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SC 1042-2005-R

Este documento presenta los fundamentos jurídicos de una sentencia constitucional referida a la extinción de una causa penal. Explica que para determinar si procede la extinción se debe analizar si la dilación procesal es atribuible a omisiones de los órganos jurisdiccionales o a acciones del imputado, de acuerdo a parámetros objetivos. Asimismo, recuerda que la extinción tiene su base en el derecho a un proceso sin dilaciones indebidas, y que para determinar si hubo dilación indebida se debe

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SC 1042-2005-R

Este documento presenta los fundamentos jurídicos de una sentencia constitucional referida a la extinción de una causa penal. Explica que para determinar si procede la extinción se debe analizar si la dilación procesal es atribuible a omisiones de los órganos jurisdiccionales o a acciones del imputado, de acuerdo a parámetros objetivos. Asimismo, recuerda que la extinción tiene su base en el derecho a un proceso sin dilaciones indebidas, y que para determinar si hubo dilación indebida se debe

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SENTENCIA CONSTITUCIONAL 

1042/2005-R
Sucre, 5 de septiembre de 2005

Expediente: 2005-10814-22-RAC

Distrito: Oruro

III.  FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO

El recurrente solicita tutela de sus derechos a la seguridad jurídica, al debido proceso y al


principio de legalidad consagrados por los arts. 18 de la CPE, XVIII de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, 8 de la DUDH y 8 inc. 1) de la
Convención Americana de Derechos Humanos, que considera fueron vulnerados por los
recurridos, pues en el proceso penal seguido en su contra prestó toda su colaboración,
asistiendo en forma disciplinada a todos los actuados procesales, para lo cual incluso pidió
que las audiencias sean efectuadas sólo los días viernes, pues debía trasladarse desde la
ciudad de La Paz a Oruro; empero, pese a ello, existió dilación y retardación de justicia que
no es atribuible a su persona, sino al órgano jurisdiccional, pues retardó ocho meses la
emisión de la Sentencia desde la conclusión del debate; sin embargo, cuando solicitó la
extinción del proceso le fue negada por los recurridos, con argumentos equivocados y mal
interpretando la solicitud que hizo de que las audiencias del proceso sean efectuadas sólo
los días viernes. En consecuencia, en revisión de la Resolución del Tribunal de amparo,
corresponde dilucidar, si tales argumentos son evidentes y si constituyen actos ilegales
lesivos de los derechos fundamentales del recurrente, a fin de otorgar o negar la tutela
solicitada.

