0% encontró este documento útil (0 votos)
99 vistas25 páginas

Teoría de la Norma Penal en Ecuador

Este documento presenta una introducción a la unidad 3 de un curso de derecho penal sobre la teoría de la norma penal, su validez material y espacial. Explica la definición de norma penal, sus características y estructura, incluyendo la distinción entre normas primarias y secundarias. También resume los objetivos de aprendizaje de la unidad, que son comprender el sentido y contenido de la norma penal y su validez material y espacial de acuerdo con los principios procesales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
99 vistas25 páginas

Teoría de la Norma Penal en Ecuador

Este documento presenta una introducción a la unidad 3 de un curso de derecho penal sobre la teoría de la norma penal, su validez material y espacial. Explica la definición de norma penal, sus características y estructura, incluyendo la distinción entre normas primarias y secundarias. También resume los objetivos de aprendizaje de la unidad, que son comprender el sentido y contenido de la norma penal y su validez material y espacial de acuerdo con los principios procesales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

DERECHO EN LINEA

DERECHO PENAL
3 créditos

Profesor Autor:
Ab. Rubén Darío Balda Zambrano, Mg.

Titulaciones Semestre

• DERECHO TERCERO

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


online.utm.edu.ec), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección CAFETERÍA
VIRTUAL.

PERÍODO NOVIEMBRE 2020/ MARZO 2021


Índice

Unidad 3: La ciencia del derecho penal: teoría de la norma penal su validez material y espacial. 2

Generalidades ......................................................................................................................................... 2
Resultado de aprendizaje de la unidad: ........................................................................................... 2
LA NORMA PENAL: DEFINICIÓN, CARACTERÍSTICAS Y ESTRUCTURA .............................. 3
LA VALIDEZ MATERIAL Y ESPACIAL DE LA LEY PENAL........................................................ 11
ÁMBITO DE VIGENCIA DE LA LEY PENAL ................................................................................. 15
1.- Aplicación espacial de la ley penal. .................................................................................. 15
2.- Aplicación temporal de la Ley Penal................................................................................. 17
3.- Aplicación personal de la Ley Penal ................................................................................. 19
APLICACIÓN DE LA DOCTRINA EN LA LEY PENAL EN EL ECUADOR. ........................... 21
Bibliografía ........................................................................................................................................... 24

1
Unidad 3: La ciencia del derecho penal: teoría de la norma penal su
validez material y espacial.

Generalidades

Unidad III.- La ciencia del derecho penal: teoría de la norma penal su validez
material y espacial
• La Norma Penal: Definición, características y estructura. Tipos de leyes
• La Validez material y espacial de la ley penal. La aplicación de la ley penal en la
doctrina y en el Ecuador

Unidad III.- La ciencia del derecho


penal: teoría de la norma penal su
validez material y espacial

La Norma Penal: Definición, La Validez material y espacial de la


características y estructura. Tipos de ley penal. La aplicación de la ley
leyes penal en la doctrina y en el Ecuador

Resultado de aprendizaje de la unidad:


Comprender el sentido y contenido de la norma penal, su validez material y espacial, de
acuerdo a los principios procesales..

2
LA NORMA PENAL: DEFINICIÓN, CARACTERÍSTICAS Y ESTRUCTURA

Para Santiago Mir Puig, una norma jurídica es un mensaje prescriptivo, es decir, que
prescribe una actuación determinada, expresado a través de determinados símbolos,
normalmente consistentes en enunciados. A diferencia de las normas, los principios no
prescriben una conducta determinada, porque no contienen una especificación suficiente
de un supuesto de hecho ni de una consecuencia jurídica, sino que sólo ofrecen razones
para la decisión, sin determinarla totalmente. Mientras que las normas sólo pueden
cumplirse o infringirse, los principios tienen una dimensión de peso, que permite que se
cumplan en mayor o menor medida, por lo que constituyen mandatos de optimización.
(MIR PUIG, 2015)

Para el referido autor, los textos legales o enunciados legales, constituyen el vehículo de
expresión de las normas legales, a cuya clase pertenecen las normas jurídico-penales.
Tales enunciados legales reciben distintos nombres: “proposiciones jurídicas”, “preceptos
legales”, “disposiciones legales”. El enunciado legal es un conjunto de símbolos lingüísticos
que conviene diferenciar del mensaje prescriptivo que transmite, único que constituye la
norma jurídica. Un enunciado legal puede servir de base a más de una norma jurídica, esto
es lo que sucede en los preceptos de la Parte Especial de los Códigos Penales, cada uno
de los cuales sirve de base a dos clases de normas: una dirigida al Juez, obligándole a
imponer una pena en caso de que se cometa el delito de que se trate, y otra dirigida al
ciudadano, prohibiéndole la comisión del delito. A una se la denomina norma primaria y a la otra
norma secundaria.

Las proposiciones jurídicas que señalan una pena a un determinado comportamiento


cumplen una función de información y aviso no solamente al ciudadano, sino que
transmiten de forma expresa un mandato dirigido al Juez que le obliga a imponer la pena
dentro de cada caso en concreto. Si ponemos como ejemplo el precepto que castiga el
homicidio tipificado en el Art. 144 del Código Orgánico Integral Penal: “La persona que
mate a otra será sancionada con pena privativa de libertad de diez a trece años”.
Literalmente sólo se expresa la norma que obliga a castigar al homicida con la pena de
privación de libertad. Poniendo en relación el precepto contemplado con otros del
ordenamiento jurídico que reservan al Juez la misión de imponer las penas previstas por la
Ley, se sigue que el deber de imponer la pena corresponde al Juez.

3
Sin embargo, al señalar una pena para el homicidio, el legislador pretende algo más que
informar y castigar: pretende prohibir, bajo la amenaza de la pena, el homicidio. La
conminación penal del homicidio transmite no sólo un aviso al ciudadano y la voluntad
normativa de que el Juez castigue llegado el caso, sino, ante todo, la voluntad normativa de
que los ciudadanos no maten, salvo que concurra una causa de justificación. El enunciado
legal que castiga un hecho con una pena ha de interpretarse, pues, como forma de
comunicación de dos normas distintas: de una norma prohibitiva dirigida al ciudadano
llamada “norma primaria” y de una norma que obliga a castigar dirigida al Juez llamada
“norma secundaria”.

