BICE MORTARA GARAVELLI
MANUAL DE RETORICA‘Titulo original de la obra: Manuate lt retoricat
ocumentacién grifica de cubierta: Ceciia y Fernando
Thad cion; MF, José Vega
servos dos los erecta. Ek contenido de ests obra es pectegs
‘or i Ley. que eatblece pene de pristine mula, admits de ks
‘Sorrespondicnes indemntzactones pores y periees, a
“duicnea fepimlseren, ploginen, ceanbayercn e ersanicen
Dablicuneate, en ky «ren pare, urs abe Mera, ainicn
Scenics, cs ransfonmiekin, interpretacon 0 ceucion
Stee jaca en cualquler ipo de spt o commicada
artraves de cuuiqaler mio, sini precepaa auticacion.
(© 1988 by Gruppo exliotale Fabs,
ompiani, Sonzogno, Eas
Ediciones Citedra (Grupo Anaya, S.A.) 2000
Ian Ignacio tuca de Tena, 15, 28027 Madeid
‘Depésito log M. 31.234-2000
ISIN: 84376-1015.
Printed in Spain
Impeeso en Anz08, 5.
Fuenlabrada (Macld)
Preliminares
Han pasado ya treinta afios desde la publicacién del Traité de
argumentation de Pexelman y Olbrechts-Tyteca, obra decisiva pata
cl renacimiento de la ret6rica. Sobre esta antigua disciplina recaye~
ron sucesivas condenas capitales durante los siglos xix y xx (aun-
gue las sentencias nunea Ilegaron a ¢ecutarse verdaderamente). Se
descaba atacar la parte nociva de las doctrinas y de las pricticas re-
torieas, la preceptiva desprovista de razones aparentes, la repeticién,
acritica de esquemas y modelos vulgarizados y vulgares, la vaciedad
clevada a sistema: en suma, el acervo de incrustaciones que habian
vuelto irreconocible un monumento venerable.
‘Treinta afios de estudios neorretoricos eximen de justificaciones
previas de la materia, Sus teorias, hoy ampliamente difundidas,
conciernen a las investigaciones filosoficas, juridicas, linguisticas,
literarias, semisticas, pragmaticas, a los estudios sobre las técnicas
de la informacién y de la comunicacién de masas: el conjunto es de-
sordenado y voluminoso, pero atin le falta mucho para estar cor
pleto.
Con el reurgimlentotriuafaly con lead ignidad cientifi-
ca e institucional que la retérica ha conquistado, convive, inmuta-
bevel sentido peyorative que rasta Ta palabra deade hace aproxi-
ey
madamente un siglo y medio, como consecuencia de practicas que,
encl ticmpo, han degenerado en Ia hipertrofia de la casuistice clasi-
ficatoria, en una preceptiva pedante y pervertida, superada por el
aauténtico cjercicio de hablar y de escribir, en un alarde de pomposi-
‘dad hucra en las plazas, en los tribunales, en las sedes del poder po-
litico, en las iglesias. Retrica como declamacin, friaidad, exceso,j 44j
ostentacién y engaiio, degeneracion del estilo.Extrafio destino cl de las palabras: mientras que eile (tout court,
sin calificativos) tiene una carga positiva (‘tener estilo” significa po-
scer una elegancia particular, tal vez innata, de comportamiento),
‘iia sus detivados (‘perderse en scxbticas, “un diveurso rt6
co’, ‘expresarsc retéricamente’) manifiestan, de ordinario, jui
negativos. De este mode, ilustres figuras como la hipérbole o el én-
fasis se usan Ginicamente, sin ulterior calificacién, para designar sus
[peores caracteristicas, sus usos més degradados: la desmesura y la
hinchazin.