III.1. A ese efecto, en primer término, cabe señalar que la disposición Transitoria Tercera del
Código de procedimiento penal se encuentra vigente por haber sido declarada constitucional,
mediante la SC 0101/2004, e inconstitucional  la Ley 2683, de 12 de mayo de 2004 que la
modificaba; dispone que las causas que deben tramitarse conforme al régimen procesal
anterior (Código de Procedimiento Penal de 1972), deberán ser concluidas en el plazo de
cinco años, computables desde la publicación del nuevo Código de procedimiento Penal, Ley
1970, de 25 de marzo de 1999; publicación que fue realizada el 31 de mayo de 1999;
empero, la misma SC 0101/2004, dispuso que la forma lisa y llana de la Disposición
Transitoria Tercera, así como del art. 133 del Código de procedimiento penal (CPP), no
guarda plena compatibilidad con las normas de la Constitución Política del Estado, por lo que
era preciso interpretar las referidas normas procesales en concordancia con las normas de la
Ley Fundamental del Estado, cuyo resultado fue expresado en la citada SC 0101/2004, en
los siguientes términos: “(..) sin embargo, cuando en la última parte de ambos preceptos, de
manera lisa y llana, es decir sin discriminar si la demora en la tramitación del proceso es
atribuible a los órganos estatales competentes de la justicia penal o a las partes, establecen:
”Artículo 133.-
'Vencido el plazo, el juez o tribunal del proceso, de oficio o a petición de parte, declarará
extinguida la acción penal'.
“Disposición Transitoria Tercera
'Los jueces constatarán, de oficio o a pedido de parte, el transcurso de este plazo y cuando
corresponda declararán extinguida la acción penal y archivarán la causa'.
”(..) no guardan plena compatibilidad con el sentido del orden constitucional y de los pactos
sobre derechos humanos aludidos, pues tal extinción sólo puede ser conforme a la
Constitución, cuando se constate que la no conclusión del proceso dentro del plazo
máximo establecido por ambas disposiciones es atribuible a omisiones o falta de
diligencia debida de los órganos administrativos o jurisdiccionales del sistema penal y
no a acciones dilatorias del imputado o procesado.
”Pues, debe tenerse presente que en el sentido de la Constitución, se vulnera el derecho a la
celeridad procesal y, dentro de ello, a la conclusión del proceso en un plazo razonable,
cuando los órganos competentes de la justicia penal del Estado omiten desplegar,
injustificadamente, la actividad procesal dentro de los términos que el ordenamiento jurídico
establece; por tanto, en sentido del orden constitucional, no habrá lesión a este derecho, si la
dilación del proceso, en términos objetivos y verificables, es atribuible al imputado o
procesado. Un entendimiento distinto no guardaría compatibilidad ni coherencia con las
exigencias de seguridad jurídica que la Constitución proclama [art. 7 inc. a)] así como el
deber del Estado de proteger de manera eficaz, toda lesión o puesta en peligro concreto, de
los bienes jurídicos protegidos por el orden penal boliviano.
“(..) el art. 4 de la LTC faculta a este Tribunal que: 'En caso excepcional de que una ley,
decreto o cualquier género de resolución admita diferentes interpretaciones, el Tribunal
Constitucional en resguardo del principio de conservación de la norma adoptará la
interpretación que, concuerde con la Constitución'.
“(..) en este sentido, como ha quedado establecido precedentemente, las disposiciones
legales objeto del presente juicio de constitucionalidad sólo pueden ser compatibles con los
preceptos constitucionales referidos, en la medida que se entienda que, vencido el plazo, en
ambos sistemas, en lo conducente, el juez o tribunal del proceso, de oficio o a petición de
parte, declarará extinguida la acción penal, cuando la dilación del proceso más allá del plazo
máximo establecido, sea atribuible al órgano judicial y/o, al Ministerio Público, bajo
parámetros objetivos; no procediendo la extinción cuando la dilación del proceso sea
atribuible a la conducta del imputado o procesado”  (las negrillas son nuestras).
Sobre la base de los fundamentos jurídicos expuestos, la referida SC 0101/2004 resolvió
