Dadda
Es la hermana mayor de Shango y no tiene caminos, es hija de Obbatala y Yemmu. Es la Orisha
de los vegetales y de los niños que no han nacido. Comparte con Obbatala y Oshun la
supervisión del feto en el vientre de la madre, y su protección también se la extiende a los niños
recién nacidos, en la etapa en la que aun se nutren de los pechos de la madre. Dadda también
representa paciencia, serenidad, reposo, y resignación. Es el Orisha que le transmite estas
calidades a los Olorishas y a los hijos de Shango en especial.
Se dice que cuando un caballo de Shango recibe Dadda este al subirse no dará nunca mas
vueltas de carnero.
Su collar es de cuentas llamadas Kele que son blancas en su centro y rojas por fuera, se
ensartan dos rojas y dos blancas sucesivamente.
Historia de Dadda
Según la lista de reyes dada por el historiador Yoruba Samuel Johnson, Daddá, conocido
entonces como Ajuan ú Ajaka, fue el tercer y quinto Alafín de Oyó. Reinó después de su abuelo
Oduduwá y su padre Oranyan (Oroiña en Cuba), y antes de sus hermanos Shangó y Aggallú.
Cuenta Johnson que Ajaka era un hombre muy propio y justo pero a la vez, muy débil y carecía
de la fuerza para ser un rey respetado por su pueblo en una era extremada-mente belicosa del
pueblo Yoruba. Según la tradición oral que transmite Johnson, eventualmente Ajaka es
destronado y Shangó surge como Alafín en su lugar. A la muerte de Shangó, Ajaka es
nuevamente clamado por el pueblo y regresa a ser el quinto Alafín de Oyó.
Otra versión de la destitución de Ajaka, y quizá la mas popular, es que este no es destronado,
sino que le cede el trono a su hermano. Luego de muchos bochornos y disgustos como Alafín,
muestras de debilidad e incompetencia, Ajaka determina cederle el trono a su hermano Shangó y
permanecer a su lado como consejero con el fin de tener un efecto calmativo sobre este. Como
símbolo de su abdicación y posición inferior a la de su hermano, toma como corona una jicára
vestida con cauris y cuentas. Desde entonces, Bàyònni, la jícara, se asocia con el culto de Dadá
y Shangó.
En la literatura mas reciente, surge la polemica sobre el sexo de este Orisha. Varios autores
describen a Daddá como una deidad femenina. Comenzando con Pierre Verger en 1957, y
seguido por Judith Gleason (1987), John Mason (1992) y Robert Farris Thompson (1993).
Thompson une la mitología y la historia de Johnson al describir a Daddá como una Alafín de
Oyó. La falta de aceptación de Ajaka por el pueblo no fue por su debilidad y falta de valentía,
sino por ser mujer. La descripción que dá este autor sobre Daddá enfatiza la feminidad de este
Orisha.
En Cuba, muchos consideran a Daddá femenina. No obstante, existen contradicciones ya que en
los rituales, la masculinidad de Daddá se hace evidente. En la orden de la "llamada" de los
Orishas, o sea, la orden jerárquica empleada para los súyeres (cantos), rezos, e incluso, el oro
del igbodú del tambor batá , Daddá es "llamado" entre los Orishas masculinos y no entre los
femeninos. La orden de la llamada es la siguiente:
Eleggua, Oggún, Oshosí, Abatán, Erinlé, Orisha Okó, Babalú Ayé, Oke,
Korinkóto, Ogé, Ibeji, Daddá , Aggallujú, Shangó, Obbatalá, Obba, Yewá,
Oyá, Yemayá, Oshún y Orúnmila.
Nótese en esta orden que los primeros 15 Orishas que se llaman son masculinos, mientras que
las deidades femeninas se llaman después de Obbatalá. Daddá se llama después de Ibeji y
antes de Aggallu. El Orisha tutelar o receptor del ritual que se está efectuando, es sacado de la
orden y llamado al final, después de Orúnmila. Orúnmila siempre precede al Orisha que se le
rinde tributo.
