“Obsolescencia Programada” Jairo Oziel Guerra Flores
Fecha de entrega: 26/05/2021 No. Control: 19031212
Obsolescencia Programada
Conclusión general
Si bien es cierto, contrario a la creencia popular, la Obsolescencia Programada no puede
concebirse como un fenómeno indivisible de casos idénticos y repetitivos, puesto que luego
de un examen más detallado de algunas situaciones concernientes al estado de
obsolescencia, y en contraste con los planteamientos y clasificaciones teóricas existentes a
la fecha, es posible ver que los límites entre las características de un escenario y otro no son
fronteras estáticas y plenamente definidas, pero exhiben patrones estratégicos diferentes
dado que responden a una lectura subjetiva realizada desde el punto de vista del empresario
o del consumidor motivados por su contexto social cambiante.
Los modelos de negocio de algunas empresas tecnológicas garantizan menos derechos a los
consumidores sobre los productos que compran, al tiempo que las empresas retienen para sí
cada vez más control sobre los productos que venden. El control que retienen les garantiza
el poder sacar el mayor provecho económico posible de una venta, con formas que las más
de las veces operan en la falta de regulación pública —por lo que no pueden considerarse
legales ni ilegales—, pero que son abiertamente injustas. Las formas empleadas para
lograrlo incluyen estrategias de la obsolescencia programada hasta la emisión de garantías
arbitrarias que se ven invalidadas si el propietario del producto decidiera, por ejemplo, no
comprar los insumos necesarios “sugeridos” por las empresas y la colocación de sellos que
de ser vulnerados garantizan que la garantía se invalidará condenando al artículo a la basura
o a cumplir funciones de pisapapeles en el mejor de los casos.
¿Quién tiene la culpa de todo esto?
Ciertamente, a las empresas no les interesa vender productos duraderos: la moda es
efímera, las baterías de los celulares cada vez se agotan más rápido, componentes
electrónicos se quedan sin refacciones, a menudo las fechas de caducidad no son reales,
sufrimos constantes actualizaciones del software.
Nosotros como consumidores nos quejamos, pero preferimos renovar y escoger nuevos
productos constantemente. En realidad, nadie nos obliga a comprar, podemos ignorar la
publicidad, denunciar las malas prácticas de algunas empresas, podemos influir a otros
consumidores con nuestros comentarios en internet, etc. Y a pesar de todo, seguimos
queriendo la última novedad.
Con esta actitud, con este comportamiento de compra casi compulsivo, damos razones a las
empresas para lanzar nuevas versiones casi iguales a las anteriores, simplemente con una
diferencia inútil e imperceptible; es como si pusiéramos nosotros la fecha de caducidad o de
obsolescencia a los productos.
Por qué no exigimos al productor que mejore su producto
“Obsolescencia Programada” Jairo Oziel Guerra Flores
Fecha de entrega: 26/05/2021 No. Control: 19031212
Pese a lo dicho hasta aquí, sería demasiado simplista condenar sin más la obsolescencia
programada. Desde una perspectiva macroeconómica, si las empresas renuevan con más
rapidez sus productos, se potencia el crecimiento, se crean empleos y se fomenta la
innovación para mejorar la calidad de los productos, lo que beneficia tanto a la industria
como al consumidor.
Es un hecho que el progreso es la causa principal de la mejor calidad de vida de la
sociedad actual. Con todo, este mismo progreso conlleva graves amenazas para el medio
ambiente (calentamiento global, vertidos tóxicos). Para que el equilibrio entre progreso y
cuidado del planeta sea factible y real, tanto consumidores como empresas debemos
concienciarnos de verdad sobre la necesidad de reciclar, de utilizar materiales menos
contaminantes, impulsar las energías renovables, optimizar el consumo de la energía y
muchas otras cosas.
¿Qué podemos hacer?
La solución no va a venir de la industria, inmersa en una campaña de vender cada vez
menos. La solución pasa por los consumidores. Debemos tomar la iniciativa y preguntarnos
qué podemos hacer para contribuir a acotar la obsolescencia programada. Entre otras
acciones, podemos:
No guiarnos por tendencias ni modas
Saber exactamente qué necesitamos y no dejarnos llevar por el impulso de comprar
Comprar productos locales, procurar saber su procedencia
Adquirir una costumbre de reparación en los productos que se descomponen
Exigir mayor calidad y evitar los productos de mala calidad y de usar y tirar
Adquirir productos de empresas socialmente responsables
Solicitar información acerca de los materiales de fabricación
Reciclar, reducir y reutilizar