declarar la constitucionalidad del art. 133 y la Disposición Transitoria Tercera del Código de
procedimiento penal, únicamente en el sentido expuesto; por tal motivo, ha dejado de regir el
plazo fatal y fijo, como único criterio para declarar la extinción de las causas tramitadas
conforme las normas del anterior Código de Procedimiento Penal, debiendo en el futuro, para
dar aplicabilidad a las citadas normas, someter lo actuado en el proceso a un análisis
objetivo de las causas que motivaron su dilación o retardación; para lo cual, la citada SC
0101/2004, estableció que: “(...) el juez o tribunal del proceso, de oficio o a petición de parte,
declarará extinguida la acción penal, cuando la dilación del proceso más allá del plazo
máximo establecido, sea atribuible al órgano judicial y/o, al Ministerio Público, bajo
parámetros objetivos; no procediendo la extinción cuando la dilación del proceso sea
atribuible a la conducta del imputado o procesado”.
En definitiva, se debe resaltar que la constitucionalidad de la Disposición Transitoria Tercera
del Código de procedimiento penal, está supeditada a que en su aplicación se respete la
interpretación efectuada por esta jurisdicción constitucional, la que ha determinado que el
plazo de extinción del proceso no se opera de manera automática con el solo transcurso del
plazo fijado por la disposición procesal, sino que cada caso deberá ser objeto de un
cuidadoso análisis para determinar las causas de la demora en la tramitación del proceso
penal en cuestión. A ese efecto, a través del AC 0079/2004-ECA, de 29 de septiembre,
emitido ante la solicitud de enmienda y complementación a la SC 0101/2004, este Tribunal
Constitucional ha señalado que serán las autoridades jurisdiccionales competentes que al
conocer y resolver la solicitud de extinción del proceso penal que: “(..) en el caso concreto,
determinarán si la retardación de justicia se debió al encausado o al órgano judicial y/o el
Ministerio Público; no siendo posible, a través de la presente Resolución establecer criterios
para el análisis de cada caso” .
III.2. Es importante recordar que la extinción del proceso penal por mora judicial tiene su
base de sustentación en el derecho que tiene toda persona procesada penalmente a un
proceso sin dilaciones indebidas, un derecho que forma parte de las garantías mínimas del
debido proceso, consagrado por el art. 14.3.c) del Pacto Internacional de Derecho Civiles y
Políticos y,  art. 8.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos como un derecho
a un proceso dentro de un plazo razonable, instrumentos normativos que forman parte del
bloque de constitucionalidad, conforme ha determinado este Tribunal en su amplia
jurisprudencia.
Empero, conforme ha definido este Tribunal Constitucional en su SC 101/2004 y su AC
0079/2004-ECA, la determinación de la extinción debe responder a una cuidadosa
apreciación, en cada caso concreto, de los siguientes factores concurrentes al plazo previsto
por la Ley: a) la complejidad del asunto, referida no sólo a los hechos, sino también a la
cuestión jurídica; b) la conducta de las partes que intervienen en el proceso; y c) la conducta
y accionar de las autoridades competentes, en este último caso para determinar si el
comportamiento y accionar de las autoridades competentes fue manifiestamente negligente
dando lugar a un desenvolvimiento del proceso fuera de las condiciones de normalidad; en
consecuencia, conforme se expresa en la doctrina y la jurisprudencia emanada de los
órganos regionales de protección de los Derechos Humanos, como la Corte Americana de
Derechos Humanos, se entiende por un proceso sin dilación indebida a aquel que se
desenvuelve en condiciones de normalidad dentro del tiempo requerido y en el que los
intereses litigiosos pueden recibir pronta satisfacción; de lo referido se infiere que este
derecho se lesiona cuando el proceso penal no se desarrolla en condiciones de normalidad
debido a la actuación negligente de las autoridades competentes, es decir, con un
funcionamiento anormal de la administración de justicia, con una irregularidad irrazonable,
dando lugar a que el proceso tenga una demora injustificada.

