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Freud y el Sueño de Irma

El documento resume el análisis de Freud del sueño inaugural de la inyección de Irma. El autor propone reexaminar este sueño clave desde una perspectiva actualizada, teniendo cuidado de no imponer ideas posteriores a Freud. Analiza cómo este sueño refleja las etapas tempranas del desarrollo del ego de Freud y su capacidad creadora.

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Freud y el Sueño de Irma

El documento resume el análisis de Freud del sueño inaugural de la inyección de Irma. El autor propone reexaminar este sueño clave desde una perspectiva actualizada, teniendo cuidado de no imponer ideas posteriores a Freud. Analiza cómo este sueño refleja las etapas tempranas del desarrollo del ego de Freud y su capacidad creadora.

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XIII

EL SUENO DE LA INYECCION DE IRMA

Seguimos, pues, reflexionando sobre el sentido de las qiver-


sas concepciones que se formó Freud acerca del aparato psí-
quico. Este trabajo, en el que continuó a lo largo de toda su
obra, respondía para él a una exigencia de coherencia interna.
Freud fue el primero, y durante largo tiempo el único, que
trató de situarse a su respecto, y persistió en su esfuerzo a tra-
vés de las modificaciones, teóricas y técnicas, propuestas por
quienes le seguían, es decir, la comunidad analítica.
Está probado que el difícil problema de la regresión, con el
que nos enfrentamos la vez pasada, surgió primeramente de las
propias necesidades del esquema. Es preciso leer las cartas a
Fliess para advertir qué difícil le resultó a Freud el engendra-
miento de este trabajo. Obtener esquemas rigurosos es para él
una exigencia que llega hasta lo más hondo. Pues bien, la for-
mulación de una hipótesis sobre la cantidad no deja de tener
repercusiones sobre la noción de cualidad. No me parece que
una y otra sean exactamente compatibles. Freud prefirió una a
la otra en virtud de ciertas comodidades de la formulación,
pero a la relativa simplificación del primer esquema se deben las
dificultades del segundo, a saber, esa disociación entre percep-

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LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

ción y conciencia que lo obliga a introducir la hipótesis de una Freud hace de este sueño el análisis más exhaustivo posible,
r~gre~ión para dar cuenta del carácter figurativo, es decir, ima- volviendo asiduamente a él en la propia Traumdeutung cada
gmano, de lo que se produce en el sueño.
vez que tiene necesidad de un punto de apoyo y, en partic~l:r,
. ~s evidente que el término imaginario, si hubiese podido con extensión, cuando introduce el concepto de condensacIOn.
utilIzarse ya entonces, habría eliminado muchas contradiccio- Pues bien: vamos a retomar este sueño con nuestro punto
nes. Pero aquí este carácter figurativo se concibe como for- de vista actual. Estamos en nuestro derecho, siempre que no
mando parte de.I0 perceptivo, y lo visual es promovido por pretendamos hacerle decir a Freud, quien tan sólo se encuentra
Freud como eqUivalente de lo perceptual. Está claro que el es- en la primera etapa de su pensamiento, lo que está en la últi~a;
quema, tal c~mo aparece construido en la Traumdeutung, con- siempre que no intentemos poner esas etapas en concordanCia,
du~e necesana~e~te a proponer desde el nivel tópico una hipó- unas con otras, a nuestro capricho.
tesIS como la sIgUiente: el hecho de que el estado de sueño no Descubrimos bajo la pluma de Hartmann la cándida confe-
perm.ite a los. procesos su prosecución normal hasta la descarga sión de que al fin y al cabo las ideas de Freud no concuerdan
motnz, ocaSIOna una vuelta atrás del proceso del influjo inten- tanto entre sí como parece, y que necesitan ser sincronizadas.
~ional y ~a aparición de su carácter de imagen. Las cosas pueden Son precisamente los efectos de tal sincronización del pensa-
Ir al reves: tal es el punto en que nos hallamos, el sentido del miento de Freud lo que vuelve necesario un retorno a los tex-
término regresión. .
tos. A decir verdad, dicha sincronización me sugiere un desa-
Esta es la primera formulación algo firme de una noción gradable eco de puesta en vereda. Para noso.t ros no se trata d~
que después será admitida, de modo análogo, tanto en el plano sincronizar las diferentes etapas del pensamIento de Freud, III
formal como en el genético. La idea de una regresión del indi- siquiera de ponerlas en concordancia. Se trata de advertir a qué
viduo a los primeros estadios de su desarrollo domina, ustedes dificultad única y constante respondía el progreso de este pen-
lo saben, muchas de nuestras concepciones acerca de la neuro- samiento, formado por las contradicciones de sus diferentes
sis y el tratamiento. La entrada en juego de esta noción, que etapas. Se trata, a través de la sucesión de antinomias que cons-
ahora parece tan familiar, como se habrán percatado, no es, sin tantemente nos presenta, en el interior de cada una de esas eta-
embargo, obvia.
pas y entre ellas mismas, de que abordemos .10 que específica-
. Para facilitarle~ el ~aso desde este esquema del aparato psí- mente constituye el objeto de nuestra expenencla.
qUICO a aquel qU,e ImplIca el desarrollo ulterior del pensamiento No soy el único, entre quienes cumplen la función de ense-
de Freud, especialmente el que se centra en la teoría del narci- ñar el análisis y formar analistas, que ha tenido la idea de volver
sismo, les propondré hoy una pequeña experiencia. al sueño de la inyección de Irma. Este es en particular el caso de
un hombre llamado Erikson, quien se califica a sí mismo de
partidario de la escuela culturalista: que le aprove/c~~. Dicho
culturalismo consiste en poner el acento, en el anahsls, sobre
1 aquello que en cada caso tiene que ver con el. contexto cultural
donde el sujeto está inmerso. Aspecto por CIerto no descono-
cido hasta entonces; que yo sepa, ni Freud ni aquellos que pue-
El sueñ~ inicial, el sueño de los sueños, el sueño inaugural- den calificarse de específicamente freudianos, lo descuidaron
mente descIfrado es, para Freud, el de la inyección de Irma. nunca. El problema es saber si debe concederse a este elemento

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LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

una importancia dominante en la constitución del sujeto. Deje- Voy a leerles el contenido del sueño, esperando que bas-
~os de lado, por ahora, la discusión teórica que ello puede sus- tará para recordarles el análisis a él consagrado. 1
CItar, y veamos en qué desembóca. En un amplio hall. Muchos invitados a los que recibimos.
Por lo que respecta al sueño de la inyección de Irma, de- Entre ellos, Irma, a la que me acerco en seguida para contes-
semboca en ciertas reflexiones que intentaré señalarles a me- tar, sin pérdida de momento, a su carta y reprocharle no haber
dida que vayan surgiendo en el re-análisis que trataré de efec- aceptado aún la «solución». Le digo: «Si todavía tienes dolores
tuar ~oy. Les sorprenderá ver que el tal culturalismo converge es exclusivamente por tu culpa». Ella me responde: «¡Si supie-
peculIarmente con un psicologismo consistente en entender ras qué dolores siento ahora en la garganta, el vientre y el es-
todo el texto analítico en función de las diferentes etapas del tómago! ... ¡Siento una opresión!... ». Asustado, la contemplo
desarrollo del ego. Como ven no fue el simple deseo de to- atentamente. Está pálida y abotagada. Pienso que quizá me
marle el pelo a su sincronización lo que me hizo nombrar a haya pasado inadvertido algo orgánico. La conduzco junto a
Hartmann. una ventana y me dispongo a reconocerle la garganta. Al prin-
Procuraremos, pues, situar el sueño de la inyección de cipio se resiste un poco, como acostumbran hacerlo en estos ca-
I:ma como una etapa en el desarrollo del ego de Freud, ego que sos las mujeres que llevan dentadura postiza. Pienso que no la
tIene derecho a un respeto particular, porque es el de un gran necesita. Por fin, abre bien la boca, y veo a la derecha una
creador en un momento eminente de su capacidad creadora. gran mancha blanca, y en otras partes, singulares escaras
Hablando con rigor, no se puede decir que se trate de un falso grisáceas, cuya forma recuerda la de los cornetes de la nariz.
ideal. Indudablemente, debe haber una psicología del creador. Apresuradameñte llamo al doctor M., que repite y confirma el
¿Pero es acaso ésta la lección que tenemos que extraer de la reconocimiento ... El doctor M. presenta un aspecto muy dife-
experiencia freudiana y, en particular, si la examinamos bajo rente al acostumbrado: está pálido, cojea y se ha afeitado la
la lupa, de lo que acontece en el sueño de la inyección de barba ... Mi amigo Gtto se halla ahora a su lado, y mi amigo
Irma? Leopoldo percute a Irma por encima de la blusa y dice: «Tiene
Si es~~ punto de vista es verdadero, tenemos que abandonar una zona de matidez abajo, a la izquierda, y una parte de la
una nOClOn que les presento como la esencia del descubrimiento piel, infiltrada, en el hombro izquierdo» (cosa que yo siento
freudiano, .el descentramiento del sujeto con respecto al ego, y como él, a pesar del vestido). M. dice: «No cabe duda, es una
volver a la Idea de que todo se centra en el desarrollo típico del infección. Pero no hay cuidado; sobrevendrá una disentería y
ego. Hay aquí una alternativa sin mediación: si esto es verdad, se eliminará el veneno ... ». Sabemos también inmediatamente
todo lo que digo es falso. de qué procede la infección. Nuestro amigo Gtto ha puesto re-
Pero si lo que digo es falso, se torna sumamente difícil leer el cientemente a Irma, una vez que se sintió mal, una inyección
menor texto de Freud entendiendo algo. Vamos a hacer la con un preparado a base de propil, propilena ... , ácido propió-
prueba con el sueño de la inyección de Irma. nico ... , trimetilamina (cuya fórmula veo impresa en gruesos ca-
¿Por qué concede Freud tanta importancia a este sueño? A racteres). No se ponen inyecciones de este género tan lige-
primera vista podría resultar extraño. ¿Qué obtiene Freud, en
efecto, de. su an.álisis?: obtiene la verdad, que él plantea como 1. El relato del sueño en la clásica versión española de López Balleste-
verdad pnmordlal, de que el sueño es siempre la realización de ros es coincidente con el texto francés consignado en el original. Se trans-
un deseo, de un anhelo. cribe, pues, el primero. [T.]

