tienen un compo-
nente de asidero en el mundo transubjetivo, el mundo de las objetivacio-
nes, fetichismos y reificaciones, que va más allá del consenso, de los textos
y de los significados. En otras palabras, la posibilidad de la objetividad es
de las construcciones de conocimiento que den cuenta de objetivaciones
que van más allá de los sujetos y de su relación con significados y acciones.
Este dar cuenta no es cuestión solamente de datos, sino de la coherencia de
estos con interpretaciones verosímiles (Ricoeur, 2008).
28 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Teorías cognitivas
Profundizar en el tema de conocimiento tácito y codificado es revisar
también el ámbito de la psicología de las teorías cognitivas (Pozo, 1994;
Varela, 1998). Ya hemos mencionado, dentro de estas, al modelo computa-
cional y al conectivismo. Turner insiste en este sentido, cuando piensa
que los hombres son redes neuronales que aprenden basados en la expe-
riencia que permite modificar millones de conexiones, al grado de que el
cambio cultural no sería sino la reorganización de las conexiones neuro-
nales. Como mencionamos, esta concepción proviene del modelo compu-
tacional, para el cual la mente es como una computadora de propósitos
generales, es decir para la cual sus programas son puramente
sintácticos.
Este modelo fracasó porque, como señaló en su momento Searle
(1998), no puede explicar solo a partir de la sintaxis cómo funciona la con-
ciencia, tampoco la intencionalidad, ni la subjetividad, ni la causación
mental. Este fracaso llevó al conectivismo o bien a derivaciones de la teo-
ría de los esquemas conceptuales de Piaget (Fraisser y Piaget, 1970) rela-
cionada con teoría de sistemas. Esta opción de explicar el conocimiento
por esquemas conceptuales ha sido la segunda alternativa de las teorías
de la innovación y del neoinstitucionalismo. En esta escuela, la unidad
básica no sería la neurona sino el esquema, entendido como red de inte-
rrelaciones, si bien se reconoce que su funcionamiento no es empírico
sino lógico, es decir un supuesto semejante a la red neuronal, aunque a la
analogía se añade la inducción para explicar los cambios en esquemas. En
el fondo, no habría diferencia entre postular esquemas o redes neurona-
les: ambos son supuestos que no explican nada, no es posible derivar de
sus estructuras conductas o significados. Piaget tiene componentes adi-
cionales: es sistémico; y, como en esta teorización es central el concepto de
equilibrio y su restitución por cambios del entorno, luego, el aprendizaje
se produce cuando hay un desequilibrio cognitivo (Lambert, 2005). La
homeostasis del sistema obliga, por puro supuesto, a buscar un nuevo
equilibrio que se logra por asimilaciones y acomodaciones de los esque-
mas conceptuales. Adicionalmente, en Piaget se piensa que los esquemas,
aunque cambien, son universales.
En cambio, para Vigotski (Silvestre y Blanck, 1993), que no ha sido
incorporado por teóricos de la innovación ni del neoinstitucionalismo, la
explicación de la construcción de conocimiento no sería biológica (red
neuronal) sino social. No habría modelos programados en el cerebro de
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 29
antemano: sin vida social, afirma, no hay psiquis. Tampoco habría for-
mas universales del psiquismo –como las que se derivan de una teoría
sistémica con pretensión de universalidad–. Asimismo, se pone un freno
al relativismo, cuando se considera que no hay signos sin objetos y que,
además, dependen de la clase social. La conciencia se construye interio-
rizando un lenguaje, y el signo aparece como mediador social entre el
mundo y la acción. El signo sería material y representa a otro objeto,
aunque su significado es subjetivo (interpretación social). Es decir, en el
amplio campo de las teorías psicológicas cognitivas, los teóricos de la
innovación pudieron encontrar otras inspiraciones que los alejaran del
relativismo (Adorno, 2009).
En síntesis, la teoría cognitiva de North –así como la de los que pre-
fieren la de esquemas conceptuales con teoría de sistemas– es, en primera
instancia, reduccionista de lo social a lo biológico; y, a pesar de considerar
la inf luencia del contexto, lo fundamental de este es la cultura y la insti-
tución que mueven al isomorfismo, y lo anterior se revierte en redes neu-
ronales. Aunque estas teorías sí plantean que las conexiones o los
esquemas pueden cambiar con la práctica, al ser esta igualmente subjeti-
va –como plantea el constructivismo más consecuente– y al no equivaler
a una verificación, no se entiende cómo es que se cambian redes o esque-
mas. En el caso específico de North, que concibe a la red neuronal sin
significado, base del conocimiento tácito, no se entiende cómo de un
no significado puede surgir el significado. Dentro del contexto se consi-
deran a la cultura y a las instituciones, entendidas como normas y valores;
estas son parte de un sistema funcional que ignora las desigualdades
entre grupos sociales para imponer significados, que pueden cambiar no
solo para que se recupere el equilibrio como en la teoría de sistemas
(Valenti y Casalet, 2013).
En cuanto a la generación de nuevo conocimiento, si bien se le rela-
ciona con la práctica, las formas de razonamiento no pasan de induccio-
nes y analogías (Von Krogh, Ichijo y Nonaka, 2001), cuando la
fenomenología (Schutz, 1959), el interaccionismo, la etnometodología,
la sociología de la vida cotidiana o la psicología de las representaciones
han identificado una cantidad numerosa de formas de razonamiento
cotidianas como son: la indexalidad, el principio etcétera, la metáfora, la
metonimia, los recursos retóricos, la hipergeneralización, etc.. Es decir,
no hay originalidad en este tipo de propuestas, ni una elaboración analí-
tica convincente acerca de cómo se da el conocimiento tácito, que sería
central en la innovación según los neoschumpeterianos (Vigotsky, 2004).
30 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
André Gorz o el derrumbe cognitivo del capitalismo
sin sujetos
Este autor fue el antecesor de las concepciones actuales acerca del apren-
dizaje y la innovación tácita (en el proceso de trabajo), cuando afirmó que
“toda producción, sea industrial o de servicios, contiene un saber crecien-
te no formalizado (experiencia, discernimiento, coordinación, autoorga-
nización, comunicación), un saber que viene de lo cotidiano” (2005). Lo
anterior, según este autor, exige motivación del trabajador; la calidad
depende del compromiso y su valoración, ya no del tiempo de trabajo, sino
del juicio de los jefes o del público. El trabajo dejaría de ser medida por la
unidad de tiempo, y el valor sería ahora determinado por actitudes y
motivaciones, de tal forma que el trabajador asalariado sería en realidad
un autoempleado.
El autor parte de verdades y muchas exageraciones: tendríamos que
poner en duda que lo más importante del saber aplicado en el trabajo
capitalista de la gran empresa fuera informal, generado en el propio tra-
bajo –como han afirmado también los teóricos de la innovación como
Tanaka–. Por el contrario, la producción capitalista de punta, que es la que
guía el desarrollo en el nivel global, se basa cada vez más en la ciencia y la
tecnología. Estas ciencias y tecnologías son cada vez más sofisticadas y
especializadas, de tal forma que solo una elite de científicos logra conocer
en profundidad e innovar revolucionariamente. Los que aplican esos
saberes en la práctica lo hacen con cierto nivel de estandarización y no
tienen posibilidades cognitivas ni facilitadas por la organización del tra-
bajo para hacer grandes variaciones en el proceso de producción; estas
pueden ser riesgosas, retrasar o interrumpir la producción. Gorz confun-
de las técnicas de evaluación del trabajador, en donde pueden intervenir
los jefes o el público, con el proceso de creación de valor; por esto hace la
afirmación poco sostenible de que el valor ya no depende del tiempo de
trabajo. En la producción material, que sigue siendo importante, por
supuesto que las empresas miden el tiempo de producción por unidad de
producto y es posible determinar un tiempo estándar. Pero también en
la producción inmaterial, aunque la actividad de cada trabajador no esté
sujeta a tiempos y movimientos, hay una presión de las empresas por
reducir el tiempo de producción del servicio y por estandarizarlo. Una
cuestión diferente es que esta presión sobre el trabajador, que se convierte
en presión de este sobre el usuario, no se cumpla estrictamente, porque el
usuario no es un empleado, aunque sí puede ser presionado para no
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 31
perder el tiempo (por ejemplo, preguntado demasiado a un empleado de
call center). La tendencia a pagar por hora permite a las empresas calcular
un tiempo de producción, con esto su costo y cobrar al cliente, por ejem-
plo, en despachos de abogados.
La concepción de que ya no hay asalariados sino autoempleados, que
a veces toma forma en el concepto del obrero-empresario, es la más perni-
ciosa que se desprende de Gorz: ya no existe el capitalismo, ni la explota-
ción, y el obrero es autónomo (a pesar de ser asalariado), es un vendedor
de su servicio-trabajo a la empresa; es por ello un autoempleado o un
obrero-empresario. Este es el camino más directo para abolir la seguridad
social, los sistemas de prestaciones y las leyes laborales, puesto que el
obrero-empresario sería un vendedor de su servicio-trabajo a una empre-
sa y solo debería regularse por el derecho civil. Seguramente, Gorz no
habla por la mayoría de los empleados en los servicios que hacen trabajo
rutinario, poco creativo, muy vigilado por el sistema informático o por
supervisores –como los que trabajan en call centers, en tiendas de autoser-
vicio o restaurantes de comida rápida–. Esto contrasta lo que piensa Gorz
en cuanto a que estos trabajos “no pueden ser formalizados ni prescritos”,
confundiendo la incertidumbre cuando hay interacción entre el empleado
y el cliente con que no haya reglas estrictas; pero estas sí existen, así como
el control intenso por el management, los premios y castigos, la intensifi-
cación del trabajo. Gorz llega al extremo de afirmar que en estos trabajos
inmateriales ya no hay jerarquías –¡pregunten a un trabajador de call
center si no las hay!–; se habría abolido (dentro del capitalismo) la reifica-
ción y la alienación. Habría ahora una servidumbre voluntaria de los tra-
bajadores a las empresas y se suprimiría, así, la diferencia entre sujeto y
empresa, entre fuerza de trabajo y capital; los trabajadores serían ahora
emprendedores, que gestionarían su propio capital humano. Como los
productos no contendrían valor, porque serían conocimientos cotidianos
gratuitos, se podría abolir la ley del valor. Esto significaría la crisis del
capitalismo.
Es decir, para Gorz, la utopía de una nueva sociedad la está realizan-
do el propio capitalismo sin sujetos que empujen colectivamente a la
transformación. Sería una modalidad utópica y encubridora de las rela-
ciones capitalistas reales, cercana también a una nueva ley del derrumbe
estructural del capitalismo debido a sus propias contradicciones.
Como veremos a continuación, Gorz es el teórico antecesor directo
de Negri.
32 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Negri o la simplificación de Gorz
Los problemas conceptuales en Negri empezaron muy tempranamente
con la noción de obrero social, explotado directa o indirectamente por las
normas capitalistas de producción y reproducción –lo que implicó el
abandono de sus anteriores posiciones obreristas–. Aunque sus plantea-
mientos político-estratégicos pueden ser criticados, como los contenidos
en su libro Imperio (2000), nos concentraremos en analizar su posición
sobre el trabajo inmaterial.
En el texto menos conocido, Trabajo inmaterial (Lanzarato y Negri,
2001), Negri retoma sin mucha originalidad las tesis de Gorz, quien entiende
por trabajo inmaterial al cognitivo e informacional –lo cual es muy reduccio-
nista respecto de los trabajos no clásicos, ya que estos que comprenden,
además, a las emociones, la ética, la estética, y no solo lo cognitivo.
Reitera con Gorz, que “el trabajo existente cesa de ser base de la pro-
ducción” y desaparece la ley del valor porque la fuerza de trabajo se ha
vuelto una “intelectualidad de masa”. Con esto, la fuerza de trabajo es
capaz de organizar su propio trabajo, ya no hay control por nadie; el tra-
bajo inmaterial ya no necesita del capital. La esencia del planteamiento no
difiere del de Gorz: el trabajo es eminentemente cognitivo, pero una cog-
nición cultural que no requiere del capital para reproducirse y, como la
producción es intensiva en este conocimiento, el capital ya no es necesa-
rio. Tampoco puede controlar el contenido subjetivo del conocimiento en
interacción. De antiguos planteamientos de Gorz, Negri retoma la lucha
por el no trabajo: habría una crisis del valor trabajo, cada vez se necesita-
ría menos trabajo en la producción, lo que puede llevar a luchas por más
tiempo libre y actividades de autorrealización. Se adhiere complementa-
riamente a la tesis de la financiarización: la riqueza ya no se crea en la
producción sino en las finanzas que no tienen que ver con trabajo incor-
porado. Así, sigue con Gorz en cuanto a que el obrero ahora es autónomo,
trabaja por su cuenta, ya no importaría la contradicción capital/trabajo
sino la construcción autónoma de subjetividad, puesto que habría una
autonomía en la producción de esta subjetividad. Para él, el postfordismo
no sería sino una relación de servicio en la que se producirían mercancías
por medio del lenguaje, o bien concibe al toyotismo como simple
informatización.
Las críticas a Gorz valen para Negri:
1) No es cierto que lo más importante del conocimiento aplicado a la
producción se genere a partir del sentido común. Por el contrario, es cada
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 33
vez más especializado, propio de una elite científico-tecnológica. El cono-
cimiento tiene valor, se genera en un proceso de producción, se almacena,
se compra y se vende a través de patentes, por ejemplo. Se objetiva en
nuevos medios de producción o se subjetiva en la fuerza de trabajo y
forma parte de su calificación y, por tanto, de su valor. La separación entre
laboratorios científico-tecnológicos y planta productiva de las grandes
corporaciones es notable en cuanto al tipo de proceso de trabajo: genera-
ción de conocimientos en los primeros y generación de productos para la
venta al público en los segundos. Estamos lejos de que “el conocimiento
social general se convierta en la fuerza productiva directa”. En procesos
de producción complejos, se requieren conocimientos especializados,
experiencia y habilidades que no surgen solamente del “general intellect”
(Marx, 1972). Por el contrario, son las actividades menos calificadas, más
rutinarias y peor pagadas en los servicios las que más se valen de ese sen-
tido común que viene de la cultura y las prácticas cotidianas. El conoci-
miento científico cotidiano no deja de ser superficial e incapaz de guiar en
actividades especializadas de trabajo. Aunque Marx contempla dicha
posibilidad, para nada afirma que se puede operar la liberación actual del
trabajo que postulan Gorz y Negri. Estos autores han convertido una
potencialidad abstracta en una realidad actual. Con ello, no contribuyen
a dicha liberación sino a desviar la atención de cómo ha aumentado la
explotación del trabajo, el control, la intensificación, la inseguridad y
la precarización en las mayorías. Este “general intellect” sí es público y exter-
no al proceso productivo, pero tiene que ser interiorizado para ser parte
de la fuerza de trabajo y de su valor; es social, pero tiene que encarnar en
el trabajo vivo para ser productivo. En las condiciones actuales, cuando
este es suficiente para trabajar, se trata de las actividades menos califica-
das de los servicios.
2) No todas las actividades en los trabajos no clásicos son eminente-
mente cognitivas: una parte importante de los servicios capitalistas pone
en juego códigos estéticos, emocionales, éticos, antes que cognitivos. De
igual modo, las capacidades relacionales, cooperativas en el trabajo, no
siempre son producto de la cognición como aspecto central. Proponemos,
más que la unilateralidad cognocitivista, la multidimensionalidad de la
subjetividad (cognitiva, emocional, estética, ética, incluyendo a las for-
mas de razonamiento cotidiano), sin suponer que una dimensión en par-
ticular debe predominar siempre en un producto no clásico. Por otro lado,
suponer que las actividades cognitivas o bien informacionales se pueden
llevar a cabo solamente con conocimientos del sentido común no
34 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
encuentra sustento en la realidad: telecomunicaciones, bancos, aviación
requieren de elevado conocimiento técnico, que solo una elite de trabaja-
dores relativamente privilegiados posee. La mayoría de los que están en el
front desk de atención al público deben tener capacidades relacionales,
pero son los menos calificados y peor pagados, los más controlados.
3) La otra afirmación fuerte que comparten Gorz y Negri –la de que
el trabajador de producto “inmaterial” ya no necesita ser controlado, que es
su propio patrón, que la explotación ha sido abolida ¡por el propio desa-
rrollo capitalista!– no se constata en las investigaciones empíricas de este
tipo de actividades, que son abundantes tanto en países desarrollados
como subdesarrollados. La informatización de procesos productivos ha
creado una segmentación del mercado interno de trabajo de las empresas:
por un lado, una elite superespecializada que diseña y opera a los sofisti-
cados equipos informáticos y, por el otro, una mayoría que hace operacio-
nes rutinarias con la computadora, que no tiene posibilidades
organizativas, ni en conocimientos, para modificar los programas, y está
sujeta a un triple control: control por los jefes y supervisores, control por
el propio equipo informático y control por el cliente. Es decir, entre esta
mayoría de trabajadores de la información (call centers, centros de aten-
ción a clientes, venta de boletos u otros servicios), el control ha aumenta-
do, aunque sin duda que la intromisión del cliente con su trabajo
introduce incertidumbre en cuanto al tiempo de producción del mismo.
Por esto, el control es mayor, porque la incertidumbre es mayor. Lo que se
ha conformado no es el empleado-empresario, autónomo, sino una surte
de “servitaylorismo” en el cual la concepción y ejecución están segmenta-
das, con mayor supervisión y presión para disminuir el tiempo de aten-
ción al cliente, con una pseudopolivalencia (puede hacer diversas
operaciones con la computadora, pero todas ellas simplificadas y sin
posibilidad de transformarlas informáticamente), con calificación baja
precisamente porque los trabajadores se basan sobre todo en ese “general
intellect”, en lugar de en conocimientos más especializados; su trabajo es
intenso, mal pagado y fácil de sustituir.
4) Afirman que la explotación ha sido abolida por el propio desarrollo
capitalista. Esta es una perspectiva muy estructuralista del cambio histó-
rico: el desarrollo por sí mismo, el de la economía y la cultura, ha llevado
al predominio de los servicios, al trabajo cognitivo, inmaterial, no sujeto
al control y, por lo tanto, a la no explotación por el capital. ¿Quién ha lle-
vado a cabo este maravilloso proyecto? Ningún sujeto en particular, ni tan
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 35
siquiera el “obrero social” (el que no estaría interesado precisamente en la
producción sino en el biopoder); sería un desarrollo espontáneo, estructu-
ral del capitalismo. Sin embargo, la producción inmaterial –que puede
implicar cogniciones, etc.– tiene un valor, empezando porque la produc-
ción de códigos de la subjetividad implica trabajos que los induce y acep-
ta. Esta generación de códigos de la subjetividad (no solo cognitivos) es
asumida por empresas capitalistas, que invierten en su generación, pagan
fuerza de trabajo subjetiva, inducen a los consumidores y obtienen
ganancias. Estas ganancias provienen de la venta de estos productos sub-
jetivos, del diferencial entre las ventas y sus costos de producción, y sin
pagar el trabajo de los consumidores. Es decir, hay explotación de los
asalariados que participan en esta producción subjetiva. Y habría que
preguntarnos si no opera otra explotación del propio consumidor, que tra-
baja, ya que este trabajo no es pagado: el consumidor paga por un servicio
del cual el mismo es coproductor.
Negri, al postular que en el capitalismo actual ha cesado la ley del
valor, la explotación, que el trabajador es un emprendedor, autónomo, se
sitúa evidentemente fuera de la concepción marxista, sin mostrar, por un
lado, solidez teórica en sus argumentos (muchos han sido retomados de
segunda mano) ni, especialmente, conocimiento empírico del mundo
de trabajo actual y sus transformaciones.
El trabajo de cuidado
Este planteamiento surgió hacia 1982 (Arango, 2011), más o menos al
mismo tiempo que el trabajo emocional, muy permeado de feminismo. La
propia definición de que es el “cuidado” de otra persona permanece hasta
la actualidad relativamente ambigua. Los más consecuentes piensan en
los trabajos en los que hay que ¡encargarse de los demás!, como trabajo de
reproducción de los hombres que –por cuestiones laborales, personales o
por discapacidad– no pueden asumir todas las tareas de su reproducción
(cuidado de su casa, de ancianos, de enfermos). No han aclarado hasta
hoy hasta dónde se incluye el cuidado, y el sesgo feminista es notorio,
porque, aunque aceptan que hay hombres haciendo trabajo de cuidado,
comúnmente enganchan con el no recogimiento de algunos de estos tra-
bajos desempeñados por mujeres como trabajos. Al incluir en el concepto
“preocuparse por los demás” o “cierto tipo de actividades de care”, están
incorporando el trabajo emocional y a la moral. A veces hablan de trabajos
de reproducción de la vida, como si no lo fueran todos. Por otro lado, han
36 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
acertado en incluir la moral en el cuidado –como la justicia–, aunque se la
vincule con la vulnerabilidad, que es más que un cuidado. En esta medida
se habla de capacidades morales –como competencias, atención, respon-
sabilidad, receptividad–, aunque es muy frecuente que se transite rápida-
mente de definiciones anteriores a la perspectiva feminista de
oscurecimiento o desvalorización del trabajo y al interés de esta perspec-
tiva por lograr que algunos de estos trabajos sean reconocidos como tra-
bajo, como el doméstico. Sin embargo, hay muchos trabajos de care
plenamente considerados como trabajo –como el de la enfermera en el
hospital–. Es decir, después de múltiples definiciones defectuosas pare-
ciera que el enfoque se asienta en el trabajo de cuidado no reconocido
como trabajo, por ejemplo, el de un familiar que cuida al abuelo, en el que
lo central no son las emociones, “sino preservar la vida”: comer, asearse,
descansar, dormir, sentir seguridad. Es decir, no se le vincula con relacio-
nes de producción, como sí hacen las tesis de trabajo emocional o estético,
sino al vitalismo, como proyecto de vida feliz. No proponen análisis de
cómo el capitalismo se ha apoderado del campo de los significados y lo ha
mercantilizado (si bien, a veces, tratan de incorporar trabajos remunera-
dos de cuidado, estos quedan conceptualmente muy cortos).
Durand y la relación de servicio
Pasemos del ámbito especulativo de los filósofos del trabajo y veamos las
concepciones de uno de los sociólogos del trabajo más connotados del
momento, Jean Pierre Durand (2010). En La cadena invisible este investiga-
dor, de larga tradición en el trabajo de campo, sintetiza 20 años de inves-
tigación empírica en torno a los nuevos trabajos. Estos corresponden a los
servicios, a los que caracteriza por sus componentes informacional y
comunicativo; y al trabajo en estos le llama actividad “de servicio”. En los
servicios, según el autor, importa quién lo presta y el hecho de que está en
relación de servicio con el consumidor a través de interacciones informa-
cionales. Esta relación constituye el producto. Más adelante, precisa la
definición de un servicio como el acceso a un bien (comida en el restau-
rante) o bien la disponibilidad temporal del trabajo de otra persona (tra-
bajo doméstico). Esto no deja de ser algo esquemático, porque pareciera
que el servicio no es producción en sí mismo sino circulación de valores
para acceder a bienes ya generados en otro ámbito o al trabajo de una
persona, en lugar de considerar, como hemos explicado, que puede haber
productos como la interacción misma (que es diferente de que el trabajo
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 37
de otro me genere un bien), o bien puramente simbólicos o por el trabajo
del cliente. No obstante, reconoce que el servicio se presta a través de una
relación de servicio que es interactiva (no siempre es así; por ejemplo, la
producción de software que no sea a la medida no supone esta interac-
ción). Insistimos en que no queda claro en Durand si como resultado de
la relación de servicio hay un nuevo objeto producido. Aunque acertada-
mente acepta que hay una coproducción del servicio, no se atreve a dar el
paso siguiente de considerar que el cliente puede trabajar y con ello incor-
porar valor a su servicio.
Para Durand sigue siendo válido el concepto de postfordismo, pero
lo define en forma diferente de los regulacionistas: justo a tiempo + traba-
jo en equipo + modelo de competencias, añadido al uso de las tic que
facilitan la integración vertical. Todo esto supone una implicación forza-
da del trabajador, sobre todo por el sistema jit, aunque este jit lo reduce
al pilotaje sin asumir el jaleo del cliente y las incertidumbres que esto
implica; solo habla de su f lexibilidad. Pero, el punto principal de discre-
pancia es cuando asume la doctrina tan popular entre académicos fran-
ceses de la sumisión voluntaria. Según Durand, ya no es necesario el
control de la gerencia sobre los trabajadores, sino que, por un lado, es el
f lujo del proceso productivo el que presiona al trabajador en forma anóni-
ma. A lo anterior agrega, a la manera de Burawoy (1985), que también
presiona el colectivo de trabajadores para que cumpla; y, finalmente, el
trabajador se somete al sistema para conservar el empleo. En síntesis, hay
coincidencias con el concepto de trabajo no clásico, pero también profun-
das discrepancias:
1) Con respecto al concepto de producto en estos trabajos, el de tra-
bajo no clásico considera: que las interacciones pueden ser un producto y
no simple medio para acceder a bienes; que un producto puede ser mera-
mente un símbolo y no simplemente que los símbolos son parte de inte-
racciones para acceder a bienes; que abiertamente puede haber trabajo del
cliente y no la ambigua coproducción con el empleado; que no todos los
trabajos no clásicos implican la interacción con el cliente –por ejemplo, el
diseño de software.
2) El concepto de interacción que conlleva significados es más analí-
tico en el trabajo no clásico. Durand retoma el concepto de interacción
comunicativa de Habermas sin profundizarlo. En cambio, desde el traba-
jo no clásico se analiza a la subjetividad como parte de la interacción
simbólica o comunicativa a través de una teoría de códigos. Los códigos
38 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
sirven a los sujetos para descifrar y construir significados para la situa-
ción concreta. Los significados concretos serían configuraciones de códi-
gos para dar sentidos provenientes de la cultura de carácter cognitivo,
emocional, estético, ético, vinculados a través de la lógica formal y de
formas de razonamiento cotidiano (De la Garza, 2010b). Es decir, Durand
solo le da importancia a lo cognitivo y, en todo caso, a lo emocional, sin
profundizar cómo se construyen esos significados compartidos. Además,
esos significados no surgen solo del acuerdo mutuo, sino que también
pueden compartirse por inf luencia o imponerse por fuerza.
3) Especialmente pensamos que no tiene fundamento el creer que
predomina actualmente la sumisión voluntaria en el trabajo. El tema clá-
sico del control sobre el trabajo es una versión de los que estudian la cues-
tión del poder y la dominación. El último se puede ejercer por
circunstancias muy diversas: hegemonía, clientelismo, caudillismo,
patriarcalismo, paternalismo, tradicionalismo, pero también por gangste-
rismo, violencia física o simbólica, etc. De tal forma que, si los trabajado-
res obedecen en el proceso de trabajo, no necesariamente es por sumisión.
Asimismo, resulta muy burdo pensar que es el justo a tiempo el que obliga
a someterse. El trabajador siempre puede inventar formas de eludirlo.
Tampoco es una necesidad que sea el colectivo obrero el que presione a
cumplir mejor. Esto puede ser, pero no es necesario. De la misma forma,
el temor a perder el trabajo puede inf luir, pero no necesariamente. En
pocas palabras, es mejor manejar la dialéctica entre resistencia y coopera-
ción con la gerencia, que implica que no hay determinismo, sino que esta
se define en la coyuntura dependiendo de estructuras, subjetividades y
acciones, que ante la sumisión no se puede descartar la resistencia. La
solución no puede ser universal, depende de las coyunturas, y la respuesta
implica el análisis empírico y no solo el razonamiento lógico.
4) En Durand falta una extensión de la teoría del valor trabajo que
incluya el trabajo del cliente en una parte de los servicios. De tal forma
que el valor del servicio sería la suma entre capital constante (maquina-
rias, equipo, instalaciones), más la fuerza de trabajo de los asalariados,
sumada a la cantidad de trabajo incorporada por el cliente que no es asa-
lariado. De esta manera que, a la clásica tasa de explotación del trabajo
asalariado, el capital ha añadido otra tasa de explotación de un no asala-
riado (trabajo no pagado del cliente/valor del servicio).
Finalmente, conceptos semejantes a los de trabajo no clásico –hemos
analizado las diferencias con el trabajo inmaterial de Negri o con la
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 39
relación de servicio de Durand– se han extendido al análisis de los mode-
los productivos en servicios, que van más allá de donde quedó este con-
cepto con el regulacionismo (Janoski y Lapadato, 2014; Korcznski y
MacDonalds, 2009). Ahora se habla de modelos de macdonaldización, en
Wal Mart (waltonismo), nikeización, siliconismo, disneylandismo. Estos
autores retoman discusiones como las que hemos emprendido aquí, pero
las llevan a cómo funcionan las empresas que usan estos tipos de trabajo
no clásico. Sin embargo, su análisis rebasa los propósitos de este
artículo.
Conclusiones
a) El trabajo no clásico no desconoce la posible dominancia –depen-
diendo del tipo de trabajo– de lo emocional, lo estético, lo cognitivo o lo
ético, pero advirtiendo que estas son dimensiones de toda relación social,
en especial de toda relación de trabajo y no valencias especiales solo de
ciertos trabajos, y que estas son dimensiones tanto de la actividad de tra-
bajar como de las que pueden estar embebidas en el producto.
b) La relación laboral con el cliente lo puede implicar interactivamen-
te, con sus respectivos intercambios y negociación o imposición de signi-
ficados, o puede ser una relación unilateral que no implica la interacción
entre quieres generan los símbolos y quienes los consumen.
c) Hay que poner más atención en el trabajo del cliente, poco desta-
cado en el trabajo emocional o el estético y nada en el de cuidado. De tal
forma que, cuando el cliente interviene interactivamente, se puede consi-
derar que el significado (estético, emocional, ético, cognitivo) es creado de
manera conjunta entre el empleado y el cliente. En este aspecto, resulta
muy importante incorporar en el análisis del cliente su clase social, la cual
que puede alterar interacciones y significados.
d) En el trabajo no clásico, la creación de significados, sean inducidos
o no por la gerencia, se profundiza, a diferencia de las otras perspectivas,
con la introducción de códigos (emocionales, estéticos, cognitivos, éticos)
y de configuración subjetiva. Es decir, no se da significado a la situación
a través de códigos aliados, sino de configuraciones (redes de códigos de
diferentes campos) para dar significado a la situación concreta. Estos
significados en la interacción no están exentos de imposiciones ni de des-
acuerdos y pueden ser inducidos por las gerencias, pero siempre intervie-
ne el self del trabajador y el cliente. Un código –por ejemplo, la
40 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
honestidad– sirve para dar significado a la situación de interacción junto
con posibles códigos estéticos, morales y cognitivos. En esta relación entre
códigos, intervienen las formas de razonamiento cotidiano –analogías,
metáforas, reglas prácticas, etc.–. Un código es para develar-construir el
significado en la cadena signo (observable)–símbolo (proviene de la cultu-
ra)–significado de la situación concreta (significado idenxal), en un con-
texto concreto discursivo y extradiscursivo que incluye estructuras e
interacciones.
En la mediación cultural de los símbolos es cuando se puede repre-
sentar la distancia cultural: individuos de clases diferenciadas apelan a
símbolos diferentes; o bien se advierte la disonancia entre los símbolos
que la gerencia presiona a poner en juego en el empleado y aquellos que
vienen de su self. Esta disonancia puede resolverse en la negociación
entre empleado y cliente o bien resultar en un conf licto de
significaciones.
e) El trabajo de cuidado, en el mejor de los casos, es un tipo de trabajo
no clásico, aunque como análisis del trabajo está poco desarrollado y muy
permeado por la noción de proyecto de vida feliz de una rama del
feminismo.
f) Las perspectivas analizadas no profundizan en la teoría del valor
del trabajo no clásico: el carácter de la mercancía, del valor, el trabajo del
cliente y cómo este añade también valor al producto del propio servicio
por el que paga.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 41
Bibliografía
Aboites, Jaime y Juan Manuel Corona (coord.) (2011), Economía de la Innovación y
Desarrollo. México D.F., unam-Siglo XXI.
Ackroyd, Stephan, Paul Thompson y Pamela Tolbert (2010), Work and Organizations.
Oxford, Oxford University Press.
Adorno, Theodor (2009), “Sociología e Investigación Empírica”, en Theodor
Adrno, Epistemología y Ciencias Sociales. Valencia. Fronesis-Cátedra.
Alexander, Jeffrey (1995), Fin de siécle. London, Verso.
Arango, Luz Gabriela (2011), El Trabajo y la Ética del Cuidado. Bogotá, La Carreta
Social.
Baskar, Roy (2002),”Philosophy and Critical Realism”, en Roy Baskar, Critical
Realism. London, Routdlege.
Berger, Peter y Thomas Luckmann (1979), La Construcción Social de la Realidad.
Buenos Aires, Amorrotu.
Bokman, John (2013), Thinking: the new science of decision-making. Nueva York,
Verso.
Bourdieu, Pierre (1997), Las reglas del Arte. Barcelona, Anagrama.
Braverman, Harry (1974), Trabajo y Capital Monopolista. México D.F., Nuestro
Tiempo.
Brinton, Marcy y Victor Nee (1998), The New Institutionalism in Sociology. Stanford,
California, Stamford University Press.
Burawoy, Michael (1985), The Politics of Production. Nueva York, Verso.
Castoriadis, Cornelius (1975), La Institución Imaginaria de la Sociedad. París, Seuil.
Crain, Michael, et al. (2016), Invisible Labor. Okland, California University Press.
De la Garza, Enrique (2010a), Hacia un concepto ampliado de trabajo. Barcelona,
Anthropos.
––––– (2010b), Tratado de Metodología de las Ciencias Sociales. México, D.F., FCE.
––––– (2011), Trabajo no clásico, organización y acción colectiva. México, D.F., Plaza y
Valdés.
Dennet, Daniel (1991), La Actitud Intencional. Madrid, Gedisa.
42 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Durand, Jean Pierre (2010), La Cadena Invisible. México, D.F, FCE.
Edwards, Paul (1986), El Conf licto en el Trabajo. Madrid, Ministerio del Trabajo y la
Seguridad Social.
Fraisser, Paul y Jean Piaget (1970), Psicología Social. Buenos Aires, Paidós.
Frege, Carl et al. (2011), “Richard Hyman: marxism, trade unionism and com-
parative employment relations”. British Journal of Industrial Relations, 49,
june, pp. 209-230.
Friedmann, George y Pierre Naville (1970), Tratado de Sociología del Trabajo. México
D.F., FCE.
García, Ernesto et al. (2014), “El Trabajo Emocional desde la Perspectiva
Clarificadora”. Universitas Psycologia, vol. 13, núm. 4, oct, pp. 1517-1519.
Geertz, Clif ford y James Clif ford (1991), El Surgimiento de la Antropología
Postmoderna. México D.F., Gedisa.
Gorz, André (2005), O Imaterial. Sao Paulo, Anna Blume.
Grecvo, Mónica y Paul Stenner (ed.) (2008), Emotions: a social science Reader.
London, Routdledge.
Habermas, Jürgen (1990), Lógica de las Ciencias Sociales. Madrid, Tercnos.
Hansen, Amy (2012), “Class and Service Encouberts, Sociology Compass, 614.
Hardt, Michel y Toni Negri (2000), Imperio. Buenos Aires, Paidós.
Heinich, Nathalie (2001), Lo que el Arte Aporta a la Sociología. México D.F.,
Conaculta.
Hochschild, Arlie (1980), The Managed Heart. Berkeley, University of California
Press.
Janoski, Thomas y Darina Lapadato (2014), Dominant Divisions of Labor. London,
Palgrave MacMillan.
Korcznski, Marek y Cloud MacDonalds (2009), Services Work, Critical Perspectives.
Nueva Yokr, Routledge.
Lambert, Koen (2005), Handbook of Cognition. London, sage.
Lazarato, Maurizio y Toni Negri (2001), Trabajo Inmaterial. Rio de Janeiro,
DP&Editora.
Leyva, Gustavo (2010), “La Hermenéutica Clásica y su Inf luencia en la Metodología
y Epistemología Social Hoy”. En: Enrique de la Garza y Gustavo Leyva,
Tratado de Metodología de las Ciencias Sociales. México D.F., FCE.
¿Qué es el trabajo no clásico? | págs. 5-44 43
Lock, Anly y Tom Strong (2010), Social Constructionism. Cambridge, Cambridge
University Press.
Martínez, David (2001), “Evolución del Concepto de Trabajo Emocional”. Revista
de Psicología del Trabajo y las Organizaciones, vol. 17, núm. 2, pp. 131-57.
Martínez, Sergio y León Olivé (comp.) (1997), Epistemología Evolucionista. México
D.F., unam-Paidós.
Marx, Carlos (1972), Historia Crítica de las Teorías sobre la Plusvalía. Buenos Aires,
Brumario.
––––– (1974a), El Capital. México D.F., FCE.
––––– (1974b), Capítulo Sexto (inédito). México D.F. Siglo XXI.
––––– (1974c), Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política
(Grundrisse), “Fragment on Machines”, México D.F., Siglo XXI.
North, Douglas (2005), Understanding the Process of Economic Change. Princeton,
Princeton University Press.
––––– (2007), Institutions, Institutional Change and Economic Performance. Nueva
York, Cambridge University Press.
Pakman, Marcelo (comp.) (1996), Construcciones de la Experiencia Humana.
Barcelona, Gedisa.
Potter, Jonathan (1998), La Construcción Social de la Realidad. Barcelona, Paidós.
Pozo, Juan Ignacio (1994), Teorías Cognitivas del Aprendizaje. Madrid, Morate.
Retamozo, Martín (2010), “Constructivismo”. En: Enrique de la Garza y Gustavo
Leyva (Coords.), Tratado de Metodología de las Ciencias Sociales. México, D.F.,
FCE.
Ricoeur, Paul (2008), Hermenéutica y Acción. Buenos Aires, Prometeo.
Scheler, Max. (2003), Gramática de los Sentimientos. Barcelona, Crítica.
Schutz, Alfred (1959), Fenomenología del Mundo Social. Buenos Aires, Paidós.
Searle, John (1998), Stealing the State. Nueva York, Review of Books.
Silvestre, Adriana y Guillermo Blanck (1993), Bajtin y Vigotski. Barcelona,
Anthropos.
Turner, Jonathan (2007), Human Emotions. London, Routdledge.
Turner, Stephen (2002), Brains, Practices, Relativism. Chicago, The University of
Chicago Press.
44 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Valenti, Giovanna y Mónica Casalet (2013), Instituciones, sociedad del conocimiento
y mundo del trabajo. México D.F., flacso.
Varela, Francisco (1998), Las Ciencias Cognitivas y la Experiencia Humana.
Barcelona, Gedisa.
Vigotsky, Lev (2004), Teoría de las Emociones. Madrid, Akal.
Von Eckardt, Bernard (1995), What is Cognitive Science? London, The mit Press.
Von Krogh, George, Kazuo Ichijo e Ikujiro Nonaka (2001), Facilitar la Creación de
Conocimiento. México D.F., Oxford University Press.
Wallerstein, Immanuel (2002), “The Itinerary of World System Analysis”. En:
Immanuel Wallerstein (coord.), New Directions in Contemporary Sociological
Theory. Nueva York, Bowma&Little Field Pa.
Wertsch, James (1988), Vygotsky y la Formación Social de la Conciencia. Barcelona,
Paidós.
Williamson, Oliver y Sidney Winter (1996), La Naturaleza de la Empresa. México
D.F., Fondo de Cultura Económica.
Witz, Anne et al. (2003), “The labor of Aesthetics and the Aesthetics of
Organizations”, Organizations, vol.10 (1), pp. 32-54
Wolkowitz, Carol (2006), Bodies at Work. London, sage.
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 45
Recibido: agosto de 2016 | Publicado: diciembre de 2017
Fragmentación productiva
y regulación del trabajo en
la producción audiovisual
argentina. Tendencias
sectoriales en contextos
de internacionalización
María Noel Bulloni Yaquinta
Resumen
El artículo analiza algunas cuestiones vinculadas con la organización productiva y el
trabajo en tres importantes segmentos de la producción audiovisual en Argentina:
los sectores de producción televisiva, cinematográfica y de cine publicitario. Se trata de
sectores de creciente importancia económica, atravesados históricamente por estra-
tegias de fragmentación productiva que más recientemente adquieren un carácter
transnacional como consecuencia de la orientación hacia los mercados internaciona-
les. Con grados y matices diversos, dichas estrategias han contribuido a la generaliza-
ción de la inestabilidad laboral y, consecuentemente, a la flexibilización de algunos
aspectos nodales del trabajo. Esta tendencia se ha visto parcialmente contrarrestada
a raíz del accionar sindical y del cambio de signo de la política laboral argentina entre
2003 y 2015.
María Noel Bulloni Yaquinta es Doctora en Ciencias Sociales y Magíster en Ciencias Sociales del
Trabajo, Universidad de Buenos Aires (uba), Licenciada en Sociología, Universidad de la República
(UdelaR). Se desempeña como Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas con sede en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la Universidad
Nacional Arturo Jauretche (conicet/icsya-unaj), como Co-coordinadora del Programa de Estudios del
Trabajo “Análisis críticos de la Flexibilización Laboral “ (pet-icsya-unaj) y como Docente-investigadora
del icsya-unaj .
46 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Palabras clave
Fragmentación productiva. Regulación del trabajo. Producción audiovisual.
Argentina. Internacionalización.
Abstract
The article analyzes some questions related to the organization of production and
work in three important segments of audiovisual production in Argentina: the
sectors of television, film and film advertising production. These are sectors with
growing economic importance, historically penetrated by productive fragmentation
strategies. More recently, these strategies acquire a transnational character as a
result of orientation towards international markets. With diverse degrees and hues,
these strategies have contributed to the generalization of work instability and,
consequently, to the flexibilization of some important aspects of work. This trend has
been partially countered as a result of trade union action and the change in sign that
took the Argentinean labor policy between 2003 and 2015.
Key words
Productive fragmentation, Work regulation. Audiovisual production. Argentina.
Internationalization.
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 47
Introducción
En virtud de los rasgos distintivos que presentan sus procesos producti-
vos –fragmentados, f lexibles, fugaces, transnacionalizados–, las actividades
de las llamadas industrias culturales, y más específicamente las del
campo audiovisual, se han convertido en los últimos años en un ámbito
de investigación privilegiado para un puñado de analistas, principalmen-
te de países industrializados, que, desde diversas perspectivas, se han
propuesto ref lexionar sobre las configuraciones productivas y laborales
contemporáneas (Lash y Urry, 1998; Sydow y Staber, 2002; Blair, 2001;
Christopherson, 2006; Coe, 2001; Scott, 2004; Storey, Salaman y Platman,
2005; Ursell, 2000; Smith y McKinlay, 2009).
En los países latinoamericanos existen escasos antecedentes de
investigación sobre estos particulares terrenos productivos desde las refe-
ridas preocupaciones analíticas (Bulloni, 2010, 2013 y 2014; Roldán, 2009).
En este artículo buscamos abonar la ref lexión sobre ciertas tendencias
que entendemos claves en esa dirección –y que forman parte de un debate
más amplio y consolidado en estos países–, que se interroga por las impli-
caciones laborales de las políticas empresariales de fragmentación pro-
ductiva y externalización de actividades (Leite, 2009; Del Bono y Quaranta,
2010; Iranzo y Richter, 2012).
Específicamente, en este texto proponemos abordar algunos aspectos
que hacen a la organización y regulación del trabajo en el campo de la pro-
ducción audiovisual en Argentina. Se trata de un terreno productivo que
tiene históricamente una presencia muy destacada en dicho país. Nos
centraremos en sus sectores más relevantes: la producción televisiva, cine-
matográfica y de cine publicitario.1 Desde luego, los mismos constituyen
sectores productivos diferenciados –con encadenamientos, agentes, lógi-
cas productivas y regulaciones particulares–, pero que, al mismo tiempo,
comparten diversos nexos productivos y laborales. Entre estos, cobra espe-
cial relevancia la preeminencia de una modalidad de organización f lexible
que, de manera similar a lo evidenciado en el ámbito internacional, se
encuentra vinculada con el desarrollo de procesos de fragmentación pro-
1 Presentamos resultados preliminares de nuestra línea de investigación actual: “La organiza-
ción productiva y el trabajo en las redes de proyectos de la producción audiovisual: confluen-
cia de viejas y nuevas formas de subcontratación” (conicet) y del Proyecto: “Subcontratación,
deslocalización e inestabilidad laboral: un análisis sobre el trabajo y sus procesos de regula-
ción en la producción audiovisual”, pict-2015-3519, Agencia Nacional de Promoción Científica y
Tecnológica-foncyt.
48 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
ductiva y laboral precipitados décadas atrás. Desde entonces, el grueso de
la producción audiovisual es desarrollado en el seno de empresas especia-
lizadas y no bajo la modalidad de integración vertical, como era original-
mente. Como corolario de estos procesos, se han extendido formas de
trabajo que presentan una marcada inestabilidad y movilidad laboral:
de hecho, buena parte de los trabajadores se mueven permanentemente de
proyecto en proyecto, entre empresas y sectores diversos del campo
audiovisual, e incluso más allá del mismo.
En tiempos más recientes, esta fragmentación y f lexibilización orga-
nizativas alcanzaron mayor extensión y hondura en el marco de la pro-
fundización de los procesos de transnacionalización productiva que,
como subrayan algunos autores, han alterado la geografía de las activida-
des audiovisuales, propiciando nuevas formas de división del trabajo a
escala global (Scott y Pope, 2007; Davis y Kaye, 2010). En Argentina, estos
procesos se hicieron muy visibles luego de la devaluación monetaria de
2002, cuando, a raíz de la nueva estructura de precios relativos, los secto-
res audiovisuales que estamos considerando comenzaron a registrar un
pronunciado dinamismo vinculado con procesos de deslocalización
internacional. El análisis que presentamos en este texto se enmarca en
este período post devaluación, donde se observa una marcada reorienta-
ción de los sectores de la producción audiovisual argentina hacia los mer-
cados internacionales.
No obstante, cabe destacar que el crecimiento orientado al mercado
interno ha sido también muy importante por estos años y, ciertamente,
más estable que el ligado al exterior –que luego de la crisis internacional
de 2008 comenzó a descender de manera sostenida–. Al respecto, nos
interesa referir, a modo de contextualización, que durante estos años se
configuró en Argentina, en el marco de los gobiernos kirchneristas,2 un
patrón de crecimiento diferente al que predominara en la década previa
de fuerte sesgo neoliberal, con una política estatal más activa en materia de
regulaciones económicas y de protección de actividades productivas que
tuvo, en términos generales, consecuencias positivas sobre el crecimiento
económico (Arceo et. al., 2010). En lo que atañe más particularmente a los
sectores aquí considerados, hacia los últimos años de este período se han
impulsado algunas normativas y medidas importantes de protección y
2 Nos referimos al gobierno de Néstor Kirchner (período 2003-2007) y de Cristina Fernández de
Kirchner, electa en los períodos 2007-2011 y 2011-2015.
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 49
estímulo a la producción nacional de contenidos audiovisuales, que han
contado con la participación y el apoyo activo de las diversas asociaciones
y sindicatos representativos del sector.
Por su parte, en lo que respecta al marco político institucional de las
relaciones laborales, también se registró un cambio de orientación en este
período en relación con el vigente en la década de 1990, sumamente des-
regulador y f lexibilizador. Como ha sido señalado, desde 2003 en adelan-
te, junto con la recuperación económica, se observa en Argentina un giro
en la tendencia de la década precedente en algunos aspectos fundamen-
tales, como son: el crecimiento del empleo registrado; un cambio en el rol
del Estado –acciones de coordinación de la negociación colectiva, fijación
de la pauta de los incrementos salariales, control y fiscalización de condi-
ciones de trabajo–; y una reorientación de la justicia laboral que restablece
algunos de los principios protectorios del trabajo (Palomino, 2007). En
relación con estas mutaciones, se ha observado también que, en términos
generales –aunque con marcadas diferencias sectoriales–, los sindicatos
recobraron protagonismo, tanto en el terreno institucional como en el de
los lugares de trabajo, aspecto que también contribuyó de manera decisi-
va a la recuperación de derechos y condiciones laborales de una parte
importante de la población trabajadora (Senén González y Del Bono,
2013). Ciertamente, en los sectores audiovisuales que ocupan nuestro
interés se han podido advertir algunas de estas tendencias de resurgi-
miento sindical y de recuperación de condiciones de trabajo, pese a que el
marcado predominio de la inestabilidad del vínculo laboral y sus tenden-
cias f lexibilizadoras se han mantenido invariables.
Con estas consideraciones generales, en este artículo proponemos
indagar algunas características de los procesos productivos, de las condi-
ciones y de las regulaciones laborales en los sectores de producción de cine,
cine publicitario y televisión en Argentina3. Nos centraremos primero en el
análisis de las políticas de externalización productiva y laboral que deriva-
ron en las actuales formas f lexibles de organización, para luego examinar
el paisaje de las condiciones y regulaciones laborales configurado en cada
uno de estos sectores, en un período que combinó –con grados y matices
diversos– crecimiento económico y recuperación de conquistas laborales.
3 Utilizamos una estrategia metodológica predominantemente cualitativa, que combina dis-
tintas técnicas de relevamiento de información. Primordialmente, se han analizado diversas
fuentes documentales (informes y documentos sectoriales, legislación, convenios colectivos
de trabajo, prensa escrita, entre otros) y entrevistas en profundidad a trabajadores y referen-
tes sindicales de los tres sectores contemplados.
50 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Los procesos de externalización productiva
en la producción audiovisual argentina:
tendencias y particularidades sectoriales
Como hicimos referencia, en la producción audiovisual las políticas de
externalización productiva vienen de larga data. Ciertamente, existe una
tendencia histórica hacia la fragmentación y especialización, evidenciada
primero en la producción cinematográfica hacia mediados del siglo pasa-
do (Christopherson y Storper, 1989) y, décadas más tarde, en el sector
televisivo con la profunda reestructuración iniciada en los años ochenta
(Scott, 2004; Ursell, 2000). Estos procesos han provocado mutaciones con
intensidades diversas en las modalidades de organización y regulación
laboral. Desde hace ya varias décadas, la organización del trabajo audio-
visual está atravesada por la categoría de “proyecto”, y la dinámica laboral
se encuentra revestida de una marcada inestabilidad e imprevisibilidad,
sobre todo en las actividades cinematográficas.
En relación con estas últimas actividades, en el caso argentino, como
procuramos evidenciar en anteriores publicaciones (Bulloni, 2013), hasta
mediados de la década de 1940 prevalecía una modalidad de organización
integrada verticalmente en el seno de grandes empresas –los denomina-
dos Grandes Estudios– que surgieron durante las primeras pujantes déca-
das de desarrollo industrial (1930-1950) imitando las formas empresariales
y organizativas de la industria norteamerican.4
Este modelo de organización comenzó a mostrarse cada vez más
inviable. En efecto, desde mediados de los años cuarenta los estudios
comenzaron a atravesar una situación crítica vinculada con factores loca-
les de diversa naturaleza pero que debe enmarcarse en la crisis más gene-
ral que la industria cinematográfica atraviesa en esos años en el plano
internacional. Las formas de producción que hasta los años cuarenta
parecían muy exitosas, desde el punto de vista comercial, comienzan a
mostrarse ineficientes en la década posterior. Como subraya Krieger
(2006), este sistema productivo integrado pudo sostenerse por un tiempo
más en algunas empresas debido a los subsidios y protecciones del Estado
que les permitían seguir produciendo sin necesidad de preocuparse por el
4 En este contexto, la cinematografía argentina vive su época de esplendor, con una producción
anual promedio de cuarenta filmes. Estos eran realizados enteramente en estas grandes em-
presas de capitales nacionales concebidas a la manera de Hollywood, que presentaban estu-
dios integrados de filmación y tenían un plantel de trabajadores estables muy numeroso.
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 51
mercado interno, que estaba garantizado por ley, ni por organizar una
distribución adecuada en el extranjero.
Sin embargo, hacia fines de la década de 1950, las productoras que
presentaban un sistema de producción con estudios totalmente integra-
dos eran excepcionales en el país. Los grandes estudios fueron progresi-
vamente desmantelados y las empresas productoras comenzaron
organizarse sobre la base de proyectos puntuales para la filmación de
todo tipo de producto, fuera largometraje, cine publicitario o cine docu-
mental, dando así mucha f lexibilidad a su organización, permitiendo
expandirse o contraerse con bastante facilidad en función de la demanda
de cada momento.
Cabe acotar que, además de dilatar por algunos años el proceso de
reestructuración, las políticas de estimulo del Estado han sido responsa-
bles del sostenimiento de la producción cinematográfica a lo largo del
tiempo, y, a pesar de sus vaivenes, hasta el día de hoy siguen desempeña-
do un papel clave en su desarrollo. En efecto, esta industria posee desde
hace décadas un reconocimiento privilegiado dentro de la legislación
argentina, que le ha permitido ser sujeto de regulaciones y contar con
importantes políticas de apoyo económico y financiero para la producción
nacional de películas.5 En cambio, el cine publicitario –que se creó como
un segmento accesorio de la industria cinematográfica en sus primeros
años de desarrollo– se fue desarrollando y consolidando de forma soste-
nida con el correr de los años al margen de políticas de estímulo
específicas.
En relación con el sector televisivo argentino, las transformaciones
productivas y organizativas se desarrollaron en los años ’90 y, como en el
cine, también se vincularon tanto con factores externos como internos. En
el plano internacional, desde fines de los años ’80, con la irrupción de nue-
vos medios, el avance de las tecnologías de la información y comunicación
(desarrollo del cable y el satélite) y la desregulación de los canales públicos,
se profundizaron los procesos de internacionalización mediática y se
extendieron ampliamente los espacios de exhibición. Vinculado a estos
procesos, también se desarrollaron importantes transformaciones en las
formas de organización que luego fueron reproducidas en diversos países,
5 La Ley del Cine fue originalmente sancionada en 1968 (Nº 17.741), con una importante modifi-
cación realizada en 1994 (Nº 24.377) que fortaleció la línea de fomento a la producción nacional
que es el eje de ambas.
52 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
similares a la desintegración vertical de los estudios de cine de décadas
previas. Los canales comenzaron a delegar la producción de contenidos en
empresas especializadas (productoras independientes) que surgieron durante
esos años, reduciendo así el riesgo que implicaba asumir toda la produc-
ción de contenidos de su grilla (Bustamante, 2003; cedem, 2012).
En Argentina, la coyuntura económica y política de la década de
1990, caracterizada por un proceso privatizador y de f lexibilización pro-
ductiva y laboral, derivó también en un cambio profundo dentro de las
formas de organización en el campo televisivo, en sintonía con lo ocurrido
en el resto del mundo. En este marco, se fue generalizando una modali-
dad de producción de tipo descentralizada, vinculada con un típico pro-
ceso de tercerización, a partir del cual los canales de aire derivan en
productoras especializadas la realización de ciertos contenidos para su
programación. Se ha tratado principalmente de contenidos para la pro-
gramación del horario de máxima audiencia (prime time) que supone
mayores costos de producción, como contenidos de ficción y periodismo
de investigación. (Juan y Quinn, 2002, Bourdieu, 2014).
De manera que, hacia finales de la década de 1990, el grueso de los
contenidos audiovisuales se produce en Argentina en el seno de empresas
productoras especializadas que se vinculan de distinta manera con enca-
denamientos productivos de diversos sectores (cine, publicidad y televi-
sión) a partir de una tendencia generalizada hacia la tercerización y
f lexibilización productiva.
R asgos sectoriales de la última década:
crecimiento, orientación offshore y medidas
protectorias
Las transformaciones productivas vinculadas con las estrategias de terce-
rización que acabamos de señalar fueron profundizadas en tiempos más
recientes en el marco de procesos de transnacionalización productiva. En
el período abierto en 2002, cuando Argentina adquirió una ventaja por
precio significativa tras la devaluación monetaria, la producción de con-
tenidos audiovisuales se posicionó internacionalmente, registrando un
importante crecimiento en cuanto a la colocación y presencia de sus pro-
ductos en los mercados externos (López, Ramos y Torre, 2008). En este
marco, las empresas productoras orientaron su crecimiento hacia el exte-
rior, articulándose de maneras diversas con empresas extranjeras de
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 53
variados países. Esta circunstancia dio un nuevo impulso a la producción
de contenidos audiovisuales en los tres sectores que aquí estamos
contemplando.
En el caso del cine publicitario, el peso del crecimiento orientado al exte-
rior ha sido verdaderamente destacado. Para dar una idea más ajustada de
este crecimiento, podemos señalar que, en la década de los noventa, se
brindaba un promedio de 500 servicios de producción de comerciales por
año, casi exclusivamente para el mercado interno, mientras que, en el perío-
do 2003-2014, esta cifra ascendió a 750, 35% de los cuales estuvieron vincu-
lados con la demanda extranjera. En este último período, la cantidad de
empresas, de trabajadores y de puestos de trabajo generados llegó a dupli-
carse, creciendo un 200%, 224% y 217%, respectivamente.6 Ciertamente,
todos los indicadores económicos y de empleo son sensiblemente superio-
res en los casos de servicios de producción hacia el exterior. Según estimacio-
nes sectoriales, el valor promedio de los rodajes en tales casos llega a
triplicar el correspondiente al de las producciones nacionales. Sin embargo,
en los últimos años (2009-2014), se ha registrado una marcada declinación en
los niveles de exportación de servicios, del orden del 50%, que ha tenido
efectos inmediatos sobre los niveles de empleo. Los comerciales destinados
al mercado doméstico mantuvieron una tendencia más estable, entre 400 y
500 producciones anuales (basado en deisica 1-24).
En lo que respecta al segmento dedicado a la producción de largome-
trajes, por estos años se alcanzó un record histórico, con unas 60 produc-
ciones anuales en promedio (en 2013 y 2014 se contabilizan más de 100) en
su gran mayoría de producción nacional (basado en deisica, 1-24). Los
servicios de producción para el extranjero también adquirieron cierta
notoriedad en estos años, aunque en forma más acotada y con una f luc-
tuación más errática que en el sector de cine publicitario. Surgieron como
una novedad, en el año 2005 y desde entonces, una treintena de películas
extrajeras de envergadura que fueron rodadas en el país, representando
el 6% del total de las producciones realizadas y el 15% de los puestos de
trabajo generados en el período. También se destaca, por estos años, la
presencia de películas co-producidas con empresas extranjeras: en este
período, se contabilizan unas 70 (10% del total) (basado en deisica, 1-24).
6 Sobre la base de los informes que, desde 1991, publica anualmente el Departamento de
Estudio e Investigación del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (deisica, 1-24).
54 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Por su parte, en lo que respecta al sector de producción televisiva,
también se ha registrado un crecimiento importante en este último perío-
do. Si bien los datos estadísticos que dimensionan su evolución son prác-
ticamente inexistentes, se estima que en el período 1996-2012 el empleo en
la producción de contenidos televisivos se multiplicó por 2,5 veces (oic,
2014). Asimismo, se señala que la orientación offshore ha tenido una pre-
sencia muy destacada. Algunos relevamientos desarrollados en el período
afirman que, tras la devaluación monetaria, tuvo lugar una nueva recon-
figuración de la industria televisiva argentina, donde la venta internacio-
nal pasó a considerarse un objetivo en sí mismo.
Esta dinámica alimentó un significativo proceso de extranjerización
en la producción televisiva argentina. En efecto, luego de que las produc-
toras –y también los canales– reorientaron su modelo de crecimiento
hacia el exterior, la presencia de capitales extranjeros fue adquiriendo
una considerable gravitación en la industria televisiva local. Esta partici-
pación ha adoptado formas diversas, variando desde la adquisición, los
acuerdos de gerenciamiento, la compra de parte de un estudio de filma-
ción hasta los acuerdos de cooperación y distribución, aspecto que, desde
la perspectiva de los empresarios locales, permitiría reducir riesgos y
amortizar los impactos de los fracasos (CEDEM, 2012).
Este proceso de extranjerización, cabe añadir, no tuvo el mismo cala-
do en los sectores cinematográficos antes referidos. En estos casos, según
informan los referentes sindicales y también los productores entrevista-
dos, la articulación con el extranjero se ha relacionado mayormente con la
venta de servicios de producción a empresas foráneas que deslocalizan los
rodajes (la fase productiva más costosa, la que involucra al grueso de
los trabajadores) sobre la base de acuerdos de subcontratación entre
empresas más o menos independientes.
Así, podemos destacar que, en términos de crecimiento, estos secto-
res de la producción audiovisual argentina han estado fuertemente atra-
vesados por la orientación hacia el exterior. No debemos perder de vista,
sin embargo, que el crecimiento ligado al mercado interno ha sido impor-
tante en el período. En este sentido, cabe señalar que estos sectores han
contado por estos años con la sanción de importantes medidas protecto-
rias, de promoción y fomento a la producción nacional de contenidos. Tal
es el caso de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual nº 26.552,
conocida como “Ley de Medios”, sancionada en 2009, que contempla deci-
didas medidas de promoción, como cuotas de pantalla y porcentajes de
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 55
producción local, propia e independiente.7 Asimismo, podemos destacar
la creación en 2010 del Banco Audiovisual de Contenidos Universales
Argentino (bacua), resultado de una política compartida entre el Instituto
Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (incaa) y el Ministerio de
Planificación, con participación de los sindicatos, con el fin de promover
la producción de contenidos audiovisuales para televisión, con cuotas
asignadas a la producción en el interior del país. Por último, en 2011, a
propuesta del sindicato de actores (Asociación Argentina de Actores
–aaa–) y el sindicato de televisión (Sindicato Argentino de Televisión,
Telecomunicaciones, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos
–sat-said –), se creó en el incaa la Unidad de Fomento para la Producción
de Ficción Televisiva, con el fin de gestionar el art. 97 de la Nueva Ley de
Servicios de Comunicación Audiovisual que establece que el 25% de los
fondos del organismo deben destinarse a la producción de ficción televi-
siva. Ambos sindicatos obtuvieron también que los subsidios solo se
entregaran a productoras que acreditaran la contratación laboral regis-
trada legalmente de su personal. Cabe acotar que esta orientación protec-
toria y de fomento a los contenidos nacionales ha registrado modificaciones
tras el cambio de gobierno en 2015,8 aspecto que viene suscitando marca-
das preocupaciones en estas actividades y que procuraremos analizar en
futuras publicaciones.9
Luego de esta brevísima caracterización sectorial, analizaremos a
continuación las características más destacadas que adquieren el trabajo,
sus condiciones y regulaciones en el período analizado.
7 Esta ley fue impulsada por el gobierno nacional y estuvo basada en el trabajo de un nu-
trido conjunto de organizaciones sociales y sindicales nucleadas en la Coalición por una
Radiodifusión Democrática. Se trata de una ley fuertemente resistida por los grupos empre-
sariales, que ha buscado desmonopolizar el sector, promover la producción nacional y descon-
centrarla territorialmente.
8 En las elecciones de 2015, el candidato de la coalición política kirchnerista –Daniel Scioli–,
integrada mayoritariamente por el Partido Justicialista (peronista), perdió las elecciones en
balotaje contra el candidato de la coalición Cambiemos –Mauricio Macri–, de orientación
conservadora.
9 Al respecto, podemos referirnos al Decreto de Necesidad y Urgencia 267, que introdujo sustan-
tivas modificaciones a la referida Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. A partir de
ello, se han suspendido algunos de los planes de fomento de la producción audiovisual arriba
referidos. Asimismo, se destaca que, en las nuevas iniciativas legislativas para el sector, se ha
omitido toda consideración temática ligada a la importancia de las industrias audiovisuales y
la presencia de contenidos nacionales, en los medios de comunicación. (Fuente: <http://www.
defensadelpublico.gob.ar/es/preocupacion-y-propuestas-mesa-multisectorial-situacion-
laboral-industria-nacional-audiovisual-0>. Fecha de consulta: 23/06/2016).
56 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Las condiciones y regulaciones del trabajo en
cine, cine publicitario y televisión
en un período de resurgimiento sindical
Hemos señalado que, en el período analizado, los tres sectores que esta-
mos contemplando crecieron de modo considerable. Podemos decir que,
en tal contexto, unos diez mil trabajadores/as formaron parte de la pro-
ducción audiovisual argentina. Nos referimos centralmente al nutrido y
diverso grupo de trabajadores/as del detrás de cámara, denominados técni-
cos en las actividades cinematográficas y operarios en televisión, quienes
realizan las tareas de cámara, sonido, electricidad, utilería, ambientación,
peinado, maquillaje, entre otras. Más allá de sus perfiles diversos, se trata
de un tipo de trabajo especializado, relativamente bien remunerado, pero
con fuertes dosis de inestabilidad provocada, como vimos, por estrategias
empresariales de externalización productiva y laboral. Esta inestabilidad
es, ciertamente, más marcada en las actividades cinematográficas, donde
prácticamente todos/as los/as trabajadores/as son eventuales (freelance),
se contratan por proyectos, en función de la demanda –siempre por pieza
y sumamente impredecible– de estos productos o servicios de produc-
ción. En la producción televisiva existe una presencia importante de tra-
bajadores estables. Según nos señaló uno de los referentes sindicales
entrevistado, es muy complejo poder precisar este dato, ya que, en sus
términos:
La contratación temporaria es muy variable a lo largo del año e incluso
entre las empresas del sector. Dependiendo de la productora… existen
momentos donde es irrelevante y otros donde puede ser mayoritaria
(Secretario de Relaciones Internacionales de sat-said. Entrevista realizada
en julio de 2016).
Una problemática que se añade a esta marcada inestabilidad prácti-
camente estructural del trabajo –y sus implicaciones en términos de incer-
tidumbre e inseguridad– es que la misma ha propiciado otros procesos de
f lexibilización laboral, típicamente en la modalidad de la contratación
–desconocimiento de la relación de dependencia– y vinculados a otras
condiciones laborales importantes como la duración de la jornada y el
salario. Estas tendencias han tenido, en efecto, un fuerte despliegue en
Argentina en la década de 1990, en un contexto signado por el auge de las
políticas neoliberales en este país y por un fuerte repliegue de la gravita-
ción sindical. Sin embargo, como analizaremos a continuación, durante
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 57
estos últimos años se ha registrado un interesante proceso de (re)regula-
ción de condiciones laborales y de formalización del trabajo, impulsado
fundamentalmente por el accionar de los dos sindicatos que tienen repre-
sentación sobre estos sectores (el Sindicato de la Industria Cinematográfica
Argentina –sica-apma– en los sectores de cine y cine publicitario y el
Sindicato Argentino de Televisión -sat-said – en el sector televisivo) en
articulación con el cambio de signo de la política estatal en esta esfera.
