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Obj 1888

Este documento aborda seis objeciones comunes al mensaje y la historia de 1888. Resume las respuestas de Ellen White a cada objeción, señalando que Dios comisionó a Waggoner y Jones para presentar un mensaje especial al mundo, y que es importante reconocerlos como los mensajeros designados por Dios para ese mensaje.

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Obj 1888

Este documento aborda seis objeciones comunes al mensaje y la historia de 1888. Resume las respuestas de Ellen White a cada objeción, señalando que Dios comisionó a Waggoner y Jones para presentar un mensaje especial al mundo, y que es importante reconocerlos como los mensajeros designados por Dios para ese mensaje.

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Objeciones comunes al mensaje e historia de 1888

El testimonio de Ellen White


LB, 22 junio 2002

Objeción 1: ‘No es necesario conocer el mensaje de Waggoner y Jones tal


como ellos lo presentaron, puesto que tenemos los escritos de Ellen
White’

1. Ellen White no identificó su propia obra como el comienzo del fuerte pregón, del
derramamiento de la lluvia tardía. Sin embargo, sí que lo hizo con el preciosísimo
mensaje que “en su gran misericordia el Señor envió... a su pueblo por medio de los
pastores Waggoner y Jones... el mensaje del tercer ángel, que ha de ser proclamado en
alta voz y acompañado por el abundante derramamiento de su Espíritu” (TM 91-92). Es
ineludible reconocer que tiene que haber algo único, especial, en el mensaje que el
Señor comisionó a Jones y Waggoner a que dieran a la iglesia y al mundo. Es imposible
apreciar el don profético manifestado en Ellen White si al mismo tiempo rechazamos
sus consejos y afirmaciones. Hay más de 1.800 páginas escritas por Ellen White a
propósito de “1888”. A ningún otro evento dedicó tanta extensión.
2. Ellen White no sostuvo que fuese ella quien llevó ese “mensaje especial”. Siempre fue
categórica e insistente en la identificación de los mensajeros:
“Cuando Cristo vino a los judíos con todo el poder de su majestad, manifestando toda
su gracia en prodigiosas curaciones y en el poderoso derramamiento de su Espíritu, no
estarían dispuestos a reconocerlo. ¿Por qué? Porque reinaban allí los mismos prejuicios
que habían morado en sus corazones, y los más poderosos milagros que hiciera no
tendrían efecto alguno en sus corazones.
Si nos situamos en una posición en la que no vamos a reconocer la luz que Dios envía, o
su mensaje para nosotros, estamos en peligro de pecar contra el Espíritu Santo. ¡Cómo
podemos ir en procura de encontrar alguna pequeña cosa que se haya hecho, que nos
permita colgar allí alguna de nuestras dudas, y empezar a cuestionar! El asunto es, ¿ha
enviado Dios la verdad? ¿ha suscitado Dios a esos hombres para proclamar la verdad?
Digo: –Sí. Dios ha enviado a hombres para proporcionarnos la verdad que no habríamos
tenido si Dios no hubiese enviado alguien para que nos la trajese. Dios me ha permitido
tener una luz en cuanto a lo que es su Espíritu Santo, por lo tanto, lo acepto, y no me
atreveré más a levantar mi mano contra esas personas, puesto que sería contra
Jesucristo mismo, quien debe ser reconocido en sus mensajeros.
Os pido ahora que seáis cuidadosos en cuanto a la posición que tomáis cada uno de
vosotros, si os rodeáis de nubes de incredulidad debido a que veis imperfecciones; veis
una palabra o un pequeño asunto, quizá, que puede ocurrir, y los juzgáis de acuerdo con
ello. Debéis ver lo que Dios está haciendo con ellos. Ver si Dios está obrando con ellos,
y entonces tenéis que reconocer el Espíritu de Dios que se revela en ellos. Si elegís
resistirlo, estaréis actuando exactamente como lo hicieron los judíos” (Manuscrito 2,
1890; The Ellen G. White 1888 Materials, 608-609).

1
“El Señor ha suscitado a los hermanos Jones y Waggoner para que proclamen un
mensaje al mundo a fin de preparar a un pueblo para que resista en pie en el día de Dios.
El mundo está sufriendo por necesidad de luz adicional que venga a ellos sobre las
Escrituras, –proclamación adicional de los principios de pureza, humildad, fe y la justicia
de Cristo. Ese es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (The Ellen G.
White 1888 Materials, 1814-1815).
“Satanás controla toda mente que no se halla en forma decidida bajo el gobierno del
Espíritu de Dios. Algunos han estado cultivando odio contra los hombres a quienes Dios
ha comisionado para presentar un mensaje especial al mundo” (TM, 79-80).
Dios comisionó a Waggoner y a Jones para que presentaran “un mensaje especial al
mundo”, no para que presentaran ‘un mensaje especial a la hermana White, de forma
que ella lo pudiese presentar después al mundo, o a su pueblo’. Cuando Dios
comisionaba a Ellen White algún mensaje, se comunicaba con ella según la norma
profética: mediante sueños, visiones, etc. No mediante Jones y Waggoner. Carece de
sentido la suposición de que Dios comisionara a Jones y Waggoner con ese mensaje, con
el único propósito de que ellos se lo transmitieran a Ellen White, y ella a nosotros.
“Este mensaje, tal como ha sido presentado, debe ir a toda iglesia que pretenda creer la
verdad... Queremos ver quién ha presentado al mundo las credenciales divinas” (RH 18
marzo 1890).
Ellen White no dijo: ‘Este mensaje, tal como lo presentaré yo después que Waggoner y
Jones hayan desaparecido de la escena...’, sino “tal como ha sido presentado”. Y debe ir
“a toda iglesia”. ¿Ha ido ya a la tuya?
“En su gran misericordia el Señor envió un preciosísimo mensaje a su pueblo por medio
de los pastores Waggoner y Jones... este es el mensaje que Dios ordenó que fuera dado
al mundo” (TM, 91-92).
¿Desechaste ese medio ordenado por Dios para hacer llegar el preciosísimo mensaje a
“su pueblo” y “al mundo”?

Objeción 2: ‘El mensaje presentado por Jones y Waggoner es el mismo


presentado por Ellen White, por lo tanto, no necesitamos recibirlo a
través de ellos’

Si el Señor hubiese suscitado a los dos mensajeros antes de la época de Ellen White, o
después de ella, cabría pensar que se trataba de enfatizar una misma cosa. Pero estando
viva la profetisa del Señor, en pleno uso de su don profético, “en su gran misericordia el
Señor envió... a su pueblo por medio de los pastores Waggoner y Jones... el mensaje del
tercer ángel, que ha de ser proclamado en alta voz y acompañado por el abundante
derramamiento de su Espíritu” (TM 91-92), por lo tanto, está claro que el Señor les
encomendó a ellos una labor especial, diferente de la que le había encomendado a ella.
“[El ángel del Señor dijo] ‘El pueblo está actuando según la rebelión de Coré, Datán y
Abiram… No es a ti [Ellen White] a quien están despreciando, sino a los mensajeros y al

2
mensaje que envié a mi pueblo. Han mostrado su desdén hacia la palabra del Señor’”
(The Ellen G. White 1888 Materials, 1067-1068)

Objeción 3: ‘He leído artículos de Ellen White de “1888”, y no encuentro


allí lo que se presenta como “el mensaje de 1888”’

Ellen White no se identificó a sí misma como la mensajera de 1888. Como explica la nota
de la página 215 de Mensajes Selectos, vol. III, “Elena de White habló 20 veces en
Minneapolis, pero no se refirió a la justificación por la fe”. Eso es muy significativo,
puesto que la propia Ellen White declaró posteriormente que el gran tema, en
Minneapolis, fue la justificación por la fe (ver testimonio del pastor Washburn). Dios
había elegido para ese mensaje especial a Jones y Waggoner. En su infinita sabiduría, el
Señor había asignado allí otro importante papel a su profetisa: el de dar testimonio del
origen celestial de ese mensaje y de que fue el Señor quien eligió a sus mensajeros, cosa
que Ellen White hizo de la forma más enfática. La credibilidad de lo presentado por Jones
y Waggoner se mantiene o se cae, junto con la de Ellen White en su ministerio profético.
Ver resumen de ‘The Ellen G. White 1888 Materials’ en el libro Alumbrada por su gloria.

