I.
Introducción
Desde hace siglos, las conductas fonatorias para la voz cantada se conocen con el nombre
de “técnicas vocales”. Husson las definió fisiológicamente como un modo de emplear
nuestros órganos fonatorios para el canto, basado en el automatismo sensitivo-motor
estabilizado por el aprendizaje, que permite un cierto rendimiento en frecuencia,
intensidad, timbre y ausencia de fatiga. Por consiguiente, lo que tipifica el concepto de
técnica vocal es la satisfacción de ciertos rendimientos fonatorios, promovidos por la
evolución de los estilos musicales y en especial del operístico (Cobeta. I, Núñez. F,
Fernández. S, 2013).
Durante la práctica del canto se perciben sensaciones internas en las fosas nasales, el
paladar, la faringe, la laringe, la tráquea, la pared anterior del tórax, el abdomen y la
pelvis. Hay técnicas que se basan en la búsqueda sistemática de estas sensibilidades. El
primer método basado en las sensibilidades internas data de 1928, cuando Jean Mauran,
cantante de ópera de París, observó en sí mismo y en sus colegas que cuando se canta
correctamente se nota, independientemente de la vocal o de la frecuencia emitida, un
máximo de percepción en la parte anterior del paladar óseo detrás de los incisivos
superiores (el llamado “punto Mauran”). Por tanto, la base de su enseñanza será buscar y
fijar este punto. En 1929, Eduard Ronard, colega de Mauran, publicó un folleto con
observaciones sobre la emisión vocal en el mismo sentido que el anterior, pero con la
peculiaridad de englobar las sensaciones interoceptivas anteropalatales con las palatales
nasofaciales. Con todo, lo más interesante de sus escritos es la descripción de sus propias
sensibilidades internas bucolabiales.
Otra defensora de éste método de aprendizaje es la cantante alemana Lilly Lehmann, pero
ella utilizaba las directivas subjetivas de proyección de los sonidos. Su libro “El Arte del
Canto” en 1909, explica que los sonidos en el canto tienen una dirección dada hacia el
frente o hacia arriba, mientras que la directiva subjetiva de proyección es casi horizontal
para casi todas las vocales y no está ligada a la palatización de las sensaciones bucales. Se
examinan componentes subjetivos dirigidos hacia el cráneo vertical si se eleva la laringe
en el registro agudo de lo contrario, si esta no se eleva, después de cubrir sonidos abiertos
la directiva de proyección subjetiva permanece horizontal.
En el agudo, el enderezamiento hacia la vertical craneana produce una técnica de
impedancia débil, mientras que en el caso contrario la impedancia será fuerte (Cobeta. I y
cols, 2013).
Los métodos educacionales deben contar con apropiadas elecciones de técnicas o
conductas fonatorias para el rendimiento que le será exigido a los alumnos cuya
metodología debe ser racional e inteligente y no presupone la elección de un único sistema
o método para las técnicas vocales según las aptitudes vocales e intelectuales de cada
alumno. (López. W, 1970).
II. ¿Qué es sensorialidad?
Sensorialidad es la capacidad para percibir sensaciones, conocimiento consciente o
subconsciente de estímulos internos o externos, a través de los sentidos. Las sensaciones y
el tipo de reacción generado varían según el destino final que los impulsos nerviosos con
contenido sensorial tengan en el SNC. En la médula espinal, los impulsos sensoriales son
la porción aferente de los reflejos raquídeos. Los que llegan a la porción inferior del tronco
encefálico producen reflejos más complejos, como el ritmo respiratorio. Los que alcanzan
el tálamo permiten tener una leve percepción del tipo de sensación como las del tacto,
audición o gusto, y su localización en el cuerpo. Cuando los impulsos sensoriales alcanzan
la corteza cerebral es posible ubicar e identificar con precisión sensaciones específicas
(Tortora. G, Reynolds. S, 2005).
La percepción es el conocimiento consciente y la interpretación de las sensaciones. No se
perciben algunos impulsos sensoriales porque nunca llegan al tálamo o a la corteza
cerebral (Tortora. G, Reynolds. S, 2005). El problema de la percepción se plantea de
acuerdo con los términos y métodos propios de las diferentes disciplinas. En el campo de
la Neurofisiología, la percepción se sustenta en los mecanismos de transducción,
transmisión e integración de señales nerviosas que forman los códigos neurales. Las
disciplinas técnicas de la comunicación establecen analogías entre capacidad perceptiva y
almacenamiento de señales. De acuerdo con las premisas de los procedimientos
psicofísicos, los sistemas perceptuales abstraen, reconocen las cualidades de los estímulos
y establecen correlaciones con las propiedades de la senso-percepción. El proceso
perceptivo resulta de una actividad organizadora que, por medio de la atención, selecciona
los datos sensoriales para construir el contenido o percepción. (Guirao. M, 1980).
