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Historia Del Cristianismo I

Este documento presenta una introducción a la historia del cristianismo desde sus orígenes en el judaísmo en Palestina hasta el siglo V. Explica brevemente el contexto político del judaísmo durante los 400 años entre el Antiguo y Nuevo Testamento, incluyendo las guerras entre los seléucidas y ptolomeos y el levantamiento de los macabeos. También resume la conquista romana y cómo esto creó un ambiente propicio para la expansión del cristianismo. El objetivo es analizar críticamente la historia del crist

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Historia Del Cristianismo I

Este documento presenta una introducción a la historia del cristianismo desde sus orígenes en el judaísmo en Palestina hasta el siglo V. Explica brevemente el contexto político del judaísmo durante los 400 años entre el Antiguo y Nuevo Testamento, incluyendo las guerras entre los seléucidas y ptolomeos y el levantamiento de los macabeos. También resume la conquista romana y cómo esto creó un ambiente propicio para la expansión del cristianismo. El objetivo es analizar críticamente la historia del crist

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IBLI

INSTITUTO BÍBLICO INTEGRAL


CASA SOBRE LA ROCA – IGLESIA CRISTIANA INTEGRAL

HISTORIA DEL CRISTIANISMO I

2do SEMESTRE
CONFERENCIAS CATEDRA DE HISTORIA DEL CRISTIANISMO
I

INTRODUCCIÓN:
JUSTIFICACIÓN: Ecl. 1:9-10
“La infancia gusta de oír la historia, la juventud de hacerla y la vejez de contarla”.
José de la Luz y Caballero.

Hoy en día no respetamos suficientemente el valor del estudio de la historia. Vivimos bajo el dominio
de la ciencia, y el científico no necesita haber estudiado la historia de su ciencia para llegar a ser un
experto en ella, de tal manera que es posible progresar en la ciencia sin haber entendido previamente
la historia. Pero esto no es posible en la filosofía o la teología.
Hasta hace una o dos generaciones los hombres siempre miraban el pasado como un gran tesoro de
sabiduría y conocimiento, pero el éxito de la ciencia moderna y los métodos científicos han
provocado una nueva actitud hacia el pasado. El pasado es nuestra fuente de información vital. Los
escritos de los grandes pensadores del pasado están repletos de instrucción y advertencias para
nosotros; ignorar su sabiduría es abrir la puerta a la superstición y a la presunción.

 Cinco razones importantes para sopesar lo que ofrece la historia:

1. tenemos raíces: no partimos de cero. Toda colectividad, y todo individuo, que pierde sus
raíces está en trance de perder su identidad.
2. la historia nos brinda una lección de humildad.
3. la historia de la iglesia ayuda a comprender muchos problemas teológicos.
4. la historia de la iglesia ayuda a entender ciertas realidades sociales y eclesiásticas.
5. la historia de la iglesia puede convertirse en una fuente de consolación.
J. GRAU.

En la iglesia primitiva empezaron a desarrollarse nuevas formas del pensamiento humano acerca de
Jesús, que fueron rechazadas por la iglesia como insatisfactorias. En una palabra, eran “heréticas”.
La palabra Hairesis, “herejía”, se deriva del verbo que en su forma media significa “escoger”, y de
esta manera viene a ser utilizada para calificar a aquellos que siguen una opinión particular. Como la
utiliza el libro de Hechos 5:17, 15:5, sin tener la connotación despectiva que tiene hoy día. Pero más
adelante, la iglesia como tal, siguió el consejo dado por Pablo de evitar los “partidos” dentro de la
unidad de un sólo cuerpo, ya que Cristo no está dividido (1 Co.1:13). La fe de la iglesia era una, y el
espíritu sectario no debía ser tolerado. La amenaza de conflicto interno es uno de los obstáculos más
serios para que la predicación del evangelio en el mundo tenga éxito, y la iglesia primitiva pronto
descubrió su necesidad de presentar un frente unido en su entorno hostil. “No llamemos invenciones a
lo que no son sino imitaciones”.

OBJETIVO:
Análisis crítico de la historia del cristianismo desde el siglo I hasta el siglo V, desde los tiempos de
Jesucristo, pasando por la iglesia primitiva de Jerusalén y el primer concilio realizado entre la iglesia
apostólica, la iglesia perseguida o la época de los mártires, la iglesia imperial o el gobierno de
Constantino para terminar conociendo algunos personajes dentro de la historia conocidos como los
gigantes de la fe.

1
1. ANTECEDENTES DEL CRISTIANISMO

1.1. EL JUDAISMO EN PALESTINA.


El remanente que en el año 538 a.C., bajo los auspicios del Imperio Medo-persa, regresó de Babilonia
a Palestina, estaba constituido sólamente por un pequeño porcentaje de la población del Reino del Sur o
Judá ya que el reino del Norte o Israel no regresó de su cautiverio en Asiria debido a que se mezcló y
fue absorbido por los pueblos que lo rodeaban, de modo que lo único que quedó de ellos fue una raza
mezclada que vino a constituir el pueblo samaritano que encontramos en el Nuevo Testamento (Ver. 2
R. 17:24-41; Esd. 4:9-10) el cual era despreciado por los judíos (Jn. 4:9). Es en este momento que surge
el pueblo Judío (de la tribu de Judá) propiamente dicho, pues antes del cautiverio el término
generalmente utilizado era "israelita" o "hebreo". Este cambio de nombre va más allá de lo
puramente etimológico e implica un cambio notable en la convicción religiosa del pueblo escogido.
Los judíos finalmente habían entendido que el cautiverio les había sobrevenido debido a su idolatría y
comprendieron que Yahvéh era un Dios celoso que demandaba un culto exclusivo, de modo que a partir de
este momento La Ley, El Templo y El Sacerdocio Aarónico, toman efectivamente el lugar central que les
correspondía en la convicción religiosa del pueblo y es debido a esto que en lo sucesivo encontramos una
oposición tenaz a cualquier influencia que pudiera significar una amenaza contra alguno de estos
elementos.

Antes de continuar adelante es necesario considerar los sucesos acaecidos durante los 400 años
transcurridos entre Malaquías, el último de los profetas del Antiguo Testamento, y el nacimiento de
Cristo, pues las Escrituras dejan un vacío histórico en este lapso de tiempo, debido a que no registran
ningún libro inspirado, por lo cual se conoce este periodo como "los 400 años de silencio". Esta
consideración es muy importante para comprender la situación y los evidentes cambios sociales que se
aprecian a primera vista al adentrarnos en el Nuevo Testamento, con relación a la época de Esdras,
Nehemías y Ester.
Estos sucesos, en lo que atañen al Judaismo en Palestina, son esencialmente de tipo político.

1.1.1. ANTECEDENTES POLITICOS

LAS GUERRAS ENTRE SELEUCIDAS Y PTOLOMEOS


El Imperio llamado a tomar el relevo hegemónico en el Mundo Antiguo fue el Griego en cabeza de
Alejandro el Grande (Ver. Dan. 8:3-8, 20-22). Efectivamente, en el año 331 a.C., Alejandro derrota
definitivamente al Imperio Medo-persa en la batalla de Arbelas, pasando a ser el dominador del mundo
conocido. Alejandro fue el más grande conquistador de los tiempos antiguos, llegando a incursionar hasta la
India en un corto lapso de 10 años; pero no logró vivir mucho para disfrutar su triunfo, pues, estando en
la plenitud de sus capacidades, murió sorpresivamente a la edad de 33 años y su vasto imperio fue
repartido entre sus 4 generales: Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo.
El dominio lo ejercieron alternativamente (Ver Dan. 11), pero mientras los Ptolomeos eran tolerantes
hacia los judíos, permitiéndoles conservar sus costumbres y prácticas religiosas, los Seleúcidas
procuraron imponer por la fuerza la cultura griega a los judíos en perjuicio de sus prácticas y
costumbres. Esta situación alcanzó su clímax durante el reinado del seleúcida Antíoco IV Epífanes que
profanó el Templo dedicándolo al dios griego Zeus y sacrificó un cerdo dentro del mismo, acto
que constituía una abominación e insulto humillante para los judíos. Esta fue la gota que rebosó la copa
y en el año 167 a.C. surge la rebelión de los Macabeos.
LOS MACABEOS
Con este nombre se conoce el movimiento independentista judío encabezado por el sacerdote Matatías y sus
hijos (también conocidos como "Dinastía Asmonea"), que se opuso al dominio y la imposición cultural
del reino Seleúcida bajo el gobierno de Antíoco IV Epífanes.
Este movimiento fue liderado inicialmente por el sacerdote Matatías y continuado por sus hijos Judas,
Jonatán y Simeón, en este orden.
Bajo el mando de este último, se logró un corto y relativo periodo de independencia y paz y el pueblo judío
concedió a los Macabeos y a sus descendientes el gobierno hereditario de la región y posteriormente el
Sumo Sacerdocio que correspondía legítimamente a los descendientes de Aarón. A partir de Simeón, sus
sucesores empezaron a desvirtuar la motivación religiosa inicial del movimiento y se mostraron más
dispuestos a amoldarse a las tendencias culturales griegas o helénicas que, precisamente, habían
suscitado el levantamiento de este movimiento. De cualquier manera, Los Macabeos dieron un nuevo
y renovado impulso al movimiento mesiánico entre los judíos alentándolos a afirmar la esperanza de
un libertador.

LA CONQUISTA DEL IMPERIO ROMANO


Habiendo obtenido una relativa independencia, los Macabeos se trenzaron en luchas intestinas por el poder
civil y religioso que los debilitaron y no les permitieron percatarse del nuevo peligro que se cernía sobre
ellos representado en el poderoso Imperio Romano, que ya venía sobrepujando, por lo menos en lo
político y militar, al Imperio Helénico o Griego. Así estaban las cosas cuando fueron sorprendidos
en el año 63
a.C. por el general romano Pompeyo, que conquistó el país sin hallar ninguna resistencia que
probablemente, aún en la plenitud de sus fuerzas, hubiera sido inútil contra el que se ha llegado a
considerar el más grande poder militar de la historia antigua.
Este nuevo dominio extranjero contra el cual poco podían hacer, fue el que imprimió el empuje final
al anhelo mesiánico al cual se ha hecho referencia anteriormente. A pesar de lo vergonzoso que podía
llegar a ser el dominio romano para los judíos, también es cierto que proveyó un ambiente político
ideal para la expansión del cristianismo, pues los romanos eran expertos en el arte de gobernar con un
apoyo invaluable en su estructura y capacidad militar de modo que prácticamente no existían fronteras
entre los diversos territorios subyugados. El ser ciudadano romano permitía el libre tránsito entre
todos los pueblos mediterráneos garantizando al mismo tiempo la protección de la ley en cualquier
lugar. Este ambiente favorable fue el que se denominó "La Pax Romana". Por otra parte, los
romanos mostraban cierta tolerancia religiosa al amparo de la cual los judíos pudieron continuar
sus prácticas tradicionales sin ser molestados en gran manera y al surgir el cristianismo, los romanos
pensaban en él como otra secta del judaísmo por lo cual le dieron inicialmente el mismo trato que a
éste.

LAS SECTAS DEL JUDAISMO


El cambio de las condiciones durante y después del cautiverio y las luchas internas a las que se hizo
referencia en el punto relativo a los Macabeos, originaron y desarrollaron varias sectas dentro del
judaísmo que desempeñaron un papel generalmente antagónico, pero que no por ello deja de ser importante,
durante el ministerio de Jesucristo y los primeros años de la Iglesia.

LOS FARISEOS
Su nombre proviene de el vocablo hebreo "perusim" que denotaba separación debido al separatismo que
los caracterizaba. Su origen probablemente se remonta a los "Jasideos o Hassidim" (devotos), Para
ellos lo importante era asegurarse de cumplir la Ley aún en los momentos difíciles. Fue la única
secta del judaísmo que sobrevivió a la destrucción del Templo en 70 d.C. y dieron origen al
judaísmo rabínico de nuestros días.
LOS SADUCEOS
Era el partido sacerdotal y aristocrático del judaísmo. Sus doctrinas fueron opuestas a las de los fariseos. Se
cree que su nombre proviene del Sumo Sacerdote Sadoc, Aceptaban sólo el Pentateuco como inspirado
por Dios y esto, unido al hecho de ser sacerdotes, fue la causa de que su interpretación de la Ley girara
alrededor de la ley ritual y del mantenimiento del culto en el Templo.
LOS ZELOTES
Palabra proveniente del griego que significaba "celoso". La voz hebrea "cananita" tenía el mismo
significado. Este era un movimiento subversivo de corte político-religioso cuyo origen parece ser la
insurrección de Judas el Galileo contra los romanos en el año 6 d.C. (Hc. 5:37).

LOS ESENIOS
La Biblia no hace referencia a esta secta, pero fuentes históricas confiables como Josefo, Filón y Plinio
el Mayor nos han dejado evidencias de la existencia de esta comunidad que ha tomado gran
importancia en nuestro siglo debido al descubrimiento de Los Rollos del Mar Muerto en las cuevas de
Qumrán, hallazgo cuya autoría se ha atribuido a este grupo.

LOS HERODIANOS
Nombrados en los evangelios (Mt. 22:16; Mr. 3:6; 12:13), no se sabe con certeza acerca de su carácter
y doctrina. Se supone que se trataba de un movimiento político judío que simpatizaba especialmente
con la casa de Herodes (Antipas) por encima de los procuradores romanos, quizá con la esperanza
del restablecimiento del reino davídico.

EL SANEDRIN
Del vocablo griego "synedrion" que significaba "un conjunto sentado". Sanedrín fue el nombre dado
al concilio o consejo judío establecido en los últimos 2 siglos a.C. y activo hasta el 70 d.C. Era un
cuerpo de la aristocracia sacerdotal y de la nobleza, compuesto por 71 miembros, con sede en
Jerusalén. Trabajaba bajo la dirección del Sumo Sacerdote y tenía funciones legislativas, ejecutivas y
judiciales. Su autoridad variaba según el régimen político. Durante la época romana (63 a.C. - 70
d.C.), especialmente bajo los procuradores, este cuerpo era prácticamente la última autoridad en Judea.
Presidido por el Sumo sacerdote, estaba conformado en su mayoría por los saduceos con una menor
participación de escribas eruditos de entre los fariseos y otro porcentaje menor de miembros laicos
nobles. Los rabinos atribuían su origen a Moisés (Nm. 11:16). Este tribunal fue el que dictó la sentencia
de muerte de Jesucristo que fue confirmada después por el procurador Poncio Pilatos.

LA DINASTIA IDUMEA (HERODES)


Se conoce con este nombre la familia que gobernó la región de Palestina, bajo los auspicios de
Roma, durante la época de Jesucristo, iniciada por Antipatro y su hijo Herodes El Grande. Su
nombre se debe a su origen idumeo. Los idumeos eran los mismos edomitas o descendientes de Edom o
Esaú (hermano de Jacob) que habitaban al sureste de Judea.
La siguiente es la lista de los reyes de esta dinastía nombrados en el Nuevo Testamento:
- Herodes El grande fue el más destacado de esta familia, tiene méritos como gobernante, edificó ciudades
de corte helenistico-romano en honor de sus protectores, los emperadores romanos, y les dió el nombre
de ellos como Cesarea y Sebaste además de otras edificaciones destacadas. En 20 a.C. emprendió
la construcción del tercer Templo que se ha denominado Templo de Herodes pero que en realidad
era el mismo segundo templo llamado "de Zorobabel", reedificado en la época de Esdras y
Nehemías. llevándole entonces cerca de 82 años concluir esta labor. Tan sólo 8 años después de
concluido, los ejércitos romanos al mando de Tito despojaron y destruyeron este templo. En la
actualidad se levanta en el mismo sitio la Mezquita de Omar.

- Arquelao era hijo del anterior y a la muerte de su padre y consecuente división de su territorio entre sus
hijos, fue confirmado por Roma para gobernar Judea. Fue semejante a su padre en sus actos de crueldad
(Mt. 2:22).
- Herodes Antipas, también hijo de Herodes El Grande, le correspondió el gobierno de las provincias de
Galilea y Perea. Su reinado coincidió con el ministerio de Jesucristo en Galilea. Es mencionado
repetidamente en los evangelios. Jesucristo se refirió a él en un tono de desprecio (Lc. 13:32). Fue el
responsable de la encarcelación y ejecución de Juan El Bautista (Mr. 6:17-29) y a él fue remitido Jesucristo
por Pilatos para su juicio (Lc. 23:6-7).

- Herodes Agripa I, sobrino del anterior, llegó a gobernar un territorio casi tan extenso como el de
su abuelo Herodes El Grande (Judea, Samaria, Galilea, Perea, Idumea, entre otros). Ordenó la muerte
de Jacobo el hermano de Juan y posteriormente la encarcelación de Pedro (Hc. 12:1-5). Su muerte es
relatada por Lucas en Hechos 12:20-23.

- Herodes Agripa II, hijo de Herodes Agripa I. El y su hermana Berenice escucharon la defensa de
Pablo ante Festo en Cesarea y por poco es persuadido a convertirse (Hc. 26).

EL MOVIMIENTO MESIANICO
A pesar de la diversidad de sectas dentro del judaísmo, existían dos elementos comunes a todas ellas
como son:

 EL MONOTEISMO ETICO
El monoteísmo ético sostenía que hay un sólo Dios y que este Dios requiere, aún más que el culto
apropiado, la justicia entre los seres humanos. Las diversas sectas podían estar en desacuerdo respecto de
lo que esa justicia quería decir en términos concretos. Pero en cuanto a la necesidad de honrar al Dios
único con la vida toda, todos concordaban.

 LA ESPERANZA ESCATOLOGICA
Todos los partidos del judaísmo también coincidían en su creencia firme de que llegaría el día cuando
Dios intervendría en la historia para restaurar a Israel y cumplir sus promesas de un reino de paz
y justicia. Algunos pensaban que su deber estaba en acelerar la llegada de ese día recurriendo a las armas
(los Zelotes). Las otras facciones creían que la manera de apresurar esta intervención era practicando la
justicia, según el concepto que cada una de ellas tenía de ésta. Y precisamente era este concepto el que
condicionaba la idea que cada una de ellas tenía del Mesías. Estas ideas eran esencialmente 4 a saber:

 EL PROFETA
Para muchos de los judíos el Mesías era un profeta. Los discípulos de Juan El Bautista que
llegaron a creer que él era el Mesías sostenían este punto de vista.
 EL SACERDOTE
Esta idea surgió con la figura de Judas Macabeo, de ascendencia aarónica, toda vez que su padre
Matatías era sacerdote. Los saduceos defendían esta concepción que era por demás favorable a su
condición. Según ellos el Mesías debía ser de origen levítico-sacerdotal.
 EL ANGEL
Esta es la tendencia de carácter mesiánico sobrenatural. Para ellos la intervención vendría del cielo. El
Mesías era pre-existente y de carácter sobrehumano. Los que se adherían a este concepto evocaban
la imagen del ángel libertador en la noche de la salida o éxodo de Egipto.
 EL REY
Este era el Mesías ideal de los Zelotes. Un caudillo militar que los libertaría del dominio gentil y los pondría
a la cabeza de todos los pueblos de la tierra.
1.1.2. EL JUDAISMO DE LA DISPERSION
La Sinagoga en reemplazo del Templo y El Escriba o Doctor de la Ley (Esdras 7:12) en lugar del
sacerdote. También las labores usuales de los judíos cambian durante este periodo de las labores
agrícolas (pastoreo, ganadería, agricultura) al comercio.
En relación con el judaísmo de la dispersión, existen otros factores de tipo cultural que influyeron
notablemente en él y que estudiaremos más en detalle a continuación:

ANTECEDENTES CULTURALES

1.1.3 LA CULTURA HELENICA O HELENISMO


Este es el nombre que se le da a la cultura griega que se impuso en todos los pueblos conquistados por
Alejandro El Grande. Básicamente consiste en el legado cultural de los griegos con algunos pequeños
aportes de los pueblos sometidos. La cultura griega era muy elevada (eran grandes pensadores, artistas y
filósofos) y ejercía un gran atractivo sobre los habitantes de los territorios que se hallaban bajo el
control de Grecia, incluyendo a los judíos.

LA LENGUA FRANCA
A pesar de ser una consecuencia de lo anterior, este punto amerita ser tratado aparte, ya que hasta la
fecha no se ha encontrado un idioma tan rico y con tantos matices como el "griego koiné" o griego
común. Esto representó una ventaja para el cristianismo pues colocó las Sagradas Escrituras al
alcance de todos por medio de La Septuaginta, versión en griego del Antiguo Testamento,
traducida del hebreo por los judíos helenistas de Alejandría.

LA FILOSOFIA GRIEGA
Debido a que los judíos de la Dispersión se veían obligados a defender su fe a cada paso frente a
aquellas gentes de cultura helenista para quienes la fe de Israel resultaba ridícula, anticuada o
ininteligible; éstos se vieron en la necesidad de adoptar la lógica de la filosofía griega para tratar de
demostrar la compatibilidad entre ésta y la revelación bíblica. El principal representante de esta
tendencia fue el filósofo judío Filón, en Alejandría.

EL MUNDO GRECOROMANO
Aunque ya ha quedado esbozada una visión panorámica del mundo grecoromano en los aspectos político
y cultural, existen otros factores de carácter religioso a saber:

ANTECEDENTES RELIGIOSOS
El imperio procuraba fomentar la unidad en sus dominios por medio de la uniformidad religiosa que se
lograba mediante el sincretismo y el culto al emperador.

EL SINCRETISMO
El sincretismo no es otra cosa que la mezcla indiscriminada de religiones; fue impulsado por Roma
como lo evidencia el Panteón romano ("templo de todos los dioses") donde hallaban cabida los dioses
provenientes de las más diversas regiones. El sincretismo era la moda religiosa de la época y obedecía a
motivaciones políticas más que religiosas, pues estaba muy lejos de satisfacer las necesidades
espirituales de los corazones nobles y sencillos, de modo que lo único que logró en el campo
religioso, fue hacer patente la gran deficiencia espiritual tanto de las mitologías griega y
romana como de las "religiones de
misterio".1
EL CULTO AL EMPERADOR
En este culto lo único que se pretendía era conferir un carácter religioso a la lealtad política, de modo
que quien se negaba a rendir este culto era visto como traidor al estado.

En contraste con lo anterior y a pesar de la diversidad de sectas en su seno, el judaísmo ofrecía una
religión basada en un monoteísmo ético y una esperanza escatológica, que sí satisfacía los anhelos
espirituales de un buen número de gentiles que anhelaban conocer la verdad con sinceridad de
corazón. Esta es la causa por la cual encontramos que las sinagogas del judaísmo de la Dispersión
abrian sus puertas a dos categorías de gentiles conocidos en el Nuevo Testamento como prosélitos
(Hc. 13:43) y devotos o temerosos de Dios (Hc. 10:2; 13:16; 18:7).

CUESTIONARIO DE REPASO

1. De donde proviene el nombre "judío" y en que se diferencia el judío del N.T. del hebreo o
israelita del A.T.?
2. Cuales son los tres elementos religiosos principales en la vida del judaísmo?
3. Con que nombre se conoce el periodo comprendido entre el final del A.T. y el inicio del N.T. y
por qué?
4. Cales son los antecedentes políticos del Cristianismo?
5. Que imperio sucedió al Medo-persa y bajo la dirección de qué rey?
6. Cual fue la causa de la aparición de Los Macabeos?
7. Que imperio desplazó a los griegos y que aspectos de ese imperio representaron ventajas para
la expansión del Cristianismo?
8. Cuales eran las principales sectas del judaísmo y cual de ellas tenía la doctrina correcta?
9. Cual fue la secta que sobrevivió a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.?
10. Cual era la secta que controlaba El Sanedrín?
11. En que puntos se oponía la doctrina de los Saduceos a la de los Fariseos?
12. De donde proviene el término sicario?
13. Cual era la secta de carácter ascético y a que debe su importancia?
14. Que funciones ejercía El Sanedrín y quién lo presidía?
15. Mencione los miembros de la Dinastía Idumea que tienen relevancia en el N.T., para la historia
del Cristianismo.
16. Cuales eran los dos elementos comunes a todas las sectas del judaísmo?
17. Cuales eran las 4 formas clásicas en que los judíos concebían al Mesías?
18. Cuales fueron las causas de la aparición de la Sinagoga y el Escriba o doctor de La Ley?
19. Qué es el Helenismo
20. Por que medios el Imperio Romano fomentaba la uniformidad religiosa en su territorio?
21. Que nombre recibían los gentiles que mostraban interés en la religión judía y asistían a la sinagoga?
2 LA IGLESIA APOSTOLICA
IGLESIA Etimología: Jesús se refirió solo en dos ocasiones a la iglesia (Mt 16.18; 18.17). La
palabra iglesia se deriva del sustantivo griego ekklesía (de ek-kaleo que significa llamar fuera), una
asamblea pública, generalmente de orden político (de polís que significa ciudad), convocada por un
heraldo oficial. En el Nuevo Testamento, en singular, iglesia se refiere a alguna congregación local y

1
Religiones antiguas, propias de cada región, cuyos dioses tenían un carácter más personal y cuyas doctrinas se basaban
en supuestos mitos o misterios acerca del origen del mundo o de la historia del dios en cuestión.
específica (Hch 11.22; 13.1), pero a veces también a varias congregaciones (Gl 1.13; Hch 9.31),
aunque hay poca distinción entre el singular y el plural (cf. 1 Co 10.32; 11.16; Gl 1.13, 22).

La Iglesia Apostólica abarca un periodo comprendido aproximadamente entre el año 30 d.C. y el 100
d.C. (Ascención de Cristo y muerte de Juan respectivamente) y comprende todo el periodo durante
el cual ejercieron su ministerio los 12 apóstoles. Para un mejor estudio de este periodo lo dividiremos
en tres subperiodos claramente identificados en los Hechos de los Apóstoles y el N.T.

