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Carau

La leyenda cuenta la historia de Carau, un joven que vivía felizmente con su madre hasta que un día decide ir al pueblo y se olvida de ella. A pesar de los mensajes pidiéndole que vuelva porque su madre está enferma, Carau prefiere seguir divirtiéndose. Su madre muere llamándolo. Como castigo, Dios transforma a Carau en un pájaro condenado a gritar su nombre por siempre en señal de arrepentimiento. Desde entonces existe el Carau, un pájaro solitario cuyo c

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Carau

La leyenda cuenta la historia de Carau, un joven que vivía felizmente con su madre hasta que un día decide ir al pueblo y se olvida de ella. A pesar de los mensajes pidiéndole que vuelva porque su madre está enferma, Carau prefiere seguir divirtiéndose. Su madre muere llamándolo. Como castigo, Dios transforma a Carau en un pájaro condenado a gritar su nombre por siempre en señal de arrepentimiento. Desde entonces existe el Carau, un pájaro solitario cuyo c

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Miguel D.

S A U C E D O

Del folklore jVíojeño Leyendas del Beni

El Carau y
j
su leyenda

/ ^ L L I en el pueblo de mi infan- ción que me causaba el canto de


fancia, cuando yo era niño, aquel pájaro, relatóme su historia
oía siempre cantar un Carau. legendaria, que es tan triste como su
Bien lo recuerdo. Cantaba incan- mismo canto. Y desde entonces la
sable noche y día, a la orilla de unos he guardado en mi memoria, como
pozos de aguas turbias que los anti- íntimo recuerdo de aquellos lejanos
guos habían trabajado en uno de los días de mi infancia.
cantos del poblado, pozos que en
*
tiempo de llenuras rebalsaban alo-
jando entre sus aguas llenas de ma- # *

lezas, infinidad de lagartos, sapos y


culebras, que provocaban el terror Fue en tiempos inmemoriales.
de los muchachos del barrio. Carau era entonces un mozo que
Muchas veces al clarear de las vivía feliz en compañía de su ma-
mañanas, en el sosiego de los atar- dre, allá en una casa de campo, sin
deceres o en el silencio de las no- más horizonte que la extensión de
ches serenas, aquel pájaro agorero los bajíos, y sin más música que el
conmovió mi corazón de niño inex- rumor de los vientos y el murmullo
perto todavía a los vaivenes y tra- inexpresivo de los arroyuelos veci-
gedias de la vida; lo conmovió con nos.
el eco incansable de su cantar do- Un día su madre, que era tan
liente, que cual un lamento humano buena y cariñosa con él, queriendo
perdido en la inmensidad, llegaba premiar con el placer de un viaje
hasta mí, a estremecer mis senti- el cariño de su único hijo, pensó
mientos. mandarlo al pueblo. Carau, que nun-
Una tarde, un viejo vecino del ba- ca había salido más allá de su que-
rrio donde yo vivía, viendo la aten- rencia, ni estaba acostumbrado a

94.—
separarse del lado de su progeni tora, tras tanto voy a divertirme un poco
tuvo miedo y no quiso ir; pero élla, * .M
mas. . .
con solícito cariño le instó a viajar. *

Y una mañana mojada de rocío, • *

Carau tomó el camino que iba al


pueblo. Y cuando todo había terminado,
Una vez allí, nuestro joven en- cuando hacía días que su madre des-
contró amigos y conoció mujeres cansaba de las maldades e ingrati-
cuyas miradas de fuego bien pronto tudes de este mundo, bajo un mon-
penetraron en su corazón virgen y tón de tierra y a la sombra protec-
sencillo. Vinieron las diversiones, y tora de unos árboles, Carau vuelve
Carau que nunca había experimen- al rancho, con paso lento y compun-
tado la emoción de un jolgorio en- gido. Tenía los ojos colorados de
tre mujeres, se olvidó de todo lo más tantos desvelos.
querido, que hasta entonces había De pronto gritos extraños ruedan
amado: su madre y su rancho. ccmo un run-run agrandándose por
el confín de la llanura. Es Carau que
Y una noche, en momentos en al llegar a su casa donde ayer esta-
que más alegre que nunca se diver- ba concentrada toda su felicidad,
tía, llegó un propio. Venía a llamar- donde había dejado a su madrecita
lo en nombre de su madre, la que, sana y buena, y que hoy la encon-
apenada de su ausencia, se había traba abandonada y a ella muerta,
puesto mal. Le contestó que iría a sentía recién el dolor inmenso de su
verla al día siguiente, y siguió im- irremediable pérdida.
pertérrito la jarana. Y desde entonces todas las ma-
Pasaron tres días, y el esperado ñanas, todos los atardeceres y to-
hijo no regresa. El mismo emisa- das las noches, Carau lloraba incon-
rio vuelve al pueblo y le dice que solable sobre la tumba de su finada
su madre sigue enferma; pero aquel, madre. Y sus gritos de dolor los
que había sentido dormir su juven- arrastró el viento por la verde ex-
tud allá en el limitado sector del tensión de los bajíos hasta quebrar-
rancho de su nacimiento, trabajan- los en el recodo de los caminos si-
do de sol a sol, no hallaba valor pa- lenciosos y luengos.
ra dejar ahora, las orgías y los pla-
ceres del mundo que hasta ayer des- *

conocía. Y nuevamente se volvió a * *

quedar, desoyendo los llamados que


le hacía su madre. Pasado algún tiempo, los vecincr,
Mientras tanto, allá en la casita de los ranchos cercanos, cansados y
materna, la que un día no quería condolidos de oírle llorar todos los
abandonar, un mal desconocido, ha- días, vinieron a consolarle. Y ¡cuán
cía crisis en el cuerpo débil y enve- no sería su asombro! — cuando en
jecido do una mujer, la que en e! vez de encontrar a un hombre, solo
delir o de su agonía, llamaba a gri- hallaron un pájaro extraño, posado
tos desesperados al hijo ausente que como un vigía sobre las ramas que
no quiere regresar. cobijaban la sepultura de la muerta.
Esta noticia llegó a oídos de Ca- Dics había castigado la desobe-
rau mediante un tercer mensajero, diencia de aquel hijo ingrato, que
al que por toda respuesta le dice: habia preferido seguir la gula de las
"Tiempo habrá para llorarla, mien- orgías mundanas, antes que asistir

95.—
a su madre en los últimos momen- triste, se asemeja a la de un ser
tos de su vida. Lo había castigado humano que repite incansablemente
convirtiéndolo en un pajarraco ex- noche y día:
travagante y condenado a gritar to-
da su vida. ¡Carau...! ¡Carau ...!
¡Carau...!

* •
Tiene los ojos enrojecidos, como
cansados de tanto llorar.
Desde entonces existe el Carau,
aquel pájaro zancudo y de plumaje
color café, que vive solitario, posa- VOCABULARIO
do sobre los arbustos que se crían
en las orillas pantanosas de las agua- Antiguos — pobladores primitivos
das y curichis, comiendo turos, sa- Cantos — alrededores, extramuros
pos y culebras, con el cuerpo lleno Propio — mensajero, emisario.
de piojos y cuyo canto doloroso y Turos — caracol.

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