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Aventuras en Centroamerica: El Esclavo de Don Dinero

Este documento presenta un resumen de dos novelas humorísticas de José Milla ambientadas en Centroamérica. La primera novela describe la vida de Canuto Delgado, un joven huérfano que se dedica a la adquisición de dinero por cualquier medio. Tras alojarse gratuitamente en una pensión, consigue un trabajo como escribiente del Licenciado Matraca aplicando tarifas por servicios extras a los clientes. La segunda novela muestra a Canuto dedicándose a prestar dinero con altos intereses, dando préstamos a cambio de garantías.

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Aventuras en Centroamerica: El Esclavo de Don Dinero

Este documento presenta un resumen de dos novelas humorísticas de José Milla ambientadas en Centroamérica. La primera novela describe la vida de Canuto Delgado, un joven huérfano que se dedica a la adquisición de dinero por cualquier medio. Tras alojarse gratuitamente en una pensión, consigue un trabajo como escribiente del Licenciado Matraca aplicando tarifas por servicios extras a los clientes. La segunda novela muestra a Canuto dedicándose a prestar dinero con altos intereses, dando préstamos a cambio de garantías.

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AVENTURAS EN CENTROAMERICA

'
DOS NOVELAS HUMORISTICAS
JOSE MILLA

EL ESCLAVO DE DON DINERO


1 nían de la cama, sin colchón, porque según
decía, no aguantaba el calor, y el ±raje que
Entrada en el mundo del niño llevaba puesto, consis:l:enie en un pantal~n
Canuto Delgado color de acei±una y una chaqueta que hab1a
sido azul. Ambas piezas estaban negras y
•· Llámase el hé- charoladas a fuerza de uso. Completaban el
roe de esta estu- ±raje una capa y un sombrero que habían
penda y galopan- pertenecido a un lío clérigo de don Canuto,
te historia don Ca- ya difunto.
nuto Delgado. Vi- Poseía también una caja de hierro que
no al mundo por encerraba el dinero. El decía que lo único
las mismas condi- que contenía eran unos papeles de fam~ia,
ciones que todos muy interesantes. Llevaba la llave pendlen-
los que gozamos te del cuello, bajo la camisa, y no abría la
de esta triste vi- caja sino en alias horas de la noche y cuan-
:: da. A loJ; veinte do ya los otros huéspedes estaban dormi~~s.
ños perdió a sus padres y se encontró dueño Pero aquellos diez pesos de la pens>on
e la suma redonda de ±res mil pesos. Des- mensual, quitaban el ~~?ño, a do~ Can~~o,. y
ués de haber enterrado a los au±orE¡>s de sus se dio a encontrar un mod,us v1vend1 Sln
ías, el huérfano hizo la primera vis~±a a su pagarlos. Al fin hubo de ha~larlo. ..
~s()l-o, y cuando lo vió, sintió el corázón ±an La dueña de la casa ten1a dos h1¡os a
namorado de él, que olvidó a los pobres quienes habían expulsado de cuatro escuelas
ifun±os y se declaró desde aquel iss:tante hu- porque no pasaban dé la c~r±illa. Delgado
ülde adorador de don Dinero. . dijo que eso consistía en los .maestros y se
Canuto sabía leer y escribir, había cur- ofreció a enseñar a los angeh±os las pnme-
>do gramática, y al morir sus padres es±u- ras letras, la gramá±icp., la filosofía, lo; :teolo-
iaba filosofía, que según le habían dicho en gía, la metalurgia y muchas cpsas ;mas. La
' clase era el amor a la sabiduría más como Malabrigo abrió la boca y 9onf?so q)-le no
corazón humano no tiene lugar suficiente había sospechado que :tanta c1encm ien1a ellp.
>ra dos amores el de don Dinero sé apoderó dentro de las cuatro paredes de su casa que
•1 alma de Canuto y mandó a pasear a Do- no discutió el contra:l:ó, y al fin se convino en
' Sabiduría. que Canuto no pagara pensión y enseñaría a
Determinó, pues, dejar los estudios. De los muchachos.
das las ciencias, la única que llamaba la Pero aun no estaba con±en±o. Pensó có-
ención del joven Delgado era la química, mo excusaría el gasto del lavado y remen-
>es se ocupó en una dificilísima operación dado de la ropa, y encontró el camino. La
' :transmutación de metales: quería conver- Malabrigo llevaba las cuentas de la casa con
. aquellos tres mil duros de plata en otros granos de maíz. Delgado le demostró . que
n:tos de oro puro. Al demonio no le ocu- esie sistema no estaba a la al:tura del s1glo:
e semejante idea. le presentó un libro en blanco y le ofreció
Vendió las pocas prendas que le habían encargarse de las cuentas, si le la-y;>ban y re;-
>jado sus padres 1 no conservó más que una mendaban. La señora no eniend1o las exph-
chara y un ±e_nedor de plata falsa, calcu- caciones que hacía don Canuto, y esto fue su-
ndo que podían servirle ep. algún apuro, y ficiente para que aceptara el negocio.
é a vivir a la casa de huéspedes de doña
>masa Malabrigo, donde lloró tantas pla- Tenemos, pues, al niño con :tres mil pe-
LS, que lo recibieron por diez peSOS men- sos guardados, alojado, mantenido, lavado y
a}eg, remendado sin sacrificio de dinero. Ya us-
Sus posesiones eran pocas. Se campo- tedes ven que no es mal principio para un
- 1 -.
muchacho de vein±e años, y que el pro±ago- Quiso la desgracia que un día que ha-
nis±a de la novela prorne±e. blaba Matraca en su oficina con doña Lugar-
da Ouin±añona y que Canu±o ±enía los pan-
2 talones donde acostumbraba, le mandó el
Licenciado a que fuese a la pieza inmediata
Como escribiente del Lic. Matraca a buscarle sus anteojos, que había olvidado.
El mozo no se movía. Matraca repi±ió la or-
Conservar no es den, y fue necesario obedecer. Se puso en
bas±an±e. Es ne- pie. Doña Lugarda vió, lanzó un grito y ca-
cesario adquirir. yó desmayada en brazos de Ma±raca. Ca-
Pariiendo de es- nuto huyó con los pantalones en la mano y
± os luminosos no volvió jamás.
principios de eco- Había estado ±res meses al servicio del
norrúa polí±ica, Licenciado. Liquidado sus cuentas, resultó
determinó Canu±o que había ganado 25 pesos de sueldo y 45
ocuparse seria- de "caídos". Esa cantidad fue a acompañar
mente en la ope- a los 3,000 en el cofre-fuer±e de don Canuto
ración de convertir las blancas en amarillas. Delgado.
Se acomodó corno escribiente de un abogado
famoso, el Licenciado Ma±raca, que le ofre- 3
ció ocho pesos mensuales de sueldo y "uñas
libres". Es±o quería decir (al menos así lo Negocios de Banca
en±endió Canu±o) que podía desplumar a los
clientes, si se dejaban, y a su mismo pa±rón, Viéndose sin em-
si se dormía él. pleo, comenzó don
Delgado no era ±on±o. Formó una tari- Canuto a pensar
fa que decía cuán±o cobraba por prestar cier- cómo haría para
tos servicios a los clientes. Aquí sigue una ganar algún dine-
muestra de los precios: ro. Después de
Por introducir al cliente cuan- mucho reflexionar,
do el Licenciado duerme la resolvió dedicarse
sies±a . . . . . . . . . . .. .. .. 4 rs. a los negocios de
Por copiar un alegato 6 rs. banca, dando so-
Por poner un expediente a la bre prendas o con
vis±a .. . .. . .. .. .. . 2rs. o±ras buenas segu-
Por hablar a la 'niña' a quien ridades, al moderado interés de un real por
visita el Licenciado e in±ere- peso.
sarle en favor del clienie . . 4 rs. No le faltaron clientes. Un pobrete que
Por convencer al Licenciado andaba cierio día apuradísi'mo y a pun±o de
no se encargue de defender ahorcarse por cien duros, se dirigió a don Ca-
±arnbién a la par±e contra- nuto, que le conocía muy bien. Le pidió la
ria . . . . . . . . . . . ........ $10. cantidad por nueve meses y le presentó en
garantía la escritura de una casita que valía
Por esa as±ilo eran los demás artículos dos mil.
de aquella jus±a y moderada ±arifa. Con el -Por servirte -le dijo Delgado~ haré
pa±rón era o±ra cosa. Delgado no hacía más el negocio 1 pero ya sabes el interés que CO"
que huriarle al descuido algunas hojas de bro, y que además lo descuento íntegro de
papel sellado, y dacia qua las habían comi- la cantidad que doy.
do los ra±ones 1 los cor±aplumas, la tin±a y la El necesi±ado se puso de acuerdo con io-
arenilla 1 y corno de as±os pequeños robos no do, con ±al de recibir el dinero. Canu±o abrió
podía culpar a los ra±ones, decía que debían la caja con muchas precauciones, puso los
andar duendes en la casa. Ma±raca sabía cien duros sobre su caína y comenzó la ope-
que el ra±ón y el duende eran su escribiente; ración del descuento, a su manera.
pero se lo disimulaba, porque el mozo era -Esio es por el primer mes -decía-,
lisio y el salario cómodo. y separaba una cantidad. Es±o por el se-
Canu±o había tornado la idea de poner- gundo, y separaba o±ra; esio por el ±arcare;
se una especie de mangas de cuero para no y así sucesivarnen±e. Cuando llegó a contar
gas±ar las de su saco en la oficina, y a fin de el noveno mes, los cien duros estaban cpn-
qua los pan±alones no se le usaran con el ro- cluidos y fal±aban doce pesos cuatro real'es
ce de la silla, se acos±urnbró a bajárselos al para completar el capital.
sen±arse a escribir. Es±o hacía, decía él, por -Hombre, a ver -dijo Canuto-, as co-
el calor, y cuando en±raba alguna dama de mo qua sales debiéndome; y repitió la ope-
las clien±es del Licenciado, el púdico joven se ración.
cubría bonitarnen±e con la carpeta de la No había duda. El pobrete quedaba
mesa. endeudado. Trabajo le cosió arrancarle la
-2-
escritura y que le perdonara generosamente mos±ró más adic±o, y un dia que los senti-
aquellos doce pesos cua±ro reales. mientos magnánimos no le cabían ya dentro
En aquellos mismos días ocurno un su- del pecho prorrumpió en el siguiente dis-
ceso que no debo pasar en silencio, por es- curso:
tar enlazado con la historia de la vida de mi -Amigo Rajacuero: ya has visto cómo
héroe. con la ayuda de Dios y la roia ±u es±ableci-
Sucedió que habiéndose establecido el rnien±o barberil ha ido prosperando y se ha
"Diario de Centro América", don Canuto, sea hecho famoso en el barrio. Debes este re-
que le llamara la atención la parte de anun- suliado a mi protección y a iu trabajo; pero
cios, por ver si se ofrecía alguna ganga, o es necesario que no duermas sobre ius lau-
por novedad, ±uva la idea de suscribirse al reles. En el siglo en que vivimos, el que ade-
periódico. Pero entre tener esta idea y for- lante no mira, atrás se queda. Debes pen-
mar el propósito de pagar la suscripción, hay sar en ensanchar el negocio, establecerte en
una enorme distancia. Delgado quería leer un punto central de la ciudad, adornar la
el "Diario" sin pagar, y este problema lo lle- tienda, comprar buenos útiles, en una pala-
gó a resolver de una manera que haria ho- bra, ponerte a la al±ura de ±us compañeros,
nor al más hábil financiero. y así harás for±una. Con ±us ahorros y algo
Los huéspedes de doña Tomasa eran que yo pueda, en mi pobreza, proporcionar-
ocho, contando con don Canuto; y como io- te, pagarás los gastos del nuevo taller. Por
dos tenían igual deseo de leer el "Diario,., mi par±e no ±e pido gran cosa por el nuevo
les propuso formar una compañía para com- servicio que voy a prestarte. Me contento
prarlo. El proyec±o pareció bueno y en dos con ±u gra±i±ud y. . . las dos terceras parles
horas se suscribió el capi±al, que ascendía a de las utilidades.
la respetable suma de un duro, para cubrir Rajacuero abrió desmesuradamente los
la suscripción del primer mes. ojos y la boca al oir la generosa propuesta
Pero aquel real mensual que tenía que de don Canuto. Su primer impulso fue echar-
pagar era una espina atravesada en el cora- lo fuera de su fienda. El segundo fue me-
zón sensible de don Canu±o, y se echó a pen- nos enérgico. Reflexionó. El tercero lo in-
sar cómo evitaría el gasto. ¡Escuchad vaso- clinó a aceptar. Continuó reflexionando y
iros iodos los que tenéis necesidad de encon- el cuarto acabó de decidirlo. Hizo sus cálcu-
±rar un recurso supremo para salvar una si- los, formó su presupuesto, que montaba a
tuación dificil. Canuto propuso a los demás trescientos vein±inueve pesos sie±e reales, de
huéspedes que leyeran iodos el papal y se lo los que debería prestar don Canuto los dos-
entregaran cuando lo hubiesen concluido; cientos y el resto se cubriría con los ahorros
pues le gus±aba, dijo, saborearlo muy despa- de Rajacuero.
cio. La idea fue aceptada. Los siete coro- Ocho días después, el nuevo estableci-
pañeros de Delgado leían el periódico uno miento estaba abier±o. Delgado se instaló
±ras afro, desde las seis de la ±arde hasta las en la ±ienda y llevaba una cuenta exac±a de
ocho de la mañana del siguiente dia, y no los que llegaban a afeitarse, a cortarse el pe-
entregaban a don Canuto. Este lo despacha- lo, o a sacarse muelas. El producto era bue-
ba en veinte minutos y lo pasaba a cier±o no. Canuto se restregaba las manos cuan-
barberi±o llamado Teodoro Rajacuero, que do, al volver a su casa por la noche, contaba
había convenido en recibirlo a esa hora, que las ganancias del día.
era la de abrir la tienda, y pagar la suscrip- Pero es condición de las cosas humanas
ción a Delgado, que de esta manera realizó el estar sujetas a mudanza. An±es de que se
su proyec±o de leer "gra±is". cumpliera un mes desde que se había abierto
el establecimiento de Rajacuero, amaneció
Las relaciones en±re don Canuto y aquel una mañana en el lado opuesto de la calle
barbero eran antiguas. Habían sido compa- otra barbería de un italiano que ofreció, en
ñeros de escuela, y Delgado ±omó cariño a un anuncio que circuló, hacer maravillas con
Rajacuero, porque le pareció muchacho ira- cabellos y barbas. Todos los clientes acu-
bajador, ac±ivo y económico. Cuando abrió dieron al nuevo taller, y el de Rajacuero no
su barbería en un barrio de la ciudad, Canu- veía ya entrar por sus puertas sino a uno u
to se declaró protec±or del es±ableciroien±o y otro descendiente de los antiguos señores del
ayudó mucho al nuevo barbero, celebrando país, que se afei±an y carian el pelo por mi-
la suavidad de su mano, lo bien afilado de tad de precio.
sus navajas, y la limpieza de cepillos, peines Delgado estaba medio muer±o de pena;
y toallas. Este fue el gesto que hizo por en- pero el desveniurado debía agotar hasta las
tonces el generoso capitalista en favor de su heces el cáliz del dolor. Un dia llegó a la
antiguo condiscípulo. tienda a las ocho de la mañana como de cos-
El oficio comenzó a correr y Rajacuero tumbre y le llamó la atención el ver la puer-
reunió algunos reales, lo que no se ocultó al ta cerrada. Empujó, se abrió, y encontró la
ojo perspicaz de don Canuto, que olía a don pieza vacía. Dió voces, gri±ó que lo habían
Dinero, aunque estuviera a cien leguas y ocul- robado, asesinado; estaba medio loco. En
to en las entrañas de la ±ierra. Desde que ±res días casi no comió ni dunnió. Recorrió
vio "fondeado" a su antiguo amigo, se le la ciudad calle por calle, avenida por aveni-
-3-
da, callejón por callejón; y visio que no daba ±e un fluido que nos conduce hacia una per-
con el barbero, resolvió andar la República sona a quien buscamos, excep±uando, por s':l-
enfera, si fuera necesario; y si no daba con pues±o, los infinitos casos en que nos J:ace lr
él, hasia enconirar al infame, cruel, desagra- en una dirección en!eramen±e contrar1a.
decido, que le había chupado su más precio- Pero aquella vez el fluido, o lo que sea,
sa sustancia. dio en el clavo; pues en Mixco supo don Ca-
Diremos cómo llevó Canuio a cabo esa nuto, por un conocido con quien "±opó", que
determinación y lo que le sucedió en sus hacía dos horas había pasado por aquel pue-
viajes. blo el consabido barbero, caballero en una
buena mula y a±adas a la grupa unas alfor-
4 jas que parecían con±ener cosa pesada.
-Lo que ese hombre lleva en las ':'!for-
Peregrinación en busca de jas -exclamó Delgado-, es carne de rm car-
ne y hueso de mis huesos; y sin perder iiem-
Teodoro Rajacuero po continuó su marcha.
Llegó a la Aniigua y se deiuvo a la puer-
Pensativo se que- ta de un mesón, donde preguntó al mesonero
dó el bueno de don si no había vis1o pasar a un hombre mon±a-
Canu±o Delgado do en una buena mula y con un par de al-
duran±e un cuar±o forjas a la grupa.
de hora en la es- -¿Cómo es? -pregun±ó el mesonero,
quina de la calle que debía ser un gran socarrón, como la ma-
donde es±aba si- yor parf.e de los de su oficio-. ¿No es uno
iuada la casa de alfo y flaco?
doña Tomasa Ma- -Así es -con±es±ó Canu±o.
labrigo, dudando -¿Trigueño?
hacia cuál de los -Un poco.
cuairo vienios dirigiría su excursión. -¿En una mula grande, de dos colores?
Puesio el sombrero del ±ío clérigo, echa- -Supongo que sí.
da al hombro la capa que fue manteo, volvió -Y las alforjas, ¿no son de esas de pi±a,
a ±ocarse el pecho por la ceniésima vez en que
aquel día, a fin de asegurarse de que es±aba -Y bien, sí 1 ¿le ha visio us±ed'? -inte-
allí la llaveciia de la caja de hierro. El cui- rrumpió Delgado, ya impaciente.
dado por aquel adorno había aumen±ado mu- -Pues señor -dijo el mesonero, rascán-
cho desde que guardaba, además del nume- dose la cabeza y como dudando-; para no
rario, los pagarés extendidos por las perso- meniir, no le he vis±o.
nas a quienes el banquero había suministra- Se daba al diablo don Canu±o e iba a
do fondos. El único documento que llevaba emprenderla con aquel pícaro, cuando inter-
consigo don Canuto, era la escritura que le vino o±ro suje±o que esiaba en el zaguán de
había dado Rajacuero, y que debía servirle la casa y había escuchado la pláiica.
para cobrarle dónde y cuándo lo hallara. -La persona -dijo-, por quien pre-
Al despedirse de doña Tomasa y de sus gunia es±e chancle±udo (y no era poco exac±o
compañeros de posada, les dijo Delgado que el epHe±o) pasó hará unas ±res horas y cogió
iba a hacer una ±emparada de salud, por po- el camino de Chimal±enango.
cos días, a un pueblo de las inmediaciones. -¿Está usted seguro? -preguntó Del-
Oue hacía el viaje a pie, porque los caballos gado.
de alquiler, con ser ±ales, es±aba dicho que -Tan cierto -replicó el airo-, como
eran malos, y que a las diligencias, le alza- que le hablé y le ayudé a amarrar unas al-
ba pelo, por los acciden±es que sucedían en forjas llenas de pesos que llevaba a las an-
ellas con frecuencia. cas de la mula y que ya se le iban a caer.
