Teoría de la Norma Penal en Ecuador
Teoría de la Norma Penal en Ecuador
DERECHO PENAL
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Profesor Autor:
Ab. Rubén Darío Balda Zambrano, Mg.
Titulaciones Semestre
• DERECHO TERCERO
Unidad 3: La ciencia del derecho penal: teoría de la norma penal su validez material y espacial. 2
Generalidades ......................................................................................................................................... 2
Resultado de aprendizaje de la unidad: ........................................................................................... 2
LA NORMA PENAL: DEFINICIÓN, CARACTERÍSTICAS Y ESTRUCTURA .............................. 3
LA VALIDEZ MATERIAL Y ESPACIAL DE LA LEY PENAL........................................................ 11
ÁMBITO DE VIGENCIA DE LA LEY PENAL ................................................................................. 15
1.- Aplicación espacial de la ley penal. .................................................................................. 15
2.- Aplicación temporal de la Ley Penal................................................................................. 17
3.- Aplicación personal de la Ley Penal ................................................................................. 19
APLICACIÓN DE LA DOCTRINA EN LA LEY PENAL EN EL ECUADOR. ........................... 21
Bibliografía ........................................................................................................................................... 24
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Unidad 3: La ciencia del derecho penal: teoría de la norma penal su
validez material y espacial.
Generalidades
Unidad III.- La ciencia del derecho penal: teoría de la norma penal su validez
material y espacial
• La Norma Penal: Definición, características y estructura. Tipos de leyes
• La Validez material y espacial de la ley penal. La aplicación de la ley penal en la
doctrina y en el Ecuador
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LA NORMA PENAL: DEFINICIÓN, CARACTERÍSTICAS Y ESTRUCTURA
Para Santiago Mir Puig, una norma jurídica es un mensaje prescriptivo, es decir, que
prescribe una actuación determinada, expresado a través de determinados símbolos,
normalmente consistentes en enunciados. A diferencia de las normas, los principios no
prescriben una conducta determinada, porque no contienen una especificación suficiente
de un supuesto de hecho ni de una consecuencia jurídica, sino que sólo ofrecen razones
para la decisión, sin determinarla totalmente. Mientras que las normas sólo pueden
cumplirse o infringirse, los principios tienen una dimensión de peso, que permite que se
cumplan en mayor o menor medida, por lo que constituyen mandatos de optimización.
(MIR PUIG, 2015)
Para el referido autor, los textos legales o enunciados legales, constituyen el vehículo de
expresión de las normas legales, a cuya clase pertenecen las normas jurídico-penales.
Tales enunciados legales reciben distintos nombres: “proposiciones jurídicas”, “preceptos
legales”, “disposiciones legales”. El enunciado legal es un conjunto de símbolos lingüísticos
que conviene diferenciar del mensaje prescriptivo que transmite, único que constituye la
norma jurídica. Un enunciado legal puede servir de base a más de una norma jurídica, esto
es lo que sucede en los preceptos de la Parte Especial de los Códigos Penales, cada uno
de los cuales sirve de base a dos clases de normas: una dirigida al Juez, obligándole a
imponer una pena en caso de que se cometa el delito de que se trate, y otra dirigida al
ciudadano, prohibiéndole la comisión del delito. A una se la denomina norma primaria y a la otra
norma secundaria.
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Sin embargo, al señalar una pena para el homicidio, el legislador pretende algo más que
informar y castigar: pretende prohibir, bajo la amenaza de la pena, el homicidio. La
conminación penal del homicidio transmite no sólo un aviso al ciudadano y la voluntad
normativa de que el Juez castigue llegado el caso, sino, ante todo, la voluntad normativa de
que los ciudadanos no maten, salvo que concurra una causa de justificación. El enunciado
legal que castiga un hecho con una pena ha de interpretarse, pues, como forma de
comunicación de dos normas distintas: de una norma prohibitiva dirigida al ciudadano
llamada “norma primaria” y de una norma que obliga a castigar dirigida al Juez llamada
“norma secundaria”.
