Sermón: Jesús, el centro.
Título del sermón: El título del sermón de hoy es “REENFOCANDO NUESTRO
BLANCO”, y nuestro texto bíblico se encuentra en el Evangelio de Mateo, capítulo
14, versículo 28: Lectura bíblica: “Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si
eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.” Mateo 14:28 (RVR60)
Introducción/Ilustración: En nuestra vida, todos tenemos momentos o experiencias
especiales, únicas, que nos gusta recordar; experiencias que han dejado huellas
en nuestro corazón y nuestra mente; experiencias que nos han enseñado
lecciones importantes que forman nuestra vida. Estas experiencias pueden ser
viajes, graduaciones, lugares, camporees, eventos, personas, reuniones
familiares, etc. Y en el caso de Pedro, la experiencia descrita en la Biblia fue muy
especial, fue única. Le enseñó una lección importante, que también es una lección
para nosotros.
Es muy bueno recordar todas las experiencias especiales y únicas que hemos
disfrutado en nuestra vida, y una de las mejores formas de recordar estas
experiencias especiales es ver las fotos que tomamos. (Enseñar fotos de
diferentes eventos.)
¿A cuántos les gusta ver fotos? ¿A cuántos les gusta tomar fotos? ¿A cuántos les
gustan los selfies? Sí, esa típica foto que nos gusta tomarnos en eventos, con
nuestros amigos o familiares. (Haga como si se está tomando un selfie.)
¿Cuántos ya se tomaron una selfie hoy?... ¡Lo sabía! Ya muchos se lo tomaron.
¿Y dónde guardan todas sus fotos? Algunos las guardan en álbumes; ya sea
impresos o en sus computadoras. Otros las guardan en sus tabletas, y claro, el
lugar más popular para guardar fotos es en los celulares. Muchos de nosotros
tenemos nuestro celular lleno de fotos, y a veces se nos acaba la memoria y
tenemos que borrar algunas fotos viejas. Y eso es algo muy difícil de hacer.
¿Cuántos han tenido ese problema? Ya sé, muchos ya sufrimos eso, ¿verdad?
Bueno, la verdad es que nos encantan las fotos porque las fotos nos recuerdan
esos momentos especiales que tal vez nunca se repitan. También, cuando vemos
fotos podemos revivir esos momentos especiales, porque las fotos nos hacen
recordar esos sentimientos y emociones de aquella experiencia increíble que
vivimos. Sin embargo, no siempre las fotos salen tan bien; cuando no salen bien
no tenemos una forma bonita de capturar esos momentos y experiencias que
disfrutamos.
Uno de los errores más comunes en la fotografía es tomar fotos sin “enfoque”, que
es ajustar un mecanismo óptico para hacer que una imagen se vea con nitidez
(The Free Dictionary), y eso hace que las fotos se vean borrosas. Cuando esto
sucede, solo podemos ver las siluetas pero no podemos reconocer ni caras, ni
lugares, ni personas, ni actividades, ni nada. O también, la foto se toma con
mucho contraste, en el que hay una diferencia muy fuerte entre las zonas de luz y
de oscuridad en la imagen. También, una foto puede estar sobreexpuesta o
subexpuesta, y tiene mucha luz o muy poca luz y no se ve nada.
Tristemente, las fotos salen borrosas y nos damos cuenta ya demasiado tarde
como para tomar la foto otra vez. Las personas ya se movieron, ya se fueron, o
peor aún, el evento se ha terminado. En esas circunstancias, es muy difícil aceptar
que el momento único se ha ido sin capturarlo en una foto; muchos detalles se
perdieron y la foto ya no tiene tanto valor porque no tiene el enfoque correcto. El
esplendor del momento se perdió para siempre. (Muestre algunas fotos borrosas o
sin enfoque).
¿Alguna vez has tomado una foto borrosa? ¿Todavía la conservas? Sé que a
muchos de nosotros nos gusta conservar las fotos borrosas, o las que tienen
mucha o poca luz. Pero qué genial sería tener la oportunidad de tomar las fotos de
nuevo y esta vez hacerlo bien, con toda la belleza y todos los detalles especiales y
los momentos únicos. Porque el objetivo de la foto era capturar el esplendor del
momento para que después tuviéramos esas memorias, y sintiéramos esa
emoción de la experiencia que vivimos.
Sermón
Con esto en mente, regresemos al texto bíblico. Ese versículo es como una foto
perfecto, una foto con el enfoque perfecto, y al acercarnos podemos observar 3
lecciones importantes. Aquí tenemos un momento especial y único en la vida de
los discípulos. Un momento que merece tener imágenes claras y nítidas, que no
estén borrosas.