Pendien±e del brazo izquierdo llevaba Don Canuio se puso pálido, luego rojo,
una bolsa con vituallas, y sin más prevención y después verde, al considerar que su dinero
se dispuso a emprender la camina±a. (pues por ±al lo ±enía ya) , había es±17do ":
Después de vacilar un ra±o, resolvió nues- punio de perderse. Sin aguardar mas, ";l
±ro héroe ±omar el camino de la Aniigua. despedirse de aquella gen±e honrada, con±l-
Cualquiera dirá que don Canu±o Delgado se nuó su marcha; pero por más que apre±ó el
condujo como un ±on±o al ±omar ese camino, paso, no pudo llegar a Chimalfenango an±es
sin ±ener el menor da±o de que hacia allá hu- de las nueve.
biese volado el pájaro; y ±al vez ese cual- El pueblo es±aba desierio. Ni una alma
quiera ±endrá razón al decirlo. Pero como a quién preguntar por el hombre de la mula
en este mundo nadie sabe las reglas ocul±as y las alforjas. El infeliz es±aba medio muer-
que gobiernan eso que llaman casualidad, to de hambre y de faiiga. Consumió parte
no se podrá explicar saiisfacioriamen±e có- de las provisiones que llevaba en la bolsa, Y
mo fue que don Canuto acertó a elegir el tendiendo el ex-manteo bajo el alero de u:r;Ó
rumbo que llevaba el sujeto cuya pista se- casa, con el sombrero por almohada, durnu
guía. A veces estoy ±enfado a creer que exis- de una pieza duran±e siete horas.
-4-
..
5 se alojó y cenó en Totonicapán, ídem per
ídem. En ±odas par±es, al oír la his±oria que
A San Salvador por la costa con±aba y que él sabía presentar con ±oda la
apariencia de la verdad, ±enía el novicio
La del alba seria abier±a la despensa de los curas. Además,
(como dijo Cervan- cuidó de informarse en aquellas poblaciones
tes), cuando volvió del hombre de la mula y las alforjas, y en
en sí el perseguidor ±odas le dijeron que acababa de pasar.
de Rajacuero. L a s Mas, como por mucho que ande un pe-
parleras avecillas co- destre que no está habi±uado a largas cami-
menzaban a saludar natas, debe quedarse bas±an±e atrás del que
' •. q . ? .• con sus arpadas len- lleva la delantera, montado en una buena
guas 1 a s primeras bes±ia 1 sucedió que don Canuto llegó a Oue-
vislumbres del na- zal±enango dos días después del de la mula.
ciente Febo, que sobre las parduzcas forres Perdió o±ro día en hacer investigaciones, y
del viejo campanario de la iglesia se refleja- por úl±imo, ±uvo la grandísima pena de oír
ban. Don Canu±o Delgado, que no estaba de que el barbero chapín no había estado más
humor para recrearse con pajarillos, ni para que un día en la ciudad, y pareciéndole que
admirar crepúsculos, agarró un grueso bas- no haría negocio, se había marchado hacia
tón que en el camino se había proporciona- Maza±enango.
do, y buscó la salida del pueblo, por el rum- Allá fué también Delgado en pos de Ra-
bo que guía hacia Pa±zún. jacuero, y cuando llegó a la población, supo
Se detuvo delante de una casa de las úl- que el barbero ±an viajero, descon±en±o del
timas de la población, a cuya puerta estaba lugar iba ya con dir·ección a El Salvador por
una vieja desgranando maíz para unos puer- la cosía. Le siguió el incansable don Canu-
cos, cuyos sordos gruñidos contrastaban de- to. Llegó a Sonsona±e, y allí le informaron
sagradablemente con los gorjeos de las men- que ±res días antes había pasado un suje±o
cionadas avecillas. Le hizo don Canuto la como el que él describía, y que iba a la capi-
acostumbrada pregun1a respedo al hombre tal de la República.
de la mula y las alforjas, a la que contestó Delgado fué ±ambién a San Salvador; se
la de los puercos: hospedó en casa de un cura, como de costum-
-Por ±an±i±o se jun±an. Hará una hora bre, merced a la estratagema de la clerecía,
larga que es±uvo parado donde es±á su mer- y después de comer, pregun±ó con aire dis-
ced, ±omando un ±rago que le vendí sólo por traído, si no estaría por casualidad en la po-
ser él, que no ha de ir a contárselo a la po- blación un barberi±o paisano suyo que había
licía, y siguió su camino. Dijo que iba a co- salido con dirección a aquella ±ierra.
mer a Sololá, a dormir a Toionicapán, y que -Me alegraría -añadió-, de encon-
mañana, primero Dios, llegará a Ouezal±e- irarlo; porque ±iene la mano más suave de
nango. Y us±ed, ¿no gus1a de hacer la ma- es±e mundo para sacar muelas, y a mí me
ñanita? dan muy malas noches los colmillos.
Sin hacer caso de la invi±ación, por no Le con±es±ó el cura que es±aba allí un
gas±ar un medio real, determinó Canuto se- maestrito nuevo, cuya ±ienda se había abier-
guir adelante, por el itinerario que el mis- to dos días antes y que creía que se apellida-
mo fugitivo habla ±razado, a lo que decía ba Rompecuero.
aquella vieja porqueriza y clandestina. Pe- -Rajacuero -gritó Canuto, que vió el
ro en aquel momento se presen±ó a su ima- cielo abier±o-1 ¡él es, él es! 1 voy ahora mis-
ginación una cues!ión grave. Las provisio- mo a que me saque los colmillos -(o a sa-
nes que sacó de la casa de la Malabrigo esta- cárselos yo a él)-, añadió en voz baja, y sa-
ban casi agotadas. Verdad es que había lió corriendo, dejando al cura con la idea de
cuidado al salir, de ponerse algunos reales en que debía ser muy agudo el dolor de colmi-
el bolsillo; pero al hacerlo, juró solemnemen- llos de aquel pobre estudiante de teología.
te no gastarlos, sino cuando ya no hubiese Al primer suje±o que encontró, pidió se-
recurso humano a qué apelar para vivir a ñas de la barbería nueva. Se le dijo que es-
cos±o de los demás. Se puso, pues, a buscar faba en la calle principal, a media cuadra de
medios de cumplir aquel juramen±o; y como la plaza, a la derecha; y sin oír más, corrió
el hombre era fecundo en expedientes, pron- allá.
to encon±ró el medio de no desatar el nudo. ¡Oh dolor! La ±ienda es±aba cerrada. Se
-Viviré --se dijo a sí mismo-, sobre la informó en las vecindades y supo que el con-
iglesia; esto es, al llegar a cualquier pueblo, denado barbero se había marchado aquella
me iré derecho a la casa parroquial, diré al mañana muy temprano para San Miguel.
cura que soy un pobre estudiante, que voy Don Canuto no vacilió. Se echó al hom-
a ordenarme a Chiapas, y muy inhumano ha bro la capa raída, se apoyó en el bastón y ca-
de ser, si no me da la posada y la comida sin minó. Nuevo judío errante, crel.a escuchar
que yo lo pague. una voz que le gri±aba: ''¡Marcha, marcha!'';
Como lo dijo lo hizo. Almorzó en Pa±- y no le consentía un instante de reposo.
zún a costo del cura; comió en Sololá ídem; Al llegar a San Miguel, supo que había
-5-
esíado allí efecHvameníe un barbero ±al co- barberos había en la ciudad. Le coníesíó que
mo el que buscaba; pero que pocas horas an- se contaban cuairo o seis del país, y que uno
íes había salido para La Unión, con el obje±o de Guatemala que había estado allá cerca de
de ±ornar el vapor que debía ±ocar al siguien- dos semanas, cababa de marcharse para Co-
te día en el puerto y seguir a Corinto. rinto donde habría ±amado ya el vapor para
-Si camino de prisa lo aírapo -se dijo Punfarenas. Nueva desesperación del des-
Canuío, y apreíó el paso. venturado Canuto.
Llegó al puerto a oíro día en±re oscuro -¡Al;t Cosía Rica! -decía-; ¡tendré que
y claro. El vapor esíaba próximo a paríir. ir hasía Cosía Rica!
Un bofe a±esfado de pasajeros atracaba al Por foriuna suya no iuvo que hacer el
costado del buque. Comenzaron a írepar viaje por tierra. Había en la ciudad un ca-
por la escalera. ballero ciego que iba a San José en busca de
-¡Ah! ¡Eh! ¡Ihl ¡Oh! ¡Uh! un acrediíado oculisia para hacerse baHr las
Tales fueron las exclamaciones en que cafara±as. El cura recomendó a Canuío para
prorrumpió Delgado al observar al cuarto que fuera sirviendo al ciego, y fue aceptado,
pasajero, que subía con unas alforjas al pagándole el pasaje y abonándole doce rea-
hombro. ¡Era Rajacuero! les de salario por el viaje. No se habló de
-¡Allá voy! -gl;"i±ó Canp_ío-, ¡aguárden- ropa limpia, porque dijo Canu±o que no la
me! Aunque me arruine, ¡doy dos pesos por- necesitaba.
que me aguarden! Tomaron el vapor en Corinfo 1 llegaron
, En aquel momento resonó un cañonazo. felizmente a Puniarenas y luego a la capiíal
Una e:;pesa columna de humo que salía de la de la República. Delgado iba leyendo con
chimenea se elevaba en espiral y se deshacía atención las muestras de las Hendas en la ca-
en la atmósfera serena. El vapor se movía lle de la entrada. De repen±e se paró. Se
ya y un momento después hendía las olas restregó los ojos; femía ser vícíhua de una
más veloz que el pájaro marino. Canuío con ilusión. Sobre una puaría de tienda estaba
un movimienío irreflexivo e impelido por un íarjeíón pintado de azul y sobre él escrito
aquella voz inferior que le gritaba: "¡Mar- lo siguiente en grandes leíras doradas:
cha!", quiso arrojarse al mar; pero una mano
caritativa lo agarró por la capa y lo detuvo. A LA BARBERIA NUEVA
El alado monstruo se perdía en la distancia RAJACUERO, TIJERINO Y CIA.
y no se veía más que el surco luminoso que
trazaba sobre la tranquila superficie de las Dejó Canuío al ciego planíaqo en medio
aguas. de la calle y de un salio llegó a la puer±a de
la Henda. Allí estaba su hombre. Vuelto
6 de espaldas a la puer±a se ocupaba en tras-
quilar a un prójimo. Canuto se lanzó sobre
A Nicaragua y Costa Rica él y lo agarró por el cuello, gritando:
-Al fin ±e cogí, infame Raj~cuero. De-
Sin dar las vuélverne lo que es mío, ladrón de camino
gracias, sin vol- real, si no quieres que fe es!rangule ahora
ver a mirar si- mismo.
quiera a la per- El suje±o insulíado y agarrado se volvió
sona que bon- a mirar a quien fan mallo fra±aba. Canuto
dadosamente le cambió colores. El barbero era un viejecillo
había impedido que se parecía a Rajacuero corno un huevo a
el hacer un una gallina, y dijo con mucha calma:
enorme dispa- -Este hombre es±á borracho, o es loco.
rate, don Canu- -Borracho no -replicó Canu±o- 1 loco
to Delgado, llo- quizá, porque ±al me es±á poniendo la mala
rando de rabia, pasada que me ha hecho un pícaro cuyo ape-
se dirigió a la población y volvió a ±ornar el llido es±á escrito con ±odas sus letras en la
camino de San Miguel. muestra de esia tienda. Dispense usted, mi
Cuando llegó a la ciudad se había tran- amigo, que por un error muy natural, me
quilizado algún ±anio y formado la resolu- haya propasado un poco con usted, y si es
ción de seguir a Nicaragua por tierra, con la crisHano, dígarne dónde se ha rneHdo ese in-
esperanza de que allá se fijaría al fin el in- fame Rajacuero, que el diablo cargue con él,
consian±e y andariego barbero y que fuese siempre que an±es me pague lo que me debe.
aquella República el término de su penosa -El sujeto por quien usted pregunf~
peregrinación. -replicó el viejecillo-, es, o por mejor dt·
Calculaba que en ±odas partes donde fue- cho, ha sido mi compañero hasta antes de
ra hay curas, y contando con es±e recurso pro- ayer. Yo soy Diego Tijerino, para servir a·
videncial, emprendió heroicamente aquella usted. Hice compañía con el maestro Teodor '
larga jornada. Al cabo de no sé cuanios días ro Rajacuero 1 el negocio iba muy bien; pero
llegó a León y lo primero que hizo fue pre- fíjese que mi socio da en componedor . del
guntar al cura en cuya casa se hospedó, qué mundo. CriHca, murmura, concurre a ¡un·
-6-
±as, lo acusan de andar metido en un plan pagar pasaje. La casualidad o su fortuna le
de revolución, lo buscan, se esconde, lo aira- sirvió a pedir de boca en aquel apuro. Su-
pan y lo mandan a Pun±arenas, donde se ha- cedió que el individuo que desempeñaba el
brá embarcado ya. oficio de fogonero, se enfermó en la travesía
-Entonces yo debo haberme cruzado de Panamá a Puniarenas y andaban buscan-
con él en el camino -dijo Canufo-, pues do una persona que quisiera sustituirlo. La
acabo de llegar del puerto. ocupación era recia; pero nada asus±aba a
-Así deberá ser -replicó Tijerino, y si- don c¡nuio cuando se iraiaba de ganar di-
guió franquilamen±e su interrumpida opera- nero. Se ofreció, fue admitido, y alimentó
ción. los hornillos del vapor desde Puniarenas a
-¿Y no dijo -preguntó Canufo-, dón- Amapala.
de pensaba establecerse? Deserhbarcó llevando el bolsillo regular-
-Sí; va a desembarcar en Amapala y de mente provisto y el corazón contento, en
allí a Tegucigalpa, donde se propone abrir cuanto podía en su situación. Felicidad com-
tienda. pleta no la habría para él, mientras no aira-
-Es decir que fengo que emprenderla pase a Rajacuero y le hiciera soHar el úlfi-
para Honduras, -exclamó Delgado, llorando mo centavo de lo que le, debía.
de ira-. Pero iodos esfos pasos y gas±os han Dispuso marchar a Tegucigalpa sin pér-
de cosiarle un ojo de la cara. dida de tiempo. Pero, aY el gasto? aCómo
Dicho es±o se marchó y fué a acomodarse haría para excusarlo? El engaño de la clere-
como criado de un hofel, por los días que de- cía no ,había de tener éxito ya. Reflexionó.
bían pasar hasta que regresara el vapor de Cavó y cavó en la profunda mina de su ima-
Panamá. ginaciqm y al fin dio con la vefa.
-{)eré médico -se dijo-; curaré o ma-
7 taré genie 1 recibiré lo que me den, y ¡ade-
lante!
A bordo de fogonero y en tierra de Desde aquel momento, don Canuto Del-
gado fue para iodos un estudiante de medi-
"Doctor Imaginario" cina que se había vis±o obligado a abando-
nar su patria por un disgusto de familia,
Don Canufo Del- cuando ya iba a obtener el grado de doctor.
gado no es el prime- Desde que ±ocó en Honduras comenzó a
ro que ha corrido ni ejercer la profesión, recetando aguas cocidas
será el último que o sin coc~r, ungüentos, saJ1grÍas, pediluvios;
corta en busca de suministrando píldoras de Ipiga de pan, pol-
un objefo que no vo de ladrillo en papelitos, 'y sobre todo mu-
podrá alcaí:J.zar. To- chas lavativas y de todas Qlases.
dos cuanfoi; vivimos Le daban tortillas, frijoles; y cuando el
en este m1Íhdo fan• paciente era acomodado, no perdonaba el
iásiico, vamos per- peso de la visita. Yo ,no sé cómo vino a ser
siguiendo alguna que don Canuto alcarizó g>:an fama de sabio
sombra impalpable que se nos escapa y S!' médico en aquel viaje. Contaban maravi-
desvanece cuando ya vamos a ±ocar¡a. Pre- llas de sus curaciones. ,,:Al;.baban sobre iodo .
guntad a los conquistadores, a los poli±icos, los polvos colorados (de ~adrillo), que ha-
a los sabios, a los codiciosos, a los enamora- cían prodigios, un caldo de gallo negro gen
dos, y si son sinceros os confesarán que cada que había salvado a un agonizante y la be-
cual escucha una voz misteriosa que le grita: bida de ''las sie±e sedas'', que consistía en un
''(Marcha, marcha!''; y obedeciendo a esa or- poco de agua caliente, con siete hilachas de
den del destino, sigue en pos de una quimera seda de diversos colores, con Ia cual había
que se va y lo deja, como se va el barbero de resucitado a un niño muer±o.
es±a historia, dejando siempre burlado a su Ejerciendo así la profesión por los pue-
perseguidor. blos, llegó a Tegucigalpa, donde lo esperaba
Si don Canuto hubiera sido filósofo, se un nuevo desengaño semejante a los muchos
habría consolado probablemente con esa re- que había sufrido en aquel viaje. Supo, a
flexión; pero era simplemente esclavo de don no dudarlo, que Rajacuero había estado en
Dinero y rabiaba al ver que al amo a quien la ciudad, abierto su barbería que llamó la
servía y a quien ira±aba de alcanzar, se le es- atención y tuvo parroquianos; pero que ±res
capaba cada vez que creía llegar a él. días antes, sin saberse por qué, había vendi-
Obedeciendo a la ley de su destino, cuan- do los pocos muebles que tenía y marchádo-
do fue tiempo de que llegara al puerto el va- se a Gracias.
por que debía llevarlo a Amapala, se :mar- Allá tuvo que dirigirse también don Ca-
chó de San José con el salario íntegro que nuto, representando la comedia del "Doctor
había ganado como sirviente del ho±el. imaginario", que yo escribiría si fuera Mo-
A Puniarenas llegó al mismo tiempo casi liére o cosa parecida. En cuanto al resulfa-
que el vapor, y desde luego se dio a pensar do, debo decir en conciencia que de los en·
cómo se gobemaría para que lo llevaran sin fermos que se pusieron .on sus manos, unos
-7-
pocos sanaron, afros cuantos murieron, y los aflojó las cinchas y quifó el freno a su cabal-
más se quedaron como estaban. ¿No es es- gadura. Desató en seguida las alforjas que
±o, poco más o menos, lo que les acontece a llevaba a la grupa, y sacando algunos comes-
los verdaderos docfores en el mundo entero? tibles, se disponía a ma±ar con ellos su ham-
bre y apagar su sed con el agua del arroyo.
En aquel momenfo llegó don Canuto
8 Delgado, que a una distancia como de veinte
pasos, vio y conoció perfecfamenfe a Raja-
Terrible aventura en la montaña cuero. Iba a lanzarse sobre él como un ±i-
gre de aquellas montañas sobre el descuida-
do cabrifillo, cuando vio Canu±o esfupefacfo
saliar de una quiebra que hacían las roca~
en la parte opuesta, a cuatro hombres arma-

~~
dos de machetes, que cayeron sobre el des-
prevemido viajero. Apenas tuvo tiempo Del-
gado para ocul±arse detrás de una peña des-
de d<Jnde, sin ser visto, podía presenci~r la
.q '• 9~ terrible escena de que iba a ser ±eafro sin du-
. ' ~ ~ : da, aquel agreste y solitario si±io de la mon-
q ±aña del Gallinero.
El barbero corrió a su silla de montar y
Llegado el Docfor Canufo a Gracias a ±amando un cuchillo que llevaba, se puso 'en
Dios, no pudo darlas por el resulfado de su guardia. La lucha fue obsfinada 1 y aunque
pesquisa. El impalpable barbero se había ±an desigual, sos±enido por Rajacuero con la
desvanecido como un fantasma. Pasó por desesperación del que pelea por su vida.
aquella ciudad sin dejar ni el polvo, y fomó Canu±o comprendió que aquellos crimi-
el camino de Guafemala. nales, que aguardaban sin duda a su víc±i-
-Me alegro -dijo el Docfor- 1 allá no m':', ~ quie~ debían haber vis±o, ienían por
se me escapa. ¿Dónde se ha de me±er que pnnc1pal ob¡e±o apoderarse del contenido de
yo no dé con él? las alforjas. Su propio interés le aconsejaba
Le siguió, pues, la pis±a 1 y según iba sa- salir y ayudar a defender aquel ±esoro. Tu-
biendo por las personas con quienes ±opaba, v'?. imp';'lso;9 de hacerlo, pero reflexionó y se
el fugitivo no debía ir muy disfanfe. Por su- d1¡o a s1 m1smo que un hombre solo y desar-
, pues±o ya no mon±élba aquella buena mula mado no podía ser de auxilio alguno al ata-
qué había sacado de Guá±emala y que ven- cado, y que si él se presentaba en la lucha
dió, sin duda, al embarcarse. Iba, según in- serían dos las víctimas y no una. Resolvió'
formes fidedignos, en un caballo más viejo pues, ayudar a Rajacuero desde su escondif~
y mañoso que el de don Quijo±e, aunque c~:m sus fervientes vo±os, los que por desgra-
no destinado, por desgracia a igual celebri- cm no podían serie de mucha u±ilidad.
