Aventuras en Centroamerica: El Esclavo de Don Dinero
Aventuras en Centroamerica: El Esclavo de Don Dinero
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DOS NOVELAS HUMORISTICAS
JOSE MILLA
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dos de machetes, que cayeron sobre el des-
prevemido viajero. Apenas tuvo tiempo Del-
gado para ocul±arse detrás de una peña des-
de d<Jnde, sin ser visto, podía presenci~r la
.q '• 9~ terrible escena de que iba a ser ±eafro sin du-
. ' ~ ~ : da, aquel agreste y solitario si±io de la mon-
q ±aña del Gallinero.
El barbero corrió a su silla de montar y
Llegado el Docfor Canufo a Gracias a ±amando un cuchillo que llevaba, se puso 'en
Dios, no pudo darlas por el resulfado de su guardia. La lucha fue obsfinada 1 y aunque
pesquisa. El impalpable barbero se había ±an desigual, sos±enido por Rajacuero con la
desvanecido como un fantasma. Pasó por desesperación del que pelea por su vida.
aquella ciudad sin dejar ni el polvo, y fomó Canu±o comprendió que aquellos crimi-
el camino de Guafemala. nales, que aguardaban sin duda a su víc±i-
-Me alegro -dijo el Docfor- 1 allá no m':', ~ quie~ debían haber vis±o, ienían por
se me escapa. ¿Dónde se ha de me±er que pnnc1pal ob¡e±o apoderarse del contenido de
yo no dé con él? las alforjas. Su propio interés le aconsejaba
Le siguió, pues, la pis±a 1 y según iba sa- salir y ayudar a defender aquel ±esoro. Tu-
biendo por las personas con quienes ±opaba, v'?. imp';'lso;9 de hacerlo, pero reflexionó y se
el fugitivo no debía ir muy disfanfe. Por su- d1¡o a s1 m1smo que un hombre solo y desar-
, pues±o ya no mon±élba aquella buena mula mado no podía ser de auxilio alguno al ata-
qué había sacado de Guá±emala y que ven- cado, y que si él se presentaba en la lucha
dió, sin duda, al embarcarse. Iba, según in- serían dos las víctimas y no una. Resolvió'
formes fidedignos, en un caballo más viejo pues, ayudar a Rajacuero desde su escondif~
y mañoso que el de don Quijo±e, aunque c~:m sus fervientes vo±os, los que por desgra-
no destinado, por desgracia a igual celebri- cm no podían serie de mucha u±ilidad.
. dad. Lo que sí conservaba eran las alforjas, Pocos minutos an±es, don Canuto habría
al parecer, reple±as, lo que consolaba a don dado cualquier cosa por estrangular a Raja-
'Canu±o de lo ruin de la cabalgadura, de que ', cuero,, ahol"a deseaba ardientemente verlo sa-
se proponía apoderarse. , lir sano y sa1vo y sobre iodo con las alforjas
Caminando así el uno ±ras el o±ro, llegó intactas, de aquel terrible lance.
el barbero a a±ravesar la cadena de mon±a- , No sucedió así por desgracia. El valor
ñas que separa la República de Honduras de del barbero no bas±ó contra aquellos cuatro
la de Guatemala, y a muy cor±a distancia, .malhechores. Hirió a dos de ellos 1 pero al
siguiendo el mismo camino, el infatigable fin cayó sin vida bajo los golpes de los asesi-
don Canu±o, que ±uvo cier±o presentimiento nos. Contaron éstos el dinero que contenía
de que en aquella serranía había de atrapar las alforjas y se lo dividieron, llevándose
al fin el que perseguía por mar y tierra des- también el caballo y la montura. Canuto
de ±an±os días. presenció la operación llorando a lágriina
En efecfo, una ±arde, comenzaba el sol viva. Veía desaparecer aquellos doscientos
á declinar, pero el calor de sus ardientes ra- pesos por los cuales había abandonado pa-
yos se hacía sentir aún con mucha fuerza. tria y hogar, cruzado tierras y surcado ma-
En el corazón de la mon±aña, rodeado de res. Se despidió de ellos con la mayor ter-
unas rocas muy alias y espantables, había nura, y cuando se alejaron los ladrones, se
un pradecillo por el cual corría un limpio y acercó al cadáver y tuvo valor para registrar-
claro arroyo que manando de las peñas, res- le los bolsillos, donde encontró unos vein±e
balaba mansamente por la llanura y se de- reales, que ±rasladó a los suyos, diciendo con
rrumbaba con es±répifo en una hondonada voz en±recor±ada por los sollozos:
allí vecina. Lo agreste y pintoresco del si- .-Del lobo un pelo.
tio, la hora y el calor, convidaban al viajero He ahí la oración fúnebre que el desco-
fatigado a ±omar algún descanso. Al del ro- razonado esclavo de don Dinero pronunció
cín hubo de parecerle adecuado el punía pa- sobre el cadáver, aun calien±e, de su antiguo
ra comer y pasar la siesta, pues apeándose, amigo.
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9 ba muy de acuerdo con lo de haber andado
medio mundo, que contaba la iía.
La hermosa Gabriela Don Canuio, que no se había encontrado
hasta entonces frente a fren±e con más mu-
Abrumado de dolor jer que la misma doña Tomasa y doña Lu-
con±inuó su viaje don garda, la del incidente de los pantalones, se
Canuio Delgado, ga- quedó medio exiáíico en presencia de las gra-
nándose la vida en el cias de la doncella. Experimentó una sensa-
camirio honradamen- ción nueva, extraña, desconocida en el cora-
te con el ejercicio de zón, en el cerebro, en la sangre, en los ner-
su profesión. Esioy vios; no sabía dónde, y echando una mirada
por creer que a fuerza a su ±raje mugriento y a su capa raída, iuvo
de pasar por médico y una cosa como vergüenza o mortificación de
de hacer _veces de ±al, verse en semejante trapillo. Balbuceó algu-
el bueno del hombre había acabado por ser nas palabras entre cumplimien±o y saludo y
él mismo víciima de aquella farsa, persua- pidió permiso para re±irarse a descansar.
diéndose de que real y verdaderamente cu- Habían cambiado el cuar±o a don Canu-
raba. ¿No vemos a muchos poseídos de ilu- io. La Malabrigo ±enía un nuevo huésped,
siones semejantes? que llegó al misrno ±iempo casi que Gabriela,
Con su polvo de ladrillo, su caldo de ga- el cual era un estudiante de medicina, que
llo negro y su bebida de las siele sedas, vino ofrecía pagar bien. Para alojarlo, echaron
Delgado haciendo maravillas por los pueblos, fuera las prendas del ausenie y las llevaron
comiendo y ganando algún dinero. Llegó a a una pieza in±erio1A, que tenía puer±a de co-
Ocoiepeque, luego a Esquipulas y llamándo- municación con las habitaciones de las cria-
se siempre "Doctor", hizo al fin su en.trada das; puer±a que doña Tomasa condenó por
pública (porque lo vieron cuanios andaban la parie de aden±ro, por el qué dirán, y no
por las calles) en esia capi±al. por desconfianza, pues le cons±aba, dijo, la
hombría de bien de don Canuio. Esie se es-
Cuando se presentó en casa de la Mala- ±remeció al considerar que la caja de hierro
brigo, salió ésia a saludarlo y abrazarlo, llo- había andado de un cuar±o a o±ro 1 pero lue-
rando de alegría. Los airas huéspedes lo ro- go que se encerró en su camarachón, y regis-
dearon y saludaron, informándole de su sa- tró el cofre-fuerie, iuvo el gus±o de encontrar-
lud. Hasia los criados de la casa salieron a lo iodo como lo había dejado.
