Oratoria José Dávalos
Las
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8
2001
5 (10830)
Dirección General de Publicaciones
y Fomento Editorial
wnam
JOSE DÁVALOS
ORATQRIA
ures
PROLOG
RUBEN BONIFAZNUNO,
Dirección General de Publicaciones
y Fomento Editorial
unam
Universidad Nacional Autónoma
de México
México 2001
PRÓLOGO
Solo es hombre verdaderamente aquel que alcanza el dominio y el
conocimiento de sí mismo. En este libro se propone, para lograr ese
fin, un medio clásico: el ejercicio del arte de la oratoria.
En efecto, a lo largo de sus páginas se va conformando una
magen humana poderosa y firme, dispuesta siempre a la acción
constructiva.
Acaso por considerar inútil la exposición de intrincadas normas
retóricas, el libro prescinde de ellas y. como lo hace Cicerón, redu-
ce las necesidades del aprendizaje oratorio a dos fundamentales:
comprender a fondo a los grandes oradores de todos los tiempos, por
medio de un estudio minucioso y asiduo de sus trabajos, y practicar
de continuo la expresión de la palabra hablada. Practicarla a solas;
practicarla en compañia;frente a grupos grandes o pequeños prac-
ticarla con tanta insistencia durante la vigilia, que esa práctica se
prolongue hasta adueñarse del estado de sueño.
Se dan además, como apéndice al término de cada capítulo,
ciertas normas destinadas a perfeccionar los instrumentos indis-
pensables de la articulación verbal.
Pero el valor del libro se encuentra principalmente en el plan-
teamiento que hace de la velación ente el buen decir y el actuar
bien como su consecuencia necesaria e inmediata. Ydado que sólo
puede bien actuar el que es bueno, se exigepreviamente que el hom-
bre adquiera esa virtud aprendiendo a decir bien.
Para eso, estará obligado a desarrollar una serie de virtudes
innatas pero no realizadas, y cuya expresión armoniosa le será pre-
ciso conquistar. Si tales virtudes parecen no existir, habrá que bus-
carlas haciendo como si fueran ya manifiestas; ast, si alguien es
timido, habrá de mostrarse valeros0; si es inseguro, tendrá que pre-
13
JOSE DÁVALOS -
sentarse como si fuera sereno y confiaao; Si vacila su certidumbye
en la justicia, deberd destruir la apariencia de esa vacilación
ofrecer, para convencer a los demds, la de una plena convicción de
que lo justo debe señorear el mundo.
De este modo, mediante el esfuerzo crectente por presentarse
como valiente, sereno, confiado, justiciero, el orndor ird afirman-
do dentro de st mismo dichas cualidades, hasta llegar a poseerlas
profunda y conscientemente y convertirse, por ultimo, en hombre
digno de llevar ese nombre.
Esa es la noble lección que se desprende del contenido de este
libro, y que lo hace asumir su carácter de consistente humanismo.
ssts RUBÉN BONIFAZ NUÑO
14
INTRODUCCIÓN
Las palabras no han fracasado ni fracasarán nunca. Han fra-
casado y fracasarán siempre los que
ignoran su alcance, su sig-
nificación y su
estrategia.
Las palabras son la vanguardia imprescindible de toda acción
y de toda transformación que tienda a romper moldes enveje-
cidos y trastos inservibles para la vida de hoy. Toda acción de
alcances colectivos, que va a transformar de raíz almas, hom-
bres y estructuras, busca el contagio y la polarización de volun-
tades, y primero es palabra o nunca será nada.
Hablar bien en público no es un don que la naturaleza con-
ceda a un número limitado de escogidos. Es como realizar cual-
quier otra actividad en nuestras vidas; todos pueden desarrollar
sus dotes, sus cualidades innatas, latentes, con tal de que ten
gan verdadero deseo de hacerlo.
La palabra hablada tiene su más alta expresión en la oratoria,
que es el arte de trasmitir ideas para contribuir al desarrollo
progresivo de la sociedad, del mundo, y a la realización plena
del hombre.