Acaban de experimentar un evento increíble con Jesús: Él había “[sanado] a los
que de ellos estaban enfermos” (Mateo 14:14) y después había realizado un
milagro asombroso cuando alimentó a más de 5,000 personas con solo “cinco
panes y dos peces” (Mateo 14:17), y aún “sobró de los pedazos, doce cestas
llenas” (Mateo 14:20). ¡Los discípulos nunca lo iban a olvidar este día! Un día lleno
de momentos y experiencias que los dejaron con muchas huellas en sus
corazones y en sus mentes. Ellos formaron parte de los milagros que Jesús había
realizado, pero no entendían por completo la razón ni el propósito (Marcos 6:52).
Los discípulos todavía no veían con “ojos misioneros”.
Es por eso que Jesús les preparó otro milagro que tocaría sus vidas de una forma
muy personal, para que así ayudarlos a concentrarse en el centro de todos los
milagros: ¡Jesús mismo!
#1 Todos experimentamos una tormenta en nuestras vidas
Esto nos lleva a nuestra primera lección. Ahora los discípulos están en una barca
en el medio del Mar de Galilea. Hay una gran tormenta huracanada, vientos
fuertes y olas enormes que golpean el barco, lo que causa que se salga de control
y sientan que el barco está a punto de hundirse. El viaje se supone que no debía
durar mucho pero debido a la gravedad de la tormenta se habían alejado de la
orilla por unos 5 kilómetros (aprox. 3 millas). Ya eran entre las 3:00 y las 6:00 a.m.,
conocido como la cuarta vigilia de la noche, ¡y habían estado luchando para
sobrevivir por más de 8 horas!
¿Se pueden imaginar estar en esta situación? ¿Se pueden imaginar todas las
emociones y pensamientos de los discípulos en ese momento?
Estaban petrificados, agotados, y se sentían humillados, decepcionados,
resentidos, impacientes e incrédulos (Comentario bíblico adventista, Vol. 5, 416).
No tenía sentido para ellos; no podían entender cómo un par de horas antes
habían vivido y experimentado momentos sobrenaturales increíbles con Jesús.
Pero ahora, estaban en problemas, con miedo, su fe se estaba probando y
estaban a punto de perder de vista su objetivo. Su enfoque no estaba donde debía
estar.
¿Y qué pasa con nosotros? ¿Cuántas veces hemos experimentado momentos
increíbles, llenos de encuentros, experiencias y milagros increíbles, ? Tal vez en el
trabajo, en la escuela, en la casa o en un camporee o congreso les ha pasado que
quedan huellas maravillosas en su corazón y mentes; experiencias que nos gusta
recordar. Sin embargo, debido a una tormenta inesperada en nuestras vidas nos
encontramos alejados de esas memorias; nos perdemos en un mar de problemas,
muy lejos de la orilla.
Cansados, agotados; nos sentimos humillados, decepcionados, resentidos,
impacientes e incrédulos porque nosotros también hemos intentado controlar la
situación pero no lo hemos logrado. Y se prueba nuestra fe, nuestro enfoque ya no
está donde debe estar, y nuestra foto está borrosa, y como resultado empezamos
a perder de vista nuestro objetivo, Jesús.
#2: Jesús siempre calma nuestras tormentas en momentos inesperados.
Look at the disciples; they were struggling, they were luchando para remar con
gran esfuerzo debido a los fuertes vientos que los azotaban (Mateo 14:24). Pero
en medio de toda esa turbulencia, Jesús aparece y se acerca a ellos; y esto nos
lleva a la segunda lección de hoy. Al principio, cuando “los discípulos, viéndole
andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo”
(Mateo 14:26).
Primero no lograban reconocer a Jesús cuando lo vieron caminar sobre el agua,
pero casi de inmediato los discípulos reconocieron que el “fantasma” era Jesús y
“en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” (Mateo
14:27). Y de nuevo, le pidieron a Jesús en alta voz que los ayudara (Comentario
bíblico adventista, Vol. 5, 416), lo cual Él hizo.
Hoy en día, puede sucedernos lo mismo a nosotros. Podremos estar pasando
situaciones complicadas en nuestras vidas; tormentas que nos hacen sentir que
estamos a punto de hundirnos. Sin embargo, Jesús camina hacia nosotros, se nos
acerca, pero tal vez no será en el momento que nosotros pensamos que deba ser.
Pero Jesús sabe cuál es el mejor momento para aparecer en nuestras vidas.