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~I
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

ramente .. . Probablemente estaría además sucia la jeringui- lente persona, Otto; atiende un poco a toda la f~milia cuando
lla. se presentan resfriados, cosas que no marchan bIen, y desem-
peña en el hogar el papel del solterón simpático, benévolo, ob-
sequioso; lo cual no deja de provocar, por parte de Freud,
cierta divertida ironía.
2 El Otto en cuestión, que inspira a Freud, pues, una estima
de buena ley, aunque moderada, le trae noticias de la tal Irma y
le dice que, en resumidas cuentas, la cosa anda bien pero no
Irma es una enferma amiga de la familia de Freud. Este se en- tanto. Y a través de su entonación, Freud cree advertir que el
cuentra, pues, frente a ella en la delicada situación, que es preciso querido amigo Otto lo des"a prueba un poco, o, para ser más
evitar siempre, en que se coloca el analista cuando atiende a al- exactos, que ha debido de participar en las burlas del círculo de
guien que pertenece a su círculo de allegados. Estamos mucho más relaciones, incluso en la oposición con que chocó Freud res-
prevenidos de lo que estaba Freud, en aquel momento prehistóri- pecto de esa cura, imprudentemente iniciada en un terreno
co del análisis, acerca de las dificultades, en este caso, de una donde no es plenamente dueño de maniobrar como le parece.
contratransferencia. En efecto, Freud tiene la sensación de haber propuesto a
Esto es efectivamente lo que ocurre. Freud tiene grandes difi- Irma la buena solución: Losung. Esta palabra posee en alemán
cultades con Irma. Como nos lo señala en las asociaciones del la misma aml;>igüedad que en francés 2 : es tanto la solución q~e
sueño, en esa etapa todavía piensa que cuando el sentido incons- se inyecta como la solución d~ un conflicto .. En ~sto" e.l sueno
ciente del conflicto fundamental de la neurosis queda descubier- de la inyección de Irma adqUiere ya su sentido sImbohco ..
to, sólo resta proponérselo al sujeto, quien aceptará o no. Si no Al comienzo, Freud está muy descontento con su amIgo.
acepta es culpa suya, es un paciente deleznable, avieso, un mal Pero lo está mucho más aún consigo mismo. Llega a poner en
paciente. Cuando el paciente es bueno, acepta y todo marcha bien. duda la legitimidad de la solución por él aportada y quizás el
No estoy forzando nada: hay pacientes buenos y hay pacientes principio mismo de su tratamiento de la neurosis.. .
malos. En ese año, 1895, se encuentra todavía en el estadIO expen-
Freud nos comunica esta noción con un humor cercano a la iro- mental en que realiza sus descubrimientos capitales, de los cua-
nía algo sUlI).aria que me estoy permitiendo sobre el tema. Dice les el análisis de.este sueño seguirá pareciéndole tan importante
bendecir al cielo por haber entendido así las cosas en esa época, que en 1900, en una carta dirigida a Fliess, pre~isan:ente, des-
pues esto le permitió vivir. pués de la publicación del libro en que lo comUlllca, Jugara-y
Tiene, entonces, grandes dificultades con Irma, quien cierta- nunca lo hace gratuitamente- a imaginar que algún día quizá
mente ha mejorado pero conserva algunos síntomas, en particu- coloquen sobre la puerta de la casa de campo de Bellevue donde
lar una propensión al vómito. Freud acaba de interrumpir el tra- transcurre este sueño: Aquí, el 24 de julio de 1895, por vez
tamiento, y es su amigo Quo quien le trae noticias de su ex pa- primera el enigma del sueño fue desentrañado por Sigmund
ciente. Freud.
En otro tiempo señalé que Quo se halla muy cerca de Al mismo tiempo que descontento, en aquella fecha se en-
Freud. Pero no es un amigo íntimo, en el sentido de que estaría
familiarizado con las ideas de quien ya es un maestro. Exce- 2. Yen castellano. [T.]

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LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

cuentra, pue~, .lleno de confianza. Adviertan que esto sucede cada una de estas explicaciones sería perfectamente válida, pero
antes de la cnSIS de 1897, cuya .huella hallamos en la carta diri- el conjunto no puede satisfacernos en forma alguna.
gida a Fliess, cuando por un momento creyó que toda la teoría Así está concebido este sueño, nos dice Freud. Y, por supues-
del trauma a partir de la seducción, central en la génesis de su to, allí está la trama de todo lo que aparece en él. Pero en mi opi-
concepción, tenía que ser desechada y que todo su edificio se nión la cuestión es más bien otra: ¿cómo es posible que Freud,
ve?ía abajo. En 1895 está atravesando un período creador, quien más adelante desarrollará la función del deseo inconscien-
abIerto tanto a la certeza como a la duda: esto caracteriza todo te, se limite a presentar, como primer paso de su demostración,
el progreso del descubrimiento. un sueño enteramente explicado por la satisfacción de un deseo
La desaprobación percibida a través de la voz de Otto es el que sólo podemos llamar preconsciente, e incluso completamente
ligero choque que va a poner en marcha su sueño. consciente? Freud ha pasado la noche de la víspera tratando de jus-
~es hago notar que ya en 1882, en una carta dirigida a su tificarse con todas las letras, tanto por lo que marcha como por lo
nOVIa, Freud apuntaba que lo que aparecía en los sueños no que puede no marchar.
eran tanto las grandes preocupaciones del día como los temas Para establecer su fórmula de que en todos los casos un sueño
comenzados y después interrumpidos: cuando quedan ustedes es la satisfacción de un deseo, a primera vista Freud no parece haber
cortados. Este quedar cortada la palabra, que impresionó a exigido otra cosa que la noción más general del deseo, sin pre-
Freud precozmente, reaparece una y otra vez en sus análisis de ocuparse en ahondar qué es este deseo, ni de dónde viene, si del
la Psicopatología de la vida cotidiana. Ya les hablé del olvido inconsciente o del preconsciente.
del nombre del autor del fresco de Orvieto. También estaba en Así plantea Freud la cuestión en la nota que leí la vez pasa-
~uego allí algo que no había surgido completamente durante la da: ¿qué es el deseo inconsciente? ¿Quién es él, que es recha-
Jornada. zado y produce horror al sujeto? ¿Qué se quiere decir cuando
Si.n embargo, éste no es para nada el caso. Freud se puso a se habla de un deseo inconsciente? ¿Para quién existe ese de-
t~abaJar después de la cena y redactó todo un resumen a propó- seo?
~lto. ~el caso de Irma, a fin de poner las cosas en su lugar y En este nivel va a quedar explicada para nosotros la inmensa,
Ju~tIfIcar, en caso de necesidad, la conducción general del trata- satisfacción que procura a Freud su solución del sueño. Para otor-
mIento.
gar nosotros mismos su pleno sentido al hecho de que este sue-
En eso, llega la noche. Y este sueño. ño cumple un papel decisivo en la exposición de Freud, debe-
Voy sin tardanza al resultado. Freud considera como un mos tener en cuenta la importancia que él mismo le confiere, tanto
gran éxito e! haber podido explicarlo en todos sus detalles por más significativa cuanto que se nos muestra paradójica. A pri-
el deseo de lIbrarse de su responsabilidad en el fraéaso del trata- mera vista, podría decirse que aún no se ha dado el paso decisi-
miento de Irma. Lo hace en el sueño -él, como su artesano-, vo, ya que en resumidas cuentas no se trata más que de un deseo
con medios tan múltiples que, tal como lo observa con su habi- preconsciente. Pero si Freud considera este sueño como el sue-
tu~l humor, esto se parece mucho al cuento de la persona a ño de los sueños, el sueño inicial, típico, es porque siente haber
qUIen se le repro~h~ haber ~evuelto un caldero agujereado y dado ese paso, 'y demuestra con creces después de su exposición
que responde lo sIgUIente: pnmero, que lo ha devuelto intacto, que efectivamente lo dio. Si siente que lo ha dado, es porque lo
segundo, que el caldero ya estaba agujereado cuando se lo pres- ha dado.
taron y, tercero, que nunca lo tomó prestado. Por separado, No estoy rehaciendo el análisis del sueño de Freud después
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23/
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

