Contreras (2004)
Contreras (2004)
2004
Introducción
El liderazgo es tal vez uno de los conceptos más utilizados en los análisis sobre la situación de las
organizaciones y de nuestras sociedades, en particular cuando éstas enfrentan crisis o situaciones en las
que deben cambiar. ¿Quién no ha escuchado reclamar que lo que falta en nuestra organización o en
nuestro país para que las cosas mejoren es más o mejor liderazgo?2 ¿A qué nos referimos cuando
hacemos este reclamo?
Por lo general, este diagnóstico propicia una mirada inquisitiva hacia las personas con
autoridad, sea este el gerente en una empresa, el director en una escuela, el ministro en una repartición
pública o a la persona con mayor autoridad, el propio presidente del país, a quien se le reclama
“liderazgo”. Pedido que, las más de las veces, conlleva la demanda que estas personas hagan algo para
“resolver” los problemas que enfrenta la organización o sociedad. En la medida que estas personas no
hagan lo que se espera de ellas, esta línea de diagnóstico conduce a cuestionar la falta de líderes y es
muy común escuchar que este es uno de los motivos—entre otros—de nuestra actual situación de
escaso desarrollo social en América Latina.
A través de la capacitación sobre liderazgo durante los cinco últimos años en el INDES,
interactuando con centenares de gerentes del sector público y de ONGS, se nos hace evidente que cada
uno trae su propia y particular acepción de lo que es ser líder y por ende de ejercer liderazgo.3 Es en
virtud a ella que construimos nuestras expectativas de lo que percibimos como líderes y cómo
actuamos. Efectivamente, el liderazgo “suscita pasión ... porque se ven involucrados nuestros valores”
(Heifetz 1997: 33). Por ende, desde nuestra perspectiva de docentes, entender qué queremos decir por
liderazgo y cómo se relaciona con la autoridad y su capacidad de resolver problemas es vital. Tanto
para diferenciar liderazgo de “gerencia” o uso de autoridad formal, como para no crear expectativas
desmedidas sobre qué esperar de las personas en estas funciones. De igual manera, queda claro que
tampoco se diferencia entre “ser líder” y el “ejercicio del liderazgo.” Esta aparente confusión también
está presente en la literatura gerencial (Rost, 1993).
En esta compleja situación, Moore (1998) propone que el ejercicio del liderazgo es una de las
técnicas de la gestión política (las otras dos son la promoción emprendedora y la negociación). Es
decir, visualiza el liderazgo como una de las maneras de desarrollar un ambiente autorizante para la
organización y por ello asocia el liderazgo más hacia la esfera externa de la organización. Siguiendo la
propuesta de Heifetz (1997), Moore sólo destaca algunos aspectos claves de ella útiles para sus
propósitos. Para el diagnóstico, enfatiza dos temas: el aprendizaje social y el liderazgo. En tácticas
resalta la gestión del ritmo de aprendizaje. Destaca dos aportes del aprendizaje social a las políticas
públicas, sin llegar a desarrollarlos:
*
Las opiniones expresadas en este documento no reflejan necesariamente la posición oficial del Banco Interamericano de
Desarrollo o de sus países miembros.
1
Trabajo preparado para el IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración
Pública, Madrid, España, 2 al 5 de noviembre de 2004.
2
A modo de ejemplo, Blázquez Vilaplana (2002) indica para el caso de América Latina: “... si existe un problema que hay
que solucionar por encima de otras prioridades tan elementales como puede ser comer cada día, es la falta de líderes
políticos que conduzcan estos países.”
3
Escribiendo desde Chile sobre el ámbito empresarial, Spoerer (s/f), reclama exactamente lo mismo.
1
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
Este postulado aunque interesante deja muchas interrogantes. Entre ellas, ¿qué exactamente
quiere decir? y ¿qué implicaciones tiene esto para el gerente público? Efectivamente, al desarrollar sólo
aspectos parciales de la propuesta y ante las varias acepciones que hay sobre el liderazgo, es necesario
desarrollar en mayor detalle la propuesta de Heifetz y entender mejor las vicisitudes del campo de
estudio del liderazgo para recién comprender el desafío que nos plantea Moore. El propósito de
sintetizar el enfoque de Heifetz también obedece a la percepción de que esta propuesta está ausente de
la escasa bibliografía sobre liderazgo producida en español y, cuando está incorporada, es en forma
parcial.4
Por lo tanto, el objetivo de este escrito es profundizar sobre el tema de liderazgo y desarrollar
con mayor detenimiento los aspectos centrales de la propuesta de Heifetz para comprender mejor cómo
es que el gerente puede ejercer liderazgo fuera de su organización para gestionar recursos y autoridad
para ella de sus múltiples mandantes. Es decir, implementar la gestión política.