Ahora bien, para lograr que la transición del sistema procesal penal inquisitivo al nuevo
sistema procesal oral acusatorio adoptado en el Código de procedimiento penal, el legislador
ha previsto un plazo para la liquidación de los procesos penales iniciados durante la vigencia
del anterior sistema procesal penal y, en resguardo del derecho del procesado a un
procesamiento sin dilaciones indebidas, ha previsto la extinción de los procesos penales que
no concluyan con sentencia ejecutoriada dentro del plazo previsto. En efecto, la Disposición
Transitoria Tercera del Código de procedimiento penal, dispone que: “Las causas que deben
tramitarse conforme al régimen procesal anterior, deberán ser concluidas en el plazo máximo
de cinco años, computables a partir de la publicación de este Código. Los jueces
constatarán, de oficio o a pedido de parte, el transcurso de este plazo y cuando corresponda
declararán extinguida la acción penal y archivarán la causa”; las normas procesales previstas
por la disposición transitoria referida deben ser interpretadas desde y conforme a la
Constitución aplicando los cánones establecidos por la SC 0101/2004 y el AC 0079/2004-
ECA.

En ese orden de ideas, resulta necesario interpretar la norma procesal antes referida con
relación al cómputo del plazo de cinco años previstos para la duración máxima de los
procesos penales iniciados durante la vigencia del anterior sistema procesal penal. A ese
efecto cabe señalar que, de manera general, el legislador ha concedido a las autoridades
judiciales competentes un plazo de cinco años para concluir con la substanciación de los
procesos penales iniciados en aplicación del anterior Código de procedimiento penal; según
la norma procesal prevista en la Disposición Transitoria Tercera, el plazo de los cinco años
se computa a partir de la publicación del nuevo Código de procedimiento penal; ahora bien,
haciendo una interpretación literal de la norma se podría concluir que ese plazo sólo se
aplica a los procesos penales que se iniciaron con anterioridad a la publicación del nuevo
Código de procedimiento penal y se encontraban en trámite; sin embargo, esa interpretación
no resultaría razonable, ya que excluiría del alcance de la norma transitoria a los procesos
penales que fueron iniciados con posterioridad a la publicación y antes de que entre en
vigencia plena el tantas veces referido Código, es decir el período de tiempo que transcurre
entre el 31 de mayo de 1999 (fecha de publicación) al 1 de junio de 2001 (fecha de entrada
en vigencia plena). Entonces, debe realizarse una interpretación de la norma procesal
aludida aplicando los principios de la concordancia práctica y la eficacia integradora, así
como tomando en cuenta la intención del legislador; en ese orden de ideas, se entiende que
el legislador tuvo la intención de conceder a los jueces y tribunales judiciales un plazo de
cinco años para concluir con la tramitación de los procesos penales iniciado durante la
vigencia del Código de procedimiento penal de 1972; de otro lado, se entiende que, en
resguardo del derecho a la igualdad procesal de las personas, ese plazo es para todos los
procesos penales iniciados durante la vigencia del anterior sistema procesal penal, lo que
incluye a los procesos iniciados después de la publicación y antes de la entrada en vigencia
plena del nuevo Código de procedimiento penal, pero en este último caso el cómputo no
puede realizarse desde la publicación del mencionado Código, ya que ello reduciría en la
práctica el plazo de los cinco años previsto por la Disposición Transitoria Tercera del Código
de procedimiento penal en vigencia; así, por ejemplo, si un proceso penal fue iniciado en el
mes de mayo de 2001, aplicando el cómputo a partir de la publicación del nuevo Código, las
autoridades judiciales competentes solamente tendrían un plazo de tres años para concluir
con la substanciación de ese proceso penal, lo cual lesionaría el derecho a la igualdad
procesal de las partes que intervienen en el mismo.
De lo expuesto se concluye, que, además de la interpretación efectuada por la SC 0101/2004
de la Disposición Transitoria Tercera del Código de procedimiento penal, esta norma debe
ser entendida en el sentido de que el plazo, de duración máxima de los procesos penales
iniciados durante la vigencia del Código de procedimiento penal de 1972 previsto por la
referida disposición procesal, debe ser computado a partir de la publicación del nuevo Código
para los procesos iniciados con anterioridad, y para aquellos que fueron iniciados después de
la publicación y antes de la entrada en vigencia plena del nuevo Código de procedimiento
penal debe computarse a partir del inicio mismo del proceso penal.

De lo anteriormente expuesto, así como de la SC 0101/2004 y su AC 0079/2004-ECA, se


extraen las siguientes subreglas relativas a las condiciones formales y materiales para la
extinción del proceso penal tramitado conforme a las normas del régimen procesal abrogado;
así: 1) es condición formal para la extinción del proceso penal tramitado según el Código de
procedimiento penal de 1972, que el proceso tenga una duración superior a los cinco años,
computables desde: a) la fecha de publicación del Código de procedimiento penal, para los
casos que se hubieran iniciado y estuvieran en trámite a esa publicación; y b) la fecha de
inicio del proceso para los casos iniciados con posterioridad a la fecha de publicación y con
anterioridad a la vigencia plena del Código de procedimiento penal; y 2) las condiciones
materiales para declarar la extinción del proceso penal regulado por el régimen procesal
abrogado, emergen: “(...) cuando la dilación del proceso más allá del plazo máximo
establecido sea atribuible al órgano judicial y/o, al Ministerio Público, bajo parámetros
objetivos (...)” (SC 0101/2004); y “(...) en cada caso concreto, tomando en cuenta, 'la
complejidad del litigio, la conducta del imputado y de las autoridades judiciales…'(...)” (AC
0079/2004-ECA), “(...) no procediendo la extinción cuando la dilación del proceso sea
atribuible a la conducta del imputado o procesado” (SC 0101/2004).        
III.3. Efectuadas las precisiones doctrinales y jurisprudenciales que anteceden, corresponde
examinar y resolver la problemática planteada.

El recurrente impugna el Auto 417/2004, de 1 de diciembre, emitido por los recurridos, con el
argumento de que existiendo las condiciones formales y materiales, ya que lleva más de
cinco años procesado y ha existido dilación en el proceso atribuible al órgano judicial,
mediante la Resolución hoy impugnada le fue negada indebidamente la extinción del proceso
llevado en su contra, lo que implica la lesión de sus derechos fundamentales invocados en el
recurso.