darle la bienvenida. En ¡¡eguida procedió a hacer la inspec-
Deirás de la pa±rona iba y venía una jo- ción de su caja, o mejor dicho, de su ±alega,
ven a quien don Canuio no había dejado en contando lo que lraía en la bolsa que le ha-
la casa y a quien no conocía. F\epreseiaba bía servido duranie el viaje, de almacén de
como diez y ocho años, era de medianp. es- víveres y de tesorería, y encontró dosci~_n_±os
±aiura, cabello casiaño, cariado y rizado so- diez -y nueve pesos, seis y medio reales. De
bre la fren±e; el color del ros±ro pálido 1 los esa St1ma; diez pesos era lo que había sacado
ojos grandes, lánguidos y avellanados; la bo- al pa,r±ir en busca de Rajacuero, y el resio
ca no muy pequeña, pero graciosa y con dos producía del salario que ganó como sirviente
hileras de menudos dientes, que ella gusiaba del ciego en Nicaragua, como criado en un
'de mostrar, sin duda, pues sonreía con fre- hoiel de San José, como fogonero a bordo
cuencia. La mano fina, el pie breve, el ±alle del vapor y como médico en los pueblos. Si
esbelto; en fin, una mujer hermosa, agracia- no logró, pues, recobrar los doscien±os pesos
da y zalamera. del barbero, ±raía algo más, ganado con su
Observando que don Canu±o veía a la industria en aquel viaje. Pero no estaba sa-
joven con alguna extrañeza, le dijo doña Te- ±isfecho. Lloraba la pérdida de aquella su-
masa:: ma y decía que si conociera a los ladrones,
-Esta niña es mi sobrina y se llama Ga- volvería a emprender la camina±a en su per-
briela, para servir a usted. Ha corrido car- secución, hasta sacarles lo que le habian ro-
ies; ha es±ado en San Salvador, Nicaragua, bado.
Cosia Rica, medio mundo, y ha venido a bus-
car mi sombra; quiero decir, a vivir cris±ia- 10
namen±e bajo mi protección. Es inocente co-
mo una paloma; y si no se ha casado, no Un avaro expuesto a las flechas de Cupido
crea usted que es por falta de pretendientes,
pues muchos y muy buenos le han salido; Don Canuio Delgado durmió muy mal
sino que no ha ienido voluntad, pues como aquella noche. Tuvo pesadillas en que se
dice el dicho, "casamiento y mortaja del cie- le representaron el barbero asesinado, las al-
lo baja". forjas robadas, la caja de hierro y caminando
La hermosa Gabriela se puso roja como de un pun±o a o±ro, como por el aire, y en
una pitahaya, en la par±e del discurso de do- medio de aquella extraña confusión, la figu-
ña Tomasa rela±iva a lo del mairimonio, y ra bella y simpáica de una poven blonda que
bajó los ojos con una modes±ia que no es±a- cruzaba arrastrando una larguísima cola y
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seguida de media docena de adoradores, de ba±a suelfa y más }:inda que nunca en aquel
quienes n<;> hacía el menor CiiiSO. "deshabillé" es±repiió en la habitación, llena
de ±emor, y cerrando la puer±a, dando vuel-
Al siguien- ta a la llave que esfaba prendida en la ce-
te día doña rradura.
Tomasa lla- -Defiéndame us±ed -exclamó temblan-
mó apar±e a do-, del estudiante de medicina que me
don Canuto, persigue.
y con muchos Diciendo así, arrojó la llave por la ven-
circunloquios tana que daba a la calle, y con un soplido
le dijo que apagó la luz, .dejando el cuar±o en tinieblas.
. ~-- ": . ~: - ._. 1 as buenas
cuen±as ha-
cían los buenos amigos; que durante su au- 11
sencia se le había guardado cuarto, que no
se alquiló a o±ro, poJ;" no ponerle sus ±ras±os Entre la espada y la pared
en la calle; que por ±an±o, le parecía que pa-
gara la miiad de la pensión convenida al No había ±rans-
principio, esto es, cinco pesos mensuales; ya curido un minu-
que mientras estuvo fuera, no había dado to desde la inva-
lección a loa muchachos. Su ausencia había sión del cuar±o
sido de ±res meses, y por consJ.guien±e, debe- de don Canuto
ría pagarle quince pesos. por la hermosa
De espaldas se fue Delgado al oír aque- Gabriela y desde
llo. Dijo que lo que se le cobraba era un ex- que és±a apagó
ceso; que el cuar±o, ¡a iodo rigor, valdría doce la luz, dejando
reales; que él era un pobre 1 que h~;~bía gas- al héroe de la
fado enormemente en aquel viaje, sin ganar presente historia
un cuartillo, y que aunque quisiera, no ±en- a oscuras y lu-
dría cómo pagar quince pesos. chando en±re el temor y la emoción que tan
La patrona se sonrió con malicia al oír extraña avenfura le causaba, cuando se abrió
llorar miserias a su huésped, lo que consislia con es±répiio la puerta que daba a la vivien-
sencillamente en que ±enía vehementísimas da de las criadas, se iluminó el cuar±o y se
sospechas de que aquel pordiosero del vesti- precipitó en él un grupo de personas de a:rrt-
do charolado y la capa raída, era un ricazo bos sexos.
dé primera marca. A~ trasladar la caja, les A la cabeza del pelotón iba doña Toma-
llamó la a±enoión lo que pesaba, que J;i.o po- se Malabrigo, erizado el cabello, echando
día ser, dijeron, sólo el hieJ¡"ro de que es±aba fuego por los ojos, y ar:rrtada ·de una escoba.
cons±ruidi;l. 1 y agregándose a 'esto una u otra A su lado estaba la cocinera de la casa, eón
sombrlil q'\lE¡ había no±ado a don Ca~,"utó, aca- un hachón de oco±e encendido en la manó;
bó la Malabrigo p~r creer que aquella caja en segundo término los huéspedes, con espa-
encerraba un gra* caudal. Como sucede das y revólveres, y por úl±imo•.o±ras dos crilil-
sie;mpre, le suponían diez o quince veces más das con palos, y 1os hijos de la patrona.
dé lo que ±enia en , realidad. La astuta vie- La atribulada doncella, ¡¡tl ver aquella
ja, oídas las razone~ del huésped, le dijo que terrible aparición se levantó de la cama de
no se conformaba y que fra±arían de eso otra don Canuto, donde se había sentado, y pues-
vez. fa de rodillas, y las manos junfas, pedía per-
Don Canu±o veía a la hermosa Gabriela dón a su irritada fía. Don Canuto veía a
a ±odas horas y le parecía cada vez más he- doña Tomasa, a Gabriela, a los huéspedes,
chicera, aunque de vez en cuando no ±an a los criados y a los chicos, con aire de ±on±o,
inocente como la pintaba la ±ia. Has±a cre- y no acer±aba a pronunciar una palabra.
yó el malicioso Delgado sorprender una u Entonces la respetable señora, levantán-
o±ra mirada extraña en±re el estudiante de dose sobre la frente los anleojos que se ha-
medicina y la doncella, lo que le daba muy bía puesto exprofesamen±e, por la solemni-
mala espina. Sin ,embargo, Gabriela se mos- dad del ac±o, y enarbolando la escoba, se en-
traba muy fina y zalamera con él, y cuando caró con el confuso don Canuto, y excalmó
el inexperto joven le dirigía alguna frase un con voz enronquecida por la cólera:
poco equívoca, se sonreía y bajaba los ojos, -¡Seduc±or infame, ano le bastaba a us-
que velaba el pudor. Todo esto encantaba ted negarse a pagarme lo que me debe, que-
al pobre don Canuto, que poco a poco se iba riendo privarme del producto de mi trabajo;
sintiendo enamorado has±a los tuétanos. sino que además pretende mancillar el ho-
Una noche estaba tendido en su cama, nor de mi familia, atrayendo a es±a imprú-
vestido, repasando en su imaginación acalo- den±e y encerrándose con ella en alias horas
rada las gracias de la joven, cuando de re- de la noche (eran las ocho) , en su propia ha-
pente se abrió la puerta del cuarto con vio- bitación y a oscuras? aEs és±e el modo de
lencia, y Gabriela, medio despeinada, con la pagar los beneficios que me debe? aCómo
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reparará usted, monstruo de ingratitud y de esperanza de un pobre y la manzana (le
incontinencia, el mal que nos ha causado? Adán tan grande, qu<;> más <era m<embriUo
Escuche usted, hombre cruel y bárbaro, mi que manzana. Corto d<e cu<erpo, y pi<ernas
resolución: o se casa usted den±ro de ±res d<esmesuradamenie Píolongadas, don Canuto
días con mi sobrina, o la do±a con diez mil era lo que me figuro yo sería Don Quijote en
pesos. Y agradezca us±ed mi moderación; sus veinte años. Agreguen us±edes, bellas
pues nadie ignora ya que usted es ±an rico lectoras, a tan extraña efigie aquel pantalón
como avaro, y que esta caja (y la golpeaba y aquella chaqueta que quizá hubiera aban-
con el mango de la escoba), está repleta de donado un pordiosero, aquella capa y aquel
oro· de arriba abajo. Conque, decídase us- sombrero que denunciaba a una legua su
ted pronto. O matrimonio, o dote; y ni un origen clerical, y digan si el sujeto era oomo
sentado (centavo quería decir doña Tomasa) para que lo deseara por marido, no digo ya
menos de los diez mil pesos. mujer joven y bonita, sino una a quien diera
-Y a usted- continuó la irritada ma- el sol por las espaldas y que fuera fea por
trona, dirigiéndose a la doncella-, válgale añadidura.