Objeción 4: ‘El Camino a Cristo, El Deseado de todas las gentes, El


Discurso maestro de Jesucristo y Palabras de vida del gran Maestro
contienen el mensaje de la justicia de Cristo, por lo tanto, no necesitamos
los escritos de Jones y Waggoner’

Si debido a que esos cuatro libros contienen todo lo que necesitamos saber sobre el
evangelio, no estamos en necesidad de dar oído a los “mensajeros delegados
celestiales”, significa que, con mucho mayor motivo, podemos abstenernos de cualquier
otra lectura y predicación. ¡Basta con quedarse en casa, leyendo esos cuatro libros! Y
eso quizá nos hiciera un gran bien, aunque naturalmente, sea disparatado. Pero
obsérvese lo que dijo Ellen White sobre sus propios escritos (de ella): “No estáis
familiarizados con las Escrituras. Si os hubieseis dedicado a estudiar la Palabra de Dios,
con un deseo de alcanzar la norma de la Biblia y la perfección cristiana, no habríais
necesitado los Testimonios” (2 JT, 280). Siendo así, ¿qué pensaríamos de alguien que
sostuviera que no tenemos ninguna necesidad de los Testimonios, puesto que “todo”
está en la Biblia? ¿Acaso no revelaría eso la peor incredulidad imaginable en el don
profético?

3
Objeción 5: ‘Ellen White dijo que el mensaje presentado por Waggoner y
Jones no era luz nueva; por lo tanto, nada hay de especial allí, que nos
sea necesario’
Obsérvese esto: “Los testimonios escritos no son dados para proporcionar nueva luz,
sino para impresionar vívidamente en el corazón las verdades de la inspiración ya
reveladas” (2 JT 280). ¿Desecharemos por ello también los Testimonios?
La revelación es o no nueva, en relación a quiénes la reciben. Jesús dijo: “Un
mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros” (Juan 13:34). ¿Realmente
nuevo? (Lev 19:18). Lo era ciertamente para aquellos oidores de Jesús.
“El Dr. Waggoner ha abierto ante vosotros una luz preciosa; no luz nueva, sino antigua
luz que muchas mentes habían perdido de vista, y que brilla ahora en nítidos rayos” (The
Ellen G. White 1888 Materials, 175).

Objeción 6: ‘Es preciso rechazar toda nueva luz, ya que todo lo nuevo es
necesariamente erróneo y contrario a la verdad. En todo caso, ya hemos
recibido toda la verdad que necesitamos’

El Espíritu de profecía siempre nos ha indicado que nuestro crecimiento en el


conocimiento de la verdad será continuo e ininterrumpido.
“Se me preguntó entonces: ‘Hermana White, ¿piensa que el Señor tiene nueva luz para
nosotros como pueblo?’ Respondí: ‘Con toda seguridad. No es sólo que lo piense, sino
que puedo hablar manifiestamente. Sé que hay preciosa luz que ha de ser desplegada
ante nosotros, si somos el pueblo que ha de resistir en el día de la preparación de Dios”
(The Ellen G. White 1888 Materials, 219).
“Los hay que se han jactado de su gran cautela en recibir ‘nueva luz’, como ellos la
llaman; pero están cegados por el enemigo, y no pueden discernir las obras y caminos
de Dios. Luz, preciosa luz; viene del cielo, y ellos se disponen contra ella. ¿Qué sigue
después? Esos mismos aceptarán mensajes que Dios no ha enviado, y vendrán así a ser
incluso peligrosos para la causa de Dios, debido a las falsas normas que establecen” (The
Ellen G. White 1888 Materials, 722).
“Nuestros hombres jóvenes miran a los de mayor edad, que siguen en su posición rígida,
y para nada se moverán a fin de aceptar ninguna nueva luz que venga; se mofarán y
ridiculizarán lo que esos hombres dicen y hacen como si fuese algo intrascendente.
¿Quién es responsable por esa burla, por ese desprecio, os pregunto? ¿Quién la
protagoniza? Los mismos que se han interpuesto en la luz que Dios ha dado, haciendo
que no llegue al pueblo que debió recibirla” (The Ellen G. White 1888 Materials, 540-
541).
“Grandes verdades que han pasado sin ser vistas ni oídas desde el día de Pentecostés,
han de brillar en su pureza nativa a partir de la palabra de Dios. A aquellos que
verdaderamente aman a Dios, el Espíritu Santo les revelará verdades que se han
desvanecido de la mente, y revelará también verdades que son enteramente nuevas”
(Fundamentals of Christian Education, 473).

4
“Cuando el Señor envía hombres precisamente con el mensaje para este tiempo a fin de
que lo den al pueblo –un mensaje que no es una nueva verdad, sino la misma que Pablo
enseñó, que Cristo mismo enseñó–, resulta para ellos una doctrina extraña. Comienzan
a inducir al pueblo a que tenga cuidado... Los hombres que han tenido un espíritu
farisaico piensan que si se aferran a lo que consideran las buenas teorías antiguas, y no
toman parte en el mensaje enviado por Dios a su pueblo, estarán en una posición segura
y buena. Así pensaban los fariseos de antaño” (3 MS, 211).
“La verdad de Dios es progresiva; va siempre en aumento, de fortaleza en fortaleza aún
mayor, hacia una luz mayor. Tenemos todas las razones para creer que el Señor nos
enviará mayor verdad, ya que queda aún por hacer una gran obra. En nuestro
conocimiento de la verdad, primeramente hay un comienzo en su comprensión, luego
una progresión, y más tarde la plenitud; primero la plántula, luego la mazorca, y tras
ello, el maíz en su plenitud. Ha habido una gran pérdida, debido a que nuestros pastores
y nuestro pueblo han llegado a la conclusión de que ya hemos recibido toda la verdad
que nos era esencial como pueblo; pero una conclusión tal es errónea y armoniza con
los engaños de Satanás, ya que la verdad se estará desplegando constantemente”
“La luz vendrá al pueblo de Dios, y aquellos que han procurado cerrar la puerta tendrán
que arrepentirse, o bien ser quitados del camino. Ha llegado el momento de dar un
nuevo ímpetu a la obra. Escenas terribles están por llegar ante nosotros, y Satanás se
esfuerza por ocultar de nuestro entendimiento precisamente aquello que Dios quiere
que conozcamos. Dios tiene mensajeros y mensajes para su pueblo. Si se presentan
ideas que difieren en ciertos puntos de nuestras doctrinas anteriores, no debemos
condenarlas sin estudio diligente de la Biblia, para ver si son verdaderas” (Signs of the
Times, 26 mayo 1890).

