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Véndame Unos Gallinazos

El cuento describe la llegada de un forastero a un pueblo que le pide al alcalde que le venda unos gallinazos. Aunque el alcalde se niega inicialmente y ofrece dárselos gratis, el forastero insiste en pagar por ellos. Más tarde, el pueblo sufre una epidemia de animales muertos y debe contratar trabajadores para limpiarlos, lo que resulta en un gran gasto para el municipio. Algunos recuerdan que antes los gallinazos se encargaban de limpiar los animales muertos sin costo.

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Véndame Unos Gallinazos

El cuento describe la llegada de un forastero a un pueblo que le pide al alcalde que le venda unos gallinazos. Aunque el alcalde se niega inicialmente y ofrece dárselos gratis, el forastero insiste en pagar por ellos. Más tarde, el pueblo sufre una epidemia de animales muertos y debe contratar trabajadores para limpiarlos, lo que resulta en un gran gasto para el municipio. Algunos recuerdan que antes los gallinazos se encargaban de limpiar los animales muertos sin costo.

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VÉNDAME UNOS GALLINAZOS, SEÑOR ALCALDE

! Wilches-Chaux, Gustavo. Mayo 1999 (parte 1)


Un forastero llega a Bellavista, un pueblo de esos sabrosos, de clima caliente, de señoras
asomadas a las ventanas y señores gordos con sombrero de paja, sandalias de cuero o
de plástico y camiseta sin mangas, sentados en mecedoras de mimbre frente a las
puertas de sus casas.
El forastero cruza el parque central bajo la sombra de los árboles frondosos y le pregunta
algo a un policía que conversa con una muchacha con vestido de flores.
El policía le señala una casona grande, de dos pisos y balcones de madera, hacia la cual
se dirige el forastero. Junto a la puerta de la casona hay una placa que dice Alcaldía. El
forastero entra, sube al segundo piso por una escalera de madera que rechina a cada
paso, camina por un corredor, también de madera, desde donde, estirando un poco el
brazo, se podrían alcanzar los mangos que cuelgan del árbol que crece en la mitad del
patio, y se dirige hacia una oficina marcada con el letrero Despacho del Alcalde.
La secretaria lo atiende. Es una señora flaca, de pelo gris, con anteojos. Debe haber sido
secretaria de, por lo menos, los últimos diez alcaldes. Le explica que el alcalde está
reunido desde hace rato con el personero, pero que si quiere lo espere.
Hay otras dos personas en la sala: una señora que tiene en la mano unos papeles que
parecen escrituras públicas, y un señor con camisa caqui de dotación del Municipio y
botas de caucho. Un trabajador, seguramente.
Al rato sale el personero con el alcalde. Se despiden en la puerta. La señora se levanta
rápidamente y se dirige al alcalde. Conversan un rato en la puerta y ella le entrega los
papeles. El alcalde le dice que
él con mucho gusto los mira, pero que de todas maneras el asunto se demora porque el
Concejo tiene que aprobar primero el presupuesto. Después atiende al trabajador,
también desde la puerta. Le dice que sí, que se hable con el secretario para pedir el
repuesto de la volqueta. Que no importa, que pasen la cuenta, que en el almacén saben
que el Municipio se demora, pero paga.
La secretaria le informa al alcalde que el forastero lo está esperando. Lo hace seguir al
despacho. Hay una bandera de Colombia, un Cristo, un cuadro de Simón Bolívar, un
mapa del Municipio, un diploma, una vitrina con códigos y encima unos trofeos. El alcalde
es un hombre joven que apenas lleva tres meses en el cargo.
Después de las cortesías y los saludos de rigor, el forastero va al grano: "Véndame unos
gallinazos, señor Alcalde".
El alcalde se sorprende, por supuesto. Pero el forastero le explica que al entrar al pueblo,
cerca al matadero, vio unos gallinazos gordos, grandes, lustrosos, que le gustaron. Que
necesita unos. Que por favor se los venda.
¡Qué tipo tan raro! El alcalde piensa que el forastero debe estar loco, aunque su aspecto
y su cara parecen normales. Le dice pues que no, que no se los vende. Que si quiere coja
los que más le gusten y se los lleve. Así no más: gratis. (El alcalde también piensa que no
hay que gastar pólvora en gallinazos).
Pero el forastero insiste: que se los venda. Que cuánto valen. Pues cuánto van a valer,
pues nada, que se los lleve. Pues que no, que cómo se los va a llevar así no más, que
cuánto valen, que él paga lo que valgan, que se los vendan.