su inocencia y fal±a de mundo, pues le digo Con razón consideró, pues, don Canu!o,
que si no fuera porque sé que no ha hecho que el ±iro iba dirigido, más que a su desgra-
más que caer en las redes de este seductor ciada persona, a la caja de hierro, y se pro-
as±uto, otro gallo le can±ara. Vaya usted a puso defenderla con ±odas las potencias de
recogerse. su alma. Al efecto, pasó en vela meditando
Los huéspedes parecían horrorizados de el resto de aquella noche infeliz, y cuando
la conduc±a de don Canuto; las criadas de- comenzó a clarear el alba, había trazado ya
cían que a ellas nunca les había caído bien su plan de operacionE;>s.
aquel· sujeto piojoso, y los niños lloraban a
grito herido, sin saber por qué.
El pobre Delgado quiso protestar su in- 12
culpabilidad; pero nadie parecía creerlo; y
la verdad sea dicha, si usted, respetable lec- En brazos de un esqueleto
tor, o usted, amable lec±ora, hubiesen entra-
do con doña Tomasa en aquel cuarto, y en- Tres días había
centrando lo que ella encontró, no habrían dado la Malabrigo
metido las manos en el fuego por la inocen- a don Canuto Del-
da de don Canuto Delgado. ¡Oh, falsas apa- gado para que, o
riencias! ¡Con cuánta razón aconsejaba un reparara con el ma-
poe±a amigo mío que se desconfiara de vo- irimonio la honra
so±ras! mancillada de su
Se re±iró doña Tomasa con su acompa- casa, o indemniza-
ñamien±o, dejando a don Canuto solo, ence- ra la ofensa con
rrado en su. cuarto y lleno de confusión. Se una suma qul" era
puso a reflexionar y se dio a buscar en su fe- ·. superiOJ; a su ~osíc
cunda imaginación la manera de salir bien bil~dad. En efecto, el haber del avaro aseen-
de aquel apuro en que lo ponía su enemiga dí¡¡¡., con las ganancias que había hecho des-
estrella. de la muerte de sus padres, a unos cuatro
Preciso es confesar que el amor que co- ·m,il quinientos o cinco mil peSI!>S, y le exigían
menzaba a sentir por la sobrina de la Mala- diez. .iCómo era posible que los pagara?
brigo, descendió muchos grados con aquella Pero es el caso que Canuto juró aquella
aventura. El hombre no era ian ionio que noche, dos, ±res, diez, cien veces, que no le
no conje±urara que la escena había sido pre- sacarían un cen±avo, y ±ampoco quería en
parada por la vieja hipócrita, en conniven- manera alguna pagar con su persona. Para
cia con la doncella y quizá también con el esto tenía razones de gran peso. La prime-
estudiante de medicina (que, entre parénte- ra, aquellas inteligencias secretas entre la
sis, se llamaba don Juan Socarra), a quien moza y el estudiante Socarra, que le pare-
Delgado creía haber visto contener la risa cían muy mala base para un matrimonio.
con dificuliad durante el lance. La segunda, que había notado en la hermo-
-Mi apariencia- se decia a sí mismo sa Gabriela, una propensión al despilfarro
don Canuto-, no es como para enamorar a que chocaba al±amente con los hábitos de
la sobrina de doña Tomasa. Me creen rico economía del esclavo de don Dinero. La es-
y quieren concluir la obra comenzada por pléndida doncella se mudaba de limpio dos
Rajacuero y por los ladrones, dejándome en veces por semana, lo que parecía a don Ca-
la calle. Veremos. Trabajo ha de cosiarles nuio un lujo criminal. Después, gastaba en
desplumarme. los vestidos colas de dos varas; lo cual, acle-
En efecto, la parte fisiológica del esclavo más del desperdicio de la ie!a, ±raía consigo
de don Dinero no era de las más a±rac±ivas. la ruina de los ±rajes. Le chocaba igualmen-
Al±o, flaco, huesoso, con un bigotillo y una ie la profusión de adornos baratos que se
barberiia cuyos pelos podían contarse al ojo colgaba; y habiéndolo oído decir que había
desnudo; con el pescuezo más largo que la dado cinco pesos por un par de zapatos, que
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no le duraban más que un mes, había estado su cuarto y he venido a pedirle algún re-
a pun±o·de desmayarse del susio. medio.
-No es ésia -se dijo-, la mujer que a El es±udianfe sonrió maliciosamente, y
mí me conviene, ¡Guarda, Canuto! Fuera se disponía a decir a don Canuto que proce-
de lo del Socarra, que no es flojo, hay lo de dería a sacarle las muelas, cuando Delgado
la gasiadera, que no es de menos. En dos vio en una de las esquinas del cuar±o un ob-
meses se iría mi codo haber en ±rajes de cola, jeto en que no se había fijado al enirar y
joyitas y airas adamas. ¡A airo perro con que lo hizo estremecerse. Era un esqueleto
ese hueso) en pie, medio cubier±o con una como capa
Hecha esia reflexión, pensó y repensó encamada. El espanto de don Canuto cre-
cómo saldría ileso de aquel peligro. Su prin- ció al adver±ir que aquella osamen±a huma-
cipal empeño fue descubrir las relaciones en- na levantaba un brazo y lo llamaba. Se pu-
±re la inocente ±orioli±a y el hambriento ga- so a temblar de pies a cabeza y su horror
vilán que anidaba en la casa bajo la figura llegó al colmo, al advertir que el esquele±o
de esiudianíe. Sus observaciones del primer se movía len±amenie hacia él. Socarra vol-
día confirmaron sus sospechas, y al segundo vió la cara como horrorizado.
estaban és±as conver±idas en cer±idumbre. El esqueleto avanzaba. Don Canuto no
La amorosa paloma acudía de vez en cuando se movía. Seniía como si tuviera un quintal
a la jaula del ave de rapiña, en visitas de de plomo en cada pie. Llegó hasia él aque-
airo género, sin duda, que aquella con que lla terrible imagen de la muerie y levantan-
él fue favorecido. Pero el caso era sorpren- do los brazos, los dejó caer sobre los hom-
derla in fragan±i, y para eso se propuso des- bros de Delgado.
velarse una noche, dos, diez, cuan±as fuese Dio un grifo; hizo un gran esfuerzo so-
necesario. bre sí mismo y sacando fuerzas de flaqueza
Se puso en acecho y no ±uva que esperar echó a correr y no paró hasta su cuar±ó, don~
mucho ±iempo. A la segunda noche de vi- de se encerró bajo llave, pues le parecía qUe
gilia, en±re doce y una, advir±ió que por la el esqueleto le pisaba los ±alones y que iba
puer±a enireabieria del esiudianie iba en- a repetir su espantosa caricia.
trando una especie de serpiente cubier±a de
mil colores y de más de una vara de largo.
