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Resumen de Tío Vania por actos

Este documento presenta un resumen del primer acto de la obra Tío Vania de Antón Chéjov. Introduce los personajes principales y describe brevemente la primera escena, en la que Marina y Astrov hablan sobre cómo ha envejecido Astrov en los últimos años debido a su trabajo excesivo. También resume escenas posteriores donde los demás personajes llegan y conversan sobre temas como la vida en la hacienda y las cualidades de Elena.

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Resumen de Tío Vania por actos

Este documento presenta un resumen del primer acto de la obra Tío Vania de Antón Chéjov. Introduce los personajes principales y describe brevemente la primera escena, en la que Marina y Astrov hablan sobre cómo ha envejecido Astrov en los últimos años debido a su trabajo excesivo. También resume escenas posteriores donde los demás personajes llegan y conversan sobre temas como la vida en la hacienda y las cualidades de Elena.

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Tío Vania

(Diadia Vania)
Anton Pavlovich Chejov
Traducción de E. Podgursky
Escenas de la vida en el campo en cuatro actos
(1896)

PERSONAJES

ALEXANDER VLADIMIROVICH SEREBRIAKOV, profesor retirado.

ELENA ANDREEVNA, su mujer, veintisiete años.

SOFÍA ALEXANDROVNA (SONIA), su hija de un primer matrimonio.

MARÍA VASILIEVNA VOINITZKAIA, viuda de un consejero secreto y madre de la primera mujer del
profesor.

IVÁN PETROVICH VOINITZKII, su hijo.

MIJAIL LVOVICH ASTROV, médico.

ILIA ILICH TELEGUIN, terrateniente arruinado.

MARINA, vieja nodriza.

Un MOZO.
La acción tiene lugar en la hacienda de Serebriakov.