2.1 LA IGLESIA DE JERUSALEN


La historia de la Iglesia propiamente dicha, se inicia con el bautismo del Espíritu Santo a los 120
discípulos congregados en el aposento alto en el día de Pentecostés (6 de Siván en el calendario
hebreo que corresponde a mayo-junio de nuestro calendario) del año 30 d.C. (Ver Hc. 1:13-15; 2:1-
47). Este acontecimiento tuvo un efecto triple en los discípulos:
- Iluminó sus mentes dándoles un nuevo concepto del Reino de Dios, que no era un imperio político
como ellos lo creían (ver Hc. 1:6) sino un reino espiritual, donde el Señor ascendido gobernaba
activamente a todos los que le aceptaron por la fe.
- Les vigorizó, impartiendo a cada miembro un fervor de espíritu y un poder de expresión que hacía el
testimonio de ellos convincente para quienes los escuchaban.
- Marcó el inicio de una nueva dispensación en la cual este Espíritu Divino moraría en la Iglesia como
una presencia permanente; no en su organización o maquinaria, sino como la posesión individual y
personal de cada verdadero creyente.
La sede de la iglesia de Jerusalén probablemente era el aposento alto en el monte
de Sión y el pórtico de Salomón en el Templo.

2.1.1. COMPOSICION DE LA IGLESIA DE JERUSALEN


Esta iglesia estaba conformada en su totalidad por judíos de las 3 clases ya mencionadas en la primera
unidad (judíos de Palestina, judíos de la Dispersión y judíos gentiles o prosélitos). Ni siquiera los
Apóstoles pudieron entender en un comienzo que el evangelio incluía a los gentiles y la única forma en
que concebían que uno de ellos llegara a ser cristiano era haciéndose primero judío (prosélito) y
luego aceptando a Jesús como el Mesías. Esto se debía a que los primeros cristianos no creían
pertenecer a una nueva religión. Su fe no consistía en una negación del judaísmo, sino más bien en la
convicción de que la edad mesiánica, tan esperada por el pueblo hebreo, había llegado. Esto es cierto, no
sólo de los doce, sino del mismo Pablo según lo expresa a los judíos en Roma hacia el final de su
carrera: "por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena" (Hc. 28:20). La iglesia de Jerusalén
tuvo que afrontar dos tipos de persecución a saber:

PERSECUCION RELIGIOSA
Esta es la persecución propiciada por el Sanedrín que ya hemos tratado en el punto anterior. Bajo
esta persecución cae Esteban, el primer mártir cristiano y es debido a ella que el evangelio
empieza a expandirse más allá de las fronteras de Judea. Los judíos de la Dispersión también
fomentaron este tipo de persecución en todos los lugares a donde llegaban los misioneros cristianos, como
se puede notar en los viajes de Pablo, quien también fue, en su condición de fariseo inconverso,
instrumento de esta misma persecución. Los judíos solamente estuvieron en condiciones de perseguir a los
cristianos hasta el 70 d.C. A partir de este momento algunos "cristianos" comienzan equivocadamente a
incubar un sentimiento antisemita, que terminó desembocando en el "holocausto" de los nazis en el cual
perdieron la vida cerca de seis millones de judíos.

PERSECUCION POLITICA
Es la persecución originada por las autoridades seculares, en este caso romanas. La primera de ellas se
dio bajo el gobierno de Herodes Agripa I, quien probablemente para complacer a la dirigencia judía e
inclusive
por instigación de ella, procedió a perseguir a los cristianos en Jerusalén dando muerte a Jacobo,
hermano de Juan y encarcelando a Pedro, quien escapó milagrosamente (Hc. 12). Posteriormente esta
persecución también trasciende las fronteras de Judea produciendo un gran número de mártires bajo la
dirección de los propios emperadores del imperio.

2.1.2. DOCTRINA
Al principio, la teología o creencia de la Iglesia era simple. La doctrina sistemática fue desarrollada más
tarde por Pablo. De cualquier modo, hay tres puntos que resaltan de manera prominente en la
predicación de los apóstoles y que son considerados esenciales:
- Jesús de Nazaret era El Mesías, el Cristo largamente esperado por Israel a quien cada miembro de
la iglesia debía demostrar lealtad personal, reverencia y obediencia.
- El segundo punto era la Resurrección de Jesús, es decir que después de haber sido crucificado,
había resucitado de entre los muertos para vivir como la cabeza de su iglesia y no morir jamás.
- En tercer lugar encontramos la segunda venida de Cristo, es decir que aquel que había ascendido a
los cielos, a su tiempo volvería a la tierra y reinaría sobre su iglesia.

2.1.3. DIRIGENTES
En una iglesia comparativamente pequeña en número, todos en una ciudad, todos de una raza, todos
absolutamente obedientes a la voluntad de su Señor ascendido y todos en comunión con el Espíritu de Dios,
poco gobierno era necesario. Este gobierno era administrado por los doce apóstoles, quienes actuaban como
un cuerpo, siendo Pedro su portavoz. A pesar de lo anterior, sobresale en la narración de los Hechos
los nombres de Pedro y Juan, pero ésto no obedece a que hubieran sido formalmente constituidos
como dirigentes por sobre los demás, sino que Pedro tenía un don natural de liderazgo que le hizo
destacarse desde un comienzo por encima de los otros apóstoles. Fue esta circunstancia la que lo lleva a
asumir la voceria y el liderazgo de la iglesia de Jerusalén del mismo modo que Juan había llegado a esta
misma condición debido a su carácter místico. Pablo menciona que ellos dos, junto con Jacobo, "eran
considerados como columnas" (Gal. 2:9). Además de estos; Jacobo, el hermano del Señor (Gal.
1:19) también gozaba de gran autoridad. Aunque Jacobo no era uno de los doce, Jesús se le había
manifestado poco después de la resurrección (1 Cor. 15:7) y se había unido al número de los discípulos,
donde pronto gozó de gran prestigio y autoridad. Según Pablo, él era la tercera "columna" de la iglesia
de Jerusalén (Gal. 2:9) y hay razones para suponer que, en cierto sentido, estaba por encima de
Pedro y Juan (la decisión final en el concilio de Jerusalén es tomada por él. Hc. 15:19).

2.1.4. OCASO DE LA IGLESIA DE JERUSALEN


A partir de la conversión de Saulo de Tarso, la iglesia de Jerusalén pierde protagonismo en los Hechos de
los Apóstoles, lo cual no significa que deje de ser importante, pero a partir de la persecución de Herodes
Agripa I, la base de operaciones del cristianismo en general comienza a trasladarse a Antioquía de Siria;
una iglesia de mayoría gentil. Además la persecución empezó a abarcar también a sus dirigentes y es así
como en el año 62 d.C., Jacobo, el jefe de la iglesia, es muerto por iniciativa del Sumo Sacerdote y aún
contra la oposición de algunos fariseos. Otro factor que contribuye al ocaso de la iglesia de Jerusalén es
la guerra nacionalista dirigida por los Zelotes contra los romanos en el 66-70 d.C., que concluye con la
destrucción de Jerusalén.
Sus dirigentes consideraron la profecía de Lucas 21:20-24 y decidieron que lo mejor era huir de modo
que se trasladaron a Pella, una ciudad en la provincia romana de Decápolis al este del Jordán.

Esta decisión también obedecía a un propósito práctico de evitar las sospechas por parte de los romanos ya
que los cristianos se confesaban seguidores de uno que había muerto crucificado por los romanos y
que pertenecía al linaje de David y un movimiento con estas características, tenía que parecer sospechoso
ante los
ojos de los romanos. Aún más, tras la muerte de Jacobo el hermano del Señor, aquella antigua iglesia
siguió siendo dirigida por los parientes de Jesús y la jefatura pasó a Simeón que pertenecía al mismo
linaje. Poco tiempo después, alguien acusó a Simeón como descendiente de David y como cristiano y este
nuevo dirigente de la iglesia judía sufrió el martirio. La mayor parte de los judeo-cristianos vivían en la
creencia de que era perpetua obligación la de observar las prescripciones de la Ley. Después de terminada
la guerra salieron de Pella y se establecieron entre las ruinas de la ciudad, permaneciendo allí hasta el
reinado de Adriano (136 d.C.), fecha en la cual el terreno fue vedado para todos los judíos como
represalia por la rebelión final de "Barcokebas o Bar Kosebá ". Los numerosos judíos que
permanecieron en Decápolis constituyeron una iglesia diferente que sobrevivió hasta el siglo V. En
aquellos lejanos parajes el cristianismo judío entró en contacto con varios otros grupos que en fechas
anteriores habían abandonado el judaísmo ortodoxo y se habían refugiado más allá del Jordán. Dentro de
ellos se destacan los ebionitas y los nazarenos siendo estos últimos los que más se acercaban a la
ortodoxia cristiana. Otros optaron por integrarse totalmente a la iglesia cristiana gentil y los demás
siguieron viviendo como "creyentes secretos" entre los judíos.

2.2. LA IGLESIA ENTRE LOS GENTILES

2.2.1. PRIMEROS PASOS


Es notorio el hecho de que la Iglesia de Jerusalén era poderosa en la fe y en el testimonio, pura en su
carácter y abundante en el amor. Pero su singular defecto era su falta de celo misionero. Aunque
esto es comprensible si tenemos en cuenta que ellos no concebían que el evangelio incluyera a los
gentiles, de cualquier modo hizo necesario un estímulo adicional que se materializó en la forma de
una severa persecución. Esta persecución propiciada por El Sanedrín y encabezada por un joven fariseo,
celoso hasta el fanatismo, llamado Saulo de Tarso; fue la que obligó a los primeros cristianos a rebasar
los estrechos límites de Judea y Galilea.
Como lo anotabamos anteriormente, en un comienzo la persecución religiosa se centró de manera especial
en los convertidos del judaísmo de la Dispersión . Este hecho también fue providencial ya que entre los
judíos, este era el grupo que guardaba menos reservas hacia los gentiles (Hc. 11:19-20) y es por eso
que Felipe, judío de la Dispersión nombrado como unos de los siete diáconos, obligado a huir a causa de
la persecución para no tener que sufrir la misma suerte de Esteban; es el encargado de llevar el evangelio
más allá de las fronteras de Judea hasta la región de Samaria (Hc. 7:5). Este hecho demuestra que
Felipe en cierta medida se había liberado de los prejuicios de su raza, pues aunque los samaritanos no eran
judíos, tampoco se les puede catalogar como gentiles sino mas bien como una raza mixta (medio
gentil - medio judía) por demás despreciada por los judíos (Jn. 4:9). En esta primera incursión del
evangelio en terrenos del paganismo y a partir de ella, también podemos apreciar cómo se suscita la
oposición frontal de los poderes de Satanás, que veía vulneradas sus fortalezas y contemplaba cómo,
efectivamente, "las puertas del Hades no prevalecerían sobre la Iglesia" (Mt. 16:18). Esta oposición es
triplemente personificada en las figuras de Simón el mago (Hc. 8:9), Barjesús o Elimas (Hc. 13:6-
8) y "la muchacha que tenía espíritu de adivinación" (Hc. 16:16-18). Hechos también nos relata el
episodio del bautismo de un etíope, eunuco, alto funcionario de la reina de Etiopia, tesorero del reino,
que había venido a Jerusalén para adorar (Hc. 8:27). Este bautismo estuvo a cargo del mismo Felipe que
llevo el evangelio a Samaria (conocido más tarde como "Felipe el evangelista" para hacer honor a su
labor permitiéndonos diferenciarlo del apóstol del mismo nombre) bajo la guía directa del Señor (Hc.
8:26). Si bien es cierto que este etíope era de origen netamente gentil también lo es el hecho de que
voluntariamente subía a Jerusalén para adorar y leía al profeta Isaías (Hc. 8:28); lo cual es indicio
probable de que ya fuera un prosélito, por lo cual este acontecimiento no se puede tomar como
la entrada y aceptación oficial de los gentiles en la Iglesia. Debido a la actitud de la Iglesia de
Jerusalén hacia los gentiles, se hizo necesario que Dios levantara a un apóstol libre de los prejuicios
judíos y con una preparación y capacidad intelectual sobresaliente, para llevar el evangelio a los gentiles en
términos racionalmente convincentes para ellos. Saulo de Tarso.
2.2.2. ACEPTACION OFICIAL DE LOS GENTILES EN LA IGLESIA
Contrariamente a lo que podría pensarse y a pesar de haber sido designado por Dios, como el "Apóstol de la
incircuncisión" (Gal. 2:7-8); no le correspondió a Pablo el autorizar la entrada oficial de los gentiles dentro
de la Iglesia sino que tuvo que esperar a que otra persona se hiciera cargo de este trascendental asunto
para poder comenzar de lleno su ministerio. Este papel estaba reservado para Pedro, bajo la guía
directa del Señor. La historia posterior nos permite ver la conveniencia de esta decisión divina, pues
aunque Pablo siempre enfrentó en mayor o menor grado, oposición de parte de los cristianos
judaizantes, es también evidente que esta oposición podría haber sido mucho más marcada y
perjudicial de no haber mediado la aprobación de los dirigentes de la iglesia de Jerusalén a su
ministerio (Gal.2:9), aprobación que tuvo su origen precisamente en la experiencia de Pedro con
Cornelio (Hc.11:1-18).

2.2.3. METODOLOGIA MISIONERA DE PABLO


Los viajes del Apóstol Pablo son de todos conocidos, y en todo caso cualquier persona puede seguirlos
leyendo en el libro de los Hechos. Por tanto no nos detendremos aquí a seguir el itinerario de estos
viajes. Baste señalar que la espera de Pablo para poder iniciar su ministerio se prolongó hasta
cerca de ocho años, al cabo de los cuales Bernabé fue a buscarlo a su ciudad natal: Tarso de Cilicia
y le llevó a Antioquía de Siria, donde trabajaron juntos por espacio de un año y donde los cristianos
recibieron ese nombre por primera vez (Hc. 11:19-26). También eran conocidos como "los del
Camino" (Hc. 9:2; 19:9, 23; 22:4) o "la secta de los nazarenos" (Hc. 24:5).
Se observa durante los viajes de Pablo una metodología aplicada rigurosamente en tanto las circunstancias
lo permitieran:

o BUSCAR UNA SINAGOGA EN TODO LUGAR AL QUE ARRIBABA


Esto obedecía a la convicción de Pablo de que el evangelio era el anuncio del cumplimiento de las profecías
antiguas del pueblo judío, por lo cual él acudía "al judío primeramente" (Rom. 1:16). En esto concordaba
con el Señor que declaró que "no era enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt. 15:24)
y ordenó lo mismo a sus discípulos "... id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 10:5-6).

También existían razones prácticas para obrar de esta manera, pues su condición de fariseo lo investía
de autoridad para presidir en la sinagoga, contando de antemano con un auditorio nutrido entre el cual
podía haber algunos prosélitos y devotos de entre los gentiles. Usualmente la generalidad de los
judíos de la sinagoga era reacia a recibir el mensaje del evangelio, pues a pesar de que algunas veces
lo acogían, tan pronto se daban cuenta que Pablo no hacía distinción entre judíos y gentiles, los celos
los impulsaban a oponerle resistencia y hostilizarlo verbal y físicamente, hasta el punto de que
en la mayoría de ocasiones tuvo que huir para evitar una muerte prematura. La excepción a esta
tendencia general la constituyó la sinagoga de Berea (Hc. 17:10-12). También hubo ocasiones en las
cuales Pablo no tuvo una sinagoga a su disposición como en el caso de Listra (Hc. 14:8-23) y Filipos
(Hc. 16:11-40).

o CONFIRMAR LAS IGLESIAS ESTABLECIDAS


Esta fue otra característica del ministerio de Pablo. No se limitaba a la mera exposición del evangelio con
sus consecuentes convertidos, sino que se preocupaba por el establecimiento de iglesias en cada lugar
visitado y su ordenado y sano crecimiento y desarrollo, para lo cual constituía pastores y ancianos en cada
una de ellas, que estuvieran en condiciones de velar satisfactoriamente por el rebaño.
Una vez concluido cada viaje, volvía sobre sus pasos para supervisar su obra, animando y exhortando
a sus "hijos espirituales" para que perseveraran en la fe y siempre que podía, cuando el itinerario de
su viaje se lo permitía, visitaba de nuevo las iglesias establecidas en anteriores viajes. Esta
preocupación también se refleja en las trece epístolas atribuidas a él, que eran una manera de suplir la
incapacidad de acudir prontamente a las iglesias que tenían algún problema específico que requiriera
soluciones inmediatas.

Adicionalmente a los anteriores, existían otras pautas que se repetían durante el ministerio paulino y
aunque no eran de carácter imperativo, no por ello dejan de ser importantes y merecen considerarse en
este estudio:

o VIAJAR EN GRUPO
En este aspecto Pablo siguió la instrucción de marchar de dos en dos, dada por Jesucristo a los doce
apóstoles y al grupo de los setenta; añadiendo en lo posible una persona a su comitiva. Es así como en el
primer viaje le acompañan Bernabé y Juan Marcos. Para el segundo y debido a las posturas radicales y
opuestas de Pablo y Bernabé acerca de las deserción de Juan Marcos en Perge (Hc. 15:36-40), el grupo
se divide y Pablo sale acompañado por Silas (Silvano) recogiendo en el camino a Timoteo en Listra
(Hc. 16:1-3) y a Lucas en Troas. En las pocas ocasiones en que Pablo marcha solo, lo hace obligado
por las circunstancias y no por voluntad propia (por ejemplo en Atenas y Corinto, en donde se le añaden
brevemente hasta Efeso la pareja de Aquila y Priscila). En todo caso, a partir del segundo viaje, Pablo
cuenta con la compañía incondicional, fiel y casi permanente de Timoteo y Lucas.

o MARCHAR CON UN JOVEN APRENDIZ


Esta característica está íntimamente ligada a la anterior. En el primer viaje el llamado a ocupar este lugar
era Juan Marcos, pero a partir del segundo es Timoteo quien lo reemplaza en esta posición. Tal vez Pablo
quería asegurar la continuidad de su obra y de su ministerio, entrenando a un joven e instruyéndolo en
su visión particular del evangelio.

o RENDIR UN INFORME A LA IGLESIA


Usualmente Pablo regresaba ya sea a Antioquía o a Jerusalén y rendía un informe de su labor entre los
gentiles.

o NO EDIFICAR SOBRE FUNDAMENTO AJENO (Rom. 15:20-21)


Predicar el evangelio solamente donde Cristo no hubiera sido nombrado, para no entrar en la obra
de otro y evitar "gloriarse desmedidamente en trabajos ajenos" (2 Cor. 10:13-16).
Esta norma tuvo su excepción en Roma, ciudad en la cual ya existía una pequeña iglesia establecida a
la llegada de Pablo. Iglesia cuyo fundador no se conoce. La razón de ésto la da el Apóstol en Romanos
15:23- 24 y su motivación para ello está registrada en Romanos 1:11-15. Es normal que Pablo quiera visitar
Roma a pesar de que ya hubiera una iglesia establecida allí, pues como "Apóstol de los gentiles" es apenas
natural que quisiera pasar por la ciudad gentil por excelencia: la capital del imperio gentil. Además,
esperaba la ayuda de la iglesia romana para llegar hasta España, el límite occidental del imperio, pues
se consideraba "deudor" del evangelio a todo el mundo.

o ACOMODAR SU MENSAJE A SUS OYENTES


Significa que él preparaba su mensaje de tal manera, que sus oyentes pudieran entenderlo plenamente
con los recursos y elementos de los que disponían 1 Cor. 9:19-22. En el primer caso presenta a
Cristo relacionándolo con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y aludiendo a las Escrituras judías (Hc.
13:16-41); en el segundo lo hace con gran elocuencia, refiriéndose a la cultura y filosofía griegas,
citando incluso a sus poetas y recurriendo a sus dioses (Hc. 17:18-31) y en el último echa mano de los
beneficios divinos que todos los hombres están en capacidad de percibir y apreciar (Hc. 14:15-17).
2.2.4. IGLESIAS DESTACADAS EN LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES

o IGLESIA DE JERUSALEN
Aunque no es una iglesia gentil, no se puede desconocer la importancia de la Iglesia de Jerusalén en esta
lista, pues entre las iglesias gentiles, la de Jerusalén fue tenida en gran estima y reverencia ya que la
consideraban "la iglesia madre". Pablo mismo señala la obligación de los gentiles hacia Jerusalén en
Hechos 15:26-27.

o IGLESIA DE ANTIOQUIA DE SIRIA


Esta es la iglesia gentil por excelencia. Fue en este lugar donde se originó el nombre de cristianos. Se
constituyó en el centro de operaciones de los viajes misioneros de Pablo y rápidamente superó en
el número de miembros a la iglesia de Jerusalén. Contó entre sus integrantes con muchos ministros
destacados (Hc. 13:1-2). Cuando Jerusalén fue destruida en el 70 d.C., Antioquía de Siria pasó a
desempeñar el papel de liderazgo que hasta entonces le había correspondido a aquella.

o IGLESIA DE EFESO
Fue la iglesia más importante de Asia menor. Pablo pasó uno de los periodos más largos de su
ministerio nómada en esta ciudad (dos años según Hechos 19:10). Desde aquí se propagó el evangelio a
las ciudades más importantes de Asia Menor, entre ellas las "siete iglesias del Apocalipsis" (Apo. 2-
3). La tradición señala que el apóstol Juan ejerció su ministerio en esta iglesia durante los últimos años
de su vida hasta su deportación a la cercana isla de Patmos.

o IGLESIA DE CORINTO
Su importancia radica en que era la "iglesia cosmopolita" de la época, en la cual confluían todo tipo de
personas. Ubicada en la provincia de Acaya (antigua Grecia) contaba entre sus miembros con griegos
cultos, instruidos en la filosofía, las letras y la mitología del helenismo e igualmente con comerciantes
adinerados de todo el mundo conocido, gracias a su condición de puerto importante en el Mediterráneo.

o IGLESIA DE ROMA
Esta iglesia es notable por su condición de capital del imperio romano. Era la iglesia imperial. Aunque
en sus comienzos su papel fue secundario y pasó desapercibido ante la labor de iglesias como la de
Antioquía de Siria y la de Jerusalén, con el paso del tiempo hizo valer su posición hasta extremos realmente
perjudiciales para la autonomía de todas las demás iglesias bajo el gobierno del imperio.

2.2.5. LA GRAN CONTROVERSIA


La gran controversia en la iglesia gentil, íntimamente relacionada con la vida de Pablo, según consta en sus
epístolas y que ocupó mucho de su tiempo, molestándole más que cualquier otro asunto, consistió en si
se requería que los gentiles llegasen a ser judíos antes que pudieran ser cristianos; o, en otras
palabras, si debían ser circuncidados para ser salvos. Los judíos esperaban que todos los convertidos
del Mesías se sujetarían a la Ley y adoptarían la vida prescrita en ella así como las tradiciones
judaicas; en resumen, su concepción del reino del Mesías era la de un mundo de judíos. El arreglo de
esta controversia se dio gradualmente en los siguientes pasos:

o POR PEDRO
Esta controversia debería haber encontrado solución definitiva en la experiencia anteriormente relatada
de Pedro y Cornelio, Pero el orgullo de la raza y las prevenciones de una época no se dominan
fácilmente. Aunque los cristianos de Jerusalén admitieron la conducta de Pedro en este caso
especial, dejaron de extractar de él el principio universal que implicaba y aún Pedro mismo,
como se ve después, no comprendió enteramente lo que envolvía en cuanto a su propia conducta.
o POR PABLO
Sin embargo, la cuestión había quedado arreglada en una mente mucho más fuerte y lógica que la de
Pedro. Pablo había recibido su evangelio directamente del cielo y en las soledades de Arabia, en los
años inmediatamente siguientes a su conversión, había reflexionado acerca de este asunto y había
llegado a conclusiones mucho más radicales que las que hubieran entrado en las mentes de cualquiera
de los otros apóstoles. A él (fariseo, versado en el conocimiento y la práctica de la Ley) mucho más
que a cualquier otro de ellos, le había parecido la Ley un yugo de servidumbre; vio que no era
más que una rígida preparación para el cristianismo, no una parte de él. Había en su mente un
contraste profundo entre la miseria y maldición de un estado y el gozo y libertad del otro. Para él,
imponer el yugo de la Ley a los gentiles habría sido destruir el genio mismo del cristianismo; habría
sido la imposición de condiciones para la salvación totalmente diferentes de lo que él sabía que era
la única condición en el evangelio: arrepentimiento y fe en Jesucristo como el Hijo de Dios. Su
epístola a los Gálatas es una emotiva expresión de este pensamiento.

o POR EL CONCILIO DE JERUSALEN


Ante la proliferación de cristianos de origen judío que, procedentes de Jerusalén, inquietaban a los
gentiles convertidos diciéndoles, entre otras cosas, que no podrían ser salvos a menos que se circuncidaran;
se decidió apelar a los principales apóstoles en Jerusalén y Pablo y Bernabé fueron enviados a dicha
ciudad para procurar una decisión. Este fue el origen de lo que se llama el Concilio de Jerusalén, en el
cual se resolvió autoritativamente la cuestión. La decisión de los apóstoles y ancianos estuvo en
armonía con la práctica de Pablo: no se requeriría de los gentiles la circuncisión; "sino que se les
escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de
sangre" (Hc. 15:20). Esta decisión se confirmó por escrito y se notificó de ella a todas las iglesias
gentiles por medio de Pablo y un delegado de la iglesia de Jerusalén (Silas) para ratificarla sin ningún
lugar a dudas.

