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TURISMO Y PATRIMONIO.
HACIA UNA RELECTURA DE SUS RELACIONES
Claudia A. Troncoso
CONICET- Instituto de Geografía, Universidad de Buenos Aires.
[email protected]
Analía V. Almirón
CONICET - Instituto de Geografía, Universidad de Buenos Aires.
[email protected]
Resumen
En los últimos años el turismo viene adquiriendo una notoria importancia que se
manifiesta no sólo en el aumento del número de personas que se desplazan con fines
turísticos de un lugar a otro, sino también en la búsqueda permanente de nuevas moda
lidades turísticas y en la expansión de la oferta turística que se procesa a través de la
formulación de nuevos productos. A su vez, se advierte un notable interés y preocupa
ción por la preservación y la puesta en valor turístico de objetos y lugares patrimonia
les. Así, el carácter patrimonial de objetos y lugares es una de las características de los
destinos turísticos valorizadas por la demanda actual.
En este contexto, desde el ámbito académico, los estudios que abordan la temá
tica de la valorización turística del patrimonio están desarrollándose en forma crecien
te. El presente trabajo tiene como objetivo realizar una reflexión sobre la relación que
se establece entre turismo y patrimonio. En tal sentido se realiza una revisión y un
análisis de los aportes de la producción de conocimientos sobre la temática y se ensaya
una conceptualización de la relación turismo- patrimonio útil para el abordaje de estu
dios de caso.
Palabras clave:
turismo - patrimonio - valorización patrimonial - valorización turística del patri
monio - conceptualización
LINKS BETWEEN TOURISM AND HERITAGE.
TOWARDS A RE-READING
Claudia A. Troncoso
CONICET - Instituto de Geografia, Universidad de Buenos Aires.
[email protected]
Analia V Almirón
CONICET Instituto de Geog ra fía, Universidad de Buenos Aires.
-
[email protected]
Abstract
Tourism has acquired a remarkably importance in the last years. This
becomes visible not only in the rising number o f people traveling around, but
also in the search fo r new ways o f practicing tourism and in the growing amount
o f new tourist products. At the same time, it is possible to notice an increasing
concern about both, preservation and tourist valuation o f heritage sites and
objects. Thus heritage is one o f tourist destinations features valued by demand.
In this context, academic research involving tourist valuation o f heritage is
increasingly being developed. The aim o f this paper is to discuss about the links
between tourism and heritage. In order to do that, the paper examines the academic
production on this issue and drafts an useful conceptualization about the links
between tourism and heritage to be applied in case studies.
Key words:
tourism - heritage - heritage valuation - tourist valuation o f heritage-
conceptualization
TURISMO Y PATRIMONIO.
HACIA UNA RELECTURA DE SUS RELACIONES
Claudia A. Troncoso
Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CONICET)- Instituto de Geografía, Universidad de Buenos Aires.
[email protected]
Analía V. Almirón
Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
(CO N ICET)- Instituto de Geografía, Universidad de Buenos Aires. Docente del
Departamento de Geografía, Universidad de Buenos Aires.
[email protected]
1. Introducción
El carácter patrimonial de objetos y de lugares es una de las características de
los destinos turísticos valorizadas por la demanda actual. El patrimonio (en sus diver
sas manifestaciones: natural, cultural, histórico, etc.) aparece cada vez más como atrac
tivo para la práctica turística. A su vez, el interés por el patrimonio y la acumulación de
bienes patrimoniales muestra gran importancia en la actualidad. De acuerdo con Choay
(1992), el crecimiento del corpus patrimonial, al que denomina “inflación patrimonial”,
se expresa en una triple ampliación: tipológica (inclusión de nuevos tipos de bienes),
cronológica (inclusión de bienes de un pasado cada vez más próximo al presente) y
geográfica (inclusión de nuevas áreas geográficas, en el interior de las cuales esos
bienes se inscriben).
En este contexto, también desde del ámbito de la gestión del turismo el patrimo
nio es crecientemente considerado como un atractivo turístico, es decir, un elemento
que potencialmente puede ser puesto en valor por la actividad turística. Esta vincula
ción entre turismo y patrimonio se encuentra atravesada por diversas positividades: el
turismo es presentado como una actividad que posibilita la difusión, el acceso y el
conocimiento de los elementos valorizados como patrimonio. Por ejemplo, a través de
la práctica turística, se podría lograr una mayor conciencia sobre la importancia de su
conservación. También, el turismo es pensado como una vía para generar recursos
económicos para la gestión patrimonial, que pueda usarse para proteger el patrimonio.
Por último, además, el turismo es percibido como una vía para activar el patrimonio y
lograr el desarrollo de los lugares donde éste se encuentra. Ahora bien, ¿qué sustenta
estas valoraciones positivas?