Sin embargo, la gran parte de los Olorishas cubanos mantienen que Dabdá es femenina, no
obstante a la contradicción entre la práctica y la creencia popular. Un posible factor es el
paralelismo sincrético. En Cuba, Dadá es sincretizado con Nuestra Señora del Rosario y Bàyònni
con San Ramón Nonato. Considero que aquí yace la llave para desenvolver mejor este misterio.
Lo que no han considerado los autores antes mencionados es que en Cuba, Dabdá y Bàyònni
son considerados dos Orishas separados que viven juntos.
Daddá es representado por la piedra de rayo y la mano de diloggún que vive en el lebrillo o pilón
y Bàyònni es representado por la corona de cauris. Si se analizan los atributos de cada uno,
veremos que aquellos de Daddá se pudieran clasificar como masculinos. La piedra de rayo ó
edun ara , atributo de Shangó, en su relación con, y su representación de, la descarga eléctrica,
tiene un carácter masculino, una fuerza varonil. Bàyònni, la jícara de cauris, por lo contrario, es
un símbolo innegablemente femenino. Judith Gleason reconoce el carácter femenino de Bàyònni.
Es muy posible argumentar que el sincretismo de Daddá con un santo femenino, atado al
desconocimiento típico que siempre ha existido sobre este Orisha, haya conllevado a la
confusión en Cuba del género del Orisha. Al analizar a Daddá y Bàyònni como dos Orishas
independientes basado en sus representaciones, es muy obvio que en el pensar popular, lo
ocurrido fue una fusión de los dos Orishas en uno, a pesar del paralelismo con dos santos
católicos. De lo contrario, no existe argumentación lógica que satisfactoriamente explique el
porqué en el ritual se coloca a Daddá entre los Orishas masculinos y en el pensar vernacúlo se
le considera femenino.
Otra posible explicación de esta contradicción seria que Ajaka, el Alafín, al igual que sucede con
Shangó, haya "usurpado" a su muerte, por popularidad, el puesto del Orisha original. Según la
tradición oral Yoruba, la deidad original asociada con el trueno y las tormentas eléctricas era
Jakutá (aquel que tira piedras-alusión a la piedra de rayo que se creé caía del cielo a través del
rayo). Al morir Shangó, el personaje histórico y cuarto Alafín de Oyó, este, debido a su gran
popularidad y el miedo infundido por sus seguidores, fue elevado al estatus de Orisha,
eventualmente desplazando a Jakutá como el Orisha del trueno. En la actualidad, Jakutá
permanece como un apelativo de Shangó, y en algunos lugares de Cuba y Brazil, también se le
conoce como un camino o avatar de Shangó. Es muy posible que lo mismo haya sucedido en el
caso de Dadá y Ajaka, y que debido a lo bochornoso del reinado de Ajaka, el nombre Daddá
haya permanecido para referirse a la deidad pero que la mitología o el origen cosmológico del
Orisha se haya ligado a la historiografía del Alafín, surgiendo una fusión entre Orisha y personaje
histórico.
Es posiblemente se deba a este ultima conclusión el hecho de que Pierre Verger encuentre en
Africa una historia del odú Iká Oshé que narra la destitución de Daddá, y que este mismo mito ó
patakí sobreviva en Brazil. También, aunque el mito se desconoce en Cuba, el suyere mas
común de Dadá cantado por Olorishas cubanos, también conocido en Brasil, narra la leyenda de
la destitución de Daddá mientras que el coro responde: má sokun má -no llores mas.
Albañale (Bàyònni)
Su fundamento es una jícara forrada en tela roja y encima en caracoles de guinea, de su borde
cuelgan collares de colores enteros de todo tipo de cuentas que existen, menos negras. Come
junto a Dadda y vive sobre la batea de ella. El y Dadda son hermanos jimaguas y hermanos de
Shango.
