1.
-DOCTRINA BOLIVARIANA
La metáfora del tiempo histórico ha servido para conjugar en una misma cronología los
hechos de la Independencia de América y la vida de un hombre: Simón Bolívar. Esta
circunstancia particular ha dado lugar al relato estéril de una odisea heroica que, en medio
de batallas y frases memorables, impide la comprensión de los acontecimientos en su
contexto de emergencia y posibilidad. En virtud de ello, Simón Bolívar permanece en
la memoria como "El Libertador de América", sin que el resto de su vida y obra hayan sido
apenas evocados y mucho menos comprendidos.
Es cierto que, como afirma Rufino Blanco Fombona, Bolívar ejerció el liderazgo de la
empresa política "más grandiosa que ha conocido la humanidad", pero el empeño de este
hombre no se agotaba en la aventura de destruir colonias y fundar patrias como quien
corona territorios. La mayor empresa de Bolívar fue precisamente aquella que nunca
conquistó: la de construir repúblicas sólidas mediante la edificación de un Estado fuerte y
un sistema democrático liberal.
Es en este intento, cuya versión más acabada fue el "proyecto de la Gran Colombia", donde
el Libertador muestra los distintos rostros que el olvido ha pretendido acallar, y donde el
rescate de las aspiraciones y desaciertos del hombre por encima de las virtudes del "héroe
de la patria" es necesario no sólo para visualizar la Independencia de América como
un proceso llevado a término por una multiplicidad de causas, sino fundamentalmente
para comprender las circunstancias que llevaron a Bolívar a convertirse en "el fundador de
la Patria" cuando menos lo esperaba, y en el "Dictador de Colombia" cuando menos lo
deseaba. Quizá todo ello pueda servir también para explicar por qué, hoy en día, a casi
doscientos años de su desaparición, Simón Bolívar sigue siendo el presente de América.
Bolivarianismo
El bolivarianismo es el nombre para las corrientes de pensamiento político y
movimientos panamericanistas y nacional-patrióticas nombradas en honor a Simón
Bolívar, general venezolano del siglo XIX y libertador de la monarquía española durante la
ocupación napoleónica, que luchó por la independencia de Sudamérica. Movimientos y
pensamiento bolivariano existe en Sudamérica desde el siglo XIX, con diferentes énfasis y
formas.
El bolivarianismo, como ideología, ha sido desarrollado y promovido por personas u
organizaciones iberoamericanas muy disímiles entre sí cuyo único punto en común es
alguna forma de patriotismo hispanoamericano.12 Los escritos de Simón Bolívar durante
la lucha por la independencia de España suelen tomarse como base intelectual de este
patriotismo, como por ejemplo la Carta de Jamaica, el Discurso de Angostura o
el Manifiesto de Cartagena. Las personas o ideas agrupadas bajo el término
«bolivarianismo» suelen expresar alguna forma de nacionalismo que pretende evitar el
dominio de países extranjeros sobre las naciones bolivarianas.
Orígenes
El historiador alemán Michael Zeuske identifica a José Antonio Páez como uno de los
primeros militares que usa y rinde culto a Bolívar de manera clara. Hasta comienzos de la
década de los cuarenta del siglo XIX parte del congreso venezolano se había negado a
rendir culto a Bolívar. Páez y sus partidarios lograron finalmente en abril de 1842 que se
aprobara por decreto la glorificación de Simón Bolívar. Páez también promovió la
exhumación del cadáver de Bolívar desde Santa Marta y su entierro con gran pompa
en Caracas. Páez quería también reemplazar el nombre de Caracas por el de Ciudad
Bolívar, pero no consiguió apoyo para esa idea. La ciudad de Angostura sí se declararía
Ciudad Bolívar en 1846.
El historiador Manuel Caballero también identifica el inicio del culto a Bolívar con el
traslado de los restos de Bolívar de Santa Marta a Caracas, pero ve el paso definitivo a un
culto permanente el 1883, cuando el presidente Guzmán Blanco ordena la celebración del
centenario del nacimiento de Bolívar.
Bolívar llegó a la conclusión de que para alcanzar la independencia definitiva de la América
española debía crearse una república grande y fuerte que pudiera desafiar las pretensiones
de cualquier potencia imperial y garantizar su propia independencia. Este proyecto estaba
inspirado en la idea mirandina de una unión continental que abarcara desde el territorio
de la Nueva España hasta el sur de Chile, la idea de Colombia como un país que debía
hacerse realidad. Además se debía trabajar por la integración de los pueblos recién
liberados del Imperio español, de acuerdo con la frase de Bolívar: «una sola debe ser la
patria de todos los americanos». Además, «si unimos todo en una misma masa de nación,
al paso que extinguimos el fomento de los disturbios, consolidamos más nuestras fuerzas y
facilitamos la mutua cooperación de los pueblos a sostener su causa natural. Divididos
seremos más débiles, menos respetados por los enemigos y los neutrales. La unión bajo un
solo gobierno supremo hará mayores nuestras fuerzas y nos hará formidables a todos». El
bolivarianismo defiende la postura del antiimperialismo y el anticolonialismo, en su época,
provenientes de las potencias de Europa Occidental (Gran Bretaña, Francia y España).
La Sociedad Bolivariana de Venezuela
Por Decreto Presidencial del General Eleazar López Contreras, presidente de Venezuela,
el 23 de marzo de 1938, se crea la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Desde entonces la
institución se ha caracterizado por el estudio y difusión del pensamiento de Simón Bolívar
y trabaja por la formación de una conciencia colectiva del ideal bolivariano.
Del 28 de julio al 7 de agosto de 1938, se reunió en Caracas el Congreso Bolivariano bajo la
presidencia de Vicente Lecuna, dictó los estatutos de la recién creada sociedad e instauró
su sede al lado de la casa natal del Libertador.
Ésta era la segunda creación, pues la primera correspondió al prócer Rafael Urdaneta,
quien fundó el 28 de octubre de 1842 la Gran Sociedad Bolivariana de Caracas. El término
bolivariano no se usaba todavía y fue aceptado por la Real Academia Española en 1927.
Desde el mismo momento de su creación, la Sociedad Bolivariana de Venezuela ha venido
sesionando y trabajando en difundir el pensamiento bolivariano a través de obras
importantes como la edición de los Escritos del Libertador, la más completa recopilación
de la obra de Bolívar; la creación del Instituto de Estudios Bolivarianos y de la Fundación
Rafael Urdaneta, al igual que la difusión de la obra bolivariana entre los jóvenes a través de
las Sociedades Bolivarianas Estudiantiles que funcionan en diferentes planteles
educacionales de Venezuela.
Críticas al concepto de bolivarianismo
El mismo Bolívar, en carta a Santander, fechada el 21 de febrero de 1826, le escribe:
"[...] Mi ejemplo puede servir de algo a mi patria misma pues la moderación del primer jefe
cundirá entre los últimos y mi vida será su regla. El pueblo me adorará y yo seré el arca de
su alianza [...]
Diversos autores consideran el bolivarianismo como parte de un culto a la personalidad
motivado por fines políticos que poco tenían que ver con las ideas de Bolívar. Caballero
considera que el bolivarianismo ha podido desarrollarse ante todo por un profundo
desconocimiento de la historia. En su obra ¿Por qué no soy un bolivariano?, Caballero
analiza los
[...] elementos del culto bolivariano que entroncan con mayor facilidad en la "religión
política" fascista...bajo la dominación de un hombre que se pretende el Profeta del Dios
único de la religión oficial del país que alguna vez se llamó República de Venezuela y hoy
"República Bolivariana".
Caballero hace referencia a cómo ya el movimiento fascista italiano había usado la figura
de Bolívar. Así, el ministro Giuseppe Bottai escribe que "la Italia fascista vislumbra en
Simón Bolívar un temperamento en extremo cercano a nuestra sensibilidad política.