Es de señalar que Kelsen invirtió, en cambio, la distinción y llamó norma primaria a la


dirigida al Juez y norma secundaria a la dirigida al ciudadano, partiendo de que el
contenido de las normas jurídicas son actos coercitivos y tienen como destinatarios a los
funcionarios encargados de disponer su ejecución o de ejecutarlos. Llamamos norma
primaria a la que establece la relación entre el hecho ilícito y la sanción, y norma
secundaria a la que prescribe la conducta que permite evitar la sanción. (KELSEN, 1960).

La existencia de la norma primaria no se deriva del texto legal, que sólo se refiere a la norma
secundaria, pero es admitida con razón por la doctrina. En el Código Orgánico Integral
Penal las infracciones se clasifican en delitos y contravenciones (Art. 19), lo cual supone
que la realización de un delito no sólo hace aplicable la norma que señala su castigo, sino
que también entraña la infracción de una norma que prohíbe la conducta al ciudadano. En
efecto, si solo existiera norma secundaria, el delito no sería infracción alguna puesto que
aquella no prohíbe el hecho al ciudadano, sino que se dirige al Juez. (NINO, 2003).

Por otra parte, en el Derecho vigente se expresa a veces la prohibición de realizar ciertas
conductas de importancia mucho menor que los delitos. Así, por ejemplo, con frecuencia
se formulan expresamente prohibiciones, como las de fumar en ciertos lugares o de pisar
el césped, prohibiciones cuya transgresión supone la imposición de una sanción
administrativa, en la legislación administrativa podrían citarse muchos otros ejemplos.
Pues bien, sería absurdo que todos estos hechos de poca gravedad sancionados
administrativamente se hallen prohibidos por el Derecho y, en cambio, no estuvieran

4
prohibidos el homicidio, el robo, la violación, ni ninguno de los delitos previstos por los
Códigos penales.

La existencia de las normas primarias como correlato de las normas secundarias, en


Derecho penal constituye, por otra parte, un presupuesto de toda la teoría del delito, tal
como ha sido elaborada por la tradición de la Dogmática jurídica, pues toda esta
elaboración dogmática arranca de la consideración del delito como infracción de una
norma.

La concepción antes expuesta no coincide exactamente con la teoría de las normas


formuladas por Binding en el siglo XIX. Este autor tuvo el mérito de señalar la necesidad
de admitir la existencia de normas dirigidas al ciudadano no formuladas por la redacción
literal de los preceptos penales. Binding notó que de no admitirse tales normas, habría que
aceptar la insatisfactoria consecuencia de que el delincuente no infringe norma alguna y
pese a ello se le castiga. Pero para el autor alemán las normas que infringe el delincuente
son ajenas al Derecho penal: son normas pertenecientes al Derecho Público general, no
específicamente penal. El Derecho penal se limitaría a castigar la infracción de dichas
normas no penales: tendría una naturaleza meramente sancionatoria. Las normas se
hallarían expresadas a veces en ciertas leyes no penales o podrían deducirse de la
existencia de las leyes penales, las cuales operarían como actos concluyentes que
manifestarían la voluntad del Derecho de dirigir tales normas. Mas en este caso serían
normas no escritas desprovistas de carácter penal e independientes de la ley penal. Por otra
parte, Binding negaba carácter de norma a la ley penal que establece la pena. La
consideraba una proposición jurídica autorizadora, reguladora del nacimiento, contenido y
extinción de la relación jurídico-penal. (MIR PUIG, 2015).

Aunque partimos de la admisión de que el delincuente infringe una norma que se le dirige y
de que ésta es distinta de la que establece la pena, se afirma que tal norma establecida al
mismo tiempo que la pena, es una norma jurídico-penal porque se halla apoyada por la
amenaza de una pena. Pues entendemos por Derecho penal tanto las normas que imponen
penas a los delitos como aquellas que prohíben la comisión de estos. Es decir, el Derecho
penal se manifiesta a través de los preceptos penales en dos direcciones: prohibiendo los
delitos y castigándolos a través de una regulación unitaria.

5
Se ha afirmado que siempre que la estructura de toda norma jurídica está por un supuesto
de hecho y una consecuencia jurídica. Esta sería, pues, la estructura de las normas
jurídico-penales. Como consecuencia jurídica se piensa en las normas que establecen la
pena o la medida de seguridad. En ellas la conducta delictiva constituye, en efecto, el
supuesto de hecho y el deber de imponer la pena o la medida de seguridad es su
consecuencia jurídica. Así, la norma que prohíbe el homicidio tiene como supuesto de
hecho una situación en que sea físicamente posible al destinatario matar a una persona
que no sea un suicida y del que no sea necesario defenderse legítimamente.

Supuesto de hecho y consecuencia jurídica componen la estructura de las normas


jurídico-penales consideradas completas. Las denominadas normas
incompletas estructuralmente son aquellas que o bien contienen solamente el supuesto
de hecho, es decir, el delito; o bien contienen únicamente la consecuencia jurídica, es
decir, la respectiva sanción, por lo que será necesario ponerlas en relación con otras
normas que las completen. Sin embargo, también van a ser denominadas como normas
jurídico-penales incompletas aquellas que se encargan de complementar, de limitar o bien
de aclarar un determinado supuesto de hecho o una determinada consecuencia jurídica
que otra norma jurídica diferente necesita.

En relación con la estructura cabe hacer referencia también al caso de las leyes penales
en blanco con las que hacemos referencia a ciertos preceptos penales principales que,
excepcionalmente, no expresan completamente los elementos específicos del supuesto
de hecho de la norma secundaria, sino que remiten a otro u otros preceptos o autoridades
para que completen la determinación de aquellos elementos. (MIR PUIG, 2015)

Pero las normas jurídicas, y entre ellas las penales, constituyen mensajes prescriptivos y
poseen, por tanto, una determinada función de comunicación entre sujetos. Desde este
punto de vista de la función social de la norma, cabe advertir la estructura propia de las
relaciones sociales presentes en las normas penales. A Rolf-Peter Calliess se debe el
mérito de haber señalado este aspecto de la norma penal. A partir de la concepción de la
sociedad como sistema de procesos de interacción y comunicación; este autor, citado por
Santiago Mir Puig en su libro Derecho Penal parte general, sostiene que la norma penal
posee una función de comunicación entre tres sujetos. Estos sujetos son el destinatario
de la prohibición o eventual sujeto activo de la conducta delictiva, al que Calliess llama
6
Ego, la posible víctima de dicha actuación, al que denomina Alter, y el llamado a
reaccionar frente al delito mediante la pena, llamado Tercero.