En el sector de producción de cine publicitario, como analizamos en
anteriores publicaciones (Bulloni, 2013), luego de una década de prolifera-
ción de prácticas de f lexibilización y de evasión de la normativa laboral,
el sica, enmarcado en la coyuntura prácticamente de pleno empleo que
vivía el sector y en un contexto político e institucional más favorable, cen-
tró sus esfuerzos en regularizar las contrataciones, contando con mayor
presencia en los lugares de trabajo, al tiempo que algunos trabajadores
volvieron a recurrir a esta organización sindical para lograr respaldo en
sus negociaciones cotidianas con las empresas.
En este marco, ya en los primeros años de este período (2005-2006),
se expandió la aplicación de algunos aspectos clave de la normativa labo-
ral –dispuesta en la legislación y el convenio colectivo vigente (el cct N°
235 de 1975)–. Algunos años más adelante, se reanudó la negociación
colectiva en el plano institucional en el sector, dando lugar a la firma de
una serie de acuerdos articulados al convenio colectivo, en los que se fue-
ron pautando ajustes salariales y diversas condiciones de trabajo.10 Estas
negociaciones, por cierto, fueron desarrolladas en una coyuntura econó-
mica que ya no se mostraba auspiciosa. La demanda externa había
comenzado a desacelerarse, y ello afectaba directamente los niveles de
empleo en el sector. En este contexto, según nos han señalado algunos
de los trabajadores y referente sindicales entrevistados, las disposiciones de
los acuerdos vigentes han resultado un elemento útil para limitar los per-
manentes intentos de las empresas por f lexibilizar y reducir costos labo-
rales. Esto se ref lejó de manera clara en el ámbito contractual. Los
alcances de la regulación formal en lo referente a la duración del tiempo de
trabajo y a la remuneración efectivamente pautados en el sector resultaron,
10 Se trata de los acuerdos Nº 25/2009, Nº 223/2010, Nº 267/2011, N° 1537/2012, Nº 770/2013,
N° 1593/2014 homologados por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social – mteyss-
(celebrados el 2/5/2008, el 24/11/2009, el 4/10/2010, el 22/6/2012, el 22/5/2013 y el 20/11/2014,
respectivamente).
58 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
sin embargo, menos evidentes. En efecto, la determinación de estos ámbi-
tos ha revestido durante el período observado un grado considerable de
variabilidad en el marco de las negociaciones cotidianas entre trabajado-
res y productoras.
En relación con la producción de largometrajes, también se logró
avanzar en la regulación y recuperación de condiciones laborales durante
este período. En los años ’90 se habían generalizado modalidades de f le-
xibilización laboral más encubiertas que las registradas en cine publicita-
rio, ya que, al tratarse de una producción subsidiada, el Estado, a través
del incaa, desempeñaba un papel más directo en el contralor de las con-
diciones de trabajo y disposiciones gremiales vigentes en la producción de
las películas que buscaba fomentar. Esta circunstancia deriva de la inge-
niosa articulación del llamado “libre deuda sindical” en la Ley de Cine (Nº
24.377) promulgada en 1994. Con dicha normativa, el incaa comenzó a
fiscalizar que los gremios que representan a los trabajadores (técnicos y
actores), cuyas remuneraciones figuran entre los costos presentados por
las empresas para la obtención de subsidios o créditos, presenten cons-
tancia de que dichos trabajadores están sindicalizados y que no se les
adeudan salarios por las labores realizadas en la película en cuestión.
Frente a esta medida, las modalidades de f lexibilización y desregulación
laboral más extendidas por esos años se han vinculado con una fuerte
f lexibilización salarial que implicó una generalización de niveles salaria-
les muy depreciados y, de manera especial, la difusión de las cooperativas
de trabajo fraudulentas, que ocultan verdades relaciones laborales.
En los últimos años, la relocalización de rodajes de películas extran-
jeras de cierta envergadura generó una tendencia al alza en condiciones y
regulaciones laborales, fundamentalmente salariales, aunque circuns-
cripta a los servicios de producción offshore. Años más tarde, marcando
cierta continuidad con las políticas desplegada en el segmento de cine
publicitario, el sica logró recuperar el alcance de la regulación del trabajo
en el segmento de largometrajes según lo establece el Convenio Colectivo
de actividad, estableciendo una confrontación abierta contra las coopera-
tivas fraudulentas. Para dar alguna pista de este proceso, según estima-
ciones sindicales, en 2011, solo el 38,58% de los estrenos de películas
nacionales contaron con trabajadores registrados según las leyes y conve-
nio vigentes; éste porcentaje ascendió a 76,39% en 2012 y a 97,18% en 2013
(deisica, N° 23). Este proceso fue el corolario de una serie de acciones
gremiales que dicho sindicato motorizó en articulación con otros actores
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 59
para responder a las particularidades de este segmento productivo. Como
mencionamos, la producción de largometrajes es una actividad subsidia-
da por el Estado nacional, y, apelando a este marco más protectorio del
trabajo que venimos comentando, las acciones del sindicato se encamina-
ron a interpelar e involucrar al actor estatal en la regulación y fiscaliza-
ción de condiciones laborales, obteniendo buenos resultados.11 En paralelo
a este proceso, se reanudó luego de casi cuatro décadas la negociación
salarial en el plano formal, con el establecimiento de paritarias anuales.12
Pero, pese a esto, los niveles salariales en el sector de largometrajes conti-
nuaron muy magros (alrededor del 40% más bajos que los del cine publi-
citario, en casi todas las categorías).
En lo concerniente a la producción televisiva, en este período, tam-
bién se observa aquí una tendencia positiva hacia la formalización y regu-
lación de condiciones laborales propiciada por el accionar sindical. Cuando
las productoras de contenidos emergieron en Argentina hacia mediados
de los años ’90, por lo general, establecían las condiciones laborales al mar-
gen de la normativa vigente, en consonancia con la tendencia de esos años.
Los procesos de tercerización que originaron este universo productivo
fuera de los canales, como comúnmente ocurre con tales procesos, estuvie-
ron acompañados por una fuerte desregulación laboral. Frente a esta cir-
cunstancia, el sindicato argentino de trabajadores de televisión –amparado
en el Convenio Colectivo de Actividad (cct N° 131/1975), que, con gran pre-
visión, establecía la representación no solo para los canales de aire sino
además para las productoras de programas cuando estas aún eran una
rareza– se dispuso a regularizar las condiciones laborales en estas nuevas
empresas. Esta política, que iba a contrapelo de la tendencia de la época,
encontraba escaso o nulo apoyo en las tareas de fiscalización del Estado y
exiguos resultados. Con las modificaciones de la política laboral tras el
cambio de gobierno en 2003, la tentativa del sindicato por extender su
representación de hecho sobre estas empresas y hacer cumplir con la nor-
mativa corriente comenzó a tener mejores resultados.
11 Este accionar estuvo acompañado por la Central de Trabajadores Argentina (cta) y la
Confederación Sindical de Medios (cositmecos) y se realizó en articulación con el Ministerio de
Trabajo y Seguridad Social (mtyss) y el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social
(inaes), en relación permanente y sostenida con el incaa.
12 Estas negociaciones se plasman en los acuerdos N° 399/2012 y N° 380/2014 homologados por el
mt yss (celebrados el 01/11/2011 y el 10/4/2013, respectivamente).
60 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Cabe mencionar que el tipo de contenidos audiovisuales producidos
en el seno de estas nuevas empresas era de tipo más sofisticado y comple-
jo que el producido dentro de los canales y requería de otra modalidad de
organización, más cercana a la cinematográfica, y un perfil de trabajador
más joven y profesionalizado. Las remuneraciones de este segmento pro-
ductivo eran algo más elevadas que las existentes en los canales televisi-
vos, pero muy heterogéneos entre productoras e incluso hacia el interior
de las mismas. Asimismo, las mayores f luctuaciones a las que están suje-
tas estas empresas en relación con los canales llevaron a un uso muy
extendido de la modalidad de contratación temporaria, fuertemente res-
tringida por la legislación laboral vigente en la actividad.
Estas circunstancias configuraron una modalidad de regulación ad
hoc que, si bien se enmarcaba en la formalidad, quedaba muy distante de
lo dispuesto por el convenio colectivo de actividad, pensado para la pro-
ducción audiovisual en los grandes canales televisivos. Consecuentemente,
el accionar sindical procuró avanzar en la elaboración de un convenio
colectivo para la rama de producción de contenidos, articulado al conve-
nio colectivo de la actividad. Esta estrategia se plasmó en 2011, con la
celebración del cct N° 634/2011, en el que se regularon algunos ámbitos
laborales de manera más ajustada a la dinámica cotidiana de las relacio-
nes laborales de estas empresas (niveles salariales, contrataciones tempo-
rales, descripción de nuevas categorías y tareas, por destacar las más
relevantes).
Podemos afirmar que como fruto de estos avances en el plano insti-
tucional de las relaciones laborales en estos sectores –que, ciertamente,
cristalizan las relaciones de fuerzas articuladas por estos–, los sindicatos
y trabajadores pasaron a contar con instrumentos más ajustados para
enmarcar la evolución de los procesos de regulación laboral, procesos en
los que también ha sido clave la presencia más marcada de delegados e
inspectores sindicales en los lugares de trabajo.
Reflexiones finales
El análisis que presentamos en estas páginas estuvo centrado en tres
importantes sectores de la producción audiovisual argentina, de crecien-
te dinamismo en el marco de la mundialización económica contemporá-
nea. Hemos observado que, en estos sectores, desde hace décadas, se han
desplegado estrategias de fragmentación productiva y exteriorización
laboral, en consonancia con las tendencias organizativas de desintegra-
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 61
ción vertical prácticamente estructurales acaecidas en la industria cinema-
tográfica y televisiva en el plano internacional. Específicamente, nuestros
interrogantes han estado orientados a examinar algunas de las caracte-
rísticas que adquieren las condiciones y regulaciones del trabajo en estos
sectores, atravesados por problemáticas derivadas de la fuerte inestabili-
dad de la inserción que impone la lógica organizativa, en un contexto
particular, donde se combinaron ciertas tendencias económicas, políticas
e institucionales que resultaron favorables en términos generales.
Así, hemos observado que, durante el período analizado, estos secto-
res han registrado un crecimiento económico muy destacado vinculado
con procesos de deslocalización internacional, pero también con el visible
dinamismo que adquirieron estas actividades en el plano doméstico, esti-
muladas en el último tramo por ciertas políticas de estímulo y protección
del Estado. Vimos, además, que este crecimiento económico, sumado al
contexto político e institucional más propicio para el accionar sindical
conformado en Argentina por estos años, promovió significativos proce-
sos de recuperación de condiciones y regulaciones laborales en estos sec-
tores, que venían de unos años de una profunda f lexibilización y
desconocimiento de las leyes y convenios vigentes. La evasión generaliza-
da de la normativa laboral en los años ’90 ha sido una problemática com-
batida y, en buena medida, superada en la última década, a raíz de la
reactivación de la negociación colectiva y del accionar sindical en los luga-
res de trabajo. De modo que podemos aseverar que el accionar sindical
puede conformar una fuente de regulación laboral de considerable vitali-
dad en modalidades de trabajo altamente f lexibles como estas.
Se trata de modalidades de trabajo que, tal como las vigentes en
otros campos artísticos y culturales, se encuentran hondamente atravesa-
das por la discontinuidad de la inserción, la incertidumbre de la trayecto-
ria profesional y una gran variabilidad en las remuneraciones, de modo
tal que bien pueden ser concebidas como verdaderos laboratorios de f lexibi-
lización y precarización del trabajo (Menger, 2005; Segnini, 2011). Si bien esta
circunstancia pone en evidencia las dificultades que presenta la defensa
de los derechos e intereses colectivos de los trabajadores en estos particu-
lares campos productivos, también parece evidente que los esfuerzos
puestos en esa dirección constituyen vías significativas para contrarres-
tar la profundización generalizada de la f lexibilización laboral.
62 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Bibliografía
Arceo, Nicolás, Mariana González, Nuria Mendizábal y Eduardo Basualdo
(2010), La economía argentina de la posconvertibilidad en tiempos de crisis mun-
dial. Buenos Aires, Atuel.
Blair, Helen (2001), “‘You’re Only as Good as Your Last Job’: the Labour Process
and Labour Market in the British Film industry”. Work, Employment & Society,
vol. 15 (1).
Bourdieu, María Victoria (2014), “El relato de ficción y el respaldo normativo en
Argentina en la transición de siglo”. Ponencia presentada en el XII Congreso
Latinoamericano de Investigadores de la Comunicación, alaic, Lima, Perú,
Disponible en: <http://congreso.pucp.edu.pe/alaic2014/wp-content/
uploads/2014/11/GT6-Bourdieu.pdf>
Bulloni, María Noel (2010), “El detrás de cámara de la producción audiovisual:
un calidoscopio de nuevas y viejas formas de regulación”. Sociología del
Trabajo, Revista Cuatrimestral de Empleo, Trabajo y Sociedad, núm. 68. Madrid.
Siglo XXI Editores.
––––– (2013), “Alcances y desafíos del accionar sindical en contextos productivos
f lexibles. Un análisis en el sector de producción de cine publicitario en
Argentina”. Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo, Año 18, núm. 29.
––––– (2014), “Redes productivas, proyectos y formas f lexibles de trabajo. Un
estudio en el sector de producción de cine publicitario de la Ciudad de
Buenos Aires”. Revista Estudios del Trabajo, núm. 46, pp. 86-112.
Bustamante, Enrique (2003), “Televisión digital: globalización de procesos muy
nacionales” En: Enrique Bustamante (coord.), Hacia un nuevo sistema mundial
de comunicación. Las industrias culturales en la era digital. Barcelona, Gedisa.
Centro de Estudios para el Desarrollo Económico Metropolitano (cedem) (2012),
La exportación de contenidos y servicios de exportación televisiva en la Ciudad de
Buenos Aires. Un diagnóstico sobre la situación actual y las perspectivas de la indus-
tria local. Buenos Aires, Centro de Estudios para el Desarrollo Económico
Metropolitano, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Christopherson, Susan (2006), “Behind the scenes: How transnational Firms are
constructing a new international division of labor in media work”. Geoforum,
37, pp. 739-751.
Fragmentación productiva y regulación del trabajo... | págs. 45-64 63
Christopherson, Susan y Michael Storper (1989), “The effects of f lexible speciali-
zation on industrial politics and the labor market: the motion picture indus-
try”. Industrial and labor Relations Review, vol. 42.
Coe, Neil (2001), “A hybrid agglomeration? The development of a satellite-Mars-
hallian industrial district in Vancouver’s film industry”. Urban studies, 38,
núm. 10, pp. 1753-75.
Davis, Charles y Janice Kaye (2010), “International Production Outsourcing and
the Development of Indigenous Film and Television Capabilities - the Case
of Canada”. En: Greg Elmer et al. (eds.), Locating Migrating Media. Lanham,
Md: Rowman and Littlefield, pp. 57-78.
Del Bono, Andrea y Germán Quaranta (comps.) (2010), Convivir con la incertidum-
bre: aproximaciones a la f lexibilización y precarización del trabajo en Argentina.
Buenos Aires, Ediciones CICCUS.
Iranzo, Conzuelo y Jacqueline Richter (2012), “Las implicaciones de la
subcontratación laboral”, En: Juan Carlos Celis Ospina (coord.), La
subcontratación laboral en América latina: Miradas Multidensionales. Medellín,
Colombia, clacso/Ediciones de la Escuela Nacional Sindical, pp. 17- 40.
Juan, Victoria y Margarita Quinn (2002), “Las productoras independientes en los
’90: una introducción desde la economía política”. Revista de Economía Política
de las Tecnologías de la Información y Comunicación, vol. IV, núm. 2, May /Ago.
Krieger, Clara (2006), La presencia del Estado en el cine del primer peronismo. Tesis
doctoral. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires.
Lash, Scott y John Urry (1998), Economías de signos y espacios. Sobre el capitalismo de
la posorganización. Buenos Aires, Amorrortu.
Leite, Marcia (2009), “ El trabajo y sus reconfiguraciones: las nuevas condiciones
de trabajo discutidas a partir de conceptos y realidades”. Revista
Latinoamericana de Estudios del Trabajo. año 14, núm. 21.
López, Andrés, Daniela Ramos e Iván Torre (2008), Las exportaciones de servicios
de América Latina y su integración en las redes globales de valor. Santiago de
Chile, cepal. Serie Documentos de proyectos.
Menger, Pierre-Michel (2005), Les intermittents du spectacle: sociologie du travail
f lexible. París, École des Hautes Études en Sciences Sociales.
Observatorio de Industrias Creativas (oic) (2014), Empleo Generado por la industria
audiovisual en la Ciudad de Buenos Aires. Informe del Observatorio Industrias
Creativas. Buenos Aires, oic, Distrito Audiovisual.
64 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Palomino, Héctor (2007), “La instalación de un nuevo régimen de empleo en
Argentina.” Ponencia presentada en el 8º Congreso de la Asociación
Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (aset), Buenos Aires,
agosto.
Roldán, Martha (2009), “Trabajo ‘creativo’ y producción de contenidos televisivos
en el marco del capitalismo informacional contemporáneo. Ref lexiones
sobre el caso argentino en los dos mil”. En: Susana Sel (coord.), Políticas de
comunicación en el capitalismo contemporáneo, Buenos Aires, Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales (clacso).
Scott, Allen (2004) “The Other Hollywood: the Organizational and Geographic
Bases of Television-Program Production”. Media Culture Society, 26, p. 183.
Scott, Allen y Naomi Pope (2007), “Hollywood, Vancouver, and the world:
Employment relocation and the emergence of satellite production centers in
the motion picture industry”. Environment and Planning, A 39, pp. 1364-81.
Segnini, Liliana (2011), “À procura do trabalho intermitente no campo da músi-
ca”. Revista Estudos de Sociologia, vol. 16. Universidade Estadual
Paulista-Araraquara.
Senén González, Cecilia y Andrea Del Bono (dir.) (2013), La revitalización sindical
en Argentina y sus heterogeneidades sectoriales. Buenos Aires, Editorial
Prometeo, unl am.
Smith, Chris y Alan McKinlay (ed.) (2009), Creative labour. Working in the creatives
industries. London, Palgrave Macmillan.
Storey, John, Graemer Salaman y Kerry Platman (2005), “Living with enterprise
in an enterprise economy: Freelance and contract workers in the media”.
Human Relations, Volume 58 (8), SAGE Publication.
Sydow, Jorg y Udo Staber (2002), “The Institutional Embeddedness of Project
Networks: The Case of Content Production in German Television”. Regional
Studies, vol. 36. (3), pp. 215-227.
Ursell, Gillian (2000), “Television production: issues of exploitation, commodifi-
cation and subjectivity in UK television labour markets”. Media Culture &
Society, 22(6).
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 65
Recibido: agosto de 2016 | Publicado: diciembre de 2017
Demarcación y conflicto
entre migrantes y nativos
en la industria de la
construcción del
Área Metropolitana
de Buenos Aires
Álvaro Del Águila
Resumen
El presente artículo pretende analizar algunos aspectos de la conflictividad que, suele
argumentarse, resulta inherente a la relación entre (trabajadores) migrantes y (traba-
jadores) nativos en el interior del mercado de trabajo argentino. Se basa en un trabajo
de campo etnográfico realizado en obras de construcción de edificios durante 2006
y 2015. Lejos de lecturas simplistas, este artículo muestra que migrantes y nativos se
relacionan en los hechos de modo complejo, dando lugar tanto a identificaciones co-
munes como a posiciones que los enfrentan. Más fundamentalmente, se argumenta
que algunas de las relaciones “conflictivas” que unos y otros mantienen solo en parte
permiten ser interpretadas en términos de disputas inter-nacionales, siendo preciso,
por el contrario, sopesar cuestiones inherentes a los roles que unos y otros cumplen
en relación con la producción.
Palabras clave
Industria de la construcción. Migración internacional. Etnicidad.
Álvaro del Águila es doctor en Antropología (uba). Actualmente se desempeña como becario posdoc-
toral en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (ceil, conicet).
66 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Abstract
The present article aims to analyze some aspects of the conflict that is often argued
to be inherent in the relationship between (workers) migrants and (workers) natives
within the Argentine labor market. It is based on an ethnographic fieldwork carried
out in building construction sites during 2006 and 2015. Far from simplistic readings,
the article shows that migrants and natives are related in a complex way, giving rise
to both common identifications and positions that face them. More fundamentally,
it is argued that some of the “conflictive” relationships that both maintain can only
partially be interpreted in terms of inter-national disputes, while, on the contrary, it
is necessary to weigh inherent issues in the roles that each one plays in relation to
production.
Key words
Construction industry. International migration.Ethnicity.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 67
Introducción
Como parece evidente a cualquier interesado en la temática, las investiga-
ciones orientadas a analizar la presencia de “extranjeros” en distintos
escenarios nacionales han experimentado una importante proliferación
en las últimas décadas. A pesar de ello, persiste cierto consenso respecto
de la falta de una teoría unificada y coherente que permita explicar la migración
internacional en todas sus dimensiones (Arango, 2003; Portes, 2007; Portes y
Delgado Wise, 2006). Ante este panorama, y lejos de pretender resolver
aquí los dilemas teóricos que plantea la complejidad del movimiento de
personas, el presente artículo busca contribuir al debate de una de sus
artistas más controvertidas: aquella que refiere a la conf lictividad que,
suele argumentarse, resulta inherente a la relación entre (trabajadores)
migrantes y (trabajadores) nativos dentro del mercado de trabajo en dis-
tintos escenarios nacionales.
Para reflexionar sobre la cuestión recurriremos al trabajo de campo
etnográfico realizado por nosotros en uno de los sectores que más ha
logrado captar la fuerza de trabajo proveniente de países vecinos en
Buenos Aires –la construcción–, con el propósito de analizar detallada-
mente de qué modos y en qué términos se expresa (si es que lo hace) dicha
conflictividad en los espacios laborales concretos en donde nativos y
extranjeros se encuentran a diario para trabajar. Veremos así que, al menos
en Buenos Aires (y al menos en la industria de la construcción), lejos de
lecturas simplistas, migrantes y nativos se relacionan en los hechos
de modo complejo, dando lugar tanto a identificaciones comunes como a
posiciones que los enfrentan. Más fundamentalmente, propondremos que
algunas de las relaciones “conflictivas” que unos y otros mantienen solo
en parte permiten ser interpretadas en términos de disputas inter-naciona-
les, siendo preciso, por el contrario, sopesar cuestiones inherentes a los
roles que unos y otros cumplen en relación con la producción.
Pero antes de sumergirnos en el trabajo de campo, revisemos breve-
mente algunas discusiones que se han suscitado al respecto.
Antecedentes del debate
Sin duda, podría pensarse en una multiplicidad de cuestiones asociadas
al problema de las relaciones entre “establecidos y forasteros” (Elías, 2003)
en el seno de un mercado de trabajo específico. En primer lugar, tal vez
resulte relevante detenerse momentáneamente en por qué migran quienes
68 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
migran con fines laborales. Frente a esta pregunta, han surgido básicamente
tres conjuntos de respuestas: la de la “economía neoclásica” (Lewis, 1954;
Borjas, 1990; Harris y Todaro, 1976); la de la “nueva economía de la migra-
ción” (Stark y Bloom, 1985; Taylor, 1986; Stark, 1991); y la de las teorías que
abrevan en la noción de “sistema mundial” (Wallerstein, 1979).
La economía neoclásica adjudicó el inicio de las migraciones a un
conjunto de variables vinculadas a los diferenciales de salarios entre las eco-
nomías nacionales, las condiciones de empleo en cada país y los costos de la
migración para los distintos grupos. En general, puede decirse que esta
perspectiva concibe al movimiento migratorio como una decisión indivi-
dual tomada por un actor racional orientada a maximizar la relación
costo/beneficio en su inversión de trabajo y capital. A nivel macro, la teo-
ría neoclásica adjudica básicamente el movimiento de personas a las
diferencias geográficas en la oferta y demanda de trabajo. Si bien es pre-
sentado en términos teóricos más complejos, el argumento principal de
esta perspectiva puede sintetizarse así: los países que poseen una elevada
dotación de trabajo en relación con el capital tienen un bajo salario de
mercado, mientras que los países en los que la fuerza de trabajo es escasa
en relación con el capital disponible se caracterizan por un nivel salarial
alto. A través del movimiento de personas, estas diferencias tienden a
equilibrarse.
En oposición a este enfoque, la “nueva economía de la migración”
considera para el análisis las condiciones de una variedad de mercados, y
no solo de los laborales. Desde esta mirada, la migración responde a “una
decisión tomada por un hogar para minimizar los riesgos para el ingreso
familiar, o para superar las limitaciones de capital en las actividades pro-
ductivas familiares” (Massey et al., 1993: 2). Esta línea de análisis no consi-
dera, entonces, a actores individuales aislados sino a conjuntos (mayores
o menores) de personas relacionadas entre sí (en relaciones culturalmente
definidas), que actuarían no solo con la finalidad de maximizar los ingre-
sos esperados, sino también buscando minimizar los riesgos mediante la
diversificación en la asignación de recursos entre sus miembros. De este
modo, por ejemplo, algunos miembros de una unidad doméstica podrían
“ser enviados” a trabajar al exterior mientras que otros miembros conti-
nuarían trabajando en las actividades de la economía local. Esto no nece-
sariamente estaría ocasionado por un diferencial favorable de salarios en
el exterior sino que podría deberse, por ejemplo, a un exceso de fuerza de
trabajo disponible en el seno del hogar en cuestión. Así, esta corriente
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 69
plantea que la unidad de análisis apropiada para el estudio de los movi-
mientos migratorios no es ya el individuo, sino el grupo social (en general,
el “hogar” o la unidad doméstica, aunque también la “comunidad”).
Por último, encontramos enfoques como el del “mercado de trabajo
dual” (Piore, 1979) o la teoría de los “sistemas mundiales” (Wallerstein,
1979) que, generalmente, no se han enfocado en los procesos de decisión a
nivel “micro”, sino que, por el contrario, ponen énfasis en la existencia de
motores estructurales de carácter más amplio para las migraciones. La
primera corriente ha entendido a la migración como un producto de los
requerimientos estructurales de las economías industriales modernas, y
en consecuencia, sugiere que no sería causada tanto por los factores push o
“expulsores” de los países remitentes (bajos salarios o desempleo) como sí
por los factores pull o “atractores” de los países receptores (una necesidad
crónica e inevitable de trabajadores extranjeros). Así, algunos sectores de
la economía requerirían crónicamente de fuerza de trabajo barata y f lexi-
bilizable mientras que en otros esto no sería imperioso. A diferencia de
esta perspectiva, la teoría de Wallerstein, desarrollada por distintos auto-
res para el campo migratológico (Portes y Walton, 1981; Itzigsohn, 1996),
ha considerado a los movimientos migratorios no como una consecuencia
de la bifurcación del mercado laboral en el interior específico de las eco-
nomías nacionales, sino como producto de la globalización económica y
de la penetración del mercado a través de las fronteras de los países. Esta
línea de indagación observa que, a nivel mundial y con el avance capitalis-
ta, la concentración (sobre-representación) de algunos migrantes en cate-
gorías laborales de baja calidad se ha incrementado y su pobre presencia
en los mejores trabajos se ha intensificado (Herrera Lima, 2005). En este
sentido, para esta corriente el movimiento de personas que atraviesan los
límites de los Estados sería una consecuencia del desarrollo de un “mer-
cado mundial” que, a partir del siglo xvi, habría comenzado paulatina-
mente a dar lugar a rupturas y dislocaciones, acompañando el desarrollo
histórico del capitalismo. Dicho de otro modo, la migración internacional
seguiría “a la organización política y económica de un mercado global en
expansión” (Massey et al., 1993: 18). Si bien no podremos extendernos aquí
en un análisis detallado, es preciso decir que en los últimos años esta
corriente ha realizado un número importante de aportes teóricos.1
1 Por ejemplo, a través de los conceptos de transmigración (Pries, 2000) y de transnacionalidad
del espacio social (Macías Gamboa y Herrera Lima, 1997).
70 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Una segunda cuestión que merece atención de nuestra parte es la
que refiere al modo en que ha sido “interpretada” la presencia de extranjeros en
los mercados de trabajo nacionales. Sin duda alguna, la presencia “masiva” de
trabajadores en sociedades distintas a las de nacimiento no resulta un
hecho reciente sino que ha sido rastreado, al menos, hasta el siglo xvi en
muy diversas partes del orbe (Wallerstein, 1979). A pesar de esto, parece
cierto que en las últimas décadas su visibilidad como fenómeno social ha
merecido mayor atención.
Hace ya más de treinta años, Wolf (1982) señalaba que una de las
consecuencias más evidentes de las re-acomodaciones crónicas del mer-
cado era la producción de variaciones en la demanda cualitativa y cuanti-
tativa de fuerza de trabajo. A su entender, esta situación estaba en el
origen de los mercados de trabajo no homogéneos, “segmentados” o “dife-
renciados”. La explicación de fondo se vinculaba al hecho de que, para
sostenerse, el modo de producción capitalista debía necesariamente
recrear de forma periódica cierto “equilibrio funcional” entre capital y
fuerza de trabajo. Al hacerlo, re-creaba también la heterogeneidad de la
fuerza de trabajo, “ordenando jerárquicamente a los grupos y categorías
de trabajadores y produciendo continuamente y re-creando simbólica-
mente marcadas distinciones culturales entre ellos” (Wolf, 1982: 460). El
autor nos mostraba cómo estas dinámicas propias de las reacomodacio-
nes capitalistas se originaban (a la vez que se apoyaban) en categorías de
distinción social:
Por una parte, las categorías de raza sirven primordialmente para excluir
gente de todos, excepto de los más bajos, peldaños del ejército industrial y,
por otra, las categorías étnicas expresan las formas en que esas poblacio-
nes particulares se relacionan con ciertos segmentos del mercado de tra-
bajo. Estas categorías provienen de dos fuentes, una externa al grupo en
cuestión, la otra interna. Según cada porción entra al proceso industrial,
los de fuera pueden categorizarla en términos de supuesto origen y de su
supuesta afinidad con un segmento particular del mercado de trabajo […]
Estas “etnicidades” no son, pues, relaciones sociales “primordiales”. Son
producto histórico de la segmentación del mercado de trabajo bajo el
modo capitalista (Wolf, 1982: 461).
Desde este punto de partida teórico, puede operarse una distinción
entre aquellos enfoques que han abordado la relación etnicidad-trabajo
atendiendo a los fenómenos identitarios que tienen lugar como producto del
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 71
trabajo social entre sujetos simbólicos, y aquellos que han optado por concebir
al ámbito del trabajo como fundamentalmente creado y sostenido a partir de rela-
ciones de interacción étnica. Solo algunos pocos autores (Wallman, 1979;
Bonacich, 1973) han intentado sintetizar ambos enfoques al proponer que
“los sistemas de trabajo pueden ser creados o mantenidos por la etnicidad
y, al mismo tiempo, la etnicidad puede ser un producto de la estructura
del trabajo” (Wallman, 1979: 6).
Aquellos autores que priorizaron el análisis de la relación etnicidad-
trabajo como construcción simbólica y material que tiene lugar alrededor
del hecho del trabajo han entendido a lo étnico como un producto o como
una implicación necesaria de los agrupamientos humanos, en este caso,
relacionada con el hecho de que los sujetos comparten cotidianamente un
mismo ámbito de trabajo y determinadas relaciones de producción.
Autores que han desarrollado este enfoque han sido Bourgois (1989) y,
especialmente, Fenton (1999) quien ha aportado el concepto de “contextos
productores de etnicidad”.
En la vereda de enfrente encontramos a quienes han enfatizado las
características que el trabajo adquiere en tanto ámbito que es sostenido y al cual
se accede a partir de la adscripción étnica. Una particularidad de este énfasis
radica en la comprensión de la etnicidad como recurso previo al que los
actores hasta cierto punto “recurren” para acceder al empleo. De acuerdo
con este enfoque, podría rastrearse históricamente la “etnicización de un
sector o rubro”, lo que estaría en el origen de las relaciones que suelen
establecerse entre ciertas adscripciones étnicas (aunque sobre todo,
nacionales) y determinadas profesiones u oficios en las sociedades actua-
les. Este último caso habría dado lugar a las teorías de los “nichos labora-
les” (Abad, 2002; Arjona y Checa, 2006; Castles y Miller, 2003, Ellis y
Wright, 1999, entre otros) que, en algunos contextos, se identifican con la
sobre-representación de determinados grupos nacionales/étnicos en cier-
tos sectores de la economía (ejemplos cercanos serían la asociación de la
actividad de tintorería a los japoneses, del trabajo doméstico a las mujeres
paraguayas, de los almacenes a los chinos, o de la venta de bijouterie en la
vía pública a los senegaleses).
Nuestro acercamiento buscará situarse en la conf luencia de ambos
enfoques para pensar los modos de relación que suelen suscitarse entre
migrantes y nativos dentro de la industria de la construcción del amba.
72 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Pasemos, ahora sí, al campo y a ver en qué términos se expresan las dis-
cusiones anteriores.2
Expresiones del conflicto en las obras
A continuación, pretenderemos posar una mirada analítica sobre distin-
tos conf lictos que se fueron suscitando entre migrantes y nativos durante
el trabajo de campo en las obras. Si bien un análisis exhaustivo de los roles
y funciones que comprende el proceso de construcción de edificios puede
exceder por mucho lo aquí apuntado, por cuestiones de rigurosidad enfo-
caremos en cuatro actores básicos que siempre se encuentran afectados a
una obra: obreros, capataces, contratistas y jefes de obra.3
Al analizar los roles cumplidos por cada uno de estos actores en
torno a la producción, veremos que la diferenciación entre trabajo manual
e intelectual se traduce en posicionalidades concretas. De este modo, el
conjunto de los obreros será identificado por el resto de los actores con el
despliegue cuasi exclusivo de capacidades físico-corporales. En este sen-
tido, los saberes técnicos que muchos obreros ponen en juego al trabajar
pasarán a un segundo plano o, directamente, no serán considerados.
En oposición a esto, encontramos que ingenieros y arquitectos
(“jefes de obra”) únicamente realizan trabajo intelectual, dedicándose
fundamentalmente a la lectura de planos, la logística de pedido e ingreso
de materiales, la mediación con inversores y dueños de empresas, entre
otras tareas. Los jefes de obra generalmente solo “salen a la obra” una o
dos veces por día, con el objeto de verificar algún avance puntual. El resto
del tiempo lo pasan en un lugar llamado “la oficina”, en donde se ubican
las computadoras e impresoras y, en general, los “papeles” y planos. Esta
diferenciación de espacios de trabajo resulta evidente y es reconocida
por todos, y las oposiciones que mantiene “la oficina” con “la obra” suelen
2 Al principio como Técnico y luego como Licenciado en Salud y Seguridad en el Trabajo, el autor
de este trabajo se ha desempeñado laboralmente en obras en construcción a lo largo de más
de una década. Entre 2006 y 2015, hemos desarrollado tareas de observación–participante en
97 obras distribuidas en distintos puntos geográficos del amba. En el artículo, se incluyen datos
de campo y fragmentos de entrevistas realizadas en esas obras y/o sus inmediaciones.
3 Vale la pena aclarar que existen otros actores que dejamos conscientemente de lado con esta
selección. Así, inversores, dueños de empresas constructoras, calculistas, técnicos en higie-
ne y seguridad, delegados gremiales, entre otros, no serán considerados aquí. El enfoque que
proponemos busca captar las relaciones más “típicas”, que se verifican en la mayor parte de las
obras.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 73
ser notorias (limpieza vs suciedad, orden vs desorden, refugio vs intem-
perie, etc.).
Entre estos dos polos encarnados por jefes de obra y obreros, existen
dos roles “intermedios” en torno a la producción. En primer lugar, encon-
tramos a los “contratistas”. Estos no realizan trabajo manual sino que
básicamente aportan los medios de producción que son utilizados por los
obreros para producir. Su rol fundamental es el mantener una red de con-
tactos con empresas constructoras que les permita estar en “la rueda
laboral”, consistente en garantizar la continuidad del trabajo luego de
finalizada una obra. Dado que, en general, los contratistas prestan sus
servicios en distintas obras de forma simultánea, diariamente deben
recorrer muchas obras, pasando solo una pequeña parte de la jornada en
cada una de ellas. El resto del tiempo, suelen dejar a un capataz o encar-
gado a cargo en cada obra.
El de “capataz” o “encargado” representa el segundo rol intermedio
frente a la producción. Su tarea es esencialmente la de mediar entre el jefe
de obra y los obreros. Una característica central de los capataces es que, en
todos los casos, estos han sido con anterioridad obreros. Es decir, repre-
sentan aquellos casos que podrían ser entendidos como “de movilidad
ascendente dentro de la industria”. Su papel será el de “traducir” en
hechos las indicaciones dadas por el jefe de obra, mediante la dirección de
la producción que realizan los obreros.
En las obras de gran envergadura, es posible encontrar un capataz
general y varios “punteros”, que responden a aquel y que se encargan de
dirigir a las distintas cuadrillas (carpinteros, armadores, albañiles, etc.).
En términos analíticos, el capataz deberá ser capaz de conjugar y de
mediar entre las distintas lógicas (de obreros, contratistas y jefes de obra),
traduciendo a los obreros las indicaciones dadas por arquitectos o inge-
nieros, con el objeto de lograr la realización concreta de las tareas que
hasta entonces solo figuraban en términos potenciales en los planos de
arquitectura. Dado que su labor principal es la de “mediar” y “traducir”,
requerirá, si se nos permite la expresión, de cierta “f lexibilidad sociocul-
tural” para hacerse entender por unos y otros.
Analicemos ahora las distintas relaciones que los obreros en general
(y los migrantes en particular) pueden mantener con cada uno de estos
actores. La clasificación que proponemos simplemente pretende destacar
algunas de las tensiones que existen en las obras y que cotidianamente
74 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
son atravesadas por los sujetos, aunque sin ánimo de agotar las posibili-
dades ni pretender captar todas las dimensiones que cada conf licto en
particular puede hacer conf luir.
Conflictos dentro del grupo de obreros
Acá, sí, se putean, se dicen lo que quieran… pero es un segundo, después a
la media hora se piden disculpas y se cagan de risa, ¿me entendés? Es así,
se cargan de lo que se dijeron, ¿me entendés? Y discuten mal; ponele, por
ahí no se hablan en toda la tarde y después se terminan amigando, ¿viste?
No les queda otra…si acá, en definitiva, el trabajo de la construcción es
como una casa más que vos tenés… es una familia esto, porque vos vivís
más acá que en tu casa. En tu casa, ¿qué estás? Tres horas, cuatro horas
como mucho… cinco horas… te bañás y te acostás a dormir, ¿me entendés?
Y acá convivís desde las siete de la mañana hasta las cinco y media de la
tarde que estás acá, como mínimo…son once horas que tenés que estar con
la gente, ¿me entendés? El que no le caza la onda es porque no quiere… esa
es la viveza de cada uno (Horacio, obrero argentino. Obra de Núñez.
Febrero de 2014).
Las palabras de Horacio señalan algo que se reitera en las obras. En
general, la buena convivencia entre los obreros prima por sobre la conf lic-
tividad. En honor a la verdad, debemos decir que este tipo de situaciones
es la más recurrente y que cualquier altercado entre obreros suele diri-
mirse al poco tiempo. Sin embargo, queremos aquí enfocar en aquellas
situaciones en las que estas solidaridades son puestas a prueba. Nos inte-
resa pensar de qué modos se verifica la disputa en el seno mismo del
grupo de trabajadores.
Si bien es cierto que, cuando hay obreros migrantes y nativos en una
misma obra, estos comparten condiciones similares de explotación, al pre-
guntar a los obreros de forma general por el conjunto de los trabajadores
de la construcción, los obreros señalaron diferencias entre las condiciones
a las que se exponen nativos y extranjeros en términos de “trabajo
decente”.
Una vez quise ir a buscar laburo con ese arquitecto, el judío… y entré a una
obra, y eran todos peruanos… me fui a la mierda… dije: “Este no paga nada”
(“Guampi”, trabajador santiagueño. Obra de la calle Holmberg. Julio de
2013).
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 75
Como señalan las palabras de nuestro interlocutor, suele ser implíci-
ta la idea de que los migrantes limítrofes y regionales aceptan trabajar por
menos dinero, perjudicando con esto al resto de los trabajadores. Una
cuestión a destacar es que, durante el trabajo de campo, esta visión fue
sostenida tanto por argentinos al hablar de los no-nativos como también
“replicada”, por ejemplo, por algunos paraguayos al hablar de bolivianos o
peruanos. Se trata así de una construcción que parece cumplir un doble
papel diferenciador: por un lado, resaltar la diferencia étnica asociada a lo
nacional (y en este sentido, distinguir entre distintas “formas de ser” de
cada grupo nacional); y, por otro, señalar cierto orgullo por sentirse
“gente” que no se deja explotar fácilmente (como sí lo harían otros
trabajadores).
A pesar de lo anterior, y a partir de las entrevistas y del trabajo de
campo, pudimos percibir que las diferentes condiciones de trabajo a las
que se exponían unos y otros no eran pensadas por los sujetos en términos
radicales. Dicho de otro modo, si bien se sostenía la idea de que unos tra-
bajaban por más dinero y otros por menos, todos se reconocían como
trabajadores, situación que se objetivaba en la categoría de “los laburantes”
(asociada al despliegue de trabajo manual). Entonces, todo aquel que tra-
baja con el cuerpo, es un laburante, a diferencia de otros actores en la obra
que no despliegan actividades manuales al trabajar.
Ahora bien, es a la etnicidad (asociada a la nacionalidad) a lo que los
obreros adjudicaban un rol diferenciador al interior del grupo de laburan-
tes. En estos casos, la diferencia étnica (traducida en cierto “modo de ser” y
sistema de valores laborales) se construía a partir del origen nacional, equiparan-
do ciertas nacionalidades a distintos criterios respecto de lo considerado “trabajo
decente”.
Y mirá, las ventajas, por lo general el que viene al país…no es que viene y
busca una aventura…ya siempre viene con algo…en general, viene a la casa
de un familiar…y se adaptan porque son gente…Te puedo decir que en La
Plata, el 97% de los que trabajan en la construcción son todos paraguayos y
son los más buscados… porque son muy trabajadores… Y las mujeres tam-
bién, porque ellas prefieren de empleada doméstica… Si les das a elegir a
los que toman trabajo…por ejemplo, si le ponés a una peruana y a una
paraguaya, siempre toman a una paraguaya… por la responsabilidad…
porque se conoce que van de otros países… yo también tengo un conocido
que lleva gente a trabajar… lleva a un argentino, a un paraguayo… al argen-
tino le tiene que golpear la puerta para levantarlo. Al paraguayo le dijo
76 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
“para las siete”, y está a las siete… es mucho más fácil… Bueno… hay de
todas las clases, ¿no? (Entrevista a Almídes, contratista paraguayo. Obra
Bulnes. Septiembre de 2010).
Como nos muestra Almídes, los distintos grupos nacionales (argen-
tinos, bolivianos y paraguayos, fundamentalmente) sostienen miradas
sobre unos y otros en términos de quién trabaja más y mejor. Algo similar
fue señalado por Vargas (2005), cuando observó que los argentinos eran
vistos por los bolivianos como “vagos”, mientras que los bolivianos, en
oposición, se pensaban a sí mismos como más trabajadores. A diferencia,
entonces, de las observaciones relativas al “trabajo decente relacionado
con la remuneración”, en estos casos, los discursos de nativos hacia
migrantes y de migrantes hacia nativos parecen focalizar en el ritmo y
modo de producir como pauta de diferenciación. Así, los nativos se piensan
a sí mismos como “más inteligentes” y, en general, como más aptos para
la realización de tareas complejas, mientras que los migrantes se piensan
a sí mismos como más trabajadores y dispuestos a sacrificarse más al
producir.
Tanto en el caso de las demarcaciones de diferencia relativas al sig-
nificado del trabajo digno como de aquellas que hablan del ritmo y modo
en que unos y otros producen, entre obreros nativos y extranjeros, las
relaciones suelen manifestarse a través del poder de nombrar (Bourdieu,
1991). Dado que unos y otros ocupan roles subalternos frente a quienes
dirigen el proceso productivo (jefes de obra), las asimetrías de poder solo
se verifican a través de discursos competitivos que buscan adjudicar
características negativas al Otro. Siendo que ningún obrero (migrante o
nativo) tiene la capacidad de accionar concretamente sobre cuestiones
tales como el salario o las condiciones de trabajo de otro obrero, no es
posible para un nativo condicionar más que indirectamente las acciones
de un obrero migrante. Es así que la disputa se expresa a través de formas de
referirse al otro.4
4 De acuerdo con Foucault (2001), los efectos del poder no serían únicamente atribuibles a asi-
metrías relacionadas con los medios de producción, sino también a dispositivos discursivos y
simbólicos que permiten al poder funcionar plenamente. En este sentido, “el poder de nombrar”
de determinados modos a los migrantes (“paraguas”, “bolitas”, o la construcción abiertamente
xenófoba de “boliguayo”) puede entenderse como manifestaciones que buscan marcar una re-
lación de subordinación (aunque no económica, sí simbólica) del nombrado respecto del que
nombra.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 77
Al boliviano, siempre, los paraguas lo denigran, ¿me entendés? Lo mismo
que los paraguas a los argentinos, tampoco los quieren mucho, ¿me enten-
dés? Lo mismo, por la guerra Argentina-Paraguay, lo mismo, ¿me enten-
dés? Pero a los paraguas no les queda más opción que venir a trabajar acá,
porque allá no hay nada y se la tienen que comer sí o sí… Y el trato para con
el argentino es muy malo… te hablan mal, te hablan en guaraní como si
fuera que vos no entendés…y vos le tapás la boca, ¿me entendés? (Rubén,
capataz argentino hijo de paraguayos. Obra de Acevedo. Septiembre de
2014).
Un ejemplo del poder de nombrar se vincula a los discursos minus-
valorizantes que construyen los nativos respecto de los obreros paragua-
yos. Más allá de que efectivamente provengan o no de zonas rurales, los
paraguayos son pensados por los nativos en su conjunto como “gente de
campo”. Los obreros nativos establecen así una relación entre el origen
de estos trabajadores y cierta limitación intrínseca en su capacidad para
“comprender” indicaciones, asociada de modo directo al uso del idioma
guaraní (Del Águila, 2016). Esto se debe a que dicho idioma es considera-
do “indígena”, y suele ser ubicado geográfica y socialmente en alguna
parte del “campo”. Así, resulta corriente que los nativos sostengan discur-
sos minusvalorizantes respecto de los obreros que hablan esta lengua,
como si el hecho de hablarla fuera evidencia de una suerte de “subalterni-
dad intrínseca” de quienes la hablan.
Conflictos entre capataces y obreros
Los capataces son obreros que han ascendido en jerarquía y que, producto
de la experiencia en el sector, reúnen las condiciones para dirigir las cua-
drillas de trabajo. De acuerdo con el escalafón salarial de la Unión Obrera
de la Construcción de la República Argentina (uocra), se los considera
“oficiales especializados”. Esto es central, dado que pensaremos la rela-
ción entre obreros y capataces como una relación que tiene lugar en el
interior de un mismo grupo socioeconómico.
En este caso, y a pesar de compartir orígenes sociales comunes, los
roles productivos diferencian a obreros y a capataces dado que estos últi-
mos sí poseen la potestad de decidir sobre las acciones de aquellos. De
hecho, como prerrogativa fundamental, un capataz puede solicitar al
contratista que despida a un obrero por motivos que considere
valederos.
78 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Yo creo que el paraguayo siempre…ha sido muy buen laburante…muy buen
obrero…sí…a veces surge ese inconveniente de que, como le decía, “por qué
no te vas a tu país, muerto de hambre”; a veces se escuchan esas frases,
pero generalmente no…a mí en una oportunidad…un gran hombre me
habló y me dijo: “Andrés, hacele caso a alguien superior a vos…tenele en
cuenta; ahora, si es inferior a vos, hacé de cuenta que te entra por un oído
y te sale por el otro”… Eso depende de quién provenga, ¿no? (Entrevista a
Andrés, Club Atlético Deportivo Paraguayo. Febrero de 2011).
La relación entre obreros y capataces suele estar signada por un pro-
fundo contraste respecto de lo que unos y otros consideran el ritmo y el
modo adecuado de producir, pero no así respecto del significado del trabajo
decente. En general, un capataz arbitrará los medios frente al contratista
para que este último provea a sus muchachos, entre otras cosas, de guan-
tes, calzado apropiado, ropa de trabajo, etc. También será quien autorice
a los obreros a retirarse más temprano o quien otorgará días libres para
realizar trámites, etc. En general, el capataz buscará que las condiciones
en las que su “gente” trabaja sean las mejores posibles. Recordemos que él
es quien debe negociar con jefes de obra y contratistas distintos acuerdos
referidos a horas pagas, adicionales y demás.
A pesar de lo anterior, la presión que el capataz ejerce sobre los traba-
jadores en relación con el tiempo y la forma en que se hacen las tareas es
inherente a su rol. Un capataz que no presione a su cuadrilla para realizar
las tareas más rápido y mejor tendría poco futuro en la construcción, tal
y como resultan las cosas al día de hoy. Por supuesto, existen grados
implícitos en los cuales esta presión será aceptada o no por los obreros. En
algunas oportunidades, nos tocó presenciar quejas que los trabajadores
efectuaban al contratista en cuanto a que el capataz les pedía cosas impo-
sibles. En algunos casos, esto terminó con la remoción de los capataces
por parte del contratista.
Ahora bien, los capataces que dirigen el trabajo de migrantes pueden
ser o bien otros migrantes o bien argentinos. No hemos encontrado cua-
drillas de trabajo en las que el capataz sea, por ejemplo, boliviano y los
trabajadores paraguayos. En principio, persiste la idea de que los únicos
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 79
que podrían dirigir el trabajo serían o bien los nativos o bien personas de
la misma nacionalidad que los obreros.5
Por el contrario, las veces en que nos tocó presenciar trabajos de
obreros paraguayos a cargo de capataces argentinos, algo de lo anterior-
mente señalado en relación con obreros nativos y migrantes volvía a
hacerse presente. Así, muchas veces, se presentaban serias dificultades
para sostener un proceso comunicativo eficaz entre unos y otros.
Presenciamos un incidente surgido a partir de que un capataz argentino
decidió echar a un obrero paraguayo de una obra, porque “no le entendía
lo que decía”. De acuerdo con el capataz, la situación habría llegado al
punto en que los malos entendidos estaban repercutiendo negativamente
en el avance de la obra. En relación con esto, y puesto que tuvimos la opor-
tunidad de conversar varias veces tanto con el capataz como con el obrero,
podemos afirmar que, más que tratarse de diferencias relacionadas con la
lengua, los problemas entre ambos parecen haber tenido más que ver con
los modos en que uno y otro concebían el trabajo a realizar. De esta forma,
mientras que el obrero paraguayo (recién llegado del Paraguay) pretendía
realizar una tarea de una forma particular (picado de superficie, revoque
y posterior aplicación de silicona), el capataz consideraba que esto debía
ser resuelto de otro modo. En este sentido, lo que terminó por ser inter-
pretado como un problema de comunicación surgido del “mal uso del
castellano” por parte del obrero, en realidad, parece haber tenido más que
ver con visiones distintas sobre el modo y la capacidad del obrero para producir.
A través de esta situación se aprecia aquello que señaláramos referido
a que, en algunas oportunidades, el uso del guaraní es presentado como
“prueba” de inferioridad, como un aspecto de las personas que los torna
menos competentes en general. Si se quiere, el uso del guaraní funciona
como el primer argumento, como la “evidencia más evidente” de las limi-
taciones del Otro para cumplir en tiempo y forma con las tareas asignadas.
En otras palabras, ante un error cometido por un obrero paraguayo, la
primera y más efectiva explicación será aquella que lo culpabilice en tanto
no hablante de la lengua hegemónica y, por lo tanto, en tanto limitado cog-
nitivamente para comprender el modo en que “se hacen bien las cosas”.
5 En los casos en los que el capataz y los obreros son paraguayos, sin duda el manejo del guaraní
configura un recurso para la organización de esa cuadrilla. En este sentido, el idioma compar-
tido será puesto en juego con el objeto de que la cuadrilla trabaje más y mejor. Esto puede
pensarse a partir de la existencia de cierta “solidaridad étnica” entre el capataz y sus trabaja-
dores, dado que un capataz paraguayo jamás marcaría una diferencia cultural en términos
despectivos respecto de sus muchachos.
80 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Conflictos entre obreros y contratistas
Esta relación ya aparece signada por el antagonismo. Sean quienes sean,
obrero y contratista se ubican en lugares distintos del proceso productivo
y de generación y apropiación del plusvalor. Más allá entonces de que sea
o no paraguayo, el contratista poseerá la capacidad concreta de adquirir
la fuerza de trabajo del obrero y de ponerla a su servicio. Su ganancia
proviene pura y exclusivamente del trabajo realizado por los obreros,
dado que él no realiza trabajos que puedan ser considerados
productivos.
Analicemos con más detalle el caso puntual de un contratista para-
guayo, a quien llamaremos Benítez. Luego de muchos años de trabajo
(como obrero primero y como capataz luego), Benítez decidió “ponerse
por su cuenta” y convertirse en contratista de albañilería. Esto le fue posi-
ble gracias a la buena relación que logró cultivar con un arquitecto argen-
tino, quien cíclicamente le encomendaba nuevas obras. Al momento de
entrevistarlo, nos confió que pudo hacer esto gracias a una importante
ayuda económica de su familia, la cual posee aún varias hectáreas de
campo en Ypacaraí y le prestó dinero para comprar trompitos, un guinche
y herramientas para empezar. Su experiencia temprana en la industria de
la construcción de la ciudad le había proporcionado ciertos conocimien-
tos fundamentales (como el de saber leer planos pero, más importante
aún, el de conocer el “panorama” del mercado de la construcción edilicia),
así como ciertos contactos con proveedores. Junto al apoyo financiero de
su familia, esto contribuyó a posicionar en lugares distintos a Benítez y a
los obreros paraguayos que hoy trabajan para él.
Yo con la gente mía no me considero un patrón para ellos…yo me considero
un obrero más y… punto…ahora sí, ahora por lo menos ya no laburo más…
antes laburaba a la par de la gente…ahora por lo que no tengo tiempo,
¿viste?… ahora yendo de un lado a otro no… no puedo laburar, ¿viste?, pero
me paso en la obra… tengo…me gusta. Ponele: un oficial allá en Paraguay,
un oficial bien pago debe estar, ponele,…en los cincuenta mil guaraníes
[hacia 2008]…que vendría a ser… este… como mucho supongamos veinte
mangos, veinte pesos [se refiere al jornal pagado por entre ocho/diez horas
de trabajo]…Entonces, el tipo le paga… le paga valor guaraní…le da la comi-
da; pero, ¿qué es la comida?… Le da un guiso carrero, así, comunacho…
que... ¿cuánto te puede salir…un plato de comida así? Pero allá no hay labu-
ro, eso… vienen porque…Vos, por ejemplo, tenés un laburo, un oficio, labu-
rás tres veces por semana y tenés cuatro cinco chicos que mantener o dos
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 81
pibes que van al colegio… te cagás de infeliz. Es el caso de “Piri” [uno de sus
obreros)]… Yo, por ejemplo, a él, a él le dije bien: “Mirá, yo te pago la misma
plata”… porque primero él estaba trabajando con la otra parte de la gente
[un capataz de albañilería que tiene a cargo otros obreros en la misma
obra]. Yo le daba la plata al tipo los fines de semana y después arréglense
ustedes…que pague a su gente…. No les pagaba, no les pagaba... Y bueno,
un día me viene este [“Piri”] y me dice…”no, no me paga”... Qué sé yo... “que
yo tengo que mandar plata allá”, dice. Entonces con “Piri” hablamos así: me
pidió prestado plata y le digo: “Yo en este momento no tengo”, le digo, “pero
voy a ver si mañana te consigo”. Yo quería ver, cómo es, eh… de qué lado me
la tiró, ¿viste?, el préstamo [se ríe con picardía]... Después me dice…”yo
tengo que mandar un millón seiscientos mil guaraní a Paraguay”, que son
como casi mil mangos… pero le digo…”pero vos no llegás a mil mangos por
mes”. “Sí”, dice, “pero pidiendo acá y allá, y a aquel, llego… porque... este
año se recibe mi hija… y yo me comprometí”’, dice… “todo bien”, le digo… Y
yo le ayudé en unas cuantas cositas, yo le ayudé… pero, después, entonces…
cuando lo veía mal a él… que ya se le venía la noche le digo “mirá, yo te
puedo ofrecer trabajo”, le digo, “pero yo pago 35 mangos… de ocho a cinco,
ganás treinta y cinco mangos por día... si te querés matar, te vas a matar
solo…Pero, entre compañeros se ayudan... y nadie se mata laburando… Yo
no les prohíbo el tereré, no les prohíbo el mate, no les prohíbo nada… lo
único que les prohíbo, en el horario de trabajo es la bebida” … “Ah, bueno,
yo no tomo”... que qué sé yo…”bueno, bueno, está todo bien, pero yo esto es
lo que te puedo decir”… “ta bien, ta bien”. Bueno, la vez pasada me dice:
“Don [Benítez], conseguí un lugar donde me pagan unos manguitos más y
quiero probar”. “Tá bien”, le dije. Me quiso presionar de ese lado…le dije:
“Mirá, si conseguiste algo mejor no hay ningún problema… andá a probar;
si te anda mal, avisame, por ahí yo tengo algo…que… te vuelvo a tomar…”
Bueno… ya la semana pasada laburó dos días… esta semana se fue… está
laburando… recién se fue y quiere juntar esa plata; por eso, no puede por-
que… ni come… por eso yo muchas veces le compraba comida, le tiraba…y
no sé… no sé qué estudio hace el pibe, para qué tanta plata junta. Si vos
tenés un oficio, pero si no… es muy difícil (Entrevista a Benítez, obra
Pumacahua. Febrero de 2008).
A nuestro entender, a lo largo de su conformación como “pequeño
empresario contratista”, Benítez ha desarrollado una mirada contradicto-
ria respecto de sus “paisanos”. En primer lugar, el hecho de extraer su
ganancia a partir de la apropiación del plusvalor producido por sus
82 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
connacionales parece afectar en forma importante su identificación como
“paraguayo”. En relación con esto, Benítez nos transmitió durante las
entrevistas que él se siente “más argentino que paraguayo”. Desde un
punto de vista material, esta representación podría ser pensada como
un correlato simbólico que le permite justificar su situación de explotador
de fuerza de trabajo paraguaya. La elaboración conceptual que realiza
sobre su rol en la cadena productiva de la obra es bastante contradictoria:
considera que él da trabajo a sus connacionales, pero no ve la situación
por la cual su ganancia proviene de la explotación del trabajo de estos.
Claro, si yo veía a la gente… los domingos yo llegaba y veía a la gente que
hablaban…y yo llegaba y todos calladitos, ¿viste? No, y un día lo cacé a uno
y le dije… “a ver, ¿qué pasa? Vos, a ver, vení, ¿qué pasa acá?,¿algún problema
de plata tienen ustedes? Si yo todos los fines de semana la plata la pongo”…
Y no, me dicen… “que la semana pasada no cobré”… Y ahí empezaron a
saltar todos… Y ahí saltó Piri, primero saltó Piri… y ahí le digo: “mirá, yo la
guita la traigo el viernes, si no es el viernes, el sábado a la mañana… Y ahí
empezó a hablar él, y otro, y otro y otro más… y ahí lo cacé, ¿viste? [al pun-
tero de albañiles que él contrataba]. Yo, a partir de todo el quilombo que
tuvo ¿viste?, le pedí la cuenta total de toda la plata [que] le daba a la gente…
“los fines de semana les voy a pagar y voy a ir saldando la cuenta de a
poquito”… Y ahora están todos contentos, ¿viste?, porque estoy adminis-
trando yo… ¿viste?. Les digo:”esto te sobró, se pagó toda la gente… esto es lo
que te está sobrando a vos…”. Y a ese [al puntero] le decía: “si necesitás sacar
gente, sacá, porque hay gente que está boludeando, gente que no te va a
servir, entonces... te va a chupar los jornales…entonces, empezá a sacar
gente…” Y yo… eh… le daba los nombres a quien sacar…pero él no los sacaba,
¿viste?… Pero, bueno, eso ya es problema de él, ¿viste?,… y así laburábamos…
seguimos laburando así (Entrevista a Benítez, Obra de Pumacahua.
Febrero de 2008).
El análisis de este conf licto muestra con claridad las distintas posi-
ciones entre obreros y contratistas, más allá de su origen nacional o ads-
cripción étnica. Claramente, la conf lictividad surge en términos de clase
y en relación con el valor del trabajo. Si bien la nacionalidad sería algo que
Benítez y Piri en principio comparten, Benítez no se adscribe como para-
guayo sino como argentino. Como dijimos, esto le permite posicionarse
menos contradictoriamente frente a la explotación de la fuerza de trabajo
de sus connacionales.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 83
Como contratista, Benítez pretende ser “uno más” de sus mucha-
chos; sin embargo, el resto de los trabajadores no lo ve así. Abiertamente,
llegado el punto, surge el conf licto por el valor del trabajo. Benítez busca
destacar que él se preocupa por la dignidad de sus trabajadores (ya que él
les da el dinero en la mano y “nadie se mata laburando”). Sin embargo, los
obreros no comparten este sentir. Podemos ver que Benítez manifiesta
“verbalmente” un compromiso con la decencia del trabajo de sus obreros
(“no les prohíbo nada, me siento uno más de ellos”). Sin embargo, a dife-
rencia del rol de capataz (quien no tiene potestad directa sobre esto), no
reconoce que la dignidad en las condiciones laborales, en última instan-
cia, depende de él (al otorgarles ropa de trabajo, elementos de protección
personal, etc.).Por otra parte, sostiene disputas con ellos respecto del
ritmo y modo de trabajo (“hay gente que está boludeando y que chupa los
jornales”).
Veamos, por último, el tipo de conf licto en el que se verifica la mayor
distancia social entre los sujetos.
Conflictos entre obreros y jefes de obra
Bajan en Retiro y ahí nomás se van a la 31 y desaparecen, ni documentos ni
nada; no pasan por ningún otro lado, ya se quedan ahí (Jefe de obra
argentino).
Como quisimos mostrar, si bien difícil, es posible para un trabajador
paraguayo convertirse en capataz (y hasta en contratista) en las obras del
amba. Ahora bien, el tipo de relación social que describiremos a continua-
ción se distingue por la absoluta imposibilidad de convertirse uno en otro.
Estaríamos así ante una relación social que se caracteriza por la Otredad
radical entre los sujetos y los roles.
El trabajo de campo en obras nos ha mostrado que es “virtualmente
imposible” que un migrante boliviano o paraguayo trabaje como arquitec-
to o ingeniero. Ser paraguayo en las obras del amba siempre implica ser
obrero, capataz o, a lo sumo, contratista. Sin duda, esta imposibilidad
responde a una estructuración histórica y social profunda por la que, en
84 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Buenos Aires, los ingenieros y arquitectos suelen ser de clase media o
media alta y, con esto, fenotípica y socialmente “blancos”.6
Sí… ha venido alguno, bueno, a decir que se fue a atender a algún centro
público de acá de Argentina; y, bueno…como siempre, “volvé a tu país,
paraguayo”. Eso. Y, bueno, ese tipo de situaciones…muy puntuales; pero…
yo no lo tomaría mucho como referencia, porque…ese tipo de cosas no, no…
no hace a lo general…es poco común. Sí, por ahí te puedo decir, por amigos,
así… el tema de “portación de cara”, ¿viste?, te identifican… el paraguayo,
vos tenés que mirarlo bien, o escucharlo hablar para saber que…y creo que
pasa más por una cuestión de piel…nada más…la ignorancia que trae la
gente (Entrevista a Estanislao, obra de Cerrito. 2006).
En este sentido, para los jefes de obra, los paraguayos se presentarán
como un subgrupo más estigmatizado dentro de la categoría de los
“negros” o “cabecitas negras” (o de su eufemismo en las obras, los “moro-
chos”). Queda sobreentendido con esto que la propia naturaleza del
“negro” implica la imposibilidad absoluta de ser ingeniero o arquitecto.
En caso de serlo, estaría con esto perdiendo su “negritud” social. Es por
esto que las profesiones en la industria de la construcción hablan del lugar
social más que del técnico. Si bien un contratista “negro” puede llegar a
ganar mucho más dinero que un arquitecto empleado por la empresa
constructora, jamás un “negro” estará a cargo del proceso productivo. La
dirección de la obra solo puede descansar en “profesionales, nativos y
blancos”, porque esta dirección significa poder. En otras palabras, no se
deja de ser “negro” simplemente por ganar mucho dinero. Será un requi-
sito subrepticio del cargo de jefe de obra el “no ser negro”, es decir, ser
blanco. Todo aquel que no sea socialmente “blanco” pasará automática-
mente a engrosar las filas de los “cabecitas negras”, tenga o no poder
adquisitivo y sea o no obrero. El único modo posible de ascender social-
mente al cargo de jefe de obra es “blanquearse”, y esto solo se consigue
estudiando ingeniería o arquitectura.
6 Si bien, como mostraran Margulis y Urresti (1999), a diferencia de otros países, las categorías
de raza en Argentina no operan exclusivamente en torno a lo fenotípico, estas han sido rein-
terpretadas y adaptadas al contexto social y cultural para seguir funcionando como discurso
subordinador. Así, los autores se han referido a la “racialización de las relaciones de clase”, pro-
ceso por el cual se tiende a “negrificar” socialmente a ciertas poblaciones con el objeto de que
acepten imágenes sociales distorsionadas y contrarias a sus intereses. Para el caso paraguayo
específicamente, Halpern (2009) ha complejizado esta afirmación hablando de “etnicización
de las relaciones de clase”.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 85
Sí… acá muchas veces se escucha que se les discrimina a los paraguayos
que “ustedes vinieron a acá… sacan todos los trabajos a los argentinos…”.
