Espiral 1(2): 265 - 270. [Link]
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eISSN: xxxx-xxxx, ISSN: 2663-8134
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Reseñas de publicaciones
Crítica y política desde el arte gráfico de la caricatura: reseña
al libro YO Alan de Carlos Tovar, Carlín
Criticism and politics from the graphic art of caricature: review of the
book YO Alan by Carlos Tovar, Carlín
Ademar Díaz Aparicio *
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
ademar711@[Link]
A principios de los años ochenta, varias figuras del arte gráfico peruano, como
Carlos Tovar, Carlos Acevedo, Eduardo Rodríguez y otras, hicieron de la figura de
Alan García el semblante del nacimiento de una nueva clase peruana asentada en el
criollismo, la viveza y la coima desmesurada. Este aparente descaro implícito en las
gráficas sobre la persona del mandatario y las cuestiones que abarcaron su improntas
personales como figura clave de tránsito de la oligarquía a la choledad (Nugent, 1990)
son extraordinariamente expuestas en Yo Alan, libro del ingeniero y caricaturista
Carlos Tovar, conocido en los medios como Carlín, el cual fue editado por la editora
Grafal en 1990.
El arte de los caricaturistas, en su sentido crítico, habla por la gran mayoría. Entonces
no solo el arte contemporáneo se circunscribiría al arte de salón, propio a consagrados
como Szyszlo, Tola, Revilla u otras figuras, sino también a la caricatura como expresión
popular y, de igual manera, letrado en imágenes y frases certeras, porque no siendo
de sala las gráficas, posee una composición y una calidad admirables en la ilustración.
La línea gráfica de estos artistas está contenida en una pluma en tinta negra china
estilográfica con fuertes destellos de contraste a lo Honoré Daumier, y con un fino
tratamiento en las deformaciones del retrato: del mandatario Alan García se hicieron
una serie de trabajos de calidad que calibraban la personalidad y el desempeño del
mandatario en sus funciones. Desde ahí se puede entender al periódico, revista
o suplemento como un espacio público que podía satisfacer necesidades más
consecuentes con las insatisfacciones del lector: el descontento por la informalidad, el
miedo al terrorismo, la decadencia de la clase criolla, el empobrecimiento del status y
el enriquecimiento ilícito, y a cambio, la gala de ser corrupto. Tal vez en este último el
arte gráfico tuvo su punto más alto de inflexión ya que, a través de la figura de Alan
García se ingresaba en un reformulado pensamiento de peruanos migrantes que en
Recibido: 09/09/2019 Aceptado: 10/10/2019
Citar como:
Díaz Aparicio, A. (2020). Crítica y política desde el arte gráfico de la caricatura: reseña al libro YO Alan de Carlos Tovar, Carlín.
Espiral, revista de geografías y ciencias sociales, 1(2), 265 - 270 [Link]
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Ademar Díaz Aparicio
la Lima de los ochenta tuvieron como camino en su aculturación a la vía estrecha del
acriollamiento: el acceso a la cultura de la viveza o la forma rápida de sacar provecho
del semejante. Alan García no fue un personaje precisamente devenido de la clase
decente oligárquica, intocable por la prensa escrita, sino de la cuna del APRA donde
varios intelectuales revolucionarios se forjaron de cara a gobiernos totalitarios en la
primera parte del siglo XX.
Afirma el caricaturista Carlos Tovar, Carlín, en su libro Yo Alan: «[…] con Alan García
se rompen los esquemas y esos dos planos se confunden hasta acaso confundirse. El
mozallón tiene solo 35 años cuando asume la presidencia. Es carismático, hiperactivo
y parece omnipresente. Va codo a codo con el pueblo y exalta sus esperanzas. El
balcón es más bien una puerta abierta. Su lenguaje, brillante, tiene un tono bíblico
muy grato a un pueblo católico. Recuerda su ascendencia arequipeña y se enorgullece
de sus antepasados cusqueños. Llega a decir que es un inca. Recorre pueblos jóvenes
y provincias. En el estadio nacional en una cita multitudinaria con la juventud, corre
una vuelta olímpica entre vítores y ovaciones» (Tovar
1990, p. 8).