Objeción 7: ‘El derramamiento del Espíritu Santo no será un mensaje, sino


un poder acompañado de manifestaciones tangibles e incontrovertibles,
por lo tanto, es un error relacionarlo con el mensaje que trajeron Jones y
Waggoner’

Es el Espíritu de Profecía quien establece tal relación, nosotros sólo la señalamos. Es


posible que las manifestaciones tangibles e incontrovertibles lo sean en un sentido que
no imaginamos, ya que:
“A menos que estemos avanzando diariamente en la ejemplificación de las virtudes
cristianas activas, no reconoceremos las manifestaciones del Espíritu Santo en la lluvia
tardía. Podrá estar derramándose en los corazones de los que están en torno de nosotros,
pero no lo percibiremos ni lo recibiremos” (TM, 507).
Sean cuales sean esas manifestaciones, lo serán del tipo que puede pasar desapercibido
para nosotros, a pesar de estar derramándose el Espíritu Santo en los corazones de
personas que pueden ocupar el mismo banco en nuestra iglesia. ¿Interesante?
Citamos aquí solamente uno de los muchos lugares en los que Ellen White estableció la
ineludible conexión entre el mensaje y el derramamiento del Espíritu Santo:

5
"El tercer ángel, que vuela por en medio del cielo, y proclama los mandamientos de Dios
y el testimonio de Jesús, representa nuestra obra. El mensaje no pierde fuerza mientras
el ángel vuela hacia adelante; porque Juan lo ve aumentar en fortaleza y poder hasta
que toda la tierra está iluminada con su gloria... El mensaje de verdad que proclamamos
debe ir a toda nación, lengua y pueblo. Pronto se proclamará con fuerte voz, y la tierra
será iluminada con su gloria. ¿Nos estamos preparando para este gran derramamiento
del Espíritu de Dios?" (2 JT, 169).
La evidencia bíblica es también abundante (ver, por ejemplo, Deut 32:2; Oseas 6:3; Isa
55:10-11).
El sello característico de los falsos y pretendidos derramamientos del Espíritu Santo es
precisamente la supuesta efusión de un poder, al margen de un mensaje de verdad
apropiada para ese tiempo.

Objeción 8: ‘Quienes insisten en que en la era de 1888 se produjo el


comienzo del derramamiento pentecostal del Espíritu Santo, confunden
la luz del conocimiento espiritual con el poder del Espíritu Santo’

Resulta increíble el interés de algunos por negar lo que Ellen White afirmó
repetidamente, y que es el hecho fundamental de “1888”:
La predicación de ese mensaje estuvo en el comienzo del derramamiento del Espíritu
Santo, y tenía por fin dar la luz y el poder para terminar la obra en un tiempo breve, y
recibir al Señor en las nubes. Sólo en esa expectativa se puede comprender que Dios
suscitara en 1844 el movimiento de Miller, permitiendo que llamara la atención mundial
al inminente retorno de Cristo. En efecto, la purificación del santuario (que Miller no
comprendió plenamente) tenía un fin: la preparación de un pueblo y del mundo para el
próximo regreso de Cristo. Nuestro pecado, en 1888 y siguientes, ha consistido en
resistir al Espíritu Santo, abortando su derramamiento y demorando la venida de Cristo
en el tiempo previsto por el Señor.
En incontables ocasiones, Ellen White expresó que había habido una demora, que no
era la voluntad del Señor que estuviéramos tantos años en esta tierra, y que de haber
sido fieles, hace muchos años que estaríamos en la Jerusalem celestial (dicho ya en sus
días). La iglesia que el Señor suscitó con posterioridad a 1844, lleva en su nombre la
palabra ADVENTISTA. No fue un nombre elegido de forma caprichosa. El Espíritu Santo
dio su aprobación a ese nombre. Esta, su verdadera Iglesia del tiempo del fin, tenía y
tiene por objetivo cooperar con el Señor en la preparación para su retorno en gloria.
Pero antes de esa venida es necesario el derramamiento del Espíritu Santo a fin de que
tengamos la luz y el poder necesarios para que la tierra pueda ser alumbrada por su
gloria. Nuestro rechazo al Espíritu Santo en 1888, nuestra negación continuada de haber
actuado de esa forma, y nuestro desentendimiento del mensaje predicado en esa
ocasión explican que el retorno de Cristo no se haya producido en el breve tiempo que
separaba 1844 de 1888, y de 1888 hasta nuestros días. ¿Es razonable que estemos
esperando y pidiendo el derramamiento del Espíritu Santo, mientras nos esforzamos por
ocultar e ignorar el mensaje con el que comenzó a ser derramado, cuando lo resistimos

6
en la era de 1888? Escribiendo desde Australia en 1895 en relación con Minneapolis,
leemos:
“Quiero presentar una amonestación a los que durante años han resistido la luz y
albergado un espíritu de oposición. ¿Por cuánto tiempo odiaréis y despreciaréis a los
mensajeros de la justicia de Dios?... La gracia del Espíritu Santo os ha sido ofrecida una
y otra vez. La luz y el poder de lo alto han sido derramados abundantemente en vuestro
medio... El Señor sabe que estáis dando vuelta completamente a las cosas... Si rechazáis
a los mensajeros designados por Cristo, rechazáis a Cristo” (TM, 96-97).
Obsérvese que eso fue escrito siete años después de 1888. ¿No te parece que defender
el mito de que uno o dos años después de 1888 ya fue aceptado ese mensaje, y que lo
hemos venido aceptando desde entonces, es dar “vuelta completamente a las cosas”,
como lo es negar que “la luz y el poder de lo alto” fueron “derramados
abundantemente” en 1888?

Objeción 9: ‘Más bien que dirigir nuestra vista hacia atrás, ¿no
debiéramos olvidar el pasado y seguir avanzando?’

Si visitas Jerusalem podrás observar a judíos devotos penando junto al muro de las
lamentaciones. Uno de los motivos principales de sus plegarias es reclamar la venida del
esperado Mesías.
A nosotros nos parece patético, pero eso es exactamente lo que significa un pueblo que
decidió “olvidar el pasado y seguir avanzando”. ¿Cómo de patéticos debemos parecer
nosotros a las inteligencias celestiales, en nuestro intento por olvidar y seguir avanzando
en nuestro olvido?
Si el pueblo judío literal decidiera avanzar espiritualmente, debería ciertamente dirigir
su mirada dos mil años atrás, y ver que el tan esperado Mesías vino ya, pero lo
rechazaron. Nosotros oramos por el derramamiento del Espíritu Santo, y hacemos bien,
pero en muchas ocasiones lo hacemos pensando que vendrá como un poder, sin
relación alguna con un mensaje, y eso nos sucede por haber querido olvidar el pasado y
seguir avanzando. En el futuro, cuando se produzca el genuino derramamiento del
Espíritu Santo, no será de forma distinta a como se produjo su comienzo, en la era de
1888. Mirar a “1888” no es dirigir la vista al pasado, sino al futuro.
¿Crees que podremos alguna vez avanzar, olvidando que el comienzo del
derramamiento del Espíritu Santo vino en estrecha relación con un mensaje específico
que nos empeñamos en ignorar y ocultar, cuando no repudiar claramente?
“A las ocho, el hermano Jones habló acerca del tema de la justificación por la fe... este
mensaje de luz y verdad que ha venido a nuestro pueblo es precisamente la verdad para
este tiempo... El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la
justicia de Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del
ángel cuya gloria llenará toda la tierra” (1 MS, 424-425).
¿Te parece razonable olvidar ese comienzo del fuerte pregón y de la luz del ángel cuya
gloria tenía que haber alumbrado toda la tierra, y que por fin no pudo hacerlo? ¿Te

7
parece razonable olvidar y seguir “avanzando” como si no hubiera pasado nada?
¿Podemos estar seguros de que al proceder así no estamos avanzando hacia atrás?