En este trabajo nos proponemos conocer qué rol tiene, con respecto a estas
valoraciones positivas, la producción académica que vincula turismo y patrimonio. Para
ello, contraponemos diferentes miradas académicas recientes, en tomo a qué se en
tiende por patrimonio y cómo se construye el vínculo entre turismo y patrimonio. La
relevancia de preguntamos por las formas en que el patrimonio es concebido reside en
que éstas tienen implicancias en las maneras en que el vínculo entre turismo y patrimo
nio es constmido. Asimismo, es relevante esta aproximación a diferentes miradas da
das las implicancias que éstas podrían tener en las políticas de gestión del turism o. 1
Sin pretensiones de agotar las miradas sobre la relación turismo- patrimonio,
este trabajo nos permite por un lado, conocer cuáles son las ideas que se plantean
desde el ámbito académico a la hora de discutir y pensar proyectos para la gestión del
turismo patrimonial (atendiendo a cómo se presentan las positividades atribuidas a la
relación entre turismo y patrimonio); y, por otro lado, ensayar una conceptualización
del patrimonio en relación al turismo útil para el abordaje de estudios de caso.
2. Una aproximación necesaria: ¿qué se entiende por patrimonio?
Gran parte de la literatura que aborda la relación entre turismo y patrimonio
acuerda en definir patrimonio como un conjunto de bienes o elementos naturales o
culturales, materiales o inmateriales. Se considera que el concepto de patrimonio inclu
ye más elementos que los designados oficialmente, concibiendo de esta forma a todos
aquellos elementos o manifestaciones materiales o inmateriales que constituyen el acervo
de las sociedades.
Es habitual que se haga referencia a la relación entre patrimonio, identidad y
cultura. Gran parte de los autores entienden el patrimonio como evidencia, síntesis,
sustituto de la identidad y la cultura (Comero y otros, 2002; Coca Pérez, 2002; Fernández
y Guzmán Ramos, 2002; Martín de la Rosa, 2003; Nuryanti, 1996; Salemme y otros,
1999; Venturini, 2002). Desde estas miradas esencialistas, el patrimonio también es
definido como un elemento vinculado a la herencia, es decir como un legado que se
transmite de una generación a otra (Ballart Hernández y Juan I. Tresserras, 2001;
Barreto, 2003; Nuryanti, 1996; Teo y Huang, 1995; Timothy y Wall, 1997). El pasado
tiene el rol principal, en tanto es él quién nos dice cuál es nuestro patrimonio y nos
asegura su presencia y permanencia en el tiempo. Este tipo de conceptualización lleva
a algunos autores a plantear que el patrimonio es un elemento que permite conectar el
pasado con el presente relacionando a las distintas generaciones.
En este sentido, es posible afirmar que esta forma de entender el patrimonio
presenta una visión naturalizante en la medida que el patrimonio es visto como esencia
de la identidad, como un legado que viene del pasado y que las generaciones reciben y
transmiten a las siguientes. Esta concepción del patrimonio restringe su mirada y com
prensión a un elemento estático, un absoluto a ser recibido, indiscutible e inmodifícable;
en otras palabras, supone una concepción de sociedad como mera receptora y trans
m isora del patrimonio. No obstante, otros autores no sólo reconocen la relación del
patrimonio con el pasado, sino que destacan sus vínculos con el presente, en dos sen
tidos: primero, el patrimonio no es sólo aquello que se hereda o viene del pasado sino
también aquello que se crea en el presente, que eventualmente también será legado
como patrimonio a las generaciones futuras (Coca Pérez, 2002; Comero y otros, 2002);
y segundo, el patrimonio no es sólo lo que se hereda sino también lo que se modifica en
el transcurso del tiempo (Martín de la Rosa, 2003; Salemme y otros, 1999; Venturini,
2002). Es esta última forma de entender el patrimonio que avanza más allá de conside
rarlo como un mero legado que se transmite entre las generaciones, a partir de advertir
que las generaciones no transmiten un absoluto recibido del pasado, sino un legado en
constante reformulación.
Otros autores buscan desconstruir el concepto de patrimonio. Estos autores
plantean que no existe otro tiempo que el presente a la hora de definir qué elementos
constituyen patrimonio. Es desde un presente que se mira hacia el pasado para selec
cionar elementos en función de los propósitos y necesidades actuales. También es
desde el presente que se vislumbra un futuro imaginado, asignándoles a las generacio
nes futuras ciertas necesidades patrimoniales (Graham y otros, 2000). Asi, diferentes
elementos cobran sentido como patrimonio en (y desde) el presente. Por ello, los auto
res precitados sostienen que el valor atribuido a los objetos patrimoniales “reposa m e
nos en su mérito intrínseco que en un conjunto complejo de valores, demandas e inclu
so moralidades contemporáneas” (Graham y otros, 2000: 17). En una perspectiva si
m ilar a la de Graham y otros (2000), Santana Talavera (2002) enfatiza en la idea de
patrimonio como resultado de un proceso social de selección, lo que permite pensarlo
como interpretable y recreable. Quien realiza el aporte más detallado es Prats (1998).
Este último autor señala que el origen del patrimonio remite a un proceso de legitima
ción de referentes sim bólicos a partir de fuentes de autoridad (o sacralidad)
extraculturales o más allá del orden social, esenciales e inmutables: la naturaleza, la
historia y la genialidad. Cualquier cosa procedente de la naturaleza, la historia o la
genialidad constituye un elemento potencialmente patrimonializable que puede pasar a
formar parte, una vez activado, de los repertorios patrimoniales existentes. Estos re
pertorios patrimoniales son activados por versiones ideológicas de la identidad. Toda
formulación de la identidad (considerada una construcción social y un hecho dinámico)
es una versión posible de esa identidad, y esta versión necesita de referentes patrimo
niales que actúan como representaciones simbólicas.
