UNIVERSIDAD DEL CARIBE
“UNICARIBE”
Asignatura:
DERECHO COMERCIAL I
Tema:
PRINCIPALES CONTRATOS COMERCIALES
Estudiante:
JOELI ARAUJO
2010-4344
LAYDOLIN RODRIGUEZ
2009-0032
CRUZ MARIA FELICIANO
2010-3010
Facilitador:
LIC. CESAR MERCEDES BAEZ
SANTO DOMINGO R.D.
24 JUNIO Del 2012
INDICE
INTRODUCCION..................................................................................................................................1
LOS CONTRATOS COMERCIALES, ENCONTRAMOS:...............................................................2
A CONTINUACION SE DETALLA CADA UNO DE LOS CONTRATOS COMERCIALES QUE
SE UTILIZAN EN REPUBLICA DOMINICANA................................................................................2
DEL CONTRATO DE VENTA.............................................................................................................2
DEL CONTRATO DE PRÉSTAMO....................................................................................................3
DEL PRÉSTAMO DE CONSUMO O MUTUO..................................................................................4
DE LA RENTA PERPETUA................................................................................................................5
DEL CONTRATO DE DEPÓSITO.....................................................................................................6
DEL CONTRATO DE MANDATO......................................................................................................8
DEL CONTRATO DE RENTA VITALICIA.......................................................................................11
EL CONTRATO DE FIANZA.............................................................................................................11
ES CONSENSUAL, UNILATERAL Y A TÍTULO ONEROSO.......................................................12
CONCLUSION....................................................................................................................................16
BIBLIOGRAFIA...................................................................................................................................17
1
INTRODUCCION
Al realizar el presente trabajo sobre los principales contratos en república dominicana
detallaremos como es el proceso de cada uno de ellos. Entre los contratos
encontraremos los siguientes: realizando así un resumen dando todos los detalles de
los mismos. También hablaremos de las leyes de cada uno de ellos y los artículos
que los rigen.
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LOS CONTRATOS COMERCIALES, ENCONTRAMOS:
1. El mandato comercial: Acuerdo voluntario de partes por la cual una de ellas se
característica distintiva de los contratos comerciales, que no pude darse en los
civiles. Los instrumentos privados no adquieren fecha cierta con respecto a terceros.
También se usan como prueba las notas de los corredores, y las certificaciones que
emergen de sus libros, ya que deben llevar estos auxiliares de comercio, anotaciones
de todas sus operaciones en un cuaderno manual y foliado, y diariamente esas
anotaciones deben volcarse en un libro de registro. Las misivas son admitidas como
pruebas, siempre que no estén destinadas a un tercero, pues en este caso, prima la
confidencialidad. Las carta documentos y telegramas colacionados son un medio de
prueba fehaciente. Los libros de comercio, llevados en legal forma, y
complementados con la documentación respaldatoria, la factura simple entregada
por el vendedor y aceptada por el comprador, la confesión intencional, judicial o
extrajudicial, de parte capaz, son también medios idóneos de prueba.
A CONTINUACION SE DETALLA CADA UNO DE LOS CONTRATOS
COMERCIALES QUE SE UTILIZAN EN REPUBLICA DOMINICANA
DEL CONTRATO DE VENTA
La venta es un contrato por el cual una persona, el vendedor, transmite un derecho a
otra persona, el comprador, que se obliga a pagarle un precio en dinero.
La venta es un contrato consensual, por consiguiente, transmite por el sólo
consentimiento de las partes la propiedad y los riesgos. Sin embargo, las partes
pueden limitar la transferencia de la propiedad y/o los riesgos mediante la modalidad
de la condición.
Dado en prenda, salvo que se prohiba expresamente en el contrato.
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DEL CONTRATO DE PRÉSTAMO
El préstamo es un contrato por el cual una persona, el prestador, entrega a otra, el
prestatario, para que se sirva de ella, ya sea a título gratuito una cosa no fungible, ya
sea a título gratuito u oneroso, una cosa consumible y fungible.
El préstamo es un contrato real: sólo se produce con la entrega de la cosa. Sin
embargo, el consentimiento de las partes es esencial; las promesas de préstamo
crean a cargo del prestador la obligación de entregar.
Existen dos clases de préstamo: el préstamo de consumo o mutuo, y el préstamo de
uso o comodato.
El contrato de préstamo es sinalagmático imperfecto. En principio, el prestador no
asume ninguna obligación. Sólo en el curso del cumplimiento del contrato podrían
originarse obligaciones a cargo del prestador.