Modalidades Sensoriales
Se denomina modalidad sensorial, a cada tipo de sensación, por ejemplo, las de tacto,
dolor, visión o audición. Dicho de otra manera, la cualidad distintiva que diferencia un
tipo de sensación de los demás es su modalidad. Una neurona sensorial dada transmite
solo información correspondiente a una modalidad. A manera de ejemplo, las neuronas
que llevan impulsos táctiles al área somatosensorial de la corteza cerebral no transmiten
impulsos de dolor. De igual modo, los impulsos nerviosos provenientes de los oídos se
perciben en los lóbulos temporales como sonidos (Tortora. G y cols, 2005).
El proceso de las sensaciones
Este proceso se inicia con un receptor sensorial, el cual es una célula especializada o un
conjunto de dendritas de una neurona sensorial que vigila un aspecto específico del
ambiente interno o externo. Cada uno de los diversos tipos de receptores sensoriales es
sensible sólo a estímulos de una modalidad sensorial. Así pues, un receptor dado da una
respuesta intensa a un tipo particular de estímulo, es decir, un cambio del ambiente que
puede activar ciertos receptores, mientras que no la tiene en absoluto es muy débil a todos
los demás tipos de estímulos. Esta característica de los receptores sensoriales se denomina
selectividad (Tortora. G y cols, 2005).
Somestesia
La palabra “somestesia” viene del griego soma, cuerpo, y estesia, percepción por medio de
los sentidos. El concepto aplica a la percepción de la actividad del cuerpo a través de los
receptores sensoriales.
Los sistemas somestésicos informan acerca de lo que sucede en el organismo.
Comprenden, además de los sentidos propiamente cutáneos, los receptores musculares,
abdominales, respiratorios y cardiovasculares. Cada uno de estos se correlaciona con
sensaciones de diferentes modalidades. Los musculares comprenden los receptores de
peso, presión, fatiga, movimiento, calambre, hormigueo, tensión, relajación y dolor. Los
órganos respiratorios dan las sensaciones de fatiga, sofocación, tensión, relajación y
movimientos respiratorios. El dolor de todos los sistemas sensoriales aparece en el umbral
máximo de estos (Tortora. G y cols, 2005).
III. Bases anatómicas
Organización funcional del sistema nervioso
La organización de la estructura del sistema nervioso refleja una clara funcionalidad. La
información entra por los receptores sensoriales y a través de vías sensoriales específicas
es llevada hasta centros nerviosos donde es procesada. De este procesamiento surgen la
sensación y la percepción. Pero también, la información que llega a los centros nerviosos,
al ser procesada en los sistemas cognitivos, genera conocimiento (aprendizaje) parte del
cual puede ser almacenado (memoria). De esta manera se genera un conocimiento tanto
del medio ambiente como del medio interno.
Todos estos procesos se identifican estructuralmente con sistemas neuronales propios
(sistemas motores, sistemas sensoriales, sistemas cognitivos). Además, existen sistemas
moduladores que son capaces de modificar el flujo de información en los otros tipos de
sistemas. Entre estos sistemas se encuentran:
El sistema noradrenérgico: respuesta al estrés y presión arterial baja.
El sistema serotoninérgico: regular el estado de ánimo, el comportamiento social,
el apetito, la digestión, el sueño, la memoria, el deseo y la función sexual.
Los sistemas dopaminérgicos: comportamiento y la cognición, la actividad motora,
la motivación y la recompensa, atención y el aprendizaje (Belmar. J, 2012).
El sistema sensorial
Se denomina sistema sensorial a la organización funcional mediante la cual un organismo
procesa información del ambiente externo e interno. Las estructuras básicas de un sistema
sensorial las constituyen los órganos receptores y el sistema nervioso central.
Las células receptoras son células nerviosas especializadas y comparten, por lo tanto,
algunas propiedades fundamentales con éstas. Las células receptoras poseen un potencial
generador que se manifiesta al ser estimulado un receptor. Dicho potencial es proporcional
a la magnitud del estímulo. Los receptores tienen una actividad espontánea cuya
modulación constituye un mecanismo fundamental para la transmisión del mensaje.
La información sensorial llega al sistema nervioso mediante nervios y vías nerviosas.