Fijando bien la a±ención, cayó en la cuenta 13
de que aquello que parecía serpiente, en la
obscuridad y a la distancia, era la cola de un Sencilla explicación del esqueleto
±raje cuya propietaria debía haber entrado
anies de su respec±iva cola. Si don Canuio al sa-
lir del cuar±o del es±u-
Así como suele decirse que por el hilo dianie se hubiera que-
se saca el ovillo, dedujo lógicamente don Ca- dado un momenio
nuto que pues aquella cola no debía mover- junio a la pueria, ha-
se por sí sola, era preciso que al9"una perso- bría podido oír las
na la arrastrara. Infirió igualmente que esa mal comprimidas car-
persona había de pertenecer al sexo femeni- cajadas con que la
no, pues el airo no usa semejantes apéndi- hermosa Gabriela y el
ces; y por úliimo, que la propietaria de la es±udianie Socarra ce-
cola, la que entraba en el cuarto de Socarra, lebraban el lance del esquele±o.
no podía ser aira que Gabriela, pues doña La explicación de aquel extraño caso es
Tomasa no había adoptado aquella moda, muy sencilla. El esqueleto esiaba allí, por-
ni ±ampoco las criadas, a quienes las ena- que servía a Socarra para sus estudios ana-
guas no les llegaban al tobillo. tómicos. La especia de capa colorada que
-Es necesario cogerlos, que me vean, ienía en los hombros, era una carpeta que
que no puedan negarlo, se dijo el acalorado por capricho le había puesio aquel estudian-
Canu±o y se lanzó iras la cola, en lo cual hu- fe, capaz de jugar, no digo con un esqueleto,
bo de salir burlado. sino con el mismo diablo en carne y hueso,
Llegó, pues, a la puer±a del cuarto, antes si lo hubiera a mano. Gabriela en±ró, y sin-
de que tuvieran tiempo de cerrarla; entró; tiendo que llegaba alguno, no encontró dón-
pero no encontró más que el estudiante, sen- de esconderse sino iras el esqueleto, favore-
fado junio a una mesa y al parecer embebi- ciéndola la capa colorada que pendía hacia
do en la lectura de un gran libro. airás. Cuando vio que el que eniraba era
-aOué buen vien±o -dijo Socarra-, Canuto, quiso hacerle una iravesurilla, por
±rae a esias horas por acá a mi amigo don una par±e, y por aira obligarle a salir más
Canu±o? que de prisa de la habitación. Hizo mover
Es±e ±uva ±iempo de recobrar un poco su el brazo al esqueleto, y después, ±amándolo
sangre fría y con±es±ó: en peso, avanzar hasia donde esiaba Canu-
-Un gran dolor de muelas que no me to, petrificado de espanfo, y por úlfimo, que
deja descansar, es el que me obliga a buscar le dejara caer los brazos sobre los hombros.
a usted. Me levan±é desesperado, vi luz en Hemos vis±o que la burla le salió a las
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mil maravillas, pues Canuto no volvió en sí me suma (quince mil duros) en que había
del susio, ni acertaba a explicarse cómo fijado Matraca la dote de la ofendida, al me-
aquella mujer que él casi había visio entrar nos alguna cantidad que absorbiera iodo su
en el cuar±o del es±udian±e, se convirtiera en haber.
la feísima figura que se había ±omado con En aquel conflicto, el más grave de su
él ian desagradables libertades. vida, apeló Canuto a los recursos de su inven-
Pasó una noche cruel; peor mil veces que tiva. Se propuso un plan, y lo abandonó;
si en realidad hubiera tenido el dolor de imaginó o±ro y lo dejó; combinó un tercero
muelas que inventara para justificar su ex- y tampoco le satisfizo; has±a que al fin, des-
temporánea entrada en el cuarto de Socarra. pués de ian±o pensar, llegó a fijarse en la
Tomaba aquel abrazo de la muerie como más inesperada, la más extraña, la más osa-
anuncio de su próximo fin, y temblaba den- da, la más heroica de las resoluciones que
tro de su chaqueta y sus pantalones charola- hombre alguno en sus circunstancias pudo
dos, que no se había quitado, echándose ves- haber discurrido. Es±a fue la de ... , pero es-
tido en la cama. fe capitulo de la novela va siendo ya bas-
El lance no al±eró, sin embargo, su reso- tante largo, y debo dejar para el siguiente
lución de defender la caja con ±odas las fuer- la explicación de lo qu!¡'l resolvió hacer en
zas de su alma, ni la idea firme que ±enia de aquel apuro don Canuto Delgado.
que por ningún concepto podía convenirle el
matrimonio con la coqueta y despilfarradora
sobrina de la Malabrigo. Hizo saber, pues, 14
a doña Tomasa, en términos explícitos, que
ni se casaba ni pagaba, lo que dio lugar a Un matrimonio de amor, apoyado en ocho
una escena tremenda, que alborotó no sólo
la casa, sino el barrio entero. La irritada razones de corweniencia
matrona lo .llenó de insul±os, y él a iodo res-
pondía con la mayor calma: "Ni me caso, Los hombres grandes, los
ni pago"; de lo que se daba al diablo la se- g e n i o sextraordinarios no
ñora, que terminó la borrascosa conferencia obran en las situaciones difí-
anunciando a don Canuio que le presentaría ciles como el común de los
acusación criminal. mortales. Sus resoluciones
Y cumplió su palabra. Comenzó el plei- llevan siempre cier±o sello de
to, que amenazaba ser largo y ruidoso. Don originalidad, y cuando no los
Canuto, por no gastar en abogado, hacía por salvan de los peligros (que
sí mismo sus escritos, que ya se deja enten- esto suele depender del des-
der cómo serían, siendo obra de quien no ha- fino de cada uno) , al menos
bía estudiado más que gramática y algo de hacen aparecer sus ac±os con
filosofía. Don Canuio hizo prodigios como un carác±er de superoridad y
médico; pero en aquella ocasión se acreditó elevación que exci±a el asombro de los pre-
de menos que mediano jurisconsulto. sentes y el aplauso de los venideros.
En cambio, doña Tomasa se había pues- Don Canu±o, en el gravísimo apuro en
to bajo la direc;ción del célebre Licenciado que se hallaba, ±omó una resolución digna de
Matraca, que· andaba enojado con don Ca- cualquiera de los hombres de Plutarco; una
nuto desde el lance de los pantalones, que resolución que ha admirado a sus contempo-
le había hecho perder muchas de sus clientes. ráneos y que consigna la historia con la ala-
El rencoroso abogado aprovechó aquella banza que se debe a los hechos heroicos. Es-
oportunidad para castigar a su antiguo y po- fa resolución magnánima fue . la de casar-
co honesto secretario. se, no con la joven y hermosa Gabriela, sino
Es±irando un poco el ar:lículo 295 del Có- con la vieja y fea doña Tomasa Malabrigo.
digo Penal, le hacía una acusación bastante
grave, y éuando llegó el término proba±orio, Las razones que, después de un maduro
presentó Matraca ocho testigos (los huéspe- examen, lo decidieron a aceptar, a él, joven
des de doña Tomasa), que declararon unáni- de poco más de veinte años, a una anciana
mes haber encontrado de noche, y ±arde, en- que barbeaba en los se±enia, fueron ocho, a
cerrados, en su cuarto y a oscuras, a don Ca- saber:
nu±o Delgado con la señorita Gabriela Mala- 1"-0ue casándose con doña Tomasa, se
brigo. Por más que hizo el acusado, no pu- coriaría el pleito que ésta le había ·eniablado
do desmentir a aquellos ±es±igos, ni desvane- y que llevaba ±razas de ierminar de una ma-
cer el cargo; y si bien describía el lance ±al nera desastrosa para él, causándole la pér-
cual había pasado, esie dicho no estaba apo- dida de su caudal.
yado en prueba de ninguna especie. El ne- 2•-0ue viniendo la Malabrigo a ser su
gocio presentaba, pues, muy mal aspec±o pa- esposa, entraría a manejar los iniereses de
ra don Canu±o; tanio que él mismo, leyendo es±a señora, que era más rica que él; pues
y releyendo el abuHado expediente, llegó a la casa era suya y valía más de seis mil pe-
convencerse de que estaba en grave peligro sos.
de que lo sentenciaron a pagar, si no la enor- 3•-No paaría los quince pesos que le co-
-. 13-
braba por alquiler del cuar±o en los ±res :me- par, cort una pelofa de cera, las pulgas que
ses que había estado ausente. anidaban por centenares en las cos±uras de
4•-La Malabrigo no podía esperar mu- sus medias.
chos años, quizá ni muchos meses de vida.