2.3. LA EDAD SOMBRIA


Este período comprende desde la muerte de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma, cerca del 64 y 68
d.C. respectivamente, bajo la persecución de Nerón; hasta el año 100 d.C., fecha en la cual murió el apóstol
Juan en la isla de Patmos.
Recibe este nombre porque de todos los períodos de la historia del cristianismo, es del que
menos sabemos. La narración consignada en Hechos de los Apóstoles concluye mucho antes y ningún
autor de la época ha llenado este vacío en la historia. No conocemos que fue de la vida de Timoteo,
Apolos, Tito y demás colaboradores y amigos de Pablo, a la muerte de éste. Cuando por fin surgen los
registros de los "Padres Apóstólicos" cerca del 120 d.C., encontramos una iglesia diferente en muchos
aspectos a la de los días de Pedro y Pablo. Sus dirigentes son del todo desconocidos en el Nuevo
Testamento.
Nuestra información de este período depende casi exclusivamente de tradiciones más o menos
confiables. Hay que tener cuidado ante la tendencia de considerar estas tradiciones como históricamente
comprobadas, pues muchas de ellas tuvieron su origen en un fenómeno que comienza a aparecer a
fines del siglo II, consistente en que todas las iglesias trataban de reclamar para sí un origen
directamente apostólico. Es así como por ejemplo, puesto que la iglesia de Alejandría rivalizaba con
las de Antioquía y Roma, ella también tenía que reclamar para sí la autoridad y el prestigio de algún
apóstol y ésto a su vez dio origen a la tradición según la cual San Marcos había fundado la iglesia en
esa ciudad. De igual modo, cuando tiempo después Constantinopla llegó a ser la capital del imperio, la
nueva ciudad no podía tolerar el hecho de que tantas otras iglesias pudieran reclamar para sí un origen
apostólico y ella no pudiera hacer lo mismo. De ahí surgió la tradición que decía que el apóstol Felipe
había fundado la iglesia de Bizancio, que era la ciudad que se encontraba en el lugar donde
Constantinopla fue edificada más tarde. Como vemos, la generalidad de las tradiciones de este período
son poco dignas de confianza.
2.3.1. TRADICIONES DE LOS APOSTOLES
Hechos deja a Pablo preso en Roma, pero las epístolas parecen confirmar la tradición que dice que
fue puesto en libertad y aprovechó esta coyuntura para llevar el evangelio hasta España, como era su
propósito, según lo declara en Romanos 15:24. Posteriormente fue hecho preso nuevamente en Roma
y murió decapitado bajo la persecución de Nerón en 68 d.C.

De todo el cúmulo de tradición que la Iglesia Católico Romana defiende acerca del apóstol Pedro, lo
único que parece ser digno de crédito es el hecho de que para el final de sus días llegó a Roma y allí
murió crucificado - algunos autores dicen que cabeza abajo -lo cual encuentra eco en Juan 21:18-19.

o PEDRO: Mateo 16:18


No fue nombrado jefe: Mt. 18:1-4.
Se negó a recibir culto: Hch. 10:25-26.
No presidió el primer concilio: (el problema todos los gentiles que se convertían a Jesucristo debían
ser circuncidados y, radicalmente, guardar toda la ley de Moisés). Hch. 15:13-19.
No era el pastor de Roma. Romanos último capítulo.
Pastoreaba judíos: Gal. 2:7-8. 1P. 1:1.
No era infalible: Gal. 2:11.
No es la roca de la fundación: 1 Co.3:11, Ef. 2:20.
San Agustín dijo: “la iglesia no está edificada SUPER PETRUM, que querría decir sobre la
persona de Pedro, sino SUPER PETRAM, que significa lo que Pedro ha dicho, sobre la confesión de
Pedro”. 1 P. 2:4-5.

o ANDRÉS: Estuvo presente en el aposento alto después de la ascensión (Hch 1.13) y entonces
desaparece de la historia bíblica. Según una tradición verosímil, lo crucificaron en Acaya tras
una actividad misionera muy fructífera allí.

o JACOBO: El nombre Santiago es una contracción castellanizada de dos palabras latinas,


sanctus Iacobus, que quiere decir San Jacobo. Hijo de Zebedeo y pescador galileo, a quien
Jesús llamó (Mt 4.21), junto con su hermano menor Juan para ser uno de los doce apóstoles
(Mt 10.2; Mc 3.17; Lc 6.14; Hch 1.13). Los dos pidieron un lugar de preferencia en el Reino
y Jesús les profetizó que beberían la copa de Él (Mc 10.39), anuncio que se cumplió con la
muerte de Jacobo, degollado por Herodes Agripa I, ca. 44 d.C. (Hch 12.2). La tradición del
siglo II le llamó «Jacobo (o Santiago) el Mayor».

o JACOBO Hermano de Jesús, mencionado con sus hermanos (¿menores?) José, Simón y
Judas (Mc 6.3//, HERMANOS DE JESÚS). A juzgar por Mt 12.46–50; Mc 3.31–35; Lc 8.19–21
y Jn 7.5, Jacobo no aceptaba la autoridad de Jesús durante el ministerio de este, pero después
de que se le apareció resucitado (1 Co 15.7), llegó a ser un líder importante de la iglesia
judeocristiana de Jerusalén (Hch 12.17; Gl 1.19; 2.9).
La tradición posterior (Hegesipo, primitivo historiador cristiano ca. 180 d.C.; y el Evangelio
según los hebreos, EVANGELIOS APÓCRIFOS) exalta el papel de Jacobo, llamándolo «el justo» y
presentándolo como muy reverenciado por su piedad y apego a la Ley. Hegesipo y Josefo
(Guerra XX.ix.1) relatan su martirio (ca. 62), lapidado a instigación de los saduceos.
La tradición asigna a Jacobo la paternidad de la carta de SANTIAGO (Stg 1.1; cf. Jud 1).
o JUAN, EL APÓSTOL Hijo de ZEBEDEO y hermano de Jacobo.
La tradición que predominaba en la iglesia afirmaba que Juan, después de muchos años de liderazgo
en Jerusalén, se trasladó a Éfeso donde permaneció hasta su muerte (por causa natural) a edad
avanzada, en la época del emperador romano Trajano (98–117). Otros hilos de tradición no
armonizan fácilmente con estos. Por ejemplo, Eusebio afirma que existían dos Juanes: el apóstol, y un
anciano de Éfeso que otros habían confundido.

o FELIPE, EL APÓSTOL Parece que Felipe inspiraba confianza, ya que los G RIEGOS que
habían subido a adorar en la Pascua se dirigieron a él (nótese su nombre griego) cuando
querían ver a Jesús. Felipe buscó el apoyo de su amigo A NDRÉS (el único otro apóstol de
nombre griego) y los dos llevaron los griegos al Señor (Jn 12.20ss). Una tradición dice que
falleció de muerte natural en Hierápolis. Después de visitar Frigia y Panfilia.

o FELIPE, EL EVANGELISTA: Se menciona por primera vez al nombrarse siete


administradores para la iglesia en Jerusalén (Hch 6.1–9; DIÁCONO). Los candidatos debían
ser de buen testimonio, sabios y llenos del Espíritu Santo para realizar la labor caritativa. Pero
Felipe no se limitó a «servir las mesas» (Hch 6.2). Al ser esparcida la iglesia madre a raíz del
martirio de Esteban y la persecución encabezada por Saulo de Tarso, Felipe fue a SAMARIA.
Allí predicó el evangelio con gran éxito y realizó milagros que acreditaron el mensaje, aun
siendo judío en un ambiente hostil (Hch 8.1–13; SIMÓN EL MAGO; PEDRO).
Guiado primeramente por un ángel, y luego por la voz del Espíritu Santo, Felipe dejó la
floreciente obra de Samaria para encontrarse con un tesorero de E TIOPÍA, quien regresaba a su
tierra después de visitar a Jerusalén. Felipe le anunció al potentado el evangelio de Jesús,
basando su mensaje en el rollo de Isaías que el etíope estudiaba. Este se convirtió al Señor, y
Felipe lo bautizó en un estanque junto al camino. Después, el evangelista fue arrebatado por
el Espíritu para que continuara su labor en las ciudades del litoral del sudoeste (Hch 8.26–40)
hasta establecer una sede en Cesarea donde Lucas lo halló años después (Hch 21.8s). Nótese
que Lucas identifica a Felipe como EVANGELISTA y no como diácono. La tradición posterior
amplifica la mención de las cuatro hijas de Felipe que profetizaban, y sugiere Hierápolis
como el lugar de la tumba de dos de ellas y de Felipe. Sin embargo, esto no se ha podido
comprobar.

o MATEO: En los pasajes paralelos, sin embargo, a este apóstol se le llama LEVÍ, y Marcos
añade la frase «hijo de Alfeo» (Mc 2.14; Lc 5.29). Sin duda se ha de ver en Mateo/Leví un
nombre doble.
Fuera de los textos mencionados no hay otra referencia personal a Mateo en el Nuevo
Testamento. Papías (siglo II d.C.) dice que Mateo «compiló los oráculos [del Señor] en
lengua hebrea [o sea, arameo], y cada uno los traducía [o interpretaba] luego como podía».
Por tanto, la iglesia primitiva creía que Mateo era el autor del Evangelio que lleva su nombre,
a pesar de que este Evangelio se escribió en griego. Una tradición dice que tras predicar en
Judea salió a la obra misionera. O Persia.

o TOMÁS Tomás es un apodo cuyo equivalente griego, Dídimo, aparece solo en Juan (Jn
11.16; 20.24; 21.2). No se sabe su verdadero nombre (algunas traducciones siríacas lo
identifican como «Judas Tomás»), ni quién era su hermano gemelo.
Su nombre se destaca en la literatura apócrifa de carácter G NÓSTICO del siglo II, donde
figura como gemelo del mismo Señor Jesús (!) y como evangelista en la India.
o TADEO (probablemente del arameo tad, que significa pecho femenino; o del hebreo taddai,
que significa valiente). En Mt 10.3 los manuscritos vacilan entre la lección «T» y «Lebeo»
(del hebreo lev, que significa corazón), que son casi sinónimos. Acerca de la vida posterior de
Tadeo solo tenemos datos poco seguros, provenientes de las leyendas surgidas en épocas
posteriores.
Además, la tradición identifica a Tadeo con el Judas al que hace referencia Jn. 14, 22, y se
cree que es uno de los hermanos de Jesús mencionados en Mc. 6,3 y en otras partes. Es
posible que debido a un error de transcripción, Tadeo sea llamado, a veces, Labeo. Además se
le conoce como san Judas. Una tradición dice que murió mártir en Mesopotamia. O Siria.

o SIMÓN Forma helenizada del nombre hebreo S IMEÓN (cf. Hch 15.14 VM, donde Santiago
emplea la forma antigua). Es nombre de varios personajes del Nuevo Testamento (y de un
descendiente de Judá en 1 Cr 4.20). Simón el Z ELOTE, otro discípulo (Lc 6.15). Marcos (3.18)
y Mateo (10.4) lo llaman «el cananista», pero esto no quiere decir que fuera de Caná o
Canaán, sino que es el término arameo que significa «celoso» o «entusiasta». Probablemente
pertenecía o simpatizaba con el movimiento judío nacionalista apodado «zelotes». No aparece
más en el Nuevo Testamento, aunque una tradición posterior lo identifica con Simón, hijo de
Cleofas, a quien menciona Hegesipo. Se dice que evangelizó Mesopotamia e idumea.

O BARTOLOMÉ: ARABIA MERIDIONAL Y NORTE DE AFRICA.

o BERNABÉ (en arameo, hijo de la exhortación). Nombre que los apóstoles dieron a José,
levita de Chipre. Fue Bernabé el que convenció a los apóstoles de la conversión y sinceridad
de Pablo (Hch 9.27). De nuevo en Antioquía, a Bernabé y Pablo, contados entre los profetas y
maestros de la congregación, los separaron para la misión gentil (Hch 13.1ss; cf. Gl 2.9). Al
regresar del viaje, Bernabé tuvo otra misión importante cuando lo nombraron junto con Pablo
para presentar la cuestión de la circuncisión ante el C ONCILIO DE JERUSALÉN (Hch 15). Su
ministerio se reafirmó y parece que Bernabé se destacó más que su compañero en el concilio
(vv. 12, 25), tal vez por ser el representante original de Antioquía. Sin embargo, para no
oponerse a Pedro, en una ocasión Bernabé contemporizó con las convicciones de este sobre la
aceptación de los gentiles, dejando de comer con ellos en Antioquía (Gl 2.13). Algunos
atribuyen a Bernabé la Epístola a los H EBREOS. La llamada Epístola de Bernabé, de tinte
alejandrino, es seudónimo y data de ca. 125 d.C. La obra apócrifa de fecha tardía conocida
como Hechos de Bernabé relata sus viajes misioneros y su muerte por martirio en Chipre.

o MARCOS Llevaba dos nombres: «Juan», nombre hebreo, y Marcos, sobrenombre romano
(Hch 12.12, 25; 13.5, 13; 15.37, 39). Era hijo de una viuda rica llamada María, cuya casa era
centro de reunión para los primeros cristianos en Jerusalén (Hch 12.12–17), pero no se sabe
cuándo Marcos abrazó el cristianismo. En 1 P 5.13 leemos: Marcos debe haber trabajado con
este apóstol en Roma, además de colaborar con Pablo. Hechos 12.12 y Papías, quien lo llama
«intérprete de Pedro», evidentemente confirman esto. La expresión «mi hijo» es una muestra
del cariño que unían al apóstol y su discípulo. Se ha conjeturado que el joven que «huyó
desnudo» (mencionado solo en Mc 14.51s), fue Marcos. Según la tradición, Marcos fue el
fundador y el primer obispo de la iglesia de A LEJANDRÍA y, años después, los venecianos se
apoderaron de sus restos y los llevaron a Venecia, ciudad que ahora lo tiene como su santo
patrono.

o LUCAS: Se supone que era gentil, y único escritor no judío entre los autores del Nuevo
Testamento, porque Pablo lo distingue de «los de la circuncisión» en Col 4.11–14. Fue
MÉDICO y compañero íntimo de Pablo (v. 14).
Además, de su obra se desprende que Lucas tenía un espíritu amplio y bondadoso,
caracterizado por gozo y piedad genuinos, humildad y cortesía. Según la tradición posterior,
trabajó en Acaya después de la muerte de Pablo y murió en Bitinia (o Beocia) a los 74 años
sin haber contraído matrimonio. Una leyenda del siglo VI lo llama pintor.

o MATÍAS Cristiano elegido como sucesor de Judas Iscariote después de la ascensión del
Señor (Hch 1.15–26). Lo seleccionaron mediante un sorteo (cf. Lv 16.8), método que se ha
criticado como poco espiritual (pero cf. 1 S 14.41). Sin lugar a dudas Matías fue considerado
APÓSTOL de Jesucristo según Hch 1.24s; solo él y José Barsabás llenaban los requisitos del
oficio, pues habían acompañado al Señor desde su bautismo por Juan Bautista hasta su
ascensión. Hay una tradición que dice que murió apedreado en Judea y otra que pone su
muerte en Etiopía.

o TIMOTEO (en griego, temeroso de Dios). Hijo espiritual (2 Ti 2.1), compañero y ayudante
(Flp 2.19–22) de Pablo. Nació en Listra de madre judía ( E UNICE) y padre griego (Hch 16.1; 2
Ti 1.5). Fue altamente estimado por los hermanos en Listra e Iconio (Hch 16.2). Cuando
Pablo tuvo problemas en Tesalónica y en BEREA, Timoteo se quedó allí con SILAS mientras
Pablo se trasladaba a Atenas (Hch 17.14). Se reunieron en Corinto (18.5) y siguieron juntos
hasta Éfeso, desde donde lo enviaron con Erasto a Macedonia (Hch 19.22). Fue emisario
personal de Pablo a Corinto con una misión delicada y lo recomienda cariñosamente (1 Co
4.17; 16.10). Pablo exhorta a los corintios a enviarlo de regreso en paz. En 2 Co es Tito el
emisario, lo que insinúa que Timoteo dejó algunos problemas sin resolver en Corinto y que
no tuvo éxito.
Pablo lo envió a fortalecer las iglesias gentiles (Flp 1; Col 1; Flm 1). En Flp 2.19 aparece
llevando un informe directo del estado de la iglesia filipense. Fue uno de los que más trabajó
para levantar las iglesias gentiles. Era muy afectivo pero tímido (2 Ti 1.4, 7). Necesitaba las
amonestaciones personales de Pablo. Según Eusebio, fue el primer obispo de Éfeso y murió
como mártir allí en el año 97 d,C.

o TITO Hijo espiritual, compañero y colaborador de Pablo (Tit 1.4; 2 Co 8.23). Como era
griego, no lo obligaron a circuncidarse (Gl 2.3). Se ha conjeturado que Tito era hermano de
Lucas y que este sea «el hermano» mencionado en 2 Co 8.18, 22; así se explicaría por qué
Lucas modestamente calla el nombre de Tito en Hechos. Sin embargo, este tipo de
explicación no deja de ser solo una ligera conjetura. Pablo llevó a Tito a la isla de C RETA,
donde lo dejó para consolidar la obra y organizar la iglesia (Tit 1.5). Pablo lo llamó a reunirse
de nuevo con él en Nicópolis (Tit 3.12). De acuerdo con 2 Ti 4.10 es posible que lo mandara
en otra gira de evangelización a Dalmacia.
Según la tradición, Tito volvió a Creta y sirvió allí muchos años como obispo, y murió a una
edad avanzada. Primer obispo de la isla.

CUESTIONARIO DE REPASO

1. Cuál es el acontecimiento que marca el inicio de la historia de la iglesia y cuál fue el efecto que
tuvo en los discípulos?
2. Por qué se considera que la práctica de la iglesia de Jerusalén de "tener todas las cosas en
común", a pesar de contar con una motivación correcta, no fue un plan muy acertado?
3. Por medio de qué acontecimientos registrados en Hechos de los Apóstoles se puede contrastar el
trato diferente dado a los judíos de Palestina respecto de los judíos de la Dispersión?
4. Cuales son los dos tipos de persecución que padeció la iglesia de Jerusalén y en que consistió
cada una de ellas?
5. Cuales son los tres puntos doctrinales que se destacan en la predicación de los apóstoles?
6. Cuales son los dirigentes de la iglesia de Jerusalén?
7. Que sucedió con la iglesia de Jerusalén después de la destrucción de la ciudad en 70 d.C.?
8. Qué circunstancia fortuita estimuló la predicación del evangelio más allá de las fronteras de
Judea, qué grupo judío asumió esta labor por estar mejor preparado y quién se distingue
dentro de este grupo por su celo misionero?
9. Que apóstol tuvo a su cargo la aceptación oficial del primer gentil dentro de la iglesia y como
se llamaba este gentil?
10. Enuncie cinco (5) de los 7 puntos o parámetros en la metodología misionera de Pablo y
explique uno de ellos?
11. Cuales son las cinco iglesias destacadas en Hechos de los Apóstoles y por qué?
12. Cual fue la principal controversia en la iglesia gentil, cómo se solucionó de manera oficial y en
que consistió esta solución?
13. De todas las tradiciones acerca de los últimos días de los Apóstoles, cuales son las que tienen
mayor fundamento histórico y qué dicen de los apóstoles a los que hacen referencia?
14. Qué dice la tradición acerca de la muerte y los últimos días del Apóstol Juan?
3. LA IGLESIA PERSEGUIDA
A estas alturas ya debemos conocer las persecuciones de carácter religioso de que fue objeto la iglesia
por parte de los judíos, en los tiempos en que la fe cristiana comenzaba a extenderse por el imperio
romano. Paradójicamente, el estado romano protegió en varias ocasiones a los misioneros cristianos de
esos ataques orquestados por los judíos (comp. Hc. 18:12-17; 21:30-34). Debido a que inicialmente el
imperio consideraba a los cristianos como una secta más entre los judíos, daba a aquellos el mismo
tratamiento tolerante que a éstos y cualquier conflicto entre estos dos grupos era tratado simplemente como
un conflicto entre judíos. A no ser que el alboroto fuera excesivo, los romanos preferían que los propios
judíos resolvieran esa clase de problemas. Solamente cuando el tumulto era demasiado, los romanos
intervenían para restaurar el orden y a veces para castigar a los culpables.
Un caso ilustrativo lo constituye la expulsión de los judíos de Roma por el emperador Claudio
alrededor del año 51 d.C., acontecimiento que se menciona brevemente en Hc. 18:2 sin explicar sus
razones. Suetonio, uno de los primeros historiadores seculares en hacer referencia a Cristo, nos ofrece
un dato intrigante al decirnos que los judíos fueron expulsados de Roma porque estaban causando
disturbios constantes "a causa de Cresto". La mayoría de los historiadores concuerda en que "Cresto"
no es otro que Cristo, cuyo nombre ha sido mal escrito. Por lo tanto, lo que sucedió en Roma parece
haber sido que la predicación cristiana, como en tantos otros lugares (Hc. 17:6), causó tantos desordenes
entre los judíos, que el emperador decidió expulsarles a todos.

A medida que el cristianismo se extendía y la proporción de gentiles en la iglesia empezó a superar a


la de judíos; se comenzaron a establecer distinciones cada vez más claras entre estos dos grupos. A
ésto también contribuyó de manera decisiva la rebelión judía del 66-70 d.C. que concluyó con la
destrucción de Jerusalén, como lo pudimos apreciar en la anterior unidad. El resultado de todo esto
fue que las autoridades romanas se enfrentaron por primera vez al cristianismo como una
religión aparte del judaísmo y es entonces que comienza la historia de dos y medio siglos de
persecuciones por parte del imperio romano.

3.1. CAUSAS DE LA PERSECUCION


Ya hemos tratado 2 de las causas por las cuales Roma comenzó a perseguir a los cristianos y que
constituían un factor de unidad política en el imperio: El sincretismo y el culto al emperador. Los
cristianos y los judíos se resistían tanto al uno como al otro, pero el imperio toleró esta actitud en los
judíos porque de esta manera se evitaba conflictos innecesarios, habida cuenta del exacerbado
nacionalismo de este pueblo que, ante la posibilidad de ver vulnerada su herencia nacional y religiosa
tan arraigada en ellos, se rebelaba abiertamente sin medir las consecuencias de esta actitud. En
contraste con ellos, los cristianos eran de naturaleza pacifista y preferían morir por sus ideales que
matar por ellos, a semejanza de su maestro. Además de esto, en el caso de los judíos, los romanos
podían ejercer cierto control sobre su resistencia al sincretismo y el culto al emperador, pues era un
problema que podían circunscribir a los estrechos límites de Palestina y a las pequeñas colonias judías en
cada ciudad del imperio, ya que los judíos de la Dispersión tenían un relativamente limitado celo
misionero (comparado con los cristianos que se veían obligados por "La Gran Comisión") que, unido a
los insalvables obstáculos inherentes al judaísmo como son su intrincado sistema legal construido a
partir de la Ley mosaica y la condición del Templo de Jerusalén como lugar central de su adoración;
hacía poco probable el establecimiento del judaísmo como religión del imperio, situación que
generalizaría la resistencia al sincretismo y al culto al emperador entre todos los súbditos de Roma. A
diferencia de ellos, los cristianos no tenían una identidad nacional definida y su excesivo celo
misionero, aunado al carácter universalista del cristianismo, que se hallaba libre los elementos del
judaísmo anteriormente mencionados (La Ley y el Templo) hacía que sus ideas se propagaran de
una manera
alarmante para Roma, hasta el punto de que en muy corto tiempo se convirtieron en el grupo mayoritario
del imperio en oposición a los paganos y aún a los mismos judíos y esto fue visto por el estado romano
como una amenaza a su estabilidad política.
Aparte de estas consideraciones existían ciertos agravantes en la conducta de los cristianos que trataremos a
continuación:
3.1.1. LA ALABANZA Y ADORACION A OTRO REY
Los cristianos añadían a su natural resistencia a rendirle culto al emperador (compartida con los judíos)
la particularidad de alabar y adorar a otro hombre, "otro Rey, un tal Jesús" y por ello eran
considerados por la multitud como desleales y conspiradores de una revolución.

3.1.2. LA POCA PARTICIPACION EN LA VIDA SOCIAL DEL IMPERIO


La adoración a los ídolos estaba entrelazada con la vida cotidiana en todos sus aspectos. Los cristianos
no participaban en estas formas de adoración y por ello eran considerados por la gente irreflexiva
como seres insociables, sombríos, ateos que no tenían dioses y que aborrecían a sus compañeros.

3.1.3. EL CARACTER SECRETO DE SUS REUNIONES


El hecho de reunirse antes de la salida del sol o en la noche, a menudo en cuevas o catacumbas
subterráneas, y de manera particular la celebración de la cena del Señor, de la cual eran excluidos los
extraños; hacía circular rumores de ritos lascivos o criminales que se llevaban a cabo entre ellos
(estos rumores dieron origen a los apologistas y por eso serán tratados en detalle en el capítulo
correspondiente a éstos).
Además el gobierno sospechaba de todo culto o sociedad secreta, temiendo propósitos desleales.
3.1.4. LOS INTERESES ECONOMICOS
La expansión del cristianismo iba en detrimento de los intereses económicos de muchos súbditos
del imperio que se ganaban la vida por medio de la adoración pagana, como los sacerdotes y sirvientes
laicos de los templos de los ídolos, los que hacían imágenes (ver. Hc. 19:23-41), los escultores, los
arquitectos de templos, etc.

3.2. LA PERSECUCION EN EL SIGLO PRIMERO


Aunque este flagelo amenazó continuamente a los cristianos hasta comienzos del siglo IV como una "espada
de Damocles", hubo periodos de relativa calma en contraste con otros de activa persecución, de los cuales
los más representativos en el siglo I son los que se dieron bajo los gobiernos de los emperadores
Nerón y Domiciano respectivamente. Estas persecuciones fueron más bien de carácter aislado,
restringidas en cuanto a su alcance, pero que no por ello dejaron de ser crueles y despiadadas. Además, es
necesario anotar que no obedecían a una política de estado, sino a la crueldad y el capricho de un
tirano.
3.2.1. LA PERSECUCION BAJO NERON
A pesar de que en sus comienzos el gobierno de Nerón fue relativamente benigno y hasta benéfico para
los pobres y desposeídos, a los diez años de haber llegado al trono ya era despreciado por una buena
parte del pueblo, incluyendo a la gente culta y circulaban rumores sobre sus actuaciones subterráneas que
hacían que el pueblo siempre esperara lo peor de su soberano.