La norma crea entre Ego, Alter y Tercero un complejo de expectativas recíprocas: una red
comunicativa en la cual cada sujeto espera no sólo el comportamiento, sino también las
expectativas de los otros. Así, Ego ha de expresar no sólo un determinado
comportamiento del Tercero como respuesta a su actuar, sino también que el Tercero y
Alter esperen que se deje determinar en favor de una conducta no delictiva.

Por otro lado, Muñoz Conde y García Arán señalan que independientemente de cuáles
sean el contenido, sentido y fin que se asignen a los distintos elementos integrantes de la
norma penal, el Derecho penal como conjunto normativo cumple una función de
mantenimiento y protección de un sistema de convivencia y sólo dentro del sistema y
desde ese sistema puede explicarse. La función de la norma penal, como la de cualquier
institución, sólo puede comprenderse, pues, en referencia a un sistema social de
convivencia.

Sin embargo, con esto no se ha dicho todavía nada sobre las cualidades que debe tener
ese sistema de convivencia ni sobre la forma específica de funcionar de la norma penal
en ese sistema. A la primera cuestión sólo se puede responder situándose en una
perspectiva ideológica, desde la que se puede decir, por ejemplo, que el sistema social
ideal de convivencia es el comunista, el capitalista o el anarquista. En este sentido, una
norma funcional para un sistema puede ser disfuncional para otro y viceversa. Pero,
puesto que desde esta perspectiva el concepto de función es demasiado neutro, hay que
precisarlo más y preguntar, no por la función de la norma penal respecto a un determinado
sistema ideológico, sino por la función de la norma penal respecto a la convivencia
humana que es el fin y al mismo tiempo la base de todo sistema social. En tanto que la
norma penal posibilite una mejor convivencia, será funcional; cuando se convierta en
perturbadora de esa convivencia, será disfuncional. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA ARÁN,
2010)

Pero el concepto de funcionalidad al que aquí nos referimos no tiene tanto que ver con el
sistema social de convivencia en el que la norma penal actúa, como con la forma en que
la norma penal opera dentro del propio sistema. Desde esta perspectiva se puede decir
7
que la norma penal funciona protegiendo las condiciones elementales mínimas para la
convivencia y motivando, al mismo tiempo, a los individuos para que se abstengan de
dañar esas condiciones elementales. La norma penal tiene, por tanto, una doble función:
protectora y motivadora. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA ARÁN, 2010)

Protección y motivación o, mejor dicho, protección a través de la motivación, son las dos
funciones inseparables e interdependientes de la norma penal. La protección supone la
motivación y sólo dentro de los límites en los que la motivación puede evitar determinados
resultados, puede alcanzarse la protección de las condiciones elementales de
convivencia. Esta doble función de la norma penal tiene repercusiones en la Teoría
General del Delito, tanto en la configuración de la teoría de la antijuricidad, como en la
teoría de la culpabilidad.

A la norma penal, igual que a las demás normas jurídicas, le incumbe una función
eminentemente protectora. La diferencia entre la norma penal y las demás normas
jurídicas en esta materia radica en la especial gravedad de los medios empleados por la
norma penal para cumplir esta misión y en que sólo interviene o debe intervenir en los
casos de ataques muy graves a la convivencia pacífica en la comunidad. Pero, ¿qué es
lo que protege o pretende proteger la norma penal? A esta pregunta responde la mayoría
de los penalistas: la norma penal, el Derecho penal, protege bienes jurídicos. La
verificación de esta afirmación obliga, pues, a enfrentarse con el concepto de bien jurídico.

La necesidad de la convivencia, condensada en la idea freudiana de que la sociedad


frustra, pero satisface al mismo tiempo las necesidades humanas individuales, supone
la protección de esa convivencia, pues sólo en ella puede la persona individual
autorrealizarse y desarrollarse. La autorrealización humana necesita de unos
presupuestos existenciales que, en tanto son de utilidad para el hombre, se denominan
bienes y, concretamente, en tanto son objeto de protección por el Derecho, bienes
jurídicos.

Así pues, bienes jurídicos son aquellos presupuestos que la persona necesita para su
autorrealización y el desarrollo de su personalidad en la vida social. Entre estos
presupuestos se encuentran, en primer lugar, la vida y la salud, negados por la muerte
y el sufrimiento. A ellos se añaden otros presupuestos materiales que sirven para
8
conservar la vida y aliviar el sufrimiento: medios de subsistencia, alimentos, vestidos,
vivienda, etc., y otros medios ideales que permiten la afirmación de la personalidad y su
libre desarrollo: honor, libertad, etc. A estos presupuestos existenciales e instrumentales
mínimos se les llama bienes jurídicos individuales, en cuanto afectan directamente a la
persona individual. Junto a ellos vienen en consideración los llamados bienes jurídicos
colectivos, que afectan más a la sociedad como tal, al sistema social que constituye la
agrupación de varias personas individuales y supone un cierto orden social o estatal.
Entre estos bienes jurídicos sociales o universales se cuentan la salud pública, el medio
ambiente, la seguridad colectiva, la organización política, etc. (MUÑOZ CONDE &
GARCÍA ARÁN, 2010)

De ahí la distinción que suele hacerse en la Parte Especial del Derecho penal entre delitos
contra las personas, que atacan directamente a los bienes jurídicos individuales, y delitos
contra la sociedad que atacan a los bienes jurídicos comunitarios, al orden social o estatal
establecido. La determinación de los bienes jurídicos a proteger supone una valoración
que, como tal, está condicionada históricamente. Los valores que en cada época
determinada el legislador somete a tutela penal dependen no solamente de las
necesidades sociales concretas, sino también, y quizás en primera línea, de las
concepciones morales dominantes en la sociedad.

Muñoz Conde y García Arán sostienen que el Derecho penal no es sólo un instrumento
de protección de bienes jurídicos (también el Servicio de Bomberos o la Cruz Roja lo son),
sino un instrumento de motivación del comportamiento humano en sociedad. Para
conseguir la protección de bienes jurídicos que la norma penal persigue, se desencadenan
en los individuos determinados procesos psicológicos que les inducen a respetar dichos
bienes jurídicos. Estos mecanismos psicológicos no se presentan aislados, sino formando
parte de un complejo proceso llamado motivación. Entre estos procesos se encuentra el
Derecho. El Derecho penal, como parte de ese Derecho, ejerce un fuerte influjo en la
motivación humana; pues las normas jurídicas, como elementos pertenecientes al mundo
circundante del individuo, son interiorizadas o internalizadas por él y cooperan en la
formación de su conciencia.