del propio Freud. Sería absurdo. Así como no es cuestión de


Hay algo bien llamativo: ninguno de los autores en ~uestión
ponerse a analizar a autores difuntos, no es cuestión de analizar
destaca esta circunstancia en su pureza. El señor Enkson se
el propio sueño de Freud mejor que él. Cuando Freud inte-
acerca pero, por desdicha, su cultura~ismo no le re~ulta un ins-
r~umpe las asociaciones, tiene sus razones para hacerlo. Nos trumento muy eficaz. Dicho culturahsmo lo empuJa.a plante~r
dIce: No puedo decirles más, no quiero contarles historias de
aparentemente el problema d~l estudio d:l contemdo man~­
c,!,ma y de orinal. O bien: Ya no tengo ganas de seguir aso- fiesto del sueño, el cual, nos dIce, merecena ser puesto en pn-
nando. No se trata de exegetar allí donde Freud mismo se inte-
mer plano. Al respecto se produce una argu~e?tación muy
r:~mpe, sino de tomar el conjunto del sueño y de su interpreta- confusa basada en la oposición entre lo superfICIal y lo p~o­
ClOno De este modo estamos en una posición diferente de la
suya. fundo, que no ceso de rogarles se quiten de encima. Como dIce
Gide en Los monederos falsos, no hay nada más profundo que
Hay dos operaciones: tener el sueño e interpretarlo. Inter-
lo superficial, porque no hay nada profundo en absoluto. Pero
pretar es una operación en la cual intervenimos. Pero no olvi-
ésa no es la cuestión.
den que en la mayoría de los casos también intervenimos en la
Hay que partir del texto, y partir de él-así lo hace ~ acon-
primera. En un análisis no sólo intervenimos en tanto que in-
seja Freud- como de un texto sagrado. El autor, el escnba, no
terpreta~os el sueño del sujeto -si es cierto que lo interpreta-
es más que un chupatintas y está ~n seg~ndo tér~ino., Los co-
mos-, SInO que como ya estamos, a título de analistas en la
vida del sujeto, ya estamos en su sueño. ' mentarios de las Escrituras se perdIeron SIn remedIO el dIa en que
se quiso hac~r la psicología de Jeremías, de Isaías ~ aun de ~ es u-
. Rec~er~en lo que les expresé, a propósito de lo simbólico, cristo. Asimismo, cuando se trata de nuestros paCIentes, pIdo a
l~ ImagInano y lo real, en la conferencia inaugural de esta so- ustedes que presten más atención al texto que a la psicología del
CIedad. Se trataba de usar categorías en forma de letras minús-
culas y mayúsculas. autor: ésta es, en suma, la orientación de mi enseñanza.
Veamos el texto. El señor Erikson atribuye una gran im-
iS -. ima~inar el símbolo, poner el discurso simbólico bajo portancia al hecho de que al com~enzo Freud diga: r:ecibimos.
forma fIguratIva, o sea, el sueño.
Se trataría entonces de un personaje doble: Freud reCIbe con su
~I - simbolizar la imagen, hacer interpretación de un mujer. Es una pequeña fiesta, esperada, un cump~eaños, e
sueno.
Irma, amiga de la familia, concurrirá a ella. ~ues .bIen, con-
, Empero p~ra es~o es preciso que haya una reversión, que el siento en que recibimos coloca a Freud en s~ Id~ntIdad de ca-
sImbolo sea sImbohzado. En el medio está el lugar para com-
beza de familia, pero no me parece que ello Imphque una gran
prender lo que sucede en esta doble transformación. Esto es lo
duplicidad de su función social, pues la querida"Frau Doktor
que trataremos de hacer: tomar el conjunto del sueño y la in-
no aparece para nada, ni por un instante. .
terpretación que de él realiza Freud, y ver qué significa esto en
En cuanto Freud entra en · el diálogo, el campo VIsual se
el orden de lo simbólico y de lo imaginario.
contrae. Lleva a Irma aparte y comienza a hacerle reproches, a
Tenemos la suerte de que este famoso sueño, que como de
increparla: Es culpa tuya, si me escucharas todo iría mejor. In:
sobra comprobarán manejamos con el mayor 'respeto, no está,
versamente, Irma le dice: No sabes cómo me duele, aqul y aqul,
puesto que se trata de un sueño, en el tiempo. Esto es fácil de
y allí, la garganta, el vientre, el estómago. Y añad.~ que eso la
observar y en ello radica precisamente la originalidad del
sueño: el sueño no está en el tiempo. zusammenschnüren, la sofoca. El zusammenschnuren me pa-
rece vivamente expresivo.
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LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

Sra. X. : - En otro tiempo, tres o cuatro personas tiraban de


los cordones del corsé para ajustarlo. fesional de la más pura orientación, hasta alcanzar todas ~ las
formas del espejismo imaginario, como se presenta aqUI la
mujer y como se sitúa en este sueño la relación con Irm~.
~reud ql!eda .ento?ces muy impresionado, y comienza a En el sueño Freud se muestra tal cual es y su ego esta per-
manIfestar CIerta mqUIetud. La lleva hacia la ventana y le hace
abrir la boca. fectamente a nivel de su ego despierto. Como psicoterapeuta,
se refiere de manera directa de los síntomas de Irma, segur~­
. T o~o est? suc~de, pues, sobre un fondo de discusión y re-
mente algo modificados con respecto a lo que son en.la re~lI­
sIstencIa, resIstencIa no sólo a lo que Freud propone sino tam-
bién al examen. dad, pero ligeramente. La propia Irma e~~á aJ?enas dIstorsIo-
nada. Lo que muestra lo mostraría t~~~Ien ~I se efectur.a un
. En rigor se trata de una resistencia del tipo resistencia feme-
examen más cuidadoso en estado de vIgIlIa. SI Freud analIzara
nma. Los au~ores. ponen aquí en juego la psicología femenina
sus comportamientos, sus respuestas, sus emociones, su ~rans­
que llaman vIctona~a. Porque es algo convenido que las muje-
ferencia de cada momento en el diálogo con Irma, vería Igual-
res.ya no se nos resIsten, ya no nos excitan las mujeres que se
mente que detrás de ésta se hal~a su mujer, que es su amiga
resIsten, y cuando se trata de resistencia femenina ahí están las
íntima, y también la seductora Joven que se encuentra a dos
pobres .vict<~rianas concentrando en sí los repro~hes. Es bas-
pasos y que sería mucho mejor pacie~te que Irma.
tante dIve~tldo. Consecuencia del culturalismo que, en este
caso, no SIrve para abrirle los ojos al señor Erikson. Es éste un primer nivel donde el dIálogo permanece s~me­
tido a las condiciones de la relación real, en cuanto ella mIsma
Sin .emba~go, las asociaciones de Freud giran alrededor de
se encuentra ~ompletamente impregnada de las condi~iones
~st~ resIs~encIa, y ponen de relieve que Irma está lejos de ser la
imaginarias que la limitan y que en este momento constItuyen
UnIca en Juego, aunque sólo ella aparezca en el sueño. Entre las
para Freud un obstá~ulo. ~. .
pers~na~ q.ue est~n sich streichen, hay dos en particular que no
La cosa no termma ahI. HabIendo consegUIdo que la pa-
por s!metncas dejan de ser bastante problemáticas: la mujer del
ciente abra la boca -justamente de esto se trata en la realidad,
propIO Freud, que en ese momento, cosa por lo demás sabida
está encinta y otra enferma. ' que no abre la boca- lo que Freud ve al fondo, esos cor?etes
recubiertos por una membrana blancuz.ca,. ~s U? espectacul.o
. Conocemos el i~portantísimo papel que desempeñó en la
horroroso. Esta boca muestra todas las sIgnIfICaCIOnes de eqUI-
":Ida ~e Freud su mUJer. Lo unía a ella un apego, no sólo fami-
valencia, todas las condensaciones que ustedes puedan imagi-
lIar smo conyugal, altamente idealizado. No obstante, deter-
nar . Todo se mezcla y asocia en esa imagen, desde la boca hasta
minados m.atices indican que su mujer no dejó de producirle,
el órgano sexual femenino,. pasando po~ la nariz; muy poco
en determmados planos instintivos, cierta decepción. En
tiempo antes o muy poco tIempo despues Freud se hace op~­
cuanto a la enferma, se trata, por así decir, de la enferma ideal:
rar, por Fliess u otro, de los cornetes nasales. Es un descubn-
no es paciente de Freud, es muy bonita, y sin duda más inteli-
miento horrible: la carne que jamás se ve, el fondo de las cosas,
~ente que Irma, cuya capacidad de comprensión más bien se
el revés de la cara del rostro, los secretatos por excelencia, la
carne de la que todo sale, en lo más prof~nd? del misterio, la
tIende a desmerecer. También posee el atractivo de no deman-
dar el auxilio de Freud, lo cual permite a éste anhelar que al-
carne sufriente, informe, cuya forma por SI mIsma provoca .an-
guna vez pueda hacerlo; sin embargo, no guarda muchas espe-
gustia. Visión de angustia, identificación de ~ng~stia, últ~ma
ranzas. En suma, es en un abanico que va desde el interés pro-
revelación del eres esto: Eres esto, que es lo mas lejano de tt, lo
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EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO

