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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Historia del Perú para descontentos
Tomo II
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Historia del Perú
para descontentos
Héctor Béjar
Vieja corónica y
mal gobierno
La otra historia, la que nos ocultan
Tomo II
Vieja corónica y mal gobierno
Achebé ediciones
Edificio Los Olmos 1403
Residencial San Felipe
Jesús María, Lima
www.hectorbejar.com
www.hectorbejarrivera.com
[email protected]
Primera edición: Lima, 2019.
Segunda edición corregida y aumentada en dos tomos: Lima, 2021
Impreso en el Perú.
El derecho de Héctor Béjar a ser identificado como autor de este trabajo
ha sido inscrito de acuerdo con las leyes peruanas de derechos de autor.
Está autorizada la transcripción parcial siempre que se haga referencia
al autor y a esta edición.
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Contenido del Tomo II
Siglo XX
De Nicolás de Piérola a Ollanta Humala
Prólogo
1. República aristocrática: una hacienda llamada Perú 14
2. Leguía 34
3. Los que tenían 20 años. La Apra y su triste destino 49
4. Benavides. Cuando el Perú pudo ser (o fue) fascista 117
5. Prado ¿el hijo del traidor? 151
6. Primavera violenta 170
7. Llega el American Way of Life 215
8. El segundo Prado 242
9. La Junta Militar del 62 261
10. Las clases medias altas llegan al poder político 272
11. El proceso revolucionario 1968 -- 1975 289
12. Alta traición 327
13. La contrarrevolución militar. 335
14. La constituyente restauradora de 1979. 379
15. El Perú devuelto a sus dueños 385
16. Alan y sus doce apóstoles 410
17 El Perú secuestrado 426
18. Paniagua, el presidente que Clinton nos puso 486
19. El cholo sagrado y la conexión israelí. 494
20. El retorno del converso. 514
21. La gran estafa. 522
22. Post fuji montesinismo 534
23. Grandes períodos de la historia republicana. 543
Bibliografía 545
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Héctor Béjar
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Palabras iniciales
No pretendo ser académico. Esta es solo una propuesta de dis-
cusión para entrar al fondo de nuestros problemas. Un testimonio,
un punto de vista personal. Una gran hipótesis.
Sostengo que no estamos bien. Podemos estar caminando, in-
conscientemente, hacia la destrucción de nuestro país. Y sostengo
también que eso es consecuencia de cómo vemos el mundo y cómo
nos vemos a nosotros. Porque somos lo que pensamos. Y pensamos
de acuerdo a cómo creemos que son nuestros orígenes y nuestra his-
toria. Y en la medida en que tengamos una información errónea,
tendremos una conciencia falsa. Y una conciencia falsa es como los
cimientos de barro sobre los que nada se puede edificar.
Somos un gran rebaño sin norte que se ocupa de sobrevivir y
comer mientras sus conductores se concentran en sus negocios fre-
cuentemente turbios e ilegales. Conquistamos, es decir, depreda-
mos y destruimos el ambiente donde vivimos. Y estamos pervirtien-
do, corrompiendo, destruyendo a nuestra propia gente.
Este libro trata de dar la información que he podido recoger
sobre nuestros orígenes y nuestra vida como pais y sociedad, proce-
dente de investigadores serios de Argentina, Chile, Colombia, Bo-
livia, Brasil y el Perú que voy citando a lo largo del texto, además
de numerosos estudiosos europeos. Pretende una versión distinta
a la que dan los colegios y universidades que repiten lo que han
ido inventado a lo largo de años, los enemigos del Perú, que somos
buena parte de los propios peruanos.
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Héctor Béjar
Todo esto es, por supuesto, discutible y puede ser discutido. Una
discusión que tenga por objetivo trazar nuevos horizontes hacia la
construcción, no hacia la destrucción que ya nos rodea y carcome.
De un punto inicial debemos tener conciencia. Vivimos en un
territorio cuyos seres humanos tienen quince mil años de antigüe-
dad. Sabemos por los dudosos testimonios escritos de los cronistas
castellanos, lo que habría pasado hace apenas 500 años y el res-
to por historiadores parcializados o atemorizados por el sistema.
Los cinco mil años anteriores los suponemos con los arqueólogos. Y
hasta ahí llegamos. ¿Qué son los quinientos años de testimonios es-
critos comparados con los quince mil de vida humana en estas tie-
rras? Mientras Babilonia dejó su código de Hamurabi, los babilo-
nios, egipcios, chinos y los indios se remontaron por lo menos hasta
antes de los dos mil años antes de Cristo, nosotros asumimos solo
quinientos años, como si de cincuenta años de vida solo recordá-
semos cinco meses. No sabemos cómo se construyó Machu Picchu,
por qué trazaron las líneas de Nazca, qué significaban los quipus,
cómo era realmente el arte, cómo fue la ciencia del lejano pasado,
porque los sabios indígenas callaron o fueron asesinados; y fueron
destruídas las obras de arte precolombinas para fundirlas y lle-
varse el oro a la península, en un inmenso crimen por el cual hasta
ahora los descendientes de los criminales no han pedido perdón.
No destruyeron solo nuestros edificios, palacios, sino nuestra alma
y nos impusieron un alma postiza que todavía soportamos. Somos
un país con Alzheimer, perdimos la memoria. Y además, detesta-
mos el pasado indígena y adoramos oficialmente el legado colonial
o la visión criolla y poscolonial del inmenso pasado precolombino.
Quiero explicarme y explicar qué pasó desde el gigantesco ge-
nocidio y ecocidio que llamamos conquista. Develo los crímenes
de Isabel y Colón, la degeneración de los Austrias y Borbones, las
luchas sin descanso de los oprimidos indígenas, la gran traición
que ha significado la república criolla, los proyectos revoluciona-
rios que los depredadores sofocaron y escondieron. Se dirá que así
es la Historia, con H mayúscula. No acepto esa posición porque de
allí nace la aceptación de todos los abusos posteriores que todavía
hoy nos oprimen y corrompen. No acepto el centralismo europeo y
norteamericano que todavía perdura y pretendo que este relato sea
un testimonio más de los muchos que en estos tiempos están rom-
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
piendo el hielo y el hierro de la opresión. Quizá todavía estemos a
tiempo de evitar el desastre ecológico del país que habitamos, de
impedir la arremetida explotadora y de abrir un horizonte distinto
de lucha por nosotros y construcción de una realidad nueva y justa.
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Héctor Béjar
1. República “aristocrática”:
una hacienda llamada Perú
El resultado de la guerra con Chile no fue solo la pérdida
de Arica y Tarapacá. La London Pacific ya estaba ubicada
en La Brea y Pariñas, la Cerro de Pasco en las minas del
centro, la Grace era dueña de puertos, ferrocarriles y tierras
de la selva, la Casa Ricketts subordinaba a los indios
alpaqueros y laneros en el sur, la casa Arana mandaba en
la selva amazónica. Los hijos y nietos de los consignatarios
y consolidados administraban desde Lima el poder político
de esas empresas inglesas y norteamericanas. Lo hacían
para ellas, no para el Perú.
La guerra había sido solo un accidente en esta historia
de dominación. Piérola, el hombre de Dreyfus. activo
causante de sucesivas derrotas ante el enemigo externo, fue
bastante hábil en los conflictos internos para capturar de
nuevo el poder por las armas y se convirtió en el restaurador
del poder oligárquico después de la guerra con Chile; y el
fundador de lo que Jorge Basadre llamó piadosamente
“la república aristocrática”. El término es excesivo porque
aristocracia viene de aristos, lo excelente, lo mejor y estos,
de mejores tenían poco. En realidad, el Perú seguía siendo
la república de los guaneros, ahora adornada con un poco
más de educación e ilustración a la francesa de la elite
excluyente, dictadura de mediocres hijos de ricos sobre un
mundo de siervos y esclavos.
Fueron apenas quince años en que las familias racistas se
alternaron en la presidencia, mientras en el Perú profundo
continuaba el reino intocado de los terratenientes y sus indios
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
semiesclavos. Las industrias de lanas, textiles y bebidas,
obligaron a la formación de un pequeño proletariado y
empezaron a llegar tardíamente, las ideas anarquistas y
socialistas. La mal llamada república aristocrática empezó
con Piérola pero no pudo soportar a Billinghurst. La farsa
acabó brutalmente con el golpe de Benavides, el general que
dominó la política peruana durante la primera mitad del
siglo XX.
A
firmada una estructura económica manejada por los
acreedores del Perú, Nicolás de Piérola se dedicó a com-
pletar ese orden jerárquico organizando la explotación
del país por extranjeros y una administración pública creada
para ellos. Creó la Sociedad Recaudadora de Impuestos pero no
obligó a los terratenientes a pagarlos, estableció el Patrón de
Oro porque había que ponerse a tono con el mundo monetario
capitalista, consolidó el sistema presidencialista que le conve-
nía; estableció el voto público y directo, pero lo prohibió a los
analfabetos siguiendo la tradición; impulsó la construcción de
caminos que conectaban con la vía del Pichis en la selva pensan-
do en la inmigración europea y la extracción de riquezas de una
selva que suponía salvaje a la vez que paradisíaca; estableció
el servicio militar obligatorio que en la práctica lo era solo para
los indios; contrató una misión de los militaristas franceses; y
fundó el Ministerio de Fomento y Obras Públicas para hacer las
construcciones que convenían a los que explotaban las riquezas
naturales del país.
Fue el segundo Piérola, ya no levantisco sino ordenado y con-
servador, porque tenía el poder y lo administraba en beneficio de
los hacendados de la sierra, los gamonales azucareros de la costa,
las empresas mineras inglesas y norteamericanas. Años en que
fue formada la que después los sociólogos y políticos llamaron la
oligarquía, con su expresión política el Partido Civil o civilismo,
el grupo exclusivo que sobrevivió largos años a Pardo. Si Cáceres
había mantenido en sus cargos a los jefes militares de la resisten-
cia andina olvidando a los jefes indios, Piérola, siempre funcional
a Chile, se empeñó en desalojar del ejército a los que habían com-
batido en las campañas de Cáceres para no molestar ni alarmar a
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Héctor Béjar
los ultraconservadores gobiernos del vecino sureño, que andaban
muy ocupados en matar mapuches y expulsar a las familias pe-
ruanas de las provincias cautivas.
Los precios de la fibra de ovino y alpaca eran buenos en el
mercado internacional, porque las manufacturas inglesas tra-
bajaban sin cesar para abastecer un mercado cada vez más am-
plio. El negocio de lana exportable a Inglaterra requería tierras
y los hacendados se dedicaron a despojar a las comunidades y
ayllus. En vez de fortalecer mediante las armas nuestra capaci-
dad negociadora frente a Chile, Piérola destinó los mejores ba-
tallones, como el batallón Canta, provisto de armas modernas,
a exterminar los levantiscos indios de Chucuito y Pomata que
protestaban contra los despojos de los hacendados. Los hacen-
dados se volvieron pierolistas y acusaron a los rebeldes de ca-
ceristas para apropiarse de las tierras comunales a balazos. La
proximidad de estas tierras a las líneas ferroviarias y la coyun-
tura internacional que elevó el precio de lana y fibras textiles,
había excitado su codicia.
Piérola subordinó el Perú a Chile y convirtió la derrota mili-
tar en derrota política. El espíritu prochileno que floreció cuan-
do algunos generales peruanos se pusieron a las órdenes del
ejército del sur para invadir su propio país contra la Confedera-
ción Perú Boliviana, se mantuvo y fortaleció. Los oficiales que
combatieron en la resistencia, calificados como “breñeros”, es
decir guerrilleros y montoneros, fueron degradados, enviados
lejos de Lima o expulsados. Hasta 1930 fue tal la subordinación
a Chile, que adquirían los caballos que daba de baja el ejército
chileno para que los use la caballería peruana. Varios genera-
les eran socios honorarios del Círculo de Oficiales de Chile. El
comandante general del Ejército Pedro Pablo Martínez, tenía el
título honorífico de Jefe del Regimiento Cazadores de Baqueda-
no.
Los 24 amigos del Club Nacional
Al pasar los años fue apareciendo una nueva generación de
civilistas, como José Pardo y Barreda, hijo de Manuel Pardo,
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
que fue Presidente de la República; Augusto Bernardino Le-
guía, visto como advenedizo al comienzo pero aceptado después
por ser un financista con mucho dinero; Victor Maúrtua, Anto-
nio Miró Quesada, director de El Comercio; Francisco Tudela y
Felipe de Osma.
Los hombres más poderosos del Partido Civilista, controlaban
la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Junta Elec-
toral, el diario El Comercio, y se reunían semanalmente en el
Club Nacional. Fueron conocidos como los 24 amigos del Club
Nacional.
Dueños de las haciendas más modernas (y de las otras tam-
bién), del diario de mayor circulación y de las cátedras de San
Marcos, los civilistas monopolizaron el mundo intelectual, mo-
netario y financiero. Sus hijos fueron educados en París y tu-
vieron su propia manera racista de afiliarse al positivismo y al
evolucionismo en boga, cuyas teorías dividían la humanidad en
razas superiores e inferiores. Javier Prado y Ugarteche, Francis-
co García Calderón, Manuel Vicente Villarán, Alejandro Deus-
tua, José de la Riva Agüero y Osma, Víctor Andrés Belaunde,
formaron la que se llamó generación del novecientos, en realidad
una generación conservadora de un régimen que ya era anacró-
nico si se le comparaba con los cambios sociales que estaba expe-
rimentando el mundo.
Porque el capitalismo industrial seguía avanzando en Ingla-
terra convertida en imperio, y las grandes fortunas de los Du-
pont, Rockefeller, Mellon, Vanderbilt, Carnegie, surgían como
consecuencia de la construcción de ferrocarriles, el hallazgo del
petróleo, la provisión de armas al ejército del norte en la Gue-
rra de Secesión. Era el norte revuelto y brutal, hambriento de
petróleo y caucho, porque la era del automóvil y las autopistas
sustituía a la de los rieles y ferrocarriles. Los impresionistas
pintaban a los ricos de la belle epoque en París; la Segunda Re-
pública francesa permitía la expansión de las ideas socialistas,
que eran ignoradas en el Perú. El marxismo se expandía como
una mancha de aceite en el proletariado de la Alemania unifica-
da por Bismarck bajo el Kaiser Guillermo I, pero aquí llegaría
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Héctor Béjar
solo treinta años después con Mariátegui. Las potencias euro-
peas se repartían los diamantes, el oro, el marfil y los minerales
de África e instalaban un nuevo colonialismo que continuaba
el viejo colonialismo español, portugués e inglés del siglo XVI.
Strauss, Klimt, Paul Klee, filósofos, músicos, pintores y cientí-
ficos, rodeaban la corte del Imperio Austro Húngaro en Viena,
donde Sigmund Freud descubría el subconsciente humano, un
nuevo continente más importante que la América de Cristóbal
Colón.
Las ideas anarquistas y marxistas se expandían allá lejos,
Piotr Kropotkin era la figura más notable de una generación
revolucionaria nacida del zarismo ruso. Se había decidido la
primera reforma agraria en 1860 y los populistas rusos se co-
municaban con Carlos Marx, que empezaba a orientar su in-
terés hacia los países colonizados por el primer imperialismo
capitalista.
En la España borbónica el reinado de Isabel II, la de los tris-
tes destinos, había terminado en la sublevación militar de 1868
que fue seguida por una fugaz y fracasada Primera República,
el intento de una monarquía constitucional con Amadeo de Sa-
boya que abdicó aburrido por el incomprensible mundo de intri-
gas de la corte de Madrid; y luego el reinado de Alfonso XII que
murió tuberculoso para ser sustituido por Margarita de Habs-
burgo, su prima y viuda. Luchan conservadores y liberales.
La Guerra de los Diez Años de 1868 – 1878, la Guerra Chi-
quita y la Guerra del 95 que termina en la independencia limi-
tada de Cuba, la colonia más rica que les quedaba en América,
arruinan una vez más la economía de la península ibérica, que
es derrotada por la joven potencia norteamericana y pierde no
solo Cuba, sino Puerto Rico y Filipinas.
Ese es el marco del final del siglo en que surge en el Perú la
que sería llamada Generación del 900.
La generación del novecientos
El período inicial de la Generación del 900 parte de la in-
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
fluencia de Henri Bergson, cuya concepción espiritualista y an-
ticientificista era asociada también a la filosofía de Émile Bou-
troux, su maestro, y profesor también de Emile Durkheim.
JAVIER PRADO Y UGARTECHE (1871—1921) fue hijo del
segundo matrimonio de Mariano Ignacio Prado. Estudió en el
colegio de la Inmaculada y a los 15 años ingresó a la Universi-
dad Nacional Mayor de San Marcos. En 1891 era doctor en le-
tras, y en 1894, doctor en jurisprudencia. Fue profesor auxiliar
de Literatura Castellana y Estética e Historia del Arte. En 1898
ganó la cátedra de filosofía moderna. Decano de Letras durante
ocho años, ejerció el rectorado de 1915 a 1920. Fue ahí donde los
estudiantes lo proclamaron maestro de la juventud. Pero en la
revolución universitaria de 1930, derribarían su busto que es-
taba ubicado en la entrada de la Facultad y pondrian un cartel
con la siguiente inscripción: Se alquila para políticos1.
Los libros de Prado surgieron de sus lecciones: El método po-
sitivo en el derecho penal, 1890; Estado social del Perú durante
la dominación española, 1894; Historia de la filosofía moderna,
1915; El problema de la enseñanza, 1915
FRANCISCO GARCÍA CALDERÓN (1883 — 1953) fue hijo
de Francisco García Calderón, el presidente cautivo durante la
guerra con Chile. Con un comienzo bajo el patrocinio de José
Enrique Rodó en 1904, se autoexilió voluntariamente en París
desde 1906. Escribió sobre geopolítica y sociología. Regresó a
Lima en 1946 a internarse en un asilo para enfermos mentales
por recomendación de su médico, su hermano Juan, luego de
salir de un campo de concentración alemán por ser diplomático
enemigo. Murió esquizofrénico en el desamparo, fue enterrado
por su viuda y una veintena de amigos. Fue ignorado por el
Perú oficial.
Tuvo una muerte triste y una vida intelectual cambiante.
Al comienzo fue muy influido por el evolucionismo de Herbert
Spencer y el pragmatismo anglosajón de William James, sobre
1 La fotografía se encuentra en: Tomás Escajadillo. La revolución universitaria de 1930.
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Héctor Béjar
el cual redactó una tesis en San Marcos en 1908 siguió con el
arielismo crítico de la modernidad capitalista y acabó fascinado
por la joven potencia norteamericana.
Buscaba relaciones intelectuales. Se hizo amigo del ya men-
cionado Émile Boutroux, el filósofo francés maestro de Bergson
y Durkheim que trataba de vincular la ciencia con la ética. Vi-
sitó personalmente al psicólogo William James en Boston. Le
había dedicado palabras elogiosas desde su primer texto, De Li-
tteris, de 1904. Eran los lujos que se podía dar, una especie de
turismo intelectual.
La inspiración de su libro De Litteris fue José Enrique Rodó.
cuyo libro Ariel (1901) lo marcó al igual que a su grupo del no-
vecientos, los arielistas. Pero, a diferencia de Rodó que proponía
el cambio de la sociedad por la vía del espíritu, en este grupo se
trataba más bien de un arielismo conservador que se detenía en
el espíritu sin ir muy lejos por los cambios sociales.
Manuel Sobrevilla asigna a García Calderón tres periodos;
uno de tránsito del positivismo al idealismo, entre 1904 y 1907,
otro idealista, desde la publicación de Le Pérou Contemporain
hasta La Creación de un continente, y uno tercero, de desencan-
to con el idealismo, que iría desde 1913 hasta 1949, fecha en
que publicó su última obra, El Wilsonismo (1920), que avala la
hegemonía norteamericana en América Latina.
ALEJANDRO DEUSTUA (1849 — 1945) fue el primero en
reaccionar contra el positivismo y el intelectualismo a partir de
su preocupación por la formación de una clase culta que dirija el
país. Por eso la mayor parte de las obras de Deustua están dedi-
cadas a la educación: El problema de la educación, Informe so-
bre la enseñanza, Apuntes sobre enseñanza secundaria, El pro-
blema universitario, La teoría de los valores y cultura política.
JOSÉ DE LA RIVA AGÜERO Y OSMA (1885 – 1944) es el
precoz intelectual conservador cuya influencia se extendió toda
la primera mitad del siglo XX. El carácter de la literatura en
el Perú independiente (1905), La historia en el Perú (1910);
Concepto del derecho (1912), Fundamento de los interdictos po-
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
sesorios (1911), Elogio de Garcilaso (1916), Opúsculos. Por la
verdad, la tradición y la patria (Lima, 1937 y 1938) y Paisajes
peruanos (1955), son textos que expresan una intensa preocu-
pación por el Perú, base de un nacionalismo conservador.
Su tesis El carácter de la literatura en el Perú independiente
(1905) fue escrita cuando solo contaba 19 años. La historia en el
Perú fue presentada como tesis en 1910, cuando tenía 25 años.
Las características de la obra de Víctor Andrés Belaunde
son su espiritualismo filosófico cristiano, una búsqueda de la
identidad peruana a partir del mestizaje hispano indígena, la
defensa y embellecimiento de la herencia hispana y una tajante
oposición a lo que señalaba como materialismo comunista. Era
típicamente conservador hasta la caricatura, pero también fue
muy firme su condena del gamonalismo y el feudalismo, sus
observaciones al regionalismo “centralista”, sus críticas al su-
fragio universal en las condiciones de ignorancia y servidumbre
de los indios y su defensa del voto femenino en la Constituyente
de 1933 aunque hay que decir que, en este último caso, él era
llevado más por la esperanza en que las mujeres fuesen, orien-
tadas por sus curas confesores, el contrapeso de las corrientes
izquierdistas, que por una posición de principios. Su análisis del
tributo, la contribución indígena y el impuesto al alcohol como
bases de la República es una crítica radical a la falsa democra-
cia republicana. Incidiendo en la complejidad del país cuestionó
el dualismo geográfico de Mariátegui, y afirmó el realismo pro-
ductivo e individualista de las comunidades en contra de quie-
nes pretendían llegar al socialismo por la vía de la comunidad
campesina.Guillermo Enrique Billinghurst Angulo (Arica, 27
de julio de 1851–Iquique, Tarapacá, Chile, 28 de junio de 1915),
fue un político, empresario, escritor y periodista peruano. Suce-
dió a Augusto B. Leguía y Salcedo en la Presidencia del Perú y
gobernó de 1912 a 1914.
Guillermo Billinghurst
Amigo de Alfonso Ugarte, se batió en la defensa de Lima con-
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Héctor Béjar
tra las tropas chilenas. Militante del Partido Demócrata, luchó
en la revolución de Piérola contra Cáceres, pero no quiso acep-
tar arreglos con los civilistas, Fue alcalde de Lima en 1909 y
1910. Higienizó Lima, eliminó muladares, pavimentó calles.
Ganó con una emergente fuerza obrera y sin el apoyo de Pié-
rola, las elecciones presidenciales de 1912 contra el terrate-
niente Ántero Aspíllaga. Los civilistas, pierolistas y leguiístas
fueron sus enemigos políticos y bloquearon todos sus proyectos
sociales.
Logró sin embargo, con el aislado apoyo de Mariano H. Cor-
nejo, reglamentar los accidentes de trabajo, hacer construir ca-
sas para obreros y establecer la jornada de ocho horas en el
Callao.
Cuando intentó disolver el Congreso, para realizar reformas
en la anacrónica Constitución de 1860, lo vacaron por incapa-
cidad moral. En la conspiración estuvieron Arturo Osores, Al-
berto Ulloa Cisneros, Augusto Durand; y los hermanos Javier,
Jorge y Manuel Prado Ugarteche más el Jefe del Estado Mayor
del Ejército, coronel Óscar R. Benavides. Billinghurst intentó
formar milicias populares, pero ya no tuvo tiempo. Benavides
asaltó palacio el 4 de febrero de 1914 y lo envió al exilio. Poco
tiempo después falleció en Iquique. Así terminó la república
“aristocrática”.
Los nuevos esclavos de la selva
y el caucho
Antes fue el oro, después fue la plata, después el guano y luego
el salitre. Los capitalistas europeos acabaron con la dependencia
del guano mediante fertilizantes derivados del petróleo. El cali-
che también fue reemplazado cuando en 1903 la BASF de Alema-
nia empezó a fabricar el sulfato de amonio sintético. Una nueva
riqueza era demandada por Europa y Estados Unidos: el caucho.
La Amazonía, antes abandonada, fue invadida por aventureros
ingleses, colombianos, brasileños y peruanos. Como siempre, se
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
necesitaba trabajadores. Los indios mitayos fueron los esclavos
obligados a morir en las minas a partir del siglo XVI. Los escla-
vos chinos perecieron en las guaneras en el siglo XIX. Los indios
amazónicos fueron esclavizados al comenzar el siglo XX. La fie-
bre del caucho se apoderó de los capitalistas entre 1879 y 1912.
Los dueños del Perú no hubieran podido serlo sin esclavos. Como
el ciclo del guano, el del caucho enriqueció a capitalistas y cau-
cheros pero no dejó nada al Perú sino deudas, pobreza y sangre.
El desarrollo tecnológico y la revolución industrial en Europa,
fueron el detonante que convirtió al caucho natural –hasta en-
tonces exclusivo de la Amazonia– en un producto con alta deman-
da. La extracción del látex se tornó de inmediato en actividad
muy lucrativa. Se desarrollaron las ciudades de Manaus, Belém
y otras poblaciones brasileñas. La idea de construir un ferrocarril
en las márgenes de los ríos Madeira y Mamoré surgió en Bolivia
en el año de 1846.
En 1867, los ingenieros José y Francisco Keller organizaron
una gran expedición en la región de las cascadas del río Ma-
deira, para dar con la forma más adecuada de transporte del
caucho y trazar una posible ferrovía.
En 1870, el ingeniero norteamericano George Earl Church
recibió del gobierno brasileño el permiso para construir una lí-
nea férrea en la zona de las cascadas del río Madeira.
Los trabajadores brasileños entraban cada vez más en las
selvas del territorio boliviano, en busca de nuevos árboles de
caucho y generaban conflictos y luchas por cuestiones fronteri-
zas.
El territorio peruano se extendía hasta el río Madeira en Bra-
sil. Sin embargo, entre 1867 y 1909, todo el territorio del Acre
pasó al Brasil sin librarse batalla. Eran regiones remotas, ale-
jadas de Lima. En 1867, el presidente boliviano Mariano Mel-
garejo cedió territorios peruanos a Brasil –como si fueran del
país altiplánico– y lo hizo nuevamente en 1889 por el Tratado de
Petrópolis, luego de una larga guerra fronteriza de casi 30 años.
Desde entonces, Brasil quiso poseer por la fuerza dichas tierras
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Héctor Béjar
y se extendió hasta el río Purús y el Yurúa.
El 25 de octubre de 1902, la guarnición peruana de Amu-
heya rechazó a un destacamento brasileño que le exigía aban-
donar su puesto. En 1903, una lancha con personal peruano
fue tiroteada en el Acre. En 1904, el coronel brasileño José Fe-
rreira arribó al río Santa Rosa, afluente del Purús y saqueó la
siringa almacenada por extractores peruanos. En noviembre de
ese año, la guarnición de Amuheya se rindió ante fuerzas bra-
sileñas después de dos días de combates. La pérdida peruana
se hizo efectiva por el Tratado Velarde—Rio Branco de 1909 y
se acordó un recorte territorial complementario con el Tratado
Polo—Sánchez Bustamante, también de 1909.
Manaus o Manaos, era considerada la ciudad más desarrolla-
da de Brasil y una de las más prósperas del mundo. Fue la Potosí
de comienzos del siglo XX. El apogeo fue posible gracias a un alto
impuesto a la exportación del caucho que era reinvertido en la
ciudad.
De acuerdo con Wade Davis2:
Los magnates del caucho encendían sus habanos con
billetes de cien dólares y aplacaban la sed de sus caballos
con champaña helado en cubetas de plata. Sus esposas,
que desdeñaban las aguas fangosas del Amazonas, en-
viaban la ropa sucia a Portugal para que la lavaran allá.
Los banquetes se servían en mesas de mármol de Carrara
y los huéspedes se sentaban en asientos de cedro importa-
dos desde Inglaterra (...) Después de cenas que costaban
a veces hasta cien mil dólares, los hombres se retiraban a
elegantes burdeles. Las prostitutas acudían en tropel des-
de Moscú y Tánger, El Cairo, Paris, Budapest, Bagdad y
Nueva York. Existían tarifas fijas. Cuatrocientos dólares
por vírgenes polacas de trece años...
2 Edmund Wade Davis Earls. El río, exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica.
Davis es un antropólogo y explorador canadiense colombiano nacido en 1953, autor de
numerosos libros sobre la Amazonía.
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VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Al iniciar su decadencia el lema de la ciudad era Vale Quam
Tem, o vales lo que tienes.
La llegada de colonizadores causó un choque cultural con los
nativos: torturas, prostitución forzada, pedofilia, esclavitud y ma-
sacres.
Algunos criminales de esa época de sevicia y crueldad: Julio
César Arana y sus crueles capataces, entre los cuales resalta el
monstruoso Miguel Loayza, los funcionarios de las multinacio-
nales, las autoridades locales que no defendieron a los indíge-
nas de su exterminio.
La República Brasileña –denominada actualmente vieja repú-
blica–, recién proclamada, sacaba el máximo provecho de las ri-
quezas obtenidas con la venta del caucho, pero preocupaba mucho
la Questão do Acre.
La traición del Acre.
Tratado de Petrópolis, 1903
La intervención del Barón del Rio Branco y del embajador
Assis Brasil, financiados por los magnates del caucho, culminó
en la firma del Tratado de Petrópolis, 17 de noviembre de 1903,
durante el gobierno del presidente Rodrigues Alves.
Gobernaba el Perú, el ex guanero, banquero y hacendado Ma-
nuel de González de Candamo e Iriarte que solo estuvo ocho me-
ses en Palacio, porque enfermó y murió. Era hijo del hombre más
rico del Perú. Le sucedió José Pardo y Barreda, hijo de Manuel
Pardo y Lavalle.
Brasil obtuvo el dominio definitivo de la región, dando a cam-
bio tierras del estado de Mato Grosso y el pago de dos millones
de libras esterlinas, bajo el compromiso de construir una línea
férrea que superase el difícil trecho del río Madeira y que per-
mitiese el libre acceso de mercaderías bolivianas (siendo el cau-
cho la principal), a los puertos brasileños del Atlántico (inicial-
mente Belém do Pará, en la desembocadura del río Amazonas).
25
Héctor Béjar
La capital de Acre recibió el nombre de Río Branco.
Julio César Arana
El millonario cauchero Julio César Arana del Águila nació
en Rioja en 1864 y murió en Lima en 1952. Era un testaferro
y operador de los ingleses. Su empresa, la Casa Arana, que se
convirtió en 1907 en la Peruvian Amazon Rubber Company, tra-
bajaba con capital inglés de un millón de libras esterlinas y tenía
sede en Londres. Él era gerente, pero estaba rodeado por aseso-
res ingleses. La Peruvian Amazon Company tenía un edificio en
el corazón de la City de Londres y Arana era propietario de una
mansión en Kensington Road, una casa en Ginebra y un palacete
de verano en Biarritz.
Fue responsable de la inmisericorde explotación y la muerte
de miles de indígenas amazónicos, a los que sus empleados es-
clavizaban en el Putumayo. Nunca pagó por sus crímenes.
A Lima no le importaban los horrores del Putumayo. El cón-
sul inglés en Manaos, Roger Casement, tuvo que denunciarlo
ante el Parlamento británico, pero la investigación quedó trun-
ca con el inicio de la primera guerra mundial.
Arana era senador por Loreto y presidente de la Cámara de
Comercio de ese departamento.
Hijo de un fabricante de sombreros, vendía sombreros y chu-
cherías en los ríos; apenas si tenía estudios pero sí mucha astu-
cia y pocos escrúpulos. Se inició en Yurimaguas a partir de 1881
y continuó sus actividades comerciales desde Iquitos hacia las
riberas del Putumayo.
Prohibió a los huitoto, andoque, bora y nonuya cazar, reco-
lectar, cultivar o hacer otra cosa que no fuese recolectar, cargar
y transportar siringa para él; y estableció un sistema de per-
secución y asesinato a quienes rehusaban o fugaban. Quienes
no cumplían con entregar la cantidad de kilos de goma exigida
eran azotados o se les cortaba los dedos.
26
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Lo mismo que él, hacía la criminal compañía colombiana
“Calderón”, en el Putumayo. La esclavitud estaba prohibida
desde 1854 pero gozaba de plena salud en la Amazonía.
La Peruvian Amazon Rubber Co., era un ejército de guardias
armados, algunos de ellos negros de Barbados, que obligaban a
los nativos al trabajo sin descanso.
En 1909, el periódico londinense Truth, publicó siguiente
testimonio del ingeniero Walter Hardenburg bajo el título The
Devil’s Paradise (El paraíso del diablo).
…los torturaban con fuego, agua y la crucifixión con los
pies para arriba. Los empleados de la compañía cortaban a
los indios en pedazos con machetes y aplastaban los sesos de
los niños pequeños al lanzarlos contra árboles y paredes. A
los viejos los mataban cuando ya no podían trabajar, y para
divertirse, los funcionarios de la compañía ejercitaban su
pericia de tiradores utilizando a los indios como blanco. En
ocasiones especiales como el sábado de Pascua, los mataban
en grupos o, con preferencia, los rociaban con queroseno y
les prendían fuego para disfrutar con su agonía.
…Los agentes de la Compañía obligan a los pacíficos in-
dios del Putumayo a trabajar día y noche, sin la más míni-
ma recuperación salvo la comida necesaria para mantener-
los vivos. Les roban sus cosechas, sus mujeres, sus hijos. Los
azotan inhumanamente hasta dejarles los huesos al aire...
Toman a sus hijos por los pies y les estrellan la cabeza con-
tra los árboles y paredes... Hombres, mujeres y niños sirven
de blanco a los disparos por diversión y en oportunidades
les queman con parafina para que los empleados disfruten
con su desesperada agonía...
Hardenburg afirmó que más 40,000 indígenas habían sido
asesinados. Truth insistió en que era una compañía inglesa con
directores y accionistas ingleses.
En 1907, el peruano Benjamín Saldaña presentó la primera
denuncia contra la Casa Arana. El juez de Iquitos, Carlos Val-
27
Héctor Béjar
cárcel, acogió la demanda.
El fiscal de la Corte Suprema José Salvador Cavero denunció
a los Arana en agosto de 1910. Una comisión formada por los
jueces de Iquitos Rómulo Paredes y Carlos A. Valcárcel compro-
bó la veracidad de los hechos, sindicaron a 215 culpables que no
fueron capturados y todo quedó en nada.
Hubo indignación en Inglaterra, pero el imperio británico
hacía lo mismo en Irlanda, el Sur de África, Australia, Jamaica
y la India. Los Estados Unidos estaban “reduciendo”, es decir
diezmando y encarcelando, a sus propios indígenas.
Casement envió al Perú la lista de 255 inculpados en los crí-
menes. Solo fueron capturados unos cuantos, todos empleados de
nivel inferior. La Casa Arana achacó toda responsabilidad a los
negros de Barbados.
En 1913, Arana fue citado ante la Cámara de los Comunes.
Dijo en su defensa que estaba civilizando a salvajes y caníbales.
Su defensa fue sustentada en el libro Las cuestiones del Putu-
mayo que fue publicado en Barcelona en 1913.
Arana fue defendido por Carlos Rey de Castro, cónsul del
Perú en Manaos, quien dijo que se trataba de calumnias de los
competidores colombianos contra Arana. Organizaron un con-
junto de testimonios y declaraciones para desmentir las denun-
cias.
Arana usó todas sus influencias y mantuvo su impunidad.
En 1920, fue senador por Loreto. Se opuso al Tratado Salomón
— Lozano de 1927 porque el Perú renunciaba a la margen izquier-
da del río Putumayo y pasó a la historia oficial como el exitoso
empresario patriota que defendió la soberanía peruana frente a
Colombia.
Sin embargo, los caucheros nunca pudieron entrar al territorio
de los denominados jíbaros. En 1917, el huitoto Sogaima se levan-
tó contra los caucheros. Sublevó a los pueblos de todas las riberas
en protesta contra los secuestros de sus mujeres e hijos.
28
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
El federalismo de Madueño y Seminario
El gobierno de Mariano Ignacio Prado dividió el departamento
de Amazonas y creó el de Loreto en febrero de 1866. Poco después,
Iquitos ganó ventaja sobre Moyobamba debido al caucho.
Desde Lima, la selva fue vista como un territorio lejano e inac-
cesible, hasta que apareció la industria del automóvil y el caucho
empezó a ser necesario.
Ya durante la campaña electoral de 1895, Nicolás de Piérola
había prometido implantar el federalismo. Tras ser proclamado
presidente, olvidó sus promesas
El 2 de mayo de 1896, Mariano José Madueño y el coronel
Ricardo Seminario y Aramburú, amigo y compañero de Piérola,
proclamaron el Estado Federal de Loreto, pidiendo que el Perú
se convierta en una federación. El movimiento se extendió hasta
Yurimaguas y Moyobamba
Piérola organizó tres expediciones. Dos por tierra y otra por
mar, dio la vuelta por el estrecho de Magallanes y Brasil.
Mariano José Madueño fugó al Brasil y luego a España, donde
fundó el diario El Mundo Latino, que promovía la idea de la unión
de las repúblicas americanas con España, Seminario huyó a Nue-
va York y volvió durante el gobierno de López de Romaña.
La rebelión de Sogaima
Después llegaron los caucheros. Empezaron a secuestrar a las
mujeres y los niños para obligar a los adultos a recolectar el cau-
cho y cometieron espantosos abusos.
El ánimo de rebelión corrió por los ríos, especialmente en los te-
rritorios de los huitotos, lo largo del Igaparaná. Un huitoto mató a
uno de los cuñados de Arana, y en 1917, comenzó la gran rebelión
liderada por Sogaima en la barraca de La Chorrera.
Sogaima eliminó a los guardias de uno de los almacenes de los
29
Héctor Béjar
caucheros, se apoderó de mercaderías, armas, pólvora y municio-
nes y organizó partidas liberadoras de indios, barraca por barra-
ca, a lo largo de todo el Igaparaná. .
Los caucheros llamaron al ejército. Durante quince días los
huitotos combatieron contra el ejército hasta que capturaron a
Sogaima3:4
La jornada de ocho horas
Había un clima de malestar, agitación y a la vez de ilustra-
ción de los pobres. Los ecos de la revolución mexicana y la re-
volución rusa llegaban a la universidad y a los talleres. Tra-
bajadores ilustrados publicaban La Protesta y otros periódicos
anarquistas, organizaban los primeros sindicatos, las primeras
escuelas y universidades obreras.
Todo ello culminó en el paro general por las ocho horas que
es la jornada obrera más importante de la historia del Perú. Me
abstengo de dar detalles de esta época porque se ha publicado
mucho sobre esos momentos que determinarían el resto del si-
glo con el nacimiento de las primeras corrientes políticas revo-
lucionarias. Solo debo decir que la historia posterior registra la
colonización de este vigoroso y joven movimiento obrero por los
partidos aprista y comunista, con lo cual el divisionismo pasó
a ser la condición inevitable y estructural que impidió durante
décadas la formación de centrales obreras unificadas. Todo se
hizo después a partir de los intereses del sistema y no desde las
bases sociales reales.
Resumen de este capítulo
La República Aristocrática se desenvolvió dentro del
3 Gabriel Arriarán. El paraíso del diablo, la historia de Sogaima. https://redaccion.lamula.
pe/2014/09/22
4 Frederica Barclay Rey de Castro. El Estado Federal de Loreto, 1896. Centralismo, descentraliza-
ción y federalismo en el Perú, a fines del siglo XIX.
30
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
marco internacional marcado por la belle epoque francesa,
la decadencia española, el imperio inglés y el surgimiento
de la joven potencia norteamericana después de la guerra
de secesión, cuyos empresarios fueron ocupando los puntos
neurálgicos de la elemental economía peruana limitada a
los recursos agrícolas, ganaderos y mineros. Culminó cuan-
do llegaron las consecuencias de la gran tragedia que asoló
a Europa de 1914 a 1918.
Mientras todavía había paz en Europa, el bergsonismo y
el arielismo fueron la inspiración de la generación del no-
vecientos, un espiritualismo católico que coexistía con el po-
sitivismo de Comte y hacía una interpretación racista del
evolucionismo. Darwin no fue aceptado al menos de manera
explícita, la dominación de la iglesia católica con sus cu-
ras fanáticos y sus confesores que ingresaban a los hoga-
res, se mantenía. Las empresas inglesas y norteamericanas
dominaron la economía y el gran comercio. Los civilistas
tuvieron la propiedad de la tierra, de los pocos periódicos
que salían para un país de analfabetos, la magistratura, la
política y la universidad.
Solo un breve chispazo alteró esa paz latifundiaria: Gui-
llermo Billinghurst, el empresario tarapaqueño que rompió
con los civilistas y Piérola, habló al pueblo limeño e intro-
dujo la primera ley de limitación de la jornada de traba-
jo. Pero no lo soportaron, lo destituyeron desde su mayoría
parlamentaria y le dieron el golpe de estado usando a un
coronel de alta cuna que dominaría la política durante toda
la primera mitad del siglo: Oscar Benavides.
31
Héctor Béjar
La República “aristocrática” de los exguaneros
1895 - Nicolás de Era del caucho. Persecución contra los ex comba-
1899 Piérola tientes de la guerra con Chile. Quema de los li-
bros de Clorinda Matto. El genocida Arana man-
da en el Amazonas y esclaviza a los pobladores
amazónicos.
1899 Eduardo “Limpieza” de peruanos por el gobierno de Chile
1903 López en Tacna y Arica.
de Romaña
1903 Manuel Muere en Palacio, gobierno breve.
Candamo
1904 Serapio Guerra civil contra Battle y Ordóñez en Uruguay.
Calderón Guerra ruso japonesa.
1904 José Pardo Decretó la educación primaria gratuita y obliga-
1908 y Barreda toria. Inauguró la Escuela Normal de Varones y
la Escuela de Artes y Oficios. Las mujeres ingre-
san por primera vez a la Universidad.
Revolución rusa de 1905
1908 Augusto Continúa la era cauchera.
1912 Leguía Revolución mexicana de 1910.
Pedro Zulen funda la Asociación Pro Indígena.
1912 Guillermo Jornada de ocho horas para los obreros del Callao.
1914 Billinghurst Reivindicación de los derechos obreros. Levanta-
miento y masacre de Samán. Destierro de Leguía,
1914 Óscar Primera guerra mundial. Devolución del poder a
1915 Benavides la oligarquía. Levantamiento de Rumi Maqui.
1915 José Pardo y Post guerra mundial. Revolución rusa de 1917. Es-
1919 Barreda tablece la jornad
a de ocho horas. Paro general obrero en Lima. Re-
volución universitaria. Se establece la libertad de
cultos. Nueva sublevación de Rumi Maqui que es
apoyada por el capitán Luis Sánchez Cerro (sería
presidente en 1930 — 1933)
32
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
24 amigos del Club Nacional
Francisco Rosas Domingo Almenara
Luis Carranza Ezequiel Álvarez de Calderón
Pedro Correa Manuel Álvarez de Calderón
Luis Dubois Francisco Tudela
Víctor Maúrtua Leónidas Cárdenas
Felipe de Osma Calixto Pfeiffer
Narciso de Aramburú Antero Aspíllaga
Ernesto Malinowski Enrique Barreda
Manuel Candamo Enrique Ferreyros
Armando Valdez Carlos Ferreyros
Alejandro Garland Estanislao Pardo Figueroa
José Antonio Miró Quesada Luis Bryce
33
Héctor Béjar
2. Leguía
Siendo civilista, Leguía rompe el ciclo civilista y acaba con
la república llamada aristocrática de los antiguos guaneros.
La nueva elite dominante que él instaló ya no presumiría
de aristocrática sino sería financiera, burocrática y atada
al personalismo de Leguía y a los Estados Unidos.
Si Cáceres permite la introducción del capitalismo
norteamericano porque no tiene otra salida a la destrucción
y la bancarrota heredada de la guerra, Leguía lo lleva a
su máxima expresión de manera deliberada, consciente,
convencido de que allí está el futuro, porque ya no hay
guano ni salitre, ni caucho, solo quedan los préstamos
que servirían para modernizar el país y “luego veríamos”.
Había mientras tanto minas, algodón, lanas, azúcar que
vender a la potencia del norte que emergía de la primera
guerra mundial.
Los “aristócratas” civilistas eran finalmente,
europeizantes, sospechaban de la joven potencia del norte,
preferían España o Francia y detestaban a este intruso,
Leguía, contra quien no cesaron de oponerse. Y obtuvieron
la represión o el exilio como respuesta. Con Leguía, el dinero
reemplaza a los apellidos sonoros de la colonia, los autos y
carreteras sustituyen a los trenes, Lima se proyecta hacia
el sur, el indigenismo y el marxismo se abren paso. Pero
la aguda dependencia a la que su gobierno sometió al país
llegó a un fin imprevisto con la crisis capitalista de 1929 y
otro ciclo, esta vez de violencia, se abriría.