En relación al proceso de activación de referentes patrimoniales, Prats sostiene
que este proceso es llevado a cabo “por individuos concretos, al servicio, más o menos
consciente, de ideas, valores e intereses concretos, aunque mediante la imagen del
'sujeto colectivo' se pretendan naturalizar dichos procesos” (1998: 68). Son los pode
res políticos constituidos legalmente (gobiernos) y el poder político informal los actores
principales que llevan adelante los procesos de selección patrimonial. Si bien la socie
dad civil puede activar repertorios patrimoniales, siempre deberán contar con el sopor
te del poder político. El autor agrega que en estos procesos de selección los científicos
tienen un rol importante en tanto cuentan con la capacidad de proponer interpretacio
nes y significados para establecer nuevos repertorios patrimoniales.
Entender que el patrimonio forma parte de una versión hegemónica de la iden
tidad o la cultura no invalida la existencia de diferentes interpretaciones o significados
otorgados por los distintos sectores o grupos de la sociedad. En este sentido, lo que se
define como patrimonio - muchas veces presentado como algo de valor universal y
homogéneo para una sociedad-, puede no ser compartido por diferentes sectores o
grupos (Cheung, 1999; García Canclini, 1999; Graham y otros, 2000; Miranda Noriega,
2003; Prats, 1998; Rotman, 2002; Waitt, 2000). Estas posturas contrastan con aquellas
que señalamos anterioriormente, las cuales ven al patrimonio como la esencia de la
cultura o de la identidad, y como un elemento representativo para todo el conjunto de la
sociedad. Si existen diferentes versiones de la identidad y la cultura, esto nos lleva a
pensar en las relaciones entre los distintos actores que definen o construyen estas
versiones. Así, el patrimonio podría pensarse como un espacio de conflicto, lucha,
tensión y negociación entre diferentes sectores atendiendo a las relaciones de poder
entre los grupos involucrados.
En este sentido, desde estas miradas más críticas el patrimonio es una represen
tación simbólica de una versión de la cultura y la identidad, producto de un proceso
social de selección definido por valores, demandas e intereses contemporáneos, que es
llevado a cabo por actores concretos, con intereses concretos y con poder suficiente
para lograrlo. Esto permite pensar que otras versiones de la cultura y de la identidad
quedarán subsumidas o “silenciadas”, y por tanto, no representadas por el patrimonio.
También el patrimonio es concebido como un elemento interpretable y recreable, obje
to de diferentes interpretaciones por distintos sectores de la sociedad, lo cual permite
pensarlo como un espacio de lucha, conflicto y tensión. Pensamos que esta última
conceptualización es la que presenta una visión más dinámica y menos naturalizante
del patrimonio.
3. Una aproximación a diferentes miradas sobre los vínculos entre turismo y
patrimonio
Indagando sobre ciertas cuestiones que vinculan turismo y patrimonio intentare
mos comprender cómo se construye esta relación en la literatura, siendo -en términos
generales- en algunos casos entendida como una relación positiva (los vínculos entre
turismo y patrimonio conllevan beneficios para ambos), en otros casos como una rela
ción conflictiva en un sólo sentido (el patrimonio puede verse afectado negativamente
por la actividad turística) y en otros, la relación es puesta en cuestión.
3. 1. Turismo patrimonial
En gran parte de la literatura se señala que, especialmente desde las últimas
décadas del siglo XX, los objetos y los lugares valorizados como patrimonio son atrac
tivos para el turismo, en el contexto de un despertar de la conciencia ecológica y
cultural2.
El crecimiento del turismo de patrimonio es relacionado con la aparición en
escena de un nuevo turista, preocupado por acercarse y conocer la naturaleza y las
culturas, que busca consumir nuevos productos (más sofisticados y elitistas) diferentes
a los del turismo de masas (Ballart Hernández y Juan I. Tresserras, 2001; Prados
Pérez, 2003). De esta manera, se resalta que (a diferencia del turismo tradicional) la
práctica del turismo de patrimonio permite a los turistas acercarse y contactarse con
él, valorándolo, disfrutándolo y conociéndolo permite informamos y aprender sobre el
pasado (Timothy y Wall, 1997; Nuryanti, 1996). El turismo aparece, así, como un me
dio efectivo para la promoción social del patrimonio; en otras palabras, se destacan los
efectos positivos que tiene el conocimiento del patrimonio sobre los turistas (como, por
ejemplo, la conciencia sobre la importancia y necesidad de su protección y conserva
ción).