Es verdad que ±enía dos hijos; pero contando Al ver entrar a su
con la influencia que su condición de marido enemigo, a quien ha-
le habria de proporcionar, esperaba que la bía despedido de su
buena señora lo nombraria iu±or de los me- casa muchas veces
nores, lo que vendria a ser para el honrado sin lograr que se fue~
don Canuto, lo mismo que nombrarlo here- ra, se quedó la res-
dero. petable matrona, co-
5•--Sabía que doña Tomasa ienía aho- mo suele decirse, de
rrados, cuando él le manejó sus cuentas, unos una pieza. Asom-
doscientos pesos. Calculaba que en los ±res brada de ±anta des-
meses que había estado ausente, habría eco- vergüenza, sin acordarse en qué estaba con
nomizado oíros cien, y contaba con que esa el pie desnudo y el ves±ido levantado has±a
suma iría, desde luego, a su poder. media pierna, no se movió del si±io, hecha
6'--Se proponía introducir economías ra- una es±a±ua, con la media en la mano y re-
dicales en los gastos de la casa, pareciéndole cogiendo con la o±ra la indiscreta falda.
excesivos los que hacían. Por la mañana Don Canuto saludó, bajando los ojos mo-
daban a los huéspedes café con leche y dos destamente para no ver las gracias de la se-
platos. Debía suprimirse la leche y un pla- ñora de sus pensamientos. Esta, pasado el
to. Al medio día, cuatro pla±os. Con ires primer estupor que le causara aquella ines-
bastaba. Por la noche, café con leche y dos perada visi±a, se pu~o en pie, y siempre con
pla±os. Ahorraría la leche y un plaio. Ha- la media en la mano, prorrumpió en un agua-
ría, además, una ±en±a±iva de aumentar un cero de injurias. No hubo vocablo insul±an-
poco las pensiones, alegando que iodo es- te en el diccionario de la Academia y en el
iá muy caro. del mercado, que no lanzara a don Canuto,
7•-El mismo se alojaría y comería de que recibió la descarga con la serenidad del
balde. verdadero filósofo, sin interrumpirla; y cuan-
En conira de es±as sie±e razones, no ha- do la iracunda señora se hubo aliviado y
bía más que unat la edad de doña Tomasa. agotado los insul±os, le dijo con mucha cal-
Pero de és±a se reía don Canu±o, o mejor di- ma:
cho, era la oc±ava razón en favor del matri- -Vengo a proponer a us±ed un medio
monio proyectado. Si la novia fuera un po- de que concluya ese condenado plei±o que
co menos vieja, se decía, la cosa sería mala; me ha puesto; que nos está costando a los
pero con cerca de se±en±a años, no había ni dos un ojo de la cara y en el cual el único
qué pensarlo. ~Quién no carga con una an- que saldrá ganando es ese lagar±o de Matra-
ciana que ±iene un pie en la sepul±ura, con ca. Usied, mi buena señora, me ha puesto
±al de salvar su caudal y aumeh±arlo en o±ro este dilema: o dote o matrimonio. Vengo a
ian±o? decir a us±ed, amable doña Tomasa, que me
Hechas es±as reflexiones, se decidió el decido por lo segundo,
profundo y sabio economista don Canu±o -¡Ah! -replicó la señora, comenzando
Delgado, a pasar el Rubicón; es±o es, a hacer a aplacarse-; se decide usted a casarse con
a doña Tomasa Malabrigo la formal deman- mi sobrina. Eso ya es otra cosa. Usted ha
da de su blanca mano. reflexionado, ha oído el gri±o de su concien-
El que· diga que el matrimonio que iba cia, y al fin es±á resuel±o a reparar el mal
a con±raer don Canu±o, no era un matrimo- que ha hecho a esa desdichada. Bien. Voy
nio de amor, se engañará medio a medio. a llamarla, y no dudo que iodo quedará arre-
Cada uno ama lo que le acomoda. Delgado glado ahora mismo.
amaba el dinero, y por amor a él, iba a ca- -~Qué va us±ed a hacer, mi querida To-
sarse con la que podía ser su abuela. masi±a? ¿Quién le ha dicho a us±ed que
-Para luego es farde, se dijo el avaro, quiero casarme con su sobrina?
cuando ±uvo formada su resolución; y diri- -~Cómo?, ~cómo? -replicó la señora,
giéndose al cuar±o de su futura, entró deci- sin acer±ar a comprender lo que aquello sig-
dido a declararle su a±revido pensamiento. nificaba-. ~Que no quiere us±ed casarse?
~Pues no me ha dicho usied muy claro que
se decidía por el matrimonio? ~Pretende us-
15 ied acaso burlarse de mí?
-No, mi adorada Tomasi±a -dijo Ca-
Don Canuto pasa el rubicón nuto, hincando una rodilla en ±ierra-1 lejos
de querer burlarme, ofrezco a usted formal-
Es±aba doña Tomasa Malabrigo sen±ada mente mi corazón, mi mano, mi caudal, y
en un sillón, con el pie izquierdo descalzo no me levantaré de este si±io, mientras usted
sobre una iabure±e y los anteojos puestos, no consienta en ser mi esposa.
ocupada en la in±eresan±e operación de aira- -~Qué?, ~cómo?, ~quién?, ~a mí?, ~yo?,
-14-
¿,us±ed? -exclamó doña Tomasa, es±upefac- ±amar es±ado. La hermosa Gabriela recibió
±a-. ¿,Es verdad lo que escucho'? ¿,Habla la noticia con una estrepitosa carcajada, lo
usted de veras'? cual parecía a la tía una gran descortesía de
-Tan de veras -replicó el enamorado la sobrina; pero
repentino-, que si usted consiente en ser se consoló de
rrúa, quiero que ahora mismo lo sepa la ca- aquella b u r 1 a
sa, el barrio, la ciudad en±era. Procedamos con la reflexión
a correr las diligencias, y para que en iodo de que había en
haya perfecta igualdad entre noso±ros, usted ella su punfi±a
correrá con los gastos del matrimonio reli- de envidia. Los
gigoso y yo con los del civil. __ huéspedes dije-
Tan confundida estaba la setentona con ron a la pa±rona
aquel fortunón inesperado, que ni se fijó en que les parecia
lo ventajoso de la distribución de los gastos, resolución muy
pues el generoso don Canuto se reservaba prudente, y cuando doña Tomasa volvió la es-
lo que no costaba nada. palda, imitaron a Gabriela en lo de las car-
-Si us±ed habla seriamente -dijo doña cajadas. Las domésticas se rieron también
Tomasa-, es aira cosa. Bueno es pensar- a hurtadillas y declararon que su señora cho-
lo. . cheaba. El vecindario comen±ó la gran no-
Un amor ±an repentino ... , la diferen-
cia de edades ... , us±ed ve. , ¿qué dirán'?ticia durante cuatro días; ridiculizó al no-
vio y a la novia, y nadie dejaba de admirar-
-¿,Repentino, dice usted'? Si desde que
la vi, conoci que usted era la mujer según mi
se de que un hombre joven e inmensamente
corazón. ¡Diferencia de edades! ¿,Y qué son rico {pues esta idea se les había clavado en
ocho o diez años, que será lo más que usted la cabeza), se casara, por más que fuese su-
me llevará'? ¡El qué dirán! ¿,Y quién hace cio y feo, con aquel Matusalén con faldas.