ET primer diccionario que tecoge el empleo consolidado de
nuestro término en su peor sentido es el Tommaseo-Bellini, de Ia
_ segunda mitad del siglo x1x. Manzoni, que pertenecia a la mejor tra-
{ dictn, habia asimilaco ‘zetdrica’ y ‘arte (técnica, artificie y orna-
| mento) de Ia expresién’ —ocasion, como cualquier otra actividad,
' de excelencia o de torpeza— cuando escribia a propésito del «des-
colorido y rayacon manuscrito sobre el que finge fundar su novela
Les Novioi: wen todos los pasajes que requieren, si, un poco de retéri-
‘ca, pero una tetdrica discreta, refinada, de buen gusto, el buen hom-
bre [el supuesto autor del siglo xvi1 nunca deja de emplear Ia suya
del proemion*,
En la linea de las condenas romanticas, sc llegS a hablar de la
antigua ciencia del discurso —conjunto de poética y oratoria, co-
leccion de doctrinas y preceptos— s6lo para denunciar su degene-
racion y sus abusos: retériea se convirtié en sindnimo de mala retérica,
la wepidemia del siglo». Pero la crisis de la disciplina, como han di
mostrado suficientemente los investigadores que han recorrido su
historia, tenia origenes mas antiguos: en la escisin, en la época del
[Renacimiento, de la teoria y técnica de Ja argumentacion, por una
parte, y de la normativa del estilo, de los ‘ornamentos' del discurso,
porotra. Y en la contraposicion entre ciencia y Jumanae lilterae, en Ve
disociacion de las ‘dos culturas’. Hay que llega! Leopardi,
aunque la suya es una posicién aislada, para oir a
/de una convivencia del intelecto (pensamiento racional, ciencia) y
| 1a imaginacion, en la que la retoriea, como teoria literaria, desem~
| penta un papel fundamentador. El racionalismo dieciochesco y, mas
|recientemente, la moderna filosofia de la ciencia excluyen la retori-
ca, porque las ‘verdades’ de la razbn y Ta evidencia de las demostra-
iones cientificas no necesitan de las récnieas de persuasién. La
Trad. de M+ Nieves Muti, Lar Nevis, Madrid, Citera, pigs. 62-70
poll
coincide en Ja misma re~
cin, aunque difiere en los motivos, ya fuera porque se refu-
glase er’el mito de la espontaneidad, porque se liberase destructiva-
mente de la ‘esclavitud de las palabras hermosas’ o porque alentase
la pretension, tipica de los distintos naturalisinos y realismos, de re~
producir ‘fielmente’ la realidad fisica y psiquica.
En Italia, el caldo de cultivo propicio para el crecimiento del
sentido peyorativo de reidriv y sus afines se encontraba precisamen
te dentro dé la tradicin linguistico-literaria: en la «excesiva pre
cupacidn por la formay que Ascoli, el fundador de la dialectologia
italiana, denunciaba (cn 1873) como uno de los obsticulos para la
difusidn de una lengua y eivilizacién unitarias, Asi, podia conceder
4 Manzoni el alto mérito de haber logrado «con la potencia infinita
[de una mano que parece no tener nervios, extixpar de las letras ita-
el antiquisimo cincer de la retorica.
Cuando se dice uretéricay) se habla de dos cosas mutuamente
dependientes pero muy distiftas. La una ei la prictica y la tecnica
‘comunicativa, y también.el modo én que-nos expresamos (persuas
‘Yo, apropiado, clegante, adornado..; y, al deenerar, also, redun-
dante, huero, pomposo éte.): como acabamos de ver, de ello hablan,
con distinto tono ¢ intencién, Manzoni y Ascoli. La otra cosa que
recibe el es.una disciplina, y, por nto, un con-
» | fiinto articulado de doctrinas: es la ciencia del discurso (lugar de
\
teorias filosbficas), el conjunto de las reglas que describen su (buen)
funcionamiento. Los rétores, desde la Antiguedad hasta el siglo
XxIx, y atin después, han organizado Ja disciplina como una Ee
y pues, no una pr
-ta:.la preceptiva del ehablar bien», esto cs, de la elocuencia; la
‘acompaiia, como veremos, la gramatica o conjunto de wormas para
schablar corsectamentey
‘Reavis, pcs, quire deci epriticayy etede elocuenciaysis-
ten sspetarse para ser ‘elocuentes’ y que
son obje ) A la primera nocion se refiere el
escultor Fausto Melotti cuando escribe:
La reasrica, que se rconoce de inmediato en tas bra literary mas
tales certs par el gran piblico, se manifesta en is obs plsiasen
itperen dc los nostalgic, en lata tempera dea wana od
LEretien, en el font, eb oxenraién.Y no se sige de elo que una
_muaer het ‘que S¢ presenta con ostentacion sea menos bella, Pero el
tego ne sive ln icp embadurnadas Exo va por los nestdgcos
Ait is adolescents ewtsbens) to a por la romper
pairs eae a Lint, 58),|
Y de la segunda habla Baudelaire: «constrefidos, sino persuadidos (¢ incluso convencides) por la!
