Módulo 03
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Módulo 3
Trastornos del Metabolismo de los Aminoácidos I
Trastornos del metabolismo intermediario y transporte de aminoácidos.
María Concepción García Jiménez
Antonio Baldellou Vázquez
Unidad de Enfermedades Metabólicas.
Hospital Infantil Miguel Servet. Zaragoza.
Introducción
Los aminoácidos presentes en la sangre, proceden de las proteínas de la dieta, de la
proteolisis muscular y de la síntesis propia. Son utilizados por el organismo para la
biosíntesis de proteínas, como precursores de sustratos nitrogenados
(neurotransmisores, catecolaminas, etc.) y en pequeña cantidad son eliminados por
heces, orina y descamación cutánea. Su exceso en el torrente circulatorio no conduce
ni a su almacenamiento ni a su eliminación como tales, sino que mediante la
eliminación de su grupo amino y la conversión de su esqueleto carbonado en glucosa,
ácidos grasos libres y cuerpos cetónicos son utilizados para producir energía. La
eliminación de su grupo amino tiene lugar mediante reacciones de transaminación,
desaminación y transformación del amonio en el ciclo de la urea.
Un intenso recambio metabólico renueva continuamente los componentes del “pool”
de aminoácidos en sangre. Cualquier mutación génica que de lugar a una alteración de
la estructura o función de alguno de estos reguladores del metabolismo de los
aminoácidos, origina un trastorno de su homeostasis que en muchas ocasiones, a
través de mecanismos fisiopatológicos no siempre bien comprendidos, genera un
conjunto de signos y síntomas que configuran una determinada enfermedad congénita
del metabolismo1.
Su origen reside en una alteración génica de tipo mendeliano regida en la gran mayoría
de las ocasiones por una herencia autosómica recesiva, aunque en unos pocos casos es
autosómica dominante o ligada al cromosoma X (déficit de ornitina transcarbamilasa,
por ejemplo).
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En la mayoría de estas enfermedades está identificado el gen correspondiente y las
mutaciones alélicas responsables de la enfermedad. El elevado número de estas, hace
que muchos pacientes sean dobles heterocigotos de combinaciones diversas; y como
consecuencia de esta gran heterogeneidad génica existe una gran variabilidad en la
expresión clínica y una correlación no muy precisa entre el genotipo y el fenotipo de
los pacientes.
Su incidencia varía mucho para cada enfermedad y en función de la dotación génica de
los diversos grupos humanos considerados, pero en general oscila entre 1/8.000 recién
nacidos para las hiperfenilalaninemias y menos de 1 por cada 250.000 recién nacidos
para algunos defectos de los aminoácidos azufrados. Considerados individualmente
deben ser catalogados como “enfermedades raras” o “enfermedades huérfanas”, pero
considerados de un modo global suponen una patología importante en la infancia y
deben ser incluidos en el diagnóstico diferencial de cualquier enfermo con signos y
síntomas compatibles 2, 3.
Clasificación
Los errores congénitos del metabolismo de los aminoácidos abarcan cuatro grandes
grupos sindrómicos en función de las peculiaridades de su fisiopatología, de las
manifestaciones clínicas y de las posibilidades terapéuticas2.
I. Aminoácidopatías
Suponen la mayoría de los defectos “clásicos” del metabolismo de los aminoácidos y
tienen su origen en una alteración de un enzima citosólico o mitocondrial responsable
de una de las primeras reacciones de su vía catabólica. De este modo se acumula el
aminoácido no metabolizado y/o su cetoácido (por ejemplo fenilalanina en el déficit de
fenilalanina hidroxilasa) y simultáneamente se produce una deficiencia del aminoácido
(tirosina, en este mismo caso) o de los metabolitos sintetizados en condiciones
normales, a partir del punto en el que se ha producido el bloqueo. El exceso del
aminoácido en sangre, en líquido cefalorraquídeo y en el interior de las células suele
ser el responsable de las alteraciones orgánicas, que de un modo muchas veces
irreversible pueden afectar a cualquier órgano de la economía.
II. Acidurias orgánicas
Son consecuencia de deficiencias enzimáticas en el metabolismo mitocondrial de
ácidos carboxílicos activados por el Coenzima A y que proceden en muchas ocasiones
del catabolismo de un aminoácido. Se trata de bloqueos metabólicos que tienen lugar
muy alejados del aminoácido original y lo que se acumula en ellos son ácidos orgánicos
intermedios de su catabolismo o sus correspondientes aclicarnitinas, que son a su vez
los responsables de la alteración orgánica visceral que con gran variedad clínica
presentan los individuos afectos y cuya cuantificación en sangre y orina permite la
orientación diagnóstica de los pacientes.
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III. Defectos del ciclo de la urea.
Mediante el ciclo de la urea el organismo humano transforma el amonio procedente
del catabolismo de los aminoácidos y cuyo exceso es tóxico para el sistema nervioso
central, en urea que puede ser excretada fácilmente por la orina. Tiene lugar en el
citosol y en la mitocondria y en él participan varios aminoácidos. Los defectos
enzimáticos congénitos del ciclo dan lugar en todos los casos a un aumento del amonio
y a una característica alteración del perfil sanguíneo de los aminoácidos implicados, en
función del punto en el que se ha producido el bloqueo metabólico, por lo que su
determinación resulta muy útil para la identificación del defecto enzimático específico.
A pesar de que el efecto patógeno más importante se realiza a través de la
hiperamoniemia, los trastornos secundarios de los aminoácidos contribuyen a la
patogenia de las alteraciones orgánicas, especialmente en el sistema nervioso central.
IV. Trastornos del transporte de los aminoácidos
Los aminoácidos libres son transportados a través de las células y de las organelas
intracelulares mediante sistemas de transporte activo de tipo secundario y
dependiente de energía. Los transportadores pueden ser específicos para un
aminoácido (glicina o histidina por ejemplo) o para un grupo de aminoácidos
(aminoácidos neutros, aminoácidos dibásicos, aminoácidos dicarboxílicos, etc.). Un
defecto congénito del transporte puede dar lugar a una deficiente absorción intestinal,
a una anomalía de la reabsorción renal, o a una alteración del tráfico intracelular de un
determinado aminoácido. En el primer caso las manifestaciones clínicas son
consecuencia de la deficiencia, como por ejemplo el triptófano y por consiguiente la
niacina en la enfermedad de Hartnup. En el segundo pueden producirse urolitiasis
derivadas del exceso de una aminoácido de baja solubilidad en orina (cistinuria). En el
tercer caso, como en la cistinosis, pueden producirse lesiones celulares que alteran de
un modo importante la función del órgano afecto (riñón, cristalino, sistema nervioso,
etc.).
En este Módulo se aborda el estudio de dos aminoacidopatías características del
metabolismo de los aminoácidos aromáticos (fenilalanina y tirosina) y las alteraciones
congénitas del metabolismo del ciclo de la urea. Se han elegido por su frecuencia y
prevalencia en la infancia y por la trascendencia del diagnóstico precoz y el
tratamiento adecuado para asegurar la supervivencia y el desarrollo normal de los
niños afectos.
Las acidurias orgánicas son objeto de otro capítulo.
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Aminoácidos aromáticos. Fenilalanina y Tirosina.
Errores Congénitos del Metabolismo de la Fenilalanina
La fenilalanina (Phe) es un aminoácido aromático esencial que constituye
aproximadamente el 5 % de las proteínas, y cuyos niveles en sangre y líquido
cefalorraquídeo (LCR) permanecen prácticamente constantes a lo largo de toda la vida
desde el momento del nacimiento.
Los valores plasmáticos de fenilalanina son, en cualquier circunstancia, un buen
exponente del “pool” de este aminoácido. Lo aumentan la fenilalanina procedente de
la dieta y la que lo hace del catabolismo proteico. Lo disminuyen la síntesis proteica, la
hidroxilación de fenilalanina a tirosina, la eliminación urinaria, y en circunstancias
excepcionales su decarboxilación y transaminación a feniletilamina y fenilpiruvato,
respectivamente.
El primer paso en el metabolismo degradativo de la fenilalanina que es su hidroxilacion
a tirosina, requiere la presencia de la fenilalanina hidroxilasa (PheOH) sintetizada en el
hígado, y de su cofactor la tetrahidrobiopterina (BH4) que es común para las hidrolasas
de la tirosina y del triptófano. La BH4 se sintetiza a partir de la Guanosina trifosfato
(GTP) mediante la intervención seriada de los enzimas GTP Ciclohidrolasa , 6 PPH
sintetasa, y Siapterin reductasa. Además, para que la BH4 actue adecuadamente
precisa de la intervención de los enzimas dihidropterina reductasa (DHPR), y
carbinolamina dehidratasa (PCD), y del cofactor NADH+H.