Otros autores, sin desconocer estas nuevas tendencias en las preferencias o
demandas turísticas, avanzan un poco más advirtiendo otras cuestiones. Así, Santana
Talavera dice que el turista de lo cultural, del patrimonio, si bien busca participar de
nuevas experiencias culturales, “necesita tanto como su homónimo de masa, algunos
rasgos conocidos que le den confianza e inspiren seguridad” (2003: 6). También, ad
vierte que muchos de los turistas que consumen patrimonio no lo buscan en primera
opción3. En una línea semejante, Martín de la Rosa, sostiene que el interés de los
turistas en el patrimonio cultural reside “más en 'ver' lo que ellos 'han perdido', que en
descubrir lo que realmente son o han sido las comunidades receptoras (...) El consumo
está fundamentado en cuestiones estéticas, y no en el conocimiento (...). La actitud
romántica es la frecuente en los turistas que se acercan al patrimonio cultural”4 (2003:
158-159). Desde estas miradas, la nostalgia juega un rol central como motivación del
turismo; tal como afirma Chhabra y otros (2003), “la gente es nostálgica acerca de los
modos de vida pasados que desean revivir al menos temporariamente con el turis-
3.2. Turismo y conservación del patrimonio
Las referencias a una tensión entre conservación y uso turístico del patrimonio
también son habituales en la literatura (Ballart Hernández y Juan I. Tresserras, 2001;
Cicchini y Escobar, 2002; Comero y otros, 2002; Timothy y Wall, 1997; Daniel Villa,
2001; Drost, 1996; Fernández y Guzmán Ramos, 2002; Graham y otros, 2000; López-
Guzmán Guzmán y Lara de Vicente, 2003; Torres Moré, 2003; Pérez Diestre, 2002;
Prados Pérez, 2003; Salemme y otros, 1999; Vega y otros, 2001; Venturini, 2002). La
creciente mercantilización y demanda turística del patrimonio es vista como una posi
ble amenaza que puede deteriorarlo o incluso destruirlo7. En muchos de estos trabajos
esta preocupación se vincula con el hecho de que la comercialización turística actual
del patrimonio sigue las lógicas del turismo masivo8.
En este sentido, se advierte que el patrimonio no tiene que convertirse única
mente en una mercancía, en un objeto de consumo más. Se dice que la mercantilización
económica del patrimonio llevada al extremo, por la actividad turística, puede resultar
en la destrucción del recurso patrimonial en el cual ella se basa. Así, en la medida que
no predomine un uso económico del patrimonio se podrá evitar la pérdida de relación
con el contexto y el significado original (Ballart Hernández y Juan I. Tresserras, 2001;
Daniel Villa, 2001) logrando, de esta manera, “mantener intacto su valor patrimonial en
el presente” (Ballart Hernández y Juan i Tresserras, 2001: 22).
Estas cuestiones llevan a plantear que es necesario lograr un equilibrio entre la
conservación y la mercantilización turística del patrimonio, como forma de asegurar su
mantenimiento y conservación como tal y como recurso para la actividad turística9. Es
precisamente, en tomo a este equilibrio, que se afirma que parte de los beneficios
obtenidos del uso turístico del patrimonio deben destinarse para la gestión y protección
del mismo. En rigor, no se dice en qué consiste el “equilibrio” deseado o cómo puede
lograrse, y por lo tanto los beneficios adecuados acaban siendo la expresión o el resul
tado del equilibrio.
Existe un acuerdo general acerca de que la tensión entre conservación y uso
turístico del patrimonio quedaría resuelta si el turismo se desarrolla siguiendo las máxi
mas del desarrollo sostenible (o sustentable); asi, se podrían evitar los daños que el
turismo pueda causar al patrimonio, a la vez que esta actividad podría convertirse en
un vía para su conservación. No obstante, Prats advierte que si bien es posible una
asociación fructífera entre turismo y patrimonio, “en esa nebulosa conceptual que de
nominamos desarrollo sostenible” (2003: 135) la lógica patrimonial y la lógica turística
pueden entrar en conflicto de intereses. En este sentido, el autor relativiza la posibili
dad de lograr (siempre) en el marco de un desarrollo sostenible el equilibrio entre
turismo y patrimonio.
3.3. Turismo y valorización patrimonial
Otra idea instalada con fuerza en la literatura es la falta de valorización o escaso
aprovechamiento de diferentes objetos, conjuntos de objetos y sitios patrimoniales (“es
necesario una puesta en valor de nuestros activos culturales”, Prados Pérez, 2003) y,
asociado a esto, la capacidad del turismo para constituirse en una vía para ponerlos en
valor y uso10. Varios son los términos que se utilizan en la literatura para referirse a
esta cuestión: el turismo puede activar, revalorizar, optimizar, restaurar, rescatar, reha
bilitar el patrimonio. Así, en el marco de una creciente demanda de productos turísticos
relacionados con el patrimonio, el turismo es propuesto como el asociado necesario
para la puesta en valor y aprovechamiento de los elementos patrimoniales de un lugar.
Profundizando sobre esta cuestión, Prats dice que en determinadas coyunturas se
ponen en marcha procesos de patrimonial ización porque “la cultura y la identidad son
cambiantes y las demandas en cuanto al turismo también (...) Es frente a estas situa
ciones (renovación de la oferta, peligro en los niveles de consenso) cuando se empren
den campañas y programas para activar nuevos repertorios y elementos soportes para
nuevas ideas y valores que es necesario introducir en la nueva representación de la
identidad o en el nuevo producto” (1998: 74- 75).