Veamos la experiencia de los discípulos, cuando la barca estaba mar adentro y se
les habían agotado casi todas sus esperanzas, en ese momento es cuando Jesús
entra en escena, para darles valor y paz. Cabe mencionar que al caminar sobre el
agua, Jesús les demostró a sus discípulos que justamente de lo que tenían miedo,
la tormenta intensa, violenta y terrible de la que temían, era la oportunidad para
que Jesús se acercara a ellos.
Eso mismo sucede en la actualidad. Los momentos difíciles de nuestra vida,
cuando tenemos miedo, cuando hay problemas con los amigos o en la familia, o
ante enfermedades, crisis financieras, discapacidades, la pérdida de un ser
querido… esas son oportunidades para estar más cerca de Jesús. Y cuando
Jesús aparece en nuestras vidas, Él nos puede dar el valor y la paz que tanto
buscamos
#3 Nuestra vista debe estar enfocada en Jesús
Por último, pero no menos importante, hay una persona muy importante que
debemos mencionar: Pedro. Pedro era un verdadero Conquistador. Era un líder,
un aventurero, a veces un poco tenaz pero dispuesto a hacer lo que nadie más
había hecho antes.
En medio del a tormenta, las agitadas aguas y los fuertes vientos, Pedro le dijo a
Jesús que quería ir hacia Él (Mateo 14:28). No sé cuántos de ustedes están
dispuestos a salir de la casa, del auto, la tienda de campaña, etcétera, en medio
de una gran tormenta.
Bueno, tal vez la mayoría de nosotros nos sentimos más cómodos en un lugar
seco, abrigado, tranquilo y seguro mientras pasa la tormenta. Pedro quería hacer
lo que fuese por el Señor, solo estaba esperando que Jesús ordenara que él
saliese de la barca para entonces ir al agua; Pedro estaba dispuesto; y fue
justamente lo que hizo. ¿Se pueden imaginar la escena? Este era un momento
perfecto para tomar una foto: cuando Pedro colocó toda su confianza en Jesús.
Si vemos al momento único y especial de Pedro, tuvo que salir de la barca con fe.
La fe fue lo que lo mantuvo en las aguas turbulentas y le dio fortaleza. Pero la fe
solo le duraría mientras que él mantuviera su mirada fija en Jesús (Comentario
bíblico adventista, Vol. 5, 417). Cuando Pedro estaba caminando sobre el agua
hacia Jesús, con su mirada fija en Jesús, “Al parecer, por un momento a Pedro se
le olvidaron los fuertes vientos y las olas.
Al acostumbrarse sus pies a caminar sobre las aguas, evidentemente pensó en
sus compañeros dentro de la barca, y se empezó a preguntar qué pensarían ellos
de sus nuevas habilidades. Al voltear por un momento hacia el bote, perdió de
vista a Jesús. En ese momento estaba entre las olas, y cuando volteó su vista a
Jesús ya no lo pudo ver” (El Deseado de Todas las Gentes, 381). “Lo único que
Pedro logró ver fueron las agitadas aguas y los fuertes vientos. En ese breve
instante, el orgullo había rebajado su fe a soberbia, por así decirlo, y la fe había
perdido su poder. El miedo se apoderó de Pedro y llenó su corazón y su mente; no
había nada que pudiera hacer, más que clamar a Jesús por ayuda” (Comentario
bíblico adventista, Vol. 5, 417).
Sí, el objetivo de Pedro era ir hacia Jesús, lo que quería era acercarse a Jesús, sin
importar la tormenta, los fuertes vientos, la situación que estaba experimentando.
Sin embargo, en el momento en el que Pedro colocó su vista en algo más, cuando
se concentró en sus propios intereses, en lo que él quería, todo se vino abajo. ¿A
cuántos de nosotros, hoy en día, nos ha pasado lo mismo? ¿Cuántos estamos
pasando por esa situación? Ya sabemos en quién debemos poner nuestra vista,
sabemos cuál es nuestro objetivo, y sabemos que nuestra fe será más fuerte
siempre y cuando mantengamos nuestra vista en Jesús. Ya sabemos todo esto,
pero tristemente, muchas personas han quitado su vista de Jesús y su vida se les
viene abajo. Muchos están a punto de hundirse pero están desesperados para que
Jesús los ayude.
En ese momento es cuando debemos recordar que cuando mantenemos nuestra
visa en el poder de Jesús y en su maravilloso amor por nosotros, nuestra fe será
lo suficientemente fuerte como para superar cualquier tormenta que estemos
sufriendo.