Objeción 10: ‘La justificación por la fe es una doctrina que tenemos en


común con los evangélicos, de forma que no hay nada singular ni especial
en el mensaje que presentaron Jones y Waggoner’

1. El mensaje preciosísimo que en su gran misericordia el Señor envió a su pueblo


mediante los pastores Waggoner y Jones “invitaba a la gente a recibir la justicia de
Cristo, que se manifiesta en la obediencia a todos los mandamientos de Dios” (TM, 91-
92). Pero los evangélicos creen que el mandamiento sobre el sábado fue
específicamente abolido en la cruz. Waggoner afirmó esto: “El sábado es el punto de
apoyo en la palanca de la fe”. La “palanca de la fe”, tal como es comprendida y
presentada por las iglesias caídas, se apoya sobre... ¡nada!
2. El mensaje presentado en 1888 era paralelo y consistente con la comprensión única
adventista de la purificación del santuario; es el evangelio eterno en el contexto de la
hora de su juicio (Apoc 14:7). Eso es ampliamente ignorado, cuando no enérgicamente
repudiado, por los Evangélicos.
3. Su singularidad: constituyó el comienzo del fuerte pregón, del derramamiento del
Espíritu Santo, acontecimientos que tienen en la escatología adventista un significado
único, no conocido ni compartido por los Evangélicos.
“El fuerte pregón del tercer ángel ya ha comenzado en la revelación de la justicia de
Cristo, el Redentor que perdona los pecados. Este es el comienzo de la luz del ángel cuya
gloria llenará toda la tierra” (1 MS, 425 –escrito en 1892).
“Algunos se sintieron incómodos con este derramamiento, y se pusieron de manifiesto
sus propias disposiciones naturales. Dijeron: 'No es más que excitación; no es el Espíritu
Santo, ni los aguaceros celestiales de la lluvia tardía'. Hubo corazones llenos de
incredulidad, que no bebieron del Espíritu Santo, sino que desarrollaron amargura en su
alma…
Los que resistieron al Espíritu de Dios en Minneapolis estuvieron esperando una
oportunidad para recorrer el mismo camino otra vez…
Dijeron con su corazón, su alma y con sus palabras, que esa manifestación del Espíritu
Santo era fanatismo y engaño. Se tuvieron como una roca, por encima y alrededor de la
cual fluían las olas de la misericordia, pero sus endurecidos e impíos corazones las
rechazaron, resistiendo la obra del Espíritu Santo… todo el universo celestial fue testigo
del trato afrentoso que se dio a Jesucristo, representado por el Espíritu Santo. Si Cristo
hubiera estado ante ellos, lo habrían tratado de forma similar a como lo hicieron los
Judíos” (The Ellen G. White 1888 Materials, 1478-1479).
“Algunos han tratado al Espíritu como a un huésped indeseado, rehusando recibir el rico
don, rehusando reconocerlo, dándole la espalda, y condenándolo como fanatismo… Se
resistió la luz que ha de alumbrar toda la tierra con su gloria, y por la acción de nuestros

8
propios hermanos ha sido en gran medida mantenida alejada del mundo” (The Ellen G.
White 1888 Materials, 1575).

Objeción 11: 'Waggoner y Jones escribieron muy poco, y lo que


predicaron... se lo llevó el viento'

¿Puedes creer que el Señor permitiría que se pierda “el mensaje para Laodicea”, el que
envió para preparar a su pueblo para la traslación? Después de Ellen White, de entre
todos los autores adventistas, probablemente ninguno escribió tanto como Jones y
Waggoner. Ver listado (parcial) de sus obras escritas.

Objeción 12: ‘Puesto que no somos expertos en lenguas antiguas ni en


inglés, y tampoco nos son asequibles las fuentes primarias, haremos bien
en limitarnos a aceptar las decisiones de nuestros dirigentes en cuanto a
cuál es la verdad’

1. ¿Qué conocimiento de la verdad habría obtenido alguien que tuviera esa mentalidad,
en la época de Elías, de Juan el Bautista (Lucas 7:28-30), de Jesús en sus días en esta
tierra (Juan 7:47-49), de Lutero y los reformadores, o de nuestros pioneros en el
surgimiento del movimiento adventista?
2. Si tienes acceso a estos escritos, habrás podido comprobar por ti mismo que HAY
abundante material asequible, tanto en inglés como en castellano. Otro asunto es si ese
material está asequible por el conducto que uno quisiera o considera adecuado... (pero
eso no es nada nuevo: recuérdese por qué conducto llegó la verdad en la época de Juan
Bautista, en la de Jesús, o en la de 1888, y el papel que tuvieron los prejuicios referentes
al mensajero en el rechazo del mensaje, en cada uno de los casos citados).
“En la manifestación de ese poder que ilumina la tierra con la gloria de Dios, no verán
más que algo que en su ceguera les parecerá peligroso, algo que despertará sus temores,
y tomarán posición para resistirlo. Debido a que el Señor no obra de acuerdo con sus
ideas y expectaciones, se opondrán a la obra. ‘¡Qué!’, dicen ellos, ‘¿Acaso no conocemos
el espíritu de Dios, tras haber estado tantos años en la obra?’” (RH, 23 diciembre 1890).
Obsérvese el contraste: Lo que Ellen White definió como “precioso”, algunos lo
percibirán como “peligroso”. La simpatía o animadversión que manifestamos hacia el
mensaje y los mensajeros demuestra cuál es nuestra posición al respecto.
“¿Cómo escudriñaremos las Escrituras para entender lo que enseñan? Debemos abordar
la investigación de la Palabra de Dios con un corazón contrito, con oración y con una
disposición a ser enseñados. No hemos de pensar, como pensaron los judíos, que
nuestras propias ideas y opiniones son infalibles; ni como los papistas, que piensan que
ciertos individuos son los únicos guardianes de la verdad y el conocimiento, y que los
hombres no tienen derecho a investigar las Escrituras por sí mismos, sino que deben
aceptar las explicaciones dadas por los padres de la iglesia. No debemos estudiar la