3.4. Turismo patrimonial y desarrollo
La puesta en valor y uso del patrimonio a través del turismo es pensada como
vía para lograr el desarrollo de determinadas áreas o localidades donde este patrimonio
se encuentra y como alternativa a las crisis de las economías regionales y locales11. Es
por ello que, la idea de la capacidad de generar y multiplicar beneficios que tiene el
turismo está presente con fuerza en los trabajos que realizan propuestas de desarrollo
del turismo a partir de algún/os elemento/s patrimonial/es12. Por el contrario, Coca
Pérez, por ejemplo, pone reparos a esta cuestión cuando afirma que es un desacierto
“caer en la consideración de que los recursos del patrimonio han de servir para la
atracción del turista y de ahí montar toda una industria desde el que abordar el aprove
cham iento de estos recursos (... ) desde la que vendrá el fin de los problem as
socioeconómicos que nos aquejan” (2002: 18).
Una de las cuestiones que pueden observarse en los trabajos que realizan pro
puestas (de desarrollo del turismo a partir del patrimonio) es que el patrimonio es
considerado como un atractivo per se para el turismo. La condición de atractivo inhe
rente al patrimonio conlleva a la tarea de detección e inventariado de objetos patrimo
nios (y de sus cualidades), es decir, a un reconocimiento de su aptitud o vocación
turística y a una toma de conciencia de las posibilidades de su aprovechamiento13. Así,
la existencia de una atractividad intrínseca en el patrimonio habilita a encontrar en el
turismo una vía para el desarrollo de los lugares donde este patrimonio se encuentra.
Sin embargo, Bertoncello y otros (2003a y 2003b) cuestionan la atractividad
turística como algo inherente a los objetos o lugares; en cambio, asumen el carácter
construido de los atractivos y lo entienden como resultado de un proceso social en el
que intervienen distintos actores vinculados a la práctica turística. Consideran, además
-siguiendo a Urry (1990)- que la atractividad es construida a partir de ciertas imáge
nes, ideas y representaciones sobre ciertos lugares que circulan en la sociedad de
origen de los turistas, por lo tanto, los rasgos de un lugar serán atractivos en la medida
en que respondan a las demandas planteadas en aquellas sociedades. Santana Talavera,
también rescata la complejidad del proceso de puesta en valor y uso turístico del patri
monio, cuando afirma que: “no todos los recursos patrimoniales poseen la capacidad
de poder ser presentados, contemplados y entendidos. Deben ser adaptados para un
uso repetitivo, rápido, ameno y sencillo, preparado para la mirada, no para la lectura”
(2003: 1).
En relación a las posibilidades de transformar el patrimonio en un producto turís
tico pueden advertirse diferencias entre las propuestas'4. Gran parte de éstas definen
(enumerando y describiendo) los elementos patrimoniales (y sus cualidades) que for
marán ¡a oferta turística15, mientras que unas pocas, además de definir esto, señalan
las acciones que deberían llevarse a cabo en relación con el equipamiento, la infraes
tructura y los servicios16. La elección del turismo como alternativa al desarrollo de
determinadas áreas, localidades, etc. sin tener en cuenta qué características tiene la
oferta y si ésta se encuentra adecuadamente dimensionada con la demanda ha sido
objeto de reflexiones como la que realiza Prats: “si trabajamos en una de esas zonas
periféricas e intersticiales, es decir, en la nada turística, las dificultades son enormes
porque de hecho lo que debemos planteamos (...) es ni más ni menos que la creación
de un destino turístico y de uno o más productos a consumir en él. Por simplificar se
podría decir que más que en museos, en ese caso, deberíamos empezar pensando en
hoteles” (2003: 132).
Otra de las ideas compartidas por esta literatura es que el incentivo o el desarro
llo del turismo patrimonial no debe alejarse de los postulados de las formas alternativas
de desarrollo generalizadas en las últimas décadas del siglo XX: el desarrollo local (o,
endógeno, etc. ) y sustentable (o, sostenible, etc.). Las nuevas propuestas de desarrollo
(surgidas en contraposición a las formas dominantes de políticas de desarrollo vertical,
centralizada o “desde arriba”) aspiran a la efectiva apropiación por parte de la pobla
ción local de los beneficios generados por cualquier actividad, incluida la actividad
turística. Así, la necesidad de participación de la población local en el desarrollo del
turismo patrimonial es una de las cuestiones que con más fuerza aparece en la litera
tura consultada17; en algunos casos asociando, sin demasiadas mediaciones, esta par
ticipación con el éxito de la empresa18.