El trabajo está compuesto de seis secciones. En la primera desarrollamos el tema del liderazgo.
Repasamos los diferentes enfoques, la distinción entre líder y liderazgo y definimos el liderazgo
adaptativo. En la segunda sección nos abocamos al tema de la autoridad. ¿Qué entendemos por
autoridad?, autoridad formal e informal y la función social de autoridad constituyen este apartado. La
tercera parte discute la naturaleza de los problemas públicos e introduce el tema de problemas técnicos
y adaptativos. En la cuarta parte desarrollamos una breve discusión sobre liderazgo y gerencia social.
La quinta parte consta de una discusión sobre la gestión política y cómo mejor llevarla a cabo a través
del ejercicio del liderazgo. Finalmente, la sexta parte presenta las conclusiones del trabajo.
1. Liderazgo
1.1 Enfoques hacia el estudio del liderazgo
Sin ánimo de hacer un recuento exhaustivo, nos basamos en el estudio de Rost (1991) para esbozar la
evolución de los principales enfoques en la definición del liderazgo. Luego de analizar 221 definiciones
contenidas en 587 libros, capítulos de libros y artículos de revistas especializadas cuyo título indicaba
que su énfasis principal era el liderazgo, Rost (1991) nos ofrece la síntesis ilustrada en el cuadro 1. De
este cuadro destacamos las cinco líneas principales de la década del 80 que siguen vigentes hoy. Es
decir, ver el liderazgo como obedecer al líder; asociar liderazgo a gerencia; vincularlo a la influencia;
centrarse sobre las características personales; y por último ver el liderazgo como transformación.
Nótese la disparidad de enfoques y lo contradictorios que pueden ser. Por ejemplo, obediencia,
gerencia y atributos personales.
Si bien la literatura sobre liderazgo es mucho menor en español que en inglés, los trabajos en
español han incrementado significativamente en los noventa (ver cuadro 2). Pero la variedad de
enfoques no es diferente en América Latina. Por ello, Spoerer (s/f) plantea que hay una crisis de los
liderazgos en Chile. Sobre la base de lo consultado para este trabajo (Villoria Mendieta, 2001;
Blázquez Vilaplana, 2002; Seron Alumini 2003; y Cravacuore 2003) extenderíamos la crisis para
abarcar a toda América Latina. No está claro qué queremos decir por liderazgo y parece que cada
investigador tiene su propia acepción y variedad con su respectivo adjetivo: político, innovador,
democrático, entre otros. Sólo a modo de ejemplo: para el Departamento Administrativo de la Función
Pública (DAFP) (2001) de Colombia “la acción de gerenciar lleva implícita la práctica del liderazgo.”
4
Entre otros, buenos ejemplos de lo anterior son los trabajos de Dove (1997), Margheritis (1998) y Spoerer (s/f).
2
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
Además, para el caso de América Latina, sigue vigente el concepto de “gran hombre” de
principios de siglo. Es decir, que hay una expectativa implícita,5 y a veces hasta explícita, que ese gran
hombre—persona, diríamos hoy— o “héroe” vendrá a “resolver” los problemas de las organizaciones y
sociedades. Esto nos lleva a por lo menos las siguientes interrogantes:
1. ¿Qué ocurre si esa persona no existe?
2. ¿Qué sucede si la situación que enfrenta la organización es tal que aún no cuenta con una
“solución”? Es decir es un tipo de problema complejo (“retorcido, maligno, embrollado y
tramposo”) típico de las políticas públicas en el cual no hay claridad sobre su definición ni
sobre los criterios para evaluar si uno se está aproximando a ella (la solución) (Aguilar
Villanueva, 1993; 55 y ss).
3. ¿Qué si para iniciar el proceso de resolver la situación se requiere que los miembros de la
organización asuman mayor responsabilidad por su situación?