caso de las hablillas del vulgo? ¿,De qué Llegaban es±as hablillas a oídos de los
matrimonio no murmuran'? Conque, decida- novios; pero las escuchaban como quien oye
se usted, y le prometo hacerla feliz. llover y hacian sus preparativos para la bo-
-Pues si usted fama fan±a determina- da. A fuerza de ruegos, logró doña Tomasa
que don Canu±o resolviera cambiar de ±raje
ción .. , yo le advierto lo que debo advertir-
le. En verdad que solemos parecer más gran- para el día grande. Para es±o lo que hizo
des de lo que somos . . Yo no le negaré a fue que el úl±imo del mes se constituyó en
usted que desde que lo ví, sentí un no sé quéuna casa de préstamos y rema±ó por vein±e
en el corazón; una cosa extraña, ineXplica- reales un pantalón de casimir que había sido
ble, que si hubiera yo sido más joven, ha- de un azul oscuro, tan usado y descolorido,
bría pensado que era amor. que ya no se sabía de qué color era, y una
levita de antepenúltima moda, por la que
En este camino las cosas, fácil es consi-
derar que la conferencia concluyó jurándose dió cinco pesos y que se las apostaba en lo
vieja y en lo ±raída, con los pantalones. Lo
los dos amantes ser el uno para el o±ro, y sa-
que no quiso comprar por nada fue sombre-
lieron cada cual por su lado, a dar las dispo-
siciones para el matrimonio, Don Canuto ro; diciendo que con arreglar un poco el
quería que la boda se celebrase con mucha del ±ío clérigo, quedaria mejor que si fuese
sencillez, sin pompa ni fies±a alguna 1 peronuevo.
doña Tomasa fue de contrario parecer. Dijo En seguida procedió el económico don
que esas cosas no se hacian más que una o Canuto a hacer las compras de comestibles
dos veces en la vida, y que era justo que noy bebidas para la fies±a, que se compondria
pasaran como un hecho cualquiera. Tan±o de almuerzo, comida y baile. Para el pri-
dijo la señora, ofreciendo, por aira parle, que
mero mandó hacer ±res libras de chocolate
el gas±o corría de su cuenta, que al fin hubo
con cacao de Guayaquil, azúcar mascabado
de consentir don Canu±o 1 pero con la precisa
y nada de canela, pues dijo que irritaba los
condición de que él había de encargarse de intestinos. El pan, declaró que era mucho
las compras de iodo lo necesario para la más saludable frío, porque el caliente pro-
fiesta. duda indigestión, y compró bara±os los reza-
-Como quieras, Canu±o mio -dijo la gos de las panaderías. Para los tamales es-
tierna y enamorada novia-, y entregó al cogió dos gallinas flacas en el gallinero de
fu±uro cien pesos para los gas±os, lo que nodoña Tomasa. La comida correspondió al
dejó de considerar és±e en sus adentros co- almuerzo, y para darle algún aire de cosa de
mo un gran despilfarro. "extranjis", ajustó con los cocineros de dos
hoteles que le vendieran las sobras del día
anterior. Compró dos cajas de vino ±orcido,
16 por mi±ad de precio; y así fue lo demás. Lo
cier±o es que haciendo cuentas del empleo
Preparativos para la boda de los cien duros que le había dado la seño-
ra, resultó que le sobraban cincuenta y cin-
Doña Tomasa Malabrigo dió par±e a ±o- co, de los cuales sacó lo necesario para las
da la gente de su casa de que se disponía a donas que debía regalar a la novia.
-· 15-
Consistían és±as en un v1e¡o vestido ver- amores y los felices cónyuges. Sucedió que
de, o±ro negro de lana y o±ro blanco de gasa habiendo procedido el avaro a plantear su
muy ajada, para la ceremonia. Dos pañolo- plan de economías, los huéspedes comenza-
nes, uno amarillo bordado de colores, olro ron a sen±ir hambre y calcularon que aquel
de ±ul negro y un chal de raso morado con régimen die±é±ico acabaría con ellos antes de
flores de los matices más vistosos. Las alha- una semana. Amenazados de morir de ina-
jas eran ±res anillos de oro ±urnbaga, un co- nición por una par±e, y obligados por oha a
llar de perlas falsas, un camafeo, en el cual aumentar las mesadas, no encon.l:raron más
lo de la cama es±aba muy demás y una pei- arbitrio que irse de la casa. Y lo peor fue
neta de hechura antigua de la±ón, con pie- que algunos de ellos se olvidaron, al partir,
dras que imiiaban diamantes. de liquidar sus cuentas, con lo que perdió
Tales eran las prendas con que dispuso doña Tomasa más de lo que habría ganado
el generoso don Canuio adornar a doña Te- en seis meses con las economías y con el
masa, que lo recibió iodo muy conienia y aumento de las pensiones.
alabó el garbo y sobre iodo el buen gus±o El único huésped que no se movió, re-
de su novio. Hizo, por supuesio, el gasio del sis±iendo al hambre y conviniendo en pagar
matrimonio religioso, y se quedó creyendo, el recargo de la mensualidad, fue el eslu-
o fingió creer que don Canuio hacía los del dianie de medicina. Sus razones iendría pa-
civil. ra ello.
Asis±ieron a la fies±a unas ochenia o cien Pero no fue ése el único quebranio que
personas, pues doña Tomasa esiaba bien re- iuvo que sufrir Delgado en aquellos días.
lacionada. Pidieron preslado un piano, y ±o- Una "ropera" a quien había dado cien pe-
cando la guiiarra uno de los huéspedes, se sos a usura, de la manera que él solía hacer
completó la orquesta. esos negocios, se alzó, y el fiador que ienía
Las jóvenes decían que don Canuio era se presenió iambién en quiebra, dejando a
un ionio, pues pudiendo haberse casado con don Canuio sin la menor esperanza de co-
la sobrina, que era muchacha y bonifa, car- brar aquella sumq.. Esfa grave pérdida lo
gaba con aquella vieja horrible. Las viejas, hizo renunciar a los negocios de banca. Al
por el contrario, opinaban que don Canuio vencerse las obligaciones que ±enía en la ca-
había dado pruebas de ser hombre de juicio, ja, las cobró, sin querer prorrogarlas, y juró
prefiriendo una señora madura, arreglada y no volver a dar un peso ni al"Sursumcorda".
juiciosa, a una niña frívola, que Dios sabe Pero no fue aquello lo peor. En esfa
qué dolores de cabeza le habría dado. fris±e vida, un mal, como dice el proverbio,
Doña Tomasa creía haber puesio pica en es bien venido cuando viene solo, y es muy
Flandes, pescando a los seienia un marido raro que no se presen±e acompañado, o se:..
hombre de bien, muchacho, no feo, y cocido guido inmediafamen±e de oíros. Así fue que
en pesos. Don Canuio, por su parfe, no es- ya por el desagrado de aquellos quebrantos,
faba menos sa±isfecho, creyendo hacer un ya por causas físicas desconoCidas, don Ca-
magnífico negoc.i-0', pues se casaba con . una nuto cayó enfermo, declarándose a los ±res
mujer más rica que él, y ±an vieja que no po- días de cama una peligrosísima y aguda pul-
día durar mucho. El uno y la o±ra conside- monía. Lo primero que hizo el avaro al sen-
raban aquel consorcio como una verdadera tirse malo, fue prohibir ierminanfemenfe a
ganga. ¿,Quién creemos acer±aría? Contes- su esposa que llamase médico.
taremos con lo que dice aquí la gen±e: "El -Yo en±iendo algo de medicina -dijo-1
corrido lo dirá". h<j ejercido la profesión, y sé lo que son esas
cosas. En±re el doc±or y la bo±ica se irá en
cua±ro días lo que ±erremos. Es necesario
17 que obre la naturaleza. Para ayudarle, dén-
me unos sudores de "güisqui!", y apliquen-
Grave enfermedad de Don Canuto y me al cos±ado, como cáus±ico, una hoja de
revelación de un secreto "chichicaste", que eso no cues±a nada y ade-
lanie.