Ilustración 1: La estatización de la banca [Link]:
sitio web Perú 30
Esta primera etapa fue prolífica en caricaturas y
gráficas sobre los mandatarios, por lo que, según su
autor, seleccionar imágenes para un trabajo de
compilación fue complejo. De este modo, en el libro
Yo Alan existen al menos unos 50 dibujos claves de la
pluma de Juan Acevedo, Alfredo Marcos, Eduardo
Rodríguez, Carlos Tovar y Nicolás Yerovi para entender
y hacer mofa de la personalidad del ex mandatario. Cabe destacar que las críticas
hacia el primer gobierno de Alan García fueron generalmente de varios grupos
contraculturales que no perdieron tiempo en manifestarse frente al hartazgo de esta
nueva fracción de clase acomodada. Así, grupos de vanguardia de rock, obreros,
vecinos y empleados medios hicieron voceados gritos y dibujos de protesta frente al
desfalco de las arcas peruanas por empresarios que fugaban con capitales al extranjero.
Mientras tanto, en el ínterin, se encontraba el mismo presidente tratando de envolver
al pueblo con la acostumbrada «labia», la que paradójicamente también caló en el
imaginario peruano adolescente durante la
campaña para su segundo gobierno en el periodo
2006-2011.
Ilustración 2 SEQ Ilustración \* ARABIC 2: “Descubra el
personaje” por Carlos Tovar, Carlín. (Tovar, 1990)
En la siguiente gráfica de Carlín, extraída
del libro en mención, Tovar presenta una
interpretación de García por varios ángulos
y a tres niveles (ilustración 2), capturándolo
por su lado artístico semiglamoroso que lo
embadurnaba, del intelectual que se afanaba ser
y como líder unívoco. En primer lugar, la boina
y la vestimenta medieval lo coloca como artista
cortesano, anteriores veces ya retratado como
arlequín (quien interpreta roles de comedia con
sentido popular de diversión y vistiendo ropa
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Crítica y política desde el arte gráfico de la caricatura
conformada por tiras y parches propios a la Italia del siglo XVI). Otro aspecto de la
gráfica es el cabello. De él se recuerda claramente su afán por peinarse con la mano
continuamente y lucir sonriente en público, lo cual era rasgo de cierto narcicismo y,
asimismo, connotaba una inseguridad de nerviosa sonrisa ante las cámaras, público o
audiencia que estuviese observándolo. El «aliento a kiwicha» y «los pies de barro» son
su plano más peruano, no sabe si siente como tal, sin embargo es peruano de tierra y
polvo arequipeños, además de cusqueño avalado a su modo por sus ancestros. Otros
rasgos están ligados a la condición política que giraba en torno a su figura, como el
exceso de peso y la papada, que sin lapidar, se interpreta como un exceso innecesario
frente a una multitud de gente en paro, hambrienta y desempleada para la época.
Debajo de la gráfica existe un texto tipo acertijo, interactivo con el lector en función a
su denodada hermandad con los demás sectores de la política, incluso con Abimael
Guzmán, que a la larga no lo apoyaron: la picardía de lo político dentro de la política
no le jugaba a García a no ser el encubrimiento de su insight (modo de ser) a través
de una irónica gazmoñería. Mientras el público entiende el párrafo acompañante, la
caricatura es convocada a completar la narrativa del acertijo, el cual no se cierra si el
público no se engancha primero con la gráfica. La prensa es un medio frío, sin embargo
la caricatura dentro de ella es caliente y no definida completamente (McLuhan 1980)
porque el lector debe completar con los recuerdos las características de la imagen y
las disensiones que se encuentran implícitas en este. Así, Carlín usa ambos recursos
lingüísticos y periodísticos en este trabajo para la interacción efectiva.
Afirma Eduardo Rodríguez, Heduardo: «En cuanto a su defecto más notorio, para los
caricaturistas, los defectos de los políticos son virtudes, pues gracias a esos defectos
nosotros podemos hacer nuestros trabajo. Y gracias a nuestro presidente, durante
estos cinco años hemos tenido más trabajo que nunca. Sería una ingratitud señalar
con el dedo acusador aquello que nos permite llevar un pan a nuestros hijos. Todos
recordamos su slogan que decía “Mi compromiso es con todos los peruanos”. En
realidad, su compromiso ha sido con todos los caricaturistas. Y eso se agradece». (Tovar,
1990, p. 11). Este acercamiento entre el arte, la política y la necesidad de servir, ha sido
una de las largas discusiones del arte. ¿Qué tan suficientemente bueno es un artista? se
preguntaba alguna vez el crítico de arte Donald Kuspit, o dicho de otro modo: hasta qué
punto el artista puede dar no solo un pan a su hijo, sino un pan de moraleja o moralina
sencilla pero de valiosa explicación práctica y legible a la gente sobre lo que sucede
alrededor, si acaso eso no es suficiente para una mayoría casi exenta de recursos para
entender otros discursos complejos devenidos de la minoría ilustrada, efectivizados y
sacralizados desde una elite de poder donde la crítica de salón del galerista la hace tan
indigesta como lo es explicar los fractales desde la biología1.