Así que debemos hacer lo que Pedro hizo, ¡reenfocar nuestra mirada en Jesús y
clamar por Su ayuda! En cuanto Pedro le pidió a Jesús que lo rescatara,
inmediatamente lo ayudó. “Debemos tener la seguridad de que Dios no se demora
para responder una oración sincera pidiendo liberación de las olas de la tentación
que, ahora más que nunca, atacan nuestra alma” (Comentario bíblico adventista,
Vol. 5, 417). Siempre y cuando nuestra vista esté puesta en Jesús, no debemos
temer. Su gracia y Su poder siempre están presentes, pero en cuanto coloquemos
nuestra vista en nosotros o en los demás, tenemos muchas razones para tener
miedo.
Conclusión
Ahora sabemos que Jesús está listo para responder a nuestro llamado, a nuestras
oraciones, a nuestras necesidades. Nos toca a nosotros permitir acercarse. La
decisión es de nosotros. Recordemos la experiencia de Pedro, era una persona
determinada, un discípulo que decía lo que los demás no se atrevían a decir. Era
una persona dispuesta a hacer lo que los demás no querían. Pedro estaba
completamente enfocado en Jesús.
El deseo más profundo de Pedro era seguir a Jesús de todo corazón. Pero,
muchas veces cometió errores que lo alejaron de Jesús, y por eso empezó a
hundirse.
Ahora, permítanme preguntarles algo: ¿Se identifican en esta historia? ¿Sienten
que se parecen a Pedro? ¿Están listos para pedirle a Dios que los use? ¿Están
dispuestos a salir de su zona de confort y caminar sobre las aguas? ¿Sienten que
necesitan reenfocar su mirada a Jesús porque se están hundiendo? O tal vez,
¿sienten que se pareces más a los discípulos que se quedaron en el bote,
esperando ver qué le iba a pasar a Pedro? ¿Y nuestros Conquistadores?
Como conquistadores, tenemos un Lema, un Voto y una Ley, y nos gusta mucho
porque describen cómo somos, qué hacemos, y por qué lo hacemos. Nos ayuda a
prepararnos para estar listos y cumplir nuestro Blanco, nuestra misión: “El
mensaje del advenimiento a todo el mundo en nuestra generación”.
No es un simple blanco u objetivo, es nuestra maravillosa misión (Mateo 28:19-
20). Pero déjame preguntarte algo más: Como Conquistador, ¿te identificas con
esta historia? ¿Te identificas con Pedro, dispuesto a salir de tu zona de confort y
compartir las buenas nuevas de manera novedosa y relevante?
¿Sientes la necesidad de reenfocar tu vista en Jesús porque has estado distraído
por la tentación? O tal vez, ¿te identificas más con los discípulos que se quedaron
en el bote, cómodo en el Club de Conquistadores, esperando disfrutar de los
eventos, las ferias, las salidas o los campamentos? ¿O incluso coleccionando
tantos pines como sea posible y haciendo todas las especialidades disponibles
para tener la banda más llena de todo el club y decorar tu uniforme?
Recuerda que el blanco de los Conquistadores dice, “El mensaje del
advenimiento a todo el mundo en nuestra generación”, y este debe ser tu blanco
también. Todos hemos sido llamados para compartir el evangelio, para que todo
mundo sepa que Jesús los ama y que dio su vida por todos nosotros, y que vendrá
para llevarnos a casa, ¡al mejor camporee del universo! (Juan 3:16) Ese debe ser
nuestro blanco también, y si alguno de ustedes ha perdido el rumbo, es hora de
regresar, es hora de reenfocar nuestra pasión y nuestra mirada en Jesús, “Poned
la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2).
Apelación
La pregunta continúa: ¿Quieres tomar fotos nítidas, bonitas en cada momento
especial en tu vida? Bueno, si ese es tu deseo, es hora de que reenfoquemos
nuestro objetivo, nuestro interés y nuestras acciones; ¡que nos enfoquemos en
Jesús! Pedro lo hizo y Jesús lo rescató, calmó la tormenta, y le dio paz no solo a él
sino a todos los discípulos. La verdad es que todos tenemos tormentas difíciles en
nuestras vidas, pero Jesús siempre está listo para venir y calmar nuestras
tormentas en el momento que menos lo esperamos. Solo necesitamos tener
nuestra mirada fija en Jesús. Él está listo para responder nuestras oraciones,
suplir nuestras necesidades y llevarnos de vuelta a un lugar seguro. Nunca olvides
que Jesús es Experto en hacer de que lo que parece una catástrofe, un increíble y
maravilloso milagro de victoria y restauración (Romanos 8:28).
Así que si sabes que necesitas reenfocar tu vista en nuestro blanco, el Señor
Jesús, no esperes más, solo hazlo. Tenemos la seguridad de que Dios no se
demora en responder una oración sincera (Hebreos 12:12).