Don Canu±o Fue necesario conformarse con la volun-
y doña Toma- iad del enfermo. Por desgracia, la naturale-
sa vieron le- za, de quien aguardaba él su curación, pa-
vantarse su luc recía impo±en±e para sobreponerse al mal,
na de miel en que hacía progresos alarmantes.
una atmósfera En aquella situación, el fu±uro Doc±or So-
serena y des- carra, sea por un sen±imien±o de caridad, sea
pejada. Em- porque ±uviese ya formado un plan que puso
pero, ±res días en prác±ica, ofreció a doña Tomasa sus s~r
después de ce- vicios profesionales, advirtiendo que asistiría
lebrado el ma- a don Canu±o por amistad y sin que le ces-
frimonio, una fase un cen±avo.
ligera nubeci- Informado de es±a generosa ofer±a, hubo
lla fue a interponerse en±re el as±ro de los de consentir Delgado en ponerse en manos
-16-
del estudiante, que entró en funciones desde ±criadores, dejaremos al enfermo repitiendo
luego, desplegando un celo, un esmero, un "¡Zape!", a doña Tomasa administrándole
cuidado, que arrancaba lágrimas de gratitud las medicinas y a Gabriela durmiendo tran-
a la buena cie doña Tomasa. quilam.,n±e, y seguiremos los pasos del Doc-
Llamó Socarra como enfermera a la her- tor Socarra.
mosa Gabriela, que se prestó con la mejor En vez de encaminarse a la Escuela de
voluntad a asistir día y noche a su ±ío Canu- Medicina, en busca del profesor a quien dijo
to, como ella lo llamaba desde que se había se proponía consultar, se dirigió a una casa
casado con su tía. de diligencias y preguntó si podrían propor-
Mas, a pesar del empeño del médico y cionarle un carruaje de dos asientos para el
del cuidado de la enfermera, el mal se pro- puerto 1 bien entendido que había de estar
longaba y parecía rebelde a los recursos de listo aquella noche a las nueve, y cambiando
la ciencia. Doña Tomasa coménzó a cansar- caballos, debería llegar a Escuin±la al siguien-
se de la asistencia del enfermo y poco a poco te día muy temprano.
fue dejándolo entregado a Gabriela y a So- Le contestaron que el precio lo hacía to-
carra, que le inspiraban, por otra parte, la do. Replicó Socarra que no reparaba en eso,
mayor confianza. Ellos lo asistían durante que pidieran lo que quisieran, con tal de que
el día y lo velaban por la noche, mientras el carruaje saliera aquella misma noche y
doña Tomasa descansaba. Más aún, acon- llegara a Escuin±la a la madrugada.
sejaban a la señora que no empeorara la si- El propietario de las diligencias hizo sus
i).lación, exponi<;>ndo su salud; repitiéndol'i! cálculos y se dejó pedir ochenta duros por
que harían sus veces con el mayor gus±o, a el coche.
la cabecera del enfermo. -Es caro -contestó Socarra-; pero se
La fiebre no disminuía. Don Canuto co- pagarán; con tal de que se cumpla con las
menzó a delirar, lo que se conoció en que re- condiciones puestas.
p<;>±Ía a cada momento la palabra "Zape", y Le ofrecieron que aquella noche, a las
medio incorporado en la cama se volvía a la nueve en punto, estaría el carruaje a la puer-
caja de hi'i!rro, qu<;> estaba a la cabec<;>ra. Pa- ±a de doña Tornasa Malabrigo, y se despidió
recÍfi como si viera un gato que se acercaba el estudiante.
al cofre, y lo espantara. · Este por su lado, y la hermosa Gabriela
·-'-·¡Zape!; ¡zape! -repitió don Canuto du- por el suyo, estuvieron haciendo, con el ma-
rante toda la noche, ejecutando siempre yor secreto, durante el día, ciertos preparati-
aquella evolución significativa hacia la caja. vos, ocupando en esto los rnomen±os que leo;¡
Socarra y Gabriela espiaban los menores dejaba libres la asistencia del enfermo.
movimientos del enfermo. Después de un
largó rato, continuando el delirio y, repitien- Llegó la noche. Desde las siete se cons-
do siempre aquella palabra, dijo el estudian- ±ituyeron el estudiante y la joven a la cabe-
fe a la joven en voz baja: ,, cera de don Canuto, que continuaba deliran-
-aOyes? "Zape". Son cuatro letras. do y cuya fiebre no cedía. A las ocho obli-
¡Esa es la clave! garon a doña Tomasa a que fuese a descan-
' Un rayo de alegría diabólica iluminó el sar, Socarra le tomó el pulso y dijo que había
rostro de Gabriela quien poniendo e! dedo in- un poco de calentura y que la señora debía
dice sobre los labios, hizo seña a Socarra de rt"leierse en la cama ·inm<;>diatamente. Ga-
que callara. · briela, que se había apoderado del gobierno
de la casa, para ahorrar aquel cuidado a su
tía, hizo que las criadas y lós niños se acos-
18 taran también, de modo qué poco antes de
las nueve, iodos dormían, menos los dos asis-
"Zape" tentes del enfermo. Luego que estuvieron
solos, dijo Socarra a Gabriela:
Pasó la noche -Ouí±ale la llave.
sin que se advir- Introdujo és±a la mano arnmda de unas
ti era alteración tijeras pequeñas, bajo la camisa de don Ca-
alguna favorable nu±o. Es±e sintió el movimiento, levantó la
en el estado del voz cuanto pudo y gritó: "¡Zape!" 1 pero no
enfermo. Doña tuvo fuerzas para evitar que Gabriela cortara
Tomasa fué a re- la cuerda de que pendía la llaveci±a de la
levar a Gabriela y caja, que corno queda dicho, lle;vaba siern-
a Socarra. La jo- pre al cuello.
ven se retiró a su En:tregó la llave al estudiante, que se di-
cuarto a dormir rigía ya a la caja 1 pero en aquel momento
un ra±o y el estudiante salió a la calle, di- se abrió la puerta del cuarto y se presentó
ciando que iba a consuliar a uno de sus pro- doña Tomasa, envuelta en las colchas de la
fesores sobre la enfermedad de don Canuto cama.
y que volvería pronto. -¿Usted aquí, señora? -dijo el estu-
Usando de nuestro pleno derecho ·de his- diante en ±ano severo-. ¡Qué imprudencia!
-17-
aNo estaba usted ya acostada'? aPor qué se Hemos visto cómo la fiebre y el delirio
ha levantado? vinieron a servir a los perversos designios de
-He oido -contestó la señora-, un aquel mozo sin escrúpulos, y cómo las demás
gran grifo, y temiendo alguna desgracia, he circunstancias fueron combinándose na±ural-
venido a ver qué sucedia. men±e y de ±al manera, que pudo llevar a
-Pues ya usted ve que nada nuevo ocu- cabo su mal designio.
rre -replicó Socarra-. Don Canuto ha re- Advirtiendo la insistencia con que rape-
petido en voz más fuer±e esa palabra sin sen- tia el enfermo la palabra "Zape", y el movi-
±ido, efecto del delirio, y nada más. Vaya miento que hacia con dirección a la caja,
usted pronto a acostarse, o no respondo de comprendió Socarra que aqu<;>llo algo signi-
su vida. ficaba. Esa palabra debia ser la expresión
En aquel momento el enfermo abrió des- de una idea que preocupaba vivamente al
mesuradamente los ojos, paseó una mirada enfermo; y por una inducción lógica, adivinó
inquieta por el cuarto, y fijándose en el estu- fácilmente que en el delirio se escapaba a
diante y en la moza, los señalaba con el de- don Canuto lo que tenia encerrado en el
do, y con aire espantado repefia: fondo del alma, lo que conslifuia la clave
-¡Zape! ¡Zape! de su secreto.