Estas conducen el impulso nervioso, que es un potencial complejo que revela las
características morfológicas de las fibras que lo componen. La corteza cerebral tiene una
inmensa plasticidad de funciones, y algunas de sus partes tienen la capacidad de suplir a
otras. La actividad eléctrica de la corteza cerebral se registra ya sea abarcando grupos de
neuronas en conjunto o tomando neuronas aisladas. Los potenciales evocados que se
obtienen de un complejo de neuronas se observan a lo largo de las vías sensoriales como
resultado de la estimulación de los receptores periféricos o de cualquier estación de relevo
(Guirao. M, 1980).
Sistema sensorial somático
Es el sistema relacionado con la información sobre tacto, cinestesia (sensación que resulta
del movimiento del cuerpo), temperatura y dolor que deriva desde diferentes partes del
cuerpo y es transportada al sistema nervioso central. Esa información se genera en
receptores sensoriales ubicados en la piel, músculos, articulaciones y la vía por la cual
viaja está formada por tres neuronas de proyección. La trayectoria de la vía depende de la
modalidad de información sensorial que ella transporta.
La célula sensorial (célula receptora) activada puede liberar un neurotransmisor que actúa
sobre el primer componente de la vía sensorial. Esta es la vía que va desde el receptor
sensorial hasta el área sensorial respectiva de la corteza sensorial. En esta viajan
potenciales de acción organizados en formas particulares de frecuencias o conjuntos
(trenes) de potenciales con intervalos específicos que representan una forma de código en
cada modalidad sensorial. En este recorrido, la información atraviesa varias sinapsis en las
cuales pueden aparecer modificaciones (procesamiento). En el sitio de destino de la
información en la corteza cerebral, se ha descrito para varias modalidades sensoriales, la
existencia de una representación sensorial (Belmar. J, 2012).
1. Neurona sensorial
2. Campo receptivo
3. Neuronas de primer orden
4. Neuronas de segundo orden
5. Corteza cerebral
6. Homúnculo somato-sensorial en la corteza cerebral
7. Divergencia (un axón se ramifica e inerva varias otras neuronas)
8. Convergencia (varios axones de diferente origen inervan la misma neurona)
9. Células accesorias en el órgano receptoras
Las células receptoras
Las células receptoras son células nerviosas especializadas, encargadas de realizar la
transducción del estímulo. Transducción es el proceso por el cual una energía se convierte
en otra. Son los órganos capaces de captar los estímulos del medio ambiente (órganos de
los sentidos) y del medio interno (receptores viscerales), ambos procesos esenciales para la
adaptación y funcionamiento de los organismos. Estímulos ambientales de distinto tipo
inducen en los receptores sensoriales ubicados en la cabeza y en la piel, la generación de
señales eléctricas que viajan por vías específicas hasta centros nerviosos también
específicos donde se generan sensaciones particulares. Normalmente tenemos conciencia
de este tipo de información. El substrato anatómico sobre el cual viaja cada tipo particular
de información hasta su centro nervioso representa un sistema sensorial. Del mismo modo,
estímulos del medio interno actúan sobre sistemas sensoriales específicos, pero la
información que transportan, al actuar sobre los centros que les corresponden, no siempre
generan sensaciones. La conciencia que tenemos de este tipo de información es limitada
(Tortora. G y cols, 2005).
Estructura de las células receptoras
Estas células receptoras presentan características comunes y diferenciales en cada sistema
sensorial. En todas las células se reconoce: 1) un área receptiva especializada; 2) una
región en donde se concentran mitocondrias; 3) el núcleo; y 4) la región sináptica. El área
receptiva especializada difiere en sus características de acuerdo con la función que cumple
en cada sistema sensorial. Las mitocondrias suelen presentarse en altas concentraciones en
áreas cercanas al sitio en donde se realiza la transducción del estímulo. Como la función
de las mitocondrias es proporcionar energía, se ha pensado que èstas organelas intervienen
de alguna manera en los procesos energéticos que tienen lugar en el área receptiva de la
célula sensorial. El núcleo es un aparte de la célula que se presenta en todos los receptores.
Contiene el código genético a partir del cual se produce la división celular. Las células
receptoras son células nerviosas super especializadas, que no pueden ser reemplazadas una
vez destruidas. Tampoco se dividen. El área sináptica es el lugar en donde se producen los
procesos bioquímicos, que dan como resultado el pasaje o no de la información
proveniente del receptor. Hay otro tipo de receptores que no presentan estas cuatro
regiones típicas. A él pertenecen las terminaciones nerviosas libres y los receptores
encapsulados. En ambos casos, las células receptoras se continúan directamente por
axones aferentes, cuyo cuerpo celular se halla situado en la parte dorsal de la columna
vertebral (Belmar. J, 2012).