4. A la luz de las anteriores dos interrogantes, ¿en qué situación deja esto al gerente social?
¿Hasta qué punto el desafío es el de utilización de autoridad y de asumir la responsabilidad
plena o es, más bien, distinto?
Argumentamos que un camino hacia la resolución de las interrogantes es un enfoque novedoso
sobre el liderazgo, iniciando por una revisión de algunos preconceptos.
5
Ver DAFP (2001) y en menor grado Blázquez Vilapana (2002), entre otros.
6
Ahora bien, cabe anotar que han habido esfuerzos por separar entre líderes y gerentes, véase, entre otros, a Kotter (1990)
que en síntesis plantea que mientras los gerentes deben lidiar con la complejidad, los lideres deben enfrentar el cambio.
3
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
motivos,7 porque es una aproximación que hace aportes claves para confrontar algunos de los temas
tratados anteriormente; es decir, la relación entre liderazgo y autoridad; la diferenciación entre
liderazgo y líder al considerar al liderazgo como actividad; la importancia de entender la naturaleza de
los problemas para elegir mejor qué estrategia usar y sopesar si es quien ejerce autoridad quien debe
resolverlos.
Según Heifetz (1994) el liderazgo adpatativo es “Movilizar a la gente para que enfrente sus
problemas, encare decisiones dolorosas y aprenda nuevas formas de ser.” Donde movilizar implica
motivar, organizar, orientar y focalizar la atención. Para él:
1. El objetivo final del liderazgo es abordar problemas difíciles que requieren clarificar valores
y generar progreso.
2. La medida del liderazgo es el progreso en la solución de problemas.
3. Las comunidades logran ese progreso porque sus autoridades las desafían y ayudan a
hacerlo. La responsabilidad es conjunta.
Nótese que el desafío es enfrentar problemas (no evadirlos), clarificar valores y generar
progreso, no soluciones. Esto implica hacer preguntas antes que proveer respuestas y requiere buenas
preguntas y la voluntad de mantener la incertidumbre. El corazón de la estrategia es centrar la atención
de la gente en asuntos complejos y difíciles, en lugar de en diversiones. Por ende, el desafío de quien
ejerza liderazgo adaptativo es generar el aprendizaje que esto requiere. Para ello es necesario contrastar
los valores postulados con las muchas veces cruda realidad. Al ser una actividad voluntaria, el ejercicio
del liderazgo es una intervención puntual (episódica), es decir, no es permanente. Por lo anterior, el
liderazgo se lo puede ejercer desde cualquier posición. Su desarrollo requiere un proceso de
aprendizaje conjunto: tanto de quien ejerce el liderazgo como de la organización.
Aclarados algunos aspectos del liderazgo y presentada la definición de liderazgo adaptativo,
queda por analizar cómo es que comprender la autoridad contribuye a la propuesta.
2. Autoridad
El concepto de autoridad es central para el análisis y el ejercicio del liderazgo; en gran parte porque
tiende a ser confundido con el liderazgo o, más propiamente dicho, con la concepción de líder. Según
Heifetz y Linsky (2003), comprender la autoridad es tan importante para ejercer liderazgo como
entender y tomar en cuenta la gravedad para diseñar aviones.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de que falta o hay necesidad de autoridad? Por lo
general, a la ausencia de alguien que se haga cargo ante una situación confusa o difícil que causa algún
grado de estrés sobre el grupo. Implícito en nuestra imagen de autoridad está alguien que provea
dirección y algún grado de control o pautas de comportamiento. La acepción de la palabra autoridad,
sin embargo, proviene de la palabra latina augere cuyas raíces etimológicas significan “ayudar a
crecer.” Por ende, la función última de quien ejerza la autoridad debe ser “asegurar el crecimiento y el
desarrollo de los integrantes de la institución” (Azzerberoni y Hart: 2003: 33).