9
Biblia con el propósito de sostener nuestras opiniones preconcebidas, sino con el único
objeto de aprender lo que Dios ha dicho.
Algunos han temido que, si en un solo punto siquiera reconocían su error, otras mentes
se verían inducidas a dudar de toda la teoría de la verdad. Por lo tanto, han creído que
no debiera permitirse la investigación, que esta tendería a la disensión y la desunión.
Pero si tal ha de ser el resultado de la investigación, cuanto antes venga, tanto mejor. Si
hay personas cuya fe en la Palabra de Dios no resiste la prueba de una investigación de
las Escrituras, cuanto antes se manifiesten, tanto mejor; pues entonces se abrirá el
camino para mostrarles su error. No podemos sostener que ninguna posición, una vez
adoptada, ninguna idea, una vez defendida, no habrá de ser abandonada en
circunstancia alguna. Hay solamente Uno que es infalible: Aquel que es el camino, la
verdad y la vida.
Los que permiten que el prejuicio impida que la mente reciba la verdad, no pueden ser
receptáculos de la iluminación divina. Sin embargo, cuando se presenta un punto de vista
de las Escrituras, muchos no preguntan: ¿Es cierto? ¿Está en armonía con la Palabra de
Dios? Sino ¿quién lo defiende? y a menos que venga precisamente por el medio que a
ellos les agrada, no lo aceptan. Tan plenamente satisfechos se sienten con sus propias
ideas, que no quieren examinar la evidencia bíblica con un deseo de aprender, sino que
rehúsan interesarse, meramente a causa de sus prejuicios.
El Señor a menudo obra cuando nosotros menos lo esperamos; él nos sorprende al
revelar su poder mediante instrumentos de su propia elección, mientras pasa por alto a
los hombres por cuyo intermedio hemos esperado que viniera la luz. Dios quiere que
recibamos la verdad por sus propios méritos, porque es verdad.
La Biblia no debe ser interpretada para acomodarse a las ideas de los hombres, por
mucho tiempo que hayan sido tenidas estas ideas como verdad. No hemos de aceptar
la opinión de comentadores como la voz de Dios; ellos eran seres mortales como
nosotros. Dios nos ha dado facultades razonadoras a nosotros así como a ellos. Hemos
de hacer que la Biblia sea su propio expositor. Todos deben ser cuidadosos en la
presentación de nuevos puntos de vista sobre pasajes de la Biblia, antes de haber dado
a estos puntos un cabal estudio, y estén plenamente preparados para sostenerlos con
la Biblia. No introduzcáis nada que cause disensión, sino una clara evidencia de que en
ello Dios está dando un mensaje especial para este tiempo.
Pero guardaos de rechazar aquello que es verdad. El gran peligro para nuestros
hermanos ha sido el de depender de los hombres, y hacer de la carne su brazo. Los que
no han tenido el hábito de escudriñar la Biblia por sí mismos o pesar la evidencia, tienen
confianza en los hombres dirigentes, y aceptan las decisiones que ellos hacen; y así
muchos rechazan los mismos mensajes que Dios envía a su pueblo, si estos hermanos
dirigentes no los aceptan.
Nadie debe pretender que tiene toda la luz que existe para el pueblo de Dios. El Señor
no tolerará esta condición. Él ha dicho: ‘He aquí, he dado una puerta abierta delante de
ti, la cual ninguno puede cerrar’. Aun cuando nuestros hombres dirigentes rechacen la
luz y la verdad, esa puerta permanecerá aún abierta. El Señor suscitará a hombres que
den al pueblo el mensaje para este tiempo.

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La verdad es eterna, y el conflicto con el error sólo manifestará la fortaleza de esa
verdad. Nunca hemos de rehusar examinar las Escrituras con aquellos que tengamos
razones para creer que desean saber qué es verdad. Suponed que un hermano sostiene
un punto de vista que difiere del vuestro, y que viene a vosotros, proponiéndoos que os
sentéis con él para hacer una investigación de ese punto en las Escrituras. ¿Debéis
levantaros, llenos de prejuicio, y condenar sus ideas, mientras rehusáis escucharlo sin
prejuicio? El único procedimiento correcto sería el sentaros como cristianos para
investigar la posición presentada a la luz de la Palabra de Dios, la cual revelará la verdad
y desenmascarará el error. El ridiculizar sus ideas no debilitará su posición en lo más
mínimo si fuera falsa, ni fortalecerá vuestra posición si fuera la verdad. Si los pilares de
nuestra fe no soportan la prueba de la investigación, es tiempo de que lo sepamos.
Ningún espíritu de fariseísmo debe ser acariciado entre nosotros.
Hemos de abordar el estudio de la Biblia con reverencia, sintiendo que estamos en la
presencia de Dios. Toda liviandad y frivolidad debe ser dejada a un lado. Aunque algunas
porciones de la Palabra se entienden con facilidad, el verdadero sentido de otras partes
no se discierne con rapidez. Debe haber paciente estudio y meditación y ferviente
oración. Todo estudioso, al abrir las Escrituras, debe solicitar la iluminación del Espíritu
Santo; y la promesa segura es que será dado.
El espíritu con el cual os aboquéis a la investigación de las Escrituras determinará el
carácter de los que os asistan. Ángeles del mundo de la luz estarán con los que con
humildad de corazón buscan dirección divina. Pero si la Biblia se abre con irreverencia,
con un sentimiento de suficiencia propia, si el corazón está lleno de prejuicio, Satanás
está a vuestro lado, y él colocará las declaraciones sencillas de la Palabra de Dios en una
luz pervertida.
Hay algunos que se complacen en la ligereza, en el sarcasmo, y aun en la burla de los
que difieren de ellos. Otros presentan una colección de objeciones a cualquier nuevo
punto de vista; pero cuando estas objeciones son claramente contestadas por las
palabras de las Escrituras, no reconocen la evidencia presentada ni se permiten quedar
convencidos. Sus preguntas no tenían el propósito de llegar a la verdad, sino la mera
intención de confundir la mente de los demás.
Algunos han pensado que es una evidencia de agudeza y superioridad intelectual el
sumir en la perplejidad las mentes con respecto a qué es verdad. Recurren a las sutilezas
de argumentos, al juego de palabras; toman injusta ventaja haciendo preguntas. Cuando
sus preguntas han sido claramente contestadas, cambian de tema y saltan a otro punto
para evitar la necesidad de reconocer la verdad. Debemos cuidarnos de complacer el
espíritu que dominó a los judíos. No querían aprender de Cristo, porque su explicación
de las Escrituras no estaba de acuerdo con sus ideas; por lo tanto llegaron a ser espías
en su camino, ‘acechándole y procurando cazar algo de su boca para acusarle’. No
traigamos sobre nosotros la terrible denuncia de las palabras del Salvador: ‘¡Ay de
vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos
no entrasteis, y a los que entraban impedisteis’...
Los jóvenes deben investigar las Escrituras por sí mismos. No deben pensar que es
suficiente que los de más experiencia busquen la verdad y que los más jóvenes pueden
aceptarla cuando proviene de ellos, considerándolos una autoridad. Los judíos
perecieron como nación porque fueron apartados de la verdad de la Biblia por sus

11
gobernantes, sacerdotes y ancianos. Si hubieran hecho caso a Jesús, e investigado las
Escrituras por sí mismos, no habrían perecido.
Debemos estudiar la verdad por nosotros mismos. No debe confiarse en nadie para que
piense por nosotros. No importa de quién se trate, o cuán elevado sea el puesto que
ocupe, no hemos de mirar a nadie como criterio para nosotros.
Dios nos pide que dependamos de él, y no del hombre (TM, extractos del capítulo “¿Cómo
escudriñaremos las Santas Escrituras?” 105-111).