17
CAPITULo I
IMPORTANCIA DE HABLAR
CON ÉXITO EN PÚBLICO
forma en que se
Generalmente juzgamos a las personas por la
La palabra es el medio
expresan y por su apariencia personal.
comunicarnos con nuestros semejantes, para
principal para
éstas sean.
expresar nuestras ideas cualesquiera que
aun c u a n
Hablar en público implica cierta responsabilidad,
do sólo se hable ante un número reducido de personas, sea en
significa turbación, estuerzo,
la situación que sea. Que esto
excitación? Indiscutiblemente. Pero es necesario multiplicarnos
nos em-
a nosotros mismos, superar ese estado de ánimo que
lanzar las ideas lejos de nosotros como con catapultas.
barga y
sus inicios una
Toda tarea emprendemos encuentra en
que
a
serie de dificultades; así, al hablar en público,
comenzamos
nosotros; nos
torpemente por talta de seguridad
en
hacerlo
llega a ocurrir, incluso, que
virtualmente nos quedamos parali-
nuestro caso es
zados por el temor al auditorio. No creamos que
anormal. Cicerón dijo, hace dos mil años, que todo discurso pú-
nerviosidad.
blico de verdadero mérito se caracteriza por la
resul-
Debemos pensar en la satistacción y el placer que nos
tará del ejercicio de poder. Pocas cosas hay que se
este nuevo
delante de un auditorio y
puedan comparar a la de plantarse
hacer que todos piensen como uno. Hay un encanto mágico
en
se olvidan.
este arte y una emoción de las que jamás
Alimentemos nuestro entusiasmo en este empeño. Pensemos
cuánto significará la contianza en nosotros mismos, la capaci-
dad de hablar y poder convencer. Tengamos presente lo que
trascenderá socialmente; las amistades que nos brindará; el
aumento de nuestra influencia personal; la mejor capacidad de
mando que ejerceremos.
21
JOSE DÁVALOS
Cuando nos vemos precisados
a hablar
po-
en público nos
nemos nerviosos, no razonamos con fluidez, no podemos Con-
centrarnos en lo que queremos decir. No debemos pensar que
somos los únicos en padecer este defecto. Incluso quienes lle.
a ser los oradores más elocuentes de su tiempo, al prin.
garon
este miedo, esta timidez.
cipio se vieron entorpecidos por
La adquisición del valor y de la confianza en nosotros no es
una tarea fácil, como se pudiera pensar; representa grandes difi-
cultades. El tener dominio sobre nuestra persona no es una vir-
tud especial concedida a un número limitado de sujetos. Es,
más bien, como la facultad de practicar un deporte. Cualquiera
puede desarrollar sus dotes latentes, sus facultades físicas
mentales, con tal de que tenga verdadero deseo de hacerlo.
Desde luego, nadie puede negar que ciertas cualidades natu-
rales predisponen a determinados hombres a la palabra públi-
ca, como la el timbre o la potencia de la
prestancia del cuerpo,
voz, el aplomo o la audacia. Tampoco puede negarse que la elo-
cuencia es un don frágil, que se pierde fácilmente por la ociosi
dad, y que se perfecciona y se desarrolla por el entrenamiento.
Para ser orador se necesitan estas condiciones básicas:
a) No estar impedido de expresarse mediante la palabra
hablada.
b) Poseer sentido común, que es el bien mejor repartido del
mundo.
c) Hablar el idioma respectivo lo más correctamente posible.
Debemos tener grandes deseos de progresar. Comenzar n
un deseo vivo y tenaz. Armar
una voluntad inquebrantaoic
Debemos acostumbrarnos a tener confianza en nosotros i s-
mos, serenidad y presencia de ánimo, para poder pensar y eX
22
ORATORIA
presarnos con claridad, ilación y vigor delante de cualquier nú
mero y calidad de
personas.