En la construcción decimos eso, porque la mayoría de los paraguayos tra-
bajamos en la construcción, pero en las quintas, a los bolivianos les dicen
lo mismo… porque lo único que trabajan las quintas son los bolivianos… no
existe otra colectividad que trabaje en las quintas que no sean los bolivia-
nos… por lo menos acá… pero te puedo asegurar que cualquier empresario
que tenga que hacer una remodelación siempre te va a elegir a un paragua-
yo… sin la menor duda (Entrevista a Marcelo, electricista paraguayo. Obra
de Amenábar. Agosto de 2007).
Está de más decir que esta clasificación social sirve para subalterni-
zar y jerarquizar a las personas, dado que posee correlatos concretos en la
distribución de los espacios reservados a unos y otros. Así, al contraste al
que ya referimos entre “oficina” y “obra”, deben agregarse diferenciacio-
nes de otros espacios humanos. Por ejemplo, los baños de obreros y jefes
de obra suelen ser distintos (uno caracterizado por la suciedad y el otro
por la pulcritud), y lo mismo sucede con los espacios destinados a la
alimentación.
Con excepción de los días de asado, jefes de obra y obreros no
almuerzan en el mismo lugar. En general, los trabajadores comen en un
“comedor”, que puede ser improvisado o no, pero al que rara vez ingresará
nadie que no sea obrero.
Fue una investigación que hizo Página 12 allá por fines de los ochenta; y
yo recuerdo que en aquella entrevista hicieron entre las preguntas: “¿Está
de acuerdo con que su hija se case con un paraguayo?”. Y en las clases
populares como que no había problema, había una valoración, porque el
paraguayo es trabajador; pero en las clases medias para arriba sí, ahí
aparece la subestimación cultural: el paraguayo quedó estereotipado
como el albañil y la doméstica…Ese es un claro problema de la sociedad
argentina, no solo con los paraguayos, sino con sus propios provincianos;
es terrible eso. Hoy en día, sigue estando vigente y es terrible. Por eso
digo, eso como negativo. No tenemos la discriminación racial pero sí la
subestimación cultural –encasillado en albañil o doméstica–; entonces, si
alguien aspira a más, a profesional, ya no piensa en paraguayos en su
imaginación. Después, si se conoce un paraguayo y se gana..., bueno, se
va integrando ¿no?; pero en forma personal se lo van ganando eso.
Dificultad [también es] el idioma; y hace a la subestimación… El
86 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
paraguayo se come las eses; entonces, a la vista de la clase media el para-
guayo es un bruto, un ignorante o es medio tontito inclusive, aparente-
mente en esa mirada; y ... yo pienso, después de conocer también a mi
gente, a lo mejor al principio yo pensaba lo mismo como citadino.
Mezclándome con nuestros campesinos, yo me di cuenta de que es al
revés: mucho más rápido piensa, no habla mucho, habla lento pero piensa
muy rápido; por una cuestión de supervivencia y adaptación, para no
meter la pata, se calla y te mira. Por lo general, un porteño de clase media
piensa que, bueno, le está dando vueltas, le están enroscando; y el otro no
entiende nada. Pero el campesino –y hablo del campesino específicamen-
te– está pensando dos jugadas más en el ajedrez de la comunicación. Eso
lo descubre uno en la complejidad del ser paraguayo, ¿no? (Entrevista a
Miguel, periodista paraguaya y miembro de una organización social
paraguaya de La Matanza. Febrero de 2011).
Presenciamos también un conf licto bastante importante entre un
obrero paraguayo y el jefe de la obra de Acevedo. El obrero reclamaba un
monto no pagado, dado que había realizado tareas en balancines, y esto
debía considerarse como un adicional en el salario. Fue una discusión por
dinero. Uno argumentaba que se había pactado el pago de una suma
determinada por la realización del revoque exterior de unas vigas con el
balancín. El asunto es que el obrero argumentaba que el pacto era por
metros lineales y el jefe de obra que era por metros cuadrados. El obrero
decía: “Mañana traigo la cinta y vamos a medir todo, todo, todo”. El jefe
de obra afirmaba que se había pagado lo convenido y que no correspondía
ningún reclamo.
A nuestro entender, el problema surge justamente a partir de que el
arreglo fue (como tantos otros en la construcción) “de palabra”, con lo cual
no existía ningún papel firmado. La amenaza de la patronal era: “Bueno,
después de esto, yo no sé si te vuelvo a llamar para otro laburo”. Y el recla-
mo del obrero era: “Yo tengo familia que atender y me llevó mucho tiempo
hacer el laburo”. Los motivos de la discordia pasaban, para uno y otro, por
la ruptura del pacto tácito de confianza. Una vez que el obrero se retiró, el jefe
de obra se descargó con nosotros:
Estos paraguas, les das la mano y te agarran el codo… ¿viste cómo me
habló?¿Qué soy yo, paisano suyo? (Facundo, jefe de obra Acevedo. 2014).
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 87
Consideraciones finales
A lo largo de las páginas precedentes pudimos ver que los conf lictos entre
migrantes y nativos en las obras pueden ser pensados como producto de
una serie de “tensiones” o “contradicciones” que exceden al origen nacio-
nal y que atraviesan al conjunto de los sujetos que allí se congregan. En la
mayor parte de los casos que pudimos presenciar, y dejando momentá-
neamente de lado las cuestiones salariales, estas “tensiones” no resulta-
ban de otra cosa más que de la conf luencia de distintas miradas respecto
de dos cuestiones fundamentales: el significado del trabajo decente (o las
valoraciones respecto del trabajo aportado por unos y otros) y el ritmo y
modo de la producción (o las condiciones de generación y apropiación del
plusvalor). Si entendemos que, por un lado, estas miradas se encuentran
ancladas en relaciones sociales objetivas caracterizadas por la asimetría y
la desigualdad y que, por otro, dichas relaciones sociales poseen una
dimensión cultural, parece posible analizar los distintos tipos de conf lic-
tos en una obra en términos de relaciones “interculturales” entre los roles.
Estas cuestiones nos fueron enfrentando al ciertamente complejo
intento de separar analíticamente “clase social”, “etnicidad” y “nacionali-
dad” en el ámbito concreto de las obras en construcción del amba. En
concordancia con lo señalado por Wolf (1982) para otros contextos, sostu-
vimos que, en las obras, las relaciones sociales de producción inciden
sobre los modos en que se reconfigura lo étnico. Así, ciertas adscripciones
étnicas son interpretadas de modo subordinado a otras. A partir de esto,
se identificaba a determinados grupos sociales exclusivamente con la
venta de fuerza de trabajo (y con la imposibilidad correlacionada de par-
ticipar de la producción en tanto ingenieros o arquitectos, por ejemplo).
En este primer sentido, entonces, la etnicidad era re-creada o re-imagina-
da en las obras con la finalidad de subordinar: el Otro es tal a partir de su
origen geográfico y social (el campo) y su origen nacional (un país limítro-
fe y más “empobrecido”, como Paraguay o Bolivia).
A través de ello, ciertas disposiciones sociales relativas a la clase serán
imaginadas por los empleadores como “esencias” compartidas por los
obreros por el mero hecho de ser migrantes. Se trata así de una etnicidad
(re)creada en torno a la producción, una etnicidad adjudicada y proyecta-
da sobre ellos que desconoce, entre otras cuestiones, prácticas demarca-
torias que distinguen a los propios migrantes entre sí.
88 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Una cuestión que sostuvimos en relación con esto se vincula a que
dicha “invención” de lo étnico por parte del empresariado le significará a
este importantes ahorros. Entonces, por provenir del campo, pero además
por ser extranjeros limítrofes, la subalternidad de estos sujetos será con-
siderada prácticamente un hecho del orden natural (y, con esto, legítimo),
posibilitando que el empresariado considere más justificado desenten-
derse en lo que concierne a sus derechos y garantías laborales.
También indagamos en las rivalidades y los comportamientos discri-
minatorios que son construidos en torno de las diferencias étnicas y
nacionales dentro del grupo de trabajadores. Siguiendo a Bourdieu (1984),
y en relación con la discusión anterior, la interiorización de las estructu-
ras significantes genera “hábitos”, entendidos como sistemas de disposi-
ciones, esquemas básicos de percepción, comprensión y acción. Los
hábitos son a su vez estructurados (por las condiciones sociales y la posi-
ción de clase) y estructurantes (generadores de prácticas y de esquemas
de percepción y apreciación). Estas dos dimensiones del habitus constitu-
yen lo que Bourdieu denominó “estilo de vida” (Bourdieu, 1984). A partir
de estos lineamientos, y si bien puede pensarse que los obreros en su
conjunto comparten prácticas culturales, sensibilidades y estilos de pen-
samiento distintivos (García Canclini, 1999), el habitus compartido no
siempre da lugar a solidaridades entre nativos y extranjeros. Esto parece
deberse a que una parte del discurso hegemónico sobre los migrantes
atraviesa a todos los argentinos de una obra, desde obreros hasta ingenie-
ros y arquitectos. Entonces, y si bien, como un todo, los obreros se distin-
guirán de aquellas personas que no desarrollan tareas manuales en la
industria, esto no impedirá que se diferencien también de sus pares
extranjeros en cuestiones relativas a la dignidad y la decencia en el
trabajo.
Como quisimos mostrar, muchas veces los conf lictos se mantienen
en estado latente, ya que ello permite que el proceso productivo se desa-
rrolle con normalidad. Sin embargo, de tanto en tanto, surgen altercados
que logran expresar lo que verdaderamente piensan unos de otros. En
estos casos, los conf lictos adquieren la forma de “hechos sociales totales”,
en los que se entremezclan antagonismos de clase y diferenciaciones étni-
cas y nacionales. De hecho, en más de una oportunidad, ciertos conf lictos
vinculados a antagonismos de clase terminan por ser interpretados en clave étni-
ca, como si se tratase de conf lictos relacionados a distintos “modos de ser”.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 89
De forma paralela, la diferenciación entre los trabajadores migrantes
y el jefe de obra, los arquitectos y otros nativos que cumplen roles no
manuales en la industria se basará en la interpretación de una diferencia
“inconmensurable”. Esta disposición se construirá tanto en términos
étnicos y nacionales como de clase. Aquí, sin duda, cobrará sentido aque-
llo que refiere a la interpretación de la nacionalidad en términos de clase. Así,
desde el punto de vista de los jefes de obra, nativos y “blancos”, los traba-
jadores migrantes vienen porque “en sus países se mueren de hambre y
entonces vienen acá y… por lo menos, tienen para comer” (Conversación
con Julio, capataz argentino. Obra de Av. Corrientes, Abril de 2012). Aquí lo
étnico y lo nacional, de forma conjunta, adquirirán connotación de clase.
Esto, sin duda, habilita a una serie de preguntas y cuestiones que
solo en parte pudimos abordar aquí. En primer lugar, porque estos pro-
cesos trascienden ampliamente los portones de chapa de las obras, atra-
vesando toda la sociedad y el mercado de trabajo argentino. A pesar de
ello, y en resumidas cuentas, la industria de la construcción se yergue
actualmente como un espacio laboral donde la (re)producción de
diferencias resulta particularmente evidente. Queda mucho aún por
investigar en relación con esto.
90 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Bibliografía
Abad, Luis (2002), “Trabajadores inmigrantes en las economías avanzadas. La
paradoja de la demanda adicional en mercados con exceso de oferta.” En: II
Congreso sobre la inmigración en España. La inmigración en España. Granada,
Universidad de Granada.
Arango, Joaquín (2003), “La Explicación Teórica de las Migraciones: Luz y
Sombra” Migración y Desarrollo, 1, pp. 11-34.
Arjona, Ángeles y Juan Carlos Checa (2006), “Economía étnica. Teorías conceptos
y nuevos avances.” Revista Internacional de Sociología, 64, pp. 117-143.
Bonacich, Edna (1973), “A theory of middleman minorities”. American Sociological
Review, 38: 5, pp. 583-594.
Borjas, George (1990), Friends or Strangers: The Impact of Immigrants on the U.S.
Economy. New York, Basic Books.
Bourdieu, Pierre (1984), El espacio social y la génesis de las clases. [Mimeo].
––––– (1991), Language and symbolic power. Oxford, Polity Press.
Bourgois, Philippe (1989), Ethnicity at work: divided labor on a Central American
Banana Plantation. Londres, The John Hopkins University Press.
Castles, Stephen y Mark Miller (2003), The Age of Migration: International Population
Movements in the Modern World (3rd ed.). Nueva York, Palgrave Macmillan.
Del Águila, Álvaro (2016), “The hummingbird and the brikcs: re-creation of eth-
nicity among Paraguayan workers in the construction industry in Buenos
Aires”. Latin American and Caribbean Ethnic Studies.
Edelstein, Lorena (1999), “El chiste y la exclusión: aproximación sociológica a los
chistes discriminatorios”. En: Mario Margulis y Marcelo Urresti, La segrega-
ción negada. Cultura y Discriminación social. Buenos Aires, Biblos.
Elías, Norbert (2003), “Ensayo acerca de las relaciones entre establecidos y foras-
teros”. Revista Española de Investigaciones Sociológicas (Reis), núm. 104.
Ellis, Mark y Richard Wright (1999), “The industrial division of labor among
immigrants and internal migrants to the Los Angeles economy.” International
Migration Review, 33, pp. 26-54.
Fenton, Steve (1999), “Ethnicity, Racism, Class and Culture”. En: Steve Fenton,
Ethnicity and the Modern World: Historical Trajectories. London, Macmillan,
Cap 1, pp. 28-60.
Demarcación y conflicto entre migrantes y nativos... | págs. 65-92 91
Foucault, Michel (2001), Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Madrid,
Alianza.
García Canclini, Néstor (1999), La globalización imaginada. Buenos Aires, Paidós.
Halpern, Gerardo (2009), Etnicidad, inmigración y política. Representaciones y cultu-
ra política de exiliados paraguayos en Argentina. Buenos Aires, Prometeo.
Harris, John y Michael Todaro (1976), “Migration, Unemployment and
Development: A Two-Sector Analysis”. American Economic Review 60 (1), pp.
126-142.
Herrera Lima, Fernando (2005), Vidas itinerantes en un espacio laboral transnacio-
nal. México, uam.
Itzigsohn, José (1996), “Globalization, the State, and the Informal Economy: The
Limits to Proletarianization in the Latin American Periphery,” En: Patricio
Korseniewicz and William Smith (eds.), Latin America in the World Economy.
Westport (CT), Greenwood Press.
Lewis, William Arthur (1954), “Economic development with unlimited supplies of
labour”. Manchester School of Economics and social studies, 22, pp. 139-191.
Macías Gamboa, Saúl y Fernando Herrera Lima (1997), Migración laboral interna-
cional: transnacionalidad del espacio social. México, Universidad Autónoma de
Puebla.
Margulis, Mario, Marcelo Urresti y otros (1999), La segregación negada. Cultura y
discriminación social. Buenos Aires, Biblos.
Massey, Douglas et al (1993), “Theories of International migration. A Review and
Appraisal”. Population and Development Review, 19, pp. 431-466.
Piore, Michael (1979), Birds of Passage. Migrant Labor and Industrial Societies.
Cambridge, Cambridge University Press.
Pries, Ludger (2000), “Una nueva cara de la migración globalizada: el surgimien-
to de nuevos espacios sociales transnacionales y plurilocales”. Trabajo, 3.
México.
Portes, Alejandro (2007), “Migración y Desarrollo: Una revisión conceptual de la
evidencia”. En: Stephen Castles y Raúl Delgado-Wise (coords.), Migración y
desarrollo: perspectivas desde el sur. México, Porrúa.
Portes, Alejandro y Raúl Delgado Wise (2006), “Un diálogo transatlántico: el
progreso de la investigación y la teoría en el estudio de la migración interna-
cional.” En: Alejandro Portes y Raúl Delgado Wise, Repensando las Migraciones.
México, Porrúa.
92 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Portes, Alejandro y John Walton (1981), Labor, Class, and the International System.
New York, Academic.
Portes, Alejandro y Min Zhou (1993), “The New Second Generation: Segmented
Assimilation and Its Variants”. Annals of the American Academy of Political and
Social Science 530 (1), pp. 74-96.
Sassen, Saskia (2003), Los espectros de la globalización. Buenos Aires, FCE.
Stark, Oded (1991), The migration of labor. Oxford, Blackwell.
Stark, Oded y David Bloom (1985), “The new economics of labor migration”.
American Economic Review, 75.
Taylor, John Edward (1986), “Differential migration, networks, information and
risks”. En Stark, O. Migration, human capital and development. Greenwich, JAI
Press.
Vargas, Patricia (2005) Bolivianos, paraguayos y argentinos en la obra: identidades
étnico-nacionales entre los trabajadores de la construcción. Buenos Aires,
Antropofagia.
Wallerstein, Immanuel (1979), El moderno sistema mundial. La agricultura capitalis-
ta y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Madrid, Siglo XXI.
Wallman, Sandra (1979), Ethnicity at Work. London, Macmillan.
Wolf, Eric (1982), Europa y la gente sin historia. México, FCE.
Dossier
Educación y trabajo
Educación y trabajo | págs. 95-106 95
Recibido:noviembre de 2017 | Publicado: diciembre de 2017
Educación y trabajo
Presentación
Ana Miranda
Introducción
El estudio del vínculo entre la educación y el mundo del trabajo forma
parte de una tradición de investigaciones focalizadas en los procesos de
cambio y reproducción de la estructura social. En su interior, conf luyen
trabajos que expresan perspectivas teóricas y metodológicas diversas que
abrevan en amplias problemáticas sociales, integrando un campo con
gran densidad de debates, vasta producción y vocación de transferencia
hacia las áreas de políticas públicas y el sector social.
La intensidad de producciones y nudos problemáticos construidos
en el marco de esta tradición hace difícil plantear una versión única res-
pecto de un canon que demarque los contornos de este campo académico.
Por esta razón, la presentación de este dossier expresa la visión de quien
lo firma, su experiencia generacional grabada en un conjunto de historias
institucionales aprendidas sobre la base de lecturas, investigación e
intercambios.
Ana Miranda es Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(conicet)-Argentina. Se desempeña como Coordinadora Académica de la Maestría en Estudios y
Relaciones del Trabajo flacso-umet.
96 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
A través de la historia de la educación, es posible reconstruir que,
desde principios de siglo veinte, el vínculo entre la educación y el mundo
del trabajo se planteó en las corrientes que impulsaban la educación
industrial, las cuales sostuvieron el rol de la formación en el aporte al
desarrollo manufacturero1 de los países. Se trataba de una propuesta de
carácter político y pedagógico que se expresó en distintas propuestas y
formatos educativos. A partir de los años 40, en un contexto de democra-
tización de la estructura social y de consolidación del proceso de indus-
trialización por sustitución de importaciones (isi), esta relación entre la
formación técnica y profesional y el mundo del trabajo se articuló en la
creación de un conjunto de instituciones destinadas a la educación obre-
ra, entre ellas la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación
Profesional (cnaop) en Argentina (luego Consejo Nacional de Educación
Técnica – conet–), el Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (senai)
en Brasil y, en años posteriores, el Servicio Nacional de Aprendizaje (sena)
en Colombia (Dussel y Pineau, 1995).
En el ámbito universitario, los análisis del vínculo entre la educación
y el trabajo tuvieron distintos antecedentes, desde la perspectiva de la
sociología estructural funcionalista de los 50 (Parsons, 1976), hasta
la escuela del capital humano. En efecto, en el contexto de las corrientes
que enfatizaban la idea de “modernización”, comenzaron a desarrollarse
las investigaciones de la corriente del capital humano desde la perspectiva
de la economía. Los primeros estudios que se focalizaron en el aporte de
la educación al crecimiento económico de los países desde una mirada
comparada dieron lugar a una nueva agenda focalizada en la planifica-
ción educativa y su vínculo con el desarrollo económico (Schultz, 1985).
Las investigaciones sobre la performance laboral de las personas y su
relación con el nivel educativo alcanzado abrieron también un espacio
novedoso, caracterizado por las metodologías cuantitativas y economé-
tricas. Como parte de este proceso, la educación adquirió el fundamento
de inversión al desarrollo y la movilidad social (Becker, 1983).
Los años 60 fueron el escenario de una agenda de importantes estu-
dios críticos, hoy convertidos en obras clásicas de la sociología y la
1 En Argentina, por ejemplo, los proyectos de Magnasco y Saavedra Lamas relacionados con la
creación de las secundarias técnicas y comerciales dan cuenta de este movimiento. Una re-
flexión muy interesante sobre estos proyectos fue realizada por María Antonia Gallart en el
discurso que pronunció al integrarse como miembro de la Academia Nacional de Educación.
Educación y trabajo | págs. 95-106 97
economía de la educación y del trabajo. Estos estudios dieron un fuerte
impulso a la producción latinoamericana y continúan teniendo una gran
inf luencia en la producción regional. Intentando realizar una síntesis de
las temáticas, es posible señalar que, desde el punto de vista escolar, los
trabajos cuestionaron, sobre todo, la neutralidad de las instituciones edu-
cativas que planteaba la perspectiva estructural funcionalista y dieron
cuenta del aporte de la educación en la construcción del capital simbólico
que sostiene los procesos de reproducción de la estructura ocupacional,
en dirección a hacer evidentes los mecanismos por los cuales se garanti-
zaba la perdurabilidad del modelo de producción capitalista. Desde el
punto de vista del trabajo, dieron el debate sobre la heterogeneidad y
segmentación del mercado laboral, plantearon el estudio de los filtros en
los modelos de contratación en los distintos segmentarios laborales y
analizaron la pérdida relativa del poder obrero en los espacios laborales
generada por el proceso de cambio tecnológico.
Sobre mediados de los 70 y promediando los años 80, la tendencia
hacia la desestructuración del régimen industrial transformó amplia-
mente el contexto económico y social, modificando los temas centrales de
interés. En este período, las producciones del campo se centraron en el
análisis de las tendencias a la desocupación, la precariedad y la vulnera-
bilidad del sector del trabajo y su vínculo con la educación. En América
Latina, la producción crítica de la sociología de la educación fue amplia,
planteando temáticas sobre segmentación escolar y elaborando un para-
digma sobre el carácter político de la ampliación educativa. Por esos años,
se expandió, asimismo, un conjunto de obras críticas –inf luidas sobre
todo por los trabajos de Braverman (1974)–, particularmente las de
Gaudencio Frigotto y Vanilda Paiva, entre otros colegas concentrados en
el proceso de trabajo, la descualificación y la pérdida del poder obrero
frente al cambio tecnológico.
En los años 90, por primera vez, se hizo evidente que el aporte de la
educación al desarrollo social e individual podía ser inestable e incluso
contradictorio de los cánones vigentes. Los trabajos de María Antonia
Gallart y María de Ibarrola documentaron estos puntos paradojales, que
se verificaban en los denominados procesos de “inf lación de credencia-
les” o “sobrecalificación” de aquellos años. Las investigaciones sobre la
formación profesional y la educación tecnológica formaron parte también
del núcleo central de producciones en esta etapa, aún en un contexto de
reformas de orientación neoliberal. Las investigaciones de Víctor Manuel
98 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Gómez Campo, Claudia Jacinto, Marcia Leite y Graciela Riquelme eviden-
cian estas preocupaciones, las cuales incluían también discusiones sobre
las características de los programas de empleo y recalificación laboral que
se expandían como parte de las políticas de contención al ajuste. En este
punto, los debates sobre la certificación de aprendizajes no escolares, el
diseño de programas a través de la definición de competencias y la pro-
gramación de acciones estatales diseñadas sobre la base del concepto de
empleabilidad permearon los muros universitarios generando fuertes
controversias. En la zona sur de la región, los estudios críticos sostuvieron
un debate radical con esa conceptualización, apuntalando la noción de
saberes socialmente productivos, en dirección al reconocimiento a las
prácticas de los sectores populares no reconocidas en los medios educati-
vos (Puiggrós y Sollano, 2009).
Las transformaciones de esos años implicaron la innovación asocia-
da a la especificación de las edades en el estudio de los vínculos entre la
educación y el mundo del trabajo. La expansión del campo de la sociología
de la juventud tuvo un impacto significativo en los estudios sobre educa-
ción y trabajo, no solo en temáticas, sino también en producción concep-
tual y orientación metodológica. Desde el punto de vista temático, se
presentaron nuevos debates relacionados, entre otros aspectos, con la
incertidumbre y los procesos de individuación, la subjetividad laboral de
las personas jóvenes, la precariedad y vulnerabilidad en las primeras
inserciones laborales y la inactividad educativa y laboral (luego converti-
da en el acrónimo NiNi). Desde el punto de vista conceptual y metodoló-
gico, las nociones de transición(es), trayectorias y carreras integraron la
dimensión temporal y biográfica, incorporando una tradición de estudios
que había caracterizado a la demografía social.
Durante los años 2000, se produjo una modificación sustantiva de
los ejes de investigación, en un contexto de crecimiento económico y
expansión de la protección social. Luego de más de dos décadas de afron-
tar crisis económicas y problemáticas del sector externo, los países de la
región retomaron la senda del crecimiento, desarrollando distintas estra-
tegias de programas y políticas basados en el paradigma de la protección
social. El crecimiento económico y el avance de la protección social gene-
raron el incremento en la matriculación escolar y una significativa baja de
la desocupación. Las transformaciones dieron lugar a una gran produc-
ción y se vieron ref lejadas en el Panel Educación, formación y protección
social para un mejor futuro del trabajo del VIII Congreso de la Asociación
Educación y trabajo | págs. 95-106 99
Latinoamericana de Estudios del Trabajo. De forma particular, la presen-
tación de Daniel Filmus hizo hincapié en que, durante los años 2000, en
la región se había verificado crecimiento económico y redistribución de
las riquezas, generando un ciclo virtuoso entre la educación y el mundo
del trabajo. Por otro lado, Lais Abramo presentó un estudio sobre los efec-
tos de los programas de protección social en las condiciones de vida de
los/as jóvenes en América Latina. Claudia Jacinto expuso sobre un modelo
conceptual de análisis para programas de protección social. La exposición
de María de Ibarrola mostró un esquema conceptual que resumió su
importante trayectoria de trabajo. En su conjunto, el Congreso ref lexionó
sobre la centralidad del trabajo y los cambios recientes que imponen una
agenda de nuevos desafíos conceptuales. Los textos que integran este
dossier formaron parte del Congreso de Buenos Aires y evidencian la
vitalidad y amplitud del campo.
Estrategias metodológicas
Las estrategias metodológicas de los estudios sobre educación y trabajo
tienen antecedentes de distinto orden. Por un lado, las investigaciones de
orientación estructural funcionalista y econométrica se desarrollaron a
partir de las metodologías cuantitativas, intentando dar cuenta de proce-
sos macrosociales y también individuales centrados en los impactos de
los diplomas educativos sobre las ocupaciones. En general, estos estudios
trabajan sobre fuentes secundarias producidas por organismos públicos
de estadísticas, y algunos también lo hacen con fuentes propias. Los cen-
sos de población y viviendas y las encuestas de hogares son las fuentes
más utilizadas por su solidez y representatividad.2
A partir de los años 90, cuando la tecnología comenzó a permitir el
procesamiento de información en computadoras personales –al principio
muy lentas–, las investigaciones alcanzaron una nueva potencia.
Comparaciones sobre actividad, salarios y desocupación respecto del
nivel educativo, así como acople o desacople entre oferta y demanda labo-
ral se convirtieron en análisis de coyuntura dentro de esta tradición de
trabajo.
2 Las estadísticas públicas representan una fuente imprescindible en el campo de los estudios
del trabajo. Distintos/as colegas abordan sus especificidades y problemáticas en paneles par-
ticulares en los congresos de la Asociación.
100 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Desde la misma opción metodológica, es decir a partir de la utiliza-
ción de herramientas metodológicas cuantitativas, una serie de obras de
carácter crítico propone analizar los procesos de reproducción de la
estructura social con un enfoque y una conceptualización diferenciada.
Los estudios críticos que cuestionan los supuestos de la teoría del capital
humano intentan investigar los efectos reproductivos que se generan
como efecto de la meritocracia en el mercado de trabajo (efecto “pantalla”
de la estructura social). Desde esta tradición, se elaboraron una serie de
conceptos, entre ellos el efecto fila, que cuestiona el rol de la educación
en contextos de desocupación.
Entre las obras que apelan a visiones macro, sobre todo de orienta-
ción neo-marxista, el análisis de tendencias generales asociadas al modo
de producción y su reproducción es dominante. Formando parte de una
tradición vinculada a la elaboración teórica y al análisis del discurso, los
estudios se centran en el estudio de la superestructura, a partir de la inves-
tigación documental, el análisis de los textos de programas y políticas
sociales, así como de grupos de opinión y actores políticos de relevancia.
Las investigaciones que trabajan mediante el desarrollo de métodos
cualitativos focalizan las experiencias de los/as actores/as, sus subjetivi-
dades y prácticas en espacios geográfica y culturalmente situados. La
producción analítica sobre biografías, biografización, procesos de indivi-
duación, movimientos sociales y resistencias, así como las construcciones
contemporáneas sobre los procesos de segregación territorial muestran la
riqueza de una tradición que pondera las particularidades locales a la
hora de estudiar la vinculación entre la educación y el mundo del
trabajo.
Una modalidad particular y que identifica a quienes se interesan por
las trayectorias laborales está vinculada a los estudios longitudinales o de
seguimiento de cohortes, los cuales se desarrollan sobre la base de méto-
dos cuantitativos y cualitativos. Entre los primeros, hay investigaciones
que trabajan con datos secundarios, identificando paneles según la rota-
ción de las encuestas de hogares. Hay también estudios que desarrollan
sus bases de datos propias, aunque con gran dificultad por los requeri-
mientos de financiamiento. Entre aquellos que se proponen sobre la base
de métodos cualitativos, existen significativos avances y colaboración
entre equipos para el diseño de muestras novedosas y abarcativas de dis-
tintas regiones geográficas. En su conjunto, representan un aporte singu-
lar al análisis de las temporalidades y sus efectos en las transiciones entre
Educación y trabajo | págs. 95-106 101
la educación, el mundo del trabajo o la actividad de cuidados en relación
con los procesos de estructuración social.
Intercambios
La actividad de intercambio académico es una de las particularidades del
campo de estudios sobre educación y trabajo en América Latina. La pues-
ta en marcha de la Red Latinoamericana de Educación y Trabajo ciid-
cenep en 1989, coordinada por María Antonia Gallart y posteriormente
por María de Ibarrola, marcó un punto de inf lexión aun en tiempos
en donde la comunicación dependía todavía del correo postal. La Red, en
donde participaron investigadores/as de distintas perspectivas, tuvo tam-
bién vigencia a través de la Creación de redEtis en 2004, bajo la coordina-
ción de Claudia Jacinto y el auspicio de iipe-unesco, que tiene continuidad,
pero enfocada hacia el análisis de experiencias e implementación de
programas. En los últimos años, y como parte de esta tradición, se fundó
la Red Latinoamericana de Transición Educación-Trabajo, gracias al
apoyo de un proyecto LASA-FORD. Se trata de una red colaborativa que,
afirmada en los servicios de intercambio virtual, se abocará a la difusión
de los trabajos, intercambio teórico y resultados de investigación de equi-
pos regionales y que se encuentra abierta a la participación de los colegas
interesados.
La Asociación Latinoamericana de Estudios del Trabajo (alast), par-
ticularmente sus congresos, dio marco al intercambio y la producción
conjunta del conocimiento sobre las temáticas de educación y trabajo. El
seguimiento de las actas de los congresos permite observar la evolución
de los debates, las temáticas predominantes y las personas que fueron
construyendo la tradición desde el primer encuentro en 1996.
Respecto de las temáticas y debates, en el Primer Congreso de la
Asociación, el Grupo de Trabajo tuvo la denominación de “Educación y
Trabajo” e interpeló la formación profesional, las políticas públicas, el
análisis de cualificaciones, la acción sindical y la perspectiva de los traba-
jadores frente a la formación. Las temáticas de formación profesional
fueron predominantes.
El Segundo Congreso, que se realizó en Buenos Aires en 2000, contó
con la participación de numerosos equipos, en el marco del Grupo de
Trabajo coordinado por María Antonia Gallart. Se presentaron ponencias
sobre una gran amplitud de temáticas, tales como formación profesional,
102 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
cualificaciones, competencias, credencialismo. Entre los temas paradig-
máticos de las presentaciones, se destacaron los análisis de los procesos
de reforma estructural y la crisis de la sociedad salarial. Y dentro de las
temáticas novedosas, sobresalieron los estudios sobre inserción ocupacio-
nal de grupos particulares, entre ellos jóvenes y estudiantes universitarios
de distintas disciplinas (principalmente ingenieros), temáticas que luego
adquirirán gran vigencia.
El Congreso de 2003, que se realizó en La Habana, contó con una
amplia e intensa participación de investigadores/as del campo. Si bien no
fue tan masivo como el del año 2000, se estructuró en jornadas de trabajo
que permitieron un gran intercambio. Durante las sesiones, coordinadas
por María de Ibarrola, se presentaron trabajos relacionados con economía
solidaria, competencias y normas de competencias, recesión económica y
reestructuración productiva, inserción laboral de jóvenes, egresados de la
educación superior, credencialismo. Como temáticas novedosas, se des-
tacaron los estudios sobre representaciones sociales y de transición
educación-trabajo.
En el año 2007, y en el marco del V Congreso de Sociología del
Trabajo en Montevideo, la convocatoria se realizó a partir del Grupo de
Trabajo “Formación y Empleo”. En los registros de ponencias sobresalen
las temáticas de formación para el trabajo desde la perspectiva de la inclu-
sión social, las trayectorias laborales, la inserción profesional de jóvenes,
el rol de las subjetividades, la formación en el ámbito empresarial y el
gerenciamiento. Entre los temas nuevos, se encuentran estudios sobre
identidades y precariedad laboral.
El siguiente Congreso se realizó un año después de lo planificado,
en la Ciudad de México. En las secciones, organizadas por Alfredo
Hualde y María de Ibarrola, se propuso el análisis de las temáticas sobre
competencias laborales, educación y aprendizaje. Las exposiciones fue-
ron numerosas y desarrollaron distintos tópicos sobre formación profe-
sional (sus sentidos y pertenencias), competencias, inserción laboral
juvenil, representaciones y trayectorias laborales. Como parte de lo
nuevo, hubo presentaciones sobre género, movimientos sociales y enfo-
ques metodológicos sobre estudios de corte longitudinal.
En el Congreso de 2013 en San Pablo, se registró una actividad cen-
trada en la sociología de las profesiones en un Grupo de Trabajo coordi-
nado por Marta Panaia y un Forum sobre juventud, educación y trabajo a
Educación y trabajo | págs. 95-106 103
partir del cual se empezó a generar la actividad del Congreso 2016. Como
resultado, la Revista Virajes Nº 16 de la Universidad de Manizales publicó
numerosas ponencias en el primer número de 2014, que también se ref le-
jaron en el Nº 33 de la Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo (relet)
en 2015.
La reunión de Buenos Aires, donde se celebró el último Congreso
alas, organizó los debates en 4 Grupos de Trabajo, en los cuales se presen-
taron 65 ponencias relacionadas con las temáticas de Educación y Trabajo.
Los títulos de los grupos de trabajo representaron las líneas principales de
las intervenciones: 1) Transiciones juveniles a la adultez: experiencias y
trayectorias laborales; 2) Desigualdades, educación y trabajo: tensiones
y paradojas en la inclusión de jóvenes y adultos; 3) Políticas públicas y
juventud: experiencias y desafíos en la inserción laboral de jóvenes; 4) Los
saberes del trabajo en organizaciones y movimientos sociales, en el traba-
jo informal y en el autoempleo en Latinoamérica. Los artículos del presen-
te dossier dan cuenta de cada una de las temáticas abordadas, de la
pluralidad de miradas y de la madurez del campo en América Latina.
Artículos del dossier
El presente dossier sobre Educación y Trabajo presenta artículos elabora-
dos por colegas de distintos países de América Latina. Las producciones
forman parte de las distintas tradiciones teóricas que dialogan en el
marco de los Congresos de alas, interpelan temáticas diferenciadas y
exponen diversas aproximaciones metodológicas.
Lo descolonizador en los saberes del trabajo: una aproximación desde una
experiencia de autogestión, de Anahí Guelman y María Mercedes Palumbo,
expresa la tradición crítica sobre aprendizajes y saberes a través del aná-
lisis de la experiencia de una cooperativa de trabajo en el Gran Buenos
Aires. Basadas en un proyecto de investigación desarrollado mediante
entrevistas, las ref lexiones parten del supuesto de que el trabajo constitu-
ye un espacio permanente de aprendizaje y de que, mediante la práctica
de la autogestión, se construye una pedagogía descolonizadora que desa-
fía las formas que adquiere el trabajo en el capitalismo. Al mismo tiempo,
propone otros modos de relacionarse con la producción y el consumo. En
las conclusiones, se debate sobre las tensiones y contradicciones de los
proyectos, señalando los desafíos que enfrentan los proyectos cooperati-
vos en contextos de producción mercantil.
104 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira: avanços, tensões, límites,
de Carla Corrochano, Helena Abramo y Lais Abramo, presenta la expe-
riencia de la construcción de una Agenda y un Plan de Trabajo Decente
para la Juventud, desarrollado en Brasil en el período 2009-2016. Se trata
de la puesta en marcha de un conjunto de acuerdos tri-partitos que pro-
ponen la ampliación de las políticas de empleo y juventud en dirección al
paradigma de derechos y de protección social. El artículo destaca tres
puntos de la Agenda: 1) la conciliación entre escuela, trabajo y vida fami-
liar, sobre todo en el caso de las mujeres; 2) la cuestión de los jóvenes que
no se encuentran trabajando o estudiando (mal llamados NiNi); 3) la cali-
dad del empleo joven, dando el debate sobre el tema de la informalidad.
El texto deja ver las tensiones y conf lictos que plantean los distintos acto-
res del diálogo social, los cuales expresan opiniones divergentes sobre
la condición juvenil, el proceso de escolarización, la jornada de trabajo la
informalidad. Las conclusiones señalan que el proceso de construcción de
la Agenda se ha interrumpido en el marco del proceso de reforma de la
legislación laboral y el cambio de orientación de la política social del
actual gobierno nacional. El registro de la experiencia desarrollada forma
parte del acervo para el desarrollo de políticas de juventud inclusivas.
Inserción laboral y mercados de trabajo en jóvenes universitarios en León,
de Gustavo Garabito, expone un análisis sobre las experiencias laborales de
estudiantes universitarios en México que parte de una revisión de
datos estadísticos secundarios sobre la situación educativa y laboral de las
personas jóvenes en Guanajuato. El texto presenta luego un estudio reali-
zado sobre la base de cuestionarios referidos a trayectorias laborales
aplicados a estudiantes de las cinco universidades con mayor demanda en
la Ciudad de León. Los cuestionarios son de carácter cualitativo, explora-
torio, no tienen representación estadística y permiten apreciar la tensión
del vínculo de la educación con el mundo del trabajo durante los estudios
universitarios. Las conclusiones proponen que las primeras inserciones
laborales son eventos clave para el futuro en cuanto a la construcción de
trayectorias de largo plazo.
Por último, Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): análisis de
la intensidad, calendario y secuencia de eventos de transición, de Verónica
Filardo forma parte de la tradición de estudios longitudinales, focaliza-
dos en el curso de vida. Analiza los resultados de las Encuestas Nacionales
de Adolescencia y Juventud de 2008 y 2013 en Uruguay. El análisis está
centrado en las transiciones a la vida adulta de jóvenes entre 25 y 29 años
Educación y trabajo | págs. 95-106 105
de edad de dos cohortes poblacionales. Sus resultados hacen evidentes
distintos procesos que forman parte de las tendencias contemporáneas
de la juventud: la postergación de la edad de salida del sistema educativo,
la disminución de las brechas de género y región de residencia (sobre todo
entre las personas de ingresos medios y altos), el retraso en el ingreso al
mercado laboral.
106 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Bibliografía
Becker, Gary (1983), El capital humano: un análisis teórico y empírico referido funda-
mentalmente a la educación. Madrid. Alianza.
Braverman, Harry (1974), Labor and Monopoly Capital: The Degradation of Work in
the Twentieth Century, New York, Monthly Review Press.
Dussel, Inés y Pablo Pineau (1995), “De cuando la clase obrera entró al paraíso: la
educación técnica estatal en el primer peronismo. Discursos pedagógicos e
imaginario social en el peronismo (1945-1955)”. En: Adriana Puiggrós y
Sandra Carli (dir.), Discursos Pedagógicos e Imaginario Social en el Peronismo (1945-
1955). Buenos Aires, Galerna, pp.107-173.
Parsons, Talcot (1976), “Las funciones sociales de la clase escolar”. En: Alain Grass
(comp.), Sociología de la educación. Textos fundamentales. Madrid, Narcea.
Puiggrós, Adriana y Marcela López Sollano (2009), Saberes socialmente productivos.
Educación, legado y cambio Contribuciones al debate. México DF, unam, pp. 23-37.
Schultz, Theodore William (1985), Invirtiendo en la gente. Buenos Aires, Ariel.
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 107
Recibido: septiembre de 2016 | Publicado: diciembre de 2017
Lo descolonizador
en los saberes del trabajo: una
aproximación desde
una experiencia de autogestión
Anahí Guelman
María Mercedes Palumbo
Resumen
En este artículo se indaga el carácter descolonizador de los aprendizajes y saberes
involucrados en un proceso de trabajo autogestivo-cooperativo en la Interbarrial
de Esteban Echeverría. El supuesto de partida sostiene la existencia de una estrecha
vinculación entre trabajo y pedagogía que inscribe a los ámbitos de trabajo en movi-
mientos sociales como parte de las pedagogías descolonizadoras latinoamericanas.
A partir de la investigación realizada, se presentan tres grandes dimensiones de cons-
trucción de saberes en el trabajo: una dimensión de carácter técnico, una de carácter
político y, por fin, otra de carácter subjetivo. En el cruce de estas tres dimensiones y
Anahí Guelman es Doctora en Ciencias de la Educación y Licenciada en Ciencias de la Educación por la
Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como Profesora a cargo de la Cátedra de Pedagogía de la
carrera de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras de la uba y de Metodología de
la Investigación del Profesorado en Ciencias de la Educación (unpa-uaco). Es Profesora de la Maestría
en Educación. Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas (ff yl, uba) e investigadora del
Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación (iice) de la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires.
María Mercedes Palumbo es Doctora en Ciencias de la Educación, Magíster en Educación.
Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas y Licenciada y Profesora en Ciencia Política por
la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como Profesora de Teoría Política Contemporánea
y del Seminario de Investigación sobre la Práctica Docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la
Universidad de Buenos Aires. Es Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas (conicet) e investigadora del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación iice)
de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
108 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
una serie de problemáticas identificadas se despliegan contradicciones que, en al-
gunos casos, abonan al componente descolonizador. Este artículo analiza esa tra-
ma y busca elucidar la operatoria del trabajo productivo como principio pedagógico
cotidiano.
Palabras clave
Trabajo. Pedagogía. Movimientos Sociales. Descolonialidad.
Abstract
This article is aimed at inquiring into the decolonizing nature of the learning and
knowledge construction in a cooperative and self-managed labor process in the
Interbarrial of Esteban Echeverría. The starting assumption is the existence of a close
linkage between labor and pedagogy that places the productive entrepreneurships in
social movements as part of the Latin American decolonizing pedagogies.
As a result of this study, three main aspects concerning knowledge construction at the
labor process are addressed: a technical aspect, a political one and, lastly, a subjecti-
ve aspect. These aspects can be analyzed from the framework of a series of problem
areas identified in the study in which contradictions contribute, only in certain cases,
to the decolonizing nature of these pedagogies. This article analyzes that interwea-
ving and seeks to elucidate the performance of productive labor as a quotidian peda-
gogical principle.
Key words
L abor. Pedagogy. Social Movements. Decoloniality.
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 109
Introducción
El presente artículo socializa algunos de los avances del trabajo de campo
realizado en el proyecto ubacyt “Prácticas descolonizadoras y formación
para el trabajo en los movimientos sociales” que problematiza las dinámi-
cas de aprendizaje y de construcción de saberes y conocimientos en expe-
riencias productivas de movimientos sociales. El objetivo general de esta
investigación radica en contribuir a la caracterización de las dinámicas de
aprendizaje y construcción de saberes y conocimientos en experiencias
productivas de movimientos sociales en el marco de condiciones alterna-
tivas a los modos de trabajar y producir hegemónicos.
Particularmente, aquí se indaga el carácter descolonizador de los
aprendizajes y saberes involucrados en un proceso de trabajo autogestivo-
cooperativo en el Movimiento Nacional Campesino Indígena (mnci) de
Buenos Aires y, específicamente, la Interbarrial de Esteban Echeverría. La
Interbarrial de Esteban Echeverría se presenta como una instancia de
discusión, de intercambio y de articulación del trabajo político y produc-
tivo en cuatro barrios populares del Partido de Esteban Echeverría, ubica-
do en la región suroeste del Conurbano bonaerense. Cada uno de estos
posee emprendimientos productivos que fueron alentados desde la orga-
nización colectiva en centros comunitarios: cooperativa textil y criadero
de pollos en el centro “Los Sin Techo”, cooperativa de dulceras y conservas
en “Los Gurises”, cooperativa de dulceras en “Remolines” y cooperativa de
serigrafía y de producción de pan en el centro “Altos”. Consideramos que
la Interbarrial de Esteban Echeverría es un caso particular en tanto su
ubicación geográfica es urbana pero su participación en el armado nacio-
nal del mnci le permite dialogar y llevar adelante postulados propios de
lo campesino y lo indígena tales como la soberanía alimentaria, la
agroecología, la reforma agraria integral. Estas particularidades implican
un aporte potencialmente sustantivo a los procesos descolonizadores y
también a los procesos de trabajo.
Partimos del presupuesto de la existencia de una estrecha vincula-
ción entre trabajo y pedagogía, de la creencia que el trabajo es un espacio
permanente de aprendizaje. El trabajo se vuelve principio formativo en el
cotidiano; entonces, los procesos de formación en los ámbitos productivos
autogestivos de los movimientos sociales pueden formar parte de lo que
denominaremos las “pedagogías descolonizadoras” latinoamericanas. El
supuesto se vincula a que, en estos proyectos productivos de carácter
colectivo, se presenta una concepción amplia de trabajo, alejada de
110 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
parámetros e intereses de acumulación, en la que se establecen vínculos
que distan de la relación salarial.
La noción de pedagogías descolonizadoras posee su génesis en el
diálogo teórico entre los aportes del enfoque descolonial (Lander, 2000;
Mignolo, 2007; Quijano, 2000) y perspectivas complementarias que se
inscriben en el pensamiento crítico del Tercer Mundo, como las de Paulo
Freire (2002, 2006, 2011). Lo descolonizador busca dar cuenta de otros
modos de construcción de saberes en el ámbito de los movimientos socia-
les y apunta a la posibilidad de deconstrucción de un patrón de poder
hegemónico. Si bien existen algunas aportaciones a las pedagogías desco-
loniales (Walsh, 2009; Díaz, 2010) que giran alrededor de su capacidad de
permitir comprender críticamente la historia contribuyendo a los proce-
sos emancipatorios y a resquebrajar epistemes coloniales, es interés de
este proyecto abordar específicamente cuáles son los términos en los que
lo descolonizador se pone en juego en las prácticas concretas de produc-
ción autogestiva y sus potencialidades y límites para alojar lo
descolonizador.
A partir del trabajo de campo realizado, se identificaron tres grandes
dimensiones de construcción de saberes: una dimensión de carácter téc-
nico, una de carácter político y, por fin, otra de carácter subjetivo. Se
describen y analizan estas dimensiones. A su vez, se cruzan con una serie
de problemáticas que se encontraron: a) la problemática de género,
teniendo en cuenta la presencia mayoritaria de mujeres en los proyectos
productivos; b) las divisiones de tareas dentro del productivo, donde dia-
logan saberes estratégicos (la contabilidad, la búsqueda de proyectos de
financiamiento) y saberes técnicos vinculados a la elaboración del pro-
ducto donde se pone en juego la tensión entre concepción y ejecución; c)
las relaciones entre lo político y el trabajo –o lo productivo– en tanto el
proceso de trabajo se inscribe en la dinámica mayor del movimiento de
pertenencia; d) las vinculaciones entre lo individual y lo colectivo en tér-
minos de los aportes de saberes individuales y de la potencialidad forma-
tiva del colectivo; y e) las articulaciones entre lo campesino y lo urbano en
una experiencia productiva que busca apelar y recuperar “saberes del
campo” en militantes de los barrios periféricos del Conurbano
bonaerense.
En el cruce de estas tres dimensiones y estas problemáticas se des-
pliega una cantidad de contradicciones que abonan a la construcción de
saberes en algunos casos descolonizadores y en otros no. Este artículo
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 111
indaga esa trama y busca desentrañar cómo opera el trabajo productivo
como principio pedagógico en esa construcción
La estrategia general metodológica del proyecto de investigación es
cualitativa y se orienta a la exploración empírica y la generación concep-
tual. Las fuentes de información utilizadas combinan el material biblio-
gráfico de los autores pertenecientes al enfoque descolonial junto con el
material de campo producto de las observaciones de las experiencias
productivas y las entrevistas a sus integrantes.
Pedagogía y trabajo
Sostuvimos en la Introducción y en varios trabajos anteriores (Guelman,
2015; Guelman y Palumbo, 2015) la estrecha relación entre el trabajo y los
procesos de formación: el trabajo es un espacio permanente de aprendiza-
je. En este sentido, resituamos el trabajo como principio educativo. Para
Gramsci (2009), el trabajo se constituye en principio educativo porque, en
el proceso de trabajo, el trabajador articula su acción, su pensar, aprende
modos y técnicas para operar y sus fundamentos y vincula este saber
sobre el trabajo con las relaciones en que se produce. El trabajo enlaza los
saberes acerca de la naturaleza de la que el hombre es parte, los saberes
acerca de la sociedad y, fundamentalmente, de sus leyes, de los derechos
(orden legal que regula la vida de los hombres entre sí); y por ello es prin-
cipio educativo, porque integra estos saberes en su proceso. De allí su
importancia y potencial pedagógico.
En rigor, para Gramsci, a quien tenemos de referente en este sentido,
lo pedagógico no se restringe a lo escolar o a lo específicamente educativo,
sino que se desarrolla atravesando la sociedad (Ouviña, 2015). Todas las
relaciones sociales que se constituyen como relaciones de hegemonía
(relaciones entre clases, entre gobernantes y gobernados, entre partidos y
militantes, entre patrones y trabajadores, etc.) son relaciones pedagógi-
cas. Se trata de “praxis” que combinan vivencias, sentires y saberes., El
trabajo es una praxis específica que articula en el cotidiano la reproduc-
ción de la propia vida y de la vida social. Según se consolide su dirección,
las relaciones de hegemonía que allí se construyan también variarán (no
mecánicamente, como toda construcción hegemónica).
En la Interbarrial de Esteban Echeverría con la que trabajamos, así
como en las organizaciones y movimientos populares en general, el traba-
jo se desarrolla a través de proyectos productivos colectivos, autogestivos,
112 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
cooperativos, vinculados a la economía social, alejados del empleo. En
ellos, la praxis suele ser, al mismo tiempo, laboral y política, y, como lo
vimos recién, simultáneamente educativa. En muchos casos, los cambios
en los sistemas socio-productivos que vienen desarrollando estas organi-
zaciones y movimientos populares ponen a los trabajadores frente a nuevas
responsabilidades y tareas dentro y fuera del proceso productivo y, por lo
tanto, en la necesidad de apelar a nuevos conocimientos y saberes. Los
trabajadores no solo aprenden a realizar nuevas tareas sino que, además,
comienzan a vincular el trabajo con la lucha por el mismo y con el contex-
to en el que esta lucha se lleva a cabo (Caracciolo Basco y Foti Laxalde,
2003; Guelman, 2015; Seoane, 2004). Las formas de funcionar y gestionar-
se tienen un carácter diferente a las de las empresas o emprendimientos
de la economía tradicional y a las lógicas del empleo, ya que se trata de
autogestión, cuentan con saberes productivos que los trabajadores portan
–con saberes populares que empiezan a ser utilizados y puestos en valor–
y desarrollan nuevas relaciones sociales y productivas que distan de los
valores hegemónicos.
La producción, la cultura del trabajo y los modos de resolución de la
economía social o solidaria plantean la necesidad de construir una cultu-
ra y hábitos de trabajo entre iguales que implican responsabilidad, auto-
disciplina, debates, asambleas, discusiones, posicionamientos,
establecimiento de consensos y respeto por los acuerdos, en un contexto
que emite otras señales. La relación entre pares –en lugar de las relacio-
nes asalariadas–, la pertenencia compartida de medios de trabajo, el
carácter colectivo del trabajo y la autodeterminación en la toma de las
decisiones implican, de hecho, una experiencia de construcción de poder
diferente, que pone en práctica una pedagogía otra del poder (Ouviña,
2015; Rebellatto, 2009). Por eso, en los proyectos productivos que colecti-
vizan la propiedad y la toma de decisiones, cambian las relaciones de
producción y se incorporan explícitamente el carácter social y cultural del
trabajo y la producción; así, lo pedagógico (el principio educativo del tra-
bajo) se torna prefigurativo, anticipando en el presente las características
de una sociedad emancipada.
Nos interesa particularmente el valor pedagógico que tienen estas
concepciones amplias de trabajo puestas en práctica en los proyectos pro-
ductivos porque, en su mismo accionar cotidiano, transforman el discur-
so en materialidad. Los proyectos efectúan una crítica al capitalismo
como modo de producción, pero en el accionar mismo, en el hacer
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 113
cotidiano. Se trata de una crítica muy específica, porque se encarna en las
formas de producir que llevan adelante, un modelo opuesto al hegemóni-
co. En estas situaciones concretas, materiales y cotidianas, los trabajado-
res palpan y vivencian la desmedida ambición por la acumulación y
reproducción del capital y sus efectos en la destrucción del hombre (alie-
naciones varias y exclusión) y del planeta.
La pedagogía prefigurativa y emancipatoria que el trabajo producti-
vo autogestivo y colectivo desarrolla tiene para nosotros potencialidad
descolonizadora. En primer lugar, porque desafía y cuestiona las lógicas
modernas clásicas de producir: las relaciones salariales como formas úni-
cas básicas organizadoras del trabajo y la vida social en el capitalismo. En
segundo lugar, porque, en ocasiones, revaloriza saberes ausentes y desle-
gitimados por la modernidad. Y, en tercer lugar, porque recupera fuerte-
mente el valor de lo colectivo frente al de sujeto aislado y preeminente y el
de lo comunitario, como formas posibles de nuevas construcciones socia-
les democráticas.
Aun cuando en el capitalismo las formas de producir que parecen
desafiarlo están articuladas o subsumidas por el capital (Quijano, 2010),
no dejan de evidenciar que hay otros modos posibles de producir, de vin-
cularse y hasta de consumir. Sin embargo, la evidencia no es automática
ni lineal. Requiere ser trabajada. En su desarrollo, se presentan las contra-
dicciones y tensiones que muestran al mismo tiempo la resistencia de un
modo hegemónico de vida, un patrón de poder y la potencialidad de desa-
fiarlo en su propio seno.
Una aproximación al análisis de los saberes
del trabajo en clave descolonial
A partir de las consideraciones esbozadas en relación con el trabajo como
principio formativo, en esta sección avanzamos con una caracterización y
análisis de los saberes del trabajo que sistematizamos a partir de nuestra
vinculación con los emprendimientos productivos de la Interbarrial de
Esteban Echeverría.
La Interbarrial desarrolla los siguientes proyectos productivos en los
centros comunitarios de los cuatro barrios en los que está emplazada:
cooperativa textil y criadero de pollos en el centro comunitario “Los Sin
Techo”, cooperativa de dulces y conservas en “Los Gurises”, cooperativa de
dulces en “Remolines” y cooperativa de serigrafía y de producción de pan
114 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
en el centro “Altos”. Para mirar y analizar los procesos de formación en
estos proyectos productivos y su relación con prácticas pedagógicas des-
colonizadoras, ordenamos los saberes a partir de tres dimensiones surgi-
das de las observaciones y las entrevistas del trabajo de campo: saberes
técnicos, políticos y subjetivos.
Una primera dimensión formativa remite a los saberes asociados
directamente a la experiencia de la producción, al “saber hacer” que esta
implica, que cuestiona los modos de la producción capitalista asalariada.
Identificamos al menos tres tipos de saberes técnicos que se ponen en
juego en estos proyectos de producción: saberes estratégicos que orientan
la comercialización de lo producido, el sacar “los números” (llevar la con-
tabilidad) para obtener ganancia y establecer un precio justo y la obten-
ción de financiamiento por parte del Estado u otras organizaciones
locales, regionales o mundiales; saberes de carácter técnico-productivo
específicos, según las características del productivo, que se relacionan
con el aprender a elaborar el producto particular que nuclea al proyecto
(aprender a calcular las proporciones de ingredientes del dulce, a cortar
tela en la cooperativa textil, o a detectar enfermedades en la cría de
pollos); y, finalmente, saberes producto de una formación en sentido
estricto, brindada por organismos estatales (en el marco del PROHuerta y
de otros programas dependientes del Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria), por la propia Interbarrial de Esteban Echeverría (organi-
zación de talleres internos de economía social, talleres de producción en
campamentos y jornadas de organización colectiva del trabajo, así como
el dictado del Taller de Orientación Laboral gestionado por el Ministerio
de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación) o por el mnci (pasan-
tías, Escuela de Agroecología).
Una segunda dimensión relativa a los saberes compete a los aprendi-
zajes político-organizativos que cuestionan los modos de la política con-
vencional. A nivel del emprendimiento productivo, lo político se vincula
con la forma de organización de la producción: división de tareas y repar-
to de las ganancias con criterios democráticos, lógica asamblearia, vincu-
lación con el centro comunitario y el barrio, intercambio de saberes,
construcción de un colectivo de producción. Empero, la inscripción de los
emprendimientos productivos en el contexto del mnci-Buenos Aires tam-
bién convoca saberes políticos en tanto, desde estos productivos, se parti-
cipa en la dinámica militante de la organización. Asimismo, lo político
reaparece en su pertenencia al mnci –como encuadre nacional– ya que los
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 115
proyectos productivos son parte de una organización mayor (de una orga-
nización de segundo grado) con la que articulan a través de pasantías,
procesos e instancias que combinan la formación política y técnica.
Una última dimensión refiere a los saberes subjetivos. Si bien el
grupo de personas que integran estos emprendimientos se reúnen con un
fin productivo, en el saber-hacer técnico se van forjando vínculos inter-
subjetivos al irse conociendo, sintiéndose cómodos y compartiendo histo-
rias de vida, necesidades y problemas de la vida cotidiana. Lo subjetivo, a
su vez, remite a la posibilidad de los sujetos de sentirse tales, de portar
saberes, de enseñar, de ser capaces de cambiar, de dar lugar al pensar y al
sentir aun en espacios laborales. Es necesario reconocer la importancia
que tiene la inserción en un colectivo para esta construcción subjetiva que
permite y estimula la criticidad y potencia lo subjetivo individual.
A continuación, se presentan los tres tipos de saberes del trabajo
enunciados en las prácticas de producción autogestiva de la Interbarrial
de Esteban Echeverría desde la perspectiva de la puesta en juego del par
conceptual “lo colonizador-lo descolonizador”. Siguiendo los postulados
de Walsh (2009) y Díaz (2010), en sus esfuerzos por conceptualizar las
pedagogías en clave descolonial, asumimos a lo descolonizador en
las prácticas de producción autogestiva como los elementos emergentes
que resquebrajan las epistemes coloniales. En este sentido, consideramos que
los saberes1 constituyen un nudo fundamental del par colonizador-desco-
lonizador en los términos de los saberes legitimados para circular en
determinados ámbitos y de los sujetos pasibles de enunciar, enseñar y
compartir dichos saberes legitimados.
Se parte de la necesidad de una mirada de estas experiencias como
“en proceso”, o que “están siendo”, al construirse en el cotidiano de la pra-
xis y en el marco de una realidad compleja que genera potencialidades y
límites en las posibilidades de alojar lo descolonizador en las prácticas
concretas. En este sentido, más que optar por una categorización binaria
de estas experiencias como descolonizadoras o no descolonizadoras, se
pretende indagar en los claroscuros de procesos inconclusos donde es
posible la convivencia de lo colonizador y lo descolonizador.
1 Nuestra concepción acerca de los saberes, tal como se desprende de este artículo y de nuestra
clasificación, excede ampliamente la consideración de la información y su uso y abarca no solo
capacidades, sino que toma en cuenta modos de vida y construcciones subjetivas. El saber se
considera en términos gnoseológicos.
116 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Para ello, se identificaron en el trabajo de campo cinco problemáticas
que cruzan –potenciando y tensionando– los tres tipos de saberes: a) la
problemática de género; b) las divisiones de tareas dentro del productivo;
c) las relaciones entre lo político y el trabajo; d) las vinculaciones entre lo
individual y lo colectivo; e) las articulaciones entre lo campesino y lo
urbano.
Lo colonizador y lo descolonizador en los saberes técnicos
Las trabajadoras de los proyectos productivos –porque casi todas son
mujeres– reconocen distintos ámbitos y dimensiones en los que dan,
enseñan y también aprenden los saberes técnicos: el intercambio en la
producción, los cursos específicos que realizan, las pasantías en el marco
del movimiento nacional de pertenencia (mnci).
En estos intercambios, se rescata una memoria de saberes: saberes
del campo, saberes de origen, saberes ancestrales que se resignifican
cuando se despliegan en un nuevo contexto periurbano:
Sí, algunas cosas vienen de ahí, después lo otro es ponerse, más averiguar;
y ahí estuvimos con las compañeras, discutiendo y viendo cómo lo pode-
mos hacer, digamos, recoger esas experiencias que todos traemos, diga-
mos... Para ella, eso era su vida: el campo, la cría de los animales, las
plantas, los cultivos; entonces, cómo rescatamos algo de eso en este espacio
inclusivo que tenemos acá, que es parte de nuestra identidad también, ¿no?
Eso es lo que decíamos. Entonces, de ahí nace lo del productivo; y tenemos
que empezar a ver cuestiones técnicas del manejo de un galpón cerrado, de
los conejos y las gallinas, porque acá sueltos, digamos, no tienen lugar, los
agarran los perros; entonces, cómo íbamos a hacer. Entonces, ahí surgen
más los problemas, y también las enfermedades, porque no es lo mismo el
campo [en] que hay mucho menos enfermedades que acá. Entonces, nece-
sariamente lo que pasó ahí... las compañeras tuvieron como que prestar
atención e ir viendo otras cuestiones que en el manejo del campo de ellas
no, no estaban. Entonces, tuvimos que, eso, ir viendo, pensando y capaci-
tándonos a ver cómo lo íbamos a hacer. Ahí está, ahí está la cuestión, diga-
mos... del saber de animales, de cómo ellas lo manejan, eso es… (Entrevista
productivo de Cría de Pollos “Los Sin Techo”, 2013).
Los saberes del sur son rescatados y puestos en valor. Desde sus ini-
cios, la organización se caracterizó por la centralidad otorgada a
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 117
lo productivo, la orientación del trabajo hacia las personas jóvenes, las
mujeres y los niños y la valoración de la cultura popular que los migrantes
suelen “olvidar” en la terminal de ómnibus que los trae a la gran ciudad y
que es rescatada en el trabajo y la producción: la cría de animales, los
modos de cocinar, los hábitos de consumo, las maneras de compartir
los saberes y la experiencia, hasta la relación con la tierra. En este sentido,
una memoria de saberes del campo convive con una memoria de saberes
urbanos que se encuentra con los saberes de otros y con nuevos saberes
técnicos. Nos resulta de particular riqueza este encuentro que recupera
saberes y muestra la potencia del encuentro entre lo viejo y lo nuevo, entre
lo esencial y lo que fueron construyendo. Hay un camino descolonizador
que no se queda en la historia y muestra perspectivas. En este rescate, se
produce la re-unificación subjetiva en la que los sujetos y sus saberes son
valorados y se ponen en cuestión las relaciones de poder-saber colonial.
Por otro lado, tal como ya fue planteado, el modo como se recuperan,
socializan y comparten saberes con el colectivo es uno de los aspectos más
interesantes para pensar desde una perspectiva descolonizadora. Lo
colectivo en sí mismo confronta con el valor de lo individual como factor
central y organizador de una perspectiva capitalista y liberal. Pero, en este
caso, además, entronca y acarrea algunas perspectivas de la organización
campesina ligada al trabajo colectivo: la economía campesina es una eco-
nomía colectiva porque la unidad productiva es la familia, la economía es
familiar (lo familiar es el ámbito colectivo donde se desarrolla la vida y el
trabajo). También puede hacer referencia a lo comunitario como caracte-
rística de las formas de organización indígena, que, si bien no es sinóni-
mo de colectivo, requiere de lo colectivo como rasgo central.
El hecho de que la mayoría de las integrantes de los productivos sean
mujeres, poseedoras de esos saberes técnicos a enseñar (hacer el dulce,
costurar, criar los pollos) nos lleva a cuestionarnos por qué los hombres no
participan de los proyectos productivos. En general, ellos trabajan fuera
de los barrios. Algunas características de los productivos, como el trabajo
a demanda y la escala de producción, que en estos mismos proyectos se
deciden y definen, parecieran empujarlos a garantizarse un ingreso “afue-
ra”. Si bien aún no estamos en condiciones de respondernos, nos pregun-
tamos por la relación existente entre este posicionamiento de la mujer, su
rol productivo, y la construcción de una pedagogía descolonizadora en la
que la mujer recupera su independencia y construye un espacio de debate,
de trabajo y hasta de satisfacción y, entre otras cosas, recupera su lugar
118 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
maternal y familiar, o si más bien es una réplica de patriarcado en las que
tanto hombres como mujeres conservan sus lugares tradicionales.