Socarra le ±amó el pulso; adviriió que el Gabriela entró en el plan de robar al
mal hacia crisis, y casi a empellones obligó desdichado avaro, y ya hemos visto cómo
a la señora a salir del cuar±o. aquellos dos jóvenes descorazonados ejecu-
-No podemos perder un minuto -dijo-, taron el hurto y se marcharon, dejando al
luego que estuvieron solos. Se puso de ro- enfermo solo y afravesando una peligtosisi-
dillas delante de la caja y comenzó a hacer ma crisis.
jugar en el candado el alfabeto de la cerra- Mientras ellos corren a escape camino
dura. Puso la letra Z, luego la A, después de Escuin±la, a fomar el vapor que debe lle-
la P, y por úl±imo la E. Aplicó la llavecHa varlos fuera del pais, con el fru±o de su ra-
y se abrió la caja. Gabriela y Socarra son" piña, consii±uyámonos en el cuar±o del en-
rieron con expresión sa±ánica, se apoderaron fermo y veamos lo que alli pasa, después de
del contenido del cofre-fuer±e, sin perdonar la fuga de los que lo asisfian.
ni aun el cubierto de plata, y dejaron caer Desde las nueve de la noche hasta
la tapa, sin echar la llave. En aquel mo- las seis de la mañana del siguiente dia, lu-
mento se oyó el ruido de un carruaje que chó Delgado con la fiebre, y al fin, por una
paraba en la puer±a. de esas evoluciones que son el secreto de la
Hicieron dos líos del dinero; uno mayor naturaleza, triunfó ésta del mal, que comen-
y más pesado, con el cual cargó Socarra, y zó a ceder. Disminuyó la calentura y la in-
otro ligero, que llevó Gabriela. Cerraron la teligencia empezó a despejarse, como se des-
puer±a del cuarto d<?l enfermo; abrieron con peja la atmósfera, dejando penetrar al tra-
cuidado la de la casa que daba a la calle; vés de ,pardas y espesas nubes un rayo de
.acomodaron el tesoro en la caja del asiento sol; después de un prolongado y- recio tem-
del coché; el conductor sacudió un par de la- poral.
:tigazos a los dos primeros caballos de ~os . Comenzó "él" enfermo a. tener conciencia
l:ua±ro que tiraban del carruaje, y partieron. de su situación, Abrió los ojos y buscó en
derredor; a ver si habia alguna persona, pe-
ro no vio a nadie. En seguida hizo un pe-
19 noso <;>sfuerzo par levantar la mano y lle-
vándola al cuello, buscó alli alguna cosa.
En el cuarto del enfermo Enconfró la cuerda. Fue bajando la mano
y como no hallaba lo que buscaba, continuó
El proyec±o bajándola len±amenfe, pues sus escasas fuer-
de robar la ca- zas no daban lugar a un movimiento rápido.
ja de don Ca- Por úlfimo, focó el cabo del cordel; firó y
nuto Delgado, apareció éste, cortado, en su mano. Don Ca-
fue obra de nuto lanzó un grifo, que no obstante la debi-
1a imagina- lidad en que esíaba, fue bastante fuerte para
ción del estu- llegar a oidos de doña Tomasa, que estaba
diante Juan levantándose. Al oirlo, corrió a medio ves-
Socarra. An- ±ir a la habitación de su marido y tembló al
daba desde ver la expresión de ±error que presentaba la
muchos dias fisonomia de don Canuto.
antes buscan- -¡La llave!! -gritó éste- 1 adónde está
do la manera de asegurar el golpe, y sus pla- la llave'?
nes escollaban siempre an±e la dificultad de Doña Tomasa creyó que continuaba el
averiguar la palabra que encerraba el secre- delirió, y sin contestarle trató de volverlo a
to de la cerradura. Habia observado que acostar, pues estaba medio incorporado en
las letras eran cuatro, pero el trabajo estaba la cama. Don Canuto agarró por el puño a
en dar con ellas. doña Tomasa y sacudiéndola con una fuerza
-18-
de que nadie le hubiera creído capaz en su que el bello sexo no acostumbra fechar sus
siiuación, ·volvió a exclamar con acento de- carias. Decía así:
sesperado:
-¡Desdichada! ¿Dónde es±á la llave de Mi querida tia Tomasa:
la caja? ¡Me han robado!
Entonces comprendió la señora que aque- . Cuando us~ed reciba ésta, Juan y yo
llo no era obra del delirio; volvió a ver la 1remos muy le¡os. Vamos a casarnos a
caja y advirtiendo que estaba sin llave, la Nicaragua, contando con que usted no
abrió, y al ver que no había nada, se puso me negará su permiso y me dará su ben-
pálida como un cadáver. dición.
-¡Nos han robado!! -gri±ó-. Gabrie- A mi marido y a mí nos pareció jus-
la, Socarra, ¿,dónde estarán? Han salido del to y conveniente :tomamos lo que tenía
cuarto y alguno ha aprovechado el momen- mi tío Canuto (que ha resultado muy
to para hacer es±a maldad. poco, cinco mil pesos), porque usted re-
Don Canu±o al oír es±o, se arrojó fuera cordará que me dijo que debía darme
de la cama, metió las manos dentro de la diez mil por lo del cuarto, y así lo ha-
caja, y encontrándola vacía, cayó sin sentido bíamos convenido antes de que me en-
con la cabeza adentro. trara. No hago más, pues, que coger lo
A los' gritos de doña Tomasa acudieron que es muy mío, y todavía me quedan
las criadas y las gentes de las vecindades, ustedes debiendo otros cinco mil, que no
que creyeron había expirado el enfermo. Lo dudo me pagarán, si alguna vez mejo-
levantaron, le hicieron respirar é±er y reco- ran de fortuna.
bró el conocimiento; pero más le valiera ha- Adiós, querida tía; mil cosas a mi
ber pasado de aquel desmayo a la eternidad. ±ío Canuto, si es±á vivo; pues Juan dice
-¡Zape! -dijo, y lanzó una carcajada que quedaba en un "cris" muy peligro-
que horrorizó a iodos los presentes-. ¡Za- so. Usted cuídese y no olvide a su so-
pe!, hermosa Gabriela, -añadió- 1 ¡Zape!, brina que la ama y verla desea.
amigo Socarra. ¿Han vis±o ustedes a Raja-
cuero? ¡Cuidado con los ladrones de la mon- GABRIELA MALABRIGO
taña de Honduras! Ja, ja, ja, -volvió a car- DE SOCARRA
cajearse, mientras dos gruesas lágrimas ba-
jaban por sus mejillas. Posda±a.-Dice Juan que le regala el es-
-Está loco, está loco -dijeron los pre- queleto y que desea lo disfrute usted mu-
sentes; y era la verdad. La razón del desdi- chos años.
chado avaro, no pudiendo resistir a aquel
golpe, había zozobrado. Doña Tomasa estrujó aquella caria (que
recogió un vecino, que me la ha proporcio-
nado), y llorando de rabia decía:-
20 -Eso es, el esqueleto; ellos se llevan la
carne y a mí me dejan el hueso.
Epístola de la hermosa Gabriela
Mandó doña Tomasa
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que llamaran a su sobri-
na y al médico que asis- Conclusión
tía al enfermo, para par-
±iciparles los dolorosos Don Canuto Delga-
acon±ecimien±os; p e ro do fué conducido al
nadie pudo dar con los hospi±al, pues doña To-
dos jóvenes por ninguna masa dijo que ella no
par±e. Encontrando que estaba en edad ni en
de sus respectivas habi- si±uación de cuidar lo-
taciones faltaban la ro- cos. Volvió a llamar
pa y demás objetos de a sus huéspedes, y al-
tal cual valor, surgió al momento en ±odas gunos han ocurrido, no
las imaginaciones la idea de una fuga, que pudiendo :temer ya que
na±uralmen±e se, consideró conexa con el ro- los mate de hambre el
bo de la caja. Doña Tomasa veía y no po- marido de la patrona.
día creer ±anta maldad de parte de su so- En cuanto al estudiante Socarra y a la
brina. Pasó el día en la mayor ansiedad, y hermosa Gabriela, supongo que no pueden
por la noche recibió una caria timbrada en ser muy felices, y que ±arde o temprano lle-
el puerto de San José, la que disipó sus últi- varán la recompensa de su mala acción. Si
mar ilusiones. Voy a reproducir ese docu- alguna vez tuviese yo noticia de ellos, no de-
mento, para edificación de mis lectores. No jaré de comunicarla a mis lectores.
tenía fecha, lo que no me choca, pues parece Y aquí concluye la verídica y galopante
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historia del Esclavo de don Dinero; que si no ves inconvenientes de poner el alma y el
me equivoco, nos enseña, con las aventuras cuerpo, como él lo hizo, al servicio de ±al
y ±ris±e fin de don Canuto Delgado, los gra- amo.
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