Acto primero
La escena representa un jardín y parte de la en vida. Por aquel tiempo, antes que muriera,
fachada de la casa ante la que se extiende una viniste dos inviernos seguidos..., lo cual quiere
terraza. En la alameda, bajo un viejo tilo, esta decir que hará de esto unos once años.
dispuesta la mesa del té. Sillas, bancos y, sobre (Después de meditar unos momentos.) Y hasta
uno de ellos, una guitarra. A corta distancia de la puede que más.
mesa, un columpio. Son más de las dos de la ASTROV. -¿He cambiado mucho desde
tarde. El tiempo es sombrío. entonces?
MARINA. -Mucho. Antes eras joven, guapo...,
Escena primera mientras que ahora has envejecido... ¿Y dónde
MARINA, viejecita tranquila, hace calceta se te ha ido la belleza? También hay que decir
sentada junto al «samovar»; ASTROV pasea a que bebes vodka.
su lado por la escena. ASTROV. -Sí. En diez años me he vuelto otro
MARINA. -(Sirviéndole un vaso de té.) Toma, hombre... ¿Y por qué causa?... Porque trabajo
padrecito. demasiado, ama... No conozco el descanso, y
ASTROV. -(Cogiendo con desgana el vaso.) hasta por la noche, bajo la manta, estoy siempre
Creo que no me apetece. temiendo que vengan a llamarme para ir a ver a
MARINA. -Puede que quieras un poco de algún enfermo. Desde que nos conocemos no he
vodka. tenido un día libre, y así..., ¿quién no va a
ASTROV. -No... No la bebo todos los días... envejecer? Además, la vida de por sí es
El aire, además, es sofocante. (Pausa.) ¡Ama!... aburrida, tonta, sucia... Eso también influye
¿Cuánto tiempo hace ya que nos conocemos? mucho. A tu alrededor no ves más que gentes
MARINA. -(Cavilando.) ¿Cuántos?... ¡Que absurdas, y cuando llevas viviendo con ellas dos
Dios me dé memoria!... Verás... Tú viniste o tres años, tú mismo, poco a poco y sin darte
aquí..., a esta región.... ¿cuándo?... Vera cuenta, te vas volviendo también absurdo... En
Petrovna, la madre de Sonechka, estaba todavía un destino inevitable. (Rizándose los largos
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bigotes.) ¡Qué bigotazo más enorme he echado! «¿Qué se le ofrece, padrecito?»... «¡El té!»... Y,
¡Qué bigote más tonto! ¡Me he vuelto absurdo, por él, tiene una que despertar a la gente...,
ama!... Tonto todavía no me he vuelto. ¡Dios es preparar el «samovar»... ¡Vaya orden de casa!
misericordioso! Mis sesos están en su sitio; pero ASTROV. -¿Piensan quedarse mucho tiempo
tengo, en cierto modo, atrofiado el sentimiento. todavía?
No deseo nada, no necesito de nadie y no quiero VOINITZKII. -(Silbando.) Cien años... El
a nadie. Acaso sólo te quiero a ti. (Le besa la profesor ha decidido establecerse aquí.
cabeza.) Cuando era niño, tuve también un ama MARINA. -Pues ahora está pasando igual. El
como tú. «samovar» lleva ya dos horas sobre la mesa, y
MARINA. -Puede que quieras comer algo. ellos..., de paseo.
ASTROV. -No. En la tercera semana de VOINITZKII. -Ahí vienen ya... Ya vienen, no te
Cuaresma, durante la epidemia, tuve que ir a alteres.
Malitzkoe... Cuando el tifus exantemático... Allí,
en las «isbas», se morían las gentes como Escena III
moscas... ¡Suciedad..., pestilencia..., humo..., Se oyen primero voces y, después, surgiendo
terneros por el suelo, junto a los enfermos!... del fondo del jardín, entran en escena, de vuelta
¡Hasta cerdos había!... Yo no me senté en todo del paseo, SEREBRIAKOV, ELENA
el día, ni probé bocado; pero, eso sí..., cuando ANDREEVNA, SONIA y TELEGUIN.