La existencia de la norma primaria no se deriva del texto legal, que sólo se refiere a la norma
secundaria, pero es admitida con razón por la doctrina. En el Código Orgánico Integral
Penal las infracciones se clasifican en delitos y contravenciones (Art. 19), lo cual supone
que la realización de un delito no sólo hace aplicable la norma que señala su castigo, sino
que también entraña la infracción de una norma que prohíbe la conducta al ciudadano. En
efecto, si solo existiera norma secundaria, el delito no sería infracción alguna puesto que
aquella no prohíbe el hecho al ciudadano, sino que se dirige al Juez. (NINO, 2003).
Por otra parte, en el Derecho vigente se expresa a veces la prohibición de realizar ciertas
conductas de importancia mucho menor que los delitos. Así, por ejemplo, con frecuencia
se formulan expresamente prohibiciones, como las de fumar en ciertos lugares o de pisar
el césped, prohibiciones cuya transgresión supone la imposición de una sanción
administrativa, en la legislación administrativa podrían citarse muchos otros ejemplos.
Pues bien, sería absurdo que todos estos hechos de poca gravedad sancionados
administrativamente se hallen prohibidos por el Derecho y, en cambio, no estuvieran
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prohibidos el homicidio, el robo, la violación, ni ninguno de los delitos previstos por los
Códigos penales.
Aunque partimos de la admisión de que el delincuente infringe una norma que se le dirige y
de que ésta es distinta de la que establece la pena, se afirma que tal norma establecida al
mismo tiempo que la pena, es una norma jurídico-penal porque se halla apoyada por la
amenaza de una pena. Pues entendemos por Derecho penal tanto las normas que imponen
penas a los delitos como aquellas que prohíben la comisión de estos. Es decir, el Derecho
penal se manifiesta a través de los preceptos penales en dos direcciones: prohibiendo los
delitos y castigándolos a través de una regulación unitaria.
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Se ha afirmado que siempre que la estructura de toda norma jurídica está por un supuesto
de hecho y una consecuencia jurídica. Esta sería, pues, la estructura de las normas
jurídico-penales. Como consecuencia jurídica se piensa en las normas que establecen la
pena o la medida de seguridad. En ellas la conducta delictiva constituye, en efecto, el
supuesto de hecho y el deber de imponer la pena o la medida de seguridad es su
consecuencia jurídica. Así, la norma que prohíbe el homicidio tiene como supuesto de
hecho una situación en que sea físicamente posible al destinatario matar a una persona
que no sea un suicida y del que no sea necesario defenderse legítimamente.
En relación con la estructura cabe hacer referencia también al caso de las leyes penales
en blanco con las que hacemos referencia a ciertos preceptos penales principales que,
excepcionalmente, no expresan completamente los elementos específicos del supuesto
de hecho de la norma secundaria, sino que remiten a otro u otros preceptos o autoridades
para que completen la determinación de aquellos elementos. (MIR PUIG, 2015)
Pero las normas jurídicas, y entre ellas las penales, constituyen mensajes prescriptivos y
poseen, por tanto, una determinada función de comunicación entre sujetos. Desde este
punto de vista de la función social de la norma, cabe advertir la estructura propia de las
relaciones sociales presentes en las normas penales. A Rolf-Peter Calliess se debe el
mérito de haber señalado este aspecto de la norma penal. A partir de la concepción de la
sociedad como sistema de procesos de interacción y comunicación; este autor, citado por
Santiago Mir Puig en su libro Derecho Penal parte general, sostiene que la norma penal
posee una función de comunicación entre tres sujetos. Estos sujetos son el destinatario
de la prohibición o eventual sujeto activo de la conducta delictiva, al que Calliess llama
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Ego, la posible víctima de dicha actuación, al que denomina Alter, y el llamado a
reaccionar frente al delito mediante la pena, llamado Tercero.
La norma crea entre Ego, Alter y Tercero un complejo de expectativas recíprocas: una red
comunicativa en la cual cada sujeto espera no sólo el comportamiento, sino también las
expectativas de los otros. Así, Ego ha de expresar no sólo un determinado
comportamiento del Tercero como respuesta a su actuar, sino también que el Tercero y
Alter esperen que se deje determinar en favor de una conducta no delictiva.