También es habitual que se apele al poder político local para que asuma un rol de
dirección en los procesos de activación turística del patrimonio para el desarrollo19. Si
bien parte de las propuestas -que buscan lograr el desarrollo a partir del turismo patri
monial- identifican los diferentes actores que participarían en aquellos procesos, no
profundizan en un análisis de los intereses y expectativas de estos actores, y sus
interrelaciones. Tal como señala Prats, las fuerzas e intereses de los diferentes actores
sociales son los que en definitiva tendrán un rol relevante en la implementación (o no,
y en las formas de concreción) de los proyectos de desarrollo turístico basado en el
patrimonio: “los proyectos se mueven entre lo deseable, lo razonable y lo posible, o,
dicho de otra forma: las buenas intenciones, la razón formal (legitimada por los
parámetros técnicos, objetivos y materiales, como recursos, ubicación, infraestructuras,
etc. ) y la razón contextual (determinada por las fuerzas e intereses enjuego). (...) por
m uy poderosas que sean las buenas intenciones y las razones formales, las fuerzas e
intereses que integran esto que llamamos razón contextual acabarán imponiéndose”
(2003: 134). Por su parte, Chang y otros sostienen que existen dos perspectivas que
habitualmente se utilizan en la comprensión de los procesos y resultados relacionados
con el desarrollo del turismo de patrimonio: “una perspectiva 'desde arriba hacia abajo'
poniendo énfasis en el rol de los factores globales y los actores extemos (...) y una
perspectiva 'desde abajo hacia arriba' centrándose en las influencias locales20” (1996:
285). Los autores proponen un enfoque integrador de ambas perspectivas, entendien
do que la conexión global-local permite comprender esos procesos y resultados.
Las propuestas de desarrollo del turismo a partir del patrimonio analizadas bus
can una solución a ciertos problemas (como el desempleo, la pobreza y las crisis eco
nómicas en general) a través de la diversificación de la economía. En este intento el
desarrollo del turismo aparece como la única opción válida (o la mejor opción, en un
contexto de crisis de las actividades tradicionales), para crear beneficios que serán
apropiados por la población local. Por otra parte, dentro de las posibilidades de valori
zar ciertos objetos o elementos, el patrimonio se presenta como una opción válida -en
tanto se postula como un atractivo de primer nivel- especialmente si el turismo está
planteado bajo los postulados del desarrollo sustentable (el cual aseguraría la protec
ción del patrimonio mediante la incentivación de actitudes para su conocimiento y
preservación, tanto en la población local como en los turistas).
En este sentido, existe un acuerdo general que sostiene que dentro de un desa
rrollo sustentable, que evite repetir las fórmulas del turismo masivo, el turismo puede
tener una función importante como fuente de recursos económicos para la gestión,
protección y conservación del patrimonio y para el desarrollo en general. Se señala
que si el turismo se desarrolla respetando el patrimonio, puede evitar su destrucción,
participar en su protección y dar lugar al desarrollo de las áreas donde está localiza
do21. Es por ello que, como se ha visto, la asociación del turismo con el patrimonio y el
desarrollo sustentable es una constante en la mayoría de las propuestas.
4. Reflexiones Anales: hacia una relectura de las relaciones entre turismo y
patrimonio
La importancia que en la actualidad reviste el vínculo entre turismo y patrimonio
se hace evidente en los ámbitos de discusión académica. En efecto, la relación entre
turismo y patrimonio está siendo abordada crecientemente; sin embargo, es posible
advertir una carencia de estudios que reflexionan sobre cuestiones conceptuales en
relación a este tema. Especialmente en los eventos académicos es notable el relego de
este tipo de discusiones y, en su lugar, la presencia de propuestas de desarrollo para
determinadas áreas o localidades a partir del turismo patrimonial. Este último tipo de
trabajos, por lo general, presenta un abordaje de la relación entre turismo y patrimonio
signado por una actitud voluntarista orientada a solucionar de forma urgente los pro
blemas sociales y económicos por los que atraviesan ciertos lugares. Gran parte de
estas propuestas no sólo no revisan las positividades atribuidas a la relación entre
turismo y patrimonio, sino que la reproducen al asumirla como supuestos básicos para
la elaboración de las propuestas. Por otra parte, existen pocos trabajos que den cuenta
de los resultados concretos de procesos de puesta en valor del patrimonio a partir del
turismo.
Al naturalizarse la relación positiva entre turismo y patrimonio se obstaculiza un
análisis de casos a ser observados que contemple la complejidad de las relaciones
entre los actores sociales implicados. En muchos trabajos, se supone un consenso
sobre lo que los distintos grupos involucrados entienden por patrimonio; esta conside
ración desdibuja los conflictos y negociaciones que pueden establecer distintos grupos
involucrados mediados por las relaciones que establecen entre ellos. Por otro lado, el
énfasis puesto exclusivamente en el poder político local para llevar adelante procesos
de desarrollo no permite considerar otros niveles implicados en la toma de decisiones y
diseño de políticas y gestión, tanto del turismo como del patrimonio.
A partir del recorrido por la bibliografía revisada entendemos que ciertas mira
das nos proveen elementos útiles para pensar una conceptualización orientada al abor
daje de estudios de caso y que eventualmente podrían ser rescatados para la gestión
del turismo patrimonial. A partir de estos aportes consideramos indispensable pensar el
patrimonio como resultado de un proceso social de selección y atribución de significa
dos signado por necesidades y expectativas contemporáneas. Esto nos permite ir más
allá de concebir el patrimonio como portador de un valor intrínseco, en tanto patrimonio
y en tanto atractivo turístico, para pensarlo como una construcción social. Es posible,
entonces, pensar el turismo como una práctica que resignifica el patrimonio a partir de
procesos sociales de construcción de atractividad turística, esto es, de valorizarlo como
atractivo turístico de un lugar. Por lo cual, también, es posible reconocer que a través
de la práctica turística el patrimonio entra al mercado para ser consumido pues dicha
práctica lo convierte en una mercancía.