Neurotransmisores
El impulso nervioso que recorre el axón tiene la propiedad de generar en su extremo una
actividad secretora. Tal actividad secretora da lugar a la formación de una sustancia
química denominada neurotransmisor. El neurotransmisor está contenido en pequeñas
bolsas denominadas vesículas sinápticas, que con la llegada del impulso se rompen, se
abren y vuelcan el neurotransmisor en el espacio sináptico (Guirao. M, 1980).
Los efectos de los neurotransmisores en las sinapsis químicas se pueden modificar de diversas
maneras:
1. Estimulación o inhibición de la síntesis del neurotransmisor
2. Bloqueo o intensificación de la liberación del neurotransmisor
3. Estimulación o inhibición del retiro del neurotransmisor
4. Bloqueo o activación del sitio receptor
Un agente que aumenta la transmisión sináptica o simula un efecto de un neurotransmisor
natural es un agonista, y otro que bloquea la acción de un neurotransmisor, un
antagonista. Por ejemplo: La cocaína genera euforia, ya que, al ser un agonista de la
dopamina, genera el bloqueo de los transportadores de la captación de la dopamina,
permitiendo que ésta dure más en la hendidura presináptica, con lo que produce
estimulación excesiva de ciertas regiones encefálicas (Tortora. G y cols, 2005).
Sinapsis
La sinapsis es el espacio que existe entre una neurona y otra. Más explícitamente, la
sinapsis está compuesta por la membrana de una neurona denominada presináptica, un
espacio sináptico y la membrana postsináptica de la siguiente neurona. Hay sinapsis
excitadoras que facilitan el paso de la información nerviosa, e inhibidoras, que lo impiden
(Guirao. M, 1980).
Existen dos tipos de sinapsis que difieren en lo estructural y lo funcional: las sinapsis
eléctricas y las sinapsis químicas.
Según el estudio (Mas, 2020) La sinapsis eléctrica tiene una unión estrecha entre neuronas
adheridas mediante proteínas (unión gap), lo que confiere mayor velocidad a la propagación
de la señal que sucede por la transmisión de iones (moléculas cargadas eléctricamente)
entre neuronas. La señal eléctrica circula de una a otra neurona en ambos sentidos –
bidireccional–, esto posibilita la sincronización entre neuronas para que mantengan un
ritmo acoplado.
En la sinapsis química las células están separadas por un espacio de hasta 20-30
nanómetros: la hendidura sináptica. Físicamente es una separación, funcionalmente una
conexión que transfiere la información de una célula a otra.
Pasos de la sinapsis:
1. Llega un potencial de acción al bulbo terminal (o
varicosidad) de un axón presináptico.
2. La fase de despolarización del potencial de acción abre
los canales de Ca+2 de voltaje, además de sus
similares de Na+, que se abren de manera normal. La
concentración de iones Ca+2 es más alta en el líquido
extracelular, de modo que entran a la célula por los
canales abiertos.
3. El aumento de la concentración de Ca+2 en el interior
de la neurona presináptica desencadena la exocitosis
de algunas de sus vesículas con la plasmática, las
moléculas de neurotransmisores del interior de las
vesículas se liberan en la hendidura sináptica. Cada
vesícula puede contener varios miles de moléculas de
neurotransmisor.
4. Las moléculas de neurotransmisor se difunden a través
de la hendidura sináptica y se unen con los receptores
de neurotransmisores en la membrana plasmática de la
neurona postsináptica. En la imagen se muestra el
receptor como parte de un canal de ligandos, mientras
que en otros casos puede ser una proteína
independiente en la membrana.
5. La unión de las moléculas de neurotransmisor con sus receptores en los canales iónicos
de ligandos abre los canales y permite el flujo de iones específicos a través de la
membrana.
6. De acuerdo con el tipo de iones que admiten los canales, el flujo iónico produce
despolarización o hiperpolarización de la membrana postsináptica. Por ejemplo, la
apertura de los canales de Na+ permite la entrada de estos iones, lo cual genera
despolarización, mientras que la apertura de canales de Cl- y el influjo consecuente de
Cl- causa hiperpolarización.
7. Si la despolarización alcanza el valor de umbral, se generan uno o más potenciales de
acción.
IV. Vías sensoriales
Varios son los órganos que envían a
la corteza cerebral
informaciones
indispensables para la elaboración
dirigida de la voz, la palabra y el
lenguaje. Son las vías de
información que conducen la
sensibilidad proveniente de las
mucosas de los órganos fonadores y
la sensibilidad producida o
propioceptiva que proviene de los
músculos y sus articulaciones
(Segre. R, Naidich. S, 1981).