Bolívar no sólo es un Libertador, sino también y sobre todo un hombre de armas, un
condottiero. El fascismo honra en él a quien ha sabido mantener apartado del Nuevo
Mundo el pernicioso influjo jacobino y materialista".
Para Caballero y otros historiadores, Bolívar es un personaje complejo que fue
evolucionando desde el Congreso de Angostura, donde aún se ve una mezcla de liberalismo
con conservadurismo hasta el momento en que crea la Constitución Boliviana y finalmente
el momento en que Bolívar se declara Libertador-Presidente en 1828.7 Al final de su vida,
Bolívar se habría convertido en un profundo conservador.
Otros críticos al bolivarianismo argumentan que la larga dictadura de once años de Simón
Bolívar sobre la Gran Colombia no produjo cambios sustanciales o muy significativos a
favor de los pueblos de esta república, ni tampoco heredó un gran progreso material o
prosperidad a los países sucesores a esta unión que fundó Bolívar.
2.-PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL PENSAMIENTO DE
BOLIVAR
A.-EL IDEARIO DE SIMÓN BOLÍVAR
En su vertiente social y política, el estallido de la crisis de la sociedad colonial venezolana
permitió en su momento la maduración de un conjunto de situaciones que merecen
destacarse. En primer término, la guerra facilitó la decantación de las llamadas "ideas
francesas" hasta convertirlas en ideas bolivarianas, es decir, en ideas nacionales. Dicho de
otro modo, las consignas de libertad, igualdad, fraternidad y propiedad que alimentaban el
ideario claramente burgués de la Revolución Francesa fueron reelaboradas por la elite
política que acompañaba a Simón Bolívar, quien, al analizar las consecuencias sociales que
produjera la difusión de dichos postulados entre los esclavos, los pardos y los indígenas,
encontró en el cuerpo de los militares republicanos al sector social que le permitió cumplir
con el doble propósito de crear una república independiente y, al mismo tiempo, satisfacer
las aspiraciones de los individuos integrantes de la sociedad de ese momento, con respecto
a la libertad, la igualdad y la propiedad.
La reflexión de Bolívar partía del análisis de distintos hechos traumáticos, tales como el
hundimiento de la República en el año 1812, en Venezuela, el fracaso del restablecimiento
republicano al año siguiente, en 1813, y la caída del gobierno republicano en la Nueva
Granada, ocurrido en 1815. Desde el Manifiesto de Cartagena, escrito en 1812, Simón
Bolívar había estado insistiendo en las carencias políticas de la elite ilustrada que
propugnaba la Independencia. La guerra civil, la ausencia de unidad, la excesiva valoración
del régimen federal, el apego a las ideas religiosas y la simple intriga política, son los
puntos que sobresalen en el inventario que sirve de base a un balance contundente hecho
por el prócer: "nuestra división -dice- y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud".
Sin embargo, no fue hasta el Manifiesto de Carúpano (1814), y posteriormente en la
Carta de Jamaica (1815), cuando Simón Bolívar expuso en forma detallada sus criterios
políticos respecto a la situación social que impedía el desarrollo de los gobiernos
republicanos en Venezuela. El testimonio es importante porque representa la
primera lectura social del problema que venían enfrentando las sociedades americanas
desde el estallido de la crisis política en España y la Revolución en Haití: "el
establecimiento en fin de la libertad en un país de esclavos -comenta con lúcida prosa el
Libertador en el Manifiesto de Carúpano (1814)- es una obra tan imposible de ejecutar
súbitamente, que está fuera del alcance de todo poder humano; por manera que nuestra
excusa de no haber obtenido lo que hemos deseado es inherente a la causa que seguimos;
porque así como la justicia justifica la audacia de haberla emprendido, la imposibilidad de
la adquisición califica la insuficiencia de los medios".
Los esclavos a los que se refiere Bolívar en el Manifiesto de Carúpano no son ya la entidad
genérica que identificara en su anterior Manifiesto de Cartagena. Son hombres de carne y
hueso; es más, son hombres de carne, hueso y armas. Son nada menos que la expresión
concreta de la angustia que surgiera en la sociedad caraqueña desde finales del siglo XVIII
y que representaba una amenaza tangible para la aspiración de los criollos americanos con
respecto a una transferencia pacífica del ejercicio del poder. Son, para ser precisos, los
pardos y los esclavos que acompañaban normalmente a los generales realistas como
Domingo de Monteverde, José Tomás Boves y Francisco Tomás Morales. Son, para decirlo
en las propias palabras de Bolívar, el "vicio armado".
B.-UNA REPÚBLICA CENTRALISTA
Para Simón Bolívar -y esto es importante subrayarlo porque allí radica la razón de su
liderazgo político-, la sociedad venezolana de los años comprendidos entre 1811 y 1821 es
testigo y protagonista del enfrentamiento entre la "simple filosofía política" y el "vicio
armado con el desenfreno de la licencia". Para él, los americanos han preferido la "vil
codicia", amparada en el saqueo, y por tanto advierte a sus contemporáneos de que la
suerte del experimento republicano dependerá de la solución de este conflicto. ¿Cómo
resolverá Simón Bolívar semejante disyuntiva?
En primer lugar, sugirió y realizó una ruptura con los postulados políticos federales que,
desde su punto de vista, habían llevado al fracaso a los gobiernos republicanos en
Venezuela y en la Nueva Granada. La república que propondrá e intentará construir será
férreamente centralista, amparada en el único medio que le garantizaba el triunfo: el
gobierno dictatorial. En segundo lugar, ante la ausencia de un sector de propietarios
e intelectuales ilustrados, cuyo mayor número de integrantes había sido asesinado en las
primeras escaramuzas de la guerra o había tenido que escapar del país dejando tras de sí
propiedades y enseñanzas, Simón Bolívar elaboró un programa político orientado a
favorecer las aspiraciones sociales de la elite militar que lo acompañaba.
La república que proponía construir en sus escritos era ni más ni menos que la de los
libertadores y para ellos habría en su espacio garantías políticas sustantivas, tales como la
presidencia vitalicia, el senado hereditario, el poder moral y la Ley de Haberes Militares.
Sin embargo, la fuerza de las circunstancias determinó que estas aspiraciones se
concretaran más por la vía de los hechos que por otra senda más racional y elaborada: la
galería de dictadores militares que hasta hace pocos años exhibió el escenario
latinoamericano es buena prueba de ello. Hay que reconocer que las tendencias
autoritarias que han estado vigentes en la política venezolana del siglo XX han tenido en
una lectura -acaso demasiado a la letra- de este apartado de los postulados bolivarianos su
aprovechada fuente de inspiración.
Habría que añadir aún que, consciente del problema social que suponía la existencia de la
esclavitud, Simón Bolívar incorporó a su discurso el cuestionamiento institucional de la
misma, mediante una respuesta del programa de acción militar desarrollado para construir
los cimientos de la República. Convencido de la idea de que la permanencia de la esclavitud
conducía fatalmente a las salidas extremas de la rebelión y el exterminio, la República que
se proponía construir debería arbitrar en forma prioritaria los medios que facilitaran una
progresiva desaparición en el futuro de la institución esclavista.
La solidez de este cuerpo de planteamientos políticos permitió a Simón Bolívar convocar,
en 1819, el Congreso de Angostura. Con su instalación puede hablarse de la puesta en
práctica de la república bolivariana, que producirá la existencia real de la República de
Colombia. El control militar de la región guayanesa generó asimismo una actitud favorable
hacia la causa independentista en el exterior. En Estados Unidos, el presidente Monroe
reconoció el conflicto como una guerra entre iguales. En el Reino Unido, Luis López
Méndez obtuvo mayores facilidades para el envío de tropas, contratación de empréstitos y
remisión de equipos militares. Y si bien para 1820 no se habían resuelto del todo las
disidencias en el ejército republicano y la mayor parte del territorio venezolano se
mantenía bajo el control del general realista Pablo Morillo, la instalación del Congreso de
Angostura, la alianza con José Antonio Páez, la transformación del cuartel de Angostura
en capital de la República y la edición de El Correo del Orinoco con el concurso de
numerosos civiles de prestigio, configuraron un cuadro político que permitiría intentar la
conversión del régimen dictatorial, que venía imperando desde 1811, en un gobierno
constitucional.