El principal medio de coacción jurídica, la pena, sirve, pues, para motivar comportamientos
en los individuos. La norma penal cumple, por tanto, esa función motivadora que
9
señalábamos al principio, amenazando con una pena la realización de determinados
comportamientos considerados por las autoridades de una sociedad como no deseables.

La función de motivación que cumple la norma penal es primariamente social, general,


es decir, incide en la comunidad; aunque en su última fase sea individual, es decir, incida
en el individuo concreto. Como señala Talcott Parsons, citado por Muñoz Conde en
Derecho Penal parte general, todos los procesos de motivación son procesos que se
producen en las personalidades de los actores individuales. Parece, pues, evidente que
la función motivadora de la norma penal sólo puede comprenderse situando el sistema
jurídico-penal en un contexto mucho más amplio de control social, es decir, de
disciplinamiento del comportamiento humano en sociedad.

El control social es una condición básica de la vida social. Con él se aseguran el


cumplimiento de las expectativas de conductas y los intereses contenidos en las normas
que rigen la convivencia, confirmándolas y estabilizándolas contrafácticamente, en caso
de su frustración o incumplimiento, con la respectiva sanción impuesta en una
determinada forma o procedimiento. El control social determina, pues, los límites de la
libertad humana en la sociedad, constituyendo, al mismo tiempo, un instrumento de
socialización de sus miembros. No hay alternativas al control social; es inimaginable una
sociedad sin control social. Dentro del control social, la norma penal, el sistema jurídico-
penal, ocupa un lugar secundario, puramente confirmador y asegurador de otras
instancias mucho más sutiles y eficaces. La norma penal no crea, en efecto, nuevos
valores, ni constituye un sistema autónomo de motivación del comportamiento humano
en sociedad. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA ARÁN, 2010).

Es inimaginable un Derecho penal completamente desconectado de las demás


instancias de control social. Es más, un Derecho penal que funcionara así sería
absolutamente insoportable y la más clara expresión de una sociedad de esclavos. La
norma penal, el sistema jurídico-penal, el Derecho penal como un todo, sólo tiene sentido
si se lo considera como la continuación de un conjunto de instituciones, públicas y
privadas (familia, escuela, formación profesional, etc.), cuya tarea consiste igualmente
en socializar y educar para la convivencia a los individuos a través del aprendizaje e
internalización de determinadas pautas de comportamiento.

10
Las diferencias existentes entre el sistema jurídico-penal y otros sistemas de control
social son más bien de tipo cuantitativo: el Derecho penal constituye un plus en
intensidad y gravedad de las sanciones. Pero no es el único, ni el más importante.
Verdaderamente, las normas penales por sí solas son insuficientes y paradójicamente
demasiado débiles para mantener el sistema de valores sobre el que descansa una
sociedad. De nada servirían ni la conminación penal contenida en las mismas, ni la
imposición de la pena, ni su ejecución, si no existieran previamente otros sistemas de
motivación del comportamiento humano en sociedad. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA
ARÁN, 2010).

LA VALIDEZ MATERIAL Y ESPACIAL DE LA LEY PENAL.

Para Santiago Nino, la pregunta acerca de cuándo una norma forma parte de un cierto
sistema jurídico y no de otro está estrechamente relacionada con la pregunta acerca de
cómo se puede distinguir un sistema jurídico de otro. La primera pregunta requiere que
se formule un criterio de pertenencia de una norma a un sistema jurídico, y la segunda
reclama un criterio de individualización de sistemas jurídicos. Muchas veces se asocia
la cuestión de la pertenencia de una norma a un sistema jurídico con la cuestión de la
validez de la norma en cuestión.

El primer criterio de pertenencia que parece razonable utilizar y que prácticamente todos
los autores aceptan puede formularse así: "una norma pertenece a un sistema jurídico
cuando el acto de dictarla está autorizado por otra norma que pertenezca al sistema
jurídico en cuestión". Kelsen es uno de los iusfilósofos que han expuesto con más
profundidad este criterio para decidir la pertenencia de una norma a un sistema, es decir,
su validez.

En un pasaje de su Teoría Pura, Kelsen dice, tomando como ejemplo una sentencia
penal: “…A la pregunta acerca de por qué esta norma individual es válida como parte de
un sistema jurídico determinado, la respuesta es: porque ha sido creada de acuerdo con
una ley penal. Esta ley recibe, a su vez, su validez de la Constitución, ya que ha sido
establecida por el órgano competente que la Constitución establece. Si preguntamos por
qué la Constitución es válida, quizá nos remitamos a otra Constitución más antigua.

11
Finalmente llegamos a una cierta Constitución que fue la primera, desde el punto de
vista histórico, pero que fue establecida o por un usurpador o por una asamblea...”.
(KELSEN, 1960)

Es decir que para determinar si una norma pertenece a un sistema debemos llegar, a
través de lo que Raz denomina "cadena de validez" y Von Wright "cadena de
subordinación", a una norma o conjunto de normas que consideramos que forman ya
parte del sistema. Raz define del siguiente modo el concepto de cadena de validez: "Es
el conjunto de todas aquellas normas tales que: 1) cada una de ellas autorice la creación
de una sola de las restantes, excepto una que no autorizará la creación de ninguna; y 2)
la creación de cada una de ellas esté autorizada por una norma del conjunto". (NINO,
2003)

Que una norma autorice la creación de otra o, lo que es lo mismo, que la última derive
de la primera, quiere decir fundamentalmente que la conducta de dictar la norma inferior
esté permitida por la superior. El permiso para dictar una norma se dirige a ciertas
personas, a quienes se denomina "órganos competentes". Tal permiso puede estar
condicionado a que se siga un cierto procedimiento para dictar la norma y a que ésta
tenga determinado contenido. De acuerdo con lo expuesto, sostiene Kelsen que una
norma es válida cuando concuerda con lo establecido por otra norma válida en cuanto:
1) al órgano que debe dictarla; 2) al procedimiento mediante el cual debe ser sancionada,
y 3) al contenido que debe tener dicha norma. Sin embargo, Kelsen anota que el
elemento importante que toman en cuenta las normas jurídicas, a diferencia de las
morales, para permitir la creación de otras, es el órgano que debe dictarlas.

En cuanto a los criterios de individualización de los sistemas jurídicos, Santiago Nino


señala que existen cinco de ellos: Territorial, del origen en cierto legislador, de la norma
fundamental, de la regla del reconocimiento, del reconocimiento de los órganos
primarios.