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Figura 1. Metabolismo de la fenilalanina
Guanosina
Trifosfato (GTP)
Dihidroneopterina NH2
Trifosfato (NH2TP)
6-piruvoil
tetrahidropterina (6-PPH)
8 1 2 3
1: PheOH; 2: TyrOH; 3: TripOH; 4: GTP ciclohidrolasa; 5: 6‐PPH sintetasa; 6: siapterin reductasa; 7:
carbinolamina dehidratasa; 8: DHPR.
El déficit de la actividad de la PheOH a causa de una anomalía congénita de cualquiera
de estos enzimas o cofactores, supone fundamentalmente el acumulo de fenilalanina
y sus metabolitos, y la disminución de los valores de tirosina (que de este modo se
convierte en aminoácido esencial) y sus derivados. El deficit de BH4 (por falta de
síntesis o de recuperación) dará lugar, además, a un déficit de los neurotransmisores l‐
dopa, dopamina, 5–hidroxitriptófano y serotonina4 . Tabla I
Definición de hiperfenilalaninemia
Las hiperfenilalaninemias son un grupo genéticamente heterogéneo de alteraciones
congénitas del metabolismo de la fenilalanina, que tienen en común un déficit de la
hidroxilación de la fenilalanina, y como consecuencia de ello un aumento de sus
niveles en sangre.
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Tabla II. Localización de los genes implicados en la hiperfenilalaninemias
GEN Enzima afectado LOCUS
PheOH Fenialalnina hidroxilasa 12q24.1
DHPR Dihidrpteridina reductasa 4p15.31
PCD Pterina carbinolamaina dehidratasa 10q22
GTPCH GTP‐Ciclohidrolasa I 14q22.1‐q22.2
PTS Piruvoil Tetrahidropterina sintasa 11q22.3‐q23.3
Para cada uno de estos genes (especialmente para el PheOH) se han identificado
numerosas mutaciones alélicas, y ello hace que en muchas ocasiones los pacientes no
sean homozigotos para misma mutación, sino que son dobles heterozigotos de
mutaciones alélicas distintas. La gran variabilidad del fenotipo bioquímico es pues, la
traducción de las distintas mutaciones génicas y del elevado numero de combinaciones
posibles entre ellas. Esta situación, unida a la probable existencia de otros factores
modificadores de la expresión génica desconocidos por el momento, hace muy difícil
establecer en todos los casos, una correlación segura entre el genotipo y el fenotipo
de los pacientes.
Fisiopatología
La hiperfenilalaninemia es por sí misma, la principal responsable de los efectos
patógenos que tienen lugar sobre el corazón y el sistema nervioso durante la vida
intrauterina, y sobre este último, de un modo exclusivo, después del nacimiento.
La fenilalanina comparte L‐transportador común en la barrera hematoencefálica con
los aminoácidos neutros, por lo que un exceso de Phe supone una disminución del
aporte de tirosina al SNC y como consecuencia de ello tiene lugar una disminución
local de la síntesis proteica y de la producción de serotonina, catecolaminas,
histamina, carnosina y S‐adenosilmetionina. Simultáneamente el aumento de la Phe en
el S.N.C. tiene un efecto patógeno directo por competición directa con la glicina en los
receptores NMDA y con el glutamato en los recpetores AMPA. Todo ello genera
trastornos de la transmisión sináptica glutamato‐dependiente, alteraciones de la
mielinización del cerebro y una disminución del metabolismo energético. En la
hiperfenilalaninemia por déficit de síntesis del cofactor BH4, concurre además el daño
que el déficit de catecolaminas y serotonina produce en el sistema nervioso central de
estos niños, incluso durante el periodo prenatal. En los casos de déficit de DHPR, se
suman, las consecuencias de la anomalía coexistente en el metabolismo del folato.
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El sistema nervioso central es especialmente vulnerable en los primeros meses y años
de la vida, de tal modo que antes de los 10‐12 años de edad la hiperfenilalanimemia da
lugar a alteraciones neurológicas orgánicas irreversibles, mientras que después de la
pubertad las alteraciones neurológicas que produce son más bien de carácter funcional
4, 6
.
Diagnóstico de hiperfenilalaninemia
La identificación de una hiperfenilalaninemia asintomática se basa en el examen
sistemático de los valores de fenilalanina plasmáticos en una muestra de sangre seca
recogida en las condiciones adecuadas sobre un papel de filtro (Dry Spot) en todos los
recién nacidos. Lo ideal es que la muestra sea recogida el tercer día (y en todo caso no
antes de las 48 horas de vida) entre dos tomas de alimento. En ese momento los
valores obtenidos son sensibles y específicos y tiene la ventaja de que prácticamente
todos los niños pueden ser examinados antes de abandonar la Maternidad, lo cual
asegura la cobertura adecuada del cribado neonatal. Si alguna muestra es recogida
antes de las 48 horas, debe ser repetida una vez transcurridos siete días de vida.
Valores de fenilalanina superiores a 120 nmol/ml (especialmente si además el cociente
Phe/Tyr > 2‐3), definen una hiperfenilalaninemia, y exigen en todos los casos una
cuidadosa investigación etiológica 5.
Diagnostico etiológico de la hiperfenilalaninemia
En todas las hiperfenilalaninemias deben practicarse sistemáticamente una serie de
exámenes complementarios que permiten catalogar la etiología de su
hiperfenilalaninemia, y consecuentemente planificar la terapéutica a seguir.
Tabla III. Determinaciones obligatorias en la hiperfenilalaninemia
(Phe > 120 nmol/ml)
1. Determinaciones a realizar inicialmente
Cuantificación de aminoácidos en plasma
Actividad DHPR en eritrocitos
Valores de neopterinas y biopterinas en orina.
2. Determinaciones a realizar si se identifica un posible defecto de cofactor
Niveles de ácido fólico, ácido homovanílico y 5OH‐Indolacético en L.C.R.
Cociente neopterinas/biopterinas en L.C.R.
Acido fólico en suero y eritrocitos
Con los resultados obtenidos es posible la clasificación etiológica de la mayoría de los
casos. Si se estima necesario para confirmar el diagnóstico puede realizarse una
sobrecarga de BH4, pero se trata de una prueba que no tiene en todos los casos la
suficiente sensibilidad o especificidad. Tablas III y IV
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Tabla IV. Diagnóstico de las hiperfenilalaninemias
DEFICIT DHPR Biopterinas sangre Pterinas en orina
ENZIMÁTICO eritrocitaria total
PheOH Normal Normal o aumentada Normal o aumentadas
DHPR Disminuida Normal Normal o aumentadas
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blanca, lo que da lugar a un cuadro de retraso intelectual, parkinsonismo, mioclonias,
corea y movimientos distónicos; que tienen una expresión más o menos importante en
función de la etiología de los pacientes, y de la actividad enzimática residual de cada
paciente 4,5,6.
Tratamiento
I. Déficit de fanilalanina hidroxilasa
Toda hiperfenilalaninemia neonatal, con independencia de su origen, y con valores de
Phe en sangre considerados patológicos debe recibir tratamiento a ser posible antes
del décimo día de vida con el fin de mantener los niveles de Phe por debajo de los
valores considerados “tóxicos” para el SNC.
Debe instaurarse tratamiento en el recién nacido cuando los niveles de Phe plasmática
sean superiores a 240 nmol/ml. Con niveles inferiores, no es necesario iniciar
tratamiento, pero hay que vigilar cuidadosamente la evolución clínica y bioquímica del
niño.
Objetivos del Tratamiento
A lo largo de la vida los objetivos “ideales” para las cifras de Phe plasmática son los
siguientes. Por debajo de los 5 años, 60‐240 nmol/ml. Entre los 5 y los 12 años: 60‐360
nmol/ml. Por encima de los 12 años: 60‐500 nmol/ml. Durante el embarazo la
fenilalanina de la madre debe mantenerse entre 60‐250 nmol/ml7.
A. Tratamiento dietético
Se basa en dieta limitada en fenilalanina, hipercalórica, suplementada con aminoácidos
sin fenilalanina, y que asegure las necesidades de vitaminas, minerales y ácidos grasos
esenciales. Esta dieta debe ser mantenida durante toda la vida.
La fenilalanina supone el 5 % de las proteínas de los alimentos y por lo tanto una dieta
baja en fenilalanina supone una dieta hipoproteica, que será más o menos estricta, en
función de la tolerancia de cada paciente. La ingesta de proteínas naturales estará
condicionada en cada momento por los niveles de Phe plasmáticos del paciente. Los
alimentos ricos en proteínas (carne, pescado, huevos, leche y derivados, legumbres
secas, fundamentalmente) no pueden ser utilizados o deben ser cuidadosamente
pesados cuando se utilicen como fuente de proteínas naturales. Los productos pobres
en proteínas, como frutas y verduras, pueden incluirse libremente en la dieta diaria
siempre que el volumen de la “ración ingerida”, sea “normal”. Los alimentos “no
proteicos” como grasas o hidratos de carbono pueden utilizarse libremente para la
confección de la dieta diaria.