El prestador tiene dos obligaciones accesorias: a) indeminizar por los daños
causados en razón de los vicios que él conociera y no haya prevenido al prestatario,
y b) advertir al prestatario sobre el correcto uso de la cosa, si su empleo implica
dificultades o peligro. Estas obligaciones no existen cuando el préstamo recae sobre
cosas que no representan peligro, vicios o defectos.
DEL PRÉSTAMO DE USO O COMODATO
El comodato recae sobre cosas no fungibles o consideradas como tales por las
partes.
La gratuidad es de la esencia del contrato e impide confundirlo con el contrato de
arrendamiento. Esta gratuidad no impide que se inserte una cláusula mediante la
cual el comodatario se obligue a pagar una suma por el desgaste o depreciación de
la cosa.
La cosa dada en préstamo puede ser mobiliaria o inmobiliaria.
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A las partes se les exige la capacidad de administrar.
Puede prestar quien tenga el goce de la cosa: hasta un usufructuario o un
arrendatario pueden hacerlo.
Para la prueba es necesario demostrar la intención de las partes en consentir un
préstamo de uso y la entrega de la cosa.
El comodatario debe usar la cosa con el fin convenido.
El comodatario debe conservar la cosa. Está obligado no sólo a cuidar como un buen
padre de familia (Art. 1880), sino a sacrificar la cosa propia para salvar la ajena (Art.
1882). Pero no está obligado por los casos fortuitos: la cosa perece para el
propietario: Res perit domino! Para evitar estos riesgos podría introducirse una
cláusula que ponga a cargo del comodatario los riesgos por los casos fortuitos o de
fuerza mayor.
El comodante debe dejar la cosa en poder del comodatario hasta el vencimiento del
contrato o hasta que se haya servido para el uso previsto, salvo lo que dispone el Art.
1889 del Código civil.
DEL PRÉSTAMO DE CONSUMO O MUTUO
Préstamo de consumo transmite la propiedad. El prestatario deberá devolverle al
prestador una cosa igual, de la misma naturaleza.
Este contrato puede ser gratuito u oneroso.
En principio, el préstamo de consumo sólo crea obligaciones a cargo del mutuario.
Se considera un contrato sinalagmático imperfecto. Sin embargo, el préstamo de
dinero es unilateral.
Recae sobre cosas a la vez consumibles y fungibles.
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El prestatario debe pagar, al vencimiento fijado, los intereses estipulados. En caso de
falta de pago, el prestador podría obtener, por cláusula expresa o decisión judicial, la
capitalización de los intereses vencidos.
El recibo del capital, dado sin reserva, lleva a presumir el pago de los intereses. El
Art. 1908 establece así una presunción irrefragable.
Las partes pueden incluir en el contrato una cláusula resolutoria. La cuestión es
controvertida para la resolución judicial.
Los títulos nominativos o al portador emitidos por entidades públicas o de comercio
son negociables: permiten al prestador ceder su crédito sin las formalidades civiles
de la cesión de crédito.
DE LA RENTA PERPETUA
Es un contrato por el cual una persona, el deudor de la renta, le promete a otra, el
acreedor de la renta, el abonarle perpetuamente, según vencimientos periódicos, una
suma de dinero.
Es un mutuo a título oneroso.
La obligación del deudor de abonar la renta es perpetua, pero puede ponerle fin al
contrato ofreciendo el “rescate” o reembolso del capital recibido. Las cláusulas que
limiten esta facultad del deudor sólo son válidas si tienen una duración igual o menor
de diez años (Art. 1991)
El acreedor de la renta sigue siendo acreedor del capital, pero no puede exigir su
pago. Esa inexigibilidad del crédito es de la esencia del contrato y sólo tiene tres
excepciones: a) cuando el deudor haya dejado de cumplir sus obligaciones durante
dos años, b) cuando el deudor no procura las garantías prometidas (Art. 1912), y c)
cuando el deudor quiebra o suspende sus pagos (Art. 1913)
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DEL CONTRATO DE DEPÓSITO
El depósito es un contrato por el cual una persona, el depositario, se obliga para con
otra, el depositante, que le ha confiado una cosa mobiliaria corporal, a conservarla y
a restituirla cuando esta última se lo requiera.
Es un contrato real, lo que supone que sólo se verifica por la entrega de la cosa.