Por otro lado, Muñoz Conde y García Arán señalan que independientemente de cuáles
sean el contenido, sentido y fin que se asignen a los distintos elementos integrantes de la
norma penal, el Derecho penal como conjunto normativo cumple una función de
mantenimiento y protección de un sistema de convivencia y sólo dentro del sistema y
desde ese sistema puede explicarse. La función de la norma penal, como la de cualquier
institución, sólo puede comprenderse, pues, en referencia a un sistema social de
convivencia.
Sin embargo, con esto no se ha dicho todavía nada sobre las cualidades que debe tener
ese sistema de convivencia ni sobre la forma específica de funcionar de la norma penal
en ese sistema. A la primera cuestión sólo se puede responder situándose en una
perspectiva ideológica, desde la que se puede decir, por ejemplo, que el sistema social
ideal de convivencia es el comunista, el capitalista o el anarquista. En este sentido, una
norma funcional para un sistema puede ser disfuncional para otro y viceversa. Pero,
puesto que desde esta perspectiva el concepto de función es demasiado neutro, hay que
precisarlo más y preguntar, no por la función de la norma penal respecto a un determinado
sistema ideológico, sino por la función de la norma penal respecto a la convivencia
humana que es el fin y al mismo tiempo la base de todo sistema social. En tanto que la
norma penal posibilite una mejor convivencia, será funcional; cuando se convierta en
perturbadora de esa convivencia, será disfuncional. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA ARÁN,
2010)
Pero el concepto de funcionalidad al que aquí nos referimos no tiene tanto que ver con el
sistema social de convivencia en el que la norma penal actúa, como con la forma en que
la norma penal opera dentro del propio sistema. Desde esta perspectiva se puede decir
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que la norma penal funciona protegiendo las condiciones elementales mínimas para la
convivencia y motivando, al mismo tiempo, a los individuos para que se abstengan de
dañar esas condiciones elementales. La norma penal tiene, por tanto, una doble función:
protectora y motivadora. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA ARÁN, 2010)
Protección y motivación o, mejor dicho, protección a través de la motivación, son las dos
funciones inseparables e interdependientes de la norma penal. La protección supone la
motivación y sólo dentro de los límites en los que la motivación puede evitar determinados
resultados, puede alcanzarse la protección de las condiciones elementales de
convivencia. Esta doble función de la norma penal tiene repercusiones en la Teoría
General del Delito, tanto en la configuración de la teoría de la antijuricidad, como en la
teoría de la culpabilidad.
A la norma penal, igual que a las demás normas jurídicas, le incumbe una función
eminentemente protectora. La diferencia entre la norma penal y las demás normas
jurídicas en esta materia radica en la especial gravedad de los medios empleados por la
norma penal para cumplir esta misión y en que sólo interviene o debe intervenir en los
casos de ataques muy graves a la convivencia pacífica en la comunidad. Pero, ¿qué es
lo que protege o pretende proteger la norma penal? A esta pregunta responde la mayoría
de los penalistas: la norma penal, el Derecho penal, protege bienes jurídicos. La
verificación de esta afirmación obliga, pues, a enfrentarse con el concepto de bien jurídico.
Así pues, bienes jurídicos son aquellos presupuestos que la persona necesita para su
autorrealización y el desarrollo de su personalidad en la vida social. Entre estos
presupuestos se encuentran, en primer lugar, la vida y la salud, negados por la muerte
y el sufrimiento. A ellos se añaden otros presupuestos materiales que sirven para
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conservar la vida y aliviar el sufrimiento: medios de subsistencia, alimentos, vestidos,
vivienda, etc., y otros medios ideales que permiten la afirmación de la personalidad y su
libre desarrollo: honor, libertad, etc. A estos presupuestos existenciales e instrumentales
mínimos se les llama bienes jurídicos individuales, en cuanto afectan directamente a la
persona individual. Junto a ellos vienen en consideración los llamados bienes jurídicos
colectivos, que afectan más a la sociedad como tal, al sistema social que constituye la
agrupación de varias personas individuales y supone un cierto orden social o estatal.