E
l llamado Oncenio de Leguía se divide en cuatro subpe-
riodos: gobierno provisional luego del golpe de estado
contra José Pardo (4 de julio de 1919 – 12 de octubre de
1919); primera elección (12 de octubre de 1919 – 12 de octubre
34
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
de 1924); segunda elección (12 de octubre de 1924 – 12 de oc-
tubre de 1929); tercera elección (12 de octubre de 1929 – 25 de
agosto de 1930).
A las elecciones de 1919 convocadas por José Pardo se pre-
sentaron el hacendado azucarero dueño de Cayaltí Ántero Aspí-
llaga, presidente del Partido Civil y Augusto Leguía. Este últi-
mo estaba enemistado con el Partido desde su primer gobierno
en 1908.
La Corte Suprema anuló gran cantidad de votos que favo-
recían a Leguía y se temía que fueran anuladas las elecciones
por el Congreso. Leguía y sus partidarios, con el apoyo de la
gendarmería, se anticiparon con un golpe de estado el 4 de julio
de 1919. Apresaron a José Pardo, lo deportaron a Europa y di-
solvieron el Congreso. Era una alianza entre un alto funciona-
rio de una compañía de seguros norteamericana, Leguía, y una
estructura armada que no dejaba de tener sectores ariscos al
civilismo tradicional.
Un nuevo grupo disidente, procedente del civilismo, se hizo
cargo del gobierno. Era apoyado por otros sectores renovadores,
indigenistas y próximos a los trabajadores. Como había hecho
Manuel Pardo en el siglo anterior, ahora Leguía también bus-
caba apoyarse en movimientos renovadores y progresistas para
dar curso a sus proyectos personales. Esta vez estaba ligado al
capitalismo norteamericano que salía fortalecido después de la
intervención estadounidense al final de la primera guerra mun-
dial bajo la conducción de Thomas Woodrow Wilson, quien tam-
bién decía pretender una renovación social del mundo a través
de la aplicación de sus doce puntos que promovían gobiernos
de elites que realicen reformas sociales y sean favorables a los
intereses norteamericanos.
Leguía convocó a una Asamblea Nacional que aprobó una
nueva Constitución en reemplazo de la de 1860.
La Constitución de 1920 alargó el periodo presidencial de
cuatro a cinco años y reconoció a las comunidades indígenas.
Presidida por el ilustrado sociólogo y diplomático puneño Ma-
35
Héctor Béjar
riano Cornejo, tuvo un tono progresista para la época. No era
poca cosa reconocer que había comunidades de indígenas en el
Perú:
Artículo 58.°.— El Estado protegerá a la raza indígena
y dictará leyes especiales para su desarrollo y cultura en
armonía con sus necesidades.
La Nación reconoce la existencia legal de las comunida-
des de indígenas y la ley declarará los derechos que les co-
rresponden.
Un vasto plan de obras públicas, especialmente la construc-
ción de 18,000 kms. de carreteras, fue iniciado por el Estado,
financiado con préstamos de bancos norteamericanos que hicie-
ron subir la deuda externa hasta 150 millones de dólares en
1930. El plan de ferrocarriles fue abandonado en lo fundamen-
tal, aunque fueron construidas todavía algunas vías férreas y el
Perú se plegó a la era del automóvil que venía desde los Estados
Unidos, así como la de los ferrocarriles había venido de Europa
en el siglo XIX.
Hubo irrigaciones para ampliar la frontera agrícola en la
costa y apoyo para la inmigración europea, incluidos rusos y
polacos hacia la selva; y de agricultores japoneses para las ha-
ciendas de la costa. Una manera de responder a los reclamos de
los hacendados carentes de fuerza de trabajo suficiente.
Las compañías mineras norteamericanas se hicieron cargo
de nuevas explotaciones de petróleo, cobre, hierro y vanadio.
Las fuerzas armadas fueron modernizadas con los primeros
aviones y submarinos, la práctica de paracaidismo y una misión
española modernizó la antigua gendarmería.
Los centenarios de la declaración de independencia y la ba-
talla de Ayacucho fueron celebrados con desfiles militares, ca-
rreras de caballos, carros alegóricos, bailes de gala, fastuosos
actos y la presencia de 36 delegaciones extranjeras en 1921. El
36
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Palacio de Gobierno fue incendiado y reconstruido rápidamen-
te. Fueron inaugurados la plaza y el monumento a San Martín
y el hotel Bolívar en el centro de Lima.
Un ambiente de progreso y entusiasmo creó la idea de la Pa-
tria Nueva. Grandes avenidas y urbanizaciones fueron abiertas
en Lima, las calles fueron asfaltadas. Las revistas ilustradas
Mundial de Andrés Aramburú y Variedades de Clemente Pal-
ma, dieron cuenta de los actos del régimen, a la vez que al-
bergaron en sus columnas a los intelectuales del momento que
sucedieron a la generación del novecientos.
César Vallejo, José Carlos Mariátegui, Ventura García Cal-
derón, Abraham Valdelomar, Alcides Spelucín, Enrique López
Albújar, Carlos Oquendo de Amat, Alberto Hidalgo, Gamaliel
Churata, Alberto Guillén, Magda Portal, José María Eguren y
muchos otros, en Lima, Trujillo, Arequipa, Cusco y otras ciuda-
des, eran la expresión de un momento de auge de nuevas expre-
siones ensayísticas, poéticas y pictóricas.
Leguía limitó el control del agua por los terratenientes de
la costa; favoreció a la pequeña burguesía provinciana; aprobó
una nueva Constitución que reconocía la propiedad de las co-
munidades indígenas; nombró, a propuesta del diputado José
Antonio Encinas, una comisión para investigar los problemas
de los indígenas en Puno y Cusco; y creó la Sección de Asuntos
Indígenas del Ministerio de Fomento y Obras Públicas, cuya
dirección entregó a Hildebrando Castro Pozo. Estableció el Día
del Indio; inauguró el monumento a Manco Cápac, fundador del
Imperio de los Incas, regalado por la colonia japonesa; se auto-
proclamó como el nuevo Wiracocha; habló de la sufrida raza de
Manco; y pronunció discursos en quechua.
La heroica Pro Derecho Indígena
Tahuantinsuyo1
1 Datos y referencias extraídos de: Carlos Arroyo La experiencia del Comité Central Pro-De-
recho Indígena Tahuantinsuyo. CETAL, Estudios interdisciplinarios de América Latina y
el Caribe. Uppsala, Suecia. Vol 15, No. 1
37
Héctor Béjar
El Comité Central de la Asociación Pro-Indígena fundado por
Pedro Zulen con la colaboración de Joaquín Capelo y Dora Ma-
yer, funcionó en Lima desde 1909 y se disolvió en 1916, pero
sus delegados siguieron actuando en provincias.
En 1919 fue fundado el Comité Central Pro-Derecho Indíge-
na Tahuantinsuyo por Samuel Núñez Calderón, Hipólito Sa-
lazar, Juan Hipólito Pévez, Carlos Condorena o Ezequiel Ur-
viola. Contaron con el apoyo de Dora Mayer, Pedro S. Zulen,
Francisco Chuquihuanca Ayulo y Manuel Antonio Quiroga, que
provenían de la extinta Pro-Indígena; de los intelectuales próxi-
mos a Leguía José Antonio Encinas, Hildebrando Castro Pozo
y Erasmo Roca; y de la abogada Miguelina Acosta Cárdenas. El
surgimiento de la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo no solo
tuvo que ver con el trabajo que la Pro-Indígena había desarro-
llado entre 1909 y 1916, sino también con el influjo de las pro-
puestas indigenistas de Manuel González Prada, la influencia
de los anarquistas y el despertar de los indígenas.
Son los años de la Federación Obrera Local de Lima, la huel-
ga general por las ocho horas, la formación del Comité Pro-Aba-
ratamiento de las Subsistencias y el paro de las subsistencias.
En 1918, por acuerdo de su organización —el Centro de Cam-
pesinos y Obreros de Parcona, del departamento de Ica—, Juan
Hipólito Pévez viajó a Lima y conoció a Abelardo Fonkén, Ni-
colás Gutarra, Hipólito Salazar y los hermanos Julio y Moisés
Caycho, líderes obreros discípulos de González Prada. A princi-
pios de 1919, Pévez viajó de nuevo a Lima y vio las manifesta-
ciones obreras que protestaban por la carestía de los artículos
de primera necesidad, el sistema esclavizante de trabajo y los
salarios que apenas alcanzaban para sobrevivir. Pudo presen-
ciar las concentraciones de los portuarios del Callao que pedían
la ley de las ocho horas.
Los anarcosindicalistas nombraron una delegación al Primer
Congreso Indígena de 1921.
Otro dirigente de la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo,
Carlos Condori Yujra, que más tarde adoptó el nombre de Car-
38
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
los Condorena, era hijo de dos chacareros de la provincia de
Huancané, Puno. A mediados de la década de 1910, amigos de
sus padres lo llevaron a Lima, donde trabajó como barredor de
la Baja Policía. Conoció a Pedro Antonio Silva, carpintero del
Rímac, que le enseñó ideas libertarias.
La Protesta (1912-1924) mostró una preocupación similar a
la que había tenido el colectivo de Los Parias, el primer periódico
anarquista. Incluyó hasta dieciséis artículos relacionados con el
problema del indio
Los anarquistas pudieron confluir, primero en la fundación
de la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo y, después, ya en
1923, en la constitución de la Federación Indígena Obrera Re-
gional Peruana.
El puneño Hipólito Salazar era un propagandista ilustrado.
Durante varios años fue dirigente del Comité, realizó una vasta
campaña de organización entre los indios para que concurran
a Lima. En diciembre de 1923, debido a discrepancias sobre la
posición que se debía asumir frente al gobierno de Leguía, Sala-
zar se alejó de la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo y fundó
la Federación Indígena Obrera Regional Peruana, de la que fue
su primer Secretario General. A fines de 1924 fue apresado y
desterrado.
Ezequiel Urviola nació en Muñani, provincia de Azángaro,
Puno. Sus padres fueron hacendados, murieron cuando él toda-
vía era niño y fue despojado de sus bienes. Cursó sus estudios
primarios en Azángaro. Fue interno en el Colegio San Carlos.
Hizo algunos estudios de jurisprudencia que no terminó, en la
Universidad de San Agustín, de Arequipa. Comenzó a vestirse
como los indios con los que tanto se identificaba: con ojotas, pon-
cho, chullo o sombrero de piel de oveja.
Se vinculó a la Pro-Indígena y fue profesor en una escuelita
de Juli, donde se relacionó con líderes o mensajeros indígenas
de Puno, como Anacleto Suyo Quispe, Jorge Ticona, Sebastián
Huaynacho, Inocencio Condori, Eduardo Quispe Quispe y Jeró-
nimo Mamani. Trató de formar en 1920 un Comité Departamen-
39
Héctor Béjar
tal de Mensajeros de Puno, la Liga de Mutua Defensa Indígena
y denunció a los gamonales por la masacre que perpetraron en
Santiago de Pupuja. Tuvo que huir y refugiarse en Lima donde
se alojó en un callejón del barrio de Malambo, se incorporó a la
Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo y al anarquismo.
La idea del Comité Central Pro-Derecho Indígena Tahuan-
tinsuyo fue unificar a los indios del Perú. Eran los años previos
a la sublevación de Huancané de 1923.
Un Comité Central funcionó en Lima, en una oficina del se-
gundo piso, número 365 de la calle Puno, adonde llegaban dele-
gaciones indígenas de casi todos los rincones del Perú.
Juan Hipólito Pévez cuenta2
[...] se trabajaba día y noche. Teníamos que turnarnos
en el día unos y a partir de las seis de la tarde o siete de
la noche, otros, para poder atender la cantidad de quejas.
Nadie ganaba sueldo, todo el mundo tenía que hacerlo en
forma gratuita, ese era el juramento que se hacía cuando
uno ingresaba a la institución y aceptaba algún cargo en
la Junta Directiva. No podíamos cobrar, ni tampoco tratar
mal a ningún delegado. Teníamos que observar una norma
ejemplar, para que sirviese también de modelo de conducta
a ellos e hicieran lo mismo en sus respectivos pueblos. Ese
era nuestro sistema de trabajo y esa la función que tenía-
mos que cumplir allí.
El Comité organizó subcomités en departamentos, provin-
cias, distritos y anexos del Perú. Las masacres de indígenas
eran horrorosas. En su mejor momento, los subcomités de la
Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo fueron doscientos seten-
ta y cuatro.
Nicasia Yábar, mensajera o delegada de las comunidades de
Juli, del departamento de Puno, hablaba castellano, quechua
y aymara. Viajó a Lima cuando todavía no había cumplido los
2 Carlos Arroyo. Ob.cit.
40
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
veintidós años, encabezando una comisión de treinta delegados
que a fines de 1920 fue recibida, en audiencia especial, por el
presidente Leguía. Otras mujeres que activaron en la Pro-De-
recho Indígena Tahuantinsuyo fueron María de la Paz Chanini,
Julia Quispe, Martha Puma, Isabel Mamani y Josefa Arocuti-
pa, quienes también eran de Puno.
El primer Congreso indígena tuvo lugar en agosto de 1921,
más de 400 delegados indígenas vinieron hasta Lima y se re-
unieron en el Teatro Mazzi y en el local de la Federación de
Estudiantes de Lima. Provenían de trece departamentos: Cus-
co, Puno, Arequipa, Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Junín,
Ancash, Lima, La Libertad, Ica, Huánuco y Piura y represen-
taban a 145 comunidades indígenas. Hubo una delegación de
indios campas. El gobierno pagó la alimentación y el financia-
miento de los viajes lo hicieron los mismos delegados por me-
dio de ramas, es decir contribuciones de sus hermanos de raza.
Debatieron: la ley del salario mínimo, las escuelas rurales y de
las haciendas, las autoridades locales y el gamonalismo, el ya-
naconazgo en la costa, el contrato de enganche, el pongaje y los
servicios gratuitos, el trabajo en los asientos mineros, la devolu-
ción de las tierras usurpadas por los gamonales a los indígenas
y la integridad de las comunidades indígenas.
Entre 1922 y 1923, organizaron dos congresos más. En el Se-
gundo Congreso Indígena se elaboró una plataforma de lucha
donde se exigía la abolición de la Ley de Conscripción Vial, la
liquidación de los juicios contra los indígenas por interdictos de
tierras, la prohibición de los trabajos gratuitos y la reglamenta-
ción del yanaconazgo hasta llegar a su abolición.
El Tercer Congreso adoptó acuerdos para el establecimiento
del salario mínimo para los indígenas, la formación de un Tri-
bunal Arbitral de revisión de títulos, la reforma del artículo 53
de la Constitución sobre la libertad de la Iglesia y del Estado,
la supresión de los tributos eclesiásticos, la abolición de la cons-
cripción vial, la formación de un Tribunal Arbitral de Justicia
permanente de indígenas y la prohibición de venta de terrenos
de Cofradía y de Comunidad.
41
Héctor Béjar
En 1924 empezaron a hostilizarlos. Bajo la presidencia de
Hermenegildo Mansilla y Juan Quispe, el Cuarto Congreso In-
dígena logró reunirse en Lima en octubre de 1924. En 1925 y
1926, la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo todavía pudo or-
ganizar dos congresos menos significativos debido a la influen-
cia del leguiísmo. En el Sexto Congreso, los dirigentes procla-
maron a Leguía como presidente honorario de la institución;
como vicepresidente honorario a Celestino Manchego Muñoz,
un hacendado del departamento de Huancavelica que era mi-
nistro de Gobierno; y como socio consultor a Víctor Falconí, Jefe
de la Dirección de Asuntos Indígenas del ministerio de Fomen-
to.
A raíz de las matanzas de 1923 en Huancané, Carlos Con-
dorena y un grupo de campesinos de Wancho Lima se entrevis-
taron con Leguía. Cuando llegaron al Palacio el presidente los
recibió disgustado:
Señor Condorena —dijo Leguía— mi opinión como pre-
sidente es muy clara, yo apoyo al indio, quiero la revolu-
ción del indio, pero lo que no puedo consentir son los ac-
tos de vandalismo que se han desatado en la provincia de
Huancané, tengo la información, yo no voy a permitir que en
nombre de las escuelas haya gente que se está aprovechando
para amenazar, liquidar, matar a la población que tiene
todo el derecho de trabajar sus tierras. Estoy profundamen-
te disgustado…
Cuando Leguía terminó de hablar, Condorena respondió:
Señor presidente, lo que nosotros queremos es que usted
cumpla con su palabra, he leído sus discursos, sé todo lo
que usted ha dicho, igual que Ezequiel Urviola yo también
le pido señor presidente que cumpla con lo que usted dice,
porque mientras usted dice una cosa, las autoridades, los
gamonales hacen otra.
Cuando la reunión estaba por acabar, Leguía ni siquiera qui-
so recibir el memorial que los campesinos habían ido a dejarle.
42
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
El Comité empezó a ser acosado por la policía. Hipólito Sa-
lazar, que había fundado la Federación Indígena Obrera Regio-
nal Peruana, fue deportado. Urviola enfermó de tuberculosis
y falleció el 27 de enero de 1925. Cuando enterraron a Urviola
varios dirigentes de la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo no
pudieron asistir a su velatorio en el local de la Federación de
Choferes, en la calle Sandia. El sepelio fue multitudinario.
Los ejércitos particulares de los hacendados se dedicaron a
quemar las escuelas que el Comité había abierto en diversos
puntos del interior del Perú y persiguieron también a sus alum-
nos y profesores. Antes de la sublevación de Huancané de 1923,
fusilaron a tres campesinos de Wilakunka solo porque asistían
a una de estas escuelas. El año siguiente, durante una ins-
pección que realizó a las comunidades de Huancané, el Obispo
de Puno, Monseñor Cossío, constató la acción vandálica de los
terratenientes que habían incendiado más de sesenta locales
escolares.
No contentos con quemar las escuelas que organizaba el Co-
mité y asesinar a sus profesores o alumnos, los gamonales pre-
sionaron a las autoridades locales para que apresen a los dele-
gados indígenas y repriman a los campesinos que los apoyaban.
Entre 1921 y 1922, diversos prefectos y subprefectos perpetra-
ron crímenes y atropellos. Hubo casos donde fueron los mismos
gamonales los que se encargaron de asesinar a los delegados
de la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo. Domingo Huar-
ca, delegado de los comuneros de Tocroyoc, departamento del
Cusco, quien había estado en Lima tramitando memoriales, fue
brutalmente asesinado. Los gamonales primero lo maltrataron,
después le sacaron los ojos y finalmente lo colgaron de la torre
de una iglesia. Vicente Tinta Ccoa, del subcomité de Macusani,
en Puno, que fue asesinado por los gamonales del lugar.
En agosto de 1927, la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo
dejó de funcionar luego que, mediante una resolución suprema,
el gobierno de Leguía prohibió su funcionamiento en todo el país.
Gran parte de la promoción de líderes indígenas que se forjó con
la Pro-Derecho Indígena Tahuantinsuyo engrosó los nuevos mo-
43
Héctor Béjar
vimientos sociales que iban a desembocar en la formación del Par-
tido Comunista y el Partido Aprista. Fueron los casos de Ezequiel
Urviola, Hipólito Salazar y Eduardo Quispe y Quispe, que fueron
atraídos por la prédica socialista de José Carlos Mariátegui; o de
Juan Hipólito Pévez y Demetrio Sandoval, que se acercaron a
Víctor Raúl Haya de la Torre y el Partido Aprista.
En 1931, después del derrocamiento de Leguía y la muerte
de Mariátegui, el Partido Socialista, convertido en Partido Co-
munista, lanzó la candidatura del indígena Eduardo Quispe y
Quispe a la Presidencia de la República.
La reforma universitaria de 1919
La reforma universitaria de 1919 fue la segunda realizada en
la república. La primera, entre 1856 y 1876, se realizó dentro de
la pugna entre el militarismo y el civilismo e introdujo el positi-
vismo. La de 1919 se inspiró en la reforma de Córdoba de 1918,
la revolución mexicana de 1910 y la rusa de 19173.
El estudiante de medicina Fortunato Quezada fue el primer
presidente de la federación de estudiantes. Otros dirigentes fue-
ron Hernando Lavalle – sería banquero y candidato a la pre-
sidencia de la república en 1956 –, Manuel Abastos – después
gran jurista–, Luis Alberto Sánchez, Modesto Villavicencio,
Raúl Porras Barrenechea, José Manuel Calle, Jorge Guillermo
Leguía –posteriormente historiador y secretario de Leguía que
deportaría a su padre –, Jacobo Hurwitz – dirigente comunista
después –, Manuel Seoane y otros. Recordando aquellos años,
Sánchez diría que las veinte cátedras de San Marcos se distri-
buían entre las familias civilistas Pardo, Prado y Miró Quesada
El gran socialista argentino y uno de los fundadores del de-
3 Algunos de estos nombres son recordados en: La Reforma Universitaria
y el movimiento universitario en el Perú de 1919. https://www.researchgate.
net/publication/327385058_La_Reforma_Universitaria_y_el_movimien-
to_universitario_en_el_Peru_de_1919 [accessed Jan 31 2021].
44
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
recho laboral Alfredo Palacios, fue invitado por el gobierno de
José Pardo por su adhesión a la posición peruana en el diferen-
do con Chile por Tacna y Arica. Visitó San Marcos, habló del
movimiento universitario argentino, la renovación de las cáte-
dras, la representación estudiantil en el gobierno de la univer-
sidad y la asistencia libre.
Cuando los alumnos de Letras pidieron la renuncia de al-
gunos profesores deficientes y el rector Javier Prado se negó a
tenerlos en cuenta, éstos recurrieron al presidente Leguía que
estableció en un decreto del 20 de setiembre de 1919 la cátedra
libre, el dercho de tacha y la incorporación de graduados como
representantes estudiantiles en el consejo universitario. A pe-
sar de la resistencia de los profesores, estas conquistas fueron
incluidas en la Ley Orgánica de Educación de 1920.
La represión
Los civilistas y pierolistas desarrollaron una intensa oposi-
ción y fueron reprimidos. Las imprentas de El Comercio y La
Prensa fueron asaltadas por gobiernistas. La Prensa fue confis-
cada. Los diputados Jorge y Manuel Prado fueron apresados y
exiliados. José Carlos Mariátegui y César Falcón fueron beca-
dos por el gobierno en Europa.
Además de la oposición civilista, hubo la oposición estudian-
til a la consagración del Perú al Corazón de Jesús, liderada por
el joven Haya de la Torre en 1923, las sublevaciones del capitán
Guillermo Cervantes en Iquitos, 1921; de Augusto Durand en la
frontera con Ecuador en 1923, quien murió cuando era trasla-
dado por mar a Lima; de Eleodoro Benel en Cajamarca, noviem-
bre de 1924, secundado por Arturo Osores, el coronel Samuel
del Alcázar y el teniente Carlos Barreda; estos dos últimos fue-
ron fusilados. Osores, que se hallaba enfermo, fue capturado y
recluido en la isla San Lorenzo, junto con su esposa y sus hijos
hasta 1929, cuando todos ellos fueron deportados a los Estados
Unidos.
45
Héctor Béjar
Las municipalidades elegidas por voto popular fueron reem-
plazarlas por funcionarios nombrados en Lima.
Era sin duda una dictadura, esta vez una dictadura civil.
Además de los jóvenes Víctor Raúl Haya de la Torre y José
Carlos Mariátegui, fueron deportados el coronel Óscar Benavi-
des, Arturo Osores, Luis Fernán Cisneros y Víctor Andrés Be-
launde. Las islas de San Lorenzo frente al Callao y Taquile en
el lago Titicaca fueron habilitadas como prisiones para los polí-
ticos que se atrevían a oponerse al nuevo régimen.
La Ley de Conscripción Vial obligó a los varones de 18 a 60
años de edad a trabajar gratuitamente durante 6 a 12 días al
año, en la construcción y apertura de carreteras. En la prácti-
ca fue aplicada solo a los indígenas por períodos mucho mayo-
res. La aplicación fue tan abusiva que la población de Huaraz
se sublevó contra ella en 1925.
Brea y Pariñas y fronteras
El gobierno dedicó gran parte de su tiempo a solucionar, bajo
el padrinazgo norteamericano, problemas internacionales que
venían sin solución de años anteriores.
Transó de manera entreguista con la Standard Oil y firmó el
laudo de La Brea y Pariñas, estableciendo que:
1. La propiedad de La Brea y Pariñas comprendía 41.614
pertenencias y abarcaba el suelo y subsuelo.
2. Los propietarios y arrendatarios abonarían durante 50
años la cantidad de treinta soles anuales por pertenen-
cia en trabajo y un sol por pertenencia no trabajada. Las
pertenencias que dejaran de ser explotadas pagarían un
sol y las que fueran abandonadas pasarían a poder del
gobierno.
3. Los propietarios y arrendatarios pagarían el impuesto de
exportación correspondiente, el que no podría ser aumen-
46
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
tado durante veinte años.
4. Los propietarios solo pagarían un millón de pesos por las
contribuciones devengadas hasta el 31 de diciembre de
1921.
Era un régimen de excepción tributaria violatorio de la so-
beranía nacional que originó el conflicto que sería solucionado
recién en 1968 por el gobierno de Juan Velasco Alvarado.
Colombia aspiraba a legitimar su frontera desde el río Caque-
tá hasta el Putumayo, así como obtener acceso al río Amazonas.
El peruano Alberto Salomón y el colombiano Fabio Lozano, can-
cilleres de ambos países, suscribieron en Lima, el 24 de marzo
de 1922, sin consultar a la población loretana, un acuerdo que
cedía a Colombia la inmensa porción territorial comprendida
entre los ríos Caquetá y Putumayo y el trapecio amazónico de
Leticia. Colombia lograba acceso a este río, que hasta entonces
solo era compartido por el Perú y Brasil. Los peruanos que ha-
bitaban esos lugares quedaban convertidos en colombianos. El
tratado fue aprobado por el Congreso sumiso a Leguía en 1927
y fue puesto en ejecución en 1930. Pero eso precipitó la reac-
ción contraria de los pobladores y la guerra que culminó, caído
Leguia, con el extraño asesinato del comandante Luis Sánchez
Cerro el 30 de abril de 1933.
El plebiscito propuesto por el presidente de los Estados Uni-
dos Calvin Coolidge, en su laudo arbitral del 4 de marzo de 1925,
era impracticable por la dura resistencia chilena. Los comisio-
nados norteamericanos John Pershing y William Lassiter, com-
probaron que era impracticable. Nuevas negociaciones culmi-
naron en el tratado del 3 de junio de 1929, firmado por Pedro
José Rada y Gamio por el Perú y Emiliano Figueroa Larraín por
Chile, quienes renunciaron definitivamente a la realización del
plebiscito. Tacna regresaría al Perú y Chile se quedaría con Ari-
ca. Perú tendría un muelle e infraestructura aduanera en Arica,
cosa que nunca se hizo. La devolución de Tacna se produjo, pero
al quedar chilenizada Arica, Tacna quedó privada de su puerto
natural mientras que Chile se hizo de una población, Arica, a
47
Héctor Béjar
la que tenía que abasteceer a un alto costo saltando el desierto.
Una vez más, los dos países perdieron y la herida de la guerra
quedó sin cerrar.
En 1924, Leguía hizo reformar el artículo de la Constitución
que prohibía la reelección presidencial y fue reelegido en elec-
ciones controladas para el periodo presidencial 1924—1929. Ya
contaba con muchos aduladores y un Congreso sometido.
En 1929, volvió a reformar la Constitución y fue reelegido
una vez más. Pero lo sorprendió la crisis capitalista de ese año.
Cayó víctima de la crisis capitalista. Su proyecto, un proyec-
to trunco más, quedó apenas iniciado. La insurrección liderada
por el comandante Sánchez Cerro, uno de los militares de la
generación procedente de los breñeros de Cáceres, derribó su
régimen. Era un régimen fofo, basado en los préstamos, la de-
pendencia servil a los Estados Unidos y la adulación de una
corte de conciencias compradas. Fue llamado Gigante del Pací-
fico por un entusiasta e interesado embajador norteamericano.
Otros adulones lo llamaron Júpiter presidente.
Caído el “gigante” los odios se desencadenaron. Sus propie-
dades y las de sus amigos fueron saqueadas, sus aduladores lo
abandonaron. Murió preso en la Penitenciaría de Lima, el 6 de
febrero de 1932, sin asistencia médica, mientras un nuevo régi-
men, esta vez primitivo y violento, el de Sánchez Cerro, se abría
paso, rodeado por los viejos civilistas que recuperaron el poder.
Resumen de este capítulo
Leguía tuvo a su derecha a los civilistas tradicionales,
hispanistas, terratenientes, católicos a ultranza. Serían los
fascistas de los treinta. Y a su izquierda, al indigenismo,
los indios, los obreros y artesanos anarquistas discípulos
de González Prada, que pronto derivaron al aprismo y al
comunismo.
No se anduvo con titubeos. Compró conciencias, presionó,
apresó, deportó sin distinción de clase y apellido. Se rodeó
48
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
3. Los que tenían veinte años.
La APRA y su triste destino
Cuando terminó la primera guerra en 1918, José Carlos
Mariátegui tenía 24 años. Haya de la Torre tenía 23. Manuel
Seoane y Luis Alberto Sánchez, 28 . Eudocio Ravines, 21.
Magda Portal, 19 años, César Vallejo, 26. Luis Heysen tenía
15. Amanecieron a la vida política con las jornadas de 1919
en Córdoba y Lima, con las revoluciones rusa y mexicana,
estuvieron bajo la influencia directa del pacifismo de Romain
Rolland y Henri Barbusse, del humanismo de Unamuno.
Eran distintos, naturales de un país diverso. Entre 1919 y
1930, ellos viven una década de plena maduración. Desde
“Lulú”, la columna frívola de Haya en los periódicos del Cusco
y “El turf” de Mariátegui, siguen una rápida evolución hasta
el antimperialismo y el socialismo. Mariátegui queda en el
camino trabado por la muerte. ¿Muerte? No, perdura, logra
vivir mucho más que Haya. Mientras el revolucionario Haya
muere éticamente con el asilo en Colombia y la convivencia
con Prado, Mariátegui logra con su labor de pocos años,
convertirse en un ícono, perdurar hasta hoy. El resto de esa
generación sigue hacia destinos distintos, encontrados, pero
la mayoría perecen espiritual y políticamente en manos del
leguiísmo, el pradismo, el odriísmo y la oligarquía.
E
l viaje a Europa marca a Mariátegui llevándolo al marxis-
mo y el socialismo desde 1919; y Haya aprende, también
en el viejo continente, viendo el crecimiento del fascismo,
cómo se construye un partido de masas. Al comienzo, Mariáte-
gui colabora con Haya en la Universidades Populares. A partir
49
Héctor Béjar
de 1924, fundada por Haya la Alianza Popular Revolucionaria
Americana, ambos forman parte de un mismo movimiento, pero
Haya sigue siendo el impulsor. Viven el endurecimiento del go-
bierno de Leguía. Casi todos los personajes de esta generación
deben abandonar el Perú y ven de diversas maneras una Euro-
pa que es a la vez, epicentro de la vida intelectual, escenario de
pobreza, violencia política y decadencia y, en el caso de la Rusia
soviética, origen y vigencia de la utopía. Haya es un agitador,
viene de la Federación de Estudiantes, de las manifestaciones
contra Leguía. Mariátegui, un pensador y comunicador, procede
del periodismo, Variedades, La Prensa, La Razón. Ravines es
un obsesivo constructor / destructor de organizaciones. Vallejo,
un poeta humano y universal. Los une a todos la entrega a la
causa, no caben las aficiones de tiempo libre, no aceptan mati-
ces. El instrumento es la correspondencia, la palabra escrita y,
en el caso de Haya, también y sobre todo, la palabra hablada.
De regreso en Lima, sin internet, sin computadora, Mariátegui
mantiene comunicación intensa por correo con el mundo desde
su casa de la calle Washington. Haya va de ciudad de ciudad
con su máquina de escribir y redacta un promedio de diez car-
tas diarias. Mientras Mariátegui capta y expone ideas, Haya
da instrucciones, incitaciones, consignas, convierte a todos en
militantes de una causa, su causa. El Apra inicial, planteada
como organización revolucionaria colectiva en 1924, se va con-
virtiendo en el partido internacional de Haya, promovido y ma-
nejado por Haya, su movimiento, su partido, en 1928. Dice que
no quiere ser líder pero debe serlo1.
En la versión conocida, Haya promueve un partido, Mariáte-
gui manifiesta su desacuerdo, rompe con Haya y funda el Parti-
do Socialista en 1928.
Los ensayos que José Aricó y Carlos Franco publicaron en
el número 11 de la revista Socialismo y Participación, resalta-
ron el período de colaboración entre Haya y Mariátegui en los
1 Carta de Víctor Raúl Haya de la Torre a Eudocio Ravines, del 2 de marzo de 1929. Publi-
cada en: Fundación Armando Villanueva del Campo. Los inicios. Lima: Primera edición,
setiembre 2015. Pág 58, Tomo II.
50
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
cinco años que median entre 1923 y 1928. Pero la publicación
de la correspondencia de Haya, Luis Heysen, Eudocio Ravines
y otros jóvenes, hecha por Armando Villanueva el 2015, per-
mite acercarse a un ambiente tenso e intenso a la vez en todo
el grupo. Haya imparte consignas a todos, Mariátegui se da su
lugar y recela de los caudillismos criollos, Haya quiere fidelidad
y disciplina y ve a Mariátegui como un personalista, un inte-
lectual que, en el mejor de los casos formaría parte del sector
intelectual del partido, no de su núcleo. En esto, coincide con
los funcionarios de la Internacional que ven en todo escritor de
vanguardia, un sospechoso.
Haya se siente comunista al comienzo, después dice que hay
que ser comunista pero no decirlo y acaba siendo anticomunista.
En una carta desde Londres, un Víctor Raúl de 30 años le
dice a un Luis Heysen de 22 años, el 17 de octubre de 1925:
...no hay que ser dogmático ni unilateral que eso es lo
menos comunista que existe. Insinúo una vez más que tra-
bajen en célula. Hay que ser revolucionarios y comunistas
verdaderamente.
Al mismo Luis Heysen le dice el 29 de mayo de 1926:
La Alianza Popular Revolucionaria Americana es nues-
tro partido. La táctica aconseja no llamarlo partido comu-
nista...será un partido internacional americano, de frente
único de trabajadores manuales e intelectuales. La organi-
zación será exactamente igual a la del PC.
En el Acta constitutiva electoral del Partido Comunista
mexicano del 22 de mayo de 1924, aparece inscrito Víctor Raúl
con el nombre de Francisco Haya de la Torre2. Viaja al Congreso
Antimperialista de Bruselas y luego a la Rusia soviética como
2 Información de los historiadores Lazar y Víctor Jeifets citados por Ricardo Melgar Bao y
Osmar Gonzales en: Víctor Raúl Haya de la Torre: giros discursivos y contiendas políticas.
Ediciones del CCC 2014, mencionadas por Javier Landázuri García en su prólogo a la re-
copilación de correspondencia aprista Los Inicios de Landázuri con Armando Villanueva
del Campo., octubre 2015.
51
Héctor Béjar
militante del Partido Comunista Mexicano.
Y finalmente, como se sabe, termina predicando un encendi-
do y frecuentemente calumnioso, anticomunismo.
Haya reprocha a Mariátegui no decir que pertenece a la
Alianza en su carta a Heysen el 12 de febrero de 1926:
Si Mariátegui...se declarara públicamente como parte de
nuestro grupo y hablara siempre por él y abominara de todo
individualismo, ganaríamos mucho...no lo hace por falta de
disciplina, por miedo a declararse soldado de un ejército...
Pues bien, nosotros debemos obligar a Mariátegui a una de-
finición completa. A nuestra causa no le interesa el señor
Mariátegui como escritor de vanguardia sino el señor Ma-
riátegui como soldado de nuestras filas...
A comienzos de 1928, todavía existe el Apra como movimien-
to internacional que incluye tanto a Haya como a Mariátegui y
Ravines. Hay células en Buenos Aires donde está Manuel Seoa-
ne, París con Eudocio Ravines, México y Lima.
¿Qué significa en ese momento la militancia, la disciplina en
ese ejército al que alude Haya? Eudocio Ravines se enrola en
el Apra en Buenos Aires en 1926 y viaja a París. Su encuentro
con Haya es un éxito, Ravines busca un líder, dice de él que es
un gran tipo. Haya lo nombra secretario general de la célula de
París y director del Centro de Estudios Antimperialistas de la
Apra. Ravines escribe a Luis Bustamante desde París el 8 de
mayo de 1927:
En marxismo hay lógica, no moral...el fin justifica los
medios...el bluff, la mentira no son buenos ni malos. Para
el revolucionario todo está permtido, menos la traición a la
revolución. Robar para entregar el producto de la revolu-
ción es bueno...matar a los contrarrevolucionarios no solo es
bueno sino laudable. Porque es útil, es necesario, es impres-
cindible...dentro de nosotros, de nuestra táctica, de nuestra
acción, no hay cojudeces morales. La moral, aunque sea con
mayúscula, pertenece al subjetivo de la persona.
52
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
1927. Es el mismo año en que Haya promueve el fiasco del
Partido Nacionalista Libertador que terminará en Partido
Aprista Peruano en 1931, pero es rechazado de manera unáni-
me en el movimiento. También ese año es la visita secreta de
Contreras, un emisario de Moscú a Lima, cuando Mariátegui
envía a Julio Portocarrero y Armando Bazán para participar
en el IV Congreso Sindical Rojo y quizá para hacer contacto for-
mal con la III Internacional. Haya protesta desde México contra
el viaje que considera inoportuno e inconsulto, después viaja a
Guatemala. Portocarrero retorna del viaje y plantea que se dis-
cuta una definición en el movimiento respecto de las relaciones
con Moscú y que se defina quién viaja para ello. El CC del Apra
en México nombra a Eudocio Ravines para un intercambio de
opiniones en Moscú con los dirigentes de la III Internacional.
Desde Guatemala, Haya advierte contra el peligro de que se
forme un PC en el Perú y eso precipite la represión contra el
movimiento en general. Heysen manifiesta su preocupación por
la autonomia del movimiento. En marzo de 1928, Haya enferma
gravemente de los pulmones y renuncia a la Secretaría General.
Haya dice al renunciar: si yo hubiera encontrado uno que to-
mara mi puesto, lo habría dejado ya en sus manos. ¿No es este
el drama de quienes se creen insustituibles?
En octubre de 1928, Mariátegui funda el Partido Socialista
sin conocimiento del resto del movimiento. Haya ordena a todos
sus corresponsales que acusen de personalista a Mariátegui.
Renunciante y enfermo Haya, la jefatura queda en la volun-
tad de Ravines, responsable de la importante célula de París, el
único que tiene contactos permanentes con Moscú.
Transcurre 1929. La célula de Buenos Aires no acepta la re-
nuncia de Haya. La de México critica a Mariátegui y lo acusa
de secesionsta. Ravines disuelve la célula de París y mantiene
contacto preferente, ya no con Haya, que lo llamaba hermano Eu-
docio en su correspondencia, sino con Mariátegui. En julio de ese
año, Ravines participa en el Congreso Antimperialista de Franc-
fort con el nombre de Indorio Pérez.
53
Héctor Béjar
Víctima de la represión frontal de Leguía, Mariátegui pro-
bablemente se da cuenta de que todo está perdido y prepara
su viaje con toda su familia a Buenos Aires en coordinación
con Waldo Frank y Samuel Glusberg. Mientras Haya reduce el
proyecto continental aprista a un solo país, Mariátegui asume
Amauta continental para trascender a toda la región. Ravines
retorna a Lima con activistas de la Internacional que se alojan
en la casa de Washington: el italiano Orestes, el argentino Ra-
fael Gonzales Alberdi, el uruguayo Fuentes, y Camilo, de nacio-
nalidad desconocida.
Se dice que el 1 de marzo de 1930 Mariátegui renuncia a
la secretaría general del PS en favor de Ravines, pero no hay
prueba de ello. Esos días son un misterio. Mariátegui está gra-
vemente enfermo y ya no puede viajar. Muere el 16 de abril de
1930, a los treintaicinco años.
Derrocado Leguía por Sánchez Cerro en agosto de 1930, re-
tomada la dirección del movimiento ahora escindido, Haya re-
sucita la idea del Partido nacional, retorna en julio y participa
en las elecciones de 1931. Ravines convierte el partido de Ma-
riátegui en Partido Comunista y lo afilia plenamente a la III
Internacional. La historia ha cambiado nuevamente,
La Tercera Internacional
y los comunistas peruanos
El Partido Comunista Argentino PCA fue reconocido como
Sección por la Internacional Comunista en 1921 e inició la pu-
blicación de la revista quincenal La Correspondencia Sudame-
ricana. Después empezó a funcionar el Secretariado Sudameri-
cano de la Internacional Comunista en Buenos Aires.
Herbert Hoover gobernaba Estados Unidos. Hipólito Yrigo-
yen gobernaba Argentina. Leguía gobernaba el Perú. Gerardo
Machado, Cuba. Se había producido la guerra entre Bolivia y
Paraguay por el petróleo del Chaco. César Augusto Sandino lu-
chaba contra los norteamericanos en Nicaragua. Emilio Portes
54
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Gil gobernaba México. Juan Vicente Gómez, Venezuela. Carlos
Ibáñez gobernaba Chile.
La Tercera Internacional activó en el mundo durante treinta
años. Al comienzo, estuvo involucrada en acciones de enorme
complejidad e incorporó militantes de los más diversos sectores
sociales, países, culturas y profesiones. Intelectuales, artistas,
obreros, gentes sin profesión conocida y también activistas com-
prometidos con la causa comunista, no dudaron en padecer cár-
celes y torturas y llegaron hasta el crimen político en la defensa
de ideas que creyeron justas.
Pronto, después de la muerte de Lenin y la expulsión de
Trotsky, empezó la época estalinista marcada, en sus primeros
años, por la guerra civil española y los procesos de Moscú.
El Comité Ejecutivo (CEIC) estuvo presidido por Grigory Zi-
noviev, que organizó cinco congresos entre 1919 y 1924, año en
que murió Lenin. Luego siguieron Nikolai Bujarin y Georgy Di-
mitrov. Tanto Zinoviev como Bujarin, al comienzo uno de los
teóricos oficiales del movimiento, fueron condenados y fusilados
en los procesos de Moscú.
La IC abrió y mantuvo las escuelas de cuadros en Moscú, es-
pecialmente la Escuela Leninista Internacional y organizacio-
nes colaterales como la Internacional Sindical Roja (Profintern),
la Internacional Comunista Juvenil (ICJ), el Socorro Rojo Inter-
nacional (SRI), la Internacional Roja del Deporte y la Gimnasia
(Sportintern). Al tiempo que auspició la Liga Antimperialista
de las Américas y la Confederación Sindical Latinoamericana.
En la Escuela Internacional Leninista se impartían cursos
de entre nueve meses hasta cuatro años para formar los mili-
tantes que dirigían los partidos comunistas. Los primeros ocho
alumnos latinoamericanos llegaron a Moscú en 1927, décimo
aniversario de la Revolución de Octubre. Eran Eudocio Ravines
(Perú), Rufino Rosas Sánchez (Chile), Ricardo Paredes (Ecua-
dor), Guillermo Hernández Rodríguez (Colombia), Solomón
Elguer (Argentina), Carmen Fortoul (Venezuela), Carlos Imaz
(Uruguay) y Heitor Ferreira Lima (Brasil). Docenas de comu-
55
Héctor Béjar
nistas latinoamericanos estudiaron en las escuelas militares
del Ejército Rojo.
El VII Congreso de 1935 fue el que estableció la línea de los
frentes populares que tuvo como primera finalidad, ya no la re-
volución mundial, sino la defensa de la URSS ante el fascismo.
Paradójicamente, esta etapa de apertura de los partidos co-
munistas hacia la socialdemocracia y los partidos burgueses
coincide con el denominado Gran Terror3, que culminó en los
procesos de Moscú y el asesinato de Trotsky en 1940. La URSS
buscaba aliados en el exterior pero se cerraba al máximo en el
interior.
La IC fue disuelta en 1943, dentro de una política de enten-
dimiento con los aliados capitalistas de la Unión Soviética du-
rante la segunda guerra mundial y, en su lugar, fue organizado
el Cominform, solo una oficina de coordinación e información.
La Primera Conferencia Comunista
Latinoamericana
Del 1 al 12 de junio de 1929 se realizó la Primera Conferencia
Comunista Latinoamericana en Buenos Aires con 38 delegados
de Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador,
Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Ve-
nezuela. Estuvieron presentes. delegaciones de la Internacional
Comunista, Internacional Juvenil Comunista con sus respecti-
vos secretariados y del Partido Comunista de los Estados Uni-
dos.
Victorio Codovila, nacido en Italia, hizo el informe central
sobre la situación internacional de Latinoamérica y los peli-
3 Esta denominación corresponde al parágrafo Latinoamericanos en los congresos de la Co-
mintern de la Introducción de Hernán Camarero a: Lazar y Víctor Jelfets. América Latina
en la Internacional Comunista 1919 -- 1943 Diccionario Biográfico. Buenos Aires: Ariad-
na CLACSO. Septiembre 2017. Pág XXXVI. En estos párrafos, utilizo la extraordinaria
información de Hernán Camarero y los Jefets, padre e hijo.