En el recién nacido y lactante la base de la dieta la constituye la combinación de
fórmulas lácteas fabricadas sin fenilalanina y una fuente de proteínas naturales de alto
valor biológico (fórmula láctea normal o lactancia materna), para aportar las
necesidades mínimas de Phe, puesto que se trata de un aminoácido esencial. Desde
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esta perspectiva es importante la recomendación de mantener la lactancia materna
como fuente de proteínas naturales, todo el tiempo que sea posible, ya que cada vez
hay más datos que sugieren un mejor desarrollo neurológico de los niños lactados al
pecho.
La alimentación complementaria se inicia a la misma edad que los niños sin
hiperfenilalaninemia y los productos a utilizar son los alimentos naturales
hipoproteicos (harinas de maíz, frutas, verduras, hidratos de carbono, grasas) o los
alimentos bajos en fenilalanina, especialmente fabricados para estos pacientes.
Con el fin de que el paciente reciba la cantidad de proteínas necesarias para su
desarrollo y crecimiento, debe suplementarse el aporte proteico de la dieta con
productos dietéticos en los que el componente proteico está formado por mezclas de
L‐aminoácidos exentos de fenilalanina. Como estos productos no tienen la misma
biodisponibilidad que las proteínas naturales, es necesario un aporte proteico total
diario superior en un 25–30% a lo recomendado para individuos sanos de la misma
edad.
Para mantener un aporte calórico que asegure una situación de anabolismo y por lo
tanto el organismo utilice la fenilalanina del torrente circulatorio para la síntesis
proteica, la dieta debe contener un 25% más de calorías. Asegurar la dieta
hipercalórica es especialmente importante en las situaciones con riesgo catabólico
(enfermedad, ayuno, etc.) en las que una proteolisis muscular eleva los valores de
fenilalanina en sangre.
Esta dieta sigue siendo el tratamiento de elección en las formas PKU “clasicas”, es decir
aquellas con “nula” actividad enzimática residual y que no responden a otras
alternativas terapéuticas actuales. Vienen a suponer el 50‐60 % de todos los recién
nacidos con cribado neonatal positivo para hiperfenilalaninemia. También sigue
usándose todavía la dieta como tratamiento de elección en la hiperfenilalaninemia
materna, pero es de suponer que en un futuro próximo, las embarazadas
hiperfenilalaninémicas con formas “respondedoras” a la BH4 serán tratadas con este
fármaco 7,8,9,10,11.
B. Administración de suplementos orales de “aminoácidos largos neutros” (LNAA).
Los LNAA compiten con la fenilalanina en el paso a través del enterocito y sobre todo,
a través de la barrera hematoencefálica, ya que la fenilalanina tiene un L‐
transportador común con tirosina, valina, leucina, isoleucina, treonina, triptófano,
histidina, metionina, glutamina.
Su administración a dosis altas de de 50‐80 mg/k/día, o bien a una dosis que suponga
el 20–30% de la ingesta proteica total diaria (que nunca se establece por debajo de 1
gr/k/día, incluso en adultos), disminuye algo los niveles de Phe y parece que mejora
algunas capacidades intelectuales, aunque no es capaz de normalizar los niveles de
fenilalanina, como lo hace la dieta clásica. Por el momento su utilización queda
relegada para adultos PKU que no desean mantener la dieta “clásica” y para adultos
con PKU y daño neurológico importante con el fin de mejorar sus niveles sin recurrir a
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la dieta clásica que es complicada de instaurar en ellos por los trastornos de
comportamiento que tienen.
C. Terapia con Chaperones
La tetrahudrobiopterina (BH4), actuando como “chaperona”, es capaz de estabilizar el
enzima fenilalanina hidroxilasa en los pacientes con mutaciones génicas que dan lugar
a una alteración de la configuración espacial o de la estabilidad del enzima. Es decir
que son pacientes que tienen una “actividad enzimática residual valorable”
Como consecuencia de ello, un número elevado de niños con valores de fenilalanina
entre 360 nmol/ml y 900 nmol/ml en el momento del diagnóstico, van a responder a
este tratamiento. Dada la posibilidad de que niños con niveles superiores a 900
nmol/ml puedan responder a este tratamiento, en la actualidad debe intentarse
siempre.
D. Terapia enzimática alternativa
El uso de “Phenylalanina amonio liasa” (PAL) recombinante, estabilizada y modificada
para ser administrada por inyección subcutánea ha ofrecido buenos resultados en el
modelo PKU de ratón y se ha iniciado ya un ensayo en fase I en humanos. La ventaja de
este posible tratamiento radica en que podría utilizarse en los individuos que no
responden al tratamiento con BH4 ya que actuaría auque no hubiera actividad
enzimática residual.
E. Terapia génica y celular
Se han descrito resultados “prometedores” en ratón modelo PKU, mediante
transferencia a hígado o a músculo del gen para la PheOH, utilizando un transportador
viral. Por el momento no parece que vaya a estar disponible en un futuro medio.
Se han obtenido resultados sugestivos mediante trasplante de hepatocitos en modelo
de ratón PKU, pero los problemas que plantea son muy complejos y no están todavía
resueltos.
II . Déficits de cofactor BH4
Los objetivos fundamentales son reducir la cifra de fenilalanina con el adecuado
tratamiento dietético, y simultáneamente restaurar la neurotransmisión
monoaminergica normal, mediante la administración de los precursores L–Dopa y 5–
hidroxitrptófano. La utilización de carbidopa permite disminuir las dosis necesarias de
L–[Link] los déficits de DHPR es obligatoria, además la administración de acido
folínico.
El tratamiento de estos pacientes debe ser individualizado, en función de la clínica, de
la respuesta terapéutica, de los efectos colaterales y sobre todo de los niveles de los
catabolitos de los neurotransmisores y del acido fó1ico en LCR, únicos marcadores
biológicos fiables12.
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Control de los pacientes
El seguimiento minucioso de los pacientes, y el apoyo continuo a los familiares de los
niños afectos, es la base del éxito terapéutico. Los controles a realizar, y su frecuencia,
deben ser individualizados en cada niño, pero unos determinados controles mínimos
son obligatorios en todos los casos 11.
A. Control de fenilalanina y tirosina
Es razonable practicar un control semanal desde el diagnostico, hasta que la Phe esta
estabilizada en los niveles deseados. Cada 15 días hasta el año de edad suele ser
suficiente si la familia es capaz de colaborar adecuadamente en el tratamiento. A partir
de ese momento la periodicidad la establece la evolución del paciente, pero nunca
debe ser inferior a una vez cada 3 meses.
B. Control de marcadores clínicos y bioquímicos nutricionales
Antropometría seriada y valores de vitaminas (B12, fólico, Vitamina D), minerales (Fe,
Se), densitometría ósea y ácidos grasos esenciales que son de riesgo a causa de la dieta
hipoproteica de los pacientes.
D. Control del Desarrollo Intelectual
Se trata del marcador más sensible de respuesta terapéutica. Hasta los 2 años se usa el
método de Brunet–Lezine. Entre los 3 y los 6 años la Escala McCarty de Aptitudes y
Psicomotricidad y a partir de los 7 años la Escala de Inteligencia Wechsler.
E. Controles específicos de los niños con defecto de Cofactor
En estos pacientes deben monitorizarse además, cada 3 meses durante el primer año
de vida, y una o dos veces al año, a partir de ese momento los valores de HVA, 5HIAA y
Folato en L.C.R., con el fin de ajustar adecuadamente la terapéutica.
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Aminoácidos aromáticos. Fenilalanina y Tirosina
Errores congénitos del metabolismo de la Tirosina
Introducción
La tirosina se considera un aminoácido semiesencial en humanos, ya que se obtiene
tanto de la hidrólisis de las proteínas de la dieta, como de la hidroxilación de la
fenilalanina. Se trata de un aminoácido glucogénico y cetogénico y es utilizado, así
mismo, para la síntesis de catecolaminas y de melanina. A través de su vía catabólica
principal, que tiene lugar fundamentalmente en el citosol hepático y en menor medida
en el riñón, se transforma en fumarato y acetoacetato; la transaminación de la tirosina
también puede tener lugar en las mitocondrias, como vía alternativa de menor
importancia. El ácido metilacetoacético y el ácido fumarilacetoacético, que son
metabolitos intermedios en su catabolismo pueden ser reducidos a
succinilacetoacetato que a su vez puede ser decarboxilado a succinilacetona. Este
último metabolito es un potente inhibidor de la síntesis de heme y juega un papel muy
importante en la patología del metabolismo de la tirosina. (fig.1).
En la actualidad se conocen cinco defectos congénitos del metabolismo de la tirosina.
Para los cuatro primeros, de carácter autosómico recesivo, se han identificado los
genes cuyas mutaciones patógenas dan lugar a la aparición de estas enfermedades. El
quinto de ellos, la hawkinsinuria, está regida por un gen autonómico dominante no
identificado todavía, aunque mutaciones alélicas del gen responsable de la Tirosinemia
III, parece que son responsables de la enfermedad.