3
más informe. A esta revelación, comparable al mane, thecel,
phares, llega Freud en la cumbre de su necesidad de ver, de
sa~er, expresada hasta entonces en el diálogo del ego con el
¿Está verdaderamente en juego una ~egresión del eg.o
objeto.
Freud evita el despertar? Lo perceptible es que a partir
Ud.],,"''''
Erikson efectúa aquí una observación excelente, tengo que
ese preciso momento Freud ya no cuenta. Llama al profesor
re~onocerlo: normalmente, un sueño que desemboca en algo
. en su ayuda porque no entiende nada de lo que ve. Pero no
aSI debe provocar el despertar. ¿Por qué no despierta Freud?
Porque tiene agallas. . va a entender más con eso.
El doctor M., destacada personalidad de su círculo: como
Estoy de acuerdo: tiene agallas. Entonces, añade Erikson,
10 llama -no he identificado de quién se trata-, es un tipO que
como su ego queda terriblemente pasmado ante el espectáculo,
en la vida práctica merece gran esti~a. Es verdad que nun~a
este ego hace una regresión: nos lo dice la continuación entera
perjudicó mucho a Freud, pero no sle~pre comparte ~~s Opl-
del relato. Erikson formula entonces toda una teoría de los di-
niones y Freud no es hombre que admlta esto con faCilIdad.
ferentes estadios del ego, que paso a comunicarles. Se trata de
También están Otto y el camarada Leopoldo, que ~e ~a.na
unos pasatiempos ~sicológicos sin duda muy instructivos pero,
de mano al camarada Otto. A los ojos de Freud esto slgmfIca
a deCir verdad, opmo que contrarían el espíritu mismo de la
un mérito considerable, y compara a ambos con el ~nspector
teoría freudiana. Porque, finalmente, si el ego es esa sucesión
Brasig y su ami.go Karl. El inspector Bra~ig es un tipo. sagaz
de ~me~gencias, de formas, si esa doble cara de bien y mal, de
pero que siempre se equivoca porque omIte observar blen las
reahZa~I?~eS y modos de irrealizaciones constituye su tipo, re-
cosas. Su amigo Karl, que está cerca de él, repara en ellas, y el
su.lta .dIÍlCIl.entender qué yiene a hacer allí lo que Freud dice en
~ml, ~c:>s ~¡} puntos de su obra: que el yo es la suma de las inspector no tiene más que seguirlo.
Con este trío de clowns vemos establecerse en derredor de
IdentI~ICaClOnes del s~jeto, con todo lo que esto puede implicar
la pequeña Irma un diálogo sin ton n~ son, que se parece ~ás
de radIcalmente contmgente. Si me permiten ponerlo en imáge-
bien al juego de las frases truncadas e mcluso al muy conOCido
nes, el yo es algo así como la superposición de los diferentes
~antos tomados de lo que llamaré el revoltijo de su guardarro- diálogo de sordos. . , ,
Todo esto es enormemente nco, aqUl solo hago un resu-
pla.
men. Aparecen las asociaciones qu~ nos muestran la verda~era
.. ¿Pueden realmente ustedes, analistas, con la mayor hones-
tidad, aportarme pruebas de esos soberbios desarrollos típicos significación del sueño. Freud ad:lerte que se le decl~ra mo-
cente de todo, y según el razonamiento ~el calde~o a~uJereado.
del ego de los sujetos? Son cuentos. Se nos narra la forma en
Los tres son tan ridículos que ante semepntes maqumas de en-
que sU,ntuosame~te se ~esa~rolla ese gran árbol, el hombre, que
gendrar absurdos cualquiera parecería un dios. Esto~ perso-
a traves de s~ eXIstenCIa tnunfa e'Il pruebas sucesivas gracias a
najes son todos significativ?s, en cuant~ ,son personajes de la
las cuales arnba a un maravilloso equilibrio. j Una vida humana
es algo muy distinto! Ya lo escribí otrora en mi discurso sobre identificación en la que reSide la formaClOn del ego. .
El doctor M. responde a una función que resultó capital
la psicogénesis.
para Freud, la de su medio herma~o Phili~p, de quien en otro
contexto dije que era el personaje esen~ial para. entender. el
. complejo edípico de Freud. Si Freud fue mtroducido al Edipo

237
236
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO

onajes femeninos. Freud apunta que hay aquí tal abundan-


de una manera tan decisiva para la historia de la humanidad ello
de correspondencias que finalmente las cosas se entrelazan y
se debe, ~ tod~s luces, a que su padre tenía ya dos hijos de un pri-
~er mat~Imomo, Emmanuel y Philipp, de edades parejas salvo una
·bamos a quien sabe qué misterio.
Cuando analizamos este texto debemos tenerlo en cuenta
en su totalidad, incluidas las notas. En esta ocasión, Fr~ud se
dIferencIa de tres años, pero cada uno de los cuales estaba ya en
edad de ser el padre del pequeño Freud Sigmund, nacido éste de
refiere a ese punto de las asociaciones en q.ue el sueño se Inserta
una madre que tenía exactamente la misma edad que el susodicho
Emmanuel. Emmanuel constituyó para Freud el objeto de horror en lo desconocido, lo que llama su ombhgo.
Así llegamos a lo que está detrás d~l trío místico. ~igo mís-
tico porque ahora conocemos. su sentIdo. Las tres mUJ~res, las
por excelencia, y hasta se ha pensado que todos los horrores esta-
ban concentrados en él; pero no es así, pues Philipp tuvo también
tres hermanas, los tres cofrecIllo s : Freud nos demostro poste-
lo suyo. Fue él quien hizo meter en chirona a la vieja nodriza de
riormente su sentido. El último término es, sencillamente, la
~reud, a l~ que se atribu.ye una importancia desmesurada y por cuyo
I~termedlO los culturahstas pretendieron anexar a Freud al catoli- muerte.
De eso se trata, en efecto. y hasta lo vemos aparecer en
CIsmo.
medio del estrépito verbal de la segunda parte. La historia de la
De todos modos, los personajes de la generación intermedia membrana diftérica está directamente enlazada a la amenaza,
d.esempeñaro~ un papel importante. Se trata de una forma supe-
extremadamente severa, que dos años antes había gravitado so-
r~or que permlt~ concentrar los ataques agresivos contra el padre
bre la vida de una de sus hijas. Freud había vivido esta amenaza
SIn tocar dema~Iado al pa?re simbólico, quien por su parte habita como un castigó a causa de la torpeza terapéutica por él come-
en verda~ un cIelo que, SIn ser el de la santidad, no deja de tener tida al excederse en la dosis de un medicamento, el sulfonal,
extre~a I,~portancia. Gracias a esta división de funciones el pa-
prescrito a una paciente, ignorando que su uso ~ontinuo aca-
dre sImbohco queda intacto. rreaba efectos nocivos. Creyó ver en esto el preCIO pagado por
El ?octor M. representa el personaje ideal constituido por la
su falta profesional.
seudOl~agen p.ate~na, el padre imaginario. Quo corresponde a ese
En la segunda parte, los tres personajes j~egan entre .sí el
p~r~onaje que jugo un papel constante en la vida de Freud, el fa-
ridículo juego de devolverse la pelota a pro~ósIto de es~os Inte-
ffill~ar y allegado íntimo que es a la vez amigo y enemigo, que en
rrogantes, fundamentales para Freud: ¿Cual es el senttd? de ~a
un Instante pasa a ser, de amigo, enemigo. Y Leopoldo cumple el neurosis? ¿ Cuál es el sentido de la cura? ¿ Cuál es la pertmenCla
del.personaj~ que presta el servicio de estar siempre en contra del
de mi terapéutica de las neurosis? Y detrás de todo ello está el
amIgo-enemIgo, del enemigo querido. Freud que sueña siendo un Freud que está bus~ando la clave del
Tenemos pues aquí una tríada muy distinta de la preceden- sueño. Por eso la clave del sueño debe ser lo mIsmo que la clave
te, pe~o que también está en el sueño. La interpretación de Freud
de la neurosis y la clave de la cura.
nos SIrve para comprender su sentido. Pero, ¿cuál es su papel Así como en la primera parte hay un acmé, cuando emerge
en el .su~ño~ Esta tríada juega con la palabra, la palabra decisi- la revelación apocalíptica de lo que allí había,. también en. la
va .y jUdlcatIva; con la ley, con aquello que atormenta a Freud segunda parte hay un punto culminante. En pnme: l~?ar, 1I~­
bajO la forma: ¿ Tengo razón o estoy equivocado? ¿ Dónde está mediatamente, unmittelbar, al igual que en la conVICCIon deh-
l~ verdad? ¿ Cuál es la solución del problema? ¿ Dónde estoy rante cuando de pronto saben ustedes que es ése el que les
sztuado? guarda rencor, saben que el culpable es Otto. Ha aplicado una
Vimos la primera vez, acompañando al ego de Irma, tres
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238
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