llegué a casa, tampoco me dejaron descansar. SEREBRIAKOV. -¡Magnífico! ¡Magnífico!...
Me traían al guardagujas de la estación... Le ¡Las vistas son maravillosas!...
tendí sobre la mesa para operarle, y se me murió TELEGUIN. -¡Maravillosas, excelencia!
bajo el cloroformo... Pues bien.... entonces..., SONIA. -Mañana iremos al campo forestal,
cuando menos falta hacía, el sentimiento papá. ¿Quieres?
despertó dentro de mí. La conciencia me dolía VOINITZKII. -¡Señores! ¡A tomar el té!
como si le hubiera matado premeditadamente. SEREBRIAKOV. -¡Amigos míos! ¡Sean
Me senté, cerré los ojos..., así..., y pensé: buenos y mándenme el té al despacho! ¡Hoy
aquellos que hayan de sucedernos dentro de tengo todavía que hacer!
cien o doscientos años, y para los que ahora SONIA. -¡Seguro que te gustará el campo
desbrozamos el camino..., ¿tendrán para forestal! (Salen ELENA ANDREEVNA,
nosotros una palabra buena?... ¡No la tendrán, SEREBRIAKOV y SONIA. TELEGUIN se acerca
ama! a la mesa y se sienta al lado de MARINA.)
MARINA. -La gente no la tendrá, pero Dios, VOINITZKII. -¡Con el calor que hace y este
sí, aire sofocante, nuestro gran sabio lleva abrigo,
ASTROV. -Sí. Gracias... Has hablado muy chanclos, paraguas y guantes!
bien. ASTROV. -Lo que quiere decir que se cuida.
VOINITZKII. -¡Y qué maravillosa es ella!...
Escena II ¡Qué maravillosa! ¡En toda mi vida no he visto
Entra VOINITZKII. una mujer más bonita!
VOINITZKII. -(Ha salido de la casa con TELEGUIN. -¡María Timofeevna!... ¡Lo mismo
aspecto de haber estado durmiendo después del cuando voy por el campo, que cuando me paseo
almuerzo y, sentándose en el banco, endereza por la fonda de este jardín, o miro a esta mesa...,
su corbata de petimetre.) Bueno... (Pausa.) experimento una inefable beatitud!... ¡El tiempo
Bueno... es maravilloso, los pajarillos cantan y la paz y la
ASTROV. -¿Has dormido bien? concordia reinan entre todos! ¿Qué más se
VOINITZKII. -Muy bien, sí. (Bosteza.) Desde puede desear? (Aceptando un vaso de té.) Se lo
que viven aquí el profesor y su mujer..., mi vida agradezco con toda el alma.
se ha salido de su carril. No duermo a las horas VOINITZKII. -(Soñando alto.) ¡Qué ojos! ¡Qué
en que sería propio hacerlo; en el almuerzo y la mujer maravillosa!
comida, como cosas que no me convienen; bebo ASTROV. -Cuéntame algo, Iván Petrovich.
vinos... ¡Nada de esto es sano!... Antes no VOINITZKII. -(En tono apático.) ¿Qué quieres
disponía de un minuto libre. Sonia y yo que te cuente?...
trabajábamos mucho; pero ahora es ella sola la ASTROV. -¿No ocurre nada nuevo?
que trabaja, mientras yo duermo, como, bebo... VOINITZKII. -Nada... ¡Todo es viejo! Yo...,
¡No está bien, desde luego! igual que antes, o quizá peor, porque me he
MARINA. -(Moviendo la cabeza.) ¡Vaya orden vuelto perezoso, no hago nada y gruño como un
de vida!... ¡El «samovar» esperando desde por la viejo caduco... Mi vieja «maman» balbucea
mañana temprano, y el profesor levantándose a todavía algo sobre «la emancipación femenina»,
las doce!... Antes de venir ellos, comíamos, y mientras con un ojo mira a la tumba, con el
como todo el mundo, a poco de dar las doce; otro busca, en sus libros doctos, «la aurora de
pero, con ellos, a las seis pasadas... Luego, por una nueva vida»...
la noche, el profesor se pone a leer y a escribir, ASTROV. -¿Y el profesor?
y, de repente..., a eso de las dos, un timbrazo...