El alcalde llama a la secretaria y le pide que haga venir al secretario.


Llega el secretario y otra vez vuelve y juega: que cuánto vale un gallinazo, que quién va a
saber, que se los vendan, que se los lleve gratis, que no, que se los vendan.
Entonces el alcalde le dice al secretario que vaya y averigüe a cómo está la libra de pollo,
y que calcule más o menos cuánto pesa cada gallinazo que el señor quiere, y que, bueno,
allá él, que se los vendan entonces. Que cancele en la tesorería el valor correspondiente.
Esa tarde el alcalde y el secretario, mientras juegan billar en el café del pueblo, les
cuentan la historia al médico y al personero. El dueño del taller de repuestos interviene
desde una mesa: "Pues véndele a ese tipo a precio de pollo todos los chulos del municipio
y se compra una volqueta nueva..., y de paso me paga lo que me debe". Carcajadas de
todos.
Taz Taz Taz. El alcalde remata el chico de billar con una sonora carambola.
Pasó el tiempo y…

En la casona de la alcaldía de Bellavista, normalmente tranquila, hay una agitación


tremenda. El Alcalde, que ya va a completar su tercer año de gobierno, se dirige
rápidamente al salón del Concejo municipal, acompañado del secretario y el médico. Los
concejales también están alarmados: la epidemia de animales muertos en el municipio
cada vez adquiere dimensiones más graves. Los olores son insoportables. El aspecto de
cadáveres pudriéndose al sol y al agua no se pueden aguantar más. La salud de los
habitantes del municipio, especialmente de los niños, está amenazada. Es necesario
tomar medidas urgentes. El Alcalde se dirige a los concejales y a las demás
personalidades del pueblo reunidas en la sala: hay que contratar una cuadrilla de
trabajadores que recorra todos los días de la semana el territorio del municipio en busca
de los animales muertos, y se encarguen de eliminarlos. Uno de los presentes propone
quemarlos, pero otro alega que los costos del combustible son muy altos y que se
consume demasiada gasolina para medio chamuscar un animal grande. Además, dice
otro, el humero de las quemas sería un problema igualmente grave. Entonces alguien
propone enterrarlos, pero otros advierten que el trabajo de abrir las fosas va a requerir
demasiados jornales. Pero claro, mientras no existan mejores opciones, habrá que
enterrarlos.

Entre el Alcalde, los concejales y los presentes se ponen a calcular cuánto va a acostarle
al Municipio solucionar así el problema. El secretario comienza a escribir en el tablero del
salón del Concejo una lista de los gastos extras que implicará poner a funcionar la
cuadrilla de trabajadores. Cada uno de los presentes aporta nuevos datos: que salario,
tanto; que prestaciones sociales, tanto; que subsidio familiar, tanto; que dominicales y
festivos (porque también los animales se mueren en días domingos y feriados), tanto; que
transporte, tanto; que combustible, tanto; que dotación de botas y ropa de trabajo, tanto;
que herramientas, tanto. Alguien dice que se va a necesitar una retroexcavadora, pero
sale demasiado caro, por ahora, toca a mano. El secretario suma las cifras anteriores; en
total, tanto. $$$$$$$$$$$$$. Una suma enorme  que va a descuadrar el presupuesto del
Municipio.

Alguien pregunta si es que antes no se morían los animales. Pues claro que sí se morían,
dice otro. Y entonces, ¿Quién los recogía? Los gallinazos, contesta una señora.

ACTIVIDAD A DESARROLLAR

a) ¿Si fuera el alcalde, vendería los gallinazos? Sí__ No___ ¿Por qué? no lo haria ya
que esos gallinazos son importantes para nosotros y podria contaminar
b) ¿Qué impactos ambientales y sociales generó la venta de los gallinazos?
los niños y los avitantes ya nesesitavan atencion medica o se enfermavan
c) ¿Qué valor daría usted a los gallinazos? no le pondria precio ni lo venderia porque los
nesesitamos y no quisiera que los avitantes se enfermaran
d) e) ¿Por qué el forastero los quiere comprar y no los recibe regalados? porque el sabia
el valor que tenian y para que sirven
e) Elabore un cuadro como el siguiente y escriba 10 componentes bióticos y 10
componentes abióticos, estos componentes los encuentra en el cuento.

COMPONENTES BIOTICOS COMPONENTES ABIOTICOS


el forastero sombrero de paja
señora asomada por la ventana camisa
señor gordo con sombrero de paja calculadora
el policia botas arboles madera
el alcalde dinero
la secretaria diploma
el personero
señora de los papeles
el otro señor de los papeles

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