Entre estos bienes jurídicos sociales o universales se cuentan la salud pública, el medio
ambiente, la seguridad colectiva, la organización política, etc. (MUÑOZ CONDE &
GARCÍA ARÁN, 2010)
De ahí la distinción que suele hacerse en la Parte Especial del Derecho penal entre delitos
contra las personas, que atacan directamente a los bienes jurídicos individuales, y delitos
contra la sociedad que atacan a los bienes jurídicos comunitarios, al orden social o estatal
establecido. La determinación de los bienes jurídicos a proteger supone una valoración
que, como tal, está condicionada históricamente. Los valores que en cada época
determinada el legislador somete a tutela penal dependen no solamente de las
necesidades sociales concretas, sino también, y quizás en primera línea, de las
concepciones morales dominantes en la sociedad.
Muñoz Conde y García Arán sostienen que el Derecho penal no es sólo un instrumento
de protección de bienes jurídicos (también el Servicio de Bomberos o la Cruz Roja lo son),
sino un instrumento de motivación del comportamiento humano en sociedad. Para
conseguir la protección de bienes jurídicos que la norma penal persigue, se desencadenan
en los individuos determinados procesos psicológicos que les inducen a respetar dichos
bienes jurídicos. Estos mecanismos psicológicos no se presentan aislados, sino formando
parte de un complejo proceso llamado motivación. Entre estos procesos se encuentra el
Derecho. El Derecho penal, como parte de ese Derecho, ejerce un fuerte influjo en la
motivación humana; pues las normas jurídicas, como elementos pertenecientes al mundo
circundante del individuo, son interiorizadas o internalizadas por él y cooperan en la
formación de su conciencia.
El principal medio de coacción jurídica, la pena, sirve, pues, para motivar comportamientos
en los individuos. La norma penal cumple, por tanto, esa función motivadora que
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señalábamos al principio, amenazando con una pena la realización de determinados
comportamientos considerados por las autoridades de una sociedad como no deseables.
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Las diferencias existentes entre el sistema jurídico-penal y otros sistemas de control
social son más bien de tipo cuantitativo: el Derecho penal constituye un plus en
intensidad y gravedad de las sanciones. Pero no es el único, ni el más importante.
Verdaderamente, las normas penales por sí solas son insuficientes y paradójicamente
demasiado débiles para mantener el sistema de valores sobre el que descansa una
sociedad. De nada servirían ni la conminación penal contenida en las mismas, ni la
imposición de la pena, ni su ejecución, si no existieran previamente otros sistemas de
motivación del comportamiento humano en sociedad. (MUÑOZ CONDE & GARCÍA
ARÁN, 2010).
Para Santiago Nino, la pregunta acerca de cuándo una norma forma parte de un cierto
sistema jurídico y no de otro está estrechamente relacionada con la pregunta acerca de
cómo se puede distinguir un sistema jurídico de otro. La primera pregunta requiere que
se formule un criterio de pertenencia de una norma a un sistema jurídico, y la segunda
reclama un criterio de individualización de sistemas jurídicos. Muchas veces se asocia
la cuestión de la pertenencia de una norma a un sistema jurídico con la cuestión de la
validez de la norma en cuestión.
El primer criterio de pertenencia que parece razonable utilizar y que prácticamente todos
los autores aceptan puede formularse así: "una norma pertenece a un sistema jurídico
cuando el acto de dictarla está autorizado por otra norma que pertenezca al sistema
jurídico en cuestión". Kelsen es uno de los iusfilósofos que han expuesto con más
profundidad este criterio para decidir la pertenencia de una norma a un sistema, es decir,
su validez.
En un pasaje de su Teoría Pura, Kelsen dice, tomando como ejemplo una sentencia
penal: “…A la pregunta acerca de por qué esta norma individual es válida como parte de
un sistema jurídico determinado, la respuesta es: porque ha sido creada de acuerdo con
una ley penal. Esta ley recibe, a su vez, su validez de la Constitución, ya que ha sido
establecida por el órgano competente que la Constitución establece. Si preguntamos por
qué la Constitución es válida, quizá nos remitamos a otra Constitución más antigua.
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Finalmente llegamos a una cierta Constitución que fue la primera, desde el punto de
vista histórico, pero que fue establecida o por un usurpador o por una asamblea...”.