Puede ser regular e irregular, voluntario y necesario.
En principio, el depósito es un contrato gratuito, pero puede pactarse una retribución
(Art. 1928)
El depósito sólo recae sobre bienes muebles corporales (Arts. 1918, 1919 y 1959)
Del depósito regular
El depósito regular recae sobre cuerpos ciertos o considerados como tales por las
partes. Como consecuencia de este principio, el depositario está obligado a devolver
la misma cosa.
El depósito gratuito origina obligaciones sólo a cargo del depositario; en cambio, el
depósito retribuido genera obligaciones para ambas partes.
El depósito voluntario sólo podría ser consentido por el propietario, según se
desprende del Art. 1922. Sin embargo parece ser que ese texto debe interpretarse
así: “el depósito no obliga al propietario más que si lo ha efectuado por sí mismo”. La
lectura del Art. 1938 hace suponerlo: puede depositar el vendedor, arrendatario,
prestatario, acreedor prendario y hasta un depositario.
El Art. 1938 prohibe al depositario exigir al depositante la prueba de su calidad de
propietario.
En principio, el depósito voluntario debe probarse por documento (Art. 923). A falta
de ello bastará al supuesto depositario con negar la existencia para ganar el litigio
(Art. 1924).
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Responsabilidad penal (abuso de confianza). Sin embargo, el depositante puede
autorizar, aún tácitamente, al depositario para que use la cosa.
El depositario de sobres, cofres o maletas cerrados, etc. No debe tratar de conocer
su contenido (Art. 1931), pero la prudencia aconseja no aceptar ese tipo de depósito.
El lugar de devolución de la cosa está regido por los Arts. 1942 y 1943, que
reproducen las reglas generales del pago. Estas disposiciones pueden ser suplidas
por las partes.
En principio, el depositante no tiene ninguna obligación, salvo que el depósito sea
retribuido. Sin embargo, en el curso del cumplimiento del contrato se originan
obligaciones a cargo del depositante: a) reparar los daños causados por la cosa al
depositario, b) reembolsar los gastos hechos por el depositario. Con frecuencia se
conviene en el depósito retribuido que la remuneración incluye alzadamente los
gastos de conservación.
El depositante es responsable contractualmente del perjuicio causado aún por los
vicios que ignorara de la cosa.
El depositario dispone del derecho de retención para obligar al depositante a cumplir
con sus obligaciones (Art. 1948)
El depositante, en caso de quiebra del depositario, conserva su derecho de
propiedad.
Del depósito irregular
Recae sobre cosas fungibles o consideradas como tales por las partes.
Cuando ha sido constituido por el propietario o por alguien que ha obrado en su
nombre, transmite la propiedad al depositario: puede éste percibir los frutos y
disponer de la cosa.
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DEL CONTRATO DE MANDATO
El mandato es un contrato por el cual una persona, el mandante, encarga a otra
persona, el mandatario, que acepta, cumplir un acto jurídico representándolo en él.
El mandato es un contrato consensual.
El mandatario se compromete por sí cuando traspasa los límites del mandato.
La gratuidad no es de la esencia del mandato; la jurisprudencia francesa admite la
prueba por cualquier medio de la convención de remuneración.
El consentimiento se descompone en ofrecimiento y aceptación. El ofrecimiento sólo
está sometido a formalidades si el acto que debe ejecutar el mandatario es a su vez
un acto solemne; en este caso el mandato debe extenderse ante notario. La
aceptación casi siempre es tácita y resulta del cumplimiento del mandato.
Se admite la validez del “poder en blanco” en cuanto al nombre del mandatario y al
objeto del mandato.
El mandato aparente puede obligar al mandante con respecto a tercero, ya cuando
se trate de negligencia del mandante al no notificar a los terceros la revocación del
mandato, ya cuando haya redactado torpemente el poder.
El mandatario incurre en dolo cuando se entrega, sin saberlo el mandante, a
operaciones de contraparte; la reticencia puede ser constitutiva de dolo.
Es válido el mandato doble: una misma persona interviene como mandataria de las
dos partes del contrato. Sin embargo esta práctica no es recomendable.
El mandato sea gratuito o retribuido no necesita de duplicado: basta que se extienda
un original.
El mandatario retribuido está obligado a la diligencia de un buen padre de familia
(culpa levis in abstracto); el mandatario gratuito debe poner la diligencia que usa en
sus asuntos personales (culpa levis in concreto)
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Prueba por escrito (Art. 1793)
El contratista que no presentara la prueba del nuevo acuerdo en los términos del Art.