C.-EL MODELO DE GOBIERNO
Las propuestas de Simón Bolívar, de 1820, no constituyeron un programa de acción
política de carácter provisional, sino que eran ya un programa de gobierno sólido y con
porvenir, destinado a dar estabilidad a la República, hacerla perdurable y, al mismo
tiempo, borrar en el ánimo de los ciudadanos los efectos perjudiciales de la dominación
colonial.
En el Discurso de Angostura -la primera pieza orgánica de la conciencia americana y sin
duda el primer análisis sociológico moderno de la realidad hispanoamericana-, después de
sugerir un concepto de práctica política identificado con los principios aristotélicos de
sabiduría, rectitud y prudencia, Simón Bolívar consideró y dio por hecho que la República
tenía ya ciudadanos aptos para gobernarla.
En tal sentido, propuso tres caminos que trajeran a la República la deseada estabilidad y
resolvieran la ausencia de virtud que padecía. El primero era el establecimiento de
un poder ejecutivo fuerte y vitalicio. El segundo era la creación del senado hereditario. El
tercero, en fin, era la educación del resto de los ciudadanos, y estaba basado en los
lineamientos del culto cívico de la república jacobina.
Este proyecto republicano, que mezcla los principios y la naturaleza de una república
aristocrática con las leyes y funcionamiento de una monarquía, constituye la más acabada
expresión de la reelaboración de las ideas ilustradas para convertirlas en respuestas
factibles y practicables en el gobierno de las colonias españolas de América. Se trata de la
república bolivariana que madurará con el establecimiento de la República de Colombia a
partir de 1821.
D.-EL SENADO HEREDITARIO
En la realización de este ensayo, Simón Bolívar tomó como modelo la legislación británica
en lo concerniente a libertades, soberanía, división de poderes y otros criterios
parecidamente tradicionales del liberalismo inglés. Mención especial requieren los puntos
relacionados con la específica organización de la República y la particular revisión del
régimen de la propiedad esclavista.
Convencido de la viabilidad de su modelo, Simón Bolívar propuso un cuerpo legislativo
semejante al parlamento inglés. La Cámara de Representantes quedaba constituida a
semejanza de la establecida por la Constitución venezolana de 1811, es decir, mediante el
ejercicio del sufragio por parte de los ciudadanos calificados para ello por la ley. Sin
embargo, la Cámara del Senado sufrió una transformación radical en su naturaleza electiva
y en su conformación. Era un senado particular y de nuevo diseño, y que no se
correspondía por tanto con el modelo de la teoría política clásica de las repúblicas
democráticas y aristocráticas.
El senado de la república bolivariana se constituyó siguiendo las pautas de los poderes
intermediarios establecidos para la monarquía. No era electivo sino hereditario. No
tenía funciones ejecutivas ni verdaderamente legislativas, sino que hacía las veces de
mediador. Como la nobleza en las monarquías, era base y garante de la perdurabilidad del
régimen; en este caso, de la república.
Este senado hereditario fue la respuesta política que permitía al Libertador otorgar a la
elite militar la cuota de poder necesaria para comprometerla con la creación de la
República. Era una respuesta que comprometía su particular poder de beligerancia: las
armas. La búsqueda del compromiso de los militares, mediante el reconocimiento de su
influencia en la conducción política del régimen que se pensaba establecer, es lo que nutría
el liderazgo de Simón Bolívar sobre sus otros contemporáneos, fueran éstos del bando
republicano o del bando monárquico.
E.-EL COMPROMISO MILITAR
La propuesta de Simón Bolívar tuvo éxito y perdurabilidad histórica porque comprometió
a la elite militar en el conjuro de dos adversarios poderosísimos en la sociedad venezolana
de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX: la desunión del sector republicano y la
anarquía. La desunión entre los republicanos se expresó en una aguda polémica entre
el centralismo y el federalismo, cuyo origen se remontaba a la misma instrumentación de
las reformas borbónicas y la creación de la Capitanía General de Venezuela, en el año 1777.
La difusión de las ideas de anarquía, por otra parte, fue dirigida hábilmente por el
adversario realista mediante el atizamiento de las aspiraciones igualitarias entre los
pardos, los indígenas y los esclavos.
El senado hereditario, según las propias palabras de Bolívar "será la traba de este edificio
delicado y harto susceptible de impresiones violentas". Dicho de otro modo, el senado de la
república bolivariana debía ser baluarte de la libertad y apoyo para consolidar y eternizar
la institución de la República.
No obstante, al estar advertido del extrañamiento y la escasa habilidad de los americanos
en el manejo de los asuntos públicos, Bolívar contempló como medida supletoria
la educación de los descendientes de los primeros integrantes del senado hereditario. Los
hijos de los senadores - proponía, poco más o menos- deberán educarse en un colegio
especialmente destinado para instruir a aquellos tutores que se convertirán en los futuros
legisladores de la patria. Tomando en cuenta que estos dirigentes no se corresponderían en
su origen con una especialmente encumbrada posición económica o saber intelectual,
requisitos previos de la teoría política clásica para el ejercicio de la política, los dirigentes
de la república bolivariana que "no saldrían del seno de las virtudes [...] saldrán del seno de
una educación ilustrada".
F.-LA PRESIDENCIA VITALICIA
En relación con la particularidad del poder legislativo, la república bolivariana proponía
también un poder ejecutivo fuerte y sólido. Simón Bolívar tomó como modelo
las normas británicas y en su discurso demostró poseer un conocimiento detallado de los
postulados de Montesquieu. El poder ejecutivo de la nueva República que se proyectó
construir debía superar las insuficiencias que dieron al traste con los ensayos republicanos
de 1811 y 1813, en Venezuela, y de 1815, en Nueva Granada.
Para lograrlo, no obstante, Simón Bolívar juzgó pertinente adoptar una fórmula que, al
estilo de las monarquías, centralizase las más importantes funciones del gobierno, pero
que guardara una distancia sustancial en relación al origen de su poder. El primer
magistrado de la república bolivariana no debería su ascensión a una sucesión dinástica:
sería electo por el pueblo o sus representantes. En síntesis: no sería un monarca, sino un
presidente.
Las proposiciones de Simón Bolívar al auditorio republicano de 1819 respondían
a objetivos políticos básicos y fundamentales: dar solidez a la República por un espacio
abierto de tiempo y dotar de estabilidad al régimen político mediante el concurso de los
nuevos intereses políticos surgidos en el escenario venezolano al amparo de la guerra
social. Así, el poder político otorgado a la presidencia vitalicia y al senado hereditario se
complementaban con la instrumentación de un nuevo poder que Bolívar convino en
denominar "poder moral".
G.-EL PODER MORAL
Este poder moral de la república bolivariana se encuentra estrechamente vinculado con el
senado hereditario. En el proyecto bolivariano, el senado hereditario no sólo es el garante
de la permanencia de la República; en sus manos está también la designación de los
integrantes del novísimo poder moral, es decir, la misma regeneración de una sociedad
abatida por el régimen colonial. Así como los futuros senadores obtendrían del gobierno
republicano una educación ilustrada que los capacitaría para el ejercicio del gobierno, el
resto de los venezolanos, que "aman la patria pero no sus leyes", tendrán que robustecer
"su espíritu mucho antes de que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad". A estos
efectos, la república bolivariana contempló la creación de un poder moral cuyo
"dominio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público, las buenas
costumbres y la moral republicana". Con esta nueva formulación, Simón Bolívar otorgó a la
elite militar el poder de conducir el proyecto republicano por un espacio de tiempo
considerable y con facultades extraordinarias en su ejercicio. Nunca antes en la teoría
política moderna se había dado un paso semejante: porque, en definitiva la república
bolivariana hizo viable -y hasta necesaria- la práctica jacobina del culto cívico.