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VOINITZKII. -El profesor, como siempre, se que el esforzarse en ahogar dentro de sí la
pasa el día, de la mañana a la noche, sentado, pobre juventud y el sentimiento vivo, no lo es.
escribe que te escribe... «¡Con la frente fruncida TELEGUIN. -(Con voz llorosa.) ¡Vania! ¡No
y la mente tersa, escribimos y escribimos odas, me gusta oírte hablar así!... ¡El que engaña a su
sin que para ellas ni para nosotras oigamos mujer o al marido es un ser infiel!... ¡Capaz
alabanzas!»... ¡Pobre papel! ¡Mejor haría en también de traicionar a la patria!
escribir su autobiografía!... ¡Sería un argumento VOINITZKII. -(Con enojo.) ¡Cierra el grifo,
magnífico!... «Un profesor retirado, vicio Vaflia!
mendrugo, enfermo de gota, de reumatismo, de TELEGUIN. -¡Permíteme, Vania!... ¡Mi
jaqueca y con el hígado inflamado por los celos y mujer..., y sin duda por culpa de mi exterior poco
la envidia... Este pescado seco reside, a pesar atrayente..., se fugó, al día siguiente de la boda,
suyo, en la hacienda de su primera mujer - con un hombre a quien quería!... ¡Pues bien...,
porque su bolsillo no le permite vivir en la después de esto, yo seguí cumpliendo con mi
ciudad- y se lamenta constantemente de sus deber! ¡Todavía la quiero y le guardo fidelidad!...
desdichas, aunque la realidad sea que es ¡La ayudo cuanto puedo, y le he hecho entrega
extraordinariamente feliz». ¡Hazte cargo de la de todos mis bienes, para que atienda a la
cantidad de suerte que tiene!... (Nervioso.) Hijo educación de los niños que tuvo con aquel
de un simple sacristán, ha subido por los grados hombre a quien quiso! ¡Me falló la dicha, pero
de la ciencia y ha alcanzado una cátedra. Es me quedó el orgullo!... ¿Y ella, en cambio?... Su
excelencia, ha tenido por suegro un senador, juventud pasó, su belleza -sujeta a las leyes de
etcétera... No es que importe mucho nada de la Naturaleza- acabó marchitándose, y el hombre
eso, dicho sea de paso, pero ten en cuenta lo a quien quería falleció... ¿Qué le ha quedado?
siguiente: este hombre, durante exactamente
veinticinco años, escribe sobre arte sin Escena IV
comprender absolutamente nada de arte... Entran SONIA y ELENA ANDREEVNA. Un poco
Durante veinticinco años exactamente, mastica después, y con un libro entre las manos, MARÍA
las ideas ajenas sobre realismo, naturalismo y VASILIEVNA. Ésta, después de sentarse, se
toda otra serie de tonterías... Durante veinticinco pone a leer. Le sirven el té, que bebe sin alzar la
años lee y escribe sobre lo que para la gente vista del libro.
instruida hace tiempo es conocido y para los SONIA. -(Al ama, en tono apresurado.)
necios no ofrece ningún interés... Lo cual quiere ¡Amita! Ahí han venido unos mujiks. Vete a
decir que su trabajo ha sido vano... No hablar con ellos. Yo me ocuparé del té. (Sirve
obstante..., ¡qué vanidad!, ¡qué pretensiones!... este. Sale el ama. ELENA ANDREEVNA coge su
Retirado, no hay alma viviente que le conozca. taza, que bebe sentada en el columpio.)
Se le ignora completamente. Lo cual quiere decir ASTROV. -(A ELENA ANDREEVNA.) Venía a
que durante veinticinco años ha estado ver a su marido. Me escribió usted diciéndome
ocupando un lugar que no le correspondía... Y que tenía reuma y no sé qué más cosas, y
fíjate..., cuando anda, su paso es el de un resulta que está sanísimo...
semidiós. ELENA ANDREEVNA. -Ayer, anochecido, se
ASTROV. -Parece enteramente que tienes quejaba de dolor en las piernas; pero hoy ya no
envidia. tiene nada.
VOINITZKII. -Tengo envidia, sí... ¡Y qué éxito ASTROV. -¡Y yo recorriendo a toda prisa
el suyo con las mujeres! ¡Ni Don Juan supo de treinta verstas! ¡Qué se le va a hacer! ¡No es la
un éxito tan rotundo!... Su primera mujer -mi primera vez que ocurre!... ¡Eso sí, como
hermana-, criatura maravillosa, tímida, límpida recompensa, me quedaré en su casa, por lo
como este cielo azul; noble, generosa, contando menos, hasta mañana!... ¡Siquiera, dormiré
con más admiradores que él alumnos..., le quiso «quantum satis»!...
como sólo los ángeles pueden querer a otros SONIA. -¡Magnífico! ¡Es tan raro que se
ángeles tan puros y maravillosos como ellos... Mi quede a dormir! Seguro que no ha comido usted.
madre, a la que inspira un terror sagrado, ASTROV. -En efecto, no he comido.
continúa adorándole... Su segunda mujer..., SONIA. -Pues así comerá con nosotros.
bonita, inteligente -ahora mismo acaba usted de Ahora no comemos hasta después de las seis.
verla-, se casó con él cuando ya era viejo, (Bebe.) El té está frío.
entregándole su juventud, su belleza, su libertad TELEGUIN. -Sí, la temperatura del
y su esplendor... ¿Por qué?... ¿Para qué? «samovar» ha descendido considerablemente.
ASTROV. -¿Y es fiel al profesor? ELENA ANDREEVNA. -No importa, Iván
VOINITZKII. -Desgraciadamente, sí. Ivanich. Lo beberemos frío.
ASTROV. -¿Por qué «desgraciadamente»?... TELEGUIN. -Perdón...; pero no soy Iván
VOINITZKII. -Porque esa fidelidad es falsa Ivanich, sino Ilia Ilich..., Ilia Ilich Teleguin, o -
desde el principio hasta el fin. Le sobra retórica y como me llaman algunos, por mi cara picada de
carece de lógica. Engañar a un viejo marido al viruelas- Vaflia. En tiempos fui padrino de
que no se puede soportar es inmoral, mientras Sonechka, y su excelencia, su esposo, me