Estando así las cosas, en el año 64 d.C. estalló el famoso incendio de Roma y a pesar de que el
emperador tuvo gestos generosos para los que habían quedado sin refugio; esto no bastó para apartar las
sospechas que, de manera creciente, recaían sobre él como autor intelectual del siniestro. Las llamas
devoraron diez de los catorce barrios de la ciudad y ante la exigencia del pueblo romano de que se
hallara al culpable, el emperador optó por desviar las sospechas de sí mismo hacia los cristianos;
argumentando para ésto la circunstancia de que dos de los barrios que no habían ardido, eran las
zonas de la ciudad en que había más cristianos y judíos.
El historiador romano Tácito nos cuenta lo sucedido en sus "Anales" y aunque en ellos desaprueba
y censura la crueldad del emperador, no sólo por su saña, sino porque no parecía creer que los
cristianos hubieran originado el fuego; también deja ver el escaso y equivocado conocimiento que tenía
el imperio acerca del cristianismo y su naturaleza, así como la actitud despectiva y desobligante con la
que eran tratados. A pesar de esto, los documentos dejados por Tácito son de gran valor para el
cristianismo porque son una prueba a favor de la historicidad de Cristo, escritos por una
persona hostil al movimiento cristiano y casi contemporáneo con su fundador, lo cual hace que
los datos por él consignados sean de mayor valor.

Como lo veíamos en la anterior unidad, en esta época fue cuando Pedro y Pablo fueron sorprendidos en
Roma y martirizados hasta la muerte.

Esta persecución es de gran trascendencia para la historia subsecuente, porque brindó un pretexto a los
romanos paganos para comenzar a perseguir a los cristianos, pues; aunque inicialmente se les perseguía
por incendiarios, pronto se comenzó a hacer por el solo hecho de serlo. Lo anterior es confirmado por
la decisión de Nerón de promulgar un edicto contra los cristianos con el fin de justificar su conducta.
Probablemente los planes de Nerón incluían extender la persecución a las provincias, pero en el año 68 d.C.
buena parte del imperio se rebeló contra el tirano y el Senado romano lo depuso. A su muerte muchas de
sus leyes fueron abolidas pero su edicto contra los cristianos siguió en pie y se convirtió en "la espada
de Damocles" a la que podía apelar posteriormente algún funcionario del gobierno para desatar la
persecución.
3.2.2. LA PERSECUCION BAJO DOMICIANO
Este emperador que llegó al poder en 81 d.C., comenzó su persecución a los cristianos cerca del año 90
d.C. Siendo una persona que amaba y respetaba las viejas tradiciones romanas y teniendo en
cuenta que buena parte de su política imperial consistió en restaurar estas tradiciones; era de
esperarse que se opusiera al cristianismo, que continuaba su empuje creciente, ya que éste se
oponía tenazmente a la religión romana.

Además de esta obvia predisposición, existieron otros motivos más específicos que consistían en que,
debido a que ya no existía el Templo de Jerusalén; Domiciano decidió que todos los judíos debían enviar a
las arcas imperiales la ofrenda anual que antes mandaban a Jerusalén. Cuando algunos judíos se negaron
a hacerlo o mandaban el dinero al mismo tiempo que dejaban ver bien claro que Roma no había
ocupado el lugar de Jerusalén, Domiciano empezó a perseguirles y a exigir el pago de la ofrenda. Puesto
que todavía no estaba del todo claro en que consistía la relación del judaísmo con el cristianismo, los
funcionarios imperiales comenzaron a presionar a todos los que practicaban "costumbres
judías". Así se desató una nueva persecución que parece haber ido dirigida, no sólo contra los
cristianos, sino también contra los judíos. Al igual que con Nerón, parece que esta persecución se dio
solamente (por lo menos con mayor severidad) en Roma y Asia Menor. En cuanto a los nombres de
los mártires conocidos en Roma, sólo podemos mencionar a un primo del emperador llamado
Flavio Clemente y a su esposa Flavia Domitila a los cuales se acusó de "ateísmo" y de
"costumbres judías", lo cual es un indicio muy probable de que fueran cristianos, habida cuenta de la
idea que del cristianismo tenían en ese entonces la generalidad de los paganos del imperio.

En Asia Menor encontramos al apóstol Juan, deportado a la isla de Patmos, de lo cual podemos
deducir que no todos los cristianos eran condenados a muerte.
Afortunadamente cuando se desató la persecución el reino de Domiciano se acercaba a su fin. Al igual que
Nerón, Domiciano había cobrado fama de tirano y por fin fue asesinado en su propio palacio.
3.3. LA PERSECUCION EN EL SIGLO SEGUNDO
Para el siglo segundo hacen su aparición los primeros documentos cristianos posteriores a los libros del
N.T., brindándonos un recurso histórico muy valioso que nos permite apreciar más claramente los
sucesos relacionados con el cristianismo y hacia el interior del mismo. Hasta este momento las únicas
referencias históricas confiables alusivas al cristianismo del siglo I, habían sido suministradas por
historiadores seculares prejuiciados, sin mucho rigor y aún hostiles a la nueva religión. Pero a partir del
siglo segundo contamos con las llamadas "actas de los mártires" que consisten en descripciones
mas o menos detalladas de las condiciones bajo las cuales se produjeron los martirios. Es así
como podemos enterarnos de detalles relativos al arresto, encarcelamiento, juicio y muerte del mártir en
cuestión. Además de las actas, las cartas de Ignacio de Antioquía y la correspondencia entre el
emperador Trajano y el gobernador de Bitinia, Plinio El Joven arrojan, de manera particular, una gran
luz sobre las motivaciones que justifican los métodos del gobierno y la actitud de los cristianos ante el
martirio.

3.3.1. LA PERSECUCION BAJO TRAJANO


Bajo el reinado de Trajano, que comenzó en 98 d.C., el gobierno como tal comienza a fijar su atención
en los cristianos. La correspondencia entre Trajano y Plinio el Joven, gobernador de la provincia
romana de Bitinia, nos muestra en que consistió esta nueva situación. A este último se le presentó
un problema que no sabía como tratar y que consistía en que alguien le hizo llegar una acusación
anónima en la que se incluía una larga lista de cristianos.

Sin tener la experiencia necesaria para juzgar sobre este asunto y sabiendo que existían leyes
imperiales contra los cristianos; Plinio, más justo que su amigo Tácito, no quizo formarse un juicio
por indicaciones vagas y por opiniones preconcebidas. Fue así como se tomó la molestia de informarse
con exactitud de lo que eran los cristianos. Los resultados de sus pesquisas quedaron registrados en la
correspondencia aludida, en la cual informa al emperador, entre otras cosas, que "multitud de gentes de
todas las edades, ordenes y sexos, son y serán cada día acusados. Este mal contagioso ha
inficionado las ciudades y se propaga por las aldeas y los campos". Como consecuencia de lo
anterior, los templos paganos estaban prácticamente abandonados y no se encontraban compradores
para la carne sacrificada a los idolos, informa también Plinio.
Inicialmente, el gobernador requirió de los cristianos acusados que invocaran a los dioses y que
adoraran al emperador ofreciendo vino e incienso ante su estatua y que maldijeran a Cristo. Los que
siguieron sus instrucciones en ese sentido (hubo un buen número de ellos) fueron puestos en libertad,
pues según Plinio le dice a Trajano "es imposible obligar a los verdaderos cristianos a hacer estas
cosas". Fueron precisamente los cristianos que persistían en su fe los que planteaban al gobierno el
problema más difícil, pues a pesar de haber condenado anteriormente a muerte a algunos de estos últimos,
no tanto por ser cristianos como por su obstinación y desobediencia ante el representante imperial; ante
la larga lista de personas acusadas de ser cristianas, Plinio se sintió obligado a investigar el asunto con
mayor detenimiento. Después de escuchar el testimonio de muchos de los acusados, resultó que el
"crimen" de los cristianos "consistía en reunirse para cantar antifonalmente himnos a Cristo como a
un dios, para hacer votos de no cometer robos, adulterios u otros pecados, y para una comida
en la que no se hacía cosa alguna contraria a la ley y las buenas costumbres". Esto colocó al
gobernador ante la disyuntiva de si debía castigar a los cristianos sólo por llevar ese nombre, o era
necesario probarles algún crimen.
La respuesta del emperador fue breve. Según él, no hay una regla general que pueda aplicarse en
todos los casos. Por una parte, el crimen de los cristianos no es tal que deban emplearse los
recursos del estado en buscarles. Por otra parte, sin embargo, si alguien les acusa y ellos se
niegan a adorar a los dioses, han de ser castigados. La anterior vino a constituirse en la primera
política de estado efectiva contra los cristianos que tuvo vigencia, no sólo durante el reinado de
Trajano, sino a través de todo el siglo segundo y buena parte del tercero. Ahora bien, aunque la decisión
de Trajano no tenía sentido lógico, si tenía sentido político. A los cristianos se les castigaba no por
algún crimen que supuestamente habían
cometido antes de ser delatados, sino por su crimen ante los tribunales ya que, en efecto, el culto
al emperador era uno de los vínculos que unían al Imperio, y negarse en público a rendir ese culto
equivalía a romper ese vínculo.

o IGNACIO DE ANTIOQUIA
Uno de los mártires más conspicuos durante la vigencia de la política de Trajano fue Ignacio, obispo
de Antioquía. Gran parte de esta relevancia se debe a las cartas escritas por él a las iglesias de las
ciudades de Magnesia, Trales, Efeso, Esmirna, Filadelfia y Roma, a su paso por Asia Menor, durante el
transcurso de su traslado desde Antioquía a Roma para ser ejecutado en el anfiteatro de Flavio. Todas
estas iglesias habían enviado delegaciones a verle cuando iba camino del martirio a la capital,
custodiado por diez soldados imperiales. Dentro de la delegación de Esmirna se hallaba su amigo
Policarpo, obispo de la iglesia de esta ciudad, que moriría como mártir algún tiempo después.
Precisamente estas visitas son las que confirman la contradicción lógica que encerraba la política de
Trajano, pues por el hecho de no haber sido denunciados o acusados, podían visitar impunemente a
quien había sido condenado a morir por el mismo "delito" que ellos practicaban. Aunque las cartas
no nos dicen nada sobre los detalles de su muerte, si nos dejan apreciar el deseo ardiente que tiene por
el martirio y el gozo que experimenta ante la sóla perspectiva de poder padecerlo (en especial la
carta a los romanos). Esta actitud ante el martirio fue discutida y rechazada por otros dirigentes de la
iglesia primitiva. De cualquier modo, parece ser que Ignacio terminó sus días en Roma viendo cumplido su
deseo, arrojado para ser devorado por las fieras.

o POLICARPO DE ESMIRNA
Aunque Policarpo fue martirizado casi medio siglo después de Ignacio, bajo el reinado del emperador
Antonino Pio en el 155 d.C.; lo relacionamos bajo la persecución de Trajano debido a que fue víctima de la
política establecida por éste, así no haya caído bajo su gobierno. Además, en relación con su martirio,
si disponemos de detalles gracias a las actas que sobre el mismo se escribieron. Como se puede
leer en estos documentos, Policarpo no se entregó solícito a las autoridades sino que cuando intentaron
capturarlo por primera vez y ante la insistencia de los miembros de su iglesia, huyó de la ciudad a una finca
cercana y ante la proximidad de sus perseguidores, huyó nuevamente a otra finca. Solamente cuando supo
que uno de los que habían quedado atrás, al ser torturado, había dicho donde se había escondido
Policarpo, el anciano obispo decidió dejar de huir y aguardar a los que le perseguían, enfrentando su
martirio con gran entereza y dignidad. Es célebre su respuesta al juez ante la insistencia de éste
pidiéndole maldecir a Cristo: "Llevo ochenta y seis años sirviéndole, y ningún mal me ha hecho.
Cómo he de maldecir a mi rey que me salvo?".
La actitud inicial de Policarpo ante sus perseguidores puso de nuevo sobre el tapete la discusión acerca de si
era lícito o no entregarse espontáneamente para sufrir el martirio. El autor de las actas deja sentada
su posición al decirnos que sólo son válidos los martirios que han tenido lugar por voluntad de Dios y no
de los mártires mismos. La razón de la insistencia de este documento en que sea Dios quien escoja los
mártires, era que había quienes se acusaban a sí mismos a fin de sufrir el martirio. Tales personas
eran denominadas "espontáneos" y por lo general acababan por acobardarse y renunciar a su fe en el
momento su-premo. Clemente de Alejandría era de la misma posición que el autor de las actas, pero
otros padres de la iglesia como Justino Mártir, aprobaron tácitamente en sus escritos el martirio de los
"espontáneos".

3.3.2. LA PERSECUCION BAJO MARCO AURELIO


El nombre de Marco Aurelio está unido a todo lo piadoso y noble en el paganismo clásico. Asumió
el gobierno en el año 161 d.C. y fue a todas luces una de las mentes más preclaras del ocaso
romano. Su espíritu culto y refinado nos legó sus "Meditaciones", una de las joyas literarias de la
época. Es por eso que no se comprende del todo por qué desató una fuerte persecución contra los
cristianos. Parece que
no comprendió, o no quizo comprender el Evangelio. En sus "Meditaciones", en su única referencia al
cristianismo, revela cual era su opinión respecto de los cristianos diciendo que aunque alababa
aquellas almas que están dispuestas a abandonar el cuerpo cuando sea necesario, hace la
aclaración de que tal disposición ha de ser producto de la razón "y no de terquedad como en el
caso de los cristianos". Esta actitud probablemente fue acentuada por el hecho de que, como buen hijo
de la época; Marco Aurelio era supersticioso y ésto, aunado a la circunstancia de que durante los
primeros años de su reinado las calamidades se sucedieron una tras otra (hasta el punto de que el año
166 d.C. fue llamado "annus calamitosus"), hizo que el emperador prestara oido a los rumores del
pueblo que atribuía a los cristianos la causa de todos los desastres debido a que "habían atraído sobre el
imperio la ira de los dioses".
Aunque no existen indicios de que Marco Aurelio haya creído estos rumores sobre los cristianos, todo
parece indicar que prestó su apoyo a la nueva ola de persecución y que veía con buenos ojos el intento de
regresar al culto de los antiguos dioses. Quizá, al igual que Plinio años antes, Marco Aurelio pensaba que
era necesario castigar a los cristianos, si no por sus crimenes, al menos por su obstinación.

Bajo esta persecución cayeron mártires que las actas de la época nos permiten identificar claramente,
así como algunos de los detalles de su muerte. Entre estos se encuentran la viuda Felicidad y sus siete
hijos y uno de los más destacados maestros de la época: Justino Mártir, que por haber desempeñado
un gran papel como apologista, será tratado más extensamente en el siguiente capítulo
correspondiente a este tema.

No podemos dejar de mencionar las cartas que los mártires de Lyon y Viena, en la Galia, les enviaron
en el año 177 a sus hermanos de Frigia y Asia Menor, en las cuales nos refieren los padecimientos a los
que fueron sometidos los cristianos de estas ciudades. Se destaca de manera especial en estas narraciones
a Blandina, una debil esclava que demostró una entereza sin par ante sus verdugos.

Después de la muerte de Marco Aurelio en 180 d.C. la persecución amainó durante un tiempo, aunque
nunca dejaron de presentarse martirios esporádicos. Sólo hasta el siglo tercero vuelve a desatarse bajo el
reinado de Septimio Severo, pero esto será materia de otro capítulo.

3.4. LOS APOLOGISTAS


Debido a la naturaleza de la política de Trajano hacia el cristianismo, los martirios estaban determinados
por las denuncias que hacían los paganos ante los tribunales en un momento dado. En otras palabras, el
hecho de que la "espada de Damocles" de la persecución cayera sobre las cabezas de los cristianos,
dependía de la buena o mala voluntad de los paganos del imperio hacia aquellos. Es por esto que los
cristianos se vieron en la necesidad de hacer cuanto estuviera a su alcance para desmentir los
rumores y las falsas acusaciones que circulaban acerca de sus creencias y de sus prácticas. A
esta tarea se dedicaron algunos de los más hábiles pensadores y escritores entre los cristianos, a
quienes se les da el nombre de "apologistas", es decir, defensores. Algunos de los argumentos
empleados por ellos han seguido utilizándose en defensa de la fe a través de los siglos. El periodo
de gobierno de Marco Aurelio fue especialmente fecundo en apologías, debido tal vez a que los
cristianos, conociendo el carácter ecuánime, lógico y racional del emperador, quisieron apelar a él en
defensa de su fe.

3.4.1. LAS ACUSACIONES CONTRA LOS CRISTIANOS


Adicionales a las acusaciones por parte del estado romano de "Ateísmo" y "subversión", derivadas
respectivamente de la oposición al sincretismo y al culto al emperador ya tratados ampliamente; las
acusaciones contra los cristianos tenían dos orígenes diferentes:
- Los rumores populares
- Las críticas por parte de la gente culta
 LOS RUMORES POPULARES
Estos se basaban generalmente en algo que los paganos oían decir o veían hacer a los cristianos y entonces
lo interpretaban erroneamente:

- El "ágape" o "fiesta de amor", comida celebrada por los cristianos todas las semanas, unido al
hecho de que se celebraba en privado (estríctamente entre bautizados) además de que los cristianos se
llamaban "hermanos" entre sí; dio origen a rumores que desembocaron en la creencia según la cual los
cristianos se reunían para celebrar una orgía en la que se daban uniones incestuosas.
- Sobre la base de la cena del Señor surgió la creencia de que los cristianos escondían a un niño
recién nacido dentro de un pan, para después sacrificarlo y devorar su cuerpo todavía palpitante.
- Por último, circulaba un extraño rumor sostenido por algunos, cuyo origen no se ha podido establecer,
que decía que los cristianos adoraban a un asno crucificado.

 LAS CRITICAS DE LA GENTE CULTA


Manifestándose de diversas maneras, estas acusaciones podrían resumirse en una: Los cristianos eran
gentes ignorantes cuyas doctrinas, predicadas bajo un barniz de sabiduría, eran en realidad necias y
contradictorias. Por lo general esta era la actitud que adoptaban los paganos cultos y de buena
posición social, para quienes los cristianos eran una gentuza despreciable.

Se destacan como exponentes de esta actitud los paganos Celso, que compuso contra los cristianos un
tratado que llamó "La palabra verdadera", y Cornelio Frontón, maestro de Marco Aurelio.
La enemistad contra los cristianos también tenía mucho que ver con prejuicios de clase. Las
personas supuestamente refinadas no podían ver con buenos ojos que esa gentezuela, pobre e
inculta, pretendiera conocer una verdad que ellos no conocían.

* Celso llega a decir que Jesús fue un malhechor condenado por las autoridades romanas, hijo
ilegítimo de María con un soldado romano.

A tales burlas y ataques no se podía responder con una mera negación (como en el caso de los
rumores populares). Era necesario más bien ofrecer argumentos sólidos que respondiesen a las
objeciones que se planteaban. Tal fue la obra de los apologistas. La tarea de defender la fe ante esta
clase de ataques produjo algunas de las más notables obras teológicas de la iglesia primitiva.

3.4.2. LOS PRINCIPALES APOLOGISTAS


Durante el siglo segundo se destacan los siguientes autores y sus apologías:

- "El discurso a Diogneto" atribuido a Cuadrato (con algunas reservas), es una de las más
antiguas apologías que han llegado a nuestros días.
- Arístides compuso otra apología que también ha llegado hasta nuestros días.
- Justino Mártir, el más famoso de los apologistas del siglo II nos ha legado:
- Una apología dirigida al emperador Antonino Pio
- Otra apología dirigida al senado de la época de Marco Aurelio
- El "Dialogo con Trifón" que consiste en una discusión con un rabino judío.
- Taciano, discípulo de Justino, escribió un "Discurso a los griegos".
- Atenágoras, apologista ateniense cuenta con una "Defensa de los cristianos" y un tratado "Sobre
la resurrección de los muertos" entre sus apologías.
- Teófilo, obispo de Antioquía, compuso sus "Tres libros a Autólico" que tratan sobre la
doctrina cristiana de Dios, la interpretación de las escrituras y la vida cristiana.

Todas las anteriores apologías fueron escritas en griego, en lengua latina encontramos a finales del
siglo segundo y comienzos del tercero las siguientes:

- "La Apología" de Tertuliano


- "El Octavio" de Minucio Félix

Durante el siglo tercero se destaca el maestro alejandrino Orígenes y su refutación "Contra Celso"
escrita en griego.

* En las apologías vemos reflejado un conflicto al interior de la iglesia que aún persiste,
consistente en LA RELACION ENTRE LA FE CRISTIANA Y LA CULTURA CLASICA PAGANA. No
ha podido llegarse a un acuerdo general acerca de cual debe ser la actitud de la iglesia hacia la
cultura pagana, aunque hoy, al igual que en la época de los apologistas que hemos relacionado, hay
mayor tendencia a la aceptación de la posición que dice que la cultura pagana no es de desechar,
sino que debe utilizarse para la defensa de la fe, conforme a la exhortación de Pablo a "escudriñarlo
todo y retener lo bueno". En el siglo segundo y tercero encontramos representantes de ambas
corrientes.
Entre los que no veían sino una oposición radical entre la fe cristiana y la cultura pagana se
encuentran TACIANO y TERTULIANO y entre los que sostenían la tesis opuesta se encuentra
principalmente JUSTINO MARTIR, quien abrió el camino para que el cristianismo pueda reclamar
todo lo bueno que se pueda encontrar en la cultura clásica, aún a pesar de ser una cultura pagana.
CLEMENTE y ORIGENES de Alejandría, son continuadores destacados de esta corriente. Esta
tendencia, a pesar de las ventajas que significó para el cristianismo, también acarreo peligros
debido a su excesivo carácter especulativo que tendía a interpretar las Escrituras de manera
alegórica y simbólica, desechando en muchos casos la interpretación literal; con el fin de adaptar
mejor la doctrina cristiana a la cultura clásica.

3.4.3. LOS ARGUMENTOS DE LOS APOLOGISTAS


Los argumentos más destacados en los escritos apologéticos son:
- Con referencia a las acusaciones de "ateísmo" los apologistas respondían remitiéndose a los mismos
autores clásicos del paganismo tan admirados y reverenciados por sus opositores, que en sus escritos
condenan la idolatría en multitud de ocasiones.
- A la acusación de ser gente subversiva responden diciendo que aun cuando se niegan a adorarle,
los cristianos son los mejores súbditos con que cuenta el emperador, pues constantemente
presentan las necesidades del imperio ante el trono celestial.
- En cuanto a los rumores populares y teniendo en cuenta que todas las ideas que circulaban eran a
todas luces falsas, los cristianos no tenían más que señalar hacia su propia vida y conducta, cuyos
principios eran mucho más estrictos que los de los paganos
- Por último, ante las críticas de parte de la gente culta, los apologistas recurrieron a la misma forma
de argumentación de la filosofía y la lógica griegas para demostrar la coherencia de la doctrina
cristiana.

3.5. LAS HEREJIAS


El concepto de "herejía" es un legado del judaísmo y desde los mismos comienzos del cristianismo
comenzó a aplicarse a todos aquellos grupos de cristianos que en sus enseñanzas desvirtuaban algún
punto de lo que Pablo llamó la "sana doctrina". Los nuevos convertidos, especialmente de entre los
gentiles, venían al
cristianismo trayendo un bagaje de experiencias y conocimientos religiosos y culturales muy variados
que, aunque en un momento dado podía representar una ventaja para el cristianismo, también se prestaba
para que algunos, con buenas o malas intenciones, comenzaran a ofrecer sus propias interpretaciones
de la fe cristiana y para que algunas de esas interpretaciones fueran tales que amenazaran con
tergiversar radicalmente esa fe. Las herejías más difundidas en los primeros 3 siglos fueron el
gnosticismo y el marcionismo.

Hacia la década de 390 d.C. Filasterio, el anciano obispo de Brescia que había consagrado la vida entera
a recopilar información acerca de la herejía, tenía una lista de 156 bien delimitadas y, al parecer, todas
aún florecientes.

3.5.1. EL GNOSTICISMO
Esta fue una herejía que representó un gran peligro para el cristianismo hasta el punto de que llegó a
estar cerca de imponerse en muchas iglesias como la "doctrina oficial". No ha podido definirse
claramente debido a que era un movimiento sin una forma específica que albergaba una gran
variedad de "escuelas" dentro de sí mismo que no reconocían ningún vínculo formal entre ellas.
Además existía tanto dentro del cristianismo como fuera de él. El que representó el mayor reto para la
iglesia era el que existía dentro del cristianismo ya que trataba de reinterpretar la fe en términos que
resultaban inaceptables para los demás cristianos.

Era marcadamente sincretista y aunque es imposible señalar hacia un jefe, se destacaron como maestros
gnósticos Basílides y Valentín.

El término proviene de la palabra griega "gnosis" que quiere decir "conocimiento". Según los gnósticos,
su doctrina era un conocimiento especial, reservado para quienes poseían verdadero entendimiento. Su
preocupación fundamental era la salvación. Creían que todo lo que fuese materia era necesariamente
malo, por lo cual el propósito último del gnóstico era liberar el espíritu escapando de este cuerpo y
de este mundo material. Por lo tanto, explicaban el origen del mundo diciendo que en un comienzo
toda la realidad era espiritual, compuesta por un ser supremo y una serie de emanaciones espirituales
de este ser. Fue uno de estos seres espirituales distante del ser supremo quien, por error, originó
el mundo material. Así, nuestro mundo es un "aborto" del espíritu y no una creación de Dios.
Argumentaban que, debido a que algunas "chispas" o "porciones" de espíritu habían quedado
aprisionadas en estos cuerpos materiales, era necesario el advenimiento de un "mensajero del
reino espiritual para darnos la información o "gnosis" necesaria para nuestra liberación. En el
gnosticismo cristiano, ese mensajero era Cristo.

Debido a su posición respecto de la materia, los gnósticos sostenían que Cristo no podía haber tenido un
cuerpo material como el nuestro y negaban su nacimiento, pues esta eventualidad le habría
colocado bajo el poder de este mundo material. Las diversas explicaciones que daban para
justificar la encarnación de Cristo reciben el nombre de "DOCETISMO" (de una palabra griega que
significa "parecer", pues lo que estas doctrinas implicaban era que el cuerpo de Jesús era una
apariencia). Como consecuencia de su doctrina, algunos gnósticos abogaban por un ascetismo extremo
mientras otros practicaban el libertinaje.