(KELSEN, 1960)
Es decir que para determinar si una norma pertenece a un sistema debemos llegar, a
través de lo que Raz denomina "cadena de validez" y Von Wright "cadena de
subordinación", a una norma o conjunto de normas que consideramos que forman ya
parte del sistema. Raz define del siguiente modo el concepto de cadena de validez: "Es
el conjunto de todas aquellas normas tales que: 1) cada una de ellas autorice la creación
de una sola de las restantes, excepto una que no autorizará la creación de ninguna; y 2)
la creación de cada una de ellas esté autorizada por una norma del conjunto". (NINO,
2003)
Que una norma autorice la creación de otra o, lo que es lo mismo, que la última derive
de la primera, quiere decir fundamentalmente que la conducta de dictar la norma inferior
esté permitida por la superior. El permiso para dictar una norma se dirige a ciertas
personas, a quienes se denomina "órganos competentes". Tal permiso puede estar
condicionado a que se siga un cierto procedimiento para dictar la norma y a que ésta
tenga determinado contenido. De acuerdo con lo expuesto, sostiene Kelsen que una
norma es válida cuando concuerda con lo establecido por otra norma válida en cuanto:
1) al órgano que debe dictarla; 2) al procedimiento mediante el cual debe ser sancionada,
y 3) al contenido que debe tener dicha norma. Sin embargo, Kelsen anota que el
elemento importante que toman en cuenta las normas jurídicas, a diferencia de las
morales, para permitir la creación de otras, es el órgano que debe dictarlas.
El criterio del origen en cierto legislador.- Según el jurista inglés John Austin, una norma
pertenece al sistema jurídico que esté integrado por todas las normas directa o
indirectamente dictadas por el mismo legislador que dictó aquella norma. Es decir que
un sistema jurídico estará formado por todas las normas que dicte un determinado
legislador.
Según Dworkin, los principios no podrían ser parte de un sistema jurídico si se aceptara
la teoría de Hart de la regla de reconocimiento, ya que esta regla identifica a las normas
del sistema por su origen o fuente, y aquellos principios no son reconocidos por los
jueces por derivar de cierta fuente con autoridad, sino porque su contenido se considera
válido, apropiado o justo, los jueces norteamericanos no aceptaron por primera vez el
principio que menciona Dworkin por el hecho de haber sido dictado por un legislador o
por haber sido adoptado en un precedente judicial, sino por considerarlo un principio
justo. (NINO, 2003)
a) Principio de territorialidad
Basado en el criterio de la soberanía del Estado, la ley penal es aplicable a los hechos
punibles cometidos dentro del territorio del Estado, sin consideración de la nacionalidad
del autor y los partícipes. Artículo 14 numeral 1 del COIP: “… Artículo 14.- Ámbito espacial
de aplicación.- Las normas de este Código se aplicarán a: (…) 1. Toda infracción cometida
dentro del territorio nacional...”
c) Principios que justifican la aplicación de la ley penal a hechos cometidos fuera del
territorio del Estado.
Existen principios que justifican la extraterritorialidad de la ley penal y que se refiere a la
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posibilidad de aplicación de las leyes penales a conductas que se realizan fuera del
territorio de un Estado, como lo son el Principio real o de protección de bienes, Principio
de personalidad, Principio de justicia mundial, Principio del derecho penal por
representación. (REÁTEGUI, 2016)
Artículo 14 del COIP: “… Ámbito espacial de aplicación.- Las normas de este Código se
aplicarán a: (…). 2. Las infracciones cometidas fuera del territorio
ecuatoriano, en los siguientes casos: (…) d) Cuando la infracción penal afecta bienes
jurídicos protegidos por el Derecho Internacional, a través de instrumentos internacionales
ratificados por el Ecuador, siempre que no se haya iniciado su juzgamiento en otra
jurisdicción. e) Cuando las infracciones constituyen graves violaciones a los derechos
humanos, de acuerdo con las reglas procesales establecidas en este Código…”
El Art. 400 numeral 2 del COIP lo prevé: “…Artículo 400.- Ámbito de la potestad
jurisdiccional.- Están sujetos a la jurisdicción penal del Ecuador: (…) 2. La o el Jefe de
Estado y las o los representantes diplomáticos del Ecuador, su familia y la comitiva, que
cometen una infracción en territorio extranjero y las o los cónsules ecuatorianos que, en
igual caso, lo hacen en el ejercicio de sus funciones consulares...”