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conoce mucho. Ahora vivo en su casa, en esta VOINITZKII. -Un tiempo muy bueno para
hacienda... Si se ha servido usted reparar en ahorcarse. (TELEGUIN afina la guitarra,
ello, todos los días como con ustedes. MARINA da vueltas ante la casa, llamando a las
SONIA. -Ilia Ilich es nuestro ayudante..., gallinas.)
nuestro brazo derecho. (Con ternura.) Traiga, MARINA. -¡Pitas, pitas, pitas!
padrinito. Le daré más té. SONIA. -¡Amita! ¿A qué venían esos
MARÍA VASILIEVNA. -¡Ah!... «mujiks»?
SONIA. -¿Qué le pasa, abuela? MARINA. -A lo de siempre. Otra vez para lo
MARÍA VASILIEVNA. -He olvidado decir a del campito... ¡Pitas, pitas, pitas!...
Alexander -se me va la memoria- que he recibido SONIA. -¿A quién llamas?
hoy carta de Jarkov. De Pavel Alekseevich... MARINA. -¡Es que Petruschka se ha
Enviaba su nuevo artículo. escapado con los pollitos!... ¡Pueden robarlos los
ASTROV. -¿Y es interesante? cuervos! (Sale. TELEGUIN toca a la guitarra una
MARÍA VASILIEVNA. -Sí, pero un poco polca. Todos escuchan en silencio.)
extraño. Se retracta de cuanto hace siete años
era el primero en defender. ¡Es terrible! Escena V
VOINITZKII. -No veo lo terrible por ninguna Entra un MOZO de labranza.
parte. Bébase el té, «maman». EL MOZO. -¿Está aquí el señor doctor? (A
MARÍA VASILIEVNA. -Pero ¡si quiero hablar! ASTROV.) Vienen a buscarle, Mijail Lvovich.
VOINITZKII. -Desde hace cincuenta años no ASTROV. -¿De dónde?
hacemos más que hablar, hablar y leer artículos. EL MOZO. -De la fábrica.
Ya es hora de terminar. ASTROV. -(Con enojo.) ¡Pues tantas
MARÍA VASILIEVNA. -No sé por qué no te gracias!... ¡Qué se le va a hacer! (Buscando con
agrada escuchar cuando yo hablo... Perdona. los ojos la gorra.) Tengo que ir... ¡Qué lástima
«Jean», pero en este último año has cambiado diablos!
tanto, que no te reconozco. Antes eras un SONIA. -¡Qué lástima, verdaderamente!...
hombre de convicciones definidas... Tenías una Cuando esté de vuelta de la fábrica, véngase
personalidad clara. aquí a comer.
VOINITZKII. -¡Oh, sí!... ¡Tenía una ASTROV. -Imposible. Será demasiado tarde.
personalidad clara con la que no daba claridad a Cómo voy a poder... (Al MOZO.) ¡Oye, amigo!
nadie!... (Pausa.) ¡Tenía una personalidad clara! ¡Tráeme una copa de vodka! (Sale el MOZO.)
¡Imposible emplear ingenio conmigo más Cómo voy a poder... (Encontrando la gorra.) En
venenosamente!... Tengo ahora cuarenta y siete una de sus obras teatrales, Ostrovsky presenta
años. Pues bien..., como usted, hasta el año un personaje de largos bigotes y cortas
pasado me apliqué ex profeso a embrumar mis capacidades... Pues bien, ese soy yo... Así es
ojos con su escolástica, para no ver la verdadera que..., tengo el honor, señores, de saludarles. (A
vida, e incluso pensaba que hacía bien... Ahora, ELENA ANDREEVNA.) Me proporcionará una
en cambio... ¡Si usted supiera!... ¡Mi rabia, mi sincera alegría si un día va a visitarme con Sofía
enojo por haber malgastado el tiempo de modo Alexandrovna. Soy dueño de una pequeña
tan necio, cuando podía haber tenido todo hacienda, que no tendrá arriba de unas treinta
cuanto ahora la vejez rehúsa, me hace pasar las «desiatin», pero si le interesa ver un jardín
noches en vela! modelo y un invernadero como no lo hay igual en
SONIA. -¡Tío Vania! ¡Es aburrido! mil verstas a la redonda, allí lo encontrará.
MARÍA VASILIEVNA. -(A su hijo.) ¡Parece Tengo junto a mí los viveros del Estado, y, como
que echas algo la culpa de eso a tus anteriores el guarda forestal es viejo y está siempre
convicciones, cuando la culpa no es de ellas, enfermo, soy yo, en realidad, el que se ocupa de
sino tuya! ¡Olvidas que las convicciones por sí ellos.
solas no son nada!... ¡Nada más que letra ELENA ANDREEVNA. -Ya me han dicho que
muerta! ¡Había que actuar! tiene usted gran amor a los bosques. Claro que
VOINITZKII. -¡Actuar!... ¡No todo el mundo es es mucho el servicio que puede usted prestarles;
capaz de convertirse en un «perpetuum mobile» pero..., ¿acaso ello no perjudica a su verdadera
de la escritura, como su» «Herr» profesor! vocación? ¡Es usted médico!
MARÍA VASILIEVNA. -¿Qué quieres decir ASTROV. -¡Solo Dios sabe cuál es nuestra
con eso? verdadera vocación!
SONIA. -(En tono suplicante.) ¡Abuela!... ¡Tío ELENA ANDREEVNA. ¿Y resulta
Vania!... ¡Os lo ruego! interesante?
VOINITZKII. -Me callo... Me callo y me ASTROV. -Sí. Es un trabajo interesante.
someto... (Pausa.) VOINITZKII. -(Con ironía.) ¡Mucho!
ELENA ANDREEVNA. -La verdad es que el ELENA ANDREEVNA. -(A ASTROV.) Es
tiempo hoy está hermoso. No hace ningún usted todavía joven. Representa usted tener
calor... (Pausa.) treinta y seis o treinta y siete años, y la cosa,
seguramente, no es tan interesante como dice.