fuevza del razonamicnto: lo contrario del autoritarismo, que no ex-
I est evident que les thétoriques et les prosodies ne sont pas des tyran- Ea cualquier caso, una accibn Lo mejor _
nies laventées asitrariement, mais une collection de tégles réclamees i pices cones Bac 4 Lor meor pape
par ‘organisation méme de 'éue spirituel. Ex jamais les prosodies ct es
{hétoriques nont empéché Voriginalté de se produire distinctement.
{Le contrite, 4 savoir, quills ont aide Téclosion de oiginai, serait, sa, Parx et inrerprete de men:
infiniment plas caps He cualquier pr 6 una funcién defensiva
Sela eA, 1A): contra Tas insidias de la persuasion oculta ¢ inmuniza contra la in-
Aluencia de los «instrumentos de Ia comunicacién» que (no hace fal-
ta recordar a MacLuhan) crean las condiciones de su propia utili.
‘Actualmente, el cfecimiento de los estudios ret6
Ambas (el eercicio y la teorfa) pueden entenderse conjunta-
mente, con un uso ambiyalente del término, Melotti, de nuevo:
Bust también una retdriea fmt vive de a complacencia por as pala cos ha orig
brat att no dich Ot : oad sugerents lianas ant oo on Tos iso nen 5
(Lie, 28) eae eg ree
Selena pate, Gage wh terms} ukeoa BEE |
)> Dos sentidos, pues, y un abanico de acepeiones y de ju fe rentes en el tiempo, de las fortunas e infortunios de la retérica; con |
rentes para una sola palabea. En un momento de su historia, desig- los anilisis pragmaticos.
abel enced er deci, el mal for excelencin de todas as literatu- Gienites de Ia ingistic P
tas, de todos los mocos de hablar que se reducen a una céscara hue- tad semidtieas, Queda aun por establecer, €
‘Gay se consagran a la insignificancia. Es verdad que este mal tiene i de pertinencia: desde a visién totalizadora del que reivindica
muy poco en comiin —s6lo el nombre— con el antiguo arte del [BRC TE Tee toda logue eouciecne« be fala de ccxmmaicar
discurso persuasi J" eft OfFos términos, con To qué todos tence] ) ’ (con el peligro de la pérdida de identidad en un universo prictica-
Fanos que hacer a veces: sindagar gi sontepers wean
defendernos», STEtSS€ hace con un método preciso es porque ndp|
\servimos de la «facultad de descubrir en cada argumento lo que
‘mente sin confines) hasta la reduccién de la disciplina a un papel
y 2 eidicopecto de pquclian « lag suc sc-agregse ate calor Coe
io adn para la division secular de las dos alas: la filo- @
“puede perstadit», de la retOrica, precisamente, tal y como fue defi- s6fica-juridica y la literaria, escindidas en los sistemas tcéricos
hida por Aristoteles. SERIETSIgO Svinte tanto, y heats cl comssan del aiplo ux,
7 Axist6tele’) al que Perelman se remite, habia ce : clau- Jos manuales y las preceptivas dlidicticas hi ido los pasos de
Alrotio las técnicas de la persuasién, La relacién con los otros im- juintiliano y han continuado_offeciendo ininterrumpidamente (?)