. dad. Lo que sí conservaba eran las alforjas, Pocos minutos an±es, don Canuto habría
al parecer, reple±as, lo que consolaba a don dado cualquier cosa por estrangular a Raja-
'Canu±o de lo ruin de la cabalgadura, de que ', cuero,, ahol"a deseaba ardientemente verlo sa-
se proponía apoderarse. , lir sano y sa1vo y sobre iodo con las alforjas
Caminando así el uno ±ras el o±ro, llegó intactas, de aquel terrible lance.
el barbero a a±ravesar la cadena de mon±a- , No sucedió así por desgracia. El valor
ñas que separa la República de Honduras de del barbero no bas±ó contra aquellos cuatro
la de Guatemala, y a muy cor±a distancia, .malhechores. Hirió a dos de ellos 1 pero al
siguiendo el mismo camino, el infatigable fin cayó sin vida bajo los golpes de los asesi-
don Canu±o, que ±uvo cier±o presentimiento nos. Contaron éstos el dinero que contenía
de que en aquella serranía había de atrapar las alforjas y se lo dividieron, llevándose
al fin el que perseguía por mar y tierra des- también el caballo y la montura. Canuto
de ±an±os días. presenció la operación llorando a lágriina
En efecfo, una ±arde, comenzaba el sol viva. Veía desaparecer aquellos doscientos
á declinar, pero el calor de sus ardientes ra- pesos por los cuales había abandonado pa-
yos se hacía sentir aún con mucha fuerza. tria y hogar, cruzado tierras y surcado ma-
En el corazón de la mon±aña, rodeado de res. Se despidió de ellos con la mayor ter-
unas rocas muy alias y espantables, había nura, y cuando se alejaron los ladrones, se
un pradecillo por el cual corría un limpio y acercó al cadáver y tuvo valor para registrar-
claro arroyo que manando de las peñas, res- le los bolsillos, donde encontró unos vein±e
balaba mansamente por la llanura y se de- reales, que ±rasladó a los suyos, diciendo con
rrumbaba con es±répifo en una hondonada voz en±recor±ada por los sollozos:
allí vecina. Lo agreste y pintoresco del si- .-Del lobo un pelo.
tio, la hora y el calor, convidaban al viajero He ahí la oración fúnebre que el desco-
fatigado a ±omar algún descanso. Al del ro- razonado esclavo de don Dinero pronunció
cín hubo de parecerle adecuado el punía pa- sobre el cadáver, aun calien±e, de su antiguo
ra comer y pasar la siesta, pues apeándose, amigo.
-8-
9 ba muy de acuerdo con lo de haber andado
medio mundo, que contaba la iía.
La hermosa Gabriela Don Canuio, que no se había encontrado
hasta entonces frente a fren±e con más mu-
Abrumado de dolor jer que la misma doña Tomasa y doña Lu-
con±inuó su viaje don garda, la del incidente de los pantalones, se
Canuio Delgado, ga- quedó medio exiáíico en presencia de las gra-
nándose la vida en el cias de la doncella. Experimentó una sensa-
camirio honradamen- ción nueva, extraña, desconocida en el cora-
te con el ejercicio de zón, en el cerebro, en la sangre, en los ner-
su profesión. Esioy vios; no sabía dónde, y echando una mirada
por creer que a fuerza a su ±raje mugriento y a su capa raída, iuvo
de pasar por médico y una cosa como vergüenza o mortificación de
de hacer _veces de ±al, verse en semejante trapillo. Balbuceó algu-
el bueno del hombre había acabado por ser nas palabras entre cumplimien±o y saludo y
él mismo víciima de aquella farsa, persua- pidió permiso para re±irarse a descansar.
diéndose de que real y verdaderamente cu- Habían cambiado el cuar±o a don Canu-
raba. ¿No vemos a muchos poseídos de ilu- io. La Malabrigo ±enía un nuevo huésped,
siones semejantes? que llegó al misrno ±iempo casi que Gabriela,
Con su polvo de ladrillo, su caldo de ga- el cual era un estudiante de medicina, que
llo negro y su bebida de las siele sedas, vino ofrecía pagar bien. Para alojarlo, echaron
Delgado haciendo maravillas por los pueblos, fuera las prendas del ausenie y las llevaron
comiendo y ganando algún dinero. Llegó a a una pieza in±erio1A, que tenía puer±a de co-
Ocoiepeque, luego a Esquipulas y llamándo- municación con las habitaciones de las cria-
se siempre "Doctor", hizo al fin su en.trada das; puer±a que doña Tomasa condenó por
pública (porque lo vieron cuanios andaban la parie de aden±ro, por el qué dirán, y no
por las calles) en esia capi±al. por desconfianza, pues le cons±aba, dijo, la
hombría de bien de don Canuio. Esie se es-
Cuando se presentó en casa de la Mala- ±remeció al considerar que la caja de hierro
brigo, salió ésia a saludarlo y abrazarlo, llo- había andado de un cuar±o a o±ro 1 pero lue-
rando de alegría. Los airas huéspedes lo ro- go que se encerró en su camarachón, y regis-
dearon y saludaron, informándole de su sa- tró el cofre-fuerie, iuvo el gus±o de encontrar-
lud. Hasia los criados de la casa salieron a lo iodo como lo había dejado.
darle la bienvenida. En ¡¡eguida procedió a hacer la inspec-
Deirás de la pa±rona iba y venía una jo- ción de su caja, o mejor dicho, de su ±alega,
ven a quien don Canuio no había dejado en contando lo que lraía en la bolsa que le ha-
la casa y a quien no conocía. F\epreseiaba bía servido duranie el viaje, de almacén de
como diez y ocho años, era de medianp. es- víveres y de tesorería, y encontró dosci~_n_±os
±aiura, cabello casiaño, cariado y rizado so- diez -y nueve pesos, seis y medio reales. De
bre la fren±e; el color del ros±ro pálido 1 los esa St1ma; diez pesos era lo que había sacado
ojos grandes, lánguidos y avellanados; la bo- al pa,r±ir en busca de Rajacuero, y el resio
ca no muy pequeña, pero graciosa y con dos producía del salario que ganó como sirviente
hileras de menudos dientes, que ella gusiaba del ciego en Nicaragua, como criado en un
'de mostrar, sin duda, pues sonreía con fre- hoiel de San José, como fogonero a bordo
cuencia. La mano fina, el pie breve, el ±alle del vapor y como médico en los pueblos. Si
esbelto; en fin, una mujer hermosa, agracia- no logró, pues, recobrar los doscien±os pesos
da y zalamera. del barbero, ±raía algo más, ganado con su
Observando que don Canu±o veía a la industria en aquel viaje. Pero no estaba sa-
joven con alguna extrañeza, le dijo doña Te- ±isfecho. Lloraba la pérdida de aquella su-
masa:: ma y decía que si conociera a los ladrones,
-Esta niña es mi sobrina y se llama Ga- volvería a emprender la camina±a en su per-
briela, para servir a usted. Ha corrido car- secución, hasta sacarles lo que le habian ro-
ies; ha es±ado en San Salvador, Nicaragua, bado.
Cosia Rica, medio mundo, y ha venido a bus-
car mi sombra; quiero decir, a vivir cris±ia- 10
namen±e bajo mi protección. Es inocente co-
mo una paloma; y si no se ha casado, no Un avaro expuesto a las flechas de Cupido
crea usted que es por falta de pretendientes,
pues muchos y muy buenos le han salido; Don Canuio Delgado durmió muy mal
sino que no ha ienido voluntad, pues como aquella noche. Tuvo pesadillas en que se
dice el dicho, "casamiento y mortaja del cie- le representaron el barbero asesinado, las al-
lo baja". forjas robadas, la caja de hierro y caminando
La hermosa Gabriela se puso roja como de un pun±o a o±ro, como por el aire, y en
una pitahaya, en la par±e del discurso de do- medio de aquella extraña confusión, la figu-
ña Tomasa rela±iva a lo del mairimonio, y ra bella y simpáica de una poven blonda que
bajó los ojos con una modes±ia que no es±a- cruzaba arrastrando una larguísima cola y
-9-
seguida de media docena de adoradores, de ba±a suelfa y más }:inda que nunca en aquel
quienes n<;> hacía el menor CiiiSO. "deshabillé" es±repiió en la habitación, llena
de ±emor, y cerrando la puer±a, dando vuel-
Al siguien- ta a la llave que esfaba prendida en la ce-
te día doña rradura.
Tomasa lla- -Defiéndame us±ed -exclamó temblan-
mó apar±e a do-, del estudiante de medicina que me
don Canuto, persigue.
y con muchos Diciendo así, arrojó la llave por la ven-
circunloquios tana que daba a la calle, y con un soplido
le dijo que apagó la luz, .dejando el cuar±o en tinieblas.
. ~-- ": . ~: - ._. 1 as buenas
cuen±as ha-
cían los buenos amigos; que durante su au- 11
sencia se le había guardado cuarto, que no
se alquiló a o±ro, poJ;" no ponerle sus ±ras±os Entre la espada y la pared
en la calle; que por ±an±o, le parecía que pa-
gara la miiad de la pensión convenida al No había ±rans-
principio, esto es, cinco pesos mensuales; ya curido un minu-
que mientras estuvo fuera, no había dado to desde la inva-
lección a loa muchachos. Su ausencia había sión del cuar±o
sido de ±res meses, y por consJ.guien±e, debe- de don Canuto
ría pagarle quince pesos. por la hermosa
De espaldas se fue Delgado al oír aque- Gabriela y desde
llo. Dijo que lo que se le cobraba era un ex- que és±a apagó
ceso; que el cuar±o, ¡a iodo rigor, valdría doce la luz, dejando
reales; que él era un pobre 1 que h~;~bía gas- al héroe de la
fado enormemente en aquel viaje, sin ganar presente historia
un cuartillo, y que aunque quisiera, no ±en- a oscuras y lu-
dría cómo pagar quince pesos. chando en±re el temor y la emoción que tan
La patrona se sonrió con malicia al oír extraña avenfura le causaba, cuando se abrió
llorar miserias a su huésped, lo que consislia con es±répiio la puerta que daba a la vivien-
sencillamente en que ±enía vehementísimas da de las criadas, se iluminó el cuar±o y se
sospechas de que aquel pordiosero del vesti- precipitó en él un grupo de personas de a:rrt-
do charolado y la capa raída, era un ricazo bos sexos.
dé primera marca. A~ trasladar la caja, les A la cabeza del pelotón iba doña Toma-
llamó la a±enoión lo que pesaba, que J;i.o po- se Malabrigo, erizado el cabello, echando
día ser, dijeron, sólo el hieJ¡"ro de que es±aba fuego por los ojos, y ar:rrtada ·de una escoba.
cons±ruidi;l. 1 y agregándose a 'esto una u otra A su lado estaba la cocinera de la casa, eón
sombrlil q'\lE¡ había no±ado a don Ca~,"utó, aca- un hachón de oco±e encendido en la manó;
bó la Malabrigo p~r creer que aquella caja en segundo término los huéspedes, con espa-
encerraba un gra* caudal. Como sucede das y revólveres, y por úl±imo•.o±ras dos crilil-
sie;mpre, le suponían diez o quince veces más das con palos, y 1os hijos de la patrona.
dé lo que ±enia en , realidad. La astuta vie- La atribulada doncella, ¡¡tl ver aquella
ja, oídas las razone~ del huésped, le dijo que terrible aparición se levantó de la cama de
no se conformaba y que fra±arían de eso otra don Canuto, donde se había sentado, y pues-
vez. fa de rodillas, y las manos junfas, pedía per-
Don Canu±o veía a la hermosa Gabriela dón a su irritada fía. Don Canuto veía a
a ±odas horas y le parecía cada vez más he- doña Tomasa, a Gabriela, a los huéspedes,
chicera, aunque de vez en cuando no ±an a los criados y a los chicos, con aire de ±on±o,
inocente como la pintaba la ±ia. Has±a cre- y no acer±aba a pronunciar una palabra.
yó el malicioso Delgado sorprender una u Entonces la respetable señora, levantán-
o±ra mirada extraña en±re el estudiante de dose sobre la frente los anleojos que se ha-
medicina y la doncella, lo que le daba muy bía puesto exprofesamen±e, por la solemni-
mala espina. Sin ,embargo, Gabriela se mos- dad del ac±o, y enarbolando la escoba, se en-
traba muy fina y zalamera con él, y cuando caró con el confuso don Canuto, y excalmó
el inexperto joven le dirigía alguna frase un con voz enronquecida por la cólera:
poco equívoca, se sonreía y bajaba los ojos, -¡Seduc±or infame, ano le bastaba a us-
que velaba el pudor. Todo esto encantaba ted negarse a pagarme lo que me debe, que-
al pobre don Canuto, que poco a poco se iba riendo privarme del producto de mi trabajo;
sintiendo enamorado has±a los tuétanos. sino que además pretende mancillar el ho-
Una noche estaba tendido en su cama, nor de mi familia, atrayendo a es±a imprú-
vestido, repasando en su imaginación acalo- den±e y encerrándose con ella en alias horas
rada las gracias de la joven, cuando de re- de la noche (eran las ocho) , en su propia ha-
pente se abrió la puerta del cuarto con vio- bitación y a oscuras? aEs és±e el modo de
lencia, y Gabriela, medio despeinada, con la pagar los beneficios que me debe? aCómo
-10-
reparará usted, monstruo de ingratitud y de esperanza de un pobre y la manzana (le
incontinencia, el mal que nos ha causado? Adán tan grande, qu<;> más <era m<embriUo
Escuche usted, hombre cruel y bárbaro, mi que manzana. Corto d<e cu<erpo, y pi<ernas
resolución: o se casa usted den±ro de ±res d<esmesuradamenie Píolongadas, don Canuto
días con mi sobrina, o la do±a con diez mil era lo que me figuro yo sería Don Quijote en
pesos. Y agradezca us±ed mi moderación; sus veinte años. Agreguen us±edes, bellas
pues nadie ignora ya que usted es ±an rico lectoras, a tan extraña efigie aquel pantalón
como avaro, y que esta caja (y la golpeaba y aquella chaqueta que quizá hubiera aban-
con el mango de la escoba), está repleta de donado un pordiosero, aquella capa y aquel
oro· de arriba abajo. Conque, decídase us- sombrero que denunciaba a una legua su
ted pronto. O matrimonio, o dote; y ni un origen clerical, y digan si el sujeto era oomo
sentado (centavo quería decir doña Tomasa) para que lo deseara por marido, no digo ya
menos de los diez mil pesos. mujer joven y bonita, sino una a quien diera
-Y a usted- continuó la irritada ma- el sol por las espaldas y que fuera fea por
trona, dirigiéndose a la doncella-, válgale añadidura.
su inocencia y fal±a de mundo, pues le digo Con razón consideró, pues, don Canu!o,
que si no fuera porque sé que no ha hecho que el ±iro iba dirigido, más que a su desgra-
más que caer en las redes de este seductor ciada persona, a la caja de hierro, y se pro-
as±uto, otro gallo le can±ara. Vaya usted a puso defenderla con ±odas las potencias de
recogerse. su alma. Al efecto, pasó en vela meditando
Los huéspedes parecían horrorizados de el resto de aquella noche infeliz, y cuando
la conduc±a de don Canuto; las criadas de- comenzó a clarear el alba, había trazado ya
cían que a ellas nunca les había caído bien su plan de operacionE;>s.
aquel· sujeto piojoso, y los niños lloraban a
grito herido, sin saber por qué.
El pobre Delgado quiso protestar su in- 12
culpabilidad; pero nadie parecía creerlo; y
la verdad sea dicha, si usted, respetable lec- En brazos de un esqueleto
tor, o usted, amable lec±ora, hubiesen entra-
do con doña Tomasa en aquel cuarto, y en- Tres días había
centrando lo que ella encontró, no habrían dado la Malabrigo
metido las manos en el fuego por la inocen- a don Canuto Del-
da de don Canuto Delgado. ¡Oh, falsas apa- gado para que, o
riencias! ¡Con cuánta razón aconsejaba un reparara con el ma-
poe±a amigo mío que se desconfiara de vo- irimonio la honra
so±ras! mancillada de su
Se re±iró doña Tomasa con su acompa- casa, o indemniza-
ñamien±o, dejando a don Canuto solo, ence- ra la ofensa con
rrado en su. cuarto y lleno de confusión. Se una suma qul" era
puso a reflexionar y se dio a buscar en su fe- ·. superiOJ; a su ~osíc
cunda imaginación la manera de salir bien bil~dad. En efecto, el haber del avaro aseen-
de aquel apuro en que lo ponía su enemiga dí¡¡¡., con las ganancias que había hecho des-
estrella. de la muerte de sus padres, a unos cuatro
Preciso es confesar que el amor que co- ·m,il quinientos o cinco mil peSI!>S, y le exigían
menzaba a sentir por la sobrina de la Mala- diez. .iCómo era posible que los pagara?
brigo, descendió muchos grados con aquella Pero es el caso que Canuto juró aquella
aventura. El hombre no era ian ionio que noche, dos, ±res, diez, cien veces, que no le
no conje±urara que la escena había sido pre- sacarían un cen±avo, y ±ampoco quería en
parada por la vieja hipócrita, en conniven- manera alguna pagar con su persona. Para
cia con la doncella y quizá también con el esto tenía razones de gran peso. La prime-
estudiante de medicina (que, entre parénte- ra, aquellas inteligencias secretas entre la
sis, se llamaba don Juan Socarra), a quien moza y el estudiante Socarra, que le pare-
Delgado creía haber visto contener la risa cían muy mala base para un matrimonio.
con dificuliad durante el lance. La segunda, que había notado en la hermo-
-Mi apariencia- se decia a sí mismo sa Gabriela, una propensión al despilfarro
don Canuto-, no es como para enamorar a que chocaba al±amente con los hábitos de
la sobrina de doña Tomasa. Me creen rico economía del esclavo de don Dinero. La es-
y quieren concluir la obra comenzada por pléndida doncella se mudaba de limpio dos
Rajacuero y por los ladrones, dejándome en veces por semana, lo que parecía a don Ca-
la calle. Veremos. Trabajo ha de cosiarles nuio un lujo criminal. Después, gastaba en
desplumarme. los vestidos colas de dos varas; lo cual, acle-
En efecto, la parte fisiológica del esclavo más del desperdicio de la ie!a, ±raía consigo
de don Dinero no era de las más a±rac±ivas. la ruina de los ±rajes. Le chocaba igualmen-
Al±o, flaco, huesoso, con un bigotillo y una ie la profusión de adornos baratos que se
barberiia cuyos pelos podían contarse al ojo colgaba; y habiéndolo oído decir que había
desnudo; con el pescuezo más largo que la dado cinco pesos por un par de zapatos, que
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no le duraban más que un mes, había estado su cuarto y he venido a pedirle algún re-
a pun±o·de desmayarse del susio. medio.
