DAVID LIVINGSTONE
David Livingstone nació el 19 de marzo de 1813 en Blantyre, Escocia en medio de una familia piadosa.
Livingstone no pudo permitirse una educación formal. Desde niño tuvo que trabajar en una fábrica de
algodón. Mientras trabajaba, ponía un libro delante de él para leer. De esta forma pudo tener una buena
educación que le abrió puertas en el futuro.
A los 25 años, Livingstone quedó cautivado por un llamado dirigido a médicos misioneros a China, así
que se matriculó en una escuela de medicina en Glasgow y finalmente se postuló en la Sociedad
Misionera de Londres. Debido a que carecía de credenciales teológicas, no fue aceptado al principio.
Para cuando fue aceptado, la Guerra del Opio (1839-1860) había estallado en China, y no era
aconsejable enviar misioneros allí. Poco después, Livingstone conoció a Robert Moffat (1795-1883),
quien fue pionero en una misión en el sur de África. Livingstone puso su mirada en ese continente y
luego de recibir su título en medicina se unió al equipo de Moffat en 1841.
Luego de dos años de aprendizaje junto a Moffat, partió para Mabotsa, trescientos kilómetros tierra
adentro, donde fundó una misión junto a su esposa Mary, hija de Moffat. Pero allí tuvo dificultades con
otro misionero, así que decidió ir más lejos, hasta la aldea de Chonuana donde estuvo tres años y
bautizó al jefe de la tribu. Pero debido a una sequía, la tribu tuvo que desplazarse y Livingstone y su
familia también. Después de moverse por varias zonas, Livingstone decidió que su familia regresara a
Inglaterra desde Ciudad del Cabo mientras él se internaba al interior de África. A partir de entonces se
iniciaron las famosas expediciones de Livingstone.
Su meta era abrir un "Camino Misionero" o "Carretera de Dios", que tenía el objetivo de llevar el
"cristianismo y la civilización" a los pueblos no alcanzados. Pero Livingstone se resistía a las políticas de
misiones "conservadoras". El patrón era ir a un pueblo a la vez, ganar conversos, construir una iglesia y
seguir adelante solo cuando esa iglesia estuviera bien establecida. Pero era un proceso demasiado lento
para Livingstone. Él veía que las condiciones eran malas para la evangelización en África. La ignorancia
de la cultura africana, combinada con las agrias experiencias de los africanos con los comerciantes de
esclavos, creaba una gran resistencia para el evangelismo.
¿Por qué no infiltrarse en el interior de manera positiva, ayudar a los africanos a desarrollar su propio
comercio y aprender sobre sus costumbres? Esto podría no construir iglesias a corto plazo, pero podría
crear condiciones que serían más favorables para la evangelización futura. Livingstone tenía poca
paciencia con las actitudes de los misioneros que habían absorbido "la mentalidad colonial" con respecto
a los nativos. Cuando Livingstone habló en contra de la intolerancia racial, los afrikaners, un grupo de
colonos europeos blancos, intentaron expulsarlo, quemando su estación y robando sus animales.
La Real Sociedad Geográfica le concedió los más altos honores. Visitó varias universidades para hablar
sobre sus experiencias inspirando en el proceso a muchos estudiantes a convertirse en misioneros en
África. El relato de sus viajes, Missionary Travels, escrito en 1857, fue un éxito de ventas. En 1858,
el gobierno británico financió una segunda expedición para investigar los recursos naturales del sudeste
de África y abrir el río Zambezi para la navegación. Livingstone buscaba navegar 1,000 millas por el
Zambezi en un barco de vapor de latón y caoba para establecer una misión cerca de las Cataratas
Victoria. El bote era de tecnología de punta, pero resultó demasiado frágil para la expedición y como
consecuencia naufragó después de encallar repetidamente en bancos de arena.
Su esposa Mary, que había regresado a África y que acababa de dar a luz a su sexto hijo, murió en 1862
durante la misión. Finalizando su fallida expedición, un atribulado Livingstone regresó a Inglaterra en
[Link] Livingstone no se daba por vencido. Partió por su cuenta por última vez en 1866 a su amado
continente. Esta vez para buscar la fuente del Nilo.
Pasaron los años sin noticias de él. Algunas expediciones salieron a buscarlo. Livingstone murió en 1873.
Fue encontrado de rodillas con las manos unidas en actitud de oración en una choza. Su corazón fue
enterrado bajo un árbol en África y su cuerpo fue devuelto a Inglaterra. Allí, este gran misionero fue
honrado con un entierro en la Abadía de Westminster. Livingstone recorrió miles de kilómetros tomando
notas de todo lo que veía, haciendo observaciones geográficas, atendiendo a los enfermos y predicando
el evangelio. Pero por sobre todo, ganándose el corazón de los africanos. Sus crónicas registran que
estuvo más de veintisiete veces postrado en cama por fiebres, pero pronto recobraba sus fuerzas y
continuaba explorando.
También desafió las ideas prevalecientes de misiones en su día. Tenía una visión para el bienestar
económico y espiritual combinado de los pueblos africanos, pero parecía evitar la mayor parte de la
mentalidad colonialista de sus contemporáneos. Aunque su obra evangelística no fue muy grande, su
valentía por encontrar nuevas rutas y dibujar los mapas de la inhóspita África central allanó el camino
para que nuevos misioneros tuvieran una ruta que les permitiera adentrarse para llevar el evangelio. El
trabajo de Livingstone creó las condiciones para el crecimiento del cristianismo. Un siglo y medio
después de su muerte, la iglesias africanas se siguen extendiendo.