El diálogo de saberes en los proyectos productivos abarca saberes
estratégicos (la contabilidad, la búsqueda de proyectos de financiamiento,
la comercialización, la compra de materias primas) y saberes técnicos
vinculados a la elaboración del producto en virtud de que el trabajo pro-
ductivo se recompone. Las decisiones se toman en asamblea, a veces de
los propios productivos y a veces de la organización. Esta recomposición
del proceso de trabajo indudablemente reunifica lo que la modernidad y
el capitalismo dividieron. Por lo tanto, los trabajadores son capaces de
decidir y de construir el poder arrebatado colonialmente y de poner en
juego y valorizar sus saberes. Sin embargo, algunos aspectos de la divi-
sión del trabajo intelectual-manual siguen vigentes en los proyectos a
partir de cuotas de “paternalismo” que ejerce la organización. Los saberes
comerciales (para la compra de los insumos y para la venta del producto)
no se socializan como parte de los saberes técnico-estratégicos y, en este
sentido, el proceso descolonizador no es lineal/absoluto en relación con la
recomposición del proceso de trabajo. A este respecto, cabe citar dos frag-
mentos de entrevistas: el primero expresa la respuesta de una “dulcera”
ante nuestra pregunta por la compra de materia prima en el productivo;
el segundo ref leja una intervención de un militante portador de saberes
técnico-estratégicos en la deconstrucción de su propio rol:
No sé cómo es. De eso se encargan los chicos. Yo no sé muy bien, porque la
que tiene más tiempo es mi hermana. Pero ellos traen las naranjas. Ellos,
los chicos de producción [por el Área de Producción y Comercialización].
No sé bien cómo se manejan ellos. No sé si la comprarán a un precio más
económico. Son ellos los que nos traen todo para poder hacer (Entrevista
productivo de Dulces “Remolines”, 2016).
Sí, [en] el colectivo... el sueño [sería]… desde el equipo productivo poder
trabajar con los vecinos en capacitaciones y en entrega de animales; tam-
bién sería como un sueño. Pero no traer un técnico que lo haga, sino [que]
nosotros como grupo productivo, el Centro Comunitario, podamos asumir
esa tarea y no pararnos en el lugar del técnico: “yo vengo a entregar los
animales o dar la capacitación”. Le buscamos otra vuelta; no sé si estamos
bien o mal, pero lo estamos intentando, digamos (Entrevista productivo de
Cría de pollos “Los Sin Techo”, 2013).
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 119
Más que considerar ambos fragmentos como la expresión de una
contradicción, los interpretamos como la puesta en escena de un proceso
complejo de reposicionamiento de roles en relación con la posesión de
distintos tipos de saberes técnicos y, en consecuencia, con la realización
de tareas diferenciales dentro de los productivos. Esta división de tareas
a veces coloca a algunas de las mujeres en lo más “tangible” y no termina
de reunificar la ejecución y la concepción. Las maneras y organización del
trabajo se deciden colectivamente, pero a veces no trascienden del todo la
ejecución; se decide si se trabaja a demanda, por ejemplo, pero no se par-
ticipa del cálculo de materia prima necesaria, ni del costo ni de la compra.
En el próximo apartado, se analizan las implicaciones políticas de esta
situación que no permite terminar de reunificar concepción y ejecución
del trabajo.
Lo colonizador y lo descolonizador en los saberes políticos
Un primer nivel a considerar en torno a lo colonizador-descolonizador en
los saberes políticos remite a la organización del trabajo en los emprendi-
mientos productivos de la Interbarrial de Esteban Echeverría. Los saberes
políticos se construyen en la cotidianeidad de la tarea productiva en tanto
el trabajo se erige en un principio formativo (Gramsci, 2009). En este sen-
tido, cabe retomar los relatos de entrevistas realizadas a sus integrantes
en relación con la toma de decisiones en asamblea, la elección de un crite-
rio justo y democrático para el reparto de las ganancias, la propiedad
colectiva de los medios de producción, el intercambio abierto y solidario
de los saberes técnicos y la construcción de un colectivo de producción.
Todas estas características responden al carácter autogestivo de los
emprendimientos productivos. Esta forma de organización del trabajo
implica un aprendizaje sobre nuevas formas de lo político: horizontali-
dad, asamblea, respeto por el compañero, toma de decisiones en conjunto.
Así, en el aprender a trabajar sin patrón, se forjan y socializan saberes
políticos que cuestionan no solo las lógicas individualistas de trabajo pro-
pias de las fábricas sino también los términos de la política representativa
que comparte con las lógicas fabriles el carácter individualizador y pasivo
en el que posicionan a los sujetos participantes.
Es interesante rescatar la intervención de una integrante de la coope-
rativa textil en tanto da cuenta de un proceso de autovaloración de su
trabajo a partir de la pertenencia a un colectivo que les “enseña” a percibir
el trabajo como propio y a contar con las posibilidades para que otra
120 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
forma de producción pueda ser desarrollada, aun a pesar del contexto de
urgencia de necesidades materiales. Este aprendizaje es productivo, pero
fundamentalmente político:
Tenemos que valorar el trabajo que hacemos, porque no es justo que otros
estén ganando cualquier cantidad de dinero por nuestro laburo, porque
hay mucha gente que simplemente por ser el intermediario se llevaba la
mayor parte de lo que debería de ser, se llevaba la mayor parte… una pren-
da de estas la vendían entre 80 o 90 pesos y a nosotros terminaban pagán-
donos entre 2 pesos o 1,80 por prenda. Entonces, terminábamos ganando,
no sé, 20 o 30 pesos por día y nos sacábamos la mugre laburando. A veces
uno decía “necesito”, y por la necesidad terminaba aceptando todo eso
(Entrevista Cooperativa textil “Los Sin Techo”, 2013).
Asimismo, los saberes políticos en los productivos se juegan en rela-
ción con el vínculo con el centro comunitario y el barrio en los que se
emplazan. Cabe citar, a modo de ejemplos: la participación de los empren-
dimientos productivos en ferias barriales para concientizar respecto de
los alimentos, tanto en el sentido del tipo de organización laboral que le
dio origen como en su condición de productos agroecológicos; los diálo-
gos con pequeños productores y otros referentes de la zona para motori-
zar su organización productiva, potenciar redes de comercialización y
también política frente a los desalojos sufridos por el uso de esas tierras
con fines inmobiliarios; y la decisión de establecer distintos precios para
el mismo producto. Respecto de esta última cuestión, el establecimiento
de un “precio compañero” para los integrantes de la Interbarrial, otro
precio para la venta en los barrios y un precio mayor para las redes de
comercialización se presenta como resultado de una discusión sobre la
economía popular de la que son parte en términos de los distintos desti-
natarios, sus posibilidades socioeconómicas y los posicionamientos polí-
ticos como organización popular que no puede “subsidiar” la demanda de
clase media. De lo anterior, se desprende una comprensión de la comple-
jidad de las relaciones sociales implicadas en los procesos de producción,
intercambio y consumo.
Por lo tanto, en las formas de organización del trabajo vinculadas a
lo autogestivo, como en la difusión de la bandera de la agroecología del
mnci y los intentos de organización de productores de la zona, se obser-
van distintos elementos descolonizadores en relación con las lógicas de
producción asalariadas y la política convencional. Una de las lecciones
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 121
más importantes en clave descolonizadora radica en la recolocación de los
sujetos en una posición de hacer y pensar el trabajo, distanciándose de
una posición de hacer un trabajo que es pensado por otros. Justamente,
esta escisión entre concepción y ejecución del trabajo podría equivaler a
las distancias políticas entre representantes y representados. Por lo tanto,
en lo autogestivo existen elementos para pensar la política desde nuevos
modos, así como formar sujetos políticos acordes a estas nuevas coorde-
nadas. Desde esta perspectiva, los proyectos productivos se erigen como
enseñanzas y aprendizajes de otras formas de lo político, anudando lo
productivo a lo político, el saber-hacer del trabajo con el saber-hacer
político.
Sin embargo, sobre la base de las observaciones y entrevistas realiza-
das así como del análisis conjunto con la organización sobre lo observado,
podemos sostener que aún existen espacios del proceso de producción
que no son analizados, vividos y sentidos por los integrantes de los
emprendimientos productivos. Especialmente, estos espacios se relacio-
nan con los aspectos de la compra de materias primas –con excepción del
productivo de panadería–, la búsqueda de financiamiento vía proyectos
estatales, la generación de la demanda y la comercialización de los pro-
ductos. Estas tareas se encuentran a cargo del Área de Producción y
Comercialización del mnci-Buenos Aires, que lleva a los barrios las mate-
rias primas, gestiona los proyectos estatales, busca la demanda y aceita
los circuitos para la comercialización. En este sentido, parecería haber
una circunscripción de los integrantes del productivo a lo “más tangible”
del proceso de producción: a cortar la fruta y revolver la olla, a cortar las
telas y costurarlas, a criar los pollos y a estampar las telas. Esto es, a los
saberes técnicos-específicos y no a los saberes estratégicos.
Aquí encontramos una consideración que tensiona los elementos
descolonizadores ya enunciados en tanto dificulta las posibilidades de
proyectar el trabajo, de comprender al producto como totalmente propio,
de ejecutar pero también concebir el trabajo, de generar un proceso de
trabajo realmente autónomo sin dependencias. Estas mismas dificulta-
des también podrían estar indicando la persistencia de saberes políticos
propios de las lógicas de la dependencia y de la espera de los representa-
dos del accionar de los representantes. Así lo describe Javier Di Matteo en
una conversación acerca de los proyectos productivos en organizaciones
sociales:
122 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Después, el tema de la política social del Estado es un tema también que
cruza lo urbano, que tanto en lo rural… ¡es un tema! Y no solo los punteros,
la política social como más pura también es un factor por ahí para tener en
cuenta. Confiar en la capacidad de trabajo de uno como laburante, saber…
Esto de que “a mí no me gusta que me den nada, yo quiero laburar y quiero
ganarme la guita yo y esos planes son una porquería”. Ese discurso ahí en
esos lugares, cala hondo. Y yo creo que acá también en el Conurbano deben
calar. Lo que pasa es que están… esto de poder decirme a mí mismo que yo
me gano mi ingreso, yo me gano la vida y no depende de… que es lo que
está en duda cuando te dejan sin laburo, ¿no? Aparece esa duda sobre si soy
yo o es el sistema el que me dejó afuera (Entrevista a Javier Di Matteo,
2015).
Además de los saberes políticos en el cotidiano del productivo y en la
vinculación con el barrio, los saberes políticos de los productivos también
se forjan y se practican en relación con la organización en la que se inscri-
ben: la Interbarrial de Esteban Echeverría del mnci-Buenos Aires. El con-
tacto más directo con la Interbarrial es el centro comunitario. Al igual que
en la dinámica cotidiana de los productivos, en los centros también se
toman decisiones en asambleas, se construye un colectivo (propiamente
militante en este caso), se establecen criterios democráticos de participa-
ción y se interactúa con el Estado en sus distintos niveles. La decisión de
todos los productivos de asignar una parte de las ganancias al centro
comunitario responde al reconocimiento de que el emprendimiento se da
en un marco más amplio del que se utilizan las instalaciones pero tam-
bién al que se pertenece como militantes. Si bien la formación en el traba-
jo es siempre política, cuando es parte de un movimiento social su
naturaleza política es explícita (Guelman, 2012). Por lo tanto, no se pue-
den analizar estas experiencias productivas como espacios prefigurativos
aislados, sino que deben ser entendidas como parte de un proyecto mayor
que tracciona la conformación de los productivos pero que, en el mismo
gesto, los inserta en una trama política de más largo alcance. Esta situa-
ción contextual también es formativa porque implica trascender la ins-
tancia corporativa del grupo productivo.
Resulta interesante plantear que uno de los saberes políticos más
fuertes remite al aprendizaje de lo colectivo, intencionalidad buscada por
el movimiento en su conjunto pero que se refuerza en los emprendimien-
tos productivos en tanto la profundidad de los lazos con los compañeros
de producción se muestra con una intensidad mayor. Si bien existen
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 123
distintas formas en las que se asume lo colectivo, observamos que la
forma comunidad media –hasta cierto punto– la recuperación de
la memoria colectiva campesina realizada por el mnci-Buenos Aires para
ponerse en acto y reactualizarse en nuevos territorios como los barrios de
la periferia del Conurbano bonaerense. En virtud de estas conceptualiza-
ciones, y a riesgo de forzar algunos aspectos del análisis, se puede pensar
el trabajo eminentemente urbano y con antecedentes mediados con el
mundo campesino-indígena de los emprendimientos productivos estu-
diados como trabajo comunitario. Retomando a García Linera, la comuni-
dad es presentada como:
[…] una forma de socialización entre las personas; es tanto una forma
social de producir la riqueza como de conceptualizarla, una manera de
representar los bienes materiales como de consumirlos, una tecnología
productiva, una forma de lo individual confrontado a lo común, un modo
de mercantilizar lo producido pero también de supeditarlo a la satisfac-
ción de usos personales, una ética y una forma de politizar la vida, un
modo de explicar el mundo; en definitiva, una manera básica de humani-
zación, de reproducción social distinta, antitética al modo de socialización
emanado por el régimen del capital; pero, a la vez, y esto no hay que eludir-
lo, de socialización fragmentada, subyugada por poderes externos e inter-
nos, que la colocan como palpable realidad subordinada. La comunidad
personifica una contradictoria racionalidad, diferente a la del valor mer-
cantil, pero subsumida formalmente por ella desde hace siglos (García
Linera, 2008: 193).
La concepción amplia, colectiva y territorial del trabajo permite
hacer emerger y recuperar algunas de las tradiciones culturales y políticas
de la experiencia histórica de nuestros pueblos, como es la categoría de
comunidad. Ahora bien, la utilización de esta noción en los términos de la
gestación de “lo común” frente a lo individual, de la politización de
la vida, del afianzamiento de lazos sociales, del estar entre la producción
y la reproducción de la vida, no puede soslayar la particularidad del diá-
logo entre comunidad y mundo urbano. Esto es, debe ser contextualizada
en la realidad de los barrios periféricos, signada por políticas sociales
focalizadas, prácticas políticas clientelares y lógicas individualizantes del
“sálvese quien pueda”.
Las vinculaciones entre el trabajo y lo político no se encuentran total-
mente saldadas como parte de un mismo gesto de politizar la vida. Si bien
124 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
es cierto que la mayoría de los militantes de los barrios se acercan a la
organización por “necesidad” y no por una opción político-ideológica, las
dificultades para generar una proyección de los sujetos desde lo producti-
vo hacia lo político podría reafirmar una suerte de división entre ciertos
militantes anclados en la producción y reproducción de las condiciones de
subsistencia (lo productivo) y la asunción de las tareas más directamente
políticas por parte de otros militantes, que podría estar reproduciéndose
también en la división concepción-ejecución de los productivos.
Esta separación entre el trabajo y lo político admite una lectura en
clave de género en tanto las mujeres entrevistadas reconocen general-
mente una distancia y una ausencia de vínculo con la política previamen-
te al ingreso a la organización, que podría continuar en la permanencia de
estas militantes en la misma organización de no revertirse la separación
de los ámbitos de lo productivo y lo político. Una de las cuestiones que
podría estar operando en esta suerte de lejanía de las mujeres de lo polí-
tico reside en las concepciones socialmente instaladas –que se van des-
montando poco a poco– respecto de la política como espacio de
intervención “natural” de los hombres.
Lo colonizador y lo descolonizador en los saberes subjetivos
Un primer aspecto de los saberes subjetivos se relaciona con los proyectos
productivos como ámbitos habilitadores de reconfiguraciones subjetivas
en tanto lo productivo se anuda con lo inter-subjetivo en términos de
cuidado, contención y apoyo afectivo. Un ejemplo ilustrador de lo dicho
radica en la identificación de una división de tareas en el proceso de tra-
bajo basada en relaciones de solidaridad, reciprocidad y cuidado mutuo
que buscan el bienestar de todos los integrantes. En el diálogo con las
integrantes del productivo de dulces del centro comunitario “Gurises”,
nos comentaron que, si bien “ninguna hace una sola cosa” (no hay especia-
lización en una tarea), el sellado de los frascos está a cargo de una compa-
ñera en particular porque “tiene la fuerza en las manos”. Esta división de
tareas surge de un conocimiento entre compañeras y de una decisión
de cuidado de aquellas que “sufren de los huesos” y podrían ser afectadas
por el desempeño de esa tarea. Así lo muestra el siguiente fragmento:
No, acá ninguna es jefa de ninguna. Si vos pelás o yo pelo, o voy para allá o
voy para acá, estoy lavando, vengo... Ninguna hace una sola cosa. Estamos
constantemente en movimiento, y cuando hacemos la parte del sellado de
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 125
los frascos, bueno ahí sí es Irene la que tiene que hacer el sellado y ya está.
Yo hago, lleno los frascos. Ella es la que tiene la fuerza en las manos. Ella
sufre de huesos. Yo también lo sufro. Irene ya tiene un poquito mejor las
manos; entonces, ella hace el sellado. Para hacerlo hay que hacerlo bien; y
una en esto tiene que estar, porque si ya la primera vez lo hicimos entre
todas y había frascos que no estaban bien sellados, estaban abiertos...
Entonces, hacelo vos y ya te dedicás vos a esto, a sellar. En este tema está
ella. Yo hago el sellado porque estamos con una cosa muy caliente, y yo lo
voy llenando porque tengo más firmeza en las manos. Ella ya no está en
eso, en ese tema. Se puede quemar… así que ella ya va preparando los fras-
cos, limpiando, pasándole el alcohol. También se mueve, no se queda quie-
ta (Entrevista productivo de Dulceras “Gurises”, 2013).
Las consecuencias de este cuidado entre compañeras en la organiza-
ción del trabajo en cuanto a división de tareas exceden, a menudo, el
ámbito productivo y se transmutan en contención y cuidado en relación
con otros aspectos de la vida. Específicamente, el mundo familiar apare-
cía como una de las preocupaciones más cotidianas de las militantes en
cuanto a las relaciones de pareja y los vínculos y el cuidado de los hijos. El
colectivo de producción se convierte en oportunidad subjetiva de plantear
problemas, pensar decisiones para resolverlos y hasta “hacer terapia”,
como comenta una entrevistada a continuación:
E (entrevistada): Aparte, entre nosotras hablamos cosas, y por ahí, nos
chispoteamos cosas, estamos ahí jodiendo, es todo una carcajada.
e (entrevistadora): Claro, por ahí comentan cosas, del barrio, de ustedes…
E: De nosotras, de todas, es un cotorrerío, le digo yo.
e: Porque me imagino que, además de que hacen el dulce, es un espacio de
contención.
E: Claro, porque, como yo le digo, nosotras hacemos terapia. Porque más
allá de todo lo que a nosotros nos pasa, entre nosotras nos contamos lo que
nos pasa; y bueno, una lleva la opinión de una, de otra y así estamos todas.
Todas somos lo mismo, y eso es lo que nos lleva a nosotras estar más uni-
das a todas, y estamos sabiendo lo que le pasa a una compañera, qué pro-
blema tiene (Entrevista a integrante del productivo de Dulceras
“Remolines”, 2015).
A diferencia de la participación en el mnci, la Interbarrial o el centro
comunitario, donde muchas veces no terminan de conocerse, las horas de
trabajo compartidas permiten un encuentro inter-subjetivo de mayor
126 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
profundidad. En el caso de las mujeres, nos relataban algunos cambios
subjetivos relacionados con marcas de género: elegir ganar menos pero
estar más cerca de la familia; tomar decisiones personales radicales por
saberse en colectivo, sentirse contenidas y tener la posibilidad de garanti-
zarse la subsistencia económica; y encontrar nuevos sentidos en la vida
por fuera de la sumisión dentro de la casa. Inclusive, en una entrevista
grupal a las integrantes de un productivo, nos cuentan que una de ellas
logró dejar a un marido golpeador. Por lo tanto, una mirada de género va
apareciendo subjetivamente, ref lejada en las historias personales. Estas
reconfiguraciones de prácticas y sentidos pueden ser pensadas en térmi-
nos descolonizadores de los patrones patriarcales que fijan a las mujeres
al ámbito de sus hogares. Tal como lo comentan las mismas mujeres, la
pertenencia al colectivo de producción es fundamental en cuanto a un
aspecto más afectivo-simbólico pero también a la posibilidad material
que habilita romper la dependencia económica.
Esta interacción entre lo individual y lo colectivo en términos de lo
afectivo formando parte de la vida productiva nos lleva a abrir el interro-
gante respecto de su vínculo con lo descolonizador. Por una parte, lo
afectivo se pone en juego en cualquier experiencia laboral, sea bajo las
formas tradicionales asalariadas bajo patrón o en proyectos autogestiona-
dos. Por otra parte, lo afectivo en lo autogestivo adquiere características
singulares que lo ligan a lo descolonizador. La inexistencia de un patrón
permite un control autónomo de los tiempos de producción por parte de
las trabajadoras que parecen no percibirse como opuestos a los tiempos
del “cotorrerío”, posiblemente comprendidos como “tiempo ocioso” desde
la lógica del capital. Asimismo, en las experiencias bajo patrón, lo afectivo
se presenta como consecuencia no buscada de la organización de la pro-
ducción mientras que aquí se erige en dimensión central para la gesta-
ción, sostenimiento y potenciación de lo propiamente productivo. Incluso,
se podría pensar que dar lugar al sentir es condición para el buen funcio-
namiento del emprendimiento productivo: que haya confianza entre
compañeras porque se conocen, que se trabaje en un clima distendido,
que se comprenda a la compañera que está atravesando por un problema.
De esta forma, se revaloriza y jerarquiza la conformación de un colectivo
basado en el afianzamiento de las relaciones inter-subjetivas.
La posibilidad de reunificar lo que la modernidad disolvió y dividió
en los sujetos –la mente y el cuerpo (“pienso, luego existo”) y la emoción
(en virtud de la necesaria objetividad y neutralidad)– se presenta como
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 127
uno de los nudos más claros en la reunificación de un sujeto descolonial
respecto del sujeto moderno.
Esta revalorización de lo afectivo no debe leerse tampoco desde una
mirada idealizada dado que las consideraciones enunciadas conviven con
la persistencia de otras lógicas que buscan ser continuamente desarma-
das: la sospecha sobre las compañeras que faltan recurrentemente, el
control de lo que se hace y no se hace, las reticencias a socializar saberes
técnicos previos. En este sentido, encontramos en las entrevistas referen-
cias a un ejercicio de “luces y sombras” a partir del cual se evalúan las
jornadas laborales de modo integral, es decir, contemplando no solo
aspectos específicamente productivos sino también subjetivos. Este ejer-
cicio es significado como esencial para avanzar en la potenciación del
colectivo de producción.
Adicionalmente, en algunas entrevistas en las que se indagó respec-
to de las concepciones del trabajo, aparecía una diferenciación entre el
“trabajo emocional” o “trabajo con amor” –asociado a la crianza de los
hijos y a las actividades de los centros comunitarios como la colaboración
en el comedor y la copa de leche– y los trabajos más formales, sean estos
bajo patrón o en los productivos de la Interbarrial. En algún sentido, aquí
se presenta al trabajo productivo escindido de lo emocional, que estaría
relegado al trabajo reproductivo. Se transcribe un fragmento de una
entrevista que abona a esta cuestión:
E: Pero con ese criterio –que el trabajo es lo que da ingresos– esta imagen
[la de la madre con un hijo] la tenemos que sacar de acá [de las imágenes
que refieren al trabajo]. Porque la mujer no vive de criar a sus hijos.
e: No lo sacaría, porque sí existen valores. Sería un laburo, porque es un
laburo, las madres trabajan a full con los hijos, con el marido, la limpieza.
No solo me refiero a eso, pero… aparte de los ingresos, de la plata, econó-
micamente y todo, también lo consideramos un laburo más emocional, yo
qué sé… Se encarga de la casa, y eso para mí es fundamental; y es un laburo,
aunque no reciba ingresos (Entrevista a integrante del productivo de
Dulceras “Remolines”, 2016).
Otro aspecto de los saberes subjetivos se observó en la potenciación
de las trayectorias individuales de las integrantes de los productivos. Los
giros en la proyección subjetiva involucraron, en algunos casos, el ámbito
político, quebrando la observación mencionada respecto de la escisión
entre el ámbito del trabajo y el político. En este sentido, una de
128 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
las integrantes de la cooperativa textil hoy no es solo trabajadora de la
economía popular sino también delegada de la Confederación de
Trabajadores de la Economía Popular (ctep) y encargada del centro comu-
nitario en el que se emplaza la cooperativa textil. Esta trayectoria “sor-
prende” incluso a la misma entrevistada, que recuerda que se acercó al
centro comunitario “por casualidad” para hacerle un favor a una compa-
ñera que se sentía mal:
E: Hasta yo misma me sorprendo. Pensar que comencé a caminar así con
la organización porque una compañera se sentía mal, porque era ella la
delegada del centro comunitario y me mando a mí. “Haceme la gauchada
esta vez” me dijo.
e: O sea, fue como una causalidad.
E: Sí, y yo le dije: “Pero tengo mi hijo, ¿cómo voy a hacer para entrar?”. Y ella
se sentía mal; me dice: “Por favor, haceme ese favor”. Y ahí empezó eso;
después, no había quien me pare [Risas]. Todavía tengo nervios; me acos-
tumbré a hablar con la gente acá en el barrio, pero todavía me da un poco
de miedo, me pongo nerviosa. La otra vez, que fui por primera vez como
delegada de la ctep, me puse nerviosa, porque había gente muy importan-
te, gente muy experimentada, empresarios y todo eso. Hay gente que tiene
más tiempo, que tiene una facilidad de expresarse y todo eso (Entrevista a
integrante de la Cooperativa textil “Los Sin Techo”, 2015).
No obstante, el caso relatado convive con otros caminos de proyec-
ción subjetiva que pueden relacionarse con la pertenencia a un colectivo
de producción sin, paradójicamente, involucrar lo político, negando la
contextualidad en la que se inscribe el primero. A este respecto, cabe citar
el testimonio de otra integrante de la cooperativa textil donde justifica la
toma de tierras en el barrio en el que se encuentra el centro comunitario
y el productivo por medio de explicaciones religiosas:
e: ¿Allá [en Bolivia] también eras adventista o te hiciste acá?
E: Yo allá iba, pero una temporada había dejado de ir, y ya cuando vine acá,
por el tema de la tristeza, las penas y todo eso como que... hay que acercase
un poco más a Dios, aferrarse a Dios. Como que uno le pide a Dios lo que
quieres y como que, mediante por otra persona, te lo da. Por ejemplo, yo
cuando llegué, yo dejé allá las cosas en un cuarto y el otro me llamó:
“Tienes que sacar todas tus cosas”; y tuve que mandar a mi hija, y me puse
a llorar y “Dios, ¿por qué no me has dado casita?”. Y me puse a llorar, y como
que, por eso, yo digo que Dios me dio aquí a mí la casa esta.
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 129
e: ¡Pero te la peleaste vos también, eh!
E: ¡Sí, también! Pero mediante a que tanto le pedí a Dios; y entonces Dios
me lo dio a mi casa. Con toda la lucha y la pelea y todo eso. Y yo digo que le
pido a Dios y él siempre me escucha lo que yo le había pedido; y por eso fue
(Entrevista a integrante de la Cooperativa textil “Los Sin Techo”, 2015).
Un último aspecto de los saberes subjetivos se relaciona con las resig-
nificaciones identitarias alentadas desde el mnci-Buenos Aires a partir de
la gestación de los emprendimientos productivos en el rescate de los sabe-
res y de identidades de origen de los sujetos. Esta resignificación es parte
de la estrategia de construcción política de la organización que, teniendo
en cuenta los orígenes campesinos de muchos de los habitantes de las
periferias del Conurbano bonaerense, busca que los sujetos se (re)identi-
fiquen con lo campesino y revaloricen la vida en el campo. A modo de
ejemplo, en el productivo de crianza de pollos se evocan experiencias
de trabajo en el campo de las militantes y sus familias de donde obtienen
una memoria de saberes que deben adaptar a las nuevas condiciones; y en
los productivos de dulces se relatan recetas de madres y abuelas que pre-
paraban sus dulces en el campo. Para esclarecer esto, podemos citar lo que
sostiene uno de los entrevistados perteneciente al proyecto productivo de
crianza de pollos:
[…] la idea era eso: consolidar un grupo, este… productivo que pongamos
las manos en los animales, en la tierra, rescatemos esa identidad y esos
saberes que todos traían del campo de donde se fueron o fueron desplaza-
dos (Entrevista productivo de Cría de pollos “Los Sin Techo”, 2013).
Quizás sea la cooperativa textil el emprendimiento productivo
menos relacionado directamente con la recuperación de la identidad
campesina en tanto se presenta como una actividad clásicamente fabril y
urbana. Si bien la afirmación anterior es cierta, aun en esta cooperativa se
rescatan saberes de los lugares de origen dado que, generalmente, la
transmisión del oficio de “costurar” ocurre en el ámbito familiar; un
ámbito lejano de los lugares donde los sujetos habitan en la actualidad
debido a sus trayectorias migratorias. Al mismo tiempo, desde la perspec-
tiva del mnci-Buenos Aires, la idea del rescate de lo campesino no remite
a una cuestión territorial de haber nacido efectivamente en el campo –de
ser o haber sido campesino– sino de “sentirse campesino”. Aquí hallamos
un gesto descolonizador en la revalorización de los saberes del campo, los
saberes excluidos, como conocimientos válidos y legítimos, los saberes
130 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
subordinados y subalternizados, tanto geográfica como epistémicamente,
que pasan a ser considerados valiosos y necesarios por los compañeros,
por el colectivo y para la práctica productiva.
Asimismo, este rescate de los saberes del campo se inscribe en la
disputa descolonizadora por ampliar los sujetos portadores de saberes. Es
decir, se produce no solo saber sino también subjetividad descolonizado-
ra. En esta disputa, los sujetos y productores del movimiento discuten,
aprenden, enseñan, analizan, se involucran y contextualizan los debates
y las prácticas en el análisis de la realidad social. Así, se ensanchan los
espacios “válidos” de construcción de saberes y se amplían los límites de
la propia definición de conocimiento (Sousa Santos, 2006) para incorpo-
rar una variedad de experiencias que reduzcan el desperdicio de expe-
riencia, saberes y sujetos. Es necesario reconocer la importancia que tiene
para esta construcción subjetiva la inserción en un colectivo que permite
y estimula la criticidad y potencia lo subjetivo individual.
Conclusiones
El desarrollo realizado en este artículo da cuenta de cómo los proyectos
productivos de un movimiento social popular constituyen espacios
potentes de formación descolonizadora de los sujetos que en ellos inter-
vienen, a partir de la conf luencia de un direccionamiento político dado
por el movimiento social y de las características de los proyectos produc-
tivos de carácter colectivo y autogestivo. El trabajo se constituye, como
decíamos previamente, en principio educativo en la dirección que el
movimiento le imprime al trabajo.
En el cruce de las tres dimensiones de los saberes y las problemáticas
mencionadas que los atraviesan, pudimos ver cómo se despliegan una
cantidad de contradicciones que abonan a la constitución de sujetos polí-
ticos y descolonizados a veces y a veces no, y a la construcción de saberes
en algunos casos descolonizadores y en otros casos no. Indagamos esa
trama y buscamos desentrañar cómo opera el trabajo productivo como
principio pedagógico en esa construcción
Hemos analizado tensiones y contradicciones en la posibilidad real
de los proyectos productivos de constituirse como procesos descoloniza-
dores, en la medida en que los procesos no son lineales, se llevan adelante
en contextos de producción capitalista y existen en este sentido articula-
ciones con él. Pero creemos que estos procesos no terminan de ejercer
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 131
todo su potencial descolonizador a partir de las contradicciones internas
propias del movimiento en la búsqueda de los mejores modos de resolver
la producción. El paternalismo, los atisbos de división social del trabajo
que subsisten en los proyectos productivos, el carácter que le imprime a
los mismos el peso de su feminización evidencian que aún queda un largo
camino por transitar hasta que estos se conviertan en formas genuinas de
producción y reproducción de la vida en ámbitos urbanos, a partir de los
caminos ya trazados enmarcados en lo colectivo, en la recuperación y
socialización de saberes, en la reunificación de los sujetos como tales, en
el quiebre de un patrón de poder, que profundicen la recomposición del
proceso social y colectivo del trabajo.
132 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Bibliografia
Caracciolo Basco, Mercedes y María del Pilar Foti Laxalde (2003), Economía soli-
daria y capital social. Contribuciones al desarrollo local. Buenos Aires, Paidós.
Díaz, Cristhian James (2010), Hacia una pedagogía en clave descolonial. Revista
Tábula Rasa, núm..13, pp. 217-233.
Freire, Paulo (2002), Pedagogía de la Esperanza. Un reencuentro con la Pedagogía del
Oprimido. Buenos Aires, Siglo XXI.
––––– (2006), Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires, Siglo XXI.
––––– (2011). Política y Educación. Ciudad de México, Siglo XXI.
García Linera, Álvaro (2008), La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indí-
genas, obreras y populares en Bolivia. Buenos Aires, clacso-Prometeo.
Gramsci, Antonio (2009), Los Intelectuales y la organización de la cultura. Buenos
Aires, Nueva Visión.
Guelman, Anahí (2012), “Formación para el trabajo en una empresa recuperada:
Trabajo territorial y formación política”. Revista iice, núm. 31, pp. 69-82.
––––– (2015), “Pedagogía y política: la formación para el trabajo en los movimientos
sociales. El caso de la Escuela de Agroecología del mocase-vc (2009-2012)”. Tesis de
Doctorado en Educación, Universidad de Buenos Aires, Argentina
(inédita).
Guelman, Anahí y María Mercedes Palumbo (2015), “Prácticas pedagógicas des-
colonizadoras en experiencias productivas autogestionadas de movimien-
tos sociales: el principio formativo del trabajo”. Revista Interamericana de
Educación de Adultos, vol. 2, núm. 37, pp. 47-64.
Lander, Edgardo (2000), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales.
Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, clacso.
Mignolo, Walter (2007), “Globalización y opción decolonial”. Revista Cultural
Studies, núm. 21, pp. 155-167.
Ouviña, Hernán (2015), “Educación en movimiento y praxis prefigurativa. Una
lectura gramsciana de los proyectos pedagógico-políticos impulsados por
los movimientos populares latinoamericanos”. En: Flora Hillert, Hernán
Ouviña, Luis Rigal y Daniel Suárez (comps.), Pedagogías críticas en América
Latina: experiencias alternativas de educación popular. Buenos Aires, Noveduc,
pp. 99-148.
Lo descolonizador en los saberes del trabajo:... | págs. 107-133 133
Quijano, Aníbal (2000), “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América
Latina”. En: Edgardo Lander (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y
ciencias sociales. Buenos Aires, clacso, pp. 122-151.
––––– (2010), “La crisis del horizonte de sentido colonial, moderno, eurocentra-
do”. Revista Casa de las Américas, núm. 259-260, pp. 4-15.
Rebellatto, José Luis (2009), “El aporte de la educación popular a los procesos de
construcción de poder local”. En: Alicia Brenes, Maite Burgueño, Alejandro
Casas y Edgardo Pérez (comps.), José Luis Rebellato, intelectual radical Selección
de textos. Montevideo, Nordan y Universidad de la República, pp. 93-106.
Seoane, José (2004), Movimientos sociales y conf licto en América Latina. Buenos
Aires, clacso.
Sousa Santos, Boaventura (2006), Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipa-
ción social (encuentros en Buenos Aires). Buenos Aires, clacso.
Walsh, Catherine (2009), “Interculturalidad crítica y pedagogía de-colonial: in-
surgir, re-existir y re-vivir”. En: Vera Candau (ed.), Educação intercultural hoje
en América Latina: concepções, tensões e propostas. Río de Janeiro, 7 Letras,
puc-Rio de Janeiro.
134 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 135
Recibido: septiembre de 2016 | Publicado: diciembre de 2017
O trabalho juvenil na agenda
pública brasileira: avanços,
tensões, limites
Maria Carla Corrochano
Helena Wendel Abramo
Laís Wendel Abramo
Resumo
O objetivo do artigo é evidenciar as mudanças e os novos desafios presentes no modo
como o trabalho e o direito ao trabalho para os jovens vem sendo tematizado no
Brasil, tendo como referência os acordos construídos (assim como as divergências
que se expressaram) no processo de construção da Agenda e do Plano Nacional do
Trabalho Decente para a Juventude entre 2009 e 2016. Diversamente de momentos
anteriores, onde a tematização do trabalho juvenil era marcada basicamente pelo
problema do desemprego, argumenta-se que a ampliação da agenda dos direitos dos
jovens, incluindo o direito ao trabalho, e a agregação do qualificativo “decente” a esse
trabalho, exigiram a problematização das condições e da qualidade do emprego e da
sua relação com as trajetórias educacionais e a vida familiar, assim como a ampliação
do olhar sobre as desigualdades que marcam a condição juvenil no acesso a esses di-
reitos, em especial as de renda, gênero, raça e território.
Maria Carla Corrochano é Doutora em Sociologia da Educação pela Universidade de São Paulo;
Professora Adjunta do Departamento de Ciências Humanas e Educação e do Programa de Pós
Graduação em Educação da Universidade Federal de São Carlos/ Campus Sorocaba.
Helena Wendel Abramo é Mestre em Sociologia pela Universidade de São Paulo; Secretaria Municipal
da Cultura/ São Paulo.
Laís Wendel Abramo é Doutora em Sociologia pela Universidade de São Paulo; Diretora da Divisão
de Desenvolvimento Social da Comissão Econômica para a América Latina e o Caribe (cepal).
136 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Palabras clave
Juventude. Jovens. Trabalho. Políticas públicas. Diálogo social.
Abstract
The objective of this article –“Youth work on the brazilian public agenda: advances,
tensions, limits”– is to highlight the changes and the new challenges in the way in
which work and the right to work for young people are being adressed in Brazil, ha-
ving as reference the agreements that have been reached (as well as the differences
that have been expressed) in the process of the construction of the Agenda and the
Decent Work National Plan for Youth between 2009 and 2016. Unlike in earlier times,
when the conceptualization of youth work was basically marked by the problem of
unemployment, it is argued that the expansion of the youth rights agenda, including
the right to work, and the addition of the “decent” qualification to this work, required
the problematization of the conditions and quality of youth employment and its rela-
tionship with educational trajectories and family life, as well as expanding the focus
on inequalities which mark the situation of youth with respect to accessing to these
rights, especially income, gender, racial and territorial inequalities.
Key words
Youth. Young people. Work. Public policies. Social dialogue.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 137
Nos últimos 15 anos o Brasil, assim como outros países da América
Latina, atravessou significativas mudanças econômicas, políticas, sociais
e culturais. Especialmente entre os anos de 2002 e 2014, a América Latina
experimentou um importante processo de redução da pobreza e da desi-
gualdade de renda, assim como avanços expressivos em outros âmbitos
do desenvolvimento social, como saúde, educação e trabalho. Tais mudan-
ças positivas ocorreram em um contexto econômico favorável, no qual os
países da região expandiram sua capacidade de investimento público na
área social e em um ambiente político no qual os temas da erradicação da
pobreza e da diminuição da desigualdade adquiriram prioridade inédita
na agenda pública e foram desenvolvidas políticas ativas de inclusão
social, econômica e laboral. A agenda de direitos se fortaleceu e avançou-
-se na superação de uma visão reducionista das políticas focalizadas de
combate à pobreza que predominou nas décadas de 1980 e 1990, reafir-
mando a importância das políticas sociais de caráter universal, em espe-
cial as relativas à educação, saúde e proteção social (cepal, 2016a e 2016b).
Nesse mesmo período desenvolveram-se no Brasil duas tendências
no plano político e institucional que propiciaram o surgimento e/ou forta-
lecimento de novas agendas. A primeira é o aumento dos espaços de par-
ticipação e consulta cidadã em torno da formulação e implementação das
políticas públicas, entre eles a criação de conselhos reunindo governo e
sociedade civil e conferências nacionais que ampliam em número e temá-
ticas (Avritzer, 2012; Abramo, Araujo e Bolzon, 2013). A segunda é o surgi-
mento de mecanismos governamentais encarregados da formulação de
políticas de caráter transversal para segmentos específicos da população
(entre os quais os jovens)1, instrumentos importantes na institucionaliza-
ção dos novos direitos trazidos pela Constituinte de 1988.
A geração que viveu sua juventude neste período foi, de modo geral,
positivamente afetada por essas transformações: pode experimentar pos-
sibilidades de inclusão e melhoria da qualidade de vida, dadas pelo avan-
ço da escolaridade, pela elevação da renda de suas famílias, pela ampliação
de suas oportunidades de trabalho, incluindo o emprego formal, e pelo
maior acesso aos meios de comunicação e informação, assim como pela
1 Em 2003, são estabelecidas as secretarias nacionais de Políticas para as Mulheres (spm), de
Políticas de Promoção da Igualdade Racial (seppir) e de Direitos Humanos (sdh), diretamente
vinculados à Presidência da República (e os conselhos em cada uma dessas áreas) e, em 2005,
a Secretaria Nacional da Juventude (snj) e o Conselho Nacional da Juventude (conjuve).
138 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
abertura de espaços de participação. Isso não significa, contudo, que os
problemas vividos pelos jovens tenham sido superados. Persistem pro-
fundas desigualdades, que resultam em situações graves de exclusão,
além de precariedades e instabilidades na inclusão alcançada, ainda longe
de serem solucionadas. Questões relacionadas a esses problemas foram tra-
zidas para a cena pública por uma série de atores jovens, que lutaram para
incluí-las nas pautas de reivindicação de direitos e participaram dos pro-
cessos de debate sobre as políticas que os afetam. Desse modo, pode-se
constatar mudanças significativas também na agenda pública2 sobre a
juventude, no interior da qual o tema do trabalho, eixo central desse arti-
go, ganha relevância. Ampliou-se o espaço teórico, político e institucional
para lidar tanto com o tema do direito ao trabalho para os jovens quanto
com as desigualdades de renda, gênero, raça e etnia e território específi-
cas da situação juvenil.
O objetivo deste artigo é apontar as mudanças e os novos desafios no
modo como o direito ao trabalho para a juventude vem sendo tematizado
no Brasil nesse último período. Argumentamos que as transformações
nas condições sócioeconômicas e os avanços institucionais e nas políticas
públicas contribuíram para introduzir novos temas no debate sobre tra-
balho juvenil, produzir novos olhares sobre as informações disponíveis,
fortalecer canais e processos de diálogo político e social e produzir avan-
ços na formulação de diretrizes e estratégias de ação, expressas principal-
mente na construção de uma nova agenda de políticas relativas ao
trabalho dos jovens, organizada sob a perspectiva dos direitos.
A ref lexão aqui produzida ancora-se na produção acadêmica, na aná-
lise de documentos e na observação das autoras no processo de construção
de um conjunto de diretrizes e princípios dirigidos à juventude no campo
do trabalho: a Agenda Nacional de Trabalho Decente para a Juventude,
2 O conceito de “agenda” aqui apresentado segue a formulação de Kingdon (1995), referindo-se
aos temas e problemas sobre os quais o governo e atores que influenciam o cenário político
concentram sua atenção num determinado momento político. Ainda na perspectiva do autor,
em determinados cenários, a convergência de diferentes fluxos de problematização de um
tema pode encontrar condições favoráveis que possibilitem a formulação de uma nova agen-
da propondo uma mudança política. Na formulação da Agenda de Trabalho Decente para a
Juventude no Brasil encontramos os elementos sugeridos por Kingdon para tal confluência:
o surgimento ou reconhecimento de um problema pela sociedade em geral; a existência de
ideias e alternativas para conceituá-los (originadas de especialistas, pesquisadores, gestores
e atores sociais, dentre outros); um contexto político, administrativo e legislativo favorável ao
desenvolvimento da ação (Kingdon,1995).
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 139
aprovada e lançada em 2010, e o Plano Nacional de Trabalho Decente para
a Juventude, amplamente debatido entre os anos de 2013 e 2016, mas que
teve seu processo de aprovação interrompido diante da mudança do con-
texto político, ambos elaborados no Subcomitê da Juventude do Comitê
Interministerial da Agenda Nacional de Trabalho Decente. Este foi um dos
espaços de diálogo social tripartites instituídos no processo de construção
de uma agenda de trabalho decente no Brasil (Silva et al, 2015; Corrochano
e Abramo, 2016), reunindo diversas instâncias do governo federal, organi-
zações da juventude, centrais sindicais, confederações empresariais, pes-
quisadores e outras entidades da sociedade civil, com apoio técnico da
Organização Internacional do Trabalho (oit).
Como em toda agenda construída em espaços de negociação com tão
diferentes atores, distintas visões se confrontaram e proposições ligadas
a projetos políticos em disputa pontuaram permanentemente o debate.
Contudo, a conf luência dos processos citados acima permitiu que fosse
construída uma base de compreensão comum, avançando na pauta das
questões relativas ao trabalho e ao direito ao trabalho dos jovens e em
muitos pontos foi possível pactuar diretrizes e estratégias para o seu
enfrentamento; ao mesmo tempo, velhas e novas tensões foram configu-
radas. Se, no processo de construção da Agenda Nacional do Trabalho
Decente para a Juventude (antdj), em 2010, chegou-se a um consenso para
a elaboração de um documento no Subcomitê da Juventude (Corrochano
e Abramo, 2016), o mesmo não ocorreu, na conjuntura de crise política de
2015, em relação ao Plano Nacional de Trabalho Decente para Juventude
(pntdj). Assim, além de discutir as mudanças e os novos desafios presen-
tes no modo como o trabalho e o direito ao trabalho para as jovens gera-
ções vem sendo tematizado no Brasil nos últimos 15 anos, também
pretendemos, no decorrer de nossa análise, apontar os acordos, consen-
sos e tensões presentes na construção desta agenda pública.
Focalizaremos, neste artigo, apenas alguns pontos dessa agenda,
considerando sua relevância e as controvérsias que têm provocado, nacio-
nal e internacionalmente, no debate público: a) o reconhecimento e a
proposição de ações em torno das demandas e dificuldades de conciliação
entre trabalho, escola e vida familiar, particularmente entre as jovens
mulheres das camadas populares, que exigem um novo olhar para a cha-
mada “inserção juvenil” e para o tema das múltiplas desigualdades (clas-
se, gênero, cor/raça ou região de moradia); b) a questão dos jovens que não
estão estudando nem ocupados no mercado de trabalho, que foram
140 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
denominados “jovens nem-nem” no debate nacional e internacional;
denominação que será aqui problematizada; c) a questão da qualidade do
trabalho, expressa especialmente em torno do debate sobre o tema da
informalidade.
Por fim, cabe considerar que a relevância dessa análise se acentua na
atual conjuntura de profunda crise econômica, social e política vivida
pelo país, na qual não apenas se interrompem vários dos avanços até
então observados, como são enfraquecidas políticas públicas que vinham
sendo implementadas e limitados os espaços participativos de formula-
ção das políticas3 incluindo o mencionado Subcomitê da Juventude e o
próprio processo de construção do Plano Nacional de Trabalho Decente
para a Juventude.
Trajetórias e transições juvenis: trabalho,
educação e vida familiar
Uma das ideias clássicas em sociologia da juventude é de que a condição
juvenil se caracteriza pela passagem da situação de criança para a de
adulto e de membro dependente da família de origem para a de respon-
sável por si e pela própria família. Isso implica o desenvolvimento de uma
trajetória de uma posição a outra na família e na sociedade, com percur-
sos que dizem respeito, entre outras coisas, à situação de atividade (como
estudar e trabalhar), à autonomia e independência financeiras (situação
de moradia, papel na organização familiar, como provedor ou dependen-
te) e a possibilidades de interação social, como circulação pelo território,
relação com os grupos e redes sociais e participação política. É, portanto,
um momento crucial de formulação de projetos de vida, de escolhas e de
construção de caminhos (Abramo, 2005).
Assim como a própria categoria juventude, o olhar específico para a
condição dos jovens no universo do trabalho e sua transformação em
problema político é também uma construção social e histórica (Dubar,
2001) e foi marcado por um modo linear de compreender e enfrentar a
questão. Analisando essa temática no contexto dos países centrais e
3 Ainda que não seja objetivo desse artigo, cabe destacar o papel que vários movimentos e
ações coletivas, em muitos casos protagonizadas por segmentos juvenis, têm desempenhado
na perspectiva de resistir ao fechamento de espaços de diálogo e ao enfraquecimento de um
conjunto de ações públicas em vária instâncias de governo. Sobre isso, ver: anped, 2016; Corti,
Corrochano e Alves, 2016.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 141
especialmente na França, Claude Dubar (2001: 111) evidencia que o “dever
de inserção”, significando o encontro de um lugar no mercado de trabalho
finalizada a escola básica ou a universidade, bem como a construção de
ações públicas para apoiar esse processo, nem sempre existiu. Para o
autor, ambas resultam de duas conjunturas históricas precisas: um pri-
meiro momento, no final do século xix,quando a expansão do assalaria-
mento e da escolarização consagram a separação entre atividade e saber,
trabalho e formação, vida profissional e educação escolar.
A própria condição juvenil estaria ligada a esse processo, caracterizan-
do-se como o tempo de dedicação aos estudos e de adiamento da entrada
no mundo do trabalho. Esta condição atingiu inicialmente os homens das
camadas privilegiadas da sociedade para apenas no século xxestender-se
aos demais segmentos da população (Levi e Schmitt, 1996; Dubet, 2001).
Especialmente em função da expansão do processo de escolarização e das
lutas em torno da proibição do trabalho de crianças e adolescentes, a pos-
sibilidade de vivência da condição juvenil amplia-se também para as
camadas populares, mas de maneira bastante desigual e nem sempre
significando o afastamento do mundo do trabalho e a dedicação exclusiva
aos estudos, especialmente considerando a especificidade do processo de
transição escola-trabalho nos países da América Latina (Hasenbalg, 2003)
O segundo momento se caracterizaria pela massificação escolar e
pela crise do trabalho assalariado e enfraquecimento dos mecanismos de
proteção social que marcaram os países ditos centrais a partir da década
de 1970. O cenário predominante a partir do final da Segunda Guerra
Mundial, de quase imediata aquisição de uma ocupação regular ao final
da escolarização obrigatória, deu lugar a um processo de “inserção” pro-
fissional cada vez mais difícil, longo e aleatório (Dubar, 2001). Pode-se
dizer que a crise dos anos 1970 e seus impactos nas trajetórias juvenis,
particularmente relativos ao trabalho, impulsionou a emergência de um
novo campo de preocupações no interior da sociologia da juventude, mais
próximo à dimensão econômica (Casal, 1996), ao mesmo tempo em que a
preocupação com a inserção de jovens, ou com a transição escola-traba-
lho, torna-se um problema social e objeto de política pública.
Entretanto, a própria ideia de transição modifica-se e ganha marcos
diversos de interpretação no interior dos estudos de juventude a partir
desse período (Miranda, 2015). Torna-se cada vez mais evidente que as
dificuldades de inserção juvenil no mercado de trabalho não poderiam
ser tomadas de modo isolado, já que afetavam a transição para a vida
142 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
adulta como um todo. Nesse sentido, a transição passa a ser compreendi-
da em sua multidimensionalidade. Os percursos para a vida adulta
podem tornar-se menos previsíveis, marcados por reversibilidades, confi-
gurando o que Pais (2001) interpretou como “trajetórias ioiô”. O autor
aprofunda a discussão em torno das continuidades e descontinuidades
das trajetórias, articulando o conceito de trajetória a vários outros: “vida
familiar”, “vida escolar”, “vida profissional”, argumentando que os “pon-
tos de inf lexão” em uma dimensão podem inf luenciar todas as demais,
virando e revirando os rumos da vida (Pais, 2001: 58).
Mas se a noção de trajetória, e especialmente de “trajetórias ioiô”,
marca uma virada importante na concepção de “transição juvenil”
(Miranda, 2015), é preciso também destacar que as reversibilidades e des-
continuidades não necessariamente estão presentes ou se configuram do
mesmo modo nos trajetos do conjunto da população juvenil. Nesse senti-
do, ganham relevância os estudos que focalizam a particularidade das
trajetórias em diferentes espaços geográficos, considerando as diferenças
e desigualdades que marcam as vidas de jovens de diferentes países, de
áreas rurais e urbanas, de jovens homens e mulheres, de diferentes per-
tencimentos de classe e étnico-raciais, dentre outros aspectos (Camarano,
2006; Guimarães, Marteleto e Brito, 2016; Miranda, 2015; Morrow, 2014)
Nessa perspectiva, as análises também evidenciam a importância de
políticas públicas que considerem não só os percursos implicados nessa
transição, mas as diversidades dos tipos de transição vivenciados pelos
jovens. Que tipo de suportes (Martuccelli, 2002)4 as políticas existentes
oferecem para que os jovens enfrentem esses trânsitos; quais seriam os
necessários? A depender do contexto nacional e das políticas existentes,
os trânsitos para a vida adulta e os dilemas enfrentados nesse processo
serão muito diversos (Van de Velde, 2004).
No caso do Brasil e de vários outros países da América Latina, a pre-
sença do trabalho, mesmo antes da idade legal para o exercício de uma
ocupação, assim como a combinação do trabalho com os estudos consti-
tuem marcas da condição juvenil. A despeito disso, pode-se dizer que o
debate sobre o lugar do trabalho e de seus entrelaçamentos com a
4 Na acepção de Martuccelli (2002), cada vez mais os indivíduos contam com “suportes” para
se construir na contemporaneidade. Estes podem ser reais ou imaginários e não importam
quantos sejam, mas sim o papel que desempenham nas experiências dos indivíduos. Aqui,
utilizamos a noção de suporte na perspectiva do apoio derivado das ações estatais.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 143
educação e a vida familiar na construção de ações públicas dirigidas a
jovens é bastante recente.
A tematização do trabalho juvenil
e a construção de políticas públicas no Brasil
A formulação de políticas públicas para juventude no Brasil tem início a
partir da década de 1990, quando começam a ser implementadas ações
em diferentes municípios e algumas políticas específicas em nível federal.
Essas ações ainda se pautavam por uma representação da juventude
como uma etapa problemática, especialmente quando tal categoria refe-
ria-se à experiência de certos grupos e setores da população brasileira:
pobres, negros, moradores das grandes periferias urbanas e mulheres. Os
jovens foram vistos como ameaças à ordem social e interpretados a partir
de questões –violência, consumo de drogas, gravidez precoce, doenças
sexualmente transmissíveis– que realçavam as imagens de risco e trans-
gressão. Tais imagens, todas parciais, não percebiam os jovens como
sujeitos de direito e nem permitiam a elaboração de políticas públicas que
considerassem seus interesses imediatos e, tampouco, suas demandas e
necessidades reais no tempo presente e no futuro, como pontos de parti-
da estruturantes para programas comprometidos com o seu desenvolvi-
mento (Abramo, 1997).
Nesse contexto, a tematização do trabalho juvenil foi fortemente
marcada pelo problema do desemprego e aumento da informalidade e da
precarização do trabalho, em um período (anos 1990) em que predomina-
vam baixas taxas de crescimento econômico, abertura comercial desregu-
lada, forte crescimento da População Economicamente Ativa pea), abrupta
queda do emprego industrial, reestruturação produtiva, privatizações e
terceirização de atividades (dieese, 2012). As experiências do desemprego
e do desalento passaram a constituir graves questões sociais, vividas de
maneira particularmente dramática pelos jovens e, em especial, para gru-
pos ou segmentos historicamente afetados pelos padrões de desigualda-
de, como as jovens mulheres, os jovens em situação de pobreza e os jovens
negros e negras. Não por acaso, o período assinalou a emergência de uma
série de estudos e debates em torno do desemprego juvenil (Corrochano e
Nakano, 2009; oit, 1999).
As ações dirigidas ao enfrentamento das altas taxas de desemprego
juvenil se concentraram na elevação da escolaridade e qualificação profis-
sional, seguindo as saídas construídas para a população adulta como um
144 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
todo (Rua, 1998). Ao mesmo tempo, cabe assinalar que, diversamente do
que se observara em outros países, onde a busca por saídas ao desempre-
go juvenil ganha a cena pública por sinalizar de maneira mais intensa a
crise econômica e social como um todo (Dubet, 2001), no Brasil, a preocu-
pação estava mais fortemente relacionada ao temor de que a situação de
desemprego pudesse contribuir para aproximar os jovens de condutas
criminosas, dada uma ociosidade forçada, propiciadora de um tempo
livre perigoso (Madeira, 2004; Sposito, 2007).
Seguindo análise de Corrochano (2012), um rápido olhar para o con-
junto das ações públicas dirigidas a jovens no Brasil, especialmente no
campo do trabalho e até a metade dos anos 2000, revela que o público
prioritário das ações era constituído geralmente por jovens de baixa
renda, cujas nomeações eram diversas: excluídos, vulneráveis, em situa-
ção de risco, numa abordagem mais próxima dos objetivos e metodolo-
gias da política de assistência social que de trabalho. De modo geral, havia
uma preocupação com a manutenção ou retorno desses jovens à escola,
constituindo-se esse em alguns casos critério de seleção e permanência
no programa, cuja duração média era de seis meses.
As alterações observadas no mercado de trabalho brasileiro a partir
de 2004, em função da progressiva diminuição do desemprego e expan-
são do assalariamento e da formalização do emprego, terão importante
impacto nos indicadores relativos à situação juvenil no mercado de traba-
lho. É também nesse período que começa a se fortalecer um outro modo
de conceber as políticas públicas para a juventude. A mobilização de seto-
res da sociedade brasileira –organizações da sociedade civil, movimentos
sociais, pesquisadores, gestores governamentais de diferentes instâncias
etc., assim como dos próprios jovens e de organizações juvenis– contribu-
íram para a emergência e consolidação de uma perspectiva segundo a
qual a juventude é compreendida como etapa singular do desenvolvimen-
to pessoal e social, para a qual o Estado e a sociedade devem estar atentos
e estruturar políticas públicas capazes de garantir a cidadania e a plena
satisfação de seus direitos em diferentes domínios da vida. Tal perspecti-
va passa a reconhecer a juventude como um momento marcado por pro-
cessos de desenvolvimento, inserção social e definição de identidades
(Abramo 2005; Brasil, 2010; conjuve, 2006; Abramo et al., 2008; Sposito,
2007).
Ainda que no imaginário brasileiro diferentes paradigmas permane-
cem coexistindo –juventude como problema e juventude como sujeito de direitos
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 145
e de políticas, dentre outros–, os marcos legais e os parâmetros para a for-
mulação de políticas públicas centradas no atendimento das demandas e
necessidades dessa população começam a incorporar essa construção
mais recente, na qual os jovens são reconhecidos como sujeitos com
necessidades e potencialidades singulares em relação a outros segmentos
etários e que, por isso, demandam estruturas e suportes adequados. A
construção de algumas instituições no âmbito governamental, tais como
a Secretaria Nacional de Juventude (snj) e o Conselho Nacional de
Juventude (conjuve) em 2005, é parte desse processo de mudança no
olhar para a juventude e para as políticas públicas direcionadas a esse
segmento (Silva et al., 2015)
No entanto, a despeito dos importantes avanços, as formulações e
ações no campo do direito ao trabalho das jovens gerações tardaram um
pouco mais a aparecer. As ações no campo do trabalho permaneciam inci-
pientes, com tempo e público determinados, circunscrevendo-se a pro-
gramas de caráter pontual. Naquele momento, o próprio campo que
impulsionava a criação de uma “política nacional de juventude” estava
dividido com relação a esse tema, reproduzindo o debate que, desde os
anos 1990, prevalecia em torno da estratégia de enfrentamento do desem-
prego juvenil: apoiar sua inserção ou adiar o ingresso no mundo do traba-
lho? Incorporado ao processo de afirmação de direitos para os jovens, essa
tensão se reproduzia na polarização: garantir o direito ao trabalho ou o
direito ao “não trabalho”?5 No entanto, aspectos relacionados às condi-
ções de trabalho, jornada e salários dos jovens apareciam de maneira
muito tímida no debate público e estavam ausentes no campo das ações
governamentais (Abramo, 2012 e 2013; Constanzi, 2009; Gonzalez, 2009).
Pode-se dizer que foi a construção da Agenda Nacional do Trabalho
Decente para a Juventude (antdj) e posteriormente do Plano Nacional de
Trabalho Decente para a Juventude (pndtj) que buscou enfrentar esses
5 O Programa Nacional de Estímulo ao Primeiro Emprego (pnpe), implementado em 2003, foi
uma tentativa de resposta à primeira questão, mas teve curta duração, sendo desativado, na
parte principal de suas ações, cerca de dois anos depois de iniciado. Uma outra estratégia de
enfrentamento da questão foi desenvolvida pelo Programa Bolsa Trabalho (Corrochano, 2012
e 2013; Gonzalez, 2009), implementado entre os anos de 2001-2004 no município de São Paulo:
este programa procurou afastar-se das estratégias de estímulo ao ingresso dos jovens no mer-
cado de trabalho e conformar uma nova percepção e um novo modo de enfrentar a questão
do desemprego juvenil no interior de uma estratégia mais ampla de inclusão social, por meio
de ações de transferência de renda e elevação da escolaridade (Pochmman, 2003).
146 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
desafios e colocar o tema em uma outra perspectiva, como procuramos
demostrar a seguir.
A construção de uma Agenda e de um Plano
do Trabalho Decente para a Juventude:
processo e pressupostos iniciais
A antdj e, posteriormente, o pntdj resultam do encontro entre as formu-
lações da snj e do conjuve, do mte e da oit, em torno do direito a um
trabalho decente para a juventude.6 Sua formulação resulta da conf luên-
cia entre a noção dos jovens como sujeito de direitos, formulada no inte-
rior do campo das políticas de juventude e consubstanciada nos novos
espaços institucionais do governo nacional (principalmente snj e conjuve),
e a noção de trabalho decente, impulsionada como agenda governamental
através do compromisso firmado entre o governo nacional (liderado pelo
Ministério do Trabalho e Emprego) e a oit.
No Brasil, a promoção do Trabalho Decente passou a ser um compro-
misso assumido entre o governo e a oit a partir de 2003, tendo continui-
dade com a elaboração da Agenda Nacional de Trabalho Decente (Brasil,
2006) e do Plano Nacional de Emprego e Trabalho Decente (Brasil, 2010).7
A mobilização em torno da construção de uma agenda nacional do traba-
lho decente para a juventude (antdj) tem como referência esse processo,
assim como a meta estabelecida em 2006 pela Agenda Hemisférica do
Trabalho Decente (ahtd) de reduzir pela metade, até 2015, na região das
Américas, o número de jovens que, em 2006, não estavam estudando nem
ocupados no mercado de trabalho. A antdj e também o pntdj foram ela-
borados no âmbito do Subcomitê da Juventude do Comitê Interministerial
da antd, a partir de um processo de diálogo social que incorporou, além
6 Por trabalho decente compreende-se um trabalho adequadamente remunerado, exercido em
condições de liberdade, equidade e segurança, e capaz de garantir uma vida digna para ho-
mens e mulheres. A noção se apoia em quatro pilares fundamentais: a) o respeito às normas
internacionais do trabalho, em especial aos princípios e direitos fundamentais do trabalho
(liberdade sindical e reconhecimento efetivo do direito de negociação coletiva; eliminação de
todas as formas de trabalho forçado; abolição efetiva do trabalho infantil; eliminação de todas
as formas de discriminação em matéria de emprego e ocupação); b) a promoção do emprego
de qualidade; c) a extensão da proteção social; e d) o diálogo social (oit, 2006).
7 Para uma descrição e análise mais detalhada desse processo, ver Abramo 2010 e 2016 e Brasil,
2006 e 2010.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 147
dos três atores clássicos do tripartismo, tal como definido pela oit,8
outros atores percebidos como significativos no processo de formulação e
implementação das ações públicas dirigidas a jovens no país. Isso foi
importante, como apontado anteriormente, em função do caráter recente
da presença do tema da juventude nas políticas públicas do Brasil, espe-
cialmente no âmbito do trabalho, e o fato de suas demandas ainda não se
configurarem em componentes consolidados das organizações gerais de
representação nem dos trabalhadores (centrais sindicais) nem dos empre-
gadores (confederações empresariais).
Assim, para além de diferentes instâncias do governo,9 confedera-
ções empresariais e centrais sindicais,10 também integraram o Subcomitê
o conjuve e o Conselho Nacional da Criança e do Adolescente (conanda),
ambos com representação governamental e da sociedade civil. Esse con-
junto de atores integrou o Grupo de Trabalho Consultivo do Subcomitê
que, ao longo de diversas reuniões, realizadas entre os anos de 2009 e
2010, em um intenso e processo de diálogo social, chegou a um consenso
em torno ao texto da antdj, finalizada em outubro de 2010 (Brasil, 2011;
Corrochano e Abramo, 2016).
É preciso ressaltar aqui o papel que certos atores (pesquisadores ou
“especialistas” do campo da juventude e da sociologia do trabalho, alguns
deles participando dos espaços institucionais recém criados, lideranças
8 A oit entende por diálogo social qualquer tipo de negociação, consulta ou simplesmente troca
de informações entre representantes dos governos, empregadores e trabalhadores em assun-
tos de interesse comum relacionados às políticas econômicas e sociais (oit, 2007). Portanto,
este conceito compreende desde processos mais básicos de troca de informações e de con-
sultas, até as negociações macrossociais, acordos sociais e negociação coletiva (Femenía et al.,
2007). Tradicionalmente, os atores sociais clássicos do diálogo social, na visão da oit, são os
governos, as organizações de empregadores e as organizações de trabalhadores. No entanto,
as diversas formas desse diálogo, bem como a identificação dos sujeitos que dela participam
estão profundamente relacionadas ao contexto cultural, histórico, econômico e político das
sociedades onde se realizam, bem como aos temas que são objeto desse diálogo (oit, 2007).
9 Além do mte, compunham o Subcomitê os seguintes ministérios: Ciência e Tecnologia,
Previdência Social, Educação, Desenvolvimento Social e Combate à Fome, Desenvolvimento
Agrário; as secretarias de Políticas para as Mulheres e de Promoção da Igualdade Racial e o o
Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (ipea).
10 Confederações empresariais: Confederação Nacional da Indústria; Confederação Nacional do
Comércio de Bens, Serviços e Turismo; Confederação Nacional do Transporte, Confederação
Nacional da Agricultura e Pecuária; Confederação Nacional das Instituições Financeiras.