-No es ésia -se dijo-, la mujer que a El es±udianfe sonrió maliciosamente, y
mí me conviene, ¡Guarda, Canuto! Fuera se disponía a decir a don Canuto que proce-
de lo del Socarra, que no es flojo, hay lo de dería a sacarle las muelas, cuando Delgado
la gasiadera, que no es de menos. En dos vio en una de las esquinas del cuar±o un ob-
meses se iría mi codo haber en ±rajes de cola, jeto en que no se había fijado al enirar y
joyitas y airas adamas. ¡A airo perro con que lo hizo estremecerse. Era un esqueleto
ese hueso) en pie, medio cubier±o con una como capa
Hecha esia reflexión, pensó y repensó encamada. El espanto de don Canuto cre-
cómo saldría ileso de aquel peligro. Su prin- ció al adver±ir que aquella osamen±a huma-
cipal empeño fue descubrir las relaciones en- na levantaba un brazo y lo llamaba. Se pu-
±re la inocente ±orioli±a y el hambriento ga- so a temblar de pies a cabeza y su horror
vilán que anidaba en la casa bajo la figura llegó al colmo, al advertir que el esquele±o
de esiudianíe. Sus observaciones del primer se movía len±amenie hacia él. Socarra vol-
día confirmaron sus sospechas, y al segundo vió la cara como horrorizado.
estaban és±as conver±idas en cer±idumbre. El esqueleto avanzaba. Don Canuto no
La amorosa paloma acudía de vez en cuando se movía. Seniía como si tuviera un quintal
a la jaula del ave de rapiña, en visitas de de plomo en cada pie. Llegó hasia él aque-
airo género, sin duda, que aquella con que lla terrible imagen de la muerie y levantan-
él fue favorecido. Pero el caso era sorpren- do los brazos, los dejó caer sobre los hom-
derla in fragan±i, y para eso se propuso des- bros de Delgado.
velarse una noche, dos, diez, cuan±as fuese Dio un grifo; hizo un gran esfuerzo so-
necesario. bre sí mismo y sacando fuerzas de flaqueza
Se puso en acecho y no ±uva que esperar echó a correr y no paró hasta su cuar±ó, don~
mucho ±iempo. A la segunda noche de vi- de se encerró bajo llave, pues le parecía qUe
gilia, en±re doce y una, advir±ió que por la el esqueleto le pisaba los ±alones y que iba
puer±a enireabieria del esiudianie iba en- a repetir su espantosa caricia.
trando una especie de serpiente cubier±a de
mil colores y de más de una vara de largo.
Fijando bien la a±ención, cayó en la cuenta 13
de que aquello que parecía serpiente, en la
obscuridad y a la distancia, era la cola de un Sencilla explicación del esqueleto
±raje cuya propietaria debía haber entrado
anies de su respec±iva cola. Si don Canuio al sa-
lir del cuar±o del es±u-
Así como suele decirse que por el hilo dianie se hubiera que-
se saca el ovillo, dedujo lógicamente don Ca- dado un momenio
nuto que pues aquella cola no debía mover- junio a la pueria, ha-
se por sí sola, era preciso que al9"una perso- bría podido oír las
na la arrastrara. Infirió igualmente que esa mal comprimidas car-
persona había de pertenecer al sexo femeni- cajadas con que la
no, pues el airo no usa semejantes apéndi- hermosa Gabriela y el
ces; y por úliimo, que la propietaria de la es±udianie Socarra ce-
cola, la que entraba en el cuarto de Socarra, lebraban el lance del esquele±o.
no podía ser aira que Gabriela, pues doña La explicación de aquel extraño caso es
Tomasa no había adoptado aquella moda, muy sencilla. El esqueleto esiaba allí, por-
ni ±ampoco las criadas, a quienes las ena- que servía a Socarra para sus estudios ana-
guas no les llegaban al tobillo. tómicos. La especia de capa colorada que
-Es necesario cogerlos, que me vean, ienía en los hombros, era una carpeta que
que no puedan negarlo, se dijo el acalorado por capricho le había puesio aquel estudian-
Canu±o y se lanzó iras la cola, en lo cual hu- fe, capaz de jugar, no digo con un esqueleto,
bo de salir burlado. sino con el mismo diablo en carne y hueso,
Llegó, pues, a la puer±a del cuarto, antes si lo hubiera a mano. Gabriela en±ró, y sin-
de que tuvieran tiempo de cerrarla; entró; tiendo que llegaba alguno, no encontró dón-
pero no encontró más que el estudiante, sen- de esconderse sino iras el esqueleto, favore-
fado junio a una mesa y al parecer embebi- ciéndola la capa colorada que pendía hacia
do en la lectura de un gran libro. airás. Cuando vio que el que eniraba era
-aOué buen vien±o -dijo Socarra-, Canuto, quiso hacerle una iravesurilla, por
±rae a esias horas por acá a mi amigo don una par±e, y por aira obligarle a salir más
Canu±o? que de prisa de la habitación. Hizo mover
Es±e ±uva ±iempo de recobrar un poco su el brazo al esqueleto, y después, ±amándolo
sangre fría y con±es±ó: en peso, avanzar hasia donde esiaba Canu-
-Un gran dolor de muelas que no me to, petrificado de espanfo, y por úlfimo, que
deja descansar, es el que me obliga a buscar le dejara caer los brazos sobre los hombros.
a usted. Me levan±é desesperado, vi luz en Hemos vis±o que la burla le salió a las
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mil maravillas, pues Canuto no volvió en sí me suma (quince mil duros) en que había
del susio, ni acertaba a explicarse cómo fijado Matraca la dote de la ofendida, al me-
aquella mujer que él casi había visio entrar nos alguna cantidad que absorbiera iodo su
en el cuar±o del es±udian±e, se convirtiera en haber.
la feísima figura que se había ±omado con En aquel conflicto, el más grave de su
él ian desagradables libertades. vida, apeló Canuto a los recursos de su inven-
Pasó una noche cruel; peor mil veces que tiva. Se propuso un plan, y lo abandonó;
si en realidad hubiera tenido el dolor de imaginó o±ro y lo dejó; combinó un tercero
muelas que inventara para justificar su ex- y tampoco le satisfizo; has±a que al fin, des-
temporánea entrada en el cuarto de Socarra. pués de ian±o pensar, llegó a fijarse en la
Tomaba aquel abrazo de la muerie como más inesperada, la más extraña, la más osa-
anuncio de su próximo fin, y temblaba den- da, la más heroica de las resoluciones que
tro de su chaqueta y sus pantalones charola- hombre alguno en sus circunstancias pudo
dos, que no se había quitado, echándose ves- haber discurrido. Es±a fue la de ... , pero es-
tido en la cama. fe capitulo de la novela va siendo ya bas-
El lance no al±eró, sin embargo, su reso- tante largo, y debo dejar para el siguiente
lución de defender la caja con ±odas las fuer- la explicación de lo qu!¡'l resolvió hacer en
zas de su alma, ni la idea firme que ±enia de aquel apuro don Canuto Delgado.
que por ningún concepto podía convenirle el
matrimonio con la coqueta y despilfarradora
sobrina de la Malabrigo. Hizo saber, pues, 14
a doña Tomasa, en términos explícitos, que
ni se casaba ni pagaba, lo que dio lugar a Un matrimonio de amor, apoyado en ocho
una escena tremenda, que alborotó no sólo
la casa, sino el barrio entero. La irritada razones de corweniencia
matrona lo .llenó de insul±os, y él a iodo res-
pondía con la mayor calma: "Ni me caso, Los hombres grandes, los
ni pago"; de lo que se daba al diablo la se- g e n i o sextraordinarios no
ñora, que terminó la borrascosa conferencia obran en las situaciones difí-
anunciando a don Canuio que le presentaría ciles como el común de los
acusación criminal. mortales. Sus resoluciones
Y cumplió su palabra. Comenzó el plei- llevan siempre cier±o sello de
to, que amenazaba ser largo y ruidoso. Don originalidad, y cuando no los
Canuto, por no gastar en abogado, hacía por salvan de los peligros (que
sí mismo sus escritos, que ya se deja enten- esto suele depender del des-
der cómo serían, siendo obra de quien no ha- fino de cada uno) , al menos
bía estudiado más que gramática y algo de hacen aparecer sus ac±os con
filosofía. Don Canuio hizo prodigios como un carác±er de superoridad y
médico; pero en aquella ocasión se acreditó elevación que exci±a el asombro de los pre-
de menos que mediano jurisconsulto. sentes y el aplauso de los venideros.
En cambio, doña Tomasa se había pues- Don Canu±o, en el gravísimo apuro en
to bajo la direc;ción del célebre Licenciado que se hallaba, ±omó una resolución digna de
Matraca, que· andaba enojado con don Ca- cualquiera de los hombres de Plutarco; una
nuto desde el lance de los pantalones, que resolución que ha admirado a sus contempo-
le había hecho perder muchas de sus clientes. ráneos y que consigna la historia con la ala-
El rencoroso abogado aprovechó aquella banza que se debe a los hechos heroicos. Es-
oportunidad para castigar a su antiguo y po- fa resolución magnánima fue . la de casar-
co honesto secretario. se, no con la joven y hermosa Gabriela, sino
Es±irando un poco el ar:lículo 295 del Có- con la vieja y fea doña Tomasa Malabrigo.
digo Penal, le hacía una acusación bastante
grave, y éuando llegó el término proba±orio, Las razones que, después de un maduro
presentó Matraca ocho testigos (los huéspe- examen, lo decidieron a aceptar, a él, joven
des de doña Tomasa), que declararon unáni- de poco más de veinte años, a una anciana
mes haber encontrado de noche, y ±arde, en- que barbeaba en los se±enia, fueron ocho, a
cerrados, en su cuarto y a oscuras, a don Ca- saber:
nu±o Delgado con la señorita Gabriela Mala- 1"-0ue casándose con doña Tomasa, se
brigo. Por más que hizo el acusado, no pu- coriaría el pleito que ésta le había ·eniablado
do desmentir a aquellos ±es±igos, ni desvane- y que llevaba ±razas de ierminar de una ma-
cer el cargo; y si bien describía el lance ±al nera desastrosa para él, causándole la pér-
cual había pasado, esie dicho no estaba apo- dida de su caudal.
yado en prueba de ninguna especie. El ne- 2•-0ue viniendo la Malabrigo a ser su
gocio presentaba, pues, muy mal aspec±o pa- esposa, entraría a manejar los iniereses de
ra don Canu±o; tanio que él mismo, leyendo es±a señora, que era más rica que él; pues
y releyendo el abuHado expediente, llegó a la casa era suya y valía más de seis mil pe-
convencerse de que estaba en grave peligro sos.
de que lo sentenciaron a pagar, si no la enor- 3•-No paaría los quince pesos que le co-
-. 13-
braba por alquiler del cuar±o en los ±res :me- par, cort una pelofa de cera, las pulgas que
ses que había estado ausente. anidaban por centenares en las cos±uras de
4•-La Malabrigo no podía esperar mu- sus medias.
chos años, quizá ni muchos meses de vida.
Es verdad que ±enía dos hijos; pero contando Al ver entrar a su
con la influencia que su condición de marido enemigo, a quien ha-
le habria de proporcionar, esperaba que la bía despedido de su
buena señora lo nombraria iu±or de los me- casa muchas veces
nores, lo que vendria a ser para el honrado sin lograr que se fue~
don Canuto, lo mismo que nombrarlo here- ra, se quedó la res-
dero. petable matrona, co-
5•--Sabía que doña Tomasa ienía aho- mo suele decirse, de
rrados, cuando él le manejó sus cuentas, unos una pieza. Asom-
doscientos pesos. Calculaba que en los ±res brada de ±anta des-
meses que había estado ausente, habría eco- vergüenza, sin acordarse en qué estaba con
nomizado oíros cien, y contaba con que esa el pie desnudo y el ves±ido levantado has±a
suma iría, desde luego, a su poder. media pierna, no se movió del si±io, hecha
6'--Se proponía introducir economías ra- una es±a±ua, con la media en la mano y re-
dicales en los gastos de la casa, pareciéndole cogiendo con la o±ra la indiscreta falda.
excesivos los que hacían. Por la mañana Don Canuto saludó, bajando los ojos mo-
daban a los huéspedes café con leche y dos destamente para no ver las gracias de la se-
platos. Debía suprimirse la leche y un pla- ñora de sus pensamientos. Esta, pasado el
to. Al medio día, cuatro pla±os. Con ires primer estupor que le causara aquella ines-
bastaba. Por la noche, café con leche y dos perada visi±a, se pu~o en pie, y siempre con
pla±os. Ahorraría la leche y un plaio. Ha- la media en la mano, prorrumpió en un agua-
ría, además, una ±en±a±iva de aumentar un cero de injurias. No hubo vocablo insul±an-
poco las pensiones, alegando que iodo es- te en el diccionario de la Academia y en el
iá muy caro. del mercado, que no lanzara a don Canuto,
7•-El mismo se alojaría y comería de que recibió la descarga con la serenidad del
balde. verdadero filósofo, sin interrumpirla; y cuan-
En conira de es±as sie±e razones, no ha- do la iracunda señora se hubo aliviado y
bía más que unat la edad de doña Tomasa. agotado los insul±os, le dijo con mucha cal-
Pero de és±a se reía don Canu±o, o mejor di- ma:
cho, era la oc±ava razón en favor del matri- -Vengo a proponer a us±ed un medio
monio proyectado. Si la novia fuera un po- de que concluya ese condenado plei±o que
co menos vieja, se decía, la cosa sería mala; me ha puesto; que nos está costando a los
pero con cerca de se±en±a años, no había ni dos un ojo de la cara y en el cual el único
qué pensarlo. ~Quién no carga con una an- que saldrá ganando es ese lagar±o de Matra-
ciana que ±iene un pie en la sepul±ura, con ca. Usied, mi buena señora, me ha puesto
±al de salvar su caudal y aumeh±arlo en o±ro este dilema: o dote o matrimonio. Vengo a
ian±o? decir a us±ed, amable doña Tomasa, que me
Hechas es±as reflexiones, se decidió el decido por lo segundo,
profundo y sabio economista don Canu±o -¡Ah! -replicó la señora, comenzando
Delgado, a pasar el Rubicón; es±o es, a hacer a aplacarse-; se decide usted a casarse con
a doña Tomasa Malabrigo la formal deman- mi sobrina. Eso ya es otra cosa. Usted ha
da de su blanca mano. reflexionado, ha oído el gri±o de su concien-
El que· diga que el matrimonio que iba cia, y al fin es±á resuel±o a reparar el mal
a con±raer don Canu±o, no era un matrimo- que ha hecho a esa desdichada. Bien. Voy
nio de amor, se engañará medio a medio. a llamarla, y no dudo que iodo quedará arre-
Cada uno ama lo que le acomoda. Delgado glado ahora mismo.
amaba el dinero, y por amor a él, iba a ca- -~Qué va us±ed a hacer, mi querida To-
sarse con la que podía ser su abuela. masi±a? ¿Quién le ha dicho a us±ed que
-Para luego es farde, se dijo el avaro, quiero casarme con su sobrina?
cuando ±uvo formada su resolución; y diri- -~Cómo?, ~cómo? -replicó la señora,
giéndose al cuar±o de su futura, entró deci- sin acer±ar a comprender lo que aquello sig-
dido a declararle su a±revido pensamiento. nificaba-. ~Que no quiere us±ed casarse?
~Pues no me ha dicho usied muy claro que
se decidía por el matrimonio? ~Pretende us-
15 ied acaso burlarse de mí?
-No, mi adorada Tomasi±a -dijo Ca-
Don Canuto pasa el rubicón nuto, hincando una rodilla en ±ierra-1 lejos
de querer burlarme, ofrezco a usted formal-
Es±aba doña Tomasa Malabrigo sen±ada mente mi corazón, mi mano, mi caudal, y
en un sillón, con el pie izquierdo descalzo no me levantaré de este si±io, mientras usted
sobre una iabure±e y los anteojos puestos, no consienta en ser mi esposa.
ocupada en la in±eresan±e operación de aira- -~Qué?, ~cómo?, ~quién?, ~a mí?, ~yo?,
-14-
¿,us±ed? -exclamó doña Tomasa, es±upefac- ±amar es±ado. La hermosa Gabriela recibió
±a-. ¿,Es verdad lo que escucho'? ¿,Habla la noticia con una estrepitosa carcajada, lo
usted de veras'? cual parecía a la tía una gran descortesía de
-Tan de veras -replicó el enamorado la sobrina; pero
repentino-, que si usted consiente en ser se consoló de
rrúa, quiero que ahora mismo lo sepa la ca- aquella b u r 1 a
sa, el barrio, la ciudad en±era. Procedamos con la reflexión
a correr las diligencias, y para que en iodo de que había en
haya perfecta igualdad entre noso±ros, usted ella su punfi±a
correrá con los gastos del matrimonio reli- de envidia. Los
gigoso y yo con los del civil. __ huéspedes dije-
Tan confundida estaba la setentona con ron a la pa±rona
aquel fortunón inesperado, que ni se fijó en que les parecia
lo ventajoso de la distribución de los gastos, resolución muy
pues el generoso don Canuto se reservaba prudente, y cuando doña Tomasa volvió la es-
lo que no costaba nada. palda, imitaron a Gabriela en lo de las car-
-Si us±ed habla seriamente -dijo doña cajadas. Las domésticas se rieron también
Tomasa-, es aira cosa. Bueno es pensar- a hurtadillas y declararon que su señora cho-
lo. . cheaba. El vecindario comen±ó la gran no-
Un amor ±an repentino ... , la diferen-
cia de edades ... , us±ed ve. , ¿qué dirán'?ticia durante cuatro días; ridiculizó al no-
vio y a la novia, y nadie dejaba de admirar-
-¿,Repentino, dice usted'? Si desde que
la vi, conoci que usted era la mujer según mi
se de que un hombre joven e inmensamente
corazón. ¡Diferencia de edades! ¿,Y qué son rico {pues esta idea se les había clavado en
ocho o diez años, que será lo más que usted la cabeza), se casara, por más que fuese su-
me llevará'? ¡El qué dirán! ¿,Y quién hace cio y feo, con aquel Matusalén con faldas.
caso de las hablillas del vulgo? ¿,De qué Llegaban es±as hablillas a oídos de los
matrimonio no murmuran'? Conque, decida- novios; pero las escuchaban como quien oye
se usted, y le prometo hacerla feliz. llover y hacian sus preparativos para la bo-
-Pues si usted fama fan±a determina- da. A fuerza de ruegos, logró doña Tomasa
que don Canu±o resolviera cambiar de ±raje
ción .. , yo le advierto lo que debo advertir-
le. En verdad que solemos parecer más gran- para el día grande. Para es±o lo que hizo
des de lo que somos . . Yo no le negaré a fue que el úl±imo del mes se constituyó en
usted que desde que lo ví, sentí un no sé quéuna casa de préstamos y rema±ó por vein±e
en el corazón; una cosa extraña, ineXplica- reales un pantalón de casimir que había sido
ble, que si hubiera yo sido más joven, ha- de un azul oscuro, tan usado y descolorido,
bría pensado que era amor. que ya no se sabía de qué color era, y una
levita de antepenúltima moda, por la que
En este camino las cosas, fácil es consi-
derar que la conferencia concluyó jurándose dió cinco pesos y que se las apostaba en lo
vieja y en lo ±raída, con los pantalones. Lo
los dos amantes ser el uno para el o±ro, y sa-
que no quiso comprar por nada fue sombre-
lieron cada cual por su lado, a dar las dispo-
siciones para el matrimonio, Don Canuto ro; diciendo que con arreglar un poco el
quería que la boda se celebrase con mucha del ±ío clérigo, quedaria mejor que si fuese
sencillez, sin pompa ni fies±a alguna 1 peronuevo.
doña Tomasa fue de contrario parecer. Dijo En seguida procedió el económico don
que esas cosas no se hacian más que una o Canuto a hacer las compras de comestibles
dos veces en la vida, y que era justo que noy bebidas para la fies±a, que se compondria
pasaran como un hecho cualquiera. Tan±o de almuerzo, comida y baile. Para el pri-
dijo la señora, ofreciendo, por aira parle, que
mero mandó hacer ±res libras de chocolate
el gas±o corría de su cuenta, que al fin hubo
con cacao de Guayaquil, azúcar mascabado
de consentir don Canu±o 1 pero con la precisa
y nada de canela, pues dijo que irritaba los
condición de que él había de encargarse de intestinos. El pan, declaró que era mucho
las compras de iodo lo necesario para la más saludable frío, porque el caliente pro-
fiesta. duda indigestión, y compró bara±os los reza-
-Como quieras, Canu±o mio -dijo la gos de las panaderías. Para los tamales es-
tierna y enamorada novia-, y entregó al cogió dos gallinas flacas en el gallinero de
fu±uro cien pesos para los gas±os, lo que nodoña Tomasa. La comida correspondió al
dejó de considerar és±e en sus adentros co- almuerzo, y para darle algún aire de cosa de
mo un gran despilfarro. "extranjis", ajustó con los cocineros de dos
hoteles que le vendieran las sobras del día
anterior. Compró dos cajas de vino ±orcido,
16 por mi±ad de precio; y así fue lo demás. Lo
cier±o es que haciendo cuentas del empleo
Preparativos para la boda de los cien duros que le había dado la seño-
ra, resultó que le sobraban cincuenta y cin-
Doña Tomasa Malabrigo dió par±e a ±o- co, de los cuales sacó lo necesario para las
da la gente de su casa de que se disponía a donas que debía regalar a la novia.