El temor nace de la falta de confianza; ésta resulta de no
conocer nuestra capacidad; a su vez, csto es consecuencia de la
falta de experiencia. Por eso necesitamos realizar muchas viven-
cias felices, con las que el temor habrá desaparecido.
La acción parece venir después del sentimiento, pero am-
bos están estrechamente ligados; controlando la acción, que
está bajo el dominio directo de la voluntad, podemos indi
rectamente regular el sentimiento, que no lo está. Por tanto,
para sentir valor, procedamos como si fuéramos valientes, em-
peñemos toda nuestra voluntad para ese fin y lo más probable
será que un rebato de entusiasmo reemplace al estado de
temor.
Sólo practicando, constantemente, podremos adquirir con-
fianza en nosotros mismos para poder hablar bien en público.
Practicar es el supuesto indispensable para conseguir nuestro
objetivo.
Practiquemos, infatigablemente, hasta vencer el miedo. Siem-
pre al hablar demos la impresión de que tenemos confianza. Al
cabo de un lapso de estar hablando, esto se convertirá en reali-
dad, y nos sentiremos seguros de nosotros mismos.
Es indispensable saber qué vamos. a decir; preparémonos
de antemano. No estaremos tranquilos si no sabemos de qué
vamos a hablar. Este conocimiento imprime autoridad a las
propias palabras. Cuando disertemos de algo vivido, de algo
que proviene de lo más profundo del espíritu, no podrá haber
fracaso.
Una de las reglas de oro en la oratoria es ésta: cuando tenga-
mos algo importante que decir, pongámonos de pie; digámoslo
con valor, precisión y sencillez; luego sentémonos
23
JoSE DÁVALOS
Resumiendo, recordemos lo siguiente:
1. Se debe comenzar con gran entusiasmo y empeño; sólo
asf tiene sentido tomar este camino; pensemos en los
grandes beneficios que nos reportará poder hablar bien
en público.
2. Hay que preparar de antemano lo que se va a decir; no
podemos estar tranquilos si no sabemos de qué vamos a
hablar.
3. Procedamos con confianza, con voluntad; al principio
puede ser aparente, luego será real.
4. Practicar, practicar, practicar. Esto es lo más importante
para adquirir confianza en la propia capacidad que brota
de la experiencia.
Para practicar es conveniente ensayar frente a otra personao
delante de un espejo. Acostumbrémonos a mirar a los ojos.
Grabemos el discurso una y otra vez para escuchar nuestra
voz y correg1r los errores.
No deben usarse, jamás, frases que puedan herir injusta-
mente la susceptibilidad de los oyentes.
A nivel de grupo, una práctica muy eficaz es la de anunciar
previamente su participación a un determinado número de
asistentes, la cual consistirá en que uno a uno pasen al estrado
y expongan sus datos generales. Esto los preparará a controlar
sus emociones.
24
CAPITULo II
LA PREPARACIÓN DEL DISCURSO
Existe la necesidad imperiosa de
preparar el discurso antes de
pronunciarlo y de tener algo importante y preciso que decir;
algo que deje huella en el auditorio; algo, en fin, que no puede
quedar sin ser dicho.
Debe estructurarse el contenido del discurso; esto es, hay
que buscar, reunir, ordenar, planear el discurso.
Un orador tendrá grandes posibilidades de triunfar si previa-
mente ha preparado lo
que va a decir, si fisica y espiritualmente
está dispuesto a pronunciar su mensaje.
Napoleón decía que el arte de la guerra es una ciencia en la que
nada sale bien, si previamente no se le calcula y medita. Esto es
tan cierto en el arte bélico como en el arte de hablar en público.
A nadie que sea cuerdo se le ocurriría edificar una casa sin
planearla previamente. Un discurso es un viaje que tiene su
destino y, antes de partir, se debe fijar el itinerario. El hombre
que no parte de algún lugar, generalmente no llega a ninguna
parte.
La preparación de un discurso consiste en reunir todos nues-
tros pensamientos, conocimientos, 1deas, convicciones, expe-
riencias y necesidades propias, en torno del tema que vanmos a
desarrollar.