1793 no podrá alegar el enriquecimiento sin causa del dueño de la obra, ni el Art. 55
del Código civil.
En principio, el arquitecto no es el mandatario de su cliente: lo asesora, pero no lo
representa. Sin embargo, el cliente puede darle mandato al arquitecto para tratar con
los contratistas. Es necesario que ese poder sea especial.
Cuando obre en carácter de mandatario, el arquitecto se halla sometido a las
obligaciones que resulten del mandato; su responsabilidad es entonces la de un
mandatario.
Los Arts. 1792 y 2270 del Código civil se refieren a la responsabilidad de los
arquitectos y los contratistas con respecto al dueño de la obra. Con respecto a los
terceros, los arquitectos y los contratistas están obligados dentro de los términos del
derecho común de la responsabilidad delictual y cuasidelictual. A su elección, la
víctima puede demandar, o bien al propietario del inmueble (con fundamento
contractual, si es inquilino, o con el del Art.1386, si es un tercero), o bien al autor del
daño, obligado en virtud del Art.1382.
Los terceros, para los cuales el contrato de empresa es “res inter alios acta”, deben
ser indemnizados por todo perjuicio, sin importar que el arquitecto demostrara un
contrato de empresa.
La responsabilidad del arquitecto o del contratista, con respecto al dueño de la obra,
establecida por los Arts. 1792 y 2270 sólo queda comprometida si existe entre las
partes un contrato de empresa.
En lo que a la responsabilidad se refiere, la jurisprudencia establece diferencias
fundamentales en cuanto a la carga de la prueba: a) Si se ha convenido un ajuste por
precio alzado, el dueño de la obra sólo debe probar el vicio o defecto de
construcción, pero no tiene que probar la culpa que sea del origen del mismo: es el
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contratista el que, para liberarse de su responsabilidad, debe probar una causa
ajena; b) Fuera de los casos señalados por el Art. 1792, el dueño de la obra debe
probar no tan sólo el vicio sino también la culpa del arquitecto o contratista.
Debe tratase de trabajos de construcción de edificios, y no de simples trabajos de
reparaciones.
La responsabilidad del arquitecto o contratista queda comprometida sólo si el edificio
ha perecido en su totalidad o en parte (Art. 1792). Sin embargo, a estos se equiparan
los vicios del suelo, los que comprometen la conservación del edificio, o que lo tornen
impropio para su destino, pero si trata de simples deficiencias, el dueño debe la culpa
del arquitecto o contratista. Estos sólo podrán liberarse probando una culpa ajena.
El Art. 2270 (modificado por la ley 585, de fecha 24 de octubre de 1941, Gaceta
Oficial 5661) libera al arquitecto y al contratista de la garantía de las obras mayores,
después de los cinco años de entrega. Sin embargo esta prescripción sólo surte
efecto entre las partes no contra los terceros, por los daños sufridos.
Las obras mayores no sólo comprenden los trabajos de construcción, sino los
trabajos importantes de instalación o de reparación de las partes fundamentales.
La recepción de la obra no libera al contratista por los vicios aparentes u ocultos
cuando sean relativos a las obras mayores: el contratista sigue siendo responsable
de esos vicios durante cinco años.
En cuanto a las obras menores, su recepción no libera al arquitecto o contratista sino
por los vicios aparentes. El dueño conserva su acción en cuanto a los vicios ocultos,
pero debe ser intentada en un breve plazo tras el descubrimiento del vicio.
Las responsabilidades del arquitecto y del contratista son exigibles “in solidum”
cuando los daños son consecuencia de la culpa de ambos. Por ejemplo, el
contratista no le señala al arquitecto un defecto del plano, aunque se haya advertido
durante la ejecución de los trabajos.
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Cuando se haya probado la culpa del arquitecto y del contratista, la jurisprudencia
divide la responsabilidad en sus relaciones recíprocas según la gravedad de cada
culpa. Cuando sólo se haya probado la responsabilidad de uno, éste soporta todo el
peso de la responsabilidad.
Cuando siendo presuntas ambas responsabilidades y ninguno pueda probar la culpa
del otro, la responsabilidad en sus relaciones recíprocas, se divide por mitad.
La jurisprudencia francesa admite las convenciones que limitan en el tiempo la
responsabilidad de los arquitectos y constructores, con la condición de que el plazo
sea suficiente para que el dueño pueda cerciorarse de la solidez de la construcción.