Los principales dirigentes de la iglesia se opusieron tenazmente al gnosticismo porque veían en él una
negación de varias de las principales doctrinas cristianas como son: La Creación, la Encarnación y la
Resurrección.
3.5.2. MARCION Y EL MARCIONISMO
Marción, hijo del obispo de Sínope; hacia el año 144 d.C. se trasladó a Roma donde logró varios seguidores
de su doctrina, llamada "Marcionismo". La iglesia herética por él creada perduró por espacio de
varios siglos.

Marción fue el "cristiano" que más efectivamente adosó las doctrinas gnósticas a la fe cristiana. Su
estructura doctrinal fue marcadamente antisemítica y compartía con los gnósticos su condenación
del mundo material. Para él, el A.T. era la revelación de un dios diferente e inferior al Dios del N.T.
que Cristo nos había dado a conocer. El dios del A.T. era un dios de justicia implacable y evidentes
favoritismos, "Jehová", o como se designó en escritos de corte filosófico "El Demiurgo"; mientras que el
Dios de los cristianos era un Dios de amor, por encima del Jehová del A.T. En consecuencia de lo
anterior, el mundo material fue creado por el dios inferior Jehová y por lo tanto, al igual que en el
gnosticismo, Jesús no podía haber nacido de María, puesto que tal cosa le habría hecho súbdito de
Jehová, sino que apareció repentinamente, como un hombre maduro, en la época del emperador
Tiberio.
Para sustentar sus doctrinas, Marción fue el primer "cristiano" que estableció formalmente un
canon para el N.T., formado por las epístolas paulinas y el evangelio de Lucas debidamente
editadas por él mismo, con el fin de excluir cualquier cita que hiciera alusión favorable al A.T. o
a los judíos, pues según él, estas citas no podían ser genuinas sino que debían haber sido incluidas
en el texto sagrado por judaizantes que trataban de adulterar el mensaje de Pablo y de Lucas.

Marción, al igual que los gnósticos, fue señalado y condenado por hereje por la iglesia en general;
pero representó una amenaza más seria que aquellos para el cristianismo, debido a que llegó a organizar
su propia iglesia con obispos rivales de los de la iglesia oficial y por tanto sus enseñanzas tendían a
perpetuarse. Además la propaganda marcionita dentro del resto de la iglesia era impresionante, sobre
todo porque sus doctrinas parecían tan sencillas y lógicas.

3.5.3. OTRAS HEREJIAS MENORES


Existen otras herejías menores, surgidas durante los tres primeros siglos del cristianismo, que no
representaron una amenaza tan grande para la iglesia como las anteriores debido a que no arrastraron tantos
seguidores tras de sí (en cierto modo fueron de carácter local), a que no tenían un cuerpo de doctrina propio
sino que se limitaban a tratar de dar una interpretación diferente a algún punto de la doctrina cristiana
o, como en el caso del montanismo, a que no involucraba un punto esencial de la sana doctrina (además
de que éste último recibió una sanción tácita al contar dentro de sus filas con Tertuliano, uno de los
más grandes teólogos de la antiguedad). Estas herejías son:

- El Monarquianismo modalista llamado sarcásticamente "Patripasionismo" debido a que su


defensor, Práxeas, sostenía que El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo eran tres modos en los que
Dios se manifestaba, de manera que Dios unas veces era Padre, otras Hijo y otras Espíritu. Entonces,
según Práxeas, el Padre sufrió la pasión, pues el Hijo es el Padre (patripasionismo). También se llamó
Sabelianismo a causa de otro de sus defensores: Sabelio.

- El Montanismo recibe ese nombre de su fundador Montano, quien había sido sacerdote pagano antes
de su conversión. Montano dio un renovado énfasis a los dones del Espíritu Santo, especialmente
la profecía, además de dar una participación y autonomía inusual a las mujeres en el culto formal.
Esto no involucraba un problema en sí mismo. El problema se presentó cuando, en ejercicio del
don de la profecía, los montanistas comenzaron a decir que "con ellos había comenzado una nueva
edad". Esa
nueva edad se caracterizaba, entre otras cosas, por una vida moral más rigurosa. La razón por la cual
la iglesia se opuso a la predicación de los montanistas no fue su énfasis en las profecías, sino lo
que pretendían en el sentido de que ahora comenzaba una nueva era, el fin de la historia. Afirmar,
como lo hacían los montanistas, que el fin había comenzado ahora, con la dádiva del Espíritu a
Montano y los suyos, era disminuir la importancia de los acontecimientos del Nuevo Testamento y
pretender que el Evangelio no era sino una etapa más en la historia de la salvación. La iglesia no
podía aceptar tales doctrinas.

3.5.4. LA RESPUESTA DE LA IGLESIA


Ante el reto de las herejías, la iglesia respondió en tres frentes diferentes a saber:

1. EL CANON
Antes de Marción no existía una lista oficial de libros del Nuevo Testamento, pero en vista del peligro
que planteaba el marcionismo; la iglesia se vio obligada a compilar una lista o grupo de libros
sagrados. Tal lista no se hizo de modo formal (es decir que no hubo una reunión o concilio para
determinarla) sino que poco a poco se fue formando un consenso dentro de la iglesia. Algunos libros
que habían sido usados por iglesias locales cayeron en desuso y no se incluyeron en el N.T. Otros lograron
acogida general y otros fueron discutidos por algún tiempo antes de ser generalmente aceptados.

* Dentro de los libros que se usaban en un considerable número de iglesias locales, además de
una buena cantidad de apócrifos decididamente espúreos y evidentemente inferiores desde todo
punto de vista a los libros inspirados y que no es del caso mencionar; circulaban los que se han
dado en llamar "ESCRITOS DE LOS PADRES APOSTOLICOS" que, aunque no se incluyeron
dentro del canon, si gozaban de cierto aprecio general dentro de la iglesia primitiva debido tal vez
al prestigio de sus autores o por su contenido de carácter evangélico que no ponía en entredicho
ningún punto esencial de la sana doctrina. Estos libros son:

- Las epístolas de Clemente de Roma (especialmente la primera dirigida a la iglesia de Corinto)


- La "Didajé" o "Enseñanza de los doce apóstoles"
- Las epístolas de Ignacio de Antioquía
- Los escritos de Policarpo de Esmirna y los alusivos a su martirio
- Las "explicaciones de las sentencias del Señor" de Papías, obispo de Hierápolis
- La "epístola de Bernabé" (probablemente de carácter seudo-epigráfico)
- "El pastor" de Hermas

2. EL CREDO
Otra de las maneras de responder al reto de los gnósticos y marcionitas fue la formulación de lo que
hoy llamamos el "Credo de Los Apóstoles" cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo II en
Roma. En esa época se le llamaba "símbolo de la fe", entendiéndose por símbolo la credencial que
acreditaba a una persona como cristiano auténtico. El núcleo del credo tiene su origen en las tres
preguntas que se le hacían al candidato al bautismo antes de su inmersión en el agua bautismal.

3. LA SUCESION APOSTOLICA
Esta respuesta pretendía subrayar la autoridad de la iglesia como legítima depositaria de la fe. Los
herejes decían que las verdaderas enseñanzas de Jesús habían sido pasadas a través de un apóstol y que
ellos eran los verdaderos depositarios de esas enseñanzas. En el caso de los gnósticos, se trataba de una
supuesta tradición secreta. En el caso de Marción se trataba de los escritos de Pablo mutilados. Frente
a ellos la
iglesia decía que si Jesús tenía alguna enseñanza secreta que comunicarles a sus discípulos, lo más
lógico sería suponer que les confiaría tal enseñanza a los mismos apóstoles a quienes les confió
la dirección de la iglesia. Y si tales apóstoles a su vez habían recibido algún secreto, sería de
esperarse que se lo transmitirían, no a algún extraño, sino a las mismas personas a quienes confiaron
la dirección de las iglesias que iban fundando. Por tanto, si hubiera tal enseñanza secreta, esa
enseñanza no se encontraría sino entre los discípulos directos de los apóstoles, y sus sucesores. Pero
el hecho es que los jefes de las iglesias que podían reclamar esa sucesión apostólica niegan unánimemente
que haya habido tales enseñanzas.

En desarrollo de esta idea y con el fin de darle fuerza a este argumento, las principales iglesias del
imperio procuraron mostrar por medio de variadas listas de obispos, que los dirigentes actuales de la
iglesia (en el siglo segundo) eran sucesores de los apóstoles. Pero en realidad, no se trataba aquí de
que todas las iglesias pudieran mostrar su conexión directa con los apóstoles, sino que se trataba
más bien de que todas concordaban en la fe, y que pudieran juntamente mostrar que esa fe les
había sido enseñada por los apóstoles. En este sentido la iglesia sí era "CATÓLICA", es decir
"universal y según el todo".

3.5.5. LAS ESCUELAS TEOLOGICAS


Las herejías impulsaron el desarrollo de escuelas de carácter teológico.. Estas escuelas formaron algunos
de los más grandes maestros de la iglesia primitiva, gracias a los cuales tenemos los primeros y
más antiguos tratados teológicos completos de la doctrina cristiana. Las tres escuelas más destacadas
son
- La Escuela de Asia Menor que tiene como su más grande representante a Ireneo, obispo de
Lyon. Ireneo era ante todo un pastor, cuyo interés no estaba en la especulación filosófica sino en dirigir a
su grey en la sana doctrina y la vida correcta. Son dos las obras suyas que se conservan: "La
demostración de la fe apostólica" y "la refutación de la falsa gnosis" también conocida como
"Contra las herejías". Ireneo nos muestra lo que era la doctrina común de la iglesia hacia fines del siglo
II. La teología de Ireneo consiste en una grandiosa y amplísima visión de la historia, de tal modo
que los propósitos de Dios van cumpliéndose a través de ella.

- La Escuela de Alejandría (Egipto), fundada por Panteno, que había sido filósofo estoico antes de su
conversión; cuenta entre sus más grandes exponentes a Clemente de Alejandría y a Orígenes.

Clemente no fue pastor como Ireneo sino maestro, y maestro de intelectuales. Su propósito era
ayudar a quienes buscaban las verdades más profundas y convencer a los intelectuales paganos de que el
cristianismo no es después de todo la religión absurda que sus enemigos pretenden. Para ello recurre a
la alegoría o la parábola para interpretar las escrituras. Sostiene que el texto sagrado tiene más de
un sentido, y que aunque el sentido literal no ha de despreciarse, el que se queda en él es como un
niño que se contenta con beber leche y nunca llega a ser adulto. Por medio de este particular método
de interpretación, logra construir puentes y conciliar muchos aspectos, aparentemente
irreconciliables, de la filosofía pagana con la doctrina cristiana. Se le critica que su enfoque tiende a
producir una teología de tipo elitista, ya que está dirigida más para las mentes cultas que para las masas.
En realidad, Clemente sigue la línea de pensamiento iniciada por Justino Mártir, pero adentrándose
mucho más en ella. Establece puentes entre la filosofía pagana y la doctrina cristiana, no solo por la
conveniencia del argumento, sino principalmente porque está convencido de que la verdad es una
sola y cualquier atisbo de ella que Platón u otros filósofos hayan podido conocer, no puede ser
distinta de la verdad que se ha revelado en Jesucristo y en las Escrituras. Muchas de sus obras han
llegado hasta nuestros días, entre las cuales se cuentan "Protrépticos" (o Exhortación a los paganos),
"Paidagogos" (o El Tutor) y "Stromateis" (o Misceláneas).
Orígenes es discípulo de Clemente y es el encargado de llevar a su máximo desarrollo la corriente
de interpretación teológica escritural iniciada por Justino y continuada por Clemente; aunque, por
lo menos en teoría, está más consciente que Clemente de la necesidad de asegurarse de que ese interés
filosófico no le lleve a negar algunas de las doctrinas fundamentales del cristianismo y a sacrificar el
carácter único de la revelación bíblica. Según él "nada que difiera de la tradición de los apóstoles y
la iglesia ha de aceptarse como verdadero". Sus obras más conocidas son "La Hexapla" o colección
en seis columnas del A.T., su apología "Contra Celso" y "De principiis" o "de los principios".

- La Escuela de Cartago (norte de Africa) hizo más que cualquiera de las otras para darle forma
al pensamiento teológico de Occidente, los dos nombres más grandes de esta escuela durante los 3
primeros siglos del cristianismo fueron Tertuliano y Cipriano (este último será tratado más
adelante). Ya en la época de la iglesia imperial surgirá aquí uno de los teólogos más grandes de todos los
tiempos (para muchos el segundo después de San Pablo) llamado Agustín de Hipona, más conocido
como San Agustín (que será tratado posteriormente de manera más amplia).

Tertuliano era al parecer abogado, o por lo menos había sido adiestrado en la ciencia retórica y en los
procedimientos que usaban los abogados, ya que toda su obra lleva el sello de una mente legal.
Fue, a semejanza de Orígenes, uno de los escritores cristianos más prolíficos de la antiguedad; pero a
diferencia de aquel, gran parte de su obra ha llegado hasta nuestros días.

Como lo veíamos en el capítulo anterior, siguió la corriente iniciada por Taciano de oponerse radicalmente a
la cultura clásica pagana. Abogó por un rigorismo extremo, una disciplina moral de carácter
extremadamente riguroso, lo cual tal vez explique su adhesión tardía a la secta de los
montanistas, considerada herética por el resto de la iglesia; y el hecho de fundar hacia el final de
sus días la secta de los "Tertulianistas" aún más rigurosa que la de los montanistas. La lógica de
Tertuliano es a menudo aplastante, pero el vigor de sus argumentos se encuentra, más que en su lógica, en
su habilidad retórica que llega hasta el sarcasmo. De este modo, mediante una inigualable combinación
de ironía mordaz con una lógica inflexible, Tertuliano se convirtió en el azote de los herejes y
campeón de la ortodoxia. Entre sus obras encontramos su "Apología", "El Testimonio del alma", la
"Prescripción contra los herejes", "Contra Marción" y "Contra Práxeas" entre otras muchas. Fue
el primer teólogo en escribir en latín, la lengua de la parte occidental del imperio y ayudó a definir con
mucha claridad doctrinas como La Trinidad (fue el primero en utilizar este término) y las dos
naturalezas de Cristo: la divina y la humana, incorporando los términos que fueron posteriormente
aceptados de manera general en la formulación de estas doctrinas. Esto no quiere decir que Tertuliano
"inventara" la doctrina de la Trinidad, pero sí fue él quien creó el vocabulario que a la larga se hizo
común para expresarlas.

3.6. LA PERSECUCION EN EL SIGLO TERCERO


Después del reinado de Marco Aurelio, durante los últimos años del siglo II; la persecución amainó de
tal modo que la iglesia pudo disfrutar de un periodo de relativa paz. A pesar de ello, todavía seguía en
vigor la política de Trajano y debido a esto no dejó de haber, de vez en cuando, martirios más o menos
aislados en diferentes partes del imperio. Sin embargo, en el siglo III la situación cambió ya que hubo
dos políticas nuevas, una promulgada por Septimio Severo y otra por Decio, que afectaron
profundamente la vida de la iglesia.

3.6.1. LA PERSECUCION BAJO SEPTIMIO SEVERO


Las circunstancias políticas bajo las cuales reinó Septimio Severo, hacían que la condición del imperio
comenzara a ser inestable debido a la amenaza de los "barbaros" más allá del Rin y el Danubio y a la
existencia de grupos disidentes dentro del ejército imperial. Ante esto, el emperador decidió seguir
una
política religiosa de carácter sincretista con el propósito de unir a todos sus súbditos bajo el culto
al Sol invicto, en el cual se fundirían todas las religiones de la época, así como las
enseñanzas de diversos filósofos. Obviamente, los cristianos y los judíos constituyeron un obstáculo
ineludible para este propósito, y es por eso que Septimio Severo adoptó una política bajo la cual se
prohibía toda conversión al cristianismo o al judaismo, bajo pena de muerte. Adicionalmente, como lo
mencionabamos más arriba, continuaba vigente la política de Trajano. Lo anterior marcó el
recrudecimiento de la persecución, al estilo del siglo II, con el agravante de que fue más
intensamente dirigida contra los nuevos convertidos y sus maestros.

Bajo esta nueva persecución cayeron cristianos de la talla de Ireneo de Lyon y Leonidas - el padre
de Orígenes - a la vez que otros como Clemente de Alejandría tuvieron que huir para salvar su vida.
El "Martirio de las santas Perpetua y Felicidad" da cuenta detallada de las circunstancias bajo las cuales
murieron cinco de los mártires más conocidos de este periodo: Perpetua, Felicidad, Revocato, Saturnino y
Secúndulo, destacándose en la narración la entereza y el valor de Perpetua y Felicidad para enfrentar
a sus verdugos. El hecho de que los mártires son "catecúmenos", es decir que se preparaban para recibir
el bautismo; confirma lo que hemos dicho previamente sobre las características de la nueva
política implementada por Septimio Severo. Es probable que Perpetua y sus compañeros hayan sido
montanistas y que el autor que nos ha dejado el testimonio de su martirio haya sido Tertuliano.

Poco después, por razones que no son del todo claras, la persecución disminuyó. Siguieron
presentándose martirios esporádicos y aislados pero de ninguna manera en la medida en que se
presentaron en el 202-203
d.C. bajo Septimio Severo. El emperador Máximo desató una breve persecución restringida a Roma en
la cual fueron exiliados y enviados a trabajar a las minas el obispo Ponciano e Hipólito,
destacados miembros de la iglesia de la capital del imperio, pero descontando estos leves brotes, la
persecución cesó casi por completo durante casi medio siglo al tiempo que se añadían nuevos
convertidos a la iglesia. La persecución llegó a ser una memoria amarga y dolorosa del pasado. Entonces
se desató la tormenta...

3.6.2. LA PERSECUCION BAJO DECIO


Decio era un romano de corte antiguo, dispuesto a restaurar la vieja gloria de Roma que,
evidentemente, estaba perdiendo su lustre. Desde su punto de vista (el de un romano tradicional)
resultaba claro que la razón por la que esto sucedía, era que el pueblo había abandonado el culto de
sus dioses y éstos a su vez le habían retirado su favor al viejo Imperio, pues, cuando todos adoraban a
los dioses las cosas parecían ir mucho mejor. Por lo tanto, si todos sus súbditos volvían a adorar a los
dioses, posiblemente los dioses volverían a favorecer el Imperio. Esta fue la principal razón de su
política religiosa, que, a diferencia de sus predecesores, se trataba de una campaña religiosa que
buscaba la restauración de los viejos cultos.

El propósito del emperador no era crear mártires sino apóstatas. Tal vez Decio, al igual que Tertuliano
50 años antes, creía que "la sangre de los mártires era la semilla del cristianismo, pues mientras más se
le derramaba, más cristianos había". El propósito de esta nueva persecución no era destruir a los
cristianos, sino lograr que renunciaran a su fe, anotándose de esta manera una victoria en la política
imperial de restaurar el paganismo.
Inicialmente, Decio ordenó por mandato imperial, que todos tenían que sacrificar ante los dioses y
quemar incienso ante la estatua del emperador. Quienes así lo hicieran, obtendrían un certificado o
"libelli" como prueba de ello y los que carecieran de tal certificado serían tratados como
criminales que habían desobedecido el mandato imperial.

El mandato imperial tomó por sorpresa a los cristianos de las nuevas generaciones, que no se habían
formado
bajo el peligro constante de la persecución y por ello no estaban listas a enfrentarse al martirio.
Algunos corrieron a obedecer el edicto imperial tan pronto como supieron de él; otros
permanecieron firmes por un tiempo pero finalmente también ofrecieron sacrificio ante los
dioses; otros más astutos, se valieron de artimañas y del poder del oro para obtener certificados
falsos sin haber sacrificado nada, y otros, en fin, permanecieron firmes y se dispusieron a
afrontar las torturas más crueles que sus verdugos quisieran imponerles.
Debido a que el propósito de Decio era obligar a las gentes a sacrificar, fueron relativamente pocos los que
murieron durante esta persecución. Pero las torturas a las que se sometía a los cristianos con este
propósito, eran tan crueles y de tal magnitud que, una vez liberados, algunos morían debido a la
gravedad de las heridas recibidas. Tal fue el caso de Orígenes, mencionado en el capítulo anterior.

Esta nueva persecución fue sistemática y universal, como los demuestra el hecho de que se han encontrado
certificados comprobando sacrificios en los lugares más recónditos del imperio.

3.6.3. LA CUESTION DE LOS CAIDOS ("LAPSI")


La persecución de Decio fue muy breve (tres años aprox.), pero a pesar de ello, su intensidad hizo que
fuera una dura prueba para la iglesia, no sólo por la persecución en sí misma, sino por el hecho de
que, una vez ésta cesó, debió decidir sobre nuevas cuestiones prácticamente desconocidas hasta el
momento.

La naturaleza de la persecución de Decio originó una nueva dignidad en la iglesia: Los Confesores, que
eran aquellos cristianos que, durante la persecución, habían permanecido firmes soportando las
torturas impuestas y finalmente habían logrado sobrevivir sin haber negado su fe.
A su vez, la iglesia debía decidir sobre que hacer con "los caídos" ("lapsi"), es decir, aquellos que de
un modo u otro habían sucumbido ante los embates de la persecución, con el agravante de que no
todos habían caído de igual modo o en igual grado.

- El primer aspecto del problema surgió cuando, debido al prestigio de los confesores, algunos
pensaban que eran ellos quienes tenían la autoridad necesaria para restaurar a los caídos a la
comunión de la iglesia, dejando a un lado la autoridad de los obispos.

- El segundo aspecto de problema fue el referente al grado de rigor que se debía aplicar a los
caídos para poder ser restaurados a la comunión, asunto en el cual no se ponían de acuerdo los
diferentes dirigentes eclesiásticos.

La anterior situación dio origen a dos de los "cismas" o divisiones más conocidos de la iglesia antigua, en
la parte occidental del imperio (Cartago y Roma).

 EL CISMA DE CARTAGO
El cisma de Cartago tiene como protagonista al obispo Cipriano, mencionado en el capítulo anterior como
uno de los principales exponentes de la Escuela Teológica de Cartago.
Cipriano se convirtió al cristianismo aproximadamente a los 40 años de edad y poco tiempo después
fue electo obispo de Cartago. Admiraba a Tertuliano, a quien llamaba "el maestro" y al igual que él, era
ducho en retórica y sabía exponer sus argumentos en forma aplastante. Muchos de sus escritos se
conservan hasta hoy, constituyéndose en joyas de la literatura cristiana del tercer siglo.
Cuando estalló la persecución Cipriano pensó que su deber era huir a un lugar seguro con algunos
otros dirigentes de la Iglesia, y desde allí seguir pastoreando a su grey con una correspondencia
nutrida. Erroneamente, muchos vieron esta decisión como un acto de cobardía, pues de hecho, el
valor y convicción de Cipriano quedaron probados cuando, pocos años más tarde durante la breve
persecución
propiciada por el emperador Valeriano, Cipriano ofreció su vida como mártir. Pero por lo pronto su
autoridad quedaba puesta en duda, pues los confesores que habían sufrido por su fe, parecían tener
más autoridad que él. Fueron precisamente algunos de estos confesores de su jurisdicción, quienes
reclamaron la autoridad para restaurar a los caídos y comenzaron a ejercerla, admitiéndolos de inmediato
en la comunión sobre la base del arrepentimiento. Algunos presbíteros de Cartago que tenían viejas
disputas con Cipriano, se unieron a estos confesores y se produjo un cisma que dividió a la iglesia
de la ciudad y la región circundante. Cipriano, entonces, convocó a un sínodo (asamblea de los
obispos de la región) donde se estableció oficialmente el procedimiento para restaurar a los caídos de
acuerdo a la gravedad de su caída. (La preocupación por la restauración de los caídos fue la que dio
origen más adelante, en la iglesia occidental, a todo el sistema penitencial de hoy).
Este cisma no duró tanto como el que trataremos a continuación.

 EL CISMA DE NOVACIANO EN ROMA


Este cisma tuvo como escenario Roma (donde ya había un antecedente reciente, con el cisma que tuvo
lugar cuando Hipólito se opuso al obispo Calixto porque éste estaba dispuesto a perdonar a los que
habían fornicado y regresaban arrepentidos, llegando a existir dos obispos rivales en Roma), y fue
protagonizado por el obispo Cornelio y el presbítero Novaciano, quien se oponía a la facilidad con
que el primero admitía de nuevo a la comunión a los que habían caído. Esta situación también
condujo a otro cisma que perduraría por varias generaciones.
* Es importante anotar que, a pesar de que a primera vista la actitud de Novaciano y la de
Cipriano en relación con los caídos es la misma; las motivaciones de ambos eran diferentes, pues
para Novaciano lo que estaba en juego era la pureza de la iglesia, mientras que para Cipriano era
la autoridad de la misma. Aunque Cipriano, influido por el espíritu rigorista de Tertuliano, abogaba
por una mayor severidad en la admisión de los caídos que la aplicada por los confesores; el punto
principal que el defendía era que, INDEPENDIENTEMENTE DEL MAYOR O MENOR RIGOR
APLICADO PARA SU RESTAURACION, ESTA DEBIA HACERSE DE MANERA ORDENADA A
TRAVES DEL CONDUCTO REGULAR DE LA IGLESIA; EN ESTE CASO LOS OBISPOS Y LOS
DIRIGENTES LEGITIMAMENTE CONSTITUIDOS POR DIOS. Esto explica por qué, a pesar de
que Cipriano parecía compartir en mayor o menor grado el rigor de Novaciano en Roma; se opuso
tenazmente a éste, porque consideraba que era Cornelio (el obispo legítimamente constituido en la
capital) quien debía decidir sobre este asunto.