Otros errores congénitos del metabolismo de la tirosina como son una forma de
albinismo oculocutáneo por déficit de una tisosinasa melanocito específica, la
deficiencia de tiroxina hidroxilasa y la deficiencia de la decarboxilasa de L‐aminoácidos
aromáticos habitualmente no se consideran incluidos en el grupo de las “tirosinemias”
debido a sus características bioquímicas y clínicas. Tabla I
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Tabla I. Trastornos congénitos del metabolismo de la tirosina
Enfermedad Gen Enzima Clínica más característica
Tirosinemia tipo I FAH Fumarilacetaacetato Hepatopatía progresiva
0MIM 276700 15q23‐q25 hidrolasa Tubulopatía proximal
Neuropatía periférica
Tirosinemia tipo II 16q22.1‐q22.3 Tirosina Ulceras corneales
OMIM 276600 aminotransferasa Dermoqueratosis palmo‐plantar
Tirosinemia tipo III 12q24‐qter 4‐hidroxifenilpiruvato Síntomas neurológicos
OMIM 276710 dioxigenasa
Alcaptonuria 3q21‐q23 Homogentísico Manifestaciones osteoarticulares
OMIM 203500 oxidasa Valvulopatías
Urolitiasis
Hawkinsinuria ¿? ¿? Acidosis metabólica
OMIM 140350 Fallo de medro
La Tirosinemia hereditaria tipo I es la enfermedad más trascendente de este grupo a
causa de su prevalencia y debido a que su diagnóstico precoz permite el tratamiento
adecuado y la supervivencia de unos pacientes que en caso contrario fallecen por fallo
hepático agudo o por hepatopatía progresiva. Las tirosinemias II y III, con una menor
importancia clínica deben ser consideradas en el diagnóstico diferencial de toda
hipertirosinemia. La alcaptonuria y la hawkinsinuria se incluyen en este capítulo sólo a
modo de recordatorio por sus características especiales1,2,3,4,.
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Figura 1. Catabolismo de la tirosina
Fenilalanina
Mitocondria
1 5
Ac. Maleilacetoacético
Ac. Succinilacetoacético
4 Succinilacetona
Fumarato Acetoacetato
5-ALA Porfobilinógeno
6
1, Tirosina aminotransferasa (TAT); 2, 4‐hidroxifenilpiruvato dioxigenasa(4‐HPPD); 3, Ac. homogentísico
oxidasa (HGO); 4, fumarilacetoacetato hidrolasa (FHA); 5, aspartato aminotransferasa; 6, 5‐ALA
dehidratasa.
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Tirosinemia hereditaria tipo I
La tirosinemia hereditaria tipo I (THI) o tirosinemia hepatorrenal (OMIM, 276700) es
una enfermedad autosómica recesiva causada por la deficiencia de la enzima
fumarilacetoacetato hidrolasa (FAH), última enzima en la vía degradativa de la tirosina.
Su frecuencia es de alrededor de 1/ 100.000 recién nacidos vivos con grandes
variaciones étnicas y locales. Más de 50 mutaciones del gen FAH han sido identificadas,
algunas de ellas de predominio específico entre ciertas poblaciones (Canadá francés,
área mediterránea, etc)1
Fisiopatología
La deficiencia de FHA da lugar además de a un aumento de tirosina, a un aumento de
fumarilacetoacetato (FAA), sustrato de FAH, y de su precursor, el maleilacetoacetato
(MAA) que son hepatotóxicos y mutagénicos; y como consecuencia de ello a un
acúmulo de succinilacetoacetato y de succinilacetona (SA). Los metabolitos FAA, MAA
y SA dan lugar a trastornos de la apoptosis y de la expresión génica en hepatocitos y
células renales. Además la SA es el inhibidor más potente que se conoce de la enzima
porfobilinógeno sintasa (PBG‐S) o ä‐aminolevulínico deshidratasa (ä‐ALAD), enzima
que cataliza la síntesis del porfobilinógeno a partir del ácido ä–aminolevulínico en la
ruta de biosíntesis del grupo hemo. En los pacientes con THI se encuentran valores
aumentados de ä‐ALA en orina, apoyando la teoría de la toxicidad de este compuesto
como responsable de las crisis neurológicas de la THI2.
Diagnóstico
Cribado neonatal
El diagnóstico sistemático neonatal mediante cuantificación de succinilacetona en
muestra de sangre seca en papel de filtro, para la identificación de los pacientes antes
de que aparezcan las primeras manifestaciones clínicas, se va introduciendo de un
modo progresivo en los programas de cribado neonatal5. Mientras no se aplique
universalmente, el diagnóstico precoz depende de la sospecha clínica y de la correcta
investigación e interpretación del perfil bioquímico de los pacientes por parte del
neonatólogo o pediatra responsable de su asistencia. Tabla II.
Manifestaciones clínicas
Los síntomas clínicos son heterogéneos y pueden debutar en cualquier edad de la vida,
e incluyen fundamentalmente manifestaciones hepáticas y renales y en menor medida
neurológicas. Generalmente la gravedad de los síntomas guarda relación con el
momento de aparición de la enfermedad, siendo las formas agudas neonatales las de
peor pronóstico 6,7.
La afectación hepática, casi siempre la primera manifestación de la enfermedad, puede
dar lugar a fallo hepático agudo con trastorno importante de la coagulación, cirrosis
progresiva micro y macronodular o al desarrollo final de un carcinoma hepatocelular
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que puede ser multifocal y dar lugar a metástasis, aunque a veces sólo se observan
nódulos regenerativos.
La afectación tubular proximal con síndrome de Fanconi es la más frecuente patología
renal, pero también puede aparecer tubulopatía distal, nefrocalcinosis y disminución
de la filtración glomerular. Los riñones suelen estar aumentados de tamaño pudiendo
alcanzar hasta 3 veces su tamaño normal. Existen alteraciones glomerulares del tipo
glomerulosclerosis y dilatación tubular proximal.
Las manifestaciones neurológicas pueden aparecer a cualquier edad tras episodios
infecciosos intercurrentes en forma de crisis de neuropatía periférica autolimitada,
aunque en ocasiones puede acompañarse de crisis paroxística, decorticación y muerte.
Los nervios periféricos pueden presentar degeneración axonal con desmielinización
secundaria, lesiones similares a las de las crisis porfíricas.
Pueden observarse, además, importantes lesiones óseas de raquitismo, hipertrofia de
los islotes pancreáticos y miocardiopatía.
Exámenes complementarios
El perfil bioquímico general se caracteriza por la presencia de marcadores de función
hepática alterados, con especial repercusión sobre las pruebas de coagulación que
pueden ser los primeros análisis alterados, alfa‐fetoproteína muy elevada y la
aminoaciduria, fosfaturia y glucosuria del síndrome de Fanconi. Como marcadores
específicos destacan hipertirosinemia (HT) habitaulemnte superior a 200 nmol/ml,
tirosiluria (concentraciones aumentadas en orina de tirosina y ácidos 4‐
hidroxifenilderivados) y especialmente valores elevados de succinilacetona (SA) en
plasma y orina, metabolito este último patognomónico de la enfermedad.
La confirmación diagnóstica requiere el estudio enzimático que debe complementarse
con el estudio molecular familiar6.
Diagnóstico prenatal
Puede practicarse mediante determinación de SA en líquido amniótico, actividad de
FAH en vellosidades o amniocitos, pero lo ideal es el examen molecular cuando las
mutaciones responsables del caso índice están identificadas2.
Diagnóstico diferencial
Debe plantearse con los otros errores congénitos del metabolismo de la tirosina, con
las tirosinemias secundarias y con la tirosinemia transitoria en el recién nacido
resultado de la combinación de la inmadurez de la enzima 4‐HPPD, de una ingesta
elevada de proteínas y de una relativa deficiencia de vitamina C7. Tabla III
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Tabla II. Hallazgos clínicos y bioquímicos en la tirosinemia hereditaria tipo I
Síntomas Clínicos
Vómitos Fallo en el crecimiento
Hepatomegalia Irritabilidad
Ictericia Letargia
Ascitis Nefromegalia
Tendencia al sangrado
Bioquímica
Aumento de succinilacetona Hiperbilirrubinemia
Aumento ácido delta‐aminolevulínico Hupoglucemia
Aumento de álfa‐fetoproteína Síndrome Fanconi‐like
Hipertirosinemia Tirosiluria Hiperaminoaciduria
Hipermetioninemia Hipofosferemia
Factores de coagulación alterados Hiperfosfaturia
Transaminasas elevadas
Patología Orgánica
Raquitismo Síndrome porfiria‐like
Cirrosis Carcinoma hepático
TABLA III. Diagnóstico diferencial de la hipertirosinemia
Disfunción hepatocelular grave
Errores congénitos del catabolismo de la tirosina
Tirosinemia transitoria del recién nacido
Tirosinemia tipo I o hepatorrenal (deficiencia de FAH)
Tirosinemia tipo II u uculocutánea (deficiencia de TAT)
Tirosinemia tipo III (deficiencia de 4‐HPPD)
Otros errores innatos del metabolismo
Galactosemia
Glucogenosis tipo I
Intolerancia hereditaria a la frutuosa
Acidosis láctica
Enfermedad de Wilson
Otras enfermedades
Escorbuto
Hipertiroidismo
Estado posprandial
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Tratamiento
Hasta hace unos 15 años el tratamiento de la tirosinemia I era dieta limitada en
tirosina y en fenilalanina en todos los casos y trasplante hepático para las
complicaciones hepáticas. Actualmente el uso de NTBC ha cambiado la evolución
natural de la enfermedad8,9.