H.-EL PROBLEMA DE LA ESCLAVITUD
El inventario de las circunstancias políticas que llevaron al establecimiento de la República
durante el estallido de la crisis de la sociedad colonial, quedaría incompleto si se olvidara
considerar el último aspecto medular de la teoría política bolivariana: el tratamiento del
problema de la esclavitud. Este aspecto merece una atención especial. En parte, por
producirse en el marco de una erizada realidad social, la de los años que transcurren entre
1810 y 1830 en Venezuela, pero sobre todo, y esto hay que subrayarlo, porque son hechas
desde una apreciación política de raigambre liberal, como es la de Simón Bolívar.
El tópico de la esclavitud aparece en el discurso bolivariano desde 1816, pero no será hasta
1819 cuando su acción política preste atención a la permanencia o no de la institución
esclavista. Es en este último momento cuando las ideas de Simón Bolívar hacen de la
abolición de la institución esclavista un instrumento orientado a garantizar el éxito de la
campaña militar que venía desarrollando en la dirección de establecer una república.
Al comienzo, en torno a 1816, como se ha señalado, en el discurso de Bolívar la libertad de
los esclavos está relacionada con las gestiones que realiza en favor de la restitución
republicana y el compromiso adquirido con el gobierno de Haití. Así, después de la
expedición de Los Cayos, que desembarca en abril de 1816, al anunciar en la isla de
Margarita el restablecimiento del régimen republicano, Simón Bolívar hizo pública la
propuesta de abolición de la esclavitud por cuanto "la naturaleza, la justicia y la política
piden la emancipación de los esclavos".
Sin embargo, estas primeras gestiones no surten los rápidos efectos esperados y Simón
Bolívar, al informar al presidente haitiano Alejandro Petión del resultado de sus
proclamas, es categórico al señalar la presentación de apenas un centenar de hombres
entre los esclavos que habitaban en el territorio republicano. Para el Libertador, la tiranía
de los españoles ha puesto a los esclavos en "tal estado de estupidez [...] que han perdido
hasta el deseo de ser libres".
Una situación relativamente distinta se presenta a partir de 1819, cuando vuelve a insistir
en la necesidad de liberar a los esclavos y solicita al Congreso de Angostura la ratificación
de sus proclamas de 1816 y la promulgación del Decreto de Libertad en febrero de 1820.
En su correspondencia mantenida durante 1821 con el general Francisco de Paula
Santander se encuentran los razonamientos precisos que explican la insistencia de Bolívar
para que la República de Colombia dé cabal cumplimiento al texto del Decreto de 1820.
Después de la proclamación de la República de Colombia, Simón Bolívar solicita
reiteradamente a Santander "el levantamiento (leva) de esclavos" para su inmediata
incorporación al ejército republicano. Frente a la contundente negativa del vicepresidente
de Colombia, en el sentido de dar curso a su exigencia, el Libertador remite desde la ciudad
de San Cristóbal un oficio pormenorizado de las razones que le asisten para hacer esta
solicitud.
En su carta del 20 de abril de 1820, por ejemplo, señala que la opinión política de
Colombia está confundida cuando establece una relación análoga entre "libertad de
esclavos" y "levantamiento de esclavos", siendo esto último lo autorizado por el Decreto de
1820. Indica que "sólo he mandado que se tomen los esclavos útiles para las armas". De
otro modo, liberando todos los esclavos, éstos serían más bien "perjudiciales" para la
República.
Para Simón Bolívar la actuación del Congreso de Angostura y su solicitud de tres mil
esclavos se apoya en "obvias razones" militares. Por un lado, el ejército republicano está
necesitado de "hombres robustos y fuertes acostumbrados a la inclemencia y a las fatigas
[...] en quienes el valor de la muerte sea poco menos que el de su vida". Por otro lado, las
razones políticas son "más poderosas". A su parecer, el Congreso de Angostura, al atender
su prédica antiesclavista, no ha obrado contra la propiedad, sino que al seguir lo
recomendado por Montesquieu, resguarda al régimen republicano de una eventual
rebelión de esclavos porque "tales gentes son enemigos de la sociedad y su número sería
peligroso".
Una idea central del discurso bolivariano es que "todo gobierno libre que comete el
absurdo de mantener la esclavitud es castigado por la rebelión y algunas veces por el
exterminio". Por supuesto que Simón Bolívar tiene aquí presente la experiencia coetánea
de la Independencia haitiana y las consecuencias que ésta tuvo en el ámbito venezolano.
Para convencer a sus interlocutores no toma el camino moralista que lo llevaría a debatir
acerca de la justicia o injusticia de la esclavitud. Su pensamiento sigue un sendero más
propicio y comprensible para una sociedad cargada por la discriminación y la exclusión,
apelando al miedo: "Hemos visto en Venezuela - escribe Bolívar- morir la población libre y
quedar la cautiva; no sé si esta es política, pero sí sé que si en Cundinamarca no
empleamos a los esclavos sucederá otro tanto".
En la realización de esta tarea, las consideraciones políticas y económicas del liberalismo
cedieron su espacio a los requerimientos militares de la República. En tal sentido, la
actitud de aquellos propietarios que se negaron a ceder sus poblaciones de esclavos fue
propia de "hombres alucinados". Hombres que no entienden que "los españoles no
matarán a los esclavos, pero sí matarán a los amos y entonces se perderá todo". En una
palabra, por el atajo de la necesidad se llegó al cumplimiento de un principio, y el
incumplimiento de esta aspiración tendrá un peso específico particular a la hora de la
desmembración de Colombia en 1830.
REFLEXIONES SOBRE LA DOCTRINA BOLIVARIANA.
Al exponer nuestras ideas sobre este tema tenemos que plantear que lo poco o mucho que
pudiéramos decir proviene básicamente de nuestra experiencia docente. Esto, aunque
pareciera obvio decirlo, es importante destacarlo, pues no podemos ofrecer mucha
argumentación teórica
Al respecto.
Consideramos que en estos tiempos de bolivarianismo exacerbado paradójicamente -
se conoce muy poco y se hace muy poco por conocer el Pensamiento de Simón Bolívar.
(Ojalá que este evento ilumine a muchos que lo necesitan con urgencia)
Y ojalá que, también, se nos perdone la inmodestia, pero cuando uno es testigo de
tantas acciones realizadas en nombre de Bolívar, que son la negación más completa de sus
ideas, nos tenemos que animar y continuar con la prédica en las aulas y en los libros.
En este sentido, y perdonen el auto cita o autopromoción, tenemos dos publicaciones
propias:
la obra titulada EL CULTO A LOS HÉROES Y LA FORMACIÓN DE LA NACIÓN
VENEZOLANA (Una visión del problema a partir del estudio del discurso
historiográfico venezolano del período 1830-1883) Caracas, Litho-tip C.A, 1999; así
como otra, ya también publicada, bajo la denominación .
EL PENSAMIENTO POLÍTICO DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR (Formación
Intelectual e Ideológica de Simón Bolívar en el Tiempo de la Ilustración, su elación con el
Carácter Hispánico) Caracas, Vadell-Hermanos Editores, 2001
Pero entremos de una vez por todas en el meollo del problema que nos reúne hoy.