lice conocimient; el encontrar el moro més adecuad pars a- a socusactil de tear We patos de elt Se en
[ecrse entender implica participacion, Tg adecuacion del discurso a , hablar,
six destinavaries (ren que Perelman ha indagado | eclucesbleaast) —Esoes: el manual. O, en otras palabras, el género al que pertene- 4 )
GqUeFE sTMpatia humana, capacidad de adoptar el punto de vista ‘cc este libro, que intenta proporcionar un instrumento al que desee
Sexy di Ont au) Meenas Ropes uaierane informarse sol eae ee
idad de callar. Ea Ta moderna civilizacion de la palabra escrita y uellas actyales, Hemos querido explicar que y cémo fue la retori-
pronuinciaclay de los mensajes ieénicos alos que el discurso propor- ‘ea, y como se presenta ahora, pero limitando el panorama de la sc
ion guias y spoyos, fe comunicacion puede ser engafio y sortile; tualidadhwalgurios momentos que, por diversas razones, nos han pa
tpo. Tato oy coms 85 tomalborer de mretvitaeien, Tato hoy recido significativos, Esta iltima parte adolece de cierta parcial
‘omio entonces, puede también ser una garantia del libre intercam- Gad: tanto de desarrollo como de perspectivas.
bio de las ideas, del respeto hacia los otros, que no se quieren ver ‘Las tres partes del manual muestran una desproporcién compa-
io de liens, del respeto : ‘
10, ‘ ® Awala = : “
Ceritercte = “VC Os SPE tee vrativa, y lo son también en su interior. Esto respondea un delibera-
do propésito, 0, lo que es lo mismo, 2 las exigencias de la materia.
fo con quella primera parrpofreciera un esbazo histrico acepta-
ble, y nada mds que un eshor, habria ocupado todo el volumen. Se
Inna redoeido porcllow unas caantas noucias sobre la tetra ant-
‘gua que es necesario dominar para poder situar la descripcion del
patrimonio clisico en un marco —aunque escucto— de referencia.
Se ha afiadido alguna nota, apenas mas que un indice, acerca de los
momentos que han Caracterizado Ta fepliae ‘en Epocas posterio
rei, y se han elegi Terciento estaban Felatio-
inados con el tema de los capitulos siguientes. Hasta llegar asi a la
_—\ teoria de la argumentacion de Perelman y Olbrechts-Tyteca: la teo-
(oe \ria que, exprimer Tagar y mas qu aerierr ‘otra, ha impulsado el re-
—\pacis ictual de Ia retérice Gs
Ce
principal de e y 4 la preocupacion mayor de quien lo ha
hecho: tendir cuentas de lo que ha sido la retatica clisica y de lo
que de clia sobrevive hoy. Por ello, s€ han intercalado ree: sviora la
sifuacion actuatem trdescripcién del corpus de las nociones tradicio-
rales. Se ha pretendido especialmente mostrar, cuanclo se presenta-
jba la ocasién, cuales son los temas que, habiendo sido tratad
{i tetérica en otros tiempos, son hoy objeto de otras diseiplinas, u-
ridicas o Tinguistieas. Respecto s secciones del segundo
capitulo, er expacts ocupadi
figuras de diccién y de pensamiento) es
Pero un manual de consulta debe servir también un poco dediccio-
nario, sin olvidar que las figuras son muchas (demasiadas) y apare-
‘cen recurrentemente en el anilisis actual (no sdlo lingiistico) de
todo tipo de textos. Algunas reaparecen excepcionalmente, pero
justamente por ser menos comunes y, por ello, menos conocidas,
merecen un lugar en una revisién informativa.
1Los ejemplos —cogidos al vuelo en la conversacién cotidiana,
cn transmisiones radiofonicas o televisivas (pocos), encontrados en
los mensajes publicitarios, rescatados de Ia memoria cuando se tra-
taba de frases hechas, extraidos de textos de todo tipo— documen-
tan la lengua escrita con claro predominio, Esto es asi a pesar de la
iMac neil de ay complledoe, ietiemente convencido de Ja
‘universalidad de los hechos retorico-lingisticos, que se encuentran
iridistintamente én todos Tos registros de Ta Tengua comiin y no son
meros objetos suntuosos que pertenecen exelusivamente a la litera-
12
dm: in ciate elec le Sacinasion dee, pues
que era cémodo y facil encontrar ejemplos de mejor Factura en los
textos literarios, ¥ no es dificil hacerse cargo de que un manual, que
es un género sin pretensiones, necesita un poco de aire fresco pari
que pueda Icerse sin fatigas. Es un modestisimo remedio, se me
dird, ampararse en los fragmentos de autor para darle un respiro
‘a la obra. Pero ahi esti: no hemos querido, ni podido, hacerlo
mejor.