Tratamiento con NTBC
El NTBC (2‐[Nitro‐ 4trifluoremetibenzoil]‐1,3‐ ciclohexanediona) o Nitisidone, es una
tricetona con actividad herbicida potente inhibidor de la actividad de la enzima 4‐
hidroxifenilpiruvato dioxigenasa y por tanto capaz de bloquear el catabolismo de la
tirosina en etapas iniciales. Ello da lugar a una disminución del nivel de los metabolitos
tóxicos FAA, MAA y SA., y a un aumento de tirosina de 4‐hidroxifenilpirúvico y de 4‐
hidroxifeniláctico que no resultan tóxicos para el organismo si se mantienen dentro de
unos determinados límites. Figura 1.
El tratamiento debe iniciarse lo más precozmente posible a dosis de 1 mg/kg/dia
repartido en dos tomas, que se modificará en función de la respuesta individual del
paciente y la concentración sérica de NTBC debe mantenerse entre 30‐60 μmol/l.
Durante el tratamiento con NTBC debe mantenerse la dieta restringida en tirosina y
fenilalanina.
Los objetivos del tratamiento son la normalización de la concentración de SA en orina
y plasma; la normalización del valor de la actividad PBG‐S eritrocitaria; la disminución
de los valores de ä‐ALA en orina; niveles de tirosina plasmática entre 200‐400 mmol/l
(lo cual se consigue manteniendo la dieta restringida en Phe y Tyr); y la normalización
de los valores de á‐ fetoproteína. El fallo hepático y la actividad de protrombina se
normalizan a los pocos días de su administración, paro otros marcadores hepáticos y
los niveles de alfa‐fetoproteína pueden tardar meses en normalizarse.
En el seguimiento de los pacientes con Tirosinemia tipo I, tratados con NTBC a largo
plazo, debe controlarse el desarrollo ponderoestatural; los signos de enfermedad
hepática: datos de laboratorio (alfa fetoproteína, bilirrubina, estudio de coagulación) y
estudio de imagen (ecografía y TC); los signos de enfermedad renal: datos analíticos
(función tubular renal) y estudio de imagen (ecografía); y practicar exámenes
oftalmológicos periódicos con lámpara de hendidura. Los controles clínicos y
bioquímicos deben practicarse cada 3 meses y el control ecográfico cada 6 meses.
Alrededor de un 8 % de los pacientes no responden al tratamiento con NTBC, y otros
presentan efectos secundarios en forma de trombocitopenia y/o neutropenia
transitorias o de lesiones corneales10, 11, 12
Trasplante hepático
El trasplante hepático se ha venido utilizando mucho tiempo como tratamiento de
elección en la THI con el fin de curar las manifestaciones hepáticas (agudas y crónicas)
y neurológicas de la enfermedad Actualmente, el trasplante hepático ofrece una
alternativa con buenos resultados de supervivencia en los pacientes con fallo hepático
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agudo sin respuesta al NTBC , ante la sospecha de carcinoma hepatocelular y en los
pacientes con enfermedad crónica hepática irreversible2, 13.
Tratamiento Dietético
Antes del uso del NTBC la única opción terapéutica para la tirosinemia tipo I, era la
dieta hipoproteica limitada en tirosina y fenilalanina para mantener los valores
plasmáticos de tirosina (Tyr) entre 200‐400 mmol/l y de fenilalanina (Phe) entre 30‐70
mmol/l. El resto de las proteínas necesarias se administra en forma de suplemento
proteico sin fenilalanina ni tirosina.
Esta dieta es capaz de disminuir la rapidez de evolución pero no es capaz de evitar las
complicaciones agudas ni crónicas (especialmente las hepáticas) de la enfermedad. Por
ello hoy en día su utilización queda relegada al complemento del tratamiento con
NTBC, con el fin de mantener los niveles de tirosina en los valores deseados para evitar
complicaciones oculares y asegurar el mejor desarrollo cognitivo posible2.
Pronóstico
El tratamiento con NTBC ha cambiado muy favorablemente el pronóstico de la
enfermedad, pero se mantienen todavía incógnitas que necesitan más tiempo de
observación para poder ser despejadas.
Cuando se inicia el tratamiento farmacológico antes de los 6 meses de vida el riesgo de
carcinoma hepático disminuye intensamente, pero no varía mucho si se inicia después
de los 2 años de vida y se precisan observaciones a más largo plazo para conocer el
riesgo real de los pacientes adultos. Tampoco está muy definido el pronóstico acerca
del desarrollo cognitivo a largo plazo. El trasplante hepático disminuye la eliminación
urinaria de SA, pero no la elimina del todo posiblemente debido a su producción renal.
En todo caso el diagnóstico y el tratamiento precoz es lo único que asegura el mejor
desarrollo posible de los pacientes1.
Tirosinemia II
También conocida como Tirosinemia oculo‐cutánea, o Síndrome de Richner‐ Hanhart,
es debida a una deficiencia del enzima tirosina aminotransferasa. Esta da lugar a un
aumento importante de la tirosina en suero (> 1200 nmol/ml) y en líquido
cefalorraquídeo junto a una elevada producción de ácido 4‐hidroxifenilpirúvico, de
ácido 4‐hidroxifeniláctico y ácido 4‐hidroxifenilacetato.
La cristalización de los depósitos de tirosina en el epitelio corneal produce las típicas
lesiones de úlceras corneales bilaterales, que si no son tratadas adecuadamente
pueden conducir al glaucoma y a la ceguera.
No está clara la causa de las lesiones cutáneas en forma de placas redondeadas de
hiperqueratosis palmo‐plantar, pero parece que el depósito de los cristales de tirosina
da lugar a una alteración de la estabilidad de los microtúbulos de las células epiteliales.
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Algunos pacientes presentan alteraciones neurológicas muy heterogéneas que abarcan
desde ligero retraso del desarrollo cognitivo hasta microcefalia, crisis paroxísticas,
trastornos del comportamiento y automutilación.
El diagnóstico precisa ser confirmado mediante demostración de la deficiencia
enzimática en hepatocitos o de las mutaciones patógenas del gen responsable, ya que
el perfil bioquímico se solapa con frecuencia con el de los pacientes afectos de una
Tirosinemia tipo III.
El tratamiento con una dieta limitada en tirosina y fenilalanina es capaz de mantener
los niveles de tirosina por debajo de 200–400 nmol/ml, que es el objetivo deseado y
que permite la curación en unas semanas o la prevención de los síntomas oculares y
cutáneos, y asegurar el mejor desarrollo cognitivo posible2,9.
Tirosinemia tipo III
Debida a la deficiencia del enzima 4‐hidroxifenilpiruvato dioxigenasa que se expresa en
hígado y riñón. Esta deficiencia da lugar en todos los casos a un aumento de tirosina en
el suero habitualmente no tan elevado como en el tipo II (entre 300‐1200 nmol/ml) y
en el líquido cefalorraquídeo; junto a una elevada producción de ácido 4‐
hidroxifenilpirúvico, de ácido 4‐hidroxifeniláctico y ácido 4‐hidroxifenilacetato.
Los pocos casos descritos presentan principalmente manifestaciones neurológicas en
forma de alteración del desarrollo intelectual, ataxia, hiperreflexia, microcefalia y crisis
paroxísticas. Su presentación está probablemente relacionada con los niveles de
tirosina elevados.
El diagnóstico precisa de la confirmación de la deficiencia enzimática mediante biopsia
hepática o renal, o la identificación de las mutaciones patógenas responsables.
Mientras no se conozca con detalle la fisiopatología de las manifestaciones
neurológicas de la enfermedad, es obligado mantener una dieta limitada en tirosina y
fenilalanina, capaz de mantener los niveles de tirosina por debajo de los “teóricamente
seguros” de 200–400 nmol/ml2,9.
Alcaptonuria
La deficiencia del enzima homogentisato dioxigenasa, genera un acúmulo de
homogentisato y su derivado oxidado, benzoquinona acética, reponsable de la
formación del pigmento negro que se acumula en diferentes tejidos.
Aunque algunos pacientes son diagnosticados durante la infancia debido al color
oscuro que la orina adopta en contacto con el aire, la mayoría de ellos consultan por
manifestaciones osteoarticualres, valvulopatías y urolitiasis a partir de edades
avanzadas de la vida.