56
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
gros de guerra. Luis (Jules Humbert Droz), representante de
la IC, abordó el tema de la lucha antiimperialista y los pro-
blemas de táctica de los Partidos Comunistas de la América
latina. Otros puntos fueron: la cuestión sindical, la cuestión
campesina, el problema de las razas en América latina, el
trabajo en la Liga Antimperialista, el movimiento juvenil y
las tareas de los Partidos Comunistas, cuestiones de organiza-
ción, trabajo del Secretariado Sudamericano e informe sobre
la solución de la crisis de organización del Partido Comunista
de Argentina.
El peruano Saco (Hugo Pesce) leyó y sostuvo el informe es-
crito por Mariátegui sobre el problema de las razas en América
latina. También intervino en la conferencia, Zamora (Julio Por-
tocarrero).
Luis, representante de la IC, Codovila y Pulino González Al-
berdi, asumieron la posición ortodoxa de esos días: se sostenía
que existía una situación prerrevolucionaria y, en consecuencia,
había que promover la organización de soviets de obreros, cam-
pesinos y soldados allí donde hubiese condiciones. Eran impres-
cindibles partidos comunistas que aceptasen explícitamente las
tesis leninistas de la Internacional.
La Conferencia ignoró el resurgimiento de Alemania, sumida
todavía en la crisis económica y el pago de la deuda de guerra.
Transcurría 1929. Cuatro años después, Adolfo Hitler se con-
virtió en el canciller del Tercer Reich. Sus bandas armadas ya
controlaban la política alemana de calle.
Meses después, en 1930, González Alberdi estuvo en el Perú
enviado por el SSA “para luchar contra el grupo Amauta” en la
discusión sobre la forma de organización que debía tener el par-
tido y el rol de las comunidades indígenas en la futura revolu-
ción, además de coordinar la actividad de los grupos comunistas
de Bolivia y Ecuador4.
4 América latina en la Internacional Comunista. Pág. 290.
57
Héctor Béjar
El 24 de octubre, tres meses después de esta reunión, fue el
jueves negro del crack de Wall Street. No lo previeron.
El Perú estaba en una situación especial desde el punto de
vista de la Internacional. El Apra ya no existía como espacio de
trabajo revolucionario regional y era liderado por un disidente,
Haya de la Torre, que no quería establecer lazos orgánicos con
el movimiento antimperialista mundial y menos con la Interna-
cional. El Apra ya era señalada como una organización nacional
fascista. Y, por otra parte, los comunistas peruanos no llegaban
a la conferencia como comunistas sino como socialistas. Se en-
contraron como un elemento nuevo en un campo ya establecido,
con partidos que tenían años de existencia.
Los peruanos fueron considerados solo como un grupo de in-
telectuales comunistas de buena voluntad que debían asumir
los principios de la organización leninista. Se elogió su ruptura
con el Apra en 1928, pero se criticó todo lo demás. Se criticó su
opción organizativa por el Partido Socialista; se dijo que, al exa-
minar el problema indígena, no tenían en cuenta que estaban
hablando de naciones con derecho a la autodeterminación. En
el caso del conflicto de Tacna y Arica se les llamó la atención
porque no habían hecho nada cuando había que promover la
audoterminación de esas poblaciones bajo control obrero. Se cri-
ticó también que no querían formar una Liga Antimperialista
amplia cuando, a la vez, estaban formando un Partido Socialis-
ta amplio.
No hubo críticas de fondo al grupo peruano que pudieran ex-
cluirlo de la III Internacional. Se le aceptó, en la práctica los
peruanos ya estaban en la Conferencia; pero se le vio solo como
un proyecto y se le instó a la ampliación de su número, a la crea-
ción de un Partido Comunista ilegal si no podían desarrollarse
legalmente, pero un Partido Comunista de verdad.
Los peruanos defendieron sus posiciones. Codovila, Droz y
González Alberdi las suyas, que eran las de la Internacional y
no llegaron a ningún acuerdo.
58
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
El informe central de Codovila describió la que consideraba
agonía final del capitalismo y el peligro de guerra interimpe-
ralista entre Inglaterra y Estados Unidos, que se disputaban
América latina en su lucha por materias primas, tanto como
el peligro de agresión contra la Unión Soviética a la que era
necesario defender. Se preveía que América latina podía ser el
centro de otra guerra inter imperialista, dada la pugna entre
Inglaterra y los Estados Unidos.
Cuatro millones de desocupados en Estados Unidos, dos mi-
llones en Alemania, dos millones en Inglaterra. La sexta parte
del mundo construía el socialismo. Retroceso del imperialismo
británico y huelgas en América latina. En este cuadro, había
que romper con la socialdemocracia y sus alas izquierdas que
servían a las burguesías nacionalfascistas y reforzaban el polo
reaccionario del mundo. Parte de las elites latinoamericanas
que se oponían de diversas formas a la penetración norteameri-
cana eran vistas como socialdemócratas y fascistas. Era el caso
del Apra, por ejemplo, aparentemente antimperialista pero que,
en realidad, empezaba a ser visto como socialfascista.
Codovila centró la atención en las pugnas entre Estados Uni-
dos y Gran Bretaña.
La Conferencia criticó que los comunisas peruanos no tenían
posición respecto del Tratado de Paz de 1929 que entregaba a
los Estados Unidos la posibilidad de usar Tacna y Arica para
una guerra en el Pacífico.
Los peruanos no fueron los únicos, pero sí los más critica-
dos. Se criticó también la actitud de los comunistas bolivianos
y paraguayos frente a la guerra entre sus países y se dijo que el
imperialismo norteamericano de la Standard Oil estaba detrás
de Bolivia mientras el británico de la Shell operaba detrás del
Paraguay en la disputa por el petróleo del Chaco.
La quinta y sexta sesiones del 3 de junio de 1929 estuvieron
dedicadas al análisis de la estructura social de América latina
definida como semicolonial y los problemas de orientación y tác-
tica política. El informe central estuvo a cargo de Luis (Hum-
59
Héctor Béjar
berto Droz), el delegado de la Internacional.
Luis dijo que las clases netamente revolucionarias son los
proletarios agrícolas y los campesinos despojados. El motor es
la lucha por la tierra. Los obreros de las ciudades se suman más
fácilmente a las posiciones pequeño burguesas. Las ciudades
eran parasitarias porque no tenían actividades económicas, ni
talleres ni industrias. Luis veía a los anarquistas de esos años
como oportunistas. El régimen rural, según él, era feudal y colo-
nial. Los grandes terratenientes estaban ligados al imperialis-
mo inglés mientras que la burguesía industrial y comerciante
respondía a los intereses del imperialismo norteamericano. La
cuestión social estaba complicada por la cuestión racial en que
los blancos dominan a los indios y los negros. Dijo que el movi-
miento revolucionario latinoamericano es de tipo democrático
burgués y antimperialista, pero añadió que bajo este término se
ocultan ideas confusas y falsas.
Enumeró las muy diversas formas de organización que es-
taban adoptando los comunistas. El caso del partido peruano
concebido como un Partido Socialista que contenía una célula
comunista secreta, no era el único. Había un Partido Socialis-
ta Revolucionario en Colombia, Partido Socialista en Ecuador,
Partido Laborista de Panamá. Los veía con una mirada realis-
ta, no como partidos, sino solo como grupos de activistas que
empezaban a operar en el Perú y Bolivia, o grupos de propa-
ganda comunista dentro de las organizaciones sindicales como
en Guatemala y El Salvador. O partidos que estaban lejos de
la ideología comunista como sucedía en México. Sostuvo que no
eran todavía partidos comunistas por organización e ideología.
Hay que considerar que Luis venía de una revolución como la
rusa, que era consecuencia de un proceso histórico gigantesco y
actuaba en un no menos gigantesco país. Y estaba en el poder.
Y veía América latina como un continente difícil de entender
si se le aplicaban los criterios del marxismo leninismo, con sus
clases delimitadas y su numeroso proletariado. Había una gran
diferencia entre el triunfante y heroico partido bolchevique y
estos, en realidad, proyectos de partido.
60
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Sin embargo, cuando le tocó intervenir, Codovila criticó a los
comunistas de Bolivia y de Paraguay que no habían dicho ni
hecho nada en la guerra y no perdió la oportunidad de referirse
también al Perú. Dijo que los comunistas no supieron cumplir
su rol de revolucionarios, por falta experiencia política en Pa-
raguay, donde se creía tener un partido formado y con más res-
ponsabilidad. Pero allí, las desviaciones oportunistas y social
patrióticas fueron mucho más pronunciadas. El secretario del
partido paraguayo, según Codovila, no incitó a una acción efec-
tiva contra la guerra, sino se dedicó a una labor chauvinista.
Nuestros compañeros del Perú tampoco han tomado se-
riamente el asunto de Tacna y Arica, cuyo arreglo último por
parte de Leguía produjo descontento en ciertas capas de la
población, para ver si era posible bajo la consigna de la au-
todeterminación y del plebiscito mediante el contralor obre-
ro y campesino, organizar la resistencia activa de las masas
obreras y campesinas de esa región contra el arreglo salomó-
nico impuesto por los yanquis, que reserva para los mismos,
puntos estratégicos para la guerra en el Pacífico y también
una base de operaciones militares para aplastar cualquier
movimiento insurreccional en América del Sur.
El debate de la segunda sesión del 2 de junio de 1929 fue ini-
ciado por González Alberdi, de Argentina.
La tercera sesión fue abierta por Dellepiane de Paraguay.
Ese día, Saco (Hugo Pesce) del Perú, respondió a Codovila:
Refiriéndome al informe del compañero Codovila, nues-
tra delegación está de acuerdo con los conceptos vertidos.
Creo que ese informe sintetiza en forma certera la realidad
actual. Quiero, sin embargo, señalar que algunas de sus
apreciaciones referentes a la posición adoptada por el pro-
letariado peruano frente a la solución del conflicto del Pací-
fico, no están de acuerdo con las condiciones determinadas
por la política del gobierno peruano. Nosotros comunistas
debemos estudiar un punto importantísimo: cuál ha sido la
posición de las distintas capas sociales frente a un conflicto
61
Héctor Béjar
determinado. Y, en ese punto, llegaremos a comprobaciones
interesantes. Los elementos que últimamente han realizado
manifestaciones públicas de protesta por la solución dada
al pleito del Pacífico han sido principalmente los estudian-
tes, en su mayoría pequeños burgueses, todos ellos movi-
dos por un sentimiento patriótico que se siente herido por
una solución en que la Patria no recibía en su integridad
los territorios perdidos. El grupo de manifestantes durante
varios días no logró polarizar ninguna corriente, no logró
extender su acción, quedó siendo un pequeño grupo. Las
masas se sintieron desde el primer momento ajenas a tales
manifestaciones patrióticas y se mantuvieron espontánea-
mente neutrales. No se vio un solo obrero en las manifes-
taciones realizadas. Nuestro grupo reforzó esta posición. Y
esa era la única actitud que tenía que tomar en esa ocasión.
Desde que Leguía ascendió al poder, siempre trató de pro-
meter la restitución de los territorios en litigio y siempre la
vanguardia obrera denunció que no estaban allí los verda-
deros problemas del país. Apartarse hoy día de esa posición
para unirse a los que reclamaban una solución más patrió-
tica entre comillas hubiera sido traicionar los intereses del
proletariado. Pedir un plebiscito en un régimen dictatorial
burgués y bajo el control del imperialismo hubiera sido for-
talecer las posiciones de ambos.
Los pueblos tienen derecho a determinar su independen-
cia política. Pero cuando la autodeterminación sea verdade-
ra y efectiva y no bajo el gobierno de una clase sierva a su vez
del imperialismo. Por eso no me adhiero a la sugestión del
compañero Codovila que opinó que el proletariado peruano
hubiera debido participar en la protesta de los patrioteros.
En la cuestión antimperialista, la delegación peruana
tiene cierta experiencia puesto que su plataforma o mejor
dicho su programa antimperialista, es la consecuencia de
discusiones profundas llevadas a cabo en nuestro grupo,
cuyo origen se debe buscar en la constitución del Apra. Per-
mítanme los compañeros que dé lectura al programa que
62
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
nosotros hemos presentado sobre lucha antimperialista, que
creo precisa nuestro punto de vista al respecto.
Leyó el texto de Mariátegui Punto de vista antimperialista
que no reproduzco porque es muy conocido y luego dijo:
Compañeros, así escribe el compañero José Carlos Mariá-
tegui cuando formula su tesis sobre antimperialismo, ana-
lizando antes el estado económico y social del Perú. Nues-
tra delegación ha creído conveniente leer este documento a
los compañeros de esta conferencia para que todos valoren
nuestra posición.
Con respecto al Apra, debo referir algunas particulari-
dades del movimiento político del Perú. Desde la indepen-
dencia del Perú, las guerras civiles han sido la norma en la
conducta de los gobiernos burgueses.
Saco mencionó a los caudillismos. Dijo que esta misma ideo-
logía caudillista del pueblo se conserva hasta 1919 en que Le-
guía sube al poder. Luego se refirió a los anarquistas que han
propagado el apoliticismo; que las luchas en el terreno sindical
han sido interpretadas como de carácter económico y no se les
ha dado características de lucha política.
Hizo una descripción de la economía peruana.
El compañero Luis nos dice que en Perú se ha formado
un partido socialista ideológicamente; y que manifestare-
mos nuestro programa en un terreno reformista. Ese socia-
lismo, nos dice, no será bolchevista.
Tenemos una nota enviada con mucha anterioridad al
Secretariado Sudamericano, que marca nuestra posición en
el asunto. Permítanme los camaradas que dé lectura a sus
principales párrafos para que nuestro punto de vista quede
fijado completamente.
Leyó los seis puntos que empiezan diciendo:
La ideología que aceptamos es la del marxismo y la del le-
63
Héctor Béjar
ninismo militante y revolucionario, doctrina que aceptamos en
todos sus aspectos, filosófico, político y económico social. Los
métodos que sostenemos y propugnamos son los del socialismo
revolucionario ortodoxo.
Hizo una descripción de la situación de la clase obrera en el
Perú en una intervención larga. Dijo que no existe un partido
político opositor al gobierno de Leguía.
Se refirió luego a la Liga Antimperialista y al Apra. Se quejó
de que se les ha calificado a ellos, el grupo peruano, de reformis-
tas sin conocer la cuestión con toda la profundidad que el caso
merece.
A objeto de dar una línea política ajustada a la realidad, Saco
dijo que con su grupo podían controlar el Partido Socialista y
dirigir sus acciones.
Se ha dicho que se podría constituir el bloque de obreros
y campesinos, continuó. Un bloque obrero y campesino re-
quiere organismos formados por obreros y campesinos, un
nivel político elevado de los obreros y campesinos, que sepan
que el bloque tiene también una función electoral.
Dijo también que las masas obreras y campesinas del Perú
no tienen conciencia de clase.
En lo que no solo requiere esas condiciones sino que a
mi juicio entraña otro peligro mayor es la división del mo-
vimiento sindical. ¿No van a surgir candidatos agrarios?
¿Acaso no pueden abrir a estos pretensiones caudillistas?
Ya conocemos compañeros la historia de los campesinos y
de los caudillos peruanos. El Partido Socialista se basa en
nuestro grupo, el cual es enteramente afín con la ideología
de la Internacional Comunista. Somos y nos declaramos
ante todo comunistas y queremos imprimir al movimiento
obrero del Perú el sello de la Internacional Comunista. Dejo
constancia compañeros de que el partido socialista es sola-
mente una táctica. Eso no quita que nosotros no hagamos el
intento de aprovechar la situación en el momento electoral.
64
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Estos han sido nuestros puntos de vista para constituir el
Partido Socialista. Sabemos que con su constitución corre-
mos riesgos pero ello es un proceso largo. Quizás no haya po-
dido sostener nuestra tesis con toda la capacidad necesaria
pero, ante todo, lo he hecho con la mayor sinceridad.
La cuarta sesión se realizó el 2 de junio y presidió Romo de
Argentina.
Codovila insistió en el espíritu de pasividad que se encontró
también en los compañeros del Perú frente al conflicto de Tacna
y Arica. Dijo:
El compañero Saco, dándole una interpretación torcida a
las manifestaciones que yo hiciera en mi informe sobre este
asunto, preguntó si se pretendía que los comunistas debían
unirse a los que reclamaban una solución más patriótica de
la cuestión. Estamos evidentemente frente a una exagera-
ción polémica del compañero Saco. De no ser así, no hubie-
ra afirmado tal cosa. No se trata de exigir soluciones más
patrióticas del asunto de Tacna y Arica, sino de poner en
guardia a las masas trabajadoras peruanas contra el arre-
glo que no interesa solamente a las burguesías de Chile y de
Perú, como pretende hacerlo creer el compañero Saco, sino
también a las masas trabajadoras de esos países y de la
región en litigio, puesto que con ese arreglo se remacha aún
más la cadena de su esclavitud respecto a la gran burgue-
sía nacional y al imperialismo. Indiscutiblemente, hay que
ver las fuerzas sociales en juego en el conflicto para poder
determinar la acción revolucionaria en las últimas mani-
festaciones de protesta contra el arreglo de Tacna y Arica
hecho por Leguía. Había propósitos chauvinistas Pero se-
gún manifestaciones del mismo camarada Saco, gran parte
de la pequeña burguesía y los intelectuales participaron en
esas manifestaciones, no tanto por el asunto de Tacna y Ari-
ca como por la protesta que significaba contra el gobierno
dictatorial de Leguía.
No sé si podemos aceptar en forma absoluta lo que dice
65
Héctor Béjar
el compañero Saco de que ningún obrero participó en las
manifestaciones de protesta. Sea como fuere, el partido no
podía estar ausente, no podía dejar de hacer conocer sus
consignas, que debieron ser contra el gobierno dictatorial
de Leguía vendido al imperialismo yanqui, contra el impe-
rialismo yanqui, único beneficiado en dicho arreglo; por el
derecho de autodeterminación de los habitantes de Tacna y
Arica; por el plebiscito bajo el contralor obrero y campesi-
no, etcétera. No se trata entonces de sumarse a la protesta
patriotera sino de lanzar y hacer conocer las consignas del
partido y no permanecer pasivos.
Codovila volvió a tocar el asunto de la organización de los
peruanos en Partido Socialista.
Los compañeros del Perú se han molestado un poco por-
que hemos afirmado que el socialismo es conocido por su po-
lítica contraria a los intereses proletarios y afirmaron que no
es lógico ni justo que se condene de antemano a “su” partido
socialista, diciendo que éste forzosamente degenerará como
los otros. Indiscutiblemente aquí estamos frente a una con-
tradicción entre la voluntad revolucionaria de los compa-
ñeros y las posibilidades de realización Y eso es lo que ellos
deben comprender. Es claro que los compañeros no quieren
que el Partido Socialista degenere como han degenerado to-
dos los partidos socialistas. Ellos quieren impregnarlo de la
ideología marxista, pero querer no es poder... justamente en
países donde reina la dictadura y no existe ningún partido
burgués a excepción de los oficialmente reconocidos por el
gobierno, cualquier partido de oposición ...concentrará en
su seno de inmediato, además de las fuerzas sinceramente
revolucionarias, a todos los elementos descontentos del régi-
men dictatorial, los cuales tratarían por todos los medios de
imprimir a ese partido su orientación liberal burguesa y no
la orientación revolucionaria.
Los elementos revolucionarios --los que según los compa-
ñeros peruanos deberían dirigir ilegalmente el partido--, al
poco tiempo de actuar serían individualizados, perseguidos
66
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
y puestos en la imposibilidad de hacer cualquier trabajo
legal, mientras que los elementos liberales burgueses y los
intelectuales, tomarían la dirección de ese partido, lo trans-
formarían en un organismo de oposición legal al gobierno
y utilizarían la influencia adquirida entre las masas por el
partido para desviarlas del camino de la revolución. En ese
caso, la voluntad de nuestros compañeros de mantener un
carácter clasista al partido se estrellaría contra la realidad
de los hechos. El resultado sería que todo el esfuerzo reali-
zado para la creación del partido legal quedaría anulado,
las masas se desorientarían y sin el partido ilegal capaz
de hacer frente los golpes de la reacción, el movimiento co-
munista necesitaría un largo periodo de tiempo para poder
reorganizarse. Es eso justamente lo que queremos evitar al
movimiento comunista del Perú y por eso nos oponemos a la
constitución del Partido Socialista.
Otro argumento dado por el compañero Zamora (Julio
Portocarrero), es el de que es necesario organizar cuanto an-
tes el Partido Socialista, porque los acontecimientos en el
Perú se precipitan. El tirano Leguía se hunde, nos dijo di-
cho el camarada, nuestro objeto entonces es el de polarizar
una serie de elementos que pueden actuar entre las masas
en los momentos de acción.
Ese argumento es todavía más peligroso que los otros.
Justamente porque estamos a la espera de grandes aconteci-
mientos revolucionarios es más necesaria que nunca la crea-
ción de un partido comunista. Hemos repetido varias veces
que para obtener la realización de la revolución democrático
burguesa se necesita que la vanguardia proletaria adquiera
la hegemonía la lucha; porque si esa lucha es dirigida por
un partido en que domina la pequeña burguesía, termina
siempre, después de algún gesto demagógico anticapitalis-
ta y anti imperialista, por capitular ante las fuerzas de la
reacción. México y Ecuador bien constituyen una buena ex-
periencia al respecto. ¿Por qué entonces oponer reparos a la
creación inmediata del Partido Comunista?
67
Héctor Béjar
Hemos dicho que es necesario no acreditar a los partidos
socialistas cuyo nombre en el léxico político revolucionario
tiene un significado bien definido: significa la traición a los
intereses proletarios y la capitulación ante la burguesía. Y
hemos dicho también que en el Perú, a pesar de no existir
actualmente un partido socialista, el socialismo tiene su pe-
queña tradición en la historia del movimiento revoluciona-
rio adquirida en 1919 durante el paro de las subsistencias,
cuando traicionó de la manera más vergonzosa a los traba-
jadores en lucha. Ese “socialismo” que quería contemplar la
“realidad peruana”, traicionaba a las masas trabajadoras
en lucha, invitándolas a “no dejarse influir por las utopías
maximalistas importadas de Europa y que no responden a
nuestra realidad” 5.
¿Es que las masas obreras del Perú, particularmente de
Lima, no han de recordar esa traición socialista? Sobre todo
si el Partido Socialista se presenta con programa mínimo y
máximo, como socialismo sin ser bolchevismo; en una pa-
labra, con todas las características de un partido social de-
mócrata.
Dice el compañero Zamora: “empecemos por organizar el
partido socialista que abarca la gran masa y luego, si es-
capa a nuestro contralor, será lamentable pero nos dejará
lo mismo grandes beneficios, puesto que el proletariado ha-
brá dado un gran paso hacia su evolución política”. Craso
error. La educación política revolucionaria del proletariado
se hará a través de programas claros, perspectivas claras
de lucha. Al proletariado se le educa diciéndole claramente
lo que nos proponemos, demostrándole que toda nuestra ac-
ción, por pequeña que sea, tiende siempre a un solo fin: a la
Revolución. Para eso no se precisan ni programas máximos
ni mínimos; basta el programa comunista, que es el de la
revolución social. Hay que hacer comprender a las masas
que el único partido capaz de dirigirlas a la Revolución y
5 Ricardo Martínez de la Torre. El movimiento obrero de 1919. Lima: Empresa editora pe-
ruana, 1948.
68
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
al triunfo, es el Partido Comunista, que debe estar formado
por una sola clase: el proletariado rural y urbano, única
fuerza social capaz de realizar la revolución.
De allí entonces compañeros nuestra insistencia ante los
camaradas peruanos --y eso lo hacemos justamente porque
sabemos que estamos frente a revolucionarios sinceros--,
para que no cometan el error de constituir ese partido legal
que, en lugar de ser un medio para acelerar el desarrollo del
movimiento revolucionario, servirá de traba al desenvolvi-
miento del mismo, llevará a la confusión a las masas traba-
jadoras impidiendo la formación de un verdadero Partido
Comunista.
Se nos dirá: si debemos constituir el partido comunista
ilegal y éste debe estar formado por los mejores elementos
proletarios ¿cómo podríamos extender nuestra influencia en-
tre las masas trabajadoras? El compañero Luis ya ha expli-
cado ampliamente este aspecto de la cuestión. Los Bloques
(sic) de obreros y campesinos pueden constituir organismos
de frente único y de alianza de las diversas capas sociales
interesadas en la lucha contra el imperialismo, pero esos
mismos Bloques (sic)6 deben estar constituidos por adhe-
siones colectivas, de manera que sean organismos de frente
único y no se transformen en partidos de varias capas socia-
les. Las Ligas Campesinas, las Ligas Antimperialistas, el
Socorro Rojo Internacional, los Amigos de Rusia, etcétera,
deben ser diversas agrupaciones de masas en cuyo seno po-
drán actuar, conjuntamente con las masas laboriosas, los
elementos antimperialistas que no pueden actuar en el par-
tido del proletariado. Pero para que esas mismas organiza-
ciones de masas tengan una línea política revolucionaria, se
presupone la existencia de un Partido Comunista ilegal que
dé la línea política para toda su labor. Sin eso, corremos el
riesgo de trabajar en provecho de los enemigos.
Un compañero, no recuerdo cual, dijo: ¿por qué entonces
6 Se refiere a los Bloques Obreros y Campesinos existentes en esos años en México.
69
Héctor Béjar
la Internacional Comunista permite la existencia de par-
tidos socialistas en Colombia, Ecuador etcétera, que están
adheridos a la misma? Ante todo, hay que decirles que los
partidarios de la Internacional Comunista no han creado
esos partidos sino que ellos se han formado independien-
temente de su voluntad. Frente al hecho consumado, no se
podía exigir la transformación inmediata de esas organi-
zaciones que adherían a la Internacional Comunista; sino
que realizando previamente un trabajo de educación polí-
tica en su seno para transformarlos en Partidos Comunis-
tas, eliminando sucesivamente todos los elementos pequeño
burgueses o intelectuales hostiles a la ideología proletaria.
Nuestra táctica en esos casos no ha sido la de engrosar esos
partidos socialistas con elementos heterogéneos sino la de
depurarlos de todos los elementos extraños, esforzándonos
por hacer de ellos verdaderos partidos comunistas. Si algu-
na observación puede hacerse al respecto es la de no haberse
procedido con más energía al llevar a cabo el proceso de
depuración y de transformación de esos partidos socialistas
en comunistas.
Conclusión: que --como ya han manifestado otros com-
pañeros--, temo que nuestros camaradas del Perú, a pesar
de todas nuestras razones, querrán hacer “su” experiencia.
Pero, como se trata de revolucionarios sinceros, la harán
manteniéndose en estrecho contacto con los organismos de
dirección de la Internacional Comunista y estamos seguros
de que, al poco tiempo de iniciar su “ensayo”, se darán cuen-
ta de que marchan por una senda equivocada y abandona-
rán la idea del “gran partido” heterogéneo para dedicarse
con más tesón al desarrollo de las fuerzas comunistas y del
partido revolucionario, el Partido Comunista.
Codovila se refirió después a los casos de Guatemala, Méxi-
co y Colombia. Eran distintas opciones tácticas planteadas por
esos grupos nacionales: optar por “caudillos rojos” planteaban
los guatemaltecos; organizar guerrillas, pensaban los mexica-
nos. Codovila reprochaba a los colombianos no haber planteado
70
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
la revolución sovietica a partir de la huelga bananera en vez de
quejarse por un supuesto abandono de la Internacional. Las al-
ternativas guatemalteca y mexicana eran atajos para la revolu-
ción, porque creían que la organización de partidos proletarios
comunistas era un proceso demasiado lento.
La del grupo peruano no era una posición solitaria. Los diri-
gentes de la Internacional se encontraron con una realidad diver-
sa y, frente a ella, defendieron una posición única: la formación
de partidos comunistas de base proletaria en todas partes y la
línea de los soviets para responder a una situación objetiva que
consideraban prerrevolucionaria.
En general, se consideraba que los análisis de la situación
en Paraguay, Bolivia, Colombia, México, Perú, Uruguay y otros
países de la región, eran insuficientes porque los grupos nacio-
nales no proporcionaban la información indispensable al Secre-
tariado.
Codovila, al final de manera amistosa, fue muy insistente en
su crítica a los peruanos.
En lo que se refiere al Perú, he de decir que muchos com-
pañeros han atacado a los compañeros delegados peruanos.
Hay que tener en cuenta que esos compañeros han hecho ya
pasos muy importantes para asimilar la ideología comunis-
ta. Por otra parte, estamos frente a camaradas que, al plan-
tear el problema de realizar una actividad política de ma-
sas, parten de una voluntad de lucha sincera. Yo conozco un
poco la insistencia de los compañeros peruanos. Ya hemos
batallado en Moscú con el compañero Zamora acerca del
rol del Apra. Pero una vez que se hubo convencido, defendió
el punto de vista de la Internacional Comunista frente a
los demás compañeros. Estoy seguro de que después de esta
conferencia pasará lo mismo. Y ya que hemos de criticar los
defectos, veamos las virtudes de nuestros compañeros pe-
ruanos, los cuales han intervenido con eficacia en las discu-
siones y han aportado la mayor experiencia y colaboración
en la preparación de sus resoluciones. En el fondo ¿cuál es el
71
Héctor Béjar
propósito de los compañeros peruanos? El de ligar al grupo
comunista con las masas, pero el método que preconizan es
malo. El proletariado debe tener un partido, pero no un par-
tido compuesto de tres clases. Los compañeros quieren orga-
nizar en el Partido Socialista a los obreros y los campesinos
y a algunas capas de la pequeña burguesía: en el fondo tres
clases sociales.
Los compañeros nos dicen que el Partido Socialista será
útil para atraer a nuestra influencia a ciertos intelectuales
simpatizantes. Además dicen, es necesario que en ciertas
circunstancias el partido cree máscaras legales, pero este
no es el caso. Lo que ellos proponen no es la máscara le-
gal del Partido Comunista; es un partido político más am-
plio. El solo hecho de querer atraer a los intelectuales, de-
muestra que el Partido Socialista tendría una base y una
composición social distintas a la de un verdadero Partido
Comunista. Hay que tener en cuenta otra posibilidad: es
posible que durante algún tiempo los pequeños burgueses
y los intelectuales sean disciplinados, pero en el momento
decisivo, traicionarán como ha pasado siempre y es preciso
precavernos de ese peligro.
El programa esbozado para el Partido Socialista ha sido
corregido en parte por el compañero Zamora; pero, al in-
tervenir en la discusión, su punto de vista no se diferencia
de las manifestaciones de la primera vez. La declaración
leída por el compañero Zamora contiene además una serie
de errores políticos que no voy a analizar en este momento.
La cuestión de las municipalidades obreras y campesinas
me parece la más grave. Una municipalidad obrera y cam-
pesina puede existir en un país capitalista: ha ocurrido por
ejemplo en la Argentina. Pero ello no significa la revolución,
como lo significan los soviets que son órganos de un nuevo
estado revolucionario. Creo que sobre este punto. los com-
pañeros deben reconocer el error que el programa enuncia
al no hablar de la creación del gobierno de los obreros y
campesinos.
72
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Creo que la fundación del Partido Socialista en el Perú
será una experiencia que creará graves dificultades para
evitar y corregir desviaciones que surgirán inevitablemente
en su seno y hay que tener en cuenta que las desviaciones
políticas de un partido son más difíciles de corregir que las
que se puedan originar por ejemplo en el bloque obrero y
campesino.
Hay que insistir pues ante los compañeros para que no
incurran en ese error.
En resumen, no hubo acuerdo. Los peruanos se mantuvieron
en bloque y Codovila persistió en sus advertencias.
La décima sexta sesión estuvo dedicada al análisis del pro-
blema de las razas en América latina. El informe estuvo a cargo
de Saco, es decir, de Hugo Pesce, quien incorporó aportes de
todas las delegaciones. Traía preparado el documento que había
redactado con Mariátegui pero añadió información procedente
de las otras delegaciones.
Era la primera vez que un congreso comunista abordaba el
problema racial en América Latina.
Saco dijo que, desde el punto de vista del marxismo, el pro-
blema de las razas era el de supervivencia del latifundio.
Llamamos problema indígena a la explotación feudal de
los nativos en la gran propiedad agraria” 7. “La conciencia
de clase, dijo, eleva moral, históricamente, al negro”. El in-
dio es, generalmente, superior al mestizo...La teoría de las
razas no explica las condiciones de la evolución social, por-
que las razas cambian de lugar: según el período histórico
son superiores o inferiores, depende del grado de evolución
de las fuerzas productivas... El realismo de una política re-
volucionaria debe convertir el factor raza en un factor re-
volucionario. Hay que dar al movimiento del proletariado
indígena un carácter neto de lucha de clases.
7 Actas, pág. 265.
73
Héctor Béjar
Hizo una descripción panorámica de la situación de las razas
en la región incluyendo los indígenas amazónicos, región donde la
mayoría de la población está constituida por indios y negros; y for-
muló una de sus afirmaciones centrales afirmándose en acuerdos
anteriores de la IC.
El Sexto Congreso de la Internacional Comunista ha
señalado una vez más la posibilidad para pueblos de eco-
nomía rudimentaria de iniciar directamente una organiza-
ción económica colectiva sin sufrir la larga evolución por la
que han pasado otros pueblos. Nosotros creemos que, entre
las poblaciones atrasadas, ninguna como la población indí-
gena incásica reúne las condiciones tan favorables para que
el comunismo agrario primitivo subsistente en estructuras
concretas y en un hondo espíritu colectivista se transforme,
bajo la hegemonía de la clase proletaria, en una de las bases
más sólidas de la sociedad colectivista preconizada por el
comunismo marxista.
No existía, como se cree, una discrepancia de fondo entre la
evolución probable de las comunidades indígenas hacia el socia-
lismo planteada por Mariátegui y Pesce y el marxismo ortodoxo
de la IC. Ésta planteaba en 1928:
...el apoyo moral y financiero a la cooperación agraria y
a las explotaciones en común (sociedades, comunas, etc) ,
propaganda sistemática de la unión cooperativista de los
campesinos sobre la base de la acción colectiva8.
El VI Congreso de la IC se realizó entre julio y setiembre del
año anterior 1928 en plena crisis económica de la Rusia Soviéti-
ca que ya estaba dirigida por Stalin. Dos meses antes, en abril
de 1929, Mijail Bujarin había dimitido acusado de derechista;
antes lo había hecho Zinoviev. El VI Congreso se realizó cuatro
años después del V Congreso que todavía fue dirigido por Zino-
viev. El Partido Comunista soviético ya dominaba totalmente la
8 Programa y estatutos de la Internacional Comunista adoptados por el VI Congreso Mundial
en Moscú, el 1 de setiembre de 1928. Economía agraria,pág.39. Anderlecht, Bruselas: Edi-
ciones de Adelante.
74
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
IC. Entre el V y el VI Congreso se realizaron dramáticos cam-
bios de línea y dirección en el Partido Comunista de la URSS y
en la Internacional. Zinoviev y Bujarin pasaron a la oposición
con Trotsky, quien ya había sido expulsado y deportado de la
URSS.
Ni los peruanos, ni los latinoamericanos y menos los sovié-
ticos, dijeron algo sobre estos cambios. Ya era una relación asi-
métrica dada porque unos, los soviéticos, estaban en el poder; y
otros, los latinoamericanos empezaban a luchar recién. Por eso,
mientras los delegados soviéticos opinaban sobre lo que había
que hacer en América latina, los latinoamericanos no se anima-
ban a opinar sobre lo que sucedía en la URSS.
El texto leído por Pesce analizó también la situación econó-
mica y social de los amazónicos, los mestizos y mulatos en Co-
lombia, Brasil y otros países, los movimientos de los indios con-
tra el gamonalismo. En las conclusiones, planteó una vez más
el carácter fundamentalmente económico y social, y no exclu-
sivamente racial, del problema de las razas en América latina.
La constitución de la raza india, dijo, en un estado autó-
nomo, no conduciría en el momento actual, a la dictadura
del proletariado indio, ni mucho menos a la formación de un
Estado indio sin clases, como alguien ha pretendido afirmar,
sino a la constitución de un Estado indio burgués con todas las
contradicciones internas y externas de los estados burgueses9.
Pocos meses después, para las elecciones de 1931 en que lan-
zó un candidato indio, el Partido Comunista planteó el progra-
ma de una probable autonomía de las repúblicas quechuas y
aimaras si se realizaba una revolución en el Perú.
Hubo un extenso y complejo debate con intervenciones de
casi todos los delegados. Codovila no intervino esta vez. Lo
hizo en cambio Peters, de la Internacional Juvenil Comunista
IJC, que contradijo a los peruanos diciendo que no entendían
la cuestión nacional cuando no aceptaban la separación de las
9 Actas, pág. 288.
75
Héctor Béjar
razas indígenas en estados independientes. El VI Congreso de
la Internacional había afirmado el derecho de las naciones a la
autodeterminación, aun si eso significase la separación de los
países. Afirmó que
...el chauvinismo de los blancos en el Perú que estaba re-
flejado en la intervención de Saco, no acepta la posibilidad
del Perú sin indios...No debe excluirse que, en el proceso de
la revolución,... tengamos formada una república indíge-
na...El problema de los indios es una cuestión nacional y no
solamente indígena10.
Se contrapusieron la visión soviética de Peters y los reparos
tácticos de los peruanos. Intervino Zamora (Julio Portocarrero)
del Perú, para manifestar su acuerdo con Saco, porque lanzar
la consigna de las nacionalidades es una oportunidad que se da
a los enemigos para tergiversar nuestra posición.
Conciliador, Peters planteó que no se adoptara ninguna re-
solución por el momento, dada la complejidad del tema. Saco
reafirmó las posiciones que mantuvo sobre que el asunto de las
nacionalidades indígenas no correspondía al momento que se
vivía en el Perú. Respondió a cada uno de los delegados que
intervinieron.
En el tema del trabajo en las ligas antimperialistas, los infor-
mantes fueron González Alberdi y Simons, de Estados Unidos.
Gonzales Alberdi acusó a los peruanos de sobre estimar la
valoración de lo espiritual en la lucha contra el imperialismo y
la formación de las ligas. Dijo que dado su carácter pluriclasista
el Partido Socialista peruano actuaba, en la práctica, como una
liga.
Saco respondió diciendo que la creación de una Liga Antim-
perialista legal en el Perú era imposible en las circunstancias
que se vivían.
Codovila retrucó que las intervenciones de los peruanos eran
10 Actas, pág. 299.
76
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
muy peligrosas porque, según él, Saco insistía en que el impe-
rialismo acelera el desenvolvimiento capitalista de los países
que ocupa y ha disminuido los caracteres feudales de los países
que penetra. ¿Por qué Saco afirmaba las posibilidades de un
Partido Socialista amplio y negaba las de una Liga Antimpe-
rialista igualmente amplia? Se reafirmó la necesidad de formar
ligas en todos los países, sin excepción.
No se llegó a ningún acuerdo.
La muerte de Mariátegui al año siguiente daría a los dirigen-
tes y activistas de la Internacional la oportunidad de intervenir
en el partido peruano, llamarlo comunista como querían y apli-
car plenamente sus tesis.
La Misión Kemmerer
El 22 de agosto de 1930 Leguía fue obligado a renunciar ante
la sublevación del comandante Sánchez Cerro en el sur. Asumió
una Junta Militar presidida por el general Manuel María Ponce
Brousset, quien entregó el poder al comandante Luis Sánchez
Cerro.
Él 20 de febrero de 1931, la guarnición de Arequipa se pro-
nunció contra Sánchez Cerro y proclamó al veterano montonero
y hacendado pierolista David Samanez Ocampo.
El poder fue asumido por Ricardo Leoncio Elías, presidente
de la Corte Suprema. Éste dejó en Palacio al general Gustavo
Jiménez, conocido como el zorro Jiménez.
Samanez Ocampo llegó de Arequipa y se hizo cargo provisio-
nalmente de la presidencia, con una Junta de Gobierno.
Jorge Basadre, Luis Alberto Sánchez, Alberto Arca Parró, Cé-
sar Antonio Ugarte y Luis E. Valcárcel fueron convocados por la
Junta para elaborar un Estatuto Electoral con padrón, escrutinio
en mesa y voto secreto; y se convocó a elecciones para octubre de
1931.
El 5 de noviembre de 1930, el presidente del Banco de Reser-
77
Héctor Béjar
va, Manuel Augusto Olaechea, propuso la venida de una Misión
norteamericana presidida por Edwin Walter Kemmerer.
Antes que en el Perú, esta consultora norteamericana estuvo
en Filipinas, México, Guatemala, Chile, Ecuador y Bolivia. Era
inocultable que su objetivo era ajustar las economías latinoa-
mericanas o de origen hispano a la norteamericana. Asumir el
patrón oro, crear bancos centrales y superintendencias a imi-
tación de la Reserva Federal norteamericana creada por Wil-
son, contribución predial, Contraloría General de la República,
sistema de impuestos y otras medidas que permitían que las
economías de los países satélites jueguen o complementen con
la economía imperial.
Fueron once proyectos expuestos en otros tantos documentos,
de los cuales la Junta de Gobierno aceptó solo tres. El existente
Banco de Reserva desde 1922 fue convertido en Banco Central
de Reserva. Fue creada la Superintendencia de Bancos. Se vol-
vió al patrón oro suspendido desde 1914.
La Misión cobró cien mil dólares, una fortuna para la época.
Estuvo formada por ocho especialistas. Se prescindió totalmen-
te de los economistas peruanos.
La Misión concluyó su tarea en abril de 1931. Las elecciones
en que ganó Sánchez Cerro se realizaron en octubre de 1931.
El 14 de abril se proclamaba la Segunda República en Espa-
ña luego de la victoria republicana en las elecciones municipa-
les, el rey Alfonso XIII salía del país por su propia voluntad y
Niceto Alcalá Zamora era proclamado el primer presidente. Se
inauguraba el Empire State en Estados Unidos, Al Capone era
condenado a 11 años de prisión por evadir impuestos y Chaplin
estrenaba Luces de la ciudad.
Japón invadía Manchuria para organizar el estado títere de
Manchukuo y Mao Tse Tung proclamaba la república soviética
china.
78
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Los sangrientos años treinta
Los fertilizantes sintéticos desplazaban al salitre chileno y
más de 40,000 obreros salitreros quedaban en la desocupación.
La emigración de los desocupados a Santiago y la falta de re-
cursos trajo abajo la dictadura del general Carlos Ibáñez del
Campo, mediante una revolución de los estudiantes y el pueblo.
Caía la decadente monarquía española de Alfonso XIII y Primo
de Rivera. Estados Unidos no salía de la crisis de 1929. La Ru-
sia soviética culminaba su primer Plan Quinquenal que estre-
naba la técnica de planificación centralizada. Italia presenciaba
la edificación del Estado fascista. Alemania sobre endeudada,
padecía pobreza y mendicidad. En Cuba, dimitía Gerardo Ma-
chado, en Brasil asumía la presidencia, Getulio Vargas.
En muchos países, entre ellos el Perú y dentro del Perú Lima,
el desocupado era el protagonista social. La desocupación, con-
secuencia del crack capitalista de 1929, fue la característica de
los años treinta en el mundo. Fueron los años de la desocupa-
ción y la represión. La demanda principal de la gente era tra-
bajo.La recesión era acompañada de una gran agitación política
en que se enfrentaron apristas y sanchezcerristas.
Leguía dejó un país endeudado con los Estados Unidos y
dominado por los monopolios. Electricidad, teléfono, telégrafo,
ferrocarriles, minas, haciendas modernas, todo estaba mono-
polizado por empresas extranjeras. En los campos apartados
languidecían los latifundios de siempre con sus amos terrate-
nientes, que habían sido senadores y diputados de Leguía. Las
Empresas Eléctricas Asociadas manejaban la producción y dis-
tribución de electricidad, el alumbrado público y privado y los
tranvías de Lima. Los suecos compraron la fábrica de fósforos
El Sol, introdujeron sus fósforos importados y les aumentaron
el precio al doble, de 5 a 10 centavos. La Grace manejaba los
ferrocarriles y el transporte marítimo. La Cerro los minerales.
La Ricketts, las fibras de camélidos. Concesiones a cincuenta o
más años liberaban a las empresas extranjeras de impuestos y
aranceles para sus importaciones y les entregaban el mercado.
Compañías y casatenientes urbanos eran dueños de quintas y
79
Héctor Béjar
callejones donde vivían las familias obreras con baños comunes
y una sola fuente de agua para todos11. La desocupación que im-
pedía pagar leoninos alquileres a quienes perdían sus empleos,
precipitó cientos de desahucios.
En las elecciones de 1931, Haya tenía 36 años. Ganó Sánchez
Cerro, con 152,149 votos. Haya de la Torre obtuvo 106,088; José
María de La Jara y Ureta, 21,950; y Arturo Osores Cabrera, 19,
640.
El 8 de diciembre de 1931 Sánchez Cerro asumió la presiden-
cia y se instaló el Congreso Constituyente.
Según Basadre, Sánchez Cerro ganó legalmente las elecciones
de 1931 que fueron las primeras que se realizaron con escrutinio
en mesa y voto secreto. Haya de la Torre estaba seguro de triun-
far, pero perdió. No podía soportar que le gane la contienda un
comandante cobrizo de ideas limitadas. No aceptó el resultado.