El criterio territorial.- El criterio de individualización de un sistema jurídico que uno estaría


inclinado a emplear espontáneamente es el que hace referencia al ámbito de aplicación
territorial del sistema en cuestión. Uno diría que el derecho argentino se distingue del
derecho uruguayo porque mientras el primero es aplicable en el territorio argentino el
12
segundo lo es en el uruguayo. Dos normas pertenecen al mismo sistema jurídico cuando
son aplicables en el mismo territorio; y dos normas pertenecen a distintos sistemas
jurídicos cuando son aplicables en distintos territorios.

El criterio del origen en cierto legislador.- Según el jurista inglés John Austin, una norma
pertenece al sistema jurídico que esté integrado por todas las normas directa o
indirectamente dictadas por el mismo legislador que dictó aquella norma. Es decir que
un sistema jurídico estará formado por todas las normas que dicte un determinado
legislador.

El criterio de la norma fundamental.- Entre las soluciones fundadas en la identificación


de una cierta norma suprema, la más conocida es la de Hans Kelsen, en donde
determina la validez de una norma por su derivación de otra norma válida. Así llega a
una primera norma positiva del sistema, por ejemplo, la Constitución, y se pregunta
respecto de ella si es también válida, o sea, si pertenece al sistema. Dar una respuesta
afirmativa a ese interrogante es condición necesaria para aceptar la validez de todas las
normas que de ella derivan. En relación a la primera norma positiva de un sistema
jurídico, al parecer sólo habría la posibilidad de decidir su pertenencia a aquél, como
hemos visto, en virtud de un criterio diferente del que exige la derivación de otra norma
válida. Según Kelsen sólo puede eludirse ese camino si se recurre a alguna norma no
positiva, o sea a alguna norma no dictada por un acto de seres humanos y de la cual se
derivarán las normas positivas en que concluyen las cadenas de validez. De este modo
Kelsen recurre a su célebre norma fundamental o básica. (NINO, 2003)

El criterio basado en la regla de reconocimiento.- Herbert Hart pretende resolver las


falencias de los criterios de pertenencia e individualización mencionados antes,
recurriendo a criterios que hacen referencia a la regla de reconocimiento que, como
vimos, él considera distintiva de todo sistema jurídico. El criterio de pertenencia que
sugiere Hart estipula que una norma pertenece a un cierto sistema jurídico cuando su
aplicación está prescripta por la regla de reconocimiento de ese sistema jurídico. A su
vez, el criterio de individualización que emplea Hart establece que un cierto sistema
jurídico se distingue de otro por el hecho de que la aplicación de todas sus normas está
directa o indirectamente prescripta por' una regla de reconocimiento diferente de la que
prescribe aplicar las normas del otro.
13
Por otra parte, el criterio de pertenencia de Hart adolece de otro defecto que se ha puesto
de manifiesto a raíz de ciertas críticas de Ronald Dworkin. Este autor sostiene que un
sistema jurídico no está compuesto sólo por reglas sino también por otro tipo de normas,
que él llama "principios". Los principios, que Ronald Dworkin ejemplifica con el que
estipula que nadie puede beneficiarse con su propio proceder ilegítimo y que es
aceptado por los tribunales norteamericanos, se distinguen de las reglas en que su
aplicabilidad a un caso no es una cuestión de todo o nada, sino que depende del peso
relativo del principio en contraste con el de otros principios relevantes.

Según Dworkin, los principios no podrían ser parte de un sistema jurídico si se aceptara
la teoría de Hart de la regla de reconocimiento, ya que esta regla identifica a las normas
del sistema por su origen o fuente, y aquellos principios no son reconocidos por los
jueces por derivar de cierta fuente con autoridad, sino porque su contenido se considera
válido, apropiado o justo, los jueces norteamericanos no aceptaron por primera vez el
principio que menciona Dworkin por el hecho de haber sido dictado por un legislador o
por haber sido adoptado en un precedente judicial, sino por considerarlo un principio
justo. (NINO, 2003)

El criterio basado en el reconocimiento de los órganos primarios.- El fracaso del intento


de Hart de proveer criterios de individualización y pertenencia operativos, deja, sin
embargo, una lección importante. Esa lección es que no debemos buscar el elemento
unificador de un orden jurídico en una cierta norma maestra, como la regla de
reconocimiento, aunque sí parece ser relevante para resolver este problema el
reconocimiento que de las normas del sistema hacen ciertos órganos de aplicación.

Joseph Raz es quien más ha insistido en que los criterios de individualización y


pertenencia deben basarse no en la identidad de cierto órgano creador de normas (como
pensaba Austin), ni en la individualización de cierta norma o regla primitiva (tal como
sostienen Kelsen y Hart), sino en los órganos que aplican esas normas a casos
particulares (lo que es también propugnado por autores como Alf Ross). Es el
reconocimiento por parte de esos órganos (los jueces, en sentido amplio) lo que parece
ser decisivo para otorgar una unidad a un grupo de normas y para predicar de una cierta
norma que pertenece a ese conjunto unitario. (NINO, 2003)
14
ÁMBITO DE VIGENCIA DE LA LEY PENAL

1.- Aplicación espacial de la ley penal.


La ley penal importa un ejercicio de la soberanía del Estado, por lo que su validez parece
limitada en el espacio por la extensión dentro de la cual se reconoce en la comunidad
internacional el ejercicio de la soberanía. (BACIGALUPO, 1994). Bajo este criterio
general se señalan varios principios que regulan la aplicación espacial de la ley penal y
que James Reátegui Sánchez en su obra Tratado de Derecho Penal parte general los
analiza.

a) Principio de territorialidad
Basado en el criterio de la soberanía del Estado, la ley penal es aplicable a los hechos
punibles cometidos dentro del territorio del Estado, sin consideración de la nacionalidad
del autor y los partícipes. Artículo 14 numeral 1 del COIP: “… Artículo 14.- Ámbito espacial
de aplicación.- Las normas de este Código se aplicarán a: (…) 1. Toda infracción cometida
dentro del territorio nacional...”

b) Principio del pabellón o de la bandera


Este principio atribuye el poder soberano sobre buques, aeronaves y vehículos
espaciales al Estado cuyo pabellón enarbolen o bajo el que estén registrados; desde el
punto de vista del derecho internacional poseen su “nacionalidad”. El Estado del
pabellón ejercita por ello el ius puniendi sobre hechos realizados en los buques o
aeronaves, con independencia de en qué lugar se consumen o cuál sea la nacionalidad
de los autores. (Ambos, 2007).