El estilo de Eduardo Rodríguez mostrado
en el libro Yo Alan circula en los rasgos
fuertes y pronunciados de la persona
adulta peruana, quizás en aquel lado
del personaje que simboliza al peruano
de mediana a mayor edad: con el ceño
fruncido, pesimista y austero al estilo de
Marco Aurelio Denegri. En esta caricatura
(Ilustración 3) Alan García aclara que no
está para mostrar su belleza al público de
forma injustificada, sino que su desnudez
en palacio expone, además, sus errores
como mandatario en la política. De
Ilustración 3: Caricatura de Alan García por
hecho, a García le han gustado las cámaras Eduardo Rodríguez. Fuente: Yo Alan, Tovar, 1990
y el público, sin embargo, en este caso es
admirado y a la vez, interpelado por una
1 Kuspit, Donal (1992). «El artista suficientemente bueno: más allá del artista de vanguardia». Creación, 5.
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multitud de estos personajes que han sido muy típicos de Rodríguez: el tipo viejo
enternado al almidón sesentón, mestizo, crítico de la sociedad, ávido lector de nariz
aguileña, serio, conservador, formal, empleado medio, en fin, aquel tipo multiplicado
como arquetipo del peruano de la década de los ochenta. Ese es el rasgo artístico
destacable de este personaje que, multiplicado por veinte, interpela la actitud
hedonista de García.
Una de las imágenes más icónicas de Alan García, rescatada en el libro de Tovar,
apareció en el suplemento humorístico ¡NO!, de la revista SI, cuando era dirigida
por Cesar Hildebrant y luego por Ricardo Uceda, hasta la asimilación ideológica
de la misma al fujimorismo, lo que la llevó a
desaparecer a finales de los noventa. En esta
caricatura de la edición N.° 2 del 16 de abril
de 1988, aparece García en toda la carátula
(ilustración 4), un poco más deslucido con el
advenimiento de ciertos personajes nuevos de
la política como Alberto Fujimori. En la gráfica,
fotomontaje realizado por Juan Acevedo, se
identifica el simbolismo de la geisha como
sinónimo de viraje hacia una mujer oriental,
dama de compañía, quien labora exponiendo
el cuerpo por buenas remuneraciones, lo
cual podía extrapolarse a una característica
de García: tener que variar de una postura
política a otra más acomodaticia.
Ilustración 4: caricatura de Alan García por Juan
Acevedo. Fuente: Tovar, 1991
Era conocido sobre Alan, según una reseña citada por Tovar (1990) en la revista SI
del 26 de marzo de 1990, publicada por Alejandro Guerrero, la «bronca» que tenía
con su propia papada: «Es difícil que el presidente se quede satisfecho con una toma,
las quiere ver todas, cada una en el monitor, para chequear si está saliendo guapo o
no. Fastidió mucho al camarógrafo para que le hiciera un buen ángulo donde no se le
notara la papada, quiso lucir más joven en la entrevista».
En este trabajo se nota además el arquetipo del joven peruano como la caracterización
del limeño promedio a partir de dos clases sociales: una mitad migrante y otra mitad
criolla. Lima es, entre las olas migratoria de los cincuentas y ochentas, la ciudad que
más actores indígenas urbanos agrupó. Los caricaturistas saben pensar en imágenes,
y esa sensibilidad los hace percibir quién se hace del poder para reprimir mientras
que por otro lado destacan la vestimenta típica del limeño juvenil de los años ochenta,
sean jeans viejos, zapatillas converse, una polera y el pelo largo. Este arquetipo, en
el caso de Eduardo Rodríguez, es impresionante frente al tratado del antiguo señor
limeño tradicional, crítico, audaz y a su vez, desconfiado; y en otros, como el caso de
Carlín, se trata a los jóvenes como unos limeños graciosos, desempleados, irreverentes,
«vivos» y acriolladamente juveniles.