Bajo un enfoque de autoridad como relación, Heifetz (1994: 94) propone una definición de
autoridad que descansa sobre el intercambio. Define autoridad como “Poder otorgado para organizar un
servicio.” Por ende, como la autoridad es otorgada puede ser retirada y la autoridad es conferida como
parte de un intercambio. Nótese que muchas de las definiciones más convencionales de la palabra
7
Tres motivos adicionales para utilizar el texto de Heifetz son que: (1) su libro es producto de la enseñanza. No es una
teoría enseñada; (2) la teoría fue desarrollada en una escuela de gobierno (con problemas y gerentes públicos) entonces, en
este caso, no es necesario recurrir a prestarse de teorías desarrolladas para el sector privado; y (3) gracias a los aportes
realizados por Heifetz (liderazgo no es igual que autoridad y la diferenciación entre problemas técnicos y adaptativos como
elemento de diagnóstico) es considerado como una de las personas que más ha contribuido al debate actual sobre liderazgo
(Grint, 1997). Es interesante notar que en el estudio de la OECD (2001) sobre el liderazgo en el sector público en el siglo
21, Heifetz y su enfoque adaptativo es el único autor citado sobre liderazgo (ver pp. 16 y 31).
4
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
autoridad están asociadas al concepto del uso del poder para influenciar o hacer que algo se cumpla.
¿En este caso, qué entendemos por poder? “La habilidad potencial de influir el comportamiento, de
cambiar el curso de los hechos, de sobrellevar las resistencias y de hacer que la gente haga aquello que
de otra manera no haría.” (Pfeffer, 1993:30).
El ejercicio de la autoridad es vital para el desarrollo de todo grupo social. Sin autoridad los
grupos sociales no logran sus objetivos. Estudios de todos los grupos sociales, desde los simios, hasta
las diversas organizaciones humanas (familias, grupos de trabajo comunitario, organizaciones civiles,
organizaciones de trabajo, entere otras) demuestran que hay una serie de funciones que deben ser
cumplidas para que dichos grupos u organizaciones puedan desarrollarse y no se desintegren. Estas
funciones han sido caracterizadas como las funciones sociales de la autoridad e implican proveer
dirección, protección y orden (normas, roles y mecanismos de resolución de conflictos). (Heifetz 1997:
113)
La función social de autoridad es una obligación tácita de toda persona en función de autoridad.
No es opcional: va con el cargo; es parte constitutiva de él. Quien asuma un cargo de autoridad deberá
ejercerla; caso contrario, puede ser depuesto ya que es lo que esperan las organizaciones sociales de sus
autoridades.
8
Véase Aguilar Villanueva (1993).
5
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
9
A modo de ejemplo, entre otros, véase Echebarría y Mendoza (1999: 30) que perciben el liderazgo como “dirección de
equipos, técnicas de comunicación, dirección de reuniones.”
6
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
5. Gestión política
¿Cómo se relaciona todo lo anterior con la gestión política? En el enfoque de Moore, la gestión política
es clave porque para conseguir objetivos operativos los gerentes necesitan la colaboración de actores
que están fuera de su autoridad directa. Son éstos los que proveen recursos financieros y autoridad y
conforman el entorno autorizante. Éste está compuesto por jefes directos, políticos, legisladores, grupos
de presión, movimientos sociales, la prensa, entre otros. La gestión política es lo que Moore llama la
gestión hacia arriba, hacia la política para lograr legitimidad y apoyo para sus propósitos. Para ello, los
gerentes sociales requieren de la capacidad de llevar a cabo un diagnóstico de las expectativas políticas.
Ahora bien, el liderazgo es una de las estrategias propuestas por Moore para la gestión política.
A diferencia de las otras dos (promoción emprendedora y negociación) en el caso del liderazgo el
ámbito de acción es mayor. Mientras que en la promoción emprendedora y la negociación en gran parte
las acciones están dirigidas a personas con autoridad formal (mandantes directos como son jefes,
personas del ámbito político como jefes de partidos, en el legislativo o poder judicial, jefes de grupos
de presión, entre otros) la arena en la que Moore plantea el uso del liderazgo como estrategia de gestión
política es más amplia.