Centrais sindicais: Central Única dos Trabalhadores, Força Sindical, União Geral dos
Trabalhadores, Central dos Trabalhadores e Trabalhadoras do Brasil e Nova Central Sindical
dos Trabalhadores.
148 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
juvenis compondo as organizações de trabalhadores e empregadores),
com a assistência técnica da oit, tiveram na conformação dessa nova
abordagem sobre o tema do trabalho para jovens. Formou-se, nesse
ambiente, o que se pode chamar de uma “comunidade epistêmica”,11que
não só trouxe para o centro do debate uma série de estudos, pesquisas e
conceitos que tinham circulação ainda restrita no meio acadêmico, ou
demandas ainda minoritárias e pouco visíveis na militância social, mas
também estimulou a produção de novos termos e conceituações para for-
mular uma abordagem inovadora inclusive para as organizações das
quais eram representantes.
A grande mudança de abordagem estabelecida nesse processo foi a
afirmação de que o trabalho é uma parte importante da experiência juve-
nil. O trabalho não é apenas ponto de chegada da transição, e/ou consequ-
ência do percurso educacional, mas experiência constituinte do processo de
transição para a vida adulta, e, portanto, da vida juvenile que tanto inf luencia
como é inf luenciado pela trajetória educacional. Apenas para dar uma
dimensão da magnitude dessa questão na vivência juvenil, em 2014, 63%
dos jovens brasileiros entre 15 e 29 anos, ou seja, cerca de 35,6 milhões de
jovens, estava inserida no mundo do trabalho, seja trabalhando ou já
vivendo a experiência do desemprego (Brasil, 2014).12
Portanto, o tema do trabalho dos jovens não pode ser medido apenas
a partir do grau de escolarização ou qualificação de que eles necessitam
ou dispõem ao ingressar no mercado de trabalho ou ao buscar um novo
emprego ou ocupação. Do mesmo modo, a superação dos problemas dos
jovens no campo do trabalho também não se equacionam com a resolução
da situação educacional, embora esta seja um componente essencial.13 Se
os jovens participam do mundo do trabalho, sua experiência nesse campo
11 Rocha (2012: 64) nos lembra que “a comunidade epistêmica de especialistas que se formou
torno do tema da juventude teve papel significativo no processo de aglutinar os demais atores
da sociedade e sobretudo de formular alternativas, isto é propostas de ações governamentais
para as juventudes”.
12 A análise e apresentação de dados estatísticos em relação à situação juvenil no mercado de
trabalho no Brasil não será objeto desse artigo, mas alguns dados poderão ser apresentados
em função do debate considerado. Para um olhar mais amplo sobre os dados consultar, dentre
outros, Brasil, 2011; Corseuil e Botelho, 2014; pntdj, 2016.
13 Por esse motivo a primeira prioridade da antdj é “Mais e melhor educação”, entendendo que
esse é o ponto de partida necessário para a construção de uma trajetória de trabalho decente
para os e as jovens.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 149
deve ser compreendida e abordada também com ações e políticas públicas
na própria dimensão laboral e relacionadas ao seu direito ao trabalho e às
condições em que este se exerce, ao lado da constante luta pela erradica-
ção do trabalho infantil e pela possibilidade de dedicação aos estudos
para adolescentes e jovens até o termino da educação básica.
A discussão no Subcomitê buscou, desse modo, suplantar os termos
do debate tal como era travado até então no Brasil, polarizado entre estra-
tégias para a maior postergação possível da entrada no mundo do traba-
lho para lograr uma maior dedicação aos estudos e assim melhorar as
condições de inserção laboral, ou promover essa inserção para evitar a
inatividade. A nova perspectiva desenvolvida buscava superar essa falsa
dualidade, chamando atenção para o fato de que há que se examinar as
condições em que o trabalho é exercidoe promover garantias de que essa
inserção não seja prejudicial ao seu desenvolvimento integral, do qual
a educação é parte fundamental (Corrochano e Abramo, 2016). Ou seja, a
ideia de reconhecer e promover o direito ao trabalho decente exige que o
diagnóstico vá além da problematização da situação de atividade ou ina-
tividade e examine a qualidade desta inserção (o que inclui a condição de
formalidade do emprego, do salário, da jornada de trabalho, da existência
de contrato e proteção social, direito à sindicalização e à negociação cole-
tiva etc.). Mais que isso, exige compreender como as condições de exercí-
cio do trabalho interferem no percurso escolar e laboral desses jovens, ou
seja, qual o sentido que adquirem em suas trajetórias de desenvolvimen-
to, inclusão social e aquisição de autonomia.
A antdj adotou a mesma definição de juventude que a do Estatuto da
Juventude (em termos etários, dos 15 aos 29 anos). Cabe destacar que, em
seu processo de elaboração, foram consideradas as orientações já estabe-
lecidas no Plano Nacional de Erradicação do Trabalho Infantil e de
Proteção ao Adolescente Trabalhador, partindo do pressuposto –estabe-
lecido pela legislação nacional– de que os 16 anos constituem a idade
mínima para a admissão ao trabalho no país. Isso significa que qualquer
tipo de inserção no mercado de trabalho antes dessa idade deve ser erra-
dicado, com exceção das situações de aprendizagem estabelecidas pela
Lei da Aprendizagem (Lei 10.097/2000), a partir dos 14 anos. A defesa de
oportunidades de trabalho decente para os adolescentes (a partir dos 15
anos) abordada na antdj e no pndtj se faz, portanto, dentro desse quadro
normativo e se limita às situações de aprendizagem protegidas pela refe-
rida lei.
150 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Foram quatro as prioridades estabelecidas pela Agenda: a) mais e
melhor educação; b) conciliação dos estudos, trabalho e vida familiar; c)
inserção digna e ativa no mundo do trabalho, com igualdade de oportu-
nidades e tratamento; d) diálogo social: juventude, trabalho e educação.
Para cada uma dessas prioridades foi definido um amplo conjunto de
linhas de ação, cada uma delas acordada no processo de diálogo social.
A conformação desta agenda ref lete, desse modo, um avanço relacio-
nado com o contexto político do momento, representado pelos dois man-
datos do governo de Luís Inácio Lula da Silva, no qual uma série de
direitos plasmados pela Constituição de 1988 foram incorporados à legis-
lação ordinária e a novas propostas de políticas públicas e em que se
amplia o “reconhecimento do outro como sujeito portador de interesses
válidos e direitos legítimos” (Dagnino, 2004: 32). Ref lete também o
ambiente ou o “humor nacional” (Kingdon, 1995) no qual se desenvolve um
esforço de pactuação para a construção de grandes agendas nacionais,
envolvendo tanto empresários como trabalhadores, e que se ref letiu na
possibilidade de consensuar a antdj em 2010.
A proposição central dessa agenda foi sendo incorporada por diver-
sos atores sociais e setores governamentais, repercutindo também em
instrumentos jurídicos, como se observa no Estatuto da Juventude (Lei
nº 12.852/2013), importante marco legal elaborado pelo parlamento e san-
cionado pela Presidência da República em 2013, que estabelece uma “carta
de direitos” dos jovens brasileiros. Ainda que não haja uma referência
explícita ao termo “trabalho decente” na seção III do Estatuto, que trata
do direito dos jovens ao trabalho, nos artigos que compõe tal seção estão
descritos elementos centrais do conceito e de diretrizes da antdj (como
no Artigo 14º, onde se afirma que o jovem tem direito “à profissionaliza-
ção, ao trabalho e à renda, exercido em condições de liberdade, equidade
e segurança, adequadamente remunerado e com proteção social”).
Após o lançamento da antdj, o Subcomitê definiu a necessidade de
divulgar e discutir o mais amplamente possível os seus conteúdos e, ao
mesmo tempo, avançar na elaboração de um Plano Nacional de Trabalho
Decente para a Juventude (pntdj), que apresentasse estratégias para a
concretização dos desafios relacionados à promoção do trabalho decente
para jovens no Brasil, o que foi feito, pelo próprio Subcomitê da Juventude,
entre 2013 e 2015.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 151
Avanços e limites, acordos e tensões
na pactuação do Plano Nacional
de Trabalho Decente para a Juventude
A estrutura do pntdj seguiu os pressupostos e prioridades definidos na
antdj, sendo composto por quatro capítulos (Mais e melhor educação;
Conciliação entre os tempos de estudo, trabalho e da vida familiar;
Inserção ativa e digna no mundo do trabalho; Diálogo Social), cada um
deles contendo um breve diagnóstico com os dados relativos aos avanços,
limites e políticas públicas relacionadas ao eixo em questão, bem como os
desafios e estratégias de ação.
O processo organizado pelo Subcomitê da Juventude para a constru-
ção do pntdj incluiu uma atualização do diagnóstico que havia embasado,
em 2009, a construção da antdj, dado que havia indícios de importantes
transformações na situação dos jovens nos âmbitos da educação e do tra-
balho desde então, e que era preciso identificar os principais desafios que
permaneciam. Decidiu-se comparar os dados de 2006 (marco do diagnós-
tico construído para a antdj) e os de 2013, ano dos dados mais atualizados
disponíveis no momento da formulação do pntdj.14
Nessa fase, intensificou-se a participação do ipea, que teve um papel
muito importante na atualização do diagnóstico. A definição das variá-
veis e das linhas interpretativas foi sendo partilhada pelos técnicos do
ipea com os membros do Subcomitê.15 Foram bastante importantes tam-
bém os estudos e pesquisas liderados pela oit, que conservou a “comuni-
dade epistêmica” em torno do tema e possibilitou a produção de
informações e interpretações que fizeram avançar aspectos de diagnósti-
co ainda não suficientemente explorados.
14 Parte dessa análise pode ser encontrada em: Costa e Oliveira, 2015; Corseuil e Franca, 2015;
pntdj,2016; Silva, Macedo e Figueiredo, 2015. Cabe ressaltar que na finalização do texto do
diagnóstico, os dados foram atualizados com a pnad de 2014 (Brasil, 2014) já divulgados na-
quele momento.
15 Este trabalho também envolveu a apresentação ao Subcomitê de pesquisas relevantes rea-
lizadas no período recente sobre o tema, tais como “Agenda Juventude Brasil” (Brasil, 2013) e
“Investindo na Juventude” (ocde, 2013), dentre outras. Nesse mesmo período, e animado pelo
processo de debate ancorado no Subcomitê, a oit realizou uma série de pesquisas sobre o
tema da transição entre escola e trabalho dos jovens, a partir do Projeto Work4Youth, pesqui-
sa que no Brasil foi denominada “Transição Escola-Trabalho (tet). O projeto W4Y foi fruto de
uma parceria entre o Programa Emprego Jovem da oit e a Fundação MasterCard, envolvendo
28 países, dos quais 5 na América Latina e Caribe (Brasil, Colômbia, El Salvador, Jamaica, Peru).
(Ver Venturi e Torini, 2014).
152 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Além da atualização dos dados, procurou-se, neste diagnóstico,
aprofundar a análise sobre a grande heterogeneidade das situações juvenis e
significativas desigualdades na situação de trabalho, a fim de avançar na
proposição das formas de revertê-las na perspectiva de garantir, para
todos e todas, o exercício do direito ao trabalho decente. Para isso os
dados estatísticos foram desagregados, sempre que possível, por sexo,
raça/cor, situação urbana e rural, renda familiar e faixas etárias relacio-
nadas às diferentes etapas da vida juvenil.
Nos debates para estabelecer o diagnóstico, assim como nos estudos
e pesquisas que se fizeram em torno dos trabalhos do Subcomitê (princi-
palmente pelo ipea e oit), foi incorporado o referencial já bastante desen-
volvido na sociologia da juventude, tal como anteriormente evidenciado
neste artigo, de considerar as situações de atividade dos jovens na pers-
pectiva das trajetórias implicadas nos processos de transição para a vida
adulta. A partir dessa perspectiva, os dados foram organizados levando
sempre em consideração as faixas etárias que configuram momentos
distintos da vida juvenil, como a adolescência (dos 15 aos 17 anos, período
de escolarização obrigatória e de inserção laboral apenas sob certas con-
dições); o período de inf lexão representado pelo término da educação
básica e, com maior frequência, de início da trajetória laboral (18 a 24
anos), e o trecho final (25 e 29 anos, com uma predominância de situações
de responsabilidades familiares mais exigentes). Além da idade, sempre
que possível, o momento da vida familiar no qual os jovens se encontram
(se ainda moram com a família de origem, se são casados, se já têm filhos),
que tanto condicionam como dão significados distintos às dimensões das
atividades educacionais e laborais. Essa perspectiva permitiu adensar o
debate sobre o eixo da conciliação entre estudos, trabalho e vida familiar
e produzir uma nova compreensão sobre o fenômeno dos “jovens que não
estudam nem trabalham”.
A construção do diagnóstico permitiu avançar na compreensão com-
partilhada sobre a manutenção da presença e a importância do trabalho
na vida dos jovens, assim como visualizar importantes mudanças ocorri-
das no país entre 2006 e 2014 nas condições de acesso e exercício do direi-
to ao trabalho e à educação. Também decidiu-se elaborar um inventário
sobre as políticas públicas para a juventude implementadas desde 2006,
para facilitar a análise do que propor em termos de continuidade e/ou
mudanças nas estratégias de enfrentamento dos desafios elencados.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 153
Os dados sobre a situação educacional evidenciaram importantes
avanços no período analisado: aumento da frequência total e da frequên-
cia líquida em todas as faixas etárias e todas as faixas de renda; aumento
de acesso a todos os níveis de ensino, na média de anos de escolaridade,
no f luxo escolar, na porcentagem de jovens com Ensino Médio e Ensino
Superior. Mas também evidenciaram o quanto esses índices não eram
satisfatórios e estavam longe de alcançar as metas estabelecidas pelo
Plano Nacional de Educação (pne). Por isso mesmo, o eixo relativo à edu-
cação (mais e melhor educação) continua central no pntdj, reunindo
quase metade de todas as proposições elencadas. Além disso, o problema
da qualidade da educação ofertada e as formas de enfrentá-lo foi ampla-
mente discutido pelo Subcomitê e constituiu um ponto de debate e tensão
até o fim dos seus trabalhos.
Uma questão que merece destaque é que, em todos os indicadores
analisados, as melhorias foram mais acentuadas para os mais excluídos
(os mais pobres e os negros, por exemplo), indicando uma redução das
disparidades; não o suficiente para superar as enormes desigualdades
existentes, sobretudo as de renda, mas importantes porque indicam uma
tendência no período assinalado. Esse ponto foi bastante sublinhado nos
debates do Subcomitê e a interpretação de que a redução da desigualdade
pode ser vista como resultado positivo das políticas de inclusão e ações
afirmativas adotadas no período, apresentada pela bancada governamen-
tal, acabou sendo incorporada no texto final do Plano.
Esses foram alguns dos pressupostos iniciais na construção do
pntdj. O que se pretende enfatizar a partir daqui, são os avanços e as ten-
sões em alguns temas, particularmente relevantes para o campo dos
estudos da juventude e para a formulação de ações públicas dirigidas a
esse segmento, especialmente no campo do trabalho.
Implicações e possibilidades para a conciliação
entre estudos, trabalho e vida familiar
Um dos avanços mais importantes do processo de formulação da antdj e
do pntdj foi o de evitar olhar para a questão do trabalho como um elemen-
to isolado na vida dos jovens. Um dos eixos centrais da Agenda e do Plano
focaliza as possibilidades de “conciliação entre trabalho, escola e vida
familiar”, e o debate desenvolvido em torno dele propiciou algumas das
contribuições mais significativas para a ampliação da agenda pública
154 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
sobre trabalho e juventude, levantando temas até então pouco prioriza-
dos e revelando a quase ausência de políticas. Entre estes temas, a mag-
nitude do trabalho não remunerado exercido pelas jovens mulheres no
âmbito doméstico (principalmente no cuidado com as crianças, idosos,
enfermos, pessoas com deficiência), a questão da mobilidade urbana e a
necessidade de pensar as jornadas de trabalho e de estudo de forma con-
junta e articulada.
Como já destacado, em países como o Brasil, educação e trabalho
constituem percursos muitas vezes paralelos nas trajetórias dos jovens.
Os dados da pnad 2014 revelam que uma parcela significativa dos jovens
se esforça para conciliar trabalho e estudo, especialmente entre os 15 e 17
anos de idade (14,5%) e os 18 e 24 anos de idade (14,4%), o que representa,
em termos numéricos, 1,5 milhão de adolescentes e 3,2 milhões de jovens.
No entanto, não são poucas as dificuldades para essa conciliação, bem
como para a dedicação à vida familiar, à cultura e ao lazer, dada a atual
realidade das jornadas no mercado de trabalho brasileiro, à falta ou defi-
ciência de serviços e equipamentos de cuidado (como creches) e aos pro-
blemas de mobilidade urbana.
Uma das conclusões da pesquisa Transição Escola-Trabalho, realiza-
da pela oit (Guimarães, Marteleto e Brito, 2016) é que a sobreposição das
atividades de estudo e trabalho tem faces distintas, sobretudo em função
da idade e do momento da trajetória em que ocorre, do tipo de trabalho
exercido e de outras condições da família. Os debates no Subcomitê, em
diálogo com diversas pesquisas produzidas sobre o assunto, contribuíram
para compreender as condições em que este entrecruzamento de percur-
sos acontece e para pensar estruturas de suporte para os jovens que viven-
ciam essa situação.
O tema dos horários e da extensão das jornadas, tanto laborais como
escolares, foi um dos principais pontos do debate travado no Subcomitê.
A jornada de trabalho ainda é bastante elevada para o conjunto dos traba-
lhadores do Brasil e especialmente para a juventude. No entanto, são
inexistentes as ações específicas visando à organização de jornadas de
trabalho especiais para jovens trabalhadores-estudantes. Além disso,
observa-se um alto grau de descumprimento de direitos previstos na
legislação trabalhista, como possibilidade de faltas nos dias de prova.
Este é um dos temas que mais geram demandas nas negociações coletivas
que tratam das questões dos jovens trabalhadores (cut, 2014). Por outro
lado, as instituições educativas muitas vezes ignoram a condição de
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 155
trabalhador de seus estudantes e não facilitam a organização de seu
calendário e grade horária para permitir a sua frequência escolar
adequada.
A proposição sobre o estabelecimento de jornadas mais curtas para
jovens, contudo, não foi acordada, por resistência da bancada dos traba-
lhadores, que enxergam nesse tipo de medida uma abertura para a desva-
lorização dos salários. Mas foi acordado o desafio de propor “organização
de jornadas de trabalho que permitam o acesso e a permanência dos
jovens trabalhadores e estudantes na educação básica, profissional e
superior, ou que garantam seu retorno às atividades escolares” e no de
“aprimorar e criar novos mecanismos para melhoria da mobilidade urba-
na relacionadas ao deslocamento para os locais de estudo e de trabalho”.
Duplas e triplas jornadas: tarefas domésticas
e responsabilidades familiares
Em 2014, os jovens no Brasil dedicavam, em média, 16,5 horas semanais
ao trabalho doméstico não remunerado e de cuidados. Somando o tempo
médio dedicado ao trabalho remunerado (40 horas semanais), a jornada
total de trabalho dos jovens no seu conjunto ascendia a 56 horas semanais.
Mas essa carga de trabalho está longe de ser homogênea. Para as jovens
mulheres, a jornada total de trabalho (que considera a jornada de trabalho
remunerado exercida no mercado de trabalho, os afazeres domésticos e o
tempo de deslocamento casa-trabalho) é significativamente mais elevada
(58 horas e 30 minutos semanais) que a dos homens (49 horas e 30 minu-
tos). Apesar de trabalhar em média 3 horas a menos que os homens no
mercado de trabalho, as jovens mulheres dedicam mais que o dobro de
horas aos afazeres domésticos (20 horas semanais) que os jovens homens
(9 horas semanais) (PNTDJ, 2016). Essas cifras indicam a persistência,
entre as novas gerações, da divisão sexual do trabalho e de estereótipos
de gênero que atribuem às mulheres as responsabilidades com o cuidado
da família e com a organização doméstica. Considerando a situação dos
jovens com filhos, as desigualdades se multiplicam, pois a possibilidade
de conciliação dos estudos, trabalho e vida familiar é ainda mais comple-
xa. Segundo os dados da pnad2014, entre os/as jovens pais e mães, inde-
pendentemente do sexo ou faixa etária, o tempo médio dedicado aos
afazeres domésticos chega a ser 11 horas superior ao daqueles/as que não
tem filhos/as. Essa situação está claramente relacionada ao déficit de polí-
ticas e sistemas de cuidado: apenas 13,4% dos/as adolescentes que se
156 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
tornaram pais/mães entre os 15 e 17 anos tinham acesso a creches, percen-
tual que se elevava a 33,9%, entre aqueles/as de 18 a 24 anos e a 47,2%, entre
os/asde 25 a 29 anos. O percentual de jovens pais/mães de baixa renda
(20% mais pobres) e de negros/as e indígenas que contam com esse tipo de
serviço é significativamente menor do que aquele verificado entre os
jovens oriundos de famílias de estratos de renda mais elevado e de bran-
cos/as e amarelos/as. A falta de creches também é vivida como uma situ-
ação mais aguda para jovens do campo (Brasil, 2014)
Embora o tema tenha sido bastante aprofundado nos debates do
Subcomitê, nem todas as estratégias relacionadas a esse desafio puderam
ser acordadas, como as que postulavam a ampliação das licenças mater-
nidade e paternidade.16 Outros consensos, no entanto, foram estabeleci-
dos em torno da diretriz de “criar mecanismos que permitam acesso, a
continuidade e/ou o retorno aos estudos e ao trabalho para as jovens mães e para
os jovens pais” (como o fortalecimento da proposta de expansão das cre-
ches e de escolas de tempo integral) e algumas soluções inovadoras, como
as salas de acolhimento17 em programas de educação para jovens adultos.18
Os jovens “sem estudo e sem trabalho”
A outra face dessa multiplicidade e sobreposição de atividades é a
situação de estar, ao mesmo tempo, fora do mercado de trabalho e de
processos formais de educação ou formação. Esse tem sido um tema
recorrente da produção de diagnósticos sobre a condição juvenil, gerando
uma definição desta situação como “a mais vulnerável” e aquela que mais
demanda atenção e ação de intervenção por parte do Estado.
Configurando-se como um dos mais importantes pontos debatidos pelo
Subcomitê, significativos reenquadramentos foram produzidos em rela-
ção a essa situação. Em primeiro lugar, a necessidade de rever o próprio
16 As bancadas dos trabalhadores e do governo propuseram formulações nesse sentido, mas a
bancada dos empregadores não aceitou.
17 Espaços de atendimento nas escolas que buscam proporcionar condições adequadas de segu-
rança e bem-estar às crianças, no período em que seus pais estão frequentando as aulas.
18 Como foi desenvolvido, em caráter experimental, no Projovem Urbano, programa de elevação
da escolaridade de jovens entre 18 e 29 anos de idade, inicialmente formulado pela Secretaria
Nacional de Juventude e posteriormente incorporado pelo Ministério da Educação, depois que
se constatou que a maioria dos jovens matriculados no programa eram mulheres com filhos
pequenos e encontravam grandes dificuldades de frequentar as aulas noturnas por não terem
com quem deixar seus filhos pequenos nesse horário.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 157
conceito e dimensionamento dessa situação, em especial a ideia de asso-
ciá-la a atributos de segmentos de jovens, e não a situações que se inter-
põem em suas trajetórias. Nesse sentido propôs-se alterar o termo
corrente no debate e na literatura, de jovens que não estudam e nem tra-
balham (“jovens nem nem”), para a de jovens que não estão estudando e
nem ocupados no mercado de trabalho (e que foram denominados, nas
discussões do Subcomitê, de jovens “sem-sem).19
O esforço de diagnóstico foi, então, o de qualificar e dimensionar
melhor as diferentes situações que aparecem encobertas por essa ideia de
uma “dupla inatividade”. Em primeiro lugar, ela não revela a grande
quantidade de trabalho doméstico não remunerado exercido sobretudo
pelas jovens mulheres no interior dos próprios domicílios, e inclui um
conjunto diverso e variado de outras situações, tais como a dificuldade de
encontrar trabalho e condições para continuidade dos estudos ou a inter-
rupção temporária do percurso regular de escolarização ou de trabalho
para dedicação a algum tipo de formação não escolar. Uma primeira
necessidade foi a de diferenciar o peso e significado das distintassituações
de inatividade conforme o momento da trajetória dos jovens, identificando em
que momentos elas ocorrem com mais frequência: a descoberta foi que
não é na adolescência, mas sim após os 20 anos, que esse fenômeno tem
mais peso. A segunda foi tentar entender, além dos determinantes de
gênero, também os de renda, raça, escolaridade e situação de domicílio
nessa condição. Essa análise evidenciou uma vez mais o fato de que as
mulheres jovens, principalmente as com filhos pequenos, são muito mais
propensas a estarem nessa situação.
Outro ponto bastante debatido no âmbito do Subcomitê, foi o de que
a supervalorização do diagnóstico dos “nem nem” como o problema prin-
cipal na agenda ou como indicador central da experiência de uma geração
pode contribuir para a produção de estigmas (os jovens como desinteres-
sados, desfiliados e propensos à apatia ou ao crime) e também para a
invisibilidade das condições estruturais do mercado de trabalho e dos
déficits nas políticas de proteção social, em particular no que se refere às
políticas de cuidado. Pode, nesse sentido, ter profundas implicações para
as políticas públicas destinadas aos jovens, fortalecendo uma perspectiva
que se buscava superar, de centrar as ações apenas sobre a sua
19 Fucks (2001) destaca que a disputa se processa tanto em torno das questões a serem incluídas
na agenda, como no que diz respeito aos termos em que os problemas são definidos.
158 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
“empregabilidade”, em detrimento das observações relativas às condições
de trabalho e a estrutura do mercado de trabalho.
A despeito de divergências e falta de consenso relativos a várias
estratégias neste eixo, a pactuação dos desafios a superar, relatados
acima, já implicam um importante avanço da agenda. Nesse sentido, as
posições elaboradas no Subcomitê possibilitaram o estabelecimento de
um diálogo com outros atores e instituições que produzem indicadores,
análises e recomendações de políticas relacionadas ao trabalho dos jovens
no âmbito nacional e internacional, como o ibge, a oit e a cepal. Essa nova
posição a respeito do tema já teve como resultado, por exemplo, mudan-
ças na forma de coleta dos dados sobre a situação de atividade dos jovens
por parte do Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística,20 que busca
agora um maior detalhamento das diferentes situações de atividade e
inatividade dos jovens e inclui perguntas sobre os motivos da
inatividade.
A qualidade do trabalho dos jovens
Com relação aos dados sobre a situação do trabalho dos jovens, foram iden-
tificados avanços notáveis nos últimos anos, representados, sobretudo,
pela diminuição do trabalho infantil, pela diminuição da taxa de participa-
ção de adolescentes (o percentual de adolescentes de 15 a 17 anos ocupados
caiu de 26,7% em 2006 para 19,6% em 2014, uma variação de menos 26,6%),
pela queda do desemprego (a taxa de desemprego dos jovens de 16 a 29 anos
caiu de 15,5% em 2006 para 12,8% em 2014, uma variação de menos 17,5%)
pela queda da taxa de informalidade (que cai de 51,2% em 2006 para 37,9%
em 2014, queda maior que a verificada na população como um todo), e pelo
aumento do rendimento do trabalho: embora sempre mais baixos que os
salários dos adultos, o rendimento médio do salário dos jovens trabalhado-
res entre 16 e 29 anos subiu de R$ 767,20 em 2006 para R$ 1.080,09 em 2014
e a proporção de jovens trabalhadores recebendo menos de 1 salário míni-
mo caiu de 29,7% em 2006 para 20,10% em 2014, o que representa uma
variação de menos 32% (Brasil, 2011; pntdj, 2016).
Tais tendências foram compreendidas, no âmbito do debate do
Subcomitê, como fazendo parte do conjunto de “importantes avanços no
20 Inclusive na Pesquisa Nacional de Amostragem Domiciliar Contínua, novo instrumento de co-
leta das informações periódicas do ibge.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 159
comportamento do mercado de trabalho, resultados positivos na criação
de empregos e conseqüente redução das taxas de desemprego, maior for-
malização dos vínculos de trabalho, expressiva valorização do salário
mínimo e aumento da remuneração média do trabalho, bem como a redu-
ção de desigualdades” (pntdj, 2016:. 15).
Ao mesmo tempo, também nesse caso, os avanços não diminuem a
magnitude do desafio de garantir trabalho decente para os jovens: o texto
do Plano alerta para o fato de que o desemprego, a informalidade, os bai-
xos salários, a falta de proteção previdenciária, continuam altas para esse
segmento etário, e podem se agravar muito rapidamente numa reversão
do contexto econômico e político. Outra questão relevante do diagnóstico
é a constatação que, nesse quadro, os deslocamentos nas relações de desi-
gualdade não se fizeram de modo homogêneo nem com a mesma intensi-
dade que o observado no quadro sobre a educação. Preocupa, nesse
sentido, principalmente, a persistência da desigualdade racial, no caso
das taxas de desemprego, e da desigualdade de renda, no caso da preca-
riedade (informalidade) das condições de trabalho.
Foram incorporados avanços interpretativos sobre o fenômeno do
desemprego juvenil, a partir de novos estudos sobre a questão da rotativi-
dade entre os jovens trabalhadores (Corseuil et al, 2014), nos quais se cons-
tata que tão ou mais significativo que o problema do “primeiro emprego”
está a dificuldade de “se manter no emprego”, o que está relacionado entre
outros fatores à existência de “vagas de baixa qualidade”, mesmo em seto-
res formais da economia, que trocam de trabalhadores a cada período,
sempre com o mesmo perfil (jovens com baixa escolaridade). Muitos dos
desafios que o Subcomitê se dispôs a responder estão ligados ao enfrenta-
mento das dificuldades de inserção e permanência no emprego; mas uma
parte significativa da elaboração do subcomitê foi voltada as questões
relativas à qualidade do trabalho dos jovens e seu direito à proteção social
(Brasil, 2010; Corrochano e Abramo, 2016; pntdj, 2016).
Desse modo, avançou-se significativamente não só sobre o dimensio-
namento dos problemas enfrentados pelos jovens no mundo do trabalho,
mas também nas formas de enfrentá-los. Esse processo trouxe à cena
questões geralmente pouco discutidas e extremamente relevantes quanto
às suas condições de trabalho, estabelecendo-se um conjunto significativo
de prioridades, como: o desenvolvimento de ações voltadas à promoção de
um ambiente de trabalho que possibilite ao jovem um aprendizado contí-
nuo, exigindo maior fiscalização para o cumprimento das normas que
160 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
resguardam os direitos dos trabalhadores que estudam; a avaliação per-
manente das condições de trabalho em termos de sua remuneração, salu-
bridade, segurança, condições materiais, alimentação e transporte, para
a elaboração de políticas voltadas a sua melhoria; o aprofundamento de
diagnósticos sobre condições geradoras de acidentes de trabalho e doen-
ças profissionais entre a juventude trabalhadora, o direito à sindicaliza-
ção e à negociação coletiva, dentre várias outras.
Mas foi justamente nesse âmbito que ocorreu um maior e mais pro-
fundo conjunto de tensões entre os diferentes atores do Subcomitê, entre
os quais se destaca a questão da informalidade. O debate sobre esse tema
foi um dos mais controversos no âmbito do Subcomitê. Tomado, no início,
como um dos principais indicadores da qualidade do trabalho do jovem,
as divergências manifestadas, principalmente pelos representantes das
organizações de empregadores, diziam respeito às suas causas, às medi-
das necessárias para combater o problema, e, no final, sobre o próprio
conceito de informalidade, assim como sobre a “oportunidade” de consi-
derar esse um indicador relevante da situação do trabalho dos jovens. As
divergências de interpretação dos dados e de compreensão das causas da
informalidade estão registradas no estudo que o ipea realizou com inte-
grantes do Subcomitê da Juventude, ente 2013 e 2014, com o objetivo de
captar a compreensão destes atores sobre o tema da informalidade entre
os jovens (Silva et al., 2015).
O estudo indica que a maioria dos empregadores entrevistados atri-
bui o problema exclusivamente às características e ao nível de qualifica-
ção dos jovens: eles ocupariam empregos de baixa qualificação e informais
por terem baixa escolaridade, ou escolaridade de má qualidade, e pouca
ou nenhuma qualificação profissional; na sua perspectiva, portanto, as
políticas públicas mais eficazes seriam aquelas que apostam na elevação
da escolaridade e no estímulo à qualificação profissional. Já os represen-
tantes dos trabalhadores interpretam o problema da informalidade como
oriundo do processo de f lexibilização e destruição de direitos ocorridos
nos anos 1990, que ainda repercutem no período atual e que fazem com
que os segmentos mais vulneráveis, entre eles os jovens, tenham um aces-
so restrito a empregos formais e de qualidade. Cobram, nesse sentido,
posição governamental de combate à precarização, fiscalização e atuação
no caso das violações dos direitos dos trabalhadores.
Os representantes governamentais entrevistados, por sua vez, enten-
dem o problema como resultado tanto do perfil de escolaridade dos
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 161
jovens como de características estruturais do mercado de trabalho, envol-
vendo questões históricas e culturais vinculadas ao modelo de desenvol-
vimento econômico e social do país, que comporta a manutenção de vagas
de baixa qualificação “destinadas” a jovens no início de sua trajetória
laboral e que resistem às políticas de combate à informalidade. Neste
sentido, postulam a continuidade, expansão e aperfeiçoamento das polí-
ticas em curso no momento de realização das entrevistas, tanto as de
elevação da escolaridade (principalmente as de acesso e permanência no
ensino superior e técnico) e de qualificação profissional (principalmente
através do programa nacional de formação profissional iniciado em 2011,
o pronatec), assim como as diversas políticas de combate à informalidade
e de extensão da cobertura da previdência e da proteção social em geral.
Além disso, postulam o reforço e aperfeiçoamento de políticas de inserção
protegida de adolescentes e jovens no mercado de trabalho, como as ações
de cumprimento da Lei da Aprendizagem.
Diante dos embates, o desafio que emergiu do diagnóstico foi o de
“criação de mecanismos de combate à informalidade e a ampliação da
cobertura de proteção social”, mas as divergências com relação às propo-
sições de enfrentamento do tema acentuaram-se no momento de aprovar
as estratégias de ação e uma série de impasses demonstrou a inviabilida-
de de produzir consensos sobre este tema. Os embates também revelaram
que divergências mais amplas e profundas sobre a questão da manuten-
ção e ampliação dos direitos do trabalho estavam se agravando no cenário
nacional, ref letindo-se nas possibilidades de pactuação no ambiente do
Subcomitê, sendo, possivelmente, um dos desencadeadores da posição
tomada pela bancada dos empregadores, para não subscrever o texto do
Plano.
Embora o Plano não tenha sido finalizado e chegado à esfera da
implementação, o acúmulo de informações e conhecimento partilhado,
assim como as pactuações alcançadas em torno de certas diretrizes
podem ter importantes reverberações, inclusive na arena de disputas em
torno de outras agendas, como é o caso da Agenda 2030 para o
Desenvolvimento Sustentável, onde a preocupação com o tema do traba-
lho dos jovens está expressa, no objetivo 8, na meta 8. “reduzir a taxa de
desemprego dos jovens” e na meta 8.6: “até 2020 reduzir consideravel-
mente a proporção de jovens que não estão empregados e não estão cur-
sando estudos e nem recebendo capacitação”.A posição levada por atores
que viveram o processo de elaboração do pntdj aos fóruns de definição
162 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
dos parâmetros e metas nacionais dos ods alertam para a necessidade de
incluir também indicadores relacionados à qualidade dessa inserção, com
o objetivo de avançar na garantia dos direitos do trabalho e da proteção
social para os jovens.
A experiência acumulada na formulação da antdj e do pntdj fornece
certos parâmetros para a orientação deste e outros debates. Assim, por
mais que a versão final do Plano não tenha sido aprovada por todas as
bancadas, continua sendo um importante documento de referência a
orientar a posição e atuação dos que se alinham em torno da promoção do
direito a um trabalho decente para a juventude.
Considerações finais
Os jovens do Brasil vivenciaram nesta última década e meia uma experi-
ência geracional comum. Na perspectiva de Mannheim (1993: 221), a par-
ticipação em uma mesma geração vai muito além do tempo cronológico
ou da “mera contemporaneidade biológica”. Ela vincula-se de maneira
intensa à possibilidade de participação em eventos e vivências comuns
em um determinado período histórico que podem (ou não) levar os sujei-
tos a certos modos característicos de agir, sentir, pensar etc., ou seja, a
constituir certa subjetividade no que se refere às formas de processar os
acontecimentos. Ainda que possamos continuar reconhecendo os múlti-
plos e desiguais modos de inserção da juventude brasileira na estrutura
social, ou melhor dizendo, das “juventudes”, é inegável reconhecer que
algumas mudanças afetaram esta geração como um todo.
Houve avanços em importantes indicadores, mais intensamente no
campo educacional, mas também quanto às possibilidades de inserção no
mundo do trabalho e à qualidade do emprego. Nessas duas dimensões,
para além da melhoria do acesso, seja a um lugar na escola, seja a um
trabalho decente, chama atenção a redução das desigualdades, particu-
larmente quando consideradas a dimensão da renda, gênero e raça.
Diferentes diagnósticos revelam, no entanto, que os avanços não obscure-
cem as contradições e limites ainda existentes para uma inserção digna e
ativa no mundo do trabalho.
Em consonância com o processo de construção de políticas públicas
de juventude no Brasil, os espaços de diálogo construídos em torno do
Subcomitê de Trabalho Decente para a Juventude para a construção de
uma Agenda e de um Plano Nacional de Trabalho Decente para a
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 163
Juventude avançaram na perspectiva de reconhecer a singularidade da
condição juvenil e da experiência geracional nas condições de acesso e
permanência no mundo do trabalho, tendo como ponto de partida a
intensa presença do trabalho na trajetória da juventude brasileira. Ao
lado disso, também contribuíram para a elaboração de eixos e diretrizes
articulando o trabalho a outras dimensões da vida juvenil, particular-
mente a educação e a vida familiar, além de reconhecer a diversidade e as
desigualdades nos múltiplos e reversíveis percursos para a vida adulta
(Corrochano e Abramo, 2016; Corrochano, 2012; Guimarães, Marteleto e
Brito, 2016; Pais, 2001).
Evidenciando a necessidade e importância de analisar os dados e
construir diretrizes e políticas específicas para jovens no campo do traba-
lho, considerando as diferenças entre as faixas de idade no tempo da
juventude, a renda familiar, a região de moradia e as dimensões de gêne-
ro e raça, a construção da Agenda e do Plano foram fundamentais para
não apenas reconhecer as múltiplas transições juvenis, mas também
para avançar em acordos e consensos que permitiram construir diretri-
zes e ações para enfrentar as desigualdades existentes.
Porém, nesses espaços de diálogo também se revelaram um conjunto
de tensões e conf litos, especialmente considerando a pluralidade de ato-
res neles presentes - organizações sindicais e de empregadores, gestores
públicos, sociedade civil. O debate sobre a condição juvenil no mundo do
trabalho e as ações necessárias para seu enfrentamento, explicitaram
percepções e orientações divergentes em relação a várias questões, dentre
as quais, mais intensamente exploradas por esse artigo, dimensões rela-
tivas à qualidade da educação e do trabalho, jornada de trabalho, infor-
malidade e a situação dos jovens que não estudam e não estão ocupados
no mercado de trabalho. As tensões e divergências presentes, ao contrário
do que havia ocorrido alguns anos antes com a antdj (Corrochano e
Abramo, 2016), impediram, na conjuntura de 2015/2016, a aprovação final
de um Plano Nacional de Trabalho Decente para a Juventude. No entanto,
o conjunto de diretrizes construídas, algumas das quais aqui apresenta-
das, contribuiu de maneira significativa para o avanço do olhar e do deba-
te público em torno da questão, permanecendo com um importante
documento capaz de continuar inf luenciando esse debate, assim como
novos estudos e diagnósticos e a formulação de políticas públicas, estra-
tégias sindicais e empresariais.
164 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Desde a aprovação do impeachment da Presidenta Dilma Roussef,
no entanto, o que se observa é a suspensão e enfraquecimento dos canais
de diálogo em torno desses temas, assim como a proposição e ou aprova-
ção de reformas legislativas e constitucionais no campo da educação, dos
direitos trabalhistas e previdenciários e do financiamento das políticas
sociais que, aliados à acentuada deterioração dos indicadores de mercado
de trabalho (entre eles a expressiva elevação das taxas de desemprego
geral e dos jovens) dificultam a continuidade da promoção de uma agen-
da de trabalho decente no país. Nesse contexto, os trabalhos do Subcomitê
de Trabalho Decente para Juventude foram interrompidos, bem como os
esforços para consolidar e aprovar as diretrizes do Plano Nacional de
Trabalho Decente para a Juventude. Contudo, as disputas em torno desse
tema, que não são novas, ainda não cessaram. Essa mesma geração de
jovens, que viveu uma experiência inédita na conquista de direitos e na
possibilidade de viver processos mais intensos de inclusão social, tam-
bém experimentou a possibilidade de construir sua cidadania durante o
mais longo período democrático vivido pelo país, fazendo-se presente de
forma significativa nos espaços e processos de participação e assumindo
o protagonismo em vários dos mais significativos eventos de mobilização
social e política. A linguagem e a ideia de direitos estão fortemente incor-
poradas ao seu vocabulário, como apontam pesquisas recentes (Souto,
2016).
Ainda que não se possa dizer que as respostas da atual geração de
jovens sigam em uma mesma direção, é possível apostar que muitos
embates se desenvolverão, vide o intenso processo de mobilização por
meio da ocupação de diferentes espaços públicos protagonizados, princi-
palmente nas escolas públicas, por jovens em todo país, na resistência a
reformas que restringem os seus direitos. O tema da inserção laboral dos
jovens, assim como o da qualidade desta inserção continua na pauta, e
extrapola o cenário nacional, configurando-se em importantes agendas
de pactuação regional e mundial, como é o caso das metas propostas para
o trabalho dos jovens na Agenda 2030. A experiência acumulada na for-
mulação da antdj e do pntdj pode fornecer parâmetros para a orientação
da atuação nesses cenários, nos quais a afirmação da agenda de direitos, da
inclusão social e da igualdade adquire um lugar central.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 165
Referências Bibliográficas
Associação Nacional de Pesquisa em Educação (anped) (2017), Boletim Especial:
Resistências, ano V, vol. 22, agosto de 2016. Rio de Janeiro, anped. Em: <http://
www.anped.org.br/news/boletim-especial-anped-resistencias-agosto-
-de-2016>. Consultado em: 04 de junho de 2017.
Abramo, Helena Wendel (1997), “Considerações sobre a tematização social da
juventude no Brasil”. Juventude e Contemporaneidade, n. 6/7. São Paulo, anped,
pp. 25-36.
––––– (2005), “Condição juvenil no Brasil contemporâneo”. In: Helena Wendel
Abramo e Pedro Paulo Branco (orgs.), Retratos da juventude brasileira: análises
de uma pesquisa nacional. São Paulo, Instituto Cidadania, Fundação Perseu
Abramo.
Abramo, Laís Wendel (2010), “Trabalho Decente: o itinerário de uma proposta”.
Revista Bahia Análise & Dados, v. 20, n. 2/3, jul./set. Salvador, Superintendência
de Estudos Econômicos e Sociais da Bahia, Secretaria do Planejamento e
Secretaria do Trabalho, Emprego, Renda e Esportes.
––––– (2013), ”Trabalho decente e juventude no Brasil: a Construção de uma
agenda”. Boletim Mercado de Trabalho, n. 55. Instituto de Pesquisa Econômica
Aplicada (ipea), pp. 12-24.
––––– (2015), A agenda de promoção do Trabalho Decente no Brasil: uma estratégia de
ação baseada no diálogo social. Brasília, oit.
Abramo, Lais Wendel, Andrea Araujo e A. Bolzon (2013), “Tripartismo e partici-
pação social: potencialidades e desafios do encontro entre dois processos na
I Conferência Nacional de Emprego e Trabalho Decente”. Revista Latino-
americana de Estudos do Trabalho, ano 18, n. 30. alast, pp. 211-248.
Avritzer, Leonardo (2012), Conferências Nacionais: ampliando e redefinindo os
padrões de participação social no Brasil. Rio de Janeiro, ipea, maio (Texto para
Discussão, n. 1739).
Brasil (2006), Agenda Nacional de Trabalho Decente. Brasília, mte.
––––– (2010), Plano Nacional de Emprego e Trabalho Decente. Brasília, mte.
––––– 2011),Agenda Nacional de Trabalho Decente para a Juventude.Brasília, mte.
––––– 2014), Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios (pnad).Brasília, ibge.
Camarano, Ana Amélia (org.) (2006), Transição para a vida adulta ou vida adulta em
transição. Rio de Janeiro, ipea.
166 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Casal, Joaquim, (1996), “Modos emergentes de la transición a la vida adulta en el
umbral del siglo XXI”. In: Congresso Internacional ‘Growing up Between
Centre and Periphery’, Lisboa. Jovens em mudança - Atas. Lisboa, mai.
Central Unica dos Trabalhadores (cut) (2014), Tercerização e negociações coletivas.
São Paulo, fes-cut.
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal) (2016a), Desarrollo
social inclusivo. Una nueva generación de políticas para superar la pobreza y reducir
la desigualdad en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, cepal.
––––– (2016b), La matriz de la desigualdad social en América Latina. Santiago de
Chile, cepal.
Conselho Nacional de Juventude (conjuve) (2006), Política Nacional de Juventude:
diretrizes e perspectivas. São Paulo, Conselho Nacional de Juventude/ Fundação
Friedrich Ebert.
Constanzi, Rogerio (2009), Trabalho decente e juventude no Brasil. Brasília,
Organização Internacional do Trabalho.
Corrochano, Maria Carla (2012), O trabalho e a sua ausência: narrativas juvenis na
metrópole. São Paulo, Annablume/Fapesp.
––––– (2015), “Jovens trabalhadores: expectativas de acesso ao ensino superior”.
Avaliação, v. 18, n. 1, pp. 23-44.
Corrochano, Maria Carla y Laís Wendel Abramo (2016), “Juventude, educação e
trabalho decente: a construção de uma agenda”. Linhas Críticas, v. 22, n. 47,
jan./abr. Brasília DF, pp. 110-129.
Corrochano, Maria Carla et al. (2008), Jovens e Trabalho no Brasil – Desigualdades e
Desafios para as Políticas Públicas. São Paulo, Ação Educativa.
Corrochano, Maria Carla e Marilena Nakano (2009), “Jovens e Trabalho”. In:
Marilia Pontes Sposito (org), O Estado da Arte sobre juventude na pós-graduação
brasileira: Educação, Ciências Sociais e Serviço Social (1999-2006). Belo Horizonte,
Argvmentvm.
Corseuil, Carlos Henrique e Rosana Ulhôa Botelho (2014), Desafios à trajetória
profissional dos jovens brasileiros. Rio de Janeiro, ipea.
Corseuil, Carlos Henrique, Miguel Foguel, Gustavo Gonzaga, Eduardo Pontual
Ribeiro (2014), “A rotatividade dos jovens no mercado de trabalho formal
brasileiro”. In: Carlos Henrique Corseuil e Rosana Ulhôa Botelho, Desafios à
trajetória profissional dos jovens brasileiros. Rio de Janeiro, ipea, pp. 157-174.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 167
Corseuil, Carlos Henrique e Mauricio Franca (2015), Inserção dos jovens no mercado
de trabalho brasileiro: evolução e desigualdades no período 2006-2013. Brasília,
Organização Internacional do Trabalho (oit)/ Instituto de Pesquisa
Econômica Aplicada (ipea).
Corti, Ana Paula, Maria Carla Corrochano e J. Alves (2016), “Ocupar e resistir: a
insurreição dos estudantes paulistas”. Educação e Sociedade, vol. 37, n. 137,
out.-dez., pp. 1159-1176.
Costa, Joana Simões de Melo e Luis Felipe Batista de Oliveira (2015), Mais e Melhor
Educação dos jovens brasileiros no período 2006-2013. Brasília, Organização
Internacional do Trabalho (oit)/ Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada
(ipea).
Dagnino, Evelina. (2004), “Construção democrática, neoliberalismo e participa-
ção: os dilemas da conf luência perversa”. Política e Sociedade, n. 5, outubro.
Departamento Intersindical de Estatística e Estudos Socioeconômicos (dieese)
(2012), A situação do trabalho no Brasil na primeira década dos anos 2000. São
Paulo, dieese.
Dubar, Claude (2001), “La construction sociale de l’insertion professionnelle en
France”. In: Laurance Roulleau-Berger e Madeleine Gauthier. (eds.), Les jeu-
nes et l’emploi. Paris, Editions de l’Aube.
Dubet, François (2001), “Entrée dans la vie et socialisation en France”. In:
Laurance Roulleau-Berger e Madeleine Gauthier (eds.), Les jeunes et l’emploi.
Paris, Editions de l’Aube.
Femenía, Ana Maria Garcia et al (2007), Proyecto Fortalecimiento de los Mecanismos
Institucionales para el Diálogo Social: Diálogo Social Institucionalizado en América
Latina. Estudio comparado de Argentina, Brasil, Ecuador, México y Perú. Lima,
oit. Documento de trabajo núm. 207.
Ferreira, Vitor Sérgio e Cátia Nunes (2014), “Para lá da escola: transições para a
idade adulta na Europa”. Educ. foco, Juiz de Fora, v. 18, n. 3, nov. 2013/ fev.
2014, pp. 169-206.
Fucks, Mário (2001), Definição de agenda, debate publico e problemas sociais: uma pers-
pectiva argumentativa da dinâmica do conf lito social. Rio de Janeiro, bib, n. 49.
Gonzalez, Rogério (2009), Políticas de emprego para jovens: entrar no mercado de
trabalho é a saída? Rio de Janeiro, ipea.
Guimarães, Nadya, Leticia Araújo Marteleto e Murilo Marschner Alves de Brito
(2016), Transições e trajetórias juvenis no mercado brasileiro de trabalho. Padrões e
Determinantes. Brasilia, Organização Internacional do Trabalho.
168 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Hasenbalg, Carlos (2003), “A transição da escola ao mercado de trabalho”. In:
Carlos Hasenbalg e Nelson Vale Silva, Origens e destinos: desigualdades sociais
ao longo da vida. Rio de Janeiro, Topbooks.
Kingdom, John (1995), Agendas, alternatives and public polices. New York,
Harper-Collins.
Lagree, Jean Charles (1992), “De la sociologie de la jeunesse a la sociologie des
generations». Les Sciences de l´Education, n. 3-4, pp. 19-27.
Levi, Giovanni e Jean Claude Schmitt (1996), “Introdução”. In: Jean Claude
Schmitt (org.), História dos jovens, v. 1. São Paulo, Companhia das Letras, pp.
7-19.
Madeira, Felícia (2004), “A improvisação na concepção de programas sociais:
muitas convicções, poucas constatações – o caso do primeiro emprego”. São
Paulo em Perspectiva, v. 18, n. 2. São Paulo, pp. 78-94.
Mannheim, Karl (1993), “El problema de las generaciones”. Revista Española de
Investigaciones Sociológicas (reis), n. 62. Madrid, pp. 192-242.
Martuccelli, Danilo (2002), Grammaires de l’individu. Paris, Gallimard.
Miranda, Ana (2015), « Aportes para una lectura crítica del vínculo entre la juven-
tud, la educación y el mundo del trabajo ». In : A. Miranda, Sociologia de la
educación y transición al mundo del trabajo. Buenos Aires, Teseo, pp. 77-102.
Morrow, Virgínia (2014), “Social justice and youth transitions: understanding
young people’s lives in rural Andhra Pradesh, India and Ethiopia”. In:
Johanna Wyn e Helen Cahill (orgs.), Handbook of Chilhood and Youth. Singapura,
Springer.
ocde (2013), Investimentos na Juventude: Brasil. Disponível em <http://www.oecd.
org/education/lanamento-investimentos-na-juventude-brasil.html>.
Consultado em: 06/07/2017.
Organização Internacional do Trabalho (oit) (org.) (1999), Desemprego juvenil no
Brasil: em busca de opções à luz de algumas experiências internacionais. Brasília,
oit.
––––– (2007), Trabalho decente y juventude: América Latina. Lima, oit.
––––– (2015), Juventude e trabalho informal no Brasil. Brasília, oit.
Pais, José Machado (2001), Ganchos, tachos e biscates: jovens, trabalho e futuro. Porto,
Âmbar.
O trabalho juvenil na agenda pública brasileira:... | págs. 135-169 169
Participatório – Observatório Participativo da Juventude (2013), Pesquisa Nacional
sobre Perfil e Opinião dos Jovens Brasileiros 2013. Brasília, Secretaria Nacional
de Juventude.
Plano Nacional do Trabalho Decente para a Juventude (pntdj) (2016), “Documento
preliminar”. Brasília, oit. [Mimeo].
Pochmann, Márcio (org.) (2003), Outra cidade é possível: alternativas de inclusão
social em São Paulo. São Paulo, Cortez.
Rocha, Heber Silveira (2012), “Juventude e Políticas Públicas: formação de agen-
da, elaboração de alternativas e embates no Governo Lula”. Dissertação de
mestrado apresentada ao Programa de Administração Pública e Governo da
fvg . São Paulo.
Rua, Maria das Graças (1998), “As políticas públicas e a juventude nos anos 90”.
In: Brasil, Ministério do Planejamento e Orçamento, Jovens acontecendo na
trilha das políticas públicas. Brasília, mpo.
Silva Enid, Débora Macedo e Marina Figueiredo (2015), Conciliação dos estudos,
trabalho e vida familiar na juventude brasileira. Brasilia, Organização
Internacional do Trabalho (oit); oit Escritório no Brasil/ Instituto de
Pesquisa Econômica Aplicada (ipea).
Silva Enid et al. (2015), A informalidade do trabalho da juventude no Brasil. O que
pensam os integrantes do Subcomitê da Agenda Nacional de Trabalho Decente para
a Juventude. Brasilia, Organização Internacional do Trabalho (oit); oit
Escritório no Brasil/ Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (ipea).
Souto, Ana Lúcia Silva (2016), “Juventude e participação”. In: Regina Novaes,
Gustavo Venturi, Eliane Ribeiro e Diógenes. Pinheiro, Agenda Juventude
Brasil: leituras sobre uma década de mudanças. Rio de Janeiro, unirio.
Sposito, Marilia Pontes (2005), “Algumas ref lexões e muitas indagações sobre as
relações entre juventude e escola no Brasil”. In: Helena Wendel Abramo e
Pedro Paulo Branco (orgs.), Retratos da juventude brasileira: análises de uma
pesquisa nacional. São Paulo, Instituto Cidadania, Fundação Perseu Abramo.
Sposito, Marilia Pontes (org.) (2007), Espaços públicos e tempos juvenis: um estudo de
ações do poder público em cidades de regiões metropolitanas brasileiras. São Paulo,
Global.
Van de Velde, Cecile (2004), “Devenir adulte: sociologie comparée de la jeunesse
en Europe”. Thése (Referências Bibliográficas).
Venturi Gustavo e Danilo Torini (2004), Transições no mercado de trabalho de mulhe-
res e homens jovens no Brasil. Genebra, oit. Série Work 4 Youth, n. 25, dez.
170 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 171
Recibido: septiembre de 2016 | Publicado: diciembre de 2017
Inserción laboral y mercados
de trabajo en jóvenes
universitarios en León,
Guanajuato
Gustavo Garabito Ballesteros
Resumen
El presente artículo aborda las experiencias laborales de los jóvenes universitarios de
la ciudad de León, Guanajuato, en cuanto a sus estrategias de inserción y permanencia
laboral y la simultaneidad con sus actividades escolares. Tanto la escuela como el tra-
bajo son procesos de inserción social fundamentales en la biografía de los individuos,
y tales eventos se experimentan principalmente durante la juventud, delineando, en
gran medida, el capital económico, social y cultural, así como su movilidad social. En
ese sentido, esta investigación aborda dos actividades fundamentales en la vida del
joven en constante conflicto. En muchos casos, el mundo del trabajo es incompatible
con el ámbito educativo, lo que obliga al joven a tomar la difícil decisión de abandonar
su empleo en favor de sus estudios, arriesgando su financiamiento educativo, o bien a
desertar de la universidad para conservar su trabajo, vulnerando su horizonte laboral.
Palabras clave
Jóvenes. universitarios. mercados de trabajo.
Gustavo Garabito Ballesteros es Profesor Investigador de tiempo completo en el Departamento de
Estudios Sociales de la Universidad de Guanajuato, Campus León, México.
172 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Abstract
This article discusses the work experiences of university students in the city of León,
Guanajuato, in terms of their strategies for insertion and permanence in the workpla-
ce and the simultaneity with their school activities. Both school and work are funda-
mental processes of social insertion in the biography of individuals, and such events
are experienced mainly during youth, outlining, to a large extent, economic, social
and cultural capital, as well as their social mobility. In this sense, this research addres-
ses two fundamental activities in the life of the young person in constant conflict.
In many cases, the world of work is incompatible with the educational environment,
which forces the young person to make the difficult decision to leave their job in favor
of their studies, risking their educational funding, or to drop out of the university to
keep their work, violating his work horizon.
Key words
Young people. university students. labor markets.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 173
Introducción
La relación escuela-trabajo se ha erigido, desde la segunda mitad del siglo
xx, como un binomio inseparable para el escalamiento social durante la
juventud y la transición hacia la edad adulta. El imaginario social en
torno a los jóvenes se ha construido alrededor de la escuela (secundaria,
preparatoria y la universidad) y su inserción en el mundo del trabajo, y,
eventualmente, de la creación de un hogar propio como parte de la repro-
ducción social, de tal manera que, tradicionalmente, la trayectoria ideal y
“exitosa” de todo joven tendría que ser estudiar y concluir una carrera
universitaria, desempeñarse profesionalmente, emanciparse y formar
una familia (Pérez Islas, 2010; Saraví, 2009). Sin embargo, la posibilidad
de alcanzar esta “trayectoria exitosa” es muy distante para los jóvenes, y,
en cambio, nos encontramos con itinerarios (vidas, biografías) fragmen-
tados, inciertos y en ocasiones frustrados.
La juventud de hoy experimenta difíciles paradojas que ponen en
cuestión el papel y desempeño de las instituciones sociales y su relación
con las lógicas mercantiles de la globalización. Ahora los jóvenes cuen-
tan con mayores niveles de escolaridad que sus progenitores y tienen un
mayor dominio de las nuevas tecnologías de la información y la comuni-
cación, pero se enfrentan a un mercado laboral predominantemente pre-
cario que los subemplea de manera importante. Y, a pesar de que los
jóvenes de esta generación están más y mejor comunicados y de que
desarrollan amplias redes sociales, estas no son utilizadas para incidir en
las decisiones del Estado, y el aparato gubernamental sigue minimizando
la participación juvenil al grado de verlos como seudo-ciudadanos, pues
están en “proceso de integración social” (Hopenhayn, 2006).
Pero, sin lugar a dudas, la fractura entre la escuela y el trabajo es el
problema más grave al cual se enfrentan los jóvenes, en tres aspectos fun-
damentales: a) la imposibilidad de articular un mercado de trabajo acorde
a las capacidades profesionales y técnicas de los egresados (y de la pobla-
ción joven en general); b) el desencanto y desprestigio que tiene el sistema
educativo entre los jóvenes, pues un segmento de esta población conside-
ra más redituable dominar un oficio y desarrollar una trayectoria laboral
temprana (a fin de adquirir las destrezas específicas que requiere un
puesto) o emprender un negocio propio (la gran mayoría en el sector
informal) que estudiar una carrera profesional que no les garantizará la
obtención de un buen trabajo; y, sobre todo, c) un importante aumento de
la precarización del trabajo que afecta particularmente a los más jóvenes
174 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
y a quienes estudian una carrera universitaria. La gravedad del caso resi-
de en que, particularmente en México, se está desperdiciando la histórica
oportunidad del llamado “bono demográfico” (Pérez Islas, 2010; conapo,
2010), es decir, de un importante sector poblacional en edad productiva
(jóvenes en su gran mayoría) que supera a los que están en dependencia
(niños y ancianos) pero que es subempleada o sumergida en el sector
informal de la economía y expulsada del sistema educativo.
Trayectorias y transiciones educativo-laborales.
Objetivo de la investigación
En el marco de esta problemática, este artículo tiene como objetivo explo-
rar la situación laboral de los jóvenes universitarios en León, Guanajuato,
desde un enfoque cualitativo que permita reconstruir las experiencias
significativas en su trayectoria laboral.
Para ello, se hace uso de datos estadísticos disponibles en torno a los
mercados laborales tanto de México como del Estado de Guanajuato y se
contrastan con los resultados de cuestionarios que se aplicaron a univer-
sitarios trabajadores. Adicionalmente, se hace un recuento de las expe-
riencias laborales universitarias con otros estudios similares. De esta
manera, el presente estudio se suma a los estudios de trayectorias labora-
les juveniles.
Contexto educativo y laboral de los jóvenes
en México y en Guanajuato
Para el año 2010, uno de cada cinco habitantes en México eran jóvenes,
alrededor de 2.200.000 jóvenes entre 15 y 24 años de edad (de un total
poblacional de 108.400.000). (conapo, 2010: 13). En el Estado de Guanajuato
se aprecia una situación similar: de un total de 5.486.372 habitantes, los
jóvenes representan el 27, 3 por ciento. por arriba del promedio nacional
que es del 18,7 por ciento. En el caso de la ciudad de León, los jóvenes
representan el 28 por ciento del total de la población (inegi, 2010).
Los jóvenes son el segmento poblacional con más educación en rela-
ción con la generación anterior, con un promedio de escolaridad de 10
años (1,4 años más que en el año 2000); es decir, nueve de cada diez jóve-
nes tienen niveles educativos superiores a la educación básica y secunda-
ria a nivel nacional. Así, el 80 por cierto de los jóvenes de hasta 15 años se
encuentra estudiando, pero el porcentaje desciende drásticamente, pues
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 175
solo el 40 por ciento de los jóvenes de 20 años y más puede continuar con
sus estudios. Situación similar encontramos en América Latina: la mayo-
ría de los jóvenes de la región (65% del total) está cursando o ha llegado
como nivel máximo de estudios a la educación secundaria; y solamente el
14% de los jóvenes cuenta con educación superior (conapo, 2010; oit, 2011;
inj, 2005). Este problema tiene particular relevancia en Guanajuato, pues
es de los estados que mayor rezago educativo presenta: apenas el 35 por
ciento de la población juvenil asiste a la escuela, 84.090 jóvenes han termi-
nado la secundaria y tan solo 32.659 culminaron el bachillerato. Así, el
promedio de escolaridad en la entidad es de 7,7 años (hasta segundo año
de secundaria), muy por debajo del promedio nacional que es de 8,6 años.
En la ciudad de León, Guanajuato, de un total de 402. 214 jóvenes entre los
14 y 29 años, solo 9.392 egresaron del bachillerato (inegi, 2010).
Además de la insuficiente infraestructura de instituciones de nivel
medio superior y superior a nivel nacional, existe una relación directa
entre el abandono escolar y el ingreso al trabajo conforme los jóvenes cre-
cen, sobre todo en los varones. En los jóvenes de más edad, podría supo-
nerse que hay una sincronía entre el término de sus estudios universitarios
y su ingreso al mercado de trabajo, pues en los jóvenes de entre 20 y 24
años, en pleno curso de sus estudios universitarios, el porcentaje de quie-
nes trabajan (37,4 por ciento) es mayor que el de los que estudian (24,6 por
ciento); y esta diferencia crece de manera exponencial en los jóvenes de
entre 25 y 29 años, pues quienes ya laboran representan el 57,5 por ciento
contra apenas un 6 por ciento que continúa con sus estudios, sobre todo
de posgrado. Sin embargo, si consideramos que poco menos de la mitad de
los jóvenes termina la preparatoria o más y que apenas un 15 por ciento
logra concluir la universidad, la causa de la salida de la escuela y el ingreso
al trabajo no es necesariamente una transición “exitosa” entre el término
de los estudios y su inserción en el mercado del trabajo (inj, 2005; conapo,
2010; oit, 2010).
El número de jóvenes que logra estudiar y trabajar al mismo tiempo
–el 5,3 por ciento en 2005 y el 11 por ciento en 2010– denota las pocas
opciones que dan los empleadores para que sus trabajadores jóvenes con-
tinúen con sus estudios y lo difícil que es desarrollar ambas actividades
de manera simultánea, a tal grado que el 56 por ciento de los jóvenes que
ingresaron a trabajar por primera vez ya había abandonado sus estudio.
Según un estudio realizado por la Secretaría de Educación Pública
con datos de la Encuesta Nacional de la Juventud de 2010, el 46,1 por
176 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
ciento de las deserciones escolares en el Estado de Guanajuato se dieron
por razones económicas, tendencia similar a nivel nacional, pues en todo
México en el año 2012, un 42,5 por ciento de jóvenes declararon que aban-
donaron sus estudios por razones laborales (inj, 2005; envj, 2012)..
Mercados de trabajo en Guanajuato
En lo que se refiere específicamente al Estado de Guanajuato, en los últi-
mos 16 años la estructura económica se ha transformado notablemente
debido a importantes inversiones e instalación intensiva en las ramas
automotriz, alimentaria, farmacéutica y, en menor medida, aeroespacial,
a lo que se añade la tradición del sector primario y secundario caracterís-
ticos de la región, lo cual genera dinámicos mercados de trabajo heterogé-
neos a los que la diversidad juvenil hace frente en su inserción laboral.
Guanajuato es el cuarto estado con mayor número de población
joven. Para 2014, de un total de 1.581.999 jóvenes, un 55,2 por ciento
(873.733) forma parte de la Población Económicamente Activa (pea), y, de
esta, un 9,1 por ciento está activamente buscando empleo. El 91,3 por
ciento realiza trabajo subordinado, principalmente, en los sectores
secundario (el 39 por ciento) y terciario (el 49,4 por ciento). Hay que des-
tacar que alrededor del 40 por ciento de los jóvenes que trabajan reciben
remuneraciones no mayores a 2 salarios mínimos (alrededor de $4.200
pesos mexicanos o $ 221 dólares al mes al año 2014) y un 62,6 por ciento
no cuenta con acceso a instituciones de salud (Inegi, 2014). Para el
mismo año, de 535.246 jóvenes entre los 14 a 29 años que se encontraban
empleados, 170. 037 (31,7%) se hallaba en el sector formal y 365.209 (68,2%)
en el informal, apenas un poco por debajo del promedio nacional en
donde, entre los jóvenes de 14 a 29 años, el 30,5 por ciento se ocupa en el
sector formal mientras que el 69,4 por ciento lo hace en el informal
(Inegi, 2014) (Cuadro 1).