Los impulsos auditivos verbales, después de haber viajado por las vías auditivas
periféricas, bulboprotuberanciales y el cuerpo geniculado interno, continúan por
las áreas auditivas de la corteza.
Las vías de la sensibilidad de los músculos, tendones y receptores mucosos faringo-
bucales llegan a los núcleos talámicos y luego se proyectan a las áreas corticales.
La unión de estos dos circuitos se realiza por las vías intertalámicas. Impulsos que
van a los centros motores del pie de la frontal ascendente y área de Broca. De las
áreas motoras piramidales parten impulsos que siguen los circuitos que llegan a
los núcleos de los nervios craneales involucrados (Farías. P, 2007).
1. VÍA AUDITIVA
El aparato fonatorio funciona en sincronización con otros sistemas sensoriales, como el
propioceptivo, el vestibular y el auditivo, y con centros nerviosos, como el cerebelo y las
partes del sistema nervioso que organizan las diversas masas musculares en las funciones
fonatorias. En especial, la comunicación verbal tiene estrecha relación con el sistema
auditivo. Las características acústicas de la voz humana - frecuencia fundamental y
armónicos que la componen, variación de los niveles de intensidad, modulación de
frecuencia e intensidad en el tiempo - son propiedades específicas de los estímulos
auditivos. Vemos así que el oído está especialmente equipado para recibir el código
acústico que produce la voz humana.
Es sabido que para poder articular palabras necesitamos oírnos. De ahí que, por ejemplo,
los sordos congénitos no pueden hablar. Por otra parte, el oído, juntamente con las claves
propioceptivas de músculos y articulaciones, hace de control del habla. Esta interacción
cobra especial relieve cuando tratamos de corregir nuestra dicción, pronunciar palabras en
otra lengua o entonar una melodía. Por su parte, el sistema vestibular y el cerebeloso
también intervienen en el control de los movimientos articulatorios que afectan a todo el
sistema vocal, desde los pulmones hasta los labios (Guirao. M, 1980).
Vía auditiva
Principales estaciones neuronales y cruces de la vía auditiva central
La función de la vía auditiva ascendente es transmitir señales acústicas al encéfalo,
donde se convierte en percepción consciente.
Sensación de frecuencia y de intensidad
Los sonidos son siempre atributos de la sensación y, por tanto, no deben confundirse con
los estímulos que los provocan. El estímulo sonoro se describe en términos de “amplitud o
intensidad”, y la sensación correspondiente a “sonoridad”. Refiriéndonos al estímulo
físico, describimos la “frecuencia de vibración”, pero si hablamos de la sensación
tendríamos que utilizar el término de “altura tonal” (Guirao. M, 1980).
El pitch es la sensación psicofísica de la frecuencia fundamental y no debe ser confundida
como la medida de frecuencia en sí. El hecho importante es que el pitch no es una simple
percepción de la frecuencia fundamental. Al contrario, la frecuencia, intensidad y
propiedades espectrales del sonido interactúan de modos muy complejos para llevar una
determinada percepción del pitch. El pitch aumenta con la elevación de la F0, más esa
relación no es lineal. Eso ocurre porque nuestro sistema auditivo es más sensible a algunos
cambios de frecuencia que otras; particularmente las frecuencias bajas, o sea, aumentar de
100 a 200 Hz es mucho más percibido que de 3.000 a 3.100 Hz (Behlau. M, 2004).
Percepción y sensibilidad auditiva
Cuando escuchamos las vibraciones de los cuerpos elásticos, podemos distinguir en ellas
las siguientes características:
Si perciben unas más “fuertes” que otras, a lo que llamamos sonoridad.
Podemos individualizar cuáles son graves y agudas, adjudicándose un tono en la
escala musical.
Reconocemos de cuál instrumento provienen, porque cada uno tiene un color o
timbre particular, cuyos matices traducimos por una impresión semejante a la
percepción visual (claros, oscuros, opacos, brillantes).
Dicho análisis es efectuado por el oído merced a las características físicas de las
vibraciones; intensidad, frecuencia y estructura armónica. Pero no puede decirse, que haya
concordancia entre el plano objetivo y el subjetivo de los sonidos, porque la percepción
de los fenómenos físicos depende de mecanismos fisiológicos propios de los órganos de
los sentidos (Nadich. S, 1981).