Mg alsceianae a ‘ejemplos ha sido casi casual: en un paisaje lin
giistico-Titerario que se ha recorrido sin sistematicidad ni premedi-
faciOn, en zonas acotadas, dando preferencia a la modernidad pero
on incursonesen_an_paula print o Kan, el ctaripcns
hha capturado fragmentos de discursos Tlustres y de otros menos co-
nocidos, de épocas y calidades diversas, La captura revela, cierta-
‘mente, unas preferencias, aunque algunos autores predilectos, quiz
por ello mismo, han sido cvitados, JE] azar de Ta cleccién, por un)
acto, parece alohactascinealoent restringido de los autores
yy de los tipos de texto a los que se ha recurrido quieren dar una idea,
respectivamente, de la densidad de los hechos retoricos y de la am-
plitud de su campo de dispersién, Estan tan extendidos que bast
isu Hbro o presaratencion 1 las palabras de Ia gente pars en-
Jcontrar alguno. Son tan frecuentes que bastan unos pocos textos
bastaria uno solo, bien escogide) para encontrar todos los jempla
BGG TERETE part) como se ha dicho, ¢s una relacién parcial de
noticias acerex Ge Tes tendencias actuales. Son muestras representa-
vas, ciertamente, pero Timitadas a algunos momentos del variado
Tmibito de los estudios retricos. [a caplata leneveletiae no es aconse-
jable en una ocasion como esa, y tampoco serviria excusarse pot las
Timitaciones impuestas a este trabajo: no hace fata decir que las cxi-
gencias editoriales, sas destinatarios (estudiantes, y no especialistas)
¥; por ello, la finalidad didactico-informativa del libro, han deter-
inado st extensién. Mucho es (esperamos que, al menos, no sca
demasiado) lo que ha qusdada fuer, por necesidad y, quizd tam-
bien, por el eamsancio de quien lo fa escrito, que, a su pesar, sere
conoce en el retrato que hizo Voltaire de aquel al que, a falta de ex
pri, eVesprit d'autrui par supplément servait
iD cotassait adage sur adage, / il compilaic, compilut, compilait;/ om le
voyait sans ceste ecrce, vie / ce qu'il avait jadis entend dire
3La numeracion de las partes (1-2-3), de los capitulos y de los corres-
pondientes parrafos y subparrafos es estrictamente progresiva porque faci-
lita simplifica los reenvios interiores en el texto, pero no tefl la jeras~
duia de los argumentos. Esto puedo considcrarse negativo en la parte 2,en
Ecos une auneschon que tacatenees Tar soos Oe tone oe
wrigrafos en los capitulos y de las partes de cada paragrafo daria un pano-
ima cortecto e inmediato de las relaciones entre las distintas partes de la
materia tratada (pero, a cambio, se habria tenido que aeeptar, por ¢., que
sise numera la segunda parte con Il, y Ia ebeatio con 11.3 y el ennatas con
11.2.3, y las figuras de dieci6n con IL3.2.3.3.y, por tltimo, las figuras de
diceion’ por alteracion de orden con 11.3.2.3.5.3, una figura como la
‘dint, pongamos por caso, habria de indicarse con un tren de cifras
como II 3.2.3.3.3{28) (b), le cual acabaria por anular las ventajas de la nu-
tmechbn Yeenryulsaste), Como remetle pete de lot Seor ae Ts oi
ineracion adopts, s€ofrece a continuacion un esquema —solamente
para la parte 2— de las distintas secciones y de sus respectivas relaciones
de inclusion
cots
aus
on
inal oe
set fla ie
fens ish
ae
ies
=
Per
‘cipal de a pte
ies.