Destaca un escenario laboral mayoritariamente precario para los
jóvenes debido a que el proceso de inserción al mercado de trabajo en
edades más tempranas se da sobre todo en micronegocios de no más de
cinco trabajadores a través de redes familiares y amicales y en condicio-
nes de informalidad, sin prestaciones, con contrato solo verbal y paga
“simbólica”. Bajo el pretexto de incorporarlos en el mundo laboral y por el
lazo familiar o amistoso, se disfraza de colaboraciones de aprendizaje en
el trabajo para que adquieran experiencia y con ello se pretende justificar
la baja o nula remuneración.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 177
Cuadro 1. Población Económicamente Activa (pea) de 14 a 29 años.
Guanajuato. Año 2014
Población de 14 a 29 años Total Porcentaje
Total 1.581.999 100
Condición de Actividad
pea 873.733 55,2
Ocupada 794.193 90,9
Desocupada 79.580 9,1
pnea 708.266 44,8
Condición de actividad y actividades realizadas de la pea
Sólo pea 184.337 21,1
pea y Estudian 80.109 9,2
pea y quehaceres domésticos 490.606 56,2
pea y apoyos al hogar 92.191 10,5
pea y otras actividades 26.510 3,0
Nivel de ingresos
Hasta un salario mínimo. 114.597 14,4
Más de 1 hasta 2 s.m. 210.342 26,5
Más de 2 hasta 3 s.m. 216.158 27,2
Más de 3 hasta 5 s.m. 71.072 8,9
Más de 5 s.m. 23.499 3,0
No recibe ingresos 69.650 3,8
No especificado 88.875 11,2
Posición en la ocupación
Empleadores 11.326 1,4
Trabajadores por cuenta propia 57.412 7,2
Trabajadores Subordinados 725.455 91,3
Sector de actividad económica
Primario 89.924 11,3
Secundario 309.812 39,0
Terciario 392.116 49,4
No Especificado 2.341 0,3
Acceso a instituciones de salud
Con acceso 293.964 37,0
Sin acceso 497.551 62,6
No especificado 2.678 0,3
Fuente: iplaneg- inegi. enoe, Problemática de ocupación y acceso al empleo. Tercer trimestre de 2014.
178 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Ello se evidencia en los datos de la primera Encuesta Estatal de
Juventud realizada por el Instituto de la Juventud Guanajuatense en 2012
a jóvenes entre los 12 y 29 años en los 46 municipios del Estado de
Guanajuato. En el tema de la actividad laboral, la forma de inserción al
mercado se da principalmente por las redes familiares o amicales. El 32
por ciento consiguió su trabajo actual a través de un amigo, el 20 por cien-
to fue contratado por un familiar y un 12,9 por ciento más consiguió el
trabajo por medio de un familiar. El 4,2 por ciento se autoempleó, es decir
puso su propio negocio. Las bolsas de trabajo o anuncios tienen poco
impacto, pues representan el 7,8 por ciento de las menciones en tanto
mecanismo de búsqueda de empleo (injug, 2012).
En promedio, la búsqueda por un trabajo lleva a los jóvenes en
Guanajuato 2,8 meses, aunque para el grupo de edad de 12 a 15 años suele
ser menor (1,3 meses); este tiempo va aumentando hasta 3,6 meses en el
grupo de 25 a 29 años. Ello se explica, en parte, porque los grupos de
mayor edad emplean más tiempo buscando trabajos que cubran sus nece-
sidades económicas, de horarios o bien de cualificación, frente a los jóve-
nes de menor edad que, con menos experiencia, aceptan una mayor
heterogeneidad de trabajos. Esta diferencia etaria también adquiere rele-
vancia en la duración que tienen los jóvenes en su trabajo, que es de un
promedio de 2 años y 4 meses que aumenta de acuerdo con la edad: desde
1 año entre los más jóvenes hasta los 3 años y 4 meses en los de 25 a 29
(injug, 2012).
Algunas otras características a destacar de las actividades producti-
vas de los jóvenes en el Estado de Guanajuato son las siguientes: el 50 por
ciento estudia, el 20,6 por ciento trabaja, el 14,7 por ciento se encuentra en
el hogar, el 10,3 por ciento ni estudia ni trabaja, el 3,6 por ciento estudia y
trabaja, el 0,5 por ciento se encuentra incapacitado y el 0,2 por ciento hace
servicio social o voluntariado (Gráfico 1). Es importante observar que el
porcentaje de la población estudiantil desciende con el aumento de edad,
pues después de la educación secundaria se da un proceso importante de
deserción y de no continuidad de estudios. También destaca la población
que no estudia ni trabaja y que se concentra en las mujeres jóvenes que
realizan actividades domésticas y de cuidado en el hogar. Asimismo, es
relevante señalar que el pequeño porcentaje de los jóvenes que estudian y
trabajan responde fundamentalmente a que no existen oportunidades
laborales que permitan combinar ambas actividades.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 179
Gráfico 1. Población juvenil de Guanajuato por tipo de actividad. Año 2012
Fuente: Elaboración propia con datos de injug, 2012.
La edad promedio de inicio de actividad laboral es de 16 años. Las
principales razones por las cuales los jóvenes ingresan al mercado laboral,
según esta encuesta, son: un 36,7 por ciento porque no tenía dinero; un
21,8 por ciento porque en su casa necesitaban dinero; es decir que el 72 por
ciento ingresa al mercado de trabajo para cubrir necesidades económicas
relacionadas con el estudio o con los gastos del hogar. Un pequeño por-
centaje (12,1 por ciento) ingresa tardíamente al sector productivo al térmi-
no de sus estudios sin eventos laborales previos, y tan solo un 10,6 por
ciento declaró que el principal motivo de inserción era obtener experien-
cia laboral (injug, 2012) (Gráfico 2).
Gráfico 2. Motivos para empezar a trabajar. Guanajuato. Año 2012
Fuente: Elaboración propia con datos de injug, 2012.
180 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Siguiendo con la Encuesta Estatal de la Juventud (2012), observamos
que los jóvenes en Guanajuato, en promedio, trabajan 38,6 horas por
semana, percibiendo un salario aproximado de $4,733 pesos (260 dólares
estadounidenses). Un 69,7 por ciento recibe su pago por semana y un 11,9
por ciento por quincena. Entre las prestaciones reciben: 34,6 por ciento
servicio médico, 30,8 por ciento aguinaldo, 23 por ciento vacaciones paga-
das, 1,4 por ciento reparto de utilidades y 16,4 por ciento ahorro para el
retiro. Es importante destacar que el 76,2 por ciento no trabaja en lo que
estudió o se capacitó. En la empresa, al 40,2 por ciento de los empleados
no los han capacitado. Las principales capacitaciones en la empresa tie-
nen que ver: un 25,2 por ciento con cuestiones técnicas relacionadas con
el trabajo que desempeña, un 16,6 por ciento con desarrollo humano y un
12,3 por ciento con calidad. Estas actividades contrastan de manera
importante con la opinión que tienen los jóvenes respecto de lo que es
más importante para conseguir trabajo: el 48,2 por ciento opina que la
experiencia laboral es lo más relevante para obtener un empleo; un 24,3
por ciento opina que es la educación; un 10,6 por ciento considera que es
la capacitación; y el 7,6 por ciento que son los contactos personales (injug,
2012) (Gráfico 3).
Gráfico 3. Elementos considerados importantes para conseguir trabajo.
Guanajuato. Año 2012
60
48,2
50
40
30
24,3
20
10,6
10 7,6
0
La experiencia l aboral La educación La capacitacitación Contactos personales u otros
Fuente: Elaboración propia con datos de injug, 2012.
A pesar de que un alto porcentaje no trabaja para lo que estudió, el
80,2 por ciento se siente satisfecho con su trabajo actual. El 81,7 por ciento
contribuye económicamente en su casa. El 30,6 por ciento aporta menos
de la mitad, el 22,6 por ciento la mitad, el 18,9 por ciento más de la mitad,
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 181
el 18,4 por ciento nada y el 9,5 por ciento todo. Aquellos que no aportan
para su hogar usan sus ingresos: el 54,2 por ciento en ahorrar, el 37 por
ciento en ropa y calzado, el 35,6 por ciento en diversión, el 6,2 por ciento
en estudios, el 1,5 por ciento en otros y un 0,8 por ciento en música. Solo
un 3,4 por ciento ya tiene negocio propio y un 3,4 por ciento está intentan-
do poner uno propio (injug, 2012).
El problema laboral juvenil en México, y en la ciudad de León,
Guanajuato, se concentra en la calidad del empleo y en cómo afecta las
actividades escolares. En un estudio anterior (Garabito Ballesteros, 2012),
ya indicábamos que, para los jóvenes, tener un trabajo no asegura bienes-
tar económico, ni profesional ni personal. Tampoco les garantiza una
incorporación social adecuada. El historial de trabajo breve y la poca
experiencia laboral los expone ante empresas que, aprovechándose de su
condición juvenil, los contratan de manera temporal (en muchas ocasio-
nes solo de forma verbal), con escasas o nulas prestaciones sociales y con
bajos salarios, a veces con retribuciones de uno o dos dólares al día. En
suma, en el horizonte laboral juvenil predominan el trabajo precario y el
empleo en el sector informal.
Trayectorias laborales en jóvenes
universitarios en León, Guanajuato
La presente investigación se desarrolla en la ciudad de León, centro nodo
comercial e industrial de Guanajuato, con la mayor oferta educativa de
Institutos de Estudios Superiores tanto privados (Universidad
Iberoamericana, Universidad La Salle, Tecnológico de Monterrey –tec– y
Universidad del Valle de Atemajac –univa–, por señalar los más importan-
tes) como públicos (Universidad de Guanajuato campus León, Universidad
Autónoma Nacional de México enes-León, Universidad Pedagógica
Nacional Sede León, Universidad Tecnológica de León –utleon– e
Instituto Politécnico Nacional Campus León). No obstante esta oferta
educativa de la ciudad de León y del Estado de Guanajuato en general, el
promedio de escolaridad (8,8 años de escolaridad) es, como hemos seña-
lado, de los más bajos de todo México.
En este contexto se estudian las experiencias y trayectorias laborales
en los jóvenes universitarios en León, Guanajuato, para conocer la diná-
mica y problemáticas a las que se enfrentan y las estrategias de inserción
social que construyen en un escenario con un alto grado de inequidad en
cuanto a acceso a la educación y a un empleo digno que les permita
182 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
ascenso social. Se aplicaron 358 cuestionarios sobre las trayectorias labo-
rales (números de eventos laborales, condiciones de trabajo, tipos de con-
trato, duración en el empleo, motivos de ingreso y salida, entre otros
aspectos) en las cinco universidades con mayor demanda de ingreso en
León en 2014:
a) Universidad de Guanajuato (ug), campus León: universidad estatal
pública, con una matrícula al año 2014 de 3.545 estudiantes activos, de
estratos bajos y medios y un costo semestral promedio de $1.500 pesos
mexicanos ($73 dólares).
b) Instituto Tepeyac (it): institución educativa privada, con una pobla-
ción estudiantil de 272 estudiantes, de recursos bajos a medios y con una
colegiatura mensual promedio de $2.160 pesos mexicanos ($105 dólares).
c) Universidad de León (ul): institución privada, con una población
estudiantil de 5.396 alumnos, prioritariamente trabajadora de recursos
bajos a medios, con una colegiatura mensual promedio de $ 2.895 pesos
mexicanos ($141 dólares).
d) Universidad La Salle Bajío (La Salle): institución privada, con una
población estudiantil de 6.916 alumnos, de recursos medios/altos, con
una colegiatura mensual promedio de $4.370 pesos mexicanos ($214
dólares).
e) Universidad Iberoamericana (Ibero): institución jesuita privada, con
una población estudiantil de 2.292 alumnos, de recursos altos, con una
colegiatura mensual promedio de $8.295 pesos mexicanos ($406 dólares).
(Cuadro 2)
Cuadro 2. Universidades seleccionadas
Institución Matrícula de Pública/ Costo Estrato
Inscripción a 2014 privada semestral Social
Universidad de Guanajuato, 3.545 Pública $1.500 M.N. Media
Campus León.
Instituto Tepeyac (it) 272 Privada $12.960 M.N. Baja
Universidad de León (udl) 5.396 Privada $17.370 M.N. Media
Universidad de la Salle Bajío 6.916 Privada $26.220 M.N. Media/ alta
(La Salle)
Universidad Iberoamericana 2.292 Privada $49.770 M.N. Alta
(Ibero)
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de anuies, 2015.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 183
Es importante destacar que los cuestionarios, de carácter cualitativo
y exploratorio, fueron diseñados bajo una lógica de muestreo teórico y,
por lo tanto, no tienen una representación estadística; el único criterio de
discriminación de los informantes es que laboren o hayan laborado al
mismo tiempo que cursan la universidad. La selección de los jóvenes a
quienes se les aplicó el cuestionario fue aleatoria en espacios comunes de
las propias universidades independientemente de la carrera que cursa-
ban. La información recabada se complementará en una segunda etapa
aún en curso con entrevistas en profundidad de una selección de los estu-
diantes universitarios para analizar con mayor detalle la construcción
vivencial de las experiencias laborales. Para los fines de este artículo, solo
se analizan la información recabada en los cuestionarios.
En términos generales, considerando los estudiantes que participa-
ron de todas universidades seleccionadas, el promedio de eventos labora-
les mientras estudian es de dos a tres empleos a lo largo de la carrera –sin
contar los trabajos en períodos vacacionales–, en particular en los últimos
semestres, concentrándose alrededor del 52 por ciento en el comercio en
pequeños establecimientos, un 40 por ciento en servicios (sectores de
entretenimiento, restaurantes y gubernamental) y un 8 por ciento en
manufactura (pequeñas fábricas) (Gráfico 4).
Gráfico 4. Participación de jóvenes universitarios en el mercado laboral (en
porcentaje). Guanajuato. Año 2014
Manufactura
8%
Servicios
40%
Comercio
52%
Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas del estudio.
184 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Destaca que, en las universidades de mayor estrato (Ibero y La Salle),
los jóvenes se emplean mayoritariamente en el sector servicios y comer-
cios familiares, en tanto que, en las otras universidades (ug, Tepeyac,
udl), se concentra en pequeños comercios y la manufactura. No obstante,
el mayor número de eventos laborales se presenta en los estudiantes de la
Universidad de Guanajuato, la Universidad de León y el Instituto Tepeyac:
un promedio de tres a cuatro eventos laborales por estudiante, en con-
traste con las universidades La Salle Bajío y la Universidad Ibero, donde
los estudiantes reportan de uno a dos eventos laborales a la par de su
actividad educativa. Esta distribución da cuenta de la estructura de opor-
tunidades tan diferenciada entre los jóvenes universitarios en León,
Guanajuato. La inserción laboral de los jóvenes de las universidades pri-
vadas de mayor costo responde más a obtener experiencia de trabajo o
bien a incorporarse en las empresas familiares o incluso a emprender un
negocio propio, mientras que la participación de los jóvenes de las otras
universidades en el mercado de trabajo responde a obtener los recursos
necesarios para poder pagar los gastos derivados de sus estudios y apor-
tar a las necesidades del hogar (Cuadro 3).
Cuadro 3. Sector productivo y duración en el trabajo por Universidad
Institución educativa Sector productivo de Número de eventos Duración en el trabajo
mayor concentración laborales paralelos a la (Promedio)
(Promedio) Universidad (Promedio)
Universidad de Comercio 38% 2 De 6 a 8 meses
Guanajuato, Campus Servicios 58
León. (ug) Manufactura 4%
Instituto Tepeyac (it) Comercio 52% 3 De 4 a 5 meses
Servicios 40%
Manufactura 8%
Universidad de León (udl) Comercio 61% 4 12 o más
Servicios 32 %
Manufactura 7%
Universidad de la Salle Comercio 57% 2 De 5 a 6 meses
Bajío (La Salle) Servicios 40%
Manufactura 3%
Universidad Comercio 75% 1 De dos a 4 meses
Iberoamericana (Ibero) Servicios 34%
Manufactura 1%
Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas del estudio.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 185
En concordancia con los datos nacionales y estatales, el 91 por ciento
de los universitarios trabajadores ocupan puestos como empleados o
subordinados y el restante 9 por ciento obtiene ingreso de ventas de pro-
ductos propios con pocos cambios en el desarrollo de la trayectoria en el
mundo del trabajo. Debido a los pocos eventos laborales que los jóvenes
universitarios reportan, las trayectorias son homogéneas en la mayoría de
los casos, es decir, permanecen en el mismo sector con pocos tránsitos
entre un sector y otro. Esto se explica, en gran medida, por la duración
promedio la cual varía según la universidad: para las universidades de
más alto costo (La Salle e Ibero), la duración en el empleo es de entre dos
y seis meses, mientras que en las universidades de menor costo (udl, it y
ug), la duración va de seis meses a un año. Las tensiones que resultan de
las exigencias de trabajar y estudiar según el origen de clase se ref lejan y
reproducen en el ámbito universitario de manera clara, pues si bien, para
el caso de la ciudad de León, ser universitario denota ya un ascenso en
cuanto a posibilidades de inserción social de mayor calidad respecto de
generaciones anteriores, la exigencia de trabajar y estudiar al mismo
tiempo exhibe desigualdades de clase en cuanto al acceso al mercado de
trabajo.
De cualquier modo, la doble actividad de estudiar y trabajar al
mismo tiempo reduce las posibilidades de los estudiantes de participar en
el ámbito laboral. Un 82 por ciento de los estudiantes considera que es
difícil conseguir empleo, sobre todo por los horarios. Y aun cuando algu-
nas empresas, como McDonald’s, Cinépolis, Walmart, Starbucks y simila-
res, tienen por estrategia emplear a estudiantes de nivel superior o medio
superior, en la práctica, las tensiones por la distribución de tiempos entre
las actividades laborales y escolares dificultan la simultaneidad de ambos
ámbitos. El problema del horario no solo compete a las industrias, tam-
bién a las universidades, pues, con excepción de la Universidad de León,
el resto mantiene rígidos horarios que no permiten a los jóvenes acceder al
sector productivo. La siguiente mención sobre la dificultad de acceder
al mercado de trabajo se concentra en que las empresas piden experiencia
previa, a pesar de que alrededor de un 58 por ciento ya había tenido even-
tos laborales previos a su ingreso laboral, con excepción de los estudiantes
de La Salle y la Ibero –entre quienes solo un 23 por ciento de los jóvenes
consultados habían tenido experiencias laborales previas–. Resulta inte-
resante que, si bien la gran mayoría de estudiantes consultados (85 por
ciento) reporta que la principal razón para emplearse es contar con dinero
propio (lo cual no significa que estén emancipados, pues un 89 por ciento
186 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
vive con sus padres), el ingreso promedio de hasta $4.000 pesos mexica-
nos o menos al mes ($195 dólares) se destina prioritariamente al pago de
la colegiatura y otros gastos asociados al estudio (materiales, copias,
libros) y al transporte público.
Las encrucijadas de ser universitario,
ser trabajador
Estudios de corte cualitativo muestran que la valoración que realizan los
jóvenes de las ventajas que tienen la escuela y el trabajo se relaciona en
gran medida con la estructura familiar y de clase en una doble vía de
inf luencia: por un lado, responde a las estrategias económicas de sobre-
vivencia donde más miembros de la familia deben incorporarse al merca-
do de trabajo para complementar los gastos personales y del hogar; por el
otro, hay una visión más pragmática y menos idealizada del papel de la
educación, es decir, se considera la educación más como requisito para
obtener un determinado empleo que como preparación y adquisición de
habilidades. Además, esta concepción desnuda la educación de ciertos
valores socialmente atribuidos e idealizados como los de “tener mayor
conocimiento”, “superación personal”, “éxito profesional”, “dejar de ser
ignorante”, etcétera. (Guzmán y Saucedo, 2007; Garabito Ballesteros,
2009 y 2012; Saraví, 2009; Pérez Islas, 2010). Esta incapacidad del ámbito
escolar de generar satisfacción por el estudio y un futuro laboral deseable
ha sido designada como escuela acotada (Saraví, 2009). El papel de la clase
social es determinante en este fenómeno, pues la importancia de la edu-
cación formal disminuye ante la formación para y en el trabajo en las
clases populares, porque, además de obtener un aprendizaje aplicado
para su puesto de trabajo, obtiene ingresos que de solo estudiar no podría
tener. Esto es particularmente relevante en los imaginarios construidos
en torno a la universidad pública frente a las universidades privadas y a
cómo la constitución de capitales sociales emanados del prestigio y acceso
a redes que otorgan las distintas universidades inf luye en los procesos de
inserción laboral y en el desarrollo de las propias trayectorias.
Además, otras circunstancias, como, por ejemplo, el turno escolar
(matutino/vespertino), inf luyen en la inserción laboral, pues, para los
jóvenes que estudian en la tarde –bajo el imaginario de que la mayor acti-
vidad en una jornada diaria se da durante la mañana–, la escuela está
relegada a una fase avanzada del día, en condiciones de mayor desgaste
físico y mental, y la posibilidad de insertarse en un empleo son mayores.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 187
En este sentido, la experiencia escolar se traduce no solo como una
actividad sino también como parte de la adquisición de un status donde
los jóvenes trabajadores se distinguen de aquellos jóvenes que pueden
dedicarse exclusivamente al estudio (Saraví, 2009; Willis, 1988.) Así, la
visión del trabajo y la escuela entre, por ejemplo, los jóvenes obreros con-
trasta con la visión de los muchachos que laboran en empleos desarrolla-
dos específicamente para el sector juvenil (Cinemex, McDonald´s,
Starbucks, etc.), donde el trabajo es visto como un medio para solventar
los estudios y terminar una carrera profesional. A pesar de lo difícil que es
para estos jóvenes cumplir con una jornada escolar y otra laboral, esta
última queda subordinada a la primera, en oposición con los jóvenes de
los sectores populares, donde el trabajo reemplaza a la escuela total y per-
manentemente. (Garabito Ballesteros, 2012).
La deserción escolar es particularmente grave en los contextos fami-
liares en situación de pobreza, pues la oferta laboral con una preparación
escolar de secundaria generalmente tiene condiciones de alta precariedad
salarial que no permiten romper los ciclos de pobreza ni disminuir los
riesgos de exclusión social. Estas condiciones de reproducción de la
pobreza, salida prematura de la escuela y segregación a un mercado labo-
ral predominantemente precario, favorecen la condición de jóvenes traba-
jadores pobres, es decir, aquel trabajador que junto con su familia no supera
el umbral de pobreza (oit, 2006: 27).
Las estrategias económicas familiares, además de su dimensión fác-
tica (la exigencia de trabajar para aportar en el hogar), tienen una dimen-
sión simbólica, pues los procesos de significación en torno al trabajo se
construyen desde las concepciones que han desarrollado los padres y, en
menor medida, los hermanos trabajadores mayores. Los significados
en torno al trabajo tienen un componente ideal pero otro práctico en fun-
ción del empleo que se anhela y del que existe, que está disponible y satis-
face las necesidades más urgentes. En este sentido, en los jóvenes de
padres obreros o con oficios (albañil, cerrajero, soldador) y en situación
de pobreza, la visión del trabajo generalmente es pragmática e inmediata
y está en función de la obtención de ingresos y no necesariamente de una
realización personal o profesional, como podría ser el caso de un joven de
clase media hijo de profesionales. Pero incluso en estos casos (jóvenes que
provienen de padres de clase media y clase alta), la posibilidad de inser-
tarse de manera “exitosa” en el mercado de trabajo no está garantizada, y
aquellos que lo logran lo hacen a partir de las redes sociales y el capital
188 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
(económico y social) acumulado por sus padres. Son los casos de los jóve-
nes que estudian carreras afines a las de sus progenitores para dar conti-
nuidad a los proyectos empresariales y/o profesionales.
Esta concepción pragmática del trabajo es transmitida cotidiana-
mente hacia los hijos cuando optan por su primer empleo, lo cual acelera
su proceso de inserción laboral en detrimento de su desarrollo educativo.
Es importante advertir que, si bien hay casos donde los padres desean que
sus hijos continúen con sus estudios, la posibilidad de que esto ocurra
está en función de la economía del hogar, pues la educación, por lo gene-
ral, puede postergarse hasta que las condiciones lo permitan. Sin duda,
al momento de elegir (o verse obligados a elegir) entre estudiar o trabajar,
entran en juego otros factores: el género, el entorno urbano o rural, el
entorno geográfico y la estructura familiar.
La agenda pendiente: hacia una cartografía
de los mercados de trabajo juveniles
En el debate reciente en torno la precarización del trabajo, hay consenso
sobre cuatro características principales que definen el trabajo precario: 1)
la inestabilidad en el empleo; 2) la desprotección y el incumplimiento de
los derechos laborales; 3) las deficiencias en la seguridad social y las pres-
taciones asociadas al trabajo; y 4) los bajos salarios (Reygadas, 2011: 33).
Sin embargo, no siempre se cumplen estos cuatro elementos y hay fronte-
ras difusas entre lo precario y lo no precario o, en todo caso, hay grados
de precariedad laboral (Mora Salas, 2011). El trabajo precario es la contra-
parte del trabajo decente, el cual es definido por la Organización
Internacional del Trabajo como:
[aquel] trabajo productivo con remuneración justa, seguridad en el lugar
de trabajo y protección social para el trabajador y su familia, mejores pers-
pectivas para el desarrollo personal y social, libertad para que manifiesten
sus preocupaciones, se organicen y participen en la toma de decisiones que
afectan a sus vidas, así como igualdad de oportunidades y de trato para
mujeres y hombres (oit, 2010: 21).
Investigaciones empíricas (Reygadas, 2011; De la Garza, 2012) permi-
ten tener un primer acercamiento a las difusas fronteras entre el trabajo
precario y el informal para realizar una cartografía de los distintos hori-
zontes laborales a los que se enfrentan los jóvenes universitarios en León,
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 189
Guanajuato, a partir de los datos documentados. Nos encontramos con
cuatro escenarios principales:
a) Empleos formales no precarios: es decir, aquellos puestos que ofrecen
contrato escrito fijo, prestaciones laborales de ley, salarios bien remunera-
dos, horarios fijos, en raras ocasiones sindicatos activos y democráticos y
posibilidad de escalamiento tanto laboral como social. Estos trabajos, los
más escasos y más codiciados, quedan reservados para jóvenes con alta
calificación (una escolaridad mínima de universidad o más terminada) y
se obtienen predominantemente a través de estrechas redes familiares
y amicales o por medio de una larga espera que, generalmente, se traduce
en una antesala de subempleo profesional, es decir, profesionistas que
fungen como auxiliares, ayudantes o meritorios. Estos trabajos quedan
reservados a altos puestos en medianas y grandes empresas, mandos
medios y altos del sector público y servicios profesionales consolidados
(abogados, contadores, académicos, médicos, etc.).
b) Empleos formales precarios: sector que durante los últimos 25 años
ha ido en expansión, abarca a aquellos puestos con contratos temporales,
a prueba o por obra o proyecto, con horarios fijos o f lexibles, bajos sala-
rios, pocas o nulas prestaciones sociales, a menudo bajo un esquema de
subcontratación (a través de agencias de colocación), sindicatos de protec-
ción (o sin sindicatos) y, en general, con un clima de inestabilidad laboral.
Si bien este escenario es sumamente heterogéneo (pues lo mismo puede
incluir a algunos sectores de la manufactura –sobre todo la industria
maquiladora–, la construcción, servicios profesionales independientes o a
gran parte del sector comercio), predomina en el sector de servicios, sobre
todo en los llamados trabajos atípicos (De la Garza, 2012; Pacheco et al.,
2011), es decir aquellos empleos emergentes y relativamente “nuevos”
como los call centers, los fast food, trabajos en cines, bares, vendedoras de
cosméticos, ropa y zapatos por catálogo, etc. La fuerza de trabajo requeri-
da por este tipo de ocupaciones es, sobre todo, jóvenes con educación
media superior terminada y/o con estudios universitarios truncos o en
curso. Son muy populares entre los jóvenes que pretenden estudiar y tra-
bajar al mismo tiempo, pero se encuentran con que la exigencia del traba-
jo los obliga a optar por una u otra actividad (Garabito Ballesteros, 2009 y
2012).
c) Empleos informales precarios: son aquellos que, por su condición de
informalidad, no pueden ofrecer ningún tipo de contrato escrito y, por
ende, ninguna prestación social, ni fijación de salario, horarios o tipo de
190 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
actividad a desempeñar. Y aunque, por la misma razón, no cuentan con
sindicato, sí tienen fuertes organizaciones que les permiten negociar
con las autoridades ejercer sus actividades dentro de los mismos márge-
nes de la informalidad, pero con la complicidad (aunque no autorización)
del Estado. Si bien la parte más visible de este sector se concentra princi-
palmente en actividades comerciales (vendedores del metro y el transpor-
te público, vendedores ambulantes en los centros de las grandes ciudades,
comerciantes de una infinita variedad de productos “pirata”, etc.), detrás
de ellos hay una inmensa y muy poco explorada industria que o bien
manufactura muchos de esos productos de manera clandestina, o
bien trafica con los productos chinos –en contubernio con las aduanas y
otras autoridades tanto estatales como federales–. También hay muchos
servicios que conforman este escenario, desde artistas callejeros hasta
sexoservidoras (y las redes de tráfico de personas y prostitución forzada
que hay detrás de ello), pasando por toda una gama de actividades imagi-
nables: la mendicidad organizada, escritores de guiones para la televisión,
plomeros, creadores de software libre, carpinteros, etc. (De la Garza,
2010). Y, desde luego, los millones de migrantes que en sus lugares de
destino laboran y son calificados de “ilegales”
d) Empleos informales precarios con alta remuneración: es decir, aquellos
trabajos que mantienen características de no contrato ni ningún tipo de
fijación oficial o legal de horarios, tipo de actividad o salarios, pero que sí
retribuyen altos ingresos. Sin duda, es el rubro más contrastante, pues
podemos dividirlo en actividades ilícitas y servicios profesionales de alta
remuneración en condiciones de informalidad. En lo que respecta a las
primeras, el caso del narcotráfico es el más ilustrativo pues incluye nume-
rosas actividades: el sicario que asesina a sueldo, el narcomenudista, o los
llamados “halcones” –aquellas personas (encargados de tiendas de aba-
rrotes, boleros, carniceros o vecinos) que dan cuenta a los narcotrafican-
tes de los movimientos del ejército o la policía federal en su comunidad–.
Otras actividades ilegales no precarias podrían ser obviamente el secues-
tro, el robo, el lavado de dinero, etc. Los servicios profesionales informales
precarios bien remunerados son los llamados “freelancer”, es decir, traba-
jos por proyecto determinado, acordados en su mayoría bajo contratos
orales y mediante redes familiares y amicales y en los que median diver-
sas cantidades de dinero: por ejemplo, compositores que escriben música
para un corto o documental, atrilistas de alguna sinfónica que laboran en
los “huesos” (música para misas o eventos privados), actores y artistas que
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 191
realizan performances, traductores, scorts (damas de compañía), pintores,
etcétera.
Tal es la heterogeneidad a la que se enfrentan los jóvenes estudiantes
trabajadores en México y en Guanajuato en particular. Como se puede
advertir, tanto por las estadísticas como por la vivencia cotidiana, el mer-
cado laboral está compuesto predominantemente por los empleos forma-
les precarios y los empleos informales precarios, constituyendo con esto
un panorama desolador. Es importante señalar que los jóvenes pueden
cruzar por estos distintos escenarios en el transcurso de su vida: es muy
probable que sus primeros empleos sean en el sector informal precario
(como ayudantes de meseros, de mecánicos, ayudantes generales), que
luego pasen al sector formal precario (en un call center, por ejemplo) y des-
pués al sector formal no precario. Pero ello dependerá de sus redes fami-
liares y de amistad, su escolaridad y posibilidad de seguir estudiando, su
entorno geográfico y la condición socioeconómica en la que su familia y él
se encuentren. Desde luego, estas variables no son determinantes pero sí
condicionantes; el joven dependerá de su capacidad de agencia y movili-
dad social.
A diferencia de las amplias investigaciones sociodemográficas y esta-
dísticas en torno a las condiciones de trabajo y desempleo entre los jóve-
nes, el estudio de las transiciones y trayectorias desde un enfoque de corte
más cualitativo es reciente y aporta una mejor comprensión de la condi-
ción juvenil y de sus distintos tránsitos por la escuela, el trabajo, la mater-
nidad/paternidad y la conformación de un hogar propio, en sectores muy
específicos (estudiantes, sectores populares, jóvenes rurales) como los
trabajos de Saraví (2009), Guerra (2009) y Garabito Ballesteros (2009) o en
entornos institucionales, sobre todo educativos, claramente definidos y
consolidados, como son los estudios sobre los jóvenes universitarios tra-
bajadores de la unam (Guzmán Gómez, 2004 y 2007) la uam-Iztapalapa
(Rodríguez Lagunas, 2009) o la Universidad Autónoma de Tamaulipas
(López, 2011), entre muchos otros.
Consideraciones finales
Las transiciones de la escuela al trabajo tienen distintas modalidades
según la simultaneidad de actividades y los lapsos entre la salida del
ámbito educativo y el ingreso al mundo de trabajo. García Gracia et al.
(2006: 88-90) distinguen cuatro principales transiciones:
192 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
1) La transición anticipada. Es aquella en que la experiencia de trabajo
se inicia dentro del sistema educativo de manera simultánea y se orienta
por la elección de empleos f lexibles que permitan desarrollar ambas acti-
vidades (estudiar y trabajar). Se pueden contar entre ellos los empleos
“juveniles” en el sector servicios –donde se contratan específicamente a
jóvenes estudiantes–, empleos en el sector comercio –sobre todo en
pequeños establecimientos– o bien, trabajos en el sector informal, donde
los horarios de trabajo son variables.
2) La transición inmediata. Tiene lugar cuando los jóvenes se incorpo-
ran rápidamente (en menos de tres meses) al mercado laboral justo des-
pués de su salida del sistema educativo, ya sea por término y aprobación
del ciclo escolar o por su renuncia/expulsión de este. La obtención del
empleo se lleva a cabo gracias a redes familiares, de amigos y vecinos, en
pequeños talleres y empresas donde la mano de obra requerida está dis-
ponible, es de baja o nula calificación y con mínimos salarios en puestos
de ayudantes generales o aprendices. Este tipo de transición se da sobre
todo en sectores populares donde las necesidades económicas personales
y familiares son apremiantes y dejan poco margen para una búsqueda de
empleo que permita elegir la mejor –en cuanto a salario, prestaciones y
satisfacción personal– de las distintas opciones laborales que pudiera
ofrecer el mercado.
3) La transición rápida. Es aquella que presenta un lapso de 3 a 6 meses
entre la salida de la escuela y la incorporación al mercado laboral; por lo
general, son jóvenes con estudios medios (bachillerato) y de sectores
medios, donde el contexto familiar permite un mayor tiempo en la bús-
queda de trabajo para elegir las opciones más favorables a sus intereses y
su nivel educativo.
4) La transición tardía. En este caso, la incorporación al trabajo se da
luego de seis meses de la salida de la escuela. Pareciera suponer dificulta-
des para elegir un empleo satisfactorio, pero los jóvenes cuentan con el
apoyo económico suficiente para mantenerse en la búsqueda.
Entre los jóvenes de México, predominan las transiciones inmediatas
y las rápidas, lo cual, en contextos de precariedad laboral, puede contri-
buir a ciclos de riesgo de exclusión social, sobre todo en aquellos mucha-
chos con menor educación. Al respecto, la oit advierte que debe tenerse
en cuenta que los jóvenes no necesariamente aspiran al mejor empleo al
iniciar su vida laboral, pues las primeras tareas las asumen como parte de
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 193
un proceso formativo y de acumulación de activos que les serán útiles en
el resto de la misma. Como ya se ha señalado, la o las primeras inserciones
laborales son clave para el futuro, ya que tendrán una inf luencia en la
forma en que los y las jóvenes construyen sus expectativas y trayectorias.
Cuando los jóvenes no visualizan una trayectoria laboral que les garantice
una movilidad socioeconómica positiva –una trayectoria de trabajo
decente–, empiezan a cuestionar la validez de la educación y del mercado
de trabajo como medios para obtener el progreso personal y social, lo que
acaba generando desmotivación y apatía así como problemas para la
cohesión de la sociedad y la integración social de los propios jóvenes. No
obstante, las transiciones anticipadas –es decir, la de aquellos jóvenes que
se incorporan al mercado de trabajo mientras estudian– son decisivas
durante el curso de vida de los jóvenes (oit, 2010). Es en este segmento en
el que se ha concentrado este estudio, al cual aún le quedan muchas pre-
guntas por responder, sobre todo en torno a cómo los jóvenes van cons-
truyendo las estrategias de inserción laboral y la propia experiencia en el
mundo del trabajo.
194 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Bibliografía
Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
(anuies) (2015), Anuario Estadístico. México, anuies.
Consejo Nacional de Población (conapo) (2010), La situación actual de los jóvenes en
México. México DF, conapo.
De la Garza, Enrique (2010), Hacia un concepto ampliado de trabajo. Del concepto
clásico al no clásico. México, Anthropos/uam-Itzapalapa.
De la Garza, Enrique (coord). (2011), Trabajo no clásico, organización y acción colecti-
va. México DF, Plaza y Valdéz/ uam-I. Tomo I.
––––– (coord.) (2012), Trabajo no clásico, organización y acción colectiva. México DF,
Plaza y Valdéz/ uam-I. Tomo II
Estrada Quiroz, Liliana (2005), “Familia, trabajo infantil y adolescente en
México, 2000.” En: Martha Mier y Terán y Cecilia Rabell (coord.), Jóvenes y
niños. Un enfoque sociodemográfico. México DF, unam/clacso/Porrúa.
Garabito Ballesteros, Gustavo. (2009), “Construcción de sentido de trabajo e
identificación con la empresa McDonald’s”. Revista Iztapalapa, núm. 66, año
30. México, uam-i.
––––– (2012), “Experiencias de inserción laboral en jóvenes obreros de
Azcapotzalco”. Psykhe, vol. 21, núm. 2. México DF.
García Gracia, Maribel et al. (2006), “Transiciones de la escuela al trabajo”. Revista
Sociología del Trabajo, núm. 56. España.
Guerra Ramíres, María Irene (2009), Trayectorias formativas y laborales de los jóve-
nes de sectores populares. Un abordaje biográfico. México, anuies.
Guzmán Gómez, Carlota (2004), Entre el estudio y el trabajo. La situación y las bús-
quedas de los estudiantes de la unam que trabajan. México DF, unam/crim.
Guzmán Gómez, Carlota y Claudia Saucedo (coord.). (2007), La voz de los estudian-
tes: experiencias en torno a la escuela. México, Pomares/unam.
Hopenhayn, Martín (2006), “La juventud latinoamericana en sus tensiones y
violencias”. En: Javier Moro (editor), Juventudes, violencia y exclusión: desafíos
para las políticas públicas. Guatemala, indes/bid.
Horbath Corredor, Jorge E. (2004), “Primer empleo de los jóvenes en México”.
Papeles de Población, núm 042. México DF, uaem, octubre-diciembre.
Inserción laboral y mercados de trabajo... | págs. 171-196 195
Instituto de la Juventud Guanajuatense (injug) (2012), Encuesta de Juventud 2012.
México, injug.
Instituto de Investigaciones Jurídicas-unam (2012), Encuesta Nacional de
Valores de la Juventud 2012. México DF, iij-unam.
Instituto Mexicano de la Juventud (imj) (2005), Encuesta Nacional de la Juventud
2005. Resultados Preeliminares. México DF, imj.
Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (inegi) (2010),
Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (enoe). México DF, inegi, stps.
––––– (2014), Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (enoe). México DF, inegi,
stps.
Jacinto, Claudia (comp). (2010), La construcción social de las trayectorias laborales de
jóvenes. Políticas, instituciones, dispositivos y subjetividades. Buenos Aires,
Editorial Teseo.
López León, Artemisa (2010), “Estudiantes universitarios que trabajan. El caso
de la Universidad Autónoma de Tamaulipas”. En: Silvia Vázquez González y
Sagrario Garay Villegas, Inserciones y exclusiones a la escolarización y al atrabajo
remunerado. México, uanl/uat/Miguel Ángel Porrúa.
Márquez Jiménez, Alejandro. (2008), “Jóvenes mexicanos: su horizonte de posi-
bilidades de participación en la educación y el trabajo”. En: José Antonio
Pérez Islas y María Herlinda Suárez Zozaya (2008), Jóvenes universitarios en
Latinoamérica, hoy. México DF, unam/ Miguel Ángel Porrúa.
Mora Salas, Minor (2011), “El empleo precario asalariado y globalización: ense-
ñanzas desde Costa Rica” En: Edith Pacheco et al., Trabajos atípicos y precari-
zación del empleo. México, Colmex.
Navarrete López, Emma Liliana (2001), Juventud y trabajo. Un reto para principios
de siglo. México DF, Colegio Mexiquense.
––––– (coord). (2004), Los jóvenes ante el siglo XXI. México DF, Colegio Mexiquense.
Oliveira, Orlandina de (2011), “El trabajo juvenil en México a inicios del siglo xx”.
En: Edith Pacheco et al., Trabajos atípicos y precarización del empleo. México,
Colmex.
Organización Internacional del Trabajo (oit) (2006), Tendencias Mundiales del
Empleo Juvenil. Ginebra, oit.
––––– (2007), La economía informal: hacer posible la transición al sector formal.
Ginebra, oit.
196 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
––––– (2010), Trabajo decente y juventud en América Latina. Avance febrero 2010.
Ginebra, oit.
––––– (2011), Trabajo decente y juventud en América Latina. Ginebra, oit.
Pacheco, Edith et al. (2011), Trabajos atípicos y precarización del empleo. México,
Colmex.
Pérez Islas, José Antonio (2010), “Las transformaciones en las edades sociales.
Escuela y mercados de trabajo”. En: Rossana Reguillo (coord), Los jóvenes en
México. México, Conaculta, FCE.
Pérez Islas, José Antonio y Maritza Urteaga Castro Pozo (2001), “Los nuevos gue-
rreros del mercado. Trayectorias laborales de jóvenes buscadores de empleo”.
En: Enrique Pieck (coord.), Los jóvenes y el trabajo. La educación frente a la exclu-
sión social. Universidad Iberoamericana, Cinterfor, unicef, conalep, imj.
Pieck, Enrique (coord). (2001), Los jóvenes y el trabajo. La educación frente a la exclu-
sión social. Universidad Iberoamericana, Cinterfor, unicef, conalep, imj.
Reygadas, Luis (2011), “Trabajos atípicos, trabajos precarios: ¿dos caras de la
misma moneda?”. En: Edith Pacheco et al., Trabajos atípicos y precarización del
empleo. México, Colmex.
Rodríguez Lagunas, Javier (2009), La deserción escolar en la uam-I. Problemas por
resolver para avanzar. México, uam-i.
Salas, Carlos (2006), “El Sector Informal: Auxilio u obstáculo para el conocimien-
to de la realidad social en América Latina” En: Enrique de la Garza (coord.),
Teorías Sociales y Estudios del Trabajo: Nuevos enfoques. ANTHROPOS/uam-I.
Saraví, Gonzalo A. (2009), Transiciones vulnerables. Juventud, desigualdad y exclu-
sión en México. México, Publicaciones de la Casa Chata/CIESAS.
Willis, Paul (1988), Aprendiendo a Trabajar. Cómo los chicos de la clase obrera consiguen
trabajos de clase obrera. Madrid, Akal Universitaria.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 197
Recibido: septiembre de 2016 | Publicado: diciembre de 2017
Desigualdad en jóvenes
del Uruguay (2008-2013):
análisis de la intensidad,
calendario y secuencia
de eventos de transición
Verónica Filardo
Resumen
En el presente estudio, se utilizan técnicas de historia de eventos para analizar la in-
tensidad, calendario y secuencia de cuatro eventos considerados de tránsito a la adul-
tez en dos cohortes de nacidos en el Uruguay (1979-1983 y 1984-1988).
Se estudian las desigualdades entre los jóvenes urbanos enfocando en las diferencias
en la edad en la que ocurren los eventos dentro de cada una de las cohortes en función
del nivel educativo, la región de residencia y el sexo, así como en las variaciones que se
registran entre ambas cohortes.
Los datos provienen de las Encuestas Nacionales de Adolescencia y Juventud (enaj)
de 2008 y 2013.
Palabras clave
Jóvenes. Uruguay. Transiciones. Desigualdad.
Verónica Filardo es Doctora en Sociología (Universidad de Granada). Se desempeña como Profesora
Titular del Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales-Universidad de la República
(udelar) de Uruguay, y como coordinadora del Grupo de Estudios Urbanos y Generacionales ( geug).
Integra el Sistema Nacional de Investigadores (snii-anii).
198 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Abstract
Event history techniques are used to analyze the intensity, timing of occurrence and
sequence of four events considered as important in the transition into adulthood in
two birth cohorts (1979-1983 y 1984-1988).
We study the inequalities between the uruguayan urban youth focusig in the ages
differences in which the events occur amongst every cohort, according to the edu-
cational level, residency region and gender, and the differences that are registered
between both cohorts.
Material data come from the National Survey of Adolescence and Youth of 2008
and 2013.
Key words
Young people. Uruguay. Transitions into Adulthood. Inequalities.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 199
Los eventos de transición
Los eventos que se estudian aquí, paradigmáticos en los estudios de tran-
sición a la adultez, son: primer empleo; salida del sistema educativo (con-
siderando hasta ciclo medio completo); salida del hogar de origen; y tener
el primer hijo. Debe considerarse que los jóvenes contemporáneos, a dife-
rencia de quienes fueron jóvenes hace algunas décadas, no tienen puntos
de llegada normados. En el orden de las decisiones y futuros posibles (y
probables), existe una variada gama de opciones, difícilmente aceptadas
en otros momentos históricos. Esto significa que, en la actualidad, la deci-
sión sobre tener hijos puede (y cada vez ocurre con mayor frecuencia)
postergarse en el tiempo,1 incluso, puede decidirse no tenerlos, lo que era
menos probable en el repertorio conductual de épocas pasadas.
Otra de las características que se da más frecuentemente en la socie-
dades contemporáneas es la reversibilidad de los estados: es posible aban-
donar el sistema educativo y retomar a los estudios en momentos
posteriores, tanto como pasar por diversos estados en relación con la
condición de actividad y desocupación (entrar y salir del mercado de tra-
bajo, estar ocupado o desocupado), o en relación con el hogar en que se
viva (ir a vivir solo o con pareja y regresar al hogar de origen en caso de
separación), o respecto de la situación conyugal (convivir o no en pareja).
El menos reversible de todos los estados es el desempeño del rol de madre/
padre. En este caso, una vez que ocurre el evento (tener el primer hijo), ello
determina el desempeño del rol de madre/padre para el resto de la vida.
Pero, aun en esto, puede percibirse una diferencia de género relevante en
las implicaciones que tiene en cuanto al impacto del desempeño del rol en
el resto de las dimensiones vitales de los individuos.
En los estudios de transición a la adultez se consideran los “eventos”
y no los “estados”. Vale detenerse en esta distinción. Por “evento” se
entiende un hito en la vida de un individuo; es el momento en que
se ingresa al desempeño de un rol social considerado propio de la adultez. Se
toma siempre la “primera vez” y, por tanto, se manifiesta como una marca
que se registra a una edad determinada. En cambio, por “estado” se
1 No es menor, en este ejemplo, el hecho de que las técnicas de reproducción asistida posibili-
ten la postergación de edad de ingreso a la maternidad/paternidad. Estas técnicas no estaban
disponibles para generaciones anteriores. Por otra parte, es probable que aumente el acceso
y el uso de las mismas, para las generaciones futuras, particularmente a partir de la Ley 19.167
sancionada por el Parlamento Nacional en noviembre de 2013.
200 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
considera la situación en la que se encuentra un individuo al momento del
relevamiento. Entonces, por ejemplo, la edad de ocurrencia del evento que
corresponde a la transición al trabajo es a la que un individuo empieza a
trabajar (ocupa un empleo estable, con una duración mayor a tres meses);
y el estado es si el individuo se encuentra ocupado o no al momento de ser
encuestado. Eso significa que el individuo puede estar en diversos esta-
dos en diferentes momentos, pero el evento (primer empleo) ocurre solo
una vez en la vida. La edad en que se registra es relevante tanto para el
individuo como en términos agregados. Los calendarios de los eventos de
transición a la adultez enfocan en las edades de ocurrencia de dichos
eventos para diferentes grupos sociales e indican pautas de comporta-
miento, actitudinales, proyectos de vida y temporalidades diferentes; even-
tualmente, manifiestan (o son expresión de) desigualdades (Planel y
Napilotti, 2012; Planel, 2012).
i) Salida del sistema educativo. En el año 2008, el Parlamento Nacional
aprueba la Ley General de Educación (N° 18.437) que consagra 14 años de
educación formal obligatoria. La universalización de la aprobación de la
Educación Media se convierte así en uno de los objetivos más relevantes
en la agenda social y política del Uruguay. En consecuencia, se pretende
que todos los adolescentes y jóvenes del país desempeñen el rol de estu-
diante hasta los 18 años como mínimo, que es la edad teórica para la apro-
bación de la Educación Media. La desafiliación del sistema educativo
antes de esta edad supone una desviación a la correspondencia normativa
entre edad cronológica y rol público. Describir la edad de desvinculación
del sistema educativo revela, en primer lugar, la distancia que, para dife-
rentes cohortes, se registra respecto del objetivo que se plantea el Uruguay
al aprobar la Ley: universalizar la Educación Media como mínima escola-
rización. Asimismo, permite el acercamiento y estimación de las trayecto-
rias probables frente a los resultados educativos obtenidos en cada
cohorte y las desigualdades que se producen dentro de cada una de ellas.
Desde lo operativo, se define la desvinculación del sistema educativo
hasta la finalización de la educación media, lo que significa que el evento
puede producirse tanto por haber aprobado como por haber desertado sin
aprobar este nivel. En caso de que se continúe asistiendo a centros educa-
tivos, el evento no se produce.
ii) Primer empleo. El desempeño del rol de trabajador/a en el mercado
laboral (lo que equivale a decir en forma remunerada) tiene, normativa y
sociológicamente, una significación relevante. En primer lugar, el trabajo
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 201
connota paradigmáticamente la integración social a partir de la pertenen-
cia a instituciones, obtener ingresos legítimamente, formar parte de rela-
ciones sociales normadas. En alguna medida, se vincula a conformación
de identidad, participación en organizaciones, vínculos de cooperación y
conf licto, así como, en la mayoría de los casos, supone traslados urbanos,
y, en ese sentido, circulación, uso de la ciudad y espacios públicos, es
decir, participación en otro mecanismo de interacción e integración
social. El trabajo remunerado representa el mundo adulto y, aun en espa-
cios de predominio laboral juvenil, supone relaciones intergeneracionales
e intercambio de saberes.
Para la sociología de las transiciones a la adultez, el primer empleo
estable es un evento clave. No en vano, la trayectoria laboral se describe
como una “carrera”. Es así que el punto de partida no es inocuo para el
recorrido posterior, y, por eso, las cuestiones sobre el ingreso al mercado
laboral (cuándo, cómo, dónde y por qué) son preguntas frecuentemente
realizadas desde los análisis sociológicos, que pretenden identificar des-
igualdades, brechas y condiciones diferenciales que serán factores que
expliquen los recorridos y los puntos de llegada. La ocupación que se
ejerza es un vector analítico de “enclasamiento” del sujeto (pertenencia a
una clase social2) o de posición en la estructura. En este sentido, resultan
de interés estudios de movilidad ocupacional, de relación entre educa-
ción-trabajo, etc. Ahora bien, el cuándo comience la carrera laboral, tanto
como sus intermitencias, sus reversibilidades (volver al estado de inacti-
vidad o desempleo), los ascensos o descensos en el rango de las ocupacio-
nes que se desempeñen o de ingreso percibido, el tipo de organización en
que se inserte el individuo, el tipo de contrato y seguridad social con que
cuente, los requisitos y los mecanismos de acceso, son otros vectores de
análisis de las carreras laborales.
El evento de transición es el primer empleo de una duración mayor a
tres meses, que es el indicador que internacionalmente se utiliza para el
ingreso al mercado de trabajo.
iii) Salida del hogar de origen. Es habitual que los términos autonomía,
emancipación e independencia de los jóvenes –asociados a su transición a
la adultez– aparezcan usados de modo alternativo y sin distinción entre
ellos. En estudios anteriores (Filgueira, 1998; Rama y Filgueira, 1990;
2 Este aspecto permite, sin duda, un abanico amplio sobre la definición de las “clases sociales”.
202 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Filardo, 2010 y 2012), se hace especial énfasis en la definición conceptual
y operativa de cada uno de ellos, en la medida en que la salida del hogar
de origen (autonomía), la conformación de un núcleo familiar propio
(emancipación) y la jefatura del hogar (independencia) son tres “estados”
que no se dan necesariamente de forma simultánea –de hecho, aparecen
cada vez más disociados en las cohortes más jóvenes– y conducen, conse-
cuentemente, a trayectorias vitales diversas. Distinguir entre estos tres
procesos no solo supone un avance teórico-conceptual en los recorridos y
la secuencia de los hitos sociodemográficos que caracterizan a la juventud
como ciclo de vida, sino que tiene utilidad práctica para detectar dónde se
producen diferencias inter-cohortes, desigualdades en los cursos de vida y
delinear sectores poblacionales específicos que acusan dificultades en el
tránsito hacia la adultez y que requieren de apoyos y de programas públi-
cos que los promuevan focalizadamente (Filardo, 2010).
Para ilustrar la necesidad de distinguir estos eventos, puede mencio-
narse la migración interna, que involucra a un porcentaje relevante de
jóvenes del Uruguay residentes en el interior que, al inicio de los estudios
terciarios –producto de una fuerte e histórica centralización de la
Universidad de la República y una concentración de la oferta de forma-
ción terciaria en la capital del país–, se trasladan a Montevideo. El cambio
de residencia y movilidad geográfica de estos jóvenes, por lo general,
supone autonomía (salen del hogar de origen) pero no emancipación (no
necesariamente se asocia a la conformación de un núcleo familiar, convi-
vencia con pareja y/o hijos) o independencia económica –que se traduce
en jefatura de hogar como proxy.
La autonomía, entonces, constituye uno de los procesos del despren-
dimiento de los lazos de dependencia familiar, que alude particularmente
a la no-convivencia con los padres. Casal et al (2006:18) denominan a esta
dimensión “neolocalismo”, en el entendido de que la constitución de un
domicilio propio llega a adquirir un status central en la transición hacia la
adultez.
Los procesos de autonomía son objeto de estudio y conforman una
de las dimensiones para la construcción de regímenes de transición a la
vida adulta. Tal es así que los Estados Unidos constituyen el paradigma de
una autonomía juvenil temprana, que no supone emancipación, como un
casi “normado”: al entrar en las universidades, los jóvenes se van de la
casa de los padres y eventualmente migran de ciudad/estado. Los países
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 203
mediterráneos (España, Portugal, Italia) se constituyen en el ejemplo de
regímenes de transición que “prolongan la juventud” en la medida en que
la autonomía se da tardíamente (en torno a los 30 años) y que, hasta ese
momento, los jóvenes conviven con sus padres, siendo la familia de origen
el principal amortiguador frente a los desafíos y dificultades que trae
aparejados el neolocalismo (disminución de recursos económicos, reque-
rimiento de tiempo de trabajo remunerado para sostener el hogar, dismi-
nución de recursos de tiempo y dinero para actividades lúdicas y
recreativas que caracterizarían el ciclo vital juvenil, o para continuar
estudiando). En consecuencia, el Estado no es ajeno a estos procesos, y
puede desarrollar acciones más proactivas hacia la generación de condi-
ciones de posibilidad que faciliten la autonomía de los jóvenes, o por el
contrario, asumir un comportamiento menos protagónico dejando que
sean las familias de los propios jóvenes las encargadas de brindar esas
condiciones de posibilidad, que muchas veces se traducen en prolongados
períodos de convivencia de los jóvenes con su familia de origen, aun
habiendo constituido sus núcleos familiares. La solidez de estos modelos
tiene arraigos culturales y hace a la idiosincrasia de las naciones, y a lo que
se considere “normal” y “deseable”. No obstante, cambios de coyuntura
pueden modificar los patrones históricos (las crisis económicas pueden
impactar en que algunos sectores de jóvenes se vean compelidos a “demo-
rar” su autonomía, o, por el contrario, conducir a una “expulsión” de los
hogares de origen como consecuencia de la disminución de los ingresos,
por lo que los jóvenes la “adelantan”). Desde una perspectiva que conten-
ga el largo plazo, las sociedades contemporáneas se distinguen por sus
pautas de comportamiento respecto de los procesos de autonomía, eman-
cipación e independencia de sus jóvenes.
Los regímenes de transición que enmarcan los procesos de los jóve-
nes suponen, asimismo, patrones culturales sobre los roles de género y,
eventualmente, proveen de condiciones que operan de forma diferencia-
da para varones y mujeres. ¿Cuáles son las estrategias que elaboran los
jóvenes para hacer compatibles el ámbito familiar y laboral? ¿Son estas
comunes a ambos géneros? El debate que se viene produciendo en teoría
social sobre el tema adquiere nuevas dimensiones y ha incrementado la
producción académica en los últimos años (Moreno, 2010; Leccardi,
2002a y 2002b; Leccardi y Rampazi, 1993).
vi) Tener el primer hijo indica el inicio de la vida reproductiva y, por lo
tanto, del desempeño del rol de madre o padre a partir del momento del
204 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
nacimiento del niño/a. Es considerado uno de los roles adultos por
excelencia.
La reproducción biológica ejerce enorme inf luencia en la vida de un
individuo. Supone responsabilidad (tutela) en el desarrollo del niño/a así
como el ejercicio de actividades de cuidado implícitas en la crianza. El
ejercicio del rol requiere tiempo y habilidades. La reproducción biológica
es también reproducción social, dado que tiene efectos demográficos y, a
su vez, en las condiciones de vida de los padres y también de los niños, ya
que los atributos del hogar de origen ejercen influencia en las trayectorias que
se recorren (educativas, laborales, ciudadanas).
En este sentido, el “primer hijo” es un evento trascendente desde la
perspectiva de la transición a la adultez (Casal, 1996; Casal et al., 2006), y,
sin duda, es paradigmático para interpretar, asimismo, proyectos de vida
de los adolescentes y jóvenes. Esto es así porque, de todos los eventos que
se analizarán (salida del sistema educativo, ingreso al primer empleo
estable y salida del hogar de origen), este es –particularmente para las
mujeres– el más “inelástico”: la reversibilidad del estado “ser madre” (la
entrada y salida o suspensión de este rol) es excepcional una vez que nace
el primer hijo. En la actualidad, la reversibilidad de los estados es frecuen-
te: se puede entrar y salir del mercado de trabajo, se producen alternan-
cias en la convivencia en pareja y puede volverse al sistema educativo aun
con varios años de permanencia fuera de él.3 También se puede volver al
hogar de origen luego de experiencias de autonomía e incluso de largos
períodos en ese “estado”. Sin embargo, con independencia de cómo se des-
empeñe el rol de madre o padre, una vez que nace un hijo y está vivo, el
“estado” (ser padre madre) permanece a lo largo del tiempo.
El inicio de la vida reproductiva tiene, asimismo, implicaciones en el
ejercicio de los derechos de los adolescentes y jóvenes y, como consecuen-
cia, en las políticas públicas (en términos de salud sexual y reproductiva,
el derecho a decidir cuándo y cuántos hijos tener). Sin duda, al abordar los
diferentes comportamientos reproductivos de los/as jóvenes, aparecen
diversos puntos a considerar: en particular, que el ejercicio del derecho a
decidir tener hijos muestra inf luencias culturales que han sido estudia-
das y demostradas sistemáticamente y que remiten a uno de los clivajes
3 Es por eso que, en el análisis de las transiciones, se considera la ocurrencia por primera vez del
evento: “el primer hijo”, “el primer empleo estable”, etcétera.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 205
de desigualdad socioeconómica más relevantes entre los adolescentes y
jóvenes de la misma cohorte de nacidos (Filardo, 2010 y 2012). Así como
había sido trabajado en extenso para el Uruguay con los datos de la enaj
2008, en el año 2013, vuelve a mostrarse la fragmentación intra-cohorte
que este evento manifiesta en función del sexo, el nivel educativo alcanza-
do y el efecto combinado de los dos.
Elección de las cohortes a estudiar
La comparación entre los dos relevamientos enaj 2008 y 2013,4 al tomar
individuos que pertenecen a la misma cohorte de nacidos pero a diferen-
tes edades, solo permite distinguir los efectos producto de la edad (en los
calendarios de ocurrencia del evento) pero no de la cohorte.5
El Gráfico 1 muestra las cohortes de nacimiento y las edades al rele-
vamiento de los jóvenes en las dos Encuestas Nacionales de Adolescencia
y Juventud de 2008 y 2013 (enaj), y ayuda a explicar la elección de las
cohortes (1979-1983 y 1984-1988). Se visualiza que los que tienen entre 25 y
29 años en la enaj 2008, nacidos entre 1979 y 1983, solo fueron encuestados
en esa oportunidad. En cambio, aquellos que tenían entre 20 y 24 años en
2008, tienen entre 25 y 29 años en 2013, por lo que, a los efectos de la com-
paración de los calendarios de un evento, corresponde a individuos que
pertenecen a la misma cohorte de nacidos. Por esta razón, solo se compa-
ran los calendarios entre los que tienen entre 25 y 29 años en ambas
encuestas, dado que, de lo contrario, no se puede extraer conclusiones
sobre las diferencias que se producen entre cohortes.
Debe tenerse en cuenta que el análisis es sobre los eventos, es decir,
la ocurrencia por primera vez de un hecho que representa un cambio de
estado (desempeño de un rol). Por ejemplo, la “edad al primer hijo” es
independiente de la edad al momento del relevamiento. Si un individuo
tiene el primer hijo a los 17 años, la respuesta queda fija si se le pregunta a
los 20 o a los 40 años. Siempre será “17 años”. En términos agregados, la
4 La población definida en las enaj son adolescentes y jóvenes de entre 12 y 29 años que residen
en hogares particulares y en centros poblados de más de 5.000 habitantes. En tal sentido, que-
dan excluidos de la posibilidad de ser estudiados los jóvenes que residan en hogares colectivos
(residencias estudiantiles, pensiones, etc.) o que, al momento del relevamiento, se encuentren
internados en instituciones (cárceles, hospitales).
5 Por ejemplo, los jóvenes nacidos entre 1989 y 1993 tenían entre 15 y 19 años y entre 20 y 24 años
en 2013; esto significa que ambas encuestas toman la misma cohorte de nacidos a diferentes
edades.
206 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Gráfico 1. Cohortes de enaj 2008 y 2013: año de nacimiento y edad al
relevamiento
12 2008 2013
13
14
15
16
17
Edad al relevamiento
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
Año de nacimiento: 1979
Fuente: Elaboración propia.
proporción de jóvenes nacidos en 1980 que tuvieron el primer hijo a los 17
años será la misma para toda edad superior a 17 años en que se realice la
medición. La ocurrencia de los eventos puede asociarse a efectos de edad,
de cohorte o de período. En este caso, se pretende relevar los efectos que
produce la pertenencia a una cohorte respecto de otra (por eso, deben ser
diferentes), dejando fija la edad al relevamiento de los jóvenes. En la medi-
da en que un sector de jóvenes relevados en la enaj 2008 y en la enaj 2013
pertenecen a las mismas cohortes de nacidos6 –aunque varíen sus edades
en cada uno de los relevamientos–, el análisis en términos agregados no
podría distinguir el efecto cohorte. Por este motivo, solo se consideran los
que tienen entre 25 y 29 años en ambas encuestas (2008 y 2013) que perte-
necen a cohortes de nacidos diferentes.
Respecto de las variables que se consideran factores de desigualdad,
o sea que determinan diferencias en las transiciones a la vida adulta de
forma sistemática, se han considerado tres: el máximo nivel educativo
alcanzado, el sexo y el lugar de residencia. El nivel educativo alcanzado
fue codificado en tres categorías: hasta primaria, educación media y ter-
ciaria. El criterio para la demarcación de las categorías es la aprobación de
6 Las encuestas relevan a diferentes edades al momento de la aplicación a individuos de las co-
hortes de nacidos entre 1984-1988, 1989-1993 y 1994-1998.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 207
al menos un año en el nivel que se alcanza.7 La región de residencia tiene
dos categorías “Montevideo” y “Resto del país”, tal como se establece en
ambos relevamientos (2008 y 2013). Refiere al lugar en que se ubica el
hogar en que vive el o la joven al momento de la encuesta. Esto se debe
tener en cuenta dado el porcentaje de jóvenes con nivel educativo terciario
que migran a la capital para continuar sus estudios luego de transcurri-
dos sus primeros 18 años en el interior del país, donde eventualmente
ocurrieron algunos de los eventos estudiados.
Desigualdades
Lo que sigue es una descripción de las invariancias y los cambios que se
registran en las dos cohortes estudiadas en cuanto a la intensidad, calen-
darios de ocurrencia y secuencia de los cuatro eventos de transición seña-
lados. Como se estableció antes, la comparación toma a los nacidos entre
1979 y 1983, que en el año 2008 tenían entre 25 y 29 años, y a aquellos
nacidos entre 1984 y 1988, que tienen entre 25 y 29 años en la enaj 2013. De
esta forma, es posible visualizar las modificaciones en las transiciones
que se dan en dos cohortes diferentes, dejando fija la edad. A pesar de que
son cohortes consecutivas, se aprecian algunas tendencias de cambio,
tanto como algunas invarianzas que acusan desigualdades con mayor
resistencia a la modificación en el corto plazo.