Objeción 13: ‘La comprensión de la justificación por la fe de Jones y


Waggoner es diferente de la mantenida por la iglesia en la actualidad, lo
que es causa de disensión’

Por desgracia, no existe una posición en nuestra iglesia actual sobre la justificación por
la fe, sino varias y enfrentadas. Y eso es el triste fruto de haber rechazado la genuina
verdad que el Señor nos envió en 1888, mediante sus “mensajeros delegados”.
Este es el testimonio de Ellen White, que parece hoy aún extrañamente pertinente:
“Las muchas y confusas ideas en relación con la justicia de Cristo y la justificación por la
fe son el resultado de la posición que usted ha tomado hacia los hombres y hacia el
mensaje enviado por Dios...” (Carta 24 –a Uriah Smith–, 1892; The Ellen G. White 1888
Materials, 1053).

Objeción 14: ‘Dado que el mensaje ha sido ya aceptado, y que toda


alusión a Minneapolis o a 1888 produce malestar, ¿no debiera evitarse
hablar de ese lugar o esa fecha, de los hechos relacionados con “todo
eso”?’

El hecho de que produzca malestar, que despierte la animosidad y que se intente


ocultar, es precisamente la evidencia irrefutable de que no ha sido aceptado. Los que se
adhieren al mito de la aceptación sostienen que fue aceptado pocos años después de
Minneapolis (para muchos, unos dos años después). Véase cuál es el testimonio del
pastor Daniells, ex–presidente de la Asociación General, en su libro “Cristo Nuestra
Justicia”, escrito en 1924 (38 años después de Minneapolis): “El mensaje nunca fue
aceptado ni anunciado, ni le fue dado libre curso en su debida forma para traer sobre la
iglesia las bendiciones sin límite que están contenidas en él” (p. 33).
Véase el testimonio de Ellen White a propósito de los sermones dados por A.T. Jones en
la Asamblea de 1893, que contienen una solemne y llana exposición del rechazo del que
fue objeto el mensaje en 1888, así como un llamamiento a recuperar entonces lo que se
perdió cinco años atrás:
“Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos [de A.T. Jones]
impresos en los Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que contienen
poderosos argumentos en relación con la validez de los Testimonios, y que sustentan el

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don de la profecía entre nosotros. Se me mostró que esos artículos serían de ayuda para
muchos, y especialmente para aquellos recién llegados a la fe que no han estado
familiarizados con nuestra historia como pueblo. Será para usted una bendición el leer
de nuevo esos argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo” (Carta 230, 1908).
Obsérvese el testimonio de O.A. Olsen (presidente de la Asociación), tras oír uno de esos
sermones:
“Algunos se pueden sentir atribulados por la alusión hecha a Minneapolis. Sé que
algunos se han sentido agraviados y afligidos en razón de la referencia hecha a ese
encuentro, y a la situación de allí. Pero téngase presente que la única razón para que
alguien se pudiera sentir así es un espíritu obstinado por su parte... El mismo hecho de
que uno se sienta agraviado, delata al instante la semilla de la rebelión en el corazón”
(General Conference Bulletin, 188).

Objeción 15: ‘Podemos estar seguros de que Dios nunca enviará luz, de
no ser a través de los dirigentes de su iglesia, por lo que basta con
atenerse a lo que ellos aprueban’

Podemos estar seguros de que Dios nunca dejará sin luz a los dirigentes de su iglesia,
pero estar seguros de que ellos siempre la aceptarán equivale a adherirse al dogma
papal de la infalibilidad de la iglesia. En ninguna época de crisis fue suficiente con
atenerse a lo que aprobaron los dirigentes del pueblo de Dios. No bastó en los días de
Elías, de Jeremías, de Juan Bautista, del propio Jesús, en los días de la Reforma, del inicio
del movimiento adventista ni en Minneapolis. Es posible que también estemos viviendo
hoy en una época de crisis.
“Aquellos que han desempeñado un papel prominente en la obra, deben tener gran
cuidado con pensar que es imposible que la luz venga al pueblo de Dios, si no es a través
de ellos” (Signs of the Times, 26 mayo 1890).
“Dios elige al que él quiere, para que lleve el mensaje” (The Ellen G. White 1888
Materials, 1032, Carta 19d, 1892).
“Dios puede elegir instrumentos que nosotros no aceptemos, debido a que no coinciden
exactamente con nuestras ideas… Entonces comienza la disección del carácter” (The
Ellen G. White 1888 Materials, 1091).
“Los maestros del pueblo en el tiempo de Cristo estaban plenamente satisfechos con
ellos mismos. Mantenían consejos y se animaban uno a otro en sus ideas y opiniones, y
Satán estaba en sus asambleas controlando sus decisiones. Procuraban que el pueblo
temiese escuchar las palabras de Cristo. Amenazaban con echar de la sinagoga a
aquellos que daban oído a su doctrina, cosa que era considerada por el pueblo como la
mayor maldición que sobre ellos podía caer” (Signs of the Times, 26 mayo 1890).
“En el temor y el amor de Dios digo a aquellos ante quienes me tengo hoy, que hay luz
acrecentada para nosotros, y que con la recepción de esa luz vienen grandes
bendiciones. Y cuando veo a mis hermanos encendidos de ira contra los mensajes y los
mensajeros de Dios, pienso en escenas similares en la vida de Cristo y de la Reforma. La

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recepción dada a los siervos de Dios en épocas pasadas, es la misma que se da hoy a los
portadores a quienes Dios está enviando preciosos rayos de luz. Los dirigentes del
pueblo siguen hoy el mismo curso de acción que siguieron los judíos. Critican y
cuestionan vez tras vez, y rehúsan admitir la evidencia, tratando la luz que les es enviada
de la misma manera en que los judíos trataron la luz que Jesús les trajo” (The Ellen G.
White 1888 Materials, 911).
“Sea cuidadoso en cuanto a tomar posición contra el pastor Waggoner. ¿No tiene acaso
la mayor evidencia posible de que el Señor ha estado comunicando luz por medio de él?
Yo sí la tengo” (The Ellen G. White 1888 Materials, 977).
“En tales casos la mente de un hombre gobierna la mente de otro hombre, y el
instrumento humano es separado de Dios y expuesto a la tentación. Los métodos de
Satanás tienden a un solo fin: a hacer que los hombres sean esclavos de los hombres”
(TM, 361).
Jeremías 17:5 nos advierte así: “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne
por su brazo”. ¿Por qué? (vers. 6): “No verá cuando viniere el bien”. Ahí encontramos
resumida, en muy pocas palabras, nuestra historia en Minneapolis. ¿La seguimos
repitiendo nosotros?
“Siempre ha sido el firme propósito de Satanás eclipsar la visión de Jesús e inducir a los
hombres a mirar al hombre, a confiar en el hombre, y a esperar ayuda del hombre.
Durante años la iglesia ha estado mirando al hombre, y esperando mucho del hombre
en lugar de mirar a Jesús en quien se cifran nuestras esperanzas de vida eterna. Por eso
Dios entregó a sus siervos un testimonio que presentaba con contornos claros y distintos
la verdad como es en Jesús, que es el mensaje del tercer ángel” (TM, 93).

Objeción 16: ‘La disciplina eclesiástica está por encima de una


interpretación no “oficial” de la Escritura’

Esa fue sin duda la ideología que permitió que se llevara a cabo la Inquisición, único fruto
posible de la mentalidad papal. Nuestra iglesia, desde su mismo origen, surgió basada
en el principio protestante de la primacía de la Palabra. No hay otra forma en la que
nuestro pueblo pueda seguir avanzando en la luz.
“Permitid que sea Dios quien hable en su palabra. Si pensáis que vuestro hermano cree
un error, debéis tratarlo con consideración, manifestando bondad, paciencia y cortesía.
Debéis razonar con él a partir de la palabra de Dios, comparando escritura con escritura,
considerando cuidadosamente cada partícula de evidencia” (Signs of the Times, 26 mayo
1890).