También el COIP en su Artículo 401 señala: “… Jurisdicción universal.- Los delitos contra
la humanidad pueden ser investigados y juzgados en la República del Ecuador, siempre
que no hayan sido juzgados en otro Estado o por cortes penales internacionales, de
conformidad con lo establecido en este Código y en los tratados internacionales suscritos
y ratificados…”
La teoría del resultado plantea que el lugar de comisión es donde se produce el resultado,
por lo que en el caso referido sería de aplicación de la ley penal peruana. En el Art. 404
del COIP se resuelve esta clase de preguntas para los casos de delitos cometidos al
interior del país y en donde se define la competencia de los jueces penales: “…Artículo
404.- Reglas de la competencia.- Para determinar la competencia de la o el juzgador, se
observarán las siguientes reglas: (…) 2. Cuando la infracción se ha preparado e iniciado
en un lugar y consumado en otro, el conocimiento de la
causa corresponde a la o al juzgador de este último…”
En otras palabras, la regla tempus regit actum (el tiempo rige el acto) está implícita en el
principio de la legalidad, en la medida en que para determinar si un comportamiento es
delictuoso y qué sanción debe imponerse al agente hay que aplicar la ley vigente al
tiempo de cometerse. (REÁTEGUI, 2016)
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momento de cometerse, no esté tipificado en la ley como infracción penal, administrativa
o de otra naturaleza; ni se le aplicará una sanción no prevista por la Constitución o la
ley. Sólo se podrá juzgar a una persona ante un juez o autoridad competente y con
observancia del trámite propio de cada procedimiento…” ninguna ley tiene fuerza ni
efecto retroactivo.
La ley penal excepcional es aquella que en forma no expresa hace depender su vigencia
de situaciones que por su naturaleza son temporales o transitorias, rigen para
circunstancias especiales como epidemias, grave alteración del orden público, entre
otros. (REÁTEGUI, 2016)
El Art. 15 del Código Orgánico Integral Penal prevé que: “…Las normas de este Código
se aplicarán a todas las personas nacionales o extranjeras que cometan infracciones
penales…”. Sin embargo, se establecen algunas excepciones relacionados a la función
que la persona ejerce, como por ejemplo de acuerdo a lo señalado en el Art. 400 ibídem:
“…Ámbito de la potestad jurisdiccional.- Están sujetos a la jurisdicción penal del Ecuador:
(…) Se exceptúan, con arreglo a las convenciones e instrumentos internacionales
ratificados por la República del Ecuador, las o los jefes de otros estados que se
encuentren en el país, las y los representantes diplomáticos acreditados y residentes en
el territorio ecuatoriano y las o los representantes diplomáticos de otros Estados,
transeúntes que pasen ocasionalmente por el territorio. Esta excepción se extiende a la o
al cónyuge, hijas, hijos, empleadas o empleados extranjeros y demás comitiva de la o el
jefe de Estado o de cada representante diplomático, siempre que oficialmente pongan en
conocimiento del Ministerio encargado de las relaciones exteriores, la nómina de tal
comitiva o del personal de la misión…”. (ASAMBLEA NACIONAL, 2014)
Es necesario abordar también los casos de personas que por las funciones que
desempeñan están sujetas a que su situación jurídica sea resuelta por Jueces distintos al
de fuero común, gozando por ejemplo de Fuero de Corte Nacional de Justicia, como son
los miembros de la Corte Constitucional, de acuerdo a lo previsto en el Art. 181 del Código
Orgánico de la Función Judicial.
El Art. 208 del antes referido Código Orgánico contempla a las personas que por sus
funciones están sometidas a Fuero de Corte Provincial, como son: las Gobernadoras y
los Gobernadores, la Gobernadora o el Gobernador Regional, las Prefectas o los
Prefectos, las Alcaldesas y los Alcaldes, las y los Intendentes de Policía, las juezas y
jueces de los tribunales y juzgados, el Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas
Armadas, el Comandante General del Ejército, el Comandante General de la Marina, el
Comandante General de la Fuerza Aérea, y el Comandante General de la Policía.