Es necesario destacar que la iglesia de la parte occidental del imperio (Roma y Cartago), hizo más
énfasis en la organización, la autoridad y la unidad dentro de la iglesia que en la doctrina (aunque no
por ello debemos pensar que descuidó esta última) y es debido a ello que el principal problema que debió
enfrentar son los CISMAS; mientras que la iglesia de la parte oriental (Alejandría y Asia Menor),
debido a su mayor tendencia filosófica y especulativa, debió luchar constantemente contra las
HEREJÍAS.
3.7. LA GRAN PERSECUCION Y EL TRIUNFO FINAL

3.7.1. LA PERSECUCION BAJO DIOCLECIANO Y GALERIO


Después de las persecuciones de Decio y Valeriano, la iglesia gozó de un periodo de relativa
tranquilidad. Pero a finales del siglo III se desató la última y más terrible de las persecuciones.
Diocleciano, hábil político y administrador, organizó el imperio en una tetrarquía debido a que su
extensión era tan grande, que ya era difícil de gobernar por un sólo emperador. De este modo, dos
emperadores compartían el título de "augusto": Diocleciano en el oriente y Maximiano en el
occidente. Bajo cada uno de ellos había otro emperador con el título de "cesar": Galerio bajo
Diocleciano y Constancio Cloro bajo Maximiano. De todos ellos sólo Galerio parece haber sentido
una enemistad profunda contra el cristianismo, ya que, en lo que hace referencia a Diocleciano, tanto
Prisca como Valeria, su esposa e hija respectivamente, eran cristianas. Galerio fue el orquestador de
esta nueva persecución, hallando un pretexto para ello en la oposición de algunos cristianos al
servicio militar. Esta oposición no se debía al pacifismo implícito en el cristianismo, sino al hecho de que
algunas de las ceremonias militares eran de carácter religioso, y por tanto se le hacía muy difícil al
soldado cristiano abstenerse de participar en la idolatría. Esta actitud era muy grave a los ojos de
Galerio, pues debido a que había un buen número de cristianos en el ejército, existía la posibilidad de
que en algún momento crítico, éstos se negaran a obedecer ordenes. En consecuencia Galerio convenció a
Diocleciano de la necesidad de expulsar a los cristianos de las legiones, dando comienzo así a una
serie de edictos (4 en total) de creciente severidad contra los cristianos:
- El primero ordenaba su expulsión del ejército.
- En el segundo se ordenó la destrucción de templos y el decomiso y destrucción de las
escrituras sagradas, junto con la privación de todas las dignidades y derechos civiles de los
cristianos.
- En el tercero se decretó que todos los líderes de la iglesia fueran encarcelados.
- El último decretó que todos los cristianos debían sacrificar ante los ídolos.

En el lapso transcurrido entre la promulgación del primer y el último edicto, Galerio se encargó de
indisponer cada vez más la voluntad de Diocleciano hacía los cristianos, achacándoles dos
incendios misteriosos en el palacio y algunos disturbios en diversas regiones, al punto de que
Diocleciano ordenó que todos los cristianos de la corte tenían que ofrecer sacrificios ante los dioses, de
tal modo que Prisca y Valeria cedieron al requerimiento y sacrificaron, mientras que Doroteo, el gran
chambelán de la corte, y varios otros, sufrieron el martirio. A pesar de que la letra de los edictos no
parece, en principio, tan hostil hacia los cristianos; el hecho es que la resistencia propia de éstos a
entregar las sagradas escrituras, llevó a que se les torturara y condenara a muerte. Así se desató la más
cruenta de cuantas persecuciones sufrió la iglesia antigua. El único territorio donde la persecución
no fue tan severa fue el que estaba bajo el dominio de Constancio Cloro, el padre del famoso
Constantino.

Estando así las cosas, Galerio maquinaba el modo de hacerse dueño único del imperio, y aprovechando una
enfermedad que dejó muy débil a Diocleciano, le obligó a abdicar tanto a él como a Maximiano, el
"augusto" de occidente.
La tetrarquía funcionó mientras tuvo al frente a un gobernante especialmente dotado como
Diocleciano, pero bajo la dirección de Galerio fue un fracaso que desembocó en rencillas y
pugnas irreconciliables entre los sucesores oficiales nombrados por Galerio (Severo y Maximino
Daza) y los que tenían el derecho legítimo al gobierno (Majencio y Constantino). Poco después
Licinio entra también a disputar una tajada de poder a los ya consolidados Galerio, Maximino Daza,
Constantino y Majencio (Severo ya se había suicidado ante su derrota frente a Majencio en Roma).
En medio de todo este caos, la persecución continuó de manera intensa en la parte oriental del
imperio bajo Galerio y Maximino Daza, pues ni Constantino ni Majencio, dueños efectivos de la
mayor parte occidental, se ocuparon en promoverla pues la consideraban una política de Galerio.
A pesar de ello, en oriente la persecución fue excesivamente cruel y sistemática a tal grado que las
listas de los mártires son demasiado extensas para ser consignadas aquí.

3.7.2. EL TRIUNFO FINAL


Por fin, cuando los cristianos comenzaban a desesperar, la tormenta amainó. Galerio estaba
enfermo de muerte y el 30 de abril del 311 promulgó su famoso "Edicto de tolerancia" como una
postrera pero dudosa actitud de arrepentimiento y reivindicación hacia los cristianos.
Tal fue el edicto que puso fin a la más cruenta, y prácticamente la última, de las persecuciones que
la iglesia tuvo que sufrir a manos del imperio romano.
El imperio quedó entonces en manos de Constantino y Majencio en occidente y Licinio y Maximino
Daza en oriente. Más adelante, después de que Constantino ya se había lanzado a la campaña que a la
postre le haría dueño absoluto del imperio, se ratifica y amplia la decisión del "Edicto de tolerancia" en
la ciudad de Milán, entre Licinio y Constantino, en el famoso "Edicto de Milán" en el 313 d.C. Este
es el que, en últimas, se señala frecuentemente como el fin de las persecuciones, aunque lo cierto es
que el "Edicto de tolerancia" es el que, con mayor justicia, puede pretender ser el que acabó con la
persecución de una vez por todas. A pesar de lo anterior, en los territorios de Maximino Daza se
reanudó la persecución, aún después de la promulgación de los dos edictos mencionados; hasta que,
tras una serie de pasos y circunstancias que corresponden a la siguiente unidad (la Iglesia imperial),
Constantino quedó como el único emperador y la iglesia gozó de paz en todo el imperio.

CUESTIONARIO DE REPASO
1. Cuál es el primer historiador romano (secular) en hacer referencia a Cristo y cuál es el
suceso histórico en el que se hace esta mención? Explíquelo
2. Por qué la resistencia al sincretismo y al culto al emperador por parte de judíos y cristianos,
fue castigada severamente en los cristianos al mismo tiempo que se toleraba entre los judíos?
3. Mencione cuales fueron los agravantes en la conducta de los cristianos que los hicieron
merecedores de la persecución por parte del estado romano.
4. Bajo que emperadores se persiguió de manera especial a los cristianos durante el siglo primero,
a qué obedecieron estas persecuciones (qué las motivó) y cuál fue su carácter (sistemático y
universal o aislado y local)?
5. Cuales fueron las circunstancias bajo las cuales se dio la persecución de Nerón, cuál es el
historiador secular que la registra, cuales los dos mártires más conocidos de ella y por qué
esta persecución fue de gran trascendencia para la historia subsecuente?
6. Cuales son los documentos que nos permiten apreciar y conocer más claramente y de una
manera más detallada y confiable los aspectos de la persecución en el siglo II?
7. En qué se diferencia Plinio de Tácito, en sus apreciaciones acerca de los cristianos?
8. Cuál fue el sentido de la primera política de estado contra el cristianismo, en qué consistió y bajo
que emperador se dio?
9. Cuales son los dos mártires más destacados durante la persecución que se inició bajo la política de
Trajano, cuál era la posición de cada uno de ellos ante el martirio y por qué era importante
definir la actitud correcta hacia el martirio?
10. Por qué es inconsecuente y contradictoria con su personalidad, la persecución que Marco
Aurelio aprobó y fomentó contra los cristianos y cuales parecen haber sido sus motivaciones?
Mencione un mártir de este periodo.
11. Por qué fue necesaria la aparición de los apologistas? Mencione cuatro de los más destacados.
12. Cuál fue el origen de las acusaciones contra los cristianos? Explíquelas brevemente.
13. Cuál fue la circunstancia que propició y facilitó la aparición de las herejías en la iglesia, relacione
las 4 más conocidas (incluyendo las llamadas "herejías menores") y explique una de ellas.
14. Qué es "Docetismo" y cuales de las principales doctrinas cristianas eran atacadas y negadas
por las 2 principales herejías del siglo II?
15. Cuales fueron las respuestas de la iglesia contra las herejías? Explique una de ellas.
16. Relacione las principales escuelas teológicas y sus más destacados exponentes.
17. En que consisten las dos políticas nuevas incorporadas a la de Trajano en el siglo III, en relación
con la persecución de los cristianos, bajo que emperadores se dieron respectivamente y
mencione un mártir de cada una de ellas.
18. Cuál fue la nueva dignidad surgida en la iglesia bajo la persecución de Decio, cuales son los
dos aspectos principales del problema surgido con la restauración de los caídos, en que
desembocaron en su momento y a que dieron origen en nuestros días?
19. Cuales eran las motivaciones (qué defendían) de Cipriano y Novaciano, durante las llamados
"cismas de Cartago y de Novaciano" respectivamente?
20. Debido al énfasis que hacían, cuales fueron los problemas contra los que tuvieron que enfrentarse
más frecuentemente las iglesias de oriente y de occidente respectivamente?
21. Bajo que emperador(es) se dio la última y más cruenta de las persecuciones por parte del
imperio romano a los cristianos y cual(es) fueron los sucesos que marcaron el fin de la
persecución?
4. LA IGLESIA IMPERIAL
Alrededor de la conversión de Constantino hay tres tesis que debaten sobre las motivaciones y la naturaleza
de la misma:
1- la tesis hipercatólica-tradicional: fue esbozada y sostenida por Eusebio de Cesarea, Lactancio,
Agustín de Hipona, el papado romano y toda la tradición católica medieval. Sostiene que la
conversión de Constantino fue un acto milagroso del mismo Cristo, que por medio de un sueño
y una visión le concedió el secreto de la victoria sobre Majencio, para poner el imperio al servicio
de la causa de Dios único y verdadero: el reino de Dios.
2- La tesis evangelica-radical: fue exhortada por Pedro Chelzicky, disidente husita checo del
siglo XV, y ha sido defendida por el protestantismo radical y otros gruesos segmentos del
protestantismo conservador en general, sostiene que no hay evidencia ninguna de una
conversión genuina en Constantino, que su conversión fue simplemente una engañosa
manipulación política para obtener el respaldo de los cristianos y de esa manera llegar al poder, se
diría que técnicamente no era cristiano pues su bautismo fue realizado solo hasta su lecho de
muerte. Es la tesis de los opositores de la Teología del reino.
3- La tesis moderna-moderada: Es la planteada por los discípulos del teólogo liberal Alberto Riltsch,
sostiene que en Constantino hubo una convicción profunda más no una conversión.

4.1. DE ROMA A CONSTANTINOPLA


Es necesario reseñar, de manera muy breve, la trayectoria política de Constantino que le llevó a convertirse,
en un lapso de 18 años, en el dueño absoluto e indiscutido del imperio.

En el momento en que se suscitaron las disputas por el poder entre los aspirantes a los títulos de "Augusto"
y "Cesar", una vez habían abdicado Diocleciano y Maximiano; Constantino se estaba preparando para
asumir el poder sobre un territorio cada vez más visto que el que dominaba hasta ese momento (La
Galia y Gran Bretaña). A pesar de no ser precisamente el gobernante ideal, Constantino parece
haber poseído el raro don de los gobernantes que saben hasta que punto pueden aumentar los
impuestos sin perder la lealtad de sus súbditos, y que saben también como ganarse esa lealtad.
Además de esto, siempre supo enfrentarse a sus rivales separadamente, asegurándose de que sus
flancos estaban protegidos.
Es así como Constantino, una vez muerto Galerio, logra enfrentarse primero a Majencio, venciéndolo en la
célebre "Batalla del Puente Milvio" (312 d.C.), sin descuidar la protección de sus territorios ya
consolidados de los ataques de los bárbaros y al mismo tiempo asegurándose de que los demás en discordia
(Licinio y Maximino Daza) no intervinieran o aprovecharan la coyuntura en su propio beneficio. Una
vez vencido Majen-cio, Constantino hizo un pacto con Licinio que le permitió un respiro durante el cual se
dedicó a incorporar y consolidar los nuevos territorios adquiridos (Italia y el norte de Africa en la región
de Cartago) esperando el momento propicio para marchar de manera segura sobre Licinio. En este
pacto parece haber habido un acuerdo tácito en el sentido de que le correspondía a Licinio el enfrentar
a su enemigo común: Maximino Daza, de modo que mientras Constantino fortalecía sus posiciones y
recursos, Licinio se desgastaba en una guerra con Maximino Daza , al que finalmente derrotó. Esto
dejó a Constantino como dueño de Occidente y a Licinio como dueño de Oriente. A pesar del pacto y la
alianza hecha entre ellos, poco tiempo después la hostilidad entre ambos emperadores surgió a la luz
del día y en una seria de batallas sucesivas, Constantino logró reducir a Licinio hasta que éste no estuvo
en condiciones de oponerle resistencia y tuvo que cederle sus territorios a cambio de su vida. Poco después
Licinio fue asesinado en circunstancias que no es posible determinar.
Una vez establecido como emperador único del imperio y habiéndose percatado de la importancia
estratégica de la ciudad de Bizancio durante su campaña contra Licinio; Constantino concibió la idea de
construir en esta ciudad una "nueva Roma" inexpugnable y fastuosa que llevaría el nombre de
"Constantinopla" y que vendría a reemplazar a Roma como capital del imperio. Su decisión resultó
en extremo acertada, pues poco después la porción occidental del imperio (inclusive la vieja Roma)
cayó en poder de los bárbaros y Constantinopla vino a ser el centro donde por mil años se conservó
la herencia cultural y política del viejo imperio.

4.2. DEL SOL INVICTO A JESUCRISTO


Acerca de la conversión de Constantino se ha escrito y discutido muchísimo. Unos dicen que fue el
punto culminante de la historia de la iglesia mientras que otros afirman que fue una maniobra puramente
política, motivada por las ventajas que esa "conversión" podría acarrearle.

Ambas interpretaciones son exageradas. Lo único cierto es que la conversión de Constantino fue muy
distinta de la conversión del común de los cristianos. Según la versión del historiador eclesiástico
Eusebio de Cesarea, en vísperas de su enfrentamiento definitivo con Majencio en la "Batalla del
Puente Milvio", Constantino tuvo una experiencia mística consistente en la visión de una cruz
aparecida en las nubes con las palabras latinas "In hoc signo vinces" ("en este signo vencerás")
escritas en el cielo. Al día siguiente Constantino ordenó a sus soldados marchar al frente de batalla
enarbolando un estandarte con la cruz y el monograma conocido como "El Labarum" que consistía
en la superposición de las letras griegas X y P (x,P), que no eran otras que las iniciales del nombre de
Cristo en griego. Debido al hecho de que Constantino triunfó en esta batalla se concluye que entonces se
"convirtió" al cristianismo, a pesar de que es evidente que esta experiencia es muy diferente a cualquier
otra de las conversiones reales de la antiguedad y aún de hoy.

También, a diferencia de los nuevos convertidos, Constantino nunca se sometió en materia alguna a
la autoridad pastoral de la iglesia. Aunque contó con el consejo de cristianos tales como Lactancio
y el obispo Osio de Cordoba, siempre se reservó el derecho de determinar sus propias prácticas
religiosas, pues se consideraba a sí mismo "Obispo de obispos". Repetidamente, aún después de su
propia "conversión", Constantino participó en ritos paganos que le estaban vedados al común de los
cristianos y los obispos no alzaron la voz de protesta y de condenación que habrían alzado en cualquier
otro caso. Esto no se debía simplemente a temor o cobardía ante el poder y la irascibilidad del
emperador; sino a que técnicamente, al menos, el emperador no era cristiano, pues no se había
sometido al bautismo (de hecho no fue bautizado sino en su lecho de muerte). Por tanto, cualquier
política o edicto en favor de los cristianos por parte del emperador, era recibido por la iglesia como
un favor hecho por un amigo o simpatizante. Y cualquier desliz religioso de Constantino era visto
desde la misma perspectiva, como la acción de quien, aunque simpatizaba con el cristianismo, no
se contaba entre los fieles. Tal persona podía recibir el consejo de la iglesia, pero no su dirección ni
condenación.

Por otra parte, quienes pretenden que Constantino se "convirtió" por oportunismo político, se equivocan por
varias razones:

- La primera de ellas es que tal interpretación es en extremo anacrónica. Los dioses eran realidades
muy concretas para los antiguos, y aún los más escépticos temían y respetaban los poderes sobrenaturales.

- La segunda razón es que desde el punto de vista político, la conversión de Constantino tuvo
lugar en el peor momento, cuando se aprestaba a luchar por la ciudad de Roma, centro de las
tradiciones paganas. Además, la mayor fuerza numérica del cristianismo no estaba en Occidente sino en
Oriente.
- Por último, se equivoca porque el apoyo que los cristianos pudieran prestar a Constantino era
harto dudoso debido al pequeño número de cristianos en el ejército y a que la mayor parte de la población
civil cristiana pertenecía a la clase baja, que no podía prestar gran apoyo económico a los designios de
Constantino.

Lo cierto parece ser que Constantino creía verdaderamente en el poder de Jesucristo, aunque
esta aseveración no indica que el emperador hubiese entendido la nueva fe como la habían
entendido los muchos cristianos que habían ofrendado su vida por ella. Para Constantino el Dios de
los cristianos era un ser extremadamente poderoso, que estaba dispuesto a prestarle su apoyo
siempre y cuando él favoreciera a sus fieles. Esta interpretación encuentra apoyo en las declaraciones del
propio Constantino que la historia ha conservado, y que nos muestran a un hombre sincero cuya
comprensión del evangelio era escasa y no le impedía servir a otros dioses.

El impacto de Constantino también se verificó en otros aspectos como la práctica del culto formal
cristiano y la arquitectura, entre otros muchos.
Hasta la época de Constantino el culto cristiano había sido relativamente sencillo, pero a partir la
conversión del emperador, el culto comenzó a sentir el influjo del protocolo imperial. Los ministros que
oficiaban en el culto comenzaron a llevar vestimentas ricas durante el servicio, además de que varios
gestos de respeto que normalmente se hacían ante el emperador, comenzaron a hacerse también
en el culto. Por otro lado, se inició la costumbre de iniciar el servicio con una procesión que a su
vez impulsó el desarrollo de los coros, con el resultado de que a la larga la congregación tuvo menos
parte activa en el culto.

Por el lado de la arquitectura, el emperador propició la construcción de iglesias suntuosas (en el estilo
de "basílicas") construidas generalmente en el lugar en que reposaban los restos mortales de algún
mártir, circunstancia que se prestó para que, posteriormente, se comenzara a pensar que un culto
llevado a cabo en una de estas iglesias tenía especial eficacia en virtud de la presencia de las reliquias
del mártir y que se comenzara a atribuir a tales reliquias un poder milagroso, pasando después a
venerarlas y por último a adorarlas.

Las reacciones de la iglesia ante la conversión de Constantino pueden catalogarse así:


- La "teología oficial" cuyo principal representante fue el obispo e historiador eclesiástico
"Eusebio de Cesarea". Fue motivada por la aceptación total al nuevo orden establecido.
- La "reacción monástica" y
- La "reacción cismática", con "el cisma de los donatistas" como movimiento más representativo
de esta tendencia, fueron reacciones de rechazo ante el nuevo orden establecido.

Por otro lado, durante el periodo de la iglesia imperial aparece una de las herejías que más
aceptación tuvo dentro de la iglesia cristiana, y que en su momento estuvo a punto de triunfar sobre la
ortodoxia: "El Arrianismo".

Si bien, todas las reacciones que hemos relacionado arriba tuvieron su origen en la conversión de
Constantino, no dejan de ser reacciones extremas ya que la mayor parte de los cristianos no
reaccionó ante la nueva situación con una aceptación total ni con un rechazo absoluto. Para la
mayoría de los dirigentes de la iglesia, las nuevas circunstancias presentaban oportunidades
inesperadas, pero también peligros enormes. Por tanto, al mismo tiempo que afirmaban su lealtad al
emperador, como siempre lo habían hecho la mayoría de los cristianos, insistían en que su lealtad
última le correspondía sólo a Dios. Tal fue la actitud de los "gigantes" de la iglesia como Atanasio, Los
Capadocios, Ambrosio, Jerónimo, Agustín y otros. A pesar de que sus actitudes y soluciones no fueron
siempre las más acertadas, no debemos
dejar de apreciar el mérito de su labor en unas circunstancias difíciles y ante una tarea de tan
gran magnitud como la que se presentaba ante sus ojos. El impacto que su obra ha tenido en la
vida de la iglesia, para bien y para mal, justifican sobradamente el apelativo de "gigantes" que se ha
adosado a sus nombres.

4.3. LA TEOLOGIA OFICIAL


Se da el nombre de "teología oficial" aquella reacción dentro de la iglesia, que veía la conversión de
Constantino como la "consumación de la historia humana" y una prueba de la verdad de la fe
cristiana.
El portavoz de esta tendencia fue "Eusebio de Cesarea" (llamado así por el hecho de haber sido obispo de
esta ciudad), tal vez el cristiano más erudito que existía en la primera década del siglo cuarto.

Eusebio se formó bajo la dirección del obispo Pánfilo en Cesarea. Este último tenía un gusto inusual por
los libros, gusto que, a la postre, fue superado por el de su discípulo Eusebio.
Eusebio padeció la persecución propiciada por Diocleciano y se vió obligado a huir luego de ver
caer bajo ella a su maestro Pánfilo. De esta época se conservan obras como la "Crónica de
Eusebio" y una "Apología de Origenes" compuesta por Pánfilo y Eusebio conjuntamente.

Independientemente de lo anterior, la obra por la cual Eusebio llegó a ser ampliamente conocido por la
posteridad fue su "Historia Eclesiástica" Sin él, nuestros conocimientos de los primeros siglos de la
iglesia quedarían reducidos a la mitad.
Cuando la persecución comenzó a amainar en virtud de los edictos de Tolerancia y de Milán
respectivamente (a la par de las campañas militares de Constantino por las que llegó a ser dueño
absoluto del imperio), Eusebio y sus compañeros vieron lo que estaba sucediendo como una obra de
Dios y comenzaron a ver en Constantino principalmente (y también en Licinio) los instrumentos
escogidos por Dios para llevar a cabo sus designios. Esta posición dejó su huella en su obra cumbre:
la "Historia Eclesiástica"; cuya intención no era simplemente narrar los acontecimientos de la vida de la
iglesia sino que tenía un propósito apologético. Lo que Eusebio pretendía era demostrar que la fe
cristiana era la consumación de toda la historia humana, intención que ya se percibe entre algunos
apologistas del siglo segundo. Esta perspectiva teológica le prohibe toda actitud crítica hacia lo que
estaba aconteciendo que es el principal defecto atribuible a su obra.

Algunos historiadores tienden equivocadamente a catalogar a Eusebio como un simple adulador que se plegó
servilmente a la nueva situación, hallando apoyo para esta interpretación en el hecho de que la actuación de
Eusebio en favor de la ortodoxia durante el conflicto teológico originado por el Arrianismo, dejó mucho que
desear. Nada hay más alejado de la verdad. Primero que todo, Eusebio no fue un adulador, por el
hecho de que en realidad nunca fue amigo íntimo ni cortesano de Constantino, además de que
sus más halagadoras líneas acerca del emperador se compusieron después de la muerte de éste
(cuando ya no podía retribuirle sus elogios). Por lo tanto, Eusebio no fue tanto un adulador, sino un
hombre agradecido. En relación con su posición ante el Arrianismo, si bien es cierto que en el concilio
de Nicea (convocado para hallar solución a la herejía Arriana y que trataremos más adelante) su actuación
dejó mucho que desear, no se debió a que Eusebio fuese hipócrita u oportunista como pretenden
algunos historiadores, sino a que sus intereses en ese momento eran otros. Eusebio no parece haber
comprendido a cabalidad todo el alcance de la controversia y su preocupación fundamental era la paz de
la iglesia, más bien que la exactitud teológica. Por ello, aunque al principio mostró simpatías hacia la
causa arriana, cuando se percató de los peligros doctrinales que entrañaba esa causa, estuvo
dispuesto a condenarla.
El aspecto más grave de la posición de Eusebio es que, a través de su obra, buena parte de la
teología cristiana abandonó o transformó algunos de sus temas tradicionales. Es así como, por
ejemplo, vemos
que la cuestión de cómo podía ser salva una persona rica, que había preocupado a los cristianos de los
primeros siglos; se transformó hasta el punto de que, a partir de Constantino, la riqueza y el boato
comienzan a ser tomados como una señal del favor divino. Igualmente, Eusebio describe con gran gozo y
orgullo los lujosos templos que se estaban construyendo. Pero el resultado neto de estas construcciones y de
la liturgia que se estaba desarrollando en ellas, fue la creación de una aristocracia clerical, semejante
y paralela a la aristocracia imperial, y frecuentemente tan apartada del común de los creyentes como
lo estaban los magnates del imperio del común de las gentes.
Por último, el esquema de la historia que Eusebio desarrolló le obligó a abandonar un tema
fundamental de la predicación cristiana primitiva: El advenimiento del Reino.

Finalmente, el hecho de que Eusebio nos haya prestado ocasión para exponer estos cambios en la vida y
la doctrina cristiana no ha de entenderse en el sentido de que él fuera el único responsable de tales
cambios. Eusebio no es el creador de lo que aquí hemos llamado la "teología oficial", sino sólo el
portavoz de los muchos cristianos que, como él, se sentían sobrecogidos y agradecidos por el hecho
de haber salido de las estrecheces de la persecución.