as, sien ani
de la expresién, « a
comme [lm de desi
ea
=
1a noi y In praia
Seha ulin Ja.nepei euando un ésmino eno ‘es objeto de defi-
nicién por primera vez. Se indica In cand de Ta pertiona w s
palsies Fetsas Gama aipno de ln rg () bre la vocals larg y con el
{e la breve (U) sobre las voculesbreves) para que pueda deducitse la posi-
ion del acento ténico
14
Se han adoptado las normas convencionales de trasliteracién de tésmi-
nos pricgos el acento de los diptonges, que en griego se coloca sobre el se-
Here tro, ha coloca a sobre el primero paca evitar confa-
Siones en Ia pronunciacion. Ha de notarse que el sonido transcrito con la
letra ges, en griego, siempre velar; por ello, los voeablos transcritos como
gis aii, ee, han de leerse como gris, agua, Por To dems, a
que,
so ante-voeal palatal, 4
‘Se utiliza la cursiva (adem de en la bibliografia, para los titulos de lie
icacin, para los ttulos de composiciones
{a}, para sefalar los fendmencs analizados en tos ejemplos y para subrayar,
‘ocion en Ta partes explicativas del texto;
ina palabra (por «eel término meta-
2 nillasdobles (demise par los tila los atclosen la bi-
bliografia) se emplean:
(a) para indlicar as citas;
(b) para hacer referencia a los significados de las palabras (por ¢): el tér-
‘nino metaboe significa valteracionm),
‘Las comillas simples advierten, en cambio, de que el término encerra-
do en ellas ha de entenderse en una acepcién especial, con reserva, ete;
‘equivalen a un spor asi decir. por convencién tipogrifica pueden tener
tl valor de comillas dobles en el interior de una cita,y con el mismo fin se
hia usado, aunque raramente, la cursiva. En algunos casos, se han utilizado
Jas comillas simples en lugar de la cursiva en las expresiones compuestas
de mas de una palabra.
La negrita tiene tambign Ia finalidad de sefialar las denominaciones de
Jos temas de estudio (generalmente, de términos técnicos) cuando éstos
aparecen por primera vez como objeto de un tratamiento individual,
15A. Datos histrico’)
Este primer capitulo constituye una reseita de algunos datos fund
snentales entrestcados de una Targa historia de dos muilenics y medio de an-
{ued No ha intentado hacer un esboz, nan nguira suai, de
ln historia de fa retSrica: era imposible, en tan pocas paginas, delinear las
caracteristcas y los movimientos paralelos © eorrelativos respecto del de-
satrollo de la filosofa y, especialmente, de la daléctica, asi como de los
avatares de la elocuencia politica y forense,y, en el imbito flos6Ficoy lte-
‘aio, de las elaboraciones dela estética, de a poéticay de ss teorias litera-
tias!. Nos ha parecido oportuno, sin embargo, recordar slgunos datos pr.
liminares ¢ indispensables sobre la retarica griepa¥ Tatina, v, especialmet
te, sobre la sisteinatizacion aristotélica, que se ha manteMiddo como el fun-
are le eet escidat eristoetlica,
* Referencias bibliogficas fundamentals para lt historia de la tetdrica: von
ican ana Se Sar pee eg aes
1972 ye ipl de Mee 1988, nema de Ripon 108K (pars la Epos rica) de
Lec 1968 (par a epoca romana) y de los clisicos Kennedy 19746 197 Bie
nil 1979, importante tambien por Ia Guia Bibliogrtes, er uta densa historia de
conjnto, desde los griegos hasta hos, completadsy profundiada reclemternente
con los aticulos de Basil 1984, Horeacu 1971 es una pronera vision de cont
Para a Fala Media s reo en informacién Murphy 1983, pero veanse en pret
gir Curtis 1965°4 Faral 1962 ademas de Zurnthoe 1973{1963), Para Huma.
‘ism, remitimes po ahora a Garin / Ross 1953, a Garin 1958, a Vasoli ya Ga-
tin 1976, Se ndiearin en su momento ls esudiesexpecticos sobre lox periodos
sucesivos Pata un amplio panorarsa de las retrcasypoctiens dominates en Tae
lin desde la Fad Media hasta hoy, se recomend Battxtni/ Raimond 1990, Bat
ni (1985) ofeece una revision siti y bien dacumentada de as ditecciones,
teas, métodos y prespectivas,y lista la principales revista expecialinndast ua
‘ert Jounal of Spe, Spech Meneropl Phiply and Rhuoré, Rawr las que han
de adits menos, Argunontaany Rion. Rbtrn New Ltr cs cl boltin de
1a International Society for the History of Rhetoric.