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La reacción positiva para cuerpos reductores en orina y la desaparición del color
oscuro mediante alcalinización de la orina apoyan el diagnóstico de esta rara
enfermedad, que debe ser confirmado mediante la cuantificación del ácido
homogentísico o mediante lectura de la actividad enzimática.
A pesar de los diversos tratamientos ensayados, dieta limitada en fenilalanina y
tirosina, vitamina C e incluso NTBC, no se ha obtenido por el momento resultados
satisfactorios con ninguna de ellos2,9
Hawkinsuria
Su frecuencia es probablemente la más escasa de todas estas enfermedades y su
herencia es autonómica dominante.
Parece que un déficit de 4‐hidroxifenilpiruvato dioxigenasa (debida probablemente a
mutaciones del mismo gen que causa la tirosinemia III) da lugar a una deficiente
conversión de ácido 4‐hidroxifenilpirúvico en homogentísico. Ello genera un producto
intermedio que reaccionando con el glutation da lugar a la hawkisina.
La lactancia materna exclusiva parece evitar la aparición de las manifestaciones
clínicas. La enfermedad debuta habitualmente durante el primer año de vida al iniciar
la alimentación complementaria (¿aumento de la ingesta proteica?) y da lugar a una
falta de medro progresiva y a una acidosis metabólica.
La eliminación de hawkinsina o de 4‐hidroxiciclohexilacetato por orina permite el
diagnóstico bioquímico de la enfermedad.
El tratamiento con dieta limitada en fenilalanina y tirosina y la administración de
vitamina C es capaz de normalizar la situación clínica. Más allá del primer año de vida
este defecto metabólico suele ser asintomático2,9,14.
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Defectos del Ciclo de la Urea
Introducción
El ciclo de la urea que, en su forma completa, sólo está presente en el hígado, es la
principal vía metabólica para eliminar el exceso de nitrógeno procedente del
catabolismo de los aminoácidos y para la síntesis de novo de la arginina que es un
aminoácido no esencial y que a la vez resulta fundamental para su
[Link] ello utiliza una secuencia de reacciones enzimáticas localizada
parte en el citosol y parte en la mitocondria, que convierten el amonio y otros
compuestos nitrogenados, altamente tóxicos, en urea hidrosoluble y no tóxica, que es
excretada por el riñón.
Esencialmente, dos átomos de nitrógeno (uno procedente del carbamilfosfato y otro
del aspartato) y un carbono procedente del bicarbonato dan lugar a una molécula de
urea en cada vuelta del ciclo Las tres primeras enzimas del ciclo se localizan en la
mitocondria. La primera etapa es la síntesis del N‐acetilglutamato, que es un
coactivador indispensable de la enzima siguiente, la CPS I. También existe una CPS II
citosólica que cataliza la formación de carbamilfosfato a partir de la glutamina como
dador de nitrógeno. Este carbamilfosfato citosólico se utiliza en la síntesis de las bases
pirimidínicas, con el ácido orótico como metabolito principal. La citrulina se exporta al
citosol, fija una segunda molécula de amonio aportada por el aspartato y se convierte
en ácido argininosuccínico el cual se transforma en arginina, que a su vez genera una
molécula de urea que se elimina por la orina y una de ornitina, que vuelve a ser
utilizada en el ciclo.
Como vías alternativas para la eliminación de nitrógeno, (importantes en el
tratamiento de los errores congénitos del ciclo de la urea), es posible utilizar la
conjugación de la glicina con benzoato o de la glutamina con fenilacetato1,2. Fig 1.
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Figura 1a. Fuentes y destino del nitrógeno hepático3
El glutamato se puede transformar en glutamina mediante la glutamina sintetasa. Puede transformase
en N‐acetil glutamato mediante la N‐acetilglutamato sintetasa. Y es fuente de NH3.
La glicina puede transformase en hipurato. La glutamina puede transformarse enfenilacetilglutamina.
Ambos se eliminan por la orina
Figura 1.b Esquema ciclo urea3
Carbamilfosfato sintetasa, 1. Ornitina transcarbamilasa, [Link] sintetetasa, 3.
Argininosuccinico liasa, 4. Arginasa, 5. N‐acetilglutamato sintetasa, 6.
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Se conocen seis defectos enzimáticos hereditarios de este ciclo, todos ellos
responsables de la presentación de una enfermedad con una variada expresividad
clínica, pero con el denominador común bioquímico de una hiperamoniemia y de una
alteración específica en el perfil de aminoácidos en plasma. Para todos ha sido
identificado el gen responsable de su codificación y todos tienen una herencia
autonómica recesiva, menos uno de ellos, la deficiencia en ornitinatranscarbamilasa,
que tiene una herencia ligada al cromosoma X. Tabla I.
Tabla I. Enzimas del ciclo de la urea
Enzima Locus génico OMIM
Carbamilfosfatosintetasa (CPS I) 2q35 237300
Ornitinatranscarbamilasa (OTC) Xp21.1 311250
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Tabla II. Causas de hiperamoniemia
I. Artefacto producido por inadecuada toma de la muestra.
II. Funcionamiento inadecuado del ciclo de la urea
Errores Congénitos del Metabolismo
Defectos congénitos del ciclo de la urea.
Defectos del transporte de aminoácidos
Acidurias orgánicas
Defectos de la b‐oxidación de las grasas
Enfermedades mitocondriales
Deficiencias de piruvatocarboxilasa
Síndrome hiperinsulinismo‐hiperamoniemia
Deficiencia de d‐pirrolin‐5‐carboxilato sintasa
Daño hepático
Tóxicos químicos (ETOH, industrial etc.)
Procesos infecciosos
Síndrome de Reye de origen no metabólico
Iatrogenia (valproico)
Quimioterapia
Bypass hepatico
Ductus
Shunt portocava
Hipovolemia
Insuficiencia cardiaca congestiva
III. Sobrecarga del sistema de detoxicación
Hemolisis masiva (fracturas)
Nutrición parenteral con exceso de N
Catabolismo proteico masivo (kwashiorkor)
Colonización bacteriana con organismos ureasa positivos
Prune belly, vegiga neurógena, asa ciega intestinal, ureterosigmoidostomía
Fisiopatología de la hiperamoniemia
El amonio es particularmente tóxico para el sistema nervioso central, de tal modo que
su acumulo resulta rápidamente fatal. Difunde libremente a través de la barrera
hematoencefálica y su concentración en el cerebro alcanza siempre niveles superiores
a los de la sangre El organismo humano utiliza el ciclo de la urea para su eliminación
por la orina, pero además el cerebro humano (y el del recién nacido es muy sensible a
la hiperamoniemia) para defenderse del amonio en exceso recurre a su transformación
glutamina vía α‐cetoglutarato‐glutamato.
Cuando no es posible controlar el equilibrio entre la producción de amonio y su
transformación, debido a un exceso de producción o a una deficiencia de los sistemas
de detoxicación se producen una serie de efectos patógenos en el sistema nervioso
central. Algunos, seguramente, como consecuencia de una acción tóxica directa del
propio amonio, mientras que otros derivan probablemente de mecanismos
fisiopatológicos no bien conocidos todavía3,4. Tabla III (1)
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Tabla III. Mecanismos de daño neurológico en los defectos del ciclo de la urea
Toxicidad directa del amonio
Acumulo de glutamina
Activación de receptores NMDA por el glutamato
Edema cerebral
Déficit energético
Trastornos de neurotransmisores
Definición de hiperamoniemia
El equilibrio entre producción y eliminación de amonio se mantiene muy efectivo a lo
largo de la vida. En el recién nacido, se considera hiperamoniemia una cifra superior a
110 µmol/L, o a 190 µg/dl (µmol/L= µg/dl x 0,59) y en el pretérmino una cifra
superiores a 150 µmol/L. Los valores normales disminuyen a lo largo de la vida, de tal
modo que su rango oscila entre 20 y 70 µmol/L. a partir de la época neonatal3,4,5.
Por ello debe procederse a una evaluación diagnóstica específica de la hiperamoniemia
siempre que los valores de amonio, en una muestra correctamente recogida, sean
superiores a 150 µmol/L.
Errores congénitos del ciclo de la urea
Las enfermedades del ciclo de la urea (ECU) tienen una incidencia estimada de
alrededor de entre 1/10.000 y 1/50.000 recién nacidos, en función de las etnias
consideradas. Aunque el debut clínico puede ocurrir a cualquier edad, entre un 30‐55%
de los casos debutan en el periodo neonatal en cuyo caso constituyen verdaderas
urgencias vitales y su diagnóstico precoz y tratamiento adecuado son imprescindibles
para asegurar la supervivencia y el mejor desarrollo posible de los niños afectos.
Además de la presentación aguda neonatal pueden debutar en cualquier época de la
vida y con una gran variabilidad en su sintomatología. Son además, un magnífico
ejemplo de enfermedades crónicas con posibilidad de descompensación en forma de
“crisis de hiperamoniemia” que pueden comprometer la vida del paciente.