En efecto, sugiere que sea la población en general la que sea movilizada. El desafío que
propone es que en lugar que el gobierno (o gerente público) sea quien provea las soluciones,
inmovilizando a la población, se utilice, más bien, “la autoridad del gobierno, no para decisiones
públicas sino para crear entornos en los cuales los ciudadanos que se enfrentan a problemas colectivos
puedan decidir conjuntamente qué hacer” (Moore, 1997: 251). En otras palabras, a la luz de lo
planteado, implica que el gerente identifique una situación como adaptativa y movilice a las personas a
que enfrenten esa realidad viendo cómo ellas deben cambiar. Implica también que el gerente deberá
contar con una gran autoridad informal sobre esas poblaciones en vista a que está operando más allá de
su autoridad formal, que ingrese en la incertidumbre y que sus intervenciones sean más en forma de
preguntas que respuestas (ver cuadro 3). Ese, sin duda, es un desafío mayor. Requiere una mejor
comprensión del liderazgo adaptativo, de su relación con la autoridad formal e informal y de la
capacidad de diagnóstico sobre la naturaleza de los problemas; aspectos que hemos esbozado en este
trabajo. Sin embargo, también demanda conocer estrategias concretas sobre el ejercicio con y sin
autoridad formal, aspecto que no desarrollamos en este trabajo pero que sí está en el texto de Heifetz.
6. Conclusiones
7
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
La observación del decano del estudio académico del liderazgo, MacGregor Burns, es tan cierta hoy
como lo fue hace más de cuarto de siglo atrás. Ante esta realidad, es necesario una definición de
liderazgo que permita ser operativa y que supere las limitaciones anotadas para entonces ser útil en la
gestión política. Porque
El ejercicio del liderazgo requiere saber distinguir entre liderazgo y autoridad y entre
tarea técnica y tarea de adaptación. La primera distinción proporciona una estructura
para desarrollar la estrategia de liderazgo dada la posición personal en una situación con
o sin autoridad. La segunda apunta a las diferencias entre los desafíos de la experiencia
y del aprendizaje, y los diferentes modos de operar que requiere cada una. El hecho de
aclarar estas dos distinciones nos permite comprender por qué tantas personas en
posiciones de autoridad no logran liderar: cometen el error clásico de tratar los desafíos
de adaptación como si fueran técnicos (Heifetz y Laurie 2001: 103-104).
Por tanto, el ejercicio del liderazgo consiste en realizar el trabajo adaptativo que lleva al aprendizaje.
Por el mismo hecho de ser “trabajo” que requiere reconocer que uno es parte del problema y que debe
cambiar, el aprendizaje que requiere es complejo.
Para que el liderazgo pueda efectivamente ser una técnica de la gestión política como propone
Moore, el ejercicio del liderazgo que él propone requiere de un mayor desarrollo. Esa ha sido la
intención de este trabajo. En él hemos sintetizado la propuesta de Heifetz y provisto un marco analítico
para informar la acción de los gerentes sociales. Hemos destacado que el desarrollo de la autoridad
informal es clave para el ejercicio del liderazgo en contextos adaptativos. Además, en la medida que el
liderazgo es un componente clave de la buena governanza pública (good public governance) (OECD
2001) entender qué se entiende por él y cómo se lleva a cabo es vital para el desarrollo de la gestión
pública.
El trabajo también ha destacado la escasa utilización del enfoque de Heifetz en la literatura en
español—a pesar de la disponibilidad de sus textos en ese idioma—, y sugiere que si bien esta es
todavía escasa, sufre de los mismos problemas que afectaron el desarrollo del campo del liderazgo en
inglés: confusión entre autoridad y liderazgo, utilizar líder y liderazgo como sinónimos (observando el
comportamiento del primero para inferir sobre el segundo); y considerar el liderazgo como gestión
efectiva o buen management. La pregunta final es, si es que la literatura en ingles sobre liderazgo está
en pleno proceso de lidiar con las confusiones que el estudio del fenómeno del liderazgo ha despertado,
¿no habrá una enseñanza en ese proceso para la literatura en español sobre el liderazgo?
Referencias bibliográficas
Aguilar Villanueva, L.F. (1993). Problemas públicos y agenda de gobierno. México: Miguel
Angel Porrúa.
Azzerberoni, D. y Harf, R. (2003). Conduciendo la escuela. Manual de gestión directiva y
evaluación institucional. Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativa.
Behn, R.D. (1998). “What Right Do Public Managers Have to Lead?” Public Administration
Review 58.
Blázquez Vilaplana, B. (2002). “Liderazgo político y gobernabilidad, cuestiones abiertas, futuro
8
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
incierto.” Trabajo presentado al VII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y
de la Administración Pública, Lisboa, Portugal, 8 al 11 de octubre.
Cravacuore, D. (2003). “Motivaciones para el cambio: un análisis de liderazgos en municipios
bonaerenses.” Trabajo presentado al VIII Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del
Estado y de la Administración Pública, Panamá, 28 al 31 de octubre.