Analizados los antecedentes aportados por las partes que informan sobre los actuados en el
proceso penal seguido contra el recurrente y otros, se tiene la evidencia de que al momento
de ser planteada la solicitud de extinción, no tenía cinco años de duración, ya que según el
informe de la Secretaria de Cámara de la Sala Social y Administrativa de la Corte Superior de
Oruro (fs. 6 a 19), la querella fue presentada el 22 de septiembre del año 2000, lo que implica
que, aplicando la interpretación de la norma prevista por la Disposición Transitoria Tercera, la
solicitud de extinción del proceso planteada por el recurrente, presentada el 28 de
septiembre de 2004 (fs. 55 y 56), no cumplió con el requisito formal de haber transcurrido
más de cinco años del proceso, lo que hace inviable su petitorio.

En consecuencia, este Tribunal considera que las autoridades recurridas, al haber rechazado
la solicitud de extinción del proceso penal, no han lesionado el derecho a la seguridad
jurídica del recurrente como erróneamente sostiene éste, ya que conforme determinó la
jurisprudencia de este Tribunal, la seguridad jurídica es la: “(...) condición esencial para la
vida y el desenvolvimiento de las naciones y de los individuos que la integran. Representa la
garantía de la aplicación objetiva de la ley, de tal modo que los individuos saben en cada
momento cuáles son sus derechos y sus obligaciones, sin que el capricho, la torpeza o la
mala voluntad de los gobernantes pueda causarles perjuicio (...)” (AC 287/1999-R, de 28 de
octubre); y conforme se explicó anteriormente, los recurridos a tiempo de emitir el Auto
417/2004, no inaplicaron la ley o en concreto la Disposición Transitoria Tercera del Código de
procedimiento penal, menos hicieron una aplicación inobjetiva o caprichosa de las normas
legales que regulan la materia, siendo que más bien respetaron su contenido ontológico,
pues la solicitud de extinción del proceso del recurrente no contempló que, a tiempo de ser
interpuesta, el proceso seguido en su contra no tenía una duración superior a cinco años, por
lo que no cumplía con el requisito formal, tal como se expuso anteriormente; de lo que se
extrae que la solicitud fue rechazada conforme a derecho; por lo mismo tampoco se ha
desconocido o vulnerado el principio de legalidad como argumenta el recurrente.
De otro lado, este Tribunal considera que tampoco fue vulnerado el derecho al debido
proceso, consagrado por los arts. 16 de la CPE y 8.1 de la Convención Americana de
Derechos Humanos, y que ha sido entendido por la jurisprudencia constitucional como: “(..)
el derecho de toda persona a un proceso justo y equitativo en el que sus derechos se
acomoden a lo establecido por disposiciones jurídicas generales aplicables a todos aquellos
que se hallen en una situación similar (...)”  (SC 418/2000-R, de 2 de mayo); pues en el caso
objeto de análisis, de los antecedentes que cursan en el expediente se establece que las
autoridades judiciales recurridas adecuaron su decisión a las normas procesales aplicables al
caso, concretamente las previstas por la Disposición Transitoria Tercera del Código de
procedimiento penal y a la interpretación emergente de ella, lo que significa que aplicaron
una norma de carácter general que debe ser aplicada a todos quienes se hallen en una
situación similar a la del recurrente, lo que concede las cualidades de justo y equitativo el
proceso llevado en su contra.
III.4. En otro orden de ideas, respecto a la vulneración a los arts. XVIII de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y 8 de la DUDH, se debe expresar que
tampoco resultaron afectados; al respecto, es necesario precisar que el recurrente hace una
equivocada alusión a tales normas, pues las refiere relacionándolas con los derechos a la
seguridad jurídica y al debido proceso, lo que no es evidente, conforme se demuestra a
continuación:
1º El art. XVIII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, al
disponer que: “Toda persona puede ocurrir a los tribunales para hacer valer sus derechos.
Asimismo debe disponer de un procedimiento sencillo y breve por el cual la justicia lo ampare
contra actos de la autoridad que violen, en perjuicio suyo, alguno de los derechos
fundamentales consagrados constitucionalmente”, consagra, de un lado, el derecho a la
justicia, cuando dispone que: “Toda persona puede ocurrir a los tribunales para hacer valer
sus derechos”; precepto que no fue vulnerado, ya que el recurrente tiene expeditas todas las
vías legales y jurisdiccionales a su disposición, incluido el Tribunal en el que se tramita el
proceso penal en su contra para demostrar su inocencia en ejercicio pleno del derecho de
acceso a la justicia, materializado para el caso de los procesados en el derecho a la defensa;
cosa diferente es que no siempre se de lugar a sus peticiones, supuesto que ya no ampara la
norma analizada, pues corresponde a cada autoridad jurisdiccional sustanciar y resolver las
cuestiones sometidas a su conocimiento, sin que el eventual rechazo a alguna pretensión de
una de las partes, suponga un lesión al derecho de acceso a la justicia; y, de otro lado,
consagra el derecho a la tutela constitucional, o recurso de amparo, sobre el cual, a prima
facie es posible determinar que no fue suprimido, pues esta Sentencia prueba que el
recurrente ejerce su derecho a un recurso tutelar de sus derechos fundamentales.
2º El art. 8 de la DUDH, dispone lo siguiente: “Toda persona tiene derecho a un recurso
efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que
violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley”; lo
que significa que  contiene una norma similar a la anteriormente analizada, por lo que son
válidos los argumentos ya expuestos para determinar su plena vigencia a favor del
recurrente.
III.5. Por último, dado que la SC 0101/2004, ha establecido que para calificar la confluencia
de las condiciones formales y materiales que hagan procedente la extinción de la acción
penal, es necesario analizar; la conducta del imputado, así como de las autoridades
judiciales; se hace imperativo que en la tramitación de las solicitudes de extinción del
proceso por haber rebasado el plazo razonable de duración del proceso penal, las
autoridades que tramiten tal petición, o las que conozcan de acciones tutelares contra las
decisiones asumidas por esas autoridades, conozcan las razones que motivaron la dilación o
retardación de justicia demandada, es por ello que; cuando en recursos tutelares de amparo,
se denuncie ante la jurisdicción constitucional los actos de la autoridades jurisdiccionales
encargadas de tramitar la solicitud de extinción de la acción penal, debe necesariamente
darse a la autoridad responsable de la dilación o retardación demandada, la posibilidad de
informar sobre las causas que justifiquen los hechos demandados; debiendo al efecto, el
recurrente identificar debidamente a la autoridad responsable de la dilación o retardación de
justicia, para que ésta sea notificada y presente el respectivo informe.