El Art. 14 numeral 3 del COIP lo contempla: “… Artículo 14.- Ámbito espacial de


aplicación.- Las normas de este Código se aplicarán a: (…). 3. Las infracciones
cometidas a bordo de naves o aeronaves militares o mercantes de bandera o matrícula
ecuatoriana…”.

c) Principios que justifican la aplicación de la ley penal a hechos cometidos fuera del
territorio del Estado.
Existen principios que justifican la extraterritorialidad de la ley penal y que se refiere a la

15
posibilidad de aplicación de las leyes penales a conductas que se realizan fuera del
territorio de un Estado, como lo son el Principio real o de protección de bienes, Principio
de personalidad, Principio de justicia mundial, Principio del derecho penal por
representación. (REÁTEGUI, 2016)

Artículo 14 del COIP: “… Ámbito espacial de aplicación.- Las normas de este Código se
aplicarán a: (…). 2. Las infracciones cometidas fuera del territorio
ecuatoriano, en los siguientes casos: (…) d) Cuando la infracción penal afecta bienes
jurídicos protegidos por el Derecho Internacional, a través de instrumentos internacionales
ratificados por el Ecuador, siempre que no se haya iniciado su juzgamiento en otra
jurisdicción. e) Cuando las infracciones constituyen graves violaciones a los derechos
humanos, de acuerdo con las reglas procesales establecidas en este Código…”

El Art. 400 numeral 2 del COIP lo prevé: “…Artículo 400.- Ámbito de la potestad
jurisdiccional.- Están sujetos a la jurisdicción penal del Ecuador: (…) 2. La o el Jefe de
Estado y las o los representantes diplomáticos del Ecuador, su familia y la comitiva, que
cometen una infracción en territorio extranjero y las o los cónsules ecuatorianos que, en
igual caso, lo hacen en el ejercicio de sus funciones consulares...”

También el COIP en su Artículo 401 señala: “… Jurisdicción universal.- Los delitos contra
la humanidad pueden ser investigados y juzgados en la República del Ecuador, siempre
que no hayan sido juzgados en otro Estado o por cortes penales internacionales, de
conformidad con lo establecido en este Código y en los tratados internacionales suscritos
y ratificados…”

d) Lugar de comisión del delito.


Este tema toma particular importancia en el caso de los delitos a distancia, en la que la
acción tiene lugar en un territorio y el resultado en otro. Como por ejemplo el caso de
quien coloca una bomba en un avión que despega de Ecuador y explota cuando el avión
estaba aterrizando en el Perú, ocasionando la muerte de los pasajeros. Ante aquello se
han planteado tres teorías: de la acción, del resultado y el de la ubicuidad. (REÁTEGUI,
2016)

La teoría de la acción señala que el lugar de comisión es el de la actuación de la voluntad,


16
es decir donde se da inicio a la ejecución de la conducta. En el caso en mención debe
aplicarse la ley penal del Ecuador.

La teoría del resultado plantea que el lugar de comisión es donde se produce el resultado,
por lo que en el caso referido sería de aplicación de la ley penal peruana. En el Art. 404
del COIP se resuelve esta clase de preguntas para los casos de delitos cometidos al
interior del país y en donde se define la competencia de los jueces penales: “…Artículo
404.- Reglas de la competencia.- Para determinar la competencia de la o el juzgador, se
observarán las siguientes reglas: (…) 2. Cuando la infracción se ha preparado e iniciado
en un lugar y consumado en otro, el conocimiento de la
causa corresponde a la o al juzgador de este último…”

La teoría de la ubicuidad, según la cual el lugar de comisión es tanto es de la acción


como del resultado. El fundamento de esta teoría está en la unidad que constituyen,
típicamente considerados, la acción y el resultado, lo que impedirá su consideración
aislada. (REÁTEGUI, 2016)

2.- Aplicación temporal de la Ley Penal.


a) PRINCIPIO FUNDAMENTAL: IRRETROACTIVIDAD
Está referido a determinar la ley aplicable al delito desde el punto de vista temporal. El
principio fundamental es que es de aplicación la ley vigente en el momento de comisión
del hecho punible, siendo una regla que deriva del principio de legalidad. Así, las leyes
penales sólo alcanzan a los hechos cometidos después de su entrada en vigencia.

En otras palabras, la regla tempus regit actum (el tiempo rige el acto) está implícita en el
principio de la legalidad, en la medida en que para determinar si un comportamiento es
delictuoso y qué sanción debe imponerse al agente hay que aplicar la ley vigente al
tiempo de cometerse. (REÁTEGUI, 2016)

Del principio fundamental anteriormente señalado se deriva el principio de la


irretroactividad de la ley penal, de acuerdo a lo cual la norma penal no se puede aplicar
a conductas anteriores a su entrada en vigencia. La Constitución señala en su artículo
76 numeral 3 que: “Nadie podrá ser juzgado ni sancionado por un acto u omisión que, al

17
momento de cometerse, no esté tipificado en la ley como infracción penal, administrativa
o de otra naturaleza; ni se le aplicará una sanción no prevista por la Constitución o la
ley. Sólo se podrá juzgar a una persona ante un juez o autoridad competente y con
observancia del trámite propio de cada procedimiento…” ninguna ley tiene fuerza ni
efecto retroactivo.

El Código Orgánico Integral Penal lo contempla en el Art. 5 numeral 1: “…Legalidad: no


hay infracción penal, pena, ni proceso penal sin ley anterior al hecho. Este principio rige
incluso cuando la ley penal se remita a otras normas o disposiciones legales para
integrarla…”

b) EXCEPCIONES DEL PRINCIPIO FUNDAMENTAL. RETROACTIVIDAD DE LA LEY


FAVORABLE.
Anteriormente se ha señalado que ninguna Ley tiene fuerza ni efecto retroactivo. Sin
embargo, como excepción a este carácter irretroactivo surge el principio consagrado en
el numeral 5 del Art. 76 de la Constitución ecuatoriana que establece: “…En caso de
conflicto entre dos leyes de la misma materia que contemplen sanciones diferentes para
un mismo hecho, se aplicará la menos rigurosa, aún cuando su promulgación sea
posterior a la infracción. En caso de duda sobre una norma que contenga sanciones, se
la aplicará en el sentido más favorable a la persona infractora…”, la retroactividad de la
Ley penal más favorable al reo en caso de duda o de conflicto entre leyes penales, y que
tácitamente desplaza a la regla tempus regit actum. Disposición similar está contenida
en el Código Orgánico Integral Penal en el Art. 5 numeral 2: “Favorabilidad: en caso de
conflicto entre dos normas de la misma materia, que contemplen sanciones diferentes
para un mismo hecho, se aplicará la menos rigurosa aún cuando su promulgación sea
posterior a la infracción...”.