Dadda y Albañale o Bàyònni
Daddá es el Orisha de los vegetales y de los niños que no han nacido. Comparte con Obbatalá y
Oshún la supervisión del feto en el vientre de la madre, y su protección también se la extiende a
los niños recién nacidos, en la etapa en la que aun se nutren de los pechos de la madre. Daddá
también representa paciencia, serenidad, reposo, y resignación. Es el Orisha que le transmite
estas calidades a los Olorishas y a los hijos de Shangó en especial.
En la literatura existente sobre la religión Yoruba, especialmente aquella del siglo pasado y
comienzos del presente, las menciones de Daddá son escasas y bastante limitadas. Todos los
autores que escribieron sobre Daddá mencionan básicamente lo mismo: Daddá-dios de los
vegetales y niños que no han nacido; mencionan la jícara cubierta con cauris la cual, algunos
dicen es rematada por una bola de índigo; y describen que el hijo o la hija de Daddá al nacer,
trae el pelo encrespado o una coronilla de pelo en la parte superior de la cabeza.
También se narra que cuando una casa es destruida por un rayo, los sacerdotes de Shangó
reclaman la casa como derecho suyo, otorgado por el Orisha. Hasta que estos no hayan entrado
a hacer etutú -ceremonias de expiación-los dueños de la casa están vedados de entrar a la
propiedad y de sacar el cadáver de cualquier persona que haya muerto en el acto. Para la
ceremonia, los Oní Shangó entran a la propiedad, y el sacerdote o la sacerdotisa mayor lleva a
Bàyònni puesto sobre su cabeza. Se creé que Bàyònni les ayuda a encontrar el edun ará o la
piedra de rayo que se supone haya caído con el rayo sobre la casa. Hasta que no se encuentra
dicha piedra, la casa no le es devuelta a sus dueños.
Bàyònni es la corona de Daddá y por extensión, de los hijos de Shangó. Es la fuerza pacifista del
Oní Shangó y la que le otorga a este la habilidad de analizar y la serenidad para regir
debidamente. Se considera que Bàyònni le trae asiento y madurez al Oní Shangó.
En Cuba, se dice que cuando el Oní Shangó recibe Daddá y Bàyònni, si este es "caballo de
Osha" ó subidor, más nunca Shangó, al venir por su cabeza, podrá dar vueltas de carnero como
comúnmente hace. Esto ha degenerado en significado y ha conllevado a la errada noción de que
al recibir Daddá, el Oní Shangó deja de subirse. El único Orisha poseso que puede bailar con
Bàyònni puesto sobre su cabeza es Shangó.
También se creé que recibir Daddá exonera a las personas de las enfermedades venéreas ya
que en un mito se cuenta que Daddá con la leche curo a Babalú Aye (otros dicen Shangó) de
una enfermedad venérea.
Daddá se manifiesta en varios odus de Ifá y Diloggún. Su mayor presencia se encuentra en
Irosún meji y Ejilá Shebora. También habla en Ogbe'rosún, Irosún Umbo, Ogbe'bara, Obara
B'Ogbe, Ogbe'di, Irosun'she, é Iká'shé.
Collar de Dadda
El collar de Daddá es rojo y blanco, como el de Shangó. Se diferencian en el ensarte. El de
Daddá se ensarta de dos en dos, o sea, dos cuentas blancas y dos cuentas rojas de la que
tienen el centro blanco. Al collar se le ponen doce cauris. También se le puede poner nácar y
marfil. El ishona tiene plena libertad de desarrollar su estética dentro de estos margines.
Pataki del Origen de Dadda
El origen de este Orisha es un poco difícil de definir ya que en la tradición oral Lukumí/Yoruba
existen narrativas mitológicas e históricas sobre Daddá. Según la mitología, Daddá es uno de los
Orishas que nacen del vientre de Yemayá quien, perseguida por su hijo Orungan, deseoso de
cometer un acto incestuoso con su madre, cae a la tierra y muere. Según el mito, de sus senos y
vientre, comienzan a brotar manantiales de agua seguido por el nacimiento de 16 Orishas, entre
ellos Daddá.