inye~ción. ,H~y un :astreo .... ..propil... propilena ... A esto


a~ocla la comlca anecdota del zumo de ananás obsequiado la aquí en forma eminentemente simbólica pues está hecha
vlspera. por Otto .a la familia. Al destapar la botella, olió a signos sagrados.
aguardIente. AlgUIen dijo: Démoslo a los criados. Pero Freud
más humano -dice- observa con sensatez: Eso no, también ~
ellos podría hacerles daño. y ve impresa en gruesos caracteres
más .all.á del estrépito verbal, como el mane, thecel, phares d;
~~
la BIblIa, la fórmula de la trimetilamina. Voy a escribir esa
fórmula. H
AZ
c~~
H
c~~
Esto aclara todo: trimetilamina. El sueño no cobra su sen-
tido únicamente de la indagación de Freud sobre el sentido del En estos tres que seguimos encontrando, es ahí donde está,
sueño. Si Ruede seguir planteándose la cuestión, es porque se en el sueño, el inconsciente : lo que se halla fuera de t.odos los
sujetos. La estructura del sueño no~ muestra con clandad que
pregunta .SI todo es~o n? es~ará vinculado a Fliess, en cuyas
e!ucubraclOnes la tnmetIlamma cumple cierto papel a propó- el inconsciente no es el ego del sonante, que no es Freud en
SIto de los productos de descomposición de las sustancias se- tanto Freud prosiguiendo su diálogo con .Irma .. Es un Freud
xuales. En efecto, -me he informado-- la trimetilamina es un que ha atravesado ese mo~ento de angus~Ia .capItal.en. que su
producto de d.escomposición del esperma, y es 10 que le presta yo se identificó al todo baJO su forma mas mconstItUIda: El,
s~ olor amomacal cuando se descompone al COntacto con el literalmente, se ha evadido; ha apelado, como Freud mI~mo
aIre. El sue~o, que culminó una primera vez, estando allí el escribe, al congreso de todos los que sa?e?-. Se ha desvanecIdo,
ego, con la Imagen horrorosa de que hablé, culmina una se- reabsorbido, abolido tras ellos. Y, por ultimo, otra voz toma la
gunda vez al final en una fórmula escrita, con su lado mane, palabra. Podemos jugar con el alfa y la omega de la co~a. Pero
th~cel, pk ares,. ~obre el muro, más allá de lo que no podemos aun cuando tuviésemos N en lugar de AZ, se ~ratana de la
dejar de IdentIfIcar como la palabra, el rumor universal. misma gansada: podríamos llamar Ne..mo a ~ste sUjeto fuera del
Al igual que el oráculo,. la fórmula no da ninguna respuesta sujeto que toda la estructura del suen? d~sIgna. ,
a ~ada; 'pero la manera mIsma en que se enuncia, su carácter Este sueño nos revela, pues, lo sIgUIente: lo que esta en
emg~atlco, hermético, sí es la respuesta a la pregunta sobre el juego en la función del su.eño se encuentra ~ás allá del. ego, lo
sentIdo del sueño. Se la puede calcar de la fórmula islámica: No que en el sujeto es del SUjeto y no es del sUJeto, es el mcons-
hay otro Dios que Dios. No hay otra palabra, otra solución a su ciente.
problema, que la palabra. Poco nos importa ahora la inyección aplicada por Otto con
Podemos examinar la estructura de esta palabra, que se pre- una jeringa sucia. Podemos dar muchas vuelt~s entorno a esta
jeringa de uso familiar, acompañada en aleman por toda clase
240
241
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

de resonancias que en francés ofrece el verbo gicler. 3 Menudos En cuanto a la naturaleza de lo simbólico, ta~bién yo
indicios de todo tipo nos demuestran la importancia del ero- quiero introducirlos en ella diciendo, para que les SIrva como
tismo uretral en la vida de Freud. Un día en que esté de buen referencia: los símbolos no tienen nunca más que el valor de
humor les haré ver cómo hasta una edad avanzada tuvo Freud en símbolos. , d
ese aspecto algo que responde claramente al recuerdo de su ori- Se ha dado un paso. Tras la primera parte, ~a mas carga a,
nada en la habitación de los padres. Erikson atribuye a ésta gran imaginaria al final del sueño entra lo que podnamos llamar la
importancia: nos hace notar que había, con toda seguridad, un multitud. Pero se trata de una multitud estruc~urada, ~om? la
pequeño orinal y que Freud no pudo hacer pipí en el suelo; multitud freudiana. Por eso preferiría introdUCIr otro term~no,
Freud no aclara si lo hizo en el orinal materno o sobre la alfom- que someteré a vuestra reflexión con to~os los dobles sentidos
bra o el parquet. Pero esto es secundario. que comporta: la inmiscusi.ón ~e los sUJetos. . '
Lo importante, el sueño lo muestra, es que los síntomas ana- Los sujetos entran y se mmIscuyen en las co~as. est~ puede
líticos se producen en la corriente de una palabra que intenta pa- ser el primer sentido. El otro es el d~ qu: ';ln fenomeno mcons-
sar. Esta palabra encuentra siempre la doble resistencia de lo que ciente que se despliega en un plano slmbohco, como tal de~cen­
hoy, por ser tarde, llamaremos el ego del sujeto y su imagen. En trado respecto del ego, siempre tiene lugar entre dos sUJet~s.
tanto que estas dos interposiciones ofrecen una resistencia sufi- Desde el momento en que la palabra verdadera emerge, medla-
ciente, se iluminan, por así decir, en el interior de esa corriente, dora, genera dos sujetos muy diferent.es de lo que ~ra? antes de
fosforecen, fulguran. la palabra. Esto .significa que no emplezan a COnStitU1:se como
Esto es lo que sucede en la primera fase del sueño, durante la sujetos sino a partir del momento en que la palabra eXlste, y no
cual Freud se halla en el plano de la resistencia, jugando con su hay un antes.
paciente. En determinado momento, porque debe haber llegado
muy lejos, esto se detiene. El señor Erikson no está del todo
errado: si Freud sigue adelante es porque lo domina una enorme 9 DE MARZO DE 1955.
pasión de saber.
Cualesquiera que sean sus ecos primordiales e infantiles, el
verdadero valor inconsciente de este sueño está e~ la búsqueda
de la palabra, en el abordaje directo de la realidad secreta del
sueño, en la búsqueda de la significación como tal. En medio de
todos sus colegas, en medio del consenso de la república de los
que saben -porque si nadie tiene razón todo el mundo la tiene,
ley paradójica y tranquilizadora a la vez-, en medio de este caos
se revela ante Freud, en ese momento original en que nace su
doctrina, el sentido del sueño: la única palabra clave del sueño es
la naturaleza misma de lo simbólico.

3. En español no parece haber un término que reúna los diversos, aun-


que emparentados, sentidos de gicler: salpicar, rociar, saltar, chorrear. [T.]

242 243
XIV

EL SUENO DE LA INYECCION DE IRMA


. (fin)

Lo imaginario, lo real y lo simbólico.

¿Qué les aportó la conferencia de anoche del señor Griaule?


¿Cuál es su relación con nuestros objetos usuales? ¿Quién co-
menzó a decantar su moraleja? ¿Cuáles son vuestras impresio-
nes?
Marcel Griaule hizo una sumaria alusión a la islamización
de un importante sector de las poblaciones del Sudán, al hecho
de que éstas siguen funcionando en un registro simbólico al
mismo tiempo que pertenecen a un credo religioso cuyo estilo
diverge claramente de ese sistema. Su exigencia en este plano se
manifiesta de manera muy precisa; por ejemplo, cuando piden
que se les enseñe el árabe, porque el árabe es la lengua del
Corán. Es una tradición que viene de muy lejos, que está muy
viva y parece mantenerse mediante recursos de toda clase. Por
desdicha, Griaule nos ha dejado con las ganas.
No debe pensarse que la civilización sudanesa no merece su
nombre. Poseemos suficientes testimonios tanto de sus crea-
ciones, como de su metafísica como para poner en tela de juicio
esa escala única con la que creemos poder medir la calidad de
una civilización.
¿Quién leyó el último artículo de Lévi-Strauss? Alude en él

245
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

a esto mismo: ciertos errores en nuestros enfoques provienen silueta de Lucifer pareciendo encarnar la dimensión angus-
del hech? .d.e q~~ para medi~ la calidad, el carácter excepcional de lo vivido por Freud. Esto es lo que vivió alrededor de
d~ ~na cIvIhzacIOn, nos servImos de una única escala. Las con- cuarenta años, en el momento decisivo en que era descu-
~hcIOne.s en las que esa gente vive pueden parecer, en primera la función del inconsciente.
I~~tancIa, y .des.de el punto de vista del bienestar y la civiliza- La experiencia del descubrimiento fundamental fue p~ra
CIOn, muy dIfícIles y precarias; sin embargo, parecen encontrar un cuestionamiento vivencial de los fundamentos mIS-
un poderoso apoyo en la función simbólica, aislada como tal. del mundo. No nos son necesarias más indicaciones acerca
Llevó mucho tiempo entrar en comunicación con ellos. su autoanálisis, en la medida en que en sus cartas a Fliess
Esta es una analogía con nuestra propia posición frente al a él más que revelarlo. Freud vive en una ~tII~ósfera a~­
sUJeto.
con la sensación de hacer un descubnmIento pelI-
groso. .."
El sentido mismo del sueño de la myeccIOn de Irma esta
ligado a la profundidad de esta experiencia. Este sueño se in-
1
cluye en ella, es una de sus etapas. El sueño que Freud sue~a
está integrado, como sueño, en el progreso de su descubn-
miento. De este modo adquiere un sentido doble. En segund.o
Volvamos al sueño de la inyección de Irma.
grado, este sueñ~ no es únicamente un o~jeto que Fre~d deSCI-
1v!-e g~staría .saber si lo que les dije fue bien comprendido. fra, es una palabra de Freud. Esto l~ confIere su valo: ejemplar;
¿Que qU1S~ deCIr? ¿Alguien quiere tomar la palabra?
si no, quizá sería menos demostrativo que otros suenos. El v~­
Pues bIen, creo haber hecho resaltar el carácter dramático lor que Freud le otorga, en tanto sueño inauguralment~ deSCI-
del descubrimiento del sentido del sueño, por parte de Freud,
frado, seguiría siendo asaz enigmático para noso.t~os SI?,O su-
entre 1895 y 1900, vale decir, los años durante los cuales el a- ' piéramos leer aquello a través de lo cual respondIO partIcula~­
bo:~ su Traumdeutung. Cuando hablo de carácter dramático mente a la pregunta que él mismo se hac~a, y estaría mucho m~s
qUlSlera traer como prueba un pasaje de la carta a Fliess que allá, en definitiva, de lo que en ese preCISO momento el propIO
SIgue a la famosa carta 137 en la cual, medio en serio medio en Freud es capaz de analizar en su comunicación.
broma, _aunque en verdad terriblemente en serio, sugiere que Su evaluación, su balance de la significación de este sueño es
est~ s~eno habrá de ser con~emorado con la placa: Aquí, el 24 superado con creces por el valor histórico que de hecho le reco-
de JUlzo de 1895, el doctor 5zgmund Freud halló el misterio del noce al presentarlo en este punto de su Traumdeutung. Esto es
sueño.
esencial para la comprensión del sueño en cuestió~. N os ~a
En la ca~ta 138 se lee: En l0. que se refiere a los grandes permitido -quisiera de ustedes u.na r~spuesta conftrmato:I,a,
p:oblem~s ~un no hay nada deadzdo. Todo es vacilante, impre- no sé cómo interpretar vuestro SIlencIo- una demostracIon
aso, un mfiern~ intelectual, cenizas superpuestas, y en las tene- bastante convincente, me parece, como para no tener que vol-
brosas p:ofundzdades se distingue la silueta de Lucifer-Amor. ver sobre ella.
Es una Imagen de ondas, de oscilaciones, como si el mundo
Lo haré, sin embargo, pero en otro plano.
ent~ro estuvie.se aniI?ado por una inquietante pulsación imagi- Quiero subrayar, en efecto, que no me he li~itado a co~~i­
nana, y, al mIsmo tiempo, una imagen ígnea, donde se perfila derar únicamente el sueño mismo, retomando la mterpretacIOn
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247
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