Departamento Administrativo de la Función Pública de Colombia (2002). Liderazgo. Diponible
en www.dafp.gov.co
Dove, S. ( 1997 ). “El liderazgo para el cambio institucional: El papel del liderazgo en el nuevo
espacio público.” Trabajo presentado al II Congreso Interamericano del CLAD sobre la Reforma del
Estado y la Administración Pública, Isla Margarita, Venzuela, octubre 15 al 18.
Echebarría, K. y Mendoza, X. (1999). “La especificidad de la gestión pública: El concepto de
management público.” En Carlos Losada I Marrodán (ed.) ¿De burócratas a gerents? Las ciencias
aplicadas de la administración del Estado. Washington, D.C.: BID.
Grint, K. (1997) ed. Leadership: Classical, Contemporary and Classical Approaches. Oxford:
Oxford University Press.
Heifetz, R. (1997). Liderazgo sin respuestas fáciles. Barcelona: Paidos.
Heifetz, R. y Laurie, D. (1997). “The Work of Leadership.” Harvard Business Review, enero-
febrero
––––––—. (2000) “Tarea de adaptación movilizadora. Más allá del liderazgo visionario.” En
Conger, J.A. et al (comps.) El manual del cambio para líderes. Buenos Aires: Paidos.
Heifetz, R. y Linsky, M. (2003). Liderazgo sin límites. Barcelona: Paidos.
Kotter, J.P. (1990). “What Leaders Really Do.” Harvard Business Review, mayo-junio.
MacGregor Burns, J. (1978). Leadership. New York: Harper & Row.
Margheritis, A. (1998). “Reformas económicas y liderazgo presidencial fuerte: Argentina en
perspectiva comparada.” Trabajo presentado al Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del
Estado y de la Administración Pública, Madrid, 14 al 17 de octubre.
Mokate, K. (2003). “Gerencia Social y Liderazgo.” Presentación PowerPoint.
Moore, M.H. (1998). Gestión estratégica y creación de valor público en el sector público.
Barcelon: Paidos.
OECD (2001). Public Sector Leadership for the 21st Century. Paris: OECD.
Pfeffer, J. (1992). Managing With Power. Politics and Influence in Organizations. Boston, MA:
Harvard Business School Press.
Rost, J. (1993). “Leadership Development in the New Millennium.” En Journal for Leadership
Studies Vol. 1 No. 1 (Noviembre).
————. (1991). Leadership for the Twenty-First Century. Westport, Connecticut: Praeger.
Seron Alumini, J. (2003). Liderazgo y el hombre mediocre. Documento de Trabajo. Facultad de
Administración y Economía. Universidad de Santiago de Chile.
Spoerer, S. (s.f.). “Crisis de liderazgos.” En El modelo de liderazgo para el siglo XXI. S.l: S.e.
Sulbrandt, J. (2001). “Introducción a la gerencia social”. Notas de clase del INDES. Washington,
D.C.: Banco Interamericano de Desarrollo: Instituto Interamericano para el Desarrollo Social (INDES).
Villoria Mendieta, M. (2001). “La capacitación de los directivos públicos en las administraciones
españolas y latinoamericanas.” Trabajo presentado al VI Congreso Internacional del CLAD sobre la
Reforma del Estado y de la Administración Pública, Buenos Aires, 5 al 9 de octubre.
Reseña biográfica
9
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
Ha sido consultor del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, del Banco Mundial, de la
Organización Internacional del Trabajo, del Banco Interamericano de Desarrollo y de los gobiernos de
los Países Bajos, Suecia y Dinamarca. Enseña cambio y aprendizaje organizacional, gestión estratégica,
liderazgo y temas de pedagogía de la capacitación en el INDES. Tiene publicaciones sobre historia
económica, políticas públicas, política social con énfasis en política educativa e historia de la
educación.
10
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
11
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
Cuadro 2 Análisis de los registros sobre liderazgo según idioma y año de publicación en la
Información sobre Estado Administración y Sociedad del SIARE del CLAD
12
IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Madrid, España, 2 – 5 Nov. 2004
B
Implicación conceptual SER HACER
(*) Negrita denota mayor importancia y énfasis que texto normal y cursiva
13