Una aguerrida minoría aprista daba la batalla en el Congreso
Constituyente, mientras el aprismo exhibía su fuerza en las calles
y abría locales en todo el país. Los comités apristas se multiplica-
ron, pero también la represión llevada a cabo por el ministro de
Gobierno Luis A. Flores. Poco a poco, durante 1932, la dictadura
civilista fue restablecida. Decenas de apristas fueron apresados
con cualquier pretexto. El Congreso Constituyente dictó una Ley
de Emergencia cuando se produjo el primer intento de asesinato
contra Sánchez Cerro; y el ministerio de Instrucción ordenó la
clausura de las Universidades Populares González Prada.
La ley de desocupados que había sido promovida por el go-
bierno de Samanez Ocampo establecía un fondo para obras pú-
blicas financiado con impuestos a las cartas, al rodaje y a los
salarios. No pagar alquileres si no se tenía trabajo, era una de
las reivindicaciones principales.
La Junta de Samanez Ocampo nombró el 7 de agosto de 1931
una Comisión ad honorem para que realizara un anteproyecto
11 La Tribuna del 13 de enero de 1932 hace una descripción de este país de los monopolios
en su página 6..
80
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
de Constitución. La presidía Manuel Vicente Villarán y la in-
tegraban Víctor Andrés Belaunde, Diómedes Arias Schreiber,
Carlos García Castañeta, Carlos Doig y Lara, Jorge Basadre
Grohmann, José León Barandiarán, Toribio Alayza y Paz Sol-
dán, Ricardo Palma, Luis E. Valcárcel, Emilio Romero Padilla
y César Antonio Ugarte. La Comisión terminó su tarea el 5 de
diciembre.
El 8 de diciembre se instaló el Congreso Constituyente presi-
dido por Luis Antonio Eguiguren. Eran 67 urristas, 27 apristas.
Había también descentralistas e independientes.
El 8 de enero de 1932, el Congreso aprobó la Ley de Emer-
gencia enviada por el Ejecutivo.
El 17 y 20 de febrero de 1932, los apristas fueron desafora-
dos, apresados y desterrados.
Días después, José Melgar Márquez intentó asesinar a Sán-
chez Cerro.
En julio se produjo la revolución de Trujillo.
En el Congreso Constituyente, Manuel Seoane criticó los im-
puestos indirectos y propuso impuestos directos a los clubes
aristocráticos, a las joyas y licores de lujo y que se establezca
diferencias entre los autos comprados para distracción y aque-
llos que eran instrumentos de trabajo. La realización de un
censo nacional que proporcione base estadística a la vez que dé
empleo para los jóvenes de la clase media.
Los apristas respaldaron un proyecto de ley de Arturo Sa-
broso e Hildebrando Castro Pozo para la rebaja de alquileres.
El salario en Lima era 60 soles mensuales y los cuartos de ca-
llejón costaban 25. El proyecto no fue aceptado. Los apristas
plantearon impuestos a las fortunas. Salario mínimo de tres
soles diarios. Se encontraron con una sólida mayoría opuesta
a cualquier idea o proyecto que viniese del partido de Haya de
la Torre. El Congreso Constituyente que sesionaba al final de
las tardes, se convirtió en una ronda oratoria en que las barras
apristas aplaudían a sus líderes que hacían exhibición de co-
81
Héctor Béjar
nocimientos sin ningún resultado porque fue formándose una
férrea mayoría contra ellos.
En el debate sobre la posibilidad del voto femenino, hubo tres
posiciones. La primera, conservadora, expresada por Frisancho,
negaba el voto a la mujer aduciendo que dividiría a la familia
y que no era necesario ni adecuado para el sexo femenino. La
posición de Víctor Andrés Belaunde, que dijo estar arrepentido
de su conservadurismo anterior en este asunto, era establecer
el voto sin restricciones. Otros constituyentes plantearon que
solo debería permitirse el voto de las mujeres mayores de 25
años que tengan instrucción primaria completa. Y la posición
del Apra, expresada por Luis Alberto Sánchez y Manuel Seoa-
ne, pedía un voto calificado, restringido solo a la mujer que tra-
baja, sin considerar como trabajo la condición de ama de casa12.
Ambos dijeron que también deberían votar los analfabetos que
trabajan, los militares, (los soldados fueron llamados por ellos
obreros con uniforme) y los curas pobres. La aprista Miguelina
Acosta Cárdenas planteó en La Tribuna que el voto se restrinja
a las mujeres trabajadoras y se niegue a las “muñequitas de los
ricos” como se las calificó en varios artículos del diario aprista,
mientras que la derecha civilista planteó un voto amplio para
todas las mujeres. Hildebrando Castro Pozo se pronunció por
un voto irrestricto a las mujeres. Carlos Manuel Cox, Jorge Ba-
sadre y Alberto Arca Parró firmaron el 4 de abril de 1931 un
dictamen de minoría que proponía el voto solo para las muje-
res mayores de 21 años que sean empleadas en el comercio o
industria, profesionales o alumnas universitarias, las obreras
con instrucción primaria completa y las periodistas o escritoras.
La Célula Parlamentaria Aprista presentó un proyecto de ley
para igualar legalmente a todos los hijos y pidió que se suprima
la diferencia entre hijos “naturales” e hijos “legítimos”.
Víctor Andrés Belaunde planteó un sistema de representa-
ción bicameral con una cámara de diputados y otra de sena-
dores. Luis Alberto Sánchez se opuso y fundamentó con una
12 Edición de La Tribuna del 5 de enero de 1932, pág 5..
82
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
copiosa argumentación la uniccameralidad. La cámara de sena-
dores era un rezago monárquico, aceptable solo en Inglaterra, el
país de los lores y explicable en Estados Unidos porque era un
faís federal. No era admisible en una república como la peruana
considerando sobre todo que, para el aprismo, la cámara única
debería ser complementada en el futuro por un senado funcio-
nal con representación de todas las clases trabajadoras en una
república de trabajadores manuales e intelectuales.
Carlos Manuel Cox hizo una extensa explicación de la idea
de la cámara funcional, donde deberían estar representados
los sectores empresariales y proletarios del sistema económico.
Aclaró que era un proyecto singular, diferente de la Rusia sovié-
tica y la Italia fascista.
Aprobada la Ley de Emergencia, los prefectos empezaron a
perseguir a los apristas en las provincias. Los locales apristas
eran abaleados por la gendarmería,. La Tribuna del 2 de enero
de 1932 publicó declaraciones de Manuel Seoane que informa-
ba del abaleamiento del local central de Apra en Trujillo el 24
de diciembre de 1931 cuando las familias apristas se reunían
en Pascua y la prision de militantes del partido en Chiclayo,
Áncash y Huánuco. El asalto de la gendarmería la noche buena
de Trujillo causó cerca de veinte heridos de bala y un militan-
te, Domingo Navarrete, murió después de una agonía que duró
varios días. Las Universidades Populares González Prada eran
clausuradas en todas las provincias. Las autoridades locales
los acusaban de promover revueltas.El Apra empezó a acusar
al sanchezcerrismo de ser un nuevo leguiísmo. Una sociedad
conservadora con autoridades de instrucción muy escasa, veía
como subversivo cualquier tipo de discurso de una generación
nueva a la que no terminaba de entender.
En febrero de 1932 el diario La Crónica fue multado con 500
soles y clausurado por informar sobre el sepelio de Augusto Le-
guía.
En marzo de 1932 fueron deportados Manuel Seoane, Carlos
Manuel Cox, Luis Alberto Sánchez, Héctor Morey y Pedro Mu-
ñiz.
83
Héctor Béjar
La revolución de Trujillo
Toda esta tensión explotó en la revolución de Trujillo de julio
de 1932.
Hay que decir que, siendo una región agroindustrial de pro-
letariado denso, las ideas anarquistas y anarcosindicalistas
precedieron en muchos años al aprismo. Julio Reynaga Matu-
te fundó la Liga de Artesanos y Obreros del Perú, en 1898 en
Trujillo. El cura Manuel Casimiro Chumán Velásquez lideró la
insurrección de Ferreñafe de 1910. Hubo varias rebeliones de
braceros desde comienzos del siglo XX.
Pero la conducta abusiva del gobierno fue creando un clima
de creciente tensión y repudio.
En enero de 1932, la mayoría gubernamental en el Congreso
Constituyente aprobó la Ley de Emergencia.
En febrero fueron desalojados, desaforados y deportados, los
23 representantes apristas en el CC.
El 6 de marzo, José Melgar Márquez, de 18 años, hirió gra-
vemente a Sánchez Cerro en la iglesia de Miraflores. Él y Juan
Seoane fueron condenados a muerte. La pena fue conmutada
después por 25 años de penitenciaría.
El 6 de mayo, Haya de la Torre fue capturado y apresado en
el Panóptico en aislamiento total durante quince meses, acusa-
do por el prefecto de Lima del delito de incitación. Estaría preso
durante los acontecimientos de Trujillo y sería puesto en libertad
con la amnistía general del 10 de agosto de 1933, después de ser
asesinado Sánchez Cerro.
Al día siguiente del 7, se sublevaron las tripulaciones de los
cruceros Almirante Grau y Coronel Bolognesi y el cazatorpede-
ros Teniente Rodríguez, integradas por jóvenes que promedia-
ban los veinte años. Fueron movilizados trescientos soldados a
someterlos y Sánchez Cerro ordenó a la Fuerza Aérea bombar-
dearlos. El Grau y el Rodríguez se rindieron pero el Bolognesi
continuó la rebelión. Fue incendiado por disparos simultáneos
84
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
de la aviación y el submarino R4.
La corte marcial condenó a muerte a ocho de los 64 insurrec-
tos: Gregorio Pozo Chunga de 22 años, Eleuterio Medrano Chu-
quiza de 29 años y cabecilla del motín, Fredebundo Hoyos López
de 21 años, Rogelio Dejo Delgado de 21 años, Pedro Gamarra
Gutiérrez de 21 años, José Vidal Montante de 27 años, Arnulfo
Ojeda Navarro de 22 años y al menor de edad Telmo Arrué Bur-
ga de 18 años. En promedio, la edad de los 64 era de 21 años.
El 10 de mayo de 1932, los ocho marineros fueron fusilados
en la isla de San Lorenzo. La Marina se negó a fusilarlos. Lo
hizo la Guardia Republicana por orden del ministro de Gobier-
no Luis A. Flores. Los fusilaron de cuatro en cuatro. Se negaron
a ser vendados. Los enterraron en una sola tumba en la zona
Caleta Panteón de la isla El Frontón.
La revolución de Trujillo fue el resultado lógico de esta ca-
dena de hechos crueles y violentos que han sido descritos en
numerosos libros. Hago una síntesis.
El 7 de julio, los apristas dirigidos por Manuel Barreto Risso
asaltaron el cuartel de artillería Ricardo O´Donovan. Barreto
murió en el asalto pero lograron tomar el cuartel después de
un combate de tres horas. La prefectura fue tomada por Alfre-
do Tello Salavarría, quien entregó el comando al hermano de
Haya, Agustín Haya de la Torre. El levantamiento se exten-
dió a las provincias. El Congreso decretó el estado de sitio y la
formación de cortes marciales. El mayor Alfredo Miró Quesada
dirigió la toma del puerto de Salaverry. El comando de la I
Región Militar donde estaban el coronel Manuel Ruiz Bravo y
el teniente coronel Eloy Ureta llevaron a cabo la toma de Truji-
llo. El 10 de julio, Trujillo fue bombardeada. La noche anterior
Agustín Haya y los líderes apristas huyeron de Trujillo. La tur-
ba encabezada por ex presidiarios liberados por la revolución
o ex guardias, masacró a los soldados que estaban presos en
el cuartel O´Donovan. El pueblo resistió el ataque del ejército
calle por calle, respondiéndole con fusilería, ametralladoras y
francotiradores hasta el 11 de julio. María Luisa Obregón, la
85
Héctor Béjar
laredina (habitante de Laredo), disparando una ametralladora,
fue una de las mujeres que resistieron. Hubo incontables muer-
tos y heridos. El 18 de julio, Ruiz Bravo anunció que controlaba
la ciudad. El único líder aprista que se mantuvo hasta el final
fue Alfredo Tello Salavarría. Hubo incontables fusilamientos
sin juicio.
Los comunistas criticaron los hechos diciendo que los líderes
apristas se habían limitado a reemplazar unas autoridades por
otras, sin darle al pueblo la oportunidad de gobernar, como su-
cedió en la Comuna de París y la revolución soviética rusa. Ya
había muerto Mariátegui y, a la cabeza del Partido, se encon-
traba Eudocio Ravines, quien manejaba la pequeña organiza-
ción en coordinación estrecha con los activistas, intelectuales y
funcionarios de la III Internacional. Sostenían que el Apra re-
presentaba los intereses del imperialismo inglés en pugna con
el imperialismo norteamericano13.
13 Esta crítica se encuentra en: Ricardo Martínez de la Torre. Apuntes para una interpreta-
ción marxista de la historia social del Perú. Tomo primero, pág. 218 y siguientes. Lima:
Empresa Editora Peruana, 1947
86
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Mariátegui y Haya
1912 Trabajo de Mariátegui en La Prensa pierolista que apoyaba
la candidatura de Billinghurst. Tiene dieciocho años. Primer
decreto estableciendo las ocho horas en el Callao.
1914 Golpe de Benavides
1915 El Congreso elige a José Pardo. Mariátegui es ya cronista
parlamentario de La Prensa. Publicación de La novela y la
vida (Siegfried y el Profesor Canella)
1916 Colónida, amistad con Valdelomar. El Turf. Se aparta de La
Prensa que apoyaba a Pardo. Aparece El Tiempo con César
Falcón. Columna Voces como Juan Croniqueur. Denuncia la
acción del imperialismo yanqui contra México.
1917 Asesinato de Leonidas Yerovi en la puerta de La Prensa.
Aparición efímera de La Noche. Norka Rouskaya.
1918 Nuestra Época. Solo aparecieron dos números. José Vásquez
Benavides agrede a Mariátegui por el artículo El deber del
ejército y el deber del Estado. Muere González Prada. Haya y
Mariátegui se conocen en El Tiempo. Sale El Mercurio Perua-
no de Víctor Andrés Belaunde.
1919 Golpe de Leguía. Jornada de ocho horas. Clausura de El
Tiempo. Publicación de La Razón con César Falcón. Clausura
de La Razón. Haya es elegido presidente de la Federación de
Estudiantes del Perú.
1919 Marzo. Fundación de la Tercera Internacional. Veintiuna
condiciones de Lenin.
1920 Viaje de Mariátegui a Italia. Matrimonio con Ana Chiappe.
Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Marzo,
Congreso Nacional de Estudiantes en el Cusco. Se acuerda
organizar las universidades populares González Prada..
1921 III Congreso de la Internacional. Replanteamiento estraté-
gico: ir a las masas, ya no partido de cuadros. Frente Único
proletario. Congreso del Partido Socialista Italiano. División
del PS y fundación del PC Italiano.
87
Héctor Béjar
1923 (23 de marzo) Retorno de Mariátegui al Perú. Aparición de
Claridad dirigida por Haya en relación con el movimiento
Clarté de Henri Barbusse. Mariátegui dicta sus conferencias
en las Universidades Populares González Prada. 23 de mayo.
Mueren un estudiante y un obrero en las manifestaciones con-
tra la entronización del Corazón de Jesús.
1924 Haya apresado, se declara en huelga de hambre y es deporta-
do a Panamá. Mariátegui se hace cargo de la dirección de Cla-
ridad. Primera Liga Antimperialista Panamericana es funda-
da en México. Fundación del Apra en México el 7 de mayo de
1924. Visita de Haya de la Torre a Rusia en setiembre, luego a
Suiza. Mariátegui adhiere al Apra como frente único hasta la
ruptura en 1928. La casa de Mariátegui es el único foro libre
en Lima Agravamiento de su enfermedad.
1925 Funda la Editorial Minerva con su hermano Julio. Sale La
Escena Contemporánea. Asesinato de Elmore por Chocano.
Entre 1925 y 1927, Haya reside en Londres. Mariátegui sufre
la amputación de la pierna derecha.
1926 Setiembre. Aparición de Amauta. Diciembre, desembarco de
marines en Nicaragua. Segundo Congreso de la Federación
Obrera Local. Adhesión de los obreros al Apra como movi-
miento continental anti imperialista.
1927 Expulsión de Trotsky de la URSS. Viaje de Julio Portocarrero
y Armando Bazán al V Congreso de la Internacional Sindical
Mundial. Publicación de Por la emancipación de América La-
tina de Haya de la Torre.
1927 Congreso Antimperialista mundial de Bruselas. Ruptura
de Haya con los comunistas. Golpe contrarrevolucionario de
Chiang Kai Shek. Muerte de Sacco y Vanzetti el 23 de agosto.
1927 Polémica sobre el indigenismo de Mariátegui con Luis Alber-
to Sánchez. Prisión de Mariátegui. Clausura de Claridad y
Amauta.
1927 Noviembre. Haya viaja a Nueva York, México, Guatemala,
Costa Rica, El Salvador y Panamá, de donde es expulsado a
Berlín..
1928 Fundación del Partido Socialista en Lima. Aparecen los Siete
Ensayos.
88
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
1928 Lanzamiento del Partido Nacionalista Libertador de Haya.
Haya publica Qué es el Apra con un programa continental de
cinco puntos. Ruptura de Haya y Mariátegui. Redacción por
Haya de El antimperialismo y el Apra. 16 de diciembre. Haya
llega deportado a Berlín.
1929 Dominación de la Internacional Comunista por Zinoviev y
Manuilsky. Julio a setiembre, VI Congreso de la Internacio-
nal: línea de clase contra clase. Conferencia Latinoamericana
Comunista de Buenos Aires con la asistencia de Julio Porto-
carrero y Hugo Pesce, enviados por Mariátegui ante la pro-
testa de Haya. Discusión de Hugo Pesce con Vitorio Codovila.
1929 Mariátegui proyecta dejar el Perú. La policía asalta su casa.
Cartas del promotor cultural ruso judío Samuel Glusberg pro-
yectando una visita de Mariátegui para mayo. Del 1 al 12 de
junio congreso de partidos comunistas latinoamericanos en
Buenos Aires. Julio Portocarrero lee el programa del Partido
Socialista. Fundación de la CGTP.
1930 Muerte de Mariátegui en abril. El Partido Socialista acuerda
su adhesión a la III Internacional. En mayo, después de muer-
to Mariátegui, decide cambiar su nombre por el de Partido Co-
munista, sección peruana de la III Internacional.
1930 Agosto. Revolución de Luis M. Sánchez Cerro. Cae Leguía.
Haya visita varios países europeos entre fines de 1928 y 1931.
1931 Elecciones presidenciales. Haya es candidato por el Apra y
pierde las elecciones ante Sánchez Cerro. Haya desconoce el
triunfo de Sánchez Cerro. Virulenta campaña aprista contra
Sánchez Cerro.
1932 Febrero. Los 23 representantes apristas son desalojados de la
Asamblea Constituyente y enviados al exilio.
6 de marzo. José Melgar Márquez, de 18 años, hiere grave-
mente a Sánchez Cerro en la Iglesia de Miraflores. Él y Juan
Seoane son condenados a muerte. La pena es conmutada des-
pués por 25 años de penitenciaría.
6 de mayo. Haya de la Torre es capturado y apresado en el
Panóptico en aislamiento total durante quince meses.
89
Héctor Béjar
1932 7 de julio. Apristas encabezados por Manuel Barreto asaltan
el cuartel O Donovan de Trujillo. Agustín Haya de la Torre se
autoprocama prefecto. Tropas gubernamentales recuperan la
ciudad el 18 de julio y la revolución termina en una matanza.
Los apristas sobrevivientes se esconden o huyen a Cajamarca.
1 de setiembre. La Junta Patriótica de Loreto toma Leticia,
que fue cedida a Colombia por Leguía mediante el Tratado
Salomón Lozano de 1932. Combates en Tarapacá, Chavaco y
Güepi.
1933 30 de abril. Sánchez Cerro es asesinado por el joven de 18 años
Abelardo Mendoza Leiva en la parada militar de Santa Bea-
triz. Mendoza es acribillado y masacrado.
90
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
APRA / PC, Itinerario de un conflicto
Ciertamente, los seres humanos tenemos la costumbre de
proyectar hacia el pasado la imagen actual del mundo en que
vivimos. Tendemos a creer que el mundo pasado era igual al
presente.
Y es que evocar el pasado es más difícil de lo que parece. Se
trata de reconstruir formas de vida, motivaciones, sentimien-
tos, prejuicios, conocimientos e ignorancias, de épocas irreme-
diablemente desaparecidas. Un esfuerzo prácticamente impo-
sible.
En la observación y reconstrucción del pasado priman los
criterios generalmente admitidos, las ideas comunes, las justi-
ficaciones y los encubrimientos. Aun más, analizar lo relativa-
mente reciente resulta más difícil que evocar lo remoto. Nunca
es inocente la reconstrucción del pasado.
La década del treinta fue a la vez la primera infancia de
nuestra izquierda y del Apra, los dos actores de la vida polí-
tica durante treinta años; el comienzo de sus éxitos, aciertos,
errores y frustraciones. ¿Allí debemos hurgar para encontrar
respuestas a nuestras preguntas aún no resueltas? ¿Por qué la
clase obrera que lideró las luchas del año 1919, perdió después
la dirección que fue asumida por políticos de las capas medias?
¿Por qué lo mismo sucedió con el movimiento indígena plasma-
do en sus primeros congresos? ¿Por qué nadie continuó desarro-
llando las ideas de Mariátegui en su contemporaneidad y origi-
nalidad? ¿Por qué en vez de tener un partido revolucionario de
masas tuvimos a un zigzagueante y derechista hayismo y una
izquierda dispersa y sectaria?
¿Fue o es realmente consistente, sostenible, la dominación
oligárquica sobre nuestro país? Una imagen de homogeneidad
y solidez es la que surge en primer lugar cuando mencionamos
el dominio oligárquico. Pero esa imagen dura y estable se su-
perpone a las contradicciones, dificultades y peligros que tam-
bién tuvieron y tienen que enfrentar los grupos que lograron
91
Héctor Béjar
dominarnos. No olvidemos que la independencia fue impuesta
a nuestros grupos aristocráticos y no entusiasmó, porque no be-
nefició, a nuestras clases populares. No olvidemos que las ex-
pediciones argentina, chilena y colombiana al comenzar el XIX,
destruyeron parte del régimen político colonial y no lograron
sustituirlo por otro. No alcanzamos a tener clases y mucho me-
nos, elites dirigentes. En nuestras primeras épocas de recom-
posición y desorden, en que la independencia fue más derrota
que victoria para los peruanos, los propietarios de tierras, los
comerciantes, las familias aristocráticas arruinadas o venidas a
menos, tuvieron que seducir y tolerar a los caudillos militares y
tuvo que pasar mucho tiempo antes de que pudiesen disputar-
les el poder político. El surgimiento del civilismo aristocrático
fue cortado bruscamente por la tragedia de 1879. Y al resurgir
con Piérola, que ya era un corrupto disidente antes de la gue-
rra, se agregan también otros grupos sociales, artesanos, obre-
ros que, junto con los indios, protestan, se quejan, molestan a la
aristocracia que intenta crear sin éxito, con el primer civilismo,
el régimen que Basadre llama la República Aristocrática, que
de aristocrática tuvo muy poco. Por eso Billinghurst y Leguía
rompieron pronto esa situación temporal.
No se puede explicar el aprismo y el comunismo del siglo
XX sin Leguía. La ruptura del bloque civilista propiciada por
Leguía, abrió espacio al indigenismo y a la etapa auroral del
sindicalismo. Leguía se autoproclamó Protector de la Raza Indí-
gena; y auspició desde su primer gobierno, el Primer Congreso
Indígena.
Caído Leguía, la apertura del crítico proceso de 1930 tuvo
como primer efecto reducir bruscamente los planes de Haya,
circunscribiéndolos a un solo país. Pero, además, precipitó la
ruptura entre apristas y comunistas en el Perú cuando, luego
de haber fracasado el primer intento de Haya de formar un Par-
tido Nacionalista Libertador desde el exilio, fue fundado, a un
mes del derrocamiento de Leguía, el 21 de setiembre de 1930, el
Partido Aprista Peruano.
Pero, además, las elecciones de 1931 obligaron al Apra a re-
ducir su programa de cinco puntos a una plataforma electoral:
92
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
el programa mínimo de 1931. Los cinco puntos constituían pos-
tulados máximos y tenían relación directa con la concepción de
una estrategia de acción continental de largo plazo concretada,
como hemos dicho, por un partido internacional constituido a
su vez por una suma de secciones nacionales. En esto, Haya no
había hecho sino trasplantar en América Latina y en condicio-
nes diferentes, la idea de un partido político internacional que
venía desde las internacionales socialistas y la comunista. Sin
embargo, cuando se produjo la fuerte campaña del civilismo, el
Apra se vio obligada a tranquilizar a quienes la acusaban de in-
ternacionalismo y comunismo. Renunció en la práctica a plan-
tear un programa máximo para el Perú que fuese la contraparte
de su programa máximo para América Latina. Solo apareció el
programa mínimo o Plan de Acción Inmediata acordado por el
Primer Congreso del Partido Aprista Peruano reunido en Lima
de agosto a septiembre de 1931. Una larga lista de medidas de
importancia disímil muy entremezcladas que no respondían a
una concepción ordenada y global de la nueva organización que
se pretendía para el país.
El vacío entre el programa máximo continental de 1924 y el
programa mínimo de 1931, es decir, la ausencia de un programa
máximo nacional, es uno de los factores a tomar en cuenta para
una explicación del paulatino repliegue ideológico del Hayismo,
puesto que fue sobre el programa mínimo que se elaboraron las
posiciones políticas del partido. Este repliegue es fácilmente
ubicable en 1931 y no en 1945 o en 1956 como se cree usualmen-
te. El Apra había empezado a transformarse, de movimiento
revolucionario continental a partido reformista nacional.
Esto permitía al diario La Antorcha editado por el Partido
Aprista en 1933, establecer para los militantes del partido las
siguientes diferencias entre aprismo y comunismo, que todo
aprista debe conocer y propagar.
Primero. El comunismo proclama la abolición de la pro-
piedad privada. El aprismo reconoce como indispensable el
principio de la propiedad privada.
Segundo. El comunismo lucha por la abolición de todas
93
Héctor Béjar
las religiones. El aprismo proclama la libertad de concien-
cia y se declara neutral en cuestiones religiosas.
Tercero. El comunismo no acepta en sus filas a las lla-
madas clases medias a las que denomina “pequeña bur-
guesía”. El aprismo es el frente único de los trabajadores
manuales e intelectuales es decir que es el partido político
del Perú, que reúne en su seno a obreros, estudiantes, cam-
pesinos, empleados, pequeños capitalistas, profesionales,
marinos y militares.
Cuarto. El comunismo lucha por la abolición del capi-
talismo. El aprismo reconoce la necesidad del capitalismo.
Pero lo único que hace es tratar de que el capitalismo sea
controlado por el Estado mediante una legislación social,
científica y humanista, para evitar que el capitalismo se
convierta en fuerza imperialista y en arma de explotación de
las clases trabajadoras manuales e intelectuales del Perú.
Quinto. El comunismo no reconoce el principio de nacio-
nalidad. El aprismo es eminentemente nacionalista.
A esta caricatura de comunismo se empezó también a recu-
rrir en versiones cada vez más antojadizas que provenían de los
líderes apristas y del propio Haya de la Torre. Versiones que
fueron configurando esa ramplonería anticomunista que fue a
partir de esos años y no después, característica constante del
Apra y que coincidía en fondo y forma con el anticomunismo
civilista.
En su Manifiesto a la Nación de febrero de 1932, Haya decía,
respondiendo a quienes lo identificaban con el comunismo:
...mientras el aprismo quiere cumplir la etapa democráti-
ca, organizar constructivamente el Estado; educar, mejorar,
defender y capacitar a las clases productoras del país, el co-
munismo propugna agitación permanente entre los obreros
de las industrias extractivas para entorpecer la producción
y favorecer el progreso de las industrias similares en Rusia.
El azúcar, el algodón, el petróleo, etcétera, latinoamerica-
nos, compiten en los mercados mundiales con los de Rusia.
94
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Contribuir a su no producción en países como el nuestro es
favorecer la producción rusa. Por más que sepamos de todas
esas industrias en el país pertenezcan casi totalmente a ma-
nos extranjeras y dejen muy poco en el Perú debemos tener
en cuenta que el resultado inmediato del plan comunista
sería la miseria de nuestra población laborante sin expec-
tativas inmediatas de mejoramiento por no estar prepara-
das para controlar la producción y gobernar el estado por sí
mismas como hemos demostrado.
Estas afirmaciones constituían ridículas calumnias. Ya no se
trataba de una discusión política en serio, sino que devenía en
una pelea donde todo vale. Destruyen la imagen de un Haya
revolucionario hasta 1952 (declaraciones a la revista Life desde
su asilo en la embajada de Colombia) y un Haya manipulador,
intrigante y anticomunista desde la Convivencia. La ley de que
elfin justifica los medios fue adoptada, en realidad, desde los
comienzos. Y esa era la diferencia de fondo con Mariátegui.
También en 1931 se produjeron las primeras entrevistas en-
tre Haya de la Torre y el embajador norteamericano en el Perú,
tal como se ha demostrado con documentos. Ante la implacable
persecución de los latifundistas norteños y del gobierno, el Apra
respondía tratando de dar pruebas de que no era comunista,
acercándose al Departamento de Estado del ultrareaccionario
gobierno de Herbert Hoover.
Era similar su actitud pública frente al ejército al que iban
dedicados veinte puntos de su programa mínimo que empeza-
ban garantizando que no se atentaría contra su estructura. No
era tampoco casual que algo más tarde, en la primavera de-
mocrática que siguió a la muerte de Sánchez Cerro, periódicos
apristas como La Antorcha, apareciesen con avisos comerciales
de firmas norteamericanas como la Cerro de Pasco y la IPC.
A pesar de todos estos gestos y hechos, la oligarquía civilista
siguió viendo en el Apra la primera amenaza. El libro de Luis
Alberto Sánchez Una larga guerra civil, segunda entrega de sus
Apuntes para una biografía del Apra, aportan transcripciones
de cartas de Ismael Aspillaga recogidas por Lorenzo Huertas.
95
Héctor Béjar
Entre ellas, hay una dirigida por la administración de Cayaltí a
la gerencia de Lima el 12 de diciembre de 1931 que dice:
...De Trujillo van en el mismo avión según me dicen el
comandante Delgado y don Pedro de la Fuente, autorida-
des de la Junta que seguramente también tienen sus acu-
saciones, aunque este último La Fuente, se portó muy bien
aquí sableando a los apristas pero dicen que él también lo
es. Por lo demás la completa calma y el lunes Vílchez en
su cargo de prefecto del departamento esperamos todos de
su buena autoridad, especialmente que sea incansable en
limpiar este departamento de tanto mal elemento que hay
entre obreros y pseudo intelectuales que son los que han
estado moviendo al pueblo e incitando al comunismo con
el disfraz de aprismo. (Sánchez 144)
De esta manera, la transformación del Apra quedó encubier-
ta por largos años ante sus partidarios bajo la dura represión
oligárquica, debido a la acción insurreccional de sus cuadros
medios y de base, porque el fenómeno aprista era algo más que
el discurso ideó político de haya de la Torre; era también la
lucha por la justicia social. Las persecuciones y los destierros
formaron las imágenes que cada afiliado proyectaba de acuerdo
con sus intereses, sentimientos y aspiraciones, sobre el partido.
Por eso también, el juicio histórico sobre el Apra debe compren-
der todo ello y no sólo el pensamiento de Haya que, dicho sea
de paso, constituye una sola continuidad elaborada desde 1924.
Como hemos recordado antes, José Carlos Mariátegui mue-
re en abril de 1930, cuatro meses antes del derrocamiento de
Leguía. Entre 1923 y 1930 había realizado su ya conocida e
intensa labor organizativa en el medio obrero y campesino, nu-
cleando a la vez a los intelectuales alrededor de una tarea de
reflexión sobre los problemas del Perú. Mariátegui discrepa con
Haya, pero sus posiciones eran también diferentes a las de otros
marxistas peruanos y a las de la Tercera Internacional. Los ar-
tículos de Aricó, Anderle y Franco, analizaron en su oportuni-
dad, con nuevos elementos, el carácter de la afiliación del parti-
do de Mariátegui a la Internacional Comunista y sus singulares
puntos de vista que se referían a:
96
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Primero. El señalamiento de la cuestión indígena como fun-
damental en nuestro país.
Segundo. El planteamiento de dicho problema como una
cuestión fundamentalmente social económica de clase y no solo
de nacionalidad o raza.
Tercero. La posibilidad de que la comunidad indígena, al ser
cooperativizada, constituya una base de la futura sociedad so-
cialista, sin pasar necesariamente por la pequeña propiedad
privada capitalista.
Cuarto. La concepción de la organización del partido como
un proceso continuado y resultante de la organización popular,
a la vez que como una organización transitoria hacia el Partido
Comunista.
Quinto. La admisión del doble papel del imperialismo que al
tiempo que deforma y subyuga las economías latinoamericanas
imprime un desarrollo acelerado a sus áreas directas de inver-
sión yendo contra los intereses y privilegios de la feudalidad.
La tarea de reflexión, esclarecimiento de problemas y or-
ganización que Mariátegui desarrolló pacientemente durante
el período citado, fue cortada con su muerte y luego con la
violenta apertura de la crisis política de 1930 . En agosto de
ese año, Eudocio Ravines regresa al Perú como enviado del
Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista,
en momentos en que los hechos parecían darle la razón a él
y a quienes habían criticado los planteamientos de los comu-
nistas peruanos. Ello permitió a Ravines trazar una estrate-
gia que puede sintetizarse así: caracterización de la situación
como revolucionaria; acción predominantemente insurreccio-
nal, mediante las huelgas obreras en particular de los mineros
del centro; concentración de las acciones políticas en la clase
obrera; rechazo de las alianzas políticas; transformación del
Partido Socialista en Partido Comunista sin esperar a la ma-
duración de las condiciones organizativas.
Es fácil determinar que dicha política se diferenciaba sus-
tancialmente de la de Mariátegui. Éste había formulado con-
97
Héctor Béjar
cepciones y políticas dirigidas claramente a los obreros, cam-
pesinos e intelectuales revolucionarios. Muerto Mariátegui y
desaparecidas Amauta y Labor, cesó la reflexión teórica sobre
los problemas peruanos y el PC dejó de contar con un instru-
mento de análisis de la realidad. No fue ya más lugar de en-
cuentro de obreros, campesinos e intelectuales y quedó reducido
a su activismo excluyente y al dogmatismo de sus consignas.
Simultáneamente, empezó la campaña de desmariateguización
del partido, destinada a señalarlo como una suerte de Plejánov
peruano, respetable pero equivocado. Esa campaña se prolongó
hasta la década del cuarenta.
En enero de 1933, en un documento del Comité Central del
Partido Comunista titulado Bajo la bandera de Lenin se dice:
El mariáteguismo es una confusión de ideas procedentes
de las más diversas fuentes. No hay casi tendencia que no
esté representada en él. Antes de haber bebido de la fuente
del marxismo y particularmente del leninismo, Mariátegui
había conocido del movimiento revolucionario a través de
las más diversas tendencias no proletarias y tuvo grandes
errores No sólo teóricos sino también prácticos. Son en rea-
lidad muy pocos los puntos de contacto entre el leninismo y
Mariátegui. Y estos contactos son más bien incidentales. El
mariateguismo confunde el problema nacional con el pro-
blema agrario. Atribuye al imperialismo y al capitalismo
en el Perú una función progresista. Sustituye la táctica y
la estrategia revolucionarias por el debate y la discusión,
etcétera.
Nuestra posición frente a Mariátegui es y tiene que ser
de combate implacable. Es irreconciliable puesto que él tra-
ba la bolchevización orgánica e ideológica de nuestras filas,
impide que el proletariado se arme de los arsenales del leni-
nismo y del marxismo; obstaculiza el crecimiento rápido del
peso y la formación de sus cuadros y es una de las dificul-
tades muy serias para ponernos a la cabeza de los grandes
acontecimientos y cumplir así nuestro papel de vanguardia
de los explotados en sus luchas y acciones-
98
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Y luego en el mismo texto se añade:
El primero en reconocer esta esencia del mariateguismo
y por tanto en combatirlo sin piedad ha sido el mismo ca-
marada Mariátegui. Con haber muerto no quiere decir que
no pueda seguir combatiendo con nosotros contra el maria-
teguismo, el aprismo, el anarco reformismo y demás tenden-
cias que no tienen nada de común con los intereses de clase
del proletariado.
Como señala Anderle1, Amauta de agosto -- septiembre de
1930 registra los cambios suscitados a la muerte de Mariáte-
gui. Informa sobre el Pleno Ampliado del Comité Central de la
CGTP que
...al pronunciarse sobre el problema indígena reconoció
su carácter fundamentalmente económico y el derecho de los
indios no solo a la reconquista de sus tierras sino también a
disponer de sí mismos organizando sus propias repúblicas
aymaras y quechuas.
Anuncia la aparición del Partido Comunista como el resultado
de preparar el conocimiento de la doctrina marxista desarrollada
por José Carlos Mariátegui. Advierte que colaborarán en acciones
contra el nuevo partido, socialistas, anarquistas, terratenientes.
burgueses, gamonales, frailes, monjas, universitarios. Y publica
el trabajo de Julio Antonio Mella Qué es el Arpa donde luego de
polemizar agresivamente con Haya de la Torre se afirma entre
otras cosas que, visto el asunto de las perspectivas de las fuerzas
sociales y del papel de las clases los intelectuales en conjunto son
reaccionarios (subrayado en el original).
El Partido Comunista aparecía así a la luz pública lanzándo-
se a la lucha por un gobierno de los consejos de obreros, indios,
campesinos y marineros, combatiendo al Apra, a los socialistas
e intelectuales y aislándose de los sectores sociales hacia los
que Mariátegui había dirigido especial atención. La aplicación
de esta política tuvo efectos desastrosos sobre el movimiento
1 Adam Anderle. Profesor húngaro que investigó las relaciones entre el Apra y el PC en la
década del setenta del siglo pasado.
99
Héctor Béjar
sindical y el propio país, sobre todo después de los sangrientos
sucesos de La Oroya, Morococha y Casapalca en noviembre de
1930. Como se sabe, el movimiento minero fue aplastado en su
integridad. La CGTP fue disuelta por el gobierno, sus locales
fueron clausurados y se inició la persecución de los comunis-
tas, una persecución para la que estos no habían preparado su
naciente organización. El largo y paciente trabajo organizati-
vo que se había desarrollado bajo la orientación de Mariátegui
quedó destruido por varios años.
Los meses que mediaron entre agosto de 1930 y marzo de
1931, que corresponden al primer gobierno de Sánchez Cerro,
fueron decisivos para el Partido Comunista. Los comunistas pe-
ruanos habían llegado al año 30 formando parte de un amplio y
naciente movimiento que penetraba en el medio obrero urbano,
se abría hacia los valles de la costa y las minas del centro, tenía
presencia en la Universidad y mantenía relación con las promo-
ciones intelectuales más prometedoras y creativas. Luego de los
nueve meses del primer gobierno de Sánchez Cerro quedaron
aislados, perseguidos y disminuidos, sujetos casi totalmente a
las directivas de la Internacional y carentes de una perspecti-
va concreta y práctica para enfrentar la situación. Habían sido
inyectadas al partido las características que subsistieron por
largos años en ciertos ambientes de la izquierda marxista: pro-
clama permanente de la lucha hasta las últimas consecuencias,
incapacidad de autocriticarse y admitir las derrotas, constante
caracterización del movimiento popular como una ola en ascen-
so, señalamiento del discrepante como enemigo que debe ser
liquidado políticamente, satanización del adversario político,
etcétera. Esas fueron también, como veremos más adelante, las
características que impidieron la política del partido frente al
Apra.
Dije que la crisis de 1930 transformó tanto al Apra como al
PC. Mientras que el Apra redujo sus objetivos y su área de ac-
ción, el PC se aferró a su programa máximo, exhibió su afiliación
internacional y no tuvo respuesta para la situación concreta. El
Apra se desplazó hacia posiciones reformistas iniciando su lar-
ga marcha hacia la derecha. El PC sostuvo posiciones que hoy
calificaríamos de ultraizquierdistas. El Apra empezaba a dejar
100
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
de ser izquierda. El PC había dejado de ser, muerto Mariátegui,
una izquierda nacional.
Planteadas las elecciones de 1931 bajo el breve gobierno de
Samanez Ocampo, el Apra. ya como partido nacional, se lanzó
a organizar su maquinaria electoral teniendo como personaje
central a Víctor Raúl Haya de la Torre.
Haya tenía el prestigio político ganado con su deportación,
sus jiras por Europa, su estada en México, su posición contraria
al régimen, su actitud antimperialista. El PC no tenía opción
que plantear ante las elecciones tanto porque, como dijimos an-
tes, su organización había quedado destruida, como porque su
insistencia en considerar la situación como revolucionaria, lo
llevaba a auto marginarse del proceso electoral.
El Apra pudo así, cómodamente, capitalizar en su favor la
nueva y fuerte corriente de opinión izquierdista que había sur-
gido en el país como eco de las revoluciones soviética y mexica-
na, de la lucha de César Augusto Sandino y de la toma de con-
ciencia sobre los problemas nacionales que surgieron durante el
gobierno de Leguía.
Mientras el Apra y la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro
se enfrentaban en las calles de Lima, el PC postulaba la candi-
datura de un indio quechua, Eduardo Quispe Quispe. Sin duda,
éste era un personaje muy importante en el medio indígena como
impulsor de no menos de cinco congresos de quechuas y aima-
ras realizados en Lima entre 1920 y 1925, pero los indígenas no
votaban: en todo caso era solo un símbolo, una manera de de-
cir: rechazamos todo, nada de esto vale para nosotros. Era, en
la práctica, una manera de abstenerse de la contienda electoral
que, luego del violento periodo de la segunda mitad de 1930, esta-
ba concentrando la atención de amplios sectores populares.
Poco antes de las elecciones en agosto de 1931 se realizó un
esfuerzo de entendimiento entre el Apra y el PC. La propuesta
vino del Partido Radical que formó un Comité Pro Frente Único
de la Izquierda e invitó a entablar conversaciones a los partidos
aprista, socialista y comunista, con la finalidad de nominar un
candidato común a la presidencia de la República y listas con-
101
Héctor Béjar
juntas para senadurías y diputaciones. Demás está decir que la
propuesta no tenía posibilidades de concretarse. Los socialistas
eran vistos por los comunistas como el grupo que se había ne-
gado a militar en las filas de la Tercera Internacional y, debi-
do a eso, eran señalados como traidores. El grupo de Luciano
Castillo, Chávez León, Sánchez Novoa y Alcides Spelucin había
discrepado tanto de la idea de formar un partido comunista de
línea ortodoxa como de la condena al Apra. Su carta del 16 de
marzo de 1930, dirigida a José Carlos Mariátegui, es ilustrati-
va del tipo de relación que se abría entre el grupo peruano y la
Tercera Internacional y por ello la cito textualmente.
Los elementos revolucionarios, ya dentro ya fuera del
Perú, que hemos actuado al lado del proletariado, nos ha-
bíamos propuesto la alternativa de organizar en el país un
partido socialista o un partido comunista, llegando a la
conclusión de que, biológica e históricamente, era un parti-
do socialista el que convenía a nuestra realidad que tendría
la ventaja de poder desenvolverse públicamente dentro de
la legalidad y de ganar a su movimiento algunos sectores
de las clases medias. La alternativa de una organización
política de carácter comunista, a pesar de la ideología mar-
xista-leninista de algunos miembros importantes del movi-
miento, sería descartada tácticamente por la imposibilidad
de desarrollarse públicamente, ya que el proletariado no
tiene ni la conciencia de clase ni la organización que le per-
mitan defender al Partido Comunista.
Entendemos que la conferencia comunista de Buenos Ai-
res a la que asistieron dos delegados comunistas peruanos,
ha hecho cambiar fundamentalmente el rumbo de la orga-
nización del partido. Ahí creemos que se ha cometido un
error que es capital para la eficacia de nuestro movimiento
político... y de hecho nos encontramos en un plano distin-
to de aquél al que se había llegado después de una larga
deliberación por los elementos revolucionarios peruanos: en
el de la organización pública de un partido comunista de
línea ortodoxa afiliado a la Tercera Internacional. Creemos
también que las condenaciones a movimientos que se cali-
fican de inexistentes (el Apra) y que realmente nunca han
102
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
tenido vida efectiva dentro del Perú, no puede traer como
consecuencia sino el distanciamiento definitivo de hombres
que por el sentido generoso de muchos de sus actos pueden
ser eficientes en la acción política de clase del proletariado.
Por otra parte, el partido aprista, consciente de su fuerza elec-
toral prevista en las masivas concentraciones del partido, desde-
ñaba la formación del frente. Haya sostenía que su partido era
ya en sí mismo un frente y la consigna de solo el aprismo salvará
al Perú presidía la orientación de su organización opuesta, tanto
como el PC en ese momento, a las alianzas políticas. Dos orgullos,
dos engaños, dos ilusiones.
Al verse involucrados por primera vez en la competencia po-
lítica con el partido aprista, los comunistas no podían dejar de
considerar la experiencia china, donde los líderes del Kuomin-
tang, señalado por Haya de la Torre como uno de los modelos de
su partido, habían reprimido sangrientamente a los comunistas.