La jurisprudencia no admite las convenciones que suprimen estas responsabilidades.
DEL CONTRATO DE RENTA VITALICIA
La renta vitalicia es un contrato por el cual una persona, el deudor de la renta, se
obliga pagarle a otra, el acreedor de la renta, unas sumas llamadas pensiones
durante toda la
del contrato.
Las partes pueden elegir como término de las obligaciones del deudor la muerte del
propio deudor de la renta o de un tercero, contrario al modo normal (muerte del
acreedor)
La resolución del contrato sólo procede cuando el constituyente no proporcione las
garantías estipuladas (Art. 1977)
Las pensiones prescriben por tres años (Art. 2277)
EL CONTRATO DE FIANZA
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La fianza es un contrato por el cual una persona, el fiador, contrae el compromiso de
pagarle al acreedor, si el deudor, llamado deudor principal, no cumple.
Es una garantía personal.
ES CONSENSUAL, UNILATERAL Y A TÍTULO ONEROSO.
Es un contrato accesorio: supone siempre una deuda que garantizar.
Puede ser convencional (impropiamente llamado fianza voluntaria), legal o judicial.
Para ser fiador se requiere la capacidad de derecho común.
El fiador debe obligarse “expresamente”, conforme con el Art. 2015 (y por aplicación
extensiva del Art. 1202). Esta regla no constituye, de ninguna manera, un requisito
de formalidad solemne.
Si el consentimiento del fiador debe ser necesariamente expreso, el del acreedor
puede ser tácito.
Es de la esencia del contrato que sólo el deudor se obligue: es unilateral.
Es de la esencia del contrato su carácter oneroso.
El contrato puede ser hecho en un solo original. Está sometido a la formalidad “Vale
por de puño y letra del fiador.
El fiador se obliga para el supuesto de que el deudor principal no pague. Por
consiguiente, el fiador debe tener bienes suficientes para responder del objeto de la
obligación (Art. 2018). El Art. 2019 considera solventes a los propietarios de
inmuebles y, en ciertos casos, se acepta como tales a los comerciantes.
Por su carácter accesorio, la obligación del fiador no puede ser más onerosa (in
duriorem causam) que la del deudor principal, pero puede ser menos gravosa (Art.
2013). Esto último no opera para fianza legal o judicial: en ellas el compromiso del
fiador es idéntico al del deudor principal.
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El fiador puede repetir antes del pago en cinco casos: a) cuando el fiador haya sido
demandado por el acreedor, b) el deudor ha quebrado o suspendido sus pagos, c) el
deudor se ha obligado a liberar al fiador dentro de cierto plazo que ha expirado, d) la
deuda se ha hecho exigible por el vencimiento del término, y e) después de diez
años del nacimiento de la obligación principal a la cual no se le ha fijado término.
Contrario a los deudores mancomunados, los cofiadores están obligados por la
totalidad de la deuda: el acreedor puede pedirle a uno cualquiera de ellos el pago
íntegro. Desde luego, el fiador demandado dispone del beneficio de división que le
permite dividir la reclamación entre los cofiadores solventes.
Si el acreedor divide desde el comienzo sus demandas sin que se le haya opuesto el
beneficio de división, soporta la insolvencia de ciertos cofiadores.
El beneficio de división le pone fin a la demanda por la parte que le incumba a los
demás cofiadores. Sin embargo, este beneficio debe ser invocado por el fiador; el
juez no puede suscitarlo de oficio.
El fiador que invoque el beneficio de excusión debe señalar los bienes embargables
del deudor y pagar las costas que se hayan avanzado en la demanda. La excusión
debe ser alegada in limine litis: no rige de pleno derecho. La excusión no es de la
esencia del contrato, como se verá más adelante cuando tratemos la fianza
solidaria.
El fiador que haya pagado más de su parte sin alegar el beneficio de división dispone
de doble acción contra sus cofiadores: su acción personal y la del acreedor, en cuyos
derechos se halla subrogado. En ambos casos la deuda no se divide más que entre
los cofiadores solventes (Art. 2026)
DE LA FIANZA SOLIDARIA
El fiador solidario no dispone del beneficio de excusión (Art. 2021).
La jurisprudencia francesa no le reconoce el beneficio de división a los fiadores
solidarios.