-· 15-
Consistían és±as en un v1e¡o vestido ver- amores y los felices cónyuges. Sucedió que
de, o±ro negro de lana y o±ro blanco de gasa habiendo procedido el avaro a plantear su
muy ajada, para la ceremonia. Dos pañolo- plan de economías, los huéspedes comenza-
nes, uno amarillo bordado de colores, olro ron a sen±ir hambre y calcularon que aquel
de ±ul negro y un chal de raso morado con régimen die±é±ico acabaría con ellos antes de
flores de los matices más vistosos. Las alha- una semana. Amenazados de morir de ina-
jas eran ±res anillos de oro ±urnbaga, un co- nición por una par±e, y obligados por oha a
llar de perlas falsas, un camafeo, en el cual aumentar las mesadas, no encon.l:raron más
lo de la cama es±aba muy demás y una pei- arbitrio que irse de la casa. Y lo peor fue
neta de hechura antigua de la±ón, con pie- que algunos de ellos se olvidaron, al partir,
dras que imiiaban diamantes. de liquidar sus cuentas, con lo que perdió
Tales eran las prendas con que dispuso doña Tomasa más de lo que habría ganado
el generoso don Canuio adornar a doña Te- en seis meses con las economías y con el
masa, que lo recibió iodo muy conienia y aumento de las pensiones.
alabó el garbo y sobre iodo el buen gus±o El único huésped que no se movió, re-
de su novio. Hizo, por supuesio, el gasio del sis±iendo al hambre y conviniendo en pagar
matrimonio religioso, y se quedó creyendo, el recargo de la mensualidad, fue el eslu-
o fingió creer que don Canuio hacía los del dianie de medicina. Sus razones iendría pa-
civil. ra ello.
Asis±ieron a la fies±a unas ochenia o cien Pero no fue ése el único quebranio que
personas, pues doña Tomasa esiaba bien re- iuvo que sufrir Delgado en aquellos días.
lacionada. Pidieron preslado un piano, y ±o- Una "ropera" a quien había dado cien pe-
cando la guiiarra uno de los huéspedes, se sos a usura, de la manera que él solía hacer
completó la orquesta. esos negocios, se alzó, y el fiador que ienía
Las jóvenes decían que don Canuio era se presenió iambién en quiebra, dejando a
un ionio, pues pudiendo haberse casado con don Canuio sin la menor esperanza de co-
la sobrina, que era muchacha y bonifa, car- brar aquella sumq.. Esfa grave pérdida lo
gaba con aquella vieja horrible. Las viejas, hizo renunciar a los negocios de banca. Al
por el contrario, opinaban que don Canuio vencerse las obligaciones que ±enía en la ca-
había dado pruebas de ser hombre de juicio, ja, las cobró, sin querer prorrogarlas, y juró
prefiriendo una señora madura, arreglada y no volver a dar un peso ni al"Sursumcorda".
juiciosa, a una niña frívola, que Dios sabe Pero no fue aquello lo peor. En esfa
qué dolores de cabeza le habría dado. fris±e vida, un mal, como dice el proverbio,
Doña Tomasa creía haber puesio pica en es bien venido cuando viene solo, y es muy
Flandes, pescando a los seienia un marido raro que no se presen±e acompañado, o se:..
hombre de bien, muchacho, no feo, y cocido guido inmediafamen±e de oíros. Así fue que
en pesos. Don Canuio, por su parfe, no es- ya por el desagrado de aquellos quebrantos,
faba menos sa±isfecho, creyendo hacer un ya por causas físicas desconoCidas, don Ca-
magnífico negoc.i-0', pues se casaba con . una nuto cayó enfermo, declarándose a los ±res
mujer más rica que él, y ±an vieja que no po- días de cama una peligrosísima y aguda pul-
día durar mucho. El uno y la o±ra conside- monía. Lo primero que hizo el avaro al sen-
raban aquel consorcio como una verdadera tirse malo, fue prohibir ierminanfemenfe a
ganga. ¿,Quién creemos acer±aría? Contes- su esposa que llamase médico.
taremos con lo que dice aquí la gen±e: "El -Yo en±iendo algo de medicina -dijo-1
corrido lo dirá". h<j ejercido la profesión, y sé lo que son esas
cosas. En±re el doc±or y la bo±ica se irá en
cua±ro días lo que ±erremos. Es necesario
17 que obre la naturaleza. Para ayudarle, dén-
me unos sudores de "güisqui!", y apliquen-
Grave enfermedad de Don Canuto y me al cos±ado, como cáus±ico, una hoja de
revelación de un secreto "chichicaste", que eso no cues±a nada y ade-
lanie.
Don Canu±o Fue necesario conformarse con la volun-
y doña Toma- iad del enfermo. Por desgracia, la naturale-
sa vieron le- za, de quien aguardaba él su curación, pa-
vantarse su luc recía impo±en±e para sobreponerse al mal,
na de miel en que hacía progresos alarmantes.
una atmósfera En aquella situación, el fu±uro Doc±or So-
serena y des- carra, sea por un sen±imien±o de caridad, sea
pejada. Em- porque ±uviese ya formado un plan que puso
pero, ±res días en prác±ica, ofreció a doña Tomasa sus s~r­
después de ce- vicios profesionales, advirtiendo que asistiría
lebrado el ma- a don Canu±o por amistad y sin que le ces-
frimonio, una fase un cen±avo.
ligera nubeci- Informado de es±a generosa ofer±a, hubo
lla fue a interponerse en±re el as±ro de los de consentir Delgado en ponerse en manos
-16-
del estudiante, que entró en funciones desde ±criadores, dejaremos al enfermo repitiendo
luego, desplegando un celo, un esmero, un "¡Zape!", a doña Tomasa administrándole
cuidado, que arrancaba lágrimas de gratitud las medicinas y a Gabriela durmiendo tran-
a la buena cie doña Tomasa. quilam.,n±e, y seguiremos los pasos del Doc-
Llamó Socarra como enfermera a la her- tor Socarra.
mosa Gabriela, que se prestó con la mejor En vez de encaminarse a la Escuela de
voluntad a asistir día y noche a su ±ío Canu- Medicina, en busca del profesor a quien dijo
to, como ella lo llamaba desde que se había se proponía consultar, se dirigió a una casa
casado con su tía. de diligencias y preguntó si podrían propor-
Mas, a pesar del empeño del médico y cionarle un carruaje de dos asientos para el
del cuidado de la enfermera, el mal se pro- puerto 1 bien entendido que había de estar
longaba y parecía rebelde a los recursos de listo aquella noche a las nueve, y cambiando
la ciencia. Doña Tomasa coménzó a cansar- caballos, debería llegar a Escuin±la al siguien-
se de la asistencia del enfermo y poco a poco te día muy temprano.
fue dejándolo entregado a Gabriela y a So- Le contestaron que el precio lo hacía to-
carra, que le inspiraban, por otra parte, la do. Replicó Socarra que no reparaba en eso,
mayor confianza. Ellos lo asistían durante que pidieran lo que quisieran, con tal de que
el día y lo velaban por la noche, mientras el carruaje saliera aquella misma noche y
doña Tomasa descansaba. Más aún, acon- llegara a Escuin±la a la madrugada.
sejaban a la señora que no empeorara la si- El propietario de las diligencias hizo sus
i).lación, exponi<;>ndo su salud; repitiéndol'i! cálculos y se dejó pedir ochenta duros por
que harían sus veces con el mayor gus±o, a el coche.
la cabecera del enfermo. -Es caro -contestó Socarra-; pero se
La fiebre no disminuía. Don Canuto co- pagarán; con tal de que se cumpla con las
menzó a delirar, lo que se conoció en que re- condiciones puestas.
p<;>±Ía a cada momento la palabra "Zape", y Le ofrecieron que aquella noche, a las
medio incorporado en la cama se volvía a la nueve en punto, estaría el carruaje a la puer-
caja de hi'i!rro, qu<;> estaba a la cabec<;>ra. Pa- ±a de doña Tornasa Malabrigo, y se despidió
recÍfi como si viera un gato que se acercaba el estudiante.
al cofre, y lo espantara. · Este por su lado, y la hermosa Gabriela
·-'-·¡Zape!; ¡zape! -repitió don Canuto du- por el suyo, estuvieron haciendo, con el ma-
rante toda la noche, ejecutando siempre yor secreto, durante el día, ciertos preparati-
aquella evolución significativa hacia la caja. vos, ocupando en esto los rnomen±os que leo;¡
Socarra y Gabriela espiaban los menores dejaba libres la asistencia del enfermo.
movimientos del enfermo. Después de un
largó rato, continuando el delirio y, repitien- Llegó la noche. Desde las siete se cons-
do siempre aquella palabra, dijo el estudian- ±ituyeron el estudiante y la joven a la cabe-
fe a la joven en voz baja: ,, cera de don Canuto, que continuaba deliran-
-aOyes? "Zape". Son cuatro letras. do y cuya fiebre no cedía. A las ocho obli-
¡Esa es la clave! garon a doña Tomasa a que fuese a descan-
' Un rayo de alegría diabólica iluminó el sar, Socarra le tomó el pulso y dijo que había
rostro de Gabriela quien poniendo e! dedo in- un poco de calentura y que la señora debía
dice sobre los labios, hizo seña a Socarra de rt"leierse en la cama ·inm<;>diatamente. Ga-
que callara. · briela, que se había apoderado del gobierno
de la casa, para ahorrar aquel cuidado a su
tía, hizo que las criadas y lós niños se acos-
18 taran también, de modo qué poco antes de
las nueve, iodos dormían, menos los dos asis-
"Zape" tentes del enfermo. Luego que estuvieron
solos, dijo Socarra a Gabriela:
Pasó la noche -Ouí±ale la llave.
sin que se advir- Introdujo és±a la mano arnmda de unas
ti era alteración tijeras pequeñas, bajo la camisa de don Ca-
alguna favorable nu±o. Es±e sintió el movimiento, levantó la
en el estado del voz cuanto pudo y gritó: "¡Zape!" 1 pero no
enfermo. Doña tuvo fuerzas para evitar que Gabriela cortara
Tomasa fué a re- la cuerda de que pendía la llaveci±a de la
levar a Gabriela y caja, que corno queda dicho, lle;vaba siern-
a Socarra. La jo- pre al cuello.
ven se retiró a su En:tregó la llave al estudiante, que se di-
cuarto a dormir rigía ya a la caja 1 pero en aquel momento
un ra±o y el estudiante salió a la calle, di- se abrió la puerta del cuarto y se presentó
ciando que iba a consuliar a uno de sus pro- doña Tomasa, envuelta en las colchas de la
fesores sobre la enfermedad de don Canuto cama.
y que volvería pronto. -¿Usted aquí, señora? -dijo el estu-
Usando de nuestro pleno derecho ·de his- diante en ±ano severo-. ¡Qué imprudencia!
-17-
aNo estaba usted ya acostada'? aPor qué se Hemos visto cómo la fiebre y el delirio
ha levantado? vinieron a servir a los perversos designios de
-He oido -contestó la señora-, un aquel mozo sin escrúpulos, y cómo las demás
gran grifo, y temiendo alguna desgracia, he circunstancias fueron combinándose na±ural-
venido a ver qué sucedia. men±e y de ±al manera, que pudo llevar a
-Pues ya usted ve que nada nuevo ocu- cabo su mal designio.
rre -replicó Socarra-. Don Canuto ha re- Advirtiendo la insistencia con que rape-
petido en voz más fuer±e esa palabra sin sen- tia el enfermo la palabra "Zape", y el movi-
±ido, efecto del delirio, y nada más. Vaya miento que hacia con dirección a la caja,
usted pronto a acostarse, o no respondo de comprendió Socarra que aqu<;>llo algo signi-
su vida. ficaba. Esa palabra debia ser la expresión
En aquel momento el enfermo abrió des- de una idea que preocupaba vivamente al
mesuradamente los ojos, paseó una mirada enfermo; y por una inducción lógica, adivinó
inquieta por el cuarto, y fijándose en el estu- fácilmente que en el delirio se escapaba a
diante y en la moza, los señalaba con el de- don Canuto lo que tenia encerrado en el
do, y con aire espantado repefia: fondo del alma, lo que conslifuia la clave
-¡Zape! ¡Zape! de su secreto.
Socarra le ±amó el pulso; adviriió que el Gabriela entró en el plan de robar al
mal hacia crisis, y casi a empellones obligó desdichado avaro, y ya hemos visto cómo
a la señora a salir del cuar±o. aquellos dos jóvenes descorazonados ejecu-
-No podemos perder un minuto -dijo-, taron el hurto y se marcharon, dejando al
luego que estuvieron solos. Se puso de ro- enfermo solo y afravesando una peligtosisi-
dillas delante de la caja y comenzó a hacer ma crisis.
jugar en el candado el alfabeto de la cerra- Mientras ellos corren a escape camino
dura. Puso la letra Z, luego la A, después de Escuin±la, a fomar el vapor que debe lle-
la P, y por úl±imo la E. Aplicó la llavecHa varlos fuera del pais, con el fru±o de su ra-
y se abrió la caja. Gabriela y Socarra son" piña, consii±uyámonos en el cuar±o del en-
rieron con expresión sa±ánica, se apoderaron fermo y veamos lo que alli pasa, después de
del contenido del cofre-fuer±e, sin perdonar la fuga de los que lo asisfian.
ni aun el cubierto de plata, y dejaron caer Desde las nueve de la noche hasta
la tapa, sin echar la llave. En aquel mo- las seis de la mañana del siguiente dia, lu-
mento se oyó el ruido de un carruaje que chó Delgado con la fiebre, y al fin, por una
paraba en la puer±a. de esas evoluciones que son el secreto de la
Hicieron dos líos del dinero; uno mayor naturaleza, triunfó ésta del mal, que comen-
y más pesado, con el cual cargó Socarra, y zó a ceder. Disminuyó la calentura y la in-
otro ligero, que llevó Gabriela. Cerraron la teligencia empezó a despejarse, como se des-
puer±a del cuarto d<?l enfermo; abrieron con peja la atmósfera, dejando penetrar al tra-
cuidado la de la casa que daba a la calle; vés de ,pardas y espesas nubes un rayo de
.acomodaron el tesoro en la caja del asiento sol; después de un prolongado y- recio tem-
del coché; el conductor sacudió un par de la- poral.
:tigazos a los dos primeros caballos de ~os . Comenzó "él" enfermo a. tener conciencia
l:ua±ro que tiraban del carruaje, y partieron. de su situación, Abrió los ojos y buscó en
derredor; a ver si habia alguna persona, pe-
ro no vio a nadie. En seguida hizo un pe-
19 noso <;>sfuerzo par levantar la mano y lle-
vándola al cuello, buscó alli alguna cosa.
En el cuarto del enfermo Enconfró la cuerda. Fue bajando la mano
y como no hallaba lo que buscaba, continuó
El proyec±o bajándola len±amenfe, pues sus escasas fuer-
de robar la ca- zas no daban lugar a un movimiento rápido.
ja de don Ca- Por úlfimo, focó el cabo del cordel; firó y
nuto Delgado, apareció éste, cortado, en su mano. Don Ca-
fue obra de nuto lanzó un grifo, que no obstante la debi-
1a imagina- lidad en que esíaba, fue bastante fuerte para
ción del estu- llegar a oidos de doña Tomasa, que estaba
diante Juan levantándose. Al oirlo, corrió a medio ves-
Socarra. An- ±ir a la habitación de su marido y tembló al
daba desde ver la expresión de ±error que presentaba la
muchos dias fisonomia de don Canuto.
antes buscan- -¡La llave!! -gritó éste- 1 adónde está
do la manera de asegurar el golpe, y sus pla- la llave'?
nes escollaban siempre an±e la dificultad de Doña Tomasa creyó que continuaba el
averiguar la palabra que encerraba el secre- delirió, y sin contestarle trató de volverlo a
to de la cerradura. Habia observado que acostar, pues estaba medio incorporado en
las letras eran cuatro, pero el trabajo estaba la cama. Don Canuto agarró por el puño a
en dar con ellas. doña Tomasa y sacudiéndola con una fuerza
-18-
de que nadie le hubiera creído capaz en su que el bello sexo no acostumbra fechar sus
siiuación, ·volvió a exclamar con acento de- carias. Decía así:
sesperado:
-¡Desdichada! ¿Dónde es±á la llave de Mi querida tia Tomasa:
la caja? ¡Me han robado!
Entonces comprendió la señora que aque- . Cuando us~ed reciba ésta, Juan y yo
llo no era obra del delirio; volvió a ver la 1remos muy le¡os. Vamos a casarnos a
caja y advirtiendo que estaba sin llave, la Nicaragua, contando con que usted no
abrió, y al ver que no había nada, se puso me negará su permiso y me dará su ben-
pálida como un cadáver. dición.
-¡Nos han robado!! -gri±ó-. Gabrie- A mi marido y a mí nos pareció jus-
la, Socarra, ¿,dónde estarán? Han salido del to y conveniente :tomamos lo que tenía
cuarto y alguno ha aprovechado el momen- mi tío Canuto (que ha resultado muy
to para hacer es±a maldad. poco, cinco mil pesos), porque usted re-
Don Canu±o al oír es±o, se arrojó fuera cordará que me dijo que debía darme
de la cama, metió las manos dentro de la diez mil por lo del cuarto, y así lo ha-
caja, y encontrándola vacía, cayó sin sentido bíamos convenido antes de que me en-
con la cabeza adentro. trara. No hago más, pues, que coger lo
A los' gritos de doña Tomasa acudieron que es muy mío, y todavía me quedan
las criadas y las gentes de las vecindades, ustedes debiendo otros cinco mil, que no
que creyeron había expirado el enfermo. Lo dudo me pagarán, si alguna vez mejo-
levantaron, le hicieron respirar é±er y reco- ran de fortuna.
bró el conocimiento; pero más le valiera ha- Adiós, querida tía; mil cosas a mi
ber pasado de aquel desmayo a la eternidad. ±ío Canuto, si es±á vivo; pues Juan dice
-¡Zape! -dijo, y lanzó una carcajada que quedaba en un "cris" muy peligro-
que horrorizó a iodos los presentes-. ¡Za- so. Usted cuídese y no olvide a su so-
pe!, hermosa Gabriela, -añadió- 1 ¡Zape!, brina que la ama y verla desea.
amigo Socarra. ¿Han vis±o ustedes a Raja-
cuero? ¡Cuidado con los ladrones de la mon- GABRIELA MALABRIGO
taña de Honduras! Ja, ja, ja, -volvió a car- DE SOCARRA
cajearse, mientras dos gruesas lágrimas ba-
jaban por sus mejillas. Posda±a.-Dice Juan que le regala el es-
-Está loco, está loco -dijeron los pre- queleto y que desea lo disfrute usted mu-
sentes; y era la verdad. La razón del desdi- chos años.
chado avaro, no pudiendo resistir a aquel
golpe, había zozobrado. Doña Tomasa estrujó aquella caria (que
recogió un vecino, que me la ha proporcio-
nado), y llorando de rabia decía:-
20 -Eso es, el esqueleto; ellos se llevan la
carne y a mí me dejan el hueso.
Epístola de la hermosa Gabriela
Mandó doña Tomasa
21
que llamaran a su sobri-
na y al médico que asis- Conclusión
tía al enfermo, para par-
±iciparles los dolorosos Don Canuto Delga-
acon±ecimien±os; p e ro do fué conducido al
nadie pudo dar con los hospi±al, pues doña To-
dos jóvenes por ninguna masa dijo que ella no
par±e. Encontrando que estaba en edad ni en
de sus respectivas habi- si±uación de cuidar lo-
taciones faltaban la ro- cos. Volvió a llamar
pa y demás objetos de a sus huéspedes, y al-
tal cual valor, surgió al momento en ±odas gunos han ocurrido, no
las imaginaciones la idea de una fuga, que pudiendo :temer ya que
na±uralmen±e se, consideró conexa con el ro- los mate de hambre el
bo de la caja. Doña Tomasa veía y no po- marido de la patrona.
día creer ±anta maldad de parte de su so- En cuanto al estudiante Socarra y a la
brina. Pasó el día en la mayor ansiedad, y hermosa Gabriela, supongo que no pueden
por la noche recibió una caria timbrada en ser muy felices, y que ±arde o temprano lle-
el puerto de San José, la que disipó sus últi- varán la recompensa de su mala acción. Si
mar ilusiones. Voy a reproducir ese docu- alguna vez tuviese yo noticia de ellos, no de-
mento, para edificación de mis lectores. No jaré de comunicarla a mis lectores.
tenía fecha, lo que no me choca, pues parece Y aquí concluye la verídica y galopante
-19-
historia del Esclavo de don Dinero; que si no ves inconvenientes de poner el alma y el
me equivoco, nos enseña, con las aventuras cuerpo, como él lo hizo, al servicio de ±al
y ±ris±e fin de don Canuto Delgado, los gra- amo.