De los seis errores congénitos del ciclo conocidos, tres de ellos representan casi el 90%
de los casos y debutan más frecuentemente en periodo neonatal. Estos son el déficit
de ornitín trans‐carbamilasa (OTC), enfermedad ligada a X causante de casi el 50% de
los casos, se manifiesta siempre en varones hemicigotos y frecuentemente en mujeres
portadoras. El déficit de carbamil fosfato sintetasa (CPS), de herencia autosómica
recesiva responsable del 15% de los casos. El déficit de arginínsuccínicosintetasa
(ASSD) también llamada citrulinemia debido a la elevación de los niveles de citrulina
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en sangre y que es causa de hasta un 25% de los casos. El resto de los casos
corresponde a los déficits de arginínsuccinatoliasa (ASLD) también llamada aciduria
argininosuccínica debido a los elevados niveles de argininosuccinato en orina; el déficit
de arginasa (A) es mucho más raro y no suele presentarse en periodo neonatal. Por
último el déficit de N‐acetil‐L‐glutamato sintetasa (NAGS) está cobrando mayor
importancia ya que sintetiza el N‐acetil‐L‐glutamato que es un activador esencial del
CPS y es causa de hiperamoniemias que pueden ser tratadas con N‐carbamil‐L‐
glutamato que es capaz de estimular la síntesis de NAGS2, 3,4. (figura 1).
Presentación clínica
El amonio es fundamentalmente neurotóxico, por lo que los síntomas habituales son
de carácter neurológico. En general, las manifestaciones clínicas (excepto en el déficit
de argininasa) definen un síndrome de “intoxicación” con rechazo del alimento,
vómitos, somnolencia, trastornos respiratorios, coma y muerte neuronal; pero el
espectro clínico de presentación varía desde la forma aguda y grave de encefalopatía
aguda en periodo neonatal, hasta las formas más insidiosas, menos severas y con un
curso episódico en lactantes, niños y adultos.
Es importante recordar que los pacientes afectos de enfermedades del ciclo de la urea
pueden debutar a cualquier edad, aunque hay ciertas épocas de la vida en las que
debido a que las situaciones de estrés metabólico (como infecciones intercurrentes,
trastornos alimentarios, etc.), son más frecuentes es más habitual la aparición de los
síntomas de la enfermedad.. El periodo neonatal por los cambios metabólicos
importantes que tienen lugar en esta época de la vida. El final de la lactancia, edad en
el que son más susceptibles a las infecciones, se pasa de la alimentación láctea a la
alimentación complementaria habitualmente hiperproteica. La pubertad en la que la
velocidad de crecimiento y la presencia de factores psicosociales de risgo pueden
precipitar una descompensación metabólica3,4,5.
Presentación aguda neonatal
La mayoría de los niños con debut neonatal, nacen normales, asintomáticos y con un
peso adecuado a su edad gestacional. Pero tras un corto intervalo de tiempo, que
puede ser inferior a 24 horas, inician un cuadro tipo “intoxicación” con letargia y/o
irritabilidad, rechazo de la alimentación, vómitos y taquipnea (tabla IV). Sin el
tratamiento adecuado la situación clínica empeora rápidamente con agravamiento de
la clínica neurológica, hipotonía, arreflexia, inestabilidad vasomotora, hipotermia,
apneas y crisis convulsivas. La muerte suele ocurrir por hemorragia pulmonar o
cerebral. Los supervivientes tienen un alto riesgo de secuelas importantes neurológicas
El diagnóstico inicial diferencial en el recién nacido debe establecerse con la sepsis y
con las hemorragias intracraneales fundamentalmente y junto a la hiperamoniemia, un
dato que apoya fuertemente el diagnóstico de defecto del ciclo de la urea es la
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presencia de una alcalosis respiratoria que no se presenta en hiperamoniemias de otro
origen.
Presentación infantil
En esta época de la vida, la sintomatología no suele ser tan florida ni aguda como en
periodo neonatal. Las formas más graves se caracteriza por presentar ‐
frecuentemente durante episodios recurrentes de estrés metabólico‐ un cuadro de
encefalopatía aguda, vómitos, obnubilación, ataxia e hiperventilación. Otras formas
paucisintomáticas manifiestan anorexia, fallo de medro con alteración en el desarrollo
psicomotor, rechazo a los alimentos hiperprotéicos, irritabilidad y alteraciones del
comportamiento. No es raro que el motivo de consulta sea una elevación asintomática
del las transaminasas.
Formas clínicas en adolescentes y adultos
La mayoría de estos pacientes se presentan con un cuadro de afectación neurológica
en forma de encefalopatía aguda intermitente o de afectación neurológica crónica. En
el primer caso los síntomas aparecen normalmente tras un episodio de estrés
metabólico como infección, anestesia, o catabolismo proteico aunque en ocasiones el
desencadenante no siempre es reconocido. Estos pacientes suelen presentar
inicialmente anorexia y letargia, o una historia de vómitos y cefaleas que sugieren
migrañas, o en ocasiones antecedentes de episodios recortados de ataxia sugiriendo
cuadros de intoxicación. Entre los episodios suelen mejorar o permanecer
asintomáticos, pero en ocasiones el cuadro empeora progresivamente con síntomas
neurológicos focales, coma y muerte por edema cerebral. En el segundo caso es
frecuente la sintomatología de agitación, irritabilidad, confusión e incluso
alucinaciones por lo que son catalogados como pacientes psiquiátricos. En otras
ocasiones sólo presentan un retraso en el desarrollo cognitivo con episodios de ataxia
en las descompensaciones.
Alteraciones bioquímicas
En todos los casos existe una hiperamoniemia de variable magnitud, una alteración del
perfil de aminoácidos y una eliminación aumentada de ácido orótico por la orina
cuando el bloqueo se produce después de la formación de carbamilfosfato. Es habitual
la alcalosis metabólica durante los episodios agudos de descompensación 3, 4.
Diagnóstico
Es preciso realizar dos diagnósticos diferenciales en los pacientes con hiperamoniemia
sin diagnóstico previo. Diferenciar en primer lugar, entre hiperamoniemias primarias y
secundarias y a continuación proceder al diagnóstico de la deficiencia enzimática del
ciclo de la urea responsable de la enfermedad3,5.
El dato bioquímico guía es en todos los casos la hiperamoniemia. Debe ser
adecuadamente identificada y descartados los errores en la recolección de la muestra.
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Una vez confirmada se debe valorar la presencia de acidosis o alcalosis, ya que formas
primarias presentan en principio una alcalosis respiratoria, mientras que las
secundarias a acidemias orgánicas se acompañan de acidosis metabólica.
El perfil de aminoácidos en plasma ayuda a identificar el nivel del bloqueo en el ciclo
de la urea, de tal modo que permite diferenciar a los que tiene lugar en la mitocondria,
que cursan con citrulina normal o baja de los que tienen lugar el el citosol que lo hacen
con citrulina elevada.
Finalmente la determinación de orotato y argininsuccinato en orina completa la
identificación bioquímica de los pacientes. Figura 2. Tabla IV
Con el fin de completar el estudio se debe practicar además en todos los casos
determinación de pruebas de función hepática, CPK, láctico, ionograma, gases en
sangre, anión GAP, 3OHButirato, función renal, ácidos orgánicos en orina y
aclicarnitinas en plasma.
Es importante practicar la toma de las muestras antes de iniciar el tratamiento
sindrómico, pero la orina puede recogerse durante las primeras horas de tratamiento
si no se hubiera obtenido antes de iniciarlo. Si deben ser enviadas a laboratorios
especializados es necesario tener preparado el protocolo y los recipientes adecuados.
El diagnóstico enzimático supone la confirmación del diagnóstico y el molecular
permite el asesoramiento familiar y la identificación de portadores (de especial
trascendencia en el déficit de OTC).
Tabla IV. Diagnóstico bioquímico de los defectos del ciclo de la urea
Deficiencia AA en plasma Orótico en Estudio enzimático
orina
N‐acetil glutamato ↑Glutamina Normal Hígado ?
sintetasa ↑Alanina
Carbamilfosfato ↑Glutamina Normal Hígado
sintetasa ↑Alanina
↓Citrulina
↓Arginina
Ornitina ↑Glutamina Muy elevado Hígado
trasncarbamilasa ↑Alanina
↓Citrulina
↓Arginina
Argininosuccinato ↑↑↑Citrulina Elevado Hígado
sintetasa ↓Arginina Fibroblastos
Argininosuccinato liasa ↑Citrulina Elevado Hígado
↑Ac. argininosuccínico Fibroblastos
↓Arginina Eritrocitos
Arginasa ↑↑Arginina Elevado Hígado
Glóbulos rojos
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Figura 2. Algoritmo diagnóstico de las hiperamoniemias. (P. Sanjurjo4)
Hiperamoniemia
Acidosis metabólica
No Si Otros
E.C.M.