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Objeción 17: ‘Ha sido desafortunado equiparar a Jones y Waggoner con
Ellen White en términos de inspiración profética’

Habría sido desafortunado si tal cosa hubiera sucedido. Pero no sabemos de nadie que
sostenga tal equiparación (ver página 10 de ‘Introducción al mensaje de 1888’). Los
hechos son estos, y nos limitamos a señalarlos:
Ellen White calificó a Jones y Waggoner como “mensajeros delegados de Cristo”,
“agentes escogidos” como siendo poseedores de “credenciales celestiales”. Dijo que
rechazar el mensaje que traían era rechazar a Cristo “quien debe ser reconocido en sus
mensajeros”.
“Sé positivamente que Dios ha dado preciosa verdad en el momento oportuno, a los
hermanos Jones y Waggoner. ¿Significa que los considero infalibles? ¿Quiero decir con
ello que es imposible que hagan una declaración, o tengan una idea que no pueda ser
cuestionada, o que sea errónea? No, no hay tal cosa. No digo eso de ningún hombre en
el mundo. Sin embargo, afirmo que Dios ha enviado luz, y sed cuidadosos en el trato que
le dais” (The Ellen G. White 1888 Materials, 566).
“¿Por cuánto tiempo odiareis y despreciareis a los mensajeros de la justicia de Dios?
Dios les ha dado su mensaje. Llevan la palabra del Señor” (The Ellen G. White 1888
Materials, 1341).

Objeción 18: ‘La insistencia en el tema de “Cristo, justicia nuestra” es una


forma de desequilibrio, de ir a los extremos. Está en peligro de
convertirse en una obsesión, en un monotema’

“El gran pecado de los que profesan ser cristianos es que no abren el corazón para recibir
el Espíritu Santo. Cuando las almas tienen ferviente deseo de Cristo y procuran hacerse
uno con él, los que se conforman con una forma de piedad exclaman: ‘Sed cuidadosos,
no vayáis a los extremos’” (The Ellen G. White 1888 Materials, 1250).
“...la reunión de Minneapolis... la justificación por la fe, Cristo nuestra justicia... el Hno.
Jones habló acerca del tema... este mensaje de luz y verdad que ha venido a nuestro
pueblo es precisamente la verdad para este tiempo... Todo otro tema se hunde en la
insignificancia” (1 MS, 424).
“Si mediante la gracia de Cristo su pueblo se transforma en recipientes nuevos, él los
llenará con vino nuevo. Dios concederá luz adicional y se recuperarán verdades antiguas,
que serán repuestas en el armazón de la verdad, y dondequiera vayan los obreros,
triunfarán. Como embajadores de Cristo, han de escudriñar las Escrituras para investigar
las verdades que se hallan ocultas bajo los escombros del error. Y han de comunicar a
otros cada rayo de luz que reciban. Habrá un solo interés prevaleciente, un solo propósito
que absorberá todos los demás: Cristo, justicia nuestra” (Hijos e hijas de Dios, 261).
“No me propuse saber algo entre vosotros, sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Cor
2:2).

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Objeción 19: ‘No veo la importancia del mensaje traído por Jones y
Waggoner: siempre he comprendido y aceptado la justificación por la fe’

¿Para quién debe estar escrito Apocalipsis 3:17? ¿Y para quién 1 Corintios 8:2? “Si
alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saber”.
Un año después de las presentaciones de Minneapolis, Ellen White escribió: “El mensaje
presente, la justificación por la fe... No hay uno en cien que entienda por sí mismo la
verdad bíblica sobre este tema que es tan necesario” (1 MS, 422).
Casi todos estamos seguros de formar parte de ese menos que “uno en cien” que lo
entiende (y que lo acepta). No decimos que sea imposible... Pero reconozcamos que ¡es
improbable! ¿Te gustaría saber cuál fue la posición de los dos grandes campeones (U.
Smith y G. Butler) del rechazo al mensaje de la justificación por la fe, tal como lo
presentaron Jones y Waggoner en 1888?: sostenían que siempre habían creído y
aceptado la justificación por la fe.

Objeción 20: ‘Por algo debe ser que ese mensaje suele despertar la
controversia...’

Efectivamente. La causó desde que fue dado en Minneapolis, y la seguirá causando


mientras el Señor lo siga enviando, y mientras siga siendo resistido. Esta es la razón:
“¿Qué es justificación por la fe? Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del
hombre, y hace por el hombre lo que este no puede hacer por sí mismo” (TM, 456).

Objeción 21: ‘No veo necesidad alguna del mensaje dado en Minneapolis
en la era de 1888, ya que yo encuentro toda la verdad en la Biblia’

Efectivamente, está en la Biblia. Quizá simplemente debiera felicitarte por haberlo


encontrado ahí. No obstante, no estoy seguro de poder darte la enhorabuena antes de
preguntarte si felicitarías a alguien que te dijera que no necesita el Nuevo Testamento,
ya que toda la verdad que contiene está de hecho ya en el Antiguo. O que no necesita
los escritos del Espíritu de Profecía por idéntico motivo. También quisiera preguntarte:
El mensaje que presentaron Jones y Waggoner, ¿de dónde era? ¿del cielo, o de los
hombres?
No podrás eludir indefinidamente esa cuestión. Si era de Dios, ¿te sentirás cómodo
cuando te pregunte qué hiciste con esa luz que él envió “en su gran misericordia”?
“El hombre no vivirá sólo de pan, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el
hombre” (Deut 8:3).

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Objeción 22: ‘Es preferible seguir ocultando nuestra historia. Es preferible
que nuestros miembros, particularmente los nuevos miembros,
desconozcan esos hechos’

Es pertinente recordar aquí que Esteban fue apedreado por recordarle su historia al
pueblo de Israel.
¿Puedes señalar un solo lugar en el que el registro sagrado haya preferido ocultar alguna
parte de la historia del pueblo de Dios? La religión cristiana es una religión revelada. Dios
la ha revelado en la historia. Los grandes hitos han estado siempre relacionados con
momentos, con lugares y con personas. No es posible captar la justicia por la fe y olvidar
a Abraham. No es posible aceptar la ley e ignorar el Sinaí. No es posible intentar conocer
a Dios y desechar la historia sagrada, la forma como condujo al pueblo de Israel. No es
posible comprender el sacrificio infinito y ocultar el Calvario... ¿Cuál es la virtud de
ocultar Minneapolis, 1888, e intentar seguir como si no hubiera sucedido nada, siendo
que estamos cada vez más necesitados de lo que allí se perdió? ¿Estamos hoy
alumbrando la tierra con el conocimiento de la gloria de Dios?
Repetimos aquí esta declaración de Ellen White:
“Se me ha dado instrucción para que emplee esos discursos suyos impresos en los
Boletines de la Asociación General de 1893 y 1897, que contienen poderosos
argumentos en relación con la validez de los Testimonios, y que sustentan el don de la
profecía entre nosotros. Se me mostró que esos artículos serían de ayuda para muchos,
y especialmente para aquellos recién llegados a la fe que no han estado familiarizados
con nuestra historia como pueblo. Será para usted una bendición el leer de nuevo esos
argumentos a los que dio forma el Espíritu Santo” (Carta 230, 1908). Puedes leer esos
sermones en los vínculos precedentes, o bien en el sitio web www.libros1888.com.