Tampoco olvidaban la trágica suerte de Carlos Liebnecht y Rosa
Luxemburgo, arrestados y asesinados por un gobierno socialis-
ta. O la experiencia del fascismo en Italia, donde los comunistas
eran perseguidos y liquidados por el gobierno de Mussolini, cuyo
imitador creían ver también en Haya de la Torre.
En agosto de 1931, el Partido Comunista tipificaba al Apra
como un partido fundamentalmente burgués, una agencia del
imperialismo particularmente británico, cuya misión era ins-
taurar un régimen fascista en el Perú. Los comunistas decían
en su manifiesto del 26 de agosto de 1931, rechazando la alian-
za con el Apra:
Los comunistas cumplimos con nuestro deber de clase.
Como vanguardia, lanzamos la clarinada. En esta hora de
apoteosis aprista, recordad que la perseguida, la comba-
tida, la odiada vanguardia del proletariado sabe decir su
palabra heroicamente. Los comunistas no vamos al frente
único. ¡Combatiremos al Apra sin cuartel y sin tregua! ¡En-
tre el apra y el comunismo no hay nada sino una cuestión y
esa es una cuestión de fuerza! Contra el aprismo libraremos
la gran batalla final.
103
Héctor Béjar
De la lectura de los documentos de la época, se deduce que
los comunistas aceptaban como un hecho consumado su situa-
ción minoritaria respecto del Apra y la justificaban dándole un
valor moralmente positivo. Su calidad de vanguardia estaba
dada, no tanto por haberse puesto en la primera línea de los
acontecimientos y las luchas políticas, sino porque denuncia-
ban la naturaleza presuntamente fascista del Apra. Esta ca-
racterización llevó al PC a enfrentarse también a los trabajado-
res apristas y cooperó en la práctica con los líderes del partido
rival que buscaban organizar su propia base sindical. Todo ello
causó una profunda escisión en el movimiento obrero ya gol-
peado por la represión, que no logró articular una estrategia de
dimensión nacional, a pesar del vigoroso impulso de las luchas
populares. Por ello y por otras razones, la década del treinta
es también aquella en que el movimiento obrero y popular que
había jugado un rol protagónico desde 1919, es desplazado a
un segundo plano por los líderes de los partidos políticos, se-
ñalando también una transición desde el anarcosindicalismo
que tuvo sus momentos culminantes en la lucha por la jornada
de ocho horas a la disputa entre los partidos dirigidos en su
mayoría por hombres de las clases medias que subordinaron el
movimiento popular a sus propias estrategias. tácticas, direc-
tivas e intereses.
Al enfrentarse con éxito a Leguía, Sánchez Cerro recibió
la adhesión, no solo de los elementos del civilismo tradicional
opuestos al leguiísmo sino, una vez más, de ciertos grupos pro-
gresistas y de izquierda. Triunfante el pronunciamiento de
Sánchez Cerro, la Federación Obrera Departamental del Cusco
decidió convertirse en “partido político de clase” para intervenir
con un “programa propio de principios”. Su manifiesto del 11
de septiembre de 1930 firmado por quince organizaciones sin-
dicales, está encabezado por estas palabras de Sánchez Cerro:
Aseguraremos constantemente el bienestar y los derechos
de las clases trabajadoras dentro de las normas más equi-
tativas y más justas. Reviviremos y dignificaremos a nues-
tros hermanos indígenas. Esto constituirá el Alma Mater de
nuestro programa nacionalista, sin que por ningún motivo
ello se convierta en mera teoría de significación aleatoria
104
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Se trataba de un programa de 23 puntos que incluía entre
otras demandas la abolición de la conscripción vial, que efec-
tivamente fue decretada por el nuevo gobierno, la abolición de
todo trabajo forzado y gratuito para el indio, la expropiación sin
indemnización a favor de las comunidades de todos los fundos
de conventos y congregaciones religiosas, dotación a las comu-
nidades de tierras de latifundios para la distribución entre sus
miembros y en proporción suficiente a sus necesidades.
Por su parte, los universitarios de Arequipa dijeron el 26 de
agosto de 1930:
La revolución ha triunfado en Arequipa y los universi-
tarios hemos dado prueba de que nuestro espíritu rebelde
todavía está en pie... el 22 de agosto el ejército en bello gesto
de rebeldía, se apodera de la ciudad bajo las órdenes del
teniente coronel Sánchez Cerro... la libertad ha vuelto a bri-
llar llena de esplendor devolviendo los derechos a la patria
mancillada bajo el peso del yugo opresor.
El manifiesto llevaba las firmas de quienes serían más tarde
figuras significativas de la izquierda: César Guardia Mayorga,
Luis Nieto, Teodoro Núñez Ureta, junto a personas de otras
tendencias: Vladimiro Bermejo, Mario Polar Ugarteche, etc.
Igual sentido tuvieron los pronunciamientos de los estudiantes
del Cusco entre quienes estaban también los marxistas. Rela-
cionado con Teodomiro Ramírez Cuevas Rumi Maqui, Sánchez
Cerro era el último eco, varias décadas después, de los breñeros
de Cáceres.
En sus comienzos, el pronunciamiento militar de Sánchez
Cerro despertó muchas esperanzas en algunos sectores de iz-
quierda mientras que otros, desde el Pleno Sindical de la CGTP
realizado en octubre de 1930 bajo la influencia de Ravines, se-
ñalaron que la revolución de Arequipa de Sánchez Cerro era en
realidad en lo fundamental una “contrarrevolución preventiva”.
(Anderle 51).
Estas diferencias de opinión no llegaron a cristalizar en una
discusión, pues la represión que siguió se encargó de cortarla
bruscamente. Pero son el más lejano antecedente de las diver-
105
Héctor Béjar
gencias que surgirían mucho más tarde en la izquierda peruana
al iniciarse el proceso revolucionario de Velasco. Hoy, pasadas
varias décadas y superados intensos apasionamientos, se em-
piezan a admitir los rasgos nuevos que tuvo el movimiento de
Sánchez Cerro. A ello ha contribuido el desapasionado juicio de
Basadre. Cotler y Sulmont han calificado al de Sánchez Cerro
de populismo militar. Es evidente que este fue un fenómeno
nuevo en el Perú del siglo veinte y por tanto no fue apreciado ni
en su verdadera fisonomía ni en sus posibilidades, por el Apra
y el PC. Contra sus afirmaciones reiteradas, Haya de la Torre
tenía una visión europea y generalizante del militarismo. Y el
PC quería repetir con los militares peruanos los actos heroi-
cos y sangrientos de las revoluciones soviética y alemana, la
insubordinación de los soldados y marineros contra los oficiales
y su confraternización con los obreros, en medio del derrumbe
del sistema, lo que distaba de suceder en un país que, como el
Perú, no había pasado por una conmoción equiparable a la de
aquellos países.
Haya de la Torre hablaba en 1930 de una revolución antiim-
perialista conducida por civiles procedentes de la clase media
ilustrada, organizada en un gran partido popular policlasista.
Como todos los hombres de su generación, no conocía ni se había
preocupado por analizar el fenómeno militar. No había llegado
a plantear ni una estrategia ni una metodología para la toma
del poder y por lo tanto, en la práctica, terminaba proponiendo
incansablemente la vía del sufragio, que en el Perú no existía
como posibilidad real, era manipulada o simplemente no era
respetada. Y que estaba, como está aún hoy día, permanente-
mente amenazada por la interferencia militar.
Hasta julio de 1931, Haya de la Torre había estado ausente
del país y derivaba de su antimilitarismo, su violenta actitud
contra Sánchez Cerro. Esta actitud fue reafirmada con los su-
cesos sangrientos de la segunda mitad de 1930 y, sobre todo,
cuando el civilismo rodeó y manipuló al dictador, viéndolo como
mal menor ante la intensa agitación social.
El respaldo popular a Sánchez Cerro fue organizado en la
Unión Revolucionaria, presentada en sus comienzos como un
106
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
partido nacionalista, antileguiísta, de base popular, opuesto al
materialismo marxista, respetuoso del concepto de propiedad
como resultado del esfuerzo individual y partidario de un minu-
cioso esquema para la reforma agraria, la redistribución de la
tierra, la ayuda técnica al campesino y la integración de la raza
indígena. La UR se enfrentó al Apra en las calles, mientras el
PC se refugió en los sindicatos sin tener opción en esa violenta
polarización electoral en que, dicho sea de paso, el centro era
inexistente. En ambas organizaciones masivas había obreros,
artesanos, pequeños comerciantes, desocupados y gente humilde
que asomaba a la política por la vía del enfrentamiento callejero
o la violencia individual. Ambas, UR y Apra, tenían contacto
con la oligarquía, los militares y el poder extranjero. No existen
todavía estudios probatorios de base para las calificaciones que
asimilan el Apra a la pequeña burguesía y el sanchezcerrismo
a los desocupados, artesanos o al bajo pueblo. Muchos ataques
terroristas y atentados apristas o atribuidos al Apra, fueron co-
metidos por elementos marginales o desocupados o gente que
vivía de ocupaciones eventuales, personas que encontraron en
la violencia una forma de afirmarse y hacer política. Parece más
cercano a la verdad que ambos partidos dividieron de arriba a
abajo la sociedad urbana, ya que el campo intervino en el con-
flicto sólo en determinadas y circunscritas regiones.
La violencia de la campaña electoral desembocó en el desco-
nocimiento del triunfo de Sánchez Cerro por el Apra. También
con el paso de los años y vistas las tendencias que hubo en otras
contiendas electorales, empieza a reconocerse con la comprensi-
ble excepción de los apristas, que la victoria sanchezcerrista en
aquellos comicios fue real y no una maquinación fraudulenta.
No obstante, al concluirse el proceso, La Tribuna decía:
Queda pues consumada la última ilegalidad y ha reali-
zado su último acto nulo el Jurado Electoral. De ello se des-
prende una vez más que la elección del comandante Sánchez
Cerro constituye no solo un bochorno sino una mistificación
sangrienta de los deseos del pueblo. Elecciones nulas no
dan programación válida. Procedimientos ilegales no pue-
den otorgar patente de legalidad a nadie. Jueces parciales
están impedidos de exigir respetabilidad en sus fallos. El
107
Héctor Béjar
pueblo del Perú tiene ya su juicio y su camino hechos.
Resumen de este capítulo
Mariátegui estaba definitivamente ausente y, con él, su
cultura, su perspectiva, su capacidad de apreciar los hechos
poniendo el interés personal entre paréntesis. Dejó huérfa-
nos a sus seguidores que nunca más serían capaces de reali-
zar su proyecto de socialismo humanista, espontáneo, ético,
realista a la vez que utópico.
El partido aprista y el propio Haya de la Torre fueron
presas de su propia dinámica: la que impulsaron a par-
tir de las elecciones de 1931 y que los envolvió, unas veces
voluntaria y otras involuntariamente, en una sucesión de
conspiraciones, intentos de golpe, insurrecciones populares
y actos de terrorismo individual que no se encuadraban en
una estrategia integral y coherente por la toma del poder. A
este camino pertenecen: la revolución de Trujillo, el aten-
tado en Miraflores, la revolución de Huaraz, el asesinato de
Sánchez Cerro y muchos otros actos dramáticos signados
por el heroísmo de miles de hombres y mujeres del pueblo
que entregaron sus vidas generosamente, como nunca antes
había sucedido en nuestra historia, poniéndose al servicio
de un ideal, sin que todo ello tuviera otro resultado que una
sangrienta guerra civil y varias dictaduras. El poder res-
pondió con la Ley de Emergencia, el proceso contra Haya de
la Torre y el desafuero de los constituyentes apristas.
El fenómeno aprista es sin duda un fenómeno político
singular en América Latina y no repetido en nuestra histo-
ria. Tiene el mérito de haber integrado los esfuerzos de una
generación de dirigentes mesiánicamente portadores de una
doctrina nueva con los anhelos de transformación de am-
plias masas populares.
Pero hubo también el contrapeso negativo de la ausencia
de un planteamiento integral para la resolución de los pro-
blemas nacionales que cuestionase verdaderamente las ba-
108
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
ses de la dominación oligárquica, la carencia de una políti-
ca de aliados, lo que puso al resto del país en el disparadero
de ser aprista o anti aprista y la vanidad e intolerancia que
se expresaron en el personalismo de sus líderes.
Aún hoy, a muchos años de distancia, no desaparecidas
las pasiones y, por consiguiente, con el riesgo del equívoco,
es difícil hacer apreciaciones sobre un proceso tan intenso y
complejo como el de 1931 – 1933. Sin embargo, un recuen-
to de la situación permite decir que las fuerzas del cambio
social tenían entonces un peso y una importancia tal que,
de haberse entendido, habrían variado sustantivamente el
curso de los acontecimientos ahorrándole al país años de
oscuridad, persecuciones y retraso.
Estas fuerzas eran: 1) los trabajadores apristas y gran
parte de sus dirigentes y cuadros de base; 2) los trabajado-
res urristas y sanchezcerristas; 3) oficiales de las fuerzas
armadas de tendencia democrática; 4) hombres de centro y
personalidades independientes como Rafael Belaunde, José
Gálvez, Luis Antonio Eguiguren y otros, que aceptaban un
camino democrático con participación activa de las orga-
nizaciones de trabajadores; 5) los rezagos más progresistas
del leguiísmo; 6) y, desde luego, los comunistas.
Se enfrentaron entre sí tres sectores políticos de las clases
medias pobres y emergentes. Ni el Apra, ni los sanchezce-
rristas, ni los comunistas, podían ni siquiera soñar en un
frente único como éste que aún hoy parece una idea dispa-
ratada.
Las amplias masas de campesinos quechuas no fueron
convocadas salvo en la retórica electoral. Allá lejos, en me-
dio de las montañas o en los alturas de los Andes, los indí-
genas padecían la cárcel del latifundio.
Los personajes nacidos de esta historia se lanzarían
siempre en direcciones divergentes o se entrecruzarían en
la escena política. La nación peruana o como se le llame,
siguió descuartizada, dispersa, devorando sus entrañas.
109
Héctor Béjar
Años de oprobio
1931
21 de se- Fundación del PAP.
tiembre,
16 de Aparece La Tribuna, órgano periodístico del PAP.
mayo.
2 de julio. Llega Haya de la Torre desde Nueva York
19 de se- I Congreso del PAP.
tiembre.
5 de di- Reacción contra un supuesto fraude electoral. Es asalta-
ciembre. da la Prefectura de Cajamarca por Nazario Chávez Alia-
ga. Sublevación en Cerro de Pasco por Pedro Muñiz. Luis
Heysen toma la prefectura de Chiclayo. Conspiración del
coronel Pardo, apagón en Lima. Fogatas apristas en los
cerros de Lima.
26 de no- Sanchezcerristas asaltan el local del PAP. Manuel Seoa-
viembre. ne es abaleado y herido.
6 de di- Masacre en Paiján, La Libertad. Cinco huelguistas
ciembre, muertos por la policía, muchos heridos. Arrasado el local
aprista en Chocope.
8 de di- Sánchez Cerro asume la presidencia. Los locales del PAP
ciembre son asaltados e incendiados por turbas sanchezcerristas.
y días si- Asaltos a pulperías en los barrios de Lima. Es instala-
guientes. do el Congreso Constituyente con 27 representantes del
PAP.
24 de di- Navidad de sangre. Asalto de los gendarmes al local del
ciembre. PAP en Trujillo cuando celebraban la nochebuena. Dos
muertos y cinco heridos.
1932
110
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
8 de enero El Congreso Constituyente aprueba la Ley de Emergen-
cia con la oposición del Apra. El gobierno organiza cortes
marciales y pena de muerte,
6 de febre- Fallece preso Leguía por falta de atención médica.
ro
12 de fe- Asaltan la casa de Arturo Sabroso. Detenido Manuel
brero Arévalo. Manuel Seoane, Sánchez y Haya pasan a la
clandestinidad.
15 de fe- Clausura de La Tribuna.
brero
17 de fe- La gendarmería asalta el local del Congreso. Detención y
brero deportación de algunos constituyentes apristas.
20 de fe- Seoane interviene en el Congreso. Es apresado con los
brero. otros tres representantes apristas que quedaban.
6 de mar- José Arnaldo Melgar (19 años) dispara y hiere a Sánchez
zo. Cerro en la iglesia de Miraflores con un revólver de Juan
Seoane Corrales (hermano de Manuel). Son condenados
a muerte. La sentencia es conmutada por 25 años de pe-
nitenciaría.
6 de mayo Haya de la Torre es capturado en su escondite de Mira-
flores e internado en el Panóptico. Los apristas arman
una balacera en la Plaza de Armas.
7 de mayo Se subleva la Armada y la marinería en el Callao (ver
texto aparte).
7 de mayo La gendarmería asalta la universidad de San Marcos,
que es clausurada. El rector José Antonio Encinas es en-
viado al exilio.
11 de Fusilamiento de los ocho marineros que tomaron parte
mayo. en la sublevación de la Armada (ver texto).
6 de julio Levantamiento de Las Palmas encabezado por los coro-
neles de aviación Eulogio Castillo y Juan O´Connor, en
coordinación con Luis Heysen y Manuel Vásquez Díaz..
Julio Proceso Haya de la Torre con repercusión internacional.
Julio Revolución de Trujillo (ver texto aparte). Incontables ba-
jas civiles y militares.
11 de julio Combates en Otuzco, Cajabamba y las sierras de La Li-
bertad.
111
Héctor Béjar
13 al 16 de Revolución y toma de Huaraz por el mayor López Min-
julio. dreau, jefe provincial de Cajabamba. Fusilamiento de
López Mindreau estando herido y cuatro revolucionarios
después de ser juzgados por una Corte Marcial.
1 de se- Óscar Ordóñez y un grupo de peruanos de la Junta Pa-
tiembre triótica se apoderan del puerto de Leticia cedido por Le-
guía a Colombia a petición de los Estados Unidos, con
armas de la Casa Arana.
Setiembre Cientos de apristas y comunistas son confinados en Ma-
dre de Dios y Satipo.
28 de di- Detención de Eudocio Ravines en el Real Felipe. Huelga
ciembre de hambre de los presos comunistas y apristas.
1933
30 de ene- Asesinato del aprista Benito González en las calles de
ro Lima.
10 de mar- Sublevación del comandante Gustavo “Zorro” Jiménez en
zo, suble- Cajamarca con el Regimiento 11 de Infantería y apoyo
vación. aprista. Es derrotado y se suicida. Su cadáver es exhibido
7 de abril, por el gobierno en Chimbote. Son fusilados el mayor Ma-
fusila- nuel Castillo Vásquez, los capitanes Luis Tirado Vera y
miento. Daniel Villafuerte Arguedas, el subteniente Héctor Sal-
daña Alavedra y el abogado Luis Benjamín Gálvez. El
mayor Remigio Morales Bermúdez fue el fiscal que pidió
la pena de muerte para los condenados.
9 de abril Es promulgada la Constitución.
30 de abril Asesinato de Sánchez Cerro por el adolescente aprista
Abelardo Mendoza Leyva. Oscar Benavides asume la
presidencia de facto, es ratificado por el Congreso ilegal-
mente hasta que concluya el período de Sánchez Cerro
en 1936.
26 de mayo Suspensión de hostilidades con Colombia.
28 de junio Motín militar en Iquitos de los apristas Tejedo y Chandu-
ví contra la entrega de Leticia a Colombia.
112
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
7 de julio Se forma una Corte Marcial en Iquitos. Condenan al
alférez Hildebrando Tejedo y al sargento. primero Luis
Chanduví a 20 años de penitenciaría.
9 de agosto Amnistía, Haya de la Torre es puesto en libertad después
de quince meses y cuatro días de prisión.
Agosto Entrevista entre Benavides y Haya. Este último aprueba
el arreglo con Colombia.
Junio Retornan los desterrados y salen los presos, excepto los
condenados por cortes marciales. El Apra proclama la lí-
nea de serena y vigilante expectativa.
24 de no- José de la Riva Agúero es nombrado presidente del Con-
viembre sejo de Ministros en vez de Jorge Prado.
Diciembre Haya realiza una jira por el país. Segunda entrevista
con Benavides. Arturo Sabroso es detenido y enviado al
Frontón.
1934
5 de enero Masacre de Tamboraque, San Mateo, contra el pueblo
que protesta contra los humos de la fundición.
7 de enero Fundación de la FAJ Federación Aprista Juvenil, por Ar-
mando Villanueva y Ramiro Prialé.
9 de enero El gobierno supone un complot de 17 soldados y oficiales
del ejército. Se detiene a los líderes apristas.
4 de febre- Tiroteo a la salida del Estadio Nacional, entre la poli-
ro cía que intentaba capturar a Manuel Seoane y un grupo
aprista. Muere el agente Carlos Arce Dávila.
21 de Son clausurados todos los locales apristas. Cohetes y fo-
febrero gatas en Lima por cumpleaños de Haya.
2 de marzo Son postergadas las elecciones parlamentarias comple-
mentarias.
10 de Nuevas negociaciones entre Haya y Benavides. Reapa-
mayo rece La Tribuna a cambio de que el Apra apoye la entre-
ga de Leticia a Colombia. Mitin en Lima en respaldo del
arreglo de Benavides con masiva concurrencia aprista.
Mayo Visita a Lima del presidente colombiano Alfonso López
Pumarejo. Acuerdo de paz con Colombia.
113
Héctor Béjar
Junio 29 de junio. Dimite el gabinete Jorge Manzanilla. Jor-
ge Prado asume la presidencia del Consejo de ministros
para el “apaciguamiento y concordia”. Distanciamiento
de Luis A. Flores, que pasa a la oposición,
9 de agosto Ley de amnistía y retorno de los deportados. Haya de la
Torre es puesto en libertad.
Noviembre Son postergadas nuevamente las elecciones parlamenta-
rias. Benavides no cumple acuerdos con el Apra.
24 de no- Ayacucho es tomado durante cuatro días por Julio Cár-
viembre denas, el Negus.
24 de no- Conspiraciones apristas desde los gobiernos de Toro y
viembre Busch en Bolivia; y desde Chile en los años siguientes.
25 de no- El capitán Arístides Pachas, el coronel Rubén del Casti-
viembre. llo y otros jefes militares en coordinación con Luis Alber-
to Sánchez, tratan de apoderarse del Cuartel Barbones,
el arsenal militar y el cuartel Santa Catalina. Subleva-
ción del Agustino. Aborta el intento.
25 de no- Gabinete José de la Riva Aguero. Reinicia la perssecu-
viembre ción contra el Apra.
Diciembre Un barco con desterrados apristas llega a Valparaíso,
Chile. Gobierno de Arturo Alessandri.
25 de di- Gabinete Carlos Arenas y Loayza, El Apra pasa a la clan-
ciembre destinidad.
1935
Reapertura de la Universidad de San Marcos.
21 de Renuncia de Riva Agüero quien se niega a firmar la ley
mayo de aprobación del divorcio de mutuo disenso. Juramenta
en su lugar el general Manuel Rodríguez.
15 de Asesinato de los esposos Miro Quesada por el adolescente
mayo aprista de 19 años, Carlos Steer Lafont.
26 de se- Pedro Muñiz y Carlos Manuel Cox son apresados inten-
tiembre tando ingresar desde Chile para organizar una subleva-
ción en el sur. Pasaron cuatro años sin juicio en la Peni-
tenciaría de Lima.
1936
114
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Elecciones presidenciales. Anulada la candidatura de
Haya de la Torre por pertenecer a un partido interna-
cional. Candidatos: Manuel Vicente Villarán, Luis An-
tonio Eguiguren, Luis A Flores y Jorge Prado Ugartehe.
Cuando iba ganando Eguiguren, el Jurado Nacional de
Elecciones suspende el conteo. El Congreso anula las
elecciones y prorroga el mandato de Benavides hasta
1939 y le otorga la facultad de legislar.
Los líderes apristas son desterrados a Chile, Buenos Ai-
res, La Paz y México. Decenas de presos son mantenidos
en el Sexto, la Cárcel Central, el Panóptico, el Frontón
y el Satipo.
Es promulgado el Código Civil.
1937
15 de Prisión, tortura y asesinato de Manuel Arévalo.
febrero
1938
Sigue la persecución contra los apristas.
Abolición del peaje en carreteras y puentes.
1939
18 de En acuerdo con el general Cirilo Ortega, el general An-
febrero tonio Rodríguez intenta tomar Palacio en ausencia de
Benavides, en contacto con los apristas. Es ametrallado
por la guardia presidencial.
25 de Benavides convoca a un plebiscito proponiendo la am-
marzo pliación del período presidencial de cinco a seis años.
18 de junio Plebiscito. Aprobadas las propuestas de Benavides. Au-
menta su poder y disminuye las atribuciones del Congre-
so en materia económica.
19 de no- Asesinato del comandante Remigio Morales Bermúdez,
viembre. en Trujillo. Son detenidos y torturados los apristas An-
drés Yatac y Víctor Tantaleán Vanini.
115
Héctor Béjar
4 de di- Condenados a la pena capital por una corte marcial y fu-
ciembre silados los dirigentes apristas Tomás Solano Bocanegra y
Gregorio Zavaleta. Otros son condenados a largas penas
de penitenciaría.
Haya se mantuvo oculto durante once años. Fue perseguido pero no
apresado.
Pompeyo Herrera
En 1931 estudiaba derecho en la Universidad Nacional Ma-
yor de San Marcos. Perteneció al Grupo Rojo Vanguardia. En
1932 fue apresado, torturado y recluido en El Frontón. Fue
desterrado primero a Centroamérica. Allí no fue aceptado, fue
devuelto al Perú y luego deportado nuevamente, esta vez a
Chile, ya enfermo de tuberculosis como resultado de su estada
en la prisión. Murió en Chile en 1934 víctima de la tuberculo-
sis que, en aquella época, era una enfermedad incurable.
Adela Montesinos Montesinos
Nació en Arequipa en 1910. Funda el Partido Comunista
en Arequipa en 1929. Publica artículos sobre feminismo en
el diario Noticias de Arequipa en 1930 con el seudónimo de
Alma Moreva, generando una gran polémica. Viaja a Lima, se
vincula con el Grupo Rojo Vanguardia y se casa con Pompeyo
Herrera en 1931. Forma parte del Socorro Rojo que ayuda a
los presos políticos. Ese año, el 8 de diciembre, participa en la
Primera Conferencia Nacional de Mujeres. La policía allana
y saquea su domicilio y debe viajar a Chile con Pompeyo He-
rrera. A la muerte de Pompeyo con quien ha tenido un hijo,
Guillermo, retorna al Perú en 1937 y milita en Acción Femeni-
na. Se vuelve a casar con el ingeniero Gustavo Espinoza, con
quien tiene a Dunia y Gustavo. Funda con Teodoro Núñez Ure-
ta, César Guardia Mayorga, Pedro Cabrera Darquea y otros
intelectuales, la ANEA, Asociación Nacional de Escritores y
Artistas. Apoya al gobierno de Velasco que ha abolido la odiosa
diferencia entre hijos “naturales” y “legítimos”.
Muere en 1976.
116
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
4. Benavides: cuando el Perú
pudo ser (o fue) fascista
Instigado por las familias civilistas que estaban
aterrorizadas ante la insurgencia de nuevas fuerzas sociales,
Oscar Benavides capturó la presidencia. Hay que aceptar
que algunos dictadores militares fueron más reformadores
que los civiles en la historia peruana. Si los civilistas usaban
el poder en beneficio propio sin hacer cambios, la psicología
ordenadora y autoritaria de los militares los llevó en muchos
casos a plantear reformas, más allá de las críticas que se les
pueda hacer. El caso más notorio fue el de Ramón Castilla,
pero también hay que añadir a Mariano Ignacio Prado,
José Balta, Andrés Avelino Cáceres, colocando a cada
uno en su época y teniendo mucho cuidado en asumir un
ciego antimilitarismo. Con las anotaciones del caso, ese fue
también el rol jugado por Benavides: un general ordenador
y reformador, a la vez que represor, militar, pero también
político funcional a una parte de la oligarquía civilista,
una personalidad que dominó la política toda la primera
mitad del siglo XX .
El rol de Benavides fue facilitado por el ambiente
internacional. El fascismo italiano parecía un éxito
espectacular desde 1923. El nacionalsocialismo alemán
seguía el ejemplo. Era el camino hacia un progreso acelerado
a la vez que la imposición del orden y la jerarquía. ¿Qué
más podía pedir la clase alta limeña? El asesinato masivo
de comunistas en España también mostraba lo que había
que hacer con los revoltosos peruanos.
Algunos imitadores surgieron en Latinoamérica. Getulio
Vargas en Brasil, Germán Busch en Bolivia, Uriburu en
Argentina. Pero ellos reivindicaban la parte nacionalista
del fascismo, mientras el Frente Popular en Chile y Lázaro
Cárdenas en México, reivindicaban la parte social..
117
Héctor Béjar
E
n la mañana del domingo 30 de abril de 1933, el presiden-
te Sánchez Cerro pasó revista en el Hipódromo de Santa
Beatriz a 25 mil movilizables que iban a combatir en la
guerra con Colombia, en la que se disputaba el triángulo de
Leticia que había sido tomado por un grupo de loretanos. Ellos
repudiaban el tratado Salomón Lozano que entregaba Leticia a
Colombia. Hacía tres meses que el Perú estaba en guerra con el
país del norte. Cañoneras y algunos aviones se enfrentaban en
la frontera con el resultado de gran número de bajas. Para am-
bos países, Leticia era un punto extremadamente lejano, mucho
más para el Perú. Sánchez Cerro acababa de optar por la con-
tinuación de la guerra con el envío de ese enorme contingente.
Haya de la Torre estaba preso en la Penitenciaría de Lima.
El comandante se retiraba en su vehículo descubierto, acom-
pañado por el primer ministro José Matías Manzanilla y el co-
ronel Antonio Rodríguez, jefe de la Casa Militar, cuando un jo-
ven armado con una pistola Browning corrió hacia él, subió al
estribo del auto presidencial de marca hispano suiza que estaba
en marcha y le disparó varios tiros por la espalda. La escolta
presidencial lo dejó disparar, aparentemente tomada de sorpre-
sa, pero lo acribilló a tiros y después los lanceros de la escolta
atravesaron el cadáver una y otra vez dejándolo irreconocible.
Se aseguraron de que no sobreviva para hablar.
Sánchez Cerro falleció a la una y diez minutos de la tarde,
tras dos horas de agonía, en el Hospital Italiano de la avenida
Abancay. Los médicos que lo atendieron, dirigidos por el Dr.
Carlos Brignardello, establecieron que había recibido disparos
de dos armas distintas, una Browning calibre 45, la que portaba
Mendoza, y otro disparo hecho a muy corta distancia y proce-
dente de un arma de mayor calibre que nunca se estableció a
quién pertenecía. No se siguió investigando.
Abelardo Mendoza Leyva, el asesino, era un adolescente na-
cido en Cerro de Pasco, desocupado como muchos jóvenes de esa
época, inscrito en el partido aprista, que había sido puesto en
libertad por la Prefectura de Lima, veinte días antes. Se llevó a
118
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
la tumba los nombres de quienes le habían ordenado cometer el
crimen y le dieron la pistola, objeto que no era común en aque-
llos días.
Esa misma tarde, el general Oscar Benavides estaba en Pa-
lacio y fue elegido nuevo presidente por el Congreso hasta 1936,
año en que debía terminar el período presidencial de Sánchez
Cerro. El Congreso violó la Constitución que prohibía la elección
de militares en actividad.
Las tropas fueron desmovilizadas de inmediato y los apres-
tos de guerra fueron suspendidos. Los barcos de guerra que se
encontraban en Belem do Pará recibieron la orden de retornar
al Callao.
El asesinato de Sánchez Cerro es uno de los tantos críme-
res cuyos autores han quedado en el misterio. ¿Quién le mandó
matar? ¿El móvil fue la venganza aprista por la represión de
Trujillo o impedir la guerra con Colombia? ¿Por qué el general
Benavides tomó de inmediato el control de la situación estando
impedido constitucionalmente de ser presidente? ¿Fue un cri-
men del Apra o de la oligarquía?
El segundo gobierno de Oscar Benavides duró del 30 de abril
de 1933, día en que fue asesinado el comandante Sánchez Cerro,
hasta el 8 de diciembre de 1939, fecha en que entregó el gobierno
a Manuel Prado.
Bajo el lema de orden, paz y trabajo, el nuevo presidente se
condujo dictatorialmente como el anterior. Promulgó la Consti-
tución de 1933, pero se aseguró con la draconiana ley 8505 o Ley
de Emergencia y mantuvo la prohibición de los partidos aprista
y comunista que habían sido señalados como internacionales
y por tanto prohibidos por el artículo 53 de la Constitución de
1933.
Su primer gabinete ministerial estuvo presidido por José Ma-
tías Manzanilla y tuvo a Luis A. Flores como ministro de Marina
y Aviación.
119
Héctor Béjar
Muerto Sánchez Cerro, restaurado el orden con Benavides y
re ordenadas las finanzas con la misión Kemmerer, empezó una
nueva etapa. El de Benavides fue un militarismo de otro tipo,
apoyado en las altas jerarquías militares, militarismo blanco,
alejado del pueblo, pero al mismo tiempo capaz de una fría ne-
gociación con los partidos. La de Benavides no fue la violenta y
demente represión de Sánchez Cerro. Fue la persecución dura,
pero calculada, contra sus adversarios, organizada por la so-
plonería y dejando cuidadosamente al margen a la institución
militar. El nuevo dictador reemplazó el apoyo popular por la
negociación y la manipulación, gobernó por y para la oligarquía
si se lo aprecia históricamente pero eligió sus relaciones en es-
tos medios, guardó distancias y se comportó como otro poder.
La personalidad de Benavides, unas veces al frente del gobierno
y otras desde las sombras, cubre casi toda la primera mitad
del siglo. Había derrocado al popular presidente Billinghurst
en 1914, deportado por Leguía estuvo a punto de ser candi-
dato en 1931 y supo reemplazar con oportuna rapidez en 1933
a otro presidente popular asesinado. Se hizo reelegir en 1936
previa anulación de los comicios de este año y en 1939 impuso
su propio candidato, Manuel Prado. Y, finalmente, usó sus últi-
mos días de 1945 para negociar nuevamente y abrir camino a la
triunfante candidatura de Bustamante y Rivero.
Benavides aparece siempre vinculado a los Prado. Manuel
y Jorge Prado lo acompañaron en el derrocamiento de Billin-
ghurst. Jorge Prado fue su primer jefe de gabinete en 1933. Qui-
so, pero no pudo, imponerlo como su sucesor en 1936. Y en 1939
impuso a otro Prado, Manuel. Sus relaciones con Haya de la
Torre y el Apra fueron contradictorias pero constantes. Negoció
con Haya en 1933 para luego romper con él y perseguir al Apra.
Trató nuevamente de entenderse con los apristas en 1939 y vol-
vió al entendimiento en 1945 luego de una pública confesión de
sus errores.
Una vez en la presidencia, encontró un conjunto de circuns-
tancias de las que modificó solo los aprestos para la guerra in-
ternacional, que fueron detenidos. El Congreso Constituyente
120
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
continuó sin la representación aprista que había sido desafo-
rada, la Ley de Emergencia siguió siendo aplicada, los comu-
nistas continuaron siendo perseguidos y los líderes sindicales
vigilados o apresados. El Apra, sin embargo, tendió una mano
amistosa ante esta “obra del destino”. Dijo desde el periódico La
Antorcha que reemplazó a La Tribuna clausurada:
Para el país se ha iniciado por obra del destino que rige
la vida de los pueblos, una nueva etapa política. Estamos
resueltos en esta ocasión a probar una vez más que ni el
Apra ni sus hombres son nideros de bajas pasiones ni de
apetitos inconfesables. Que la defensa de sus ideales y prin-
cipios no es incompatible con los nobles sentimientos de hi-
dalguía y generosidad. Estamos decididos a demostrar que
conscientes de nuestra tarea y de nuestra misión histórica
no nos agita una morbosa ansiedad por la conquista inme-
diata del poder ni nos mueven estímulos de venganzas per-
sonales y políticas incompatibles con nuestros postulados
doctrinarios nos mantenemos en serena y vigilante expecta-
tiva dispuestos a olvidar dolores y rencores.1
El Apra renunciaba así a la presidencia moral que había re-
clamado para Haya de la Torre en 1931 y se replegaba tácti-
camente solo a solicitar libertad de acción para el partido. Al
hacerlo, no dejaba de percibir las diferencias que separaban a
Benavides y el civilismo; y considerando a este último su enemi-
go principal, tendía la mano a quien, después de algunos meses,
se convertiría en un nuevo dictador. Haya confiaba en triunfar
en un nuevo proceso electoral y depositaba en esta posibilidad
todas sus esperanzas. Para ello, debía seguir bajando el perfil
de su programa de gobierno, hacer nuevos ofrecimientos al ejér-
cito y renovar sus muestras de serenidad y madurez ante los
poderes internacionales y sus aliados internos. Pero era muy
difícil librarse de la carga de la revolución de Trujillo.
Mientras tanto, a diferencia del Apra que convocaba a la es-
1 La Antorcha, no.21, junio 1933.
121
Héctor Béjar
pera, el PC llamó a movilizarse y romper el freno de la sere-
na y vigilante espectativa. Aún prevalecía la línea de denuncia
del socialfascismo y lucha clase contra clase. Por eso, el Comité
Central del PC decía el 30 de junio de 1933:
Permanecer serenos significa dejar que el civilismo re-
fuerce con toda tranquilidad sus posiciones para que pueda
lanzarse con violencia contra nosotros los explotados. ¡A lu-
char unidos por nuestras reivindicaciones! ¡Abajo la sereni-
dad cobarde y claudicante! ¡Abajo la expectativa! ¡Abajo la
esperanza en un gobierno de explotadores! ¡A luchar!2
La primavera democrática de 1933 fue breve. Sorpresivamente
en noviembre de ese año, el gabinete Jorge Prado fue reemplaza-
do por el de José de la Riva Agüero. Las relaciones entre Haya y
Benavides se enfriaron. En enero de 1934 fue clausurada nueva-
mente La Tribuna y el Apra pasó a vivir una tensa semilegalidad.
Haya seguía esperando que Benavides convoque a elecciones, pero
éste las postergó hasta por cuatro veces; y mientras Benavides
trataba de calmar la presión civilista, Haya buscaba apaciguar
a su propia militancia. Finalmente, se decidió nuevamente por
la conspiración y una nueva sucesión de complots y revoluciones
frustradas se desencadenó en el país. Pertenecen a esta época el
complot del Agustino y los intentos revolucionarios de Junín, Aya-
cucho, Huancavelica, Huánuco, Apurímac, Cusco y Cajamarca.
Durante esa época, el PC mantuvo una fuerte oposición a
Benavides, a pesar de que su organización no había logrado re-
cuperarse de los golpes de la represión. La situación económi-
ca continuaba mejorando y habían pasado los peores días de
la crisis del treinta. Pero este hecho parecía no interesar a los
líderes comunistas que mantenían su esperanza en una gigan-
tesca sublevación popular que estaba para ellos madurando de
un confín a otro del país. La retórica continuaba suplantando el
análisis sereno de la realidad y los cambios no eran registrados
para mantener el tono izquierdista del discurso, pero habían
quedado atrás también los días de acciones efectivas de masas
2 Comité Central del Partido Comunista. Volante del 30 de junio de 1933. BNSI, Volantes.
122
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
por el partido.
Erróneas, espontáneas o no, las movilizaciones mineras y ur-
banas del período 1930 – 1933 habían sido acciones reales en
que los comunistas participaban generosa y eficazmente. Los
años posteriores no volvieron a registrar una participación de
este tipo. También la acción fue reemplazada por la letra o las
consignas destinadas al vacío. Pero el partido competidor, el
Apra, continuaba su lento camino ideológico hacia la derecha,
usaba un lenguaje mucho más moderado destinado sistemática-
mente a calmar a la oligarquía y al ejército por lo menos en las
palabras, ya que no podían aún tranquilizarlo en los hechos. Sin
embargo, los hechos también contaban para los grupos civilis-
tas que seguían viendo en el Apra el peligro y para los sectores
populares que seguían viendo en el Apra, a pesar de su lengua-
je, la Revolución. Por ello, este período permitió Apra ampliar y
consolidar su organización y su atractivo sobre los trabajadores,
aumentado por la progresiva declinación de la UR, mientras el
PC quedaba reducido a condiciones de precaria subsistencia en
términos electorales, aunque conservaba su base sindical.
Aunque como siempre tarde, por esa época empiezan a ser
más frecuentes los llamados del PC a la unidad de acción con los
trabajadores apristas, que eran simultáneos con la denuncia de
la complicidad aprobenavidista.
En 1933 el Comité Central del PC decía:
Los bolcheviques siempre han sabido distinguir entre los
jefes y las masas. El proceso de corrupción de sectores im-
portantes de trabajadores incumbe directamente a los ha-
yas, coxes seoanes, heysens y compañía, más no a la masa.
Nuestro deber es conquistar esas masas engañadas comba-
tiendo sin piedad a sus jefes engañadores3.
El mismo partido que había sostenido tres años antes que
la lucha debía ser librada sólo por el PC y la clase obrera y que
en 1931 había proclamado vigorosamente que no iría al frente
3 Comité Central del Partido Comunista. Volante de 1933.
123
Héctor Béjar
único, empezó a llamar a partir de 1934 precisamente al frente
único convirtiéndolo en el objetivo central de su actividad.
El Partido Comunista hace un llamamiento a los traba-
jadores a pristas, socialistas, cerristas y anarquistas para
que, sin renunciar a sus filiaciones y tendencias políticas,
acepten la formación del frente único para la lucha común.
¡Camaradas de las masas apristas! ¡Trabajadores socia-
listas! ¡Trabajadores de otras tendencias y sin partido! Sin
esperar la anuencia y el visto bueno de los jefes que están
haciendo en la práctica el juego de la reacción preparándole
el camino con su silencio, aprovechemos los instantes para
reforzar nuestros organismos de lucha creados e impulsados
por nosotros mismos para la causa de nuestra clase. ¡Tra-
bajadores apristas! Hagamos la unidad en la acción. Si nos
separan nuestras discrepancias ideológicas, nos une ahora
más que nunca el hacha del enemigo común que se cierne
sobre nuestras cabezas. Prescindiendo de los desacuerdos
doctrinarios, unámonos en la acción. Salvemos a nuestros
presos de las garras del enemigo. Hagamos valer nuestro
derecho a la vida luchando juntos contra la hambruna y
conquistando los más elementales derechos democráticos4.
Era la consigna del frente único de lucha, se trataba de im-
pulsar la unidad independientemente de los dirigentes políticos
y partiendo de las bases sindicales. El PC tenía la esperanza
de que los trabajadores pudiesen romper la fascinación que
sobre ellos ejercían los líderes apristas a través de una lucha
independiente y de frente único por sus reivindicaciones. Las
acusaciones de socialfascismo y de agentes del imperialismo
inglés contra estos últimos habían amainado. Solo se marcaba
con severidad sus entendimientos con Benavides, pero ello no
resultaba convincente en un momento en que, objetivamente,
el Apra era también perseguida; y en todo caso, la actitud rea-
lista, moderada, de los líderes apristas, correspondía más a la
4 Comunicado del Secretariado Central Ampliado del Partido Comunista. ¡Trabajadores
apristas! 27 de noviembre de 1934. BNSI, Volantes.
124
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
realidad de un momento de repliegue generalizado, que las in-
cendiarias proclamas del PC. En todo caso, esta variación en la
línea que aún no afectaba la consigna genérica de clase contra
clase y se hacía sin mayores explicaciones ni admisión de los
propios errores, llegaba demasiado tarde. El PC había perdido
un tiempo precioso, estaba aislado y semidestruido y no podía
convertirse en en un polo de atracción eficaz para el pueblo. Por
otro lado, las persecuciones, los alzamientos, los atentados indi-
viduales, las insurrecciones populares, habían cohesionado más
de lo aparente como se pudo comprobar después, los lazos entre
las masas apristas y sus líderes
Cualquier llamado a la unidad atacando a sus líderes apare-
cía como una maniobra divisionista y como tal era rechazado.
El fenómeno aprista trascendía ya los límites de lo racional y
formaba parte de la juventud, las primeras experiencias y las
vivencias más hondas de muchas gentes. Las maniobras tácti-
cas, los sofismas retóricos, los entendimientos oscuros, no te-
nían para la militancia y los vastos sectores de simpatizantes el
mismo valor que los fusilamientos, encarcelamientos, persecu-
ciones y destierros que los apristas sufrían.
Cuando el 15 de mayo de 1935, otro adolescente aprista, Car-
los Steer, disparó mortalmente contra los esposos Miró Quesa-
da, la Comisión Central de Agitprop del Partido Comunista se-
ñaló en un comunicado emitido al día siguiente:
La acción de Carlos Steer, a pesar de estar impregnada
de la ideología aprista, traduce el estado de ánimo de las
descontentas masas apristas, tiene un profundo contenido
de clase. Esto no es resistencia pasiva, indiferencia serena y
vigilante expectativa. Solo que el camino escogido por Car-
los Steer no es el certero. El civilismo no es solo El Comercio
sino todo el bloque feudal burgués acoplado con el imperia-
lismo. No se le podrá vencer sino mediante la acción de ma-
sas, ganándole posición tras posición hasta llegar a darle
el golpe de gracia mediante la insurrección armada con el
Partido Comunista delante y conforme a un plan de ope-
raciones con estrategia y táctica revolucionarias marxistas
125
Héctor Béjar
leninistas5.