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¡Bosques, bosques y bosques siempre!... ¡Se me seguramente, es una chifladura. ¡Tengo el honor
figura que es muy monótono! de saludaros!... (Se encamina hacia la casa.)
SONIA. -No... Es muy interesante. Mijail SONIA. -(Siguiéndole, le coge del brazo.)
Lvovich todos los años planta nuevos bosques, y ¿Cuándo vendrá a vernos?
ya ha sido premiado con una medalla de bronce ASTROV. -No lo sé.
y un diploma. Se preocupa también de que los SONIA. -¿Va a estar otro mes sin venir?
viejos bosques no se pierdan. Si le oye usted, (Salen ASTROV y SONIA. MARÍA VASILIEVNA
acabará siendo de su opinión... Dice que los y TELEGUIN continúan al lado de la mesa y
bosques adornan la tierra y enseñan al hombre a ELENA ANDREEVNA y VOINITZKII se dirigen a
penetrar en sus maravillas, inspirándole la terraza.)
grandeza de ánimo... Que los bosques dulcifican ELENA ANDREEVNA. -¡Iván Petrovich! ¡Ha
la severidad del clima y que en los países donde vuelto usted a comportarse de un modo
este es más benigno, se consumen menos imposible! ¿Qué necesidad tenía de excitar a
fuerzas en la lucha con la Naturaleza, por lo que María Vasilievna diciéndole eso del «perpetuum
el hombre allí es más suave y más tierno. Allí - mobile»? ¡Otra vez hoy, durante el almuerzo,
dice- la gente es bella, flexible, fácil a la empezó usted a discutir con Alexander! ¡Eso no
sensibilidad. Su lenguaje es fino, sus puede ser!
movimientos gráciles; florecen sus ciencias y su VOINITZKII. -Pero ¡si le aborrezco!
arte; su filosofía no es sombría, y su relación ELENA ANDREEVNA. -¡No hay motivo
hacia la mujer está impregnada de una fiera ninguno para aborrecer a Alexander! ¡Es un
nobleza. hombre como todo el mundo! ¡No es peor que
VOINITZKII. -(Riendo.) ¡Bravo, bravo!... ¡Todo usted!
eso resulta grato, pero nada convincente!... Por VOINITZKII. -¡Si hubiera usted podido verle el
tanto... (A ASTROV.) Permíteme, amigo mío, rostro y los movimientos!... ¡Qué pereza tiene de
que continúe encendiendo mis estufas con leña vivir!... ¡Oh, qué pereza!
y construyendo mis cobertizos de madera. ELENA ANDREEVNA. -¡Pereza, sí, y
ASTROV. -Podrías encender tus estufas con aburrimiento!... ¡Todos critican a mi marido!
turba y construir los cobertizos de piedra; pero, ¡Todos me miran con compasión!... «¡Qué
bueno..., admito que se corten por necesidad, desgraciada!»... «¡Tiene un marido viejo!»... ¡Y,
pero destruirlos..., ¿por qué? Los bosques rusos oh, cómo
crujen bajo el hacha, perecen millones de comprendo ese interés por mí!... ¡Todos ustedes
árboles, se vacían las moradas de los animales y -como acaba de decir Astrov-, insensatamente,
de los pájaros, los ríos pierden profundidad y se dejan perecer los bosques, y pronto en la tierra
secan; desaparecen, para nunca volver, paisajes no habrá nada! ¡Pues bien..., del mismo modo
maravillosos, y todo porque el hombre, insensato, labran la pérdida del hombre, y pronto
perezoso, carece del sentido que le haría sobre la tierra -gracias a ustedes- no quedará ni
agacharse y extraer de la tierra el combustible. fidelidad, ni pureza, ni capacidad de sacrificio!
(A ELENA ANDREEVNA.) ¿No es verdad, ¿Por qué no pueden ver con indiferencia a una
señora?... Es preciso ser un bárbaro sin juicio mujer que no es suya?... ¡Sencillamente, porque
para quemar en la estufa esa belleza... Para -tiene razón el doctor- cada uno de ustedes lleva
destruir lo que nosotros somos incapaces de dentro el demonio de la destrucción! ¡No tienen
crear... Si el hombre está dotado de juicio y de piedad ni para los bosques, ni para los pájaros,
fuerza creadora, es para multiplicar lo que le ha ni para las mujeres, ni el uno para el otro!
sido dado y, sin embargo, hasta ahora, lejos de VOINITZKII. -No me gusta en absoluto esa
crear nada, lo que hace es destruir... Cada día filosofía. (Pausa.)
es menor y menor el número de bosques... Los ELENA ANDREEVNA. -Ese doctor, por la
ríos se secan, las aves desaparecen, el clima cara, parece cansado y nervioso. Es una cara
pierde benignidad, y la tierra se empobrece y se interesante la suya. Por lo visto, le gusta a
afea. (A VOINITZKII.) Me miras con ironía, como Sonia. Está enamorada de él, y lo comprendo...
si todo cuanto estoy diciendo no te pareciera Durante mi estancia aquí, ya ha venido tres
serio... Y puede que, en efecto, sea una veces; pero, como soy tímida, no he hablado con
chifladura...; pero cuando paso ante bosques de él una sola, como es debido..., afectuosamente.
campesinos, a los que he salvado de la tala; Me creerá de un carácter atravesado...
cuando oigo el rumor de un joven bosque Seguramente usted y yo, Iván Petrovich, somos
plantado por mí, reconozco que el clima está tan buenos amigos porque los dos somos
algo en mis manos y que si, dentro de mil años, aburridos y tristes... No me mire de esa manera.
el hombre es feliz, será un poco por causa mía... No me gusta.
Cuando planto un pequeño abedul, al que veo VOINITZKII. -¿Y cómo voy a mirarla de otra
después verdear y mecerse con el viento, se me manera, si la quiero?... ¡Es usted mi dicha, mi
llena el alma de orgullo y... (Viendo avanzar al vida, mi juventud! ¡Sé que mis probabilidades a
MOZO con la copa de vodka.) A todo esto... una reciprocidad por su parte equivalen a cero;
(Bebe.), ya es hora de marcharse. Esto,