VÍA SENSORIONEURAL
Es el sistema relacionado con la información sobre tacto, cinestesia (sensación que resulta
del movimiento del cuerpo), temperatura y dolor que deriva desde diferentes partes del
cuerpo y es transportada al sistema nervioso central. Esa información se genera en
receptores sensoriales ubicados en la piel, músculos y articulaciones y la vía por la cual
viaja está formada por tres neuronas de proyección. La trayectoria de la vía depende de
la modalidad de información sensorial que ella transporta (Belmar. J, 2012). La primera
neurona de la vía, para información de tacto y de cinestesia, se ubica en el ganglio
sensitivo de la raíz posterior del nervio raquídeo. Al entrar en la médula su axón asciende
ipsilateralmente y alcanza a la segunda neurona ubicada en el ganglio de Gall y
Burdach. El axón de esta neurona sale del ganglio y cruza al lado opuesto y asciende por
una vía específica, el lemnisco medial, hasta hacer contacto con la tercera neurona
ubicada en el tálamo de ese lado, donde la información es relevada hasta el área sensitiva
somática de la corteza cerebral, contralateral con respecto al receptor de origen de la
información (Belmar. J, 2012).
Los tractos ascendentes o sensitivos importantes para estas neuronas son:
Fascículos gracilis (de Gall) y cuneiforme (de Burdach) de cordones posteriores:
Llevan información de tacto fino, de sensación consciente de posición y de
movimiento de las partes del cuerpo (cinestesia).
Tractos espino-talámicos laterales: Llevan información de tacto grueso, dolor y
temperatura.
Tractos espino-talámicos anteriores: Llevan información de tacto grueso y presión.
Tractos espino-cerebelosos: Llevan información sobre cinestesia
subconsciente (Belmar. J, 2012).
Vías sistema sensorial:
1. Corteza cerebral
2. Área sensitiva somática de la corteza cerebral
3. Axón de la neurona sensitiva que va desde el tálamo a la corteza
4. Tálamo
5. Mesencéfalo
6. Lemnisco medial
7. Tracto espino-talámico lateral (formado por los axones de la segunda neurona de la vía del
dolor)
8. Protuberancia o puente
9. Bulbo raquídeo
10. Médula espinal
11. Axón de la segunda neurona de la vía somestésica (tacto, presión)
12. Ganglio de la raíz posterior del nervio raquídeo. En él se ubica la primera neurona de la vía
13. Receptor (terminales nerviosos libres - dolor - o encapsulados - presión - según la
modalidad sensorial de la vía)
14. Fascículo de Gall, formado por axones de la primera neurona de la vía de tacto
(cinestesia)
Aparte del control de la motilidad, estas vías sensoriales dan origen a experiencias que son
esenciales para nuestra vida cotidiana. Así, tenemos una información constante acerca de
la posición de nuestro cuerpo en el espacio. Con los ojos cerrados, podemos poner nuestra
mano izquierda a la misma altura de la derecha, o no necesitamos mirar nuestros pies para
caminar, excepto cuando lo hacemos sobre terreno resbaladizo (Guirao. M, 1980).
Funciones sensoriales de la corteza cerebral
El potencial nervioso se desplaza por vías y centros nerviosos. Cuando este potencial llega
a la corteza y allí se registra, se denomina potencial evocado. Este consiste en un voltaje
que se detecta en medio del ritmo de base de la actividad eléctrica del cerebro y que
proviene de la estimulación de un órgano receptor o de alguna otra parte de las vías
nerviosas o de sus núcleos de relevo. El potencial evocado es una onda compleja
compuesta por pico y valles. El análisis de esta onda permite reconstruir el camino que ha
atravesado el potencial nervioso hasta llegar a la corteza.
La corteza cerebral tiene una representación topográfica de las superficies receptoras. Tal
cual se comentó anteriormente, la representación topográfica es la correspondencia que
existe entre sitios específicos de las superficies receptoras y regiones más o menos
específicas de la corteza cerebral. La existencia de esta distribución espacial puede ser
demostrada tanto mediante técnicas histológicas como por procedimientos
neurofisiológicos. Por medio de las primeras se demuestra la relativa permanencia de la
distribución espacial entre las fibras que van desde los receptores hasta la corteza.
Mediante los segundos, se prueba que la estimulación de centros específicos de la
superficie receptora va acompañada de un potencial evocado en zonas específicas de la
corteza cerebral (Guirao. M, 1980).
El control neural del aparato fonatorio
El aparato fonatorio está compuesto por órganos del sistema respiratorio y digestivo que
tienen la función de producir y modular sonidos. Por esta razón, en rigor, no podemos
referirnos al control neural del aparato fonatorio como si este fuera un sistema separado.