De los fundamentos expuestos, se concluye que no existen las condiciones formales


requeridas para disponer la extinción de la acción penal seguida contra el recurrente, por lo
que las autoridades recurridas, al rechazar tal solicitud, actuaron correctamente, no
existiendo por tanto supresión, restricción o amenaza a los derechos fundamentales del
recurrente a la seguridad jurídica y al debido proceso; como consecuencia de ello, se tiene
que la situación demandada no se adecua a ninguno de los supuestos previstos por el art. 19
de la CPE para conceder la tutela solicitada.

Consiguientemente, el Tribunal de amparo al haber declarado improcedente el recurso, ha


realizado una correcta aplicación de las normas previstas por el art. 19 de la CPE.   
POR  TANTO

El Tribunal Constitucional, en virtud de la jurisdicción que ejerce por mandato de los arts.
19.IV y 120.7ª de la CPE; 7 inc. 8) y 102.V de la Ley del Tribunal Constitucional en revisión
resuelve:

1º APROBAR la Resolución 001/2005, de 7 de enero, cursante a fs. 92 a 96, pronunciada


por la Sala Civil, Familiar y Comercial de la Corte Superior del Distrito Judicial de Oruro; y, en
consecuencia DENEGAR el amparo solicitado.
2º Dispone modificar la multa impuesta a Bs200.-.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional.

No intervienen la Decana Dra. Elizabeth Iñiguez de Salinas y la Magistrada Dra. Martha


Rojas Álvarez, por encontrarse ambas con licencia.

Fdo. Dr. Willman Ruperto Durán Ribera


PRESIDENTE
Fdo. Dr. José Antonio Rivera Santivañez
MAGISTRADO
Fdo. Dr. Artemio Arias Romano

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