Además, nos permite pensar el turismo participando activamente del proceso de
selección y atribución de significados y no meramente como una práctica que se incor
pora a posteriori para la valorización y utilización del patrimonio. Así, el turismo puede
tener un papel importante en los procesos de rescate y de activación patrimonial ya
que lo que se define como patrimonio va a estar fuertemente condicionado por la
lógica de la valorización turística. En este caso, el argumento central que justifica
procesos de patrimonialización es la condición de atractivo turístico que presentan
ciertos objetos y lugares, y las potencialidades que esta condición tendría para generar
procesos de desarrollo turístico.
Esto obliga a considerar los distintos grupos involucrados en este proceso, sus
intereses y las relaciones que establecen entre sí, no sólo a nivel local (el cual suele
aparecer como el ámbito ideal, exclusivo y no conflictivo) sino también a otros niveles
en los cuales se toman decisiones que afectan lo que acontece a nivel local. Esto
último obliga también a considerar las interacciones complejas y conflictivas que se
establecen entre estos diferentes niveles. Estas miradas críticas, por otro lado, cuestio
nan el desarrollo sustentable o sostenible como solución infalible mientras no se explicite
qué se entiende por este tipo de desarrollo y cómo debería llevarse a cabo. También
obligan a definir quiénes serán los beneficiarios de estos proyectos si partimos de la
idea de que la población local no es homogénea (ni en intereses, ni en capacidad de
negociación e inserción en nuevas actividades económicas) y cómo se aseguran los
mecanismos para que los beneficiarios efectivos coincidan con los beneficiarios pro
puestos.
Notas
1. Este trabajo es una versión ampliada y revisada de la ponencia presentada en el VIII Encontro
Nacional de Turismo com Base Local (Departamento de Geografía- Universidade Federal do
Paraná y UnicenP- Centro Universitário Positivo, noviembre de 2004, Curitiba/PR, Brasil). Este
trabajo se basa en resultados de investigación alcanzados en el marco de un proyecto de
investigación en curso (Discursos y prácticas territoriales. La valorización turística del patrimo
nio histórico-cultural y natural en Argentina, director Rodolfo Bertoncello. Instituto de Geogra
fía, Fac. Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires) con estudios de caso en Quebrada de
Humahuaca (Jujuy) y Calafate- Parque Nacional Los Glaciares (Santa Cruz). Agradecemos la
lectura y los comentarios de Rodolfo Bertoncello, Perla Zusman y Carla Lois.
torios patrimoniales pero no se encuentra interesado en proponer versiones de la identidad.
2. Véase los trabajos de: Ballart Hernández y Juan i Tresserras (2001), Borg y otros (1996),
Timothy y Wall (1997), Drost (1996), Graham y otros (2000), Martín de la Rosa (2003), Nuryanti
(1996), Prados Pérez (2003), Salemme y otros (1999), Santana Talavera (2002; 2003) y Waitt
( 2000).
3. El autor afirma que “utilizan el sistema turístico para relajarse, disfrutar del clima, descansar, o
simplemente cambiar el ritmo impuesto en su vida cotidiana. Estos llegan al patrimonio simple
mente porque está en su camino o, más aún, por lo que en prestigio social supone hablar y/ o
demostrar la visita a tal o cual entidad de valor sociocultural reconocido. Es preciso ser sinceros
y reconocer que este tipo de turistas es el más numeroso visitante del patrimonio cultural a nivel
global” (2003:7).
4. Por ello, la autora sostiene que si bien el turismo cultural supone una aparente necesidad de
conocimiento “los gestores deben siempre tener presente, que se trata de un tiempo de ocio, y
de ilusión. En muchas ocasiones esta premisa básica se olvida, y los turistas, (...) se ven
sometidos a charlas y explicaciones interminables, pocos relacionados con la idea que ellos
manejan de 'unas vacaciones culturales'” (2003: 159).
5. Traducción propia, en inglés en el original.
6. Los trabajos que abordan el tema de autenticidad concuerdan con el autor precitado que la
búsqueda de autenticidad en la práctica turística no se relaciona con la búsqueda de caracterís
ticas inherentes de los objetos o lugares patrimoniales sino con la percepción de los consumi
dores (véase los trabajos de: Halewood y Hannam, 2001; Santana Talavera, 2003; Waitt, 2000).
7. Algunos estudios, como los de Borg y otros (1996) y Russo (2002), advierten que el incremen
to del turismo en algunas ciudades patrimoniales europeas viene ejerciendo una presión exce
siva que pone en peligro la integridad ambiental y cultural de esas áreas.
8. De acuerdo a López Guzmán Guzmán y Lara de Vicente (2003), esto conlleva a problemas de
masificación en relación con la demanda turística, de descontrol de la oferta turística, como
también no lograr el objetivo de disfrute del patrimonio por parte de los turistas.