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El fiador solidario y el cofiador se representan mutuamente: la cosa juzgada entre el
acreedor y el deudor es oponible al fiador, recíprocamente. Este principio aceptado
en Francia, no tiene aplicación entre nosotros porque se impone el principio
constitucional que establece que nadie puede ser juzgado sin ser oído o
debidamente citado.
Cuando hay fiadores solidarios insolventes, la parte de éstos se reparte entre los
solventes: el acreedor no tiene que temer a la insolvencia de algunos fiadores
solidarios.
El fiador solidario no se beneficia de la compensación de deuda entre deudor y
acreedor, ni de la prórroga del término consentida por el acreedor, ni del plazo de
gracia concedido por el juez al deudor.
Se le concede al fiador solidario el beneficio de la cesión de acciones.
DEL CONTRATO DE PRENDA
Es un contrato por el cual el deudor o un tercero, para afectar un bien mueble al pago
de la deuda, se desposee de él a favor del acreedor o de un tercero que conserva la
cosa para el acreedor.
Es un contrato real de garantía, accesorio de un crédito válido.
Debe recaer sobre muebles, ya sean corporales, consumibles o no consumibles. La
cosa debe estar en el comercio y ser enajenable. La jurisprudencia prohíbe la prenda
de los inmuebles por destino.
El desapoderamiento del deudor es un requisito de validez del contrato de prenda.
Es una formalidad esencial sin la cual el contrato sería nulo. Sin embargo, la nulidad
por falta de entrega deja subsistente una promesa de constituir prenda, que es un
pre-contrato consensual válido entre las partes.
La desposesión no tiene que ser hecha inmediatamente después del cambio de los
consentimientos, pero la garantía no nacerá sino a partir de la desposesión.
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Las cosas futuras, por no entrañar desposesión, evidentemente no pueden ser
dadas en prenda.
No es necesario que la cosa sea entregada al acreedor prendario: puede ser
entregada a un tercero convenido (Art. 2076), lo cual presenta algunas ventajas para
ambas partes.
La desposesión del constituyente y la toma de posesión del acreedor o del tercero
convenido debe ser efectiva, notoria y permanente.
El contrato termina cuando el acreedor devuelve voluntariamente la cosa al deudor,
salvo que esa entrega haya sido momentánea e ignorada por los terceros.
La desposesión de los muebles incorporales se lleva a cabo mediante la entrega del
título de crédito, además de la notificación al deudor.
La oponibilidad de la prenda de los muebles incorporales está sometida a las
formalidades del Art. 1690.
Si el bien mueble empeñado es un crédito, los intereses de ese crédito se imputan a
los intereses debidos al acreedor de la prenda y, accesoriamente, sobre el capital.
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CONCLUSION
La República Dominicana tiene muchos tipos de contratos comerciales en los cuales
mencionaremos los siguientes: contratos de venta, contrato de arrendamiento, el
contrato de prenda, el Consensual, Unilateral y a Título Oneroso, el contrato de
empresa.
Los cuales por eje Los contratos consensuales: Son aquellos que para su perfección
es necesario únicamente el consentimiento de las partes contratantes y los Contratos
solemnes: Estos para su validez, además del consentimiento, es necesario el
cumplimiento de cierta formalidad o requisito: Este requisito lo constituye la
intervención de un notario. Existen cuatros contratos solemnes: La convención
matrimonial La hipoteca La donación La subrogación convencional.
Los contratos reales: En estos contratos además del acuerdo de las partes es
necesario para su formación el requisito de la entrega de la cosa. Los contratos
reales son cuatro:
El préstamo de uso o comodato. El préstamo de consumo. El depósito.
La prenda. El préstamo de uso o comodato: es un contrato por el cual una persona,
el prestador, le entrega a otra, el prestatario, para que se sirva de ella, ya sea a título
gratuito una cosa no fungible que deberá ser devuelta El préstamo de consumo: es el
contrato por el cual una persona, el mutuario se obliga a devolver a otra, el mutante,
una cosa semejante a la cosa consumible y fungible que se le hay entrega para su
uso.
La prenda: Es el contrato por el cual el deudor entrega al acreedor la posesión de
una cosa mueble, en seguridad de la deuda y que da derecho al acreedor para
conservar esa cosa hasta el pago o, si este no se efectúa, hacerla vender y cobrarse
sobre el precio a los demás acreedores.
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BIBLIOGRAFIA
RESUMEN DE LAS LECCIONES DE DERECHO
DE HENRY LEON Y JEAN MEZEAUD
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