El aparato fonatorio está controlado por varios sistemas; piramidal, extrapiramidal,
vestibular, propioceptivo y cerebeloso, de manera que el lenguaje no tiene una
representación nerviosa definida. La llamada “área del lenguaje” es una parte de la región
frontal del cerebro en donde están situados los centros motores que organizan la motilidad
voluntaria. Los nervios motores craneales que tienen una intervención directa sobre el
aparato fonatorio y la mímica facial están representados en la figura. De hecho, los
sistemas que controlan el aparato fonatorio tienen funciones sensoriales y motoras, estas
últimas voluntarias e involuntarias. Como toda estructura músculo-articulatoria, las
cuerdas vocales, la lengua, los maxilares y los labios están inervados por un mecanismo
sensorial propioceptivo.
La propiocepción nos permite sentir la posición de los diversos órganos del aparato
fonatorio para la emisión correcta de los sonidos. Tomamos conciencia del papel de esta
sensibilidad propioceptiva cuando experimentamos dificultades para hablar o también
cuando parte de la boca está anestesiada, cuando tenemos que aprender a pronunciar
sonidos nuevos de otra lengua extranjera, cuando tenemos que colocar algunas estructuras
de nuestro aparato fonatorio en posición no usuales. Por otro lado, el aparato fonatorio
tiene todas las gamas de sensibilidad llevada por varios nervios craneanos, como el
trigémino (V par), una rama sensorial del facial (VII par) y el glosofaríngeo (IX par), que
está también inervado por las fibras del gusto (VII, IX y X par craneano) (Guirao. M,
1980).
Mecanismo
neurológico central de la voz
Como se mencionó anteriormente, el sistema fonatorio está involucrado en varios
sistemas, entre esos, el piramidal y extrapiramidal. Las vías piramidales (tractos
corticoespinal y corticobulbar) inervan directamente las motoneuronas de la médula
espinal y tronco cerebral (asta anterior y algunos núcleos de los pares craneales), mientras
los centros del sistema extrapiramidal se encargan de la modulación y regulación (control
indirecto) de las células del asta anterior. Los tractos extrapiramidales y sus neuronas
diana en la médula espinal están relacionadas con los reflejos, la locomoción, los
movimientos complejos y el control postural, complementando al sistema piramidal, que
se encarga de los movimientos voluntarios fundamentalmente.
El sistema extrapiramidal tiene un origen difuso en la corteza cerebral, más su mayor
componente se encuentra en el área motora del lóbulo frontal, incluida el área
suplementaria, el área pre-motora, el giro pre-central y giro post-central. El giro post-
central es el área de procesamiento de varios tipos de inputs sensoriales, como por
ejemplo, la información de contracción y movimiento de los músculos de la laringe, a
través de una vía directa entre la corteza y el sistema sensorial laríngeo. El circuito
extrapiramidal protege a los ganglios de la base y el tálamo, retornando a la corteza,
teniendo la función de modular el funcionamiento de la vía piramidal. La principal función
de la vía extrapiramidal es actuar como modulador de las vías motoras finas, más también
asociada indirectamente a los movimientos voluntarios, al equilibrio y la postura.
Muchas estructuras del sistema límbico (incluye el tálamo, el hipotálamo y la amígdala
cerebral), están envueltas en comportamiento afectivos y son capaces de estimular
vocalizaciones específicas que acompañan emociones. El tálamo está relacionado a la
mantención de conciencia, alerta, atención y también integra la emoción a un acto motor
complejo. Es por esto que es posible tener la capacidad de permitir interferir la emoción
del habla y la voz.
El núcleo ambiguo (fig. 1-22) es un agrupamiento complejo de cuerpos celulares que
contienen fibras del IX, X y parte de fibras del XI par craneal. Así, una pequeña parte del
núcleo ambiguo contiene fibras motoras para el X par, formando el nervio laríngeo. La
estimulación de las fibras del nervio laríngeo superior activa respuestas a partir de los
centros respiratorios de la médula. Estos son importantes para interrumpir la respiración
durante el reflejo de la deglución. La estimulación del nervio laríngeo superior también
causa un cierre reflejo de la laringe y aumento de la producción de moco. De esta forma, la
información que llega a los núcleos es enviada para la coordinación de la actividad de la
laringe, musculatura torácica, abdominal y para los articuladores del habla.