que de él hace Freud, sino que consideré el conjunto formado


5h 52, 53, etc., retorna prácticamente a la puerta de
por el sueño y su interpretación, y ello teniendo en cuenta la
primitiva de la percepción? ¿Hay aquí algo que nos
función particular de la interpretación del sueño en ese diálogo
que Freud mantiene con nosotros. a adoptar este esquema, con lo 9.';1e éste implica
-como hizo notar Valabrega- de paradoJIco? En efecto,
.~ste es el punto esencial: no podemos aislar de la interpre- cuando hablamos de emergencia de los procesos incon~cie~tes
ta~IOn el hecho de que Freud nos presenta este sueño como el hacia la conciencia, estamos obligados a poner la concIenCIa. a
pnmer paso en la clave del sueño. Cuando efectúa esa interpre-
tación Freud se dirige a nosotros. la salida, mientras que la percepción, de la que ella es SIn
embargo solidaria, se hallaría a la en~rada .. ~
E~ examen atento de este sueño puede aclarar la espinosa La fenomenología del sueño de la myeccIOn de Irma nos
c.uestIón ~e l~ regresión, de la cual nos ocupamos en el penúl-
timo semmano. ha hecho distinguir dos partes. La primera desemboca en el
surgimiento de la imagen terrorífica, angustiante, verda?era
. Nos ~ervimos de la regresión en forma más o menos rutina- cabeza de Medusa; en la revelación de algo hablando estncta-
na, ~o sm percatarnos de que nos 10 pasamos superponiendo
mente innombrable, el fondo de esa garganta, de forma com-
funcIOnes extrem~damente diferentes. En la regresión no todo
pleja, insituable, que hace de ella tanto e~ objeto primitivo por
pertene~e neces~r.Iamente al mismo registro, como ya 10 indica
excelencia, el abismo del órgano fementno del que sale toda
este capI.tulo ~ngmal acerca de la distinción tópica, de induda-
vida, como el pozo sin fondo de la boca por el que todo es
ble cons~stencIa, en~e regresión temporal y regresiones forma-
engullido; y taIl)bién la imagen d.e~ la muerte en la que todo
les. A ntvel de la regresión tópica, el carácter alucinatorio del
acaba terminando, ya que en relacIon con la enfermedad de su
sueño llevaba a Freud, conforme a su esquema, a articularlo
hija, que pudo ser mortal, está la muerte de la enferma p.~r­
con un 'proceso ~egrediente, en la medida en que éste reduciría
dida en una época contigua a la ~e la enferm~dad ~e ~~ hIJa,
de~er.~madas eXIgencias psíquicas a su modo de expresión más considerada por Freud como qUien sabe que r~tahacIOn del
pnmItIvo, que ~~taría situado a nivel de la percepción. Así, el
destino-por su negligencia profesional: una Mattl~e por otra,
mod? de ~xpresIOn del sueño estaría sometido, por una parte, a
escribe. Hay, pues, aparición angustiante de una Imagen que
la e:IgencIa de pas~r po~ elementos figurativos que se aproxi-
resume lo que podemos llamar revelació.n d~ lo real en 1.0 9~e
mar~an cada vez mas al ntvel de la percepción. Pero, ¿cuál es el tiene de menos penetrable, de lo real SIn nInguna medIacIOn
~OtIvO por e~ ,q ue un proces~ que en general tiene lugar en la posible, de lo real último, del objeto esencial que ya n? es un
lmea pr?gr~edIente, debe ~ul?Imar en esos límites mnésicos que
objeto sino algo ante lo cual todas .las palabras s~ detienen y
son las Image~es~ Estas Imagenes están cada vez más alejadas
todas las categorías fracasan, el objeto de angustia por exce-
de! plano ~UahtatIvo e~ que se produce la percepción, cada vez
lencia.
mas despoJadas, adqUieren un carácter cada vez más asociativo
En la primera fase vemos, pues, a Freud acosando a Irma,
~e ac~rcan cada :ez más al nudo simbólico de la semejanza, la reprochándole no escuchar lo que él procura hacerle. com-
Identidad y la dIferencia, más allá, entonces, de 10 que perte-
nece propIamente al nivel asociacionista. prender. Freud s.e m~n~enía exact~mente ,?entro del e~tIlo de
relaciones de la VIda VIVIda, ese estIlo de busqueda apasIOnada,
¿Nos impone una tal interpretación nuestro análisis de 10
demasiado apasionada diremos, y uno de los sentidos del
propiame?te figurativo que contiene el sueño de Irma? ¿Debe-
sueño consiste sin duda, en expresarlo formalmente, puesto
mos conSIderar que 10 que sucede a nivel de los sistemas asocia-
que al final se ;rata d~ eso: la jeringa estaba sucia, la pasión del
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249
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

analista, la ambici?n de triunfar eran demasiado apremiantes, la Esto es lo que muchos autores tienden a supl~r, y Erikson
contratransferencIa era el obstáculo mismo.
dejó de hacerlo. Sin embargo, ¿tenemos necesIdad de recu-
. ¿Qué sucede en el momento en que el sueño alcanza su a ello para comprender ese viraje del sueño, ese paso de una
prl1l~~r punto cul.minante? ¿Podemos hablar de proceso de re- a otra? No se trata de un estado anterior del yo sino, lite-
gresIOn para explIcar l~ ~rofunda desestructuración que se pro- de una descomposición espectral de la función del
du.ce entonc~s en 10 VIVIdo por el soñante? Las relaciones del Vemos aparecer la serie de los yo. Porque el yo está hecho
SUjeto cambIan por completo. Este pasa a ser algo muy dife- la serie de identificaciones que han representado para el
r~nte: ya no hay un Freud, ya no hay nadie que pueda decir yo eto un hito esencial, en cada momento histórico de su vida y
(Je). Es el ~omento que califiqué de entrada del bufón, pues tal una manera dependiente de las circunstancias; encontrarán
es, poco mas o menos, el papel que representan los sujetos a los esto en Das Ich und das Es, que sucede a Más allá del principio
que Freud apela. Está en el texto: appell. La raíz latina del vo- del placer, punto pivote que estamos alcanzando tras haber
cablo muestra el sentido jurídico que en este caso posee: Freud efectuado este gran rodeo por las primeras etapas del pensa-
apela al consenso .de sus semejantes, de sus iguales, de sus cole- miento de Freud.
gas, de sus supenores. Punto decisivo.
Esta descomposición espectral es, a todas luces, una des-
¿.~odemos hablar aquí, sin más de regresión, incluso de re- composición imaginaria. Hacia esto quiero ahora dirigir vues-
gres IOn d.e! e~o? ~~ción ésta, por otra parte, muy diferente a la tra atención.
de regresIOn InstIn.tIva. Freu.d. introdu~e la noción de regresión
d~l ego en las leCCIOnes claSIfIcadas baJO el título de Introduc-
~tón al p.sicoanális~s. Ella plantea el problema de si es posible
IntrodUCIr como SI tal cosa la noción de etapas típicas del ego, 2
con un desarrollo, fases, con un progreso normativo.
No quedará resuelta hoy la cuestión, pero sobre este tema
conocen ustedes un trabajo que se puede calificar de funda- La etapa del pensamiento de Freud que sigue a la Traum-
mental, el de Anna Freud en El yo y los mecanismos de defensa. deutung es aquella en la cual, correlativamente a los Es:ritos
Hay que reconocer que dado el actual estado de cosas es abso- técnicos que estudiamos el año pasado, se elabora la ~eona del
l~tamente imposible introducir la noción de un des;rrollo tí- narcisismo con el artículo Zur Einführung des N arZlssmus, al
pICO, con estilo pr~pio, del yo. Sería preciso que por su sola que no pudimos dejar de referirnos.
natural.eza el mec~msmo d~ defensa nos indicara si hay un sín- Si cabe atribuir un sentido a la teoría de Freud que nos
tom~ VInculado ,a el, en que etapa del desarrollo psíquico de un muestra al narcisismo estructurando todas las relaciones del
yo fIgura. AqUl no hay nada que pueda ser insertado en un hombre con el mundo exterior, si debemos extraer de ella sus
cuadro, a la manera de 10 que se ha hecho, y tal vez demasiado, consecuencias lógicas, debemos hacerlo de un modo que con-
con el desarrollo de las relaciones instintivas. Actualmente so- verge incuestionablemente con todo aquello q~e .sobre la ela-
mos totalmente incapaces de ofrecer, con respecto a los dife- boración de la aprehensión del mundo por el VIVIente nos fue
rentes mecan~s?Ios de defensa enumerados por Anna Freud, un dado durante estos últimos años en la línea del llamado pensa-
esquema genetlco que se asemeje así fuese mínimamente al que miento guestaltista.
se puede dar del desarroIlo de las relaciones instintivas. La estructuración del "ml.lIld'o· animal está dominada por