No faltaban comunistas que planteaban correcciones más
serias hacia una política de alianzas con los partidos anti civi-
listas y que juzgaban debía evaluarse con mayor seriedad las
derrotas sufridas por el movimiento obrero y popular. Ello se
deduce de la lectura de un documento que editó la Comisión de
Organización del Comité Central del PC en 1935 bajo el título
Hacia la organización del trabajo ilegal6.
Influenciados por la ideología aprista, algunos camaradas
han visto solamente en algunos hombres del civilismo a los
realizadores del terror: Riva Agüero Miró Quesada, Benavi-
des, salvando a los demás del odio de las masas. Tal posición
los lleva justamente a abrigar ilusiones sobre el mal menor
que significaría la subida del aprismo o de cualquier otra fac-
ción7.
Y a renglón seguido, el mismo documento exalta el ascen-
so de las luchas populares que supuestamente continuaba en
los países dominados por el fascismo. El objetivo era comparar
aquella situación con la peruana, sugiriendo que quienes du-
daban del vigoroso impulso de las masas populares en el Perú,
eran tan sospechosos de trotskismo como quienes lo hacían en
Italia y Alemania
Algunos elementos vacilantes han retrocedido ante los
primeros zarpazos de la reacción feudal fascista juzgando
que había llegado el momento de la derrota. Y para justi-
ficar políticamente su idea toman como argumento que no
se produce el mismo oleaje huelguístico que caracterizó el
ascenso revolucionario durante el año pasado. Pero ¿esto
puede ser un índice de haberse contenido su ascenso?
El camarada Manuilski hace ver en el informe del Dé-
cimotercer Pleno cómo en todo el mundo, a pesar del terror
5 Comisión Central de Agit Prop del Partido Comunista. Carlos Steer Lafont (Volante) 1935,.
6 Comisión de Organización del Comité Central del Partido Comunista. Hacia la organiza-
ción del trabajo ilegal. 1935. BNSI Volantes.
7 Documento citado anteriormente,
126
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
fascista, este ascenso continúa, pero señala que sus procesos
subterráneos son con frecuencia invisibles a simple vista y
por eso conducen a estallidos inesperados. Y eso es justa-
mente lo que sucede actualmente con la indignación de las
masas en el Perú. Después del 25 de noviembre, se han con-
tenido las manifestaciones huelguísticas del ascenso revo-
lucionario debido a la profunda ilegalidad a que ha sido
sometido. Pero se ha continuado desarrollando en forma de
odio contenido, el que ha estallado en formas inesperadas
y generalmente desviadas: bombas, tomas de cuarteles, etc.
Basándose precisamente en esa nueva forma de ascenso, el
renegado Trotsky, a raíz de la subida del fascismo en Alema-
nia, sacó la consecuencia de que el proletariado había sido
derrotado; y ampliando dicha concepción a todo el mundo,
ha procurado sembrar la desmoralización entre los traba-
jadores, diciendo que la subida del fascismo inaugura todo
un período de contrarrevolución. Y que ha comenzado la
agonía del comunismo. Y esta misma idea es acogida aquí
por el amarillaje y hasta por algunos compañeros, cuando
sostienen que no existe ya el ascenso revolucionario. Pero ni
el señor Trotsky ni sus discípulos conscientes e inconscientes
ven que la fascistización actual no es la negra reacción que
sigue a una derrota sino que es el terror rabioso que precede
a las grandes explosiones de masas8.
La forma en que se trata estos temas que eran vitales para
el PC en aquellos momentos en el documento que transcribi-
mos, revelan cómo se iba modelando un estilo de discusión que
sobreviviría largamente al período de Ravines: tozuda porfía en
que la revolución siempre está en ascenso; ceguera para admitir
las derrotas; negativa a corregir los errores; identificación de los
discrepantes con el aprismo, trotskismo o cualquier corriente
más o menos satanizada; uso de documentos, informes o citas,
antes que hechos reales.
A pesar de todo ello, nuevos cambios sorprendieron al PC
8 Doc. cit.
127
Héctor Béjar
y lo obligaron a otros tantos y sorprendentes virajes en pleno
ascenso del fascismo. El séptimo congreso de la Internacional
Comunista llamó a formar frentes contra el fascismo y el im-
perialimo en todos los países en América latina. Alemanes e
italianos intriga ban activamente en competencia con el Depar-
tamento de Estado de los Estados Unidos para cambiar gobier-
nos o influirlos. Esta fue una guerra sorda pero intensa que no
ha sido registrada suficientemente por la historia escrita y que
es subestimada por los analistas políticos. Pero es fácilmente
perceptible a través de la prensa y los documentos de la época.
En el Perú, la Unión Revolucionaria, que aún conservaba
parte de su fuerza popular, se había convertido en una versión
criolla del fascismo bajo el liderazgo de Luis A. Flores. Los per-
sonajes más conspicuos del civilismo tradicional, como la fa-
milia Miró Quesada, José de la Riva Agüero, Guillermo Hoyos
Osores, Mario Alzamora Valdés, Pedro Benvenutto, José del
Busto, Carlos Miró Quesada Laos, Raúl Ferrero Rebagliatti,
Ernesto Alayza Grundy, Ramón Pérez Araníbar, no ocultaban
sus simpatías por el fascismo9. Benavides había reconocido al
gobierno insurgente de Franco. Una misión alemana instruía al
ejército peruano y desempeñaba la Inspección General del Ejér-
cito, mientras que la Misión Italiana que había sido contratada
por Sánchez Cerro, dirigía la policía.
Esta amenazante situación que se sumaba al cambio de
orientación de la Internacional Comunista, obligó al PC a acen-
tuar cada vez más sus llamados a la unidad contra el civilismo
y a revisar en la práctica su abstencionismo electoral de 1931.
En 1936 el Apra y el PC convergieron en el apoyo a la candi-
datura de Luis Antonio Eguiguren, quien como presidente de
la Asamblea Constituyente de 1931, se había opuesto a la Ley
de Emergencia y al desafuero de los constituyentes apristas. Al
hacerlo, desafiaba la voluntad de Benavides, quien respaldaba
a Jorge Prado.
9 Willy Pinto Gamboa. Sobre fascismo y literatura. Lima: Editorial EUNAFEV, 1978. José
Ignacio López Soria. El pensamiento fascista. Lima: Mosca Azul, 1981. Alberto Salomón y
Osorio. Mi Fe Democrática.
128
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Meses antes de las elecciones, el PC acentúa aún más sus
llamados al aprismo, incluyendo esta vez a los líderes.
Ante el gran peligro reaccionario, ante los propósitos del
centro de aislar al Apra, ante la urgente necesidad de des-
encadenar una enérgica acción por libertades y derechos de-
mocráticos, los jefes del Apra deben decidirse de una vez por
la acción unitaria amplia y audaz. La única salvación ante
el peligro está en el levantamiento de un amplio frente anti
civilista y antimperialista, en la acción mancomunada de
todos los sectores anti reaccionarios sin excepción y forjar
esta vigorosa y grande unión corresponde antes que nadie
al Partido Aprista y al Partido Comunista10.
El primero de octubre de 1936, anulada la candidatura de
Haya de la Torre, el Comité Central del Partido Comunista di-
rigió una carta abierta a Luis Antonio Eguiguren:
En estas condiciones y una vez proscrito Haya de la To-
rre, su candidatura, doctor Eguiguren, es la única candi-
datura que resta frente a la amenaza autocrática que re-
presenta Villarán, el zarpazo fascista que encarna Flores
y la imposición oficial que significa Prado. Queda como la
última posibilidad democrática en las elecciones presentes
y como usted ha hecho la promesa pública de luchar por la
democracia y hacerla respetar desde el gobierno, es el más
señalado para ser el candidato único del pueblo. Por esto,
nuestro partido ha decidido darle todo su apoyo y llamar al
pueblo a votar por usted y en contra de los candidatos de la
reacción11.
Inoportuna y provocadora, probablemente la carta pública
del PC fue la prueba que Benavides necesitaba para anular la
candidatura de Eguiguren, ya que la impidió, argumentando
que tenía el apoyo de organizaciones políticas de carácter inter-
10 Comisión Central de Agit Prop del Partido Comunista. Frente a la Convención del titula-
do Centro. 22 de marzo de 1936. BNSI Volantes.
11 Comité Central del Partido Comunista. Carta abierta a Luis Antonio Eguiguren. 1 de oc-
tubre de 1936. BNSI, Volantes.
129
Héctor Béjar
nacional, es decir el Apra y el PC, que habían sido ilegalizadas
por el artículo 53 de la Constitución y la Ley de Emergencia. En
todo caso, como hemos dicho, la lista en que se encontraron por
primera vez, aunque por vías diferentes, el Apra y el PC, fue
anulada y Benavides optó ante el fracaso de su candidato Jorge
Prado, por prorrogarse en el poder.
Ya para entonces el Apra no tenía ningún interés en un fren-
te popular y menos con el PC. Ganaba muy poco electorado,
temía el contagio de sus bases por la propaganda comunista,
había acentuado su anticomunismo y no quería ser acusado de
aliado del PC.
Años después, Haya confesaría:
Alguien ha dicho que el aprismo señaló el camino de los
frentes populares. Más vale advertir que la tesis aprista re-
chaza y nunca aceptó formar parte de un frente popular que
amalgama partidos disímiles. Abogamos antes bien por un
frente en un solo partido de varias clases sociales antimpe-
rialistas con un programa y un comando únicos12.
Entre 1936 y 1939, la política peruana registra intensas pug-
nas. Son los años de preguerra, años de golpes y contragolpes en
América latina. En el Perú, Benavides se apoya casi exclusiva-
mente en el ejército y en los aparatos represivos cuyo control ha
logrado dominar mientras, respaldado por una favorable situa-
ción económica, ensaya una apertura al reformismo iniciando el
Seguro Social, llevando a cabo planes de vivienda, inaugurando
comedores populares, abriendo caminos y ejecutando obras pú-
blicas. El Departamento de Estado, cuyo objetivo era alinear a
América latina detrás de su política y que confrontaba dificulta-
des con Getulio Vargas en Brasil, el neutralismo argentino del
GOU (Grupo de Oficiales Unidos) y los militares del período pos
guerra del Chaco en Bolivia con el presidente José David Toro,
busca una base social y de poder en el Perú. Los encontró en
los Prado y en el Apra, cuyo acercamiento ya iniciado en 1931
12 Víctor Raúl Haya de la Torre. Sobre la “Historia del comunismo en América” y una rectifica-
ción. En: Obras completas. Editorial Juan Mejía Baca, 1976. Tomo I, págs. 422 - 423.
130
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
se acentúa por esos años. De esa época datan los artículos que
Haya publicó bajo el nombre de La defensa continental como
acogedora respuesta aprista a la política rooseveltiana del buen
vecino.
Esta es también una etapa de acercamiento de las fuerzas
de oposición. El Apra desoye los llamados del PC a una reconci-
liación pero sí tiende la mano a la UR, cuyo jefe Luis A. Flores
había sido deportado por Benavides luego de la anulación de
los comicios de 1936 en que también fue candidato, e inicia con
ellos intensos contactos conspirativos. Es el reacercamiento en-
tre dos partidos populares que se habían enfrentado violenta-
mente en 1931 para hacer frente a quien consideraban en esos
momentos como su enemigo común. Pragmático reacercamiento
que culminó trágicamente en el frustrado golpe del general An-
tonio Rodríguez, quien murió intentando tomar Palacio el 18 de
febrero de 1939.
Rodríguez era ministro de gobierno de Benavides y había en-
cabezado la represión contra los apristas. En su Historia del
Apra, Percy Murillo13 afirma que Rodríguez llegó a presenciar
las torturas de apristas. No obstante, planeó la conspiración y
se entrevistó subrepticiamente con Haya de la Torre, mientras
mantenía contacto con el general Cirilo Ortega y el capitán de
navío Pablo Ontaneda, dirigentes de la UR. ¿Se buscaba restau-
rar la democracia o llevar el país al fascismo? La información
disponible da sustento para ambas hipótesis. Rodríguez se apo-
yaba en la policía que estaba bajo el comando de la Mision Ita-
liana y la influencia de la embajada de Mussolini, pero también
había confesado su arrepentimiento a Haya de la Torre en dos
patéticas entrevistas de las que da cuenta el libro de Murillo.
Antes de estos hechos el PC, respaldado por su aparato in-
ternacional, continuaba una intensa campaña llamando a los
líderes apristas a formar una alianza. A esta época pertene-
cen dos cartas públicas que por su tono e importancia histórica
transcribiremos en parte.
13 Percy Murillo. Historia del Apra 1919 -- 1945. Lima, 1976, pág.86.
131
Héctor Béjar
En la primera, Elías Lafferte, dirigente comunista y secreta-
rio general de la Federación Obrera chilena decía:
Nosotros abrigamos la esperanza que al más breve plazo
se llegue a un entendimiento entre el Partido Comunista,
entre los camaradas apristas y las masas populares con el
fin de que juntos y estrechamente ligados sean capaces de
vencer la feroz dictadura del gobierno civilista encabezado
por Benavides14.
Y por su parte, Romain Rolland, intelectual de enorme presti-
gio internacional, dirigía un llamado a Haya de la Torre en estos
términos:
Mi querido Haya: me han dicho que su partido se niega a
formar un frente de lucha con el Partido Comunista contra
la reacción. Yo no puedo creer que usted tome la responsabi-
lidad de esta voluntad de desunión y debilitamiento de las
fuerzas populares de su país. Yo conozco el espíritu dema-
siado amplio de usted y demasiado advertido del inmenso
peligro de la hora presente. No se trata ya de debates esté-
riles entre los diferentes partidos antifascistas. Todos están
amenazados del aplastamiento más atroz por las fuerzas
potentemente organizadas de la reacción. Desde que ella ha
formado un bloque de Roma Berlín a Tokio y Río de Ja-
neiro, la red tendida por el genio diabólico de la Alemania
hitleriana se extiende por toda la Tierra y una de sus cartas
principales es la desunión entre los antifascistas, desunión
que atiza por todos los medios y a la cual aplaude. ¿No es
verdad que se dice que el frente negro acaba de publicar un
artículo elogioso para el Apra porque ella rechaza el frente
unido?
Nosotros somos suficientes, todos, de todos los partidos
de izquierda, para romper esta red de la reacción. Sería ne-
cesario ser loco o ciego para convertirse en el juguete del ene-
migo que hace todo lo posible para mantener entre nosotros
14 Carta de Elías Lafertte y Víctor González al Partido Comunista. BNSI, Volantes.
132
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
la discordia y la desconfianza. Yo les grito pues: ¡Alarma!
Haced como nosotros, haced callar todo lo que os divide,
toda cuestión de orgullo ideológico o de rivalidad personal.
Uníos. Juntaos. No hay que perder ni una hora. Todos los
partidos que luchan por la justicia social y por el progreso
humano no deben formar sino un solo ejército para salvar
al Perú de la invasión esclavizadora del fascismo interna-
cional. La desunión entre estos partidos es la ruta abierta
al Invasor15.
Mientras tanto en el Perú, explicando tan radical cambio
de actitud frente a quien había señalado antes prácticamente
como su enemigo principal, el PC decía:
Ayer, nuestra tarea número uno fue hacer que la clase
obrera despierte a la conciencia de sí misma, dotarla de una
orientación y partido propio, forjar el Partido Comunista. Y
esto no se podía lograr sin una lucha irreconciliable contra
toda ideología extraña que influenciara a a la clase obrera.
De ahí nuestra lucha ideológica contra el aprismo. Esa lu-
cha, no obstante las exageraciones inherentes a toda lucha,
fue necesaria y justa en lo fundamental. Sin ella no existiría
hoy partido revolucionario del proletariado. Pero el Partido
Comunista solo no puede derrocar al civilismo como no lo
puede tampoco el Apra ni ningún otro partido aislado. Pre-
cisa la alianza de todos los anti civilistas. Por otra parte, la
lucha actual en el Perú no es todavía por el comunismo ni
por el socialismo. Es por la democracia y la independencia
nacional traicionada por el civilismo. Por eso ha cambiado
rotunda, radicalmente nuestra actitud frente al Apra y a to-
dos aquellos que sin ser apristas, comunistas y socialistas,
están sin embargo contra el civilismo.
Benavides se está aprovechando de nuestros desacuer-
dos. Apresurémonos a hacer la paz y alianzas entre todos
15 Carta de Romain Rolland a Haya de la Torre fechada en Villeneuve, 1 de diciembre de
1937. BNSI, Volantes.
133
Héctor Béjar
los anti civilistas. No hay enemigos a la izquierda16.
Este documento evidencia que el PC: a) consideraba a
Benavides y el civilismo que, como hemos visto, correspondían
en realidad a facciones políticas diferentes, como enemigos prin-
cipales; b) reconocía al Apra como fuerza política de izquierda
incluyendo a Haya de la Torre y sus líderes (no hay enemigos a
la izquierda); c) había abandonado su lucha por un gobierno de
consejos de obreros, indios, campesinos y marineros y su meto-
dología de clase contra clase, reemplazándola por la democracia
y la independencia nacional, ni siquiera por una sociedad de
transición que no mencionaba.
El PC hacía su propio camino de retorno desde la ultraizquier-
da, tan apresuradamente como lo exigían las directivas de la
Internacional y las circunstancias nacionales, pero lo hacía me-
cánicamente, planteándose una vez más objetivos irreales si se
considera su propia situación y los enormes perjuicios que le ha-
bía causado su propia línea ultraizquierdista anterior, que no se
animaba a criticar en profundidad.
Los primeros meses de 1939 registran nuevos cambios en
ambos partidos. En alianza con la UR, el Apra sigue conspiran-
do contra Benavides y, como hemos visto, se compromete total-
mente en el frustrado golpe del general Rodríguez. Pero cuando
el Apra ataca a su antiguo amigo Benavides, el PC empieza a
apoyarlo y condena a la vez el golpe del General Rodríguez:
Ante la proximidad de la sucesión presidencial y en vista
de que el gobierno muestra cierta disposición a aplicar me-
didas democráticas en su política interior y a cooperar en
política exterior más estrechamente con el presidente Roose-
velt, el encono aristocrático fascista ha subido de punto y ha
desembocado en la revuelta. Tal intentona no va solamente
contra el presidente Benavides. Está dirigida ante todo con-
tra el pueblo, especialmente contra su parte más avanzada
en las izquierdas.
16 Comité Central del Partido Comunista del Perú. 30 de diciembre de 1937. BNSI, Volantes.
134
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Nuestra lucha presente en el Perú no puede orientar su
actividad en el sentido exclusivo de un antigobiernismo ra-
bioso. La lucha concreta de esta hora tiene que enfocar toda
su energía contra el fascismo extranjero. Y contra el fas-
cismo criollo hemos declarado y volvemos a declarar una
vez más que apoyamos la política de este gobierno frente
al conflicto con el Ecuador, apoyamos la construcción de
caminos, puertos, casas modernas para el pueblo, obras de
irrigación etcétera. Pero proclamamos que estas pequeñas
ventajas materiales no pueden justificar jamás el atropello
de las libertades democráticas de nuestro pueblo. Y si ma-
ñana el general Benavides abriera una etapa de concordia
y devolviera las libertades arbitrariamente reprimidas, el
Partido Comunista del Perú proclamaría clara, inequívo-
ca, francamente, su apoyo al gobierno del general Benavi-
des o a las medidas progresistas que él adopte. Solo la de-
mocracia salvará al Perú17.
Las propuestas del PC comprendían a Benavides, el Apra y
sectores democráticos, tratando de impulsarlos hacia una sali-
da política moderada que aislase al mismo tiempo a los grupos
civilistas y fascistas.
En 1939 formuló sus Bases para la formación de una vasta
alianza democrática, entre las cuales figuraba el rechazo cate-
górico de todo procedimiento insurreccional conspirativo o que
trate de atentar contra la dignidad de nuestras fuerzas arma-
das, rechazo y sanción de toda forma terrorista o violenta de
acción política.
Los llamados a Haya de la Torre proseguían:
Usted, señor Haya de la Torre, no es un aventurero fas-
cista. Es un hombre que tiene un pasado que honrar, un
partido que engrandecer, una lucha anterior a la cual ser
consecuente la alianza con la oligarquía, el contubernio con
el civilismo. Los acuerdos con el fascismo no lo dignifican ni
17 Comité Central del Partido Comunista. Lima, marzo de 1939. BNSI, Volantes.
135
Héctor Béjar
engrandecen su partido, ni dan prestigio a su lucha18.
En el proceso electoral de 1939 realizado bajo el rígido con-
trol de Benavides, se enfrentaron José Quesada y Manuel Pra-
do. Prado era el candidato de Benavides y este último trató
infructuosamente de lograr el apoyo del Apra para él. Quesada
era el candidato de la UR, los latifundistas y la oposición ci-
vilista. Nuevamente, el Apra y el PC pasaron a sostener posi-
ciones antagónicas. El Apra, a través de su reciente aliado la
UR, mantenía buenas relaciones con Quesada, mientras tra-
taba de negociar con Benavides su retorno a la legalidad a
cambio de los votos por Prado. El PC respaldaba tácitamente
a Benavides y pasó a impulsar totalmente la candidatura que
favorecía el dictador, buscando la definición antifascista del
gobierno y garantías para su propia organización. El Apra y
la UR atacaban violentamente a Prado señalándolo como hijo
del traidor del 79. Finalmente, el Apra se abstuvo sosteniendo
que se enfrentaban el internacionalismo bancario e industrial
personificado por Manuel Prado y el nacionalismo fascista y
agrario encarnado por Quesada y Beltrán.
Electo Prado, inauguró una política de adhesión a la posición
norteamericana. El PC disfrutó de una relativa libertad que re-
tribuyó con su pleno respaldo a la política del gobierno, mien-
tras el Apra se mantenía en la oposición. El PC continuó lla-
mando a la cooperación con el Apra, la que al menos se concretó
en el medio sindical al formarse en 1943 un Comité Nacional de
Unificación que incluía dirigentes sindicales apristas y comu-
nistas. Ravines, primero alejado del partido y luego expulsado,
dejó de influir decisivamente. La oposición del Apra a Prado lo
convertiría en la primera fuerza política de la posguerra. El PC
por su parte pagaría los costos de su cooperación con el inicio de
un ciclo de agudas crisis internas.
La Unión Revolucionaria
De 1933 a 1936, el Partido Unión Revolucionaria publicó
18 Doc.cit.
136
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
La Batalla, Acción, y Crisol periódicos opuestos a Benavides a
quien consideraban traidor, y proclamaban al sistema fascista
como el necesario para el desarrollo del país.
A fines de 1933 se creó la Legión de Camisas Negras, con-
formada por la juventud de la UR. Entrenaban en la playa La
Herradura, o en Limatambo, preparándose para el combate
contra los aprocomunistas.
El 4 de noviembre de 1933, los camisas negras hicieron su
primera aparición en una ceremonia de homenaje en el mauso-
leo de Sánchez Cerro. Adoptaron el saludo fascista de la mano
derecha en alto.
A pesar de que postulaban el rol subordinado de la mujer
al hombre, tuvieron lideresas femeninas como Yolanda Cocco y
Rosa Flores.
Postulaban el proteccionismo económico, la reforma agraria
gradual, leyes sociales y una crítica de la democracia represen-
tativa. Se opusieron a la inmigración china y japonesa, razas
que creían que eran inferiores.
En 1936, Luis A, Flores obtuvo el 29% de los votos escruta-
dos y fue el segundo candidato después de Eguiguren. Reunió
una gran manifestación en la Plaza San Martín. Pero las elec-
ciones fueron anuladas por Benavides; y Flores, que acusó de
traidor al presidente, fue deportado.
El arreglo con Colombia
En el comienzo de la república, la Gran Colombia y el Perú
entraron en guerra disputando Tumbes, Jaén y Maynas, la in-
mensa extensión selvática situada al norte del Amazonas. El
tratado de Guayaquil con el que se terminó la guerra no fue
cumplido porque la Gran Colombia se disolvió. Ambos países
disputaban la zona cauchera de Caquetá y el Putumayo, don-
de primaban el genocidio y la esclavitud que ninguno de sus
gobiernos quería o podía combatir. Lo que les interesaba era el
caucho. Los nativos amazónicos eran considerados salvajes por
137
Héctor Béjar
los dos gobiernos. No eran ciudadanos.
Durante la administración de Augusto B. Leguía, el 24 de
marzo de 1922 los plenipotenciarios Fabio Lozano Torrijos de
Colombia y Alberto Salomón Osorio del Perú, firmaron el trata-
do que ponía como límite el río Putumayo, excepto un trapecio
amazónico bajo soberanía de Colombia, el triángulo de Leticia.
Años después se descubrió que se trataba de un arreglo aus-
piciado por Estados Unidos. A cambio de que el gobierno de
Colombia acepte la separación de la provincia de Panamá, que
Estados Unidos necesitaba tener bajo su tutela para construir
el canal, el gobierno de Leguía aceptaba la separación del trián-
gulo de Leticia que le daba a Colombia acceso al Amazonas.
La decisión de Leguía, hecha sin consulta, despertó la indig-
nación de la población local. El 1 de setiembre de 1932, 48 lo-
retanos irrumpieron en Leticia reclamándola como peruana y
expulsaron a las autoridades colombianas. Los enfrentamientos
se sucedieron a lo largo del río Putumayo y el trapecio amazó-
nico. Fue una guerra absurda, porque ni Lima ni Bogotá tenían
fácil acceso a una región tan lejana. El 23 de mayo de 1933 se
firmó en Ginebra el acuerdo que puso fin al conflicto. El ejército
peruano desocupó Leticia. Pero para eso tuvieron que asesinar
a Sánchez Cerro que se había propuesto continuar la guerra y
colocar a Benavides en el gobierno.
Víctor Andrés Belaunde, Alberto Ulloa, Víctor Maúrtua y Raúl
Porras Barrenechea formaron en octubre de 1933 la comisión
nombrada por Benavides para arreglar la disputa colombo-pe-
ruana, que fue instalada por el canciller brasileño Afrânio de
Melo Franco. La delegación peruana se quejó del incumplimiento
del tratado Salomón Lozano por Colombia, debido a que no entre-
gaba el triángulo San Miguel Sucumbíos a cambio del de Leticia.
La única solución era que el triángulo volviera a Colombia y el
trapecio, al Perú. Colombia decía que no había nada pendiente y
sugirió recurrir a la Corte de Justicia Internacional de La Haya.
Finalmente, ambos se ratificaron en el tratado Salomón Lozano
por el cual el Perú perdió el triángulo de Leticia.
138
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Benavides invitó a Lima en mayo de 1934 a su amigo el pre-
sidente colombiano Alfonso López Pumarejo a quien había co-
nocido en Londres cuando ambos eran embajadores de sus res-
pectivos países y con él “arregló” el conflicto entregando a los
colombianos el triángulo de Leticia. Al poco tiempo se distanció
de los sanchezcerristas y nombró como presidente del Consejo
de Ministros a Jorge Prado Ugarteche, quien anunció un gabi-
nete de concordia, es decir, de entendimiento con los apristas.
El 9 de agosto de 1933 se expidió una ley de amnistía. Haya de
la Torre fue puesto en libertad y los desterrados regresaron al
país.
Pero apenas a los cuatro meses, el gabinete Prado dimitió
y fue sucedido por José de la Riva Agüero y Osma el 25 de no-
viembre de ese año. No era un cambio menor. Era la opción
por una dictadura fascista, simpatizante del fascio de Mussolini
reinante en Italia y del nazismo que estaba tomando el poder
en Alemania.
Católico practicante y fascista por convicción como el exmi-
nistro Flores, Riva Agüero reinició la persecución contra apris-
tas y comunistas pero renunció en mayo de 1934 porque se negó
a firmar la ley que aprobaba el divorcio por mutuo disenso.
Días de fascismo
El ambiente de la alta sociedad limeña era fascista. Hitler
ya estaba en el poder y la noche de los cristales rotos de 1938,
el comienzo de la represión contra los judíos, estaba en plena
preparación. Carlos Miró Quesada publicó en Lo que he visto
en Europa sus artículos elogiando el ascenso de las camisas ne-
gras y pardas. Fue deportado por Benavides en 1937. Durante
el resto de su larga vida diplomática, fue embajador en Chile,
Brasil, México, Bélgica e Italia; y participó en la conspiración
del general Noriega contra Odría.
Once millones de judíos empezaron a buscar refugio. El go-
bierno prohibió la entrada de los judíos fugitivos, aun de los ni-
ños. Una circular del ministro de Relaciones Exteriores Carlos
Concha ordenaba tajantemente rechazar los pedidos de auxilio
139
Héctor Béjar
del Consejo Judío mundial.
Las elecciones que debían reemplazar a los legisladores apris-
tas desaforados en 1932 fueron postergadas. Eso originó levan-
tamientos en Huancavelica, Ayacucho y Huancayo. Los líderes
apristas volvieron a pasar a la clandestinidad y Carlos Arenas y
Loayza asumió la presidencia del Consejo de Ministros.
El 15 de mayo de 1935, un joven de 19 años llamado Carlos
Steer Lafont, integrante de la Falange Aprista Juvenil, asesinó
a los esposos Antonio Miro Quesada de la Guerra y María Laos.
El primer ministro Carlos Arenas y Loayza fue reemplazado
por el general Manuel Rodríguez. Las cárceles se llenaron de
presos políticos, apristas y comunistas.
Benavides convocó a elecciones generales para 1936 y creó
los ministerios de Educación y de Salud Pública.
El 13 de abril de 1936, el coronel Ernesto Montagne Mar-
kholz, ministro de Educación, fue nombrado jefe del gabinete
de ministros. Haya de la Torre fue prohibido de postular a la
presidencia. Se presentaron a las elecciones: Manuel Vicente
Villarán, apoyado por Riva Agüero; Luis A. Flores, opositor des-
de la Unión Revolucionaria; el jurista Luis Antonio Eguiguren,
expresidente del Congreso Constituyente; y Jorge Prado Ugar-
teche, otro ex ministro.
El aprismo apoyó a Luis Antonio Eguiguren. Cuando iba ga-
nando, el Jurado electoral suspendió el conteo argumentando
que tenía el apoyo de un partido internacional. El Congreso
anuló las elecciones y prorrogó por tres años más el mandato de
Benavides, hasta 1939. Como el Congreso Constituyente tam-
bién terminó sus funciones, se le otorgó a Benavides la facultad
de legislar.
Entre 1936 y 1939, Benavides desarrolló una febril actividad
legislativa dirigida al aumento de su popularidad mientras la
represión se intensificaba con el apoyo de los militares que fre-
cuentemente eran ministros. Flores fue deportado y fue asesi-
nado el líder sindical aprista Manuel Arévalo por sus captores
140
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
mientras era trasladado preso a Lima en febrero de 1937.
La economía
Se crearon las Intendencias Generales de Hacienda, se or-
ganizaron las Direcciones de Presupuesto y Bienes Nacionales.
Progresivamente se fueron alcanzando las metas trazadas e in-
cluso se adquirieron nuevos compromisos.
El pago de la deuda había sido suspendido por medio de un
decreto de ley N° 7193, el 29 de mayo de 1931. Benavides era
consciente que era crucial solucionar ese desbalance fiscal para
poder alcanzar los objetivos planteados en materia económica.
Por ello, decidió iniciar un plan de reconocimiento de acreedores
con el apoyo del director del Tesoro Público. Estos acreedores
debían presentar documentos que corroboren sus préstamos y
así iniciar el proceso de pago.
Se iniciaron las negociaciones con diversos acreedores, en-
tre los cuales se encontraban The Baring Brothers C° y Henry
Schroeder C°, United Aircraft y The Electric Boat Co.
Fue creado el Banco Industrial, el tipo de cambio se esta-
bilizó a cuatro soles por dólar. Se crearon estaciones agrícolas
para ayuda técnica. Se aprobó el nuevo código civil en 1936 y
se promulgó ese mismo año la Ley del Seguro Obrero. Fueron
construidos barrios obreros y comedores populares. Se reabrió
en 1935 la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que
había sido clausurada por Sánchez Cerro en 1932. Fue creado
el ministerio de Salud Pública, Trabajo y Previsión Social. El 12
de agosto de 1936 se promulgó la Ley N.º 8433 que estableció el
Seguro Social Obligatorio para Obreros, para cubrir los riesgos
de enfermedad, maternidad, invalidez, vejez y muerte.
Previamente a instancias del gobierno, el doctor Edgardo Re-
bagliati Martins hizo un estudio sobre los diversos sistemas de
Seguros sociales en el mundo, especialmente en la Italia fascis-
ta. Creación de la Dirección de Asuntos Indígenas, como orga-
nismo dependiente del Ministerio de Salud Pública, Trabajo y
Previsión Social. Se trataba de una entidad orientada a elevar
141
Héctor Béjar
el nivel de vida del indígena.
Perú y Colombia comenzaron negociaciones en Río de Janei-
ro para resolver los problemas en 1933 bajo la mediación de
Afranio de Melo Franco. Ambos países aceptaron la propuesta
de Melo Franco, el tratado Salomón - Lozano no sería alterado.
Perú pidió disculpas por haber ocupado Leticia.
El 2 de noviembre de 1937 fue inaugurado el Aeropuerto de
Limatambo, situado en los terrenos del mismo nombre y de la
hacienda San Borja. Se constituyó en la única y obligada esta-
ción de todos los aviones civiles y comerciales que traficaban por
Lima.
En abril de 1939 el Perú decidió salir de la Liga de las Na-
ciones.
El gobierno se declaró neutral frente a la guerra.
Peruanos en la guerra civil española
Así como la revolución cubana marcó a la generación lati-
noamericana y peruana de los sesenta, la guerra civil española
marcó a la generación de los cuarenta. Mientras el gobierno de
Benavides y su embajador Jorge Bailey fueron abiertamente
franquistas, muchos peruanos fueron solidarios con la España
republicana. Otros combatieron en las filas del ejército republi-
cano o militaron en las filas de sus partidos. Desgraciadamente,
las informaciones son escasas, contradictorias y confusas debido
a que muchos tenían nombres cambiados. Destacan las inves-
tigaciones hechas por Gino Gerold Baumann (1979), Guillermo
Fernández Ramos, José Miguel Candia (2016), y archivos pro-
porcionados por Víctor y Lázar Jeifets, autores de una edición
de la soviética Editorial Progreso sobre la guerra española19.
19 Gerold Gino Baumann. Extranjeros en la guerra civil española. Los
peruanos. Lima: Industrial Gráfica, 1979.
142
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Fue un rol muy importante el de César Falcón, en tanto pe-
riodista y comunicador, prolongado después en Francia y Méxi-
co. Falcón se incorporó al Partido Comunista de España (PCE)
en 1933 y desarrolló una intensa actividad cultural. Participó
en la defensa de Madrid y, como militante del Partido Comu-
nista, acompañó al Gobierno de la República cuando se retiró a
Valencia y luego a Barcelona. Se refugió en Francia, regresó a
Perú en 1940 y se estableció en México donde llevó a cabo una
intensa actividad cultural y política junto a la comunidad de
republicanos españoles 20.
A los conocidos nombres de César Falcón, el amigo y compa-
ñero de Mariátegui21, César Vallejo, Juan Ríos, Pablo Abril de
Vivero, se suman otros menos conocidos pero más militantes
como el médico de Valentín González, El Campesino, Rober-
to Luna Rubiños; José Briones, médico de la 29º. División del
frente de Aragón22; y Ernesto Rojas Zavala quien, al retornar al
Perú, fue dirigente del Partido Comunista Peruano en la clan-
destinidad en los años cincuenta. También se ha escrito mucho
sobre el rol de Eudocio Ravines quien, según su propia versión,
fue agente de la III Internacional Comunista en España y en
Chile23.
El grupo rojo Vanguardia
Formado a partir de la revolución universitaria de 1930 lide-
rada por Tomás Escajadillo, el grupo rojo Vanguardia continuó
existiendo en San Marcos bajo Benavides. En 1937 echó a la
20 Jorge Falcón. El hombre en su acción. Lima: Ediciones Hora del
Hombre,1982.
21 Ascensión Martínez Riaza ¡Por la República! La apuesta política y
cultural del peruano César Falcón en España 1919 – 1939, Lima: Insti-
tuto de Estudios Peruanos, 2004.
22 Estos nombres han sido escogidos de la lista que presenta el portal
www.pacarinadelsur.com, consultado el 22 de enero de 2021.
23 Olga Ulianova. Develando un mito: emisarios de la Internacional
Comunista en Chile. Revista Historia, Instituto de Historia de la Pon-
tificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2008.
143
Héctor Béjar
pileta del patio de Derecho al general Camarotta, oficial italia-
no invitado por Mussolini para reorganizar la policía peruana.
Fueron apresados por esa acción el poeta Manuel Moreno Jime-
no y José María Arguedas. Genaro Carnero Checa tuvo que huir
del país. Carnero Checa estuvo después en España durante la
guerra civil, también en México muchos años y publicó en Lima
un semanario con el formato de de la revista Time, cambiaba
de nombre año a año.
Los detenidos fueron torturados y recluidos en el Cuartel
Sexto, escenario de una de las primeras novelas de Arguedas,
que lleva ese nombre24.
El fracasado golpe del general Rodríguez
El domingo 19 de febrero de 1939, día de carnavales y estan-
do Benavides en Pisco, el general Antonio Rodríguez Ramírez,
ministro de gobierno y segundo vicepresidente, organizó un
golpe de estado, junto con otro general, Cirilo Ortega. Tomó el
Palacio de Gobierno sin resistencia. Un piquete de la Guardia
Republicana fue enviado a la Penitenciaría, a liberar a los pre-
sos políticos.
A las ocho de la mañana, cuando se izaba la bandera en Pa-
lacio y se tocaba la marcha de banderas, el mayor de la Guardia
Civil Luis Rizo Patrón Lembcke, jefe del Batallón de Asalto y el
capitán de la misma guardia civil Alejandro Ísmodes Romero,
primer comandante de la Compañía de Ametralladoras empla-
zadas en las azoteas de Palacio, intimaron rendición. Rodríguez
se negó a hacerlo y recibió una descarga de mosquetón que lo
dejó muerto en el acto junto con un alférez y un guardia. Los
demás oficiales fueron detenidos.
En reemplazo de Rodríguez fue nombrado nuevo ministro de
Gobierno, Diómedes Arias Schreiber.
El 25 de marzo de 1939, Benavides convocó a un plebiscito
24 Gustavo Espinoza. José María Arguedas hoy y siempre. Rebelión
21.01,11. www.rebelion.org
144
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
para la aprobación de reformas constitucionales, como la am-
pliación del período presidencial de 5 a 6 años, el restableci-
miento de los dos vicepresidentes y la disminución de las facul-
tades legislativas del Congreso en materia económica que se
restringieron solo a aprobar o rechazar las diferentes medidas
tomadas por el poder ejecutivo.
Gabinete Manuel Prado
El 20 de abril de 1939, renunció Montagne y asumió como
nuevo jefe del gabinete el ministro de Hacienda Manuel Prado
Ugarteche.
Para las elecciones de 1939, Benavides apoyó la candidatu-
ra presidencial de Manuel Prado Ugarteche, hijo de Mariano
Ignacio Prado. Compitió el abogado trujillano José Quesada
Larrea quien para su campaña adquirió el diario La Prensa.
Tanto Prado como Quesada solicitaron el apoyo de los apristas,
pero estos decidieron no tomar partido.
Prado ganó con 262,971 votos. Quesada obtuvo 76,222 votos.
Al ser elegido, Prado ascendió a Benavides al grado de Maris-
cal. Una por otra.
Hechos los escrutinios, Manuel Prado resultó vencedor, con
enorme ventaja.
El 19 de noviembre de 1939, el teniente coronel Segundo
Remigio Morales Bermúdez, comandante de armas de la guar-
nición de Trujillo y primer jefe del batallón de Infantería N.º
19, fue asesinado en su domicilio. Fueron juzgadas por corte
marcial trece personas. Tomás Solano Bocanegra y Gregorio
Zavaleta Díaz, fueron condenados a muerte y fusilados el 3 de
diciembre del mismo año.
Remigio Morales Bermúdez era nieto del militar del mismo
nombre, que fuera presidente del Perú entre 1890 y 1894. Fue el
que pidió la muerte para el Zorro Jiménez. Fue además, padre
de Francisco Morales Bermúdez, dictador entre 1975 y 1980.
145
Héctor Béjar
Resumen de este capítulo
A diferencia de Sánchez Cerro, levantisco, intruso y ad-
venedizo, Oscar Benavides era uno de ellos, los civilistas,
las familias propietarias del Perú. Sánchez Cerro era cholo
y provinciano, comandante, es decir, oficial de baja gradua-
ción, venía de abajo. Benavides era general, blanco, no un
adoptado, era parte del establecimiento. Sánchez Cerro era
joven, impulsivo, irascible, casi incontrolable. hizo fusilar a
sus enemigos. Benavides era adulto, cerebral, hizo apresar
y torturar, pero también mandó fusilar a los asesinos del
Morales Bermúdez..
El asesinato de Sánchez Cerro, el comandante caudillo es
uno de los misterios de la historia política peruana. ¿Quién
fue el autor mediato? El chico Abelardo Mendoza Leiva era
aprista pero la oligarquía fue la beneficiada porque Sán-
chez Cerro ya sobraba, no sabían qué hacer con él, estaba a
punto de llevar al país a la guerra con Colombia.
El asesinato de Antonio Miro Quesada y su esposa tam-
bién quedó en el misterio. Una serie de leyendas rodearon la
personalidad del adolescente Carlos Steer Lafont que guar-
dó silencio durante décadas sobre las motivaciones de su
acción.
Benavides controló fríamente la situación. Hizo reformas,
creó el seguro obrero a la vez que sus esbirros encarcelaban
y sometían a tormento a cientos de apristas y comunistas.
Promulgó nada menos que la ley del divorcio, caso singular
en un país y un continente católico. Mantuvo a raya a los
civilistas extremos de Riva Agüero y al explícito fascismo
de Luis A. Flores. Pero no dejó de mantener relaciones con
Haya de la Torre, a la vez que vigilaba a todas las facciones
del civilismo.
Era la época del nazi fascismo en ascenso y de la guerra
civil española. Las familias limeñas de la clase alta eran
hispanistas, franquistas y falangistas (simpatizantes de la
Falange de Franco) a la vez que admiradoras de Hitler y
146
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Mussolini.
Pero, después de convertirse en dictador con todos los
poderes Benavides entregó la presidencia a sus amigos los
Prado, afrancesados y pronorteamericanos, que dieron un
esguince a la política exterior orientándola, ya no hacia Ma-
drid, Roma y Berlín, sino hacia Washington y Nueva York.
Preámbulo de la segunda guerra mundial
La guerra civil española y los juicios de Moscú
América latina entre el fascismo y gobiernos socialistas
1930
Dimite el general Primo de Rivera en España. El rey Alfonso XIII
abandona el país. El Comité Republicano Socialista de Niceto
Alcalá Zamora proclama la República y forma un gobierno provi-
sional.
6 de setiembre. Golpe de estado contra el presidente Hipólito Irigo-
yen. El general José Félix Uriburu empieza una década de gobier-
nos militares fascistas en Argentina que culmina con Juan Perón.
3 de noviembre. Una revolución militar pone fin a la Republica Vel-
ha en Brasil. Getulio Vargas es llamado para ser Jefe del Gobierno
Provisorio. Fracasan sus conversaciones con Luis Carlos Prestes.
1931
Octubre a diciembre: segundo gobierno de Niceto Alcalá Zamora.
Diciembre 1931 a junio 1933, segundo gobierno de Manuel Azaña
con una nueva Constitución a la cabeza de una coalición de repu-
blicanos y socialistas.
1932
10 de agosto. Fracasa un intento de golpe de estado del general
José Sanjurjo contra la Segunda República.
15 de junio, un destacamento boliviano destruye el fortín para-
guayo Carlos Antonio López, Empieza la Guerra del Chaco entre
Bolivia y Paraguay.
9 de julio. Revolución constitucionalista en el Brasil y convocatoria
a elecciones.
1933
147
Héctor Béjar
Junio a setiembre. Tercer gobierno de Azaña.
30 de enero. Hitler es nombrado Canciller del Tercer Reich.
Abril Elecciones parlamentarias; gana la coalición de derecha en
España. Votan las mujeres por primera vez. El radical Alejandro
Lerroux García como primer ministro.
1934
16 de julio. El congreso brasileño aprueba una nueva Constitución
nacionalista y elige a Getulio Vargas como presidente.
1 de diciembre. Lázaro Cárdenas asume el gobierno de México.
La insurrección socialista en Asturias y la rebelión federalista de
Cataluña son sofocadas por el ejército que usa las tropas coloniales
de Marruecos.
21 de febrero. Asesinato de César Augusto Sandino en Nicaragua.
Retorno clandestino de Prestes y su compañera Olga a Brasil.
2 de noviembre. Cincuenta oficiales del Ejército boliviano, prisio-
neros en la Guerra del Chaco, forman la logia Mariscal Andrés de
Santa Cruz, RADEPA o Razón de Patria.
1935
La Sociedad de Naciones transfiere el territorio del Sarre a la
Alemania hitleriana.
Guerra chino japonesa: el Kuomintang deja el control del norte
chino a las fuerzas japonesas.