Mecanismo neurológico periférico de la
voz
Los nervios craneanos asociados a la producción de la voz y el habla son: trigémino (V),
facial (VII), vestibulococlear (VIII), glosofaríngeo (IX), vago (X), accesorio (XI) y el
hipogloso (XII). En cuanto a la información sensitiva de cada nervio tenemos que:
Nervio trigémino (V): Nervio mixto. La porción sensitiva inerva las estructuras
superficiales y profundas de la cara, boca y mandíbula. Su lesión puede generar
síntomas como reducción de sensibilidad homolateral de la cara.
Nervio facial (VII): Nervio mixto. Gusto ⅔ anteriores, sensibilidad del paladar blando.
Nervio vestíbulococlear (VIII): Nervio sensitivo, con un importante papel sensitivo
en la monitorización del habla. Su lesión puede dar resultado de una deficiencia
auditiva neurosensorial parcial o total, vértigo, tinitus, desequilibrio postural y
nistagmo.
Nervio glosofaríngeo (IX): Nervio mixto. Sensaciones en la región posterior de la
cavidad oral y de la faringe. Su lesión puede producir pérdida de sensación en el
paladar y en la región posterior de la lengua.
Nervio vago (X): Función sensitiva y motora (mixto) del todo tracto
faringolaringoesofágico, teniendo estrecha relación con el nervio glosofaríngeo,
principalmente en la formación del plexo faríngeo. Su lesión puede incluir
parálisis, desvío de úvula, disfagia, disfonía, entre otros.
El nervio laríngeo, ramificación del nervio vago, se divide en inferior y superior
(Fig, 1-21, Fig, 1-22). El nervio laríngeo superior, es el principal nervio sensorial de
la laringe y es una ramificación que ocurre en nivel del ganglio nodoso del vago
(ganglios inferiores), abajo del foramen yugular, subdividiendose en dos ramas, una
interna y otra externa.
La rama interna del nervio laríngeo superior (NLS) desciende y penetra la laringe a
través de una abertura en la membrana tiroidea-hioidea; consiste en fibras
sensoriales y secretomotoras, aumentando la mucosa de la epiglotis, las cuerdas
ariepiglóticas y toda la cavidad de la laringe hasta las cuerdas vocales. La rama
externa del nervio laríngeo superior, es exclusivamente motora, baja a lo largo de la
laringe, paralelamente a sus regiones externas, apoyado del músculo constrictor
inferior, terminando en el músculo cricotiroideo (CT), lo cual provee de inervación
motora por su rama interna.
En cuanto a nervio laríngeo inferior, su trecho terminal son los denominados
nervios laríngeos recurrentes. La mucosa de la subglotis recibe inervación sensorial
y secretora de los nervios laríngeos recurrentes.
La laringe presenta una gran variedad de receptores sensoriales capaces de detectar
cambios de la mucosa, movimientos de los articuladores y tamaños de los
músculos. Estos receptores son utilizados en diversos reflejos, como protección de
la vía aérea inferior y el control de la fonación. No se conoce precisamente como
ocurre la conexión de los receptores con el SNC, aunque sabemos que su origen se
sitúa en fibras de la neurona motora.
Célula receptora sensorial
Son las encargadas de reconocer y convertir en forma específica diferentes formas de
energía presentes en el medio ambiente o en el medio interno de un organismo y en
señales bioeléctricas que son transportados a centros nerviosos específicos. Según el
tipo de estímulo que excita las células sensoriales, se pueden clasificar los receptores en
grandes grupos:
1. Receptores mecánicos: Terminales nerviosos
2. Receptores químicos: Gustativos, olfativos y homeostáticos
3. Receptores térmicos: Terminales nerviosos del frío y calor
4. Receptores luminosos: Conos y bastoncitos (Belmar. J, 2012).
Otro tipo de clasificación de los receptores sensoriales se basa en su localización y el
origen de los estímulos que los activan:
Los exteroceptores están ubicados en la superficie externa del cuerpo o cerca de ésta,
son sensibles a estímulos que se originan fuera del organismo y responden las sensaciones
auditivas, visuales, olfatorias, gustativas, táctiles, de presión, vibratorias, de temperatura y
dolor. Los interoceptores se localizan en vasos sanguíneos, vísceras, músculos y sistema
nervioso; vigilan el estado del medio ambiente interno. Los impulsos nerviosos que
producen los interoceptores por lo regular, no se perciben en forma consciente, si bien en
ocasiones su activación por estímulos intensos puede sentirse como presión o dolor.
Finalmente los propioceptores, que se encuentran en músculos, tendones, articulaciones
y oído interno, proporcionan información acerca de la posición corporal, tensión muscular
y posición y movimiento de las articulaciones (Tortora. G, Grabowski. S, 2005).