16 INTRODUCCIÓN
y coherente puede ignorar la iniciativa absoluta de Dios sin lesionar al
mismo tiempo las posibilidades de nuestro ser humano. Cualquier hombre
tiene múltiples experiencias de «gracia», siempre que no adopte una pos-
tura egoísta en la vida y sepa que vive merced al favor y a la benevolencia
de los demás. Las personas alcanzan su propia identidad precisamente al
ser reafirmadas por los demás (dentro de unas estructuras y de una socie-
dad que nos lo permitan). En esa solidaridad, mucha gente experimentará
en ocasiones un profundo misterio de misericordia universal y, tal vez, se
dirigirá «a Dios» en oración.
En este libro me propongo analizar la experiencia neotestamentaria de
la gracia y la salvación de Dios en Jesucristo como orientación hacia lo
que podríamos llamar primer paso de una soteriología cristiana moderna.
2. La perspectiva aquí adoptada no es la misma que en Jesús, la histo-
ria de un viviente, obra de la que ésta es continuación. A diferencia del
primer volumen, aquí no trato de indagar qué hay en el «Jesús histórico»
que haya podido llevar a la confesión de fe que de él hace el Nuevo Tes-
tamento; ahora se trata directamente de ver cómo el Nuevo Testamento
ha integrado lo que los cristianos experimentaron en su encuentro con
Jesús, el Señor. Yo diría que el primero es un libro «sobre Jesús» que no
se olvida de Cristo, mientras que éste es un libro «sobre Cristo» que tiene
presente a Jesús de Nazaret. Consecuencia de ello es que también el méto-
do empleado es distinto del de mi libro anterior. Algunos críticos de
Jesús, la historia de un viviente han incurrido, con respecto al libro, en el
mismo error que ellos me achacan con respecto la Sagrada Escritura, pues-
to que no respetan el género literario y el tipo de comunicación de un
texto determinado (en este caso concreto, de mi libro). No han leído y
comprendido el libro «tal como aparece», sino que han pretendido seña-
larle un lugar en la historia de las ideas, o bien, reaccionando contra la
historia de las formas y de la redacción y propugnando justamente la ne-
cesidad de una elaboración analítico-estructural de los textos como un con-
junto homogéneo, no han interpretado correctamente mi texto en su pro-
pio género literario, sino que lo han considerado como una obra motivada
por una única intención literaria dominante (la de adentrarse, del modo
más adecuado posible, en la historia de los orígenes del cristianismo). En el
primer volumen no me interesaban los textos neotestamentarios en cuanto
tales. En cambio, sí me interesan en éste. Aquí no se estudia ya la historia
de las formas, de la redacción y de la tradición para llegar lo más cerca
posible del «Jesús histórico», sino que se analizan los textos en su unidad
y en su conjunto, a la vez que su contexto literario particular, teniendo
presente el trasfondo de la cultura literaria de la época y la realidad socio-
cultural concreta del mundo en que vivían las personas a las que iban
dirigidos estos textos del Nuevo Testamento, destinados a ser leídos en la
liturgia.
Es de lamentar que la exégesis moderna del Nuevo Testamento no par-
tiera de este método literario de «leer» y «comprender» los textos «tal
como aparecen», para después investigar qué.nuevas perspectivas se pue-