Enseñar <<Pensamiento Bolivariano>> - y esperar que nuestros discípulos aprendan
algo de él - no nos debe llevar a convertir el legado intelectual de Bolívar en algo similar a
la <<Palabra de Dios>>, esa que conocemos como los santos evangelios.
Tampoco merece El Libertador que convirtamos su legado en una nueva versión de
aquel fenómeno desarrollado en la nación China de hace ya más de cuatro décadas,
cuando incesantemente se repetían, como letanías del santo rosario, los pensamientos del
camarada Mao (resumido en el respectivo librito rojo) o como “correctamente” se decía
entonces: Los aportes del “Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao Tse Tung.”
Aunque no nos consideramos verdaderos - y sobre todo “autorizados” - apologistas de
Simón Bolívar, ni tampoco exegetas de su obra, nos parece que buena parte de los que se
acercan al Pensamiento Bolivariano, bien de manera obligada y sentados en pupitres, o
aquellos que lo hacen libremente por propia voluntad, se les lleva por el camino
equivocado cuando se les hace creer que Bolívar fue algo así como un gran teórico
sistemático, un “profesional del
pensamiento” y no más bien (como correctamente se ha planteado) un gran estadista y
guerrero que se vio obligado por sus circunstancias a escribir Innumerables y valiosas
piezas en forma de discursos, proclamas, cartas, proyectos constitucionales, artículos de
prensa, etc.; para así interpretar y defender o justificar la causa a la que entregó su vida
toda.
En resumidas cuentas, no debe estudiarse el Pensamiento Bolivariano separándolo de lo
que lo puede explicar mejor, esto es, la propia vida y las luchas del pensador, tal como lo
planteó Miguel Acosta Saignes en su obra <<Acción y Utopía del Hombre de las
Dificultades>>.
Es por ello que si se debe enseñar y estudiar <<Pensamiento Bolivariano>> debemos
hacerlo a partir de ese duro combatir de Bolívar con su espada en los campos de batalla y
también con su pluma para ganar la opinión de las élites políticas e intelectuales en
Venezuela, toda Hispanoamérica y en los Estados Unidos de América y Europa.
Asimismo, debe tenerse en cuenta que esas miles de páginas que salieron del
intelecto de Bolívar tenían un doble ascendiente: las ideas de la Ilustración y el ancestral
trasfondo hispánico.
Partiendo de esta base: Bolívar digno y típico hijo del mundo hispánico y del
entorno intelectual ilustrado y revolucionario de su época - asumimos entonces – el reto de
enseñar sus ideas, cuya vigencia se reconoce todavía.
¿Enseñar a quién?
Todo lo dicho hasta ahora ha abordado el problema en términos muy generales. Sin
embargo, cuando nos preguntamos lo siguiente: ¿Enseñar Pensamiento Bolivariano a
quién? Tenemos que decir que se abre otro gran abanico de posibles respuestas.
Primeramente, si sólo se tratara del problema de la enseñanza del Pensamiento
Bolivariano en el ámbito de las universidades y otras instituciones de educación superior
sería sencillo ofrecer un consejo: Se debe abordar el estudio sistemático del Pensamiento
Bolivariano a partir de sus documentos fundamentales, y hacerlo, en dinámicos
seminarios de investigación.
No obstante, si se trata más bien de enseñar el Pensamiento Bolivariano en nuestra
Educación Básica (por ejemplo) los métodos, estrategias y recursos para la enseñanza y
el aprendizaje necesariamente serán los pertinentes para ese nivel. Y ellos no serían muy
diferentes a los que se utilizan en la enseñanza de la Historia y las otras Ciencias Sociales.
Si se quiere que nuestros adolescentes aprendan algo sobre el ideario bolivariano,
primero debemos acercarlos al propio Bolívar de “carne y hueso”, tal como lo definió
Francisco Herrera Luque.
Logrado ese primer acercamiento, podemos intentar el examen de ese otro aspecto, un
tanto más abstracto y de difícil comprensión para todos aquellos que apenas se abren
camino en las operaciones intelectuales formales.
Además, para estudiar el Pensamiento Bolivariano en cualquier nivel de la
enseñanza, y especialmente cuando se hace con adolescentes, no debe caerse en eso que
Medina Rubio planteó en su ensayo “Del Uso y Abuso de los Documentos Históricos en la
Enseñanza Media”.
El <<documentalismo>> o el uso desmesurado o inadecuado de documentos es tan
preocupante como otros vicios presentes en las aulas: “apuntismo”, manualismo,
caletre, verbalismo, dogmatismo, etc.
(NO) OTRO ASPECTO QUE VALE LA PENA DESTACAR ES EL SIGUIENTE:
En resumen, tenemos que estudiar el Pensamiento Bolivariano respetando su
contexto y sentido histórico. Él nos ofrece – por ejemplo - excelentes reflexiones sobre
temas políticos como estos: Estructura del Estado posible o deseable en Hispanoamérica,
relación entre nuestras características como pueblo (lleno de carencias cívicas y de
virtudes) y la organización de un
Estado republicano que garantizara la libertad y la igualdad. Pero por la otra parte no
podemos pedirle las respuestas que ese <<corpus>> ideológico no nos puede dar.
Pedirle a Bolívar que nos ilumine sobre asuntos que no fueron de su interés o de
la preocupación de pensadores de ese tiempo, e incluso, que no tenían por qué ser
dominados por él, considerando su formación intelectual y actividad cumplida como jefe
político-militar.
El hecho de haber firmado decretos prohibiendo la anti conservacionista práctica
de la matanza de vicuñas y otros ordenando la reforestación de las cabeceras de los
ríos no lo convierte automáticamente en expresión de un ecologismo “avant la lettre”,
o el hecho de decretar algunas medidas relacionadas con la minería, los cultivos o el
comercio tampoco lo
Convirtió en “pensador económico”.
Aunque Bolívar debió firmar y contribuir también con la redacción de innumerables
textos que abarcaban asuntos económicos, sociales, judiciales, educativos, diplomáticos,
etc.; ello no lo convierte en teórico o experto. Creo que se ha abusado al tomar esos
textos como muestras fehacientes de sus notables aportes.
Más que pedirle lo que no nos puede ofrecer, debemos acercarnos al Pensamiento
Bolivariano para aprender de sus brillantes análisis políticos, de sus agudas
observaciones sobre nuestras posibilidades como pueblo, de sus proféticos juicios, y sobre
todo, de sus enunciados éticos.
El Pensamiento Bolivariano es, sin duda, una rica cantera de valores que son
valiosas enseñanzas para nuestros niños y adolescentes, para todos los estudiantes de
cualquier nivel; y por supuesto, para todo nuestro pueblo venezolano.
Para nosotros, en la Universidad Pedagógica que tiene como epónimo precisamente a
El Libertador, es más que un deber u obligación, es un orgullo ofrecer en nuestras aulas un
curso específico sobre el Pensamiento de Simón Bolívar, ojalá que ello se extienda a todas
las restantes instituciones de educación superior.
(NO) LAS CONCLUSIONES GENERALES QUE QUISIÉRAMOS
DESTACAR SON LAS SIGUIENTES:
Después de revisar el conjunto de problemas relacionados con las características
político-intelectuales de Simón Bolívar y también la discusión sobre el denominado
<<carácter hispánico>> podemos ofrecer las siguientes conclusiones:
1. Bolívar fue un genuino criollo ilustrado que tuvo todas las posibilidades de acceder a los
más altos peldaños de la cultura intelectual de la época. Con sus viajes, lecturas,
conversaciones y sobre todo por su dinámica vida de jefe político-militar, tuvo la
oportunidad de madurar ideas propias donde se combinaron magistralmente la herencia
intelectual de la Ilustración y las experiencias concretas de casi dos décadas de duro
batallar en el escenario
Continental.