Análisis de datos
La representación de los porcentajes acumulados por edad de los jóvenes
que experimentan cada uno de los eventos en las dos cohortes permite en
términos agregados determinar la secuencia de los mismos.
El orden en que ocurren los eventos no varía al compararse las dos
cohortes de nacidos que tienen 25 a 29 años en 2008 y en 2013. El evento
que se registra más temprano es la salida del sistema educativo, luego la
inserción en el mundo del trabajo, a posteriori la autonomía y más adelante
en el tiempo el primer hijo.
7 Así, los que son clasificados en “educación terciaria”, deben haber aprobado un año en dicho
nivel. Los que alcanzan “educación media” deben tener aprobado el primer año de Ciclo básico;
caso contrario, se asignan en el nivel educativo “hasta primaria”. La autora agradece a Mariana
Cabrera su contribución para la construcción de esta variable en el año 2013, que permite la
comparación con la enaj 2008.
208 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Sin embargo, en el Gráfico 2, se puede apreciar que para la cohorte
(1984-1988) que corresponde a 2013, el sistema educativo manifiesta una
retención mayor (se desvinculan a edades mayores) que en la cohorte
(1979-1983) medida en 2008. A su vez ingresan al mercado laboral más
adelante, lo que sugiere la vinculación entre las trayectorias educativas y
las laborales. Asimismo, la autonomía marca una diferencia entre las dos
cohortes analizadas a partir de los 18 años –ocurre con mayor intensidad
en 2013–, mientras que se visualiza una postergación de la edad del pri-
mer hijo que se evidencia a partir de los 18 años.
Gráfico 2. Edad de ocurrencia de los eventos. Jóvenes de 25 a 29 años. Años
2008 y 2013 (en porcentajes acumulados)
1
0.9
0.8
0.7
0.6
0.5
0.4
0.3
0.2
0.1
0
7 10 15 20 25 29
Primer hijo2008
primer hijo 2008 Primer hijo2008
primer hijo 2013
Primer
Primer empleo
empleo 20082008 Primer
Primer empleo
empleo 2008 2013
Salida delsist.
salida del sist. educativo
educativo 20082008 salida del
Salida delsist. educativo
sist. 20082013
educativo
AUTONOMÍA 2008
AUTONOMÍA 2008 AUTONOMÍA 2008
AUTONOMÍA 2013
Fuente: enaj 2008 y enaj 2013.
Al considerar el sexo, tal como muestra el Gráfico 3, se aprecia que: 1)
La distancias entre la edad de salida del sistema educativo y de entrada al
mercado laboral es mucho menor en varones que en mujeres en las dos
cohortes; 2) el ingreso al mercado laboral en las mujeres de la cohorte
1984-88 (2013) es levemente más temprano hasta los 18 años y más tardío
a partir de esta edad, si se compara con la cohorte 1979-83 (2008). En cam-
bio, en los varones de la cohorte 1984-88, se aprecia una incorporación
laboral más tardía hasta los 23 años (el 93% ha tenido un empleo estable),
y, a partir de esa edad, no hay diferencias sustantivas con la cohorte 1979-
83. Sin embargo, se mantienen en 2013 las diferencias entre varones y
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 209
mujeres (ellas obtienen el primer empleo estable más tarde que los varo-
nes), aunque se observa una postergación de la edad de ingreso al merca-
do laboral en los dos sexos en 2013 respecto de 2008.La intensidad del
primer empleo estable, tal como ocurría en 2008, es plena en 2013 a los 29
años para los varones y alcanza al 95% en las mujeres, lo que alerta respec-
to de la permanencia de condiciones diferenciales por sexo para el ingreso
al mercado de trabajo; 3) el proceso de aceleración de la edad de autono-
mía (que se da a partir de los 18 años) en 2013 respecto de 2008 es mayor
en los varones que en las mujeres; 4) la postergación de la edad al primer
hijo, entre 2008 y 2013 se da en mujeres; los varones no presentan varia-
ciones; 5) las brechas por sexo en todos los eventos tienden a disminuir
entre 2008 y 2013.
Gráfico 3. Edad de ocurrencia de los eventos según sexo. Jóvenes de 25 a 29
años. Años 2008 y 2013 (en porcentajes acumulados)
1 1
0,9 0,9
0,8 0,8
0,7 0,7
0,6 0,6
0,5 0,5
0,4 0,4
0,3 0,3
0,2 0,2
0,1 0,1
0 0
71 01 21 52 02 52 9 71 01 52 02 52 9
MUJERES VARONES
Primer hijo 2008 Salida del sist. Educativo 2008 Primer hijo 2013
Salida del sist. educativo 2013 Primer empleo 2013 Primer empleo 2008
Autonomía 2008 Autonomía 2013
Fuente: enaj 2008 y enaj 2013.
Como se observa en el Gráfico 4, las transiciones en casi todos los even-
tos ocurren antes en el interior que en la capital. Esto se manifiesta en que
las curvas de los eventos están más cercanas entre sí que las que se dan en
Montevideo. A los 25 años, en el interior, más del 50% de los jóvenes había
experimentado los cuatro eventos de transición a la vida adulta considera-
dos en el estudio, mientras que esta proporción ni siquiera se alcanza a los
29 años en Montevideo (donde, a esa edad, menos del 40% de los jóvenes ha
tenido el primer hijo). Respecto de la autonomía, Montevideo, a los 18 años,
no obstante registrar un salto muy relevante –dada la migración interna
producto de la causal “continuar con los estudios”–, no alcanza a igualar la
210 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Gráfico 4. Edad de ocurrencia de los eventos según región de residencia.
Jóvenes de 25 a 29 años. Años 2008 y 2013 (en porcentajes acumulados)
1,2 1
0,9
1
0,8
0,7
0,8
0,6
0,6 0,5
0,4
0,4 0,3
0,2
0,2
0,1
0
0
71 01 52 02 52 9 81 01 52 02 52 9
INTERIOR MONTEVIDEO
Fuente: enaj 2008 y enaj 2013.
curva del interior. Esto muestra que la postergación de la salida del hogar
de origen en la capital es muy superior que en el resto del país, probable-
mente asociada a la permanencia en la actividad de estudiante de los jóve-
nes universitarios concentrados en Montevideo. La región de residencia de
los jóvenes se mantiene como un factor que diferencia los comportamientos
reproductivos en términos de edad al primer hijo. Los jóvenes que residen
en Montevideo tienen su primer hijo más tarde que en el resto del país; y si
se compara con 2008, aún más tarde. Esto es porque, si bien los calendarios
para la entrada a la maternidad/paternidad en el interior no varían entre
estos años, si lo hacen –retrasándola– en la capital.
En ambas cohortes, los jóvenes que residen en el interior ingresan al
mercado laboral más tempranamente que aquellos que residen en
Montevideo,8 y la distancia entre las regiones crece. A los 15 años había
8 Al igual que en el caso de la edad de salida del sistema educativo, se debe ser cuidadoso con
las conclusiones que se desprendan de esta información. Los datos refieren a los jóvenes que,
al momento de ser encuestados, residen en Montevideo y tienen entre los 25 y los 29 años.
Muchos de ellos han nacido y cursado la educación media en el interior y han migrado a la
capital, como se especificó antes. Existe un sesgo en la migración interna. Quienes migran a
Montevideo siendo jóvenes son, en su mayoría, los que pretenden la continuidad de sus estu-
dios de educación superior, muestran trayectorias educativas esperadas y pertenecen a hoga-
res de origen de mayores capitales educativos y mayores ingresos. Esto hace que Montevideo
“sume” jóvenes de este perfil, mientras que el interior “los reste”. No obstante, las conclusiones
relativas al conjunto de jóvenes de estas edades con que cuentan las regiones son relevantes,
y también lo son las diferencias que se manifiestan en relación con ello.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 211
Gráfico 5. Edad de ocurrencia de los eventos según nivel educativo
alcanzado. Jóvenes de 25 a 29 años. Años 2008 y 2013 (en porcentajes
acumulados)
1 1 1
0,9 0,9 0,9
0,8 0,8 0,8
0,7 0,7 0,7
0,6 0,6 0,6
0,5 0,5 0,5
0,4 0,4 0,4
0,3 0,3 0,3
0,2 0,2 0,2
0,1 0,1 0,1
0 0 0
71 01 52 02 52 9 71 01 52 02 52 9 71 01 52 02 52 9
Fuente: enaj 2008 y enaj 2013.
tenido su primer empleo el 25% de los jóvenes residentes en el interior y el
17% de los residentes en Montevideo, que tenían entre 25 y 29 años en
2008. En 2013 son el 21% y el 9%, respectivamente. A los 18 años, de la
cohorte medida en 2008 han experimentado el primer empleo de más de
3 meses el 64% de los jóvenes que residen al momento de la encuesta en el
interior y el 55% de los que residen en la capital, frente al 61% y el 48% de
la de 2013. Las curvas tienden a converger a partir de los 20 años para las
dos regiones y los dos años de relevamiento.
El nivel educativo es el factor con mayor poder de determinación en
la intensidad y en el calendario de las transiciones de los jóvenes en el
Uruguay. Como se evidencia en el Gráfico 5, entre los que cuentan con
menores capitales educativos, todos los eventos no solo ocurren más tem-
prano sino que se dan más cercanos en el tiempo. En cambio, entre los que
alcanzan la educación terciaria, los eventos no solo ocurren a mayor edad
sino que se distancian más entre sí.
Al considerar las variaciones entre las dos cohortes en la edad al pri-
mer empleo, se observa a los 18 años un punto de inf lexión en los tres
niveles educativos. Entre los que alcanzan estudios terciarios, se registra
un incremento de la intensidad a partir de esta edad, lo que indica que en
la cohorte de 2013 ingresa al mercado laboral una mayor proporción de
jóvenes con este nivel educativo que la que lo hacía en la cohorte medida
en 2008. Por su parte, entre los que alcanzan educación media, la variación
212 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
ocurre antes de los 18 años: tienden a postergar la edad al primer empleo.
Es así que, para este nivel educativo, a los 15 años experimentaron el pri-
mer empleo el 24% en 2008 y el 17% en 2013. A los 17 años, en 2008 lo había
hecho el 50% y en 2013 el 39%; ya a los 18 años, las diferencias se acortan:
69% y 67% respectivamente.
Más allá de los cambios que se observen en el calendario (edad de
entrada al mercado laboral), el trabajo adolescente –entre los 15 y los 17
años– no disminuye en magnitud. En 2008 el porcentaje de jóvenes entre
15 y 17 años que se declara trabajando en forma remunerada al momento
de la encuesta es del 7,1% y en 2013 es del 9,4% (Filardo, 2015).
En las dos cohortes se manifiestan diferencias por nivel educativo en
la edad de la autonomización por primera vez. En aquellos jóvenes que
alcanzan educación terciaria, la salida del hogar de origen se verifica más
tarde, aunque en 2013 se registra a edades menores que en 2008. Por tal
motivo, y en la medida en que las variaciones son muy leves entre aquellos
que solo alcanzan hasta primaria, es que las curvas que se despliegan por
nivel educativo presentan en 2013 una distancia menor que en 2008. Para
los que alcanzan a educación media, también presenta una aceleración en
las edades de autonomía a partir de los 18 años. Se mantiene el incremen-
to abrupto a esta edad en los de mayor nivel educativo entre los 18 y 19
años, producto de la migración interna que tiene como causa la continui-
dad de estudios superiores en la capital del país.9
El nivel educativo se mantiene como la variable de mayor impacto
sobre la edad al primer hijo. Las diferencias respecto de 2008 –salvo para
quienes tienen menor nivel educativo en donde parece incrementarse la
maternidad/paternidad adolescente entre 15 y 17 años– se dan a partir de
los 20 años, con un retraso entre los de educación terciaria y un adelanto
relativo respecto de 2008 en los de nivel educativo medio.
En 2013, a los 20 años el 45% de los jóvenes de nivel educativo hasta
primaria habían tenido su primer hijo (44% en 2008), frente al 23% de los
de educación media (24% en 2008) y el 4% de los de educación terciaria
9 Con todo, debe aclararse que este proceso está probablemente subrepresentado en la enaj
2008 y la enaj 2013. La muestra de la enaj, al estar anidada a la ech no releva personas que viven
en hogares colectivos –como residencias estudiantiles, pensiones, y otros–, que son una opción
frecuente entre los jóvenes migrantes del interior. En consecuencia, estos están excluidos de la
población de enaj y de este análisis. Tampoco están contenidas en la población de la ech ni de las
enaj las personas internadas en instituciones (hospitales, cárceles, hogares de amparo, etc.).
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 213
Gráfico 6. Edad de ocurrencia de los eventos según nivel educativo
alcanzado. Mujeres jóvenes de 25 a 29 años. Años 2008 y 2013 (en
porcentajes acumulados)
1 1 1
0,8 0,8 0,8
0,6 0,6 0,6
0,4 0,4 0,4
0,2 0,2 0,2
0 0 0
71 01 52 02 5 71 01 52 02 52 9 71 01 52 02 52 9
Fuente: enaj 2008 y enaj 2013.
(3,8% en 2008). A los 25 años los porcentajes son 69 y 65% para los de edu-
cación hasta primaria (2008 y 2013 respectivamente), 46,5 y 52% para los
de educación media y 13% y 10% para los de educación terciaria.
Por último, se presentan los gráficos por sexo (Gráficos 6 y 7), para
cada nivel educativo, dado que en el análisis 1990-2008 se mostró que las
principales desigualdades entre los jóvenes en el Uruguay se daban entre
las mujeres según el nivel educativo alcanzado, y que la brecha aumentaba en el
periodo considerado (Filardo, 2012).
Al comparar las mujeres de las cohortes estudiadas en 2008 y 2013,
se observa que los eventos varían en secuencia y notoriamente en intensi-
dad según se alcance hasta primaria o se haya, al menos, aprobado un año
en el nivel terciario. Entre las mujeres de menor escolarización, a partir de
los 19 años, el porcentaje de las que ha tenido el primer hijo supera (con
diferencias relevantes) la proporción de las que han experimentado el
primer empleo. La proporción de las que no se incorporan hasta los 29
años al mercado laboral en la cohorte 2013 se mantiene, respecto de 2008,
cercano al 20%. Por otra parte, la salida del sistema educativo es un evento
temprano y notoriamente anterior a los otros tres. La salida del hogar de
origen, el primer empleo y el primer hijo son eventos prácticamente
simultáneos hasta los 20 años. Es a partir de esta edad que se incrementa
a gran velocidad la proporción de mujeres con hasta primaria que se auto-
nomiza y que tienen su primer hijo, mostrando un estancamiento en la
proporción de las que ingresan al primer empleo.
214 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Las secuencias aparecen más claras en los otros dos niveles educati-
vos, y en las que alcanzan educación terciaria son, además, más distantes
entre sí. Entre las mujeres que alcanzan educación media, el ingreso al
mercado de trabajo es, a partir de los 18 años, anterior respecto de la sali-
da del sistema educativo en 2013, lo cual sugiere que se incrementa en
este sector el número de personas que estudian y trabajan previo a la
salida del sistema educativo en el ciclo medio.
Entre las que alcanzan educación terciaria, cerca del 90% culmina el
ciclo medio en la edad teórica para ello, continuando con trayectoria edu-
cativa. La postergación de los otros tres eventos es notoria en relación con
las mujeres que alcanzan menor escolarización, particularmente el tener
el primer hijo (no alcanzan a ser el 30% a los 29 años).
Debe notarse que las distancias que se verifican entre las mujeres
que tienen entre 25 y 29 años en 2008 y 2013 se incrementan. Esto está
dado particularmente porque la edad al primer hijo se retrasa en las que
alcanzan educación terciaria, mientras que las de menor escolarización
describen curvas similares. Lo mismo ocurre con la edad al primer
empleo: la intensidad aumenta a partir de los 20 años en las de educación
terciaria de la cohorte de 2013, mientras que se mantienen porcentajes
acumulados similares por edad en la cohorte 2008. Esto muestra que las
desigualdades entre las mujeres según su nivel educativo siguen aumen-
tando en el periodo 2008-2013, lo que indica que la tendencia registrada
entre 1990-2008 se mantiene.
Se evidencian las dificultades específicas de las mujeres de menores
niveles educativos para ingresar al mercado laboral en forma estable en
las dos cohortes. En 2008, hasta los 18 años las mujeres de menor nivel
educativo ingresaban más temprano al mercado laboral (las que alcanza-
ban primaria lo hacían en mayor proporción que las que alcanzaban nivel
medio, y en menor proporción relativa lo hacían las que alcanzaban ter-
ciaria). En 2013, tienden a converger las curvas de los niveles educativos
hasta primaria y educación media. En ambos niveles educativos se poster-
ga el ingreso al mercado laboral. A partir de los 18 años, el comportamien-
to adquiere patrones diferentes: se acelera el incremento en las mujeres
de nivel educativo medio, mientras que se enlentece sustantivamente en
aquellas que alcanzan hasta primaria. Es a partir de los 20 años que se
observa, asimismo, un incremento mayor en el ingreso al mercado laboral
de las mujeres con estudios terciarios en 2013 respecto de 2008.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 215
Gráfico 7. Edad de ocurrencia de los eventos según nivel educativo
alcanzado. Jóvenes varones de 25 a 29 años. Años 2008 y 2013 (en
porcentajes acumulados)
Fuente: enaj 2008 y enaj 2013.
Por su parte, el 17% de las mujeres con menores estudios (no superan
primaria) a los 29 años no experimentaron el primer empleo estable en
2013. Esto significa restricciones importantes para su participación en el
mercado laboral, situación que permanece sin cambios respecto de 2008,
aunque mostrando aún un ritmo de ingreso algo más tardío que en la
medición anterior. Probablemente debido a sus obligaciones de cuidados
y en el ámbito doméstico, constituyen una población que enfrenta restric-
ciones provenientes de diferentes esferas para el trabajo remunerado y
que requiere medidas focalizadas para enfrentarlas y superarlas.
En 2013, las mujeres de educación hasta primaria se autonomizan
más temprano que lo que lo hacían en 2008, a partir de los 18 años. A esta
edad habían abandonado el hogar de origen por primera vez el 53% de las
mujeres de este nivel educativo en 2008 y el 58% en 2013; a los 20 años son
el 70 y el 76%, respectivamente. No se aprecian diferencias entre 2008 y
2013 en las mujeres con nivel educativo medio. Entre las mujeres que
alcanzan terciaria en 2013, se presenta una aceleración del proceso de
autonomización aunque con ritmo más errático en edades que para las
que tienen como nivel educativo hasta primaria. Los patrones diferencia-
dos de calendarios por nivel educativo en las mujeres se mantienen en
2013, siendo notoriamente más tempranos entre las mujeres de menor
educación.
216 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
En el caso de los varones, si bien el nivel educativo alcanzado no alte-
ra la secuencia de los eventos,10 se produce una traslación de las curvas en
las edades a medida que se avanza en los niveles educativos, lo que mues-
tra que las transiciones son más tardías entre los más educados. A los 29
años la intensidad de los eventos es similar en los tres niveles educativos,
excepto en el evento primer hijo: a esa edad el 60% de los que alcanzan
hasta primaria han sido padres frente al 18% de los que aprueban al
menos un año de estudios terciarios.
Para los varones de nivel educativo hasta primaria no se aprecian
diferencias entre 2008 y 2013. En cambio sí se presenta una aceleración de
las edades de autonomía en los jóvenes de nivel educativo medio a partir
de los 18 años y un salto mucho más pronunciado y abrupto a esta edad
para los que alcanzan educación terciaria. En consecuencia, la curva que
representa el porcentaje acumulado por edad de salida del hogar de ori-
gen de los tienen terciaria como nivel educativo se superpone a partir de
los 18 años a la que describían los de nivel medio en 2008. En términos
agregados, las diferencias por nivel educativo para los varones en 2013
son menores a lo que eran en 2008.
En 2008, se había señalado (Filardo, 2010) que las curvas que repre-
sentaban la proporción acumulada por edad al primer empleo y salida del
sistema educativo de los varones que alcanzaban nivel educativo medio
eran prácticamente superpuestas. En 2013, se presenta también criticidad
en este sector de varones por la proximidad de las curvas de ambos even-
tos hasta los 18 años; incluso a edades mayores la proporción de los que
ingresan al primer empleo supera a los que salen del sistema educativo.
Esto indica –al igual que lo que ocurre con las mujeres– que, probable-
mente, desempeñen los dos roles de forma simultánea –trabajador y estu-
diante– o tengan recorridos intermitentes en ambas trayectorias. En todo
caso, en 2013 se muestra una retención mayor en el sistema educativo
respecto de 2008.
Las curvas de la edad de ingreso al mercado laboral que describen
mujeres y varones de menor escolarización señalan comportamientos
radicalmente diferentes y con alta probabilidad de correspondencia con
los modelos tradicionales de género, en los que la mujer queda confinada
10 Salvo para los de educación media en los que, a partir de los 18 años, el ingreso al mercado
laboral es más temprano que la salida del sistema educativo.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 217
al ámbito doméstico y al trabajo no remunerado dentro del hogar, mien-
tras que el varón (ajustado al formato bread-winner) entra tempranamente
al espacio productivo público, a desempeñar el rol de trabajador y provee-
dor de ingresos.
No es menor advertir que en 2008 el porcentaje de mujeres que
alcanzaban terciaria y se autonomizaban por primera vez a los 18 años
(presumiblemente por migración interna) superaba al de los varones en
igualdad de condiciones. Sin embargo, en 2013, los varones superan a las
mujeres. Coincide con ello –como se señaló antes– una mejor perfomance
de ellos en la culminación de la Educación Media, que habilita a los estu-
dios terciarios a un porcentaje mayor que en 2008. Es posible, entonces,
visualizar el encadenamiento de los eventos de transición y el impacto
recíproco que sostienen entre sí.
Salvo para el nivel educativo “hasta primaria” –en el que se incre-
mentan– , las distancias entre varones y mujeres en las edades de autono-
mización tienden a una convergencia mayor en 2013.
Notas finales
En el presente estudio, se exploran, a través de diferentes técnicas de his-
toria de eventos, las transiciones a la vida adulta de los jóvenes de 25 a 29
años en 2008 y 2013, representados en las cohortes de nacimiento 1979-
1983 y 1984-1988. La elección de tomar a quienes, al momento del releva-
miento (enaj 2008 y enaj 2013), se encuentran comprendidos en este
tramo de edad se justifica para asegurar que pertenezcan a diferentes
cohortes.11 Los eventos que se estudian son: la salida del sistema educati-
vo, la autonomía (salida del hogar de origen), tener el primer hijo y el
ingreso al mercado laboral (primer empleo estable).
Entre los principales resultados, se destaca que en 2013 se registra una
postergación de la edad de salida del sistema educativo respecto de 2008, lo
que señala una mayor retención del sistema educativo en el nivel medio y
también el nivel de escolarización de los jóvenes. Por otra parte, disminuyen
las brechas de género y de región de residencia al momento de relevamien-
to entre 2008 y 2013. Asimismo, se registra una leve postergación en la
11 En la medida en que los jóvenes nacidos entre 1984 y 1996 pertenecen a la población de ambas
encuestas.
218 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
entrada al mercado de trabajo en 2013 respecto de 2008, lo que probable-
mente se relacione con mantener el rol de estudiante por más tiempo.
En 2013, continúan percibiéndose las diferencias de edad de ingreso
al mercado laboral (trabajo remunerado) por sexo que se registraban en
2008: los varones ingresan a menor edad que las mujeres. En 2013, un 5%
de las mujeres a los 29 años no experimentaron su primer empleo estable
(de más de tres meses de duración). Sin embargo, esta situación se con-
centra entre las que tienen menores capitales educativos: son cerca del
20% de las mujeres que no superan primaria. Este porcentaje es similar al
registrado en 2008, lo que manifiesta la persistencia de dificultades o
restricciones específicas para el desempeño en el trabajo remunerado en
este sector de la población estudiada, probablemente asociada a una
resistencia de los modelos tradicionales de género. La perspectiva de
género es imprescindible para el análisis de las desigualdades entre los
jóvenes. Pero es insuficiente considerar las distancias entre varones y
mujeres. Deben considerarse los efectos combinados de sexo y nivel edu-
cativo, porque las mayores desigualdades se dan entre mujeres por nivel
educativo alcanzado.
La edad de salida del hogar de origen marca diferencias a partir de
los 20 años en el período: en 2013 el porcentaje de jóvenes que se autono-
mizan a partir de esta edad es mayor que el que se presentaba en 2008.
Además, disminuye la distancia entre varones y mujeres hasta los 24 años
en 2013; luego sí el evento autonomía adquiere mayor intensidad para las
mujeres. Ocurre más temprano en los jóvenes que residen en el interior
respecto de los que lo hacen en Montevideo, y en los de menores niveles
educativos respecto de quienes alcanzan nivel terciario. No obstante, en
la medida en que, a partir de los 20 años, el evento se acelera en 2013, la
brecha por nivel educativo se hace menor que en 2008.
La edad en que se tiene el primer hijo tiene leves modificaciones en
el período, en particular entre las mujeres, manifestando como tendencia
la postergación, lo que conduce a que la brecha entre sexos disminuya.
También se observa un retraso en el inicio a la vida reproductiva en
Montevideo, aunque esto no ocurre en el resto del país. El nivel educativo
alcanzado por los jóvenes es lo que produce las mayores diferencias en la
edad al primer hijo; y crecen respecto de 2008, básicamente porque los de
nivel terciario aplazan aún más el evento (especialmente las mujeres).
Para el total de los jóvenes el orden en que se suceden los eventos
(secuencia), no presenta variaciones sustanciales en el período. Primero
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 219
ocurre la salida del sistema educativo,12 luego la inserción en el mercado
de trabajo, a posteriori la autonomía y más adelante aún en el tiempo el
primer hijo. Sin embargo, sí se observan modificaciones en la distancia
entre los eventos: salvo para el primer hijo, ocurren más cerca unos de
otros. Asimismo, las transiciones se dan antes en el interior que en
Montevideo. Las brechas entre varones y mujeres son menores en 2013
que en 2008 en todos los eventos. Ahora bien: si se considera el nivel edu-
cativo alcanzado y el sexo, las diferencias no son solo de calendario (los de
menor escolarización experimentan todos los eventos a menor edad) sino
que incluso se registra alteración en la secuencia en el caso de las muje-
res.13 Los gráficos ilustran la “densidad demográfica” que caracteriza a los
sectores de menor nivel educativo: se producen todos los eventos de tran-
sición en un tramo muy acotado de edades. En cambio, en los que alcan-
zan nivel educativo terciario, las distancias entre los eventos se amplifica
sustantivamente, así como la intensidad del evento “primer hijo” en par-
ticular se hace sensiblemente menor.14 Ello sugiere que, para la mayoría,
al menos uno de los eventos considerados de transición ocurrirá even-
tualmente fuera del tramo de edad que se toma como demarcatorio de la
“juventud”.
El análisis que se plantea permite ver la desigualdad existente en los
jóvenes del Uruguay y su evolución. Alumbra sobre la fragmentación en
los proyectos de vida, las trayectorias y los repertorios culturales de las
mujeres –marcados por el nivel educativo que alcanzan–, tanto como
sobre las desiguales restricciones para la integración social y ciudadana
que enfrentan. Se habilita así el reconocimiento de las diversas formas de
vivir, construir subjetividad, ciudadanía y proyectos y de las distintas
condiciones de posibilidad de los jóvenes que tienen las mismas edades.
Los dispositivos que se diseñen para la promoción y protección social de
los jóvenes requieren atender a esos “mundos” distintos, diversos y
desiguales.
12 Hasta ciclo medio superior.
13 A partir de los 19 años, el porcentaje de mujeres de menor nivel educativo que tuvieron su pri-
mer hijo es superior al porcentaje de las que experimentaron el primer empleo. El orden en
este sector poblacional (luego de los 19 años) es: muy tempranamente se produce la salida del
sistema educativo; luego se experimenta la autonomía; muy cercanamente se tiene el primer
hijo; y luego se tiene el primer trabajo remunerado.
14 A los 29 años, experimentaron el primer hijo menos de una de cada tres mujeres de nivel edu-
cativo terciario.
220 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Bibliografia
Casal, Joaquim (1996), “Modos emergentes de transición a la vida adulta en el
umbral del siglo XXI: Aproximación sucesiva, precariedad y desestructura-
ción”. Reis, 75-96, pp. 295 a 316.
Casal, Joaquim, Maribel García, Rafael Medino y Miguel Quesada (2006),
“Aportaciones teóricas y metodológicas a la sociología de la juventud desde
la perspectiva de la transición”. Papers, 79, pp. 21-48. Barcelona, Universidad
Autónoma de Barcelona.
Filardo, Verónica (2008), “Temporalidades Juveniles”. En: Departamento de
Sociología-fcs-udelar (2008), El Uruguay desde la Sociología VI. Montevideo,
Departamento de Sociología-Facultad de Ciencias Sociales-Universidad de
la República, pp. 119-134.
––––– (2010), Transiciones a la adultez y educación. Montevideo, unfpa, Cuaderno
núm. 5.
––––– (2011), Distancias intra-generacionales. Jóvenes en Uruguay 1990-2008.
Montevideo, inju-mides, Cuaderno núm.1 Mirada Joven.
Filardo, Verónica, Mariana Cabrera y Sebastián Aguiar (2010), Segundo Informe de
la Encuesta Nacional de Adolescentes y Jóvenes (enaj) en el Uruguay, Montevideo,
INFAMILIA-inju-mides.
Filardo, Verónica y Anaclara Planel (2012), “Entre Susanitas y Mafaldas: el
Estado. Análisis de políticas públicas y la fecundidad en Uruguay”. Ponencia
presentada en el Congreso aucip, Montevideo.
Filardo, Verónica, Anaclara Planel y Romina Napiloti (2011), Sobre la brecha de
fecundidad en Uruguay. Ecuaciones para tener hijos y Políticas Públicas.
Montevideo, Convenio oim, Comisión Sectorial de Población, opp y fcs.
Informe del Proyecto Actitudes y Comportamientos Reproductivos en
Uruguay.
Filgueira, Carlos (1998), Emancipación juvenil: trayectorias y destinos, Montevideo,
cepal .
Garthwaite, Kayleigh (2012), “Home alone? Practitioners´ref lexions on the impli-
cations of young people living alone”. Youth & Policy, núm. 108, pp.73-87.
Disponible en: <http://www.youthandpolicy.org/wp-content/uploads/2017
/06/yandp108.pdf>.
Desigualdad en jóvenes del Uruguay (2008-2013): ... | págs. 197-221 221
Leccardi, Carmen (2002a), “Tiempo y construcción biográfica en la sociedad de
la incertidumbre: ref lexiones sobre las mujeres jóvenes”. Revista Nómadas,
núm. 16. Bogotá, pp. 43-50.
––––– (2002b), “Matters of identity. Young women and birth control in Southern
Italy”. Young. Nordic Journal of Youth Research, Núm. 10:1, pp 24-41. Disponible
en: <http://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.1177/110330880201000103>.
Leccardi, Carmen y Margarita Rampazi (1993), “Past and Future in Young
Women´s Experience of Time”. Time Society, núm.2, pp. 353-379. Disponible
en: <http://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.1177/0961463X93002003004>.
Moreno, Almudena (2010), “Vida familiar y trabajo en el proceso de transición a
la vida adulta de los jóvenes españoles “. Revista Estudios de juventud, núm. 90,
Madrid, injuve, septiembre.
Rama, Germán y Carlos Filgueira (1991), Los jóvenes del Uruguay. Esos desconocidos,
Análisis de la Encuesta Nacional de Juventud, Montevideo, cepal-ine.
Wyn, Johanna, Sarah Lantz y Anita Harris (2011), “Beyond the transitions meta-
phor. Familyrelatins and young people in late modernity”. Journal of Sociology,
vol. 48 (1), The Australian Sociological Association, pp. 3-22. Disponible en:
<http://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.1177/1440783311408971>.
Yip, Ngai Ming y Ray Forrest (2014), “Choice or contraint? Exploring solo-living
for young households in Hong Kong”. Hong Kong, Urban Research Group
cityu on cities. Working paper Series, WP N° 1/2014.
222 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Reseñas
bibliográficas
Reseñas bibliográficas | págs. 225-230 225
Recibido:octubre de 2017 | Publicado: diciembre de 2017
Universidades en cambio:
¿generalistas
o profesionalizantes?
Marta Panaia (coordinadora)
Buenos Aires, Miño Dávila Editores, 2015
El libro coordinado por Marta Panaia aporta hallazgos importantes
sobre el campo de investigación que aborda el nexo educación-inserción
ocupacional en Argentina. Concretamente, esta obra, mediante una mira-
da longitudinal, analiza el problema de la desigual formación educativa
en el Nivel Educativo Superior. Para ello, parte de las preguntas: ¿qué
capacidades tienen las universidades para incorporar a sus graduados en
el mercado de trabajo? Y, adicionalmente: ¿varía esto por regiones en el
contexto del territorio nacional?
Mayoritariamente, los antecedentes de investigación han encontrado
que la transición escuela-trabajo está condicionada por los factores de ori-
gen socio-económico de los estudiantes, así como por su propia trayectoria
educativa previa (Dalle, 2016). Sin embargo, este trabajo se distingue por
no limitarse a la consideración de los factores adscriptivos de los estudian-
tes para analizar la conformación de caminos que han de tomar sus even-
tuales trayectorias vitales, sino que contempla cómo se entrelazan a lo
largo de este proceso social las miradas de las universidades, los otros
estudiantes, los graduados y las empresas. Para ello, utiliza una fuente de
información longitudinal conformada por una encuesta dirigida a los gra-
duados que recaba información de la transición formación-empleo, así
226 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
como por entrevistas semi-estructuradas que recogen retrospectivamente
las etapas de la vida familiar, residencial, de formación y ocupacional de
los individuos. Esta información está provista por los Laboratorios mig
(Monitoreo de Inserción de Graduados), ubicados en diversas institucio-
nes de Educación Superior del país,1 lo que permite comparar el paso de la
escuela al trabajo entre distintas formaciones y regiones del territorio
nacional.
El libro está integrado por grandes secciones: 1) Los graduados; 2)
Los estudiantes; y 3) Las empresas. A su vez, cada una incluye capítulos
que analizan el problema de estudio. El primer capítulo titulado “Los
ingenieros y el desarrollo regional”, de Marta Panaia, presenta una
ref lexión, en clave regional, de la demanda de ingenieros. Así, ofrece un
panorama general de la distribución de estudiantes y graduados de las
distintas carreras de ingeniería en Argentina. Mediante un ejercicio de
contraste, tanto con la región latinoamericana como con otras regiones
conformadas por países emergentes, Panaia sugiere que, aunque existe
una fuerte demanda de graduados de ingenieros en el país, están muy
lejos de alcanzarse los volúmenes requeridos. Dos condicionantes operan
en esta situación: el promedio de años que le lleva a un estudiante termi-
nar sus estudios (10-11 años) y la elevada desafiliación escolar que estos
experimentan durante el primer año de estudios. Por otra parte, utilizan-
do los hallazgos proporcionados por investigaciones previas, el trabajo
sostiene que muchos egresados experimentan problemas de identidad y
desarrollo profesional al insertarse laboralmente, lo que pudiera estar
afectando las motivaciones de los estudiantes tanto para elegir estas
carreras como para terminarlas.
El segundo capítulo, titulado “Los ingenieros electrónicos: proble-
mas de inserción y sectores demandantes”, de Vanina Simone, retoma la
problemática planteada por el capítulo previo y se enfoca en aquella for-
mación que presenta los mayores problemas de inserción laboral y desa-
rrollo profesional: los ingenieros electrónicos. El trabajo utiliza datos
provistos por las entrevistas semi-estructuradas realizadas en un
Laboratorio mig, ubicado en la Facultad Regional de Avellaneda, de la
1 Específicamente, en este libro se utilizan datos de Laboratorios mig ubicados en las Facultades
de Ingeniería de la Universidad Nacional de Río Cuarto y de la Universidad Tecnológica
Nacional (utn) en Resistencia, así como en las Regionales de Avellaneda y General Pacheco,
también de la utn.
Reseñas bibliográficas | págs. 225-230 227
Universidad Tecnológica Nacional (fra-utn). El estudio destaca que los
egresados de ingeniería electrónica comienzan a buscar empleo antes que
los egresados del resto de las especialidades, lo que repercute negativa-
mente en las tasas de terminación escolar. Este hallazgo se complementa
con la idea de los “techos internos” que encuentran durante sus trayecto-
rias laborales, condición que los lleva a construir una serie de expectati-
vas profesionales incumplidas.
Los dos capítulos que terminan de conformar la sección primera,
“Mujeres ingenieras, una minoría en las universidades tecnológicas”, de
Ivana Iavorski, y “El desafío profesional de la mujer ingeniera”, de Marta
Panaia, abordan una dimensión estructurante, y escasamente analizada,
en la desigualdad de oportunidades que experimentan los ingenieros en
Argentina: el género. El capítulo de Iavorski, mediante el uso de entrevis-
tas semi-estructuradas, indaga en algunos aspectos relacionados con la
trayectoria de vida previa y con las percepciones laborales de las egresa-
das. El trabajo encuentra que a diferencia de los varones, las estudiantes
de ingeniería proceden de secundarios no técnicos y privados.
Mayoritariamente, pertenecen a familias de alto nivel socioeconómico.
Asimismo, se concentran en ingenierías no tradicionales (industrial y
química). El estudio concluye que estas mujeres cuentan con perspectivas
de formación educativa continua, condición que pudiera estar operando
como motor de su movilidad ocupacional ascendente. Por su parte, el
capítulo de Panaia, compara los casos de la Universidad Nacional de Río
Cuarto (unrc) y la Universidad Tecnológica Nacional (utn), en sus
Regionales de Avellaneda y General Pacheco. Un primer aporte del trabajo
es que encuentra que las estudiantes de ingeniería de ambas institucio-
nes no suelen ingresar al mercado de trabajo durante su trayectoria estu-
diantil. La mayoría está acompañada por sus entornos familiares, por lo
que su dedicación escolar es casi exclusiva, repercutiendo positivamente
en su experiencia escolar. En segundo lugar, registra diferencias en las
pautas de inserción ocupacional entre las egresadas de la unrc y las de la
utn Regional Pacheco: las primeras no encuentran dificultades para
insertarse laboralmente después de terminar sus estudios, a diferencia de
las segundas. Los resultados sugieren que buena parte de esta problemá-
tica se debe a que las ingenieras de la utn-Pacheco egresan de las denomi-
nadas “nuevas ingenierías”, que poseen menos prestigio y vinculación
profesional, en contraste con las otras especialidades “tradicionales”, que
son de las que egresan las ingenieras de la unrc.
228 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
La segunda sección del libro está compuesta por cuatro capítulos. El
capítulo “Ingreso universitario y prevención del abandono. Usos posibles
y potencialidades de los contextos virtuales”, de Analía Cheicher, toma el
caso de la Facultad de Ingeniería de la unrc y, mediante una sub-muestra
de estudio conformada por ex-estudiantes que abandonaron la escuela,
analiza las razones que incidieron en su desafiliación escolar. Estas razo-
nes, concluye la autora, se deben a cuestiones académicas, vocacionales,
laborales y personales. La investigación de Cheicher propone mecanismos
para la prevención del abandono: talleres preparatorios para los nuevos
estudiantes y una red social que vinculara a los nuevos ingresantes. Se
sugiere que ambas estrategias pueden funcionar como “puentes” para
facilitar a los ingresantes hacia un espacio académico inhóspito.
Por su parte, el capítulo “Abandono y permanencia en carreras de
ingeniería. Un estudio orientado a detectar factores de riesgo y fortalezas
entre los ingresantes”, de Paola Paoloni, analiza, mediante un monitoreo
a los ingresantes de la Facultad de Ingeniería de la unrc, algunas varia-
bles incidentes en la estructuración diferencial de las trayectorias escola-
res. El estudio demuestra que, en la medida en que los estudiantes
auto-perciben que son apoyados por sus entornos familiares, incremen-
tan su control volicional y, en consecuencia, su rendimiento escolar.
Asimismo, propone una serie de sugerencias para promover la permanen-
cia y prevenir el abandono escolar.
El capítulo “Los recorridos académicos en la utn-fra. Un análisis de
seguimiento luego de cinco años de cursada”, de Vanina Simone, Ivana
Iavorski, Lucía Somma, Luis Garaventa y Darío Wejchenberg, propone
una mirada longitudinal a partir de la cual los autores siguen durante
cinco años a una cohorte de estudiantes. El estudio permite conocer qué
características de origen social y de procedencia escolar intervienen en la
permanencia de los estudiantes en las diversas especialidades de ingenie-
ría. Un aporte del trabajo es que avanza en una categorización de las
desiguales experiencias educativas en el trayecto bajo estudio.
Finalmente, el último capítulo de esta sección, titulado “Trayectorias
educativas en el nivel superior. Comportamientos, dinámicas y estrate-
gias de estudiantes de ingeniería”, de Lucía Somma e Ivana Iavorski, se
centra en las estrategias que implementan los estudiantes y en las percep-
ciones resultantes cuando se entrelaza el ingreso al mercado de trabajo
con la trayectoria escolar. Las autoras concluyen que el apoyo familiar
Reseñas bibliográficas | págs. 225-230 229
sigue siendo clave para experimentar eficazmente tanto la transición
escuela-trabajo como la combinación de ambas experiencias.
La última sección se conforma por tres capítulos. En primer lugar, el
capítulo titulado “Tiempos de trabajo y desafíos de su conceptualización
y cuantificación en la etapa actual”, de Marta Panaia, nos introduce en la
complejidad en que se encuentra el análisis de la sociología de las profe-
siones para abordar las transformaciones que sufre el trabajo en nuestros
tiempos. Este capítulo da pie para los dos finales. El capítulo “Demanda
laboral para ingenieros en organizaciones del sector privado del área
Resistencia- Gran Resistencia-Corrientes. Identificación de calificaciones
requeridas a partir de datos cualitativos”, de Marta Ceballos, Carlos
Lovey, Lucas Oviedo y Flavia Moreiro, aborda el tema de los requerimien-
tos de las empresas para la eventual contratación de ingenieros. Este
capítulo se enmarca en una investigación realizada por un Laboratorio
mig instalado en la Facultad Regional de Resistencia de la utn. El trabajo
analiza la estructura ocupacional de tres ciudades colindantes:
Resistencia- Corrientes y Puerto Tirol. Así, los autores avanzan en los dis-
tintos requerimientos que demandan diversas empresas del sector manu-
facturero, lo cual constituye un posible insumo tanto para las unidades
académicas y los estudiantes como para la planificación de las políticas
educativas y de empleo. Por último, el capítulo de Cecilia Blanco, titulado
“La mirada de las empresas sobre los comunicadores sociales: una inser-
ción difícil”, recorre el camino allanado por el capítulo previo, planteán-
dose como objeto de estudio las representaciones que tienen las empresas
con respecto a los comunicadores sociales. Bajo la presunción de que los
comunicadores sociales poseen dificultades de inserción ocupacional,
Blanco se pregunta si esa dificultad es una percepción de los estudiantes
o bien, una demanda satisfecha por las empresas. Para ello estudia las
ideas en torno a la demanda de comunicadores sociales que tienen distin-
tas empresas instaladas en la ciudad de Córdoba, pertenecientes a diver-
sos rubros de actividad. La autora concluye que la mirada sobre los
comunicadores sociales en las empresas depende estrechamente del tipo
de organización de la producción prevaleciente en estas.
Es preciso señalar que los datos provistos por esta obra son fruto del
trabajo conjunto e interdisciplinar de este equipo coordinado por Marta
Panaia con diversas instituciones de Educación Superior, desde hace una
década. La construcción de datos propios es una labor sociológica escasa-
mente valorada y que, como muestra este trabajo, constituye una llave
230 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
para conocer, comparar y explicar los fenómenos sociales. En tanto, este
libro sin duda aporta al campo de conocimiento en el cual se inscribe.
Eduardo Rodríguez Rocha
ciecs-conicet-unc
Bibliografía
Dalle, Pablo (2016), Movilidad social desde las clases populares: un estudio sociológico
en el Área Metropolitana de Buenos Aires 1960-2013. Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires/ clacso. Primera edición.
Repertorio
de Tesis
Trabajo y acción colectiva... | págs. 233-237 233
Recibido:octubre de 2017 | Publicado: diciembre de 2017
Trabajo y acción colectiva
en la maquila informacional
de los call centers
La tesis presentada por la doctora en Estudios Sociales (Estudios
Laborales) Inés Montarcé aborda el problema de la acción y organización
colectiva de los trabajadores de call centers desde una perspectiva preocu-
pada por desentrañar los procesos de subjetivación política que emergie-
ron a partir de conf lictividades en los espacios productivos y la vivencia
colectiva de experiencias de organización sindical. Tal investigación se
enmarcó dentro de la corriente de estudios del trabajo no clásico, enten-
diendo a los call centers como maquilas informacionales cuya actividad
simbólica y cognitiva se caracteriza por rasgos propiamente tayloristas,
contrarrestando la idea de que, en los empleos precarios de alta rotación,
los trabajadores estarían sumidos en el aislamiento, la individualización
y la imposibilidad de constituirse como fuerza colectiva.
Este estudio se centró en el análisis de dos empresas ubicadas en la
Ciudad de México (Atento y Tecmarketing) con amplias diferencias entre
sí pero con la particularidad de que en ambas surgieron experiencias
organizativas de carácter sindical orientadas a transformar las condicio-
nes en las que se ejercía la actividad. En cada una de ellas se analizó el
entramado de relaciones que detonó la acción colectiva, la dinámica de
los procesos organizativos y sus impactos a nivel subjetivo,
234 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
preguntándose por la posibilidad de emergencia de subjetividades
políticas con grados y alcances diversos. Es decir, la mirada estuvo
puesta en una potencialidad práctica que dependía de la dinámica del
movimiento en el marco de relaciones de fuerzas adversas, sin suponer de
antemano que el contexto de precariedad iba a generar en sí mismo sen-
tidos contestatarios respecto del orden dominante sino, más bien, inda-
gando en las disposiciones que pudieran emerger de las propias vivencias
colectivas y en la capacidad de acción y significación de los trabajadores.
En ese sentido, la inquietud estuvo orientada a desentrañar los efectos
subjetivos de ciertas experiencias de organización problematizando el
alcance de los mismos en términos del nivel de politización alcanzado por
los actores involucrados.
Recuperando un enfoque marxista de reconstrucción empírica y
teórica desarrollado en América Latina por Hugo Zemelman y Enrique De
la Garza, la tesis evitó caer en las dicotomías planteadas por el objetivis-
mo y el subjetivismo: se reconocen las complejas mediaciones que existen
entre los condicionamientos objetivos de la experiencia laboral, los signi-
ficados que los trabajadores construyen acerca de su situación concreta y
la movilización y acción en relación con reivindicaciones concretas. Es
decir, se partió de la idea de que las subjetividades no surgen como
reflejo mecánico de condiciones objetivas ni tampoco son un conjun-
to coherente de significaciones reconocidas por los trabajadores,
sino que se construyen en la interacción dinámica de estructuras y
relaciones de fuerzas en espacios y temporalidades dadas.
Así, la emergencia de voluntades políticas en los call centers no se
redujo a un problema de verificación empirista, ni a uno estrictamente
subjetivo de interpretación de significados, sino que se analizó la configu-
ración de relaciones del ámbito laboral y extra laboral que permitieron
que el consentimiento pasivo e individual se convirtiera, en un momento
dado, en rechazo y movilización colectiva. Asimismo, se exploraron las
reconfiguraciones subjetivas que estos procesos habilitaron, teniendo en
cuenta que la emergencia de una subjetividad alterna y contestataria no
se dio de un día para otro sino que fue tomando forma en el curso de las
propias conf lictividades y prácticas organizativas sin adquirir en ningún
momento un carácter definitivo ni uniforme.
La tesis reseñada se divide en cinco capítulos: mientras que los dos
primeros se centran en la descripción y presentación de la perspectiva
teórico-metodológica implementada (lo que supone debates conceptuales
Trabajo y acción colectiva... | págs. 233-237 235
con distintas corrientes teóricas en relación con los principales ejes analí-
ticos), los tres restantes se enfocan en el análisis de la dinámica del sector
de call centers a nivel global y en México, y en particular en la forma espe-
cífica que adquiere la conf lictividad laboral y la acción y organización
colectivas de los trabajadores en los casos planteados. A lo largo del texto,
se vislumbra una problemática central que estuvo presente en el desarro-
llo de toda la investigación: la inclusión de nuevos actores en la cotidianei-
dad productiva (como son los clientes usuarios del servicio pero también
las empresas subcontratantes y las agencias de colocación de personal) ha
ampliado y complejizado las formas en las que se expresa el conf licto
laboral, los sujetos que intervienen y los objetos sobre los que se ejerce,
fortaleciendo el control sobre la actividad así como las transgresiones al
orden productivo. Esto exigió no solo repensar las categorías utilizadas
para el análisis del trabajo y sus mecanismos de control y disciplinamien-
to, sino también para la comprensión de las múltiples resistencias que
emergen en los espacios productivos desbordando los repertorios clásicos
de acción y movilización de la clase trabajadora.
Los principales hallazgos encontrados en la investigación confirma-
ron que la actividad productiva en los call centers se asemeja al ensamblaje
de información dentro de una cadena de valor que la excede, siendo tal
estrategia de subcontratación un mecanismo específico de precarización
y descalificación de la ocupación. Al igual que en las maquilas manufac-
tureras ampliamente estudiadas en México, aquí predominan bajos sala-
rios, parcelación e individualización de las tareas, combinadas con una
manipulación tecnológica simple (mínimos niveles de automatización) y
un manejo estandarizado de la información que no solamente destierra la
posibilidad de creación de conocimiento nuevo, o de acumulación e inno-
vación tecnológica –tan predicada por las teorías de la Sociedad de la
Información–, sino que también permite reconocer procesos de tayloriza-
ción ya no solo de la producción y el intercambio sino también del consu-
mo, y por ende de la labor de los clientes usuarios de los servicios. El
ejercicio implacable del control y la combinación de diferentes dispositi-
vos de vigilancia, más allá de que se den en forma coercitiva o consensua-
da, expresan la superexplotación y dominación a la que están sometidas
las capacidades físicas y mentales de los trabajadores en este tipo de
empleos. No obstante ello, en los casos analizados, se evidenció la emer-
gencia en el ámbito productivo de insumisiones y acciones contestatarias
de carácter individual y colectivo que, en mayor o menor medida, cuestio-
naron tales lógicas: boicots en las llamadas, desconexiones, paros,
236 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
ausentismo, confrontación con la autoridad y desobediencia a las órdenes
impuestas, así como labores de agitación, difusión y organización propias
de la conformación de un movimiento sindical. En ambos casos, se trató de
prácticas heterogéneas, ya sea porque sus repertorios variaron, sus estra-
tegias se transformaron, sus alcances y efectos fueron diferentes, o por-
que los actores presentes en las disputas se diversificaron (empresas
subcontratantes, clientes usuarios o estructurales sindicales reales o ficti-
cias). Es decir, cada proceso tuvo diferentes momentos y modalidades
según las coyunturas, destacándose una tensión significativa entre dos
formas de construcción política: una desde arriba a través de mecanismos
institucionales propios de la negociación colectiva y la otra desde abajo
con la acción y participación directa de los trabajadores.
De una u otra forma, lo interesante a destacar es que, en la base de
dichos movimientos, se encontró un sentido de solidaridad construido a
partir de la vivencia compartida de los conf lictos: en ambos casos la deci-
sión de unirse al movimiento no fue producto de una deliberación cons-
ciente y racional sino resultado de la acumulación de agravios, donde los
lazos entre pares se convirtieron en soportes materiales y simbólicos cla-
ves del activismo incipiente. Así, las reivindicaciones planteadas no se
fundamentaron únicamente en motivaciones estrictamente económicas
(como la mejora de sus condiciones laborales) sino también en razones
éticas y afectivas: el apoyo mutuo en situaciones de tensión y disputa fue
lo que permitió procesos colectivos de problematización de su situación
concreta, la identificación y cristalización de un antagonismo político
hacia la empresa y el surgimiento de una voluntad colectiva dispuesta a
emprender acciones transformadoras.
Los procesos de subjetivación aludidos no se desencadenaron como
resultado de una sucesión mecánica de hechos objetivos ni de una delibe-
ración consciente y racional en la que los trabajadores fueron adquiriendo
mayor conciencia ideológica, sino a partir de procesos contradictorios
y complejos en los que se fueron construyendo nuevas sensibilidades y
afecciones políticas, independientemente de que estas hayan logrado o no
cristalizar en un proyecto sindical exitoso.
En ese sentido, la tesis presentada constata cómo, si bien la configu-
ración y dinámica específica de la organización del trabajo en el sector de
call centers ha ido ligada a una precarización e individualización creciente
de los trabajadores, ello no ha significado necesariamente una pérdida de
centralidad de estos como actores colectivos, sino que, más bien, mani-
Trabajo y acción colectiva... | págs. 233-237 237
fiesta que se han dado cambios en las modalidades de expresión del con-
f licto laboral que nos obligan a ampliar la mirada en torno al ejercicio
cotidiano del control y la resistencia dentro de los espacios productivos y
a sus múltiples impactos a nivel subjetivo.
Inés Montarcé
Estudios Sociales (Estudios Laborales),
uam-i, Ciudad de México.
238 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Relaciones laborales en Argentina... | págs. 239-246 239
Recibido:octubre de 2017 | Publicado: diciembre de 2017
Relaciones laborales
en Argentina. El caso
Camioneros entre 1991-2011
Esta reseña de tesis doctoral resume la investigación que se desarro-
lló en el marco de las becas internas de posgrado tipo I (2009-2012) y II
(2012-2014), financiadas por el Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (conicet), bajo la dirección de la Dra. Cecilia Senén
González.1
Dicho trabajo se enmarca en el proceso de recuperación de la econo-
mía y de las instituciones laborales en la Argentina post devaluación de
2002 que impulsó el empleo registrado, provocando una mayor participa-
ción de los sindicatos, las empresas y el Estado en el mundo del trabajo e
imprimiendo a las relaciones laborales una dinámica renovada (Palomino
y Trajtemberg, 2006). Esto permitió el retroceso de los procesos de f lexi-
bilización y precarización que marcaron las relaciones de trabajo del país
durante los años ‘90. La evidencia de esta nueva dinámica pone de mani-
fiesto un protagonismo de los sindicatos que se plasma en el aumento de
la negociación colectiva, el incremento de los conf lictos laborales –que
1 Tesis de doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Fecha
de defensa: 13 de febrero de 2014.. Versión completa disponible en: <http://nulan.mdp.edu.
ar/2015/1/pontoni_ga_2013.pdf>.
240 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
van desplazando a los sociales– y la recuperación de la afiliación sindical
cuyo análisis se enmarcó en una prolífica literatura bajo la noción de
“revitalización” sindical (Etchemendy y Collier, [2007] 2008; Atzeni y
Ghigliani, 2007; Senén González y Haidar, 2009; Senén González y Del
Bono, 2013).
En este nuevo escenario, el sindicato de “Camioneros”2 ha cobrado
especial relevancia en el plano político–sindical, transformándose en uno
de los actores centrales del sistema de relaciones laborales argentino.
Dicho protagonismo inspiró el objetivo del trabajo realizado, el cual se
propuso investigar y caracterizar las opciones estratégicas adoptadas por
el gremio de “Camioneros” durante dos sub-períodos: 1991-2002 y
2003-2011.
Con tal propósito, en el primer capítulo, se brindan las herramientas
conceptuales y metodológicas que orientan la lectura de los capítulos sub-
siguientes. El estudio se nutre de los aportes conceptuales de las relacio-
nes laborales como disciplina científica. En tal sentido, se describen las
diversas etapas históricas que marcan la institucionalización de las rela-
ciones laborales hasta su consolidación como disciplina de estudio, pri-
mero en Europa y los Estados Unidos, para más tarde trasladarse a otros
países de América Latina, entre ellos, la Argentina. Posteriormente, se
desarrollan los argumentos centrales del marco de referencia teórico
adoptado en la Tesis, el enfoque de las opciones estratégicas.
En efecto, el repaso de las diferentes tradiciones teóricas de la disci-
plina, cuyo origen se remonta a principios del siglo XX, posibilitó identi-
ficar en los años ´80 una corriente renovadora de los estudios en
relaciones industriales, la cual enfatiza el papel de los actores en los pro-
cesos socio-laborales, partiendo de considerar que el mercado no lo
2 Cabe señalar que se denomina “Camioneros” al colectivo de actores comprendidos en la
Federación Nacional de Trabajadores Camioneros y Obreros del Transporte Automotor de
Cargas, Logística y Servicios. Este conjunto de organizaciones se distribuye la representación
sindical de trabajadores en 17 sub-ramas de actividad económica, las cuales componen el
sector transporte, logística y servicios anexos. En consecuencia, delimitar el estudio de este
actor sindical a un determinado sector implicó un exhaustivo análisis previo para comprender
el alcance de su ámbito de representación. Sin embargo, la simple enumeración de aquellas
sub-ramas mostraba indicios sobre el crecimiento del sindicato durante las últimas décadas.
Relaciones laborales en Argentina... | págs. 239-246 241
determina todo.3 De este modo, relativiza la perspectiva sistémica de
Dunlop,4 predominante en los años ’60 en los estudios laborales, incorpo-
rando el enfoque de las opciones estratégicas. Su contribución teórica estri-
ba en extrapolar al campo de los estudios laborales uno de los debates
clásicos de la teoría social, asociado a interrogarse acerca del peso de las
elecciones de los actores o de las instituciones y circunstancias del contex-
to como determinantes de los resultados de ciertos procesos sociales. En
ese sentido, sostienen que, si bien el contexto condiciona las decisiones de
los actores, no las limita. De allí la relevancia de estudiar las opciones estra-
tégicas en tanto decisiones de los actores que les permitan modificar algún
aspecto de los resultados del sistema de relaciones laborales (Kochan,
Katz y McKersie, [1986] 1993).
Paralelamente, se introdujo en el campo de investigación la concep-
tualización propuesta por Lévesque y Murray (2004 y 2010), cuyo desarro-
llo refiere a las capacidades o recursos con las que cuentan los sindicatos
para responder a los cambios estructurales o del contexto, tal como se
propone abordar en el marco de esta tesis. En esa clave interpretativa, el
diseño de investigación propuesto incorpora distintos niveles de observa-
ción y análisis que permiten observar la dinámica de las relaciones labo-
rales a partir de una perspectiva más integrada que la que suele explorarse
en los estudios de relaciones laborales tradicionales, entre estos, la nego-
ciación colectiva. En tal sentido, se identificaron tres niveles analíticos
–macro, meso y micro– que preconfiguran el predomino de cada uno de
los actores de las relaciones laborales –Estado, sindicato y empresa–, a la
vez que permiten visualizar su interacción.
En primer lugar, se estudió el nivel macro, en el que se incluye la des-
cripción de las transformaciones del sector transporte, logística y servi-
cios anexos así como de la estructura de los actores que lo componen y el
modo en que estos factores inf luyeron en el desarrollo del gremio. En este
3 Este enfoque fue propuesto por el equipo de investigadores norteamericanos del
Massachussets Institute of Technology (mit) pertenecientes a la Sloan School of Managment,
Industrial Relations Section (Kochan, Katz y McKersie, [1986] 1993).
4 John Dunlop ([1958], 1993) fue el primero en relevar los estudios efectuados hasta ese momen-
to en el área de relaciones laborales y proponer un marco teórico propio para la disciplina.
Dunlop, apoyado en el funcionalismo de Talcott Parsons, considera las relaciones laborales
como un sistema en el que concurre un conjunto de actores en un contexto determinado, los
cuales comparten una ideología y repertorio de reglas que rigen su comportamiento, en espe-
cial las condiciones de trabajo.
242 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
nivel también se interpretan las diversas opciones estratégicas que adop-
tó Camioneros con respecto a su participación en la discusión de políticas
públicas de largo plazo destinadas a los sectores económicos en los que
representa trabajadores. Luego, se analiza el nivel meso, en el que, a partir
del estudio de la negociación colectiva, se construyó una categoría con-
ceptual para analizar la capacidad de negociación de Camioneros, entendida
como la habilidad de los sindicatos para concertar diversos acuerdos y
convenios con los restantes actores de las relaciones laborales. Por último,
en el nivel micro, se trabajó sobre otras dos capacidades de Camioneros: la
de organización, definida como la destreza de un sindicato para construir
una estructura interna que le permita mejorar sus respuestas a los cam-
bios que puedan presentarse en el contexto en el que se desenvuelve
(Lévesque y Murray, 2004 y 2010); y la de movilización, en tanto habilidad
para organizar, coordinar y concretar diversos tipos de acciones y, de ese
modo, entablar negociaciones con los empresarios o el Estado para lograr
cierto balance entre cooperación y conf licto (Lévesque y Murray, 2010).
En este capítulo, se presenta la metodología cualitativa utilizada y el
diseño propuesto para afrontar el trabajo de investigación, así como las
técnicas de recolección de datos primarios y secundarios.
En el segundo capítulo, se describen las transformaciones económi-
cas, políticas e institucionales ocurridas en Argentina entre 1991 y 2011,
en conexión con el estudio de las opciones estratégicas adoptadas por
Camioneros en cada nivel del análisis propuesto (macro, meso y micro).
Es de destacar que, desde la perspectiva del enfoque de las opciones
estratégicas, el contexto o entorno (esto es, los cambios en el mercado de
trabajo, la tecnología aplicada a los sistemas productivos, la búsqueda
de competitividad frente a los mercados globalizados, etc.) condiciona
las decisiones de los actores, aunque no determina los resultados de los
sistemas de relaciones laborales.
En cuanto a los períodos de estudio, se distinguieron dos. Durante el
primero, que se extiende entre los años ’90 y 2002, se aplicaron una serie
de reformas neoliberales que involucraron un corrimiento del Estado y la
apertura de la economía, acompañados de la privatización de las empre-
sas estatales y del sistema público de jubilaciones y pensiones, así como de
la desregulación de parte de la normativa laboral (f lexibilización de la
contratación, descentralización de la negociación colectiva, entre otros
aspectos). El segundo período, que se inicia en 2003 y se prolonga hasta
2011, supone la puesta en marcha de medidas que buscaron revertir algu-
Relaciones laborales en Argentina... | págs. 239-246 243
nas de las políticas implementadas durante el primer período anterior-
mente señalado.
El tercer capítulo muestra la descripción y análisis del conjunto de
actores que conforman la Federación de Camioneros y las empresas que
componen lo que en el marco de esta tesis se definió como sector trans-
porte, logística y servicios anexos, con el propósito de mostrar cómo su
desarrollo contribuyó al crecimiento y expansión del colectivo Camioneros.
En el cuarto capítulo, se analizaron las medidas impulsadas por el
Estado, pero también las concertadas a nivel sectorial, a partir de la san-
ción de la Ley Nº 23.966 en el año 1991 (que regula el transporte de cargas
automotor) y hasta 2011. En este sentido, se buscó dar cuenta de cómo
Camioneros articuló distintas opciones estratégicas para acordar con el
Estado y los empresarios políticas de largo plazo que favorecieran la com-
petitividad sectorial.
Las opciones estratégicas respecto de la capacidad de negociación
del gremio en las que se concentró el análisis de la investigación se abor-
dan en el quinto capítulo. En él, la dimensión capacidad de negociación
(nivel meso del análisis propuesto) fue definida como la habilidad y/o
destreza de los sindicatos para concertar diversos acuerdos y convenios
con los restantes actores de las relaciones laborales: los empresarios y el
Estado. Para ello, se analizaron los acuerdos pautados por Camioneros a
través de la negociación colectiva mediante tres indicadores: a) el ritmo
que adquiere dicho instituto, tanto a nivel general como sectorial; b) el
nivel de centralización de la negociación colectiva; y c) los contenidos acorda-
dos a lo largo del período en estudio (1991-2011).
Posteriormente, se abordó el estudio de las opciones estratégicas del
sindicato analizado respecto de su capacidad de organización. Con tal
propósito, se describió y analizó dicha capacidad (correspondiente al nivel
micro del diseño de investigación), comprendiéndola como la habilidad
de un sindicato para construir una estructura interna que le permita res-
ponder, más adecuadamente, a los cambios que puedan presentarse en el
contexto en el que este se desenvuelve (Lévesque y Murray, 2004 y 2010).
Para llevar a cabo este análisis, se consideraron dos indicadores. El prime-
ro, refiere a la construcción histórica del sindicato, puesto que cobra especial
relevancia su trayectoria en tanto legado o herencia institucional. El
segundo indicador describe y analiza cómo se compone, ordena y articula
la estructura organizacional del sindicato, la cual también se apoya en los
244 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
desarrollos presentados en el capítulo III. El mismo incluye: a) los canales
de comunicación interna; b) los mecanismos de participación internos; c)
el ámbito de representación personal; y, finalmente, d) los recursos econó-
micos con los que cuenta para llevar a cabo sus objetivos.
En el séptimo capítulo, se describió la capacidad de movilización (ubi-
cada también en el nivel micro del esquema de investigación), definida
como la habilidad de los sindicatos para organizar, coordinar y concretar
diversos tipos de acciones que les permitan entablar negociaciones con los
empresarios o el Estado y, de esa forma, lograr un mejor balance entre
cooperación y conf licto (Lévesque y Murray, 2010). Con el propósito de
reconocer las opciones estratégicas en relación con esta capacidad, se
construyeron los siguientes indicadores: a) las referencias históricas de los
actores respecto de los conf lictos de Camioneros; b) la forma en que se enta-
blan las negociaciones con los empresarios y/o el Estado, con el propósito de
dar cuenta de cómo se establecen las relaciones entre los actores para
alcanzar cierto balance entre cooperación y conf licto; c) la organización de
la acción colectiva, esto es, cómo se dispone el sindicato para llevar a cabo
una medida determinada; y por último d) los tipos de acciones que prevale-
cen en los conf lictos liderados por Camioneros. En tal sentido, se diferen-
ció entre acciones disruptivas, que marcan una ruptura en la rutina de la
acción colectiva (bloqueos, ocupaciones, etc.), y convencionales, aquellas
que, si bien surgieron como una ruptura en el repertorio de la acción, con
el paso del tiempo se institucionalizaron y hoy son aceptadas por los acto-
res involucrados (huelgas, marchas, asambleas, etc.) (Tarrow, 1997).