Para determinar la favorabilidad es recomendable precisarlo según el caso específico que


se analiza, debiéndose valorar cuidadosamente los diferentes marcos penales que se
comparan considerando las circunstancias y condiciones personales del Sujeto. En esta
comparación deben tomarse en cuenta las penas principales y luego la ley en su totalidad.
El Art. 16 numeral 2 del COIP señala: “…Se aplicará la ley penal posterior más benigna
sin necesidad de petición, de preferencia sobre la ley penal vigente al tiempo de ser
cometida la infracción o dictarse sentencia…”
18
c) LEYES PENALES TEMPORALES Y EXCEPCIONALES
La ley penal temporal es aquella que tiene prefijado en su texto el tiempo de su vigencia.
Por ejemplo, para salvaguardar la reproducción de algunos animales, se dispone por ley
que durante cierto tiempo está prohibido la captura de los animales protegidos. Situación
problemática se da cuando la ley temporal más severa deja de estar en vigor y recobra
su vigencia la ley anterior más favorable.

La ley penal excepcional es aquella que en forma no expresa hace depender su vigencia
de situaciones que por su naturaleza son temporales o transitorias, rigen para
circunstancias especiales como epidemias, grave alteración del orden público, entre
otros. (REÁTEGUI, 2016)

d) MOMENTO DE COMISIÓN DEL DELITO


Es necesario determinarlo para fijar la vigencia temporal de la ley penal. La posición
dominante en la ciencia penal considera que el momento decisivo es aquel en el que el
agente o partícipe actuó u omitió la obligación de actuar. Según Hurtado Pozo de manera
correcta se consideran también los casos de participación delictuosa, aunque si se
hubiera omitido la referencia expresa no se hubieran alterado significativamente los
alcances de la disposición, por el contrario, constituye una insuficiencia importante el
que se haga referencia a los efectos del comportamiento, en lugar de limitarse al
resultado.

3.- Aplicación personal de la Ley Penal


El principio rector es el de la igualdad de todas las personas ante la ley. Este principio
tiene jerarquía constitucional al estar plasmado en el artículo 11 numeral 2 de la
Constitución: “…Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos,
deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de
nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma,
religión, ideología, filiación política, pasado judicial, condición socio-económica, condición
migratoria, orientación sexual, estado de salud, portar VIH, discapacidad, diferencia física;
ni por cualquier otra distinción, personal o colectiva, temporal o permanente, que tenga
por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los
derechos. La ley sancionará toda forma de discriminación. El Estado adoptará medidas
19
de acción afirmativa que promuevan la igualdad real en favor de los titulares de derechos
que se encuentren en situación de desigualdad...”. (ASAMBLEA CONSTITUYENTE,
2008)

El Art. 15 del Código Orgánico Integral Penal prevé que: “…Las normas de este Código
se aplicarán a todas las personas nacionales o extranjeras que cometan infracciones
penales…”. Sin embargo, se establecen algunas excepciones relacionados a la función
que la persona ejerce, como por ejemplo de acuerdo a lo señalado en el Art. 400 ibídem:
“…Ámbito de la potestad jurisdiccional.- Están sujetos a la jurisdicción penal del Ecuador:
(…) Se exceptúan, con arreglo a las convenciones e instrumentos internacionales
ratificados por la República del Ecuador, las o los jefes de otros estados que se
encuentren en el país, las y los representantes diplomáticos acreditados y residentes en
el territorio ecuatoriano y las o los representantes diplomáticos de otros Estados,
transeúntes que pasen ocasionalmente por el territorio. Esta excepción se extiende a la o
al cónyuge, hijas, hijos, empleadas o empleados extranjeros y demás comitiva de la o el
jefe de Estado o de cada representante diplomático, siempre que oficialmente pongan en
conocimiento del Ministerio encargado de las relaciones exteriores, la nómina de tal
comitiva o del personal de la misión…”. (ASAMBLEA NACIONAL, 2014)

Es necesario abordar también los casos de personas que por las funciones que
desempeñan están sujetas a que su situación jurídica sea resuelta por Jueces distintos al
de fuero común, gozando por ejemplo de Fuero de Corte Nacional de Justicia, como son
los miembros de la Corte Constitucional, de acuerdo a lo previsto en el Art. 181 del Código
Orgánico de la Función Judicial.

También se encuentran sometidos a este tipo de Fuero el Presidente o la Presidenta de


la República, el Vicepresidente o la Vicepresidenta de la República, los Asambleístas y
las Asambleístas, los Consejeros y las Consejeras del Consejo de Participación
Ciudadana y Control Social, las Juezas y Jueces de la Corte Nacional de Justicia, las y
los vocales del Consejo de la Judicatura, el Defensor o Defensora del Pueblo, la o el
Contralor General del Estado, el o la Fiscal General del Estado, la Defensora o el Defensor
Público General, el Procurador o la Procuradora General del Estado, los Ministros y
Secretarias y Secretarios de Estado, el Secretario o Secretaria General de la
Administración Pública, las y los Superintendentes, los Consejeros y las Consejeras del
20
Consejo Nacional Electoral, los jueces y juezas del Tribunal Contencioso Electoral, los
jueces de las Cortes Provinciales, y los suplentes de estas autoridades, cuando estuvieren
subrogándolos, de acuerdo a lo señalado en el Art. 192 del Código Orgánico de la Función
Judicial.

El Art. 208 del antes referido Código Orgánico contempla a las personas que por sus
funciones están sometidas a Fuero de Corte Provincial, como son: las Gobernadoras y
los Gobernadores, la Gobernadora o el Gobernador Regional, las Prefectas o los
Prefectos, las Alcaldesas y los Alcaldes, las y los Intendentes de Policía, las juezas y
jueces de los tribunales y juzgados, el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas
Armadas, el Comandante General del Ejército, el Comandante General de la Marina, el
Comandante General de la Fuerza Aérea, y el Comandante General de la Policía.
(ASAMBLEA NACIONAL, Código Orgánico de la Función Judicial, 2009)

APLICACIÓN DE LA DOCTRINA EN LA LEY PENAL EN EL ECUADOR.