2. Las nociones “carácter nacional” y “carácter hispánico”, categorías cargadas de
polémica y hasta negadas como expresiones válidas para el análisis; resultan pertinentes
para nuestro propósito si las usamos con verdadero sentido histórico; es decir, para la
comprensión de las profundas relaciones entre el individuo y su contexto. En nuestro
caso, nos permiten entender esa alma atormentada, atrapada entre unas profundas raíces
españolas tradicionales y
Una formación intelectual hija del Siglo de las Luces.
3. Algunas notas del Carácter Hispánico presentes en Bolívar, esto es, la impulsividad, la
energía y la tenacidad; el heroísmo, el quijotismo, la supuesta crueldad, la lucha por
<<todo o nada>>, etc. nos dejan ver que éste fue mucho más español de lo que, por
razones obvias, podía admitir. El estudio de sus campañas militares, de su vida privada, de
sus escritos fundamentales nos lleva al convencimiento de lo enunciado antes.
4. A pesar de la actitud abiertamente prejuiciada presente en la biografía escrita por
Madariaga, que pareciera regodearse negando que Bolívar hubiese hecho profundas
lecturas y a pesar de que para probarlo apelase a la <<españolidad>> del Libertador,
creemos que éste si fue un serio estudioso de buena parte de los autores que citaba; no
obstante, consideramos --
Parafraseando a Encina -- que la grandeza histórica de Bolívar no puede medirse por el
número de volúmenes leídos (y que por supuesto leyó), más bien ésta tiene la dimensión de
lo que hizo
Como jefe revolucionario y de las máximas que escribió a partir de su rica experiencia
político-militar.
5. Simón Bolívar fue, claro está, profundamente español. Lo fue de la misma estirpe de
Fray Bartolomé de las Casas y el Padre Vitoria; en cierta manera, también lo fue de la
estirpe de los jefes de las huestes que conquistaron para España un vasto imperio donde
jamás se ponía el Sol, de los que gobernaron nuestras ciudades durante trescientos años
antes de dar el grito emancipador en 1810 y 1811, así como también de los que pelearon
contra la invasión de las
Tropas bonapartistas y salvaron el honor nacional que una monarquía decrépita había
pisoteado. En fin, tuvo lo grande, noble y altivo de un pueblo que condenó en medio del
fragor de la lucha, pero que era el suyo y el de sus antepasados.
Muchas gracias a todos por oír estas reflexiones de un maestro que le ha dedicado buena
parte de su existencia profesional a estudiar la vida y obra intelectual de Bolívar, y
fundamentalmente a enseñarla de la mejor manera que ha podido.
.
Consideramos que en estos tiempos de bolivarianismo exacerbado – paradójicamente
- se conoce muy poco y se hace muy poco por conocer el Pensamiento de Simón Bolívar. Y
ojalá que, también, se nos perdone la inmodestia, pero cuando uno es testigo de
tantas acciones realizadas en nombre de Bolívar, que son la negación más completa de sus
ideas, nos tenemos que animar y continuar con la prédica en las aulas y en los libros.
3.-DOCUMENTOS DE BOLIVAR.
PROCLAMA DEL LIBERTADOR.
El 10 de diciembre de 1830 es el día de la última proclama del Libertador, dictada desde su
lecho de moribundo. Firmó el testamento y recibió los Santos Sacramentos de manos del
humilde cura de la aldea de Mamatoco, quien llegó en la noche con sus acólitos y varios
indígenas.
Luego, rodeado de sus más íntimos amigos, como José Laurencio Silva, Mariano Montilla,
Joaquín de Mier, Ujueta, Fernando Bolívar, etc., el notario Catalino Noguera empezó a leer
el histórico documento, pero apenas llegó a la mitad, porque la emoción y el dolor le
ahogaron la voz. Continuó la lectura Manuel Recuero. La última Proclama dice así:
Simón Bolívar,
Libertador de Colombia, etc. A los pueblos de Colombia Colombianos:
Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía.
He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé
del mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis enemigos
abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y
mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las
puertas del sepulcro. Yo los perdono.
Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la
manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de
Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos
obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario
dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender las
garantías sociales.
¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye
para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, a 10 de diciembre de 1830. Simón Bolívar
DISCURSO DE ANGOSTURA.
Discurso pronunciado por Simón Bolívar el 15 de febrero de 1819, en la provincia de
Guayana, con motivo de la instalación del segundo Congreso Constituyente de la República
de Venezuela en San Tomé de Angostura (hoy Ciudad Bolívar). En este documento Bolívar
como jefe del Estado se dirige a los congresistas del país no sólo para expresar su opinión
sobre lo que debía ser el proyecto constitucional a sancionarse, sino también una profunda
reflexión sobre la situación que vivía Venezuela a fines de 1818. En relación al proceso de
elaboración de dicho texto, el mismo se llevó a cabo fundamentalmente en su residencia de
Angostura durante los últimos meses de 1818. Asimismo, no vaciló Bolívar en confiar los
originales de este importante documento a Manuel Palacio Fajardo, estadista dotado de
talento y erudición, para que le diera su opinión. En este sentido, Palacio Fajardo formuló
algunas observaciones, que Bolívar acepto con humildad. El 15 de febrero de 1819, día
fijado para la instalación del Congreso que el propio Bolívar había convocado, una salva de
cañonazos, unidas a las aclamaciones del pueblo, señaló a las 11 a.m., la llegada del
Libertador, jefe supremo de la República y de la comitiva que lo acompañaría a la sede del
Congreso.
En el discurso pronunciado durante casi una hora ante El Congreso de Angostura, el
Libertador analizó de manera profunda la realidad de su tiempo, señalando la
conveniencia de que las instituciones que surgieran en América a raíz de la Independencia,
debían responder a las necesidades y posibilidades de estas sociedades, sin
copiar modelos de tierras extrañas. Aunque se reconoce en este documento lo favorable del
régimen federal para otras naciones; se sostiene que en el caso de Venezuela es preferible
un Centralismo, basado en un Poder Público distribuido en las clásicas ramas: Ejecutivo,
Legislativo y Judicial; resaltando la fortaleza del Ejecutivo. Sugiere también Bolívar que a
estos tres poderes se agregue una cuarta instancia denominada Poder Moral, destinado a
exaltar el imperio de la virtud y enseñar a los políticos a ser probos e ilustrados. Asimismo,
concebía la idea de una Cámara Alta hereditaria, para mantener en ella la tradición
edificante de los padres de la patria; lo cual no encajó muy bien con la letra del Poder
Moral. En una demostración de gran ilustración el Libertador hace reminiscencias
de Grecia y Roma y examina las instituciones políticas de Gran Bretaña y Estados Unidos,
citando para esto a filósofos y políticos de la Enciclopedia y de la Revolución Francesa,
para desembocar en la necesidad de instaurar un sistema republicano-democrático, con
proscripción de la nobleza, los fueros y privilegios, así como de la abolición de la
esclavitud. Otro aspecto al que dedicó una importancia fundamental en el proceso de
consolidación de las repúblicas latinoamericanas, fue a la educación. En este sentido, para
él educar era tan importante como libertar. De lo que se desprende su memorable
sentencia: "Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras
primeras necesidades". Después de desarrollar otros tópicos relacionados con una visión
sobre la grandeza y el poderío de la América libra y unida, cierra Bolívar su discurso con la
siguiente exhortación al Congreso: " Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado
las mías". Tras esto hizo entrega de un proyecto de Constitución así como del Poder Moral,
a fin de que fueran estudiados por los diputados, añadiendo: "El Congreso de Venezuela
está instalado; en él reside, desde este momento, la Soberanía Nacional. Mi espada y las de
mis ínclitos compañeros de armas están siempre prontas a sostener su augusta autoridad.
¡Viva el Congreso de Venezuela!".