9. Como sostiene Prados Pérez (2001) “Se trata, en definitiva, de lograr un equilibrio entre
patrimonio y turismo, evitando la sobrecarga turística y estableciendo limitaciones de uso, al
objeto de no hipotecar el patrimonio cultural heredado”.
10. Véase los trabajos de: Cantoni y otros (2001), Cicchini y Escobar (2002), Comero y otros
(2002), Durante (2002), Edwards y Llurdes i Coit (1996), Fernández y Guzmán Ramos (2002),
Huber y Giacobone (2001), Lolich (2002), Prados Pérez (2003), Rivero (2002), Salemme y otros
(1999), Vega y otros (2001) y Venturini (2002).
11. Además de los autores citados en el punto anterior (3.3), véase también Ballart Hernández y
Juan i Tresserras (2001), Coca Pérez (2002), Daniel Villa (2001), Prats (2003), y Santana Talavera
( 2002).
12. En gran parte de la literatura revisada se realizan propuestas de desarrollo de determinadas
áreas o localidades a partir de la activación turística del patrimonio (véase los trabajos de:
Cantoni y otros, 2001; Cicchini y Escobar, 2002; Comero y otros, 2002; Durante, 2002; Fernández
y Guzmán Ramos, 2002; Huber y Giacobone, 2001; Lolich, 2002; Prados Pérez, 2003; Rivero,
2002; Torres Moré, 2003; Venturini, 2002; Vega y otros, 2001). Estos trabajos parten de realida
des muy diversas: algunos plantean la ampliación o incorporación de nuevos productos turís
ticos relacionados con el patrimonio dentro de destinos o circuitos turísticos ya consolidados,
mientras que otros trabajos proponen la “inauguración” del turismo en algunas zonas o locali
dades a partir de algún objeto o conjunto de objetos patrimoniales. Por el contrario, es poca la
literatura que analiza los resultados de un proceso de este tipo ya en marcha (véase los trabajos
de López-Guzmán Guzmán y Lara de Vicente, 2003 y Edwards y Llurdes i Coit, 1996).
13. Véase, como ejemplo, lo planteado por Comero y otros: “Para el abordaje propuesto fue
necesario re-descubrir los encantos litoraleños, su gente, sus costumbres y sus paisajes urba
nos y naturales; y proponerlos, para compartirlos, como productos turísticos” (2002:2).
14. Una de las cuestiones que merece destacarse es que son pocos los trabajos que explicitan
la metodología a partir de la cual definen y elaboran los productos turísticos propuestos.
15. Véase, a modo de ejemplo, el trabajo de Lolich (2002).
16. Véase, a modo de ejemplo, el trabajo de Venturini (2002).
17. En efecto, algunos autores muestran que la valorización turística del patrimonio puede no
contemplar los intereses de la población local y como consecuencia se podría producir una
desvinculación de esta población con el patrimonio. Véase Araújo Poletto (2003), Barreto (2003)
y Teo y Huang (1995) quienes (a partir de estudios de casos) advierten sobre estas cuestiones.
18. “La revalorización del patrimonio en el marco de un desarrollo sustentable del turismo
requiere una gestión participativa que involucre a la comunidad en la búsqueda de la imagen
representativa de la sociedad y la transformación del patrimonio como producto turístico. Esto
será la base para que un turismo planificado contribuya a un desarrollo local sustentable. En
definitiva a un turismo ambientaimente equilibrado, económicamente viable, institucionalmente
asumible y socialmente equitativo” (Fernández y Guzmán Ramos, 2002: 10); “Sin la participa
ción de la comunidad no habrá un desarrollo ni eficaz ni eficiente del turismo patrimonial pues
ella es la portadora viva de las tradiciones, las leyendas, la creación de artefactos y objetos, ella
es la dueña de la voz de los pueblos y por lo tanto es la verdadera administradora del patrimonio
cultural” (Torres Moré, 2003:2).
19. Como afirman Fernández y Guzmán Ramos “Con el nuevo rol del estado y las políticas de
descentralización donde emerge el poder local, el municipio asume un importante papel en el
diseño y aplicación de políticas de desarrollo sustentable, basadas en mecanismos de gestión
participativa pública y privada. De esta forma, podrían desarrollarse proyectos entre distintos
municipios en forma conjunta, para contribuir a romper el estancamiento y convertir al patrimo
nio en una fuente de recursos que posibilite su rehabilitación integral” (2002: 9).
20. Traducción propia, en inglés en el original.
21. Este párrafo sirve de ejemplo de las vinculaciones positivas entre turismo, patrimonio y
sostenibilidad: “Convencidos de que contribuye a la restauración del patrimonio y a la super
vivencia de las tradiciones este proyecto se plantea sobre la base de un turismo sostenible,
cuya estrategia de desarrollo combina las tres exigencias primordiales: la satisfacción de las
poblaciones locales, el logro de la experiencia turística y, las condiciones óptimas de cuidado
patrimonial. Sin duda alguna, todos los aspectos confluirán armoniosamente para valorar el
patrimonio al cual nos referimos, y el resultado es el diseño de un itinerario a ser recorrido por
quienes se interesen por este tipo de manifestaciones” (Cicchini y Escobar, 2002: 7).
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