TIO CLIMAS EN LA FERIA

1 fuertes látigos, gobernaban la ±ropa indisci-


plinada, que obedecía, más que al reclamo
El camino de la feria de la ±rompe±a, a los grifos y a las amenazas
de los arreadores. Cerraba la marcha el pro-
¡Bendi±o sea el pietario del rebaño, a quien no pude conocer
que inventó las desde luego, por las nubes de polvo que los
ferias! Es o de cascos de los animales levantaban. Disipa-
reunirse en un da un momento la espesa polvareda, recono-
es:trecho espacio cí en el dueño de la partida a un vecino, un
de :terreno un amigo, y me paré a aguardarlo.
número de bípe- Don Clímaco del Cacho es un hombre
dos racionales y que frisa en los sesenta, de complexión recia,
de cuadrúpedos enjuto de carnes, moreno de rostro, iodo él
irracionales cua- músculos y nervios, individuo capaz de pro-
tro o cinco veces mayor del que podría con- vocar la admiración del más exigente fisió-
tener cómodamen±e; asolearse, :tragar polvo, logo, o de ±en±ar a un ariis±a que quisiera
exponerse uno a que le empujen y atrope- :trasladar al lienzo el acabado fipo de un pe-
llen; ensordecerse con el ruido de coches y queño propietario de nues±ras mon±añas del
diligencias y con el que producen los herra- Oriente.
dos cascos de los caballos sobre las piedras De varios modos han ±ra±ado de descom-
del pavimen±o 1 iodo para ver y ser vis±o du- poner las gentes el nombre de don Clímaco,
rante algunas horas, o para comprar a~gu­ pero la contracción que más se ha generali-
nos novillos y muletos por la :tercera pade zado es la de Climas, que con el agregado de
más de lo que valen, no hay duda que me- "±ío", que los diplomáticos campesinos de la
rece la pena de sacar de sus casillas a una vecindad han escogido como un término me-
población ±an quieta y :tan cosfumbrera co- dio en±re el "don" y el "ño".
mo la de n\lesfra querida Guatemala. Al lado de don Clímaco venía la niña
Brígida, su cosfilla, casi de la misma edad
Pero como en es±e mundo cada cual .se que su marido, :tan envuel±a en carnes como
diviede como le acomoda y "sobre gustos él es seco, y con el apéndice de un mediano
-según dicen- no hay nada escri±o", sude- güegüecho, que la avara naturaleza no :tuvo
de que las dos :terceras partes, poco más o a bien conceder al cuello del consorte. Des-
meno¡¡, de la población quieren ir iodos los pués de saludarlos cor±ésmen±e, les hice por
años a emborracharse en la confusión de la costumbre las preguntas obligadas, de a
feria. Y no sólo van los habi±an±es de la dónde iban y de dónde venían.
ciudad, sino que muchos, aun de pun±os leja- -Venimos del "Purgatorio" -me con-
nos, hacen viaje especial para concurrir a testó don Clímaco, con un acento hueco, más
Jocotenango en esos días. propio, en efecfo, de una alma de la o±ra vi-
Confieso que también yo, partiendo del da, que no de este mundo- y vamos a la
remoto Oriente, como los reyes magos, he ve- feria.
nido a la feria, no para comprar ni vender, "El Purgatorio" es el nombre de la pro-
pues no soy comerciante; no para que me piedad de don Clímaco, situada a dos leguas
vean, pues en ello no ganaría gran cosa, sino de mi residencia.
para ver, oír y no callar. -¿_Nunca ha arreado us±ed novillos, ve-
Acabando de bajar la cuesta de Pinula, cino? -me pregun±ó el propietario.
me alcan~ó )lna numerosa partida de gran- -No, don Clímaco -le con±es:té- por
des marruferos de la raza bovina, dentro de desgracia; pues probablemente más cuen±a
la cual me encontré envuel±o, sin que pudie- me habría :tenido ocuparme en eso que en
ra mi mula ±ornar su paso acostumbrado. A o:tras cosas.
la cabeza del rebaño venía un robusto cam- -¡Cuen±a! -dijo don Climas, lanzándo-
pesino, que levantando un cuerno a la boca, me una mirada feroz. -¿_Y le parece a us-
de fiempo en fiempo, para guiar el ganado, ±ed que yo me voy a engordar la bolsa con
hacía despertar con sonoras voces del rúsfico este maldito ±rafe! Comprar los animales a
ins±rumen±o, los dormidos ecos de aquellas diez y doce pesos, para venir a dar lo grande
soledades. Tres o cua±ro mozos armados de a veintiocho y lo chico a veinii±rés, con plazo
-20-
para el agos±o; ¿eso dice us±ed que tiene zo caso; se aparió de mí junio al "hipógro-
cuen±a? aY dos ±oros muy galanes que se me mo'', mientras yo estaba comprando este mi-
ahogaron en una ciénaga por la Ceibi±a? co - y me señalaba uno que llevaba pren-
aY cua±ro novillos sinvergüenzas que se me dido en el ojal de la chaqueia- "dicho y he-
huyeron al día siguien±e de haber salido del cho", se perdió.
"Purga±orio"? aY pagar cada noche, a los -Pero conocerá el mesón -le respon-
dueños de haciendas por donde uno pasa a dí- y se dirigirá allá fácilmen±e.
real por diez cabezas, como si los caminos -1 Qué ha de conocer! -con±es±ó mi ve-
no fueran de la nación? Le digo, vecino, que cino- ni del nombre se acuerda. Pero, dé-
no sé cómo no se me ha pegado una fiebre jela que aparezca y verá us±ed cómo no vuel-
con ±an±as cóleras, y me quito el nombre si ve a perderse.
me vuelvo a me±er en negocios de cachos. Diciendo así y renunciando a buscar a
-Eso mismo estás diciendo hace cinco su perdida mi±ad, don Clímaco apar±ó, un
años y siempre volvés, -dijo la niña Brígida poco bruscamenie, a una persona que esiaba
con esa voz peculiar de las personas que pa- a mi lado, y se sen±ó.
decen del mal de que ella adolecía en la gar- -¿Qué le han parecido a usied las ca-
gan±a. rreras? -le dije.
-Pero ahora -replicó don Clímaco- -¡Ay!- me con±es±ó- con perdón de
he venido por ±raer±e a que conozcás la ciu- us±ed y de los sanies caballos que corren
dad y veás la feria, y nada más. bien; pero lo que no me cuadra es esa ''ca-
La señora movió la cabeza, como si du- cha" en que han dado los españoles de ha-
dara del desin±erés y la galan±ería de su ma- cer que esién los pobres animales dando
rido. Llegamos en eso a las inmediaciones vuel±a y vuel±a y vuel±a en aquella ruedoia,
de la ciudad. Mi amigo se dirigió con su has±a que se cansan. Si quieren divertirse,
ganado a un po±rero donde lo aguardaba el ¿,por qué no cuelgan un paio y lo corren ellos
que le había comprado la par±ida, y yo agui- mismos, a ver quién le arranca la cabeza?
jé mi mula, despidiéndome de mis vecinos. -Pero ésa, -dije yo- es una diversión
-En el mesón de San Agus±ín nos ±iene un poco bárbara, que no es±aría bien en la
para lo que nos mande -dijo don Clíma- ciudad.
co-, y echó a correr después de dos novi- -Será lo que us±ed quiera -replicó don
llos que, saliéndose de la par±ida, amenaza- Clímaco- pero allí sí se lucen los que saben
ban con seguir el ejemplo de los sinvergüen- andar a caballo. O si no quieren pa:to, ¿,por
zas que se habían largado a las mon±añas. qué no corren en el llano, o en las calles, en
lugar de dar esas vuel±as por el "hipógrafo"
que no sé cómo no se les aiaranian las cabe-
2 zas a los "patojos" que van en los caballos?
Al decir es±o, mi amigo se puso en pie y
Brígida se pierde lanzándose sobre una mujer de pañolón ama-
rillo yema de huevo y enagua carmesí, que
El 29 de No- acababa de pasar delanie de noso±ros, le dió
vieinbre,' a las un iiróh ±an fuer±e, que por poco no dió con
cinco de la ±ar- ella en iierra.
de, cansado de -Bríg. . . -exclamó don Climas, y co-
recorrer los di- mo a ese iiempo la del pañolón amarillo vol-
versos pun±os vió la cara para ver quién le daba semejanie
de Joco±enan- iirón, conoció que se había equivocado y
go, fuí a ±amar dijo,
asiento en uno -Dispense, chafa; pensé que era mi mu-
de los bancos jer. Un diablo se parece a airo. ¿No me la
contiguos a la plaza, para ver pasar a la mu- ha visio por "hay". Son idéniicas; has±a en
chedumbre. lo regordiio de la gargan ...
No haría un cuar±o de hora que me di- No acabó mi vecino de pronunciar la
vertía en contar los carruajes, cuanélo oí que frase, pues la irriiada ma±rona le lanzó un
me llamaban por mi nombre. Busqué enire aguacero de injurias, en las que "guanaco",
la mul±i±ud al dueño de aquella voz, que no animal de monie, salvajón, bes±ia y airas se-
me era desconocida, y pronio descubrí a mi mejan±es, fueron las más pulidas.
amigo, don Clímaco, que me preguntó, con El pobre don Clímaco volvió a seniarse
aire inquie±o, si por casualidad no había yo un poco amos±azado y se propuso no volver
vis±o a su mujer. A mi respuesia negativa, a "jalar'.- a otra mujer, aunque viera que
replicó el campesino: fuese la suya propia, en came y hueso.
-Las mujeres son como las mulas; lo En aquel momen±o pasó un coche iirado
que ellas quieren y nada más. "Gua±ema- por dos hermosos caballos negros, que lla-
la", le dije a ella, "no es el "Purga±orio" 1 maron la a±ención del hacendado, y me dijo:
aquí se pierde uno en un abrir y cerrar de -Con perdón de Dios y de usied, ¿esos
ojos 1 y más en la feria, con ±an±a gen±e, ±an- caballos de dónde son?
ios carruajes y ±an±os animales". No tne hi- -Vinieron de California -le con±es±é.
-21-
-aPor dónde queda esa hacienda'? -me -Y, acuál de ±odas -le pregunté- ele-
preguntó. giría usted'?
-No es hacienda -le dije- sino un país -Allí entraba el aprieto -dijo él- por-
distante; y para venir de allá, es necesario que no quisiera quedarme sin ninguna. Lo
embarcarse. que haría para no errar, era decir "sexta ba-
-Entonces -replicó mi amigo- esos llesta", o que me ±aparan los ojos como cuan-
caballos vienen de la otra isla. do juegan "gallina ciega", y me casaba con
Como sé que los campesinos emplean la que agarrara.
esa frase para designar Europa, comprendí
lo que quería decirme y le contesté que no
venían de la otra isla, sino de un punto más 3
cercano.
-Y, acómo vinieron'? -dijo él. Nueva invitación
-Por el vapor.
-Eso sí que no me lo hace usted tragar, Era ya ±arde. Pro-
vecino, aunque me mate. Que vengan ca- puse a mi amigo que
ballos en "napor", cuén±eselo a otro. aNo nos re±iráramos, y ha-
sabré yo lo que es "napor"'? aNo lo habré biendo convenido, nos
visto salir de la olla de los frijoles cuando se dirigimos a la ciudad,
están ''cueciendo''? abriéndonos e ami n o
-Pues ese mismo vapor -le dije yo- con trabajo y al través
que usted ha visto salir de la olla, u otro se- de la masa compacta
mejante, es el que ha hecho venir aquí esos de los concurrentes. Al
caballos y muchas cosas más. llegar junto a uno de
Pero advirtiendo por el aire de incredu- los arcos que habían
lidad con que me escuchaba, que sería inútil colocado en los extre-
entrar en más detalles, puse punto final a las mos del paseo, observé
explicaciones. que mi vecino se empe-
-.Y, ano sabe usted, vecino -me pre- ñaba en no pasar bajo el armazón de ma-
guntó don Clímaco- si venderán esos caba- dera y lienzo pintado.
llos'? Yo me arriesgaba a dar un par de cho- -Pasemos por aquí -le dije- tratan-
rros de cien pesos por ellos. do de hacerlo pasar bajo el arco.
- s i diera usted dos mil -lé conies±é- -Por bobo -me contestó- que !?ase
acaso se los venderían. airo. Ese animal está en el aire, y si se cae
-Dos mil palos les diera yo -exclamó al tiempo que yo pase, no quedo ni para pol-
mi vecino enojado. -El mejor caballo no vos.
val.., más de cien pesos, entre dos amigos. Había creído que el arco era de mampos-
Con dos mil co;mpraba yo ... a ver (y se puso tería y Il).o pude hacer que pasara debajo.
a con±a.r con los dedos). Doscientos novillos Entrapa ya la noche. Acompañé a don Clí-
que tr$yéndolos a la feria de Agosto, por lo maco hasta el mesón, donde se informó de
menos redoblaba el "pisto". ¡Dos mil pesas! la señora Brígida y supo que no había: lle-
-repe±ía-·- 1 estas gentes creen que porqúe gado.
uno es de fuera, se deja meter el dedo en la -No se ha de perdét -dijo mi amigo.
boca, así no rt1ás. Prenda con boca no la quiere nadie, y se
-No creo -le repliqué- tenga el due- metió en su cuarto.
ño necesidad de venderlos. Puede usted, -Mañana -le dije- estará Joco±enan-
pues, amigo don Clímaco, estar tranquilo y go ±al vez más concurrido que hoy. aOuiere
divertirse, sin pensar en los caballos. usted que vayamos'?
-¡Cómo no! -me contestó. -Pase us-
Calmado con esto mi vecino, se puso a ted por nosotros y verá lo que hago con mi
observar la concurrencia. Lo veía iodo con mujer para que no vuelva a perderse.
la curiosidad de un niño, y de vez en cuando Me propuse no faltar, pues había comen-
tiraba la cuerda al mono que llevaba en el zado a ±ornar gusto por las rarezas de aquel
ojal, con no poco entretenimiento de los pa- hombre original, y me despedí de él hasta
seantes. el día siguiente.
-Vea usted, vecino -me decía- seña-
lando a las damas que pasaban a pie o en
carruaje. -)Qué "chapinas'' éstas! Si más 4
parecen ángeles de los que sacan en las an-
das. Hasta en las colas son iguales. La feria otra vez
-Y en lo demás también, -le contesté.
-Ahora que no nos oye la Brígida -aña- Fiel a mi promesa, pasé el martes 30 a
dió- le digo a usted, vecino, que si yo en- las 10 de la mañana, al mesón de San Agus-
viudara, o si pudiera uno casarse con dos, tín y encontré a don Clímaco de Cacho con
me llevaba una de esas "chancle±udas" al el vestido de los días grandes. Se había
J'Purga±orio''. puesto una especie de saco o chaquetón de
-22-
,
pana verda con botones de metal, un chale- ésos, muchos hay que pudieran susii±uir con
co de la misma tela y pantalones idem 1 iodo ventajas a los viejos y carcomidos árboles dE!
ello tan viejo, tan. extrañamente cortado y este paseo. Jusio es decir que no se ha he-
tan raído, que juz- cho poqo para embellece¡j:}o, y natural espe-
gué d e b í a n ser rar que vaya completándose su ornamenta-
aquellas prendas ción. Vea usted esas hermosas calzadas que
bienes abolengos, conducen al hipódromo, esos kioscos qu<¡
iransmifdos de pa- adornan la plaza, ese carrusel para que sé
dres a hijos, duran- diviertan los niños, esos asientos para como-
te ±res o cuatro ge- didad del público, y conténtese con lo que
neraciones. Por lo hay, mientras puede ir haciéndose lo que
demás, nada de cor- falta.
bata, ni medias, ni Entretenidos en es±a conversaci6n, llega-
tirantes, ni otros objetos que ha inventado la mos al campo donde se ha construido el hi-
moderna civilización. Las "cufarras" que no pódromo,, que yo no conocía por haber vivido
usa sino cuando baja al pueblo, eran la única fuera dá la capital durante algunos años. El
protección de aquellos pies, más habi±uados sitio me pareció bien elegido. El panorama
a caminar libremente por el campo que no que lo rodea es digno de nuestra espléndida
oprimidos y angustiados, sobre el desigual naturaleza intertropical. V eia prolongarse
y nada cómodo pavimento con que dotó a delante de mi la extensa llanura, sobre la
la capi±al el Presidente Esiacheria. cual el otoño tendía su manio de amarillo
Hada apenas dos horas que había llega- matizado de vez en cuando con los verdes
do la señora Erigida, que después de andar fintes de la vegetación, que no ha muerto por
perdida ±oda la farde, preguntando por su completo fodavía. Al Noreste un espeso bos-
marido, como don Climaco inquiría por su quecillo y una de esas profundas cavidades
mujar, fue recogida y hospedada, entrada ya que las corrientes han ido formando con el
la noche, por una caritativa familia del ba- transcurso de los siglos. Más hacia el Norie,
rrio de San Sebas±ián. La pobre mujer daba colinas siempre verdes, y iras ellas las capri-
muestras de haber llorado, y como álcancé a chosas siluetas de las montañas, más azules
ver por allí cerca uno de los látigos de los cuan±o más distantes. Se prolongan en no
mozos que arreaban a los novillos, me re- interrumpida cadena, hacia el Occidente, ce-
veló aquel instrumento la crueldad del colé- rrando el vasto semicírculo que la vista al-
rico don Climaco. canza a distinguir por la parte Sur, las alias
La señora estaba hecha un pimpollo; crestas ele los volcanes ele la Antigua y de
puestas ya las enaguas de merino carmesí, Pamiya. Un cielo puro, donde el sol resplan-
adornadas con ±rencilla verde y echado sobre dece en toda su magnificencia, extiende su
los 'hombros el pañolón amarillo .yema de inmenso pabellón sobre ese panorama, que
huevo, bordado con sedas de los sieie colo- el más hábil pintor no acertaría a reproducir
res' del arco iris. sino débilmente.
Al llegar a la puerfá del mesón/ cion Cli- Bs±o es lo que ha hecho la naturaleza.
máco sacó da una de las hondas l::iolsas del En cuari±o a lo que se del;>e a la mano del
chaquetón un lazo de a medio real,, y atán- hombre, vi con gus±ó ,él circo para las carre~
dolo fuertemente a la cintura de ~a dama, ras, de unas se±ecien±as Cincuenta varas d¡>
le dijo: extensión, los bonitos !:i<'lbellcnes que se han
-Camine, a ver si ahora se pierde. construido para los espectadores, el kiosco
La pobre mujer, que no habíii olvidado para la música, el palco dé 16s jueces, los sa-
probablemente el látigo del arreador, echó lones de tiro, etcétera.
a andar sin decir palabra, caminando a cor- -No hay duda -dijo don Climaco-,
ta distancia don Climaco del Cacho, que lle- que iodo está muy bueno, y lo único que no
vaba la cuerda por un cabo. me pesa es que hayan hecho el "opóbromo''
Puede considerarse que aquel hombre, en figura redonda y no a lo largo.
que conducía a una mujer como si fuera pe- -aCómo decís que se llama'? -pregun-
rro de ciego, provocaría la hilaridad y las tó la señora Brígida.
bromas de los que advirtieron el incidente. -"Porógromo", mujer -le contestó don
Atravesamos así la calle principal que con- Clímaco, que no acertaba a pronunciar lapa-
duce a la plaza. labra dos veces del mismo modo.