7damento principal de los tratudos posteriores. De ella of:ecemos algunas
instantineas: apuates de hechos alos que han de referirse tanto la deserip-
iin del arpus clisico y las apostllas ocasionales sobre las neorret6ricas de
Jas que se ocupa el segundo capitulo, como los temas tratados en el capitu-
Io tercero.
Ga La RETORICA ANTI
Siracusa, primetos decentios del siglo v a. C.: dos tiranos, Geléa
yy su sucesor Gerén J, llevan a cabo expropiaciones masivas de terre-
“nos para distribuir Totes a soldados mercenarios. Cuando, en el 467
a. Cy un imsurrecetérrderroca la tiranfa, comiienza una larga serie
de procesos para reclamar las propiedades confiscadas. Con wna in-
clinacién natural a la argumentacion y a Tos enfrentamicntos ju
ales (cwon eset acuta illa gens et controversiae nata, escribiria Cicer6n
cuitrocientos afios después)?, los litigantes sabian atucar y defe
derse con una eficacia y precisién instintivas, Solo faltaba proves
pleraew in year cc aio esta la crea que
rabrian Hevado a cabo Cérax, ya en actividad en tiempos de la tira-
\ ks
CB | nia, y su diseipulo Tisias, considerados por ello, segin una tradi-
(nea, y se tige, en's interior, por Ta confrontacio
a lette Waa w ove gee venta
rion muy difundida, como los fundadores de la reirica. Su precep~
‘tiva se apoyaba en el principio siguiente: lo que parere verdad cuenta (%
mucho mis que lo que es verdad; de ahi la busqueda sistemit
icbas y el estudio de las técnicas adecuadas para demostrat la ve~
fosimilitud de unatesis———SSSSSSSSSsS—~S~S~S
) primeros pasosde la retorica estin marcados por oposicio-
fd Senscnles cotmo filet teorias, tSenicas y precepts, va
unida y, a la vez, sc contrapone a la elocuencia si ‘spon
y.el contraste
~Simultaneamente, y tambien en Sicilia, se desarrollaba otro tipo
( de stbtien, llamade foo conductora de alma que bund
sus raices en los condcidos como ediscursos pitagaricos, que se re-
‘montaban a los primeros siglos del pitagorismo. sta no.pretendia
| convencer de que un argumento dado era verosimil edian-
‘te una demostracion teenicamente impecable, sino mediante la
atraccidn que la palabra, sabiamente manipulada, podia cjercer so-
bre los espectadoré®. El efecto que pretendia alcanzar era la rexc~
“= Bus, XU, 46.
iB pores tu, {
cién emotiva, no Ja adhesin racional; los aspectos més earacteriza-
“ores de esta especie de magia de la palabra son cl azonamiento por
"
Estas especies tienen sus Jmgares prope; conocerlos y saber usarlos es
| prerrogativa de los expertos de cada una de Ias disciplinas. bre a la acci6n —esto es, el experimentat placer—, como de los ti-
La descripcién de los géneros del discurso persuasivo es previa pos de hombres inclinados al delito y de los propensos a ser victi-
al tratamiento de las premisas de las que han de extraerse los enti mas de él. Hay, ademas, un compendio de jurisprudencia que dis-
memas, De los tres elementos de los que consta el discurso —quién tingue entre el derecho natural y el positivo y los procedimientos
habla, de qué habla y a quién se dirige— el tercero es el que deter- \ pzatorios propios de cada uno. —
‘mina la clasificaci6n (ndtese que este criterio manifiesta por s{ mis- Ta ensefianza retorica de Ios siglos siguientes se centrd muy
‘mo el caracter pragmatico de Ia tipologia que de él se deriva). Como pronto.en el género jadicial: quien supiera dominar una situacién
hay tres tipos de auditorio (segiin la prictica ateniense de la época), procesal seria capaz, sin duda alguna, de actuar con destreza en
hay otros tantos tipos de discurso persuasivo, esto ¢s, de géneros de ‘cualquier otra circunstancia. El pénero deliberative, como también
la retorica. Las primeras dos clases de auditorio tienen una caracte- le sucedié al judicial, paso a participar del caracter ficticio—de fic-