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pero no necesito nada!... ¡Permítame tan solo ELENA ANDREEVNA. -¡Es martirizante!
que la mire, que oiga su voz!... (Salen ambos, TELEGUIN toca a la guitarra una
ELENA ANDREEVNA. -¡Cuidado! ¡Pueden polca. MARÍA VASILIEVNA anota algo en el
oírle! (Se dirige a la casa.) margen del libro.)
VOINITZKII. -(Siguiéndola.) ¡Permítame que
la hable de mi amor! ¡No me rechace! ¡Esa será
para mí la mayor felicidad!

Acto Segundo
Comedor en casa de los SEREBRIAKOV. Es de continúe vivo; pero..., esperen, que ya pronto les
noche. Se oye el golpeteo del guarda a su paso liberaré a todos!... ¡Ya no falta mucho!
por el jardín. ELENA ANDREEVNA. -No puedo más... ¡Por
el amor de Dios, cállate!
Escena primera SEREBRIAKOV. -Ahora resulta que, gracias
SEREBRIAKOV, sentado en una butaca ante la a mí, nadie puede más... Todos se aburren,
ventana abierta, dormita. ELENA ANDREEVNA, pierden la juventud, y solo yo disfruto de la vida y
a su lado, dormita también. estoy contento... ¡Claro!
SEREBRIAKOV. -(Espabilándose.) ¿Quién ELENA ANDREEVNA. -¡Cállate!... ¡Me estás
está ahí?... ¿Eres tú, Sonia? martirizando!
ELENA ANDREEVNA. -Soy yo. SEREBRIAKOV. -¡A todos estoy
SEREBRIAKOV. -¿Tú, Leonechka?... ¡Qué martirizando!... ¡Claro!
dolor más insoportable! ELENA ANDREEVNA. -(Entre lágrimas.) ¡Es
ELENA ANDREEVNA. -Se te ha caído al insoportable!... Dime..., ¿qué quieres de mí?
suelo la manta. (Arropándole las piernas.) Voy a SEREBRIAKOV. -Nada.
cerrar la ventana, Alexander. ELENA ANDREEVNA. -Pues cállate...; te lo
SEREBRIAKOV. -No. Me sofoco. Ahora, al ruego.
quedarme dormido, soñé que mi pierna izquierda SEREBRIAKOV. -¡Qué extraño!... Se pone a
no era mía, y me desperté con un dolor hablar Iván Petrovich o esa vieja idiota de María
torturante. No...; esto no es gota. Más bien Vasilievna y no pasa nada. Se les escucha...;
parece reuma... ¿Qué hora es ya? pero apenas digo yo una palabra, todos
ELENA ANDREEVNA. -Las doce y veinte. empiezan a sentirse desgraciados. ¡Hasta mi voz
(Pausa.) inspira asco!... Pero, bueno..., aun admitiendo
SEREBRIAKOV. -Búscame mañana por la que sea asqueroso, egoísta, déspota..., ¿será
mañana en la biblioteca el libro de Batiuschkov. posible que ni siquiera en la vejez me asista
Me parece que lo tenemos. algún derecho al egoísmo?... ¿Será posible que
ELENA ANDREEVNA. -¿Qué?... no me lo haya merecido?... ¿Será posible que no
SEREBRIAKOV. -Que me busques por la pueda aspirar a una vejez tranquila y a la
mañana a Batiuschkov... Creo que lo tenemos... consideración de las gentes?
Pero..., ¿por qué me dará esta fatiga al respirar? ELENA ANDREEVNA. -Nadie discute tus
ELENA ANDREEVNA. -¡Estás cansado!... derechos. (El viento golpea en la ventana.) Se
¡Ya es la segunda noche que no duermes! ha levantado mucho aire y voy a cerrar la
SEREBRIAKOV. -Dicen que a Turgueniev la ventana. (Cierra esta.) Va a empezar a llover...
gota le produjo una angina de pecho. Temo Nadie discute tus derechos. (Pausa. Se oye el
tener yo lo mismo... ¡Maldita y asquerosa golpeteo del cayado del guarda, que pasa
vejez!... ¡Que la lleve el diablo!... Al hacerme cantando por el jardín.)
viejo empecé a sentir asco de mí mismo... SEREBRIAKOV. -¡Haberse pasado la vida
¡También a todos vosotros os dará asco trabajando para la ciencia!... ¡Estar
mirarme! acostumbrado a un despacho, a un auditorio, a
ELENA ANDREEVNA. -Hablas de tu vejez compañeros a los que se estima..., y, de pronto,
como si los demás tuviéramos la culpa de que sin más ni más, encontrarse en este panteón!...
seas viejo. ¡Ver un día tras otro gente necia, y escuchar
SEREBRIAKOV. -A ti es a la primera a quien conversaciones insulsas!... ¡Quiero vivir! ¡Me
doy asco. (ELENA ANDREEVNA se levanta y va gusta el éxito, la celebridad, el ruido, y aquí se
a sentarse a alguna distancia.) ¡Claro!... ¡Tienes está como en el exilio, recordando con tristeza y
razón!... ¡No soy tonto y lo comprendo! ¡Eres constantemente el pasado!... ¡Siguiendo los
joven, bonita, sana, y quieres vivir, mientras que éxitos ajenos y temiendo la muerte!... ¡No
yo soy un viejo y casi un cadáver!... ¿Acaso no puedo!... ¡Me faltan las fuerzas! ¡Y, por
lo comprendo?... ¡Naturalmente; es tonto que añadidura, aquí no quiere perdonárseme la
vejez!
6
ELENA ANDREEVNA. -Espera... Ten SEREBRIAKOV. -¡Nadie duerme aquí, todos