4.4. LA REACCION MONASTICA


La reacción monástica fue el camino escogido por aquellos que se dolían del triste estado a que
parecía haber descendido la vida cristiana. La "puerta estrecha" de que Jesús había hablado se había
vuelto tan ancha que las multitudes se apresuraban a pasar por ella (muchos en busca de posiciones y
privilegios, sin tener una idea del significado del bautismo o de la fe cristiana).
El hecho de que, durante los relativamente largos periodos de paz que existieron a veces durante
los siglos segundo y tercero, hubo quienes olvidaron el peligro inminente que representaba la
persecución por parte del estado y cuando ésta se reanudó no pudieron resistirla; llevó a algunos
cristianos a pensar que la seguridad y la vida muelle era el principal peligro que amenazaba a la
iglesia y que éste se hacía mucho más real durante los periodos de relativa calma.
Ahora, cuando la paz de la iglesia parecía asegurada, muchas de estas personas veían en esa paz
una nueva artimaña del Maligno.
Cómo, entonces, se puede ser cristiano en medio de tales circunstancias, cuando el testimonio
sangriento del martirio no es ya posible?..., cómo resistir a las enormes tentaciones del momento?...
La respuesta de muchos no se hizo esperar: huir de la sociedad humana, abandonarlo todo, subyugar
el cuerpo y las pasiones que dan ocasión a la tentación. Esta fue la causa por la cual, al mismo tiempo
que la iglesia se llenaba de millares de gentes que pedían el bautismo, hubo un verdadero éxodo de
otros millares que buscaban en la soledad la santidad.

4.4.1. LOS ORIGENES DEL MONAQUISMO


Aunque la generalización y completo desarrollo del monaquismo no se dió antes de Constantino, lo cierto es
que sus orígenes se remontan a los primeros siglos del cristianismo, donde ya encontramos algunos
movimientos precursores como las "viudas y virgenes" que existían en la iglesia, constituidas por aquellas
mujeres que decidían no casarse y dedicar todo su tiempo y sus energías a la obra de la iglesia.
También Orígenes, llevado por el ideal platónico del hombre sabio, organizó su vida en forma muy
semejante a la de los monjes posteriores, ejemplo que fue seguido por otros muchos entre
quienes podemos contar al mismo Pánfilo y Eusebio de Cesarea. Por otra parte, aunque el
gnosticismo fue condenado y combatido por la iglesia, su impacto continuó haciéndose sentir en la
opinión de muchos, que pensaban que de un modo u otro, el cuerpo se oponía a la vida plena del
espíritu, y que por tanto era necesario sujetarlo y hasta castigarlo.
Adicionalmente, por parte de la iglesia, el monaquismo se nutría de las palabras del apóstol Pablo y la
experiencia de la iglesia misma, en el sentido de que quienes no se casaban, podían servir más libremente al
Señor (idea fortalecida, además, por la creencia en el pronto retorno de Jesús); mientras que, fuera de
la iglesia, buena parte de la filosofía clásica sostenía que el cuerpo era la prisión o el sepulcro del
alma, y que ésta no podía ser verdaderamente libre sino en cuanto se sobrepusiera a las limitaciones
de aquél.

4.4.2. LOS MONJES DEL DESIERTO


Aunque los orígenes del monaquismo cristiano se encuentran en diversas partes del imperio romano, no
cabe duda que el desierto - particularmente el desierto de Egipto - fue tierra fértil para este
movimiento, hasta el punto que durante todo el siglo cuarto, el desierto parece ser el lugar monástico
por excelencia.
La palabra "monje" viene del término griego "monachós", que quiere decir solitario. El término
"anacoreta" por el que también se les conoció, quiere decir "retirado" o "fugitivo" y el término
"ermitaño" proviene de la palabra "ermita" que es una habitación solitaria en el campo.

Los más conocidos monjes del desierto son San Antonio y San Pablo que deben su fama al hecho de que
dos grandes autores cristianos, Atanasio y Jerónimo respectivamente, escribieron sus vidas dando a
entender cada uno que el protagonista de su obra era el fundador del monaquismo egipcio. Esto último
es dudoso puesto que el monaquismo no fue invención de algún individuo, sino que fue más bien
un éxodo en masa. En todo caso, al considerar las vidas de Pablo y de Antonio, podemos
apreciarlos como los exponentes más típicos del movimiento en sus inicios. Aunque el relato de
Jerónimo sobre la vida de "Pablo el ermitaño" es muy breve y casi totalmente legendario, el núcleo de
la historia probablemente es cierto. La vida de "Antonio el ermitaño" escrita por Atanasio, parece tener
más visos de realidad que la de Jerónimo, pero no por ello deja de incurrir en exageraciones evidentes.

La vida de estas personas era en extremo sencilla. Aunque algunos cultivaban pequeños huertos, la mayoría
de ellos se sustentaba tejiendo cestas y esteras que luego vendían a cambio de un poco de pan y aceite.
Esta ocupación tenía la ventaja de que, mientras se tejía un cesto, era posible recitar un salmo, elevar una
plegaria o memorizar una porción de las Escrituras. La dieta de la mayoría de los monjes consistía en pan
y a veces frutas, legumbres y aceite. Sus posesiones no eran más que los vestidos mas necesarios y una
estera para dormir. La mayoría de ellos veía mal la posesión de libros, pues ello podría alimentar el
orgullo. Unos a otros se enseñaban de memoria libros enteros de las Escrituras - particularmente los
Salmos y el Nuevo Testamento -. Y además compartían entre sí las historias edificantes, o las joyas
de sabiduría de los anacoretas más venerados.
Muchos pensaban que lo peor que podía sucederle a un monje era ser ordenado sacerdote u obispo
(fue precisamente en esta época que los ministros cristianos comenzaron a llamarse "sacerdotes").
Aunque algunos de ellos fueron ordenados, esto sucedió casi siempre contra su voluntad, o tras repetidos
ruegos por un obispo de reconocida santidad, como el gran Atanasio.
Este género de vida pronto dio lugar a una nueva forma de orgullo. Con el correr de los años
muchos monjes llegaron a pensar que, puesto que su vida mostraba un nivel de santidad más
elevado que el de los obispos y demás dirigentes de la iglesia, eran ellos, y no esos dirigentes,
quienes debían decidir en que consistía la verdadera doctrina cristiana.

4.4.3. EL MONAQUISMO COMUNAL


Esta modalidad de monaquismo tuvo su origen en el número creciente de personas que se retiraban al
desierto y el deseo de casi todas ellas de allegarse a un maestro experimentado. Como consecuencia de
lo anterior, cada vez más, los monjes solitarios cedieron el lugar a los que, de un modo u otro,
vivían en comunidad.
Estos monjes consideraban que su soledad hacía referencia a su retiro del resto del mundo y no
necesariamente a vivir apartados de otros monjes. Este monaquismo recibe el nombre de "cenobita",
palabra derivada de dos términos griegos que significan "vida común".
A pesar de que probablemente no haya sido su fundador (al igual que Pablo y Antonio), no cabe duda
de que Pacomio fue quien le dió forma al monaquismo cenobítico egipcio. Pacomio pasó sus primeros
años de monje aprendiendo de un viejo maestro anacoreta llamado Palemón. Después de aprender la
vida monástica, se retiró a vivir sólo en el desierto donde poco después se le unió Juan, su hermano
mayor con quien se dedicó a la vida contemplativa.
Pero Pacomio no estaba del todo satisfecho con esta forma de vida y pedía en oración a Dios que le
indicara un camino para servirle mejor. Por fin tuvo una visión en la que un ángel le dijo que Dios
quería que sirviera a la humanidad. Inicialmente esto le pareció contradictorio a Pacomio, pues el
quería servir a Dios y no a la humanidad, hasta que comprendió que al servir a la humanidad,
estaba sirviendo a Dios. Siguiendo este llamado y después de algunas vicisitudes que no es preciso relatar,
Pacomio logró fundar y consolidar los primeros monasterios cuya norma fundamental era el
servicio mutuo. Su hermana Maria siguió su ejemplo y fundó varias comunidades de monjas. En
vida de Pacomio llegó a haber nueve monasterios, cada uno con centenares de monjes. Fue Pacomio
quien estableció la jerarquía en la cual "el Abad" era el superior del monasterio principal, llamado por
ello "Abadia". Pacomio y sus compañeros nunca aceptaron cargos eclesiásticos y por tanto no había
entre ellos sacerdotes ordenados.

4.4.4. LA DISEMINACION DEL IDEAL MONASTICO


Egipto fue la región que mayor impulso dio al monaquismo en el siglo IV. Algunos exageraron lo
que habían aprendido de los monjes egipcios realizando proezas portentosas (y absurdas), tales como
pasar toda la vida subidos en una columna. Pero, a pesar de sus evidentes inconvenientes,
muchos otros le inyectaron al resto de la iglesia un sentido de disciplina y de dedicación absoluta
que resultaba harto necesario en los días al parecer fáciles por los que pasaba el cristianismo. Sin
embargo y de manera paradójica, quienes más contribuyeron a difundir el ideal monástico fueron toda
una serie de obispos y eruditos que vieron el valor (desde su punto de vista) del testimonio monástico
para la vida diaria de la iglesia.
El caso más claro del ideal monástico, lo tenemos en Martín, obispo de Tours, cuya biografía: La Vida
de San Martín, escrita por Sulpicio Severo, fue uno de los libros más populares en toda Europa
durante varios siglos y contribuyó a formar el monaquismo occidental que ha sido tan importante
para la historia de la iglesia. De San Martín solo comentaremos brevemente el episodio más conocido de
su vida: Durante su servicio como soldado, instancia a la que había sido enviado por su padre pagano para
separarlo de sus contactos cristianos, Martín y sus compañeros iban entrando a la ciudad de Amiens cuando
les pidió limosna un mendigo casi desnudo que tiritaba de frio en medio de la nieve. Martín no tenía dinero
que darle, pero tomó su capa, la rasgó en dos y le dio la mitad. Esa noche Martín vió en sueños a
Jesucristo envuelto en su media capa y diciéndole "Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos
más pequeñitos, a mí lo hicisteis".
Además, de este episodio se deriva nuestro término "capilla", pues algún tiempo después se conservaba en
un pequeño templo lo que se decía era la media capa - la "capilla" de Martín - y de aquel
templecillo derivan su nombre nuestras "capillas" y "capellanes" de hoy.
Para concluir este punto es necesario señalar que, independientemente del hecho incontrovertible de que el
monaquismo y el ascetismo no son de la índole cristiana bíblica, hay un desarrollo de alguna
manera beneficioso en esta corriente, ya que, si los primeros exponentes de la reacción monástica huyeron
al desierto en pos de su propia salvación, con el correr de los años (especialmente en Occidente) el
monaquismo sería, más que un medio por el que se buscaba la propia salvación, un instrumento para la
obra caritativa y misionera de la iglesia.

4.5. LA REACCION CISMATICA: EL DONATISMO


Esta reacción tuvo su origen en el rechazo que manifestaron algunos cristianos ante el nuevo estado de
cosas que resultaba de la política religiosa de Constantino. Pero, mientras los monjes sencillamente se
retiraron al desierto sin romper sus lazos con la iglesia, hubo muchos otros que sencillamente declararon
que el resto de la iglesia se había corrompido, y que ellos eran la verdadera iglesia. De los
muchos grupos que adoptaron esta actitud, el más numeroso y duradero fue el donatismo.

El Donatismo surgió, al igual que los otros cismas tratados anteriormente (el de Novaciano y el de
Cartago), de la cuestión de los caídos y se escenificó en la misma región que había sido testigo del cisma
de Cartago, esto es, Africa occidental.
Debido a que la persecución en esta región había sido especialmente violenta, había producido más
apóstatas que en cualquier otra parte del imperio. Dentro de estos apóstatas existían obispos que
habían entregado a las autoridades sus copias de las Escrituras, para evitar mayores calamidades
sobre sus congregaciones. Y al igual que en la época de Cipriano, existían confesores a los cuales se
veneraba por la firmeza de su fe. Pero algunos de ellos, a diferencia de los confesores del tiempo de
Cipriano, se mostraron bastante rigurosos con los que habían seguido otro camino. Entre las
personas a quienes los confesores rigoristas condenaban, estaban los obispos que habían entregado
las Escrituras. Así se empezó a dar a algunos obispos y otros dirigentes el título ofensivo de
"traditores" (o "entregadores").

En este estado de cosas y poco después de la persecución, se presentó la coyuntura que desembocó en
el cisma tratado, en la forma de una disputa entre dos "partidos" al interior de la iglesia de Cartago,
por la sucesión en el episcopado (obispado) de la misma, que había quedado vacante. Uno de los
partidos (el "oficial" o de gobierno) eligió a Ceciliano, mientras que el partido popular eligió a
Mayorino. En el entretanto, ambos partidos se hacían acusaciones, no del todo infundadas, sobre el
proceder de sus contrarios en la elección del correspondiente obispo que, en el mejor de los casos,
había sido irregular. Al morir Mayorino, sus sucesores eligieron a Donato de Casa Negra como su
sucesor y fue él quien dirigió la política de sus seguidores durante más de 40 años, razón por la cual
el movimiento recibe su nombre. El resto de la iglesia no estuvo dispuesto a tolerar este estado de
cosas, pues sólo se podía reconocer a un obispo en Cartago y no a dos disputándose el cargo. Por lo
tanto Constantino, respaldando la posición de los obispos de Roma y de otras ciudades importantes,
declaró que sólo debía reconocerse a Ceciliano y los que estaban en comunión con él y que los
demás eran usurpadores (esto tenía importantes consecuencias prácticas, pues sólo Ceciliano y sus
seguidores podían gozar de la legislación y los beneficios que Constantino estaba implementando a
favor de la iglesia).

La justificación teológica se apoyaba en la acusación de los donatistas de que uno de los tres obispos que
habían consagrado a Ceciliano era "traditor" y por lo tanto su ordenación no era válida. Frente a
ellos, Ceciliano y los suyos respondían diciendo, primero, que el obispo en cuestión no era de hecho
"traditor" y, segundo, que aunque lo fuese, su acción de consagrar a Ceciliano era todavía válida.
Luego, lo que en últimas estaba en juego, no era solamente la cuestión circunstancial de si ese obispo
y otros habían flaqueado, sino la cuestión doctrinal de si una ordenación o consagración hecha por
un obispo indigno era válida o no. Los donatistas decían que la validez de tal ordenación dependía
de la dignidad del obispo. Ceciliano y los suyos respondían que la validez de los sacramentos no
depende de la dignidad de quien los administra, ya que nos es imposible saber a ciencia cierta el
estado interior del alma del ministro que nos ofrece tales sacramentos. Como consecuencia de lo anterior, si
algún miembro del partido de Ceciliano decidía unirse a los donatistas, estos le hacían rebautizar. Pero si
un donatista decidía unirse al otro bando, éste aceptaba su bautismo, sobre la base de que el
sacramento es válido por muy indigno que sea quien los administre.
Como lo deciamos anteriormente, las razones del cisma no fueron meramente teológicas, sino también
políticas y económicas, y aunque no nos adentraremos en ellas, basta decir que estas causas explican
las inconsistencias que encontramos dentro de los donatistas, como el hecho de que entre ellos
también había sacerdotes "traditores" y el hecho de que uno de los primeros instigadores del
donatismo, llamado Purpurio de Limata, había asesinado a dos sobrinos, hechos que ponen en duda
la creencia de que la necesidad de mantener la iglesia pura de toda mancha fuera la verdadera, o
por lo menos única causa, de la enemistad de los donatistas hacia Ceciliano y los suyos.

La importancia de los donatistas se debe a la gran duración del movimiento, que sobrevivió a la muerte
de su fundador y que, posteriormente, con el surgimiento de un brazo fanático extremista entre ellos,
llamados "Los circunceliones", que seguían prácticas terroristas; se constituyó en un verdadero
problema para el estado, que a pesar de utilizar la fuerza contra ellos, no pudo extirparlo sino que
sobrevivió hasta la conquista de la región por parte de los musulmanes en el siglo séptimo.

4.6. EL ARRIANISMO
* El arrianismo fue la "herejía por excelencia" del siglo IV. A pesar de que ya hemos tratado
otras herejías muy difundidas y peligrosas para el cristianismo como el gnosticismo y el
marcionismo, la aparición del arrianismo se vio favorecida por el hecho de que, una vez cesó la
persecución y el cristianismo pasó a ser una religión lícita bajo la protección del estado, los
dirigentes eclesiásticos involucrados en cualquier controversia teológica se sentían con más
libertad para adentrarse y proseguir en el debate, pues ya no tenían que enfrentar la preocupación
de la persecución y podían concentrar sus esfuerzos en justificar su posición teológica, en lo
posible, por la fuerza de sus argumentos.
Otro factor que contribuyó al fortalecimiento del arrianismo fue el hecho de que ahora el estado
estaba interesado en que se resolvieran todos los conflictos que pudieran aparecer entre los fieles
cristianos, promoviendo la unidad en la iglesia bajo la idea de que ésta debía ser "el cemento del
imperio" y por tanto cualquier división en ella amenazaba la unidad del imperio. Con este propósito
el estado comenzó a utilizar su poder para aplastar las diferencias de opinión que surgían dentro
de la iglesia con el peligro inherente de que, en lugar de permitir que se descubriera la verdad
mediante el debate teológico sustentado en las Escrituras, muchos gobernantes trataron de
simplificar este proceso sencillamente decidiendo que tal o cual partido estaba errado y ordenándole
callar. De este modo, la fuerza del argumento perdió terreno, pues era más práctico tratar de
convencer al emperador y no a los opositores, reduciendo el debate teológico a intriga política,
aspecto en el cual los arrianos eran especialmente efectivos.

Por todo lo anterior, la labor de los defensores de la ortodoxia o "fe nicena" (llamada así debido a
que el asunto se debatió y decidió oficialmente en el concilio de Nicea) es digna de admiración,
pues, de no ser por su decidido empeño, es probable que el arrianismo fuera actualmente la doctrina
oficial del cristianismo, en virtud del mayor apoyo que recibió por parte del imperio.

El arrianismo surgió en la parte oriental del imperio, específicamente en la ciudad de Alejandría.


Arrio, prestigioso presbítero de la ciudad, difería de Alejandro, obispo de la misma, en sus interpretaciones
teológicas acerca de Cristo.
La controversia podría sintetizarse en la cuestión de "si el Verbo (Cristo) era coeterno con el Padre o
no", o dicho de otra manera, si "hubo cuando el Verbo no existía". Alejandro sostenía que el Verbo
había existido siempre junto al Padre, mientras que Arrio argüía lo contrario.

A primera vista el asunto parece pueril pero, en realidad, lo que estaba en juego era la divinidad de
Jesús,
pues Arrio lo colocaba dentro de la esfera del universo creado (así fuera la primera y más grande criatura,
no
por ello dejaba de serlo).
Los dos bandos esgrimían razones, hábilmente sustentadas por versículos bíblicos, para "probar" que la
posición contraria era insostenible. Finalmente Alejandro condenó las doctrinas de Arrio y lo depuso
de sus cargos en la iglesia de Alejandría, pero éste no aceptó el veredicto y apeló a las masas y a
varios obispos prominentes que habían sido sus condiscípulos en Antioquía, quienes respondieron
dando la razón a Arrio.
En este punto, Constantino decidió intervenir, enviando primero a su consejero en materias eclesiásticas, el
obispo Osio de Cordoba, para que mediara en la controversia, pero ante lo infructuoso de su gestión, optó
por convocar a una gran asamblea o concilio de todos los obispos cristianos, para poner orden en la
vida de la iglesia y decidir acerca de la controversia arriana.

4.6.1. EL CONCILIO DE NICEA


Este concilio (considerado como el primer concilio ecuménico o "universal") se llevó a cabo cerca
de Constantinopla, en la ciudad de Nicea (Asia Menor) en el año 325 d.C. Acudieron cerca de
trescientos obispos, cuyas posiciones en referencia con el principal asunto a discutir abarcaban a los
arrianos, comandados por un condiscípulo de Arrio, el obispo Eusebio de Nicomedia (no confundir
con Eusebio de Cesarea), debido a que Arrio no pudo acudir por no ser obispo; el grupo "ortodoxo",
diametralmente opuesto a los anteriores, liderado por el obispo Alejandro de Alejandría, acompañado
por un joven diácono llamado Atanasio, que llegaría a convertirse posteriormente en uno de los
"gigantes" del siglo IV como defensor acérrimo y temido de la "fe nicena". Estaban también los
obispos de Occidente (la parte latina del imperio) que no se interesaban en la especulación teológica, pues
para ellos la doctrina de la Trinidad se resumía en la vieja fórmula enunciada por Tertuliano más de un
siglo antes: "una substancia y tres personas". Estos últimos, tal vez, compartían la posición del grupo
mayoritario en la asamblea, que era aquel que veía como una verdadera lástima el hecho de que, ahora
que la iglesia gozaba por fin de paz frente al imperio, Arrio y Alejandro se hubieran envuelto en una
controversia que amenazaba con dividir la iglesia. La posición de éstos era claramente conciliatoria
y uno de sus exponentes más destacados es Eusebio de Cesarea, ya tratado con anterioridad. Por
último estaba un pequeño grupo con una posición cercana al patripasionismo, que a pesar de prestar
su apoyo a la causa de Alejandro, fueron condenados después como herejes.

El concilio finalmente apoyó la posición de Alejandro y su grupo, y formuló un credo conocido


como "Credo de Nicea" que, con algunas leves variaciones, es el credo cristiano más universalmente
aceptado. Los obispos se consideraron satisfechos con este credo y procedieron a firmarlo, dando así a
entender que era una expresión genuina de su fe. Sólo unos pocos - entre ellos Eusebio de Nicomedia - se
negaron a firmarlo. Estos fueron condenados por la asamblea y depuestos. Pero a esta sentencia
Constantino añadió la suya, ordenando que los obispos depuestos abandonaran sus sedes. Esta
sentencia de exilio añadida a la de herejía tuvo funestas consecuencias, pues estableció el precedente
según el cual el estado intervendría para asegurar la ortodoxia de la iglesia o de sus miembros.

4.6.2. LA CONTROVERSIA DESPUES DEL CONCILIO

A pesar de lo anterior, el concilio de Nicea no puso fin a la discusión. Sólo cerró la vía del
argumento para abrir el camino a la intriga política, en la cual Eusebio de Nicomedia demostró
grandes capacidades, pues poco tiempo después, Constantino le permitió regresar a su sede como
obispo y desde esa posición, aprovechó para acercarse cada vez más al emperador al punto de lograr que
Arrio fuera traído del destierro y
que el obispo Alejandro se viera ante la disyuntiva de restaurarlo a la comunión o desobedecer al emperador.

A la muerte del obispo Alejandro, Atanasio fue el llamado a sucederlo, constituyéndose a partir de
ese momento en el "gran campeón" de la fe nicena, como lo veremos en la sección de "los gigantes".
Baste decir, para concluir este punto, que el arrianismo estuvo muy cerca de triunfar, al punto de que
durante el gobierno de Constancio en el Oriente (el hijo menor de Constantino que era
decididamente arriano), Jerónimo, autor de la Vulgata, llegó a decir "el mundo despertó como de
un profundo sueño y se encontró con que se había vuelto arriano". La tarea de impedir que esto
efectivamente sucediera, recayó en "gigantes" de la fe, de la talla de "Atanasio de Alejandría" y "los
grandes Capadocios" entre otros, cuya obra estaremos reseñando en una próxima unidad.

LAS HEREJÍAS VERSUS LA ORTODOXIA SOBRE LA ENCARNACIÓN DE CRISTO

HEREJÍ TIEMP NATURA. NATURA. DIVINA CONCILIO


A O HUMANA
Docetistas I siglo Negación, solo Afirmación rotunda
apariencia
de la humanidad
Ebionistas II siglo Afirmación rotunda. Negación, Jesús era
hijo
natural de José y María
Arrianis IV siglo Afirmación rotunda. Negación, Jesús no Condenados por
mo era eterno; similar el de Nicea,
(Antioqu pero no 325 d.C.
ía) igual a Dios.
Apolinaris IV siglo El Logos divino Afirmación Absoluta. Condenados por
mo reemplazó al el
(Alejandrí espíritu humano. de
a) Constantinopla,
381 d.C.
Nestorianis V siglo Cristo era dos personas Cristo era dos personas Condenados por
mo el
(Antioquía) de Efeso, 431
d.C.
Eutiquianis V siglo No totalmente No totalmente Condenados por
mo Humano, Cristo era Divino, Cristo era el de
Monofisis una sola una sola Calcedonia,
mo naturaleza mezclada. naturaleza mezclada. 451 d.C.
(Alejandría)
Monotelis V siglo Afirmación, pero sólo Afirmación, pero sólo Condenados por
mo una voluntad divina. una voluntad divina. Constantinopla III,
(Antioquí 681 d.C.
a)
Ortodoxia Perfecta Perfecta Deidad, Definidas por
humanidad, Cristo Cristo es una tesis de
es una persona. persona. Calcedonia,
451 d.C

4.7. LA REACCION PAGANA: JULIANO "EL APOSTATA"


Como su nombre lo indica, este fue un periodo en el cual el paganismo hizo sus últimos intentos
por imponerse de nuevo en el imperio. Este esfuerzo estuvo liderado por el último de los
emperadores de la familia de Constantino, llamado Juliano, conocido posteriormente con el epíteto de "El
Apóstata".
Juliano sucedió a su primo hermano Constancio en el gobierno del imperio, en el año 361 d.C. en la que
fue, precisamente, la época de mayor auge del arrianismo. Aunque tanto él como su hermano Galo
habían sido bautizados e instruidos en la fe cristiana; lo cierto es que, ya en su juventud, Juliano
había terminado interesándose más en los estudios filosóficos hasta el punto de que, en Atenas, se
inició en las antiguas religiones de misterio y abandonó definitivamente el cristianismo. Debido a esto
y a la política religiosa que impulsó durante su gobierno, se le terminó dando el sobrenombre de "El
Apóstata".
Por otra parte, Juliano también podía tener otras razones para haber apostatado de la fe cristiana, pues, a
sus ojos (y no sin razón), su primo hermano Constancio, que profesaba el cristianismo (Arriano), era el
autor
intelectual del asesinato de toda su familia, con la excepción de su hermano Galo y él mismo, con el
pretexto de evitar una sucesión disputada y sangrienta en el trono imperial, a la muerte del emperador
Constantino.
4.7.1. POLITICA RELIGIOSA DE JULIANO
Desde del punto de vista administrativo, Juliano fue un gobernante hábil, pero no es por ello por lo que más
se le recuerda, sino por la política religiosa que caracterizó su gobierno.
Esta política consistió, por una parte, en restaurar la perdida gloria del paganismo y por otra,
en impedir el progreso del cristianismo.
En cuanto al primero de estos propósitos, sólo diremos que buena parte de la reforma pagana de Juliano se
inspiraba en el ejemplo de la iglesia, y a pesar de todo su empeño, su reforma no era tan popular
como él hubiera deseado. Había personas que a la vez que participaban en los sacrificios paganos se
burlaban de ellos.