Muere Carlos Gardel
Fracasa la insurrección de la Alianza Nacional Libertadora enca-
bezada por Prestes. Getulio Vargas la declara ilegal.
Roosevelt firma la Ley de Seguridad Social.
12 de junio, se firma en Buenos Aires el Protocolo de paz entre
Bolivia y Paraguay, fin de la Guerra del Chaco
Hitler promulga las leyes antisemitas de Nuremberg.
27 de noviembre. Es sofocado un intento de revolución comunista
en Brasil.
1936
7 de enero, disolución de las cortes por Alcalá Zamora. En las elec-
ciones triunfa el Frente Popular. Suspenden a la Falange (fascis-
ta) y apresan a Primo de Rivera.
148
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
John Maynard Keynes publica su Teoría general del empleo, el
interés y el dinero.
Es formado el Frente Popular en Chile. Coalición de los partidos
Radical, Comunista, Socialista, Democrático y Radical socialista.
19 de febrero. Manuel Azaña forma el gobierno del Frente Popu-
lar.
Marzo. Prestes es apresado. Pasa nueve años en prisión hasta ser
amnistiado en 1945. Olga es deportada a Alemania en estado de
gestación y muere en una cámara de gas.
18 de julio. Golpe de estado contra el Frente Popular de la Segun-
da República. Empieza la guerra civil.
Agosto. Grigori Zinoviev y Lev Kamenev y 16 bolcheviques son
acusados de haber planeado el asesinato de Serguei Kirov. Fueron
ejecutados después de diez meses.
4 de setiembre. Ya en plena guerra civil, el obrero socialista
Francisco Largo Caballero es designado presidente del consejo de
ministros. 6 de noviembre: traslada su gobierno a Valencia. Defen-
sa de Madrid.
1937
Enero. Segundo juicio de Moscú. Karl Radek, Yuri Piatakov, y Gri-
gori Sokolnikov más trece bolcheviques son procesados y fusilados.
17 de mayo. Juan Negrín López, es nombrado presidente del
consejo de ministros. 8 al 23 de marzo. Batalla de Guadalajara.
Segundo fracaso fascista de tomar Madrid después de la batalla
del Jarama el 6 de febrero.
Marzo. Juicio secreto contra Mijail Tujachevski y otros generales
del Ejército Rojo. Tujachevski es fusilado.
13 de julio. El general Germán Busch derroca a José Luis Tejada,
firma la paz con Paraguay, promulga una nueva Constitución e
inicia un gobierno de reformas sociales en Bolivia.
10 de noviembre. Getulio Vargas da un golpe de estado e instaura
el Estado Novo.
Bombardeo de Guernica por 50 aviones de la Legión Cóndor ale-
mana y 13 de la Aviación Legionaria italiana.
15 de diciembre de 1937 al 22 de febrero de 1938: Cerco de la guar-
nición sublevada de Teruel. Triunfan inicialmente los republicanos
pero los franquistas retoman la ciudad.
149
Héctor Béjar
1938
Marzo. Nikolai Bujarin y 28 bolcheviques son juzgados por dere-
chistas y trosquistas. y ejecutados.
18 de marzo. Lázaro Cárdenas expropia las empresas petroleras
en favor de la nación mexicana..
Julio a noviembre: batalla del Ebro, decisiva en la guerra civil.
Triunfan inicialmente las tropas republicanas de Enrique Líster
pero no pueden mantener la victoria.
15 de abril. Muere César Vallejo en París.
30 de setiembre. Acuerdos de Munich entre Mussolini, Hitler y Ar-
thur Chamberlein con aprobación del francés Daladier. Los líderes
occidentales aprueban la anexión de los Sudetes checoeslovacos a
la Alemania nazi.
25 de octubrre. Pedro Aguirre Cerda, candidato del Frente Po-
pular, es elegido presidente de Chile. Falleció de tuberculosis en
1941. Su gobierno fue sucedido por el radical Juan Antonio Ríos.
Julio a noviembre, batalla del Ebro. Triunfo de la República a un
altísimo costo.
Diciembre. Ofensiva de los fascistas sobre Cataluña.
1939
Es elegido el papa Pío XII.
26 de enero: los franquistas ocupan Barcelona.
1 de febrero. El gobierno republicano huye a Francia.
5 de marzo. El coronel Segismundo Casado derriba al gobierno de
Juan Negrín y se rinde ante Franco. Franco no acepta la rendición
de Casado.
1 de abril. Francisco Franco declara su victoria y establece su dic-
tadura. Es derrotada la República Española.
10 de agosto. Les editions de presses modernes de Francia publi-
can los Poemas humanos de César Vallejo bajo la supervisión de
Georgette.
23 de agosto. Es encontrado muerto en su oficina el presidente
nacionalista boliviano Germán Busch. Nunca se estableció si fue
suicidio o asesinato.
23 de agosto. Pacto de no agresión Molotov Ribbentrop entre Hit-
ler y Stalin.
150
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
5. Prado ¿el “hijo del traidor”?
Era uno de los hijos menores de Mariano Ignacio Prado
y la figura del padre lo persiguió toda su vida. Los apristas
lo señalaron como “el hijo del traidor” pero no dudaron en
convivir con él en el período 1956 – 1962.
Este es su primer período marcado por la segunda guerra
mundial. Afrancesado y aristocrático, en su juventud jugó
a la popularidad. Viajó por el país, estrechó las manos de
muchos peruanos, vistió diversos uniformes y se puso del
lado de los aliados en un momento en que las familias
poderosas se inclinaban por el falangismo español, el
fascismo italiano e incluso por el nazismo alemán.
Mantuvo la dictadura pero no se preocupó demasiado
por perseguir a los apristas mientras que con los comunistas
llegó a tener relaciones amistosas pero discretas. Obligado
por las circunstancias pero también por sus intereses
familiares, inició proyectos industrialistas importantes
para la época. No fue sin embargo ningún izquierdista.
Era un millonario conservador y afrancesado, interesado
en primer lugar en mantener su tranquilidad, su estatus y
la fortuna de la familia.
E
l 26 de marzo de 1939, el general Oscar Benavides so-
metió a plebiscito una reforma de la Constitución de
1933 para alargar el período presidencial de cinco a
seis años, restablecer dos vicepresidencias de la República
y disminuir las facultades del Congreso en materia econó-
mica. Al mismo tiempo, convocó a elecciones en octubre. La
propuesta fue aprobada por los electores el 18 de junio de
151
Héctor Béjar
1939. Haya de la Torre pidió a la Corte Suprema que declare
anticonstitucional el plebiscito pero su pedido fue rechazado.
El 1 de setiembre de 1939 Alemania invadió Polonia. El
comienzo de la segunda guerra mundial marcó la lucha po-
lítica entre las fracciones de la oligarquía gobernante en la
que hasta entonces existía un consenso fascista. La contien-
da electoral se libró entre la opción por los países aliados
expresada por Manuel Prado y la simpatía por los fascistas
de José Quesada y su Frente Patriótico. El Apra se abstuvo.
Manuel Prado y Ugarteche era hermano de Javier Prado,
intelectual aristocrático fallecido en 1921, de Jorge Prado,
primer ministro de Benavides y candidato a las frustradas
elecciones de 1936 y de Mariano, fundador del Banco Popu-
lar.
A los veinticinco años participó con Benavides en el golpe
de estado de 1914 contra Guillermo Billinghurst, fue depor-
tado por Leguía en 1921, fue gerente general y director del
Banco Central de Reserva, en representación de los bancos
privados, en 1932.
El 22 de agosto de 1939, una Concentración General de
Partidos proclamó su candidatura. Fue apoyado por el Partido
Comunista y la parte no fascista de la Unión Revolucionaria,
mientras que Haya de la Torre impulsó una feroz campaña
en su contra señalándolo como “el hijo del traidor de 1879”,
Mariano Ignacio Prado.
En el último momento se presentó José Quesada Larrea,
joven abogado y periodista de Trujillo, líder del Frente Pa-
triótico que fue apoyado por la parte fascista de la Unión Re-
volucionaria. Para su campaña, Quesada adquirió el diario
La Prensa, el diario pierolista que era dirigido por Guillermo
Hoyos Osores.
El diario La Prensa tenía una historia accidentada.
En 1903 fue fundado por el millonario pierolista Pedro
152
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
de Osma y Pardo, quien fue sucesivamente presidente de la
Cámara de Diputados, alcalde de Barranco, alcalde de Lima
y presidente del Club Nacional entre los años 1902 y 1922.
Fue asaltado por la policía en 1909 cuando los hermanos de
Nicolás de Piérola intentaron un golpe de estado contra Le-
guía y su local fue invadido por la plebe en una época en que
los jóvenes políticos de la clase alta acostumbraban a com-
prar o seducir pequeñas masas de partidarios en el pueblo.
Junto con El Comercio apoyó la triunfante candidatura
del tarapaqueño Guillermo Billinghurst, pierolista, el deno-
minado Pangrande o Primer obrero del Perú, en 1912.
En 1914, los hermanos Jorge y Manuel Prado apoyaron al
general Benavides que derrocó a Billinghurst, pero Benavi-
des los persiguió después acusándolos de conspiración y de-
portó a Alberto Ulloa, que tuvo que huir del Perú en julio de
1914.
En 1915, bajo la dirección de Augusto Durand, el diario
apoyó al presidente civilista José Pardo. En las elecciones de
1919, La Prensa y El Comercio apoyaron al rico hacendado
Ántero Aspíllaga, otro presidente del Club Nacional, que era
dueño de la hacienda algodonera Cayaltí, pero éste perdió
ante el civilista disidente Augusto Leguía, enemigo de los
Pardo y de los Piérola.
Cuando triunfó el golpe de estado contra José Pardo pro-
piciado por Leguía, éste denunció el 10 de setiembre una
conspiración golpista y ordenó el arresto de los implicados.
Grupos de civiles armados asaltaron las imprentas de La
Prensa y El Comercio.
El periódico volvió a circular al poco tiempo pero el 23 de
enero de 1921 la policía desalojó su local y capturó al direc-
tor y a otros conservadores opositores a Leguía como Víctor
Andrés Belaunde, quienes fueron deportados a Panamá. Le-
guía encargó la dirección a un amigo suyo, el colombiano Fo-
rero Franco, y entonces La Prensa se convirtió en un vocero
leguiísta.
153
Héctor Béjar
Depuesto Leguía en 1930, el gobierno de Sánchez Cerro
devolvió el diario a la familia Durand.
Los herederos del Partido Civil, entre ellos Pedro Beltrán,
compraron sus acciones a los Durand en 1934 con la inten-
ción de participar en las elecciones de 1936. Beltrán lideró
el Partido Nacional Agrario, con Manuel Villarán como can-
didato presidencial, pero fracasó. Las elecciones que dieron
el triunfo a Luis Antonio Eguiguren, fueron anuladas por
Benavides. Beltrán y su grupo se retiraron del diario. Fue
entonces cuando El Comercio vendió sus acciones a José
Quesada Larrea, candidato presidencial en 1939.
Manuel Prado iba acompañado por Rafael Larco Herrera,
propietario del diario La Crónica, en la primera vicepresi-
dencia y por Carlos Gibson, hermano del poeta arequipeño
Percy Gibson en la segunda. José Quesada llevaba a Manuel
Diez Canseco y Víctor Escudero, para vicepresidentes.
A pesar de sus simpatías por el fascismo, el gobierno de
Benavides apoyó a Prado, que venció con 77% de los votos
mientras Quesada obtuvo 22%. Los apristas y partidarios de
Quesada denunciaron que las ánforas fueron cambiadas a
favor de Prado.
El 8 de diciembre de 1939, Prado asumió la presidencia
ante el Congreso.
De tez blanca y porte aristocrático, el nuevo presidente
realizó giras a todo el país y usó en ocasiones la vestimenta
local, incluyendo uniformes militares cuando visitaba uni-
dades del ejército. Por eso fue conocido como el “teniente se-
ductor”.
Mantuvo proscritos a los partidos aprista y comunista.
Haya de la Torre disfrutó de una clandestinidad relativa-
mente cómoda. El periódico aprista La Tribuna se editó y
distribuyó clandestinamente y publicó las cartas de Haya
desde su escondite de Incahuasi, en realidad, casas de apris-
tas y sus amigos en Lima y provincias.
154
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
El Partido Comunista disfrutó de una práctica legalidad
aunque no se le permitió usar su nombre. Su vocero oficioso
Democracia y Trabajo apareció regularmente, al igual que
revistas como Hora del Hombre de Jorge Falcón, hermano de
César Falcón, el amigo y socio de José Carlos Mariátegui, en
cuya imprenta El Cóndor, se imprimían muchos documentos
de la burocracia estatal.
El jurista Alfredo Solf y Muro, ministro de Relaciones Ex-
teriores, fue primer ministro durante la mayor parte del pe-
ríodo presidencial.
El antisemitismo de Solf y Muro
Frente a la exterminación sistemática de millones de judíos
en Europa, Solf y Muro ordenó a los embajadores y cónsules
peruanos que nieguen visas a los judíos que pedían entrada
al Perú, a pesar de que estos buscaban escapar desesperada-
mente de una muerte segura. Mantuvo la política fascista de
Benavides. El gobierno rechazó el pedido del Congreso Ju-
dío Mundial para que el Perú admita niños judíos huérfanos
de guerra que iban a ser mantenidos y educados por cuenta
de los judíos residentes en el Perú. Rechazó en 1944, incluso
cuando ya se sabía que los nazis estaban siendo derrotados,
a 200 niños judíos de 4 a 10 años de edad que luego murieron
en Auschwitz .
El diplomático José María Barreto, quien trabajaba en la
embajada del Perú en Suiza durante el Holocausto, decidió
en desacato emitir pasaportes peruanos para salvar a 58 ju-
díos, incluyendo 14 niños. La cancillería peruana anuló los
pasaportes al enterarse, cerró la embajada en Ginebra y des-
pidió a José María Barreto, arruinando su carrera política1.
José María era hijo del poeta tacneño Federico Barreto, que
vivió y escribió en defensa de su patria, el Perú, durante la
ocupación chilena,
El 8 de diciembre de 1944, cinco años después del inicio
1 Entrevista hecha por la revista Caretas al educador León Trahtemberg.
155
Héctor Béjar
del gobierno, el Gabinete Solf presentó su renuncia. Le suce-
dió el empresario Julio East Treviño, ministro de Hacienda
y Comercio desde 1942.
Por efecto de la guerra, las importaciones bajaron pero
aumentaron las exportaciones de azúcar, algodón, minerales
y caucho, que eran indispensables para sostener las indus-
trias de guerra.
Fue un gobierno industrialista. Promulgó la ley 9140 de
protección industrial, la Corporación Peruana del Amazo-
nas para impulsar la extracción del caucho, la Corporación
Peruana de Aviación Comercial CORPAC para incrementar
el tráfico aéreo comercial, se inició de la construcción de la
Central Hidroeléctrica del Santa.
La escasez de importaciones hizo surgir nuevas industrias
de sustitución metalmecánica, química, textil, maderera,
constructora, pesquera, cerámica, lácteos, vidrio, envases,
papel y cartón. Se sentaron bases para la fabricación de ha-
rina y aceite de pescado. Junto con la creación del ministerio
de Agricultura en 1943 se introdujo al Servicio Cooperativo
Interamericano de Producción de Alimentos (SCIPA) de los
Estados Unidos, que estableció 14 oficinas rurales para la
introducción de tractores, pesticidas químicos, fertilizantes
y semillas norteamericanas.
Para apoyar el esfuerzo de guerra de los aliados, los sindi-
catos apristas y comunistas limitaron sus protestas, mientras
que el gobierno suavizó la represión. Fue creada la Confedera-
ción de Trabajadores del Perú (CTP) en 1944, organizada por
el Apra y el PCP.
En junio de 1940, se realizó el Censo Nacional bajo la di-
rección de Alberto Arca Parró, desde el Ministerio de Ha-
cienda y Comercio. Arrojó una población de 6.207.966 habi-
tantes y 577.000 habitantes en Lima. Se registraron 5,000
comunidades indígenas. Se dio la Ley Orgánica de Educa-
ción Pública en 1943, que incluyó el nivel universitario. Fue
aumentado el presupuesto de educación de 13’445,820.6
156
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
en 1939, a 58’834.648.17 en 1945. Fue reabierto el Institu-
to Pedagógico Nacional de Varones y se fundaron escuelas
normales en el interior del país. El 27 de agosto de 1943
fue creado el Colegio Militar Leoncio Prado. Se inauguró el
Hospital Obrero, el Hospital de la Maternidad de Lima y el
puesto Central de Asistencia Pública. Fue creado en Lima el
Comedor Universitario, así como otros comedores populares,
que subsistieron por décadas.
El 28 de agosto de 1942 se formalizó el contrato para cons-
truir la planta siderúrgica del Cañón del Pato, a cargo de la
Corporación Peruana del Santa (departamento de Áncash).
El proyecto se enlazaba con la explotación de los yacimientos
de hierro de Marcona y la construcción del puerto de Chim-
bote.
Los campos de concentración
Al estallar la guerra, el gobierno proclamó su neutrali-
dad. Pero cuando la aviación japonesa bombardeó la base de
Pearl Harbour el 7 de diciembre de 1941, el Perú se alineó
con el bando aliado, propuso el apoyo a los aliados durante la
III Reunión Consultiva de Cancilleres Americanos realizada
en Río de Janeiro a principios de 1942 y fue el primer país
de Latinoamérica en romper relaciones con las potencias del
Eje.
Permitió a los Estados Unidos la instalación de una base
aérea en Talara y la deportación masiva de residentes ale-
manes y japoneses, a quienes se les confiscó sus propiedades.
Como resultado de acuerdos entre los cancilleres de Ar-
gentina, Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Uruguay y
Venezuela y en represalia por el bombardeo de Pearl Har-
bor, a partir de 1941 los japoneses fueron perseguidos, sus
propiedades fueron confiscadas, sus instituciones fueron di-
sueltas y prohibidas, el colegio japonés fue clausurado. Los
japoneses fueron enviados a campos de concentración en los
Estados Unidos.
157
Héctor Béjar
En Estados Unidos todos los japoneses y descendientes
de japoneses fueron obligados a vender o deshacerse de sus
propiedades o negocios en ocho días.
Los campos de concentración al mando del Teniente Ge-
neral John DeWitt, tuvieron presos a 120,000 japoneses y
descendientes de japoneses, la mitad ciudadanos norteame-
ricanos y el resto brasileños y peruanos. Eran identificados
por números. Estuvieron recluidos en establecimientos ubi-
cados en zonas desérticas o muy alejadas de cualquier centro
poblado; y rodeados de alambradas de púas, entre 1942 y
1948.
Eran cárceles rodeadas de cercas de alambre de púas con
guardias armados. Cada campamento superpoblado alber-
gaba a unas 10,000 personas .
Terminada la guerra, los campos fueron cerrados. Se dio a
los liberados un boleto de tren y 25 dólares por toda compen-
sación. Muchos años después y ya bajo el gobierno de Ronald
Reagan, algunas familias obtuvieron 10,000 dólares luego de
largos trámites.
En 1941, año de la ruptura de relaciones por el ataque a
Pearl Harbor, se calcula que vivían en el Perú unos 25,000
japoneses.
Cosa parecida pasó en Brasil
Cuando Brasil rompió relaciones con los países del Eje, en
1942, gran parte de los ale,anes y japoneses fueron encerra-
dos en once campos de concentración.
El campo del Tomé-Açu, el único ubicado en la región
amazónica, fue dedicado solo a inmigrantes japoneses. Allí
había racionamiento de energía, prohibición de reuniones y
censura de la correspondencia2.
2 Priscila Perazzo. Prisioneros de guerra: los súbditos del Eje en los campos de concentración
brasileños.
158
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
El 17 de abril de 1942, el gobierno confiscó todos los bie-
nes de los japoneses, que fueron considerados prisioneros de
guerra.
En la ciudad de Belén, los brasileños quemaban los nego-
cios y las casas de los japoneses. La prensa empezó a llamar-
los “quinta columna”.
Las personas estaban vigiladas por la policía, que impe-
día que se comuniquen. De los pocos japoneses que quedaron
libres, si encontraban a tres o cuatro conversando, se los lle-
vaban presos.
Al final de la guerra, en 1945, los campos fueron clausu-
rados. Estigmatizados y empobrecidos, muchos exprisione-
ros tuvieron dificultades para conseguir empleo o comenzar
negocios propios. El gobierno los liberó sin explicaciones ni
indemnizaciones. Los edificios de los campos fueron destrui-
dos.
También Colombia tuvo campos de concentración donde,
como en Brasil y Perú, se recluyó a japoneses y alemanes3.
La guerra con el Ecuador
Invitado por Roosevelt, Prado viajó a los Estados Unidos
y fue recibido en el Congreso estadounidense. A su retorno,
hizo una gira por Cuba, Panamá, Venezuela y Colombia.
La guerra con el Ecuador estalló en 1941. Prado creó el
Agrupamiento Norte que se puso al mando del general Eloy
Ureta y usó la modernización del ejército que había realiza-
do Benavides. En julio de ese año, hubo acciones de armas,
aviación y paracaidistas, en los puestos fronterizos de Aguas
Verdes, Porvenir, Las Palmas, Uña de Gato, Lechugal, Que-
brada Seca, Matapalo y El Coral y en un frente de 50 kiló-
metros en Tumbes además del frente del Nor Oriente entre
3 Dora Nuris Benítez Molina. Una página desconocida de la historia colombiana. Los cam-
pos de reclusión de Fusagasugá. Universidad Católica de Colombia, tesis de grado, 2015
159
Héctor Béjar
la cordillera del Cóndor y el río Putumayo.
El 23 y 31 de julio de 1941 se produjo la batalla de Za-
rumilla. Las tropas peruanas ocuparon la provincia ecuato-
riana del Oro, luego de acciones victoriosas en Santa Rosa,
Machala y Puerto Bolívar.
El 2 de octubre de 1941, con la mediación de los garantes
Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile, se suscribió el
Acta de Talara por la cual se creaba una zona desmilitari-
zada entre ambos ejércitos. El 29 de enero de 1942, en la
reunión de Consulta de Cancilleres Americanos de Río de
Janeiro, se suscribió el Protocolo de Paz Amistad y Límites.
En 1943 fue creado el Ministerio de Aeronáutica.
Las medidas que el régimen adoptó para confiscar propie-
dades y expulsar del Perú a ciudadanos del Eje, estuvieron
acompañadas por la corrupción de empleados públicos que
aprovechaban para quedarse con sus bienes. Se congelaron
fondos japoneses y alemanes: el Banco Italiano fue suspen-
dido y obligado a cambiar de nombre. Hubo casos de extor-
sión por autoridades policiales. Funcionarios del Ministerio
de Relaciones Exteriores vendían documentos de ciudadanía
peruana a japoneses para que no sean deportados.
El 24 de mayo de 1940 ocurrió el terremoto que asoló
Lima, Callao y los pueblos de la quebrada de Huarochirí.
El 11 de mayo de 1943 se incendió, o incendiaron, la Bi-
blioteca Nacional. Era la segunda destrucción después del
saqueo sufrido durante la toma de Lima por el ejército chile-
no. Los apristas echaron a rodar el rumor de que el gobierno
la hizo quemar para eliminar los documentos que mostraban
la traición de Mariano Ignacio Prado.
Entre 1939 y 1945, la situación fue cambiando. América
latina se convirtió en un espacio de disputa entre los países
del eje y el gobierno de Roosevelt. Esa pugna se expresó den-
tro del gobierno de Manuel Prado, claramente obediente a
los Estados Unidos, que fue inclinándose hacia las Naciones
160
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Unidas, el frente armado que incluía a la Rusia soviética,
Inglaterra y los Estados Unidos. Como premio a su obse-
cuencia, Prado obtuvo permiso norteamericano para invadir
Ecuador en 1941, conflicto bélico que terminó con el Proto-
colo de Río de Janeiro por el cual Ecuador aceptaba que las
provincias de Tumbes, Jaén y Mainas son peruanas.
El precio de ese apoyo norteamericano que nunca se había
expresado con firmeza en las discusiones con Chile y sí per-
mitió a las tropas peruanas hacer una exhibición de fuerza en
la frontera del norte, fue claro. El gobierno movilizó a pobla-
das que saquearon las empresas alemanas y las instituciones
japonesas cuando rompió relaciones con el Eje en 1941. Y a
renglón seguido, apresó a japoneses y los envió a campos de
concentración en los Estados Unidos. El temor a una invasión
del Japón impregnó la imaginación popular. Se creía que los
japoneses tenían submarinos cerca de la costa peruana y se
temía que los nipones residentes en el Perú podían envenenar
el agua potable. De manera que la confiscación de los bienes
de la colonia japonesa y la deportación de los ciudadanos de
ese país a los Estados Unidos tuvo respaldo popular.
Las luchas sociales fueron postergadas o reprimidas. No
hubo huelgas notables porque ni a los apristas ni comunistas
les interesaba dificultar el envío de materias primas a los
países que combatían contra Japón, Italia y Alemania. Eso
generó contradicciones y tensiones entre los dirigentes polí-
ticos y los líderes sindicales que en el caso del PC, culminó
en la primera escisión trotsquista promovida por trabajado-
res textiles, cuando intentaron convocar a un paro general
en 1944.
El PC mantuvo su periódico oficioso Democracia y Trabajo
sin mayores problemas y Jorge Falcón, hermano de César
Falcón, el compañero de Mariátegui, abrió la imprenta y li-
brería El Cóndor que imprimía material oficial y publicaba
las revistas Hora del Hombre, de política y cultura y Palomi-
lla, para los niños, imitadora de la revista chilena El Peneca.
161
Héctor Béjar
Desde la Cárcel Central de Lima, militantes comunistas
promovieron una Asamblea Extraordinaria que expulsó del
partido a Eudocio Ravines, Nicolás Terreros, Julio Portoca-
rrero y Antonio Navarro Madrid.
EI Primer Congreso del PC se efectuó entre el 29 de se-
tiembre y el 5 de octubre de 1942. El acto inaugural se llevó
a cabo semiclandestinamente en el Centro Social Textil y las
sesiones de trabajo se efectuaron en una vivienda del Barrio
Obrero de La Victoria perteneciente a un chofer comunista
apellidado Herrera Asistieron los delegados del PC de Chile
Carlos Contreras Labarca y Andrés Escobar4
La liberación de París por los ejércitos aliados, la toma
de Berlín por el Ejército Rojo, cambiaron nuevamente la faz
mundial. Era la hora de la democracia. Las derechas euro-
peas que apoyaron a los nazis se batieron en retirada o se
camuflaron. Todo el mundo empezó a hablar de democracia.
Caídas las dictaduras de Hitler y Mussolini, quedaba solo la
de Franco.
Luego del corto y agitado período democrático de 1930 -
1933, el Perú había vivido quince años de dictaduras. ¿Cómo
justificar una dictadura más en esa hora? En julio de 1932 se
sublevó Trujillo. Luis Sánchez Cerro fue asesinado en abril
de 1933, Antonio Miró Quesada y su esposa fueron asesina-
dos el 15 de mayo de 1935. La violencia política tomó cuer-
po en intentos de golpe de estado, sublevaciones militares
y prisiones en esos quince años. La oligarquía que influyó o
participó en los gobiernos de Sánchez Cerro y Benavides se
había inclinado por el fascismo y el nazismo. Y fue falangista
y franquista desde 1936 hasta la muerte de Franco. El or-
den impuesto por Mussolini en Italia y Hitler en Alemania,
el anticomunismo sangriento de los camisas pardas, fue un
modelo de acción para las familias de la alta clase peruana,
aterrorizadas ante el surgimiento del Apra y el comunismo
local. Cuando cayó el Eje, los fascistas criollos cambiaron de
4 Los congresos del PCP I, II y III. Lima: Ediciones Unidad 1989
162
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
piel y se convirtieron en defensores de la democracia.
Cuando las tropas aliadas tomaron Berlín, fue imposible
a la oligarquía mantener la dictadura. El ambiente de la
posguerra era abiertamente democrático en Europa, excepto
España. Surgían nuevas democracias dominadas por los co-
munistas soviéticos en el este de Europa. En América latina
cayó la dictadura de Jorge Ubico (1931 – 1944) en Guatema-
la y era elegido el izquierdista Juan José Arévalo, del Parti-
do del Trabajo. En Venezuela era elegido Rómulo Gallegos
en 1947 después de un golpe de estado liderado por Rómulo
Betancourt, de Acción Democrática.
Cómo surgió el Frente Democrático Nacional
A fines de 1944 retornó al Perú el mariscal Óscar Benavi-
des después de haber sido embajador en España y Argen-
tina. Empezaron los manejos detrás de las bambalinas. La
familia Miro Quesada y el sector fascista no querían saber
nada con el Apra. Tampoco los generales, después de la re-
volución de Trujillo. Benavides y Beltrán sí querían negociar
con los apristas porque sabían que Estados Unidos presiona-
ba para que se organice un régimen que no tenga partidos
ilegales. Benavides dominaba los manejos detrás del trono
desde comienzos del siglo, había derrocado a Billinghurst y
estuvo detrás del asesinato de Sánchez Cerro. Mediaba entre
la oligarquía y el Apra, como siempre había hecho. Beltrán,
adueñado mediante oscuros manejos del fundo Montalbán
que fue donado a O´Higgins por el Perú, era el líder de los
exportadores agrarios algodoneros y azucareros. Los Miro
Quesada mantenían sus deseos de venganza por el asesinato
de su patriarca y se negaron a cualquier arreglo.
Desde los treinta, Haya mantenía contacto con la emba-
jada norteamericana y hacía méritos con su posición antico-
munista. Era el líder que calzaba perfectamente en aquello
que los políticos norteamericanos querían: alguien demócra-
ta, no fascista y enemigo abierto del comunismo.
Los votos apristas eran indispensables para una salida
163
Héctor Béjar
democrática. Pero ¿cómo permitir el retorno del Apra a la luz
pública, bajo qué condiciones? En su libro El tirano quedó
atrás, Fernando León de Vivero afirma que Pedro Beltrán,
líder del sector agrario de la oligarquía, llegó a ofrecerle la
presidencia a Víctor Raúl, pero éste no aceptó. No quería
obstaculizar las negociaciones con otro conservador ilustra-
do brevemente sánchezcerrista en los treinta y que había
mantenido después su carrera diplomática silenciosamente,
a la sombra de los gobiernos dictatoriales de Benavides y
Prado como embajador en Uruguay y Bolivia: José Luis Bus-
tamante y Rivero. Esa es la versión de Fernando León de
Vivero.
En la versión de Jorge del Prado5, los dirigentes del Comité
Departamental de Arequipa del Partido Comunista Moisés
Arroyo Posadas, Alfredo Mathews, Augusto Chávez Bedoya,
Teodoro Azpilcueta y Augusto Salazar, más personalidades
arequipeñas como Javier de Belaúnde, Julio Ernesto Portu-
gal, Manuel Bustamante de la Fuente y otros, plantearon la
formación de un Frente Democrático tratando de repetir la
experiencia de los frentes populares antifascistas. La direc-
ción del PC recogió esta iniciativa y estableció vinculaciones
desde Lima con José Luis Bustamante y Rivero, embajador
del Perú en La Paz, para solicitarle que aceptase la candida-
tura a la presidencia de la República. Los organizadores del
Frente entraron en contacto con Ramiro Prialé, que estaba
perseguido y oculto en Arequipa con el seudónimo de Alfredo
Ganoza.
Aunque el Apra propuso como candidato a Rafael Belaun-
de Diez Canseco, los demás miembros del núcleo organiza-
dor suscribieron una solicitud colectiva a Bustamante. La
respuesta de Bustamante, fue el Memorándum de La Paz,
en que postulaba un régimen de “transición reconstructiva”
que garantice transformaciones profundas en el campo eco-
5 Jorge del Prado. Prólogo a Los congresos del PCP I y II. Lima: Edi-
ciones Unidad
164
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
nómico, político y cultural.
Haya aceptó a Bustamante a regañadientes y puso como
condición que no entren los comunistas en la alianza. ¿Por
qué? ¿Era solo su obsesivo anticomunismo o tenía detrás a
los Estados Unidos? Ya había muerto Roosevelt el 12 de abril
de 1945, había sido descartado con maniobras el izquierdista
vicepresidente Wallace a quien le correspondía la sucesión
y Harry Truman se aprestaba a lanzar su política antico-
munista a nivel mundial. Para Truman los rusos ya no eran
aliados sino enemigos.
Como Bustamante necesitaba un contrapeso al Apra,
aunque fuese pequeño, porque no tenía partido, aceptó al
partido comunista en la alianza. Así, se formó el Frente De-
mocrático Nacional FDN que proclamó su candidatura el 19
de marzo de 1945. Benavides falleció después de las eleccio-
nes de junio, el 2 de julio de ese año.
Los Miro Quesada, la derecha dura y el entonces ya ex
fascista Luis A. Flores, líder de la Unión Revolucionaria,
postularon al vencedor de la guerra con el Ecuador, el ma-
riscal Eloy G. Ureta.
En un ejercicio de hipocresía o elusión de la ley, se guar-
daron las formas. Ni el Apra ni el PC fueron aceptados con
sus nombres porque estaban prohibidos por el art 53 de la
Constitución de 1933 que proscribía las organizaciones polí-
ticas internacionales. Fueron obligados a cambiárselos: Par-
tido del Pueblo (el Apra) y Vanguardia Socialista (el PC). Y
así llegaron a las elecciones. El Apra convertida en un alu-
vión de masas, el Partido Comunista, pequeño, pero bien or-
ganizado y con fuerte influencia en el sindicalismo y el sur.
Con Bustamante comerás bastante. Con Ureta estarás a
dieta. Fue el lema de la campaña del FDN. Haya hizo un
viaje triunfal desde Tumbes hasta Lima, rodeado de multi-
tudes, proclamando su tesis del espacio - tiempo histórico,
adaptación de la teoría de la relatividad a la política. La gen-
te no entendía sus explicaciones einstenianas pero igual lo
165
Héctor Béjar
aplaudía a rabiar colmando calles, teatros y plazas. Fue la
apoteosis, el triunfo.
ELECCIONES DE 1945
Candidato Votación %
José Luis Bustamante y Rivero 305,590 66.96
Eloy Gaspar Ureta 150,720 33.04
En junio de 1945, Haya de la Torre pronunció una conmo-
vedora oración en una repleta Plaza San Martín y después
hizo lo mismo en el Campo de Marte. Fue un discurso que
decepcionó a sus seguidores más radicales porque después
de haberse referido a los “quince años de martirologio” (la
persecución a la que lo habían sometido) dijo, señalando al
local del Club Nacional, la sede social de la oligarquía: Por-
que yo os digo, como dijo el Cristo en el Gólgota sagrado:
perdónalos señor porque no saben lo que hacen.
Era una línea ambigua. A la vez demagógica que conce-
siva y amenazante con la derecha. Se amenazaba con col-
gamientos y “chicharrones gigantes”, mientras se decía que
no se trata de quitar riqueza a los que la tienen sino crearla
para los que no la tienen.
Bustamante concurrió a una manifestación del Partido
Comunista que llenó el Teatro Bolívar de Lima, donde ha-
bló Jorge Acosta, mientras Jorge del Prado hablaba en una
masiva concurrencia en la Plaza de Armas del Cusco y Juan
Barrio hacía campaña en su fortín electoral de Abancay y
Apurímac. Hubo enfrentamientos violentos entre apristas y
comunistas en el Cusco.
Bustamante ganó lejos. Ureta fue derrotado.
Fascistas peruanos
José de la Riva Agüero, Luis A. Flores, Oswaldo Hoyos
Osores, Guillermo Hoyos Osores, Manuel Mujica Gallo, Au-
166
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
relio Miró Quesada, Óscar Miró Quesada, Carlos Miró Que-
sada, Guillermo Lohman Villena, Honorio Delgado, Raúl
Ferrero Rebagliatti, Rómulo Ferrero Rebagliatti, Aurelio
García Sayán, Fernán Moncloa, Luis Picasso, Alberto Wag-
ner de Reyna, Pascual Farfán (Arzobispo de Lima), Alfre-
do Herrera, Carlos Sayán, Octavio Alva, Guillermo Hoyos
Osores, Alfonso Tealdo, Pedro Benvenuto Murrieta, Arturo
Montoya, José Fiansón, Víctor Andrés Belaunde, Roberto
Mac Lean y Estenós, Cristóbal de Losada y Puga. Y muchos
otros integrantes de la elite intelectual de los años treinta y
cuarenta.
Se entusiasmaron con Mussolini, guardaron silencio sobre
los primeros crímenes de Hitler y, sobre todo, apoyaron de
manera fervorosa a Franco y su guerra contra el comunismo,
el anarquismo y el ateísmo. A medida que pasaban los años
y los ejércitos aliados avanzaban en todos los frentes, fueron
cambiando de opinión. Y, después de 1945, mudaron la piel:
fueron demócratas, pero siempre católicos practicantes en
su mayoría y, por supuesto, anticomunistas.
Resumen de este capítulo
Fueron años de extraña y silenciosa paz. Afuera, allá
lejos en Europa, estallaban las bombas, morían los sol-
dados, eran destruidas las ciudades. Aquí en el Perú,
todo era silencio, media voz. La de Prado fue una dic-
tadura, pero los dos partidos perseguidos publicaban
sus periódicos clandestinos que circulaban de mano en
mano en los hogares de la pequeña Lima. Los apristas
más activos estaban presos, excepto su líder Haya de la
Torre, que simulaba estar clandestino en un supuesto
refugio al que hacía llamar “Incahuasi”.
Los comunistas se portaban bien porque su princi-
pal interés era el apoyo a la Unión Soviética que lu-
chaba contra el invasor nazi. “La Tribuna” aprista cir-
culaba clandestinamente. “Democracia y Trabajo”, del
Partido Comunista, era legal, pero no mencionaba al
partido, solo ponía atención en la Rusia soviética.
167
Héctor Béjar
Los lazos de Prado con el gobierno de Roosevelt se
estrecharon, el vicepresidente izquierdista Henry Wa-
llace estuvo de visita en Lima.. La guerra con el Ecua-
dor de 1941 fue un episodio pasajero y triunfal para
el Perú gracias a la debilidad del vecino y al apoyo de
Estados Unidos. Era el premio al buen comportamien-
to: el Perú había expulsado a los alemanes y enviado
a los japoneses a los campos de concentración nortea-
mericanos después de confiscar sus propiedades. A los
coqueteos con el nazi fascismo sucedió la adulación a
la potencia del norte. Hasta hoy.
1939
1 setiembre Alemania invade Polonia.
Decenas de miles de exilados españoles son acogidos en México por el
presidente Cárdenas. 18 millones de hectáreas son repartidas a las
comunidades y ejidos. Aumentó a 25 millones de hectáreas el sector
social del agro mexicano.
1940
21 agosto Leon Trotsky es asesinado en México.
1941
22 de junio Operación Barbarroja. Alemania invade la Unión Sovié-
tica.
15 Setiem- Empieza el sitio de Leningrado por tropas alemanas
bre con ayuda de tropas finlandesas y españolas.
1942
23 agosto Empieza el sitio de Stalingrado por tropas alemanas.
1943
2 de febrero El general Friedrich Paulus se rinde ante el Ejército
Rojo en Stalingrado después de siete meses de sitio.
4 de junio Una revolución militar en Argentina pone fin al gobier-
no de Ramón Castillo y a la década infame.
20 diciem- Golpe de estado del mayor Gualberto Villarroel contra
bre el general Enrique Peñaranda. Reconocimiento de sin-
dicatos, derecho a pensión y retiro voluntario,
168
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Villarroel, perteneciente a la logia Razón de Patria,
prohíbe el pongueaje y mitaje, convoca a una asamblea
indígena, promulga una nueva Constitución,
1944
6 de junio Desembarco de Normandía.
Junio Liberación de Roma.
1 julio Renuncia del general Jorge Ubico, dictador fascista de
Guatemala, después de 13 años de dictadura y deja en
el poder a tres generales designados por él.
Julio Bretton Woods. Creación del Fondo Monetario Interna-
cional.
10 de julio Invasión de Sicilia por el general Patton.
20 de julio Operación Valquiria. Atentado contra Hitler.
26 agosto Liberación de París.
4 setiembre Derrotado, el general alemán Lothar Rendulic escapa y
abandona el cerco de tres años de Leningrado.
1945
23 de abril Empieza la batalla de Berlín.
28 de abril Captura y muerte de Benito Mussolini.
2 de mayo El general Helmuth Weidling, se rinde ante el teniente
general Vasily Chuikov, del 1er Frente bielorruso del
mariscal soviético Georgiy Zhukov. Termina la segunda
guerra mundial.
Alfredo Mathews
Nació en Arequipa en octubre de 1916. Ingresó a la Ju-
ventud Comunista en 1936, fue líder en la lucha clandestina
contra Benavides en 1937. Fue redactor de Hoz y martillo, el
periódico clandestino del PC. Se enfrentó a Ravines y fue ele-
gido miembro del comité central del PC en el primer congreso
del partido en 1942. De gran valor intelectual, fue periodista
especializado en política internacional, redactor de la revista
semanal de Genaro Carnero Checa. Es autor de una refuta-
ción de la tesis de Haya sobre espacio tiempo histórico. Murió
en 1954 tratando de salvar a un niño que se estaba ahogando
en una playa de Lima.
169
Héctor Béjar
6. Primavera violenta
Roto el silencio, empezaron meses de multitudes en
calles y plazas, de disputas políticas, al tiempo que
de escasez y desabastecimiento. Bustamante no tenía
partido, estaba respaldado por un pequeño grupo de
jóvenes. Cayó abrumado por una doble presión. La que
venía de la oligarquía de tradición fascista, reconvertida
a una simulación democrática después de la derrota de
Hitler y Mussolini en la segunda guerra mundial. Y la
que surgía de las masas que se desbordaron cuando fue
derogada la Ley de Emergencia 8505 de Benavides y,
declarada la amnistía, salieron de las cárceles cientos
de presos políticos. Apristas y comunistas se enfrentaron
en calles y plazas. Tardío imitador del Mussolini
masacrado en Italia, Haya de la Torre vivió un éxtasis
demagógico, calumnió a los comunistas convirtiéndose
en un precursor del macartismo norteamericano. Los
comunistas pasaban su momento estalinista. Los
fascistas se reconvertían. El pueblo indígena seguía
ignorado allá, en la lejanía rural.
Todo acabó pronto. Francisco Graña Garland, dueño
de los laboratorios Sanitas y del diario La Prensa,
líder de una débil y naciente burguesía industrial, fue
asesinado por un pistolero no identificado. El crimen
Graña, nunca esclarecido, inició la caída del gobierno.
Las cámaras de senadores y diputados cerradas por el
ausentismo parlamentario, los mercados sin alimentos,
un presidente débil gobernando por decretos leyes. Hasta
que la oligarquía encontró la oportunidad de intervenir
otra vez con la fracasada rebelión de la Marina el 3 de
octubre de 1948 y declaró concluida una democracia
170
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
irresponsable y caótica. Y todo regresó a lo de siempre.
Los políticos retornaron a las cárceles y los exportadores
recuperaron el control de los dólares que habían perdido
durante el corto período democrático.
E
l Apra reclamaba una mayor participación en el ejecu-
tivo porque tenía la mayoría en ambas cámaras, pero
Bustamante les concedió solo tres ministerios, los más
difíciles, agricultura, hacienda y fomento. El de agricultu-
ra tenía que ver con el abastecimiento de alimentos, el de
hacienda con el control de cambios, la inflación y el finan-
ciamiento del Perú en una época de escasez, cuando toda la
atención de los bancos estaba centrada en Europa. Había ca-
restía y desabastecimiento después de la guerra. Las divisas
escaseaban porque las ventas de materias primas disminu-
yeron. Las colas empezaron a menudear y la responsabilidad
recaía en las Juntas Municipales Transitorias, organizadas
como entidades previas a la futura elección democrática de
alcaldes y regidores. Las Juntas fueron dominadas por el
Apra, con gente inexperta que no pudo enfrentar el desabas-
tecimiento ni la especulación. Había enormes colas y dispu-
tas en los estanquillos municipales creados para la venta de
alimentos a precios oficiales, no se abastecían. Parecía una
ironía si el pueblo recordaba el lema de la candidatura del
FDN: con Bustamante comerás bastante, con Ureta estarás
a dieta.
Cambios sociales
La tragedia de Europa impulsó una nueva emigración de
europeos pobres hacia América y también hacia el Perú. Fue
la época en que no era raro tener una empleada doméstica
francesa o alemana en Lima. El crecimiento de la capital
amplió el mercado de alimentos y se intensificó la relación
comercial entre Lima y el valle del Mantaro, facilitada por la
carretera central y el ferrocarril Lima – La Oroya. El Merca-
do Mayorista de Lima, inaugurado por Manuel Prado, atrajo
a comerciantes de Huancayo que se agruparon alrededor de
la denominada Parada, y empezaron el poblamiento irregu-
171
Héctor Béjar
lar de los cerros San Cosme y el Agustino. Esto amplió el dis-
trito de La Victoria orientándolo hacia el Este con los nuevos
barrios de El Porvenir, planificados por el gobierno anterior
de Prado. Todo ello implicó el crecimiento de una clase me-
dia de escasos ingresos dependiente de los empleos públicos.
Según el Banco Central de Reserva, la inflación al año
1947 fue de 46%, cuando desde finales de la primera guerra
mundial había sido de 10%.