ristica comiin: su juicio puede alterar una situaci6n. Deben pronun- cidn literaria— propio del género epideictico cuando, al convertir-
ciarse sobre acciones futuras o sobre acciones pasadas. El oycnte se en ejercicio escolar, fue perdiendo con el Tiempo su caricter
que decide sobre el futuro es miembro de una asamblea politica; el sd i politica wctiny rehucadadown al Galen TT de Boek
que decide sobre el pasado es el juez de un proceso. La tercera clase a ion oratoria. La ‘retorica escolar’ englobaba bajo el género
esta formada por los espectadores. Estos no influyen sobre la situa- epideictico todos los discursos posibles, haciendo patente el avance:
6n, cuyos cambios se presentan como ya sucedidos. El espectador de la arestriccién gencralizadan en la que consistiria, segiin Genette
se pronuncia tinicamente sobre el talento del orador. Al primer tipo (1976), la historia de Ia retorica desde Corax hasta hoy. La trasposi-
de oyente le corresponde el género deliberativo, al segundo, el gé- cidn de la nocién de lo ‘bello’ (coincidente con la de lo ‘bueno’) del
nero judicial, al tercero, el género epide/ctico (o demostrativo, ‘objeto del discurso al discurso mismo terminé por asimilar el gene-
de epidéikayen’ cenuestro, hago ver, presento»),/En el discurso delibe- x0 epideictico a la literatura, Bl resultado Final fue la Hamada litera~
Bitiv9, eI orador aconseja lo util y desaconseja lo dafioso, El discur. turizacién de la ret6riea, de una retSri cad isgregnds n I que e
a eflexidn filosbficn.
so judicial, de acusacién y defensa, se ocupa de lo justo y lo injusto, enero deliberativo estaba un yel judi
El discurso epideictico, de alabanza o vituperio, se centra esencial ‘englobado en la dialéctica.
mente sobre lo bello y su contrario, lo feo. — El segundo libro de la Retérica de Aristdteles sienta los concep-
“Ta triparticién de los géneros retoricos habia sido propuesta an- tos destinados a alimentar la la praxis de la diseiplina en
desiomacite por Anaalooenes de Lanwxaco excl rls sgh, bry lor tigloe posteriores: é¢hos —esto es, sl carieter, los modes de
A.C, pero fue Aristoteles el que la sistematiz6 y el que establecié comportarse del oridor, tanto en su profesion como en la vida, y,
‘una tipologia correspondiente que constituiria el modelo de la pre- por tanto, si moralidad— y pdthas —es decir, el conjunto de pa-
ceptiva posterior. De este modo, el examen del género deliberative siones que han de suscitarse, In vida emocional que se convierte en
consiste en un tratamiento sintético de Tos argumentos sobre los ‘el objeto de anilisis y el motivo de la argumentacion, Este desarro-
juc ha de decidir una asemblea (beneticios, guerra y par, defensa o psicol6gico de la ret6rica (wlaclo que la retdrica existe en una si-
del territorio, impor sy exportaciones, legislacion), de los fi- tuacién judicial [...] no s6lo es necesario atender a que el discurso
nes (el bien pablico y privado) y de los maltiples medios para con- sea probatorio y convincente, sino también a presentarse uni mis-
‘seguirlos, de las causas de los bienes, de lo itil en todos sus aspectos ‘mode una manera determinada y a poner al juez.en una determina-
y gradaciones y, por ultimo, de las distintas formas de gobierno. E) da disposiciém, tanto en la deliberacién como durante el proceso)
ganeto epideictico esti ilustrado con an compendio de ética en el se basa en las eualidades que confieren credibilidad —y, por tanto,
que se analiza qué es y cOmo se manifiesta la virtud, objeto de ala poder persuasivo— al orador (la prudencia, la virtud y la benevo-
banza, puesto que es buena, y, por tanto, también bella, Rl examen Iencia) y procura al autor Ia ocasién para realizar un breve tratado
(del géneto judicial contienc una minucioes dercripeiéw psicologics acerca de las pasioncs (la ira y su contrario, esto es, la mansedum~
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