-Vea usted, vecino -me dijo don Clí- -Y, ¿para qué le pondrían ese nombre
maco- iodo lo que hay aquí me parece muy inglés, tan enredado'?
galán, menos esíos árboles que son más vie- -No es inglés, sino griego -dije yo.
jos que mi abuela. Si usted tiene que ver -Peor esiá que estaba -·-replicaba fío
con los señores del Juzgado, digales que, si Climas-. La derecha hubiera sido ponerle
quieren, yo les despacharé cuatro docenas de plaza de caballos así como hay plaza de ±o-
maquilisguaies para que los siembren y qui- ros, o de cualquier otro melito no ±an difícil.
ten esía vejestoria. Mientras nos ocupábamos mis amigos y
-Muy bueno sería -le contesté- aun- yo en aquella cuestión filológica, los propie-
que dudo que se aclimatarían. Pero si no tarios de los caballos que debían correr se
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ocupaban en combinar una carrera. Se cru- campana y par±ieron, guardando el más pro-
zaban las apuestas, preparándose los jockeys fundo silenco la numerosa concurrencia que
o jinetes, y estaban inscritos cinco caballos rodeaba el circo. Mi amigo lanzó un agudo
para la próxima pareja. Nos acercamos a y largo silbido
examinarlos. Don Clímaco vio muy despa- y comenzó a co-
cio dos californianos que iban a correr, y mo- menzó a ani-
vió la cabeza de una manera significativa. mar con sus
-Muy galanes son los ingleses -dijo- gri±os al retín-
pero pierden. tillo, siguiendo
Consideré aquel juicio de mi amigo co- los diferentes
mo efecio del espíritu de localismo, y le con- sucesos de la
testé: carrera con ±al
-Pues yo pongo por uno de esos que inquiefud, ca-
usted llama ingleses-; y en efecio, aposté mo si fuera en ella iodo el valor de sus tres-
cinco pesos por un alazán californiano. cientos novillos.
-Vecino, -me dijo don Clímaco- ¿en -¡Oué viva el Gamo! -gritó de repen-
cuántos "credos" corren los caballos la rue- te. -Perdió el inglés, a ver mi peso.
da del "bicógromo"? Era así, en efecto. El caballo del país
-Aquí -le contesté- el tiempo no se había llegado el primero a la raya.
mide por "credos", sino por segundos-; y El individuo que apostó con mi vecino
sacando mi reloj, añadí: -vamos a ver lo sacó un billete de su cartera y lo alargó a
que ±arda la carrera. don Clímaco, sin decir palabra.
-A mí para nada me sirve ese anima- Mi amigo lo miró con sorpresa y le dijo:
lito -replicó mi amigo. -Voy a contar uno, -¿Y ésto qué es? Pisto quiero yo y no
dos, ±res, cuatro, cinco y así para adelante. papel sucio.
Desde que salgan hasta que lleguen. -Pero si es un billete de banco -res-
-¿Hay quién quiere apostar al Gamo? pondió el otro.
-dijo una voz- 1 yo voy contra él. -Y, ¿,para qué diablos -dijo don Clíma-
-¿Quién es Gamo? -preguntó mi ve- co- quiero yo banco de papel? Yo nunca
cino. he necesitado de esos instrumentos para ..
-Ese caballiío reiin±illo cerezo, del país, Una carcajada del dueño del billete, a
que va a tomar parte en la carrera. la que hicieron coro unos cuantos individuos
-¿En el que está montado el "patojo" a quienes habían atraído los gritos y con.±or-
de chaqueta y montera colorada? siones de mi amigo, cortó muy a tiempo la
-El mismo. frase, cj.emasiado naturalista que iba a soltar
-Pues a ése sí que apuesto yo un don Climas. ·
peso -dijo mi vecino-, y sacó un pañuelo Etsuje±o sacó una monedad<;> ocho rea-
de algodón en que llevaba atadas unas cuan- les y la entreg6 al campesino, que la exami-
tas monedas. nó por amba~ caras, y viendo una pied]Ca ~hí
-Convenido, .-·-respondió el que había cerca, levanto en alto el duro y lo dejó caer,
promovido la apuesta. para asegurarse. por el sonido de que no era
-·Pues, ''casémonos'' -replicó c;ion Clí- ,falso. ' . · · ··
maco.
-¿Oué quiere us±ed decir? -preg~n±ó
el otro. 6
-Oue saque la plata y qu<;> se la demos
a mi vecino para que la guarde junio con El aguardiente
la mía.
Advirtiendo que el sujeto comenzaba a Eran las tres y
enfadarse con aquella desconfianza de mi media. El ejerci-
hombre, le dije que la precaución era inne- cio nos había des-
cesaria, y que yo le respondía por el peso. pertado el apetito,
-¿Se obliga usted -me dijo- con ±o- y habiendo pro-
dos sus bienes habidos y por haber, "apoie- puesto a mi amigo
cando" al animalito que tiene en la bolsa? y a su esposa que
-Me obligo. comiéramos en el
restauran± y acep-
tado ellos la invi-
5 tación, diez minutos después nos colocarnos
delánte de una mesa bien provista de platos
La carrera de caballos y botellas.
Ahorraré a mis leciores la relación de
En aquel momento los caballos ocupa- las excentricidades que tío Climas dijo e hizo
ron sus puestos. La ansiedad, hija más del durante la comida; pero estoy obligado a de-
amor propio que del interés, se revelaba en cir, como historiador verídico, que el vino
los semblantes de sus propietarios. Sonó la fue abundante y que muy pronto subió la
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parte alcohólica que contenía, del estómago sospechar que se hubiesen vuelio a "El Pur-
al cerebro de mi amigo. No diré que esiu• ga±orio'', largándose Como suele decirse, a la
viera borracho; estaba alegre y nada más. francesa. Pero no era así. El 4 del corrien!e
Salimos y nos meiimos enire la mul±i±ud mes, en momentos - en
de los paseantes, llevando siempre don Clí- que me disponía yo a
maco la punta de la cuerda con que iba ala- salir de mi hotel con el
da la señora Brígida. objeto de dar una vuel-
En la calle que de Jocoienango va a San ±a por la ciudad, vi apa-
Sebastián adverií que la mujer de mi amigo recer a mi vecino, que
caminaba delanie de mí y que la cuerda después del saludo de
arrastraba por el suelo. Me volví a uno y costumbre, me explicó
o±ro lado para ver qué había sido del fío Cli- la causa de su momen-
mas; pero ni su sombra. Lo buscamos por táneo eclipse.
±odas partes sin dar con él, hasia que, cansa-
dos ya, nos sentamos en uno de los sofás de -Adivine, vecino, -me dijo-, qué he
la plazuela con la esperanza de que al fin andado haciendo desde que nos vimos.
aparecería. Le contesté que no podía saber en qué
Fue así, efeciivamenie. Como una hora se había ocupado, y añdió:
después, vi llegar a don Clímaco, pero ¡en -Pues he andado buscando por ±oda la
qué estado, oh cielos! Venía dando tumbos ciudad el chaquetón de mi "agüelito" que
a uno y otro lado como un buque en el mar ''me se'' perdió, no sé cómo, en la feria; que
agitado por la borrasca. Había perdido el malhaya sea ella, y yo, por ionto de haber
chaquetón verde y una de las cufarras. Al ido. Yo sabía que estos "chapines", sus pai-
vemos, quiso, en un arranque de ±ernura sanos, son muy satíricos para eso de robar;
conyugal, abrazar a la niña Brígida, que es- pero no había observado nunca que fueran
quivó la caricia extemporánea, dándole al fan vivos que le quitaran a un cristiano la
consorte un empellón que estuvo a punto de ropa del cuerpo sin que lo sintiera. Si hu-
hacerle comprar terreno en la plazuela. biera yo esiado "bolo" aquella ±arde, pase;
-¿Conque ahora vos fuiste el perdido'? pero, ¡quéf, "nian" había olido el aguar-
-dijo la niña Brígida. -¡Lástima que no diente.
tenga yo aquí el chicote de arreador, para -Y, ¿qué diligencias -le pregunté- ha
ajusfarie las cuentas. Vamonós 1 y para que hecho usted _Para encontrar la prenda'?
no volvás a perderte, voy a hacer con vos lo -He andado -me contestó- pregun-
que hiciste con yo. tando de tienda en tienda y hasta por las ca-
Diciendo esto, se quitó la cuerda y la.aió sas, si han llegado a venderla. Por consejo
a la cintura de don Clímaco, que es±aba inca- del mesonero, fui a pegar unos papeles en
paz de hacer la menor resistencia; ±al había las puertas de las iglesias, aunque ±uve que
puesto al desv_eniurado una perversa botella pagar seis reales al escribano que los hizo;
de aguardiente del país que acababa pe con- pero iodo fue de balde. Aquí iodos son muy
sumir en un esianca. hombres de bien; pero mi chaqueta no apa-
Aco:mpañé a mis vecin6s J:tasfa .el mesón rece. Y le aseguro, vecino, que no me voy
y tomando en peso al, e_brio enfre la señora sin ella, aunque tenga que ir al Juzgado, a
y yo, dimos con él en la cama, donde no far- la Suprema Corte, a la Asamblea y hasta con
dó en dormirse, tartamudeando en sueños, el Obispo a reclamarla.
no sé qué de apues±as, de banco, de Gamo, -Y, ¿como en cuánto la estima usted'?
de parejas y otras cosas que danzaban en -le dije.
aquel cerebro alcoholizado. Sólo la palabra -Mire, vecino, -me contestó-; nueva,
"hipódromo" se le enredó de ±al modo entre cualquiera hubiera dado por ella quince pe-
los dientes, que nadie hubiera podido decir sos; pero ahora que ya está algo usada, la
lo que era, ni en qué lengua hablaba. daría yo por catorce con siete y medio y cuar-
Y con esto termina, queridos lectores y tillo, y de ahí no rebajo más, "que me hor-
amabilísimas lectoras, la relación de las aven- quen". Eso pido por la chaqueta, y además
furas de ±ío Climas en la feria de Joco±enan- me han de entregar trece pesos que tenia
go, siendo muy posible que vuelva yo a en- amarrados en un pañuelo en una de las bol-
contrarlo en otros puntos de la ciudad, an- sas de afuera, un rosario de perlas de la Eri-
tes de su regreso a "El Purgatorio". gida y una baraja que tenía en la otra y una
espuela poblana que cargaba en la de pe-
cho.
7 -Pudiera ser -le contesté- que se en-
contrara el chaquetón y aun los objetos que
El chaquetón verde estaban en dos de las bolsas; pero en cuanto
a los frece pesos, ya es otra cosa; creo que
Algunos días habían transcurrido desde debe usted despedirse de ellos para siempre.
el 30 de Noviembre; y como en aquel lapso Don Clímaco se puso pálido, después ro-
no encontré en ninguna parte a mi amigo jo y luego verde, al oir que no volvería a
don Clímaco ni a su costilla, comenzaba a juntarse con su dinero en este mundo.
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-Pero, señor -me dijo- ,3de qué sirve Y luego, en letra más pequeña:
entonces tanio "perejil" que hay en la ciu-
dad, si no se ha de encontrar mi pisto? El mar±es, día 30 del que espiró en Jo-
Viendo el apuro· de mi pobre amigo y cotenango, se desapareció un gabán vul-
deseando ayudarlo a recobrali' las prendas go chaquetón, propiedad del que habla
perdidas, estuve pensando a qué arbi±rio po- de pana verde, con diez botones de oro
dría recurrirse. Después de haber pensado a quien se lo qui±aron del cuerpo, qu¿
un buen ra±o, le dije: contenía en una de las bolsas de afuera
-Creo haber dado en el blanco; vamos 1rece pesos en moneda de! cuño y una
a poner un anuncio en el "Diario de Centro baraja, para jugar un rosario de perlas
América''. entrefinas, con una espuela en la de
-Y, ,3quién es ése'? -preguntó don Clí- adentro. Tiene el valor entrínseco de
maco. ser cosa heredada del otro iiempo. Se
. -Es -le con±;>sié- un papel que se im- gratificará con un peso al que lo presen-
pnme iodos los d1as 1 que compran muchas tare en el domicilio de mi habitación.
personas para leerlo; que oiras leen de pres- pues de lo con±rario, perseguiré com~
tado y que contiene dos páginas de avisos, reo de rapio al que lo oculiare ante los
entre los cuales hay muchos de pérdidas pa- tribunales.
recldas a la de usted. Allí pondremos el CLIMACO DEL CACHO,
anuncio del chaquetón verde. (qu'T vivo en "El Purgatorio"}.
,-Y con eso, ,3es seguro que me lo entre-
garan con iodo lo que cargaba adentro? Dos veces leí aquel extraño anuncio y
-Seguro, no; pero probable, sí. Será lo devolví a mi amigo diciéndole: '
necesario escribir el aviso; y como yo, por . -Biel?' esiá. yr<¡>o que no hay para qué
desgracia, no sé escribir ese género de li±e- vanarle n1 una coma. Uévelo usted luego
raiura, no ofrezco a usted redac±arlo. Bus- a la oficina del Diario.
q~e al e¡;¡c;;ribano, como usted le llama, que -·-,3No es verdad que esiá como manda-
h1zo los que puso en las iglesias, y que le do hacer? -dijo don Clímaco. -El escriba-
haga este otro. no me lo leyó y vi que iodo lo declara bien.
. -.-Y le tengo que dar oiros seis reales De qué era, qué botones ienía, lo que carga-
-d1¡o don Clímaco. ba en las bolsas y hasia el lugar donde vivo
-Y oiros do~ pesos más -dije yo- que para que l? lleven. ': oy a q!'-é lo pongan.
d~be7á usted pa~ar' po~ la inserción del anun- Traba¡o me cosio no re1rine de la sim-
Clo en unos cuantos numeres del Diario. plicidad de mi amigo que se marchó deján-
-·-Otra ie, pego -exclamó mi vecino. dome con no poca curiosidad de ver' en qué
Yo pensé qu~ n<? cobrapan nada por eso; pe- paraba aquello .
:ro ya voy Vlerido que aquí ni agua dan de . , No pasó una hora sin que volviera, di-
balde. Clendome que estaba el aviso entregado y
pagado. . ·
-.3Y lo léyeron? -le pregunté.
-·-No -·-:me dijcp-; sólo les éncargué que
8 lo pusieran y me vine.
El anuncio
Se despidió don Clí- 9
maco, salí y no volví a
pensar en la pérdida del Leyendo el periódico
chaquetón. Pero al si-
guiente día se presentó T r e s días después
mi hombre con un pa- apareció don Clímaco
pel en la mano. en mi casa y me pre-
-Aquí está -me di- guntó si había visto su
.. ·' jo- el aviso para el "Vi- anuncio en el papel.
. ,, . cario'' de Cen±ro Amé- Le dije que no había ±e-
nca ; se lo irmgo, vecino, para que usted co- nido tiempo de leer los
mo capaz que es, vea si está bueno avisos de los úliimos
. .Limpié las gafas, iomé el papei y leí lo números; pero que los
s1gu1ente, escrito en letras muy gordas: veríamos inmediata-
mente. Tomé el del día 7 en±re los muchos
¡¡¡ATENCION!!! q~e a};)':'nd:",b":'h sobre las sillas y mesas d,\'l
Anuncio interesante n:'' ha):>1iaC1on y comencé a buscar el anun-
Clo del chaquetón verde. Don Clímaco es-
Una buena gratificación por el allasco taba muy con±en±o, esperando ver cuándo
de un gab.án y demás objetos útiles y lo mencionaría.
necesanos que contenía anies de -"Abogado y notario. . . (leí en±re dieri-
que se perdiera ±es}, un novillo blanco ... 1 se alquila ... 1 la
-26-
Compañía Hamburgo magdeburguense .... 10
Banco ...
Aquí me interrumpió mi amigo, dicien-
El mon~epío
do con mal humor: -Vamos -le
-Dale con el banco. Ese ha de ser el contesté, tomando
mismo que me ofrecía aqu~l niño .con quien '· mi sombrero y mi
aposté en Jocotenango. S1ga, veCino. ' caña-, a ver si da-
-A ver. . (continué leyendo) "Solita- mos con el dichoso
ría . . Un perro cazador. . . Pacific Mail chaquetón. Sali-
S±eamshp Company .. Y; mos a la calle, an-
-Eso -dijo tío Climas- debe ser grie- duvimos arriba y
go, como el nombre del "hidógromo". Sál- abajo y después de
±eselo, vecino, no lo lea. una marcha fatigosa, pasamos delante de un
-"Se ha perdido (con±inué yo), una Montepío. '
chachoverra color de ratón, ojos azules cla- -Entremos -dije a mi amigo-, tal vez
ros orejas cortadas, una manchi±a sobre el aquí esté lo que buscamos., . ,
pe~ho, cuerpo largo y delgado. . . se dará -Bueno -me contesto-, y s1 aqu1 me
una gratificación . . salen también con que los desacredi±?, les
diré muy claro que quien se desacred1ta es
-''Chachogua'' -interrumpió mi ami- quien coge lo ajeno contra la voluntad de su
go- debe ser mentira del "impreniero", Lo dueño, y no el que cobra lo que es suyo.
que quiso decir es que se ha perdido una Una multitud de personas de ambos se-
"chichigua" color de ratón, pues he visto mu- xos y de diferentes clases se agolpaba de-
chas así, con los ojos claros, como dice el pa- lante del mostrador. Era día de remate y es-
pel, y manchi±as en el pecho; largas y delga- taban pregonando la heterogénea colección
das y cortadas las orejas. Deje usted, voy a de objetos empeñados.
popér cuidado y como yo "tope" una que es- -"Una gUitarra, ~in clavijas y sin cuer-
té criando y que tenga las demás señas, la das, rajada en la boca" -gritaba el dueño
llevo, para que me den la gratificación. del establecimiento. -"Ofrecen un peso.
aHay quién puje? aHay quién dé más?".
-"Muebles y cajas mortuorias . . (se- Como nadie chis±{> palabra, la desencor-
guí leyendo). Convocatoria . Joyería fi- dada y desclavijada guitarra fue entregada
na Leña de encino . . . Un buey berme- al que ofreció los ocho reales.
jo. . Vino con extracto de hígado .. -·-"Un tomo de 1$. Historia de Bertoldo,
-¡Achís! -dijo mi amigo-; no lea eso, Bertoldino y Cé.casenq, a la túsfica y trunco,
y siga a ver si está mi aviso, que eso no re- en un real. aHay quién dé más?".
vuelve el estómago. y fue tambien e11±regado al postor.
-~ "Discursos de Casielar. . . Sanguijue- -.-"Una jeringa de bomba,_ ?-esc:ó~pues­
las . ±a, por cuatro reales. ~Hay qmen puJe?
-·-Y:, aporqué no pondrán también -di- , -"Un paraguas ~;in forro, un retrato dEl
jo dol'l Clímaco arrebatándome el dia,rio- Napoleón, un florero quebrado, un acor¡leó11;
sapos y culebras? Pero mi anuncio, nada. qu~ no suena, una muñeca sin cabeza y un
Voy a d.ecirles a los del "Vicario" cuántas ar.ete de caucho zonto; iodos por doce reales.
son cinco. aHay quién ofrezca más?
-"Una chaqueta de pana verde, usada,
Se fué y tardó poco en volver con un pa- un rosario de perlas falsas, una baraja y una
pel roto en la mano. espuela poblana, iodos por ±res pesos, dos
-Vecino -me dijo con el mayor des- reales y cuartillo. aHay . . ?".
consuelo y casi saltándosela las lágrimas-; -Eso es mío -gritó don Clímaco. -A
iodo lo que usted ha hecho para encontrar ver mis prendas y los ±rece pesos que car-
mi anuncio, fue tiempo perdido. No han gaba en las bolsas de la chaqueta, o nos
querido ponerlo y me devolvieron la paga. oirán los sordos.