paciencia. Dentro de cinco o seis años, yo están agotados, y yo soy el único que lo pasa
también seré vieja. bien!
MARINA. -(Con ternura, acercándose a
SEREBRIAKOV.) ¿Qué hay, padrecito? ¿Te
Escena II duele?... ¡También a mí se me cargan mucho las
Entra SONIA. piernas! (Arreglándole la manta.) ¡Esta
SONIA. -¡Tú mismo mandas a buscar al enfermedad..., hace tiempo ya que la tienes!...
doctor, y cuando llega, te niegas a recibirle!... ¡Me acuerdo de que la difunta Vera Petrovna...,
¡No es muy atento!... ¡Resulta así, que se le ha la madre de Sonechka..., se pasaba ya las
molestado inútilmente! noches en vela!... ¡Cómo te quería! (Pausa.)
SEREBRIAKOV. -¿Para qué necesito yo de ¡Los viejos son iguales a los niños!... ¡Les gusta
tu Astrov?... ¡Entiende tanto de medicina como que se les mime..., pero a los viejos no les mima
yo de astronomía! nadie! (Besa a SEREBRIAKOV en el hombro.)
SONIA. -¡No faltaría más sino que hiciéramos ¡Vámonos, padrecito, a la cama!... ¡Vámonos,
venir aquí, para tu gota, a toda la Facultad de lucero!... ¡Te haré un poco de tila, te calentaré
Medicina! las piernecitas y rezaré a Dios por ti!...
SEREBRIAKOV. -Con ese chiflado no quiero SEREBRIAKOV. -(Conmovido.) Vamos,
ni cruzar la palabra. Marina.
SONIA. -A tu gusto. (Se sienta.) A mí me da MARINA. -¡También a mí se me cargan
igual. mucho las piernas! (Le conduce, ayudado por
SEREBRIAKOV. -¿Qué hora es? SONIA.) ¡Vera Petrovna se pasaba las noches
ELENA ANDREEVNA. -Las doce pasadas. en vela..., llorando!... ¡Tú entonces, Soniuschka,
SEREBRIAKOV. -¡Qué sofoco!... ¡Sonia!... eras todavía pequeña..., tonta!... ¡Vamos,
¡Tráeme las gotas que están sobre la mesa! vamos, padrecito! (Salen SEREBRIAKOV,
SONIA. -Ahora mismo. (Se las da.) SONIA y MARINA.)
SEREBRIAKOV. -(Con irritación.) ¡Ah! ¡No ELENA ANDREEVNA. -¡Me ha dejado
son estas! ¡No puede uno pedir nada! agotada! Apenas me sostienen los pies.
SONIA. -¡Por favor, no seas caprichoso! VOINITZKII. -Él a usted, y yo a mí mismo. Ya
¡Puede que haya a quien eso le guste, pero a es la tercera noche que no duermo.
mí, líbrame de ello, por favor! ¡No me agrada! ELENA ANDREEVNA. -¡No marchan bien las
Además, no puedo perder tiempo. ¡Mañana por cosas en esta casa!... Su madre aborrece todo lo
la mañana tengo que levantarme temprano para que no sean sus artículos y el profesor. Éste, a
la siega! (Entra VOINITZKII, envuelto en una su vez, está irritado; a mí no me cree y a usted le
bata y con una vela en la mano.) teme. Sonia se enfada con su padre y hace ya
VOINITZKII. -Me parece que vamos a tener dos semanas que no me habla; usted detesta a
tormenta. (Un relámpago.) ¡Ahí está!... «Helène» mi marido y desprecia abiertamente a su madre,
y Sonia, váyanse a dormir. He venido a y yo..., me excito también..., por lo que hoy
relevarlas. habré estado a punto de llorar unas veinte
SEREBRIAKOV. -(Asustado.) ¡No, no!... ¡No veces... ¡No marchan bien las cosas en esta
me dejéis con él!... ¡No!... ¡Me aturdirá con su casa!
conversación! VOINITZKII. -¡Dejémonos de filosofías!
VOINITZKII. -Pero ¡es preciso que ELENA ANDREEVNA. -Usted, Iván Petrovich,
descansen! ¡Esta es la segunda noche que se es instruido e inteligente, y parece que debería
pasan en vela! comprender que el mundo no se destruye por el
SEREBRIAKOV. -¡Pues que se vayan a fuego, ni por los bandidos, sino por el odio, la
dormir, pero tú márchate también!... ¡Gracias!... enemistad y toda esta serie de mezquindades...
¡Te suplico, en nombre de nuestra antigua En vez de refunfuñar, lo que tendría que hacer
amistad, que no protestes! ¡Ya habrá tiempo de sería reconciliar a unos y a otros...
hablar después! VOINITZKII. -¡Reconcílieme primero conmigo
VOINITZKII. -(Con una ligera sonrisa.) mismo!... ¡Querida mía! (Le besa la mano.)
¡Nuestra antigua amistad! ELENA ANDREEVNA. -(Retirando esta.)
SONIA. -¡Cállate, tío Vania! ¡Déjeme! ¡Váyase!
SEREBRIAKOV. -(A su mujer.) ¡Querida! ¡No VOINITZKII. -¡Pronto cesará la lluvia y todo
me dejes con él! ¡Me aturdirá! en la Naturaleza adquirirá un nuevo frescor y
VOINITZKII. -¡Hasta resulta cómico! (Entra respirará libremente!... ¡Solo a mí no me
MARINA, con una vela en la mano.)
SONIA. -¿Qué haces, amita, que no te
acuestas? ¡Es muy tarde!
MARINA. -¡El «samovar» no se ha retirado
todavía de la mesa! ¿Cómo va una a acostarse?

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