250 251
I
1
, 11
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO

coloca al hombre que la ve en estado de tensió~, po.rque se


cierto número de, imágenes fundamentales que proporcionan percibe a sí mismo como deseo, y como deseo msatIsfech~.
ese mundo sus lmeas de fuerzas básicas. Con el mundo del Inversamente, cuando aprehende su unidad, e~ por el contr~no
ho~bre las. cos~s son muy diferentes, pues su estructuración el mundo lo que para él se descompone, pIerde su sentido,
esta en aran~ncla muy neutralizada respecto a sus necesidades, presentándose bajo un aspecto alienado y ~~scordante. Esta os-
e~~raordm~namente desconectada de ellas. Pues bien, la no- cilación imaginaria confiere a toda percepclOn h~mana la dram-
Cl<:>n freudlana del narcisismo nos aporta una categoría que per- ática subyacencia en la que es vivida, en cuanto mcumbe verda-
mite comp::nder que existe no obstante una relación entre la
deramente a un sujeto. .,
estructuraClOn
' 1 del mundo animal y la del mundo huma no. Por consiguiente, no debemos buscar en una regr~slOn la
¿.Q~e es o que intenté hacer comprender con el estadio del razón de los surgimientos imaginarios que caract.enzan el
espeJo. Que lo más suelto, fragmentado y anárquico que hay sueño. En la medida en que un sueño llega tan leJo~ como
en el hombre esta.blece su relación con sus percepciones en el puede hacerlo en el orden, de la a?-g~stia, y en que se VIV~ ~~a
pl~no de una, tensló~ ~otalmente original. El principio de toda aproximación a lo real último, aSIstimOS a esa descomposlClon
umdad por el p~rclbld~ en los objetos es la imagen de su imaginaria que no es sino la revelación de la~ ~omponentes n?,r-
cuerpo. Ahora bIen, solo percibe la unidad de esta imagen males de la percepción; Porque la percepclOn es una rela~lOn
afuer~, y en fo.rma anticipada. A causa de esta relación doble total con un cuadro dado, donde el hombre se reconoce slem~
que tiene consIgo .mismo, será siempre en torno a la sombra pre en alguna parte, Y a veces se ve incluso en vario~ puntos. SI
errante de su propIO yo como se estructurarán todos los obje- el cuadro de la"relación con el mundo no es desreahzado por el
tos de su mundo. Todos ellos poseerán un carácter fundamen- sujeto, esto se debe a que incluye elementos que representan
talmente antropomórfico, digamos incluso egomórfico. El imágenes diversificadas de su yo, que son otros tantoS puntos
?omb:e e;oca una y otra vez en esta percepción su unidad de inserción, de estabilización, de inercia. Así es como les en-
Ideal, Ja~as a~c~~zada y que le escapa sin cesar. El objeto nunca seño a interpretar los sueños en los controles: se trata de reco-
es Rara .el dehmtI:amente el último objeto, salvo en ciertas ex- nocer dónde está el yo del sujeto, ,
pe~lenclas excepclOnales. Pero entonces se presenta como un Encontramos esto ya en la Traumdeutung, donde repetidas
objeto del cual el ~ombre .está irremediablemente separado, y veces reconoce Freud que es él, Freud, quien está representad?
que le muestra. la hgura mIsma de su dehiscencia en el interior por talo cual. Por ejemplo, cuando analiza el sueño del casti-
~el mundo: objeto que por esencia lo destruye, lo angustia, que llo, el de la guerra hispanoamericana, en el capítulo que ~emos,
el no puede alcanzar, yen el que no puede encontrar verdade- comenzado a estudiar, Freud dice: Yo no estoy en el sueno alll
rament~ su reconciliación, su adherencia al mundo, su comple- donde se cree. El personaje que acaba de morir, el comandante
me~taneda~ perfecta en el plano del deseo. El deseo tiene un que está conmigo, ése soy yo. En el momento en que se alcanza
caracter radIcalmente desgarrado. La imagen misma del hom- algo de 10 real en 10 que tiene de más abis~l, la s.egunda parte del
bre le, ~porta una mediación, siempre imaginaria, siempre pro- sueño de la inyección de Irma pone en ,evIdenCia eso~ compues-
blematlca. y nunca lograda por completo. Ella se sostiene en tos fundamentales del mundo perceptivo que constituye la re-
u?-a su~eslón de experiencias instantáneas, y esta experiencia o lación narcisista. El objeto siempre está más o menos estructu-
bIen ~~lena al hombre a sí mismo, o bien culmina en una des- rado como la imagen del cuerpo del sujeto. En todo c,uadro
truc~lOn, e~ una negación del objeto. perceptivo siempre reaparece por algún lado el reflejO del
SI el objeto percibido afuera posee su propia unidad, ésta
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L O S ESQUEMAS FR EUD IANOS D EL A PARATO PSIQUI C O
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

suj eto, su im agen espec ular, y ella le confiere una cu alidad, un a


inercia especial. Dich a im agen está disimulad a, a veces por men, puesto que, en primer lugar, la vícti~a -el sueño lo dice
completo. Pero en el sueño, a causa del aligeramiento de las de mil formas- ya estaba muerta, es decIr, 'ya estaba enfer~a
rel aci on es imagin arias se revela con facilidad en todo instante, de una enfermedad orgánica que Freud preClsamente no podla
tanto má.s cuanto qu e se ha alcanzad o el punto de angustia en tratar; en segundo lugar, el asesino, Freud, era in~cente de toda
qu e .el s UJ~to choca con la experienci a de su desgarramiento, de intención de hacer el mal, y en tercer lugar, el cnmen en cues-
su aIslamIento respecto al mundo. La relación humana con el tión fue curativo, porque esa enfermed~d, l.a disent.ería -hay
mund o ti ene algo de profund a, ini cial, inauguralmente dañada. un juego de palabras entre disentería y dlftena-, es Justamente
Es to es lo qu e res ulta de la teoría fr eudiana del narcisismo, lo que liberará a la enferma: todo el mal, los malos humores, se
en la medid a en qu e este marco introdu ce ese algo de sin salida irán con ella. . .
qu e carac teri za a todas las relaciones, y en especial a las relacio- En las asociaciones de Freud esto evoca un grotesco mCI-
nes libidin ales del sujeto. La Ve rliebtheit es fund amentalmente dente que le fue dado oír en los ?ías precedentes al sueñ<:,. Se
narcisista. En el plano libidin al, el obj eto nunca es aprehendido trata de un médico de palabra tajante y oracular, y al mIs~o
si no a través de la re ja de la relación narcisista. tiempo profundamente distraído -cuando es~án en ~u funcIOn
de consultantes los médicos conservan a traves del tIempo este
¿Qu é sucede cuand o vemos al suj eto sustituido por el
sujeto poli céfalo, la multitud que men cioné la vez pasad a, una carácter de personajes de comedia-, el cual e~ite s~ opini~n
multitud en el sentid o fre ud iano, esa de la que habla Massen- sobre un caso donde se le hace notar que el SUjeto tiene albu-
psy~h ologie .und lch-Analyse,. formada por la pluralidad im agi- mina en la orina. Ante lo cual replica, con igual tono: N o hay
nan a del sUJeto, por el desplIegue, la expansión de las diferen- cuidado, la alb~mina se eliminará por sí sola.
tes id entifi caci ones del ego ? Prim eramente se nos presenta En esto desemboca, efectivamente, el sueño. La entrada en
como un a aboli ción, como un a destrucción del sujeto en función del sistema simbólico en su empleo más radical y abso-
cuanto tal. El suj eto transform ado en es a imagen policéfala pa- luto viene a abolir tan completamente la acción del individuo,
rece tener algo del acéfalo. Si existe una imagen que podría que al mismo tiempo elimina su relación trágica con el m~ndo.
representarnos la noción fre udiana del inconsciente ella es, sin Equivalente paradójico y absurdo d~ T~d.o lo real es racwnal.
La consideración estrictamente ftlosofIca del mundo puede
dud a, la de un suj eto acéfalo, un sujeto qu e ya no tiene ego, que
des borda al ego, que es tá descentrado con rel ación al ego, que colocarnos, en efecto, en una suerte de ataraxia donde todo
individuo está justificado según los motivos que. le hacen actuar
no es del ego. Pero, sin embargo, se trata del suj eto que habla,
porqu e es él quien, a todos los personajes qu e están en el y que se conciben como algo .que lo dete~mma t.otalmente.
sueño, les h ~ce pronunci ar esos di scursos insensatos qu e preci- Cualquier acción, al ser astUCIa de la razon, es Ig~alm,e~te
sam ente obtIenen de ese carácter insensato su sentido. válida. El uso extremado del carácter radicalmente sI~bolIco
de toda verdad hace perder, pues, su agudeza a la relaClÓ? con
E n realid ad, cuand o en medio de la mayor cacofonía se hace
la verdad. En medio de la marcha de las cosas, en medIO del
oír el di scu rso de los múltipl es ego, la objeción que interesa a
funcionamiento de la razón, el sujeto se encuentra desde el. co-
Fre ud es su propia culpabilidad, en este caso con respecto a
I.rm a. El o bj eto es des truido , si así puede decirse, y su culpabi- mienzo del juego con que ya no es más que un pe?~, e~puJado
IJd ad de la cual se trata qu eda des truida, en efecto , con él. al interior de ese sistema y excluido de toda partIClpaCIOn Rro-
piamente dramática, y por consiguiente trágica, en la ,realIza-
Como en el cuento del cald ero agu jereado , aquí no hubo cri-
ción de la verdad.
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LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO
EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA

Hay aquí algo extremo y que ocurre en el límite del sueño. ......"'.'-" .. objetal no puede sino estar afectada por una incerti-
Freud reconoce en su total declaración de inocencia el móvil re fundamental. Precisamente es esto lo que se revela en
secreto de este sueño, el objetivo perseguido por lo que llama el multitud de experiencias en las que el calificativo de psicopato-
deseo es~ruct~rante. Esto nos lleva a plantearnos el problema lógicas nada significa, puesto que están en contigüidad con mu-
de la articulaCión entre lo imaginario y lo simbólico.
chas otras que son consideradas normales.
Aquí interviene la relación simbóli.ca. El poder ?~ nombrar
los objetos estructura la percepción misma. El perczpz del hom-
bre no puede sostenerse sino en el interior de una zona de no-
3 minación. Mediante la nominación el hombre hace que los
objetos subsistan en una cierta consi~tencia. Si s.ólo estuvie~en
en una relación narcisística con el sUJeto, los objetos no senan
Ya les dejé percibir la función mediadora de lo simbólico percibidos nunca más que en forma instantánea. La palabra, la
cuando, al intentar encontrar una representación mecanicista palabra que nombra, es lo ~dénti~o. La p~labra resRonde, no a
de, la rel~ción interhu~ana, la tomé prestada de las experiencias la distinción espacial del objeto, siempre lIsta para disolverse en
mas reCientes de la Cibernética. Supuse un cierto número de una identificación al sujeto, sino a su dimensión temporal. El
esos sujetos a:tificiales captados por la imagen de su semejante. objeto constituido en un momento como semejante del sujeto
Para que el sistema no se resumiera en una vasta alucinación huma~o, como doble de éste, presenta a pesar de todo una
concéntrica cada vez más paralizante, para que pudiera girar cierta permanencia de aspecto a través del .tiempo, que no es
hacía falta la intervención de un tercero regulador que debí~ indefinidamente durable, pues todos los objetos son perece~e­
poner entr~ ellos la distancia de un cierto orden dirigido. ros. Esta apariencia que perdura algún tiempo sólo es estnc-
Pues bien, volvemos a encontrar lo mismo bajo otro tamente reconocible por intermedio del nombre. El nombre
á~gulo: toda rela~ión imagi~aria se produce en una especie de es el tiempo del objeto. La nominación constituye un pacto por
tu. o yo entre el SUjeto y el objeto. Es decir: Sí eres tú, yo no soy. el cual dos sujetos convienen al mismo tiempo. en reconocer. el
St soy yo, eres tú el que no es. Aquí es donde interviene el ele- mismo objeto. Si el sujeto humano no denomma -~omo dice
mento simbólico. En el plano imaginario los objetos sólo se el Génesis que se hizo con el Paraíso terrenal-en pnmer lugar
presentan ante el hombre en relaciones evanescentes. En ellos las especies principales, si los sujetos no se ponen d~ a~ue~do
el hombre reconoce su unidad, pero únicamente en el exterior. sobre este reconocimiento, no hay mundo alguno, nI siqUIera
~ en la medi~a en que reconoce su unidad en un objeto, se perceptivo, que pued~ sostenerse. más ~~ un instaI~.te. ~.quí se
Siente en relación a éste en desasosiego.
encuentra la articulaCión de la dlmenslOn de lo slmbolIco en
. La vida instintiva del hombre se caracteriza por el desaso- relación con lo imaginario.
siego, la fragmentación, la discordancia fundamental la no En el sueño de la inyección de Irma, en el instante en que el
adaptación esencial, la anarquía, que abren todas las posibilida- mundo del soñante se sume en el mayor caos imaginario entra
~es ~e de.splazamien~o., .0 sea de ~rror: lo demuestra la expe- en juego el discurso, el discurso como tal, independientemente
nencla misma del anahsls. Ademas, puesto que el objeto sólo de su sentido puesto que es un discurso insensato. Se_ ve. ent(~n­
puede. ser captado como espejismo, espejismo de una unidad ces al sujeto descomponerse y desaparecer. Este sueno ImplIca
ImpOSible de ser reaprehendida en el plano imaginario, toda la el reconocimiento del carácter fundamentalmente acéfalo del
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EL SUEÑO DE LA INYECCION DE IRMA
LOS ESQUEMAS FREUDIANOS DEL APARATO PSIQUICO

sujeto, pasado un determinado límite. Este punto es designado por demás. N o soy allí sino el representante de ese vasto, vago movi-.
el AZ de la fórmula de la trimetilamina. Ahí está, en ese momento, miento que es la búsqueda de la verdad, en la cual yo, por mz,
el yo (je) del sujeto. Y no sin humor, ni sin vacilación, pues esto es parte, me borro. Ya no soy nada. Mi ambició~ fue superior a mí.
casi un Witz, les propuse ver en ello la última palabra del sueño. En La jeringa estaba sucia, no cabe duda. Y preasamente :~ la me-
el punto en que la hidra ha perdido sus cabezas, una voz que ya no dida en que lo he deseado en demasía, en que he parttapado en
es sino la voz de nadie hace surgir la fórmula de la trimetilamina esa acción y quise ser, yo, el creador, no soy el creador. El creador
corno la última palabra de lo que está en juego, la palabra de todo. es alguien superior a mí. Es mi inconsciente, esa palabra que habla
y esta palabra no quiere decir nada a no ser que es una palabra. en mí, más allá de mí.
Esto, que posee un carácter casi delirante, lo es en efecto. Di- Este es el sentido de este sueño.
gamos que lo sería si el sujeto solo, Freud solo, analizando su sue-
ño, intentara encontrar ahí, a la manera en que podría proceder un Este análisis nos permitirá ahora avanzar y ~~mpreI?-de~ cómo
ocultista, la designación secreta del punto donde efectivamente debemos concebir el instinto de muerte, la relacion del mstmto de
reside la solución del misterio del sujeto y del mundo. Pero no está muerte con el símbolo, con esa palabra que está en el sujeto sin
en absoluto solo. Cuando nos comunica el secreto de este miste- ser la palabra del sujeto. Problema que sostendremos todo el
rio luciferiano Freud no está solo, enfrentado al sueño. Así corno tiempo que haga falta para que cobre cuerpo en nuestras ment~s y
en un análisis el sueño sé dirige al analista, Freud, en este sueño, podamos tratar de ofrecer, esta vez nosotros, una esque~atlza­
ya se está dirigiendo a nosotros. ción de la función del instinto de muerte. Empezamos a Vislum-
Freud sueña ya para la comunidad de los psicólogos, de los brar por qué es necesario que más allá del principio. del placer,
antropólogos. Cuando interpreta este sueño, se dirige a nosotros. que Freud introduce como aquello que regula la medida del yo e
y por eso, ver la palabra en la última palabra absurda del sueño instaura a la conciencia en sus relaciones con un mundo en el que
no es reducirlo a un delirio, puesto que Freud, por intermedio de se reconoce, por qué es necesario que, ~ás allá, el .instinto ~e
este sueño, se hace oír por nosotros y nos encamina efectivamente muerte exista. Más allá de las homeostasis del yo eXiste una di-
hacia su objeto, la comprensión del sueño. No es simplemente mensión una corriente distinta, una necesidad distinta, que hay
para sí mismo que encuentra el Nemo o el alfa y omega del suje- que disti~guir en su plano. No podemos hacer entrar en el pr~ci­
to acéfalo, que representa su inconsciente. Es él, por el contra- pio del placer esa compulsión a volver de algo que fue .ex~lUld~
rio, quien habla por intermedio de este sueño, y quien se per- del sujeto o que nunca entró en él, lo Verdrangt, lo repnmido. ~i
cata de estarnos diciendo-sin haberlo querido, sin haberlo re- el yo como tal se reencuentra y se reconoce, es que hay un ~as
conocido en un principio, y reconociéndolo únicamente en su allá del ego, un inconsciente, un sujeto que habla, ~es~o?oc~do
análisis del sueño, es decir, mientras nos habla-algo que es al para el sujeto. Tenemos que suponer, entonces, un pnncipio dife-
mismo tiempo él y ya no lo es: Soy aquel que quiere ser per- rente.
donado por haber osado empezar a curar a estos enfermos, a ¿Por qué lo llamó Freud instinto de muerte?
quienes hasta hoy no se quería comprender y se desechaba Esto es lo que intentaremos aprehender en nuestros encuen-
curar. Soy aquel que quiere ser perdonado por esto. Soy aquel tros ulteriores.
que no quiere ser culpable de ello, porque siempre es ser cul-
pable transgredir un límite hasta entonces impuesto a la acti-
vidad humana. No quiero ser eso. En mi lugar están todos los 16 DE MARZO DE 1955.

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