-.-aY qué razón le han dado a usted pa-
ra rehusarlo? Trabajo me cosió calmar a mi vecino y
convencerlo de que si quería recobrar sus co-
-Dicen, vea usted qué salida, que mi sas, no había más arbitrio que comprarlas.
aviso no es cosa seria, sino alguna broma o Por fortuna no hubo quien las pujara, ni se
sátira, que no me lo insertan por ningún di- presentó el que las había empeñado. Mi
nero, porque se desacredita el "Vicario". Pe- amigo dijo que no daba más que doce reales
dí que me lo devolvieran y lo sacaron de un por los cachivaches, pues era lo sumo que va-
montón de papeles sucios que #enen bajo el lía iodo, pero el almonedero se maniuvo fir-
mostrador de la ±ienda. aOué hacemos ve, me, y al fin, jurando y renegando, tuvo don
cinc?, yo no me voy sin mis prendas, Clímaco que largar lo que pedían. Cargó
aunque para hacerme de ellas tenga que de- con sus cosas y arrancando un profundísimo
sacreditar al "Sunsuncordia". suspiro, dijo al salir del Moniepío:
-27-
-Adiós mis ±rece pesos, hasia el valle de la casta Susana y del Hijo pródigo, un
de Josafa±. espejo pequeño y unas disciplinas destina-
das a las frecuentes y crueles correcciones
que aplicaba a los discípulos aquel maes±ro,
11 que ±enía arraigado en el cerebro el axioma
de que "la letra con sangre entra".
El barbero antiguo El maestro Perfec±o era un sujeto impor-
tante en su barrio y antes de haber sido bar-
En±re los talleres de aria- bero, desempeñaba, en ±iempo del Rey, el
sanos de la capital que se cargo de correo, haciendo viajes hasta Nica-
han modificado más o me- ragua y a Oaxaca. Con razón decía, pues,
nos percep±iblemenie con el que él era hombre que había andado medio
transcurso de los tiempos, mundo, que nadie podía con±arle cuentos, y
ninguno ha experimentado cuando alguno hablaba de viajes, se sonreía
transformación ±an radical, con lástima, diciendo en sus adentros: "To-
como las antiguas barberías. do eso y mucho más conozco yo".
La generación que es±á le- Recuerdo que una vez me dijo que el
vantándose ignora lo que clima de una de las ciudades donde había
fueron, cincuenta años hace, las tiendas de es±ado era muy malo; y preguntándole la
barbero de la ciudad y no sabe ±ampoco causa, me con±es±ó con la mayor formalidad
cuán múl±iples eran las funciones de los que que consistía en que en aquella población el
se dedicaban a ese impor±an±e oficio. Para sol salía por el Nor±e. Aunque niño lodavía
edificación y enseñanza de la juven±ud, que y a pesar de mi respeto por las canas y por
es la esperanza de la patria, conviene sumi- la experiencia del viajero, la cosa se me hizo
nistrarle ciertos informes acerca de los anii- difícil de ±ragar y aven±uré una ±ímida obje-
guos fundidores de mejillas y trasquiladores ción al aserio del maestro Rapacara.
de ganado humano, an±es de con±ar lo que Indignado éste de que un joven dudara
en una de las modernas y más elegantes bar- de lo que él mismo había vis±o, replicó en
berías de la capital aconteció a nuestro ami- fono colérico:
go don Climaco del Cacho. -Pues si lo duda, vaya usied a verlo,
He dicho que las funciones del barbero niño, y se convencerá. La prueba de que
eran varias en aquellos iiempos y que el ca- allá nace el sol por el Norie y no por el Orien-
rác±er del personaje no carecía de importan- ±e como aquí, es que en Guatemala sale el
cia. Efectivamente, el ·que ejercía' el ar±e, !;"a- sol por de±rás de la Ca±edral, y en aquella
suraba, o resura.ba, como decirnos por acá, ciudad sale a un lado de la iglesia.
cariaba el cabello, sangraba y sacaba mue- A juicio del bueno del rapis±a, era el or-
las; añadiendo a esas cuádruples funciones, den del universo el que es±aba variado en la
la qui:i:J.±a, de maes±ro de primeras le±ras. ciudad de que me hablaba y no la posición
Para prqbar que el oficio debió ser co- del ±emplo principal. Es±a anécdoia, que es
rriente, basJ.ará recordar que én aquellos do- completamente histórica puede dar idea .del
rados tiempos eran poquísimas las personas provecho que había sacado de sus viajes
qué se hacían la barba a' si mismas; que no aquel su±il observador.
había den±isias 1 y que los cirujanos desdeña-
ban las operaciones de sangrar y extraer
muelas. Se hacía preciso, pues, ocurrir para 12
iodo es±o al barbero, que venía a ser, por con-
siguiente, un personaje indispensable en una Tío Climas en la barbería
sociedad medianamente organizada.
¡Sombra venerable del maes±ro Perfecto Ni las barberías
Rapacara! ¡Me parece ±odavía que ie veo, ni los barberos de
en calzón cario de paño negro y chaque±a nuestra época son
muy larga de algodón; envuelto en la capa, ya como los de ha-
cubierta la cabeza con el sombrero de cas±or, ce cincuenta años.
ancho de faldas y bajo de copa, que dejaba Ahora, ¡qué de ro±u-
escapar sobre la nuca la coleia empolvada, lones dorados, cuyo
atravesar con paso percipitado desde las sie- brillo fascina la vis-
±e de la mañana, las calles de la ciudad! ta de los que pasan!
Tu Henda contenía una silla vieja y me- ¡Qué de aparadores
dio descompuesta, con un asien±o duro como cerrados con crista-
si fuera de piedra; una mesa donde estaban les, conteniendo ja-
los útiles del oficio, un banco que ocupaban bón de varias clases, cepillos de diferenies
los ±er±ulios del barbero, y uno o dos niños formas y destinados a diversos menesteres,
de seis a ocho años de edad, que aprendían perfumes, peines, navajas, guantes, jeringas
a leer y aiendían más a lo que se hablaba de caucho, y hasia jugue±es para niños! ¡Qué
que a las lecciones del pedagogo. Pendían sillones cómodos y elegantes, que podrían
de las paredes cuatro es±ampas de la his±oria servir de cama en caso necesario! ¡Qué de
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brochas mecánicas pendientes de poleas y colección de útiles de tocador- para qué
puestas en acción sobre la cabeza del sujeio son?
sin que se vea el moior del aparato! ¿Qué -Todas es±as cosas -le contesté-, ±ie-
de grandes espejos con I"f'arcos dorados! ¡Qué nen su oficio, sirven pa-
de periódicos sobre las mesas y cuánia genie ra contribuir al aseo o al
de la clase rica que pone el cuello o la cabe- adorno de la persona, y
za en manos de un barbero italiano, francés, las que no son de uso del
inglés o alemán, a quien no conoce más que establecimiento, están a
de visia! Porque algunos de los maestros la disposición de quien
que tienen hoy esiablecimienios abier±os en quiera comprarlas.
Guatemala, si no han ido ±al vez a Oaxaca o -No seré yo -repli-
a Nicaragua, como Rapacara, han venido de có-, el ionio que dé un
allende el mar y no creen seguramente que real partido por la mitad,
el sol salga por el Noríe en ninguna par±e, por iodos esos cachiva-
aunque Dios sabe en qué otras cosas creerán. ches. Si quiero asear-
En una de esas elegantes y bien arregla- me, en ninguna parie falta agua clara, y pa-
das barberías en uno de los pun±os más cen- ra adornarme cuando se me anioja, basia y
trales de la ciudad, hube de en±rar cier±o día sobra con mi "mudada" de pana verde y
del corriente mes 1 y como los dos sillones es- mis botones de escudiios de a cuatro reales.
taban ocupados y había airas dos sujetos Mucho "pisio" han de iener esios "chapi-
aguardando, me senté a esperar nú ±urna, en- nes", cuando lo gastan en iodos estos "tili-
±re±eniéndome en recorrer un periódico ''ilus- ches", que malhaya la falta que hacen para
trado", mientras concluía uno de los maes- comer, beber y estar uno aseado.
tros y podía operarme. Una de las personas
a quienes se afeitaba, hablaba inglés con su Volviéndose luego a uno de los barberos,
barbero, y la o±ra conversaba con el suyo en le dijo:
alemán. -Y por fin, maestro, el "turnio" aviene
No habría pasado un cuar±o de hora, a pelarme o no viene? Ya me canso de
cuando oí que decían en la puer±a que da a aguardarlo.
la calle: Compl'endí la equivocación de mi amigo
-,3Aquí será donde "pelan" a la gen±e? y le dije que el "furnou y no ~~furnia", que
Conocí al momento aquella voz y levan- se le había dicho que aguardara, era su vez
tando la cabeza, vi a mi vecino don Clímaco, de $er llamado al sillón, luego que hubiesen
a quien no había vuelto a encontrar desde el concluido los que habían llegado antes que
rec¡obro del chaquetón verde. Sin aguardar él.
respuesta, mi amigo había enirado y repetía -Yo creí -me dijo- que era alguno
la pregunta. de los barberos que tuviera los ojos torcidos,
-Aquí es -le con,iesió uno de los bar- y que ése había de venir a pelarme; pero
beros-; siéntese usted y aguarde el iurno. ya 'Se ve como éstos no hablan bien la "cas-
-Lo aguardaré, cqn ±al que vuelva lue- tilla", y le llaman "iurnio" o iurno a cortarle
go -dijo el du,eño de "El Purgatorio", que a uno el pelo y "resurarlo".
habiendo advertido mi presencia, me saludó ' Habiendo concluido uno de los que se
y se senió s~n, ceremonia, en una silla que es- estaban afeitando, que era uq al13mán de fa-
faba ocupada ,,con el sombrero de fieltro de lla, colosal, se levantó, pagó y ¡::omenzó a bus-
uno de los afeitados. ca,r su sombrero por iodos lados. No encon-
Lo que ocurrió después y lo que mi veci- trándolo y recordando que lo había puesio en
no hizo y dijo en la barbería, será objeio de la silla en que esiaba sentado don Clímaco,
o±ro capítulo, a fin de que no sea és±e ±an suplicó a éste, en castellano chapurreado,
largo como la espera que tuvimos que hacer, que se levanlara.
para entregar nuestra cabeza y nuestras me- -¿Qué es lo que quiere éste'? -me pre-
jillas a la tijera y a la navaja de los suceso- gun±ó mi vecino.
res del ilustre Rapacara. -Que le dé usied su sombrero -le con-
iesié.
-¿Y qué sombrero le tengo yo'? -repli-
13 có el campesino, montando en cólera. -Pre-
gúniele si me lo ha dado a guardar para que
me lo cobre.
El alemán El ±euión, que medio comprendió la ne-
gativa de mi hombre, lo levantó en peso co-
Con inquieta curiosidad recorría don Clí- mo si fuera un muñeco, ±omó su sombrero
maco desde la silla en que se había sentado, que estaba hecho una pasa, y con la flema
los diferentes objetos expuestos en el estable- propia de los de su nación, se marchó sin
cimiento, sin descubrir la necesidad o u±ili- decir una palabra.
dad de la mayor par±e de ellos. Los que presenciamos el incidente no pu-
-~Y todos esos "cuentos" -me dijo mi dimos dejar de reírnos, así de la calma del
amigo, después de haber pasado revista a la alemán, como de lo amostazado que quedó
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don Clímaco, que se disculpaba diciendo que -Yo me afei±o solo y diariamente -le
¡dónde se había vis±<? que los sombre~os se con±es±é.
pusieran sobre los aS1en±os y no deba¡o, co- -¡Diariamente! -repitió iío C 1 i mas.
mo él ponía el suyo! -Eso, perdóname, no se lo creo, ni que me
lo jure. Sería preciso que no :tuviera usied
nada que hacer, para perder así el tiempo
sin necesidad.
14 -¿.Y qué dirá usied, -repuse yo-, si
le aseguro, como es la verdad, que cuando
:tengo que concurrir a alguna reunión por las
La afeitada noches, vuelvo a afeitarme, después de ha-
berlo hecho por las mañanas?·
Veinie minuios -¡Dos veces al día! -exclamó mi ami-
después estaban go estupefacto. -1 Qué azoies me daba el
libres los dos si- diablo si hiciera yo semejante casal
llones y fuimos En eso concluyó el barbero su operación
llamados mi ami- y después de haber lavado y enjugado el
go y yo a ocupar- ros±ro de fío Climas, ±amó la borla con pol-
los. vos de arroz y pasándola por las mejillas y
-Bien -dijo barba, se las dejó comple±amen±e blancas.
d o n Clímaco- Mi vecino que se vio en aquella catadura en
pero es menes±er el espejo que ±enía delante, salió de la silla
que me diga el maestro cuán±o me lleva por hecho un demonio y gritó:
resuratme" y por npelarme".
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-Esfo sí que no lo aguanfo, maestro.
-Dos reales por cariar el pelo y dos por ~Acaso estamos en carnestolendas, ni esioy
afeitar -dijo el barbero. yo aquí jugando con nadie para que me lle-
-Es caro -replicó mi vecino. -Si me ne la cara de harina, que me ha dejado co-
hace las dos cosas por dos y medio me me±o mo raión de panadería?
en el sillón, y manos a la obra. Si no quie- Diciendo así se sacudía el polvo a ±oda
re, me voy con la música a aira parle, que prisa, con no poca admiración del barbero,
no ha de fal±ar dónde :trabajen más bara±o. que no esiaba acostumbrado a parroquianos
Sin que mi amigo lo entendiera ( dije al de aquella falla.
barbero que yo pagaría la diferencia y que
procediera a afeiiar y cariar el pelo a aquel
parroquiano. Le dijo, pues, el maesiro, que 15
le pagara lo que quisiera; con lo cual se di-
rigió al sillón, se senió, no sin algún susió, Corte de pelo
al sentir que se hundía el asien±o, efecto na-
tural de los resortes; pero :tranquilizado al Procuré :tranquilizar a
ver que no había peligro y sí comodidad en mi vecino, diciéndole que
la buiaca, dijo: así se usaba en Guatema-
-Lo que no inventan esias genies de la la y recordándole el pro-
aira isla no lo invenia nadie. ¡Qué sillón verbio que dice: "A la tie-
más sabroso! Algo debe :tener adentro, que rra que fueres, haz lo que
se sien±e uno :tan a gus±o, Si yo supiera qué vieres"; con lo que parecip
es, compraba para mon±ar a caballo. Em- conforme, aunque asom-
piece, maes±ro 1 pero váyase con mucho tien- brado siempre de tan ex-
to, porque le digo que por cada cariada que ±raños usos,
me dé, le rebajo medio real de la paga. -Vamos ahora -dijo- a la "pelada";
Cuando sea preciso que inflé las mejillas, aví- pero no vaya a echarme harina en la cabeza,
semelo, porque nunca me ha caído bien lo porque no me llamo Clímaco si no le doy con
que hacen los barberos de los pueblos, que lo primero que "±ope" a mano.
le me±en a uno el dedo en la boca, para es- -~Y cómo quiere us±ed -preguntó el
tirar la cuiis del pellejo y que corra la na- barbero- que le haga el carie del cabello?
vaja. ¿.A la úl±ima moda?
Aió el barbero el peinador al cuello de -¿,Y cuál es la úliima moda? -replicó
mi amigo, le embadurnó bien la cara con mi amigo.
jabón y comenzó a: operar con facilidad y -Par±ido el cabello por el medio de la
destreza. cabeza -contestó el ar±isia-, y levaniado
-No tiene mala mano es±e inglés -dijo por ambos lados.
fío Climas--, y ya voy viendo que ±al vez no -¡Con la raya en medio! -exclamó fío
era cara la "rasurada" por dos reales, pues Climas- 1 pues no es nada el capricho del
no voy 'T ~er¡.er ,necesidad de hacerlo aira vez, inglés. ¡Acaso soy mujer! "Péleme" como
has±a q~e v¡¡elva para la feria de Agosto. e, Y hombre, bien rapada la cabeza por iodos la-
us±ed, vecino -me . preguntó-, cada cuán- dos, menos el .,serpen±ón" o por vida de "sa-
íos meses viene aqu~ a que le rapen la cara? nes" que no le pago.
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Ofreció el maesiro hacerlo como mi ami- 16
go lo deseaba, y coriándole el cabello a pun-
ta de ±ijera le dejó muy largo únicamente La peluca
el copete co'n lo que el campesino hacía una
figura como la de los :r;etra±os de; ahora :'e7 Restablecida la paz,
senta años 1 pero que a el le parec1a lo me¡or terminada la operación,
y más natural del mundo. y habiendo yo comple-
tado disimuladamente
En seguida tomó el barbero una botella la paga, mi vecino y yo
de agua y bañó con el contenido la cabeza íbamos a marcharnos,
de íio Climas, que me dijo: cuando entró en la bar-
bería una mujer con un
-¿,Creerá este inglés que yo soy como peluquín de señora, de
él, que no estoy bau±izado, que me esiá vol- los que se usan en los
viendo a echar el agua'? bailes. Era una criada
que iba a devolver el peinado, por ser los ca-
-No es baufismo -le dije-, sino lava- bellos más rubios que los de la dama a quien
torio. estaban destinados. Al ver aquella profu-
-Pues eso -replicó él-, dígale que lo sión de rizos, de ±an hermoso color, me dijo
deje para el jueves sanie, y que me lo haga tío Climas.
en los pies, cuando salga yo de apóstol; y -Vea usted, vecino; ¡qué linda cabelle-
no en la cabeza, que no hay necesidad de ra de ángel! Si la vendieran, yo la compra-
que me la lave nadie. Me bañé antes de ba. ¿,Cuánto se dejarán pedir por ella estos
salir de "El Purgatorio", y si aquí se usa la- ingleses'?
varse y "rasurarse" dos veces al día, yo lo -No es cabellera de ángel -le contes-
hago cada dos meses, cuando bien va, y de té-, sino peinado para señora, y según creo,
esto no salgo; porque ha de saber usted, ve- vale diez y seis pesos.
cino, que no de balde dice el dicho que "la -Es ''caliente'' -replicó mi amigo-;
cáscara guarda el palo". pero ±al vez rebajen.
-¿,Y para qué quiere usted ese pelu-
El peluquero continuaba tranquilamente quín? -le dije yo.
su operación, sin comprender la miíad de -¿,No dice usted que eso lo usan las mu-
lo que decía tío Climas. Tiró de la brocha jeres'? Pues guárdeme el secreto; quiero esa
mecánica, que descendió hasta ponerse en cabel~era para darla de "cuelga" a la Brígi-
contado con 1¡;¡ cabeza de mi vecino, y con da, el día de su santo, que ya viene. Pro-
el rápido movimiento de rotación que impri- póngales ocho pesos.
mió al apara±o un muchacho que daba vuel- No pude dejar de reírme de la simplici-
ta a la cigüeña en la pieza vecina, pasaron dad de mi amigo, que pretendía colocar so-
y repasaron las agudas púas de cerda de la bre los negros y gruesos cabellos de la seño-
brocha sobre el cráneo de tío Climas, que al ra Brígida aquellos rubios, sedosos y ondu-
experimentar ·aquella sensación extraña y lantes bucles; pero por darle gusto, hice la
nueva para él, creyó que le desgarraban el propuesta. El barbero, que no veía probabi-
cuero, y lanzando un reniego, griíó: lidades de salir muy pronto de la prenda,
pidió catorce pesos, y mi amigo que se había
-Eso no, por vida de ... , si me encajan encaprichado en poseer el dichoso peluquín,
esas espinas en el casco, lo degüello con es- ofreció hasta doce, lo que fue aceptado.
ta navaja-. Y tomando una que estaba so- Contentísimo con su adquisición y figu-
bre la consola, se disponía a efecíuar su rándose ya a su cara mitad, hermosa como
amenaza. un serafín de re±ablo con la rubia cabellera,
se despidió del barbero, diciéndole:
-Basta ya -dije al barbero-; este se- -Adiós, señor "Monsieur", nos veremos
ñor no está acostumbrado a esas operacio- en el Agosto, que volveré a la feria y vendré
nes; déjelo usted y concluyamos. a "resurarme" y a "pelarme" en su ±ienda,
con ±al de que ni me eche harina en la cara,
Don Climaco, ciego de cólera, arrojó dos ni me arrime otra vez la brocha.
y medio reales sobre la mesa, y se salió a la El barbero le ofreció que se haría lo que
calle, con el peinador atado a la garganta y él deseaba, y saliendo del establecimiento,
con el gran copete levantado, como se lo de- nos dirigimos al mesón, llevando mi vecino
jó la brocha mecánica. Tuve que salir a lla- la cabellera con más cuidado que si fuera
marlo y hacerlo volver, ofreciéndole que no una vela encendida que pudiera apagar el
se repetiría lo que tanto lo había enojado. más leve soplo de viento.

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