Luego de pronunciar su discurso, Bolívar tomó juramento a los diputados y luego puso en
manos del presidente del Congreso, Francisco Antonio Zea, su bastón de mando,
renunciando con esto a su cargo de jefe supremo; lo que no fue aceptado por el poder
legislativo, que por unanimidad se lo devolvió. El discurso efectuado por Bolívar ante el
Congreso de Angostura, fue publicado (aunque incompleto) los días 20 y 27 de febrero y 6
y 13 de marzo en las columnas del Correo de Orinoco. También fue traducido al inglés por
James Hamilton e impreso en los talleres de Andrés Roderick, en Angostura. En abril de
1820, circuló en Bogotá un folleto con el texto en español revisado por el propio Bolívar.
Por mucho tiempo estuvo extraviado el manuscrito original que leyó el Libertador ante el
Congreso de Angostura, hasta que en 1975 los miembros de la familia británica Hamilton-
Grierson, descendientes de James Hamilton (quien lo había conservado en su poder) lo
devolvieron a la nación venezolana
EL DECRETO DE GUERRA A MUERTE.
Célebre documento dictado por Simón Bolívar y dado a conocer en la ciudad de Trujillo, el
15 de junio de 1813. La Proclama de guerra a muerte, fue la respuesta de Bolívar ante los
numerosos crímenes perpetrados por Domingo de Monteverde, Francisco Cervériz,
Antonio Zuazola, Pascual Martínez, Lorenzo Fernández de la Hoz, José Yánez, Francisco
Rosete y otros jefes realistas luego de la caída de la Primera República. La matanza de los
republicanos por parte de los jefes españoles llegó a extremos tales de provocar el rechazo
de personajes adictos a la causa monárquica. Uno de ellos fue el abogado fue el abogado
Francisco de Heredia, oidor y regente de la Real Audiencia de Caracas, quien pidió en
distintas formas que cesaran las ejecuciones, lo cual no sucedió. Según el testimonio del
propio Heredia relatado en sus Memorias, un fraile capuchino de las misiones de Apure
que actuaba como uno de los partidarios de Monteverde, exhortó en una ocasión «... en
alta voz a los soldados, de siete años arriba, no dejasen vivo a nadie...» Bolívar en su
Campaña Libertadora de 1813 recibió información de la consumación de hechos como el
relatado por Heredia, lo que le llevó a expresar el 8 de junio en Mérida: «Nuestro odio será
implacable y la guerra será a muerte».
Al pronunciamiento de Bolívar del 8 de junio siguió la proclama el 15 de junio en Trujillo
del Decreto a muerte el cual termina de la manera siguiente: «...Españoles y canarios,
contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la
libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables». En
una primera instancia esta manifestación fue considerada por Bolívar como ley
fundamental de la República, que luego ampliaría y ratificaría en el cuartel general
de Puerto Cabello, mediante una proclama del 6 de septiembre del mismo año 1813, acto
que según algunos historiadores puede ser considerado como un «Segundo Decreto de
Guerra a Muerte». Posteriormente, cuando en el segundo semestre de 1813 aparecen en
escena José Tomás Boves y Francisco Tomás Morales, la matanza se hace más intensa por
parte de los realistas y la respuesta de los republicanos es radicalizar la aplicación de la
«guerra a muerte». Derivado de esto se produjo la ejecución de los presos españoles y
canarios de Caracas y La Guaira ordenada por Bolívar en febrero de 1814. En este último
año la «guerra a muerte» se recrudece, perdiéndose numerosas vidas de ambos bandos.
Asimismo, es en este contexto de destrucción en el que cae la Segunda República.
Entre los años 1815, 1816 y 1817 la «guerra a muerte» se extiende a la Nueva Granada, en
donde el general Pablo Morillo la ejecuta con la mayor crueldad. Entre las numerosas
víctimas de Morillo se pueden destacar el científico Francisco José de Caldas, los estadistas
neogranadinos Camilo Torres y Manuel Rodríguez Torices y los patriotas venezolanos
Andrés Linares y Francisco José García de Hevia. A pesar de haber sido Bolívar el autor del
decreto de guerra sin cuartel, en varias ocasiones consideró la posibilidad de la derogación
de dicho instrumento. En tal sentido, en su proclama de Ocumare del 6 de julio de 1816,
expresó que: «...La guerra a muerte que nos han hecho nuestros enemigos cesará por
nuestra parte: perdonamos a los que se rindan, aunque sean españoles. Ningún español
sufrirá la muerte fuera del campo de batalla»; lo cual obviamente buscaba humanizar la
contienda militar. Finalmente, el 26 de noviembre de 1820 se celebró en Trujillo, en el
mismo lugar donde se proclamó la «guerra a muerte», el Tratado de Regularización de la
Guerra, el cual derogaba el decreto de 1813.
CARTA DE JAMAICA.
La carta de Jamaica es un texto dictado por el político y militar Simón Bolívar a su
secretario Pedro Briceño Méndez el 6 de septiembre de 1815 en Kingston, capital de
la colonia británica de Jamaica, en respuesta a una misiva de Henry Cullen, un
comerciante jamaiquino de origen británico residente en Falmouth, cerca de Montego
Bay.1 En la Carta, Bolívar expone las razones que provocaron la caída de la Segunda
República de Venezuela en el contexto de la independencia de Venezuela. La Carta, cuyo
título era Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta Isla, pretendía
atraer a Gran Bretaña y al resto de potencias europeas hacia la causa de
los patriotas independentistas americanos
Contexto ideológico
Alrededor de 1800, Bolívar estudió la política y las ideas de la época de la revolución en
Francia. Bolívar, como muchos de los criollos, no era ajeno a las teorías sobre el derecho
natural y el contrato social, y estas ideas eran pilares en su manejo político y en su defensa
de la libertad y la igualdad, claras premisas ilustradas. En la Carta de Jamaica, se ve
claramente la influencia de la Ilustración y sus grandes pensadores; Bolívar incluye
conceptos de Montesquieu cuando habla de «despotismo oriental» para definir al Imperio
español.
Bolívar tenía en Montesquieu a su autor favorito; para él, El espíritu de las leyes era una
obra a la que recurría siempre a la hora de definir posturas y disertaciones sobre el futuro y
presente de los pueblos coloniales sudamericanos.
Bolívar tuvo que diseñar su propia teoría de la liberación nacional y, como hemos
señalado, esta fue una contribución a las ideas de la Ilustración, no una imitación de ellas.
John Lynch
Aunque la carta estaba originalmente dirigida a Henry Cullen, está claro que su objetivo
fundamental era llamar la atención de la nación liberal más poderosa del siglo XIX, Gran
Bretaña, a fin de que se decidiera a involucrarse en la independencia americana. No
obstante, cuando los británicos finalmente accedieron al llamado de Bolívar, este prefirió
la ayuda de Haití.
JURAMENTO DEL MONTE SACRO
El Juramento del Monte Sacro es una promesa anunciada por el Libertador Simón
Bolívar, cuyo objetivo fue enfatizar su profundo compromiso personal con la
causa independentista hispanoamericana y que tuvo lugar durante su visita a la ciudad
de Roma, Italia. El juramento —presenciado por su primo Fernando Rodríguez del
Toro y Simón Rodríguez, su maestro y mentor años atrás en Caracas muestra la faceta
ilustrada y romántica de Bolívar, imbuido en un idealismo juvenil (tenía 22 años cuando lo
realizó) y decepcionado por los avatares de su vida: luego del fallecimiento de María Teresa
Rodríguez del Toro y Alayza, su esposa, en 1803, juró el 15 de agosto en la colina de Monte
Sacro, para consagrar su vida a la liberación del continente latinoamericano.1
Sobre la fecha tuvo lugar este evento existe amplio consenso y documentación que permite
asegurar que fue el 15 de agosto de 1805. Sin embargo, la exactitud tanto del lugar como de
las palabras pronunciadas por el Libertador en dicha ocasión son aún materia de
controversia para sus historiógrafos y estudiosos. Por anotaciones personales de Simón
Rodríguez se sabe que fue una de las tantas colinas que conforman el paisaje de la capital
italiana, la cual él mismo describe como el Monte Sacro, aseveración refrendada por buena
parte de los expertos en el tema, como Joaquín Díaz González. Otras fuentes aseguran que
podría haber sido el Monte Palatino, de mayor altura; Caracciolo Parra Pérez —un gran
estudioso de la vida y obra de Bolívar— fue de la opinión que el suceso haya ocurrido en
el Monte Aventino, tal vez por su mayor significación histórica.