(ASAMBLEA NACIONAL, Código Orgánico de la Función Judicial, 2009)
Roscoe Pound concibe la ciencia jurídica como una parte de lo que llama ingeniería
social; esto implica que la ciencia jurídica tiene por fin determinar de qué forma el orden
jurídico puede ser utilizado para eliminar fricciones sociales, conciliar pretensiones
contrapuestas y satisfacer, en la medida de lo posible, las necesidades humanas.
Según María Vilchez Gil, la doctrina es una fuente formal del derecho, con indudable
trascendencia dentro del ámbito jurídico. Fue Savigny quien resaltó el trabajo y la
doctrina de los juristas. Esta surge en las universidades que vienen a estudiar el derecho
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vigente y lo interpretan dentro de la ciencia del derecho. Es comúnmente utilizada por
los juristas, tanto en la educación jurídica como en su utilización en la práctica judicial,
sin embargo hemos de decir que la misma carece de fuerza obligatoria y no se reconoce
como fuente oficial del derecho en la mayoría de los sistemas jurídicas, sin embargo,
cuando en la práctica es utilizada, viene a configurarse como pieza de convicción para
el juez, el legislador y el desarrollo de todo el derecho consuetudinario. Son o vienen a
constituir críticas y estudios de teóricos del derecho que influyen en la formación, opinión
de los que vienen a crear normas o aplican las mismas. La doctrina estudia los
manantiales de donde brota el derecho: investiga el papel histórico y las relaciones
existentes entre las diversas fuentes; esclarece el significado de las normas y elabora,
para entender en toda su extensión, el significado de los modelos jurídicos.
Por su parte, la dogmática penal, expresa Roxin: "es la disciplina que se ocupa de la
interpretación, sistematización, elaboración y desarrollo de las disposiciones legales y
opiniones de la doctrina científica en el campo del Derecho penal" (MANRIQUE,
NAVARRO y PERALTA, 2017). Fernández Carrasquilla, a su vez, con visión político
criminal, considera que la Dogmática Jurídico Penal es el estudio sistemático y lógico-
político de las normas del derecho penal positivo vigente y de los principios y valores en
que descansan o que las animan" (CARRASQUILLA, 1982). La dogmática jurídico penal,
por su referencia al derecho vigente y por sus métodos se diferencia de la historia del
Derecho Penal y del Derecho Penal comparado, pero también de la Política Criminal,
cuyo objeto no constituye el derecho penal como ES sino como DEBERÍA SER en cuanto
a una adecuada disposición para sus fines.
Muchas de las reflexiones de estos autores son de gran utilidad para entender el sentido
que los principios tienen en este ámbito del derecho. Sin ellos no se entenderían muchas
de las resoluciones que se dictan en este ámbito por los jurisconsultos. De forma
precipitada podríamos sacar la conclusión de que para los penalistas los principios son
normas jurídicas al igual que todas las demás que configuran la parcela de ordenamiento
jurídico que analizan. Los principios serian prescripciones que obligan a un determinado
comportamiento y cuyas consecuencias jurídicas determinan la sanción correspondiente
en caso de incumplimiento. Más concretamente, y al ser normas dirigidas prioritariamente
a los poderes públicos, sería la negación de validez o la nulidad de sus actuaciones la
sanción apropiada. (VILCHEZ, 2018).
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Bibliografía
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Scielo.
ASAMBLEA NACIONAL, d. E. (2009). Código Orgánico de la Función Judicial. Quito: Registro Oficial.
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KELSEN, H. (1960). Teoría Pura del Derecho, 4a. Edición, 9a. reimpresión. Buenos Aires: Editorial
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NINO, C. S. (2003). Introducción al análisis del Derecho, 2a. edición ampliada y revisada, 12a. reimpresión.
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REÁTEGUI, J. S. (2016). Tratado de Derecho Penal, Parte General, volumen 1. Lima: Ediciones Legales
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