Consiste en analizar todos esos pensamientos e ideas, y
escoger entre ellos los mejores, y ponerse a integrarlos, afinar
con una
los, desarrollarlos. Es necesario concentrarse, pensar
meta definida.
un sello propio, debe
El discurso que preparemos debe tener
una receta;
reflejar nuestra individualidad; que no parezca
a nuestra personalidad.
La verdad no cambia; pero
algo ajeno
27
JoSE DÁVALOS
nosotros la podemos exponer segun nuestros propios y particu-
lares puntos de vista, de acuerdo con nuestra experiencia.
Es necesario que fijemos el tema del discurso con anticipación;
esto nos permitirá pensar con tiempo en é. Hay que meditarlo,
reflexionar sobre él hasta que esté maduro y tlexible; pensemos
en el discurso aun en nuestras ocupaciones más baladíes como
conversar, comer, trasladarnos a la oficina, etcétera.
Busquemos los puntos en que puedan surgir dudas, objecio-
nes, discrepancias. Y encontremos las soluciones, de tal modo,
que queden sin sustento, para que nuestras afirmaciones se
presenten robustas, con todos los méritos que se les puedan
atribuir. El ambiente debe quedar despejado de dudas y nues-
tro auditorio tranquilo y sereno en el camino que le apunte-
mos, sobre las bases que le presentemos.
La verdad es transparente. Esa claridad debe ser la caracterís-
tica de nuestra argumentación, de nuestra comprobación y de
la refutación que hagamos a las actitudes opuestas.
Es recomendable comentar el tema con nuestros amigos. Que
nuestras conversaciones giren en torno del discurso. Hagamos
todas las preguntas posibles con respecto al asunto. Consulte
mos libros o artículos que se refieran a la materia de nuestra di-
sertación. Reunamos más material del que pensemos emplear.
Hallemos cien ideas y luego descartemos noventa y siete.
En discursos de corta duración deben tomarse una o dos
ideas y desarrollarlas adecuadamente. Si, por el contrario, abar-
camos un gran número de puntos, al final parecerá como si no
hubiéramos expresado nada en concreto.
El orador dirige su discurso a auditorio al que debe interc
un
sar en el tema, crearle
inquietudes, incluso satisfacer sus interescd
El orador el
y auditorio son los dos polos del discurso y ebe
Superarse el error de colocarse en el
plano de lo que sólo al ora tor
28
ORATORIA -
interesa. Buena parte del éxito lo conseguiremos si analizamos,
en su conjunto, a quienes habrán de escucharnos, si reflexiona-
mos sobre sus necesidades y deseos.
Siempre debe elegirse un tema que se conozca a fondo. S6lo
puede hablarse con éxito cuando se es dueño del tema, por
haber pensado mucho en él; entonces se hablará con facilidad,
poder y autoridad.
Preparar discursos cortos proporciona una valiosa práctica en
la organización de las ideas. Conforme sea más corto, más pre-
paración se necesita.
Los elementos del discurso son el fondo y la forma. El fondo,
mensaje o ideas, depende del tema que trate el orador. la forma
o
disposición comprende el plan, que consta de cuatro partes:
1. Exordio: es la introducción. Ha de ser interesante y no
muy extenso. Tiene como finalidad atraer la atención y
simpatía del auditorio al tema básico del discurso.
2. Proposición: aquí se expone el asunto fundamental. Ha
de hacerse en forma clara, concreta y precisa para su
mejor comprensión.
3. Comprobación y refutación: es la oportunidad de los
argumentos. En la comprobación el orador demuestra la
veracidad y bondad de su tesis, ha de probar las ideas fun-
damentales. En la refutación el orador ataca, combate los
argumentos, las ideas opuestas a su verdad, a su tesis.
Aquí han de brillar la elocuencia del orador y sus facul-
tades de convicción y persuasión.