“La doctrina de los autores (o sea la dogmática jurídica) es generalmente mencionada


como una fuente de derecho, ¿cómo se concilia ese carácter de la dogmática con la
función puramente descriptiva que generalmente se le atribuye?. A mediados del siglo
pasado el fiscal alemán Julius von Kirchmann dictó una conferencia con el título de "La
jurisprudencia no es ciencia"; uno de sus argumentos para sostener la conclusión
enunciada en el título era que el objeto de la ciencia del derecho, o sea las leyes, no
tienen la regularidad y perdurabilidad de los fenómenos estudiados por las ciencias
naturales: tres palabras rectificadoras del legislador convierten bibliotecas enteras en
basura…” (NINO, 2003)

Roscoe Pound concibe la ciencia jurídica como una parte de lo que llama ingeniería
social; esto implica que la ciencia jurídica tiene por fin determinar de qué forma el orden
jurídico puede ser utilizado para eliminar fricciones sociales, conciliar pretensiones
contrapuestas y satisfacer, en la medida de lo posible, las necesidades humanas.

Según María Vilchez Gil, la doctrina es una fuente formal del derecho, con indudable
trascendencia dentro del ámbito jurídico. Fue Savigny quien resaltó el trabajo y la
doctrina de los juristas. Esta surge en las universidades que vienen a estudiar el derecho

21
vigente y lo interpretan dentro de la ciencia del derecho. Es comúnmente utilizada por
los juristas, tanto en la educación jurídica como en su utilización en la práctica judicial,
sin embargo hemos de decir que la misma carece de fuerza obligatoria y no se reconoce
como fuente oficial del derecho en la mayoría de los sistemas jurídicas, sin embargo,
cuando en la práctica es utilizada, viene a configurarse como pieza de convicción para
el juez, el legislador y el desarrollo de todo el derecho consuetudinario. Son o vienen a
constituir críticas y estudios de teóricos del derecho que influyen en la formación, opinión
de los que vienen a crear normas o aplican las mismas. La doctrina estudia los
manantiales de donde brota el derecho: investiga el papel histórico y las relaciones
existentes entre las diversas fuentes; esclarece el significado de las normas y elabora,
para entender en toda su extensión, el significado de los modelos jurídicos.

Por su parte, la dogmática penal, expresa Roxin: "es la disciplina que se ocupa de la
interpretación, sistematización, elaboración y desarrollo de las disposiciones legales y
opiniones de la doctrina científica en el campo del Derecho penal" (MANRIQUE,
NAVARRO y PERALTA, 2017). Fernández Carrasquilla, a su vez, con visión político
criminal, considera que la Dogmática Jurídico Penal es el estudio sistemático y lógico-
político de las normas del derecho penal positivo vigente y de los principios y valores en
que descansan o que las animan" (CARRASQUILLA, 1982). La dogmática jurídico penal,
por su referencia al derecho vigente y por sus métodos se diferencia de la historia del
Derecho Penal y del Derecho Penal comparado, pero también de la Política Criminal,
cuyo objeto no constituye el derecho penal como ES sino como DEBERÍA SER en cuanto
a una adecuada disposición para sus fines.

En el análisis dogmático del derecho penal actual se hace en muchas ocasiones


referencia a los principios, el principio de legalidad, el principio de utilidad, de la
intervención penal, el principio de subsidiariedad, el principio de exclusiva protección de
bienes jurídicos, el principio de humanidad de las penas, el principio de proporcionalidad
o el principio de resocialización, entre otros son profusamente estudiados u aplicados al
razonamiento jurídico por los penalistas. Continuamente se utilizan y usan estos
principios para proceder a explicar y criticar los contenidos propios de la materia de
estudio. Efectivamente en el ámbito penal existe y se da una tremenda importancia a los
principios, y lo deseable en los estudios jurídicos tanto penales, con los principios que lo
regulan, como cualquier ámbito del derecho parten de los mismos, siendo su formulación
22
y estructura para, a partir de ahí, proceder a su aplicación al mundo de la realidad
objetiva jurídica. Sin embargo, a pesar de la importancia de los mismos, no existe en la
dogmática penal apenas aseveraciones explicitas de posibles peculiaridades
estructurales o funciones de los principios en relación a las reglas, tampoco remisiones
a autores como Esser, Bobbio, Betti, Kelsen, Hart, Dworkin, Alexy o Larenz a propósito
de los principios.

Muchas de las reflexiones de estos autores son de gran utilidad para entender el sentido
que los principios tienen en este ámbito del derecho. Sin ellos no se entenderían muchas
de las resoluciones que se dictan en este ámbito por los jurisconsultos. De forma
precipitada podríamos sacar la conclusión de que para los penalistas los principios son
normas jurídicas al igual que todas las demás que configuran la parcela de ordenamiento
jurídico que analizan. Los principios serian prescripciones que obligan a un determinado
comportamiento y cuyas consecuencias jurídicas determinan la sanción correspondiente
en caso de incumplimiento. Más concretamente, y al ser normas dirigidas prioritariamente
a los poderes públicos, sería la negación de validez o la nulidad de sus actuaciones la
sanción apropiada. (VILCHEZ, 2018).

23
Bibliografía

Ambos, K. (2007). Los Fundamentos del ius puniendi nacional; en particular, su aplicación extraterritorial.
Scielo.

ASAMBLEA CONSTITUYENTE, d. E. (2008). Constitución del Ecuador. Montecristi: Registro Oficial.

ASAMBLEA NACIONAL, d. E. (2009). Código Orgánico de la Función Judicial. Quito: Registro Oficial.

ASAMBLEA NACIONAL, d. E. (2014). Código Orgánico Integral Penal. Quito: Registro Oficial.

BACIGALUPO, E. (1994). Manual de Derecho Penal. Bogotá: Temis.

CARRASQUILLA, J. (1982). Hacia una dogmática penal sin culpabilidad. Nuevo Foro Penal, 954-970.

KELSEN, H. (1960). Teoría Pura del Derecho, 4a. Edición, 9a. reimpresión. Buenos Aires: Editorial
Universitaria de Buenos Aires.

MANRIQUE, NAVARRO y PERALTA. (2017). La ley penal y la autoridad de la dogmática. Revus.

MIR PUIG, S. (2015). DERECHO PENAL, Parte General, 10a. edición. Barcelona: editorial rePPertor.

MUÑOZ CONDE & GARCÍA ARÁN. (2010). DERECHO PENAL, Parte General. Valencia: TIRANT LO BLANCH.

NINO, C. S. (2003). Introducción al análisis del Derecho, 2a. edición ampliada y revisada, 12a. reimpresión.
Buenos Aires: Astrea.

REÁTEGUI, J. S. (2016). Tratado de Derecho Penal, Parte General, volumen 1. Lima: Ediciones Legales
E.I.R.L.

VILCHEZ, M. Á. (2018). Dogmática Penal. Fundación Internacional de Ciencias Penales, 1-8.

24

También podría gustarte