Objeción 23: ‘Ese mensaje produce disensión, por lo tanto, perturba la


unidad y se lo debe silenciar’

La introducción de la verdad siempre se ha acompañado de disensión; pero no porque


la verdad produzca la disensión, sino debido a que unos la rechazan y otros la aceptan.
No necesitamos la paz del cementerio. Según la descripción que hace el Testigo fiel y
verdadero de Apocalipsis a propósito de Laodicea, nuestro gran problema es la tibieza.
La verdad es lo único que puede disipar esa falsa paz a la que tanto apego han tenido
siempre los falsos profetas, y que mantiene a la iglesia espiritualmente dormida.
“La verdadera paz vendrá al pueblo de Dios cuando por medio del celo unido y la oración
ferviente, resulte perturbada la falsa paz que en gran medida existe... Los que están bajo
la influencia del Espíritu de Dios no serán fanáticos sino serenos, firmes, libres de
extravagancia. Pero todos aquellos quienes han tenido la luz de la verdad brillando en
contornos claros en su camino, que sean cuidadosos en clamar: Paz y seguridad. Que
sean cuidadosos en dar el primer paso para suprimir el mensaje de la verdad. Sed
cuidadosos con la influencia que ejercéis en este tiempo. Los que profesan creer las
verdades especiales necesitan estar convertidos y santificados por la verdad. Como

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cristianos somos hechos depositarios de verdad sagrada, y no hemos de mantener la
verdad en el atrio exterior, sino traerla al santuario del alma. Entonces la iglesia poseerá
vitalidad divina por doquier. El débil será como David, y David como el ángel del Señor”
(Carta a U. Smith; The Ellen G. White 1888 Materials, 1014).
Jesús dijo: “¿Pensáis que he venido a la tierra a dar paz? No, os digo; mas disensión” (Luc
12:51).
Si bien hemos de procurar la unidad, no la hemos de procurar a cualquier precio.
Especialmente no al precio de sacrificar la verdad, porque Cristo es la Verdad. Queremos
estar unidos en la Verdad, en Cristo. Estar unidos contra él no tiene virtud alguna. Eso
se ha producido en demasiadas ocasiones, una de ellas en las escenas previas a la
crucifixión: la opción de la unidad fue allí la elección de Barrabás. También se dio al pie
del Sinaí, cuando Aarón fundió el becerro de oro para que fuese adorado como dios de
Israel.
La acusación de producir división ha sido el argumento universal del fanatismo religioso
contra los que han sido fieles a Dios. Acab acusó así a Elías: “¿Eres tú el que alborotas a
Israel?” (1 Rey 18:17). De una u otra forma, es una acusación que han debido enfrentar
todos los siervos fieles de Dios. “Entonces hablaron los sacerdotes y los profetas a los
príncipes y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre;
porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos” (Jer
26:11). ¿Cuál fue la acusación del papado contra los reformadores?
La falsa paz, la tibieza, que es el problema más grave de Laodicea, es la más fuerte
tentación a la que hemos de hacer frente como pueblo. El deseo de buscar aquello que
“nos conviene” está en nuestra propia carne. No hace falta mirar más lejos de cada uno
de nosotros. El pensar en términos humanos en lo que nos conviene como pueblo,
puede llevarnos al error más lamentable:
“Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la
nación se pierda” (Juan 11:50). Cuando pensamos en salvar la nación de acuerdo con
nuestra sabiduría humana, estamos en grave peligro de hacer la voluntad del enemigo
y seguir el curso de Caifás.
Esta es la auténtica causa de las temibles divisiones:
“Murmuradores, querellosos, andando según sus deseos; y su boca habla cosas
soberbias, teniendo en admiración las personas por causa del provecho. Mas vosotros,
amados, tened memoria de las palabras que antes han sido dichas por los apóstoles de
nuestro Señor Jesucristo; Como os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores,
que andarían según sus malvados deseos. Estos son los que hacen divisiones, sensuales,
no teniendo el Espíritu” (Judas 16-19).

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Objeción 24: ‘No hay un interés “oficial” por ese mensaje. No ha logrado
impronta significativa en el cuerpo ministerial y docente. Ha fracasado en
lograrlo, quedando sólo como una opción apropiada para excéntricos y
fanáticos’

La iglesia ha sido grandemente bendecida por un mejor conocimiento del mensaje, y


también de su historia. Hace 50 años, afirmar que el mensaje fue rechazado en
Minneapolis, fue causa de escándalo. Hoy es un hecho ampliamente aceptado y
reconocido. También se acepta hoy el hecho de que Cristo murió el equivalente a la
muerte segunda de cada pecador, que “gustó” la muerte que es la paga del pecado; no
meramente el “sueño” o descanso de la primera muerte. Eso abre unos tremendos
horizontes y permite ampliar nuestra visión sobre las dimensiones de los encantos
incomparables de Cristo, demostrados en su sacrificio expiatorio.
No nos parece justo hablar de desinterés oficial por ese mensaje. Como ejemplo, el libro
'Introducción al mensaje de 1888' (R.J. Wieland) ha venido siendo publicado hasta hace
pocos años por las tres casas editoras adventistas oficiales desde hace muchos años
(Southern Publishing, Review & Herald, y Pacific Press). Se ha publicado oficialmente
‘The Ellen G. White 1888 Materials’: más de 1.800 páginas escritas por Ellen White en
relación con el mensaje, con sus mensajeros o con su historia. El supuesto “fracaso” es
más que discutible. Recibimos personalmente innumerables manifestaciones de
aprecio, de parte de consagrados dirigentes de nuestra iglesia, quienes se congratulan
por ver facilitado el conocimiento de ese mensaje “preciosísimo”. Dios está al timón de
su iglesia. Pero no podemos ignorar los tiempos peligrosos que nos esperan, ni podemos
olvidar escenarios similares a los evocados por esta objeción, en la vida de Jesús en esta
tierra:
“Entonces los fariseos les preguntaron: ¿También vosotros habéis sido engañados?
¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes o de los fariseos? Pero esta gente que
no sabe de la ley, maldita es” (Juan 7: 47-49).
“Vivimos en tiempos de peligro. Nuestra única seguridad está en caminar en las huellas
de Cristo y llevar su yugo. Tiempos turbulentos están delante de nosotros. En muchos
casos los amigos se enemistarán. Sin causa alguna, los hombres llegarán a ser nuestros
enemigos. Los motivos del pueblo de Dios serán tergiversados no solamente por el
mundo, sino también por sus propios hermanos. Los siervos de Dios serán colocados en
situaciones difíciles. A fin de justificar la conducta egoísta e injusta de los hombres, se
hará una montaña de una insignificancia.
La obra que los hombres han hecho fielmente será desacreditada y desestimada, debido
a que sus esfuerzos no son acompañados por una aparente prosperidad. Por medio de
tergiversaciones estos hombres serán vestidos con los oscuros ropajes de la
deshonestidad debido a que circunstancias que están más allá de su control,
confundieron su obra. Se los señalará como hombres en quienes no se puede confiar. Y
esto lo harán los miembros de la iglesia. Los siervos de Dios deben armarse con la mente
de Cristo. No deben esperar que escaparán del insulto y la tergiversación. Se los tildará
de excéntricos y fanáticos” (Alza tus ojos, 175).

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