Son palabras de Juan Acevedo en el texto: «Poco a poco los caricaturistas lograron
pescar un gesto, una forma de mirar, esa papada. Es que Alan fue mostrándolos,
después a mediados del 86, vino la masacre de los penales, y un año después las
contorsiones del intento de estatización de la banca. En el ínterin, Alan cantaba
rancheras, opera, se ponía una y otra indumentaria…materiales para ayudar a los
caricaturistas a hacer su trabajo» (Tovar, 1990, p. 11).
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Crítica y política desde el arte gráfico de la caricatura
La forma de expresión del poder desde la caricatura en el espacio de un sistema, como
por ejemplo, el de Velasco, hubiera sido imposible. Se sabía de varios deportados al
extranjero por criticar al gobierno. Tal fue el caso del director del diario Marka y autor
del libro País sin nombre, José Rosas Ribeyro; o del cantante y guitarrista Santana, cuya
expulsión, además, fue en parte gestión del centro federado de la UNMSM. Reza una
canción de Narcosis, Triste Final: «[…] bombas cayendo en mil lugares, desgracias,
vivir en el infierno, atrapados en un mundo de miedo, no te dejes atrapar[…]» donde
se refleja el sentimiento de los ochenta en donde sí se podían expresar críticas al
gobierno, lejos del velasquismo. Así, lo que los caricaturistas no realizaron libremente
en aquel gobierno anterior, en los ochentas, con la democracia reestablecida y aunada
a la demagogia, le dieron a Alan García y a
su vanidad, un puesto en ese arte gráfico.
No solo fue menester de Alan García
rozarse con la aristocracia, sino que
además peleó con ella como a veces los
actores de las revoluciones se transforman
camaleónicamente desde una pierna
izquierda hacia la otra, la derecha, para
no perder popularidad o ganar favores
a manotazo de ahogado. Por otro lado, la
sátira de la «tía pituca», quien es envidiada
o deseada por los jóvenes de los ochenta
a colación de las crisis y los medios, pasa
a través del caricaturista por el ducto
de entender las envidias del vulgo por
pertenecer a la clase oligárquica a la cual
los burgueses en vías de desarrollo querían
ver caer o, en todo caso, poder competir Ilustración 6: Alan García aplastado por la alta
aristocracia. Por Juan Acevedo (Tovar, 1990)
pronto en opulencias. Nadie mejor que Cesar
Hildebrandt pequeño y ponzoñoso para
narrar la singular contienda (ilustración 5).
Dice Acevedo en el encabezado a esta caricatura: «El presidente recorre colegios, en los
estatales nadie lo aplaude sea porque no lo quieren o porque la extrema desnutrición
no se lo permite. Pero en Monterrico y las casuarinas aplauden a rabiar, es tan evidente
la contradicción que Alan llama a su colegial “pituco” y le pregunta a media voz:
–Dime porque tantos aplausos. ¿De veras les gusta mi gobierno? –No exactamente
señor Presidente. Solo que nuestros viejos dicen que con otras de sus embarradas…
todos nos vamos a Miami”. (Tovar, 1990)
Estas son algunos aspectos interesantes de este libro dedicado a la memoria a modo
de mofa, pero además a la necesaria reflexión de que debajo de cada peruano puede
existir alguna anomia corriendo por las venas que es necesario vacunar. Asimismo, a
partir de los actos del desaparecido mandatario es necesario hacer una introspección
social médica profunda para entendernos como una sociedad hija de un criollismo
desmedido, la cual ha desfavorecido a la política peruana entintándola de actos
fraudulentos y de un insaciable populismo. A todo ello, los caricaturistas han servido
de termómetro imagológico entintando desde otro ángulo, el artístico, esas otras
marginalidades del político y del oligarca peruano que urgentemente, como el cáncer,
necesitan ser erradicadas.
Bibliografía
Blanco, D., Bueno, R. (1989). Metodología del Análisis Semiótico. Lima: Universidad del Pacífico.
Espiral 1(2) (2020)| 269
Ademar Díaz Aparicio
Kuspit, Donal (1992). «El artista suficientemente bueno: más allá del artista de vanguardia».
Creación, 5.
McLuhan M., Fiore Q. (1967). The Medium is the Massage. US: Penguin Books.
Nugent, Guillermo. (2012). El Laberinto de la Choledad. Lima: UPC.
Torres Rotondo, Carlos. (2012). Se acabó el Show. Lima: Mutante.
Tovar, Carlos. (1990). Yo Alan. Lima: Editorial Grafal.
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