En relación con el segundo de los objetivos de su política religiosa - impedir el progreso del
cristianismo - Juliano siguió una estrategia doble de dificultar su propaganda y ridiculizarlos al
mismo tiempo. En el primer sentido, prohibió que los cristianos enseñaran las letras clásicas
asegurándose de este modo de que no pudieran utilizar las grandes obras de la antigüedad pagana para
difundir su propia doctrina, como habían venido haciéndolo desde la época de Justino. Con el fin de
ridiculizarlos comenzó a llamarlos con el nombre despectivo de "galileos" y compuso una obra "Contra
los galileos" en la que mostraba su conocimiento de las Escrituras cristianas y ridiculizaba su contenido
así como las enseñanzas de Jesús. Por último y con el fin de contradecir a los cristianos que sostenían
que la destrucción del Templo de Jerusalén había sido el cumplimiento de las profecías del A.T., Juliano
se dispuso a reconstruir el Templo de Jerusalén.

En todos estos proyectos se ocupaba Juliano cuando le sorprendió la muerte, alcanzado por una lanza
enemiga, cuando dirigía sus tropas en una campaña contra los persas. Se dice que sus últimas palabras
fueron "!Venciste galileo!" al tiempo que tomaba un puñado de tierra mezclada con su propia sangre y
la arrojaba hacía el cielo. Este suceso es más bien de carácter legendario, pero a propósito de él, es
necesario decir que "el Galileo" (Jesucristo) había vencido a Juliano aún en vida de éste, pues sus
reformas nunca lograron arraigo popular.

4.8. LOS "GIGANTES" DE LA FE


Dentro de la lista de los gigantes de la fe tenemos los siguientes protagonistas, de los cuales
procuraremos mencionar sólamente sus aportes, buenos o malos, a la iglesia, en su momento:

4.8.1. ATANASIO DE ALEJANDRIA


Atanasio sucedió a Alejandro en el episcopado de Alejandría. Anteriormente había sido secretario de
aquel en el concilio de Nicea, en su calidad de diácono. Desde su nueva posición, Atanasio fue quien más
decisivamente contribuyó (a través de muchas vicisitudes y destierros sucesivos) al triunfo de la causa
Nicena sobre al arrianismo. Casi podría decirse que la historia de la controversia arriana, posterior al
concilio de Nicea, es la biografía de Atanasio. Gozaba de mucho prestigio y apoyo popular, no sólo en su
sede, sino en todo el imperio, debido a su integridad e inflexibilidad ante los herejes arrianos, apoyados por
el estado. Escribió la "Vida de San Antonio el ermitaño" y el mismo organizó su vida al estilo de los
monjes del desierto. Atanasio fue un monje de ciudad y en sus frecuentes destierros a Occidente,
incorporó, fomentó y promovió el monaquismo oriental en Roma, Cartago y sus alrededores.
Murió sin ver el triunfo final de la causa a la que dedicó su vida (que se dió en el segundo concilio
ecuménico
de Constantinopla en el año 381 d.C.), pero con la convicción de que al final ésta se impondría.
4.8.2. LOS GRANDES CAPADOCIOS
Los grandes capadocios son tres:
 Basilio de Cesarea, su hermano Gregorio de Nisa y el amigo de éstos, Gregorio de Nacianzo.
Los dos primeros llegaron a ser obispos (a regañadientes) de las ciudades que acompañan sus
nombres (Cesarea y Nisa) y el último fue presbítero de Nacianzo y posteriormente obispo de
Sasima y de Constantinopla. Para hacer honor a la verdad, deberíamos incluir en esta lista a
Macrina, hermana mayor de los dos primeros, que influyó notablemente en la vida y preparación
de sus hermanos para la labor que les esperaba.
Reciben su nombre de la región que los vio florecer, llamada Capadocia, ubicada al sur de Asia Menor
en territorio de lo que hoy es Turquía. Aunque los intereses de los tres fueron diversos y no
dedicaron su vida de lleno a la defensa de la fe nicena, cuando se requirieron sus servicios
para esta causa, supieron responder con altura y efectividad a este desafío, cerrando con
broche de oro, en el segundo concilio ecuménico de Constantinopla, la obra inconclusa iniciada
por Atanasio.
Por otro lado, a Basilio se le ha dado el título de "padre del monaquismo oriental" por la forma en
que impulsó (con su ejemplo) y reglamentó este movimiento en el oriente.

 Gregorio de Nisa, el hermano menor del anterior, fue entre los grandes capadocios, el que más se
distinguió por su vida mística. Hasta el día de hoy, sus obras místicas se encuentran entre las
obras clásicas de la literatura contemplativa.

 Gregorio de Nacianzo, compuso himnos clásicos para la iglesia oriental. En medio de las luchas
suscitadas por la controversia arriana pronunció sus "Cinco discursos teológicos acerca de la
Trinidad", que aún el día de hoy son tenidos por una de las mejores exposiciones de la doctrina
trinitaria. Como obispo de Constantinopla tuvo que presidir el 2do. concilio ecuménico de
Constantinopla que confirmó, finalmente, las decisiones del concilio de Nicea.

4.8.3. AMBROSIO DE MILAN


La vida de Ambrosio, obispo de Milán, es una de las más interesantes de todas las que consideraremos
en este capítulo. Fue elegido obispo contra su voluntad y sin haber ostentado ningún cargo previo
dentro de la jerarquía eclesiástica de su tiempo. Por el contrario, se desempeñaba como gobernador de la
ciudad, con un justo desempeño que le auguraba una promisoria carrera política por delante, que se vió
truncada cuando fue requerido insistentemente por el pueblo para desempeñar el cargo de obispo de la
ciudad en mención. Esto evitó una sucesión disputada y posiblemente sangrienta, pues tanto los
arrianos como los nicenos estaban decididos a colocar a uno de los suyos en esta importante sede. A
pesar de haber sido instruido en los ru-dimentos de la fe cristiana, todavía no había sido bautizado
(conforme a la usanza de la época, especialmente para los que desempeñaban cargos públicos, que
solían hacerse bautizar hacia el fin de sus días); por lo cual en el curso de una semana fue
bautizado, nombrado lector, exorcista, acólito, subdiácono, diácono, presbítero y finalmente obispo.
Pasando por alto lo irregular de su ordenación, hay que decir que una vez aceptó el cargo de obispo,
se dedicó a cumplir sus funciones a cabalidad al punto de que pronto llegó a ser uno de los mejores
teólogos de toda la iglesia occidental. Su posición ortodoxa, sus principios firmes y su profunda
convicción hizo que, a la larga, chocara con las autoridades civiles. Sus dos confrontaciones más
famosas son las que lo pusieron frente al emperador Teodosio y en las cuales fue vencedor, aunque con
toda justicia debemos decir que en uno de los casos era Teodosio quien tenía razón y la victoria
de Ambrosio trajo graves consecuencias. De cualquier manera, después de estos impases, Teodosio y
Ambrosio fueron buenos amigos. Por otro lado, aunque nunca fue del todo consiente de ello, uno de
sus triunfos más importantes fue la conversión de un joven intelectual que había seguido una larga
peregrinación espiritual. Aquel joven se llamaba Agustín y llegó a ser el más grande gigante de su
época.
La vida de Ambrosio ilustra el rumbo que a la larga tomaría la iglesia de Occidente en contraste con la
de Oriente: Ambrosio se enfrentó al más poderoso emperador de su época y resultó vencedor. A
partir del
siglo próximo, la iglesia latina se haría cada vez más poderosa en medio de los desastres que
destruyeron el poder del imperio.

4.8.4. JUAN CRISÓSTOMO: EL DEL HABLA DORADA


Juan, obispo de Constantinopla (sucedió en este cargo a Nectario que a su vez había sucedido a Gregorio de
Nacianzo), merecidamente llegó a ser conocido más adelante con el título de "Crisóstomo" que significa
"el del habla dorada", descollando por su elocuencia, denuedo y vehemencia en sus sermones, en
una época que había producido oradores de la talla de Ambrosio de Milán y Gregorio de Nacianzo
entre otros. Por encima de todo Juan era monje. Antes de ser monje había sido abogado. A pesar de su
condición de monje, cuando regresó de su retiro en Siria a su natal Antioquía y fue ordenado diácono y
presbítero sucesivamente, él mismo admitió que la vida monástica no proveía la mejor preparación
para el trabajo pastoral: "Muchos de los que han pasado del retiro monástico a la vida activa
del sacerdote o del obispo, resultan completamente incapaces de enfrentarse a las dificultades de la
nueva situación".
Al quedar vacante el episcopado de Constantinopla en el año 397, Juan fue obligado por mandato imperial a
ocupar ese cargo y al igual que Ambrosio en Milán, en diversas oportunidades chocó con las
autoridades civiles debido a sus denuncias y a la forma en que fustigaba desde el púlpito el boato y
la ostentación de que hacían alarde las clases poderosas en contraste con la pobreza de los
menos favorecidos. Como consecuencia de estas denuncias y después de muchas luchas, Juan
Crisóstomo fue desterrado y murió en el exilio.

En cierta forma, Juan Crisóstomo también nos ilustra sobre el rumbo que tomó la iglesia de Oriente en
contraste con la de Occidente. En Oriente, un obispo de la talla y firmeza de Juan fue finalmente
destituido y enviado al exilio por el débil emperador Arcadio, lo cual parece presagiar, como
efectivamente sucedió, que en esta parte del imperio el gobierno secular guardaría celosamente sus
prerrogativas sobre la iglesia, amparado en el hecho de que estaba en condiciones de salvaguardar
sus fronteras mil años más que el imperio romano de Occidente. Este "hijo" oriental del imperio romano
es el que la historia ha llamado con el nombre de Imperio Bizantino.

4.8.5. JERÓNIMO DE BELEN


Jerónimo fue un personaje singular dentro de los gigantes del siglo cuarto. Aunque se le conoce como
"San Jerónimo", su santidad no fue humilde, apacible y dulce, sino orgullosa, borrascosa y amarga.
Tenía una gran inclinación a la controversia cruel y parece que más tarde o más temprano disputó con la
mayoría de sus amigos y conocidos. Entre las muchas personas que fueron objeto de sus ataques
hirientes se contaban, no sólo los herejes, los ignorantes y los hipócritas, sino también Juan Crisóstomo,
Ambrosio de Milán, Basilio de Cesarea y Agustín de Hipona. Parece que no llegó a ocupar ningún
episcopado (aunque fue ordenado presbítero en Antioquía) debido a que, antes que administrador, tenía
el temperamento del erudito. Era un áspero hombre de Dios, no un culto prelado. El sexo se convirtió
en una gran dificultad en su vida. Debido a sus propias luchas en este aspecto, estaba
absolutamente convencido de la perversidad del mismo. Estas luchas también fueron la causa para
que abandonara Roma y fundara un monasterio en Jerusalén donde se hizo monje y se dedicó al
estudio del hebreo. Su aporte más conocido a la iglesia, sugerido por el obispo Damaso de Roma
cuando Jerónimo se desempeñó como su secretario, es la traducción de las Escrituras, de los
originales griego y hebreo, al latín vulgar, denominada por ello "Vulgata", que a pesar de la
renuencia inicial, pronto fue adoptada como la versión oficial de la iglesia católica romana. Su
concepción del sexo influyó negativamente en el cristianismo, inculcando la idea de la corrupción y la
perversidad del deseo sexual e idealizando por lo tanto el celibato.
4.8.6. AGUSTIN DE HIPONA
Agustín, obispo de Hipona, es considerado como el teólogo de más importancia en la iglesia
occidental desde los tiempos del apóstol Pablo. Antes de su conversión se desempeñaba como maestro
de retórica, la ciencia que pretendía enseñar a hablar y escribir de modo elegante y convincente sin
importar que lo que se decía fuera cierto o no. Al leer las obras del filósofo latino Cicerón,
recomendadas por sus maestros de retórica, Agustín se persuadió de que no bastaba con el buen decir
sino que era necesario buscar la verdad. A partir de este momento comienza su peregrinar espiritual en
búsqueda de la verdad, que lo llevó desde la secta de los maniqueos, de origen persa, carácter
dualista y trasfondo gnóstico; hasta el cristianismo, pasando por la filosofía de los neoplatónicos. Su
madre Mónica, cristiana ferviente, desempeñó un papel trascendental en la vida de Agustín hasta el
punto de que buena parte de su vida tuvo lugar a la sombra de aquella. Agustín se sintió atraído
inicialmente por el maniqueísmo y después por el neoplatonicismo debido a su aureola de ser doctrinas
eminentemente racionales. En este sentido y también desde el punto de vista de la retórica, las Escrituras
cristianas le parecían poco elegantes, burdas y hasta bárbaras. En todo caso ninguna de las dos corrientes
antes mencionadas podía explicarle a satisfacción el origen del mal.

En el ejercicio de su profesión, Agustín pasó de Cartago a Roma y de ésta a Milán donde, por puro
interés profesional y debido a la fama de Ambrosio como un gran orador; decidió ir repetidamente a
escuchar sus predicaciones con el fin de evaluar la forma y no el contenido de ellas. Sin embargo, el
contenido de las predicaciones de Ambrosio fue captando su interés debido a la forma alegórica en
que éste exponía las Escrituras, satisfaciendo de este modo los requerimientos intelectuales de
Agustín. Una vez vencidos los obstáculos intelectuales a la fe cristiana, Agustín tuvo que empezar
a luchar con el "querer" y el "no querer" hasta que finalmente triunfó el "querer" y se convirtió
al cristianismo, recibiendo el bautismo por medio del viejo obispo Ambrosio de Milán. Su
concepción del cristianismo estaba influida por el ejemplo monástico y su formación neo-platónica,
por lo que estaba convencido de que al hacerse cristiano debía renunciar a su carrera como maestro de
retórica, a todas sus ambiciones y a todo goce de los placeres sensuales. Por ello, poco después de su
conversión Agustín vendió todas sus propiedades y, con un pequeño grupo, se dedicó a la vida retirada en
la localidad de Casicíaco donde se entregó al estudio, la devoción y la meditación. Pero la iglesia
requería de los servicios de una mente privilegiada como la de Agustín, y por ello, llegado el momento,
tuvo que salir de su retiro y aceptar su ordenación como obispo de la ciudad de Hipona.
A esta etapa de su vida corresponden los escritos que hicieron de él el teólogo más destacado de
la iglesia latina, entre los que se cuentan varias obras contra los maniqueos, los pelagianos y los
donatistas. Pero hay dos obras de Agustín que merecen atención especial: sus "Confesiones" y "La
Ciudad de Dios". La primera por ser una biografía espiritual, única en la antigüedad, que no había
conocido escritos de este tipo y que tiene además un gran valor sicológico, aún en el siglo XX. La
segunda, una verdadera enciclopedia histórica en la cual se hace una apología de Roma como la
ciudad escogida por Dios para establecer su reino en la tierra, utilizada posteriormente por el
catolicismo romano para afianzar sus doctrinas y pretensiones universalistas. Algunas personas
pretenden presentar a Agustín, antes de su conversión, como un libertino obsesionado por su sexualidad,
tal vez basados en las declaraciones consignadas en sus "confesiones" sobre los esfuerzos del autor por
dominar sus deseos sexuales; pero lo cierto es que no hay pruebas de que fuese jamás un libertino. El
hecho de que a los diecisiete años tomara una concubina permanente no indica que fuera promiscuo, ya
que éste era un arreglo normal en aquella época. Por lo tanto el concepto de que pasó de los placeres
de la cultura clásica a las austeridades del cristianismo es falso. Sin embargo, su concepción del sexo
dejó huella en la ya deformada doctrina eclesial "ortodoxa" acerca del tema en cuestión, pues
contribuyó a fortalecer la posición célibe, con el agravante de que llegó a formular que el pecado
original era el sexo.
Finalmente, el ocaso de la vida de Agustín coincidió con el ocaso de toda una edad que moría. En
vísperas de su fallecimiento, los vándalos estaban a las puertas de la ciudad de Hipona anunciando
el advenimiento de una nueva edad. Poco tiempo antes, en el 410, Roma había caído bajo el dominio
de los godos en el suceso que marcó "la caída del imperio romano de occidente". Por lo tanto, la
obra de Agustín fue como el canto de cisne de una edad que terminaba. A pesar de ello, su obra no quedó
olvidada entre los escombros de la civilización que se derrumbaba, ya que durante toda la Edad Media
ningún teólogo fue más citado que él y por tanto, a la postre, se convirtió en uno de los grandes
doctores de la Iglesia Católica Romana. Y sin embargo, Agustín fue también el autor favorito de los
grandes reformadores protestantes del siglo XVI. Luego podemos decir que, entre todos aquellos
gigantes del siglo cuarto, ninguno fue tan notable como éste último. Para mal y para bien.
Cronología de los principales acontecimientos en la historia del
cristianismo SIGLOS I Y V

-63 Pompeyo conquista Jerusalén. Nace Augusto

-37 Herodes captura Jerusalén

-20 Herodes comienza la construcción del Segundo Templo

-6 o -5 Nace Jesús el Cristo

-4 Muerte de Herodes

-4 a 39 Herodes Antipas Tetrarca de Galilea

6 Judea se convierte en una provincia

romana 19 Los judíos son expulsados de

Roma

26 Ministerio de Juan

Bautista 27-30 Ministerio de

Jesús

30 Crucifixión y Resurrección de Jesús. Pentecostés

35 Martirio de Esteban. Conversión de Pablo

38 Revueltas contra los judíos en

Alejandría 40-45 Simón el Mago en

Samaria

42 Martirio de Santiago

46-48 Pablo y Bernabé misioneros entre los

gentiles 48 o 50 Concilio de Jerusalén

49-58 Actividad misionera de Pablo

49 Los judíos son expulsados de


Roma 50-62 Epístolas de Pablo a las
iglesias

53-56 Pablo en Éfeso

60-62 Pablo en

Roma 63 Pedro en

Roma
64 Persecución de Nerón

65-70 Epístolas pastorales

70 Caída de Jerusalén

75 "Guerras de los Judíos" de Josefo

75-80 Forma final de los evangelios

sinópticos 80-90 Epístola a los Hebreos

81-96 Culto al emperador bajo

Domiciano 85-95 Epístolas Católicas

90 Evangelio de Juan. Epístolas de Juan

93 "Antigüedades de los Judíos" de

Josefo

95 Persecución de Domiciano. Apocalipsis de Juan

100 Carta I de Clemente. Didaché. Evangelio de Tomás

107 Cartas de Ignacio

108 Epístola de Policarpo a los Filipenses

112-113 Correspondencia de Plinio con

Trajano 115 Anales de Tácito

120 El Pastor de Hermas

125 Quadrato, primer apologista

cristiano 130 Conversión de Justino

mártir

130-180 Escuela gnóstica

Alejandrina 140-160 Marción

143 "Contradicciones..." de Marción


144 Marción es expulsado de la comunidad romana
154-155 Fecha de la Natividad (coincidente con el natalicio de Mitra)

171-180 "Meditaciones" de Marco Aurelio


177-180 "Suplicaciones por los Cristianos" de

Atenágoras 178 "La verdadera razón" de Celso. Ireneo

obispo de Lyon 180 Escuela catequística de Alejandría

180-200 Florece Clemente de

Alejandría 185 "Contra las Herejías" de

Ireneo

190 "Stromata" de Clemente de

Alejandría 190-220 Florece Tertuliano

195 Tertuliano se convierte al Cristianismo

197 "Apología" de Tertuliano. Persecuciones esporádicas en Cartago

200-220 Tertuliano escribe contra paganos, gnósticos y marcionitas

202 Persecuciones en Africa del Norte. Clemente abandona

Alejandría 203 Orígenes al frente de la Escuela Catequética de

Alejandría

207-220 Escritos montanistas de Tertuliano

207 Tertuliano se declara montanista, escribe "Contra

Marción" 215-219 Orígenes abandona Alejandría

216 Nace Mani (Maniqueismo) en los alrededores de Basra

220 Concilio de Cartago (la cuestión de los caídos,

rebaptismo) 225-230 Escritos de Orígenes, deja Alejandría por

Cesarea

233-244 Plotino se establece en

Alejandría 235 Persecución contra los

jefes cristianos 236 Persecución en


Capadocia

247 Milenio de la fundación de Roma

248 Matanza anticristiana en

Alejandría 250-251 Cipriano huye de

Cartago
250 Persecución de Decio: obligación de sacrificar a los dioses
(libelli) 251 El concilio reinstala a Cipriano: el problema de los
lapsos

251 "Sobre la Unidad de la Iglesia Católica" de Cipriano. Cisma de

Novaciano 254 Muerte de Orígenes

255-257 Controversia sobre el

rebautismo 257-260 Persecución de

Valeriano

260 Tolerancia religiosa (edicto de

Galenio) 270 Muerte de Plotino

270 Plaga. Antonio el ermitaño se establece en el desierto

275 "Contra los Cristianos" de Porfirio. Amenazas de

persecución 298-302 Los cristianos son proscritos del ejército

romano

303 La Gran Persecución (Galerio y Maximino)

305 Se suspende la persecución. Muerte de

Porfirio 306-312 Tolerancia en Roma y Africa

306-310 Maximino reinicia la persecución en

Oriente 306 Persecución en Oriente

311 "Historia Eclesiástica", primera edición, de Eusebio de Cesárea. Maximino continúa la


persecución, especialmente en Egipto. Edicto de Tolerancia a favor de los cristianos,
Galerio.

312 Constantino vence a Majencio

313 Edicto de Milán de tolerancia universal, por

Constantino 318 Comienza la controversia arriana

321 Persecución de Licinio. Tolerancia a los donatistas

324 "Historia Eclesiástica", segunda edición, de Eusebio de Cesárea


325 Concilio de Nicea I, contra el arrianismo.

328-373 Atanasio, Obispo de Alejandría

330 Florecimiento del monasticismo en Egipto


333 Se prohiben las obras de

Porfirio 337-340 Persecución en

Persia

337 Muere Constantino, es bautizado en el lecho de

muerte 342 Prohibición de sacrificios paganos

346 Muerte de Pacomio

355 Agustín obispo de Hipona

356 A los 105 años muere Antonio el

ermitaño. 362 Juliano restaura el paganismo

366-384 Dámaso Papa

371 Dámaso Papa acusado de homicidio, es exonerado por el Emperador

373 Ambrosio Obispo de Milán. Muerte de Atanasio

374-377 Jerónimo anacoreta en Calcis

378 El emperador Graciano rehúsa el título de "Pontifex Maximus"

381 Concilio de Constantinopla I, contra el Apolinarismo.

383 Jerónimo inicia la traducción de la Biblia al latín

384 Jerónimo parte a Palestina. Agustín llega a

Milán 385-420 Jerónimo monje en Belén

385-407 Juan Crisóstomo florece

386 Agustín vuelve a la fe

católica

386-387 "Confesiones" de Agustín de Hipona

390 Masacre de Tesalónica, Ambrosio obliga al Emperador Teodosio a hacer penitencia pública

391 Se prohiben los sacrificios paganos


392 Leyes contra paganos y

herejes 397 Muerte de Ambrosio

de Milán
406 Los vándalos invaden Galia

409-410 Los romanos abandonan Britania

410 Alarico se apodera de Roma

411-426 "La Ciudad de Dios de Agustín de Hipona

412 Condenatoria y proscripción de los donatistas


415 Se proscribe a los paganos de la milicia y los puestos públicos

418 Los visigodos se establecen en Galia

418 El Emperador proscribe el

pelagianismo 429 Los vándalos invaden

Africa del Norte 430 Muerte de Agustín de

Hipona

431 Concilio I de Éfeso: condenación de Nestorio


CUESTIONARIO DE REPASO

1. Desde el punto de vista administrativo y político, cuál fue la "virtud" o el don más destacado en
el emperador Constantino?
2. Por qué razón los dirigentes eclesiásticos de la época no trataron a Constantino con el rigor
que hubieran tratado a cualquier otro cristiano?
3. Cuales son las razones que nos llevan a considerar que la versión según la cual Constantino
se "convirtió" por puro oportunismo político, es equivocada o por lo menos exagerada?
4. Cuál es la explicación más probable acerca de la "conversión" del emperador Constantino?
5. Mencione cuales fueron las tres reacciones extremas al "impacto" de Constantino.
6. Explique en que consistió la reacción llamada "teología oficial" y cual fue su exponente más
representativo.
7. Cuál es la obra más importante que Eusebio de Cesarea legó a la posteridad y cuál es el
principal defecto que se le puede atribuir a esta obra?
8. Cuál fue la motivación de los iniciadores de la reacción monástica y cuales son los orígenes
del monaquismo desde el punto de vista cristiano y desde el punto de vista pagano?
9. Con qué otros nombres se denomina a los monjes del desierto, cuales son los dos más conocidos y
por qué?
10. Quién le dio forma definitiva al monaquismo cenobita o comunal y cuál fue su motivación
para fomentar este tipo de monaquismo?
11. Mencione dos obispos que hayan contribuido a difundir el ideal monástico.

12. Qué nombre recibe el cisma más representativo y duradero de la llamada "reacción cismática", a
quién debe su nombre y cuál fue su justificación teológica?
13. En qué consistió el arrianismo, que interés político del estado lo favoreció (perjudicando
eventualmente la vía del argumento), dónde se resolvió oficialmente la controversia y cuál fue
el resultado concreto de éste esfuerzo?
14. Cuales fueron los dos objetivos de la política religiosa de Juliano, qué estrategia siguió
en relación con el segundo objetivo y a qué debe el sobrenombre de "el Apóstata"?
15. Relacione los nombres de los "gigantes" de la fe en el siglo cuarto y explique cuales fueron los
aportes positivos y negativos al cristianismo de dos de ellos.

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