El cuento literario
1) Este cuento del autor Quim Monzó está desordenado. Tendréis que conseguir colocarlo
en orden teniendo en cuenta la estructura del cuento literario y los elementos empleados
para dar coherencia al texto.
2) Una vez ordenado el cuento, resúmelo.
¿Qué hice el domingo?
Me gusta más la carne que dan en el colegio, bien quemadita. En el colegio no me gustan nunca los
primeros platos. En cambio, en casa me dan vino con gaseosa. En el colegio no. Luego, por la tarde,
vinieron mis titos con mi primo, y mis titos se pusieron a hablar en la sala, con mis papás, y a tomar
café, y mi primo y yo fuimos a jugar al jardín, y allí jugamos a madelmanes y al futbolín, a la pelota
y con el camión de bomberos y a guerras de astronautas, y mi primo se puso muy tonto porque
perdía, y a mí es que mi primo me molesta mucho, porque no sabe perder, y tuve que soltarle un
guantazo y se puso a llorar muy fuerte, y vinieron mi mamá y mi tita y mi tito, y mamá dijo qué ha
pasado y, antes de que yo le contestara, mi primo dijo me ha pegado y mi mamá me dio una
bofetada y yo también me puse a llorar y volvimos todos a la sala, y mamá me cogía de la mano y
papá leía el periódico y fumaba un puro que le había traído el tito, y mamá le dijo los niños están en
el jardín, matándose, y tú aquí, tan tranquilo, repantigado. La tita dijo que no pasaba nada, pero
mamá le dijo que siempre era lo mismo, que a veces se hartaba. Luego los titos se fueron y,
mientras se iban, mi primo me sacó la lengua y yo también se la saqué, y papá puso el televisor,
porque daban fútbol, y mamá le dijo que cambiase de canal, que en el segundo ponían una película
y papá dijo que estaba viendo el partido y que no.
Luego se peleaban a gritos y bajé de la cama para acercarme a la puerta y entender lo que decían,
pero como todo estaba a oscuras no veía bien, sólo el claro de luna que entraba por la ventana que
da al jardín y, como no veía bien, tropecé y tuve que volver a la cama con miedo por si venían a ver
qué había sido aquel ruido, pero no vinieron. Yo escuchaba cómo continuaban discutiendo. Ahora lo
oía mejor porque se ve que habían apagado el televisor, y papá le decía a mamá que no le molestara
y la insultaba y le decía que no tenía ambiciones, y mamá también le insultaba y le decía no sé si
que se fuese de casa o que se iría ella, y decía el nombre de una mujer y la insultaba, y luego oí que
se rompía alguna cosa de cristal y luego oí gritos más fuertes, y eran tan fuertes que no se
entendían, y luego oí un gran grito, mucho más fuerte, y luego ya no oí nada. Luego oí mucho
ruido, pero flojito, como cuando para fregar arrastran los módulos del tresillo. Oí que se cerraba la
puerta del jardín y entonces volví a salir de la cama y oí ruido fuera y miré por la ventana, y tenía
frío en los pies, porque iba descalzo, y fuera estaba oscuro y no se veía nada, y me pareció que papá
cavaba al lado del árbol y tuve miedo de que descubriese la muñeca y me castigara, y volví a la
cama y me tapé bien, incluso la cara, escondida bajo las sábanas y a oscuras y los ojos bien
cerrados. Oí que dejaban de cavar y luego unos pasos que subían las escaleras y me hice el dormido
y oí que se abría la puerta del cuarto y pensé que debían de estar mirándome, pero yo no vi quién
me miraba, porque me hacía el dormido y por eso no lo vi. Luego cerraron la puerta y me dormí y al
día siguiente, ayer, papá me dijo que mamá se había ido de casa y luego vinieron señores que
preguntaban cosas y yo no sabía qué contestar y todo el rato lloraba, y me llevaron a vivir a casa de
los titos, y mi primo siempre me pega, pero eso ya no fue el domingo.
Luego, cuando ya subíamos a casa, mamá, como papá estaba todo el rato leyendo el periódico, le
dijo que siempre lo estaba leyendo y que ya estaba harta: que lo leía en casa, desayunando,
comiendo, en la calle, caminando o en el bar, o cuando paseábamos. Y papá no dijo nada y continuó
leyendo y mamá le insultó y luego era como si lo sintiese, y me dio un beso, y luego, mientras
mamá estaba en la cocina preparando el arroz, papá me dijo no le hagas caso. Comimos arroz
caldoso, que no me gusta, y carne con pimientos fritos. Los pimientos fritos me gustan mucho pero
la carne no, que está muy cruda, porque mamá dice que así está más rica, pero a mí no me gusta.
Luego fui al jardín, a ver la muñeca que tengo enterrada allí, al lado del árbol, y la saqué y la
acaricié y la reñí porque no se había lavado las manos para comer y luego la volví a enterrar, y fui a
la cocina, y mamá lloraba y le dije que no llorase. Luego me senté en el sofá, al lado de papá, y vi
un rato el partido, pero luego me aburría y miré a papá, que era como si tampoco viese el partido y
como si tuviera la cabeza en otra parte. Luego pusieron anuncios, que es lo que más me gusta, y
luego la segunda parte del partido, y fui a ver a mamá, que estaba preparando la cena, y luego
cenamos y pusieron una película de dibujos animados y las noticias, y una película antigua, de una
artista que no sé cómo se llama, que era rubia y muy guapa y muy pechugona. Pero entonces me
mandaron a dormir porque era tarde y subí las escaleras y me fui a la cama, y desde la cama oía la
película y cómo discutían mis papás, pero con el ruido del televisor no podía oír bien lo que decían.
El domingo fue un día en que hizo mucho sol y fui a pasear con papá y mamá. Mamá llevaba un
vestido beige con una rebeca de color blanco hueso, y papá un pulóver azul Raf y unos pantalones
grises y una camisa blanca, abierta. Yo llevaba un jersey de cuello cerrado, azul como el pulóver de
papá pero más claro, y una chaqueta marrón y unos pantalones también marrones, un poco más
claros que la chaqueta, y unas wambas rojas. Mamá llevaba unos zapatos claros y papá unos negros.
Por la mañana paseamos y a media mañana fuimos a desayunar a las Balmoral. Pedimos un suizo y
una ensaimada rellena, y yo pedí cruasanes. Luego fuimos a ver las flores, y las había rojas y
amarillas y blancas y rosas, e incluso azules, que papá dijo que eran teñidas, y plantas verdes y
violetas, y pájaros grandes y pequeños, y papá compró el periódico en un quiosco. También fuimos
a mirar escaparates, y, una vez que llevábamos mucho rato delante de un escaparate con jerseys,
papá le dijo a mamá que se diera prisa. Y luego, en una plaza, nos sentamos en un banco verde, y
había una señora mayor con el pelo blanco y las mejillas muy rojas, como tomates, que daba pan a
las palomas, y me recordaba a la yaya, y papá leía el periódico todo el rato y yo le pedí que me
dejase mirar los dibujos y me dejó medio periódico y me dijo que no lo estropeara.