Sin embargo, historiadores como Vicente Lecuna llegaron incluso a poner en duda que
Bolívar haya realmente pronunciado el juramento que se le atribuye, 2 cuya versión que ha
recibido más amplia difusión reza:
"¡Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y
juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya
roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!" Independientemente
del estilo o forma, la veracidad de este hecho histórico está documentada de primera
fuente, en primer lugar por una carta fechada el 19 de enero de 1824 en Pativilca, Perú,
enviada por el mismo Bolívar a su maestro Rodríguez, con motivo de saludarlo al saber su
retorno a Sudamérica, en la cual el Libertador se refiere a este hecho, aunque sin ahondar
en detalles exactos2 y por otra parte, de un extracto de la conversación sostenida entre un
Simón Rodríguez ya anciano y el doctor Manuel Uribe Ángel en Quito, en 1850, que fue
recogida por el escritor Fabio Lozano y Lozano en el libro "Maestro del Libertador",
publicado en París, en 1913. Del sentido del juramento se desprende que el futuro
Libertador quería conferir a sus palabras el concepto de las ideas de libertad, igualdad y
fraternidad aprendidas de la Ilustración, toda vez que la contemplación del paisaje repleto
de ruinas de lo que fue Roma, inspiración y referente de las ideas ilustradas.
MANIFIESTO DE CARTAGENA
La Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un
caraqueño, más conocida como Manifiesto de Cartagena es un documento escrito el
15 de diciembre de 1812 entre Vicente Tejera y Simón Bolívar, desde la ciudad
de Cartagena al Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, el documento fue
firmado como los cargos de funcionariós que tenían en Venezuela, Bolívar lo hizo como el
Coronel del ejército de Puerto Cabello y Tejera como Ministro de la Alta Corte de Caracas,
en el marco de las luchas por la Independencia de Colombia (Nueva Granada) y
de Venezuela, en este documento analiza y da opiniones de causas sobre la caída de
la Primera República de Venezuela, en particular culpa al federalismo adoptado por la
Constitución, y propone una estrategia general para la independencia de ambas naciones,
luchando juntas para recuperar Caracas.
Fue publicado bajo el título de Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada
por un caraqueño e impreso en Cartagena en la imprenta de Diego Espinoza en 1813. Es el
primer documento de importancia escrito por Bolívar. El manuscrito original y los
ejemplares de la primera edición realizada por Espinoza se han perdido
MANIFIESTO DE CARÚPANO
El Manifiesto de Carúpano es un documento escrito por el Libertador Simón Bolívar, el
7 de septiembre de 1814, explicando el fracaso de la Segunda República. Con este
documento Bolívar buscaba no solo la libertad sino el apoyo incondicional de su pueblo y
de sus amigos. Aparte en su documento le hacía crítica a varias cosas. Como el ejército que
a pesar de que algunos venezolanos de ese tiempo hacían lo que pudieran por él le faltaba
mucho orden. En síntesis había muchos problemas en ese tiempo, que no permitieron que
la segunda República avanzara y eso en verdad no fue culpa de Bolívar; entonces él quiso
que todo quedase por escrito y que se pudiera analizar logística e intelectualmente el
escrito.
Idea Principal del Documento
El Manifiesto de Carúpano más que todo consistía en la lucha por obtener la libertad y la
igualdad de clases. La idea que tenía Simón Bolívar era de traer y ofrecer la paz entre todos
los ciudadanos y compatriotas del pueblo, de hacer valer sus derechos, ya que muchos de
los ciudadanos residentes no tenían el conocimiento de lo que eran como tal las leyes.
Bolívar deseaba combatir la guerra y la esclavitud, quería que eso desapareciera
completamente.
CONCLUSION DEL PENSAMIENTO DE BOLIVAR
La moral pública, que debe amparar la existencia del Estado, y con lo que Bolívar fue tajante,
ya que estaba consciente de que para que un Estado pueda brindar una verdadera justicia
social, debe primero ser un Estado fundamentado bajo los sólidos pilares de la moral, ya que
un Estado sin moral equivale a un Estado soberbio, hipócrita, incapaz de exigir el desarrollo
armónico de sus componentes.
Así, Bolívar postuló como una característica esencial para el progreso y desarrollo de
una nación: La
Moral, que deviene en un primer momento desde el fuero interno de cada uno de sus
ciudadanos, para luego ser traspolada a cada uno de los órganos y componentes del Estado,
para consolidar la formación de una auténtica moral republicana capaz de guiar la actuaciones
de todos aquellos hombres que se encontraren insertos en la estructura del Estado, con la
finalidad de que el mismo marchare hacia la consecución de sus objetivos, es decir, el bienestar
y la felicidad social. Es por ese motivo que nuestro Libertador constantemente se pronunció
expresando que "sin moral republicana no puede haber gobierno libre" ; indicando a su vez que
"la destrucción de la moral pública causa bien pronto la disolución del Estado".
En efecto, para Bolívar la única forma de lograr la existencia de un Estado que en realidad
estuviera en condiciones y en la capacidad de generar bienestar social, partía de que el mismo
estuviera cimentado sobre fuertes parámetros morales, puesto que quien no posee moral
resulta esclavo de sus debilidades y de aquellos que juegan al dominio de las mismas.
Es claro que para Bolívar era necesaria la articulación de una organización o cuerpo
institucional que tuviera la responsabilidad principal sobre la consolidación y fortalecimiento
de la moral republicana en todo el entramado orgánico que conforma al Estado, así como
también en cada uno de los ciudadanos que lo integran, y es precisamente de ello que surge en
el pensamiento bolivariano la necesidad de dar vida a otro poder de Estado encargado de tales
objetivos, siendo por ello que propuso en su Discurso de Angostura incorporar a la trilogía
clásica del Poder Público, el llamado Poder Moral, que resulta fuente inspiradora directa del
actual Poder Ciudadano que se encuentra previsto en el artículo 273 constitucional.
Para este Poder Moral, Bolívar adoptó la influencia tanto de Esparta, Atenas y Roma, creando
una fusión de diversas instituciones de aquellos países, propios de la dialéctica que caracterizó
su pensamiento, dando así creación a un cuerpo compuesto por una Cámara de Moral y una
Cámara de Educación, las cuales tendrían, respectivamente, la finalidad de velar por el
resguardo de la ética, tanto en el ejercicio de los gobernantes y en la actuación de las
instituciones del Estado, así como también en los actos de los ciudadanos, siempre y cuando
atentaran contra las buenas costumbres y la moral pública.
Se puede apreciar entonces que la concepción de la moral pública ideada por el Libertador se
encontraba orientada a la lucha por lograr un cambio en el sentir y el pensar de los ciudadanos
de la República, una auténtica revolución social que abarcara dentro de sí a todos y cada uno de
los aspectos que el término social involucra, dentro del cual, desde luego, encontraba espacio y
relevancia fundamental el factor cultural que presuponía un auténtico cambio interno de los
ciudadanos, donde la moral sería la primera herramienta necesaria para que dicho cambio
pudiera tener una armónica y debida verificación.