Para concluir, el recorrido analítico realizado a lo largo de la tesis
mostró que no han sido solo el contexto y los marcos institucionales los
que contribuyeron al fortalecimiento de Camioneros en el esquema actual
de relaciones laborales del país, sino que también sus opciones estratégi-
cas contribuyeron a su crecimiento y expansión. Esta interpretación sub-
yace al hecho de que, en un período como la década de los años ’90
–signado por la recesión de la economía y pauperización del mercado de
trabajo que desalentó el accionar de los sindicatos–, este gremio pudo
construir y fortalecer, paulatinamente, sus capacidades de negociación,
de organización y de movilización, al tiempo que, desde su rol en el mta,
confrontó contra el modelo neoliberal que avanzaba, sistemáticamente,
sobre la f lexibilización y precarización de las relaciones laborales.
A partir de 2003, las decisiones tomadas durante aquella etapa convir-
tieron a Camioneros en el interlocutor del Estado y los empresarios, no solo
Relaciones laborales en Argentina... | págs. 239-246 245
a través de la discusión de políticas públicas específicas destinadas al sector
(nivel macro), sino también mediante la negociación colectiva de salarios y
condiciones de trabajo (nivel meso). Es claro que lo anterior no hubiese sido
posible de no haber contado con una sólida capacidad de organización y
una significativa capacidad de movilización (nivel micro), cuya construc-
ción se inicia en décadas previas a los años ’90, pero, sin dudas, se fortalece
durante esa década y se consolida a partir de los años 2000.
Dra. Gabriela A. Pontoni
conicet-gret-unmdp
Referencias bibliográficas
Atzeni, Mauricio y Pablo Ghigliani (2007), “The resilience of traditional trade
unions’ practices in the revitalization of the Argentine labour movement”.
En: Craig Phelan (ed.), Trade unions revitalization: trends and prospects in 34
countries. Berna, Peter Lang, pp. 105-119.
Dunlop, John T. ([1958] 1993), Industrial Relations Systems. Nueva York, H. Holt &
Co.
Etchemendy, Sebastián y Ruth Berins Collier ([2007] 2008), “Golpeados pero de
pie. Resurgimiento sindical y neocorporativismo segmentado en Argentina
(2003-2007)”. Revista Postdata, 13, pp. 145-192.
Kochan, Thomas, Harry Katz y Robert McKersie ([1986] 1993), La transformación de
las relaciones laborales en Estados Unidos. Madrid, Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social.
Lévesque, Christian y Gregor Murray (2004), “El poder sindical en la economía
mundial”. Working paper 02, Manu Robles-Arangiz, Institutua Fundazioa.
Disponible en: <http://www.mrafundazioa.eus>. Acceso en: 15.02.2011.
––––– (2010), “Understanding union power: resources and capabilities for
renewing union capacity”. Transfer: European Review of Labour and Research, 16
(3), pp. 333-350. DOI: 10.1177/1024258910373867.
246 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Locke, Richard, Thomas Kochan y Michael Piore (1995), “Replanteamiento del
estudio comparado de las relaciones laborales: enseñanzas de una investiga-
ción internacional”. Revista Internacional del Trabajo, 114(2), pp. 157-184.
Palomino, Héctor y David Trajtemberg (2006), “Una nueva dinámica de las rela-
ciones laborales”. Revista Trabajo, año 2, núm. 3. Buenos Aires, Ministerio de
Trabajo, Empleo y Seguridad Social, pp.47-68
Senén González, Cecilia y Andrea Del Bono (2013), “Introducción”. En: Cecilia
Senén González y Andrea Del Bono (eds.), La revitalización sindical en
Argentina: alcances y perspectivas. Buenos Aires, Universidad Nacional de La
Matanza/ Prometeo, pp. 7-28.
Senén González, Cecilia y Julieta Haidar (2009), “Los debates acerca de la ‘revita-
lización sindical’ y su aplicación en el análisis sectorial en Argentina”. Revista
Latinoamericana de Estudios del Trabajo, 14 (22), pp. 5-31.
Tarrow, Sidney (1997), El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción
colectiva y la política. Madrid, Alianza Editorial.
Control del trabajo ampliado... | págs. 247-251 247
Recibido:octubre de 2017 | Publicado: diciembre de 2017
Control del trabajo ampliado
en la empresa trasnacional
de telecomunicaciones
móviles Telefónica-Movistar
México
Esta investigación aborda una reconstrucción del control ampliado
del trabajo en Centros de Atención a Clientes (cac) de Telefónica-Movistar
México. Así, se procede desde una articulación entre diversos actores en
diferentes niveles de abstracción quienes, a partir de su interacción, pro-
ducen el control ampliado del proceso de trabajo, que se encuentra dado
en condiciones espaciales, temporales y virtuales. De esta suerte, se busca
sintetizar una explicación articulada de la configuración del control
ampliado de trabajo en los cac de esta empresa.
Con este fin, el autor plantea tres secciones en la tesis: en la primera,
procede a establecer categorías de análisis para escudriñar la realidad
concreta a partir de la discusión de diversas aproximaciones teóricas que
le permiten un acercamiento abierto a múltiples determinaciones; en la
segunda, ubica el marco contextual por niveles de complejidad y periodos
largos y cortos en el ámbito económico, político y tecnológico; finalmente,
en la tercera, se aboca a examinar el control ampliado del proceso de tra-
bajo en el cac por dimensiones de análisis y los ejes transversales de
estructuras, subjetividad y acción articulados por espacio y tiempo. En
esta tercera parte presenta los resultados de la aplicación de las entrevis-
tas a empleados, encuesta a clientes y observaciones in situ, interpretados
248 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
a través de la articulación de la teoría y la contextualización que se desa-
rrollaron en las primeras dos secciones.
De esta manera, en los primeros cuatro capítulos se desarrollan las
acciones elementales de nivel descriptivo orientadas a ubicar el plantea-
miento desde el cual se articula la totalidad de la reconstrucción. Por ello,
en el capítulo uno se establece el fundamento epistemológico, teórico y
metodológico de la tesis; en el capítulo dos se considera el contexto teórico
frente al que se ha constituido el configuracionismo latinoamericano;
posteriormente, en el capítulo tres, se examina la transformación de la
teoría del proceso de trabajo para explicar nuevos fenómenos; y en el capí-
tulo cuatro establece la pertinencia de este enfoque para dar cuenta de
esos cambios.
Posteriormente, en los capítulos cinco y seis se ubica a la empresa
trasnacional Telefónica Movistar México en el contexto de la crisis econó-
mica de 2008 a través del análisis de los niveles macro y micro. Así, se
presenta una contextualización de estructuras conformadas histórica-
mente que establecen un horizonte de posibilidades en el que se inserta
esta empresa. En primera instancia (capítulo cinco), se realiza una des-
cripción de lo que es actualmente la empresa y de su devenir histórico; se
da cuenta especialmente del contexto económico que la definió antes y
después de esa crisis; la forma en que se constituyó en corporativo y cómo
inició su tendencia a la externalización de servicios. En segunda instancia
(capítulo seis), se caracterizan las condiciones políticas en las que se
encontraba durante la crisis y la manera en que en México se ha presenta-
do el devenir de las condiciones del trabajo en general y del mercado de
las telecomunicaciones en particular, marcado, a su vez, por las llamadas
reformas estructurales. Finalmente, la tesis pasa a señalar las implicacio-
nes de esta situación en el organigrama empresarial y los cambios que se
aplicaron ante el horizonte de la realidad concreta de este país. Todo ello
establece diferentes niveles de contexto que presionan a la acción, la posi-
bilitan y también permiten conferirle sentidos y significados a las condi-
ciones cambiantes al nivel del cac.
En la tercera parte, este estudio procede a explicar el proceso de tra-
bajo cac en la trasnacional desde la distinción de cinco dimensiones de la
configuración sociotécnica, a saber: tecnología, organización laboral,
relaciones de trabajo, perfil de la mano de obra y perfil de la cultura –esta
última subdividida a su vez en cultura del trabajo y de la empresa–. Hay
que destacar que estas dimensiones no se exponen de manera aislada, ya
Control del trabajo ampliado... | págs. 247-251 249
que la presente tesis retoma las relaciones entre la mismas a través de
diversos temas, como: los tipos de trabajador; la estructura de la f lexibili-
dad que presentan los contratos colectivos de trabajo (cct); la subjetividad
del sentido del trabajo; y la textura de las interacciones que tienen lugar
en un espacio-tiempo concreto.
De esta suerte las primeras dos dimensiones guían la exposición del
capítulo siete “Articulación entre organización y tecnología en dos tipos de
estrategias”. Aquí se ubican las dos fuentes del control ampliado, la empre-
sa y el cliente, que se abordan en tres instancias: a) el acceso al trabajo, por
el perfil de contratación en función de la organización del trabajo reque-
rido en el cac y las redes sociales necesarias para laborar ahí; b) la capaci-
tación requerida y su valoración por parte de los trabajadores en cuanto
al conocimiento de procedimientos y de las aplicaciones de software nece-
sarias para consumarlos; y finalmente c) los sistemas de bonos, como una
forma de f lexibilidad salarial enmarcada en la estrategia corporativa
orientada a incrementar el número de clientes. En consecuencia, a lo
largo de los siguientes tres capítulos se profundizan estos aspectos aten-
diendo a las estructuras, la subjetividad y la acción de la configuración del
concepto ampliado del trabajo.
De este modo, en el capítulo ocho “Análisis de f lexibilidad en dos cct”
se analizan los contratos que delinean dos tipos de trabajadores dentro
del cac, los “externos” y los “internos”. Los primeros son contratados por
un outsourcing llamado Atento Servicios S.A. de C.V., encargado de la con-
tratación de personal operativo del cac (aunque no el único), mientras que
Pegaso PCS, S.A. de C.V., razón social con la que opera la empresa
Telefónica Movistar México, contrata al personal que se desempeña en los
puestos gerenciales en el cac y al personal del corporativo; de esta suerte,
se examina la f lexibilidad y unilateralidad de la empresa en cada uno.
Como resultado de la comparación, el contrato de Atento resulta más
f lexible que el de Pegaso; expresa condiciones explícitas en cuanto a la
unilateralidad de la empresa con respecto al establecimiento de organiza-
ción y tecnología y es menos explícito en cuestiones como los bonos, lo que
permite cambiarlos de acuerdo a como juzgue su pertinencia según el
comportamiento del mercado.
Posteriormente, en el capítulo nueve “ El sentido del trabajo por tipo de
empleado y de puesto”, el autor advierte el sentido que se le otorga a las
diversas dimensiones de análisis. En primer lugar, aquellas que se atribu-
yen dentro de la empresa cuando se pasa de ser “externo” a ser “interno”,
250 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
es decir, de ser contratado por Atento u otro outsourcing a serlo directa-
mente por Telefónica. Esto se lleva a cabo mediante convocatorias restrin-
gidas y es una situación que implica un mejor salario, mejores prestaciones
y que se presenta al trabajador como deseable. En conexión con lo ante-
rior, en el análisis se muestra cómo la empresa ejerce control del acceso a
los ascensos, tras pasar el filtro del outsourcing para llegar a ser interno.
Por otro lado, en el sentido que se le asigna al manejo de los horarios, se
destaca el control que ejerce el cliente, de manera objetiva y subjetiva. Un
tercer aspecto que el autor aborda es la integración de la organización y
la tecnología al momento de otorgar el servicio, pues se encuentra entre
“la espada y la pared”: el trabajador debe resolverle al cliente peticiones
que potencialmente van en contra de los intereses de la empresa.
Finalmente, profundiza en la interpretación del sentido que se otorga a
los bonos y en las condiciones que llevan a la terminación de la relación
laboral.
En el capítulo diez “ Exposición del Control en el cac articulada por el
espacio-tiempo”, el autor aborda el aspecto de la acción. Allí caracteriza dos
tipos de espacio que inciden en la interacción con el cliente: por un lado,
el externo, que afecta a la intensidad del proceso de trabajo en servicios,
ya que se encuentra relacionado con la posibilidad de acceso de tipos de
cliente diferentes; por otro lado, el interno, que se encuentra articulado
con el primero al implicar tipos de exhibición, disposición del mobiliario
y la oferta de terminales (es decir, teléfonos). A lo anterior, se añaden
aspectos propios de lo interno, tales como la manera en que se realiza la
práctica de la espera y la forma en la que se conduce la misma interacción
para brindar el servicio.
Finalmente, la tesis desarrolla un capítulo de síntesis, “ Configuración
sociotécnica, espacio y control sobre el trabajo”, sobre el control en dos ver-
tientes: a) cómo el espacio se articula en la configuración sociotécnica,
guiada por los ejes de estructuras-subjetividad-acción; y b) cómo se pre-
senta el control en la interacción misma.
A lo largo de la tesis, el autor presenta el Control Ampliado de Trabajo
en el cac de Telefónica-Movistar México como una configuración históri-
ca que responde a estructuras e interacciones que tienen un significado
concreto. Así, al final categoriza tres instancias del control, a saber: a)
las condiciones del proceso de trabajo que lo restringen y posibilitan; b) el
horizonte de posibilidades durante el proceso; y finalmente c) el control
que se encuentra en el proceso mismo de trabajo y que se expresa en la
Control del trabajo ampliado... | págs. 247-251 251
propia acción concreta. Estas tres instancias están atravesadas, a su vez,
por los tres ejes del análisis: estructuras, subjetividad y acción. De esta
forma, en la primera instancia, se enfatizan las condiciones del proceso
de trabajo, cuyo eje estructural se ubica en la fragmentación contractual
y la regulación de los cct; en cuanto a la subjetividad, subraya la pertinen-
cia de las jerarquías y del diseño del proceso de atención en el cac; final-
mente, en el eje de la acción, destaca el uso del equipo informático que
media la demanda y consumación del servicio. En la segunda instancia, lo
estructural presenta las valoraciones de los elementos de la organización
institucional, pero también implica al espacio; en el aspecto subjetivo,
incide el temor a perder el empleo y la presión del colectivo por cumplir; y
en cuanto a la interacción, se considera la intervención de jefes y supervi-
sores. Finalmente, en cuanto al proceso de trabajo: en su aspecto estruc-
tural, destaca el diseño de premios y castigos; en el subjetivo, las
implicaciones de las horas extra y el compromiso que se establece con el
cliente; al tiempo que es el mismo cliente quien sanciona el tiempo de
espera y la calidad de la atención en un espacio-tiempo concretos cuando
se presenta la interacción.
Alfonso Cano Robles
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (buap)
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 253
Recibido:octubre de 2017 | Publicado: diciembre de 2017
Políticas socioeducativas
y trabajo docente:
La gestión escolar, entre
la acumulación de proyectos
compensatorios y la práctica
de la inclusión educativa
(2000-2010)
La historia de vida de cada uno de nosotros tiene algo o mucho del
trabajo docente. En muchos casos, las posibilidades de inclusión educati-
va generadas por estrategias escolares implementadas por el educador
han significado cambios sustantivos en el posicionamiento de los agentes
en el campo social, incluso de quienes decidieron ser maestros y
profesores.
Es que el trabajo docente fue uno de los baluartes del empleo público,
vía privilegiada para la inclusión social elegida por quienes pertenecían a
un grupo sociocultural en busca de nuevas posiciones en el campo social,
como dicen Pinneau y Birgin (2006: 162).
Particularmente, investigar y trabajar en el noroeste cordobés nos
acercó a la cotidianeidad de escuelas que intentaban sobreponerse a la
crisis de 2001, tensionadas por diferentes conf lictos, “escuelas estaquea-
das”, en un contexto en el que la sociedad argentina experimentó cambios
de gran impacto en su desarrollo y en su conformación. Es en este mismo
contexto donde el trabajo docente se vio especialmente comprometido con
generar estrategias para garantizar el ingreso, permanencia y egreso de
estudiantes para que pudieran hacer suyo el derecho a la educación y
encontrar los instrumentos para incluirse socialmente.
254 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
En este marco referencial se inscribe la tesis doctoral titulada
Políticas socioeducativas y trabajo docente: La gestión escolar, entre la acumula-
ción de proyectos compensatorios y la práctica de la inclusión educativa (2000-
2010), dirigida por la Dra. Cecilia Senén González y la Lic. Silvia Novick de
Senén González, defendida el 18 de agosto de 2015.
En esta tesis, analizamos la incidencia que habrían tenido las políti-
cas de inclusión educativa (pie) a través de programas y proyectos socio-
educativos (ppse), en el trabajo de directivos y docentes. Nos interrogamos
acerca del significado que le adjudicaban estos agentes escolares a la pla-
nificación y gestión de estos programas y estudiamos el cambio en las
relaciones laborales a partir de la implementación de los mismos en
escuelas públicas del norte, del oeste y del suroeste de la Provincia de
Córdoba.
Al referirnos al trabajo docente en las escuelas, aludimos a las activi-
dades que ponen en juego docentes y directivos en la dinámica cotidiana
de las escuelas. Identificamos específicamente las prácticas que hacen
énfasis en la organización del trabajo de los agentes responsables de la
implementación de los programas y proyectos socioeducativos. Fue nece-
sario pensar modos de análisis que facilitaran un abordaje multidimen-
sional, en distintos momentos históricos y mirando especialmente la
multiplicidad de programas y proyectos que alimentan la práctica coti-
diana de las escuelas estudiadas. Por ello nos resultó útil recuperar los
planteos de Ball (1994), que resisten el procedimiento ritual de los aborda-
jes tradicionales, en los que el análisis de las políticas estatales va desli-
zándose descendentemente sobre las prácticas sociales, en particular en
las escuelas, como si fueran parte de un continuum que ref leja en acciones
las intenciones de los hacedores intelectuales de políticas.
En esa dirección es que utilizamos sus aportes para situarnos “en
algún punto de la trayectoria de la Política y reconstruir diferentes arenas
o contextos” (Miranda, 2014). Entendemos que las herramientas que
alcanza este abordaje no obligan a estudiar todo el ciclo de la trayectoria,
por lo que nos detuvimos a indagar especialmente las interacciones que
tienen lugar en el contexto de la práctica, desde el cual pudimos ir dando
algunos indicios respecto de los contextos de la estrategia política, de la pro-
ducción del texto y de inf luencia.
En el contexto de la práctica, la letra de la ley, de la resolución o del
memo, el texto político, se hacen discurso y actualizan en acciones las
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 255
“representaciones que constituyen el campo social” (Bourdieu, 1997). De
este modo, la planificación y la gestión escolar desarrollada por docentes
y directivos pueden definirse, en una primera aproximación, como los
procesos que permiten expresar las decisiones políticas en objetivos
institucionales.
Esta reseña está estructurada en tres ejes centrales:
1. En el primer eje presentamos algunas herramientas conceptuales y
metodológicas utilizadas para realizar la investigación;
2. En el segundo eje mostramos las características que contextúan el
trabajo docente dentro del ciclo de las políticas socioeducativas en la
Provincia de Córdoba;
3. Finalmente, en el tercer eje referimos al mundo de los significados y
de las prácticas puestas en juego por los agentes que planifican e imple-
mentan los ppse. Ponemos en discusión tipologías elaboradas con el fin de
interpretar la incidencia que tienen las políticas de inclusión educativa
(pie) a través de programas y proyectos socioeducativos (ppse), en la orga-
nización del trabajo de directivos y docentes.
Primer eje: aspectos conceptuales
y metodológicos
La década sobre la que realizamos la investigación se caracteriza por
transformaciones políticas, sociales y económicas sustanciales, con conti-
nuidades y rupturas respecto de la década anterior. Por ello, la investiga-
ción recorre la discusión actual sobre las políticas públicas en general y las
educativas en particular y sobre la implementación de políticas inclusivas
a través de instrumentos de planificación y gestión en las escuelas.
Los Estados nacionales en las últimas décadas (particularmente el
argentino) presentan una serie de transformaciones en los parámetros
que rigen su propio rol y el de su administración (La Serna y otros, 2010:
195). Es posible reconocer en el discurso social la percepción de una crisis
del Estado cuyo inicio algunos autores identifican, a finales del siglo pasa-
do y principios de este, con lo que denominan “crisis del neoliberalismo”.
Jaqueado el modelo de capitalismo que proponía privatización, achica-
miento del Estado y desregulación de los mercados, se abre una nueva
brecha por donde ingresa una nueva ola de intervención estatal. De este
modo, el Estado se ha constituido en el protagonista en escenarios
256 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
sociales, comienza a posicionarse en tanto garante de los derechos de la
ciudadanía más que como un satisfactor de las necesidades que deben ser
asistidas en la población (La Serna y otros, 2010: 204).
Consideramos que las políticas sociales están orientadas a incidir
directamente sobre las condiciones de vida y de reproducción de la vida
de la población, mientras que las políticas socioeducativas están orienta-
das a incidir sobre las condiciones sociales de aprendizaje (Tenti Fanfani,
2007) desde la misma escuela (dadas por todas esas circunstancias que en
algún punto tocan las condiciones de vida y de reproducción de la vida de
la población).
Las condiciones sociales de aprendizaje aluden a la capacidad de las
familias para acompañar la escolarización de sus hijos. Tenti Fanfani
plantea que el empobrecimiento material y sus consecuencias en el plano de los
comportamientos, los valores y otros recursos culturales de las familias, limitan
las oportunidades de aprendizaje de los niños que, pese a permanecer en la escue-
la, no aprenden lo programado (2007: 66). En ese sentido, las condiciones
sociales de aprendizaje nos llevan a repensar el contexto de la práctica
ahora en un entorno sociohistórico singular, puesto que las escuelas tam-
bién constituyen la trama de lo social, en escenarios cambiantes.
En este universo, y retomando el concepto de multirregulación
(Miranda, 2016) que alude a la multiplicidad de fuentes de regulación
política que afectan al sistema educativo y a las escuelas, es importante
identificar la falta de reconocimientos al trabajo docente en tales términos
desde el corpus normativo que informa las prácticas escolares.
Encontramos que las prácticas desarrolladas por los docentes se definen
en las leyes educativas de variadas maneras, fundamentalmente desde la
concepción de función, pero recién en la legislación más reciente se define
las prácticas laborales de los docentes en el ámbito escolar como trabajo
docente. Focalizando en este concepto, lo entendemos como las prácticas
relacionadas con la gestión escolar, las interacciones desarrolladas entre los agen-
tes responsables de garantizar el derecho a la educación en instituciones
escolares.
En esta indagación tratamos de identificar específicamente el signi-
ficado que le adjudican a una práctica habitual en las escuelas: la de pla-
nificar e implementar acciones en el marco de los ppse. Asimismo,
conjeturando que la intervención del Estado con estos instrumentos
habría modificado la dinámica cotidiana, registramos y analizamos
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 257
relaciones laborales, entendidas como “las formas y mecanismos de interrela-
ción o prácticas de los actores en el marco de organización del trabajo con el fin de
adoptar decisiones en torno a las condiciones de ejecución del traba-
jo” (Spyropoulos, 1976).
A este estudio exploratorio lo llevamos a cabo en seis escuelas públi-
cas de Educación Inicial, de Educación Primaria, de Educación Secundaria
y de Educación Superior de la Provincia de Córdoba, analizando el perío-
do comprendido entre los años 2000 a 2010, integrando elementos de
metodología cuantitativa y cualitativa.
Reconstruimos la trayectoria institucional de cada una de estas
escuelas a partir de una encuesta autoadministrada y de la información
disponible en el Ministerio de Educación Provincial. Sistematizamos e
interpretamos el discurso y la práctica de auxiliares, docentes, directivos,
coordinadores y funcionarios de los ministerios provincial y nacional.
Iniciamos la indagación de modo inductivo, recurriendo a los equi-
pos directivos de las escuelas mencionadas. Reconstruimos el panorama
de las líneas de acción de ppse en las escuelas y, a partir de esta recons-
trucción, realizamos un primer sondeo exploratorio en los registros de los
Equipos Técnicos provinciales respecto de las escuelas incluidas en ppse.
En este recorrido pudimos verificar que la mayoría de las escuelas de ges-
tión estatal urbanas y rurales implementaban programas socioeducativos
y que muchas de ellas llevaban adelante un promedio de tres ppse
simultáneamente.
También pudimos reconstruir el panorama de las líneas de acción
con que se implementaron durante el período estudiado los ppse en las
escuelas, en un movimiento pendular entre el contexto de la práctica y el
contexto de producción: de los archivos de las escuelas estudiadas y las
páginas web de los ministerios. A la vez, fuimos cotejando esta informa-
ción en entrevistas con los agentes observados. Utilizamos técnicas de
análisis del discurso para historizar la presencia de los ppse en las
escuelas.
Segundo eje: escenarios
El contexto de la práctica tiene ciertas características que definen las con-
diciones sociales de aprendizaje donde se interviene desde el Estado con
los ppse. Para dar cuenta de dichas condiciones, analizamos las
258 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
características sociodemográficas y las educativas de las poblaciones des-
tinatarias de los ppse.
Pudimos observar que habría grupos de departamentos similares
que demandarían atención diferenciada, por fuera de las tradicionales
formas de asistencia del sistema educativo. En este sentido se podría
constituir, a los fines analíticos, tres grupos: los departamentos del norte,
cuyas características sociales estarían dificultando de manera más fuerte
la escolarización; algunos departamentos del oeste, que presentarían difi-
cultades medias para la escolarización; y el departamento del suroeste, que
presentaría un contexto social facilitador de los procesos de
escolarización.
Sin embargo, la introducción de estos ppse en las escuelas provincia-
les se da en un momento con notables cambios sociales, demográficos y
económicos que diferencian la situación de la población considerable-
mente entre los años 2001 y 2008. Específicamente en lo relacionado con
las condicionantes sociales de aprendizaje (Tenti Fanfani, 2007: 66) de los
sujetos en edad escolar teórica que asisten a la educación obligatoria
(entre los 5 y los 17 años) han mejorado. Las mejoras se relacionan con la
disminución del porcentaje en casi un 50% de los hogares del total provin-
cial con necesidades básicas insatisfechas, el crecimiento en el porcentaje
de población activa y la disminución del porcentaje de población de 5 a 19
años en condición de analfabetismo.
Aun evidenciando mejoras en los indicadores sociodemográficos que
pudimos observar, la cantidad de ppse se fue incrementando durante el
período estudiado. Este incremento podría responder a diferentes contextos
de inf luencia (Ball, 1994) tales como:
• al crecimiento de la matrícula en la educación obligatoria (que, en
función de la Ley de Educación Nacional, se amplió a 13 años de
escolaridad);
• a la necesidad de alcanzar objetivos todavía no logrados (retención
y graduación);
• a la reedición de los ppse atendiendo a acuerdos con los organismos
financieros internacionales, lo cual no es objeto de estudio de este
trabajo.
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 259
En este proceso, la Provincia de Córdoba fue dando lugar a una
mayor participación del Ministerio de Educación de la Nación en la defi-
nición de estrategias inclusivas: en principio, aceptando líneas de finan-
ciamiento que en la década del ‘90 fueron rechazadas; en segundo lugar,
participando de la definición de políticas prioritarias definidas en espa-
cios federales, como el Consejo Federal de Educación (Art. 18 Len), redefi-
niendo localmente algunas de esas líneas de acción y articulándolas con
los ppse elaborados en el contexto provincial.
A la vez, el aumento en la cantidad de los ppse se dio en un marco de
reorganización de los organismos que administran la educación tanto en
la jurisdicción nacional como en la provincial, bajo nuevas definiciones de
las líneas de políticas educativas, virando enfoques centrados en el con-
cepto de equidad al concepto de igualdad, esto es, de políticas compensa-
torias a políticas de inclusión educativa.
Según Tenti Fanfani, las políticas de igualdad generan las condicio-
nes para que todos los niños puedan aprender y señala dos tipos de polí-
tica necesarias:
a) Las que buscan intervenir sobre diversas dimensiones de la demanda
educativa. Desde esta perspectiva, se pretende proveer a todos los niños o
niñas de aquellas condiciones que constituyen una condición necesaria
para el aprendizaje, actuando sobre las condiciones sociales de la deman-
da educativa, es decir, las que condicionan la emergencia misma de la
necesidad de conocimiento. Ejemplo de este tipo de políticas son las ali-
mentarias, de protección de la infancia, de salud, contención afectiva,
vivienda, etc.
b) Las que buscan adecuar la oferta a las características culturales y
condiciones de vida de los diversos grupos sociales. En este caso, la dis-
tancia entre el capital cultural acumulado en la primera socialización
(ámbito familiar) y el capital cultural expuesto por la escuela como condi-
cionante del proceso de aprendizaje se resuelve con políticas tendientes a
adecuar la oferta pedagógica e institucional a las condiciones culturales
de los aprendices.
En función de esta definición, consideramos oportuno sistematizar
la información disponible sobre las pie según los componentes más desta-
cados y que perfilan el encuadre conceptual y características de las for-
mas de intervención. Entre los componentes más reconocidos dentro de
la tradición de políticas compensatorias, aparecen las transferencias no
260 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
condicionadas (becas) y la alimentación. Otros atienden específicamente
a las situaciones conf lictivas (que se manifestaban en las escuelas como
novedosas o generadas por factores no escolares) y a la promoción cultu-
ral. Estos pie pueden reunirse en un conjunto que busca mejorar condicio-
nes extraescolares que facilitan procesos de inclusión o inhiben efectos de
exclusión, es decir, están destinados a incidir en la demanda educativa. Hay
dos grupos de pie más ligados a la oferta educativa. Uno de ellos tiene com-
ponentes específicamente ligados a las condiciones materiales y propone
mejoras en el equipamiento y la infraestructura escolar. El otro está com-
puesto por acciones referidas al diseño curricular, la capacitación docente
y/o a la reorganización administrativa de las escuelas. Es decir, tratan de
impactar en las condiciones de la gestión escolar.
Tercer eje: los agentes de la planificación
y gestión de los ppse en las escuelas
Las entrevistas con los docentes y directivos ponen de manifiesto la apro-
piación de concepciones arraigadas en la tradición escolar a partir de
textos que marcaron formas de entender la gestión escolar. Encontramos
que el discurso de los directores y de los docentes de las escuelas estudia-
das se estructura a partir de cuatro dimensiones propuestas por un texto
de circulación en las escuelas en el marco de la Transformación Educativa
de la década de los 90 y que fue recurso bibliográfico en la mayoría de las
instancias de capacitación para directivos y docentes hasta entrada la
década pasada.
Habitualmente, puestos en situación de planificar, los agentes que
deciden participar, diseñan las acciones a desarrollar siguiendo esque-
mas organizadores de sus prácticas (Bourdieu, 1997) tomando como refe-
rencia alguna bibliografía. Desde este marco interpretativo, pudimos
observar que los docentes elaboraban los textos escritos y referían en sus
manifestaciones a categorías conocidas provenientes del texto Las institu-
ciones educativas. Cara y ceca (Frigerio, Poggi y Tiramonti, 1992), uno de los
libros que más popularizó estrategias de planificación institucional y
curricular durante la década de 1990.
Atendiendo al concepto de multirregulación, es posible dar cuenta de
un proceso de sedimentación que siguen los instrumentos normativos,
propios de las prácticas de planificación escolar. En este sentido si, como
dice Ball, las políticas no entran por decreto, tampoco desaparecen de las
instituciones por la promulgación de una nueva normativa. Asimismo,
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 261
según pudimos advertir en el trabajo de campo, las normativas se expli-
can además por textos, bibliografía académica coherente con los princi-
pios que ellas enuncian y que circula en las escuelas como “manuales de
uso” en el marco de una fuerte productividad simbólica (Duchatzky y
Redondo, 2000). En este sentido, podríamos conjeturar que el texto mol-
deó la interpretación de las prácticas escolares y contribuyó a estructurar
la gestión escolar, a juzgar por la familiaridad con que los docentes utili-
zan las categorías propuestas por este libro para entender las institucio-
nes escolares. De este modo, en las escuelas todo se explica desde la
enunciación de cuatro dimensiones de análisis, más o menos fidedignas
a lo propuesto por el texto: la dimensión organizacional, la dimensión
pedagógico-didáctica, la dimensión comunitaria y la dimensión
administrativa.
Decidimos utilizar estas dimensiones propuestas por el texto men-
cionado como categorías nativas para sistematizar el análisis y dar cuenta
de cómo se organiza la gestión escolar en relación con la planificación e
implementación de los ppse, según interpretamos al analizar las expresio-
nes de docentes y directivos.
De acuerdo con Bourdieu, la educación como cualquier otro, es un
campo social pasible de ser explicado tanto en el sentido objetivo –de las
estructuras sociales externas e independientes de la conciencia y la volun-
tad de los agentes– como en el sentido subjetivo –lo que los agentes se
representan, piensan, creen y viven– (Bourdieu, 1997), por lo cual intenta-
mos articularlos a ambos para analizar la relación entre los ppse y el tra-
bajo docente.
Con este propósito, enunciamos la pregunta: ¿qué significado le adjudi-
can los agentes escolares a la planificación y gestión de programas y proyectos
socioeducativos? Desde este cuestionamiento, buscábamos reconocer qué
significado le adjudican los agentes escolares a su trabajo de planificación
y gestión de ppse para la inclusión socioeducativa y así poder dilucidar el
mundo de representaciones que modelan estas prácticas en las escuelas
estudiadas.
Por otra parte, con la pregunta ¿cómo cambian las relaciones laborales a
partir de la implementación de los ppse?, tratamos de indagar cómo se estruc-
tura el campo escolar en tanto espacio laboral a partir del entramado de
prácticas desarrolladas por los agentes consultados.
262 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Finalmente, creamos una tipología que da cuenta de la incidencia
que tienen las políticas educativas a través de programas y proyectos
socioeducativos específicos en el trabajo docente, entrelazando las res-
puestas a ambas preguntas con la categorización utilizada para ordenar
las líneas de acción de los ppse vigentes en las escuelas estudiadas (ten-
dientes a la Demanda Educativa –condiciones extra escolares– y tendien-
tes a la Oferta Educativa –condiciones materiales y condiciones de gestión
escolar–) según interpretamos las manifestaciones de los agentes (direc-
tores y docentes).
¿Qué significado le adjudican los agentes
escolares a la planificación y gestión
de programas y proyectos socioeducativos?
Una vez seleccionada la escuela por los equipos técnicos ministeriales
(provinciales o nacionales), habiendo sido informados el equipo directivo
y los docentes de los alcances de los ppse, se inicia un proceso de planifi-
cación de las acciones a desarrollar en la escuela singular. Los documen-
tos provistos por los Referentes Provinciales dan los principios, las
definiciones conceptuales, las metodologías de trabajo, y se espera que
sean discutidos y resignificados por los integrantes de las escuelas.
Es en este devenir que, en el cúmulo de tareas cotidianas, los agentes
estudiados adjudican valor a planificar y gestionar ppse para lograr inclu-
sión socioeducativa, según los resultados de cada ppse. Hemos clasificado
estas valoraciones –a los fines de esta investigación– como positivas o nega-
tivas. Si los docentes y directivos manifestaban interés, consideraban
sustancial los aportes del ppse para mejorar los procesos de enseñanza y
aprendizaje, a la vez que consideraban que se habían logrado los resulta-
dos buscados, clasificamos a estas expresiones como respuestas positivas.
Por el contrario, si planificar y gestionar algunos ppse se valoraba como
prácticas innecesarias, repetidas, sin sentido y no identificaban resulta-
dos que mejoraran la situación de los estudiantes, las clasificamos como
negativas.
Si las respuestas de docentes y directivos coincidían en valoraciones
positivas, definimos la tipología como de significado intenso de los ppse. En
el otro extremo, si ambos agentes coincidían en una valoración negativa,
denominamos a la tipología de significado débil. Finalmente, si docentes y
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 263
directivos no coincidían en sus apreciaciones, denominamos dicha tipolo-
gía como moderada.
Tanto los docentes como los directivos, manifiestan una significa-
ción débil respecto de la inclusión socioeducativa, la planificación y ges-
tión de los ppse que tienen como línea de acción principal las becas y
aquellos que mejoran la oferta educativa interviniendo en las condiciones
de gestión escolar (diseño curricular, capacitación docente y administra-
ción). En cambio, planificar y gestionar los ppse que fortalezcan la deman-
da educativa mejorando las condiciones extraescolares de aprendizaje,
relacionados con vivienda y atención de las situaciones escolares conf lic-
tivas y los ppse que potencian la oferta educativa interviniendo en las
condiciones materiales (equipamiento e infraestructura) tendrían un
significación intensa en tanto que procesos de inclusión socioeducativa.
La planificación y gestión del ppse con más trayectoria en las escue-
las, paiCor, adquiere un moderado significado respecto de procesos de
inclusión socioeducativa, puesto que para los docentes en general no
supone ningún contacto con esas tareas, pasan inadvertidas. En cambio,
para los directores, en particular de las escuelas rurales, planificar y ges-
tionar las actividades del paiCor revela una serie de valoraciones muy
positivas en relación a la inclusión socioeducativa.
¿Cómo cambian las relaciones laborales
a partir de la implementación de los ppse?
La impronta generada por la intervención de una gran cantidad de ppse
durante una década supuso modificaciones en las interacciones entre los
docentes, entre estos y los directivos y en el interior de los equipos direc-
tivos. Las líneas de acción previstas en cada ppse dan lugar a nuevas for-
mas de entender y de vivenciar el quehacer cotidiano en las escuelas,
puesto que generan disposiciones novedosas tanto en las condiciones
objetivas como subjetivas de existencia (Bourdieu, 1997).
En relación con los cambios que suceden en las relaciones laborales a
partir de la implementación de los ppse, observamos notables divergen-
cias entre las manifestaciones de docentes y directivos.
Reconocen cambios que se perciben débiles en las relaciones labora-
les que genera la implementación de los ppse para fortalecer la demanda
educativa mejorando las condiciones extraescolares de aprendizaje, becas
y alimentación. Por ejemplo, la participación de los docentes y de los
264 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
directivos es mínima, puesto que las becas han disminuido a partir de
2009 por efecto de la auh, y los comedores escolares son coordinados por
referentes institucionales que se dedican exclusivamente a esa tarea.
En tanto que las relaciones laborales se modifican moderadamente
durante la implementación de ppse que fortalecen a la demanda educativa
disponiendo de albergues, junto a las que tratan de mejorar la oferta edu-
cativa equipando las escuelas, modificando los diseños curriculares y
prescribiendo instancias de capacitación docente. Según los directores,
los docentes hacen poco uso de los recursos dispuestos en las líneas de
acción de los programas, no aplican lo abordado en las capacitaciones, y
los cambios propuestos en el plano curricular no se transfieren a las aulas.
Los docentes dan cuenta de modificaciones en su trabajo cotidiano, por
efecto de la formación continua recibida, los desafíos que implican las
modificaciones curriculares y la posibilidad de contar con equipamiento
actualizado.
Por otra parte, las relaciones laborales cambian intensamente en la
puesta en marcha de ppse que atienden a las situaciones escolares conf lic-
tivas, los que generan mejoras en la infraestructura y modificaciones en
la administración escolar. Esos programas implican en la práctica cotidia-
na redefinir las interacciones reorganizando el trabajo, introduciendo
prácticas laborales específicas y personal nuevo y especializado para aten-
der a las situaciones que los docentes y directivos no pueden abordar.
¿Qué incidencia tienen las políticas educativas
a través de ppse en el trabajo docente?
Si tomamos en cuenta el significado atribuido por docentes y directivos a
la planificación y gestión de ppse y los cambios en las relaciones laborales
en las escuelas estudiadas que implican los programas cuyos componen-
tes principales son las becas, las pie tendrían baja incidencia en el trabajo
docente.
En el otro extremo, los ppse cuyos principales componentes suponen
líneas de acción que atienden a situaciones escolares conf lictivas o inter-
vienen en los espacios mejorando infraestructura tendrían una alta inci-
dencia en el trabajo docente. Podríamos conjeturar que ambos
componentes suponen mejorar condiciones objetivas/materiales y vincu-
lares que erradican inconvenientes básicos para la tarea docente.
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 265
Los ppse cuyos componentes principales son la atención a la alimen-
tación, al albergue y al equipamiento tendrían incidencia moderada. En
relación con los dos primeros, la organización de las actividades implica-
das en esos programas está internalizada debido a la larga trayectoria de
los mismos en las escuelas estudiadas. Sin embargo, respecto de los ppse
que proveen equipamiento, los directores afirman que tanto los docentes
como los estudiantes no hacen uso de los mismos, a la vez que les genera
tensiones la administración de los recursos. Si bien lo consideran un
logro, a veces se presenta como un eje de conf lictos en relación con las
pérdidas y roturas. En otras oportunidades consideran que este material
es subutilizado, en especial las bibliotecas para los docentes y las
computadoras.
Por su parte, los docentes manifiestan desconocer los elementos dis-
ponibles en las escuelas aportados por los ppse y no se pronuncian acerca
de la utilización de los mismos.
Cabe mencionar con énfasis a los ppse cuyos componentes principa-
les hacen a la revisión de los diseños curriculares, a la formación continua
de los docentes y a la revisión de la administración de las escuelas. Estos
componentes contribuyen a lo sustantivo de la escuela puesto que impac-
tan en las condiciones de la gestión escolar misma y se consideran centra-
les en el giro de sentido impulsado por las gestiones de gobierno de los
dos últimos subperíodos estudiados, que marcan un nuevo rumbo en la
concepción de las políticas de inclusión educativa, de acuerdo con lo que
manifiestan los referentes nacionales. Según podemos observar en las
expresiones de los docentes, las líneas de acción que mejoran las condicio-
nes de gestión escolar tienen una incidencia moderada en su trabajo.
Planificar e implementar actividades relacionadas con la dimensión
curricular según proponen los ppse tiene una significación débil para
docentes y directores y tampoco generan nuevas formas de trabajo docen-
te. En este sentido, tampoco se reconocen logros importantes con respec-
to a mejorar aprendizajes. Las acciones de capacitación no se valoran
como portadoras de novedades que puedan causar algún efecto en el
mejoramiento de los aprendizajes de los estudiantes, ni en la organiza-
ción y administración institucional.
En el caso de los directores, la capacitación para la implementación
de los ppse va acompañada de asistencia técnica (financiera y/o pedagógi-
ca) y monitoreo en algunos ppse. Estos agentes reconocen que suele haber
266 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
nada más que una instancia de capacitación –a la que consideran insufi-
ciente– en la que se presenta el programa y se explica cómo gestionarlo.
Después de lo expuesto, queda por decir que esta investigación plan-
tea una serie de interrogantes respecto del diseño e implementación de
políticas educativas. Nosotros intentamos develar algunas huellas en el
camino de políticas compensatorias a políticas inclusivas. En este cami-
no, nos preocupa pensar cómo ven los docentes y directivos lo que propo-
nemos desde el Estado, lo que contribuye a interpelarnos sobre cómo
desplegamos las políticas educativas para acercarnos a la justicia social.
Alicia Olmos
Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba
Referencias bibliográficas
Ball, Stephen (1994), Education Reform. A critical and post-structural approach.
Buckingham, Open University Press.
Bourdieu, Pierre (1997), Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona,
Anagrama. Colección Argumentos.
Duschatzky, Silvia y Patricia Redondo (2000), El Plan Social Educativo y la crisis de
la educación pública. Ref lexiones sobre los sentidos de las políticas compensatorias
en los tiempos de la Reforma Educativa. flacso. Disponible en: <http://23reuniao.
anped.org.br/textos/1403t.PDF>.
Frigerio, Graciela, Margarita Poggi y Guillermina Tiramonti (1992), Las institucio-
nes educativas. Cara y ceca. Buenos Aires, Troquel.
La Serna, Carlos (2010), La transformación del mundo del trabajo; representaciones,
prácticas e identidades. Buenos Aires, Fundación Centro de Integración,
Comunicación, Cultura y Sociedad/ ciccus/ clacso.
La Serna, Carlos, César Peón e Iván Ase (comps.) (2010), Frente a la crisis, ¿qué
hacer con el Estado? Córdoba, Ediciones iifap - unc.
Políticas socioeducativas y trabajo docente:... | págs. 253-267 267
Miranda, Estela (2002), “Textos, discursos y trayectorias de la política. La teoría
estratégica”. Páginas. Revista de la Escuela de Ciencias de la Educación, año 2,
núm. 2/3. Córdoba, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad
Nacional de Córdoba.
––––– (2014), “Contribuciones de Stephen Ball a la investigación sobre políticas
educativas como campo teórico”. Curitiba. En: <http://www.relepe.org/
index.php/organizacion?id=201:estelamiranda&catid=201:organizaci%C3%
B3n>. Fecha de consulta: 20/07/2014.
––––– (2016), “¿Investigadores y/o técnicos en política educativa? El dilema de
origen”. Revista de Estudios Teóricos y Epistemológicos en Política Educativa, vol.1,
núm. 2, julio-diciembre.
Pineau, Pablo y Alejandra Birgin (2006), “Esos raros peinados nuevos. ¿Qué
traen los futuros docentes?” En: Mónica Feldfeber y Danila Andrade Olivera,
Políticas educativas y trabajo docente. Nuevas regulaciones ¿Nuevos sujetos?
Buenos Aires, Noveduc.
Spyropoulos, Georges (1976), Relaciones laborales. México, Instituto Nacional de
Estudios del Trabajo de la oit (inet-oit).
Tenti Fanfani, Emilio (2007), La escuela y la cuestión social. Ensayos de sociología de
la educación. Buenos Aires, Siglo XXI.
268 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Actividades
académicas
Actividades académicas | págs. 271-280 271
alas 2017. Montevideo
Conferencias
Conferencia de Apertura:
América L atina y la sociología en las últimas cuatro décadas
Domingo 3 de diciembre, 18.00hs
Intendencia de Montevideo
Prof. Gerónimo de Sierra. Prof. Tomás Moulián
Expulsiones sociales: brutalidad y complejidad en la sociedad global
Lunes 4 de diciembre, 19.00hs
Intendencia de Montevideo
Dra. Saskia Sassen
Presentadora: Dra. Ana Laura Rivoir
L a crisis latinoamericana desde la teoría sociológica
contemporánea
Martes 5 de diciembre, 19.00hs
Intendencia de Montevideo
Dr. Jessé Souza. Dr. Edgardo Lander
Moderador: Dr. Miguel Serna
Desigualdades socioculturales en América L atina: desafíos teóricos
y metodológicos
Miércoles 6 de diciembre, 19.00hs
Intendencia de Montevideo
Mag. Sonia Montaño. Dr. Jorge González
Moderador: Dr. Francisco Pucci
272 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Conferencia de Cierre:
Giros, ejes y sentidos del cambio social. Encrucijadas para la socio-
logía latinoamericana
Viernes 8 de diciembre, 16.30hs
Intendencia de Montevideo
Dr. Jaime Preciado. Dr. Aníbal Quijano
Presentador: Dr. Alberto Riella
Clausura
Viernes 8 de diciembre, 17:30hs
Salón L6 Facultad de Ciencias Sociales
Comité Ejecutivo del Congreso, Gerónimo de Sierra, Ana Rivoir, Miguel
Serna
Actividades académicas | págs. 271-280 273
XII Bienal del Coloquio
de Transformaciones Territoriales
“Interrogantes y desafíos
en las territorialidades emergentes”
Agosto 8, 9 y 10 2018. Bahía Blanca - Argentina
TERCERA CIRCULAR – NOVEDADES
Prórrogas para la presentación de resúmenes y trabajos
Presentación de resumen extendido: 15 de febrero 2018
Confirmación de resumen aceptado: 30 de marzo 2018
Presentación de trabajos completos: 15 de mayo de 2018
Ante los numerosos pedidos de prórroga recibidos y, considerando la
proximidad del receso estival, la Comisión Organizadora decide otorgar
una extensión en el plazo de presentación de los resúmenes extendidos
hasta el día 15 de febrero de 2018. Se solicita completar el formulario de pre-
inscripción junto con el envío del resumen extendido. Posteriormente, una vez
confirmada la aprobación del resumen, enviar como adjunto el compro-
bante de pago de la inscripción al siguiente correo electrónico: amatir@
fundasur.org.ar
Presentación
El Comité Académico de Desarrollo Regional (cadr), perteneciente a la
Asociación de Universidades del Grupo Montevideo (augm), tiene el agra-
do de invitarlos a participar en la XIIª Bienal del Coloquio de
Transformaciones Territoriales. La misma se desarrollará durante los días
8, 9 y 10 de agosto del año 2018, en la sede del Departamento de Geografía y
Turismo de la Universidad Nacional del Sur (12 de octubre y San Juan,
Bahía Blanca, Argentina).
274 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Este evento es organizado cada dos años por el conjunto de universi-
dades que participan del cadr. El mismo tiene por objetivo promover el
encuentro periódico de profesionales, investigadores y estudiantes de
posgrado de diversas disciplinas involucrados en el estudio de las trans-
formaciones que enfrentan los territorios de la región. En este marco, el
objetivo específico del encuentro se ref leja en el lema: “Interrogantes y
desafíos en las territorialidades emergentes”. Para ello, se espera que tanto las
ponencias como las mesas redondas previstas y las conferencias progra-
madas contribuyan a conocer las diversas problemáticas que enfrenta la
región, así como posibles propuestas de acción sobre el territorio, tanto
desde la academia como desde la gestión pública y la sociedad civil.
Ejes temáticos y mail de contacto del coordinador
1. Ordenamiento territorial y políticas públicas
[email protected]2. Procesos urbanos, sistemas y redes de ciudades
[email protected]3. Redes y sistemas en la organización e integración socioterritorial
[email protected]4. Territorialización de los modelos de producción y acumulación
[email protected]5. Transformaciones rurales, cuestión agraria y desarrollo territorial
[email protected]6. Cultura, patrimonio e identidad
[email protected]7. Fronteras, procesos de integración y fragmentación territorial
[email protected]Actividades académicas | págs. 271-280 275
8. Gestión ambiental y transformaciones territoriales
[email protected]9. Red de Observatorios Socioterritoriales de América Latina
[email protected]Contenidos Mesas Temáticas
Mesa nº 1. Ordenamiento territorial y políticas públicas
Esta mesa tiene por objetivo conocer y debatir las transformaciones terri-
toriales recientes y el surgimiento de un nuevo contexto para el ordena-
miento territorial, la planificación sectorial y las políticas públicas en las
dimensiones urbana, rural, fronteriza y otras, y las escalas local, provin-
cial, regional y nacional. Marcos normativos y procesos institucionales.
Grados de articulación y coordinación de las políticas públicas. Procesos
de descentralización, desconcentración y nuevas centralidades. Desafíos
del ordenamiento territorial ante los desequilibrios derivados de las
transformaciones económicas, sociales y físicas y los efectos del cambio
climático.
Coordinadores locales: Guillermina Urriza y José Zingoni
[email protected]Mesa nº 2: Procesos urbanos, sistemas y redes de ciudades
Esta mesa se propones identificar y comprender los procesos de configu-
ración territorial y los diferentes patrones de ocupación. La segregación
socio-espacial, y los procesos de apropiación urbana. El acceso a la ciudad:
espacios de la marginalidad y las nuevas centralidades urbanas. Políticas
públicas urbanas: agentes y acciones, como parte de la construcción de
territorialidades. Procesos de gestión local y su interacción entre estrate-
gias integrales y sectoriales. La producción de suelo urbano: procesos y
estrategias. El acceso al suelo urbano, la vivienda y la conformación del
276 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
hábitat. La calidad ambiental. Las nuevas centralidades en el contexto de
crecimiento urbano, espacios consolidados y emergentes. Plusvalías urba-
nas. Las problemáticas urbanas contemporáneas. Escalas de análisis la
ciudad: ciudades globales, las grandes metrópolis, ciudades intermedias
y pequeñas.
Coordinador local: Eduardo Garriz
[email protected]Mesa nº 3. Redes y sistemas en la organización e integración
socio-territorial
En esta mesa se propone identificar y comprender los procesos de cons-
trucción y reconfiguración de redes y/o sistemas urbanos en términos de
la organización, la transformación, la internacionalización y la integra-
ción territorial. Analizar, redes o sistemas policéntricos en sus diversos
campos de aplicación, ya sea en términos de infraestructuras físicas y
digitales, de logística para movilidad de pasajeros o cargas, de comunica-
ciones, del equipamiento colectivo (servicios) y/o, de gestión del conoci-
miento e innovación. Contemplar múltiples abordajes disciplinares desde
la articulación de escalas y redes (económicas, políticas, sociales y
ambientales) tanto en el nivel nodal/urbano como en el regional/global.
Considerar las transformaciones y cambios de relevancia, en el marco de
los procesos de reterritorialización y de reconfiguración de actores socia-
les, las variaciones en las posiciones relativas de los territorios, así como
los procesos de concentraciones/centralizaciones, aislamiento/situacio-
nes de dependencia y procesos de inclusión/exclusión. Analizar los proce-
sos derivados de la revolución de la conectividad (en transporte, energía
y comuni-cación) y su incidencia en la movilidad de personas, bienes,
recursos y conocimientos, así como de las políticas públicas de promoción
y los impactos y externalidades de las mismas. También incorporar en
este eje, el uso de tecnologías en general y de geotecnologías en particular,
para el abordaje completo de las redes y sistemas espaciales, así como los
Sistemas de Información Geográfica para el seguimiento de las transfor-
maciones del territorio y como herramienta de la gestión pública.
Coordinadores locales: Rosa A. Fittipaldi y Alejandra Geraldi
[email protected]Actividades académicas | págs. 271-280 277
Mesa nº 4. Territorialización (des) de los modelos de producción
y acumulación
Esta mesa tiene por objetivo identificar y comprender los procesos de
acumulación en distintas escalas y regímenes, sus transformaciones e
impactos en la estructura social. Concentración territorial de la produc-
ción, la distribución y el consumo. Acumulación por desposesión. Procesos
de extranjerización de los recursos naturales: rol del Estado y de la socie-
dad civil. Impacto en las poblaciones con mayor vulnerabilidad.
Distribución territorial de la riqueza, las desigualdades y vulnerabilida-
des económicas, políticas y sociales (capital, propiedad, ingresos, calidad
del trabajo, acceso a planes sociales, etc.). Consecuencias sobre las condi-
ciones de trabajo. La integración regional, en distintas escalas y sus ten-
siones. La formación de la fuerza de trabajo y de las fuerzas productivas
en el contexto global. Innovación, tecnología y demandas de calificación.
Coordinadores locales: María Emilia Estrada y María Amalia Lorda
[email protected]Mesa nº 5. Transformaciones rurales, cuestión agraria y desarrollo
territorial
Problemáticas sociales, económicas, ambientales y tecnológicas del espa-
cio rural latinoamericano. Ordenamiento territorial y desarrollo rural en
América Latina. Impactos y desafíos que atraviesa el desarrollo rural en la
región, a la luz de la fuerte expansión registrada en los procesos de pro-
ducción de alimentos y energía a escala mundial. Dinámicas de concen-
tración de recursos productivos, los procesos de desterritorialización y
reterritorialización, la situación de la agricultura familiar campesina y de
los trabajadores rurales. La acción colectiva y los conf lictos sociales surgi-
dos de dichas transformaciones y su relación con las políticas públicas
destinadas a estos territorios. Caminos para el desarrollo rural y las polí-
ticas públicas de inclusión y equidad.
Coordinadores locales: Alejandra Monachesi y Cecilia Bagnulo
[email protected]278 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
Mesa nº 6. Cultura, identidad, patrimonio
Esta mesa tiene por objetivo poner en evidencia las relaciones entre los
procesos de construcción de la identidad cultural y las transformaciones
territoriales. Las políticas públicas en la configuración de discursos iden-
titarios. El vínculo cultura, identidad y patrimonio. El patrimonio cultu-
ral como recurso para el desarrollo: potencialidades y conf lictos. Políticas
culturales y desarrollo territorial. La gestión del patrimonio en la puesta
en valor de componentes naturales y culturales. Visión integral: el territo-
rio como patrimonio.
Coordinadores locales: Andrés Pinassi y Soledad Gallucci
[email protected]Mesa nº 7. Fronteras, procesos de integración y fragmentación
territorial
Esta mesa se propone ref lexionar sobre los procesos actuales de integra-
ción en América Latina –en el marco de un escenario globalizado– desde
una visión multidimensional y multiescalar. Asimismo, comprender tanto
las disputas en el interior de los bloques y entre los distintos modelos de
integración vigentes y su impacto en el territorio como el concepto de
transfrontera y migraciones transfronterizas. Estos son algunos de los
elementos clave a analizar buscando repensar la integración desde una
visión geoeconómica y geopolítica con una perspectiva sudamericana.
Coordinadores locales: Ana Lía Guerrero y Marcela Tejerina
[email protected]
Mesa nº 8. Gestión ambiental y transformaciones territoriales
Esta mesa tiene como objetivo el abordaje y análisis de los procesos que se
desarrollan en los sistemas socio-ambientales a diferentes escalas témpo-
ro-espaciales y de los conf lictos que emergen de las interacciones en estos
sistemas complejos. Se pretende conocer y comprender la funcionalidad y
dinámica de los sistemas ambientales desde el aporte de los diferentes
enfoques de la geografía y desde otras ciencias. Entre los temas
Actividades académicas | págs. 271-280 279
propuestos se encuentran: Análisis climático y su impacto en la sociedad.
Efectos del cambio climático y conf lictos socio-ambientales a diferentes
escalas. La biogeografía cultural y su relación con los espacios urbanos.
Evaluación y gestión de cuencas y sistemas litorales. Riesgos naturales y
tecnológicos: conceptualización, evaluación y gestión. Modelos de desa-
rrollo y conf lictos ambientales derivados de las transformaciones del
territorio. Análisis y gestión del paisaje.
Coordinadores locales: Alicia Campo (uns), Verónica Gil
[email protected]Mesa Nº 9. Red de Observatorios Socioterritoriales de América Latina
En los últimos años numerosos organismos han promovido la creación de
ámbitos de investigación bajo la denominación de “observatorio”, los mis-
mos están dedicados al estudio, ref lexión y divulgación del conocimiento
sobre la realidad del fenómeno de observación; se advierte una extensa
variedad de perfiles y modelos de organización e inserción institucional.
Se propone poner en discusión distintas temáticas en relación a la figura
de Observatorios Socioterritoriales de América Latina, interesa presentar
experiencias, objetivos, cobertura de los fenómenos que se estudian y
debatir el rol de los observatorios socio-territoriales, en particular la vin-
culación y/o articulación con políticas públicas. En el marco de la XII
Bienal del Coloquio de Transformaciones Territoriales se propone una jornada
de trabajo con la organización como workshop cuyas pautas se difundirán
próximamente.
Coordinadores: Dr. Marcelo Sili (uns), Mirta Soijet (unr), Marta Casares
(unt) y Hugo Arrillaga (unl)
[email protected]280 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
8º Conferencia Latinoamericana
y Caribeña de Ciencias Sociales y Primer
Foro Mundial del Pensamiento Crítico
Buenos Aires, 19 al 23 de noviembre de 2018
Sugerimos la lectura de la página de la 8º Conferencia, especialmen-
te la sección “Cómo participar”, en <http://www.clacso. org/conferen-
cia2018/como_participar.php?s=2>.
La lectura de esta sección ayudará a comprender mejor los espacios
de participación de los Grupos de Trabajo y de los asistentes en general.
Instrucciones para los colaboradores
Actividades académicas | págs. 271-280 281
Instrucciones para los colaboradores
La Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo (relet) es una publicación de la Asociación
Latinoamericana de Estudios del Trabajo (alast). Acepta colaboraciones multidisciplinarias que
aborden cuestiones relacionadas con el campo de los estudios del trabajo, pertinentes a América
Latina, independientemente de la nacionalidad del/de la colaborador/a. La Revista publica trabajos
en portugués, español, inglés y francés.
Las propuestas deberán responder a los siguientes requisitos formales:
1. Los trabajos deberán ser enviados a la dirección de correo electrónico
[email protected] sin identi-
ficación del autor en la portada o en el cuerpo del texto.
2. La Revista solo publica trabajos inéditos. No se consideran como tales: a) los trabajos que hayan
sido propuestos simultáneamente a otras publicaciones; b) las ponencias de Congresos, Simposios,
etc. que ya han sido publicadas en cd-rom o en cualquier otro soporte digital o analógico, salvo que
se modifique esa versión original. Los editores y el Comité de Redacción se reservan el derecho de
hacer las modificaciones que consideren necesarias para asegurar el anonimato del trabajo, que
será sometido a la evaluación ad hoc.
3. Los trabajos que los editores y el Comité de Redacción estimen apropiados para publicación y que
cumplan con los requisitos indicados en estas instrucciones serán sometidos a arbitraje por especia-
listas en las áreas temáticas de los trabajos. Los artículos que no cumplan todos los requisitos o que
no sean juzgados apropiados serán devueltos y, por lo tanto, no serán sometidos a arbitraje.
4. Los resultados de los arbitrajes ad hoc serán enviados a los autores, respetando el principio de no
identificación del evaluador.
5. La extensión máxima de los textos no puede superar las 30 páginas (incluidos cuadros, gráficos,
bibliografía, notas y anexos) a doble espacio en Times New Roman, Arial o Verdana, cuerpo 12.
6. Los/as autores/as deberán adjuntar en hoja aparte los siguientes datos: nombre completo, per-
tenencia institucional, dirección, teléfono y dirección de correo electrónico.
7. Las notas al pie de página deberán reducirse al mínimo posible (65 palabras como máximo)y su
contenido se limitará a ampliaciones o precisiones de asuntos elaborados en el texto. Dichas notas
no deben usarse en reemplazo de citas bibliográficas.
8. Las citas bibliográficas deberán integrarse en el cuerpo del artículo a través de los siguientes
formatos:
a. (Autor/es, año: página). Ejemplo: (Cordillera, 2002: 13).
b. En caso de haber varias referencias a los/as mismos/as autores/as, en el mismo año, la
distinción se hará de la siguiente forma: (Autor/es, año a: páginas; Autor/es, año b: páginas).
Ejemplo: (Cordillera y Valdivia, 2002a: 21; Cordillera y Valdivia, 2002b: 12).
c. Para referencias a los/as mismos/as autores/as en años diferentes: (Autor/es, año: páginas;
Autor/es año: páginas). Ejemplo: (Cordillera y Valdivia, 2007: 21; Cordillera y Valdivia, 2010: 12).
d. En caso de autores diferentes sobre un mismo asunto: (Autor/es, año: página; Autor/es,
año: página…). Ejemplo: (Melgoza, 2001; Martínez, 2010; García, 2001).
e. En caso de trabajos de varios autores, sus nombres figurarán en la Bibliografía en forma
completa, pero en la referencia intratextual se incluirá hasta cuatro autores. Si son más, se
agregará et al. luego del cuarto apellido. Ejemplo: (Flood, Caracciolo, Baudrón, Dourrón et al.,
1972),
282 Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo
9. La bibliografía correspondiente a las citas bibliográficas deberá incluirse al final del texto, siem-
pre respetando el siguiente formato:
Libros: Apellido, Nombre (año de publicación), Título. Lugar de edición, editorial, página/s (p. o pp.)
Ejemplos:
Lucena, Héctor (2004), Lo laboral en tiempos de transición. Valencia, Universidad de Carabobo.
Berg, Janine, Chistroph Ernst y Peter Auer (2006), Enfrentando el desafío del empleo. Argentina, Brasil y
México en una economía globalizada. Ginebra/Madrid, oit/Plaza y Valdés Editores.
Capítulos en obras colectivas: Autor/es (año de publicación), “Titulo”. En: Compilador/es o editor/es,
Título de la obra colectiva. Lugar de edición, editorial, páginas del capítulo.
Ejemplo:
Salerno, Mario S. (1994), “Producción, trabajo y participación: Círculos de control de calidad y kan-
ban, una nueva inmigración japonesa”. En: Óscar Martínez (comp.), Pensando la Reconversión: Una
Visión Crítica de la Flexibilidad y la Calidad Total. Buenos Aires, cipes, pp. 212-236.
Artículos en Revistas: Autor/es (año de edición), “Título”. Nombre de la Revista, volumen (vol.) o tomo,
número (Nº). Lugar de edición, editorial, páginas del artículo.
Ejemplo:
Cingolani, Patrick (2009), “Marginalidad(es). Esbozo de diálogo Europa-América Latina acerca de
una categoría sociológica”. Revista Latinoamericana de Estudios del Trabajo (relet), año 14, Nº 22.
Caracas, alast, pp. 157-166.
Fuentes electrónicas: Apellido, nombre del autor (año), “Título”. En: <pág. web-dirección URL>.
Día, mes y año de la consulta.
Ejemplo:
Lasemann, Frédéric (2006), “Reflexiones sobre la comparación y la metodología comparativa”. En:
<http://reco.concordia.ca/pdf/WPLesemann06Esp.pdf>. Consultada: 20/11/2004.
10. Todos los elementos paratextuales (Tablas/Cuadros, Gráficos, Fotos/Ilustraciones) deberán remi-
tirse en archivo aparte, en el formato original en que fueron editados, numerados, con su respectivo
título y fuente y con indicación clara de su ubicación en el texto. Los formatos sugeridos son:
Tablas/Cuadros: a) formato Word, fuente tipográfica Times New Roman, Verdana o Arial 12
puntos a doble espacio; b) Excel.
Gráficos: formato Excel, tipografía Arial o Verdana. No se admitirán gráficos en forma-
to jpeg o similar.
Ilustraciones: Deben ser de un tamaño mínimo de 10 cc de ancho a una definición de 300 dpi y
se presentarán en formato tiff (aunque se aceptan, además, los formatos jpeg y eps). No se acepta-
rán ilustraciones cuya clara visualización resulte imposible.
No se aceptará más de 5 elementos paratextuales (cuadros/gráficos/ilustraciones) ya que esto significa-
ría costos adicionales.
11. Los textos deberán acompañarse con un resumen de hasta 10 líneas en dos versiones, una en el
idioma en que fue escrito (castellano, portugués o francés) y otra en inglés. Se incluirán hasta 5
(cinco) palabras clave.
12. La Revista acepta reseñas sobre libros con un máximo de cinco páginas a doble espacio y en
cuerpo 12. Acepta también notas críticas sobre eventos de relevancia para la comunidad científica
latinoamericana, como Congresos o Seminarios sobre temas del área.
13. En todos los casos –artículos, notas, reseñas, etc.–, las autoridades de la Revista se reservan el
derecho de encargar la revisión editorial de estilo y de adecuación de los trabajos presentados a las
normas de publicación establecidas.