4. Epílogo o peroración: el primero viene a ser el resumen
del discurso; recibe el nombre de peroración cuando es
vehemente, sentimental o apasionado. En esta parte han
de lucir las facultades del literato, del filósofo, del poeta,
29
- JOSÉ DÁVALOS -
del actor, para que el discurso concluya en torma emoti.
va y deje grata impresión en el auditorio o, como se dice
comúnmente, cierre con broche de oro.
Conviene señalar que no todos los discursos se componen de
las partes anteriormente sefñaladas. El plan puede variar, con
forme a las condiciones del auditorio, del tiempo, o de otras
circunstancias.
Es oportuno hacer una aclaración: aun en los discursos de
sólo tres o cuatro minutos de duración, el orador pudo haber
abordado diferentes puntos que al final el auditorio no recuer-
de claramente. Hay quienes llegan a creer que porque estos as-
pectos son tan claros como el cristal en sus propias mentes,
deben resultar igualmente diáfanos a los oyentes. No es así, el
orador ha considerado por algún tiempo esas ideas. Sobre ellas
ha reflexionado una y otra vez. Pero para el auditorio pueden
ser completamente nuevas. Resultan como un puñado de per-
digones que se arrojan a boca de jarro.
Aunque en el desarrollo del discurso pueden seguirse va-
rias técnicas, se recomienda esta regla, elemental pero efectiva:
primero, digámosle al público qué le vamos a decir. Segundo, di-
gámoslo. Tercero, digámosle qué le hemos dicho.
Resumiendo las ideas de este capítulo, apuntaremos:
1. El arte de la guerra, decía Napoleón, es una ciencia en la
que nada sale bien, si previamente no se le calcula y med
ta. Esto tiene aplicación plena en la oratoria. El orador que
arranca de ninguna parte, casi nunca llega a algún lado.
2. El orador debe tener
siempre algo importante y Preci
qué decir, algo que deje impresión en el auditorio; de esta
suerte muy pocas probabilidades tendrá de fracasar.
30
ORATORIA-
3. La verdadera preparación consiste en extraer algo de
nosotros mismos,reunir y ordenar nuestros propiOs
en
pensamientos, en fomentar y nutrir nuestras propias con-
vicciones.
4. Busquemos la forma más apropiada de decir las cosas;
preparemos varias hasta encontrar la mejor. Acudamos
recurso de los sinónimos.
;Cuidado con los adjetivos
superfluos!
. Un discurso no puede prepararse en treinta minutos, O
leyendo artículos o capítulos de algún libro los dos o tres
últimos días. Los discursos tienen que crecer. Escojamos
el tema con anticipación;
si se nos señala es mucho mejor;
pensemos en él, a toda hora y en todos los lugares.
6. Después de haber pensado espontáneamente durante
algunos días, vayamos a la biblioteca y leamos libros o
artículos que se relacionen con nuestro tema.
7. Reunamos mucho más material del que pensemos em-
plear. Con esto se adquiere seguridad.
Para iniciar un discurso es de gran ayuda hacerlo con una
frase interesante, de impacto, para atraer la atención del audi-
torio. Puede ser propia o de un autor famoso de nuestra prefe-
rencia. Es la mejor forma de concluir el discurso y difícilmente
se borrará de la memoria de los oyentes durante mucho tiempo.
Como práctica de grupo, es conveniente que para la siguien-
te reunión los participantes redacten un pequeño discurso, en
el que se planteen los siguientes puntos:
a) Qué es lo que me gusta más.
b) Cómo lograrlo.
c)Pedirla cooperación de los demás para conseguirlo.
31
JOSÉ DAVALOS
E]ERCICIOS
A nivel individual, se debe tener reposo absoluto. Aprender a
relajar el cuerpo y el ánimo. Al dormir, antes conviene ponerse
de espaldas y respirar profundamente. Quitemos todas las preo-
cupaciones que nos aquejen. Que todo nuestro cuerpo pese
sobre la cama sin hacer esfuerzo alguno. Usemos palabras y
pensamientos tranquilizadores. El sueño es el descanso más
reparador. El dominio de la respiración profunda ayuda mucho
para tener buena voz.
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