Los partidos
Los partidos políticos llenaron calles y plazas. El Apra ha-
cía frecuentes manifestaciones en la Plaza San Martín y el
Parque Universitario y abrió su local en la calle Chota.
La Unión Revolucionaria con Luis y Nina Flores tenía su
local en la plaza Grau, todavía no existía el monumento a
Grau que fue realizado por el escultor español Victorio Ma-
cho varios meses después. Fue organizada en los años trein-
ta teniendo cual modelo el partido fascista italiano incluyen-
do las camisas negras y el saludo con el brazo derecho en
alto. Era antiaprista, anticomunista y estaba en contra de la
inmigración china y japonesa.
La participación de la UR en el Frente Democrático Na-
cional fue vetada. Luis A. Flores fue elegido senador por Piu-
ra en las elecciones complementarias de 1947, en reempla-
zo de Hildebrando Castro Pozo. Apoyó el golpe de estado de
Odría y fue nombrado embajador en Paraguay por el nuevo
gobierno.
EI II Congreso del Partido Comunista tuvo lugar entre
el 24 y el 30 de marzo de 1946. El PC dominaba gran parte
de los sindicatos de la capital entre ellos el de choferes cuyo
máximo dirigente Juan P. Luna, fue elegido diputado por
Lima. En el plano nacional era total el apoyo a Bustamante.
En el plano internacional tenía que readecuar su línea en la
medida en que el gobierno de Truman iniciaba la que des-
pués sería la guerra fría con la Unión Soviética.
172
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Uno de los temas era romper con el browderismo. Earl
Browder, minero sindicalista y secretario general de los co-
munistas norteamericanos. postulaba, a partir de la alian-
za antifascista entre Estados Unidos y la URSS y del New
Deal de Roosevelt, una vía intermedia entre capitalismo y
comunismo y la conversión del partido de Estados Unidos en
una socialdemocracia constituida por círculos de estudios.
Se atribuyó a Juan P Luna, dirigente de la Federación de
Choferes y uno de los cuatro diputados comunistas, ser pa-
trocinador de esa corriente en el Perú. Luna había asistido
al Congreso del PC norteamericano. Fue excluido del Comi-
té Central, primer paso que culminó después con su expul-
sión. Posteriormenete, se acercaría a Odría y sería diputado
odriísta en los cincuenta.
La violencia política
Los apristas agitaban y amenazaban y el presidente res-
pondía con discursos jurídicos, no políticos. Empezaron a ri-
diculizarlo y llamarlo “el cojurídico”. La Tribuna, el diario
del Apra dirigido por Andrés Townsend Ezcurra, que tenía
una gran circulación, publicó una tira cómica creada por su
dibujante Carlos Rose Crose con el personaje Pachochín, el
hombre al pie de la letra. Era una caricatura diaria de Bus-
tamante. En otro dibujo diario del artista aprista Julio Es-
querre Montoya, Esquerriloff, paisano y amigo de Haya, la
oligarquía era presentada como un fantasma negro y el co-
munismo como un mono organillero que acompañaba como
segundón al fantasma y tenía inscrita la hoz y el martillo.
En el imaginario de los apristas, ellos, los mártires, eran los
únicos que tenían la razón. Solo el aprismo salvaría al Perú.
Por su parte, para El Comercio, el Apra seguía siendo la
secta. Sus actividades no merecían espacio sino cuando era
indispensable o conveniente atacarlos.
Los llamados del Partido Comunista, desde su periódico
Democracia y Trabajo a mantener un frente democrático
que incluya a Bustamante, eran desoídos. Haya de la Torre
173
Héctor Béjar
y líderes como Manuel Seoane y Luis Alberto Sánchez fue-
ron precursores de la guerra fría y de Mac Carthy desde los
treinta, porque postulaban un anticomunismo que se mani-
festaba en publicaciones calumniosas, insultos sistemáticos
y la lucha implacable contra los comunistas por el dominio
de los sindicatos. Se acusaba a Luis Carlos Prestes de querer
entregar el Brasil a Rusia y se dijo haber descubierto unos
documentos en Rancagua, Chile, que mostraban que los co-
munistas chilenos estaban en connivencia con los peruanos
para entregar el Perú a Rusia.
En 1946, el radical Gabriel González Videla, como Busta-
mante, ex embajador, asumió la presidencia de Chile con el
apoyo de los comunistas en la Alianza Democrática, un ente
similar al Frente Democrático Nacional del Perú. Los comu-
nistas tuvieron tres ministros en su gabinete. Pero en 1947,
obedeciendo a la presión de Truman, González promulgó
la Ley de Defensa Permanente de la Democracia que pasó
a la historia con el nombre de Ley maldita. El Partido Co-
munista fue prohibido, Pablo Neruda fue deportado y Chile
rompió relaciones con la Unión Soviética sin tener ningún
motivo. Los comunistas fueron recluidos en campos de con-
centración. Uno de esos campos fue el de Iquique, a cargo del
entonces oficial Augusto Pinochet.
Los apristas aplaudieron la persecución contra los comu-
nistas chilenos, como habían aplaudido el colgamiento del
presidente boliviano Gualberto Villarroel. Ironía de la histo-
ria. Como los comunistas con González, los apristas tuvieron
también tres ministros en el gabinete de Bustamante, pero
acabaron siendo perseguidos. A los dos años, en 1948, Odría
promulgaría contra ellos la Ley de Seguridad Interior, simi-
lar a la González Videla que ellos festejaron.
El almirante Holguer, ministro del Interior de González
Videla, expuso al Parlamento que, al allanar los locales del
Partido Comunista en Rancagua, encontraron documentos
que demostraban que el “comunista” Eudocio Ravines era
el director intelectual del asesinato de Graña, un acto de
174
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
provocación destinado a derrocar a Bustamante e ilegalizar
al aprismo. Según Holguer, los agentes rusos que había en
Bolivia ordenaban a los comunistas aliarse con el MNR boli-
viano para derrocar al presidente Hertzog. Se decía que los
comunistas rusos tenían el plan de liquidar la democracia en
América Latina.
Era sin duda una patraña a la que La Tribuna de Seoa-
ne y Townsend dedicó grandes titulares y páginas íntegras.
Todo el mundo sabía que Ravines no era ningún comunista
sino un acérrimo anticomunista que fue expulsado del Parti-
do Comunista en 1942.
Más allá de su ridiculez, el caso de los documentos de
Rancagua era una expresión de que todo valía en la lucha
política. Mientras el Apra dominaba el electorado, las uni-
versidades, los sindicatos azucareros del norte y los textiles
de Lima, los comunistas hacían lo mismo en el gremio de
choferes, tranviarios y en el sur, Arequipa, Abancay, An-
dahuaylas y Puno, especialmente en el Cusco rojo.
Los debates en las cámaras de diputados y senadores
eran presenciados por barras apristas que aplaudían a sus
representantes y abucheaban a los opositores. Escuadrones
de “defensistas” regimentados a la manera fascista disolvían
por la fuerza cualquier manifestación de la competencia.
Haya hechizaba a las multitudes adictas con su verbo an-
tioligárquico y sus teorías sobre el espacio tiempo histórico,
según él una adaptación de la relatividad de Einstein a los
nuevos tiempos, que justificaba su nueva postura macartista
y pronorteamericana. El antimperialismo y el Apra se con-
virtió en Interamericanismo democrático sin imperio. Y eran
señalados como fascistas los gobiernos nacionalistas del con-
tinente como los de Perón, Getulio Vargas, Busch y Villa-
rroel. Y al mismo tiempo clamaba por hacer una revolución
“a la boliviana”, aludiendo a los sangrientos acontecimien-
tos que acabaron con el martirio del presidente nacionalis-
ta Gualberto Villarroel el 21 de julio de 1946, asesinado en
Palacio, cuyo cadáver, con dos de sus seguidores, fue colgado
175
Héctor Béjar
de los postes de la Plaza Murillo en La Paz por multitudes
azuzadas por la rosca minera. El Apra aplaudió ese crimen
acusando a Villarroel de ser fascista.
Para ser justo, debo señalar que la izquierda de la época
adoptó la misma posición. Democracia y Trabajo, el órgano
del Partido Comunista, señalaba a Villarroel y Perón como
nazifascistas, siguiendo la línea del partido comunista ar-
gentino conducido por Victorio Codovila. También tengo que
decir que era la época en que Getulio Vargas en Brasil, mi-
litar nacionalista, perseguía a los comunistas. Perón, Busch
y Villarroel eran vistos como rezagos de un militarismo que
había sido neutral en la confrontación entre los aliados y el
eje. Y además era cierto que esa neutralidad era también
consecuencia de su nacionalismo que se negaba a participar
en la lucha de los dos imperios. Además, tampoco se puede
negar que Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil, fueron los
países asilo de los criminales de guerra que fugaban de Eu-
ropa.
Pero el caso de los apristas era falta de memoria, desleal-
tad y traición. Porque José David Toro y Germán Busch apo-
yaron los trajines conspirativos del Apra incluso con armas
en las épocas de Julio Cárdenas, el Negus, aquél conspirador
aprista de los años cuarenta que se movía entre Bolivia y el
Perú.
La ley de imprenta y el contrato Sechura
Apenas empezó el gobierno, los apristas aprobaron en el
Congreso una Ley de Imprenta para controlar a La Prensa y
El Comercio. La derecha protestó. Los comunistas e indepen-
dientes salieron a las calles a manifestar en contra, pero las
manifestaciones fueron disueltas a cachiporrazos el 7 de di-
ciembre de 1945. El local de la Unión Revolucionaria de Luis
A. Flores en la Plaza Grau fue incendiado y La Prensa que
dirigía Francisco Graña Garland, fue asaltada. Nina Flores,
dirigente de la UR, fue golpeada.
En medio de todo este caos, el gobierno propuso la aproba-
176
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
ción de un contrato por el cual el Perú cedía a la International
Petroleum Co. el desierto de Sechura para la explotación de
petróleo y fosfatos. Una parte de la derecha se opuso y tam-
bién los comunistas, mientras los apristas apoyaron. Busta-
mante, los apristas y, desde luego, la International Petro-
leum, lo defendieron. La Prensa y El Comercio encabezaron
la campaña contra el contrato señalándolo como entreguista.
El contrato quedó detenido en la Cámara de Senadores y no
llegó a ser aprobado. La parte de la derecha encabezada por
la familia Miró Quesada era todavía antinorteamericana por-
que venía de su trayectoria fascista de los años treinta, mien-
tras que Haya trabajaba ya por esa época directamente con
la embajada de los Estados Unidos.
Muerto Roosevelt y reemplazado por el derechista Harry
Truman, las relaciones entre Estados Unidos y la Unión So-
viética se deterioraron y los comunistas retornaron a su po-
sición antimperialista, antinorteameericana y prosoviética,
mientras se agudizaba el anticomunismo de Haya, Seoane y
los líderes apristas.
El crimen Graña
En la tarde del martes 7 de enero de 1947 un pistolero
asesinó al líder industrial Francisco Graña Garland, de 44
años, dueño de La Prensa y de los Laboratorios Sanitas.
Desde mediados de diciembre y en los primeros días de
enero, rondaba el barrio en las noches una moto manejada
por un sargento del ejército, a veces acompañado por un sol-
dado. Otras veces llevaba a una joven de blusa blanca y falda
negra.
Una semana antes del crimen, Francisca Albero Flores
vio a un hombre de rostro moreno que pasó por su casa a la
una de la tarde, que le llamó la atención porque estaba vesti-
do con un impermeable beige. Pero no lo vio bien. Cuando se
realizó el juicio, el Tribunal insistió para que diga que se pa-
recía al dueño de la bodega municipal del barrio, que en esa
época se llamaba Estanquillo, Héctor Pretell, a lo que ella se
177
Héctor Béjar
negó reiteradamente, porque no había visto bien al sujeto.
Días antes, un auto Packard 61180 había seguido al de
Graña, que iba acompañado por su amiga, la cantante María
Esperanza Vargas. El seguimiento se repitió, posteriormen-
te ella vio pasar el auto sin placa esta vez muy rápido desde
la ventana de su casa. Dos sujetos ocupaban el carro, uno de
ellos tenía los ojos achinados.
A las 6.45 ó 6.50 de ese martes, un individuo mestizo pre-
guntó a qué hora salían los trabajadores a los empleados de
Sanitas Isabel Monroy y Marino Suárez Beltrán, este últi-
mo, guardián.
El vecino Pedro Mora vio a un auto viejo dar varias vuel-
tas por el barrio.
Esa tarde oscurecía y empezó a lloviznar. Había luz insu-
ficiente. Dos focos de luz en los postes de la vereda opuesta a
Sanitas estaban apagados.
Bajo y gordo, de pies pequeños, apoyado en un poste de
alumbrado con un sombrero inclinado hacia adelante para
taparle el rostro y un sobretodo beige con las solapas levan-
tadas en aquel caluroso verano, y caminando de vez en cuan-
do, un desconocido esperó la salida de Graña del trabajo
durante más de una hora. El industrial salió brevemente a
las 6.30 pm. y regresó a su oficina para salir de nuevo a las
7.10 pm. El extraño sujeto esperó con paciencia a que oscu-
rezca. Elsa Calderón, una adolescente del barrio, de 16 años,
que había salido a pasear con su enamorado Ubaldo Sevilla,
se burló del hombre del abrigo, gritándole: melocotón con pe-
lusa, quítate eso que no se usa. Él respondió con un hosco
silencio y, cuando volteó hacia ella, la menor pudo apreciar
parte de su rostro moreno sembrado de viruelas.
La señora Rosa Carmela Cárdenas de Calderón, madre de
la menor Elsa, vio que llegaba un lujoso Buick de dos tonos,
verde claro y verde oscuro, frente a su casa. Bajó un hombre
que, al verla parada al frente, se introdujo de nuevo al auto.
178
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
El auto estacionó entre otros dos vehículos, tenía las luces
delanteras encendidas y las traseras apagadas, según dijo
después la menor de 11 años Leonor Córdova Velásquez. La
señora Cárdenas entró a su casa para no ser imprudente,
pero vio desde la ventana de la sala que el auto tenía el mo-
tor en marcha y el individuo parecía tener un arma en el
bolsillo, salió del auto y regresó para conversar con el chofer.
Sonaron cinco disparos y vio que un hombre agachado corría
hacia el auto y subió por la puerta que habían dejado abier-
ta. El sujeto tenía el cabello negro ligeramente ondulado pei-
nado hacia atrás, nariz aguileña y parecía que tenía bigote.
El guardia civil Humberto Peralta Mendoza, que estaba
de servicio en el barrio, no vio nada.
Eduardo Vivar Oyola, un trabajador de la fábrica Iricotex,
que había ido a buscar a su enamorada, usó el parachoques
de un carro Buick verde para amarrarse los pasadores de sus
zapatos, y notó que no tenía placa, tenía el motor encendido
y las luces apagadas. También vio al sujeto del sobretodo que
se paseaba de arriba abajo.
Graña salió de nuevo de su trabajo acompañado del Dr.
Muñoz Puglisevich y varios amigos que se despidieron y su-
bieron a su propio auto que tomó por la avenida Colombia
para atravesar la avenida Brasil. Graña caminó a su vez ha-
cia su auto. Apenas se hizo cargo del volante, el del sobretodo
cruzó la calle, se encaramó en la puerta delantera izquierda,
le dijo unas palabras y descerrajó cinco disparos sobre él, dos
de necesidad mortal. Acto seguido corrió con la pistola en la
mano, pasó sin ser detenido entre los ex guardias Eleodoro
Jerí Zúñiga y Miguel Ingunza Valenzuela, vecinos del barrio
que estaban conversando y no hicieron nada por detenerlo.
Ubaldo Sevilla, el enamorado de la menor Elsa Calderón,
pensó que se trataba de un robo, corrió detrás pero no pudo
alcanzarlo. El sujeto subió al Buick verde super sedán de
lujo, modelo 1942 de dos tonos, que lo esperaba cerca con
el motor encendido. Estaba manejado por un gordo blanco
e iba otra persona vestida de negro en el asiento posterior,
179
Héctor Béjar
que bajó del Buick minutos antes para observar un auto que
estaba estacionado delante.
El auto de los delincuentes fugó a gran velocidad y cruzó
la avenida Brasil. El carro de Graña avanzó sin dirección,
se salió de la pista y subió por el sardinel para detenerse
unos metros más adelante. La señora Graciela Williams
Chiri, hija de John Williams, doble compadre del comandan-
te Remigio Morales Bermúdez, que atravesaba la calle con
su pequeña hija, pudo ver el auto, el hombre que subía y
los ocupantes que esperaban. La policía le mostró las fotos
de dos personajes que consideraba sospechosos: el diputado
aprista Alfredo Tello Salavarría y el dueño del estanquillo,
el también aprista Héctor Pretell. Ella dijo que no eran, hizo
esta declaración ante la policía y la repitió en la audiencia,
en la que dijo que Arangüena, el jefe de la policía, presionó
a su hija y quiso hacerle firmar una declaración disparatada
contra Tello y Pretell.
El menor Alfieri Alvarado Matallana, que regresaba de su
trabajo, vio al individuo que disparaba y después corría. Dijo
que era una persona baja y gruesa.
El portero de Sanitas Pelayo Ruiz Samanamud recibió en
sus brazos a la víctima. Con un vecino, llevaron el cuerpo al
interior del local.
Cuando la policía llegó, las huellas dactilares que el ase-
sino dejó en la portezuela del carro no pudieron ser fotogra-
fiadas de manera precisa porque dijeron que había estado
lloviznando aquella noche. Pero de todos modos, quedaron
impresas, al igual que las huellas de las llantas en el sardi-
nel.
Fue nombrado para las primeras investigaciones, en re-
emplazo de Horacio Céspedes, el Jefe General de Investi-
gaciones sub inspector Enrique Arangüena, quien había
allanado la imprenta Chan Chan y se había enfrentado al
diputado aprista Alfredo Tello en la revolución de Trujillo de
1932. Fue nombrado Juez Instructor ad hoc, Augusto Vargas
180
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
Prada. Ambos eran declarados antiapristas.
El 12 de enero, los comandantes Arturo Arévalo y Jesús
Navarro y el alférez Ezequiel Sánchez Caballero, oficiales
del Cuartel Santa Catalina, entregaron al Jefe de Investi-
gaciones Arangüena, al sargento del ejército César Vacca-
ri Gallo. Le habían escuchado decir cuando conversaba por
teléfono con una amiga llamada Corina Rojas, que él había
estado en la escena del crimen.
Desde el comienzo de las investigaciones y hasta el final
del juicio oral, el sargento Vaccari se convirtió en el testigo
/ cómplice más importante, a pesar de sus retractaciones y
contradicciones. El comisario de investigaciones Víctor Wer-
ner dijo haber descubierto que Vaccari era un aprista que
actuaba a órdenes del dirigente Saco Miró Quesada e iba al
local de ese partido en Jesús María.
Vaccari fue arrestado e incomunicado en el cuartel el 21
de abril, y después fue trasladado a Investigaciones.
Cuando le pidieron que haga una relación de sus activi-
dades, dijo que el día anterior al del crimen, estuvo en una
fiesta donde su tía Antonieta Pacheco de Gallo. A la una y
media de la madrugada fue a su casa a cambiarse. A las tres
y treinta de la tarde, llegó al Piquete. A las 4.45 redactó la
situación diaria. A las 5 ó 5.15 salió del Piquete usando la
motocicleta del cuartel sin permiso de sus superiores. A las
5.45 llegó al Bazar de Subsistencias de San Lázaro llevando
un encargo del teniente Valdivia. Allí esperó a su amigo el
sargento Yesquén con quien regresó al Piquete. A las 6.45
llegó al cuartel, tomó algún alimento y volvió a encontrarse
con Yesquén a quien subió a la parrilla. Se dirigió a la casa
de su tía y Yesquén lo dejó en el cine Varela donde lo espera-
ba su enamorada Esperanza Pajares para ver la función de
vermouth que empezó a las 6.45. Se despidieron, y Yesquén
se llevó la moto al Callao mientras Vaccari se quedaba en
el cine. La enamorada salió antes que termine la función.
Yesquén lo recogió en la moto. Ambos se encontraron con
181
Héctor Béjar
sus amigos Lara, Seminario e Ínjoque, quienes le dieron la
noticia del crimen. Regresaron al Piquete como a las nueve
y veinte.
El 12 de enero conversó con Corina Rojas por teléfono y le
dijo, en broma, que había presenciado el crimen. Además de
los oficiales antes mencionados, el médico del cuartel doctor
Brignardello escuchó la conversación y lo hizo citar a la Ins-
pectoría General del Ejército, donde lo esperaba el capitán
Antonio Ipinza, que lo llevó donde el inspector Arangüena.
Prestó dos manifestaciones, el 21 y 22 de febrero. Lo incomu-
nicaron en el cuartel Santa Catalina el 21 de abril.
El 6 demayo fue sometido por Arangüena hasta a 12 se-
siones de pentothal sódico, que fueron aplicadas por el mé-
dico Federico Sal y Rosas, capitán de policía, y el enfermero
Antenor Castillo. Era un acto ilegal, sin abogado defensor
presente, que no mereció sanción alguna ni del gobierno ni
del Poder Judicial. Así lograron que declare que el senador
Arca Parró, el diputado Alfredo Tello y el ex ministro de jus-
ticia aprista Ismael Bielich Flores, lo habían instruido para
que colabore en el asesinato haciendo una función de enlace.
Según la policía, él era el encargado de señalar a Graña ante
Alfredo Tello.
Inmediatamente después de las inyecciones y bajo pre-
sión, Vaccari fue llevado a la casa de Alfredo Tello para que
la reconozca como el lugar donde se había reunido, convoca-
do por el diputado para colaborar en el crimen; y firmó una
extensa declaración y un plano de la escena del asesinato
con fecha 12 de mayo, aceptando su participación en el cri-
men y acusando a Tello.
Federico Sal y Rosas y Oscar Trelles sostuvieron que era
conveniente y científico usar el narcoanálisis.
También fueron víctimas de inyecciones Eufemia Perla
Ramírez, conviviente de Manuel López Obeso, el dueño de
un Buick similar al del crimen, que descubrieron guardado
182
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
en un corralón, pero López Obeso se encontraba de viaje en
Trujillo. Arrestaron entonces a Carmen Ramírez, inquilina
del corralón. A Eufemia Perla querían obligarla a decir que
el auto de López Obeso había salido del garaje, pero no pu-
dieron conseguirlo a pesar de sus presiones y el narcoanáli-
sis. La acusaron entonces de encubridora.
Jerí e Ingunza, los exguardias que dejaron pasar al pisto-
lero, también fueron detenidos y el médico Hans Halm aplicó
tests mentales a todos los sospechosos.
Desde el comienzo, David Aguilar Cornejo, abogado de la
parte civil, dirigió las investigaciones de la policía, elaboró
las preguntas a Vaccari y vigiló la redacción del atestado
policial.
Vaccari fue haciendo siete declaraciones, primero negán-
dose, luego contradiciéndose y finalmente aceptando haber
participado en el crimen.
A lo largo de todo el curso de los acontecimientos que si-
guieron, primero en las investigaciones policiales y luego en
el proceso judicial hasta la audiencia final, Vaccari fue dan-
do múltiples versiones. Declaró que Alfredo Tello lo abordó
en la calle, lo invitó a su casa, le insinuó tener relaciones
homosexuales a cambio de influir para su ascenso y le dijo
que iba a matar a un señor Graña, para lo cual le pidió su
colaboración. Firmó primero unas declaraciones pre redac-
tadas en un papel rosado a las que la prensa llamó “la carta
rosada”. Después se desdijo y acusó a los policías de haberlo
presionado amenazándolo y ofreciéndole darle dinero y sa-
carlo del país a cambio de que acuse a Tello. Al promediar el
proceso, volvió a su versión acusatoria reafirmándose en el
homosexualismo de Tello, en una carta dirigida a la prensa.
Vaccari tenía 19 años de edad. Cuando los psiquiatras Ho-
norio Delgado, Guzmán Barrón, César Gutiérrez Noriega y
Enrique Encinas lo examinaron, concluyeron que se trata-
ba de un normal que lindaba con lo subnormal, inestable e
imaginativo, de fuerte personalidad neuropática y tenía una
183
Héctor Béjar
edad mental de once años dos décimas. A los ocho años tuvo
tifus exantemático durante seis meses, con fiebres muy altas
que pudieron afectar la corteza de su cerebro.
Mientras tanto, La Tribuna aprista ofreció una recompen-
sa por la captura del asesino y publicó un cable inventado
por la inexistente Agencia de Noticias Columbus, que daba
cuenta del descubrimiento de unos documentos secretos en
Rancagua, Chile, revelados por el gobierno de González Vi-
dela, en que se afirmaba que Graña había sido asesinado por
directivas de Eudocio Ravines, siguiendo instrucciones de la
Unión Soviética, a través del Partido Comunista de México.
La agencia Columbus nunca existió, era un invento de
Haya de la Torre, quien, conforme revelaron años después
sus compañeros de partido, a veces redactaba personalmen-
te las noticias que narraban sus viajes, entrevistas y discur-
sos. Tanto la agencia como el documento eran inventos a los
que hago referencia en otra parte de este libro. A los apristas
no se les ocurrió mejor idea que acusar a los comunistas con
versiones torpes. Era público que Ravines ya era anticomu-
nista y había sido expulsado del PC en 1942.
El 27 de abril fue capturado Héctor Pretell, despachador
del estanquillo situado a tres cuadras de Sanitas, en la ave-
nida Melgar, que tenía antecedentes de ser defensista del
Apra. Los investigadores lo vistieron con un abrigo beige y
un sombrero marrón igual al del asesino, lo llevaron a la Av
Paraguay y lo hicieron pasear para que lo reconozcan varias
mujeres, entre ellas la menor Elsa Calderón, pero ésta negó
que sea el asesino. Días después la policía puso en libertad
a Pretell pero no tomó en cuenta la diligencia, que no figuró
en el expediente.
Semanas después del asesinato, las dos hijas de la señora
Calderón, Elsa y Rosa, y su amiga Teresa Bisso, iban a la
casa de una tía con Enrique Velarde Valle que cortejaba a
Rosa y Ubaldo Sevilla de las Casas, que cortejaba a Elsa y
a quien ésta conocía desde julio de 1946. A las cinco y cuarto
184
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
o cinco y media pasaron por un estanquillo en que vendían
arroz, hicieron cola y, al entrar a comprar, Elsa, una de las
hijas, reconoció al hombre que había estado con abrigo en la
esquina de la casa y a quien le había dicho “melocotón con
pelusa”.
Elsa Calderón declaró ante el juez el 14 de julio que el ase-
sino era bajo y gordo. Pero seis meses después de sus prime-
ras declaraciones, cuando le fue mostrado en el despacho de
Arangüena, la misma menor dijo reconocer en él al asesino
del sobretodo cuando lo vio en el estanquillo donde compró
arroz con su hermana Rosa y Enrique Velarde. Según dijo,
era el hombre, el mismo Pretell, que la policía la llevó a re-
conocer en la Av Paraguay el 24 de abril. Había cambiado de
opinión.
El 10 de junio fue detenido Alfredo Tello Salavarría. Tello
renunció a su inmunidad parlamentaria y se sometió a la in-
vestigación. Dijo que esa tarde había ido donde su radiólogo
y después al ministerio de Agricultura a visitar a su amigo
Carlos García Ronceros (padre de Alan García, el que sería
presidente en 1985), porque estaba haciendo unos denun-
cios de tierras en la Dirección de aguas e irrigación para su
amigo Pedro Eloy Tello, que estaba alojado en el Gran Hotel.
Todo esto fue corroborado en el juicio por las personas men-
cionadas. En el ministerio también trabajaba Polay, el padre
del que después, en los años ochenta, sería líder del MRTA.
El ministro era el aprista Luis Rose Ugarte.
En agosto, el gobierno ascendió por acción distinguida a
Arangüena y otros investigadores que estaban participando
en las averiguaciones.
Más de un año después, en febrero de 1948, el juez Vargas
Prada emitió su informe. Ahora el asesino ya no era bajo y
gordito sino delgado, de color trigueño, ojos chicos y hundi-
dos, con huellas o borraduras en la piel de la cara, facciones
que coincidían con las de Pretell. El juez descartó los prime-
ros testimonios de Elsa Calderón que no reconocían a Pretell
185
Héctor Béjar
por haberse realizado ante la policía y no ante el juzgado;
y optó por los otros en que sí lo señalaba. Indicó que López
Obeso podía ser partícipe del crimen, a pesar de que esos
días estaba en Trujillo, y que Vaccari no era el débil mental
que establecieron los exámenes psiquiátricos. También esta-
bleció la responsabilidad de Tello a pesar que no estuvo en
el lugar del crimen y la responsabilidad de Eufemia Perla
Ramírez, esposa de López Obeso, y Carmen Ramírez Jibaja.
Excluyó de responsabilidad a López Obando, un ingeniero
aprista que trabajaba en el ministerio de Agricultura y a
quien Tello había ido a buscar la noche del crimen.
Lo extraño de este informe era que no hacía ninguna alu-
sión a los móviles del crimen, no exploraba informaciones so-
bre el sujeto que siguió el auto de Graña antes del asesinato
ni hacía referencia a quienes podían haberse beneficiado de
su muerte.
De esta manera, el diputado aprista Alfredo Tello Sala-
varría fue acusado de haber cometido el crimen. Lo odiaban
porque había sido líder de la revolución de Trujillo y se ven-
garon. Cuando Tello probó que esa tarde había estado en el
consultorio de su radiólogo, el doctor Gonzales Vera, enton-
ces acusaron a Héctor Pretell y argumentaron que Tello era
el autor intelectual. Manipularon groseramente el juicio que
terminó en 1949 bajo la dictadura de Odría condenando a
Tello y Pretell. Fueron apareciendo marionetas manejadas
por groseros manipuladores: los jefes policiales Arangüena
y Mier y Terán; David Aguilar Cornejo, abogado de la parte
civil (después sería premiado con una senaduría por Odría y
sería su secretario político en las ilegales elecciones de 1950
y ministro de Relaciones Exteriores), el fiscal acusador Cé-
sar Augusto Lengua. El sargento de 19 años César Vaccari
Gallo, que inventó versiones rocambolescas cambiadas múl-
tiples veces y llegó a decir que Tello era homosexual (lo que
fue descartado por humillantes comprobaciones médicas). La
adolescente de 16 años Elsa Calderón Cárdenas, que fue pre-
sionada para cambiar su primera versión del asesino bajito
186
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
y gordo por otra de alto y flaco adecuada al físico de Pretell.
Los ex policías Eleodoro Jerí Zúñiga e Ingunza, que fueron
señalados como cómplices por no haberle cortado el paso a
un hombre que corría con una pistola en una de las manos.
El 27 de diciembre de 1948, aprovechando los días de año
nuevo, se inició el juicio oral ante el primer Tribunal Co-
rreccional, atendiendo al dictamen del fiscal Juan Bautista
Velasco, con siete acusados y 58 testigos. Ya estaba en el po-
der de facto, Manuel A. Odría. El fiscal pidió veinte años de
penitenciaría para Tello y Pretell; diez años para Ingunza,
Jerí y López Obeso; siete años de prisión para Vaccari; tres
años para Eufemia Perla. Al haber enfermado, Velasco fue
sustituido por el fiscal César Augusto Lengua.
El 7 de setiembre de 1949, el Fiscal Lengua formuló su
acusación. Señaló que se trataba de un homicidio calificado.
Este delito tenía pena de muerte en el art 54 de la Consti-
tución de 1933. Autor intelectual, Víctor Raúl Haya de la
Torre; autores materiales, Alfredo Tello Salavarría y Héctor
Pretell Cabosmalón; cómplices, Eleodoro Jerí Zúñiga, Ma-
nuel Ingunza, César Vaccari Gallo y Manuel López Obeso;
encubridora, Eufemia Perla Ramírez.
Todo el tribunal simuló creer las falsas versiones cons-
truídas desde el poder y condenó a Tello y Pretell. La verda-
dera investigación que debió hacerse, nunca se hizo. Ambos
resultaron condenados por una sentencia que estuvo basada
principalmente en los testimonios de un presionado y tortu-
rado débil mental de 19 años y una menor de 16, igualmente
presionada.
Ni las huellas dactilares de Alfredo Tello ni las de Pretell
coincidían con las que, aunque borrosas, quedaron en el auto
de Graña. Y aun así los condenaron.
El proceso que duró treintaiseis meses fue un síntoma
más del extremo de insolencia y perversión al que llegó la
oligarquía en esos momentos.
187
Héctor Béjar
Hubo prolijas investigaciones, pistas falsas, un detective
canadiense fue importado. ¿A quién beneficiaba el crimen?
La International Petroleum se libraba de un enemigo, los
industriales perdían un diario, Pedro Beltrán, dirigente de
los agrarios, se apropió de La Prensa que, bajo su dirección,
pasó representar los intereses norteamericanos y los de azu-
careros y algodoneros. La derecha dijo que eran los apristas,
los apristas dijeron que era la derecha liderada por Beltrán
y Ravines, es decir, los barones del algodón y del azúcar y los
comunistas en alianza. Cada sector político acusó a sus ene-
migos, pero nadie se ocupó de una investigación verdadera, a
fondo. En su libro La tiranía quedó atrás, Fernando León de
Vivero insinúa que Graña estaba implicado en el tráfico de
drogas a partir de su laboratorio Sanitas. Era una perversa
insinuación.
Nunca se supo quién mató a Graña, porque no se inves-
tigó. ¿Y por qué no se investigó? Así como nunca se ha sa-
bido quién ordenó matar a Sánchez Cerro, quién o quiénes
estuvieron detrás del asesinato de Antonio Miró Quesada y
su esposa, quién mató a Luis Banchero Rossi. Lo curioso es
que, desde Mendoza Leyva, asesino inmediato de Sánchez
Cerro, Carlos Steer Lafont, que disparó contra los esposos
Miro Quesada, Vaccari Gallo, supuesto cómplice del crimen
Graña o Juan Vilca Carranza, supuesto asesino de Luis
Banchero, siempre encontramos a menores de edad o débiles
mentales usados por alguien que opera desde las tinieblas de
la mafia o de la política.
El padre de Graña hizo fortuna con Leguía, formó parte
del civilismo que creía que era necesario modernizar el Perú,
diferente de los civilistas ultramontanos y terratenientes,
que eran feroces enemigos de Leguía. Caído el dictador del
oncenio, papá Graña pasó hambre con su familia. Francisco
conoció entonces desde niño las penurias de la pobreza y el
exilio. Escribía, le gustaba el arte y la literatura. Y después
rehizo la fortuna de la familia con la industria farmacéuti-
ca. En esos años de guerra, cuando no había importaciones,
188
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
era bastante sencillo hacer purgantes, jarabes y frotaciones.
Como Augusto Belmont, dueño de Abeefe, aprovechó que to-
davía no ingresaban los productos norteamericanos simila-
res. Con los Belmont y otras familias, formaron parte de una
joven generación industrial e industrialista.
Graña era opuesto al vendaval político del Apra que bus-
caba la aprobación del contrato Sechura. Sabía que ese con-
trato proporcionaría millones de dólares para respaldar un
probable gobierno aprista una vez que derrocaran a Busta-
mante, y no estaba de acuerdo con esos planes. Logró en-
tonces comprar acciones de La Prensa, el antiguo diario que
perdía dinero y había pasado por varios dueños. Pero pronto
tropezó con la presión de Pedro Beltrán, terrateniente refor-
mador ligado a los Estados Unidos y su activo asesor Eudo-
cio Ravines que, de ser agente de la Tercera Internacional,
había pasado a convertirse en un hombre de los latifundistas
y de los Estados Unidos, debido a su feroz anticomunismo
manifestado semanalmente en el periódico Vanguardia.
Las discrepancias entre Graña y Beltrán hicieron crisis
en una reunión de ambos en Montalbán, el fundo de Beltrán,
días antes del asesinato.
Montalbán fue donado por el Estado peruano a Bernardo
O´Higgins. Muerto el libertador y sus descendientes negros
(tuvo varias parejas morenas) nadie sabía cómo por arte de
magia el fundo que finalmente era del Estado, acabó en ma-
nos de Beltrán.
El ausentismo parlamentario
Los parlamentarios no apristas, comunistas e indepen-
dientes, decretaron la huelga parlamentaria pocos meses
después, en julio de 1947. La derecha formó la Alianza Na-
cional, apodada por los apristas como Nazi--onal. El ausen-
tismo dejó a las cámaras sin poder sesionar y el presidente
Bustamante empezó a gobernar con decretos leyes.
La huelga del Guadalupe
189
Héctor Béjar
En agosto de 1947, una huelga general de escolares pro-
testando contra los abusos del director del Colegio Guadalu-
pe Calvo y Pérez, culminó en la muerte del colegial Avella-
neda Beltrán. Juan Pablo Chang, que años después moriría
en Bolivia en la guerrilla de Ernesto Guevara, era uno de
los dirigentes de los colegiales apristas del Alfonso Ugarte.
Manuel A. Odría era ministro de Gobierno.
Los adolescentes de la posguerra despertaron en el mun-
do. Miles de ellos murieron en los campos de batalla ¿por qué
tenían la obligación de morir y no el derecho de participar?
La discusión se abrió cuando Bustamante anunció la refor-
ma de la educación secundaria y técnica. Impregnados por
el ambiente intenso de aquellos días, grupos de colegiales
abrieron asambleas pidiendo la generalización de la educa-
ción secundaria pública y gratuita a toda la nación. Los in-
ternos (en aquellos años algunos colegios como el Guadalupe
tenían internados para los provincianos) pidieron mejoras
en la alimentación y las condiciones de vivienda. El año si-
guiente la dirección del colegio Guadalupe negó la matrícula
a quienes promovieron las asambleas y estalló el conflicto.
Los estudiantes tomaron el local y fueron rodeados por la
Guardia de Asalto que impidió el ingreso de alimentos. Se
unió el Alfonso Ugarte a la huelga y, a los pocos días, todos
los colegios nacionales de Lima incluyendo el colegio de mu-
jeres Rosa de Santa María. Se formó la Federación de Estu-
diantes Secundarios1.
El 5 de setiembre, persiguiendo las manifestaciones ca-
llejeras de los chicos, la Guardia empezó a disparar. Hubo
1 Directiva de la Federación de Estudiantes Secundarios, FES: Presidencia: David
Juscamayta, del Guadalupe, vice presidencia: Flor de María Saco, del Rosa de
Santa María, Organización Juan Pablo Chang Navarro del Alfonso Ugarte, Pren-
sa y Propaganda Carlos Tizón del Dos de Mayo del Callao, Interior Lidia Fonkén
del Rosa de Santa María, Secretario General Julio Pereda del Guadalupe, Defensa
Carlos Bernales del Alfonso Ugarte, Economía Emma Zegarra del Miguel Grau,
Cultura Alejandro Alonso del Colegio San Marcos, Deportes Alberto Moreno
del Labarthe.
190
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
diecinueve heridos de bala y un muerto: Heriberto Avella-
neda Beltrán, guadalupano de 15 años, natural de Yauyos.
La policía secuestró y capturó el cadáver. Los estudiantes de
medicina lo rescataron de la Morgue y lo llevaron a la casona
de San Marcos. Un mar humano acompañó el cadáver desde
San Marcos al cementerio de los Barrios Altos.
En esa huelga participaron Juan Pablo Chang, alumno
del Alfonso Ugarte, Ricardo Tello, Nadeira Barahona, Frida
Manrique y otros chicos y chicas que serían cuadros políticos
años después.
El linchamiento de Francisco Tovar Belmont
El 16 de febrero de 1948, una manifestación popular en
Cerro de Pasco acabó en el linchamiento del prefecto Fran-
cisco Tovar Belmont.
Era víspera del carnaval. El líder sindical aprista que po-
cos años después sería asesinado por la policía del régimen
odriísta, Luis Negreiros Vega, debía llegar a Cerro. Había
un clima tenso en la ciudad minera. Faltaba el arroz, falta-
ba el azúcar. Hartas de las colas que tenían que hacer para
adquirir los 100 gramos de azúcar por persona que eran per-
mitidos por el prefecto, las mujeres reclamaron. Los ánimos
estaban caldeados. Hubo una reunión de las mujeres y el
prefecto en que se insultaron. Los ánimos se caldearon toda-
vía más. El Sindicato minero convocó a una manifestación.
Se pronunciaron discursos. La policía trató de disolver el mi-
tin. Nuevas marchas se dirigieron a tomar la prefectura. La
policía hizo disparos al aire. Varios trabajadores, hombres
y mujeres, fueron detenidos. Nuevas negociaciones entre el
prefecto y una comisión. Los trabajadores exigieron que se
decrete la venta libre de azúcar y se libere a los presos. El
prefecto respondió que recién llegaría el azúcar enviada por
el ministro de Agricultura. Nuevos discursos y la multitud
amenazante rodeó el local de la prefectura exigiendo “que
renuncie, vivo o muerto o si no ¡a la boliviana!”, se coreaba.
191
Héctor Béjar
Tovar abandonó el local de la prefectura y caminó entre la
multitud solo, porque el subprefecto Carlos Falla López y
sus funcionarios huyeron, menos el obrero de 23 años Fi-
lomeno Páucar que también fue asesinado de tres balazos.
Se dijo que el líder Llanos de la Mata le dio un garrotazo a
Tovar. El prefecto murió en el acto. Paulina Venturo y otras
mujeres bailaron sobre el cadáver.
Extrañamente, casi todos los muertos y heridos después
de la muerte del prefecto fueron por balas y eran trabajado-
res, no policías. Era obvio que los policías dispararon sobre
la multitud y esta reaccionó con violencia. Pero excepto La
Tribuna, cuyo enviado Eduardo Jibaja fue apresado y 1947,
la revista de Genaro Carnero Checa, todas las versiones atri-
buyeron la culpa de las muertes solamente al pueblo.
Una implacable persecución siguió a estos hechos. Fue de-
cretado el estado de sitio. Las cárceles se llenaron. Tropas
del ejército y la Guardia Republicana fueron enviadas des-
de Lima por Bustamante y Odría. El Comercio dijo que los
manifestantes habían bailado encima del escudo nacional
que arrancaron del frontis de la prefectura, lo que era falso.
La incontenible chusma india que merece el más severo de
los castigos, pisoteó el escudo nacional de la Prefectura y lo
arrastró por plazas y calles junto con el cadáver del ejemplar
servidor de la patria, publicó El Comercio.
El 5 de abril de 1952, luego de un largo juicio, fueron con-
denados cinco mujeres y veintitrés hombres2.
El Apra fue perdiendo poder y el antiaprismo fue cre-
ciendo. Bustamante nombró un gabinete militar. Cerrado el
Parlamento y renunciantes sus ministros, solo quedaban las
calles o el golpe de estado.
Varias conspiraciones avanzaban simultáneamente ga-
nando tiempo. Desaparecido Francisco Graña, Pedro Beltrán
2 Mario César. Pérez Arauco El prefecto (novela). Es también autor de Historia del
pueblo mártir del Perú, en diez tomos. Lima: Pueblo ediciones, 2004.
192
VIEJA CORÓNICA Y MAL GOBIERNO
tomó control de La Prensa y se asoció con Eudocio Ravines.
De ser industrialista, La Prensa se convirtió en vocero de los
exportadores algodoneros y azucareros, los barones del algo-
dón y del azúcar según decía Haya, que reclamaban el cese
del control de cambios por el Estado para apropiarse de las
divisas. Por su parte, los generales veían con preocupación
la penetración del Apra entre soldados, clases y oficiales de
menor graduación. Las reuniones con jefes del ejército y con
Manuel A, Odría, menudearon.
El Tercer Congreso del Partido Comunista
Se realizó el 31 de agosto de 1948, dos meses antes de la
fracasada revolución aprista y del golpe de estado de Odría.
La transición a la democracia vivía sus últimos momentos.
También el PC estaba dividido entre el Comité Central do-
minado por Jorge Acosta, Jorge del Prado y Juan Barrio y
el Comité Departamental de Lima donde estaban Juan P.
Luna, Ángel Marín, Odón Espinoza, Juan Polo y otros.
Se discutía si el Apra era el enemigo principal o si ha-
bía que distinguir entre sus líderes reaccionarios y las bases
apristas. Se concluyó en la Resolución Décimo Segunda:
No obstante ser ahora el Partido Aprista el agente más
agresivo del imperialismo yanqui, no podemos olvidar
que en sus filas cuenta con una apreciable base popular,
susceptible de ser ganada al campo anti-imperialista y
antifeudal a través de la lucha...
Y respecto de la oligarquía agrupada en la Alianza Nacio-
nal:
Existiendo dentro de la Alianza Nacional y otros gru-
pos de la burguesía agraria, industrial y comercial, cier-
tos intereses opuestos y antagónicos a los del imperialis-
mo, el Partido Comunista no descarta la posibilidad de
entendimientos eventuales con esos grupos en la lucha
contra el enemigo fundamental.
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Héctor Béjar
Gran parte de la discusión se centró en acusaciones y con-
tra acusaciones de malos manejos económicos y fracaso de la
imprenta del partido que se atribuía a Juan Barrio.
En realidad, siempre coexistieron en el ambiente comunis-
ta, la tendencia más extrema y sectaria que venía de la tesis
de lucha de clase contra clase de la Tercera Internacional y
Ravines en los años treinta, que en su momento represen-
taron Marín y Espinoz