Citrulina Arginina
Orótico Argininosuccinico
Elevado
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Tratamiento
1. Objetivos y estrategias generales
La hiperamoniemia constituye una urgencia metabólica. El porcentaje y el grado de las
secuelas neurológicas está mas en relación con el tiempo durante el que el paciente ha
estado sometido a cifras de amonio superiores a 300 ‐ 400 μmol/L, que con el nivel
máximo alcanzado de amonio. Pero, sea cual sea el valor de la hiperamoniemia
identificada debe plantearse siempre su corrección mediante el tratamiento adecuado
en cada caso.
El objetivo del tratamiento es mantener los niveles de amonio por debajo de 80
μmol/L y la glutamina inferior a 800 nmol/ml .La estrategia terapéutica se basa en las
siguientes medidas generales que deben adaptarse a las necesidades de los pacientes.
a. Dieta hipoproteica en función de la tolerancia del paciente. Si no tolera el aporte
proteico mínimo recomendado en forma de proteínas naturales de alto valor biológico,
debe suplementarse con una mezcla de aminoácidos esenciales hasta un máximo de
0.7g/kg/día.
b. Suplementos de arginina (excepto en el déficit de arginasa) o citrulina, con el fin de
estimular el adecuado funcionamiento del ciclo de la urea.
c. Asegurar el aporte calórico adecuado para mantener una síntesis proteica positiva.
Los requerimientos energéticos pueden aumentar del 5 al 10 % en caso de infección o
hiperamoniemia.
d. Estimular vías alternativas para la excreción de nitrógeno. El benzoato sódico sódico
se combina con la glicina y es capaz de eliminar 1 mol de nitrógeno por cada mol de
benzoato. El fenilbutirato se combina con la glutamina y elimina 2 moles de N por cada
mol. Preparados farmacológicos que combinan ambos productos parece que tienen
una mayor eficacia terapéutica.
e. Tratamiento enzimático. El N‐carbamil glutamato (Carbaglu®) que es un análogo de
la n‐acetil glutamato sintetasa, es muy efectivo en esta deficiencia enzimática y puede
estimular el funcionamiento del ciclo de la urea en todas las inhibiciones secundarias
del ciclo (acidurias orgánicas, etc.)1, 3,7, 8, 9
2. Tratamiento de urgencia de la hiperamoniemia
Antes de iniciar el tratamiento de una hiperamoniemia es necesario valorar si el centro
en el que está el paciente, está preparado para ofrecer todas las medidas terapéuticas
que el paciente puede necesitar. En caso contrario es imprescindible tener organizado
el sistema de transporte adecuado y seleccionado el hospital de referencia al que
puede ser necesario enviar al paciente.
Ante una hiperamoniemia documentada con amonio>150μmol/L y sin conocer todavía
el diagnóstico etológico se debe aplicar la siguiente cronología terapéutica.
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Primeras 2 horas:
• Asegurar vía aérea permeable y valorar la necesidad de ventilación asistida.
• Asegurar vía venosa permeable. Aporte >80 kcal/kg de peso mediante la
administración de soluciones hiperosmolares de glucosa (10‐12 mg/kg/min de
glucosa), asociando insulina si glucemia elevada, con el fin de mantener el balance
metabólico positivo. Mantener una correcta situación hemodinámica e
hidroelectrolítica, pero teniendo en cuenta la posible existencia de edema cerebral.
• Cese del aporte proteico que puede mantenerse durante 48‐72 horas.
• L‐arginina (Arginine Vieron®, medicamento extranjero): 300 mg/kg, dosis de carga,
intravenoso, en 90 minutos, seguido de mantenimiento de 200‐600 mg/kg/día, en
perfusión continua. Preparación: 1g en 50 ml de glucosa al 10%.
• Carnitina (Carnicor viales): dosis de carga de 50 mg/kg a pasar en 90 minutos.
Posteriormente se mantiene a 100 mg/kg/día, repartido en varias dosis al día
• Benzoato sódico (puede ser preparación en fórmula magistral): Dosis de carga de 250
mg/kg, intravenoso, a pasar en 90 minutos, seguido por perfusión de 250‐500
mg/kg/día. Preparación: 1g en 50ml de glucosa al 5 ó 10%, frasco de vidrio y protegido
de la luz.
En el neonato, se puede hacer una dilución común: Arginina + benzoato en 50 ml de
glucosa al 10%, ya que suponen unos volúmenes altos que pueden ser difíciles de
manejar en un neonato
• Fenilbutirato(Ammonaps,comp 500mg) : 200‐600 mg/kg/día, por vía oral.
El producto AMMONUL® (medicamento extranjero suministrado por Orphan Swedish),
preparado para administración endovenosa, resulta muy efectivo en el tratamiento de
la hiperamoniemia. Cada centímetro cúbico tiene 100 mg de benzoato y 100 mg de
fenilacetato sódico y debe ser previamente diluido al 10 % en suero glucosado al 10 %.
Se utiliza a una dosis de carga de 250 mg/kilo de fenilacetato y de benzoato a pasar en
90‐120 minutos y se continúa con otra dosis igual hasta las 24 horas de tratamiento.
Si se sospecha claramente acidemia orgánica no emplear benzoato pues existe un
riesgo teórico de agotamiento intramitocondrial de CoA. No emplear carnitina ni
Benzoato si se sospecha un trastorno de la β‐oxidación.
A las 2 horas de haber iniciado el tratamiento.
Nuevo control de amonio. Si este ha aumentado (o si en la primera determinación ya
era superior a 350μmol/L) emplear ácido carglúmico: N carbamil glutamato (NCG)
(Carbaglu® 200 mg comp dispersables) por sonda nasogátrica: Dosis inicial de carga de
100‐250 mg/kg. Después 100‐200 mg/kg/día, cada 6 u 8 horas. Es específico para el
déficit de NAGS pero también puede ser muy útil en las hiperamoniemias debidas a
acidemias orgánicas, y en otras de causa no aclarada por lo que se debe usar lo más
pronto posible pues puede evitar la necesidad de utilizar medidas dialíticas
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A las 4 horas de haber iniciado el tratamiento.
Si el amonio es todavía superior ≥ de 350 μmol/L iniciar medidas de depuración
extrarrenal.
Las más efectivas son la hemodiafiltración venovenosa continua y la hemodiálisis. Esta
es el tratamiento más eficaz para eliminar el amonio pero presenta dificultades
técnicas y mala tolerancia hemodinámica en niños < 5Kg.
En función de las circunstancias pueden utilizarse otras técnicas. Hemodiafiltración
arteriovenosa continua. Diálisis peritoneal: no extrae amonio de forma eficaz pues a
pesar de instaurarla con altos volúmenes horarios y soluciones hipertónicas consigue
un aclaramiento máximo de amonio de 10ml/min/m2.. Exanguinotransfusión: poco
eficaz aunque se realice con grandes volúmenes (1,5‐4 recambios de volumen de
sangre fresca). Su efecto es transitorio, sólo considerar mientras se consigue
medicación eficaz (carbamilglutamato) o se gestiona traslado a otro centro. También
es útil en hiperamoniemias graves la ECMO con hemodiálisis, ECMO con
hemodiafiltración (muy útil sobre todo si cifras de amonio >1000 µmol/L).
3. Tratamiento ambulatorio de los episodios de descompensación.
Todos los pacientes con alteraciones del ciclo de la urea tienen riesgo de
descompensación metabólica precipitada por diversas situaciones de estrés como un
ayuno prolongado, excesiva ingesta proteica, infección, anestesia, cirugía, etc.. por lo
que tanto los pacientes como los familiares deben saber como actuar ante situaciones
de riesgo (como un episodio infeccioso) o sospecha de descompensación, con
síntomas como palidez, fatigabilidad, letargia...
1. Inicialmente el aporte proteico debe reducirse a la mitad, aumentando el aporte
calórico del
10 al 30% mediante la administración de hidratos de carbono (polímeros de glucosa)
para prevenir el catabolismo endógeno.
2. Si después de 4‐6 horas los síntomas persisten, debe procederse a una reducción
total del aporte proteico, administrándolo la solución de polímeros de glucosa junto
con los medicamentos adecuados (arginina, benzoato, fenilbutirato, carnitina) cada 1‐2
horas para los niños menores de 2 años, cada 2‐3 horas para niños de 2‐6 años y cada
3‐4 horas para niños de más de 6 años
3. Cuando el paciente responde bien a esta dieta líquida con hidratos de carbono, que
no debe
prolongarse más de 48 horas, se pueden reintroducir paulatinamente las proteínas,
el primer día ¼ de la ingesta proteica habitual, la mitad el segundo día, ¾ el tercer y el
total a partir del cuarto día. Se recomienda un control amonio plasmático al finalizar la
reintroducción proteica (del 4º al 7º día).
4. Si el paciente no tolera los líquidos orales, persisten los vómitos y especialmente si
aparecen aparecen signos de encefalopatía, como irritabilidad, etc., es obligado el
ingreso hospitalario para instauración de alimentación enteral continua o intravenosa,
con controles de amonio cada 6‐8 horas.
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