Este mito no sobrevive en Cuba, sin embargo sobrevive un mito ó patakí en el odu Odí Ejiogbé,
bastante conocido por los Oloshas cubanos, en el cual el incesto también desempeña un papel
importante.
Según el patakí de Odí Ejiogbé, Obbatalá (Babá Fururú) y su esposa Yembo (Yemowó) habían
venido a poblar la tierra, de acuerdo al mandato de Olofín. Ellos habían tenido varios hijos:
Elegbá, Ogún, Osun y Dadá, entre otros. Al andar del tiempo, Oggún se enamora de su madre y
comienza a hacerle avances a ella. Yembo rehusaba. Osun, su hermano, era el eterno guardiero
de Obbatalá y vigilaba todo lo que acontecía en la casa, por lo cual Oggún tenía que proceder
con mucho cuidado para que Obbatalá no se enterará de su deseo por la mujer que le dio vida.
Pero su pasión era más fuerte que su sentido común. Determinado a realizar su deseo, Ogún le
prepara un plato de maíz a Osun, el eterno guardiero, al cual le había echado unos polvos
mágicos que el había creado, y le da a tomar aguardiente. Osun se queda intensamente
dormido. Luego, Oggún se deshace de Elegbá, enviándolo a hacer unas tareas que él pensó lo
tuviese ocupado una gran parte del día. Confiado ya de que no hubiera testigos que lo pudieran
agarrar en el acto, Oggún, un hombre de una fuerza inmensurable, logra dominar a su madre y le
hace el amor.
Oggún nunca contó con la destreza de Elegbá quien había terminado de hacer todas las tareas
que Oggún le había encomendado y regresa a la casa donde encuentra a su hermano y su
madre cometiendo el acto ilícito. Al llegar Obbatalá a la casa, Elegbá le cuenta lo acontecido.
Obbatalá, furioso, maldice a Osun y lo condena a vivir de pie para el resto de la eternidad.
Oggún, al darse cuenta de su error y la ira de su padre, se condena a si mismo antes de que
Obatalá lo pudiera maldecir. Desde ese día, Oggún jura vivir en el monte trabajando 24 horas al
día sin cesar, convirtiéndose en el "esclavo" de la humanidad. Ese día, Obbatalá juró no tener
más hijos y, a partir de entonces, matar a cualquier hijo que Yembo logrará concebir.
Al tiempo, Yembo cae en estado y a los nueve meses, nace Orúnmilá. Ese mismo día, Obbatalá
se lleva a Orúnmilá al monte, a pesar de los ruegos de Yembo, y lo entierra al pie de un árbol, de
la cintura hacia abajo, a que los elementos lo mataran. Elegbá había seguido a Obbatalá sin que
este lo supiera y vio donde este había enterrado a su hermano. Diariamente, Elegbá iba al lugar
a alimentar a Orúnmilá para que este no muriera.
Al cabo del tiempo, Yembo vuelve a caer en estado. A los nueve meses, nace Shangó. Por ser
un muchacho extremadamente bello y gracioso, Yembo se apiada de él y llama a su "hija" Daddá
a quien le entrega el niño, haciéndole jurar que nunca le diría a Obbatalá que era su hijo. Cuando
Obbatalá retornó a la casa ese día, Yembo le explicó que el niño había nacido muerto y que ella
lo había enterrado en el monte. Obbatalá nunca sospechó nada.
Según este patakí, en Cuba se dice que Daddá es quien cría a Shangó. El mito es más largo,
pero para los efectos de la presente compilación, con esto basta. Es interesante observar que en
ambos mitos, el Yoruba y el Lukumí, el incesto es el factor principal que conlleva a los hechos
que estos relatan sobre el nacimiento de ciertos Orishas del panteón. Al igual que la religión, el
tabú contra el incesto es una noción universal, proscrito por casi todos los pueblos de la tierra.
Por ende, no debiera considerarse este tabú como un producto del encuentro de la religión
Lukumí con la religión Católica en la Díaspora, como se ha hecho en el pasado.